París bien vale una misa (Dom 18 TO, Jn 6, 24-36): Eucaristía, carne de Dios
Del blog de Xabier Pikaza:
« Sólo un humano puede saciar a otro humano, dándole así vida»
Esta frase (Paris vaut bien une messe) se atribuye a Enrique de Borbón y Navarra, que, tras duras guerra de religión, dejó el calvinismo y se convirtió al catolicismo, para ser coronado rey de Francia en Paris,el 25 de julio del 1593, iniciando una dinastía de borbones, que siguen reinando en España
La frase “París bien vale una misa” parece apócrifa, pero está en el fondo de un tipo de política social y religiosa, que ha llegado hasta los juegos olímpicos de París 2024, inaugurados, bajo la imagen ambigua de una Cena que suscitó la protesta de muchos católicos.
Imágenes. No me parece oportuna poner la de los juegos Paris 2024. Pongo una imagen confesional (Catacumbas, Roma antigua) y otra de crítica social (Buñuel, Viridiana, 1961)
| Xabier Pikaza teólogo
Dios se hace carne, “cena” de Dios, Jn 6,24-35.
Quizá Enrique IV no pronunció esas palabras, ni los organizadores de los juegos Paris 2024 quisieron herir a los cristianos, pero el tema de fondo (carne de Dios) es muy importante para todos los cristianos. Muchas cosas han cambiado desde entonces, no sólo en Francia, sino en todo el mundo y a pesar del mayor ecumenismo y tolerancia del momento actual hay signos como el de la imagen de la Cena de los juegos qu3 debieron haberse evitado, a no ser que se quiera entrar al fondo del tema, como hace el evangelio del domingo.
“En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: «Maestro, cuándo has venido aquí?» Jesús contesto: «Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.» Ellos le preguntaron: «Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?» Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»
Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: «Les dio a comer pan del cielo.»» Jesús les replicó: «Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de este pan.» Jesús les contestó: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre”.
Yo soy el pan de vida
Jesús no dijo “Soy el que soy” en absoluto (Ex 3, 14, sino yo soy el pan (ho artos), es decir, el alimento (en hebreo: lejem), aquello que hace vivir, añadiendo ho dsôn, es decir, el pan que está vivo (en hebreo, hayyim), como el mismo Dios que es Hay, Hayyim, Viviente, la Vida.
Ciertamente, el pan empieza siendo alimento biológico y signo de riqueza material (y dede poder social), y por eso Jesús puso como primer mandato “dar de comer al hambriento” (Mt 25, 31-46), pero, cuando el Diablo quiso arreglar todos los problemas del mundo a través del pan de la economía material comprada y vendida, Jesús le respondió “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que viene de Dios” (Mt 4, 4), para que los hombres la compartan. Hay un pan externo que puede volverse principio de poder de unos sobre otros. Pero hay un par de vida compartida, en gratuidad, pan de afecto y comunicación personal
Desde esta perspectiva podemos y debemos afirmar que la vida y alimento de un ser humano es otro ser humano, y que el único pan que le sacia es otro ser humano, en forma de vinculación social y familiar. Hay Eucaristía (somos Cena de Dios) allí donde nos damos y acogemos mutuamente, alimentando a los demás con nuestra vida.
Este es el tema del discurso del «pan de vida» de Jesús en Cafarnaúm, que sigue a las multiplicaciones. En un sentido, el relato de Juan resulta más tradicional que el de los sinópticos pues ha destacado el carácter mesiánico y político del signo, de forma que sus beneficiarios que se han alimentado con los dones de Jesús quieren tomarle y coronarle rey, traduciendo su «milagro» en forma de poder eclesial y alimenticio (cf. Jn 6, 14).
Sólo un humano puede saciar a otro humano, dándole así vida
Ser hombre de verdad (mesías de Dios) implica convertir la vida en «carne» (pan de vida) para otros El hombre se alimenta de comida, leche y pan, fruta, cereales etc., pero sobre todo de alimento humana: Por el cuidado de padres y formadores hemos crecido, por su amor somos los que somos, de forma que no sólo nos alimentamos juntos (compartimos comida), sino que vivimos unos de la vida de otros.
Pan del cielo. Ellos dijeron a Jesús:¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Les dio a comer pan del cielo. Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios el que baja del cielo y da la vida al mundo (Jn 6, 30-34).
Somos pan de Dios unos para otros; pero a veces en vez de ser fuente de vida para otros somos causantes de su muerte. La humanidad sólo tiene sentido y futuro si nos hacemos eucaristía unos para otros, ofreciéndoles no sólo palabra, sino comunión de vida. De esa manera, en esa línea, para ser fuente de vida en amor para otros vino Jesús y actuó como mesías de Dios sobre la tierra.
Hambre de Dios. Entonces dijeron al Señor: danos siempre de ese pan. – Jesús les dijo: Yo soy el pan vivo (=de vida). El que venga a mí, no tendrá hambre, el que crea en mí, no tendrá nunca sed (Jn 6, 35).
Jesús es Pan viviente que sacia un hambre distinta de humanidad, hambre de comunión y perdón, hambre de resurrección. Hay millones de hombre y mujeres que viven con hambre de pan material, pero muchos más tienen hambre de humanidad, de acogida, respeto, dignidad (Mt 25, 31-46).
Más que cuerpo compartido la eucaristía de Jesús, es «carne». Algunos murmuraban de él, porque había dicho: Yo soy el pan que ha bajado del cielo, preguntando: ¿No es éste Jesús, hijo de José, cuyo padre y madre conocemos? ¿Cómo puede decir ahora: He bajado del cielo? – Jesús les respondió: No murmuréis entre vosotros…. Yo soy el pan de vida. Vuestros padres comieron el maná en el desierto y murieron…. Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le daré, es mi carne para vida del mundo (Jn 6, 41-51).
El tema de fondo es la «carne» (vida más honda de amor, respeto mutuo, perdón, entendimiento). Ciertamente, hombres y mujeres comen pan externo y se alimentan mientras siguen en el mundo de alimentos materiales, de plantas y animales. Pero sólo les sacia una comida humana, el cuerpo y sangre (carne) de otros seres personales, como supo Jesús cuando decía, el día de la Cena: Comed: esto es mi Cuerpo.
Nosotros somos el más hondo alimento del mundo, el más necesario. De la madre y padre vive el niño, del amor vive el amigo, de la solidaridad de otros vivimos… vida de los seres humanos se vuelve así amor, cuerpo mesiánico centrado y culminado en Cristo, cuerpo compartido de la humanidad entera (1 Cor 12-14).
Disputa sobre la carne de Jesús.– Discutían entre sí algunos y decían: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? – Jesús les dijo: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros… Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Como el Padre viviente me ha enviado, y yo vivo por el Padre, el que me coma vivirá por mí (Jn 6, 52-57). Si no dais vuestra vida en comida a los otros, si no os alimentáis de amor mutuo, palabra de afecto, de ayuda mutua, todos acabaréis destruyéndoos.
Esta es la revelación de la Eucaristía, de la “última cena” de la humanidad… Esta es la cena en que unos dan vida a los otros. Ciertamente, Cristo dice “esto es mi cuerpo, esta es mi sangre”, pero en Cristo y con Cristo, como mesías total han de decirlo todos los creyentes, unos a los otros, pues cada uno está (existe) en sí mismo en la medica que se da y existe en los otros.
Del blog 
DOMINGO 18 (B)
El texto joánico de Juan 6,24-35 resume el centro de todas las acciones cristianas en la fe en Jesús: “
Domingo XVIII del Tiempo Ordinario
Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:
De su blog Fe y Vida:

Trump tampoco leyó este libro…
¿Para qué entonces esa fijación? No solo porque la pretendida estrategia sirve de cortina de humo para sus problemas internos, sino también porque la “normalización” de prácticas que creíamos desterradas de nuestro viejo continente despeja gradualmente los límites éticos de la acción política. Como en el poema de Kavafis, si finalmente los bárbaros somos nosotros, será más fácil que la propia barbarie se instale y termine triunfando.
Al volverse líquidas, cuando no irreconocibles, nuestras comunidades de copertenencia dejan de ser los espacios naturales de solidaridad y de transmisión de los recuerdos y valores comunes que nos definen y nos dan arraigo, como tan bien explicara Simone Weil. El sálvese quien pueda que abre la motosierra de Milei o las estúpidas diatribas de Abascal justifican en el fondo la secesión de los ricos, la desarticulación social y la competición desalmada entre los de abajo, queriendo vender como imposible cualquier impulso de solidaridad. No es casualidad, por ello, que la justicia social o el discurso del Papa Francisco estén constantemente en sus dianas.
Vice Presidenta Kamala Harris (Foto Oficial de La Casa Blanca, por Lawrence Jackson)
Cecilia Gentili Crédito: Oscar Díaz
Cecilia Gentili Crédito: Oscar Díaz
“El libro podría haber sido contado sin esa carta, pero es un respiro. Había un acompañante en esa denuncia, y aunque él no hubiera dicho nada si Ceci no se lo pedía, entendió que era un momento bisagra para ella y le dio el ok para que esto se publicara”, cuenta Norma. En esa carta, Ceci escribe: “Son cartas muy serias, que me hicieron ver mi vida como algo demasiado sombrío y tremendo. Entonces pensé en escribirte a vos, y no pude evitar ponerme a escarbar este placer, como si solamente fuera tu nombre el que me trajera algo de felicidad. Me cuesta pensar en vos sin una sonrisa en la cara”.
El colegio solo le ofreció usar el baño para personas con discapacidad porque, según el director, “yo no sé lo que puede hacer ella en el baño con las demás niñas”, reportó la apoderada. El Movilh envió un reclamo al colegio y orientó a la madre en su denuncia ante la Superintendencia de Educación.
La DJ no se echa atrás

En el caso de Casaldáliga la convergencia no solo es ideológica, sino literaria, ya que ambos hablan de la liberación poéticamente. La mejor forma de comprobarlo es la reciente publicación Antología poética, del obispo-profeta hispano brasileño de Mato Grosso (Monte Carmelo, Burgos, 2023), que inaugura un nuevo género literario en la teología de la liberación: la teo-poética de la liberación, junto con Ernesto Cardenal y Rubem Alves. He leído los poemas mayores de Juan de la Cruz y el libro de Casaldáliga y he podido comprobar la afinidad entre ambas concepciones de la liberación. El obispo poeta y místico dedica un poema a San Juan de la Cruz. Considero, por ello, magistrales y sólidamente argumentadas la páginas dedicadas a la relación entre el carmelita descalzo y la teología de la liberación. Las he leído con verdadera fruición.

¿De verdad tenemos clara la relación de blasfemias contra nuestro Cristo y su Dios, en nuestra Fe, cuando hay un ir tirando convencional del cristianismo occidental sobre mil muertes de hambre, sed y vida física entre los más pobres del mundo, y lo reducimos a unas modestas peticiones en la Oración de los Fieles, una Colecta ocasional, y una Comida de hermandad el mismo día porque es la Fiesta del Santo fundador?
Décadas después del apogeo de la
Edlira Mara y Alba Ahmetaj
Comentarios recientes