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“La fe cristiana y su futuro. Perspectivas“, por José María Aguirre Oráa

sábado, 7 de junio de 2025
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Perspectivas de futuro Rikki Chan

«Todos los grandes relatos han entrado en crisis de alguna manera o están tocados»

«El cristianismo es precisamente la religión de la salida de la religión e incluso está en el origen de los valores de nuestras sociedades occidentales, entre los que hay que incluir la democracia y la separación de la Iglesia y del Estado»

«Esta es una perspectiva que defendemos abundantes filósofos, intelectuales y teólogos de enjundia cristiana: la fe cristiana es la instauración de la autonomía humana, no de la heteronomía servil. No tenemos un Dios que nos dicta lo que hay que hacer, sino un Dios que nos impulsa a pensar y experimentar la creación de un mundo humano que sea solidario, fraternal. No tenemos un plan establecido de trabajo. Tenemos una inteligencia para pensar y una voluntad para actuar: el único norte es la fraternidad»

| José María Aguirre Oráa

 1. El fenómeno de la secularización

Estamos en plena vorágine de un cambio cultural de proporciones incalculables y enormemente significativas. Más allá del debate y de la discusión de si hemos abandonado la Modernidad para abrirnos a otra nueva etapa histórica, la Postmodernidad, los análisis nos permiten descubrir que tras las intuiciones descriptivas de la postmodernidad se encuentran análisis valiosos sobre nuestra actual situación. Un punto importante, que hay que destacar, es que todos los grandes relatos han entrado en crisis de alguna manera o están tocados en tanto macrorelatos: marxismo, existencialismo, cientismo, religiones… Por ello los discursos y las concepciones absolutistas y fundamentalistas están en quiebra, aunque todavía de hecho en la realidad social tengan un poder social y político importante.

En este sentido está emergiendo en el marco de Occidente un fenómeno destacado de ateísmo y de agnoscitismo de masas, que no había ocurrido en otras etapas históricas. Una visión estrictamente intramundana de la historia y de la existencia humana está ganando terreno en ambientes maduros, intelectuales, jóvenes… Las visiones de transcendencia pierden vigor y sentido. No importa el más allá de la vida humana y del mundo, interesa el más acá concreto y vivo. Se diría que Nietzsche y su crítica del platonismo cristiano han adquirido una acreditación y un impacto contundentes.

Frente a esta realidad también hay que señalar que en otras latitudes del mundo crecen o se mantienen las fes religiosas de todo tipo, por lo que el fenómeno anterior no se extiende como una marea por todo el orbe. En una gran mayoría de países el fenómeno religioso sigue vivo y muy vivo, impregnando comportamientos colectivos e individuales con mucha fuerza. Por ello mi diagnóstico señalaría la radical pluralidad de situaciones que existen respecto al fenómeno de la religión a escala del universo. Las discusiones sobre la tan cacareda tesis del necesario proceso de civilización que avanza de la etapa religiosa hasta la etapa secular sigue animando la escena intelectual sociológica y filosófíca. La última etapa del pensamiento de Jürgen Habermas lo evidencia de manera ejemplar [i].

2. Secularización y fe cristiana

Sin duda ante esta situación la pregunta se antoja inevitable: ¿Qué pensar de la secularización? Para un sector importante de la jerarquía católica, de mentalidad conservadora, y para colectivos cristianos de esa misma línea, el proceso de secularización es interpretado como un fenómeno surgido de la impronta de la modernidad que cuestiona en su íntima esencia lo religioso y atenta en consecuencia contra el desarrollo de la religión y de la fe cristianas. Por ello se sitúan en una abierta oposición de combate frente al fenómeno de la secularización. La modernidad intelectual no es vista con muy buenos ojos, para ellos se trata de un disolvente explícito o tácito de la fe o de las convicciones religiosas. El hombre se hace mayor de edad en todos los ámbitos de la existencia humana, conquista su autonomía y rechaza al Dios todopoderoso de las religiones. Cuanto más aumenta la autonomía humana, más desaparece su relación y dependencia con Dios. También se produce este fenómeno en otras confesiones cristianas y evidentemente en otras religiones.

Para otras perspectivas teológicas y religiosas el juicio sobre la secularización es más matizado y consideran que la secularización no es inevitablemente antireligiosa o anticristiana

Sin embargo, para otras perspectivas teológicas y religiosas el juicio sobre la secularización es más matizado y consideran que la secularización no es inevitablemente antireligiosa o anticristiana. Incluso utilizan otra clave interpretativa de esta realidad. La secularización puede ser interpretada como un desenlace intelectual y práctico tremendamente enraizados en el Evangelio y en la lógica del pensamiento cristiano (y no solo cristiano moderno) de larga fecha. Si Dios aparece en la religión cristiana como Absoluto, esto significa y supone la desdivinización de lugares, tiempos, objetos, instituciones que se han considerado «sagrados». Para la fe cristiana lo único sagrado es la persona humana y su dignidad inalienable. A veces esto supone reafirmar la dialéctica entre religión y fe. La fe cristiana no presupone, como parece ser característica de la religión, una dependencia existencial y práctica de Dios. Precisamente la fe sostiene la autonomía del mundo y de la persona como la culminación del proceso de libertad humana: de la heteronomía a la autonomía. Habría que recordar aquí el lema «Etsi Deus non daretur», expresión de Dietrich Bonhöffer para señalar que Dios ha de ser pensado fuera de todo papel de tapaagujeros de la ignorancia o de la incapacidad humanas.

Parecería que el cristianismo y la modernidad fueran enemigos que libran una batalla secular, una última pugna de las «guerras de religión»: de un lado la fe, la idea aseguradora de una transcendencia; de otro lado el desencantamiento moderno que certifica y toma nota de la «muerte de Dios». ¿De un lado la tradición, la verdad, la autoridad; del otro la laicidad, el relativismo, la defensa de las libertades individuales? Lejos de oponer frontalmente estos dos campos, dos autores, René Girard y Gianni Vattimo recientemente fallecidos se esforzaron por el contrario en acercarlos.[ii] A partir de presupuestos filosóficos y de argumentos diferentes, los dos sostienen esta tesis aparentemente paradójica, pero de una profundidad intelectual y reflexiva destacable compartida por otros pensadores de perspectiva cristiana: secularización y laicidad son productos del cristianismo. El cristianismo es precisamente la religión de la salida de la religión e incluso está en el origen de los valores de nuestras sociedades occidentales, entre los que hay que incluir la democracia y la separación de la Iglesia y del Estado.

Marcel Gauchet señala igualmente que el cristianismo es la «religión de la salida de la religión». No hay que entender esta expresión «como si la gente ya no creyera en Dios. ¡Realmente no creían más en otros tiempos! […] La salida de la religión es la salida de la organización religiosa del mundo». Y sigue con su perspectiva: «Lo que es determinante en el caso cristiano es el propio Cristo. La idea de la encarnación no brilla por su racionalidad. La idea de un solo Dios parece incompatible con la idea de un Dios delegado que ejerza de intermediario. Es posible que [Dios] necesite un mensajero como Moisés en los judíos o Mahoma en el caso del islam, pero con Cristo se trata de otra cosa. Un Dios que toma la forma de hombre. Pero esta extraña idea tiene un efecto importante. La encarnación obliga a concebir una alteridad radical de Dios (del Dios extraterrestre de Yahvé y de Alá) ¿Qué (quién) es este Dios que nos habla desde el interior de nuestro mundo de los hombres y que, por lo tanto, aparece completamente exterior al Dios de Yahvé y de Alá?». «Cristo viene simplemente para testimoniar el interés del Padre por la salvación de los hombres. No nos dice inmediatamente lo que hay que hacer, sino que hay que pensar en otro mundo. La encarnación de Cristo es portadora de toda una serie de desarrollos potenciales que necesitarán siglos y siglos para expresarse, pero que permitirán, paso a paso, la emergencia de un mundo humano autónomo a partir del mundo religioso. No hay nada sorprendente, para un cristiano convencido, pensar, sin dejar de ser perfectamente cristiano, que los hombres hacen su ley, que las relaciones entre ellos son un área y que lo que conecta a cada individuo a Dios es otra».

Esta es una perspectiva que defendemos abundantes filósofos, intelectuales y teólogos de enjundia cristiana: la fe cristiana es la instauración de la autonomía humana, no de la heteronomía servil. No tenemos un Dios que nos dicta lo que hay que hacer, sino un Dios que nos impulsa a pensar y experimentar la creación de un mundo humano que sea solidario, fraternal. No tenemos un plan establecido de trabajo. Tenemos una inteligencia para pensar y una voluntad para actuar: el único norte es la fraternidad.

La secularización remite a un proceso de gradual expulsión de las autoridades eclesiásticas del ámbito del dominio temporal, sobre el cual el Estado moderno […] alzaba una pretensión de monopolio

La secularización remite a un proceso de gradual expulsión de las autoridades eclesiásticas del ámbito del dominio temporal, sobre el cual el Estado moderno […] alzaba una pretensión de monopolio. Un filósofo canadiense, Charles Taylor, extrae las consecuencias sociales de esta pérdida del monopolio religioso de lo público y señala que lo que caracteriza la «era secular» es la desaparición de la adscripción religiosa basada en la tradición y el paso a una religión de elección: «Mi propia visión de la “secularización” que, confieso libremente, ha sido conformada por mi propia perspectiva como creyente (pero que, con todo, quisiera esperar ser capaz de defender con argumentos), es que ha habido ciertamente un “declive” de la religión. La creencia religiosa existe ahora en un campo de elección que incluye varias formas de objeción y rechazo; la fe cristiana existe en un campo en el que también hay un amplio abanico de otras opciones espirituales. Pero la historia interesante no es meramente la del declive, sino también la de un nuevo lugar de lo sagrado o espiritual en relación con la vida social e individual. Este nuevo lugar es ahora la ocasión para recomposiciones de la vida espiritual en nuevas formas, y para nuevas vías de existencia dentro y fuera de la relación con Dios»[iii]. La secularización es el orden social, jurídico y político que concibe como parte inextricable de la autonomía individual la libertad de los ciudadanos para religarse a través de confesiones organizadas o mediante un «bricolaje espiritual». El ejercicio individual y colectivo de la libertad religiosa no prejuzga el tipo de decisión que se toma. Lo que se enfatiza, en cambio, es el hecho de que se trate de elecciones propiciadas por un orden legítimo que no interfiera en las creencias a las que los ciudadanos se quieran vincular. Evidentemente el fenomeno de la secularización no tiene únicamente consecuencias políticas y jurídicas, sino que implica también «el declive de la influencia pública de la iglesia y de las religiones en la determinación directa […] del saber, de las normas, de las costumbres»[iv].

Llegados a este punto convendría indicar algo que ha puesto de relieve Habermas en sus últimos escritos sobre religión y que puede ayudarnos al restablecimiento de un respeto real y creativo a todas las personas precisamente en una sociedad secular y no secularista. Según Habermas, las limitaciones impuestas por el principio de separación de poderes o de ámbitos pueden conllevar un reparto desigual de las cargas de tolerancia que creyentes e increyentes deben soportar cuando se trata de apoyar la legislación existente o de argumentar a favor de una u otra postura. Mientras, según Habermas, a los increyentes o ciudadanos secularizados les basta con utilizar un lenguaje que es el mismo que rige en su fuero interno, los creyentes tienen que traducir su cosmovisión a un lenguaje secularizado para lograr que sus aportaciones a los debates públicos cumplan con unos requisitos mínimos de imparcialidad. Es incuestionable que los esfuerzos que impone la socialización o, en este caso, la participación en debates democráticos, no son los mismos para todos los ciudadanos. Cuando la línea que divide a unos de los otros se solapa con la que separa a ciudadanos seculares y religiosos, entonces tal vez se puede decir que el mayor esfuerzo que deben hacer los creyentes va en menoscabo de la libertad religiosa e incluso atenta contra la neutralidad liberal, pues supone una discriminación de algunos ciudadanos por motivos religiosos o ideológicos

3. La triple dimensión de la fe cristiana

Yo creo que la fe cristiana tiene tres componentes esenciales que no pueden contemplarse separados ni ser separados de hecho: conocimiento, actitud, sentimiento. Evidentemente hay concepciones ideológicas que conciben la fe cristiana en un solo sentido de los descritos anteriormente, con exclusión de los otros dos, pero a mi entender mutilan la globalidad de la experiencia cristiana. Para mí la unidad de estas tres perspectivas me resulta fundamental, porque quizás esta triple dimensión de la fe cristiana es su característica fundamental.

En primer lugar la fe cristiana supone una manera de conocer, al menos en dos aspectos esenciales de la vida humana. Un aspecto sería el sentido del universo: más allá de las explicaciones científicas y en consonancia con ellas el origen y el proceso del universo sugieren el postulado de una creatividad inmanente a la obra en el universo. Difícilmente esta creatividad radical puede verse como dimensión inmanente de la propia materia, sin apelar a una creatividad originaria inscrita en su seno e impeliéndola al movimiento continuo. La figura de un Dios Creador del universo y de la vida humana aparece como una «solución» adecuada al enigma del mundo y de su dinamicidad. Pero, es que, además, en esta misma lógica de la fe el hombre no aparece como el esclavo de Dios al servicio de lo que diga el señor, sino como el creador que continúa la obra de creación, el impulsor de una creatividad inscrita en la creatividad del universo.

Otro aspecto sería el relativo al sentido de la existencia humana. La antropología y la ética de la fe cristiana nos indican con claridad un componente fundamental para conocer la existencia humana y su sentido: la dinámica de la fraternidad. La persona humana no es un individuo aislado que puede llevar su lógica por sus solos recursos. Es un individuo intersubjetivamente constituido. La intersubjetividad forma parte intrínseca de nuestra existencia. Nos nacen, nos educan, nos hacen y nos deshacen. Nadie como la fe cristiana ha insistido tanto en la individualidad humana, en su respeto absoluto, en su sagrada e inalienable realidad. Pero a la vez, ha insistido en su componente intersubjetivo, en la radical fraternidad de las personas, en la visión de que todos los humanos somos hermanos, prójimos a los que acercarnos. La fe cristiana es radicalmente solidaria y fraterna. La fe cristiana no solo es una forma de conocer, es también una forma de actuar: la praxis de la fraternidad.

Lo dicho anteriormente comporta una dimensión ética insoslayable. Nuestro comportamiento no tiene más remedio que articularse de la misma manera: en clave solidaria y fraterna. La guía de acción debe ser el respeto absoluto a cada persona y a todas las personas. Nadie queda ni puede quedar excluído de la dinámica de la fraternidad. Y además la persona humana es siempre una posibilidad de libertad que debe crecer. Si nada ni nadie de lo mundano y de lo humano es Dios, si nada ni nadie nos indican los caminos de nuestra libertad, nuestra inteligencia y nuestra voluntad deben guiarnos en el complicado camino de nuestra libertad de acción. Tenemos perspectivas, pero no leyes, tenemos unas líneas generales, pero no el GPS detallado y ordenado de nuestra acción.

La compasión es el rostro sentido y volitivo de la fraternidad. Nuestro sentimiento motiva nuestro querer

Y hay una tercera dimensión de nuestra fe. La fe cristiana es también una manera de sentir y de querer. Estamos y nos sentimos amados por Dios, amados inmensamente por un Padre bueno que nos ha volcado a la vida y experimentamos un sentimiento de no sentirnos solos y abandonados en un mundo hostil y mortífero. Por consiguiente, nos inunda el sentimiento de com-pasión. Si experimentamos de alguna manera la compasión de Dios, transmitimos nuestra compasión a todos los humanos y a todo lo valioso de nuestro universo. La compasión es el rostro sentido y volitivo de la fraternidad. Nuestro sentimiento motiva nuestro querer. Queremos la compasión porque la sentimos buena para la existencia de todas las personas.

4. Perspectivas de la fe cristiana

La fe cristiana está en perfecta sintonía con la razón científica. Podríamos decir (como en aquella consigna nicaraguense tan repetida y acertada: «Entre cristianismo y revolución no hay contradicción») de manera contundente que entre ciencia y religión no hay contradicción. Ciencia y religión son complementarias. Oigamos a Max Planck: «No puede haber nunca una oposición real entre ciencia y religión, pues la una es el complemento de la otra. […] La religión y la ciencia natural luchan juntas en una incesante, indesmayable batalla contra el escepticismo y el dogmatismo, contra la increencia y la superstición. Por tanto ¡Adelante hacia Dios!»[v].

Incluso habría que decir más: la lógica científica en el campo de la física y en el de la biología nos encauza en la lógica de un designio inteligente, que se encuentra a la obra en la realidad del universo. Consideremos este texto de Anthony Flew, primeramente ateo declarado durante largo tiempo y que ha acabado reconociendo una perspectiva teísta: «La ciencia se basa en la presunción de que el universo es totalmente racional y lógico en todos sus niveles», escribe Paul Davies, que es probablemente el divulgador más influyente de la ciencia moderna en la actualidad. “Los ateos afirman que las leyes de la naturaleza existen porque sí y que el universo es en último extremo absurdo. Como científico, me resulta difícil aceptar esto. Debe haber un fundamento racional inmutable en el cual encuentre su raíz la naturaleza lógica y ordenada del Universo“. Los científicos que apuntan hacia la Mente de Dios no avanzan simplemente una serie de argumentos o un proceso de razonamientos silogísticos. Más bien, proponen una visión de la realidad que surge del corazón conceptual de la ciencia moderna y se impone a la mente racional. Es una visión que personalmente estimo persuasiva e irrefutable»[vi].

Como ya he señalado en otro escrito, Jean Ladrière [1] [vii] defiende que la razón científica comporta en sí misma, en su propia lógica interna, la posibilidad de abrirse al sentido de la creatividad radical que opera en el cosmos y de todo lo que esta creatividad implica y de este modo abrirse al reconocimiento de la creación del Universo. El «logos» interno que anima la ciencia comporta en sí, de modo constitutivo, la posibilidad de reconocer aquello de lo que este logos es una huella. La realidad nos envía más allá de sí misma, aparece como habitada por un dinamismo constitutivo estructural que va en el sentido de una unión creciente con una subsistencia creadora.

Aquí aparece una consonancia posible, aunque no necesaria, entre la ciencia y la fe. La ciencia no proporciona por sí misma un acceso directo a la fe. La ligazón entre razón científica y fe cristiana no tiene una conexión lógicamente necesaria, ya que en este caso comportaría un carácter necesario que se impondría lógica y racionalmente. Esto no sucede así, lo sabemos muy bien. Sin embargo, la ciencia nos hace ver la creatividad que opera incesantemente en el mundo. A partir de esta visión de la ciencia, a partir de esta realidad de operatividad radical existe un relé filosófico que puede conducirnos a la idea de creatividad que permite el paso a la idea de creación y que incluso postula la idea de la creación. Las resonancias kantianas con sus postulados de la razón son clarísimas. La lógica reflexiva es similar o se asemeja a la perspectiva de Kant.

Otro aspecto importante que quisiera destacar lo constituye el horizonte de la fraternidad. La fe cristiana implica un compromiso claro, etico-político, de trabajo por la justicia en las coordenadas del mundo. El conjunto de los libros de la Biblia y sobre todo la predicación profética pone en boca de Dios la exigencia de justicia para los desamparados de la época, los pobres, los huérfanos y las viudas. Si algo señaló Jesús de Nazareth en su constante predicación es la exigencia de fraternidad universal. Y esto significa en román paladino establecer como criterio fundamental la compasión por una parte por el dolor de los pobres y por otra también  por sus esperanzas, porque son los que lo necesitan realmente, los que son asediados por la pobreza, la opresión, la esclavitud, la discriminación… Ellos son los primeros en la mente y en la preocupación de Dios, ellos son los primeros también en la nuestra.

Esto lo comprendió muy bien y lo impulsó el Concilio Vaticano II y de forma reiterada las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Se podría decir que no hay manera de honrar a Dios que no pase por la honra a los pobres y marginados. Las posturas que de hecho se salgan de este carril, son pura vaciedad de fe o declaraciones verbales religiosas estériles. Éste ha sido siempre el criterio fundamental de cercanía a las exigencias de Dios, de acceso a la fe en Él. Lo demás son palabras vacías y creencias sin fundamento. Esto nos lo enseñó de manera magistral y sin aspavientos un gran cristiano y un teólogo magnífico, Gustavo Gutiérrez, a quien le siguieron Leonardo Boff, Juan Luis Segundo, Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino y muchos más que sería largo citar.

Quisiera traer a colación a Carlos Fernández Liria, un filósofo marxista y de izquierdas que tiene una perspectiva interesante sobre el cristianismo en la línea que estoy señalando. Según él, el cristianismo no es una religión como cualquier otra, porque las religiones siempre consisten en predicar un contenido cultural, decir es bueno esto o lo otro y que está prohibido esto o lo otro. Y el cristianismo es una religión muy extraña porque no defiende un contenido, sino una forma. Jesús (que por otra parte en el Evangelio de San Juan se define nada más y nada menos que como el logos hecho carne, es decir, como la razón hecha carne) no dice «tienes que hacer esto o lo otro». A Jesús le importa más bien una forma: «Hagas lo que hagas, hazlo de forma que estés seguro de que al hacerlo amas al prójimo como a ti mismo». Esto significa que te debes poner en el lugar del otro. Esto es el imperativo categórico de Kant, que hagas lo que hagas puedas querer que la decisión que estás tomando se torne ley universal. Este es el imperativo categórico kantiano y lo que dice Jesús es una formulación emotiva o mítica de lo mismo. En ese sentido, lo que predican los cristianos es la forma misma de la razón. El cristianismo en sí mismo es la religión más racional del mundo, tanto que San Juan puede decir que Jesús es la razón hecha carne.

Y en ese sentido, si el marxismo hubiera sido inteligente lo habría aprovechado. Este es el alegato de Carlos Fernández contra la tradición atea marxista y de izquierdas. Esta tradición regaló también el cristianismo al enemigo, con lo cual le regaló nada menos, como dijo Gramsci, que la organización de masas más potente que haya habido en la historia de la humanidad, la Iglesia católica. Nunca debió el marxismo regalar la Iglesia católica, debería haber luchado por conquistarla desde su interior. Fue un gravísimo error predicar el ateísmo.

Este concepto constituía el nervio central de la Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal

En esta misma línea Carlos Fernández Liria indica (y llama mucho la atención) con énfasis que el concepto más interesante que se ha forjado en la reflexión ética y moral del siglo XX ha sido el concepto de «pecado estructural». Este concepto constituía el nervio central de la Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal. Mientras ellos se jugaban la vida y daban de lleno en la diana del problema ético de nuestro tiempo, la filosofía académica de izquierdas y de derechas estaba completamente en la Luna. La verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué estaría en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la acción política organizada y no por el voluntarismo moral que intenta inútilmente apartarse de la maquinaria del sistema. «No sé si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aquí no valen más que soluciones políticas y económicas muy radicales. Y la única cuestión moral relevante que todavía tenemos sobre la mesa es la de qué tendríamos la obligación de estar haciendo políticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero económico genocida [viii]». Nuestra responsabilidad cristiana nos exige actuar con esta perspectiva de manera perentoria. No veo otra alternativa.

Un autor como Cornel West [ix] indica que el cristianismo tendría que suponer una auténtica revolución a partir de la moral que lo fundamenta. Las convicciones religiosas, además de sustentar los valores políticos, nos permiten ir más allá. Así, la aceptación de la solidaridad como valor político aunque necesaria, quizás resulte insuficiente y debería acompañarse por sentimientos como el amor a los demás y la disposición a celebrar con los desfavorecidos. Tras destacar lo que, en términos utilizados por Habermas, podemos denominar el potencial semántico de la religión, West invita a los creyentes también a tener oído para lo secular y a actuar con empatía e imaginación para adentrarse en la cosmovisión, también respetable, de los agnósticos y los ateos.

NOTAS

[1]

[i] HABERMAS, J.,  Israel o Atenas. Ensayos sobre religión, teología y racionalidad (2001) ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2005) Mundo de la vida, política y religión (2012), Una historia de la filosofía. 2 vol. (2019)

[ii] René GIRARD es el autor de ensayos como La Violencia y lo Sagrado (1972), Cosas ocultas desde la fundación de mundo (1978), Acabar Clausewitz (2007).De la violencia a la divinidad (2007) ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2007). Filósofo y hombre político italiano, Gianni VATTIMO escribió El fin de la modernidad (1987), La sociedad transparente (1990), Después de la Cristiandad. Por un cristianismo no religioso (2004), Dios: la posibilidad buena (2012).

[iii] TAYLOR Ch.,  Una era secular, Madrid, Gedisa, 2014. El futuro del pasado religioso, Madrid, Trotta, 2021.

[iv] MARRAMAO G., Cielo y tierra. Genealogía de la secularización, Barcelona: Paidós, 1998, p. 5.

[v] Citado en FLEW A., Dios existe, Trotta, Madrid, 2012, p. 98.

[vi] FLEW A. Dios existe, op. cit., p. 101. Este autor cita un texto de DAVIES P., «What Happened Before the Big Bang», en RUSSSEL STANNARD (Ed.), God for the 21ª Century, Templeton Foundatio Press, Filadelfia, 2000, p. 12.

[vii] Ver a este respecto LADRIÈRE J.,  L’articulation du sens, 2 Tomos, Paris, Ed. du  Cerf, 1984;  L’espérance de la raison, Leuven, Peeters, 2003; Le temps du posible, Leuven, Peeters, 2004; La foi chrétienne et le destin de la raison, París, Ed. du Cerf, 2004.

[viii] FERNÁNDEZ LIRIA C., Los diez mandamientos del siglo XXI , en Rebelión, 20 de Enero de 2009.

[ix] HABERMAS J.- TAYLOR Ch.- BUTLER J.- WEST C., El poder de la religión en la esfera pública,Trotta, Madrid 2011, 145 p.

Fuente Religión Digital

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Intervalo

viernes, 6 de junio de 2025
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Acostumbrémonos a parar, a crear un intervalo entre la pregunta y la respuesta durante el cual aquel que interroga puede añadir aún los elementos que desee y al interrogado se le conceda la oportunidad de pensar la respuesta a fin de no lanzarse sobre la pregunta y eclipsarla”.

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Plutarco

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“Testimonios de un Dios que no extraña”,  Cuaderno número 241 de Cristianismo y Justicia.

viernes, 6 de junio de 2025
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Cuaderno número 241

Fecha de publicación: Mayo 2025

El centro de estudios Cristianisme i Justícia acaba de publicar el cuaderno Testimonios de un Dios que no extraña, en el que recoge el testimonio de fe de seis personas LGTBIQ+ que, con mucha generosidad, comparten historias de vidas marcadas por el sufrimiento y la resistencia, la exclusión y el encuentro, la relación conflictiva con Dios y el descubrimiento de su amor infinito.

La escucha de estas personas pone de relieve el sufrimiento causado por un marco eclesial que las ha excluido, que ha generado en ellas sentimientos de culpa y de miedo, y las ha llevado a vivir un conflicto entre fe y vida. “Durante muchos años, viví mi orientación con miedo, con un gran sentimiento de culpa y en silencio”, dice una de las personas que da testimonio. A menudo, explican, han sufrido dificultades de aceptación y una encarnizada lucha interna “entre quienes se supone que deberíamos ser y quienes éramos de verdad”. Como describe otra de las participantes en el cuaderno, “las personas LGTBIQ+ cristianas vivimos desde que tenemos conciencia en un continuo proceso de discernimiento, entre aceptarnos tal como somos o renunciar y vivir en la mentira, entre creer o no creer, entre odiar o perdonar”.

Sus historias, sin embargo, también nos hablan de resistencia, de encuentro con un Dios que ama incondicionalmente y no excluye, y de la existencia de comunidades cristianas abiertas a la diversidad. “Con la certeza de que Dios ama incondicionalmente, la fe se ha fortalecido”, afirma una de las personas que da testimonio.

Sus relatos muestran que este camino recorrido ha hecho crecer una firme voluntad de abrir nuevos caminos, de ofrecer su testimonio para dar visibilidad y normalizar la realidad de las personas LGTBIQ+ y ayudar a comunidades cristianas y religiosas. Hay, en definitiva, una llamada que, como reivindican los testimonios del cuaderno, va más allá de la acogida o la compasión, y apela a una Iglesia que “tiene la gran responsabilidad de caminar unida y escuchar a todas las personas creyentes”.

Cristianisme i Justícia da continuidad con esta publicación al cuaderno El reconocimiento de las personas LGTBIQ+ en la Iglesia (Cuaderno CJ n.º 229), publicado en 2022 y pretende tirar del hilo de lo apuntado allí por James Martin SJ: «el acercamiento pastoral a los católicos LGTBIQ+ no es simplemente una moda, ni una tendencia pasajera, ni siquiera algo que responda a las “presiones” de la cultura, sino una labor constitutiva de la Iglesia y una misión que encuentra sus raíces últimas en los Evangelios».

Desde el reconocimiento de que las realidades de estas personas han sido durante demasiado tiempo negadas, castigadas o excluidas, el centro de estudios Cristianisme i Justícia quiere escucharlas. Lo hace abriendo con este cuaderno un espacio de reflexión alejado de los prejuicios, que muestra que en la Iglesia hay personas con creencias y vivencias de la realidad, de sus propios cuerpos y de sus identidades sexuales y de género muy diversas. Es un ejercicio de escucha que pone de relieve que “la fe que recorre y sostiene las vidas de estas personas está profundamente enraizada y nos ilumina”.

El cuaderno Testimonios de un Dios que no extraña se puede descargar gratuitamente en la web de Cristianisme i Justícia.

Ampliación:

  • Testimonios de un Dios que no extraña – CAT  [descarregar] –  ESP  [descargar]
  • Reseña en el blog de CJ – CAT [veure]  –  ESP  [ver]
  • Entrevista a Juanjo Peris, autor del epílogo [ver]

 

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Ambos lados ahora: ansiedad y esperanza sobre lo que León XIV aporta al papado

viernes, 6 de junio de 2025
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La publicación de hoy es de Lisa Fullam, D.V.M., Th.D., colaboradora de Bondings 2.0, profesora emérita de teología moral en la Escuela Jesuita de Teología de la Universidad de Santa Clara y veterinaria asociada en el Hospital Veterinario New Baltimore en West Coxsackie, Nueva York. Ha escrito y hablado sobre las espiritualidades de San Ignacio, Juliana de Norwich, Juana de Arco y Francisco de Asís. Junto con el reverendo Charles Curran, Lisa coeditó cuatro volúmenes de Lecturas en Teología Moral.

Para obtener información sobre un retiro del New Ways Ministry que dirigirá la Dra. Fullam, consulte el final de esta publicación.

Cuando Robert Francis Prevost fue elegido papa el 8 de mayo, estaba tan ansiosa como cualquiera por leer las indicaciones. «¿Qué dijo sobre las personas LGBTQ+? ¿Cuándo? ¿En qué contexto?» «¿Y qué hay de la ordenación de mujeres?» «¿Continuará con el énfasis pastoral del papa Francisco?» «¿Qué significará su formación agustiniana para su papado?» La elección de llamarse León es una apuesta segura en cuanto a si continuaría con el bienvenido cambio de enfoque de la Iglesia, impulsado por Francisco, hacia los marginados, los pobres y, en general, aquellos que se vieron perjudicados por la justicia social. Si bien el último papa llamado León no inició la tradición de la enseñanza social católica —Jesús lo hizo—, León XIII sí inauguró una serie de documentos papales y conciliares que abordan la justicia social. En la encíclica Rerum Novarum newwaysministry.org/author/lisa-fullamrum, el último León abordó los signos de su tiempo y señaló la necesidad de un trato justo para los trabajadores, incluyendo un llamado a un salario digno, y la necesidad de que la Iglesia sea defensora de la justicia.

Al menos en este sentido, León XIV parece una apuesta segura para continuar la obra de Francisco. Entonces, ¿qué huella distintiva dejará el nuevo Papa León en la Iglesia? Hasta que el nuevo pontífice se pronuncie de manera significativa, todos seguimos leyendo las hojas de té. Personalmente, veo motivos de esperanza y de ansiedad, ambos basados ​​en la formación de Leo en matemáticas, teología y derecho canónico. Estas disciplinas apuntan a una persona con un aprecio por la claridad, sin duda, y quizás con el aprecio de un teólogo por la complejidad.

Analicé su tesis doctoral, la primera obra importante de su carrera teológica. Su análisis del papel del prior local en las comunidades agustinas ofrece una perspectiva canónico-legal de los principios y procesos jurídicos del liderazgo local a la luz del Código de Derecho Canónico y las Constituciones de la orden agustiniana. En esta obra, es evidente su preocupación por el ejercicio del liderazgo en sus detalles jurídicos, pero también se centra en el prior como líder servidor que ejerce un ministerio en el que es responsable de fomentar la comunidad y la comunicación. Concluye: «No sería exagerado hablar del prior local como el principio de unidad de la comunidad local… la figura instrumental que puede crear o profundizar el vínculo fraterno de comunión entre todos los hermanos».[1] Sin duda, esta actitud encaja bien con la visión de Francisco de una Iglesia sinodal, de escucha comunitaria hacia un futuro común receptivo y responsable. Esto es positivo, pero ¿qué hay de los detalles? Mi propia ansiedad y esperanza se basan en la idea de que León podría aportar la claridad de su canonista a lo que Francisco dejó borroso. Primero, la ansiedad. Cuando el entonces recién elegido Papa Francisco dijo sobre los sacerdotes homosexuales: «Si una persona es homosexual y busca al Señor y está dispuesta, ¿quién soy yo para juzgarla?», esperaba que esto siguiera una revocación más formal de la prohibición del Papa Benedicto XVI sobre la admisión de hombres homosexuales al seminario. Pero no. No hubo una revisión de la doctrina magisterial en consonancia con el tono acogedor de Francisco. Cuando Francisco quiso más voces femeninas en el liderazgo de la Iglesia, incluso poniendo a algunas a cargo de oficinas del Vaticano, esperaba que tomara medidas doctrinales para admitir mujeres en los niveles más ordinarios de liderazgo de la Iglesia, los cargos de diácono y sacerdote. Pero no. Cuando Francisco describió la lacra del clericalismo, esperaba que reelaborara la enseñanza magisterial sobre el sacerdocio que fomenta y fomenta el clericalismo. Pero no. Y sin un cambio doctrinal real, la homofobia, la misoginia y el clericalismo que plagan las enseñanzas magisteriales de la Iglesia seguirán alimentando la ira y el resentimiento de quienes rechazan las nuevas interpretaciones de la sexualidad, el género y la autoridad. Si León XIV dijera mañana que las personas LGBTQ+ son bienvenidas en la Iglesia, pero se espera que vivan en celibato, el enfoque más acogedor de Francisco persistiría solo como un vistazo fugaz a lo que podría haber sido.

¿Dónde está mi esperanza? Un canonista sabe que para que la vida de la Iglesia cambie por completo, debe haber un cambio doctrinal, así como un cambio de tono acogedor. Si el canonista que ahora ocupa la cátedra de San Pedro quiere asegurar el legado de su predecesor inmediato mediante el uso de sus propios dones, es más que capaz de empezar a fundamentar la enseñanza magisterial en la bienvenida de Francisco al «todos, todos, todos«. Vio a Francisco cambiar la postura respecto a la pena de muerte al declarar que la pena capital es «inadmisible» en todos los casos. El mundo católico no se derrumbó con ese cambio. Si bien aún existen católicos a favor de la pena de muerte, ya no pueden reclamar la aprobación magisterial para su postura.

León, el matemático/científico, podría reconocer que la bienvenida a las personas LGBTQ+ implica reformar la enseñanza oficial en consonancia con lo que aprendemos de las experiencias de las personas queer y trans, y con lo que sabemos sobre la ciencia de la identidad queer y trans.

León, el abogado canónico, podría reconocer que, si bien acoger a las mujeres en la mesa sinodal y en los roles administrativos de la curia es positivo, la verdadera equidad para las mujeres implicaría acogerlas en los roles ordinarios de liderazgo de servicio ejercidos por diáconos y sacerdotes, un cambio en la práctica que requeriría algunas modificaciones al Código de Derecho Canónico. De no ser así, las mujeres seguirán siendo ciudadanas de segunda clase en el pueblo de Dios.

León, el teólogo, podría reconocer que una raíz del clericalismo es la teología triunfalista del «me parezco más a Jesús que tú» de la mejora ontológica, una actitud intrínseca a la actual teología magisterial del sacerdocio.

¿Acaso cualquier cambio no requeriría una enorme cantidad de trabajo teológico? En realidad, no. Incluso antes de que el papa Francisco pusiera fin a la veda abierta de Juan Pablo II y Benedicto XIV contra los teólogos, se había realizado un gran trabajo hacia una Iglesia más acogedora para las personas LGBTQ+, las mujeres y los laicos, a veces con un gran coste profesional para quienes, a pesar de ello, persistieron. El Papa Francisco dejó claro que la tarea de los teólogos es un ministerio de acompañamiento. En el 150.º aniversario del nombramiento de San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, se refirió en particular a la labor de los teólogos morales:

El anuncio del Evangelio en una sociedad en rápida transformación exige la valentía de escuchar la realidad, de ‘educar las conciencias para pensar de manera diferente, en contraste con el pasado’… Formando conciencias responsables y misericordiosas, tendremos una Iglesia adulta, capaz de responder constructivamente a las fragilidades sociales, con vistas al reino de los cielos”.[2]

El Papa Francisco mencionaba el tipo de trabajo que ya realizan muchos teólogos. Bastaría con que el Papa León diese la aprobación magisterial a la buena labor de los teólogos que piden un cambio y que ya piensan de manera diferente.

¿Puede un canonista hacer esto? Claro, siempre y cuando lea el Código de Derecho Canónico hasta el final. Al final del Código de Derecho Canónico, en una sección sobre el traslado de párrocos, leemos: «La salvación de las almas, que debe ser siempre la ley suprema de la Iglesia, debe tenerse siempre presente». [3] Si León cree verdaderamente que la salvación de las almas es la ley suprema de la Iglesia, comprenderá que todos estos cambios son necesarios para fomentar la comunidad y la justicia social en la Iglesia y la sociedad.

Con las habilidades de León y su carisma como nuevo líder de la Iglesia, puede lograrlo. Hay esperanza mientras esperamos que León se declare. Ya veremos.

—Lisa Fullam, Profesora Emérita, Escuela Jesuita de Teología de la Universidad de Santa Clara, 29 de mayo de 2025

Notas finales

[1] Prevost, Robert Francis, OSA, El Oficio y la Autoridad del Prior Local en la Orden de San Agustín, Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino, Roma, 1987, pág. 155.

[2]  https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/pont-messages/2021/documents/papa-francesco_20210323_messaggio-santalfonso.html, citando a Ligorio.

[3] Código de Derecho Canónico, 1752

***

OPORTUNIDAD DE RETIRO

 

Lisa Fullam será la líder/conferencista del próximo retiro del Ministerio New Ways: «El Camino del Deseo: Aventuras en la Espiritualidad«, que se celebrará del viernes 5 al domingo 7 de septiembre de 2025 en el Centro de Retiros Pasionistas Sagrada Familia, West Hartford, Connecticut (cerca del Aeropuerto Internacional Bradley). Bienvenidos todos: personas LGBTQ+, familiares, amigos y agentes pastorales. Para más información e inscripción, haga clic aquí.

Fuente New Ways Ministry

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¡Aumenta mi fe! (salmo 3)

jueves, 5 de junio de 2025
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro Mundo es posible:

Buen Dios, son muchos los problemas
que existen en nuestro mundo:
guerras, persecuciones, injusticias,
feminicidios, genocidios, crisis económicas
que provocan las élites económicas
y que devoran a los más desprotegidos,
aumentando su dolor y sufrimiento.

Quiero seguir creyendo en ti,
pero la oscuridad y el largo invierno
del momento presente,
siembran de angustia y dudas
mi mente y mi corazón.

Dios de la vida, ¡aumenta mi fe!
¡No nos dejes abandonados!

Necesitamos sentir
que estás a nuestro lado,
que nos das fuerza e ilusión.

Deseamos poder vivir en paz y justicia,
para dormir tranquilos y levantarnos
con una mirada entusiasmada.

Padre y Madre nuestra,
libéranos de nuestro egoísmo,

ayúdanos a compartir y así llevar
una brizna de esperanza a tantos rostros
desencantados, sin sonrisa,
ya los ojos vacíos de lágrimas.

*

Miguel Ángel Mesa

 

***

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“ La muerte desde la vida”, por Gabriel María Otalora

jueves, 5 de junio de 2025
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El pasado día 28 de mayo, se presentaba este nuevo libro de un buen amigo de esta página, Gabriel María Otalora. El libro ha sido prologado por Jacinto Bátiz, médico que fue Jefe del servicio de paliativos de San Juan de Dios (Santurtzi, Bizkaia), quien afirma en su perfil de X, que “El recorrido que el autor hace de la muerte en este libro me parece muy acertado y también muy atrevido. Es de agradecer que Gabriel Otalora haya abordado este tema tan rechazado por la sociedad”.

#haciaunaculturapaliativa #ParaTiPaliativos.

Para conocer más, traemos el artículo que el autor publica en su blog de Religión Digital Punto de Encuentro:

Una visión compasiva y esperanzada

| Gabriel Mª Otalora

La muerte y la vida son dos partes de la misma realidad. El problema de la finitud es que la negamos para evitar el dolor de su presencia. Esto dificulta la aceptación de nuestra realidad y asumir lo positivo de la vida, en donde se entremezclan muchas situaciones que no dependen de nosotros. Aun así, queda un amplio margen para tomar decisiones que influyen poderosamente en cada ser humano. A. Schopenhauer lo expresó muy bien cuando dijo que el azar reparte las cartas, pero nosotros las jugamos. Vivir es algo más que cumplir calendarios. Es un proceso que nos enfrenta a la vulnerabilidad, pero con herramientas para aceptarla y encararla de la manera más humana y humanizadora.

Desde luego que esto no es fácil en una sociedad que transmite la sensación de seguridad impostada para no pensar demasiado, refugiados en el materialismo que impide conectar con el fondo de cada persona y con el sentido que tiene su vida. La sociedad consumista es capaz de hacer negocio de todo, incluida la muerte, pero sin aceptarla como una parte de la existencia, algo que provoca no pocas neurosis.

Ya lo dijo el poeta mexicano Octavio Paz: una sociedad que niega la muerte, niega también la vida. En ello estamos, preocupados por las expectativas del posthumanismo cientifista que se mueve a sus anchas con los avances de la Inteligencia Artificial buscando la amortalidad sin pasar por la ética.

Sin embargo, no hay manera de que semejante dormidera aplaste el anhelo infinito de pasar por este mundo sin objetivos más profundos. Quizá por eso, durante milenios, la humanidad ha elaborado múltiples formas de mantener la memoria desde el culto a los muertos y el recuerdo para perpetuar la memoria todo lo posible. El reconocimiento póstumo acredita nuestro deseo de alargar la vida más allá de lo terrenal. Y el ansia de perdurar es una señal universal del anhelo de plenitud eterna.

Ese punto de rebelión que anhela la plenitud ha dejado muchísimas páginas escritas desde todos los ángulos posibles, especialmente desde la filosofía y la religión. Si turbación genera la muerte, al menos podemos crecer como personas hasta el final. Los humanos lo demostramos en múltiples ocasiones cuando la vida nos pone al límite, y nadie puede decidir por nosotros.

Los humanos buscamos significados a la existencia que la ciencia no puede proporcionar. Pero el hecho de que no existan respuestas en el plano científico, no significa que no haya respuestas inteligentes con plenitud de sentido, más allá del plano racional. Todos anhelamos respuestas a las preguntas más existenciales, a pesar de que vamos a morir algún día: ¿quién soy?, ¿qué hacemos aquí?, ¿qué sentido profundo tiene la vida?

Llama la atención lo capaces que somos de dialogar con la muerte a nivel colectivo a través de los medios de comunicación, cuando muestran obsesivamente guerras y accidentes mortales todos los días, pero sin que exista diálogo sobre la muerte entre familiares o amigos, si acaso de una manera superficial. Sin embargo, cuidándonos unos a otros aprendemos a vivir en verdadera humanidad, sobre todo en la fragilidad. La sanación es algo más que curación; es facilitar la paz, el consuelo y el significado en medio del sufrimiento. Los médicos no siempre pueden curar, pero sí pueden y deben cuidar. De hecho, cuidar es anterior a curar. Y los profesionales de los cuidados paliativos más que expertos en el bien morir, lo son en el bien vivir hasta el final.

Nuestra inteligencia espiritual o existencial permite acceder a los significados profundos, plantearse los fines de la existencia para acceder a los significados últimos. Frente a esto, la radical autonomía personal que enarboló la Ilustración al sustituir a Dios por el Hombre como fin último de todas las acciones humanas, llevó a vivir peligrosamente en la medida que se instaló la soberbia desde la Razón convertida ésta en el supremo bien. Libertad, Igualdad… pero sin espacio para la Fraternidad.

Es decir, quedó aparcada la verdadera compasión en forma de actitud de empatía que busca aliviar a un semejante que posee la misma dignidad que yo, pero cuya vulnerabilidad la esconde. La ética exigible y la experiencia religiosa ofertable, aportan madurez humana dando sentido pleno a la existencia. Es lo que se llama liderar desde el servicio, algo revolucionario por lo que tiene de transformador, convertido en Buena Noticia para todos con el ejemplo de Jesús de Nazaret, especialmente para los más débiles, pobres, enfermos y fracasados, todos los sufridores por la precariedad en sus múltiples formas. Es decir, para todos en algún momento de nuestra vida.

Pedro Casaldáliga decía que los cristianos somos soldados derrotados… de una causa invencible. Esta es la gran noticia, que no estamos hechos para morir, sino para colmar nuestra ansia de plenitud para siempre. No fuimos creados para morir, sino para crecer hasta vivir en plenitud. Solo desde esta experiencia, el apóstol Pablo hablaba de alegría a los cristianos de Filipo mientras se encontraba encadenado, preso, y los destinatarios de su carta eran igualmente perseguidos.

Esta profundidad vital es parte de la inteligencia innata universal, llamada Inteligencia Espiritual o Existencial. Creo que el binomio miedo-esperanza resume todo lo que concita el fenómeno de la muerte como una parte de la vida. Ambas están entrelazadas entre la turbamulta de acontecimientos, pensamientos, sentimientos, dudas y creencias que apuntan a que la vida humana tiene un sentido, y a que la trascendencia es anhelo universal que se repite siglo a siglo, incluso más fuerte que la realidad mortal. Cuando apostamos por la esperanza, es cuando brota la verdadera alegría de vivir.

De todo esto reflexiona este libro que cierra con testimonios de personas en contacto cercano con la muerte.

Gabriel Mª Otalora

Autor del libro

La muerte desde la vida.

Una visión compasiva y esperanzada.

Ediciones Fe adulta. 2025

***

Del podcast en Radio Popular sabemos más acerca del libro y su autor:

Gabriel Mª Otalora explica que «es un libro un poco especial porque lo tenía escrito de un doctorado que empecé a hacer porque siempre he tenido las ganas de saber un poco qué piensa la gente cuando tiene la sensación de que está enfermo grave o de que tiene la cercanía hacia la muerte pero aquello se truncó por una circunstancia personal de salud y lo dejé. Lo he ido haciendo poco a poco, como que no escribía y lo tenía terminado. Entonces un día hablando con una persona sobre este tema que está enferma precisamente se me despertó el tema. Coincidió que hablé con la editorial FeAdulta y me lo han publicado».

Gabriel Mª Otalora señala que «la esperanza y la compasión son un poco las raíces de la humanidad. Me refiero del ser humano más estupendo, en su mejor cara. Quizá en nuestra sociedad hedonista hemos dado un poco la espalda a todo esto. Los que nos enseñan a morir aprendemos a vivir con ellos. Creo que esto es muy importante. Hay una cultura milenaria que a mí me da mucha satisfacción poder compartir en el libro en un capítulo en el cual desde siempre esto ha sido importantísimo».

«La compasión y la esperanza son dos elementos clave en un momento difícil, cuando es cuando te acercas a la muerte. O cuando alguien muy querido muere. Esto es un muy importante, sobre todo en esta época de la conspiración del silencio, que nadie habla de esto».

Gabriel Mª Otalora recuerda que «a mí me impresionó cuando trabajaba en la Asociación Contra el Cáncer. Estas asociaciones que han abierto la lata, la Asociación Contra el Cáncer, ELA, Parkinson, la gente que está discapacitada con graves lesiones medulares, esta gente que te rompe el esquema para bien».

«Cuando te das cuenta que hay gente que está feliz o que tiene una enorme fortaleza en su fragilidad y que son capaces de disfrutar y de valorar la vida mucho más que gente que a lo mejor está supersana, con edades estupendas, sin enfermedades. Quizá porque estamos demasiado orientados a la ganancia y no a la pérdida».

«No aceptamos la finitud, no hablamos de ella y a partir de ahí he hecho un pequeño desplegable sobre los cuidados paliativos versus la eutanasia. No hay esta posibilidad de cuidados paliativos en todas partes. Somos seres espirituales. Entonces, ahí la razón tiene poco que decir en este punto concreto y, sin embargo, hemos hecho de la razón un absoluto».

Gabriel Mª Otalora afirma que «muestro mi agradecimiento al Dr. Jacinto Bátiz porque desde su experiencia profesional tiene una visión maravillosa de lo que estamos hablando, y a Fernando Marcos, presbítero, un sanador de la parte espiritual humana».

«Que valoremos a aquellas personas que nos encontramos en la vida y con muchas dificultades sonríen, tienen esperanza, son solidarios y escuchan», concluye Gabriel Mª Otalora.

El Dr. Jacinto Bátiz, con un amplio currículum, es un destacado profesional de la asistencia en Atención Primaria, experto en Ética y Deontología. Director durante 24 años de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi. Desde 2017 cabeza visible del Instituto para Cuidar Mejor, perteneciente al mismo centro sanitario. Y presidente de la Sección de Cuidados Paliativos de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao.

«¡Cuidadme así! Decálogo para morir bien», Dr. Jacinto Bátiz. Editorial San Pablo. Libro reciente.

Gabriel Mª Otalora es un laico de la Diócesis de Bilbao, licenciado en Derecho y asiduo colaborador en prensa escrita, en Fe adulta, redes cristianas y en su blog Punto de Encuentro de Religión Digital. En 2010 obtuvo el Premio Periodismo Solidario de Manos Unidas. Actualmente imparte conferencias sobre temas éticos y cristianos y es autor en San Pablo de varios libros entre los que destacan La revolución pendiente, 2028, La cruz, 2022, El evangelio de las actitudes. Decálogo para cristianos perplejos, 2023 y «Radiografía del amor y algunos ejemplos», 2025.

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Debajo…

miércoles, 4 de junio de 2025
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¡Debajo! ¡Explórate a ti mismo!
Pues dentro de ti encontrarás.
El continente desconocido

*

Emily Dickinson
Poema 832

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Etty Hillesum, donde la espiritualidad y lo humano “no se desarticulan”

miércoles, 4 de junio de 2025
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Etty Hillesum, protagonista de la conferencia en la Facultad. | Foto: John Mathew Smith / Wikimedia Commons.

La teóloga Rosana Navarro Sánchez ofreció una conferencia en la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos, titulada Etty Hillesum: la experiencia de Dios a las puertas de Auschwitz , en la que compartirá su lectura de la figura de Etty Hillesum, una joven judía neerlandesa asesinada en Auschwitz en 1943 y que dejó como legado un valioso diario espiritual escrito en los años de la persecución nazi. Navarro, doctora en Teología por la Pontificia Universidad Javeriana y directora de la Cátedra Etty Hillesum: Mística y Vulnerabilidad en la Universidad de la Mística – Centro Internacional Teresiano-Sanjuanista de Ávila (CITeS) ha presentado a Hillesum como una figura de profunda humanidad, con un itinerario espiritual que puede iluminar hoy el camino interior de creyentes y no creyentes.

Navarro ha comenzado recordando que Hillesum nació en 1914 y murió con solo 29 años, tras una vida marcada por las preguntas existenciales, la inquietud intelectual y una búsqueda interior intensa. «Es una mujer que procede de una familia un tanto desarticulada y con muchas libertades», ha explicado. Estudió Derecho público y fue discípula del psicoterapeuta Julius Spier, que la ayudó a ordenar el caos interior que experimentaba en sus últimos años. Su proceso personal quedó recogido en sus diarios, especialmente en Una vida interrumpida.

ETTY, UNA ESPIRITUALIDAD SIN ETIQUETAS

A lo largo de la entrevista, la teóloga ha insistido en que el camino espiritual de Hillesum escapa de una clasificación confesional. «Quienes la han estudiado dicen: es mejor no encasillarla», ha indicado Navarro, destacando que su legado tiene «un carácter transversal» y que en sus textos se encuentran resonancias de figuras como san Juan de la Cruzsanta Teresa de Jesússan Agustín o el maestro Eckhart, a quienes leyó con profundidad. A pesar de no haber sido una judía practicante ni de haberse convertido al cristianismo, Hillesum dejó una huella que conecta con la tradición mística universal.

Su espiritualidad, ha añadido Navarro, es «la de una mujer profundamente humana, cuya experiencia llega hasta los horizontes místicos dentro de la comprensión del siglo XX», muy distinta de los modelos de espiritualidad del pasado.

«DIOS NO ME PUEDE AYUDAR, YO TENGO QUE AYUDAR A DIOS»

Uno de los pensamientos más citados de Etty Hillesum es también uno de los más impactantes: «Dios no me puede ayudar, yo tengo que ayudar a Dios». En opinión de Rosana Navarro, esta afirmación surge de una conciencia creciente de la propia vulnerabilidad y del sufrimiento colectivo que le rodeaba. En ese contexto, Hillesum «descubre que esa vulnerabilidad personal es también vulnerabilidad de Dios» y que su misión consiste en «ser las manos de Dios en ese momento histórico», renunciando incluso a huir del campo de concentración para permanecer junto a su pueblo.

Navarro ha subrayado que este descubrimiento espiritual se convierte en acción concreta, en compromiso con el presente, y que Hillesum se convierte así en una figura profética.

UN TESTIMONIO PARA CREYENTES Y NO CREYENTES

Preguntada por el valor de esta figura para los católicos de hoy, Navarro ha señalado que puede resultar «una fuente de respiro y novedad» para la fe. Frente a una religiosidad centrada en formas o liturgias, Hillesum ofrece «una experiencia que devuelve el protagonismo a lo espiritual». También, ha dicho, resulta inspiradora para quienes se sienten distanciados de lo institucional, pues «le recuerda que lo espiritual y lo humano están profundamente unidos y llamados a convertirse en experiencia mística».

En esa misma línea, ha afirmado que Hillesum puede ser considerada una figura afín al modelo de santidad universal propuesto por el Concilio Vaticano II: «La santidad es hacer conciencia progresiva de nuestra humanidad», ha explicado. «En el caso de los cristianos, desde la mirada de Jesús; en el caso de Etty, desde su propia experiencia de Dios».

UN PUENTE ENTRE CONFESIONES

Finalmente, Navarro ha destacado que Hillesum puede ser un puente entre cristianos y judíos, pero también entre distintas religiones o incluso entre creyentes y no creyentes. «Su estilo desmarcado de lo confesional la hace sintonizar con muchas sensibilidades», ha asegurado. Ha recordado, en este sentido, la afirmación de un monje benedictino, fallecido recientemente, quien sostenía que «la mística será lo que una a las religiones del mundo». Hillesum, en esa línea, representa esa «sabia que nutre nuestras experiencias de fe» más allá de las etiquetas.

Fuente Foucauld Diálogos

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Jesús, «Tu partida» es también la nuestra, la buena, para ganarla contigo

martes, 3 de junio de 2025
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Del blog de Alfonso J Olaz El Rincón del peregrino:

| Alfonso Olaz OFS

Jesús, «Tu partida» es también la nuestra, la buena, para ganarla contigo

Sí, si te dejamos que vayas al Padre
Es partida de ida y vuelta
ya ganada cada día
para ser la nueva humanidad completa

¡Jesús, estando tú a nuestro lado…!

Hermano, hermana!
Guarda su palabra.
Protege a su Espíritu, compañero infatigable y permanente
Y serás el custodio de su paz.

Capaz de vencer a todos los temores de los que son sus seguidores

Jesús.
A tu paso
Tú y yo
Todo lo abrasas, nada se quema, todo lo transformas
Para ser yo brasas y no consumiéndome para seguir cada día, tuyo

Jesús
Qué dónde
no esté tu palabra, active tu palabra
Donde no esté tu paz
instale tu paz
Donde tu espíritu esté secuestrado: liberarlo, para  todos
¡Y ah, si no lo hiciera!

Con tu palabra revolucionaria, con tu espíritu libre
Con la paz del pobre y resucitado Jesús.

Señor, dame tu luz, toda tu luz
Abrasa mi corazón de tu amor
Para hacer tu voluntad.
Y poder así ganar tu partida

Del evangelio a la Vida
De la vida al evangelio

*

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“La bondad intrínseca del cuerpo humano”, por Allison Connelly-Vetter

martes, 3 de junio de 2025
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Reflexión para la Fiesta de la Ascensión

 Hechos de los Apóstoles 1, 1-11
Salmo 47, 2-3, 6-7, 8-9
Efesios 1, 17-23
Lucas 24, 46- 53

Allison Connelly-Vetter, escribió una reflexión para el Día de la Ascensión para U.S. Catholic, centrada en la bondad del cuerpo humano. En el ensayo, observa:

Llevo mucho tiempo afirmando que la teología católica ofrece infinitas posibilidades para una teología del cuerpo sanadora, útil y afirmativa. Entre el ritual encarnado y la liturgia en la Misa, la encarnación divina a través de la encarnación y la encarnación literal de Dios en la Eucaristía, el cuerpo es fundamental en nuestra tradición de fe. Por eso, es apropiado que hoy, en la Fiesta de la Ascensión, nuestras lecturas se centren en los cuerpos.

En la Fiesta de la Ascensión, conmemoramos el milagro de la ascensión física del cuerpo humano de Jesús al cielo. Nuestra primera lectura, tomada de los Hechos de los Apóstoles, describe a los seguidores de Jesús viendo a su maestro ascender corporalmente al cielo y desaparecer tras una nube. Nuestro salmo responsorial anuncia: «Dios asciende a su trono entre gritos de alegría», lo que ofrece una idea de cómo podría haber sonado esta escena de ascensión, llena de movimiento corporal, desde una perspectiva celestial. Nuestra segunda lectura, tomada de Hebreos, nos dice que Jesús, ya en el cielo, aparece encarnado ante Dios para interceder por toda la humanidad. Y, por último, en nuestra lectura del Evangelio de Lucas, Jesús saca a sus amigos de la ciudad, los bendice y, posteriormente, su cuerpo físico es «ascendido al cielo».

Pero el cuerpo de Jesús no es el único mencionado en esta lectura. Recordamos el cuerpo de Juan, bautizando con agua. Luego están los cuerpos de los amigos de Jesús, mirando al cielo tras su desaparición, y los cuerpos de los dos hombres vestidos de blanco, que profetizan el regreso de Jesús. Tenemos los cuerpos de los discípulos, que caminaron a Betania siguiendo a su maestro, y finalmente regresaron al templo de Jerusalén para alabar a Dios. A nosotros, como «hermanos y hermanas«, se nos dice que nuestros cuerpos pueden entrar con confianza al santuario ahora que Jesús nos ha abierto un camino «a través del velo«. Como diría la rapera Megan Thee Stallion, ¡qué gran «cuerpo-a-a-a» está sucediendo!

¿Por qué importa que estos textos, en una festividad tan solemne —un día de precepto, incluso si se celebra un jueves—, se centren tanto en los cuerpos? Porque si el cuerpo completamente humano de Jesús puede entrar al cielo, el lugar más sagrado de todos, sin duda hay una bondad intrínseca en los cuerpos humanos. Y no solo en cuerpos impecables, hermosos y en forma, sino en cuerpos discapacitados, como el de Jesús, quien quedó discapacitado por la crucifixión. En los cuerpos de quienes fueron asesinados por la violencia estatal, como Jesús por el Imperio Romano. En los cuerpos de quienes, como Jesús, son torturados, traumatizados y humillados públicamente por personas con poder para demostrar algo.

A veces, la teología católica se interpreta de maneras que degradan ciertos cuerpos humanos, especialmente los de las personas marginadas: los de las personas LGBTQ+, las personas que sufren violencia sexual o las personas que han abortado. Pero hoy, en la Fiesta de la Ascensión, el cuerpo de Dios entra físicamente en el cielo, y cada vez que comulgamos, el cuerpo de Dios entra físicamente en nosotros. Sin duda, si nuestros cuerpos son tan capaces de albergar lo divino como lo son las alturas y las profundidades de la vida eterna, no pueden ser tan malos.

Fuente U.S. Catholic

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¡Salid, amigos y amigas!

lunes, 2 de junio de 2025
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¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.
Vosotros sois mis testigos en medio del mundo.

¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.
Os esperan fuera vecinos y conciudadanos.
Sed expresión certera
de la ternura del Dios de la vida.

Ternura en vuestro rostro,
ternura en vuestros ojos,
ternura en vuestra sonrisa,
ternura en vuestras palabras,
ternura en vuestras obras,
ternura en vuestra lucha.

¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.

Vosotros sois mis manos
para construir un mundo nuevo
de fraternidad, libertad y justicia.

Vosotros sois mis labios
para anunciar a pobres y marginados
la buena noticia de la libertad y la abundancia.

Vosotros sois mis pies
para acudir al lado de los hombres y mujeres
que necesitan palabras y gestos de ánimo.

Vosotros sois mi pasión
para hacerme creíble en vuestras casas y ciudades
y lograr que todas las personas vivan como hermanos.

Vosotros sois mi avanzadilla
para lograr la primavera del Reino
y ofrecer las primicias a los que más lo necesitan.

¡Salid, amigos y amigas!
Derramad por doquier
ternura y vida.

¡Salid, amigos y amigas!
Marchad sin miedo.
Mirad toda esa multitud que os espera.

Marchad con alegría.
¡Yo voy con vosotros!

*

Florentino Ulibarri
Fuente Fe Adulta

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Mensaje de Ascension a las personas LGBTQ+: Vayan y díganlo

lunes, 2 de junio de 2025
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Sandra Worsham

La reflexión de hoy (01 de junio de 2025) es de la bloguera invitada Sandra Worsham, profesora de inglés jubilada, quien fue despedida del ministerio musical de su parroquia debido a su relación con otra mujer. Su historia aparece en Cornerstones: Sacred Stories of LGBTQ+ Employees in Catholic Institutions (Piedras Angulares: Historias Sagradas de Empleados LGBTQ+ en Instituciones Católicas).

Las lecturas litúrgicas de hoy para el Séptimo Domingo de Pascua, Solemnidad  de la Ascensión del Señor,  se pueden encontrar aquí.

En una conferencia católica hace unos diez años, conversé con la hermana Jeannine Gramick, cofundadora del New Ways Ministry, sobre la decisión de cuándo «salir del armario«. En un momento de la conversación, me dijo lo que Cristo dijo a sus discípulos justo antes de la Ascensión: «Vayan y den testimonio«. Quería que volviera a mi ciudad natal, Milledgeville, Georgia, y «se lo contara a alguien«. Como Jesús resucitado les dijo a las mujeres en el sepulcro: «Vayan y díganselo«. Cuanta más gente conozca a alguien gay, dijo, mejor para todos. Esto aplica a cualquier persona en este mundo a la que consideramos diferente. Recuerdo la camiseta que decía: «Cuidado con a quién odias. Podría ser alguien a quien amas«.

Pero tenía una buena reputación que perder. Había enseñado inglés durante treinta años en la misma escuela secundaria de la que me gradué en 1965. Era conocida y respetada en la ciudad como «una buena profesora«. Incluso fui elegida Profesor del Año de Georgia en 1982 e incluida en el Salón Nacional de la Fama de los Profesores en 2000. Estaba aterrorizada. Decírselo significaba llamar la atención de forma negativa. No sentía orgullo. Sentía que iba a confesarme, a revelar mi defecto, como si señalara un grano en la cara que ocultaba el flequillo. Les pediría a los demás que aceptaran algo de mí que yo no había podido aceptar.

La Ascensión’ de Jorge Cocco

La semana siguiente, durante la cena después del ensayo del coro, en una gran mesa circular en nuestro Applebee’s local, les dije a los demás miembros del coro de la iglesia que me había dado cuenta, «en mi vejez», de que era gay y que quería que conocieran a Letha, a quien había conocido en Match.com. Les enseñé su foto y les expliqué que la amaba tanto como ellos a sus maridos y esposas. Les pedí que imaginaran cómo se sentirían si les dijeran que tenían que estar con una pareja del mismo sexo. Hicieron una mueca y negaron con la cabeza. «Bueno, así es como me sentiría yo estando con un hombre«, expliqué.

Desde que empecé a contarle a la gente quién es la verdadera Sandra Worsham —maestra, amiga y también mujer gay—, he sentido aceptación y apoyo aquí, en este pueblito donde crecí. La hermana Jeannine me ha dicho que mi vida es un sermón, que tengo un llamado. Sin embargo, me advirtió: no esperes que sea fácil. No fue fácil para el Señor, y tú no puedes esperar que sea fácil para ti. El siervo no es mayor que el amo.

Hace poco, recibí una llamada de mi pasado. Después de jubilarme de la docencia en el año 2000, asistí a Bennington College en Vermont y obtuve mi maestría en Escritura y Literatura. Durante el tiempo que estuve allí, nunca estuve donde debía estar. Un grupo de lesbianas estaban sentadas juntas en el comedor, grupos de jóvenes en otra mesa. Pero yo era mayor, soltera, sin hijos y aún sumida en la homofobia interiorizada. Aún no me había admitido mi sexualidad. Iba de grupo en grupo, pero seguía sintiéndome sola, como si no encajara en ningún sitio.

No reconocí el nombre de la persona que me llamó. El hombre me preguntó si aún vivía en Milledgeville y si podía quedar para almorzar con él, ya que iba a visitar Andalusia, la patria de la escritora católica Flannery O’Connor. Cuando nos vimos en el restaurante Brick del centro de Milledgeville, me dijo que había estado en Bennington cuando yo estuve allí y que me recordaba de una pequeña reunión de un grupo LGBT que se reunió el último día antes de mi graduación. Me dijo que recordaba cómo me había parado, con la voz temblorosa, y había dicho: «Nunca había estado en algo así». Dijo que le conmovió lo vulnerable que me sentí ese día. Entonces recordé la valentía que me había costado ir a esa reunión hace tantos años.

Ahora me doy cuenta de que la primera persona a la que tuve que decirle que era gay fui yo misma. Ahora, a los setenta y ocho años, cuando miro hacia atrás y pienso en quién era entonces, siento como si Jesús me dijera: «Primero, díselo a ti mismo. Luego, díselo a los demás». Les dijo a sus discípulos: «Esperen aquí hasta que el Espíritu Santo venga a ustedes. Luego, salgan y díselo a los demás». Los demás no pueden aceptarnos hasta que nos demos cuenta de que Dios nos aceptó primero, nos creó como somos, nos tejió en el vientre de nuestra madre (Salmo 139). Primero, tenemos que decirnos a nosotros mismos y aprender a amarnos tal como Dios nos creó. Luego, podremos permitir que los demás hagan lo mismo.

–Sandra Worsham, 1 de junio de 2025

Para leer la historia de Sandra sobre su despido del ministerio parroquial, así como otras historias, tanto positivas como negativas, sobre personas LGBTQ+ que trabajan en espacios católicos, consulte la última publicación de New Ways Ministry, Piedras Angulares: Historias Sagradas de Empleados LGBTQ+ en Instituciones Católicas.

El libro es una antología de 12 historias de fe, sacrificio, alegría y dolor de personas LGBTQ+ que han trabajado en parroquias y escuelas católicas. Para más información, haga clic aquí.

Fuente New Ways Ministry

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El día en que Jesús “hizo las maletas”. ¿Dónde estaban Mateo y Juan?

domingo, 1 de junio de 2025
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La Ascensión del Cristo es el complemento lógico de su Resurrección y el preludio necesario para su divinización.

En posts anteriores he señalado que se suponía que el mítico fundador de Roma, Rómulo, había corrido la misma suerte .

Añadiré hoy un complemento sobre el valor histórico, desde el punto de vista de algunos, que convendría conceder a tal hecho, bajo el pretexto de que figuraría en documentos que son históricos y presentados como testimonios. Cuando digo “de”, entendamosnos: el relato de la Ascensión figura bien en ciertos evangelios apócrifos; pero dejemos éstos de lado por hoy, ya que, según el punto de vista que adopto, es decir el de la historia infestada de teología, los llamados evangelios apócrifos no serían creíbles, de todo modo; mientras que los cuatro canónicos lo serían. Veamoslos pues.

Primera observación: de los cuatro Evangelios decretados creíbles, sólo dos hablan de la Ascensión : Marcos y Lucas. El pasaje de Marcos es de una brevedad notable: “Entonces, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. “(Marcos 16 , 19 ) . Cada uno sacará las conclusiones que quiera. Lucas es un poco más largo, pero tiene una vaga mirada de la narración, ya que el lugar es mencionado como un gesto (bendición) : “Después los llevó Jesús hasta Betania; allí alzó las manos y los bendijo. Sucedió que, mientras los bendecía, se alejó de ellos y fue llevado al cielo”. (Lucas 24, 50-51) Esto es realmente corto , sobre todo teniendo en cuenta el hecho de que los Evangelios de Marcos y Lucas son muy abundantes en los detalles de género “vivido” y esto para cantidad de episodios que están lejos de tener la importancia de este último.

Los teólogos no tuvieron ningún problema para edificar un razonamiento para establecer que esta brevedad es querida y significativa; posiblemente veremos allí el signo tangible de la salida simultánea del tiempo y del espacio que debía tener su equivalente en el estilo del relato… ¿Por qué no? Pero los historiadores no pueden, evidentemente, seguirlo y se preguntarán más bien si no se trata, muy tontamente, de una interpolación, es decir de un añadido ulterior debido a un copista que encontraba sin duda que la Ascensión, que conocía por otro lado, sea por la tradición oral, sea por otros evangelios, verdaderamente faltaba en éste y que esto podía ser sólo como consecuencia de un error de uno de sus predecesores, un error que había que reparar.

¿Pero entonces, en este caso, por qué la Ascensión no figuraba en el Evangelio de Mateo y en el de Juan, ya que, de cerca o de lejos, no se encuentra en estos dos textos ninguna mención de tal acontecimiento? Pues bien, primero: nada permite afirmar que no hubieran existido evangelios, según Mateo y según Juan, que no hubieran contenido, precisamente, una mención breve, a manera de Marcos y Lucas, del último episodio de la Ascensión. Haré, un poco más tarde, un post sobre los primeros manuscritos íntegros de los evangelios que poseemos. Los manuscritos muy antiguos de los cuatro evangelios no están exentos de divergencias entre ellos con gran numero de variaciones en relacion a los más antiguos que poseemos. Pero no hay ninguno, claro está, que se sepa que incluya una mención de la Ascensión. No obsante, la hipótesis de que haya existido alguno no es descabellada.

Desconfiemos, sin embargo, de hipótesis históricas y quedémonos con el hecho de que Mateo y Juan no mencionan la Ascensión. Pero recordamos también el hecho, porque está ahí, que Orígenes y Jerónimo se quejan de las variantes que observan en los diversos manuscritos que tienen a su disposición.

Para concluir sobre la Ascensión, la ausencia de este episodio en Mateo y Juan parece estar más cerca del hecho de que, – por lo menos teóricamente ¿debiera suscribirlo? Es otra la cuestión – Mateo y Juan son testigos directos de los acontecimientos que cuentan, contrariamente a Marcos y Lucas.

Suponiendo que Mateo y Juan hayan estado ocupados con otras cosas el día de la Ascensión – lo que sería poco menos que un desastre – por lo menos debían habernos dicho que sus compañeros habían visto … ¿Será que la importancia de la Ascensión se les había escapado? Pero, en este caso, habría sido necesario que el Espíritu Santo que los inspiraba, se hubiera, él mismo,  distraído…

*
Jean-Paul Yves le Goff

http://www.lelivrelibre.net

Fuente:  fr.soc.religio

JESUS-CON-MALETAS-2

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– “Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.

Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.”

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo.

Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo.

Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

*

Lucas 24, 46-53

***

Si Cristo nos ha dado la vida eterna, es para vivirla, anunciarla, manifestarla, celebrarla como la cima de todas las felicidades, como nuestra bienaventuranza. Hace dos mil años que Cristo habló del pan, de la paz y de la libertad. Pero lo que ha traído a la tierra es más: ha traído la vida eterna. Y es la vida eterna lo que nosotros con él, en la Iglesia, debemos continuar llevando. Si no somos nosotros quienes damos la vida eterna, nadie lo hará en nuestro lugar. Eso equivale a afirmar que ésta es la base de nuestra vocación cristiana; es distinguir de manera infalible nuestra vocación religiosa de una vocación política, de un sistema de pensamiento; es demostrar que a nosotros no nos interesa en absoluto la conquista del mundo; lo que nos apremia es que cada hombre pueda encontrar, como nosotros lo hemos encontrado, un Dios al que amamos y que antes ha amado a cada hombre. Necesitamos aprender, expresar la vida de un hombre invadido de vida eterna, y eso, tal vez, hasta nuestra muerte. Ahora bien, esta vida existe para ser cantada, cantada después o antes de la muerte; y a lo largo del camino no se canta con un folio de papel: se canta con el corazón. No debéis ninguna fidelidad al pasado en cuanto pasado; sólo debéis fidelidad a lo que os ha traído de eterno, es decir, de caridad.

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Madeleine Delbrél,
Indivisible amor. Fragmentos de cartas,
Cásale Monferrato 1994, pp. 27s.

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“El último gesto”. Ascensión del Señor – C (Lucas 24, 46-53) Domingo de la 7a semana de Pascua

domingo, 1 de junio de 2025
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35537547-DF19-423C-8443-A698EFC49FD5Jesús era realista. Sabía que no podía transformar de un día para otro aquella sociedad donde veía sufrir a tanta gente. No tiene poder político ni religioso para provocar un cambio revolucionario. Solo su palabra, sus gestos y su fe grande en el Dios de los que sufren.

Por eso le gusta tanto hacer gestos de bondad. «Abraza» a los niños de la calle para que no se sientan huérfanos. «Toca» a los leprosos para que no se vean excluidos de las aldeas. «Acoge» amistosamente a su mesa a pecadores e indeseables para que no se sientan despreciados.

No son gestos convencionales. Le nacen desde su voluntad de hacer un mundo más amable y solidario en el que las personas se ayuden y se cuiden mutuamente. No importa que sean gestos pequeños. Dios tiene en cuenta hasta el «vaso de agua» que damos a quien tiene sed.

A Jesús le gusta sobre todo «bendecir». Bendice a los pequeños y bendice sobre todo a los enfermos y desgraciados. Su gesto está cargado de fe y de amor. Desea envolver a los que más sufren con la compasión, la protección y la bendición de Dios.

No es extraño que, al narrar su despedida, Lucas describa a Jesús levantando sus manos y «bendiciendo» a sus discípulos. Es su último gesto. Jesús entra en el misterio insondable de Dios y sus seguidores quedan envueltos en su bendición.

Hace ya mucho tiempo que lo hemos olvidado, pero la Iglesia ha de ser en medio del mundo una fuente de bendición. En un mundo donde es tan frecuente «maldecir», condenar, hacer daño y denigrar, es más necesaria que nunca la presencia de seguidores de Jesús que sepan «bendecir», buscar el bien, hacer el bien, atraer hacia el bien.

Una Iglesia fiel a Jesús está llamada a sorprender a la sociedad con gestos públicos de bondad, rompiendo esquemas y distanciándose de estrategias, estilos de actuación y lenguajes agresivos que nada tienen que ver con Jesús, el Profeta que bendecía a las gentes con gestos y palabras de bondad.

José Antonio Pagola

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“Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo”. Domingo 01 de junio de 2025. Ascensión del Señor

domingo, 1 de junio de 2025
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32-AscensionC cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 1, 1-11: Lo vieron levantarse.
Salmo responsorial: 46: Dios asciende entre aclamaciones; el Señor, al son de trompetas.
Efesios 1, 17-23: Lo sentó a su derecha en el cielo.
O bien:
Hebreos 9, 24-28; 10, 19-23:
Cristo ha entrado en el mismo cielo.
Lucas 24, 46-53: Mientras los bendecía, iba subiendo al cielo.

En primer lugar recomendamos vivamente revisitar un excelente texto de Leonardo BOFF, tanto para quienes han de preparar una homilía, como para quienes quieran utilizarlo en la reunión de estudio bíblico, o incluso para el estudio personal; puede ser tomado de la biblioteca de los Servicios Koinonía, aquí: http://www.servicioskoinonia.org/biblico/textos/ascension.htm Además, les ofrecemos un comentario tradicional.

Lucas ha escrito dos libros: un evangelio y los Hechos de los apóstoles. En Hch 1,1-2 Lucas retoma la referencia a Teófilo que hizo al comienzo de su Evangelio (“oh ilustre Teófilo” Lc 1,3). «Teó–filo» significa “amigo de Dios”. El hecho de agregarlo aquí, después de separarse su obra en dos, refuerza la idea que Teófilo es una designación simbólica general. Todos los que leemos estos libros somos Teó-filos, amigos, buscadores de Dios.

Su evangelio termina con «Jesús llevado al cielo» (Lc 24,51). Los Hechos comienzan con el relato de «Jesús yéndose al cielo» (Hch 1,6-11). En el evangelio se presenta a Jesús con su cuerpo. En los Hechos ya no está corporalmente. Actúa por medio de su Espíritu. La orden que Jesús da a los apóstoles en Hch 1,4 exige pasividad total: no ausentarse de la ciudad y aguardar. En Lc 24,49 es semejante: permanecer en la ciudad (con la connotación de esperar sin hacer nada). La permanencia y espera pasiva debe durar “hasta que sean bautizados en el Espíritu Santo” (Hch 1,5) o “hasta que sean revestidos del poder de lo alto” (Lc 24,49). Lucas se está aquí refiriendo claramente a Pentecostés.

El misterio del resucitado se expresa de muchas maneras en el Nuevo Testamento: está vivo, se ha despertado, se ha levantado… En la Carta a los Efesios vemos un ejemplo de estas manifestaciones: Pablo hace un claro énfasis en la glorificación de Jesús a la derecha del Padre. Y es a partir de esa glorificación como nosotros y nosotras, sus discípulos, recibiremos la fuerza del Espíritu Santo, espíritu de sabiduría y de revelación, para conocerle perfectamente y conocer así su voluntad, asumiendo por completo el desafío de continuar su tarea a favor del Reino.

Lucas quiere mostramos también que Jesús ha sido «glorificado» por Dios: ha entrado en la gloria del Padre. Separa ambos eventos (resurrección y ascensión), para subrayar el carácter histórico que cada uno de ellos tiene. Jesús resucitado, antes de su ascensión-exaltación-glorificación, convive con sus discípulos: come con ellos y los instruye. La ascensión de Jesús señala, en Lucas, la tensión en la que entra la comunidad de los discípulos desde aquel momento, una vez que han terminado las apariciones del Resucitado: tensión entre la ausencia y al mismo tiempo la presencia del Señor. Jesús continúa su acción y enseñanza después de ser llevado al cielo; Jesús resucitado sigue actuando y enseñando en la comunidad después de su ascensión. Lucas (como también Pablo en el pasaje de la segunda lectura) une íntimamente la ausencia física con el Don del Espíritu Santo.

La insistencia de que los discípulos veían a Jesús subiendo hacia el cielo, podría considerarse alusiva a las escenas de asunción de Elías, cuando Eliseo tuvo asegurado el espíritu de profecía del maestro porque pudo verlo. Así, la comunidad de los discípulos queda configurada en la ascensión como la comunidad profética que hereda el Espíritu de Jesús para continuar su misión. En la ascensión Jesús no se va, sino que es exaltado, glorificado. La parusía no es el retorno de un Jesús ausente, sino la manifestación gloriosa de un Jesús que siempre ha estado presente en la comunidad. Esto aparece claramente en las últimas palabras de Jesús en Mt 28,19: “he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de este mundo”. La ascensión expresa el cambio en Jesús resucitado, una nueva manera de ser, gloriosa, glorificada, pero siempre histórica, pues Jesús glorificado sigue viviendo en la comunidad.

La narración de la ascensión es para Lucas, la culminación del itinerario de Jesús, y el tránsito entre el “tiempo de Jesús” y el “tiempo de la Iglesia”, inaugurada con el Espíritu Santo, prometido por Jesús. Al recibir el Espíritu la comunidad de los creyentes asume en sí la misión de continuar el trabajo inaugurado por Jesús, de manifestar el Reino del Padre. Leer más…

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1.6.25. Ascensión de Jesús. El cielo del Apocalipsis

domingo, 1 de junio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

Hay muchas imágenes cristianas del cielo o paraíso, pero entre todas destaca la del Apocalipsis (Ap 21-22), sobre la que ofrezco dos reflexiones   

(a): una más breve (Ap 21, 1-6) que presenta el tema en perspectiva de Bodas mesiánicas (unión de Cristo con la humanidad-esposa);

 (b) otra más extensa (Ap 22, 9-27) donde ofrezco una “geografía” del cielo, entendido como “cubo” de Dios y paraíso.

| Xabier Pikaza

Primera visión (Ap 21, 1-6).

 Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existe más. 2 Y yo vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén que descendía del cielo de parte de Dios, preparada como una novia adornada para su esposo. 3 Oí una gran voz que procedía del trono diciendo: «He aquí el tabernáculo de Dios está con los hombres, y él habitará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. 4 Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos. No habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas ya pasaron.»

5 El que estaba sentado en el trono dijo: «He aquí yo hago nuevas todas las cosas.» Y dijo: «Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas.» 6 Me dijo también: ¡Está hecho! Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tenga sed, yo le daré gratuitamente de la fuente de agua de vida.

Comentario

Pone de relieve el tema de las “bodas” de Dios y de los hombres, por medio de Cristo. El cielo es, según eso, un amor culminado. “Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva…” (Ap 21, 1). Así empieza la escena, haciendo suya la tradición de Is 65, 17; 66, 20 (cf. 2 Ped 3, 13), reasumiendo y superando el principio de toda la Escritura (Gen 1,1): el primer cielo y la primera tierra, han cumplido su misión y ya no ofrecen nada a los humanos. Al final no está el fracaso. A los ojos del Apocalipsis la historia no termina por pecado o vejez, cansancio o muerte sino la culminación mesiánica.

La primera creación duraba siete días, organizados de forma cósmica, progresiva, en armonía temporal septenaria. Ahora no existen días, ni habrá mar como abismo vinculado al miedo (21, 1), ni serán necesarios los astros arriba, pues no existe un arriba y abajo, día ni noche. Todo habrá culminado (cf. 21, 23). Desde ese fondo se entienden los tres rasgos principales de esa nueva creación:

(a) La Ciudad Santa, Nueva Jerusalén (Ap 21, 2). La antigua no había podido permanecer, pues se había convertido en signo de soberbia y pura lucha (cf. Babel: Gen 11), solemne prostituta (cf. Ap 17). Frente a ella se ha elevado, cumpliendo la esperanza de Israel, la Buena Ciudad, signo de unión con Dios y de justicia: la Santa Jerusalén que baja de Dios.

(b) Baja del Cielo, desde Dios (Ap 21, 2), como había prometido Ap 3, 12-13. Ciertamente, el cielo es la culminación de la vida de los hombres y se despliega en forma de “tierra nueva”; pero no puede brotar de la tierra, sino que viene de Dios. En esa línea, podemos decir que Dios mismo ha bajado y se “encarna” entre los hombres; éste es el cielo.

(c) Como Novia que se adorna… (Ap 21, 2). Es ciudad de amor, belleza de bodas, lugar de encuentro con Dios (y de los hombres entre sí). El primer mundo se convirtió en campo de lucha: no hubo armonía y bodas verdaderas. Ahora, esta Ciudad está madura para el amor, ciudad adornada, amor que es cielo, sin muerte, amor de Cristo con la humanidad. En ese sentido podemos decir que el cielo cristiano es la plenitud del mensaje y de la vida de Jesús.

Éste es el cumplimento divino de la historia de los hombres, de tal forma que el mismo Dios puede decir y dice: ¡Gegonan, se han hecho! han sido ya cumplidas las promesas (Ap 21, 6a). Sólo ahora se puede abrir el libro de la historia de Dios (¡Soy Alfa y Omega, Principio y Fin!: Ap 21, 6a; cf. 1, 8), de manera que ese mismo Dios aparece como cielo para los hombres que le acojan: ¡Al sediento le daré a beber gratis de la fuente del agua de la vida (Ap 21, 6b). El Dios de Jesús responde a la sed de la historia ofreciendo gratis el agua de vida y haciendo que los hombres sean ya plenamente hijos suyos y vivan para siempre.

Segunda visión (Ap 21, 9-27).

 Texto:

9 Vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete últimas plagas, y habló conmigo diciendo: «Ven acá. Yo te mostraré la novia, la esposa del Cordero.»10 Me llevó en el Espíritu sobre un monte grande y alto, y me mostró la santa ciudad de Jerusalén, que descendía del cielo de parte de Dios.

11 Tenía la gloria de Dios, y su resplandor era semejante a la piedra más preciosa, como piedra de jaspe, resplandeciente como cristal.

12 Tenía un muro grande y alto. Tenía doce puertas, y a las puertas había doce ángeles, y nombres inscritos que son los nombres de las doce tribus de los hijos de Israel.

13 Tres puertas daban al este, tres puertas al norte, tres puertas al sur y tres puertas al oeste.

14 El muro de la ciudad tenía doce fundamentos, y sobre ellos los doce nombres de los apóstoles del Cordero.

15 El que hablaba conmigo tenía una caña de medir, de oro, para medir la ciudad, sus puertas y su muro.

16 La ciudad está dispuesta en forma cuadrangular. Su largo es igual a su ancho. Él midió la ciudad con la caña, y tenía 12000 estadios. El largo, el ancho y el alto son iguales.

17 Midió su muro, 144 codos según medida de hombre, que es la del ángel.

18 El material del muro era jaspe, y la ciudad era de oro puro semejante al vidrio limpio.

19 Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda piedra preciosa. El primer cimiento era de jaspe, el segundo de zafiro, el tercero de ágata, el cuarto de esmeralda,

20 el quinto de ónice, el sexto de cornalina, el séptimo de crisólito, el octavo de berilo, el noveno de topacio, el décimo de crisoprasa, el undécimo de jacinto, el duodécimo de amatista.

21 Las doce puertas eran doce perlas; cada puerta fue hecha de una sola perla. La plaza era de oro puro como vidrio transparente.

Comentario

 El profeta ha visto ya, pero su ángel-guía (uno de los Siete Ángeles de la Presencia y acción final de Dios, que han marcado el ritmo del Apocalipsis) quiere mostrársela mejor y para ello le conduce a montaña: ¡Ven, te mostraré a la Novia, Esposa del Cordero! (Ap 21, 9). Dice que vendrá la Novia, pero en su lugar aparece, como verdadera “esposa de Dios” la Ciudad Santa, que es Jerusalén, descendiendo del cielo de Dios, para ser el cielo de los hombres en la nueva tierra (cf. Ap 21, 10). La misma ciudad es teofanía (aparición de Dios), la misma Ciudad es el cielo.

 Esta Ciudad se define por su muralla que significa seguridad y hogar. Fuera quedan los posibles enemigos; dentro está la casa, encuentro para todos los humanos. Como línea de separación y unidad entre el fuera y dentro se eleva la muralla cuadrangular, con doces puertas y pilares, conforme a un modelo de Ezequiel (cf. Ez 40-47), bien conocido por la tradición judía, que los monjes de Qumrán han determinado con detalle en sus diversas Descripciones de la Nueva Jerusalén (textos de Qumrán en 2QNJ; 4QNJ; 5QNJ).

 a. Es Ciudad-cielo con murallas abiertas a todos los pueblos.

Abren las altas murallas de la Ciudad doce puertas (Ap 21, 12), relacionadas con doce ángeles de Dios y las doce tribus de Israel. El simbolismo de puerta y portero es importante no sólo en el Antiguo Testamento (con los 24 grupos de porteros del templo: cf. 1 Crón 26, 1-19) sino en el Nuevo Testamento donde el mismo Jesús aparece vinculado al tema (cf. Jn 10, 1-9). Las puertas de Ciudad tienen aquí ángeles y nombres de tribus: Doce ángeles las presiden, oficiando de guardianes, ostiarios celestes, dirigiendo la peregrinación final de los pueblos. Las puertas llevan nombres de las tribus de los hijos de Israel, abiertas ahora a todos los pueblos.

b. La Ciudad-cielo es Cuadrada, tetragônos,

de cuatro ángulos, con longitud y anchura iguales (Ap 21, 16a), de 12.000 estadios (1.000 por cada tribu) de perímetro o, quizá mejor, de cada lado (unos 2.130 kilómetros). Cuadradas eran las grandes ciudades simbólicas del mundo antiguo, tanto Babilonia como Roma. Cuadrada y perfecta será está ciudad inmensa, defendida por hermosas murallas, extendida en la llanura infinita del mundo. Ella es centro de todo el universo; por eso, las gentes del entorno, los pueblos del mundo ensanchado a sus lados, vienen a buscar refugio en ella, pues su plaza es Trono de Dios y el cordero; de ella brota el Río de la Vida que ofrece agua muy fresca de amor y curación para todos los vivientes (21, 24: 22, 1-5).

La Ciudad es un Cubo, el Cuadrado perfecto de Dios.

Completando y superando la imagen anterior, el mismo Juan ha presentado la ciudad en forma de Cubo perfecto, con longitud, anchura y altura iguales, como dice con toda precisión el texto (Ap 21, 16b). Evidentemente, esta Ciudad es el Todo, signo del Dios pleno: Cubo Divino que encierra la realidad entera. Los griegos concibieron el Cubo como señal de perfección y solidez completa. Cubo era también para los judíos el Santo de los Santos o Debir en el que Dios habita, Morada llena interiormente de su presencia. Lógicamente será Cubo, Casa toda interioridad, esta Ciudad completa en la que Dios mismo se vuelve morada y templo para los humanos, que habitan dentro del Cubo de Dios (que puede entenderse también a manera de Esfera cuadrada).

Es posible que al fondo de esta imagen se encuentren especulaciones sapienciales que han desembocado luego en la cábala y en otras visiones religiosas que comparan a Dios (toda realidad) con un Cubo sagrado, abarcador. El mismo Islam puede haber evocado este signo, a partir de la Kaaba o Templo (casi) Cúbico donde está la Piedra Sagrada. Han vuelto al signo los judíos medievales e incluso los cristianos que han representado a Dios (el cielo) a modo de Cubo Sagrado de Piedra (por ejemplo en el Coro de la Basílica del Escorial, en España). Dentro del cubo-esfera que es Dios, muro y centro, plaza y río, árboles y presencia de amor, habitan los humanos.

La Ciudad es una Pirámide.

Posiblemente, al presentar la ciudad (al mismo tiempo) como cuadrada o plana y cúbica, Juan está proyectando sobre ella la imagen de una base que se va elevando y estrechando, en forma de pirámide inscrita en un Cubo Transparente. Es normal que evoque las Pirámides de Egipto o las torres elevadas (Zigurat) de Babilonia. Sobre una base cuadrada se va elevando una torre escalonada, cuya altura es igual que los lados del cuadrado de la base. Ella está inscrita en el Cubo Transparente, de manera que en la plaza superior queda el trono de Dios y el agua que brota de ese trono va descendiendo por ella. De esta forma se unirían las imágenes del cuadrado y cubo, la pirámide y montaña de los dioses, propia de la tradición religiosa de muchos pueblos antiguos. Resulta conocida la fascinación que han ejercido las pirámides en muchas culturas, como imagen de gradación y jerarquía, de estabilidad y vida eterna. Leer más…

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1.6.25 Descendit ad inferos, ascendit in coelum. Descendió a los infiernos, subió al cielo

domingo, 1 de junio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

Los dos artículos del credo de los apóstoles (o romano) son  equivalentes. Los dos forman parte de la tradición bíblica y de la fe de la iglesia antigua. El primero se conserva y  venera con más devoción en la iglesia ortodoxa, el segundo en la católica.

| Xabier Pikaza

El descenso de Cristo a los infiernos de la historia y de la muerte (para así liberar con Adán y Eva a todos los condenados) y su ascenso al cielo con todos los salvados forman las dos caras (cruz y cara) del único misterio de salvación.

Sin bajar a los infiernos de la historia, sin compartir amor y vida con las víctimas del mundo no hay posible ascensión al cielo de la Vida en Dios. En Cristo se vinculan y cumplen estos dos “artículos” de fe y vida cristiana, como digo en lo que sigue: Descendió a los infierno, subió a los cielos

  Descendit ad ínferos, El infierno de JesúsEl credo oficial más antiguo de la iglesia (el apostólico o romano) dice que Cristo bajó a los infiernos, poniendo así de relieve el momento final de su encarnación; sólo se encarnó del todo muriendo con toos y visitando (liberando) a los condenados al infierno..

 Quien no muere del todo no ha vivido plenamente: no ha experimentado la impotencia abismal, el desvalimiento pleno de la vida humana. Jesús ha vivido en absoluta intensidad; por eso muere en pleno desamparo. Ha desplegado la riqueza del amor; por eso muere en suma pobreza, preguntando por Dios desde el abismo de su angustia. De esa forma se ha vuelto solidario de los muertos. Sólo es solidario quien asume la suerte de los otros. Bajando hasta la tumba, sepultado en el vientre de la tierra, Jesús se ha convertido en el amigo de aquellos que mueren, iniciando, precisamente allí, el camino ascendente de la vida.

Jesús fue enterrado y su sepulcro es un momento de su despliegue salvador (cf. Mc 15, 42-47 y par; l Cor 15, 4). Sólo quien muere de verdad, volviendo a la tierra, puede resucitar de entre los muertos. Jesús ha bajado al lugar de no retorno, para iniciar allí el retorno verdadero. Como Jonás «que estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches…» (Mt 12, 40), así estuvo Jesús en el abismo de la muerte, para resucitar de entre los muertos (Rom 10, 7-9). En el abismo de muerte ha penetrado Jesús y su presencia solidaria ha conmovido las entrañas del infierno, como dice la tradición: «La tierra tembló, las rocas se rajaron, las tumbas se abrieron y muchos de los cuerpos de los santos que habían muerto resucitaron» (Mt 27, 51-52). De esa forma ha realizado su tarea mesiánica: «Sufrió la muer­te en su cuerpo, pero recibió vida por el Espíritu.

Fue entonces cuando proclamó la victoria incluso a los espíritus encarcela­dos (ángeles caídos, hombre)  que fueron rebeldes, cuando antiguamente, en tiempos de Noé…» (1 Pe 3, 18-19).

Se ha dicho que esos espíritus encarcelados eran los humanos del tiempo del diluvio, como supone la liturgia, pero la exégesis moderna piensa que ellos pueden ser los ángeles perversos que en tiempo del diluvio fomentaron el pecado, siendo por tanto encadenados.

Jesús no empezó a morir cuando expiró en la cruz y le bajaron al sepulcro; había empezado cuando se hizo solidario con el dolor y destrucción de los hombres, compartiendo la suerte los expulsados de la tierra. Jesús había descendido ya en el mundo al infierno de los locos, los enfermos, los que estaban angustiados por las fuerzas del abismo: ha asumido la impotencia de aquellos que padecen y perecen aplastados por las fuerzas opresoras de la tierra, llegando de esa forma hasta el infierno de la muerte.

La liturgia, continuando en la línea simbólica de los textos anterior, relaciona a Jesús con Adán, el hombre originario que le aguarda desde el fondo de los tiempos, como indica una antigua homilía pascual:

«¿Que es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra: un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo. Va a buscar a nuestro primer padre, como si éste fuera la oveja perdida. Quiere visitar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte (cf. Mt 4, 16). Él, que es al mismo tiempo Dios e Hijo de Dios, va a librar de sus prisiones y de sus dolores a Adán y Eva. El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo, nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: mi Señor esté con todos. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: y con tu espíritu. Y, tomándolo por la mano, lo levanta diciéndole: Despierta, tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz (cf. Ef 5, 14). Yo soy tu Dios que, por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo. Y ahora te digo que tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: ¡salid!; y a los que se encuentran en tinieblas: ¡levantaos!. Y a ti te mando: despierta, tú que duermes, pues no te creé para que permanezcas cautivo en el abismo; levántate de entre los muertos, pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí, porque tú en mi y yo en ti­ formamos una sola e indivisible persona». (P. G. 43, 439. Liturgia Horas, sábado santo).

Jesús ha descendido hasta el infierno para encarnarse plenamente, compartiendo la suerte de aquellos que mueren. Pero al mismo tiempo ha descendido para anunciarles la victoria del amor sobre la muerte, viniendo como gran evangelista que proclama el mensaje de liberación definitiva, visitando y liberando a los cautivos del infierno. Por eso, la palabra de la iglesia le sitúa frente a Adán, humano universal, el primero de los muertos.

Cristus Victor. Hasta el sepulcro de Adán ha descendido Jesús, como todos los hombres penetrando hasta el lugar donde la muerte reinaba, manteniendo cautivos a individuos y pueblos. Ha descendido allí para rescatar a los muertos (cf. Mt 11, 4-6; Lc 4, 18-19), apareciendo de esa forma como Christus Victor, Mesías vencedor del demonio y de la muerte. Su descenso al infierno, para destruir el poder de la muerte constituye de algún modo la culminación de su biografía mesiánica, el triunfo decisivo de sus  exorcismos, de toda su → batalla contra el poder de lo diabólico. Lo que Jesús había empezó en Galilea, curando a unos endemoniados, lo ha culminado con su muerte, descendiendo al lugar de los muertos, para liberarles a todos del Gran Diablo de la muerte. Tomado en un sentido literal, este misterio (¡descendió a los infierno) parece resto mítico, palabra que hoy se dice y causa asombro o rechazo entre los fieles. Sin embargo, entendido en su sentido más profundo, constituye el culmen y clave de todo evangelio. Aquí se ratifica la encarnación redentora de Jesús: sus curaciones y exorcismos, su enseñanza de amor y libertad.

¿Es posible un infierno cristiano? Desde las observaciones anteriores y teniendo en cuenta todo el proceso de la revelación bíblica, con la muerte y resurrección de Jesús, se puede hablar de dos infiernos.

Hay un primer infierno,al que Jesús ha descendido del todo por solidaridad con los expulsados de la tierra y por su muerte con los condenados de la h historia. Este es el infierno de la destrucción donde los humanos acababan (acaban) penetrando al final de una vida que conduce sin cesar hasta la tumba. Había sobre el mundo otros infiernos de injusticia, soledad y sufrimiento, aunque sólo el de la muerte era total y decisivo. Pero Jesús ha derribado sus puertas, abriendo así un camino que conduce hacia la plena libertad de la vida (a la resurrección), en ámbito de gracia. En ese infierno sigue viviendo gran parte de la humanidad, condenada al hambre, sometida a la injusticia, dominada por la enfermedad. El mensaje de Jesús nos invita a penetrar en ese infierno, para solidarizarnos con los que sufren y abr ir con ellos y para ellos un camino de vida (Mt 25, 31-46).

Podría haber un segundo infierno o condena irremediable de aquellos que rechazando el don de Cristo y oponiéndose de forma voluntaria a la gracia de su vida, pueden caer en la oscuridad y muerte por siempre (por su voluntad y obstinación definitiva). Así lo suponen algunas formulaciones básicas), se habla de premio para unos y castigo para otros (cf. Dan 12, 2-3). Esta visión culmina, parabólicamente en Mt 25, 31-46, donde Jesús dice a los de su derecha «venid, benditos de mi Padre, heredad el reino, preparado para vosotros» y a los de su izquierda «apartaos de mi, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles».

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Ascensión y entronización de Jesús. Fiesta de la Ascensión. Ciclo C.

domingo, 1 de junio de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Un peligro que conviene evitar

      De las tres lecturas de esta fiesta, dos son fáciles de entender: los dos relatos de la Ascensión escritos por Lucas al final del evangelio y al comienzo del libro de los Hechos; en cambio, la carta a los Efesios puede resultar un galimatías casi ininteligible. Corremos el peligro de pasarla por alto, aunque es la que da el sentido de la fiesta. Ascensión y entronización son las dos caras de la misma moneda.

Una sola cadena de televisión con dos visiones muy distintas

            Los dos textos principales de la misa de hoy (Hechos de los Apóstoles y evangelio de Lucas) se prestan a una interpretación muy simplista, como si el monte de los Olivos fuese una especie de Cabo Cañaveral desde el que Jesús sube al cielo como un cohete. Cualquier cadena de televisión que hubiera filmado el acontecimiento habría ofrecido la misma noticia, aunque hubiera variado el encuadre de las cámaras.

            En este caso solo hay presente una cadena de televisión: la de Lucas. Los otros evangelistas no cuentan la noticia. Pero Lucas ha elaborado dos programas sobre la Ascensión, uno en el evangelio y otro en los Hechos, y cuenta lo ocurrido de manera muy distinta, con notables diferencias. Eso demuestra que para él lo importante no es el hecho histórico sino el mensaje que desea transmitir. Tanto el evangelio como Hechos podemos dividirlos en dos partes: las palabras de despedida de Jesús y la ascensión. Para no alargarme, omito la introducción al libro de los Hechos.

Palabras de despedida de Jesús

            En el evangelio, Jesús dice a los discípulos que su pasión, muerte y resurrección estaban anunciadas en las Escrituras (“Así estaba escrito” se refiere a los libros atribuidos a Moisés y los profetas). Por consiguiente, lo ocurrido no debe escandalizarlos ni hacerles perder la fe. Todo lo contrario: deben predicar la penitencia y el perdón a todos los pueblos. Para llevar a cabo esa misión necesitan la fuerza del Espíritu Santo, que deben esperar en Jerusalén.

«Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto. Yo os enviaré lo que mi Padre ha prometido; vosotros quedaos en la ciudad, hasta que os revistáis de la fuerza de lo alto.»

            En el libro de los Hechos se repite lo esencial, esperar al Espíritu Santo, pero se añaden dos temas: la preocupación política de los discípulos y la idea de ser testigos de Jesús en todo el mundo (cosa que en el evangelio sólo se insinuaba).

            Una vez que comían juntos, les recomendó:

            – «No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.» 

            Ellos lo rodearon preguntándole:

            – «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?»

            Jesús contestó:

            – «No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.»

La ascensión: dos relatos muy distintos

            Versión del evangelio

Después los sacó hacia Betania y, levantando las manos, los bendijo. Y mientras los bendecía se separó de ellos, subiendo hacia el cielo. Ellos se postraron ante él y se volvieron a Jerusalén con gran alegría; y estaban siempre en el templo bendiciendo a Dios.

            Versión de Hechos

Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndolo irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: 

– «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.» 

* En el Evangelio, Jesús bendice antes de subir al cielo (en Hch, no).

* En Hechos una nube oculta a Jesús (en el evangelio no se menciona la nube).

* En el evangelio, los discípulos se postran (en Hch se quedan mirando al cielo).

* En Hch se les aparecen dos personajes vestidos de blanco que les anuncian la segunda venida de Jesús. El evangelio no dice nada de esto.

* La vuelta a Jerusalén, donde están siempre en el templo alabando a Dios (Evangelio), coincide en parte con lo que cuentan los Hechos: en Jerusalén permanecen en oración “con María, la madre de Jesús”. (Pero esto no se lee).

            Dadas estas diferencias, queda claro que Lucas no pretende contar lo ocurrido con toda fidelidad. Más bien está invitando al lector a prescindir de los datos secundarios y fijarse en el mensaje que pretende transmitir. ¿Cuál es ese mensaje?

Esto no es fácil, porque la idea de la ascensión resulta chocante al lector moderno por dos motivos muy distintos: 1) no es un hecho que hayamos visto; 2) se basa en una concepción espacial puramente psicológica (arriba lo bueno, abajo lo malo), que choca con una idea más perfecta de Dios.

            Precisamente por esta línea psicológica podemos buscar la explicación. Desde las primeras páginas de la Biblia encontramos la idea de que una persona de vida intachable no muere, es arrebatada al cielo, donde se supone que Dios habita. Así ocurre en el Génesis con el patriarca Henoc, y lo mismo se cuenta más tarde a propósito del profeta Elías, que es arrebatado al cielo en un carro de fuego. Interpretar esto en sentido histórico (como si un platillo volante hubiese recogido al profeta) significa no conocer la capacidad simbólica de los antiguos.

            Sin embargo, existe una diferencia radical entre estos relatos del Antiguo Testamento y el de la ascensión de Jesús. Henoc y Elías no mueren. Jesús sí ha muerto. Por eso, no puede equipararse sin más el relato de la ascensión con el del rapto al cielo.

            La explicación hay que buscarla en la línea de la cultura clásica greco-romana, en la que se mueve Lucas y la comunidad para la que él escribe. También en ella hay casos de personajes que, después de su muerte, son glorificados de forma parecida a la de Jesús. Los ejemplos que suelen citarse son los de Hércules, Augusto, Drusila, Claudio, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Estos ejemplos confirman que los relatos tan escuetos de Lucas no debemos interpretarlos al pie de la letra, como han hecho tantos pintores, sino como una forma de expresar la glorificación de Jesús. El final largo del evangelio de Marcos subraya este aspecto al añadir que, después de la ascensión, Jesús “se sentó a la derecha de Dios”. Y esto es lo que afirma también la Carta a los efesios.

No Ascensión, sino entronización (2ª lectura: Efesios 1,17-23)

           Entronización de Jesús3 La carta a los efesios no habla de la ascensión. Pasa directamente de la resurrección de Jesús al momento en que se sienta a la derecha de Dios y todo queda sometido bajo sus pies. Por desgracia, la parte final, que es la más relacionada con la fiesta, y la más clara, está precedida de una oración tan recargada que resulta confusa. La idea de fondo es clara: Dios nos ha concedido tantos favores y tan grandes (vocación, herencia prometida en el cielo, resurrección) que resulta difícil entenderlos y valorarlos. Igual que nos sentimos abrumados por la inmensidad del universo, no logramos comprender lo mucho que Dios ha hecho y hace con nosotros. Por eso pide “espíritu de sabiduría”, “conocimiento profundo”, que Dios “ilumine los ojos de vuestro corazón”. Y para aclarar la grandeza del poder que actúa en nosotros, habla del poder con que resucitó a Cristo y lo sentó a su derecha, sometiendo todo bajo sus pies.

Hermanos que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os conceda espíritu de sabiduría que os revele un conocimiento profundo de él; que ilumine los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza de su llamada, cuál la riqueza de la gloria de su herencia otorgada a su pueblo y cuál la excelsa grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, según la fuerza de su poderosa virtud, la que ejerció en Cristo resucitándolo de entre los muertos, sentándolo a su derecha en los cielos por encima de todo principado, potestad, autoridad, señorío y de todo lo que hay en este mundo y en el venidero; todo lo sometió bajo sus pies y a él lo constituyó cabeza de la Iglesia por encima de todas las cosas; la Iglesia es su cuerpo, la plenitud de todo lo que existe.

Resumen

            Ante la ascensión no debemos tener sentimientos de tristeza, abandono o soledad, al estilo de la Oda de fray Luis de León (“Y dejas, pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto…”). Como dice el evangelio, la marcha de Jesús debe provocar una gran alegría y el deseo de bendecir a Dios. Porque lo que celebramos es su triunfo, como demuestran los textos de la cultura greco-romana en los que se inspira Lucas y subraya la carta a los Efesios. Viene a la mente la imagen del acto de fin de carrera, cuando el estudiante recibe su diploma y la familia y amigos lo acompañan llenos de alegría.

            Al mismo tiempo, las palabras de despedida de Jesús nos recuerdan dos temas capitales: el don del Espíritu Santo, que celebraremos de modo especial el próximo domingo, y la misión “hasta el fin del mundo”. Aunque estas palabras se refieren ante todo a la misión de los apóstoles y misioneros, todos nosotros debemos ser testigos de Jesús en cualquier parte del mundo. Para eso necesitamos la fuerza del Espíritu, y eso es lo que tenemos que pedir.

La ascensión en la cultura greco-romana.

            Por si a alguno le interesa, copio los textos clásicos.

Tito Livio a propósito de Rómulo:Llevadas a cabo estas empresas inmortales, en una ocasión en que asistía a una concentración para pasar revista a las tropas en un campo junto a la laguna de la Cabra [campo de Marte], se desató de golpe una tempestad con gran fragor de truenos y envolvió al rey en una nube tan densa que los reunidos no podían verlo; después, ya no reapareció Rómulo sobre la tierra…. Según los senadores que estaban de pie a su lado, había sido arrebatado a las alturas por la tempestad. Luego, todos a la vez saludan a Rómulo como dios hijo de un dios, rey y padre de la ciudad de Roma. Tengo entendido que no faltaron tampoco quienes, en voz baja, sostenían que el rey había sido despedazado por los senadores con sus propias manos, pues también esta versión circuló, aunque muy soterrada; la otra versión fue consagrada por la admiración hacia aquel personaje y por el miedo que se dejaba sentir.

Le añadió además credibilidad, dicen, la habilidad de un solo individuo. Próculo Julio, hombre de peso según dicen, aunque avalase un acontecimiento fuera de lo común, se presenta a los reunidos y dice: “Quirites, Rómulo, padre de esta ciudad, al rayar hoy el alba ha descendido repentinamente del cielo y se me ha aparecido. Al ponerme en pie, sobrecogido de temor, dispuesto a venerarlo, rogándole que me fuese permitido mirarle cara a cara, me ha dicho: ‘Ve y anuncia a los romanos que es voluntad de los dioses que mi Roma sea la capital del orbe; que practiquen por consiguiente el arte militar; que sepan, y así lo transmitan a sus descendientes, que ningún poder humano puede resistir a las armas romanas.’ Dicho esto -dijo-, desapareció por los aires.» Es sorprendente el crédito tan grande que se dio a aquel hombre al hacer esta comunicación y lo que se mitigó, entre el pueblo y el ejército, la añoranza de Rómulo con la creencia en su inmortalidad” (Ab urbe condita 1,16).

A propósito de Hércules escribe Apolodoro en su Biblioteca Mitológica: “Hércules… se fue al monte Eta, que pertenece a los traquinios, y allí, luego de hacer una pira, subió y ordenó que la encendiesen (…) Mientras se consumía la pira cuenta que una nube se puso debajo, y tronando lo llevó al cielo. Desde entonces alcanzó la inmortalidad” (II, 159-160).

Suetonio cuenta sobre Augusto: No faltó tampoco en esta ocasión un expretor que declaró bajo juramento que había visto que la sombra de Augusto, después de la incineración, subía a los cielos (Vida de los Doce Césares, Augusto, 100).

Drusila, hermana de Calígula, pero tomada por éste como esposa, murió hacia el año 40. Entonces Calígula consagró a su memoria una estatua de oro en el Foro; mandó que la adorasen con el nombre de Pantea y le tributasen los mismos honores que a Venus. El senador Livio Geminio, que afirmó haber presenciado la subida de Drusila al cielo, recibió en premio un millón de sestercios.

De Alejandro Magno escribe el Pseudo Calístenes: Mientras decía estas y otras muchas cosas Alejandro, se extendió por el aire la tiniebla y apareció una gran estrella descendente del cielo hasta el mar acompañada por un águila, y la estatua de Babilonia, que llaman de Zeus, se movió. La estrella ascendió de nuevo al cielo y la acompañó el águila. Y al ocultarse la estrella en el cielo, en ese momento se durmió Alejandro en un sueño eterno (Libro III, 33).

Con respecto a Apolonio de Tiana, cuenta Filóstrato que, según una tradición, fue encadenado en un templo por los guardianes. Pero él, a medianoche se desató y, tras llamar a quienes lo habían atado, para que no quedara sin testigos su acción, echó a correr hacia las puertas del templo y éstas se abrieron y, al entrar él, las puertas volvieron a su sitio, como si las hubiesen cerrado, y que se oyó un griterío de muchachas que cantaban, y su canto era: Marcha de la tierra, marcha al cielo, marcha” (Vida de Apolonio de Tiana VIII, 30).

Sobre la nube véase también Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I,77,2: Y después de decirle esto, [el dios] se envolvió en una nube y, elevándose de la tierra, fue transportado hacia arriba por el aire”.

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Septimo Domingo de Pascua, la Ascensión. Ciclo C

domingo, 1 de junio de 2025
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la-ascension

 

“…el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día 
y en su nombre se predicará la conversión 
y el perdón de los pecados a todos los pueblos,…”

(Lc 24, 46-53)

Jesús, en el momento de la ascensión a los cielos, nos deja como herencia o legado sus propio ministerio, su servicio.

Tanto en el evangelio de Mateo como en el de Marcos encontramos que Jesús comienza su predicación con un anuncio: Se ha cumplido el plazo y está llegando el reino de Dios. Convertíos y creed en el evangelio” (Mc 1, 15). “Arrepentíos, porque está llegando el reino de los cielos (Mt 4, 17).

Lucas, sin embargo, coloca este anuncio en labios del Resucitado. Aquello que había sido la vida y el anuncio del Maestro se convierte ahora en la misión de los discípulos.

Nuestra tarea es anunciar, el mensaje es claro: llega el tiempo del perdón. Y el único requisito es abrirse a él, o dicho de otra manera: convertirse.

Es una pena que hayamos hecho de la conversión algo tan oscuro y pesado. La palabra conversión la tenemos asociada a la cuaresma, a la penitencia, al combate… prácticamente al castigo. ¡Y nada de eso! La conversión nos abre al Perdón. Convertirnos es decir sí a Dios. Convertirnos es decir sí a lo que ya somos: bondad y amor, aunque a veces no lo veamos a simple vista.

Nos hemos engañado pensando que “convertirse” significa ser personas pluscuamperfectas ajenas a nosotras mismas, ¡nada de eso! Cada ser humano lleva dentro de si esa semilla divina que le hace SER.Ya somos bondad y amor. Y convertirse significa reconocerlo. Reconocer nuestra semejanza con Dios y empezar a vivir desde ella.

Oración

Trinidad Santa, danos fuerza, en este día de la Ascensión, para llevar el mensaje de Jesús allá donde vayamos. Que nuestras vidas hablen de tu entrañable perdón y de la Vida abundante que nace de la resurrección de Jesús.

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Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

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Celebramos un relato simbólico, no un acontecimiento histórico.

domingo, 1 de junio de 2025
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asencion01ASCENSIÓN (C)

Lc 24,46-53

Hemos llegado al final del tiempo pascual. La Ascensión es una fiesta que resume todo lo celebrado desde la muerte de Jesús el Viernes Santo. Lucas, que es el único que relata la ascensión, nos da dos versiones muy distintas sin inmutarse: una al final del evangelio y otra al comienzo del los Hechos. Para comprenderlo, es necesario ponernos en su lugar.

El mundo dividido en tres estadios: el superior, habitado por la divinidad. El del medio era la realidad terrena y humanos. El tercer estadio es el inframundo donde mora el maligno. La encarnación era una bajada del Verbo, desde la altura a la tierra. Su misión era la salvarnos, por eso tuvo que bajar a los infiernos (inferos) para que la salvación fuera total.

No tiene sentido seguir hablando de bajada y subida. Si no intentamos cambiar la mente, estaremos transmitiendo conceptos que hoy no podemos comprender. Una cosa fue la predicación de Jesús y otra la vivencia de la comunidad, después de la experiencia pascual. El telón de fondo es el mismo, el Reino de Dios, vivido y predicado, pero a los primeros cristianos les llevó tiempo encontrar la manera de trasmitir lo que había experimentado.

Resurrección, ascensión, sentarse a la derecha de Dios, envío del Espíritu apuntan a una misma realidad, pero no material sino vivencial, pascual: El final de Jesús no fue la muerte sino la Vida. El misterio pascual es tan rico que no podemos abarcarlo con una sola imagen. Lo desdoblamos artificialmente para ir analizándolo por partes y poder digerirlo.

Una vez muerto, Jesús pasa a otro plano donde no existe tiempo ni espacio. Sin tiempo y sin espacio no puede haber sucesos. En los discípulos sí sucedió algo. Su experiencia de resurrección sí fue constatable y la vivieron con una gran intensidad. Sin esa experiencia que fue un proceso que duró muchos años, no hubiera sido posible la religión cristiana.

Los tres días para la resurrección, los cuarenta días para la ascensión, los cincuenta días para la venida del Espíritu, son tiempos teológicos, Kairós. Lucas, en su evangelio, pone todas las apariciones y la ascensión en el mismo día. En cambio, en los Hechos habla de cuarenta días de permanencia de Jesús con sus discípulos y a continuación la ascensión.

Solo Lucas al final de su evangelio y al comienzo de los “Hechos”, narra la ascensión. Si los dos relatos constituyeron al principio un solo libro, se duplicó el relato para dejar uno como final y otro como comienzo. Para él, el evangelio es el relato de todo lo que hizo y enseñó Jesús; los Hechos es el relato de todo lo que hicieron los primeros seguidores.

Esa constatación de la presencia de Dios como Espíritu, primero en Jesús y luego en los discípulos, es la clave de todo el misterio pascual y la clave para entender la fiesta que estamos celebrando. Para visualizar esa presencia nos narra la venida del Espíritu.

La Ascensión no es más que un aspecto del misterio pascual. Jesús participa de la misma Vida de Dios y por lo tanto, está en lo más alto del “cielo”. Las palabras son apuntes para que nosotros podamos entendernos, siempre que no las entendamos al pie de la letra.

Nuestra meta, como la de Jesús, es ascender hasta lo más alto, el Padre. No se trata de movimiento alguno, sino de toma de conciencia. Como Jesús, la única manera de alcanzar la meta es descendiendo hasta lo más hondo de mí y poniendo todo al servicio de todos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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