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Ya tengo la verdadera VIDA aquí y ahora.

domingo, 2 de abril de 2017
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lazaroJn 11, 1-45

Lázaro es un personaje simbólico que nos representa en nuestra condición de criaturas limitadas, invitadas a superar los límites. Con la misma palabra “vida”, se hace referencia a conceptos tan diferentes que es difícil interpretarlos bien. De hecho, se puede dar la muerte en una vida fisiológica sana Y se puede dar la Vida con una salud deteriorada. No podemos tergiversar el texto hasta hacerle decir lo contrario de lo que quiere decir. Es indispensable que tratemos de dilucidar de qué Vida y de qué muerte estamos hablando.

En el relato de hoy, todo es simbólico. Los tres hermanos representan la nueva comunidad. Jesús está totalmente integrado en el grupo por su amor a cada uno. Unos miembros de la comunidad se preocupan por la salud de otro. La falta de lógica del relato nos obliga a salir de la literalidad. Cuando dice Jesús: “esta enfermedad no acabará en la muerte sino para revelar la gloria de Dios”; y al decir: “Lázaro está dormido: voy a despertarlo”, nos está indicando el verdadero sentido de todo el relato.

Si seguimos preguntando si Lázaro resucitó o no, físicamente, es que seguimos muertos. La alternativa no es, esta vida, solamente aquí abajo u otra vida después, pero continuación de esta. La alternativa es: vida biológica sola, o Vida definitiva durante esta vida y más allá de ella. Que Lázaro resucite para volver a morir unos años después, no soluciona nada. Sería ridículo que ese fuese el objetivo de Jesús. Es realmente sorprendente, que ni los demás evangelistas, ni ningún otro escrito del NT, mencione un hecho tan espectacular como la resurrección de un cuerpo ya podrido.

Jesús no viene a prolongar la vida física, viene a comunicar la Vida de Dios que él mismo posee. Esa Vida anula los efectos catastróficos de la muerte biológica. Es la misma Vida de Dios. Resurrección es un término relativo, supone un estado anterior de vida física. Ante el hecho de la muerte natural, la Vida que sigue, aparece como renovación de la vida que termina. “Yo soy la resurrección” está indicando que es algo presente, no futuro y lejano. No hay que esperar a la muerte para conseguir Vida.

Para que esa Vida pueda llegar al hombre, se requiere la adhesión a Jesús. A esa adhesión responde él con el don del Espíritu-Vida, que nos sitúa más allá de la muerte física. El término “resurrección” expresa solamente su relación con la vida biológica que ya ha terminado. “Quién escucha mi mensaje y da fe al que me mandó, posee Vida definitiva” (5,24). Esto quiere decir que todo aquel que tenga una actitud como la que tuvo Jesús en su vida, participa de esa Vida. Esa Vida es la misma que vive Jesús.

Jesús corrige la concepción tradicional de “resurrección del último día”, que Marta compartía con los fariseos. Para Jn, el último día es el día de la muerte de Jesús, en el cual, con el don del Espíritu, la creación del hombre queda completada. Esta es la fe que Jesús espera de Marta. No se trata de creer que Jesús puede resucitar muertos. Se trata de aceptar la Vida definitiva que Jesús posee y puede comunicar al que se adhiere a él. Hoy seguimos con la fe para el más allá de Marta, que Jesús declara insuficiente.

¿Dónde le habéis puesto? Esta pregunta, hecha antes de llegar al sepulcro, parece insinuar la esperanza de encontrar a Lázaro con Vida. Indica que son ellos los que colocaron a Lázaro en el sepulcro, lugar de muerte sin esperanza. El sepulcro no es el lugar propio de los que han dado su adhesión a Jesús. Al decirles: “Quitad la losa”. Jesús pide a la comunidad que se despoje de su creencia. Los muertos no tienen por qué estar separados de los vivos. Los muertos pueden estar vivos y los vivos, muertos.

Ya huele mal. La trágica realidad de la muerte se impone. Marta sigue pensando que la muerte es el fin. Jesús quiere hacerle ver que no es el fin; pero también que sin muerte no se puede alcanzar la verdadera Vida. La muerte sólo deja de ser el horizonte último de la vida cuando se asume y se traspasa. “Si el grano de trigo no muere…” Nadie puede quedar dispensado de morir, ni el mismo Jesús. Jesús invita a Nicodemo a nacer de nuevo. Ese nacimiento es imposible sin morir antes a todo lo que creemos ser.

Al quitar la losa, desaparece simbólicamente la frontera entre muertos y vivos. La losa no dejaba entrar ni salir. Era la señal del punto y final de la existencia. La pesada losa de piedra ocultaba la presencia de la Vida más allá de la muerte. Jesús sabe que Lázaro había aceptado la Vida antes de morir, por eso ahora está seguro de que sigue viviendo. Es más, solo ahora posee en plenitud la verdadera Vida. “El que cree en mí, aunque haya muerto vivirá”. La Vida es compatible con la muerte.

Es muy importante la oración de Jesús en ese momento clave. Al levantar los ojos a “lo alto” y “dar gracias al Padre”, Jesús se coloca en la esfera divina. Jesús está en comunicación constante con Dios; su Vida es la misma Vida de Dios. No se dice que haya pedido nada. El sentido de la acción de gracias lo envuelve todo. Es consciente de que el Padre se lo ha dado todo, entregándose Él mismo. La acción de gracias se expresa en gestos y palabras, pero en Jesús manifiesta una actitud permanente.

Al gritar: ¡Lázaro, ven fuera! está confirmando que el sepulcro, donde le habían colocado, no era el lugar donde debía estar. Han sido ellos los que le han colocado allí. El creyente no está destinado al sepulcro, porque aunque muere, sigue viviendo. Con su grito, Jesús quiere mostrar a Lázaro vivo. Los destinatarios del grito son ellos, no Lázaro. Ellos tienen que convencerse de que la muerte física no ha interrumpido la Vida. Entendido literalmente, sería absurdo gritar para que el muerto oyera.

Salió el muerto con las piernas y los brazos atados. Las piernas y los brazos atados muestran al hombre incapaz de movimiento y actividad, por lo tanto, sin posibilidad de desarrollar su humanidad (ciego de nacimiento). El ser humano, que no nace a la nueva Vida, permanece atado de pies y manos, imposibilitado para crecer como tal ser humano. Una vez más es imposible entender la frase literalmente. ¿Cómo pudo salir, si tenía los pies atados? Parecía un cadáver, pero estaba vivo.

Lázaro ostenta todos los atributos de la muerte, pero sale él mismo porque está vivo. Todos tienen que tomar conciencia de su nueva situación. “Desatadlo y dejadlo que se marche”. Son ellos los que lo han atado y ellos son los que deben soltarlo. No devuelve a Lázaro al ámbito de la comunidad, sino que le deja en libertad. También ellos tienen que desatarse del miedo a la muerte que paraliza. Ahora, sabiendo que morir no significa dejar de vivir, podrán entregar su vida como Jesús.

Meditación

El relato nos invita a pasar de la muerte a la Vida.
Se trata de la Vida que no termina, la definitiva.
Es la misma Vida de Dios, comunicada al hombre.
Es la ÚNICA VIDA que lo inunda todo.

No es algo que Dios nos da o deja de darnos.
Es Dios comunicándonos su mismo ser.
Su ser es el fundamento de nuestro verdadero ser.
Jesús nos invita a descubrir y a vivir esa realidad.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Resurrección y vida.

domingo, 2 de abril de 2017
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1209_resurreccion-de-lazaro-958x1064Dios nos libre del árbol de la felicidad que no echa flores (Mark Twain)

Domingo 2 de abril. V de Cuaresma

Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis, viene a decir el Señor al pueblo de Israel (Ez 37, 12-14), porque la redención es copiosa, añade el Salmista (Sal 129). Lo reitera Pablo en Carta a los Romanos 8, 8-11: El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros. Y el Evangelio de este domingo personifica en Jesús la idea de resurrección, cuando le dijo a la dubitativa Marta: “Yo soy la resurrección y la vida”; el que cree en mí, aunque muera, vivirá para siempre (Jn 11, 25).

La historia real narrada por la directora de cine francesa Anna Fontaine en Las inocentes (diciembre 2016) es el canto a un resucitar prolífico a una nueva forma de entender y de vivir la vida. El  relato de unas monjas polacas embarazadas tras ser violadas por las tropas rusas al terminar la II Guerra Mundial en un monasterio de clausura cerca de Varsovia. Una religiosa, Hermana María, protagonista del largometraje sale discretamente del convento, cruza un campo nevado y llega a la ciudad en busca de un médico: Matilde Beaulieu, inexperta cirujana en estos menesteres de partos, deberá aprender a sacar adelante esta inusual situación y ayudar a las hermanas.

Es en este mundo espiritual en femenino, desgarrado por la violencia de la guerra y sus consecuencias altamente perturbadoras de la vida monástica, donde se muestra una imperturbable empatía por estas mujeres, que viven sus futuras maternidades en riguroso secreto con tal de evitar un escándalo y el cierre del convento: un contexto político claramente muy poco favorable a la religión. La joven cirujana francesa acepta compartir el secreto de las religiosas y se arriesga a garantizar el seguimiento cotidiano de los embarazos. Una ayuda crucial, la de la cirujana, que anima progresivamente a las hermanas a abrir sus puertas, sus cuerpos y sus espíritus a estos nacimientos, que les devuelven a una condición de mujer que había sido suprimida, de una u otra manera, por la búsqueda de Dios.

Vida carnalmente nacida y vida contemplativa se unen en el eslabón que perpetúa y mantiene vivo el mundo: la mujer. De las lágrimas a la alegría de arropar y amamantar a recién nacidos, de las horas de contemplación al dolor-amor de ver florecer su carne, de la tragedia al descubrimiento de la maternidad.

Un nuevo mundo marcado además por el miedo a la condenación, los efectos traumáticos de las violaciones, las dudas metafísicas, la negación del embarazo, el dolor de los partos, el sentimiento de culpabilidad tanto de quedarse como de separarse de sus bebés, etc. etc. En este lugar en el que no es fácil «poner a Dios entre paréntesis durante la consulta», unas mujeres que sufren en lo más hondo del alma la crueldad de la guerra, tratan de conservar la esperanza, debatiéndose entre su fe, la observancia de las reglas y el despertar de sus cuerpos ante la inesperada irrupción de la vida. Un valor que sobrenada todo, y es el amor a la vida que derrumba barreras, que une y perdona.

Mark Twain escribió en Carta a Joe Goodman: “Dios nos libre del árbol de la felicidad que no echa flores”. Era un árbol seco la Madre abadesa que, cuando María, le dijo: “La hermana ha hecho lo correcto”, ella le contestó con acritud: “Pero ha infringido las normas”¿Representan estas clausuradas el flexible nuevo Reino de Dios siempre creciente en humanidad, y la abadesa la habitualmente anquilosada jerarquía tradicional de la Iglesia? En una entrevista al Papa (22 enero 2017), Francisco respondía al periodista: “Con respecto a la Iglesia, yo diría que la Iglesia no deje de ser cercana. O sea, que procure ser continuamente cercana a la gente. Una iglesia que no es cercana, no es Iglesia”.

La japonesa Marie Kondo (1984), experta en organización y escritora, ha dicho en su obra La felicidad después del orden (Aguilar 2016): “Quien se sienta continuamente ansioso y no sepa bien por qué, que pruebe a ordenar sus cosas. Que las sostenga entre las manos y se pregunte si le hacen feliz. Luego, que acaricie aquellas que desea conservar con la misma delicadeza con las que toca su propio cuerpo, y todos los días de su vida se llenarán de felicidad”.

La mística y poeta Mary Oliver (Ohio, 1833) nos invita en su obra Felicity, siguiendo la propuesta de Marie Kondo, a estar totalmente ocupadas siendo rosas.

ROSAS

Todo el mundo se hace de vez en cuando
esas preguntas para las que no existe
respuesta: el origen del mundo, la existencia de Dios,
qué sucede cuando se baja el telón
y nada lo detiene, ya no habrá besos,
ni Súper Bowl, ni visitas al centro comercial.
“Rosas salvajes”, les dije una mañana.
“¿Tenéis las respuestas? Y si las tenéis,
¿me las daríais?”
Las rosas sonrieron dulcemente. “Perdónanos”,
respondieron. “Pero como puedes ver,
justo ahora estamos totalmente
ocupadas siendo rosas”.

 Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¡Yo soy Lázaro, Marta y María!

domingo, 2 de abril de 2017
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raising_of_lazarus2Jn 11, 1-45

Lázaro… ¿Está dormido? ¿Está inconsciente? El evangelista nos dice que lleva cuatro días enterrado. Es una expresión judía para decirnos que está muerto y bien muerto. Los rabinos enseñaban que durante tres días el alma podía andar dando vueltas alrededor del difunto, como si le rondara; pasados estos días, el alma se separaba definitivamente del cuerpo y no había posibilidad de retorno a la vida.

El texto nos sitúa en un contexto de muerte, en el que resuenan las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre”.

¡Yo soy Lázaro! ¡Tod@s somos Lázaro! Salgamos de nuestras tumbas. Unas veces tienen forma de biblioteca que huele a rancio, con aislamiento acústico, para no captar las voces de la humanidad. ¡Es tan cómodo investigar, buscando respuestas a preguntas que no se hace nadie! Salgamos de los lugares de muerte en los que hay abuso infantil y malos tratos, en cualquiera de sus formas. Salgamos de todos los castillos feudales en los que aparentemente estamos a salvo, pero dentro de sus paredes también está presente la muerte, de múltiples formas.

Cuando han ido muriendo “el amor primero” y la pasión por el evangelio, los miedos se extienden como una niebla por todas las estancias y ya no se percibe la Buena Noticia.

“Lázaro, sal fuera…” es un mandato y una invitación. Conecta con el deseo del papa Francisco y con las necesidades de la humanidad.

Marta… está en el sitio que le ha asignado la sociedad de su tiempo; representa el sentir de esa sociedad y responde con lo que se espera de ella. Es trabajadora, se afana, pero de vez en cuando se pasa de rosca, se estresa y pierde valores fundamentales.

En otro encuentro con Jesús, trabajó tanto para que todo estuviera a punto, que al final le brotó el reproche: “Dile a mi hermana que…”. Ahora ella sale al encuentro de Jesús, como mandaban los cánones de acogida a los huéspedes y vuelve a reprocharle: ¡Llegas tarde, Jesús! Y eso que te avisamos con tiempo suficiente…

Cuando Jesús invita a quitar la losa, ella replica que ya huele mal. El caso es puntualizar, protestar, intentar colocar a Jesús en su sitio y que haga lo que se espera de él.

Ella se había nutrido con lo que había oído en la sinagoga, y creía que la resurrección no llegaría hasta el último día; así lo proclamó abiertamente, en presencia de Jesús y de los demás. Pero Jesús, como a la samaritana, a Zaqueo, a Pedro y a cada persona que se encontró con él, le interroga para invitarle a ir más allá de lo que se sabe de memoria.

Jesús le invita a creer, a fiarse, sólo así puede entrar en otra dimensión, expresada con la frase “verás la gloria de Dios”. Ella responde con una de las confesiones más completas del Nuevo Testamento: “Creo que tú eres el Mesías (el Salvador), el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Efectivamente, ha visto la gloria de Dios.

¡Yo soy Marta! ¡Tod@s somos Marta! ¡Cuánta hondura hemos perdido en aras del activismo! ¡Cuánta gente valiosa de las comunidades y grupos cristianos se ha quemado! ¡Cuántas parcelas valiosas de nuestra vida se han chamuscado!

Porque tod@s somos Marta… ¡rompamos los esquemas! Escuchemos nuestro interior, para tomar conciencia de nuestras carencias y necesidades. Aprendamos a distinguir con claridad el servicio del servilismo.

María… parece que esta fuera de su lugar, porque se lo dicen los demás, pero ella ha encontrado su sitio. Lo encontró un día a los pies del Maestro, como mujer-discípula que se situaba en un lugar que no le correspondía, según la ley judía, en lugar de trabajar afanosamente en las tareas caseras.

Ungió a Jesús. Había sido transgresora y no recibió reproches, sino la promesa de que su atrevimiento se perpetuaría en la memoria de todos.

El evangelista nos dice: “Habían ido a casa de María”. Ella, la mujer llena de vida, que ha comprendido lo que es el discipulado, es la referencia de una casa quese convierte en “tienda del encuentro”, en lugar donde muchas personas se encuentran con Jesús, el dador de Vida. Quienes habían ido por motivos convencionales, para acompañar un duelo, salen transformados, llenos de vida.

¡Yo soy María! ¡Tod@s somos María! ¡Sigamos apostando por el discipulado sin límites, hasta encontrar nuestro lugar en las comunidades y en la Iglesia! Sigamos rompiendo barreras de todo tipo para que las comunidades recuperen el sueño de Jesús y el discipulado salga de las estructuras que lo ahogan.

Quienes acuden a las celebraciones y exequias cristianas ¿qué encuentran? ¿Cómo intentamos que sean una ocasión para que cada persona se encuentre con el Viviente? ¿Cuidamos cada palabra y cada gesto de modo que reaviven el rescoldo de la fe? ¿O nos unimos al coro de plañideras que canturreamos canciones pidiendo cansinamente a Dios que tenga piedad y acoja a la persona difunta? ¿No deberían ser siempre manifestaciones de fe viva y de esperanza sin fisuras? ¿Por qué contaminamos las celebraciones, hasta el punto de que muchas veces dejan de ser Buena Noticia y se convierten en funerales? ¿Cómo podemos recuperar esas celebraciones para que sean “tienda del encuentro”?

Tomás… tenía un apodo, le llamaban “el mellizo”. Tan pronto se come el mundo y se ofrece para acompañar a Jesús a Judea y morir con él como se refugia en la increencia, buscando unos signos palpables y evidentes en el cuerpo de Jesús. Sólo cuando se encontró con Él, en el seno de la comunidad, pudo dar su testimonio de fe y confesar: “Señor mío y Dios mío”.

¡Yo soy Tomás! ¡Todo@s somos Tomás! Hoy, con cariño, vamos a llamarle “el bipolar”. Así somos cada uno de nosotros, a menudo. Nos comemos el mundo, dudamos, volvemos a comérnoslo… nos movemos en un ejercicio continuo de fe e incoherencia. Hasta que un día nos rindamos y nos pongamos al servicio del Reino, con más coherencia.

Jesús… es un hombre que ama, llora y se conmueve. Pedro le negó tres veces. Él llora tres veces ante su amigo; este número indica la totalidad, siempre. Él expresa el amor hacia Lázaro con tal claridad que los presentes exclaman: “¡Cómo lo quería!”.

El evangelista podía haber sido pudoroso y evitar esta descripción de Jesús, que lo ponía en ridículo, por ser varón judío y maestro, pero nos muestra a Jesús con transparencia.

Ir a Betania, situada a unos tres kilómetros de Jerusalén, significaba poner su propia vida en peligro; acercarse a Jerusalén significaba aproximarse al lugar donde estaban los poderosos que querían matarle. Ya intentaron apedrearle allí y logró salir ileso ¿para qué correr de nuevo un riesgo, volviendo a una aldea que distaba solo 3 kilómetros de Jerusalén?

Pero Jesús, en su momento, rechazó convertir las piedras en panes y no quiso que los ángeles le allanaran el camino. Si huía de la confrontación y vivía escondido en Galilea, por miedo a los judíos, era como si viviera en la noche, en las tinieblas. Y Jesús, que se había manifestado como luz, quiere que sus obras sean expresión de esa luz.

Vuelve junto a los amigos porque quiere ayudarles; los tres hermanos están fuera de su sitio, los tres están descolocados vitalmente y les ayuda a resituarse ante la vida y ante la muerte.

Jesús conecta vitalmente con su Abbá y le da las gracias porque le ha escuchado. Este es uno de los núcleos más importantes de esta catequesis. Juan no nos presenta un espectáculo de magia, de resurrección, que deja atónitos a los presentes. Los otros tres evangelistas ni siquiera nos ofrecen una catequesis similar. A través de la conexión de Jesús con su Abbá la vida fluye y se reavivan todos los presentes. Se despierta la fe y muchos creyeron de nuevo. De esta conexión brotan la vida y la liberación: hay que quitar vendas y desatar ataduras.

Jesús es el amigo que hoy conversa conmigo, invitándome a vivir en mi centro, a tomar conciencia de lo que me ha desquiciado y de lo que está muriendo en mi vida y genera mal olor.

Jesús nos invita a toda la Iglesia a salir de las tumbas: de la comodidad (con sus poltronas y sillones), de las cañadas oscuras, de la injusticia, del silencio cómplice, del miedo… El papa Francisco también nos invita a salir de esas tumbas y romper las vendas que inmovilizan a personas y colectivos.

Hoy soy Lázaro, Marta y María. Hoy Betania es mi vida, los lugares en los que habito, la comunidad y la Iglesia. Y Jesús, el AMIGO que nos ama, ha venido a visitarnos. Sabe que estamos dormidos, y viene a despertarnos.

Nos pregunta ¿en qué crees? ¿En qué creéis? Quiere arrancarnos una confesión de fe que sea respuesta personal, que atraviesen todo nuestro ser. No le interesan las respuestas del catecismo que nos hemos aprendido de memoria.

Marifé Ramos González

(http://www.mariferamos.com/)

Fuente Fe Adulta

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Dejad que Lázaro se marche dignamente hacia la Vida

domingo, 2 de abril de 2017
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resurercion-lazaroLa resurrección de Lázaro, el último hallazgo en las Catacumbas de Priscila

De su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

(Juan Masiá, sj.).- No pensaba escribir una vez más sobre Lázaro (quinto Domingo de Cuaresma), para no abusar de repeticiones hermenéuticas. Pero veo que todavía abundan las lecturas literales que confunden la resurrección con el revivir. Lázaro no revive, no vuelve a esta vida, sino sale de esta vida hacia la Vida, es un éxodo hacia la verdadera vida (cf. J. Mateos-J. Barreto, El Evangelio de Juan, Cristiandad, 1982, p. 518)

Tampoco pensaba escribir una vez más sobre la dignidad en el morir, sobre el respeto a la dignidad de la persona moribunda durante y a lo largo de todo el proceso de morir. Pero veo que no desaparecen los malentendidos en los debates de proyectos legislativos sobre limitación o regulación de los esfuerzos terapéuticos y el uso de los recursos paliativos y sedación; todavía no desaparece la confusión entre un «buen morir, digno y justo» y un «mal morir, sin respetar la dignidad y autonomía de la persona paciente». (cf. Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, 2012, pp.123-162).

Curiosa coincidencia en torno a estos dos temas: las mismas mentalidades que se escandalizaron cuando apoyé el rechazo de Inmaculada Echeverría a la respiración asistida (2007) o el uso responsable de la sedación terminal por el doctor Montes en el Severo Ochoa (2005) o la ley andaluza sobre Derechos y garantías de la persona en el proceso de morir (2010), esas mismas personas se escandalizaron cuando comenté (en Religión Digital, 6 abril, 2015) la palabra clave de la perícopa sobre la muerte ( y éxodo hacia la vida de Lázaro en el evangelio según Juan (Jn 11, 44).

En un caso, falta de fe en la resurrección; en otro caso, falta de respeto a la dignidad personal. Y en ambas casos, falta, sobre todo, de crítica, de hermenéutica y de esperanza.

Reavivaré aquí la reflexión sobre Jn 11, 44: dejadlo que se marche. Quédese para el siguiente post la reflexión sobre el buen morir, que no se indigeste la consumición de ambos platos en el mismo menú…

¿Nos damos cuenta de que el versículo 44 sugiere el sentido de: Dejadlo irse más allá, dejadlo irse hacia la Vida de la vida?

«Jesús gritó muy fuerte: -¡Lázaro, sal fuera de este mundo! Salió el muerto con las piernas y los brazos atados con vendas; su cara estaba envuelta en un sudario. Les dijo Jesús: -Desatadlo y no lo retengáis, dejadlo que se marche junto a Abba…

La mentalidad dualista no sale de la disyuntiva entre literalidad y ficción. Por eso le cuesta tanto comprender los evangelios. El lenguaje religioso es cien por cien simbólico. Sin sensibilidad para la creatividad mitopoética es imposible dejarse transformar por la relectura evangélica. Pero el problema se remonta a la escuela elemental: aprender a leer, releer e interpretar.

Releamos, por tanto, y reinterpretemos recreando la narración a la luz de las palabras de Jesús: Yo soy la Resurrección y la Vida.

«Dejadlo irse, dejadlo que se marche»: es la palabra que Juan pone en labios de Jesús ante la tumba de su amigo Lázaro (Jn 11, 44). Lázaro no resucita de la tumba para volver a esta vida. Este episodio del evangelio según Juan no es un milagro de resurrección, sino la puesta en escena del mensaje de Jesús: «Yo soy la Resurrección y la Vida» (Jn 11, 25). Si Lázaro saliera vivo de la tumba, lo normal sería que los familiares se precipitaran a abrazarlo, darle algo de comer y beber o ponerle ropa de abrigo.

En una escena así parece que no es apropiado decir: «Dejadlo que se marche» (A menos que la relectura se tome la libertad de traducir libremente: «Dejadlo marcharse de este mundo»). Parece que no cuadra el guion con esa escena. Para entenderla hay que darse cuenta de que no se trata de una salida de la tumba para volver a esta vida. Jesús, que ha levantado los ojos al cielo, mira ahora fijamente a la tumba donde sigue estando el cadáver. Sabe Jesús que no es ese el lugar de buscar entre los muertos a quien va a vivir desde ahora en el seno de la vida divina; «sal fuera» no es «sal fuera de la tumba», sino «sal de esta vida y entra en la vida de Abba».

«Dejadlo ir (Jn 11, 44)» significaría: «Dejadlo que siga atravesando la muerte para entrar en la vida. Lázaro no está donde están sus restos. Lázaro está ascendiendo a Abba. Dejadlo morir hacia el Padre«.

Si fuera hoy día, en un telefilme, el evangelista habría hecho un montaje muy bueno para su guión. Imaginemos la figura blanca de Lázaro envuelto en un sudario que se va convirtiendo en túnica gloriosa a medida que asciende y se pierde en las alturas, yéndose a lo lejos la imagen difuminada. Cambia la cámara a una panorámica de los familiares entristecidos que extienden sus manos como queriendo retenerle. Se escucha una voz en off que repite las palabras de Jesús a Magdalena en la mañana de resurrección: «No me retengas.» «Me voy hacia mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios» (Jn 17, 20).

De nuevo un primer plano de Jesús, rostro sereno, mirando alternativamente al interior de la tumba y a lo alto de los cielos. Y repite Jesús: «Dejadlo ir, dejadlo y no queráis retenerlo aquí en este mundo con vosotros. Dejadlo morir hacia la vida. No busquemos entre muertos a quien vive«.

Fuente Religión Digital

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Estando simplemente ahí…

sábado, 1 de abril de 2017
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Del blog de la Communion Béthanie:

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«Pidamos la gracia de que todo comience hoy, qué nuestra vida se eternice en un presente dado y que no haya más instrospección sobre uno mismo, sobre nuestro pasado, no más pesares de las cosas que ya no son, sino esta decisión firme e inamovible de hacer de nuestra vida una obra maestra de luz y de amor  estando simplemente ahí en medio de los hombres, en medio de nuestra familia, en medio de nuestra oficina, en medio de nuestra sociedad y en medio de sus compromisos de solidaridad,  siempre simplemente ahí, como una presencia que da testimonio de la vida del Cristo resucitado y que aporta la Luz y la sonrisa de su Amor

*

Maurice Zundel

***

, detenerse,
Degustar una palabra
Compartir un trozo de pan,
e irse de nuevo.

***

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Religión y apostasía. A propósito de “Silencio”, por José Arregi

jueves, 30 de marzo de 2017
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1253195_silence_scorseseLeído en su blog:

Hace ya dos meses que dos matrimonios amigos fuimos a ver Silencio, de Scorsesse. Entretanto, ha desaparecido de las carteleras y de los medios que todo lo devoran. Todo lo devoramos sin haberlo saboreado y sin tiempo para digerir y nutrirnos. En cuanto a la película como tal, carezco de criterio competente para afirmar si es buena o mala, ni me interesa en este momento. Nos dio para una larga y sabrosa sobremesa, con discordancia de opiniones y concordia comensal: ¿Apostatan realmente los jesuitas Ferreira y Rodrigues o solo fingen hacerlo? Por lo demás, ¿es la película fiel a la historia? Y las grandes cuestiones de fondo: ¿Qué es fe? ¿Qué es apostasía?…

Pero antes de nada: ¿Qué movía a unos jóvenes jesuitas –o franciscanos y dominicos– europeos a embarcarse hacia las lejanas islas de Japón, con una lengua, unas tradiciones y una religión tan distintas de las suyas, mientras su propia Europa se desangraba en guerras de cristianos por cuestiones de dogmas y de poderes? Les movía sin duda la mejor voluntad, pero no la mejor inteligencia de la fe. Iban en nombre de Jesús, pero al amparo de monarcas y de ricos mercaderes. Les inspiraba el evangelio liberador de Jesús, pero estaban sujetos a su letra, convencidos de que la fe consiste en profesar el Credo, el evangelio se identifica con religión cristiana y la religión cristiana católica es la única verdadera.

Creían con razón que el mensaje del evangelio es universal, pero ignoraban que el lenguaje y todas las formas en que lo expresaban eran –siguen siendo– radicalmente particulares. Embarcaban para enseñar lo que conocían, pero no para aprender lo que desconocían. Querían salvar a aquellas gentes, pero pensaban que la salvación era cosa del cielo después de la muerte, y que solo se podrían salvar quienes abrazaran sus creencias y recibieran su bautismo. Se exponían heroicamente a la tortura y la muerte, pero les confortaba la certeza de que obtendrían la corona suprema en lo más alto del cielo.

Eran mensajeros de Jesús. Solo que Jesús nunca pretendió fundar una religión, ni jamás se le pasó por la cabeza enviar a nadie a “convertir paganos”. Él se sintió profeta de Dios, de un mundo nuevo inminente, y, con un grupo de discípulos y discípulas, se fue a anunciarlo y vivirlo por caminos y aldeas. “Convertíos a la vida”, venía a decir.

Pero muy pronto el evangelio de la vida se convirtió en religión clerical, la Iglesia se alió con el imperio y los cristianos entendieron que Jesús los enviaba a cristianizar y, sin saberlo, a helenizar, romanizar y europeizar todo el mundo. Los profetas de un mundo nuevo se volvieron misioneros de la única religión que garantizaba el perdón de los pecados aquí y la vida feliz solo en el más allá.

En la nueva religión de los misioneros cristianos, muchos encontraron consuelo y libertad, la esperanza de sus vidas, y de buena gana apostataron de sus antiguas creencias y prácticas religiosas, incluso hasta morir torturados. Otros muchos, incontables, fueron sometidos contra su voluntad a una terrible disyuntiva: o apostatar o morir. Pero la Iglesia jamás ha proclamado mártires a cristianos disidentes o a quienes ella hizo morir por no apostatar de su religión o de su ateísmo.

A veces cambiaron las tornas, como en Japón a lo largo del siglo XVII, cuando el poder político impuso el budismo como religión de Estado, igual que los reyes europeos imponían su confesión católica, protestante o anglicana en sus reinos y en las tierras conquistadas. Muchos cristianos japoneses prefirieron entonces la muerte más terrible a la apostasía, mientras los monjes budistas cantaban mantras al Buda compasivo Amida, y ellos –los cristianos– se preguntaban por qué Dios callaba, sin atreverse a pensar que un Dios así no puede existir.

Otros –como el Kichijiro del film– apostataron del cristianismo para salvar su vida, pero condenándose a vivir el resto de su vida carcomidos por la culpabilidad. El jesuita Rodrigues también apostata, pero solo por salvar a otros, y vive el resto de su vida en el remordimiento de haber pisado un fumie, una mera tablilla con la imagen de Jesús. Mucho antes que él había apostatado el padre Ferreira, y no solo para salvar a otros sino también para salvarse a sí mismo. Y no tuvo remordimientos por haberlo hecho. Vivió en paz. Vivió.

En nuestra sobremesa hubo discrepancias al respecto: ¿apostató el sabio padre Ferreira por convicción o solo fingió hacerlo? Para mí, el padre Ferreira es el modelo del cristiano maduro, libre de la religión. Es el único que no apostata en realidad. Pues toda religión, el cristianismo incluido, no es en el mejor de los casos sino una representación de la Vida, como el fumie no era sino una representación de Jesús. ¿No querría tu mujer que pisaras su imagen por salvar tu vida y la de tus hijos? Preferir la religión a la vida propia y ajena: eso es apostatar.

Espiritualidad, General, Iglesia Católica , , ,

La copa en el silencio

miércoles, 22 de marzo de 2017
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Del blog de Henri Nouwen:

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 Debemos beber lentamente, saboreando cada sorbo, hasta el fondo. Vivir una vida completa es beber nuestra copa hasta que se quede vacía, confiando en que Dios la llenará con la vida eterna.

Es importante, sin embargo, ser muy concretos, tener nuestra mente muy clara cuando nos enfrentamos a la pregunta: «¿Cómo bebemos nuestra copa?». Necesitamos de ciertas disciplinas bien concretas que nos ayuden a asimilar y a interiorizar nuestros gozos y nuestras penas, y a encontrar en ellos nuestro único camino de libertad espiritual.

Me gustaría estudiar cómo tres disciplinas, la del silencio, la de la palabra y la de la acción, pueden ayudarnos a beber nuestra copa de la salvación.

La primera forma de beber nuestra copa es en el silencio. Puede parecemos una sorpresa porque estar silencioso parece que es no hacer nada. Pero es precisamente en el silencio cuando nos enfrentamos a problemas de nuestro verdadero ser. A menudo las penas de nuestras vidas nos abruman de tal forma que hacemos cualquier cosa para no enfrentarnos a ellas…..

El silencio es la disciplina que nos ayuda a sobrepasar la categoría de entretenimiento de nuestras vidas. En ese silencio es donde podemos hacer que emerjan nuestras penas y gozos de los lugares en los que se ocultan y donde podemos mirarnos a la cara diciendo: «No tengas miedo, puedes mirar tu propio caminar en la vida, sus lados brillantes y oscuros, y descubrir tu forma de ser libre».

Podemos encontrar el silencio en la naturaleza, en nuestra propia casa, en una iglesia o en un lugar de meditación. Pero donde quiera que lo encontremos, debemos mimarlo. Porque sólo en el silencio podemos conocer en profundidad quiénes somos y poco a poco mirarnos a nosotros mismos como dones de Dios.

Al principio el silencio puede asustarnos. En el silencio oímos las voces de las tinieblas: nuestros celos y nuestra rabia, nuestro resentimiento y nuestros deseos de venganza, nuestra lascivia y nuestra avaricia, nuestro dolor por las pérdidas, abusos o rechazos. Estas voces son a menudo ruidosas y persistentes. Todas esas realidades miserables pueden llegar a ensordecernos. Nuestra reacción más espontánea es salir corriendo y volver a nuestro entretenimiento. Pero si mantenemos la disciplina de permanecer y de no consentir que esas voces nos intimiden, perderán gradualmente su fuerza y pasarán a un segundo plano, dejando un espacio para las voces más suaves, más agradables, de la luz.

Estas voces hablan de paz, bondad, suavidad, gozo, esperanza, bien, perdón, y, sobre todo, de amor. Al principio pueden parecer tenues, insignificante y podemos pasarlo muy mal confiándonos a ellas. Sin embargo, son muy insistentes y se harán más fuertes si seguimos escuchándolas. Nos vienen desde lo más hondo de nosotros mismos y de muy lejos. Nos han estado hablando desde antes de nuestro nacimiento y nos revelan que no hay oscuridad en el que nos envió al mundo: sólo hay luz.

Son parte de las voces de Dios, que nos llamó desde toda la eternidad: «Mi hijo querido, mi favorito, mi gozo».

Los enormes poderes de nuestro mundo siguen pretendiendo ahogar esas voces suaves. Pero siguen siendo las voces de la verdad. Son como las que escuchó el profeta Elias en el monte Horeb. Allí Dios le habló no con la voz de un huracán, un terremoto o un incendio, sino como en un murmullo (1 Reyes 19,11-13). Este sonido nos quita todos nuestros miedos y nos hace darnos cuenta de que podemos enfrentarnos a la realidad, sobre todo a nuestra propia realidad. Estar en silencio es la primera forma de aprender a beber nuestra copa.»

*

Henri Nouwen.
¿Puedes beber este cáliz?

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Tengo sed.

domingo, 19 de marzo de 2017
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El que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed (Juan 4:14).

Al que tenga sed le daré a beber gratis del manantial del agua de la vida.” (Ap 21, 6)

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Mientras que los teólogos discuten sobre el origen del agua,

los místicos la beben.

***

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

-«Dame de beber.»

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:

¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?»

Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:

«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

La mujer le dice:

«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó:

«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.«

La mujer le dice:

«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.»

Él le dice:

-«Anda, llama a tu marido y vuelve.»

La mujer le contesta:

«No tengo marido.«

Jesús le dice:

«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»

La mujer le dice:

«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice:

«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice:

«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.«

Jesús le dice:

«Soy yo, el que habla contigo.»

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:

¿Qué le preguntas o de qué le hablas?»

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?»

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían:

Maestro, come

Él les dijo:

«Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.»

Los discípulos comentaban entre ellos:

«¿Le habrá traído alguien de comer?»

Jesús les dice:

«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.»

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer:

Me ha dicho todo lo que he hecho.«

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

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Juan 4,5-42

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Bienvenida

sábado, 18 de marzo de 2017
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Leído en Fe Adulta:

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Bienvenida la mañana,
con la clara luz de cada nuevo amanecer,
que me invita a despertar
a la belleza que me rodea
y aceptar la fragilidad y la esplendidez humana,
a renacer bajo la transparencia del agua,
a mirar el mundo como recién nacido,
reavivando mi anhelo por vivir,
con pasión, agradecimiento y buen humor,
cada momento de la jornada.

Bienvenida la tarde, 
que me urge a acudir a la cita
para brindar solidaridad y ternura,
al descanso y el sosiego,
a la intimidad y al diálogo,
a contemplar el variado tornasol
y el sorprendente espectáculo
de cada crepúsculo,
a dejarme conmover
por la vulnerabilidad y la bondad
de tantos gestos, que me motiva
a seguir caminando, a ser más humano.

Bienvenida la noche,
que me mueve a contemplar las estrellas
que un día existieron y aún iluminan mi vida
y a las que, radiantes, me impulsan hoy
a recrear otro universo,
a descubrir la poesía que me habita,
a cuidar con delicadeza y entusiasmo,
a dejarme emocionar por el silencio.
A escuchar cómo palpitan
los latidos de tantos vivos recuerdos
y a dejarme abrazar por el Mar,
que me mece con sus olas revestidas
de espuma y de sueños.

 *
  Miguel Ángel Mesa
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Dictados del Más Allá

martes, 7 de marzo de 2017
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meditacioclaracasadoVivir del mismo modo, con independencia de que se crea o no en que hay algo más tras la muerte, obliga a alinear las creencias religiosas y los derechos terrenales. También ayuda a ser más libres.

EN LA PELÍCULA Qué bello es vivir (1946), del director Frank Capra, el protagonista, George Bailey, encarnado por James Stewart, está a punto de suicidarse. Antes, un ángel le permite ver cómo sería el futuro sin su presencia. Visualiza un mundo peor. Así que cuando regresa de nuevo al momento previo al suicidio, en lugar de lanzarse por el puente, decide regresar a su hogar para que el mundo sea mejor gracias a estar él con vida. Son muchas las películas donde el protagonista tiene oportunidad de observar su futuro o su pasado desde el más allá. De casi toda ficción de ese tipo, libros, relatos, filmes…, se infiere algo fundamental: que, según lo que pensamos que nos espera, decidimos vivir de un modo determinado

La historia de las civilizaciones está plagada de costumbres que nos obligan a sacrificarnos por lo que pueda haber tras la muerte. Hay creencias que incluso obligan a tareas y conductas concretas, algunas realmente exigentes. Podríamos pensar que estos comportamientos son propios de culturas pasadas. Sin embargo, la religión protestante sigue considerando que el juicio final depende en gran medida de lo que uno haya aportado a la sociedad en lo material y económico durante la vida. En la católica, por su parte, se considera que los malos o buenos comportamientos determinan la salvación o condena de las almas.

Bajemos la cuestión a la tierra. Existen solo dos posibilidades. Que tras la muerte haya algo o que no haya nada. Veamos las conductas en cada caso.

Establecer relaciones causa-efecto entre vida presente y eventual vida futura allana el camino a la manipulación

Entre aquellos que piensan que sí hay algo, lo interesante desde un punto de vista conductual es que, por lo general, establecen una correlación entre lo que encontrarán y su comportamiento. Sistemáticamente se considera la vida una especie de prueba para determinar si merecemos una existencia mejor, más larga o eterna. ¿Por qué? Establecer relaciones causa-efecto entre vida presente y eventual vida futura allana el camino a la manipulación del individuo. Si nadie sabe a ciencia cierta qué hay después de la vida, ¿cómo puede defenderse que existen reglas causa-efecto entre ambas existencias? La vida eterna es una cuestión de fe, pero lo que nos espere después y de qué dependa está impregnado de tanta suposición como las religiones de antiguas civilizaciones.

Supongamos por un momento que alguien de ferviente fe y que creía en el más allá pasa a considerar que no hay nada tras la muerte. Absolutamente nada. ¿Cómo actuaría? ¿Dejaría de hacer el bien? ¿Modificaría su moral? ¿Su ética? Y, lo más importante, ¿sus conductas y comportamientos? Este es un supuesto muy terapéutico. La creencia en un Dios se ha asociado tradicionalmente a la de una vida eterna o prolongación de la existencia. Con el único objetivo de revisar conductas, permítanme esta pregunta: ¿puede existir un Dios creador pero no una vida eterna? Supongamos que sí. Esta hipótesis permitiría a los creyentes liberarse en vida de cualquier eventual manipulación por parte de los administradores de las religiones, sean cuales sean estas. Abrazar una fe sería una cuestión de principios, no de futuros indemostrables.

Las religiones son un modo de acercarse a un concepto de Dios y de vivir según un mandato divino o una determinada moral. ¿Por qué se ha hecho preciso un incentivo o castigo para que los fieles acaten las normas? Probablemente por cuestiones educativas, religiosas, sociales y, por supuesto, organizativas.

Actuar conforme a una fe o principios independientemente de una vida futura dejaría de condicionar cómo vivimos la actual y respondería a lo que sabemos: que la vida póstuma no es segura y la presente sí. Eso no significa caos, desorden, amoralidad o falta de ética. Significa libertad máxima. Se puede vivir plena y libremente sin pasar por encima de las libertades de los demás. ¿Puede una vida ser plena si está vinculada a una eventual futura existencia? Para los santos, mártires y muchos creyentes, sí. A otros les causa mucho sufrimiento, contradicciones y conflictos.

Queda una tercera solución interesante. Se trata de creer ambas cosas al mismo tiempo. Que hay algo y no hay nada. ¿De qué serviría en nuestro día a día? Probablemente, uno alcanza la máxima virtud cuando vive de la misma forma tanto si cree que hay vida en el más allá y un Dios que le juzgará como si piensa que no hay nada, que uno cierra los ojos y se acabó la película, sin salvación ni condena. Si bajo ambas premisas el comportamiento y valores con los que uno vive son los mismos, esa persona estará actuando libre de coacción, manipulación, presunciones o posibles falsas creencias. Y no está reñido con cualquier modo de fe. Vivo hoy según mi fe por lo que al presente le reporta, no por lo que al futuro pueda suponerle. Lograrlo hace a una persona completamente dueña de su libertad y la lleva a vivir una vida plena, sin importarle lo que vendrá, o no vendrá, después. Alguno esgrimirá que en eso consiste la salvación. Puede ser. No me lo planteo.

Lo que sí sé es que vivir de un mismo modo haya o no haya vida después obliga a una persona a alinear sus creencias religiosas y las humanas, los mandatos divinos y los derechos terrenales, y que su fe en Dios, en caso de darse, coincida con la naturaleza que ese Dios le ha dado. Somos seres humanos. Y pienso humildemente que, de existir un Dios, lo único que espera de nosotros es que nos comportemos como tales.

Fernando Trías de Bes

El País semanal, vía Fe Adulta

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El Dios que está en toda vida

jueves, 2 de marzo de 2017
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 Del blog de la Communion Béthanie:

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La verdadera vida, la vida eterna, aquí y ahora, la verdadera comunión entre los hombres, es el intercambio del infinito, aquí y ahora. Nuestra verdadera morada, es el Cielo interior, aquí y ahora.

Y cuando tenemos el privilegio tan raro de encontrar un rostro humano perfectamente luminoso, perfectamente abierto, y totalmente despojado de sí mismo, lo acogemos justamente por ese centro interior, por ese centro único, por ese Punto en el que el espacio y el tiempo se condensan en una Presencia infinita…

Es por eso que, es en el más profundo recogimiento, en el más perfecto silencio interior, que vamos a entrar en contacto con nuestros seres queridos que están ocultos en la luz del Señor y viven en este Cielo interior a nosotros mismos donde encontramos a la vez el rostro de ellos y el del Señor…

No hay otra forma de reunirnos con nuestros queridos difuntos que no están en otro lugar sino que están dentro de nosotros, como Dios mismo, que interiorizar nuestra vida.

Se trata de alcanzar el nivel más profundo de la existencia, pues es ahí, en la intimidad de corazón a corazón con el Señor, encontraremos,  inmortalizado, el rostro de todos los que amamos, a los que jamás dejaremos de amar y con los cuales podemos siempre comunicarnos en la misma respiración de ternura que en los momentos supremos de aquí abajo: que es el Dios en quien todo es vida.

*

M. Zundel
recogido por la «Santa Familia de Burdeos«

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 «¿Dónde están nuestros difuntos y cómo llegar a ellos?»
Homilía de Mauricio Zúndel el 2 de nov. 1967, en Lausana. Celebración de los Difuntos.
Tomada del libro «Ta parole comme une source, (Tu Palabra como fuente), 85 sermones inéditos
Editorial Anne Sigier, Sillery, agosto 2001, 442 págs
ISBN : 2-89129-082-8

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El hoy de Dios

martes, 21 de febrero de 2017
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Del blog de la Communion Béthanie:

El hermano Roger es una profeta de nuestro tiempo. Centró toda su vida en Cristo, en cuyo nombre dio la bienvenida a cualquier persona, cualquiera que sea su ori gen, su pasado, su edad, su religión. Hombre de oración, el fundador de la comunidad ecuménica de Taizé no ha dejado de animar a los hombres a reconciliarse. Su testamento espiritual continúa sosteniendo a aquellos que deseen desarrollar un monaquismo interior. Os proponemos oraciones y palabras del hermano Roger para alimentar cada semana la vida interior en el seguimiento del Dios uno y trino. (Citas sacadas del libro “Vivir para amar” Ed. Les Presses de Taizé, 2010).

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Canta alma mía: estoy en Cristo, soy de Cristo. Imperceptible cambio en el interior,  la transfiguración del ser se prosigue a lo largo de la existencia. Concede vivir en el momento presente, hace de cada día un hoy de Dios. Ya en la tierra, es comienzo de la resurrección, el comienzo de una vida que no tiene fin.

*

Frère Roger de Taizé,
Vivir lo inesperado
(Carta del hermano Roger, 1974)

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Te soñaré… y te haré nacer de mí. 7 febrero, 2017

jueves, 16 de febrero de 2017
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Del blog del Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa:

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Te soñaré viva.

Aunque te encuentres en oscuros caminos,

aunque te asientes en el olvido y la huida.

Te soñaré tan viva como este vendaval que hace bailar todo el paisaje.

No va a importarme la palidez de tus palabras,

el titubeo de tu mirada.

Me sentaré sobre la belleza,

descansaré y te soñaré.

Te adornaré con mi confianza,

con la veracidad de mi presencia.

Llenaré tu pelo de pájaros ruidosos

y tus ojos de tierra húmeda.

Las palmas de tus manos estarán repletas de aire tibio

y tus dedos de manantiales que salpicarán tu espacio.

Tus entrañas, ah, tus entrañas serán

silencio fecundador.

A tus pies sólo les daré camino

Todo es un sueño.

Pero en mi sueño te soñaré viva.

Profusamente viva.

Y cuando me despierte y ya no pueda soñarte

porque habré alcanzado el ayuno de la inconsciencia

entonces olvidaré el sueño y

te crearé viva,

poderosamente viva.

Mi aliento en ti será más que hálito de vida,

será comienzo y fin;

mi propia respiración en tu existencia.

*

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“No a la guerra entre nosotros”. 16 de febrero de 2014. 6 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 17-37.

domingo, 12 de febrero de 2017
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ninos-judio-y-palestinoLos judíos hablaban con orgullo de la Ley de Moisés. Según la tradición, Dios mismo la había regalado a su pueblo. Era lo mejor que habían recibido de él. En esa Ley se encierra la voluntad del único Dios verdadero. Ahí pueden encontrar todo lo que necesitan para ser fieles a Dios.

También para Jesús la Ley es importante, pero ya no ocupa el lugar central. Él vive y comunica otra experiencia: está llegando el reino de Dios; el Padre está buscando abrirse camino entre nosotros para hacer un mundo más humano. No basta quedarnos con cumplir la Ley de Moisés. Es necesario abrirnos al Padre y colaborar con él en hacer una vida más justa y fraterna.

Por eso, según Jesús, no basta cumplir la ley que ordena “No matarás”. Es necesario, además, arrancar de nuestra vida la agresividad, el desprecio al otro, los insultos o las venganzas. Aquel que no mata, cumple la ley, pero si no se libera de la violencia, en su corazón no reina todavía ese Dios que busca construir con nosotros una vida más humana.

Según algunos observadores, se está extendiendo en la sociedad actual un lenguaje que refleja el crecimiento de la agresividad. Cada vez son más frecuentes los insultos ofensivos proferidos solo para humillar, despreciar y herir. Palabras nacidas del rechazo, el resentimiento, el odio o la venganza.

Por otra parte, las conversaciones están a menudo tejidas de palabras injustas que reparten condenas y siembran sospechas. Palabras dichas sin amor y sin respeto, que envenenan la convivencia y hacen daño. Palabras nacidas casi siempre de la irritación, la mezquindad o la bajeza.

No es este un hecho que se da solo en la convivencia social. Es también un grave problema en la Iglesia actual. El Papa Francisco sufre al ver divisiones, conflictos y enfrentamientos de “cristianos en guerra contra otros cristianos”. Es un estado de cosas tan contrario al Evangelio que ha sentido la necesidad de dirigirnos una llamada urgente: “No a la guerra entre nosotros”.

Así habla el Papa: “Me duele comprobar cómo en algunas comunidades cristianas, y aún entre personas consagradas, consentimos diversas formas de odios, calumnias, difamaciones, venganzas, celos, deseos de imponer las propias ideas a costa de cualquier cosa, y hasta persecuciones que parecen una implacable caza de brujas. ¿A quién vamos a evangelizar con esos comportamientos?”. El Papa quiere trabajar por una Iglesia en la que “todos puedan admirar cómo os cuidáis unos a otros, cómo os dais aliento mutuamente y cómo os acompañáis”.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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La vida

viernes, 10 de febrero de 2017
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Del blog de Henri Nouwen:
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 «La vida es un bien precioso. No porque sea inmutable como un diamante, sino porque es vulnerable como una avecilla. Amar la vida significa amar su vulnerabilidad, solicitando cuidado, atención, guía, apoyo. La vida y la muerte están unidas por la vulnerabilidad. El recién nacido y el anciano en su lecho de muerte, nos recuerdan lo preciosa que son nuestras vidas. En los momentos en que somos poderosos, tenemos éxito o gozamos de popularidad, no debemos olvidar que la vida es un bien precioso… y vulnerable.»

*

Henri Nouwen

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¿Y mi vida?

miércoles, 25 de enero de 2017
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Sí, esa es la pregunta, ¿qué pasa con tu vida?

No es lo mismo que te quiten algo a que lo entregues. Entra en juego la libertad y la voluntad. Cuando te quitan algo ni tienes voluntad ni libertad, además se crea violencia; sin embargo cuando lo entregas, ambas cosas, la voluntad y la libertad son necesarias y entonces se crea paz y plenitud, realmente es cuando tu vida se acrecienta. Ese algo puede ser por ejemplo tu tiempo, o tu vida a pedacitos o completa. No es lo mismo que se te quite tiempo, tu trabajo, tu familia, tus amigos o tus circunstancias, a que lo entregues.

Empezamos este año escuchando el Evangelio de Marcos donde Jesús nos enseña estas cosas. Su vida es una entrega cotidiana, entrega su tiempo con quienes le buscan, su prestigio con los excluidos, su llamada, su palabra, su presencia, su atención… su todo. Vive entregándose para mostrarnos que ése es el camino de la plenitud. Así que, como nos dice desde el principio, convirtámonos.

No dejes que te quiten la vida, entrégala.

Recibe y entrega, en ese bello compás que nos propone la armonía de Dios, que es nuestra propia respiración física y que, por ende, nos oxigena el alma.

Respirar es una buena “arma” no sé si secreta pero sí al menos muy desconocida. Respirar oxigena el cuerpo, y limpia la mente, serena el espíritu, relaja las tensiones, estimula la atención, te conecta con la profundidad… Es el ejercicio de la recepcion y de la entrega, ambos movimientos sumergidos en la humildad.

Dar y recibir.

Dar y recibir.

Es a enseñanza de Jesús, el Maestro de Nazaret.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Cédula de habitabilidad humana

lunes, 9 de enero de 2017
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34615_ikea-spot-inclusivo-eeuu¿Hay un documento que acredite la habitabilidad de una persona en el mundo?

Y en caso afirmativo ¿quién lo puede obtener? ¿Dónde y cómo se solicita?… ¿Qué organismo se encarga de conceder la autorización? ¿Tendría consecuencias…?

Entendiendo por habitabilidad el ser habitable, el permitir a tus congéneres encontrar en ti a una persona que cumpla los requisitos necesarios para hacer sentir al otro como en su propia casa interior, o lo que sería mejor aún, en el hogar de sus sueños.

Partiendo de esa idea deberíamos empezar a plantearnos seriamente como humanidad si cada uno de nosotros, siendo propietarios de una vivienda de acogida, por el simple hecho de haber nacido, seríamos beneficiarios y portadores de dicha acreditación, o por el contrario, tendríamos que llevar a cabo una serie de reformas en nuestra infraestructura personal que garanticen que estamos preparados para obtener dicho certificado.

Pues bien, partamos de la idea de que ese documento existe.

Y para que podamos saber si una persona, a los efectos que corresponda, cumple con las condiciones mínimas de habitabilidad, ésta deberá reunir los siguientes requisitos:

1.- Que tenga, al menos, dos espacios habitables diferenciados; uno destinado a las áreas de cómo sentirme yo feliz en todas las salas o realidades internas de mi vida: trabajo, familia, amigos… y otro espacio dedicado a como proyectarlo a los demás, de forma que mi felicidad se extienda a otras salas y mejore sus calidades.

2.- Que las habitaciones de mi vida llamadas tiempo de calidad sean independientes entre sí, de modo que a través de un espacio llamado “dedicación a un amigo/a”, por ejemplo, no se interfiera en otra sala llamada “tiempo de trabajo”, pues en caso de no respetar esa independencia, ambos espacios se ven perjudicados y el tiempo de dedicación exclusiva queda seriamente dañado. A su vez se tendrá en cuenta que desde una habitación personal llamada dormitorio o sea “descanso”, no se acceda a otra habitación llamada “problemas”. Para ello debe estar habilitado un espacio en la entrada de nuestra vivienda donde poder desalojar el peso de las preocupaciones, junto con las llaves, el dinero y los papeles. Y por supuesto que desde el espacio habilitado para charla distendida de terraza o de “tomamos un café y hablamos”, no se deba traspasar el umbral de “tú hablas y yo mando wasap”.

3.- Que los espacios habitables de mi corazón, exceptuando los que deba reservar para mi intimidad, dispongan de aberturas acristaladas directas al exterior. En casos extremos, en los que la solución arquitectónica no sea viable, se permitirá que un espacio se ilumine a través de otro iluminado o sea a través del Amor que nos proporciona un amigo/a, un familiar, un profesor/a, una creencia, un pensamiento…

4.- Que todos los espacios, excepto los destinados a la despensa interior de cada uno, tengan ventilación directa al exterior, nuestras ideas y sentimientos deben fluir y retroalimentarse con los de los demás y renovarse continuamente.

Los espacios personales que no tengan ventilación directa, por no poder o no querer a nivel personal abrirlos por diversos motivos, no deberán ventilarse a través de otra habitación o persona, puesto que eso supondría un sistema de ventilación forzada y dañaría la infraestructura interna de cada uno. Para ello se habilitara un espacio llamado respeto y escucha que permita la renovación del aire y su limpieza. Sólo en casos de que una persona este perjudicando a través de su sala, mal ventilada, al resto de salas de la vivienda e inclusive a todo el edificio, deberá dotarse de una extracción forzada independiente para cada caso ,que sin agredir de forma violenta su espacio personal, pero aplicando las medidas contundentes en estos casos, permitan la evacuación de humos provocados por pensamientos negativos, falta de diálogo, dificultades para ponerse en el lugar del otro, que se producen en dicho espacio y que perjudican a todos los habitantes del inmueble.

5.- Que nuestra vivienda personal tenga una superficie útil con los suficientes metros cuadrados, de cariño y de espacios disponibles de escucha y comprensión para poder ayudar a los demás.

6.- Que el vertido de aguas que en muchos casos viene lleno de momentos de ira, de enfado, de agresividad y de discusiones, lo tenga canalizado, mediante tuberías impermeables y ventiladas, a la red general de alcantarillado. En caso de no existir dicha red, se utilizarán fosas sépticas adecuadas.

7.- La instalación eléctrica de la vivienda cumplirá el Reglamento de Baja Tensión y de Toma de tierra para evitar conflictos innecesarios.

8.- Que cuente con un sistema de calefacción que sea capaz de inundar de calor humano a los que nos rodean a través de pequeños gestos, caricias, comprensión y ternura y llevarlo a todos los rincones de nuestra vida.

En los casos en que una vivienda carezca de alguna de estas condiciones y no se pueda subsanar esta carencia podrá únicamente lograrlo realizando obras de acondicionamiento, pues se considera que:

Todos cumplimos en el fondo, el requisito de conocer y tener una vivienda no solo que acoja, sino que nos pueda proporcionar también a cada uno de nosotros una estabilidad, un equilibrio y una manera diferente de vivir.

Miryam Castro González

Fuente Fe Adulta

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«Quien me ve, ve a Abba», por Juan Masiá Clavel, sj

jueves, 5 de enero de 2017
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buddha_and_jesus1De su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

Camino, Verdad y Vida con Jesús y Buda

Para empezar el año con un día de espiritualidad compartida, se reúne una pequeña comunidad de personas budistas y cristianas, que pasan un día de retiro, meditando y conversando sobre Verdad, Vida y Camino en torno al Evangelio y el Sutra del Loto.

Un tema central en el Evangelio y en el Loto: el Camino hacia la Verdad de la Vida: Discernir la Verdad última de la vida más allá de las verdades aparentes, agradecer la Vida verdadera de la Fuente de Vida Eterna; y practicar el Camino de la misericordia compasiva.

Despertar a la luz de la Verdad del Dharma, vivir respirando en el seno de la Vida Verdadera y practicar el camino de los bodisatvas: vivir y convivir dándonos vida mutuamente.

Evangelizar es dar vida, dice Francisco (EG n. 10)

Origen y fruto de esta espiritualidad compartida, es la alegría del Dharma (en japonés; hou-etsu), alegría del Evangelio, alegría de la lucidez cordial del discernimiento y la misericordia.

Textos para primera lectura de sutras y lectio divina de Evangelio:

Del Sutra del Loto:

“No estoy en la otra orilla, sino aquí,
entre vosotros, anunciando
día a día el mensaje del Dharma.
Habito permanentemente entre vosotros…
Veo a todos los vivientes
sumidos en un mar de sufrimiento
Por eso no me muestro como soy,
sino que incito a que me añoren
para que se revele el Dharma
cuando despierte el anhelo…
Los dóciles de corazón
me verán tal cual soy.
Entonces se percatarán
de que habito entre vosotros proclamando el Dharma.

(Sutra del Loto, trad. de poemas: J. y E. Masiá, ed. Sígueme, Salamanca, 2009, cap. 16, p 180-181)

Del Evangelio según Juan:

No os voy a dejar desamparados, volveré con vosotros.
Dentro de poco, el mundo dejará de verme;
vosotros, en cambio, me veréis,
porque de la vida que yo tengo
viviréis también vosotros.
Aquel día experimentaréis
que yo estoy identificado con mi Padre,
vosotros conmigo y yo con vosotros.

(Jn 14, 18, 20)

Meditación:

Al desenterrar el tesoro de la interioridad y descubrir, en uno mismo y en todo la Vida, se comprende que quien me ve, ve la Vida, “quien me ve, ve al Dharma” (Gautama, el Buda), “Quien me ve, ve a Abba (Jesús, el Cristo).

Ver más en: Vivir. Espiritualidad en pequeñas dosis. Religión Digital y Ed.Desclée, 2015, cap. 29, p. 77).

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Todo está aquí, esperando que lo hagamos nacer…

lunes, 2 de enero de 2017
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vacio-interiorLa tentación del regazo vacío, de una espera que sea sólo espera… el sinsabor de lo que nunca se abraza, la angustia de la pura contracción.

La pregunta no es “dónde estarías”, sino “dónde estás”… No vas a detener el parto porque no estemos listos. Seguro que andás naciendo por ahí, en tantos espacios que se ahuecan para recibir la Vida.

“Como abrir el pecho y sacar el alma”, ponerla en la mesa común y sentir la oquedad oscura, el silencio, la nada en el centro de la existencia…

Mientras el tronco esté lleno, no hay espacio para la cuna; es necesario quitar lo más tierno de la madera, animarnos a tallar hasta los huesos, despojarse de toda la carne y toda la sangre, la circulación misma de quienes somos. Limpiar el espacio barriendo con todas las expectativas, los diseños y las planificaciones: porque lo viejo, viejo está y necesita ser dispersado. Arrasar con las seguridades y dejar lo más consistente de la madera. Entregar toda la pulpa -lo carnoso, lo jugoso, la frescura y la fluidez- a la mesa del encuentro. Y que quede la consistencia, el basamento, la estructura que sostiene; en la confianza de que, puesta la vida a multiplicar y recrearse, las conexiones se producen, la dinámica vital se encarga de los lazos, las complicidades y la belleza.

Que el centro sea el vacío, ese mar infinito de posibilidades creándose y recreándose continuamente.

Hacer hueco para garantizar la hondura y la disponibilidad.

La fuerza de los pujos la propone la vitalidad de lo que nace. Es sólo dejarse abrir por el empuje de lo que viene.

Seguro que andás naciendo, en tantos huecos imperceptibles… en tantas complicidades y transpiraciones compartidas, en tantos territorios de la nada y de los nadies.

Que incómodo el regazo vacío. Que ganas de llenarlo con lo de siempre.

Ayúdame a seguir rezándote, misterio infinito. Vacío fecundo que espera de mí que facilite las condiciones para manifestarse.

Todo está aquí, esperando que lo percibamos y lo hagamos nacer.

Que sea una Navidad de vacíos fecundos…

Sandra Hojman

Fuente Fe Adulta

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2017, bajo el signo de la confianza

domingo, 1 de enero de 2017
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a_8

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

* * *

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
si los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
y guíame por el camino eterno.

*

Salmo 139 (138)

https://www.youtube.com/watch?v=KpjiUN_SJ98

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