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Archivo para la categoría ‘Espiritualidad’

Los sabios y los sencillos.

domingo, 9 de julio de 2023
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Mt 11, 25-30

«Te doy gracias Padre porque has ocultado estas cosas…»

A Jesús le siguieron los que sintieron necesidad de él… y solo ellos participaron de la buena Noticia. Le siguieron los que se sentían rechazados por la gente respetable y abandonados por un Dios que les enviaba calamidades por sus pecados. Le siguieron los pecadores públicos, los pobres, los enfermos y lisiados, los humildes y sencillos; los que no poseían tesoros en la Tierra y no podían sentir apego por ellos.

Lo rechazaron los que no sintieron esa necesidad… y se perdieron la buena Noticia. Lo rechazaron los doctores y letrados cuya soberbia intelectual les impedía admitir nada que dijese o hiciese aquel carpintero de la impía Galilea. Lo rechazaron los sacerdotes y los poderosos que no podían permitir que nadie pusiese en riesgo su poder, los acomodados que se sentían satisfechos tal como estaban, los santos que dedicaban su vida al cumplimiento de la Ley y lo consideraron desde el principio un impostor: «Éste no es de Dios, porque…»

Y lo rechazamos nosotros, porque nuestro espíritu ilustrado nos empuja a dar mayor crédito a los dictados de nuestra razón que a las palabras de aquel carpintero que (al fin y al cabo) vivió y murió en un tiempo lejano y una región remota que nada tienen que ver con nosotros. No se trata de un rechazo generalizado, sino circunscrito a los ambientes más intelectualizados de la Iglesia. Tampoco es un rechazo frontal, sino más bien una evolución de la fe hacia posiciones selectivas, ahormadas a nuestra idiosincrasia, que poco o nada tiene que ver con aquella fe de nuestros mayores que se manifestaba en una confianza plena en Jesús.

Ya no partimos del evangelio para buscar la verdad. Partimos de una verdad que previamente hemos elaborado por nuestra cuenta, y desde esa verdad interpretamos el evangelio. El resultado es que hemos acabado poniendo en tela de juicio al Dios de Jesús, sus referencias a la vida tras la muerte y otras muchas cosas que antes se daban por supuestas. Incluso sus criterios de vida han perdido parte de su vigor, pues hemos descubierto que los podemos encontrar en otros maestros que han ofrecido su sabiduría en muchos lugares de este mundo.

No es por tanto de extrañar que hoy pongamos a Jesús en cuarentena y nos afanemos en buscar nuevos modelos distintos del suyo; que nos acerquemos al evangelio, no como quien se siente necesitado de él, sino desde esa autosuficiencia tan propia de nuestro tiempo que, por una parte, nos incapacita para penetrar en él a través de una lectura desde la fe, y por otra, nos lleva a descalificar la fe de las personas sencillas capaces de creer en Jesús sin nuestro cúmulo de cortapisas.

Es razonable pensar que son los “sabios” los que mejor conocen “la verdad”, pero leemos el texto de hoy, y vemos a Jesús dar gracias al Padre por haber revelado “estas cosas” a los sencillos y haberlas ocultado a los sabios… Y ante ello sólo tenemos dos opciones; ignorar sus palabras, o replantearnos la forma de acercarnos al evangelio, porque es probable que nos estemos perdiendo la buena Noticia; como se la perdieron los doctores de Israel.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer otro comentario sobre este evangelio publicado en fe adulta, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Ocultar y revelar.

domingo, 9 de julio de 2023
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jezus-ci-pomozeCOMENTARIO AL EVANGELIO Mt 11, 25-30

9 de julio de 2023

Seguimos recorriendo el camino litúrgico de la mano de Mateo; este es un evangelio muy eclesial, elaborado en un momento conflictivo para recuperar la tradición de una iglesia judeo-cristiana. El peligro más potencial de la Iglesia era encerrar a Jesús en un espacio religioso centrado en Jerusalén. Posiblemente, después de tantos siglos, nos sigue resultando conocido este intento de exclusivismo religioso. Ahora bien, la gran contribución de Mateo es este relato decisivo que aporta pruebas incuestionables para mostrar y demostrar que Jesús es el Mesías; un mesianismo que recrea una nueva imagen de Dios y de ser humano. Desde esta clave, el texto que hoy nos ocupa, es una clara evidencia de este propósito.

Os invito a refrescar los versículos anteriores en los que Jesús no parece haber tenido mucho éxito con su predicación; es muy directo al expresar incomodidad porque su generación no ha aceptado el mensaje del Bautista, tampoco el suyo.  Por ello, se atreve a comenzar el relato con una plegaria de bendición, típica del judaísmo, para dejar claro cómo hay que situarse para poder aceptar y comprender su misión. No es precisamente una plegaria reconciliadora sino llena de valentía y con cierto tono provocador y polémico. Contrapone los “sabios y entendidos” frente a los “sencillos y pequeños”, es decir, las élites religiosas de Israel, rabinos y fariseos, que se indignaban por su predicación en favor de los olvidados de la sociedad y de los que buscan vivir la fe desde la simplicidad y la libertad. “Pequeño, sencillo, niño” no es lo opuesto a adulto sino a una mente compleja, racional, rígida, frente a la docilidad, naturalidad y libertad de quien vive desde lo más profundo su existencia.

Parece que Jesús maneja esta frustración conectando con su identidad más profunda, la de ser Hijo. Así continúa el relato de este evangelio. Sin la consciencia de este vínculo, Jesús sería un profeta más, un rabino, un líder socio-religioso que busca arreglar la vida de las personas. Sin embargo, la pretensión no es arreglar la vida de nadie sino revelar el espacio divino de cada ser humano, ese espacio en el que somos en autenticidad, donde la única ley es la libertad frente al yugo pesado que los maestros de la ley imponían al pueblo sencillo. La sensación que va dejando este discurso de Jesús es toda una danza entre dos acciones: ocultar y revelar.

Jesús avanza en su valentía y concluye con una invitación definiendo su liderazgo que parece ser diferente al de los “expertos”. Su liderazgo,  a diferencia de los maestros de la Ley, es más guía que no impone un yugo que aplasta sino una nueva relación que libera y conduce a una plenitud que nada tiene que ver con el fundamentalismo: Venid conmigo aquellos que os agobia vivir la fe y la vida de una manera dogmática y fanática, basada en el miedo, el pecado, la superficialidad, el concepto religioso, la ideología, las creencias impositivas,  sino una fe y una vida basada en un vínculo de filiación que no se destruye ni por el mal, ni el sufrimiento, ni la muerte, ni el pecado. Un vínculo que es descanso en medio de la montaña rusa que es la vida.

Y, por último, Jesús recupera una de las Bienaventuranzas que más evidencia una vida conectada a lo esencial: la mansedumbre. Jesús se autodefine como manso y nos aconseja vivir así. Nada tiene que ver con ser flojos, débiles, ingenuos, silenciosos. La mansedumbre no es perder el derecho a la disensión y al desacuerdo, sino vivir desde la madurez, el equilibrio, la coherencia, la fuerza interior, el ser de una pieza, pero sin violentar, sin imponer, sin pactar con lo que oculta el verdadero sentido de la vida y los verdaderos lazos que nos humanizan.

FELIZ DOMINGO

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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El buen lugar de la Gratitud

domingo, 9 de julio de 2023
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IMG_9983Domingo XIV del Tiempo Ordinario

9 julio 2023

Mt 11, 25-30

Cuando hay comprensión experiencial o profunda, la gratitud fluye. En ausencia de comprensión, únicamente podrá vivirse, en el mejor de los casos, cuando lo que acontezca resulte favorable a los intereses del yo o ego. Porque este no puede dar gracias por nada que lo frustre o que lo ponga en peligro.

La comprensión se traduce en dos certezas, que van de la mano: no somos el yo que nuestra mente piensa -con lo cual nos liberamos de su tiranía, así como de la lectura que hace de las cosas-, sino que somos uno con la totalidad, con la consciencia o la vida -con lo cual, somos situados en la aceptación profunda que culmina en la rendición a lo que es y en la gratitud incondicional-.

El yo -la mente- no solo no puede dar gracias por aquello que lo frustra; ni siquiera puede entender la gratitud en tales circunstancias. ¿Cómo dar gracias por algo que me hace mal?, ¿cómo dar gracias en una situación de injusticia flagrante?

Lo que ocurre es que, tal como se vive desde la comprensión, la gratitud no se parece en nada a lo que la mente entiende con ese nombre. Y aquí aparece una paradoja exquisita: la gratitud nace de la comprensión -solo es posible vivirla desde ahí- y, al mismo tiempo, al activarse, nos conduce precisamente a ese mismo lugar. Este es precisamente el poder de la gratitud: nos transforma por dentro, transportándonos al “lugar” de la comprensión; nos libera de la errónea consciencia de separatividad y nos sitúa en la consciencia de unidad.

Y lo que sucede en ese lugar es que se agranda nuestra mirada para poder ver en profundidad. La mente solo alcanza a ver la “superficie” de lo real, por lo que hace una lectura indefectiblemente reduccionista. La comprensión permite ver más allá, en una paradoja siempre presente.

No se da gracias por la injusticia ni por lo que hace daño. Se ve desde otro lugar, en una mirada que tiene en cuenta, no solo datos aislados -como hace la mente-, sino el tapiz completo, la totalidad en su conjunto. Visto desde ahí, caes en la cuenta de que “todo es como tiene que ser” y “todo será como tenga que ser”, aunque sin olvidar nunca la paradoja de que, en el nivel de las formas, todo es mejorable.

Pero no será la mente -la mirada mental– quien se percate de ello. La paradoja únicamente se resuelve en la comprensión no-dual, es decir, desde una mirada transpersonal o espiritual capaz de captar y de abrazar los dos polos de lo real, el plano profundo y el plano de las formas.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Cristo nos libera del yugo de la religión

domingo, 9 de julio de 2023
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IMG_9984Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Dios es Padre.

    Cinco veces aparece en el Evangelio de hoy la expresión “Padre” para dirigirse Jesús a Dios.

    Seguramente que todas las religiones tienen un buen concepto de Dios. El Dios de Jesús, nuestro Dios es Padre…

Sin embargo, el centro de muchos modos de vivir el cristianismo no es de paternidad, ni de amor, sino que predomina la ley, la religión, lo que hemos de cumplir, lo que Dios exige para tenerle aplacado.

Al Dios de la religión no se le ama, se le teme y se procura “tenerle a raya”.

El Dios de Jesús es Padre. Es el centro del cristianismo.

02.- Padre de los sencillos, no de sabios y entendidos.

Dios es Padre especialmente de los pobres y sencillos

Jesús da gracias a Dios porque ha revelado lo que es la vida, las cuestiones decisivas de la vida a la gente sencilla, a los pequeños.

Los sabios y entendidos, (los “enterados”) tienen un tono de prepotencia y altanería. Hay gente que cree saberlo todo, entienden de todo, mandan en todo: lo mismo da en política, que en economía, que en las intrigas eclesiásticas o en la vida cotidiana. Muchos líderes viven con un gran complejo de superioridad y altanería.

Puede que tengan poder, dinero, ciencia, cargos, pero solamente tienen eso: dinero y poder, pero no sabiduría.

Son los sencillos, los pequeños los que tienen esa “sabiduría silenciosa” propia del pobre y del humilde. Es una sabia ignorancia. Son los sencillos los que tienen la mirada limpia, el corazón y las intenciones honradas y saben escuchar.

Cuántas personas son sencillas en la vida: en la familia, en la vida comunitaria y monacal, en el trabajo, en las misiones, en las aulas, en el cuidado de ancianos, enfermos, etc…

03.- Entre cansancios y canseras.

En muchos momentos la vida está embargada por “cansancios o canseras” (o por los dos).

Por mil motivos y circunstancias a veces a uno le pesa y le cansa la existencia.

El cansancio es producido por el trabajo, por el esfuerzo. Y tiene una solución más o menos sencilla: el descanso, algunos días de vacaciones, la alimentación, el sueño…

La cansera es más sutil y nos afecta más íntimamente. La cansera afecta a lo más profundo del alma. La cansera se produce cuando una situación personal, laboral, o el yugo eclesiástico o religioso o político, cansan, desmoralizan y hieren el alma.

04.- El yugo del que JesuCristo nos libera. [1]

Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón… Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. (Evangelio).

    ¿Cuál es la carga de la que Cristo nos libera?

¿Cuál es el yugo llevadero y la carga ligera de Jesús? ¿Por qué Él y sólo Él puede dar descanso a nuestra alma?

El ser humano se ve agobiado por el yugo de la religión: de la norma, de la ley, del dogma o la doctrina, del rito, del poder…

Jesús nos libera del penoso y pesado yugo de la casuística leguleya religiosa judía (AT), que siempre se hace presente en la historia de la Iglesia, como un constante Guadiana.

Cristo nos libera de este yugo, que causa el «esquema religioso«.

La carga de la que nos quiere liberar es la carga de la religión, es decir, del yugo de la ley, impuesto en su tiempo al pueblo por los maestros religiosos, por los hombres sabios e inteligentes, como Él los llamaría con palabras nuestras, por los escribas y fariseos, como habitualmente les llamamos. [2]

El yugo de Jesús es amable, libre y liberador, es el amor.

El yugo de Jesús está por encima de toda religión. Lo que les invita a aprender de Él es la victoria sobre la ley de los sabios y de los inteligentes, y la ley de los escribas y fariseos. [3]

También nosotros vivimos bajo la ley, bajo una ley que es religión y bajo una religión que es ley.

La ley de la religión es el gran esfuerzo del hombre por domeñar su angustia, su desasosiego y su desesperación.

Mucha gente de tradición cristiana vive todavía bajo el peso de la ley de la religión con su carga de culpabilidad, pecado, condenación, legalismo

La ley religiosa exige que el hombre acepte unas ideas y unos dogmas, que crea en determinadas doctrinas y tradiciones, cuya aceptación le garantizan su salvación de la angustia del desespero y de la muerte. Entonces el hombre procura aceptar todas esas cosas, aunque tal vez se le hayan hecho extrañas y dudosas. Bajo la exigencia religiosa, trabaja y se fatiga para creer cosas en las que ya no puede creer. Finalmente, intenta huir de la ley de la religión. [4]

Jesús nos libera del yugo de la religión. El yugo de Cristo es liberador. El yugo de Jesús es suave, su carga ligera porque es libertad (el hombre es anterior a la ley) y es amor.

Cuando experimentamos esta presencia suave de Jesús en nosotros, nos sentimos inmersos en una paz profunda que es superior infinitamente a la pequeña satisfacción del cumplimiento de la ley.

Jesús no es el creador de una religión, sino el vencedor de toda religión. Jesús nos libera de toda religión: en Jesús dominamos el desasosiego de la existencia.

Los maestros religiosos nos llaman a la religión. El cristianismo nos llama al Nuevo Ser. En Jesús, el Nuevo Ser,  la Verdad y el Bien nos han asido. Jesús nos llama.

Cuando oigáis la llamada de Jesús, olvidad todas las doctrinas cristianas, olvidad vuestras propias convicciones y vuestras dudas particulares. Si alguna vez Le seguís, olvidad toda la moral cristiana, vuestros logros y vuestras dudas particulares. Nada se os pide -ninguna idea de Dios, ninguna bondad especial propia, ni que seáis religiosos, ni que seáis cristianos, ni siquiera que seáis sabios, ni que os atengáis a una moral. Lo que se os pide es tan sólo que os abráis a lo que se os da y que queráis aceptarlo: al Nuevo Ser, el ser de amor, de justicia y de verdad que se manifiesta en Aquel cuyo yugo es llevadero y cuya carga es ligera. [5]

05.- Venid a mí todos los que estáis cansados de la vida, que yo os aliviaré.

Cargad con mi yugo, que es suave y mi carga ligera y encontraréis descanso. Cristo no se refiere a que «su religión» es una «buena oferta» en el supermercado de las muchas religiones; no se refiere a que el cristianismo sea una religión de “manga ancha” en la que todo fuese más fácil y llevadero. Más bien hace referencia a que el encuentro con Cristo -expresión y revelación de Dios Padre- es descanso, calma en la vida, en la ley, en el pecado y en la muerte.

El encuentro con Cristo, con el Mesías manso y humilde que viene humilde y modestamente, ese encuentro produce paz, serenidad y calma en la vida, en lo más hondo de la existencia humana.

Los problemas en la vida seguirán. El mal y el pecado, la enfermedad, las dictaduras de todo tipo seguirán, el sufrimiento, la muerte harán siempre buena carrera y nos harán sufrir, pero no nos angustiarán, no nos agobiarán, porque vivimos en la libertad y el amor de Dios Nada te turbe, nada te espante, solo Dios basta.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré.

[1] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 149-161. Este texto lo escogió Tillich para su confirmación.

[2] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 152.

[3] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 152.

[4] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 153.

[5] TILLICH, P. Se Conmueven los Cimientos de la Tierra, 160.

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Experimentar

sábado, 8 de julio de 2023
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Del blog Nova Bella:

 

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La vida no es un problema a ser resuelto,

sino una realidad a ser experimentada.

*

Søren Kierkegaard

***

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Ante Claudia y los jóvenes sufrientes: “Por el autocuidado”.

sábado, 8 de julio de 2023
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Del blog de José Moreno Losada Cree en la Univerasidad:

Niños y jóvenes , el sentido de la vida

Porque estuve triste, desorientado, herido, sufriente, solo, perdido, roto, violentado…  y me escuchaste. ¿Cuando lo hicimos?  Cada vez que lo hicisteis con un niño o un joven conmigo lo hicisteis… apartaos malditos que no escuchastéis el grito de muerte de los niños y los jóvenes… Dios nos libre. Por una comunidad que cuida y escucha para con-sentir y sanar, liberar, salvar.

Ver el dolor y el sufrimiento

Comienzo la mañana y la encuentro revestida de plena luz y de color, de vida exultante y aparentemente gozosa. Me dejo llevar por el tono positivo y me dispongo a tomar un café y una tostada con paz, le sumo la lectura en papel del diario regional y ahí se rompe el tono y comienza la interpelación y la reflexión. La mayor parte del contenido tanto a nivel regional como de sociedad en general está dirigido al tema de la salud mental, especialmente de los niños y de los jóvenes.

Una psiquiatra de la comunidad autónoma responde con equilibrio y profundidad a preguntas del periodista que son las que están en el corazón y en la calle de todos aquellos que se dejan afectar por las noticias. Recientemente un estudio de la juventud universitaria extremeña, con encuesta realizada a más de dos mil estudiantes, daba resultados preocupantes: el diez por ciento ha pensado en el suicidio, el cinco por ciento lo ha intentado, el veinte ha tenido tratamiento para la depresión, más del cincuenta ha sufrido ansiedad, y sobrecoge que más del setenta por ciento ve aceptable que una persona pueda llegar por sufrimiento a la solución del suicidio.

En la parte general se centran en el suicidio de Claudia que ha conmocionado a todo el país. La presidenta de la asociación “No al acoso escolar” afirma que en el suicidio de la joven Claudia  de Gijón han fallado muchas personas y muchas instituciones”. Y el periodista sostiene que “a Claudia le cortaron las alas para anular su autoestima”. Páginas completas del diario que se convierten en un grito desgarrador que llama a toda la población a la reflexión, el análisis, el juicio y la actuación en red y comunidad, por aquello de que educa la tribu o no se educa.

Juzgar y con-sentir con ellos

Me adentro en mi reflexión y me pregunto cómo me estoy situando ya ante esta problemática y cómo veo a la gente de mi alrededor.  Nuestra parroquia está inserta este curso en un proceso de reflexión y formación en torno al cuidado: “Cuídate, cuida a los otros, cuida la creación. Este jueves estarán con nosotros expertos en cuidados paliativos, en otro momento también estuvieron testimonios de vulnerabilidad, incluida una familia que vive en su seno la angustia de una joven que lleva varios intentos serios de suicidios. Cada mes hemos reflexionado sobre un aspecto del cuidado.

En estos días hemos tenido encuentro con padres de catequizandos y nos hemos planteado el tema de la felicidad, la interioridad, el cuidado y el autocuidado. La experiencia de la vulnerabilidad, la relación con los hijos y las expectativas con las que los educamos. Nos preocupamos de equiparlos mucho en habilidades sociales, culturales, de seguridad externa… pero con la rapidación y la cultura del éxito nos olvidamos de la equipación interior, de la estructura interna del pensar y del sentir, así como de la bondad de la acción, como referente de adultez en una vida felicitante.

El diálogo ha sido enriquecedor, sincero y profundo en libertad, hemos planteado la cuestión de que en los grupos de catequesis no están por un sacramento final, ni por una etapa, sino que buscamos que sea el inicio de un encuentro con el evangelio de la vida, lo que hace feliz interiormente, la inserción en una comunidad verdadera, en la que pueden ser libres, acogidos, perdonados, animados, reforzados en los mejores valores sin olores de competitividad ni de éxito obligado, donde también cabe incluso el aparente fracaso que puede convertirse en lugar de aprendizaje. Así mismo con el dolor y el sacrificio. Todos conveníamos en la necesidad de este cuidado espiritual y comunitario, en la que debíamos implicarnos de un modo gozoso y participativo, no como carga o actividad sumada sino como opción de vida y cuidado mutuo entre familia y parroquia.

Actuar con ellos y para ellos

El próximo viernes tenemos una actividad que me produce un gozo especial. Se trata de un taller organizado por los jóvenes estudiantes católicos -tenemos tres grupos de revisión de vida- que, desde ellos mismos, junto al movimiento a nivel estatal, se están planteando el tema del cuidado y el autocuidado, para vivir la vulnerabilidad. Tras reflexionar sobre el tema en cuestión vieron la necesidad de contar con un experto que les ayudar a aclarar interrogantes que ellos mismos se habían planteado. Han organizado un encuentro y están convocando a sus compañeros de institutos y de otras parroquias para pensar juntos y actuar de un modo comprometido.

Me gusta esa cadencia de los movimientos de acción católica: Ver, juzgar y actuar. Un ver de análisis y profundidad que entra en las causas y las consecuencias de lo que está aconteciendo, de las luces y las sombras de esta realidad juvenil y sus emociones y sentimientos. Un juzgar de horizontes buscando claves de vida, apuestas profundas de las personas que quieren ser y construir, de las relaciones que son sanas y curan la vulnerabilidad con afecto y protección verdadera, de construcción de comunidad viva y esperanzada. Un actuar que sea concreto y verdadero, a pie de calle, instituto, diversión, parroquia, sociedad. Me alegra ver la profundidad y la ilusión con la que se adentran en un tema que les afecta y quieren abordarlo con juventud y ganas.

En Julio participarán en la asamblea de la Juventud Estudiante Católica en un albergue en Málaga con militantes de otras diócesis, el tema será prolongación de lo que ya traen entre manos: “Somos templo. Cuidemos y cuidémonos”. Allí estaremos acompañando en sus vidas y en sus reflexiones a estos jóvenes que no les da igual lo que está pasando en su ambiente estudiantil y juvenil. Deseamos también que el encuentro de la JMJ en Lisboa también esté orientada en esta dirección de “por ellos (jóvenes) y con ellos”, protagonistas de sus vidas y de su interior sanado y sanante. Ojalá que más que espectáculo sea punto de encuentro y clave de proceso para una tarea interior y comunitaria.

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Sé que…

viernes, 7 de julio de 2023
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

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Sé que hay noches que se alargan y la incertidumbre nos aprisiona,
y también que el amanecer disipa las dudas y nos brinda una luz nueva y clara.

Sé que hay horizontes que se alejan como desoladoras ausencias,
y también que el recuerdo nos acerca olores, palabras y miradas.

Sé que hay mares repletos de anhelos, sufrimientos y lágrimas,
y también que existen corazones y manos que acompañan y salvan.

Sé que hay separaciones que hieren como filo de navaja
y también fidelidades que se recrean y crean un clima de alegría y confianza.

Sé que la esperanza es una flor frágil en las heladas del invierno,
y que el entusiasmo se alimenta de cálidos abrazos y nos nace del alma.

Sé que el individualismo, la ambición y la codicia ciegan la razón,
y también que la solidaridad, la amistad y el amor avivan la llama.

Sé que la ingratitud y el engaño privan de compasión y sensibilidad,
y también que la humanidad se despierta con el agradecimiento y la resiliencia.

Sé que la felicidad no se compra ni el futuro está garantizado,
y también que en el día a día, a tu lado, se vivifica la ternura y la querencia.

*

Miguel Ángel Mesa
31.05.2023

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“María Zambrano y el sentido de lo sagrado”, por José María Aguirre Oraa

viernes, 7 de julio de 2023
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IMG_9699«No se trata de abjurar de la razón, se trata de activar una razón más incluyente»

María Zambrano es una filósofa de gran relieve cuyas reflexiones han ganado progresivamente un espacio importante. Mujer cristiana y de izquierdas, nunca abandonó estas posiciones a lo largo de su vida.

El triunfo de la sublevación militar dirigida por Franco la condenó al exilio, por lo que no volvió a España hasta comienzo de los años ochenta.

Su pensamiento ha ido ganando con los años una importante audiencia y un reconocimiento intelectual destacado

María Zambrano es una filósofa de gran relieve cuyas reflexiones han ganado progresivamente un espacio importante. Mujer cristiana y de izquierdas, nunca abandonó estas posiciones a lo largo de su vida. El triunfo de la sublevación militar dirigida por Franco la condenó al exilio, por lo que no volvió a España hasta comienzo de los años ochenta. Su pensamiento ha ido ganando con los años una importante audiencia y un reconocimiento intelectual destacado.

Ella ha reflexionado con cierta amplitud y en varios textos destacados sobre la realidad de lo sagrado y sobre el importante papel que lo sagrado juega en la construcción de la vida y de la cultura de las personas. Y lo ha hecho de una manera original, como original es su perspectiva filosófica. En este sentido la consideración sobre lo sagrado constituye uno de los ejes fundamentales de su pensamiento por cuanto inspira claramente de manera constitutiva su proyecto filosófico antropológico y ontológico. Se podría decir que esta reflexión sobre lo sagrado subyace a sus consideraciones más metafísicas y las fundamenta.

María Zambrano identifica lo sagrado con la forma primigenia y primaria como la realidad se presenta al hombre antes de cualquier diferenciación ontológica, como el ámbito indiferenciado que encierra en sí todas las posibles realidades: «…la realidad no es atributo ni cualidad que les conviene a unas cosas sí y a otras no: es algo anterior a las  cosas, es una irradiación de la vida que emana de un fondo de misterio; es la realidad oculta, escondida: corresponde, en suma, a lo que hoy llamamos “sagrado”». Se trataría de una realidad primaria que enlaza con la perspectiva desarrollada por Anaximandro con su idea del «apeiron», una realidad a partir de la cual todo germina.

Todo su propósito va a consistir en comprender cómo es y se constituye la experiencia humana de lo sagrado, en desvelar hasta qué punto la persona humana está conformada por su trato con la realidad primera y primigenia. Las características de esta realidad, antes de poder ser pensada, son las mismas características que definen y constituyen lo sagrado: lo oculto, lo ininteligible, lo inaccesible, lo otro, lo temible…

«La realidad agobia y no se sabe su nombre […]. Lo primero que se precisa para la aparición de un espacio libre, dentro del cual el hombre no tropiece con algo, es concretar la realidad en la forma de ir identificando; de ir descubriendo en ella entidades, unidades cualitativas. Es el discernimiento primero, muy anterior al lógico, a la especificación de la realidad en géneros y especies, y que la prepara. No hay “cosas”, ni seres todavía en esta situación; solamente quedarían visibles después de que los dioses han aparecido y tienen nombre y figura».

La razón tiene necesidad de encontrar una situación previa de resistencia a la realidad para lograr abrirse un espacio propio mediante la identificación y concreción de entidades separadas y con cualidades propias. La propia e íntima necesidad de construir un mundo que le salve del caos conduce inevitablemente a la invención de los dioses, a la apertura del ámbito de lo divino, inteligible y tranquilizador porque así la razón puede entrar en trato con ellos. Además, y esto es fundamental, hay una lógica ontológica porque la aparición de los dioses supone también, para Zambrano, la posibilidad de la pregunta, de la pregunta inicial por la propia vida humana, es decir la pregunta por su ser.

Esta pregunta por la afirmación (humana) de sí mismo abre la posibilidad de entrar en diálogo con los dioses. Con ello se despierta la actitud de preguntar y aparece la conciencia, que incluye, como su reverso ineludible, la pérdida de la inocencia primera. Nos hallamos ante la pregunta decisiva sobre su ser y de esta forma en su respuesta la persona humana espera encontrar la conformación de su destino. Los dioses significan, para Zambrano, el fin del «delirio de persecución», la construcción de un espacio y un tiempo humanos.

«La nada asemeja ser la sombra de un todo que no accede a ser discernido, el vacío de un lleno tan compacto que es su equivalente, la negativa muda informulada a toda revelación. Es lo sagrado “puro” sin indicio alguno de que permitirá ser develado»

A lo largo de la historia Zambrano subraya que se han dado múltiples formas de trato con los dioses que han ido constituyendo diversas configuraciones culturales. Pero, también el hombre ha experimentado la necesidad de negar lo divino, una negación que surge del deseo profundo de emancipación. Como consecuencia de esto, lo divino se vuelve a ocultar y, de nuevo, la situación se ve abocada a encontrarse rodeada de una realidad primaria y primigenia que se presenta como la nada. La nada sólo se nos entrega en las entrañas, se nos da en su sentir, porque en realidad la nada no puede ser pensada, no puede ser idea, es «lo otro», la alteridad más abismal del ser.

Dios y la nada son las dos caras de una misma realidad, la realidad del ser y su negación, su anverso y su reverso. La nada es lo irreductible que encuentra la libertad humana cuando pretende ser absoluta. Y precisamente en la nada reaparece el fondo sagrado desde el que la persona ha ido despertando de su sueño inicial. «Es lo sagrado que reaparece en su máxima resistencia. Lo sagrado con todos sus caracteres: hermético, ambiguo, activo, incoercible. Y, como todo lo que resiste al hombre, parece esconder una promesa. […] La nada asemeja ser la sombra de un todo que no accede a ser discernido, el vacío de un lleno tan compacto que es su equivalente, la negativa muda informulada a toda revelación. Es lo sagrado “puro” sin indicio alguno de que permitirá ser develado»

Sin embargo, convendría recordar que la nada, como lo sagrado, es también germen y sus entrañas contienen la matriz de todo sentido, pues de ella emergen nuevos dioses y nuevas entidades. Desde la nada el ser humano puede despertar, conquistar su espacio y su tiempo y recuperar su ser originario. «Dios ha muerto», dijo Nietzsche. Con ello se ha hundido otra vez su semilla, ahora en las entrañas humanas, en nuestro propio infierno. Cuando se abisma el ser, la realidad luminosa y viva, no caemos en la nada, sino en el laberinto infernal de nuestras entrañas de las que no podemos desprendernos, ya que, si sucediera esto, se puede aniquilar todo en la existencia humana: la conciencia, el pensamiento y toda idea sustentada en él. Incluso el alma misma, ese espacio mediador viviente, puede abismarse también hasta dar la ilusión de un aniquilamiento total.

«Todo lo que es luz o acoge la luz, puede caer en las tinieblas. Mas las tinieblas mismas quedan; es la nada, la igualdad en la negación, quien nos acoge como una madre que nos hará nacer de nuevo. Una oscuridad que palpita y de donde inexorablemente hay que nacer nos acoge, unas tinieblas que nos dan de nuevo a luz. Dios, su semilla, sufre con nosotros y en nosotros este viaje infernal, este descenso a los infiernos de la posibilidad inagotable; este devorarse, amor vuelto contra sí. Dios puede morir, podemos matarlo…, más sólo en nosotros, haciéndolo descender a nuestro infierno, a esas entrañas donde el amor germina, donde toda destrucción se vuelve ansia de creación. Donde el amor padece la necesidad de engendrar y toda la sustancia aniquilada se convierte en semilla. Nuestro infierno creador. Si Dios creó de la nada, el hombre solo crea desde su infierno nuestra vida indestructible»

En esta relación con lo insondable la persona consigue conquistar los dioses y las configuraciones de estos. Y los diferentes modos de entender el diálogo con los dioses representan el germen seminal de las distintas culturas que se han ido creando sin cesar en los distintos pueblos y tiempos. Las culturas constituyen las respuestas que el ser humano se ha dado a la pregunta inicial y representan la resolución de su problema y de su enigma fundamentales: cómo entender la propia vida y cómo encontrar su lugar en el universo.

IMG_9808Cada cultura ha existido constituyéndose sobre dos fundamentos: primeramente, se trata de encontrar el rostro de sus dioses y en segundo lugar hay que haberse resistido a ellos, es decir, haber conquistado su ser frente a lo heterogéneo, frente a lo otro, el ámbito de lo divino. La alteridad es lo que hace posible la separación, la diferenciación. Sin esta alteridad, sin esta separación el ser humano no hubiera podido saber de sí, conquistarse a sí mismo. Sabe de sí gracias a su trato con los dioses, pues, al crearlos, se ha conquistado a sí mismo.

La mayor conquista humana ha consistido en percibir los dioses por revelación y en expresar su realidad primigenia y mistérica mediante la poesía o mediante el pensamiento. En esta tarea constante e inagotable para la existencia humana se engendran las culturas. La construcción de los espacios y tiempos humanos se lleva a cabo en relación con los divinos. Las liturgias y los rituales estructuran la articulación de los ámbitos humanos y divinos: se trata de espacios y tiempos en los que la persona entra en relación con lo sagrado y de espacios y tiempos propios de su vida. Esta relación tiñe la vida personal y colectiva de los pueblos, porque en ella se encuentra el sentido que inspira su memoria y su quehacer.

De esta forma se puede indicar que María Zambrano entiende que la religiosidad se encuentra en la raíz del nacimiento de las culturas y en la configuración social que éstas adquieren. Mari Jose Clavo lo señala de manera muy acertada: «El trato con los dioses, los sentimientos y expectativas que le acompañan, el sentido del mundo y de la vida, el entendimiento de la condición humana frente al poder de la divinidad, se ha ido expresando en la poesía a través de las narraciones mito-poéticas, los rituales y liturgias, los cantos sagrados. Para nuestra autora la poesía, expresión primordial de la religiosidad, es de donde nace la filosofía, ambas, filosofía y poesía tienen su origen en la necesidad humana».

La reflexión de María Zambrano subraya que todas las divinidades tienen su historia y unas van dejando paso a otras debido a la constante creatividad cultural humana. La cultura occidental y la modernidad han configurado el imperio de la razón, que se ha desarrollado sobre el postulado de su autosuficiencia y de su autonomía y que se ha logrado mediante la emancipación de toda instancia superior a ella, mediante la negación de los dioses. Esta cultura ha considerado real únicamente lo racional, configurando así su mundo cultural y social, pero excluyendo de la realidad todos los aspectos irracionales que conforman la vida espiritual del hombre.

El espacio sagrado ha sido anulado incluso como espacio original y ha sido calificado por la modernidad como lo vacío, como la nada. Sin embargo, según María Zambrano esta nada es el resultado de un devenir histórico, es un acontecimiento concreto. En consecuencia, no nos encontramos ante una tesis sobre la historia de la humanidad o una perspectiva ontológica definitoria, sino que estamos situados ante un devenir histórico concreto. Esto no afecta en sí a la presencia de lo sagrado, sino que más bien ahora lo sagrado asume el rostro de la nada, se diviniza la nada, se diviniza la ausencia de la divinidad y se presenta lo puramente sagrado. Se ocultan los dioses, pero no el fondo indefinido de lo sagrado.

A lo largo de la historia ha habido tiempos en que la divinidad ha sido negada. Esta negación ha obedecido en ocasiones a la desesperación humana por la inactividad de los dioses, por su indiferencia ante la vida del hombre que transcurre en su indigencia sin expectativas. Otras veces esto se debe al impulso humano de volver a sus límites, de encontrarse consigo mismo en soledad sin necesidad de una divinidad. La ausencia de Dios se manifiesta de dos formas distintas. Por una parte, hay un ateísmo racional, que niega a Dios entendiéndolo como una entidad problemática que no pasa los criterios requeridos por la argumentación racional para demostrar su existencia. Por otra parte, existe otro ateísmo que consiste en la angustia, en el sentimiento de orfandad y soledad que deja en el hombre la impronta indeleble del vacío de la divinidad.

El racionalismo moderno ha privilegiado como reales los aspectos objetivables de la existencia humana, es decir aquellos que pueden convertirse y analizarse como objetos. El resto de las realidades pierde consistencia y significatividad, pero eso no significa que ese resto no se encuentre en la existencia humana, pues la vida resiste a la razón y la persona humana se encuentra ineludiblemente con sus angustias, sus sueños, sus delirios, sus zonas oscuras que anhela comprender.

Y curiosamente en el análisis de Zambrano la actividad fundante del yo racional no ha permitido vivir al ser humano de modo más seguro, siendo más dueño de su vida y de su historia, sino que, por el contrario, se encuentra ahora escindido y angustiado ante la nada contemporánea. Lo divino ha quedado eliminado como tal, borrado bajo el nombre familiar y conocido de Dios. Lo divino aparece múltiple, irreductible, hecho «ídolo» en la historia, pues la historia parece devorarnos con la misma insaciable e indiferente avidez de los ídolos más remotos. La persona humana está siendo reducida, allanada en su condición a simple número, degradado bajo la categoría de la cantidad.

«Con este propósito propone una perspectiva filosófica nueva, que, en lugar de negar y excluir, se enfrente a la nada, recorra la nada y la acepte como algo que se encuentra en la interioridad del hombre. Es necesario recuperar lo irracional, recuperar lo sagrado en la vida que ahora se encuentra en la experiencia de la nada»

A María Zambrano le preocupa cómo salir de esa situación de desintegración de la realidad en que se encuentra el ser humano en estos momentos. Con este propósito propone una perspectiva filosófica nueva, que, en lugar de negar y excluir, se enfrente a la nada, recorra la nada y la acepte como algo que se encuentra en la interioridad del hombre. Es necesario recuperar lo irracional, recuperar lo sagrado en la vida que ahora se encuentra en la experiencia de la nada. «Existir es resistir, ser “frente a”, enfrentarse. El hombre ha existido cuando, frente a sus dioses, ha ofrecido una resistencia. Job es el más antiguo “existente” de nuestra tradición occidental. Porque frente al Dios que dice: “SOY el que ES”, resistió en la forma más humana, más claramente humana de resistencia; llamándole a razones. ¿Se atreve el hombre de hoy a pedir razones a la historia? Aunque ella sea su ídolo, el hacerlo lleva consigo pedirse razones a sí mismo. Confesarse, hacer memoria para liberarse»

CB7FF61F-A83A-4596-86AE-4261751D93BDLa deificación que arrastra la limitación humana, la impotencia de ser Dios, propia de nuestra cultura moderna, provoca que lo divino se configure como ídolo insaciable, a través del cual el hombre, sin darse cuenta, devora su propia vida, destruye él mismo su existencia. Su propia impotencia de ser Dios es la que se le presenta y representa, lo que hace que venga a caer así en un juego «diabólico» de fatalidades, de las que en su obstinación no encuentra salida.

«Y liberarse humanamente es reducirse, ganar espacio, el “espacio vital”, lleno por la inflación de su propio ser. […] Reducir lo humano llevará consigo, inexorablemente, dejar sitio a lo divino, en esa forma en que se hace posible que lo divino se insinúe y aparezca como presencia y aun como ausencia que nos devora. […] Reducirse, entrar en razón, es también recobrarse. Y puesto que ha caído bajo la historia hecha ídolo, quizás haya de recobrarse adentrándose sin temor en ella, como el criminal vencido suele hacer volviendo al lugar de su crimen; como el hombre que ha perdido la felicidad hace también, si encuentra el valor: volver la vista atrás, revivir su pasado a ver si sorprende el instante en que se rompió su dicha»

A María Zambrano le preocupa cómo salir de esa situación de desintegración de la realidad en que se encuentra el ser humano en estos momentos. Por ello, propone una perspectiva filosófica que, en lugar de negar y excluir, se enfrente a la nada, recorra la nada y la acepte como algo que se encuentra en la interioridad del hombre. Es necesario recuperar lo irracional, recuperar lo sagrado en la vida que ahora se encuentra en la experiencia de la nada. «Su filosofía de la crisis se fundamenta en la necesidad de analizar la nada teniendo en cuenta tanto la resistencia que esta opone como la que debemos oponerle. Recordemos su postulado: los hombres han existido cuando han mostrado su resistencia a los dioses.

La resistencia contemporánea implica, fundamentalmente, el abandono del racionalismo, la recuperación de la memoria, de sentires y palabras originarios, y la humanización de la historia. La unidad entre razón, poética y religiosidad se da en los límites de lo profano, lo divino y lo sagrado». Aquí encontramos un nuevo camino, un sendero en el bosque que hay que recorrer sabiendo de su dificultad, pero también esperando encontrar espacios de vida y de luz que puedan iluminarnos y confortarnos. No se trata de abjurar de la razón, se trata de activar una razón más incluyente, que vaya más allá de una razón objetivante y empirista, una razón amplia. La defensa de lo humano en toda su amplitud y radicalidad se encuentra en la reactivación de esta perspectiva. A esto nos llama María Zambrano.

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1 ZAMBRANO, M., El hombre y lo divino, en Obras Completas III, Barcelona,
Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2011, 114.
2 IBID., p. 112
3 IBID., p. 217-218.
4 IBID., p. 194.
5 CLAVO M. J. «El pensamiento de María Zambrano (1904-1991)» Se trata de un artículo
inédito de un libro colectivo en preparación AGUIRRE ORAA J. M. (Ed) Historia de la
filosofía española. Siglos XIX, XX y XXI
6 ZAMBRANO, M., Op. cit., p. 108
7 IBID., p. 108-109
8 LIZAOLA J., «Las categorías de lo sagrado y lo divino en María Zambrano», en Aurora
Papeles del «Seminario de Maria Zambrano», nº 18, 2017, p. 95.

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad ,

Encontradizo

jueves, 6 de julio de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Cuando el hombre no se encuentra a sí mismo,

no encuentra nada.

*

Goethe

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Consuelo Vélez: «No son pocos los clérigos que han ‘demonizado’ la palabra ‘género’ y la han identificado con una ‘ideología'»

jueves, 6 de julio de 2023
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IMG_9803De su blog Fe y Vida:

Género, violencia de género y compromiso eclesial

«Por este papel subordinado que han tenido las mujeres, ellas han sido más propensas a sufrir violencia de todo tipo: física, psicológica, afectiva, sexual, social, cultural, económica, simbólica, religiosa»

«A esto se le llama “violencia de género” porque se ha ejercido contra ellas, debido a su género femenino»

«No son pocas las mujeres, ni pocos los varones, ni pocos los clérigos que han “demonizado” la palabra “género” y la han identificado con una “ideología” y luchan vehementemente contra todo lo que tenga cualquier referencia a este término»

«Desde los púlpitos, desde las catequesis, desde la liturgia, es necesario que se denuncie esa violencia de género y se invite a un compromiso decisivo frente a ella»

El término género es una categoría de las ciencias sociales que además de expresar la identidad biológica de los seres humanos según sus órganos sexuales (varón o mujer), expresa la identidad cultural construida sobre los sexos biológicos. Esto último significa que a las mujeres se les han asignado culturalmente unos roles y a los varones otros.

El problema es que los asignados a las mujeres han supuesto que ellas tengan un lugar subordinado -por eso se les negó, hasta hace relativamente poco, la ciudadanía, el estudio, el ejercer todas las profesiones, el ocupar puestos de responsabilidad, etc.; mientras que los roles asignados a los varones han permitido construir un mundo en modo masculino -a esto se le llama patriarcado– porque a ellos se les ha reservado la autoridad, la gestión, las profesiones más importantes y de hecho han conducido el mundo como jefes de gobierno en casi todos los países y lo siguen haciendo.

monjas-altar-limpian_560x280Además, por este papel subordinado que han tenido las mujeres, ellas han sido más propensas a sufrir violencia de todo tipo: física, psicológica, afectiva, sexual, social, cultural, económica, simbólica, religiosa. A esto se le llama “violencia de género” porque se ha ejercido contra ellas, debido a su género femenino. La violencia doméstica, por ejemplo, es fruto de la sociedad patriarcal, en la que al varón le hicieron creer que era dueño de la mujer y por eso tenía derecho a ejercer su autoridad sobre ella e incluso a golpearla si lo consideraba necesario. El caso extremo es el feminicidio,como lo ha tipificado la Ley, porque a muchas mujeres las asesinan no solo por la violencia generalizada, que se da también contra los varones, sino por el hecho de ellas ser mujeres.

Los movimientos feministas han posibilitado que a las mujeres se les reconozcan los derechos que se les habían negado y es, cada vez más evidente, que las sociedades patriarcales van cambiando. Esto ha permitido que ellas estén participando en condiciones de mayor igualdad, en casi todos los espacios, con los varones. Este cambio no solo ha sido positivo para las mujeres. Gracias a esto, los varones también han descubierto que pueden ser tiernos, serviciales, cuidadores – papeles que parecían eran solo de las mujeres – e inclusive, que el único papel sagrado no es el de ser “mamá”, sino que también ser “papá” es un don que ellos poseen y lo están ejerciendo con mucha ternura y responsabilidad. Actualmente no son pocos los varones que crían solos a sus hijos o que, al compartir la custodia con la mamá, se encargan de sus hijos con la misma responsabilidad y afecto que tradicionalmente se creía era solo cualidad femenina.

Pero estos cambios, aunque como lo acabamos de anotar, son positivos, también encuentran una resistencia “enorme. No es nada fácil cambiar los roles culturales que constituyen a las personas desde su infancia y, por eso, no son pocas las mujeres, ni pocos los varones, ni pocos los clérigos que han “demonizado” la palabra “género” y la han identificado con una “ideología” y luchan vehementemente contra todo lo que tenga cualquier referencia a este término.

IMG_9801Cabe anotar que además de lo anterior unen este término a la “diversidad sexual” – una realidad que es irreversible y que merecería una reflexión profunda y fundamentada para entenderla bien, antes de condenarla – y por eso se les hace más difícil todavía aceptar este término. Aquí no podemos entrar a explicar esa complejidad, pero basta con quedarnos con la reflexión que hemos hecho sobre los roles de género, para mostrar que la Iglesia no puede estar de espaldas a lo que ha supuesto una conquista de derechos para las mujeres y, por eso, no debería mezclar género con ideología, sin distinguir las cosas como hemos intentado hacerlo aquí, con otras posibles realidades que podrían ameritar esa identificación.

Es necesario que desde la institución eclesial y, los cristianos en general, acompañemos más estos cambios sociales y culturales porque significan un mundo menos patriarcal y más inclusivo, un mundo más justo con las mujeres, como Dios lo quiere. El papa Francisco ha denunciado esta violencia que sufren las mujeres porque, aunque haya resistencias para acoger los cambios, es evidente que la violencia de género existe y no es posible que se pase de largo frente a ella. Desde los púlpitos, desde las catequesis, desde la liturgia, es necesario que se denuncie esa violencia y se invite a un compromiso decisivo frente a ella.

Lamentablemente, a algún sector de la institución le parece irrelevante esta violencia de género y hasta proponen que no se hable de ella porque es suficiente con hablar de violencia en general. Esto resulta contrario a la praxis de Jesús que se detuvo ante cada uno de sus contemporáneos, entendió su situación y buscó remediarla. Para Jesús también fueron muy importantes las mujeres y supo defenderlas y devolverles su dignidad negada.

IMG_9802Por eso, es coherente con la vida cristiana comprender a fondo lo qué significa la sociedad patriarcal y la violencia de género que esta produce para que forme parte de su compromiso de fe. Duele pensar que, a veces, la sociedad civil parece más comprometida con transformar esta realidad que las instancias eclesiales.

Es importante recordar que las mujeres siempre han sido mucho más asiduas a la participación eclesial que los varones, pero los tiempos cambian y las jóvenes se van alejando de la iglesia porque esta parece no comprender su realidad, ni apoyarla con todas las consecuencias. Sin embargo, se abren caminos y estamos a tiempo de recorrerlos.

Ojalá que, en lugar de resistirse a los cambios, nos dispongamos a entenderlos y a secundarlos en todo lo que tienen de bueno. Eso haría más significativa la institución eclesial y es muy probable que las jóvenes vuelvan la mirada hacia ella y, tal vez, quieran formar parte de una Iglesia, verdaderamente comprometida con erradicar toda violencia y, especialmente, aquella que se ejerce por razón del género.

(Foto tomada de: Por celos, la golpeó y provocó que le extirparan el bazo a su pareja – Diario La Provincia SJ)

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El milagro de la vida

miércoles, 5 de julio de 2023
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro Mundo es posible:

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Llegó abatido,

con los ojos húmedos,
y se acomodó a su lado.

Ella le tomó las manos
y le dijo en un susurro:

No permitas que la tristeza
te arrastre al desconsuelo.

Ahora estamos juntos.

Este instante será eterno
si permanece en tu corazón.

No volveremos a vernos
a no ser que me olvides.

Tú formas parte de mi existencia
y yo de la tuya.

Ya nada podrá separarnos.

Aunque la presencia sea imprescindible
para la ternura de una mirada
o el calor de un abrazo,
la memoria viva impedirá que te hunda
la dolorosa ausencia.

Acuérdate siempre de estas palabras
y, sobre todo, no dejes que te abandone
la maravilla del asombro.

Eso es lo que te permitirá contemplar
y saborear en tu día a día
el milagro de la vida.

*

Miguel Ángel Mesa
24.05.2023

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«Un humanismo radical», por Leonardo Boff

miércoles, 5 de julio de 2023
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Del blog de Leonardo Boff La fuerza de los pequeños:

En busca de la humanidad perdida, «rescatamos lo mejor que el mundo ya gestó»

«Uno de los problemas más angustiantes en la cultura mundial hoy en día es la falta de humanidad. No miramos a los lados para ver al otro con sus dolores, búsquedas y necesidades»

«De la misma forma agredimos a nuestra Madre Tierra hasta el punto de que el nuevo régimen climático puede poner en peligro la biodiversidad y, si el calentamiento aumenta más, afectar al destino de nuestra vida en este planeta»

«En este contexto rescatamos lo mejor que el mundo ya gestó: el Hijo del Hombre que se reveló como la presencia humana de Dios entre los humanos: Jesús de Nazaret»

«Su humanismo radical echó raíces profundas en la humanidad. Ese humanismo universal y sin ninguna discriminación podrá devolvernos nuestra humanidad»

Uno de los problemas más angustiantes en la cultura mundial hoy en día es la falta de humanidad. No miramos a los lados para ver al otro con sus dolores, búsquedas y necesidades. Consideremos cómo son tratados los emigrantes de Oriente Medio y de África que buscan a Europa por causa de guerras y de gran hambruna. Son rechazados y han hecho del Mediterráneo un verdadero cementerio. El mismo destino trágico sufren los millares de centroamericanos que buscan atravesar las fronteras de Estados Unidos. La mayoría es rechazada, algunos mueren y los niños son puestos en jaulas como si fueran pequeños animales hambrientos. Ni nos referiremos a África que vive desde hace siglos saqueada y todavía crucificada por los europeos. Ellos están yendo a Europa porque antes los europeos estuvieron allí y  ocuparon y expoliaron sus tierras. Los europeos fueron acogidos y ahora los europeos no los quieren acoger.

Tales antifenómenos muestran cuán ser crueles y sin piedad podemos ser con nuestros prójimos que, en verdad, son nuestros hermanos y hermanas. Tal vez no podamos hacer mucho, pero a veces basta una mirada compasiva, una palabra de consuelo, una sonrisa verdadera, un toque en la piel del otro para comunicarle que somos hermanos y hermanas, expresiones de la misma humanidad.

No nos tratamos humanamente. De la misma forma agredimos a nuestra Madre Tierra hasta el punto de que el nuevo régimen climático, que superará los 1,5 grados centígrados hacia 2025-2027, puede poner en peligro la biodiversidad y, si el calentamiento aumenta más, afectar al destino de nuestra vida en este planeta.

En este contexto rescatamos lo mejor que el mundo ya gestó: el Hijo del Hombre que se reveló como la presencia humana de Dios entre los humanos: Jesús de Nazaret.

Más que entregarnos verdades, Jesús nos enseñó a vivir los valores que daban cuerpo a su gran sueño, el Reino de Dios. Ese Reino no es como los Reinos de este mundo, rodeados de pompa y gloria, como recientemente vimos en la coronación del rey de Inglaterra. Es un Reino de amor incondicional, de solidaridad ilimitada, de compasión, de servicio a los más humillados y ofendidos y de apertura total a Dios-Abba (“papá”, como él lo llamaba).

refugiados-alambrada-2-GEstaba siempre al lado de aquellos que tenían menos vida, los leprosos, los ciegos, los psicológicamente afectados (en el lenguaje de la época, los poseídos del demonio), los enfermos y hasta los muertos, que él resucitó. Él mismo dijo: “vine a traer vida y vida en abundancia” (Jn 10,10). Por haberse opuesto al tipo de religión de la época, ritualista y farisaica, y por haber revelado una nueva cara de  Dios, de infinita misericordia y perdón, amando a todos, “hasta a los ingratos y malos” (Lc 6,36) lo crucificaron fuera de la ciudad, símbolo de rechazo absoluto. Dejó dicho algo extremadamente consolador “si alguien viene a mi no le diré que se vaya” (Jn 6,37), podía ser una adúltera, un hereje y gente de mala fama: a todos acogía y salían consolados.

Él mostró una humanidad radical, hasta el punto de que los apóstoles y discípulos, considerando que “pasó por la vida haciendo el bien” (Mc 7,37) y que había vencido a la muerte por su resurrección, no sabiendo cómo definirlo, acabaron diciendo: humano así como Jesús sólo Dios mismo. Y empezaron a llamarlo Hijo de Dios y Dios en nuestra carne caliente y mortal.

Su humanismo radical echó raíces profundas en la humanidad. Ese humanismo universal y sin ninguna discriminación podrá devolvernos nuestra humanidad, cubierta de cenizas por el individualismo, por el egoísmo, por la insensibilidad, por la falta de compasión y por la ausencia de cuidado de unos a otros, a nuestra Madre Tierra y a los seres que viven en ella.

«Franz Kafka: al oir hablar de Jesús y de su amor cierro los ojos para no caer como en un abismo”

Termino con dos testimonios. Uno de Franz Kafka, el gran escritor checo, que dijo: “al oir hablar de Jesús y de su amor cierro los ojos para no caer como en un abismo”. Y otro de Fiódor Dostoiévski que al dejar la Casa de los Muertos (título de su libro), la prisión con trabajos forzados en Siberia, escribió conmovedoramente:

Dostoiévski: «Creo que no existe nada más bello, más profundo, más amable, más humano y más perfecto que Cristo; me lo digo a mi mismo con un amor celoso que no existe ni puede existir. Más aún: si alguien me probase que Cristo está fuera de la verdad y que ésta no se encuentra en él, prefiero quedarme con Cristo a quedarme con la verdad»

Después de esta profesión de radical humanidad y de fe, no tengo nada más que decir.

*Leonardo Boff ha escrito Jesucristo el Liberador, Sal Terrae, muchas ediciones.

Traducción de María José Gavito Milano

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Cotidiano

martes, 4 de julio de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Lo cotidiano en sí mismo es ya maravilloso.

Yo no hago más que consignarlo.

*

Franz Kafka

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“El discapacitado”, por Dolores Aleixandre.

martes, 4 de julio de 2023
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SER HERMANO - MEMORIA PROFETICA DE JESUS - ESP - sin cintillo_resizeEl Evangelio habla de ciertas incapacidades de Jesús

Me subo por primera vez  en un tren IRYO, nombre que, poniendo el acento en la primera sílaba,  me sonaba  a iris, irisación y otras palabras  armoniosas y elegantes. Solo a mitad de trayecto me di cuenta de que se podía leer de otra manera: IR-YO, y que ponía de relieve mi condición de  yo-usuaria, algo mucho más acorde con los tiempos que vivimos: acentuaba mi papel de protagonista del viaje y me invitaba a leer: Soy YO la que viajo y estoy-en-posesión-de derechos-y-merezco-todo-tipo-de-atenciones-porque-los-he-pagado. Y porque yo lo valgo. Punto pelota.  Por si fuera poco, un gran letrero me anunciaba sustanciosos  descuentos si me alojaba en el hotel ONLY YOU, solo para clientes de mi categoría, expertos en  transformar el ONLY YOU en ONLY ME.

Después de estos momentos de orgía egótica, llegó el descalabro: el viaje coincidía con  la semana de Pascua y me acordé intempestivamente de los insultos  que, según el relato de la Pasión, escuchó Jesús en la cruz: “A otros ha salvado y a sí mismo no puede salvarse” (Mt 27,42). El comentario dejó de pronto de parecerme un agravio y pensé que, en realidad, estaba acertando de lleno al describir un rasgo inconfundible del ADN de Jesús y clavar  junto al letrero “EL REY DE LOS JUDÍOS”, este otro calificativo: “EL DISCAPACITADO”.

Suena muy fuerte, pero no es la primera vez que un evangelista nombra algún tipo de incapacidad suya, no hay más que recordar lo que le pasó en su propio pueblo, cuando sus paisanos reaccionaron con escepticismo al escucharle en su sinagoga :-“¿De dónde le viene a éste  todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que leha sido dada? ¿Y esos poderes  que salen de sus manos? (…) Y no pudo hacer allí ningún milagro” (Mc 6,1-6). Le invitaron a marcharse porque lo ya sabido impedía lo nuevo y lo acostumbrado paralizaba lo inédito. Se resistieron a que hablara de  otros parentescos, otro Dios, otra familia, otro horizonte y eso le incapacitó a él para actuar

Pero la dis-capacidad que le reconocen en el Calvario es de otra clase y descubre algo que resultaba evidente en  él: estaba desprovisto de ese mecanismo innato de autoprotección que los humanos traemos  “de fábrica”, de esas ventosas que nos aferran a nuestros intereses y a la búsqueda de nosotros mismos. Él parecía carecer del instinto de apropiación  que nos empuja a  anteponer lo propio a lo ajeno y a colocar el ego en el lugar preferencial: caro oblita sui, un ser humano desinteresado de sí mismo,  decía san Ireneo allá por el s.II.

Todo esto explica en gran parte nuestra torpeza para entenderle y por qué caminamos por la vida con un paso tan desacompasado del suyo. Los de Emaús escucharon el diagnóstico del caminante que se les había acercado: eran lentos y torpes de corazón,  y sus coronarias,  atrofiadas por un egosterol  persistente, derivaban en embotamiento mental.  Después de mostrarles el ecocardiograma, el desconocido cambió de táctica para que no se hundieran en la miseria de sus ruindades y narcisismos: los invitó  a mirar fuera de ellos mismos, a recordar con él la Escritura y a descubrir cómo en los relatos más antiguos iba emergiendo el perfil misterioso de alguien que vivía del lado del amor y que solo dejaba  fluir por sus arterias palabras como padre, pan, amigos, perdón….

Se sentaron a cenar en la posada y cuando le reconocieron, una alegría espaciosa les ensanchó el corazón y  echaron a correr. Más les valía porque les quedaba – como a nosotros- mucho camino por recorrer si querían aprender algo de las dis-capacidades del Maestro…

Fuente Alandar, Junio 2023

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Descansar en Ti.

lunes, 3 de julio de 2023
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Descansar en Ti,
a la sombra,
junto al arroyo,
sintiendo la brisa
y con la cabeza en tu hombro.

Descansar en Ti,
sin temores,
sin nostalgias,
sin sucedáneos,
sin ansias, enamorado.

Descansar en Ti,
gozando el momento,
libre de atillos y cargas,
sin prisas para nada
y soñando esperanzas.

Descansar en Ti,
serenamente,
ahora y a cualquier hora,
hasta habituarme
al gozo y a la gracia que me donas.

¡Descansar en Ti
después del éxito
o del fracaso
y compartir gratuitamente
tus más íntimas emociones!

Descansar en Ti,
y darte gracias,
con palabras o sin ellas,
por tu presencia solidaria
en la gente sencilla y llana.

¡Descansar en Ti!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Vale la pena el sacrificio de vivir auténticamente como una persona LGBTQ+ católica

lunes, 3 de julio de 2023
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IMG_9978Ariell  Simon

La publicación de hoy es de la colaboradora de Bondings 2.0, Ariell Simon (ella). Ariell es actualmente instructor adjunto de Estudios Religiosos y se ha desempeñado como capellán de atención médica en hospitales y centros de enfermería. Ingresó a la Iglesia Católica en 2011 como estudiante de pregrado en la Universidad de Loyola, Maryland, y luego recibió una Maestría en Divinidad de la Escuela de Teología y Ministerio de Boston College.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el domingo 13 del tiempo ordinario se pueden encontrar aquí.

Para las personas LGBTQ, vivir en la identidad sexual y de género dada por Dios implica sacrificios. No es popular admitir esta idea. Los medios de comunicación, los amigos afirmadores y los aliados nos dicen que no deberíamos tener que renunciar a nada para vivir en nosotros mismos. A lo largo del Mes del Orgullo, escuchamos mensajes de que las familias queer son como otras familias, que el amor es amor y que no deberíamos comprometer nada para ser nosotros mismos.

Por bien intencionadas que puedan ser esas garantías, de alguna manera me suenan huecas. No vivimos en un mundo perfecto. El Reino de Dios aún no se ha realizado plenamente “en la tierra como en el cielo”, por lo que en este mundo aún imperfecto, estar “fuera” siempre tiene un costo. Para algunos, el precio son las relaciones tensas o distanciadas con la familia. Para otros, la reputación, el trabajo y la seguridad de la vivienda pueden estar en peligro. Y todavía demasiadas personas LGBTQ en todo el mundo pagan el precio final de la seguridad personal.

En el Evangelio de este domingo, Jesús habla con franqueza del sacrificio: renunciar al padre y a la madre, al hijo y a la hija, e incluso a la vida, para seguirlo (Mt 10, 37-42). Es realista con sus seguidores, advirtiéndoles que el camino del discipulado tendrá un precio muy alto. Jesús no les está diciendo a sus apóstoles que el amor a la familia o a la vida es algo malo, pero les advierte que algunas cosas son más importantes que los “valores familiares”. Algunas cosas valen la pena el sacrificio.

Cuando leo las palabras de Jesús, siento su solidaridad con los sacrificios que hacen las personas LGBTQ. Muchos de nosotros hemos cambiado la aprobación de los padres por el amor romántico. Hemos renunciado a la esperanza de tener nuestros propios hijos biológicos en aras de construir diferentes tipos de familias con nuestros socios. E incluso para aquellos de nosotros que rechazamos el mensaje de que estamos arriesgando la vida eterna, llevamos el peso de la condenación de los demás.

Los católicos han creído durante mucho tiempo en el poder de “unir nuestros sufrimientos a Cristo”. Debo admitir que la idea de “ofrecer” mi sufrimiento a Dios parece anticuada. Suena como algo que un santo antiguo podría hacer con un tipo de dolor más apropiado para la iglesia. Pero tal vez sea hora de que los católicos LGBTQ reclamemos la unidad de nuestros sacrificios con el sacrificio de Cristo.

Jesús entregó su vida como último acto de solidaridad con el sufrimiento de nuestro mundo. Si Jesús sufrió en solidaridad con nosotros, ¿podríamos unir nuestro sufrimiento al Suyo en nuestros sacrificios diarios como personas LGBTQ de fe? Siendo solidarios con Cristo sufriente, ¿podríamos encontrar sentido a nuestro propio sufrimiento? Nos duele la injusticia del mundo. Jesús también. Reconozcamos nuestro sufrimiento como verdaderamente “morir con Cristo”.

La lectura de hoy de la carta a los Romanos explica por qué es importante hacer esta conexión: “Si, pues, hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6:8). ¡Reclamar significado en nuestros sacrificios nos permite recuperar la esperanza!

Con demasiada frecuencia imaginamos morir con Cristo y resucitar con Cristo como un proceso lineal por el cual abrazar la cruz ahora nos permite resucitar con Cristo un día en el cielo. Queer nuestra fe significa desdibujar esas líneas para complicar el binario de sacrificio y salvación. La realidad es que la mayoría de nosotros experimentamos tanto sufrimiento como alegría en esta vida, a menudo mezclados. Nuestra fe nos enseña a santificar a ambos, experimentando los altibajos de la vida en solidaridad con Cristo.

IMG_9977La primera lectura de hoy, la historia del profeta Eliseo y la mujer sunamita, nos da una idea del tipo de recompensa de la que habla Jesús cuando promete que la persona que ofrece bondad “ciertamente no perderá [su] recompensa” (Mt 10 :42). La mujer le ofreció a Eliseo un lugar para quedarse y, en agradecimiento, él profetizó que tendría un hijo en medio de una situación aparentemente imposible.

La mujer sunamita era como tantas personas queer que han abierto nuestros hogares y nuestros corazones a los extraños a pesar de que las estructuras familiares tradicionales nos han fallado. Tal vez el mismo hecho de que ella no tuvo hijos le permitió a esta mujer el espacio extra para hospedar al profeta. Tal vez ella sufrió y lamentó la ausencia de hijos biológicos, y en ese duelo eligió tender la mano a alguien que lo necesitaba. Nunca podría haber imaginado que Dios recompensaría su bondad con un milagro.

Las escrituras de este domingo nos recuerdan cómo Dios usa nuestras acciones simples (hospitalidad, un vaso de agua) para crear nuevos lazos y nuevas familias que perduren. La esperanza brota en los lugares más improbables cuando nuestros sacrificios dan paso a una nueva vida.

  Que Dios abra nuestros ojos a las formas en que el Espíritu de Resurrección está siempre obrando, levantándonos incluso en medio de nuestro sufrimiento.

–Ariell Watson Simon (ella/ella), New Ways Ministry, 2 de julio de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Coge tu cruz y sígueme…

domingo, 2 de julio de 2023
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No te he negado

Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.

Fiel, fiel…, es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.

Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.

No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

*

Pedro Casaldáliga,
El Tiempo y la Espera,
Sal Terrae 1986

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

“El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí.

El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo.

El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.”

*

Mateo 10,37-42

***

Dios, que me entrega tesoros para que los guarde, me permite que los custodie y los administre bien   Me agrada relacionarme con los demás. Mi intensa participación, me parece, irradia lo mejor y más sincero de mí; las personas se muestran sinceras conmigo, cada uno es una historia, y todos me cuentan su vida. Y mis ojos encantados no tienen que leer. […]. Soy un enfermo, no puedo hacer nada. Mas tarde enjugaré lágrimas y replegaré miedos, allá abajo. En el fondo, ya lo hago en esta cama. ¿Quizá sea por esto que tengo fiebre y mareos?. No quiero ser cronista de horrores. Ni tampoco de sucesos sensacionales.

Esta mañana le he dicho a Jopie: siempre llego a la misma conclusión, la vida es bella. Y creo en Dios. Quiero estar entre los  “horrores” y decir igualmente que la vida es bella. Ahora, con fiebre y mareos, acostado en un rincón, no puedo hacer nada. Hace poco me he despertado con la garganta seca, he aferrado mi vaso y he agradecido los sorbos de agua; he pensado: si pudiese andar entre los millares de hombres amontonadas por ahí y pudiese ofrecerles un trago… Me digo: no es nada, tranquilo, no es nada, tranquilo.

Cuando una mujer o un niño hambriento se ponía a llorar detrás de nuestras mesas de grabación, me arrimaba, le abrazaba sobre mi pecho, le apretaba, le sonreía y suavemente le decía a quien se encontraba acurrucado y aturdido: no es nada, no es nada. Me quedaba allí y, si podía, hacía algo. A veces me sentaba cerca de alguien, le ponía el brazo encima del hombro, guardaba silencio y le miraba a la cara. Nada resultaba nuevo, ninguna de aquellas expresiones de dolor humano. Todo me parecía familiar; como si ya hubiera vivido cada casa. Algunos me decían: tienes nervios de acero para resistir. No creo que tenga nervios de acero; mas bien, nervios sensibles, capaces de “resistir”. Tengo el coraje de mirar de frente al dolor. Al final de coda día me decía: ¡quiero tanto a los hombres!.

*

E. Hillesum,
Diario 1941-1943,
Milán 5i 992, 232ss.

*

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , ,

“El peligro de un Cristianismo sin cruz”. 13 Tiempo ordinario – A (Mateo 10,37-42)

domingo, 2 de julio de 2023
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Uno de los mayores riesgos del cristianismo actual es ir pasando poco a poco de la «religión de la cruz» a una «religión del bienestar». Hace unos años tomé nota de unas palabras de Reinhold Niebuhr, que me hicieron pensar mucho. Hablaba el teólogo norteamericano del peligro de una «religión sin aguijón» que terminara predicando «un Dios sin cólera que conduce a unos hombres sin pecado hacia un reino sin juicio por medio de un Cristo sin cruz». El peligro es real y hemos de evitarlo.

Insistir en el amor incondicional de un Dios Amigo no ha de significar nunca fabricarnos un Dios a nuestra conveniencia, el Dios permisivo que legitime una «religión burguesa» (Johann Baptist Metz). Ser cristiano no es buscar el Dios que me conviene y me dice «sí» a todo, sino encontrarme con el Dios que, precisamente por ser Amigo, despierta mi responsabilidad y, por eso mismo, más de una vez me hace sufrir, gritar y callar.

Descubrir el evangelio como fuente de vida y estímulo de crecimiento sano no significa vivir «inmunizado» frente al sufrimiento. El evangelio no es un tranquilizante para una vida organizada al servicio de nuestros fantasmas de placer y bienestar. Cristo hace gozar y hace sufrir, consuela e inquieta, apoya y contradice. Solo así es camino, verdad y vida.

Creer en un Dios Salvador que, ya desde ahora y sin esperar al más allá, busca liberarnos de lo que nos hace daño no ha de llevarnos a entender la fe cristiana como una religión de uso privado al servicio exclusivo de nuestros problemas y sufrimientos. El Dios de Jesucristo nos pone siempre mirando al que sufre. El evangelio no centra a la persona en su propio sufrimiento, sino en el de los otros. Solo así se vive la fe como experiencia de salvación.

En la fe como en el amor todo suele andar muy mezclado: la entrega confiada y el deseo de posesión, la generosidad y el egoísmo. Por eso no hemos de borrar del evangelio esas palabras de Jesús que, por duras que parezcan, nos ponen ante la verdad de nuestra fe: «El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará».

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José Antonio Pagola

 

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“El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí.”. Domingo 02 de julio de 2023. 13º Ordinario

domingo, 2 de julio de 2023
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36-ordinarioa13Leído en Koinonia:

2 Reyes 4, 8-11. 14-16a: Ese hombre de Dios es un santo, se quedará aquí.
Salmo responsorial: 88: Cantaré eternamente las misericordias del Señor.
Romanos 6,3-4.8-11: Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que andemos en una vida nueva.
Mateo 10,37-42: El que no coge su cruz no es digno de mí. El que os recibe a vosotros me recibe a mí.

Las exigencias de la cruz cambian para cada generación de creyentes. En la época de Jesús existía la amenaza inminente de la muerte ignominiosa, bien fuera por la cruz, la espada o la lapidación. Los cristianos eran vistos como una amenaza para el imperio y, con frecuencia, se les acusaba falsamente de sedición. Con el tiempo, la pena capital fue cambiando de modalidad y sus cuerpos fueron quemados en locales públicos, o arrojados a leones, osos, tigres, toros y toda clase de fieras. Todas estos intentos de bloquear, anular o eliminar la novedad del evangelio fueron vanos porque la fuerza del cristianismo radica en la cruz de Cristo.

Los cristianos de los primeros siglos no anunciaban religiones de salvación, ni sanaciones individuales ni ritos de purificación. Aunque ellos anunciaran la universalización de la obra salvadora, curaran enfermos y tuvieran el símbolo del bautismo como rito de iniciación, lo que los hacía diferentes era su radical denuncia de la injusticia. Anunciar a un Mesías crucificado era, y es, ir en contra de todos los parámetros sociales, de las buenas costumbre e, incluso, de los preceptos de la religión. Ellos anunciaban como redentor a uno que el sistema lo había proscrito, condenado y sentenciado al escarnio público. El anuncio de un Mesías Crucificado era, en realidad, una denuncia vehemente de un sistema de creencias, valores e instituciones que habían hecho de la violencia, la mentira y la opresión los valores indiscutibles de la organización social. ¿Cómo iban a ver con buenos ojos las autoridades de Jerusalén, los gendarmes del imperio y el pueblo alienado que un individuo apoyado por un pequeño grupo de hombres y mujeres cuestionara directamente sus valores y anunciara que otra sociedad era posible? Imposible para la gente, pero no para Dios.

Las comunidades cristianas desde el inicio tuvieron conciencia de la magnitud de la tarea a la que se enfrentaban. La experiencia del resucitado les llevó rápidamente a descubrir que debían superar los límites de las comunidades palestinas y lanzarse a la misión universal; debían dar prioridad a la construcción de las comunidades y dejar a un lado la tentación de construirse edificios; debían enfocarse sobre los grupos excluidos y marginados y dejar de lado los centros de poder; debían asimismo retomar las opciones fundamentales de Jesús y hacerlas vida en todos los rincones del imperio. Por eso, las exigencias para seguir a Jesús se fueron formulando con una claridad y precisión asombrosas en cada comunidad. Los contenidos fundamentales se fueron adecuando a cada contexto histórico y cultural pero sin atenuar las características esenciales del mensaje.

Por tanto, no debe sorprendernos que Mateo nos diga con tanta ‘dureza’ las exigencias del seguimiento de Jesús. El evangelista retoma las tradiciones del evangelio y las actualiza de acuerdo con el lenguaje y necesidades de su comunidad. Sus palabras hieren, como el antiséptico sobre la eterna llaga, pero tienen una virtud medicinal: nos liberan de nuestros propios prejuicios y apegos.

Cuando Mateo nos dice que quien ama más a sus parientes que a Jesús no es digno de él, nos revela un problema de su comunidad. El pueblo judeocristiano, tiene una estima desmesurada por los de su propia sangre. Un afecto que fácilmente se convierte en apego paralizante. El texto usa en griego la palabra filia para denominar este afecto. Pero el proyecto de Jesús pide más: pide un amor enfocado hacia el prójimo, un amor que supere los lazos de sangre, el parentesco y la raza. Un amor como el que Dios nos tiene y que en griego se llama ágape. El cristiano que no sea capaz de trascender los estrechos limites de la familia, de la raza o de la nación, no está habilitado para experimentar y dar el amor solidario que propone el evangelio. Y por esa misma razón, el amor a Jesús no se reduce a la pura dimensión íntima, individual y privada. Amar a Jesús es amar lo que él amó, su proyecto, su ideal, su Utopía, el «Reinado de Dios», como él acostumbró a llamarla, con las palabras tradicionales de los profetas. Amar a Jesús es amar a las personas que él amó: pobres, marginados, excluidos, enfermos, abatidos, endemoniados, extranjeros. El amor de Jesús era tan grande que llegó a amar incluso a aquellos que se declararon sus enemigos. Un amor que hoy nos puede parecer desorbitado, desnaturalizado, extremo, pero que para nuestra dicha y quebranto es el amor con el que Dios nos ama. Un amor sin el cual no podemos llamarnos discípulos de Jesús.

Pablo simboliza muy bien la radicalidad del amor cristiano mediante la comparación entre la muerte y la inmersión bautismal. Ser cristiano es morir a todos los apegos irracionales hacia la propia familia, raza o nación, incluso es morir hacia un apego desordenado hacia sí mismo. La novedad cristiana se manifiesta en esa transformación sustancial de las relaciones humanas, en la resurrección a una vida nueva llena de afectos, proyectos y estilos de vida completamente volcados hacia la humanidad sufriente y marginada. Con Cristo morimos a una humanidad caduca y sin esperanza para resucitar en una nueva humanidad libre y generosa en la que el límite es el cielo, donde no hay límite. Leer más…

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2.7.23. Que coja su cruz y me siga. Dios crucificado, la identidad Cristiana (Mt 10, 37-42, Dom 13 TO)

domingo, 2 de julio de 2023
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356627782_2452561391587705_5268899321948453960_nDel blog de Xabier Pikaza:

El evangelio del domingo sigue exponiendo la misión e identidad cristiana, según Mt 10: El mensaje de Cruz que vincula el evangelio de Pedro y Pablo, a partir de las tres mujeres de la pascua (Mc 15-16).

Otros motivos de iglesia y cristianismo  (jerarquía, poder, cierto tipo de «moral»)  son marginales. La identidad del cristianismo  es la Cruz de Dios, la Cruz de Jesús, en la historia de los hombres.

Desde el 1980 (cf. Rev.Communio, imagen) he venido elaborando este motivo  de forma personal y eclesial,  en línea trinitaria y cristológica, «política», ecuménica, moral y antropológica.  Aquí  condenso el tema en 13 proposiciones. Buen domingo.

Mateo 10,37-42 (extracto)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Quien no tome su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí (como yo) la encontrará….

Tema complejo, vida o muerte de la iglesia. Introducciòn

Las reflexiones que siguen intentan fijar los elementos principales del signo cristiano de la cruz, entendida como identidad de Dios, frente a la esfera de un poder que se cierra en sí mismo, a través del eterno retorno de la muerte, como decía Chesterton  poniendo estas palabras en boca de Satán:

«La esfera es razonable, la cruz irrazonable; la esfera es necesaria, la cruz arbitraria. Sobre todo, la esfera constituye unidad en sí misma; la cruz está primordialmente y sobre todas las cosas en discordia consigo misma» (La esfera y la cruz, cap. I).

Frente a la lógica cerrada de la esfera, perpetuamente idéntica, lucha de poder vacío de todos contra todos, el evangelio ha elevado la señal abierta, de la Cruz de Dios,, encarnado en Jesús, como amor de Vida  que se comunica y resucita por la muerte.

Un mundo que no acepte y asuma el camino de amor de la Cruz se convierte en un infierno de eterno retorno de la muerte.  Sólo una cruz, asumida en amor,  la cruz de aquellos que saben sufrir por los pobres y excluidos, haciéndose pobres, regalando su vida en amor y renunciando a triunfar sobre esta tierra (de un modo personal o como iglesia,  como individuos[E1] , tribus o naciones podrán vivir en Dios, serán herederos de su Reino.

Lógicamente, la revelación de la cruz se ha convertido dentro de la historia de los hombres en el signo de la confrontación universal (cfr. 1 Cor. 1, 18 ss.).

9788430106622-esFrente a la cruz chocan y en relación con ella cobran su sentido los símbolos fundantes de la humanidad, estrella y luna, fuego y agua, lo mismo que los nuevos emblemas de la ciencia, la revolución o el progreso: esfera y llana, hoz y martillo.

En las reflexiones que siguen, al lado de ese nivel de confrontación más universal y más lejano de las religiones y culturas, queremos desarrollar nuestro pensamiento en relación directa con la «theologia crucis»  (la teología ce la Cruz) que es más propia de la tradición protestante y católica, reflejada en el siglo XV  por autores como J. Moltmann (El Dios crucificado), E. Jüngel (Gott als Geheimnis der Welt, Dios como misterio del mundo) y J. Sobrino (Bajar de la cruz a los Pobres).

Este es el argumento de las reflexiones siguen. No entraré en polémica, no ofreceré comparaciones técnicas, simplemente expondré en 13 proposiciones comentadas la identidad trinitaria, histórica y cristiana de Dios como Cruz de Amor en la vida de los hombres,  como programa y proyecto de vida de futuro, desde el evangelio de este domingo 13 del tiempo ordinario

  Éste es el motivo clave de la vida humana, como vio el Budismo, como expuso en la Biblia el libro de Job y del Kohelet, pues no hay vida sin cruz, ni amor sin dolor, sin desarrollo personal sin entrega de la vida (al menos en las circunstancias actuales de la historia). Quien quiera vivir ha de aprender a sufrir. Quien quiera hacer algo por los demás ha de aprender a sufrir por ellos. Éste es un elemento esencial de nuestra condición, y se relaciona con el don del amor y con la “suerte” de los perdedores, que saben “ceder” (e incluso morir) para que vivan otros. Una cultura como la nuestra, que no está dispuesta a ceder (a perder incluso) mata a los demás, y está condenada a la muerte. Una iglesia que nos sepa acompañar a los crucificados de la historia no cree en su Cristo.

1. El Dios de la Esfera, un Dios sin cruz es incapaz de amar, no sale de sí, se cierra en un tipo de egoísmo transcendente. No es Dios sino demonio.

Como elementos distintivos del señor de la esfera citaremos la inmutabilidad, la contemplación de sí mismo y la capacidad de imponerse a los otros. Por inmutabilidad se entiende aquella autoidentificación interna por la que Dios supera todo el plano de los cambios, los afectos, las pasiones; lo es todo y por lo tanto nada necesita.

Por ser internamente perfecto, Dios se goza en contemplarse: por eso le llamamos auto-contemplador absoluto: mirándose descubre su propia perfección y descubriéndola se goza y se complace en ella. Frente a los restantes seres que ha creado, Dios se mostrará como Señor; por eso todos han de venerarle.. Ese no sería Dios, sino demonio, como he dicho.

En resumen, Dios sería como una esfera que se cierra inexorablemente sobre sí misma, en círculo de perfección, de tal manera que termina apareciendo ante los hombres como un poder que les subyuga y esclaviza. Para un número considerable de nuestros contemporáneos, la cruz, como opresión debe combatirse, se identifica con la misma existencia de un Dios impositivo que nos somete, infantiliza y esclaviza. Pero este Dios de la esfera no es el Dios de Jesús no es el Dios cristiano.

2. Dios sólo es Dios por ser Cruz, amor  que ama, ser que existe y vive al darse en amor, Dios da su vida a los hombres y sufre con ellos (pues crear es aprender a sufrir).

Frente al señor de la esfera presentan los cristianos el signo de la cruz como expresión de una vida en la que Dios se define, en antítesis respecto a lo anterior, como proceso originante de la creación, amor que se expande y gratuidad que se regala, entrando en la misma creación, comprometiéndose con ella.

Como proceso creador Dios es origen y sentido de la vida que se gesta de un modo efusivo, es el misterio de emergencia primigenia y tiene, al mismo tiempo, un nombre bien concreto: Es Padre, es decir, Aquel que se compromete en la vida del Hijo que brota de su misma entraña. b) En segundo lugar, siendo amor que se expande, Dios se introduce en el mismo mundo que él ha creado, viviendo la vida de los hombres. No es un poder que les obliga a responder por la fuerza, sino amor que Vive en la vida de los hombres, encarnándose en Jesús, a quien llamamos Hijo de Dios. c) Dios aparece finalmente como la misma unión (Comunión) que vincula al Padre con el Hijo: es el regalo del Padre que se ofrece, es la confianza del Hijo que responde; Dios es el Espíritu Santo.

Pues bien, en perspectiva humana, es decir, en este mundo concreto, si Dios es amor (si quiere seguir siendo Dios) tiene que entrar en la cruz de la historia de los hombres, dejándose crucificar por la violencia de los poderosos, para así mostrarse divino: Dios no es divino imponiéndose por encima de la Cruz, sino entrando como amor poderoso en la misma Cruz de la Historia humana.

3. La Cruz pertenece al misterio concreto del Dios de Jesús.

¿Por qué hablamos de dolor al hablar de Dios? Por algo muy sencillo: los cristianos confesamos que el misterio de Dios se está expresado (se realiza humanamente) en la historia de los hombres. Pues bien, frente al Dios de los poderosos, de los que son dominando a los demás, el Dios de Jesús  es decir, en el amor generoso, que se entrega y regala hasta la muerte.

Porque Dios es amor, y amar es estar dispuesto a sufrir, porque Dios es Vida y la vida sólo se expresa y despliega por la muerte (es decir, dando la vida en amor, viviendo en el amor de los otros, muriendo por ellos y así resucitando).

En esta línea, descubrimos que la cruz pertenece al misterio de Dios, como entrega plena, como amor generoso, como muerte por los demás. No es la Cruz que se impone sobre los demás, no es la cruz masoquista del que quiere sufrir sin más… Es la Cruz del que Camina a Paso de Hombre (como Dice San Juan de la Cruz), la Cruz para liberar a los crucificados (para desclavarlos, como dice J. Sobrino).

4. La cruz es símbolo del Padre que regala su vida,la cruz cristiana es Trinidad y es historia

85-484-scaledsale de sí mismo y se hace historia de amor en Jesucristo, dándose plenamente en amor (dando así todo lo que es, su “naturaleza” entera, como dice el Credo). El Padre es el principio de vida que se ofrece. No clausura para sí riqueza alguna, no conserva egoístamente nada. Por eso se da a sí mismo como vida de amor en Jesucristo, acompañando a los pobres, curando a los enfermos, acogiendo a los excluídos. revelándose en su amor hasta la muerte… Allí donde Jesús entrega su vida, se deja matar y muriendo expresa su amor pleno, allí se está manifestando Dios Padre.

Por eso, al confesar en frase bíblica que Dios ha ofrecido a su Hijo (Rom. 8,32), estamos afirmando que Dios se da a sí mismo, es el don pleno, originario y total. Más aún, si Dios entrega al Hijo es por el Hijo: le entrega con el fin de que madure plenamente en el amor (para que sea Amor Total) en estas condiciones históricas (precisamente allí donde los hombres le matan).

Los hombres quieren dominar el mundo por la fuerza; Dios crea vida por Jesús, pero no dominando, sino ofreciéndose en amor hasta la muerte. Esto significa que la plenitud de Jesús como Hijo y la redención de los hombres se unen en un mismo gesto de amor y realización, de entrega y de respuesta (cfr. Hebr. 5, 7-10).

5. No existe primero trinidad de Dios (un Dios de puro entendimiento abstracto y poder) y luego trinidad de amor en Cristo, sino que el Dios vivo y verdadero la Trinidad de amor mutuo del Padre y del Hijo en el Espíritu Santo, tal como se revela en la cruz pascual de Jesucristo.

No hay relación de Padre-Hijo, cerrados en sí, sino que el amor primigenio del Padre (el amor trinitario), se realiza en la cruz de Jesucristo: en el gesto de amor absoluto del Padre que da su vida al Hijo y del Hijo que le responde en amor, desde la misma historia humana. No es que la Cruz sea buena, la cruz es mala, es el gran pecado de los hombres… Pero en esa misma cruz (allí donde los hombre cometen el pecado “original” matando a los inocentes), sufriendo con las víctimas, Jesús expresa todo el amor de Dios.

Dios es el  misterio que nos desborda… Pero nosotros sólo comprendemos su grandeza descubriendo el amor del Padre que se entrega en manos del Hijo, y el amor del Hijo Jesucristo que responde en amor al Padre amando a los hombreses decir, entregándose por ellos hasta la cruz… no porque quiere morir, sino porque quiere amar hasta la muerte, dejándose matar por fidelidad al Reino.

Evidentemente, surge la pregunta: ¿pero no sería preferible que las cosas fueran de otra forma? ¿No sería más divino un tipo de amor sencillamente luminoso, sin rupturas y sin luchas, sin salida de sí mismo y sin entrega? En otros términos, ¿no sería preferible un Dios de gracia abierta y no crucificada? ¡De ninguna forma! Es cierto que de Dios sabemos pocas cosas. Si queremos descubrirle no tenemos más remedio que pararnos y contar la vieja historia de Jesús, el Cristo. Pero eso es suficiente.

En la historia de Jesús se expresa y se realiza el mismo ser divino. Pues bien, como centro determinante de Jesús, la cruz constituye el punto de referencia fundamental en la visión de Dios, el lugar donde se expresa, se realiza y se define el misterio del amor de Dios y de los hombres. Por eso, debemos afirmar que el amor, por su misma naturaleza, incluye dentro de sí mismo un rasgo de cruz.

6. No hay amor sin que uno salga de sí mismo, sin que muera de algún modo por los otros, sin que viva de esa forma en ellos.

De esa forma es el amor de Dios en Cristo, el amor del Padre que vive en el Hijo, del amigo que vive en el amigo, comunión de vida, Espíritu santo. Sólo viven los que aman, entregan su vida y la encuentran en los otros.. Sólo de esta forma la cruz puede mostrarnos la verdad de Dios como lugar de entrega y pascua, muerte, gratitud y vida (es el lugar del Espíritu).

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