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Profesión de fe.

domingo, 1 de junio de 2025
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4399_ar2124f1Lc 24, 46-53

«Y mientras los bendecía, se separó de ellos»

La lógica nos dice que la muerte es el final del camino; que todo muere en este mundo y que el ser humano no tiene por qué ser la excepción a la regla. Heidegger, por ejemplo, afirma que «venimos de la “nada de antes” y vamos a la “nada de después”, y debemos ser capaces de aceptar esta realidad y asumir la angustia de caminar hacia la nada». Y ésta es una forma muy “lógica” de ver las cosas, pero el evangelio nos ofrece una alternativa más esperanzadora en el texto que hoy leemos … Pero es preciso leerlo bien.

Esto significa que no debemos verlo como una narración de hechos sucedidos, sino como una hermosa profesión de fe: “Jesús, tras su muerte, es exaltado al lugar que le corresponde; a la diestra del Padre”. Pero no sólo es una profesión de fe en Jesús, sino también en nosotros los seres humanos, pues con los ojos de la fe podemos ver que nuestro destino no es la muerte, sino la liberación definitiva del poder del mal que aquí nos somete; que nuestro destino es Dios; que es tal nuestra grandeza que estamos destinados a alcanzar la divinidad.

Y esto lo vemos en Jesús. Por eso Jesús es fundamentalmente para nosotros el que da sentido tanto a nuestra vida como a nuestra muerte. A nuestra vida, porque no sólo nos invita a trabajar por un mundo mejor –el Reino–, sino que nos da una excelente razón para ello: que la humanidad es el proyecto de Dios, el sueño de Dios, y que estamos invitados a participar en este proyecto como protagonistas. También da sentido a nuestra muerte, porque nos dice que no somos unos animalillos condenados a morir y desaparecer, sino que somos Hijos queridos que, tras la tarea, regresan a la casa del Padre. Es tan buena la Noticia que nos ofrece el evangelio que dudamos de que pueda ser cierta… Pero es la que en él se proclama.

Un último apunte referido al sentido de la vida.

Hay personas que buscan el sentido de la vida en Dios y fracasan, y las hay que lo buscan fuera de Dios y también fracasan. Y este hecho nos lleva a formular una consideración final. Si convenimos que la esencia de lo humano es la “humanidad”, es decir, la facultad de amar, de sentir cariño por la gente, de compadecer a quienes lo pasan mal, de solidarizarse con ellos y no permanecer indiferentes e inactivos ante la desgracia ajena, la única forma de dar sentido a la vida será a través de su práctica. Y esto puede ser independiente de las creencias o increencias de cada uno, pues cualquier actitud vital que genere humanidad es portadora de sentido, y cualquiera otra que no lo haga provocará un vacío imposible de llenar con actividades mundanas o con prácticas religiosas.

Entonces ¿cuál es la diferencia?… Pues la diferencia está en que la capacidad que ha demostrado la religión para motivar a comportamientos humanitarios es muy superior a cualquier otra. De hecho, la praxis del cristianismo se asienta en el amor fraterno; en la humanidad.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Adoración, alegría y bendición

domingo, 1 de junio de 2025
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porta-asc10[1]El evangelio de Lucas intenta decir algo acerca de la presencia de Jesús después de su muerte. La narración de hoy nos cuenta que Jesús, una vez resucitado, relee su vida a partir de los textos sagrados. Su misión, que incluye su vida, muerte y resurrección tiene sentido en cuanto que puede comprenderse dentro del designio de Dios para con toda la historia de la humanidad.

Los discípulos son testigos de esto. Son testigos, pero no solo de manera externa sino también interna, es decir no solo ven lo que pasa como meros espectadores, sino que sus vidas se delimitan y organizan en relación con el Mesías resucitado. Ellos son sus testigos. Su identidad queda marcada así por la cercanía de la persona en la que se cumplen los designios de Dios.

Ser testigos, entendido como aquello que determina la identidad de los discípulos tras la resurrección de Jesús, no implica únicamente mirar para sí mismo y conocer algo novedoso. Ser testigo implica salir y dar testimonio. Eso parece evidente. Sin embargo, la orden de Jesús es la contraria a salir. Ellos son ciertamente testigos, pero deben “Permanecer en la ciudad”. Si en los diferentes relatos de envíos, durante la vida pública de Jesús, la respuesta es “inmediata”, es decir “salen corriendo a anunciar lo que han visto”, tras la resurrección la respuesta requiere quedarse, permanecer, esperar. Esperar una fuerza, una energía que los “revestirá”.

Revestir es una palabra extraña que puede significar imbuirse o dejarse llevar por esa fuerza, o cubrir el cuerpo con un ropaje (como lo hace, por ejemplo, el sacerdote en la eucaristía que se reviste con los ornamentos litúrgicos). Las dos acepciones encajan aquí, ya que la fuerza es interior pero también corporal y exterior. La fuerza reviste las emociones y reviste el cuerpo. Así el testimonio será creíble y tangible: estas dos dimensiones son fundamentales en el anuncio de cualquier mensaje.

Sin embargo, de momento, el recibir esta fuerza es solo una promesa; no una realidad. Antes, han de recibir una bendición, en Betania. Betania es el lugar del encuentro, del descanso, del fortalecimiento, de la acogida y de la fiesta que Jesús y sus discípulos bien conocen. Ese lugar sigue siendo un lugar de bendición, y es allí el lugar propio para que Jesús los bendiga (casi como a los niños que quiere que se acerquen a él).

Pero esta bendición anuncia la despedida. Ahora sí. Si la muerte de Jesús anunciaba una primera separación, llena de pena, decepción y desorientación, la ascensión confirma una segunda separación, pero esta vez, a diferencia de la primera, produce alegría y adoración. Nuevamente llama la atención que, de momento, no se convierten en testigos activos y evangelizadores dinámicos en salida. Se convierten, a primera vista, en todo lo contrario. Son simplemente y ciertamente adoradores: se postran ante Jesús, van a Jerusalén (la ciudad del gran templo) y “estaban en el templo bendiciendo a Dios”. De momento su testimonio es exclusivamente y esencialmente alegría y bendición. Y así será hasta que reciban la fuerza de lo alto prometida.

En nuestra sociedad cargada de activismo, este texto se presenta como de una radical humanidad que nos pide tener tiempo y darse tiempo. Tiempo para aceptar la decepción, para aceptar separaciones, para dar lugar al dinamismo propio de la muerte-resurrección y para no adelantar procesos sino dejar que los afectos se decanten.

Este dinamismo muerte-resurrección, como momento esencial de todo ser vivo, nos recuerda la distancia, pero también la cercanía; una cercanía trascendente (como una “fuerza que viene de lo alto”) y que, como una bendición, nos fortalece y nos reviste. Es decir, la nueva forma de vincularnos, a partir de las experiencias de muerte y de resurrección, no contrapone la cercanía y la distancia, sino que las integra.

Esta forma de entender la vida y el tiempo nos recuerda también la importancia de dar espacio a la adoración, a la alegría y la bendición. El hecho de considerar el tiempo del que disponemos, que transcurre desde el nacimiento a la muerte, nos recuerda que se trata de un tiempo que es limitado y que por tanto nos urge la acción. Pero, para que esta acción sea fecunda, requiere de momentos de espera y de quietud. Momentos para releer nuestra historia comunitaria y personal dentro de los designios de Dios. Y para vislumbrar y dar lugar a lo que viene por delante.

Paula Depalma

Fuente Fe Adulta

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¿Testigos de la verdad… o de la propia creencia?

domingo, 1 de junio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 1 junio 2025

Lc 24, 46-53

Pareciera como si, por defecto, el ser humano tendiera a ser proselitista. Detrás de esa tendencia, parecen apreciarse dos hechos significativos: una necesidad básica de seguridad y un anhelo noble de hacer el bien. Lo que sucede es que, con frecuencia, el modo como ambos se han articulado ha producido efectos muy perjudiciales.

La necesidad de seguridad lleva a identificar la propia creencia con la verdad. Lo que solo era un mapa mental se confunde con el territorio definitivo. Al instante, la persona cree estar en posesión de la verdad, a la vez que crece en ella la sensación de seguridad. No cabe duda de que esa creencia parece otorgarle algo que desea constantemente: llevar el control.

Pero hay también un anhelo noble: ayudar a los otros a vivir, ofreciéndoles aquello que a uno mismo le ha hecho bien. Esto explica que muchas veces el propio sujeto haya visto y vivido su proselitismo como un acto de amor y de servicio.

Y, sin embargo, el proselitismo siempre encierra una trampa, por lo que, antes o después, termina pasando factura. La trampa consiste en pensar que la verdad puede encerrarse en una fórmula, un concepto o una creencia, que más tarde podría “exportar” a otros. Lo cierto, sin embargo, es que la mente solo puede tener creencias o mapas, nunca la verdad.

La verdad no es “algo” que se tenga y pueda expresarse verbalmente. La verdad no puede tenerla nadie, únicamente la podemos ser. Pero, en cuanto reconoces eso, sabes que toca acallar la mente y permanecer en silencio, porque comprendes que todo otro es también verdad. Y cuando comprendes que el otro, por más que tenga una mente confusa, es verdad, como tú, habrás modificado de manera radical tu modo de verlo. No lo verás más como alguien a quien “convertir” a tu verdad, sino como la misma verdad que se está desplegando en esa persona mientras busca reconocerla.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No os quedéis plantados mirando al cielo, pero mirad al cielo. La Ascensión

domingo, 1 de junio de 2025
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3101A04D-0A69-4AE3-998A-FB9F2D5E69A4Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- La fiesta de la Ascensión.

La Muerte, Resurrección y Ascensión constituyen un único acontecimiento. Por “pedagogía teológico-litúrgica” celebramos por separado la Pasión, la Muerte, la Resurrección, Ascensión del Señor, la Venida del Espíritu… Pero es un único acontecimiento.

La cuestión no es si JesuCristo concluyó en Dios el viernes santo a primera hora de la tarde, el domingo de Pascua o a los cuarenta días. No se trata de un tiempo material, cronológico, sino teológico –existencial- expresado en un lenguaje simbólico-poético.

Según el Evangelio de Lucas todo aconteció el mismo día de Pascua. Según el libro de los Hechos, la Ascensión aconteció a los 40 días de la resurrección

    Tampoco se trata de una cuestión espacial: Jesús habría subido al cielo como un astronauta. Es un mundo alegórico: Jesús “subió” junto a Dios, y una nube (símbolo de la protección de Dios) lo acogió en Dios.

    La Ascensión es el “día sin fin”, el “día eterno de Pascua” para Cristo, para nuestros hermanos difuntos y para toda la humanidad.

En esta fiesta de la Ascensión celebramos que Jesucristo concluyó su historia en Dios y nuestra historia concluirá también en Dios. Terminaremos en el Señor y terminaremos como Él, en la casa del Padre.

Por ello, esta fiesta es de gran esperanza e impregna de esperanza toda nuestra existencia y nuestra historia.

02.- La gran crisis de nuestro tiempo es la esperanza / desesperanza.

    Allá por los años 1950 / 60 la crisis de nuestra sociedad era la fe, el ateísmo, la muerte de Dios, el marxismo, etc. Hoy en día la crisis es más bien de esperanza. Nuestro momento ha clausurado el futuro. No hay nada que esperar.

    Hemos sustituido la esperanza por unas vacaciones, el ser por la nada y la fe por los ritos del “self service” eclesiástico. Y esto crea mucha cansera, mucha desesperanza.

    La cuestión más grave que tenemos no es la pandemia, ni la guerra, la cuestión más seria que tenemos es la nada, el nihilismo que termina por minar y socavar los cimientos de la existencia y nos sume en una profunda desesperanza. La nada y la desesperanza, cuando no la desesperación,  terminan por quitar el sentido de la vida y las ganas de vivir.

Quizás por esta razón es por lo que está aumentando el número de suicidios. Tenemos cosas para vivir, lo que ya no tenemos son ganas de vivir.

En el País Vasco se da un suicidio cada dos días. En el año 2020 se suicidaron 184 personas en el País Vasco, en España, 70.000.

El hombre actual sabe y tiene, pero no espera; sin embargo los humanos somos seres esperantes, porque quien deja de esperar, deja de vivir.

03.- La Ascensión es una fiesta de esperanza.

Dice el profeta Isaías una honda verdad: en la esperanza está vuestra fortaleza. (Is 30,15)

La fiesta de la Ascensión nos habla del sentido de la vida y nos anima a vivir confiada y esperanzadamente. Tal vez el núcleo central de esta fiesta de la Ascensión es recordarnos que el final del ser humano y de la historia está en Dios y esto nos llama vivir confiadamente. Cristo es el principio y fin de la vida. El lugar del ser humano es Dios, el amor de Dios.

La esperanza en el futuro es la alegría y el sentido del presente. Lo que esperamos ilumina el momento presente.

    Aquellos buenos teólogos que llevaron adelante el concilio Vaticano II, cultivaron estas ideas: caminamos hacia la finalización, (Teilhard de Chardin). Vivir mirando y esperando el futuro absoluto infunde ánimo, espíritu y coraje.

    Sembremos esperanza. ¿Cómo es posible que en los colegios y universidades, en los medios de comunicación no se dedique un tiempo, una asignatura a la esperanza, al sentido de la vida, al horizonte absoluto? Estas cosas no son “religión”, son sentido común, sembrar esperanza.

    Caminamos hacia el punto final, hacia el horizonte, que es Cristo.

04.- Jesús les bendijo y se marchó de entre nosotros. Y dejas Pastor santo.

    Una hermosa coincidencia:

  • San Lucas comienza su evangelio con la bendición del anciano Zacarías bendice a Dios: Bendito sea el Dios de Israel … puedes dejar a tu siervos marchar en paz
  • Y ahora, al final, Jesús se marcha bendiciendo a los suyos.

    Bendecir significa decir bien en la vida

Estamos llenos de maldiciones, de decir mal, de descalificaciones, de linchamientos personales, morales, de acepción de personas. Y eso no es bueno, ni hace bien. La Ascensión nos habla de una creación originaria y de futuro bien dicho por JesuCristo para toda la humanidad.

Jesús se marchó.-como había vivido- Bendiciendo. Diciendo y haciendo bien.

Es un gran programa de vida pasar por la vida diciendo bien y marcharnos dejando algo de bien.

05.- No os quedéis plantados mirando al cielo, pero mirad al cielo

La fiesta de la Ascensión es una llamada al futuro. Y porque creemos en el futuro, nos empuja a trabajar en el presente

Creemos en la Ascensión y por eso, “miramos al cielo” con nostalgia infinita y con ojos limpios por la esperanza y sin intereses. Y porque miramos al cielo y al futuro absoluto, no nos quedamos en las mediaciones ni vivimos en “babia” alelados en espiritualismos celestes anquilosantes y evasivos

Porque creemos en la Ascensión, confiamos y esperamos con ilusión el futuro, el futuro de Dios. Y porque miramos al cielo, vivimos y trabajamos en la tierra por cambiar este presente.

Miremos con intensa nostalgia al cielo pisando tierra.

No os quedéis plantados mirando el cielo, pero mirad al cielo.

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«Dejar de mirar al cielo para comprometernos con la historia presente», por Consuelo Vélez

domingo, 1 de junio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

Ascensión del Señor 1-05-2025

Los discipulos han sido los testigos de todo lo acontecido con Jesús y llega el momento de dar testimonio

Jesús, efectivamente se va a ir, no se aparecerá más y el legado queda en manos de los discípulos

La ascensión es la fiesta que nos recuerda que los testigos de Jesús ahora somos nosotros y hemos de predicar la buena noticia del reino con la alegría que este trae.

 

Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido. Permanezcan en la ciudad, hasta que sean revestidos con la fuerza que viene de lo alto».

Después Jesús los llevó hasta las proximidades de Betania y, elevando sus manos, los bendijo. Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo.  Los discípulos, que se habían postrado delante de él, volvieron a Jerusalén con gran alegría, y permanecían continuamente en el Templo alabando a Dios.

(Lucas 24, 46-53)

Los domingos anteriores hemos visto la aparición de Jesús a los suyos en diversos textos y hoy el evangelio de Lucas va a cerrar estas apariciones con la ascensión de Jesús, terminando así su evangelio, para pasar al libro de Hechos que, también se le atribuye a Lucas, donde comenzará la vida de la Iglesia. En Hechos, Lucas, después de dar las razones de por qué va a escribir este libro, relata nuevamente la ascensión de Jesús.

Notemos que Jesús se aparece a los suyos y les hace una especie de resumen de lo que ha pasado diciéndoles:   “así estaba escrito, el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día y en su nombre se ha de predicar el perdón de los pecados a todas las naciones”. Para Lucas todo sucede en Jerusalén, mientras que, para Marcos y Mateo, Jesús se aparece en Galilea. Jerusalén será, entonces, el lugar desde donde el mensaje se ha de expandir a todas las naciones.

Jesús continúa dando la razón de por qué les está diciendo esto. Ellos han sido los testigos de esos acontecimientos y llega el momento de dar testimonio. Pero esta predicación no la podrán hacer por sus propias fuerzas, de ahí que les recuerda la promesa que el Padre les ha hecho -nosotros sabemos que es el Espíritu Santo, pero el texto no lo dice-, y se compromete, él mismo, a cumplir esa promesa.

Aunque les dice que permanezcan en la ciudad, o sea, en Jerusalén, hasta que se cumpla la promesa, se los lleva a Betania, ciudad a unos 3 km de Jerusalén y allí se va a dar la ascensión. Primero Jesús eleva las manos y los bendice y luego es llevado a los cielos. Los términos que se usan en el relato -levantar las manos, ser elevado- acompañan el acontecimiento que se está realizando. Jesús, efectivamente se va a ir, no se aparecerá más y el legado queda en manos de los discípulos.

El texto concluye diciendo que ellos volvieron llenos de alegría a Jerusalén y no cesaban de alabar a Dios en el Templo.

La ascensión es entonces, la fiesta que nos recuerda que los testigos de Jesús ahora somos nosotros y hemos de predicar la buena noticia del reino con la alegría que este trae. Ya nadie puede ver a Jesús si no es a través de nuestras palabras y obras. En el relato de la ascensión del libro de Hechos, se aparecen dos hombres que dicen a los discípulos: ¿qué hacen mirando al cielo? Estas palabras podrían ayudarnos a tomar en serio la tarea que tenemos en la tierra. En otras palabras, la ascensión no es para mirar al cielo sino para trabajar en la tierra. Sentirnos discípulos de Jesús es reconocer su envío, confiar en la fuerza de su Espíritu y con gozo realizar la misión evangelizadora de la Iglesia que ahora está en nuestras manos.

(foto tomada de: https://brujulacotidiana.com/es/la-ascension-del-senor)

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“ De esto sois testigos vosotros”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 1 de junio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Hoy la Iglesia celebra la Ascensión, acontecimiento pascual que Lucas narra en su Evangelio (el pasaje de hoy) como el acontecimiento final de la vida de Jesús de Nazaret y en los Hechos de los Apóstoles como el acontecimiento inicial de la vida de la Iglesia (cf. Hch 1,1-11, también proclamado hoy en la liturgia).

Es significativo que los dos relatos no sean totalmente armonizables entre sí, ya que leen el mismo acontecimiento desde dos perspectivas diferentes. En los Hechos, la ascensión de Jesús al cielo tiene lugar cuarenta días después de su resurrección de entre los muertos (cf. Hch 1,3), mientras que en el Evangelio se sitúa en la tarde de ese «día sin fin», «el primer día de la semana» (Lc 24,1), día del descubrimiento del sepulcro vacío y de la aparición del Resucitado a las mujeres (cf. Lc 24,1-12), a los dos discípulos en el camino a Emaús (cf. Lc 24,13-35) y, finalmente, a todos los discípulos reunidos en una casa en Jerusalén (cf. Lc 24,36-49).

Dos maneras diferentes de narrar el único acontecimiento de la resurrección, que Lucas trata de iluminar en toda su amplitud: la resurrección significa, en efecto, la entrada de Jesús como Kýrios en la vida eterna a la derecha de Dios Padre (Ascensión) y también la venida del Espíritu (Pentecostés: cf. Hch 2,1-11).

En la página final de su Evangelio, Lucas cuenta cómo Jesús se separó de los suyos, no para abandonarlos, sino para estar siempre con ellos, el «Emmanuel», el Dios-con-nosotros (cf. Mt 1,23; 28,20), en una nueva forma de vida. Su existencia humana terminó con la muerte, y ahora, tras la resurrección de su cuerpo, la vida de Jesús es otra, es la del Señor vivo, es la vida divina de aquel que está en la vida íntima de Dios, a su derecha, el lugar del Hijo elegido y amado (cf. Sal 109,1 bc; Lc 3,22; 9,35).

Nos encontramos, pues, en la casa de los discípulos en Jerusalén: los dos de Emaús han regresado y han contado su experiencia, mientras los Once y los demás testigos también dan testimonio de que Cristo ha resucitado y ha sido visto por Simón Pedro (cf. Lc 24,33-35). Mientras todos hablan de Jesús, Él mismo está en medio de ellos, les da la shalom, la paz (cf. Lc 24,36), y luego pronuncia unas palabras que resuenan con absoluta novedad: «Estas son las palabras que os dije cuando aún estaba con vosotros» (Lc 24,44a).

Sí, porque Jesús ya no está con ellos como antes, como hombre, maestro y profeta; ahora es el Señor vivo que ya no habla en arameo, con el sonido de su voz humana que ellos habían escuchado durante tanto tiempo, sino de una manera nueva, más eficaz, persuasiva, porque su voz está dotada de la fuerza del Espíritu de Dios plenamente activo en el Resucitado.

En la potencia del Espíritu, el Señor Jesús muestra a los discípulos el cumplimiento de las Escrituras y el cumplimiento de sus palabras en los acontecimientos que precedieron a ese día (cf. Lc 24,44-47). El Resucitado explica las Escrituras de manera que los discípulos comprendan la conformidad entre lo «estado escrito» y lo que han vivido: ahora los discípulos pueden finalmente comprender lo que antes no podían entender.

Sin duda habían leído muchas veces la Torá, los Profetas y los Salmos, pero ahora que los hechos se han cumplido pueden comprenderlos creyendo, a la luz de la fe. Jesús les había anunciado varias veces la necessitas de su pasión y muerte (cf. Lc 9,22.43-44), pero estas palabras les habían parecido escandalosas, enigmáticas (cf. Lc 9,45). Ahora, sin embargo, que se han cumplido, no por destino o fatalidad, sino por la necesidad mundana según la cual «el justo» (Lc 23,47) en un mundo injusto debe morir (cf. Sab 1,26-2,22) y por la necesidad divina por la cual Jesús, en obediencia a la voluntad del Padre, no se defiende, sino que acoge el odio sobre sí mismo amando hasta el final, ahora sí es posible creer en las Sagradas Escrituras.

Y creyendo es posible convertirse en «testigos», hasta anunciar la muerte y resurrección de Jesús como acontecimiento que exige conversión y da la remisión de los pecados: el perdón de Dios a toda la humanidad, en espera de la buena nueva de la salvación. Todos son testigos —subraya Lucas—, todos anunciadores del Evangelio, no solo los Once, los apóstoles, sino también los demás presentes en el mismo lugar.

Sí, Jesús, este hombre de Nazaret, hijo de María y de Dios, que solo Dios podía darnos, había venido sobre todo como visita de parte de Dios (cf. Lc 1,68): una visita no para castigar los pecados cometidos por el Pueblo de Dios y por toda la humanidad, sino una visita que anunciaba el perdón de los pecados (cf. Lc 1,77). Con esa muerte de «hombre justo» que acogía sobre sí el odio, la violencia y la mentira de los malvados, y respondía no con violencia sino con amor, Jesús entregaba al Padre la verdadera imagen de Dios, el Adán que Dios había querido (cf. Col 1,15).

Y precisamente como justo que está del lado de los pecadores, solidario con los publicanos, los impuros, las prostitutas, los ladrones y los malhechores, Jesús subía al Padre dirigiéndole la oración incesante que implora perdón y misericordia. Entre sus últimas palabras antes de morir, ¿no había dicho: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34)? ¿Y no fue acaso a un malhechor a quien dirigió su última promesa: «Hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23,43)?

Por lo tanto, los discípulos, testigos de esta misericordia vivida, enseñada y contada por Jesús, deben anunciarla a todos los pueblos. Esta es la predicación de la Iglesia, que, en cambio, a menudo se ve tentada a atribuirse tareas que el Señor no le ha encomendado: la única tarea evangélica es anunciar y hacer misericordia, lo que significa servicio a los pobres, a los enfermos, a los que sufren, cercanía y solidaridad con los pecadores.

«Comenzando por Jerusalén» y hasta los confines del mundo, los testigos, como viajeros y peregrinos, anunciarán en todas partes el perdón de los pecados, perdonarán e invitarán a todos a perdonar: este es el Evangelio, la buena nueva.

Ser testigos de este anuncio (¡y de nada más!) es una tarea ardua, porque parece poco creíble, casi imposible de realizar, y, sin embargo, aquellos pobres discípulos y discípulas, la noche de Pascua, escucharon, comprendieron y desde entonces intentaron poner en práctica nada más que esto: el perdón, la remisión de los pecados.

Se necesitará «el poder que viene de lo alto», la venida del Espíritu Santo de Dios, para estar capacitados para cumplir este mandato, pero no hay que temer: cuando Jesús, el Hijo de Dios, asciende al cielo, desciende del cielo el Espíritu de Dios, que es también y siempre el Espíritu de Jesucristo, fuerza que siempre nos acompaña y nos inspira en esta misión.

¿Cómo contar la ascensión de Jesús con palabras humanas? Lucas intenta narrarla, recordando cómo el profeta Elías había dejado esta tierra para ir a Dios (cf. 2 Re 2,1-14), y así escribe que Jesús, después de haber llevado a Betania a aquellos discípulos que ya se habían convertido en testigos, les dejó la bendición y, «mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo». Este es el éxodo de Jesús de la tierra al Reino de Dios.

El Evangelista no atenúa en modo alguno la separación de Jesús de los suyos: Él ya no está presente como antes, pero la bendición que da es una bendición continua, es la inmersión de los suyos en el Espíritu Santo (cf. Lc 3,16). Es también el último acto del Resucitado: da la bendición sacerdotal que había sido suspendida, no dada al principio del evangelio por el sacerdote Zacarías, después de la aparición del ángel y el anuncio de la venida del Mesías (cf. Lc 1,21-22).

Esta bendición llena de alegría a la comunidad de Jesús precisamente cuando él se separa de ella, pero también la convierte en sacerdotal (cf. 1 P 2,9): los creyentes en Jesús son, de hecho, un nuevo templo, sacerdotes y adoradores del Resucitado, capaces de responder con la oración de bendición a la bendición de Jesús.

La incredulidad es finalmente vencida y la fe en Jesús Señor y Dios es tal que permite a los discípulos sentir a Jesús presente en medio de ellos incluso después de la separación de su cuerpo glorioso, ahora en la intimidad del Padre, Dios.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo de la Ascensión, 1 de junio de 2025

1.- Convertirse en Iglesia – Lucas 24, 46-53 –.  

2.- Una gravedad que atrae hacia arriba.

3.- Jesús entra en lo más profundo de todas las vidas.

4.- El último gesto de Jesús es bendecir

5.- Una «fuerza de gravedad» que empuja hacia arriba.

6.- De esto sois testigos vosotros

7.- La plenitud en el desprendimiento.

8.- La última palabra: una bendición.

9.- La bendición infinita de Jesús.


1.- Subió al cielo.

2.- Ascensión – Salvador Dalí –.

3.- Jesús Resucitado es el cielo.

4.- En su ascensión, todo asciende.

 P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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María en camino… La Visitación.

sábado, 31 de mayo de 2025
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La fiesta de la Visitación viene siendo celebrada por los franciscanos desde finales del siglo XIII. El papa Bonifacio IX (1389-1404) la introdujo en el calendario universal de la Iglesia católica. Clemente VIII (1592-1605) compuso los textos litúrgicos del oficio que precedió a la última reforma. Sólo dos años después de que éste empezara a usarse (1608), san Francisco de Sales ponía el nombre de Visitación a la orden monástica fundada por él en Annecy. Esta fiesta, que tradicionalmente se celebraba el 2 de julio, fue anticipada por el nuevo calendario a fin de armonizarla con la memoria de los acontecimientos del Evangelio a lo largo del año litúrgico, situándola entre la Anunciación, 25 de marzo, y el nacimiento de Juan el Bautista, 24 de junio.

Dorothy Webster Hawksley, (1884-1970) Visitación de María a su prima Isabel

 

¡Da gritos de alegría, Sión; exulta de júbilo, Israel; alégrate de todo corazón, Jerusalén!

El Señor ha anulado la sentencia que pesaba sobre ti, ha barrido a tus enemigos; el Señor es rey de Israel en medio de ti, no tendrás que temer ya ningún mal.

Aquel día dirán a Jerusalén: ‘No tengas miedo, Sión, que tus brazos no flaqueen; el Señor, tu Dios, en medio de ti, es un salvador poderoso. Dará saltos de alegría por ti, su amor te renovará, por tu causa danzará y se regocijará, como en los días de fiesta’.

*

Sofonías 3,14- 18a

***

Con el profeta Sofonías nos encontramos en el siglo VI antes de Cristo, en tiempos del rey Josías. Es un período marcado por continuas infidelidades a Dios por parte de Israel, que se ata a alianzas humanas y cede a las modas y a los cultos de los extranjeros. El profeta tiene ante sus ojos esta situación tan amarga y, aunque proclama ‘el día terrible de YHWHť’sobre todas las naciones -incluida Judá- y sabe que el juicio de Dios pone al desnudo el pecado, es siempre una invitación a la conversión.

Sofonías abre así un claro de luz y de esperanza: la ‘hija de Sión’ es invitada a alegrarse y a exultar en vistas de ‘aquel día’ (v. 16b), día mesiánico. Ya no es el día de la ira, sino el día de la misericordia, el día del nuevo amor entre Dios y su pueblo. Israel está llamado ahora a ver que ‘el Señor es rey de Israel en medio de ti»(v. 15).

La hija de Sión debe exultar, alegrarse ‘de todo corazón’, es decir, con todo su ser, porque -¡gran misterio!- el Dios que parecía alejado ha revocado la condena. Y él goza ya con esto. Dios exulta, Dios realizará el milagro de hacer cosas nuevas, Dios se alegrará por la hija de Sión. Sólo la presencia de YHWH en medio de su pueblo es fuente y motivo de una renovada esperanza. ŤNo tengas miedo, Sión, que tus brazos no flaqueenť (v. 16), porque Dios ‘es un salvador poderoso’ (v. 17), ‘el Señor, tu Dios, en medio de ti’, es el Emmanuel.

  ***

Por aquellos días, María se puso en camino y se fue deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá.

Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y cuando Isabel oyó el saludo de María, el nińo empezó a dar saltos en su seno. Entonces Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó a grandes voces:

Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre. Pero ¿cómo es posible que la madre de mi Seńor venga a visitarme? Porque en cuanto oí tu saludo, el niño empezó a dar saltos de alegría en mi seno. ¡Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.

Entonces María dijo:

– Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones, porque ha hecho en mí cosas grandes el Poderoso. Su nombre es santo, y es misericordioso siempre con aquellos que le honran.

Desplegó la fuerza de su brazo y dispersó a los de corazón soberbio.

Derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes.

Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada.

Tomó de la mano a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros antepasados, en favor de Abrahán y de sus descendientes para siempre.

María estuvo con Isabel unos tres meses; después volvió a su casa.

*

Lucas 1,39-56

***

Los dos fragmentos del anuncio del nacimiento de Juan el Bautista y de Jesús, en Lucas, convergen en la narración de la visita de María a Isabel. María, como Abrahán, nuestro padre en la fe, se levanta y se apresura a ir hacia la montaña (v. 39). María e Isabel son las dos mujeres que acogen la acción de Dios: la primera de modo activo, con su consentimiento; la segunda de modo pasivo. Ambas, agraciadas, experimentan la acción poderosa del Espíritu Santo. Isabel lleva en su seno al Precursor y, en virtud de esta presencia en ella, da voz al hijo que lleva en sus entrañas indicando ya en la Madre al Hijo. Proclama lo que la ha hecho grande y bienaventurada a María, la fe: ¡Dichosa tú, que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá! (v. 45). Al cántico de Isabel (vv. 42-45) le sigue el cántico de María, que revela la acción poderosa de Dios en ella, la misma que da cumplimiento a las antiguas promesas hechas a Abrahán en favor de Israel. Dios hace maravillas y despliega su poder a partir de la humildad -que es reconocimiento de la propia pobreza radical- de su criatura y de su pueblo (v. 48). El Magníficat es la primera manifestación pública de Jesús, de esta realidad aún escondida pero que se impone ya y obra en los que la acogen, como María: la realidad viva del Verbo encarnado en ella la impulsa a no detenerse en sí misma y la abre a la dimensión del servicio: ¡María estuvo con Isabel unos tres meses! (v. 56).

***

La hija de Sión de la que habla Sofonías y que experimenta la revocación de la condena es figura de María. Ésta ha sido agraciada por Dios, ha sido alcanzada en su pobreza de criatura. Así como Dios interviene con su omnipotencia en favor del pueblo de Israel a partir de la pobreza, así ocurre también con nosotros: Dios despliega su omnipotencia a partir de nuestra pobreza.

María no ve aún la realidad de Jesús presente en ella, pero lo cree ya, igual que el profeta Sofonías no veía aún la realidad de la revocación de la condena, pero la creía ya presente, dentro de la historia de Israel. Son miradas de fe, y también nosotros necesitamos esta mirada, una capacidad visual que penetre en lo hondo de los acontecimientos que vivimos. Un ojo que sepa reconocer que la fe, la alegría que viene del Espíritu y el servicio -los elementos que emergen de las lecturas- son como la punta de un iceberg. Indican que debajo hay algo grande, enorme: ‘Aquel a quien los cielos no pueden contener’.

Es la presencia de Dios lo que motiva y alimenta la fe, la alegría y el servicio. Sin embargo, si dejamos que las tibias aguas de la indiferencia, de la prisa, de los afanes, de nuestra propia realización, se suelten y quiten espacio en nosotros a la presencia de Dios, entonces todo se pone al revés: la fe se convierte en ideología o huida de la realidad; la exultación en el espíritu, en euforia o alegría pasajera y superficial; el servicio, en búsqueda de nosotros mismos o autoafirmación.

Como María, verdadero modelo de discipulado, abramos la mente, el corazón, la vida, a la acogida de la Palabra en nosotros. Entonces también nosotros podremos vislumbrar y cantar con admiración la acción de Dios, que actúa en la historia de la humanidad y en nuestra historia personal. Y podremos decir, en esa caridad mutua que es servicio, que el Reino de Dios, en Cristo, está ya en medio de nosotros.

***

En la narración evangélica relativa a María hemos de señalar una circunstancia muy importante: ella fue, a buen seguro, iluminada interiormente por un carisma de luz extraordinario, como su inocencia y su misión debían asegurarle; en el evangelio se manifiesta la limpidez cognoscitiva y la intuición profética de las cosas divinas que inundaban su privilegiada alma. Y, sin embargo, la Señora tuvo fe, la cual supone no la evidencia directa del conocimiento, sino la aceptación de la verdad a causa de la palabra reveladora de Dios. ‘También la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe’, dice el Concilio (LG 58). Es el evangelio el que indica su meritorio camino, que nosotros recordaremos y celebraremos con el único elogio de Isabel, elogio estupendo y revelador de la psicología y de la virtud de María: ‘¡Dichosa tú, que has creído!‘ (Lc 1,45).

Y podremos encontrar la confirmación de esta virtud fundamental de la Señora en todas las páginas del evangelio donde aparece lo que ella era, lo que dijo, lo que hizo, de suerte que nos sintamos obligados a sentarnos en la escuela de su ejemplo y a encontrar en las actitudes que definen la incomparable figura de María ante el misterio de Cristo, que en ella se realiza, las formas típicas para los espíritus que quieren ser religiosos según el plan divino de nuestra salvación; son formas de escucha, de exploración, de aceptación, de sacrificio; y, a continuación, también de meditación, de espera y de interrogación, de posesión interior, de seguridad calma y soberana en el juicio y en la acción, y, por último, de plenitud de oración y de comunión, propias, ciertamente, de aquella alma única llena de gracia y envuelta por el Espíritu Santo, pero formas también de re, y por eso próximas a nosotros, no sólo admirables por nosotros, sino imitables.

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Pablo VI,

Audiencia general del 10 de mayo de 1967′, en id., Ave María, Madre de la Iglesia,

Cásale Monf. 1988, pp. 140ss.

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“ María ‘se puso de pie‘“, (Lucas 1,39-45), por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

sábado, 31 de mayo de 2025
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IMG_9067De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Comentario a la lectura evangélica (Lucas 1,39-45)

Por medio de María, que se hizo obediente a la Palabra, Dios visita a su pueblo y su pueblo le reconoce. Este reconocimiento es el fin de su designio, el término de su trabajo (Lc 19,44; 13,34), el cumplimiento de la historia de la salvación (Rm 11,25-36). El misterio de la visitación es el anticipo de este acontecimiento escatológico, en el que la misericordia se manifestará a todos los que estaban encerrados en la desobediencia (Rm 11,32). Es la alegría final del encuentro, tan impedido y tan anhelado, entre el esposo y la esposa, del que habla el Cántico. La visita del Señor es el sentido de la historia personal y universal.

«En aquellos días, María subió a la montaña». María va «de prisa» a visitar a Isabel. No va por ansiedad o incertidumbre, sino por alegría y preocupación. No va por curiosidad o por saber; cree lo que le han dicho de su prima. A Zacarías, que no cree y pide una señal, Dios no le da ninguna, salvo quedarse mudo y sin expresión. A María, en cambio, que cree, le dará la verdadera señal en el reconocimiento de Isabel. Si uno no cree, no puede aceptar el don de Dios, sea cual sea el signo que se le dé.

«Y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel». El saludo hebreo es ‘shalom’, ‘¡paz!’ María desea, promete y trae la paz a esta casa, signo de la visita del Señor. Más allá del saludo, el que es saludado «bendice» al que acoge. Dice «bien» del que, al acogerlo, «le da bien compartir con él el techo y el pan». El huésped en Israel es sagrado y la hospitalidad una bendición. En ella se deja fluir el bien recibido, reconociendo su fuente inagotable. Al dar el don recibido, se entra en el círculo de la vida de Dios.

«El niño saltó en su vientre»: en presencia de María, las entrañas de Isabel saltaron. ¡Los dos niños se reconocen ante sus respectivas madres, que se conocían bien! Hay un reconocimiento visceral entre la promesa y el cumplimiento, del que los respectivos portadores se dan cuenta más tarde. La acción de Dios que promete y cumple nos impacta hasta lo más profundo. Por esto lo reconocemos. Esta historia anticipa Pentecostés: el mismo Espíritu que aquí llenará a los apóstoles llena a Isabel. El encuentro con el Señor es, en definitiva, siempre este don del Espíritu, reconocible por los frutos.

«Y bienaventurada la que ha creído»: Isabel finalmente llama bienaventurada a María porque creyó en el cumplimiento de la palabra del Señor. Es la primera bienaventuranza, la fundamental: la fe en la promesa, que permite al Señor vivir “hoy” en el creyente que lo escucha. Su bienaventuranza como Madre de Dios es compartida por todo creyente que escucha y practica la Palabra (8,21; 11,27ss).

Una propuesta para tu contemplación podría ser detenerse en los títulos marianos de este pasaje evangélico…

El saludo de María provoca en Isabel, “por relación causal”, la exaltación del niño que lleva en su seno y la efusión del Espíritu. Isabel puede así conocer la verdadera identidad de María, determinada por su maternidad hacia el Señor y por su fe. El oráculo de la madre de Juan detalla tres títulos, que sitúan a María en el centro de la escena y también de la salvación:

  1. a) “bendita tú entre las mujeres” (Lc 1,42) se hace eco de la bendición de Jael y Judit (Jue 5,24; Jdt 13,18) pero con una carga escatológica, en cuanto a Jesús es un superlativo que reconoce que Dios hizo fértil el vientre de la Virgen, haciendo germinar en ella al propio autor de la vida. A la bendición de María le sigue la del “fruto de su vientre“, que según la ley del paralelismo explica y especifica el significado de la primera: Jesús es la fuente de la bendición de María.
  1. b) “La Madre de mi Señor” (Lc 1,43) implica una homología cristológica: Jesús es proclamado Señor tanto en un sentido real y mesiánico como en un sentido trascendente y divino como será reconocido después de la resurrección. Por tanto, el título indica a María como la Ghebirah (señora) o Madre real del Mesías y al mismo tiempo Madre del Hijo de Dios.
  1. c) “bienaventurada la que ha creído” (Lc 1,45) interpreta la respuesta de María al ángel como un acto de fe. De ello forma parte la propia maternidad mesiánica de María, que no fue sólo de naturaleza biológica. Con la fe como escucha de la palabra y obediencia, María entra en el criterio de discriminación para formar parte de la familia escatológica que formará Jesús. A pesar de haber recibido un signo (1,36-37), fue una creyente que la palabra de Dios es suficiente.

Otra propuesta para tu contemplación podría ser contemplar el encuentro – la danza entre estas dos mujeres embarazadas…

María ‘se puso de pie‘. Es el verbo de la resurrección. De alguna manera María ha pasado por una muerte, un vaciamiento, que Dios ha llenado de gracia y de verdad, y “resucitada” emprende su camino, con el impulso de la vida nueva de Jesús en su seno, para llegar a Aquel que puede comprender el misterio y el escándalo de su fe.

Isabel y María son dos hijas de Israel, su historia se entrelaza y se confunde con la de su pueblo; ambas están embarazadas porque, de diferentes maneras, hicieron lugar a la promesa de Dios y el bien de sus vidas se cumplió dentro de un bien mayor, un bien que nos alcanza. Son dos mujeres que han conocido lo imposible de Dios en su carne.

Isabel es avanzada en años, casada con un hombre de clase sacerdotal, y es estéril; María es una joven, comprometida con un carpintero, y es virgen; son, por tanto, muy diferentes, pero comparten el misterio de una vida recibida “por gracia” y esto disipa cualquier distancia, cualquier vergüenza, cualquier miedo al juicio: su encuentro se convierte en motivo de alegría y de bendición. Es el encuentro y la danza que nos gustaría que ocurriera al menos una vez, por qué no, a cada uno de nosotros.

Incluso antes de nacer, Jesús, en el vientre de su madre, comienza a recorrer los caminos de Galilea y Judea; incluso antes de nacer, Juan comienza a alegrarse en él, el Esperado por todos los hombres; Incluso antes de nacer, Isabel reconoció su presencia y la bienaventuranza de María “por haber creído en el cumplimiento de lo que el Señor le decía“. Incluso antes de nacer, María se hace discípula de aquel Hijo, que “al entrar en el mundo dice: He aquí, vengo a hacer tu voluntad, oh Dios“. Hay, pues, algo que sucede también en el tiempo de la espera, la espera de quien camina en la fe hacia la luz que no conoce ocaso.

Cada día el Señor Jesús camina por nuestras calles, viene a nuestro lado de las más diversas maneras, su vida en nosotros es la que marca la diferencia. Él es el destino y la bienaventuranza de quien escucha la palabra de Dios y la pone en práctica, incluso en los días difíciles y oscuros, cuando creer parece poco inútil, ir contra la corriente y estar exactamente donde no se quiere estar.

Y si María es bendita entre las mujeres no en sentido excluyente sino inclusivo, es decir, entre todos, entonces escuchar a Dios es también escuchar a los hermanos entre los que vivimos. Cada día, como Isabel, estamos llamados a reconocer los signos de la presencia del Señor, dondequiera que se encuentren, para bendecir a Dios y alegrarnos de él y del bien que todavía hace entre nosotros. Cuánta esperanza trae el bien reconocido y bendito, el bien que ya existe en la vida cotidiana de muchas personas, jóvenes y mayores, el bien que no hace ruido, no hace audiencia.

Cada día, al atardecer, antes de que la oscuridad lo envuelva todo, la Iglesia canta el Magnificat, el canto de María, que se hace eco del de otras mujeres de su pueblo: Miriam, hermana de Moisés, Ana, madre de Samuel… Un canto de confianza y de esperanza, que acompaña el tiempo de espera e ilumina las tinieblas de la noche: Dios no deja nunca de visitarnos en los pliegues y heridas de nuestra existencia. Podemos creer y esperar que ya ahora, en nuestra irremplazable adhesión a la Palabra y al Espíritu, esté en gestación ese mundo nuevo en el que los poderosos sean derribados de sus tronos, los humildes sean exaltados, los hambrientos sean colmados de bienes y el abrazo de misericordia alcance todo y a todos.

Comentarios para la fiesta de la Visitación:

1.- María y Isabel: el Dios de las mujeres y de dos maternidades imposibles.

2.- Un canto a la vida.

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“María, referencia del discipulado para varones y a mujeres”, por Consuelo Vélez

sábado, 31 de mayo de 2025
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De su blog Fe y Vida:

En el mes de mayo se recuerda con especial interés a la Virgen María, por su aparición en Fátima el 13 de mayo de 1917. Al mismo tiempo, es común relacionar a las mujeres (y a las madres, especialmente, que también se celebran este mes, al menos en Colombia) con la figura de María, relación que trae aspectos positivos y otros no tan favorables.

Sobre lo positivo, por supuesto María, madre del Hijo de Dios, es mujer y podemos fijarnos en ella para tener un modelo, un espejo, una referencia para el seguimiento que buscamos hacer de Jesús. Sin embargo, la tradición mariana ha puesto énfasis en algunas actitudes de María que, miradas hoy, no han contribuido al desarrollo pleno de las mujeres. Algunas citas bíblicas que interpretadas adecuadamente significan una colaboración activa, por parte de María, al plan de salvación de Dios, al leerlas literalmente se prestan a fomentar actitudes de pasividad, resignación, silencio, aguante, etc. Por ejemplo, la respuesta de María al anuncio de ángel “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38), olvida la pregunta que María hizo previamente “¿Cómo podrá ser eso, puesto que no conozco varón?” (Lc 1, 34) y toma la palabra “esclava” en sentido literal de sumisión o falta de libertad y no de disposición, acogida activa a la propuesta divina. Otra cita del mismo evangelista nos presenta a María como la que “conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón” (2, 51), dando la imagen de esa actitud de silencio para toda mujer y más para toda madre que “obligatoriamente” ha de sufrir por sus hijos. El texto de María al pie de la cruz (Jn 19,25) se identifica más con el sufrimiento de todas las madres y no con la valentía de estar en medio de ese contexto de persecución y asesinato de su Hijo. Tal vez las búsquedas actuales que tantas madres han hecho de sus hijos desaparecidos, casi siempre por fuerzas oscuras del Estado, podrían iluminar la figura de María al pie de la cruz porque las madres actuales no se callan, marchan, buscan incansablemente, denuncian a los posibles ejecutores de sus hijos y mantienen su memoria sin desfallecer, buscan justicia. Mirarlas a ellas nos ayuda a comprender mejor lo que debió ser la experiencia de María al pie de la cruz.

Al mismo tiempo, no se hace tanto énfasis en la María que proclama el Magnificat  -canto de denuncia de las injusticias sociales y de anuncio de la transformación que viene de Dios de todas esas situaciones a través nuestro- (Lc 1, 46-55); o en María que salió presurosa a la región montañosa, a una ciudad de Judá a visitar a su prima Isabel (Lc 1, 39-40); o en aquella que interrumpe a Jesús para pedirle que solucione el problema de la falta de vino (Jn 2,3); o en la que va a buscarlo porque dicen que está salido de sí y se ha de guardar el honor familiar (Mc 3, 31ss); o en la María acompañando a la primera comunidad cristiana el día de Pentecostés (Hc 1,14). En la catequesis, la predicación, la doctrina, se han leído todos esos textos en el horizonte del “estereotipo de la feminidad”, muy identificado con las mujeres que han de ser abnegadas, con capacidad de sufrimiento, todo en aras de salvar el hogar, santificar al marido, entregarse por los hijos.

En las últimas décadas la figura de María se ha leído desde una adecuada exégesis y en el horizonte del feminismo, es decir, de mujeres con derechos, sin subordinaciones, sin recluirlas al espacio privado, con capacidad para ser protagonistas de su futuro, sin que la vocación a la maternidad de gran número de ellas, suponga renunciar a sus sueños y a su propia realización. Pero todavía esa imagen de María no está lo suficientemente arraigada en el Pueblo de Dios como para que contribuya a denunciar toda violencia contra las mujeres, a no permitir que sucedan más feminicidios ni que la mujer no tenga un lugar protagónico en la sociedad y en la Iglesia. Falta demasiado para que la fe acompañe la nueva forma de ser mujeres, movimiento que en muchos sentidos es irreversible (aunque no dejen de brotar movimientos que vuelven a encasillar a la mujer en el estereotipo de la feminidad reduciéndola al ámbito del hogar). Posiblemente en este mes podríamos hacer menos rosarios o altares y vendría muy bien una formación mariana que rescate a María de los estereotipos y nos la presente desde la exégesis bíblica y las lecturas mariológicas actuales.

Ahora bien, aunque María puede contribuir a esta nueva manera de ser mujeres, no es menos diciente para los varones porque ella no es referencia para las mujeres sino para todos los cristianos, varones y mujeres, ya que ella supo vivir el discipulado, siendo la primera discípula, a quienes todos en la Iglesia hemos de tener como referencia.

El pasaje de Marcos (3, 31ss) al que antes hacíamos referencia, nos habla de ese discipulado que Jesús le dejo claro a ella y a toda su familia: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? El que cumpla la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre”. Y si María estuvo al pie de la cruz, no fue tanto en calidad de madre (sin dejar de serlo, por supuesto), sino de discípula, fiel a los valores del reino, aunque con esa cruz los quisieran destruir definitivamente. Por eso ella sigue en la primera comunidad cristiana y recibe al Espíritu Santo junto a los discípulos, todos ellos siendo esa familia del reino, no constituida por los lazos de sangre sino por la acogida de la buena noticia anunciada por Jesús.

Mayo no es pues el mes de las mujeres al recordar la figura de María. Podría ser el mes del discipulado que María supo vivir, siendo ella espejo, modelo, referencia para todos los creyentes, varones y mujeres.

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Yo era el extranjero.

viernes, 30 de mayo de 2025
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“Hace varios años estuve en una gran ciudad, en el extranjero. Fueron las últimas horas y los pocos días que pasé allí. Casi no me quedaba dinero, estaba muy cansado, sufría ese dolor que roza lo animal que llevamos dentro, el animal racional que somos: el dolor de la muerte, de muchas muertes, muertes de la misma carne que la mía. No creo que representara una categoría humana. La ropa que llevaba no tenía nada de especial. Y yo mismo no soy nada especial.

Había estado caminando por las calles durante varias horas esperando que llegara el tren. ¿Por qué no decir que estaba llorando? No me importó y simplemente esperé a que pasara. Extranjero. Desconocido. Un dolor común a todos los hombres que suda lágrimas como sudan ciertas obras.

Empezó a llover; Tenía hambre, las monedas que me quedaban determinaban lo que podía reclamar. Entré en un pequeño café donde también servían comida. Elegí lo que podía comprar: verduras crudas. Los comí lentamente para que fueran nutritivos y darle tiempo a la lluvia a terminar. De vez en cuando mis ojos goteaban. Pero de repente, mis dos hombros fueron tomados en un brazo reconfortante y cordial, una voz me dijo: “Tú café, dame”. Estaba absolutamente claro. No recuerdo qué pasó después: es una suerte porque no me gusta el ridículo.

Si a menudo había hablado de esta mujer, pensado en ella, rezado por ella con inagotable gratitud, hoy, buscando el bien en la carne y en la sangre, es ella la que se me impone.

Porque lo que da a esta mujer el valor de signo cristiano, de imagen lejana pero fiel de la bondad de Dios: es que ella era buena porque estaba habitada por la bondad, no porque yo era “uno de los suyos” familiar, social, política, nacional, religiosamente.

Yo era el “Extranjero”, sin pistas de identidad. Necesitaba bondad, necesitaba incluso bondad cuando se convierte en misericordia. Me lo dio esta mujer. »

*

Madeleine Delbrêl,
La Bondad, la Mujer, el Sacerdote y Dios, Obras Completas
, Volumen 9.

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«[…] Yo era el «Extranjero», sin pistas de identidad. Necesitaba amabilidad […]»

En este texto, Madeleine experimenta la soledad de un extraño en una ciudad y la bondad que un extraño le ha brindado.
Meditación de Christophe ROBIN sobre el texto «Estuve en una gran ciudad, hace varios años, en el extranjero«. Extracto de Bondad (en La mujer, el sacerdote y Dios, Obras completas, Volumen 9).

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“Despegues fallidos”, por Koldo Aldai Agirretxe.

viernes, 30 de mayo de 2025
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IMG_1390Koldo Aldai Agirretxe,
Artaza (Navarra).

ECLESALIA, 19/05/25.- Todos podemos fallar en el despegue. Cada quien abriga su causa, una pista que resbala, un exceso de nubarrones en el ambiente, una falta de ese mezcla imprescindible de coraje y queroseno para alzarnos… Nos puede fallar la mecánica interna y limitarnos a observar cómo otros calientan motores y se elevan. Conviene por lo tanto ayudarnos cuando nos quedamos en tierra, cuando el teléfono del auxilio desaparece de la pantalla, cuando hemos de abrir la esterilla sobre el frío mármol.

Desde los aeropuertos habitualmente abrazamos cielos, pero hay a quienes no les suena el pitido del «scanner» para poder volar, no les alcanza nunca para el pasaje. No terminan de despegar de su crítico asfalto, de la superficie enmarañada de sus días.

Los aeropuertos internacionales son grandes y concurridas plazas modernas en las que se reúnen almas de los más variados orígenes. Cada puerta de embarque es un mundo, una cultura diferente y tú saltarás de una a otra en cuestión de segundos. Pasar la noche en un gran aeropuerto nos brinda a menudo la posibilidad de conocer gente nueva. Nos priva de prisas matutinas, sobre todo nos ahorra grandes desembolsos en hoteles caros de sus cercanías. Sin embargo, para «los cuatrocientos de Barajas» la noche en el aeropuerto no es una opción vacacional, sino una necesidad vital.

Viajar puede curarnos de pertinaces individualismos, acercarnos a esas otras noches de tan ligero sueño ajeno. Tengo en mi haber muchas noches de aeropuerto, pernoctas a la vera de los “grandes pájaros metálicos”, en salas de espera de diferentes continentes. Para esta finalidad los mejores aeropuertos son aquellos que cuentan parque infantil y por lo tanto suelo de goma. Puedes tirar el saco y dormir sobre superficie mullida. No abundan en las grandes superficies de los aeropuertos largos bancos en los que estirarse por completo, pero un asiento apartado puede resultar también una solución más que aceptable, colocando los pies sobre la mochila o la maleta. El peor enemigo de las noches de aeropuerto son sin duda los altavoces. Ya no los hay que cantan vuelos, pero sí que repiten incansablemente obviedades que dificultan el sueño.

En ninguna de esas noches cogí chinches que, de todas formas, se hubieran quitado sencillamente con vinagre y bicarbonato. En esas pernoctas improvisadas sí me saqué miedos y limitaciones, también gané en solidaridad para con quienes no tienen otro techo. Ellos saldrán a la calle y no podrán gritar “¡Taxi!”, menos aún aspirar a una cama con sábanas blancas y limpias…

Se ha armado excesivo revuelo con quienes buscan refugio a la noche en esas inmensas instalaciones. Demasiadas escobas, incluso alguna sindical, los quieren “barrer” fuera. Más peligroso que coger chinches en un aeropuerto, es pillar, en la impóluta atmósfera de nuestro propio y blindado salón, el peligroso virus de la insolidaridad.

Acojamos pues, en Barajas, en nuestros colosales aeropuertos a quienes no disfrutan de amigos, a quienes no les aguarda a la noche el abrazo de ningún ser querido, a quienes no tienen la llave de ningún hogar y duermen con el ruido de los motores cercanos, descansan con la absoluta incertidumbre anclada en la «pista» de sus adentros.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

Foto: Adhitya Andanu (Pexels)

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“Reig Plá como símbolo”, por José María Otalora

viernes, 30 de mayo de 2025
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De su blog Punto de Encuentro:

Entre las cosas que dificultan o directamente impiden el testimonio de Buen Noticia, destaca el clericalismo, denostado por el papa Francisco. Él no pudo acabar su labor quedando pendiente este problema, entre otros, para sus sucesores. Un ejemplo de clericalismo estructural lo tenemos en el cese de un obispo, disfrazado de renuncia o traslado de sede, o simplemente de no-cese cuando se le mantiene en el puesto a pesar de su incapacidad manifiesta o de cosas peores. Al fin y al cabo, los prelados son tan humanos como los demás, por lo que el cese debiera estar unido a su cargo con total naturalidad, sin humillaciones ni tampoco privilegios.

No olvidemos que, durante la cumbre de 2019 sobre los abusos sexuales, se alzaron varias voces para solicitar una mayor transparencia en el Vaticano en el tema de las causas de renuncia de los obispos.

Traigo a colación este incómodo tema ante el escándalo ocasionado por las declaraciones recientes del obispo emérito de Alcalá de Henares, Reig Plá, a quien Francisco aceptó su renuncia el 21 de septiembre de 2022 por su reiterada manera de entender su actividad pastoral. Su última barbaridad ha sido afirmar en una homilía que la discapacidad es «herencia del pecado«. Cierto es que ha pedido perdón, pero la duda queda: si ha sido la presión mediática y la de algunos de sus compañeros de episcopado lo que a precipitado las disculpas. Lo digo porque eran frecuentes desbarres similares cuando ejercía como obispo titular, sin disculpa alguna.

Entre sus muchos desatinos, afirmó que las personas homosexuales irían al infierno (2012). Así, sin matices ni atención a la casuística personal, contrariamente a la actitud de Jesús de Nazaret, a quien representa cada obispo.

¿Por qué es difícil que cesen a un obispo? Para evitar que caiga sospecha sobre los obispos cesados. Esto es clericalismo. La tradición dice que el Vaticano cuando acepta la renuncia de un obispo, el foco se ponía en la “dimisión”, y no en el cese cuando esta era la causa, evitando las razones reales para evitar el bochorno -o algo más- a algunos de los obispos. Pero había indicios para adivinar las causas de fondo. Por ejemplo, cuando alguno dimitía antes de los 75 años, y no era por motivos de salud. O cuando el Papa decidía nombrar un administrador apostólico, como ocurrió en la diócesis de Almería.

El Papa Francisco promulgó normas sobre la renuncia de los obispos y cardenales. ¿Cuál fue la razón, si el Código de Derecho Canónico regula dichas renuncias? El mismo Francisco lo aclara en lenguaje, pero que se entiende muy bien: el Papa, «en algunas circunstancias particulares» puede «considerar necesario pedir» al obispo que «presente la renuncia al oficio pastoral, tras haberle dado a conocer los motivos de tal petición y escuchar atentamente sus razones, en diálogo fraterno«. Su fundamento último es evidente cuando se expresó así sobre algunos obispos: “Es triste cuando se ve un hombre que busca este oficio y que hace tantas cosas para llegar hasta allí, y cuando llega allí, no sirve, se pavonea, vive solamente para su vanidad”.

Lo cierto es que en la CEE quedan todavía demasiados Reig Pla que han abusado de sus competencias en el ejercicio de sus funciones. Me vienen a la memoria Zornoza o Munilla, aunque la lista es más larga. Ocultar ceses o no cesar cuando haya razones claras, hace daño a la credibilidad de la Iglesia y lo que es peor, del Mensaje. En cambio, lo que sigue sin cuestionarse, es el uso de “Reverendísima” e “Ilustrísima” para referirse al Ordinario del lugar, incluso en algunas webs oficiales de algunos obispados. O permitir que algunas sedes episcopales se mantengan en palacetes que ondean la bandera del Estado vaticano, como si el titular fuese un gobernador imperial. Deberían llamarse a sí mismos Servidores, a secas, dada la misión encomendada desde que les nombraron obispos.

Algunos prelados no han aprendido nada; no se ven en la sinodalidad como en una pirámide invertida, donde la cumbre está debajo de la base. Especialmente no son conscientes de que las actitudes suyas alejan del Mensaje de Jesús a mucha gente. Se llama “escandalizar”.

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La luz llega hoy…

jueves, 29 de mayo de 2025
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«Un día
Antes de que hubiera días,
La estrella proyectó su luz
A través de todo
Hacia nosotros.
Todos los que no existíamos,
Nosotros, a quienes Dios preparó para vivir
En algún lugar, no sabemos dónde.
La luz llega hoy,
Nos toca al final de este día,
En la tarde de esta noche cuya sombra irrumpe.
Y ya no sabemos nuestra edad
Porque ya no sabemos qué es el tiempo

*

En Christine de Boismarmin: “Madeleine Delbrêl, rues des villes, chemins de Dieu”,
ed. Nouvelle Cité, 1985 reeditado en 2004, p. 194, Correspondencia inédita, 1964.

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“La verdad nos hace libres, el credo súbditos”, por Beto Vargas.

jueves, 29 de mayo de 2025
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HijoUnigénitodeDiosnacidodelPadreantesdetodoslossiglosDiosdeDiosLuzdeLuzDiosverdaderodeDiosverdaderoengendradonocreadodelamismanaturalezaqueelPadreporélfueronhechastodaslascosas - 1De su blog Dios en minúscula:

La memoria de Jesús no es dogmática

Quien se acerca al nuevo testamento como un manual religioso para el catolicismo del siglo XXI difícilmente puede captar la ironía de tantas de sus expresiones respecto a las autoridades de la época, o la carga de resistencia frente al poder político, religioso y económico del momento en que surge el cristianismo y se expande por el imperio romano. Los evangelios, las cartas de Pablo, el sermón a los hebreos o el Apocalipsis, tienen en muchas de sus páginas expresiones que proponen una contracultura, valores distintos y distantes de los propuestos por Roma, por las élites Judías o por las alucinantes religiones griegas. El más pertinente ejemplo es que en el primer evangelio escrito, por un autor al que llamamos Marcos, en la ejecución de Jesús tenemos a un centurión romano que al verlo morir declara que verdaderamente ese hombre era hijo de dios. Siendo un militar romano debía por mandato practicar la religión imperial y declarar que el César era hijo de dios.

Hoy en día, el catolicismo como religión que se arroga el derecho de considerar suyos aquellos textos y cuyas facciones más conservadoras se deliran opuestas al orden establecido por proferir juicios a diestra y siniestra en todo lo relacionado con la reproducción humana, en realidad es una religión inofensiva para quienes manejan los hilos del poder, irrelevante para quienes crean y usan a su favor las reglas del mercado, e inconsecuente para quienes hacen algún intento de oponerse a la crueldad de «los jefes de las naciones». Si bien el Papa Francisco ha sido uno de los pontífices de los últimos siglos que con mayor vehemencia ha señalado las estructuras que oprimen y despojan de derechos y dignidad a tantos seres humanos en el planeta, hacer ese tipo de declaraciones lo ha convertido en el objeto de odio de una parte de sus hermanos en el episcopado, en el clero y en la feligresía; con lo cual se refuerza el que seamos percibidos como una religión inofensiva, irrelevante, inconsecuente. Y se lo debemos, al menos en parte, a Nicea.

Esa presencia del cristianismo como una fuerza de resistencia a la cultura imperial y de propuesta de valores contrarios o al menos distintos a los proclamados desde Roma venía precisamente de esas formas de predicación y testimonio de las primeras generaciones cristianas, para las que afirmar el mesianismo de Jesús, su condición de hijo de dios, o su entrega salvífica en la cruz, no tenía implicaciones metafísicas ni ontológicas porque aquellas palabras estaban muy lejos de ser parte de su jerga o de sus preocupaciones, sino que tenía implicaciones directas sobre su cotidianidad, su forma de ser parte de la sociedad, y su forma de acercarse a los otros y vincularse con ellos.La memoria de Jesús no es dogmática, mucho menos filosófica, es comunitaria y sacramental. Al señor resucitado lo vemos en las hermanas y hermanos con quienes compartimos la vida y partimos el pan.

Llegado el tiempo en el que se convoca el concilio de Nicea – un concilio organizado desde las élites imperiales – ya el cristianismo había salido de las catacumbas y se había convertido en una especie de sociedad paralela con incidencia en esas élites. Fue entonces cuando disminuyó el ímpetu evangelizador y aumentó el afán político y el complejo intelectual. En estas clases dominantes había una fascinación por las escuelas y corrientes filosóficas, por las discusiones y debates argumentativos, por las doctrinas de aquella «religión altamente intelectualizada» como llamaba Jaeger a la filosofía griega. Y el cristianismo, que había surgido contando historias de semillas y de lámparas, de ovejas y tesoros, de un mesías esclavo, que lavaba los pies de sus discípulas y discípulos, no tenía credenciales para aspirar a convertirse en una corriente realmente relevante en el imperio, a menos que todo su discurso tuviera las características que fascinaban a las gente importantes del imperio. Y así lo hicieron.

Décadas de discusiones filosóficas sobre los títulos de Jesús, su naturaleza, su origen/no origen, o la lógica de su obra salvífica fueron mutilando paulatinamente la fuerza transformadora de la buena nueva en un articulado que distrajo la atención de los recién inventados teólogos católicos por los próximos 17 siglos. Las palabras del Centurión romano ya no implicaban ninguna amenaza para el poder imperial porque habían sido elevadas a un plano en el que no se contradecían con la realidad política.Pero además, desde allí la validaban y la canonizaban. Aunque con un par de reveses, a la vuelta de unos años el imperio ya no perseguía cristianos, sino que los fabricaba por la fuerza y con ello legitimaba su poder como algo dado desde el cielo. De modo que entre la predicación cristiana y el credo no solamente no hay un avance en la profundización del misterio, aunque les guste decir eso a los teólogos del dogma, sino que en efecto hay una desactivación de todo aquello que en el evangelio pudiera ser percibido como una forma de resistencia, como una propuesta de transformación, como un intento de dios por hacerlo todo nuevo.

nicea - 2Poco importaba entonces lo que Jesús habría dicho sobre lo que hacen los «Jefes de las naciones» porque pronto cristo sería convertido en rey (ya no crucificado sino entronizado), pantocrátor, engendrado y de la misma naturaleza que el padre. Y poco importaba ya que Jesús hubiera llamado «hipócritas» a los jefes religiosos, porque ahora lo crucial es que los jefes religiosos afirmen la «hipóstasis». El evangelio fue proclamado como una fuerza de liberación, que ponía a los cristianos en una actitud distinta frente a la ley religiosa de la religión madre, frente a las formas de relación y valores de la cultura del imperio, frente a las concepciones de ser humano de las mitologías. El Credo, por su parte, los devolvía a la obediencia, desplazando hacia la metafísica todo lo transgresor de Jesús, y elevando hacia los cielos todo lo que había sido predicado para transformar la tierra. Si la verdad nos hace libres, el credo de Nicea nos hizo súbditos de nuevo.

Hoy, que son tiempos de tiranos, de jefes de las naciones que están exterminando, segregando y oprimiendo, y que a la vez el catolicismo se reviste de nostalgia para celebrar 17 siglos ya de aquellos primeros momentos en los que se hizo relevante como religión mayoritaria para el mismo poder contra el que hablaron los profetas y los apóstoles, no habría mejor celebración que hacer lo necesario para volver a ser una fe peligrosa desde la paz y la alegría: ofensiva desde la bendición de los simples y los pequeños, relevante desde la transformación de las formas de convivir y practicar la solidaridad y consecuente en que se disuelvan todas las estructuras que hacen que nos parezcamos tanto a eso que Jesús nos pidió nunca ser.

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Interioridad

miércoles, 28 de mayo de 2025
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espejo

 

La poesía «abre el panorama interior de cada de uno. Pienso que la poesía funciona cuando de una manera coincide con lo que está medio latente en cada uno. Buscas el espejo, el espejo de uno mismo, salvo que sea la ruptura del espejo total, que también puede darse, que convulsiones, no todos los lectores esperamos lo mismo… colaboración, corrección, ilusión, no sé«.

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Ida Vitale

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Poesía… Interioridad… el soplo que da vida porque, como diría Antoine de Saint Exupèry, «En el interior, es donde se esconde la verdadera belleza«

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“La eutanasia, un autocidio”, por Jaume Patuel Puig

miércoles, 28 de mayo de 2025
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IMG_0838Entiendo que podemos considerar la eutanasia como un autocidio, pero ni un suicidio ni un homicidio. El poder del Estado tiene el derecho y el deber de liberar el sufrimiento del Pueblo enviando a la juventud a una muerte segura. Muerte, o por suicidio (por fracaso emocional o desesperación), o por homicidio legal (matar al enemigo). Tal vez ambos con decoraciones. La guerra Rusia-Ucrania ya se ha cobrado a fecha del 23 de febrero de 2025, entre 167.194 y 234.669 hombres, según el bando. Unos 30 mil civiles (homicidios, ciertamente; suicidios también, pero ningún autocidio puesto que nadie quería la muerte propia ni la ajena). Dejemos a un lado la cantidad exacta, pero la edad se encuentra entre los 18 y 30 años. Una generación. Y, no ocurre nada. ¡¡¡Todo por la paz!!! Y pienso que ocurren muchísimas cosas: El suicidio como fracaso y el homicidio como venganza son dos actos inhumanos: No humanizan ni mucho menos. Y más cuando se sabe que las guerras son “negocio”… a pesar de que la Constitución del Estado Español, específicamente en el artículo 30, expone que “los españoles tienen el derecho y el deber de defender a España”, esto plantea la cuestión ¿qué ciudadanos serán recluidos en caso de un conflicto armado que debiera participar? Y sin olvidar nunca que en las guerras actuales se matan a las generaciones del futuro. Y no se les consulta, sino todo lo contrario. Un derecho del poder del Estado a enviar a una muerte segura.

Pero, en cambio, cuando una persona con mente clara, inteligencia clara, con sentimientos claros y afectos maduros, decide que la vida ha tenido sentido o no quiere morir demente o no quiere sufrir inútilmente o no quiere alargar la vida puesto que no tiene sentido y decide “avanzar” el momento de morir; cree que seguir viviendo con forma degenerativa no es continuar una vida digna, ni cualitativamente humana; o siente que ya ha hecho una misión y quiere morir como Sócrates con coherencia, dignidad y despidiéndose de los alumnos, amigos, y familiar resulta que puede hacerlo legalmente. ¿Por qué?

Según la actual ley, supongamos que no por demasiado tiempo, quedan excluidos de penalización el equipo médico oficial; el resto, no. Pienso y entiendo quién toma una decisión de este cariz realiza un “autocidio”; además, la ley no debería penalizar en absoluto a quien está a su lado por ayudarle, si es necesario. ¿Que habría abusos? ¿Qué ley al principio no trae abusos? Pero poco a poco se va normalizando… Y ejemplos, a cantidades. Podríamos construir la definición de autocidio según la chatGPT: decisión consciente y voluntaria de una persona de poner fin a su vida de forma digna, con o sin asistencia médica, sin ser considerado un acto de violencia contra sí mismo ni contra los demás.

Hablamos de un tema de plena actualidad. Cuántas veces se oye decir a muchas personas: Dios mío, llévame, ¿qué hago aquí? U otros: No quisiera morir así. O: ¿Por qué sufrir y hacer sufrir sin necesidad? Esta visión se tiene en hospitales, geriátricos, soledad, familia y madurez. Simplemente, avanzar el momento de dejar de respirar, para sentirse libre o en otro nivel de conciencia, es ejercer un derecho de libertad, no un deber. Toda eutanasia es una opción personal que no hay que imponerla ni por ley ni por moral. Es la libertad frente a la muerte biológica, no de la vida.

Cuando un acto humaniza el fin de una vida, cuando uno es consciente de desear no vivir más y poder compartir el fin de su vida, que es avanzar el momento de morir, con los ojos abiertos, agradecido, amando la vida: ¿Es esto un acto que no humaniza? Lo que no humaniza al Estado del derecho y del deber es impedirlo o esperar a que uno no tenga ya conciencia de sí mismo/a, una enfermedad degenerativa o una demencia fuerte o que caiga en el Alzheimer o de otras situaciones. Entonces: paliativos… pero nunca, “una eutanasia”. Es decir, no gozar de una digna muerte, fruto de una digna vida, vivida en libertad interior.

¿Qué «Dios» permite esta deshumanización? ¿O no es, tal vez, un «dios» construido por la mente humana? ¿O un «dios» al servicio del miedo al poder del Estado de no poder decidir la muerte de sus súbditos? Se les envía a suicidarse como homicidar. Es la ley de la guerra, pero ¿humaniza?

Con esta reflexión intento que se vea la eutanasia como un acto de amor, de humanidad y dignificar la vida. Pero dejando claro que no es hablar ni de suicidio, que se puede considerar fruto de una enfermedad tanto física como mental, o fracasos emocionales o económicos. Es decir, el suicidio o darse a sí mismo/a la muerte como fracaso de la vida. Contra esto hay que luchar, educar. Y ahí entra, desgraciadamente, el suicidio de muchos adolescentes y gente problemática y algunos casos con problemas. Es necesaria una buena ayuda humana para hacerles ver la vida con otra mirada. Sin olvidar que el suicidio es una pandemia mundial. He oído decir que acontece un suicidio en el mundo cada minuto.

Como tampoco hablo del homicidio: matar a otro ser. Tampoco es humano, es muy inhumano. Matar por matar, matar por odio, matar por venganza, matar a la guerra, matar por no controlar el temperamento como en otros casos, no humaniza nada. Pero otra cosa es la ayuda a quien entiende y comprende que ha hecho una vida plena, que ve que no tiene sentir continuar la forma de vida que sufre ahora; ayudar a una persona así para que no espere una muerte «inhumana» o «no deseada», no es matar, sino ayudar a morir dignamente. ¿Qué «Dios» no querría este acto humano amoroso, de respeto, de confianza, de gratitud por la vida emprendida, vivida y poder dejarla con dignidad, con los ojos abiertos, con gratitud y con una oración de acción de gratitud?

Cómo debe ir cambiando el sentido de la muerte, y sería necesario añadir el adjetivo “biológica”. Cómo vivir la muerte que se acerca o que uno decide ponerle fin. La negación me hace recordar cuántas veces hemos oído decir: ¿Qué hago aquí? O hijo, ¡dame una píldora!! ¡¡¡¡O, no quisiera morir así!!!! El miedo a tomar una decisión de estar al lado de la persona que toma una decisión que es libre, voluntaria, espiritual, para amar la vida que es amar una “digna o buena muerte”: eutanasia.

No al suicidio, no al homicidio; pero sí un clamor a la eutanasia: avanzar el momento de morir, que no es dejar de vivir, sino terminar bien el vivir: autocidio. La muerte biológica, como nos enseña la historia y cualquier reflexión espiritual, no es un valor absoluto; ciertamente, un gran valor, pero siempre relativo.

Cito sólo un autor francés, Jacques Pohier, (1926-2007), teólogo y psicoanalista, que ha sido secretario y presidente (1984-1995) del ADMD y que publicó un libro: LA MUERTE OPORTUNA (1) … Un buen texto para comprender el cambio necesario de mentalidad. Al final del libro, menciona: Un punto de vista católico positivo a favor de la eutanasia voluntaria. Es siempre y muy claro una decisión libre del que la pide, y queda claro que nunca está impuesta.

Conlleva esta visión, en mi opinión, un trabajo interior de una nueva conciencia o modificación de mentalidad en la sociedad. ¿Quién es el Estado para negar una muerte digna, cuando envía a la guerra y la muerte es distanasia? Es necesario todo un trabajo mental en la sociedad; de ahí las asociaciones del DMD (el Derecho a Morir Dignamente) como tenemos aquí en Cataluña y otros lugares. Así como la necesidad del Documento de las últimas Voluntades Anticipadas (DVA) para no llevar inquietud a las personas que deben intervenir. O poder impedir que el amor (?) de un padre niegue la eutanasia a la hija que en plena y firme conciencia la pide.

Siento y pienso, en mi opinión, que, si un ser humano tiene plena conciencia de sí mismo según su propia antropología o vivir que la vida biológica, que es necesario vivir plenamente, es un despliegue de conciencia y al morir biológicamente, la Conciencia o la Vida continúa; u otra visión de totalidad de la vida humana aquí y ahora, ¿Qué sentido tiene prohibir una decisión plena y consciente de poder optar por decir: Ya he vivido bien y dignamente, y así deseo morir? ¡Qué buen encuentro, traspaso con la “Plenitud” o con “Dios amoroso”! La eutanasia es un acto de amor a vivir con dignidad el fin de la vida biológica; un autocidio. Así me lo narraba una persona que toda la familia apoyó cordialmente la decisión de su padre: Una paz en todos.

Jaume Patuel Puig (1935)

Pedapsicogogo

jpatuel@copc.cat

(1) POHIER, Jacques. LA MUERTE OPPORTUNE. Los droits de vivientes sur el fin de leur vie. Ed. Du Seuil. París, 1998. ISBN 2-02-034973-6.

(Remitido por el autor)

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De mano en mano.

martes, 27 de mayo de 2025
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Hoy, precisamente hoy, este poema parece pensado para mi, y lo recibo como un regalo especial… 

San Felipe.- El jueves 23 de septiembre de 2021, inició la transmisión de la primera emisora radial católica en la Diócesis de San Felipe, " Católica 101.3 fm "La voz en el desierto". Una emisora radial dedicada al anuncio del Reino de Dios a través de

De mano en mano,
a través de muchos años
y generaciones de cristianos,
me ha llegado la Buena Noticia,
cubierta de polvo,
como un regalo inesperado.

Ella me anima a vivir
y a unirme a esa brisa
que ha recorrido valles y cumbres,
desiertos y praderas
a través de generaciones de apóstoles
dando vida a tantos corazones.

Hoy, para celebrarlo,
lo cuento y comparto,
extiendo mis brazos,
me siento agarrado y agarro,
sumo mis manos, y salgo
para que esta brisa
llegue a donde todavía no ha llegado.

De mano en mano…
me ha llegado la Buena Noticia,
y no la retengo en mi regazo,
sino que dejo mi refugio
y voy a las plazas, rincones y caminos,
pues anhelo que llegue y meza
nuevos campos aunque no los conozca.

Hoy me siento agraciado
y hondamente agradecido
al sentirme enviado
para ser testigo
de lo que Tú nos has dicho
y nosotros hemos visto
del Dios abierto y compartido.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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“Jonás, un profeta contracultural”, por Gonzalo Haya

martes, 27 de mayo de 2025
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Y… hoy me dedico especialmente este texto, de hace algunos años, acerca del libro de Jonás

Invito a leer un simpático cuentecito del Antiguo Testamento que, con  una fina ironía teológica, nos da una imagen de Dios que muchos cristianos actuales todavía no han descubierto.

Es un cuentecito, dos páginas, que desarrolla la historieta de un profeta al que Dios envía a Nínive con tremendas amenazas si no se arrepienten de su inmoralidad. El profeta huye hacia el otro extremo del mundo para evitar esta ingrata tarea. En su travesía surge una tormenta, castigo de Dios por su desobediencia, y es arrojado al mar; se lo engulle un enorme pez, reza a Dios, y el pez lo devuelve a la playa. Ahora sí; va a Nínive (capital del Imperio asirio, enemigo tradicional de Israel y símbolo de crueldad y opresión), predica su amenaza, y Nínive se convierte desde el rey hasta el último habitante. Dios los perdona, el profeta se siente estafado, y Dios baja para apaciguarlo. Un cuentecito, conscientemente increíble como historia, pero literariamente excelente como apólogo.

Es contracultural. Parece que se escribió hacia el siglo V ó IV antes de Cristo, después de la vuelta de los cautivos de Babilonia, cuando Esdras y Nehemías habían impuesto una campaña para cimentar el nacionalismo judío entorno al Dios de Israel. Con este fin reescribieron la Torá y, para apartar a los judíos de los gentiles, exigieron el cumplimiento del descanso sabático y de los alimentos impuros,  y expulsaronn a las mujeres cananeas que se habían casado con los judíos. Contra este nacionalismo religioso, el profeta presenta a un Dios que ama también a los gentiles.

Es irónico. El profeta huye de Dios, se embarca hacia Tartesos (España) en dirección contraria a Nínive (Irak actual). Teme que va a arriesgarse en un país enemigo, para que luego Dios perdone a los malos, y su profecía no se cumpla. ¿Orgullo profesional herido? En aquellos tiempos existía la profesión de profetas, a los que se pagaba como a los videntes actuales, y ni el pueblo ni los reyes sabían distinguir entre los profesionales y los enviados por Dios. Nuestro profeta se enfada, Dios (al que ni siquiera los profetas podían mirar directamente) conversa aquí amigablemente con él tratando, con poco éxito, de calmarlo; pero Jonás le replica justificando su enfado: ¡Claro que me enfado! Y mortalmente.

Es profundamente teológico. No porque los evangelistas relacionaran la resurrección de Jesús con el episodio de la ballena, sino porque sabe que el Dios de Israel no es un Dios nacionalista, es el Dios de todos los pueblos, y no sólo para castigarles sino para amarlos, para compadecerse de sus sufrimientos. No es un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, sino que ama a los buenos y a los malos.

Yo sabía que eres un Dios compasivo y clemente, lento para enojarte y de gran misericordia; yo sabía que te arrepientes de las amenazas.

El enfado del profeta no es sólo por su desprestigio; deja ver un cierto resentimiento por ese amor que Dios muestra por unos gentiles, que además están ignorando los mandamientos que el pueblo de Dios trata de observar a regañadientes. También los cristianos sabemos de estos resentimientos al condenar tajantemente a los malos que no cumplen los mandamientos. ¿Creemos que Dios ama y perdona a Boko Haram? (Hoy podríamos decir, Vladimir Putin)

La teología de este profeta anticipa lo que más tarde mostrará Jesús en la parábola de la oveja perdida, la del jornalero de la última hora que cobra igual que los que echaron la jornada completa, y la del hermano mayor enfadado por el recibimiento del padre al hijo pródigo. Es irónico hasta el final:

Entonces le dijo el Señor. Tú te apiadas de un arbolito que no has plantado…

¿No voy yo a compadecerme de Nínive, esa gran ciudad en la que viven más de ciento vente mil ignorantes y en la que hay mucho ganado?

Gonzalo Haya

Fuente Atrio

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“¿Ante las derivas actuales, qué resistencia esperar?”, por Anne Soupa

martes, 27 de mayo de 2025
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IMG_1259 En Francia, como en el resto del mundo, los cristianos escudriñan con incredulidad los vuelcos surrealistas de la coyuntura mundial: ¿Ante las derivas actuales, qué resistencia esperar?

Anne Soupa es teóloga y escritora. Biblista del Instituto Católico de Paris, antigua directora de la revista Biblia, editada por los Dominicos de Francia, fue cofundadora, en 2009, del “Comité de la jupe” (Comité de la falda), asociación dedicada al lugar de la mujer en la Iglesia, así como de la Conferencia Católica de los Bautizados Francoparlantes

He aquí la meditación que propuso para el 5to domingo de cuaresma de 2025 en la parroquia católica de la ciudad de Niort, en el Centro-oeste del país

En Francia, como en el resto del mundo, los cristianos escudriñan con incredulidad los vuelcos surrealistas de la coyuntura mundial. Anne Soupa, es teóloga y escritora. Biblista del Instituto Católico de Paris, antigua directora de la revista Biblia, editada por los Dominicos de Francia, fue cofundadora, en 2009, del “Comité de la jupe” (Comité de la falda), asociación dedicada al lugar de la mujer en la Iglesia, así como de la Conferencia Católica de los Bautizados Francoparlantes. He aquí la meditación que propuso para el 5to domingo de cuaresma de 2025 en la parroquia católica de la ciudad de Niort, en el Centro-oeste del país.

La ley del más fuerte no es cosa de hoy. Pero está tomando, hoy, proporciones inquietantes: Voluntad de echar mano sobre Estados soberanos, colonización y hasta limpieza étnica, clima de sospecha hacia los derechos de las mujeres y de las minorías sexuales, negación del riesgo ecológico, absolutización del dinero, discriminación asumida de los extranjeros, reducción de la persona humana a un estatus de simple consumidor, irrespeto de la palabra dada…

Es más, estas actitudes son reivindicadas por cristianos. Efectivamente, Putin y los neoconservadores norteamericanos se dicen defensores del cristianismo. ¿Pero cómo no ver que están instrumentalizando al cristianismo con fines políticos? Y, sobre todo, su cristianismo ignora su dimensión social, sólo se interesa por la esfera privada. Pero la persona es una sola, en su casa y en su vida pública. La responsabilidad cristiana es global.

¿Putin y los neoconservadores norteamericanos se dicen defensores del cristianismoCómo no ver que están instrumentalizando al cristianismo con fines políticos?

¿Si los cristianos no resisten, quién resistirá?

No es, pues, sorprendente, que los cristianos estén profundamente turbados. El objeto de estas reflexiones no es debatir sobre materias jurídicas, económicas o ambientales, se trata de buscar en qué los fundamentos del cristianismo están siendo tocados por las fallas actuales y qué resistencia espiritual se les podría oponer. Esto último me parece no sólo deseable sino indispensable. ¿Si los cristianos no resisten, quién resistirá? Son ellos los guardianes últimos de una fuente evangélica que la comunidad humana necesita más que nunca. ¿Cómo y sobre qué fundamentos resistir?

La cruz: hoja de ruta y regla de vida

La respuesta está en la contemplación de la cruz. De ella toman los cristianos sus reglas de vida. He aquí cuatro de estas reglas.

-Al dejarse clavar en la madera de la cruz, Jesús da su vida. No hay vida social, e incluso vida en sí, sin don. Sin él, es la guerra pues el otro se apoderará por la fuerza de lo que yo poseo.

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-La cruz manifiesta hasta qué punto Jesús se niega a utilizar poder alguno. Él, que no había querido hacerse rey, denuncia la opresión de un sistema de poderes en el cual todo el mundo está amarrado, cada cual ejerciendo su control sobre uno más pequeño que él. Jesús, por lo contrario, adquiere una autoridad moral considerable al volverse servidor, respetuoso de todos y atento a su libertad.

-En la cruz, Jesús se convierte en paria, en el fuera de la ley. Al tomar el lugar de los que no tienen ningún lugar, rechaza el principio mismo de la exclusión. Así, trabaja por la reconciliación de la humanidad

-Y se hace hermano de todos.

Don de sí mismo, servicio, reconciliación de la humanidad, fraternidad, he aquí la “hoja de ruta” cristiana.

Observemos que es también la de una cantidad de personas no cristianas. Numerosos países viven sobre la base de esos mismos valores, desprovistos de referencias trascendentes, y bastante bien resumidos en el lema de la república francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad. E indirectamente, esto se aplica también a la mayoría de las religiones, que tienen en común la “Regla de oro”: No hagas a los otros lo que no quisieras que te hicieran. Una buena parte de la humanidad se encuentra hoy, por tanto, ante este dilema: ¿Respetar los valores de un judeocristianismo secularizado o unirse al bando de los depredadores?

2025: ¡Borrada del horizonte, es la cruz la que está siendo puesta en cruz!

Es cierto que ni el don, ni la primacía del servicio sobre el poder, ni la reconciliación de la humanidad, ni la fraternidad reinan en el mundo. Pero estos valores son el horizonte que muchos se dan. Y, de pronto, este horizonte desaparece. ¿Cómo atravesar esta grave crisis de conciencia, esta experiencia espiritual misma? 

Los cristianos, por su parte, no pueden sino constatar cuánto el mensaje de aquel al que consideran como el Hijo de Dios está siendo apartado, puesto fuera de juego. La cruz ya no es el horizonte del mundo, sino el contra modelo. En lugar del don, se impone la rapacidad ante la ganancia, en lugar del rechazo de un poder opresor, el desprecio de los débiles, en lugar de la reconciliación de la humanidad y de la fraternidad, se imponen las discriminaciones, las exclusiones y el odio del otro. Es la cruz la que está siendo puesta en cruz, ya que se ha convertido en el lugar del sinsentido. Cuando Jesús pregunta al Padre “¿Por qué me has abandonado?”, deja adivinar, en esa soledad, el sinsentido de una muerte que quizá nunca será entendida.

Él, que ha atravesado esta muerte espiritual, invita a los cristianos de 2025, después de tantos otros a lo largo de la historia, a mantenerse despiertos, con Él, para hacer frente a la negación de los valores que les ha legado.

«Estamos ante un ‘Momento teológico’. ¿Cómo responder? ¿Cómo subsistir ante él?»

Sí, el mensaje de la cruz incluye la aceptación de todo lo que la niega. Es una crisis del sentido radical, que nos pone a prueba. En nuestra coyuntura política actual, se vive de nuevo el abandono sentido por Jesús. Como él, estamos ante un “Momento teológico”. ¿Cómo responder? ¿Cómo subsistir ante él?

La Esperanza germina sobre las expectativas quebradas y entra en acción

Es entonces que es bueno volver a dar una mirada a las riquezas cristianas. Aún si las instituciones están fragilizadas por la crisis de los abusos, aún si el pontificado actual no está en estado de lanzar las reformas necesarias, el cristianismo es, de por sí, sumamente potente. Si su fuerza viene del mensaje ético de la cruz, del cual acabamos de hacer un inventario, también consiste en no “sacarle el cuerpo” al mal sino en superarlo con un perdón siempre ofrecido.

Pero por encima de todo, el cristianismo invita a cada uno, de manera casi obsesiva, a crear, a vivir con confianza, a hacer que los talentos den fruto, a embellecer el mundo. Su capacidad de transformación es infinita. No, el cristianismo no es la religión de los débiles. Dice sencillamente: “Todo es posible pero no sin el débil”.

Si es así, a cada uno le toca recordar, alto y fuerte, la suerte que tiene de ser cristiano y la felicidad que esto le brinda. Cuidándose de un cristianismo identitario, con tendencia al “entre sí” y al encierro en el pasado, abriéndose a la dimensión universal del cristianismo.

«El cristianismo invita a cada uno, de manera casi obsesiva, a crear, a vivir con confianza, a hacer que los talentos den fruto, a embellecer el mundo»

En esta misión, las tres virtudes que fortalecen al cristiano son la Fe, la Esperanza y la Caridad. La más aguardada hoy es la esperanza. En este momento, como en otros, ésta se aprende ante la cruz. Un cristiano entra en esperanza cuando enfrenta la burla, la violencia, la fuerza bruta, y se ve en jaque ante ellas. Su esperanza germina y crece sobre sus expectativas quebradas.

«La esperanza es una virtud que se prueba con actos»

Pero esta constatación sólo es un comienzo. La esperanza es una virtud que se prueba con actos. Lo que estamos viendo en este momento impulsa a actuar, de muchas maneras, con la palabra, la caridad, la fraternidad, la inteligencia, la creatividad, la militancia, la prudencia también… Cada una es una modalidad de la resistencia esperada.

Primer paso, dar testimonio

En cuanto a mí, propondría aquí un acto inicial de resistencia. Se trata del testimonio. En efecto, el testigo es la columna de toda comunidad cristiana. Sin él, no habría ni Evangelios, ni siquiera cristianismo. Por tanto, cada cristiano es testigo, tanto por su palabra como por sus actos. Dice en qué el cristianismo lo hace vivir. Eso puede parecer insignificante. Pero es la piedra angular, el zócalo sobre el cual plantear actos concretos de resistencia.

Traducción : Yvonne Belaunde

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Post Data: Invitación –  www.chez-re-nee.com

La asociación francesa Chez Re-née ha creado una plataforma en línea para que todos los que lo deseen puedan dejar su testimonio en línea. ¿Cómo? Grabando un video de unos 2 minutos en el cual contestan a la pregunta siguiente: ¿En qué el cristianismo es bueno para mí, para la sociedad, para el planeta? La plataforma está en francés, pero se pueden dejar testimonios en otro idioma y estos serán traducidos con subtítulos.

Fuente Religión Digital

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Sed felices con osadía.

lunes, 26 de mayo de 2025
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Sed felices
en este tiempo,
en esta tierra
y en estas circunstancias
que os tocan vivir.

Sed felices,
porque eso es lo más fuerte
para invertir las situaciones,
aniquilar los odios
y establecer la paz duradera.

Sed felices,
porque la miseria puede ser vencida
y el hambre dejar de ser pesadilla.
¡El reino germina
cuando se comparte con alegría!

Sed felices,
porque la felicidad es lo único
que necesitan la justicia y la ternura
para atravesar las noches oscuras
y crear una humanidad nueva.

Sed felices,
pues para eso habéis nacido
y habéis recibido el Espíritu,
y yo me he comprometido con vosotros
hasta el límite.

Sed felices…
¡y que se note!

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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Recordatorio

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