Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Santísima Trinidad’

“Trinidad celeste, trinidad terrestre “, por José Arregi:

Miércoles, 6 de noviembre de 2019

Hirutasun..-356x364Leído en su blog:

A propósito de un libro reciente

La editorial Erein acaba de publicar un libro de Galo Martínez de la Pera cuya lectura me ha captado: Hirutasun santuaren misterioa, a saber, “El misterio de la santísima Trinidad”. Es insólito que se escriba en vasco un libro con un título así, que una editorial laica lo publique y que su lectura interese. Pues ahí lo tenemos.

Es un texto breve (180 pp.), de estilo ágil e incisivo, perfectamente trabado, de amplias visiones sintéticas. Un libro entre la teología, la filosofía y la historia, la sociología y la política. Y de candente actualidad, en contra de lo que pudiera sugerir el título. Efecto sorpresa. Un ensayo brillante que ha ganado, creo que merecidamente, el Premio Miguel de Unamuno del Ayuntamiento de Bilbao.

 No pretende orientarnos en los laberintos sin salida de las discusiones cristológicas y trinitarias de los siglos IV y V. No. Se propone, ni más ni menos, ofrecernos una nueva explicación “materialista” de la historia muy alejada del materialismo histórico marxista. No son las relaciones económicas entre el capital y el trabajo, viene a decir, el substrato “material” que explica la historia, sino la relación entre el lenguaje y la escritura. El poder absoluto se apoderó del lenguaje y de la escritura, del espíritu y de la letra, de la libertad de interpretación y, por lo tanto, del progreso. Y de este modo destruyó la raíz cultural, la lengua o el alma de los pueblos. El Imperio y los Estados ahogaron las comunidades particulares y su comunión.

Así ha sido la historia, en efecto. Y lo sigue siendo, con una salvedad: cada vez más, los mismos Estados se ven sometidos a otro poder superior: las élites financieras sin otra patria que Mamón, el Dios del Mercado. ¿Pero qué tiene que ver todo ello con el título del ensayo que comento? Todo, pues el autor sostiene que el cristianismo ha sido la causa de esta desgraciada historia, que la Santísima Trinidad es su núcleo conceptual legitimador (único Padre omnipotente, único Hijo de Dios salvador, único Espíritu inspirador al servicio del gran Poder), y que todo ello fue ideado y construido de la nada por el primer apóstol cristiano propiamente dicho: Pablo de Tarso. En nombre del Dios cristiano y de la única religión verdadera, las naciones-Estado cristianas –cuya máxima realización y exponente son los Estados Unidos de América– han destruido la comunidad humana.

No entraré aquí a discutir si, en su historia bimilenaria, el cristianismo y solo él es el responsable de todos los males, y concretamente del exterminio de religiones, culturas y comunidades. Demuéstrese. Pero rechazo de plano casi todo lo que el autor afirma sobre los orígenes del cristianismo. La investigación histórica actual más crítica y autorizada desmiente rotundamente que el cristianismo originario fuera exterminador y haya sido creado por Pablo, que él haya inventado la Trinidad cristiana (no definida hasta el Concilio de Constantinopla en el año 381), “robado” las Escrituras judías y “falsificado” su sentido originario, reinventado de arriba abajo y desjudaizado enteramente la figura de Jesús, convirtiendo a un pobre hombre ignorante y filoterrorista en Hijo de Dios, un ser celeste preexistente. O que Pablo haya roto alguna vez o en algo con su fe judía. O haya fundado una Iglesia jerárquica al servicio del Poder, y que los evangelios hayan sido escritos para legitimar el proyecto paulino y no contengan datos históricos fiables sobre el hombre Jesús. Todo ello es sencillamente falso, como lo es, en consecuencia, que el mensaje y la praxis de Pablo, no digamos de Jesús, sean los que han destruido la comunidad humana.

Los investigadores están casi unánimemente de acuerdo en que Jesús, hijo de padre y de madre, discípulo de Juan, fue un profeta sanador libre, reformador, pero enteramente judío. Una de las máximas autoridades en la investigación histórico-crítica sobre Jesús y los orígenes del cristianismo, John Dominic Crossan, publicó en 2002 un libro de 690 pp. sobre el cristianismo “antes de Pablo”. En él escribe: “Quien empiece con Pablo interpretará a Jesús de una manera incorrecta; quien empiece con Jesús, interpretará a Pablo de una manera diferente”. Galo Martínez empieza con Pablo y creo que no solo desfigura a Jesús, sino también a Pablo.

A pesar de todo ello, suscribo la conclusión del libro. En esta hora grave, solo nos cabe una salida: construir comunidad, comunidades, respetando y cuidando su suelo nutricio cultural, lingüístico, espiritual al fin y al cabo. Y recrear la Tierra como una gran comunidad de comunidades. Sin eso, vamos derecho al abismo.

Hago mía la profesión de fe del autor en la trinidad comunitaria formada por ancianos, mujeres y niños, “la verdadera trinidad salvadora”, “la trinidad terrestre que protege el misterio de la vida y el secreto de la supervivencia de los pueblos”. Solo añadiría: si entiendo bien, eso que llama “trinidad terrestre” es, en el fondo, el sentido del Misterio “celeste” de la Santísima Trinidad cristiana.

Biblioteca, Espiritualidad , ,

Trinidad: Dios es Amor

Sábado, 22 de junio de 2019

md22887481267Del blog de Xabier Pikaza:

X. Pikaza y N. Silanes: Diccionario teológico. El Dios Cristiano

Xabier Pikaza  / Nereo Silanés (eds.),  Diccionario teológico. El Dios Cristiano (Trinidad), Secretariado trinitario, Salamanca 1992, 1539 págs. A gran formato y doble columna. Con 170 voces y la colaboración de 70 teólogos, la mayoría españoles. Fue y sigue siendo quizá la mayor aportación  de teología dogmática de los últimos 50 años, en lengua española.

Iniciamos la obra hace 30 años, el profesor Nereo Silanes y un servidor, para culminarla tres años después. Entre sus colaboradores escogimos a los mejores especialistas españoles  (con algunos extranjeros) de finales del siglo XX, todos ellos amigos y colegas:

obispos y cardenales, como E. Romero Pose, Julián López, A. González Montes y L. Ladaria (actual Prefecto de la C. para la Doctrina de la fe), L Scheffcyk…

dogmáticos, como S. Del Cura, J. L. Ruiz de la Peña, M. Gelabert, J. Martín Velasco, E. Tourón, G. R. García Murga,  J. M. Rovira Belloso, M. Gesteira y L. Armendáriz…

biblistas, como G. Aranda, F. Contreras, F. García López, J. Vílchez, M. Navarro y D. Muñoz‒León…

‒  con un grupo escogido de teólogos europeos y americanos, como: Piero Coda F. Courth,  Ch. Duquoc, A. Meis, A. Milano,C. Moreschini, G. Salvati, B. Sesboüe,

   9788534937634           La obra fue y sigue siendo una aportación fundamental de la teología trinitaria del último medio siglo y no ha sido superada todavía; ella recoge desde una perspectiva clásica y moderna, bíblica y dogmática, eclesial y antropológica, las dimensiones y matices del Dios Trinitario y de su presencia en la Iglesia y en la vida de los hombres; y así quiero presentarla este año, recordando ante todo al co-editor y amigo (N. Silanes), y con él a otros que, como él, han marchado ya a la “casa”  de la Trinidad, que tiene muchas moradas, entre ellos Mons. Romero Pose y J. L. Ruiz de la Peña, G. Aranda y F. Contreras, J. M. Rovira Belloso y L. Scheffcyk.

               La obra se encuentra aún en activo, tanto en su edición española como brasileira (imagen 1 y 2), y puede conseguirse on line sin dificultades (tanto en la Editorial y en Amazon como en Scribd). Aquí no puedo recoger otros trabajos, quizá  más significativos, sobre los términos clave de la teología trinitaria, como son Padre, Hijo y Espíritu Santo, Persona y Relación, perijóresis e historia, liturgia, mística y filosofía (pues no son míos, aunque yo los encargara)… A modo de ejemplo, reproduzco mi entrada “Amor”, que puede entenderse como resumen y ejemplo  de la obra, tal como la ideamos y realizados hace ya casi treinta años el Prof. N. Silanes y un servidor.

TRINIDAD ES AMOR  (Pikaza) 

 imagesSUMARIO:

I. Eros y Agape: amor griego, amor cristiano.—II. Amor y compasión: cristianismo y budismo.—III. Amor y Trinidad: la comunión divina.—IV. El Espíritu Santo como amor personal.—V. Trinidad y metafísica de amor. Sentido de Cristo. 

Como indica el sumario, hemos trazado algunos rasgos importantes del amor para entenderlos luego en clave trinitaria. Comenzamos situando el tema en un nivel de historia de las religiones: comparamos el amor cristiano y griego (agape y eros). Después lo interpretamos desde el fondo del budismo (compasión y caridad). Sólo entonces trataremos del amor cristiano visto en clave trinitaria. Para culminar el tema ofreceremos una breve visión de las personas trinitarias (especialmente el Espíritu Santo) desde el fondo de una teología del amor.

 I. Eros y Agape: amor griego, amor cristiano

 La religión griega del eros aparece como praxis salvadora que se funda en el orfismo y la piedad de los misterios. Ella quiere liberar la luz divina de los hombres, conquistando y recreando su verdad originaria, cautivada en una cárcel de dolor, sombra y materia. Lógicamente, el alma debe aprender a liberarse por la acción centemplativa o religiosa que le lleva a descubrir su realidad original y retornar de esa manera a lo divino.

 Platón ha elaborado los principios que le ofrece la tradición anterior y edifica desde el eros un espléndido sistema de verdad, de salvación y pensamiento. La visión del eros, que Platón ha presentado desde el mito anterior, presupone en realidad que el hombre es ahora esclavo: está cautivo sobre el mundo pero guarda las semillas del recuerdo de su vida originaria. Ese recuerdo, reflejado germinalmente en el eros, le conduce a partir de los valores sensibles de este mundo (cuerpos, ideales…), hacia el bien de lo supremo como meta donde puede sosegar y realizarse su existencia. El amor es, por tanto, una potente fuerza de atracción que, al inquietarnos en el mundo, nos inmerge en la ansiedad y nos conduce hacia la idea y la bondad de lo divino. Según esto, no hay eros en Dios, pues a Dios nada le falta en su existencia. Tampoco puede hallarse entre los hombres que se encuentran perdidos en los bienes de la tierra. El eros es la fuerza ascensional, aquel impulso que constantemente lleva desde el mundo sensible y limitado, a la verdad de lo que somos en lo eterno. Por eso tienen eros o son eros solamente aquellos hombres que partiendo de los bienes de este mundo, se elevan y dirigen en camino de amor hacia el sentido y bondad de lo divino. El eros de la carne (amor corporal) se supera y se transciende haciendo que surja de ese modo el proceso del «eras espiritual».

Nygren, sistematizador protestante del tema, ha distinguido en la visión del eros estos momentos. a) Es amor-deseo que nos lleva a superar la privación en que ahora estamos, caminando hacia un estado de existencia más dichoso. b) Es anhelo que conduce desde el mundo a lo divino. Por eso, Dios no ama ni tampoco aquellos que prefieren contentarse con la tierra, c) Es amor egocéntrico: es nostalgia de conquista, un gran deseo por lograr y disfrutar lo que nos falta. Sólo en el momento en que, inmergidos en Dios, hayamos colmado la ansiedad y realizado nuestro anhelo, cesaremos en la marcha: se habrá cumplido el eros, no seremos más cautivos de la tierra; la historia habrá cerrado su camino, quedará la eternidad.

Por encima de este anhelo, el cristianismo ofrece la presencia salvadora de Dios en Jesucristo. Lo que importa no es que el hombre haya querido subir hacia los cielos. El misterio está en que Dios ha descendido de manera salvadora hasta la tierra. Esto lo expresa el NT al acuñar de un modo nuevo la palabra antigua agape.

El agape es un amor espontáneo y no egoísta. Su principio está en el Dios que de manera gratuita ha decidido entregar su vida por los hombres. Por eso el agape no depende del valor de los objetos. Dios no se ocupa sólo de los buenos: ama con fuerza especial a los pequeños y perdidos, ama a todos los que sufren, inaugura de esa forma un modo nuevo de existencia. Por eso, en el principio del amor no hay un ascenso hacia la altura, ni tampoco una justicia que sanciona a los perfectos. El amor se manifiesta y triunfa en la vida que se entrega, en el misterio de Dios que nos ofrece su asistencia.

Esto supone que el agape es creador. El eros nada crea, simplemente tiende hacia la fuente de la vida verdadera. Por el contrario, el agape recrea a las personas: amar implica hacer que surja, que se extienda la existencia, que haya esperanza en la desesperación, perdónen el pecado, interés donde existía sólo indiferencia, vida en medio de la muerte. Finalmente, el agape es comunión. Mientras que el eros busca la fusión del hombre con su raíz originaria, el agape le capacita para amar a las personas: invita a realizar la comunión entre los hombres, conduciendo hacia el encuentro interhumano o dirigiendo hacia el misterio de la unión de Dios con nuestra historia.

El eros es la tensión de los hombres que pretenden ascender hacia su centro en lo divino. El agape es, al contrario, la expresión de la presencia salvadora de Dios sobre la tierra: por eso ofrece unos matices creadores, se refleja de manera preferente en el abismo de la cruz de Jesucristo y se explicita en el amor al enemigo. Para el eros, carece de sentido hablar de entrega de la vida «por los malos»: el amor al enemigo resulta inconcebible. En el agape eso es primario: sólo existe amor auténtico y perfecto donde el hombre se dispone, como Cristo, a realizarse en apertura hacia los otros. Amar es dar la vida. Y es hacerlo en gratuidad, porque merece la pena conseguir que el otro sea. Amar es darse, hacer posible que haya vida entre los hombres, en gesto de absoluta limpidez, sin intereses, en camino que culmina allí donde se ayuda al enemigo.

 Los cristianos protestantes acentúan, de una forma general, la oposición del eros y el agape: frente a la búsqueda idolátrica del hombre está la gracia salvadora de Dios; frente al amor como deseo y como mérito (eros) el misterio de Dios que nos regala en Jesucristo su existencia (agape). Pues bien, matizando esa postura debemos afirmar que el eros y el agape se penetran, se enriquecen y completan. El eros representa el ser del mundo, es la tendencia natural de los vivientes que se expanden y realizan. Sin eso que llamamos el «deseo físico» del eros nuestro ser de humanos quiebra y se deshace.

 Sólo porque hay eros (porque el ser humano busca su propia plenitud) puede hablarse de agape (gesto de salida, de entrega hacia los otros). Pues bien, esta unión de eros y agape sólo la podemos entender de una manera original en lo divino. El NT (1 Jn 4, 16) ha confesado de forma lapidaria que Dios mismo es agape, donación de amor gratuito. Los cristianos lo interpretan ciertamente en nivel de economía salvadora: Dios es ágape entregándose de forma gratuita hacia los hombres. Pero resulta necesario dar un paso más diciendo: Dios nos puede regalar su amor porque él mismo es misterio de amor inmanente.

Ésta es la mejor definición de la Trinidad: es el agape de Dios, la comunión personal en que Padre e Hijo en el Espíritu se ofrecen y regalan de manera gratuita la existencia. Pero siendo agape (amor como regalo), Dios mismo es eros: es gozo de sí mismo, plenitud ya realizada a modo de comunión entre personas. Al darse al Hijo (agape) el Padre encuentra su gozo y plenitud en ese Hijo (eros); por su parte, el Hijo halla y plenifica su propio ser (eros) cuando devuelve su misma realidad y plenitud al Padre (agape). Dando un paso más, podemos añadir que el mismo Espíritu Santo es a la vez agape y eros: es gratuidad y gozo de amor compartido.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

“Misterio de Bondad”. Fiesta de la Trinidad – C (Juan 16, 12-15)

Domingo, 16 de junio de 2019

09-SANT-TRINIDAD-C-600x399A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por profundizar en el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.

A Dios, Jesús lo llama «Padre» y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos «Dios» es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.

Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en el mundo.

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como «Hijo» de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.

Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.

Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el «Espíritu» de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

“Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará”. Domingo 16 de junio de 2019. Santísima Trinidad

Domingo, 16 de junio de 2019

34-TrinidadC cerezoLeído en Koinonia:

Proverbios 8, 22-31: Antes de comenzar la tierra, la sabiduría fue engendrada.
Salmo responsorial: 8: Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!.
Romanos 5, 1-5: A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu.
Juan 16, 12-15: Todo lo que tiene el Padre es mío; el Espíritu tomará de lo mío y os lo anunciará.

(Comentario homilético elaborado en un ciclo anterior por Mons. Silvio Báez, obispo auxiliar de Managua)

La revelación de Dios como misterio trinitario constituye el núcleo fundamental y estructurante de todo el mensaje del Nuevo Testamento. El misterio de la Santísima Trinidad antes que doctrina ha sido evento salvador. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo han estado siempre presentes en la historia de la humanidad, donando la vida y comunicando su amor, introduciendo y transformando el devenir de la historia en la comunión divina de las Tres personas. Por eso se puede hablar de una preparación de la revelación de la Trinidad divina antes del cristianismo, tanto en la experiencia del pueblo de la antigua alianza tal como lo atestiguan los libros del Antiguo Testamento, como en las otras religiones y en los eventos de la historia universal.

El Nuevo Testamento, más que una doctrina elaborada sobre la Trinidad, nos muestra con claridad una estructura trinitaria de la salvación. La iniciativa corresponde al Padre, que envía, entrega y resucita a su Hijo Jesús; la realización histórica se identifica con la obediencia de Jesús al Padre, que por amor se entrega a la muerte; y la actualización perenne es obra del don del Espíritu, que después de la resurrección es enviado por Jesús de parte del Padre y que habita en el creyente como principio de vida nueva configurándolo con Jesús en su cuerpo que es la Iglesia.

La primera lectura (Prov 8,22-31) es un himno a la sabiduría divina considerada en su doble dimensión trascendente e inmanente. La Sabiduría es trascendente pues ella es el proyecto de Dios, su voluntad, sus designios, su Palabra, su Espíritu; pero también es encarnada ya que el proyecto divino se realiza en la creación y en la historia, la voluntad de Dios se manifiesta en la Escritura y a través de su Espíritu se convierte en una realidad interior al ser humano. De esta forma la reflexión sapiencial bíblica supera la simplificación panteísta o dualista en su visión de Dios.

En los vv. 22-25 el autor bíblico nos sitúa “antes” de la creación, en la eternidad de Dios, presentando la Sabiduría como una realidad divina y trascendente, anterior a todas las realidades cósmicas: “El Señor me creó al principio de sus tareas, antes de sus obras más antiguas… cuando no había océanos, fui engendrada, cuando no existían los manantiales ricos de agua”. En los vv. 26-31 la Sabiduría parecer ser una realidad creada pues aparece contemporánea a la creación. La Sabiduría está presente también en el ser humano, en su inteligencia, en su felicidad: “Cuando consolidaba los cielos allí estaba yo, cuando trazaba la bóveda sobre la superficie del océano, cuando señalaba al mar su límite… a su lado estaba yo como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesar en su presencia; jugaba con el orbe de la tierra, y mi alegría era estar con los seres humanos”.

Este himno ha llegado a ser en la tradición cristiana un preanuncio de la encarnación de la Palabra (Jn 1), que “al principio estaba junto a Dios, todo fue hecho por ella y sin ella no se hizo nada de cuando llegó a existir” (Jn 1,2-3), y que al final de los tiempos “se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, la gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14).

La segunda lectura (Rom 5,1-5) es una especie de declaración paulina de sabor trinitario sobre la situación del ser humano que ha sido justificado gracias a la fe en Cristo: “Habiendo, pues, recibido de la fe nuestra justificación, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo… y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado” (vv. 1.5). Pablo afirma la dimensión trinitaria de la vida creyente. Reconciliados con Dios por la fe, estamos en una situación de “paz” y de “esperanza”, paz que supera la tribulación y esperanza que transforma el presente.

El evangelio (Jn 16,12-15) constituye la quinta promesa del Espíritu en el evangelio de Juan. Se habla del Espíritu como defensor (“Paráclito”) y como maestro, llamándolo “Espíritu de la verdad”. La verdad es la palabra de Jesús y el Espíritu aparece con la misión de “llevar a la verdad completa”, es decir, ayudar a los discípulos a comprender todo lo dicho y enseñado por Jesús en el pasado, haciendo que su palabra sea siempre viva y eficaz, capaz de iluminar en cada situación histórica la vida y la misión de los discípulos.

El Espíritu tiene una función “didáctica” y “hermenéutica” con relación a la palabra de Jesús. El Espíritu Santo no propone una nueva revelación, sino que conduce a una total comprensión de la persona e del mensaje del Señor Resucitado. El Espíritu, por tanto, “guía” (v. 13) hacia la “Verdad” de Jesús, es decir, hacia su revelación, de tal forma que la podamos conocer en plenitud. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

16.6.19: Fiesta de la Trinidad Bautizándoles en el Nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo

Domingo, 16 de junio de 2019

Trinidad-RubliovDel blog de Xabier Pikaza:

Me llaman Trinidad

EL NOMBRE DE DIOS ES TRINIDAD

   Es uno, son tres, son nombres infinitos… pues todo lo que puede nombrarse y ser en Dios, como dice 1 Cor 15, 28: “Él será todo en todos”. En ese sentido, la historia de la humanidad, según la Biblia, es la historia de los nombres de Dios:

  1. El primer nombre de Dios es Yahvé, el que hace ser (y para los cristianos el Padre). Así lo ha definido y marcado para siempre el texto del Dios de la Montaña, donde arde el fuego inextinguible en el arbusto que Moisés ha visto a los pies del Sinai. Fuego inextinguible de vida sobre la estepa de los hombres, eso es Dios. Y cuando Moisés le pregunta “cómo te llamas” él responde: Soy el que soy (en hebreo Yahvé), soy la presencia de vida, soy la vida que arde sin consumirse, son el Padre del que todo viene, soy la Vida que se derrama y extiende en todo lo que existe.
  2. El segundo nombre de Dios es Jesús, que significa Yahvé salva, conforme al  himno de Flp 2, 6-11. Salvar significa liberar de la muerte, es dar la vida “muriendo”, esto es, entregando el propio ser, para que los hombres y todos los seres del mundo sean. Éste es el Dios de Jesús, Dios, aquel que no ha querido imponerse por la fuerza, sino aquel que se ha dado  “muriendo” (=dando vida), para resucitar en nosotros, para que así seamos en su nombre. Por eso, los cristianos saben, sabemos, que el nombre de Dios es Jesús (nos salva de perdernos, nos hace ser para resucitar (=vivir superando la muerte, en cada uno de nosotros, en los otros), y ante “doblamos la rodilla”, como sigue diciendo Glp 2, 6-11, es decir, nos levantamos y somos, en esperanza de resurrección, “para gloria de Dios Padre”. Y así decimos que Dios es Hijo, es decir, somos nosotros, hijos e hijas de Dios.
  3. El tercer nombre de Dios es Espíritu Santo, es decir, la Vida de todo lo que existe, pues en él vivimos, nos movemos y somos (Hch 17, 28). Dios es el Espíritu de todos los espíritus… pero entendiendo “espíritu” en el sentido fuerte de “carne y sangre”, de tiempo y eternidad, de amor en el que todo se arraiga y existe, el amor del Padre y del Hijo, del que da la vida y del que la recibe, de Yahvé (el que es) y de Jesús de Nazaret, el resucitado, amor sin más, sólo amor, amor en todo y para todos.

Por eso decimos tres nombres. pero sabiendo que Dios es Uno, siento todos los nombres, que se concretan y expresan, para los cristianos, según el evangelio (Mt 28, 16-20) en el NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO  Y DEL ESPÍRITU. Un único Nombre que son Tres, pues en tres los resumimos y condensamos, como Padre, Hijo  y Espíritu,  sabiendo que es Uno y es Todo, son tres, somos tres, la Vida que triunfa de la muerte, aquel que se manifiesta en Jesús y se expande y vive en nosotros como Espíritu Santo.

    Así lo indicaré en este Domingo de la Trinidad, domingo del Dios todo en todos, del Adviento y Navidad, de la Cuaresma y de la Pascua, domingo del Pentecostés ampliado, de los cincuenta días de Dios que son todo el tiempo y toda la eternidad. En ese fondo empezaré comentado el evangelio de este domingo que sigue siendo domingo del Espíritu… y el evangelio de la misión trinitaria.

1.EVANGELIO DEL DOMINGO DE LA TRINIDAD. CICLO C, AÑO 2019

Juan 16, 12-15 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.

Evangelio del Espíritu Santo, Evangelio de la Trinidad

    La palabra clave es “cuando venga el Espíritu Santo… os guiará a la verdad completa…”, os llevará a conocer a Dios, a vivir en Dios, que es Trinidad, que es Padre-Yahvé, siendo HIjo-Jesús (Dios salva), siendo Espíritu Santo.

220px-Retaule_de_la_Trinitat_1489._Museu_Rigau_Perpinyà_2Al conocer de esa manera a Dios (al conocer la verdad completa), creyentes realizarán por tanto no sólo las obras (erga) de Jesús, sino aún mayores “porque voy al Padre” (14, 12), y lo harán en la línea de un “plus” eclesial,es decir, del Espíritu Santo , que no es un portador subordinado de la memoria de Jesús, sino el impulsor de vida y futuro en el que vivimos y actuamos:

Haréis obras mayores que las mías, el Espíritu del Padre. Los creyentes de la comunidad del Discípulo Amado han vivido y expresado la experiencia de Amor, sin instituciones fuertes, pero con un fuerte impulso del Espíritu al servicio de la verdad completa, en una línea distinta, pero complementaria, a la de Efesios (cf. cap. 19):

 ‒ Si me amáis, guardaréis mis mandatos y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador, que esté con vosotros por siempre (Jn 14, 15-16). Estas cosas os he dicho estando con vosotros. Pero el Consolador, Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará todas las cosas lo que os he dicho (14, 25-26).

Cuando venga el Consolador, que Yo enviaré desde el Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, Él dará testimonio de mí y vosotros daréis también testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio (15, 26-27). Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no (las) podéis soportar. Pero cuando venga Él, el Espíritu de verdad, os guiará a la Verdad completa (cf. 16, 7-13).

                       Estas palabras nos sitúan en el centro de la experiencia y teología del Trinidad, del Dios cristiano, en la línea del Espíritu Santo como Paráclito (abogadode perseguidos y humillados, defensor en el juicio) y Consolador (amigo íntimo que nos ofrece su ánimo). Éste es el Espíritu de Dios, que aparecía en diversos lugares del AT (sobre todo en relación con los profetas y el Mesías, cf. cap. 5‒6) y en algunos momentos principales de la historia de Jesús (resurrección, bautismo, concepción por el Espíritu…), el Espíritu de Dios que ahora define la vida y acción de los creyentes:

‒ Es el Espíritu del Padre, en su doble dimensión de origen (Jn 15, 26) y envío, pues el Padre lo ofrece o emite (Jn 14, 16. 26), como impulso de conocimiento y plenitud de vida, en línea de filiación (para que los hombres sean en Jesús hijos de Dios). Siglos más tarde, desde la controversia del Filioque (¡y del Hijo!), cristianos de tradición bizantina y romana han discutido extensamente sobre este motivo, precisando de formas algo distintas la relación del Paráclito con el Padre y con el Hijo.

‒ Es Espíritu del Hijo, pues el Hijo ruega, y el Padre lo envía en su nombre (cf. Jn 14, 15-26. 25-26). Más aún, el mismo Jesús glorificado, como Hijo de Dios, puede enviar y enviará el Espíritu a quienes se lo pidean, para realizar así la obra de Dios (Jn 14, 26-27; 15, 26-27). En esa línea podemos añadir que el Espíritu Santo es “el otro Paráclito”, es decir, el mismo Jesús hecho presente, de un modo nuevo (pascual, resucitado: cf. tema 17), como amor activo en aquellos que acogen (creen) y cumplen su mensaje, volviéndose así “cristos”, capaces de realizar las obras de Jesús y aún mayores, como he destacado ya.

 Entendido así, el Paráclito es la Autoridad de Amor que consuela y fortalece a los creyentes, para que puedan ser en comunión, realizando las obras de Jesús y aún mayores, es decir, llevando a plenitud su tarea mesiánica. En esa línea, Jesús no marca un “fin”, no es un tope que nos impide seguir caminando, sino al contrario: En él empieza el auténtico camino de transformación humana, en unidad de amor (que todos sean uno) y en elevación de vida. El Espíritu es por tanto el mismo Dios, que se expresa en Jesús como amor del Padre y el Hijo, siendo así, al mismo tiempo, comunión de amor de los creyentes, “de manera que todos sean Uno, como nosotros somos Uno: tú, Padre, en mí y yo en ti; para que el mundo crea que tú me has enviado” (17, 21). Ser unos en otros, en el despliegue de Dios, éste es el misterio central de la resurrección[1].

Dios es Espíritu, Dios es Trinidad, en sí mismo y en nosotros (es en sí mismo, siendo en nosotros), es Padre en-por Jesús, es Hijo, en el Espíritu.Desde ese fondo se entiende la respuesta de Jesús a la samaritana, superando la visión y religión de los cultos nacionales de Jerusalén y el Garizim, que separan y dividen a los hombres:

  Créeme, mujer: llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; porque ciertamente el Padre busca tales adoradores. Dios es Espíritu, y los que le adoran deben adorarle en Espíritu y en Verdad (Jn 4, 21-24)

              Esta palabra ratifica la promesa del Espíritu, poniendo de relieve el sentido de la adoración en Espíritu y Verdad, como experiencia de transformación universal en amor, desde el Dios presente como Vida en nuestra vida:

 ‒ Rogaré al Padre y os enviará otro Paráclitopara que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Jesús había sido defensor de sus discípulos: Primer Paráclito, consuelo en el amor. Pero, culminado su camino, él ruega al Padre que envíe Otro Paráclito, el Espíritu Santo (cf. Mc 13, 11), para defender a los perseguidos en la prueba. En un sentido, Jesús se va, ya no acompaña a los creyentes de un modo inmediato, pero él pide al Padre que les envía “otro Paráclito”, presencia interior y compañía, en comunión y libertad completa (no os dejaré huérfanos: Jn 14, 18).

‒ El Espíritu os lo enseñará todo: “Pero el Paráclito…, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Jn 14, 26). El Espíritu “recuerda”, esto es, permite entender y revivir, en línea personal y en comunión de amor (consuelo), el mensaje y vida de Jesús, reinterpretando su camino, en verdad (en conocimiento: ¡os lo enseñará todo!) y en vida (retomando el camino y las obras de Jesús).

Espíritu y testimonio: “Cuando venga el Paráclito, a quien yo enviaré del Padre, el Espíritu de verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí, y vosotros daréis testimonio también, porque habéis estado conmigo desde el principio” (Jn 15,26-27). El testimonio de Jesús no está ligado a instituciones u obras externas, sino a la presencia del Espíritu, que es garantía de su presencia y acción en la Iglesia.

Presencia resucitada: “Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, el Consolador no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré” (Jn 16, 7). Hay una presencia de Jesús que ha debido terminar. Sólo marchándose, realizando su tarea de Dios hasta el final, Jesús podrá enviar el Espíritu de Dios, para que también sus discípulos sean como él y realicen sus obras[2].

Notas de la primera parte

[1] El Espíritu aparece así como “otro Paráclito” (allon Paraklêton: Jn 14, 16), pues el primero es Jesús, Hijo de Dios. Es “otro” y, sin embargo, es el mismo Jesús hecho herencia de vida y comunión en los creyentes. El Paráclito deriva de Jesús y, siendo plenitud y cumplimiento de su promesa, esto es, Reino y Verdad de (Jn 14,15), puede realizar obras “mayores” que las suyas. No es simple promesa de un Reino Futuro, que vendrá al final, por encima y fuera de la historia, sino que actúa en este mundo (en la línea del “milenio” de Ap 20, 1‒6), suscitando un Reino de justicia y verdad. Algunos movimientos post‒cristianos entendieron está venida del Paráclito de un modo apocalíptico (Montano), dualista (Mani) o incluso político‒social (Mahoma), pero es evidente que, según el evangelio, ella ha de verse en línea de cumplimiento del mensaje y vida de Jesús, en clave de transformación (Unción) interior. “Pero vosotros habéis recibido la Unción del Santo, y todos conocéis la verdad. La Unción que de Él recibisteis permanece en vosotros y no tenéis necesidad de que nadie os enseñe. Porque su Unción os enseña todas las cosas, y es verdadera y no mentira…” (1 Jn 2, 20. 26‒27). Estas palabras definen y concretizan la promesa del Paráclito como “unción del Santo”, transformación en la verdad, de manera que ya no sea necesario que unos enseñen a los otros desde fuera (por imposición externa), pues la verdad y la vida se identifican con el mismo Espíritu que actúa y se expresa en la vida de los creyentes.

[2] Esa palabra (conviene que me vaya)ha de entenderse en sentido radical: Durante su vida en el mundo, Jesús ha sido “hijo de David”, como indicaba con toda precisión Rom 1, 3‒4, con las limitaciones que ellos suponía (en línea intraisraelita). Sólo con la resurrección (es decir, culminando su obra mesiánica) Jesús ha podido volverse portador del Espíritu Santo, presencia universal y de transformación.

2. MISIÓN CRISTIANA Y TRINIDAD. MT 28, 16-20

 Los once fueron a la Montaña… Jesús les dijo: Se me ha dado toda autoridad en cielo y tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os mandé; y yo estoy con vosotros todos los días, hasta la consumación del mundo (28, 18-20).

          evangelio-de-mateo   Estos once, reunidos en la montaña de la pascua, a partir del testimonio de las mujeres de la tumba vacía, son los discípulos/hermanos de Jesús,  aquellos a los que Jesús había llamado, para acompañarle en su tarea de reino, son todos los creyentes, somos todos nosotros, portadores del Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

           Éstos que van a la montaña de Galilea, en el día de Pentecostés, que es día del Dios Trinidad somos todos nosotros…. todos los creyentes, varones y mujeres, que abren desde la montaña de Galilea el mensaje y vida de Jesús a las naciones[1].

Eso significa que la función anterior de Jesús centrada en  Jerusalén ha terminado (cf. 21, 43; 22, 7; 23, 37-39), ha cesado el judaísmo del templo y la ley nacional del reino judío de David, y la verdadera teología de Israel (con su mensaje universal) ha de extenderse a todas las naciones desde Galilea, esto es, desde el “monte” de la vida‒mensaje de Jesús (no desde Jerusalén y Roma como supone Hech 1 y 28), ratificando la misión universal  del judaísmo galileo de Jesús, no el jerosolimitano, el verdadero judaísmo cristiano del Dios Padre-Hijo-Espíritu Santo (cf. Mt 4, 12‒16, con Is 8, 23‒9, 1)[2].

 Bautismo Cristiano: en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo[3].

Estas palabras finales del Evangelio de Mateo… marcan el comienzo de la nueva Iglesia universal, la iglesia del Dios pleno (Padre, Hijo, Espíritu), la Iglesiaq que debe “bautizar a todos los hombres”, es decir, ofrecerles el misterio del Dios de amor completo…  Ciertamente, Mateo afirma que Jesús ha venido a ratificar el camino anterior del judaísmo (Mt 5, 17), pero el principio de identidad de los cristianos no Yahvé como Dios nacional, ni su ley o templo particular, ni la conversión para perdón de los pecados, como en Juan Bautista (3, 11), sino la nueva experiencia de Dios como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Fiesta de la Trinidad. Ciclo C.

Domingo, 16 de junio de 2019

trinidadDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El ciclo litúrgico se abre con la venida de Jesús y culmina con la venida del Espíritu; el Padre está presente en todo momento. Es lógico que se dedique una fiesta en honor de la Trinidad. Para ella había que elegir textos que hablaran de las tres personas, al menos de dos de ellas. Pero no pretenden darnos una lección de teología sino ayudarnos a descubrir a Dios en las circunstancias más diversas. La primera, llena de belleza y optimismo, en los momentos felices de la vida. La segunda, incluso en medio de las tribulaciones, dándonos fuerza y esperanza.           La tercera, en medio de las dudas, sabiendo que nos iluminará.

Dios presente en la alegría (Proverbios 8, 22-31)

            Del Antiguo Testamento se ha elegido un fragmento del libro de los Proverbios que polemiza con la cultura de la época helenística: ¿cuál es el origen de la sabiduría? Para muchos, es fruto del pensamiento humano, tal como lo han practicado sobre todo los filósofos griegos. Frente a esta mentalidad, el autor del texto de los Proverbios afirma que la verdadera sabiduría es anterior a nuestras reflexiones y estudios; y lo expresa presentándola junto a Dios muchos antes de la creación del mundo, acompañándolo en el momento de crear todo.

Así dice la sabiduría de Dios:

            «El Señor me estableció al principio de sus tareas,

            al comienzo de sus obras antiquísimas. 

            En un tiempo remotísimo fui formada,

            antes de comenzar la tierra. 

            Antes de los abismos fui engendrada,

            antes de los manantiales de las aguas.

            Todavía no estaban aplomados los montes,

            antes de las montañas fui engendrada. 

            No había hecho aún la tierra y la hierba,

            ni los primeros terrones del orbe. 

            Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo;

            cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo;

            cuando sujetaba el cielo en la altura,

            y fijaba las fuentes abismales. 

            Cuando ponía un límite al mar,

            cuyas aguas no traspasan su mandato; 

            cuando asentaba los cimientos de la tierra,

            yo estaba junto a él, como aprendiz, 

            yo era su encanto cotidiano,

            todo el tiempo jugaba en su presencia: 

            jugaba con la bola de la tierra,

            gozaba con los hijos de los hombres.

            ¿Por qué se eligió esta lectura? San Pablo, en la primera carta a los Corintios, dice que Cristo es “sabiduría de Dios” (1,24). Y la carta a los Colosenses afirma que en Cristo “se encierran todos los tesoros del saber y del conocimiento” (Col 2,3). Este fragmento del libro de los Proverbios, que presenta a la Sabiduría de forma personal, estrechamente unida a Dios desde antes de la creación y también estrechamente unida a la humanidad (“gozaba con los hijos de los hombres”) parecía muy adecuado para recordar al Padre y al Hijo en esta fiesta.

Dios presente en los sufrimientos (Romanos 5, 1-5)

Curiosamente, en este texto, que menciona claramente a las tres personas, los grandes beneficiarios somos nosotros, como lo dejan claro las expresiones que usa Pablo: “hemos recibido”, “hemos obtenido”, “nos gloriamos”, “nuestros corazones”, “se nos ha dado”. Él no pretende dar una clase sobre la Trinidad, adentrándose en el misterio de las tres divinas personas, sino que habla de lo que han hecho por nosotros: salvarnos, ponernos en paz con Dios, darnos la esperanza de alcanzar su gloria, derramar su amor en nuestros corazones. Para Pablo, estas ideas no son especulaciones abstractas, repercuten en su vida diaria, plagada de tribulaciones y sufrimientos. También en ellos sabe ver lo positivo.

Hermanos: Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos; y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Más aún, hasta nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce constancia, la constancia, virtud probada, la virtud, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Dios presente en las dudas (Juan 16, 12-15)

            El evangelio también menciona a Jesús, al Espíritu y al Padre, aunque la parte del león se la lleva el Espíritu, acentuando lo que hará por nosotros: “os guiará hasta la verdad plena”, “os comunicará lo que está por venir”, “os lo anunciará”.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

            Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará. 

            Pienso que el texto se ha elegido porque habla de las relaciones entre las tres personas. El Espíritu glorifica a Jesús, y todo lo recibe de él. Por otra parte, todo lo que tiene el Padre es de Jesús. Tampoco Juan pretende dar una clase sobre la Trinidad, aunque empieza a tratar unos temas que ocuparán a los teólogos durante siglos.

            Para entender el texto conviene recordar el momento en el que pronuncia Jesús estas palabras. Estamos en la cena de despedida, poco antes de la pasión. Sabe que a los discípulos les quedan muchas cosas que aprender, que él no ha podido enseñarles todo. Surgirán dudas, discusiones. Pero la solución no la encontrarán en el puro debate intelectual y humano, será fruto del Espíritu, que irá guiando hasta la verdad plena.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Solemnidad de la Santísima Trinidad. 16 junio, 2019

Domingo, 16 de junio de 2019

0439B978-2317-447A-8E87-77BEC1E550CB

Dice Jesús:

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento. Cuando llegue él, el Espíritu de la verdad, os irá guiando en la verdad toda, porque no hablará por su cuenta, sino que os comunicará cada cosa que le digan y os interpretará lo que vaya viniendo”
(Jn 16,12-15).

Compartimos con vosotras la alegría que esta comunidad de monjas trinitarias de Suesa tiene en esta jornada. Entra a borbotones el contento en un corazón cristiano en este día de la fiesta de la Santísima Trinidad.

¿Por qué? Sencillamente por el modo que Dios, nuestro Dios Trinidad, tiene de relacionarse con sus criaturas, con toda la creación y especialmente con el ser humano. En este día la creación entera desborda de gozo.

La fiesta de hoy, puede ser que la entiendan mejor las gentes sencillas. Quienes saben de cercanía, de bondad, de perdón para hacer la vida más bella, más en sintonía con nuestro Dios que se nos regala compartiendo con sus hijas lo que le es más consustancial: el AMOR.

“Dios es amor” (1 Jn 1). Y el amor, a todas nos gusta recibirlo. Ese amor que no sabe de fronteras. No sabe de listos y tontos, de ricos y pobres. No sabe de encasillados, de que yo soy más que tú, etc.

“Mucho me queda por deciros, pero no podéis con ello por el momento”. Quizá lo que nos quiere decir Jesús con estas enigmáticas palabras es que serán los corazones sencillos quienes descubran al Espíritu, la Santa Ruah. Porque son las personas humildes las que mejor perciben: “que el Espíritu de la verdad, os irá guiando a la verdad plena”.

Pues, a esta Santa Trinidad celebramos, con Ella nos gozamos. Porque creemos en este Dios celebramos y descubrimos la vida más bella. Por eso ¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

¡FELIZ DÍA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD!

Trinidad Santa,

que nos has hecho semejantes a Ti,

que tu Palabra expresada en Jesús, nuestro Maestro,

sea nuestro Camino, Verdad y Vida.

Guíanos con la luz de tu Espíritu,

haznos portadoras del mensaje del Amor.

Gloria al Padre, al Hijo y Espíritu Santo.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Para nosotros Trinidad es una unidad.

Domingo, 16 de junio de 2019

24.the_trinity-blanchard-lowresJn 16,12-15

De Dios no sabemos ni podemos saber nada, ni falta que nos hace. Tampoco necesitamos saber lo que es la vida fisiológica, para poder tener una salud de hierro. La necesidad de explicar a Dios es fruto del yo individual que se fortalece cuando se contrapone a todo bicho viviente, incluido Dios. Cuando el primer cristianismo se encontró de bruces con la filosofía griega, aquellos pensadores hicieron un esfuerzo para explicar el evangelio desde su filosofía. Ellos se quedaron tan anchos, pero el evangelio quedó hecho polvo.

El lenguaje teológico de los primeros concilios, hoy, no lo entiende nadie. Los conceptos metafísicos de “sustancia”, “naturaleza” “persona” etc. no dicen absolutamente nada al hombre de hoy. Es inútil seguir empleándolos para explicar lo que es Dios o cómo debemos entender el mensaje de Jesús. Tenemos que volver a la simplicidad del lenguaje evangélico y a utilizar la parábola, la alegoría, la comparación, el ejemplo sencillo, como hacía Jesús. Todos esos apuntes tienen que ir encaminados a la vivencia no a la razón.

Pero además, lo que la teología nos ha dicho de Dios Trino, se ha dejado entender por la gente sencilla de manera descabellada. Incluso en la teología más tradicional y escolástica, la distinción de las tres “personas”, se refiere a su relación interna (ab intra). Quiere decir que hay distinción entre ellas, solo cuando se relacionan entre sí. Cuando la relación es con la creación (ad extra), no hay distinción ninguna; actúan siempre como UNO. A nosotros solo llega la Trinidad, no cada una de las “personas” por separado. No estamos hablando de tres en uno sino de una única realidad que es relación.

Cuando se habla de la importancia que tiene la Trinidad en la vida cristiana, se está dando una idea falsa de Dios. Lo único que nos proporciona la explicación trinitaria de Dios es una serie de imágenes útiles para nuestra imaginación, pero nunca debemos olvidar que son imágenes. Mi relación personal con Dios siempre será como UNO. Debemos superar la idea de que crea el Padre, salva el Hijo y santifica el Espíritu. Esta manera de hablar es metafórica. Todo en nosotros es obra del único Dios.

Lo que experimentaron los primeros cristianos es que Dios podía ser a la vez: Dios que es origen, principio, (Padre); Dios que se hace uno de nosotros (Hijo); Dios que se identifica con cada uno de nosotros (Espíritu). Nos están hablando de Dios que no está encerrado en sí mismo, sino que se relaciona dándose totalmente a todos y a la vez permaneciendo Él mismo. Un Dios que está por encima de lo uno y de lo múltiple. El pueblo judío no era un pueblo filósofo, sino vitalista. Jesús nos enseñó que, para experimentar a Dios, el hombre tiene que mirar dentro de sí mismo (Espíritu), mirar a los demás (Hijo) y mirar a lo trascendente (Padre).

Lo importante en esta fiesta sería purificar nuestra idea de Dios y ajustarla a la idea que de Él nos transmitió Jesús. Aquí sí que tenemos tarea por hacer. Como cartesianos, intentamos una y otra vez acercarnos a Dios por vía intelectual. Creer que podemos encerrar a Dios en conceptos, es ridículo. A Dios no podemos comprenderle, no porque sea complicado, sino porque es absolutamente simple y nuestra manera de conocer es analizando y dividiendo la realidad. Toda la teología que se elaboró para explicar a Dios es absurda, porque Dios ni se puede ex-plicar, ni com-plicar o im-plicar. Dios no tiene partes que podemos analizar.

Entender a Dios como Padre Todopoderoso nos conduce al poder de la omnipotencia y la capacidad de hacer lo que se le antoje. Los “poderosos” han tenido mucho interés en desplegar esa idea de Dios. Según esa idea, lo mejor que puede hacer un ser humano es parecerse a Él, es decir, intentar ser más, ser grande, tener poder. Pero ¿de qué sirve ese Dios a la inmensa mayoría de los mortales que se sienten insignificantes? ¿Cómo podemos proponerles que su objetivo es identificarse con Dios? Por fortuna Jesús nos dice todo lo contrario, y el AT también, pues Dios, empieza por estar al lado, no del faraón, sino del pueblo esclavo.

Un Dios que premia y castiga, es verdaderamente útil para mantener a raya a todos los que no se quieren doblegar a las normas establecidas. Machacando a los que no se amoldan, estoy imitando a Dios que hace lo mismo. Cuando en nombre de Dios prometo el cielo (toda clase de bienes) estoy pensando en un dios que es amigo de los que le obedecen. Cuando amenazo con el infierno (toda clase de males) estoy pensando en un dios que, como haría cualquier mortal, se venga de los que no se someten.

Pensar que Dios utiliza con el ser humano el palo o la zanahoria como hacemos nosotros con los animales que queremos domesticar, es hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza y ponernos a nosotros mismos al nivel de los animales. Pero resulta que el evangelio dice todo lo contrario. Dios es amor incondicional y para todos. No nos ama porque somos buenos sino porque Él es bueno. No nos ama cuando hacemos lo que Él quiere, sino siempre. Tampoco nos rechaza por muy malos que lleguemos a ser.

Un dios en el cielo puede hacer por nosotros algo de vez en cuando, si se lo pedimos con insistencia. Pero el resto del tiempo nos deja abandonados a nuestra suerte. El Dios de Jesús está identificado con nosotros. Siendo ágape no puede admitir intermediarios. Esto no es útil para ningún poder o institución. Pero ese es el Dios de Jesús. Ese es el Dios que, siendo Espíritu, tiene como único objetivo llevarnos a la plenitud de la verdad. Y aquí “Verdad” no es conocimiento sino Vida. El Espíritu nos empuja a ser auténticos.

Un Dios condicionado a lo que hagamos o dejemos de hacer, no es el Dios de Jesús. Esta idea, radicalmente contraria al evangelio ha provocado más sufrimiento y miedo que todas las guerras juntas. Sigue siendo la causa de las mayores ansiedades que no dejan a las personas ser ellas mismas. Cada vez que predico que Dios es amor incondicional, viene alguien a recordarme: pero es también justicia. ¿Cómo puede querer Dios a ese desgraciado pecador igual que a mí, que cumplo todo lo que Él mandó?

Lo que acabamos de leer del evangelio de Jn, no hay que entenderlo como una profecía de Jesús antes de morir. Se trata de la experiencia de los cristianos que llevaban setenta años viviendo esa realidad del Espíritu dentro de cada uno de ellos. Ellos saben que gracias al Espíritu tienen la misma Vida de Jesús. Es el Espíritu el que haciéndoles vivir, les enseña lo que es la Vida. Esa Vida es la que desenmascara toda clase de muerte (injusticia, odio, opresión). La experiencia pascual consistió en llegar a la misma vivencia interna de Dios que tuvo Jesús. Jesús intentó hacer partícipes, a sus seguidores, de esa vivencia.

S. Juan de la Cruz

Entreme donde no supe, / y quedeme no sabiendo.
Yo no supe donde entraba, / pero cuando allí me vi, /sin saber donde me estaba, /
grandes cosas entendí; / no diré lo que sentí, / que me quedé no sabiendo.
Estaba tan embebido, /tan absorto y agenado, / que se quedó mi sentido /
de todo sentir privado, /y mi espíritu dotado / de un entender no entendiendo.
El que allí llega de vero / de sí mismo desfallece; / cuanto sabía primero /
Mucho bajo le parece, / y su sciencia tanto crece, / que se queda no sabiendo.
Este saber no sabiendo / es de tan alto poder, / que los sabios arguyendo /
jamás lo podrán vencer, / que no llega su saber / ano entender entendiendo.
Y si lo queréis oír, / consiste esta suma sciencia / en un subido sentir /
De la divinal esencia; / es obra de su clemencia / hacer quedar no entendiendo, /
Toda sciencia trascendiendo.

 

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Himno a la Sabiduría.

Domingo, 16 de junio de 2019

sabidEn corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida (Salomón)

16 de junio. SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Proverbios 8, 22-31 dice:

“Desde el principio fui formada / desde el principio, antes del origen de la tierra; / no había manantiales ni hontanares; / todavía no estaban encajados los montes. / Cuando trazaba la bóveda celeste sobre la faz del océano, / cuando sujetaba las nubes en la altura / y reprimía las fuentes abismales”.

La Sabiduría se interpreta bajo varias facetas fundamentales:

Su dignidad, íntimamente relacionada con la sagacidad y la reflexión, que le otorgan autoridad para aconsejar con acierto y así lograr que quienes ejercen poder y autoridad desempeñen el papel de gobernantes sabios y justos.

Su origen. Observamos la autoconciencia de ser una criatura como las demás en el universo, pero al tratarse de la primera creación “acompaña” al Creador en su trabajo. Valorada como ser preexistente, la Sabiduría se declara un don ofrecido al resto de las criaturas.

Es la alternativa que tiene que solucionar el ser humano desde la libertad: poseer la Sabiduría, buscarla cada día, es caminar hacia una meta feliz sugiriendo que las relaciones éticas y morales se deben fundamentar en los cimientos que el corazón les brinda con amor. La boca, es decir, la palabra debe estar al servicio de la verdad y la justicia.

Las diosas de la Sabiduría en la mitología:

En Egipto Isis, Amaterasu en el Sintoísmo; en la celta Scatha; Guan Yin en la budista, y en la hindú Sarasvati. Freiya en la nórdica; Lilit en la mesopotámica. En Grecia, Juno y Hera, y la romana Minerva, diosa de la sabiduría, las artes, la estrategia militar, además de la protectora de Roma y la patrona de los artesanos, de ella se dijo que “iluminaba el mundo y podría lucir más que todas las estrellas”.

¿Por qué la Sabiduría tiene casi siempre rostro de mujer?

Tengo en mi casa de muñecas, los sueños de la ciencia, que he vestido con trajes de colores. Las de color rojo encendido, cantan; las de amarillo pálido fantasean; y las de negro profundo lloran. ¿Por qué llorarán tanto las vestidas de negro, si hoy es Domingo Trinitario? ¡Los Coros Celestiales están siempre cantando!

Cantan esperando que suceda lo que le ocurrió a Miguel Ángel cuando esculpía unas esculturas inacabadas, conocidas como la serie de los esclavos. Unos bloques de piedra de los que surgen unos cuerpos que parecen liberarse de la materia que los aprisiona. El contraste de la piedra en bruto con el pulido de la parte de las figuras que emerge es de una belleza subyugante. Esto es lo que suele acontecer cuando queremos cincelar módulos de Sabiduría: hay que despojarla de toda la masa, para que quede espiritualmente viva, en este caso, dentro de nosotros.

¿O es que ignoran acaso lo que dice el Libro de los Proverbios en el Himno de la Sabiduría?

 

El rey Salomón, que siempre fue muy sabio, dijo: En corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida”.

Rosalind Franklin (1920-1958), igualmente sabia y judía, que trazaba también bóvedas celestiales pronunció esta ilustrada frase en una carta escrita a su padre:

“La ciencia y la vida diaria no pueden y no deberían estar separadas. La ciencia, para mí, otorga una explicación parcial de la vida…No acepto tu definición de fe, es decir, en la vida después de la muerte… Tu fe se basa en tu futuro y el de otros como individuos, la mía, en mi futuro y en el de mis sucesores. Me parece que la tuya es más egoísta. Refiriéndome a la pregunta de un Creador: ¿Creador de qué?… No veo razón para creer que el creador del protoplasma o de la materia primigenia tenga alguna razón para sentir interés por nuestra insignificante raza en un pequeño rincón del universo”.

¡¡Soberana bóveda celeste sobre la faz del pensamiento humano!!

Abraham Maslow (1908-1970), pionero de la Psicología Humanista afirmó en A Theory of Human Motivation quelas necesidades de crecimiento individual y felicidad no pueden ser conquistadas sin satisfacer primero la necesidad básica de conexión humana.

Procedente de una familia rusa de emigrantes judíos, dijo en cierta ocasión: “Yo era un niño pequeño judío en un barrio no judío. Era un poco como ser el primer negro en una escuela de blancos”.

Cuando nos vemos, intercomunicamos -Trino y Uno-, cambiamos nuestra historia.

En el corazón inteligente descansa la sabiduría, en el corazón de los necios no es conocida, decía Salomón.

Y como cabría esperar de su Sabiduría, nos dice en Proverbios 11:

LA HONRADEZ SALVA A LOS DE CORAZÓN RECTO

La honradez guía a los buenos,
la falsedad destruye a los traidores.

La honradez del íntegro allana su camino,
el malvado caerá por su maldad.

La honradez de los rectos los salva,
los malvados quedan prendidos en su codicia.

Quien desprecia al prójimo no tiene juicio,
el hombre prudente se calla.

La mujer sensata se hace respetar.
la que odia la rectitud, se sentará en la picota.

Fruto de la honradez es un árbol de vida,
el sensato se gana a la gente.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

¿Acogemos la verdad de nuestro Dios y nuestra propia verdad?

Domingo, 16 de junio de 2019

trinidad-misericordiosaJn 16, 12-15

¿Hemos experimentado muchas veces la imposibilidad de comunicar lo más hondo que sentimos o vivimos? ¿Nos hemos dado cuenta de que no lográbamos hacernos entender, porque no encontrábamos las palabras apropiadas?

Algo semejante ocurre con el evangelio de este domingo, fiesta de la Santísima Trinidad. Lo que Jesús tiene que decir a sus discípulos, lo que le gustaría comunicarles, excede la capacidad de comprensión que tienen. No pueden  “cargar con ello”.

Hace falta que vivan un proceso y que el Espíritu les vaya conduciendo a la verdad plena, completa. El verbo que usa san Juan: guiar hacia la verdad, evoca el ponerse movimiento, dirigirse hacia… No se trata de comprendan algo racionalmente, sino de situarse de otro modo ante el misterio de Dios.

En el concilio de Nicea (325) y en el de Constantinopla (381) los teólogos hicieron un esfuerzo por expresar “la verdad” sobre Jesús, tal como la comprendían entonces y formularon la doctrina sobre la Trinidad con las categorías que tenían a su alcance.

Desde entonces, el esfuerzo lo hemos tenido que hacer los hombres y mujeres que, desde niños, hemos aprendido esa doctrina en el catecismo, intentando hablar de Dios, el ser, la esencia, las personas, las naturalezas… y salir airosos del intento, sin suspensos ni castigos. Y, lo que es más grave, creyendo que esa definición era el camino que nos llevaba al misterio de Dios, a comprender claramente su identidad.

A la luz de la fiesta de la Trinidad es importante que nos preguntemos: ¿cuál es la verdad plena?  ¿Cómo la hemos ido percibiendo a lo largo de nuestra vida? ¿Con qué símbolos, gestos y palabras la traducimos hoy?

No nos conformemos con lo que hemos recibido “formulado, atado y bien atado”. Conectemos con nuestra propia experiencia vital y espiritual; con nuestra experiencia personal y comunitaria; con nuestra historia de salvación.

¿Cómo traduciríamos hoy, a través del arte, la imagen clásica de un anciano varón, sentado junto a otro varón más joven, una paloma en el centro y multitud de angelitos sin sexo alrededor?

¿Cómo traducimos y vivimos la experiencia de Jesús que nos invita a llamar “Abbá” al Ser que le ha dado la vida y le envía a comunicarla? ¿Cómo encarnamos su palabra, sus gestos, sus prioridades, para irnos configurando con el Hijo?

¿Cómo conectamos continuamente con el Paráclito que se nos ha dado? Es decir, con  quien nos defiende y nos impulsa. Nos han dicho que es como el viento que nos da vida y nos mueve o como la energía que nos anima. ¿Con que otras imágenes y símbolos lo expresaríamos hoy?

La fiesta de la Trinidad y el evangelio de este domingo nos impulsan a tomar distancia de lo que se ha quedado obsoleto en la dimensión doctrinal para buscar de nuevo el rostro de Dios. Nos invitan a  cuidar la dinámica del vaciamiento, la desapropiación  y la donación para avanzar en la dimensión fraternal y comunitaria.

Si aceptamos la invitación a dejarnos guiar por la Trinidad, encontraremos que el  amor que difumina “lo tuyo” y “lo mío”, crea comunión entre nosotros y con nuestro Dios, nos define y plenifica, da sentido y solidez a nuestra vida, nos hace felices. Nos acercaremos a la verdad de Dios y a nuestra propia verdad.

Hechos a imagen de Dios, la Trinidad nos revela lo más hondo de nosotros mismos, nuestras aspiraciones y deseos, incluso aquellos de los que no somos conscientes, porque nuestra realidad no se agota en nosotros mismos, nos transciende y nos configura con el mismo Dios.

El evangelio de hoy nos invita a dejarnos conducir por el Espíritu, a vivir la vida como un proceso abierto, con mociones, dones, sequías, nube del no-saber, aventura y pasión.

Lo contrario es quedarnos en nuestra verdad, nuestras pequeñas verdades intocables, que nos dejan cómodamente en nuestra zona de confort, seguros y sin sobresaltos, afianzados en lo que creemos conocer. Desde ahí nos vamos desplazando hacia el inmovilismo, el fanatismo y la descalificación de los demás.

Se nos llama a buscar la verdad plena. ¿Entra dentro de nuestras aspiraciones, como seguidores y seguidoras de Jesús?

No se trata de rompernos la cabeza para entender el misterio de la Trinidad, sino de abrir nuestro corazón y nuestra vida para acoger al Dios que se nos comunica y nos pone en relación con Él y con sus criaturas.

¡Amplia tarea que vale la pena emprender!

Mª Guadalupe Labrador Encinas, fmmdp

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

La paradoja de la verdad.

Domingo, 16 de junio de 2019

20150512132102def655Fiesta de la Trinidad

16 junio 2019

Jn 16, 12-15

El autor del evangelio pone en boca de Jesús la promesa del Espíritu, a quien nombra como “Espíritu de la verdad”, que habrá de conducir a los discípulos hasta la “verdad plena”.

Habitualmente confundimos la verdad con las creencias, sean estas del tipo que sean. Y, en nuestra ignorancia, no es raro que nos sorprendamos diciendo: “Esta es la verdad” o “Yo tengo razón”. Olvidamos que la verdad no puede ser atrapada por la mente, no puede ser pensada ni puede ser pronunciada. Todo lo pensado y hablado –todo lo que puede salir de nuestra boca– son solo construcciones mentales.

La Verdad desnuda y relativiza las creencias. Y no está más cerca de la Verdad quien más creencias tiene, sino quien más la encarna porque lo es –y la vive en forma de Unidad, de Amor…–. La Verdad no se puede pensar; solo se puede ser; y cuando se es, se conoce. Lo que ocurre es que, como ha escrito Javier Melloni, “todas las religiones corren el riesgo de creer que, en lugar de pertenecer a la Verdad, la Verdad les pertenece”.

La verdad no puede ser pensada; puede ser vivida. Como dijera Jesús, somos la verdad. Porque la verdad es una con realidad. De ahí que no lleguemos a ella por medio de un conocimiento mental –por reflexión–, sino gracias al conocimiento por identidad: conocemos la verdad porque –y cuando– la somos. Imposible de ser pensada, solo puede ser “sida” y vivida.

Ese es el motivo por el que la verdad nunca fanatiza, no es proselitista, no sostiene nuestra necesidad de tener razón… La verdad, más bien, nos desnuda y nos silencia y, de ese modo, nos transforma en –siempre la paradoja– aquello que somos.

Tiene razón el cristiano ortodoxo Paul Evdokimov, cuando presenta al verdadero teólogo como aquel que solo habla de aquello que sabe; por eso mismo, es también alguien que “no especula sino que se transforma”. Donde no hay transformación, no hay verdad: puede haber mucha erudición, muchas creencias, muchos conceptos, mucha información…, pero nada de eso es la Verdad.

La Verdad nos lleva a reconocer la paradoja que aparece expresada cuando unimos las palabras de Sócrates y las de Jesús: “Solo sé que no sé nada” “Yo soy la verdad”.

Cuando reconozco y comprendo que nuestra identidad no es el yo o personaje, sino el Fondo de lo que es, experimento que soy uno con la Verdad. Y en ese mismo instante caigo en la cuenta de que mi mente, en realidad, no sabe nada.

Es decir, la paradoja se resuelve en cuanto caemos en la cuenta de que, en contra de lo que parece a primera vista, el sujeto de aquellas dos frases no es el mismo. El “yo” que no sabe nada es el yo-mental (el yo separado que la mente piensa que somos); por el contrario, quien afirma ser la Verdad es el “Yo” único que se experimenta como “Yo Soy” –sin añadidos– y que constituye nuestra identidad profunda.

¿Vivo, en la práctica, de manera consciente, esa paradoja?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

¿Ateos o idólatras?

Domingo, 16 de junio de 2019

índiceDel blog de Tomás Muro La verdad es Libre:

  1. religión.

         Todo ser humano es religioso por naturaleza puesto que toda persona se religa con algo o con alguien en la vida. Tal es el sentido original de la palabra religión.

         Con qué o con quién me religo, me vinculo en la vida, es otra cuestión, decisiva por otra parte.

         Aquello con lo que nos vinculamos de modo absoluto en la vida, ese es nuestro “dios”. Nos podemos religar con el poder, con el placer, con el dinero, con la raza, con el pueblo, etc…

         ¿Cuál es mi “dios”? Aquello que amo me tomo absolutamente en serio en el fondo de mi ser, aquello por lo que incluso estoy dispuesto a dar mi vida, ese es mi “dios”, aunque quizás y al mismo tiempo, milite en una religión.

Es evidente que para muchas personas e ideologías, lo más importante, lo absoluto es la patria, el poder, el dinero, el progreso, etc. Pues bien, ese es su “dios”, aunque después -o al mismo tiempo- “consuman” una religión: tengan ritos, defiendan doctrinas y tradiciones.

         Por eso, creo que se puede pensar que gran parte de nuestra sociedad no es que sea atea, sino más bien está formada por idólatras, que adoran al “becerro de oro”.

Lo que podemos observar es que el ser humano sigue pensando, amando, casándose y divorciándose, trabajando, en paro y con huelgas, disfrutando y sufriendo, siendo feliz y triste a la vez los humanos seguimos envejeciendo, enfermando física y psíquicamente, y finalmente muriendo.

¿Dónde hallar una respuesta a los problemas humanos? ¿En el “becerro de oro” de la banca, en la etnia-nación? ¿Habremos de aprender a vivir en la nada?

Cuando se siembra nada, se recoge vacío.

         ¿Cómo hacer ver a nuestras gentes: políticos, niños, universitarios que no es sano adorar la patria, ni el poder, ni el dinero, ni el placer?

  1. Creer en Dios.

         El ateísmo es un fenómeno relativamente nuevo, ya que nace a mediados del siglo XIX. La humanidad no ha sido atea, ni lo es a excepción del mundo occidental. Apenas llevamos 150 años de ateísmo explícito.

Nietzsche moría el año 1900, es decir en el umbral del siglo XX. Este filósofo fue el que proclamó la muerte de Dios: Dios ha muerto y las iglesias son sus tumbas.

Dos consideraciones:

02.1 Creer en Dios es creer en el Ser

En lenguaje filosófico creer en Dios es creer en el ser. Frente al vacío y el absurdo que puede embargar la existencia humana, creer en Dios significa creer en el ser, y en que somos y seremos en Dios. Ni venimos de la “nada”, ni vamos hacia la “nada”. Somos en el que es. Yo soy el que soy, (Ex 3,14).

Es triste y angustioso tener la “nada” por origen y destino.

La “nada” “nihiliza” la vida, la “nada” hace que la vida no tenga consistencia, ni valor.

         Aunque no sepamos ni podamos definir qué sea el ser, ni cómo sea Dios, porque a Dios nadie le ha visto nunca, (Jn 1,18-20), es bueno, hace bien descansar en el que es.

         Desconocemos cómo es Dios, cómo será nuestro futuro. Lo que sabemos y creemos es que será, lo cual constituye la piedra angular de nuestra existencia.

02.2 El Dios de Jesús.

         La percepción que Jesús tiene de Dios es que es Padre.

         El Dios de Jesús es padre y es bondad. Dios es amor, (1Jn 4,8).

         El mundo, la humanidad está, -lo sepa o no- impregnado de gracia: ningún ser humano es des-graciado”. Ningún ser humano escapa a la bondad de Dios. Dios nos quiere a todos. El Dios que Jesús nos anuncia es el Dios de la misericordia. JesuCristo es feliz con los pecadores.

La tradición de San Juan es reiterativa, el que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. (1Jn 4,8). Quien permanece en el amor, permanece en Dios, (1Jn 4,16).

A veces se puede pensar que el catolicismo no nos ha transmitido el Dios de Jesús, el Dios padre del hijo pródigo, el Dios de amor. Dios está en el amor de los jóvenes que se abren a la vida, en el amor matrimonial, en el amor con que el padre y la madre de familia trabajan por construir su vida, por sus hijos. No sé si Dios está en el templo al que tenían que ir el sacerdote y el levita, pero donde está Dios es en el amor del buen samaritano, que no pasa de largo, sino que se queda a ayudar aquel hombre herido.

Donde hay amor, allí está Dios. Quien cree en el amor, quien ama, ese tal no es ateo. A Dios no le amamos directamente, como tampoco le conocemos directamente como si tuviésemos el número de su móvil. A Dios le amamos y conocemos en la medida en que tenemos experiencia del amor en la vida y amamos a los demás.

Quien ama de verdad y a fondo a su marido / mujer, a sus hijos, a los pobres, a los despreciados, a las misiones, a los maltratados, a las personas enfermas-dementes, ese tal no es ateo, sino creyente, aunque explícitamente quizás no llegue a pronunciar la palabra “Dios”. Quien ama conoce a Dios.

Permaneced en mi amor, (Jn 15,9)

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro!

Domingo, 27 de mayo de 2018

292634n

Oh, Dios mío, Trinidad a quien adoro! Ayúdame a olvidarme enteramente de mí para establecerme en Ti, inmóvil y tranquila, como si mi alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni hacerme salir de Ti, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto me sumerja más en la hondura de tu Misterio.

Inunda mi alma de paz; haz de ella tu cielo, la morada de tu amor y el lugar de tu reposo. Que nunca te deje allí solo, sino que te acompañe con todo mi ser, toda despierta en fe, toda adorante, entregada por entero a tu acción creadora.

¡Oh, mi Cristo amado, crucificado por amor, quisiera ser una esposa para tu Corazón; quisiera cubrirte de gloria amarte… hasta morir de amor! Pero siento mi impotencia y te pido «ser revestida de Ti mismo»; identificar mi alma con todos los movimientos de la tuya, sumergirme en Ti, ser invadida por Ti, ser sustituida por Ti, a fin de que mi vida no sea sino un destello de tu Vida. Ven a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

¡Oh, Verbo eterno, Palabra de mi Dios!, quiero pasar mi vida escuchándote, quiero hacerme dócil a tus enseñanzas, para aprenderlo todo de Ti. Y luego, a través de todas las noches, de todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijar siempre la mirada en Ti y morar en tu inmensa luz. ¡Oh, Astro mío querido!, fascíname para que no pueda ya salir de tu esplendor.

¡Oh, Fuego abrasador, Espíritu de Amor, «desciende sobre mí» para que en mi alma se realice como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El una humanidad suplementaria en la que renueve todo su Misterio.

Y Tú, ¡oh Padre Eterno!, inclínate sobre esta pequeña criatura tuya, «cúbrela con tu sombra», no veas en ella sino a tu Hijo Predilecto en quien has puesto todas tus complacencias.

¡Oh, mis Tres, mi Todo, mi Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me pierdo!, yo me entrego a Ti como una presa. Sumergíos en mí para que yo me sumerja en Vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.

*

Elisabeth Catez, Santa Isabel de la Trinidad

MirrorVisageDElisabethDeLaTrinite

**

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

“Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

*
Mateo 28,16-20

***

Sin embargo, lo que debe interesarnos sobre todo, en el misterio de la inhabitación de la Trinidad en el alma de los justos, son los deberes y las exigencias prácticas y aplicadas a la vida del misterio trinitario. Las exigencias se reducen a estas tres palabras clave: orden, purificación, recogimiento. La inhabitación es el misterio del recogimiento y de la purificación. Para comprender el motivo, basta con pensar en el llamado «principio de los contrarios», que se expresa en estos términos: dos realidades contrarias no pueden coexistir, al mismo tiempo, en el mismo sujeto. La acción del Espíritu que inhabita es íntima, silenciosa, delicada: no es fuego que devora, no es un terremoto destructor, ni viento impetuoso, sino -para decirlo con la Biblia— un ligerísimo e imperceptible soplo. De ahí que, para advertirlo, se exige que el alma se ponga en afinidad psicológica con él: a fin de que, para decirlo con palabras de Pablo, las realidades espirituales se «adapten» a las realidades espirituales. Por esta razón, todos los grandes maestros de la vida cristiana no cesan de recomendar el recogimiento-silencio-custodia del corazón. La experiencia de Agustín es clásica a este respecto. Dice: «Envié fuera de mí a mis sentidos para buscarte, Dios mío, pero no te encontraron: yo te buscaba fuera de mí, mientras que tú estabas dentro… Mal te buscaba, Dios mío…». Teresa de Ávila y Juan de la Cruz han hecho las mismas observaciones.

Por lo que se refiere a nuestros deberes con nuestros Huéspedes, diremos que han de ser tratados como trataríamos a un huésped de gran consideración: cuando llega un huésped limpiamos la casa; eliminamos todo aquello que pueda ofender la consideración que le debemos; la adornamos con flores, alfombras; le acompañamos, le rodeamos de mil atenciones y sorpresas; le ofrecemos regalos… No se trata más que de aplicar esta estrategia. Antes que nada hay que llevar cuidado con la limpieza «exterior» del cuerpo: yo diría casi que el modo de vestir-tratar-hablar debe estar marcado por un cierto señorío y elegancia.

Así, la madre debe tratar con el máximo respeto -mejor aún, con veneración- el cuerpo de su hijo, debe vestirlo bien, antes que nada porque es templo del Espíritu. Una nueva mentalidad debe inspirar-orientar todas las relaciones sociales del bautizado. Como es obvio, también la práctica de las catorce obras de misericordia adquiere una nueva luz que –digámoslo también- las «sacramentaliza». En segundo lugar – y esto es aún más importante-, debemos purificar nuestra alma de todo lo que pueda disgustar a la Trinidad que inhabita, como el ejercicio del egoísmo en su triple forma del tener-gozar-poder, que, a su vez, se ramifican en los siete vicios capitales. Tenemos asimismo el deber de acompañar a nuestros tres Huéspedes con el silenciorecogimiento: abandonar al huésped es falta de educación…

*

A. Dagnino,
La vida cristiana o el misterio pascual del Cristo místico,
Cinisello B. 71988, pp. 153-156).

***

*

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

“El mejor amigo”. Santísima Trinidad – B (Mateo 28,16-20)

Domingo, 27 de mayo de 2018

Rublëv, Andrei Icono de la Trinidad 1411En el núcleo de la fe cristiana en un Dios trinitario hay una afirmación esencial. Dios no es un ser tenebroso e impenetrable, encerrado egoístamente en sí mismo. Dios es Amor y solo Amor. Los cristianos creemos que, en el Misterio último de la realidad, dando sentido y consistencia a todo, no hay sino Amor. Jesús no ha escrito ningún tratado acerca de Dios. En ningún momento lo encontramos exponiendo a los campesinos de Galilea doctrina sobre él. Para Jesús, Dios no es un concepto, una bella teoría, una definición sublime. Dios es el mejor Amigo del ser humano.

Los investigadores no dudan de un dato que recogen los evangelios. La gente que escuchaba a Jesús hablar de Dios y le veía actuar en su nombre experimentaba a Dios como una Buena Noticia. Lo que Jesús dice de Dios les resulta algo nuevo y bueno. La experiencia que comunica y contagia les parece la mejor noticia que pueden escuchar de Dios. ¿Por qué?

Tal vez lo primero que captan es que Dios es de todos, no solo de los que se sienten dignos para presentarse ante él en el Templo. Dios no está atado a un lugar sagrado. No pertenece a una religión. No es propiedad de los piadosos que peregrinan a Jerusalén. Según Jesús, «hace salir su sol sobre buenos y malos». Dios no excluye ni discrimina a nadie. Jesús invita a todos a confiar en él: «Cuando oréis, decid: “¡Padre!”».

Con Jesús van descubriendo que Dios no es solo de los que se acercan a él cargados de méritos. Antes que a ellos escucha a quienes le piden compasión, porque se sienten pecadores sin remedio. Según Jesús, Dios anda siempre buscando a los que viven perdidos. Por eso se siente tan amigo de pecadores. Por eso les dice que él «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».

También se dan cuenta de que Dios no es solo de los sabios y entendidos. Jesús le da gracias al Padre porque le gusta revelar, a los pequeños, cosas que les quedan ocultas a los ilustrados. Dios tiene menos problemas para entenderse con el pueblo sencillo que con los doctos que creen saberlo todo.

Pero fue sin duda la vida de Jesús, dedicado en nombre de Dios a aliviar el sufrimiento de los enfermos, liberar a poseídos por espíritus malignos, rescatar a leprosos de la marginación, ofrecer el perdón a pecadores y prostitutas…, lo que les convenció de que Jesús experimentaba a Dios como el mejor Amigo del ser humano, que solo busca nuestro bien y solo se opone a lo que nos hace daño. Los seguidores de Jesús nunca pusieron en duda que el Dios encarnado y revelado en Jesús es Amor y solo Amor hacia todos.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

“Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Domingo 27 de mayo de 2018. Santísima Trinidad. Visitación

Domingo, 27 de mayo de 2018

35-trinidadB cerezoDe Koinonia:

Deuteronomio 4,32-34.39-40: El Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro.
Salmo responsorial: 32: Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Romanos 8,14-17: Habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: “¡Abba!” (Padre).
Mateo 28,16-20: Bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: “Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

Conscientes de que el material teológico para una predicación tradicional sobre la Trinidad es muy fácil de encontrar entre las varias decenas de servicios bíblico-litúrgicos que se ofrecen actualmente en internet, nosotros, fieles a nuestro «carisma», vamos a tratar de completar los enfoques tradicionales con algunas perspectivas críticas, para las comunidades que no quieren simplemente repetir lo de siempre, sino replanteárselo.

La reflexión teológica podría centrarse en la «trinidad» misma, o sea «el hecho de que Dios sea TRES personas», y la relación de esta trinidad con el monoteísmo. Veamos.

Jesús era y fue siempre judío, y como tal, fue absoluta y celosamente monoteísta. Jesús nunca habló de, ni siquiera pudo pensar en una «trinidad» de personas en Dios, lo que le hubiera sonado prácticamente a una blasfemia. Para Jesús, Dios es uno y sólo uno y nada más que uno.

Ello quiere decir algo que muchos cristianos no saben, y que algunos se extrañan al llegarlo a saber: que la doctrina de la Trinidad no es del tiempo de Jesús, sino muy posterior. De hecho se adjudica al Concilio de Nicea (325) su primera formulación definitiva. Ello quiere también decir que los evangelios no nos pueden hablar de la Trinidad directamente tal como nosotros la conocemos, y que esas frases que la citan –como la del evangelio de este domingo- son inclusiones posteriores.

Si la doctrina de la Trinidad es una elaboración de los primeros siglos de la Iglesia, que sólo en el siglo IV comenzaron a adquirir una formulación que quedaría luego consagrada oficialmente, ello significa que tiene un componente de construcción teológica, «construcción humana», pues. No es, como dice la simplificación al uso, que Jesús vino del cielo a revelarnos este misterio que no sabíamos, y que nos lo contó, como se daba por supuesto que el Evangelio decía.

Otro filón importante de este bloque temático es la tremenda huella de la filosofía griega que la doctrina de la Trinidad transpira: persona, sustancia, naturaleza, hipóstasis… Todo en ella es una articulación de conceptos de la filosofía griega. De alguna manera, la doctrina de la Trinidad es la respuesta que el cristianismo de aquel momento histórico dio, en una sociedad imbuida de filosofía griega, con la que estaba tratando de dialogar el cristianismo, a la pregunta por el dios en que creía esa religión que estaba saliendo de las catacumbas y luchaba por conseguir un puesto reconocido en la sociedad. No cabe duda de que la doctrina de la Trinidad es un modelo ejemplar de lo que es la «inculturación» de una religión en una cultura ajena. El judeocristianismo, que no sabía nada de aquellas categorías filosóficas helénicas, acabó expresándose, reformulándose a sí mismo en un lenguaje que nada tenía que ver con el lenguaje bíblico neotestamentario. Esta «inculturación» ha sido puesta frecuentemente como «modelo» de lo que debería ser la inculturación de la fe cristiana en otras culturas. Es la «helenización del cristianismo», tan ejemplar por una parte, como nefasta por otra.

El problema es que aquella filosofía griega hoy sólo se puede encontrar en los libros de historia; en la vida real nadie echa mano de aquella filosofía para responder a las preguntas actuales. Mientras el mundo y la cultura han dejado de creer en la filosofía griega, la Iglesia sigue formulándose a sí misma –y sus doctrinas- en aquella filosofía, y teniendo esas fórmulas como oficiales. Más aún, como intocables, y en no pocos casos como ininterpretables.

(Un ejemplo distinto al de la Trinidad, pero no al margen del domingo: la «transubstanciación», que es «hilemorfismo» aristotélico, pura filosofía griega, de la que nadie echa mano para comprender cosmológicamente la realidad… De ahí que un elemento central de la eucaristía resulte ininteligible para todo cristiano de hoy que no comparta esa filosofía de hace 25 siglos. En el último diálogo teológico que hubo al respecto, los censores romanos desecharon toda otra explicación –se habían presentado varias, muy buenas- y decidieron que sólo la explicación de la «transubstanciación» era reconocida oficialmente como correcta. Desde entonces se acabó el diálogo teológico y pastoral sobre ese tema. Quedó sobreseído y archivado).

Otro elemento es el mismo concepto de «persona». Se trata de un concepto también griego, y más ampliamente occidental, pero que no es universal. En toda su concreta riqueza cultural resulta intraducible a otras culturas, en las que esa categoría no cuadra exactamente. Pero a los occidentales nos parece la categoría suprema, como «lo máximo» que podríamos atribuir a Dios, y también como un mínimo que no podríamos dejar de atribuirle. Así, frente al hinduismo, al budismo, a la espiritualidad «no dual»… a muchos cristianos les resulta imposible aceptar una idea de Dios menos «personal»… Pero si lo pensamos bien, Dios no es persona… Llamarle así no deja de ser un «antropocentrismo». No debiéramos estar tan seguros de que «persona» es una categoría bien aplicada a Dios, un concepto que «le calza bien»… No hay ninguna palabra en la que quepa Dios… y tampoco cabe en la palabra «persona». Más que «personal», puede ser que tuviéramos que decir que Dios es transpersonal, suprapersonal…

Un último elemento de reflexión respecto a la teología trinitaria es la frecuencia con la que los cristianos entendemos mal la doctrina oficial misma de la Trinidad. En la práctica muchos cristianos guardan en su espiritualidad la imagen de «tres personas como tres dioses», a pesar de la proclamación meramente verbal de la unicidad de Dios… Transcribimos más abajo algunas cautelas que Schillebeeckx expresara al respecto.

Habría todo otro tema a revisar, debajo mismo del plano de la Trinidad, y sería el tema del «teísmo» mismo. Demasiado fácilmente hablamos de «Dios», como si supiéramos lo que decimos, y como si en esa palabra sí que cupiera Dios, y le viniera justa la talla… No es tema para desarrollar ahora, pero sí que puede ser bueno simplemente apuntarlo: «Dios tampoco es dios», no es theos, no se le ajusta ese concepto… En los últimos siglos muchos hombres y mujeres no han aguantado lo mal que se sentían ante esa creencia de identificar el Misterio de la Realidad con un theos, esa forma de creer que lo llama «Dios», y tuvieron que optar por el «a-teísmo» para no asfixiarse. Hoy, a estas alturas de los tiempos, afortunadamente, ya muchas personas sabemos que el «teísmo» no es más que un «modelo», una forma de modelar mentalmente ese Misterio de la Realidad, para entendernos. Y por eso mismo sabemos que no hay que darle más importancia a lo que es simplemente un modelo. La alternativa ya no es teísmo/ateísmo. Ahora conocemos la posibilidad del pos-teísmo… Podemos seguir creyendo en el Misterio de la Realidad, en todo aquello que nuestros abuelos y ancestros modelaron en la categoría theos, dios, sabiendo que no es sino un modelo, y desestimándolo si no nos sirve. Si aquellas creencias no nos resultan asumibles –en cuanto creencias, en cuanto modelos útiles- hoy podemos ser igualmente espirituales, e incluso concretamente cristianos, sin tener que ser teístas, ni ateos, sino «pos-teístas». El tema sería largo… Recomendamos para los interesados solamente el libro de John Shelby Spong, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial» (tiempoaxial.org). Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

27 V 18. Fiesta de Dios Trinidad: Él es todo, pues no tiene nada.

Domingo, 27 de mayo de 2018

13000073_985333594895584_3695471920749605797_nDel blog de Xabier Pikaza:

Se celebra el próximo 27 la Fiesta de la Trinidad, día del Dios cristiano, celebración de todos: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Más de una vez he tratado del tema en ese blog: he sido Catedrático de Teología Trinitaria en la Universidad Pontificia de Salamanca, he publicado varios libros de reflexión teológica sobre el misterio de Dios… año tras año vengo ofreciendo una reflexión en la revista de mis amigos trinitarios: Trinidad y Liberación (http://www.secretariadotrinitario.org/revistas/).

En ese contexto, quiero ofrecer una “semblanza trinitaria”, para compartir el gozo de la fiesta, celebrando el “cumpleaños” de Dios.

Feliz día de la Trinidad a todos los que se alegran este día, sabiendo y sintiendo que Dios es Trinidad.

Feliz día, en especial, a mis amigos Trinitarios y Trinitarias (del convento de Suesa, Cantabria, es la imagen: Una trinidad “perijorética”, de baile de Dios, que es amiga-amigas, en danza de vida abierta a todos los quieran/amen y vengan. Buen día.

Principio: Dios se llena al vaciarse

Trinidad es ser/vivir en libertad y comunión, siendo cada uno perfecto en sí mismo, recibiendo y dando lo que es y lo que tiene. Trinidad es, según eso, amor de Padre/Hijo (dar y recibir), siendo amor compartido/enamorado (Espíritu Santo).

33223719_984377448406114_2380093643617730560_nDios es por tanto amor enamorado donde el Padre y el Hijo (dar y recibir) son de tal manera en comunión que puede y debe confesarse, con San Juan de la Cruz, que ellos son un Amante y un Amado, en el Amor que es el Espíritu. Ésta no es una opinión más, una verdad entre otras, sino la verdad cristiana, el descubrimiento emocionado de la realidad de Dios, el principio de toda redención.

Algunos pensadores (judíos cabalistas) dijeron antaño que Dios se retira y encoge, para que así pueda surgir el ser humano, y eso es, sin duda muy cierto, pues si Dios lo ocupara y lo llenara todo no habría espacio para el ser humano (como algunos hombres hacen, cuando quieren tomar todo el espacio, esclavizando así a los otros). Dios lo tiene todo, sin tener en exclusiva nada, sin apoderarse de ninguna cosa, sino dándolo todo (como el Padre da al Hijo, y viceversa) y compartiéndolo todo (como los enamorados: Espíritu Santo).

Así podemos decir que Dios lo tiene todo no teniendo nada, que es la suma riqueza siendo la pobreza absoluta (el ser y la nada), como dijeron de forma provocativa algunos místicos, en la línea del Maestro Eckhart. Eso significa que, adentrándose en su amor enamorado y dando todo (hasta quedar vacío de sí mismo), Dios no se vacía, sino que se llena y se abre en comunión, para dar y compartir todo lo que es y lo que tiene, redimiendo y elevando de esa forma a los que no tienen nada.

Aplicación: el ser humano sólo tiene lo que da

Esto nos permite superar un tipo de ontología de la sustancia (del ser que se cierra en sí, queriendo volverse absoluto), para pensar y presentar a Dios (y al ser humano) como regalo y relación de amor, como aquel que sólo existe y se mantiene en la medida que se entrega y relaciona, desde y con los otros, vinculando de esa forma riqueza y pobreza suma, ser y hacerse, Trinidad y Redención.

Sólo al interior de ese Dios enamorado que “es” al darse (es Padre e Hijo, en el Espíritu común) podemos afirmar que el ser humano es amor redentor, pues no existe encerrándose en sí mismo, para así gozar a solas de su propia realidad, sino sólo dando y compartiendo lo que tiene con los otros, para que ellos sean y vivan en libertad.

Más que animal racional o soledad originaria (como algunos han dicho), el ser humano sólo existe en verdad siendo regalo de amor, de manera que sólo tiene (conserva) aquello que da y pierde, al entregarse a los demás, en gesto enamorado de creación y vida compartida.

El hombre sólo existe de verdad superando el nivel de la naturaleza (que quiere cerrarse en sí misma), en la medida en que se entrega o regala a los otros (a los más pobres, a los “cautivos”), para así “redimirles”, haciendo de esa forma ellos sean. Por eso, el hombre sólo es fuerte haciéndose frágil, pues quien quiera “ganar” su propia vida la perderá, y sólo quien la pierda, dándola a los otros, en gesto redentor, puede ganarla.

El ser humano se define por tanto como amor “redentor”, pues le han regalado la vida (no existe por sí mismo) y sólo puede tenerla al regalarla, de manera que nadie se la puede quitar (pues él mismo la entrega). Así pasamos de la “ontología de la sustancia”, propia de modelo social en el que Dios sería un “egoísmo absoluto” (ser cerrado en sí misma), a la metafísica redentora, donde Dios “existe” (es plenitud de ser, es Padre) al entregarse plenamente al Hijo (y en el Hijo a todos los seres humano).

No hay primero persona y después redención

Padre e Hijo son personas dándose uno a otro toda la substancia, compartiendo todo lo que son y lo que tienen, en diálogo de amor (Espíritu Santo). En esa línea, el hombres no puede comenzar hablando de sí mismo (pienso luego existo), pues sólo pienso y soy en la medida en que entrego y comparto la vida con los otros, en amor creador y redentor.

No hay primero ser y después amor al otro, pues sólo redimiendo al otro soy yo mismo. ) De esa forma, siendo en Dios (que es amor redentor), también nosotros, los seres humanos, sólo podemos existir en la medida en nos damos a los otros, haciendo que los otros (los más pobres, los cautivos) sean. Todo lo que tenemos lo hemos recibido de otros y sólo podemos conservarlo en la pues medida en que lo damos en gesto redentor, para que los otros sean. Hemos sido creados a imagen de la Trinidad, y sólo podemos existir, como Jesús, Hijo de Dios, dando gracias al Padre por aquello que hemos recibido y compartiéndolo con otros, hasta la Cruz, en amor redentor.

Una Iglesia trinitaria, redentora

La iglesia (comunión de los cristianos) es presencia trinitaria, no por algo que se le añada, sino por ser simplemente iglesia, comunicación de amor y libertad, no de conocimientos, sino de personas, no de informaciones, sino de experiencias, en gesto de amor redentor.

El sistema (económico, político, militar) tiende a establecer una comunicación impositiva, sobre las personas, pues estrictamente hablando, no necesita personas, sino engranajes de producción, de poder o violencia que mantengan su estructura. En contra de eso, la iglesia es comunicación liberadora: cada hombre (niño o mayor, mujer o varón) nace en ella como Hijo de Dios, recibiendo su vida, y sólo la tiene (se tiene a sí mismo, es persona) entregando y compartiendo su ser con otros, en gesto redentor.

El sistema necesita cubrir huecos o ausencias con piezas: no busca ni quiere sujetos. La iglesia, en cambio, quiere personas: quiere que los hombres sean presencia trinitaria: padres, hijos, comunión de amor, en línea de redención. Muchos piensan que la iglesia está dejando de existir en occidente, a consecuencia de la muerte del entorno sagrado y de la vejez de sus instituciones. Pues bien, en contra de eso, quiero afirmar que nuestro tiempo (a principios del siglo XXI) es tiempo bueno para que la Iglesia eleve su palabra y su experiencia de Dios, que es camino de amor, entrega apasionada, enamorada, de manera que cada persona exista y culmine en sí misma saliendo de sí misma hacia las otras personas (siendo en ellas), de manera redentora.

No hay dos leyes o formas de ser: una de potencia (Dios), otra de sometimiento (los hombres). Dios existe en sí, siendo proceso de amor, presencia redentora. En esa línea debemos añadir que también los hombres y mujeres somos (existimos, nos movemos y vivimos) en la medida en que recibir por amor la vida y por amor la entregamos a los necesitados de vida y amor, a fin de que ellos sean, y seamos todos, en gesto de amor redentor.

(He reflexionado sobre este tema en Amor de Hombre, Dios enamorado. San Juan de la Cruz , Desclée de Brouwer, Bilbao 2004, 357-358; he ofrecido los textos trinitarios más importantes en el Enquiridion, que aparece como imagen 2. La imagen 1 está tomada de la Iglesia de las Trinitarias de Suesa, Cantabria, a quienes desde aquí felicito)
).

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Representar la Trinidad ¿Espíritu Santo mujer? (Benedicto XIV: SN 1745).

Domingo, 27 de mayo de 2018

33532947_984981095012416_2517594251345264640_nDel blog de Xabier Pikaza:

El motivo que hoy expongo, como preparación para la fiesta de la Trinidad (27.5.18), puede parecer banal, pero es uno de los más importantes que se pueden plantear en teología y en la vida de la Iglesia.

Así puede evocarlo esta hermosa imagen del Espíritu Santo como Mujer (o joven asexuado) que se le apareció a Santa Crescencia de Keufbeuron, imagen cuya devoción ella propagó, siendo “criticada” por el Papa Benedicto XIV, con “sabias razones”, pero quizá sin razón de fondo, como podrá ver quien siga leyendo. Éstos son los temas de fondo:

1. La visión femenina del Espíritu Santo (y de la Trinidad) es un tema que se viene planteando en teología desde hace casi 100 años, desde perspectivas distintas, por autores tan significativos como H. Urs von Balthasar, L. Boff y A. Amato.

2. Es importante la posibilidad (¿necesidad?) de crear unos ministerios femeninos en la Iglesia, o de abrir los actuales a mujeres. Sobre ese tema acaba de decir, por ejemplo, el Card. Brandmüller (cf. RD 15.5.118) que quien eso defiende “es un hereje o está excomulgado”. Mejor sería preguntarse si es Brandmüller quien va en contra de la verdadera la comunión de la Iglesia (por muy cardenal que sea).

3. Es necesario estudiar y actualizar la revelación de Dios y la función de la mujer, en cuanto mujer y persona, en el despliegue y vida de la iglesia.

33500543_984981398345719_8591156677699436544_n Es importante el tema de un tipo de homosexualidad en cierto clero de la Iglesia, que muchas veces se vincula (al menos implícitamente, y casi siempre con falsedad) con la pederastia y el celibato, cosas que son muy distintas. El asunto no es claro y estos días han saltado chispas (y no de fuego de amor) desde Chile al Vaticano, y no parece que puedan resolverse con los planteamientos actuales de la Iglesia

Entre esos temas puede parecer menos importante el de “pintar la Trinidad” (o el Espíritu Santo) con rasgos femeninos o masculinos. En ese contexto se pueden y deben ofrecer unos principios:

1. A Dios se le ha representado (verbal y pictóricamente) como Padre (varón), pero quizá se le debería presentar, con tanta o más razón como Madre o como Mujer joven (o incluso como niño/niña, cf. imágenes). El tema se halla absolutamente abierto.

2. Ciertamente, Jesús Hijo de Dios ha sido Varón, pero no es redentor y salvador por varón (macho), sino por persona, en griego de los credos por ser anthropos.

3. Del Espíritu Santo se dice que es “persona” de otra forma, ser dual, amor mutuo… en forma de fuego o paloma, con tempestad y viento, suave o impetuoso. Algunos grandísimos santos, como Santa Crescencia de Keufbeuren (1662-1784) le vieron y pintaron como mujer, y así le han visto otros muchos.

33662376_984980705012455_6550988044629966848_n4. En los dos últimos siglos, los niños que han visto a una “Señora” han dicho (= o les han dicho) que era la Virgen, y así se la venera en lugares como Lourdes o Fátima, con aprovechamiento de muchos fieles. Pero cuando, a principios del siglo XVIII Crescencia, santa vio a la misma Señora pensó y dijo, con honda teología, que era el Espíritu Santo (en forma de mujer, o quizá de joven doncel asexuado).

5. Ese tema preocupó mucho a Benedicto XIV (Prospero Lambertini), uno de los papas más cultos y prudentes de todos los tiempos (1740 al 1758), que estudio bien la cuestión, con los mejores teólogos del tiempo, y escribió una carta (Sollicitudini Nostrae), al obispo de Augsburgo, Alemania, que le había planteado unas preguntas sobre la conveniencia de aprobar el culto de cierta imagen impulsada por Santa Crescencia (a la que algunos querían ya beatificar), en la que el Espíritu Santo aparecía representado bajo la figura de un hermoso joven de carácter axesuado (más mujer que varón). El Papa Lambertini aprovechó la ocasión para desarrollar con gran rigor la doctrina de las imágenes de la Trinidad, siguiendo la tradición de la Iglesia y teniendo en cuenta el parecer de los mejores teólogos y estudiosos de la pintura de su tiempo y de los dos siglos anteriores.

Con esa ocasión quiero desarrollar el tema, que he debido estudiar con más detalle en mi Enchiridion Trinitatis. Espero que el mismo lector saque las conclusiones pertinentes.

1. Imágenes 1-2: El Espíritu Santo como mujer (o joven asexuado) y como niño/niña, cuya devoción era propagada por Santa Crescencia (y que se sigue propagando en su nombre en ciertas iglesias, tras su canonización el año 2001). Benedicto XIV no se mostró favorable a esas imágenes, como verá quien siga leyendo

2. Imágenes 2-4: Representaciones antropomórficas de la Trinidad, que el Papa Benedicto XIV miró también con prevención.

3. Sobre Santa Crescencia (1662-1884, canonizada por Juan Pablo II el año 2001) y su influjo en la Iglesi, cf. http://www.franciscanos.org/osservatore/mariacrescencia.htm (habría que pensar por qué sólo Juan Pablo II, que veía también de algún modo al Espíritu Santo como Mujer canonizó a Crescencia, dos siglos y medio después de su muerte).

4. Bibliografía: Cf. F. BOESPFLUG, Dieu dans l’art. Sollicitudini Nostrae de Benoit XIV (1745) et l’affaire Crescence de Kaufbeuren, Cerf, Paris 1984, 21-61; E. TOURÓN DEL PIE, La iconografía mercedaria en Interián de Ayala, O. de M. (1657-1730) Estudios 151 (1985) 357-380. Cf. también, varios: La Trinidad en el Arte, SET, Salamanca 2004. Para imágenes trinitarias en el arte: GERMÁN DE PAMPLONA, Iconografía de la Santísima Trinidad en el arte medieval español, CSIC, Madrid 1970

BENEDICTO XIV: SOLLICITUDINI NOSTRAE (1745). La Mujer y Espíritu Santo en la iconografía.

(Motivo de la carta. La representación del Espíritu Santo).

8. Me habéis escrito sobre la publicación y vasta difusión de ciertas imágenes en las que el Espíritu Santo aparece bajo la forma de un hermoso joven, con la leyenda Veni Sancti Spiritus (Ven Espíritu Santo). Dado que esas imágenes se han multiplicado y extendido de algún modo por muchos sitios, se plantean dos cuestiones que deben resolverse.

(a) Si la hermana Crescencia ha creado, aprobado y vulgarizado estas imágenes.

(b) Si, dejando a un lado su autor, el uso, producción y veneración de este tipo de iconos puede ser admitido al interior y al exterior de las iglesias. Ahora no tratamos de la primera cuestión… 10. Sobre la segunda cuestión, queremos alabar y aprobar ante todo el celo apostólico con el que habéis procurado que las imágenes de ese tipo sean retiradas y alejadas de los lugares públicos: monasterios, coros e iglesias.

(Imágenes de Dios).

33426055_984982118345647_251719752521613312_n(11). Pues a nadie se le oculta que sería un error impío y sacrílego, indigno de la naturaleza divina, que alguien pensara que puede representar por medio de colores al Dios Óptimo Máximo tal como es en sí mismo. Pues para ello habría que pintar y representar su imagen como si fuera una sustancia material, provista de figura corporal y de miembros. Si alguien le atribuyera a la naturaleza divina estas cualidades caería sin más en el error de los antropomorfitas.

(12) Sin embargo, a Dios se le puede representar tal como leemos en la Sagrada Escritura, donde se dice que se apareció a los hombres… (15) Porque, si las mismas Escrituras Sagradas dicen que Dios se dejó ver por los hombres de esta o de aquella forma ¿por qué no podrán representarle de ese modo los pintores?

(Imágenes del Espíritu Santo: paloma, llamas de fuego…).

(16) Una vez que han quedado claros los principios anteriores, será fácil precisar la forma en que los pintores pueden presentar la imagen del Espíritu Santo, de manera que se distingan las imágenes que pueden aprobarse y aquellas que no… En los Santos Evangelios se cuenta que, con ocasión del Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo descendió sobre él en apariencia corporal, como una paloma… Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Fiesta de la Santísima Trinidad. Ciclo B

Domingo, 27 de mayo de 2018

24.the_trinity-blanchard-lowresDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El año litúrgico comienza con el Adviento y la Navidad, celebrando cómo Dios Padre envía a su Hijo al mundo. En los domingos siguientes recordamos la actividad y el mensaje de Jesús. Cuando sube al cielo nos envía su Espíritu, que es lo que celebramos el domingo pasado. Ya tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Estamos preparados para celebrar a los tres en una sola fiesta, la de la Trinidad. Esta fiesta surge bastante tarde, en 1334, y fue el Papa Juan XII quien la instituyó. Quizá se pretendía (como ocurrió con la del Corpus) contrarrestar a grupos heréticos que negaban la divinidad de Jesús o la del Espíritu Santo. Cambiando el orden de las lecturas subrayo la relación especial de cada una de ellas con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Dios Padre (Deuteronomio 4, 32-34. 39-40)

Moisés habló al pueblo, diciendo:  

– «Pregunta, pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el día en que Dios creó al hombre sobre la tierra: ¿hubo jamás, desde un extremo al otro del cielo, palabra tan grande como ésta?; ¿se oyó cosa semejante?; ¿hay algún pueblo que haya oído, como tú has oído, la voz del Dios vivo, hablando desde el fuego, y haya sobrevivido?; ¿algún Dios intentó jamás venir a buscarse una nación entre las otras por medio de pruebas, signos, prodigios y guerra, con mano fuerte y brazo poderoso, por grandes terrores, como todo lo que el Señor vuestro Dios, hizo con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos? Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón, que el Señor es el único Dios, allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro. Guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo hoy, para que seas feliz, tú y tus hijos después de ti, y prolongues tus días en el suelo que el Señor, tu Dios, te da para siempre.»

Como es lógico, un texto del Deuteronomio, escrito varios siglos antes de Jesús, no puede hablar de la Trinidad, se limita a hablar de Dios. Su autor pretende inculcar en los israelitas tres actitudes:

1) admiración ante lo que el Señor ha hecho por ellos, revelándose en el Sinaí y liberándolos previamente de la esclavitud egipcia;

2) reconocimiento de que Yahvé es el único Dios, no hay otro; cosa que parece normal en un mundo como el nuestro, con tres grandes religiones monoteístas, pero que suponía una gran novedad en aquel tiempo;

3) fidelidad a sus preceptos, que no son una carga insoportable, sino el único modo de conseguir la felicidad.

Dios Hijo (Mateo 28, 16-20)

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

̶  «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.»

El texto del evangelio, el más claro de todo el Nuevo Testamento en la formulación de la Trinidad, pero al mismo tiempo pone de especial relieve la importancia de Jesús.

A lo largo de su evangelio, Mateo ha presentado a Jesús como el nuevo Moisés, muy superior a él. El contraste más fuerte se advierte comparando el final de Moisés y el de Jesús. Moisés muere solo, en lo alto del monte, y el autor del Deuteronomio entona su elogio fúnebre: no ha habido otro profeta como Moisés, «con quien el Señor trataba cara a cara, ni semejante a él en los signos y prodigios…» Pero ha muerto, y lo único que pueden hacer los israelitas es llorarlo durante treinta días.

Jesús, en cambio, precisamente después de su muerte es cuando adquiere pleno poder en cielo y tierra, y puede garantizar a los discípulos que estará con ellos hasta el fin del mundo. A diferencia de los israelitas, los discípulos no tienen que llorar a Jesús sino lanzarse a la misión para hacer nuevos discípulos de todo el mundo. ¿Cómo se lleva a cabo esta tarea? Bautizando y enseñando. Bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo equivale a consagrar a esa persona a la Trinidad. Igual que al poner nuestro nombre en un libro indicamos que es nuestro, al bautizar en el nombre de la Trinidad indicamos que esa persona le pertenece por completo.

En la primera lectura, Dios exigía a los israelitas: «guarda los preceptos y mandamientos que yo te prescribo»; en el evangelio, Jesús subraya la importancia de «guardar todo lo que os he mandado».

Dios Espíritu Santo (Romanos 8, 14-17)

Hermanos: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios. Habéis recibido, no un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos, que nos hace gritar: «¡Abba!» (Padre). Ese Espíritu y nuestro espíritu dan un testimonio concorde: que somos hijos de Dios; y, si somos hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados.

            La formulación no es tan clara como en el evangelio, pero Pablo menciona expresamente al Espíritu de Dios, al Padre, y a Cristo. No lo hace de forma abstracta, como la teología posterior, sino poniendo de relieve la relación de cada una de las tres personas con nosotros.

Lo que se subraya del Padre no es que sea Padre de Jesús, sino Padre de cada uno de nosotros, porque nos adopta como hijos.

Lo que se dice del Espíritu Santo no es que «procede del Padre y del Hijo por generación intelectual», sino que nos libra del miedo a Dios, de sentirnos ante él como esclavos, y nos hace gritarle con entusiasmo: «Abba» (papá).

Y del Hijo no se exalta su relación con el Padre y el Espíritu, sino su relación con nosotros: «coherederos con Cristo, ya que sufrimos con él para ser también con él glorificados».

Reflexión final

La fiesta de la Trinidad provoca en muchos cristianos la sensación de enfrentarse a un misterio insoluble, no es la que más atrae del calendario litúrgico. Sin embargo, cuando se escuchan estas tres lecturas la perspectiva cambia mucho.

            El Deuteronomio nos invita a recordar los beneficios de Dios, empezando por el más grande de todos: su revelación como único Dios. (Esto no debemos interpretarlo como una condena o infravaloración de otras religiones).

            El evangelio nos recuerda el bautismo, por el que pasamos a pertenecer a Dios.

         La carta a los Romanos nos ofrece una visión mucho más personal y humana de la Trinidad.

Finalmente, las tres lecturas insisten en el compromiso personal con estas verdades. La Trinidad no es solo un misterio que se estudia en el catecismo o la Facultad de Teología. Implica observar lo que Jesús nos ha enseñado, y unirnos a él en el sufrimiento y la gloria.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , ,

Fiesta de la Santísima Trinidad. 27 de mayo de 2018.

Domingo, 27 de mayo de 2018

Queremos felicitar calurosamente a nuestras hermanas del Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa que nos alimentan semanalmente con su espiritualidad en este día de su Fiesta.

la-trinidad

“Los once discípulos fueron a Galilea, al monte donde Jesús les había citado. Al verlo, lo adoraron; ellos que habían dudado…”

(Mt 28, 16-20)

¿Verdad que da una cierta envidia ver que los discípulos tenían una cita con Jesús? Dan ganas, muchas veces, de tener un encuentro cara a cara con Él. Deseamos tener a nuestro lado a Alguien de carne y hueso, tan concreto como nosotras mismas. Querríamos que Jesús, aquel nazareno del siglo primero, estuviera presente entre nosotras. Ver su mirada y oír sus palabras… ¡Y hasta pensamos que eso aliviaría nuestro corazón y nos quitaría todas las dudas! En el fondo creemos que las primeras discípulas y los primeros discípulos de Jesús tuvieron más suerte y que para ellos todo resultó más sencillo.

Pero el texto de hoy es muy claro: “Al verlo, lo adoraron; ellos que habían dudado”. Aquellos primeros discípulos tuvieron un itinerario lleno de dificultades como lo es también el nuestro. No les faltaron dudas ni temores. También a ellos los mordió la envidia, el orgullo y la traición.

Tampoco a ellos les cabía en la cabeza que Jesús fuera Dios y que Dios era Trinidad. Sencillamente porque estas realidades solo caben en el corazón. Porque el corazón es mucho más amplio y espacioso. Es un lugar que, bien entrenado, tiene una capacidad infinita de amar que es justo la medida que tiene Dios.

Somos imagen de Dios porque Dios ha puesto en nuestros corazones la capacidad de amar como Él nos ama. Por eso, en la medida en que desarrollamos nuestra capacidad de amar nos vamos haciendo más y más semejantes a Dios.

Además, cuando amamos nos ponemos en relación, nos unimos unos a otros. Y así, juntas, formando una gran red en la que cabemos todas y todos, entonces sí nos convertimos en lo que somos: Imagen de Dios Trinidad.

Pues en este día de la Trinidad no perdamos el tiempo pensando eso de si son tres pero son uno y todo lo que eso significa. No. Dediquemos el día a AMAR. Y así experimentaremos lo que ES esa danza amorosa del Padre, el Hijo y de la Santa Ruah.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por invitarnos a participar del Amor y de la Danza. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

la-trinidad-1

***

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Pensar a Dios no sirve de nada; vivirlo sí.

Domingo, 27 de mayo de 2018

trinidad-misericordiosaMt 28, 16-20

Es verdad que la Biblia dice que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero, en realidad, es el hombre el que está fabricando a cada instante un Dios a su medida. Es verdad que nunca podremos llegar a un concepto adecuado de lo que es Dios, pero no es menos cierto que muchas ideas de Dios pueden y deben ser superadas. Si ha cambiado nuestro conocimiento de la realidad, y del hombre, será lógico que cambie nuestra idea de Dios. El Dios antropomórfico tiene que dejar paso a un Dios-Espíritu, cada vez menos cosificado.

Decir que la Trinidad es un dogma, o un misterio, no hace más comprensible la formulación trinitaria. La verdad es que hoy no nos dice casi nada, y menos aún las explicaciones que se han dado a través de los siglos. Todas las teologías surgieron de una elaboración racional que siempre se hace desde una filosofía, determinada por un tiempo y una cultura. También la primitiva teología cristiana se desarrolló en el marco de una cultura y una filosofía, la griega. Pudo ser muy útil a través de la historia, pero no tenemos por qué atarnos a ella.

Cada día se nos hace más difícil la comprensión del misterio, entre otras cosas porque no sabemos qué querían decir los que elaboraron el dogma. Aplicar hoy a las tres personas de la Trinidad la clásica definición de Boecio “individua sustantia, rationalis naturae”, se antoja un poco ridículo. Aplicar a Dios la individualidad y la racionalidad propia del hombre es ridículo. Dios no es un individuo, ni es una sustancia, ni es una naturaleza racional.

La dificultad para hablar de Dios como tres personas, la encontra­mos en el mismo concepto de persona, que lejos de ser una constante a través de la historia, ha experimentado sucesivos cambios de sentido. Desde el “prosopon” griego, que era la máscara que se ponían en el teatro para que “resonara” la voz; pasando a significar el personaje que se representaba; al final terminó significando el individuo físico. El sentido moderno de persona, es el de yo individual, conciencia subjetiva, es decir, el núcleo íntimo del ser humano.

En la raíz del significado está la limitación. Existe la persona porque existe la diferencia y la separación. Esto es imposible aplicárselo a Dios. En los últimos años se está hablando del ámbito transpersonal. Creo que va a ser uno de los temas más apasionantes de los próximos decenios. Si el hombre está anhelando lo transpersonal, es ridículo seguir encasillando a Dios en un concepto personal, que siempre supone la limitación del propio ser.

Siempre que nos atrevemos a decir “Dios es…,” estamos expresando una idea, es decir, un ídolo. Ídolo no es solamente una escultura de dios. También es un ídolo cualquier concepto que le aplicamos. El ateo sincero está más cerca del verdadero Dios, que los teólogos que creen haberlo atrapado en conceptos. Dios no es nada que podamos nombrar. El “soy el que soy” del AT, tiene más miga de lo que parece. Dios es solo verbo, pero un verbo que no se conjuga, porque no tiene tiempos ni modos. Dios ES un inmenso presente que lo llena todo.

Dios no se identifica con la creación, pero tampoco es nada separado de ella. De la misma manera que no podemos imaginar la Vida como algo separado del ser que está vivo, no podemos imaginar lo divino separado de todo ser creado que, por el mero hecho de existir, está traspasado de Dios. Tampoco podemos decir que está donde actúa, porque tampoco puede actuar de una manera causal a semejanza de las causas segundas. La acción de Dios no podemos percibirla por los sentidos ni ser objeto de  ciencia.

El Dios de Jesús no es el Dios de los buenos, de los piadosos, de los religiosos ni de los sabios, es también el Dios de los excluidos y marginados, de los enfermos y tarados; incluso de los irreligiosos inmorales y ateos. El evangelio no puede ser más claro: “las prostitutas y los pecadores os llevan la delantera en el Reino de Dios”. El Dios de Jesús no nos interesa porque no aporta nada a los “buenos” que ya lo tienen todo. En cambio, llena de esperanza a los “malos” que se sienten perdidos. “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores”. El mensaje de Jesús escandalizó, porque hablaba de un Dios que se da a todos sin que tengamos que merecerlo.

Para nosotros, es sobre todo la experiencia que Jesús tuvo de su Abba, la que nos debe orientar en nuestra búsqueda. Jesús no se propuso inventar una nueva religión ni un nuevo Dios. Lo que intentó con todas sus fuerzas, fue purificar la idea de Dios que tenía el pueblo judío en su época. Ese esfuerzo le costó la vida. Jesús en todo momento quiere dejar claro que su Dios es el mismo del AT. Eso sí, tan purificado y limpio de adherencias idolátricas, que da la impresión de ser una realidad completamente distinta.

La forma en que Jesús habla de Dios, como amor-salvación para los hombres, se inspira directamente en su experiencia personal. Naturalmen­te esa vivencia no hubiera sido posible sin hacer suyo el bagaje religioso heredado de la tradición bíblica. En ella se encuentran ya claros chispazos de lo que iba ser la revelación de Jesús. La experiencia básica de Jesús fue la presencia de Dios en su propio ser. Descubrió que Dios lo era todo para él y decidió corresponder siendo él mismo todo para los demás. Tomó concien­cia de la fidelidad de Dios y respondió siendo fiel a sí mismo. Al llamar a Dios “Abba“, Jesús abre un horizonte completamente nuevo en las relaciones con el absoluto.

La base de toda experiencia religiosa reside en la condición de criaturas. El hombre se descubre sustentado por la permanente acción creadora de Dios. El modo finito de ser uno mismo demuestra que no se da a sí mismo la existencia, por lo tanto, es más de Dios que de sí mismo. Sin Dios no sería posible nuestra existencia. El reconoci­miento de nuestra limitación es el camino para llegar a la experiencia de Dios. Él es el único verdadero y sólido fundamento sin el cual, nada existe. Jesús descubre que el centro de su vida está en Dios. Pero eso no quiere decir que tenga que salir de sí para encontrar su centro. Descubrir a Dios como fundamento es fuente de una insospechada humanidad.

Esta idea de Dios supone un salto sobre la idea del AT. Allí Dios era el Todopoderoso que hace un pacto al modo humano, y observa desde su atalaya a los hombres para ver si cumplen o no su “Alianza”, y reacciona en consecuencia. Si la cumplen, los ama y los premia, si no la cumplen, los reprueba y castiga. En Jesús Dios actúa de modo muy diferente. Él es don absoluto e incondicional. Él es agape y se da totalmente. Es el hombre el que tiene que reaccionar al descubrir lo que Dios es para él. La fidelidad de Dios es lo primero y el verdadero fundamento de una actitud humana.

Dios no puede ser un “tú” en el mismo sentido que lo es otro ser humano. Dios sería más bien la realidad que posibilita el encuentro con un tú; es decir, sería como ese tú ilimitado que se experimenta en todo encuentro humano con el otro. Pero a Dios nunca se le puede experimentar directa­mente como tal tú, sin el rodeo del encuentro con un tú humano. No se trata pues, de evitar a toda costa el vocabulario teísta sino exponer con suficiente claridad el carácter analógico de todo lenguaje sobre Dios.

Meditación

La mejor pista nos la da Jesús: “yo y el Padre somos uno”.
Bien entendido que esto lo dijo como ser humano.
Jesús sigue siendo Jesús y Dios sigue siendo Dios,
pero toda diferencia ha desaparecido.
Solo si llego a descubrir lo que soy,
puedo llegar, no a conocer, sino a vivir lo que es Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

Recordatorio

Las imágenes y fotografías presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Yo, por supuesto, a petición de los autores, eliminaré el contenido en cuestión inmediatamente o añadiré un enlace. Este sitio es gratuito y no genera ingresos.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un lugar de entretenimiento. La información puede contener errores e imprecisiones.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.