“El Orgullo LGTBI y la Iglesia”, por Miguel Sánchez Zambrano

“Solo cuando el hombre acepta íntegramente su propio ser, comienza a vivir por entero”.María Zambrano.
“Una oración al final del día, experimentando que Dios es su refugio (…) Abrazos, entre una madre y una hija, entre un padre y un hijo aceptado (…) dan para celebrar historias de fe y amor LGTB. Personas que, superando el rechazo de sus padres y la crítica social y eclesiástica, apostando por su verdad, se han encontrado con un Dios a su lado. ¿Cuánto habríamos aprendido de la fe y del amor de Gabriela Mistral o de García Lorca si se hubiese mirado distinto?”, escribe el Teólogo Pablo Romero Buccicardi, en su libro “Caminos de reconciliación. Diez historias de Fe y amor LGTBI”.
Celebramos la “Semana del Orgullo”. Orgullo de ser lo que se es y sentir lo que se siente como contrapeso a siglos de ocultación y vergüenza, celebrando las grietas que van abriéndose en el impenetrable muro de rechazo y exclusión que rodea a la Iglesia, respecto al Colectivo homosexual. Siglos de dolor y hasta de muerte, que Francisco quebró con aquel “quien soy yo para juzgarlos”.
La sexualidad (homo o hetero) no es elección humana. Es obra de Dios que quiso contemplarla en su diversidad creadora y es que “si la persona no elige ser gay, la atracción por el mismo sexo solo puede ser un regalo de Dios” opina Cruz Santos, obispo brasileño. ¿Cómo es posible creer que Dios ha podido dotar a determinadas personas con identidad homosexual y a continuación negarles ejercer y vivir plenamente dicho don y condenados si lo hacen?
La Iglesia sostiene su condena en los versículos del Levítico, entre otros libros sagrados. En él, se afirma “no te acostaras con hombre como con mujer. Es una abominación. Son reos de muerte” (Lv.18,22). Un libro destinado a regular la vida del pueblo judío hace 3.200 años, final de la Edad de Bronce. Un pueblo primitivo que ha de atravesar un desierto durante 40 años y con posible peligro de extinción, por lo que todo acto sexual que impida la procreación estará fuertemente sancionado y condenado por un Dios (Dios de Israel) que ha de proteger a su pueblo.
Igualmente, se condena la relación hetero en el periodo menstrual de la mujer o eyacular fuera de su cuerpo. O sea, todo acto no reproductivo se condena con la misma contundencia. Está claro que la sociedad actual no está en peligro de extinguirse y que la Iglesia ha olvidado rechazar los actos no procreativos entre un hombre y una mujer.
El principal escollo, para la plena aceptación, lo recoge el Sínodo de la Familia,que sigue definiendo que la función principal del acto sexual es la reproductiva. Olvida el Magisterio que el amor es la característica esencial con que Dios distingue al ser humano, con reproducción o sin ella, pues, en definitiva, el cristianismo no se reproduce por la biología, sino por la conversión y ahí tenemos a la Sagrada Familia (modelo de familia para la Iglesia): ella Madre soltera, embarazada de “Otro”, que se une a José que adopta a Jesús, pero no procrean. ¿Cómo entonces la Iglesia condena la relación que no engendra nueva vida? No lo hace con las parejas heteros que, amándose, son estériles, ¿Por qué entonces condena la relación de dos iguales que, igualmente, no pueden procrear, e igualmente se aman?
En resumen, la postura de la Iglesia sería: identidad homosexual, sí; comportamiento consecuente, no. O sea, imposibilidad de poder amar y entregarse a otra persona de igual género. Consecuencia: división en lo más profundo del ser humano y por tanto sufrimiento asegurado.
Desde su inicio, esta condena de la Iglesia ha creado en nosotros una relación herida que, durante siglos, se ha ido implementando en la sociedad, en su cultura y en las estructuras sociales que nos han oprimido.
La Iglesia se autodefine “madre” y a nosotros “sus hijos”, ¿Cómo es posible que nos haya tratado de este modo? La Iglesia y sus pastores (salvo excepciones) nos rechazan con sus palabras, pero es precisamente ella (es justo reconocer su honestidad) la que nos enseña que la Palabra (la de Dios) nos acepta y ama tal como Éste nos ha creado.
Pero una parte significativa de la Jerarquía rechaza este mensaje homófobo: así Christoph Schönborn, cardenal austriaco, opina “cuando el matrimonio pierde atractivo, parejas de igual sexo quieren casarse. Testimonian el matrimonio como bien importante”. Raúl Vera, obispo mejicano expresa “este banquete de la Eucaristía es para ustedes, que tantas veces saborean el desprecio y el odio”. Brendan Leahy, obispo irlandés, comunicó en el Encuentro Mundial de las Familias 2018 “La familia está cambiando. Hagamos espacio para la diversidad de familias. Todos pueden venir y si alguien se siente excluido, dejaré 99 ovejas e iré a buscarlo”. Emocionan las palabras del Obispo norteamericano, ya jubilado, Thomas Gumbleton “salí del armario creyendo que mi homosexualidad la elegía yo y esto era pecado. Confieso los errores cometidos con este colectivo humano. Es un insulto que la Iglesia enseñe que la homosexualidad es intrínsecamente desordenada”.
La puerta se ha entreabierto y será difícil dar un nuevo portazo. El cambio ha comenzado y esperamos anhelantes la postura que tome León XIV en este tema.
Lo que nos duele no es el rechazo de los intransigentes, sino que personas honestas y muy influyentes, sabiendo que aquel se hace insostenible, sigan guardando un silencio cómplice.
Ni un solo versículo de la escritura condena el amor entre dos iguales. No puede hacerlo, pues al proclamar que Dios es amor, condenar a dos que se aman, sería condenar a Dios.
Es por lo que a los homosexuales cristianos nos queda proseguir trabajando para, desde dentro de la Iglesia, lograr la aceptación plena de dos de igual género que se aman. Es un reclamo de amor y justicia que debe ser atendido por la Iglesia y que solo ella puede hacerlo desde la Fe.
No nos marchamos de la Iglesia, para desde dentro seguir empujando sin descanso, pues al aceptarnos y estar orgullosos de como Él nos creó (¿Se imagina el/la heterosexual ser rechazado y rechazarse por lo que es y siente en el ámbito de su sexualidad?), nos transformamos, aceptándonos nosotros, influyendo así en la transformación de una sociedad que empieza a considerarnos en igualdad plena (matrimonio homosexual). Si la Iglesia logró implementar su rechazo en la sociedad, ahora tiene la oportunidad de dejarse imbuir por ésta, en la acogida y aceptación social que se abre camino, porque la aceptación total de las personas LGTB junto al sacerdocio femenino serán las claves para que nuestra Iglesia y su mensaje sean creíbles en este S.XXI.
Lo logrará cuando la identidad bautismal prevalezca sobre la identidad sexual que Dios ha querido dar a cada uno de nosotros, sus hijos, por lo que somos iguales ante Él. ¿Cómo no serlo en el seno de su Iglesia? Sí, nos sobran motivos para celebrar nuestro Orgullo.
Miguel Sánchez Zambrano.
Psicoterapeuta Familiar.
Autor del libro “Homosexualidad. Las Razones de Dios” (Ed. San Pablo).
«Tendió puentes donde durante siglos solo hubo distancia o rechazo»
Emma Cieslik
La publicación de hoy es de
Analicé su tesis doctoral, la primera obra importante de su carrera teológica. Su análisis del papel del prior local en las comunidades agustinas ofrece una perspectiva canónico-legal de los principios y procesos jurídicos del liderazgo local a la luz del Código de Derecho Canónico y las Constituciones de la orden agustiniana. En esta obra, es evidente su preocupación por el ejercicio del liderazgo en sus detalles jurídicos, pero también se centra en el prior como líder servidor que ejerce un ministerio en el que es responsable de fomentar la comunidad y la comunicación. Concluye: «
León, el abogado canónico, podría reconocer que, si bien acoger a las mujeres en la mesa sinodal y en los roles administrativos de la curia es positivo, la verdadera equidad para las mujeres implicaría acogerlas en los roles ordinarios de liderazgo de servicio ejercidos por diáconos y sacerdotes, un cambio en la práctica que requeriría algunas modificaciones al Código de Derecho Canónico. De no ser así, las mujeres seguirán siendo ciudadanas de segunda clase en el pueblo de Dios.
De su blog Punto de Encuentro:
Algo en nuestro interior apela a la paciencia cuando contemplamos ahora a Robert Francis Prevost rodeado de tanta pompa y boato, al verle delante de tantas almas anhelantes de besarle la mano. Nadie negará cierta solemnidad que ha de rodear al sucesor de Pedro, pero esa devoción a otro hermano, por mayor que represente, semejara excesiva. Los detalles de sencillez y de falta de ostentación de Francisco ahora han brillado por su ausencia. La vuelta al Palacio papal, los desplazamientos en el potente SUV, el retomar alarde de vestiduras, son detalles menores, pero noticias que no terminamos de leer con agrado. De cualquier forma, el duro y gastado granito no ha retomado el Vaticano.
No desatamos baterías reivindicativas, tan solo compartimos reflexión tras los pasos por el bosque, «cosecha» después de tanto deambuleo meditativo por el singular paraje. Sólo hemos venido a recoger las flores y plantas que eventualmente se le cayeron del cesto a la santa que allí moraba, a intentar dar con la receta de sus populares ungüentos, a escrutar la orientación de su larga mirada desde la altura.
Zikora Ibeh
Cardenal Jean-Claude Hollerich
Leído en su blog:
Probablemente he leído más artículos de noticias y ensayos en las últimas 48 horas de lo que suelo leer en una semana. Esto no es una exageración. Mis ojos están cansados.
La publicación de hoy es de
Este conjunto de lecturas del leccionario coincide fortuitamente, recordando cómo el Papa Francisco quería que los obispos fueran «
Papa Francisco
El futuro Papa León XIV pastoreando al pueblo en Perú
Jen Yontz-Orlando y su hijo Nick, de pie en la Plaza de San Pedro después de la audiencia papal del Miércoles de Ceniza de 2015.
P. James Martin y Ross Douthat
De su blog Punto de Encuentro:
Lauren J. Joseph
Guthrie Graves-Fitzsimmons
John Casey
Frank Bruni
Ulises Olea Tapia
Obispo Ludger Schepers
Cardenal Gerhard Müller
Michael Sennett
Sor Luisa Derouen
Hermana Jeannine Gramick
Yunuen Trujillo
Padre. Bryan Massingale
El historiador y teólogo afirma que EEUU ya no considera aliado ni al Vaticano
«La carta de Francisco a los obispos estadounidenses del 11 de febrero [contra las deportaciones masivas ordenadas por Trump] es un documento de valor histórico que dice mucho sobre el cambio en curso en las relaciones«, señala el profesor en la Villanova University, en Filadelfia, en una entrevista en
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