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Estados Unidos abre la primera clínica para veteranos transexuales del ejército en Ohio

Jueves, 19 de noviembre de 2015

noticias_file_foto_1026160_1447667188Dos días antes de que el Supremo legalizase el matrimonio homosexual en todo el país, Estados Unidos vivía otra fecha histórica: un transexual participaba por primera vez en la recepción anual del mes del Orgullo LGTBI en la Casa Blanca, representando con su uniforme a los más de 15.500 soldados silenciados. Logan Ireland, del Ejército del Aire, empezó su transición a hombre en 2012 y atendió al acto excepcionalmente vestido con el atuendo militar junto con su prometida, Laila Villanueva, quien acudió de civil. Ella, como la gran mayoría de transexuales en el Ejército estadounidense, no tiene el apoyo de su unidad que le permita hablar abiertamente del sexo con el que se identifica.

Pero parece que la situación está cambiando, la primera clínica dedicada a atender las necesidades de los militares veteranos transexuales de Estados Unidos se inauguró la semana pasada en Cleveland, Ohio. Se trata del Centro Médico Louis Stokes. De momento, admite a 20 pacientes transexuales con edades comprendidas entre 21 a 75 años dirigida por la doctora Megan McNamara. Se estima que hay más de 130.000 veteranos transexuales en los Estados Unidos, de los cuales, 15.500 están en servicio activo.

Según la doctora McNamara, las personas transexuales buscan el asesoramiento y la atención de los servicios del Departamento de Asuntos de los Veteranos hasta cinco veces más. “Hay una gran cantidad de pacientes transexuales entre los veteranos que no han sido capaces de encontrar la atención que necesitan. Queremos ser capaces de proporcionar una atención integral en un ambiente acogedor. Un lugar donde se sienten a gusto y aceptados”, explicó la doctora McNamara al diario The Plain Dealer de Ohio.

Una directiva de 2011 de la Administración de Salud instruyó a todas las clínicas para ser respetuosas con las necesidades de los veteranos transexuales, sin embargo, los militares transexuales estadounidenses en servicio activo se arriesgan a ser despedid@s si inician su transición estando en activo. Una investigación ha detectado que los estadounidenses transexuales son más propensos a enrolarse en las fuerzas armadas a pesar de la discriminación a la que se pueden enfrentar.

Las regulaciones del Pentágono prohíben que las personas que están o han pasado por una transición formen parte del servicio militar estadounidense, una norma basada en prescripciones médicas de hace más de cincuenta años y que ahora los activistas por la libertad del colectivo LGTB quieren cambiar.

“En ésa época, los transexuales eran vistos como enfermos mentales y con una moralidad deficiente, igual que los homosexuales. Mucho ha cambiado desde entonces”, dice Allyson Robinson, una veterana transexual y activista.

El Ejército de Estados Unidos revocó en julio de 2011 la famosa política “Don’t Ask, Don’t Tell” que impedía alistarse a quien se declarase como homosexual, pero se olvidaba de la transexualidad, considerada dentro de las “exclusiones psicosexuales”.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos está trabajando para desarrollar un plan que ponga fin a esa política que no permite la visibilidad de las personas transexuales en el ejército en mayo de 2016.

Fuente Ragap

General, Historia LGTBI , , , , , , , , , , ,

Transexuales silenciados, la guerra pendiente del Ejército de Estados Unidos

Sábado, 18 de julio de 2015

Point5cc-Military2Logan Ireland

Dos días antes de que el Supremo legalizase el matrimonio igualitario en todo el país, Estados Unidos vivía otra fecha histórica: un transexual participaba por primera vez en la recepción anual del mes del Orgullo LGTB en la Casa Blanca, representando con su uniforme a 15.500 soldados silenciados.

Logan Ireland, del Ejército del Aire, empezó su transición a hombre en 2012 y atendió al acto excepcionalmente vestido con el atuendo militar junto con su prometida, Laila Villanueva, quien acudió de civil. Ella, como la gran mayoría de transexuales en el Ejército estadounidense, no tiene el apoyo de su unidad que le permita hablar abiertamente del sexo con el que se identifica.

Las regulaciones del Pentágono prohíben que las personas que están o han pasado por una transición de género formen parte del servicio militar estadounidense, una norma basada en prescripciones médicas de hace más de cincuenta años y que ahora los activistas por la libertad del colectivo LGTB quieren cambiar.

“En ésa época, los transexuales eran vistos como enfermos mentales y con una moralidad deficiente, igual que los homosexuales. Mucho ha cambiado desde entonces”, explicó a Efe Allyson Robinson, una veterana transexual y activista, pocas semanas después de que Caitlyn Jenner sorprendiera al mundo con su nueva identidad.

Robinson se graduó como hombre en 1994 en la academia militar de West Point, al norte de Nueva York, y no fue hasta tiempo después cuando reveló a sus compañeros cadetes, entre los que se encontraba su propia esposa, que se identificaba con un sexo diferente al que había nacido. “Sabía que hacerlo era perder mi carrera, no solo la oportunidad de servir, sino también perder mi modo de vida y el sustento de mi familia”, dijo. “Yo sentía -subrayó- que tenía que mentir cada día por el privilegio de poner mi vida en el frente para mi país”.

El Ejército de Estados Unidos revocó en julio de 2011 la famosa política “Don’t Ask, Don’t Tell” que impedía alistarse a quien se declarase como homosexual, pero se olvidaba de la transexualidad, considerada dentro de las “exclusiones psicosexuales”.

Los individuos transexuales en el Ejército, por lo tanto, son todavía expulsados a las pocas semanas de que se conozca su condición, y tampoco pueden gozar de los servicios médicos necesarios para esta comunidad, ya sea cirugía, tratamientos hormonales o atención psicológica.

“Es casi inimaginable que pidamos a la gente que aplace el cuidado médico necesario por continuar vistiendo el uniforme”, criticó Robinson.

En una conferencia de prensa en Nueva York, Sarah Kate Ellis, la presidenta de GLAAD, la principal organización de EEUU que ayuda a dar visibilidad a los derechos LGTB, destacó la importancia de “contar historias positivas o no tan positivas para concienciar a la población sobre lo que está pasando” al respecto.

Pero América -recordó Robinson- ha visto muchas historias como la mía y como la de Caitlyn Jenner, de una mujer transexual, blanca, con estudios y de una particular clase social. La gente de color transexual tiene cinco veces más posibilidades de acabar en el paro que el resto“.

Quizás es por esta razón, sospecha, que los transexuales suelen enrolarse en el Ejército más a menudo que el resto de la población, dado que ofrece oportunidades laborales y beneficios médicos y de vivienda con más frecuencia, tal y como indica un estudio de 2014 de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA).

“Necesitan esa seguridad en una manera que muchos de nosotros no necesitamos, pero también queremos servir al país y devolver nuestras responsabilidades como ciudadano como el resto de soldados“, ejemplificó la veterana.

Gracias al ejemplo de los dieciocho países del mundo que ya han dado el paso y han explicado cómo incluir a los transexuales en sus líneas defensivas, parece que el cambio en Estados Unidos está cada vez más cerca y parece haber una voluntad en el Pentágono de aplicar nuevas normativas.

“No creo que nada, excepto su idoneidad para el servicio, deba excluirlos“, dijo el secretario de Defensa de EEUU, Ashton Carter, este febrero, una voluntad que comparte el presidente Barack Obama.

Optimista, Robinson asegura que ahora “es solo una cuestión de cuándo se va a materializar”.

La Asociación Médica de EEUU (AMA, por sus siglas en inglés), emitió un comunicado este mismo mes declarando que “no hay una razón médica válida para excluir a los individuos transgénero” del Ejército, donde algunos comandantes ya piensan que no hay motivos para que sus miembros no puedan servir en sus unidades por esta condición.

Fuente Agencias

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“Papá, estás muy guapa”

Miércoles, 30 de julio de 2014

1406288971_569110_1406289481_noticia_normalLa exmilitar transexual Allyson Robinson (a la derecha) junto a su familia.

Leemos en El País:

Allyson Robinson es una de las defensoras de los derechos de los transexuales en el Ejército

Robinson, activista y licenciada en física nuclear, admite que no hubiera podido hacer su transición en el Ejército

Allyson Robinson tiene cuatro hijos que le llaman “papá”. Los dos mayores aún recuerdan cuando era un hombre. En el álbum familiar conservan fotografías de su graduación en West Point, la academia del Ejército estadounidense, y bromean: “¡ese no eres tú!. Dos décadas después de graduarse, Robinson lidera el movimiento por los derechos de los transexuales.

Robinson cuenta que supo “desde los tres o cuatro años” que era “diferente”. No comprendía por qué la gente “pensaba que yo era de una manera cuando yo sabía que no era esa persona”. Es una historia que ha explicado muchas veces. En conferencias, discursos y campañas como activista. Las consecuencias, también: “Aprendí muy joven a mantenerlo oculto”. Desde la adolescencia hasta después de dejar el Ejército, Robinson empleó lo que llama “mecanismos de adaptación” para vivir escondida. Hasta West Point le acompañó una maleta con ropa de mujer. “Me ayudaba saber que podía escaparme un fin de semana a un hotel, mirarme en el espejo y no ver esa diferencia entre lo que veía y la persona que yo sabía que era”. La ocultó en los barracones. “Si la hubieran descubierto, conocía las consecuencias”, afirma. Hija de un veterano de Vietnam que acabó su carrera profesional en la guerra de la antigua Yugoslavia, sabía que gais, lesbianas y transexuales se arriesgaban a la expulsión.

La Administración de Obama revocó en 2012 la regla Don’t Ask, Don’t Tell (no preguntes, no cuentes) que prohibía pertenecer al Ejército a quienes revelaran su homosexualidad. Aquel gesto sincronizó el Pentágono con el cambio de opinión de la sociedad estadounidense y los últimos avances judiciales en materia de derechos como el matrimonio igualitario. Pero la normativa sólo mencionaba la exclusión por su orientación sexual, no por identidad de género, de manera que sigue vetado el servicio militar a los transexuales, a diferencia de Reino Unido, Israel o Australia.

Fiona Dawson, autora de la serie documental TransMilitary, explica que el Pentágono justifica dicha exclusión por una definición anticuada de la identidad de género que lo equipara con un problema de salud mental, pese a que la Asociación Americana de Psiquiatría ya la ha eliminado. El Pentágono descalifica a los candidatos que presenten “un historial de malformaciones o defectos en los genitales como el cambio de sexo y hermafroditismo”.

1406288971_569110_1406307596_sumario_normalAllyson Robinson, a la derecha, recibe el diploma de graduación de West Point en 1994.

Líderes como Robinson intentan cambiar las normas a golpe de visibilidad. La primera en dar el paso fue Chelsea Manning, antes Bradley: el Pentágono acaba de anunciar que le proporcionará el tratamiento para cambiar de sexo. Unas semanas antes, un transexual expulsado del Ejército protagonizaba la portada de The Washington Post. La actriz Laverne Cox, protagonista de la serie Orange is the new black, apareció bajo la cabecera de TIME. Y Kristin Beck, veterana de los Navy Seal con 20 años de carrera, ha revelado en su libro Warrior Princess que un día fue Chris, miembro del más exigente de los equipos de fuerzas especiales. “Si sus compañeros pueden acogerle, no hay unidad militar que no pueda hacerlo”, afirma Robinson.

La tendencia coincide con señales tímidas de parte de la Administración. El presidente dijo en 2013 que “el valor no entiende de géneros”. Y esta semana, el presidente firmó una ley que prohíbe la discriminación laboral por razón de orientación sexual e identidad de género, aunque el Pentágono sigue exento de cumplirla.

Robinson, licenciada en física nuclear y destinada en operaciones en Oriente Próximo, Alemania y Corea del Sur, admite que siempre supo que no hubiera podido hacer su transición de continuar en el Ejército. Fiona Dawson, una directora británica que ha convertido a personas como ella en el centro de un documental para estudiar por qué hay el doble de transexuales en el Ejército que en otras instituciones, ha encontrado razones que pueden más que el miedo. “Los hombres que se identifican como mujeres encuentran el entorno perfecto para esconder su feminidad y las mujeres tienen la excusa perfecta para ser más masculinas”, explica. “Los transexuales son la comunidad con mayor desempleo y el Ejército es un buen trabajo”.

Siete de cada diez estadounidenses tienen un amigo, familiar o colega homosexual. Pero sólo el 2% conoce a un transexual. “Queremos que dejen de vernos como un problema y nos vean como personas”, añade Robinson.

Nadie le ha enseñado esa lección mejor que sus propios hijos. Junto a su esposa Danielle, compañera de graduación en West Point con la que acaba de celebrar su vigésimo aniversario de boda, los crían como una pareja de lesbianas. Dos de ellos son lo suficientemente mayores para recordarle como padre. “Mi transición no ocurrió de la noche a la mañana”. ”Asesorada por una terapeuta, Robinson fue cambiando su aspecto poco a poco. Un día se vistió con una falda y una camiseta ajustada. Al salir del baño se chocó con su hijo. “Nos quedamos mirándonos unos instantes. Miró la ropa y después me dijo ‘papá, estás muy guapa’. En ese momento supe que todo iba a salir bien”.

Robinson hizo su transición a mujer poco después de graduarse en la Universidad de Baylor, en Texas. Acudió allí tras casi una década en el Ejército, con la vocación de ser pastor de la Iglesia baptista. En la mayor universidad religiosa del país también tuvo que esconderse, y allí tomó la decisión. Lloraba todos los días. Con el apoyo de su mujer, Robinson contactó con una psicóloga para empezar el camino que, según ella, sabía que tenía que recorrer. “Necesitaba darme permiso a mí misma para hacerlo”.

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