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Archivo para Domingo, 23 de febrero de 2014

La Ley del Corazón.

Domingo, 23 de febrero de 2014

Del blog de la Communion Béthanie:

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Señor enséñame la ley,
la ley del corazón,
la que respeta al otro.
Una ley de amor que despierta
y no una ley que vigila.
Concédememe el ver el sufrimiento de mi hermano
sin negarme a mirarlo.
Concédeme el escuchar la llamada de mi hermano
sin negarme a responder.
Concédeme el tomar la mano de mi hermano
sin negarme a apretarla.
Señor enséñame tu ley.
Tu ley del corazón.
Tu ley de amor.

Perdón Señor por las faltas a tu ley.
Y sobre todo por la ley aplicada al pie de la letra.
Perdón por todas las leyes
que han puesto al hombre de rodillas,
las que lo han humillado,
las que le arrancaron a su padre, a su madre,
a su mujer y a sus niños.

Perdón por todas estas leyes inicuas,
por estas caricaturas de la ley
que todavía hoy dictan la ley.
Las que permiten castigar injustamente
a causa del color de la piel,
a causa de la extrañeza del nombre.
A causa de su orientación sexual.

Perdón por todas estas leyes infames
que todavía hoy
por toda la tierra,
en todas las naciones,
civilizadas o no,
crucifican al hombre.

Concédeme, Señor,
el vivir alrededor de mí
una ley que en tu nombre
libere al hombre,
una ley que ponga en pie al hombre.

*
Según Robert Riber

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

“Una llamada escandalosa”. 23 de febrero de 2014. 7 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 38-48.

Domingo, 23 de febrero de 2014

enemigosLa llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

José Antonio Pagola

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“Amad a vuestros enemigos” . Domingo 23 de febrero de 2014. 7º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 23 de febrero de 2014

love_enemyLeído en Koinonia:

Lv 19,1-2.17-18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo
Salmo responsorial 102:  El Señor es compasivo y misericordioso
1Cor 3,16-23: Todo les pertenece, ustedes de Cristo, y Cristo de Dios
Mt 5,38-48: Amen a sus enemigos

Todos estamos llamados por Dios a ser santos, a ser perfectos, como el mismo Padre lo es; y el camino para llegar a la plena santidad es el amor: amor a Dios y a los hermanos, amor a los que sufren, amor a sí mismo, a la familia, amor a la naturaleza, al cosmos-caos entero.

Las tres lecturas de hoy podría considerarse que están centradas en el tema de la «santidad por el amor».

La primera lectura, un fragmento del «código de santidad» del libro del Levítico, presenta una imagen de santidad mediada por la responsabilidad con el prójimo; es decir, que el camino para llegar a Dios y lograr la santidad comienza con el respeto hacia la vida y la dignidad del otro. Este criterio es el centro de la Ley y los Profetas, el eje que determina nuestra verdadera relación con Dios, el elemento fundamental de la fe, ya que a través de la apertura a los demás es como ciertamente somos partícipes de la promesa de salvación dada por Dios a su pueblo.

Pablo, en la primera carta a los Corintios, considera al ser humano como templo de Dios y morada del Espíritu. Con ello está diciendo que cada persona es presencia concreta de Dios en la historia humana. Este templo del cual habla Pablo es la comunidad cristiana de Corinto, en donde la Palabra anunciada ha sido escuchada y ha surtido efecto. La intención, entonces, de Pablo es advertir a sus oyentes de los peligros que acechan ese templo y que amenazan con destruirlo; esos peligros se encarnan en aquellos que pretenden anular el mensaje de Cristo crucificado a través de discursos provenientes de la sabiduría humana, que rechazan la vinculación e identificación de Dios con la debilidad humana y la solidaridad de Dios con los marginados de la sociedad. El mensaje de Pablo es supremamente importante, pues comprende que el verdadero templo en donde habita Dios son las personas, es en la vida de la humanidad, en los hombres y mujeres de todo el mundo, sin distinción de raza, cultura o religión; de esta manera Pablo supera la reducción de la presencia viva de Dios a una construcción, a unas paredes o a un “lugar” específico de culto. Son las personas el lugar verdadero donde debemos dar culto a Dios; son las personas el lugar privilegiado en donde toda nuestra fe se debe expresar, especialmente con aquellos hombres y mujeres, que, siendo santuarios vivos de Dios, han sido profanados por la pobreza, la violencia y la injusticia social.

El elemento fundamental del proyecto cristiano es presentado en esta sección del evangelio de Mateo: el amor. Este amor propuesto por Jesús supera el mandamiento antiguo (Lv 19,18) que permite implícitamente el odio al enemigo. Lo supera porque es un amor que no se limita a un grupo reservado de personas, a los de mi grupo, o los de mi etnia, o a mis compatriotas, o a los que me aman, sino que alcanza a los enemigos, a los que parecerían no merecer mi amor, o incluso parecerían merecer mi desamor. Es un amor para todos, un amor universal, expresión propia del amor de Dios que es infinito, que no distingue entre buenos y malos. Ser perfecto, como Dios Padre lo es, significa vivir una experiencia de amor sin límites, es poder construir una sociedad distinta, no fundada en la ley antigua del Talión («ojo por ojo, diente por diente», que ya era una manera primitiva de limitar el mal de la venganza), sino en la justicia, la misericordia, la solidaridad, enmarcados todos estos valores en el Amor.

Como seres simbióticos que somos, que no podemos vivir nuestra vida aisladamente, sino que incluso para llegar a ser necesitamos de la convivencia, la compañía, el diálogo… la dimensión moral nos es de inevitable abordaje. No podemos convivir sin alimentar y suavizar continuamente los límites de nuestras relaciones. No hay sociedad humana sin moral, sin derecho, sin ley, sin normas de convivencia. Por su parte, la dimensión religiosa no podría no incluir esa dimensión esencial.

En el Primer Testamento vemos que la mayor parte de los mandamientos son negativos, marcando lo que no se puede hacer, los límites que no se deben traspasar. Es un primer estadio de la moral.

El Evangelio da un salto hacia adelante. Parecería no estar preocupado tanto por los límites cuanto por el «pozo sin fondo» que hay que llenar, la perfección del amor que hay que alcanzar, lo cual no se consigue simplemente evitando el mal, sino acometiendo el bien. Con el Evangelio en la mano, no estaríamos consiguiendo el bien moral supremo, la santidad, simplemente omitiendo el mal, porque podríamos estar pecando «por omisión del bien». Y, como dice santo Tomás, el mandamiento del amor siempre resulta de algún modo inasequible, pues nunca podemos dar cuenta plena de él, siempre se puede amar con más entrega, con más generosidad y más radicalidad. Es típica del Evangelio la propuesta del amor a los enemigos, el amor humanamente más inasequible y racionalmente más difícilmente justificable.

No obstante, la propuesta de esta liturgia de la palabra de una santidad a la que se accedería por el amor, casi como en un acceso privilegiado o casi único, habríamos de adicionarle alguna matización. A la santidad cristiana no se accede sólo por el amor práctico, por la práctica moral o ética. Es cierto que en la historia de las religiones el cristianismo se ha hecho famoso como la religión que más ha organizado la práctica del amor, y por el hecho de que su presencia va acompañada siempre con las «obras de caridad» (hospitales, escuelas, centros de promoción humana, leprosarios, atención a los pobres, a los excluidos…) que le son características. ¿Pero bastará el amor?

¿Y la dimensión espiritual? ¿La espiritualidad, la contemplación, la mística… dónde quedan?

Obviamente, no estamos ante una alternativa amor-caridad/espiritualidad-mística, y los grandes santos de la caridad han sido también grandes místicos. No se trata de una alternativa (o una cosa o la otra), sino de una conjunción necesaria: las dos cosas. Porque las dos se interpenetran perfectamente. De hecho, el santo también es un «contemplativus in caritate», vive la contemplación en el ejercicio de la caridad. La Espiritualidad de la liberación acuñó la famosa fórmula: «contemplativus in liberatione»… como un perfecto ensamblaje entre acción y contemplación, práctica moral y mística.

En realidad, cuando se vive la mística, la moral brota espontáneamente. Sin duda, el cristianiso está desafiado a cambiar su modo de acceder a lo moral, que no ha de ser ya tanto un acceso directo, «moralizante», insistiendo en los preceptos y sus amenazas o castigos, cuanto en un acceso indirecto, por la vía de la mística, de la experiencia mística, que no deja de ser la experiencia misma del amor.

El Concilio Vaticano II, cuyo 50 aniversario se aproxima, abrió un panorama hasta entonces inusitado, el de la «universal llamada a la santidad», una santidad que anteriormente muchos cristianos consideraban reservada a los considerados entonces «profesionales» de la santidad (los monjes, los religiosos, el clero…pero no el común de los fieles. Leer más…

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“De la venganza al amor”. Domingo 7 Tiempo Ordinario. Ciclo A.

Domingo, 23 de febrero de 2014

que-es-perdonar-L-CpfDiRDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado vimos dos recursos de Jesús para combatir el legalismo de los escribas: llevar la ley a sus últimas consecuencias (asesinato, adulterio) y anular la ley en vigor (divorcio, juramento). El evangelio de este domingo termina de tratar el tema añadiendo un nuevo recurso: cambiar la norma por otra nueva. Lo hace hablando de la venganza y de la relación con el prójimo.

Generosidad frente a venganza

Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente.” Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas.

El quinto caso toma como punto de partida la Ley del Talión («ojo por ojo, diente por diente»). Esta ley no es tan cruel como a veces se piensa. Intenta poner freno a la crueldad de Lamec, que anuncia: «Por un cardenal mataré a un hombre, a un joven por una cicatriz» (Génesis 4,23). Frente a la idea de la venganza incontrolada (muerte por cicatriz) la ley del Talión pretende que la venganza no vaya más allá de la ofensa (ojo por ojo). De todos modos, sigue dominando la idea de que es lícito vengarse.

En Las Coéforas de Esquilo se advierte el valor universal de esta idea. Después del asesinato de su padre, Electra pregunta al Coro qué debe pedir, y éste le responde:

− Que un dios o un mortal venga sobre ellos…
− ¿Cómo juez o como vengador?
− Di simplemente, “alguien que devuelva muerte por muerte”.
− Pero, ¿crees tú que los dioses encontrarán santo y justo mi ruego?
− ¿Acaso no es santo y justo devolver a un enemigo mal por mal?

Jesús no acepta esta actitud en sus discípulos. No sólo no deben enfrentarse al que lo ofende, sino que deben adoptar siempre una postura de entrega y generosidad. Para expresarlo, recu­rre a cinco casos concretos. ¿Cómo debes comportarte con quien te abofetea, te pone pleito para quitarte la túnica, te fuerza a caminar una milla (quizá se refiera a los soldados romanos, que podían obligar a los judíos a llevarles su impedimenta esa distancia), te pide, o te pide prestado? Basta hacerse cada una de estas preguntas, pensando cómo responderíamos nosotros, para advertir la enorme diferencia con las respuestas de Jesús.

De todos modos, lo que dice no debemos interpretarlo al pie de letra, porque terminaría amargándonos la existencia. El mismo Jesús, cuando lo abofetearon, no puso la otra mejilla; preguntó por qué lo hacían. Lo importante es analizar nuestra actitud global ante el prójimo, si nos movemos en un espíritu de venganza, de rencor, de regatear al máximo nuestra ayuda, o si actuamos con generosidad y entrega.

Amor al enemigo

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

El último caso parte de una ley escrita («amarás a tu prójimo»: Levítico 19,18) y de una norma no escrita, pero muy practicada («odiarás a tu enemigo»).

Es ciertos que el libro del Éxodo contiene dos leyes que hablan de portarse bien con el enemigo: «Cuando encuentres extraviados el toro o el asno de tu enemigo, se los llevarás a su dueño. Cuando veas al asno de tu adversario caído bajo la carga, no pases de largo; préstale ayuda» (Ex 23,4-5). Pero es curioso cómo se cambia esta ley en una etapa posterior: «Si ves extraviados al buey o a la oveja de tu hermano, no te desentiendas: se los devolverás a tu hermano. Si ves el asno o el buey de tu hermano caídos en el camino, no te desentiendas, ayúdalos a levantarse» (Dt 22,1.4). La obligación no es ahora con el enemigo y el adversario, sino con el hermano (en sentido amplio). Alguno dirá que, para el Deuteronomio no hay enemigos, todos son hermanos. Pero es una interpretación demasiado benévola.

El evangelio es muy realista: los seguidores de Jesús tienen enemigos. Sus palabras hacen pensar en las persecuciones que sufrían las primeras comunidades cristianas, odiadas y calumniadas por haberse separado del pueblo de Israel; y en la que sufren tantas comunidades actuales en África y Asia. Frente a la rabia y el odio que se puede experimentar en esas ocasiones, Jesús exhorta a no guardar rencor; más aún, a perdonar y rezar por los perseguidores.

Lo que pide es tan duro que debe justificarlo. Lo hace contraponiendo dos ejemplos: el de Dios Padre, el ser más querido para un israelita, y el de los recaudadores de impuestos y paganos, dos de los grupos más odiados. ¿A quién de ellos deseamos parecernos? ¿Al Padre que concede sus bienes (el sol y la lluvia) a todos los seres humanos, prescindiendo de que sean buenos o malos, de que se porten bien o mal con él? ¿O preferimos parecernos a quienes sólo aman a los que los aman?

No se trata de elegir lo que uno prefiera. El cristiano está obligado a «ser bueno del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo».

Primera lectura (Levítico 19, 1-2.17-18)

El Señor habló a Moisés:

Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: “Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor. “

La idea de imitar al Dios bueno y santo portándonos bien con el prójimo es el tema de la primera lectura. La formulación es muy interesante, alternando prohibiciones y mandatos. Prohíbe odiar, manda reprender, prohíbe vengarse, manda amar. De ese modo, prohibiciones y mandatos se complementan y comentan. No odiar de corazón significa, en la práctica, no vengarse ni guardar rencor. Reprender es una forma de amar; de hecho, lo más cómodo y fácil ante los fallos ajenos es callarse y criticarlos por la espalda; para reprender cristianamente hace falta mucho amor y mucha humildad.

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Dom 23.3.14. Para alcanzar la paz: perdón y el amor al enemigo.

Domingo, 23 de febrero de 2014

el-camino-de-la-paz-xabier-pikazaDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 7 tiempo ordinario, ciclo A. Sigue el tema del domingo anterior, centrado en las “antítesis” del Sermón de la Montaña (Mt 5, 21-48). Así llegamos al centro del mensaje que Jesús ofrece a quienes quieran escucharle, la verdad del evangelio.

El primer requisito para alcanzar la paz, en las condiciones actuales de la humanidad, dividida por la imposición de unos, el deseo de revancha de otros y el odio de todos, es el perdón, que viene a revelarse como el único poder que rompe el círculo del eterno retorno del pasado (con su ley de acción y reacción) que encierra a los hombres en su destino de violencia (H. Arendt, quizá la mayor experta del siglo XX en el tema del totalitarismo y la violencia social).

Un mensaje más alto…

Este es un mensaje que no puede imponerse, porque en ese caso dejaría de ser evangelio, y se convertiría de nuevo en una ley que es buena, y necesaria, pero no salvadora, ni pacificadora en el sentido radical de la palabra.

No podemos pedirles a los políticos que lo cumplan pues su proyecto se sitúa en otro plano… Pero podemos pedirles a los hombres de Iglesia que lo vivan, lo anuncien, lo proclamen, y esto es lo que yo no veo.

No podemos pedirles a las víctimas de la violencia o a sus representantes que lo cumplan, superando así el talión de la justicia, pero podemos esperar que los cristianos sean (seamos) sensibles más sensibles al proyecto y camino de pacificación de Jesús, renunciando a la venganza, al ojo por ojo, no para negar la justicia, sino para ratificarla desde un nivel más alto de verdad hecha amor. Sólo superando la venganza podremos romper el circulo de la violencia, de un modo creador, creando condiciones de regeneración del tejido social

Éste es un mensaje que me gustaría escuchar más a los cristianos, no sólo en un nivel de amor intimista, sino de compromiso de “liberación” social, desde arriba, como revelación de Dios:

He escuchado a los obispos de España diciendo cosas buenas sobre la ley natural y sobre algunos elementos de la moral cívica… pero no les he escuchado proclamar de verdad este evangelio, aplicándolo a la situación social en que vivimos, para así “crear” un hombre nuevo, en línea de perdón.

He escuchado muchas cosas buenas a las emisoras y televisiones que se dicen católicas, pero no he visto que desarrollen de manera consecuente el tema de este evangelio, para hacer así que la justicia, sea más que justicia, como supo y dijo Pablo al haber de la justificación de los “pecadores”.

He escuchado algunas buenas palabras a los políticos que se dicen cristianos…
. Pero en general me parecen muy propensos a la venganza, ojo por ojo, cárcel por cárcel.

Unos y otros tendemos a olvidar el mensaje y camino de Jesús. Buscamos nuestra verdad, más que el bien del otro. Buscamos la seguridad propia a costa de los demás…. Nos llamamos demócratas, pero en general no ofrecemos una oportunidad y un camino de vida para los que son distintos…

Este evangelio tiene otros matices, puede verse desde otras perspectivas… Pero está en el centro del mensaje de Jesús, no para exigir a otros que lo vivan, sino para animarnos a vivirlo los cristianos. Tiene dos partes, que comentaré brevemente. Buen fin de semana a todos

Más allá del ojo por ojo:

Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo os digo:
No resistáis al mal, sino que:
1. a quien te hiera en la mejilla derecha, ponle la otra;
2. al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica,
déjale también la capa;
3. a quien que te haga llevar carga una milla, llévasela dos.
4. Al que te pida, dale;
y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues (Mt 5, 38-42).

La ley (incluso la mejor) regula el orden del mundo por la fuerza, utilizando la violencia, conforme al principio del talión (ojo por ojo) que impone su sistema de equivalencia en los diversos campos de la vida. La ley tiene que oponerse a la violencia (ilegal) con violencia (legal). Ella no cree en la bondad del hombre ni en la victoria de la gracia sobre la violencia. En contra de eso, al decir «no resistáis al mal» o al Malo, Jesús, desborda los supuestos de la ley (israelita o no israelita), porque la primera obligación de toda ley es marcar las diferencias y oponerse al mal (al malo, injusto), para que los justos puedan vivir tranquilos, protegidos por la cerca o valla de la justicia.

Pues bien, Jesús ha querido derribar esa valla con un mandato negativo, universal: «no resistáis al mal», es decir, no respondáis con violencia a la violencia.

En este contexto se plantea la pregunta decisiva que suelen recordar los comentaristas judíos actuales: ¿Cómo puede mantenerse un pueblo si sus miembros (sus autoridades) renuncian a la resistencia y a la violencia legal? . Muchos pensaban y piensan que la sociedad (y justicia) nace de la resistencia contra el malo, como supone el principio del talión, que busca siempre un chivo expiatorio, un culpable a quien se puede y debe oponer, expulsándole del grupo.

‒ El talión es tajante: sabe distinguir entre inocentes y culpables; tiene lógica y la emplea, en equilibrio de la ley.

‒ En contra de eso, el mensaje de Jesús es paradójico y se puede entender únicamente partiendo de las normas judiciales anteriores para superarlas.

(1) Empieza suponiendo que hay malos, hombres que dividen la sociedad y me amenazan: ponen en peligro mi vida. Leer más…

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“Sacerdotisa de tí misma”, por Skilpe Apel (Guatemala)

Domingo, 23 de febrero de 2014

Jesus abrazo mujerLeído en Eclesalia

Con Jesús de Nazareth se inaugura una nueva era, un nuevo tiempo, en el cual se manifiesta la absoluta bondad de la divinidad. En él, la Divina Sabiduría adquiere el rostro humano del hermano, de quien acompaña, acoge y libera de cargas impuestas por otros. De ahí que el culto al templo y la mediación de personas especializadas para vincularnos con la divinidad dejan de tener sentido. Los mediadores de lo sagrado quedan sin oficio, porque Jesús recuerda que la sacralidad habita a todo ser humano, indistintamente de su condición social, sexo, raza u opción de vida.

Sin embargo, como dice Antonio Machado: caminante, no hay camino, se hace camino al andar. El camino al misterio, a lo sagrado, nadie te lo puede indicar. Sólo tú tienes la llave del sentido de tu vida. Sólo tú tienes acceso al manantial divino que brota de lo más íntimo de tu ser, en donde habita el silencio, en donde te puedes encontrar contigo misma; donde confluyen tu pasado, tu presente, tu futuro.

Descubrir lo sagrado que habita en ti, te lleva a encontrar la vida plena que ofrece Jesús. Ese es el agua viva del cual puedes beber y puedes ofrecer a quienes te rodean (cf. Jn 4,14). Está en tus manos la luz que ilumina las profundas zonas de tu interior para que puedas descubrir la razón de que se haya visto disminuida tu conciencia de divinidad: la imagen de Dios en ti (cf. Gn 1,27).

Resulta que tu miedo más grande no es por tu limitación o incapacidad, sino que temes brillar con tu propia luz y ser absolutamente poderosa, dueña de tu propia vida. Es tu luz, no tu sombra, lo que te aterra, porque nos han enseñado a ocultarla. Tomar el papel de víctima o pequeña no le sirve al mundo. Callar, no anuncia; el inmovilismo no genera; la esterilidad no da a luz.

Viviendo desde tu manantial puedes llegar a sanar tu propia vida. Las enfermedades y padecimientos están vinculados de una u otra manera con la negación de tu ser, de tu pasado, de tus potencialidades o con las sombras que buscan ser iluminadas por tu conciencia sagrada. La salud solamente puede brotar de ti misma (de donde ha brotado también el padecer), de tu habilitación como santa e inmaculada en el Señor (cf. Ef 1,4), siendo coherente con tu interior.

Sólo hay verdadera conversión cuando descubres el misterio que te habita, cuando asumes tu condición divina. Amando, descubres la Presencia Divina en ti y te vinculas con ella. Cuando dejas de responder a las expectativas de otros, dejas de fingir, dejas de seguir caminos de otros, para encaminarte en la búsqueda del sentido de tu propia existencia; entonces serás capaz de asumir el sacerdocio constituido por Jesucristo y asumirás responsablemente tu condición de hija de Dios y hermana de la creación.

Más allá de transmitirse o infundirse, el sacerdocio nace de lo más profundo de la conciencia humana. Cuando se le deja brotar y se tiene el valor, como Jesús, de hablar con la propia voz desde aquello que nos habita, que ve más allá de lo obvio, escucha lo que otros no escuchan, porque se han abierto los ojos y los oídos de la interioridad. Sólo desde lo más profundo del ser, se puede proclamar la Sabiduría Divina iluminando a quienes nos rodean. El sacerdocio sagrado de la Divinidad busca ser anunciado y compartido con quienes aún no han encontrado el camino.

Este trabajo nadie lo puede hacer por ti. Nadie puede ni debe tomar decisiones por ti porque nadie asume ni vive las consecuencias de ellas. Atrévete a dejarte iluminar por la sabiduría de quienes comparten tu camino: maestras, sanadoras, abuelas, tías, hermanas y encamínate.

Cuando ya no te importen los cánones, cuando por ti misma puedas distinguir la verdad de la mentira; cuando ya no le temas a la opinión de los demás y distingas desde tu interior el bien del mal, entonces habrás entrado en consonancia con tu ser divino. No temas, a Jesús le llamaron loco, hereje y lo crucificaron.

Hoy ya no te clavan en una cruz, pero pueden acabar contigo, callar tu alma, tu conciencia, la verdad que te habita. Sin embargo, la verdad y la autenticidad de lo divino no muere nunca, la luz que brilla trasciende los umbrales de los límites humanos y brillará por siempre, porque es sagrada.

Esa es la verdad que te hará realmente libre y sacerdotisa de ti misma.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

silkeapel@gmail.com

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“Fernando Sebastián, el regalo envenenado” de Francisco, por Jesús Bastante.

Domingo, 23 de febrero de 2014

fernando-sebastian-y-el-papa-franciscoEl Papa nombró ayer cardenal al obispo español que tildó de ‘deficiencia’ la homosexualidad

El Papa Francisco pide a los nuevos cardenales que sean “artesanos de la paz”

De su blog El Barón Rampante:

Se ha hecho tristemente famoso en los últimos días debido a sus polémicas, insostenibles y –a decir de quienes bien le conocen– incomprensibles declaraciones sobre gais enfermos y mujeres que abortan para disfrutar de la vida. Y sin embargo, Fernando Sebastián Aguilar (Calatayud, 14 de diciembre de 1929) podría haber pasado a la historia como el gran teólogo del pos-Concilio, el hombre que puso paz entre los nostálgicos del régimen y los aperturistas, el único obispo que paró los pies a Rouco Varela, o el ideólogo de la unidad de España como “bien moral“.

A sus 84 años, y cuando nadie –ni siquiera él mismo– lo esperaba, monseñor Sebastián se convertirá el próximo 21 de febrero en cardenal de la Iglesia católica. Un príncipe en tiempos de una “Iglesia pobre y para los pobres”, como predica Francisco, en la que los títulos cada vez suenan menos a poder y más a servicio. De eso sabe mucho el arzobispo emérito, el único en la historia de la Iglesia española que, cuando en 1982 fue nombrado secretario general de la Conferencia Episcopal, pidió al Papa Juan Pablo II dejar de ser obispo (lo era de León) para poder dedicarse por entero a una tarea muy difícil: la de intentar unir a las tres sensibilidades dominantes entre los obispos españoles de la época.

Y es que la Iglesia que sobrevivió al franquismo, que apenas un año antes dudó entre apoyar o no el golpe de Estado de Tejero, contaba con tres bandos netamente diferenciados. Los nostálgicos del régimen –capitaneados por el cardenal don Marcelo–, los aperturistas –con un cardenal Tarancón en retirada, a quien en poco tiempo Juan Pablo II condenó al ostracismo– y la nueva hornada de obispos, entre los que ya despuntaba un todavía joven Antonio María Rouco Varela.

Fernando Sebastián fue el pegamento que impidió que el Episcopado español saltara por los aires durante los Gobiernos socialistas: fue él quien negoció con Alfonso Guerra el sistema de financiación a través de la renta, la clase de Religión, y quien evitó las excomuniones a los políticos católicos tras la despenalización del aborto. Quien tuvo que poner paz cada vez que monseñor Setién y el hoy cardenal Estepa se enzarzaban a cuenta de las condenas a los atentados de ETA. Quien trató de mantener vivas algunas de las instituciones protagonistas del Concilio –fundamentalmente, la Universidad Pontificia de Salamanca o la Fundación Pablo VI–, mientras Karol Wojtyla imponía una Iglesia volcada en una férrea moral sexual y en la condena de toda disidencia, que todavía –como bien sabemos– perdura en nuestro país. Pese a los vientos, afortunadamente distintos, que soplan en la Roma de Francisco.

Religioso claretiano, abandonó la congregación para convertirse en obispo, dejó el episcopado para ser secretario de la Conferencia Episcopal, y sólo en 1991 regresó a una diócesis –Málaga y posteriormente, y hasta su jubilación, Pamplona y Tudela–. Pero su verdadera pasión siempre fue la Teología. Especialista en Teología fundamental, Pastoral de los Sacramentos y Filosofía Contemporánea, Fernando Sebastián fundaba en 1966, justo al fin del Concilio Vaticano II, la revista Iglesia Viva, que dirigió hasta 1971, y en la que se dieron cita los principales teólogos renovadores. También fue decano de la Universidad de Salamanca, donde llegó a ser rector.

En la Conferencia Episcopal, se le considera el autor intelectual de la práctica totalidad de los documentos episcopales en los años ochenta y buena parte de los noventa, cuando se hizo patente su alejamiento de un cardenal Rouco Varela que ya había tomado el mando y dirigía, con puño de hierro, el rumbo de la Iglesia española. Con todo, Sebastián logró la vicepresidencia del Episcopado durante nueve años (de 1993 a 1999, con el aperturista Yanes en la presidencia, y de 2002 a 2005, elegido por los obispos para frenar el poder del ya todopoderoso Rouco Varela).

La Falange y Euskadi

Políticamente conservador, llegó a recomendar el voto para La Falange, pero siempre defendió la presencia de los cristianos en la vida pública, fuera en el partido que fuese. Defendió como nadie la unidad de España frente a los “separatismos” vasco y catalán, pero no dejó de firmar pastorales conjuntas con los obispos de Euskadi. Y siempre pasó por ser hombre moderado, abierto en lo eclesial y querido por la mayoría.

Quiso pasar sin hacer demasiado ruido, pero en los últimos años, ya siendo obispo emérito –Benedicto XVI le aceptó la renuncia en 2007–, tuvo que afrontar, como delegado del Papa, la reforma del polémico instituto Lumen Dei. Tras la experiencia, se retiró a Málaga, donde vive en una residencia de sacerdotes jubilados junto a otro obispo emérito, Antonio Dorado. A sus 84 años, con achaques y “cada vez más cascarrabias” –dicen sus cercanos–, el Papa Francisco quiso premiar sus años de servicio a la Iglesia. Lo hizo con el capelo cardenalicio, aunque al tener más de 80 años no podrá votar en un futuro Cónclave.

Nadie, y mucho menos Francisco, esperaba que el maestro de teólogos, el hombre que supo lidiar, y negociar, con opiniones radicalmente distintas a la suya, tanto en lo político como en lo religioso, celebrase su púrpura asegurando que la homosexualidad es una deficiencia como su hipertensión, que las uniones gais no son legítimas o que, y esto último es textual, “todas las mujeres que quieren abortar lo que buscan es quitarse del medio a sus hijos para disfrutar de la vida”. Un premio envenenado, que puede volverse en contra del propio Bergoglio.

jesusbastante@hotmail.com

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Cárcel para la monja octogenaria que se adentró un complejo nuclear

Domingo, 23 de febrero de 2014

86B267342C16366C4CE0584DE2EA7DMegan Rice, en una imagen tomada por un blog.

Megan Rice asaltó el lugar junto a dos activistas para protestar contra ese tipo de armamento

Permanecer en la cárcel por el resto de mi vida sería el honor más grande

Megan Rice, una monja de 84 años que irrumpió en lo que se suponía que era una de las instalaciones nucleares más vigiladas en Estados Unidos, ha sido sentenciada a casi tres años de prisión el martes, según han informado medios locales. Según las autoridades, Rice había atravesado las cercas y varias franjas de seguridad en el complejo Y-12 de Seguridad Nacional, en Tennessee, junto con otros dos miembros de Transform Now Plowshares -un grupo pacifista- en julio de 2012.

Los ahora condenados atravesaron la valla de seguridad y entraron en una de las partes más seguras de la instalación, donde colgaron pancartas y rompieron parte de la pared. Los tres pasaron dos horas en el complejo antes de ser capturado por los guardias de seguridad. Antes de ser detenidos, izaron banderas contra programas nucleares, pintaron mensajes con leyendas como “trabaje por la paz y no la guerra”, y lanzaron sangre humana contra un edificio utilizado para almacenar y procesar el uranio altamente enriquecido destinado a fabricar bombas nucleares.

La hermana Megan Rice fue condenada junto contras dos personas por organizar una protesta en las instalaciones Oak Ridge en el estado de Tennessee en julio de 2012. Los otros dos condenados, Greg Boertje-Obed y Michael Walli, fueron sentenciados más de 5 años de cárcel.

El incidente dio lugar a una revisión del Congreso sobre la seguridad en las instalaciones nucleares de Estados Unidos. Rice, que ha estado detenida en la cárcel desde su condena el año pasado, instó al juez a que le impusiera la pena máxima por sus crímenes en una audiencia de cuatro horas.

En el momento de escuchar la condena, la hermana Megan le dijo al tribunal que no siente remordimiento y que únicamente se arrepiente de haber esperado 70 años para hacerlo.“Por favor, no tenga clemencia conmigo”, dijo Rice según fue citada por el periódico Tennessean. “Permanecer en la cárcel por el resto de mi vida sería el honor más grande que usted podría darme”, señaló. El juez federal Amul Thapar dijo que luchó por encontrar la condena correcta para equilibrar las buenas obras pasadas de Rice con la necesidad de disuadir a otros de violar la ley con fines políticos.

Fuente Noticias.es.msn.com

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“Los papas y la pederastia”, por Guillermo Sánchez

Domingo, 23 de febrero de 2014

NiñollorandoLeído en La Excepción:

Un informe del Comité de los Derechos del Niño de la ONU del 5 de febrero de 2014 destaca el incumplimiento por el Vaticano de la Convención de los Derechos del Niño.

La Iglesia Católica Romana (ICR) ha sido tradicionalmente, y sigue siendo, más dura que nadie en su moralismo sexual. No se ha limitado a establecer unos criterios y normas de conducta sobre sus fieles, sino que siempre ha intentado imponerlos sobre el conjunto de la sociedad (algo que ha conseguido en los estados confesionales). Es una organización que presume de su identidad cristiana y de su excelencia moral.

Para colmo, la ICR introdujo en la Edad Media normas absurdas y totalmente contrarias al evangelio, como el celibato de los ministros. Aunque ciertos estudios afirman que el celibato no incide en un mayor índice de abusos, lo cierto es que hasta representantes de la propia ICR han reconocido esa relación. Por ejemplo, el cardenal británico O’Brien declaró: «Me doy cuenta de que muchos curas han encontrado muy difícil gestionar el celibato» (La Razón, 25.2.13); él mismo renunció ante Benedicto XVI “por motivos de edad” tras ser acusado por sacerdotes y seminaristas «que supuestamente fueron víctimas de la conducta indebida del cardenal cuando se encontraban bajo su tutela durante la década de los 80» (La Razón, 25.2.13). Por cierto, pidió perdón y renunció, pero no se entregó a las autoridades para responder de sus delitos.

Desde que se han ido destapando los incontables abusos cometidos en el seno de la ICR en las últimas décadas (en realidad estos hechos han ocurrido siempre, como demuestra la historia –p. ej., ya en el siglo XVII “san” José de Calasanz encubrió a un abusador–), muchos jerarcas y apologetas (como el cardenal Dolan) se han defendido diciendo que otros colectivos presentan unas tasas más altas de abusos a niños. Pero el caso es que, aparte de la exactitud o no del argumento y de la miseria moral que implica, esos otros colectivos no han tejido nunca una red jerárquico-administrativa tan gigantesca para tapar los abusos del colectivo, como ha hecho el papado. Esa es la clave.

La misma estrategia victimista aplicó el cardenal Ratzinger en 2002, cuando afirmó: «Estoy personalmente convencido de que la permanente presencia de pecados de sacerdotes católicos en la prensa, sobre todo en Estados Unidos, es una campaña construida, pues el porcentaje de estos delitos entre sacerdotes no es más elevado que en otras categorías, o quizá es más bajo. En Estados Unidos vemos continuamente noticias sobre este tema, pero menos del 1% de los sacerdotes son culpables de actos de este tipo. La permanente presencia de estas noticias no corresponde a la objetividad de la información ni a la objetividad estadística de los hechos. Por tanto, se llega a la conclusión de que es querida, manipulada, que se quiere desacreditar a la Iglesia» (citado en Zenit, 19.4.05; añadimos negrita en las citas).

Las implicaciones de Juan XXIII, Juan Pablo II y Benedicto XVI

El veneradísimo Juan XXIII (en proceso de canonización por la ICR) ya emitió en 1962 un documento que «se centra, en principio, en la relación sexual entre un sacerdote y un miembro de su congregación. Sin embargo, en la medida en que se avanza en la lectura del texto se hallan instrucciones referidas a “las obscenidades perpetradas por un clérigo con un joven de cualquier sexo, o con animales”. Los obispos de todo el mundo eran llamados a manejar estos casos de la manera “más secreta posible”» (Diario de Córdoba, 18.8.03).

Posteriormente, tal como resumía y documentaba Paolo Flores d’Arcais en un artículo imprescindible (El País, 14.4.10), el papa Juan Pablo II y su cardenal prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y después papa, Joseph Ratzinger «impusieron una obligación taxativa a todos los obispos, sacerdotes, personal auxiliar, etcétera, para que no llegara a las autoridades civiles nada de lo que tuviera que ver con casos de pedofilia eclesiástica». Un motu proprio de Wojtyla señalaba: «Cada vez que el ordinario o el superior tuvieran noticia con cierta verosimilitud de un delito reservado, tras haber realizado una indagación preliminar, la señalarán a la Congregación para la Doctrina de la Fe». Como explica Flores d’Arcais, «papa y prefecto informados de todo (es más, siendo los únicos en saberlo todo) son, exclusivamente, quienes tienen la primera y última palabra acerca de los procedimientos que se han de seguir. La “pena” máxima (casi nunca infligida) no va más allá de la reducción al estado laico del sacerdote. Por lo general, el castigo se limita a trasladar al sacerdote de una parroquia a otra. Donde, obviamente, reiterará su delito. “Pena” exclusivamente canónica, en todo caso. No ha de efectuarse denuncia alguna ante las autoridades civiles: “Las causas de esta clase quedan sujetas al secreto pontificio“», secreto cuya terrible naturaleza criminal se explica en el artículo.

Siendo Ratzinger papa, el cardenal de Nueva York Timothy Dolan pidió permiso al Vaticano en 2007 para blindar 57 millones de dólares ante la avalancha de demandas por abusos sexuales. «Entre los archivos hay una carta que Dolan envió al Vaticano en la que se explica esta transferencia de fondos en 2007: “Con este movimiento preveo una mejor protección de los fondos ante cualquier reclamo legal o de responsabilidad”, recoge. El Vaticano aprobó la solicitud en cinco semanas. […] Los archivos también revelan que persuadió a sacerdotes acusados de abuso para que abandonaran voluntariamente la Iglesia a cambio de sustanciosos beneficios, y cómo frenó los procedimientos canónicos impulsados desde Roma para echar a los que no cooperaban. En una ocasión, el Vaticano tardó cinco años en expulsar a un sacerdote abusador. […] “A medida que las víctimas se están organizando y se hacen públicos más casos, la posibilidad de un escándalo es cada vez más real“, escribió Dolan en 2003 en otra carta dirigida al entonces cardenal Joseph Ratzinger» (El País, 2.7.13).

En 2010 el Tribunal Supremo de Estados Unidos atendió el caso de una víctima que había sido objeto de abusos en Oregón en los años 60 por parte de un cura irlandés que ya había sido acusado de pederastia en Irlanda y posteriormente en Chicago. El Tribunal Supremo (con una mayoría de jueces católicos desde hace años) solicitó opinión al gobierno de Obama, quien «pidió a la Corte Suprema de su país otorgar al Vaticano inmunidad en los juicios de sacerdotes acusados de haber cometido abusos sexuales contra menores de edad en Estados Unidos» (TeleSur, 26.5.10). De este modo, Ratzinger y los jerarcas vaticanos se libraban de la posibilidad de tener que declarar en un tribunal. Ya en 2005 George Bush había otorgado inmunidad a Ratzinger, cuando la “Santa” Sede la había solicitado al convertirse este en jefe de estado por su cargo de papa (Diario Vasco, 29.3.10). Como siempre, los grandes poderes del mundo se unían para apoyarse en la impunidad y el abuso (ver El Eje Washington-Vaticano).

Posteriormente, el Tribunal Penal Internacional también cerró la vía de procesar a Ratzinger y sus colaboradores (Religión Digital, 15.5.13), y el Tribunal de Apelación de Oregón dictaminó contra la responsabilidad del Vaticano, con el argumento de la “Santa” Sede no tiene control de lo que hacen todos los sacerdotes en el mundo (La Razón, 7.8.13). Pero se obviaba la clave del asunto, que son las medidas obstruccionistas establecidas sistemáticamente por el papado.

Sólo como consecuencia de los escándalos difundidos por los medios de comunicación, Benedicto XVI, gravemente implicado en los encubrimientos durante décadas, comenzó a tomar algunas medidas, más de prevención que de resolución de casos del pasado (es decir, hasta hoy se mantiene la impunidad). Ha sido recientemente cuando la jerarquía ha empezado a dar instrucciones (y no lo está haciendo siempre) de que no se limiten a denunciar la pederastia internamente, sino que además se denuncie ante las autoridades civiles.

Ratzinger actuó enérgicamente en el caso del abusador Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, cuyos crímenes Juan Pablo II (también en proceso de canonización) y él mismo habían tapado sistemáticamente, como siguen denunciando sus víctimas. (Maciel falleció oportunamente, y sin haber sido procesado por sus fechorías, poco después de ser forzado a retirarse.) Por estas medidas, algunos cubrieron a Ratzinger de elogios, calificándolo de “barrendero de Dios” (¡!).

Con ocasión del último cónclave, el obispo maltés Charles Scicluna, fiscal del tribunal de la Doctrina de la Fe, ante la pregunta de si era justo que cuatro cardenales implicados por los escándalos de abusos estuvieran habilitados para elegir al nuevo papa, respondió: «Todos somos pecadores, y Dios sabrá obtener también cosas buenas de su presencia en el cónclave. Debemos tener cuidado al apuntar con el dedo acusador. Por lo demás, el primer colegio de apóstoles tampoco era para canonizarlo enteramente» (Páginas Digital, 26.2.13).

Como señala Alberto Athié, un antiguo sacerdote que denunció durante años sin éxito los sistemáticos abusos sexuales de Maciel (y cuyas denuncias ante la ONU finalmente consiguieron que ésta emitiera el reciente informe): «El procedimiento de desprecio a las víctimas, de encubrimiento a los pederastas, procede no solo de estrategias locales. Es una estrategia institucional. Con su fuente en el territorio del Vaticano y operado por la Santa Sede» (El País, 5.2.14).

Incluso algunos ultrapapistas sinceros han protestado, “sorprendidos” de ciertas conductas papales. Por ejemplo, Luis F. Pérez se escandalizaba de que ni Wojtyla ni Ratzinger hubieran tomado medidas contra el cardenal Law (Infocatólica, 3.3.10); hoy por hoy, Francisco sigue manteniéndolo en su retiro dorado en Roma.

Responsabilidad de Francisco

¿Qué tratamiento ha dado el papa Francisco a estos asuntos? Una de sus medidas ha sido establecer nuevas normas penales que incluyen disposiciones sobre abusos sexuales (Zenit, 11.7.13). Otra, nombrar una comisión de expertos sobre el tema (como suele decirse, crear una comisión es la forma elegante de quitarse un asunto de encima…).

El pasado 15 de enero Francisco puso en evidencia que, aparte de previsiones para el futuro, la interpretación del pasado sigue siendo la que se ha hecho hasta ahora. Dos enviados suyos comparecieron ante el Comité de la Convención de Derechos del Niño en Ginebra. Los miembros del Comité «no se mostraron muy satisfechos con las palabras del representante del Vaticano ante la ONU, Silvano Tomasi, que reconoció que entre el clero hay abusadores; aunque matizó que también los hay “entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo”. “Este hecho es especialmente grave” en el seno de la Iglesia, dijo, “ya que estas personas están en posiciones de gran confianza y son llamados a promover y proteger todos los elementos de la persona, como la salud física, emocional y espiritual”», reconoció, pero eludió una vez más la cuestión del encubrimiento papal desarrollado durante décadas. Y «tanto Tomasi como el obispo auxiliar de Malta, Charles Scicluna, el otro representante que participó en la comparecencia de más de seis horas ante los 18 miembros del comité de la ONU, respondieron con evasivas a las agudas e insistentes preguntas de estos expertos sobre los supuestos traslados de diócesis de los responsables de abusos, denunciados por las organizaciones de víctimas, la falta de transparencia en las investigaciones de la propia Iglesia o la respuesta del Vaticano ante estos casos. El mensaje de la Santa Sede fue constante: los religiosos no son funcionarios del Vaticano, dijo Tomasi, que argumentó que investigar y juzgar estos delitos corresponde a los Estados donde tuvieron lugar» (El País, 16.1.14). Leer más…

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Acción urgente de Amnistía Internacional en Zambia.

Domingo, 23 de febrero de 2014

james-mwape-and-philip-mubiana-await-trial-zambia-08-28-13Dos hombres que están siendo juzgados en Zambia acusados de mantener relaciones sexuales “contra natura” esperan que se emita el fallo sobre su causa el 25 de febrero. En caso de ser declarados culpables, podrían ser condenados a un mínimo de 14 años de cárcel. “Ha llegado la hora de que se deje de perseguir a las personas debido a su orientación sexual o su identidad de género, reales o supuestas. Los derechos humanos tienen que ver con la dignidad y la igualdad de todas las personas”, ha afirmado Simeon Mawanza, investigador de Amnistía Internacional para Zambia.

El 6 de mayo 2013, la policía detuvo a Phil Mubiana y James Mwape, ambos de 21 años, en la localidad del Ndeke, en el distrito de Kapiri Mposhi (Provincia Central de Zambia). Era la segunda vez que los detenían por presunta conducta sexual entre personas del mismo sexo, tipificada como delito en el Código Penal de Zambia. La primera detención se produjo el 25 de abril de 2013; estuvieron recluidos en la comisaría de Kapiri Mposhi y quedaron en libertad bajo fianza el 2 de mayo. Ambos niegan todos los cargos en su contra. Se espera que el tribunal emita su fallo el 25 de febrero.

“La detención de cualquier persona por su orientación sexual real o supuesta viola el principio fundamental de no discriminación que sustenta el derecho de los derechos humanos”, ha afirmado Simeon Mawanza.

Amnistía Internacional considera que estos dos hombres son presos de conciencia ya que detenidos en virtud de leyes que penalizan las relaciones sexuales consentidas y en privado entre personas del mismo sexo. Estas leyes contravienen el derecho internacional de los derechos humanos.

La organización considera asimismo preocupantes los informes según los cuales doctores del gobierno realizaron en mayo, en dos ocasiones, exámenes anales a Mwape y a Mubiana en contra de su voluntad. Según el organismo Servicios de Noticias e Información de Zambia (ZANIS), dependiente del gobierno, el director general de la Policía de la provincia Central, Standwell Lungu, confirmó que los exámenes médicos se habían realizado. “Los exámenes anales son intrínsecamente invasivos, abusivos y profundamente humillantes, y se realizan por motivos basados meramente en la discriminación”, ha afirmado Simeon Mawanza. “Este procedimiento no sólo es científicamente ilegítimo, sino que también es una forma de agresión sexual y equivale a tortura. Ninguna ‘conclusión’ que se derive de él puede ser utilizada como prueba en un juicio contra las víctimas.”

Zambia ha ratificado la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Esto impone al gobierno la obligación de prohibir la tortura y de poner a disposición de la justicia a quienes la perpetren. Las leyes que prohíben las relaciones sexuales consentidas y en privado entre personas del mismo sexo penalizan el ejercicio legítimo del derecho a la libertad de expresión y de conciencia y el derecho a la intimidad. Estos derechos están protegidos por numerosos tratados ratificados por Zambia, entre ellos el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y la Carta Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos.

Un total de 36 países de África penalizan actualmente las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, de los cuales 31 están en el África subsahariana.

***

Ambos hombres se han declarado inocentes de los cargos en su contra. Por razones de seguridad, las acciones emprendidas en su favor NO deben hacer suposiciones sobre la sexualidad de las víctimas, ni hacer alusiones a ella.

Por todo ello, Amnistía Internacional propone que se escriba de forma inmediata a las autoridades de Zambia, en inglés o en castellano, expresando preocupación por que el juicio de Phil Mubiana y James Mwansa, acusados de mantener relaciones sexuales consentidas entres persona del mismo sexo, pueda ser discriminatorio y vulnerar su derecho a la intimidad y a la libertad de expresión; pidiendo a las autoridades que pongan en libertad a los dos hombres de forma inmediata e incondicional; e instando a las autoridades a poner fin a la detención y al hostigamiento de personas a causa de su orientación sexual, real o supuesta.

Adjuntamos la acción urgente propuesta, con todos los datos de contacto e información completa sobre el caso.

Recibid un cordial saludo,

Equipo de Diversidad Afectivo-Sexual
Secretariado Estatal

Amnistía Internacional – España

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Recordatorio

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