Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.
Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.
Alzo la mano, y tú
me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.
Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!
*
Blas de Otero Ángel fieramente humano (1950)
***
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
– “Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario.”
Por algún tiempo se llegó, pero después se dijo:
– “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.””
Y el Señor añadió:
– “Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?“
*
Lucas 18, 1-8
***
Toda oración nace de una situación de desconsuelo. Si ruego a alguien es porque tengo necesidad de él. Y si mi oración no es escuchada de inmediato, corre el riesgo de quedar humillada y puede hacer que me encierre en mí mismo, en un abismo aún más negro que aquel del que quisiera sustraerme: la desesperación. Toda oración que sea verdaderamente tal se sostiene, fatigosa y delicadamente, entre la desesperación y la esperanza.
Jesús nos sugiere que, cuando nos dirijamos a Dios, oremos siempre, sin cansarnos nunca. A largo plazo, por ser una oración verdadera, se confundirá con la espera humilde, paciente, vacilante, pero que no disminuye nunca, a no ser que quiera contentarme con una oración mágica, que haga saltar la respuesta de una manera automática, instantánea, barata.
Ahora bien, cuando se trata de oración verdadera, cuando se trata de la gran herida del mundo que se abre a la mirada de Dios, del fundamental desconsuelo del hombre que pide gracia, Dios desea que sea cara. Dios espera que el hombre luche con él, desea la confrontación entre la pobreza y la gracia, porque desea ardientemente dejarse vencer por la oración. Cuando un hombre grita su desconsuelo ante Dios – y no sólo el suyo propio, sino también la inmensa angustia del mundo-, se manifiesta y se realiza un gran misterio de amor. Dios escucha atenta, amorosamente, esta oración, como la respiración del universo.
Cuando la oración brota del corazón del hombre, es el mundo el que empieza a respirar. Dios se inclina y escucha esta oración convertida en el aliento secreto del mundo, que le da vida interior y que debe despertarlo a Dios. El mundo entero se encuentra, en toda oración, como un gran niño adormecido en los brazos de Dios y a punto de despertarse bajo su mirada, al rumor de su propia respiración.
*
A. Louf, Solo el amor será suficiente,
Cásale Monf. 1985, pp. 192-194, passim.
Comentarios desactivados en “¿Seguimos creyendo en la justicia?”. 29 Tiempo ordinario – C (Lucas 18,1-8)
Lucas narra una breve parábola indicándonos que Jesús la contó para explicar a sus discípulos «cómo tenían que orar siempre sin desanimarse». Este tema es muy querido al evangelista que, en varias ocasiones, repite la misma idea. Como es natural, la parábola ha sido leída casi siempre como una invitación a cuidar la perseverancia de nuestra oración a Dios.
Sin embargo, si observamos el contenido del relato y la conclusión del mismo Jesús, vemos que la clave de la parábola es la sed de justicia. Hasta cuatro veces se repite la expresión «hacer justicia». Más que modelo de oración, la viuda del relato es ejemplo admirable de lucha por la justicia en medio de una sociedad corrupta que abusa de los más débiles.
El primer personaje de la parábola es un juez que «ni teme a Dios ni le importan los hombres». Es la encarnación exacta de la corrupción que denuncian repetidamente los profetas: los poderosos no temen la justicia de Dios y no respetan la dignidad ni los derechos de los pobres. No son casos aislados. Los profetas denuncian la corrupción del sistema judicial en Israel y la estructura machista de aquella sociedad patriarcal.
El segundo personaje es una viuda indefensa en medio de una sociedad injusta. Por una parte, vive sufriendo los atropellos de un «adversario» más poderoso que ella. Por otra, es víctima de un juez al que no le importa en absoluto su persona ni su sufrimiento. Así viven millones de mujeres de todos los tiempos en la mayoría de los pueblos.
En la conclusión de la parábola, Jesús no habla de la oración. Antes que nada, pide confianza en la justicia de Dios: «¿No hará Dios justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?». Estos elegidos no son «los miembros de la Iglesia» sino los pobres de todos los pueblos que claman pidiendo justicia. De ellos es el reino de Dios.
Luego, Jesús hace una pregunta que es todo un desafío para sus discípulos: «Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?». No está pensando en la fe como adhesión doctrinal, sino en la fe que alienta la actuación de la viuda, modelo de indignación, resistencia activa y coraje para reclamar justicia a los corruptos.
¿Es esta la fe y la oración de los cristianos satisfechos de las sociedades del bienestar? Seguramente, tiene razón J. B. Metz cuando denuncia que en la espiritualidad cristiana hay demasiados cánticos y pocos gritos de indignación, demasiada complacencia y poca nostalgia de un mundo más humano, demasiado consuelo y poca hambre de justicia.
Comentarios desactivados en Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan. Domingo 20 de octubre de 2019. 29º Ordinario
De Koinonia:
Éxodo 17,8-13: Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel. Salmo responsorial: 120: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. 2Timoteo 3, 14-4, 2: El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Lucas 18, 1-8: Dios hará justicia a sus elegidos que le gritan
Jesús propuso esta parábola para invitar a sus discípulos a no desanimarse en su intento de implantar el reinado de Dios en el mundo. Para ello, además de trabajar duro, deberán ser constantes en la oración, como la viuda lo fue en pedir justicia hasta ser oída por aquél juez que hacía oídos sordos a su súplica. Su constancia, rayana en la pesadez, llevó al juez a hacer justicia a la viuda, liberándose de este modo de ser importunado por ella.
Esta parábola del evangelio tiene un final feliz, como tantas otras, aunque no siempre suele suceder así en la vida. Porque, ¿cuánta gente muere sin que se le haga justicia, a pesar de haber estado de por vida suplicando al Dios del cielo? ¿Cuántos mártires esperaron en vano la intervención divina en el momento de su ajusticiamiento? ¿Cuántos pobres luchan por sobrevivir sin que nadie les haga justicia? ¿Cuántos creyentes se preguntan hasta cuándo va a durar el silencio de Dios, cuándo va a intervenir en este mundo de desorden e injusticia legalizada? ¿Cómo permite el Dios de la paz y el amor esas guerras tan sangrientas y crueles, el demencial armamento militar, el derroche de recursos que destruyen el medio ambiente, el hambre, la desigualdad creciente entre países y entre ciudadanos?
En medio de tanto sufrimiento, al creyente le resulta cada vez más difícil orar, entrar en diálogo con ese Dios a quien Jesús llama “padre”, para pedirle que “venga a nosotros tu reinado”. Desde la noche oscura de ese mundo, desde la injusticia estructural, resulta cada día más duro creer en ese Dios presentado como omnipresente y omnipotente, justiciero y vengador del opresor.
O tal vez haya que cancelar para siempre esa imagen de Dios a la que dan poca base las páginas evangélicas. Porque, leyéndolas, da la impresión de que Dios no es ni omnipotente ni impasible –al menos no ejerce como tal-, sino débil, sufriente, “padeciente”; el Dios cristiano se revela más dando la vida que imponiendo una determinada conducta a los humanos; marcha en la lucha reprimida y frustrada de sus pobres, y no a la cabeza de los poderosos.
El cristiano, consciente de la compañía de Dios en su camino hacia la justicia y la fraternidad, no debe desfallecer, sino insistir en la oración, pidiendo fuerza para perseverar hasta implantar su reinado en un mundo donde dominan otros señores. Sólo la oración lo mantendrá en esperanza.
No andamos dejados de la mano de Dios. Por la oración sabemos que Dios está con nosotros. Y esto nos debe bastar para seguir insistiendo sin desfallecer. Lo importante es la constancia, la tenacidad. Moisés tuvo esa experiencia. Mientras oraba, con las manos elevadas en lo alto del monte, Josué ganaba en la batalla; cuando las bajaba, esto es, cuando dejaba de orar, los amalecitas, sus adversarios, vencían. Los compañeros de Moisés, conscientes de la eficacia de la oración, le ayudaron a no desfallecer, sosteniéndole los brazos para que no dejase de orar. Y así estuvo –con los brazos alzados, esto es, orando insistentemente-, hasta que Josué venció a los amalecitas. De modo ingenuo se resalta en este texto la importancia de permanecer en oración, de insistir ante Dios.
En la segunda lectura Pablo también recomienda a Timoteo ser constante, permaneciendo en lo aprendido en las Sagradas Escrituras, de donde se obtiene la verdadera sabiduría que, por la fe en Cristo Jesús, conduce a la salvación. El encuentro del cristiano con Dios debe realizarse a través de la Escritura, útil para enseñar, reprender, corregir y educar en la virtud. De este modo estaremos equipados para realizar toda obra buena. El cristiano debe proclamar esta palabra, insistiendo a tiempo y a destiempo, reprendiendo y reprochando a quien no la tenga en cuenta, exhortando a todos, con paciencia y con la finalidad de instruir en el verdadero camino que se nos muestra en ella. Leer más…
Comentarios desactivados en 20.10.19. Dom 29 ciclo C. Lc 18, 1-8 Voz de la Viuda, el grito de los Pobres de la Tierra
Del blog de Xabier Pikaza:
Si desoye a la viuda (Amazonia) la Iglesia se muere, se seca la tierra
Desde la experiencia del holocausto (shoa), E. Levinas, judío experto en opresiones, nos habló de la eficacia del “rostro suplicante”. El mayor poder del mundo no es la bomba, ni un Estado pretendidamente soberano, ni el gran Capital/Mamona, una Iglesia triunfara, sino un rostro impotente que mira y suplica, pues lleva en el fondo toda la energía de Dios.
Esta es la eficacia del Dios/Viudo (Dios/Viuda), el impotente supremo que todo lo puede en amor, mirando y creando así todas las cosas, como decía Juan de la Cruz, al afirmar que Dios creaba estrellas y personas «con sola su mirada», en amor. El evangelio de hoy no habla del Dios-Viuda que mira impotente, que llama y que crea con su grito, con la mirada hecha grito a favor de la vida.
Las viudas son para la Biblia judía y cristiana el prototipo de los necesitados, personas sin derechos familiares (no tienen ya padre, ni tienen marido ni hijos), sometidas a la arbitrariedad de los poderosos. Pues bien, las viudas aparecen de un modo especial en el evangelio de Lucas, que seguimos leyendo este domingo:
Entre los que esperan y saludan a Jesús en su nacimiento hay una viuda (Lc 2, 37); Eetre los que piden la ayuda de Jesús está la viuda de Naím (Lc 7, 12) con sus hijo muertos…
Hacia el final del evangelio está la viuda que da todo lo que tiene, en gesto de suprema generosidad (Lc 21, 2-3). Pues bien, hoy aparece esta viuda suplicante (Lc 18, 1-8), una mujer que no tiene nada, y que sin embargo puede conseguirlo todo a través de su grito.
Para los que piensan que no merece la pena salir a la calle y gritar (en plano social y religioso, político y eclesial) nos sale al encuentro este evangelio
Texto
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: Hazme justicia frente a mi adversario. Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.
Y el Señor añadió: Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? (Lucas 18, 1-8)
La viuda “cree” en el valor de su insistencia:
está convencida de que el juez le atenderá, si se mantiene firme y pide, una y otra vez, con actitud que puede llegar a ser “desagradable” para el mismo juez (¡puede acabar pegándole en la cara!). La súplica de la viuda (¡que no tiene más recurso que su insistencia!) puede transformar al mismo juez.
En el contexto bíblico, esta viuda que “pide justicia”, de un modo insistente, es signo de todos los pobres del mundo que sólo cuentan con eso que la tradición católica ha llamado la “omnipotencia suplicante” (aplicada a la Virgen María, cuando intercede por los hombres). Pues bien, en nuestro caso, esta viuda es la Virgen María, que es omnipotente por su forma de pedir.
Traslademos el gesto de la viuda a nuestro mundo, a todos los pobres y excluidos de la sociedad.
Ciertamente, el mal juez (los malos poderes del mundo, que no creen en Dios ni en la justicia) puede ignorar a los que piden, gritan, se manifiestan. ¿Qué le importa al sistema la vida o muerte de los pobres? ¿Qué le importa al capitalismo la suerte de los miles de hombres y mujeres que mueren cada día de hambre o abandono? No, en un primer momento, a los jueces del mundo no les importa nada. Ellos van a lo suyo: su justicia particular, si imperio, su dinero, los demás que mueren. Pero esa respuesta no está tan clara: ¡Si todos los pobres gritan, como esa viuda, el sistema tiembla!
Ésta parábola no es una palabra particular (circunstancial) de Jesús, sino que ella recoge la experiencia más honda de la Biblia, desde los hebreos de Egipto que gritan y Dios les escucha (Ex 2). En contra de lo que se dice, al final de todo no está el triunfo militar de los más fuertes, ni el poder del dinero, sino el poder más alto, la omnipotencia del grito, un grito incesante, de no-violencia activa.
El problema está en que la mayoría callan o se doblegan ante el sistema,
ante el orden de opresión del mundo, pidiendo pequeñas migajas, subsidios pequeños…, para que todo siga igual. Pues bien, en contra de eso, esta viuda grita, en gesto de manifestación radical. ¡Una y otra vez se eleva ante el juez!, que controla los grandes poderes del mundo (tiene a su servicio el ejército, la policía, la cárcel y el dinero). Pero la viuda tiene algo más fuerte: Su grito insistente, su protesta continua, su “huelga” sin fin (su no-violencia activa).
Si todas las viudas del mundo gritaran, si todos los que están engañados por esta sociedad elevaran la voz y se plantaran, los grandes jueces tendrían que decir, pues no se pude vivir en este mundo enfrentándose a todos.
La omnipotencia de los que gritan, pidiendo justicia
He visto el rostro de esta viuda por doquier,aquí en Castilla donde vivo, en la Iglesia de la que formo parte,y, de un modo especial, entre los hombres y mujeres que sufren y llaman, a lo largo y a lo ancho de la tierra. Leer más…
Los cristianos para los que Lucas escribió su evangelio no estaban muy acostumbrados a rezar, quizá porque la mayoría de ellos eran paganos recién convertidos. Igual que muchos cristianos actuales, sólo se acordaban de santa Bárbara cuando truena. Lucas se esforzó por inculcarles la importancia de la oración: les presentó a Isabel, María, los ángeles, Zacarías, Simeón, pronunciando las más diversas formas de alabanza y acción de gracias; y, sobre todo, a Jesús retirándose a solas para rezar en todos los momentos importantes de su vida.
El comienzo del evangelio de este domingo (Lucas 18, 1-8) parece formar parte de la misma tendencia: “En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola”. Sin embargo, el final nos depara una gran sorpresa.
En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola:
‒ Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres.
En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle:
‒ Hazme justicia frente a mi adversario.
Por algún tiempo se negó, pero después se dijo:
‒ Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara.
Y el Señor añadió:
‒ Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios…
Interrumpe la lectura y pregúntate cuál sería el final lógico. Probablemente éste: Pues Dios, ¿no escuchará a los quienes le suplican continuamente, sin desanimarse?
Sin embargo, no es así como termina la parábola de Jesús, sino con estas palabras:
Pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar.
El acento se ha desplazado al tema de la justicia, a una comunidad angustiada que pide a Dios que la salve. No se trata de pedir cualquier cosa, aunque sea buena, ni de alabar o agradecer. Es la oración que se realiza en medio de una crisis muy grave.
Los elegidos que gritan día y noche
Recordemos que Lucas escribe su evangelio entre los años 80-90 del siglo I. Algunas fechas ayudan a comprender mejor el texto.
Año 62: Asesinato de Santiago, hermano del Señor.
Año 64: Nerón incendia Roma. Culpa a los cristianos y más tarde tiene una persecución en la que mueren, entre otros muchos, según la tradición, Pedro y Pablo.
Año 66: los judíos se rebelan contra Roma. La comunidad cristiana de Jerusalén, en desacuerdo con la rebelión y la guerra, huye a Pella.
Año 70: los romanos conquistan Jerusalén y destruyen el templo.
Año 81: sube al trono Domiciano, que persigue cruelmente a los cristianos y promulga la siguiente ley: “Que ningún cristiano, una vez traído ante un tribunal, quede exento de castigo sin que renuncie a su religión”.
En este contexto de angustia y persecución se explica muy bien que la comunidad grite a Dios día y noche, y que la parábola prometa que Dios le hará justicia frente a las injusticias de sus perseguidores.
Sin embargo, Lucas termina con una frase desconcertante: Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?
La venida del Hijo del Hombre
¿A qué viene esta referencia al momento final de la historia, que parece fuera de sitio? Para comprenderla conviene leer el largo discurso de Jesús que sitúa Lucas inmediatamente antes de la parábola de la viuda y el juez (Lc 17,20-37). Algunos pasajes de ese discurso parecen escritos teniendo en cuenta lo ocurrido el año 79, cuando el Vesubio entró en erupción arrasando las ciudades de Pompeya y Herculano. Muchos cristianos debieron de ver este hecho como un signo precursor del fin del mundo y de la vuelta de Jesús. Ese mismo tema lo recoge Lucas al final de la parábola para relacionar la oración en medio de las persecuciones con la segunda venida de Jesús.
La fe de una oración perseverante
El tema de la vuelta del Señor es esencial para entender el evangelio de Lucas, aunque subraya que nadie sabe el día ni la hora, y que es absurdo perderse en cálculos inútiles. Lo importante es que el cristiano no pierda de vista el futuro, la meta final de la historia, que culminará con la vuelta de Jesús y el final de las persecuciones injustas.
Pero esa no era entonces la actitud habitual de los cristianos, ni tampoco ahora. Lo habitual es vivir el presente, sin pensar en el futuro, y mucho menos en el futuro definitivo, que nos resulta, hoy día, mucho más lejano que a los hombres del siglo I.
Eso es lo que quiere evitar el evangelio cuando termina desafiándonos: Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Que nuestra fe no se limite a cinco minutos o a un comentario, sino que nos impulse a clamar a Dios día y noche.
La trampa de Lucas
Como en otras ocasiones, plantea un tema con el que el lector puede sentirse en desacuerdo: Jesús rezó sin desfallecer, hasta derramar sangre, y lo mataron; a los apóstoles los mataron; a los cristianos los persiguieron.
¿En qué consiste hacer justicia? La solución en Hechos: la comunidad perseguida no pide que le hagan justicia sino que le den fuerza para seguir proclamando el evangelio. Y eso lo consiguen por acción del Espíritu Santo.
La primera lectura (Éxodo 17,8-13)
Propone las mismas ideas del evangelio aunque de forma que a muchos puede resultar políticamente incorrecta. Los amalecitas, un pueblo nómada, atacaban a menudo a los israelitas durante su peregrinación por el desierto hacia la Tierra Prometida. Una persecución parecida a la que sufrieron los cristianos por parte de Roma. Pero Moisés no espera que Dios intervenga para salvarlos; ordena a Josué que los ataque. Lo interesante del relato es que mientras Moisés mantiene las manos en alto, en gesto de oración, los israelitas vencen; cuando las baja, son derrotados. Pero a los judíos nunca le faltan ideas prácticas para solucionar el problema. Lee el texto.
En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué:
‒ Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte, con el bastón maravilloso de Dios en la mano.
Hizo Josué lo que le decía Moisés, y atacó a Amalec; mientras Moisés, Aarón y Jur subían a la cima del monte. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía baja, vencía Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compañeros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada.
Este texto ha sido elegido porque va en la línea de orar siempre sin desanimarse que intenta inculcar el evangelio. Pero la idea de usar la oración para matar amalecitas no parece la más evangélica.
Comentarios desactivados en Domingo XXIX del Tiempo Ordinario. 20 octubre, 2016
“Para mostrar (a sus discípulos) la necesidad de orar siempre, sin desanimarse, Jesús les contó esta parábola. Había en una ciudad un juez que no temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había también en aquella ciudad una viuda que no cesaba de suplicarle: `hazme justicia frente a mi enemigo`. El juez se dijo: ´aunque no temo a Dios ni respeto a nadie, es tanto lo que esta viuda me importuna, que le haré justicia para que deje de molestarme de una vez´. Y el Señor añadió: ´cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará fe en la tierra?”.
¡Qué bella invitación nos hace Jesús! Nos llama a perseverar, a confiar en nuestro Dios.
La oración cristiana es una relación personal con Dios. Relación que nos descubre lo que en verdad somos: ¡Hijas e hijos de Dios! No hay mayor gozo para una persona buscadora de interioridad que saber que Dios Padre está esperando nuestra súplica insistente, como la de la viuda.
Súplica que es un balbuceo del corazón, una mirada confiada. Un dejarse descubrir por la ternura de Dios Padre-Madre, que no responde cansado y malhumorado como el juez, sino con amor tierno a nuestras miradas, a nuestras búsquedas, a nuestras añoranzas de interioridad.
Este es el fin de nuestra oración: llegar a las entrañas de Dios, dejarnos tocar, dejarnos atraer por su Amor. Y esta experiencia tiene retorno, no queda en las nubes perdida, sino que nos enseña: “aprended a hacer el bien, buscad el derecho, proteged al oprimido, socorred al huérfano, defended a la viuda” (Is 1,17) todo lo contrario del juez.
Oración
Abre tu corazón, levanta la mirada más allá de lo tangible y con corazón suplicante pon en manos de Dios Padre-Madre el dolor de la humanidad y el tuyo propio. Ante Él todo se transforma.
Comentarios desactivados en Dios no tiene que hacer justicia
Lc 18,1-8
Comentar las lecturas de hoy es complicado porque, partiendo de ellas, tenemos que concluir literalmente lo contrario de lo que dicen. La 1ª: el mito de la elección. El Dios de Jesús no puede estar en contra de nadie. Amalec es para Dios tan querido como el pueblo israelita, aunque los judíos sigan pensando otra cosa. La 2ª: El mito de la inspiración. No toda la Escritura es útil para enseñar. Recordad las palabras de Jesús: habéis oído que se dijo… pero yo os digo… La 3ª: el mito de la justicia de Dios. Ni ahora ni después, ni al que se lo pida con insistencia ni al que no se lo pida, va a hacer justicia humana de ninguna manera.
La Escritura es fruto de una experiencia religiosa personal, pero está expresada en conceptos que corresponden a una visión mítica del mundo. Al intentar entenderla y juzgarla desde nuestra mentalidad, que ya no es mítica, distorsionamos el mensaje. Debemos tener la valentía de separar el mensaje del envoltorio en que ha sido transmitido. Nuestra teología ha sido un intento de convertir el mito en logos. La racionalización del mito nos impide descubrir su valor y nos lleva a una falsificación de la verdad que en él se contiene.
La modernidad cometió el error de lanzar por la borda la increíble riqueza de la experiencia religiosa, porque confundió el embalaje mítico en que venía presentada con la verdad que quería trasmitir. Con el agua del baño hemos tirado por la ventana al niño. Pero las religiones, sobre todo la nuestra, sigue manteniendo el error de no querer prescindir del envoltorio porque después de tanto tiempo insistiendo en que había que mantener a toda costa el mito, ahora no tienen la valentía de proponer la verdad separada del mismo mito.
Hoy es imprescindible atender al contexto para entender el texto. A continuación del relato de los diez leprosos, que hemos leído el domingo pasado, le preguntan a Jesús los fariseos sobre cuándo llegará el Reino de Dios. Jesús responde con afirmaciones sobre el Reino de Dios y sobre la última venida del Hijo del hombre. Con la perspectiva de ese pequeño apocalipsis, el relato de hoy cobra su verdadero sentido. No trata de prevenir cualquier desánimo, sino del peligro de caer en el desaliento porque la parusía se retrasaba demasiado. Recordemos que la expectativa de un final inmediato era el ambiente en que se vivió el primer cristianismo.
La parábola del juez y la viuda no tiene aplicación posible desde nuestra religiosidad actual. No podemos poner como modelo para Dios a un juez injusto que actúa por aburrimiento. Es que ni siquiera podemos esperar que haga justicia. Hoy sabemos que Dios no puede tener ahora una postura y otra para dentro de una hora o para el final de los tiempos. Dios es siempre el mismo y no puede cambiar para amoldarse a una petición. No tenemos que esperar al final del tiempo para descubrir la bondad de Dios sino descubrir a Dios presente, incluso en todas las calamidades, injusticias y sufrimientos que los hombres nos causamos unos a otros.
El tema es de máxima importancia, porque la oración, en cualquiera de sus formas, es una de las manifestaciones religiosas que más nos dice sobre nuestra manera de entender a Dios y al hombre. Lo que esperamos de la oración de petición nos puede servir de test para comprender el estadio en que se encuentra nuestra religiosidad. Agustín, con su genialidad, nos ha metido por un callejón sin salida cuando afirmó que la oración no era eficaz, quia malum, quia mala, quia male. Que quiere decir: porque soy malo, porque pido cosas malas, porque las pido de mala manera. Este razonamiento es insostenible porque, constatado que Dios no responde, nos las arreglamos para dejar a salvo a Dios, pues la culpa la tenemos siempre nosotros.
De manera menos lapidaria yo me atrevo a decir: Si rezamos, esperando que Dios cambie la realidad: malo. Si esperamos que cambien los demás, malo, malo. Si pedimos, esperando que el mismo Dios cambie: malo, malo, malo. Y si terminamos creyendo que Dios me ha hecho caso y me ha concedido lo que le pedía: rematadamente malo. Cualquier argucia es buena, con tal de no vernos obligados a hacer lo único que es posible: cambiar nosotros.
No es tarea de Dios impartir justicia humana, y la justicia divina se está realizando en todo momento. Para Él todo está en orden en cada instante. El que es objeto de injusticia no será afectado en su verdadero ser si él no se deja arrastrar por la misma injusticia. La justicia humana se impone por el poder judicial. Cuando pedimos a Dios que imponga “justicia” le estamos pidiendo que actúe para restablecer un desequilibrio. Para Dios todo está siempre en absoluto equilibrio, no necesita equilibrar nada. Dios no puede actuar contra nadie por malo que sea. Dios está siempre con los oprimidos, pero nunca contra los opresores.
En la Biblia “hacer justicia” es liberar al oprimido. Esta era la acción más propia de Dios. El pueblo de Israel interpretó los acontecimientos favorables como acción de Dios a su favor. Pero cuando las cosas le iban mal tenían que concluir que se debía a que no habían sido fieles a la Alianza. La verdad es que ante las mayores injusticias de entonces y de ahora, Dios se calla. Es muy difícil armonizar este silencio de Dios con la insistencia en la eficacia de la oración. Dios no puede hacer justicia, tal como la entendemos los humanos.
Aquí no se trata de la oración sino de la petición a Dios de justicia para los oprimidos. No debemos esperar la acción puntual de Dios, sino descubrir su presencia en todo acontecer y en toda situación. Es mucho más importante saber aguantar la injusticia que alcanzar nuestra justicia. Es mucho más importante ser siempre “justos” que conseguir justicia de otros. La justicia de Dios es una actitud que permite descubrir todo lo que puedo esperar en el momento actual, sin que Dios tenga que hacer nada, mucho menos teniendo que echar mano de su poder.
La oración no la hago para que la oiga Dios, sino para escucharla yo mismo y darme la ocasión de profundizar en el conocimiento de mi ser profundo. Todo ello me llevará a dar sentido al sinsentido aparente. El silencio de Dios me obliga a profundizar en la realidad que me desborda y a buscar la verdadera salida, no la salida fácil de una solución externa del problema, sino la búsqueda del verdadero sentido de mi vida en esa circunstancia. Mi justicia la tengo que hacer yo en mí. La injusticia del otro no me debe hacer injusto a mí.
Pedir a Dios justicia, aquí o para el más allá, es mantener el ídolo que hemos creado a nuestra medida. La justicia en el más allá se inventó precisamente para armonizar la idea de un Dios justo al modo humano con la realidad de una injusticia presente. En tiempo de los macabeos se vio que los males que afligían a los seres humanos no se podían explicar como castigo de Dios, porque Antíoco estaba sacrificando precisamente a los más fieles a la Ley. Para superar esa contradicción se sacó de la manga un castigo y un premio para después de la muerte.
El mensaje de Jesús está sin estrenar. ¿A quién de nosotros se nos ha ocurrido alguna vez dar la túnica al que nos roba el manto? ¿Quién ha puesto una sola vez la otra mejilla cuando le han dado una bofetada? Ni siquiera admitimos la posibilidad de entrar en la dinámica del evangelio. Todo lo contrario, tratamos por todos los medios de que Dios se acomode a nuestra manera de pensar y actúe como actuamos nosotros. La única manera de ser justo es no practicar ninguna injusticia. Este es el sentido que tiene casi siempre “justicia” en la Biblia.
Meditación
La mayor injusticia, sufrida desde esta perspectiva,
es compatible con la plenitud humana más absoluta.
Nuestra justicia está siempre mezclada con la venganza.
Mi plenitud no está en la derrota del enemigo
sino en dejarme derrotar por mantenerme en el amor.
Esto es el evangelio. ¿Quién se lo cree?
“En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario” (George Orwell)
20 de octubre 2019. DOMINGO XXIX DEL TO
Lc 18, 1-8
Había en una ciudad un juez que ni respetaba a Dios ni respetada a los hombres
Una viuda que representa la clase más desprotegida y abandonada de aquel tiempo y un juez, golpeada por una sociedad desprotegida de los más mínimos derechos, y unos jueces inicuos que no atendían los derechos de nadie. En la ópera Porgy and Bess, de George Gershwin (1898-1937), autor de Rahpsody in blue hay numerosas frases, fácilmente aplicables a nuestro juez inicuo Porgy: “Porgy, ahora soy tuya, sí, completamente ¡tuya!”, le decía Bess, protagonista de la obra, a su lisiado amigo, o posiblemente eso era lo que él se creía de la viuda pobre y desprotegida.
La propuesta de Jesús, en cambio, como es el caso de esta viuda, era animar a esa masa de empobrecidos y tan injustamente desahuciados, a luchar a rebelarse contra la opresión y la justicia. Una rebelión que llevaban en la sangre cristianos y judíos.
Mario Javier Sabán dice en su libro Las raíces judías del cristianismo:
“Cada vez que, los judíos se rebelaban contra el poder del Imperio, los cristianos también sufrían las consecuencias porque los romanos los consideraban un “grupo judío”, el objetivo ideológico del judeo-Cristianismo desde el 110 y el 120 fue diferenciarse totalmente del judaísmo desde el que hasta entonces formaba parte”.
Jesús habla en parábolas y en imágenes, pues sabe que las simples ideas y conceptos, se quedan cortos para significar lo que él quería decir con las palabras, y nos ponen en la dirección correcta para alcanzar la meta del camino, lo que supone una ventaja y un peligro: la ventaja de que nos ponen en la dirección adecuada, para entender mejor a la naturaleza: el agua, el pastor, el padre, que son lo mejor para nosotros; y el error, que sacamos a veces las consecuencias indebidas.
Las novelas críticas de George Orwell (1903-1950), pensador distópico, -“representación imaginaria de una sociedad futura con características negativas, causantes de alienación moral-, como la definió José María Merino- con el statu quo de su tiempo, tienen una lectura totalmente contemporánea, en las que se fustiga los abusos del poder.
Orwel dice refiriéndose a la docilidad de las masas, y por qué en muchos casos no despiertan a pesar de ser víctimas de opresión, que “Hasta el momento en que no tengan conciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse revelado, no será, conscientes: ese es el problema”.
Y en su faceta periodística da fe de esta máxima sobre la libertad de expresión:
“En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”, decía el novelista británico.
Pero los jueces inicuos de Lucas 18.2: –Había en una ciudad un juez que ni respetaba a Dios ni respetada a los hombres- siguen representado la justicia en nuestros días.
-He encontrado un hermoso Poema de Leonard Cohen que, a modo de protesta contra las imposiciones de Tiempo y de la Naturaleza, solfea:
Los pájaros cantan al hacerse de día:
“empieza de nuevo”,
oí que decían.
No pierdas el tiempo
pensando en lo que ya pasó
o en lo que aún no ha pasado.
Tañe las campanas que aún pueden repicar,
olvídate de tu ofrecimiento perfecto.
Todo tiene una grieta:
así es como entra la luz. “Vuelve tu rostro hacia el sol y las sombras caen detrás de ti”.
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Lc 18,1-8
Para orientarnos desde el principio, el evangelio de este domingo empieza diciéndonos que tipo de relato vamos a escuchar, una parábola, y la intención de Jesús al narrarla: enseñarles, y enseñarnos, que hay que orar siempre, sin desfallecer.
Pero no es lo mismo orar sin desfallecer que ser cansinos en la oración pidiendo a Dios que cumpla nuestra voluntad.
No desfallecer es de orantes, de los que confían y se ponen en manos de Dios, buscando su voluntad. Dejar que la oración toque y transforme nuestra vida es distinto de pedir a Dios cosas para que nos las conceda, convencidos de que cuantas más veces lo hacemos más probabilidades tenemos de lograrlo.
Lucas, el evangelista que nos presenta a Jesús como el gran orante, se vale de dos personajes muy definidos para enseñar esta actitud a las primeras comunidades cristianas.
Un juez, persona de autoridad en el pueblo, al que describe de modo muy significativo. En tiempos de Jesús, los ejes sobre los que se asienta el comportamiento humano son Dios y los demás, el amor, el respeto o la importancia que cada persona da a ellos la definen. Al decirnos que a este juez no le importan ni Dios ni los hombres, nos está destacando la “calaña” del juez. Una persona terrible, sin principios, al margen de toda ley y al margen de todos.
Una viuda, que en ese momento era, junto con los huérfanos, el prototipo de la persona pobre, que no tiene quien la defienda, de la que muchos otros, sin escrúpulos, suelen abusar. Ya los profetas hacen llamadas a defenderlas. Y esta mujer pide justicia a un hombre injusto el juez, que al final cede y le imparte justicia. No por compromiso ético, sino para que le deje en paz.
Cuando la gente escuchara a Jesús y entendiera que los ruegos de una mujer, que no es nada en la sociedad, conmueven el corazón de un juez sin principios, entenderían más claramente que nuestros pobres ruegos llegan al corazón de Dios.
Sorprende a la gente de entonces, y a nosotros hoy, el que un juez injusto le haga justicia. Evidentemente este juez no es imagen de Dios. No tenemos que “ganarnos” el corazón de Dios a fuerza de insistir. Esa imagen está muy lejos de Abbá que nos presenta Jesús como Buena Noticia.
Por eso la pregunta es muy importante, y marca la distancia entre lo que dice y hace el juez y el modo de actuar de Dios. ¿Es que Dios no hará justicia… o nos dará largas? Dios es justicia y está preparado para hacerla pronto. Pero no es lo mismo hacer justicia que hacer lo que nosotros queremos y a nuestro ritmo.
Las primeras comunidades cristianas viven en medio de muchas dificultades y persecuciones y su tentación es que Dios les saque de ellas, y lo haga ya. Les parecía que Dios no les escuchaba y la tentación del desanimo y el abandono de la fe y de la comunidad, estaban presentes.
Ante esta tentación, que nos lleva a pensar que Dios es un juez que no atiende a todos, Jesús nos invita a cambiar nuestra mirada y descubrir el auténtico ser de Dios. A descubrir que muchas veces la justicia que Dios quiere queda interrumpida por nuestro comportamiento injusto, que estamos siendo un obstáculo a la justicia de Dios
Orar sin desfallecer y con fe es abrirnos a la justicia de Dios y descubrir mi responsabilidad y la parte que me toca en aquello que estoy pidiendo.
No basta con insistir pidiendo a Dios que conceda la paz y la justicia a nuestro mundo, si nos somos, allí donde estamos y con todas nuestras posibilidades, constructores de paz y de justicia. La paz y la justicia que, en la oración, el Espíritu del Señor infunde en nuestros corazones. Construir el reino es trabajar en la línea de la justicia de Dios.
El evangelio de hoy, así como empezaba enmarcándolo todo para que supiéramos que estábamos escuchando, termina sorprendentemente con una pregunta abierta, para la que no tenemos una contestación rápida. La segunda venida de Jesús era algo esperado como inminente por los primeros cristianos, como nos dicen en diversas ocasiones los evangelios. En ella se cifran muchas veces el triunfo de la justicia de Dios. Pero Lucas nos plantea, en este momento, el Hijo del Hombre ¿encontrará esta fe en la tierra? ¿Seremos capaces de perseverar hasta el final? ¿Nos mantendremos en la oración como la viuda?
Que este domingo nos ayude a renovar nuestra fe y nuestra oración.
No podemos saber con certeza si este relato –la parábola del “juez inicuo”– salió de los labios de Jesús o, por el contrario, con mayor probabilidad –se trata de un texto que no aparece en los otros evangelios–, fue una creación de Lucas, en su interés catequético por insistir en la necesidad de orar incesantemente.
Sea como fuere, no se podía haber elegido una comparación más desafortunada, al comparar a Dios con un juez sin escrúpulos, que cede únicamente para que dejen de importunarlo.
Parece claro que, a medida que crece en consciencia, el ser humano se ve llevado a desechar la llamada “oración de petición”. Y ello no desde una actitud arrogante, sino gracias a una mayor comprensión de lo que se halla en juego.
La oración de petición yerra en dos sentidos: por un lado, falsea la imagen de Dios, al dar por supuesto que podría portarse mejor de lo que lo hace y, por otro, nos mantiene en el engaño acerca de nuestra verdadera identidad.
Esa forma de oración –y más allá de la intención del orante–, transmite la imagen de un Dios avaro de sus dones, un tanto arbitrario e incluso caprichoso a la hora de otorgarlos, a la vez que insensible –como el juez de la parábola–, ya que necesita que se le insista incesantemente para conseguir que doblegue su voluntad. ¿Qué dios sería ese, sino una mera proyección antropomórfica, fruto de una mente infantil?
Pero hay más. Esa forma de oración identifica al orante como carencia, que necesita “algo” de fuera que lo complete: orar, desde esta perspectiva, significa implorar todo aquello que podría liberarnos de la carencia, otorgándonos un estado de mayor bienestar. Es innegable que la persona en la que nos experimentamos es sumamente frágil y vulnerable, pero es un error tomarla como si fuera nuestra identidad. Somos plenitud. Y lo único que necesitamos es tomar consciencia de ello, de una forma experiencial, para vivirnos en coherencia con lo que somos.
Con este planteamiento, ¿deja de tener sentido la oración? Si se refiere a la oración de petición, la respuesta solo puede ser afirmativa. Sin embargo, ello no significa dejar de vivir otras actitudes orantes como el sobrecogimiento, la admiración, la gratitud y, sobre todo, el Silencio.
La oración va tomando la forma de alineamiento con lo real, de unificación con la Vida –“Que no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”–, hasta comprender que somos uno con ella. Hemos comprendido que el Dios al que nos dirigíamos no es un Ente separado, sino el Fondo último de todo lo real, también de nosotros mismos.
Al comprenderlo, la oración se torna silencio contemplativo que nos conduce desde el estado mental –que nos identificaba con el yo separado– hasta el estado de presencia, en el que nos descubrimos como plenitud.
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
DOMUND / MISIONES
Eu – angelion: buena – noticia.
Si a nosotros, cristianos-católicos, (sobre todo cristianos-católicos del ámbito hispano de los últimos 30 años, más o menos) nos observaran y analizaran “desde afuera” gentes de otras religiones (o simplemente no creyentes), ¿qué dirían acerca del cristianismo? ¿Nos verían como quienes viven serena y gozosamente una buena noticia, el evangelio? ¿O más bien nos verían como quienes andamos siempre barajando –y polemizando- tres o cuatro cosas de tipo moral y eclesiástico?
El mismo Francisco detecta este estado de cosas cuando decía en una entrevista que:
No podemos seguir insistiendo solo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. Yo no he hablado mucho de estas cuestiones … no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar.[1]
El Evangelio es amable, sanante, salvífico para nuestra vida. El habitat evangélico y eclesial es “un hospital de campaña tras una batalla. Lo que la Iglesia necesita con urgencia es una capacidad de curar heridas y dar calor a los corazones”.[2]
Heridas tenemos muchas en la vida. Cada cual podemos diagnosticarnos nuestras heridas:
Llegó con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Miguel Hernández (1910-1942)
Misionar no es adoctrinar
Todavía perviven entre nosotros, en nuestras tramoyas eclesiásticas modos y maneras doctrinarias y de fanatismos.
¡Qué inútil es preguntarle a un herido si tiene altos el colesterol o el azúcar! Hay que curarle las heridas.[3]
Evangelizar es ante todo, curar heridas. Si un misionero diera una conferencia en Guinea Ecuatorial o en el Altiplano boliviano sobre lo pernicioso que es el colesterol, tendría “toda la razón” del mundo, pero sería algo perfectamente insensato. ¡Pero no ves que los niños y la gente se están muriendo de hambre, de malaria y de pena!
¿Para qué tanta precisión teorizante, tanto “filioque” si la gente entre nosotros no tiene ganas de vivir, se suicida, sufre angustia, está en paro, etc.?
Los ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia … a las personas hay que acompañarlas, las heridas necesitan curación … ¿Cómo estamos tratando al pueblo de Dios? Los ministros de la Iglesia tienen que ser misericordiosos, hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Dios es más grande que el pecado.[4]
Volvamos al Evangelio. Sintamos el alivio, la misericordia de Dios en nuestro interior.
A lo mejor a alguien le pueda parecer algo heterodoxa la expresión, pero en ocasiones y situaciones hay que echar mano de ella: si lo eclesiástico te ha hecho daño, descansa en el Evangelio. ¡Estos modos eclesiásticos cansan tanto en la vida! Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviare. (Mt 11,28).
Evangelio de misericordia. Ser misionero.
En el papa Francisco llama la atención y alivian las frecuentes alusiones que hace al Evangelio de misericordia, a ser misericordiosos. El evangelio solamente será tal si es bondad y amabilidad. Incluso el confesonario, no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia.[5]
Ser misionero, catequista, servir en la Iglesia no es mantener el orden público, sino transmitir la bondad de Dios.
Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche … El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios “clérigos de despacho”.[6]
Yo no sé si hacen falta funcionarios en las curias y en los entramados episcopales, lo que hace falta es evangelio, el evangelio de la misericordia. Y en el cristianismo, para sentirse querido “no hay que pasar por ventanilla”.
Posiblemente a muchos de nosotros, el momento actual de Francisco nos ayude a recuperar el Evangelio de JesuCristo.
Solidaridad con las iglesias.
Con frecuencia evocamos y oramos por las misiones en nuestra Eucaristía. Seamos solidarios en la fe con tantas comunidades extendidas por toda la tierra:
Pobres comunidades africanas atendidas por un catequista nativo africano. Estas comunidades no tienen sacerdotes, pero tienen evangelio y fe. Comunidades en Latinoamérica alentadas por el espíritu de un modo eclesial vivido desde los pobres, (Teología de la Liberación) con el testimonio de tantos mártires. Comunidades del -para nosotros- lejano mundo oriental en cuyas tradiciones y religiones hay semillas de la Palabra
Son hermanos nuestros en la fe y en la esperanza. En este día misional seamos solidarios en la fe y en la caridad.
Gracias por el evangelio y la fe
En este día misional nos hará bien evocar agradecidamente, recordar a quienes nos han transmitido el evangelio y han sembrado en nosotros la semilla de la fe: nuestros padres, algunos nobles sacerdotes, quizás alguna catequista, algún buen profesor, etc.
Las dos actitudes son valiosas y amables: el agradecimiento y la fe en el evangelio.
Gracias a nuestros mayores que sembraron la semilla lo mejor que supieron y pudieron. Nosotros hemos sido tierra lo más noble que hemos podido. Alguna piedra habrá en nuestro campo, alguna mala hierba – cizaña, pero sin duda que hemos procurado hemos sido tierra noble. El evangelio -la Palabra- ha iluminado e ilumina nuestras vidas. A lo largo de nuestra vida, en muchas situaciones a veces normales, en ocasiones difíciles: opciones, enfermedades, muertes, etc. el Evangelio nos ha dado luz, nos ha liberado, ha dado sentido a nuestra vida.
06 Y ¿hoy en día?
Tal vez hoy en día la misión, “las misiones” las tenemos en casa. Ya en nuestra misma diócesis se bautizan menos del 50% de los que nacen. Ha descendido mucho el número de niños que hacen la primera comunión, igual que ha bajado el número de adolescentes-jóvenes que se confirman La descristianización es profunda, si nos tapamos los ojos y no somos sinceros en nuestros planteamientos pastorales, al menos seámoslo en el diagnóstico.
Estamos viendo ya cómo están viniendo a nosotros cristianos de otras latitudes. Las varias Iglesias evangélicas que hay en nuestra ciudad de San Sebastián están llenas de cristianos provenientes de Latinoamérica. Las dos comunidades ortodoxas entre nosotros son de proveniencia rumana y del patriarcado de Serbia: ucranianos, rusos, etc. Están viniendo a algunas diócesis sacerdotes polacos, rumanos y de Latinoamérica.
Los clásicos decían que bonum est diffusivum sui: el bien tiende a difundirse. Es decir: lo que para nosotros es bueno, tratamos de comunicarlo, enseñarlo. Hoy en día la pregunta de fondo es si el evangelio ya no es un bien a comunicar a los demás.
Habremos de emprender una nueva evangelización.
o Los padres evangelizan a sus hijos con los esquemas de vida en que se desarrolla la vida familiar, con los criterios que barajamos a la hora de escoger un colegio – ikastola para los niños y cuando éstos ya van avanzando en edad, ¿qué criterios se siguen a la hora de escoger una carrera?
o Evangelizar en los colegios y catequesis. ¿Llegan los colegios realmente a evangelizar? Cuando se dice que los niños-adolescentes pasan muchos años en el colegio, es verdad: un niño puede pasarse 18 años “sentado en un pupitre” en un colegio católico, pero no parece que eso signifique que salgan cristianos de las aulas. Los muchachos de los colegios católicos no duran en el ámbito cristiano más, que los que pasan por las aulas de los colegios laicos e institutos. No pocas de las “primeras comuniones” de muchos niños, son casi la “ultima”.
Posiblemente la evangelización no es cuestión de masas sino algo más humilde y personal y ya no contarán tanto los números de la cristiandad, sino la sencillez de los pequeños grupos. La cristiandad que hemos conocido previsiblemente no va a volver por más que nos resistamos numantinamente. Eso es una nostalgia que tiene que ver más con el poder que vamos perdiendo que con la siembra evangélica.
Sembrar es noble y callado.
Una convivencia bien llevada, una vida familiar amable y austera es sembrar. Una clase bien preparada y dada lo mejor posible, es evangelizar. Inyectar criterios evangélicos en la estructura de un plan de educación es misionar.
Id por todo el mundo y predicad el evangelio de la bondad de Dios
[1] Francisco, Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos. Entrevista de Antonio Spadaro, director de Civiltà Cattolica, Quaderno N° 3918 del 19/09/2013 – (Civ. Catt. III 449-552 )En español: Razón y Fe, pp 14-15).
¿Qué significa vivir en el mundo con un corazón verdaderamente compasivo, un corazón abierto continuamente a toda la gente? Es muy importante tener presente que la compasión es más que la simpatía o la empatía. Si se nos pide que escuchemos las penas de la gente o que sintonicemos con sus sufrimientos, pronto llegaremos a nuestros límites emocionales. Sólo podemos escuchar durante un corto espacio de tiempo y a un número reducido de gente. En nuestra sociedad estamos bombardeados por tantas «noticias» sobre la miseria humana que nuestro corazón se queda insensible simplemente por saturación.
Pero el corazón compasivo de Dios no tiene límites. El corazón de Dios es más grande, infinitamente mayor que el corazón humano. Ese corazón divino es el que Dios quiere darnos, de manera que podamos amar a todos sin quemarnos y sin saturarnos. Ese es el corazón compasivo que pedimos cuando decimos: «¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu» (Sal 51).
El Espíritu Santo de Dios se nos da para que podamos llegar a ser partícipes de la compasión de Dios y podamos llegar a todos los hombres y en todo momento con el corazón de Dios.
*
H J M Nouwen, Aquí y ahora. Viviendo en el Espíritu,
San Pablo 2002, pp. 112-113
Comentarios desactivados en «La explicación creyente es mucho más sólida racionalmente que la increyente»
El estudioso de las religiones Reza Aslan.
Qué decimos cuando decimos Dios. Dialogando con el profesor Reza Asia
“Dios es una idea. No me interesa la pregunta sobre si existe o no”. Así comienza el libro «Dios, una historia humana», publicado por Taurus, de Reza Aslan, profesor de la Universidad de California e investigador de la historia de las religiones
A diferencia de él, entiendo que lo que los deístas y teístas decimos cuando decimos que Dios es una explicación racionalmente consistente a partir de las evidencias científico-empíricas es una explicación racionalmente más consistente que la explicaciones alternativas, sean ateas, antiteístas e, incluso, agnósticas; particularmente, las que fundan su increencia en cosmovisiones o interpretaciones partidarias del materialismo bruto y del azarismo o casualismo
En mi libro “Ateos y creyentes: qué decimos cuando decimos Dios”, publicado por PPC y que verá la luz en pocas semanas, abordo este asunto. Creo que puede contribuir a la cuestión, ya que nos hemos adentrado en una época en la que conviene recuperar el debate -para nada, nuevo u original, aunque necesario- sobre la mayor firmeza racional de estas diferenciadas interpretaciones
Por otro lado es perceptible, a medida que se avanza en el debate entre creyentes e increyentes, la sorprendente convergencia de razones a favor de la mayor solidez de la interpretación creyente. Hay algún autor que, incluso, la califica de “abrumadora»
Yo también, como el admirado José María Castillo, he leído el informe sobre el libro del profesor Reza Aslan, de la Universidad de California e investigador de la historia de las religiones (“Dios. Una historia humana”, Taurus) que, publicado por El País el pasado 25 de septiembre, lo encabezaba el siguiente entrecomillado: “Dios es una idea. No me interesa la pregunta sobre si existe o no”.
A diferencia de él, entiendo que lo que los deístas y teístas decimos cuando decimos Dios es una explicación racionalmente consistente a partir de las evidencias científico-empíricas que se vienen alcanzando en la astrofísica, en la protobiología y antropología contemporáneas. Pero no solo en estos saberes. Y que es una explicación racionalmente más consistente que la explicaciones alternativas, sean ateas, antiteístas e, incluso, agnósticas; particularmente, las que fundan su increencia en cosmovisiones o interpretaciones partidarias del materialismo bruto y del azarismo o casualismo.
Me tomo la libertad de dar a conocer un par de páginas del libro en el que abordo este asunto y que, publicado por PPC, verá la luz en unas pocas semanas: “Ateos y creyentes: qué decimos cuando decimos Dios”. Creo que puede contribuir al debate sobre la cuestión.
A lo largo de los últimos años, apunto en dicha publicación, han sido bastantes las personas que me han invitado a escribir sobre las trasparencias y anticipaciones seculares en las que es perceptible lo que decimos cuando decimos Dios. Entendían que en ello estaba en juego algo tan importante como la consistencia racional de la fe y de la teología.
El árbol de la ciencia
Es cierto que tampoco han faltado otras que me han manifestado su escepticismo al respecto. E, incluso, quienes me han dicho -amigablemente, por supuesto- que se trataba de un proyecto ingenuo e inútil, habida cuenta de la potencia argumentativa que presenta el ateísmo en las sociedades más desarrolladas y del espléndido futuro que, según sus pronósticos, le aguarda. Son ellos quienes -con nombres y rostros y, tras largos e intensos diálogos, e, incluso, amistad compartida desde la infancia- he tenido delante, y de manera preferente, escribiendo el presente libro. Se puede decir que, en alguna medida, son los “responsables” indirectos de estas líneas… Indirectos porque, como es evidente, el primer y único responsable (sin comillas, en esta ocasión) de lo aquí escrito soy yo y nadie más que yo.
Pero tengo que manifestar que, junto a los diálogos mantenidos y a las sugerencias recibidas, existe también una inquietud personal que atraviesa de principio a fin todas y cada una de estas páginas: entiendo que ha llegado la hora de prestar atención de nuevo a la consistencia racional de la idea de Dios a partir de las pruebas científico-empíricas que se vienen alcanzando desde hace años, concretamente, en la cosmología, en la biología y en la antropología modernas. Y creo que es algo que se puede hacer sin renunciar al imaginario -en mi caso, cristiano- de un Dios Amor y Justicia que, transparentándose en tantos millones de crucificados de todos los tiempos es perceptible, a la vez, como Belleza, atrayente y fascinante por sí misma.
Además, creo que he de hacerlo dialogando con los llamados “nuevos ateos”, es decir, con aquellas personas que cuestionan en la actualidad la solidez argumentativa y la verdad de lo que decimos cuando decimos Dios tanto a la luz de las evidencias científico-empíricas como de las conclusiones a que están llegando la antropología y la filosofía modernas e, incluso, apoyados en algunas aportaciones teológicas y exegéticas de los últimos decenios.
Pero pienso, además, que he de andar este camino acompañado de los que me atrevo a llamar los “nuevos creyentes”; y, en concreto, de tres personas que, habiendo sido ateas, han descubierto que las explicaciones deísta o teísta son mucho más consistentes que la increyente en la que se habían mantenido hasta entonces y que, incluso, alguno de ellos, había liderado durante buena parte de la segunda mitad del siglo XX.
Aunque los elegidos han sido Anthony Flew, Francis S. Collins y Clive Staples Lewis, bien podrían haber sido otros. En la confrontación autocrítica que mantienen consigo mismos y crítica con sus ex – compañeros ateos se aprecia, más allá de que se puedan aceptar o no sus argumentos, una admirable frescura y libertad de pensamiento que agradezco.
Comparto con ellos que la explicación creyente es mucho más sólida racionalmente que la increyente a partir de las pruebas alcanzadas por la astrofísica, la protobiología y la antropología contemporáneas. Si es cierto que éstas han venido siendo para los ateos, tipificados como “científico-empíricos”, señales inequívocas en apoyo de su cosmovisión increyente, también lo es que son signos o “murmullos” (E. Hillesum) en los que se trasparenta aquello a lo que nos referimos los creyentes cuando decimos Dios.
Y también estoy de acuerdo con ellos en que nos hemos adentrado en una época en la que conviene recuperar el debate -para nada, nuevo u original, aunque necesario- sobre la mayor firmeza racional de estas diferenciadas interpretaciones.
Pero, antes de adentrarme en el diálogo, hay algunas consideraciones previas que me parece oportuno resaltar.
La primera, para recordar que todos podemos entrar en este debate ya que la cuestión que se plantea no es de orden científico-empírico, sino explicativo: discernir la mayor o menor fortaleza racional de las distintas interpretaciones a las que dan pie dichas pruebas.
Para esto no es necesario serun especialista en astronomía, en biología o en antropología, sino tener un conocimiento suficiente de los resultados que se van alcanzando y, por supuesto, de las diferentes explicaciones (ateológicas o teológicas) a las que dan pie con el fin de evaluar la mayor o menor fuerza racional de todas y de cada una de ellas.
Por eso, el lector se encontrará con expresiones tales como “científico-filósofo” o “cosmólogo-filósofo” y “biólogo-filósofo” e, incluso, “científico-ateo” o “nuevos creyentes”. Con ellas quiero indicar que en este debate también intervienen, aportando sus explicaciones filosóficas, teológicas o ateológicas, muchos astrofísicos, astrónomos, biólogos, protobiólogos, antropólogos, zoólogos o científicos del comportamiento social. Y que la fortaleza de sus respectivas interpretaciones no descansa en el reconocimiento de sus aportaciones científico-empíricas, sino en la mayor o menor consistencia racional que presenten, sean deístas, teístas o ateas. Este es el criterio que, fijando los términos del diálogo, lo abre a todo aquel que, sin ser investigador, esté interesado en el mismo.
La segunda, para estar muy atentos a la riqueza y novedad que presenta entre los nuevos creyentes lo que éstos entienden por Dios. Y con ellos, entre muchos deístas o teístas que vienen abriendo, desde hace años, la idea de Dios a nuevos horizontes. Entiendo que tales aportaciones son perfectamente articulables con otras más tradicionales, sean de orden sacramental, escriturístico o magisterial que, definitivas en su tiempo, requieren ser repensadas y reformuladas en el nuestro. Actualmente no se puede hablar de aquello a lo que nos referimos cuando decimos Dios sin tener presentes estas explicaciones.
La tercera, para aclarar que no abordo la cuestión del agnosticismo con sus legítimas y necesarias diferencias: el metodológico, el ateo y, también, el creyente y teológico. Creo que es una importante cuestión que hay que abordar con mayor detenimiento en el momento en que se trate la explicación que defiende, como argumentadamente incuestionable, la absolutez de la finitud y de nada más que la finitud y la crítica a la que queda sometida tal interpretación, entre otros, por parte de los pensadores a quienes me he atrevido a denominar “agnósticos trágicos” y, a veces, “nihilistas trágicos”.
La cuarta, para constatar, el extrañamiento y marginación del hecho religioso, de las distintas explicaciones, del diálogo interreligioso y de los debates entre ciencia y fe por una parte de la universidad española, a diferencia del espacio institucional que tienen asignado en la cultura anglosajona.
Entre nosotros es muy frecuente que, al no ser considerados temas dignos de ser estudiados por sí mismos o de manera interdisciplinar, acaben sometidos al criterio de las filias o fobias que vierte el catedrático o el profesor de turno. Sobran ejemplos sobre algunos de los comentarios formulados al respecto, llamativos, además, por su falta de rigor y solidez racional. Quizá algunas universidades, recelando de la carga confesional que pudiera presentar esta materia, hayan preferido desecharla, a la espera de mejores tiempos que, con frecuencia, suele ser la manera políticamente correcta de decir “nunca”.
Pero también es probable que el apartamiento de este saber y de su correspondiente institucionalización académica obedezca, en otras, únicamente a una laicidad excluyente y ciega, dispuesta a renunciar, sin reparo alguno, a lo que es más propio de la “universitas”: la investigación racional en libertad de todo y, en este caso, del hecho religioso en sí y de las diferentes explicaciones o cosmovisiones en las que se visualizan. Dando por normal (y hasta es posible, que como progresista) semejante política, renuncian a investigar un fenómeno que, omnipresente, ha marcado -y sigue marcando, para bien o para mal- la historia de la humanidad.
Hay una quinta consideración que también entiendo necesaria. Hace tiempo que conozco a Manuel Tello, en la actualidad profesor emérito de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) tras haber sido catedrático de Física de Materia Condensada en dicha Universidad. La vida ha permitido encontrarnos en diferentes ocasiones. La última ha sido la lectura de un artículo suyo en El Correo: “Los científicos y Dios” (15 de febrero de 2019) denunciando la ligereza y temeridad de quienes proclaman que “todos los científicos son ateos” y que “Dios no existe”. “Un científico, indicaba Manuel Tello, hace un flaco servicio a la ciencia cuando, en nombre de esa ciencia, realiza afirmaciones falsas o sin rigor”. “Afirmar que no existe, argumentaba, exige una demostración. ¿Conocen alguna demostración sobre la no existencia de Dios”?
La lectura de este texto, las muchas conversaciones tenidas al respecto y su trabajo universitario explican que le haya invitado a redactar el prólogo de este libro. E, igualmente que, habiéndolo leído, entienda su modestia, pero también que me vea obligado a indicar -como imprescindible contrapunto- los motivos de dicha invitación; además, por supuesto, de manifestarle mi agradecimiento.
Concluyo resaltando un último punto que, a pesar de no quedar enfatizado con la fuerza requerida a lo largo de esta publicación, es perceptible a medida que se avanza en el debate entre creyentes e increyentes: la sorprendente convergencia de razones a favor de la mayor solidez de la interpretación creyente. Hay algún autor que, incluso, la califica de “abrumadora”.
Comentarios desactivados en Monseñor Agrelo, al exministro Fernández Díaz: «Yo encendí la luz y ladré cuando usted empujaba a Cristo hacia las cuchillas de la frontera española»
El exministro ha declarado que «vuelve la persecución religiosa» en España por exhumar a Franco
En medio de la polémica por la exhumación de Franco, el arzobispo emérito de Tánger le recuerda al político que, en la Frontera Sur de España, «usted molía a golpes a Cristos de carne y hueso»
Para quien nos lea desde fuera de España, hay que explicar que el dictador Francisco Franco, fue enterrado a su muerte en 1975 en un mausoleo, el Valle de los Caídos, para cuya construcción utilizó a presos políticos en régimen de semiesclavitud. El Gobierno Socialista de Pedro Sánchez, cumpliendo el mandato del Congreso de los Diputados, que solicitaban su exhumación de dicho lugar, procederá esta semana a sacar su cuerpo del Valle y enterrarlo junto a su mujer en otro panteón, a pesar de la oposición del prior de la Comunidad Benedictina que lo custodia, Santiago Cantera..
Ante esto, la ultraderecha franquista y muchas voces del Partido Popular como el exministro del Interior Fernández Díaz se han alzado tildándolo de «profanación»y acusando al gobierno de persecución religiosa (!!!).
Pero hay obispos honrados y valientes que no pueden callar. Y es que en España, se puede ser católico sin ser cristiano…
Jorge Fernández Díaz, exministro del Interior del gobierno de España, ha escrito que “el cierre del recinto del Valle de los Caídos para exhumar a Franco… es un hecho de una gravedad que no podemos ignorar”; y comparte también con los lectores su personal interpretación política de la exhumación.
Lo mismo para la consideración que para la interpretación, le asisten derecho y libertad, y seguramente que serán muchos los que suscriban lo que él escribe. Pero ha ido más allá de las cosas terrenales, y, haciéndose portavoz de la divina inspiración, denuncia que “todo ello” se ha hecho “con el silencio cómplice de los «guías ciegos» y «perros mudos»que condena la Escritura con santa indignación”. Y añade: “Que no se quejen los actuales «Pilatos políticos y eclesiásticos ante los sucesos que vendrán: Vuelve la persecución religiosa”.
Querido amigo: lo que voy a escribir, no lo hago por defender a mis hermanos «mudos», «ciegos» y «Pilatos»; tampoco para prevenir esa persecución que, según usted vaticina, está a punto de volver. Lo hago sólo por usted, por si puedo ayudarle a salvar el alma, negocio que a usted debiera preocuparle más que la suerte de los restos mortales de nadie.
Yo encendí la luz y ladré cuando usted empujaba a Cristo hacia las cuchillas de la frontera española en las que se iba a desangrar. Yo encendí la luz y ladré cuando usted empujaba a Cristo hasta ahogarlo en el mar que separa África de España. Yo encendí la luz y ladré cuando, en esa frontera de su competencia, usted molía a golpes a Cristos de carne y hueso. Yo encendí la luz y ladré, pero usted no vio, usted no oyó. ¿O tal vez sí?
Pues volveré a recordar, para usted y para mí, lo que parece que hemos olvidado: “Tuve hambre y no me disteis de comer. Tuve sed y no me disteis de beber… fui forastero y no me acogisteis”… Volveré a encender la luz y a ladrar, porque no quisiera que usted y yo, siempre tan a la derecha, precisamente en aquel día que no tiene vuelta atrás, nos encontremos irremediablemente a la izquierda.
Deje que los muertos entierren a sus muertos. Bueno será que usted y yo, olvidados los muertos, nos pongamos de una vez a seguir a Cristo Jesús y cuidar de él en su cuerpo vivo que son los pobres.
Comentarios desactivados en Billy Porter interpretará al Hada Madrina en la película de Cenicienta
Billy Porter ha confirmado que interpretará el papel de la Hada Madrina en la próxima versión de la película de Cenicienta para la gran pantalla.
El actor, que recientemente se convirtió en el primer hombre abiertamente gay y negro en ganar el Emmy a Mejor Actorpor su papel de Pray Tell en la serie Pose, confirmó la noticia durante una entrevista en el New Yorker Festival.
La nueva versión de Cenicienta comenzará a rodarse en Londres el próximo mes de febrero. La cantante Camila Cabello (La Habana, Señorita) asumirá el papel principal. Es el primer papel principal de Cabello.
La película está siendo coproducida por James Corden y Leo Perlman. Entre los demás miembros del reparto, hay rumores de que Idina Menzel interpretará el papel de la malvada madrastra, pero esto aún no se ha confirmado.
Porter, de 50 años, reveló recientemente que además de actuar en la próxima tercera temporada de Pose también dirigirá un episodio de FX.Además, confirmó que ha firmado un acuerdo para escribir sus memorias.
Comentarios desactivados en Educación y menores trans: los grandes damnificados por el recorte que planea la Junta de Castilla y León a la ley LGTBI propuesta por los colectivos
Es lo que tiene el pactar con la ultraderecha para impedir que gobierne el más votado (PSOE). El Trifachito en acción. Luego se extrañan algunas de que no sean bienvenidas en la Manifestación del Orgullo. ¿Esto es defensa de las personas LGTBI+?
La Junta de Castilla y León, en manos de PP y Ciudadanos, ha decidido finalmente oponerse a la toma en consideración de la proposición de ley de igualdad LGTBI impulsada por los colectivos castellanoleoneses y que la formación naranja sí que apoyó en la pasada legislatura. Así lo ha trasladado en un documento remitido a las Cortes regionales, en el que la coalición que gobierna Castilla y León apuesta por un texto propio. En este sentido, dosmanzanas ha tenido acceso al primer borrador de anteproyecto propuesto por el Gobierno regional, y lo que hemos podido leer resulta muy preocupante. La Junta introduce significativos recortes a la propuesta de los colectivos, muy especialmente en materia de Educación y en todo lo que tiene que ver con los derechos de los menores trans.
Hace ahora un mes recogíamos la marcha atrás de Ciudadanos, que tras apoyar la proposición de ley presentada por los colectivos en la pasada legislatura (y que estos han vuelto a registrar una vez iniciada la nueva legislatura de la mano de los grupos socialista y mixto), ha dado un giro de 180 grados y apostaba ahora por un texto recortado que pudiera ser consensuado con el PP, su socio de gobierno. Francisco Igea, vicepresidente de la Junta y líder de Ciudadanos en la región, ponía incluso cifras al recorte, al asegurar que el texto del Gobierno regional recogería «un 70%» de lo incluido en la proposición de los colectivos.
Pues bien, dosmanzanas ha tenido acceso a un primer borrador de dicho texto, y más allá de cálculos numéricos sobre el «porcentaje» de recortes nos llaman la atención aspectos como:
La desaparición del protocolo ginecológico para mujeres lesbianas y bisexuales previsto en el artículo 15 del proyecto de los colectivos.
La desaparición del «Centro Memoria Democrática y Documentación de la Diversidad Sexual y de Género de Castilla y León» previsto en el artículo 33 del proyecto de los colectivos.
La eliminación explícita de la revisión de contenidos que impliquen discriminación o violencia contra la diversidad sexual en el colegio prevista en el artículo 25 del proyecto de los colectivos, y su sustitución por una mención genérica al uso de «recursos materiales, audiovisuales, libros de texto o cualquier otro tipo de soporte que promueva el respeto a la diversidad sexual y de género».
La eliminación de dos asignaturas optativas de oferta obligatoria (Derechos Humanos en primaria y Educación Sexual en secundaria) previstas también en el artículo 25 del proyecto de los colectivos.
La eliminación de la no concesión de subvenciones o conciertos a los centros educativos que discriminen a sus alumnos por razón de su diversidad sexual y de género o su diversidad familiar, prevista también en el artículo 25 del proyecto de los colectivos.
La eliminación de la obligatoriedad del protocolo de prevención del acoso escolar por diversexfobia en todos los centros educativos previsto en el artículo 27 del proyecto de los colectivos.
Estos son algunos de los elementos que «desaparecen» del borrador de proyecto de ley de la Junta. Pero quienes llevan la peor parte, con diferencia, son las personas trans, y muy especialmente los menores, que ven claramente mermados sus derechos respecto a la propuesta de los colectivos. Algunos ejemplos:
Desaparece la definición de amparo legal para los menores trans que contempla el artículo 9 del proyecto de los colectivos («el amparo de los menores en la presente ley se producirá por mediación de sus tutores o guardadores legales o a través de servicios sociales de protección de los menores cuando se aprecie la existencia de situaciones de sufrimiento e indefensión por negación abusiva de su identidad de género»).
Desaparece el derecho de las personas trans a una segunda opinión en el ámbito sanitario que contempla el artículo 12 del proyecto de los colectivos (derecho a «solicitar, en caso de duda, una segunda opinión a otro miembro del personal médico antes de acceder a tratamientos o intervenciones quirúrgicas con efectos irreversibles»).
Desaparece la eliminación expresa de la necesidad de un examen psicológico o psiquiátrico específico para personas trans que precisen asistencia psicológica, y que contempla también el artículo 12 del proyecto de los colectivos («La asistencia psicológica a las personas trans será la común prevista para el resto de los usuarios del sistema sanitario, sin que quepa condicionar la prestación de asistencia sanitaria especializada a las personas transexuales a que previamente se deban someter a examen psicológico o psiquiátrico»).
Se incluye un requerimiento de acuerdo por parte del médico para que las personas transexuales puedan someterse a determinados procedimientos quirúrgicos sin previo tratamiento hormonal, requerimiento que no está contemplado en el proyecto de los colectivos.
Se modifica la capacidad de consentimiento de los menores trans sobre el tratamiento médico oportuno para garantizar que su desarrollo se corresponda a su sexo sentido, otorgándose un papel preponderante al Ministerio Fiscal «como superior garante de los derechos de la infancia» cuando alguno de los representantes legales del menor se oponga.
Se subordina el derecho de las personas trans a ser nombradas y tratadas por el sistema sanitario de acuerdo con el género con el que se identifican a que antes se proceda a una actualización de su documento de identificación, «de modo que pueda asegurarse la adecuación de todos y cada uno de los sistemas de información, que recogen datos clínicos de las personas».
Se abre la puerta a los baños «apartheid» para menores trans
Especialmente peligrosa es la introducción, en el borrador de proyecto de ley del Gobierno regional, de la garantía de que en las actividades educativas diferenciadas por sexo los menores trans usarán las instalaciones del centro de acuerdo con su identidad de género «atendiendo de manera personalizada las necesidades de cada alumno o alumna» en lugar de la garantía prevista en el proyecto de los colectivos, según la cual estos podrían usar las instalaciones del centro de acuerdo con su identidad de género, incluidos los aseos y vestuarios. Una redacción que abre la puerta a los baños diferenciados para menores trans, un elemento claramente discriminatorio.
Registro de la proposición de ley sobre respeto a la diversidad sexual y de género en las Cortes, el 11 de septiembre. / M. Chacón-Ical
Conversaciones de la Junta con grupos ultraconservadores
Son solo algunos de los elementos que diferencian la proposición de los colectivos, que en su momento contó con el apoyo de PSOE, Podemos, Ciudadanos, IU-Equo y Unión del Pueblo Leonés (UPL), y la que ahora hace la Junta de Castilla y León, en manos de PP y Ciudadanos. «Es fundamental que se apruebe la ley de los colectivos, que garantiza todos nuestros derechos. El texto que está impulsando el PP incluye recortes que ya conocemos y que se negociaron en la pasada legislatura con grupos contrarios a la diversidad sexual, por lo que una ley así no puede ser nuestra ley. Le pedimos al PP que por una vez deje de bloquear nuestros derechos y a Ciudadanos que demuestre su compromiso y mantenga su apoyo al texto que apoyó la anterior legislatura», ha manifestado a dosmanzanas Ignacio Paredero, presidente de la Federación Castellana y Leonesa de Lesbianas, Gais, Transexuales, Bisexuales y más (FECyLGTB+).
Cabe señalar, al respecto de las negociaciones que señala Paredero entre el PP y grupos contrarios a los derechos LGTB, que el propio presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, ha ofrecido a la organización ultraconservadora HazteOír una reunión con su consejera de Educación para discutir sobre su petición de que los centros educativos deban pedir permiso a los padres para que sus hijos acudan a cualquier actividad relacionada con la materia (algo que la extrema derecha de Vox ya ha arrancado al Gobierno de Murcia, también una coalición entre PP y Ciudadanos). También es reseñable la operación urdida por grupos ultraconservadores, que consiguió inundar de comentarios contrarios a cualquier tipo de proyecto de ley LGTBI la web que permite a los ciudadanos de Castilla y León dar su opinión sobre normas que se van a discutir en las Cortes regionales. Una avalancha de comentarios que pese a resultar obvio que son fruto de una acción coordinada de sabotaje bien podría ser utilizada por el Gobierno de Castilla y León para justificar sus recortes. leone
Estaremos pendientes de cómo evoluciona la cuestión, y muy especialmente de si Ciudadanos en Castilla y León persiste en su alianza con el PP o decide volver a dar su apoyo a las medidas que en su momento defendió.
Comunicado de la Asociación Valladolid Diversa
Las organizaciones ATC Rainbow, Chrysallis, Fundación Triángulo y Valladolid Diversa, tras la reunión que hemos mantenido hoy con representantes de Ciudadanos, queremos expresar nuestra satisfacción por el compromiso mostrado por este grupo parlamentario con la igualdad real y los derechos de la Diversidad Sexual y de Género en Castilla y León, al aceptar y comprometerse a apoyar las aportaciones que hemos hecho a la propuesta de Ley LGTB+ de la Junta.
Entendemos que esta ley es absolutamente necesaria, pues necesitamos derechos y herramientas válidas para su defensa, y en este sentido han ido nuestras aportaciones al texto remitido por la Junta. Entre otras medidas, hemos incluido en nuestras enmiendas la continuidad y garantía de aplicación del protocolo de Educación, la mejora del protocolo de Sanidad, derechos como la tarjeta sanitaria para las personas trans menores de edad, la garantía de la atención integral sanitaria para todas las personas con diversidad sexual y de género, así como medidas para proteger del acoso escolar y del maltrato familiar a todas las personas de nuestro colectivo.
Asimismo, queremos recordar que las organizaciones LGTB+ somos las auténticas expertas en la materia que trata esta ley, pues somos nosotras, las personas con Diversidad Sexual o de Género, quienes sufrimos en nuestras propias carnes y en nuestro entorno todos los males que esta ley pretende erradicar o mitigar. En ese sentido llevamos luchando desde hace años y conocemos mejor que ninguna otra organización o profesional de fuera de nuestro colectivo cuáles son las herramientas que necesitamos para acabar con las discriminaciones que sufrimos y garantizar nuestra igualdad real.
Las cuatro organizaciones entendemos que será necesario el consenso parlamentario para sacar adelante esta ley. Por ello hemos empezado hoy nuestra ronda de reuniones con los grupos políticos, en primer lugar con Ciudadanos por ser el primer grupo en responder a nuestra petición, pero también nos reuniremos próximamente con el resto de grupos políticos. En dichas reuniones expresaremos nuestro deseo de alcanzar el consenso partiendo de nuestras medidas presentadas hoy como un mínimo para garantizar que la ley que finalmente se apruebe por las Cortes sea una herramienta efectiva para nuestra igualdad y nuestros derechos. De todas formas, entendemos que nuestras aportaciones siempre pueden ser ampliadas y mejoradas con más aportaciones en positivo. Lo que no estamos dispuestas a aceptar son recortes en igualdad y derechos. Deseamos mantener esta necesaria colaboración durante el trámite parlamentario de la ley, hasta que el texto sea finalmente aprobado por las Cortes de Castilla y León.
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Asociación Valladolid Diversa
Luchamos por la diversidad
Comentarios desactivados en Identificaron al principal sospechoso del crimen de odio de Nicole Saavedra
Un celular y ADN: las pruebas claves que identificaron al asesino de Nicole Saavedra
A tres años del asesinato de Nicole Saavedra Bahamondes (23), la policía de Investigaciones (PDI) logró identificar como presunto autor del homicidio al chofer Víctor Alejandro Pulgar Vidal, quien en la actualidad ya cumplía condena por violar a una niña. Además, hay un tercer proceso criminal en su contra, también por el delito de violación de otra mujer menor de 18 años.
Por Airam Fernández, desde Santiago de Chile
La familia de Nicole Saavedra cree que después de tres largos años sin avances, al fin están cerca de la justicia. El martes en la noche, su prima dio a conocer que se identificó al asesino de la joven lesbiana. El acusado, Víctor Alejandro Pulgar Vidal, ya estaba detenido, cumpliendo condena por otros delitos.
En rueda de prensa, este mediodía la Fiscal Regional Claudia Perivancich y el Prefecto Inspector Sergio Muñoz, Jefe Regional de la Policía de Investigaciones (PDI), confirmaron la información dada por la familia. Perivancich dijo que tras “reorientar” la investigación y los antecedentes con los que contaban hasta la fecha, encontraron el celular de Nicole. Lo tenía una pariente de Pulgar. Luego realizaron una prueba de ADN y determinaron su relación con este crimen, con una muestra que coincidió con las que hallaron en el cuerpo de la joven de 23 años.
La fiscal no descartó la participación de terceros en este caso y dijo que es un aspecto que se buscará esclarecer en el plazo de investigación que otorgue el Tribunal de Garantía de Quillota. Añadió que el 13 de noviembre, Pulgar será formalizado (procesado) nuevamente, esta vez por el homicidio de Nicole. También dijo que la motivación del asesinato “todavía es parte de las indagaciones”.
Qué pasó desde el 18 de junio de 2016
A Nicole Saavedra la vieron viva por última vez la mañana del 18 de junio de 2016. La noche anterior había estado en una fiesta hasta el amanecer, cuando partió a su casa en El Melón, pero nunca llegó. El 25 de junio encontraron su cuerpo en el Embalse Los Aromos de Limache. La autopsia confirmó que murió de múltiples traumatismos en el cráneo y rostro y que fue violada antes de ser asesinada.
Desde el principio, la familia creyó que la mataron por ser lesbiana. Muchas veces exigieron en la calle y formalmente ante la Justicia que la causa se tipifique como “crimen de odio por lesbicidio”. En una de las protestas, su prima y otras mujeres fueron detenidas e imputadas por daños y destrozos a la propiedad pública. El caso pasó por manos de tres fiscales y los pedidos familiares nunca fueron escuchados.
Quién es el acusado
El jefe regional de la PDI señaló que Pulgar se desempeñaba como chofer de micro en el sector donde desapareció Nicole. El pasado 5 de agosto, el Tribunal de Juicio Oral en lo Penal de Quillota lo condenó a 10 años de prisión por los delitos de violación y abuso sexual a una menor de 14 años, en reiteradas ocasiones, entre 2012 y 2014.
“Lo que sabemos es que esta persona cometió violaciones previas contra una menor de edad y por ese caso se encontraba con una orden de detención pendiente. Estaba siendo buscado cuando comete el delito contra Nicole. Si hubiera sido detenido y condenado en su momento, Nicole estaría viva”, subrayó Silvana del Valle, abogada querellante del caso.
María Bahamondes, prima de la víctima y quien asumió las diligencias del caso desde el principio, dijo a Presentes que la noticia es resultado de las movilizaciones que coordinaron durante estos tres años: “Nada hubiera pasado sin este trabajo en conjunto con el movimiento lesbofeminista. Ahora sólo pedimos la pena máxima para este sujeto”.
La vocera del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh), Daniela Andrade, sostuvo que “hoy se ha avanzando en justicia y verdad para Nicole. Esperamos que se siga por este rumbo y exista efectiva reparación, con la aplicación de la agravante de la Ley Zamudio, la cual es pertinente porque no solo incrementa las penas en delitos motivados por la orientación sexual, sino también por el sexo de las personas”.
De acuerdo a los informes Anuales de Derechos Humanos de la Diversidad Sexual y de Género elaborados por el Movilh, desde el 2002 a la fecha se han conocido de 43 crímenes homofóbicos o transfóbicos.
Nuevo episodio de violencia LGTBfoba. Un chico gay de 38 años sufrió el pasado sábado una brutal agresión homófoba en pleno centro de Madrid, mientras se dirigía caminando a su casa. Otro varón, que en ese momento se encontraba discutiendo en la calle con una chica, se dirigió a él con gritos e insultos homófobos y, acto seguido, le propinó un fuerte puñetazo en la cara. Como consecuencia del golpe, la víctima tuvo que ser operada de urgencia en la Fundación Jiménez Díaz de Madrid. Como consecuencia, ha perdido la visión de un ojo. Se desconoce por el momento si la pérdida de visión será definitiva o podrá recuperarla tras un trasplante de córnea.
Los hechos ocurrieron en la madrugada del pasado sábado 12 de octubre —poco después de las tres y media de la madrugada—, en la confluencia de la calle Valverde con la Gran Vía de Madrid. La víctima, un hombre hostelero y drag queen de 38 años, se dirigía solo a su casa, en el barrio de Chueca y donde actualmente vive con su pareja, después de haber pasado una noche de fiesta en la conocida discoteca La Boite. En el camino, se cruzó con un hombre que en ese momento mantenía una fuerte discusión con una mujer. En un momento dado, y por desgracia para él, el hombre, de complexión corpulenta, empezó a increparle y le gritó «¿Tú qué miras, maricón de mierda?». Acto seguido, y aunque el agredido decidió seguir caminando, el agresor se dirigió hacia él y, sin mediar palabra y atacándole por la espalda, le propinó un fuerte puñetazo en la cara que le tiró al suelo. Tras la agresión, el matón y la mujer con la que discutía huyeron rápidamente del lugar.
El golpe fue tan fuerte que hizo que las gafas de la víctima se rompieran y que varios trozos de cristal se introdujeran en uno de sus ojos. La víctima fue asistida poco después por una pareja que pasaba por allí y que rápidamente llamó a la Policía Nacional. Los agentes fueron los que dieron el aviso a los servicios de emergencia, que trasladaron rápidamente al hombre al Hospital Fundación Jiménez Díaz de Madrid. «Le reconstruyeron el iris y recibió más de 15 puntos internos de sutura», señalaba su pareja al diario ABC.
La tarde siguiente a la agresión, la hermana de la víctima interpuso una denuncia ante la Policía. Por desgracia, la lesión de la víctima ha resultado más grave de lo que en un principio parecía. Aunque se esperaba que el agredido fuese sometido a una nueva intervención este jueves para realizarle un trasplante de córnea, el hombre ha perdido de momento la visión de un ojo.
La Asociación Respeta LGTBH, que tuvo conocimiento de lo ocurrido el mismo sábado, ha emitido un comunicado lamentando y condenando profundamente la agresión. «Estamos viviendo un momento en el que la sociedad está cada vez más polarizada y donde las agresiones que entran dentro de la clasificación de delitos de odio, en base al artículo 510 del Código Penal, está en auge. Necesitamos, como sociedad y como colectivo, acabar con esta radicalización de la población y con las agresiones por motivos de odio que cada vez ocurren con más frecuencia», reza el texto.
Por desgracia, lo ocurrido hace unos días no supone un hecho aislado. Solo hay que echar un vistazo a los datos que maneja el Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia, que presentó hace unos meses su informe anual, correspondiente al año 2018. La entidad recogió durante este periodo un total de 345 incidentes de odio motivados por LGTBfobia en la Comunidad de Madrid, 24 más que en el año precedente. Mucho por hacer aún.
El Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia: contacto
El Observatorio Madrileño contra la LGTBfobia, promovido por Arcópoli y del que ya forman parte casi una veintena de colectivos y asociaciones, se puso en marcha a principios de 2016. Ofrece acompañamiento y asesoramiento a las víctimas desde el mismo instante en que sufren la agresión y hace un seguimiento del recorrido de la denuncia en los juzgados.
Puedes contactar con el Observatorio a través del teléfono 618 54 71 66 (llamada o WhatsApp) y online en la dirección web http://contraelodio.org
Comentarios desactivados en «Dios no puede ser un objeto mental elaborado por nosotros», por José María Castillo
De su blog Teología sin censura:
“Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado (Jn 13, 34). Así y en eso es dónde y cómo se encuentra a Dios. Según el Evangelio, no hay más camino que ése. Cree en Dios el que antepone el bien y la felicidad de los demás a todo lo demás«
El diario El País publicó, el pasado día 25 de septiembre, un extenso informe (toda una página) en el que informaba del reciente libro que ha publicado el profesor Reza Aslan, de la Universidad de California. Aslan es un estudioso investigador de la historia de las religiones, ha publicado un libro (Dios. Una historia humana, Taurus) que está dando que hablar.
Según el profesor Aslan, “Dios es una idea”, modelada por los hombres, según les ha interesado o les ha convenido. Por eso hay tantos “dioses”. Porque los intereses y las conveniencias de los hombres, los pueblos y las culturas han sido (y son) tantos y tan contradictorios, que cada individuo o cada cultura se ha inventado el “dios” que le convenía o le venía mejor.
No voy a discutir todas y cada una de las ideas, que propone Reza Aslan. Para eso haría falta un libro, quizá varios. Por eso me voy a limitar a discutirle al profesor Aslan una sola cosa, que es el punto de partida de todo lo demás que dice en su libro. Como ya he dicho, según Aslan, “Dios es una idea”, que no conocemos ni interesa. Y no sabemos si existe o no existe. Porque, con solo una idea, no vamos a ninguna parte.
Pues bien, esto supuesto, lo primero y lo más elemental, que hay que decirle al Sr. Aslan (y a todos los que piensan como él) es que “Dios no es una idea”. Ni puede serlo. Porque Dios es el Trascendente. Ahora bien, la Trascendencia – como ya explicó Tomás de Aquino – “está sobre todo cuanto podemos decir o entender” (“supereminentius quam dicatur aut intelligatur”. De Potentia, q. VII, a. V). Y no podemos entenderlo porque el cerebro humano no puede pensar nada más que “objetivando” y, por tanto, “cosificando” lo que piensa. Es decir, lo que “pensamos” es una realidad que “objetivamos” en nuestra mente. Un “objeto mental”, eso es una “idea”. Y con “objetos mentales” elaboramos nuestros pensamientos y nuestras ideas (cf. Paul Ricoeur).
Ahora bien, Dios no puede ser un objeto mental elaborado por nosotros. De ahí que sabiamente Sophie Nordmann, en su Phénomenologie de la Transcendence, ha dicho con precisión: “Ser trascendente no significa ser infinitamente superior, sino simplemente incomunicable a otro orden absolutamente distinto” (pg. 10). Lo que significa, ni más ni menos, que Dios no está a nuestro alcance. Dios está más allá del horizonte último de todo cuanto podemos saber o conocer.
Sólo dos, de las grandes religiones, se han dado cuenta de este problema: el budismo y el cristianismo. El budismo ha sido más consecuente. Y al darse cuenta de que Dios y el Ser humano se sitúan en dos ámbitos totalmente distintos de conocimiento, ha prescindido de Dios. Y se ha quedado sólo con el Dharma, que nos funde en uno a la naturaleza y al yo (Kotaró Zuzuki). Es una solución coherente. Pero tiene el peligro de centrar al ser humano en sí mismo, de forma que cuando encuentra el Dharma, encuentra la paz y se queda en eso. No atendiende debidamente al sufrimiento del mundo y al consiguiente estancamiento social (cf. John K. Galbaith (Ambassador’s Journal, 1969).
La solución, que el cristianismo le ha dado a este problema, está en Jesús, tal como lo presenta el Evangelio. En Jn 1, 18 se nos dice: “A Dios, nadie lo ha visto jamás. Jesús (el Hijo) nos lo ha dado conocer”. O sea, en Jesús de Nazaret, Dios se “encarna”, es decir, “se humaniza”. Y hasta se funde con lo humano, de forma que el mismo Jesús le dijo a uno de sus discípulos: “Felipe, el que me ve a mí, está viendo al Padre (Dios)” (Jn 14, 9). Jesús, su forma de vida, su conducta, sus preferencias, su existencia entera, desde el nacimiento en un establo hasta la muerte como un delincuente, Jesús nos revela a Dios. Y así, nos dice cómo es Dios, lo que quiere Dios y, sobre todo, dónde y cómo encontramos a Dios: “Lo que hicisteis con uno de estos, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).
No identifiquemos a Dios con la religión. Ni Dios (que es “trascendente”) es un componente de la religión (que es “inmanente”). Es más, la experiencia religiosa, tal como la practica mucha gente, ya no es de fiar (Th. Ruster). La religiosidad, que nos lleva a Dios, es la que nos enseñó Jesús con su vida. Y a Dios lo encuentra quien cumple el mandamiento que nos dejó Jesús: “Este es mi mandato: que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 13, 34). Así y en eso es dónde y cómo se encuentra a Dios. Según el Evangelio, no hay más camino que ése. Cree en Dios el que antepone el bien y la felicidad de los demás a todo lo demás. Dejémonos de especulaciones y teorías. Sólo la vida que cada cual lleva, eso es lo que nos lleva a Dios.
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