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Héroes

lunes, 16 de octubre de 2017
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Del blog de la Comunidad Anawin de Zaragoza:

Nuestros héroes no son especiales, son personas como nosotros intentan sobrevivir. Intentan ser felices, hacer las cosas mejor, ser mejores, sentirse mejor. Los héroes no son más especiales ni más valientes que el resto, a fin de cuentas son humanos. Sufren, se rompen, sangran. Pero a veces, de vez en cuando, cuando importa, lo hacen bien y todo cambia. Un héroe también es humano, si ellos pueden hacerlo tú también. Así que sigues adelante, no te rindes, aguantas y luchas. Acudes para salvarlos a todos.

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Anatomía de Grey T13 Ep.11

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“Juntos andemos, Señor”… de la mano de Teresa de Jesús

domingo, 15 de octubre de 2017
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Hoy, el Carmelo Teresiano, la Iglesia Católica y muchos creyentes del mundo entero, recordaremos a esta genial mística castellana y española, Teresa de Jesús… Yo os recomiendo vivamente leer sus Obras completas, acercarse a alguna de las buenas biografías que hay en el mercado. Caminemos de la mano de esta mística de la Humanidad de Cristo, maestra de oración que en el capítulo ocho de su autobiografía nos recuerda que, “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5).

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«Estando en la Encarnación el segundo año que tenía el priorato, octava de San Martín, estando comulgando, partió la Forma el Padre fray Juan de la Cruz, que me daba el Santísimo Sacramento, para otra hermana. Yo pensé que no era falta de Forma, sino que me quería mortificar, porque yo le había dicho que gustaba mucho cuando eran grandes las Formas (no porque no entendía no importaba para dejar de estar el Señor entero, aunque fuese muy pequeño pedacico). Díjome Su Majestad: «No hayas miedo, hija, que nadie sea parte para quitarte de Mí»; dándome a entender que no importaba. Entonces representóseme por visión imaginaria, como otras veces, muy en lo interior, y dióme su mano derecha, y díjome: «Mira este clavo, que es señal que serás mi esposa desde hoy. Hasta ahora no lo habías merecido; de aquí adelante, no sólo como Criador y como Rey y tu Dios mirarás mi honra, sino como verdadera esposa mía: mi honra es ya tuya y la tuya mía». Hízome tanta operación esta merced, que no podía caber en mí, y quedé como desatinada, y dije al Señor que o ensanchase mi bajeza o no me hiciese tanta merced; porque, cierto, no me parecía lo podía sufrir el natural. Estuve así todo el día muy embebida. He sentido después gran provecho, y mayor confusión y afligimiento de ver que no sirvo en nada tan grandes mercedes.»

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Rel 35;Cfr 7M 2, 1).

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«Lo que pasa en la unión del matrimonio espiritual es muy diferente: aparécese el Señor en este centro del alma sin visión imaginaria sino intelectual, aunque más delicada que las dichas , como se apareció a los Apóstoles sin entrar por la puerta, cuando les dijo: «Pax vobis»«. Continúa diciendo sobre esta unión de Dios y el alma: «Es un secreto tan grande y una merced tan subida lo que comunica Dios allí al alma en un instante, y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo comparar, sino a que quiere el Señor manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual«. *

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 Moradas. 7, capítulo 2, núm 2,3

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Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.”

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(Libro de la Vida, capítulo 9,1)

“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejara yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo, que no me tornase a levantar, con darme Vos siempre la mano; y muchas veces, Señor, no la quería, ni quería entender cómo muchas veces me llamabais de nuevo.

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(Libro de la Vida, capítulo 6,9)

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“Juntos andemos Señor.

Por donde vayas tengo que ir,

por donde pases tengo que pasar.”

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(Camino de Perfección 21, 26)

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En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

«El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran:

Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda

Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados:

«La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda.»

Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo:

«Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?»

El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros:

«Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.«

Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»

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Mateo 22,1-14

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«Las tres preocupaciones principales de Jesús», por José Mª Castillo.

sábado, 9 de septiembre de 2017
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sao-felix-do-araguaiaLeído en su blog Teología sin Censura:

En el informe, que José M. Vidal ha publicado en RD sobre una misa en la capilla de Sao Felix do Araguala (Mato Grosso. Brasil), el vicario general de la diócesis de Casaldáliga, Félix Valenzuela, recordó en la homilía que las tres preocupaciones principales de Jesús fueron la salud de los enfermos, la alimentación de los hambrientos y las buenas relaciones interpersonales.

Sobre estas tres preocupaciones de Jesús, que analicé ampliamente en mi libro “La humanización de Dios” (Trotta, 2009), quiero explicar algunas cosas que me parecen importantes.

Es verdad que Mc 1, 14 resume la misión de Jesús en el anuncio de la cercanía del “Reino de Dios”, la “conversión” y la “fe”. Pero lo que importa es precisar cómo realizó Jesús esta misión. No fundó una religión, ni construyó un templo, ni organizó un clero con sus rituales, ceremonias y normas sagradas. Además, se comportó con tal libertad respecto a todo eso, que en seguida entró en conflicto precisamente con los “hombres de la religión”. Un conflicto que le llevó a la muerte. ¿Por qué? Porque, para Jesús, más importante que el sometimiento a la religión, es la salud, la vida, la dignidad, la libertad y la felicidad de las personas. Esto es lo que destacan los sumarios, que presentan los evangelios, de lo que fue la actividad de Jesús (Mt 4, 23-24; 9, 35; cf. 8, 1. 16; 12, 15 s; 14, 35; 19, 21 y par.). Estos sumarios no son una exposición histórico-biográfica de lo que hizo Jesús. Son más bien un “cuadro general” de lo que después se particulariza en los relatos de la actividad de Jesús (U. Luz). La actividad que le llevó a la muerte. Porque la religión establecida no soportó el Evangelio. Es lo que viene a decir el evangelio de Juan cuando relata el juicio del Sanedrín y su sentencia de muerte. Precisamente porque Jesús le devolvió la vida al difunto Lázaro, lo que –a juicio de los profesionales de la religión– les ponía en grave peligro a los dirigentes del templo y al templo mismo (Jn 11, 47-53).

Todo esto no quiere decir que Jesús le concediera más importancia a lo humano que a lo divino. Lo que nos dice es que las religiones se organizan de manera que, con demasiada frecuencia, el argumento de la búsqueda de Dios se gestiona de forma que en realidad lo que se consigue es “poder”, “dinero” y “privilegios”. Esto es lo que el Evangelio de Jesús no soporta.

Pero lo que sucedió es que, con el paso del tiempo, la religión no tardó en sobreponerse al Evangelio. No es posible, en el reducido espacio de este artículo, analizar cómo y por qué se produjo esta marginación del Evangelio. Lo que pretendo destacar es que –a mi modo de ver– la cristología y la eclesiología se tienen que replantear con urgencia. Para que sea posible analizar e interpretar la “religión” desde el “Evangelio” y no el “Evangelio” desde la “religión”, que es lo que (sin darnos cuenta) estamos haciendo, con demasiada frecuencia. Porque, si seguimos como estamos, seguiremos teniendo una teología, una Iglesia, una liturgia, una espiritualidad y una ética que, con el Evangelio en las manos, justifican y gestionan (“sagradamente”) las ambiciones más bajas y que más daño causan a los simples mortales, que no disponen de otra cosa que su limitada humanidad. Y el colmo del disparate será continuar con lo que estamos haciendo. Y además con la conciencia del “deber cumplido”. Así, no vamos a ninguna parte.

 

José Mª Castillo

Religión Digital

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Querer el bien.

domingo, 20 de agosto de 2017
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Es triste tener que lamentar el dolor, pero
no basta con quejarse de él para eliminarlo.

Es el bien lo que debemos querer, cumplir, exaltar.

Es la bondad la que debe ser proclamada en presencia del mundo
para que irradie y penetre todos los elementos de la vida individual y social.

El individuo debe ser bueno, de una bondad que revela una conciencia pura
e inaccesible a la duplicidad, al cálculo, a la dureza del corazón.

Bueno, por una aplicación continua de la purificación interior, de la perfección verdadera;
bueno, por fidelidad a un firme propósito manifestado en todo pensamiento, en toda acción.

La humanidad también debe ser buena. Estas voces que suben del fondo de los siglos,
para enseñarnos todavía hoy con una nota de actualidad,
recuerdan a los hombres el deber que incumbe indistintamente a todos de ser buenos,
justos, rectos, generosos, desinteresados, prontos para comprender
y para excusar, dispuestos al perdón y a la magnanimidad.

*

 Juan XXIII

La documentación católica n°1367

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En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:

«Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.»

Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:

«Atiéndela, que viene detrás gritando.»

Él les contestó:

«Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»

Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió:

«Señor, socórreme.»

Él le contestó:

«No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»

Pero ella repuso:

– «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»

Jesús le respondió:

«Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»

En aquel momento quedó curada su hija.

*

Mateo 15,21-28

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Compartiendo humanidad.

sábado, 5 de agosto de 2017
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Del blog de Henri Nouwen:

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«La alegría está oculta en la compasión. La palabra compasión significa literalmente ‘padecer con’. No parece muy probable que padecer con otro pueda producirnos alegría, sin embargo, estar con una persona que sufre, brindarle simplemente nuestra presencia a alguien desesperado, compartir con un amigo momentos de confusión e incertidumbre… experiencias así pueden producirnos una honda alegría. No felicidad ni tampoco entusiasmo, ni una gran satisfacción, pero sí la alegría callada de estar allí para el otro y vivir en una profunda solidaridad con nuestros hermanos en esta familia humana.

A menudo, esta es una solidaridad en la debilidad, el quebranto o las heridas, pero conduce al corazón de la alegría que supone compartir nuestra humanidad con otros.»

*

Henri Nouwen

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El Arco Iris

sábado, 15 de abril de 2017
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jesus-era-gay-1436216028En tiempos bíblicos, salían los hombres a cazar y a pelear contra otras tribus. A la vuelta colgaban el arco en la puerta de sus chozas y así se podía saber que estaban en paz. El arco en la choza anunciaba  paz y armonía.

Por eso, el escritor bíblico, cuando veía el arco iris en la atmósfera, lo interpretaba como un arco de paz puesto en la gran choza del mundo.

No hay guerra entre los hombres y Dios. No está Dios enojado ni necesita la muerte de su Hijo en la cruz.  Sus brazos extendidos en la cruz anuncian a todo el mundo que hay Paz, que hay armonía entre Dios y los hombres Sus brazos están doblegados por el peso del amor.

Los brazos extendidos en la cruz realizan un gran arco. Es el arco de una vida moldeada con la cruz al ir haciendo en cada momento la entrega y el esfuerzo por ese mundo nuevo.

Es el signo y el gesto y el resultado de unos brazos entregados a hacer un mundo nuevo más allá del templo, de los políticos, de los intereses propios de la humanidad.

Tanto se acercaron los brazos de Jesús para tocar a los leprosos, para abrazar a los niños, para perdonar, que sus brazos quedaron hechos un arco… Y lo clavaron en la cruz. El agua con el sol hace brillar los colores del arco-iris. Dios, con su amor, da todos los colores de salvación a la humanidad y la transita de amor y perdón.

Ahora nos queda a nosotros trazar el arco con nuestros brazos, caídos para la guerra y la violencia y transidos de amar y servir a los demás; cansados de hacer el bien, de perdonar, de tanto llevar en nuestros brazos a los hermanos heridos y sufrientes.

El arco que Jesús forma con su cuerpo y sus brazos en la cruz proclama a todo el mundo que un mundo y unas personas nuevas van a surgir, porque el padre resucita a su Hijo Jesús y en Él nos colma de salvación y vida.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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Religión y Espiritualidad

jueves, 23 de marzo de 2017
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Hermoso texto de Pierre Teilhard de Chardin (nacido en Orcines, 1 de mayo, 1881 – Murió en Nueva York 10 de abril de1955),  sacerdote jesuita, teólogo, filósofo y paleontólogo francés que intentó construir una visión integrada de la ciencia y la teología. Gracias hermano Abdías por el regalo…:

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«La religión no es sólo una, hay cientos.
La Espiritualidad es una.
La religión es para los que duermen.
La Espiritualidad es para los que están despiertos.
La religión es para aquellos que necesitan que alguien les diga qué hacer y quieren ser guiados.
La Espiritualidad es para aquellos que prestan atención a su voz interior.
La religión tiene un conjunto de reglas dogmáticas.
La Espiritualidad invita a razonar sobre todo, a cuestionar todo.
La religión amenaza y asusta.
La Espiritualidad da Paz interior.
La religión habla de pecado y culpa.
La Espiritualidad dice, «aprender del error» ..
La religión reprime todo, y en algunos casos es falsa.
La Espiritualidad trasciende todo, te muestra la diferencia entre la realidad y la Verdad!
La religión no es Dios.
La Espiritualidad es todo y, por tanto, es Dios.
La religión inventa.
La Espiritualidad encuentra.
La religión no pide ninguna pregunta.
La Espiritualidad cuestiona todo.
La religión es humana, es una organización con reglas.
La Espiritualidad es Divina, sin reglas.
La religión es la causa de las divisiones.
La Espiritualidad es la causa de la Unión.
La religión te busca para que creas.
La Espiritualidad necesita que investigues que busques.
La religión sigue los preceptos de un libro sagrado.
La Espiritualidad busca lo sagrado en todos los libros.
La religión se alimenta del miedo.
La Espiritualidad verifica y se alimenta de la confianza y la fe.
La religión está viviendo en el pensamiento.
La Espiritualidad es vivir en la conciencia ..
La religión se ocupa de hacer.
La Espiritualidad tiene que ver con el ser.
La religión se alimenta el ego.
La Espiritualidad nos permite trascender.
La religión nos hace renunciar al mundo.
La Espiritualidad nos permite vivir en Dios, no se da a él.
La religión es el culto.
La Espiritualidad es la meditación.
La religión nos hace soñar la gloria y el paraíso en el futuro.
La Espiritualidad nos permite vivir la gloria y el paraíso aquí y ahora.
La religión vive en el pasado y en el futuro.
La Espiritualidad vive en el presente.
La religión en-claustra nuestra memoria.
La Espiritualidad libera nuestra conciencia.
La religión cree en la vida eterna.
La Espiritualidad nos hace conscientes de la vida eterna.
La religión promete después de la muerte.
La Espiritualidad es encontrar a Dios en nuestro interior durante toda la vida.

«No somos seres humanos que pasan por una experiencia espiritual …
Somos seres espirituales que pasan por una experiencia humana … «»

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Pierre Teilhard de Chardin

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El mundo ha entrado en un capitalismo senil y la única cura es volver a lo humano, por Ana Cabirta

viernes, 10 de marzo de 2017
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alejo-1Carlos Abad nació en 1951 en Buenos Aires, Argentina. Allí conoció al actual Papa Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio, y “por las calles de Buenos Aires” fue donde ambos forjaron su amistad. Carlos Abad es un filósofo espiritual y comunicador social especializado en temas de salud y bien público. Su último libro Jesús, el primer indignado tiene como primer objetivo mostrar el camino para cambiar la indignación actual que sufre la sociedad por el amor “el mejor remedio para el alma”, según Abad.

– ¿Cómo conoció al Papa Francisco?

– Lo conocí a través de un amigo, Ernesto del Castillo, que me dijo que Francisco estaba interesado en mis consejos sobre el bien público, entonces el Papa quiso conocerme para realizar una colaboración en Buenos Aires. Fue cuando yo ingresaba en el canal de televisión Orbe 21, para hacer un programa llamado “Bien Público”, para tratar todos los temas sobre la salud y el bien común. Hace ya veinte años de esto.

– Compara durante toda la obra acciones que ha realizado el Papa Francisco con las que llevó a cabo Jesús, ¿cúal de las realizadas por el Papa cree que es la más importante?

– A mí me parece que el Papa les da visibilidad a los excluídos, inaugura un tiempo de misericordia y, sobre todo, el Papa Francisco vive como piensa, dando ejemplo.

– Usted escribe que nuestra sociedad actual “anestesia su empatía a fuerza de narcisismo patológico”. ¿Qué acontecimientos concretos se le pasan por la cabeza con esta afirmación?

Sí, hoy hay un crecimiento monumental del narcisismo, del “selfie”, del “ombliguismo” y una ausencia de proximidad al otro. Este libro se gestó cuando yo estaba viendo en el telediario a una persona que estaba siendo deshauciada, un hombre al que le estaban taladrando la cerradura para dejarle en la calle.

– Dice que estructura el libro sobre cuatro pilares: Jesús, el Maestro; el mercado; los ladrones; y la cruz. ¿Podría darme un breve significado sobre qué representan para usted el mercado y los ladrones?

– Ese me parece el escenario actual, un mercado de ladrones que potencian el capitalismo salvaje. El mercado es un todo, un grupo de personas que nos dirigen como un “lobo” económico, el fin del mercado es el lucro a cualquier precio, por eso la naturaleza sufre como si tuviese “dolores de parto” como si viese que el colapso y el fin de la humanidad están a la vista.

Los ladrones son los que nos han robado las ilusiones, los recuerdos, han obtenido su riqueza económica a costa de nuestro dolor, sufrimiento y la rapiña de los otros, sin ningún tipo de consideración. Como se explicaba en el periódico italiano Il Corriere della Sera, a veces parece que amamos a los ladrones. En las series de televisión las mafias, los narcos, los estafadores, suelen aparecer como si fuesen ejemplos virtuosos a seguir y son ejemplos de desgraciados. El ejemplo es la bondad, que es lo que hace bien de verdad.

– Afirma que los conceptos de solidaridad y ecología tienen cada vez menos importancia en nuestros días, ¿cuál cree que es la mejor solución ante un panorama tan preocupante?

– Yo creo que la respuesta es la colaboración y un respeto por el medio ambiente. Moderar la insaciabilidad y voracidad del ser humano por un concepto acotado de ansia humana.

– En su libro, las relaciones humanas son descritas como “reciclables” y con fecha de caducidad”, ¿cree entonces que está preparada la sociedad para amar?

– Bueno yo hablo siempre en términos de “ecología humana”. La sociedad no está preparada, pero se está preparando. El mundo ha entrado en un capitalismo senil y la única cura es el amor, volver a lo humano, volver a darle importancia al verbo querer, para estabilizar nuestro entorno. Parece que por lo menos nos hemos dado cuenta.

Ana Cabirta

La Razón

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¿Qué me traes, día de hoy?

jueves, 26 de enero de 2017
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Cada día nos tiene reservada una sorpresa. Pero únicamente si la esperamos seremos capaces de verla, oírla, sentirla, cuando se nos presente.

No tengamos miedo a recibir la sorpresa de cada día, ya llegue en forma de tristeza o de alegría. Ya sea pequeña y trivial, o significativa.

Se creará un nuevo espacio en el que podremos dar la bienvenida a una nueva experiencia y celebrar de forma más plena nuestra humanidad compartida. «

«La alegría y la tristeza nunca llegan solas. Cuando nuestros corazones se regocijan ante una vista espectacular al mismo tiempo podemos echar de menos a nuestros amigos que no están presentes en ese momento para disfrutarla. Y cuando nos embarga el dolor quizás podamos descubrir el valor de la verdadera amistad. La alegría está oculta en el dolor y el dolor en la alegría. Si tratamos de evitar a toda costa la tristeza puede que nunca experimentemos la alegría y, si desconfiamos del éxtasis, tampoco podrá alcanzarnos nunca la agonía. La alegría y el dolor son los padres de nuestro crecimiento espiritual.»

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Henri Nouwen

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«La religión como amenaza: lo «divino» a costa de lo «humano»», por José Mª Castillo, teólogo

jueves, 19 de enero de 2017
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lithographie-estampe-originale-marc-chagall-15De su blog Teología sin censura:

El miedo a los atentados terroristas de origen religioso (o reivindicados en nombre de la religión) va en aumento. Porque raro es el día que no tenemos noticias de nuevas y atroces matanzas de seres inocentes, ejecutados de forma criminal en nombre de la religión.

Obviamente, cuando se piensa en estas brutalidades, lo primero que a cualquiera le viene a la cabeza es el peligro que entraña el “hecho religioso”. Y la explicación de semejante peligro radica, según el criterio más generalizado, en que la “condición humana” nos empuja al odio, a la venganza, al egoísmo, la ambición y a todas las perversiones morales que convierten al “hombre en lobo para el hombre”.

Esto es verdad. Pero, con reconocer que la condición humana es así, no resolvemos nada. Ni aclaramos lo que realmente nos está pasando. Por otra parte, no quiero meterme aquí a analizar lo que ocurre en otras religiones, por ejemplo, en el islam. Entre otras razones, porque no lo conozco a fondo. Y es peligroso ponerse a dictaminar lo que el vecino debe hacer en su casa, para tenerla limpia, cuando tú tienes la tuya que da pena verla. Por eso, vamos a centrarnos en nuestra propia confesión religiosa, el cristianismo. ¿No será verdad que también la “religión cristiana” ha sido, y sigue siendo, una amenaza, un asunto peligroso, incluso (a veces) muy peligroso?

No voy a echar mano – una vez más – del tan manoseado asunto de las Cruzadas, la Inquisición, la condena de Galileo y, menos aún, de casos recientes, ocurridos en España hace sólo unas décadas. Vamos a ir más al fondo del asunto.

El cristianismo es una religión que pone el centro de sus creencias, no solo en “lo divino”, sino igualmente en “lo humano”. Porque el Dios de nuestra fe se nos dio a conocer en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Y esto – precisamente esto – es el gran problema, que tuvo que afrontar la Iglesia desde los primeros años de su existencia. Pero – es claro – cuando se afronta este problema entre gentes, que tienen creencias “religiosas”, inevitablemente, la religión “como tal” pesa tanto, que, en la persona religiosa, “lo divino” termina siendo más determinante que “lo humano”. Y esto, ni más ni menos, es lo que le ha ocurrido, y le sigue ocurriendo, a la Iglesia.

Efectivamente, en su Teología, en su Liturgia, en su Derecho, en las convicciones más profundas de los gobernantes eclesiásticos, en la mentalidad de la mayoría de los fieles, verdaderamente fieles a la Iglesia, no sólo es que “lo divino” pesa más que “lo humano”. El problema principal está en que “lo humano” se tiene que someter a “lo divino. Por eso, los primeros cuatro concilios ecuménicos, que celebró y aprobó la Iglesia, Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (430) y Calcedonia (451), se centraron en una preocupación fundamental: afirmar como dogma de fe la “divinidad” de Jesucristo. Es verdad que el concilio de Calcedonia defendió “la naturaleza humana” de Jesús: “perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad” (DH 301). Pero precisando, a continuación, que, en Jesucristo, las dos “naturalezas”, la divina y la humana, “confluyen en una sola persona”, que es la divina (DH 302). En última instancia, por tanto, en Jesús, “lo divino” quedó superpuesto a “lo humano”.

Es evidente que los textos de aquellos primeros concilios, distantes de nosotros en casi 1.500 años (o más), para ser entendidos correctamente, necesitan ser “interpretados” como necesita ser “interpretado” cualquier texto de la Biblia. Porque el lenguaje, y el contenido del lenguaje – el de entonces y el de ahora – ya no son lo mismo. Pero lo más importante, en todo este asunto, es que, en la historia de los siglos posteriores, la cultura ha ido evolucionando de manera que, en la mentalidad de la gran mayoría de la población de los países más desarrollados, “lo humano” ha cobrado más fuerza y tiene más presencia que “lo divino. Mientras que, por el contrario, la Iglesia ha gestionado todo esto de manera que ha defendido y ponderado con más pasión y celo “lo divino” que “lo humano”. Y por supuesto, más “lo sagrado” que “lo profano”.

Ahora bien, si aplicamos esta manera de pensar a la Liturgia, a la Espiritualidad, al Derecho, a la Moral, a la “forma de vivir” y a las “costumbres”, ya tenemos clara y patente la explicación de por qué esta Iglesia nuestra sigue atascada en la mentalidad, no digo ya de la Edad Media, sino incluso en la manera de plantear y resolver tantos y tantos problemas que afectan muy seriamente a lo que hacen y dicen no pocos curas, bastantes obispos, algunos cardenales…. Y hasta la crispación que produce, en ambientes de sacristía, el comportamiento y las enseñanzas del papa Francisco. Por la sencilla razón de que, para esta Iglesia, es más importante evitar el pecado que aliviar el sufrimiento.

Termino asegurando que el día que nos preocupe más el problema del sufrimiento humano que la creencia en el pecado (¿contra lo divino?), ese día daremos el paso decisivo para que la Iglesia se haga más amable, más creíble y, por supuesto, más acogedora. Leyendo los evangelios, lo más claro que se encuentra en ellos es que a Jesús le interesó más el sufrimiento de la gente que la vida poco ejemplar que veía aquella gente en los amigos de Jesús, los pecadores (Mc 2, 14-17; Mt 9, 9-13; Lc 5, 27-32; 15, 1-2). ¿Por qué será que Jesús andaba con malas compañías y tenía constantes conflictos con los hombres de la religión?

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , ,

Asombro

miércoles, 18 de enero de 2017
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Del blog Nova Bella:

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Asómbrate para ser humano

El ser humano ha sido moldeado por la capacidad de asombro ante la naturaleza, ante la vida, ante las demás; una capacidad de asombro que les ayuda a descubrir la realidad como algo maravilloso, extraño y admirable. “La gente debe de sentir que el mundo natural es importante y valioso, hermoso y maravilloso, asombroso y placentero.” (David Attenborough).

*

Asómbrate como los niños y aliméntate de su capacidad de asombro. Ellos conservan esa infinita capacidad de asombro ante la realidad que descubren y nada les parece irrebatible. Su mente se halla abierta al mundo y hasta la realidad más simple es un motivo de sorpresa. ¡Viven asombrándose! Por eso, “un maestro  debe caminar con asombro, como si estuviera sorprendido de ser él mismo.” (WalterBagehot).

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Asómbrate para orar

Déjate sorprender. Así sabrás lo que es oración. “En el asombro hay siempre un elemento positivo de plegaria”.(Gilbert K. Chesterton).

Porque “el asombro es la base de la adoración”. (Thomas Carlyle).

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Cédula de habitabilidad humana

lunes, 9 de enero de 2017
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34615_ikea-spot-inclusivo-eeuu¿Hay un documento que acredite la habitabilidad de una persona en el mundo?

Y en caso afirmativo ¿quién lo puede obtener? ¿Dónde y cómo se solicita?… ¿Qué organismo se encarga de conceder la autorización? ¿Tendría consecuencias…?

Entendiendo por habitabilidad el ser habitable, el permitir a tus congéneres encontrar en ti a una persona que cumpla los requisitos necesarios para hacer sentir al otro como en su propia casa interior, o lo que sería mejor aún, en el hogar de sus sueños.

Partiendo de esa idea deberíamos empezar a plantearnos seriamente como humanidad si cada uno de nosotros, siendo propietarios de una vivienda de acogida, por el simple hecho de haber nacido, seríamos beneficiarios y portadores de dicha acreditación, o por el contrario, tendríamos que llevar a cabo una serie de reformas en nuestra infraestructura personal que garanticen que estamos preparados para obtener dicho certificado.

Pues bien, partamos de la idea de que ese documento existe.

Y para que podamos saber si una persona, a los efectos que corresponda, cumple con las condiciones mínimas de habitabilidad, ésta deberá reunir los siguientes requisitos:

1.- Que tenga, al menos, dos espacios habitables diferenciados; uno destinado a las áreas de cómo sentirme yo feliz en todas las salas o realidades internas de mi vida: trabajo, familia, amigos… y otro espacio dedicado a como proyectarlo a los demás, de forma que mi felicidad se extienda a otras salas y mejore sus calidades.

2.- Que las habitaciones de mi vida llamadas tiempo de calidad sean independientes entre sí, de modo que a través de un espacio llamado “dedicación a un amigo/a”, por ejemplo, no se interfiera en otra sala llamada “tiempo de trabajo”, pues en caso de no respetar esa independencia, ambos espacios se ven perjudicados y el tiempo de dedicación exclusiva queda seriamente dañado. A su vez se tendrá en cuenta que desde una habitación personal llamada dormitorio o sea “descanso”, no se acceda a otra habitación llamada “problemas”. Para ello debe estar habilitado un espacio en la entrada de nuestra vivienda donde poder desalojar el peso de las preocupaciones, junto con las llaves, el dinero y los papeles. Y por supuesto que desde el espacio habilitado para charla distendida de terraza o de “tomamos un café y hablamos”, no se deba traspasar el umbral de “tú hablas y yo mando wasap”.

3.- Que los espacios habitables de mi corazón, exceptuando los que deba reservar para mi intimidad, dispongan de aberturas acristaladas directas al exterior. En casos extremos, en los que la solución arquitectónica no sea viable, se permitirá que un espacio se ilumine a través de otro iluminado o sea a través del Amor que nos proporciona un amigo/a, un familiar, un profesor/a, una creencia, un pensamiento…

4.- Que todos los espacios, excepto los destinados a la despensa interior de cada uno, tengan ventilación directa al exterior, nuestras ideas y sentimientos deben fluir y retroalimentarse con los de los demás y renovarse continuamente.

Los espacios personales que no tengan ventilación directa, por no poder o no querer a nivel personal abrirlos por diversos motivos, no deberán ventilarse a través de otra habitación o persona, puesto que eso supondría un sistema de ventilación forzada y dañaría la infraestructura interna de cada uno. Para ello se habilitara un espacio llamado respeto y escucha que permita la renovación del aire y su limpieza. Sólo en casos de que una persona este perjudicando a través de su sala, mal ventilada, al resto de salas de la vivienda e inclusive a todo el edificio, deberá dotarse de una extracción forzada independiente para cada caso ,que sin agredir de forma violenta su espacio personal, pero aplicando las medidas contundentes en estos casos, permitan la evacuación de humos provocados por pensamientos negativos, falta de diálogo, dificultades para ponerse en el lugar del otro, que se producen en dicho espacio y que perjudican a todos los habitantes del inmueble.

5.- Que nuestra vivienda personal tenga una superficie útil con los suficientes metros cuadrados, de cariño y de espacios disponibles de escucha y comprensión para poder ayudar a los demás.

6.- Que el vertido de aguas que en muchos casos viene lleno de momentos de ira, de enfado, de agresividad y de discusiones, lo tenga canalizado, mediante tuberías impermeables y ventiladas, a la red general de alcantarillado. En caso de no existir dicha red, se utilizarán fosas sépticas adecuadas.

7.- La instalación eléctrica de la vivienda cumplirá el Reglamento de Baja Tensión y de Toma de tierra para evitar conflictos innecesarios.

8.- Que cuente con un sistema de calefacción que sea capaz de inundar de calor humano a los que nos rodean a través de pequeños gestos, caricias, comprensión y ternura y llevarlo a todos los rincones de nuestra vida.

En los casos en que una vivienda carezca de alguna de estas condiciones y no se pueda subsanar esta carencia podrá únicamente lograrlo realizando obras de acondicionamiento, pues se considera que:

Todos cumplimos en el fondo, el requisito de conocer y tener una vivienda no solo que acoja, sino que nos pueda proporcionar también a cada uno de nosotros una estabilidad, un equilibrio y una manera diferente de vivir.

Miryam Castro González

Fuente Fe Adulta

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Navidad ¿qué va a cambiar?

domingo, 25 de diciembre de 2016
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¡Una vez más: NAVIDAD!

¿Qué va a cambiar?

Nada, excepto tú.

Hazte luz y verás la Luz …

Todo está ahí.

No busques en otra parte el significado de este  acontecimiento-advenimiento.

La humanidad fraterna de Jesús lleva el día que tiene que levantarse en ti.

El Dios vivo vuelve a ponerse en tus manos.

Por tí, para crear con Dios y a  su imagen, un mundo de alegría, luz, belleza.

*

Maurice Zundel

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***

En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. [Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.] La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. [Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.»» Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.]

*

Juan 1,1-18

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Una paz tan necesaria.

martes, 6 de diciembre de 2016
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Del blog de la Communion Béthanie:

El hermano Roger es una profeta de nuestro tiempo. Centró toda su vida en Cristo, en cuyo nombre dio la bienvenida a cualquier persona, cualquiera que sea su ori gen, su pasado, su edad, su religión. Hombre de oración, el fundador de la comunidad ecuménica de Taizé no ha dejado de animar a los hombres a reconciliarse. Su testamento espiritual continúa sosteniendo a aquellos que deseen desarrollar un monaquismo interior. Os proponemos oraciones y palabras del hermano Roger para alimentar cada semana la vida interior en el seguimiento del Dios uno y trino. (Citas sacadas del libro “Vivir para amar” Ed. Les Presses de Taizé, 2010).

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*

“Dios de compasión, desconcertados por el sufrimiento incomprensible de los inocentes, rezamos por los que conocen la prueba.

Inspira el corazón de los que buscan una paz tan necesaria para toda la familia humana. 

*

Frère Roger de Taizé,

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En este momento, anhelante y pensativo

jueves, 24 de noviembre de 2016
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centros-en-el-mundoMaría teresa Sánchez Carmona
Sevilla

ECLESALIA, 11/11/16.- El problema no es Trump: irracionales potencialmente destructivos los hubo y los habrá siempre. El problema son los miles de personas que creen en los valores que él representa. Los que privilegian el capitalismo, la xenofobia, la desconfianza y sus propios intereses en detrimento del bien común. Los que apelan al brexit, el blindaje de fronteras y el separatismo. Los que se entregan a cualquier tipo de radicalismo. Los que piensan que el drama de los refugiados no va con ellos. Los que violan (en Colombia o en Pamplona) porque saben que su crimen quedará impune. Los que agreden a otros en cualquiera de las mil formas posibles (pensamos en asesinatos, pero la violencia empieza por gritar lleno de furia al que va en el coche de al lado).

El problema no es “la cabeza visible” de esa que queremos llamar “la primera potencia del mundo” (y seguimos en este juego donde sólo prima lo económico). El problema son todas las otras cabezas: las que carecen de educación y criterio propio, las que no ven/no quieren ver cómo se repite la Historia, las que lanzan la piedra en cualquier foro de internet para luego esconder la cabeza…

No sé cómo hemos llegado a esta situación. Habrá quien acalle su conciencia diciendo que vivimos/sufrimos el legado que nos dejaron nuestros padres y las generaciones anteriores. No interesa. Los que estamos ahora tenemos la ineludible misión de vivir y educar en conciencia. Vivir y educar en conciencia. A nuestros hijos. A los hijos de nuestros amigos. Al vecino. Al animal incívico que nos cruzamos por la calle.

Porque no es una cuestión de credo político: de rechazar a un candidato en virtud de otro que encarna, o no, un dechado de virtudes. El problema es avalar una serie de comportamientos que no caben en el marco de la civilización (sea en Irak, EEUU o Corea), y dejar que corran y acarreen consecuencias. Es la mediocridad de todos los días, el miedo paleolítico al otro, la precariedad material, pero también de valores y de amor, la imperdonable indiferencia ante la desdicha de los demás (que, no cabe la menor duda, acaba por ser la nuestra). Tenemos lo que tenemos: lo que ha ocurrido en las urnas es apenas el reflejo de este “pan nuestro de cada día”. Es un espejo y una bofetada a nosotros mismos. Porque ya basta de “quejarse y tragar”, o acabaremos dando este mismo alimento a quienes vengan después de nosotros. Sencillamente porque se puede dar a otros lo que no se tiene. ¿Nos acusaran las próximas generaciones de no haber hecho nada por mejorar lo recibido?

No, no hablamos de Trump ni de los Estados Unidos de Norteamérica: hablamos de la Humanidad. Y, repito, hoy más que nunca tenemos la ineludible misión de vivir y educar en conciencia. Resuenen con más fuerza que nunca los versos que escribiera el poeta Walt Whitman en su obra Hojas de hierba:

En este momento anhelante y pensativo, sentado a solas.
Me parece que en otras tierras hay otros hombres en otras tierras, anhelantes y pensativos,
me parece que puedo mirar a lo lejos y divisarlos en Alemania, Italia, Francia, España
– y más lejos aún, en China, o en Rusia, o en India – hablando otros dialectos;
y me parece que si me fuera posible conocer a estos hombres

Con ellos me uniría, como hago con los hombres de mi propia tierra,
¡oh! yo sé que seríamos hermanos y amantes,
yo sé que llegaría a ser feliz con ellos.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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«Creo en lo humano», por José Mª Castillo

martes, 22 de noviembre de 2016
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30862259345_6fa1f9e50bLeído en su blog Teología sin censura:

Hace siete años, publiqué un libro titulado La humanización de Dios (Trotta). Poco después publiqué La humanidad de Dios (Trotta). Y algunos meses más tarde, La humanidad de Jesús (Trotta). También he editado, en Desclée de Brouwer, La laicidad del Evangelio, que es una interpretación fundamental del cristianismo, no desde “lo sagrado”, sino desde “lo profano”, ya que, según los evangelios, Jesús mantuvo una relación de intimidad constante y familiar con el Padre-Dios, pero igualmente mantuvo una relación mortalmente conflictiva con el Templo y sus Sacerdotes.

Lo que –de entrada– nos viene a decir que Jesús (y, por tanto, el Evangelio) se entienden en la medida en que se toma como punto de partida, no precisamente “lo divino”, sino exactamente “lo humano”. Es decir, para entender el Evangelio (y el Cristianismo), la “religiosidad” se tiene que entender y vivir de otra manera. Ni más ni menos, como la entendió y la vivió Jesús.

Se comprende, por todo esto, mi creciente interés, mi incontenible preocupación por le fe en lo humano. Y es que la gran paradoja, que aquí descubrimos, consiste en que la mayor dificultad, que arrastramos los mortales, no es la resistencia para creer en “lo divino”, sino la pertinaz dureza y el insistente rechazo para aceptar “lo humano”.

Esto, ni más ni menos, es lo que explica por qué tanta gente, si se trata de gente muy religiosa, es ese tipo de persona a la que no le gusta hablar de Jesús, sino que prefiere hablar siempre de Cristo, de Jesucristo, del Señor o incluso de Nuestro Señor Jesucristo.

Y es que Jesús es el nombre humano de aquel sencillo artesano galileo de la humilde aldea de Nazaret. Eso nada más. Mientras que Cristo es el título del Mesías Salvador. Un título que se solemniza cuando (además) de él se dice que es el Señor o incluso Nuestro Señor. Aquí, ya no hablamos de lo humano, sino de lo más solemnemente divino. Lo que tanto les gusta a los clérigos en sus sermones. Y no digamos, a los obispos en sus solemnes misas pontificales, cuando parece que los fieles están casi tocando lo divino con sus manos.

Todo esto viene a indicar que aquí nos enfrentamos a un problema muy serio. Voy derechamente al nudo del asunto. En principio, “lo humano” es lo limitado, mientras que “lo divino” es lo que no tiene límite alguno. Por eso los humanos nos sentimos amenazados por tantos miedos. Y por eso también los humanos recurrimos a lo divino como solución a nuestros miedos. De ahí que la tendencia a creer en “lo divino”, y a buscar en “lo divino” la solución a nuestros males, tiene en nosotros raíces más hondas que cualquier posible tendencia a poner nuestra fe y la solución a nuestras limitaciones en “lo humano”.

Pues bien, dado que somos así y así funcionamos en nuestra intimidad inconsciente, los cristianos nos vemos condicionados (sin darnos cuenta de lo que nos pasa) por un factor capital en el que posiblemente quizá nunca hemos pensado. El Dios de nuestra fe es “verdadero Dios” y es también “verdadero hombre. Lo que quedó formulado en la Definición Dogmática del Concilio de Calcedonia (año 451): nuestro Dios, el Señor Jesucristo, es “Perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad” (DH 301). Pero ocurre que esto se ha de creer de manera que la fe en “lo divino” y en “lo humano” se ha de tener y se ha de vivir, no sólo en cuanto se refiere a la “otra vida”, sino igualmente en todo cuanto afecta también a “esta vida”.

¿Qué quiere decir esto en concreto? El cristianismo hay que vivirlo de manera, que se tiene que aceptar, creer y vivir en su totalidad. O sea, lo mismo para esta vida que para la otra vida. Lo mismo para la tierra que para el cielo. Y esto significa que quien se ve como cristiano, no puede creer en lo divino, sin o no cree en lo humano. Es decir, no puede respetar lo divino, si no respeta igualmente lo humano.

Por eso, en la Iglesia, hay tantas cosas que nos indignan y que no podemos aceptar. ¿Por qué, en la Iglesia, se respeta más lo divino que lo humano? ¿Por qué se respeta más el templo que la calle? ¿Por qué se respeta más a ciertos hombres que a ciertas mujeres? ¿Por qué el Derecho Canónico les concede a los clérigos derechos y privilegios que no pueden tener los laicos?

El problema está –me parece a mí– en que, en la Iglesia, hay más Religión que Evangelio. En ella, está más presente y viva la Religión que el Evangelio de Jesús. La teología cristiana tiene que afrontar, de manera urgente, este asunto capital. ¿Por qué las Religiones son factores de tanta violencia precisamente contra seres humanos inocentes? ¿Por qué la Iglesia tiene hoy tan poca presencia en España para poner solución –o aliviar al menos– tantos problemas humanos, al tiempo que los obispos se cuidan esmeradamente de que los gobernantes no les toquen a los privilegios legales y económicos que disfruta la Iglesia?

Los cristianos creemos que, en Jesús (el Dios de los cristianos), “lo divino” y “lo humano” se fundieron de manera ya no se puede separar lo uno de lo otro. Jesús dijo: “El que a vosotros oye, a mí me oye… el que a vosotros desprecia, a mí me desprecia”. O también: “Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estaba en la cárcel y fuisteis a visitarme, era extranjero y me acogisteis”. El que hace esto, es el que cree en “lo divino”. Aceptar el Cristianismo no es básicamente aceptar una Religión. Es aceptar un “proyecto de vida”, una forma de entender la vida, en la que lo central y decisivo, no es «lo religioso», sino «lo humano».

Empecé diciendo: “Creo en lo humano”. Y termino afirmando humildemente y verdaderamente: “Intento creer en lo humano”.

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Trata de sueños

martes, 8 de noviembre de 2016
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tratahumanaIñigo García Blanco, Hermano Marista,
Madrid.

ECLESALIA, 24/10/16.-Tras acompañar en aquellos días de septiembre algunas de las acciones emprendidas de sensibilización y capacitación de la ‘Red de Enfrentamiento al tráfico de personas en la Triple Frontera (Brasil-Colombia-Perú)’, estoy un tanto des-soñado (inquieto en la hora de los sueños). Los relatos que hay tras «la trata» me desvelan.

Esta realidad ha sido un nuevo aldabonazo en mí para mirar de otra forma los movimientos migratorios, los sueños negociados y ocultos que se mueven transnacionalmente, los dramas silenciados que pueden ser juzgados por la alienación de los derechos, principalmente el de la dignidad y la autonomía. El 23 de septiembre se celebraba el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños que fue instaurado por la Conferencia Mundial de la Coalición contra la Trata de Personas en coordinación con la Conferencia de Mujeres que tuvo lugar en Dhaka, Bangladesh, en enero de 1999.

La trata de personas es un delito que despoja a los seres humanos de sus derechos, echa por tierra sus sueños y les priva de su dignidad. Es un delito que nos avergüenza en nuestra historia cada vez más anémica de humanidad. La trata de personas es un problema mundial, al que ningún país es inmune. Millones de víctimas se encuentran atrapadas y son explotadas cada año por esta forma moderna de esclavitud.

El Protocolo de Palermo define la trata de personas en su art. 3 como: «la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esta explotación incluirá, como mínimo, la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.»

Existen en el mundo 200 millones de personas migrantes, 60 millones de desplazados, 20 millones de ellos refugiados y 40 desplazados internos, y 4 millones de víctimas de trata.

Uno de los grupos de alta vulnerabilidad en esta «situación de trata» es el de las niñas y niños. Encontramos aquí factores comunes que propician dicha vulnerabilidad: la pobreza, que lleva a las familias a abandonar a los menores en manos de traficantes en la creencia de que lograrán un futuro mejor; en crisis humanitarias, donde los verdugos aprovechan las situaciones de caos para raptar a sus víctimas; en conflictos armados, donde los niños suelen ser empleados como soldados por lo fácil que resulta manipularlos… De acuerdo con datos ofrecidos por UNICEF, cada día 4.000 niños y niñas son víctimas de trata. En general, el fin de la trata de menores es que éstos sean explotados sexualmente (importante en este punto mencionar el auge de la pornografía infantil, así como a chicas adolescentes obligadas a prostituirse), forzados a matrimonios pre-pactados, o para trabajos forzosos en fábricas o como personal de servicio doméstico.

En expresión del Papa Francisco, cada una de estas personas son consideradas «población sobrante», producto de la «cultura del descarte», que nos vuelve incapaces para compadecernos ante los clamores de los otros. Son los nadie-sin-sueños, nadie-sin-futuro, nadie-sin-derechos. Seguramente por eso que pasan desapercibidos sus rostros ante nosotros; se vuelven invisibles para nuestra acomodada medida de justicia y distribución de oportunidades. Las cifras no muestran la realidad que ocultan.

Sigo desvelado, la sola definición de este fenómeno, de esta acción violenta me irrita y me hace temblar al tratar de poner rostro a sus víctimas, niños, niñas, adolescentes, mujeres. Sueños truncados por una trata de intereses deshumanizados.

Me viene a la mente la imagen del atrapasueños tan corriente por estas tierras. La antigua leyenda de los indios ojibwa sobre los atrapasueños habla de que los sueños pasan por la red filtrando y deslizando los buenos sueños a través de suaves plumas hasta que llegan a nosotros. Los malos sueños, sin embargo, son atrapados en el tejido y mueren con el primer haz de luz del día.

Ojalá seamos capaces de proteger los buenos y deseables sueños, mientras que aquellos que amenazan nuestras historias y nuestros derechos no lleguen a nosotros. Llamados a ser protectores de sueños de los más pequeños, de aquellos que nos contagian la ilusión por la vida en cada una de sus expresiones y colores. No podemos seguir permitiéndonos que «la trata» siga siendo impune, que siga ocurriendo a costa de los más pequeños y pequeñas de nuestras comunidades… precisamos desenmascarar esta práctica indigna y aberrante contra el valor más profundo de la vida. Al menos gritar que no permitiremos más trata de sueños (que no son los de nuestros pequeños).

Queremos trabajar en red pues sabemos de su fuerza transformadora que estrecha lazos y el compromiso por la vida y la defensa a ultranza de los derechos humanos, en especial de los niños y jóvenes de nuestras comunidades locales. Precisamos construir juntos un mundo mejor, cuidar entre todos ésta nuestra Casa Común de Todos.

Quisiera saber sumarme

en la lucha contra la ideología y el sistema económico

que provoca la exclusión de millones de personas,

en la denuncia de la sistemática transgresión de los derechos humanos

de las «personas en movimiento» por parte de los Gobiernos,

al trabajo por otro mundo posible hospitalario,

al discipulado y a la práctica solidaria de Jesús de Nazaret, «el flaco»,

a hacer una nueva teología de la emigración,

a pasar de la exclusión a la hospitalidad.

Nadie tiene derecho a robar tus sueños,

ni a perturbar tu creativa imaginación.

Nadie tiene derecho a traficar contigo,

pues no eres mercancía ni objeto de intercambio.

Nadie tiene derecho a robar tu vida,

mucho menos vulnerarla ni encerrarla.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de trata.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de violencia.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de la pobreza.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de la prostitución.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima del silencio.

Ningún niño, niña o adolescente sea víctima de la exclusión.

Una red se teje, atravesando fronteras, a lo largo y ancho del mundo,

reclamando el fin de la trata de personas y su esclavitud…

reclamando justicia y rescatando la dignidad…

reclamando la libertad y la autonomía para ser sueño vivo…

reclamando los sueños arrebatados y empoderándolos con color…

reclamando el espíritu que llevamos dentro…

reclamando un tiempo nuevo para desplegar la hospitalidad.

El mundo tendrá que escuchar su voz.

Del Libro del Eclesiastés, 4,1:

«Pensé además en todos los abusos que se cometen bajo el sol. Vi las lágrimas de las personas oprimidas, y no hay nadie que las consuele; sufren la violencia de sus opresores, y no hay nadie que venga en su ayuda»

Un cálido abrazo

Íñigo García Blanco

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Juntos andemos, Señor”… de la mano de Teresa de Jesús

sábado, 15 de octubre de 2016
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Hoy, es la Festividad de Santa Teresa de Jesús,  Ya pasó la celebración del Vº Centenario de su nacimiento. El Carmelo Teresiano, la Iglesia Católica y muchos creyentes del mundo entero, seguimos recordando a esta genial mística castellana y española a lo largo del año… Yo os recomiendo vivamente leer sus Obras completas, acercarse a alguna de las buenas biografías que hay en el mercado y, como no podía ser menos, nosotros también procuramos traer al blog algunos textos que nos ayuden a orar, de la mano de esta mística de la Humanidad de Cristo, maestra de oración que en el capítulo ocho de su autobiografía nos recuerda que, “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5). Si sirve para estar horas y horas con el Amado, nos sentiremos satisfechos. Hoy comenzamos con ese deseo de “andar juntos“.

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Acaecióme que, entrando un día en el oratorio, vi una imagen que habían traído allá a guardar, que se había buscado para cierta fiesta que se hacía en casa. Era de Cristo muy llagado y tan devota que, en mirándola, toda me turbó de verle tal, porque representaba bien lo que pasó por nosotros. Fue tanto lo que sentí de lo mal que había agradecido aquellas llagas, que el corazón me parece se me partía, y arrojéme cabe El con grandísimo derramamiento de lágrimas, suplicándole me fortaleciese ya de una vez para no ofenderle.”

*

(Libro de la Vida, capítulo 9,1)

*

“Bendito seáis por siempre, que aunque os dejara yo a Vos, no me dejasteis Vos a mí tan del todo, que no me tornase a levantar, con darme Vos siempre la mano; y muchas veces, Señor, no la quería, ni quería entender cómo muchas veces me llamabais de nuevo.

*

(Libro de la Vida, capítulo 6,9)

*

“Juntos andemos Señor.

Por donde vayas tengo que ir,

por donde pases tengo que pasar.”

*

(Camino de Perfección 21, 26)

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«Dos humanidades» por Koldo Aldai

jueves, 25 de agosto de 2016
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933730_25188496El magnate populista y faltón, recién iniciado en su carrera ya oficial hacia la Casa Blanca insiste en que América es lo primero (“America firts”). Cala el mensaje de Trump. Hay demasiados norteamericanos, demasiados humanos que deseamos ser los primeros en más derechos, en más privilegios en olvido de los otros. Si todos queremos ser los primeros, no habrá sitio para los últimos en este gran hogar planetario. Un futuro más halagüeño lo alumbrará el deseo convencido de un creciente número de humanos de no ganar privilegios a costa o en detrimento de terceros. Las naciones operan a imagen y semejanza de nosotros, los súbditos. Un pueblo es grande cuando acoge, abre sus puertas, ayuda, se vuelca en el progreso global, no sólo propio. Hacer de nuevo grande a América («Make America great again«) tiene por lo tanto más que ver con hacerla solidaria con los destinos del mundo, que hacerla más rica, imperial y belicosa.

América no es lo primero, tampoco Inglaterra, tampoco España… En esta inmensa nave por nombre Tierra, que no permitiremos que se hunda, lo primero son las mujeres y los niños. Lo primero son las que redondean su vientre, alumbran vida y acercan nuevas generaciones. Lo primero son los ancianos y desvalidos, los explotados, los perseguidos por causa de la libertad y la justicia, los refugiados que huyen del horror de la guerra. Lo primero son los que sufren, los que no tienen pan para su estómago, ni pizarra para sus hijos. Son los hermanos de cualquier raza, condición o color que no tienen sus más elementales necesidades satisfechas.

Observamos de forma cada vez más nítida las dos humanidades diferenciadas. Tenemos por un lado la humanidad del “exit”, la que colmada de miedos se arma, se blinda, la que desea salirse de todos los afanes comunes, de todos los esfuerzos colectivos, globales, unitarios en ciernes. Es la humanidad del ombligo, la que conjuga sólo en primera persona, la que únicamente sigue la supuesta lógica, la más ilógica de todas, del beneficio, del privilegio propio en perjuicio de la Tierra y la comunidad más o menos global.

Veremos a esa humanidad en América, pero también en el corazón de Europa o en Inglaterra. La veremos agitar pancartas de “not ilegals, not refugees, not foreing workers…” temerosa de perder lo que ha gozado, de que el bienestar sea una dicha cada vez más extendida. Es una humanidad sin futuro, pues éste es una geografía siempre colectiva. Es una humanidad insostenible, porque con el individualismo la vida palidece, se seca y acaba muriendo. Está por todas partes, allí donde el humano piensa sólo en sí mismo. Ahora sale claramente a relucir en los pasteles de colores que cantan los resultados de las elecciones en muchos países. Esos escrutinios, en los que se juegan a menudo unas fronteras más o menos abiertas, delatan la extensión de esta humanidad temerosa.

Felizmente hay otra humanidad que no cree en los privilegios, que siente que todos somos los primeros, que hemos de avanzar unidos, sin dejar a nadie atrás. Es la humanidad que no tiene miedo a compartir, que piensa y siente en clave colectiva, que no ve al foráneo, al refugiado como un estorbo, sino como un hermano en apuros, necesitado de ayuda. Es la humanidad que establece puentes, alianzas, que cree que las fronteras son una rémora del pasado que irán cayendo, que nos iremos cada día más y más uniendo. Es la humanidad que busca cooperar en los más diversos ámbitos.

La disyuntiva se nos presenta global e individualmente. No sólo los pueblos y la naciones deben pronunciarse al respecto; también a nivel individual nos habremos de plantear si somos de los que abren o cierran los brazos, de los de la acogida o del blindaje, de los que soñamos en un mundo en el que haya un sitio para todos, o únicamente para los de mi equipo de fútbol, para los de mi clase social, mi nación, mi religión, o los que tienen mí mismo color de piel… El futuro se escribirá en clave de compartir y cooperar o no se escribirá. ¿Cuál de las dos humanidades saldrá adelante? Esperamos que la del corazón abierto y generoso, la del alero ancho, no a costa de la otra atrincherada, sino sencillamente porque la primera habrá conseguido ganar, abrazo tras abrazo, el endurecido corazón de la blindada.

Koldo Aldai

Fuente Fe Adulta

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Los Juegos Olímpicos: metáfora de la humanidad humanizada

viernes, 19 de agosto de 2016
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antorcha-olimpicaLeído en Koinonia:

(Leonardo Boff, en Koinonía).- Desde el día 5 de este mes de agosto Río de Janeiro es la sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Se ha creado una inmensa infraestructura de arenas, estadios, nuevas avenidas y túneles que dejarán un legado inolvidable a la población carioca.

La apertura y la clausura son ocasión de grandes celebraciones, en las cuales el país que hospeda intenta mostrar lo mejor de su arte y singularidad. La apertura esta vez fue de un esplendor inigualable, a semejanza de los grandes desfiles de las escuelas de samba. Los efectos de luces y de imágenes proyectadas en pantallas enormes creaban una atmósfera de mágica y casi surrealista, provocando en muchos lágrimas de emoción.

El momento principal fue el desfile de las delegaciones de 206 países, un número mayor que el de los países representados en la ONU, que son 193. Cada delegación desfilaba con trajes típicos de sus pueblos, destacándose por sus colores vistosos y elegantes, los trajes africanos y asiáticos.

Sabemos que en todas las relaciones sociales e internacionales subyacen intereses y maniobras de poder. Pero aquí, en los Juegos Olímpicos, si existieron, fueron prácticamente invisibles. Predominaba el espíritu deportivo y olímpico por encima de las diferencias nacionales, ideológicas y religiosas. Aquí todos estaban representados, hasta un grupo, muy aplaudido, de refugiados que hoy inundan especialmente Europa.

Tal vez este evento sea uno de los pocos espacios en los cuales la humanidad se encuentra consigo misma, como una única familia, anticipando una humanización siempre buscada pero nunca definitivamente mantenida porque todavía no hemos avanzado en la conciencia de que somos una especie, la humana, y tenemos un único destino común junto con nuestra Casa Común, la Tierra.

Este tal vez sea el mensaje simbólico más importante que un evento como este envía a todos los pueblos. Más allá de los conflictos, diferencias y problemas de todo tipo, podemos vivir anticipadamente y, por un momento, la humanidad que finalmente se humanizó y encontró su ritmo en consonancia con el ritmo del propio universo. Este es uno y complejo, hecho de redes incontables de relaciones de todos con todos, constituyendo un cosmos en cosmogénesis, gestándose continuamente a medida que se expande y se complejiza. A este ritmo no escapa tampoco la humanidad.

 

Los Juegos Olímpicos nos invitan a reflexionar sobre la importancia antropológica y social del juego. No pienso aquí en el juego que se volvió profesión y gran comercio internacional como el fútbol, el baloncesto y otros, que son más bien deportes que juegos. El juego, como dimensión humana, se revela mejor en los medios populares, en la calle o en la playa o en algún espacio con hierba o con arena. Este tipo de juego no tiene ninguna finalidad práctica, pero lleva en sí mismo un profundo sentido como expresión de alegría de divertirse juntos.

En los Juegos Olímpicos impera otra lógica, diferente de la cotidiana de nuestra cultura capitalista, cuyo eje articulador es la competición excluyente: el más fuerte triunfa y, en el mercado, si puede, se come a su concurrente. Aquí hay competición, pero es incluyente, pues participan todos. La competición es para el mejor, apreciando y respetando las cualidades y el virtuosismo del otro.

La tradición cristiana desarrolló toda una reflexión sobre el significado transcendente del juego. Quiero concentrarme un poco sobre ella. Las dos Iglesias hermanas, la latina y la griega, se refieren al Deus ludens, al homo ludens e incluso a la ecclesia ludens (Dios, el hombre y la Iglesia lúdicos).

Veían la creación como un gran juego de Dios lúdico: hacia un lado lanzó las estrellas, hacia otro el sol, más abajo puso los planetas y con cariño colocó la Tierra, equidistante del Sol, para que pudiese tener vida. La creación expresa la alegría desbordante de Dios, una especie de teatro en el cual desfilan todos los seres y muestran su belleza y grandeur. Se hablaba entonces de la creación como un theatrum gloriae Dei (un teatro de la gloria de Dios).

En un bello poema dice el gran teólogo de la Iglesia ortodoxa Gregorio Nacianceno (+390): «El Logos sublime juega. Engalana con las más variadas imágenes y por puro gusto y por todos los modos, el cosmos entero». En efecto, el juguete es obra de la fantasía creadora, como lo muestran los niños: expresión de una libertad sin coacción, creando un mundo sin finalidad práctica, libre del lucro y de beneficios individuales.

«Porque Dios es vere ludens (verdaderamente lúdico) cada uno debe ser también vere ludens», aconsejaba, ya mayor, uno de los más finos teólogos del siglo XX, Hugo Rahner, hermano de otro eminente teólogo, que fue profesor mío en Alemania, Karl Rahner.

Estas consideraciones sirven para mostrar cómo puede ser sin nubarrones y sin angustia nuestra existencia aquí en la Tierra, al menos por un momento, especialmente cuando se vislumbra en la belleza de las diferentes modalidades de juegos la misteriosa presencia de un Dios lúdico. Entonces no hay que temer. Lo que nos bloquea la libertad y la creatividad es el miedo.

Lo opuesto a la fe no es tanto el ateísmo sino el miedo, especialmente el miedo a la soledad. Tener fe, más que adherirse a un conjunto de verdades, es poder decir, siguiendo a Nietzsche, «sí y amén a toda la realidad». En lo profundo, la realidad no es traicionera, sino buena y bonita, alegre acogedora. Alegrarse por formar parte de ella lo expresamos en el juego, y, de forma universal, en los Juegos Olímpicos. Tal vez éste sea su sentido secreto.

 

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