«La depresión me abrió a un amor más grande. Esto es curioso porque es un poco místico, es lo que me interesa, es el amor con mayúsculas. El detalle del sexo, no es muy interesante. Quise a mujeres, quise a hombres, es un detalle esto. Lo que cuenta son los seres con los que uno se encuentra…»
«… Viví una historia increíblemente fuerte de amor con el abbé Pierre. Nos amamos a primera vista, tuvimos un flechazo. ¡Y es evidente que no me acosté con el Abbé Pierre! «
*
Fuente : entrevista de Christophe Lambert por Marc-Olivier Fogiel (Le Divan).
Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.
Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.
«Cuando se quiere tener una influencia moral sobre los demás, debemos abordar seriamente su moral personal.» «Es así como viven los hombres. Se sirven del otro para dejarse persuadir por una cosa en la cual, en el fondo de su corazón, no creen. Buscamos en el otro un instrumento para cubrir el sonido de su voz interior. Si cada uno de nosotros escuchase solamente un poco más su voz interior, si se intentase solamente el hacerla resonar en uno mismo, entonces habría mucho menos caos en el mundo. «
Comentarios desactivados en El Señor es mi Pastor…
SALMO 23
El Señor es mi Pastor…
Los pastores de mi casa
me enseñaron a sentirLo.
La «chivita» deportada
por la guerra fratricida
me ayudó a reconocerme
vigilado por sus Ojos,
añorado por sus Manos.
Yo sería un pastor
¿bueno?
Tu Palabra me alimenta, cada día,
como un valle.
Me convida tu Misterio, como un monte.
Como un río me penetra,
perdonado,
tu Ternura.
Pirineo y sus pastores,
por las rocas,
en la nieve,
por el Ésera desnudo tierra abajo,
por las noches estrelladas cielo arriba.
Los balidos impotentes me acosaban, siendo niño.
Los balidos de los pobres, degollados, me traspasan.
¿No bastaba con tu sangre, Pascua nuestra?
Si atardece en mis majadas,
Tú serás su paz caliente.
No les faltará tu silbo
cuando rompa el día nuevo.
Los mayores desencantos
puedo atravesar seguro.
¡Tú me llevas como un hombro,
Pastor bueno!
*
Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994
***
Yo doy la vida eterna a mis ovejas
En aquel tiempo, dijo Jesús:
– «Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano.
Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre.
Comentarios desactivados en Las dos caras del perdón.
Del blog de Henri Nouwen:
«El perdón tiene dos caras: el darlo y el recibirlo.
Aunque a primera vista, darlo pueda parecer lo más difícil, a menudo no somos capaces de perdonar a otro cuando nosotros no hemos sabido recibir perdón.
Únicamente, como personas que han aceptado el perdón, podemos encontrar la libertad para darlo a nuestra vez.
¿Por qué es tan difícil recibir el perdón? Cuesta decir: ‘sin tu perdón no puedo olvidar lo que pasó entre nosotros. Sólo tú puedes liberarme de ello’.
Esto requiere no sólo aceptar que hemos herido a alguien, sino también la necesaria humildad para reconocer nuestra dependencia de los demás. Sólo cuando podamos recibir el perdón de lo demás, podremos darlo.»
«Perdonar de corazón a otro es un acto de liberación. Liberamos a esa persona de los vínculos negativos que existen entre nosotros….Pero no es solo eso. También nos liberamos a nosotros mismos de la carga de ser ‘el ofendido’. Mientras no perdonamos a quien nos ha ofendido, seguimos llevando la ofensa con nosotros o, peor aún, la arrastramos con nosotros como una pesada carga.
La gran tentación es obstinarnos en la cólera que sentimos hacia nuestros enemigos y creernos ‘los ofendidos y los heridos’ por ellos.
Por tanto, el perdón no solo libera al otro, sino que también nos libera a nosotros mismos.
Es el camino hacia la libertad de los hijos de Dios. »
El tiempo pasa … Estoy en medio de una tormenta que nunca termina y que sé que es necesaria. Se sacude todo, es doloroso a veces.
Y este sentimiento inagotable de estar perdido … No sabe a dónde ir, qué hacer, qué decidir. Estoy dividido entre dos extremos:
Abandonar todo, soltar todo – dejar hacer-
Y pelearme, luchar contra todo pronóstico – Pero no sé contra qué y contra quién. No voy a luchar contra mí mismo a pesar de todo Mientras que siento que la cuestión es, en cambio, encontrarme a mí mismo.
Es extraña esta impresión de ser como un hijo pródigo
Que dejó la casa, dilapidó sus bienes, probó de todo,
Orgulloso de llevar su vida, confiado, optimista, terriblemente iluso también,
Y que se encuentra sin nada,salvo la facultad de volver en sí,
Y de recordar lo que dejó, lo que perdió.
No una riqueza material, sino un amor que lo constituía,
Un amor que tranquilizaba, un amor que vitalizaba,
Un amor que surgía tranquilamente
Y lo estructuraba en su ser.
No soy tan viejo,
Y sin embargo no dejo de volver a visitar la infancia y la adolescencia.
Como si algo me esperase allá,
que olvidé o perdí.
Y este algo, que bien podría ser que sea alguien.
La parte de mí, irreductible, todavía pura
Que aspiraba a la vida, a la felicidad.
¿Cómo volver a sumergirme en sus fuentes,
Cómo volver allí?
El hijo perdido medita en su corazón y se prepara.
Es posiblemente el sentido de esto que me agita.
tanto si la llamamos tempestad o desierto.
Voy pues a volver,
Pedirle perdón a mi Padre por haber huído tan lejos de él,
Por haber creído sólo en mis propias fuerzas,
Por haber creído poder vivir fuera de quien me creó.
Hay en mi infancia y mi adolescencia,
Este apetito de vivir,
Esta sed de descubrir,
Esta felicidad de dar y recibir,
Esta misma imprudencia,
Que hacían presente el instante presente.
¿Cómo puedo encontrar el camino?
Recorrí tantos caminos desde entonces.
¿Cómo puedo encontrar el camino?
Mi ser, despiértate.
Aunque te maltraté un poco a veces,
Si te olvidé o, peor, escondí y silencié,
Mi ser, despiértate.
Porque eres tú quien sabes el camino.
La verdad, es que estoy perdido sin ti.
Y necesitaba esta lección.
Mi ser, tú que recibes la vida divina cada día,
Perdóname y respáldame.
Porque tú conoces el camino del Ser.
Comentarios desactivados en La voluntad secreta de vivir
Del blog Amigos de Thomas Merton:
» El mundo moderno empieza a descubrir cada vez más que la calidad y la vitalidad de la existencia del hombre dependen de su voluntad secreta de vivir.
Existe dentro de nosotros una fuerza oscura de destrucción, que alguien ha llamado el «instinto de la muerte». Esta fuerza, engendrada por el amor propio frustrado que lucha consigo mismo, es algo terriblemente poderoso. Es la fuerza del amor de sí mismo que se ha vuelto aborrecimiento de sí mismo, y que, al adorarse, adora el monstruo en que se consuma.
Es, pues, de importancia suprema que consintamos en vivir para otros y no para nosotros mismos. Cuando hagamos esto, podremos enfrentarnos a nuestras limitaciones y aceptarlas. Mientras nos adoremos en secreto, nuestras deficiencias seguirán torturándonos con una profanación ostensible. Pero si vivimos para otros, poco a poco descubriremos que nadie cree que somos «dioses».
Comprenderemos que somos humanos, iguales a cualquiera, que tenemos las mismas debilidades y deficiencias, y que estas limitaciones nuestras desempeñan el papel más importante en nuestras vidas, pues por ellas tenemos necesidad de otros y los otros nos necesitan.
No todos somos débiles en los mismos puntos; y por eso nos complementamos y nos suplementamos mutuamente, cada uno rellenando el vacío del otro».
«Dice Jesús: El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y que me siga. (Mateo 16,24). No dice Haced una cruz, o Buscad una cruz. Cada uno tiene una cruz que cargar. No es necesario hacerla ni buscarla. ¡La cruz que cargamos es ya lo bastante dura de llevar para nosotros.! Pero ¿estamos dispuestos a cargarla, a aceptarla como nuestra cruz?
Tal vez no nos es posible estudiar, tal vez somos disminuídos físicos, tal vez sufrimos de depresión, tal vez tenemos conflictos familiares,o tal vez somos víctimas de alguna dolencia o atropello. No es algo que nosotros hayamos elegido, pero estas son nuestras cruces. No podemos ignorarlas, rechazarlas, negarnos a ellas u odiarlas. Pero podemos cargar nuestras cruces y seguir a Jesús con ellas.»
Déjame, Señor,
caminar sin ver
por tus caminos que son los tuyos.
No quiero saber por donde me guías,
¿acaso no soy hijo tuyo?.
Tú eres el Padre de la sabiduría, y también mi padre.
Aunque me guíes a través de la noche,
Tú me conduces hacia tí.
Señor, cúmplase en mí lo que tú quieras,
pues yo estoy dispuesto,
aunque nunca llegues a saciarme en esta vida.
Tú eres el Señor del tiempo.
Que todo se cumpla según los planes de tu sabiduría.
Y cuando me llames dulcemente al sacrificio,
ayúdame a cumplirlo.
déjame sobrepasar mi pequeño yo,
para que muerto, a mí mismo, viva sólo para ti!
Comentarios desactivados en «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.»
No te he negado
Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.
Fiel, fiel…, es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.
Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.
No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.
*
Pedro Casaldáliga,
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae 1986
***
En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera:
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice:
– «Me voy a pescar.»
Ellos contestan:
– «Vamos también nosotros contigo.«
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.
Jesús les dice:
– «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron:
– «No.»
Él les dice:
– «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces. Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro:
– «Es el Señor.«
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces.
Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan. Jesús les dice:
– «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice:
– «Vamos, almorzad.«
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos. Después de comer, dice Jesús a Simón Pedro:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?»
Él le contestó:
– «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.»
Jesús le dice:
– «Apacienta mis corderos.»
Por segunda vez le pregunta:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?»
Él le contesta:
-«Sí, Señor, tú sabes que te quiero.«
Él le dice:
–«Pastorea mis ovejas.»
Por tercera vez le pregunta:
– «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?«
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez si lo quería y le contestó:
-«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero.«
Jesús le dice:
– «Apacienta mis ovejas. Te lo aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero, cuando seas viejo, extenderás las manos, otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras.«
Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba a dar gloria a Dios. Dicho esto, añadió:
Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.
Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.
«No veo otra salida: qué cada uno de nosotros se vuelva sobre sí mismo y extirpe y aniquile en él todo lo que cree que él debe aniquilar en otros. Y estemos bien convencidos de que el menor átomo de odio que añadimos a este mundo nos lo hace más inhóspito de lo que ya es. «
Este amigo espiritual llamó a mi puerta anoche.
« ¿Quien esta ahí? «. Pregunté.
Él respondió: «Abre la puerta. ¡Eres tú! » «¿Cómo puedes tú ser yo?«. Pregunté.
Él respondió: «Somos uno, Pero el velo de la dualidad nos ha ocultado la verdad. «
Nosotros y yo, él y tú, todos nos hemos convertido en el velo
¡Y cuánto te ha velado a tí mismo!
Si deseas saber cómo nosotros y él y todos somos sólo uno,
Entonces, ve más allá de este «yo», de este «nosotros», y de este «tú«.
«Reflexiona esta noche. Reflexiona esta noche cuando está oscuro, cuando está lloviendo. Piensa en el juego que has olvidado. Eres el hijo de una raza grande y pacífica, una fábula indecible. Te descubrieron en una suave montaña. Has salido del océano divino. ERES SANTO, y estás desarmado y sellado con un emblema puro. También estás marcado con el olvido. En lo hondo de tu pecho llevas el número de pérdida.
Reflexiona esta noche. Hazlo. Hazlo. Recupera tu nombre originario.»
«Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús en presencia de los discípulos..»
Juan , 20,30
Primera reacción: ¿cuáles? Por qué no decirlos todos. Tengo la impresión de que jamás habrá suficiente para tratar de comprender el misterio de este Jesús que es Señor. ¡ Si tú eres el Enviado de Dios, Jesús, dinos pues lo que hay que hacer, claramente! ¡Todavía signos, todavía signos! No para gritar al milagro, justo para dejarme tocar, saber por fin qué es lo que me concierne. Con certeza.
Pero ahora, la segunda reacción: ¿Y cuántos signos te harían falta, mientras se trata de signos que aparecen en la vida de otros? ¿ Si esto llegara en tu vida, lo recibirías como signo? ¡Ni siquiera es seguro!
La tercera reacción: ¿Pero entonces, dónde estás Señor en tu vida? ¿Cuándo estuviste allí? ¿Cuándo te reconocí? Extraña coincidencia con el final de Mateo.
La verdad, es que con 10 000 signos, todavía puedo ser incrédulo mientras que el Evangelista nos llame a ser creyentes, y no incrédulos. Creyente, es decir: el tener confianza.
¿Confianza en qué entonces? De hecho en el Evangelio, es confiar en quien. Y es precisado en todas las cartas (Juan 20, 31): confiar en que Jesús es el Enviado de Dios, venido a revelarnos de una vez el esplendor de nuestra humanidad y el amor de nuestro Dios que la encuentra bella y la magnifica. Eso es lo que vemos en Jesús, ¿verdad?
Entonces, me vuelvo hacia ti, Jesús al que reconozco como mi Señor. Y te digo: por favor, te suplico, ayúdame a aceptar mi humanidad y a leer en ella los signos del amor de Dios por mí. Tu Padre, Nuestro Padre, me creó con amor y me confió esta parcela de humanidad y confía en mí para llevarla. Me la confió para que le honre. No ignoraba nada errores, espantos, obstáculos y contradicciones diversas que provoca la confrontación en sus límites y en las de los demás. Pero me creó con confianza.
En Ti, Jesús, reconozco a mi Maestro y Señor, porque tu humanidad, totalmente disponible para Dios es resplandeciente. En ti, Señor, reconozco el océano de posibilidades que se me ofrecen, las reconozco como una invitación para acercarme y para ser. A ser lo que soy, no otra cosa, sea por conveniencias, costumbres o miedos.
Mirándote, oigo esta llamada, ya oída en los Salmos: levántate y mira.
De una vez por todas, no te avergüences de lo que eres, No te avergüencesde ser sensible, No te avergüencede sentirte atraído por los hombres, No tengasvergüenza de releer tu historiay de asumirla. Incluso si no comprendes, Incluso silos demás no entienden,
Yo te digo:
Tú eres el que mi Padre ha querido,
Como eres.
Así que lleva esta humanidad
grandemente y maravillosamente.
» Por encima de la finitud, del espacio y del tiempo, el amor infinitamente infinito de Dios viene y nos toma. Llega justo a su hora.
Tenemos la posibilidad de aceptarlo o rechazarlo. Si permanecemos sordos, volverá una y otra vez como un mendigo, pero también como un mendigo llegará el día en que ya no vuelva. Si aceptamos, Dios depositará en nosotros una semillita y se irá. A partir de ese momento, Dios no tiene que hacer nada más, ni tampoco nosotros, sino esperar. Pero sin lamentarnos del consentimiento dado, del «sí» nupcial. Esto no es tan fácil como parece, pues el crecimiento de la semilla en nosotros es doloroso.
Además, por el hecho mismo de aceptarlo, no podemos dejar de destruir lo que le molesta; tenemos que arrancar las malas hierbas, cortar la grama. Y, desgraciadamente, esta grama forma parte de nuestra propia carne, de modo que esos cuidados de jardinero son una operación cruenta. Sin embargo, en cualquier caso, la semilla crece sola. Llega un día en que el alma pertenece a Dios, en que no solamente da su consentimiento al amor, sino en que, de forma verdadera y afectiva, ama.
Debe entonces, a su vez, atravesar el universo para llegar hasta Dios. El alma no ama como una criatura, con amor creado. El amor que hay en ella es divino, increado, pues es el amor de Dios hacia Dios que pasa por ella. Sólo Dios es capaz de amar a Dios. Lo único que nosotros podemos hacer es renunciar a nuestros propios sentimientos para dejar paso a ese amor en nuestra alma. Esto significa negarse a sí mismo. Sólo para este consentimiento hemos sido creados.»
¿Donde veremos a Cristo
sino a través de las comunidades reunidas para celebrar su muerte y resurrección
y la alegría que fluye en el mundo?
¿Donde oiremos Cristo
sino a través de las comunidades que anuncian actos de perdón y de paz?
Dondebrillará el rostro de Cristo
sino a través de las comunidades
que vivan concretamente según su Espíritu y practicando cada día su evangelio
¡Es por esto por lo que
Señor, Dios nuestro,
envíanos a los caminos de todos los días!
Envíanos a dar
nuestra bondad, nuestra atención,
comprometer nuestra solidaridad,
trabajar por la dignidad, tener tiempo para la oración y, que así, a través de nuestra existencia llevada a cabo según el Evangelio,
aparezca el rostro de Cristo
para nuestros hermanos y hermanas de este tiempo!
Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
– «Paz a vosotros.»
Y diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
– «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
– «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.«
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
– «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contesto:
– «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás:
– «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás:
– «¡ Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo:
– «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.
¿Cómo sabe que la aurora va a amanecer, mientras que el dragón de la noche enlaza todavía el cielo de sus dobleces heladas y negras?
¿Dime, ave mañanera cómo, a través de la doble noche del cielo y de los árboles, encuentra su camino hasta en tus sueños, el mensajero que surge de Oriente?
El mundo no podía creer en ti cuando exclamaste: «viene, el sol, y ya no habrá más noche. «
¡Oh dormilón, despiértate!
Descubre tu frente, a la espera del primer rayo de bendita luz, y canta con el ave mañanera en alegre fervor. «
Muere lentamente quien se transforma en esclavo de la costumbre, repitiendo todos los días los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no se arriesga a cambiar el color de sus vestidos o que nunca habla con un deconocido, quien evita una pasión, quien no cambia de rumbo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño, quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no viaja, quien no lee, quien no oye música, quien no sabe reírse de si mismo. Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar. Muere lentamente, quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante..
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:
*
*
«Oh noche asombrosa, plagada de coros, oh noche de hondísima alabanza y oscuridad llena de dulce deleite: ¿qué secreto e intrépido Visitante ha venido a alzarnos de entre los muertos? Él hace saltar sin dificultad los cerrojos del tiempo, nuestro sepulcro, en el vaticinado encuentro… Porque ya no existe la muerte, ni hay necesidad ya de sanar esas aguas con salmuera.
Que brille tu luz sobre el mundo: Tú eres el sol de la nueva creación. Y alzada sobre sus doce fundamentos, mira, las doce puertas que son el único Cristo. Y yo empiezo a escuchar el estruendo de los cánticos dentro de las torres de cristal, mientras todos los santos se alzan de la tierra con los pies radiantes de luz y vuelan para pisar el oro de aquellas calles.»
Lo que quiero deciros,
ya lo sabéis como yo lo sé
pero no lo sabemos bastante ni vosotros ni yo.
Es lo que hace el fondo de nuestra vocación cristiana.
Lo que nos será recordado esta noche,
es que Cristo sobre la cruz nos ha dado su vida,
es que sabremos mejor esta noche que esta vida que él nos ha dado
es una vida que ha atravesado la muerte y la ha vencido,
que es la vida resucitada, que es la vida eterna.
Es que esta vida es la misma que brota de Cristo para salvarnos como brota sin cesar para seguir creándonos.
Es que esta vida no se puede parar
y, sumergidos por ella,
tenemos que salvar por ella, en ella, con ella.
Pero ya ves,
cuando el reino de los cielos quiere traspasar el mundo
cuando el amor de Dios quiere buscar a alguien que se perdió,
cuando ese alguien es una multitud,
lo que es mucho más importante,
esto es lo que somos, mucho más de lo que uno es;
cómo se hace, mucho más de lo que hacemos.
Para vivir y seguir al Señor Jesús
en las circunstancias de la gente de hoy
hacen falta las mismas cosas esenciales que en todos los tiempos,
sólo es diferente el choque producido entre estas cosas y el mundo.
Puede ser un comerciante de pescado o farmacéutico o empleado de banco; puede ser un hermanitoo del padre de Foucauld o hermanita de la Asunción; puede ser guía o jocista … cada uno en su sitio … Pero es un lugar al que no se puede cortar, que es para todos nosotros: – Servir al Señor en primer lugar como un Dios que lleva el mundo; – Amar al Señor más que nada como un Dios que ama a los hombres; – Amar a cada ser humano hasta el final;
– Amar a todos los hombres hasta el final porque el Señor los ama y como Él ama.
Y en este sitio, si no somos ingratos… ni idiotas… acostumbrarnos a esta posibilidad prodigiosa que es la nuestra: creer en el Dios vivo que nos ama y poder amarLe amando a los demás como Él nos ama.
*
Madeleine Delbrêl
(a los jóvenes, en el curso de una vigilia pascual)
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