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Mujeres y Epifanías

miércoles, 13 de junio de 2018
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El pasado 8 de Marzo marcó un antes y después en el camino por conseguir la absoluta igualdad entre hombres y mujeres. El Feminismo, del que el movimiento LGTBI+ aprendió muchísimo, ha dado un nuevo enfoque en este sentido. Algunos han tomado buena nota y así, España cuenta ya con un Gobierno con mayoría de ministras. Mientras, la mayoría de jerarcas religiosos siguen con su mirada patriarcal y misógina… Pero la mística procede de una mirada femenina sobre el mundo y la espiritualidad, no hay duda…

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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En el prólogo al libro Diálogos con el silencio, querecoge dibujos y oraciones de Thomas Merton, su editor, Jonathan Montaldo, comenta acerca del lugar que las mujeres ocuparon en la vida del monje trapense. Creo que es un excelente resumen de la presencia femenina en la vida de Merton, que se complementa indudablemente con la sombra protectora de su madre, Ruth Jenkins, a la que está dedicado el libro, y la misteriosa M, que da un toque particular a la aventura espiritual del monje.

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“Los más impactantes y misteriosos dibujos que aparecen en este libro, teniendo en cuenta que son obra de un monje, son los que representan mujeres. Por su temperamento, Merton siempre trató de recorrer su camino en solitario, un Adán sin una Eva que pudiera entorpecerlo. Pero estos dibujos de mujeres reflejan el creciente aprecio que toda su vida sintió por las mujeres y por lo femenino, prescindiendo ahora de lo que pudieran ser sus conquistas juveniles.

En sus diarios privados, Merton revela sueños poblados de mujeres y de imágenes femeninas. Soñaba con una princesa china que le conocía y le amaba. Soñó también con una madre adoptiva de raza negra que le había criado con severidad, pero también con buen juicio, y que ahora danzaba con él. Soñaba con una joven judía, una figura onírica recurrente que le había revelado su nombre: Proverbio. Proverbio le visitaba una y otra vez disfrazada con el rostro de otras mujeres, tanto de carne y hueso como de la materia de la que están hechos los sueños.

Este coro de rostros femeninos, de los que solo figuran unos cuantos en este libro, son evocaciones de todas las mujeres que acompañaron la vida de este monje, feminizaron el oído interior de su corazón y le enseñaron a amar y a hacer de la sabiduría el substrato de su alma. Al recibir las visitas de Proverbio, Merton experimentaba las epifanías de su propio yo secreto, el lugar ignoto en que Dios permanecía siempre con él como algo íntimo, integrando su fragmentada vida en una plenitud oculta”.

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Foto principal extraída de Wonderful World

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Representar la Trinidad ¿Espíritu Santo mujer? (Benedicto XIV: SN 1745).

domingo, 27 de mayo de 2018
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33532947_984981095012416_2517594251345264640_nDel blog de Xabier Pikaza:

El motivo que hoy expongo, como preparación para la fiesta de la Trinidad (27.5.18), puede parecer banal, pero es uno de los más importantes que se pueden plantear en teología y en la vida de la Iglesia.

Así puede evocarlo esta hermosa imagen del Espíritu Santo como Mujer (o joven asexuado) que se le apareció a Santa Crescencia de Keufbeuron, imagen cuya devoción ella propagó, siendo «criticada» por el Papa Benedicto XIV, con «sabias razones», pero quizá sin razón de fondo, como podrá ver quien siga leyendo. Éstos son los temas de fondo:

1. La visión femenina del Espíritu Santo (y de la Trinidad) es un tema que se viene planteando en teología desde hace casi 100 años, desde perspectivas distintas, por autores tan significativos como H. Urs von Balthasar, L. Boff y A. Amato.

2. Es importante la posibilidad (¿necesidad?) de crear unos ministerios femeninos en la Iglesia, o de abrir los actuales a mujeres. Sobre ese tema acaba de decir, por ejemplo, el Card. Brandmüller (cf. RD 15.5.118) que quien eso defiende “es un hereje o está excomulgado”. Mejor sería preguntarse si es Brandmüller quien va en contra de la verdadera la comunión de la Iglesia (por muy cardenal que sea).

3. Es necesario estudiar y actualizar la revelación de Dios y la función de la mujer, en cuanto mujer y persona, en el despliegue y vida de la iglesia.

33500543_984981398345719_8591156677699436544_n Es importante el tema de un tipo de homosexualidad en cierto clero de la Iglesia, que muchas veces se vincula (al menos implícitamente, y casi siempre con falsedad) con la pederastia y el celibato, cosas que son muy distintas. El asunto no es claro y estos días han saltado chispas (y no de fuego de amor) desde Chile al Vaticano, y no parece que puedan resolverse con los planteamientos actuales de la Iglesia

Entre esos temas puede parecer menos importante el de “pintar la Trinidad” (o el Espíritu Santo) con rasgos femeninos o masculinos. En ese contexto se pueden y deben ofrecer unos principios:

1. A Dios se le ha representado (verbal y pictóricamente) como Padre (varón), pero quizá se le debería presentar, con tanta o más razón como Madre o como Mujer joven (o incluso como niño/niña, cf. imágenes). El tema se halla absolutamente abierto.

2. Ciertamente, Jesús Hijo de Dios ha sido Varón, pero no es redentor y salvador por varón (macho), sino por persona, en griego de los credos por ser anthropos.

3. Del Espíritu Santo se dice que es “persona” de otra forma, ser dual, amor mutuo… en forma de fuego o paloma, con tempestad y viento, suave o impetuoso. Algunos grandísimos santos, como Santa Crescencia de Keufbeuren (1662-1784) le vieron y pintaron como mujer, y así le han visto otros muchos.

33662376_984980705012455_6550988044629966848_n4. En los dos últimos siglos, los niños que han visto a una “Señora” han dicho (= o les han dicho) que era la Virgen, y así se la venera en lugares como Lourdes o Fátima, con aprovechamiento de muchos fieles. Pero cuando, a principios del siglo XVIII Crescencia, santa vio a la misma Señora pensó y dijo, con honda teología, que era el Espíritu Santo (en forma de mujer, o quizá de joven doncel asexuado).

5. Ese tema preocupó mucho a Benedicto XIV (Prospero Lambertini), uno de los papas más cultos y prudentes de todos los tiempos (1740 al 1758), que estudio bien la cuestión, con los mejores teólogos del tiempo, y escribió una carta (Sollicitudini Nostrae), al obispo de Augsburgo, Alemania, que le había planteado unas preguntas sobre la conveniencia de aprobar el culto de cierta imagen impulsada por Santa Crescencia (a la que algunos querían ya beatificar), en la que el Espíritu Santo aparecía representado bajo la figura de un hermoso joven de carácter axesuado (más mujer que varón). El Papa Lambertini aprovechó la ocasión para desarrollar con gran rigor la doctrina de las imágenes de la Trinidad, siguiendo la tradición de la Iglesia y teniendo en cuenta el parecer de los mejores teólogos y estudiosos de la pintura de su tiempo y de los dos siglos anteriores.

Con esa ocasión quiero desarrollar el tema, que he debido estudiar con más detalle en mi Enchiridion Trinitatis. Espero que el mismo lector saque las conclusiones pertinentes.

1. Imágenes 1-2: El Espíritu Santo como mujer (o joven asexuado) y como niño/niña, cuya devoción era propagada por Santa Crescencia (y que se sigue propagando en su nombre en ciertas iglesias, tras su canonización el año 2001). Benedicto XIV no se mostró favorable a esas imágenes, como verá quien siga leyendo

2. Imágenes 2-4: Representaciones antropomórficas de la Trinidad, que el Papa Benedicto XIV miró también con prevención.

3. Sobre Santa Crescencia (1662-1884, canonizada por Juan Pablo II el año 2001) y su influjo en la Iglesi, cf. http://www.franciscanos.org/osservatore/mariacrescencia.htm (habría que pensar por qué sólo Juan Pablo II, que veía también de algún modo al Espíritu Santo como Mujer canonizó a Crescencia, dos siglos y medio después de su muerte).

4. Bibliografía: Cf. F. BOESPFLUG, Dieu dans l’art. Sollicitudini Nostrae de Benoit XIV (1745) et l’affaire Crescence de Kaufbeuren, Cerf, Paris 1984, 21-61; E. TOURÓN DEL PIE, La iconografía mercedaria en Interián de Ayala, O. de M. (1657-1730) Estudios 151 (1985) 357-380. Cf. también, varios: La Trinidad en el Arte, SET, Salamanca 2004. Para imágenes trinitarias en el arte: GERMÁN DE PAMPLONA, Iconografía de la Santísima Trinidad en el arte medieval español, CSIC, Madrid 1970

BENEDICTO XIV: SOLLICITUDINI NOSTRAE (1745). La Mujer y Espíritu Santo en la iconografía.

(Motivo de la carta. La representación del Espíritu Santo).

8. Me habéis escrito sobre la publicación y vasta difusión de ciertas imágenes en las que el Espíritu Santo aparece bajo la forma de un hermoso joven, con la leyenda Veni Sancti Spiritus (Ven Espíritu Santo). Dado que esas imágenes se han multiplicado y extendido de algún modo por muchos sitios, se plantean dos cuestiones que deben resolverse.

(a) Si la hermana Crescencia ha creado, aprobado y vulgarizado estas imágenes.

(b) Si, dejando a un lado su autor, el uso, producción y veneración de este tipo de iconos puede ser admitido al interior y al exterior de las iglesias. Ahora no tratamos de la primera cuestión… 10. Sobre la segunda cuestión, queremos alabar y aprobar ante todo el celo apostólico con el que habéis procurado que las imágenes de ese tipo sean retiradas y alejadas de los lugares públicos: monasterios, coros e iglesias.

(Imágenes de Dios).

33426055_984982118345647_251719752521613312_n(11). Pues a nadie se le oculta que sería un error impío y sacrílego, indigno de la naturaleza divina, que alguien pensara que puede representar por medio de colores al Dios Óptimo Máximo tal como es en sí mismo. Pues para ello habría que pintar y representar su imagen como si fuera una sustancia material, provista de figura corporal y de miembros. Si alguien le atribuyera a la naturaleza divina estas cualidades caería sin más en el error de los antropomorfitas.

(12) Sin embargo, a Dios se le puede representar tal como leemos en la Sagrada Escritura, donde se dice que se apareció a los hombres… (15) Porque, si las mismas Escrituras Sagradas dicen que Dios se dejó ver por los hombres de esta o de aquella forma ¿por qué no podrán representarle de ese modo los pintores?

(Imágenes del Espíritu Santo: paloma, llamas de fuego…).

(16) Una vez que han quedado claros los principios anteriores, será fácil precisar la forma en que los pintores pueden presentar la imagen del Espíritu Santo, de manera que se distingan las imágenes que pueden aprobarse y aquellas que no… En los Santos Evangelios se cuenta que, con ocasión del Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre él en apariencia corporal, como una paloma… Leer más…

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La Iglesia es femenina

jueves, 10 de mayo de 2018
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mujeres-sacerdotesGabriel Mª Otalora
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 16/04/18.- Lo ha dicho el Papa Francisco: “la Iglesia es femenina”. Y eso que los que siguen las reformas de este gran pastor afirman que no es precisamente en este campo donde más avances se han producido durante su pontificado. Se han dado algunos pasos pero con un andar más despacio que en otras realidades. La situación eclesial de la mujer no es evangélica si lo pensamos honestamente, es decir, poniendo el acento en cómo Jesús les trataba, sin considerarles en minoría de edad eclesial y después de tantos siglos desdichados para ellas en todos los órdenes, no solo dentro de la Iglesia. Todavía no pueden ser ordenadas sino que sufren el ninguneo como mujeres en la participación en las responsabilidades de la Iglesia. El suplemento mensual Mujeres Iglesia Mundo de L’Osservatore Romano (marzo 2018) ha publicado la denuncia de “la explotación generalizada de las monjas con trabajos sin paga o sueldos muy bajos”, reclamando que la jerarquía eclesiástica debería dejar de tratarlas como simples sirvientes.

¿Sólo han existido cuatro mujeres con méritos -y ninguna laica- en la historia de la Iglesia para ser declaradas doctoras? Además de constatar la presencia única de los varones en las demás instituciones eclesiales o ministerios eclesiásticos (cardenalato, episcopado, sacerdocio, diaconado…).

Las monjas y religiosas son mujeres que se han consagrado a vivir radicalmente el testimonio evangélico y sin embargo, con el Código de Derecho Canónico en la mano, su discriminación si cabe, es más grave que la de las mujeres laicas. El 22 de julio de 2017, el Vaticano dio licencia a la hermana Pierrette Thiffault para celebrar una boda en una diócesis de Quebec, debido a la escasez de sacerdotes forzando el capítulo V del Código de Derecho Canónico que afirma lo siguiente: “Donde no haya sacerdotes, ni diáconos, el obispo diocesano, previo voto favorable de la Conferencia Episcopal y obtenida licencia de la Santa Sede, puede delegar a laicos para que asistan a los matrimonios”. Y en otro lugar se afirma que el obispo y el párroco pueden delegar en sacerdotes y en diáconos la facultad de asistir a los matrimonios; pero en ninguno canon se menciona a las religiosas ni a las monjas.

Quizá la verdadera razón la dio Dolores Aleixandre: existe un temor en la Conferencia Episcopal, como si cualquier mujer que defiende sus derechos estuviera reclamando la ordenación. Pero no se trata de eso, sino de que el Evangelio empuja de abajo a arriba, porque habla de una comunidad circular en la que alguien tiene la presidencia, pero en la que todos somos hermanos y hermanas. Me pregunto por qué tenemos tanto miedo al sueño circular y fraterno de Jesús; creo que tenemos mucha confusión entre autoridad y poder.

Y a pesar de todo, la mayor parte de quienes asisten a los actos religiosos son laicas mientras los que tienen responsabilidades en la Iglesia son varones. Francisco está impulsando una presencia mayor de seglares en la curia romana pero su reforma se enfrenta a una desigualdad poco acorde con los tiempos e injustificable por la esencia de los textos evangélicos. La Iglesia es femenina, sí, aunque de momento solo en el género sustantivo gramatical.

Toda la Iglesia necesita incorporar las aportaciones de mujeres a la experiencia comunitaria cristiana; no es un problema de laica o consagrada, sino de estatus de dignidad personal como seguidoras de Cristo. Las monjas de Estados Unidos, por ejemplo, llevan años en el ojo del huracán de la Curia romana pidiendo una Iglesia que no discrimine a las mujeres, que han seguido a Jesús desde Galilea (Mc 15,41; Mt 27,55), algo que confirma Lucas (8,1-3) con otras fuentes. Ellas fueron las que recibieron la noticia de la Resurrección. Por tanto podemos creer que han acompañado a Jesús en su predicación del reino, aceptando su misma vida desinstalada, asistiendo a su enseñanza y a sus curaciones, No le abandonan cuando está en la cruz y fueron las testigos del Resucitado. Aun sin ser mencionadas  explícitamente, algo propio del lenguaje inclusivo, estas mujeres están presentes en el  grupo de discípulos reunidos a los que el Resucitado confía la misión y entrega el Espíritu.

En cuanto a Pablo, se encuentra a cristianas en sus lugares de misión y él las respeta, a la vez que reconoce y admira su labor. Pablo defiende el matrimonio ante las posturas ascéticas que comenzaban a surgir (1 Cor 7,5) y lo concibe como una relación de  reciprocidad e igualdad entre varón y mujer, haciéndose eco de las tradiciones de Jesús (1 Cor). Pablo menciona a Febe, a quien llama “diácono” o “presidente” de la  iglesia de Cencreas (Rom 16,15). “Ya no hay hombre ni mujer…” (Gal 3, 28).

Por los escritos extracanónicos y por los Hechos apócrifos de los apóstoles, se puede  ver la resistencia que pusieron las mujeres para no perder protagonismo, sobre todo en Asia  Menor ante el movimiento general de patriarcalismo que se dio en lglesia. Cuando a las casadas se las sometió al marido, optaron por  permanecer célibes, lo que les daba una mayor posibilidad de participación eclesial. Sin embargo, muy pronto también estos grupos de mujeres célibes fueron controlados por varones.

No se puede encontrar en boca de Jesús un dicho o palabra que minusvalore o justifique la subordinación de la mujer. El comportamiento patriarcal de la Iglesia posterior con la  mujer no pudo basarse ni en Jesús ni en su actitud sino en razones más humanas Sin embargo, la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis de Juan Pablo II afirma que “este tema atañe a la misma constitución divina de la Iglesia”, que “la Iglesia no tiene la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres y que este dictamen debe ser considerado como definitivo”. Pero no es dogma de fe.

El biblista Xabier Pikaza es claro: Jesús no quiso algo especial para las mujeres. Quiso para ellas lo mismo que para los varones. La singularidad de la visión de Jesús sobre las mujeres es la “falta de singularidad”: no buscó un lugar especial para ellas, sino el mismo lugar de todos, es decir, el de los hijos de Dios.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Profetizar con perfume.

lunes, 23 de abril de 2018
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betania_560x280Antes de salir de casa me gusta echarme un poco de agua de colonia, con el spray, sin más, y sin menos. ¡Qué menos que tener derecho a sentirte fresca, femenina, libre!

Ese gesto, casi automático, me recuerda a nuestra hermana, a la que le encantaba el perfume, no el agua de colonia como a mí, ¡no! ella iba a por todas. El mejor perfume, el de nardo auténtico, el que, dice el evangelio de Marcos, que ahorra bastantes palabras, que era muy caro. (Mc.14 ,3-9), tal vez un Dior, o algo de ese pelo.

Agarrada al frasco de alabastro lleno de esa esencia maravillosa, que expresa su propio amor apasionado hacia aquel que le ha devuelto la dignidad, irrumpe, transgrede, rompe y ama, ama con todo su ser al que la mira con respeto, al que se deja ungir por ella, al que pone su cabeza en sus manos: “se lo fue derramando en la cabeza”.

¿Por qué la cabeza? ¿Acaso el dolor no está en la cabeza? ¿Acaso la duda, el miedo, los recuerdos dolorosos, no se instalan ahí de ocupas, hasta que alguien, con sus manos y su perfume, con su tacto y su energía femenina lo va “haciendo fluir”? porque el cariño no resuelve los problemas, pero sí acaricia a quien los sufre, y como nódulo tenso, se van disolviendo pudiendo así ser mirados desde otro ángulo.

Nuestra hermana, como siempre anónima, no le evita la muerte a Jesús, pero sí la desesperanza, la angustia, la soledad. Es lo que tiene el perfume, que ahoga la peste del patriarcado que se ceba con el dolor de las más débiles, o así consideradas.

“Se lo fue derramando en la cabeza”… la escena es insuperable, recoge los sentidos, puedes seguir cada uno de ellos y experimentar el tacto en la sien, relajando la tensión, el olor intenso penetrando por los poros, el rostro del Maestro, relajado y agradecido entre las manos de una mujer, que le adora, a su manera.

Supongo que en la sala se hizo silencio, lo cual favorece el efecto del tacto y el perfume, y seguro que el placer del conjunto aplicado, en unos días difíciles y en un cuerpo joven tensionado por tanta calumnia y envidia, debió ser de un gusto exquisito.

Y lo consigue ella, que es capaz de profetizar como ella es, a su manera, empoderada por la voz del amado:

 “Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra excelente ha realizado conmigo…”

Pero es que ella ha tenido que tomar decisiones muy comprometidas. Profetizar con perfume no es un anuncio del corte inglés o cualquier otro absurdo comercial.

Profetizar con perfume presupone romper el frasco. ¿De qué estamos hablando? Escuchaba a un médico decir que una de las causas de muerte muy frecuente en la mujer es “de corazón roto”, así diagnosticado, porque es una muerte súbita causada por un dolor intenso, muy intenso. Desde 2007 la causa número uno de muerte en la mujer es infarto: por agotamiento, por pluriempleo, por ser cuidadoras de todo y excederse.

Hoy la mujer se rompe, pero la mayoría no por profetizar con la vida y la palabra. Profetizar con perfume presupone romper el hermoso frasco de alabastro, ese que tú y yo tenemos, como mujeres cristianas, y que el patriarcado no nos deja compartir… pero sí Jesús.

Deseo que nuestra hermana, una de las primeras cristianas, nos enseñe a ser profetas, hoy día internacional de la mujer trabajadora, os recuerdo hermanas, amigas, compañeras cristianas que tenemos un servicio pendiente de priorizar “el servicio de ungir cabezas con el perfume de la Palabra y el cariño”.

Sueño en montones de mujeres cristianas que con nuestro jarro de alabastro no hagamos lo que hace el capitalismo, guardarlo para venderlo cuando sea buen momento, sino romperlo y regalarlo.

Romper moldes, costumbres y prácticas patriarcales que nos impiden estar disponibles para comunicar a tantas y tantos lo que guardamos en el frasco.

Y también entre nosotras, no libres en tantas ocasiones de actitudes patriarcales, ya que así nos educaron… Deconstruir procesos mentales es muy difícil. Ser profetisas del perfume entre nosotras, evitando la competitividad, la crítica… que tanto mal nos hace, sí, entre nosotras.

Antes de salir de casa, chicas, no olvidéis el spray de perfume, guiño por la chica del frasco de alabastro.

Magdalena Bennásar Oliver

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Más de 900 mujeres lesbianas, bi y trans han denunciado abusos y discriminación en Chile

lunes, 12 de marzo de 2018
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abusosmujeres-768x381Así lo reportó el Movilh en el marco del Día Internacional de la Mujer. El organismo lamentó que el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género carezca de toda política para hacer frente a la violencia contra trans.

Un total de 908 mujeres lesbianas, bi y tran han denunciado en Chile atropellos en razón de su orientación sexual desde el 2002 a la fecha,  en un contexto donde solo el 8% se atreve a reportar abusos, informó hoy el Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh).

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la vocera del Movilh, Cristina Poblete, precisó que “los abusos van desde agresiones físicas y verbales hasta asesinatos, pasando por violencia intrafamiliar y negación  u obstáculos para el ejercicio de derecho básicos en los campos de la salud, la educación,  el trabajo y el reconocimiento a  la identidad”. “Son mujeres que sufren, y sufrimos, dobles o triples formas de discriminación y abusos, lo cual se agudiza cuando las afectadas pertenecen a zonas pobres o carecen de educación. En torno a la múltiples forma de exclusión el Estado de Chile no ha implementado ninguna política pública”, añadió.

Poblete redondeó que “igual de lamentable es que el Ministerio de la Mujer y de la Equidad de Género, y antes el Sernam, no han creado desde la recuperación de la democracia ninguna política para hacer frente a los abusos que padecen las mujeres trans”. “Las mujeres trans no son recibidas en las Casas de Acogida cuando son violentadas por sus parejas, ni siquiera son consideradas en las estadísticas de los femicidios. Se trata de una situación extrema frente a la cual el Estado ha sido sordo, ciego y mudo”, criticó Poblete.

La dirigente recordó que en 2016 el Estado firmó un compromiso con el Movilh ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para que el Ministerio de la Mujer y de la Equidad de Género implementara medidas a favor de las trans. “Pero nada de ello ha ocurrido hoy. La deuda es gravísima e instamos a saldarla en breve”, finalizó Poblete

Fuente MOVILH

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Consejos para la mujer fuerte

jueves, 8 de marzo de 2018
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Celebremos este 8 de Marzo con un poema de una mujer fuerte… Del Blog de Gioconda Belli:

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Consejos para la mujer fuerte

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodealo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuidate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

*

Gioconda Belli

belli

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Historia de Dios en la Biblia: Padre-madre, varón y mujer

lunes, 5 de marzo de 2018
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09788428830881Del blog de Xabier Pikaza:

Éste es un tema que sigue apasionando y dividiendo a estudiosos y gente de la calle, a clérigos y laicos, creyente sy no creyentes…

Si hay «algo» que se parece a Dios (que en cierto sentido «es» Dios) es el ser humano: Varón y mujer, madre y padre, hermana y hermano, amiga y amigo, adulto y niño etc. etc.

Así lo ha «sentido» y lo ha dicho la Biblia en un camino apasionante de experiencia y búsqueda que no ha terminado todavía.

Muchos han banalizado el tema, como si Dios fuera «espíritu puro» (sin rasgos de madre y de padre, sin cuerpo y sin «cristo», sin pobres…», creando así una religión desencarnada, contraria a la confesión de Jn 1, 14 y del mismo concilio de Calcedonia.

Otros muchos (y entre ellos cierta jerarquía de la Iglesia Católica) no se han querido enterar, y muestran bien que no han leído la Biblia (nos lo dijo de forma apasionada K. Rahner, nada sospechoso de anticatólico), por su forma de entender los ministerios masculinos (y negar los femeninos…).

Otros, en fin, siguen abiertos a las experiencias y preguntas abiertas por la historia de Dios en la Biblia, y entre ellos quiero contarme, y así lo he puesto de relieve en este libro.

La edición castellana apareció hace unos meses (primavera 2017, en PPC, Madrid: Imagen 2). Este mes se publica la edición italiana (imagen 1), con un título quizá más ajustado, en una prestigiosa editorial: Queriniana, de Brescia, en la colección GDT, Giornale di teologia 405.

Dios aparece en la portada como zarza ardiente, el Señor Yahvé, que no puede decirse ni nombrarse, pero que abre un camino de luz para la vida de los hombres y mujeres, como padre-madre, varón-mujer, comunión de vida.

Sigo poniendo en esta postal parte del prólogo de la edición castellana, con el texto de la contraportada y solapas de la edición italiana. Buen día a todos, con el Dios padre-madre.

Prólogo edición castellana

Los judíos dicen que es Yahvé (Soy-el-que-Soy), pero no se atreven a pronunciar su nombre. Los cristianos le llaman Abba (Padre), otros le ven como Señor, Gran Espíritu, Espíritu Absoluto… Yo quiero contar su historia en este libro, siguiendo el argumento de la Biblia, y presentarle como Abba-Imma (Padre-Madre), en el lenguaje de Jesús, que era arameo.

No es el nombre lo que más me importa, sino la historia de su Vida en nuestra vida. Con ese fin he debido recoger aportaciones fundamentales de la Biblia judía y cristiana, realizando una exégesis o lectura meditada y razonada de la Palabra de Dios, en perspectiva personal y social, cultural y religiosa. He llegado a la conclusión de que nosotros, cristianos del siglo XXI, seguimos formando parte de la historia de ese Dios de la Biblia, que es Padre-Madre, el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, de forma que al hablar de Dios estamos hablando de nuestra propia vida.

El tema puede resultar complejo, no sólo porque se refiere a Dios, sino porque algunos de sus nombres (Yahvé, Elohim, Padre, Madre…) parecen hoy menos evidentes, y la historia de su revelación nos puede parecer lejana. Yahvé (el Señor), nombre clave del Dios israelita, resulta enigmático; y Padre, nombre central del Dios de Jesús, parece decirnos ya poco, pues se dice que la figura paterna ha perdido importancia en esta nueva sociedad que no quiere jerarquías patriarcales. Algunos añaden, de un modo simplista, que las dificultades de Dios se arreglarían volviendo a presentarle nuevamente como Madre, rechazando sus implicaciones patriarcales; pero el asunto de fondo (¡Dios!) es más complicado, y no todos concuerdan con la forma de actualizar su figura. Leer más…

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Soy Mujer

jueves, 8 de febrero de 2018
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mujer-libre-en-la-playa

Muy temprano en la mañana apenas si amaneció.
El nuevo día despierta y con él mi ilusión
en todo lo que vivo.
Tú que bendices mi hogar, dame la fuerza de amar,
que me permita luchar.
Tú, tú que bendices mi ser recuerda mi dignidad
a quien la quiera robar.

SOY MUJER, ME SIENTO FUERTE,
QUIERO VIVIR DESDE MI LIBERTAD.
 ABRO MIS BRAZOS AL MUNDO
Y SUEÑO QUE UN DÍA TODO CAMBIARÁ.

MIENTRAS NO LLEGA EL MOMENTO
QUIERO SER FIEL A MI REALIDAD
DE MUJER FIRME QUE LUCHA
POR CONSEGUIR A LOS SUYOS EL PAN.

Soy feliz con lo que vivo, la vida corre en mi ser.
Y por mis manos, tus manos nos muestran tu rostro,
rostro de mujer.
Tú que bendices mi hogar, dame la fuerza de amar,
que me permita luchar.
Tú, tú que bendices mi ser recuerda mi dignidad
a quien la quiera robar.

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Kairoi

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«Por ser mujer», por José Arregi

jueves, 8 de febrero de 2018
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especial-feminicidios-1249x500Leído en su blog:

“¿No vas a escribir sobre el asesinato de mujeres a manos de sus maridos?”, me preguntó mi mujer hace unos días. “¿Otra vez? –le respondí–. Además, se está escribiendo tanto…”. Así quedó. Pero luego, como tan a menudo (no me dirás que no, Itziar) recapacité. Y aquí vengo, uniendo mi voz insignificante al grito de tantos.

Las cifras están ahí, son escalofriantes: 55 en el estado español, desde Estefanía, de 24 años, arrojada por la ventana por su pareja en Madrid el 1 de enero, hasta Arancha (que en vasco significa espina), de 37 años, acuchillada por su pareja delante de sus tres hijos menores en Azuqueca de Henares (Guadalajara) el 28 de diciembre, día de los santos inocentes. Nadie somos inocentes.

Pero más allá de las cifras y las denuncias, más allá también de los juicios y de las penas impuestas a los culpables, una doble pregunta se impone si queremos ser responsables, y la responsabilidad es lo fundamental y nos atañe a todos: ¿por qué siguen tantos hombres matando a “sus” mujeres? y ¿qué podemos hacer para evitarlo?

Digo “siguen matando”, pues, hasta donde mi información alcanza, los feminicidios y la violencia de género en general no son ahora un fenómeno más grave y frecuente, en términos relativos, que hace 60 años o hace siglos. Solo que ahora se denuncian y salen más a la luz, gracias en primer lugar a ellas, las mujeres, porque han gritado “basta ya”, aunque su grito y el nuestro no es aún común ni basta todavía.

¿Por qué siguen maltratando los hombres a sus mujeres, hasta el punto más terrible de matarlas? En el fondo se debe a eso, a que ellos las consideran “suyas”, a que aún llevamos inscrito en los genes el instinto de dominio y lo aplicamos sobre todo lo que tenemos más cerca y es más débil, también sobre la mujer, por ser mujer, por no ser varón.

Podemos ser los animales más tiernos, pero también los más crueles. Y la raíz del problema es el patriarcalismo que, desde hace milenios, ha dominado casi todas las culturas conocidas y ciertamente todas las religiones. El patriarcalismo que nos ha llevado a creer que el hombre es superior a la mujer, que tiene derechos sobre ella y puede pegarla e incluso matarla si ella se resiste, ¿quién se ha creído?

¿Y qué podemos y deberemos hacer para erradicar de nuestros genes y de nuestras instituciones ese patriarcalismo violento? ¿Aumentar las penas, hasta “la prisión permanente revisable”? Para las víctimas, incontables, la cárcel siempre llega tarde. Y está demostrado que no resocializa a los criminales ni disuade a los autores de futuros crímenes. ¿Seremos incapaces de buscar algún medio más humano y eficaz para lograr esos fines que aducimos para justificar la prisión? En cuanto a las víctimas, solo las honraremos y les haremos justicia verdadera si nos dejamos inspirar por su memoria y sus sueños, si abrimos los ojos, si somos sensibles, si no toleramos que la mujer siga siendo inferior al hombre en ningún campo de la vida familiar, social, laboral, política; por poner unos ejemplos: que, trabajando más, posean solamente el 10 % del dinero existente y sufran el 70 % de la extrema pobreza y el 80 % de la desnutrición que padece la humanidad, y que ocupen solamente el 23 % de los puestos parlamentarios, el 17 % de los puestos ministeriales y el 24 % de los puestos de dirección económica, y así en casi todo.

Creo que aquí se impone una referencia especial a la institución eclesial, la más patriarcal de todas. Es insólito que muchos obispos enseñen todavía que, al abandonar la religión, la sociedad se deshumaniza y aumenta la violencia de género. Insólito me parece que el obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla haya criticado recientemente la última entrega de una conocida serie porque “se ha infiltrado en ella la ideología dominante del feminismo”. Insólito y atroz es que Braulio Rodríguez, arzobispo primado de Toledo, haya llegado a sugerir hace diez días que lo que ellos llaman “ideología de género” está en el origen de los asesinatos de género.

La memoria de las mujeres víctimas urge a la Iglesia a superar ese patriarcalismo que lleva prendido desde casi sus orígenes, a volver al evangelio igualitario de Jesús, a lamentar que el papa Pío XI, fiel a la tradición, en 1930 enseñara todavía que el amor implica “la sumisión solícita de la mujer así como su obediencia espontánea” al marido, y a reconocer que el Espíritu de Dios o de la Vida se expresó mucho mejor en el poeta ateo, comunista, Louis Aragón cuando en 1963 escribió: “el futuro del hombre es la mujer. Ella es el color de su alma. Ella es su rumor y su ruido. Y sin ella él no es más que un blasfemo”.

José Arregi

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Cardenal Joseph Tobin: «Jesucristo no hizo ningún pronunciamiento» sobre gays, aborto o anticonceptivos

lunes, 8 de enero de 2018
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cardtobincssr«No hay ninguna razón teológica por la que una mujer no pueda ser cardenal»

«Entiendo la frustración. Tengo ocho hermanas. Sé que para algunas mujeres esto las aleja» 

(Cameron Doody).- «No hay ninguna razón teológica convincente por la que el Papa no pueda nombrar cardenal a una mujer». El cardenal de Newark, Joseph Tobin, ha denunciado el «escollo» que representa para muchos el hecho de que las mujeres no pueden ascender a cargos de alta responsabilidad en la Iglesia.

En una entrevista con el New York Times, el purpurado norteamericano ha simpatizado con la sensación generalizada de frustración y retroceso que produce la continuada prohibición de la Iglesia a que las mujeres puedan recibir las órdenes sagradas.

«Es un escollo para la gente, especialmente en este país y en esta cultura, que mientras todas las áreas de la vida se van abriendo a las mujeres este ministerio particular no lo hace«, ha deplorado Tobin. «Entiendo la frustración. Tengo ocho hermanas. Sé que para algunas mujeres este tipo de escollo las aleja de la Iglesia«.

Pero aunque no puedan acceder al sacerdocio, el arzobispo de Newark es optimista. No solo porque «el Papa Francisco ha prometido encontrar un papel más incisivo en la Iglesia para las mujeres» que «tiene que ir más allá» de los «incidentes aislados de mujeres siendo nombradas a puestos bastante influyentes en la Curia Romana». También porque la pertenencia al Colegio cardenalicio no tiene por qué ir ligada a si uno es cura, ya que, como ha recordado Tobin, «en el siglo XIX había laicos que eran cardenales».

Además del papel de la mujer en el catolicismo, el cardenal también se mostraba especialmente preocupado en la entrevista por los refugiados e inmigrantes, y eso a expensas de las tres preocupaciones tradicionales de la Iglesia –la homosexualidad, el aborto y los contraceptivos– sobre las cuales, a juicio de Tobin, «Jesucristo no hizo ningún pronunciamiento».

«Realmente creo que la administración actual está avanzando hacia una deportación masiva«, confesó el purpurado. «Mi gente ya está aterrorizada. Mucho me temo que a no ser encontremos una manera de convertir a los corazones, la vayan a hacer», añadió, explicando que, bajo su punto de vista, los EEUU están desarrollando una «catarata nacional» que les impide ver humanamente a los marginados, en fuerte contraste con las maneras de Jesucristo.

Lo que hacía el Señor, explicó Tobin, era «criticar en términos inequívocos a las personas que no ven [a los pobres], que no los ven tal y como son». La misma ceguera, lamentó, que afecta actualmente a los gobernantes del país norteamericano.

 

Fuente Religión Digital

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José María Castillo: «En la codificación de los derechos en la Iglesia, la mujer ni se menciona»

sábado, 30 de diciembre de 2017
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papa-mujer-iglesia_560x280«Jesús jamás prohibió a las mujeres actividad alguna en su comunidad»

«La violencia no tiene más solución que suprimir toda desigualdad en derechos»

(José M. Castillo, teólogo).- La desigualdad en derechos, dignidad y seguridad de las mujeres, respecto a los hombres, en España al menos, va en aumento. El dato aterrador de la cantidad creciente de mujeres, que son maltratadas, amenazadas y asesinadas por los hombres, en nuestro país, es elocuente y preocupante. Y conste que las religiones – y nuestra Iglesia en concreto – tienen una dosis importante de responsabilidad en este patético asunto.

Un dato sospechoso: he buscado en el «Índice de materias», del vigente Código de Derecho Canónico, la palabra «mujer» y resulta que, en la codificación de los derechos en la Iglesia, la mujer ni se menciona. ¿Es que la mujer carece de derechos en la Iglesia? Y si en la Iglesia, los derechos de la mujer son inferiores a los de los hombres, ¿con qué autoridad puede la Iglesia pedir a los poderes públicos que respeten a la mujer?

¿Qué pensó Jesús sobre este asunto? Para dar respuesta a esta pregunta importante, es necesario tener alguna idea sobre la situación social de la mujer en el pueblo y en la cultura en que nació y vivió el mismo Jesús.

Afortunadamente, contamos con abundante documentación histórica sobre este asunto. Uno de los mejores estudiosos del tema, el profesor Joachim Jeremias, se fija, más que en teorías, en hechos muy concretos. Por ejemplo: Cuando la mujer judía de Jerusalén salía de casa, llevaba la cara cubierta con un tocado que comprendía dos velos sobre la cabeza, una diadema sobre la frente con cintas colgantes hasta la barbilla y una malla de cordones y nudos; de este modo no se podían reconocer los rasgos de su cara (Billerbeck III, 427-434).

Es más, la mujer que salía sin llevar la cabeza cubierta, es decir, sin el tocado que velaba el rostro, ofendía hasta tal punto las buenas costumbres, que su marido tenía el derecho, incluso el deber, de despedirla, sin estar obligado a pagarle la suma estipulada, en caso de divorcio, en el contrato matrimonial (Kat. VII, 7).

Pero había algo peor. El sabio judío Filón de Alejandría nos informa de que «mercados, consejos, tribunales, procesiones festivas, reuniones de grandes multitudes de hombres, en una palabra: toda la vida pública, con sus discusiones y sus negocios, tanto en la paz como en la guerra, está hecha para los hombres. A las mujeres les conviene quedarse en casa y vivir retiradas» (J. Jeremias, Jerusalén en tiempos de Jesús, 372).

mujer-e-iglesiaY conste que lo más duro era el derecho matrimonial. Hasta la edad de doce años y medio una hija no tenía derecho a rechazar el matrimonio decidido por su padre, que podía incluso casarla con un deforme. Más aún, el padre podía incluso vender a su hija como esclava (Ex 21, 7).

Pues bien, así las cosas, los evangelios nos informan de que Jesús, en cuanto empezó su actividad pública, lo primero que hizo fue reunir un buen grupo de discípulos, que «le seguían» por caminos y pueblos. Lo notable es que era un grupo mixto, de hombre y mujer, como explica (con sus nombres y origen familiar) el evangelio de Lucas (8, 1-3). Una lista paralela a las demás listas de discípulos (Lc 6, 12-16; Hech 1, 13; Mc 3, 13-19; Mt 10, 1-4) (F. Bovon). Y conste que las mujeres, que enumera Lucas (con sus nombres, algunas de ellas), eran lo mismo personas de la mejor sociedad (B. Witherington), que mujeres de las que Jesús había tenido que expulsar «siete demonios» (Lc 8, 2).

Además, en una sociedad sin la justa libertad, Jesús creó, para él y para quienes le acompañaban, su propia libertad. De ahí que se dejó perfumar y besar por mujeres (Mc 14, 3-9; Mt 26, 6-13; Jn 12, 3), en algún caso personas de la peor fama (Lc 7, 38). Un tema que, con frecuencia, los predicadores eclesiásticos se han callado o lo han disimulado, como tantas otras cosas que indebidamente se suelen ocultar en ambientes clericales.

La llamativa confianza, que Jesús tuvo con una samaritana poco ejemplar (Jn 4, 4-30), con Marta y María (Lc 10, 38-41), con la Magdalena (Lc 8, 2; Jn 20, 11-18), el hecho de que, cuando los discípulos les habían abandonado en la pasión (Mc 14, 30), quienes iban junto a él llorando eran un grupo de mujeres (Lc 23, 27).

Además, se nos recuerda que hasta el mismo momento de la muerte, en el Calvario estuvieron un buen grupo de mujeres (Mc 15, 40-41). Y, para concluir este rápido recorrido de recuerdos evangélicos, no debemos olvidar que, en los relatos de apariciones del Resucitado, las mujeres tuvieron la más destacada preferencia (Mc 16, 1-8; Mt 28, 1-10; Lc 24, 1-12; Jn 20, 11-18).

la-mujer-y-cristoLa Iglesia naciente comprendió – y lo dejó testificado en la «memoria subversiva» de Jesús – que la «humanización de Dios», en Jesús (eso es el misterio de la Encarnación), solamente se acepta y se vive cuando el respeto y la puesta en práctica de la igualdad, en dignidad y derechos, del hombre y de la mujer, se hace, no meramente ley, no simplemente derecho, sino únicamente cuando eso es una realidad patente y palpable.

Una realidad que todas las autoridades, empezando por la de la Iglesia, luchan y se aferran al empeño por conquistar la plena igualdad, respetando (como es lógico) las diferencias inherentes a nuestra condición natural.

Mientras las mujeres no tengan los mismos derechos económicos que los hombres, la misma dignidad para cualquier trabajo, la misma libertad en las relaciones domésticas, profesionales, sociales y religiosas, habrá familias en las que la mujer aguanta lo que le echen encima, porque sabe que, si el marido la deja, ¿de qué vive? ¿cómo sale adelante? ¿qué hace con sus hijos? La «violencia de género» no se resuelve con un teléfono. Ni con alejar al violento doscientos metros. La violencia no tiene más solución que suprimir toda desigualdad en derechos, respetando las diferencias.

Y para terminar, ¿dónde está dicho que las mujeres no pueden ser sacerdotes o no pueden ejercer cargos de gobierno en la Iglesia? La respuesta a esta pregunta no pertenece a la fe. Es un asunto cultural. Jesús jamás prohibió a las mujeres actividad alguna en su comunidad. Y se enfrentó a los fariseos cuando le plantearon la pregunta sobre el privilegio unilateral del varón para repudiar a la mujer (Mt 19, 1-12; cf. Deut 24, 1).

Como se enfrentó igualmente a letrados y fariseos cuando le trajeron a una mujer sorprendida en adulterio (Jn 8, 1-11). ¿Y el individuo que estaba adulterando con aquella mujer no tenía responsabilidad en aquello? ¿No tendrían que haberlo traído a él también? ¿O es que aquel hombre tenía derecho a quedar oculto, mientras que a la mujer había que matarla? ¿Por qué quiénes somos religiosos, seremos, a veces, tan hipócritas?

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Ni da largas, ni pasa de largo III

sábado, 23 de septiembre de 2017
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entendiendolalevaduraYolanda Chaves; Mari Paz López Santos; Patricia Paz
Los Ángeles; Madrid; Buenos Aires.

ECLESALIA, 15/09/17.- Jesús iba siempre de camino, se abría a los encuentros y por medio de parábolas apostaba por abrir a la gente a la comprensión de lo que era el Reino. Aquel día se metió en harina y les dijo que “El Reino de los Cielos se parece a un poco de levadura que una mujer mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermenta toda la masa” (Mt 13, 33).

En esta acción dinámica entre el reino de Dios, Jesús y la vida cotidiana, a las mujeres se nos reintegró la dignidad, la autoridad moral y la libertad que aún nos niegan las estructuras de poder. Con Jesús a las mujeres se nos reconocieron las capacidades religiosas, intelectuales y morales sin un hombre como intermediario entre estas dimensiones.

En la parábola de la mujer, la levadura y las medidas de harina, Jesús habla de “fermentar. Esa es la auténtica llamada a las mujeres en la misión de Dios hoy también. ¿Cómo podemos llevarla a cabo? ¿Cómo podemos ser fermento en la masa de la Iglesia?

Quien alguna vez ha trabajado con levadura sabe que para que la masa leve hace falta que la proporción entre los ingredientes, la temperatura y el tiempo de levado sean los adecuados. La levadura es condición necesaria, sin ella la masa no se transforma, pero no es condición suficiente. La Iglesia, la masa, tiene que poner su parte para el éxito de la gestión. Las mujeres desde siempre están haciendo lo suyo, desde lo pequeño, lo oculto, lo aparentemente sin importancia, sin ellas es obvio que la Iglesia no seguiría viva. Basta para confirmar esto darse una vuelta por cualquier parroquia.

Los ejemplos de la relación de Jesús con las mujeres trabajadas en artículos anteriores nos da la razón. Esta comunidad inclusiva de Jesús se fue perdiendo con el tiempo, así como se perdieron también muchas de sus enseñanzas. El Reino sigue siendo un sueño en el mundo, una utopía. Pero si cada una de nosotras acepta ser levadura, contribuiremos a la trasformación necesaria para que cada vez más el mundo se parezca al Reino.

A continuación proponemos algunas sugerencias:

  • Trabajar para recuperar el cristianismo inclusivo e igualitario del  primer siglo, hasta que lleguemos a acostumbrarnos a la dignidad, la capacidad intelectual y la autoridad moral de las mujeres, reconocida hace poco más de dos mil años por Jesús.
  • Salir de actitudes de subordinación, haciendo oír nuestras voces en las comunidades donde actuamos. Si queremos ser luz no podemos esconder la lámpara debajo de un cajón (Mt 5, 15). No se trata aquí de lucimientos personales, si no de construir comunidades inclusivas.
  • Trabajar juntos para superar falsos estereotipos con respecto a las funciones y aportes que tanto mujeres como varones pueden hacer en la Iglesia y en el mundo.
  • Recuperar la memoria de tantas mujeres que ejercieron un liderazgo dentro de sus comunidades, y que con sus acciones ayudaron a impulsar la historia de la Salvación.
  • Trabajar en nuestras iglesias locales para reconocer que en la Iglesia global todas y todos nos necesitamos, que lo que a una u otra comunidad le afecta, tarde o temprano afectará a la mía.

Hermanas, si todas nos tomamos en serio esa labor de “fermento” en nuestras comunidades eclesiales, estaremos dando un paso firme y definitivo, aún sin esperar a un reconocimiento expreso de las autoridades de la Iglesia… ¡Jesús ya lo hizo!

Con esa confianza tenemos que hacer efectiva la libertad nosotras mismas cada día, desde nuestra vida cotidiana. Así podremos proclamar junto a Pablo: “ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28)

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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‘La nueva mujer’: diez escritoras del siglo XIX que desafiaron las normas

sábado, 23 de septiembre de 2017
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nueva-mujer-gloria-fortunLa editorial Dos Bigotes anuncia el lanzamiento de “La nueva mujer”, una antología de escritoras que desafiaron con su pluma la sociedad norteamericana.

Se pondrá a la venta el próximo 25 de septiembre.

Diez autoras que desafiaron las convenciones sociales con su escritura. Un libro pensado para comprender el nacimiento de la «nueva mujer» en Estados Unidos durante el siglo XIX.

Mujeres que reclaman su derecho a trabajar en un mundo de hombres, valientes guerreras indias, forajidas del Oeste americano, inmigrantes sin pelos en la lengua, heroínas atrapadas en tenebrosos bosques… Estas son algunas de las protagonistas de La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del siglo XIX.

Las autoras elegidas por Gloria Fortún para esta antología –mujeres de vanguardia que desafiaron con la pluma y el papel las convenciones sociales– son el símbolo de los anhelos y luchas de una época que asistió al surgimiento del empoderamiento femenino.

La nueva mujer reúne a diez escritoras que, después de haberse forjado una carrera a la sombra de un canon literario eminentemente masculino, brillan ahora con más fuerza que nunca gracias a la riqueza y diversidad de unos relatos que reflejan desde múltiples perspectivas la realidad de la «condición femenina» en un tiempo marcado por profundas transformaciones políticas y sociales.

Kate Chopin (Historia de una hora), Willa Cather (El caso de Paul: estudio de una personalidad), Sarah Orne Jewett (El marido de Tom), Charlotte Perkins Gilman (Una madre antinatural), Sui Sin FarLa Mujer Inferior), Zitkala-Ša (La hija del guerrero), Susan Glaspell (Un jurado de sus iguales), Harriet E. Prescott Spofford ( Circunstancia), Catharine Maria Sedgwick (Cacoethes Scribendi) y Mary Austin (La Caminante), forman parte de un libro imprescindible para comprender el nacimiento de la «nueva mujer» en Estados Unidos durante el siglo XIX.

Esta edición incluye un estudio crítico escrito por Gloria Fortún que ayuda a contextualizar la obra de cada una de las autoras seleccionadas.

Compra La nueva mujer: relatos de escritoras estadounidenses del s. XIX

Nota de Prensa

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Ni da largas, ni pasa de largo II

viernes, 22 de septiembre de 2017
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anaYolanda Chaves; Mari Paz López Santos; Patricia Paz
Los Ángeles; Madrid; Buenos Aires.

ECLESALIA, 11/09/17.- Tampoco pasó de largo cuando una mujer cananea se postró a sus pies y le pidió que expulsara el demonio que atormentaba a su hija. Llama la atención, y escandaliza la respuesta de Jesús: “No está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros” (Mt 15, 26). La respuesta de la mujer no se hizo esperar: “Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños” (Mt 15, 27).

Jesús se abre al diálogo reconociendo en ella su perseverancia y su admirable capacidad de argumentación, reflejo de una entera confianza y conocimiento del contundente argumento que utiliza para convencerle que la atendiera, aun si esto significaba romper con los prejuicios culturales y religiosos de ese momento.

La mujer le ha dado a Jesús la oportunidad de mirarse en el tú diferente, y en el intercambio mutuo han construido una realidad nueva que los trasciende a ambos. Jesús ha asumido de manera real y concreta la responsabilidad de configurar su proyecto, afirmando el protagonismo de las mujeres e incluyendo a los gentiles (Elisa Estévez López, “Mediadoras de sanación”. Pág. 300.)

A diferencia de muchos otros diálogos, aquí Jesús no se queda con la última palabra, el argumento de la mujer le abre los ojos acerca de la universalidad de su ministerio y de cómo todos podemos disfrutar de la abundancia del Reino, que no se agota en ninguna religión y en ningún pueblo, sino que es un don para todos, sin distinción.

La confianza de la madre cananea reclama de Jesús una apertura al diálogo, con la misma seguridad de Abraham (Gn. 18:16-21) y Moisés (Ex. 33:13) certidumbre que es reflejo de una profunda fe en Dios y en el caso de ella, en el «Hijo de David», el mismo que irónicamente había sido rechazado en las ciudades (11:20-24), por los dirigentes que permanecían aferrados a su centro de poder.

¿Por qué nos extraña? En Jesús hasta la manera de irrumpir en la historia de la humanidad fue distinta; unas “mujeres que se inventan salidas” (Mercedes López Torres, “Mujeres que se inventan salidas” <Mateo 1,1-17>) fueron estratégicas para su venida al mundo, no es extraño que recurra a otra mujer “escandalosa” como la cananea, una vida hambrienta, para demostrarnos que solamente la fe profunda logra evidenciar la realidad del Reino de los cielos.

Decíamos que en los relatos bíblicos hasta los silencios hablan, y descubrimos que en el silencio de Jesús como primera respuesta al reclamo de la cananea, él pareciera estar ausente (¿dormido?) sin embargo, espera a que su comunidad, sus discípulos le pidan que hable, que la atienda, que calme esa tormenta en el mar (Mt. 8:23-27) de hostilidades físicas, malditas y demoníacas entre Israel y sus enemigos gentiles, y él lo hace “reduciendo la borrasca a susurro y enmudeciendo el oleaje del mar” (Sal. 107:29

Casi lo veo preguntando a los discípulos: ¿”Están seguros de lo que me piden”? Y tras su respuesta, libera a la hija de la madre cananea, de los odios ancestrales demoníacos con esta expresión final:

«Mujer, grande es tu fe! Que se cumpla tu deseo». (Mt 15, 28ª)

Podríamos traducir este episodio a los tiempos actuales, porque la liberación de la hija de la cananea representa, de alguna manera la liberación de todas las mujeres, y la universalidad del Reino nos remite a la superación de las exclusividades religiosas para convertirnos en un solo Pueblo que a través de diferentes “ventanas” va buscando la Presencia Divina dentro de sí mismos y para sus comunidades.

También podemos leer aquí la relevancia que tenía para Jesús la palabra de la mujer, quien se convierte en maestra del Maestro. Esto nos debería hacer reflexionar acerca del lugar que la Iglesia les ha dado a las mujeres a través de los siglos. Estamos viviendo un tiempo bisagra en la humanidad, donde lo femenino emerge con fuerza para equilibrar siglos de patriarcado. Este movimiento no tiene vuelta atrás y creo que va a significar un salto de calidad en las relaciones humanas. La Iglesia puede leer “los signos de los tiempos” o encerrarse en sí misma de manera defensiva y resistir, o potenciar con sus enseñanzas y sus acciones un cambio que la humanidad está necesitando con urgencia. Esto último la pondría en sintonía con las enseñanzas y acciones de Jesús, que ya hace más de dos mil años nos mostró el camino. Ojalá que así sea

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Ni da largas, ni pasa de largo I

jueves, 21 de septiembre de 2017
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maxresdefaultYolanda Chaves; Mari Paz López Santos; Patricia Paz
Los Ángeles; Madrid; Buenos Aires.

ECLESALIA, 08/09/17.- Se sentó junto al pozo, estaba cansado de andar (Jn 4, 6), no le importó estar en territorio hostil.

Observó a una mujer que se acercaba al pozo con paso cansino, el sol estaba en el punto álgido del mediodía. Se notaba en su actitud que estaba haciendo lo de todos los días: coger el cántaro, echarse a andar, llegar al pozo, llenarlo de agua y desandar el mismo camino de vuelta a casa. Aquella mujer no esperaba nada nuevo que pudiera hacerle salir del automatismo de lo cotidiano.

Le dijo a la mujer: “Dame de beber”(Jn 4,7), y en ese instante empezó una conversación profunda, tan conocida a través de los siglos que podríamos decir que es de las más famosas del Evangelio. Queremos pararnos aquí en el brocal del pozo.

Jesús entra en la realidad cotidiana de la mujer y le pide el agua que ella tiene y él necesita para calmar la sed del duro camino bajo el sol.

¿Por qué no sucede lo mismo en la Iglesia? ¿Por qué no se adentran en la vida cotidiana de las mujeres? ¿Por qué no se sientan con Jesús en el pozo de la Vida solicitando colaboración, ayuda, alimento, creatividad, etc. abriéndose a recibir a ese cincuenta por ciento que falta en la milenaria vida de la Iglesia?

¿Por qué no miran a las teólogas como sujetos activos con voz y voto, no como meras espectadoras en las reuniones, conferencias, sínodos, etc… y empiezan a considerarlas como iguales en la gestión eclesial?

¿Por qué no miran a las religiosas de vida activa y a la monjas contemplativas exactamente igual que a los religiosos y monjes?

¿Por qué no miran a los millones de mujeres sin recursos en países subdesarrollados, no como sujetos pasivos de ayuda humanitaria o caritativa, sino como sujetos activos que tienen palabra y necesidad de tomar las riendas de sus vidas… y las de sus hijos (ellas son las que atienden a la familia)?

¿Por qué no miran como iguales a las campesinas, migrantes, refugiadas; a las que sufren abandono, violencia, guerras, enfermedades… y se implican con ellas en la defensa de todo tipo de violencias contra la mujer?

No sucede lo mismo en la Iglesia “porque habla de nosotras pero no con nosotras” según dice Lucetta Scaraffia en su libro Desde el último banco. Las mujeres en la Iglesia.

Tantas veces sentimos que se da por hecho cómo somos, qué queremos, qué podemos aportar, etc. Tantas veces sentimos que se nos mira como un prototipo universal creado por intereses.

Casi siempre se nos ve como madres y esposas; pero antes somos mujeres, y las hay que no necesariamente son o serán madres y esposas. Quizás cuando algo se mira como prototipo, aglutina pero no compromete.

Si soy mujer, o mejor dicho, persona que puedo aportar armonía, no sólo será en la familia, también en todos los espacios sociales y eclesiales.

Si soy mujer, o mejor dicho, persona con capacidad de evangelizar a mis hijos y mis nietos, también lo seré en otros espacios sociales y eclesiales.

Si soy mujer, o mejor dicho, persona con creatividad y preparación para desarrollar cualquier actividad profesional para la que me preparé a nivel social, por qué no a nivel eclesial.

¿Por qué en la Iglesia parece que siempre hemos de ser tuteladas?

La mujer del cántaro pidió explicaciones a Jesús. No entendía como un judío hablaba con alguien de Samaría, y más tratándose de una mujer.

Jesús  miró a la mujer que tenía delante, no a un estereotipo. Jesús mira siempre a la persona y le pide lo que puede dar. Jesús ni da largas, ni pasa de largo.

¿Por qué no sucede lo mismo en la Iglesia? Quizás porque la Iglesia, como institución, no cree tener necesidad de lo que la mujer puede aportar.

Menos mal que a Jesús lo seguimos encontrando junto al Pozo, pidiendo lo que necesita y podemos dar, y dando de beber del agua que “convierte al que la bebe en fuente de agua que brota para la vida eterna” (Jn 4, 14). Nuestra vida espiritual está a salvo y nos fortalece para seguir insistiendo por nosotras y por las que nos sigan.

La mujer va a seguir teniendo sed en la Iglesia mientras no sea considerada como persona adulta, creyente y comprometida con la expansión del Reino. Y la Iglesia seguirá teniendo sed mientras no pida a las mujeres el agua que ellas pueden dar

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Mensaje final del 37 congreso de la «Juan XXIII»

lunes, 11 de septiembre de 2017
Comentarios desactivados en Mensaje final del 37 congreso de la «Juan XXIII»

inauguracion-del-congreso-de-teologia_560x280«Denunciamos que se castigue con la excomunión a las mujeres ordenadas sacerdotes en la Iglesia católica»

«Entre feminismo y religión no hay contradicción; se puede ser creyente y feminista»

(Jesús Bastante).- «La lección que hemos aprendido en este Congreso es que entre feminismo y religión no hay contradicción y que se puede ser creyente y feminista. Ese es el desafío al que hemos de responder». Este domingo concluyó el 37 Congreso de la Asociación de Teólogos «Juan XXIII», que giró en torno a «Mujeres y religión: de la discriminación a la igualdad de género».

En su mensaje final, la asociación denuncia el patriarcado como «sistema de dominación contra las mujeres, las niñas, los niños y las personas más vulnerables de la sociedad». Un sistema que «se encuentra en alianza con otros modelos de dominación: capitalismo, colonialismo, fundamentalismo, depredación de la naturaleza, y provoca discriminaciones de género, clase etnia, cultura, religión, procedencia geográfica y orientación sexual en todas las esferas de la vida: lenguaje, vida cotidiana, política, economía, educación, trabajo, familia, espacio doméstico, cultura, ciencia, creación artística, lugares de ocio, medios de comunicación, publicidad».

La crítica del congreso «se extiende a las religiones» y su «estructura patriarcal», que «trasnsmiten una ideología androcéntrica, imponen una moral machista y desarrollan prácticas sexistas», que considera a las mujeres «como sujetos religiosos y éticos, sino que las consideran inferiores, subalternas y dependientes. Las excluyen de los espacios de lo sagrado, las marginan de los puestos de responsabilidad, del ejercicio del poder y de los ámbitos de decisión. Generan en ellas actitudes de obediencia y sumisión calificadas como virtudes».

Tras condenar la violencia contra las mujeres, los abusos a menores, la trata de personas y las agresiones contra gais, lesbianas, bisexuales o transexuales, recordando especialmente «la retirada de la custodia de los hijos y las hijas a las madres y entrega a los padres condenados por maltrato«, sin citar el caso de Juana Rivas.

«Los dirigentes religiosos se prodigan en condenas contra el aborto, el divorcio, las relaciones prematrimoniales, los métodos anticonceptivos, el matrimonio homosexual, la fecundación in vitro, los derechos sexuales y reproductivos», denuncia el manifiesto final, que constata la «insensibilidad hacia la violencia de género, el patriarcado, el sexismo y la LGTBIfobia«.

«En la Iglesia católica se veta a personas sexualmente disidentes el acceso al ministerio sacerdotal y la participación en actividades pastorales», añade.

«Valoramos positivamente el encuentro fecundo entre feminismo y cristianismo, que ha provocado la rebelión de las mujeres contra el sistema patriarcal y el nacimiento de la teología feminista, que reconoce el protagonismo de las mujeres en el movimiento de Jesús entendido como discipulado igualitario«, apunta la nota, que concluye afirmando que «la exclusión de las mujeres del ministerio ordenado no responde a razones bíblicas, teológicas o históricas, sino que es el resultado de la pervivencia del patriarcado instalado en la cúpula del poder y en la organización de las instituciones religiosas». «Denunciamos que se castigue con la excomunión a las mujeres ordenadas sacerdotes en la Iglesia católica», culmina.

MENSAJE DEL 37 CONGRESO DE TEOLOGÍA. MUJERES Y RELIGIÓN: DE LA DISCRIMINACIÓN A LA IGUALDAD DE GÉNERO

1. Del 7 al 10 de septiembre de 2017 hemos celebrado el 37 Congreso de Teología sobre «Mujeres y Religión: De la discriminación a la Igualdad de Género» en un clima de debate sereno, diálogo sincero y encuentro fraterno-sororal. Comenzamos guardando un minuto de silencio como expresión de condena por los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils y de solidaridad con las familias, y otro por los asesinatos de mujeres producidos en España y en todo el mundo. Nos unimos con un nuevo minuto de silencio al dolor de los pueblos afectados por varios huracanes y terremotos que han causado decenas de muertos en Estados Unidos, México y El Caribe.

2. Hemos hecho un análisis crítico del patriarcado como sistema de dominación contra las mujeres, las niñas, los niños y las personas más vulnerables de la sociedad. Este sistema se encuentra en alianza con otros modelos de dominación: capitalismo, colonialismo, fundamentalismo, depredación de la naturaleza, y provoca discriminaciones de género, clase etnia, cultura, religión, procedencia geográfica y orientación sexual en todas las esferas de la vida: lenguaje, vida cotidiana, política, economía, educación, trabajo, familia, espacio doméstico, cultura, ciencia, creación artística, lugares de ocio, medios de comunicación, publicidad.

3. Nuestra crítica se extiende a las religiones, que tienen una estructura patriarcal, transmiten una ideología androcéntrica, imponen una moral machista y desarrollan prácticas sexistas. En la mayoría de los casos no se reconoce a las mujeres como sujetos religiosos y éticos, sino que las consideran inferiores, subalternas y dependientes. Las excluyen de los espacios de lo sagrado, las marginan de los puestos de responsabilidad, del ejercicio del poder y de los ámbitos de decisión. Generan en ellas actitudes de obediencia y sumisión calificadas como virtudes.

4. Hemos analizado críticamente y condenado la violencia contra las mujeres y las identidades sexuales disidentes en sus múltiples manifestaciones: cuerpos colonizados; violencia machista como arma de guerra, violaciones, prostitución, trata de mujeres, vientres de alquiler, abusos sexuales de niñas y niños, venta de órganos, niñas y niños robados, penas de muerte, feminicidios, agresiones contra gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, maltrato a la infancia, retirada de la custodia de los hijos y las hijas a las madres y entrega a los padres condenados por maltrato.

5. Los dirigentes religiosos se prodigan en condenas contra el aborto, el divorcio, las relaciones prematrimoniales, los métodos anticonceptivos, el matrimonio homosexual, la fecundación in vitro, los derechos sexuales y reproductivos. Descalifican la teoría de género a la que llaman «ideología de género» y la consideran la más perversa de la humanidad. Condenan los movimientos feministas y el LGTBI y muestran su oposición a las leyes de igualdad efectiva entre hombres y mujeres. En sus documentos y declaraciones públicas generan con frecuencia diferentes formas de violencia de género: sexual, simbólica, religiosa, psicológica, y fomentan actitudes y comportamientos machistas y homofóbicos en las personas creyentes y en la ciudadanía. Muestran, sin embargo, insensibilidad hacia la violencia de género, el patriarcado, el sexismo y la LGTBIfobia. En la Iglesia católica se veta a personas sexualmente disidentes el acceso al ministerio sacerdotal y la participación en actividades pastorales.

6. Hemos dado la palabra a mujeres activistas que han expuesto las aportaciones de los movimientos feministas en diferentes áreas geoculturales, especialmente en América Latina, África y España, y a mujeres creyentes que han hablado de los Movimientos de Mujeres en las religiones que, en sintonía con los movimientos feministas, luchan contra todo tipo de discriminación y en defensa de la igualdad de género.

7. Valoramos positivamente el encuentro fecundo entre feminismo y cristianismo, que ha provocado la rebelión de las mujeres contra el sistema patriarcal y el nacimiento de la teología feminista, que reconoce el protagonismo de las mujeres en el movimiento de Jesús entendido como discipulado igualitario, en el nacimiento de la Iglesia cristiana por ser testigos de la resurrección y en las primeras comunidades cristianas donde ejercían los ministerios y los carismas sin discriminación, conforme a la afirmación de Pablo de Tarso: «Ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3,28).

La exclusión de las mujeres del ministerio ordenado no responde a razones bíblicas, teológicas o históricas, sino que es el resultado de la pervivencia del patriarcado instalado en la cúpula del poder y en la organización de las instituciones religiosas. Denunciamos que se castigue con la excomunión a las mujeres ordenadas sacerdotes en la Iglesia católica.

8. Fecundo está siendo el encuentro entre el feminismo decolonial y las teologías feministas, que critican el feminismo hegemónico-occidental, cuestionan la colonialidad del poder, del saber, del tener, del ser y del género, defienden la descolonización de las mentes, del discurso teológico y de las prácticas liberadoras de las religiones y recuperan los saberes, los símbolos y la espiritualidad de los pueblos originarios.

9. Hemos descubierto que espiritualidad y política son dos realidades indisociables y hemos tomado conciencia de la necesidad y urgencia de una espiritualidad política, que lleva a escuchar el grito de la Tierra y el clamor desgarrador de millones de personas hambrientas de pan y de derechos y a luchar por Otro Mundo Posible.

10. La lección que hemos aprendido en este Congreso es que entre feminismo y religión no hay contradicción y que se puede ser creyente y feminista. Ese es el desafío al que hemos de responder.
Madrid, 10 de septiembre de 2017

Fuente Religión Digital

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Deborah Chapman: «Hasta ahora el sacerdocio no ha integrado a la humanidad en toda su plenitud»

sábado, 9 de septiembre de 2017
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36912359596-bc38532fba-b_560x280La sacerdote anglicana interviene en el Congreso de la Juan XXIII

«La Iglesia ha relegado a las mujeres a una posición menos que humana», denuncia

(Cameron Doody).- «El modelo de lo que la Iglesia católica debe abrazar a la hora de asegurarse la plena participación de mujeres en la Iglesia». De esta forma elogió la tarde de este jueves Juan José Tamayo, en el Congreso de la Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII, a Deborah Chapman, sacerdote anglicana que actualmente desempeña sus labores en parroquias en Cataluña y Andorra. Un cumplido la veracidad del cual Chapman ha demostrado de sobra esta mañana en su intervención en el congreso, que ha versado sobre «Las Mujeres en la Iglesia Anglicana: Humanizando el Sacerdocio».

«El sacerdocio, tal como ha sido entendido por los cristianos de todo el mundo durante la mayoría de la historia de la Iglesia cristiana, no ha integrado a la humanidad en toda su plenitud», ha arrancado Chapman en su ponencia, y solo ha intensificado a partir de allí sus críticas a la desigualdad de género de la Iglesia. Institución que, ha afirmado, «ha favorecido pensar de Dios como masculino, relegando a las mujeres a una posición de seres menos que humanos», con nada más que la excusa de que Jesús se encarnó en forma masculina.

Pero como ha observado la sacerdote, el ser masculino no abarca la totalidad del ser humano, y he aquí una razón importante que explica la dificultad tremenda que están sufriendo todas las Iglesias a la hora de comunicar la fe en los tiempos y espacios en los que vivimos actualmente.

¿Cuál es nuestro contexto -nuestro lugar y nuestro tiempo- que necesitan que la Iglesia los evangelice? En primer lugar, ha afirmado Chapman, asistimos a «una seria desintegración estructural de la más básica de las relaciones: la que existe entre un hombre y una mujer en la comprometida relación de toda la vida». Desintegración para sanar la cual el sacerdocio femenino tiene algo importante que ofrecer, ya que la unidad en el matrimonio ofrece un modelo para «traer unidad al pueblo cristiano, y por medio de ello a la sociedad en general».

«Mi propia experiencia de ser diácono y luego sacerdote dentro de la Iglesia de Inglaterra ha sido la de llegar a ser la persona que Dios creó, cumpliendo con su voluntad para mi vida». Tras trazar en breve la historia de las mujeres ordenadas en la Iglesia anglicana –la cual se remonta hasta 1944– Chapman ha explicado que en el anglicanismo que le ha dado la oportunidad de vivir su vocación «es posible», teológicamente hablando, «retornar a periodos de la historia de la Iglesia antes de que se formularan algunas tradiciones, y allí encontrar conocimientos bíblicos que podrían parecer nuevas revelaciones de la voluntad de Dios en nuestro mundo, simplemente porque… nuestra conciencia no ha sido lo suficientemente aguda para observarlos» hasta un determinado punto en la historia.

Y ha sido esta perspicacia eclesial, ha añadido la sacerdote, la responsable de que haya ahora en su Iglesia «un sacerdocio que une tanto a los hombres como a las mujeres en una ordenación que modela y facilita lo que ha llegado a ser conocido como ‘el sacerdocio de todos los creyentes’«.

Pero no solo está en juego ‘el sacerdocio de todos los creyentes’ en la ordenación de mujeres: también lo está la unidad de las Iglesias. «Cuando cada persona considera que su propio punto de vista es tan válido como el de cualquier otra persona, la unidad que resulta de la reflexión en común y del consenso parece casi imposible de lograr», ha lamentado Chapman. Una desunión que se puede achacar a una teología preeminente que se ha basado sobre todo en culpar a la mujer por la caída de Adán y Eva del jardín de Edén, como si este episodio de la Biblia presentara el programa definitivo para las relaciones entre hombres y mujeres in secula seculorum.

«Gracias a Dios», no obstante, la caída no es el final de la historia, con lo que «nosotros también tenemos una decisión que tomar: entre vivir a la luz de la caida y sus consecuencias, o vivir a la luz de la redención de Dios en Cristo Jesús».

«Los cristianos somos llamados a vivir, y esa vida la tenemos a la luz de lo que Jesucristo ha logrado para nosotros en la cruz, y no en la oscuridad de las consecuencias de la caida», ha terminado diciendo Chapman. «¡Esto sí que es revolucionario!», ha aplaudido, porque «trastoca nuestro pensar acerca de la relación entre hombre y mujer», y «afirma el valor co-igual de personas creadas en la imagen de Dios». El punto de partida, ha concluido -el de la igualdad de hombres y mujeres- para que consigamos finalmente «humanizar el sacerdocio».

Movimientos de mujeres alrededor del mundo y cuerpos, sexualidades y derechos

Aparte de la intervención de Chapman, sobre las mujeres en la Iglesia anglicana, el congreso de la Asociación Juan XXIII también se ha acercado esta mañana a fenómenos tan diversos como los movimientos feministas en el mundo musulmán o las realidades de las mujeres en América Latina, África y España.

La programación del congreso continuó ayer con discusiones acerca de políticas corporales, tales como son los vientres de alquiler, la prostitución o la diversidad y disidencia sexual, este último fenómeno siendo una novedad, según Juan José Tamayo, en los congresos de la Juan XXIII. Esta previsto que la tarde terminó con la segunda ponencia magistral del programa, que trató de «Cuerpos, sexualidades y derechos de las mujeres» y que correrá a cargo de Justa Montero, de la Asamblea Feminista de Madrid.

Fuente Religión Digital

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Tamayo arremete contra el «discurso androcéntrico» y la «moral machista» de la religión organizada

sábado, 9 de septiembre de 2017
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congreso_560x280Inaugurado el Congreso de la Juan XXIII «Las mujeres y la religión»

Las religiones «siguen instaladas en un patriarcado homófobo», denuncia

«Salvo excepciones, en las religiones no se han dado pasos en dirección a la igualdad. Todo lo contrario: se ha producido un estancamiento o, peor aún, un retroceso»

(Cameron Doody).- Las mujeres son, sin duda ninguna, las heroínas de la religión organizada. Las heroínas, pero también las mártires, porque no ha habido otro colectivo en la historia de la humanidad que haya atestiguado de forma tan lamentable a la crueldad de hombres que pensaban seguir los «mandatos de Dios».

Un sufrimiento infernal por el que la Asociación de Teólogos Juan XXIII se ha propuesto expiar con el Congreso «Las mujeres y la religión: de la discriminación a la igualdad de género», que esta tarde ha echado a andar en Madrid, con un minuto de silencio por las víctimas del atentado en Barcelona y de la violencia de género.

El secretario general de la Juan XXIII, Juan José Tamayo, ha sido el encargado de presentar el Congreso, y eso lo ha hecho situándolo en el contexto del décimo aniversario este 2017 de la aprobación de la Ley de Igualdad. Diez años en los que se han producido importantes avances en la causa de la igualdad de hombres y mujeres, ha reconocido, pero también importantes retrocesos. La persistencia de los micro- y macro-machismos, por ejemplo, o los feminicidios, que como Tamayo ha alertado «alcanzan cuarenta y siete y el año pasado, en todo el mundo, llegaron a sesenta mil».

Hechos todos que demuestran que el patriarcado sigue más «vivo y activo» que nunca, y que continúa cebándose con «los sectores más vulnerables de la sociedad». Y eso en conjunto con los otros poderes opresores de nuestros días: el neocolonialismo, el capitalismo neoliberal, el agronegocio o los fundamentalismos religiosos.

Pero no es que las cosas estén mejor en las religiones más socialmente aceptadas, que lejos de haber dado pasos «en dirección a la igualdad», ha lamentado Tamayo, más bien han sido las responsables de «un estancamiento» en esta causa. Suficiente es, para darse cuenta de ello, la presencia en la religión de un «patriarcado homófobo basado en la masculinidad sagrada» que margina no solo a las mujeres sino también a todo aquél que no se identifique con la heteronormatividad o binariedad sexual. A todas estas personas la religión les considera «inferiores, subalternas y dependientes», ha deplorado el teólogo, y lo que es peor, no les reconoce como «sujetos morales ni religiosos«.

Por todas estas realidades urge el análisis que proponen en este Congreso los teólogos de la Juan XXIII. Una mirada pormenorizada a fenómenos tales como los derechos sexuales y reproductivos, la diversidad y disidencia sexual, y los movimientos feministas que luchan contra toda traza de discriminación sexista, sea dentro o fuera de las instituciones religiosas.

«No podíamos analizar dichos movimientos en todas las religiones del mundo», ha lamentado Tamayo, pero el Congreso, ha dicho, reunirá a expertos que indagarán sobre las luces y sombras que se proyectan sobre las mujeres en tres tradiciones en particular: el catolicismo, el islam y el anglicanismo. Y eso con las herramientas de un amplio abanico de ciencias sociales y políticas.

Más que suficiente para un exitoso Congreso que se interesará por el «paradigma de igualdad de género en la sociedad y en las religiones», y que tratará de construir «otras religiones posibles»: religiones que sean «igualitarias, paritarias y fraterno-sororales«.

El texto completo de la intervención de Juan José Tamayo

Queridas amigas, queridos amigos:

Inauguramos hoy un nuevo Congreso de Teología, ¡el 37!, con un tema que no podíamos demorar: «Mujeres y religión: de la discriminación a la igualdad de género». Su celebración coincide -y no es casual- con el décimo aniversario de la aprobación de la Ley Orgánica de 22 de marzo de 2017 para la igualdad efectiva de mujeres y hombres, pionera en el reconocimiento de la igualdad de derechos de hombres y mujeres, si bien la propia ley era consciente de que quedaba mucho camino por recorrer hasta su consecución, y así se expresaba en el texto de la misma.

De entonces para acá se han producido avances, y muy importantes, pero también retrocesos, como demuestran, entre otros fenómenos:

– la persistencia de los micro- y macro-machismos;
– el inferior salario de las mujeres por igual trabajo;
– el retroceso en educación para la igualdad;
– la violencia machista, los feminicidios, que este año, a fecha de hoy, alcanzan cuarenta y siete y el año pasado, en todo el mundo, llegaron a sesenta mil.

Estos hechos demuestran que el patriarcado sigue vivo y activo en todos los campos y mantiene su poder opresor sobre las mujeres, las niñas, los niños y los sectores más vulnerables de la sociedad, en complicidad con otros sistemas de dominación: el colonialismo en su verso neocolonial; el capitalismo, en su versión neoliberal; la depredación de la naturaleza en la versión científico técnica de la modernidad; los fundamentalismos sobre todo en su versión más extrema, el terrorismo, ejercido por algunos colectivos de manera blasfema en nombre de Dios.

En materia de igualdad de género las cosas están todavía peor en las instituciones religiosas -sobre todo, en sus dirigentes, la mayoría varones-, que siempre se han llevado mal con las mujeres. Salvo excepciones, en las religiones no se han dado pasos en dirección a la igualdad. Todo lo contrario: se ha producido un estancamiento o, peor aún, un retroceso.

Las religiones, con frecuencia:

– Siguen instaladas en un patriarcado homófobo, basado en la masculinidad sagrada, que margina a las mujeres, a quienes considera inferiores, subalternas, dependientes y no reconoce como sujetos morales ni religiosos.
– Discriminan y excluyen a gais, lesbianas, bisexuales, transexuales, intersexuales, e imponen en sus propias instituciones, pero también en la sociedad, una moral religiosa heteronormativa y defensora de la binariedad sexual;
– Elaboran un discurso androcéntrico y una moral machista, poseen una estructura patriarcal y transmiten una concepción homófoba de las relaciones humanas, en clara oposición a las leyes igualitarias y a la creciente conciencia feminista.

Inaugurará el Congreso Soledad Murillo, profesora de Sociología de la Universidad de Salamanca, consultora de la ONU e impulsora de la Ley de Igualdad de 2007, quien hará un análisis crítico de la sociedad patriarcal. A continuación abriremos las siguientes líneas de reflexión y análisis:

– Los derechos sexuales y reproductivos y el cuerpo de las mujeres sometido a mercancía a través de los cuerpos de alquiler y de la prostitución.
– La diversidad y la disidencia sexual -LGTBI
– Los movimientos de mujeres en la sociedad que luchan por la conquista de las reivindicaciones feministas, la concientización de género y la denuncia de la discriminación sexista, que suele ir acompañada de otras discriminaciones: por disidencia sexual, clase, cultura, etnia, religión, etc., en diferentes áreas geoculturales: África, América Latina y España.

– Los movimientos de mujeres en las religiones vinculados a los movimientos feministas y al LGTBI, que cuestionan las desigualdades de género en el seno de las instituciones religiosas y reivindican derechos iguales y paridad en los puestos de responsabilidad y de representación. No podíamos analizar dichos movimientos en todas las religiones del mundo. De estos movimientos hemos elegidos tres, correspondientes a otras tantas tradiciones religiosas: catolicismo, islam e iglesia anglicana.

– Cuatro cuestiones teológicas que están en el centro del debate en el seno del cristianismo: las diferentes actitudes ante las identidades sexuales, la teología de la liberación desde la perspectiva de género en América Latina en la perspectiva decolonial; el ministerio eclesial de las mujeres; el patriarcado religioso y el ejercicio del poder en las Iglesias; la urgencia de una espiritualidad política.

Los temas serán tratados desde diferentes disciplinas: ciencias sociales y políticas, filosofía, teología, teoría feminista, ética, pero no en abstracto, sino articulando reflexión y activismo -ambos inseparables, – y vinculándolos con las prácticas de emancipación y los movimientos sociales. Es, por tanto, un Congreso abierto a todas las personas y colectivos interesados en la propuesta del paradigma de igualdad de género en la sociedad y en las religiones.

El tema nos afecta a todas y a todos. Por eso, todas y todos estamos llamados a participar en este Congreso y a construir Otras Religiones Posibles igualitarias, paritarias, fraterno-sororales en sintonía con el lema de los Foros Sociales Mundiales: Otro Mundo es Posible.

Muchas gracias.

Fuente Religión Digital

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Orad en femenino singular

miércoles, 19 de julio de 2017
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Praying woman hands Mari Paz López Santos
Madrid.

ECLESALIA, 07/12/15.- Antes de que salten las alarmas quiero dejar claro, desde el principio, que la comprensión del idioma que hablo, derivado del latín, me integra como ser femenino dentro del genérico masculino cuando se habla en plural. Así son las cosas a nivel lingüístico por el momento.

Como de oración quiero tratar, pongo algunos ejemplos prácticos.

Adentrémonos en la que Jesús nos propuso para dirigirnos al Padre: “Padrenuestro, que estás en el cielo santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad…”

No me he sentido al margen de ese “nosotros”, aunque sea la primera persona del masculino plural. “Nosotros” somos todos y todas; ese “nosotros” es la comunidad que espera la llegada del Reino. Y, sin embargo, reconozco que me alegra que el sustantivo “comunidad” sea femenino. La comunidad es el círculo integrador donde no hay diferencia de sexo. Al menos así deberían de ser las cosas a nivel comunitario.

Pero hay que dar pequeños pasos que vayan haciéndonos comprender que la utilización del lenguaje en la liturgia es algo muy importante y a nivel espiritual ha de ser cuidado con mucha delicadeza pues estamos ante algo sagrado: la relación de la persona con Dios; y la persona humana es masculina y femenina.

Recordemos ahora el texto del evangelio (Mt 8,8) en que el centurión romano se dirige a Jesús solicitando la curación de un criado suyo: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; di sólo una palabra y mi siervo será curado”. La Iglesia lo ha tomado para el momento previo a la Comunión, en el que cada persona ha de predisponerse interiormente. Lo ha tomado adaptándolo: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Así cada persona habla desde sí misma, aunque la expresión siga siendo en masculino singular.

Un día, sin mucho pensarlo, me salió de dentro en ese momento: “Señor, yo no soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. En femenino singular.

También, y sigo proponiendo otro ejemplo, en la oración de Completas, en el salmo 4 se dice: “En paz me acuesto y enseguida me duermo,  porque sólo tú, Señor, me haces vivir tranquilo”. Ya hace tiempo hice una pequeña e inocente adaptación que me hace saborear mejor la paz y el sueño que evoca la última y suave oración del final del día en un monasterio: “En paz me acuesto y enseguida me duermo,  porque sólo tú, Señor, me haces vivir tranquila”. Pude comprobar el buen resultado de este pequeño cambio cuando el niño que tenía al lado (mi nieto de siete años) me preguntó: “Abuela, ¿por qué dices “tranquila”?, a lo que le contesté: “Porque soy una chica”. Comprendió perfectamente, no hubo más preguntas.

Oremos con naturalidad. Oremos en comunidad. Pero también, y sin complejos, orad en femenino singular 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Ivone Gebara: «La jerarquía piensa que el mensaje del Evangelio es un paquete cerrado para entregar a los fieles»

martes, 11 de julio de 2017
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na21fo01Ivone Gebara, referente de la teología feminista de la liberación

«El éxito de la Iglesia todavía está en una religiosidad que se entrega para el consumo de la gente» 

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Ivone Gebara es una de las principales referencias de la Teología Feminista de las últimas décadas, no sólo en el ámbito brasileño como a nivel mundial. Ella misma se define como teóloga feminista de la liberación y es consciente que esta forma de posicionarse condiciona su forma de entender el cristianismo.

Su actitud crítica ha provocado rechazo en muchos ámbitos eclesiales, muchas veces venidos de personas que no indagan en los presupuestos que están en la base de la reflexión teológica de la religiosa brasileña, quien siempre ha dejado claro de que lado se sitúa, el de los colectivos marginados dentro de la sociedad y de la propia Iglesia.

En esta entrevista, Ivone Gebara muestra su pensamiento en relación al mundo femenino dentro de la Iglesia Católica, a la que acusa de dejarse influenciar más por modelos culturales que por el propio mensaje de Jesucristo, dando a entender que las tentativas de cambios que ha querido llevar a cabo el Papa Francisco en referencia a las mujeres son actitudes que, en su opinión, no van a provocar, por ahora, ninguna novedad importante.

¿Por qué es tan difícil asumir en la Iglesia Católica una visión de la teología desde lo femenino?

La Iglesia no tiene dificultad para asumir lo femenino a partir de su modelo, o sea, a partir de su visión de las relaciones humanas y del lugar que determinó que ocupase lo femenino. En esa visión existe una prioridad casi ontológica de los hombres en relación a las mujeres, dado que son ellos la primera imagen de Dios, aquella que puede representar a Cristo.

Esta teología es todavía la teología vigente y no fue creada necesariamente por la Iglesia, sino por la cultura greco-romana que marcó la formación de la teología cristiana. Los procesos culturales son muy lentos y envuelven una complejidad de comportamientos y mociones que no siempre son sumisas a nuestras racionalizaciones.

Creo que va a tardar todavía mucho tiempo para que se lleve a cabo un cambio antropológico igualitario en el mundo y en la Iglesia.

Desde su punto de vista, ¿cuáles fueron las causas de la tentativa de someter a la mujer dentro del cristianismo y después del catolicismo a lo largo de la historia?

Creo que copiamos los modelos de otras culturas e hicimos de eses modelos la voluntad de Dios y de Jesucristo. E infelizmente la mayoría de la enseñanza de la teología todavía ministradas en los Institutos y Facultades de Teología, y también en las parroquias, se hace a partir de una visión jerárquica del ser humano, no sólo del género, sino también de las razas y clases sociales.

La Iglesia no cambia independiente del mundo. La Iglesia como institución difícilmente asumiría una postura de justicia e igualdad de género diferente a la del mundo. Hasta va a combatir al mundo creyendo que obedece a la voluntad divina. No se pregunta si de hecho hay una voluntad divina tan desigual e injusta, si de hecho esa visión no supone mantener un modelo de poder ya ultra pasado con rasgos totalitarios muy marcados.

¿Someter a la mujer no es una actitud contraria a la novedad que Jesús quiso instaurar?

Jesús no fue feminista. El feminismo es un movimiento contemporáneo. Pero en la tradición de Jesús, en el Movimiento de Jesús, encontramos una dimensión ética igualitaria en la línea de los derechos de las personas que es inspiradora de las teologías feministas de nuestro tiempo. Pero es necesario tener los ojos y los oídos abiertos para percibir eso en los Evangelios.

La llegada del Papa Francisco trajo una nueva política eclesiástica en referencia a las mujeres. ¿Piensa que es suficiente con esas nuevas actitudes o es necesario ser más radical? ¿Qué opina de la propuesta de ordenar diaconisas?

No creo que el Papa Francisco haya traído una nueva política eclesiástica en relación a las mujeres. Ha traído muchas cosas importantes, pero no en relación a las mujeres. El proyecto del diaconado femenino todavía está al «baño María», y no creo que tenga oportunidad de salir del papel y de las reuniones en las que se discuten eternamente las mismas cosas.

El Papa rechaza la palabra feminismo, la expresión «relaciones de género», la expresión «hermenéutica feminista» de la Biblia, patriarcalismo y otras mediaciones importantes para la teología feminista de la liberación.

Él cree que se debe hacer una teología para las mujeres, lo que es una enorme ingenuidad en relación a lo que ya hicimos en medio siglo de actividad en diferentes partes del mundo. Creo que los cambios tienen que darse en las comunidades, en los barrios, en la vida cotidiana de las personas antes de aparecer como decretos del Papa o de algún obispo.

¿Una Iglesia donde las mujeres no están en un plano de igualdad con los hombres, puede entrar en diálogo con la sociedad actual?

Creo que hay una enorme dificultad para entrar en diálogo con los problemas del mundo actual. Y esto en parte porque la Iglesia jerárquica, aquella que detenta la autoridad sobre las comunidades católicas, piensa que el mensaje del Evangelio es un paquete cerrado que ellos tienen la función de entregar a los fieles.

No abren las puertas para pensar en la herencia de Jesús para el mundo de hoy a partir de una ética plural, pero al mismo tiempo centrada en el amor y el respeto a las personas. El éxito de la Iglesia, salvo raras excepciones, todavía está en el devocionismo de masas, en los milagros, en los santuarios, o sea, en aquello que se expresa como una religiosidad que se entrega para el consumo de la gente.

No creo que esto sea muy educativo, sobre todo en los tiempos actuales. Acompaña apenas las necesidades de un pueblo huérfano de líderes y de cuidado de unos para con los otros. Un pueblo donde el hambre de paz y de salud, lleva casi necesariamente a esperar de las fuerzas sobrehumanas lo que las fuerzas de la tierra podrían ofrecer.

Infelizmente el Papa continúa creando beatos, santos y santas, tal vez hasta medio forzado por las fuerzas conservadoras que le rodean. Pero no me parece un buen camino para el crecimiento de la responsabilidad colectiva en un mundo cruel como el nuestro.

Últimamente, usted ha abordado temas relacionados con la ecoteología. ¿El cristianismo debe enfrentar esa dimensión como un aspecto fundamental de reflexión?

He trabajado algunas cuestiones de ecoteología, pero en una línea filosófica ecofeminista, a partir de la cual insisto en la interdependencia de todas las cosas. Esto exige sin duda una lectura interesante de la Biblia y un hacer teológico diferente.

Pienso que la teología actual de nuestras Iglesias apenas arregla las cosas. En otras palabras, incluye un tema de moda en una estructura teológica del pasado como si la necesaria revisión de los conceptos no fuese una necesidad.

¿La Encíclica Laudato Si’ ha ayudado en esta visión teológica? ¿A partir de ella hay mas conciencia sobre la importancia de la reflexión sobre esos aspectos?

La Encíclica Laudato Si’ me parece un documento con informaciones importantes sobre las cuestiones relativas a la ecología y especialmente a las cuestiones climáticas, pero su teología es inadecuada.

En otros términos, su teología no recoge los apelos que la propia Encíclica afirma que son realizados por el mundo actual. Hay un desnivel y un choque de discursos en el interior del propio texto.

Tenemos mucho camino a recorrer y cada día es necesario dar los pasos posibles. Leer más…

Biblia, Espiritualidad, Iglesia Católica , ,

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