“María y la liberación de los pobres”, por Segundo Galilea.
El tema de María en la liberación cristiana e integral de los pobres y oprimidos va a surgir como el resultado del encuentro entre la devoción popular mariana (que es la propia de esos pobres) y la aspiración y movilización de esos mismos pobres en busca de su dignidad, de sus derechos y de su libertad violados por sistemas socialmente injustos y muchas veces políticamente opresivos.
La cuestión puede plantearse así: ¿de qué manera influye la piedad y espiritualidad popular mariana en las aspiraciones y tareas de liberación de los pobres? ¿Tiene María un lugar en una sana teología espiritual de la liberación de los pobres? La respuesta eclesial es afirmativa. Puede ser articulada teológicamente e integrarse en la tradición mariológica de la iglesia. Ello es posible debido a que el tercer mundo católico ha ido tomando conciencia, casi simultáneamente: a) de los caminos de su liberación, b) de la naturaleza colectiva que ésta tiene en los pobres, c) de las potencialidades liberadoras de su catolicismo popular y de su piedad mariana.
Por eso, la relativamente reciente reflexión cristiana sobre la liberación ha dado un lugar a María desde el inicio, al lado del lugar central de Jesucristo. Esta mariología liberadora se ha ido enriqueciendo en los últimos años, no sólo con la experiencia espiritual de las comunidades cristianas y con la elaboración de los teólogos, sino muy decisivamente con intervenciones del magisterio de la iglesia. Los enfoques de Juan Pablo II sobre María y la liberación, la dignidad de los pobres y la justicia, expresados sobre todo en sus viajes a América Latina, son abundantes al respecto.
No se trata de extrapolar los evangelios a nuestra situación actual, ni de forzar las fuentes de la revelación, haciendo de María una militante de la liberación y de la justicia, en los términos y maneras que hoy lo entendemos. Ello sería tan errado como innecesario. Si María tiene un lugar en la liberación y justicia de los pobres, es por su actitud y por su capacidad de inspiración evangélica y humanizadora, y no tanto como modelo de acción militante. Así como María es también modelo de acción misionera e inspiración y criterio para los misioneros, aunque ella nunca haya sido misionera en el sentido que hoy lo entendemos. No; de cara a la misión o a la liberación, María no fue una militante, ni hay que buscar en ella modelos de militancia según los términos actuales.
El lugar de María en la liberación es mucho más profundo: ella nos revela por el testimonio de su vida las grandes actitudes cristianas que deben acompañar a los militantes de la liberación; por la función maternal que ejerce en los hijos de Dios ella inspira y nutre las motivaciones de los cristianos que luchan por la liberación y la justicia; ella es un signo que alimenta la esperanza cristiana en la liberación total de los pobres y sufrientes. María es necesaria para que los pobres y oprimidos tengan presentes las actitudes y criterios que se requieren para hacer de su liberación un camino auténtico de libertad de toda forma de servidumbre humana. María les testimonia, por su pobreza y humildad, que la verdadera liberación y libertad no es hacerse rico, ni actuar insolidariamente, ni buscar poder para abusar de otros más débiles, ni acceder al desarrollo para caer en servidumbres nuevas de hedonismo y materialismo.
La contribución de María a una espiritualidad de solidaridad liberadora con los pobres puede resumirse así:
1. La Predilección de María por los pobres y oprimidos.
María formó parte del pueblo llano de su tiempo, compartió su vida ardua y anónima. (El grado sociológico de la pobreza de María —o de Jesús, para el caso— no tiene importancia aquí.) Por ello se identifica con los sencillos y modestos de la tierra. Al compartir su suerte les revela su dignidad: la madre de Dios y de los hombres es una mujer como ellos. Esta solidaridad de María con la pobreza y los pobres es ya un factor en su liberación, pues la liberación comienza y se alimenta con el descubrimiento de la dignidad de los pobres y de su mutua solidaridad.
Esta opción preferencial por los pobres en María no es sólo un hecho evangélico: en la condición ardua y pobre del nacimiento de Jesús, en la inseguridad de la persecución de Herodes, que la llevó a exiliarse en Egipto con su familia, en la vida opaca y modesta de Nazaret como una mujer más del pueblo, etc. Es también un aspecto de la devoción popular mariana. El pueblo sencillo y pobre siente a María cercana, una de ellos. Las tradiciones sólidas de apariciones marianas (Guadalupe, Lourdes, Fátima como ejemplos bien conocidos) se dan en lugares pobres y a gente sencilla, a menudo niños y niñas. Los grandes lugares de veneración mariana son visitados sobre todo por los más pobres, necesitados, sufrientes y oprimidos, aun sociopolíticamente. Todo esto encierra un gran mensaje mariano sobre la dignidad de los pobres y una llamada a la solidaridad por su liberación humana.
2. María arroja una nueva luz en la liberación de inspiración cristiana.
Ésta se afirma esencialmente en la dignidad de los pobres y en los derechos que esta dignidad reclama. La liberación es la plenitud de la dignidad humana. La liberación tiene también por base la solidaridad fraterna de todos los hombres, creados todos a semejanza de Dios e hijos de Dios por gracia. La liberación debe conducir no sólo a sistemas más justos, sino sobre todo a la convivencia fraterna, debe transitar por los caminos de la solidaridad y no por las vías del odio, de la violencia y la lucha ciega y sistemática. Los logros puramente materiales de la liberación son relativos y aun ambiguos si no conducen a crecer en dignidad y en fraternidad de lo cual María fue modelo y es inspiración.

3. María era consciente y solidaria con las miserias y servidumbres del pueblo de Israel.
Participaba en el anhelo de liberación de ese pueblo; integró ese anhelo en la promesa de Dios y en la obra de Cristo como redentor del pecado y como salvador de toda servidumbre humana. María dio a los anhelos de liberación de su pueblo un horizonte de esperanza en la venida del reino de Dios, que haría nuevas todas las cosas.
Esta actitud de María está condensada en su Magnificat (Lc 1,46-55). En el tercer mundo creyente se reza el Magníficat teniendo presente esta actitud. En algunos lugares se ha convertido en un texto clave para entender la actitud de María en la liberación de su pueblo. El propio magisterio de la iglesia ha hecho uso de él en este sentido (cf Puebla 297; instrucción sobre “Libertad cristiana y liberación”, Cong. de la Fe, n. 48; encíclica de Juan Pablo II sobre la “Bienaventurada Virgen María en la vida de la iglesia peregrina” (Redemptoris Mater, n. 37). El tema ha sido reiterado por el propio papa Juan Pablo II, particularmente en sus viajes a Iberoamérica, comenzando por su homilía en Zapopán, México (AAS LXXI, p. 230). En todo esto no hay abuso sociológico o ideológico con respecto al Magníficat; sólo la constatación de que las promesas de Dios, que se han comenzado a realizar con la venida de Cristo, por las que María da gracias al haber sido elegido como humilde instrumento, incluyen la realización de un reino de justicia entre los hombres. Un reino que enaltece a los humildes y derriba a los poderosos, que colma de bienes a los hambrientos y despide vacíos a los ricos (Lc 1,51-53). Esta promesa forma parte para siempre de la esperanza de los pobres, de la que María es un testigo privilegiado.
El mordiente liberador de la piedad mariana, ¿es sólo una hermosa teoría o responde a experiencias y hechos? ¿Ha habido momentos en la historia de esos pueblos en que María haya simbolizado e inspirado la causa de la justicia y la libertad? Hechos pasados y recientes responden que sí. Aunque en esto las motivaciones del pueblo o de los líderes sean complejas y se dé siempre la tentación de utilizar política o ideológicamente la devoción religiosa con las ambigüedades consiguientes, existe siempre el hecho de que en momentos de crisis, cuando está en juego la libertad, la intuición religiosa popular vio en María una protección y un símbolo de Dios que hace suya la justa causa de los pobres. Todo país en que la devoción mariana tiene una envergadura popular podría contribuir con ejemplos. Ya recordamos más atrás el caso, entre otros, del lugar de María en las gestas de emancipación de los países de Iberoamérica. Ejemplos contemporáneos tampoco faltan, desde los campesinos mexicoamericanos que en California luchan por sus reivindicaciones bajo el estandarte de la Virgen de Guadalupe hasta el pueblo filipino, que en 1986 cambió su sistema de gobierno no con armas ni puras consignas políticas, sino con manifestaciones pacíficas presididas por imágenes de María y rezando el rosario.
Segundo Galilea
Diccionario de Mariología
Fuente Reflexión y Liberación

Es conocido como ‘el pintor de la Teología de la Liberación’, «una etiqueta que a él no le agrada, porque ahí no se puede resumir su pasión por los pobres y por Dios», como adelantó Marian del Toro en la presentación del libro-homenaje a Maximino, ‘Mino‘ Cerezo, que tuvo esta noche lugar en la ‘parroquia roja’ (en San Carlos Borromeo tampoco pueden evitar algunas etiquetas, que tampoco les impiden seguir luchando por el Evangelio de Jesús), delante de muchos amigos.
Abrió el fuego Emiliano Tapia, el párroco de la cárcel de Topas (Salamanca), buen conocedor de la vida del pintor y uno de los responsables de la edición de este libro en castellano, junto a un grupo de amigos, después de la ‘profecía‘ que tuvieron unos buenos amigos italianos, de la Comunidd de vía Gaggio de Lecco. Ambos llegaron a Madrid en coche, y volvieron nada más terminar el acto, al mundo rural del que provienen. Un penúltimo servicio para un hombre de 91 años que, aún hoy, y «con poco oído izquierdo«, sigue dibujando.
Sobre su pintura, Cerezo confesó que «fui a América para olvidarme de pintar», pero «al llegar a Perú, descubrí que la pintura podía ser una herramienta de transmisión del Evangelio», algo que debe «a una sencilla mujer, que entró en la parroquia cuando me estaba preparando para la Eucaristía». Esa mujer contempló el mural de la salvación, de 38 metros de largo. Esa mujer tiene a su pies, en un canastillo, un niño muerto. Y la mujer se puso a rezar frente a ella. «Ahí me di cuenta que debía volver a tomar la pintura como un vehículo de transmisión del mensaje. Y así ha sido durante más de 35 años en América Latina, para volver a Salamanca» y, también ahí, «acercarme al mundo de los pobres«.
Edoardo Santini, 
Bridget and Christian Ziegler
Los padres han perdido su intento legal de evitar que su hijo de 17 años se someta a una cirugía superior.

Sor Jane Aseltyne,
Cuando miramos la vida de Juan a través de esta lente, lo vemos como alguien valiente que creía tan apasionadamente en la misión redentora de Jesús que estaba dispuesto a dar su vida por ella. Predicó la urgencia. Sabía que su tiempo era limitado y sabía que las personas que lo rodeaban necesitaban reorientar sus vidas y actitudes para dar paso a la venida de Jesús.
Del blog de Peio Sánchez,
Blanca Portillo ya nos había enseñado su don en “María, conversa” (2016) y nos sobrecogió en “Maixabel” (2021). Lo que asombra es una composición unitaria del personaje que vive “amor contra Amor” a través de múltiples registros de la profética y humilde, la rebelde y sagaz, la contenida y traspasada, la de las cebollas y la de su Señor. No le va a la zaga Asier Etxeandia que ya apuntaba maneras en “Dolor y gloria” aunque los premios de los llevara Banderas. Aquí interpreta al Inquisidor que va y viene de juez a alter ego demoníaco de Teresa, de creyente a medias a espejo “a veces roto” del mismo espectador. Y por fin, en ambos, voces de verdad en el cine español sin contar con los dobladores, a viva voz
Las paradojas de Teresa permiten acercarnos a la belleza de las formas y la radicalidad de lo humano. “Soy enemiga de dar pesadumbre en lo que se puede evitar, pero no temo tener enemigos”. “Aquí todas sabemos los cuidados que trae tener propio y la riqueza que está en la pobreza”. “Nuestras vidas solo deseamos que el Señor nos ofrezca en qué perderlas. Todo se gana en perderlo todo por él”. “A veces se llama desorden a lo que es espíritu”. Y aquí se desvela la fe de Teresa en su profunda verdad. “Es una gran pena, pero tan dulce que no hay deleite que más gusto dé. Dios aprieta al alma con abrazo que nunca querría ella salir de él”
Hasta que puedan decidir por sí mismxs. Si bien en 2015 una circular del Minsal había prohibido las cirugías, un año más tarde el Ministerio volvió a abrir la puerta a esas peligrosas intervenciones. Una nueva circular del Gobierno las erradica ahora de raíz, con una clara perspectiva de derechos humanos.
La evangélica gay
El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, supuestamente “aplaudió” las sugerencias para ilegalizar el sexo gay en Estados Unidos y, según se informa, dijo que pedir una prohibición no sería “radical”.
Para ser humana, a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad. Se nos obliga a vivir con rapidez, sin detenernos en nada ni en nadie, y la felicidad no tiene tiempo para penetrar hasta nuestro corazón. Pasamos rápidamente por todo y nos quedamos casi siempre en la superficie. Se nos está olvidando escuchar la vida con un poco de hondura y profundidad.
Leído en Koinonia:
Del blog de Xabier Pikaza:
Del blog 
ADVIENTO 2º(B)
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