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Se celebra el orgullo LGBT de Bombay reclamando el final de la sección 377 la norma que criminaliza las relaciones homosexuales en India

Martes, 6 de febrero de 2018

Participants get ready as they attend a gay pride parade promoting gay, lesbian, bisexual and transgender rights in Mumbai, India, February 6, 2016. Hundreds of participants on Saturday took part in a parade seeking the Indian government to end discrimination against their community, participants said. REUTERS/Danish Siddiqui Miles de personas se manifestaron este sábado por las calles de Bombay, la ciudad más poblada de la India, en una nueva y multitudinaria edición de la Queer Azaadi Mumbai, su marcha del Orgullo LGTB. Los manifestantes reclamaron la derogación definitiva de la infame sección 377, que criminaliza las relaciones homosexuales.

Coincidiendo con el 75º aniversario del movimiento a favor de la independencia en la India, se celebra el orgullo de Bombay reclamando el final de la sección 377, herencia del colonialismo británico.

La criminalización de las relaciones homosexuales no ha impedido la celebración en los últimos años de orgullos reivindicativos cada vez más multitudinarios en las grandes ciudades de la India. La marcha del Orgullo LGTB de Bombay se celebra de hecho desde 2008. No hay cifras oficiales, pero todos los medios coinciden en que este año la manifestación fue más numerosa que la de 2017, cuando la participación se estimó en unos 14.000 asistentes. El lema de la marcha fue “Section 377 Quit India” (377 abandona la India, en español), un guiño al 75 aniversario del movimiento “Quit India” (la protesta contra la ocupación británica que Mahatma Gandhi lanzó en 1942 y que culminaría con la independencia india cinco años más tarde). La marcha dio comienzo, de hecho, el el August Kranti Maidan, el mismo parque de Bombay en el que Gandhi pronunció su histórico discurso, y discurrió de forma pacífica hasta la playa de Girgaum Chowpaaty (puedes ver fotografías de la marcha en este enlace).

Se da la paradoja de que la sección 377 es una herencia de la época colonial que las autoridades indias han mantenido vigente, y por cuya derogación judicial luchan los activistas LGTB (la derogación por vía parlamentaria parece imposible). De hecho, las esperanzas han renacido después de que la Corte Suprema decidiese a principios de enero revisar su constitucionalidad, cuatro años después de que ese mismo tribunal dictaminase en contra en contra de la despenalización de las relaciones homosexuales que en julio de 2009 había decidido el Alto Tribunal de Delhi como consecuencia de una demanda planteada por Naz Foundation India.

Aquella decisión de 2009, considerada en su momento histórica, anulaba la vigencia de la sección 377. La Corte Suprema, sin embargo, consideró en 2013 que el Alto Tribunal de Delhi se había extralimitado en sus funciones, al decidir sobre una cuestión que correspondía al poder legislativo. Una decisión que causó sorpresa: el fallo de 2009, que consideraba que penalizar actos sexuales consentidos entre adultos viola derechos fundamentales reconocidos por la Constitución india, se creía difícilmente reversible, pese a haber sido recurrido y contar con la firme oposición de sectores tradicionales y religiosos, tanto del ámbito hindú como del musulmán o del católico. El propio Gobierno indio pidió a la Corte Suprema que reconsiderara su sorprendente decisión. No lo hizo.

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Si Dios odia a los gays, ¿por qué somos tan lindos?

Las relaciones homosexuales volvieron así a estar castigadas con penas de hasta diez años de prisión. Y aunque es cierto que las penas más duras apenas se aplicaban ya y que la aceptación social de la homosexualidad ha ganado posiciones en los últimos años , la ley india sigue pesando sobre una losa sobre la población LGTB de ese país. No está de más recordar, por ejemplo, que en 2014 hubo más de 600 detenidos, cifra que como mínimo se duplicó al año siguiente.

Durante todo este tiempo, no han dejado de sucederse las peticiones a la Corte Suprema para que reconsiderase la decisión, pero no ha sido hasta hace unas pocas semanas cuando por fin el más alto tribunal del país ha accedido en respuesta a una petición de amparo  formulada por cinco destacados miembros de la comunidad LGTB india, que argumentaron que la vigencia de la sección 377 les hace vivir en un estado de temor continuo. Un primer panel de tres jueces de la Corte Suprema les ha dado la razón, admitiendo la primacía del carácter consensual de las relaciones entre personas del mismo sexo sobre su supuesta naturaleza “contra natura”. No obstante, la sección 377 sigue vigente: habrá que esperar a la decisión final ampliada.

Se da la circunstancia de que hace pocos meses la Corte Suprema de la India emitió una resolución sobre el derecho a la intimidad que también favorecería la legalización de las relaciones homosexuales. El alto tribunal determinó entonces que la intimidad es un derecho fundamental de los ciudadanos y la orientación sexual es uno de sus “componentes esenciales”, reconociendo además “la dignidad de la vida privada de las personas LGTB”. Veremos si la Corte Suprema mantiene ahora el mismo criterio.

«Hemos visto un aumento en la conciencia sobre los problemas que enfrenta la comunidad LGBTQ a lo largo de los años. De las 15,000 personas que asistieron a la marcha; hubo un número significativo de heterosexuales», declara el activista Harish Iyer, quien es asimismo uno de los organizadores del evento.

Asimismo, Virek Anaund, de The Humsafar Trust, afirma que «reclamamos la igualdad de derechos, pero igualdad de derechos en relación a la legalización (de la homosexualidad), lo que significa que el artículo 377 debe ser eliminado», resaltando que «hasta que los actos homosexuales sean despenalizados» no será posible solicitar más derechos, como los de igualdad, matrimonio entre personas del mismo sexo o la adopción homoparental.

«La ley no permite el matrimonio entre personas del mismo sexo. Tenemos grandes esperanzas de que el Tribunal Supremo falle a nuestro favor. En la marcha del próximo año, podríamos estar celebrando nuestra libertad», declara Ritesh Aher, miembro de un grupo de baile queer.

«Un abrazo es inocente, cálido y puro. Es una forma de mostrar aceptación hacia la comunidad y respetar su elección. La gente piensa que las orientaciones sexuales de los miembros de la comunidad LGBTQ no son naturales, pero queremos romper esa barrera», explica Jaya Lulla mientras regala «abrazos gratis». Estudiante de Dereco en Surat, ha decidido asistir a la marcha del orgullo para apoyar a sus amigos gays al estar convencida de que todos tienen derecho a elegir su estilo de vida.

LGTBfobia de Estado en La India

El artículo 377 del Código Penal de la India castiga las relaciones sexuales “contra natura” con hasta 10 años de prisión. A finales de 2013, la Corte Suprema decidió recriminalizar la homosexualidad, dejando sin efecto la histórica sentencia sancionada por el Alto Tribunal de Delhi en 2009 (en la que declaraba “inconstitucional” la prohibición de las relaciones entre personas del mismo sexo). En los últimos años,mos hemos hecho eco del aumento exponencial de la violencia contra personas LGTB en la India, a raíz de la ilegalización de las relaciones homosexuales.

Las informaciones que nos llegan positivas en clave LGTB de la India son muy escasas. A principios de este mismo año nos hacíamos eco de la apertura del primer colegio para alumnos transexuales en riesgo de exclusión social. Solo unos días después, sin embargo, recogíamos la historia de un joven de 20 años cuyos padres trataron de organizarle una “violación correctiva después de salir del armario como gay. Los progenitores llegaron a contratar a unos matones para que le agredieran al saber que mantenía una relación con otro chico con el que convivía.

Por otra parte, hace unos meses publicábamos que las autoridades de la India impedían la entrada al país a Victoria Kolakowski, la primera jueza trans de los Estados Unidos. Semanas atrás, prohibían una película por “glorificar” las relaciones homosexuales. La Junta Central de Certificación Cinematográfica de la India (CBFC) se negaba a certificar ‘Ka Bodyscapes’ para su proyección por incluir “escenas gais sensibles”.

Como ocurre en muchos otros países en los que existe homofobia de Estado, los grupos homófobos en la India (incluidos los policiales) se creen en el derecho de realizar impunemente cualquier acción contra las personas sexualmente diversas. No es necesario que las víctimas sean realmente homosexuales (lo que en ningún caso les eximiría de su responsabilidad criminal), con que ‘lo parezcan’ es suficiente.

En 2014, un año después de la recriminalización de la homosexualidad en la India, el activismo LGTB denunciaba un repunte de la violencia homófoba. Y a principios del año pasado recogíamos que ese mismo año 2014 se realizaron un mínimo de 600 detenciones a personas que habían sido acusadas de practicar la homosexualidad. Una cifra que en 2015 se elevaba a más de 1.300 personas, incluyendo 207 adolescentes. Una cifra, no obstante, que parece poco realista si tenemos en cuenta que desconocemos el alcance de la corrupción policial y la cantidad de afectados por extorsiones económicas a cambio de evitar el arresto o el procesamiento judicial.

En octubre de 2015 dábamos cuenta de más casos de extorsión por ser o “parecer” homosexual por parte de miembros de la policía, quienes, según constatan los activistas LGTB “con frecuencia visitan los puntos donde los gais se encuentran y les extorsionan pidiéndoles dinero”. Por otra parte, la estigmatización y los prejuicios provocan todo tipo de injusticias. A principios de 2016 nos hacíamos eco del intento de suicidio de un adolescente de quince años, quemándose vivo, tras ser acosado por ser gay.

Fuente Universogay/Cristianos Gays

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¿El futuro del mundo? ¡El monasterio interior!

Lunes, 5 de febrero de 2018

mindfullness-meditationStefano Cartabia, Oblato
Uruguay

ECLESALIA, 19/01/18.- Arde el mundo en la búsqueda de la verdadera paz y de la alegría. Gente corriendo por la rutas de la vida, persiguiendo frágiles sueños. Todo se mueve y no se sabe por qué y hacia donde. La frustración y el cansancio nos ganan.

Pero hay otros y consoladores signos.

Hay signos, poderosos signos, de luz y novedad. Signos que revelan nuestra Casa de origen. La Casa del Silencio y del Amor. La Casa del Ser.

En nuestro contradictorio y herido mundo se entrelazan y acompañan los signos y los anhelos.

El sin sentido, la desesperación, la pobreza, la violencia, el egoísmo, el consumismo van de la mano – conviviendo (a veces pacíficamente y otras en conflicto) – con la solidaridad, la ecología, la defensa de los pobres, el progreso de la ciencia, las esperanzas y los sueños de un mundo unido y fraterno.

¿Adonde va nuestro mundo? ¿Cuál futuro espera a nuestros descendientes?

¿Podemos aportar algo que marque un hito?

Sin duda la humanidad evoluciona. Evoluciona desde muchos campos y la historia – nuestra humana historia teñida de sangre – está ahí, evidenciándolo.

Crecimos en la comprensión del valor del ser humano y de la vida en general. Crecimos en la tolerancia y en el respeto al diferente de cualquier clase. Los avances de la ciencia y la medicina son extraordinarios.

Crecimos en la conciencia de nuestra raíz espiritual y divina.

Todavía falta, lo sé. Siguen presente en nuestro mundo tanto egoísmo y tanto dolor inútil y evitable. Pero el salto de conciencia en realidad está siempre ahí, al alcance de la mano, porque la conciencia no conoce de tiempo y espacio.

Los grandes espíritus siempre lo supieron: Francisco de Asís había visto – hace 800 años – que la hermandad define el Universo.

Gandhi había visto y vivido que la clave de la convivencia era el respeto y la no violencia.

Y muchos antes, Buda, Confucio, Lao Tse, Jesús, habían experimentado y compartido con sus contemporáneos que la salida del sufrimiento y la vivencia de la plenitud radicaba (y radica) en el amor.

Muchos, muchísimos, estamos de acuerdo con estos descubrimientos e invitaciones de estos grandes espíritus. Tal vez la mayoría de la raza humana, con sus distintas culturas, aprueba y comparte esta visión.

¿Por qué entonces nos cuesta tanto vivirlas, practicarlas, compartirlas?

El desafío se vislumbra en el mismo proceso evolutivo de la humanidad. El amor que nuestros pensamientos y sentimientos aprueban y anhelan, es todavía vivido como algo exterior. No caemos en la cuenta que el amor es, en definitiva, lo que somos.

Es un problema antropológico/espiritual, un problema de identidad.

Perdidos en el pensamiento y zarandeados continuamente por sentimientos y emociones andamos angustiados por el mundo anhelando migas del mismísimo Amor que nos define, nos sostiene, nos crea, nos alimenta.

Nuestro mundo necesita identidad. Necesita descubrirse. La humanidad necesita descubrirse. Apenas hemos entrado en una veta cuya profundidad desconocemos.

Todas las demás “identidades” por cuanto psicológicamente y socialmente sean importantes, son secundarias y relativas: varón, mujer, rico, pobre, europeo, americano o asiático, campesino o doctor, creyente o ateo, de tal o cual apellido.

Identidades” relativas a nuestra experiencia humana y terrestre, pero “identidades” que se diluirán para dejar lugar a la sola, única y auténtica identidad: el Amor.

El desafío, el único desafío verdaderamente importante es entonces el desafío que nos conduce a descubrirnos amor, amados, amantes.

Hay un camino privilegiado. Un camino directo, una autopista. Un camino que muchas personas “logradas” recorrieron y señalaron.

Es el camino del silencio.

¿Por qué tan esencial y tan directo este camino?

En la experiencia cristiana – por citar una sin desmerecer a las demás que tanto tienen para enseñarnos en este camino – tenemos la gran tradición de los monasterios.

Los monasterios eran y son, lugares de identidad. Lugares de búsqueda de nuestra verdadera identidad. Por eso son lugares rodeados y empapados de silencio.

Monjes y laicos iban a los grandes monasterios – cartujas, benedictinos, carmelitas, cistercienses, por citar unos pocos – para palpar lo eterno. No se conformaban con lo transitorio y lo pasajero. Transitorio y pasajero que tanto nos atrapa y distrae en nuestro tiempo.

Buscaban (y buscan) el Ser que no pasa. Buscaban (y buscan) lo Invisible que se manifestaba en las maravillas visibles.

El Ser eterno que se manifiesta en el tiempo y lo Invisible que late en lo visible, lo permite y lo sostiene tienen una misma característica: se palpan en el silencio.

Por una simple y exquisita razón: pensamiento, sentimientos y emociones son transitorios y pasajeros. Solo el silencio es eterno. El silencio es el espacio donde todo aparece y toma forma. El pensar surge del silencio y vuelve a él. Así los sentimientos.

Entonces ponernos de lado del silencio es optar por la sabiduría. Es optar por lo eterno y por ser verdaderamente libres. Solo el silencio es el espacio de pura libertad. Esta libertad tan aclamada y proclamada en nuestras culturas y desde las clases políticas, pero no encontrada. Porque es una seudo-libertad, una libertad siempre dependiente y condicionada por el frágil pensar y las heridas emocionales.

Solo desde el silencio aprendemos la única libertad. Desde él aprendemos a manejar y disfrutar del pensar y del sentir. En otras palabras de la vida.

Porque hay una Vida y una vida. La Vida silenciosa es la que permite y crea esta nuestra vida terrenal, empastada del pensar y del sentir. Qué pueden ser – y lo son si dudas – enormemente hermosos y disfrutables. Como también sumamente dolorosos.

Hay que volver a los monasterios. Con un cambio por cierto.

Un cambio dictado por la evolución de la humanidad.

Volver y construir el monasterio interior. Hacer del corazón humano un monasterio, un lugar – el lugar – donde el silencio susurra y revela lo que somos.

Se terminarán los templos exteriores o pasarán a ser secundarios. Descubriremos otro templo, otro imponente monasterio en nuestro frágil corazón. Un monasterio que siempre estuvo presente en realidad. El maestro de Nazaret lo había vislumbrado cuando dijo:

Pero la hora se acerca, y ya ha llegado,
en que los verdaderos adoradores
adorarán al Padre en espíritu y en verdad,
porque esos son los adoradores
que quiere el Padre.
Dios es espíritu,
y los que lo adoran
deben hacerlo en espíritu y en verdad” (Jn 4, 23-24).

Podemos acelerar este cambio de época. Podemos crear comunidades espirituales – monasterios sin paredes – que viven desde el silencio y desde el monasterio interior de cada cual.

Monasterio interior que algunos llamaron “Santuario interior”, otros “alma”, otros “intimidad más íntima”, otros “sala del rey del castillo interior”.

Poco importa el nombre. Utiliza el que más te inspire y guste, el que más se ajuste a tu historia y perfil psicológico.

Hermosa es la metáfora del “Debir”. El “Debir” era el lugar más sagrado de Templo de Jerusalén, donde se guardaba el Arca de la Alianza y donde el Sumo Sacerdote entraba una sola vez al año. Es el Sanctasanctorum (Santo de los santos). El término hebreo “Debir” significa “lo que está detrás” y por eso algo oculto, escondido. También viene de la misma raíz de “palabra” (“dabar”). El Debir entonces es el lugar más íntimo, donde todo es silencio y donde se escucha la verdadera palabra. Es nuestro lugar más sagrado, nuestro Monasterio interior.

El futuro de la humanidad pasa por el monasterio interior, pasa por la experiencia de silencio. No tengo duda.

Porque solo enraizados en el silencio podremos descubrir y vivirnos desde lo que somos: el Amor. Porque solo el silencio permite y engendra la vida.

Cuando nos instalamos en el Silencio de nuestro monasterio interior, el Amor aparece. Misterio inagotable que se esfuma a la mínima tentativa de ser atrapado y retenido. Sumamente libre el Misterio nos hace libres, a la única condición de no intentar poseerlo.

No podemos manipular el Misterio, como no podemos decir el Silencio. Solo los podemos ser. Siendo, desde el Silencio interior, el Amor te transforma y transforma la realidad.

Podemos hacer algo. Debemos: por el bien de nuestro mundo maravilloso y de los que vendrán. Podemos hacer algo: haciendo del silencio nuestra Casa y anunciando el silencio por doquier .

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Con una paz sin límites”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 1 de enero de 2017

aa_3De su blog Nihil Obstat:

En la misa de nochebuena se leyó un texto del profeta Isaías que anunciaba la llegada de un niño, cuyo nombre sería el de “Príncipe de la paz”, puesto que lograría la maravilla de “dilatar el principado con una paz sin límites”. Una paz no fundamentada en el poder, sino en “la justicia y el derecho”. En efecto, desde el poder nunca se consigue la paz, a lo sumo un poco de orden debido al miedo que se logra infundir. Solo desde la verdad se puede conseguir el entendimiento, la comprensión y, por tanto, la paz.

Desde hace 50 años la Iglesia celebra cada uno de enero la Jornada Mundial de la Paz. Se hace necesario recordar la necesidad de la paz, porque año tras año, lejos de desaparecer, los conflictos entre los pueblos y las personas aumentan o, al menos, se mantienen. En el mensaje que el Papa envía este año “pide a Dios que se conformen a la no violencia nuestros sentimientos y valores más profundos”. Los cristianos podemos encontrar en Jesús de Nazaret el mejor modelo de no violencia y de paz: enseñó a sus discípulos a amar a los enemigos (Mt 5,44), a poner la otra mejilla (Mt 5,39), impidió que la adúltera fuera lapidada por sus acusadores (Jn 8,1-11) y, la noche antes de morir, dijo a Pedro que envainara la espada (Mt 26,52). De esta forma construyó la paz y destruyó la enemistad (Ef 2,14-16).

Los católicos estamos llamados a valorar a todas aquellas personas que son ejemplo de no violencia. El Papa Francisco se complace en citar a Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan (líderes en la liberación de la India), a Martín Luther King (figura señera en la lucha contra la discriminación racial) y a Laymah Gbowee, que logró, con sus campañas de oración conjunta entre cristianas y musulmanas, que se negociara la paz en Liberia. El Papa, además, recuerda que todas las tradiciones religiosas están a favor de la paz. “Ninguna religión es terrorista”, dice. En efecto, la violencia es una profanación del nombre de Dios y, por tanto, es imposible que sea religiosa. Sólo la paz es santa, no la guerra, dice con todo vigor Francisco.

Una cosa más: el verdadero campo de batalla en el que se enfrentan la violencia y la paz es el corazón humano: “de dentro del corazón del hombre salen los pensamientos perversos” (Mc 7,21). De ahí la urgencia de educar las conciencias, y de crear espacios, en las familias y en nuestras comunidades religiosas, donde los conflictos sean superados no con la fuerza, sino con el diálogo, el respeto, la búsqueda del bien del otro, la misericordia y el perdón. Al final, la paz es una responsabilidad personal. Y el conflicto un drama personal. Lo peor es que el conflicto llama al conflicto y termina por hacer irrespirable la vida propia y la ajena. Que el próximo año sea un año de paz, al menos en nuestras familias y en nuestras comunidades. ¡Eso sí que depende de cada uno de nosotros!

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Artesanos de la Paz

Viernes, 8 de julio de 2016

Cooperativa-manos-01La persona que no está en paz consigo mismo, será una persona en guerra con el mundo entero
(Gandhi)

3 de julio, domingo XIV del TO

Lc 10, 1-12. 17-20

“Cuando entréis en una casa, decid primero: Paz a esta casa.  Si hay allí gente de paz, descansará sobre ella vuestra paz

El profeta Isaías habla de la paz que alberga Jerusaléncomo anticipo de la  paz que será derramada por todo el mundo: “Porque así dice el Señor: Yo haré correr hacia ella, como un río, la paz; como un torrente en crecida las corrientes de las naciones”  (Is 66, 12). Nos la presenta como una Ciudad Santa renacida y, como tal, mostrada al mundo entero.

“Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes”, dijo Newton. Un soñador cuya propuesta era el derrumbe de fortalezas enclaustradas –espirituales o no- y la apertura y el respeto a quienes piensan, hacen o son de otra manera. El poeta mejicano Amado Nervo cantó en dramáticas palabras las consecuencias de su incumplimiento: “Hay algo tan necesario como el pan, y es la paz de cada día. La paz sin la cual el pan es amargo”.

Necesidad que ha sido  clamor y anhelo de cada ser y de la Humanidad entera. Aunque Jesús con motivo de radicalizar el seguimiento, dice en Mt 4, 34 que “No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No vine a traer paz sino espada”, el vocablo paz se convierte en leitmotiv del NT. Un breve pero sugestivo recorrido por el mismo lo evidencia. Se anuncia en la tierra a los hombres que la aman (Lc 2, 14); dice que hay que merecerla (Mt 10, 13); se canta en la entrada en Jerusalén (Lc 19, 38); es saludo del resucitado (Lc 24, 36); y dicha para los que trabajan por ella (Mt 5, 9); incluye la paz con Dios (Rom 5, 1); es don del Espíritu (Rom 8, 6 y Gál 5, 22); Jesús nos la trae a cada uno de nosotros, a la Iglesia, a los lejanos y a los cercanos (Ef 2, 14-17); y hay que buscarla con todos, pues sin ella nadie puede ver a Dios (Heb 12, 14).

Los apóstoles son misioneros del Reino y portadores de paz. El resultado de su apostólica labor y de la nuestra, la canta el Salmista en estos versos:

“Coronas el año con tus bienes
y tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría”.

(Sal 65, 12-13)

El AT no anda parco en la significación del término. Como expone Schökel en su vocabulario de notas temáticas en su Biblia de nuestro pueblo, Paz es un concepto que pertenece al orden familiar, social, político y religioso. No solo dice ausencia de guerra, sino que incluye de algún modo la prosperidad, plenitud, bendición de Dios. Hay una paz cósmica (Os 2, 20 y una paz histórica (Lev 26, 6); el reino mesiánico será reino de paz (Is 9, 5), sin guerras (Is 2, 2-14), por acción del Mesías (Miq 5, 1-3). Hay una paz falsa que es la injusticia establecida (Jer 6, 14); porque la verdadera paz está ligada a la justicia (Sal 85, 11; 72, 3)

Una artesanía de primera división que corresponde jugar a todos los seres y países, que jugarán desde la paz consigo mismos. Al terminar habrá trofeos para todos. En los estadios no habrá gradas ni banquillo, sólo campo de juego. Mahatma Gandhi dijo: La persona que no está en paz consigo mismo, será una persona en guerra con el mundo entero.

El primero en saltar al campo y vestir camiseta de todos los colores fue Shiva, que piensa en cada hombre y ama a todos los seres como si fueran ángeles. Un metafórico y poético aforismo hindú nos lo confirma: “Dios duerme en las piedras, respira en las plantas, sueña en los animales y despierta en el hombre”.

TEXTO DE SABIDURÍA DEL UPANISHAD

Shiva habita en el Santuario de todos los seres.
Piensa en cada hombre
y ama cada ángel.
Por eso saben tratar
a cada piedra
como si fuera planta.
A cada planta
como si fuera un animal.
A cada animal
como si fuera un hombre
Y a cada hombre
como si fuera un ángel.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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“Cosas de hombres y de mujeres”, por Gema Juan, OCD

Miércoles, 17 de febrero de 2016

21113250998_5e5a5a6778_mDe su blog Juntos Andemos:

Eso decía Gandhi, que avisaba de que Dios no ha creado las fronteras, que eso es cosa de hombres y de mujeres. Cosas de seres humanos que han olvidado lo que les define: la humanidad.

Teresa de Jesús decía que es «gran bestialidad (no) saber qué cosa somos», desconocer nuestra humanidad, olvidar que todos los seres humanos son dignos, iguales, merecedores de una vida buena sin excepción. «No entendemos la gran dignidad de nuestra alma» –decía ella–, no entendemos que somos «como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal»: fuertes, preciosos y luminosos.

Resulta una bestialidad –diría Teresa– que la fuerza, la excelencia y la luz se utilicen para cosas tan poco humanas como dibujar líneas que matan, fronteras que deciden a un lado la vida y a otro la muerte o que inventan cifras, cuotas de existencia.

¿Quiénes somos? Teresa lo vuelve a preguntar, porque ve que «no nos entendemos, ni sabemos lo que deseamos, ni atinamos lo que pedimos». Con dolor, decía: «Ahora, Señor, no se quiere ver. ¡Oh, qué mal tan incurable!». Y con conciencia de la ceguera, añadía: «¡Oh codicia del género humano, que aun tierra piensas que te ha de faltar!».

Poner fronteras, contar el número de los que caben, desalojar, impedir entrar, evaluar los costes, analizar la desestabilización, preservar la identidad… son solo formas diferentes de resolver profundos problemas del mismo modo: mirando hacia otro lado.

«Esa codicia del género humano» que quiere asegurar su pedazo de tierra y con ella su seguridad, hace olvidar algo que también dice Teresa, orando con dolor y preocupación: «Resplandezca vuestra misericordia en tan crecida maldad; mirad, Señor, que somos hechura vuestra. Válganos vuestra bondad y misericordia».

Hechura de Dios, sin excepción. Nadie está fuera de la fuente originaria de la vida: eso elimina cualquier diferencia y debería eliminar cualquier desigualdad.

Si hay tanta semejanza entre los seres humanos, se entiende la pregunta que lanzaba una conocida actriz, hablando del éxodo sirio: «¿Cuántos podríamos decir con honestidad que en su posición no haríamos lo mismo, enfrentados al miedo, la pérdida de esperanza y a una evidente falta de voluntad política internacional para acabar con el conflicto?».

Ahora se trata del conflicto sirio, pero será inevitable seguir hablando de tantos que siguen abiertos, con la violencia armada o la violencia sigilosa del hambre, que resume las carencias esenciales. Violencias que provocan éxodos, que alientan el tráfico de personas y que son alimentadas por la codicia humana, que olvida y no quiere ver.

Antes, el nobel Soljenitsin, superviviente de los campos de castigo soviéticos, decía que no se habla ni actúa de la misma manera, desde un barracón, en condiciones inhumanas, bajo vejaciones continuas y amenaza de muerte, que desde el cuarto caliente y ordenado en el que, mucho más tarde, escribía sus libros.

Tal vez, sea necesario recordar estas reflexiones y recordar con Teresa que la tierra que pisamos no es nuestra, sino recibida; la tierra y todo lo demás que, por el mero hecho de haber nacido en una latitud y en un ambiente propicio, se puede lograr.

Y recordar sus palabras, que atañen a todos: «Aquellos bienes no son suyos, sino que se los dio el Señor como a mayordomos suyos, para que partan a los pobres, y que les han de dar estrecha cuenta del tiempo que lo tienen sobrado en el arca, suspendido y entretenido a los pobres, si ellos están padeciendo».

Cuando Teresa habla de la presencia permanente de Jesús, une esa presencia a un modo muy concreto de vivir: «Querer tanto para su prójimo como para sí». Da qué pensar y da una razón imperiosa para querer menos para uno mismo: que llegue a haber para los demás. Y enlaza con lo que el Papa Francisco ha recordado: que los refugiados –y todo sufriente– son la carne de Cristo que pide acogida. Una acogida concreta que requiere criterio y responsabilidad y, también, valor.

La fuerza para acoger a Cristo, a los sufrientes de mil rostros, la da el mismo Jesús que –dice Teresa– «no hace diferencia de Él a nosotros», que ha adelantado su «Sí», para que no haya excusa para hacer diferencias. Y no ir solos, sino «hacerse espaldas», juntarnos «para procurar más su honra y gloria y algún provecho de las almas».

«Entender en obras de caridad y esperar en la misericordia de Dios, que nunca falta a los que en Él esperan», es lo que aconseja Teresa. Mirar de frente y tender la mano a quien necesita un poco de humanidad y confiar en Dios.

Obrar y confiar. También, y sobre todo, eso son cosas de hombres y de mujeres.

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Contra la trampa del miedo. El Adviento como antídoto

Sábado, 12 de diciembre de 2015

8299236901_736df3738b_zYolanda Chaves; Mari Paz López santos; Patricia Paz
Los Ángeles; Madrid; Buenos Aires.

ECLESALIA, 27/11/15.- Antes de ponernos a escribir nos planteamos contestar la siguiente pregunta: ¿Cuál es el arma más destructiva, sofisticada y letal en el mundo actual?

Una de nosotras dijo: “¡La corrupción, o podríamos decir la avaricia que es lo que lleva a la corrupción, o el materialismo… el dinero! Elegiría la corrupción una de las armas letales. Creo que en el mundo lo que sobra es esto. Creo que cualquier sistema, sea de derecha o de izquierda, con una administración honesta y orientada al bien común resolvería los problemas de la pobreza y el hambre. Pero… ¿qué pasa? Los políticos no hacen lo que se necesita para llegar a esto por corrupción. La democracia ha perdido su sentido porque está manejada por las corporaciones y las grandes fortunas. Un mercado transparente sería eficiente, pero no existe. Un estado fuerte y presente sería eficiente, pero tampoco existe. No hay nada nuevo bajo el sol, pero a lo mejor la cosa se ha exacerbado con la globalización”.

Otra de nosotras dijo: “Creo que la peor arma de destrucción masiva es el poder. Es letal porque crece y crece; nunca se sacia. Queremos tener el poder de imponer nuestras ideas, nuestros criterios, nuestras reglas. Someter y controlar nos hace poderosos. He visto que ésta es una de las realidades que nos afecta más profunda y universalmente. Es una cuestión que causa la pérdida de valores porque quien tiene el poder puede asignar una cotización a un animal, a un rio, a una idea, a los recuerdos o a la dignidad de un ser humano. Cuando un ser humano es devaluado en su dignidad por alguien más fuerte, se está atentando contra la humanidad entera. La necesidad de poder en una de las realidades humanas que maldice y por tanto, destruye masivamente. Creo que lo que nos queda es no perder la confianza en el ser humano, confiar que dentro de nosotros hay una fuerza honesta y genuina que quiere vivir para conectarse con los demás. Podemos ser un nosotros viviendo en un equilibrio fraterno”.

Y, la tercera dijo: “Creo que el arma más destructiva, sofisticada y letal en el mundo que vivimos es el miedo. Esa fuerza que paraliza poco a poco. En primer lugar aceptando las pequeñas injusticias, las que parece que no tienen importancia; en segundo, las que vemos que oprimen a otros pero que no tocan nuestro bienestar. Cuando el nivel de injusticia va subiendo, es que nos fuimos acostumbrando en las sucesivas etapas. Nos vamos aclimatando, nos van domesticando e insensibilizando, y olvidamos que la dignidad humana es cosa seria y que hay que defenderla empezando por lo pequeño. El miedo produce parálisis, anestesia la sensibilidad, nos hace vulnerables y no nos permite reconocer el cerco que, la corrupción, el ansia de poder, el deseo de dominio sobre la naturaleza, sobre los recursos energéticos, alimentarios, tecnológicos, etc. va construyendo a nuestro alrededor haciéndonos olvidar quienes somos, porqué estamos aquí y hacia donde caminamos”.

Contestada la pregunta nos dispusimos a adentrarnos en las tres lecturas del domingo I Adviento (Jer 33, 14-16; ITs 3, 12-4,2 y Lc 21, 25-28.34-36), abriéndonos a la escucha de la Palabra para este tiempo, que invita a renovar la esperanza.

No hubo tiempo para leer las lecturas. Los medios de comunicación de todo el mundo ponían nuevamente ante nuestros ojos y oídos el horror de la barbarie, esta vez en el corazón de Europa: “¡Matanza en París!

Parece ser que el fin a conseguir de parte de los violentos es cortar las alas de la libertad. ¿Qué libertad? La de movimiento, la de la acogida, la de discernimiento; y su victoria será cierta si consiguen la sumisión absoluta de la buena gente que quiere la Paz, con mayúsculas y en todo el mundo.

Se habla, se escribe, se dibuja, se debate en estos días sobre las mal llamadas “guerras de religiones”. ¡Qué no nos manipulen! No es una guerra de religiones. Es más, si estudiáramos a fondo todas las denominadas “guerras de religiones” a lo largo y ancho de la historia, concluiríamos que no eran de religiones sino de poderes. Política, Economía y Religión dejan de ser lo que originariamente deberían ser, en cuanto se vuelven y revuelven contra el ser humano en todas sus facetas. Y en pleno siglo XXI están en vigor todas las fórmulas de ambición, corrupción y destrucción. No somos mejores que los que nos antecedieron y además a estas alturas tenemos más capacidad de destrucción que en épocas pasadas. Desgraciadamente el ser humano olvida la Historia y repite las locuras.

Gandhi decía: “El enemigo es el miedo. Creemos que es el odio, pero es el miedo”.

Hay que saltar por encima de la trampa del miedo y, para ello, nos vendrá bien adentrarnos en el tiempo de Adviento que nos habla de los contrastes tan fuertes que vive el ser humano en todas las épocas: la violencia y la confianza; el miedo y la esperanza; y la fe inquebrantable en que las cosas pueden ser de otra manera.

En estos días de sufrimiento, de oscuridad y de violencia, quienes seguimos creyendo en la humanidad debemos “estar en vela, orando en todo tiempo” (Lc 21, 36). Vigilantes, pero sin miedo. Hemos de cuidar que se renueve la esperanza, la fe en la vida. Hemos de mantener la certeza de que la comunidad global llegará a vivir en la Paz que emergerá indestructible desde nuestra conciencia para extendernos los brazos unos a otros con mirada cristalina y recién nacida.

Mantenernos unidos en un mutuo amor que empieza por los cercanos, pero no exime de entender, atender y preocuparse con igual amor de los que nos son diferentes, ya sea por nacionalidad, cultura, religión, raza, sexo… La humanidad es una, y el ser humano, tu hermano (I Tes 3,12).

“Apiñaos y venid, acercaos juntos, supervivientes de las naciones” (Is 45, 20). ¿Quiénes son esos que se apiñan, se juntan, se acercan y vienen de camino? Todo hombre y toda mujer que caminan llevando de la mano a los niños. Es la buena gente que quiere vivir la vida con esperanza, sin violencia y en paz.

Que el Adviento nos mantenga erguidos y con dignidad, ahuyentando el miedo, denunciando la injusticia que provoca guerras y sufrimiento, aplicando el antídoto del amor contra la sinrazón del odio y la manipulación

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“¿Quién tiene la culpa de la homofobia?”, por Ramón Martínez

Lunes, 21 de septiembre de 2015

tumblr_ljbb7pWDc71qezy3vo1_400Un buen artículo, como siempre, que hemos leído en Cáscara Amarga:

Últimamente, y no sin sorpresa, cuando me quejo de la suciedad que continúa impregnando los suelos y los cielos de Madrid o en aquellos momentos en que el servicio de BiciMad me exaspera por su característico mal funcionamiento, encuentro una respuesta habitual: se justifican estas y otras deficiencias de mi ciudad porque “la gente es muy guarra”, “hay gente que hace un uso indebido”, etc. Si bien es cierto que si nadie tirase papeles al suelo no estaría tan sucio, y si nadie tratara de robar bicicletas -y lo consiguiera- sería mejor el servicio -o no, porque es vergonzoso-, no dejo de plantearme hasta qué punto puede culparse a las personas, en tanto que individuos, de los problemas que hemos de padecer todos y todas. Del mismo modo me preocupa también cómo encontrar culpables de la homofobia -y bifobia y transfobia- con la intención, sobre todo, de conocer cuál puede ser el trabajo activista más adecuado para erradicar la discriminación contra las personas no heterosexuales.

Esta semana hemos conocido una investigación realizada en Italia en que se demuestra que la homofobia se relaciona con determinados rasgos de la personalidad, como la tendencia al psicoticismo y la presencia de unos mecanismos de defensa inmaduros. Existe, así, una “asociación notable entre los aspectos disfuncionales de la personalidad y las actitudes homofóbicas”, según señala Emmanuele A. Jannini, uno de los responsables del estudio. Y aunque resulta interesante saber que el odio hacia personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales puede tener un origen evitable con la adecuada medicación, no dejo de recordar uno de los gritos habituales en las manifestaciones contra la violencia de género: “No están locos, son asesinos”.

“Explicamos desafueros y maldades alegando que su causante ha perdido el uso de razón, o que es un sádico cuya enfermedad le hace cometer perversidades” dice Salvador Giner en su estudio sobre la sociodicea, la justificación de la sociedad tal como es, con sus males, o de un mal en particular por resultar necesario para otros fines o considerase inevitable. Parece así que este estudio contribuye de algún modo a la justificación de la homofobia: entendermos que las personas homófobas están enfermas, y entonces merecen nuestra lástima, nuestra preocupación por su mejora, no nuestra condena. Del mismo modo, ante el aumento de agresiones contra lesbianas, gais, bisexuales y transexuales que vemos en las noticias últimamente, no es extraño encontrarse con intentos de justificación del tipo “nuestra sociedad es así” o “siempre existirá la homofobia”. En ellas, cuando es una persona no heterosexual la que pronuncia dichas justificaciones, no puedo sino encontrar la asunción de planteamientos propios de la heterosexualidad dominante que Goffman anunciaba en su estudio sobre el estigma. Cuando es una persona heterosexual quien trata así de justificar el mal, por contra, es apreciable el intento de desinvidualizar la culpa, arrojándola de sí misma a la masa que componen todas las personas. Decir que la homofobia -y la bifobia y la transfobia- forma parte de nuestra cultura no es sino una forma de sociodicea a través de la que el individuo trata de limpiar su reputación arrojando toda sospecha a una entidad supuestamente superior en la que parece no participar. Se traslada del plano micro al plano macro, y se olvida que como individuos somos nosotros y nosotras quienes, con nuestras acciones, construimos una y otra vez esa cultura en la que todos participamos; que somos personas únicas pero estamos atravesadas por esos planteamientos de la masa que nos interrelaciona, como ha señalado Sloterdijk. Tratamos de dormir tranquilos con la excusa de la cultura y olvidamos que, dice Rapport, “culture is no excuse”.

La culpa de la homofobia -y bifobia y transfobia- es una culpa compartida. Si bien es cierto que estamos socializados en una cultura que presenta como convencionales determinadas acciones que entrañan consideraciones negativas sobre la Diversidad Sexual y de Género, depende de todos nosotros, a nivel particular, decidir si seguimos esos supuestos mandatos culturales o no lo hacemos. La cultura se compone de dos cajas de herramientas -buenas y malas- que usar frente a un estímulo, y nos es posible empezar a escoger las buenas. Si nuestra autonomía fuera imposible todo el mundo estaría agrediendo a personas heterosexuales, y todos los maridos matarían a sus mujeres. Si en lugar de justificar los males sociales como la intolerancia nos comprometemos en lo particular y desarrollamos micropolíticas que se opongan a lo “tradicional”, será posible una revolución que erradique el machismo, el toro de la Vega y, por supuesto, la homofobia -y bifobia y transfobia-. Ésa es la parte de trabajo que corresponde a los individuos. “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”, dice la frase falsamente atribuída a Gandhi. A los poderes públicos hemos de demandarles las políticas macro que propicien, entre otras muchas cuestiones, nuestro compromiso en lo micro. Y así será más sencillo limpiar Madrid, porque lo habremos manchado menos, o que funcione BiciMad porque lo estemos usando mejor -quizá, no estoy seguro-, o que se erradique cualquier forma de discriminación.

Tan fácil como dejar de justificar el mal y no volver a insultar a un compañero de clase porque no es gay, lesbiana, bisexual o transexual. Tan fácil como que un instituto cuelgue un cartel fomentando el respeto hacia la Diversidad Sexual y de Género. De eso trata la magnífica campaña de Arcópoli Al Insti igual que tú. Porque si conseguimos que exista un solo adolescente LGTB libre, puede salvarnos a todos; puede salvar nuestra Cultura.

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“La Mística de los ojos abiertos”, por Xavier Melloni s.j.

Miércoles, 25 de marzo de 2015

9898c83e257b522e6e894e32eede5197La mística tiene que ver con el desplegarse de todos los sentidos en una creciente captación y entrega a lo real. Por ello no deja de ser una redundancia hablar de una mística de ojos abiertos, porque una mística que los cerrara y llevara al retraimiento no sería ningún camino verdadero. Pero también es cierto, que comprendemos lo que se desea acentuar cuando así se especifica., porque no todas las místicas tienen la misma orientación.

Johann Baptista Metz presentó precisamente su último libro bajo este título: “Por una Mística de Ojos Abiertos” (Herder, 2013). En esta obra recoge cuanto podía esperarse de una voz que durante décadas ha recordado lo ineludible del compromiso histórico, particularmente con los más desfavorecidos, para quien quiera seguir el camino cristiano. En las últimas décadas son muchos los que han encarnado y siguen encarnando un modo de estar presentes en la realidad política y social nutrida por la mirada interior: Gandhi se entregó a la lucha no violenta por la emancipación de su país y de los descastados; Dag Hanmarskhöld creó una nueva conciencia en la cooperación internacional desde su cargo como Secretario general de las Naciones Unidas; Martin Luther King dio su vida por lograr la igualdad de derechos entre blancos y negros norteamericanos; Ignacio Ellacuría y compañeros cargaron con la responsabilidad de hacer de mediadores en la realidad de Centroamérica; la comunidad trapense de Tibhirine permaneció hasta el final en la tierra islámica apostando por el diálogo interreligioso; Pedro Casaldáliga sigue siendo bardo y profeta en la selva de la Amazonía; Leonardo Boff y todo el grupo brasileño (Frei Betto, etcetc.) siguen inspirándonos con sus mensajes comprometidos con el cuidado de la tierra. Todos ellos son ejemplos visibles de la fecundidad de tener ojos abiertos hacia dentro y hacia afuera al mismo tiempo, poniendo los acentos que a cada cual le tocan vivir.

El reto que se presenta a nuestro tiempo es que la mirada hacia lo interior no se evada de la complejidad de nuestro mundo, así como la mirada hacia lo exterior no suponga un descuido del cultivo de lo interior. Nuestra tendencia hacia uno de los polos hace que tengamos desconfianza y reticencias respecto a los que están decantados por el otro. Acabamos de mencionar algunos de los referentes que ilustran lo fecunda que es una vida cuando está iluminada por esta doble visión.

Por otro lado, hablar de una mística de ojos abiertos en el contexto del centenario del nacimiento de Teresa de Jesús es hablar de ella misma, porque fue una mujer ciertamente despierta. Pero fue despierta porque despertó a algo mayor que sí misma. No bastaba con que tuviera un carácter vivaz, que lo tenía, sino que se le abrió una mirada interior que le permitió ver y vivir de otro modo. La reforma del Carmelo brota de una hondura y apertura que potenciaron lo mejor de su personalidad. La lucidez, libertad y valentía que nacieron de ahí la llevaron a la reforma de su orden religiosa. Cada cual ha de escuchar a qué reforma se le convoca. Colectivamente lo que está en juego es la transformación de una sociedad entera, hacia ese otro mundo posible que se hace real cuando hay suficientes miradas lúcidas y comprometidas para cambiar el estado actual de las cosas.

Cultivar la mirada interior para disponer la mirada exterior.

Antes de referirme a lo que conviene mirar, me gustaría aclarar que el cerrar los ojos de la práctica meditativa es para abrir el ojo interior. El caer de los párpados indica el necesario apartamiento dela inmediatez para poder mirar la realidad desde mayor perspectiva. Es inadecuada la comparación que se hace a veces de Cristo muriendo en la cruz con los ojos y brazos abiertos ante el dolor del mundo y el Buda con los ojos cerrados y meditando como si se quisiese evadir del sufrimiento y del mundo. En verdad, son dos modos de estar presente en y para el mundo: uno solidarizándose con el dolor y clamando junto con los que sufren, mientras que el otro enseña a transformarlo mediante el estado meditativo. El episodio del Éxodo en que Moisés ora desde lo alto con las manos extendidas mientras Josué lucha en el llano (Ex, 17, 8-12) es otra expresión de cómo estos dos modos de estar presentes son necesarios y que es importante saber cuándo es tiempo para cada uno: estar codo a codo en la trinchera y tomar distancia para poder mirar con perspectiva.

Hace algunos años un compañero jesuita que llevaba mucho tiempo en el altiplano boliviano entre los aymaras me comunicó una experiencia que vale la pena transmitir. Una mañana se acercó a uno de los poblados para consultar a un anciano un asunto de importancia. Le dijeron que don Genaro estaba ausente pero que regresaría más tarde. Al cabo de unas horas mi compañero volvió a preguntar por él y le dijeron que todavía no había regresado. Volvió por tercera vez al final del día, y todavía no había regresado. MI compañero preguntó esta vez con impaciencia:

– ¿Se puede saber dónde esta?

Uno de los ancianos que estaba presente le indicó una pequeña figura blanca que estaba en el cerro.

– Ahí esta don Genaro.

– ¿y qué hace?

– Está llenándose de luz.

Difícilmente podría decirse mejor lo que está en juego: llenarse de luz para iluminar con esa luz la realidad que se ve. ¿Qué es lo que ven unos ojos abiertos por la experiencia interior? Perciben presencia donde la mirada ordinaria sólo vive la ausencia y captan la interconexión de todo donde la mirada ordinaria sólo ve fragmentación y caos. En lenguaje clásico, “ve a Dios en todas las cosas y a todas las cosas en Dios”.

Esta fue precisamente una de las experiencias que tuvo Teresa de Jesús al inicio de su conversión. Explica ella misma en su autobiografía: ” Estando una vez en oración, se me presentó en breve, sin ver cosa formada, más fue una representación con toda claridad, cómo se ven en Dios todas las cosas y cómo las tiene todas en sí. Saber escribir esto, yo no lo sé, más quedó muy imprimido en mi alma. Es una de las mercedes que el Señor me ha hecho y de las que más me ha hecho confundir y avergonzar, acordándome de los pecados que he hecho. Creo que si el Señor fuera servido viera esto en otro tiempo y si lo viesen los que le ofenden, que no tendrían corazón y atrevimiento para hacerlo” (Vida, 49,9)

La relación que hace Teresa entre la gracia recibida y la confusión por su pecado no es secundaria. Al haber percibido que Dios está en todo, le confunde que el ser humano pueda ensuciar la sacralidad de lo existente. Si Dios está en todo, todo es sagrado, y estamos llamados a vivir de forma sagrada todos nuestros actos y relaciones. La apertura de los ojos tiene que ver con la capacidad de percibir la sacralidad de lo real, la cual otorga a cada ser un valor infinito.

La interrelacionalidad de todas las dimensiones.

Después de los movimientos pendulares que nos han decantado por un polo a costa de descuidar el otro, el reto del momento actual es que seamos capaces de integrar las diferentes dimensiones de la realidad. Simplificadamente podemos distinguir cuatro ámbitos: el personal, el interrelacional, el político social, y el ecológico. Hemos de aprender a cultivar esta cuádruple dimensión desde la mirada interior para percibir su interdependencia y circularidad. Esta interconexión de todo con todo y de todos con todos ha adquirido hoy escala planetaria, lo cual hace todavía más necesaria una visión profunda para poder abarcar tanta amplitud. Es necesario conjugar las oposiciones y hacerlas fecundas: conjuntar la liberación interior y el cambio de las estructuras, la reconciliación de las relaciones humanas y la reconciliación con la naturaleza, con la convicción de que las cuatro dimensiones crecen a la vez y que ninguna de ellas se puede posponer. Trabajar el conocimiento de uno mismo, fomenta la cultura de la paz para posibilitar la convivencia entre identidades culturales y religiosas, luchar por la igualdad y la justicia, y cuidar de la tierra son aspectos de una misma y única tarea: vivir en estado de apertura, de veracidad y de venerabilidad ante todo lo que existe porque se percibe que emana de una fuente común.

ACERCAMIENTO A LAS CUATRO DIMENSIONES

Decía santa Teresa que tenía por más un minuto de verdadero autoconocimiento que muchas horas de oración. Cuando se abren verdaderamente los ojos, uno se ve en lo que ve. No de un modo narcisista, ya que eso nos impide cualquier ver, ahogados en el propio ensimismamiento. El verse así mismo en lo que se ve permite captar que uno no está separado de lo demás ni de los demás. En este camino integral es necsario darse cuenta de que cuánto más honda es la transformación interior, mayor es la captación de lo exterior. Y es que no vemos la realidad tal como es sino tal como somos. Caundo no somos conscientes de esto, proyectamos sobre los demás los propios conflictos y este mutuo arrojarse los demonios crea mas infierno porque nadie comienza por responsabilizarse de sus asuntos no resueltos. Todos tenemos heridas que nos producen un sufrimiento permanente que, sin saberlo condiciona nuestras reacciones y percepciones sobre los demás los demás. El trabajo sobre uno mismo como condición de posibilidad para actuar sobre el mundo ha sido urgido de muchas maneras, no para posponer el compromiso con el mundo, sino para ser consciente de que ambos cambios caminan juntos en todo momento. Ghandi dijo:” Sé tu el cambio que quieres ver en el mundo”

La comprensión del sufrimiento ajeno.

Cuando este trabajo está presente se tiene mayor claridad de lo que sucede en los demás. Se puede captar el sufrimeinto ajeno porque uno está en contacto con el propio, sin eludirlo ni proyectarlo. Uno de los contemporáneos que mas ha colaborado en esta toma de conciencia es Thich Nhat Hanh, monje budista vietnamita que estuvo comprometido desde la no-violencia en la guerra civil de su pais, tratando de hacer de mediador entre ambos bandos. Ante la fuerza debastadora de la ira, se percato que tras ella había un gran sufrimiento, que al no saberse liberar de otro modo generaba todavía más violencia, la cual provocaba todavía un sufrimiento mayor. De la comprensión surge el perdón y la compasión, entendiendo esta en sentido budista: amor consciente. En tal tradición, sabiduría y compasión van de la misma mano. Son las dos caras del mismo despertar. Cuando se comprende se ama. Sólo podemos amar lo que comprendemos, a la vez que amar nos ayuda a comprender. Tal es la base de la reconciliación y del perdón. Una reconciliación y un perdón no sólo dirigidos a los agresores de la propia biografía, sino también a los agresores de la biografía de la humanidad. Pertenece a la misma llegar a comprender que todos somos verdugos y víctimas, que no hay un nosotros y ellos, sino un único nosotros. Esta percepción no desresponsabiliza a nadie ni justifica nada, sino al contrario, hace más corresponsable.

La comprensión de los procesoso sociales.

Los sistemas económico-políticos son la expresión y el resultado de un determinado estado de consciencia colectivo. El grado de depredación y de vandalismo que legitiman depende del avance o regresión de las pulsiones, de toda una sociedad, incluso de una civilización. Determinadas estructuras legitiman, refuerzan tales pulsiones o las contienen y son capaces de canalizarlas hasta llegar a transformarlas. La actuación individual se inserta en un complejo sistema que refuerza o atenúa las desigualdades sociales. Captar la interrlación intrínseca entre el estado interior, la acción local, y la repercusión global requiere gran capacidad de análisis, de información y de ecuanimidad tanto mental como emocional. La glocalidad es una visión nueva de las cosas que incluye también la perspectiva temporal, es decir, las actuaciones de efectos inmediatos y a largo plazo. La mirada depredadora, en cambio, es fragmentaria e inmediata. Estrecha la franja del tiempo, pierde la memoria y olvida el relevo generacional.

El respeto y la gratitud por las cosas

Todo lo que nos rodea es don de la tierra pero nos comportamos como depredadores incapaces de darnos cuenta de las consecuencias de nuestra compulsión. El daño al planeta y a los que viven junto a los lugares que codiciamos es un mismo y único daño que nos estamos infigiendo todos.. Una mísitca de los ojos abiertos tiene que darse cuenta de los efectos de nuestra codicia y del complejo recorrido de los productos que utilizamos despreocupadamente cada día. Ya no podemos ignorar que los 100-150 gramos de cada móvil generan 80Kg de mochila ecológica, además del trastorno que causa a los países africanos la extracción del coltán necesario para nuestros aparatos. El respeto por las cosas es inseparable de las personas que están junto a ellas y tras ellas. Capatr esta relación forma parte de una mirada integrada, iluminada y absolutamente necesaria. Todo ello ha de llevar a un cambio de vida. “Tener menos, para tenerse más” Dejó dicho Facundo Cabral. O como se está difundiendo entre ciertos movimientos alternativos: “Menos es mas”. Dar este giro es todavía un gran avance civilizatorio que todavía es contracultural. Saber ver es saber agradecer. Sólo una mirada agradecida es capaz de darse cuenta del don de cada cosa, de cada objeto que llega a nuestras manos, lo cual lleva al mismo tiempo a restituír lo que tomamos a aquellos a los que les pertenece.

Todo ello son sólo atisbos de un mirar capaz de captar el todo en la parte y la parte en el todo. Si bien la m´sitica había sido en el pasado un cima, hoy urge que se convierta en un punto de partida, en un modo de vivir que lleve a ver a Dios en todas las cosas y todas las cosas en Dios. Dios significa aquí ese Fondo de lo real que es inseparable de las mismas cosas y que al percibirse inseparablemente en ellas, transforma nuestra forma de relacionarnos y de comportarnos con todo. Disponemos del legado de las tradiciones religiosas y espirituales de la humanidad para adiestranos en ello. Tradiciones que también ellas están llamadas a mirarse y venerarse mutuamente con la luz que se recibe de una mirada abierta sobre la realidad.

Revista Éxodo, núm. 127, Febrero 2015

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El viajero más grande

Miércoles, 11 de marzo de 2015

Del blog Pays de Zabulon:

courir

El viajero más grande no es el que ha dado diez veces la vuelta al mundo,

sino el que ha dado la vuelta una sola vez alrededor de sí mismo. ”

*

Gandhi

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Ser un hombre de oración

Viernes, 30 de enero de 2015

En el día en que recordamos la muerte de Mahatma Gandhi y el Día Día Escolar de la No Violencia y la Paz, traemos estos textos acerca de la oración, centro de toda vida creyente.

De blog de la Communion Béthanie:

1-25-09 001

Yo no soy un hombre de letras
o de ciencia
Yo pretendo ser humildemente
Un hombre de oración …
Es la oración lo que me salvó la vida.
Sin la oración,  hace tiempo que
hubiera perdido la razón.
Si no he perdido la paz del alma,
A pesar de todas las dificultades,
Es porque la paz viene de la oración.
Se puede vivir unos días
sin comer, pero no sin orar.
La oración es la llave de la mañana y el cerrojo de la tarde.
La oración es esta alianza sagrada
Entre Dios y los hombres
Para ser libre
de las garras del príncipe de las tinieblas.
Tenemos que elegir:
aliarnos con las fuerzas del mal
O, por el contrario, con  las fuerzas del bien!
Este es mi testimonio personal:
Que cada uno intente la experiencia
Y se dará cuenta de que la oración diaria
Añade algo nuevo a su vida,
Algo que no tiene equivalente
En ninguna parte …

*

Mahatma Gandhi

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Un hombre de oración

La oración ha salvado mi vida. Si la oración no me hubiera sostenido, hace tiempo que habría perdido la razón. Atravesaba entonces por las pruebas más duras de mi vida, pública y privada. Durante algún tiempo estuve hundido con una verdadera desesperación. Si pude salir a flote, fue gracias a la oración.

No le he concedido a la oración, en mi vida, el mismo sitio que a la verdad. Fue por pura necesidad por lo que me puse a orar, ya que me hubiera sido imposible ser feliz sin la oración. Luego, según iba pasando el tiempo, aumentó mi fe en Dios y mi necesidad de orar fue haciéndose cada vez más irresistible. Sin la oración, la vida me habría parecido anodina y vana.

Había asistido en África del Sur a una ceremonia cristiana, pero aquella experiencia me dejó indiferente. No llegué a sentirme en comunión con la asamblea. Ellos suplicaban a Dios, pero yo era incapaz de hacerlo. Fue un fracaso lamentable.

Al comienzo de mi vida, yo no creía en Dios ni en la oración; fue más tarde cuando empecé a sentir en mí cierto vacío. Finalmente, llegó el día en que la oración me pareció tan indispensable para el alma como el alimento para el cuerpo. La verdad es que la oración es todavía más vital, pues a veces hay que ayunar por razones de salud. Pero nunca hay que dejar el alma ayuna de oración. Jamás se sentirá saciada.

Tres de los mayores maestros del mundo -Buda, Jesús y Mahoma- nos han dejado un testimonio irrecusable de que la iluminación les vino de la oración y de que no habrían podido prescindir de la oración. Del mismo modo, ha sido en la oración donde millones de hindúes, musulmanes y cristianos han encontrado su único aliento.

Me diréis que todos esos hombres estaban engañados o que nos han engañado a nosotros. Os responderé que es en esos casos en donde yo encuentro cierto encanto a esa «mentira», que me ha dado la razón de vivir y me ha hecho soportable la existencia, a pesar de ser un buscador de la verdad. Aunque muchas veces tuve que vérmelas con situaciones que, en el plano político, me parecían desesperadas, nunca he perdido el sentimiento de paz que en mí anidaba. Muchos han sentido envidia de esa serenidad. Es la oración la que lo explica.

No soy un sabio, pero pretendo humildemente ser un hombre de oración.

Poco importa la manera de orar. En esta materia, cada uno es su propia ley. Sin embargo, hay ciertos itinerarios claramente jalonados y que es más seguro seguir, sin separarse de ellos, ya que han sido trazados por maestros expertos de antaño. Tal es mi testimonio personal. Cada uno podrá comprobar cómo la oración cotidiana añade algo nuevo a la vida (Mt. 111,139-140).

*

Gandhi. “Todos los hombres son hermanos”, 95-97

preghiera

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