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Proyecto

Martes, 28 de enero de 2020

Del blog Nova Bella:

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Quiero creer que el mundo está repleto

de un proyecto divino y misterioso 

de un proyecto que nunca estará escrito

en ninguna pared.”

*

Juan Gil Albert

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La historia de un héroe y un dios transgénero

Martes, 2 de julio de 2019

220px-Aravan_portable_headPareciera que la diversidad y los cultos son enemigos, ¡pero en este caso no es así! En esta religión existió un dios transgénero.

En el mundo de la fe y las creencias, la diversidad y la comunidad LGBT+ no siempre han encajado. Sin embargo, y pese a lo que muchos pudieran creer, en esta religión existió un dios transgénero. No solo eso: desde tiempos inmemoriales se le rinde culto. Y aún en la actualidad se celebra un festival en honor a este dios. Aquí te contamos más sobra la historia de un hindú y un dios transgénero.

La India es una nación llena de tradiciones, cultura y un sinnúmero de historias. En el Mahabharata —uno de los textos sagrados del hinduismo— se narra la historia de Iraván. Él es hijo de Aryuna, uno de los héroes de este texto religioso hindú. Este es uno de los personajes más desconocidos en los textos sagrados de la India. No obstante, su historia de sacrificio hace que hasta el día de hoy se lleve a cabo una celebración.

La Guerra de Kurkshetra

La historia de este personaje comienza en el Mahabharata, una epopeya considerada sagrada en la India. Según dicho texto, en el territorio hindú se desarrollaba la Guerra de Kurkshetra. En ese conflicto se enfrentaban dos clanes por el control del reino de Kuru —situado en la actual India—. Los rivales eran los pandavas y los kuravas.

Iraván era hijo de uno de los líderes pandavas, y según el Mahabharata debía sacrificarse para que su clan ganara la guerra. Esta ofrenda debía realizarse en honor de la diosa Kali, con lo que el triunfo de los pandavas sobre los kuravas estaría asegurado. Sin embargo, antes de que esto se llevara a cabo Iraván fue a presenciar la guerra y a apoyar a su padre y primos.

Durante parte de la guerra, Iraván fue al campo de batalla y ahí, codo a codo, luchó con los pandavas para derrotar a los kuravas. Pero para ganar la pelea aún faltaba el sacrificio de este héroe, por lo que el dios Krishna llegó en su ayuda.

La bendición de Krishna

El sacrificio que Iraván debía llevar a cabo consistía en cortarse a sí mismo en 32 piezas. El héroe pidió al dios Krishna que le concediera tres peticiones, que son consideradas como las bendiciones de Krishna. La primera consistía en que Iraván tendría una muerte gloriosa en el campo de batalla.

La segunda de las bendiciones era poder presenciar la guerra en su totalidad. En cuanto a la tercera, Iraván pidió contraer matrimonio antes de morir. Sin embargo, según el texto hindú, ninguna mujer quería casarse con este héroe, por lo que Krishna decidió concederle personalmente esta última voluntad.

Para que Iraván llevara a cabo su sacrificio, Krishna se convirtió en una deidad femenina de nombre Mojini.

Una vez que el dios hizo su transición a una figura del género opuesto, ella le concedió el honor de casarse con él…

Como Iraván tampoco quería morir siendo virgen, de acuerdo a la historia contada en el Mahabharata, Mojini pasó la noche de bodas junto a él. Así el héroe finalmente pudo cumplir su voluntad y realizar su sacrificio.

Finalmente, una vez que dos de las bendiciones fueron cumplidas, Iraván se dirigió al campo de batalla, se quitó la armadura y se cortó él mismo en 32 pedazos. Dada la muerte del héroe, Mojini adoptó el luto correspondiente como viuda del héroe convertido en dios.

Con información del Mahabharata y Temple Purohit, vía SoyHomosensual

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José María Castillo: La Iglesia le ha dado (y le sigue dando) más importancia a la Religión que al Evangelio.

Sábado, 27 de octubre de 2018

el_bon_samarita_1838_de_pelegri_clave_i_roquerEntiendo por “humano” lo propio y específico de los seres vivientes que pertenecemos a la condición o categoría del “Homo Sapiens”. Dicho esto, de manera tan genérica y superficial, en nuestra cultura se suele pensar y decir que, por encima de “lo humano”, está “lo divino”. Y, por debajo de “lo humano”, está “lo inhumano”, lo meramente instintivo o animal.

Esto supuesto, lo que quiero decir, en esta breve reflexión, es que lo más necesario y lo más urgente, que todos tenemos que afrontar, es centrar y concentrar nuestro mayor interés y nuestros mejores esfuerzos en recuperar “lo humano”. Y en luchar, con todas nuestras posibilidades, contra todo “lo inhumano”, que nos deshumaniza en cuanto nos descuidamos.

Más aún, a todo lo anterior, añado una tarea que, en no pocos casos, es la más complicada y seguramente la más urgente que nos acucia. Me refiero a “lo divino”, que, en no pocos ámbitos de la vida, es lo más complicado de todo. Porque, con la gloria y grandeza que le corresponde, por ser “lo divino”, lo más grande y sublime, por eso mismo es lo que más nos puede engañar.

Confieso que, desde hace algunos años, estas cuestiones -aparentemente tan elementales- son las cuestiones que más me preocupan en la vida. Porque, empezando por abajo, lo que yo veo y palpo cada día es que “lo inhumano” se ha hecho el dueño de nuestra sociedad. La pasión por el poder y la pasión por el dinero nos deshumanizan y nos tratan sin piedad. De ahí, la deshumanización de la política y la deshumanización de la economía. Aunque nos presenten estas dos deshumanizaciones como ciencias y saberes de una enorme complejidad o como cosas de las que no entendemos los profanos en esos ámbitos de saberes tan avanzados.

Maldita sea la hora en que inventaron el complicado saber del capitalismo, que, a fin de cuentas, lo que está consiguiendo es que la riqueza se concentre cada día en menos capitalistas desvergonzados, al tiempo que cada día se mueren de hambre y miseria miles de criaturas. Como también sea maldita la hora en que inventaron las ciencias políticas, sus técnicas y sus procedimientos, que nos han llevado a casi todos a depender de los más canallas y de los más corruptos.

Y si de lo más bajo, “lo inhumano”, saltamos a lo más alto, “lo divino”, entonces me quedo más perplejo. Y, por supuesto, bastante más preocupado. No porque yo no crea en “lo divino”, sino porque entre “lo divino” y “lo humano” se ha interpuesto “lo religioso”. Y la Religión, ya lo sabemos, puede (y suele) ser manipulada de forma que, ni el que la manipula, se da cuenta o es consciente de lo que está haciendo.

Pero bien puede suceder (y sucede) que los “hombres de la religión” se sirven de “lo divino”, no digo ya para manipular “lo humano”, sino para conseguir cosas mucho más feas, turbias y sucias. Hasta alcanzar, con el instrumental de la Religión, “lo más inhumano”: el poder y el dinero, el estatus social de la dignidad y sobre todo la “seguridad” que pocos grupos humanos pueden alcanzar.

Así las cosas, lo más genial que ofrece el cristianismo es que tiene su centro y su clave de explicación en que Dios mismo, para traer al mundo la esperanza y la salvación, se ha “humanizado” (Flp 2, 6-8). De forma que, por eso, Jesús es “la humanización de Dios” (Jn 14, 9-11). Y el Evangelio es la recopilación de relatos que nos resumen y explican cómo, siendo profundamente humanos, es como los “seguidores de Jesús” podemos (y debemos) buscar y encontrar a Dios (Mt 25, 31-46).

Los cristianos tendríamos que asumir, con más claridad, vigor y firmeza, que la teología cristiana no nos ha hecho caer en la cuenta debidamente de una cosa que es fundamental: la Iglesia le ha dado (y le sigue dando) más importancia a la Religión que al Evangelio. No olvidemos que fue la Religión la que mató a Jesús. Porque Jesús le dio más importancia a “lo humano” que a “lo religioso”.

En la “teología narrativa” de los evangelios, lo que queda más claro y patente es esto: siempre que Jesús se encontró ante la disyuntiva de remediar el “sufrimiento humano” o someterse a la “observancia religiosa”, no lo dudó ni un instante, lo primero fue siempre dar vida, aliviar el dolor, devolver la dignidad y sus derechos a los seres humanos. La cosa está clara: encontramos a Dios en la medida en que nos hacemos profundamente humanos. Sólo así podremos ser auténticamente “divinos”.

José María Castillo

Religión Digital

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“El Dios humano”, por Pablo Richard

Martes, 4 de septiembre de 2018

1532091635_t7nxnrmnEl dogma de la Trinidad Divina: Padre, Hijo y Espíritu Santo, es un dogma teológico y de fe que nos hace difícil descubrir al Dios que se hizo humano.  El Dios trinitario es parte de nuestra historia humana, pero no podemos “encerrarlo” dentro un dogma teológico.

Que Dios se hizo humano no pertenece solo a la tradición cristiana, sino es un hecho antropológico, que desafía a todas las religiones. San Irineo dice: “la Gloria de Dios es el ser humano vivo y la gloria del ser humano es la visión de Dios”. Se trata del ser humano, bautizado o no. Las grandes emancipaciones: de los esclavos, de los pobres, de la mujer y de todasla liberaciones nacen del hecho que Dios se hizo humano.

Fundamentos bíblicos

“En el principio existía la Palabra, la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios.  La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo humano que está en el mundo.  La Palabra que es Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.” (Juan 1,1-18).

Esa Palabra divina que  se hizo carne (el ser humano en toda su debilidad) es Jesús, que puede por eso decir “El que me ha visto a mí ha visto al Padre”(Ev.Juan 14,6-9).

“Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Jesús, el cual, siendo de condición divina no consideró el ser igual a Dios, sino que se despojó de si mismo, tomando condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres. Y como hombre se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”   (Filipenses 2,6-8)

“Dice Jesús: tuve hambre y me distes de comer; tuve sed y me distes de beber; fui forastero y me recibiste; estaba desnudo y me vestiste; enfermo y en la cárcel y me visitaste. Entonces los justos le responderán: Señor,¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber?¿Y cuándo te vimos forastero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? ¿Y cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y te visitamos?. Jesús les dirá: en verdad les digo que cuando lo hiciste a uno de estos hermanos míos, a mí me lo hiciste”. (Ev.Mateo 25,31-40)

Conclusión

La búsqueda de Dios no comienza con Dios, encarnado en Jesús, identificado con los pobres. La búsqueda de Dios comienza con los pobres, donde encontramos corporalmente a Jesús, y en ese Jesús encontramos al Dios que se hizo humano.

El camino no comienza con Dios, Jesús y los pobres, sino comienza con los pobres, Jesús y Dios. Solo en este camino encontramos a Dios que se hizo humano.

Referencias

José Comblin: “El Espíritu Santo y la Tradición de Jesús, obra póstuma”. (Brasil 2012,).

Franz Hinkelammert: “Hacia una crítica de la razón mítica” Costa Rica, editorial Arlekin, 2007.

Fuente amerindiaenlared

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“La religión como amenaza: lo “divino” a costa de lo “humano””, por José Mª Castillo, teólogo

Jueves, 19 de enero de 2017

lithographie-estampe-originale-marc-chagall-15De su blog Teología sin censura:

El miedo a los atentados terroristas de origen religioso (o reivindicados en nombre de la religión) va en aumento. Porque raro es el día que no tenemos noticias de nuevas y atroces matanzas de seres inocentes, ejecutados de forma criminal en nombre de la religión.

Obviamente, cuando se piensa en estas brutalidades, lo primero que a cualquiera le viene a la cabeza es el peligro que entraña el “hecho religioso”. Y la explicación de semejante peligro radica, según el criterio más generalizado, en que la “condición humana” nos empuja al odio, a la venganza, al egoísmo, la ambición y a todas las perversiones morales que convierten al “hombre en lobo para el hombre”.

Esto es verdad. Pero, con reconocer que la condición humana es así, no resolvemos nada. Ni aclaramos lo que realmente nos está pasando. Por otra parte, no quiero meterme aquí a analizar lo que ocurre en otras religiones, por ejemplo, en el islam. Entre otras razones, porque no lo conozco a fondo. Y es peligroso ponerse a dictaminar lo que el vecino debe hacer en su casa, para tenerla limpia, cuando tú tienes la tuya que da pena verla. Por eso, vamos a centrarnos en nuestra propia confesión religiosa, el cristianismo. ¿No será verdad que también la “religión cristiana” ha sido, y sigue siendo, una amenaza, un asunto peligroso, incluso (a veces) muy peligroso?

No voy a echar mano – una vez más – del tan manoseado asunto de las Cruzadas, la Inquisición, la condena de Galileo y, menos aún, de casos recientes, ocurridos en España hace sólo unas décadas. Vamos a ir más al fondo del asunto.

El cristianismo es una religión que pone el centro de sus creencias, no solo en “lo divino”, sino igualmente en “lo humano”. Porque el Dios de nuestra fe se nos dio a conocer en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre. Y esto – precisamente esto – es el gran problema, que tuvo que afrontar la Iglesia desde los primeros años de su existencia. Pero – es claro – cuando se afronta este problema entre gentes, que tienen creencias “religiosas”, inevitablemente, la religión “como tal” pesa tanto, que, en la persona religiosa, “lo divino” termina siendo más determinante que “lo humano”. Y esto, ni más ni menos, es lo que le ha ocurrido, y le sigue ocurriendo, a la Iglesia.

Efectivamente, en su Teología, en su Liturgia, en su Derecho, en las convicciones más profundas de los gobernantes eclesiásticos, en la mentalidad de la mayoría de los fieles, verdaderamente fieles a la Iglesia, no sólo es que “lo divino” pesa más que “lo humano”. El problema principal está en que “lo humano” se tiene que someter a “lo divino. Por eso, los primeros cuatro concilios ecuménicos, que celebró y aprobó la Iglesia, Nicea (325), Constantinopla (381), Éfeso (430) y Calcedonia (451), se centraron en una preocupación fundamental: afirmar como dogma de fe la “divinidad” de Jesucristo. Es verdad que el concilio de Calcedonia defendió “la naturaleza humana” de Jesús: “perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad” (DH 301). Pero precisando, a continuación, que, en Jesucristo, las dos “naturalezas”, la divina y la humana, “confluyen en una sola persona”, que es la divina (DH 302). En última instancia, por tanto, en Jesús, “lo divino” quedó superpuesto a “lo humano”.

Es evidente que los textos de aquellos primeros concilios, distantes de nosotros en casi 1.500 años (o más), para ser entendidos correctamente, necesitan ser “interpretados” como necesita ser “interpretado” cualquier texto de la Biblia. Porque el lenguaje, y el contenido del lenguaje – el de entonces y el de ahora – ya no son lo mismo. Pero lo más importante, en todo este asunto, es que, en la historia de los siglos posteriores, la cultura ha ido evolucionando de manera que, en la mentalidad de la gran mayoría de la población de los países más desarrollados, “lo humano” ha cobrado más fuerza y tiene más presencia que “lo divino. Mientras que, por el contrario, la Iglesia ha gestionado todo esto de manera que ha defendido y ponderado con más pasión y celo “lo divino” que “lo humano”. Y por supuesto, más “lo sagrado” que “lo profano”.

Ahora bien, si aplicamos esta manera de pensar a la Liturgia, a la Espiritualidad, al Derecho, a la Moral, a la “forma de vivir” y a las “costumbres”, ya tenemos clara y patente la explicación de por qué esta Iglesia nuestra sigue atascada en la mentalidad, no digo ya de la Edad Media, sino incluso en la manera de plantear y resolver tantos y tantos problemas que afectan muy seriamente a lo que hacen y dicen no pocos curas, bastantes obispos, algunos cardenales…. Y hasta la crispación que produce, en ambientes de sacristía, el comportamiento y las enseñanzas del papa Francisco. Por la sencilla razón de que, para esta Iglesia, es más importante evitar el pecado que aliviar el sufrimiento.

Termino asegurando que el día que nos preocupe más el problema del sufrimiento humano que la creencia en el pecado (¿contra lo divino?), ese día daremos el paso decisivo para que la Iglesia se haga más amable, más creíble y, por supuesto, más acogedora. Leyendo los evangelios, lo más claro que se encuentra en ellos es que a Jesús le interesó más el sufrimiento de la gente que la vida poco ejemplar que veía aquella gente en los amigos de Jesús, los pecadores (Mc 2, 14-17; Mt 9, 9-13; Lc 5, 27-32; 15, 1-2). ¿Por qué será que Jesús andaba con malas compañías y tenía constantes conflictos con los hombres de la religión?

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , , ,

José María Castillo: “Jesús vivía con la gente; ésa es la cristología que aprendieron los apóstoles”

Jueves, 26 de mayo de 2016

jose-maria-castilloInteresante entrevista que hemos leído en Religión Digital:

El teólogo español, citado por el Papa, publica “La Humanidad de Jesús” (Trotta)

“En la Iglesia ha habido más dificultad para aceptar la humanidad de Jesús que su divinidad”

(Jesús Bastante).- Es uno de los mejores teólogos españoles. Tanto, que el propio Papa Francisco está tomando “prestados” algunos de sus conceptos, ligados a la Teología Popular. Ardoroso defensor de la libertad, José María Castillo presenta su último libro, La Humanidad de Jesús” (Trotta), donde defiende una fe frente a los que, hoy como ayer, prefieren lo artificioso y lo ritual. “Nos sobra religión y nos falta humanidad”.

¿Qué quieres decir con esta frase?

Cuando se estudia en Teología la figura de Jesús, resulta que históricamente, en la Iglesia ha habido más dificultad para aceptar la humanidad de Jesús que la divinidad de Jesús. Lo cual quiere decir, que si entendemos por lo divino todo aquello que se encarna en lo sagrado, en la Iglesia manda más lo sagrado que lo profano. Que, traducido al problema que yo planteo aquí, quiere decir que lo sagrado manda más que lo humano y se superpone a lo humano.

Nos encontramos con la dificultad que estamos experimentando con tanta frecuencia y en asuntos enormemente importantes. Por ejemplo, cómo en nombre de un presunto derecho divino se limitan o sencillamente se eliminan los derechos humanos.

En nombre de lo divino o sagrado, se limita la libertad para pensar, hablar, escribir… Cosas tan elementales como es amar. Y aprovecho para recordar un artículo que me impresionó mucho de Karl Rahner en el que se preguntó por qué para amar más a Dios, tenemos que amar menos a un ser humano. O tenemos que renunciar al amor humano.

Eso es muy extraño. Porque una de las cosas que más cautivan del Cristianismo es, precisamente que Dios se hace hombre para asumir todo el pecado de la humanidad y ofrecer una nueva puerta de salvación. Y sin embargo, la figura de Jesús que debería de ser el más humano de los hombres, se ha trasladado a una excesiva divinización de su figura, como planteas en el libro. Como si no fuera importante que Dios se hubiera hecho hombre, que es el germen del Cristianismo. Sin este hecho, es imposible que suceda la salvación.

Es la clave. No podemos olvidar que nosotros no somos de condición divina. Sino que somo seres humanos. Y desde lo humano tenemos que comprender lo transcendente. Lo divino. Y no nos es posible, porque Dios no está a nuestro alcance. Si lo estuviera, sería un ser todopoderoso, pero no Dios. Ni siquiera el concepto de infinito, porque esto significa lo humano, pero sin límites. Y Dios no es ni eso, es una realidad que está en un ámbito al cual no tenemos acceso. Es incomunicable en ese sentido.

El Cristianismo, ¿qué solución le ha dado a ese problema?, pues sencillamente, el “Misterio de la Encarnación”, donde el transcendente se ha hecho visible, tangible y cercano, humanizándose. Y se humanizó en Jesús que, sin dejar de ser divino, se hizo plenamente humano. De tal manera que en la medida en que conocemos la humanidad de Jesús, es el único camino que tenemos para conocer qué es Dios, cómo es y lo quiere.

Y sin embargo, durante siglos se ha ido sepultando esa figura humana en una serie de normas, ritos, judicaturas, misterios, dogmas de fe, etc., que han convertido la figura de Jesús en algo distinto. Hasta el punto en el que la Iglesia de hoy no se parece a lo que Jesús quería, o se parece a lo que fueron promoviendo otros. Tú te centras mucho en la figura de Pablo.

Aquí hay varias cosas.

Primera: Jesús fue plenamente humano y el hecho es que los evangelios, tal como han llegado a nosotros, así lo presentan. Lo primero con lo que se tenía que enfrentar, fue con lo religioso y lo sagrado, tal como en aquél tiempo se entendía. Y por eso, Jesús se enfrentó al templo, a los sacerdotes y los rituales, a las normas religiosas. Y el enfrentamiento fue tan duro, que llegó un momento en el que la institución religiosa se dio cuenta de que, o acababan con él o él acababa con ellos. El final del capítulo XI del Evangelio de San Juan, después de la resurrección de Lázaro, es clave. El Sanedrín se reunió de urgencia y plantearon: o él, o nosotros.

Es interesante eso que dices porque Lázaro es una figura muy relevante y muy olvidada.

Además, cada día va ganando terreno relacionar el Lázaro de Juan, hermano de Marta y María, con el Lázaro del que habla Lucas en la parábola, el epulón, el comilón. Aquél se murió y fue al paraíso, y este ricachón se murió sin importarle la gente que se moría de hambre delante de él. Exactamente lo que se está conociendo y viendo ahora mismo en España. Ricachones que se hinchan de dinero y como ya no les cabe en los bancos de España, lo guardan en los paraísos fiscales del mundo.

Ya verás cuando salga algún obispo en los famosos papeles de Panamá.

Yo estoy temiendo que pueda suceder.

Vamos a dejarlo ahí.

Y mientras, estamos viendo familias sin trabajo, chiquillos sin escuela, enfermos sin remedio ni curación…, el desastre. Esto es el Lázaro del evangelio de Lucas. También el rico se muere, como todos estos que tienen los paraísos fiscales a sus pies van a morir. El epulón aquél que vestía de púrpura y oro y con comida banqueteada todos los días. Que pidió desde el Hades que Lázaro volviera de entre los muertos a avisar a sus hermanos, que debían ser tan sinvergüenzas como él.Pero Abraham le dijo: “A Moisés y a los Profetas tienen; ¡que los oigan a ellos!”. Y eso es lo que toma el evangelio de Juan y conecta con la resurrección de Lázaro. Ahí está el muerto que resucita. ¿Qué decidieron los sumos sacerdotes?: matar de nuevo a Lázaro. Lo dice el evangelio de Juan, y por supuesto, a Jesús. Se reúne el Sanedrín de urgencia y allí se dieron cuenta de que el proyecto de Jesús era un conflicto imposible de conciliar. Y nosotros nos hemos apañado para hacerlo conciliable, que ni los sacerdotes del templo de Jerusalén ni Jesús lo hicieron. Nosotros lo hemos conciliado y así tenemos esta Iglesia. ¿Qué ha pasado? Que entre la muerte de Jesús y los evangelios aparece en el Nuevo Testamento la figura de Pablo.

Pero, si Jesús viene a modificar ese sistema, pues ese sistema le mata, y al final, con el paso del tiempo, conciliándolo, es ese sistema el que está venciendo en la Institución, ¿no estamos traicionando la nueva alianza que Jesús vino a traer entre Dios y los hombres?

La estamos traicionando y de ahí el conflicto, la tensión y los problemas que está sufriendo el papa Francisco. Porque el Papa es un hombre que por formación, su educación jesuita tuvo que ser más bien conservadora. Pero su humanidad es tan honda, tan sensible a todo lo que es el dolor humano, la injusticia contra los débiles, los niños, los enfermos…, que no puede callarse, ni aguanta el estar por encima de los demás, ni quiere tener privilegios. Hay teólogos que se preguntan por qué no toma decisiones más terminantes. Yo pondría a esos teólogos allí a que tomen las decisiones.

Además, yo tengo la opinión de que si este Papa u otro, quiere cambiar las cosas por medio de un golpe en la mesa, le estaría dando la razón a los que piensan que la Iglesia no tiene camino sinodal, dialogado. Pienso que está intentando repartir el juego y que todos nos sintamos responsables. Y los cambios que se están dando son porque el pueblo empuja. El concepto del pontificado de Francisco y el de Teología de José María del Castillo, son muy parecidos.

Bueno, es que cada día lo veo con más claridad, la cosa tiene que ir por ahí. Porque no se trata de cambiar cargos, ni en tomar decisiones en esto y lo otro. Lo importante es cambiar la manera de hacer Teología. La manera de gobernar. La manera de vivir cerca de la gente. Saber lo que demanda el pueblo. Leer más…

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La nueva Esperanza

Martes, 22 de diciembre de 2015

 

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  “En Jesús, Dios se hizo cargo de la carne humana. El Espíritu de Dios cubrió a María y en ella toda enemistad entre el espíritu y el cuerpo fue superada. Así, el Espíritu de Dios se unió al espíritu del hombre y el cuerpo humano se transformó en el templo destinado a elevarse hacia la intimidad con Dios a través de la Resurrección.

A todo cuerpo humano se le ha dado una nueva esperanza, la de pertenecer eternamente al Dios que lo creó.

Gracias a la Encarnación puedes hacer que tu cuerpo te vuelva a pertenecer. “

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Henry Nouwen

madre Bioguia. Ya

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Re-Unir

Viernes, 18 de diciembre de 2015

Del blog de Henry Nouwen:

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 “En tu interior se ha producido una división entre la divinidad y la humanidad. Con tu centro dotado de forma divina, conoces la voluntad de Dios, el amor de Dios, el camino de Dios. Pero tu humanidad está separada de ésto. Tus numerosas necesidades humanas de afecto, atención y consuelo, se conservan separadas de tu espacio sagrado y divino.

Tu vocación es dejar que estas dos partes de ti mismo se vuelvan a unir. Debes pasar gradualmente de gritar hacia afuera, convocando a las personas que crees que pueden satisfacer tus necesidades, a gritar hacia adentro, hacia el sitio en que puedes dejarte sostener y guiar por Dios, que se ha encarnado en la humanidad de aquellos que te aman en comunidad.”

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Henry Nouwen
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