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“La religión abarca la totalidad de la vida”, por José María Castillo

Domingo, 22 de febrero de 2015

onfray3_thumb1Leído en su blog Teología sin Censura:

Esta mañana, como todas las mañanas, en cuanto me he tomado un café, he leído despacio el evangelio del día (Mc 6, 53-56). Y me he puesto a pensar despacio, sosegadamente, lo que cuenta el relato de Mateo. Las gentes de Genesaret, un amplia llanura en la parte occidental del lago de Galilea, seguramente ni creían en el mismo Dios, ni por tanto tenían la misma religión, que tenían los israelitas. Nosotros diríamos ahora que aquellas gentes eran paganos, infieles, laicistas, ateos…, ¿qué sé yo? Y sin embargo, “en la aldea o pueblo o caserío donde llegaba Jesús, colocaban a los enfermos en la plaza y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto y los que lo tocaban se ponían sanos” (Mt 6, 56).

¿Es esto histórico? ¿Sucedía realmente así? El Evangelio, antes que un libro de religión, es un proyecto de vida. De forma que realizando ese proyecto, y sólo mediante ese proyecto, podemos encontrar eso que llamamos Dios, el proyecto que da sentido a nuestras vidas. ¿Qué quiero decir con esto?

Quiero decir que es una lástima que los estudiosos de los evangelios hayan dedicado casi todo su tiempo a precisar los detalles de cada relato: dónde, cuándo, cómo por qué y para qué sucedió lo que narran los evangelios. Todo eso es interesante. Es importante. Es necesario. Pero nada de eso es lo que de verdad importa. Lo decisivo es la forma de vida que el Evangelio nos presenta. Una forma de vida que nos humaniza a todos. Y que a todos nos lleva a Dios. Y esa forma de vida no es otra cosa que la sintonía con el dolor humano, la sensibilidad con los que sufren, la bondad con todos y siempre, sea cual sea la forma de pensar o de vivir de cada cual. Esto es lo que nos hace ser religiosos según Jesús y al estilo de Jesús.

Esto, ni más ni menos, es lo que nos enseña el Evangelio en cada página, en cada relato, en cada episodio de la vida de Jesús. Lo cual quiere decir que Jesús modificó radicalmente la religión. En cuanto que entendió y vivió la religión como “totalidad” que abarca el total de la vida. El hecho religioso se suele entender y practicar de manera que se reduce a “lo ritual” y a “lo sagrado”. Ahora bien, en la medida en que la religión se identifica con lo ritual y lo sagrado, inevitablemente la religión se ve reducida a determinados tiempos, sitios, gestos… Por eso sucede, con tanta frecuencia, el hecho de que encontramos gente profundamente religiosa, que cumple con lo ritual y lo sagrado con toda exactitud. Pero, una vez que se ha despachado lo ritual y lo sagrado, cuando llega el momento de lo profesional, lo económico, lo político, lo lúdico, lo familiar, etc, etc, entonces da la cara el egoísta, el prepotente, el fanático, el ambicioso, etc, etc. Es la consecuencia inevitable de la “religiosidad parcializada”. En ese caso, “lo sagrado” se divorcia de “lo laico”. De la misma manera que “lo religioso” se divorcia de “lo ético”.

Así, hemos hecho de la religión un esperpento. Que lleva derechamente a la doble vida, a la hipocresía, a la mentira y al engaño. Sólo cuando entendemos y vivimos la religión como totalidad es cuando podemos asegurar que estamos en el camino del Evangelio. Lo demás, no es sino apariencia, farsa y engaño. No se trata de que vayamos por la vida haciendo milagros. De lo que se trata es de que, pasemos por donde pasemos, los demás vean, toquen y palpen en nosotros la sensibilidad y la preocupación por aliviar y hasta – si es posible – remediar el sufrimiento humano, el desamparo de los débiles y la injusticia canalla de los causantes de tanto sufrimiento.

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“¿Espiritualidad v. Religión?”, por Antonio Gil de Zúñiga

Domingo, 22 de febrero de 2015

C6AEnviado a la página web de Redes Cristianas

Alguien me relató, no sé si desde su experiencia o de la de otro, que, visitando una iglesia de pueblo, se encontró allí a un niño de unos 9 años sentado en un banco de la iglesia. Después de hacer un recorrido visual por la iglesia se sentó también en un banco no lejos del niño. Allí estuvo un rato envuelto en el silencio. Tras unos minutos, entró el cura y viendo al niño, a quien debía de conocer, se dirige a él y le pregunta: “¿Qué haces aquí?”. El niño sin inmutarse le responde: “Nada”. Entonces el cura le dice: “Reza un avemaría”. El niño, obediente, reza el avemaría y se marcha.

El relato tiene un corolario inmediato: el cura (la religión) con su avemaría vocalizado interrumpe el sosiego espiritual de ese niño que, arropado por la penumbra y el silencio de la iglesia, está y vive la presencia del Misterio. Y que una vez rezado el avemaría considera que ha cumplido con su deber de orar a Dios y se marcha.

R. Panikkar nos dice que las “religiones son caminos, o mejor, proyectos de caminos para la plenitud humana”; o lo que es lo mismo, potenciar en el creyente, desde su libertad, la espiritualidad, es decir, la experiencia personal de sentir a Dios dentro de sí, para que se realice lo que bellamente escribía S. Bernardo: “A mayor interioridad, mayor dulzura”.

Pero las religiones, al menos la cristiana y las otras del Libro (la judía y el islam), a mi modo de ver, están lejos de ser proyectos de caminos para la plenitud humana, no porque en ellas se dé aquel dicho universitario, “quod natura non dat, Salmantica non praestat”; todo lo contrario, las enseñanzas y la vida de Jesús de Nazaret son factores vivenciales extraordinarios y vigorosos para alimentar una espiritualidad en plenitud. Pero nuestra religión cristiana se ha estructurado en torno a tres ejes cartesianos: el sacerdote, la norma y el rito. Y a lo largo de la historia más que ser creadores y potenciadores de espiritualidad en plenitud se han caracterizado por todo lo contrario: asfixiar la vida espiritual de los creyentes. Valga como ejemplo, aquel movimiento eclesial de espiritualidad intensa protagonizado por las beguinas, que se frustró desde la institución clerical y terminó llevando a la hoguera a algunas de sus protagonistas. A estas mujeres no se les permitió personalizar su fe con libertad y así poder experimentar el Misterio

Una religión que se nucleariza en torno a la norma y al rito, teniendo como centinela escrupuloso al sacerdote, no puede ser “proyecto de caminos para la plenitud humana”. La norma lleva a la condena, a la prohibición, al anatema. Nuestros obispos en el concilio Vaticano II se quedaron con el pie traspuesto, pues no entendían que un concilio no condenara a alguien o a alguna doctrina. En este sentido es lamentable la actuación, en sesión conciliar, del entonces obispo de Canarias quien apostrofando sobre los presentes en el hemiciclo conciliar les espetó: “¡Ojalá se derrumbe sobre nosotros la cúpula de S. Pedro, si se llega a aprobar el Decreto sobre Libertad religiosa”. No es de extrañar que Nietzsche considerara al cristianismo y a los cristianos como “agobiados de convicciones

Cuando Max Weber nos habla de dos tipos de religión: la profética y la mística, la religión cristina se sitúa históricamente más en el territorio profético que en el místico; pero es preciso señalar que con más frecuencia de la deseada se escora al lado más perverso, como es el de concretar en normas y ritos el anuncio de la promesa y del kairós de la plenitud humana. De ahí hay un paso a presentarnos a Dios como un Ser omnipotente y todopoderoso (judaísmo y cristianismo) o Alá es grande (el islam). Y entonces el fundamentalismo está a la vuelta de la esquina. La experiencia histórica de ello es dolorosa, como la recientemente vivida en Francia con el semanario de humor Charlie Hebdo. Llama poderosamente la atención que aún en nuestros días se rece o cante en la liturgia de las horas (1ª semana) el salmo 149, donde el poeta bíblico invita a que se alabe el nombre de Yavé con danzas y que los piadosos se regocijen con “vítores a Dios en sus gargantas”, teniendo en “sus manos la espada de dos filos, para tomar venganza de las gentes y castigar a los pueblos”.

La religión cristiana lleva en sus entrañas lo verdaderamente profético y lo verdaderamente místico, como para que el creyente (cualquier ser humano), despojado de todas las connotaciones del templo, que nos lleva al sacerdote, a la norma y al rito, desarrolle en su interior el deseo óntico de sentir a Dios en su interior, de vivir en su presencia, ya que, como dice J.P. Sartre, “ser hombre significa ser Dios”; o la experiencia profundamente espiritual del poeta bíblico (Salm. 27,8): “Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro”.

La vivencia de la presencia del Misterio, que es el núcleo de la espiritualidad, tiene su origen, como he referido antes, en el anhelo óntico de cualquier hombre y mujer, que, como bien escribió Platón, el deseo es hijo de la indigencia, de la penuria. De ahí ese hambre de espiritualidad, que nos remite a la nostalgia de nuestro origen contingente y, por ende, al deseo de plenitud.

Ahora bien, si, como nos indica J. Habermas, “el pensamiento que no se decapita a sí mismo acaba desembocando en la Trascendencia”, la vivencia en nuestro interior de la presencia del Misterio, de la Deidad, que es lo que constituye la espiritualidad, ha de llevar a cabo una profunda y vigorosa transformación en el interior del ser humano. Es lo que JL Aranguren llama el para qué de la mística. La verdadera espiritualidad radica en estos dos rasgos inseparables: sentir, de una parte, el silencio del Misterio en lo profundo de uno mismo, hasta el punto de que, como nos trasmite Unamuno, “sólo perdido en Ti, es como me encuentro/… pues eres Tú más yo que soy yo mismo”; y, de otra, mirar alrededor, a la realidad circundante; hacerse “cargo misericordiosamente de la realidad”, como nos aconseja I. Ellacuría, mediante el compromiso personal, que conlleva una transformación liberadora de esa realidad histórica.

La espiritualidad, sea dentro o fuera de una religión, ha de vivenciar al unísono el Tú trascendente y el tú del otro. El Tú trascendente, como “huella de una ausencia, que sólo a través de ella se hace presencia”, según J. Martín Velasco, ha de vivenciarse desde el silencio, desde el mirar hacia dentro. El silencio de lo trascendente sólo se puede captar desde el silencio. Verdaderamente uno vive esta espiritualidad si experimenta un profundo cambio tanto en su ser como en su obrar, pues lo “importante, advierte Ibn Hazim, no es lo que una persona dice de su fe, sino lo que esa fe hace en esa persona”

Febrero 2015

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Tras su estreno en Sundance, “I am Michael” se confirma como una película LGTB de referencia en 2015

Lunes, 2 de febrero de 2015

mag-19friend-t_CA0-articleLargeYa se ha estrenado en Sundance I am Michael, película que como informamos en su momento aborda la historia real de Michael Glatze y su transformación de prominente activista LGTB en pastor cristiano homófobo. La positiva recepción que ha tenido en Sundance refuerza la impresión de que la cinta, protagonizada por James Franco, será una de los más relevantes en materia LGTB de este 2015.

I am Michael es una intensa reflexión sobre los conflictos que viven las personas para definir o redefinir su identidad. Habla también de los diversos caminos que tomamos a la hora de construir la vida, configurar nuestras relaciones y decidir nuestro futuro. En especial, intenta comprender cómo es posible que una persona como Glatze pase de activista LGTB a pastor cristiano fundamentalista. Todo ello sin juzgarlo, pero tampoco sin aprobar sus tesis homófobas.

En el plano de las interpretaciones, el film cuenta con un reparto muy notable. El papel de Michael está interpretado por James Franco, que ya ha recreado como actor varios personajes gays y que ha dirigido Interior. Leather Bar, un falso documental con referencias a Cruising. El papel de su novio Benjie Nycum (“Bennet” en la película) lo interpreta el actor abiertamente gay Zachary Quinto, mientras que Emma Roberts interpreta a la mujer de Michael, Rebekah Glatze. Por su parte, Charlie Carver interpreta a Tyler, que establece una relación con la pareja de Michael y Bennet.

Comprender sin juzgar ni aprobar

La realización de la película tuvo momentos intensos. Destaca en especial el encuentro que tuvo el equipo de realización con el propio Michael Glatze. Como cuenta el director, Justin Kelly, se trato de un encuentro cordial que no impidió que Glatze expresara sus actuales opiniones (les llegó a preguntar si eran gays y les dio a entender que si no compartían sus creencias irían al infierno). Con todo, al realizador y a los actores les llamó la atención que el ahora pastor no reniegue de su pasado y hable sin problemas del mismo, reconociendo las personas que para él fueron importantes en esa época. Glatze, de hecho, prestó su consentimiento a que la película tratara su historia y asistió al festival para ver el film. La película también ha servido también para que vuelva a contactar con su antiguo novio.

En todo caso, la película busca un difícil equilibrio. No busca establecer un juicio sobre Glatze pero tampoco quiere contribuir a dar alas al movimiento “ex-gay”. Así lo señalaron Carver y el director en una entrevista para The Huffington Post. En este sentido, Carver señala que para él “la sexualidad es inherente” pero también cree que “el amor puede ser separado de la sexualidad” y que tras conocer a Michael cree que él “ama realmente a su mujer”. De este modo, la película habría logrado captar a Michael “buscando un sentimiento de identidad”. Por su parte, el director apunta que si se hubiera tratado de la habitual historia relatada por pretendidos “ex–gays” esto no le habría interesado. Lo relevante es el peculiar trayecto vital del personaje, cómo la súbita conciencia de que puede morir le lleva a decidir por sí mismo, sin consultar a ningún pastor, leer la Biblia de manera literal y seguir el camino de un cristianismo fundamentalista.

La película ha evitado tratar la historia como la de un gay que hubiera “cambiado”. En su lugar, aborda cómo afrontamos las crisis vitales y qué puede llevar a que alguien reniegue de lo que hasta la fecha ha sido básico en su vida. En este sentido, el personaje representado por James Franco representa a quien cree que debe rechazar lo que ha sido su identidad hasta el momento. En oposición a él se encuentra el personaje interpretado por Zachary Quinto, que refleja quien acompaña como mejor puede a su compañero mientras insiste en su identidad como gay y cree que debe mantenerse fiel a la mismo. De hecho Benjie Nycum está ahora casado con otro hombre y vive en Canadá, según nos cuenta la crónica original de The New York Times en que se inspiró la película:“Mi amigo ex-gay”, de Benoît Denizet-Lewis.

Según se desprende de su positiva recepción en Sundance parece que la película logra su objetivo de comprender sin juzgar ni aprobar. Esperemos en cualquier caso que no tarde en llegar al mundo hispanohablante y la podamos juzgar de primera mano.

La foto de una escena de sexo con Franco, Quinto y Carver se hace viral

I-am-Michael-Franco-Quinto-CarverEn un plano más anecdótico, no podemos dejar de referirnos a una escena de sexo en trío protagonizada por James Franco, Zachary Quinto y Charlie Carver. Una escena que ha llamado la atención y de la cual una imagen ya ha conseguido hacerse viral.

Preguntado a este respecto, Carver respondió de una manera que en inglés se presta al juego de palabras. Al describir cómo fue rodar un trío con Franco y Quinto, afirmó que había sido “hot as hell”, aclarando inmediatamente que se había roto el aire acondicionado. Y es que esta expresión puede entenderse en su sentido literal de “hacía un calor infernal” o con una explícita connotación sexual…

Fuente Dosmanzanas

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José María Castillo: “A Francisco le interesa más el Evangelio que la religión”

Domingo, 1 de febrero de 2015

la-foto-1_560x280El teólogo denuncia que “la Iglesia es una institución más religiosa que evangélica”

“Tenemos que insistir no sólo en los deberes de los fieles, sino en los derechos de todos los ciudadanos”

“Para mucha gente, lo importante son los rituales, no Dios. Que haya bodas y procesiones, pero no creen en Dios”

(Jesús Bastante).- Es uno de los teólogos españoles más respetados en España, Latinoamérica y, en los últimos tiempos -coincidiendo con el pontificado de Francisco-, también en Italia. El primero en consseguir un doctorado Honoris Causa por una Universidad Civil. José María Castillo ha intervenido este fin de semana en el Congreso de la Asociación de Teólogos Juan XXIII con una ponencia sobre la Iglesia, la democracia y los derechos humanos. Siempre es un lujo poder conversar con él.

“Francisco es considerado un bicho raro por buena parte de la Curia y del clero vaticano, porque a él le interesa más el Evangelio que la religión, constata Castillo, quien se pregunta “¿qué autoridad moral o qué credibilidad puede tener, ante los ciudadanos de nuestro tiempo, una institución que, tal y como está pensada y organizada, no puede ser gobernada como una democracia ni puede suscribir ni poner práctica los derechos humanos?“.

“La Iglesia actual no puede transmitir lo más sublime -el Evangelio-, pues no puede cumplir lo más elemental -la democracia y los derechos fundamentales-. Y lo más grave es que la mayoría del mundo eclesiástico, ni la gente, no se dan cuenta de ello”, sostiene el teólogo, quien en los últimos tiempos se ha visto rehabilitado por una institución que, en su opinión, “olvidó que lo fundamental es transmitir y vivir el Evangelio”.

La Iglesia necesita recuperar la credibilidad que tanto necesita para poder cumplir la misión que tiene asignada, y para ello ha de intentar vivir con fidelidad a la democracia y a los derechos humanos”. En opinión de Castillo, el problema no está tanto en precisar si la Iglesia puede o no ser democrática, sino “afrontar la relación entre la Iglesia y la religión”.

 Imagen de previsualización de YouTube

Para el teólogo, desde el momento en que la relación con Dios se realiza a traés demediadores asociados a jerarquías que entrañan un sistema de ritos, rangos y poderes sagrados, que implican dependencia, obediencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles”. “Sin eso -añade- no hay religión. Pero con eso, no hay derechos humanos, porque no se admite la igualdad ni la libertad. Lo primero no es Dios, sino los rituales”.

Para mucha gente, lo importante son los rituales, no Dios. Que haya bodas y procesiones, pero no creen en Dios”, denuncia Castillo, quien contrapone religión, “que es jerarquía y obediencia” a Evangelio, que es “vida e igualdad“. “En la Iglesia, los hombres tiene derechos que no tienen las mujeres, los clérigos gozan de derechos que no pueden tener los laicos…, lo cual, para amplios sectores de la población, resulta sencillamente irritante”.

Ni el Evangelio es una religión, ni la Iglesia puede ser una institución que representa a una religión“, añade José María Castillo, quien insiste en que “Jesús fue perseguido, insultado, amenazado, juzgado, condenado y ejecutado por representantes de la religión del templo. Los hombres de la religión, en tiempo de Jesús, se dieron cuenta de que lo que ellos representaban y lo que representaba Jesús eran dos cosas incompatibles”.

“Seamos claros: Jesús no fundó la Iglesia, Jesús no fundó una religión. Más bien, desplazó la religión, la sacó de ‘lo sagrado’ y la puso ‘en la vida'”. Por ello, el Evangelio, “como forma de vida y principio organizativo para la Iglesia, se ha ido marginando”, lo que lleba a que “la Iglesia hoy es una institución más religiosa que evangélica. Por eso la gente sabe que, cuando se habla de cristianismo y de la Iglesia, estamos hablando de ‘religión’, no de ‘Evangelio'”.

Frente a ello, Castillo ofrece cuatro propuestas: “En primer lugar, mantener el papado como lo está intentando el Papa Francisco: ser fundamentalmente el obispo de Roma; en segundo lugar, recuperar el gobierno sinodal, con participación de los laicos, que estuvo vigente en la Iglesia durante el primer milenio; en tercer término, renovar y actualizar la praxis de los sacramentos, para que puedan ser practicados como símbolos de la fe; finalmente, la Iglesia tiene que insistir, no sólo en los deberes de los fieles, sino igualmente en los derechos de todos los ciudadanos. Ojalá así fuera.

Fuente Religion Digital

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“La religión, asunto público y privado”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Lunes, 26 de enero de 2015

religionLeído en su blog Nihil Obstat:

 Muchas personas viven su religión como si solo tuviera incidencia en el momento de la muerte. En el fondo, a Dios le necesitamos para ir al cielo y nada más. La religión, para quienes así piensan, es un asunto privado y sus manifestaciones públicas se limitan a lo folklórico. ¿Podemos considerar la religión, en lo que tiene de más propio y esencial, un asunto meramente privado que sólo afecta a los individuos que la practican? Pero, por otra parte: ¿no habría que poner límites a las manifestaciones públicas de la religión, sobre todo cuando resultan polémicas, y no digamos, si promueven la intolerancia y producen divisiones sociales irreconciliables? En la propia casa uno puede expresarse como mejor le parezca, pero en los lugares públicos hay cosas que no deben decirse porque molestan a los demás.

En el terreno de lo privado, cuando se trata de mis pensamientos o de mis afectos, nadie tiene derecho a entrometerse. Y si alguien se entromete, solo aparentemente puede cambiarlos, porque en cuanto cesa la intromisión, o la presión, o la amenaza, mis sentimientos y pensamientos más bien se reafirman. Ahí la religión tendría derechos absolutos. Pero, si situamos la religión en el terreno de lo público, entonces los derechos de la religión terminan donde empiezan los derechos de los demás. Además en este terreno de lo público, las manifestaciones no son necesariamente la exacta reproducción de los profundos sentimientos del corazón: es posible encargar a un artista no creyente una obra religiosa; y es posible defender el dogma a base de gritos, sin amar al prójimo y, por tanto, sin amar a Dios.

En el terreno de lo público importan más los comportamientos que los sentimientos. Ahora bien, no cabe duda de que nuestras acciones y comportamientos, en la mayoría de los casos, están determinados por nuestras convicciones. En este sentido habría que decir que la religión tiene una incidencia pública. Cuando yo emito un voto de tipo político, este voto está determinado por mis convicciones. Por eso, un cristiano dice que no puede votar determinados programas que, a su juicio, son incompatibles con sus convicciones cristianas. Aunque aquí también hay que notar que no hay programas “puros” y que siempre hay que recurrir, a la hora de votar, al programa que me parece menos malo o que más se aproxima (porque seguro que no se identifica) con mis principales convicciones.

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“La religión exige respeto”, por José Mª Castillo

Domingo, 25 de enero de 2015

charlie_hebdo_fingerUn texto a reflexionar detenidamente desde nuestra absoluta condena del terrorismo y de los atentados de París y que hemos leído en su blog Teología sin Censura:

El Papa dice que “no se puede provocar” ni “ofender” a la religión

Cameron replica al Papa que en las sociedades libres se puede ofender a las religiones

Los sangrientos incidentes, que se han provocado en París con motivo de los asesinatos causados por el fanatismo religioso islamista contra los periodistas de Charlie Hebdo, han desencadenado la indignación y el miedo por casi toda Europa. Y la lógica del discurso, como es normal, se orienta mayoritariamente a condenar la violencia irracional de los terroristas. Sin embargo, si la cosa se piensa a fondo, me temo que se cargue la mano sobre algo que es muy verdadero: la violencia criminal de los intolerantes de la religión. Pero, tan cierto como lo que acabo de decir, es que el empeño legítimo por defender la libertad de opinar en una sociedad democrática, puede ocultar otro aspecto fundamental de la cuestión, a saber: que la religión es un asunto extremadamente serio. Porque la religión toca las fibras más profundas en las convicciones que dan sentido a la vida de millones de seres humanos. Y con esto – si es que tomamos la vida muy en serio – hay que tener mucho cuidado.

No pretendo en modo alguno justificar el terror y la violencia de los terroristas que, en nombre de “lo divino”, se atreven a violentar e incluso asesinar “lo humano”. Sólo pretendo recordar que la religión es un asunto muy serio. Es más, como se ha dicho con toda razón, “la religión puede ser mortalmente seria”. Es la “seriedad absoluta, que deriva del trato con superiores invisibles…, prerrogativa de lo sagrado que caracteriza a la religión” (W. Burkert, P. Hassler, D. D. Hughes). Más aún, como es bien sabido, la intuición genial de Rodolph Otto nos advirtió sabiamente que la experiencia del hecho religioso es en realidad el encuentro con el “mysterium tremendum”, un misterio “que hace temblar” a no pocas personas y grupos humanos.

Insisto: si es importante respetar la libertad de expresión, y en esta libertad hay que educar a la ciudadanía; pero también es importante que todos nos eduquemos en el respeto a las creencias y convicciones de los demás, con tal que tales creencias no lleven a la violencia en ninguna de sus formas.

Por supuesto que no es equiparable la violencia de un arma de fuego con la violencia de un lápiz. Pero tan cierto como eso es que no debe ser bueno para nadie lo que atinadamente ha dicho un artista francés bien conocido: “Mofarse de todo el mundo es una tradición muy arraigada en Francia desde Voltaire” (Christian Boltanski). Y que nadie me venga con las sutiles precisiones lingüísticas que ha hecho Alberto Manguel. Por supuesto, que “la razón tiene derecho a reírse de la locura”. Como no es lo mismo la “sátira” que el “insulto”.

Estamos de acuerdo con todas las precisiones que los pensadores y lingüistas nos quieran y nos deban hacer sobre lo que han hecho los ingeniosos periodistas del humor de Charlie Hebdo. Pero, ¡por favor!, no olvidemos que las palabras, las ideas y las sutiles distinciones de los sabios, nunca pueden abarcar la totalidad de lo real. Y la realidad – triste y dura realidad – es que, con demasiada frecuencia, el que se dedica al oficio de mofarse de los demás, por muy artista que sea, posiblemente sin darse cuenta de lo que hace, en realidad a lo que se puede dedicar muchas veces es a despreciar a quienes discrepan de sus ideas, por más respetables que sean. Pasar de la sátira al desprecio es más fácil de lo que sospechamos. Pero, es claro, que quien se ve o se siente despreciado, una y otra vez, llegará el día en que se ponga como un loco a violentar y matar al que le ofende.

¿Que hay que vigilar a los terroristas? Por supuesto. Pero que quede claro que no es menos urgente vigilar también a quienes se dedican a la desagradable tarea de la burla y la mofa como oficio.

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La adoración, otra experiencia del amor

Sábado, 24 de enero de 2015

Del blog À Corps… À Coeur:

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“Para experimentar la unión con Dios, tenemos que olvidarnos del mundo, de los hombres, olvidarnos de nosotros mismos y zambullirnos de una vez en Dios, sumergimos en él, prosternarnos ante Él y adorarlo. En este acto de adoración no queremos obtener nada para nosotros. No rezamos para conseguir algo, ni para tener la solución a nuestros problemas; renunciamos a nosotros mismos y simplemente nos prosternamos, porque Dios nos ha tocado, porque es más importante que nuestra propia persona. En todos nosotros, está metido este deseo de poder finamente olvidamos de nosotros mismos y de ser tocados de tal forma por Dios, que encontramos cerca de él nuestro pleno desarrollo… El mundo y los hombres serán permeables a Dios si nos tomamos tiempo para este Dios, si le escuchamos interiormente en el silencio para acercarnos a este misterio, para comprenderlo mejor y en última instancia, ser uno con él. El amor no sólo interpreta la realidad de manera diferente, transforma. Toma a Dios y su indescriptible misterio en sus manos de tal forma que se convierte en uno con él. Este es el fin de todo amor: hacerse uno con Él “.

*
Anselm Grün, Una meditación para cada día, p. 87-88.

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Oikoumene

Jueves, 22 de enero de 2015

Del blog À Corps… À Coeur:

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No hay reconciliación sin renuncias recíprocas.

El día en que se realice entre los cristianos una comunión visible, será necesario morir a lo que más marcó a la familia en la que hemos vivido durante un tiempo, en un lugar.

*

Frère Roger de Taizé, en “Dinámica de lo provisional

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“¿Jesús del Reino o Jesús de la religión?”, por José M. Castillo, teólogo

Viernes, 16 de enero de 2015

Vishal-Raj-Seduction-Burbujas-De-Deseo-02-533x800Leído en la página web de Redes Cristianas

Fe y laicidad en una sociedad que busca Espiritualidad y Justicia

1. El problema

La pregunta, que se propone como título de esta conferencia, nos sitúa de lleno ante un problema, que – según yo veo las cosas – es un asunto de enorme importancia y de consecuencias muy graves, pero que, al mismo tiempo, es un problema que no es fácil delimitar y cuyas consecuencias no son fáciles de precisar. De ahí – según creo -, la ambigüedad en que nos movemos. Una ambigüedad de la que difícilmente tomamos conciencia. Y precisamente por eso, porque vivimos siempre en esta especie de ambigüedad, por eso nunca podemos afrontar con claridad y firmeza el enorme problema de nuestra coherencia como creyentes en Jesús y como personas que tomamos en serio el Evangelio.

¿A qué me refiero al decir estas cosas? Es evidente que Jesús fue un hombre profundamente religioso. Pero, tan cierto como eso, es que la religiosidad de Jesús – la que él vivió y la que enseñó a la gente – no se ajustaba, ni coincidía, con la religiosidad establecida en su cultura y en su pueblo. Es más, no solamente no coincidía, sino que allí ocurrió algo enormemente significativo y que, por eso mismo, da mucho más que pensar. No se trata solamente de que la religiosidad “oficial” y la religiosidad de Jesús no coincidían, sino sobre todo se trata de que fueron dos religiosidades incompatibles la una con la otra. De forma que los dirigentes de la religión del templo vieron en Jesús una amenaza muy grave (de “ser o no ser”: cf. Jn 11, 47-53) para lo que ellos representaban y lo que ellos vivían. Como es igualmente cierto que, a la inversa, Jesús vio, en los sumos sacerdotes y maestros de la ley, a los responsables que, con seguridad, iban a ser los que acabarían torturando, humillando y asesinando cruelmente a Jesús (como consta por los anuncios de la pasión: Mc 8, 31 par; 9, 31 par; 10, 33-34 par).

Así las cosas, el problema está en que lo que Jesús y los sacerdotes de entonces vieron que era incompatible, nosotros lo hemos hecho compatible. Más aún, no solamente lo hemos hecho compatible, sino que además lo hemos hecho integrable. Peor todavía, necesariamente integrable. De manera que hemos llegado a la desfachatez de ir por la vida enseñando que tenemos que encontrar a Jesús y vivir su Evangelio en la religión del templo y con los sacerdotes del templo. La religión nos explica a Jesús. Y Jesús es un componente central de la religión. Con lo que, entre otras cosas, hemos logrado que el concepto tradicional de religión (según las palabras duras e irreverentes de Peter Sloterdijk) ha terminado por ser “aquel desgraciado espantajo que asoma en la escenografía de la Europa moderna” (Has de cambiar tu vida, Valencia, Pre-Textos, 2013, 18).

2. ¿Dónde está la dificultad?

La dificultad no está en Dios, que, al ser por definición “el Trascendente”, no nos es posible conocerlo, ni sabemos en qué consiste. Ser “trascendente” no significa ser “infinitamente superior”, sino simplemente ser “inconmensurable para” nosotros, ser “de un orden absolutamente distinto” del nuestro (S. Nordmann, Phénoménologie de la trascendance, Paris, Ed. D’écarts, 2012, 9-10). Por tanto, ya que Dios no está a nuestro alcance, la dificultad está en cómo nos relacionamos con Dios.

Ahora bien, en este intento de relacionarse con Dios, las religiones coinciden en dos elementos constitutivos que, de diferentes maneras, se repiten en todas las religiones que se han organizado como tales (excepto el Budismo y – después veremos en qué sentido – el Cristianismo). Estos dos elementos son los ritos y lo sagrado.

Por lo que se refiere a los ritos, es determinante saber que las ceremonias rituales son el elemento primero, el más primitivo, quela paleontología ha encontrado en los orígenes más remotos del fenómeno religioso. De manera que, desde el paleolítico superior hay huellas claras de prácticas religiosas que se pueden correlacionar con fenómenos religiosos documentados. Ya, desde los hombres de neanderthal, se practicaban entierros ceremoniales de los muertos. Y son muchos los especialistas convencidos de que tales actividades irían acompañadas de ideas religiosas desde hace unos cien mil años (Walter Burkert, La creación de lo sagrado, Barcelona, Acantilado, 2009, 33).
Lo que significa que lo más original, lo primero, en el hecho religioso, no es Dios, sino los rituales. Por tanto, lo primero no fue Dios, sino los ritos de la religión (cf. Para una información introductoria, J. M. Castillo, La laicidad del Evangelio, Bilbao, Desclée, 2014, 21-25). Por esto, sin duda, los niños aprenden antes los rituales que lo que es o lo que significa Dios. Y la gran mayoría de la gente religiosa tiene más claro lo de los rituales que lo de Dios. Hasta el punto de que la fe de muchas personas es, ante todo, fe en determinados rituales, no precisamente fe en Dios. Y las autoridades religiosas controlan con más exigencia la exactitud en la observancia de los ritos que la exactitud en la idea de Dios y la fe en ese Dios. Lo que hace pensar – o al menos sospechar – que, en la religión, son más importantes los ritos que Dios. Como ya dijo uno de los autores más reconocidos en todo este asunto, “Dios es un producto tardío en la historia de la religión” (G. Van der Leeuw). El “medio” (el rito) se ha sobrepuesto al “fin” (Dios).

En cuanto a lo sagrado, es el ámbito (de espacio, tiempo, personas y objetos) en el que se puede y se debe realizar el ritual. Lo característico de la religión es la “seriedad absoluta”, que deriva del trato con realidades superiores absolutas e invisibles, que son las prerrogativas de lo sagrado, que caracteriza a la religión.

Ahora bien, la dificultad con que tropezamos los cristianos es que, si “lo ritual” y “lo sagrado” son componentes esenciales de la religión, lo que encontramos en los evangelios es que lo central en la vida y el mensaje de Jesús no fue ni “lo ritual”, ni “lo sagrado”, sino “lo humano”. Jesús no centró sus preocupaciones, su mensaje y su actividad, ni en el templo, ni en los sacerdotes, ni en las observancias…., sino en la salud de los enfermos (curaciones), en la alimentación de toda clase de gentes (comidas) y en las buenas relaciones humanas (discursos). En cuanto a sus creencias, lo central para Jesús fue la relación con Dios (el Padre) y la oración (nunca en el templo o en la sinagoga, sino en la soledad de los montes y en el silencio de la noche.

El problema concreto que actualmente se nos plantea a nosotros está en que, por supuesto, somos sensibles a lo que fue central en la vida de Jesús (“lo humano”). Pero ocurre que, al mismo tiempo, “lo ritual” y “lo sagrado” (“lo religioso”) sigue teniendo en nuestras vidas más fuerza de lo que imaginamos. ¿Por qué nos siguen interesando tanto no pocas cuestiones relacionadas con templos, sacerdotes, obispos, misas, ordenación de mujeres o de hombres casados, leyes sobre el celibato o el divorcio, conductas del papado, etc, etc? Hemos nacido en una cultura religiosa, nos han educado en todo eso. Y todo eso sigue jugando un papel importante en nuestras vidas.

3. Consecuencias de este estado de cosas

La religión, es decir, los rituales y lo sagrado son realidades que están siempre asociadas a “jerarquías de poder”. Es decir, la religión es generalmente aceptada como un sistema de rangos, que implica dependencia, sumisión y subordinación a superiores invisibles, cuyos mediadores en la tierra y en la sociedad son los “jerarcas religiosos”.

De ahí que los rituales son, con frecuencia, “rituales de sumisión”: inclinarse, arrodillarse, descalzarse, bajar la voz, representar modestia, comportarse como humilde (humilis = cercano a la tierra, humus), descubrirse, tirarse al suelo…., todo esto no es, en el fondo, sino la representación ritual del sometimiento. Lo que, a la inversa, representa la exaltación ritual del poder. La relación “sometimiento-soberanía”, gestionada mediante el ritual, es constitutiva del hecho religioso.

Esto supuesto, nos encontramos con una consecuencia inevitable: la religión crea, por sus mismos constitutivos, “desigualdad” y “sometimiento”. Lo que equivale a crear las condiciones que hacen imposible la igualdad y la libertad. Los dos pilares básicos sobre los que se construye la dignidad y los derechos fundamentales de los seres humanos. Una sociedad profundamente religiosa es una sociedad desigual y es igualmente una sociedad sin libertad. Donde no hay igualdad para todos y libertad verdadera y generalizada no puede haber religión, como hecho social y público.

Ahora bien, en una persona en la que se ha integrado (en su mentalidad y en su vida) la desigualdad entre los humanos y el sometimiento a jerarquías invisibles, inevitablemente se produce un fenómeno del que mucha gente no tema conciencia, pero que es de unas consecuencias asombrosas. El fenómeno al que me refiero consiste en que, en la vida de esa persona, se rompe la conexión entre “lo ritual” y “lo ético”. ¿Por qué? Porque, como se ha dicho muy bien, “el ámbito del comportamiento primario de un mito religioso es el rito, no el ethos” (.G. Theissen, La religión de los primeros cristianos, Salamanca, Sigueme, 2002, 151). Y esto ocurre, en primer lugar, porque los ritos son acciones que, debido al rigor de la observancia de las normas y por la seriedad absoluta que eso lleva consigo, el rito se constituye en un fin en sí (B. Lang, “Ritual, Ritus”, en Handbuch religionswissenschaftlicher Grundbegriffe, Stuttgart 1988 ss, vol. IV, 442-458).

Pero el fenómeno que se produce, en nuestra intimidad, es mucho más profundo y llega al fondo más hondo de nuestro ser. Se trata de que los ritos, como los primeros actos religiosos que son, de los que tenemos constancia, aparecieron como ceremoniales relacionados con los sentimientos de culpa que se producían con ocasión de los sacrificios de animales, que hacían las tribus nómadas de cazadores antiguos. La función o finalidad del ritual era tranquilizar la conciencia del acto violento que obviamente había sido matar el animal. Por eso los etnólogos han podido observar que se destaca claramente el sentimiento de culpa para con el animal muerto. Y por eso el ritual entraña un simulacro de disculpa y reparación (K. Meuli, “Griegische Opferbräuche”, en Phyllobolia, Basilea, 1946, 224-252). De ahí, la experiencia que todos tenemos con frecuencia y que consiste en que la práctica religiosa tiene la extraña y eficaz capacidad de dejarnos con una extraña, profunda e inexplicable tranquilidad. Nos libera de sentimientos de culpa, nos devuelve el sosiego interior perdido y hace que nos sintamos mejor.

De lo cual resulta que la gente se siente más tranquila y mejor practicando rituales sagrados que intentando vivir el Evangelio. Por eso hay tantos católicos que van a misa, rezan rosarios, acuden a templos, cofradías, bodas, bautizos, entierros, procesiones, peregrinaciones, devociones a santos, peregrinaciones, reuniones religiosas más o menos ocultas y clandestinas, etc, etc. Hacemos todo eso con más claridad, más facilidad y más gratificación interior que unir nuestra vida y nuestro destino a la vida y al destino que sabemos vivió y sufrió Jesús de Nazaret.

Más aún. Seguramente lo más misterioso que ocurre, en todo este proceso interior, está en que, por una parte, el ritual fielmente observado, nos comunica paz, sosiego, una indefinible experiencia de sentirse mejor (que se agiganta cuando asistimos a una ceremonia estéticamente bella, solemne, quizá deslumbrante). Pero, por otra parte y además de lo dicho, ocurre que, sin darnos cuenta de lo que nos pasa, el ritual cumplido se erige y se constituye en un fin en sí mismo, de forma que desliga nuestra conciencia de componentes fundamentales – quizá los más fundamentales – de la conducta ética. Sobre todo, cuando lo que está en juego son comportamientos civiles, especialmente determinados comportamientos relacionados con la economía, con la política, con la postura personal que adoptamos ante los otros, sobre todo cuando se trata de relaciones humanas asociadas al poder, al prestigio, la estima, la autoridad y, de forma muy intensa, cuando vivimos relaciones que afectan a lo religioso, lo nacional o lo cultural. Por ejemplo, si se trata de relaciones inter-religiosas, inter-grupales o inter-nacionales.

Y queda todavía, un tema capital: la religión cuesta dinero. Normalmente, las religiones manejan mucho dinero. Templos, monasterios, conventos, personal sagrado, títulos y dignidades, propiedades, donaciones, herencias…. Con lo que, al componente de pacificación interior que produce lo ritual y lo sagrado, se suma el componente de interés económico, de seguridad y de un nivel especial en cuanto afecta a la “categoría social”. Con lo que terminamos en una conclusión que resulta ser – si pensamos todo esto desde el punto de vista del Evangelio – una conclusión aterradora: la religión, sobre todo cuando se trata de la religión “oficial”, es inevitablemente una institución y una realidad “privilegiada”. Por esto, se ha dicho con razón que “las religiones antiguas normalmente gravitan hacia las clases dominantes y los representantes del poder. Después del triunfo del cristianismo, durante muchos siglos de historia europea, ésa fue también la situación de las iglesias cristianas” (W. Burkert, La creación de lo sagrado, Barcelona, Acantilado, 2009, 36). Esto explica que, durante miles de años y en las más diversas culturas, los “hombres de la religión” han sido los “notables” y los “selectos”. ¿Qué queda aquí de los “pequeños”, de los “últimos”, de los “niños”, que son las imágenes (metáforas) preferidas por Jesús para indicar quiénes son los primeros en el “reinado de Dios”?

4. Jesús y la religión de los ritos y de lo sagrado

Fuera lo que fuera lo que aquel campesino galileo del s. I, Jesús de Nazaret, sabía de todo cuanto acabo de explicar, si leemos los evangelios como un proyecto de vida, seguramente lo que queda patente, en ese conjunto de relatos, es que Jesús vio claramente que la religión de los ritos y de lo sagrado (con sus poderes, privilegios y dignidades) es el impedimento más inmediato y más fuerte, que tenemos los seres humanos, para entender y para vivir lo que significa y lo que exige el “Reinado de Dios”.

Por esto, los evangelios son el gran relato de un conflicto. El conflicto de Jesús con los fariseos, los letrados, los sacerdotes, los sumos sacerdotes y senadores, el templo, las observancias rituales. A Jesús no lo persiguieron y mataron porque los dirigentes religiosos rechazaron la divinidad de Jesús. Es decir, porque los hombres más religiosos del s. I no quisieron aceptar los dogmas cristológicos de Nicea (325) y Calcedonia (451). El problema, para aquellos dirigentes religiosos del s. I, estaba en que Jesús no toleraba ni la desigualdad, ni la sumisión que inevitablemente se derivaba de la forma de entender y practicar la religión que consideraban intocable los “hombres del templo”.

¿Por qué esta intolerancia de Jesús hacia aquellos representantes religiosos? Porque lo primero y lo intocable, para aquellos representantes religiosos, era “lo ritual” y “lo sagrado” (con todas sus consecuencias). Mientras que, para Jesús, lo primero y lo intocable, era “lo humano” (la vida humana, el respeto a lo humano, la dignidad de todos los seres humanos por igual). De hecho, las preocupaciones de Jesús no fueron nunca: ni las observancias rituales del templo, ni la inviolabilidad de lo sagrado, ni la dignidad de los sacerdotes, ni los poderes de la religión…. Las preocupaciones de Jesús fueron: la salud de los humanos (relatos de curaciones), la comensalía de los humanos (relatos de comidas), las relaciones entre los humanos (las “bienaventuranzas” y Mt 25, 31-46).

Todo esto supuesto, repito mi pregunta de antes: por qué la Iglesia es tan detallista y exigente en materia de rituales religiosos, al tiempo que es tan escandalosamente permisiva en cuanto se refiere a tantas cuestiones de ética civil y laica? Aquí es de suma importancia recordar la prohibición terminante de Jesús: “No llaméis padre a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo” (Mt 23, 9). Como al discípulo para el que lo primero era enterrar a su padre, Jesús le respondió de manera tajante: “Tú, sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mt 8, 21-22). En última instancia, todo lo que detrás de esto es algo de lo que nunca acabamos de tomar conciencia: ¡Qué misterio tan profundo es tener un padre! ¿Por qué? Porque el padre es esa realidad, profunda y misteriosa, que nos socializa y nos integra en el Kosmos, el “orden establecido”. El orden que perpetúa el poder que nos somete, nos prohíbe, nos priva de la libertad y de la igualdad. Para Jesús, el Padre es la imagen de la bondad y de la igualdad con todos sin distinciones, buenos y malos, justos y pecadores (Mt 5, 45).

5. Conclusiones

1. Jesús desplazó el centro del hecho religioso: de “lo ritual” y “lo sagrado” a lo central y determinante de “la vida humana”. La defensa de la vida, la dignidad de la vida, el respeto a la vida, los derechos humanos que son centrales para perpetuar la vida humana.

2. La Iglesia tiene su razón de ser, su finalidad y su autoridad a partir de Jesús y en esta forma – revolucionaria y desconcertante – de entender y vivir el hecho religioso.

3. Por tanto, lo esencial y específico del cristianismo no es “el dogma” (las verdades que hay que creer), ni es “el ritual sagrado” (las prácticas y observancias propias de una religión). Lo esencial y determinante del cristianismo es “la ética”: la forma de vida que llevó Jesús, sus “obras” (“erga”) y los “frutos” (“karpoi”) que produjo. Creer en Jesús y seguir a Jesús es aceptar que, ante el Dios y Padre que se nos dio a conocer en Jesús, no podemos contar nada más que con la conducta que nos dejó descrita el mismo Jesús con su vida, sus enseñanzas y la consiguiente conflictividad que desencadenaron tal vida y tales enseñanzas. Ante el Dios de Jesús no podemos presentar nada más que nuestra forma de vida, especialmente nuestra forma de tratar a los demás.

Ponencia de José Mª Castillo en la XVII semana andaluza de Teología

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“I am Michael”, donde James Franco interpreta a un antiguo activista LGTB reconvertido a pastor homófobo, se presenta en Sundance

Martes, 13 de enero de 2015

mag-19friend-t_CA1-popupGlatze, izquierda,  con  BenNycum, su ex-novio durante 10 años

Tras meses de rodaje, I am Michael está a punto de proyectarse por primera vez en el Festival de Sundance. La película se basa en una historia real, la de Michael Glatze, activista LGTB que tras sufrir una profunda crisis vital aseguró haber abandonado la homosexualidad, se casó con una mujer y se hizo pastor. Hoy vive un pequeño pueblo de Wyoming y está al frente de una congregación.

En 2011, Benoît Denizet-Lewis, antiguo amigo de Michael y colega suyo en XY, revista dirigida a jóvenes gays, se reencontró con él. Posteriormente, elaboró una crónica para The New York Times con el título Mi amigo ex-gay. En ella, daba voz a Michael pero también a Benjie Nycum, quien había sido su pareja durante varios años. Esta crónica ha sido la base de la película que está a punto de estrenarse.

La película tiene un elenco destacable. El papel de Michael está interpretado por James Franco, que ya ha recreado como actor varios personajes gays y que ha dirigido Interior. Leather Bar, un falso documental con referencias a Cruising. El papel de Benjie lo interpreta el actor abiertamente gay Zachary Quinto, mientras que Emma Roberts interpreta a la mujer de Michael. A la espera de la proyección y de las primeras críticas, el director, Justin Kelly, no escatima en elogios al hablar de la interpretación de Franco: “Sinceramente, lo hace estupendamente (…) Es una historia complicada y tiene una gran química con las dos personas con las que está vinculado amorosamente, Zachary Quinto y Emma Roberts”.

El director ha querido, eso sí, tomar distancias respeto a la cuestión de los “ex-gays”: “no es solo una película sobre un ex–gay. Es en realidad una historia muy apta para ser contada sobre el poder de la creencia y el deseo de pertenencia”. Con todo, resulta difícil obviar la relación de la película con el tema, especialmente cuando historias como las de Glatze son utilizadas por los homófobos para intentar demostrar la “posibilidad de un cambio”.

De activista por los adolescentes LGTB a militante homófobo

mag-19friend-t_CA0-articleLargeMichael Glatze en Wyoming

Después de trabajar en XY, Michael Glatze estuvo entre los fundadores de YGA (Young Gay America) publicación con un enfoque más amplio, que hablaba también de lesbianas, bisexuales, trans y queer. De hecho, YGA se organizó como un equipo que recorría Estados Unidos recogiendo testimonios de adolescentes y jóvenes LGTB. De él formaba parte también Benjie Nycum, que entonces era su pareja. Entre sus logros estuvo también la elaboración del primer documental dirigido a prevenir el suicido en adolescentes LGTB, Jim in Bold, premiado en varios festivales de cine LGTB. Michael y Benjie iban tomando de hecho cada vez más prominencia como activistas.

Todo esto cambió en 2004, cuando una serie de problemas de salud hicieron temer a Glatze que podía sufrir la misma enfermedad cardiaca que acabó con su padre cuando él tenía 13 años. No fue así, pero el impacto de aquella experiencia lo llevó a redescubrir “a Dios” y a “reevaluar” toda su existencia anterior. Tras un año de crisis vital, llegó a la conclusión de que todos sus problemas se debían a su “identidad sexual”, tal y como reveló a Benoît Denizet-Lewis en una conversación mantenida por entonces. En su artículo de The New York Times, el propio Denizet-Lewis cuenta cómo poco después, el último día que estuvo en la redacción de YGA, Glatze escribió en su ordenador “Soy heterosexual”, luego “Homosexualidad=muerte, elijo la vida” y se marchó. A partir de ese momento, según le dijo luego, su atracción hacia las personas de su mismo sexo comenzó a desaparecer… al tiempo que profundizaba su relación con la faceta más intolerante de la religión.

Michael-and-Rebekah-Glatze-marriedMichael and Rebekah Glatzeen su boda

En una carta publicada en 2007 en una web de ultraderecha, la homofobia de Glatze se revelaba ya en toda su plenitud. Afirmaba haber optado por la homosexualidad siendo adolescente “porque era débil”. Según él, a estas edades la homosexualidad “es por su propia naturaleza pornográfica, destruye sus mentes impresionables [las de los adolescentes] y confunde su desarrollo sexual”. También impide “profundizar en nosotros mismos”, dejándote a merced de la superficialidad y de las relaciones fundamentadas únicamente en la “lujuria”. No perdía tampoco ocasión de elogiar a Polonia por su valentía en oponerse a la “propaganda homosexual” (en referencia a las iniciativas que entonces promovían los gemelos Kaczyński).

En el reportaje de The New York Times, Michael incidía en su historia de conversión. Y ello pese a que, a la pregunta de su antiguo compañero sobre si realmente se sintió infeliz durante los años que vivió con Benjie, respondió que “bueno, tú no puedes ver lo oscuro que se está en una cueva cuando estás dentro. Pero no, en esa época no me consideraba infeliz”.

La historia de Michael Glatze abre, sin duda, interesantes interrogantes sobre hasta qué punto las personas reconstruyen el relato de sí mismas para adaptarlo a sus creencias actuales, o sobre cómo una crisis vital puede trastocar la vivencia más íntima de las personas. Lo preocupante del asunto, sin embargo, es que Glatze, pese a rechazar la etiqueta de “activista ex-gay”, ha ido más allá de contar su experiencia personal, usándola en charlas y publicaciones en internet para denigrar a quienes viven de una forma abierta su homosexualidad o bisexualidad y para promover las peligrosas “terapias” reparadoras.

Fuente Dosmanzanas

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“Corrupción y religión”, por José María Castillo, teólogo

Lunes, 29 de diciembre de 2014

corrupcion5Leído en su blog Teología sin Censura:

El reciente informe de la Unión Europea sobre la percepción que se tiene, en ciudadanos y empresas, sobre la corrupción en los distintos países de Europa, sitúa a la cabeza de los países corruptos a Italia y España, mientras que, por el contrario, los países menos corruptos, en cuanto se refiere a la gestión de la economía, son los países del norte de Europa.

En cuanto, hace pocos días, leí los resultados de este Informe, me vino a la memoria el conocido estudio de Max Weber, La Ética Protestante y el espíritu del capitalismo. Como es sabido, Weber defiende en este libro que “el afán de lucro” y la “tendencia a enriquecerse” nada tienen que ver con el capitalismo. Weber estaba convencido, hace un siglo, de que la “mentalidad económica” y el “ethos” [talante] económico son convicciones y pautas de conducta que están determinadas sobre todo por “la ética racional del protestantismo ascético”. Y destacaba las conexiones que las religiones más importantes tienen con la economía y la estructura social del medio en el que viven.

Yo estoy persuadido de que Max Weber no escribiría hoy este libro tal como lo escribió en su tiempo. Entre otras razones, porque el capitalismo de ahora no es como el que Weber conoció. Ni la religión que se practica ahora es como la que se practicaba a finales del s. XIX.

Sin embargo, hay un hecho patente que está a la vista de todos. Exactamente lo mismo, a comienzos del siglo XXI que a finales del XIX, los países de tradición católica son los más corruptos y los más castigados por la crisis económica (países del Sur), al tiempo que los países de matriz protestante (países del Norte) son los más desarrollados y los que han superado la crisis más rápidamente y mejor. Como es lógico, estas cosas no ocurren por casualidad. Alguna relación tiene que haber entre “economía” y “religión”. Lo que, en este momento, equivale a preguntarse: ¿tendrá algo que ver la religión con la corrupción económica?

No voy a ponerme a indagar – una vez más – en qué consiste exactamente el espíritu de la “ética protestante”. Sobre eso se han escrito bibliotecas enteras. Y ya sabemos lo que da de sí este asunto. Por eso yo me he puesto a darle vueltas a esta cuestión, repensando este enorme problema desde otro punto de vista. Hay un hecho que, por otra parte, no deja de llamar la atención. Me refiero a una cosa que ve cualquiera. “Gente religiosa”, “gente de derechas” y “gente capitalista” son expresiones que, con relativa frecuencia, suelen coincidir en las mismas personas y hasta en las mismas instituciones o grupos humanos. Pero coinciden solamente cuando la religión apoya el capitalismo y se pone de parte de la gente de derechas. Si se trata de una religión que, por lo que sea, no es incondicionalmente aceptada por los ricos, ese tipo de religión no tarda en caer en desgracia. Lo que ha pasado con la teología de la liberación es el ejemplo más claro que tenemos, en la Iglesia, de que las relaciones entre “religión” y “economía” son buenas y fluidas cuando, en definitiva, la religión se pliega a las exigencias del capitalismo financiero, con las consiguientes condiciones que impone la banca, etc, etc.

¿Qué hay detrás de todo esto? Por lo que yo he podido averiguar, hasta este momento, el factor determinante en este oscuro asunto es la profunda y extraña conexión que existe entre los “rituales” y la “ética”. Una conexión que se comprende en cuanto uno se da cuenta de que el comportamiento de una persona religiosa está más determinado por el “rito” que por el “ethos” (W. Burkert, B. Lang, G. Theissen). Es decir, la gente religiosa se aferra más a la observancia de los rituales sagrados que a la honradez sin fisuras de la conducta de un buen ciudadano. ¿Cómo se explica que haya tantos ricos capitalistas que se quedan tranquilos con su misa y sus rezos, cuando ellos son los primeros que saben que no pagan los jornales que tendrían que pagar? ¿Qué explicación tiene que haya obispos con palacios y coches de lujo, que se quedan tan tranquilos sabiendo que en su diócesis hay miles de criaturas que se acuestan sin cenar? ¿Cómo es posible que la Jerarquía eclesiástica (con sus clérigos, frailes y monaguillos) siga aferrada a sus exenciones fiscales y privilegios económicos, en una sociedad en la que cada día echan de sus casas a tantas familias que no han hecho otro mal que quedarse sin trabajo?

La observancia ritual es un asunto peligroso
. Porque el rito fielmente observado tiene el efecto diabólico de tranquilizar la conciencia. Por eso hay tanta gente a la que le va divinamente con los bautizos, las bodas (de iglesia), los funerales con misa, la cofradía, la romería, la promesa, el escapulario y la estampa. De manera que todo eso, sin saber cómo ni por qué, se condimenta admirablemente con la tacañería a la hora de pagar el sueldo o el jornal, hacer la declaración de la renta, tener a “la muchacha” de la limpieza apuntada en el “seguro” y, si se trata de gente de poder y gobierno, no tienen empacho en defender y aprobar leyes que hunden a tantas criaturas en la miseria y la desesperación.

¿Se puede asegurar que existe una misteriosa y tremenda conexión entre religión y corrupción? Ahí están los hechos. Y que cada cual responda, no asegurando “yo tengo la conciencia tranquila”, sino preguntando a quienes conviven a tu lado qué piensan de todo esto.

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Duelo entre Dios y la ciencia en un monasterio. En el 155 aniversario de ‘El origen de las especies’

Miércoles, 26 de noviembre de 2014

14166927202786El prior Lluc Torcal y el físico Carles Urdina, en el Monasterio de Poblet. RAMÓN ORGA

POLÉMICA HISTÓRICA En el 155 aniversario de ‘El origen de las especies

ESTHER PANIAGUAPoblet (Tarragona)

Cuando Charles Darwin publicó El origen de las especies el 24 de noviembre de 1859, las reacciones a favor y en contra de su pionera teoría evolucionista no se hicieron esperar. Tan sólo unos meses después, el fiel darwinista Thomas Huxley y el entonces obispo de Oxford Samuel Wilbesforce se batieron en duelo en un debate multitudinario entre ciencia y fe del que la prensa dio como ganadores a los darwinistas frente a los creacionistas.

A falta de una verdad absoluta, la discusión sigue viva a día de hoy. Hace poco más de dos años el evolucionista ateo Richard Dawkins y el obispo de Canterbury Rowan Williams revivieron ese debate entre Huxley y Wilbesforce con la misma vehemencia que los protagonistas originales. La expectación fue tal que tuvieron que habilitar dos espacios adicionales en teatros para dar cabida a todos los asistentes, y la retransmisión online congregó a decenas de miles de personas. Ayer, la historia se repetía de nuevo, coincidiendo con el 155 aniversario de la publicación de la biblia evolutiva de Darwin, que se celebra mañana.

Esta vez el lugar escogido fue el monasterio catalán de Poblet. El propio prior del monasterio, que además es físico y hombre de ciencia, instó este duelo a raíz de una provocación vía e-mail de un físico alarmado por las recientes declaraciones del Papa Francisco, en las que aseguró que el Big Bang no contradice a Dios, sino que lo exige. El prior, Lluc Torcal, respondió en seguida a este mensaje para justificar la postura del Papa y retó al físico -Carles Udina- a defender su postura en cara a cara en suelo sagrado, en el mismísimo monasterio de Poblet.

¿Creación o inicio?

Ante el sí de Udina, menos de un mes después llegaba el día de la batalla dialéctica entre el prior científico y el físico ateo. En este caso contaron con un número reducido de espectadores -aproximadamente 50-, en un encuentro privado reservado solo a miembros de la comunidad IP, presidida por el pionero de internet Andreu Veà y compuesta por expertos de ámbitos muy diversos.

El primer dardo del cara a cara lo lanzaba Torcal, sacando a la palestra desde el primer momento el debate entre Dios y la ciencia: «Estas cosas pasan cuando se meten con el Papa: a uno le tocan la fibra y contesta», comenzaba Torcal con visible excitación. Acto seguido, el prior entraba en materia. En opinión de Torcal, conciliar razón y fe no es una cuestión material sino «de sentido, del porqué de todo esto». Desde su punto de vista «crear significa dar la existencia, y no es lo mismo que dar inicio a las cosas».

Esta existencia -según Torcal- o nos viene dada [punto de vista científico] o es una emanación de algo que está en el origen de todo [punto de vista religioso]. “La segunda concepción implica una unidad de todas las cosas en la que no hay diferencia entre lo que yo soy y el mundo que descubrimos o se nos va dando a conocer, ya que desde el origen estaba todo allí”, explicaba Torcal.

El problema es cómo llamar a ese “todo”. Para la religión, es un Dios con conciencia y entidad propia que se presenta fundido en el maremágnum del universo; para la ciencia es simplemente la realidad. Udina va más allá y lo define como “un nivel de información desconocido para la física, un mecanismo que calcula todas las informaciones”. Según su teoría, “el éter que siempre han buscado los físicos no es material sino información independiente de la materia”.

Udina aseguró que la acción de ese nivel de información inicial -desconocido y anterior a la materialización del universo- es lo que propicia «el mal llamado Big Bang» y esa creación que los religiosos atribuyen a Dios.

Higgs, Hawking y Dawkins

En este punto del duelo, la conocida física y divulgadora científica Sonia Fernández-Vidal, presente entre el público, afirmó que está de acuerdo con la explicación del origen del universo que proporciona el modelo de la física actual y que deposita su confianza en el incansablemente buscado bosón de Higgs. La confirmación en 2012 de la existencia de este bosón con un margen de error del 1% fue «extremadamente excitante», en opinión de la física, debido a que validaba la teoría dada ya por válida por la comunidad científica pero aún sin demostrar.

Tal y como explica Fernández-Vidal, la importancia del descubrimiento de la llamada «partícula de Dios» radica en que confirma la teoría de Higgs que explica por qué unas partículas fundamentales tienen masa y otras no, en función de si interaccionan o no con el denominado «campo de Higgs», un campo cuántico invisible presente en todo el universo.

Al prior del monasterio de Poblet no le hace ninguna gracia la denominación de «partícula de Dios», ya que esta partícula «nada tiene que ver» con el Creador. Coincide en esto con Udina, aunque por motivos diferentes. Este último califica el descubrimiento del bosón de Higgs como «un fraude científico orquestado por el CERN [la Organización Europea para la Investigación Nuclear] para conseguir financiación».

En realidad, Udina y Torcal están de acuerdo en más cosas de las que parece. Incluso Fernández-Vidal opina que ciencia y religión no son incompatibles. Además, los tres coinciden en su desacuerdo con Stephen Hawking y Richard Dawkins, que no creen en una posible concordancia entre razón y fe. «Estos científicos reduccionistas defienden que la única verdad que hay es la experimentable», explica Torcal. El prior concluía el encuentro con su justificación de por qué esto es “insostenible” y “contradictorio”: “La ciencia no puede tener las raíces en sí misma porque no cumpliría las premisas para ser una verdad científica”.

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El Papa defendió modelo de familia tradicional y excluyente para criar a los hijos

Domingo, 23 de noviembre de 2014

Papa-Francisco-defendió-a-la-familia-tradicionalEl sumo pontífice bautiza a un bebé en el Vaticano. (Imagen: AP).

Lo sentimos, Francisco… A lo que tiene derecho un niño es a ser amado… lo que no garantiza necesariamente el tipo de familia tradicional… ¿hay que recordar cómo tantos jóvenes son echados de sus casas por ser homosexuales?

Jarro de agua fría para todos aquellos que esperan que el nuevo papa pase de las palabras a los hechos en el muchas veces anunciado proceso de aperturismo en cuestiones morales, incluida la homosexualidad. Jorge Bergoglio inauguró el pasado lunes una conferencia interreligiosa en el Vaticano sobre la familia tradicional, en la que rechazó de manera implícita el matrimonio igualitario y la adopción homoparental.  Este coloquio interreligioso ha reunido en el Vaticano durante tres días a dirigentes católicos, judíos, musulmanes y otras confesiones con el “fin de proponer de nuevo la belleza de la unión natural entre el hombre y la mujer en el matrimonio”.

Humanum, “un coloquio internacional interreligioso sobre la complementariedad del hombre y la mujer” según lo define su página web, tenía como objetivo aunar posiciones entre las distintas religiones para luchar contra el matrimonio igualitario y en él han participado, durante tres días, unos trescientos representantes de catorce confesiones como el jainismo, el judaísmo, el anglicanismo o el mormonismo, además del catolicismo. En el discurso de apertura, el papa afirmó que la unión entre un hombre y una mujer está “en la raíz del matrimonio” y que “los niños tienen derecho a crecer en una familia con un padre y una madre capaces de crear un entorno adecuado para el desarrollo y la madurez emocional del niño”, según extractos de su discurso difundidos por la radio vaticana.

Según el papa Francisco, “el matrimonio y la familia están en crisis”, porque “vivimos en una cultura de lo temporal, en la que cada vez más gente está renunciando al matrimonio como un compromiso público”. A pesar de que no hizo ninguna mención explícita a gays y lesbianas, el discurso del pontífice podría incluso ser suscrito por alguno de los mandatarios africanos, por ejemplo cuando declaró que “la revolución en las costumbres y la moral ha enarbolado con frecuencia la bandera de la libertad, pero en realidad ha traído la devastación material y espiritual a innumerables seres humanos, especialmente a los más pobres y los más vulnerables”.

Varios de los líderes religiosos participantes en la conferencia han mostrado su acuerdo con las declaraciones del papa. Russell Moore, de la Convención Baptista Sureña, celebró que la concepción excluyente del matrimonio “no pueda ser revisada por las ideologías actuales”. Henry B. Eyring, de la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días (comúnmente conocida como iglesia mormona), también expresó su satisfacción porque las diferentes confesiones se hayan mostrado unidas sobre la “santidad del matrimonio entre un hombre y una mujer”.

Por su lado, el cardenal Gerhard Müller, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, había resaltado el domingo, en el Osservatore Romano, diario del Vaticano, que “el primer lugar de la diferenciación sexual (…) es la experiencia de la filiación”.

El Vaticano celebró el mes pasado un Sínodo sobre la Familia, reuniendo a cardenales y obispos, que dio lugar a fuertes tensiones, fundamentalmente sobre la cuestión de la homosexualidad.

Los activistas LGTB, como es lógico, se han sentido decepcionados, pero algunos de ellos han visto en las declaraciones de Bergoglio una confirmación de su escepticismo previo con respecto a los repetidos mensajes de apertura moral. Jeremy Hooper, asesor de GLAAD, publicó en Twitter una foto de su hija con el texto: “Mientras #Humanum ataca a mi familia, yo celebro la alegría de ser padre. De la vida. Del amor”. “Durante los últimos dos años, he escuchado cada vez a más personas decirme que el papa Francisco es algo así como un activista secreto LGTB”, añadía Hooper. “Tenía, como mínimo, reservas. Ahora debo decir por desgracia que su discurso de apertura en esta convención solo ha reforzado mi escepticismo”.

En definitiva, vuelve a quedar de manifiesto la debilidad del tan proclamado proceso de flexibilización del rigorismo moral católico encabezado por el papa. Frente a declaraciones inclusivas como mencionar la homoparentalidad al referirse a la necesidad de abrirse a nuevas realidades o mostrarse abierto a aceptar las uniones civiles, a la hora de la verdad parece que la ortodoxia sobre la homosexualidad se impone. Así quedó también de manifiesto en el documento final del reciente Sínodo de la Familia, que había generado unas expectativas que se tornaron en decepción.

Fuente Los Andes

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La mayoría de la población de América Latina se opone al matrimonio igualitario y al aborto

Miércoles, 19 de noviembre de 2014

1333540547_113226_1333816602_noticia_normalAdemás, según el estudio de Pew Research, aún persiste fuertemente el concepto de la sumisión de la mujer al marido.

Mientras que en 1970 más de un 90 por ciento de la población latinoamericana se declaraba católica, ahora son un 69 por ciento quienes se identifican con esta confesión. El protestantismo gana peso y sube hasta el 19 por ciento y hay un 8 por ciento que no se siente identificado con ningún grupo religioso.

Sobre este escenario, Pew Research ha tratado de esbozar un resumen de una región compleja que, a nivel general, sigue mostrándose conservadora. No obstante, países del cono sur como Argentina, Chile y, sobre todo Uruguay, avanzan hacia un escenario más laico en un continente que tiene en Centroamérica el núcleo social más conservador.

Un 80 % rechaza las bodas entre personas del mismo sexo

Sólo en Brasil, México, Chile, Argentina y Uruguay, así como en la comunidad hispana de Estados Unidos, hay un mayor porcentaje de personas partidarias del matrimonio igualitario que detractoras.

En Honduras, Guatemala, El Salvador y Paraguay, en cambio, el rechazo a las bodas gays iguala o supera el 80 por ciento. Estos cuatro países, junto con Panamá, también encabezan la lista de estados donde la homosexualidad está considerada un comportamiento equivocado en términos morales.

La legalización de la interrupción voluntaria del embarazo recibe un rechazo mayor al del matrimonio homosexual y tan sólo Uruguay, con un 54 por ciento de población a favor, desentona en una región donde una amplia mayoría de la ciudadanía es abiertamente contraria. Paraguay y Guatemala, con un 95 por ciento un 92 por ciento de rechazo, respectivamente, ocupan el extremo opuesto.

La mujer, sumisa

Sí hay una mayor permisividad con las medidas de control de la natalidad –en ningún país el rechazo a los anticonceptivos supera el 50 por ciento– y con otros aspectos como el consumo de alcohol, el divorcio o el sexo fuera del matrimonio, si bien en estos tres casos existen grandes diferencias entre los distintos estados.

La mujer sigue teniendo, a ojos de gran parte de la población latinoamericana, un papel sumiso a la figura del marido. Así, un 81 por ciento de los hondureños o un 80 por ciento de los dominicanos consideran que la mujer debe “obedecer” a su marido y tan sólo en Uruguay, Argentina, Chile, Costa Rica, Puerto Rico, y México la tasa cae por debajo de la mitad.

Democracia antes que un líder autoritario

El conservadurismo social no parece llegar a la esfera política, ya que una mayoría de la población de América Latina prefiere una democracia antes que un líder autoritario. En ningún país se invierte esta tendencia, si bien en el caso de El Salvador la diferencia es de solo tres puntos.

Sin embargo, la región sigue suspendiendo en materia de compromiso político y sólo en Panamá, Puerto Rico, Venezuela, Paraguay, Argentina y Chile existe una mayoría de población que está al tanto de lo que ocurre con el Gobierno y con los asuntos públicos. En República Dominicana y Guatemala, sólo tres de cada diez personas se interesan por esos temas.

Gobierno y religión

Respecto a la mezcla de religión y política, existe una división casi a partes iguales entre quienes piensan que el Gobierno debe promover valores religiosos y quienes abogan por un distanciamiento.

Uruguay y México, con un 75 y un 74 por ciento, respectivamente, figuran a la cabeza de una lista de países partidarios de la división, mientras que las poblaciones de El Salvador y República Dominicana quieren –con un 55 y un 57 por ciento– una defensa firme de la religión desde el Ejecutivo.

Fuente Periodista Digital Cáscara amarga

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Retiran sus credenciales a un pastor menonita de 96 años por oficiar la boda de su hijo gay

Lunes, 17 de noviembre de 2014

545cf3ba72371.imageA pesar de estar ya retirado y de su avanzada edad, un pastor menonita ha visto como su iglesia le retiraba sus credenciales por haber oficiado la boda de su hijo gay en junio pasado. El hecho muestra que el debate en torno a la realidad LGTB y la discrepancia de opiniones ha llegado a todo el espectro del protestantismo norteamericano.

Chester Wenger es un pastor menonita retirado de 96 años que vive en la pequeña ciudad de East Lampeter (en Pensilvania, Estados Unidos). En una publicación menonita, el pastor hizo público que había oficiado con gusto en la boda de su hijo con otro hombre el pasado 21 de junio. Lo hizo sabiendo que generaría polémica y consciente de las posibles consecuencias, pero convencido de la justicia de su decisión. “Sé que habrá quienes me acusen por mi transgresión. Pero mi acto de amor se hizo de parte de la iglesia que amo y mi conciencia está limpia”, expresó.

La decisión de Wenger ha supuesto la retirada de sus credenciales como ministro menonita. En palabras de Keith Weaver, moderador de la Conferencia Menonita de Lancaster (el condado al que pertenece East Lampeter), el pastor habría violado las directrices eclesiales, según las cuales “los pastores con credenciales en una conferencia de la Iglesia Menonita de los Estados Unidos no están autorizados a celebrar una unión entre personas del mismo sexo”. La decisión se tomó tras un proceso que, en palabras de Weaver, fue “recíprocamente lleno de gracia y respetuoso”.

La pasión que ha dominado a mi padre ha sido hablar con sus hermanos menonitas de la Conferencia de Lancaster y hacerlo con un mensaje de amor y un deseo de compartir su perspectiva tras una larga vida de estudio de la Biblia y consideración de este asunto que supone un desafío para nuestra comunidad”, ha declarado con orgullo el hijo de Wenger, que señala no obstante que no le habría pedido a su padre oficiar su boda de haber sabido que pasaría algo así.

Un debate creciente, también entre los menonitas

Lo sucedido con Chester Wenger es una nueva muestra de cómo el debate sobre la aceptación de la homosexualidad en particular, y la diversidad sexual en general, está sacudiendo todo el espectro de las iglesias cristianas de Norteamérica. En este caso, se trata además de una iglesia tenida habitualmente por conservadora en materia LGTB. Los menonitas se encuadran dentro del movimiento anabaptista, surgido al calor de la reforma protestante. Muchas comunidades menonitas viven de acuerdo a tradiciones centenarias, son radicalmente pacifistas, rechazan la modernidad y en algunos casos conservan el uso de la lengua alemana.

En España, por cierto, la pequeña comunidad anabaptista parece compartir plenamente esta posición mayoritariamente conservadora. Ya en una entrevista al portal Religión Digital, Antonio González, representante del Consejo Mundial de las Iglesias menonitas y Hermanos de Cristo en España, señalaba que “en algunas de nuestras Asociaciones prevalecen criterios que pudiéramos llamar ‘conservadores’, que les obligan al rechazo de los homosexuales. En otras, no se les escatima el trato pastoral, pero teniendo siempre presente su repulsa”.

No obstante, y más allá del ejemplo de Chester Wegner, el hecho es que también entre los menonitas hay un creciente movimiento a favor de la inclusividad. Así es al menos en Estados Unidos. Un ejemplo ilustrativo fue el de Theda Good, una mujer lesbiana con pareja que recibió de la comunidad de Denver la licencia para ser ordenada ministra. La decisión, obviamente, causó polémica, pero en ella los hubo en ambos lados del debate. También resultan significativas posiciones de pastores o teólogos prominentes de esta iglesia, como es el caso de C. Norman Kraus y su libro On Being Human, donde aboga por un cambio de consideración de las relaciones afectivas y sexuales entre personas del mismo sexo, explicando además su propio proceso de cambio de opinión. Y no podemos olvidar como ya en 2009 gays y lesbianas menonitas de Estados Unidos pidieron ser aceptados con ocasión de una conferencia nacional que esta confesión religiosa celebró en Ohio.

Fuente Dosmanzanas

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“¿Cómo es nuestra religión?”. 9 de noviembre de 2014. Dedicación de la Iglesia de Letrán. Juan 2, 13-22

Domingo, 9 de noviembre de 2014

55-OrdinarioA32El episodio de la intervención de Jesús en el templo de Jerusalén ha sido recogido por los cuatro evangelios. Es Juan quien describe su reacción de manera más gráfica: con un látigo Jesús expulsa del recinto sagrado a los animales que se están vendiendo para ser sacrificados, vuelca las mesas de los cambistas y echa por tierra sus monedas. De sus labios sale un grito: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”.

Este gesto fue el que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el templo era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social y económica. El templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. Jesús, sin embargo, se siente un extraño en aquel lugar: aquel templo no es la casa de su Padre sino un mercado.

A veces, se ha visto en esta intervención de Jesús su esfuerzo por “purificar” una religión demasiado primitiva, para sustituirla por un culto más digno y unos ritos menos sangrientos. Sin embargo, su gesto profético tiene un contenido más radical: Dios no puede ser el encubridor de una religión en la que cada uno busca su propio interés. Jesús no puede ver allí esa “familia de Dios” que ha comenzado a formar con sus primeros discípulos y discípulas.

En aquel templo, nadie se acuerda de los campesinos pobres y desnutridos que ha dejado en las aldeas de Galilea. El Padre de los pobres no puede reinar desde este templo. Con su gesto profético, Jesús está denunciando de raíz un sistema religioso, político y económico que se olvida de los últimos, los preferidos de Dios.

La actuación de Jesús nos ha de poner en guardia a sus seguidores para preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera “santa” de cerrarnos al proyecto de Dios que él quería impulsar en el mundo. La religión de los que siguen a Jesús ha de estar siempre al servicio del reino de Dios y su justicia.

Por otra parte, hemos de revisar si nuestras comunidades son un espacio donde todos nos podemos sentir en “la casa del Padre”. Una comunidad acogedora donde a nadie se le cierran las puertas y donde a nadie se excluye ni discrimina. Una casa donde aprendemos a escuchar el sufrimiento de los más desvalidos y no solo nuestro propio interés.

No olvidemos que el cristianismo es una religión profética nacida del Espíritu de Jesús para abrir caminos al reino de Dios construyendo un mundo más humano y fraterno, encaminado así hacia su salvación definitiva en Dios.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Promueve la religión de Jesús. Pásalo.

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Un Himno a la Santidad

Lunes, 3 de noviembre de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

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Señor,
en el silencio de este día naciente,
vengo a pedirte la Paz,
la Sabiduría y la Fuerza.

Quiero mirar, hoy, el mundo
con ojos muy llenos de amor.
Ser paciente, comprensivo y dulce.
Ver más allá de las apariencias a tus hijos,
como los ves tú mismo
y así, no ver nada más que el bien de cada uno.

Cierra mis oídos a toda calumnia.
Guarda mi lengua de toda maledicencia.
Que solo los pensamientos que bendigan
permanezcan en mi espíritu.

Que sea
tan acogedor y tan alegre
que todos los que se acerquen
sientan tu presencia.

Revísteme, Señor, de Tu belleza
y que a lo largo de este día, te revele.

*

Autor desconocido

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“Religión y sexualidad”, por José Arregi

Lunes, 3 de noviembre de 2014

Dulce-Mortificacion-por Eny-Roland-Hernandez-gestas-el-ladron“¿Sexualidad y religión forman buena pareja?”. Así se anunciaba un debate en el que participé el pasado mes de agosto en Larzac, bellísimo altiplano de Occitania (Francia), donde pastan miles de ovejas y se fabrica queso Roquefort.

Podría decirse, siguiendo con el símil, que sexualidad y religión se llevaron bien al principio, durante mucho tiempo, hasta que la segunda quiso someter a la primera. La sexualidad se sentía habitada por el Misterio Sagrado: la presencia del otro, el placer del encuentro, el milagro de la nueva vida que nace. Pero también se sentía rodeada de amenazas: no hay relación sin conflictos ni hay vida sin muerte.

El conflicto y la muerte son el precio de ese maravilloso invento de la Vida –maravillosa aventura– que es la sexualidad en orden a crear nuevas formas y especies de vida cada vez más complejas; las células que se multiplican reproduciéndose a sí mismas son inmortales, pero nunca pasan de ser perpetua repetición de lo mismo. Y la Vida busca novedad y evolución, pero también desea la difícil armonía de las partes, y no quiere ser devorada por la muerte. Así pues, como la vida misma, la sexualidad está rodeada de misterio y de peligros. Y ambos la llevaron a acercarse a la religión.

¿Y la religión? La religión fue “al principio” una fuente de aliento, más que un sistema religioso. Un ámbito sagrado de comunión, un horizonte de confianza, un camino amplio y libre para acceder a los bienes más excelsos que la Vida intuía en el fondo de su aventura sexual: la dicha de la relación y la plenitud de la vida sin fin. Cuando digo “al principio”, no me refiero a un tiempo, sino a la hondura de la Vida.

La religión fue infiel a sí misma: se olvidó de ser atención, cuidado, aliento, y se volvió sistema. Las religiones se volvieron fortalezas de poder patriarcal, guardianas del orden, autoritarias y celosas. Quisieron controlar la sexualidad y someterla a sus creencias y supersticiones, a sus normas y tabúes, y reducirla a simple función de la reproducción, mirando con recelo, cuando no condenando, todo placer sexual que no se orientara a la reproducción. “Entonces”, la sexualidad rompió con la religión y la expulsó de su casa –su templo de carne–. Y así es en nuestros días. Todavía hoy, cuando la sexualidad se ha liberado incluso de la función reproductiva, las religiones se empeñan por todos los medios en seguir ejerciendo el control sobre ella, pero ya no lo consiguen más que en reductos marginales de un mundo pasado. La sexualidad ha roto con los sistemas religiosos, porque los sistemas religiosos han roto con la vida.

En el debate de Larzac se proyectó primero el film israelí Kadosh. Narra la tragedia de dos hermanas del barrio judío ultraortodoxo de Jerusalén. La mayor, Rivka, está casada con Meir, y no tienen hijos; el rabino decide que la Torah obliga a Meir a repudiar a su esposa, dando por sentado que la esterilidad es cosa de la mujer y que una mujer estéril es un cántaro rajado, inútil. La pequeña, Milka, está enamorada de Jakob, pero es obligada a casarse con Joseph, un joven rabino. Dos mujeres rotas. Solo podrá sobrevivir la que se rebele contra ese orden religioso fundamentalista, asfixiante.

“Me ahogo”, dice Milka. Deja la familia, sale de Jerusalén. Al fondo se divisa la conocida vista panorámica: la explanada del antiguo templo judío, la Cúpula Dorada y la mezquita Al-Aksa, las torres de las basílicas cristianas. ¿Qué es, pues, realmente Kadosh, santo? Es aquello que permite respirar. Es el amor, con transgresión incluida.

¿Pero cómo es que las religiones han acabado queriendo someter la sexualidad hasta asfixiarla, declarándola impura? “Al principio” no fue así, sobre todo en las grandes religiones monoteístas. ¿No leemos en la Biblia judía el Cantar de los Cantares, tan bello y desinhibido y tan poco “religioso”? ¿No ha reconocido el cristianismo en el amor carnal un sacramento de “Dios”? ¿No han exaltado los poetas musulmanes el erotismo más refinado en los tonos más líricos?

Pero no basta con apelar a los orígenes o a los textos sagrados, pues en los orígenes de todas las grandes religiones y en sus textos sagrados están presentes también el machismo, la homofobia y la repulsa del sexo. Las religiones deben eliminar esos y otros residuos de un mundo pasado, aunque “esté escritos” en sus textos sagrados. Solo así podrán volver a su verdadero “origen”, inspirarse en la Vida e inspirar vida.

José Arregi

Fotografía: Dulce Mortificacion, por Eny Roland Hernandez, Gestas el ladrón

Fuente Humus

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El papa Francisco: “El Big Bang no contradice a Dios, lo exige”

Domingo, 2 de noviembre de 2014

1414526839_541261_1414576075_noticia_fotogramaLeemos en El País:

El papa rechaza que el origen del mundo sea “obra del caos”, sino de “un poder supremo creador del amor

El Papa advierte del peligro de imaginar a Dios “como un mago, con una varita mágica”.

Jorge Mario Bergoglio: “Dios no tiene miedo a las novedades”

Hace tres años, el papa Benedicto XVI advirtió de que, al contrario de lo que sostenía el físico Stephen Hawking en su último libro, El gran diseño, Dios sigue siendo necesario para explicar el origen del universo. “No debemos dejar que nos limiten la mente”, dijo entonces Joseph Ratzinger, “con teorías que siempre llegan solo hasta cierto punto y que, si nos fijamos bien, no están en competencia con la fe, pero no pueden explicar el sentido último de la realidad”. Y ahora ha sido su sucesor, el papa Francisco, quien ha vuelto a insistir sobre aquella tesis: “El Big-Bang –la teoría científica que explica el origen del universo—no se contradice con la intervención creadora divina, al contrario, la exige”.

Jorge Mario Bergoglio pronunció estas palabras durante la inauguración, el lunes, de un busto del papa emérito realizado en bronce y colocado en la Casina Pío IV, sede de la Academia Pontificia de las Ciencias. Francisco glosó la figura de Ratzinger, quien tras su renuncia vive retirado en un monasterio del Vaticano, haciendo hincapié en su gran formación teológica, filosófica y también científica. “Su amor por la ciencia”, explicó Bergoglio, “se advierte en su preocupación por los científicos, sin distinciones de raza, nacionalidad, civilización, religión; preocupación por la Academia, desde cuando san Juan Pablo II lo nombró miembro. Él supo honrar la Academia con su presencia y con su palabra, y nombró a muchos de sus miembros. Y nunca se podrá decir que el estudio y la ciencia hayan secado su persona y su amor por Dios y por el prójimo, sino al contrario, que la ciencia, la sabiduría y la oración dilataron su corazón y su espíritu”.

En su intervención ante los académicos presentes, el papa Francisco subrayó la responsabilidad de los científicos, “sobre todo de los científicos cristianos”, de interrogarse sobre el porvenir de la humanidad y el mundo: “Ustedes están afrontando el tema altamente complejo de la evolución del concepto de naturaleza. No entraré, y ustedes comprenderán, en la complejidad científica de esta importante y decisiva cuestión. Quiero solamente subrayar que Dios y Cristo caminan con nosotros y están presentes también en la naturaleza, como afirmó el apóstol Pablo en el discurso en el Aerópago: “En Dios, efectivamente, vivimos, nos movemos y existimos”. Cuando leemos en el Génesis la narración de la Creación podemos caer en el peligro de imaginar que Dios era un mago, con una varita mágica capaz de hacer todas las cosas. Pero no es así. Él creó a todos los seres y los dejó desarrollarse según las leyes internas que Él dio a cada uno para que llegaran a su plenitud”. E insistió: “El principio del universo no es obra del caos, sino que deriva directamente de un poder supremo creador del amor”.

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Todos santos, aquí y ahora.

Sábado, 1 de noviembre de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

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La vida futura es el opio del pueblo, es una mistificación que hace esperar del futuro un cambio que no no se habría producido o por lo menos no se ha preparado en el presente.

La verdadera fe cristiana no es la fe en una vida futura, sino en la vida eterna, y si es eterna, sólo se necesita un momento de reflexión para comprender que ya se ha iniciado. Vivimos ahora, o no viviremos nunca.

*

Luis Evely, “Ese hombre eres tú” (1957), p. 58

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