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Justin Welby: ‘Jesucristo seguro que no habría obtenido una visa británica’

Lunes, 25 de noviembre de 2019

Justin Welby Appointed As The New Archbishop Of CanterburyEl arzobispo de Canterbury criticó el sistema de inmigración de Boris Johnson

El primado de la Iglesia anglicana se expresó así sobre la propuesta de ley migratoria del primer ministro Boris Johnson

La implantación de un sistema similar al que funciona en Australia, basado en la evaluación de varias características del aspirante, está siendo promovida por varios líderes del Partido Conservador británico

(Gaceta mercantil.com).- El primado de la Iglesia anglicana, Justin Welby, criticó el sistema de inmigración basada en puntos propuesto por el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson.

“Nuestro fundador Jesucristo, por supuesto, no era blanco, de clase media y británico”recordó el arzobispo de Canterbury durante la conferencia CBI Business, celebrada este lunes en Londres.

“Ciertamente, no habría obtenido una visa, a menos que nos falten particularmente carpinteros”, agregó, con sorna.

La implantación de un sistema similar al que funciona en Australia basado en la evaluación de varias características del aspirante —por ejemplo, sus calificaciones, salario, habilidades y competencias lingüísticas— está siendo promovida por varios líderes del Partido Conservador británico.

“Restauraremos el control democrático de la política de inmigración después de que salgamos de la UE. Tenemos que estar mucho más abiertos a la inmigración altamente cualificada, como los científicos, pero también debemos asegurar a la población que al salir de la UE tenemos control sobre la cantidad de inmigrantes no cualificados que ingresan al país. […] Otros países como Australia tienen sistemas geniales y debemos aprender de ellos”, dijo Johnson en junio pasado.

La ministra del Interior británica, Priti Patel, de origen indio, secundó en octubre esas afirmaciones y aseguró que el sistema propuesto contribuiría tanto a la economía como a la soberanía del país.

“[Hay que] poner fin a la libre circulación de personas de una vez por todas. En su lugar, introduciremos un sistema de inmigración basado en puntos al estilo australiano. Uno que funcione en el mejor interés del Reino Unido. Uno que atraiga y acoja a los mejores y más brillantes. […] Y uno que esté bajo el control del Gobierno británico”, declaró en el congreso anual de su partido en Manchester.

Por su parte, militantes del Partido Laborista pidieron a su líder, Jeremy Corbyn, promover una radical política promigratoria como uno de los puntos centrales de su programa electoral para los comicios generales, que tendrán lugar el próximo 12 de diciembre.

Este lunes, Corbyn prometió que sus partidarios no le “darán la espalda” a la inmigración.

Fuente Religión Digital

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Alejandro Solalinde: “Asistimos al brutal enfrentamiento entre el sistema neoliberal y la migración”

Jueves, 19 de septiembre de 2019

el-sacerdote-mexicano-alejando-solalinde_560x280La discriminación existía antes que Trump pero él es la personalidad exacta, precisa para hacer esa crisis y ese enfrentamiento con la migración”

Hay gobiernos “que están dispuestos a ser manipulados para hacerle el juego al sistema capitalista”

Deben buscarse nuevas formas para ayudar a los migrantes, “que ahora cumplen estancias más prolongadas” 

El sacerdote y activista mexicano Alejandro Solalinde opinó este martes que la migración centroamericana que busca llegar a Estados Unidos a través de México no será detenida ni controlada por negociaciones como las existentes entre los gobiernos de ambos países norteamericanos.

“La migración nadie la puede detener, estas negociaciones tampoco la van a detener, aunque (las autoridades estadounidenses) no quieren el 56% de detenciones (en México) y quieren el 100%, de todas formas seguirán pasando y sabemos que siguen entrando a EE.UU.”, dijo Solalinde en Ciudad de México.

Lo hizo durante la presentación de un especial de televisión sobre las “Caravanas”, que será emitido el 18 de septiembre y que analiza la forma en que México se ha convertido en uno de los escenarios principales del reciente fenómeno social de los migrantes que huyen de la pobreza y la violencia de sus países agrupados para mayor seguridad.

Estas caravanas comenzaron a llegar a México a mediados de octubre de 2018, formadas por miles de migrantes, en su mayoría centroamericanos, que cruzan el territorio mexicano para llegar a Estados Unidos. A raíz de este éxodo, el presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció a finales de mayo la imposición de aranceles a todos los productos importados de México si este país no frenaba la migración.

A raíz de este éxodo, el presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció a finales de mayo la imposición de aranceles a todos los productos importados de México

Solalinde manifestó que desde octubre de 2018, cuando comenzaron a llegar a México las caravanas de migrantes, “nos ha tocado asistir al brutal enfrentamiento entre el sistema neoliberal-capitalista y la migración que siempre ha habido, pero esta migración es diferente a las anteriores”.

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Explicó que el enfrentamiento está representado por el presidente Trump, “el hombre más poderoso de la tierra, un blanco supremacista que no inventó el ‘trumpismo’ (discriminación). Ya existía antes de él pero él es la personalidad exacta, precisa para hacer esa crisis y ese enfrentamiento con la migración”.

El activista ejemplificó ese duelo como una pelea de boxeo, “en la que al cuadrilátero subieron a una esquina a la migración, que no pega pero se defiende, y en la otra esquina a Trump, pero no está solo”Como árbitros o mediadores, añadió, están los gobiernos y todos aquellos actores “que están dispuestos a ser manipulados para hacerle el juego al sistema capitalista”.

No obstante este escenario, Solalinde consideró que “esta pelea ya está ganada y la va ganar la migración, porque Trump y el sistema capitalista están en derrota moral y franca decadencia”. Señaló que las migraciones van a marcar, sin duda, el siglo XXI y serán el signo más importante de los cambios a nivel mundial.

Sobre el apoyo a migrantes en México, el sacerdote cree que los albergues -él dirige uno en el estado de Oaxaca- ya cumplieron su objetivo y deben buscarse nuevas formas para ayudar a los migrantes, “que ahora cumplen estancias más prolongadas”, no cómo en otras épocas en las que solo paraban unos días.

Fuente Religión Digital

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“Notas sobre la migración en la Biblia”, por Raúl Lugo.

Lunes, 25 de marzo de 2019

JESUS-CON-MALETAS-2De su blog Iglesia y Sociedad:

Esta entrega es solamente un gesto, tímido, insuficiente, para expresar mi pesar por los comentarios discriminatorios y, algunos, abiertamente racistas, a propósito de la caravana de personas que huyen de una vida de pobreza y tragedia y dejan su tierra, en este caso Honduras, con la esperanza de encontrar un lugar en el mundo donde el pan, la justicia y la amistad sean posibles. Son algunas notas solamente sobre cómo en la Biblia aparece el fenómeno de la migración y la itinerancia humana. Ojalá sirvieran para abrir brazos y hacer caer muros.

Migración en la historia de Israel

Los relatos bíblicos iniciales son una reflexión sapiencial sobre los orígenes de Israel. Estos relatos incluyen en variadas ocasiones el fenómeno de la errancia. Adán y Eva son expulsados del paraíso y tienen que abandonarlo, después de haber desobedecido las órdenes de Dios (Gen 3,23-24). Caín es también condenado a andar vagando después de que asesina a su hermano Abel (Gen 4,14): el Señor le marca la frente para evitar que fuera asesinado por otros, pero no le dispensa la errancia. Curiosamente el texto dice que Caín “habitó en Erets Nod, al este del Edén” (Gen 4,16), ciudad cuyo nombre es altamente simbólico porque quiere decir “Vagatierra” o “Tierra de Vagancia”, no en el sentido de estar ocioso y sin oficio, sino en el sentido de “andar por varias partes, sin sitio o lugar determinado o sin especial detención en ninguno”, como señala el diccionario. La prehistoria bíblica termina también con una imagen de emigración. Se trata del relato de la torre de Babel (Gen 11,1-9), que termina en un decreto divino: “confundamos su lenguaje, de modo que o se entiendan los unos a los otros. Así Yahvé los dispersó sobre la superficie de la tierra…” (Gen 11,7-8). En la prehistoria bíblica, pues, la migración aparece como fruto de un error humano, de una rebeldía contra Dios. El estado ideal perdido, en cambio, es el de un paraíso fijo, estable, tierra de felicidad.

Pero, a contrapelo de esta concepción sapiencial, la historia bíblica, al menos en sus inicios más remotos, está marcada por el abandono de una tierra y el viaje hacia otra. Las narraciones patriarcales reflejan un ambiente de pueblos pastores nómadas, que se mueven a través de territorios organizados en ciudades-estado. El clan semita de Abrahán, que habita en tiendas, procede de Jarán (Gen 12,4) y, más remotamente de Ur de los Caldeos (Gen 11,31). La movilidad de Abrahán es digna de llamar la atención: Siquem, Betel, Négueb, Egipto, regreso a Betel, Hebrón, etc. Todo el territorio israelita es recorrido por este viajero incansable. Perpetuamente emigrante, Abrahán no encuentra reposo sino hasta comprar un pedazo de tierra para enterrar a su esposa (Gen 23), acción relatada en un texto de indudable significación simbólica.

El nomadismo es, pues, el ambiente en el que surgió la primitiva revelación de Dios según la Biblia (Dt 26,6-10). Algunas costumbres del nomadismo permanecieron incluso cuando Israel se hizo un pueblo sedentario, como la venganza de la sangre (Go’el), y en su lenguaje coloquial, los hebreos conservaron muchas marcas de este pasado nómada, por ejemplo, la palabra “tienda” para designar a la casa (Jue 20,8; 1Sam 13,2; 1Re 12,16). El caso es que los patriarcas del Génesis son presentados como extranjeros en Canaán. Son unos marginados con relación a las ciudades cuyos santuarios frecuentan de manera episódica. Son pastores de ganado menor en vías de sedentarización, de costumbres complejas que tienen afinidades con otros pueblos circunvecinos.

Así pues, en la historia antigua de Israel puede decirse que hay dos concepciones que miran de distinta manera al fenómeno de la emigración: una visión que acusa poca estima de la vida nómada, como la historia de Caín y Abel en la que el pastor tiene las simpatías del autor, mientras que Caín, el agricultor, termina errante en el desierto, refugio de sedentarios decaídos y de gente fuera de la ley. Lo mismo puede decirse de la visión negativa del desierto, como morada de animales salvajes (Is 13,21-22) y lugar en el que se soltaba al macho cabrío con los pecados del pueblo (Lev 16).

Pero existe también una visión ideal del nomadismo: el desierto es lugar de los desposorios del pueblo con Dios (Jer 2,2; Os 13,5; Am 2,10), mientras que la vida urbana está llena de peligros por el lujo y la comodidad (Am 3,15; 6,8). La civilización urbana guarda el riesgo de la corrupción moral y la perversión religiosa. Comienza a crearse una mística del desierto que se prolongará en la experiencia de la secta esenia en Qumrán.

Los relatos del Éxodo nos dan una nueva faceta del fenómeno de la emigración en la Biblia. Los historiadores no alcanzan aún a ponerse de acuerdo en si los HAPIRU o HABIRU o IBRI, nombre del que después de derivará HEBREOS, era una etnia o una clase social. Parece ser que el origen del vocablo es peyorativo, algo así como el equivalente de “merodeador o bandido”, pero documentos extrabíblicos nos los muestran con jefes a la cabeza, aunque se hace difícil seguirles la pista en cuanto grupo. La última vez que aparecen en algún documento, es sirviendo como trabajadores forzados en el Alto Egipto. Es por eso que, actualmente, casi todos coinciden en que el término ‘hebreo’ usado en los relatos del Éxodo no es un término nacional o racial, sino que designa a aquellos asiáticos a quienes los egipcios mantienen en relación de servidumbre. Eso hace conveniente distinguir entre hebreo e israelita (una denominación mucho más tardía) e identificar a los hebreos de la Biblia con los HAPIRU. No se trata, pues, de una denominación de origen étnico, sino social. Lo que parece unir a personas de procedencias diferentes es su posición en la escala social egipcia: su calidad de siervos pobres, esclavos sin defensa. Es precisamente por esta característica que Moisés puede servir de punto de confluencia entre todos.

Después de salir de la esclavitud de Egipto, el pueblo comienza la marcha por el desierto, recordada por los textos bíblicos en una doble interpretación: el tiempo de las relaciones más puras, del primer amor entre Dios e Israel (Jer 2,1-3), ya que Israel estaba abandonado completamente en los brazos de Yahvé, y ningún Baal se había metido entre ellos dos, como después sucedería en el establecimiento agrícola. En el desierto, Dios ha alimentado, vestido y calzado a Israel (Dt 29,5). Pero también existe una visión menos idealizada que recuerda la travesía por el desierto como dolorida consecuencia de sus culpas. El pueblo de Dios en el desierto aparece en los textos como una chusma obstinada, terca e incrédula (Sal 78,8.17.32.40.56; Sal 136; 106; 78): el desierto como sinónimo de prueba, tipo del juicio futuro (Ez 20,35). Finalizada la marcha por el desierto, los textos miran la entrega de la tierra de Canaán como la última acción salvífica de Dios. La mal llamada conquista de Canaán es una muestra más de la difícil convivencia e interrelación entre un pueblo inmigrante y los habitantes naturales de un territorio.

Leyes a favor de los migrantes y extranjeros

Después del triunfo de Ciro sobre los babilonios, aplicada una política de tolerancia, los judíos emprenden el camino de vuelta a su tierra, un regreso progresivo y reducido, lo que quiere decir que muchas familias judías decidieron quedarse en lo que fue su lugar de exilio y hacerlo su nueva patria, pero manteniendo lazos de unidad con su cultura madre. Una cara de la migración que suele ser soslayada.

Al lado de este fenómeno está el planteamiento de nuevos problemas para los deportados que regresan a su tierra. Particularmente dolorosa es la relación con los que se habían quedado en la tierra sin haber sido deportados (Zac 5,1-5; Ag 1,2-11; Ez 33,23-39). Con la vuelta del destierro y la reconstrucción del templo, la comunidad judía se fue haciendo cada vez más cerrada. La observancia de la Ley de Moisés se convierte en signo privilegiado de identidad y en fortalecimiento de un sentimiento nacionalista que irá creciendo cada vez más. ¿Cómo tratar ahora a los no judíos? ¿qué tipo de relación se entablará con los extranjeros? Hay dos tendencias para responder a esta problemática: la expresada en los libros de Esdras y Nehemías, que pugnan por el aislamiento de la comunidad y la conservación escrupulosa de la identidad nacional. Por otro lado están los libros de Rut y de Jonás, que muestran la posibilidad de refundar la identidad judía en el marco de una gran apertura a los otros pueblos. Esta tendencia, lamentablemente, quedó en desventaja histórica frente a la primera.

Tener una tierra propia plantea el reto del trato a los extranjeros inmigrantes. Había dos clases de extranjeros: los MOKRI, que eran extranjeros que se encontraban de paso por el país, viajeros o comerciantes. Eran protegidos por la Ley de Moisés y se tenía con ellos deber de hospitalidad, pero no podía entrar en el Templo (Ez 44,7.9), ni ofrecer sacrificios (Lev 22,25), ni comer la cena de pascua (Ex 12,43). La segunda clase era el GUER o extranjero residente, con quienes había una especial obligación de hospitalidad. Era especialmente apreciado si se convertía al judaísmo. Abrahán había sido GUER en Hebrón (Gen 23,24), Moisés lo fue en Madián (Ex 2,22), un hombre de Belén se va de GUER a Moab y se casa con Rut (Rut 1,1), los israelitas fueron GUERIM en Egipto (Ex 22,20). Al llegar a Canaán los hebreos eran GUERIMhasta que se convirtieron en los dueños del país y los extranjeros comenzaron a ser los otros.

En relación con estos inmigrantes, las leyes eran de defensa total (Lev 19,34): Dios no hace acepción de personas y proporciona pan y vestido al extranjero (Dt 10,18; Lev 19,33). El amor al extranjero está mandado a Israel, que sufrió la misma situación en Egipto (Dt 10,19). No puede violentarse el derecho del extranjero residente (Dt 27,19) y deben ser juzgados con equidad por los jueces locales (Dt 1,6). Como recibían muchos desprecios y estaban en situación de desventaja, la Ley de Moisés los colocaba en la categoría de marginados a quienes la Ley les concedía ciertos privilegios. Se les enumera junto con “las viudas y los huérfanos” (Jer 7,6), se les ofrece asilo en las ciudades de refugio (Num 35,15); se les concede el derecho de rebuscar en el terreno de cosecha (Lev 19,10) y de comer de la cosecha del año sabático (Lev 25,6), etc. No es, sin embargo, tratado igual que el judío, porque al extranjero sí se le puede exigir interés en los préstamos (Dt 23,20) y estaban obligados a hacer ciertos trabajos (1Cr 22,2). Normalmente, aunque eran libres, no podían tener propiedades (Dt 24,14). Si se circuncidaban, adquirían obligaciones y derechos religiosos (Ex 12,48) y los profetas anuncian que entrarían a formar parte del pueblo de Dios en el reino del Mesías (Is 14,1; Ez 47,22).

Jesús, el migrante

Los dos evangelios de la infancia nos muestran a Jesús compartiendo la suerte de los emigrantes. En la versión de Lucas, Jesús nace fuera de su hogar, al amparo de la caridad de una familia, lejos de su casa y su parentela (Lc 2). En la versión de Mateo, Jesús y su familia se ven obligados a huir de la persecución de Herodes, y tienen que pasar un tiempo largo en tierra extranjera (Mt 2).

Más tarde, el mismo Jesús decide por una vida itinerante, sin residencia propia, al punto que se proclama “sin lugar en donde reposar la cabeza” (Lc 9,58). Sabemos que, mientras ejerció su  ministerio en Cafarnaúm, Jesús se alojaba en la casa de Pedro (Mc 1,29; 2,1) y que cuando visitaba Jerusalén, le gustaba hospedarse en casa de Marta, María y Lázaro (Lc 10,38-42). No es extraño, por ello, que la virtud de la hospitalidad fuera altamente apreciada también entre la primitiva comunidad cristiana (Heb 13,2) ni que una de las oraciones del bendicional señale, justamente en las preces para bendecir una casa: “Señor, tú que no tuviste casa propia y aceptaste con el gozo de la pobreza la hospitalidad de tus amigos…”.

Por otra parte, Jesús rompe con muchas de las costumbres de su tiempo en su trato con los extranjeros, sean samaritanos o paganos de otras regiones. Cura al siervo de un soldado romano (7,2-10), libera al endemoniado geraseno (Mc 5,1-20), aprende la lección de la universalidad de una mujer cananea (Mt 15,21-28). En su parábola del juicio final, conocida como la parábola de las ovejas y los cabritos, Jesús va a señalar como uno de los gestos de amor la ayuda a los forasteros y se identifica con ellos (Mt 25,35).

Para la Carta a los Hebreos es un dato muy significativo la muerte de Jesús fuera de la ciudad, como señal de desprecio (Heb 13,12-14) y la considera una invitación a la ciudad permanente. No es tampoco menor el hecho de que Marcos, el evangelio de la revelación del Mesías crucificado, éste no sea reconocido como Hijo de Dios sino por un extranjero (Mc 15,39).

La iglesia, una casa para todos y todas

La formulación más elaborada sobre la migración como símbolo de la naturaleza de los cristianos, la encontramos en la Primera Carta de Pedro. En ella, la condición social de migrantes se convierte en una especie de parábola teológica: los cristianos deben considerar su existencia como una permanencia transitoria en un mundo al cual no pertenecen. Los cristianos a quienes se dirige la carta trabajan como personas sin techo y sin tierra, en un lugar que no les pertenece, pagan tributos en un país que no es el suyo y que no les otorga derecho alguno. La expresión “forasteros” de 1 Pe 2,11, en griego PAROIKOI, literalmente traducida quiere decir “extranjeros residentes”. Esa expresión era usada para describir a los extranjeros que habían adquirido el derecho de residencia, pero que no disfrutaban del derecho de ciudadanía. Podían vivir y trabajar en un país, pero no tenían derechos plenos. Entre sus deberes estaban: pagar tributos, tasas y cuotas de producción. Entre los derechos de los que estaban excluidos se cuentan: voto, posesión de la tierra, matrimonio con ciudadanos, herencia y transferencia de bienes.

Otro grupo referido en 2,11 es el de los “peregrinos”, en griego PAREPIDÉMOI: eran extranjeros que no tenían ni siquiera derecho de permanencia en el país. Eran los “extraños” y no poseían ningún derecho. No podemos decir que todos los cristianos a los que va dirigida la 1 Pedro fueran extranjeros, pero sí que a una buena parte de la comunidad le correspondía esta descripción y caracterizaba a la comunidad como un todo.

Por eso el espacio afectivo de “familia” era tan importante. La 1Pedro ofrece a estos desabrigados una casa, un abrigo, una referencia de familia: es la comunidad. Los que no tienen casa, son abrigados por la “casa de Dios”, los que no tienen derecho de ciudadanos, pueden llamar padre a Dios. La comunidad es lugar de refugio y resistencia para no dejar, con su testimonio, de denunciar las injusticias de la sociedad.

NOTA FINAL: El artículo completo, con las citas bibliográficas que aquí fueron omitidas, se encuentra en Lugo Raúl, Dios, defensor de los derechos humanos en la Biblia (Ed. San Pablo, México 2014).

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Cáritas desmonta las ‘fake news’ que perjudican a los migrantes y destaca los “enormes beneficios” que traen

Sábado, 25 de agosto de 2018

migrarnoesdelito_560x280“Fue gracias a las migraciones que Europa construyó sus idiomas y el sistema numérico”

“Que el Norte esté siendo inundado por un flujo masivo de inmigrantes del Sur es un cliché muy injusto”

(Cáritas).- Dentro de las acciones de sensibilización que la Campaña global que Cáritas Internationalis viene desarrollando desde septiembre de 2017 bajo el lema “Compartiendo el Viaje” para fomentar en todo el mundo la cultura del encuentro con los migrantes, destaca, por su oportunidad en el actual escenario migratorio que se vive en la Frontera Sur de Europa, la sección de la web de la campaña titulada Algunas leyendas sobre la migración.

Y es que, como se explica en la introducción, “la migración puede ser un tema emocional y divisivo dentro de la política de muchos países, en las comunidades interesadas e incluso dentro de las familias y grupos de amigos”.

Para ello, Cáritas presenta, en el marco de esta campaña, algunas leyendas urbanas comunes sobre la migración y la realidad que esconden. Estos son algunos ejemplos.

1. Nunca ha habido tantos migrantes y refugiados.

Esto se afirma a menudo como un hecho, con un lenguaje muy emotivo. A veces se oyen palabras como “invasión” y “plaga” de inmigrantes y refugiados, e historias de personas que tratan de forzar su entrada en los países desarrollados de la UE y América del Norte.

La realidad, sin embargo, confirma que el número de migrantes como porcentaje de la población mundial ha permanecido constante. Durante más de medio siglo, el número de migrantes se ha mantenido en aproximadamente el 3% de la población mundial. Entre 1960 y 2015, el número de migrantes aumentó de 93 a 244 millones. Pero, la población mundial también aumentó de 3 mil millones a casi 7,3 mil millones. El número de refugiados disminuyó entre 1990 y 2010 (de 18,5 a 16,3 millones), aumentando (a 21,3 millones en 2016) debido en gran parte a la guerra en Siria.

2. Los migrantes y los refugiados viven de las prestaciones sociales y roban.

Esto también se escucha con frecuencia como una razón por la que no debemos dar la bienvenida a las personas que llegan de otros países, ya que la población local no puede conseguir puestos de trabajo debido a los extranjeros, que previamente han recibido prestaciones sociales.

La realidad demuestra que los migrantes pagan más impuestos que las prestaciones que reciben, que hacen trabajos que la población local rechaza y que no les falta la habilidad necesaria para ellos.

3. Las fuertes restricciones a la inmigración realmente han funcionado.

Atendiendo a este tópico, algunos países que dicen que están siendo “invadidos” han detenido el flujo de entrada, poniendo barreras. Si otros países siguieran el ejemplo, los migrantes se rendirían.

Lo que demuestra la historia de los últimos 65 años es que las políticas migratorias se han vuelto más liberales. Las investigaciones señalan que existe una tendencia liberalizadora para los trabajadores inmigrantes, estudiantes y familias en 45 países desde 1945 hasta 2010.

En algunos países, los controles fronterizos son más visibles y, a veces, los visados son más difíciles de conseguir para los inmigrantes irregulares que llegan a la UE y a América del Norte. Pero son una minoría. Muchas otras personas que se desplazan son consideradas “expatriadas”, un término utilizado comúnmente para personas de clase media, cualificadas y, a menudo, blancas. España es un buen ejemplo de ello, son la salida de jóvenes cualificados fuera del país en busca de oportunidades laborales de futuro.

4. La mayoría de los migrantes se desplazan entre países en desarrollo.

La afirmación de que los países desarrollados del Norte están siendo inundados por un flujo masivo de inmigrantes del Sur del mundo es un cliché muy injusto: en 2013, más del 35% de todos los migrantes internacionales se trasladaron entre países en desarrollo. Los 82 millones de migrantes del Sur del mundo constituyeron apenas un tercio de la migración internacional, mientras que 67 millones de personas emigraron del Norte a otro país desarrollado o en desarrollo.

5. Los inmigrantes minan la identidad de los países de los reciben y provocan enfrentamientos culturales.

Se afirma con frecuencia que la emigración masiva a Europa está cambiando su civilización, su cultura, su base religiosa.

La leyenda de que la inmigración pone a las culturas bajo amenaza es una de las más insidiosas, porque juega con el miedo y la xenofobia. Europa se ha beneficiado enormemente, a lo largo de los siglos, de personas que se desplazan de un lugar a otro. Estados Unidos son un buen ejemplo de cómo un país se construye sobre la inmigración. Y fue gracias a las migraciones cómo Europa construyó sus idiomas y el sistema numérico.

Fuente Religión Digital

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Nacer es migrar, morir también

Martes, 23 de junio de 2015

migrantes-retorno-maletas-500x220Yolanda Chaves, yolachavez66@gmail.com; Mari Paz López Santos, pazsantos@pazsantos.com; Patricia Paz, ppaz1954@gmail.com
Los Ángeles, Madrid, Buenos Aires.

ECLESALIA, 12/06/15.- ¡Retrocedamos hasta el origen, al instante inicial! Algo va a nacer, se mueve, avanza… ¡aquí está! El nuevo ser migra hacia el exterior de su habitáculo vital. Sale, y un escalofrío recorre su piel; anhela volver pero no hay camino de retorno a la etapa anterior. Acaba de dar el primer paso en el recorrido de una nueva vida en territorio extraño.

¡Avancemos ahora, avancemos pausadamente hacia el final! Es el instante del A-Dios.

Migrar es analogía de vientres; del amor del “principio” (Gen 1,1) al útero maternal finito; del vientre de tierra al cobijo permanente del regazo infinito.

Nacer es migrar a otra tierra, como también lo es morir. ¿Para qué tantos afanes y estupideces, tanta violencia en el permanente movimiento migratorio de una humanidad que siempre ha estado en marcha y que, a pesar de cualquier resistencia, así seguirá en busca de mejores condiciones de vida?

Migró el pueblo de Israel desde la esclavitud de Egipto hacia la tierra prometida. Migración larga y penosa que los llevó a extrañar el tiempo donde “se sentaban frente a las ollas de carne y comían pan hasta saciarse” (Ex 16,3). ¡Cuántas veces nos pesa tanto la libertad que preferimos una cierta dosis de esclavitud con tal de sentir seguridad!

El éxodo al desierto, paso de la esclavitud a la libertad, acontece una y otra vez en nuestras vidas. Este paso implica siempre un riesgo y muchas veces cuando estamos en el camino añoramos las seguridades perdidas. Vivir a la intemperie conlleva sus riesgos, pero permite ver las estrellas.

“A orillas de los ríos de Babilonia estábamos sentados  y llorábamos, acordándonos de Sión…”, este lamento que da inicio al Salmo 137, es un grito milenario de dolor al desarraigo, grito que se hace eco en la actualidad.

Cuando se migra se abandona la residencia habitual, se camina, se avanza, se cruzan fronteras de diferentes dimensiones: geográficas, culturales, económicas,  religiosas, existencialesCruzando fronteras se muere de algún modo.

Cada vez más personas en todos los continentes lo viven en carne propia. Cada vez son más las personas expulsadas de sus países por el hambre, la falta de trabajo, la violencia, la guerra  y la inseguridad. Cruzan mares, montañas y desiertos para golpear la puerta de los países desarrollados donde se enfrentan al rostro cruel de la falta de solidaridad; al sentimiento permanente  de ser inadecuados, de no pertenecer a nada ni a nadie. Se  anuda la garganta, se entristece el corazón, evocando los atardeceres alumbrados de luciérnagas en los arroyos de nuestros pueblos… “Nos sentamos y lloramos, acordándonos…” de la tierra que quedó atrás.

El fenómeno de la migración nos pone delante de desafíos tanto a los migrantes como a quienes los reciben. En un mundo globalizado este desafío se ha convertido en algo para tomar muy en serio si queremos vivir en paz. Saltar barreras culturales, raciales y religiosas puede no ser fácil, pero es la única manera de convivir. Y no hablamos aquí sólo de tolerancia, sino de aceptación. El desafío es ver al migrante que vive y trabaja en mi comunidad como un ciudadano de derecho pleno y luchar junto a ellos para que estos derechos se respeten.

“Soy migrante. Salí de un país empobrecido que está muriendo en los brazos de una sociedad enferma. Decidí migrar una noche mientras hablaba con Dios, pidiéndole señales que me indicaran el camino que debía tomar después del asesinato de mi padre. Sentía que tenía que luchar por conservar mi vida. Esa noche, una fuerza más allá de mis propias fuerzas, movió mis manos y mis pies. Me lleno de esperanza el corazón; me atreví a cruzar un desierto que guarda miles de cadáveres en su vientre arenoso. La fuerza de Dios es descomunal; brota desde las entrañas y llena al espíritu de iniciativas, de certezas. Pero también es misteriosa, nos llena de fragilidad, desencaja el rostro de dolor y agota las lágrimas cuando mueren en el camino los compañeros migrantes y se siente su propia muerte. Cuando crucé la frontera Dios la cruzó conmigo, pero también se quedó con los que murieron”.

“¿Cómo se sobrevive con el alma dividida por fronteras? ¿Cómo se sobrevive sin poder mirar todos los días a tus hijos?… ¿Por qué no se puede vivir cuando tus hijos lloran de hambre? ¿Cómo se vive en un país donde nunca se puede encontrar empleo? ¿Cómo, demonios, se sobrevive en países donde el secuestro, la corrupción, los asesinatos, las violaciones a los derechos humanos son el pan nuestro de cada día? ¿Cómo…?

Algún día las fronteras caerán en señal de bienvenida universal pero aún falta mucho para eso, la evolución humana ha de abrirse a otra forma de entender y acoger. Falta sobre todo que nos abramos a una forma más humana de mirar al otro que nos lleve, no solamente a recibirlo, sino a acogerlo como uno más de la familia. La familia humana.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art. 2) confirma que estos Derechos se aplican a todas las personas, “sin distinción de ningún tipo, tales como raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política u otra, origen social o nacional, propiedad, nacimiento y otro status”.

 “La migración es un derecho. Los que persiguen, acorralan o provocan la muerte de los inmigrantes, lo están haciendo con Dios. Desde nuestras circunstancias nos descubrimos hijas e hijos de Dios. Somos “el prójimo”; no somos ni amenaza ni competencia. Por instinto natural buscamos la justicia y la paz. Un impulso nos mueve a hacer efectiva nuestra misión profética: darle sentido al Evangelio buscando caminos justos, dignos, compasivos, solidarios…”

Pero la hipocresía campea a sus anchas mirando hacia otro lado y manipulando a través de los medios de comunicación. Los países que se ufanan de ser paladines de los derechos democráticos y de haber llegado a logros legislativos como la Declaración Universal de Derechos Humanos, o la creación de la ONU y otros organismos cuya razón de ser es que el ser humano sea respetado por su propia dignidad innegociable… mientras, se construyen barreras económicas, vallas metálicas, se esquilman recursos humanos de países empobrecidos y se provocan guerras que exilian de sus propias vidas a miles de personas.

Desde la vieja Europa, los países que tienen sus costas bañadas por el bello Mar Mediterráneo, asisten al espectáculo lamentable y doloroso de verlo convertido en cementerio acuático: miles de personas vienen de Siria, Libia, de los países de África subsahariana y tantos otros; huyen de guerras, de la desestabilización de sus países, de la falta de trabajo, de la corrupción política que mina el desarrollo. Mientras la Unión Europea va poniendo parches sin llegar al meollo de la injusticia que causa todo esto.

Habrá que sentarse desde una plataforma mundial, sin vetos, para ahondar en las causas de la injusticia que provoca los movimientos migratorios y la pérdida de derechos como seres humanos de tantos hermanos en movimiento.

Tras haber visto, al principio, lo que se trasluce en Génesis, Éxodo y Salmo 137,  movimientos migratorios de un pueblo de camino, una humanidad que quiere echar raíces pero una y otra vez vuelve a ponerse en marcha: con dolor, por amor, a causa de la violencia, siempre buscando y sin acabar de encontrar; finalizaremos con otro movimiento migratorio, ya que “en el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios (…) Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Prólogo Jn 1.1, 1.2, 1.14)

He aquí el mayor movimiento migratorio: Dios se hace carne adentrándose en la historia de la humanidad para indicarnos el Camino, la Verdad y la Vida verdadera.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Por una cultura de la hospitalidad y la inclusión

Domingo, 28 de diciembre de 2014

inmigracion1-1024x524Servicio Jesuita a Migrantes-España. 

Desde hace ya 13 años, e invitados por las Naciones Unidas, el 18 de diciembre está señalado en nuestro calendario como un día para posar nuestra mirada sobre la realidad de las migraciones, en el mundo y en nuestro ámbito cercano. El Servicio Jesuita a Migrantes en España se suma con esta declaración a un torrente de voces que en todo el planeta sitúa hoy en su centro a las personas migrantes. Deseamos conmemorar y celebrar tanta vida compartida. Y queremos denunciar los mecanismos que impiden que lo hagamos en un marco de plenitud de derechos. Invitamos a todas las personas de nuestro entorno a que reflexionen también en esta doble dirección.

En primer lugar, queremos reiterar una vez más el reconocimiento por la aportación que las personas migrantes hacen a la sociedad. Son, de hecho, una parte ya indisoluble de las sociedades española y europea. Dicha aportación no es únicamente medible en términos económicos. La vida cotidiana, los vínculos personales y las relaciones vecinales y comunitarias se asientan sobre una trama relacional de gentes diversas, de acá y de allá, que conforma un único “nosotros”. Diverso en culturas, en visiones del mundo, en modos de vida, pero que aspira a encontrarse en pie de igualdad, como ciudadanos y ciudadanas.

En nuestro trabajo de acompañamiento, servicio y defensa de las personas migrantes y sus organizaciones somos testigos de decenas de pequeñas grandes historias de dignidad, sacrificio, solidaridad, aprecio común, acogida y agradecimiento que contribuyen a hacer más densa esa urdimbre de vínculos entre vecinos y vecinas llegadas de tantos lugares distintos.

Hoy celebramos todas esas historias como pequeños triunfos de humanidad compartida en un contexto de decisiones de políticas migratorias que las hace improbables. Junto a toda esa vida, la muerte injusta provocada por políticas carentes de humanidad y la memoria de las víctimas nos obliga a alzar la voz[1].

– Frente a la exclusión sanitaria que padecen las personas migrantes en situación administrativa irregular en nuestro país desde hace año y medio[2].

– Frente a las condiciones que propicia la falta de reglamentación con garantías de los Centros de Internamiento de Extranjeros[3].

– Frente a las cuchillas dispuestas en la valla de Melilla, que son inútiles para la disuasión y dañinas gratuitamente[4].

– Frente a la cicatería con que la Unión  Europea, y España en particular, se hacen cargo de la crisis de refugiados de Siria.

– Frente a la respuesta de los gobiernos europeos ante tragedias como la de Lampedusa, consistente no en preocuparse por garantizar la vida de las personas migrantes, sino en reforzar aún más los mecanismos de vigilancia.

– Frente al crecimiento del discurso populista xenófobo, que ha capturado las mentes y los corazones de numerosos conciudadanos, anidando en el miedo y la inseguridad provocada por la crisis, y que pretende hacerse con una representación significativa en el Parlamento Europeo en las próximas elecciones de junio.

En el día de hoy, exigimos políticas públicas migratorias basadas en los derechos humanos universales, y renovamos nuestro compromiso de trabajar a favor de ellas, junto a otras organizaciones y también en diálogo con quienes tienen la capacidad de decidir. Apostamos por medidas moralmente más justas y políticamente más eficaces. Invitamos a poner la hospitalidad en el corazón de la vida social y como valor que nutre las políticas públicas.

No queremos concluir esta declaración sin decir una palabra de cercanía y ánimo para todas aquellas personas que en este último año también han tenido que abandonar nuestro país en busca de una oportunidad. Son la prueba palpable de que, aquí y en todo el mundo, moverse a otros sitios es la mejor herramienta para salir de la pobreza. Ello también nos debería impulsar a mejorar las condiciones en las que esa movilidad se produce.

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[1] Del mismo modo que han hecho los provinciales jesuitas de Europa, Oriente Medio y África-Madagascar recientemente en su declaración “No podemos poner fronteras a nuestra preocupación”. Ver http://www.jesuitas.es/index.php?option=com_content&view=article&id=786:no-podemos-poner-fronteras-a-nuestra-preocupacion&catid=34:jesuitas-espana&Itemid=63

[2] Ver posición del SJM http://www.sjme.org/sjme/item/747-consideraciones-sobre-la-restriccion-de-la-asistencia-sanitaria-a-la-poblacion-extranjera-residente-de-facto-en-espana

[3] Ver http://www.sjme.org/sjme/item/752-atrapados-tras-las-rejas-informe-2012-sobre-los-centros-de-internamiento-de-extranjeros-cie-en-espana

[4] Ver http://www.sjme.org/sjme-en-los-medios/el-sjm-espana-pide-quitar-las-concertinas-con-cuchillas-de-las-vallas-de-ceuta-y-melilla

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Ilustración de Míriam Laderas.

Fuente Cristianismo y Justicia

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Atenderán problemática de comunidad gay migrante en México.

Sábado, 2 de agosto de 2014

facebookmigranteslgbti2La problemática que enfrenta la población migratoria lésbico-gay será atendida por la Red DH Migrantes, la cual busca consolidarse a lo largo de la ruta que siguen quienes viajan para pasar a EE.UU.

Arrestan a 130 en protesta por fracaso de reforma migratoria en EU

La problemática que enfrenta la población migratoria lésbico-gay de México será atendida por la Red DH Migrantes, la cual busca consolidarse a lo largo de la ruta que siguen quienes viajan para pasar a Estados Unidos, afirmó esta semana Perla Gómez Gallardo, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal.

Además, reafirmó el compromiso para consolidar el trabajo logrado durante el primer año de ejecución y avanzar en mejores niveles de protección local y transnacional de los derechos de personas migrantes.

Ante socios y entidades colaboradoras del Proyecto Red DH Migrantes, dijo que fue creada con el objetivo de “incidir en las condiciones que afectan los derechos humanos e incentivan escenarios que discriminan a las personas migrantes en tránsito, con base en el fortalecimiento de las capacidades de los organismos públicos de derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil (OSC), así como la coordinación de acciones de protección, defensa y promoción de los derechos de las personas migrantes”.

Gómez Gallardo expuso que durante el año anterior se atendieron 79 casos de violaciones de derechos humanos de personas migrantes a través de esta Red DH Migrantes. Se realizaron eventos de difusión, entre ellos un Foro Internacional que permitió el análisis de este fenómeno en conjunto con diversas personas expertas.

Tuvieron lugar reuniones de trabajo para identificar líneas de acción y soluciones a los desafíos de la migración y la protección de los derechos de personas migrantes. Se elaboraron diagnósticos sobre la situación de este grupo de población en las diferentes localidades en donde se ejecuta el proyecto. Actualmente se están revisando protocolos de actuación, guías metodológicas de documentación y manuales de formación a personas formadoras para facilitar acciones de atención y protección para las y los migrantes.

Se busca la consolidación de una red que a lo largo de la ruta migratoria permita la atención y protección de los derechos humanos de este sector de la población, con enfoques especializados de atención a mujeres, niñas, niños y adolescentes. Se tiene programada la ejecución de una campaña de sensibilización para personas migrantes y personas de las comunidades de tránsito.

Asimismo, se cuenta con la propuesta de un documental que aborde este tema desde una perspectiva novedosa enfocada en la situación de la población migrante que forma parte de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero, Travesti e Intersex (LGBTTTI).

La Red está integrada por organismos públicos de derechos humanos de distintos países y localidades de la región, lo cual la hace única a nivel local y transnacional. Los OPDH miembros de la Red son la Comisión de Derechos Humanos de Distrito Federal, la Comisión de Derechos Humanos de Tlaxcala, la Defensoría de los Derechos Humanos Querétaro, la Procuraduría de los Derechos Humanos de Guatemala y Procuraduría de la Defensa de los Derechos Humanos de El Salvador.

La Sociedad Civil se encuentra representada por Frontera con Justicia Casa del Migrante de Saltillo, Fundación para la Justicia y el Estado Democrático de Derecho, Comité de Familiares de Migrantes Fallecidos y Desaparecidos de El Salvador, así como el Fondo para las Migraciones de Honduras.

También participa el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) de México, como entidad colaboradora, garantizando el enfoque de niñez de manera transversal en las actividades de la red.

Finalmente, para mayor difusión de los trabajos realizados, la próxima edición de la revista DFensor de esta Comisión estará dedicado a dar a conocer los primeros resultados y los trabajos de la CDHDF en el corredor humanitario que se logró con el Gobierno del Distrito Federal.

Fuente El Sol de México

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