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“Nuestros hermanos gais y lesbianas son humillados y ofendidos públicamente desde el púlpito, en nombre de Dios””

Lunes, 12 de agosto de 2019

soy-homosexual-tengo-hijos-soy-catolico1Carta de petición abierta al Papa Francisco

Me atrevo a sugerir al Santo Padre que piense en la posibilidad de reformar los numerales: 2357, 2358 y 2359 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) que trata los actos homosexuales como algo “intrínsecamente desordenados…contrarios a la ley natural”

La Iglesia, al margen de lo que dice la ciencia, no debe seguir tratando a las personas LGBTI como a enfermos y perversos que están obligados a observar “la castidad” para así llegar a la “perfección cristiana”

Querido papa Francisco: Es muy probable que esta carta no llegue hasta su escritorio. De todas formas deseo escribirle y expresarle mi admiración y adhesión a su magisterio.

Soy un joven presbítero, hijo de san Ignacio de Loyola, como usted,  que animado por el evangelio y la experiencia de los Ejercicios Espirituales busca la clave para en todo amar y servir a la mayor gloria de Dios y al bien de nuestros semejantes.

Le cuento, Santo Padre, que en algunos círculos se refieren a usted como al “Papa de las sorpresas” por todas las medidas que ha ido tomando en el trayecto de su pontificado. No deja de sorprender su postura abierta y cercana, acogedora y fraterna para con todos: ateos, agnósticos, cristianos, judíos, musulmanes, hombres y mujeres de todas las latitudes, diversos en sus modos y formas.

Su deseo de integrar a la mujer a los estamentos de poder del Vaticano, su radicalidad en contra de los abusos a menores cometidos por obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas de nuestra Santa Madre Iglesia

Aplaudimos su postura abierta y sin juicios condenatorios ante las personas gais y lesbianas que buscan en la iglesia “un recinto de verdad y de amor, de libertad de justicia y de paz” para que todos encontremos en ella un motivo para seguir esperando.

Aplaudimos también la eliminación de la pena de muerte del Catecismo de la Iglesia Católica con la reforma del numeral 2267 “porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”.

Es en esta misma línea en la que me atrevo a sugerir al Santo Padre que piense en la posibilidad de reformar los numerales: 2357, 2358 y 2359 del Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) que trata los actos homosexuales como algo “intrínsecamente desordenados…contrarios a la ley natural”.  Para hacer esta aseveración el Magisterio se basa no en estudios científicos, sino en la Sagrada Escritura y en la Tradición.

No obstante a esos textos de la Biblia a los que alude el Magisterio para condenar la homosexualidad, muchos teólogos, exegetas, historiadores y biblistas católicos (ayudados por las herramientas científicas, como lo pide la Dei Verbum en el numeral 12), han explicado el verdadero significado de estos textos. Y como bien dice la Iglesia, nuestra religión no es una religión del Libro, sino de la palabra de Dios manifiesta en Jesucristo, el verbo encarnado.

Ya hacen tres décadas que la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de “enfermedades mentales”. La Iglesia, al margen de lo que dice la ciencia, no debe seguir tratando a las personas LGBTI como a enfermos y perversos que están obligados a observar “la castidad” para así llegar a la “perfección cristiana”. La perfección cristiana no se encuentra en la castidad ni en el celibato sino en el amor y el respeto a nuestros semejantes.

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Homofobia en la Iglesia y en la sociedad

Santo Padre, muchas personas LGBTI son violentadas a diario en su dignidad e incluso asesinadas sólo por su orientación sexual.  La pena de muerte por actos sexuales consentidos entre adultos del mismo sexo se impone en seis países miembros de la ONU, según el informe de Homofobia de Estado 2019.

También en muchas de nuestras parroquias, a pesar que en los documentos oficiales de la Iglesia se nos invite a acoger con respeto, compasión y delicadeza y a evitar todo signo de discriminación injusta, respecto a las personas homosexuales, (CIC 2358), nuestros hermanos gais y lesbianas son humillados y ofendidos públicamente desde el púlpito  por sacerdotes, obispos y laicos que se cierran al respeto, la compasión y la delicadeza. Y todo esto lo hacen en nombre de Dios y en nombre de la Sagrada Escritura

Ante tantas injusticias debemos ser contundentes. No admitir la posibilidad de que se malinterprete la doctrina de la Iglesia y se preste a incitar al odio y al desprecio. Por eso urge como un grito la reforma del CIC ante muchos temas actuales, pero este en especial porque también “ atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”

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Sant’Egidio: “Todos los católicos están llamados a ser constructores de un mundo sin pena de muerte”

Miércoles, 8 de agosto de 2018

irangaysMahmoud Asgari, 16 años y Ayaz Marhoni, de 18,  ejecutados en Irán por ser homosexuales.

Celam destaca la “claridad profética” de la decisión de Francisco

Una llamada a “respetar la sacralidad de la vida humana en todos los continentes”

(Sant’Egidio/Celam).- La Comunidad de Sant’Egidio acoge con aprecio y satisfacción la decisión del papa Francisco de modificar el Catecismo de la Iglesia católica sobre la pena de muerte.

En la nueva formulación del párrafo 2267, la pena capital se define como «inadmisible a la luz del Evangelio porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona». La decisión del Papa es un impulso más para la Iglesia y los católicos, a partir del Evangelio, para respetar la sacralidad de la vida humana y para trabajar en todos los continentes y a todos los niveles para la abolición de esta práctica inhumana.

La Comunidad, que impulsa desde hace años campañas contra la pena de muerte en todo el mundo, se siente aún más parte de esta lucha de civilización y de humanidad. Estamos convencidos de que un día la pena capital desaparecerá de los ordenamientos jurídicos, como en Europa -único continente que hasta el momento ha desterrado la pena de muerte- y como está pasando ya en muchos países, sobre todo de África.

Con esta decisión del papa Francisco todos los católicos están llamados a ser constructores de un mundo sin pena de muerte.

Por su parte, la Pastoral Carcelaria de América Latina y El Caribe, a través del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam), expresó su gozo por la decisión del papa Francisco de modificar el Catecismo de la Iglesia Católica para “afirmar con claridad profética que la Iglesia rechaza radicalmente la pena de muerte”.

“Exhortamos a los Estados donde en la actualidad se aplica a legislar aboliendo la pena de muerte y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a contribuir a crear en la opinión pública una conciencia cada vez mayor en defensa de la vida, desde la concepción, subrayó.

El comunicado “Sí a la vida, no a la pena de muerte”, lleva la firma del presidente del Departamento de Justicia y Solidaridad (Dejusol) del Celam , monseñor Gustavo Rodríguez Vega, obispo de Nuevo Laredo (México) y del referente latinoamericano de la Pastoral Carcelaria, monseñor Jorge García Cuerva, obispo auxiliar de Lomas de Zamora (Argentina).

 

Texto del comunicado

La Pastoral Carcelaria de América Latina y El Caribe, en comunión con nuestros obispos, a través del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM, queremos compartir con todo el Pueblo Santo de Dios nuestro gozo en el Espíritu por la decisión del Santo Padre el papa Francisco de modificar el Catecismo de la Iglesia Católica para afirmar con claridad profética que la Iglesia rechaza radicalmente la pena de muerte.

El nuevo texto del Catecismo de la Iglesia Católica cita:

” La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo” (CIC 2267).

De esta manera el papa Francisco nos invita a obedecer el mandamiento del Señor “no matarás” (Ex 20, 13) y ratifica el principio de la inviolabilidad de la vida y la dignidad humana, la cual ” no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves” (CIC 2267).

Según el nuevo texto del Catecismo de la Iglesia ” “Se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente” (CIC 2267).

Exhortamos a los Estados donde en la actualidad se aplica a legislar aboliendo la pena de muerte y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a contribuir a crear en la opinión pública una conciencia cada vez mayor en defensa de la vida, desde la concepción.

Esta modificación la asumimos, tal como lo afirma el cardenal Luis F Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como un “auténtico desarrollo de la doctrina católica”, conscientes de que Francisco es Pedro y como Vicario de Cristo en la tierra tiene la facultad y el deber de enseñar y orientar con base en el depósito de la fe y la tradición.

Como agentes de pastoral que caminamos junto con los privados y privadas de libertad subrayamos que siempre hay que creer en la fuerza redentora de la misericordia y en la capacidad del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios de redimirse.

Los discípulos misioneros de Jesús debemos amar, cuidar y defender la vida humana, toda vida humana, por eso nos unimos al papa Francisco y rechazamos la pena de muerte, al igual que la pena hasta la muerte.

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El Papa elimina la pena de muerte del Catecismo de la Iglesia Católica

Viernes, 3 de agosto de 2018

sin-pena_560x280Cambia el punto 2267: “Atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona”

La Iglesia católica “se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo”

Una noticia que nos emociona por su importancia. Gracias, Francisco, por dar este paso, pero da unos más y elimina los artículos condenatorios de la Homosexualidad y, ya de paso, estaría mejor que el estado vaticano se adhiera a la Declaración de los derechos Humanos…

(Jesús Bastante).- “La Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo”. Con estas palabras, el Papa Francisco da un paso de gigante, modificando el artículo 2267 del Catecismo para eliminar cualquier vestigio de aprobación a la pena de muerte.

En una carta, enviada a los obispos de todo el mundo por el prefecto de Doctrina de la Fe, Luis Ladaria, Francisco subraya que “si de hecho la situación política y social del pasado hacía de la pena de la muerte un instrumento aceptable para la tutela del bien común, hoy es cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera luego de haber cometido crimines muy graves”.

La misiva repasa cómo los anteriores pontífices ya fueron dando pasos en esta línea, y constata que independientemente de las modalidades de ejecución, «implica un trato cruel, inhumano y degradante». Debe también ser rechazada «en razón de la defectiva selectividad del sistema penal y frente a la posibilidad del error judicial»”.

“La nueva formulación del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica quiere ser un impulso para un compromiso firme, incluso a través de un diálogo respetuoso con las autoridades políticas, para que se favorezca una mentalidad que reconozca la dignidad de cada vida humana y se creen las condiciones que permitan eliminar hoy la institución jurídica de la pena de muerte ahí donde todavía está en vigor”, concluye la carta de Ladaria a los obispos.

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ANTES Y DESPUÉS

En la nueva redacción se admite cómo “durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común”.

Algo que ahora cambia, esperamos que para siempre, pues “la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves, ni la posibilidad “de redimirse definitivamente”.

Con anterioridad, el Catecismo, en su punto 2267, subrayaba lo siguiente:

La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.

Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.

Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo «suceden muy […] rara vez […], si es que ya en realidad se dan algunos» (EV 56)

Ahora, ese mismo punto, dice:

2267. Durante mucho tiempo el recurso a la pena de muerte por parte de la autoridad legítima, después de un debido proceso, fue considerado una respuesta apropiada a la gravedad de algunos delitos y un medio admisible, aunque extremo, para la tutela del bien común.

Hoy está cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin, se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, pero que, al mismo tiempo, no le quitan al reo la posibilidad de redimirse definitivamente.

Por tanto la Iglesia enseña, a la luz del Evangelio, que «la pena de muerte es inadmisible, porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona»1, y se compromete con determinación a su abolición en todo el mundo.
__________________________
1 FRANCISCO, Discurso del Santo Padre Francisco con motivo del XXV Aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica, 11 de octubre de 2017: L’Osservatore Romano, 13 de octubre de 2017, 5.

Ésta es la carta de Doctrina de la Fe a los obispos de todo el mundo:

1. El Santo Padre Francisco, en el Discurso con ocasión del vigésimo quinto aniversario de la publicación de la Constitución Apostólica Fidei depositum, con la cual Juan Pablo II promulgó el Catecismo de la Iglesia Católica, pidió que fuera reformulada la enseñanza sobre la pena de muerte, para recoger mejor el desarrollo de la doctrina que este punto ha tenido en los últimos tiempos. [1] Este desarrollo descansa principalmente en la conciencia cada vez más clara en la Iglesia del respeto que se debe a toda vida humana. En esta línea, Juan Pablo II afirmó: «Ni siquiera el homicida pierde su dignidad personal y Dios mismo se hace su garante».[2]

2. En este sentido, debe comprenderse la actitud hacia la pena de muerte que se ha afirmado cada vez más en la enseñanza de los pastores y en la sensibilidad del pueblo de Dios. En efecto, si de hecho la situación política y social del pasado hacía de la pena de la muerte un instrumento aceptable para la tutela del bien común, hoy es cada vez más viva la conciencia de que la dignidad de la persona no se pierde ni siquiera luego de haber cometido crimines muy graves. Además, se ha extendido una nueva comprensión acerca del sentido de las sanciones penales por parte del Estado. En fin se han implementado sistemas de detención más eficaces, que garantizan la necesaria defensa de los ciudadanos, han dado lugar a una nueva conciencia que reconoce la inadmisibilidad de la pena de muerte y por lo tanto pide su abolición.

3. En este desarrollo, es de gran importancia la enseñanza de la Carta Encíclica Evangelium vitae de Juan Pablo II. El Santo Padre enumeraba entre los signos de esperanza de una nueva civilización de la vida «la aversión cada vez más difundida en la opinión pública a la pena de muerte, incluso como instrumento de “legítima defensa” social, al considerar las posibilidades con las que cuenta una sociedad moderna para reprimir eficazmente el crimen de modo que, neutralizando a quien lo ha cometido, no se le prive definitivamente de la posibilidad de redimirse». [3] La enseñanza de Evangelium vitae fue recogida más tarde en la editio typica del Catecismo de la Iglesia Católica. En este, la pena de muerte no se presenta como una pena proporcional a la gravedad del delito, sino que se justifica solo si fuera «el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas», aunque si de hecho «los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos» (n. 2267).

4. Juan Pablo II también intervino en otras ocasiones contra la pena de muerte, apelando tanto al respeto de la dignidad de la persona como a los medios que la sociedad actual posee para defenderse del criminal. Así, en el Mensaje navideño de 1998, auguraba «en el mundo el consenso sobre medidas urgentes y adecuadas… para desterrar la pena de muerte».[4] Un mes después, en los Estados Unidos, repitió: «Un signo de esperanza es el reconocimiento cada vez mayor de que nunca hay que negar la dignidad de la vida humana, ni siquiera a alguien que haya hecho un gran mal. La sociedad moderna posee los medios para protegerse, sin negar definitivamente a los criminales la posibilidad de enmendarse. Renuevo el llamamiento que hice recientemente, en Navidad, para que se decida abolir la pena de muerte, que es cruel e innecesaria». [5]

5. El impulso de comprometerse con la abolición de la pena de muerte continuó con los sucesivos Pontífices. Benedicto XVI llamaba «la atención de los responsables de la sociedad sobre la necesidad de hacer todo lo posible para llegar a la eliminación de la pena capital». [6] Y luego auguraba a un grupo de fieles que «sus deliberaciones puedan alentar iniciativas políticas y legislativas, promovidas en un número cada vez mayor de países, para eliminar la pena de muerte y continuar los progresos sustanciales realizados para adecuar el derecho penal tanto a las necesidades de la dignidad humana de los prisioneros como al mantenimiento efectivo del orden público». [7]

6. En esta misma perspectiva, el Papa Francisco reiteró que «hoy día la pena de muerte es inadmisible, por cuanto grave haya sido el delito del condenado».[8] La pena de muerte, independientemente de las modalidades de ejecución, «implica un trato cruel, inhumano y degradante».[9] Debe también ser rechazada «en razón de la defectiva selectividad del sistema penal y frente a la posibilidad del error judicial». [10] Es en este sentido en el que el Papa Francisco ha pedido una revisión de la formulación del Catecismo de la Iglesia Católica sobre la pena de muerte, de modo que se afirme que «por muy grave que haya sido el crimen, la pena de muerte es inadmisible porque atenta contra la inviolabilidad y la dignidad de la persona».[11]

7. La nueva redacción del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado por el Papa Francisco, se sitúa en continuidad con el Magisterio precedente, llevando adelante un desarrollo coherente de la doctrina católica. [12] El nuevo texto, siguiendo los pasos de la enseñanza de Juan Pablo II en Evangelium vitae, afirma que la supresión de la vida de un criminal como castigo por un delito es inadmisible porque atenta contra la dignidad de la persona, dignidad que no se pierde ni siquiera después de haber cometido crímenes muy graves. A esta conclusión se llega también teniendo en cuenta la nueva comprensión de las sanciones penales aplicadas por el Estado moderno, que deben estar orientadas ante todo a la rehabilitación y la reinserción social del criminal. Finalmente, dado que la sociedad actual tiene sistemas de detención más eficaces, la pena de muerte es innecesaria para la protección de la vida de personas inocentes. Ciertamente, queda en pie el deber de la autoridad pública de defender la vida de los ciudadanos, como ha sido siempre enseñado por el Magisterio y como lo confirma el Catecismo de la Iglesia Católica en los números 2265 y 2266.

8. Todo esto muestra que la nueva formulación del n. 2267 del Catecismo expresa un auténtico desarrollo de la doctrina que no está en contradicción con las enseñanzas anteriores del Magisterio. De hecho, estos pueden ser explicados a la luz de la responsabilidad primaria de la autoridad pública de tutelar el bien común, en un contexto social en el cual las sanciones penales se entendían de manera diferente y acontecían en un ambiente en el cual era más difícil garantizar que el criminal no pudiera reiterar su crimen.

9. En la nueva redacción se agrega que la conciencia de la inadmisibilidad de la pena de muerte ha crecido «a la luz del Evangelio». [13] El Evangelio, en efecto, ayuda a comprender mejor el orden de la Creación que el Hijo de Dios ha asumido, purificado y llevado a plenitud. Nos invita también a la misericordia y a la paciencia del Señor que da tiempo a todos para convertirse.

10. La nueva formulación del n. 2267 del Catecismo de la Iglesia Católica quiere ser un impulso para un compromiso firme, incluso a través de un diálogo respetuoso con las autoridades políticas, para que se favorezca una mentalidad que reconozca la dignidad de cada vida humana y se creen las condiciones que permitan eliminar hoy la institución jurídica de la pena de muerte ahí donde todavía está en vigor.

El Sumo Pontífice Francisco, en la audiencia concedida al infrascrito Secretario el 28 de junio de 2018, ha aprobado la presente Carta, decidida en la Sesión Ordinaria de esta Congregación el 13 de junio de 2018, y ha ordenado su publicación.

Dado en Roma, en la sede de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el 1º de agosto de 2018, Memoria de San Alfonso María de Ligorio.

Luis F. Card. Ladaria, S.I.

Prefecto

X Giacomo Morandi

Arzobispo titular de Cerveteri

Secretario

____________________________

[1] Cf. Francisco, Discurso del Santo Padre Francisco con motivo del XXV Aniversario del Catecismo de la Iglesia Católica (11 de octubre de 2017): L’Osservatore Romano (13 de octubre de 2017), 4.

[2] Juan Pablo II, Carta enc. Evangelium vitae (25 de marzo de 1995), n. 9: AAS 87 (1995), 411.

[3] Ibíd., n. 27: AAS 87 (1995), 432.

[4] Juan Pablo II, Mensaje Urbi et Orbi de Navidad (25 de diciembre de 1998), n. 5: Insegnamenti XXI, 2 (1998), 1348.

[5] Id., Homilía en el Trans World Dome de St. Louis (27 de enero de 1999): Insegnamenti XXII, 1 (1999), 269; cf. Homilía durante la Misa en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México (23 de enero de 1999): «Renuevo el llamamiento que hice recientemente, en Navidad, para que se decida abolir la pena de muerte, que es cruel e innecesaria»: Insegnamenti XXII, 1 (1990), 123.

[6] Benedicto XVI, Exhort. Ap. postsinodal Africae munus (19 de noviembre de 2011), n. 83: AAS 104 (2012), 276.

[7] Id., Audiencia general (30 de noviembre de 2011): Insegnamenti VII, 2 (2011), 813.

[8] Francisco, Carta al Presidente de la Comisión internacional contra la pena di muerte (20 de marzo de 2015): L’Osservatore Romano (20-21 de marzo de 2015), 7.

[9] Ibíd.

[10] Ibíd.

[11] Francisco, Discurso del Santo Padre Francisco con motivo del XXV Aniversario dela Catecismo de la Iglesia Católica (11 de octubre de 2017): L’Osservatore Romano (13 de octubre 2017), 5.

[12] Cf. Vincenzo di Lérins, Commonitorium, cap. 23: PL 50, 667-669. En referencia a la pena de muerte, tratando acerca de las especificaciones de los preceptos del decálogo, la Pontificia Comisión Bíblica ha hablado de “afinamiento” de las posiciones morales de la Iglesia: «Con el curso de la historia y el desarrollo de la civilización, la Iglesia ha afinado también las propias posiciones morales con respecto a la pena de muerte y a la guerra en nombre de un culto a la vida humana que ella alimenta sin cesar meditando la Escritura y que toma siempre más color de un absoluto. Lo que está debajo de estas posiciones aparentemente radicales es siempre la misma noción antropológica de base: la dignidad fundamental del hombre creado a imagen de Dios» (Biblia y moral. Raíces bíblicas del comportamiento cristiano, 2008, n. 98).

[13] Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, n. 4.

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Dolan: lo dicho por el Papa a Cruz “es la enseñanza tradicional, católica ortodoxa”

Jueves, 24 de mayo de 2018

dolan¡Hay que tener valor para decir que esto es la enseñanza tradicional de la Iglesia Católica! ¿Es que tampoco los obispos y cardenales se leen el Catecismo de la Iglesia Católica…  Francisco debiera eliminar los infames artículos nn 2357-2359 del Catecismo de la Iglesia Católica que rebosan homofobia, nos llaman desordenados y pretenden que Dios nos ha castigado a vivir en castidad sin derecho al amor… Mientras eso no ocurra… Otra cosa es que Jesús sí hubiera dicho eso, pero no lo hacen los que dicen seguirle…

“Que tú seas gay no importa, dios te hizo así y te quiere así”, afirmó Francisco

El cardenal califica la conversación de “bella” y lo que “Jesús habría dicho”

(Cameron Doody).- Que el Papa dijera a Juan Carlos Cruz que tú seas gay no importa, Dios te hizo así y te quiere así” es “la enseñanza conservadora, tradicional, católica ortodoxa”. Lo ha afirmado el cardenal Timothy Dolan, quien ha declarado que Francisco no hizo nada más en su entrevista con Cruz que declarar la “doctrina católica tradicional ortodoxa” de que la persona humana está hecha “a imagen y semejanza de Dios”.

En una conversación con El País, Cruz -una víctima chilena de pederastia que Bergoglio invitó hace poco a la Casa Santa Marta- reveló además que Francisco le dijo, respecto a su sexualidad, que “el Papa te quiere así, tú tienes que estar feliz con quien tú eres”. La Sala Stampa de la Santa Sede no ha confirmado ni desmentido lo supuestamente dicho por el obispo de Roma, según su política de no revelar detalles de las reuniones privadas del Papa con víctimas de pederastia. Pero el cardenal Dolan no duda de Cruz. “Yo diría que es honesto sobre lo que está informando de lo que le dice el Santo Padre”, ha declarado el arzobispo de Nueva York en una entrevista en la radio.

Partiendo de esta base de veracidad, Dolan ha opinado que la conversación tal como ha sido reportada “es bella”. Especialmente “cuando él le dice ‘por cierto, Santo Padre, soy gay’, y él le dice ‘Dios te ama y yo también'”. “Jesús habría dicho eso. Esa es la enseñanza conservadora, tradicional, católica ortodoxa. Y el Catecismo insiste en eso”, ha apuntado el purpurado.

Si bien Dolan tiene dudas sobre si la homosexualidad es cuestión de naturaleza o de crianza, “esa es un área en la que yo no quisiera entrar”, ha apuntado, “y no creo que el Santo Padre se sentiría competente para hablar de eso”. Y aunque la doctrina siga dictando que “cualquier expresión sexual fuera del matrimonio de hombre y mujer es contraria al propósito de Dios”, eso no significa, para el arzobispo de Nueva York, que no haya que tratar a una persona gay “con nada menos que dignidad y respeto”. “Eso está en el Catecismo”, ha apostillado el cardenal, y “el Santo Padre estaba repitiendo eso”.

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Francisco: “La pena de muerte es inadmisible”

Sábado, 14 de octubre de 2017

sin-pena_560x280Por fin, ojalá sea verdad y también toda la homofobia.

El Papa anuncia su intención de modificar el punto 2267 del Catecismo

Admite que la Santa Sede “ha descuidado que debe primar la misericordia sobre la justicia

(Jesús Bastante/Agencias).- La pena de muerte es inadmisible”. El Papa Francisco quiere cambiar el Catecismo de la Iglesia católica que, en su punto 2267, no excluye su uso “para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”. Ayer, Bergoglio dio un paso más, anunciando que este asunto “debería encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un espacio más adecuado y coherente”.

En un discurso que pronunció en ocasión del XXV aniversario de la firma, por parte de san Juan Pablo II, de la Constitución Apostólica “Fidei Depositum”, el Papa afirmó que “debemos afirmar con fuerza que la pena de muerte es una medida inhumana que humilla, de cualquier modo sea perseguida, la dignidad personal. Y es en sí misma contraria al Evangelio porque se decide voluntariamente suprimir una vida humana que es siempre sagrada ante los ojos del Creador y de la que sólo Dios en una última análisis es verdadero juez y garante”.

Esta problemática no puede ser reducida a un mero recuerdo de enseñanza histórica sin hacer emerger no solo el progreso en la doctrina y obra de los últimos pontífices, sino también en la cambiante consciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud concordante ante una pena que socava en gran medida la dignidad humana”, recalcó Bergoglio, qien insistió en que a ninguno le puede ser quitada no solo la vida, tampoco la misma posibilidad de un rescate moral y existencial que vuelva a favor de la comunidad”.

El pontífice aprovechó para reconocer que también “en el Estado Pontificio”, en alguna ocasión, “se ha hecho recurso a este extremo y deshumano remedio, descuidando que debe primar la misericordia sobre la justicia“. “Asumamos las responsabilidades del pasado y reconozcamos que esos medios eran dictados por una mentalidad más legalista que cristiana”, admitió.

Esto fue en parte a que “la preocupación por conservar íntegros los poderes y las riquezas materiales habían llevado a sobrestimar el valor de la ley, impidiendo ir en profundidad en la comprensión del Evangelio“.

A este respecto, señaló que “la defensa de la dignidad de la vida humana desde el primer instante de la concepción hasta la muerte natural siempre ha encontrado en la enseñanza de la Iglesia su voz coherente y autorizada”.

Qué dice el Catecismo

“La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas”, indica el párrafo 2267, que agrega que “si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana”.

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Nicaragua: Bosco Vivas obispo de León-Chinandega carga contra la inexistente ideología de género

Viernes, 13 de octubre de 2017

Catedral de Leon reportaje por todos sus rincones , entrevista con Obispo Bosco Vivas, y Desfile de modas en Hotel Crowne Plaza , de las Impime, Con la Presencia de Miss Nicaragua Scarllette Allen. Mangua 25 de Nov del 2010.foto Uriel Molina/LA PRENSA [#Beginning of Shooting Data Section] Nikon D300S Focal Length: 70mm Optimize Image: Color Mode: Long Exposure NR: Off High ISO NR: On (Normal) 2010/11/24 21:59:50.4 Exposure Mode: Manual White Balance: Shade Tone Comp.: JPEG (8-bit) Fine Metering Mode: Multi-Pattern AF Mode: AF-C Hue Adjustment: 1/160 sec - F/4 Flash Sync Mode: Front Curtain Saturation: Exposure Comp.: 0 EV Auto Flash Mode: Built-in TTL Sharpening: Lens: 70-200mm F/2.8 G Sensitivity: ISO 1250 Image Comment: [#End of Shooting Data Section] Obispo Bosco Vivas, Foto La Prensa

Hay muchos que han querido ver la exhortación apostólica Amoris Laetitia, como “revolucionaria”

(Israel González Espinoza, Nicaragua).- La primavera de Francisco no termina de cristalizar en algunos sectores de la Iglesia nicaragüense. El obispo de la Diócesis de León-Chinandega y vice-presidente de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, Bosco Vivas Robelo, se manifestó en conferencia de prensa contra de la denominada ideología de género, a la que acusó de querer trastocar el “eje transversal de la sociedad” -la familia-, y remarcó que algunos sectores eclesiales desean hacer ver la exhortación apostólica Amoris Laetitia como una “ruptura” del magisterio anterior proclamado en las enseñanzas de Juan Pablo II y Benedicto XVI sobre la temática familiar.

Las declaraciones de Vivas Robelo, se dieron durante la rueda de prensa que el mismo convocó para anunciar el II Congreso Nacional de la Pastoral Familiar, que se efectuará del 20 al 22 de octubre en la norteña ciudad de Estelí (148 kilómetros de Managua), bajo el lema bíblico Hoy quiero hospedarme en tu casa, tomado del Evangelio de Lucas 19,50. “Lo que deseamos es que todos los hogares de Nicaragua se abran para tener como un huésped de honor al mismo Jesucristo, que quiere traerles la paz a cada una de nuestras familias y hogares”, indicó el obispo Vivas Robelo, quién preside en el seno de la CEN, el Departamento de Familia, Vida e Infancia.

El jerarca católico de León explicó que los tres ejes que se analizarán en el Congreso de la Familia son la ideología de género, la formación de los jóvenes católicos para abrirse al “don de la vida” desde el matrimonio y hacer de las familias una verdadera Iglesia doméstica.

A juicio del obispo Vivas, uno de los grandes males que aqueja a la familia es la penetración de la ideología de género desde los colegios y universidades, y persigue la destrucción del plan de Dios que ha querido perpetuar el género humano desde la relación entre hombre y mujer. “Ya ustedes (periodistas) conocen algo de esto (ideología de género). Se pretende convertir con un eje transversal prácticamente, como algo que implica a toda la vida de un país y a toda la familia, que se supone y es de hecho una célula principal de toda la realidad social y eclesial (…) se pretende destruir la presencia de Dios en la vida humana, incluso pretende corregir la acción de Dios en la creación y en la realidad que Dios ha querido hacer una sola cosa del hombre y la mujer para perpetuar el género humano”, señaló monseñor Vivas Robelo en un auditorio lleno de periodistas.

Vivas Robelo, sin embargo, fue más allá y comparó a la ideología de género con el ateísmo, porque -a su juicio-, quienes viven o practican esta ideología desechan de Dios, para llevar una vida de desenfreno sexual sin rendir cuentas a nadie.

“Tenemos que responder a programas donde la ideología de género está planteando retos en colegios, que incluso ya hay alguna universidad que ya tiene como alguna orientación muy fuerte de no sólo impartir la ideología de género sino considerarla como un punto de partida válido. Se pretende construir el presente y el futuro de la familia sin Dios ¡No es atea siquiera! Porque el ateo se toma la molestia de decir que no cree. El que tienen una ideología de género ni se molesta en decir que no cree en Dios, simplemente prescinde de Él”, manifestó el obispo de León y Chinandega.

De este modo, quedaron temas sociales importantes relegados del Congreso dedicado a la Familia, tales como la violencia contra las mujeres y en las familias, el fenómeno migratorio que separa a los miembros de un núcleo familiar y el nivel de vida socio-económico precario que poseen muchas familias nicaragüenses, sobre todo las más pobres.

Otro punto importante que omitió decir el obispo Bosco Vivas Robelo fue que en Nicaragua ya existe una política estatal pro-vida y pro-familia que patrocina el gobierno de Daniel Ortega desde su retorno al poder en 2007.

En mayo de 2014, durante la primera -y hasta hoy única- reunión del jefe de Estado con el Episcopado nicaragüense, el presidente Ortega y su esposa -hoy vicepresidenta del país- Rosario Murillo, criticaron el aborto terapéutico, la investigación con células madre y el llamado matrimonio igualitario, pero ambos guardaron silencio cuando los obispos le entregaron el histórico documento titulado En búsqueda de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor, una especie de radiogarfía apremiante de país dónde le pedían entre otras cosas, una efectiva democratización del país.

bosco-vivas-con-daniel-ortegaCon el Presidente Daniel Ortega

Esa vez, el obispo de Estelí Juan Abelardo Mata Guevara manifestó que “los puntos torales (de documento episcopal) no fueron respondidos. Hubo silencio total”, según detalla un reportaje del semanario socialdemócrata Confidencial.

También Vivas Robelo olvidó ante los medios la influencia que ejerció el sector más conservador de la Iglesia en conjunto con las sectas evangélicas nicaragüenses durante la formulación del nuevo Código de la Familia promulgado en 2012 por la Asamblea Nacional -controlada por el gobernante Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN)-, durante el cual en su redacción final quedó fuera del mismo los núcleos familiares que no constituyen el esquema clásico de familia: Padre, madre e hijos. También desde 2006 el aborto en cualquiera de sus formas está penalizado en Nicaragua.

Lo que no olvidó monseñor Bosco Vivas Robelo es resaltar que el día final del II Congreso de Pastoral Familiar de Nicaragua, coincide con la fiesta litúrgica de Juan Pablo II -pontífice que nombró obispo a Bosco Vivas-, y que durante su pontificado tuvo enfoques conservadores sobre la temática familiar. “Providencialmente, el 22 (de octubre) ocurre la fiesta de San Juan Pablo II, que como sabemos fue un verdadero amante de la vida familiar. Aunque es domingo, y su fiesta propiamente queda relegada por la celebración del día del Señor sin embargo es significativo que sin habérnoslo pretendido, coincidiera esta clausura con el recuerdo de éste santo a quién conocimos en Nicaragua y que se distinguió entre tantas cosas buenas que Dios le dio por su respeto, amor y doctrina sobre la familia”, manifestó emocionado el obispo Vivas Robelo.

Amoris Laetitia: Sí, pero no…

bosco-vivas-y-obandoCon el Cardenal Miguel Obando y Bravo…

Cuestionado por este corresponsal sobre sí durante el congreso de la familia se abordaría el tema del acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar y la elaboración de pastorales específicas para los miembros de las minorías sexuales y mujeres que han abortado, dentro del marco de análisis de estudio de la exhortación apostólica post-sinodal Amoris Laetitia, el obispo Vivas Robelo aseguró que ciertos sectores eclesiásticos han querido vender la idea que el documento del Papa Francisco sobre la familia es “revolucionario sin atender al magisterio papal precedente. “Estos asuntos que ha señalado no han estado ajenos a la preocupación pastoral de todos los obispos del país. Efectivamente se ha estudiado la exhortación apostólica Amoris Laetitia del Papa Francisco, se ha visto que ahí hay continuidad entre lo que el Papa nos está diciendo, porque se ha presentado muchas veces la encíclica (sic) desvinculándola de todo el magisterio anterior como una revolución total o un cambio total dentro de la pastoral en la Iglesia…”, enfatizó el obispo Bosco Vivas.

Vivas Robelo aseguró que la exhortación aspostólica Amoris Laetitia es una renovación y profundización sobre cómo dar respuestas desde la Iglesia a problemáticas actuales de la familia pero remarcó que la doctrina sobre los tres temas -aborto, minorías sexuales, comunión a divorciados vueltos a casar-, no ha cambiado. “No ha habido ningún cambio, ahí siempre permanece lo que hemos recibido porque esa es la historia de las creencias de la Iglesia (…). Cuando vemos que la doctrina va profundizándose no es que vaya adecuándose al mundo, sino que va buscando la manera como darle al mundo una medicina que ya la tiene pero que requiere método diferente por las circunstancias que va viviendo en cada época“, subrayó.

Preguntado por una periodista de la cadena televisiva Vos TV sobre el llamado que han hecho colectivos que trabajan con las minorías sexuales para que sean reconocidos sus derechos en el seno de la Iglesia, el obispo Bosco Vivas explicó que la Iglesia “no discrimina” a nadie por su orientación sexual, sin embargo remarcó que la doctrina oficial eclesial sobre el tema contemplada en el Catecismo de la Iglesia Católica es “lo que aprendió del Señor” manifestando que en la vida hay sólo dos caminos: el camino que lleva al cielo y un camino que separa a las personas de Dios.

Nosotros como Iglesia apreciamos a todo ser humano, cualquiera sea su tendencia incluso sexual. En la Iglesia no hay ningún desprecio, segregación para nadie por su pensamientos o comportamientos sin embargo la Iglesia lo que dice (sobre el tema) es lo que aprendió del Señor. Invita a todos, cualquiera sea su tendencia incluso en el campo sexual a vivir de acuerdo al Evangelio. (…) Eso (homosexualidad) está dentro de cada quién. Dios sabe, es un misterio todo esto que nosotros como decía el Papa no podemos condenar a nadie y la Iglesia de hecho no condena a nadie por sus tendencias, pero sí te dice las cosas de acuerdo al Evangelio. A algunos quizás les satisface, a otros no”, indicó monseñor Bosco Vivas.

Esquiva preguntas sobre situación socio-política de Nicaragua

Monseñor Vivas Robelo se mostró reacio a contestar preguntas sobre la coyuntura social y política de la nación centroamericana, pese a ostentar la vicepresidencia de la CEN. Cuando un periodista le preguntó sobre el proceso electoral municipal que se está desarrollando en el país, contestó que “ése es otro tema. Estamos en el mundo y lo entiendo”. Sin embargó no omitió decir que espera que la justa democrática -que ha sido cuestionada por la oposición como un mero formalismo del gobierno para adjudicarse la gran mayoría de los ayuntamientos-, se desarrolle en paz, sin odios y divisiones argumentando que el Episcopado jamás aceptará que la violencia sea vista como estrategia política.

También aseguró que aunque próximamente los obispos de Nicaragua se reunirán el 21 de octubre para evaluar planes pastorales y la realidad del país, aún no se concreta la idea de emitir un mensaje como Conferencia Episcopal sobre las elecciones municipales. Frente a las preguntas de los comunicadores, monseñor Vivas Robelo señaló que ya existe demasiada documentación sobre asuntos electorales por parte de la jerarquía católica nicaragüense que siguen teniendo validez de cara a los próximos comicios. “Si es que parece a la Conferencia Episcopal oportuno emitir un comunicado respecto a las elecciones, lo haremos. Ya de hecho hay bastante documentación nuestra en asuntos electorales que pueden seguir siendo válidos también para estas próximas elecciones”, concluyó Vivas Robelo.

¿Quién es Bosco Vivas Robelo?

Bosco Vivas Robelo, es el obispo más antiguo en activo de la Conferencia Episcopal de Nicaragua. Nació el 14 de noviembre de 1941 en Masaya, Nicaragua. Estudió en el Colegio Salesiano de la misma ciudad y en el Colegio Calasanz de Managua de los padres escolapios.

Ingresó al Seminario Interdiocesano de Fátima de Nicaragua y concluyó sus estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote por el Beato Pablo VI el 17 de mayo de 1970 en la Basílica de San Pedro.

Fue un estrecho colaborador del entonces arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo, quién pidió a la Santa Sede que lo convirtiera en su obispo auxiliar en 1981. Durante éste periodo, que coincidió con la Revolución Popular Sandinista, adoptó posturas conservadoras contra los sacerdotes que simpatizaban con la teología de la liberación y deseaban acompañar críticamente y pastoralmente el proceso revolucionario (1979-1990).

En 1991, sucedió al Obispo franciscano Julián Barni como jerarca católico de León. Ha desempeñado diversos cargos en la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) desde 1981. Actualmente, es vicepresidente del Episcopado nicaragüense y encargado de la Comisión de Familia, Vida e Infancia del mismo.

Durante su largo obispado al frente de la Diócesis de León-Chinandega, la Catedral de León fue elevada a Patrimonio de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), gracias a sus gestiones en conjunto con el gobierno de Enrique Bolaños Geyer (2002-2006).

Diócesis “en problemas”

En un análisis minucioso redactado por el sacerdote y teólogo español Rafael Aragón Merina, OP. publicado en la revista jesuita Envío de la Universidad Centroamericana (UCA) -titulado “Un retrato en grises de la Iglesia nicaragüense”- expresa que la Diócesis de León experimenta serios problemas debido al “acomodamiento y debilidades” del clero diocesano.

El sacerdote en el texto ilustra la situación de la Iglesia leonesa de la siguiente manera: “En la diócesis de León está el obispo Bosco Vivas. Las debilidades propias del clero de León explican el acomodamiento que se observa en esta diócesis. Esas debilidades ponen al obispo y a su clero en dificultades: temen que, si hablan diciéndole al gobierno “cuatro cosas”, el gobierno les pueda sacar “ocho cosas” y eso los mantiene callados”.

Fuente Religión Digital

 

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Osoro rechaza las agresiones al colectivo LGTB

Miércoles, 2 de agosto de 2017

1448450185_carlos_osoro113_kr¿Nos puede explicar el sr. Cardenal cómo pretende pedir respeto hacia las personas LGTBI sin cambiar ni una coma de la doctrina oficial de la Iglesia católica que en su Catecismo considera la homosexualidad “una inclinación, objetivamente desordenada…”?

No queremos misericordia, exigimos RESPETO.

“Hay que respetar la dignidad”

“Eso no signfica que uno haga suyas todas las pretensiones de estas personas”

El cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, ha defendido el respeto a la dignidad y acogida de cualquier persona independientemente de su tendencia sexual, al ser preguntado por los ataques homófobos denunciados últimamente por asociaciones del colectivo LGTB y tras la celebración del WorldPride en la capital.

En una entrevista con Europa Press, ha indicado que para estos casos lo mejor es recordar “lo que dice el catecismo y lo que el santo padre recogiendo la opinión de todos los obispos reunidos en el sínodo de donde salió el documento ‘Amoris laetitia’, dice: ‘la Iglesia siempre tiene que hacer suyo el comportamiento de nuestro señor Jesucristo que en un amor ilimitado se ofrece a todas las personas sin excepción”.

“Ante todo tengo que reiterar que toda persona independientemente de la tendencia sexual ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto procurando evitar todo signo de discriminación injusta”, ha indicado el cardenal Osoro, preguntado al respecto.

matrimonio_gayOsoro ha añadido que “ese mismo respeto” se pide a “todas las personas que puedan vivir una situación así, por lo tanto no cabe caso de discriminación”. A continuación, ha añadido que “eso no significa que uno haga suyas todas las pretensiones de estas personas”.

Sobre qué opina de que el polémico autobús de Hazte Oír vuelva a salir a la calle después de que la Audiencia de Madrid haya levantado la inmovilización del vehículo al entender que no está cometiendo ninguna ilegalidad, Osoro no ha querido entrar a valorar el asunto.

Lo que sí ha hecho ha sido recordar lo que dijo en su día cuando surgió el tema. Entonces, se hacía una pregunta: “Qué nos pasa para no saber lo que nos pasa?”. “Eso nos introduce a saber leer nuestra vida desde una luz que no es la propia sino la que nos viene de una central mucho mas grande que la que podamos tener cada uno, que es Dios mismo”, ha concluido.

Catecismo de la Iglesia católica y Homosexualidad:

 La homosexualidad designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva o predominante, hacia personas del mismo sexo. Reviste formas muy variadas a través de los siglos y las culturas. Su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado. Apoyándose en la Sagrada Escritura, que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados». Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso. Un número apreciable de hombres y mujeres presenta tendencias homosexuales profundamente arraigadas.

Esta inclinación, objetivamente desordenada, constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que puedan encontrar a causa de su condición. Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.

Catecismo de la Iglesia católica (nn. 2357-2359)

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El papa Francisco: “La Iglesia debe pedir perdón a los homosexuales”

Miércoles, 29 de junio de 2016

la-iglesia-y-los-gaysLo tiene muy fácil, pida perdón YA… El problema es que, para que sea creíble esa petición de perdón, Francisco debiera eliminar los infames artículos nn 2357-2359 del Catecismo de la Iglesia Católica que rebosan homofobia, nos llaman desordenados y pretenden que Dios nos ha castigadfo a vivir en castidad sin derecho al amor… Mientras eso no ocurra… Parole, parole, parole

El papa afirmó que tanto los homosexuales como otros grupos marginados por la Iglesia merecen una disculpa por parte de la Iglesia.

A bordo del avión rumbo a Roma tras un viaje a Armenia, el pontífice fue preguntado acerca de si estaba de acuerdo con uno de sus principales asesores, el cardenal alemán Reinhard Marx, quien dijo durante una conferencia en Dublín, en los días posteriores al letal ataque en Orlando dentro de un club gay, que la Iglesia les debe una disculpa a los homosexuales por haberlos marginado.

El Papa Francisco ha declarado tras viajar a Armenia que la Iglesia – no como constitución, sino los creyentes integrantes de la comunidad cristiana – debería disculparse con las personas homosexuales, así como con otros colectivo desfavorecidos a lo largo de la historia. A pesar de ser una gran noticia, especialmente para los homosexuales religiosos, las declaraciones hay que cogerlas con pinzas, ya que no es la primera vez que Francisco se pronuncia negando la igualdad de gays y lesbianas.

Durante el vuelo, el pontífice afirmó que la Iglesia no tenía derecho a juzgarlas, sino que debería respetarlas.  Dijo que algunos comportamientos politizados de la comunidad homosexual pueden ser criticados por ser “un poco ofensivos para otros”, y volvió a responder con una variante de su “¿Quién soy yo para juzgarlos?”, que ya pronunció el 2013 y que despertó tantas esperanzas como suspicacias.

Preguntado sobre la homosexualidad, el Papa afirmó que:

Lo que dice el catecismo de la iglesia católica es que la homosexualidad es un desorden, sin embargo que las personas homosexuales no deben ser discriminadas por ello, sino respetadas y asesoradas pastoralmente. Creo que la Iglesia no sólo debe pedir perdón a las personas gais que ha ofendido, sino también a los pobres y a las mujeres que han sido explotadas, a los niños obligados a trabajar, ofrecer disculpas por haber bendecido tantas armas y por no haber acompañado a las familias que enfrentaban divorcios o que experimentaban otras situaciones, porque no se ha comportado como debería en muchas ocasiones, cuando digo la Iglesia me refiero a los cristianos, que somos los pecadores.

Sin embargo, desde la comunidad LGBT estas declaraciones han sido acogidas con bastante escepticismo, ya que los sectores religiosos siguen intentando presionar para limitar los derechos civiles del colectivo gay, discriminando a las personas homosexuales en todos los países en los que está presente.

Además, hace un mes el propio Papa declaró que aunque el matrimonio igualitario se esté aprobando en varios países, la objeción de conciencia debe ser un derecho al que toda persona puede acogerse si así lo estima conveniente.

Fuente Agencias/Religión Digital, AmbienteG/Cáscara Amarga

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El extraño concepto de “gay célibe”

Jueves, 5 de febrero de 2015

timthumb.phpQue cada uno se “administre” como pueda o quiera, pero este texto que nos ha llegado vía Near Gay, demuestra el daño que puede hacer la homofobia internalizada. La obsesión de los homófobos por “castrarnos” es enfermiza, pero que encima haya homosexuales que se dejen…

Nunca diré de mí mismo que soy un hombre gay, porque sé que debo “reconocer y aceptar” humildemente la naturaleza sexual que Dios me dio: soy un hombre hecho para la mujer. Y no hablo de mí mismo como célibe porque no he hecho voto de no casarme nunca, que es lo que hace una persona célibe.”

Últimamente se ha prestado mucha atención, tanto en medios laicos como cristianos, a quienes se denominan a sí mismos “cristianos gay célibes”. Como hombre atraído por otros hombres y comprometido con la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la sexualidad humana, encuentro extraños los conceptos de “gay” y “célibe”. De hecho, en el contexto en el que se enmarca la virtud de la castidad, ninguno de ellos tiene sentido.

El don de las virtudes puede resumirse en las palabras de Cristo: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”. “El hombre cristiano”, dice Gaudium et Spes, se conforma “con la imagen del Hijo, que es el Primogénito entre muchos hermanos… [Cristo] manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” y es “el hombre perfecto” (n. 22). Su vida es paradigma para el hombre y las virtudes son el patrón según el cual vivió Cristo, el hombre perfecto.

Los mandamientos no son unos arbitrarios “haz esto y no hagas aquello”. Más bien son la forma en la que el hombre viviría naturalmente si supiese lo que realmente es. Quienes tienen virtud vivirán espontáneamente según los mandamientos. No las perciben como imposiciones que nos niegan el placer, sino como salvaguardas para evitar que nos hagamos daño a nosotros mismos y a los demás. Así fue el caso de Cristo.

Pese a lo que la mayoría de la gente pueda pensar, la virtud de la castidad, como todas las virtudes, no se refiere principalmente a lo que podemos o no podemos hacer. Más bien, la castidad es la virtud que nos ayuda a ver las cosas verdadera y objetivamente -las cosas como realmente son- en el ámbito de la sexualidad. Esta claridad de visión es necesaria para la verdadera libertad humana y para el verdadero bienestar del hombre. Es la castidad la que nos da la libertad de ordenar nuestros apetitos sexuales y por tanto de tomar decisiones en consonancia con la realidad. Cristo vivió como un hombre casto, no porque siguiese cada punto y cada coma de la ley (lo cual, por supuesto, hizo), sino más bien porque vivió de acuerdo con la verdad de lo que significa ser un hombre hecho a imagen y semejanza de Dios. Como Cristo, un hombre que verdaderamente sabe quién es llevará naturalmente una vida de castidad.

Si aplicamos esto a la homosexualidad, la razón por la cual no debo tener una relación con un hombre no se basa en un capricho arbitrario de Dios. Es inmoral porque es irracional que los seres humanos vivan así, dado el tipo de criatura que son los seres humanos.

Digámoslo de forma más sencilla: la razón por la cual es inmoral para mí vivir según mis deseos e inclinaciones subjetivas es precisamente que no soy, en realidad, un gay.

Ni lo es hombre alguno.

He escrito a menudo sobre las razones por las que rechazo la palabra gay para describirme, y por qué creo que es un error que alguien reivindique esa etiqueta. La cuestión nuclear es antropológica: ¿quién es hombre? ¿Es el hombre un tipo de criatura que puede describirse con propiedad como “gay”?

La razón fundamental por la que rechazo el término “gay”, sin embargo, es la humildad ante mi Creador. En la segunda lectura de la misa del domingo pasado escuchamos las palabras de San Pablo: “¿Es que no sabéis que vuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?” (I Cor 6, 19).

Ese “no os pertenecéis” es básico en esta cuestión. Esto evoca las palabras del Papa Benedicto XVI hablando ante el Bundestag alemán en 2011, cuando dijo: “El hombre no es solamente una libertad que él se crea por sí solo. El hombre no se crea a sí mismo. Es espíritu y voluntad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha, y cuando se acepta como lo que es, y admite que no se ha creado a sí mismo. Así, y sólo de esta manera, se realiza la verdadera libertad humana”.

¿Por qué entonces debería denominarme a mí mismo como gay, sólo porque encuentro a los hombres sexualmente atractivos? Está en oposición a la forma en la que Dios me hizo y a la naturaleza que me dio. Independientemente de lo que mis sentimientos puedan decirme, mi cuerpo me revela la verdad de que no soy gay, sino más bien un hombre hecho para una mujer.

El Catecismo es claro sobre nuestra identidad sexual: “Corresponde a cada uno, hombre o mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuos” (n. 2333).

Aceptarme a mí mismo como verdaderamente soy me obliga a rechazar la idea de que tengo una identidad sexual distinta de ser un hombre hecho para las mujeres. Reconocer esta verdad sobre quién soy como criatura sexual es fundamental para la virtud de la castidad. Sin embargo, cuando esto se aplica a la homosexualidad, muchos parecen creer que la continencia sexual es el signo distintivo de la castidad. Pero no es así. En la vida de cualquier persona soltera, la continencia es un signo necesario de castidad, pero no expresa la plenitud y la amplitud de esa virtud. La castidad es mucho más que lo que hacemos o dejamos de hacer con nuestros órganos sexuales. El Catecismo nos dice que “la castidad significa la integración lograda de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual” (n. 2337).

Vivimos una época en la que la unidad del hombre en su ser corporal y espiritual es vista como pasada de moda y obsoleta. “El género está entre tus orejas, no entre tus piernas”, dijo Chastity (Chaz) Bono, hija de Sonny y Cher, en el programa Good Morning, Americatras comenzar su proceso quirúrgico de cambio de sexo.

La idea de que el género y la sexualidad residen en la mente, o pueden ser elegidos a voluntad, se opone al bienestar humano y a la verdadera naturaleza del hombre. Sabiamente, la Iglesia nos ofrece el antídoto contra esa perspectiva por medio de la virtud de la castidad. La Iglesia no habla de género, sino de dos sexos con dos correspondientes identidades sexuales. Lo que nos señala nuestra verdadera identidad sexual es la hermosa diferenciación del cuerpo. Por esa razón agradezco las sabias palabras escritas en 1986 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, cuando dijo que “hoy, la Iglesia propone un contexto muy necesario para el respeto a la persona humana cuando rechaza considerar a la persona como heterosexual u homosexual, e insiste en que toda persona tiene una identidad fundamental: ser criatura de Dios y, por la gracia, hijo suyo y destinado a la vida eterna”.

Esta verdad sobre mi identidad sexual es la razón por la cual también rechazo denominarme célibe. Aunque vivo una vida de soltero, no soy diferente al resto de mis amigos solteros que todavía no se han casado. Ellos no se definen a sí mismos como célibes, así que yo tampoco tengo por qué hacerlo. Ellos y yo somos solteros. Tampoco formo parte de una “minoría sexual”, como algunos dirían de hombres como yo. Yo soy un hombre, como lo era Adán, como lo era Cristo, como lo son el resto de mis amigos varones.

Como sabiamente dijo en 1986 la Carta sobre la Atención a las Personas Homosexuales de la Congregación para la Doctrina de la Fe, “cualquier persona que viva sobre la faz de la tierra tiene problemas y dificultades personales, pero también tiene oportunidades de crecimiento, recursos, talentos y dones propios” (n. 16). Una de mis dificultades es que sufro la privación del bien de ver a las mujeres como sexualmente deseables, pero ese hecho no me convierte en una especie de hombre distinta a la del resto de hombres del mundo que me rodean. La virtud de la castidad me enseña esta verdad.

Por tanto, pienso que la expresión “gay célibe” rechaza la verdadera naturaleza de aquel a quien Dios hizo hombre en el jardín del Edén. Nunca diré de mí mismo que soy un hombre gay, porque sé que debo “reconocer y aceptar” humildemente la naturaleza sexual que Dios me dio: soy un hombre hecho para la mujer. Y no hablo de mí mismo como célibe porque no he hecho voto de no casarme nunca, que es lo que hace una persona célibe. Aunque creo muy improbable que llegue a casarme, mi naturaleza como hombre y mi humildad ante la dirección de Dios en mi vida deben mantenerme abierto a la posibilidad de que Dios dirija mis pasos hacia la unión en matrimonio con una mujer.

En mi opinión, definirme como “gay célibe” me parece un acto de rebelión contra la forma en la que Dios me dio el ser. Si me defino como “gay”, rechazo mi verdadera identidad sexual, y el tipo de criatura emocional, física y fisiológica que Dios me hizo ser. Definirme “célibe” cuando no he hecho votos de celibato parece un rechazo obstinado a la potencial voluntad de Dios en mi vida, de que Él pueda desear traer hasta mí una mujer con la que pueda realizar mi complementariedad sexual. Sería arrogante cerrar la puerta a la posibilidad de que Dios me llame al matrimonio por el hecho de que mi identificación como “hombre gay” me obligase a vivir una vida de celibato. Eso no tiene sentido.

El concepto de “gay célibe” proviene de una visión empobrecida y confusa sobre la castidad. La castidad no es lo mismo que la continencia sexual, ni se define por el celibato. La castidad consiste en vivir de acuerdo con la verdad de las cosas y de que Dios nos hizo criaturas sexuales. Consiste en vivir la vida con una relación correcta con la realidad, donde vemos nuestra sexualidad a través de “la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual”. Mi cuerpo es una brújula más fiable que mis sentimientos, y siempre indica mi verdadera identidad sexual. Como mi padre, sabiamente, me dijo cuando era niño, “los sentimientos son importantes, pero no siempre nos dicen la verdad”.

Por encima de todo, la castidad consiste en la naturaleza real de las cosas. No tengo que escoger una identidad sexual. Las identidades sexuales no son cosas que puedan elegirse, porque no somos nuestros dueños. Tenemos identidades sexuales dadas por Dios. Podemos aceptar esa verdad y vivir una vida basada en la realidad. Y podemos rechazar esa verdad. Pero si lo hacemos ¿cómo podremos nunca vivir una vida plenamente casta?

Artículo publicado originalmente en Crisis Magazine.
Traducción de ReL.

[Daniel Mattson es una de las tres personas católicas, dos hombres y una mujer, que prestan testimonio sobre su atracción por el mismo sexo en la película El deseo de los collados eternos.]

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