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De dos en dos: por qué las discípulos trabajan mejor juntos

lunes, 7 de julio de 2025
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La reflexión de hoy es de Ariell Watson Simon, colaboradora de Bondings 2.0, cuya breve biografía y publicaciones anteriores se pueden encontrar aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 14º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

En la lectura litúrgica de hoy, tomada del Evangelio de Lucas, Jesús comisiona a sus discípulos, enviándolos de dos en dos a curar enfermos, proclamar el reino de Dios y preparar la región para su ministerio. No es una elección tradicional de lecturas para una boda católica, pero cuando mi esposa y yo empezamos a planificar nuestra ceremonia juntos, buscamos en las Escrituras una lectura del Evangelio que reflejara nuestra vocación como pareja queer. Finalmente, nos decidimos por el envío de Jesús a sus discípulos.

Elegimos esta historia porque refleja nuestra experiencia vocacional. Mi esposa y yo, durante nuestros años de soltería, nos comprometimos a seguir el camino de Cristo. Gran parte de nuestro discernimiento matrimonial consistió en darnos cuenta de que éramos discípulos más alegres, más equilibrados e incluso más eficaces como pareja que solos. La sabiduría popular (y la lógica básica) nos dice que «1 + 1 = 2». Pero ella y yo juntos, de alguna manera, parecemos ser tres, ya que el Espíritu Santo multiplica nuestros dones en la relación mutua. Hemos experimentado que un matrimonio cristiano lleno del Espíritu es más que la suma de sus partes. «Mejor juntos» se convirtió en nuestro lema y, con el tiempo, en el hashtag de nuestra boda. Un amigo incluso hizo un adorno para pastel con la frase «Mejor juntos» para nuestra recepción (ver foto abajo), celebrando este tema que ha resonado a lo largo de nuestra vida en común.

Mi esposa y yo trabajamos en servicio directo con personas marginadas. El sueldo puede ser pésimo, las horas largas y las necesidades abrumadoras, pero al final de un largo día, nos cuidamos mutuamente y nos arraigamos en el abundante amor de Dios. Este cuidado y ánimo mutuos nos permiten seguir adelante, y hacerlo con alegría.

Imagino que Jesús tenía estos beneficios en mente cuando encargó a sus discípulos que fueran de dos en dos. Seguramente podrían haber cubierto más terreno si cada uno hubiera emprendido una misión en solitario, pero Jesús decidió enviar a sus discípulos de dos en dos. Quizás tenía en mente la sabiduría del Eclesiastés, que mi esposa y yo elegimos como primera lectura en nuestra boda:

Mejores son dos que uno,
porque obtienen una buena recompensa por su trabajo:

Si uno de ellos cae,
El otro lo levanta.

Pero tengan compasión del que cae
y no tiene quien lo levante.

Además, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calentarán.

Pero uno solo ¿cómo puede entrar en calor?

Aunque uno pueda ser vencido,
dos pueden defenderse.

Además, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente.

(Eclesiastés 4:9-12)

Los comentaristas bíblicos han asumido durante mucho tiempo que los dúos en este pasaje son parejas no románticas de hombres heterosexuales. Pero ¿por qué? Las académicas Joan Taylor y Helen Bond han argumentado que este pasaje probablemente se refiere a parejas de hombre y mujer, que habrían tenido acceso a más esferas sociales en la cultura estrictamente segregada por género de la Judea del primer siglo. Si hombres y mujeres fueran enviados como compañeros de viaje, parece extremadamente probable que fueran parejas casadas. Esto abre dos caminos de interpretación sobre las personas que Jesús podría haber emparejado históricamente para la misión: parejas heterosexuales casadas o parejas del mismo sexo. A caballo entre estas dos líneas, veo el camino que Dios nos ha llamado a mi esposa y a mí: una pareja del mismo sexo enviada a proclamar el reino de Dios en nuestros días.

El matrimonio que no es homosexual rara vez se reconoce, y mucho menos se celebra, como un camino vocacional válido. Pero incluso desde el primer momento en que los envió, Jesús anticipó que no todos recibirían bien a sus discípulos. Les dijo qué hacer cuando esto sucediera: sacudirse el polvo de ese pueblo de sus pies. Los estudiosos dicen que este es un gesto solemne y simbólico. Creo que también es un acto de autocuidado, una invitación a purificarse de los recuerdos ásperos de un rechazo doloroso. Cuando mi esposa y yo hemos sido rechazados, ya sea por nuestra fe, nuestra sexualidad o la intersección de ambas, a menudo siento una sensación generalizada de suciedad. Jesús dijo que, en lugar de permitir que estas irritaciones persistieran, los rozaran y los hicieran sentir impuros, los discípulos debían sacudirse el polvo públicamente. No tenían nada de qué avergonzarse, así que podían «sacudirse«, dejando atrás el juicio.

Sacudirse el polvo de los pies es un acto serio, como lo describió Jesús. Nunca lo he hecho, pero he intentado sacudirme la arena de las sandalias al salir de la playa. Es una torpeza: pararse en un solo pie, a veces dando saltos, y en general sintiéndome tonto e ineficaz. No me imagino sacudiéndome el polvo de los pies mientras mantengo una sensación de ira justificada.

Así que, cuando leo este pasaje, prefiero pensar en «sacudirnos de encima» con la desenfrenada libertad de estar en una pista de baile. Me imagino a mi esposa y a mí rodeados de amigos en la fiesta de nuestra boda, todos bailando al ritmo de la música. Una hora antes, nuestra ceremonia había proclamado que «estamos mejor juntos«, fortalecidos por nuestra unidad para vivir el Evangelio. Ahora, era el momento de liberarnos de la vergüenza y el estigma que nos impone una sociedad homofóbica. Estábamos sudorosos, libres y sin vergüenza, cantando al ritmo de la exitosa canción de Taylor Swift:

«Y los que odian van a odiar, odiar, odiar, odiar, odiar…
Cariño, solo voy a sacudirme, sacudirme, sacudirme, sacudirme
Me sacudo, me sacudo«.

Cuando Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, lo hizo en el contexto de una comunidad mucho mayor de 72 seguidores que hacían la misma obra, en sus propios caminos. Este es el valor de las amistades y aliadas queer: cuando nos reunimos en bodas, graduaciones, ordenaciones y celebraciones del orgullo, nuestra presencia reafirma el llamado de cada una. Juntos nos desprendimos de lo que nos rodea. Juntos encontramos nuestra fuerza como comunidad. En verdad, juntos somos mejores.

—Ariell Watson Simon, New Ways Ministry, 6 de julio de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Con medios pobres”. 14 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,1-12.17-20)

domingo, 6 de julio de 2025
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Con frecuencia entendemos el acto evangelizador de manera excesivamente doctrinal. Llevar el Evangelio sería dar a conocer la doctrina de Jesús a quienes todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Si entendemos las cosas así, las consecuencias son evidentes. Necesitaremos antes que nada «medios de poder» con los que asegurar la propagación de nuestro mensaje frente a otras ideologías, modas y corrientes de opinión.

Además serán necesarios cristianos bien formados, que conozcan bien la doctrina y sean capaces de transmitirla de manera persuasiva y convincente. Necesitaremos también estructuras, técnicas y pedagogías adecuadas para propagar el mensaje cristiano.

En definitiva, será importante el número de personas preparadas que, con los mejores medios, lleguen a convencer al mayor número de personas. Todo esto es muy razonable y encierra, sin duda, grandes valores. Pero, cuando se ahonda un poco en la actuación de Jesús y en su acción evangelizadora, las cosas cambian bastante.

El Evangelio no es solo ni sobre todo una doctrina. El Evangelio es la persona de Jesús: la experiencia humanizadora, salvadora, liberadora que comenzó con él. Por eso evangelizar no es solo propagar una doctrina, sino hacer presente en el corazón mismo de la sociedad y de la vida la fuerza salvadora de la persona de Jesucristo. Y esto no se puede hacer de cualquier manera.

Para hacer presente esa experiencia liberadora, los medios más adecuados no son los de poder, sino los medios pobres de los que se sirvió el mismo Jesús: amor solidario a los más abandonados, acogida a cada persona, ofrecimiento del perdón de Dios, creación de una comunidad fraterna, defensa de los últimos…

Entonces, lo importante es contar con testigos en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora que encierra la persona de Jesús cuando es acogida de manera responsable. La formación doctrinal es importante, pero solo cuando alimenta una vida más evangélica.

El testimonio tiene primacía absoluta. Las estructuras son necesarias precisamente para sostener la vida y el testimonio de los seguidores de Jesús. Por eso lo más importante no es tampoco el número, sino la calidad de vida evangélica que puede irradiar una comunidad.

Quizá debamos escuchar con más atención las palabras de Jesús a sus enviados: «No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias». Llevad con vosotros mi Espíritu.

 

José Antonio Pagola

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“Descansará sobre ellos vuestra paz”. Domingo 06 de julio de 2025. 14º Domingo del tiempo ordinario

domingo, 6 de julio de 2025
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Leído en Koinonia:

Isaías 66, 10-14c: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz.
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
Gálatas 6, 14-18: Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
Lucas 10, 1-12. 17-20: Descansará sobre ellos vuestra paz.

Primera lectura. La alegría del pueblo de Israel cuando contempla su renacer después de todas las amarguras del destierro la muestra el tercer Isaías con la figura del parto y los hijos recién nacidos que necesitan de la madre para mamar de sus pechos y recibir sus consuelos, los llevaran en sus brazos y sobre las rodillas los acariciarán. Están en la mano del Señor y como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo.

La figura de Dios Madre es muy querida para los profetas. Sin duda la experiencia familiar del padre, de la madre y de los hijos, es quizás la más admirable y comprensible para todos, cuando se quiere hablar del amor de Dios.

Cuando la Biblia habla de Dios Padre, ciertamente no está determinando el género masculino de la divinidad. Es cierto que esta denominación y esta traducción están condicionadas sociológicamente y sancionadas por una sociedad de carácter varonil. Pero, realmente, a Dios no se le quiere concebir simplemente como a un varón. Sobre todo en los profetas, Dios presenta rasgos femeninos maternales. La noción de Padre aplicada a Dios, debe interpretarse simbólicamente. Padre es un símbolo patriarcal -con rasgos maternales-, de una realidad transhumana y transexual que es la primera y la última de todas.

El profeta Oseas en el capítulo undécimo, trae uno de los textos más bellos del Antiguo Testamento. La experiencia del amor de Dios hace decir al profeta que el Señor ha ejercido las tareas de un padre-madre con el pueblo. También otros profetas presentan a Dios con características materno-paternales: un Dios que consuela a los hijos que se marchan llorando, porque los conduce hacia torrentes por vía llana y sin tropiezos (Jer 31,9); un Dios a quien le duele reprenderlos: ¡Si es mi hijo querido Efraim, mi niño, mi encanto! Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión. (Jer 31,20).

Esa ternura del amor de Dios queda expresada de manera inigualable en la figura de la madre:

¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré (Is 49,15).

Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo (Is 66,13).

Realmente el pueblo se sentía hijo de Yahveh. Desde la primera experiencia salvífica de Dios en la salida de Egipto, el Señor ordenó a Moisés decir al Faraón: Así dice el Señor. Israel es mi hijo primogénito, y yo te ordeno que dejes salir a mi hijo para que me sirva (Ex 4,23). Y esa seguridad que la experiencia de Dios-Padre daba a los israelitas no les permitía sentirse huérfanos porque, si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá (Sal 27, 10).

La paternidad de Dios evocaba también una atención especial y una relación de protección de frente a aquellos que necesitaban ayuda y cuidado. Los profetas muestran la predilección de Dios por los pobres, los pecadores, los huérfanos y las viudas, en una palabra por todos aquellos que sólo podían esperar la salvación de la intervención amorosa del Padre-Madre que se preocupa más por los hijos desprotegidos y abandonados que por los demás.

Segunda lectura. En la despedida de su carta a los Gálatas, Pablo de manera muy sintética reafirma dos de sus temas preferidos. La salvación no se da por la ley, y el hombre en Cristo es una nueva criatura.

La circuncisión era una muestra clara del cumplimiento de la Ley, pero Pablo les dice a los Gálatas que la salvación no proviene de la ley sino de Cristo. Y se apoya en la Cruz, signo de ignominia para los romanos, los paganos y los judíos, que ahora es el signo de la victoria y de la salvación, y por eso Pablo se gloría en ella, como también todos los cristianos, porque de ella brota la vida.

Circuncidarse o no circuncidarse no es lo importante. Lo importante es renacer como nueva criatura. El mundo de la ley ha muerto. Ya no hay diferencia entre judíos y paganos. Ya no hay circuncisos e incircuncisos, lo único que cuenta es el hombre nuevo, el hombre que es capaz de superar la tragedia del pecado y realizar el proceso de la resurrección de Jesús, para vivir como una persona nueva.

Por segunda vez en el evangelio de Lucas, Jesús envía a sus discípulos a la misión. Ahora la época de la cosecha ha llegado y es necesario muchos obreros para recoger la mies; son setenta y dos, un número que evoca la traducción de los Setenta en Génesis 10, en donde aparecen setenta y dos naciones paganas. Jesús va camino hacia Jerusalén, el camino que debe ser modelo del camino de la Iglesia futura. Salen de dos en dos para que el testimonio tenga valor jurídico según la ley judía (cfr. Dt 17,6; 19,15).

La misión no será fácil; debe llevarse a cabo en medio de la pobreza, sin alforjas ni provisiones. La misión es urgente y nada puede estorbarla, por eso no pueden detenerse a saludar durante el camino; tampoco los discípulos deben forzar a nadie para que los escuchen pero sí es el deber anunciar la proximidad del Reino.

Este modelo de evangelización es siempre actual. Ciertamente es una tarea difícil si se quiere ser fieles al evangelio de Jesús. Muchas veces por una falsa comprensión de la inculturación se hacen concesiones que van contra la esencia del evangelio.

Cuando los discípulos regresan de la misión están llenos de alegría. Hay una expresión que merece un poco de atención: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre. ¿Qué significado tienen los demonios? Una breve explicación del término se dará al final.

Jesús manifiesta su alegría porque se han vencido las fuerzas del mal, porque él rechaza cualquier forma de dominio, y exhorta a sus discípulos a no vanagloriarse por las cosas de este mundo. Lo importante es tener el nombre inscrito en el cielo, es decir participar de las exigencias del Reino y vivir de acuerdo con ellas (cfr. Ex 32,32).

Hay otro motivo de alegría para bendecir la Padre. Sus discípulos son una muestra de que el Reino se revela a los sencillos y humildes. No son los conocimientos lo que permite la experiencia del Reino. Es esa experiencia de Dios por medio del contacto íntimo con Jesús y su seguimiento. Leer más…

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6.7.25. Paz a esta casa… Misión universal cristiana (Lc 10, Dom 14 TO)

domingo, 6 de julio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

Dos discursos misioneros tiene Lucas, Uno para los judíos, con los 12 apóstoles (Lc 9,  1-6).  Y otro para todos los pueblos de la tierra, con los setenta misioneros (Lc 10, 1-12).  El evangelio de hoy recoge el segundo discurso,  que voy a introducir en las reflexiones que siguen.

(1) Anuncio general del reino, según Mc 1, 14-15. (2) Jesús trató de paz, no de pecado y envió a sus misioneros como testigos de paz vida, sin más armas ni riquezas que su propia vida ya pacificada

(2) La palabra central de ese evangelio es: 5Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. 6Y si hay gente de paz,…

La imagen es un porta-paz que se empleaba cuando yo er niño, a fin de la misa,  para ofrecer paz a todos

| Xabier Pikaza

TESTIGOS DEL REINO (Mc 1, 14-15). CAMBIO DE MENTE

 Jesús no tiene conciencia personal de pecado, no estádominado por la angustia de la muerte, sino enriquecido por don de Dios. Pero tenía una inmensa conciencia y sufrimiento por el sufrimientos de los hombres. No salió al mundo a perdonar  pecados, sino a superar enfermedades y dolores.

Muchos profetas y “fundadores” religiosos antiguos se hallaban marcados por un fuerte sentimiento de culpabilidad, de manera que debían ser purificados (cf. Is 6, 5).  Algunos pensadores cristianos han presentado a Jesús como un profeta obsesionado por los pecados de los hombres, en sentido penitencial, intimista, como un predicador horrorizado por la maldad moral de la población, en la  línea de Juan Bautista, como si su mensaje central hubiera sido  “sois pecadores, estáis condenados, aunque añadiendo después, en vez de decir “venid al río, que yo os bautizo”, como Juan, Jesús dice, más bien, venid conmigo y nos perdonamos y amamos unos a los otros

  • 14 Después que Juan fue entregado,
  • marchó  Jesús a Galilea, proclamando el evangelio de Dios
  • 15 Y diciendo: El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios ha llegado.
  • Cambiad de mente  y creed en el evangelio.

Ésta es la experiencia original, el principio y motor del cristianismo. La solución de los problemas que atenazan a los hombres no depende simplemente de ellos, de forma que no se encuentran condenados a buscar su salvación con obras propias, con un esfuerzo duro al servicio del cambio social o personal. Hay algo previo, hay evangelio: Dios existe y viene (está viniendo ya) para ofrecer su reino o señorío salvador para los hombres.

– Se ha cumplido el tiempo. La llegada del Reino marca la plenitud del tiempo. Juan Bautista moraba todavía al otro lado, antes de que el tiempo terminara y se cumpliera; por eso, dentro de la lógica de la profecía israelita, debía mantenerse en actitud de conversión penitencial. Pero ahora, cuando llega el reino que Jesús anuncia, el tiempo (kairos) de los hombres se ha cumplido. Nos encontramos ya del otro lado de la historia. Por eso, frente a las posibles pequeñas conversiones que sólo cambian por fuera lo que existe, dejando que en el fondo todo siga como estaba, Jesús nos ha ofrecido la mutación, es decir, el nuevo nacimiento. Dios nos hace ser, y de esa forma somos: herederos y testigos de su gracia.

-Convertíos…(meta-noeite) Dejad que Dios os cambié, que cambie vuestra forma de pensar, de sentir, de querer… Esta conversión no se expresa ya en forma de arrepentimiento y penitencia, sino en cambio de mente y vida, es decir, como meta-noia,  mutación interior y exterior, no por obra humana, sino por presencia y acción de Dios. Los nuevos creyentes del evangelio no cambian de vida por aquello que son (lo que ellos hacen), sino por lo que Dios hace en ellos. Superando el nivel previo de lucha de la vida, de acción y reacción (de obra y sanción), viene a desplegarse ahora un extenso y gozoso continente de existencia filial, hecha de gratuidad y expresada comofe en el evangelio, es decir, como acogida de la buena noticia de Dios. No es la conversión la que causa el evangelio sino al revés: el evangelio de Dios, que aceptamos por Jesús con fe gozosa, nos convierte, nos transforma, haciéndonos capaces de acoger y construir la familia mesiánica o iglesia.

-Creed en el evangelio. Frente a los principios antiguos de la vida, que son luchas por la supervivencia, fuertes envidias y estrategias de poder (como irá señalando todo el evangelio), Jesús pone a los hombres ante el principio de la fe. No se trata de creer en cualquier cosa, en ejercicio posible de autoengaño, sino de creer en el evangelio, en la buena nueva de Dios que ama a los hombres. De una vez y para siempre, en la tierra Galilea, ha venido a realizarse la mutación humana principal, el cambio que conduce de la vieja a la nueva historia. Al a venida del reino de Dios responde el hombre con fe, es decir, con el propio y fuerte asentimiento. Aceptar el don de Dios, reconocerse amado: esta es la verdad, es el poder del evangelio de Dios en nuestra vida.

Los cuatro momentos anteriores son fundamentales y se implican mutuamente. Viene Dios, ofreciendo al hombre su ser) como evangelio; por eso nos transforma por sí mismo, es decir, desde el principio de su gracia; pero es tan intenso su poder que logra transformarnos de manera humana, haciendo que nosotros mismos nos hagamos seres nuevos.

El evangelio no es anuncio de un Dios que flota por arriba, dejando que la historia de los hombres siga como estaba, sino fuerza superior e interna del Dios que ha penetrado en nuestra vida. Hasta ahora, esa actuación/presencia de Dios no podía realizarse; tenían posibilidad de ser transformados por Dios, pero no estaban dispuestova a ponerla en marcha. Tenían capacidad, pero no escuchaban, tenían posibilidad de transformarse en Dios, pero no se dejaban. Tenían necesidad de que viniera uno distinto, como Jesús, que les transformara y que ellos se dejaran transformar.

Alguien podría decir que Jesús se ha limitado a proclamar, en nombre de Dios, esta buena nueva de transformación, como un simple pregonero que habla y deja que las cosas sigan como estaban. Pero a lo largo de todo lo que sigue, iremos descubriendo que este anuncio de reino es un impulso de reino. Jesús no se ha limitado a proclamarlo, sino que lo ha expandido y desplegado como vida, ofreciéndolo con obras y palabras a los hombres de su entorno (1,14-8,26).

Jesús no ha pedido nada. No ha exigido nada. Simplemente ha querido que hombres y mujeres “escuchan” su palabra, que crean en ella, que la acepten y se dejen transformar por su ofrecimiento y su llamada. Jesús sitúa a sus oyentes en la misma actitud del Shema israelita (Dt 6, 4 ss): Escucha Israel. Esto es lo que Jesús pide a sus oyentes: Que escuchen, que se dejan transformar (recrear) por su voz, por su llamada de Evangelio. Jesús no aparece como un suplicante que implora a Dios agua para el campo, hijos para la familia, fortuna para la casa, vida para los enfermos… Simplemente ha ido en busca de Dios, con los penitentes del Bautista y ha escuchado la voz ¡eres mi Hijo! descubriendo que Dios no pide penitencia (que nos sacrifiquemos ante él), sino que nos ofrece gracia.  No nos pide nada, sino que nos da todo lo que tiene, para que seamos con él y como él.

  1. El Reino es Palabra de Dios que nos llama, dialoga con nosotros, haciéndonos capaces de palabra, conversando unos con otros. Escuchar la palabra y responde a ella, eso es el Reino. No viene a través de una victoria militar externa, sino por una palabra que nos dice que seamos. Escuchar esa palabra, eso es el Reino. de los hombres (donde aparece y se despliega la Palabra de Dios). El Reino es palabra compartida, no propaganda para comprar, publicidad comercial para vender, sino  ofrecimiento gratuito de vida, que viene de Dios y que los hombres pueden compartir, amorosamente.
  2. El Reino es curación, esto es, salud: Que hombres y mujeres puedan no sólo decir y escuchar palabras aisladas sino vivir en plenitud, compartiendo la vida. En esa línea, el evangelio identifica el Reino de Dios con la Salud, que es Vida abundante, que los hombres y mujeres aceptan como don de Dios, viviendo en transparencia, encontrando y compartiendo así vida unos en otros. Entre la Palabra y la Salud hay una conexión recíproca: la misma Palabra cura y la salud hace posible que los hombres compartan la Palabra.
  3. El Reino es encuentro de amor, presencia de Dios en los hombres/mujeres (de los hombres/mujeres en Dios), siendo así comunicación amorosa de unos con otros (en) otros. No se trata de creer unas verdades separadas de la vida, sino de vivir en fe, es decir, de “creerse”, comunicándose la vida. Ésta es quizá la nota distintiva del Reino que Jesús anuncia. Todo es de Dios (Dios es todo) y, sin embargo, los hombres y mujeres han realizarlo todo, no esperando que llegue de un modo pasivo, sino haciendo que llegue, siendo ellos mismos profetas mesiánicos, en comunicación de amor. En ese sentido decimos que todo hombre/mujer es Mesías, porque Dios actúa cada uno, de tal manera que podemos añadir que cada hombre (especialmente el más pobre) es Dios para los restantes hombres y mujeres [1].

  Jesús no es un “filósofo” que habla de Reino en teoría, ni un político que quiere instaurarlo por fuerza, sino alguien que lo anuncia y comienza a construirlo ya, aquí mismo, desde la periferia de los campesinos-artesanos de Galilea, recreando así la experiencia israelita, no a solas, sino con aquellos que quieran seguirle vincularse en Dios por su palabras

El Reino es pan: que los hombres vivan .No es sólo palabras, que los hombres y mujeres se comuniquen entre sí, sino que vivan, que compartan mutuamente la comida, no el dinero en abstracto, ni un tipo de posesiones materiales, sino el alimento de cada día, pan nuestro, que nos hace hermanos, palabra común vida que nos regalamos unos a otros.

El Reino de Dios es banquete, no alimento material, sino  comida compartida. (Lc 14, 16-24; Mt 22, 1-14; cf. Ev. Tom 64). Según un tradición antigua, Dios había preparado su comida para todos y de un modo preferente para los “buenos judíos” (representantes de unas “clases” superiores, “elegidas”). Pero, siguiendo la inspiración y experiencia del Bautista, Jesús ha descubierto que los invitados preferentes han rechazado la llamada: No han venido, ni quieren que otros vengan a compartir su banquete. En ese contexto, Jesús se ha sentido enviado por Dios para ofrecer la invitación a los “cojos, mancos, ciegos”, expulsados por razones económicas, sociales y/o religiosas (que vagan por plazas y caminos: cf. Lc 14, 21-23).

El Reino es Comunión, comida para todos, superando las fronteras de los hijos, “elegidos” de Israel, como muestra el pasaje ejemplar de la siro-fenicia que pide para su hija las “migajas” de la mesa de los hijos del reino (cf. Mc 7, 28). Avanzando  en esa línea, un nuevo pasaje afirma que vendrán personas de todas las naciones (de norte y sur, levante y poniente), para tomar parte en el banquete final, que no es comida para cuando el mundo acabe, sino para este mismo mundo, empezando por los antes excluidos (Mt 8, 11-12; Lc 13, 28).Siendo del todo israelita, el mensaje de Jesús es totalmente universal, de manera que, en último término, sólo puede expresarse y expandirse allí donde se abre a todos, empezando por los pobres.

El Reino es vida para los condenados a muerte en el mundo. He comenzado presentando el Reino como pan: que hombres y mujeres puedan comer cada día, compartiendo los dones de Dios (de la tierra) con gozo y salud.

 El hombre no ha sido creador para producir, sino para compartir. Hasta el momento actual (siglo XXI), los hombres han aprendido a producir, no a compartir y, en general, cuanto más producen menos comparten. Así sucedía ya en la sociedad urbana y comercial de Galilea, en tiempos de Jesús. Desde ese contexto se entiende la opción de Jesús, que abandona la producción de bienes materiales y deja el trabajo (pues cuanto más se progresa y produce en una línea menos suele compartirse en otra) para enseñar a compartir y compartir con más intensidad, en actitud de gracia, no sólo su palabra, sino su pan con los hombres y mujeres de su entorno. ¡Hay una producción de bienes materiales que es en realidad  una fábrica de hambre! Por eso,  Jesús no enseña a producir (¡eso ya lo sabían los hombres de su tiempo y lo saben los del nuestro!), sino a comunicar la vida en gratuidad, compartiendo así los bienes, que pueden mostrarse de esa forma como una señal de Dios.

-Un proyecto desde la pobreza. Sólo allí donde se aprende a compartir, por don de amor, no por imposición, se puede vivir en gratuidad. Eso significa que el Reino es un “regalo” que viene de Dios, pues Dios mismo es regalo que se expresa allí donde los hombres y mujeres comparten lo que son y lo que tienen, de manera que su vida y sus bienes se convierten en signo y mediación de amor. Desde ese fondo, Jesús empieza a actuar como profeta de los  campesinos desposeídos de Galilea, haciendo que ellos mismos puedan confiar (¡son hijos de Dios, herederos del Reino!) y abrir un camino de pan y amistad, no para imponerlo por la fuerza, sino para acogerlo, regalarlo, cultivarlo, de un modo gratuito. Jesús no quiere la pobreza, sino la comunión, una comunión que sólo puede surgir allí donde los hombres y mujeres superan el deseo de posesión particular e inician un camino de comunicación gratuita y creadora de vida,  desde, con los pobres, al servicio de la vida de todos.

La novedad de Jesús es que el Reino se instaura a partir de los pobres (no desde los sabios, ricos, fuertes soldados u observantes religiosos). El Reino de Dios no se impone ni realiza por la fuerza, desde arriba (a través de una victoria militar), ni se logra con más producción (por riqueza), sino que  “está viniendo” como gracia (desde Dios), a partir de los expulsados de la sociedad, allí donde ellos se acogen y aman entre sí, para abrirse, al mismo tiempo, a los propietarios (productores, sedentarios), para ofrecerles su riqueza de  Reino (curación) y recibir lo que ellos puedan ofrecerles (casa, alimento),  iniciando una experiencia de vida común, donde la producción y comunicación se vinculan mutuamente, como seguiremos indicando.

En este contexto, recreando las promesas davídicas, Jesús descubre que no hace falta un rey más poderoso (para imponerse sobre todos), ni un propietario más productor y un rico más rico (fabricando comida para todOs),  pues el Reino empieza a desplegarse desde el amor de los más pobres (campesinos sin campo, artesanos sin “arte”, prescindibles), portadores de una vida/salud que ellos ofrecen a los ricos/productores y lo hacen de tal forma que éstos puedan y quieran acogerles, poniendo su posesión y producción al servicio de todos.

En ese sentido, el reino es perdón, la  vida como regalo, más que como ley. No llega a través de la toma de poder  de los ricos/poderosos (ni de pobres que toman el poder, como han querido algunos celosos), pues Dios no es poder, ni de unos, ni de otros, sino impulso de amor que proviene de los más pequeños  que pueden sanar a ricos, a fin de que todos vayan en comunión con todos [2].

COMO JESÚS. MISIONEROS PORTADORES DE PAZ

Juan Bautista esperaba y preparaba a los hombres para el paso del desierto a la tierra prometida, por medio del Juicio (hacha, huracán, fuego), pues parecía que el pecado dominaba sobre el mundo. Jesús, en cambio, sabe que el mundo es de Dios, no del pecado y que el tiempo (kairós) del pecado se se ha cumplido, de manera que el Reino (basileia) ha venido y está ya presente. Por eso invita a sus oyentes a que crean, es decir, a que acepten la buena noticia (Evangelio), dejándose cambiar por ella, pues el impuso de vida es la gracia de Dios, no el pecado.

– Jesús no tiene conciencia personal de pecado, no estádominado por la angustia de la muerte, sino enriquecido por don de Dios. Muchos profetas y “fundadores” religiosos antiguos se hallaban marcados por un fuerte sentimiento de culpabilidad, de manera que debían ser purificados (cf. Is 6, 5).  Algunos pensadores cristianos han presentado a Jesús como un profeta obsesionado por los pecados de los hombres, en sentido penitencial, intimista, como un predicador horrorizado por la maldad moral de la población, en la  línea de Juan Bautista, como si su mensaje central hubiera sido  “sois pecadores, estáis condenados, aunque añadiendo después, en vez de decir “”venid al río, yo os bautizo”, como Juan, dice, más bien, venid a mí que yo os perdono.

(b) Posiblemente él tenía conciencia de pecado  cuando era discípulo de Juan y esperaba su bautismo (cf. Mc 1, 9).Pero, habiendo  recibiendo  el bautismo de Juan,, tras haber escuchado la palabra de Dios que le “engendra” diciéndole “tú eres mi Hijo”, Jesús  ya no tienes conciencia de pecado. Dios no le ha dicho “antes eras pecador” pero yo te he perdonado, sino que le dice “tú eres mi hijo, en ti me he complacido”. Por eso es desde ahora y para siempre, Jesús es  un hombre de paz, de manera que sus discípulo, compañeros, han de ser también portadores de paz En esto se distingue radicalmente el bautismo de Jesús de la experiencia de nacimiento profético de Isaías, conforme a la cual Dios le dice “ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado” ( וסר עונך וחטאתך תכפר Is 6, 8). Isaías es un perdonado, conforme al rito de expiación de Lev 16. Jesús, en cambio, es un amado, que nace del amor de Dios, sin pecado.

(c) No teniendo conciencia de pecado, en sentido moralista, Jesús no ha centrado su misión en el ofrecimiento de perdón por el pecado, sino en el ofrecimiento  y despliegue de paz como principio y contenido del reino. No va diciendo a los hombres “Dios os perdona”, sino ¡paz con vosotros, llega el Reino. Jesús no ha tenido señales de angustia o sentimiento de culpa ante Dios, ni ha ido por Galilea perdonando de un modo “altivo” (por superioridad)  a otros hombres y mujeres diciendo “yo os perdono” situándose así por encima de ellos) Éste no es un dato “moralista” secundario sino el elemento “teológico” esencial de la vida y mensaje de Jesús, que ha superado el nivel moralista y penitencial de Isaías y de Juan Bautista (para perdón de los pecados), iniciando así una misión de amor (de nuevo nacimiento, curación y vida), en paz que es amo por encima de los pecados. En ese sentido, lo que llamamos “perdón de Jesús”, no ha de entenderse en sentido penitencial (de arrepentimiento y cambio externo, sino en sentido filial de “nuevo” o más alto nacimiento.

(d) Este mensaje y camino superior de paz (nuevo nacimiento) de Jesús se sitúa por encima del nivel penitencial del templo de Jerusalén, con sus sacrificios expiatorios y sus rituales sacrificiales. En ese sentido debemos entender el mismo Padrenuestro, que en su versión original no dice “perdona nuestros pecados (ἄφες ἡμῖν τὰς ἁμαρτίας ἡμῶν: Lc, 11, 12,), sino “perdona nuestra deudas” (ἄφες ἡμῖν τὰ ὀφειλήματα ἡμῶν: Mc 6, 12). El templo era por entonces una inmensa “máquina” sacrificial y  clerical de perdonar pecados… Pero  Jesús no va al templo, para dejarse perdonar, ni para perdonar a otros a través de esa máquina de sacrificios, sino que vive y expresa el perdón en casas, campos y  caminos, acogiendo, dialogando, dejándose querer y queriendo, ofreciendo así una terapia de vida/perdón por la que enseña a los hombres y mujeres a quererse y perdonarse mutuamente, en gratuidad, superando todas las “deudas”. Jesús no dice a los ·pecadores” “yo” os perdono, insistiendo en su yo, como si él pudiera perdonar y los otros no… (casos como el de la adúltera de Jn 8 o el paralítico de Mc 2, 5 par han de entenderse de un modo especial), sino mostrando que Dios  ha confiado a los hombres la autoridad y gracia del perdón (Mt 9, 7; en otra perspectiva, cf. Jn 20,21-23).

 Este mensaje de perdón de Jesús no es una enseñanza más, entre las enseñanzas de los escribas judíos de su tiempo, ni un elemento del mensaje de Jesús entre otros, sino la raíz y el argumento central de su enseñanza, que la tradición de los evangelios ha vinculado a su bautismo (Mc 1, 9-11 par). Éste es el gran cambio, el nacimiento mesiánico de Jesús como “hijo de Dios”, nacido en la historia de los hombres.

Todo lo anterior forma parte de su vida como israelita, discípulo de Juan, compañero suyo en el desierto del Jordán junto al río.  Como un israelita ha venido Jesús para bautizarse en río de Juan Bautista. Parece uno más entre todos los que vienen, y como uno más le acoge y bautiza Juan.   Pero lo que entonces comienza es totalmente distinto.

Estando ya mi casa sosegada

Tras haber sido Bautizado (Mc 1, 9) y haber salido del agua penitencial, habiendo cumplido y superado el camino  de arrepentimiento israelita, Jesús queda integrado en el amor gratuito de Dios, que es vida  y nuevo nacimiento, amor mutuo, por encima incluso de todas las deudas a las que puede aludir Mt 6, 12, conforme al lenguaje de la iglesia (Rom 3, 8-10), donde ya no hay deudas, sino que todo es gratuidad.

 Jesús descubre al Dios Padre, que le llama Hijo, afirmando que ha puesto en él sus complacencias, concediéndole su Espíritu Santo, para transformar en palabra y amor la vida de los hombres. De un modo consecuente, agradeciendo al Bautista su enseñanza de juicio y de muerte y enfrentándose al poder diabólico, Jesús vuelve a Galilea, su tierra, para anunciar con-versión (meta-noia), pasando de la amenaza de pecado  a la promesa de vida, como ofrecimiento de paz (Mc 1, 12-15).

Esta es la palabra clave del segundo mensaje misionero de Lucas. El primero (Lc  9, 1-6), dirigido los 12 “apóstoles”, para los judíos,  está tomado de Mc 6, 6-13 y se centra en la curación de enfermos endemoniados y en el anuncio del Reino de Dios. El segundo (Lc 10, 1-12), reelaborado a partir del documento Q (cf. Mt 10, 7-16), está dirigido a los setenta discípulos de la misión universal de Jesús, tras la pascua, en una línea más paulina y   contiene las palabras más significativas del evangelio, centradas en la “paz” :

 2Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies…

  • 4No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
  • 5Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”.
  • 6Y si hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
  • 7 Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan…9curad a los enfermos … y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lc 10, 2-9).

           Esta es la palabra y misión central: Ofrecer la paz con vuestra propia vida, más que con teoría. Si no reciben la paz, si no la aceptan, no la perdáis vosotros. Quedad en paz y salid, buscando nuevos lugares donde ofrecer la paz de de Jesús, que es paz de la humanidad entera vida.

NOTAS

[1] Cf.  Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños (Mt 25,31-46), Sígueme, Salamanca 1984.

[2] A través de la toma de poder religioso, económico o militar no llega el Reino de Dios, sino un tipo de imperio que termina imponiéndose al fin sobre todos, para hacerles sus esclavos. El Reino implica pan (abundancia de bienes), pero no un pan que se produce y ofrece a todos por presión social, vinculada al “poder”, sino un pan de gratuidad, que los hombres y mujeres pueden compartir, desde los más pobres, todo aquello que son y tienen, abriendo un camino que culmina en la Cena de Jesús, Mc 14, 25

***

6.7.25. Dom  14 TO. Nueva misión cristiana: Cuando entréis en una casa…


Presenté ayer el tema, comentado el evangelio del domingo (Lc 10) en el que Lucas describe la segunda misión cristiana, la de los  70 misioneros, para todo los pueblos del mundo.

Esta es una misión dirigida a las familias como grupos de convivencia y vida, y no a personas por aislado.  Es una misión centrada esencialmente en la paz, no en un tipo de cambio interior meramente espiritualista. Así dice su párrafo central: 

-Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz….  

No se trata de cambiar personas separadas, sino de recrear las relaciones humana (familias, casas, comunidades de experiencia y camino de vida compartida). Esta misión de los 70  no pretende curar a individuos aislados, sino crear comunidades de diálogo y amor mutuo, superando la guerra..

Lo contrario al cristianismo no son personas incrédulas  en sentido subjetivo, sino comunidades humanas que no viven en paz. superando en comunión la guerra.

| Xabier Pikaza

Introducción

La nueva misión cristiana del siglo XXI ha de ser como quería el Papa  Francisco “misión de familias, de los antiguos y nuevos grupos sociales en línea sinodal, no para conservar sin más las relaciones que hay (en una vía en parte  muerta), sino para crear desde Jesús nuevas vías de familia y de comunicación universal humana

Sirvan estas reflexiones de introducción al tema. Dentro de dos días seguiré, pues quedará sin duda materia pendiente.

    Por naturaleza e instinto los vivientes nacen dentro de un nicho ecológico, que ellos pueden adaptar por instinto: “Las zorras tienen madrigueras, los pájaros hacen nidos, los hombres, en cambio no tienen donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20):

Vienen al mundo indefensos, han de ser acogidos, cuidados y educados largos años, en familia. No tienen casa previa, han de hacerla, haciéndose a sí mismos, en un plano personal y social, cultural y religioso. Así lo ha sabido Jesús, que acepta su desamparo radical de hijo del hombre), para iniciar así su gran tarea de ser (=hacer) casa para aquellos que no la tienen.

    Esa tarea (hacer casa) vincula y define todos los hilos de la vida, desde la posesión del suelo hasta la arquitectura, con implicaciones personales, sociales, laborales y económica, siempre con el riesgo de construir sobre arenas movedizas y no sobre roca, como pasa hoy en España (Mt 7, 24-27). La casa no es un problema más, es “el problema”, como muestra la crisis sangrienta en que vivimos, con una economía desquiciada y desalmada que se muestra en la especulación (hacer casa para enriquecerse a costa de otros) y al desahucio de los pobres.

Esta tarea no se arregla con un ligero barniz ornamental, sino que necesita un toque más hondo, estructural y personal, económico y financiero, político y moraly, en el fondo, ecológico, en sentido radical humano. Ciertamente, un tipo de riqueza es importante para casa en el sentido de “haus” (mansión esteran), pero no para ser “home”, convirtiendo así la casa en hogar, espacio habitado de humanidad, en familia y amor, en acogida y ternura.

    Estamos en centro de una gran crisis de casa, casa, unos por pobreza material (errantes sin casa sobre el mundo)…, otros por exceso de riqueza, pero sin humanidad. Tal como están las cosas, la crisis en esa doble dirección no ha hecho más que empezar. O cambiamos mucho o nos destruimos. La Biblia puede ayudarnos a caminar en la buena dirección.

Israel, una casa

     Los hebreos (nómadas de estepa, emigrantes, evadidos de Egipto, cananeos pobres…) lograron superar su desamparo y construir un pueblo donde cada familia tuviera su propia casa y todos una Casa Común. Tardaron siglos, entre dificultades y crisis económicas, sociales y religiosas, pero lo intentaron, como sabe la Escritura. Creyeron ser casa de Dios y en parte lo fueron.

Su construcción siguió un ideal agrario de autonomía: Cada familia era y tenía una casa, con un campo propio, y estaba gobernada por un padre que mantenía unidos a los miembros del grupo (bet-ab, casa paterna), vinculados en clanes sociales más amplios, de manera que todos pudieran vivir tranquilos, cada uno “bajo su parra y su higuera” (cf. 1 Rey 4, 25), bajo un techo propio. Como garantía de unidad y justicia social, los judíos construyeron la Casa Común de Dios (el templo de Jerusalén) y desde ese trazaron las leyes del año sabático y del jubileo (que culminan en Lev 25), garantizando a todas las familias una casa y propiedad en Israel.

En principio no podía desahuciarse, ni expulsarle de su casa a nadie durante más de siete años, y además debían rescatarle (acogerle) sus familiares. De todas formas, ese ideal no logró imponerse nunca del todo (y hubo que dictar leyes de protección para emigrantes, huérfanos, viudas y esclavos sin casa), para remediar las situaciones de desamparo. No lograron ser perfectos aquellos judíos, pero lo intentaron y sus leyes sociales eran mucho más justas que las nuestras.

    A pesar de ello, en tiempos de Jesús, muchos judíos (en especial galileos) cayeron bajo la opresión de los poderes políticos y económicos vinculados al Templo y al Imperio de Roma, perdiendo sus casas “materiales”, en manos de la oligarquía dominante, perdiendo sus hogares por ruptura social y familiar, en una situación parecida a la nuestra (año 2019).

Jesús, arquitecto

Mc 6, 3 le presenta como tekton, constructor (albañil, herrero, carpintero) , y su oficio era hacer casas, como artesano subordinado, al servicio de los nuevos terratenientes ricos de las ciudades controladas por emperadores, reyes (Herodes, Antipas…) y sacerdotes (Anás, Caifás…) dedicados a la megalomanía de las grandes edificaciones (templos, puertos, palacios…), mientras los pobres perdían tierras y casas, por deudas y embargos.

Un día descubrió que su tarea no era construir más casas para el sistema económico, sino salir a la calle para iniciar una conversión-revolución de tipo social y familiar, económico y religioso, a fin de que todos pudieran tener no sólo casa-edificio  en la tierra de Dios sino casa-familia entre los hijos de Dios.

    A partir de ese descubrimiento, Jesús se liberó sin sueldo y, dejando su trabajo de tekton-constructor, se hizo arqui-tekton del Reino de Dios a fin de que  todas las familias tuvieran casa, empezando por los expulsados sociales, cojos-mancos-ciegos, leprosos-excluidos. No hizo casitas para pobres sin techo en las laderas y costas de Galilea, sino algo anterior: Les ofreció dignidad y conciencia, solidaridad y deseo de vivir, para que ellos mismos pudieran crear casa (construirla y compartirla). Su revolución tuvo dos rasgos principales:

‒ Llamó a los sin techo (nómadas de la vida, itinerantes) y los envió para curar-transformar a los propietarios ricos, que podían ser enfermos de la vida (de su orgullo y su prepotencia…). No empezó desde arriba, cambiando le economía del César de Roma con sus gobernadores y reyes. La buena nueva de la Casa de Dios (para todos) debía empezar desde los pobres, excluidos, sin-techo, portadores de una nueva esperanza de vida y casa compartida. Éste fue el oficio de Jesús “tekton” (arquitecto), constructor de casas de humanidad, abiertas a los pobres y excluíos, a los impuros  y a los niños.

‒Creyó que los ricos podrían cambiar por el testimonio y palabra de los pobres, pero no por guerra militar (como querían los celotas), por conquista armada de Jerusalén, sino por transformación social, personal…. No se trataba de controlar el poder existente (para que todo siguiera lo mismo, aunque con nuevos dueños), sino de superar una estructura de poder que expulsaba de la casa a los pobres e impedía que los ricos pudieran tener verdadera casa/hogar (fogueera, sukalde, etxea, en el sentido radical de ls palabra). Pensó que los ricos podían cambiar y construir hogares, pero sólo acogiendo a los pobres.

     Jesús, el tekton de casas materiales, al servicio del orden establecido, se hizo así arqui-tekton, constructor de una humanidad reconciliada, a partir de los pobres. Por eso criticó a los viñadores homicidas (especuladores, sacerdotes), que se habían adueñado de la “finca” para su servicio (Mc 12, 1-12). Evidentemente, esos constructores que habían tomado la viña, para construir en ella sus palacios y templos, le juzgaron y mataron, oponiéndose así a la revolución de los pobres. Pero los cristianos saben que su muerte no fue en vano y que Dios le convirtió en “piedra angular” de la nueva casa del Reino (Mc 12, 10, cita de Sal 118, 22).

    La cuestión de fondo era el Templo que debía ser “casa de oración”, es decir, de diálogo y encuentro, de fraternidad y gozo para todos, y de un modo especial para los pobres (es decir, un tipo de Parlamento, al servicio de la justicia y la igualdad). Pues bien, los sacerdotes y senadores (aliados con Roma) lo habían convertido en “cueva de ladrones” (Mc 11, 17), para legalizar sus intereses financieros, mientras los pobres, a quienes Jesús prometía el Reino, quedaban sin casa.

     No le mataron por cuestiones religiosas separadas de la vida, sino por intereses muy materiales pero, al mismo tiempo, muy humano, muy social, vinculado a la construcción de hogares de humanidad, abiertos a todos, en especial a los más pobres. Evidentemente, conspiraron contra él y le mataron los sacerdotes de Jerusalén, que habían pactado con Roma, para seguir siendo dueños de la Casa/Templo (con devotos sometidos y dinero), convirtiendo la religión en un mercado, cueva de bandidos, mientras los pobres no tenían casa familiar, como he puesto de relieve en mi Historia de Jesús (Verbo Divino, Estella 2013).

Evangelios, la casa

Los cristianos no empezaron formando una nueva religión instituida, sino una federación de casas inter-dependientes, abiertas, desde y para los pobres, creando redes de comunicación y de vida fraterna, casas-familias, impulsadas por el testimonio y presencia de Jesús, a quien descubren como resucitado. Entre los diversos grupos hubo divisiones y tendencias, pero en todos formaban una “ekklesia”, una asamblea de personas y familias, compartiendo casa y esperanza,  edificio y comida, fuego, luz, espacio de comunión donde los niños fueran recibidos…. Podríamos fijar los tipos de casas de la Iglesia primitiva (en el documento Q en los escritos de Pablo), o presentar la iglesia como casa-para-los-sin-casa (1 Pedro),  pero he querido centrarme Marcos,, que ratifican de forma solemne la experiencia de la casa cristiana.

Marcos describe la forma en que los “señores” del mundo (gobernadores, sacerdotes) mataron a Jesús para mantener su “casa” (imperio, templo) como negocio sobre el pueblo. Su visión de los seguidores de Jesús se resume en tres símbolos centrales que son Pan, Casa y Palabra, como destaqué en un libro titulado precisamente así (Sígueme, Salamanca 1998). Ese convencimiento me ha llevado a redactar un largo comentario del Evangelio de Marcos (Pan, casa y palabra, Verbo Divino, Estella 2012), poniendo como centro del mensaje de Jesús la experiencia y tarea de la casa.

Desde ese fondo se entiende la palabra y tarea central de Jesús: “Quien deje casa o hermanos… por el evangelio tendrá cien casas y hermanos…” (cf. Mc 10, 28-31).Jesús no pide a los suyos que dejen la casa por ascetismo o mendicidad, sino por el evangelio: Por comunión con los pobres, para compartirla con ellos, creando espacios de familia más amplia. El problema no era (ni es) que no haya casas (¡las hay, y muchas…!), es que no se comparten. Los ricos hacen casas para su disfrute privado, no para bien de todos.

El tema de fondo no es de pobreza, sino de participación; Jesús no quiere que sus amigos quemen casas, sino que las compartan, de manera que así se multipliquen. Ésta es su nueva contabilidad, su “mercado de Reino: No se trata de tener contra los otros (multiplicando así los millones propios), sino de tener con y para todos, disfrutando así el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas.

Un esquema de casa

Principio. Casa (oikia, oikos) es lugar de reunión y comunidad reunida. La nueva familia de Jesús, formada por hermanos/as, hijos y madres (sin padres de tipo patriarcal: 3, 31-35; l0, 29-30), aparece como casa en Marcos. Los seguidores de Jesús no son sinagoga (estancia judía de oración y estudio de la ley) ni iglesia en el sentido posterior de comunidad sagrada, sino casa y/o comunión fraterna. Frente al templo nacional israelita, construido en jerarquía sobre el privilegio de los sacerdotes, Jesús edifica la casa de Dios (cf. 12, 10-11), abierta a todas las naciones (11, 17). Lógicamente, le condenan pues ello implica la «caída» del templo israelita (11, 12-14; 14, 58; 15, 29).

Textos. Jesús ha iniciado un movimiento laical de personal que abandonan templo y sinagoga para convivir y descubrir el sentido de Dios (el mesianismo)en la casa familiar donde se juntan, dialogan y oran:

Casa de Simón y Andrés, lugar la curación (resurrección) y servicio (1, 29), frente a sinagoga «de ellos» (judíos) donde habita el hombre impuro (1, 23)

Casa de curación y perdón criticado por los escribas (2, 1-12), casa del publicano que invita a Jesús y sus discípulos, superando la ley de pureza de los escribas de los fariseos (2, 15-17).

Casa de familia donde Jesús reúne al «corro» de madres, hermanos/as, que cumplen la voluntad de Dios, superando la crítica de escribas y familiares antiguos ( 3, 20-35).

Casa del Archisinagogo que se hace creyente con su esposa, pues entra Jesús con tres discípulos y cura a la hija enferma/muerta (5, 35-43).

Casa de libertad y universalidad mesiánica (7, 17; cf. 9, 28), por encima de la ley de los escribas, con pan/curación para los gentiles (7, 24-30).

— Casa de igualdad/fidelidad matrimonial (10, 10), donde el niño es el más grande (9, 33)

Casa de Simón leproso, donde la mujer unge a Jesús para la sepultura y se anuncia (anticipa) la misión universal (14, 3-9). En esa línea se puede hablar de una casa eucarística, aunque Marcosn o llama al cenáculo casa sino habitación superior (katalyma:14, 14) donde Jesús instaura su pascua.

— Conclusión. La casa no es negocio, sino experiencia de humanidad  Una humanidad económica y políticamente enferma como la nuestra (Europa, España 2025), donde es muy difícil ganar lo suficiente para construir/comprar una casa es una injusticia estructural.  El hecho de que muchos jóvenes o menos jóvenes no puedan tender posibilidades de construir/edificar una casa constituye un problema que es más que económico y político, un problema estructurl, de humanidad.

Mateo sigue básicamente a Marcos y pone en el centro de su mensaje el tema de la casa, pero añadiendo que Jesús quiso edificar (oiko-domeô) una casa universal, dando las llaves a Pedro para que todos pudieran habitar en ella, prometiendo que nada ni nadie (ni siquiera el infierno, ni el neo-capitalismo) podría destruirla (Mt 16, 18-19). Esa ha sido su alternativa judeo-mesiánica de la casa frente a la casa judeo-sacerdotal de Jerusalén, convertida en cueva de bandidos, dando a Pedro recibió la función (a veces no cumplida) de abrir la casa de modo que todos pudieran tener cabida en ella.

Esa visión se expresa en la parábola del juicio (Mt 25, 31-46), donde el tema de la casa (los sin-casa, extranjeros…) se inscribe en un contexto más amplio de necesidades personales, familiares y sociales (hambre, sed, desnudez, enfermedad, cárcel). Centro de esas necesidades son los sin-ropa (dignidad) y de los sin-casa (xenoi, extraños), que son los que vienen de fuera (emigrantes no acogidos) y también (como en nuestra sociedad) los expulsados (desahuciados) de las casas. En contra de la injusticia actual, el centro del proyecto de Jesús es acoger (ofrecer casa) a los que, por diversas circunstancias, no la tienen.

Lucas introduce en su evangelio algunas novedades de tipo económico y social, pero ha concretado su proyecto de Reino en el libro de los Hechos, presentando desde el principio la utopía de la casa común (cf. Hech 2-4). Los primeros cristianos formaron una “federación de casas”, compartiendo la fe de Jesús y la comida. No tenían apenas estructuras exteriores, pero se reunían en las casas de los miembros (hermanos), convertidas en espacios de comunicación monetaria (¡bienes, comida!) y personal, de acogida y diálogo abierto en especial a huérfanos, viudas y sin-casa (cf. Hch 6).

    Aquí se planteó el primer gran problema de la Iglesia, que Pablo interpretó como “dogma” central del evangelio: Las comidas compartidas en las casas de la Iglesia (Hch 15; cf. Gal 2, 5.14). Algunos querían “comidas y casas separadas” (para judíos por un lado, gentiles, por otros…). Pablo, en cambio, recordó que según Jesús todos los creyentes debían ser acogidos en las casas de la comunidad, compartiendo dignidad y comida. Así entendió el evangelio en forma de relación de casa y mesa, en comunión abierta a judíos y griegos, hombres y mujeres, libres y esclavos (Gal 3, 28). El problema de la Iglesia no es de ley ni clero, sino de casa y comida.

Juan ofrece una doctrina absolutamente necesaria para entender y resolver el tema, como indicó Caifás, Sumo Sacerdote, afirmando que debía morir Jesús, para que se mantuviera el “orden de la casa”, el sistema religioso y social de la oligarquía de Jerusalén, vinculada a los romanos, que concede casas a unos y expulsa a otros (Jn 11, 47-53). Esa doctrina sigue siendo esencial en nuestro tiempo: Para que el sistema siga deben “morir” los pobres, quedarse sin casa Jesús, en cambio, murió (fue asesinado “legalmente”) porque quiso “reunir a todos los hijos dispersos” (ofrecer a todos casa-familia). Era peligroso para la Gran Casa de Jerusalén, sigue siendo peligroso.

    En esa línea avanza la exigencia suprema de Jesús, que es de transparencia. El sistema de poder se mantiene por mentira y ocultamiento: Unos saben, a otros se les niega el saber; unos pueden, a otros se les quita el poder; unos tienen grandes casas, otros son expulsados de ellas. Pues bien, para invertir esa situación, Jesús propone un remedio: ¡Que todo se sepa! (Jn 15, 15). Ése es también hoy el principio de la solución: ¡Que se sepa quién manipula las casas, quien roba, quien excluye, de manera que empiece ya aquí el juicio de Mt 25, 31-46! Sólo donde se sepa y se diga en todas las plazas quiénes y cómo expulsan a los otros de las casas podrá iniciarse un camino de renovación.

Nosotros, una encrucijada económica…

    Nuestro tiempo (2025) se parece en muchos rasgos al de Jesús. (a) Los poderes especulativos (ceo-capitalismo, bancos), manejando al Estado, han empleado parte del capital para construir casas, no para bien de la gente (¡que pueda vivir!), sino para ganancia propia, subiendo el precio y creando una inmensa burbuja inmobiliaria y financiera… Por otra parte están los cientos de miles y millones de migrantes sin casa, que vagan por mares desiertos y fronteras buscan un lugar donde puedan ser acogidos y crear una cas..

 (b) Una parte considerable de los que han comprado las casas en esas condiciones, con grandes hipotecas, tienen dificultades en pagarlas y corren el riesgo de perderlas (ser desahuciados). La solución tiene aspectos políticos, sociales y económicos que desbordan mi planteamiento. Pero la Biblia (mensaje de Jesús) ofrece al menos dos indicaciones significativas:

  1. La situación es escandalosa y anti-cristiana, en ella están implicadas las mismas iglesias oficiales (parecidas al templo de Jerusalén, que Jesús rechazó). Este escándalo ha surgido (al menos en España) en una sociedad de catolicismo básico (nacional-catolicismo), pero la Iglesia oficial no ha tenido la lucidez de verlo ni la valentía de condenarlo. Será tiempo de que lo haga…. Y en el fondo sigue siendo escandalosa la riqueza de algunos que no tienen más casa que el capital, ni más hogar que la fuerza
  2. La solución no es sólo el cristianismo, pero los cristianos ten mucho que decir y proponer, en la línea del mensaje de Jesús: O sabemos presentar el evangelio como experiencia y tarea de “casa compartida”, o terminaremos haciendo su mensaje y la misma Iglesia se vuelva irrelevante. ¿Si la sal se vuelve insípida con qué se salará? (Mt 5, 13).
  3. Este es un problema de nueva construcción de hogares‒casas de evangelio… Con una iglesia que sea casa abierta para los sin casa, con casas que sean hogares para los ricos, que habitan en ellas y acojan a otros… Esta es la situación creada para miles y miles (millones) sin techo, si casa material y su casa humana.

Pero el tema es mucho más que de economía. Seguiré  mañana

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Tres personajes muy distintos”. Domingo 14 Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 6 de julio de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El verano (en España) con sus olas de calor no se presta a grandes reflexiones teológicas. Además, los tres textos de este domingo van cada uno por su cuenta. Pero nos ponen en contacto con tres personalidades muy distintas e interesantes.

Un profeta demasiado optimista: Jerusalén y Gaza (Isaías 66,10-14)

            Recuerda las imágenes que has visto de Gaza: ruina total, niños hambrientos, madres desesperadas… Jerusalén durante los siglos VI y V a.C. también estaba en ruina y, además, vacía. Su población había sido deportada a Babilonia, había huido a Egipto o se había dispersado por las regiones vecinas.

En este contexto, un profeta proclama su mensaje utópico, centrado en la vuelta de los hijos a su madre: la mayor alegría para Jerusalén y el mayor consuelo para los desterrados. El profeta también habla de la paz y la riqueza que inundarán la ciudad. Un mundo maravilloso de alegría, consuelo, paz y esplendor.

¿Cómo se consigue? ¿Qué deben hacer los judíos? Según este poema, nada. Todo lo hace Dios. Es él quien hace derivar hacia Jerusalén la paz y la riqueza de las naciones; es él quien consuela. Es él quien manifiesta a sus siervos su poder (su mano), como dice la última frase del poema.

Vuelve la mirada a Gaza. El único que ha propuesto una solución es Trump, que desea convertirla en una ciudad turística. Netanyahu prefiere seguir bombardeándola. ¿Habrá algún profeta capaz de consolar  a los gazatíes? ¿Servirá de algo su consuelo?

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis,

alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto.
Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos,

y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.
Porque así dice el Señor:

«Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz,

como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;

como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo,

y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo, se alegrará vuestro corazón,

y vuestros huesos florecerán como un prado;

la mano del Señor se manifestará a sus siervos.

Un judío rebelde: Pablo (Gálatas 6,14-18)

            En algunas instituciones y colegio se ha propuesto (incluso llevado a cabo) suprimir los crucifijos. En tiempos de Pablo eso no era problema porque no existían. El buen israelita (y muchos cristianos de origen judío) no presumían de llevar una cruz al cuello sino de estar circuncidados. Esa era la garantía de pertenecer al pueblo de Dios y de hallarse en buena relación con él. Pablo, circuncidado a los ocho días, terminó convencido de que la circuncisión no sirve de nada. El único que salva es Jesús al morir por nosotros. La cruz de Cristo es su único motivo de gloria. Y los que se pasan el día hablándole de lo maravillosa que es la circuncisión, que hagan el favor de dejarlo tranquilo.

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma, también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén

Un optimista realista: Jesús (Lucas 10,1-12)

            [La liturgia ofrece la posibilidad de elegir una lectura breve. Es la que sigo].

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

‒ La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino!

Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. 

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios.» 

Jesús lleva tiempo dedicado a la actividad misionera, pero quiere que sus discípulos se entrenen para sucederlo. Según Mateo, envió a los Doce para esa tarea, dándoles antes una serie de instrucciones. Lucas, que escribe hacia el año 80, cuando el cristianismo se ha difundido por el imperio romano, sabe que la expansión del evangelio no ha sido sólo obra de los Doce sino también de otras muchas personas anónimas. E introduce un cambio muy importante: el discurso que Jesús dirige a los Doce en el evangelio de Mateo, en Lucas se lo dirige a setenta y dos (6 x 12, un número simbólico).

Curiosamente, lo primero que deben hacer es rezar para que el Señor envíe operarios a su mies. El dueño de la mies no es Dios Padre, sino el mismo que Jesús, que les ordena ponerse en camino. Con una advertencia y unas órdenes.

La advertencia: no van a una labor fácil ni agradable. Van como corderos en medio de lobos. El peligro no es la dentellada que provoca la muerte sino la que desprestigia y tira por tierra el mensaje del evangelio. El imperio romano estaba repleto de grupos y predicadores religiosos parecidos a muchos de los actuales que utilizan la religión como forma de ganarse la vida. Por eso, la mejor forma de evitar las dentelladas de los lobos es llevar una forma de vida totalmente pobre y austera: No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias. La talega hace referencia al dinero, la alforja al alimento, las sandalias al vestido.

Luego añade unas palabras que sólo se encuentran en Lucas: «no os detengáis a saludar a nadie por el camino». Eso mismo le dijo el profeta Eliseo a su criado Guejazí, un día que lo envió a una misión urgente (curar al hijo de la sunamita). Lucas, que conocía el Antiguo Testamento de memoria, pensó que este momento era el adecuado para poner en boca de Jesús las mismas palabras. La misión de los discípulos es urgente, no se puede perder el tiempo charlando a mitad de camino.

¿Qué hacer cuando llegan a un pueblo o aldea? Jesús concede una importancia capital al alojamiento, insistiendo en no cambiar de casa. Probablemente refleja su experiencia personal; y Lucas, la de los primeros misioneros. Cambiar de casa puede provocar muchos celos y tensiones.

Las palabras siguientes resultan extrañas en este sitio: Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios.» Los discípulos ya habían llegado a un pueblo y habían sido bien acogidos por una familia, que les da de comer. Si Lucas hubiera escrito con ordenador, quizá hubiera marcado bloque, cortado y pegado, cambiando el orden de las frases. O quizá no, porque este orden ilógico deja para el final, dándole mayor importancia, la misión de los discípulos: curar a los enfermos y anunciar la cercanía del Reino de Dios.

El contraste entre la lectura de Isaías y el evangelio

El mundo utópico de Isaías, el esplendor de Jerusalén, se realiza sin esfuerzo alguno, por pura obra de Dios. En cambio, el mundo utópico que predican Jesús y los discípulos conlleva mucho sacrificio y esfuerzo. Además, es un mensaje que puede ser rechazado, como le ocurrió al mismo Jesús en Corozaín y Betsaida.

Además, esos discípulos enviados a la misión no son un grupo de selectos. Todos hemos conocido gente que nos ha hecho gran bien desde el punto de vista humano y cristiano, que nos han anunciado el Reino de Dios. Y también nosotros hemos llevado y debemos llevar adelante esa tarea, a veces dura, y muchas veces con sensación de fracaso. Pero esto no es motivo para dejar de esperar en el triunfo de la utopía.

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Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 06 Julio, 2025

domingo, 6 de julio de 2025
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«…el Señor designó a otros setenta y los envió por delante». fragilidad

(Lc 10, 1-12.17-20)

Jesús tiene urgencia por anunciar el Reino y se decide a compartir su misión personal con un grupo a quienes envió delante de él. Los seguidores de Jesús somos camino en el Camino, casa en Casa y alegría en la Alegría. Jesús nos habla de ser cauces, puentes de CORRESPONSABILIDAD,  COMUNIÓN, pero antes nos instruye desde el espíritu del amor. Nos advierte de las dificultades, al mismo tiempo que nos abre el camino de la confianza.

La mies es abundante”: nos habla  de que hay mucho trabajo por realizar, pero no nos dice que nos estresemos y agobiemos, sino que roguemos para que nos envíen ayuda.

Rogad por tanto al dueño de la mies”: en una sociedad de la inmediatez, donde cada vez somos más autosuficientes, Jesús nos ruega que oremos, que pidamos al Padre, que seamos pequeñas y humildes, sabiendo que nuestra fuerza es LA CONFIANZA en Dios.

Que envíe obreros”: esto somos los seguidores de Jesús, obreros, personas que trabajamos un campo que no es nuestro. Hij@s que descubren el Reino del Amor y no solo entregan su tiempo, sino  su Vida entera. No nos pertenecemos porque no somos pagados con dinero sino retribuidas con Amor, y el Amar de Dios es calidad.

Y nos envía como corderos en medio de lobos”: nos habla de vulnerabilidad, de fragilidad, y así somos los seguidor@s de Jesús, pequeñ@s, frágiles  pero sabemos que  la fuerza se realiza en la debilidad. Solo en lo pequeño, en lo frágil y vulnerable Dios actúa, porque ahí es donde nos dejamos acariciar. En lo grande y perfecto, Dios no tiene espacio, se queda fuera.

Oración

Padre, ayúdanos a entregar la vida por el Reino desde nuestra fragilidad.

Descúbrenos el valor de despertenecernos

para ser camino que otr@s transiten hacia Ti.

 

*

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El llevar a los demás el Evangelio es connatural a vivirlo.

domingo, 6 de julio de 2025
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DOMINGO 14º (C)

Lc 10,1-12; 17-20

En el relato se puede apreciar que se trata de un claro reflejo a lo que se practicaba en las primeras comunidades. En ningún evangelio se percibe un grado de organización suficientemente sólida como para llevar a cabo una programación como esta. Por otra parte, los seguidores de Jesús no se enteraron de nada hasta la experiencia pascual.

De todas formas, las recomendaciones son una mina para conocer la estructura de las primeras misiones comunitarias. “De dos en dos, porque para los judíos la opinión de uno solo no tenía ningún valor en un juicio, y los misioneros son, sobre todo, testigos. También, porque el amor exige por lo menos dos para ser vivido y proclamado.

Poneos en camino”. La itinerancia es la clase de vida que eligió Jesús cuando se decidió a proclamar la buena noticia. El anuncio no se puede hacer sentado. Seguir a Jesús exige una dinámica continuada. Nada se puede comunicar desde una cómoda instalación personal. La disponibilidad y la movilidad son exigencias básicas del mensaje.

Os mando como ovejas en medio de lobos”. Cuando se escribieron los evangelios, las primeras comunidades cristianas estaban viviendo la oposición, tanto del mundo judío como del pagano. Esa oposición no impidió el desarrollo de la misión de predicar.

Ni talega ni alforja ni sandalias”. La pobreza es signo del abandono de toda seguridad. Significa no confiar en los medios externos para llevar a cabo la misión. Se trata de confiar solo en Dios y el mensaje. Tenemos obligación de utilizar al máximo los medios que la técnica proporciona, pero no debemos poner nuestra confianza en ellos.

No os detengáis a saludar a nadie por el camino”. No se trata de negar el saludo a nadie. En aquella cultura, el saludo llevaba consigo un largo ceremonial que podía durar horas o días. Esta recomendación quiere destacar la urgencia de la tarea a realizar.

Decid primero: ¡Paz! Nuestro concepto de paz no expresa lo esencial. “Salom” no significaba ausencia de problemas y conflictos, sino la abundancia de medios para que un ser humano pudiera conseguir su plenitud humana. Llevar la paz es proporcionar esos medios que hacen al hombre sentirse a gusto e invitado a humanizar su entorno.

Comed y bebed de lo que tengan”. Lo más difícil es aceptar la dependencia de los demás en las necesidades básicas, no poder elegir ni lo que comes ni con quien comes. Muchos intentos de evangelizar han fracasado por no tener esto en cuenta.

Curad. Seguimos dando demasiada importancia a la salud corporal. Curar en este contexto, significa ayudar a un ser humano alcanzar su plenitud. Curar significa alejar de un ser humano de todo lo que le impide ser él. Las mayores carencias no son materiales.

El Reino está cerca”. Ni teología, ni apologética, ni ideología. Lo único que un ser humano debe saber es que Dios le ama. Dios es (está) en ti. Descúbrelo y lo tendrás todo. El que proclama el Reino de Dios, tiene que manifestar que pertenece a ese Reino. Tiene que responder a las necesidades del otro. Tiene que estar dispuesto al servicio. No debe exigir nada, ni siquiera la adhesión. Tiene que limitarse a hacer una oferta.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El sueño de Dios

domingo, 6 de julio de 2025
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Lc 10, 1-20

«El Señor designó a otros 72 y los mandó por delante»

Decía José Enrique Ruiz de Galarreta, que «el sueño de Dios no puede ser la raquítica salvación de media docena de perfectos, sino que es toda la creación, realizada y perfecta, lo que constituye el sueño de Dios; su proyecto; el Reino». Consecuente con esa idea, José Enrique definía la humanidad en los siguientes términos: «Una comunidad de Hijos queridos por Dios que sólo amándose como hermanos podrá realizarse».

Si concebimos así la historia –como proyecto de Dios– podremos entender dos aspectos cruciales para nuestra vida. El primero, que caminamos hacia esa plenitud individual y colectiva que constituye el Reino, es decir, hacia un mundo libre de las pasiones que lo deshumanizan.

El segundo, que los protagonistas de la última etapa del camino somos nosotros; que Dios ha confiado en nosotros, ha puesto en nuestras manos su proyecto y nos ha dotado de tal grado de inteligencia y de libertad, que tenemos de hecho la capacidad de culminarlo… o malograrlo; de tomar el camino que lleva a la meta… o tomar otro y vernos condenados a vagar por la historia desorientados y sin llegar a ninguna parte.

Y esta disyuntiva es la que nos lleva a Jesús, pues Jesús se sintió enviado por Dios para marcar el rumbo de la humanidad –el Reino–, y porque a su muerte nos envió a nosotros por el mundo para completar su obra: «Como Dios me envió, así os envío yo a vosotros»

Los cristianos somos, por tanto, enviados por Jesús con su misma misión, y nuestra seña de identidad por excelencia es el compromiso con la misión; es decir, con esa tarea apasionante y descomunal de poner nuestro grano de arena en el logro de la plena realización humana.

Creemos, por tanto, que la humanidad tiene un destino, pero también creemos que tiene una gran propensión a equivocarse y necesita buenos guías que le muestren el camino para no perderse; para salvarse del desastre. Desde nuestra perspectiva, los criterios de Jesús son cauce de salvación, aunque no pensamos que esos criterios sean exclusivos de los cristianos, sino que están presentes en muchas personas, religiones y filosofías ajenas a él que las convierte en agentes de salvación.

La diferencia está en que entre los seguidores de Jesús (los que verdaderamente le siguen), estos criterios se convierten en la esencia de todo, en la propia razón de su existencia; en su norma de vida; en el sentido de su vida.

Pero hay varias formas de entender a Jesús; muchas de ellas válidas y la mayoría insuficientes. Unos lo conciben como gran maestro de sabiduría al igual que tantos que ha habido en el mundo, otros, como portador de unos criterios que propician una sociedad más justa e igualitaria, otros, como encarnación de Dios que se hace hombre para abrirnos las puertas de la vida eterna… Otros, finalmente, como el camino a seguir para que el proyecto de Dios, el Reino de Dios, llegue a hacerse realidad: «Yo soy el camino…»

Es probable que conozcan la leyenda de aquel maestro de obra que en plena Edad Media visitaba la sección de cantería en el solar donde se estaba construyendo una catedral. Dice la leyenda que se acercó a uno de los canteros, y le preguntó: «¿Qué estás haciendo?», y él le respondió: «Estoy tallando este bloque de mármol». Le hizo la misma pregunta a un segundo cantero, y éste le dijo: «Estoy fabricando un capitel». Siguió su camino, y ante la misma pregunta un tercer cantero le respondió: «Estoy construyendo una catedral»… Los tres estaban haciendo lo mismo, pero con una perspectiva y una motivación muy diferentes.

Nuestra catedral es la humanidad y nuestro compromiso llevarla a buen puerto al estilo de Jesús; como la semilla, como la levadura, siendo sal, siendo luz… siendo conscientes de que no estamos tallando un bloque de mármol; que estamos construyendo una catedral; la catedral definitiva.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Si

Fuente Fe Adulta

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Paz a esta casa.

domingo, 6 de julio de 2025
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DOMINGO 14º T.O. (C)

(Lc 10,1-12.17-20)

El binomio bíblico y cristiano más genuino es el de Profeta-rey. En ese sentido, rey es sinónimo de poder económico, ideológico y político. Profeta es quien pronuncia la palabra de perfección en el amor y quien denuncia la manipulación e injusticia del poder, es decir, del rey, del poderoso, del opresor. El/la profeta de Yavé Dios no denuncia ni anuncia desde sí mismo/a, aunque también corre el peligro de hacerlo, sino desde la experiencia del dolor, de la pobreza del pueblo (porque pertenece al pueblo) y desde las exigencias de la justicia que Dios quiere. El/la profeta clama contra el opresor, contra el poderoso, porque no se siente o no quiere sentirse culpable de su ignominia, de sus infamias; le pone al descubierto de su falsedad, de sus argucias, de sus embustes, pero también despierta en los oprimidos, en los dominados, la conciencia de liberación para evitar callejones sin salida, para abrir las puertas que les encierran en sus propios miedos, para acoger y confiar en la Ruah Divina que todo lo llena, todo lo impulsa.

Es posible salir de ese binomio paralizante Profeta-rey si abandonamos el poder opresor, el dominio de unos sobre otros mediante la conversión y la reconciliación. Es lo que simboliza el número 72 que, según la tradición judía, (¡ojalá lo tuvieran en cuenta los genocidas, los corruptos!) corresponde al número de pueblos esparcidos por toda la tierra. ‘Poneos en camino’. ‘La mies es abundante y los obreros pocos’.

La misión es universal. Los/as misioneros/as deben ir de dos en dos, es decir, toda la comunidad cristiana es sinodal, misionera, al servicio de la evangelización de la sociedad, sin triunfalismos, sin etiquetas, con medios pobres, humildes, ‘sin alforja ni sandalias’, en medio de dificultades, en un mundo lacerado por el dolor, la guerra, la pobreza, los egoísmos.

Cuando entréis a una casa decid primero: ‘Paz a esta casa’ y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz”. La casa común, la madre tierra, la creación que se nos regaló para cuidarla, amarla, protegerla de depredadores sin escrúpulos, enviados como corderos en medio de lobos y ‘no os detengáis a saludar a nadie por el camino’; que nada ni nadie os enrede, os desvíe de vuestro propósito, de renunciar a una vida con sentido… La misión es urgente y su contenido lleva siempre un mensaje de paz que proviene del Abbá Dios, de su Palabra. Es, además, una tarea responsabilidad de todos los bautizados, no de ‘sabios ni ricos’.

En la primera lectura Isaías nos recuerda que un insignificante pueblo de repatriados, una comunidad mermada, humillada, escucha de su profeta una palabra de aliento, de esperanza (Is 66,10-14c). El simbolismo del amor filial y maternal habla de Dios, anuncia paz, ensancha la esperanza, aun estando crucificada, y hace sentir una presencia de salvación. En Gaza, Ucrania, Sudán del sur, Haití, Congo, Yemen… pero también en la división entre iguales, entre ciudadanos enfrentados por intereses mezquinos de los dirigentes… se descubre una presencia fuerte y auténtica: ‘Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones’. Esperar, a pesar del horror, una paz que termine con la inhumanidad de sembrar el odio y la muerte.

Con el Papa Francisco la Iglesia se proclama a sí misma como sinodal, en perspectiva misionera y de comunión, poniendo en el centro de su ser la evangelización. En otras palabras, la misión de la Iglesia es la evangelización viviendo la comunión juntos, en sinodalidad. Para ello hay que volver a los orígenes y replantear la estructura ministerial en la Iglesia, de modo que no exista una diferencia perpetuada hasta el concilio vaticano II en la Lumen Gentium cuando afirma que, entre el sacerdocio universal de los fieles y el sacerdocio ministerial «existe una diferencia esencial y no solo de grado», es decir, presupone que existen dos órdenes ontológicos separados [1]: bautizados en un orden inferior y ordenados en el superior.

El evangelio incide precisamente en que es la comunidad el centro de la vida eclesial y no al revés, situando el ministerio en el lugar que le corresponde, el del servicio. ‘Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya y proclamad: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios”. El aparato estructural no puede nunca ahogar la espontaneidad del Espíritu.

Sinodalidad es un nuevo Pentecostés que derribó barreras (lenguas, culturas, jerarquías religiosas judías), capacitó a todos para profetizar y convirtió un grupo de personas vulnerables y temerosas en una comunidad de amor y misionera.

Pentecostés es el Espíritu de Dios que nos humaniza, que ‘sacramentaliza’ el cuerpo de los pobres para amar a Dios, es el Espíritu que irrumpe para desacralizar la religión del poder y encarnar la Gracia en lo humano, desde los bienaventurados descartados y los samaritanos misericordiosos.

El clericalismo se resiste porque Pentecostés fue siempre subversivo frente al poder religioso establecido… Jesús no vino para fundar una religión ni para cambiar un clericalismo por otro, que es lo que hacen las ideologías políticas, incluso las eclesiásticas, cuando llegan al poder.

La sinodalidad desafía el «control sacralizado» del clericalismo, desmontando toda una estructura de ritos, lenguaje y sumisión que oculta los abusos de poder, de conciencia, económico y sexual. El clericalismo es una idolatría que, en lugar de liberar lo humano para lo trascendente, lo somete a la inmanencia de un clero que se cree superior al Pueblo de Dios [2].

Como comunidad de los/as seguidores de Jesús somos llamados/as a liberar, a ser Gracia y don para los demás. Nuestro compromiso se juega en la lucha pacífica por instaurar la paz y la bondad a nuestro alrededor.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

[1] B. Pérez Andreo, teólogo. “Si la curia es un cáncer hay que extirparlo, no reformarlo”.

[2] G. J. Kowalski, teólogo por la UCA. Argentina.

Fuente Fe Adulta

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La verdadera alegría.

domingo, 6 de julio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 6 julio 2025

Lc 10, 1-12. 17-20

En la conclusión de un relato nacido en las primeras comunidades de seguidores de Jesús, que trataba de regular la forma de vida y de acción de los misioneros itinerantes, se ha colado un dicho de profunda sabiduría acerca de la alegría incondicionada.

Mientras los discípulos vuelven alegres por lo que han conseguido -un poder que somete incluso a los demonios-, Jesús les muestra que el motivo real de la auténtica alegría no tiene que ver con lo que se hace, lo que se tiene, lo que se logra o consigue. La alegría incondicionada no es un estado de ánimo que se halla a merced de las circunstancias o acontecimientos, sino un estado de ser que, como tal, permanece estable e inalterado.

En cuanto estado de ánimo, la alegría (con minúscula) se alterna con la tristeza. Y ambos tienen su lugar y su razón de ser dentro del abanico de los sentimientos humanos. Así los reconocemos, los acogemos y los gestionamos de la manera más constructiva.

Pero aquí se habla de la Alegría (con mayúscula), aquella que constituye nada menos que nuestra identidad más profunda. En el texto se recurre a una expresión acorde con el contexto religioso teísta y mítico: vuestros nombres están inscritos en el cielo.

En las culturas antiguas, el nombre equivalía a la identidad. Por tanto, la afirmación evangélica podría “traducirse” de este modo: estad alegres porque vuestra identidad es eterna. Sea lo que sea que suceda u os ocurra, lo que sois se halla siempre a salvo. Tal comprensión nos hace ver que la auténtica Alegría no requiere ninguna condición: somos Alegría.


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La paz no es ausencia de guerra, sino un estado de gracia

domingo, 6 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Con la que está cayendo, bueno será que hoy pensemos y oremos un poco por la paz.

Las dos lecturas de hoy: Haré llegar como un río la paz, (Isaías), Llevad la paz por las casas (Evangelio) pueden ayudarnos a pensar, a desearnos y orar por la paz personal, socio-política, eclesial.

01.- Shalom: Paz de Jesús.

Jesús, como buen judío, saludaba con la paz: «shalom«. Deseaba la paz. Todavía hoy los judíos se saludan con la paz: «shalom«. Pero cuando un judío saluda a otro con la paz no le desea sólo que no hagan la guerra. Paz significa algo más que ausencia de guerra.

        Por otra parte, y al mismo tiempo, Jesús desea y siembra la paz. Desde el nacimiento de Jesús amanece la paz. Los pastores escuchan en la noche de Belén: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra: paz.

Jesús confiere salud, paz. A los enfermos les manda en paz: vete en paz. Hoy hemos escuchado cómo Jesús envía a los suyos a transmitir paz: paz a esta casa. Cuando Jesús se hace presente en el desilusionado grupo de creyentes les confiere paz: paz a vosotros. (Jn 20,26). Jesús nos deja su paz: la paz os dejo, mi paz os doy, (Jn 14,20)

02.- ¿Qué paz?

Shalom, la paz de Jesús  no es sólo la mera ausencia de guerra. La paz tampoco es una “victoria”. (La otra cara de la moneda de una victoria es una derrota).

La paz o dejo mi paz os doy, pero no como la da el mundo, (Jn 14,27)

Podríamos decir que vivir en paz es vivir en serenidad y armonía integrando y “poniendo en su sitio y orden” las dimensiones personales y sociales: la libertad, la economía, la etnia, la patria, los bienes, el placer.

Al mismo tiempo la paz brota cuando asumimos las limitaciones personales, la o las enfermedades, incluso la muerte.

03.- La paz: hermosa y difícil tarea.

La paz siempre ha sido y es una tarea difícil. También hoy en día apenas vivimos en paz personal y social. Vivimos permanentemente agitados, en ocasiones en una honda ansiedad, frustrados, decepcionados, en guerra, en conflictos económicos…

Y vivimos así porque nuestra armonía interior se ha desorganizado, porque perseguimos valores y realidades que no son tan importantes como parecen y en cuya consecución estamos dejando, hecha girones parte de nuestra vida interior, esa vida interior que nos equilibra, que nos hace dominar los acontecimientos en lugar de ser vapuleado por ellos.

La ausencia de paz es el resultado y consecuencia de la pérdida de la paz personal.

Si lo más importante en la vida es ser rico (el dinero), la grandeza de la patria norteamericana, rusa, vasca, española o la que fuere… es muy difícil que vivamos en paz personal, social, incluso eclesiástica como estamos viendo estas semanas en el episcopado español.

Nos alejamos de la paz por los criterios que barajamos en la vida.

La ansiedad, la falta de paz, la guerra comienzan en los criterios que empleamos en la vida y transmitimos en la familia, en los parlamentos, en la Iglesia en las aulas, en los medios de comunicación.

Yo no soy político ni entiendo mucho de política ni debo entrar en política partidista, ¿pero en qué cabeza cabe que se pretenda la paz aumentando el presupuesto armamentístico?

¿Cómo amanecerá la paz si nuestra máxima aspiración es ser ricos?

¿Cómo viviremos en paz con el racismo y el desprecio hacia el migrante en nuestra mente?

¿Cómo vamos a vivir en paz si la suprema aspiración es el placer?

04.- La paz interior personal en el plano de la conciencia.

No es menos cierto que la Iglesia, la religión ha transmitido miedo y falta de paz. En la Iglesia se ha jugado demasiado con el pecado, la culpabilidad, la condenación, el remordimiento, la angustia, el escrúpulo, el infierno…

Todo esto ha hecho mucho daño y ha minado paz de muchísimas personas.

¡Y hoy en día, en ciertos sectores de la Iglesia actual se pretende volver a esas posturas!

Los dos grandes problemas que pueden quitarnos la paz y causarnos desasosiego: el pecado y la muerte, encuentran paz en JesuCristo.

05.- Hacia la paz: La paz os dejo mi paz os doy.

Resulta entrañable el regalo de Cristo a los suyos: la Paz os dejo, mi paz os doy.

Ante las grandes potencias e intereses del mundo puede parecer una simpleza hablar y vivir en paz serena, en reconciliación, respeto, solidaridad a fondo, sin embargo la paz está ahí y no en los drones, en los aranceles,

La paz será posible cuando dejemos de pensar como valores fundamentales el dinero, el poder, el prestigio y un largo etcétera de posibilidades semejantes.

Quiera Dios que cesen las guerras actuales y todas las guerras. Pero la paz no es sólo ausencia de la guerra, sino un verdadero estado de gracia, de serenidad, construido en lo más profundo del ser humano.

La paz comienza en la mente y en el corazón del ser humano, en la familia, en la escuela y en la universidad, en los parlamentos…

La paz comienza cuando consideramos al otro como un hermano y no como un extranjero o de otra raza, o de otra religión.

La paz os dejo, mi paz os doy. No como la da el mundo.

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“Predicar la Buena Noticia del Reino con constancia y generosidad”, por Consuelo Vélez

domingo, 6 de julio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XIV Domingo del Tiempo Ordinario 6-07-2025

Jesús envía a los setenta y dos porque el anuncio del reino ha de hacerse más allá de las fronteras de Israel, es decir, también a los paganos.

La mies es mucha pero faltan obreros. Es una llamada actual también para nosotros hoy

Jesús les previene de la dificultad de la misión. Por eso han de ir «ligeros de equipaje«

La alegría ha de ser por haber anunciado el reino, no por hacer cosas extraordinarias

Pidamos acoger la misión que Jesús nos confia y realizarla con la prontitud que se necesita

 

Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo:

+ «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!». Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: ¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca». Les aseguro que, en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo:

– «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».

Él les dijo:

+ «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo»

(Lucas 10, 1-12.17-20).

El evangelio de Lucas nos presenta a Jesús enviando a los Doce a proclamar el Reino de Dios y a curar, en el capítulo nueve. En este capítulo diez, el envío es a setenta y dos, de dos a dos, delante de sí a todas las ciudades donde él había de ir. En los dos pasajes se ven semejanzas, pero también diferencias. En este segundo texto podemos ver una intencionalidad del evangelista: si el anuncio a Israel se confía a los Doce, aquí el anuncio del reino ha de hacerse más allá de las fronteras de Israel, es decir, también a los paganos.

Otro dato interesante de este pasaje es la referencia a la mies abundante y la falta de obreros. Se necesitan muchos obreros para anunciar la buena noticia del reino. Es un texto vocacional para anunciar Buenas Noticias en un mundo amplio, necesitado de ellas. Para esta predicación Jesús da unas recomendaciones muy concretas. Es una misión que ha de realizarse en medio del conflicto, porque las fuerzas del anti reino están presentes y a eso han de enfrentarse los enviados. El pasaje termina haciendo referencia a la alegría de los discípulos porque “hasta los demonios se les someten” pero Jesús les dice que no debe ser ese el motivo de la alegría, sino el que “sus nombres estén escritos en el cielo”, es decir, por haber cumplido la misión, por ser portadores de la buena noticia, sin enorgullecerse por ello.

Jesús les dice a sus discípulos que no lleven dinero, ni alforja, ni calzado y no se detengan a saludar a nadie. Todo va encaminado a mostrar la prioridad del anuncio sobre todas las distracciones que pueden retrasarlo. También que “no vayan de casa en casa” sino que entren a las ciudades, es decir, les insiste en este ir más allá de los lugares cercanos para que el evangelio se anuncie en las plazas, en todos los lugares posibles. Les advierte de la posibilidad de no ser recibidos a lo que deben responder con la constancia del anuncio en otros lugares. Diríamos, con nuestras palabras, es un anuncio gratuito y quien no lo escucha se pierde la oportunidad. Pero, por parte del discípulo, ha de seguir adelante con la misión encomendada con gratuidad, sin depender de que sea recibida.

A veces se escuchan demasiados lamentos del mundo como alejado de Dios, de los valores, del bien. Y, sin embargo, en el mundo hay muchas búsquedas, muchos deseos positivos, muchos esfuerzos humanos realizando el devenir histórico. En ese horizonte ha de predicarse la buena noticia de manera significativa, actualizada y generosa. Con seguridad muchos más la acogerían si supiéramos anunciarla.

Pidamos acoger la misión que Jesús nos confía hoy a nosotros y realizarla con la libertad, desprendimiento, amplitud, sencillez y generosidad suficientes de manera que llegue a muchos y nuestro mundo pueda ser, cada vez, un mundo más justo y en paz.

(Foto tomada de: https://paroquiaamparopvh.org.br/noticia/jesus-envia-seus-discipulos-em-missao)

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Yo os envío – San Lucas 10, 1-12.17-20 -, por Joseba Kamiruaga Mieza.

domingo, 6 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Yo os envío – San Lucas 10, 1-12.17-20 -, por Joseba Kamiruaga Mieza.

De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Del miedo al Covid al miedo a la vacuna, del miedo a la crisis económica al miedo a la guerra. Desde hace años, nos alimentamos de miedos.

La crisis económica, cultural y civilizatoria que estamos viviendo pone de relieve algunas cosas que quizá aún no estaban tan claras.

El momento es bastante delicado, los nudos se están deshaciendo. También para la Iglesia. Nuestra Iglesia.

Respiramos cristianismo desde que venimos al mundo, estamos inmersos en testimonios artísticos que remiten continuamente al Evangelio, ¡nos importan tanto nuestras fiestas cristianas!

Todo eso es cierto.

Más o menos.

Pero vivir en una sociedad en la que las referencias histórico-culturales siguen remitiendo al Evangelio no significa ser discípulos de aquel Nazareno que se profesaba Maestro y Señor. Y, al final, esto se ha hecho evidente.

Ciertamente, hay amplias zonas del país en las que las parroquias reúnen a mucha gente y se respira una religiosidad popular fuerte y arraigada. Pero, en cuanto se tocan las cuestiones verdaderas del Evangelio, se produce una huida generalizada.

Nos descubrimos egoístas, victimistas, racistas, rabiosos.

Como escribió hace tiempo el Cardenal Ravasi: es el pensamiento cristiano el que está en minoría, no el cristianismo. No es el cristianismo el que está en crisis, sino la forma histórica que ha adoptado en Occidente y que tiene dificultades para hablar de Dios.

He aquí, pues, la pregunta incómoda: ¿sigue existiendo la Iglesia? ¿Quién es la Iglesia? ¿Qué identifica a los discípulos? 

El gran Lucas nos ayuda en este camino, poniendo de relieve las necesidades del discípulo. 

Desde el punto de vista de Jesús, no desde el nuestro. 

Otra historia

Israel creía que el mundo estaba compuesto por setenta y dos naciones: cada año, en el Templo de Jerusalén, se sacrificaban setenta bueyes para la conversión de las naciones paganas.

Jesús envía a todo el mundo, a las setenta y dos naciones, a sus discípulos.

Jesús no se limita a rezar por su conversión. No se lamenta del rumbo que está tomando la historia, del mal giro de los acontecimientos. Actúa: envía discípulos creíbles para proponer a todos un cambio de vida.

Sin duda, es otra historia.

Y es interesante notar un matiz en algunas nuevas traducciones litúrgicas del texto: no se habla de pocos obreros, sino de pocos que trabajan.

Hay muchos obreros, demasiados: presbíteros, religiosas, religiosos, catequistas, laicos comprometidos. Pero ¿cuántos de nosotros, en realidad, tenemos ese fuego que arde dentro por el deseo de anunciar a Cristo? ¿De vivirlo? ¿De hacerlo presente y accesible? ¿Cuántos de nosotros (yo el primero, que soy el primero de los ignorantes) hemos hecho de las palabras del Evangelio nuestro estilo de vida, de modo que seamos creíbles y se nos crea?

Aunque estuviéramos repletos de presbíteros, religiosos y laicos comprometidos, pero no tuviéramos a nadie que trabajara, no cambiaría mucho… Si, al final, no logramos comunicar el amor que hemos descubierto (que estamos buscando, que nos habita, que nos fascina), nos convertimos solo en funcionarios de lo sagrado.

Anunciar, pues. Y eso es difícil.

Hablar de Jesús a los cristianos, ¡terrible! Ya lo saben todo.

Pero se puede hacer. 

Estilo

Los discípulos son enviados de dos en dos, precediendo al Señor.

No debemos convertir a nadie: es Dios quien convierte, es Él quien habita en los corazones.

A nosotros solo nos corresponde preparar el camino.

Somos enviados en pareja: el anuncio no es una actitud carismática de algún gurú, sino una dimensión de comunidad que se construye, un esfuerzo por estar juntos.

Y nos pide que recemos: no para convencer a Dios de que envíe obreros (¡eso es precisamente lo que Él quiere!), sino para convencernos a nosotros, los discípulos, de que nos convirtamos finalmente en evangelizadores.

El anuncio se fecunda con la oración: ¿por qué no convertirnos en terroristas silenciosos del bien, sembrando bendiciones y oraciones secretas allí donde trabajamos?

¿Confiar en el Señor, en lugar de juzgar?

El Señor nos pide que vayamos sin muchos medios, utilizando los instrumentos siempre y solo como instrumentos, yendo a lo esencial. Lo sé, amigas catequistas: el curso de natación o la semana blanca son mil veces más atractivos que vuestra hora de catequesis. Pero vosotras tenéis algo que no se le pide a ningún entrenador: el amor hacia vuestros chicos.

Y nos advierte: «Somos ovejas en medio de lobos», ¡y cuán proféticas se están volviendo estas palabras en nuestro mundo impregnado de ira! Siempre y cuando no nos convirtamos también nosotros en lobitos esperando que los lobos se conviertan.

El Señor nos pide que llevemos la paz, que seamos personas tolerantes, pacificadas. Nadie puede llevar a Dios con la soberbia y la fuerza, la arrogancia del anuncio nos aleja de Dios de manera definitiva.

Por último, el Señor nos pide que permanezcamos, que moremos, que compartamos con autenticidad.

No somos diferentes, no estamos aparte: el cansancio, la ansiedad, las dudas, las alegrías y las esperanzas de nuestros hermanos son de manera precisa las nuestras, exactamente las nuestras. 

¡Alegraos!

Es agotador. Es fatigante, lo sabemos.

También lo sabe Pablo, que, a pesar de convertir la cuenca del Mediterráneo, siente todas las limitaciones de su carácter. También lo sabe Pablo, que nos aclara que el problema no son las reglas (en su caso, la circuncisión), sino ser una nueva criatura. Y nosotros, la Iglesia, por desgracia, somos percibidos como los garantes de las reglas.

Como Isaías, estamos llamados a animar a los exiliados que regresan de Babilonia, a volar alto, a soñar en grande, a construir el sueño de Dios que es la Iglesia. Y paciencia por los resultados que faltan: la nuestra es una época de profecía. Es tiempo de sembrar, no de cosechar.

Entonces podremos experimentar verdaderamente la alegría del anuncio, la alegría de ver que Dios, ¡de verdad!, pasa a través de nuestras pequeñas y balbuceantes palabras, ver que la Palabra se viste con nuestras pequeñas reflexiones.

¡Qué alegría sentimos al ver a otros compartir nuestra misma fe!

Si doce hombres de Galilea incendiaron el mundo con su amor, ¿qué podemos hacer nosotros?

Dejemos de quedarnos estancados en la rutina, superemos los miedos del mundo, no valoremos los resultados como una empresa sagrada: alegrémonos, amigos, nuestros nombres están escritos en los cielos, Dios ya llena nuestros corazones y nos confía el Reino.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 6 de julio de 2025

1.- Recorrer con confianza los caminos.

2.- Donde nosotros vemos desiertos, Dios ve oportunidades.

3.- No a la fuerza sino con la humildad.

4.- Operarios de la belleza, cosechadores del bien.

5.- El buen anuncio es por contagio.

6.- La grandeza se mide con el corazón.

7.- Llevar la paz: tarea del evangelizador.

8.- Yo os envío – San Lucas 10, 1-12.17-20.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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¿Están los católicos LGTBIQ+ leyendo las mismas Escrituras que algunos líderes de la iglesia?

lunes, 10 de julio de 2023
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9B1DB9FD-D2B5-43DB-BD55-A71F0D3B22A1M. Hakes

La publicación de hoy es del colaborador invitado M. Hakes (ellos/ellos). M. es miembro de la Comunidad de Trabajadores Católicos de Panes y Peces en Duluth, MN. Tanto en su trabajo remunerado como voluntario, son activos en la intersección de la fe y la homosexualidad y están comprometidos con el trabajo de justicia y liberación.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 14º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

“Bendito seas, Padre, Señor del cielo y de la tierra; has revelado a los pequeños los misterios del reino”. (Mateo 11:25)

Como católico queer, a veces me siento en misa y me pregunto si los líderes de nuestra iglesia están leyendo las mismas escrituras que yo. Las lecturas de hoy son uno de esos momentos.

En el Evangelio de hoy, nos encontramos con Jesús hablando a una multitud reunida sobre las reacciones dispares que la gente ha tenido hacia él y hacia Juan el Bautista. Jesús destaca el hecho de que Juan vino como un asceta, viviendo una vida estricta y disciplinada, pero la gente lo acusaba de estar poseído. Por otro lado, Jesús fue etiquetado como un glotón y un borracho que lo asociaron con los pecadores.

Cuando Jesús pregunta a la multitud acerca de Juan, el escritor del Evangelio hace que Jesús use la segunda persona del plural («vosotros»): «¿Qué salisteis a mirar al desierto? […] ¿Un profeta? Sí, os digo, y más que profeta” (11:7, 9).

Luego, cuando Jesús explica su parábola sobre “esta generación”, cambia de la segunda persona del plural (“vosotros”) a la tercera persona del plural (“ellos”): “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘ Tiene un demonio’; Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: “¡Mira, un comilón y un borracho, amigo de publicanos y de pecadores!” (11:18-19a).

¿Por qué este cambio gramatical? ¿Quiénes son estos críticos desconocidos? Quiénes son»?!

“Ellos” ciertamente no pueden ser la multitud que escucha, que se describe con mayor frecuencia en el evangelio de Mateo como abiertos y ansiosos por recibir las enseñanzas de Jesús. Sin embargo, vemos antes en Mateo capítulo 9 y más tarde en el capítulo 12, el escritor de Mateo se refiere a los fariseos de esta manera.

A lo largo de los Evangelios, Jesús tiene poco tiempo para la hipocresía religiosa. Las palabras más duras de Jesús a menudo están dirigidas a los líderes religiosos listos para una lucha teológica, centrada en las minucias de la ortodoxia, o la creencia correcta, y la ortopraxia, o la práctica correcta, en lugar del acompañamiento pastoral y compasivo de los creyentes. Jesús insiste en la fe genuina y la obediencia a Dios por encima de la simple adhesión a las tradiciones religiosas o prácticas legalistas. La verdadera justicia y autoridad espiritual no proviene de títulos religiosos o credenciales teológicas. Tal autoridad se deriva de la profundidad de una relación amorosa con Dios, y se demuestra en cómo nos preocupamos por los demás y el mundo que nos rodea, especialmente por los más marginados.

IMG_0004Dado el aumento de la retórica y las políticas anti-trans y anti-queer en los círculos católicos, y en nuestra sociedad en general, solo puedo concluir que estoy leyendo un Evangelio diferente al de algunos de nuestros líderes religiosos. Obligados a teologías rígidas y prácticas legalistas, parecen haber olvidado de alguna manera que la inmensidad inclusiva de Dios y el amor de Dios no están sujetos a las enseñanzas de la Iglesia. De hecho, la enseñanza de la Iglesia debe adaptarse a nuestra comprensión y experiencia cada vez más profundas de Dios, el amor de Dios y la diversidad de la creación de Dios.

¿Cómo cambiaría nuestro mundo si comenzáramos a volver a centrar nuestros numerosos debates enfocándonos en las personas en lugar de las ideologías, en los individuos en lugar de las instituciones, en la experiencia vivida en lugar de las expectativas rígidas? ¿Qué pasaría si empezáramos a escuchar la voz de Dios a nuestro alrededor, especialmente en los lugares más inesperados?

Nunca ha sido fácil para las personas que se oponen a las normas sociales aceptar su singularidad creada por Dios. Las personas que se oponen a las normas sociales para abrazar su singularidad creada por Dios siempre se han enfrentado a obstáculos. Cuando reclamamos nuestras verdaderas identidades, siempre encontraremos resistencia. Sin embargo, una vez que comenzamos a vivir la plenitud de nuestro intrincado tejido, estamos obligados a ayudar a otros a hacer lo mismo: aceptarlos en su exquisita individualidad y desmantelar las ideologías, la moral y los sistemas que oprimen. Este es el camino de Jesús. Es la forma en que María cantó en el Magnificat. Una versión actualizada de este himno evangélico podría decir:

Dios ha dispersado a los soberbios en su vanidad. Dios ha derribado de sus tronos a los poderosos, y ha exaltado a los humildes; Dios colmó de bienes a los hambrientos y envió vacíos a los ricos.

Dios se ha sentado en medio de una autopista cantando el fin de la brutalidad policial. Dios ha bloqueado la construcción de una tubería, recordándonos que el agua es vida.

Dios ha abrazado a su hija trans el día que se legalizó su cambio de nombre celebrando la forma cada vez más plena en que se está viviendo a sí misma.

Cuando nos centramos en el amor de Dios y la gracia liberadora, ocurre la transformación.

  Al final de la lectura del Evangelio de hoy, Jesús invita a todos los que están cargados y cansados a venir a él, prometiéndoles descanso y alivio. Verdaderamente, el yugo de amor y liberación de Jesús es mucho más fácil de llevar que las pesadas cargas impuestas por el legalismo religioso y las expectativas del mundo.

Que cada uno de nosotros opte por la carga más liviana, especialmente los líderes de la iglesia que no solo cargan a los demás, sino que también se cargan a sí mismos al limitar su imaginación y comprensión del amor de Dios.

-METRO. Merluzas (ellos/ellas), 9 de julio de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Dios se revela a los sencillos”. 14 Tiempo ordinario – A (Mateo 11,25-30)

domingo, 9 de julio de 2023
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34_TO-14_A_1698200Un día, Jesús sorprendió a todos dando gracias a Dios por su éxito con la gente sencilla de Galilea y por su fracaso entre los maestros de la ley, escribas y sacerdotes. «Te doy gracias, Padre… porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla». A Jesús se le ve contento. «Sí, Padre, así te ha parecido mejor». Esa es la manera que tiene Dios de revelar sus «cosas».

La gente sencilla e ignorante, los que no tienen acceso a grandes conocimientos, los que no cuentan en la religión del templo, se están abriendo a Dios con corazón limpio. Están dispuestos a dejarse enseñar por Jesús. El Padre les está revelando su amor a través de él. Entienden a Jesús como nadie.

Sin embargo, los «sabios y entendidos» no entienden nada. Tienen su propia visión docta de Dios y de la religión. Creen saberlo todo. No aprenden nada nuevo de Jesús. Su visión cerrada y su corazón endurecido les impiden abrirse a la revelación del Padre a través de su Hijo.

Jesús termina su oración, pero sigue pensando en la «gente sencilla». Viven oprimidos por los poderosos y no encuentran alivio en la religión del templo. Su vida es dura, y la doctrina que les ofrecen los «entendidos» la hacen todavía más dura y difícil. Jesús les hace tres llamadas.

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados». Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que sienten la religión como un peso y a los que viven agobiados por normas y doctrinas que les impiden captar la alegría de la salvación. Si se encuentran vitalmente con Jesús, experimentarán un alivio inmediato: «Yo os aliviaré».

«Cargad con mi yugo… porque es llevadero y mi carga, ligera». Es la segunda llamada. Hay que cambiar de yugo. Abandonar el de los «sabios y entendidos», pues no es ligero, y cargar con el de Jesús, que hace la vida más llevadera. No porque Jesús exija menos. Exige más, pero de otra manera. Exige lo esencial: el amor que libera y hace vivir.

«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón». Es la tercera llamada. Hay que aprender a cumplir la ley y vivir la religión con su espíritu. Jesús no «complica» la vida, la hace más simple y humilde. No oprime, ayuda a vivir de manera más digna y humana. Es un «descanso» encontrarse con él.

José Antonio Pagola

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“Soy manso y humilde de corazón”. Domingo 09 de julio de 2023. Domingo 14º de tiempo ordinario

domingo, 9 de julio de 2023
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37-OrdinarioA14Leído en Koinonia:

Zacarías 9,9-10: Mira a tu rey que viene a ti modesto
Salmo responsorial: 144: Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey.
Romanos 8,9.11-13: Si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis
Mateo 11,25-30: Soy manso y humilde de corazón

La profecía de Zacarías era ‘una piedra en el zapato’ para los fanáticos que en la época de Jesús buscaban un mesías triunfante y nacionalista. Zacarías nos ofrece una reflexión que sintoniza mucho con las grandes aspiraciones de las comunidades que, después del exilio babilónico, intentaron reconstruir la identidad nacional a partir de elementos universales, pluralistas y comunitarios. La esperanza del pueblo de Dios no podía estar en un guerrero triunfador como David ni en un diplomático equilibrista como Salomón. El pueblo quería algo diferente y definitivo. Atrás quedaron los modelos militaristas, administrativos y centralistas de todos los reyes de Israel y Juda. El pueblo quería una persona que fuera capaz de encaminar la nación por los rumbos añorados de la justicia, la paz y la solidaridad. El profeta Zacarías asume esta propuesta y la lanza a todo el pueblo de Dios como una gran utopía.

Para Zacarías, el nuevo gobernante debía distinguirse por la humildad, la justicia y su carácter pacífico. La humildad entendida como la capacidad para andar en la verdad, no como sumisión y conformismo. La justicia como pilar de una organización social en la que se le da a cada persona de acuerdo con sus necesidades y no según sus ambiciones. El pacifismo como la actitud básica para solucionar los inevitables conflictos que se presentan en toda organización humana. Tres cualidades que configuran una nueva forma de ejercer el poder. Sin embargo, Israel se estrelló con la ambición de algunos grupos minoritarios y poderosos que impusieron una teocracia centralista, prepotente y uniformadora. Fueron suprimidas de manera sistemática, todas las disidencias posibles y se le negó así al pueblo de Dios la posibilidad de intentar una utopía universalista, solidaria y transformadora. Se centró todo el poder en unas pocas familias que controlaban el Templo, el gobierno y la tierra. Así, los pobres de Yahvé no tuvieron la posibilidad de dar vida a su proyecto por falta de posibilidades económicas, de apertura política y de libertad religiosa.

El evangelio de Mateo nos presenta a Jesús con las características mesiánicas de la profecía de Zacarías: una persona pacífica y humilde, apasionado por hacer realidad la Utopía de Dios. Por esta razón, Jesús no se identifica con los ideales acerca del Mesías, vigentes en su época. No hay en él el más mínimo asomo del militar aguerrido e irresistible que con un formidable despliegue eliminaría las pretensiones del imperio romano, ni del sacerdote excelso que con sus extraordinarias dotes santificadoras transformaría el Santuario de Jerusalén, ni del gobernante extraordinario que congregaría al pueblo de Israel disperso por el mundo. Jesús no comparte estos proyectos, como tampoco las extravagantes aspiraciones de los nacionalistas furibundos que veían en el imperio romano un peligro que no eran capaces de descubrir al interior de ellos mismos, la violencia incontenible.

Los ideales de Jesús estaban más cerca de las grandes tradiciones proféticas que aspiraban a que el pueblo de Dios fuera capaz de organizarse como modelo alternativo de sociedad. Por esta razón, valores como el pacifismo y la humildad eran urgentes y necesarios. El pacifismo obliga a asumir actitudes dinámicas de transformación social pero, al mismo tiempo, no se rinde a la imparable lógica de la violencia. La humildad, por su parte, exige reconocer en cada momento los propios límites de la existencia y las barreras intrínsecas de la historia. Humildad y pacifismo hacen de un proyecto tan grandioso e imponente como el reino de Dios, algo al alcance de los pobres y excluidos.

Jesús, sin embargo, sabía perfectamente que no bastaba con que el ‘rey’ o líder poseyera atributos excepcionales para que la situación cambiara. Para él, era necesario que una comunidad de hermanos y hermanas se comprometiera a vivir la alternativa, a demostrar al mundo que «otras maneras de organización eran posibles», que la lógica aparentemente inextinguible de la violencia podía ser controlada. Por esto, Jesús insiste en la necesidad de asumir el ‘suave yugo’ de la vida comunitaria y la ‘ligera carga’ de las opciones evangélicas. Pero, atención, esto no es para todo el mundo. Es necesario madurar la fe y crecer como personas antes de meterse en este proyecto. Porque para quien no ha crecido en la dinámica de la comunidad, sino que ve todo desde ‘afuera’, desde los valores sociales vigentes, los ideales de Jesús son una carga abominable y el ideal de la cruz una ideología insufrible. No podemos pedir a cualquiera que asuma la inmensa responsabilidad del pacifismo si toda su vida ha creído que la ‘ley del revólver’ es un destino inexorable. No podemos pedir mansedumbre a una persona a la que siempre le han enseñado que el control de los demás, las ambiciones de ascenso social y el arribismo son las herramientas para ‘progresar’ en la vida.

Jesús quiere una comunidad en la que los lazos de solidaridad, afecto y respeto hagan de un grupo humano una gran familia consagrada a la realización del Reino. Una comunidad en la que los sencillos, los pequeños, hallen un lugar de importancia y sean los gestores de una nueva manera de organizar las relaciones interhumanas. Porque, como dice Pablo, sólo el ser humano espiritual, o sea, el ser humano que se ha abierto a la acción del Espíritu de Dios, es capaz de vivir la vida en plenitud, es decir, en gozosa aceptación y armonía con la humanidad.

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9.7.23. Venid a mí todos los cansados y oprimidos… Amor de Cristo, en forma de mujer (Dom 14 TO. Mt 11, 25-30)

domingo, 9 de julio de 2023
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IMG_9999Del blog de Xabier Pikaza:

Este evagelio condensa el mensaje de vida y amor de Jesús, formulado en parte desde el Q (cf. Lc 10, 21-22), con elementos desarrolados por el 4º Evangelio (un aerolito caído del cielo de Juan). Pero sólo Mateo lo ha formulado en su forma actual, como centro y compendio de su mensaje.

Es un testimonio fundamental de la tradición cristiana, como indicaré evocando sus nueve aportaciones principales para explicarlas después con cierto detalle a partir de Comentario de Mateo.

| X.Pikaza

Mateo 11,25-30

En aquel tiempo, exclamó Jesús:

Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mí todos los que estáis cansados y aplastados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde/pequeño de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Nueve aportaciones:

  1. Trasfondo, contra las ciudades galileas, centradas en su poder
  2. Confesión de fe. Revelación de Dios a les pequeños (nêpioi), que no son sim más lossencillos
  3. Contra la falsa sabiduría del poder, revolución social y sapiencial de los pobres.
  4. Invitación a la vida, contra el riesgo de agotamiento, angustia de los hombres. Vivir en un mundo cansado
  5. Invitación al “alzamiento”: Levantarse, superar la carga (fortion) de la vida.
  6. Amor de Padre/Madre, primero de todos los amores
  7. Amor de mujer/persona, deseo de Dios atracción de su sabiduría “carnal” (en forma de mujer)
  8. Manso y humilde (pequeño), corazón divino de la vida humana
  9. Tomar el yugo, cargar el peso de la vida. Aprender a vivir, la única terapia

Introducción, contexto (Mt 11, 20-24)

Éste es el pasaje introductorio, el contexto en que Mateo ha introducido la revelación de Jesús. No es el evangelio de su éxito, sino de su fracaso:

11, 21 ¡Ay de ti, Corazaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran realizado los milagros que se han hecho en vosotras…. Y tú, Cafarnaúm ¿te vas a encumbrar quizá hasta el cielo? ¡Hasta el Hades te hundirás! Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que se han hecho en ti, aún subsistiría el día de hoy.

Ésta es la amonestación más significativa que la comunidad Q (cf. Lc 10, 12-15) ha dirigido a las ciudades del entorno de Galilea por no haber recibido el evangelio. Jesús y/o sus discípulos realizaron en ellas sus signos mesiánicos, para abrir un camino de Reino, desde los más pobres, con una propuesta de cambio en la vida económica y social. Pero esas ciudades les han rechazado, de manera que Jesús (Q, Mateo) les ha emplazado ante el juicio De Dios [1].

 Estas ciudades   aparecen así comparadas con Tiro y Sidón (ejemplos de maldad proverbial) y con Sodoma, ciudad del entorno del Mar Muerto, destruida según tradición por el fuego del cielo, a causa de su intensa maldad (Gen 18). [2] En especial destaca el destino de Cafarnaúm (comparada con Babel/Sodoma), ciudad dode Jesus habitaba, pero que e no se había convertido, no había aceptado su mensaje y el de sus enviados (11, 20; cf. 10, 15). Los portadores de la misión del Q, retomada aquí por Mateo, poseen una fuerte conciencia de elección. Oponerse el mensaje de Jesús significa para ellos rechazar al mismo Dios, corriendo el riesgo de perderse.

  1. Yo te confieso Padre. La revelación de Jesús a los pequeños, pobres, aplastados (11, 25-30)

Este pasaje proviene también del Q (cf. Lc 10, 21-22) y tiene profundas resonancias joánicas, de forma que a veces se le ha visto como un aerolito caído del horizonte o entorno del cuarto evangelio e introducido en la tradición sinóptica. De todas formas, no es un texto extraño en Mateo, sino que responde bien a su trama, en el espacio de una intensa controversia de Jesús contra las ciudades galileas que no han creído en su mensaje (11, 20-24) y contra los fariseos que siguen aferrados a una forma «no misericordiosa» de entender la ley del sábado (cf. 12, 1-14).

En ese contexto, tomado del Q, Mateo ha insistido en la revelación de Dios a los pequeños, por encima de la pretendida grandeza de las ciudades galileas y de los maestros rabínicos. Mateo la introduce tras el envío de los discípulos a Galilea (Mt 10) y tras la condena de las tres ciudades (Corozaín, Betsaida, Cafarnaúm…), que han querido elevarse sobre el cielo, rechazando a Jesús y a sus enviados, como muestran las tres partes del pasaje:

Alabanza (11, 25-26).Proviene de la tradición pascual de la iglesia, que descubre y confiesa a Jesús, muerto ya y resucitado, como revelador del Padre. Pero, en su tenor original, evoca y actualiza la experiencia histórica de Jesús:

11 25 Yo te confieso, Padre, Señor de cielo y tierra, pues has ocultado esto a sabios y entendidos, y lo has revelado a los pequeños. 26 Sí, Padre, pues que esta ha sido tu voluntad [3].

 Frente a los sabios y entendidos, representados por los galileos de 11, 20-24, se sitúan ahora los pequeños (nhpi,oi), que han acogido el evangelio. Así lo descubre Jesús, y da gracias al Padre por ello. Éste ha sido su descubrimiento mesiánico: La revelación de Dios en los pequeños, y no en las orgullosas ciudades de Galilea, ni en los sabios del judaísmo rabínico.

Leído de esa forma, ese pasaje nos sitúa ante un misterio divino y una revolución hmana: la manifestación de Dios rompe la dinámica religiosa de sabiduría y grandeza de las ciudades galileas(presumiblemente orgullosas por su conocimiento de la Escritura y por su forma de entender el judaísmo). En contra de ellas, eleva Jesús, por gracia de Dios, a los pequeños que escuchan su Palabra. Frente al círculo cerrado de los sabios y entendidos (avpo. sofw/n kai. sunetw/n) que se buscan a sí mismos y se creen suficientes, ratifica el Dios de Jesús el valor de los pequeños, en gesto de admiración exultante, revelándose por ellos como Padre.

En este principio se vinculan la hondura y universalidad, la profundidad y amplitud del evangelio de Mateo, que aparece así como portador de una revelación que no “cabe” en un pueblo de grandes y sabios. Este pasaje destaca así la autoridad de Dios Padre, a quien Jesús reconoce y alaba por su acción salvadora, en la línea del Éxodo, desvelando así su Nombre originario (cf. Ex 3, 14): Kyrios/Yahvé (¡Soy el que Soy!) del cielo y de la tierra, liberador sacral de los hebreos, siendo, al mismo tiempo, Padre que acoge y eleva a los pequeños. Éstas palabras (¡pues has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos…!) deben situarse en la historia de las comunidades cristianas de Galilea, que, en un momento de conflicto, entre el 40 y 70 dC, tendieron a desligarse del movimiento de Jesús, de forma que no pudo haber una “galilea cristiana”.

La manifestación del Dios de Jesús rompe la dinámica de sabiduría representada por las ciudades galileas, presumiblemente orgullosas por su conocimiento de las Escrituras, explicadas por los maestros fariseos que empezaban a misionar en la zona, oponiéndose a los discípulos de Jesús. Pues bien, frente a los “grandes fariseos” que operan en esas ciudades, rejudaizando Galilea de un modo rabínico, eleva Jesús a los pequeños que escuchan su Palabra, mostrando así que el Kyrios/Yahvé de la tradición judía es el Padre y defensor de los pobres, por encima de una sabiduría entendida como privilegio de una Ley propia de sabios y entendidos.

 El Dios grande (justificación del orden establecido) no necesita ser Padre (en el sentido de Jesús), porque es más bien Señor, Justo Juez, responsable de un orden y justicia de talión, dando a cada uno lo suyo (de acuerdo a lo que sabe y tiene). Por el contrario, el Dios de los pequeños tiene que ser y es Padre. Fundándose en el Dios de su seguridad nacional y legal, los galileos han rechazado a Jesús, pero él alaba a Dios Padre a través de los pobres, a quienes recibe en amor, ofreciéndoles su más alto conocimiento [4].

Revelación paterno- filial (11, 27).

Ese Dios de los pequeños se define ahora como Padre de Jesús, a quien se revela en plenitud. No estamos ya ante Moisés, un hombre de gran importancia, pero que recibe y ofrece una Ley que no se identifica con él. A diferencia de eso, la verdad de Dios se identifica con el mismo Jesús, como indica esta parábola más honda del mutuo conocimiento entre Padre e Hijo. Jesús no es sabio en la línea de los maestros de las ciudades galileas, ni es prudente en la línea de los expertos rabinos, sino que es y actúa como Hijo de Dios y Revelador del Padre, manifestándose de un modo total a (y en) los pequeños.

En esa línea, el conocimiento que Jesús tiene y transmite se identifica con su ser de Hijo. No es el resultado de un estudio especial (como el de los nuevos sabios galileos), ni una comprensión mas minuciosa de la Ley, sino una experiencia de filiación, que él puede y quiere compartir con todos aquellos que le escuchan y acompañan, empezando por los pequeños. Ésta es su transformación, la más sencilla (¡volver al principio de la vida!), la más fuerte de todas.

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Mejor ser sencillo que sabio. Domingo 14 TO. Ciclo A

domingo, 9 de julio de 2023
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imageDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Sabios y sencillos (Mateo 11,25-30)

             En aquel tiempo, exclamó Jesús:

            Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.

            Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

            Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro. descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

El pasaje de este domingo contiene una acción de gracias, una enseñanza y una invitación.

Acción de gracias. Jesús ve que la gente se divide ante él, y las cataloga en dos grupos. El de los «sabios y entendidos«, que tienen una sabiduría humana, y por eso se escandalizan de Jesús o lo rechazan. Son especialmente los escribas, que dominan las Escrituras tras muchos años de estudio; también los fariseos, muy unidos a los escribas, que siguen sus enseñanzas y se consideran perfectos conocedores de la voluntad de Dios. Pero están también los “sabios y entendidos” desde un punto de vista humano, los que se consideran capacitados para criticar a Juan Bautista y a Jesús aunque no hayan estudiado teología.

Por otra parte, está el grupo de la «gente sencilla», sin prejuicios, a la que Dios puede revelarle algo nuevo porque no creen saberlo todo. Pescadores, un recaudador de impuestos, prostitutas, enfermos… Esta gente acepta que Jesús es el Mesías, aunque no imponga la religión a sangre y fuego; acepta que es el enviado de Dios, aunque coma, beba y trate con gente de mala fama; se deja interpelar por su palabra y enmienda su conducta. Esto, como la futura confesión de Pedro, es un don de Dios. La capacidad de ver lo bueno, lo positivo, lo que construye. Los sabios y entendidos se quedan en disquisiciones, matices, análisis, y terminan sin aceptar a Jesús.

Enseñanza. En pocas palabras tenemos un tratadito de cristología, centrado en lo que tiene Jesús y en lo que puede revelarnos. Lo que tiene, se lo ha dado el Padre. El mejor comentario se encuentra en el cuarto evangelio, donde se dice que el Padre ha dado a Jesús los dos poderes más grandes: el de juzgar y el de dar la vida. A estos dos poderes se añade aquí el de revelar al Padre. Estas personas sencillas, a través de Jesús, van a conocer a Dios como Padre, no como un ser omnipotente o un juez inexorable. Él se lo revelará, porque es el único que puede hacerlo.

Invitación. Pero esta revelación del Padre no es algo abstracto, teórico. Es un respiro para los rendidos y abrumados por el yugo de las leyes y normas que les imponen las autoridades religiosas. Los rabinos hablaban del “yugo de la Ley”, al que los israelitas debían someterse con gusto y con deseo de agradar a Dios. Pero ese yugo se volvía a veces insoportable por la cantidad de mandatos y prohibiciones, y por la idea tan cruel de Dios que transmitían. En cambio, el yugo de Jesús pone a la persona por delante de la Ley, como lo demostrarán los dos relatos inmediatamente posteriores, centrados en la observancia del sábado.

Resumen. Estos versículos contienen un dinamismo muy curioso: el Padre revela al Hijo, el Hijo revela al Padre, pero el gran beneficiado es el hombre que acoge esa revelación; se ve libre de una imagen legalista, dura, agobiante, de Dios y de la religión. Su piedad, al hacerse más divina, se hace más humana.

Un rey sencillo, pero de inmenso poder (Zacarías 9,9-10)

El hecho de que Jesús se presente como «manso y humilde» trae a la memoria la promesa de un rey «modesto, montado en un asno», anunciado por el profeta Zacarías. Estamos, probablemente, a finales del siglo IV a.C., poco después de que Alejandro Magno haya pasado por Palestina camino de Egipto. A la imagen grandiosa del monarca macedonio, montado en su caballo Bucéfalo, contrapone el profeta la imagen de un rey de apariencia modesta, montado en un burro, pero de enorme poder, capaz de llevar a cabo lo que otros profetas habían atribuido al mismo Dios: sin necesidad de ejército (destruirá los carros de guerra de Efraín y la caballería de Jerusalén, romperá los arcos de los guerreros) instaurará la paz y dominará desde el Éufrates hasta el fin del mundo. Un rey excepcional, casi divino.

Los evangelistas relacionarán este texto con la entrada de Jesús en Jerusalén. En el contexto de este domingo, pretende reforzar la imagen de un Jesús manso y humilde, que no instaura la paz en las naciones sino en los corazones.

Así dice el Señor:

Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén;

mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso;

modesto y cabalgando en un asno, en un pollino de borrica. 

Destruirá los carros de Efraín, los caballos de Jerusalén,

romperá los arcos guerreros,

dictará la paz a las naciones;

dominará de mar a mar, del Gran Río al confín de la tierra.

«Te ensalzaré, Dios mío, mi rey» (Sal 144)

            El salmo elegido para este domingo reúne bien las dos lecturas. Recoge la imagen del rey, pero no destaca su poderío militar ni su dominio universal, sino su clemencia, misericordia, piedad, bondad. «Es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas». Igual que Jesús, que alivia a cansados y agobiados, el rey prometido «sostiene a los que van a caer, endereza a los que ya se doblan». Por eso, la reacción que debemos tener al escuchar las palabras del evangelio es la de bendecir al Señor Jesús día tras día, por siempre.

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09 Jul Domingo XIV de Tiempo Ordinario. Ciclo A

domingo, 9 de julio de 2023
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D-XIV

“Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a las sabias y entendidas y las has revelado a la gente sencilla.”

(Mt 11, 25-30)

Los evangelios no nos dicen explícitamente en ningún momento que Jesús riera o sonriera. Pero si agudizamos la vista y el oído nos encontramos con la sonrisa y la risa de Jesús.

Por ejemplo, en este fragmento del evangelio. Jesús siente la alegría y la complacencia al descubrir que la gente sencilla comprende la manera de ser de Dios. La gente humilde se abre al Reino. Jesús lo sabe y alaba al Padre. ¿Cómo?, ¡con una sonrisa en los labios!

¿Quién no se alegra cuando le sucede algo bueno? Por eso el evangelio de hoy nos ofrece la imagen de Jesús sonriente, con el rostro iluminado, compartiendo alegría con las gentes sencillas que lo están escuchando.

Y es que nos puede suceder que a fuerza de ver imágenes de Jesús en las que aparece serio, incluso en algunas parece que enfadado, acabemos olvidando que Jesús también sonreía. Se alegraba. Bendecía. Y probablemente se echaría unas risas con sus amigas y amigos.

Además, es imposible pensar que un Dios que ha creado cosas tan hermosas y es Amor, no tenga en su rostro una amplia sonrisa.

Tampoco parece muy creíble que a Jesús se le hubiera acercado mucha gente si hubiera ido por la vida con cara de pocos amigos.

Al final del evangelio de hoy Jesús invita a quienes están cansadas y agobiadas a acudir a él. Jesús quiere ser nuestro descanso y nuestro alivio. Nos ofrece su humildad y su sonrisa como lugar de nuestro descanso.

Estés como estés. Cansada o aliviada. Te invito a hacer un sencillo ejercicio. Imagínate a lo largo del día de hoy que Jesús te acompaña con su sonrisa. Cuando te acuerdes de Dios, acuérdate también de su sonrisa. Seguro que a lo largo del día acabas sonriendo más de una vez. Incluso puede que provoques alguna sonrisa.

Oración

Trinidad Santa, sonrisa compañera. Haznos imagen y semejanza de tu alegría.

 

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Dios ni esconde ni revela nada a nadie.

domingo, 9 de julio de 2023
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priestelsicariodedios5

DOMINGO 14 (A)

Mt 11,25-30

En el evangelio de hoy hay tres párrafos bien definidos. El primero se refiere a Dios. El segundo, a la interdependencia total entre Jesús y Dios. El tercero, hace referencia a la relación entre nosotros y Jesús. Los dos primeros se encuentran también en Lucas, pero en el contexto del éxito de los 72 y la intervención del Espíritu. En la primera comunidad cristiana todos eran personas sencillas, que no podían gloriarse de nada. ¿Qué hubiera dicho Jesús después de Constantino?

Te doy gracias, Padre, porque…” Lo importante no es la acción de gracias en sí sino el motivo. Jesús no puede afirmar que Dios da a algunos lo que niega a otros. Lo que quiere decir es que, el Dios de Jesús no puede ser aceptado más que por la gente sencilla y sin prejuicios. Los engreídos, los sabios, tienen capacidad para crearse su propio Dios. Los “sabios y entendidos” eran los especialistas de la Ley. Su conocimiento de Dios les daba derecho a sentirse seguros, poseedores de la verdad. No tenían nada que aprender, pero eran los únicos que podían enseñar.

¿Quiénes eran los sencillos? “El “nepios” griego tiene muchos significados, pero todos van en la misma dirección: infantil, niño, menor de edad, incapaz de hablar; y también: tonto, infeliz, ingenuo, débil. No tenía capacidad de razonamientos y les faltaba la mínima preparación para desplegarla. Para la élite religiosa, los sencillos eran unos malditos, porque no conocían la Ley, y por lo tanto no podían cumplirla. Los sencillos eran los “sin voz”, “la gente de la tierra”, los descartados.

Estas cosas son las experiencias de Dios que Jesús vivió y que nos quiere transmitir. No se trata de conocimiento sino de experiencia profunda. “Todo me lo ha entregado mi Padre…” Ese conocimiento de Dios no es fruto del esfuerzo humano, sino puro don; aunque no se niegue a nadie. El error de nuestra teología fue creer que conocíamos a Jesús porque conocíamos a Dios; si Jesús era Dios, ya sabíamos lo que era Jesús. El texto dice que la única manera de conocer a Dios es aproximarnos a Jesús, haciendo nuestra la experiencia de Dios que él tuvo.

Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré. La imagen de yugo se aplicaba a la Ley, que, tal como la imponían los fariseos, era ciertamente insoportable. El hombre desaparecía bajo el peso de más de 600 preceptos y 5.000 prescripciones, además de las tradiciones que eran innumerables y sumían a la gente en la imposibilidad de cumplirlas. Para los fariseos, la Ley era lo único absoluto. Jesús dice lo contrario: “El sábado está hecho para el hombre…”. La principal tarea de Jesús es liberar al hombre de las ataduras religiosas.

Mi yugo es llevadero y mi carga ligera. Jesús libera de los yugos y las cargas que oprimen al hombre y le impiden ser él mismo. No propone una vida sin esfuerzo; Sería engañar al ser humano que tiene experiencia de las dificultades de la existencia. Sin esfuerzo no hay verdadera vida humana. No es el trabajo exigente lo que malogra una vida, sino los esfuerzos que no llevan a ninguna plenitud. Lo que hagamos a favor del hombre traerá plenitud y felicidad.

Jesús propone un “yugo” pero no de opresión que vaya contra el hombre, sino para desplegar todas sus posibilidades de ser más humano. Jesús quiere ayudar al ser humano a desplegar su ser sin opresiones. El yugo y la carga serían, como el peso de las alas para el ave. Claro que las alas tienen su peso, pero si se las quitas, ¿con qué volará? El motor de un avión es una tremenda carga, pero gracias a ese peso el avión vuela. Nuestras limitaciones nos permiten avanzar.

Lo que acabamos de leer es evangelio (buena noticia). No hemos hecho caso a este mensaje. En cuanto pasaron los primeros siglos de cristianismo, se olvidó totalmente este evangelio, y se recuperó “el sentido común”. Nunca más se ha reconocido que Dios se pueda revelar a la gente sencilla. Es tan sorprendente lo que nos dice Jesús, que nunca nos lo hemos creído. Dios no comparte con el hombre el conocimiento, sino su Vida. Sin conocer la evolución pueden disfrutar de buena salud.

Si Dios se revela a la gente sencilla, ¿Qué cauces encontramos en nuestra institución para que sean escuchados? ¿No estamos haciendo el ridículo cuando seguimos siendo guiados por los “sabios y entendidos” que se escuchan más a sí mismos que a Dios? A todos los niveles estamos en manos de expertos. En religión la dependencia es absoluta, hasta el punto de prohibirnos pensar por nuestra cuenta. Recordad la frase del catecismo: “doctores tiene la Iglesia…”.

Jesús no propone una religión menos exigente. Esto sería tergiversar el mensaje. Jesús no quiere saber nada de religiones. Propone una manera de vivir la cercanía de Dios, tal como él la vivió. Esa Vida profunda es la que puede dar sentido a la existencia, tanto del sabio como del ignorante, tanto del rico como del pobre. Todo lo que nos lleve a plenitud, será ligero. Este camino de sencillez no es fácil.

Cansados y agobiados eran los que intentaban cumplir la Ley, pero fracasaban en el intento. De esa frustración abusaban los eruditos para oprimirlos. Nada ha cambiado desde entonces. Los entendidos de todos los tiempos siguen abusando de los que no lo son y tratando de convencerles de que tienen que hacerles caso en nombre de Dios. Pío IX dijo: “solo hay dos clases de cristianos, los que tienen el derecho de mandar y los que tienen la obligación de obedecer”. Ningún jerarca repetiría esas palabras, pero en la práctica, todos actúan desde esa manera.

Descubramos en qué medida separamos la fe de la vida, la experiencia del conocimiento, el amor del culto, la conciencia de la moralidad. Los predicadores seguimos imponiendo pesados fardos sobre las espaldas de los fieles. Nuestro anuncio no es liberador. Seguimos confiando más en los conocimientos teológicos, en el cumplimiento de normas morales y en la práctica de ritos, que en la sencillez de sabernos en Dios. Seguimos proponiendo como meta la “Ley”, no la Vida.

La gran carencia de nuestra comunidad hoy es la falta de experiencia interior. Por esa situación nunca se podrá superar condenando a los que se atreven a discrepar de la doctrina oficial o imponiendo normas que tratan de zanjar cuestiones discutibles. Lo que hay que enseñar a los cristianos es a vivir la experiencia de Jesús. Solo ahí encontraremos la liberación de toda opresión. Solo teniendo la misma vivencia de Jesús, conseguiremos la libertad para ser nosotros mismos.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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