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Exigencias y recompensa. Domingo 13 TO. Ciclo A

domingo, 2 de julio de 2023
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IMG_9972Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El largo discurso dirigido a los apóstoles (resumido en los domingos 11-13) termina con una serie de frases de Jesús que son, al mismo tiempo, muy severas y muy consoladoras. Las severas se dirigen a los apóstoles; las consoladoras, a quienes los acogen.

¿Quién no es digno de Jesús?

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

           La sección comienza con tres frases que terminan de la misma manera: “no es digno de mí”. Las dos primeras están muy relacionadas: no es digno de Jesús el que ama a su padre o a su madre más que a él, o el que ama a sus hijos o a su hija más que a él.

Una opción en tiempos de conflicto

            Para comprender estas palabras tan exigentes de Jesús hay que tener en cuenta lo que dice inmediatamente antes (suprimido por la liturgia). El aviso de que pueden perder la vida (tema del domingo pasado) puede provocar en los discípulos el desconcierto. ¿A qué ha venido Jesús? A esto responde que no ha venido a traer paz sino espada. Que su persona y su mensaje crearán problemas incluso entre los miembros de la familia. Llegarán momentos en que los apóstoles, y todos los cristianos, tendrán que optar.

La opción por Dios de los levitas

            En el libro del Éxodo se cuenta que, mientras Moisés estaba en el monte Sinaí recibiendo del Señor las tablas de la Ley, los diez mandamientos, el pueblo, cansado de esperar, decidió fabricar un becerro de oro y adorarlo. Cuando Moisés baja del monte y contempla el espectáculo, rompe las tablas, se planta a la puerta del campamento y grita: «¡A mí los del Señor! Y se le juntaron todos los levitas.» Moisés les ordena: «Ciña cada uno la espada; pasad y repasad el campamento de puerta en puerta, matando, aunque sea al hermano, al compañero, al pariente». Los levitas cumplieron las órdenes de Moisés y este, al final, les dice: «¡Hoy os habéis consagrado al Señor a costa del hijo o del hermano, ganándoos hoy su bendición» (Éxodo 32,25-29).

            El historiador moderno duda que los levitas tuvieran espadas en el desierto y que llevaran a cabo esta matanza. Pero los antiguos no eran tan críticos. Aceptaban las cosas que se contaban, e incluso alaban a los levitas, ya que en un caso de grave conflicto entre los vínculos familiares y la fidelidad a Dios, optaron por lo segundo: «Dijeron a sus padres: ‘No os hago caso’; a sus hermanos: ‘No os reconozco’; a sus hijos: ‘No os conozco’. Cumplieron tus mandatos y guardaron tu alianza» (Deuteronomio 33,9).

            La opción por Jesús de los discípulos

            Se podría decir que Jesús exige a sus discípulos la misma actitud de los levitas. Pero hay dos diferencias importantísimas: 1) Jesús no ordena matar a los padres o a los hermanos en caso de conflicto. 2) Los levitas se comportaron así por fidelidad a los mandatos de Dios y a su alianza; los discípulos deben hacerlo por amor a Jesús.

Al exigir este amor superior al de los seres más queridos, Jesús se está poniendo al nivel de Dios, al que hay que amar sobre todas las cosas. Los primeros cristianos, en momentos de persecución, se vieron a veces en la necesidad de optar entre el amor y la fidelidad a Jesús y el amor a la familia. La elección era dura, pero muchos la hicieron, convencidos de que recuperarían a sus padres e hijos en la vida futura. (La misma fe que confiesan la madre y sus siete hijos en el Segundo libro de los Macabeos, capítulo 7).

            La frase siguiente («el que no coge su cruz…») también se entiende mejor a la luz del texto del Deuteronomio. En él se dice que los levitas, por haber mostrado esa fidelidad a Dios, recibieron un gran premio y dignidad: «Enseñarán tus preceptos a Jacob y tu ley a Israel; ofrecerán incienso en tu presencia y holocaustos en tu altar.» Jesús no promete nada de esto a sus discípulos, solo exige.

            Amar a Jesús más que a la familia ya lo hicieron Pedro y Andrés, Santiago y Juan. Lo que ahora exige Jesús es infinitamente más duro: cargar con la cruz. ¿Hay que interpretarlo al pie de la letra o simbólicamente? Simbólicamente, pero con posibles repercusiones prácticas: hay que estar dispuestos a cargar con ella y marchar camino de la muerte. No una muerte cualquiera, sino la más infamante, típica de rebeldes contra Roma y esclavos. Cuando Jesús exige cargar con la cruz está pidiendo algo terrible desde el punto de vista físico, moral y social. Además, la exigencia no carece de macabra ironía cuando la comparamos con los vv.9-10: los que deben predicar el reino sin llevar nada, ahora tienen que seguir a Jesús cargando con la cruz.

            Dos advertencias

            Conviene advertir que el amor a la familia y el amor a Jesús no se excluyen ni se oponen. Son compatibles, con tal de mantener el orden adecuado. Los hijos de Zebedeo abandonan a su padre, pero la madre los acompaña e incluso le pide a Jesús un favor especial para ellos. María, al menos según la versión del cuarto evangelio, está al pie de la cruz. Pablo recuerda que «los demás apóstoles, los hermanos del Señor y Cefas» se hacen acompañar de su esposa cristiana (1 Cor 9,5).

            En cuanto a «cargar con la cruz», conviene recordar al que no estuviera dispuesto a hacerlo que, en cualquier caso, siempre tropezará con la cruz. «Vuélvete arriba, vuélvete abajo, vuélvete afuera, vuélvete adentro, y en todo lugar hallarás la cruz». «Unas veces Dios te dejará, otras veces el prójimo te pondrá a prueba, y, lo que es peor, con frecuencia no sabrás aceptarte a ti mismo, con lo que serás para ti una cara insoportable» (Tomás de Kempis, La imitación de Cristo, libro II, capítulo 12). Es preferible cargar con la cruz y seguir a Jesús que rebelarse inútilmente contra ella.

Acogida y recompensa

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado.

El que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.

            La última parte se dirige a las personas que acojan a los discípulos. Dos cosas les dice:

1) Recibirlos a ellos equivale a recibir a Jesús y recibir al Padre. Lo que hacen es mucho más de lo que pueden imaginar. No es solo un acto de caridad, sino un inmenso honor, mucho mayor que el de la persona que pudiese acoger en su casa a un artista, un deportista o un personaje mundialmente famoso.

2) Esa acogida tendrá su recompensa, igual que ocurrió en el Antiguo Testamento con quienes acogieron a profetas y justos. La primera lectura cuenta como un matrimonio de Sunám decidió acoger en su casa al profeta Eliseo cuando pasaba por el pueblo; le construyeron una habitación en el piso de arriba y le proporcionaron una cama, una silla, una mesa y un candil. Una gran inversión para aquel tiempo. Pero recibieron su recompensa con el nacimiento de un hijo.

            En comparación con Eliseo, los discípulos pueden parecer unos “pobrecillos” sin importancia. A nadie se le ocurrirá darles alojamiento permanente. Pero basta un vaso de agua fresca (algo muy de agradecer cuando no existen bares ni agua corriente en las casas) para que esas personas reciban su recompensa.

Resumen

            Si en la primera parte entreveíamos los grandes conflictos familiares provocados por las persecuciones, en este final intuimos lo que experimentaron muchas veces los misioneros cristianos: la acogida amable y sencilla de personas que no los conocían. De estos últimos versículos, solo uno tiene paralelo en el evangelio de Marcos. El resto es original de Mateo, que ha querido redactar un final consolador, para dejarnos al final de este duro discurso un buen sabor de boca.

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02 de Julio. Domingo XIII de Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 2 de julio de 2023
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D-XIII


“Quien encuentre su vida, la perderá, y quien pierda su vida por mí, la encontrará.”

(Mt 10, 37-42)

El evangelio de este domingo es un evangelio del “mundo al revés”. Jesús, que está hablándoles a sus discípulos, invierte el orden lógico, le da la vuelta a todo.

Perder resulta que significa ganar y encontrar perder. Lo que viene a decirnos que la lógica del Reino es siempre sorprendente. Nada convencional.

Por eso requiere de opciones que se “salen” de toda lógica humana, como puede ser el anteponer el amor a Jesús a cualquier otro vínculo por estrecho que sea. “Quien quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí.”

Y estas palabras, que de buenas a primeras pueden llegar a sonar un poco “rancias”, tienen un profundo sentido. Jesús no nos está diciendo que no amemos a nuestros padres o a nuestros hijos, no.

La propuesta de Jesús es que aprendamos a amar de manera diferente. Nos invita a amarnos, a amar a las demás personas, como él las ama. Como Dios las ama.

No se trata de renunciar al amor de nuestras familias, todo lo contrario. Se trata de amarlas más profundamente. Se trata de amar con un amor inclusivo. Como el de Dios Trinidad.

Un amor que siente como propias las alegrías y también los sufrimientos de las demás personas. Que se sabe poner en el lugar de la otra y desde ahí comprender. Servir y aliviar.

Es este amor el que hace que Dios cuando nos mira a cada una de nosotras vea la viva imagen de su Hijo querido Jesús.

Y solo ese amor será el que nos capacite para descubrir en las demás personas. En todas las demás personas. La imagen y semejanza de Dios.

Así podemos ofrecer un vaso de agua fresca o recibir a alguien como quien recibe la visita del Buen Jesús.

Oración

Gracias, por enseñarnos a amar como TÚ amas.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

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El amor a Dios y al padre no se pueden comparar porque son de naturaleza distinta.

domingo, 2 de julio de 2023
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0_hospitalidadeDOMINGO 13 (A)

Mt 10,37-42

La manera de hablar semita, por contrastes excluyentes, nos puede jugar una mala pasada si entendemos las frases literalmente. Lo que es bueno para el cuerpo, es bueno también para el espíritu. La lucha maniquea que nos han inculcado no tiene nada que ver con la experiencia de Jesús. El evangelio de hoy propone, en fórmulas concisas, varios temas esenciales para el seguimiento de Jesús. Todos tienen mucho más alcance del que podemos sospechar a primera vista.

El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí. El problema del amor al padre y a Jesús no se puede comprar porque son realidades de distinta naturaleza ni se pueden comparar ni se puede decir que uno es “más” que otro. El amor a Dios no puede entrar nunca en conflicto con el amor a las criaturas, mucho menos con el amor a una madre. Jesús nunca pudo decir esas palabras con el significado que tienen para nosotros hoy. Solo un falso Dios puede plantear sus propias exigencias frente a otras instancias que requieren las suyas.

Ese Dios es un ídolo, y todos los ídolos llevan al hombre a la esclavitud, no a la libertad de ser él mismo. Hay que tener mucho cuidado al hablar del amor a Dios o a Jesús. En el evangelio de Juan está muy claro: “Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros”. Creer que puedo amar directamente a Dios es una quimera. Solo puedo amar a Dios amando a los demás, como Dios manda. Jesús no pudo decir: tienes que amarme a mí más que a tu Hijo. Recordad: porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve ser y me disteis de beber…

El evangelio nos habla siempre del amor al “próximo”. Lo cual quiere decir que el amor en abstracto es otra quimera. No existe más amor que el que llega a un ser concreto. Ahora bien, lo más próximo a cada ser humano son los miembros de su propia familia. La advertencia del evangelio está encaminada a hacernos ver que, desplegar a tope esos impulsos instintivos no garantiza el más mínimo grado de calidad humana. Pero sería un error aún mayor el creer que pueden estar en contra de mi humanidad. Se ha tergiversado el evangelio, haciéndole decir lo que no dice.

El evangelio no quiere decir que el amor a los hijos o a los padres sea malo y que debemos olvidarlo para amar a Jesús o a Dios. Pero nos advierte de que ese amor puede ser un egoísmo camuflado que busca la seguridad mayor para el ego, sin tener en cuenta a los demás. El “amor” familiar se convierte entonces en un obstáculo para un crecimiento verdaderamente humano. Ese “amor” no es verdadero amor, sino egoísmo amplificado. No es bueno para el que ama, pero tampoco es bueno para el que es amado, de esa manera. El verdadero amor solo puede surgir de nuestra categoría humana, es decir, de lo más hondo del ser.

Lo instintivo va contra la persona cuando el hombre utiliza su mente para potenciar su ser biológico a costa de lo humano. El hombre puede poner como objetivo de su existencia el despliegue exclusivo de su animalidad, cercenando así sus posibilidades humanas. Esto es degradarse en su ser especifico humano. Cuando estamos en esa dinámica y metemos a los demás en ella, estamos “amando” mal, y ese amor se convierte en veneno. Esto es lo que quiere evitar el evangelio. Nada que no sea humano puede ser evangélico. No amar a los hijos o a los padres no sería humano.

Un verdadero amor nunca puede oponerse a otro amor auténtico. Cuando un marido se encuentra atrapado entre el amor a su madre y el amor a su esposa, algo no está funcionando bien. Habrá que analizar bien la situación, porque uno de esos amores (o los dos) está viciado. Si el amor a Dios está en contradicción con el amor al padre o a la madre, o no tiene idea de lo que es amar a Dios o no tiene idea de lo que es amar al hombre. Sería la hora de ir a psiquiatra. ¡Nos han metido en la esquizofrenia, haciéndonos creer que, lo que Dios pedía era odiar a nuestros padres!

El que quiera salvar su vida la perderá, pero el que la pierda por mí, la encontrará. En griego hay tres palabras para decir vida: “Zoe”, “bios” y “psiques”. El texto no dice zoe ni bios, sino psiques. No se trata de la vida biológica, sino de la vida psicológica, es decir, de la capacidad de relaciones interpersonales. No se trataría de dejarse matar, sino de poner tu humanidad al servicio de los demás. Esto no sería perder sino ganar. Quien pretenda reservar para sí mismo su ego malogrará su existencia, porque pasará por ella sin desplegar su verdadera humanidad.

El que dé a beber un vaso de agua fresca… El ofrecer un vaso de agua a un desconocido puede ser la manifestación de una profunda humanidad. El dar, sin esperar nada a cambio, es el fundamento de una relación verdaderamente humana. En nuestra sociedad de consumo nos estamos alejando cada vez más de esta postura. No hay absolutamente nada que no tenga un precio, todo se compra y se vende. Nuestra sociedad está montada sobre el ‘toma y da acá’, que dejaría de funcionar si la sacáramos de esa dinámica y nos decidiésemos a vivir el evangelio.

La misma institución religiosa está montada como un gran negocio económico, en contra de lo que dice el evangelio: “Gratis habéis recibido, dad gratis”. Hoy todos estamos de acuerdo con Lutero, en su protesta contra toda compraventa de bienes espirituales (bulas, indulgencias etc.). Pero seguimos cobrando un precio por decir una misa de difuntos. Es verdad que debemos insistir en la colaboración de todos para la buena marcha de la comunidad, pero no podemos convertir las celebraciones litúrgicas en instrumentos de recaudación de impuestos con apariencia de caridad.

El objetivo instintivo de todo ser vivo, es mantenerse en el ser. Casi cuatro mil millones de años de evolución han sido posibles gracias a esta norma absoluta. Pero la misma evolución ha permitido al ser humano ir más allá de los instintos y alcanzar conscientemente una meta más alta que no está en contradicción con la biología. Todo lo que le acerca a ese objetivo último le puede causar más felicidad que satisfacer sus instintos. La raíz última de todo acto bueno está en la misma biología, no es contrario a ella. Nada más falso que una lucha entre lo biológico y lo espiritual.

La trampa que quiere evitarnos el evangelio es quedarnos en el placer inmediato que nos proporciona nuestra biología y perder de vista el bien total del ser humano. Ahí está la causa de tanto desajuste en la conducta humana. Debemos tomar conciencia de que lo que es malo para nuestro verdadero ser, no puede ser bueno bajo ningún aspecto del ser humano. Todo egoísmo personal o amplificado que busca el bien material del individuo o la familia, nos lleva a la deshumanización.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El principio antrópico.

domingo, 2 de julio de 2023
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Mt 10, 37-43

«El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí»

La génesis del “principio antrópico” no es filosófica, sino puramente científica. Es el fruto del estudio minucioso del cosmos y de su proceso de evolución, y básicamente establece que “cualquier teoría válida sobre el universo tiene que ser consistente con la existencia de seres conscientes capaces de formularse estas preguntas”. Como afirma John Barrow, prestigioso matemático y cosmólogo británico: «La increíble serie de coincidencias que permiten nuestra presencia en el universo, parecen haber sido cuidadosamente preparadas para garantizar nuestra existencia».

El principio antrópico débil, aceptado mayoritariamente por la comunidad científica, afirma que «el mundo podría haber sido de muchas otras formas, pero en ninguna de ellas habríamos estado nosotros». Según esta formulación cabría el recurso al azar para explicar la aparición del hombre sobre la Tierra, pero el principio antrópico fuerte, más cuestionado, va más allá, rechaza el azar, y sostiene que todo el proceso ha estado diseñado con un único fin; propiciar nuestra existencia: «Nuestra existencia es la que ha determinado la estructura del universo», dice el principio antrópico fuerte. Muy parecido al argumento teleológico formulado desde la filosofía.

Esta última formulación requiere que alguien (Dios creador) haya diseñado el proceso de evolución con el propósito de que culminase en nosotros, pero no parece razonable que su objetivo final fuese la mera presencia del ser humano sobre la faz de la Tierra, sino del ser humano en plenitud; tanto a nivel individual como colectivo.

Hasta llegar a nosotros, han sido las leyes naturales las que han marcado la pauta de la evolución, pero la última etapa —la plenitud— es tarea nuestra. Y es aquí donde entroncamos con el evangelio, porque es Jesús, el hombre lleno del espíritu de Dios, quien nos marca la meta y señala el camino. Como decía Ruiz de Galarreta: «El sueño de Dios no es la raquítica salvación de media docena de perfectos. Toda la creación, realizada y perfecta, es su sueño, su proyecto, el Reino»

El evangelio, todo el evangelio, es una contundente invitación a ser colaboradores de Dios en la ejecución de su proyecto, y de aquí se desprende una buena definición de cristiano: cristiano es quien se compromete con la tarea de hacer de la humanidad una comunidad de Hijos que se aman como hermanos. Como dijo el propio Jesús: «En eso conocerán que sois mis discípulos».

Y desde esta perspectiva podemos entender mejor el texto de hoy, porque tamaño proyecto requiere de todo nuestro compromiso y de todo nuestro esfuerzo. Jesús nos está pidiendo ayuda para hacer realidad este ideal por el que él fue capaz de dar la propia vida, y lo hace a su estilo; un estilo paradójico, radical, casi desafiante, para recalcar la importancia excepcional de lo que nos está pidiendo:

«Como mi Padre me envió, así os envío yo a vosotros».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer otro comentario sobre este evangelio publicado en fe adulta, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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La primera lealtad para Jesús.

domingo, 2 de julio de 2023
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14437838828006¿A qué o a quién has sido leal los últimos 25 años? ¿Qué ha caracterizado esa lealtad? ¿Ha sido muy duro? ¿En qué estaba basada?

¡Vaya! pensé cuando leí el evangelio para este domingo, pues ¡qué poca gracia tener que explicar algo que produce rechazo desde el primer momento! “El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. (Mt 10: 37-38).

Es increíble cómo después de más de veinte siglos de cristianismo y de haber escuchado y leído tantos comentarios a este evangelio seguimos diciendo que este tipo de exigencia es inhumana y que no podemos llevar adelante este “requisito” de Jesús.

Pero ¿qué nos está pidiendo? ¿Cuál es su verdadera invitación o mejor dicho la de la comunidad cristiana detrás de este mensaje?

Al principio del capítulo 10 de este evangelio nos relatan la llamada de Jesús a sus doce discípulos dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos para expulsarlos y curar todo achaque y enfermedad. El envío con toda una serie de instrucciones es un mensaje transformador, primero para ellos cambiándoles sus valores, sus preferencias, sus preocupaciones y dotándoles de un amor universal que con el tiempo será capaz de traspasar todo tipo de fronteras, razas, religión, etc…Un mensaje liberador que solo puede proclamar quien antes ha sido liberado.

Por tanto, la lealtad a Jesús, a su mensaje, a su proyecto, es lo primero para quienes dicen seguirle. Eso no exige la renuncia al amor a nuestros seres queridos, a los más cercanos, todo lo contrario, pero sí se nos invita a amarles bien a no dejarnos atrapar por sus “chantajes emocionales” dándoles lo que nos piden, sino lo que sabemos que es mejor para ellos.

Amar a Jesús no descarta amar al prójimo, nada más lejos de su mensaje, sino discernir de qué manera podemos expresar nuestro amor de una forma práctica y real.

En el pasado, muchas personas religiosas, consideradas llamadas por Dios de una manera especial, renunciaban al amor de sus padres, alejándose de ellos hasta el punto de no estar presentes en sus últimos momentos o en tiempos de enfermedad, bajo capa de una mayor fidelidad a su compromiso con Jesús.

Hoy, entendemos que la fidelidad al mensaje de Jesús es para todos, no para unos cuantos “escogidos” de manera especial. Entendemos que ser fiel a Jesús es estar ahí donde se nos necesita y tanto puede ser en nuestra propia familia como en países lejanos. (A veces es más difícil estar con la propia familia que en tierras lejanas donde se aplaude nuestro trabajo).

No es más misionero quien vive en un país de Tercer Mundo ayudando al desarrollo de un pueblo, que quien permanece en el suyo haciendo una labor poco valorada; porque la misión es vivir y comunicar los valores de Jesús y eso suscita una gran oposición sobre todo en las sociedades capitalistas.

La lealtad a Jesús significa, en segundo lugar, no sólo división y rechazo dentro de la familia, sino también en el seno de la sociedad: y quien no toma la cruz y me sigue no es digno de mí.

¿Hasta dónde hay que llegar? Hasta dar la vida como él: ese es el distintivo del discípulo, de la discípula. Con pasión, con gozo, con fidelidad, no sin momentos de desaliento y de dificultad.

Es escoger un camino de marginación porque supone identificarse con quienes se oponen al “control imperial” como Jesús; y eso nunca resulta fácil: ni entonces ni ahora.

En tercer lugar, esa fidelidad nos habla de perder la vida por Jesús para encontrarla. Por el contrario, se entiende “encontrar la vida”  por nuestra propia cuenta como optar por lo seguro, por el propio interés, es dejarse llevar por la amenaza de la élite de crucificar a quienes ofrezcan resistencia. Sin embargo, la muerte no es el final.

¿Y quién y cómo escucha y recibe este mensaje? No está en nosotros medir los resultados, no vamos en nombre propio y el camino ya se encarga de proveernos con momentos de un gozo indescriptible cuando vemos que lo que nos ha sanado, cambiado la vida, liberado, también lo hace con muchos otros.

Quien recibe a Jesús recibe a quien le ha enviado. Profeta, justo, pobrecillo representan las actitudes de aquellos que ya han asumido el reino en sus vidas. Acogerles a ellos es acoger a Jesús y su mensaje y cualquier gesto, por pequeño que sea, incluso dar de beber un vaso de agua fresca, no quedará sin recompensa.

Sólo si conectamos con aquello que realmente nos llena la vida de pasión y de entusiasmo entenderemos la llamada de este evangelio; nada más lejos del deber moral o el sacrificio. Conecta con aquello o aquellos a quienes ofreces lealtad y verás como ya estás o puedes volver en cualquier momento al camino.

Carmen Notario Ajuria, SFCC

espiritualidadcym@gmail.com

 

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¿Quién es el “mí” del que habla Jesús?

domingo, 2 de julio de 2023
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IMG_9949Domingo XIII del Tiempo Ordinario

02 julio 2023

Mt 10, 37-42

Entendidas en su literalidad, las expresiones que aparecen en el texto, con matices comparativos (“más que a mí”) y carga autorreferencial (“por mí”) chirrían con razón a la conciencia moderna, testigo de tantos gurús que han demandado a sus fieles una incondicionalidad incuestionable.

¿Qué sentido tiene que un maestro pida ser amado más que los propios padres o los propios hijos? ¿Quién es el maestro que exige perder la vida por él? Todo ello suena más a una catequesis elaborada por la comunidad primitiva que a dichos auténticos de Jesús. Una comunidad que ya ha “divinizado” a Jesús y que lo presenta como referente absoluto, a cuya luz todo lo demás palidece en un segundo plano. Hoy conocemos también que se trata de un movimiento típicamente sectario, que enaltece hasta el infinito al propio líder.

Sin embargo, aun dejando de lado la cuestión de la autoría de esos dichos, cabe otra lectura de los mismos, no literal, sino espiritual o simbólica. ¿Quién o qué es ese “mí” del que se habla en términos absolutos, como lo único realmente real y lo único por lo que merece postergar todo lo demás?

Cuando se sale de la creencia dogmática y se vive un proceso experiencial de autoindagación, la respuesta se abre paso de manera luminosa: ese “” no es la persona del Maestro de Nazaret, ni tampoco otro yo particular. Ese “” alude a una realidad transpersonal -más allá de todos los yoes o personas-, a Aquello que constituye el Fondo de todo lo real, la identidad última, única y compartida, que somos.

Ese es el “tesoro escondido” -del que hablará el propio Jesús-, Aquello que somos en profundidad. Por tanto, en cuanto realidad transpersonal, no cabe la apropiación y carece de sentido la comparación. No se pide que ames a uno más que a otros, ni que mueras por alguien en particular, sino que vivas anclado en la verdad de lo que eres. Esta es la clave, válida para toda persona, cualquiera que sea su creencia. Cuando se vive así -dice Jesús en otro lugar-, “todo lo demás se os dará por añadidura”.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Un amor auténtico nunca se opone a otro amor auténtico

domingo, 2 de julio de 2023
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IMG_9957Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

01.- Placer y muerte

Decía el neurólogo y padre del psicoanálisis, Sigmund Freud (1856-1939) que la vida es al mismo tiempo: eros (placer) y thanatos (muerte).

La vida es una búsqueda del bienestar, del placer, de la felicidad pero, al mismo tiempo, un encuentro continuo con el esfuerzo, el sufrimiento, el dolor y la muerte. Esto es evidente, la vida humana es así.

La vida no es solamente placer, bienestar, felicidad, sino que la otra cara de la moneda es el sufrimiento, el dolor…

02.- Asumir el dolor

Siempre el ser humano ha tratado de paliar y aliviar el dolor -y la muerte-. Es natural.

Sin embargo el momento cultural actual margina y elude la dimensión de esfuerzo de la vida.

Es lógico que una civilización puramente hedonista no pueda admitir, ni sepa abordar el esfuerzo, el sufrimiento, el mismo trabajo como modo de colaborar con Dios y con la humanidad en la tarea de hacer un mundo habitable. Mucho menos afrontamos el problema de la muerte.

Todo lo queremos fácil, rápido y con el menor esfuerzo.

Pero la vida es placer y muerte.

03.- No es sano el masoquismo espiritual.

Tampoco era sana aquella vida oscurantista y exageradamente ascética, llena de negaciones y penitencias en muchos casos sin sentido alguno y más cercanas a un enfermizo masoquismo o sadismo que al esfuerzo cristiano y humano. No es deseable aquella espiritualidad ni aquel estilo de vida.

El Génesis es más saludable y vitalista que los cilicios y las disciplinas medievales y de tiempos posteriores. Lo que Dios había creado era bueno.

04.- El que se busca a si mismo se pierde.

Es una afirmación de gran contenido. Nos pasamos la vida «buscándonos» a nosotros mismos: una salud mejor, para lo cual hacemos footing, aerobic, nos volvemos medio macro.bióticos, nos perdemos por los sueños de una eterna juventud, que termina en una fugaz ancianidad. Nos buscamos y queremos «pasárnoslo» bien: “mi vida, mi casa, mi coche, mi partido político y mi partido de fútbol, mi dinero y mis vacaciones”. Al final uno vive sólo en el claustro de su soledad supuestamente placentera.

Nos hiciste poco inferior a los ángeles, dice el salmo 8, pero el capitalismo nos ha hecho poco –muy poco- superiores a los primates.

05.- La vida no es una existencia solitaria.

El que pierda su vida por MÍ, encontrará la vida.

La vida es comunidad y solidaridad, acogida. La forma humana de vivir es entregar la vida (lo demás es vegetar).

La madre no pierde la vida cuando da a luz.

La mujer sunamita, de la región de Sunam- (1ª lectura) le propone a su marido: acojamos al profeta Eliseo, le preparamos una habitación… Le reciben y le cuidan.

Eliseo se lo agradece con vida. Lo mismo que sucedió con Sara ya anciana que concibió a Isaac, o con Ana, la madre de Samuel, o con Isabel la madre de Juan Bautista, Dios les concede –en su ancianidad- una nueva vida. La maternidad en la ancianidad era signo de vida. Sean relatos históricos o míticos, Dios es Dios solidario, Dios de vida.

Un amor auténtico nunca se opone a otro amor auténtico. El amor a Dios no se opone al amor de la familia; el amor matrimonial no se opone al amor der Dios, ni al amor a los hijos, ni a la empatía de la amistad íntima o la fraternidad comunitaria y eclesial. El amor perfecciona, realiza la persona. El amor como la bondad crece cuando se comunican.

Seamos abiertos y generosos en la vida. Demos la vida, precisamente para vivirla en plenitud.

 

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Simone Weil: «Fuera de la Iglesia».

sábado, 1 de julio de 2023
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Todos conocemos la máxima teológica que dice: «Fuera de la Iglesia no hay salvación«. Pero el Espíritu, que es libre, suscita caminos  admirables que manifiestan que Dios y su amor son infinitos. El siguiente texto es una prueba de ello:

«Creo que la voluntad de Dios no es que yo entre en este momento en la Iglesia. Pues, como ya le dije antes, y sigue siendo verdad, la inhibición que me retiene no se deja sentir con menos fuerza en los momentos de atención, de amor y de oración que en los restantes. Y, no obstante, he experimentado una gran alegría oyéndole decir que mis pensamientos, tal como se los he expuesto, no son incompatibles con la pertenencia a la Iglesia y que, por consiguiente, no le soy extraña en espíritu.

No puedo dejar de preguntarme si, en estos tiempos en que una parte tan considerable de la humanidad se encuentra sumida en el materialismo, no querrá Dios que existan hombres y mujeres que, entregados a él y a Cristo, permanezcan sin embargo fuera de la Iglesia.

En todo caso, cuando me imagino concretamente y como algo que podría estar próximo el acto por el cual entraría en la Iglesia, ningún pensamiento me apena más que el de separarme de la masa inmensa y desdichada de los no creyentes. Tengo la necesidad esencial, la vocación —pues creo que puedo llamarla así— de moverme entre los hombres y vivir en diferentes medios humanos fundiéndome con ellos, adoptando su mismo color, en la medida al menos en que la conciencia no se oponga, desapareciendo en ellos, a fin de que se muestren tal como son sin que tengan que disfrazarse para mí. Quiero conocerlos para amarlos tal como son. Pues si no los amo tal como son, no es a ellos a quienes amo y mi amor no es verdadero. No hablo de ayudarles, pues hasta ahora, desgraciadamente, soy completamente incapaz de hacerlo. Creo que de ningún modo entraría nunca en una orden religiosa para no separarme por un hábito del común de los mortales. Hay seres humanos para los que esta separación no ofrece inconvenientes graves, pues están ya separados del conjunto de los hombres por la pureza natural de su alma. En cuanto a mí, por el contrario —como creo haberle dicho ya—, llevo en mi misma el germen de todos los crímenes o poco menos. Me hice especialmente consciente de ello en el curso de un viaje, en circunstancias que ya le he relatado. Los crímenes me producían terror, mas no me sorprendían; sentía su posibilidad dentro de mí y, precisamente por sentir en mí misma esa posibilidad, me horrorizaban. Esta disposición natural es peligrosa y muy dolorosa, pero como toda disposición natural puede ponerse al servicio del bien si se sabe hacer un uso adecuado de ella con el auxilio de la gracia. Implica una vocación, la de mantenerse de alguna manera en el anonimato, dispuesto a mezclarse en cualquier momento con la masa común de la humanidad. Ahora bien, en nuestros días, el estado de los espíritus es tal que hay una barrera más marcada, una separación más tajante, entre un católico practicante y un no creyente que entre un religioso y un laico.

Conozco las palabras de Cristo: «De aquél que se avergonzare de mí delante de los hombres, me avergonzaré yo delante de mi Padre». Pero avergonzarse de Cristo quizá no signifique para todos y en todos los casos no adherirse a la Iglesia. Para algunos puede significar solamente no ejecutar los preceptos de Cristo, no irradiar su espíritu, no honrar su nombre cuando se presenta la ocasión, no estar dispuesto a morir por fidelidad a él.

Debo decirle la verdad, aun a riesgo de contrariarle y por más que contrariarle me resulte extremadamente penoso. Amo a Dios, a Cristo y la fe católica tanto como a un ser tan miserablemente insuficiente le sea dado amarles. Amo a los santos a través de sus textos y de los escritos relativos a sus vidas —a excepción de algunos a los que me es imposible amar plenamente o considerar como santos—. Amo a los seis o siete católicos de espiritualidad auténtica que el azar me ha llevado a encontrar en el curso de mi vida. Amo la liturgia, los cánticos, la arquitectura, los ritos y las ceremonias católicas. Pero no siento en modo alguno amor por la Iglesia propiamente dicha, al margen de su relación con todas esas cosas a las que amo. Puedo simpatizar con quienes sienten ese amor, pero yo no lo experimento. Sé muy bien que todos los santos lo experimentaron. Pero también casi todos ellos nacieron y crecieron en el seno de la Iglesia. Sea como fuere, el amor no surge por propia voluntad. Todo lo que puedo decir es que, si ese amor constituye una condición del progreso espiritual —cosa que ignoro— o forma parte de mi vocación, deseo que algún día me sea concedido.

Bien podría ser que una parte de los pensamientos que acabo de exponerle sea ilusoria y mala. Pero, en cierto sentido, poco importa; no quiero analizar más; después de todas estas reflexiones he llegado a una conclusión, que es la resolución pura y simple de no volver a pensar en la cuestión de mi eventual entrada en la Iglesia.

Es muy posible que después de haber estado sin reflexionar sobre ello durante semanas, meses o años, sienta un día el impulso irresistible de solicitar inmediatamente el bautismo y vaya corriendo a pedirlo. Pues oculto y silencioso es el camino por el que la gracia se adentra en los corazones.

Puede ocurrir que mi vida llegue a su término sin haber experimentado jamás ese impulso. Pero una cosa es absolutamente cierta: si llega el día en que yo ame a Dios lo suficiente para merecer la gracia del bautismo, recibiré esa gracia ese mismo día, indefectiblemente, bajo la forma que Dios quiera, sea por medio del bautismo propiamente dicho, sea de cualquier otra forma. ¿Por qué, entonces, preocuparse? No es en mí en quien debo pensar, sino en Dios. Es Dios quien debe pensar en mí«.

*

Simone Weil,

carta a un sacerdote en A la Espera de Dios
19 de enero de 1942

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Redes Cristianas: Mensaje de cristianas y cristianos de base de Madrid (CCBM).

sábado, 1 de julio de 2023
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Encuentro-Comunidades-Base-Madrid_2564753531_16573549_667x375Reunidos  en San Carlos Borromeo, emblemático centro pastoral de Madrid, el 27 de mayo de 2023 para culminar el proceso de reflexión que venimos manteniendo durante los últimos cuatro meses en torno a la necesidad de reactivar la esperanza, las cristianas y los cristianos de base de Madrid hemos resuelto reafirmar nuestra convicción de que es urgente tomar conciencia y actuarpara superar el clima de resignación o indiferencia que nos rodea y mantener viva la esperanza, y así lo manifestamos a través del siguiente MENSAJE:

1. Estamos viviendo un tiempo de crisis, y las crisis pueden ser oportunidades de cambio. Vivimos desde hace décadas en medio de graves contradicciones: enormes avances en tecnología y conocimientos científicos, creciente conciencia de los derechos humanos universales, pero también cifras de injusticias, violencia, hambre, desastres climáticos, falta de información veraz, etc., como nunca antes se había conocido. Gran parte de la población mundial sobrevive a duras penas, atravesada por el dolor, el hambre, la exclusión social y las guerras.

2. Especialmente dramáticos están siendo los fenómenos de desigualdad social, injusticia ecológica, injusticia de género, prácticas de necropolítica e infinidad de casos de descarte social por parte del neoliberalismo que se nos impone. El sistema capitalista neoliberal imperante, según Francisco, es una “economía que mata”, y “causa estructural de la desigualdad” que existe en el mundo. La esperanza de los pobres está gravemente amenazada.

3. En medio de este sinsentido global, la esperanza parece haber dejado de ser uno de los signos de los tiempos, a pesar de que todas y todos la necesitamos para vivir con ilusión. En consecuencia, surgen los interrogantes sobre si es posible la esperanza en un mundo más humano, porque el fracaso de ciertas utopías ha sido tan fuerte que gran parte de la sociedad más dinámica parece “estar de vuelta”, como queriendo olvidar y refugiarse en espacios poco conflictivos, más gratificantes, consoladores. Y, en el caso de respuesta positiva, aún cabe plantearnos si esa esperanza es mera creencia teórica o una fuerza vital, dinamizadora de compromisos por una vida mejor.

4. Comprobamos con todo cómo, a la vez, se abre camino otro tipo de realidades. Está creciendo en la conciencia de muchas personas un sentimiento de indignación ante tanta injusticia, degradación y sufrimiento. Cada día son más las personas que no se resignan ya a aceptar una sociedad tan poco humana y reaccionan esperanzadas en busca de algo nuevo que en esta sociedad no se ve cumplido. Y como los avances desde abajo se han dado siempre a través de la historia, en esa conciencia colectiva se fortalecen nuestras expectativas.

5. Las cristianas y cristianos de base pertenecemos a esos sectores, convencidos de que hay signos para creer queotro mundo es posible, que el mundo de hoy está lleno de semillas de esperanza; que, a pesar de vivir en medio de la injusticia y de crecientes abismos de desigualdad social, podemos aportar el mensaje evangélico de esperanza, solidaridad y liberación de los oprimidos. Eso es para nosotras y nosotros una forma de creer en el Dios de Jesús de Nazaret. Nos sentimos con la responsabilidad de reconvertir todo en esperanza mediante nuestra resistencia, nuestra lucha y nuestra convicción de que otro modo de vivir como seres humanos es posible.

6. Ese otro mundo posible que Jesús de Nazaret presentó como el Reino de Dios sigue ahí como luz, como semilla, y está dentro de nosotras y nosotros, aunque no se agota en nuestra historia. “La fe en la resurrección de Jesús conjugada con nuestros compromisos por la historia y la justicia”, nos dice P. Casaldáliga, “son la garantía de que esa esperanza no es una ilusión ficticia, sino una fuerza vital capaz de emerger victoriosa contra toda desesperanza”. El Reino es la “Internacional de la esperanza” que se construye entre todas y todos los que escuchan la voz de la creación. La esperanza de ese Reino y la confianza en el Dios de Jesús impregna nuestra vida, llenándola de confianza para acercar cada día más la utopía de la fraternidad universal.

7. Las cristianas y cristianos de base nos resistimos a aceptar el actual orden social basado en el capitalismo como eje vertebrador de las relaciones sociales. Lo rechazamos como modelo social y apostamos por buscar nuevas formas de socialismo que se inspire en los siguientes criterios generales: el bien común y la distribución de la riqueza; el respeto y la protección de la naturaleza; la opción por la paz como fruto de la justicia; la participación efectiva de toda la población en los asuntos públicos.

8. Nos proponemos vivir siempre esperanzadas y esperanzados, aun aceptando que probablemente no veremos otro mundo distinto, pero con la fuerza de pensar que podrá llegar a ser. Frente a un cristianismo tradicional que entiende la esperanza como una actitud pasiva y de resignación, vinculada a las recompensas de un cielo tras la muerte, como premio frente a las privaciones de la existencia terrena, concebimos la esperanza como una adhesión existencial a valores, utopías y proyectos que valen por sí mismos y nos permiten convivir perfectamente con el fracaso histórico, sin por eso destruirse. La esperanza se convierte así en motor de nuestra vida aunque lo que persigamos no lo lleguemos a ver.

9. Para conseguir que la esperanza sea esa vivencia movilizadora y no simple creencia, es preciso soñar, resistir y luchar. Lo nuevo solo vendrá si hay muchas personas que lo sueñan utópicamente y se comprometen en la lucha por transformar la realidad con imaginación, fe utópica y esperanza, convencidos siempre de que otro modo de vivir como seres humanos es posible. Nos sentimos invitadas e invitados a “mover los pies, las manos y el corazón” en las circunstancias en que cada uno viva. Aunque nuestras comunidades vayan envejeciendo y tengamos que asumir limitaciones naturales, no queremos ampararnos en la edad como pretexto para la resignación.

10. Apostamos, pues, por reactivar actitudes firmes de resistencia, una espiritualidad de ojos abiertos y de militancia activa a través de los movimientos sociales frente a la “globalización de la indiferencia” (Francisco). La esperanza es una fuerza que ayuda a imaginar, a resistir frente a la resignación y a actuar por encima de cualquier escepticismo o indiferencia. ”Hay que tomar conciencia y actuar, pues la pasividad lleva a la indiferencia y la melancolía”.

Redes Cristianas

Madrid, 27 de Mayo de 2023

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Cadenas

viernes, 30 de junio de 2023
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Del blog Nova Bella:

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“Quienes no se mueven

no notan sus cadenas.”

*

Rosa Luxemburgo

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Santiago Villamayor: ¿Qué sostiene hoy nuestra esperanza o motivaciones?

viernes, 30 de junio de 2023
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la-esperanza-flor-crece-en-medio-de-sequedal1. Nuestra perplejidad

La pregunta formulada en el título nos va a acompañar muchos años y hoy, en esta época posreligional y postsecular debemos entrar en ella. Mi intención es solo provocaros en 10 minutos con cuatro flases. Consultaros una vez más y solicitaros aportaciones para este tránsito de espiritualidad, que como muy bien ha expresado Elsa, nos tiene a todos en vela y en vilo. Es la cuarta vez que lo hacemos.

Si Dios o el Señor ya no es la música que suena en toda circunstancia, la palabra de vida eterna, la justificación de nuestra existencia, ¿qué hacemos?, ¿con qué significamos, embellecemos y resolvemos nuestro discurrir ordinario, sus logros y fracasos? Hemos cantado insistentemente y seguimos cantando el salmo 121:

“Levanto mis ojos a los montes, ¿De dónde nos vendrá el auxilio? El auxilio nos viene del Señor que hizo el cielo y la tierra”

¿Hoy podemos responder así?  Parece ser que cada vez menos. Y, sin embargo, todavía sentimos una reminiscencia de confianza en este símbolo de Señor o Dios antes con una fe rayana en la certeza. ¡Cuántos momentos desesperados donde el omnipotente y bondadoso Señor era el único que podía resolver nuestro mal, aunque no acabara de escribir derecho con los renglones torcidos! Especialmente cuando el sufrimiento inútil o el dolor irrecuperable de tantas víctimas.

¡Cuántas veces el Misterio de la Redención ha sido el paradigma y orientación de nuestra mundana existencia! Ese conjunto de secuencias temporales que empieza con la preexistencia de Jesucristo, la Santísima Trinidad, la Encarnación y Redención por la sangre, la Resurrección…un mito pero ¡contado como explicación! Sin ningún reparo ante la confusión de lenguajes o ámbitos del conocimiento. Y cuántas veces nos hemos topado con la contradicción entre la Bondad infinita y la existencia del mal! Con un “Dios ausente” cuya ausencia tampoco estaba. Todo esto hoy no resulta creíble

2. La necesidad de reinvención de la divinidad

¿Respondemos con el salmo o nos acercamos a algún otro modo de sentir lo sagrado, más comprensible en nuestro tiempo, como viene a decir Stuart Kauffman por ejemplo

¿Podemos renunciar al Dios Creador, el Dios Todopoderoso, omnipotente y omnisciente, que se contradice con la existencia del mal, y en su lugar encontrar lo sagrado en la creatividad incesante de la despliegue de la naturaleza?

¡Cuántos sentimientos e ideas similares a estas palabras de Stuart Kauffman, biólogo declarado ateo, van encontrando en muchas personas una resonancia especialmente significativa y alentadora, una alternativa a la gran tradición cristiana del Misterio de la Salvación y de la adoración del Dios Providente, Creador y Redentor! ¡Y cómo lo hacen además en la actual debacle religiosa, causada por la desafección y el fundamentalismo!

Nos preguntamos pues Qué nos mueve desde esta perplejidad a vivir y amar más allá del mero estar en el mundo. Y nos vamos diciendo: No tanto una liberación en el más allá, cuanto una aminoración del mal y del sufrimiento en el aquí. No tanto una vida eterna eximente de la cotidianidad y tan buscada por su perfecta felicidad, cuanto un escuchar el misterio del presente y construir felicidades, sabiéndonos precarios y cambiantes. No tanto un bienestar permanente para mí, cuanto una armonía y fraternidad entre las personas y el planeta. No tanto un Ser Supremo concreto, cuanto todos los seres sagrados.

3. La envolvente de este cambio, factores, circunstancias.

Y hemos ido cambiando por

· La falta de credibilidad o audiencia o de nuestras viejas convicciones

· Una nueva manera de entender el conocimiento, … el constructivismo, el consenso crítico, La reconciliación con la ciencia en complementariedad

· y una nueva cosmovisión y antropología no dualista centrada en la materia dinámica o creativa. El emergentismo y la creatividad incesante…

· Distinción entre los usos del lenguaje: carácter analógico y metafórico de toda expresión religiosa, como un complemento necesario en esa comprensión científica.

· La superación de una ética individualista, centrada en la obligación religiosa o legal, por una ética global y de la sobreabundancia respondida libérrimamente.

· El giro de las comunidades e iglesias hacia una izquierda moral sobre la base común de un agnosticismo creativo. El hermano menor, el publicano…

· El conjunto de estas causas y otras lleva también a muchas personas a la superación del teísmo. A abandonar la imagen del Dios Ente Supremo, conservando, sin embargo, la incondicionalidad y lo sublimidad que caracteriza a toda la realidad.

Y nos hemos respondido tras los primeros momentos de desconcierto con un gran alivio y deseo de universalidad. Nos ha satisfecho esta nueva perspectiva o paradigma que algunos llaman, o llamamos, “posreligión” “postsecularidad” y “posteísmo”. 

Pero también nos afectan

4. Las observaciones críticas

a esta reinvención, que asumimos y queremos resolver con vosotros:

· El abandono de la referencia personal a un Tú y sus consecuencias en la oración, la vida interior y la explicitación simbólica.

· La pérdida de la religiosidad sobre todo popular y su correspondiente consuelo, lo último que le queda al pueblo tan expoliado.

· La dificultad para recuperar un compromiso de certezas, un consuelo y esperanza que no se apoya en la imagen tradicional de un Dios que lo sabe y lo puede todo y que en su bondad lo hará.

Y así nos encontramos ante el reto de formularnos nuevos relatos, sentimientos y símbolos. Formarnos en esta nueva mentalidad. Nos preguntamos cómo recrear un nuevo espíritu, incluso narración, suficientemente unitario y plural para toda la humanidad.

5. Motivaciones para una ética y poética desbordante y libérrima

La comprensión general del cristianismo ha ido pasando en nosotros desde una religiosidad pura, teocéntrica y omnipresente a una praxis de liberación y de secularidad. En otros a un cierre en los cuarteles. La teología de la liberación fue la primera ruptura con el sobrenaturalismo, asumida sin vacilación porque estaba amparada por una entrega martirial. Hoy la incertidumbre es mayor por la cultura postmoderna, liquida, débil.

Es tiempo de ensayo y reconstrucción [1]. De propuestas. Se avizoran múltiples conatos de una nueva ética y poética que animan la esperanza y el compromiso. Semillas de una nueva humanidad están empezando a germinar muy despacio. El planeta ha aumentado su grado de consciencia y responsabilidad sin dejar por ello los maleficios de la violencia, la indiferencia, y la irresponsabilidad. El humanismo que llamamos bioecocéntrico y el empoderamiento de la mujer son un buen ejemplo de ello. Ya estamos ensayando algunas de estas propuestas.

Además de callar porque tiene la palabra el silencio, asomarnos a la divinidad, no como ese Ser Supremo que parece que se ha ausentado, sino como una categoría o dimensión de la realidad, desbordante, creativa, como si fuera una divinidad enterrada que puja por florecer y que se manifiesta en diversas vetas de esperanza. Vetas que no son prioritariamente estados de ánimo personales, pero sí el optimismo congénito a la vida en expansión. Que tienen su base en una incierta cosmovisión o Gran Metáfora descrita antes por la Biblia, hoy elaborada desde la ciencia, la filosofía, los diversos lenguajes simbólicos y la intercomunicación humana en general.

Vetas de motivación no solo dadas en la voluntad de ser o vivir, en la confianza radical en la misma razón, abierta y plural, como “principio y fundamento” sino también vetas construidas, personal y comunitariamente, fruto de las utopías y anhelos de las diferentes culturas. Que en muchos momentos son esperanzas desesperadas. Son vetas naturales, más postulados o esperanzas a priori que fruto de experiencias de un signo u otro. Luego se llenan de contenido y con él crecen.

Vivimos esperanzados porque hay algo y no nada, ese algo es vida y por tanto creatividad, esa vida es inteligencia, honda lectura y tendencia al amor. Esa es nuestra esperanza fundante, un trascendental de nuestro ser.

El cielo “lleno de estrellas” fuera de mí y la bella “buena voluntad” en nuestro interior es algo de lo que más puede maravillarse la persona humana. “Cielo”, macrocosmos y microcosmos. El cielo del caótico orden cósmico y la vulnerable buena voluntad, el deseo de bien serpenteado de desgracias y errores.

6. Esperanzas de la Esperanza fundante.

Estas son en concreto algunas vetas [2] , vigores y artes

· El impulso natural de la vida que nos lleva a expandirnos, surgido en la oscuridad de la energía cósmica y que nos lleva hasta la maravilla de la consciencia y el amor.

· El bienestar, la salud y el gozo de vivir que ya mucha gente disfruta, aun con escasos recursos y conscientes de su provisionalidad. Es algo que abre la posibilidad de que todo el mundo pueda también alcanzarlos.

· Los descubrimientos científicos, el enorme esfuerzo por la justicia, por la democracia, la igualdad de género, etc. Hay allí amor. Hay amor y no más bien nada u odio, y la esperanza lo sabe.

· El mutuo contagio con otros esperanzados, de ahora y de siempre, mutando sus formas de esperanza y sabiduría

Hoy estamos en mejores condiciones para reducir el sufrimiento, para corregir el sistema económico que se apropia de “Dios” para legitimarse. Para fiarnos más de la metáfora y del silencio activo que de la mucha palabrería religiosa, aunque sea litúrgica. Para ser felices

Somos “espeleólogas de la esperanza» y “mineras del corazón” cunas del Espíritu Santo que hoy llamamos la “bella y buena razón”. Buscadores de un Reino de Dios que puede llamarse también “Internacional de la esperanza”, esa convergencia de las religiones y los humanismos para la justicia universal y la felicidad

Podemos ahondar en la bondad “subyacente” expresada en las tradiciones éticas y religiosas, sus utopías y grandes textos, encontrar la consolación en la filosofía o la serenidad con la meditación, entrar en la intersubjetividad doliente, acercarse al que sufre y juntos intentar una nueva vida que, compartida, será más una canción que un lloro en un valle de lágrimas.

 

Santi Villamayor, 28 de Mayo de 2023, intervención en la 4ª consulta del grupo Lenaers

[1] Los viejos paradigmas se resisten a ser sustituidos como también los dogmas, se agarran sin querer soltarse. Son como garrapatas. Nos aprisionan sin enterarnos y nos chupan la creatividad. Si los arrancas de cuajo dejan dentro la cabeza y nos producen una infección muy grave. Una debilidad o desafección de lo hasta entonces creído o unas exagerada reacción inmunológica contraria, el fundamentalismo. Las garrapatas y los dogmas salen solos con aceite

[2] Curiosamente antítesis de los ídolos o falsas creencias de Bacon, procedentes de la genética, la biografía, la relación humana y las teorías o dogmas…

Fuente Fe Adulta

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Nosotros… Nuestro…

jueves, 29 de junio de 2023
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En la solemnidad de San Pedro y San Pablo, un texto que habla de Comunidad, de Palabra, de Compromiso… Del blog Amigos de Thomas Merton:

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…”el Doctor de la paz y Maestro de la unidad no quiso que hiciéramos una oración individual y privada, de modo que cada cual rogara sólo por sí mismo. No decimos: «Padre mío, que estás en el cielo», ni: «Dame hoy mi pan de cada día», ni pedimos el perdón de las ofensas sólo para cada uno de nosotros, ni pedimos para cada uno en particular que no caigamos en tentación y que nos libre del mal. Nuestra oración es pública y común, y cuando oramos lo hacemos no por uno solo, sino por todo el pueblo, ya que todo el pueblo somos como uno solo.

El Dios de la paz y el Maestro de la concordia, que nos enseñó la unidad, quiso que orásemos cada uno por todos, del mismo modo que él incluyó a todos los hombres en su persona. Aquellos tres jóvenes encerrados en el horno de fuego observaron esta norma en su oración, pues oraron al unísono y en unidad de espíritu y de corazón; así lo atestigua la sagrada Escritura que, al enseñarnos cómo oraron ellos, nos los pone como ejemplo que debemos imitar en nuestra oración: Entonces -dice- los tres, a una sola voz, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios. Oraban los tres a una sola voz, y eso que Cristo aún no les había enseñado a orar.

Por eso fue eficaz su oración, porque agradó al Señor aquella plegaria hecha en paz y sencillez de espíritu. Del mismo modo vemos que oraron también los apóstoles, junto con los discípulos, después de la ascensión del Señor. Todos ellos -dice la Escritura- perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres y de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de éste. Perseveraban unánimes en la oración, manifestando con esta asiduidad y concordia de su oración que Dios, que hace habitar unánimes en la casa, sólo admite en la casa divina y eterna a los que oran unidos en un mismo espíritu.”

*

San Cipriano

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SAN PEDRO Y SAN PABLO***

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¿Experimentar a Dios? Amar es la experiencia.

jueves, 29 de junio de 2023
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766c2beac81bb1ac7b41ec146ec21e38A medida que va pasando el tiempo se nos hace cada vez más palpable; el amor no es un sentimiento, tampoco es sólo pasión, el amor es ante todo una decisión. A partir de ahí lo que cuenta es cómo expresar el deseo más profundo: la comunicación, el darme a fondo perdido, el buscar lo mejor para esa persona, su crecimiento aunque a veces no lo entienda, se enfade conmigo, se rebele… buscar su auténtica felicidad, aprendiendo a callar tanto como a hablar, a escuchar a fondo, a estar ahí de forma permanente todos los días, tanto si se reconoce mi presencia como si no.

¿A qué estás pensado en tu pareja en tu hijo/a, amigxs?

Yo sí; lo acabo de vivir de cerca estos días con mi hermana y mi cuñado ante un hijo con problemas serios. El amor es mucho más que un simple sentimiento, es una decisión de seguir luchando por esa persona a pesar de que él no se cuide y se enfade con quienes quieren lo mejor para él, de que las instituciones pasen de largo y se laven las manos y les dejen solos con su impotencia.

Cuando hablamos del amor de Dios y de su deseo de entablar una relación de amor con nosotrxs estamos hablando de todo lo que mencionábamos antes. No es un sentimiento, quizá lo fue en un primer momento a raíz de un encuentro, pero si ha pasado un poco de tiempo probablemente los sentimientos ya no están a flor de piel.

Es sobre todo una decisión, una decisión por mi parte que pasa por un sin fin de etapas, que me van haciendo crecer y madurar, sobre todo me enseñan a escuchar con el corazón y experimentar esa transformación que no es de carácter, de forma de ser, sino de descubrir ese auténtico “yo” escondido.

Es una búsqueda que se da en la meditación y en la escucha orante de la Palabra y también sufriendo junto al que sufre y alzando la voz contra la injusticia. Se da en la soledad de mi cuarto y en medio de la comunidad, en la naturaleza y en el barrio más bajo de mi ciudad. Mientras no haga de ningún espacio un absoluto porque entonces estaré buscando mi “ego” y no a Dios.

“Busqué tu rostro, oh Señor. Tu rostro, oh Señor busqué. Por mucho tiempo he meditado en mi corazón y en mi meditación creció un fuego, con el deseo de conocerte cada vez más. Mientras Tú partías el pan de las Sagradas Escrituras para mí, te me has dado a conocer en el partir del pan. Cuanto más te conozco, más anhelo conocerte, ya no en la hojarasca de las letras, sino en el significado de la experiencia».

Guigo el Cartujo, siglo XII

Ya no en la hojarasca de las letras… sino en el significado de la experiencia.

Hay muchas personas “estancadas” en ese conocimiento de Dios porque piensan que es un saber intelectual en lugar de una experiencia vivencial. Por eso, como nos decía Magda, leen y leen y nunca se sacian porque nunca se paran a escuchar con el corazón. El conocimiento no está ahí fuera como algo que me tengo que esforzar en alcanzar. El auténtico conocimiento es un diálogo cara a cara, que crece como un fuego si esa palabra es una persona a quien escucho y amo profundamente.

Por eso Jesús al enseñarnos a orar nos dice:

“Cuando quieras rezar, métete en tu cuarto, echa la llave a tu puerta y rézale a tu Padre que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará” Mt 6:6

Y ¿cuál será esa recompensa? La experiencia de que estás hechx de la misma esencia de Dios y por tanto con una capacidad de amar infinita. Una capacidad que va más allá de la lógica humana y que llenará tu vida de gozo y de sentido. Y esa experiencia será siempre nueva y te dejará siempre con ganas de más.

Carmen Notario, SFCC

Fuente espiritualidadcym@gmai.com

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¡Paz a todos los hombres de mala voluntad!

miércoles, 28 de junio de 2023
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Hoy es el día en el que celebramos el Día Internacional del Orgullo Gay, en recuerdo del levantamiento de la comunidad LGTBI frente a la opresión social y el acoso policial en The Stonewal Inn ubicado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village. Se cita a estos disturbios como la primera ocasión, en la historia de Estados Unidos, en que la comunidad LGBTI luchó contra un sistema que perseguía a los homosexuales con el beneplácito del gobierno, y son generalmente reconocidos como el catalizador del movimiento moderno pro-derechos LGBTI en Estados Unidos y en todo el mundo.

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Jesús nos invita a despojarnos del miedo, a levantar la cabeza, a dejar las opresiones y decir alto y claro a los que detentan el poder en las distintas iglesias: ¡Somos  creyentes, somos cristianos, somos personas LGTBI, somos Hijos e Hijas de Dios! ¡Nada ni nadie nos va a parar!

Y, a pesar de los avances, no podemos olvidar a quienes han caído en el camino victimas de la homofobia, de la Transfobia… Por eso, gritamos fuerte con este texto que hemos recogido del blog de la Communion Béthanie:

¡ Paz a todos los hombres de mala voluntad!

Qué cese toda venganza y toda llamada al castigo.
Los crímenes sobrepasan toda medida,
hay demasiados mártires…
También, no midas sus sufrimientos al peso de tu justicia, Señor,
y no deja estos sufrimientos al cargo de los verdugos,
para hacerles pagar una factura terrible.
Qué todo sea pagado de otra manera.
Ponte a favor de los verdugos,
de los delatores,
de los traidores
y todo hombre de mala voluntad,
el coraje y la fuerza espiritual de los demás,
su humildad,
su dignidad,
su lucha interior constante y su indecible esperanza,
la sonrisa que estanca sus lágrimas,
Su amor,
sus corazones quebrantados que permanecen firmes y confiados a la misma muerte, sí,
hasta los momentos de la más extrema debilidad…
Qué todo esto sea depositado delante de Ti,
Oh, Señor,
para el perdón de los pecados,
como rescate para el triunfo de la justicia.
¡ Qué el bien sea contado, no el mal !
Y qué las víctimas se queden en la memoria de los que les persiguen,
no como una pesadilla,
no como de los espectros atados a sus pasos,
sino como apoyos en su propio esfuerzo
para reducir la furia de sus pasiones criminales.
No pedimos nada más.
Y cuando todo esto se acabe,
da a las víctimas el vivir,
Señor,
hombres entre los hombres,
y que la paz vuelva sobre nuestra pobre tierra,
paz para todos los hombres de buena voluntad
y para todos los demás.

 Esta oración procede de los archivos de un campo de concentración en Alemania
*

Mgr Antoine Bloom
« Prière vivante »

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Beato Bernardo de Hoyos: El matrimonio místico entre personas del mismo sexo con Jesús

miércoles, 28 de junio de 2023
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Bernardo_de_Hoyos-EsculturaEl Beato Bernardo Francisco de Hoyos y de Seña fue un sacerdote español del siglo XVIII perteneciente a la Compañía de Jesús.

Bernardo escribió vívidamente acerca de su experiencia mística que culmina con su matrimonio místico con Jesús.

Fue beatificado en 2010 y su fiesta se celebra el día 29 de noviembre.

Bernardo nace en Torrelobatón, Valladolid, él 21 de agosto de 1711 y fallece en  Valladolid el  29 de noviembre de 1735.

Estudió en los colegios jesuitas de Medina del Campo y Villagarcía de Campos, y estando en este último fue admitido en el Noviciado, recomendado por el Padre Félix de Vargas, el 11 de julio de 1726, sin haber llegado a cumplir 15 años; emitió los votos simples perpetuos con 17. Después estudió Filosofía en el Colegio de san Pedro y san Pablo de Medina del Campo, hoy parroquia de Santiago el Real, pasando en septiembre de 1731 a estudiar Teología en el Colegio de San Ambrosio de Valladolid, actual Santuario Nacional de la Gran Promesa. Allí conoce el culto al Corazón de Jesús y tiene las experiencias místicas que le llevan a su difusión por toda España.

Pero su gran experiencia mística se produce cuando Bernardo tenía 18 años. Es entonces cuando tuvo una visión en la que se desposaba con Jesús en una ceremonia muy similar a una boda humana.

Describe su experiencia de la siguiente manera:

 Siempre sosteniendo mi mano derecha, el Señor me hizo ocupar el trono vacío, entonces colocó en mi dedo un anillo de oro ….

“Que este anillo sea una prenda de nuestro amor. Tú eres mío, y yo soy tuyo. Puedes llamarte y firmar como Bernardo de Jesús. Por lo tanto, como le dije a mi esposa, Santa Teresa, tú eres Bernardo de Jesús y yo soy Jesús de Bernardo. Mi honor es tuyo, tu honor es mío. Considera la posibilidad de mi gloria como la de un cónyuge, yo consideraré la tuya como la de mi cónyuge. Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío. Lo que yo soy, por naturaleza, se comparte por la gracia. Tú y yo somos uno!

(Citado de “Las visiones de Bernard Francis De Hoyos, SJ,” por Henri Bechard, SJ)

 La visión de Bernardo inspiró al artista y sacerdote William Hart McNichols para pintar un icono representando el matrimonio místico de Bernardo con Jesús.

 “Me quedé profundamente impresionado con esta hermosa historia del matrimonio místico de Jesús con Bernardo, incluyendo todos los símbolos de una boda humana”, escribió McNichols.

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Bernardo de Hoyos
(Fuente: Wikimedia Commons)

Los relatos oficiales católicorromanos enfatizan cómo Bernardo se convirtió en “el primer apóstol del Sagrado Corazón de Jesús en España,” pero la Iglesia Católica Romana le resta importancia a la visión queer que lo inspiró. El matrimonio de Bernardo con Jesús justificadamente se puede interpretar como una historia del “Jesús gay”.

Bernardo pasó nueve años en el proceso de formación de los jesuitas y fue ordenado en enero de 1735. Su ministerio pastoral se vió interrumpido más tarde ese mismo año, cuando murió de tifus el 29 de noviembre de 1735. Algunos lo llaman un “santo niño”, ya que sólo vivió hasta los 24 años. Sus últimas palabras indican que sintió la presencia de su esposo Jesús al final: “¡Oh, qué bueno que es vivir en el Corazón de Jesús!”

 Después de su muerte, la santidad de Bernardo continuó creciendo, pero la política de la Iglesia Católica Romana desaceleró su camino a la santificación hasta hace muy poco. Su ceremonia de beatificación se celebró en abril de 2010 en el noroeste de España en  la provincia española de Valladolid, donde Bernardo pasó toda su vida.

 Mientras que la Iglesia Católica Romana se niega a bendecir los matrimonios del mismo sexo, la vida y la visión de sus propios santos cuentan una historia muy diferente, aquella en la que Cristo-Esposo se une con gusto en matrimonio con otro hombre.

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Enlaces relacionados:

Bernardo de Hoyos (Wikipedia)
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Esta entrada es parte de la Serie Santos GLBTI por Kittredge Cherry en el blog Jesus in Love [Jesús enamorado]. Ese blog presenta en las fechas adecuadas durante todo el año tanto santas y santos como mártires, héroes, heroínas y personas consagradas de especial interés para las personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersexuales (GLBTI) y sus aliadas y aliados.

Esta entrada es una traducción de Blessed Bernardo de Hoyos: Mystical same-sex marriage with Jesus del blog Jesus in Love. Traducción de Hugo Córdova Quero.

Fuente Santos Queer

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Cortar las alas

martes, 27 de junio de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Somos los hijos de la ley del silencio.

Somos los hijos del miedo. 

Somos los hijos del peligro

esos a los que no pudisteis

cortar las alas.

*

Hasier Larretxea

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¿Nueva evangelización o vieja eclesialización?

martes, 27 de junio de 2023
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jesus-hipsterJuan Zapatero  Ballesteros
Sant Feliú de Llobregat (Barcelona).

ECLESALIA, 29/05/23.- Desde que Juan Pablo II comenzase a hablar de «nueva evangelización» a finales de la década de los 70 del siglo pasado, lo han venido reiterando de manera insistente sus sucesores, Benedicto XVI y Francisco. Quiero hacer una salvedad: por lo que a este último respecta, cabe decir que lo ha hecho y lo viene haciendo de manera muy diferente; incluso me atrevería a decir que opuesta en muchos casos. Al menos esa es la impresión que tengo, cuando comparo la manera de hablar y sobre todo de actuar de este último respecto a sus dos predecesores.

Digo esto, porque creo que, tal y como muchas personas y sectores de la Iglesia entienden en la actualidad dicha evangelización, están más cerca de la doctrina, de la moral y de la liturgia de Juan Pablo II y Benedicto XVI que de Francisco.

No sé, pero cuando yo pienso en el significado y sentido de evangelizar, me viene a la mente la Buena Noticia de Jesús que predicó y puso en práctica, pues, al fin y al cabo, eso significa «Evangelio». Me lleva de manera inmediata a aquella escena de la sinagoga de Nazaret, Lc 4, 16-21, donde Jesús se presentó a sus conciudadanos “El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos”. Jesús se aplica a sí mismo el mensaje que el profeta Isaías había anunciado ocho siglos antes. Un mensaje que está en plena consonancia, por otra parte, con la respuesta que da a los emisarios que llegaron a Él enviados por Juan Bautista, Lc 7,19-23, “Id y decid a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres son evangelizados”.

Una Buena Noticia que el evangelista Mateo se encargará de recordar en qué consiste a aquellos judíos intransigentes, legalistas y amantes del culto por encima de las personas, Mt 25,34-46, “Tuve hambre y me disteis de comer, me visteis desnudo y me vestisteis, en la cárcel y me visitasteis. En verdad os digo que cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis”. Un mensaje que le acompañó a Él mismo en todo momento con una actitud de servicio y entrega generosa por su parte y cuyo mejor ejemplo podemos encontrar en el lavatorio de los pies a sus discípulos en la Última Cena, Ju 13,1-20, “Se levanta Jesús de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en una jofaina y se pone a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido”.

Junto a esta actitud clara y evidente en favor de la humanización de toda la gente, Jesús se mostró totalmente en contra de quienes pretendían hacer del culto y del cumplimiento de la ley sin más, o incluso por encima de las personas, el centro de la religión y del Evangelio. La parábola del Buen Samaritano, que refiere el evangelista Lucas, es su enseñanza más clara en este sentido.

Entonces, ¿Jesús se opuso al culto como factor de evangelización? ¿Lo censuró como contrario al compromiso y al “evangelio”? No, en absoluto. Ahora bien, tal y como le dijo a la Samaritana, Jn 4,3-42,“El culto se ha de hacer en espíritu y en verdad. Ya no sirve el culto que los judíos practican en el Templo de Jerusalén ni el de los samaritanos en Garizim”.

Después de lo dicho, la pregunta que me hago es si la “nueva evangelización” de la que viene hablando la jerarquía de la Iglesia de manera tan insistente desde hace ya un tiempo, está en la línea de la Buena Nueva que encontramos en el Evangelio por parte de Jesús, o en la vuelta a la liturgia, a los ritos, cumplimientos, etc., que comenzaron a prevalecer en la Iglesia a partir de un momento de su historia. Está claro que la evangelización que se pretende llevar a cabo hoy será nueva en la medida que enlace con aquel primer anuncio de las primeras comunidades cristianas, fundamentado en una manera de actuar y de vivir entroncada de manera directa con el propio hacer y la propia vida de Jesús: Hch 2, 42-46.

En cambio, no será anuncio nuevo, sino eclesialización vieja y caduca, si lo que se pretende es volver a la Iglesia del 313, Edicto de Milán, y de manera definitiva del 380: el emperador Teodosio convierte el cristianismo en religión oficial del imperio. No es nueva la evangelización si lo que pretende es resucitar una Iglesia de cristiandad que, a la postre, busca fomentar la unicidad, que no hace sino empobrecer y aborregar, en detrimento de la unidad, tal y como Jesús rogó al Padre: Ju 17, 20-23, que fomenta la libertad del Espíritu. Tampoco es nueva si lo que busca es volver a utilizar fórmulas y sistemas de ser, estar y actuar que recuerdan tiempos y circunstancias ya superados o que, al menos, debieran estarlo.

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Al hilo de lo que acabo de decir y bajando al plano de lo cotidiano y concreto, me pregunto, por ejemplo, qué pretenden en la actualidad tantísimos ministros representantes de la jerarquía de la Iglesia con esos atuendos externos en cuanto al vestir que los diferencian de los laicos, si nos referimos a la comunidad eclesial, y de los ciudadanos en general, si pensamos en la sociedad civil.

Me temo que debajo de todo ello no está solo, ni mucho menos, una cuestión canónica, sino una visión teológica muy concreta sobre la Iglesia y sobre la propia sociedad, que yo creía que ya había quedado superada para siempre por el concilio Vaticano II: una Iglesia como sociedad perfecta frente a una Iglesia como pueblo de Dios.

¿Es precisamente a través de liturgias cargadas, celebraciones farragosas, inciensos abundantes, sotanas y roquetes recuperados de viejos baúles, maestros de ceremonias que controlan el rito hasta el extremo, sermones vacíos y alejados de la vida, etc., que pretenden evangelizar a hombres y mujeres postcristianos, para quienes todo lo anterior no les dice nada en medio de la vida rutinaria y a veces tediosa en que se encuentran viviendo?

Que conste que he pretendido simplemente traer a colación algunas de las numerosas realidades actuales por parte de la jerarquía eclesiástica con las que, según ella, pretende evangelizar, no sé si de nuevo o de manera novedosa, a hombres y mujeres alejados de la fe o revitalizar la de quienes ya la profesan.

Es por ello que mi pregunta pretende dilucidar simplemente si se trata de una evangelización nueva y, por lo mismo, llena de vida y de sentido, o, por el contrario, volver a una eclesialización vieja, caduca y carente de verdaderas razones de esperanza que ofrecer

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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A ti te entrego las llaves.

lunes, 26 de junio de 2023
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Dave Picard for Oberst-4

A ti te entrego las llaves:
en tus manos pongo la creación entera,
también mi Reino, mis ilusiones,
y mi confianza y palabra de Padre.
Te hago portero de esperanzas y proyectos
para que te sientas libre y responsable.

Llaves para abrir las puertas cerradas,
los corazones duros e insolidarios
y todos los secretos fabricados.
Llaves para repartir los bienes de la tierra,
todo lo que puse y produce,
sin que te sientas ladrón de haciendas.

Llaves para mostrar todos los tesoros
de arcas, baúles y bibliotecas,
y poder sacar las cosas buenas.
Llaves para dar a conocer
los misterios de la ciencia
y desenredar conciencias.

Llaves para abrir lo que otros cierran
–bancos, fábricas, fronteras e Iglesias–,
quizá tu casa, tu patio, tu cuenta.
Llaves para entrar en cárceles,
quitar trabas, soltar cadenas,
anular grilletes, conocer mazmorras.

Llaves para perdonar barbaridades,
quitar miedos y culpabilidades
y andar erguido y sin genuflexiones.
Llaves para que nadie encuentre
las puertas de su camino cerradas
aunque sea noche oscura.

Llaves para desatar leyes,
mandatos, edictos y normas
de señores, jefes y prepotentes.
Llaves para liberar a los que sienten
que tienen las puertas cerradas
y la vida hecha y planificada.

Llaves para poder salir al mundo
a que te dé sol y brisa
y te quite la costra que llevas encima.
Llaves para que nadie se atrinchere
y busque refugio en tus rincones
cuando ha herido a los más pobres.

Llaves para que los insensatos
no pierdan el tiempo quejándose,
y puedan entrar aunque lleguen tarde.
Llaves para que siempre puedas,
a quien llega a tiempo o deshora,
enseñar tus entrañas y acogerle.

Llaves para abrir heridas
–en el cuerpo, en el alma, en las estructuras–
y así poder curarlas.
Llaves para cuidar y mostrar
la buena noticia, mi casa,
mis tesoros de Padre y Madre.

A ti te entrego las llaves;
pero mira los rostros setenta veces siete
antes de creerte juez, clérigo o jefe.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Conociendo el Lamento de Jeremías—y el Amor de Dios—como Católico LGBTQ+

lunes, 26 de junio de 2023
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La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland. Donna es una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religious publicado por New Ways Ministry.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el domingo 12 del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

Recientemente supe que una misa programada en la Universidad de Duquesne en solidaridad con los feligreses LGBTQ+ fue cancelada debido a la presión del obispo David Zubik de Pittsburgh. Cientos de correos electrónicos, llamadas telefónicas y cartas, algunas de las cuales amenazaban, hicieron que el obispo pidiera a la universidad que cancelara la Misa.

En su carta, el obispo Zubik citó un volante que usaba la frase «Misa del Orgullo«. Afirmó que el volante “confundió a algunos y enfureció a otros”, lo que llevó a respuestas “odiosas” que no se ajustaban a la caridad cristiana. Aunque el obispo condenó las respuestas negativas a la Misa, también agregó que “la Iglesia no puede apoyar un comportamiento que vaya en contra de la ley de Dios”.

Kevin Hayes, quien jugó un papel decisivo en la planificación de la Misa, dijo que el incidente lo hizo más consciente de la “ignorancia y el miedo” dentro de la comunidad católica. Él dijo: “esperamos que eso pueda abordarse a través del amor de Cristo, francamente, y ayudar a las personas a superar su miedo, cualquiera que sea, con los miembros LGBTQ+ y también superar la ignorancia y tratar de avanzar hacia alguna reconciliación. … Esperamos poder seguir avanzando y ser realmente una iglesia donde podamos ser acogedores”.

Para mí, esta historia es una versión moderna del discurso de Jeremías que se encuentra en la primera lectura de la liturgia de hoy. Jeremías estaba profetizando que el pueblo de Israel sufriría un desastre porque se niegan a escuchar la palabra de Dios. Al escuchar las palabras de Jeremías, el sacerdote Pasur, el principal oficial de la Casa de Dios, se sintió amenazado y torturó al profeta. Jeremías llamó a Pashhur, «Terror» y sintió que Pashhur y sus amigos estaban buscando formas de encontrar fallas en Jeremías: «Escucho los susurros de muchos: ‘¡Terror por todos lados! ¡Denunciar! ¡Denunciémoslo! Todos los que fueron mis amigos están atentos a cualquier paso en falso mío”.

Jeremías, sin embargo, se volvió hacia Dios y reconoció que Dios siempre está con él. Alaba a Dios, encomendándose al Señor, “¡que ha librado la vida de los pobres del poder de los impíos!”.

IMG_9935El profeta Jeremías” de Marc Chagall (1968) .

Como miembro de la comunidad LGBTQ+, a menudo siento el dolor del rechazo causado por el odio, el miedo y la ignorancia. Conozco personalmente el lamento de Jeremías y su tristeza que quienes se sienten amenazados por él buscan formas de condenar. Estoy profundamente herido y entristecido por las respuestas de odio que hicieron que el obispo Zubik solicitara la cancelación de una misa que buscaba dar la bienvenida a miembros LGBTQ+. También escucho en mí la voz de Jeremías que desea invitar a quienes critican la intención de la Misa a escuchar la palabra de amor y acogida de Dios.

En el Evangelio de hoy, Jesús expresa cuánto Dios se preocupa profundamente por todos nosotros. “¿No se venden dos pajarillos por una monedita? Sin embargo, ninguno de ellos cae a tierra sin el conocimiento de vuestro Dios. Incluso todos los cabellos de tu cabeza están contados. Así que no tengas miedo; vales más que muchos pajarillos.

Dios, que me creó a imagen de Dios, me ama y me acoge tal como soy. Dios me llama a hablar en la luz lo que escucho en la oscuridad y a proclamar en los techos lo que escucho susurrado. Que estemos unidos en este mismo Dios y afirmémonos unos a otros en nuestra bondad. Que proclamemos el amor de Dios y la aceptación de todas las personas porque somos creados a imagen de Dios y juntos formamos el cuerpo de Cristo.

—Sr. Donna McGartland, 25 de junio de 2023

Fuente New Ways Ministry

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No tengas miedo: Amar es darlo todo y darse uno mismo.

domingo, 25 de junio de 2023
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Ed Knippers, “El lavatorio de pies” (Cristo y sus discipulos)

Tan pronto como se olvida la  divina pobreza, tan pronto como se deja de ver en Dios el amor que se da, que no  puede sino darse, tan pronto como se deja de vivir este amor dándose, se acabó. Esta luz se desvanece, todo el dogma se convierte en una fórmula y se materializa, todos los sacramentos se transforman en rito externo, toda la jerarquía se hace una tiranía, toda la Iglesia se convierte en una pérdida de tiempo y un absurdo, toda la Biblia, un tejido de mitos.

*
Maurice Zundel

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

“No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo.”

*

Mateo 10,26-33

***

“La cruz de la Madre Teresa ha sido el primer signo cristiano que se ha vista en la televisión estatal, al menos desde 1967”, declaraba un refugiado albanés a su llegada a Italia en l990. La cruz de la que hablaba era aquella cruz negra que la Madre Teresa llevaba en su sarga blanca.

Si a partir de 1944 el régimen marxista había perseguida a los creyentes (católicas, ortodoxos y musulmanes), la situación empeoró en I967. Fue entonces cuando Albania se declaré oficialmente como la única nación atea de la Tierra. La religión fue atacada ferozmente. El modo como fueron tratados los católicos recordaba las persecuciones de los emperadores romanos mas crueles. En los tiempos modernos, la iglesia ha sido reducida como en los años de las catacumbas.

Un hecho sorprendente: mientras los albaneses no tenían derecho a pronunciar públicamente el nombre de Jesús, la Madre Teresa recorría el mundo con el nombre de Jesús en los labios y prodigando obras de misericordia. A un párroco que se encontraba en prisión le pidió un detenido que bautizase a su hijo, en secreto. Cuando las autoridades descubrieron esta desobediencia, el sacerdote fue condenado a muerte. Fue uno de los sesenta sacerdotes que murieron, ahorcados, fusilados o agotados por el rigor de los campos de trabajos forzados. Las persecuciones, como sabemos, se han cebado con el cristianismo. Los perseguidos son llamados “dichosos” porque defienden y enseñan la justicia.

La promesa que acompaña a esta bienaventuranza es asombrosa: nada memos que poseer el Reino de los Cielos. Señor Jesús, sabemos que para imitarte tenemos que hacer el bien a todos. Nos has dicho que sufriríamos trabajando por los otros contra la opresión, contra la degradación, contra la guerra.

Cada día encontramos la oposición, la contradicción. Ayúdanos a aceptar nuestros pequeños sufrimientos, porque conocemos su valor redentor. Transforma nuestra tristeza en gozo, mientras nos esforzamos en cumplir tu voluntad.

*

E. Egan — K. Egan,
Madre Teresa e le Beafifudini,
Brescia 2ooo, 129-131

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