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Dom 23.3.14. Para alcanzar la paz: perdón y el amor al enemigo.

Domingo, 23 de febrero de 2014

el-camino-de-la-paz-xabier-pikazaDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 7 tiempo ordinario, ciclo A. Sigue el tema del domingo anterior, centrado en las “antítesis” del Sermón de la Montaña (Mt 5, 21-48). Así llegamos al centro del mensaje que Jesús ofrece a quienes quieran escucharle, la verdad del evangelio.

El primer requisito para alcanzar la paz, en las condiciones actuales de la humanidad, dividida por la imposición de unos, el deseo de revancha de otros y el odio de todos, es el perdón, que viene a revelarse como el único poder que rompe el círculo del eterno retorno del pasado (con su ley de acción y reacción) que encierra a los hombres en su destino de violencia (H. Arendt, quizá la mayor experta del siglo XX en el tema del totalitarismo y la violencia social).

Un mensaje más alto…

Este es un mensaje que no puede imponerse, porque en ese caso dejaría de ser evangelio, y se convertiría de nuevo en una ley que es buena, y necesaria, pero no salvadora, ni pacificadora en el sentido radical de la palabra.

No podemos pedirles a los políticos que lo cumplan pues su proyecto se sitúa en otro plano… Pero podemos pedirles a los hombres de Iglesia que lo vivan, lo anuncien, lo proclamen, y esto es lo que yo no veo.

No podemos pedirles a las víctimas de la violencia o a sus representantes que lo cumplan, superando así el talión de la justicia, pero podemos esperar que los cristianos sean (seamos) sensibles más sensibles al proyecto y camino de pacificación de Jesús, renunciando a la venganza, al ojo por ojo, no para negar la justicia, sino para ratificarla desde un nivel más alto de verdad hecha amor. Sólo superando la venganza podremos romper el circulo de la violencia, de un modo creador, creando condiciones de regeneración del tejido social

Éste es un mensaje que me gustaría escuchar más a los cristianos, no sólo en un nivel de amor intimista, sino de compromiso de “liberación” social, desde arriba, como revelación de Dios:

He escuchado a los obispos de España diciendo cosas buenas sobre la ley natural y sobre algunos elementos de la moral cívica… pero no les he escuchado proclamar de verdad este evangelio, aplicándolo a la situación social en que vivimos, para así “crear” un hombre nuevo, en línea de perdón.

He escuchado muchas cosas buenas a las emisoras y televisiones que se dicen católicas, pero no he visto que desarrollen de manera consecuente el tema de este evangelio, para hacer así que la justicia, sea más que justicia, como supo y dijo Pablo al haber de la justificación de los “pecadores”.

He escuchado algunas buenas palabras a los políticos que se dicen cristianos…
. Pero en general me parecen muy propensos a la venganza, ojo por ojo, cárcel por cárcel.

Unos y otros tendemos a olvidar el mensaje y camino de Jesús. Buscamos nuestra verdad, más que el bien del otro. Buscamos la seguridad propia a costa de los demás…. Nos llamamos demócratas, pero en general no ofrecemos una oportunidad y un camino de vida para los que son distintos…

Este evangelio tiene otros matices, puede verse desde otras perspectivas… Pero está en el centro del mensaje de Jesús, no para exigir a otros que lo vivan, sino para animarnos a vivirlo los cristianos. Tiene dos partes, que comentaré brevemente. Buen fin de semana a todos

Más allá del ojo por ojo:

Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.
Pero yo os digo:
No resistáis al mal, sino que:
1. a quien te hiera en la mejilla derecha, ponle la otra;
2. al que quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica,
déjale también la capa;
3. a quien que te haga llevar carga una milla, llévasela dos.
4. Al que te pida, dale;
y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo niegues (Mt 5, 38-42).

La ley (incluso la mejor) regula el orden del mundo por la fuerza, utilizando la violencia, conforme al principio del talión (ojo por ojo) que impone su sistema de equivalencia en los diversos campos de la vida. La ley tiene que oponerse a la violencia (ilegal) con violencia (legal). Ella no cree en la bondad del hombre ni en la victoria de la gracia sobre la violencia. En contra de eso, al decir «no resistáis al mal» o al Malo, Jesús, desborda los supuestos de la ley (israelita o no israelita), porque la primera obligación de toda ley es marcar las diferencias y oponerse al mal (al malo, injusto), para que los justos puedan vivir tranquilos, protegidos por la cerca o valla de la justicia.

Pues bien, Jesús ha querido derribar esa valla con un mandato negativo, universal: «no resistáis al mal», es decir, no respondáis con violencia a la violencia.

En este contexto se plantea la pregunta decisiva que suelen recordar los comentaristas judíos actuales: ¿Cómo puede mantenerse un pueblo si sus miembros (sus autoridades) renuncian a la resistencia y a la violencia legal? . Muchos pensaban y piensan que la sociedad (y justicia) nace de la resistencia contra el malo, como supone el principio del talión, que busca siempre un chivo expiatorio, un culpable a quien se puede y debe oponer, expulsándole del grupo.

‒ El talión es tajante: sabe distinguir entre inocentes y culpables; tiene lógica y la emplea, en equilibrio de la ley.

‒ En contra de eso, el mensaje de Jesús es paradójico y se puede entender únicamente partiendo de las normas judiciales anteriores para superarlas.

(1) Empieza suponiendo que hay malos, hombres que dividen la sociedad y me amenazan: ponen en peligro mi vida.

(2) Pero no les trata como malos, no se enfrenta con ellos ni los expulsa ni mata. Jesús no busca chivos expiatorios, sino que quiere superar la espiral de acción y reacción de la violencia. Y así podemos pasar a las aplicaciones. Mateo ha seguido el esquema de Lucas, conservando el tema general (poner la otra mejilla), pero lo ha aplicado después de un modo jurídico-militar-económico.

1. Aplicación judicial:
«Al que te quiera llevarte a juicio y quitarte la túnica déjale también el manto» (Mt 5, 40). Quien desea mi túnica no es un simple ladrón, sino un cumplidor de la justicia, que acude para ello al tribunal. Pues bien, quien pretenda seguir el principio de no-juicio y gratuidad de Jesús, debe renunciar a la justicia, aunque, según ley, tenga razón.

2. Aplicación militar: «A quien que te haga llevar carga una milla, llévasela dos» (5, 41). Los soldados del ejército de ocupación podían exigir a los civiles que llevaran por un tramo (milla) sus enseres. De esa forma suscitaban la protesta y rechazo de muchos, que se alzaban contra su presencia. Pues bien, siguiendo en la línea de la gratuidad y no-violencia activa, el texto pide que ayudemos a los mismos soldados (¡invasores!), de una forma que resulta, por lo menos, paradójica. Entenderíamos mejor la resistencia no violenta: no atacamos a los invasores, pero rechazamos y evitamos toda relación con ellos. Pero el texto pide un tipo de un colaboracionismo, que muchos juzgarán peligroso: ¿Y si las armas que llevamos por dos millas se utilizan contra pobres inocentes? ¿Y si ello les ayuda a conseguir una victoria injusta?.

3. Aplicación económica: « Al que te pida, dale…» (5, 42). Mateo ha destacado este motivo menos que Lucas (cf. Lc 6, 27-36), pero lo concibe también como central: el principio de no-violencia (no-juicio) ha de traducirse también en una forma de gratuidad económica y de comunicación de bienes. El que es dueño exclusivo de algún tipo de fortuna, tendrá que defenderla con las armas. Por el contrario, el que renuncia a la defensa militar, debe ofrecer sus bienes y ponerlos al servicio de los otros, compartiendo lo que tiene .

Amar es buscar el bien de los enemigos:

Habéis oído que ha dicho: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo os digo:
Amad a vuestros enemigos,
bendecid a los que os maldicen,
haced bien a los que os odian
y orad por los que os ultrajan y os persiguen,
para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos,
que eleva su sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos.
Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis?
¿No hacen también lo mismo los publicanos?
Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más?
¿No hacen también lo mismo los gentiles?
Sed, pues, perfectos,
como vuestro Padre celestial es perfecto (Mt 5, 42-48).

La formulación de la ley antigua (amarás a tu prójimo…) resulta sorprendente» porque su segundo inciso (odiarás a tu enemigo) no aparece en Lev 19, 18 ni en el conjunto del Antiguo Testamento. Algunos añaden que Jesús (o el redactor de Mt 5, 43) ha sido injusto al recoger así la ley antigua, pero hoy sabemos que ella aparece casi al pie de la letra en Qumrán, aunque no ha sido aceptada por la ortodoxia israelita .

Sea como fuere, el problema no está en fijar la fuente del dicho ni su fidelidad formal respecto a la Biblia hebrea o a la tradición judía. Lo que está en juego es el sentido de la ley antigua en general y el sentido de la nueva revelación que trasciende los límites de un grupo (sinagoga, iglesia, estado, clase social…), pidiendo que amemos a todos .

La ley de amor-odio divide a los hombres por razones familiares, nacionales, sociales, culturales, religiosas… Hay normas de juicio y según ellas los hombres deben distinguirse, en proceso de discernimiento que define el lugar de cada uno en el conjunto.

La misma ley instaura un sistema de dualidad, dividiendo a los hombres en buenos y malos. La revelación de Jesús ha superado ese nivel, haciendo al hombre capaz de abrirse en amor a todos, conforme al principio de la gracia. De esta forma llegamos hasta el límite de todo pensamiento y praxis. Más que de una antropología (estudio del hombre que ya existe), aquí estamos ante una antropo-génesis, ante la mutación evangélica de hombres, en dimensión de gracia .

H. Arendt. Las condiciones de la paz mesiánica

En ese fondo se entienden y avanzan algunas observaciones y propuestas de Hanna Arendt, filósofa e historiadora judía, experta en violencias y totalitarismos. Ella ha trazado, que yo sepa, una teoría social de la paz, pero ha puesto de relieve la tarea y promesa del perdona.

El primer requisito para alcanzar la paz, en las condiciones actuales de la humanidad, dividida por la imposición de unos, el deseo de revancha de otros y el odio de todos, es el perdón, que viene a revelarse como el único poder que rompe el círculo del eterno retorno del pasado (con su ley de acción y reacción) que encierra a los hombres en su destino de violencia.

El descubridor del papel del perdón en la esfera de los asuntos humanos fue Jesús de Nazaret. El hecho de que hiciera este descubrimiento en un contexto religioso y lo articulara en un lenguaje religioso no es razón para tomarlo con menos seriedad en un sentido estrictamente secular .

El perdón rompe la “lógica” de la venganza (del talión que siempre se repite: ojo por ojo, diente por diente); de esa forma libera al hombre del automatismo de la violencia y permite que su vida trascienda el nivel de la ley, donde nada se crea ni destruye, sino que sólo se transforma. Sólo el perdón nos sitúa en un nivel de gratuidad creadora. El perdón es gracia; de esa forma supera el pasado y abre un comienzo de vida allí donde la vida se cerraba en sus contradicciones y luchas de poder.

(Cf. La condición humana, Paidós, Barcelona 1993, 258. Arendt contrapone el perdón al castigo (que actúa según ley), añadiendo que los hombres sólo pueden perdonar aquello que son capaces de castigar. La ley tiene un valor, pero el perdón lo sobrepasa. Hay, sin embargo, un “mal radical” que los hombres no pueden castigar ni perdonar, pues se sitúa más allá de sus potencialidades. “Aquí, donde el propio acto nos desposee de todo poder, lo único que cabe es repetir con Jesús «Mejor le fuera que le atasen al cuello una rueda de molino y le arrojasen al mar»” (Ibid 260). La cita está tomada de Mc 9, 42 par. En esa línea se sitúan las reflexiones de otro pensador judío muy significativo: V. JANKÉLÉVITCH, El Perdón, Seix Barral, Barcelona 1999))

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