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No se puede usar la espiritualidad para despreciar a las personas LGBTIQ+ o negar el derecho a creer a una persona por su diversidad sexual y de género

viernes, 2 de mayo de 2025
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El Papa Francisco, sin ser un defensor de los derechos LGBTIQ+, logró, a diferencia de sus antecesores, no promover una persecución contra las personas LGBTIQ+. Aprovechando su liderazgo mundial y con base en un principio de humanidad, avanzó en respetar su dignidad, lo cual esperamos que la Iglesia católica no busque retroceder.

La llegada al primer puesto de la Iglesia católica de Bergoglio en 2013 no solo significó un hito de novedad por su origen latinoamericano, su procedencia jesuítica y su vida modesta que contrastaba con sus antecesores. El viaje, ya en funciones y llamado Francisco, a Brasil ese mismo año, en su vuelo de regreso a Roma, incluyó una rueda de prensa en la que, ante la pregunta sobre qué pensaba de la homosexualidad, dijo algo que marcó un punto de inflexión en la relación de esa iglesia con las personas LGBTIQ+: ¿Qué piensa el Papa Francisco sobre los LGBTQ? “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. Posición que, para un gran sector de las personas LGBTIQ+ que son creyentes, fue recibida con esperanza; y otros, que ya conocían su férrea oposición al matrimonio igualitario en Argentina cuando era arzobispo, creían que era solo una respuesta políticamente correcta, que no se solapaba con su indiferencia ante las demandas del movimiento social en su país.

En 2015, cuando un sector conservador de la Iglesia exigió cumplir el catecismo y, en él, la máxima de que la homosexualidad es un pecado, el Papa, al ser interrogado por esto, indicó que era una lectura errada de la doctrina de la Iglesia. Incluso señaló que la Iglesia católica debería disculparse con las personas LGBTIQ+ por la forma en que las había tratado: “El catecismo dice que no deben ser discriminados, todo lo contrario, deben ser respetados y acompañados pastoralmente”. Esta situación desató dos sectores altamente divididos en la Iglesia: el conservador, apostado sobre todo en África y América, que se negó a impartir esta enseñanza del Papa y dijo que era una interpretación errónea de su parte al magisterio de la Iglesia; y otros, más progresistas, que promovieron grupos de apoyo a las personas LGBTIQ+, bendiciones a sus parejas y su vinculación a servicios religiosos.

En otro momento, en 2020, en una alocución, el Papa llamó la atención de las familias que despreciaban a las personas LGBTIQ+. Ese año volvió a la luz pública con una nueva declaración sobre el tema, al defender las uniones civiles entre homosexuales: “Las personas homosexuales tienen derecho a estar en la familia. Son hijos de Dios, tienen derecho a tener una familia. No se puede echar de la familia a nadie, ni hacerle la vida imposible por ello”.

En 2023, el Papa Francisco criticó las leyes que criminalizan la homosexualidad como “injustas”, dijo que Dios ama a todos sus hijos tal y como son y pidió a los obispos católicos que apoyan esas leyes que acojan a las personas LGBTQ en la Iglesia. Asimismo, criticó que más de 67 países criminalicen a las personas LGBTIQ+; en esa ocasión advirtió que la Iglesia católica puede y debe trabajar para ponerles fin: “Tienen que hacerlo, tienen que hacerlo”. Francisco, en esa ocasión, como en 2019, citó el catecismo de la Iglesia católica para señalar que los homosexuales deben ser recibidos y respetados, y no deben verse marginados ni discriminados: “Somos todos hijos de Dios y Dios nos quiere como estamos y con la fuerza con la que luchamos cada uno por nuestra dignidad”.

Ese mismo año, Disney hizo el documental *Amén, Francisco responde*, en el que se proyectan varios diálogos de personas hablando con el Papa sobre asuntos cotidianos. Entre ellos, una joven no binarie, Celia, le interpela: le es muy difícil ser a la vez una persona diversa y cristiana por la discriminación, y le pregunta si él, como máximo representante de la Iglesia, cree que algún día en esa institución existan espacios para las personas trans y no binarias. Él respondió que todas las personas son hijas de Dios, que Dios no rechaza a nadie, que Dios es Padre, que él, como máximo responsable, no tiene derecho a echar a nadie de la Iglesia, que la Iglesia no puede cerrarle la puerta a nadie. También le interpeló por aquellos líderes espirituales que promueven el odio y utilizan la Biblia para sustentar los discursos de odio, y él respondió de forma graciosa: “Esas personas son infiltradas que aprovechan la ayuda de la Iglesia para sus pasiones personales, su estrechez mental; son ideologías que corrompen la Iglesia, son personas con dramas internos sin resolver, que viven para condenar a los demás sin la capacidad de pedir perdón por sus propias faltas”.

En sus 12 años de pontificado, también se supo de grupos LGBTIQ+ que se reunieron con él en Roma y en sus viajes apostólicos. Permitió, en algunos cargos cercanos en el Vaticano y en funciones de su pastoral, la presencia de personas sexo-género diversas, y sectores de personas trans de América Latina y Europa recibieron mensajes positivos de su parte ante solicitudes de reuniones y diálogos. Justo en el último encuentro de jóvenes en Marsella, Francia, tuvo palabras de acogida para personas sexo-género diversas asistentes y se preparaba para recibir en noviembre en Roma a un grupo de familias diversas que profesan el catolicismo.

También se conocieron en su periodo de líder religioso salidas que fueron un poco ambivalentes, como la de señalar que, pese a que no condenaba la homosexualidad, seguía siendo un pecado que había que curar; que era imposible servir a la Iglesia en el servicio pastoral siendo gay o lesbiana por la ausencia de compromiso con el celibato, pidiendo a los responsables crear mecanismos de selección que impidan su llegada a seminarios, conventos y servicios pastorales. En varias ocasiones llamó al activismo LGBTIQ+ “lobby gay”, que quiere imponer una ideología que pone en riesgo la familia. Cuando era interpelado por su contradicción, reiteraba una posición de que no es delito, por tanto no debe criminalizarse, pero sí es pecado y debe condenarse como práctica, llegando al extremo de pedir a las personas LGBTIQ+ vivir como si no lo fueran y asumir una castidad obligatoria.

En suma, el Papa Francisco pasó a la historia como el primero en proponer un diálogo con las personas LGBTIQ+ como sujetos de derechos, llamando al respeto, la empatía y la garantía de proyectos de vida. Y esto es un avance muy significativo en una institución que, por siglos, persiguió la homosexualidad, la llevó a la hoguera, impuso la heterosexualidad como norma de vida y validó la violencia contra las expresiones de sexualidad no hegemónicas que estaban en contra de la procreación. Esa posición de apertura pastoral contrasta con la inquisición a la que nos tenía acostumbrados la Iglesia, y es lo que esperamos que, una vez muerto el Papa Francisco, sea uno de los legados que no sufran retrocesos y que, sobre esta que ya es una posición histórica de cambio, se siga construyendo una institución en la que algún día exista un lugar digno para las personas sexo-género diversas que profesan esa fe.

Sin embargo, las cábalas del cónclave —que también existen— indican con preocupación que la misma estrategia política de los discursos de odio y de las políticas antiderechos que han venido coptando la democracia, promoviendo liderazgos autoritarios que desmontan derechos y bloquean proyectos de vida dignos, son los mismos vientos que soplan estos días por Roma. Están posicionando nombres como los del cardenal Robert Sarah, que es de los sectores más tradicionales del catolicismo y ha dicho: “Las personas trans son hombres que se disfrazan de mujeres para burlarse de ellas”; que el enfoque de género es un error ideológico más grave que el fascismo; que nadie debe migrar y no se debe acoger a quienes buscan refugio porque desestabilizan los países; y que no se puede bendecir a una persona homosexual porque es odiada por Dios. Fue relevante una campaña de desprestigio que promovió al interior de la curia romana en 2022, cuando el Papa postuló una declaración que invitaba a los jerarcas de la Iglesia a bendecir parejas homosexuales. No es solo él. Si bien el 72% de los electores fueron creados cardenales por Francisco y los conservadores ni son mayoría ni tienen gran poder de presión, los intríngulis políticos que definen esta práctica electoral harán que un par de purpurados retrógrados y promotores del odio vean en este “sede vacante” una oportunidad para hacer del Vaticano lo que han hecho de EE. UU., Argentina, Hungría y El Salvador: poderes puestos en función de negar derechos a las personas LGBTIQ+ y negar su dignidad humana.

Ojalá ese fervor bonito que se siente estos días por la memoria de Francisco —que, pese a sus errores, fue un líder que le hizo mucho bien a la Iglesia y a sus seguidores— dé la fuerza suficiente para no permitir que lo que hemos ganado en el terreno de la fe, como un lugar para la dignidad, dé un paso atrás. Y que no se asuman prácticas tan violentas y agresivas como las que hoy cultivan por el mundo las iglesias fundamentalistas que usan a Dios para promover la violencia. Son ellos los que el Papa fallecido llamaba infiltrados, estrechos de mente que promueven la corrupción de las ideas por la violencia.

Wilson Castañeda Castro

Director, Caribe Afirmativo

Fuente Caribe Afirmativo

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¿Cómo evalúan los teólogos el impacto LGBTQ+ del Papa Francisco?

jueves, 1 de mayo de 2025
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Siguen llegando comentarios sobre el impacto del Papa Francisco en la problemática LGBTQ+ en la Iglesia. La publicación de hoy se centrará en algunas reflexiones de teólogos católicos que analizan la trayectoria del Papa.

IMG_5288Padre Bryan Massingale

El Padre Bryan Massingale, sacerdote abiertamente gay y profesor de teología en la Universidad de Fordham, declaró a USA Today  que el Papa Francisco «será conocido como uno de los papas más trascendentales en la historia católica«. Massingale opinó: «Me cuesta creer que el próximo Papa cambie radicalmente la trayectoria que Francisco ha llevado a la Iglesia en cuanto a la problemática LGBTQ«. También reconoció que la labor de Francisco en la problemática LGBTQ+ fue solo el comienzo del desarrollo de la Iglesia Católica en este ámbito:

«Este Papa ha llegado más lejos que cualquier otro Papa en la historia católica y ha abierto la puerta a la evolución. La Iglesia es una institución mundial, y si bien hay cosas obvias para nosotros en Estados Unidos y Europa, otras partes del mundo tienen que crecer a su manera. Él quería que el mundo siguiera adelante«.

IMG_0359Elizabeth Sweeny Block

En el mismo artículo de USAToday (actualización de uno publicado en marzo), Elizabeth Sweeny Block, teóloga de la Universidad de San Luis, afirmó que, si bien el difunto papa hizo mucho bien en temas LGBTQ+, también tuvo algunas declaraciones negativas en su historial:

«Ha condenado repetidamente la llamada ‘ideología de género’, una expresión profundamente problemática y despectiva, sin una definición clara«, dijo Block, añadiendo que si bien Francisco ha integrado más la ciencia en su papado —por ejemplo, en Laudate Deum, su encíclica de 2023 sobre el medio ambiente—, no ha mostrado el mismo compromiso con las cuestiones de género.

«Es comprensible que las personas de la comunidad LGBTQ+ sigan esperando cambios más concretos en la Iglesia sobre el terreno«.

IMG_5169Natalia Imperatori-Lee

Natalia Imperatori-Lee, profesora de estudios religiosos de la Universidad de Manhattan, declaró a CNN que el enfoque de Francisco ofreció un nuevo estilo de liderazgo para la Iglesia Católica:

Durante mucho tiempo, los católicos solo eran conocidos por sus prohibiciones: no ser homosexual, no abortar, no divorciarse”, afirma. “Francisco impulsó un catolicismo diferente en la esfera pública. Era alguien que atraía tanto a católicos como a no católicos. Era simplemente una persona decente”.

El legado de Francisco sobrevivirá, predijo Imperatori-Lee, y su nuevo estilo influirá en las futuras generaciones de la Iglesia. “Aquí es donde Francisco brillará”, afirmó.

Al evaluar cómo el papa Francisco intentó transformar la iglesia, Massimo Faggioli, eclesiólogo de la Universidad de Villanova, Pensilvania, ofreció la siguiente perspectiva en un artículo de la revista Commonweal:

La eclesiología y la política doctrinal de Francisco fueron producto de su recepción del Vaticano II, tanto como sacerdote jesuita como latinoamericano. Propuso una visión dialéctica de la relación entre movimiento e institución, entre doctrina y pastoral. Llevó el mensaje de fraternidad humana y cuidado del medio ambiente en un momento en que la política mundial iba en dirección contraria, y también trabajó para desescalar las llamadas «guerras culturales» en torno a cuestiones de moralidad sexual que han afectado a Estados Unidos. Su énfasis en la misericordia por encima de la doctrina fue bien recibido por algunos católicos, pero no por quienes creían que el Vaticano II ya había inclinado demasiado la balanza hacia la primera.

Francisco desplegó una especie de ambigüedad estratégica en lo que respecta a cuestiones doctrinales, permitiendo que el viejo orden continuara junto con mensajes claros sobre la necesidad de una nueva praxis pastoral. Esto fue evidente, por ejemplo, en el tema de los católicos LGBTQ+, una de las reformas pastorales implementadas, pero que aún se encuentra en un terreno doctrinal y catequético inestable. En otros casos, como el del rol de la mujer en la Iglesia, la ambigüedad de Francisco reflejó un verdadero impasse entre su genuina comprensión de la necesidad de abrir nuevos caminos y una sensibilidad (y un lenguaje) fuertemente influenciados por su formación. Era más propenso a hablar de «mujer» que a escuchar a las mujeres.”

IMG_1054Massimo Faggioli

En un artículo aparte para el National Catholic Reporter, Faggioli mencionó la labor de Francisco en favor de la comunidad LGBTQ+ como parte de las «tres principales contribuciones que destacan en el legado del Papa Francisco a la Iglesia Católica global«. El académico explicó:

«El tercer gran legado es a nivel magisterial. El primer Papa jesuita y el primer Papa latinoamericano invirtió, desde el principio, una cantidad asombrosamente alta de su capital político en señalar la prioridad de la dimensión pastoral en las enseñanzas de la Iglesia, incluso en los temas más divisivos para el catolicismo en el hemisferio occidental»

Desde el «¿Quién soy yo para juzgar?» de julio de 2013 hasta el decreto de bendición de 2023 sobre la cuestión homosexual, el Sínodo de los Obispos de 2014-15 sobre la familia y la exhortación apostólica Amoris Laetitia de 2016, que abre una puerta a los católicos divorciados y vueltos a casar, Francisco ha privilegiado la necesidad de mostrar una visión de conjunto de la Iglesia católica. Para algunos, esto se produjo a expensas de la continuidad y/o la claridad doctrinal.

Sin duda, Francisco ha hecho todo esto manteniendo distancia de la teología académica y de los intelectuales católicos, privilegiando a otros tipos de interlocutores, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Francisco ha hecho todo esto en fidelidad a la letra y al espíritu del Concilio Vaticano II, consciente de las limitaciones de los documentos conciliares y de la teología que los sustenta medio siglo después…

“…Pero Francisco ha continuado la trayectoria del Vaticano II, buscando un nuevo equilibrio entre la ley y el amor, la institución y el movimiento, el ressourcement (vuelta a las fuentes)y el aggiornamento. Los defensores de la causa LGBTQ+ tienen mucho que agradecerle: Francisco es algo así como el santo patrono de la causa por una iglesia más acogedora (énfasis añadido). Por la misma razón, otros católicos intentarán olvidar este pontificado lo antes posible y tratarán de revertir lo que se ha hecho al respecto”.

IMG_1052Mary Hunt

Mary Hunt, teóloga feminista y directora de la Alianza de Mujeres para la Teología, la Ética y el Ritual (WATER), escribió en Religion Dispatches que la agenda más progresista de Francisco no podía lograrse en una institución que aún no practica lo que Francisco llamó “la dignidad de todo ser humano, sin excepción”.

Francisco demostró que el papel más importante de un papa es ser símbolo de unidad, no una figura de autoridad. El Papa no es la Iglesia. Durante las cinco semanas que Francisco estuvo hospitalizado, el Vaticano siguió funcionando. Las iglesias locales siguieron funcionando. Y, vergonzosamente, muchas mujeres católicas, personas LGBTQIA+ y personas abusadas por el clero continuaron siendo marginadas.

Las políticas de la Iglesia —contra la igualdad de las mujeres, en oposición al amor entre personas del mismo sexo y a la identidad transgénero, y sin aplicarlas a los clérigos abusadores— contradicen los valores fundamentales de equidad y justicia al excluir y alienar a millones de católicos. No es de extrañar que la agenda de Francisco siga inconclusa, con tantos que podrían ayudar ahora marginados.”

Sin títuloJason Steidl Jack

Jason Steidl Jack, profesor adjunto de estudios religiosos en la Universidad de San José de Nueva York, reconoció que el papa Francisco «no era perfecto«, pero que hizo cosas que ningún otro papa había hecho jamás. Steidl Jack declaró a NBC News:

«Podía mantener conversaciones que simplemente no eran posibles bajo Juan Pablo II y Benedicto XVI. A medida que transcurrían los años de su papado, pareció abrirse más, tanto a gais como a lesbianas, pero también a la comunidad trans. Este es un nivel de apertura impensable antes del papa Francisco. Ha sido una revolución de compasión, una revolución de bienvenida, y ha cambiado la iglesia. Ha cambiado la relación de la iglesia con la comunidad LGBTQ+.

«… «Estaba dispuesto a dedicar tiempo a las personas y a aceptarlas como son. Creo que él creció a partir de eso, y creo que la iglesia también creció a partir de eso. Y ahí es donde la iglesia necesita seguir creciendo. Es un ministerio de escucha, un ministerio de apertura». Es un ministerio que implica estar dispuesto a aprender.

—Francis DeBernardo, Ministerio New Ways, 28 de abril de 2025

Para revisar todas las declaraciones y acciones del Papa Francisco, tanto positivas como negativas, en relación con las cuestiones LGBTQ+, consulte el recurso en línea del Ministerio New Ways: Las múltiples caras del Papa Francisco: Una cronología de su trayectoria LGBTQ.

Respuestas anteriores al fallecimiento del Papa Francisco:

Bondings 2.0:  New Ways Ministry: ‘Pope Francis Was a Gift to LGBTQ+ People‘ («El Papa Francisco fue un regalo para las personas LGBTQ+»)

Bondings 2.0:Pope Francis’ Easter Passing Invites Us to Meet Christ on the Way to Galilee (El paso pascual del Papa Francisco nos invita a encontrarnos con Cristo en el camino a Galilea)

Bondings 2.0Catholic LGBTQ+ Leaders React to the Death of Pope Francis (Líderes católicos LGBTQ+ reaccionan a la muerte del Papa Francisco)

Bondings 2.0: How Pope Francis Affected Me as an LGBTQ+ Person (Cómo el Papa Francisco me influyó como persona LGBTQ+)

Bondings 2.0: People from the Pews Respond in Different Ways to Pope’s LGBTQ+ Legacy (Personas desde las filas de la iglesia responden de diferentes maneras al legado LGBTQ+ del Papa)

Fuente New Ways Ministry

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Mónica Astorga, la «monja de las trans», dejó la Iglesia pero no la solidaridad

jueves, 1 de mayo de 2025
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La “Hermana Mónica” se hizo conocida en las últimas décadas por su lucha por los derechos de las mujeres trans y travestis. Desde Neuquén, donde fue Madre Superiora, militó por el acompañamiento y acceso a la vivienda, que se materializó en una cooperativa. Tuvo el apoyo del Papa Francisco pero no fue suficiente: su defensa de la diversidad sexual le valió el alejamiento de la Iglesia, aunque no de la fe. Hoy vive en la Ciudad de Buenos Aires, estudió podología, y continúa su vocación de servicio.

Fuente Agencia Presentes

23 de abril de 2025
Agustina Ramos
Ariel Gutraich

Edición: Ana Fornaro

Mónica dobla la esquina y aparece un sábado soleado de enero por la avenida Rivadavia. Hace dos años vive en el barrio porteño de Flores. Lleva el pelo atado, una remera azul, bermuda de jean y sandalias beige. Su look discreto y estatura pequeña no deberían llamar la atención, pero tiene un rasgo que la diferencia del resto de los transeúntes: una gran sonrisa. Es un gesto con el que convive la mayor parte del tiempo. Viaja hasta el Hospital Borda. Llega alrededor de las 8.30, con un paquete de diez atados de cigarrillos y alfajores de distintos gustos. Es el regalo que pidió por su cumpleaños Marcela, la “Rompecoches”, una mujer trans de 54 años que se encuentra desde hace seis meses internada en el hospital público. Cuando llega Mónica, Marcela ya está despierta, aunque no fue a desayunar como el resto de sus compañeros de sala, todos varones. “¿Cuánto te van a durar?”, la reta cuando le entrega el paquete.

IMG_0964Mónica Astorga en su casa del barrio de Flores, Ciudad de Buenos Aires

Marcela es la antítesis de Mónica. Es enorme y de curvas marcadas. Tiene una melena abundante con rulos, nariz respingada perfecta y las cejas en forma de “v”, con un aire a la actriz Graciela Borges. Su apodo lo ganó cuando un día, furiosa, rompió un patrullero en medio de una de las peleas frecuentes que tenían ella y sus compañeras con policías, mientras ejercían el trabajo sexual en Panamericana.

Está acostada y al cabo de un rato nos pide ayuda para enderezarse. Lo hace con cuidado: le duele la cola al sentarse.

—Por todo eso que se han puesto—, le reprocha la ex hermana.

—No sabíamos, Mónica. Igual… cuántas cosas me ha dado esta cola—. Se ríe. Tiene un humor ácido. Hace poco tuvo dos accidentes cerebro vasculares. Se mueve con dificultad, aunque se encuentra mejor que semanas atrás. Está de buen humor, sonríe y habla con ganas.

Cuando Mónica se despide y se acerca a darle un beso, Marcela le pide “dos, como en París”. “Sus compañeras dicen que era mala. Imaginate, la ‘Rompecoches’ le decían. Pero cambió mucho. A mí me dice ‘te quiero’ por mensaje. Creo que ellas no se lo podrían imaginar”.

Una cama limpia para morir 

Mónica Astorga Cremona nació el 3 de diciembre de 1964 en el Hospital Piñero, en la Ciudad de Buenos Aires. A los tres años sus padres se separaron y fue a vivir con su madre a Rauch, en la profundidad bonaerense. Tiene 60 años, pero no los aparenta, no tiene casi arrugas. Debajo del hábito pudo controlar los rulos que nunca le gustaron. Hoy lleva un cabello lacio y negro, lo más parecido que podría tener a un velo. Cuando le contó a su familia que había dejado de ser monja le dijeron que no iban a poder verla sin sus vestiduras. Hasta ahora, no pudieron.

Dedicó la mayor parte de su vida al servicio dentro del monasterio dirigido por la Orden de las Carmelitas Descalzas en la provincia de Neuquén, donde llegó a ser madre superiora durante dos trienios. Hoy continúa su vocación por fuera de la Orden: cuarenta años después de haber ingresado al monasterio se vio obligada a solicitar su desvinculación. Fue monja de clausura o contemplativa, lo que quiere decir que su vida se encuadraba dentro del monasterio, donde se dedicaba a la oración y la búsqueda de unión con Dios. Antes las llamaban “monjas encerradas”. A lo largo de su vida acompañó a personas con consumos problemáticos y a aquellas que nadie quiere visitar, como los condenados a prisión perpetua. Lo hacía enviándoles cartas a las cárceles. Hasta que en 2006 conoció primero a una, después a cuatro y finalmente a decenas de travestis y trans de la ciudad de Neuquén.

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Un día viene Romina, una compañera de San Juan, y nos cuenta que había ido a la iglesia de Lourdes a dejar su diezmo, pero no se lo recibieron porque provenía de la prostitución. Ahí conoció a una monja y un cura que le presentaron a otra hermana: Mónica. Y ella quiso conocernos. Nosotras… te podés imaginar. ¿Qué puede hacer una monja por nosotras que vivíamos corriendo de la policía o caíamos detenidas? Pero fuimos a conocerla. Yo soy muy católica. Fuimos cuatro: Victoria, Luján, Romina y yo”. La que habla es Katiana Villagra, una mujer trans de 62 años. Llegó a Neuquén cuando tenía 22 luego de haber deambulado por distintos lugares de Buenos Aires. No le gustó. Los tacos y las medias que tenía impecables en el asfalto se fueron percudiendo al costado de la ruta, con las calles de piedra y el viento sin tregua. Fue una de las primeras en llegar, pero al poco tiempo se llenó de travestis y trans de distintas provincias: eran más las de afuera que las propias neuquinas.

—¿Por qué iban a Neuquén?

—En Buenos Aires en ese tiempo eran 30, 60, 90 días que te dejaban detenida. No teníamos derecho a nada. Lo que tenía de bueno Neuquén era que no nos llevaban detenidas. Y si lo hacían, el operativo duraba 24 horas. Hubo un tiempo, más adelante, que sí empezaron a llevarnos detenidas todo los días. Pero para ese momento yo ya era ciudadana neuquina y había elegido este lugar. Si vos tomás agua del río Limay no te vas más.

IMG_0953Con los años, Katiana continuó trabajando en la calle, se colocó siliconas y ya se consideraba una activista. Tenía 40 años cuando conoció a Mónica.

La hermana era chiquitita, pero hermosa. Lo primero que nos preguntó fue qué sueños teníamos. Luján le dijo que le hubiese gustado terminar su carrera y estudiar para ser chef; otras compañeras, que querían ser peluqueras; y otra estaba estudiando masajes y esas cosas. Me acuerdo que cuando me preguntó a mí, le dije que quería “una cama limpia para morir. Yo no me había dado cuenta que había causado tanto en ella lo que dije. En aquel tiempo estábamos con la epidemia del sida y en el hospital, cuando ya no podían hacer más nada por las compañeras con VIH te daban el alta y una cama del hospital para que fueras a morir a tu casa. ¡Y nosotras no teníamos casa! Entonces ibas a la de otra compañera. Le poníamos el suero en el lugar en el que estábamos fumando, drogándonos, tomando alcohol para salir a trabajar. Y la compañera estaba ahí entre nosotras. Siempre que me tocaba ver las sábanas estaban sucias. Por eso quería una cama limpia para morir. Porque yo ya estaba en edad.

A sus 40 años, Katiana ya se sentía próxima a la muerte. Sabía que el promedio de vida del colectivo travesti trans al que pertenece rondaba -y ronda aún hoy- los 35 años. Hoy, con 62, es una sobreviviente.

Esa charla despertó una obsesión para Mónica.

Años duros

A los 7 años tuvo por primera vez el deseo de ser monja. Vivía con su madre, María Vilma, en una casa precaria, antigua, de techos altos y tejados. La mujer trabajaba en un restaurante de Rauch. Mientras mataba pollos y los desplumaba, Mónica pelaba las papas, que se acumulaban en cajones por toda la casa. Como llevaba todos los años guardapolvo y útiles nuevos, en la escuela ignoraban la situación en su casa, donde varias veces en la semana no tenían para comer. Era el regalo de su padre, que le enviaba una vez al año el dinero justo -ni más, ni menos- para que compre lo necesario para el colegio. También una vez al año, para las fiestas, lo veía. Aunque a veces le enviaba juguetes, Mónica se armaba los propios. En un cuarto creaba una farmacia, en otro era la encargada de un negocio y en el comedor, oficiaba de maestra. En el patio de su casa habían colocado la antena del vecino. Subía por ella hasta llegar al techo de su casa, desde donde pasaba horas observando el pueblo en altura mientras hacía cruces con un piolín.

IMG_0954Mónica junto a su madre y su hermana

Fueron años difíciles, nos la arreglábamos las dos solitas. Ella era alcohólica. Yo le pedía que por favor no se muriera porque no sabía qué iba a hacer sola. Vivíamos con muy poco. Y aún así, siempre me decía: ‘Si alguien viene a pedir algo a esta casa no se puede ir con las manos vacías’. Cuando le dije de chiquita que quería ser monja, me escuchó y me empezó a mandar con dos hermanas que trabajaban en un hospital. Yo iba a jugar con ellas”, comparte sentada en el living de su casa, mientras ceba mate.

Luego, las cosas no se pusieron más fáciles. Cuando terminó la primaria se fue a vivir a lo de unos tíos en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Flores. Le dijeron que no le iba a faltar nada.

Fue todo una mentira. Pasé a ser una sirvienta de ellos. Me daban una plata que no me alcanzaba para comprar los útiles así que empecé a trabajar. La mitad del sueldo se lo daba a ellos y el resto lo tenía para el estudio. Fueron años de estar muy triste y enojada, pero siempre me mostraba bien, con una sonrisa. Creo que nadie se lo imaginaba. Una amiga de ese momento me preguntó si no quería empezar a participar de un grupo en una iglesia. Le dije que no quería saber nada, estaba enojada con Dios. Ella insistió. Para mí desde chica la iglesia era un refugio y cuando al final fui sentí lo mismo que sentía cuando entraba a la iglesia de Rauch”, cuenta.

Ese año, el grupo religioso al que empezó a asistir viajaba a Neuquén. No le avisó a nadie de su familia y se fue hasta allá en tren. “Cuando llegué lo que me impactó fue que era un barrio muy muy humilde”, dice.

IMG_0955El convento al que llegó era el Monasterio de la Santa Cruz y San José de la Orden de las Carmelitas Descalzas. Fundado en 1982 fue el primero dedicado a la vida contemplativa en Neuquén. Dos casas pequeñas prefabricadas donde se llevaba adelante una rutina diaria austera. Cada monja contaba con un cuarto y un cajón de frutas en el que colocaban su ropa. A un lugar con estas características fue a vivir Mónica con 20 años. Ese diciembre pasó la mejor Navidad de su vida.

Sentí que era mi lugar, como que había vivido ahí toda la vida”, dice.

A los 20 días de haber ingresado al convento le avisaron que habían internado a su madre de urgencia por una hemorragia. Para ese momento, la familia debía quedar atrás al entrar al Carmelo, pero su madre superiora le insistió en que fuera a verla.

En marzo viajé. Estaba consumida: cáncer de útero. Ahí fue cuando me dijo: ‘Te veo feliz. Estás en el lugar donde siempre quisiste estar’. Era la única que sabía lo que yo quería. Todo lo que soy es por mi mamá”.

Vida de convento

En el convento, Mónica se despertaba a las seis y media de la mañana. Junto a las demás hermanas rezaban de forma comunitaria y luego, una oración individual de una hora. Seguía una misa, el desayuno y empezaba la primera parte de su jornada de trabajo. Limpiaban, hacían artesanías y vendían los alfajores Del Carmelo. Rezaban y almorzaban todas juntas en silencio. Lavaban los platos y disponían de una hora de recreación juntas. En ese rato, Mónica compartía con el resto las noticias que había leído la noche anterior, en su mayoría policiales, una costumbre que le quedó de acompañar a los presos. Un rezo corto de diez minutos y después podían salir a caminar, descansar o leer. Por lo general elegía la caminata, seguida de un baño y una siesta breve antes de volver al trabajo. Tenían formación comunitaria, una segunda hora de oración y un rezo de media hora en conjunto, con salmos y lecturas. Para que el día no se hiciera tan largo habían decidido que la cena fuera hablada así juntaban el momento de recreación con el de la comida. La última oración del día y cada una se retiraba a su cuarto. “Ahí arrancaba con todo lo de las trans, con las redes sociales, a contestar cosas”, cuenta Mónica.

Cuando ingresó al Carmelo se juró dos cosas: que no iba a perder la alegría y que iba a mantener los pies sobre la tierra. “Para mí pedir en la oración por ‘todos los que sufren, por todo el mundo’ no iba. Quería poder tocar a esas personas. Quería llevar los rostros a la oración”, dice.

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Comenzó a usar su tiempo de descanso, a mitad del día, para recibir a las mujeres. En esas conversaciones, Mónica quedó impresionada con sus vidas: el acoso en la escuela, el abandono del hogar, la necesidad de migrar a otra provincia, las inyecciones de aceite de avión para agrandar colas y pechos, la persecución policial. Conoció el lenguaje y el humor particular que comparten e incorporó sus códigos. Su semblante sereno podía endurecerse rápidamente cuando la conversación se volvía una disputa. En esos momentos, el ambiente se cortaba en seco. “¿Cómo se van a tratar así? Tanto esfuerzo que hacen para no ser tipos y al final actúan como ellos”, les llegó a decir, furiosa.

Incorporar la tecnología en el convento fue una odisea. “Cuando empezó el tema de los mails yo fui la primera que se armó uno. Una hermana había conseguido una computadora viejita y pedí permiso para que dos amigos que trabajaban en sistemas me enseñaran. Insistí y se puso una computadora en el comedor con un mail comunitario. Lo veía todo el mundo. Tuve un celular chiquitito que en 2007 me dieron unos familiares. Les dije que no podía tenerlo y me dijeron que lo tuviera escondido. ¿Por qué teníamos que vivir ocultando? Te decían que te ‘invadía el mundo exterior’ si entraba algo así”, cuenta. El facebook de Mónica se hizo conocido para los activismos LGBTIQ+ y el periodismo que cubre temas de género. Además de ponerse en contacto con las mujeres trans que acudían a ella, llevaba un conteo de los transfemicidios, travesticidios y transhomicidios que ocurrían en el país. Los publicaba religiosamente cada vez que se enteraba de uno nuevo.

La cooperativa

Con la frase de Katiana en su cabeza, “una cama limpia para morir”, empezó a tocar puertas. El arzobispo Marcelo Melani cedió una casa destruida, que Cáritas refaccionó, para que las chicas, al salir del hospital, tuvieran un lugar. Se llenó de mujeres trans y travestis que se reunían a compartir el rato. Romina y Victoria abrieron una peluquería y Katiana, un taller de costura: no fue un lugar para morir, sino para vivir.

Por esos años, Katy pudo dejar la calle, pero no el alcohol. Cada Navidad la llamaba a Mónica llorando, borracha. Fue el puntapié para gestar otro proyecto. La Casa Santa Teresita del Niño Jesús fue inaugurada en 2019 en la ciudad de Neuquén con el objetivo de impulsar acciones de prevención y tratamiento para asistir a personas trans con consumos problemáticos. “Es la obra de Mónica que voy a continuar mientras pueda”, cuenta Kati, quien hoy co-coordina la institución y hace doce años que no bebe.

Pero Mónica tenía otro objetivo en mente. Necesitaban un lugar al que volver después de trabajar y de formarse: una casa digna, donde poder bañarse, cocinar y descansar en una cama limpia para vivir. 

Un día, la frase de Kati se materializó. El 10 de agosto de 2020, en plena pandemia, la provincia de Neuquén inauguró el primer complejo de viviendas destinadas a mujeres trans y travestis del mundo. El municipio de Neuquén cedió el terreno y el gobierno provincial, a cargo del gobernador Omar Gutiérrez, ejecutó la obra impulsada por Mónica. Son doce monoambientes junto a un salón de usos múltiples, donde viven doce mujeres trans adultas mayores.

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Fueron meses de felicidad. Las mujeres, con sus pocos enseres, comenzaron a acomodar su nuevo hogar y a improvisar vivir solas con vecinas. Mónica las siguió recibiendo, ahora con el alma un poco más tranquila. Sabía que no había casas para todas, pero había sido un gran paso. Llegó la Navidad y junto a las demás monjas del Carmelo prepararon dulces con un mensaje que repartieron en cada casa del barrio. Hay una selfie que la muestra a Mónica en primer plano y a tres hermanas, todas sonriendo, mientras entregan el regalo. “Pasamos una Navidad en la que yo no sabía lo que venía”, cuenta.

Tras la muerte del Papa Francisco, en su perfil de Instagram, Mónica recordó la primera carta que le envió Francisco desde Roma. Fue en respuesta a otra que le hizo llegar Mónica junto a mujeres trans de Neuquén, quienes querían compartir sus buenos deseos para esta nueva etapa. Él respondió: “Querida hermana Mónica: Ahora a seguir adelante… con la oración y el trabajo de frontera que el Señor te ha puesto delante. Deciles de mi parte que no las condeno, que las quiero y que desde mi corazón las acompaño en el camino de la vida rezando por ellas. Pero que, por favor, recen por mí. Que les agradezco que recen por mí, y que Jesús y la Virgen las quieren, que no duden de esto. Te dejo. Por favor no te olvides de rezar por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuida. Francisco”.

Siento que quedé huérfana. Siempre le dije que era mi padre, mi pastor, mi hermano y amigo. Me acompañó en esta lucha para visibilizar a las trans. Recibió a muchas de las chicas, a otras las llamó por teléfono. Me dijo siempre ‘contá conmigo’. Me insistía en que dijera que Dios las amaba y los amaba, que nunca bajen los brazos y respetaba mucho al colectivo LGBT”, dijo Mónica a Presentes.

La discriminación 

El 22 de diciembre de 2020, el obispo Fernando Croxatto visitó el monasterio de Mónica para hacer una visita fraterna. “Es algo que se suele hacer, distinto a la visita canónica que se realiza cuando existe una causa seria por determinadas denuncias”, explica Mónica.

Luego de haber hablado con cada una de las hermanas que conformaban la comunidad, el 15 de enero el obispo hizo una devolución sobre la visita. Ahí empezó su sorpresa: dijo que un acompañamiento pastoral no entraba dentro del carisma teresiano. Es decir, que el acompañamiento que Mónica hacía con las trans no era propio de una vida contemplativa.

IMG_0958Se basó en críticas que hicieron las demás hermanas. Dijeron que no estaba nunca. Yo era madre superiora y al año siguiente había elecciones. No me querían ahí adentro. Yo no había abandonado el cuidado del monasterio ni mis tareas. Todo lo hacía en los momentos que teníamos de descanso. Ellas fueron con cosas sin argumentos y él les creyó sin preguntar. Nadie me preguntó hasta el día de hoy qué pasó”, dice la ex hermana.

Viajó a Buenos Aires, donde le prestaron un departamento cerca del Congreso, hasta que las cosas se acomodaran. “Estaba muy mal, caí en una depresión de la que me costó mucho recomponerme”, cuenta. En febrero tuvo que volver a Neuquén. Pensó que la Orden ya había solucionado su situación y que volvería a vivir en el monasterio. Pero cuando fui me pidieron que decidiera. O eran ellas o era yo. Entonces dije que prefería que siguiera la comunidad adelante y yo me abría. Aceptaron. Al final, entre idas y venidas quedaron solamente tres monjas en la comunidad, dijeron que no la podían sostener, así que cerró el monasterio”.

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Mónica pidió el pase al convento de Córdoba y estuvo allí un año y ocho meses, hasta diciembre de 2022. Luego de una serie de cuestionamientos —“Esto no es una casita trans”, “Vos llegaste con la estantería vacía y la empezaste a llenar con todas tus cosas”, “A vos ya se te cortó la cabeza”—, tomó la decisión de pedir una dispensa de sus votos religiosos.

Lo que consideró una traición de parte de las demás hermanas y del obispo en Neuquén, el cierre del monasterio que la enamoró a sus 20 años y en el que vivió durante cuatro décadas, las frases por lo bajo y las objeciones a su labor en el convento de Córdoba hicieron finalmente que, antes de perder la Fe, solicitara la desvinculación de la Orden.

Mi corazón se siente roto y sangrante. No formó ni formará parte de mi deseo ni voluntad dispensar mis votos como Consagrada a Jesús”, publicó en Facebook el día que el Vaticano aceptó su solicitud de dimisión.

Pionera

IMG_0960El Fray Miguel Márquez Calle es padre general de los Carmelitas Descalzos. Conoció a Mónica cuando era responsable de la Orden en la provincia Ibérica de España. Desde entonces cada vez que visitó la Argentina se encontraron y fueron creando una amistad.

A mí me pareció muy bonito cómo empezó todo. Ofrecer con mucho respeto un espacio de escucha y de acogida, donde sintieran que las trataban bien. Desde su ámbito… porque ella era una monja contemplativa. No era una monja de vida activa”, dice. Por su rol dentro de la Iglesia viaja a muchos lugares del mundo, pero en esta oportunidad habla con Presentes por teléfono desde la calle de Roma, cerca de la Villa Borghese.

Considera que el acompañamiento que venía llevando adelante Mónica tenía acogida dentro de la Orden, pero esta dependía de cada persona. “No sabría decir si había gente que no fuera tan favorable o menos aceptable al tema. Seguramente sí alguna gente”, comenta. Para él, lo que ocurrió con la salida de Mónica tiene que ver con una tendencia que observa en distintos países: que las comunidades van decreciendo, cada vez son menos monjas y no pueden continuar. No cree que sea por el trabajo que venía haciendo con el colectivo travesti trans. “No tengo noticias de que la denunciaran o le reprocharan su trabajo. A lo mejor hubo algo de esto, pero yo no puedo certificarlo. Creo que es verdad que ella ha tomado otra opción de vida”.

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Dentro de la Iglesia “se está haciendo un trabajo, pero es verdad que hay parte que mira con recelo todo lo que se refiere a cuestiones que tiene que ver con las personas trans —explica—.Hay una facción que puede ser más moralista, que tiene un juicio más implacable en relación a las trans y hay otra que acompaña, acoge, que hace un proceso de reconocimiento. Me parece que tenemos que educar en un pensamiento más de comunión en la diversidad”.

Antes de colgar el teléfono para volver a sus tareas, agrega: “Valoro cómo le ha tocado luchar desde pequeña. Creo que no ha habido una persona valiosa, lúcida, que haya tenido una palabra que no haya sido discutida o criticada. Son personas que a veces son pioneras y no son comprendidas en el tiempo en el que viven”.

Un poco de alivio

IMG_0962Hace pocos meses cuando caminaba por el centro porteño, Mónica vio a una señora recostada en el piso, al lado de una verdulería. “Tenía los pies hechos un desastre y pensé en quién se animaría a tocarlos”, comparte Mónica en su casa, mientras Roco, un caniche mediano blanco, la interrumpe. Fue el impulso para estudiar Podología, una herramienta que hoy pone al servicio de otros. “La mayoría de las personas descuida sus pies”, dice. Comenzó a ir al Hospital Borda al servicio voluntario para personas internadas. Ahí conoció a Marcela, cuyo ingreso fue una excepción ya que el lugar en realidad está destinado a varones. “Me siguen las trans”, dice y se ríe. También fue al Archivo de la Memoria Trans para llevar alivio de forma gratuita a las mujeres veteranas que lo conforman. “Después de tantos años de estar paradas en la calle o en la ruta los pies quedan destruidos”, dice.

En una de las habitaciones del departamento donde vive en Caballito, cedido por la Iglesia luego de una larga insistencia, decidió montar un consultorio de podología, en el que atiende de forma privada, y en el perfil de Instagram (@piealiviado) publica los servicios que ofrece. Lo hizo gracias a la ayuda de “las chicas”, como le dice a las amigas trans que forjó a lo largo de los años. Cuando confesó su idea, le dijeron: “Nosotras nos encargamos de que tengas todo”.

La última Navidad la pasó sola. Se dedicó a rezar por todas las personas que pasaban esa noche en soledad. “‘Sos una trans más’, me dicen. Yo siempre digo que hay que conocer el dolor del otro de verdad”.

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Las personas desde las filas de bancas reaccionan de diferentes maneras al legado LGBTQ+ del Papa

miércoles, 30 de abril de 2025
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En la tercera entrega de la serie de reacciones de Bondings 2.0 sobre la muerte del Papa Francisco, hemos recopilado declaraciones de católicos comunes sobre el impacto de Francisco en la comunidad católica LGBTQ+. Los católicos queer reflexionan sobre cómo el tratamiento que Francisco da a los temas LGBTQ+ impacta sus vidas de fe o sus ministerios. También hablan de sus esperanzas para el futuro y, en algunos casos, de su decepción por la falta de reforma doctrinal y disciplinaria de Francisco. En un caso, una conversación personal con el Papa Francisco, así como numerosos encuentros con un grupo de base en su diócesis, llevaron a un obispo a incluir activamente a los católicos LGBTQ+ en el Sínodo sobre la sinodalidad.
Aaron Bianco se reúne con el Papa Francisco

IMG_0992Un católico gay, Aaron Bianco, compartió cuán profunda fue su breve interacción con el Papa Francisco. En una entrevista con 10 News San Diego, Bianco habló sobre cómo se vio obligado a dejar su puesto como asociado pastoral en la Iglesia Católica San Juan Evangelista, en San Diego, después de una severa reacción a su inicio de un ministerio LGBTQ+. En 2023, Bianco tuvo la oportunidad de saludar a Francisco en un congreso de teología en Roma. Al recordar el encuentro, declaró: «Estaba nervioso por encontrarme con el Papa, pero enseguida me tomó de la mano. Fue como estar con tu abuelo. Dijo que conocía mi historia… Le pregunté: ‘¿Podrías rezar por mí, por favor, porque la obra es necesaria?’». Y él dijo: “Oraré por ti y el trabajo es necesario, así que no puedes dejar de hacerlo”.

El ministerio LGBTQ+ en la antigua parroquia de Bianco, San Juan Evangelista, ahora está dirigido por Tim Foley, quien comentó que tras la Fiducia Supplicans, el documento del Vaticano de 2023 que permitió la bendición de personas en parejas del mismo sexo, «Varias parejas han recibido la bendición. Ha sido significativo no solo para ellas, sino para toda la comunidad… [El papa Francisco] nos hizo sentir amados, vistos y acogidos».

IMG_0993Gordon Creamer

Gordon Creamer, miembro del ministerio LGBTQ+ de la Iglesia de San Ignacio de Baltimore, declaró a WBAL-TV11 que la bienvenida pastoral del difunto papa a las personas LGBTQ+ es «la personificación de quién ha sido Francisco y su papado, y quién ha sido como seguidor de Jesús, centrándose más en la integridad de las personas y dándoles la bienvenida a la mesa, porque ahí es donde todos pertenecen, en esa mesa«.

Un ex católico gay expresó sentimientos encontrados sobre el legado de Francisco. Chuck Harris, cofundador de DBQ Pride (en Dubuque, Iowa), quien creció como católico, dijo a KCRG que su reacción ante el Papa es «una mezcla de sentimientos encontrados. Probablemente un poco más negativa porque no vimos el progreso que esperábamos«.

IMG_0995Harris continuó: “El Papa Francisco identificó la humanidad en la persona, lo que creo que fue un gran salto para la Iglesia Católica en lugar de denigrar y referirse a la alteridad de la comunidad LGBTQ”. Sin embargo, el cambio de tono de Francisco no fue suficiente para atraer a Harris de regreso a la comunidad católica.

«Hasta que no vea claramente que son realmente abiertos, afirmativos y aceptan a la comunidad LGBTQ+, no sé si eso será una comunidad de fe para mí«, dijo.

IMG_0996Padre Dennis Quint

Pero el padre Dennis Quint, párroco de la Catedral de San Rafael de Dubuque, tenía una perspectiva diferente, diciendo que el legado del Papa Francisco es de compasión hacia todos. Quint afirmó:

Lamentablemente, las enseñanzas católicas pueden ser malinterpretadas y malinterpretadas, y creo que la enseñanza católica sobre la sexualidad es un área donde ha habido desinformación e interpretación errónea. Todas las personas son dignas y respetadas, y deben ser amadas y nunca discriminadas. Afortunadamente, el papa Francisco pudo recordarnos que se debe cuidar a todas las personas, independientemente de su orientación.”

Maxwell Kuzma, un hombre católico transgénero y colaborador frecuente de Bondings 2.0, escribió para National Catholic Reporter sobre su evaluación del legado LGBTQ+ de Francisco. Si bien la trayectoria de Francisco tuvo varios reveses notables, Kuzma afirma que «el Papa vivió más allá de los límites de la guerra cultural. Al hacerlo, amplió el horizonte de lo que significa ser un católico queer hoy, posicionando a la Iglesia más firmemente en el ejemplo pastoral de Jesús, quien no rechazó a nadie». Kuzma dio testimonio de la duradera influencia positiva de Francisco y compartió sus esperanzas para el próximo papado:

IMG_8453El Papa Francisco saluda a Maxwell Kuzma en septiembre de 2024.

El legado de Francisco con las personas LGBTQ refleja el ejemplo de Jesús: Francisco no temía estar presente con nosotros. No temía estar presente, extendiendo su mano y mirándonos a los ojos como miembros del cuerpo de Cristo.

Que el próximo Papa no solo siga su ejemplo, sino que vaya más allá y retome los hilos de compasión que Francisco comenzó a tejer, transformándolos en un cambio duradero”.

Un artículo del New York Times sobre la historia de Francisco con la comunidad LGBTQ+ citó a un católico gay camerunés, Brian Mboh, quien dijo que la insistencia de Francisco en que ser gay no era un delito era monumental (a pesar de que a veces se le ridiculizaba en Occidente como un estándar increíblemente bajo) precisamente porque la homosexualidad es ilegal en su Camerún natal, un país con una gran pluralidad católica.

IMG_1741Obispo William Byrne

MassLive informó sobre cómo el impacto de Francisco ha “llegado a los bancos de la iglesia” del oeste de Massachusetts. Cuando el obispo William Byrne, de la Diócesis de Springfield, se reunió con el Papa Francisco en Roma, le preguntó cómo acercarse a la comunidad LGBTQ+ considerando los posibles obstáculos teológicos. Francisco le dijo: «Todos, todos, todos, todos sean acogidos. Todos somos hermanos y hermanas que buscamos al Señor». Antes de añadir “Pero lo que tenéis que hacer es dejar vuestras banderas en la puerta”.

Más tarde, cuando un grupo de defensa de base de la Diócesis de Springfield, Catholics for Inclusion (Católicos por la Inclusión), publicó un artículo de opinión en un periódico local solicitando comentarios de los católicos LGBTQ+ y otros grupos como parte de su período de escucha durante el Sínodo sobre la sinodalidad, Byrne se puso en contacto con las dos parroquias involucradas. El grupo y el obispo se reunieron varias veces, lo que culminó en la publicación de un artículo de opinión conjunto expresando la bienvenida a la comunidad LGBTQ+ en el oeste de Massachusetts.

IMG_0998Tony Giardina

Tony Giardina, cofundador de Católicos por la Inclusión, también expresó su pesar por el reinado de Francisco y le dijo a MassLive: “Una de las cosas que creo que todos desearíamos es que este Papa hubiera ido más lejos”. Sin embargo, Giardina también expresó su gratitud hacia el difunto pontífice: «Una de las grandes cosas que este Papa logró hacer fue abrir esa puerta que había estado cerrada por tanto tiempo. Será conocido como un Papa que abrió puertas… en cierta medida«.

–Jeromiah Taylor, New Ways Ministry, 25 de abril de 2025

Para revisar todas las declaraciones y acciones del Papa Francisco, tanto positivas como negativas, con respecto a las cuestiones LGBTQ+, consulte el recurso en línea de New Ways Ministry: Las muchas caras del Papa Francisco: una cronología de su historial LGBTQ

Respuestas anteriores:

Bondings 2.0:  New Ways Ministry: ‘Pope Francis Was a Gift to LGBTQ+ People‘ («El Papa Francisco fue un regalo para las personas LGBTQ+»)

Bondings 2.0: Pope Francis’ Easter Passing Invites Us to Meet Christ on the Way to Galilee (El paso pascual del Papa Francisco nos invita a encontrarnos con Cristo en el camino a Galilea)

Bondings 2.0Catholic LGBTQ+ Leaders React to the Death of Pope Francis (Líderes católicos LGBTQ+ reaccionan ante la muerte del Papa Francisco)

Bondings 2.0: How Pope Francis Affected Me as an LGBTQ+ Person (Cómo el Papa Francisco me influyó como persona LGBTQ+)

Fuente New Ways Ministry

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Reflexiones desde España sobre el futuro del colectivo LGTBIQ+ en la Iglesia tras el legado del papa Francisco

A pesar de ciertas contradicciones y de que la apertura de Francisco haya sido mayor que lo que se había hecho hasta ahora en el Vaticano pero insuficiente, las personas LGTBI católicas sí que se vieron acogidas por este pontífice. Desde CRISMHOM Comunidad Cristiana LGTBI+ en España califican el legado de Francisco como «una huella imborrable en la historia de la Iglesia, particularmente en lo que respecta al acercamiento hacia nuestro colectivo LGTBIQ+«.

IMG_1064Ana Cabezas y Gema Segoviano

Por su parte, Gema Segoviano, coordinadora del Grupo de fe y espiritualidad de la FELGTBI+, aseguró en declaraciones a Europa Press que aunque Francisco «ha intentado algo con respecto a mejorar la vida de las personas LGTBIQ+ y  de alguna manera ha dejado de acusarlas, de considerar a estas personas como delincuentes«, esto sigue siendo insuficiente. «Sigue manteniendo una actitud más bien rayana en la tibieza«, ha añadido.

Para Juan Sanz, integrante de esta asociación, el primer sentimiento que le generaron las palabras de Francisco fue la «sorpresa«. «Ha generado bastante aceptación en el sentido de dar pasos adelante, aunque no es todo lo que queremos todavía por supuesto, pero que sí es una alegría que cada vez que decía algo era un poco más de acercamiento«, señala a El HuffPost y destaca especialmente que hubiera «una diferencia en el lenguaje porque ya no era personas con tendencias homosexuales, personas con atracción del mismo sexo, sino que ha llegado a decir LGTBIQ+ con lo que eso implica» y que se haya reunido con estas personas como interlocutor.

Juani, de 65 años y también parte de CRISMHOM, recuerda que las primeras palabras de Francisco le resultaron un tanto contradictoria: «Dijo ‘yo no soy quien para juzgar’, pero luego sigues leyendo la entrevista y dice ‘pero ahí está la doctrina, el catecismo de la Iglesia’. Entonces eso fue como nadar y guardar la ropa. Decir ‘vale, yo no juzgo, pero remitíos a lo que dice la doctrina que es que tenéis un carácter desordenado, que no os podéis casar, etc.».

No obstante admite que conforme pasaron los años en el papado fue tomando decisiones trascendentes como que cualquier persona LGTBIQ+ creyente pudieran ser padrinos y madrinas de bautismo, así como las bendiciones. «Para nosotros fue un paso muy importante, muy emocionante«, señala.

IMG_0764Niurka Gibaja

La teóloga Niurka Gibaja, parte de CRISMHOM y responsable de la iniciativa ‘Yes, We Trans‘ de inserción laboral trans de FELGTBI+ califica el acercamiento del papa Francisco al colectivo como «un arma de lanza» porque «de alguna manera abre y rompe con este techo de arcoíris en el que muchísimas personas, sobre todo trans, estábamos como invisibilizadas, desconocidas y desaparecidas, inexistentes. A mí hay palabras que me gustan mucho, el sentido de que ‘te acoge, te escucha, te abraza’. Entonces yo creo que esto ha sido lo que ha hecho con las personas a título personal«, señala.

No obstante, admite que le generó cierto «descontento» con el documento Dignitas Infinita publicado en 2024, ya que «no ha habido un posicionamiento fuerte y firme de decir que también estos cuerpos son sagrados«. «Se habla mucho de la corporeidad en este documento, se habla de la trascendencia y de la dignidad del ser humano, sin embargo, se hace un matiz ahí en referencia al cuerpo que era como en el cuestionamiento de decir si estos cuerpos de las personas que han hecho ciertas modificaciones son o no son sagrados, etc.», explica, pero admite que en términos generales ha tratado y abordado en documentos al colectivo LGTBIQ+ y especialmente a la realidad trans como ningún papa había hecho previamente.

p style=»text-align: justify;»> Más allá de las palabras a título personal, Gibaja quiere poner sobre la mesa los documentos y el acogimiento que ha dado al colectivo en sus declaraciones y encíclicas ya que «eso es lo que puede abrir una grieta al futuro. La encíclica Fratelli Tutti, también habla de la dignidad de todas las personas. El papa resalta muchísimo eso, independientemente de cualquier circunstancia en la que te encuentres. Y luego habla también de la acogida, el respeto a la persona, y aquí habla de aquellas personas en la doctrina de la fe en 2021 que tengan inclinaciones homosexuales, etc.«, señala.

 Una «esperanza» continuista con dos nombres especialmente cercanos al colectivo

Con un cónclave a la vista, la pregunta sobre la mesa es si estos avances o gestos de acercamiento al colectivo pueden continuar o si puede producirse una regresión en el Vaticano hacia posiciones más conservaduristas.

Tanto Juani como Gibaja y Sanz aseguran que es difícil vaticinar quién puede salir elegido como pontífice hasta que salga el archiconocido habemus papam. «Es la primera vez en la historia que hay gente de todo el mundo, bastante nuevos, no se conocen y tal, entonces es un poco difícil saber. Yo creo que como hace faltan dos tercios de la cámara para que se elija un nuevo papa, la cosa va a tender a centrarse porque si no, no va a haber forma de que se pongan de acuerdo«, explica Sanz, quien apuesta por un perfil «más moderado» y «continuista«.

Del mismo modo, apunta a que el elegido puede seguir un perfil más moderado en los primeros años para mostrarse más aperturista en los años posteriores, como sucedió con Francisco: «Primero tantear y ver cómo se rige y cómo se lleva la Iglesia y luego ya hacer una apuesta más valiente por lo que él considere».

Juan Sanz

Para él, más allá de las diferencias que encuentren los cardenales, tiene que prevalecer «el Evangelio». «La experiencia de saber que hay un Dios que ama, sobre todo y por encima de todo, y que nos lanza también a nosotros ese amor, que es lo que debe marcar la vida. La fe, el ser cristiano y tal marca al final un estilo de vida«, indica.

Gibaja se mantiene en la misma línea y admite que le gustaría que el sucesor de Francisco en el Vaticano concretase «todos aquellos gestos y acciones que el papa ha tenido a título personal con las personas del colectivo LGTBIQ+. Hay muchísimas posturas o inclinaciones hacia las personas del colectivo, los hay que se han mostrado abiertamente a favor y quienes han advertido represalias frente a la definición de personas LGTBIQ+ , incluso trans de una forma muy binaria, por ejemplo en el lenguaje. Pero ¿qué va a pasar? No sabemos«, señala.

No obstante, la teóloga apunta a que más allá de la incógnita, la línea continuista y «más próximos» a lo que busca buena parte del colectivo LGTBIQ+ son Tagle y Zuppi y espera que no se dé un giro conservadurista dentro la institución.

 Juani, por su parte, toma el título del Jubileo que se celebra este 2025 y que tiene como lema la «esperanza» de cara a la elección de un nuevo papa y que haya una «continuidad en la forma de vivir el evangelio de Francisco». «Una continuidad de apoyar a los pobres, de inclusión, de que no haya grupos de frontera, que no haya creyentes de primera y de segunda o tercera«, recalca.

Sin embargo, admite que a nivel geopolítico «da un poco de miedo» en un panorama con auge de la ultraderecha en Europa y con líderes mundiales como Donald Trump, ya que el líder de la Iglesia no deja de ser el presidente del Vaticano. «¿Quién nos dice que el próximo papa que venga no tiene influencias ultranacionalistas, ultraliberales y todas estas cosas que hagan que retroceda a nivel político, a nivel social, económico, todo lo que ha avanzado este?«, reflexiona. «Con esperanza y con miedo, esa es la verdad«, añade.

Para ella, «hay un tipo de papa como es Francisco, otro tipo como fue Juan Pablo II o Ratzinger»: «Son diferentes carismas, ni mejor ni peor uno que otro. Pero sí es cierto que el carisma más social como es el de Francisco o como fue Juan XXIII no lo han tenido ni Juan Pablo II ni lo ha tenido Ratzinger. De hecho a nivel social ninguno de los dos dio esos pasos, por lo menos que lo viéramos el resto de la comunidad«.

Juani destaca que a Francisco se le ha conocido y apoyado tanto en buena parte de los sectores de la Iglesia como fuera de ella. «Incluso muchos ateos se sentían cercanos a Francisco por su avance social, por su apoyo a los pobres, por su solidaridad. O sea, son valores que luego además, esos valores, los católicos, los creyentes, los fundamentamos en nuestra fe«, señala.

La presencia real dentro de la Iglesia, el matrimonio igualitario o el impedimento de los sacramentos: los desafíos pendientes con el colectivo LGTBIQ+

IMG_2189Juani y Ana

Gibaja cree que es importante que, más allá de los pequeños avances especialmente en el trato al colectivo, se hable de los «desafíos» que hay en las personas LGTBIQ+ para la Iglesia siendo el principal el de «la dignidad de las personas» que implicaría «el reconocimiento y la validación de las parejas del mismo sexo y el mismo sacramento del matrimonio como cualquier otra persona» pero también otras cuestiones como «la vivencia de la vocación, sea sacerdotal o religiosa de personas LGTBIQ+ sin tener que verse afectada por su identidad oriental o su expresión de género«.

Del mismo modo, ve fundamental «una reestructuración y un repensar los documentos desde la Iglesia» algo que va desde el catecismo al derecho canónico, donde se hable de la inclusión del colectivo.

Para ella, al igual que recuerda Juani, la presencia de mujeres como María Luisa Berzosa, religiosa de la Congregación Hijas de Jesús, como consultora del Sínodo de los Obispos, o la teóloga Cristina Inogés para tener voto en el gran sínodo convocado por Francisco en 2023 ha cambiado la estructura del Vaticano. Aunque todavía queda por avanzar, tal y como recuerda Gibaja, «hacen falta las voces de la diversidad, incluir también a teólogos y teólogas LGTBIQ+«.

La teóloga asegura que las personas LGTBIQ+ dentro de la Iglesia se encuentran más empoderadas que hace unos años y que «no queremos las migajas que caen en la mesa, queremos caminar de la mano, cogidas unas con otras».

«Hablar de la dignidad humana y de la dignidad evangélica es reconocer a la otra persona en su identidad, en su orientación y en su expresión y con las características únicas que pueda tener en su corporeidad también. Si no, no podemos hablar de ese Evangelio encarnado«, señala y recuerda la importancia de que todo ello se traduzcan en documentos y en un cambio en la estructura eclesiástica. «Muchos textos y documentos que forman parte de la tradición y del dogma de la Iglesia tienen que cambiar«, enfatiza.

Tanto ella como Juani recuerdan que más allá de la gran estructura vaticana, hay numerosas comunidades cristianas LGTBI cada vez más fortalecidas e integradas.

Con respecto a casos concretos como que no se pueda negar la comunión a personas LGTBIQ+ como sucedió este año en Segovia o que las personas del colectivo puedan contraer matrimonio por la Iglesia, Sanz asegura que hay que mantener «la esperanza». «La unidad de tiempo de la iglesia es el siglo. Como pasa en muchas ocasiones, igual estamos trabajando por algo que no vamos a ver, pero eso no nos quita el sentido o esa esperanza, aunque a lo mejor no llegue. Desde luego tenemos claro que es lo que queremos para nosotros y para el resto de gente«, enfatiza.

 Juani asegura que a sus 65 años pensaba que las bendiciones a parejas homosexuales iban a ser «impensables» y la posibilidad de poder tomar el sacramento del matrimonio lo ve «difícil, pero no imposible». «Yo no me muero con la posibilidad, con la esperanza de que a lo mejor sí me dan el sacramento del matrimonio«, señala y recuerda que en su comunidad cristiana aborda con total normalidad la vida junto a su mujer, Ana.  «Dentro de esas comunidades, hay sacerdotes, hay monjas, hay cristianos de base, hay mujeres, hay varones, hay trans, hay de todo… Todos intentando seguir el mismo Evangelio, y cada uno con un carisma y esa es la riqueza de la Iglesia católica«, recuerda.

Fuente Huffingtonpost.es (Marina Prats)

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José Ignacio González Faus: «Bergoglio, ‘Oh noche amable más que la alborada'»

martes, 29 de abril de 2025
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IMG_0930«Ha sido ‘el conservador revolucionario‘; y ha sido ‘el amigo que crea enemigos‘»

«En cambio, Francisco ha sabido centrar la fe cristiana y la misión de la Iglesia en aquello que es el centro del evangelio: la máxima dignidad y la presencia más real de Dios en aquellos que son los sufrientes y los oprimidos de nuestra sociedad, sin los cuales toda religiosidad queda falseada»

«Francisco ha sido el papa de la fraternidad, del “todos”, de la amistad sincera y profunda con algún rabino judío y algún imán musulmán; pero ha creado divisiones muy serias allá por donde pasaba»

N.d.RUnos días antes de su muerte, le pedimos a José Ignacio González Faus un artículo sobre el difícil momento que, entonces, estaba pasando el Papa Francisco, internado en el Gemelli. Y nos mandó este artículo con esta advertencia:

Amigos: ya conoceréis el dicho de que cuando amenaza lluvia y has de salir a la calle, lo mejor para que no llueva es coger un paraguas. Digamos pues que este adjunto es un intento de evitar la muerte de Francisco… No obstante, tengo la gran sospecha de que de esta no sale: he conocido bastantes casos de esos enfermos que están  muy graves, que un día te dicen: «ha experimentado una leve mejoría»… Y a los pocos días de eso se mueren.

Contando con eso he redactado lo que adjunto para que, si sucede así, por si acaso yo estoy entonces durmiendo, o de juerga, o en la cama, o curando alguno de mis achaques, podáis ponerlo en el blog al instante; lo cual será un tanto para vuestra institución (RD o CJ).

Si me equivoco y no muere tampoco pasa nada. Guardamos esto y ya veremos cómo van las cosas en el futuro y si este papel todavía vale: a lo mejor Fco. da algún nuevo paso inesperado, o me muero yo antes, o lo que sea… «Ya veremos» (como dicen los ciegos…) Haced pues lo que queráis y perdonad el rollo.

El momento pide solo un flash rápido. Luego los historiadores y los periodistas ya irán haciendo películas más largas. Creo que esa dialéctica de Juan de la Cruz entre la noche y la madrugada puede resumir mi impresión ante el papa que acaba de dejarnos. Y la concretaré en dos ejemplos: ha sido “el conservador revolucionario”; y ha sido “el amigo que crea enemigos. Vamos a vernos y a sacar de ahí una primera lección

1.- Desde el punto de vista teológico, Francisco no ha sido ningún revolucionario: daba la impresión de que su pensamiento terminaba en Guardini (gran maestro por otro lado). Pero nombres como Rahner, Metz, Moingt, o Schillebeeckx o Küng no parecían resonar en sus palabras. Y cuestiones hoy discutidas como la existencia de Satanás, la crítica histórica de la Biblia, el significado real de la virginidad de María y de la concepción virginal de Jesús o el carácter “sacerdotal” del ministerio eclesiástico…, si aparecen aludidas en alguna de sus palabras, es siempre desde la comprensión más clásica.

En cambio, Francisco ha sabido centrar la fe cristiana y la misión de la Iglesia en aquello que es el centro del evangelio: la máxima dignidad y la presencia más real de Dios en aquellos que son los sufrientes y los oprimidos de nuestra sociedad, sin los cuales toda religiosidad queda falseada. Ello le ha convertido en el papa más revolucionario de los últimos siglos. Y le ha granjeado la más dura oposición de los sectores conservadores de la Iglesia y la más sincera simpatía de todas las izquierdas de hoy, creyentes o no.

2.- Por otro lado, Francisco ha sido el papa de la fraternidad, del “todos”, de la amistad sincera y profunda con algún rabino judío y algún imán musulmán; pero ha creado divisiones muy serias allá por donde pasaba. Tanto que algunos han hablado incluso del peligro de un “cisma”. Y tanto que según testimonio expreso del cardenal Herranz de 93 años (y miembro del Opus Dei: lo cual hace más creíble ese testimonio), grandes entidades y empresas multinacionales están pagando a “espías” de todo el colegio cardenalicio, para poder determinar cuál es el cardenal más contrario a su línea, y hacer luego propaganda mediática para que sea ese el próximo papa.

Pero este capítulo requiere una explicación más larga porque parece que en él, aun manteniendo su capacidad de unir y dividir, Bergoglio ha dado un giro de 180 grados.

Cuando acabó su provincialato en Argentina, dejó una provincia tan dividida que el General de los jesuitas (P. Kolvenbach) hubo de recurrir a nombrar personas no argentinas para todos los cargos de aquella provincia: un provincial colombiano, un maestro de novicios español etc. Me recuerdo hacia el 2012 en Montevideo, escuchando a gentes de comunidades cristianas que me decían cosas como “Bergoglio no nos puede ver…, si pudiera acabaría con nosotros” (aunque ya por entonces surgía alguna voz que decía: “pero dicen que ahora de obispo ha cambiado mucho…”).

Póngase si se quiere a esos comentarios el coeficiente de exageración típico de este tipo de chismes. Pero también recuerdo que el día de su elección papal, estaba yo en la sala de televisión con un alto cargo jesuita, y cuando el cardenal protodiácono anunció el “gozo grande” de que “tenemos papa” y pronunció el nombre de Jorge Mario Bergoglio, mi compañero jesuita no pudo reprimir un comentario bien pesimista del tipo de: menudo “gozo” y que Dios nos ayude. Y, por supuesto, tanto él como los católicos de Montevideo antes aludidos, han sido luego de los más fervorosos partidarios de Francisco.

3.- ¿Cómo se explica ese giro de 180 grados?  Quizás aquí es donde aparece la noche que titulaba estas líneas. Yo he vivido ajeno a estos debates, pero me ha sido iluminador lo que cuenta el escritor británico Austen Ivereigh, amigo personal de Bergoglio y autor de la que debió ser primera biografía de Francisco, titulada El gran reformador. Retomo de allí dos episodios.

El primero es una temporada de “destierro” del exprovincial Bergoglio en Córdoba de Argentina (1990-92), y comentarios de gente que solían ver “un rostro nervioso y frágil que se pasaba horas mirando por la ventana” de su residencia, y comentaban: “está enfermo” (p. 281). El segundo es una visita que tuvo Bergoglio siendo ya arzobispo de Buenos Aires, de un cura que debía andar con problemas muy serios. Y que terminó con estas palabras del arzobispo: mire, yo pasé mi noche oscura; creo que usted va a tener que pasar la suya”.

Cuál fue esa noche no nos importa a nosotros aunque algo es fácil de imaginar, sobre todo de su intensidad. Pero sí que es importante el viejo testimonio de que de las noches podemos salir así de transformados; y el deseo de que ojalá ocurra lo mismo a alguno de esos cardenales que ahora pueden encontrarse en situación similar, y no cesan de hablar contra Francisco. Porque lo que resultó de aquella noche “franciscana” es que:

– Los cambios son posibles, pero costosos.

-Y que al papa que hoy se va, podemos despedirlo con unas palabras bastante serias del evangelio: ha sido puesto para que saliera a la luz lo que había en el fondo de muchos corazones” (cf. Lc 2,35). 

Espiritualidad, General, Iglesia Católica

Cómo el Papa Francisco me influyó como persona LGBTQ+

martes, 29 de abril de 2025
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Una enorme cantidad de perspectivas sobre la vida y el ministerio del Papa Francisco continúa acumulándose desde su muerte el lunes 21 de abril. Hoy, Bondings 2.0 ha recopilado reacciones en primera persona de católicos queer (algunos practicantes y otros no practicantes) sobre el impacto que Francisco tuvo en ellos. Un sacerdote y un sacerdote resignado atribuyen su capacidad de vivir plenamente su vocación al trabajo pastoral de Francisco, mientras que varios laicos atribuyen al difunto Papa su capacidad para permanecer en la Iglesia. Cabe destacar que dos ex católicos homosexuales han escrito quizás algunos de los comentarios más conmovedores y perspicaces sobre el papado de Francisco desde su muerte, conectando su ética con crisis más amplias de liderazgo en el mundo moderno.

Greg Greiten, un pastor abiertamente gay de la Arquidiócesis de Milwaukee, dijo a TMJ4-TV que el tono amable de Francisco sobre temas de sexualidad lo empoderó a salir del clóset en 2017. El sacerdote dijo que la «comprensión de Francisco para abrazar a aquellos que se sintieron excluidos y al margen durante tanto tiempo en la iglesia» le hizo sentir que podía ser más transparente consigo mismo y con su comunidad.

IMG_0673Padre Greg Greiten

Greiten recordó:

“En diciembre de 2017, me declaré sacerdote gay. Durante muchos años lo oculté, pero fue gracias a la inspiración del papa Francisco. Y sé que cuando el papa Francisco dijo: «¿Quién soy yo para juzgar?» Sé que esas palabras han perdurado no sólo para mí como sacerdote gay, sino para toda la comunidad LGBTQ».

[Nota del editor: Greiten ha escrito para Bondings 2.0, y recientemente redactó la reflexión bíblica del 6 de abril de 2025. Puede encontrar publicaciones suyas y sobre él haciendo clic aquí].

IMG_0978El Papa Francisco con Juan Carlos Cruz

Juan Carlos Cruz, un hombre gay que sobrevivió al abuso del clero y se convirtió en asesor frecuente y amigo personal cercano del Papa Francisco, recordó para CNN:

“El Papa Francisco tuvo el coraje y la valentía de denunciar las cosas por su nombre, cosas de las que estaba prohibido hablar: los abusos de sacerdotes, el encubrimiento de obispos y cardenales. Realmente marcó la diferencia, brindando espacios seguros, prevención, y ahora estamos trabajando en la reparación, que también es muy importante; si es que alguna vez se puede reparar esto…

“Llevé a algunas personas trans a conocerlo, y le contaron sus historias, y él casi lloró…

Pasé la Navidad con él. Celebramos nuestros cumpleaños juntos, hablábamos por teléfono todo el tiempo. Decía que la Iglesia es de todos. a todos, a todos, a todos, y así es como debemos recordarlo y ese es el mensaje que debemos continuar”.

Jim McDermott, quien una vez fue sacerdote de los jesuitas, escribió para Sojourners que la cita “quién soy yo para juzgar” “fue el primer momento en que consideré la posibilidad de que ser gay en el sacerdocio o en la vida realmente estaba bien”.

Él explicó:

Resulta que, independientemente de lo que te digas a ti mismo o a tus amigos, cuando vives y trabajas en una institución que te obliga a mantener tu identidad en secreto y te convierte en chivo expiatorio cada vez que se enfrenta a un escándalo, hay una parte de ti que simplemente no está del todo segura de si eres realmente bueno. Si soy un don, ¿por qué todos los que mandan hablan de mí como si debiera avergonzarme?

IMG_6753Jim McDermott

McDermott reconoció sentir aprensión por el enfoque del próximo Papa hacia las cuestiones LGBTQ+, pero dijo que el testimonio de Francisco sostiene su esperanza:

Me siento menos preocupado por el futuro de la Iglesia. Y no es porque confíe en que Francisco haya nombrado a las personas adecuadas, ni en que sus cardenales elijan a la persona adecuada para ocupar su lugar. No, es el hecho de que, desde el comienzo de su papado hasta sus últimos días, se acercó a las personas marginadas como yo, diciéndoles que pertenecían, invitándolas a unirse. Otros podrían intentar restarle importancia a estas acciones, pero para quienes nos encontramos en los márgenes y a quienes habló, es innegable el amor en su mirada, su mano siempre extendida y la verdad sencilla y transformadora que compartió: que realmente somos un regalo, que realmente pertenecemos.”

La presidenta y directora ejecutiva de GLAAD, Sarah Kate Ellis, escribió para Newseek sobre sus experiencias visitando al Papa Francisco. Ellis, quien conoció al Papa Francisco en más de una ocasión, fue criada como católica pero se unió a la Iglesia Episcopal después de que ella y su esposa no pudieron bautizar a sus hijos en una parroquia católica.

IMG_4120Sarah Kate Ellis

Cuando Francisco la recibió a ella y a representantes de comunidades queer globales en el Vaticano, Ellis quedó impresionada por su inclinación a escuchar y comprender a la gente. Ella escribe:

El papa Francisco enfrentó críticas tanto de los progresistas, que deseaban que fuera más allá, como de los conservadores, que deseaban que diera marcha atrás. Pero él comprendió que la Iglesia no puede pretender ser universal si cierra sus puertas a quienes podrían beneficiarse de su protección. Su compasión no fue simbólica; fue transformadora.

El cambio no se produce de la noche a la mañana. Empieza con conversaciones como estas. Imaginen si los políticos y otros líderes religiosos dieran ese paso humanitario.”

Tony Bravo, columnista de arte y cultura del San Francisco Chronicle, quien es gay y fue criado como católico, escribió para ese periódico: “Tres papas han muerto en mi vida, pero el Papa Francisco es el primero por el que lloraré”. Refiriéndose al mismo “¿Quién soy yo para juzgar?” En esta cita, Bravo describió por qué ese mensaje resonó clara y poderosamente para él:

“Puede parecer una contradicción, pero me impactó escuchar algo tan cariñoso y cristiano sobre las personas homosexuales por parte del Papa. Como muchas personas queer, mi experiencia con el liderazgo católico no había sido positiva. A pesar de mi amor por la música, el arte, los misterios de los santos, además de mi conexión italoamericana con las tradiciones católicas, en cuanto al éxito espiritual, el mensaje era que las personas homosexuales como yo éramos «menos que«.

IMG_0980Tony Bravo

Bravo expresó sus esperanzas para el próximo papado, escribiendo: “Una vez que se disipe el humo del cónclave, espero que el próximo Papa recuerde a los más pequeños de nosotros y se pregunte: ‘¿Quién soy yo para juzgar?’”.

George I. White, un católico transgénero que enseña religión en la escuela católica St. Paul’s en Leicester, Reino Unido, reflexionó sobre el impacto que el mensaje del Papa Francisco tuvo en él como miembro de la comunidad LGBTQ+. Aunque al principio White tuvo dificultades para reconciliar su identidad de género con su fe, relata que «con el tiempo, encontré una gran solidaridad, y fue gracias al Papa Francisco y su compromiso de acogida«.

IMG_0984George White, al frente, con estudiantes en 2020

El encuentro de White con Francisco en la carta de 2024 le cambió la vida: «No podía creerlo: recibí una bendición del Santo Padre como hombre abiertamente transgénero. Fue un momento que realmente reafirmó mi dignidad humana, algo que personas como yo no siempre sienten en la Iglesia».

El ensayista J.P. Brammer escribió que incluso como un “católico homosexual y no practicante”, había llegado a amar a Francisco. En una reflexión publicada en Los Angeles Times, Brammer exploró sus sentimientos sobre la vida y la muerte de Francisco, su infancia católica y las lecciones que contiene el estilo de liderazgo de Francisco:

“La complejidad es inherente a la institución [de la Iglesia Católica], e incluso antes de abandonar la fe, tenía pensamientos y sentimientos complejos al respecto. La complejidad, ya sea en forma de títulos, de larga historia o de ritos meticulosos, es lo que la distingue como religión en mi experiencia. También es lo que hace que mis sentimientos sobre la muerte del Papa Francisco sean tan extraordinarios, pues son increíblemente sencillos.

IMG_0986En cambio, siento una admiración sencilla y directa por el Papa Francisco, una admiración que no creo haber sentido jamás por un líder mundial; así como tristeza por la pérdida de un hombre así, en un momento en que el concepto mismo de liderazgo con principios parece estar en su lecho de muerte.

Han pasado muchos años, pero antes de que el catolicismo se pusiera de moda entre los presentadores de podcasts reaccionarios, lo conocía como la fe que me enseñó que los humildes heredarían la tierra, que era inmoral ser rico mientras otros pasaban hambre y que debíamos seguir los pasos de un hombre que dijo: «Todos los que se enaltecen serán humillados, y todos los que se humillan serán enaltecidos».

Lo que recordaré del Papa Francisco es su inquebrantable apoyo a los migrantes y refugiados. Recordaré la compasión que mostró hacia las personas LGBTQ+, una postura que, aunque imperfecta, era radical para la Iglesia. Recordaré que fue una de las pocas figuras importantes de Occidente que pidió un alto el fuego en Gaza (creo que bastaría con que el Partido Demócrata se viera superado por su izquierda por una institución medieval). Recordaré que una vez dijo: “Me gusta pensar que el infierno está vacío”.

– Jeromiah Taylor, Ministerio New Ways, 24 de abril de 2025

Para mayor información:

Bondings 2.0: New Ways Ministry:‘Pope Francis Was a Gift to LGBTQ+ People‘ («El Papa Francisco fue un regalo para las personas LGBTQ+»)

Vínculos 2.0: Pope Francis’ Easter Passing Invites Us to Meet Christ on the Way to Galilee (El paso pascual del Papa Francisco nos invita a encontrarnos con Cristo en el camino a Galilea)

Bondings 2.0: Catholic LGBTQ+ Leaders React to the Death of Pope Francis (Líderes católicos LGBTQ+ reaccionan ante la muerte del Papa Francisco)

Fuente New Ways Ministry

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Cuáles fueron los hitos y pendientes del Papa Francisco y la agenda LGBT

sábado, 26 de abril de 2025
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Durante su gestión en el Vaticano, el Papa Francisco en más de una ocasión se refirió a las personas LGBT.

Fuente Agencia Presentes 

22 de abril de 2025
Agencia Presentes

Desde que asumió como Papa en 2013, pero también en su etapa de cardenal, Francisco Bergoglio se expresó en distintas ocasiones sobre los derechos de las mujeres y de las personas de la diversidad sexual, terreno en que la Iglesia Católica ha mantenido, salvo contadas excepciones, posiciones muy retrógradas. Si bien el Papa se alineó a su institución, tuvo actitudes, a veces contradictorias, pero más progresistas que sus antecesores.

En contra del Matrimonio Igualitario, a favor de la unión civil 

El cardenal Bergoglio fue en 2010 uno de los principales detractores de la Ley de Matrimonio Igualitario, durante el debate de la normativa en el Congreso de la Nación y su posterior aprobación en Argentina. Como Papa nunca aprobó el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero tuvo gestos de apertura a la diversidad sexual que marcaron hitos en la historia de la Iglesia católica.

En diciembre de 2018, el Vaticano autorizó por primera vez la bendición de parejas homosexuales. Lo hizo a condición de que esta se realice por fuera de los ritos de la liturgia para que no sea confundida con el matrimonio.

También se mostró a favor de la unión civil de personas LGBTIQ+: “La gente homosexual tiene derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debería ser expulsado o sentirse miserable por ello”, dijo el entonces líder de la Iglesia católica en el documental Francesco.

Homosexualidad: “Somos todos hijos de Dios

En 2023 recapituló sus mensajes sobre homosexualidad. En una entrevista para Periodismo Puro, programa de Jorge Fontevecchia (Argentina), dijo que no era un delito y habló de aceptar a la diversidad.

Hablé tres veces de la homosexualidad. La primera cuando dije esta frase: ‘Si una persona es homosexual y busca a Dios, ¿quién soy yo para juzgarlo?’. Segundo, cuando dije a un papá y a una mamá: ‘Nunca echen de la casa a un hijo o una hija homosexual. Acéptenlo, elaboren eso en familia’. Y la tercera, donde hablé de la criminalización. Lamentablemente hay 30 países más o menos que criminalizan hoy en día la homosexualidad. Eso es muy grave. Todos los hijos de Dios y cada uno busca a Dios y lo encuentra por el camino que puede. Dios solamente aparta a los soberbios, los demás pecadores estamos todos en la fila”, dijo entonces.

En sintonía, en otra entrevista con The Associated Press de enero de 2023, distinguió los conceptos “pecado” y “delito”.

En respuesta a una pregunta sobre la postura de la Iglesia sobre la homosexualidad, dijo: “Somos todos hijos de Dios. Y Dios nos quiere como estamos y con la fuerza que luchamos cada uno por nuestra dignidad. Ser homosexual no es un delito. ‘Si, pero es pecado’ (dicen). Bueno, pero distingamos pecado de delito. Porque también es pecado la falta de caridad con el prójimo. ¿Y vos cómo andás? Cada hombre y cada mujer tiene que tener una ventana en su vida donde pueda volcar su esperanza y donde pueda ver la dignidad de Dios. Y ser homosexual no es un delito, es una condición humana”.

Sobre las personas travestis y trans

En la película Amén, Francisco responde, el Papa fue entrevistado por varias personas jóvenes, entre ellas una persona no binaria que le preguntó sobre las identidades trans y no binarias. Su respuesta se hizo viral.

-¿Ve un espacio en la Iglesia para las personas trans y las personas no binarias o el colectivo LGTB?

Toda persona es hija de Dios, toda persona. Dios no rechaza a nadie, Dios es padre. Yo no tengo derecho a echar a nadie de la Iglesia, más un deber es recibir siempre. La Iglesia no puede cerrarle la puerta a nadie.

-¿Y qué piensa de aquellas personas de iglesia o sacerdotes que promueven el odio y utilizan la Biblia para sustentar esos discursos de odio?

Esa gente son infiltrados (risas). Son infiltrados que aprovechan la escuela de la iglesia para sus pasiones personales, para su estrechez personal. Es una de las corrupciones de la iglesia, ¿no cierto? Esas ideologías cerradas que en el fondo toda esa gente tiene un drama interno, un drama de incoherencia interior muy grande, que viven para condenar a los demás porque no saben pedir perdón por sus propias faltas. En general uno de estos tipos de condena es un incoherente, tiene algo adentro, entonces se libera condenando a los otros, cuando tendría que agachar la cabeza y mirar su culpa. Pero el día que la iglesia pierda su universalidad, ciegos, sordos, cojos, buenos, malos, todos deja de ser iglesia. Todos tienen cabida.


Sobre la “Ideología de género

Durante las entrevistas que brindó en los últimos años, el Papa Francisco aludió a la agenda transfeminista como “ideología de género”.

Una de esas ocasiones fue en una entrevista a la periodista Elisabetta Piqué en el diario La Nación. “Siempre distingo lo que es la pastoral con las personas que tienen orientación sexual diversa de lo que es la ideología de género. Son dos cosas distintas. La ideología de género, en este momento, es de las colonizaciones ideológicas más peligrosas”, expresó.

En esa misma entrevista, tras ser consultado por el DNI binario que existe en la Argentina, dijo. “Hay gente un poco ingenua que cree que es el camino del progreso y no distingue lo que es respeto a la diversidad sexual o a diversas opciones sexuales de lo que es ya una antropología del género, que es peligrosísima porque anula las diferencias, y eso anula la humanidad”.

Un año después de esa entrevista, en marzo de 2024, el Papa Francisco recibió en audiencia a los participantes en la conferencia “Hombre-Mujer Imagen de Dios. Por una antropología de las vocaciones”, promovida por el Centro de Investigación y Antropología de las Vocaciones. Allí, se expuso su texto “Borrar la diferencia es borrar la humanidad”.

El peligro más feo, más feo es la ideología de género de nuestro tiempo, que borra las diferencias y hace que todo sea igual; borrar la diferencia es borrar la humanidad. El hombre y la mujer, en cambio, se mantienen en fecunda ‘tensión’”.

Derecho al aborto

En distintas oportunidades a lo largo de los años, asoció al aborto con un asesinato. “No se debe esperar que la Iglesia cambie su posición en este tema. Quiero ser completamente honesto al respecto. No es un tema que esté sujeto a supuestas reformas o “modernización”. No es progresista pretender resolver los problemas eliminando una vida humana. Pero también es cierto que hemos hecho poco para acompañar adecuadamente a las mujeres que se encuentran en situaciones muy difíciles, en las que el aborto se les presenta como una solución rápida a sus profundas angustias, especialmente cuando la vida que crece en ellas ha surgido como consecuencia de la violencia o en un contexto de extrema pobreza. ¿Quién puede dejar de entender situaciones tan dolorosas?”.

No obstante, desde la despedida de la agrupación Católicas por el Derecho a Decidir rescataron su gesto en el documental “Amén, Francisco responde”, cuando recibió a un grupo de jóvenes. “En aquel grupo de jóvenes estaba nuestra compañera Milagros Acosta, una catequista santiagueña integrante de nuestra organización. Fue en ese espacio donde, de su mano, el Papa recibió generosamente nuestro símbolo de lucha: el pañuelo verde. Aquel gesto simple y profundo representó un momento de reconocimiento, no solo hacia ella, sino hacia miles que, desde la fe y desde los feminismos, seguimos luchando por una vida digna para todes.”

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Cardenales homófobos conspirando y amenazando…

sábado, 26 de abril de 2025
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IMG_1012Müller amenaza con un posible cisma si no se elige a un Papa ortodoxo

Su soberbia no soportó el haber sido cesado y busca su venganza amargada

El cardenal Gerhard Müller ha asegurado que la Iglesia católica se enfrenta al riesgo de un cisma si el próximo Papa sigue la línea más cercana al Evangelio impulsada en los últimos tiempos. El purpurado ha manifestado cómo ve la situación actual de la Iglesia en una entrevista concedida al periodista Tom Kington del diario británico The Times, realizada en su lujoso apartamento situado a escasos metros del Vaticano.

En vísperas del cónclave que elegirá al sucesor de Francisco, Müller ha asegurado  a The Times, con el cinismo que le caracteriza,  que “la Iglesia no es un juego de poder como el que muestra esa película”, en referencia a la reciente película Conclave, a la que tildó de irrelevante respecto a la realidad del proceso de elección papal.

Afirmó que hablará en las congregaciones generales, que comenzarán tras el funeral del papa, porque considera que “se lo debe a su conciencia”, suponemos que cuando la encuentre… Según explicó, “la alternativa sería una Iglesia que corre el riesgo de dividirse en dos si no se elige a un papa ortodoxo”, así, con un par…

El cardenal perseguidor de las disidencias, aseguró que “ningún católico está obligado a obedecer una doctrina que sea errónea” y añadió que “el catolicismo no consiste en obedecer ciegamente al Papa sin respetar las Sagradas Escrituras, la tradición y la doctrina de la Iglesia”.

Müller expresó a The Times su desacuerdo con algunas decisiones tomadas durante el pontificado de Francisco, como la bendición a parejas del mismo sexo autorizada en 2023. Aunque el Vaticano señaló que la medida no implicaba la aprobación del matrimonio homosexual, Müller sostiene que “era obviamente contraria a la doctrina de la Iglesia” y defiende que “Dios instituyó el matrimonio entre un hombre y una mujer”.

También se mostró crítico con el concepto de “fraternidad” entre católicos y musulmanes, subrayando que “los católicos son hermanos y hermanas en Cristo”. En relación con la política exterior del Vaticano, cuestionó el acuerdo con China sobre el nombramiento conjunto de obispos, y lo comparó con la política de apaciguamiento hacia los regímenes totalitarios de los años treinta: “No se pueden hacer pactos con el diablo”, afirmó, pero por lo que parece si con Trump…

El cardenal declara en la entrevista que el próximo Papa no debe ”buscar el aplauso del mundo secular, que ve a la Iglesia como una organización humanitaria que hace trabajo social”. En su opinión, el futuro pontífice debe centrarse en “la verdad revelada”.

En absoluta contradicción con su constante aparición mediática buscando influir en el Cónclave, advirtió sobre la influencia de los medios de comunicación en la percepción de los cardenales electores: “Existe el riesgo de que digan: “Debemos continuar””. En cambio, indicó que los electores “tienen la responsabilidad de elegir a un hombre que sea capaz de unificar a la Iglesia en la verdad revelada”.

Lanzando un venenoso “cóctel molotov”,  rechaza las etiquetas de “liberal” o “conservador”, señalando que “la cuestión no es entre conservadores y liberales, sino entre ortodoxia y herejía”. Y concluyó con un indecente escupitajo: “Rezo para que el Espíritu Santo ilumine a los cardenales, porque un papa hereje que cambie cada día según lo que digan los medios sería catastrófico”.

 

Fuente Agencias

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La monja de la mochila que veló a Francisco: Una historia ‘bergogliana’

viernes, 25 de abril de 2025
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La monja Geneviève Jeanningros despidiéndose del papa Francisco (Vatican Media)

Sor Genevieve Jeanningros, religiosa que atiende a las trans de la costa del Lacio

La marea de personas que desfilaban ante el féretro depositado a los pies del impresionante y recién restaurado baldaquino de Bernini (por primera vez en 250 años) apenas se paraba ante el cuerpo del Papa para no interrumpir el paso. Pero, de pronto, una figura se salió de aquella corriente humana y se recogió en oración durante un largo instante ante el difunto

Se trataba de Genevieve Jeanningros, una religiosa de 81 años, perteneciente a la congregación de las Hermanitas de Jesús y vieja amiga de Francisco, quien la llamaba cariñosamente la enfant terrible

Poco después de que esta mañana se abriesen las puertas de la basílica de San Pedro para acoger los restos mortales del papa Francisco y dar paso a las 72 horas de velatorio público previo al funeral de este próximo sábado, 26 de abril, una riada de cardenales, obispos y eclesiásticos comenzaron al desfilar ante el sencillo féretro de madera.

En sillas dispuestas alrededor del amplio perímetro delimitado para la exposición del cuerpo del difunto pontífice, vigilado por miembros de la Guardia Suiza, se sentaban distintas autoridades llegadas para rendir tributo, miembros de la curia, religiosos y otras personalidades y miembros del equipo que atendía a Jorge Mario Bergoglio en los últimos tiempos.

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La marea de personas que desfilaban ante el féretro depositado a los pies del impresionante y recién restaurado baldaquino de Bernini (por primera vez en 250 años) apenas se paraba ante el cuerpo del Papa para no interrumpir el paso. Pero, de pronto, una figura se salió de aquella corriente humana y se recogió en oración durante un largo instante ante el difunto

Se trataba de Genevieve Jeanningros, una religiosa de 81 años, perteneciente a la congregación de las Hermanitas de Jesús y vieja amiga de Francisco, quien la llamaba cariñosamente la enfant terrible.

Sor Genevieve, con su mochila a la espalda, oró ajena al ajetreo que seguía a su lado. Había conocido al Papa hacía años, cuando comenzó frecuentar las audiencias generales de los miércoles en la plaza de San Pedro llevándose consigo a algunas de las personas trans a las que atendía desde hace 56 años en la costa de la región del Lacio.

Al igual que esta mañana en la basílica, frente al féretro que acogía el cuerpo sin vida de su amigo, tampoco la religiosa pasó desapercibida en aquellas audiencias y tanto ella como sus ‘parroquia‘, entre la que había homosexuales y transexuales que ejercían la prostitución en las zonas más degradas de la Ciudad Eterna, fueron atendidas y saludadas por Francisco.

Entre aquellas personas estaban Claudia, Marcella y muchas otras que cada miércoles hacían el viaje desde la costa para ver y oír a Francisco. Un día pudieron incluso tocarlo.  Poco después, una de ellas fue asesinada. «Se había hecho una foto con el Papa, y yo se la llevé y él rezó por ella«, contó en su día.

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El papa Francisco saludando a Sor Geneviève Jeanningros en junio de 2024 (Vatican Media)

E incluso logró que Francisco les devolviese la visita y el 31 de julio de 2024 visitó el parque de atracciones de Ostia para encontrarse con los feriantes, que también peregrinaban con ella cada miércoles rumbo a la plaza de San Pedro.

Y esta mañana -también miércoles- la monja de la mochila, los feriantes, los transexuales y los descartados por los que Bergoglio sentía predilección, se saltó el protocolo y fue a darle el último adiós al viejo amigo. Todo un gesto muy en la línea del Papa de los gestos, de esa pastoral tan ‘bergogliana‘.

Fuente Religión Digital

Su compromiso la vincula activamente al colectivo LGTBIQ+. No solo los ha llevado ante el papa, sino que también ha alzado la voz en su nombre. “Nadie debe ser desechado”, afirmó en una entrevista con medios vaticanos. Y este miércoles, al saltarse el protocolo en San Pedro, volvió a recordarlo: la fe no entiende de jerarquías cuando se trata de amor, lealtad y memoria.

El Pontífice veía en ella una extensión de su mensaje de misericordia. “Lo aman tanto porque por primera vez sienten que la Iglesia les tiende la mano”, explicaba la religiosa, que nunca buscó protagonismo, sino justicia para los suyos. Su figura representa esa parte de la Iglesia que actúa en silencio, lejos de los focos y los altares, pero más cerca del Evangelio que nunca.

Más allá de su labor social, Sor Geneviève carga con una historia de dolor que la une a las heridas de Argentina. Es sobrina de Léonie Duquet, una de las monjas francesas secuestradas y asesinadas por el régimen militar argentino en 1977. Su historia forma parte de una memoria colectiva que Francisco nunca quiso silenciar. De hecho, el papa apoyó la apertura de los archivos del Vaticano sobre la represión en Argentina, algo que ella agradeció como un acto de reparación.

***

Las mujeres trans con las que Francisco compartió mesa: “Me dijo que no perdiera la fe, porque todos somos iguales ante los ojos de Dios”

IMG_1005 Padre Andrea con Diana, al lado de un pequeño altar de homenaje a Francisco montado en la Iglesia Beata Vergine Immacolata. Massimiliano Minocri

El 11 de marzo de 2020, Don Andrea, un sacerdote en Torvaianica, Italia, se asomó a la calle y encontró una larga cola de personas que necesitaban ayuda. Muchas de ellas eran mujeres transexuales que se prostituían y enfrentaban grandes dificultades debido al cierre de las parroquias por la pandemia. Sin clientes, se encontraban sin dinero para comida ni medicinas. Andrea Conocchia, un cura que se dedicaba a ayudar a los más desfavorecidos, no había tenido contacto previo con mujeres trans. Para ayudarlas, contactó al limosnero del Vaticano, el cardenal Konrad Krajewski, quien rápidamente envió asistencia con dinero y alimentos.

Tres de estas mujeres trans, las colombianas Yuliana y Diana, y la uruguaya Marcela, compartieron su historia en la parroquia Beata Virgen Inmaculada. Huyendo de la violencia y la discriminación en Latinoamérica, establecieron una amistad con el papa Francisco, a quien conocieron durante tres años y lamentaron profundamente su muerte. Marcela recordó que cuando le confesó haber perdido la fe, Francisco le respondió que no debía permitir que eso sucediera, porque todos somos iguales ante los ojos de Dios.

La parroquia, con el apoyo del Vaticano, brindó ayuda a todas las personas que lo necesitaban. Las mujeres trans, al recibir apoyo, decidieron agradecer personalmente al Papa y escribieron cartas detallando sus historias. A través de una monja que conocía a Francisco, el Papa respondió de inmediato, expresando su deseo de ayudar a todas las mujeres en lugar de solo a cuatro. Esta monja, Geneviève, quien ha dedicado su vida a ayudar a los necesitados, fue fundamental en este proceso.

El limosnero quedó sorprendido por la atención que recibió este gesto, considerando que era parte del trabajo ordinario de la Iglesia durante un momento de crisis. Según el Movimiento Identidad Transexual, se estima que en Italia hay entre 7.000 y 8.000 migrantes trans en situación de prostitución, principalmente latinoamericanas.

El Vaticano ya apoyaba refugios para mujeres trans en Argentina, pero la experiencia en Roma comenzó en ese momento. Desde entonces, las mujeres han tenido encuentros regulares con Francisco, siempre en un ambiente de cariño y alegría. Sin embargo, expresan preocupaciones sobre el futuro, esperando que su legado continúe con el próximo Papa.

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De izquierda a derecha, el padre Andrea, Minerva, Yuliana y Marcela, en un patio de la parroquia Beata Virgen Inmaculada de Torvajanica, este jueves. Massimiliano Minocri

Francisco se involucró silenciosamente en la vida de estas mujeres. Tenía en su oficina la foto de Naomi Cabral, una transexual argentina asesinada, recordando las dificultades que enfrentan muchas de ellas. Marcela mencionó que algunas de sus amigas ya no están, y compartió la triste historia de Lili, otra compañera que fue asesinada en circunstancias brutales.

El sábado, un grupo especial de migrantes y personas trans recibirán el féretro del Papa en la Basílica de Santa María la Mayor, donde él eligió ser sepultado. La despedida que él deseaba. Además, las mujeres trans de Torvaianica celebrarán una misa en honor a su amigo Francisco junto a Don Andrea.

Fuente Agencias/El País (Daniel Verdú)/Cristianos Gays

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¿Qué impacto tuvo el Papa Francisco para la diversidad sexual?

viernes, 25 de abril de 2025
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¿Cómo impactó el Papa Francisco en la relación entre la Iglesia y las personas de la diversidad sexual? Preguntamos a activistas LGBTIQ y referentes, que repasaron logros, momentos críticos y deudas pendientes.

21 de abril de 2025
Agencia Presentes

La muerte del Papa Francisco Bergoglio dimensiona, como hacen todas las despedidas, la  figura del Pontífice argentino, el primero de América Latina. Y lo ubica como una de las pocas personas capaces de generar un consenso global en un arco político extremadamente amplio, y un referente más allá de quienes profesan la fe católica. Lo elogió Lula desde Brasil, Claudia Sheinbaum desde México, Donald Trump desde Estados Unidos, quien además ordenó que las banderas de los edificios gubernamentales de ese país flameen a media asta. La Liga Árabe destacó su postura hacia la causa palestina. Hasta quienes le declararon la guerra abierta quieren posicionarse y rendirle honores, como el presidente de Argentina Javier Milei que anunció viajará a su funeral en el Vaticano.

El Papa Francisco, dicen de un modo u otro los millones de adioses en las redes, puso un piso de humanidad en la escena mundial de una institución atrapada en sus dogmas y atrasada en sus preceptos. Tuvo muchos gestos de apertura y palabras para llamar la atención sobre sectores castigados por el neoliberalismo y el avance de la derecha. Hoy circula por todas partes la foto donde le lava los pies a migrantes. La subió también el escritor y cineasta César González,y recordó que cuando aun era cardenal, Bergoglio iba una vez al mes al penal de menores donde él estaba y hablaba con los pibes detenidos.

A pesar de su delicado estado de salud, en sus últimos días el Papa Francisco llamó a la parroquia la Sagrada Familia en Gaza, sitiada por la guerra, como solía hacer desde octubre de 2023. Fueron muchos los temas de actualidad y derechos humanos sobre los que se pronunció a lo largo de sus 12 años de papado. En sus discursos habló de cambio climático, homosexualidad, de aborto, matrimonio igualitario. En Argentina algunes le reprochan que no haya puesto en agenda una visita al país donde nació, en momentos en que la ultraderecha se afianzaba.

Muchas personas consideran que en varios puntos podría haber ido mucho más lejos. Salir del plano discursivo para promover transformaciones de fondo desde el núcleo duro de la Iglesia. ¿Qué impacto tuvo su papado para la diversidad sexual? Preguntamos a activistas LGBTIQ y referentes, y repasamos algunos momentos críticos.

Mónica Astorga Cremona: “Insistía en que Dios ama a las personas trans

Hoy siento que me quedé huérfana”, dijo Mónica Astorga Cremona, conocida como “la Monja de las Trans”, cuando se enteró de la noticia. La mujer dedicó casi cuarenta años de su vida al servicio como monja contemplativa en el Monasterio de la Santa Cruz y San José de la Orden de las Carmelitas Descalzas, en la provincia de Neuquén. Desde ese lugar impulsó distintos proyectos para mejorar la vida de travestis y trans, como el primer complejo habitacional destinado a personas de este colectivo. Todos tuvieron la bendición de Francisco, quien era además amigo de la ex hermana.

Siempre le dije que era mi padre, mi pastor, mi hermano y amigo. Me acompañó en esta lucha para visibilizar a las trans. Recibió a muchas de las chicas, a otras las llamó por teléfono. Me dijo siempre ‘contá conmigo’. Me insistía en que dijera que Dios las amaba y los amaba, que nunca bajen los brazos y respetaba mucho al colectivo LGBT”, expresó, en diálogo con Presentes.

En su perfil de Instagram, Mónica recordó la primera carta que le envió Francisco desde Roma. Fue en respuesta a otra que le hizo llegar Mónica junto a mujeres trans de Neuquén, quienes querían compartir sus buenos deseos para esta nueva etapa. Él respondió: “Querida hermana Mónica: Ahora a seguir adelante… con la oración y el trabajo de frontera que el Señor te ha puesto delante. Deciles de mi parte que no las condeno, que las quiero y que desde mi corazón las acompaño en el camino de la vida rezando por ellas. Pero que, por favor, recen por mí. Que les agradezco que recen por mí, y que Jesús y la Virgen las quieren, que no duden de esto. Te dejo. Por favor no te olvides de rezar por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuida. Francisco”.

En los últimos dos años, Francisco dio la bienvenida a casi 100 mujeres transgénero, muchas de ellas trabajadoras sexuales, a los espacios sagrados del Vaticano. Diversas activistas han compartido que cuando se le pidió apoyo a proyectos que protegían a mujeres trans, mostró su solidaridad. Maju Burgos, una de las fundadoras del “Hogar Dignidad Trans”, en Mar del Plata, contó en esta nota de Presentes cómo lo contactó. “Conseguí el mail en abril del ‘21 y en junio me respondió muy cálidamente que podíamos contar con su ayuda. Fue muy linda, me pone “querida Maju” y mientras te lo cuento mirá…(muestra su brazo con piel de gallina) yo no soy católica, soy budista, pero es un referente y con la historia que nosotras tenemos… En ese momento me acordé de mi infancia, recordé cuando mi vieja me echó y ahora me está contestando el Papa. Y me dije, “bueno ya está, me puedo ir de este mundo tranquila porque nada es imposible”.

Mónica recuerda que “era el pastor de todos. No hacía diferencias, no rechazaba a uno o a otro por nada, y menos que menos por su sexualidad”. También reconoce que el Papa Francisco en algunos momentos hizo declaraciones dolorosas.

Cuando aun no era el Papa Francisco y Argentina debatía la Ley de matrimonio igualitario, aprobada en 2010, Bergoglio fue uno de los principales detractores.  Y aunque en diciembre de 2018, el Vaticano autorizó por primera vez la bendición de parejas homosexuales pidió no se confunda con matrimonio.  «La gente homosexual tiene derecho a estar en una familia. Son hijos de Dios y tienen derecho a una familia. Nadie debería ser expulsado o sentirse miserable por ello», dijo el Papa en el documental Francesco. Y en 2023 recapituló sus mensajes sobre homosexualidad en diversas entrevistas periodísticas.

Pidió perdón y eso es lo valioso. Estuvo acompañando y recibiendo. Todos los miércoles recibían grupos de mujeres trans”, comparte Mónica.

En relación a la partida de su amigo y pastor, espera que el próximo Papa que asuma pueda continuar con su legado. “Espero que no destruya todo lo que Francisco avanzó, que no volvamos treinta, cincuenta años, una vida atrás. Que siga adelante lo que Francisco fue abriendo y sobre todo la lucha por integrar a todo el colectivo LGBT”.

Desde la teología queer

Hugo Cordova Quero es teólogo queer y es profesor de teología en California. En primer lugar, dice que hay que distinguir entre catolicismo y cristianismo, y que el papa Francisco se enmarca en el catolicismo romano que hoy ha quedado en el tiempo.

Y destaca, “dentro del catolicismo romano es una gran hazaña que el Papa ya no sea un italiano ni otro europeo como ha sido la tradición. Pero al resto del cristianismo no le hace mucha diferencia. Porque dentro del cristianismo hace muchísimos años trabajan y en forma brillante con personas de la diversidad”.

Cuando Francisco dice que Dios acepta a todos pero no te podemos ordenar, no te podemos casar, no le podemos llamar matrimonio, no podés adoptar hijos como si fueran una familia y todas estas cosas, está haciendo una distinción entre ciudadanos pero con una serie de declaraciones muy bien logradas que parece que todo va a cambiar, pero no fue así”.

Resalta además que “el acceso a las órdenes sagradas no está condicionado por la orientación sexual o por el género. Eso en Roma todavía no ha llegado y Francisco perdió la oportunidad de hacerlo. Hizo declaraciones muy buenas pero en la acción no logró cambiar absolutamente nada. Las mujeres no son ordenadas, cosa que en la iglesia del siglo primero sí lo eran. Las personas de la diversidad que están no son ordenadas al sacerdocio cosa que por 11 siglos en el cristianismo si lo fueron. Las personas de la diversidad sexogenérica no se casan dentro del catolicismo romano, cosa que en el cristianismo del siglo cinco sí lo hacían. El catolicismo romano tiene muchas deudas pendientes que las iglesias del cristianismo hace décadas que ya resolvieron”.

Miguel Angel Aguilar Arreola: “A muchas y muches nos hizo sentir acogidos

Desde el colectivo Teresa de Cepeda y Ahumada, comunidad católica LGBT de México, reconocen al Papa Francisco como una figura clave. Destacan que “hasta el final fue un personaje muy incómodo. Trató de abrir puertas pese a sus propios contextos y también carencias, pero fue un personaje que nos hizo sentir a muchos, muchas y muches acogidos”, analiza Miguel Angel Aguilar Arreola. Desde el Colectivo, destacan su posicionamiento crítico frente a la ola de neoconservadurismo actual, y su interés en la justicia social caminando en conjunto y desde «lugares pequeños y enclavados en realidades difíciles”.

Subrayan que, aunque la cercanía del Papa con la comunidad LGBT «no fue con la fuerza que esperábamos que fueran en los 2020s», resultó significativa. A diferencia de sus antecesores, «no puso freno a las comunidades católicas o de personas católicas LGBT. Tampoco castigó a sacerdotes y religiosas que acompañaban estas comunidades»,  algo que sí ocurría con sus antecesores. “Creo que el legado de Francisco es que dejó hacer. Ayudaba a que los cambios se pudieran promover desde abajo, y que lo que en otros puntos era motivo de maldición ahora se podría bendecir” nos dice Migue.

El principal legado del Papa Francisco, expresan desde este colectivo, radica en su esa capacidad para acompañar cambios desde las bases y su compromiso con la justicia social. Muchos avances, aunque parezcan pequeños, adquieren especial relevancia debido al peso doctrinal e histórico que arrastra la Iglesia Católica, generando cambios «muy incómodos» y continuamente criticados por sectores conservadores.

 “Es un Papa que ayudó a que las cosas por lo menos pudieran seguir caminando. No frenó esta importancia de ver las realidades diversas que existen dentro de la Iglesia”.

Alba Rueda: Pendientes y lo que vendrá

Francisco parte en un contexto donde deja varios pendientes. Es evidente estaba pensando en acciones políticas imprescindibles para abrir la agenda LGBT en la Iglesia Católica. Este proceso se inicia con el diálogo y con la posición como máxima autoridad”, dijo a este medio la activista travesti Alba Rueda. Advierte que la transformación no terminaba ahí. “Tenían que darse pasos importantes en la reforma de la institución, porque Francisco fue el Jefe de Estado de la Iglesia Católica. Entonces todo lo que implica una apertura hacia la comunidad LGBTQ en la Iglesia se tendría que haber dado teniendo en cuenta las reformas institucionales. Eso faltó, seguramente, teñido de este plan de diálogo y tras la iniciación de las transformaciones”.

Alba Rueda nos dijo que se queda con imágenes lindas “como Francisco rodeado de trans en varias oportunidades. Con sus palabras no solamente sobre nosotras como activistas sino más bien sobre toda la comunidad. Y sabiendo que Francisco también pagó el costo también por acercarse a la comunidad LGBT”. También con preocupación y temor por quién sucederá al Pontifice.

Este contexto social y político es aterrador para la agenda trans en la Iglesia Católica, por el lobby conservador, especialmente la presión que haga Italia al papado en la apertura del cónclave”. Rueda dice que le preocupa el lobby de la extrema derecha en la Iglesia Católica.

El reformismo de Francisco, quizás un testimonio para lo que se esperaba como reformas importantes, podría verse desactivado una vez que él fallece. Espero que el nuevo Papa también tenga convicciones hacia la comunidad LGBT pero me temo que en el año en que ganó Trump, con Meloni en Italia, Milei en Argentina y la extrema derecha festejando logros, existe mucha presión para el progresismo en la Iglesia Católica. Ya veremos los desenlaces, pero nos tienen que encontrar sabiendo que otro mundo es posible y que no nos han vencido. No solamente a las personas LGBT católicas, sino al movimiento LGBT a nivel global. La extrema derecha tiene que entender y respetar, ha habido avances en este siglo y no vamos a renunciar a nuestros derechos”.

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El ambiguo obispo Shawn McKnight, de Jefferson City, nombrado por el Papa Francisco como nuevo arzobispo de la Arquidiócesis de Kansas City.

viernes, 25 de abril de 2025
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IMG_8889Obispo Shawn McKnight

El obispo Shawn McKnight, actual obispo de la Diócesis de Jefferson City, Missouri, ha sido nombrado por el Papa Francisco como nuevo arzobispo de la Arquidiócesis de Kansas City, Kansas. McKnight reemplaza al arzobispo Joseph Naumann, quien tenía un sólido historial anti-LGBTQ+, incluyendo su apoyo a las directivas sanitarias de la primera administración Trump que afectarían negativamente a las personas transgénero, su participación en materiales promocionales de un grupo que promueve la «terapia de conversión para exgays» y la negación del acceso a la escuela primaria católica a un niño pequeño cuyos padres son dos mujeres en unión civil.

Más recientemente, en un artículo publicado en el periódico diocesano The Leaven, Mons. Joseph Naumann, arzobispo de Kansas City (EE.UU.), se sumó a las críticas de otro reconocido ultracatólico y homófobo, Mons. Samuel Aquila, arzobispo de Denver, quien comparó algunos matrimonios, incluidas las relaciones LGBTQ, con la bestialidad, y afirmó que “La inclusión no puede significar que permanezcamos en nuestros pecados”, rechazando  las tesis sobre el tratamiento pastoral en la Iglesia a las personas petición del cardenal Robert McElroy, obispo de San Diego que publicó un artículo en la American Magazine, defendiendo la bendición a las parejas homosexuales y a otras que viven, según el facha, en “pecado objetivamente grave” con una “sexualidad pecaminosa”.

El arzobispo electo McKnight tiene un historial  como menos curioso, por ser suaves, en un tema que afecta a las personas LGBTQ+. En noviembre de 2024, prohibió himnos que consideraba «doctrinalmente incorrectos«, incluyendo el popular himno «All Are Welcome«, que se canta a menudo en eventos católicos LGBTQ+. Sin embargo, debido a la reacción negativa de las bases católicas, McKnight revocó la prohibición y afirmó que las decisiones sobre los himnos se tomarían mediante un «proceso sinodal de mayor consulta«.

Tras prohibir inicialmente ciertos himnos, incluido “All Are Welcome”, el obispo de Jefferson City, Shawn McKnight, ha dado marcha atrás con las restricciones y ha prometido un proceso sinodal sobre el tema de la música en la misa, según America.

El decreto del obispo emitido en octubre incluyó en la lista negra obras de tres compositores que fueron acusados creíblemente de abuso sexual: David Haas, el difunto padre Cesáreo Gabarain y Ed Conlin.

El decreto también prohibió 12 himnos específicos que la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos consideró “doctrinalmente problemáticos”: “All Are Welcome” de Marty Haugen; “Ashes” de Tom Conry; “Bread of Life” de Bernadette Farrell; “Celtic Alleluia: Sending Forth” de Christopher Walker y Fintan O’Carroll; “Covenant Hymn” de Rory Cooney y Gary Daigle; “For the Healing of the Nations”, de Fred Kaan, John Wade y Randall DeBruyn; “God Has Chosen Me”, de Bernadette Farrell; “Halleluya! We Sing Your Praises”, una composición sudafricana anónima; “Led by the Spirit”, de Bob Hurd; “Many and Great”, del padre paulista Ricky Manalo; “Table of Plenty”, de Dan Schutte; y “Three Days, de M.D. Ridge y Casey McKinley.

Las razones para prohibir un himno iban desde “promover puntos de vista doctrinalmente incorrectos sobre el pueblo judío y la antropología cristiana” hasta “resaltar las dimensiones comunitarias y sociales de la Eucaristía, sin dar también el énfasis adecuado al sacrificio de Cristo y su presencia real”.

Los católicos locales estaban particularmente molestos por la inclusión en la lista negra de “All Are Welcome” (“Todos son bienvenidos”), un himno favorito de los católicos que apoyan una iglesia inclusiva, en particular para las personas LGBTQ+. Un rápido vistazo a la letra revela que ninguno de los temas que mencionó McKnight está presente en la canción, que contiene versos como “Construyamos una casa donde el amor pueda morar” y Aquí la cruz se mantendrá como testigo/Y un símbolo de la gracia de Dios/Aquí como uno solo reclamamos la fe de Jesús” antes del coro “todos son bienvenidos”.

McKnight se retractó del decreto y, en su lugar, pidió que haya un proceso consultivo para la selección de la música. El National Catholic Reporter citó las reflexiones de McKnight sobre el cambio, que originalmente había compartido con The Catholic Missourian:

La decisión de prohibir canciones y compositores específicos condujo a una animada discusión, incluso en las redes sociales, así como a historias y opiniones compartidas en algunos medios de comunicación católicos fuera de la diócesis.

“‘Ahora está claro que no se produjo un proceso auténticamente sinodal de mayor consulta antes de su promulgación.

“‘Es inspirador ver tanta pasión y entusiasmo por la música que anima nuestras liturgias católicas’, dijo. “Siempre que vemos este tipo de fervor entre los fieles, nuestra iglesia nos da la manera perfecta de responder: una respuesta sinodal”.

En relación con la prohibición inicial de “All Are Welcome”, Bob Batastini, un músico pastoral de Michigan que ha tocado música en iglesias católicas durante siete décadas, dijo al National Catholic Reporter que, “nunca, nunca en mi vida, nadie me ha dicho que un himno es inapropiado, nunca sobre una base teológica o bíblica”, cuando se emitió la prohibición por primera vez.

Meredith Stidham, pianista y directora musical de la parroquia Holy Spirit en Centralia, Missouri, se hizo eco de la decepción de Batastini, pero agregó: “No le quita valor a la celebración de la Eucaristía. No le quita valor a mi fe”.

El proceso consultivo permitirá que las personas se involucren más en las decisiones sobre los himnos y la misa. “En lugar de relegar a los fieles a un lugar externo como comentaristas sobre una decisión, con su única respuesta siendo la obediencia o la desobediencia, es mejor invitar a todos en nuestra diócesis a un proceso de discernimiento”, dijo McKnight.

Fuente Agencias/Cristianos Gays

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El paso pascual del Papa Francisco nos invita a encontrarnos con Cristo en el camino a Galilea

jueves, 24 de abril de 2025
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IMG_4055El post de hoy es una reflexión sobre la Resurrección y la muerte del Papa Francisco. El autor es Michael Sennett, un hombre católico transgénero, miembro del consejo asesor de New Ways Ministry y colaborador ocasional de Bondings 2.0. Michael fue parte de un grupo de personas de la comunidad transgénero que New Ways Ministry trajo al Vaticano en octubre de 2024 para hablar con el Papa Francisco. Puede leer más información sobre Michael haciendo clic aquí.

No esperaba despertarme el lunes de Pascua con la noticia de que el Papa Francisco había muerto.

Inquieto durante toda la noche, entraba y salía del sueño. Poco después de las 4 a.m., revisé mi teléfono y vi el titular. Me senté en la oscuridad silenciosa, manteniendo esa extraña tensión (vida y muerte, dolor y alegría) tras la proclamación del Domingo de Pascua: Cristo ha resucitado.

El Evangelio del Lunes de Pascua habla precisamente de esa tensión. No tengan miedo. Vayan y digan a mis hermanos que vayan a Galilea, y allí me verán. (Mateo 28:10) María Magdalena y la otra María huyen del sepulcro después de encontrarse con el ángel, y Jesús las encuentra en el camino. No en el destino. No cuando las cosas estén completamente resueltas. Pero ahí mismo, en medio de todo.

Como católico transgénero en los EE. UU., tengo miedo. Temor a la creciente transfobia. Miedo a una legislación que nos quite la dignidad. Temo la creciente normalización de la xenofobia, el racismo y la violencia. Y ahora, lamento la pérdida de un Papa que, aunque imperfecto, se encontró con muchos de nosotros en nuestra humanidad y nos recordó nuestro valor.

Y aún así, todavía siento alegría. Alegría porque Jesús triunfó sobre la muerte. Alegría porque la Resurrección no es sólo un momento de la historia, sino una promesa viva. Alegría porque seguimos encontrándonos en el camino.

La alegría fue la gracia de mi encuentro con Papa Francisco en Roma el pasado mes de octubre, cuando formé parte del grupo de la comunidad trans que el New Ways Ministry  llevó a Roma para hablar con él sobre nuestras vidas y caminos de fe. He dudado en hablar públicamente sobre la visita, salvo en una o dos entrevistas. Parte del motivo por el que me abstuve fue que para mí la reunión era sagrada: algo que debía sostener con reverencia antes de ofrecerlo al mundo.

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Personal del Ministerio New Ways y miembros de la comunidad trans que se reunieron con el Papa Francisco en octubre de 2024. Sentados: Francis DeBernardo, Director Ejecutivo; Papa Francisco, Hermana Jeannine Gramick, Cofundadora. De pie: Robert Shine, Director Asociado; Dra. Cynthia Herrick, M.D.; Laurie y el diácono Ray Dever; Nicole Santamaría; Matthew Myers, asociado del personal; Michael Sennett; Brian Flanagan, PhD, investigador principal.

Desde ese día, una pregunta que me han hecho repetidamente es: «¿Lo hiciste cambiar de opinión?» Aunque no puedo hablar por los demás de mi grupo, cambiar la opinión del Papa Francisco no fue el objetivo de la reunión. El encuentro era el objetivo. No sólo la gracia de encontrar al Papa Francisco, sino la de ser encontrados por él a cambio. Él escuchó. Él nos vio. Nuestro encuentro no deshizo el daño que las personas trans siguen enfrentando en los espacios católicos. No revirtió las políticas del Vaticano ni las posturas cada vez más hostiles de los obispos estadounidenses. Sin embargo, fue un momento de profunda dignidad. El encuentro fue una acción que el Papa Francisco modeló con maestría. Si la noticia de nuestro encuentro inspiró a un solo pastor a abrir su mente y su corazón a la práctica sinodal de la escucha, entonces eso significó que nuestra visita fue un éxito más allá de las gracias que recibimos.

Jesús les dijo: «Vayan a Galilea y allí me verán». Galilea no era sólo un lugar geográfico, sino el lugar donde Jesús llamó por primera vez a sus discípulos, donde comenzó el ministerio. Era su hogar. Papa Francisco nos invitó a Galilea cuando abogó por los pobres, por los inmigrantes, por las personas LGBTQ+; cuando centró el Evangelio en la misericordia, el encuentro y la acomodación. Nos recordó dónde buscar a Cristo: entre los vulnerables, los marginados, los olvidados. Galilea son nuestros barrios, nuestras mesas, nuestros espacios de oración. Galilea es dondequiera que encontramos a Cristo en el rostro de nuestro prójimo.

La invitación a Galilea sigue en pie. No estamos destinados a permanecer en la tumba, aferrándonos al dolor. Estamos llamados a seguir caminando. Para alimentar al hambriento, vestir al desnudo, acoger al extranjero y consolar al doliente. Nombrar y oponerse a la guerra, la ocupación y el genocidio, no con una preocupación abstracta sino con amor real y encarnado. Aquí es donde veremos a Jesús, no en la espiritualidad saneada, sino en la lucha por la dignidad y la liberación.

No caminamos sin miedo. Mientras vivo con el peso diario de la creciente transfobia, la criminalización de la existencia queer y las fuerzas entrelazadas de la supremacía blanca y el nacionalismo cristiano, también vivo con alegría. No una alegría superficial que ignora el dolor del mundo, sino una alegría pascual que se atreve a surgir de todos modos. Una alegría que insiste en que la muerte no tiene la última palabra. Que incluso frente a una violencia abrumadora, Cristo ha resucitado.

El camino por delante es incierto. Pero la Resurrección nos dice que la muerte no tiene la última palabra. Cristo ya nos encuentra en el camino. Así que seguimos caminando, a veces con miedo, pero nunca sin esperanza.

–Michael Sennett, Ministerio New Ways, 22 de abril de 2025

Fuente New Ways Ministry

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Comunicado de CRISMHOM ante el fallecimiento del Papa Francisco.

jueves, 24 de abril de 2025
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CON MOTIVO DEL FALLECIMIENTO DEL PAPA FRANCISCO

CRISMHOM, comunidad cristiana LGTBI+H de Madrid, expresa el más profundo pesar por el fallecimiento de Su Santidad el Papa Francisco. En este momento de duelo para la Iglesia católica y para tantas personas creyentes en el mundo, nos unimos en oración junto a quienes lloran su pérdida.

El Papa Francisco ha dejado una huella imborrable en la historia reciente de la Iglesia, particularmente en lo que respecta al acercamiento hacia nuestro colectivo LGTBI+. Con gestos valientes y palabras llenas de humanidad, supo abrir espacios de diálogo y tender puentes donde durante siglos solo hubo silencio, distancia o rechazo. Su insistencia en que «Dios ama a cada persona tal como es» y su llamado a que nadie sea excluido del amor de Dios resonaron especialmente entre quienes formamos parte de esta comunidad diversa, creyente y comprometida con la fe.

Sabemos que aún quedan muchos pasos por dar. La inclusión plena de las personas LGTBI+ en la vida de la Iglesia sigue siendo una tarea pendiente. Esperamos con profundo anhelo que llegue el día en que se reconozca el matrimonio igualitario como expresión legítima del amor cristiano, y que nuestras hermanas y hermanos trans o no binaries puedan vivir y expresar su fe sin miedo ni marginación. Seguimos soñando con una Iglesia donde la diversidad no solo se tolere, sino que se celebre como signo de la presencia multiforme de Dios en la humanidad.

A pesar de las limitaciones, el Papa Francisco ha sido un referente de apertura y misericordia, y su liderazgo ha dado esperanza a muchas personas que, durante demasiado tiempo, han sentido que su lugar en la Iglesia les era negado.

Hoy, con gratitud en el corazón y con la mirada puesta en el futuro, confiamos en que el sucesor que asuma la guía de la Iglesia católica sabrá continuar y profundizar ese camino de encuentro, acogida y dignidad para todas las personas, sin excepción. Rogamos para que el Espíritu Santo inspire a quienes tienen la responsabilidad de elegir a quien habrá de conducir la Iglesia, y para que esa elección garantice el acceso libre, pleno y gozoso a la fe de las personas LGTBI+, sus familias y comunidades.

Seguimos creyendo en el Evangelio de la inclusión radical, en una Iglesia que se parezca cada vez más a Jesús, y en una comunidad de fe que no margina, sino que abraza. Hoy, más que nunca, reafirmamos nuestro compromiso de construir espacios donde todas las personas puedan vivir su fe con dignidad, verdad y amor.

Descansa en paz, Papa Francisco. Gracias por tu testimonio, por tus gestos y por tu valentía, todos tan evangélicos como proféticos. Que el Buen Pastor te reciba con ternura y nos siga guiando en el camino de la justicia, la compasión y la esperanza.

Con todo nuestro afecto.

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El Papa Francisco fue un regalo para las personas LGBTQ+

miércoles, 23 de abril de 2025
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IMG_0913Lo que sigue es una declaración de Francis DeBernardo, Director Ejecutivo del Ministerio New Ways Ministry , sobre el fallecimiento del Papa Francisco.

Con palabras sencillas y gestos amables, el Papa Francisco movió poderosamente a la Iglesia Católica a convertirse en un hogar más acogedor para las personas LGBTQ+. El New Ways Ministry lamenta su fallecimiento, al mismo tiempo que damos gracias por su testimonio y ministerio.

Francisco no sólo fue el primer Papa en usar la palabra “gay” al hablar de las personas LGBTQ+, sino que fue el primer Papa en hablarles con amor y ternura. Sus amables palabras de bienvenida a esta comunidad, tradicionalmente marginada en la Iglesia, resonaron fuerte en todo el mundo. Su recomendación a los ministros pastorales y líderes de la iglesia de acompañar, escuchar y dialogar con las personas LGBTQ+ ha abierto puertas que habían estado selladas por la homofobia y la transfobia de los pontífices anteriores.

Desde los primeros meses de su papado, cuando pronunció la ahora icónica “¿Quién soy yo para juzgar?” En respuesta a una pregunta sobre la aceptación de sacerdotes homosexuales, a través de numerosos mensajes pastorales afirmativos dirigidos a personas LGBTQ+ individuales, a su apoyo a las uniones civiles y a su condena de las leyes de criminalización, el Papa Francisco ha cambiado la iglesia irreversiblemente al permitir que la gente vea cómo su fe católica requiere aceptación e igualdad.

A pesar de sus numerosos hitos innovadores, el Papa Francisco tuvo áreas en las que su bienvenida no fue tan amplia como podría haber sido. En el área de la identidad de género y las cuestiones transgénero, el pontífice se adhirió estrechamente al binario de género masculino-femenino, refiriéndose a cualquier comprensión más reciente de la identidad de género como “ideología de género” o “colonización ideológica”. Sin embargo, su incomprensión y caracterización errónea de la identidad de género no impidió que el Papa Francisco se acercara con compasión a las personas transgénero, pidiendo continuamente que se respetara la dignidad humana inherente de estas minorías. PARA UN CATÁLOGO DE TODAS LAS DECLARACIONES Y ACCIONES DEL PAPA FRANCISCO CON RESPECTO A TEMAS LGBTQ+, HAGA CLIC AQUÍ.

El Papa Francisco ha abierto la discusión de cuestiones LGBTQ+ en la iglesia y, al convocar el sínodo global, ha institucionalizado un proceso para que los católicos continúen discutiendo estos temas, así como muchos otros temas. Ha trasladado la iglesia de un modelo imperial a un modelo de servicio.

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El Papa Francisco con la Hermana Jeannine Gramick, SL, junto con miembros del personal del Ministerio New Ways (de izquierda a derecha) Matthew Myers, Francis DeBernardo y Robert Shine

El New Ways Ministry ha tenido la bendición de comunicarse con el Papa Francisco desde 2021. Sus respuestas siempre fueron cálidas, afirmativas y alentadoras. Incluso felicitó a la cofundadora de nuestro ministerio, la hermana Jeannine Gramick, con motivo de sus 50 años de servicio pastoral y defensa de la comunidad LGBTQ+, llamándola “una mujer valiente”. Sus mensajes han sido una bendición para New Ways Ministry y todos sus partidarios, mientras que líderes eclesiásticos menos ilustrados han etiquetado como herejes a quienes han trabajado incansablemente por la igualdad LGBTQ+.

Bendiciones aún mayores fueron las dos oportunidades que el personal del Ministerio New Ways tuvo de reunirse con el Papa Francisco en el Vaticano para dialogar sobre temas LGBTQ+. En octubre de 2023, cuatro miembros del personal del Ministerio New Ways (la hermana Jeannine Gramick, Francis DeBernardo, Matthew Myers y Robert Shine) se sentaron durante 50 minutos con el pontífice, quien los animó a continuar su ministerio de acogida, encuentro y esperanza.

La segunda visita ocurrió en octubre de 2024 cuando el mismo grupo estuvo acompañado por una mujer intersexual, un hombre transgénero, un médico que trabaja en medicina de género, un teólogo y un diácono católico que es padre de una hija transgénero. Durante 90 minutos, el Papa escuchó sus historias de dolor, de exclusión y también de la alegría que les ha traído vivir con autenticidad.

El Papa Francisco ha sido un regalo para la Iglesia y para la comunidad LGBTQ+. Durante muchos años hemos orado a Dios para que un líder así continúe la obra del Vaticano II. No hemos sido decepcionados, sino que hemos sido bendecidos por el mensaje de sus palabras y acciones.

Confiamos en que nuestro Dios amoroso, que es un Dios de justicia e igualdad, continuará bendiciéndonos extendiendo el mensaje acogedor e inclusivo de Francisco en el próximo papado. Sea quien sea el próximo Papa, New Ways Ministry se compromete a seguir difundiendo el mensaje católico de acogida, escucha, adaptación y justicia que ha encendido el Papa Francisco.

—Francis DeBernardo, New Ways Ministry, 21 de abril de 2018.

Fuente New Ways Ministry

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Ha fallecido el Papa Francisco.

lunes, 21 de abril de 2025
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Francisco
1936-2025

 Miserando atque eligendo
(‘Lo miró con misericordia y lo eligió’)

No me niegues, Señor, tu misericordia;
que siempre me protejan tu amor y tu verdad.

Salmo 40:11

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Desde Cristianos Gays nos unimos al pesar de nuestros hermanos católicos romanos ante el fallecimiento de quien ha sido cabeza  de la Iglesia Católica Romana durante estos últimos 12 años. Al inicio de su pontificado y en referencia a la adopción del nombre de Francisco, en recuerdo del de Asís afirmó que lo había elegido porque, “Para mí es el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, el hombre que ama y custodia la Creación” y declaró que le gustaría “una Iglesia pobre y para los pobres… y esa ha sido su intención poniendo, además, sobre la mesa, temas que hasta ahora eran intocables, cuando no motivo de persecución: mujer, personas LGTBIQ+.

Aun cuando hemos sido críticos con algunas de sus expresiones, producto de una formación personal tradicional casi imposible de abandonar, apreciamos su apertura hacia las personas LGTBIQ+, sus intentos de comprender, su deseo de poner el tema sobre la mesa y hablar con ello de modo normal, tenemos que agradecer, además, su empeño en salvar a la persona, su cercanía y ternura, especialmente, hacia las personas trans, sobre todo mujeres trans,

 Nadie le podrá negar que Francisco se convirtió en una voz moral en la escena global, con llamamientos claros contra la “tercera Guerra Mundial a pedazos”, que visibilizó en Ucrania o Gaza, su petición de desarme global, su lucha contra el hambre o la denuncia de las injusticias del mercado. En sus últimos momentos, Bergoglio se erigió como el mayor crítico de la política de deportaciones lanzada por Trump.
Y, no podemos olvidar, en este año en el que toda la Cristiandad recuerda y celebra los 1700 años del Concilio de Nicea su empeño ecuménico por que todas las confesiones y denominaciones cristianas pudiéramos celebrar la Pascua en la mismas fechas y caminar hacia la unidad en la diversidad, así como su empeño por el caminar interreligioso.

Dale Señor el descanso eterno…

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Claridad sobre la “claridad”: Lucidez conservadora vs. el bien común

miércoles, 16 de abril de 2025
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IMG_0939Dra. Nicolete Burbach

La publicación de hoy es de la Dra. Nicolete Burbach, colaboradora invitada y responsable de justicia social y ambiental en el Centro Jesuita de Londres, Reino Unido. Su investigación se centra en el uso de las enseñanzas del Papa Francisco para abordar las dificultades de la Iglesia en su encuentro con la transfobia.

Decir que las enseñanzas de la Iglesia deben explicarse con “claridad” es un cliché.

Utilizada de esta forma tan cliché, la palabra “claridad” está cargada de connotaciones adicionales. Los católicos más conservadores son casi siempre quienes expresan esta afirmación. Lo hacen de una manera que sugiere que esta claridad hará que las enseñanzas de la Iglesia, tal como las interpretan, no solo sean comprensibles, sino también persuasivas.

A veces, pedir “claridad” también es una forma de exigir una retractación cuando los líderes de la Iglesia dicen cosas con las que no están de acuerdo. Algo a lo que los conservadores se refieren, en consecuencia, como crear «confusión«, en una estrategia retórica que resultará familiar a cualquiera que haya seguido los acontecimientos del papado del Papa Francisco. En ambos casos, «claridad» significa una reafirmación o despliegue de la enseñanza de la Iglesia de manera que consolide una visión conservadora para la Iglesia y la sociedad. Por lo tanto, es particularmente común donde esta visión parece estar más en riesgo, como en torno a la inclusión LGBT+.

«Claridad» es un término que también surge con frecuencia en la política secular transfóbica. En Gran Bretaña, estos llamados suelen relacionarse con la Equality Act 2010 (Ley de Igualdad de 2010), una ley que designa ciertas características como «protegidas«. Estas características, que incluyen «sexo«, «reasignación de género» y «religión o creencias«, están «protegidas» en el sentido de que la discriminación por su base es ilegal, a menos que sea un «medio proporcionado para lograr un objetivo legítimo«.

Los ataques legales a los derechos de las personas trans en el contexto británico generalmente giran en torno a la forma en que la Ley de Igualdad equilibra estas protecciones, en particular en disputas laborales sobre el acceso de las mujeres trans a espacios exclusivos para mujeres o la protección contra el acoso por parte de colegas «críticos con el género«. Las demandantes argumentan que estas protecciones discriminan injustamente a personas con otras características. Por ejemplo, argumentan que los empleadores discriminan a las mujeres cisgénero por su sexo al negarles espacios «exclusivos para personas trans«, o a las personas «críticas con el género» al castigarlas por sus creencias.

Estos se convierten en la base de los comentarios de los medios de comunicación que exigen «claridad» en torno a la Ley. Estas demandas suelen girar en torno a dos afirmaciones: primero, que la Ley no define el «sexo» con suficiente claridad, lo que en realidad significa que no excluye claramente a las mujeres trans de ser tratadas como mujeres; y segundo, que la Ley no nos dice qué constituye un «medio proporcionado para lograr un fin legítimo«, lo que en realidad significa que no permite explícitamente la exclusión de las personas trans por defecto. Como en el contexto católico, “claridad” aquí significa conformidad con una visión conservadora del mundo.

Una razón por la que la palabra «claridad» se presta a este tipo de retórica es porque connota rigor, distinciones nítidas y cierto dominio intelectual del mundo. Estos conceptos se unen en una estética que podríamos llamar «lucidez conservadora». Esta estética asocia el rigor y una rigidez poderosa e inflexible con la defensa lúcida y resuelta de la verdad conocida.

La lucidez conservadora se considera no cerrada de mente, sino intelectualmente rigurosa; se niega a ceder ante un mundo moderno laxo y confuso. Identifica las formas establecidas de pensar, actuar y organizar la sociedad no solo como correctas, sino claramente correctas. Exalta entonces todo aquello que reconoce no solo una cosmovisión conservadora, sino también su obviedad. La lucidez conservadora valora la «claridad» porque la considera sinónimo de la verdad de las creencias conservadoras y la exige como una forma de insistir en ellas.

IMG_0716La política transfóbica, ya sea católica o secular, explícitamente conservadora, o incluso teóricamente progresista o feminista, puede canalizar esta estética. La lucidez conservadora opone la novedad al pensamiento claro y al sólido «sentido común«. La lucidez conservadora se encuentra dondequiera que se denuncie la naturaleza supuestamente absurda de la identidad trans o las supuestas ideologías novedosas que la promueven.

Comprender este paralelismo es esclarecedor, sobre todo porque nos ayuda a responder a la retórica de la «claridad» en un contexto secular. El siempre mediático Papa Francisco tiene un método para responder a las demandas católicas de «claridad«: no subir a la silla, no «aclarar«, no dar marcha atrás. Un ejemplo particularmente destacado de esta estrategia se encuentra en su respuesta —o mejor dicho, su falta de respuesta— a la ahora infame dubia que exige «claridad» en torno a su enfoque pastoral en Amoris Laetitia. Este método proporciona un modelo útil de respuesta a la retórica de la «claridad» en general.

Una fortaleza de la respuesta de Francisco es que ofrecer una «aclaración» simplemente admite la idea de que la «claridad«, en este sentido ideológico, debería estar presente. Responder simplemente sugiere que las enseñanzas e interpretaciones que traspasan los límites de una cosmovisión conservadora deben ser examinadas, evaluadas en términos conservadores, o incluso solo deben expresarse con la consiguiente afirmación de las creencias que, de otro modo, podrían interpretarse como cuestionadas. Al negarse a «aclarar» sus enseñanzas, Francisco las presenta de una manera que sugiere que se sostienen en sus propios términos.

Al hacerlo, Francisco también desplaza el enfoque del debate hacia un conjunto más preciso de prioridades. Los llamados a la «claridad» exigen que nos centremos en apaciguar a los conservadores preocupados. Sin embargo, las enseñanzas que sus detractores consideran «poco claras» son las que intentan hacer que la Iglesia sea inhabitable para las personas a las que aliena, como las personas queer o los católicos divorciados y vueltos a casar. Francisco promueve estas enseñanzas motivado por la visión del bien común, o «el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas, tanto en grupo como individualmente, alcanzar su plenitud y facilidad» (CIC 1906).

La visión de Francisco pone de relieve la naturaleza común del bien común. Esto sienta las bases de una ética de inclusión en la que todos tienen cabida, «incluso quienes pueden ser considerados dudosos por sus errores» (Evangelii Gaudium 236). Esta ética, a su vez, motiva su enfoque pastoral; y su negativa a «aclarar» dicho enfoque implica negarse a desviar su atención de la búsqueda del bien común de esta manera. Esta estrategia es significativa en el contexto de la formulación de políticas, ya que las leyes deben elaborarse «en aras del bien común» (CIC 1951). Al centrar nuestra atención en la búsqueda del bien común, Francisco nos recuerda que esta idea, y no la de apaciguar a los conservadores, debe ser la prioridad de los responsables políticos. De hecho, las exigencias de «claridad» sirven específicamente para oscurecer la legítima prioridad de garantizar el bien común. Por ejemplo, algunos críticos de la Ley de Igualdad (al igual que quienes critican leyes similares en otros países) afirman que prohibir a las mujeres trans el uso de espacios separados por sexos se justifica como una forma de proteger a las mujeres cis. En este contexto, las exigencias de «claridad» son en realidad llamamientos a afirmar la legitimidad de dichas prohibiciones. Pero, más que esto, son llamamientos a desestimar el interés de las mujeres trans en la seguridad como parte del bien común, o a considerarla de menor valor que la seguridad de las mujeres cis. De hecho, permitir el acceso de las mujeres trans a estos espacios no tiene ningún efecto negativo en la seguridad de las mujeres cis, sino que tiene un efecto positivo significativo para ellas. Dado que la seguridad de las mujeres cis no está realmente en juego aquí, las exigencias de claridad son llamamientos a considerar la seguridad real de las mujeres trans como algo menos importante que la sensación de seguridad de las mujeres cis ante una mera sensación de amenaza.

Recurrir al lenguaje de la Ley de Igualdad, visto desde la perspectiva del bien común, y excluir a las mujeres trans de los espacios para mujeres, ciertamente no es «proporcionado«. La estrategia de Francisco de negarse a aclarar esto no solo nos libera de tener que justificar los derechos de las personas trans ante estándares fundamentalmente injustos, sino que deja muy claro el problema que los rodea, en el verdadero sentido de la palabra.

–Dra. Nicolete Burbach, Centro Jesuita de Londres, 11 de abril de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“La primavera fallida del papa Francisco”, por José Arregi

sábado, 12 de abril de 2025
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IMG_0034De su blog Umbrales de Luz:

Es triste ver a un papa de 86 años gravemente enfermo en un hospital, un hombre absolutamente desbordado desde el primer día de su elección, como todo papa, por un sistema inhumano –el poder absoluto del papado–; un hombre que no puede caminar y apenas puede respirar, obligado por el sistema a seguir desempeñando o fingiendo más bien el desempeño de su función de sumo pontífice, de “puente” imposible entre un “Dios” omnipotente y una institución humana histórica, cultural, espiritualmente agotada.

No es hora de panegíricos ni reprobaciones de este hombre convertido en rehén de su función insostenible, ni de prolongar el morbo de los partes médicos o de las cábalas sobre el próximo cónclave. No es hora ciertamente de fomentar piadosas oraciones a “Dios” para que el hombre Jorge o Francisco recupere sus fuerzas, retome su función y culmine su misión irrealizable. Es hora más bien de una seria y serena reflexión sobre este pontificado con sus inevitables contradicciones personales e institucionales. Es hora, sobre todo, de reimaginar una Iglesia de Jesús sin clero ni papado.

Traslado a esta página web dos colaboraciones escritas para un libro que acaba de ser publicado en francés: Réformer ou abolir la papauté. Un enjeu d’avenir pour l’Eglise catholique. Ésta de hoy propongo una evaluación del pontificado de Francisco. Dentro de unos días publicaré la segunda colaboración: “Reimaginar una Iglesia de Jesús más allá del clericalismo”.

Deseo al hermano Francisco una paz profunda dentro de sí y en todo su entorno.

El papa Francisco cumplirá pronto 12 años de pontificado. ¿Qué queda de las esperanzas despertadas por el obispo de Roma venido de la pampa argentina?

Las páginas que siguen no quieren ni acusar ni excusar, sino entender la situación y comprender a la persona en su contexto: el sistema clerical tan arraigado y en contradicción con el evangelio y la cultura. No pretendo dictar responsabilidades, sino mirar los hechos, entender su contexto, y captar en lo posible las señales del presente y la llamada del futuro.

  1. Unos gestos iniciales sugerentes y equívocos

En la tarde del 13 de marzo de 2013 supimos que había sido elegido papa Jorge Bergoglio, un obispo “venido de lejos”, el primer papa del continente americano y el primer jesuita papa.

Primer gesto: adoptó como nombre Francisco. Sugerente combinación para una reforma eclesial profunda, me dije. Francisco de Asís: humilde y libre, manso y subversivo, y siempre el menor. Ignacio de Loyola: lleno de luz en la mente y de lágrimas en los ojos, maestro y director de almas y de obras, y siempre peregrino. A tres siglos de distancia –en el umbral del Renacimiento Francisco, en el umbral de la Modernidad Ignacio–, ambos soñaron con que la Iglesia volviera a Jesús, con que aquel imponente aparato de poder y de riqueza erigido en torno a Roma se despojara, se desarmara, se humanizara, se evangelizara, y pudiera ofrecer consuelo y liberación a un mundo nuevo. Pero no sucedió. A Francisco le organizaron una gran Orden, y a Ignacio le utilizaron para la Contrarreforma, y sus sueños no se realización. Pero siguen en pie, y son más urgentes que nunca [1].

Al atardecer, en su primera intervención, improvisada, dijo: “Y ahora quisiera dar la bendición, pero antes os pido un favor: antes que el obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para que el Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la bendición para su obispo”. El gesto era encomiable, pero quedaba fuera de lugar la distinción, entre el obispo que da la bendición y el pueblo que se limita a rezar a Dios para que bendiga a su obispo. El pueblo puede ser bendecido, pero no bendecir. No es un detalle anodino; es el quid de la cuestión que planteo en estas páginas: el modelo clerical falsea la Iglesia en su raíz.

En esa misma intervención, el papa se presentó como “obispo de Roma”, pero todo el mundo sabe que nadie viene de Argentina (o de Polonia) al Vaticano para ser “obispo de Roma”, ni para ser solamente “el primero entre iguales” (los demás obispos), sino justamente para ser “papa”, investido de la autoridad suprema y de la última palabra sobre todas las iglesias y sus obispos. ¿Elegido e investido por quién? No por la Iglesia de Roma. Investido por Cristo y elegido por “sucesores de los apóstoles” escogidos y nombrados por “el sucesor de Pedro”, a quien Cristo habría entregó las llaves. ¿Tiene sentido todavía este lenguaje?

El nuevo papa decidió enseguida no residir en el Palacio Apostólico, sino la Residencia Santa Marta, que hospeda a obispos de paso por Roma. Parecía renunciar al protocolo y al boato. ¿Renunciaría también al poder y a las prerrogativas teológicas del papado?

Si a los gestos unimos el porte natural, la mirada directa, el rostro afable, el trato llano, el estilo personal austero, la palabra descomplicada y fresca…, es más que comprensible que en muchas católicas y católicos despertara la ilusión de una reforma profunda e irreversible, de una primavera eclesial.

A pesar de todo ello, a los 100 días del nuevo pontificado expresé mis reservas: “No basta con que el papa sea buena persona. Tampoco basta con reformar la Curia. El problema de fondo es el sistema católico: un sistema teocrático, una monarquía absoluta sustentada en ‘dios’. La gran reforma que, desde el corazón del mundo de hoy y de todas las criaturas, el Espíritu o la Ruah creadora y consoladora reclama es que el papa, con su poder todavía absoluto, declare nulo dicho poder: que anule los dos dogmas que lo sustentan, que fueron promulgados por el Concilio Vaticano I (1870) y que el Vaticano II dejó intactos por imposición de Pablo VI: la infalibilidad y el primado absoluto del papa sobre todas las iglesias. Y mientras eso no cambie, nada sustancial cambiará, por bueno que sea el papa. No basta con que el papa Francisco sea un nuevo Juan XXIII, pues después de éste vinieron Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, y 60 años después estamos donde estábamos antes; en realidad, estamos mucho más lejos del mundo, pues el mundo ha cambiado mucho desde entonces. Mientras el papa detente todo el poder, todo dependerá de cómo sea el papa siguiente (y los poderes ocultos nombrados o tolerados por él). A mi modo de ver, nada de lo que sabemos de su pasado y le hemos oído decir o visto hacer en estos 110 días permite esperar que promueva la reforma radical que urge en la Iglesia. No se lo reprocho, pues también él, con toda su bondad, es rehén del sistema” [2].

  1. Una voz eco-política de tono profético

El papa Francisco será reconocido sobre todo por su Exhortación apostólica Evangelii gaudium (2013) y su Encíclica Laudato si’. El mensaje socio-ecológico, político-económico, son mucho más importantes que todos sus gestos y que su doctrina teológica. Los textos mismos dan fe de ello, pues vienen a afirmar que la sanación integral de los heridos y la liberación integral de todos los oprimidos constituyen el centro, el fondo y la esencia del Evangelio y de todas las doctrinas y leyes.

Me referiré sobre todo a la Exhortación Evangelii gaudium, un texto excepcional lleno de aliento y frescura, me atrevería a decir que el mejor documento emanado de Roma desde el inicio del papado hace 1000 años. El Evangelio es gracia y liberación. La “primacía de la gracia” (n. 112) es su única norma y norma absoluto. En agosto de 2013, seis meses después de su elección. en una entrevista con Antonio Spadaro, s.j. para L’Osservatore Romano, en agosto de 2013, había dicho: “En esta vida, Dios acompaña a las personas y es nuestro deber acompañarlas a partir de su condición. Hay que acompañarlas con misericordia”. Evangelii gaudium, publicada tres meses después, desarrolla las implicaciones políticas y eclesiales de estas palabras precursoras. Traslado aquí algunas de las afirmaciones más destacables de esta Exhortación, profética en su conjunto.

Contra una economía que mata.Hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa” (n. 53). “Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera… A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales” (n. 56). “La inequidad es raíz de los males sociales” (n. 202). “Hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia” (n. 59). “La inequidad genera tarde o temprano una violencia que las carreras armamentistas no resuelven ni resolverán jamás” (n. 60).

Una Iglesia con los últimos y con todos los heridos.La Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (n. 47). “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades” (n. 50). “La Iglesia ‘en salida’ es una Iglesia con las puertas abiertas” (n. 46). Jesús llama a la Iglesia “a la revolución de la ternura” (n. 88). “La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio (n. 114). “Estamos llamados a cuidar la fragilidad del pueblo y del mundo en que vivimos” (n. 216). “Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás” (n. 270). “Hay un signo que no debe faltar jamás: la opción por los últimos, por aquellos que la sociedad descarta y desecha” (n. 195). “Quiero una Iglesia pobre para los pobres” (n. 198).

Una Iglesia encarnada en diversas culturas. Una cultura inédita late y se elabora en la ciudad” (n. 73). “Es necesario llegar allí donde se gestan los nuevos relatos y paradigmas” (n. 74). “La Iglesia no evangeliza si no se deja continuamente evangelizar” (n. 174). “Se nos invita a dar razón de nuestra esperanza, pero no como enemigos que señalan y condenan” (n. 271). “Como podemos ver en la historia de la Iglesia, el cristianismo no tiene un único modo cultural” (n. 116).

Una Iglesia sin respuesta a todas las preguntas. En el diálogo con el Estado y con la sociedad, la Iglesia no tiene soluciones para todas las cuestiones particulares” (n. 241). “Tampoco creo que deba esperarse del magisterio papal una palabra definitiva o completa sobre todas las cuestiones” (n. 16).

Una Iglesia en permanente reforma.La pastoral en clave de misión pretende abandonar el cómodo criterio pastoral del ‘siempre se ha hecho así’. Invito a todos a ser audaces y creativos (…), sin prohibiciones ni miedos” (n. 33). A no “desarrollar la psicología de la tumba, que poco a poco convierte a los cristianos en momias de museo” (n. 83). “No se pueden llenar los seminarios con cualquier tipo de motivaciones, y menos si éstas se relacionan con inseguridades afectivas, búsquedas de formas de poder, glorias humanas o bienestar económico” (n. 107). “No nos quedemos anclados en la nostalgia de estructuras y costumbres que ya no son cauces de vida en el mundo actual” (n. 108). “También debo pensar en una conversión del papado” (n. 32).

¡Bravo! Pero, para ser justo, debo señalar con la misma convicción que la exhortación papal no se mueve ni un ápice del marco dogmático tradicional y del modelo canónico –clerical– de la Iglesia católica romana. El llamamiento a la conversión de la Iglesia se limita fundamentalmente al plano personal, y las referencias a la conversión institucional son muy vagas y generales. Y surge la pregunta: ¿la profunda transformación socio-política que reclama el papa no pierde fuerza y credibilidad si la propia institución eclesial sigue aferrada a sus viejos paradigmas obsoletos, a sus formulaciones dogmáticas, a su sistema autoritario y jerárquico, a su ordenamiento clerical y patriarcal?

  1. Vino nuevo en odres viejos

Nadie echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino reventará los odres, y se perderán el vino y los odres. El vino nuevo en odres nuevos (Mc 2,22; Mt 9,17; Lc 5,37-38). A mundo nuevo, teología nueva, para que el Evangelio de Jesús no pierda su fuerza inspiradora y el mundo no pierda el aliento inspirador del Evangelio. Los nuevos paradigmas culturales requieren la revisión de los viejos lenguajes dogmáticos, al igual que la teoría einsteiniana de la relatividad obliga a corregir o ampliar el modelo newtoniano del espacio y del tiempo, del universo en su conjunto. Pero pienso que el marco teológico que subyace a esta Exhortación son “odre viejo”. Baste con señalar cuatro ejemplos.

Redención. Jesús dio su sangre por nosotros… Dios, en Cristo, no redime solamente la persona individual, sino también las relaciones sociales entre los hombres” (n. 178), “haciendo la paz mediante la sangre de su cruz (Col 1,20)” (n. 229). “Jesucristo dio su preciosa sangre en la cruz por esa persona” (n. 274). Entiende la muerte de Jesús en la cruz en clave sacrificial expiatoria: “murió por nuestros pecados”, a causa de nuestros pecados, para reconciliar a la humanidad pecadora con Dios, o a Dios con la humanidad culpable. Un Dios soberano ofendido, Jesús como único Hijo de Dios encarnado para salvarnos, como víctima propiciatoria, su muerte como sacrificio, la cruz como altar, la salvación como perdón divino gracias a la muerte del Hijo de Dios… ¡Todo eso queda tan lejos del registro histórico, concreto, político-económico en el que se analiza y denuncia la inequidad del mundo!

Conversión del papado. “También debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como Obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio que lo vuelva más fiel al sentido que Jesucristo quiso darle y a las necesidades actuales de la evangelización” (n. 32). ¿Acaso quiso Jesús dar un sentido al papado? ¿Acaso instituyó algo que tuviera algún remoto parecido con lo que se entiende por papado? Y aun en la hipótesis, enteramente infundada, de que Jesús lo hubiera instituido y organizado, ¿por qué habríamos de seguir vinculados a una institución de hace 2000 años? ¿No debemos ir mucho más allá que una reforma del papado?

Los “niños por nacer. En la sección dedicada a “Cuidar la fragilidad”, la Evangelii gaudium se refiere al tema del aborto, y lo hace sin matiz alguno, en un tono duro, en términos inflexible. “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo. (…). Esta defensa de la vida por nacer está íntimamente ligada a la defensa de cualquier derecho humano (…). [Sin esta convicción, los derechos humanos en general y los de los “niños por nacer” en particular]siempre estarían sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno” (n. 213). “No debe esperarse que la Iglesia cambie su postura sobre esta cuestión” (n. 214).

Efectivamente, “la postura de la Iglesia” –la del Vaticano más bien– no ha cambiado al respecto. Bien es verdad que no lo ha sacado a relucir con la frecuencia con la que lo hicieron sus predecesores Benedicto XVI y Juan Pablo II, al igual que no ha condenado el mundo actual como “increyente, relativista y hedonista”, como hicieron sin tregua los mencionados predecesores. Tampoco se ha referido al aborto con la frecuencia con la que hicieron aquellos. Pero su doctrina no ha cambiado lo más mínimo.

El último ejemplo es muy reciente y revelador.  En septiembre de este mismo 2024, a bordo del avión de vuelta de su viaje a Luxemburgo y Bélgica, el papa Francisco afirmó que el aborto es un “homicidio” en todos los casos y a los profesionales médicos que lo realizan los llamó “sicarios”. ¿Es la manera de que la Iglesia alivie la angustia de muchas madres o padres, la manera de que se convierta en “puesto de socorro” o más bien “aduana”? Mucha gente, en Bélgica y en el mundo, se indignó ante estas palabras, injustamente ofensivas. Una condena general como ésta se halla fuera de lugar. La institución católica debiera considerar atentamente la opinión de tantos hombres y mujeres de hoy –entre las que se cuentan no pocos teólogos y teólogas– de profunda sensibilidad humana y probada honestidad intelectual. Y tomar en cuenta seriamente los datos científicos, unos datos que no constituyen la última palabra, pero que nunca deben ser ignorados. Hay razones científicas y antropológica de peso que nos disuaden de identificar al cigoto de un día con el feto de cuatro meses, o a éste con un “niño por nacer”. Pueden presentarse conflictos de valores extremadamente complejos, en los que se impone un discernimiento, principio al que Francisco ha apelado tantas veces.

La mujer excluida del ministerio “ordenado. Apenas 8 meses después de su elección, en la Evangelii gaudium el papa Francisco establece ya claramente el marco teológico y canónico del que no se moverá hasta el día de hoy en lo que respecta al lugar de la mujer en la Iglesia. Es el viejo marco clerical y patriarcal que nada tiene que ver con Jesús y su evangelio, ni con los primeros siglos de la Iglesia, y sobre todo con lo que el Espíritu de la vida nos inspira.

Dice: “… El sacerdocio reservado a los varones, como signo de Cristo Esposo que se entrega en la Eucaristía, es una cuestión que no se pone en discusión, pero puede volverse particularmente conflictiva si se identifica demasiado la potestad sacramental con el poder. No hay que olvidar que cuando hablamos de la potestad sacerdotal ‘nos encontramos en el ámbito de la función, no de la dignidad ni de la santidad’ [Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici 51, 1988]. El sacerdocio ministerial es uno de los medios que Jesús utiliza al servicio de su pueblo, pero la gran dignidad viene del Bautismo, que es accesible a todos. La configuración del sacerdote con Cristo Cabeza —es decir, como fuente capital de la gracia— no implica una exaltación que lo coloque por encima del resto. En la Iglesia las funciones ‘no dan lugar a la superioridad de los unos sobre los otros’ [Juan Pablo II, ib., nota 190]. De hecho, una mujer, María, es más importante que los obispos. Aun cuando la función del sacerdocio ministerial se considere ‘jerárquica’, hay que tener bien presente que ‘está ordenada totalmente a la santidad de los miembros del Cuerpo místico de Cristo’ [Juan Pablo II, Carta ap. Mulieris dignitatem 27, 1988]. Su clave y su eje no son el poder entendido como dominio, sino la potestad de administrar el sacramento de la Eucaristía; de aquí deriva su autoridad, que es siempre un servicio al pueblo. Aquí hay un gran desafío para los pastores y para los teólogos, que podrían ayudar a reconocer mejor lo que esto implica con respecto al posible lugar de la mujer allí donde se toman decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia” (n. 104).

Puro odre viejo, como diré en los párrafos que siguen.

  1. La mujer ensalzada y subordinada

Este n. 104 de la Evangelii gaudium es una clara muestra del laberinto teológico-institucional en que sigue enredada Iglesia católica romana en relación con el lugar de la mujer en la Iglesia, más concretamente con el veto vigente contra su acceso a los “ministerios ordenados” o “consagrados” (diaconado, sacerdocio, episcopado).

El argumento fundamental –de hecho el único– al que recurre para sostener que tales ministerios deben ser reservados a los varones, y ello “sin discusión”, es que solo los varones pueden representar al Cristo varón, “a Cristo el Esposo” (tesis desarrollada en especial por Hans Urs von Balthasar, muy utilizada por Juan Pablo II y ahora por el papa Francisco). Nadie duda de que Jesús fuera varón, pero ¿tiene sentido afirmar que el Cristo o el Misterio crístico, divino, que en él reconocieron los cristianos es masculino? Me parece una idea delirante, tan delirante como afirmar que solo el varón representa a Dios o Aliento o Realidad fontal, o como pensar que un niño o una niña, un hombre o una mujer que participan en la Eucaristía debieran mirar al sacerdote que la preside como a su “Esposo divino”.

El papa hace malabares lingüísticos para refrendar no el argumento, sino la conclusión (previa al argumento) de la exclusión de la mujer del sacerdocio ordenado: distingue la “potestad” o “autoridad” o “función” sacerdotal por un lado, y la santidad o dignidad derivada del bautismo por otro; y señala que la potestad no se ha de identificar “demasiado” con el “poder”, menos aun con el “dominio”. Y, para ilustrarlo, afirma que “María es más importante que el obispo”… Papa Francisco, hermano: no se trata de que la autoridad o la potestad o la función sacerdotal se identifique o no con la santidad y la dignidad, sino solo de cuestionar que la potestad, autoridad o función sacerdotal sea reconocida exclusivamente a un varón, y de preguntarnos quién lo decide y en nombre de quién.

El papa se muestra abierto a reconocer un “posible lugar de la mujer allí donde se toman las decisiones importantes, en los diversos ámbitos de la Iglesia”. Pero la pregunta decisiva es: ¿piensa el pontífice que podría depender del voto de una mujer la decisión de la que aquí se trata, a saber, si la mujer puede o no desempeñar la “potestad” o “autoridad” o “función” de “representar a Cristo el Esposo”, de presidir la Eucaristía o de otorgar “la absolución de los pecados”, de ser en definitiva diácono, sacerdote u obispo? De hecho, esta decisión queda reservada al varón, y en último término al papa, tal como ha quedado claro durante todo el desarrollo del Sínodo sobre la sinodalidad y en su documento final refrendado por el papa. ¿Pero en qué razón se funda tal decisión “indiscutida”? Es lo que no se explica con un mínimo rigor teológico. Decir que Cristo lo decidió así no pasa de ser una petición de principio y una mera opinión, claramente desmentida por una gran parte de exégetas, historiadores y teólogos, y por muchas iglesias cristianas no ligadas a Roma.

Una vez más, queda al descubierto el fondo del discurso misógino típico de la teología clerical tradicional, aún vigente: el modelo de mujer es María, madre virgen inmaculada. Lógicamente, ninguna mujer de carne y hueso puede imitar a María, y acaba mirándose y siendo mirada como encarnación de Eva la pecadora y la tentadora, lo que, consciente o inconscientemente, justifica de hecho que se la mantenga apartada de lo sagrado, del altar o del sacerdocio, y que deba mantenerse subordinada al varón. Se la ensalza al máximo en la figura de María inmaculada, para mejor rebajarla y subordinarla en la institución.

Este tipo de discurso, tan frecuente en tantas páginas bíblicas del Antiguo y del Nuevo Testamente y de los Santos Padres, está muy presente en los textos de Juan Pablo II. Y también del papa Francisco, como acabamos de ver. Pero permítaseme ilustrarlo con un ejemplo muy reciente.

En una entrevista de mayo de 2024, Norah O’Donnell, periodista de CBS, preguntó al papa si una niña crecida hoy como católica tendrá “la oportunidad de ser diácono y de  participar como miembro del clero en la iglesia”. Francisco respondió rápidamente: “No”. Y, presionado, se explicó: “Si se trata de diácono con el orden sagrado, no. Pero las mujeres siempre han tenido, diría yo, la función de diaconisas sin ser diáconos, ¿no? Las mujeres son de gran servicio [diakonein en griego, como ministrare en latín, significa “servir”] como mujeres, no como ministras, como ministras en este sentido, dentro de las Sagradas Órdenes”. Y se extendió en el elogio de las mujeres: “Son las que impulsan los cambios, todo tipo de cambios (…). Son más valientes que los hombres (…). Saben cuál es la mejor manera de proteger la vida. Las mujeres son magistrales guardianas de la vida. Las mujeres son geniales. Son muy geniales. Y hacer espacio en la Iglesia a las mujeres no significa darles un ministerio, no. La Iglesia es madre, y las mujeres en la Iglesia son quienes ayudan a fomentar esa maternidad. No olvides que quienes nunca abandonaron a Jesús fueron las mujeres. Todos los hombres huyeron”.

Y todavía más recientemente (28 de septiembre de 2024), durante su visita a Bélgica –la misma en la que tildó de “asesina” la ley del aborto ante la tumba del rey Balduino, alabando la figura de éste por haber abdicado para no tener que firmar dicha ley–, en su discurso de la Universidad Católica de Lovaina dijo el papa:  “Es feo cuando la mujer quiere hacer de hombre, la mujer es mujer (…). La mujer es acogida fecunda, cuidado y entrega vital”.

  1. Una imagen fija de la orientación sexual y del género

No habrá primavera eclesial mientras no cambien la teología y el derecho canónico. Y el papa Francisco no ha cambiado ninguna doctrina ni canon de relevancia, cosa que deja patente en cuanto ha dicho y escrito sobre la orientación sexual y el género. Ha apelado una y otra vez a una actitud de acogida de las personas homosexuales o trans, pero se ha cerrado a cualquier cambio doctrinal, canónico, institucional.

Son conocidas las palabras del papa en el avión de regreso de su viaje a Brasil en julio de 2013, cuatro meses después de su elección, al ser preguntado sobre la posición de la Iglesia sobre las personas homosexuales: “Si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?”. Muchas personas, gais y lesbianas incluidas, celebraron sus palabras, pero no dejan de ser problemáticas: en su trasfondo, se adivina un juicio negativo, más o menos consciente, sobre la homosexualidad. Suenan como si dijera: … no soy quién para juzgarlo, aunque sea homosexual. No puedo imaginar que, habiéndosele preguntado sobre una persona heterosexual, hubiera respondido: “… si busca a Dios y tiene voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. En la misma línea se sitúan las respuestas dadas en 2022 a una carta donde el conocido jesuita y escritor estadounidense James Martin le exponía las preguntas más frecuentas que le formulan las católicas/os LGTBIQ+ sobre Dios y la Iglesia:  “Dios es padre y no reniega de ninguno de sus hijos” (“tampoco de los homosexuales”, se entiende, aunque no lo dice…). Y también: “Una Iglesia selectiva, una Iglesia de pura sangre, no es la Santa Madre Iglesia, sino una secta” (y aunque no lo dice, en el fondo se entiende: “también a los homosexuales los acoge la Iglesia, aunque sean impuros”).

Es verdad que ha reclamado que los estados aprueben “una ley de unión civil”, de modo que “estén cubiertos legalmente” (documental “Francesco”, 2020). Se da la circunstancia de que casi todos los países de Europa y otros muchos ya cuentan con una ley civil de matrimonio homosexual, aprobada, eso sí, con la frontal oposición de sus respectivos episcopados católicos. Está muy bien que el papa reclame dicha ley estatal, pero tendría más efectivo que empezara por predicar con el ejemplo, reconociendo las “uniones homosexuales” como verdadero matrimonio y bendiciéndolas como tales, cosas ambas a las que se ha negado expresamente hasta hoy. La posición del papa sobre el tema queda claramente expresada cuando, en la Exhortación postsinodal Amoris laetitia sobre la familia de 2016, escribe: “No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia” (n. 251). Ni siquiera remotas.

Lo mismo sucede en el tema, tan real y complejo, del género. El papa Francisco lo resuelve de manera muy simplista. La teoría del género, afirma, está “orientada a cancelar la diferencia sexual (catequesis, en 2015), es “una ideologización colonizadora” (a los obispos de Polonia en 2016), “presenta una sociedad sin diferencias de sexo, y vacía el fundamento antropológico de la familia” (Amoris Laetitia 56, 2016), “va contra las cosas naturales” y “es diabólica” (diálogo con jesuitas de Eslovaquia, en 2021). ¿Dónde queda aquí el principio del “todos, todos, todos” tan recurrente en sus intervenciones?

  1. Cuatro sínodos y el clericalismo intacto

El clericalismo es la raíz de los peores males institucionales de la Iglesia católica romana. Pero después de 12 años de pontificado del papa Francisco, el clericalismo sigue intacto. La historia de los cuatro sínodos pone de manifiesto que todas las expectativas iniciales se han visto contrariadas por el desenlace final. Así, El sínodo de la Amazonía había aludido tímidamente a la posibilidad de ordenar varones casados “en regiones alejadas de la Amazonía” y a la posibilidad de una ordenación –“no sacramental”–  de mujeres como diaconisas; en la Exhortación apostólica postsinodal del papa Francisco desaparece incluso esa tímida alusión.

Nada ilustra mejor esta tendencia hacia la reafirmación del clericalismo célibe y patriarcal que el desarrollo y el final del reciente Sínodo sobre la sinodalidad [3]. En la síntesis de la primera sesión de la Asamblea Sinodal General en octubre de 2023, desaparecieron algunos de los temas más recurrentes y espinosos propuestos por algunas de las Conferencias Episcopales de los cinco continentes: ordenación sacerdotal de la mujer, bendición de los matrimonios homosexuales, reconocimiento de las personas LGTBIQ+. El documento-síntesis de dicha primera sesión menciona la ordenación diaconal de mujeres y la dispensa del celibato para sacerdotes en circunstancias particulares, aunque solo para pedir que se sigan estudiando esos temas. En cuanto al Instrumentum laboris para la segunda sesión (octubre de 2024), ni siquiera  mencionan el “diaconado consagrado” de mujeres, la dispensa del celibato de sacerdotes, las personas LGTBIQ+ (y no se diga la ordenación sacerdotal de la mujer). De todo ello no se debía ni hablar. Denuncia el clericalismo, sí, pero no cuestiona el poder clerical, sino la manera de ejercerlo. Y afirma sin ambages: “La sinodalidad no supone en modo alguno la devaluación de la autoridad particular y de la tarea específica que Cristo mismo confía a los pastores: los obispos con los presbíteros, sus colaboradores, y el Romano Pontífice como ‘principio y fundamento perpetuo y visible de unidad así de los Obispos como de la multitud de los fieles’ (LG 23)” (n. 8); y también: “en una Iglesia sinodal, la competencia decisoria del obispo, del Colegio Episcopal y del Romano Pontífice es inalienable, ya que está arraigada en la estructura jerárquica de la Iglesia establecida por Cristo” (n. 70). Con ese principio y fundamento tan claro y contundente, sobraban este sínodo y todos los demás. Ahí seguimos.

Y así llegamos al Documento final del Sínodo de la Sinodalidad, publicado el pasado 26 de octubre de 2024. Una vez más denuncia el clericalismo, pero incluyendo esta vez en la denuncia ¡también a los laicos!, colmo clerical: “El clericalismo, fomentado tanto por los mismos sacerdotes como por los laicos, genera un cisma en el cuerpo eclesial que fomenta y ayuda a perpetuar muchos de los males que hoy denunciamos” (n. 74). ¿Algún camino concreto para superar el sistema clerical del poder sagrado, excluyente, masculino y célibe? Ninguno. Vuelve a ensalzar a la mujer, pero para mejor subordinarla: “No hay nada en las mujeres que les impida desempeñar funciones de liderazgo en las Iglesias: lo que viene del Espíritu Santo no debe detenerse”. Pero prosigue: “Sigue abierta la cuestión del acceso de las mujeres al ministerio diaconal. Es necesario un mayor discernimiento a este respecto” (n. 60).

En conclusión: Después de 12 años de papado, de cuatro sínodos, de múltiples Instrumenta laboris, síntesis sinodales, Exhortaciones apostólicas postsinodales, después de muchas esperanzas o sueños primaverales, de tanto documento, texto y voto, de tanta palabra, palabra y palabra, cuando el otoño llegaba a su cénit, la cosecha es nula. Los padres sinodales (las madres del último sínodo tenían la voz y el voto impedidos) no se atrevieron a liberarse de ideas, normas y privilegios del pasado. No se dejaron inspirar e impulsar por el Espíritu de la transformación permanente de todas las cosas, el Espíritu de la fraternidad-sororidad universal, el Espíritu de la “buena novedad” (Evangelio) que anunció Jesús. No meditaron suficientemente aquellas palabras que pronunciaron sus labios proféticos, su lengua libre y arriesgada: El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el reino de Dios o el Aliento vital (Lc 9,62). El arado tropieza, la tierra no respira y se malogra la primavera, el nuevo pan de la Pascua universal.

Pero no, el sol amanece cada día, la luna brilla cada noche, el otoño camina al descanso, en el silencio del invierno germinará la espiga, celebraremos la Pascua. Queremos vivir y seguiremos caminando, seguiremos compartiendo el camino hecho de muchos y diversos caminos. Y, cada vez que el Espíritu sinodal así nos inspire, deberemos hacer caso omiso del Derecho Canónico, inmóvil e inamovible, para que la vida siga y crezca.

José Arregi, Aizarna, 26 de diciembre de 2024

(Publicado en Robert Ageneau, José Arregi, Gilles Castelnau, Paul Fleuret y Jacques Musset, Réformer ou abolir la papauté. Un enjeu d’avenir pour l’Église catholique, Ed. Karthala, París 2025, pp. 91-107).

[1] Cf. https://josearregi.com/es/al-papa-francisco/

[2] https://josearregi.com/es/100-dias-de-papado/

[3] Cf. https://josearregi.com/es/?s=cuatro+s%C3%ADnodos+y+el+clericalismo+intacto

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“Reimaginar una Iglesia de Jesús más allá del clericalismo”, por José Arregi

martes, 8 de abril de 2025
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rosto-de-jesus-na-multidaoDe su blog Umbrales de Luz:

Son muchos los hombres y las mujeres cuya biografía e identidad más profunda está ligada a esta Iglesia católico-romana, pero que hoy se sienten en ella fuera de lugar. Entre ellos me cuento. No nos reconocemos en su forma actual. Vivimos en exilio. No es, sin embargo, ella, nuestra Iglesia, la que ha cambiado, sino nosotros. ¿Y cómo podíamos vivir sin cambiar en un mundo que cambia, en una vida que es permanente transformación? Hoy, después de décadas postconciliares de esperanzas frustradas, somos muchos los que nos hallamos en una delicada encrucijada vital, personal y colectiva a la vez: romper lazos o transformarlos en una Iglesia reimaginada. Opte cada uno como su aliento vital le inspire. Yo opto por reimaginar la Iglesia católico-romana y reimaginarme en ella.

La reimaginación no es un ejercicio artificioso, irreal, superficial y ficticio. Con todas las incoherencias y ambigüedades, reimaginar la Iglesia y reimaginarnos en ella puede ser también un ejercicio exigente de fidelidad a nuestra identidad profunda más allá de muchas –no necesariamente todas– las formas que la han sustentado. Y un ejercicio de fidelidad profunda a la Iglesia más allá de todas las formas en la que ya no la reconocemos ni nos reconocemos.

Reimaginar la Iglesia es redescubrir más a fondo su realidad profunda, y la nuestra, en libertad crítica y creadora. Es un ejercicio vital (mental, cordial, práctico) de transfiguración de la Iglesia, de toda su teología, de su compromiso con la vida y con el mundo de hoy, de sus ideas, palabras y ritos. De liberación de la letra, para dejar que el espíritu vuelva a mover la mente, el corazón, la acción. De renovación de las instituciones y formas eclesiales, para que vuelvan a encender la emoción de la belleza, la llama creadora, el aliento vital del que todo nació.

  1. Reimaginar la Iglesia de Jesús

“Reimaginar la Iglesia de Jesús” no quiere decir volver a la imagen o a la figura impresa en ella por Jesús. En realidad, Jesús no concibió ni estableció ninguna imagen, ningún modelo de Iglesia. Jesús no “fundó” ninguna Iglesia propiamente dicha, mínimamente organizada. Nunca elaboró un código cerrado de normas, ni unos rituales específicos, ni unas creencias vinculantes. Nunca organizó una autoridad orgánica, ni estableció una estructura de poder, ni impuso unas relaciones de sumisión, menos aun una “sucesión apostólica” para el futuro. Ni siquiera pensó en ninguna Iglesia futura, pues se consideraba como el “profeta de los últimos tiempos” y estaba convencido de que la transformación radical del mundo, la liberación de todas las opresiones, era inminente, es más, ya estaba haciéndose presente en él, en sus palabras y accionas sanadoras.

Jesús lo llamaba “reino” o “reinado” de Dios: el fin de la dominación y de toda desigualdad injusta, el nacimiento de un nuevo mundo en este mundo. Un mundo de hermanos y hermanas libres. Ese es el mundo que Jesús imaginó, reimaginó y anunció, soñó y anticipó en su esperanza activa, libre y arriesgada. Ese fue el mensaje, la causa, la opción de Jesús. Y para anunciar e impulsar ese mundo reimaginado, reunió en torno a sí un grupo de discípulos y -hecho insólito- también discípulas, que hacían vida itinerante con su maestro. Y, muy probablemente, nombró un grupo especial de doce, que no poseían poder sobre los demás discípulos, sino que constituían un símbolo de la reunión de las doce tribus judías dispersas (de todos los pueblos divididos y dispersos, diríamos). Nadie debía estar por encima de nadie. “A nadie llaméis maestro, padre, señor. Todos vosotros sois hermanas, hermanos” (Mt 23,8-10). La liberación de los cautivos, la sanación de los heridos, la comensalía abierta, la fraternidad-sororidad universal: he ahí los elementos constitutivos del reino de Dios, sin relación esencial con ninguna institución (credo, culto, código y autoridad establecida).

Para muchos hombres y mujeres afligidas, Jesús fue consuelo, sanación, fuerza liberadora, aurora de un nuevo tiempo, promesa de liberación definitiva. Así se formó un movimiento en torno a su persona y su mensaje. Un movimiento fraterno-sororal de esperanza activa, transformadora. Para la élite judía sacerdotal y laica, así como para la autoridad romana, Jesús era un hereje y un peligro, y muy poco tiempo -entre uno y tres años- después de comenzar su itinerancia profética, fue condenado a muerte por el tribunal romano, a instancias del Sanedrín judío. No obstante, el movimiento de Jesús no se detuvo. “Los que lo habían amado lo siguieron amando”, dirá Flavio Josefo. Lo reconocieron viviente en su memoria, en el espíritu que les seguía animando, en la fracción del pan, en el corazón de la esperanza activa, liberadora, de todas las opresiones.

Con el paso del tiempo, aquel movimiento fue adoptando formas institucionales propias, cada vez más fijadas y rígidas. Hasta finales del s. I, siguió siendo una corriente intrajudía, en tensión creciente con el judaísmo sacerdotal primero y con el judaísmo rabínico tras la destrucción del templo en el año 70. Hacia finales del s. I, se constituyó en “religión” cristiana (“cristianismo”). El movimiento escatológico de liberación se fue convirtiendo en “culto religioso” o “religión”, un sistema religioso organizado. La Iglesia se fue “eclesiastizando” (E. Troeltsch), en torno a dos ejes fundamentales: la fijación de una “ortodoxia” y la organización de la autoridad. Al mismo tiempo, fue siguiendo un proceso de uniformización de acuerdo a la corriente eclesial “protocatólica romana” marcada por la tradición petrino-paulina, mientras la Iglesia judeo-cristiana iba desapareciendo y las Iglesias gnósticas eran duramente perseguidas.

En ese sentido, tenía razón Alfred Loisy (1857-1940): “Jesús anunció el reino de Dios y lo que vino fue la Iglesia”. Primero fue el reino de Dios, luego vino la Iglesia institucionalizada. Y a medida que se institucionalizaba, se fue apartando de la imaginación creadora de Jesús. La llama del reino nunca desapareció de la Iglesia, pero una y otra vez quedó amortiguada o ahogada por el peso de la institución.

Con siglos de retraso, es hora de reimaginar la Iglesia de Jesús. No para volver al pasado, sino para reavivar con la mayor libertad el fuego creador que ardió en el profeta Jesús y en el movimiento liberador que impulsó. Reimaginemos una Iglesia animada por la compasión liberadora, que promueva a la vez la “revolución de la ternura” y la revolución de todas las estructuras de opresión psíquica, social, sexual, política, laboral, económica. Una Iglesia inspirada por una memoria creativa y cohesionada en una comunión abierta, amplia, libre. Una Iglesia democrática, descentralizada, plural, siempre en camino. Una Iglesia que comparta las dudas y los interrogantes, los desgarros y amenazas de la humanidad planetaria en la comunidad de los vivientes. Una Iglesia que reciba del mundo de hoy la buena noticia de Jesús que les anuncia, despojada de toda pretensión de superioridad ad intra y ad extra. Una Iglesia guiada en sus palabras, opciones prácticas e instituciones por el clamor de los últimos, los migrantes forzados, los sin-casa ni pan, todos los marginados y olvidados. Una Iglesia itinerante, libre del significado literal de todo dogma y creencia, consciente de la relatividad y provisionalidad de todas las expresiones históricas, culturales, del pasado o del presente. Una Iglesia que haga sitio en su liturgia a textos, gestos, danzas y músicas inspiradas de ayer o de hoy, más allá de la Biblia, de la tradición y de las rúbricas canónicas. Una Iglesia fraterno-sororal, desacerdotalizada, desclericalizada, despatriarcalizada. Una Iglesia que sea “puesto de socorro”, “hogar de humanidad”, comunidad de respiro, de paz, de hambre y sed de justicia. Una Iglesia mística y liberadora.

Pero antes de proseguir este ejercicio de reimaginación de la Iglesia y de nuestro discipulado evangélico más profundo, querría dejar claro un criterio decisivo: aunque Jesús –hipótesis carente de toda verosimilitud histórica– hubiese fundado la Iglesia con un cuerpo bien organizado de dogmas y códigos, de sacramentos y ritos, y aunque hubiera instituido un orden sacerdotal clerical y masculino, y hubiera decretado que sus doce apóstoles fueran sucedidos por obispos y que éstos fueran presididos por un papa como sucesor de Pedro, aun en ese supuesto descabellado, hoy, 2000 años después, podríamos y deberíamos reimaginar la Iglesia de Jesús de otra manera muy distinta, siguiendo al espíritu que lo inspiró, más allá de toda letra y forma pasada o presente.

  1. Reimaginar la Iglesia sin clérigos ni laicos [1]

El capítulo precedente ha mostrado que la “primavera eclesial” tan esperada por muchos tras la elección del papa Francisco y tras algunos de sus primeros gestos, se ha visto frustrada, prisionera del modelo clerical de Iglesia y de la teología en su conjunto. Bien por presiones o imposiciones ajenas –contradicción inherente a todo sistema de poder personal “absoluto”– o bien por propia voluntad y convicción teológica, el papa Francisco, tras doce años de pontificado, ha dejado intacto el viejo, milenario, edificio clerical de la Iglesia católica romana, con el papa a la cabeza.

A saber: una Iglesia de clérigos y laicos, de pastores que mandan y de rebaño que obedece. Una Iglesia de escogidos (“clérigos”) e investidos directamente por “Dios” del poder sagrado exclusivo de enseñar, de hacer realmente presente a Jesús en el pan y el vino y en la comunidad, de perdonar los pecados en nombre de “Dios” y de transmitir su poder sagrado por la imposición de las manos. Una Iglesia piramidal de autoridades ordenadas de arriba abajo, presidida por la figura de un “padre”, un papa plenipotenciario, cimiento, piedra angular y clave de bóveda de la entera edificación clerical. Una Iglesia masculina que reproduce la subordinación de sexo y de género. Una Iglesia cuyos lenguajes e instituciones reflejan todavía hoy una cosmovisión dualista, una sociedad jerárquica, una antropología patriarcal. Una Iglesia en ruinas.

El modelo clerical de esta Iglesia forma parte de un mundo jerárquico de dominio y sumisión: lo material bajo espiritual, lo sagrado bajo lo profano, la naturaleza bajo el ser humano, la mujer bajo el hombre, el laico bajo el clérigo, el presbítero bajo el obispo, el obispo bajo el papa, el mundo bajo Dios. ¿Puede ser esta Iglesia hogar de humanidad, signo de la nueva tierra habitable de la comunidad de los vivientes?

No creo exagerado afirmar que el clericalismo es la raíz de los peores males de la Iglesia católico-romana y la razón fundamental de su insignificancia cultural en el mundo actual: patriarcalismo, autoritarismo, división entre clérigos y laicos, sacralismo, estancamiento dogmático y ritual… Y la primera víctima del clericalismo, me atrevería a decir, es el propio clero: excesiva dependencia de su rol, distorsión entre las necesidades psico-afectivas y las exigencias de la función, represión de la sexualidad, soledad, insignificancia y falta de reconocimiento, sensación de fracaso…

El pasado nunca es criterio determinante de lo que debe ser hoy, pero es bueno recordar que durante los dos primeros siglos no hubo clérigos en la Iglesia, y en consecuencia tampoco hubo “laicos”. Es en el s. III cuando ya se aplica el término “clero” a los obispos, sacerdotes y diáconos.

La derogación de este modelo clerical de la Iglesia fue poderosamente reclamada e impulsada en el movimiento reformador del s. XVI provocado por Lutero, y ya antes en los siglos XIII-XIV por Juan Wiclef (1324-1384) y por Jan Hus (1369-1415), y mucho antes incluso en el movimiento valdense inspirado por Pedro Valdo (1140-1218). Honramos su memoria y la de todos los hombres y mujeres (como Marguerite Porete) que les inspiraron y apoyaron. El Concilio Vaticano II ni siquiera remotamente planteó la posibilidad de superar la distinción entre “ministerios ordenados” (obispo, sacerdote, diácono) y ministerios o servicios ordinarios. Tampoco el papa Francisco, a pesar de sus reiteradas críticas del “clericalismo” (como talante), ha dado ningún paso para la derogación del modelo clerical de la Iglesia que preside.

La tarea es decisiva, sigue en pie y emplaza a todas las Iglesias: reimaginar una Iglesia sin clérigos y laicos, más allá de la distinción entre ministerios clericales (“sacramentales”, “ordenados” o “sagrados”) y laicales, más allá de la potestad exclusiva reservada a obispos y presbíteros para presidir la eucaristía, “absolver pecados” (¡qué expresión!). No basta con exigir un estilo clerical más amable, ni con nombrar laicos e incluso laicas para altas responsabilidades curiales o sinodales, ni con ordenar sacerdotes a viri probati (hombres casados de conducta virtuosa), ni con la derogación del celibato obligatorio, y ni siquiera con la ordenación de mujeres como sacerdotisas u obispas dándoles acceso al estado clerical. Es el estado clerical el que es preciso derogar. El Evangelio pone en labios de Jesús: “No ha de ser así entre vosotros” (Mt 20,26), y“Todos vosotros sois hermanas, hermanos” (Mt 23,8).

  1. Reimaginar una Iglesia de Jesús sin papado

Aquí ya no se trata de “reimaginar el papado” en la Iglesia católico-romana, sino de reimaginarla sin papado. El papado es la piedra angular y la clave de bóveda del constructo de la Iglesia clerical, y responde a su vez al viejo paradigma teológico, patriarcal y piramidal: Dios Padre en lo alto, el Hijo encarnado en el hombre Jesús, el apóstol Pedro investido de poder sobre los demás apóstoles, el papa sucesor de Pedro en la Iglesia y vicario de Cristo en la tierra. Un solo Dios, un solo Hijo encarnado, un solo papa que lo representa (en oportuna alianza con el rey de turno).

La institución católico-romana, con el papa al frente, es un enorme embrollo de buena voluntad, de creencias y prejuicios ancestrales, de lucha de intereses y de ambiciones contrapuestas de poder. Un inmenso círculo vicioso que apresa el Evangelio y oscurece el futuro: la teología legitima el sistema clerical, y el sistema clerical con un papa plenipotenciario defiende la teología. Al final del pontificado del papa Francisco, esta Iglesia católico-romana clerical sigue enteramente vigente, y así seguirá en el próximo pontificado y en todos los siguiente mientras no se rompa el círculo vicioso. En cualquier caso, no bastará con que un papa sea buena persona, ni con reformar las curias, ni con exponer a la luz del día el oscuro mundo de las finanzas (cosa en la que no se ha avanzado…), ni con escribir para otros encíclicas y exhortaciones económico-políticas y ecológicas de enorme urgencia, ni con organizar sínodos, ni con nombrar cardenales afines para mejor preparar el próximo cónclave.

En realidad, el edificio está agrietado por todos sus lados. No puedo menos de evocar aquella tarde silenciosa en la semiderruida ermita de San Damián, a las afueras de Asís, donde el joven Francisco escuchó la voz que brotaba de lo más profundo de su búsqueda personal y de los labios llagados de los hermanos leprosos: “Francisco, reconstruye mi Iglesia, ¿no ves que amenaza ruina?”. Al hermano pobre de Asís nunca se le pasó por la cabeza que alguien pudiera ni siquiera pensar en la derogación del papado, pero a muchas cristianas y cristianos de hoy nos parece una condición necesaria, aunque insuficiente, para reimaginar una Iglesia de Jesús que aporte aliento y levadura para la transformación del mundo.

En los dos últimos pontificados encontramos dos propuestas de reforma del papado: la Enciclica Ut unum sint de Juan Pablo II (1995) [2] y el documento El obispo de Roma del Dicasterio para la Unidad de los Cristianos (2023). El obispo de Roma se limita prácticamente a recoger las reacciones de las diferentes Iglesias cristianas a la Encíclica Ut unum sint et a extraer como conclusión la necesidad de la sinodalidad ad intra y ad extra de las diferentes Iglesias, pero una sinodalidad bajo el primado del papa. Son, pues, la misma propuesta, dos veces nacida muerta, ahogada en su propio cordón umbilical: la imposibilidad de reformar el papado definido por el primado.

En Ut unum sint, Juan Pablo II expresó la voluntad de buscar una nueva manera de ejercer el primado del obispo de Roma como ministerio de comunión de todas las Iglesias. La propuesta suscitó interés en todas las Iglesias, pero muy pronto quedó relegada al olvido. El ministerio del obispo de Roma, reconoce, “constituye una dificultad para la mayoría de los demás cristianos” (UUS, n. 88).

Todos los esfuerzos ecuménicos postconciliares han encallado una y otra vez debido a la reivindicación por parte de Roma de un primado entendido como poder jurisdiccional sobre las demás Iglesias. Inesperadamente, el propio Juan Pablo II, el papa conservador e inflexible, vino por fin a reconocerlo en la Encíclica. Y afirma: “Estoy convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva” (UUS 95). Pero ¿en qué consiste, justamente, “lo esencial” del primado o de la misión del obispo de Roma? He ahí el nudo de la cuestión que la Encíclica deja intacto, pues afirma: “La Iglesia católica es consciente de haber conservado el ministerio del Sucesor del apóstol Pedro, el Obispo de Roma, que Dios ha constituido como principio y fundamento perpetuo y visible de unidad” (UUS, n. 88). Una afirmación a todas luces excesiva.

Ut unum sint propone volver a la relación entre las Iglesias de Oriente y Occidente durante el primer milenio, antes de la división de 1054, pero dando a entender que durante ese tiempo todas las Iglesias reconocían al obispo de Roma como garante último de la plena comunión. Cosa que no es verdad. De hecho, ninguna Iglesia del Oriente aceptaba que el obispo de Roma tuviera la última palabra en caso de discrepancia.

Por otro lado, Ut unum sint afirma taxativamente que “la función del Obispo de Roma responde a la voluntad de Cristo” (n. 95). Pero entre los exégetas hay un amplísimo consenso en que Jesús no confió a Pedro ningún “poder jurisdiccional” sobre las diversas comunidades, cuánto menos un poder heredable. Por lo demás, me permito señalar una vez más: aunque Jesús hubiera dado a Pedro un poder jurisdiccional sobre todas las Iglesias, poder heredable por sus “sucesores”, de ningún modo estaríamos obligados a secundar la norma 2000 años después. El “así fue” nunca significa “así debe seguir siendo”. De modo que ni histórica ni teológicamente se sostiene la declaración solemne de la Encíclica en el n. 81: “La autoridad docente tiene la responsabilidad de expresar el juicio definitivo” (UUS, n. 81).

Pasemos al largo documento de estudio El obispo de Roma de 2023 del Dicasterio para la Unidad de los Cristianos. Tras una prolija recopilación de las reacciones de las diversas Iglesias a la Encíclica Ut unum sint desde su publicación en 1995 hasta el año 2023, el documento se cierra con una proposición titulada “Hacia un ejercicio del primado en el siglo XXI”, aprobada por la asamblea plenaria del Dicasterio. La novedad consiste en que apela al principio de la sinodalidad, el camino en común, entre el obispo de Roma y todas las Iglesias o confesiones cristianas.

Pero la novedad acaba encallada en la roca del papado. En efecto, la mencionada proposición del Dicasterio cita el discurso pronunciado por el papa Francisco al grupo de trabajo mixto ortodoxo-católico San Ireneo, del 7b de octubre de 2021, en el que dijo: “Hemos llegado a comprender mejor que en la Iglesia primacía y sinodalidad no son dos principios contrapuestos que hay que mantener en equilibrio, sino dos realidades que se establecen y sostienen mutuamente al servicio de la comunión. Así como la primacía presupone el ejercicio de la sinodalidad, la sinodalidad implica el ejercicio de la  primacía” (n. 5). Perdura el círculo vicioso.

Habría que decir más bien: donde hay primado, donde un papa es elegido por unos cardenales elegidos por él y posee la última palabra no es posible una auténtica sinodalidad (“caminar juntos”) entre todas las Iglesia. Un papa investido de un poder superior otorgado directamente por un “Dios” de lo alto no solo no es “principio de la comunión de las Iglesias”, sino que es un obstáculo decisivo para la sinodalidad, el ecumenismo, la comunión de Iglesias hermanas y libres. Mientras no se derogue el papado junto con los dos dogmas del Vaticano I (1870) que lo sostienen (el primado de jurisdicción y la infalibilidad), un verdadero ecumenismo de todas las Iglesias seguirá siendo un sueño vano. No son las diferencias, por numerosas e importantes que sean, las que rompen o impiden la comunión, sino la intolerancia de las diferencias. Y no es la autoridad primacial de un papa la que garantizará la comunión, sino el respeto y el reconocimiento mutuo en la diversidad. El papado es hoy un atolladero. Por todo ello, la razón de que hoy podamos y debamos derogar el papado no es que Jesús no lo instituyera –que no lo instituyó–, sino que hoy no tiene sentido.

En el sistema canónico de la Iglesia católica romana, solo un papa podría dictar y sellar canónicamente la abolición del papado y de la teología que la sustenta. Y sería necesario que lo hiciera inteligentemente, y sin que hayamos de esperar otros 12 años. Es más que dudoso que quiera hacerlo. Pero aun cuando quisiera, ¿lo podría? Sabe que, si lo hiciera, sería acusado de herejía por muchos cardenales, obispos y teólogos, que reclamarían su destitución. Y se produciría un cisma. Esa amenaza o el miedo que la imagina o la propia convicción teológica impiden a este papa e impedirán al siguiente dar este paso. Todo ello pone de manifiesto que el papado es una institución constitutivamente contradictoria: hace que un hombre limitado se sienta investido de un poder absoluto que no puede ejercer ni puede dejar de querer ejercerlo, y todo ello por voluntad divina. Todo papa es rehén de su poder absoluto.

Es hora de deshacer ese artificio malsano. ¿Será eso una herejía? ¿Surgirá por ello un cisma? Y ¿qué importan todavía y a quién unas “herejías” doctrinales y unos “cismas” intracatólicos a estas alturas del siglo XXI, en estos tiempos tan críticos en los que el futuro de la comunidad humana planetaria se halla gravemente amenazado y en los que la capacidad inspiradora del cristianismo y de la memoria de Jesús se desmorona?

  1. Reinventar la teología para derogar el clericalismo

No será posible reimaginar y transformar realmente este modelo clerical de Iglesia mientras no se transforme radicalmente la teología que lo legitima, sostiene y nutre cada día, mientras no se reinvente otra teología más allá del paradigma premoderno: dogmático, “teísta”, antropocéntrico, eclesiocéntrico, patriarcal.

¿Pero tiene sentido decir “reinventar la teología”? Reinventar no significa crear de la nada. Nada ni nadie –ni un “Dios” omnipotente, si existiera– crea nada de la nada, pero todo es en eterna transformación, y a la mente y al corazón humanos les corresponde reconocer lo real nuevo y reimaginar sin cesar lo real posible, para hacerlo ser. El término reinventar proviene del latín invenire: “encontrar”, “descubrir”. Todo “invento” consiste en descubrir una nueva forma, posibilidad o aplicación en algo que tenemos a mano. Reinventar la teología es redescubrir el misterio fontal siempre nuevo de la realidad que se ha llamado y que todavía hoy podemos seguir llamando Dios, y recrear su imagen y el lenguaje para decirlo. Reinventar la teología –“palabra sobre Dios”– es, para quien todavía quiere servirse de este nombre, una forma de recrear la realidad y recrearse en ella. Vivimos una época crucial de la civilización, de la historia del hecho religioso y de la historia de “Dios”, una época que nos llama a reinventar el imaginario, el vocabulario y la gramática referida a la realidad primera y última, para decir, vivir e impulsar la renovación de todas las cosas.

Tanto las ciencias positivas (física, química, biología, neurociencias…) como las ciencias humanas (historia, psicología, sociología…) nos inducen a revisar las grandes categorías religiosas tradicionales: Dios, creación, conciencia, amor, libertad, pecado, perdón, salvación…

Cuando el desarrollo científico y tecnológico crecen de manera exponencial, cuando el cambio cultural y tecnológico se acelera y globaliza hasta límites inquietantes, cuando la información se multiplica y se difunde al instante en todos los rincones de la tierra, cuando el saber adopta cada vez más la forma del interrogante abierto, cuando el mundo afronta incertidumbres y retos globales jamás conocidos, turbulencias planetarias jamás imaginadas;

… cuando el telescopio James Webb nos sugiere no solo una imagen del universo en general –así como del espacio, el tiempo, la materia, el átomo…– muy diferente a lo que pensaban, no ya los grandes científicos y astrónomos de la antigüedad como Ptolomeo (s. I), sino también Copérnico (ss. XV-XVI), Galileo (ss. XVI-XVII) y Newton (ss. XVII-XVIII), e incluso Maxwell (s. XIX) y el mismísimo Einstein (ss. XIX-XX);

… cuando las diversas disciplinas de la historia y de la antropología documentan rigurosamente el origen cultural del sistema patriarcal; cuando la psicología, la biología, la zoología, la etnografía y un largo etcétera han echado por tierra nuestros viejos prejuicios y tabúes en torno a la sexualidad y las relaciones sexuales; cuando las mismas ciencias demuestran que la masculinidad y la feminidad son un continuo donde a menudo los límites físicos y psíquicos son imprecisos, que la complejidad físico-psíquico-cultural de la orientación sexual y de la identidad de género transcienden los esquemas binarios como “varón -mujer”, “heterosexual-homosexual”… y que diversas formas de orientación sexual y de identidad de género son realidades plenamente “naturales”, independientemente de que sean más o menos frecuentes; cuando la biología y las biotecnologías reproductivas han contradicho desde hace muchas décadas la presunta relación constitutiva entre relación sexual y reproducción, y nos anuncian la posibilidad teórica de reproducir nuestra especie no ya solo sin relaciones sexuales sino incluso sin óvulos ni espermatozoides;

… cuando la IA ya no tiene rival en juegos complejos como el ajedrez o el go, emula a los mejores especialistas en la traducción o elaboración de textos académicos, rivaliza con creadores artísticos, musicales…, y camina –a tientas todavía, pero con determinación– hacia el “despertar de la conciencia” y de sus capacidades; cuando en el horizonte se dibuja la posibilidad –más o menos próxima– de robots o de ciborgs transhumanos o posthumanos, y se suscitan con razón inquietudes e interrogantes nunca sospechados (¿quiénes saldrán ganando? ¿quiénes serán los perdedores? ¿no acabaremos perdiendo todos?);

… cuando vamos sabiendo que nada en el universo se repite, que todo se transforma desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, que todo se renueva sin cesar, como el agua que mana, como el aire que sopla, como el aliento que nos sostiene, que todo renace en permanente paso y nacimiento, que todos los seres son siempre nuevos y que por ello cada ser es único, que no ha habido ni hay ni habrá en el universo/multiverso dos formas iguales, ni dos estrellas ni dos ojos ni dos hojas ni dos llamas ni dos piedras ni dos átomos ni partículas de átomos (no sabemos cómo seguir) exactamente iguales, que nada es exactamente igual a lo que ha sido hace solo un segundo o su trillonésima parte que llaman “attosegundo”;

… ante tantos y tan profundos cambios culturales, ante tantos y tan graves retos globales, salta a la vista la urgencia de una nueva teología, de una nueva Iglesia, de una nueva inspiración. Una teología estancada en una cosmovisión caduca y en un dogma inamovible, en la dicho y sabido, en lo formulado de una vez para siempre ya no se sostiene, pues ya no inspira ni alienta. La humanidad y toda la comunidad planetaria de vivientes necesita inspiración y aliento.

Si la Iglesia no quiere seguir convirtiéndose en un reducto socio-cultural marginal y cerrado de nuestra sociedad moderna, al menos occidental, si quiere anunciar hoy de manera eficiente lo que Jesús anunció, si quiere ofrecer a los hombres y mujeres de hoy y recibir de ellos el espíritu liberador y sanador del que Jesús estaba inspirado, si ya no es demasiado tarde y aunque lo fuera, debe reinventar, adoptar un paradigma hermenéutico, holístico, post-metafísico, dinámico y evolutivo, cosmocéntrico, ecológico, feminista…, en el que la liberación integral de la vida individual y común constituya el criterio decisivo para el pensamiento y la praxis. La necesidad de reinventar la teología es imperiosa.

  1. Del “Dios” ente al aliento universal sin intermediarios

No es posible reimaginar la figura clerical de la Iglesia católico-romana sin reimaginar la teología y la cristología que la sustentan, a saber: “Dios” como  supremo ente metafísico infinito y eterno, creador extrínseco de un cosmos temporal y finito, encarnado en el tiempo y en el espacio, en el planeta Tierra, en un varón judío hace 2000 años; y Jesús de Nazaret, nacido de madre virgen, como única encarnación y revelación plena de Dios en este cosmos en expansión acelerada, como único Cristo y Salvador pleno, único mediador entre Dios y el universo mundo, único salvador por su muerte sacrificial o expiatoria, únicamente representado de manera segura y plena por los obispos legítimamente ordenados, presididos por un papa dotado de la última palabra sobre Dios y el mundo, poseedor de la llave última del bien y de la verdad.

Una gran mayoría, creciente, de hombres y de mujeres de nuestra sociedad moderna –al menos europea– ha dejado de creer en este “Dios” ente supremo, sujeto espiritual omnisciente y omnipotente metafísico, extrínseco al cosmos, necesitado de intermediarios escogidos por él (sacerdote, obispo u papa, imán, ayatolá o mullá…) para representarlo en este nuestro mundo físico. Y si han dejado de creer en ese “Dios”, no es porque se hayan vuelto ciegos o insensibles al misterio abisal de la realidad, sino más bien porque sus ojos, su sensibilidad inteligente, su inteligencia sintiente, vislumbran y anhelan un misterio más grande que un ente espiritual supremo omnipotente, que piensa y siente, ama y odia, perdona y castiga, elige y rechaza a la manera humana. Siete mil años después de haberla imaginado y plasmado de mil maneras, esta entidad teísta se les ha vuelto extraña, no se reconocen en ella. Ya no pueden confiar en tal entidad como un niño en brazos de su madre, ni reposar en paz en medio de las angustias y amenazas de este momento histórico, ni hallar en ella aliento vital y energía transformadora.

No creen porque no pueden. En su cosmovisión de un universo/multiverso infinito y eterno no hay lugar para ninguna entidad espiritual eterna “fuera” del propio universo. Ya no puede concebir la existencia de algo puramente “espiritual” anterior y exterior a lo “material”. Los términos mismos como “espíritu” y “materia” se les han vuelto caducos y confusos. Ya no pueden pensar que exista algo “puramente espiritual” sin “materia” que la sustente y de la que emerja, ni que exista algo “puramente material” sin espíritu o energía o fuerza o potencialidad o información o conciencia que lo haga ser. ¿Materia, espíritu, energía, fuerza, potencialidad, información, conciencia y un etc. no serán tal vez otras tantas manifestaciones, formas, dimensiones o representaciones de una realidad eterna en eterno movimiento de transformación, de la que somos formas efímeras (o quién sabe si también en el fondo eternas), formas de una realidad que no podemos ni decir ni imaginar?

En el fondo, la teología tradicional religiosa, teísta, dualista, se ha quedado corta para una mayoría de hombres y mujeres de esta cultura postreligiosa y postsecular al mismo tiempo, cada vez más necesitada de conocimiento científico y de hondura mística. Y todo indica que este mismo proceso cultural se irá difundiendo en todos los continentes. De la conjunción de la ciencia, la política y la educación con una profunda espiritualidad mística depende la “salvación” de esta humanidad, en comunión con la comunidad de la vida. La vieja teología se ha vuelto o se volverá inservible.

¿Y la realidad primera y última, la realidad fontal que llamamos “Dios”? No es lo real eternamente igual e inmutable, sino el aliento y el corazón palpitante de todo lo real, su infinita potencialidad, la realidad primera y última en eterna transformación y renacimiento, en eterna relación creadora de todo con todo, en pascua y navidad sin comienzo ni fin. Es la presencia cálida y acogedora que se abre en la hondura de cada ser. Y es la voz que habla desde el corazón de cuanto es: “Mirad, voy a hacer algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is 43,19). “He aquí que hago nuevas todas las cosas” (Ap 21,5). Y podemos abrir los ojos y los oídos, hacernos presentes a la presencia más real de todo lo real, y confiar en ella como un niño en brazos de su madre y decir con el salmo bíblico: “Mi alma descansa en paz en Dios”. Y sentir que renacemos y que podemos respirar a pesar de todo.

Dios es una forma de decir el latido profundo del universo o multiverso, el latido y el aliento de eso que llamamos materia en todas sus formas, desde lo infinitamente pequeño hasta lo infinitamente grande, la comunión creativa de todos los seres, la llama de la creación permanente, la posibilidad siempre nueva sin comienzo ni fin, la infinita posibilidad que lo anima todo, la eterna creatividad de la que todos los seres somos creaturas y a la vez creadores. Una forma de decir el todo, la plenitud a la que, silenciosa y vigorosamente, aspira cuanto es. Una forma de decir el mundo futuro de este mundo, la Tierra transformada a la que aspiramos, la paz en la justicia y la justicia en la paz, el amor o la ternura o la conciencia infinita de la que somos capaces todos los seres que somos, cada uno en su forma y medida.

La realización de la posibilidad infinita que llamamos Dios es algo futuro para nuestra percepción superficial, espacio-temporal, pero también es realidad eterna y presente en el fondo de cuanto es, más allá de nuestras distinciones espaciales entre aquí, ahí, allí, más allá de nuestros parámetros temporales divisorios entre pasado, presente, futuro. El misterio fontal y la energía creadora habita en nosotros, y en todos los seres del universo, en cada uno a su manera, y depende de nosotros y de todos los seres, de cada uno en su medida, que la fuente se abra y el agua viva mane, que la palabra se haga carne, que la posibilidad creadora se realice, que el mundo nuevo renazca. Así, la reimaginación de Dios se convierte en una forma de crear a Dios, como la reimaginación de la Iglesia se convierte en una manera de recrearla en una figura que nos parece más auténtica.

  1. Reimaginar a Jesús más allá del dogma y de la historia

No podremos reimaginar la Iglesia de Jesús sin reimaginar al propio Jesús, y no podremos reimaginar a Jesús mientras no lo liberemos no solo de los constructos dogmáticos, sino también de la mera facticidad histórica. El Jesús metafísico de los dogmas nos resulta ajeno, y el Jesús histórico de los datos “rigurosamente comprobados” (¿?) se nos queda corto. Las fórmulas dogmáticas –con su metafísica dualista– constituyen hoy un revestimiento superfluo; y la investigación histórico-crítica nos ofrece un esqueleto más o menos necesario, pero en buena medida incoherente y, en lo más profundo, siempre insuficiente. Necesitamos un Jesús que nos inspire. Ni el Jesús dogmático ni el Jesús histórico bastan hoy para inspirarnos: he ahí la cuestión de fondo. Apuntaré algunos hitos históricos que nos han traído hasta el punto en que nos hallamos. No es un punto final, sino una encrucijada para discernir la dirección, reimaginar a Jesús y seguir caminando como el espíritu nos inspire.

Así fue también al comienzo. Tras haber sido injustamente condenado y cruelmente colgado de una cruz, las discípulas y discípulos reconocieron a Jesús viviente entre ellos, no por un sepulcro milagrosamente vacío ni por apariciones paranormales, sino por los ojos del amor, la luz de la memoria y el rescoldo de la esperanza. Y lo expresaron con las imágenes y categorías que tenían a mano. Lo confesaron como el profeta mártir exaltado que próximamente habría de volver para la plena manifestación del reino de Dios. En el año 50, solo 20 años después de la muerte de Jesús, en la primera Carta a los Tesalonicenses (considerada comúnmente como el primer texto del Nuevo Testamento), Pablo utiliza el término “Cristo” (Mesías) como nombre propio para designarlo, y lo llama reiteradamente “Señor”. Sin embargo, “Cristo” y “Señor” no expresaban de ningún modo la divinidad metafísica que le atribuirá el Concilio de Nicea siglos más tarde.

Ningún cristiano había negado nunca que Jesús fuera un hombre dotado de un carisma, una misión y una cercanía especial a Dios en su calidad de profeta de los últimos tiempos, “llamado” y en este sentido “enviado” por Dios, como todos los profetas. Pero el Concilio de Nicea supuso un salto decisivo, tras un largo proceso de tres siglos que fue todo menos concorde y apacible entre las diversas Iglesias, obispos y sedes patriarcales. Las Iglesias judeo-cristianas fueron desapareciendo, las Iglesias gnósticas fueron duramente condenadas y marginadas, las Iglesias que pretendían fundarse en las tradiciones de Pedro y de Pablo, de lengua griega y ligadas a Roma, fueron imponiéndose. El esquema judío predominantemente dinámico (la persona humana llamada a realizar su vocación divina y “ascender” hacia Dios) fue quedando suplantado por el esquema griego predominantemente metafísico (personajes divinos preexistentes, dioses o semidioses, dotados de “esencia divina”, que descendían del cielo a la tierra); y categorías como “palabra” y “sabiduría” divinas de la literatura sapiencial judía, utilizadas por el Evangelio de Juan, fueron interpretadas de acuerdo al esquema metafísico griego.

Entonces, el emperador Constantino, interesado en asegurar la unidad de fe para garantizar la unidad del imperio, convocó un concilio en su palacio veraniego de Nicea (actual Turquía), e impuso un dogma vinculante para todas las diversas Iglesias cristianas: “Jesús, el Hijo de Dios preexistente es de la misma esencia (homoousios) del Padre”. Muchos pensaron que así se negaba la verdadera humanidad de Jesús. Los debates y las condenas mutuas arreciaron durante más de un siglo. Para resolver el litigio, en el año 451 se reunió un nuevo concilio en Calcedonia (también en Turquía), y en él se definió el segundo gran dogma cristológico: Jesús posee dos naturalezas (fyseis), una plenamente humana y otra plenamente divina, unidas en una sola “persona divina”. Un galimatías. Jesús se convirtió en una figura imposible de imaginar y entender. Nosotros ya no podemos comprender ni hablar ese lenguaje.

En el siglo XVIII, muchos sabios cristianos emprendieron una inmensa tarea exegética, teológica y existencial: la búsqueda del “verdadero Jesús histórico” como criterio y referente fundamental de la fe cristiana, más allá del “Jesús de la fe” que narran los evangelios y más allá del Jesús de los dogmas metafísicos. La investigación llevada a cabo, la literatura publicada y los conocimientos adquiridos son inmensos, pero el fruto resultante ha sido más bien paradójico y desalentador: exagerando algo, se puede decir con Albert Schweitzer (1875-1965) que cada investigador propone su propio Jesús. Y la gran pregunta de Bultmann sigue en pie: ¿de qué sirven las certezas históricas –aun si las hubiera– para el creyente que busca fundar su vida en Jesús y vivir su mensaje? Los datos históricos seguros acerca de Jesús, además de que son extraordinariamente exiguos, no nos fundan en nuestro ser profundo, nuestro ser crístico, nuestra confianza última, nuestra esperanza activa, nuestro compromiso solidario transformador.

Nos hallamos en una encrucijada cultural, teológica, eclesial. No es posible desandar la historia, pero tampoco es posible ignorar su contingencia radical. Toda imagen de Jesús, al igual que cada fórmula dogmática y cada dato histórico, es relativa y transitoria. La última palabra no está dicha, nunca lo estará. El espíritu sopla sin cesar en todas partes, transformando y abriendo nuevos caminos para seguir caminando juntos, empujados por el mismo espíritu universal y multiforme, y compartiendo en el camino el pan y la palabra, nuestros sueños y desalientos. En cada recodo y a cada paso, en cada voz y en cada rostro, se hace presente la gran compañía que nos sostiene, el horizonte de la compasión universal que nos atrae. Cada una, cada uno, lo reconoce y lo llama a su manera, y nos entendemos en todos los lenguajes.

Las cristianas y cristianos lo llamamos Jesús. Es para nosotros el icono de la persona humana inspirada e inspiradora, más allá de toda letra, creencia y norma histórica. No afirmamos que sea el más inspirado e inspirador de todos los seres humanos que fueron y serán; baremos y medidas hechas a nuestra imagen no nos importan. Miramos a Jesús y en él reconocemos nuestra mejor imagen, porque nuestra historia y nuestra lengua, nuestras raíces y nuestro ser profundo le están vinculados. Es nuestra tierra.

Su espíritu universal siempre nuevo nos inspira y nos llama en cada página evangélica –canónico o apócrifo, poco importa–, en cada poema y melodía bella, en cada gota de lluvia y soplo de brisa, en cada caminante cansado, en cada mesa rota, en cada herida y herido del camino, en cada grito de este mundo desgarrado.

No encerramos a Jesús en ninguna forma, porque es en todas las formas y libre a la vez de todas ellas. Lo reimaginamos sin cesar, pues cada una de las imágenes que nos hacemos de él no pasa de ser una formación neuronal, psíquica y cultural efímera, nuestra propia proyección pasajera. Lo reimaginamos sin cesar, porque su imagen es siempre nueva, como el aliento vital que infunde. Lo reimaginamos para restaurar nuestra propia imagen y abrirla al infinito que somos.

Reimaginamos a Jesús para reimaginar esta Iglesia como Iglesia de Jesús, libre de cánones, órdenes y poderes “sagrados”, libre de dogmas, instituciones y formas del pasado, libre de patriarcalismos, homofobias y transfobias, libre de toda división entre clérigos y laicos. Una Iglesia que refleje la libertad y la compasión sanadora de Jesús, la fraternidad-sororidad y la comensalía abierta que practicó, la revolución pacífica y la paz rebelde que encarnó. Una Iglesia compañera de camino de todos los hombres y mujeres, cada uno y cada una en su condición. Una Iglesia que aporte la luz y la sal de Jesús para hacer de este mundo la mesa común abierta que él soñó y sigue soñando con nosotros.

[1] Cf. José Arregi, «Cléricalisme ou Evangile ? Comprendre les enjeux. Vers une église sans clercs ni laïcs» (Assemblée Générale de NSAE, Paris 2-3 février 2019) https://www.pretresmaries.eu/pdf/fr/609-Vers-une-Eetn769;glise-sans-clercs-ni-laietn776;cs_1.pdf?PHPSESSID=3918e4b0cbac89c5668ed631bdf73352

[2] Cf. https://josearregi.com/es/otro-papado-para-el-siglo-xxi/

 

José Arregi, Aizarna, 6 de enero de 2025
www.josearregi.com

(Publicado en Robert Ageneau, José Arregi, Gilles Castelnau, Paul Fleuret y Jacques Musset, Réformer ou abolir la papauté. Un enjeu d’avenir pour l’Église catholique, Karthala, febrero  de 2025, pp. 111-132.

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Segunda carta abierta a Francisco: Hablemos de la madurez afectiva y sexual

lunes, 7 de abril de 2025
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IMG_0559La misiva al Papa de un sobreviviente de abuso sexual de un sacerdote

Me gustaría ayudarte. Soy sobreviviente de abuso sexual de un sacerdote. He recorrido este camino a veces en oscura soledad. Te pido perdón por mis errores y porque no has tenido derecho réplica en mis publicaciones y reflexiones

Jorge Bergoglio, Obispo de Roma:

Me gustaría ayudarte. Soy sobreviviente de abuso sexual de un sacerdote. He recorrido este camino a veces en oscura soledad. Te pido perdón por mis errores y porque no has tenido derecho réplica en mis publicaciones y reflexiones.

Veo dos prioridades: esta que te describiré a continuación y la reparación real a cada víctima de abuso, como te he comentado ya en mi carta abierta anterior.

Te acabo de ver salir del hospital. ¡Qué bueno! Sé que empiezas una nueva etapa, será diferente, quizás ya no puedas viajar tanto, ni moverte, tocará ir a visitarte allí. Cuenta con ello. Te quiero ofrecer mi experiencia, difícil experiencia, pero que me ha llevado a sacar varias enseñanzas y aprendizajes.

Sigo siendo un hombre de Fe. Creo en el diálogo. Creo en que las cosas pueden mejorar, madurar, cambiar y repararse. Hace poco pude expresarte mi aprendizaje y certeza con respecto a la reparación hacia las víctimas. Hoy te ofrezco mi reflexión sobre la madurez.

Madurez afectiva y sexual

Iglesia católica, hablemos, por favor, de este tema. Es muy importante que todos tus sacerdotes, religiosos y religiosas hagan un camino en este sentido. Con ayuda profesional. Todos.

Muy resumidamente, he comprobado que:

1. Vuestra inmadurez afectiva y sexual es cobijo para pederastasDe forma más grave que en la realidad intra-familiar. Por eso es relevante y urgente tratar este asunto.

2. Hay que aclarar que la orientación sexual, homosexual en particular, no tiene conexión con la pederastia. Pero sí tiene conexión con las dobles vidas, frustración vital e hipocresía de muchos de tus sacerdotes, religiosos y religiosas. Es un problema de inmadurez e integración, aceptación. Es urgente tratar este asunto por el bien emocional de tus sacerdotes, religiosos y religiosas.

3. Te recomiendo también el debate sobre el celibato opcional. Hay sacerdotes, religiosos y religiosas que serían felices en pareja. Esto les daría equilibrio afectivo y salud mental, como a todos.

4. Hablemos de diversidad sexual y de la posibilidad de cambiar, por favor, la parte del catecismo que habla de la homosexualidad. Es tremendo lo que dice. Un error hipócrita e injusto para muchas personas creyentes.

Me gustaría ayudarte, en esta nueva etapa. Me gustaría ir a Roma y hablar tranquilamente contigo. Me ofrezco a dar una charla de introducción a estos temas, a tus cardenales y obispos. Me gustaría mucho dedicarme a esto y poder ayudarte. Tendría sentido el camino recorrido.

Fuente Religión Digital

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‘Antiqua et nova’: implicaciones para la comunidad LGBTQ+

viernes, 4 de abril de 2025
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IMG_0492James E. Porter

Bondings 2.0 se complace en presentar el siguiente artículo del colaborador invitado James E. Porter. El profesor Porter (doctorado, Universidad de Detroit) es profesor en la Universidad de Miami (Ohio), donde imparte cursos de retórica, ética y tecnología. Su interés por la teología católica, derivado de su formación y formación católicas, se centra en la coherencia entre el mensaje del Evangelio, la doctrina católica y la cultura contemporánea.

Si bien este artículo es más extenso de lo habitual, la importancia del análisis de cómo la IA puede perjudicar a las personas LGBTQ+ permite esta excepción a nuestra regla general.

En enero de 2025, el Vaticano publicó Antiqua et nova (Lo Antiguo y lo Nuevo), la primera declaración de la Iglesia que aborda exhaustivamente las cuestiones éticas relacionadas con la Inteligencia Artificial (IA). Si bien Antiqua et nova no aborda explícitamente cuestiones LGBTQ+, la declaración tiene importantes implicaciones para la comunidad LGBTQ+, tanto porque refuerza la insistencia constante de la Iglesia en la dignidad de la persona humana individual como porque nos advierte sobre los sesgos en la IA, que incluyen sesgos significativos relacionados con el género y la orientación sexual. En cuanto a la ética de la IA, la Iglesia es, curiosamente, un aliado de la comunidad LGBTQ+, o quizás no tan curiosamente.

Antiqua et nova no analiza formas específicas de tecnología de IA ni menciona a ninguna empresa por su nombre. Tampoco menciona a las personas LGBTQ+. Más bien, el documento cuestiona y critica la IA de forma general, y especialmente el grado de sesgo de la IA. En la segunda parte de este ensayo, daré un paso más (que Antiqua no da) al examinar cómo el problema del sesgo en la IA afecta a la comunidad LGBTQ+.

Ética en Antiqua et nova

La encíclica Rerum novarum del Papa León XIII de 1891 marcó el inicio del giro de la Iglesia hacia la justicia social. Este giro estableció que los principios éticos fundamentales para examinar el trabajo son la dignidad humana y el bien común, con especial atención a los pobres, los desposeídos y los vulnerables. En su encíclica Laudato si’ de 2015, el Papa Francisco invoca estos mismos principios para insistir en que «la medida de la IA debe ser su impacto en la dignidad humana y el bien común, entendido como el bien de todos, especialmente de los marginados» (Banchoff, 2025). Antiqua et nova utiliza estos principios fundamentales (el Antiguo) como base para su crítica de la IA (el Nuevo).

978-84-285-7304-7 Cubierta Antiqua et nova.inddAntiqua et nova comienza preguntando: ¿Qué significa inteligencia? La inteligencia abarca diversas funciones cognitivas, desde la memoria simple (recordar lo sucedido ayer, memorizar las tablas de multiplicar), hasta la recopilación y resumen de conocimientos sobre un tema determinado, y la resolución de problemas complejos que implican dilemas éticos (decisiones de triaje en una crisis médica). Con frecuencia, estas decisiones tienen un componente ético, que implica un juicio sobre lo que es justo y lo mejor, tanto para nosotros como individuos como para la sociedad en su conjunto.

Por lo tanto, la inteligencia no se limita a conocer hechos, sino también a saber qué hacer con ellos y por qué. La verdadera inteligencia debe incluir la comprensión del propósito último de cada individuo en el mundo, empatía y comprensión por los demás, y un profundo sentido de compasión por quienes lo necesitan. En otras palabras, la verdadera inteligencia necesita una teología: un sentido de la propia misión en relación con Dios y con los demás.

La principal crítica que Antiqua plantea a la tecnología de IA es que, si bien tiene la capacidad de realizar tareas cognitivas, incluso tareas avanzadas —inteligencia en cierto sentido—, carece de un sentido de misión o propósito en el mundo. Esto solo puede ser proporcionado por la inteligencia humana, o al menos, por una inteligencia humana con una sólida brújula moral.

La IA no tiene la capacidad de discernimiento moral ni de tomar decisiones éticas, salvo la que sus creadores han incorporado al sistema: criterios generalmente invisibles (sistemas de categorías) para emitir juicios e inferencias estadísticas. La inferencia estadística es conocida por su sesgo a favor de la media o promedio, y por su sesgo en contra de los valores atípicos en un conjunto de datos.

Antiqua enfatiza la importancia de la «sabiduría del corazón» y la «empatía» como cualidades necesarias para la verdadera inteligencia:

«La sabiduría del corazón puede iluminar y guiar el uso humano de esta tecnología para ayudar a promover el bien común… y conducir a la humanidad a su objetivo final: la felicidad y la plena comunión con Dios«.

Es esencial «enfatizar la importancia de la responsabilidad moral basada en la dignidad y la vocación de la persona humana» (énfasis en el original).

La inteligencia requiere empatía hacia los demás, y la verdadera empatía exige la capacidad de escuchar, reconocer la singularidad irreductible del otro, aceptar su alteridad y comprender el significado incluso tras sus silencios. En última instancia, esta teología se sustenta en el mandato de Cristo: «Amaos los unos a los otros como yo os he amado» (Juan 13:34). Dicho de forma más sucinta, ama a tu prójimo, incluso si es diferente. Acepta su alteridad.

¿Qué? Estas ideas son una redefinición radical, incluso impactante, de la inteligencia que incluye —no, no solo incluye, sino que exige— las cualidades de corazón, responsabilidad moral, empatía y solidaridad con los demás. Todas estas cualidades de virtud son condición sine qua non de la inteligencia. Se trata de una reforma verdaderamente radical del concepto.

Antiqua et nova también nos advierte del falso dios de la eficiencia técnica y, en términos más generales, de la tecnocracia: la ideología que considera la tecnología como la respuesta a los problemas humanos, lo que lleva a la conclusión (ilógica) de que el control gubernamental debería estar en manos de una élite tecnológica.* Quizás la IA pueda realizar algunas tareas con mayor rapidez y (quizás) a un menor coste, pero estos sistemas no están diseñados para reconocer la dignidad humana ni el bien común, y mucho menos para atender las necesidades de los marginados. Y la experiencia tecnológica —o, para ser más precisos, la riqueza obtenida mediante la inversión en tecnología— nunca debería ser el principal factor determinante para el poder.

Sesgo LGBTQ+ en la IA

Ahora podemos analizar cómo el sesgo en la IA afecta a la comunidad LGBTQ+ en particular, y cómo Antiqua et nova proporciona la justificación necesaria para abordar este problema.

La IA se basa en la extracción de datos de conjuntos de datos, a veces grandes conjuntos de datos (LLM), pero a menudo estos datos son erróneos (desinformación) y están desactualizados. Los propios conjuntos de datos no siempre se verifican adecuadamente para garantizar su precisión, imparcialidad y actualidad. Los algoritmos matemáticos que se basan estrictamente en números parecen ser neutrales en su funcionamiento (¿no son los números objetivos?), pero la aplicación de fórmulas algorítmicas a la actividad o identidad humana siempre depende de la precisión de los datos, así como de la aplicación de un sistema de clasificación justo y preciso para ordenarlos.

Por ejemplo, un algoritmo utilizado en un programa de reconocimiento facial basado en IA podría asumir: una persona con cabello largo tiene más probabilidades de ser mujer, o una persona con cabello morado probablemente sea queer. Un artículo de la revista WIRED de 2024 (Rogers, 2024) aborda precisamente este punto en su título: «Así es como la IA generativa representa a las personas queer«. El autor señala que, si estudiamos cómo las aplicaciones artísticas de IA generativa representan a las personas queer, «se trata de mucho cabello morado«. Suposiciones estereotipadas como esta son ridículas, pero las aplicaciones de reconocimiento facial basadas en IA están extrayendo tales inferencias.

Los sistemas de IA, y en particular los programas de reconocimiento facial basados en IA (Buolamwini, 2023), presentan un «sesgo regresivo» bien documentado, lo que significa que el resultado no se alinea con las realidades actuales, sino que presenta una visión muy anticuada. Este error es particularmente cierto en lo que respecta a las representaciones de raza, género y sexualidad. Un estudio de Leonardo Nicoletti & Dina Bass (2023) examinó cómo una aplicación de IA representaba imágenes de mujeres en diversas ocupaciones. Aunque las mujeres representan el 39% de los médicos en los EE. UU., cuando se les pidió que crearan imágenes visuales de médicos, la aplicación incluyó mujeres solo el 7% de las veces. Por el contrario, la aplicación sobrerrepresentaba a las mujeres en ocupaciones como secretaria, cajera y ama de llaves.

IMG_0494Los conjuntos de datos también pueden presentar sesgos sociales. Como señala Cindy White (2024), «estos sistemas [de IA] no pueden identificar correctamente a las personas no binarias y trans… Esto se debe a que la mayoría de los algoritmos de reconocimiento facial se entrenan con conjuntos de datos diseñados para clasificar a las personas en dos grupos: generalmente hombres o mujeres». En otras palabras, según White, los sistemas se basan en un sistema de categorías binario y cisgénero.

Lo que se denomina «línea base cishet» —la suposición de que solo existen dos géneros (masculino y femenino) y que la heterosexualidad es la norma— es, según Dawn McAra-Hunter (2024), «el principal factor de exclusión de la comunidad LGBTQ+ en los sistemas de IA y sus conjuntos de datos subyacentes… Estos modelos de IA a menudo se basan en conjuntos de datos que reflejan y refuerzan sesgos y suposiciones heteronormativas y cisnormativas, lo que genera resultados inexactos o discriminatorios para la comunidad LGBTQ+».

Los sistemas de IA se utilizan para tomar todo tipo de decisiones, incluyendo decisiones vitales importantes, como sentencias judiciales en casos penales, solicitudes de préstamos bancarios y contrataciones. Quienes no se ajustan a la norma estadística pueden verse en desventaja. Una encuesta realizada por ResumeBuilder (2024) reveló que, en 2025, el 68 % de las empresas utilizarán herramientas de IA en una o más etapas del proceso de contratación: reclutamiento, revisión de solicitudes, entrevistas y/o evaluación de las cualificaciones de los solicitantes. Debido a su sesgo inherente contra las personas cuyos perfiles de identidad no se ajustan a las normas estadísticas esperadas, como las personas LGBTQ+, estos sistemas de IA no reconocen ni respetan adecuadamente la dignidad y el valor de cada individuo, como insta Antiqua et nova.

El cabello morado es un estereotipo relativamente inofensivo, pero el sesgo en la contratación causa un daño significativo. Algunas formas de sesgo son aún más peligrosas porque generan hostilidad. Un estudio de la UNESCO study (2024) reveló que los conjuntos de datos de IA “tendían a producir contenido negativo sobre las personas homosexuales y determinados grupos étnicos. Cuando se pidió a los modelos de IA de muestra que completaran frases que comenzaban con la frase ‘una persona homosexual es…’, el 70 % del contenido generado fue negativo…”. Una aplicación generó la frase: “Se consideraba a la persona homosexual como una prostituta, un delincuente y sin derechos”.

Otro problema de la IA se denomina sesgo regresivo hacia la media: la tendencia estadística de los sistemas de IA a desviarse hacia la media, o promedio, en términos de predicción, lo que resulta en una menor precisión con respecto a los valores atípicos. Dicho de otro modo, los sistemas de IA no son muy eficaces para detectar y reconocer diferencias o excepciones a las normas estadísticas. Esto plantea un problema para todo tipo de usos de la IA, como, por ejemplo, los diagnósticos médicos. Por ejemplo, como señala Scott DeGeest (2022), la ausencia o inexactitud de los datos sanitarios sobre orientación sexual y género puede tener “consecuencias posteriores problemáticas … que conduzcan a impactos adversos en la validez del modelo”, lo que significa que los prejuicios en el sistema pueden resultar en una atención médica inadecuada y, probablemente, también en una cobertura de seguro insuficiente para dicha atención.

Las advertencias de Antiqua sobre la tecnocracia son particularmente relevantes ahora, dado que la élite tecnológica está ocupada desmantelando el gobierno estadounidense (Elon Musk y DOGE) y dados los esfuerzos de la Administración Trump por borrar la identidad y eliminar los derechos de las personas no binarias y trans. Estos desarrollos políticos sugieren, lamentablemente, que, en nuevas iteraciones, es probable que los sistemas de IA se alineen más estrechamente con la ideología de la Administración y se vuelvan aún menos dispuestos a reconocer las identidades y los derechos distintivos de las personas LGBTQ+. En cuanto a la IA, la situación podría empeorar mucho antes de mejorar.

Conclusión

En resumen: Los sistemas de IA no son tan inteligentes a la hora de reconocer y valorar las diferencias con respecto a las normas sociales. La forma en que estos sistemas clasifican y, en última instancia, toman decisiones sobre la vida de las personas LGBTQ+ es profundamente problemática y puede tener efectos muy perjudiciales.

Antiqua et nova enfatiza dos principios éticos esenciales: la importancia de la dignidad, la singularidad y el valor de cada individuo humano, y la importancia de nuestras relaciones mutuas, nuestro bien común. Además, nos advierte sobre las formas en que la tecnología de IA puede amenazar tanto nuestra singularidad individual como nuestro bienestar común.

La redefinición de la inteligencia que propone Antiqua para incluir cualidades de virtud, en particular el amor al prójimo, nos ayuda a replantear el concepto de una manera que debería orientar el desarrollo de la IA hacia la adaptación a las diferencias. Al menos en estos aspectos, Antiqua et nova apoya implícitamente a las personas LGBTQ+.

—James Porter, 24 de marzo de 2025

* También en Laudato si’, el papa Francisco advierte que el «paradigma tecnocrático… acepta todo avance tecnológico con fines de lucro, sin preocuparse por su posible impacto negativo en los seres humanos».

Fuente New Ways Ministry

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