Dom 6.8.17. Transfiguración de Jesús, con un general judío que también veía a Moisés y Elías
La iglesia celebra, aunque es domingo, la fiesta de la Transfiguración del Señor (San Salvador), una de las más significativas de la tradición cristiana, por su fondo histórico-simbólico y por la importancia que ha tenido y sigue teniendo, como icono esencial de la experiencia pascual y de la oración de la Iglesia (especialmente en la tradición ortodoxa).
Éste es el icono por excelencia, con la unión del Antiguo y del Nuevo Testamento (Jesús con Moisés y Elías), ésta es la visión orante en la montaña, la experiencia clave de la Resurrección de Jesús, y del camino que con él realizan los cristianos, en visión anticipada de la gloria, en tarea concreta de seguimiento, dando la vida con (como Jesús) al servicio de la vida de los otros.
Éste es el primer retablo del misterio cristiano, tal como lo han «escrito/pintado» desde antiguo iconógrafos, monjes y simples creyentes de oriente y occidente, el icono del camino que sube a (y baja de) la montaña (en unión con el otro gran icono de los Ángeles de la Trinidad: visión de Abraham, «escrita» por Rublev).
Su versión más antigua aparece en Mc 9, 2-8 y la más reciente en 2 Pedro 1, 16-18. Es un prodigio de concisión y riqueza evocadora, un canto de oración y pascua, de historia de Jesús y de esperanza escatológico. Este año la Iglesia utiliza el relato de Mateo (aunque no voy a insistir hoy en la diferencia entre los evangelios sinópticos).
Varias veces he comentado este pasaje en mi blog. Hoy quiero hacerlo de nuevo, en una línea antigua, recogiendo el ritmo y sentido del relato… e interpretándolo al fin desde la perspectiva de un oficial del ejército judío que seguía viendo en su oración a Moisés y Elías (como les había visto Jesús en la montaña), aunque su interpretación era distinta(aunque no opuesa a la cristiana), como seguirá viendo quien lea.
Buen domingo a todos los amigos. Las dos primeras imágenes recogen iconos de la tradición oriental de la Iglesia. El tercero está tomado de un famoso cuadro de Rafael Sanzio
Texto (Mt 17, 1-9)
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»
Introducción
Esta escena reproduce en un contexto de epifanía (manifestación sagrada) algunos de los elementos básicos de la historia humana y religiosa de Jesús. En un sentido nos recuerda el pasaje del bautismo, donde Dios mismo declara a Jesús como su Hijo (cf. Lc 3, 22). En otro sentido anticipa la experiencia cristiana de la pascua (éxodo) del mismo Jesús, desde un fondo de oración y de esperanza… Jesús es Mesías de Dios porque en su vida y su pascua es una revelación de Dios. Jesús Mesías judío, porque Moisés y Elías están a su lado y le ofrecen su testimonio. Jesús es Mesías cristianos, como sabe la tradición ortodoxa, que venera la gloria de Jesús en el Icono de la Transfiguración.
El relato es simple. Acompañado de tres discípulos, él asciendo a “la montaña” (se supone que está en Galilea) y allí se transfigura (metemorphôthê) y aparece a sus discípulos de un modo “celeste”, como persona divino, cubierto de vestidos blancos, y conversa con Elías y Moisés, personajes principales de la historia de Israel que, según la tradición, han subido al cielo y desde allí acompañan a los israelitas en su marcha hacia la plenitud mesiánica.
Pedro interpreta la experiencia de forma apocalíptica y pretende perpetuarla, construyendo allí tres tiendas, para quedarse sobre la montaña para siempre, rodeados de la gloria de Dios, como se decía y sentía en la fiesta de las tiendas o Tabernáculos de los judíos. Pero les cubre una nube, presencia de Dios, y se oye la Voz: “este es mi Hijo Elegido; escuchadle” (9, 7). Los discípulos se descubren de nuevo solos con Jesús, sobre la tierra, y guardan silencio hasta que sólo más tarde “entienden” lo que ha sucedido (en la pasacua).
La escena de la trasfiguración puede y debe entenderse desde diversas perspectivas, pues ella es un símbolo total del cristianismo, como han hecho y siguen haciendo los investigadores y creyentes:
– Fondo histórico. La vida de Jesús. Esta escena mantiene el recuerdo de algún acontecimiento especial de la vida de Jesús, vinculado a una montaña de Galilea donde él solía subir para orar, acompañado de sus tres discípulos preferidos (Pedro, Santiago y Juan). Jesús pudo aparece de forma muy particular en la montaña y sus tres discípulos principales le descubrieron como Hijo de Dios, escuchando unas palabras de la Nube que tomaron como voz divina, revelación transformante del misterio que presente a Jesús diciendo: ¡ese es mi Hijo Elegido, escuchadle!
Ésta visión sigue conservando su valor, pero no puede aislarse de las otras. Los mismos discípulos de Jesús han “transfigurado” su recuerdo, han reinterpretado su experiencia anterior después de la Pascua y han visto que su “Jesús amigo” era Hijo de Dios. Dios mismo les hablaba y les habla a través de ese Jesús. La voz celeste no se dirige a Jesús, sino a sus discípulos, que deben escucharle. Esa voz de Dios parece situarnos en contexto post-pascual: más que el anuncio del Reino de Jesús que Jesús proclamaba importa ahora la presencia del mismo Je´sus como resucitado o juez divino del tiempo escatológico.
– Perspectiva apocalíptica. Algunos investigadores piensan que la escena original no hablaría de una transfiguración histórica de Jesús, sino de una experiencia y esperanza escatológica: los cristianos han visto a Jesús tras su muerte sobre la Montaña el cielo, con Moisés y Elías, comprendiendo de esa forma que él debe venir, que viene pronto, para restaurar todas las cosas. Ésta escena sería un anticipo de la culminación final de los tiempos, como Pedro interpreta rectamente cuando quiere hacer allí tres tiendas, las tiendas o mansiones eternas de los cielos. Leer más…





























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