San José.
Del blog À Corps… À Coeur:
En vez del hombre de poder,
prefiero al hombre de presencia y de ternura,
el compañero que da el gusto de vivir.
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(Fuente)
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Del blog À Corps… À Coeur:
En vez del hombre de poder,
prefiero al hombre de presencia y de ternura,
el compañero que da el gusto de vivir.
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(Fuente)
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Del blog À Corps… À Coeur:
« El que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed (Juan 4:14).
«Al que tenga sed le daré a beber gratis del manantial del agua de la vida.» (Ap 21, 6)
Mientras que los teólogos discuten sobre el origen del agua,
los místicos la beben.
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Leído en Adital:
El año litúrgico, según el conocido psicoanalista Carl Jung, es un sistema terapéutico que toca, presenta y transforma todos los elementos de la vida. Desde esta perspectiva, la Cuaresma y la Pascua, por ejemplo, se consideran tiempos de adiestramiento para el cambio interior y comunitario. La expresión bíblica para señalar la transformación es metanoia, que indica cambio, conversión, dar vuelta, tener a la vista otro camino para andar, otro sendero que emprender con un cambio de dirección. Según este tiempo litúrgico, el camino hacia la transformación comienza simbólicamente con el Miércoles de Ceniza. Con la imposición del polvillo, reconocemos la necesidad de dar un giro con todo nuestro ser. Cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, misericordioso, con entrañas, humano. Esto lo expresa la liturgia de la Iglesia mediante una fórmula ritual: al colocar la cruz de ceniza en la frente de los creyentes, se les dice: «Conviértete y cree en el Evangelio”. Es decir, cambia de camino, con renovada decisión, hacia la causa de Jesús de Nazaret: su reinado de justicia.
La palabra «camino” suele usarse como símbolo para definir la vida humana. En el mensaje del papa Francisco para la Cuaresma 2014, se retoma ese símbolo y se proponen algunas reflexiones para el camino personal y comunitario de conversión, considerando las problemáticas actuales. En primer lugar, el papa recuerda que la intención del año litúrgico es hacer presente el misterio de Cristo en el tiempo de los hombres y mujeres para reproducirlo en sus vidas. Esta presencia, explica, no es meramente subjetiva y limitada a la contemplación reflexiva y afectiva de los aspectos del misterio de Cristo que se van conmemorando, sino que entraña una eficacia salvífica objetiva. Por eso, las fiestas y los tiempos litúrgicos no son aniversarios de los hechos de la vida histórica de Jesús, sino presencia redentora en la acción ritual y en todos los signos litúrgicos de la celebración.
En segundo lugar, nos habla del carácter contracultural del camino salvífico de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por nosotros”. De igual manera, Cristo, el Hijo de Dios, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno; se «vació” para ser en todo semejante a nosotros (Flp 2, 7; y Heb 4, 15). Y la razón última de todo esto, enfatiza Francisco, es el amor, un amor que es gracia, generosidad y deseo de proximidad. El amor que nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios nos amó de esta manera en Jesús. En efecto, Jesús «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre”.
Finalmente, en congruencia con ese camino salvífico y humanizador de Jesús, el papa exhorta a hacer ese recorrido de vida en nuestra propia historia personal y colectiva. En ese sentido, afirma que los cristianos «estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas”. Según el obispo de Roma, en nuestro tiempo hay tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La material es la que coloquialmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de una persona: privados de derechos fundamentales y de bienes de primera necesidad, como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural.
Frente a esta miseria, dice, la Iglesia ofrece su servicio, para atender necesidades y curar heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres, amamos y servimos a Cristo. En este punto, el papa Francisco hace una denuncia y plantea un desafío: «Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir”.
Con respecto a la miseria moral, expresa que esta consiste en la pérdida del sentido de la vida y la privación de las perspectivas de futuro. Lamenta que muchas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos, añade el papa, la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente y suele ir unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos o rechazamos el amor de Dios; cerrándonos a la perspectiva de fe que nos revela que Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
En definitiva, el mensaje papal para la Cuaresma 2014 es una invitación a actualizar el seguimiento a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Es un llamado a no olvidar lo esencial de la fe cristiana: la pasión por Dios y la compasión por el ser humano. Lo primero nos lleva a reconocer el Misterio último de la vida (Dios) como una presencia liberadora y primordialmente amorosa. Lo segundo, a vivir en fraternidad y ayudar a quien sufre y necesita de nuestra solidaridad. Esta sería la más genuina forma de vivir este tiempo litúrgico.
Del blog À Corps… À Coeur:
Presiento intuitivamente una Belleza más simple que todo el universo en su totalidad y percibo una música más discreta que una gota de agua que se eleva frente a siete truenos.
Ya no trato de abrazar lo exterior sino fundirme en la herida vertiginosa del alma, lugar donde resplandece el Inmenso, el Silencioso. Soy un corazón trémulo que acaricia con persistencia la puerta del Edén.
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Un monje de Occidente
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(Fuente)
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Del blog À Corps… À Coeur:
Jesús le contestó:
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Percibiremos cada vez más en los años venideros que lo sagrada o la santidad no son privativos de un lugar (iglesia, templo, mezquita o sinagoga), de una religión, ni de personas consagradas (sacerdotes, llamas, etc.) y que la misión del hombre sobre la tierra consiste en hacer emerger, a hacer adornar con flores este consagrado(coronado) en cualquier lugar, hasta que la vida, el cuerpo, el mundo no lo sean disociados más.
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J. Kelen
(Fuente)
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Hoy comienza la Cuaresma. Del blog À Corps… À Coeur:
El Evangelio de Tomás es uno de los textos redescubiertos en Nag Hammadi, en el Alto Egipto en 1945.
No es una narración histórica o relato de milagros, ni un compendio de hechos y acciones que Jesús hubiera realizado, sino una colección de palabras breves . Entre los investigadores, algunos creen que estas palabras son anteriores a la redacción de los otros evangelios . Pertenecerían a la tradición de las «dichos de los padres» en el judaísmo antiguo.
En el logion 42 Yeshua dijo : «Sed transeúntes».
Es una palabra importante no sólo para los cristianos sino para toda la humanidad.
La palabra «Pascua», Pesaj en hebreo, en griego Pasqua, significa «paso», es pasar.
Pasar de la oscuridad a la luz, de este mundo espacio-tiempo al mundo increado, como dijo Yeshua «de este mundo al Padre», de este mundo espacio -temporal al Origen que nos lleva; hacia el Aliento que nos inspira y expira …
«Sed transeúntes» es también un recordatorio de que somos seres de paso.
¿Qué es lo que no sucede en nuestras vidas? ¿Qué es lo que no pasará?
Todo pasa.
Es una verdad que no es triste. Al contrario, nos enseña a disfrutar mejor cada momento … Es precisamente porque todo ocurre, que lo importantes apreciarlo mientras que está ahí, mientras florece .
No te alejes de la rosa cuando da su fragancia.
Estar presente, muy presente en lo que se nos da a cada momento .
El transeúnte no es indiferente . Él es el que ve las cosas por primera y última vez. Así las ve las ve con una atención e intensidad extremas.
Porque conoce esta otra palabra: Panta rei , literalmente «todo pasa, todo fluye « . Esto no nos debe llevar a un estado de indiferencia, de desprecio .Bien al contrario, podemos aprender a escoger cada cosa en el momento en el que se da, enlol que se nos ofrece en este momento.
Ir hacia … no quiere decir que no veamos lo que florece en el borde del camino, la meta no debe hacernos olvidar lo esencial de la búsqueda… tierra prometida que ya está ahí, en el polvo de los senderos que nos conducen…
«¡Sed transeúntes !»
Somos peregrinos sobre la tierra, estamos en marcha .Evolucionamos al filo de los días… en el filo del tiempo.
Para permanecer transeúnte, se trata de no apesadumbrarse, no ser ligeros, no esclerotizarse, no asentarse en el conformismo… cimentarse en las posesiones, logros, formas de hacer o pensar … Esto quebraría en nosotros la esencia del hombre, su movimiento, su futuro.
El hombre no es un ser, sino un quizás…
De hecho puede surgir en nosotros el conflicto entre lo necesario y lo esencial, ya que es difícil discernir entre los dos.
A veces incluso se nos pide abandonar lo necesario sin perder lo Esencial, es decir, el Deseo, la apertura a lo Real, a lo infinito que nos habita ya que somos el templo y el lugar de paso …
Esta es la sabiduría de todos los días, pero es bueno recordar en su cama de hospital , recordar que «esto también pasará». No hay dolor eterno . Los males, incluso los más grande y terribles terminan por pasar …
También debemos recordar igualmente estas pocas palabras en el momento del placer, del abrazo, de la felicidad. Saber que «esto también pasará», de lo contrario se aferrará, apegará. Así que este apego a la felicidad del momento causará sufrimiento.
Si uno es capaz de oír este discurso, vivirlo y «verificarlo», toca algo en nosotros que está más allá de lo que se llama felicidad y lo que se llama desgracia , más allá de lo que agrada y lo que no agrada, más allá de lo que se llama placer o dolor.
Toca a lo que en nosotros es libre, «incondicionado».
Es necesario hacer un pacto con el paso del tiempo : Polvo eres, y al polvo volverás ;
La forma que la vida toma en mí va a cesar, va a pasar, sin embargo, el flujo de la vida continúa.
Conviene saber discernir el umbral del gran paso, nuestra verdadera Pascua, qué va a pasar y que está pasando, observar este espacio en el que nos viene nuestro aliento y al que regresa.
¿Qué es lo que hay entre nuestro inspirar y exhalar? ¿De dónde viene nuestro inspirar y a dónde vuelve nuestro exhalar?
Hay un silencio, un «yo-no-sé-qué, un, casi nada», este que – ya en esta vida – llegará a ella, la muerte no le enseña nada. Llegará entre su inspiración y su expiración una realidad que, en algunas tradiciones, se llama la «vida eterna».
Las palabras a veces son usadas, gastadas. Decir «vida eterna» hace pensar en algo que no termina nunca: es tan largo, tan aburrido… Mientras que la «vida eterna» significa el «no-tiempo» más allá de lo que llamamos «espacio-tiempo.»
Por lo tanto, si esto es eterno, no es después de la muerte, es antes, durante y después.
La vida eterna es la dimensión de la eternidad que habita en el corazón mismo de esta vida, de ahí la importancia de conocer, en esta vida, en este momento: Kairos, el momento favorable, el instante eterno, en oposición a Cronos, que devora el tiempo.
Al caminar, se respira el polvo de la carretera, que se adhiere a la cara, a la piel, en la ropa… Pero en el corazón mismo de este polvo, también ocurre que vemos la luz .
He aquí que de repente después de una buena marcha el flujo de pensamientos se para. La marcha se para. Entonces percibimos que el sentido de la marcha – si realmente se ha marchado- se ha parado allí para llegar a este momento de descanso que la tradición judía llamada «Shabat».
«Nosotros, existimos en el mundo para recordar al mundo que los hombres no están hechos para trabajar, sino para descansar. «
Quien ha caminado bien sabe esto, ha caminado para conocer la felicidad de este momento en el que el cuerpo yel pensamiento, la voluntad y el deseo quedan en reposo y esto es shalom, una palabra que no significa sólo «paz», sino también la totalidad y la plenitud .
La marcha nos vacía y nos llena al mismo tiempo, nos vacía de nuestro pequeño yo, lo agota para hacer sitio a otro yo, que purificado por el camino puede entonces posarse y reposar.
Literalmente, shabat en hebreo significa » detener « dejar de hacer , dejar de producir , actuar, pero dejar de pensar en lo que ha de ser con lo que es .
La tradición nos dice que el sábado todos los hombres son iguales. Ya no es un comerciante, profesor, trabajador, somos hijos de Dios , hijo del Soplo , los niños jijos de Este que inspira y de Este que expira a través de nosotros . » Eso» es la propiedad de la persona , como el amor no es propiedad de los cristianos , la luz no es la propiedad de los budistas. La vida pertenece a aquellos que se atreven a vivirla hasta el final , hasta la muerte …
En el Evangelio de Tomás otro dicho de Jesús dice: «Si te preguntan : ¿Cuál es la señal de vuestro Padre que está en vosotros? Decidles: Es un movimiento y es un descanso … »
Hay en nosotros un movimiento, un deseo. Nuestro deseo jamás se colma … De hecho se ahueca sin cesar y nos mantiene en lo abierto, lo abierto que no permite cerrarse sobre una presa, de «cosificar» los seres y la Realidad misma cuando hacemos «que soy» entonces que es » el Abierto «, esta Luz que no se puede coger, ni tomar, ni comprender …
Y, sin embargo, sin esta luz no podemos ver nada, ni hacer nada, ni pensar nada .
Caminar , ir por delante , quedarse «a la búsqueda» nos mantiene al aire libre, que es un movimiento y es un descanso …
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Fuente: Hermano Francisco , ermitaño
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Del blog À Corps… À Coeur:
La experiencia fundamental y la revelación en nosotros de lo divino, es el acto creativo.
Abrir esta brecha de trascendencia en nosotros exige que nos coloquemos en este lugar único en el que brota y donde el acto de fe, la creación poética y la acción revolucionaria no son más que uno.
El gran arte nos ofrece el modelo más evidente de esta trascendencia. Llamo gran arte (refiriéndome, en lo esencial, a las artes no occidentales o al arte occidental antes del Renacimiento) a lo contrario del arte individualista que busca la singularidad cueste lo que cueste, debido tanto a que tiene como objetivo la integración en el mercado y la competencia, y porque es sólo reflejo de un mundo destrozado en migajas y sin esperanza.
El gran arte no es reflejo sino proyecto, exploración y experimentación de mundos posibles. Más allá de su creador, la obra suscita no espectadores o consumidores pasivos, sino celebrantes de esta vida que está naciendo, co-creadores de la creación. Ni siquiera de la creación artística, sino de la creación simplemente
Esta imaginación tiene valor profético y subversivo, porque hace entrever posibilidades cuyas condiciones no están contenidas en lo que ya existe. Nos sugiere que el mundo no es una realidad ya hecha, sino una obra que hay que crear.
Desde esta perspectiva, la educación consiste no en preparar al niño para adaptarse a la orden existente o a sus exigencias técnicas o políticas, para cebarlo de saberes y de respetos, sino en mostrarle los caminos para acceder a la trascendencia, es decir a la invención del futuro. A hacer emerger la trascendencia más allá de todos los acondicionamientos.
La verdadera educación no es dogmática sino profética. Es subversiva porque enseña a vivir de manera creativa, incluso en medio del caos, a no basar nuestra esperanza en las derivas de la naturaleza o de la historia, sino a tomar conciencia de que es posible vivir de otro modo.
Las consecuencias prácticas y concretas, de esta afirmación intransigente de la trascendencia son esencialmente revolucionarias.
Las únicas revoluciones posibles son las revoluciones que no ignoran esta dimensión transcendente del hombre, que no hacen caso omiso de lo divino, las que se fundan sobre esta certeza de la fe: el fondo último de la realidad es un acto de esta libertad creadora que llamamos Dios.
Ser revolucionario, es ser un creador de esta realidad, es participar en la vida divina.
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Roger Garaudy, en La llamada a los vivientes
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Leído en su blog Teología sin censura:
Soren Kierkegaard, en su obra titulada “El Instante” donde él recoge lo que considera “lo decisivo”, escribió la siguiente reflexión: “Cuando un hombre tiene dolor de muelas, el mundo dice “pobre hombre”; cuando la mujer de un hombre le es infiel, el mundo dice “pobre hombre”; cuando un hombre está en apuros económicos, el mundo dice “pobre hombre”.- Cuando le place a Dios sufrir en este mundo en la figura de un pobre siervo, el mundo dice “pobre hombre”: cuando un apóstol por encargo divino tiene el honor de sufrir por la verdad, el mundo dice “pobre hombre”. ¡Pobre mundo!”
Kierkegaard redactó esta reflexión desagradable, utilizando un lenguaje aún más desagradable, poco antes de su muerte, en 1855. No me importa el lenguaje. Ni siquiera el contenido, por más disonantes que lenguaje y contenido puedan resultar. He seleccionado a posta esta dura y torpe reflexión de “El Instante” porque me da pie para decir algo que llevo en el alma y que, por lo que a mí se me antoja, es de esas cosas que tocan fondo en la vida.
No me refiero al machismo. Ni al elogio, tópico y barato, de lo femenino. Todo eso lo doy por supuesto. Y por aceptado, si es que hablamos de gente con cabeza. Y gente de bien. Lo que quiero decir es que el texto de Kierkegaard, que he citado, pone el dedo en la llaga. Se trata de la relación determinante, que existe en nuestras vidas, entre “aprecio” y “sensibilidad”. Es un hecho que somos sensibles a lo que apreciamos. El que tiene su aprecio, su estima, su valoración suprema en el macho, el varón, el poderoso, el intelectual, el importante, el selecto…, ése es sensible a las leyes, las costumbres, las normas, los privilegios, los éxitos, los derechos y los poderes del macho, del selecto, del influyente, del importante…. Lo que supone que, a la hora de la verdad, le importa un bledo que a las mujeres “las pongan en su sitio”, que a los incultos los traten como “se merece” su incultura, que los ignorantes tengan menos derechos que los escogidos. Y así sucesivamente.
La sensibilidad es la clave. Y la clave de la sensibilidad es la estima. Vivimos según aquello a lo que somos sensibles. Y somos sensibles ante la suerte o la desgracia de aquellos a quienes estimamos. ¿Por qué las gentes de África viven hundidos en la miseria en que viven? Porque somos más sensibles al brillo y al lustre de nuestras universidades y de nuestros títulos que al dolor, a la humillación y al sufrimiento de los que se mueren de hambre o se matan a tiros por ganarse la miseria que les damos para que se dejen robar el coltan que los países industrializados utilizamos para la tecnología punta (en informática, teléfonos móviles, etc). Y como ésta, ¡hacemos tantas…!
¿Hemos perdido la cabeza? No. Hemos desquiciado nuestra sensibilidad. Ser los selectos, ser los famosos, ser los importantes…, cualquier cosa de ésas nos interesa más que el dolor de quienes se hunden cada día más y más en la miseria y la muerte. Nuestra ideas son ortodoxas, para unos; avanzadas, para otros. ¡Faltaría más! Pero podemos estar seguros de que ni la ortodoxia de unos, ni el progresismo de otros, nada de eso es lo que va a poner algo de kosmos (orden) en el kaos (desorden). Y, menos aún, nuestros mejores logros – ésos que más inflan nuestro ego – nada de eso va a conseguir que la humanidad y la bondad del Evangelio sean el motor de este mundo desbocado.
Del blog À Corps… À Coeur:
A la vez soplo vivificante y puesta en retirada, inspirar y expirar, la espiritualidad toca el misterio de toda existencia. Comienza posiblemente con una doble intuición: la intuición de que somos perfectibles, y la de la que carecemos: el acceso a una «Realidad» absolutamente otra, más allá de la inteligencia, más allá de las distinciones de la razón razonante. «Dios es el Lugar del mundo, pero el mundo no es su lugar « (adagio talmúdico). La búsqueda interior, en términos de «sed» (de Dios) – expresión recurrente en los místicos, comenzando por David – es un deseo ardiente por hacer la voluntad divina. Lo que el orante llama mejorar todavía y todavía, para llegar un día a amar a Dios «con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tus fuerzas». Esto puede ir hasta una supresión del yo, para escuchar por fin de Dios no lo que queremos escuchar, sino un murmullo que viene más allá de nosotros mismos (as) – tal, como posiblemente lo percibió el profeta Elías, en la cueva del monte Horeb. (1Reyes 19,12).
Dios no tiene rostro. Sin embargo el ser humano se hace – si no imágenes, lo que el judaísmo proscribe – por lo menos una idea. Pero lo divino no se deja restringir ni velar por ninguna representación que nos hagamos. El hombre de espiritualidad puede «ver» únicamente que Dios es a la vez la meta hacia la cual tiende con todo su fervor y el origen de su nostalgia: ¿No somos exiliados del Lugar que jamás habríamos debido dejar – y cuyo jardín del Edén es una metáfora?!
Paradójicamente, si tantos místicos – comenzando por los profetas – tienen visiones, es posiblemente porque supieron renunciar tanto a las imágenes creadas como a las imágenes mentales por otros tipos de representaciones: aquellas que Dios mismo coloca, en el corazón purificado por un trabajo sobre sí que está en el orden de la ascesis. Existe en el judaísmo, desde Abraham Aboulafia (siglo XIII), ejercicios espirituales, entre los que uno en particular merece nuestra atención: La hazkara. Por la enunciación repetitiva e intencional del Nombre de Dios, Aboulafia piensa que el hombre puede estar en condición de recibir la efusion divina. Entonces este kabbalista escogió un ejercicio que viene del Islam: La espiritualidad sufí enseña que el corazón del hombre está rodeado de una ganga dura, sobre la que la invocación del Nombre obra como un martillo: la invocación repetida, a ejemplo de los golpes repetidos sobre un caparazón, golpea hasta hacerlo estallar, para que broten las chispas espirituales. La invocación va en cierto modo a pulir el corazón y a hacerlo semejante a un espejo sobre el cual puede reflejarse la luz divina. Lo que no está tan alejado de lo que meditamos en la oración de la mañana: «Porque es en Tu luz que veremos la luz «.
( La proximidad de estas dos prácticas – hazkara en la tradición judía, dhikr en la tradición mística musulmana – es un ejemplo del interés de un diálogo entre judaísmo e Islam.)
El hombre ha sido creado sin duda «deseando a Dios», y el deseo amoroso es una expresión constante del amor místico cantado en el Cántar de los Cantares. Por eso, el cara a cara con Dios generalmente no es, para el Judaísmo, el deseo de fusionarse con lo divino, presumiblemente porque el hombre debe siempre tener presente en su conciencia la humanidad de otro. El Uno está contenido en cada rostro de hombre o de mujer tanto como en cada una de las vías espirituales de la humanidad. Es decir, los hombres y las mujeres en busca de interioridad son capaces de alteridad. «Si no encuentro al otro como el Otro, me tomo por el otro… y ahí el germen la violencia.»
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Del blog À Corps… À Coeur:
Tomada de la excelente novela «Mi amor Sufí» de Elif Shafak, he aquí la lista de las cuarenta reglas de Shams de Tabriz, Sufí giróvago errante y Maestro espiritual del Gran Jalal ad Din Rumî cuya educación espiritual se encargó. Educación basada en un conjunto de 40 reglas de la religión y del amor, 40 reglas que se se han convertido en las reglas básicas del sufismo.
1- «La forma en que percibimos a Dios, es un reflejo de la forma en que nos percibimos a nosotros mismos. Si la palabra «Dios» nos trae a la mente sentimientos de miedo y culpa, ello significa que hay demasiado miedo y culpa muy dentro de nosotros. Por el contrario, si percibimos a Dios como un ser lleno de amor y compasión, así también, somos nosotros.
2- La vía de la verdad es un trabajo del corazón, no de la cabeza. ¡ Haz de tu corazón tu principal guía! No tu espíritu. Enfréntate, desafía y sobrepasa tus reglas con tu corazón Conocer tu yo te conducirá al conocimiento de Dios.
3- Cada lector comprende el Santo Corán a un nivel diferente, paralelo a la profundidad de su comprensión. Hay cuatro niveles de discernimiento. El primero es el significado aparente, y es aquel con el que la mayoría de la gente se contenta. Luego, es el batin el nivel interior. El tercer nivel es el interior del interior. El cuarto es tan profundo que no podemos ponerlo en palabras. Es pues condenado a quedar indescriptible.
4- Se puede conocer a Dios a través de todo y de todos en el universo, porque Dios no está confinado en una mezquita, sinagoga o iglesia. Pero si aún así necesitas saber en donde exactamente se encuentra, hay un solo lugar para buscarlo: en el corazón de los que aman de verdad.»
5- El intelecto y el amor están hechos de materiales distintos; el intelecto ata a la gente con nudos y no arriesga nada; en cambio, el amor disuelve todos los conflictos y arriesga todo. El intelecto es siempre precavido y aconseja: Hey, cuidado, no te involucres mucho, en tanto que el amor te dice: no lo pienses, arriésgate. El intelecto no se parte en pedacitos fácilmente, mientras que el amor se reduce a polvo. Sin embargo, muchos tesoros se esconden entre las ruinas; un corazón destrozado esconde muchos tesoros».
6- La mayoría de los problemas en el mundo, tienen su raíz en malentendidos lingüísticos. Nunca hay que tomar las palabras literalmente. Cuando se entra en la zona del amor el lenguaje, como lo conocemos, se vuelve obsoleto. Lo que no puede ser expresado en palabras, solo puede ser comprendido en el silencio.
7- No es lo mismo «sentirse solo», a «estar en soledad». Cuando uno está solo es fácil saber que se está en el buen camino. Estar en soledad es mejor, ya que ello implica que estamos solos sin sentirnos solos. Sin embargo, en algún momento es mejor aún encontrar a una persona, ésa persona que será tu espejo. Recuerda, solo en el corazón de otra persona, puedes verte verdaderamente a ti mismo y sentir la presencia de Dios dentro de ti.
8- Ante cualquier cosa que suceda en tu vida, sin importar qué complicada pudiera parecer, no caigas en el reino de la desesperación. Aún cuando todas las puertas estén cerradas, Dios abrirá una solo para ti. Sé agradecido; es fácil ser agradecido cuando las cosas van bien. Un verdadero Sufí es agradecido no solo por lo que le es concedido, sino también por lo que le es negado.
9- La paciencia, no es aguantar pasivamente. Es ver lo bastante lejos como para tener confianza en el resultado de un proceso. La impaciencia significa una vista corta, que no permite contemplar la salida. Los que aman a Dios jamás agotan su paciencia, porque saben que hace falta tiempo para que la media luna llegue a ser una luna llena.
10 – Este, Oeste, Sur, o Norte, no hay diferencia. Poco importa tu destino asegúrate de hacer de cada viaje un viaje interior. Si viajas interiormente, recorrerás el mundo entero y más allá.
11 – Las comadronas saben que cuando no hay dolor, la vía no puede ser abierta para el bebé y la madre no puede dar a luz. Lo mismo para que un nuevo Sí nazca, las dificultades son necesarias. Así como la arcilla debe sufrir un calor intenso para endurecerse, el amor puede ser perfeccionado sólo en el dolor.
12 – La búsqueda del Amor nos cambia. Todos los que han partido a la búsqueda del Amor han madurado en el camino. Desde el momento en que comienzas a buscar el Amor, comienzas a cambiar interior y exteriormente.
13 – Hay más gurus falsos y falsos maestros en este mundo que estrellas en el universo. No confundas a las personas animadas por un deseo de poder y egocentristas con los verdaderos mentores. Un maestro espiritual auténtico no llamará la atención sobre él o ella, y no esperará de ti obediencia absoluta ni admiración incondicional, sino que te ayudará a apreciar y a admirar tu yo interior. Los verdaderos mentores son tan transparentes como el vidrio. Dejan atravesarlos la Luz de Dios.
14 – No intentes resistir a los cambios que se te imponen. Al contrario, déjà a la vida continuar en ti. Y no te inquietes porque tu vida esté en desorden. ¿Cómo sabes que el sentido al que estás acostumbrado es mejor que el que viene?
15 – Dios se ocupa de terminar tu trabajo, interior y exteriormente. Está totalmente absorbido por ti. Cada ser humano es una obraen desarrollo que, lenta pero inexorablemente, progresa hacia la perfección. Cada uno de nosotros es una obra de arte incompleta que se esfuerza en acabarse. Leer más…
Leído en Eclesalia
Con Jesús de Nazareth se inaugura una nueva era, un nuevo tiempo, en el cual se manifiesta la absoluta bondad de la divinidad. En él, la Divina Sabiduría adquiere el rostro humano del hermano, de quien acompaña, acoge y libera de cargas impuestas por otros. De ahí que el culto al templo y la mediación de personas especializadas para vincularnos con la divinidad dejan de tener sentido. Los mediadores de lo sagrado quedan sin oficio, porque Jesús recuerda que la sacralidad habita a todo ser humano, indistintamente de su condición social, sexo, raza u opción de vida.
Sin embargo, como dice Antonio Machado: caminante, no hay camino, se hace camino al andar. El camino al misterio, a lo sagrado, nadie te lo puede indicar. Sólo tú tienes la llave del sentido de tu vida. Sólo tú tienes acceso al manantial divino que brota de lo más íntimo de tu ser, en donde habita el silencio, en donde te puedes encontrar contigo misma; donde confluyen tu pasado, tu presente, tu futuro.
Descubrir lo sagrado que habita en ti, te lleva a encontrar la vida plena que ofrece Jesús. Ese es el agua viva del cual puedes beber y puedes ofrecer a quienes te rodean (cf. Jn 4,14). Está en tus manos la luz que ilumina las profundas zonas de tu interior para que puedas descubrir la razón de que se haya visto disminuida tu conciencia de divinidad: la imagen de Dios en ti (cf. Gn 1,27).
Resulta que tu miedo más grande no es por tu limitación o incapacidad, sino que temes brillar con tu propia luz y ser absolutamente poderosa, dueña de tu propia vida. Es tu luz, no tu sombra, lo que te aterra, porque nos han enseñado a ocultarla. Tomar el papel de víctima o pequeña no le sirve al mundo. Callar, no anuncia; el inmovilismo no genera; la esterilidad no da a luz.
Viviendo desde tu manantial puedes llegar a sanar tu propia vida. Las enfermedades y padecimientos están vinculados de una u otra manera con la negación de tu ser, de tu pasado, de tus potencialidades o con las sombras que buscan ser iluminadas por tu conciencia sagrada. La salud solamente puede brotar de ti misma (de donde ha brotado también el padecer), de tu habilitación como santa e inmaculada en el Señor (cf. Ef 1,4), siendo coherente con tu interior.
Sólo hay verdadera conversión cuando descubres el misterio que te habita, cuando asumes tu condición divina. Amando, descubres la Presencia Divina en ti y te vinculas con ella. Cuando dejas de responder a las expectativas de otros, dejas de fingir, dejas de seguir caminos de otros, para encaminarte en la búsqueda del sentido de tu propia existencia; entonces serás capaz de asumir el sacerdocio constituido por Jesucristo y asumirás responsablemente tu condición de hija de Dios y hermana de la creación.
Más allá de transmitirse o infundirse, el sacerdocio nace de lo más profundo de la conciencia humana. Cuando se le deja brotar y se tiene el valor, como Jesús, de hablar con la propia voz desde aquello que nos habita, que ve más allá de lo obvio, escucha lo que otros no escuchan, porque se han abierto los ojos y los oídos de la interioridad. Sólo desde lo más profundo del ser, se puede proclamar la Sabiduría Divina iluminando a quienes nos rodean. El sacerdocio sagrado de la Divinidad busca ser anunciado y compartido con quienes aún no han encontrado el camino.
Este trabajo nadie lo puede hacer por ti. Nadie puede ni debe tomar decisiones por ti porque nadie asume ni vive las consecuencias de ellas. Atrévete a dejarte iluminar por la sabiduría de quienes comparten tu camino: maestras, sanadoras, abuelas, tías, hermanas y encamínate.
Cuando ya no te importen los cánones, cuando por ti misma puedas distinguir la verdad de la mentira; cuando ya no le temas a la opinión de los demás y distingas desde tu interior el bien del mal, entonces habrás entrado en consonancia con tu ser divino. No temas, a Jesús le llamaron loco, hereje y lo crucificaron.
Hoy ya no te clavan en una cruz, pero pueden acabar contigo, callar tu alma, tu conciencia, la verdad que te habita. Sin embargo, la verdad y la autenticidad de lo divino no muere nunca, la luz que brilla trasciende los umbrales de los límites humanos y brillará por siempre, porque es sagrada.
Esa es la verdad que te hará realmente libre y sacerdotisa de ti misma.
(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).
silkeapel@gmail.com
Del blog À Corps… À Coeur:
» Si avanzar en edad no es una ocasión de fiesta, ¿qué celebras, entonces?
El hecho de volverse mejor. Celebramos al que, con relación al año precedente, se volvió mejor y más sabio. Así como que cada uno es el único que puede juzgar su progreso, es él quien dice a los demás que ha llegado el momento de organizar la fiesta. «
» Pero la gran diferencia entre los humanos de nuestra época y los de los orígenes, es que los Mutantes están habitados por el miedo. El Verdadero Pueblo no conoce el miedo. Los Mutantes amenazan a sus hijos. Necesitan sanciones penales y prisiones. Incluso la seguridad de los gobiernos se basa en la amenaza armada hacia otros países. Para la tribu, el miedo es una emoción del reino animal donde desempeña un papel importante en la supervivencia. Pero si los humanos conociesen la Unidad divina y comprendiesen que el universo no es fruto del azar sino un plan en vía de desarrollo, no podrían tener miedo. O tienes fe, o tienes miedo, pero no puedes tener ambas. Las cosas engendran el miedo y cuanto más cosas poseas, más miedo tendrás. Y, finalmente, vivirás tu vida para las cosas. «
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Marlo Morgan, en » Mensaje de los hombres verdaderos al mundo mutante «, Albin Michel
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Marlo Morgan, americana, fue elegida por una tribu de aborígenes para atravesar el desierto australiano en la indigencia más completa, salvo posiblemente la desnudez justamente que le ha sido ahorrada (Posiblemente ella misma fue la que deseó ahorrarlo a un público americano puritano). El fin de este periplo se dibuja despacio como una prueba para la elegida «mutante» de nuestro mundo moderno, escogida para ser despertada a la naturaleza e iniciada en los secretos de la sabiduría aborigen. La tribu le entregará un último mensaje para el mundo mutante.
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Del blog de la Communion Béthanie:
2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +
En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.
«Vivir, en el fondo,
es ser consciente
de mi Presencia interior. «
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12 de Febrero, Dios llama.
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Del blog À Corps… À Coeur:
Cristo no tiene manos
tiene solo nuestras manos
para realizar hoy su trabajo.
Cristo no tiene pies
tiene solo nuestros pies
para guiar a los hombres en sus caminos.
Cristo no tiene labios
tiene solo nuestros labios
para hablar de Él a los hombres de hoy.
Cristo no tiene medios
tiene solo nuestra ayuda
para conducir a los hombres hacia Él.
Somos la única Biblia
que los hombres leen hoy
somos el último mensaje de Dios
escrito en obras y palabras.
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Anónimo del siglo XV
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Del blog À Corps… À Coeur:
«La felicidad no existe más que circulando, comunicándose en un despojo continuo.
Esto quiere decir precisamente que la verdadera felicidad, la felicidad de la persona, la felicidad del espíritu, en definitiva todas estas felicidades que tienen su origen en la inteligencia y en el corazón, son bienes que no pueden ser poseídos. Cuando se quiere poseer la verdad, la perdemos. Cuando se quiere que sea un monopolio, la reducimos a una caricatura, cuando queremos poseer el amor lo convertimos en extraño «.
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Maurice Zundel
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