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Archivo para julio, 2021

Ricky Martin y su emocionante mensaje después de un ataque homófobo

lunes, 5 de julio de 2021
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ricky-martin-y-su-orgulloRicky Martin es sin duda un referente de visibilidad homosexual. Después de algunos años en el armario se armó de valor y habló abiertamente de su orientación sexual. Desde ahí ha sido imparable, y hoy junto a su marido y los 4 hijos que tienen conforman una de las familias homoparentales más famosas del mundo.

Hace unos días Ricky Martin y su marido Jwan Yosef posaron para la revista Cap 74024, Martin publicó en sus redes las preciosas fotos que le hicieron para la portada de la revista.

Y lo que sucedió a continuación motivó las siguientes palabras del cantante:

«Pausa…hoy quiero hablarles desde mi lado más vulnerable… Hace una semana, subí unas fotos junto a mi esposo para una edición especial de la revista @cap74024. Para ambos fue una experiencia maravillosa y una manera de celebrar nuestro orgullo.

Lo que no me esperaba, sobre todo después de todo el trabajo que se ha hecho durante tantos años, es que un gran número de personas decidieron dejar de seguirnos o comentar de manera despectiva. Claro está, no es el número de seguidores lo que me preocupa, es el mensaje qué hay detrás de su decisión lo que me ha provocado el mismo sentimiento que tuve hace años antes de compartir públicamente sobre mi orientación sexual.

Ese mismo miedo que me paralizaba, me atormentaba y no me dejaba ser. Hoy veo las fotos y lo que siento es una paz plena de poder celebrar a mi familia como se merecen, por todo lo alto. A celebrarme tal y cómo soy, sin importar el que dirán. Y ese miedo del que acabo de hablar, ya no me paraliza, por el contrario, me da mucha más fuerza y me empuja a seguir trabajando por el bienestar de millones de personas que sufren todos los días a causa de la falta de aceptación.

Lo más que deseo en esta vida es que todos podamos sentirnos libres, orgullosos de nosotros mismos, felices, que seamos amados, respetados y aceptados. Que podamos expresarnos cómo nos nace sin tener represalias o ser castigados. No es justo seguir perdiendo valiosas vidas por culpa de los prejuicios y la falta de educación. A todos aquellos que se sienten perdidos o no valorados por ser quienes son y quieren ser, no están solos, hay una gran comunidad que los espera con los brazos abiertos. Valen muchísimo, no lo olviden por favor. #pride #pridemonth.

Que tus palabras lleguen muy lejos, Ricky.

Fuente Oveja Rosa

General, Homofobia/ Transfobia. , ,

Profeta

domingo, 4 de julio de 2021
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JESÚS DE NAZARET

¿Cómo dejarTe ser sólo Tú mismo,
sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el Cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,
debelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz, desnudas,
contradicción y paz, ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,
viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada,

Libertador total de nuestras vidas
que vienes, junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

*

Pedro Casaldáliga.
El Tiempo y la Espera. 1986

*

A los que conmigo dicen de rodillas la Palabra,

a cuantos gritan conmigo -quizá contra los que callan, siempre contra los que mienten-,

a los que conmigo emplazan la lenta aurora del Reino,

… todavía estas palabras.

*

Pedro Casaldáliga.
Todavía estas palabras. 1994

***

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

– “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?”

Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía:

– “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.”

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

*

Marcos 6,1-6

***

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¿Quién es más frágil de los dos? ¿El que recibo en la comunión? […] ¿El pequeño ser al que querían degollar para quitarlo de en medio, sin ninguna protección que no fuera la de María y la de José y, en la eucaristía, la de la Iglesia? Cuando encuentres a un emigrante, ¿sentirás deseos de entrar en comunicación con él o le tendrás miedo?

¿El que recibo en la comunión? […] ¿El que carece de morada fija y para el que hasta una piedra hubiera sido una blanda almohada, que te pide alimento y cobijo en la eucaristía? ¿Por qué no invitas a tu casa a esta o aquella familia de gitanos a la que se hace acampar desde hace ya mucho tiempo detrás de la empalizada? ¡O es que tienes miedo? […].

¿El que recibo en la comunión? ¿Un hombre que en la cruz no puede mover ni siquiera un dedo, que casi no puede hablar, que respira con esfuerzos sobrehumanos, herido por la misma impotencia como en la eucaristía? ¿Y tú? ¿Amas a este hombre ante un poliomielítico? ¿O le tendrás miedo?

Pero si es a él a quien amas, no tendrás miedo de nada. Te atreverás a decirle: «Jesús, en su santa eucaristía, es más pobre que tú, más impotente que tú»

*

D. Ange,
Le nozze di Dio aove ¡I povero é re,
Milán 1985, pp. 241 ss).

***

*

 

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“Sabio y curador”, 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)

domingo, 4 de julio de 2021
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35_14_TO_B_1467539No tenía poder cultural como los escribas. No era un intelectual con estudios. Tampoco poseía el poder sagrado de los sacerdotes del templo. No era miembro de una familia honorable ni pertenecía a las élites urbanas de Séforis o Tiberíades. Jesús era un obrero de la construcción de una aldea desconocida de la Baja Galilea.

No había estudiado en ninguna escuela rabínica. No se dedicaba a explicar la ley. No le preocupaban las discusiones doctrinales. No se interesó nunca por los ritos del templo. La gente lo veía como un maestro que enseñaba a entender y vivir la vida de manera diferente.

Según Marcos, cuando Jesús llega a Nazaret acompañado por sus discípulos, sus vecinos quedan sorprendidos por dos cosas: la sabiduría de su corazón y la fuerza curadora de sus manos. Era lo que más atraía a la gente. Jesús no es un pensador que explica una doctrina, sino un sabio que comunica su experiencia de Dios y enseña a vivir bajo el signo del amor. No es un líder autoritario que impone su poder, sino un curador que sana la vida y alivia el sufrimiento.

Sin embargo, las gentes de Nazaret no lo aceptan. Neutralizan su presencia con toda clase de preguntas, sospechas y recelos. No se dejan enseñar por él ni se abren a su fuerza curadora. Jesús no logra acercarlos a Dios ni curar a todos, como hubiera deseado.

A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que nos enseñe cosas tan decisivas como la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo. Dejar que nos ayude a vivir en la presencia amistosa y cercana de Dios. Cuando uno se acerca a Jesús, no se siente atraído por una doctrina, sino invitado a vivir de manera nueva.

Por otra parte, para experimentar su fuerza salvadora es necesario dejarnos curar por él: recuperar poco a poco la libertad interior, liberarnos de miedos que nos paralizan, atrevernos a salir de la mediocridad. Jesús sigue hoy «imponiendo sus manos». Solo se curan quienes creen en él.

José Antonio Pagola

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“No desprecian a un profeta más que en su tierra”. Domingo 4 de julio de 2021. Domingo 14º de tiempo ordinario

domingo, 4 de julio de 2021
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39-ordinarioB14 cerezoDe Koinonia:

Ezequiel 2,2-5: Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.
Salmo responsorial: 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
2Corintios 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Marcos 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la “Confesión de Pedro”) se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado técnicamente “sumario”- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El “fracaso” de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la “derrota” del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el “escándalo” de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un “Mesías crucificado” que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el “Hijo de Dios”.

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? “Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela”. La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: “con lo que ellos conocen“. Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente “sabido”; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El “Dios siempre mayor” desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús “no podía hacer allí ningún milagro”; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque “nadie es profeta en su tierra“. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo? Leer más…

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4.7.21 (Dom 14). Familia pendiente (1) Los hermanos de Jesús

domingo, 4 de julio de 2021
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imagesEl blog de Xabier Pikaza:

Familia cristiana, historia pendiente

El evangelio del domingo 4.7.21 (14 TO) trata de los hermanos de Jesús (Mc 6, 1-6). Con ese motivo, partiendo de la reflexión de ayer (30.6.21: ni varón, ni mujer, Gal 3, 28), ofrezco una esquema de conjunto de la familia de Jesús. en tres partes La primera trata de los hermanos:

Hermanos y hermanas de carne y sangre, de naturaleza y clan de Nazaret. Ellos forman “la gente” de Jesús, su raíz judía, grupo pobre de una pobre aldea, pero con una larga historia de promesas y esperanza de humanidad.

Hermanos en el Espíritu Santo. Jesús descubre que es «hijo» (presencia) de Dios, y que los demás, varones y/o mujeres lo son también, es Dios hecho carne y camino en la historia humana. Este es el tema que los amigos y seguidores de Jesús han expresado simbólicamente (en un plano religioso, no “físico”), diciendo que que él había sido concebido por el Espíritu de Dios, de María «Virgen».

Hermanos por misión y por encarnación humana: (a) Hermanos de Jesús por misión son aquellos que buscan y trazan con el  un camino del “reino” en el mundo (Mc 3, 31-35). (b) Por encarnación son hermanos suyos  los pobres y excluidos de la tierra, hambrientos, descartados, pues partiendo de ellos se construye el reino de Dios en la tierra (Mt 25, 31-46).

Esta visión de los hermanos de Jesús es una historia y tarea pendiente de la iglesia. Con frecuencia, algunos cristianos han “enmascarado” la familia de Jesús  en una mística super-natural (como si Dios actuara por milagros externos) que no responde a su histroria y mensaje. Hoy desarrollo la primera parte del tema.

El clan de Nazaret ¿Quién es éste?

             En un momento dado, tras haber iniciado su mensaje junto al lago de Galilea, en Cafarnaúm, Jesús vinoa Nazaret, su pueblo, y empezó a enseñar en la sinagoga exponiendo su práctica de reino, la creación de una nuevafamilia, pero sus paisanos no le aceptan, preguntando por su origen, su conocimiento y sus parientes:

Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga y muchos, escuchándole, se admiraban y decían: ¿De dónde le vienen tales cosas? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por él? ¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí entre nosotros? (Mc 6, 2-3). (Texto comentado en Historia de Jesús y en comentario de Marcos).

 Este relato recoge probablemente recuerdos históricos, pero el evangelio Marcos no lo ha presentado por afán de erudición, sino para introducir la identidad y ruptura familiar de Jesús y de su evangelio (su verdadera familia), en forma de pregunta abierta, a la que deben responder los lectores de su obra. En este contexto se plantea el tema de su origen y el sentido de su “conocimiento”. Es evidente que Jesús promovió y sufrió una fuerte ruptura de familia. Así preguntan sus paisanos:

hogar-infantil-nueva-esperanza-13-728 ‒ ¿De dónde (pothen) le vienen tales cosas (tauta)? (Mc 6, 2). En aquel tiempo, el valor de una persona se medía a partir de su familia… y a Jesús le acusan de ser de familia pobre. Pero Jesús ha roto los esquemas familiares a los que ellos apelan, pues realiza gestos y eleva pretensiones que no pueden entenderse en ese plano. Por eso se interrogan: ¿pothen, de dónde?

¿Qué es esta sabiduría (tis hê sophia), capaz de hacer milagros (dynameis: 6, 2)? Los de Nazaret apelan a la autoridad legal…   Ciertamente, hace cosas que parecen buenas, pero no es un hombre fiable, es un simple cantero, carpintero, albañil de pbelo.

En este contexto resulta normal la pregunta sobre su familia y trabajo: ¿No es éste el artesano, el hijo de María? (6, 3).   Lógicamente, sus paisanos se interesan por sus parientes y su oficio (modo de vida), dentro de de una sociedad donde el origen (genealogía, situación familiar) marca la identidad de cada uno:

‒ Identidad: ¿No es este el tektôn, artesano? (Mc 6, 3). Ciertamente, muchos rabinos judíos posteriores han sido artesanos (a pesar de la opinión peyorativa de Eclo 38, 24-34), y han afirmado que el estudio de la Ley debería completarse con un trabajo productivo para sostener la vida. Pero, en este caso, la pregunta tiene un matiz peyorativo, pues los nazarenos llaman a Jesús artesano para descalificarle, destacando su falta de estudio y su baja condición social. Según ellos, Jesús carecería de formación para enseñar, pues no era más que un obrero manual que debía haber permanecido en su trabajo.

‒ Tema de madre: ¿No es este el hijo de María? (Mc 6, 3; cf. 3, 31-35). El texto no alude al padre José, porque probablemente ha muerto. Como representante de la tradición familiar de Jesús emerge María, que le ofrece un nombre metronímico (Hijo de María) y un lugar en el mundo… Este pasaje no dice nada en contra o a favor de ella, en línea positiva (como Mt 1-2, Lc 1-2, Jn 2, 1-12; 19, 25-27), ni negativa, como supone cierta tradición, que habla en este campo de nacimiento de un nacimiento irregular. Nuestro texto afirma algo anterior, mucho más sencillo: la sabiduría y obras de Jesús desbordan el nivel donde su madre ha podido situarle.

‒ Cuestión de hermanos y hermanas, una pregunta abierta (6, 3). El texto anterior (Mc 3, 31-35) situaba el tema de los hermanos de Jesús en ámbito eclesial. Pues bien, ellos aparecen aquí a nivel de pueblo y familia. Es significativo que el texto cite los dos grupos (hermanos, hermanas), aunque destaque a los hermanos a quienes presenta por su nombre (Santiago y José, Judas y Simón), suponiendo que han sido importantes en la vida posterior de la iglesia.

Denominación metronímica: El hijo de María ¿Nacimiento irregular?

             Parece una denominación extraña, sobre todo en Israel, donde las personas se definen por su origen paterno (Jesús debería llamarse “hijo de José”). Por eso, la presentación metronímica (hijo de María) ha suscitado cuestiones de tipo familiar y teológico.  Algunos (incluso católicos como Shaberg) han supuesto que los nazarenos están evocando un origen “irregular” del nacimiento de Jesús cosa que no implicaría un “reproche” contra María (ni contra Jesús), sino que estaría en la línea del evangelio: Dios habría penetrado de manera sorprendente en la historia de los hombres y mujeres a través de un nacimiento irregular, en el sentido legal del término.

Algunos exegetas añaden que la acción “especial” de Dios en María (que podría haber sido víctima de una violación),en la línea de las mujeres “irregulares” de la genealogía de Mt 1, 2-6 (Tamar, Rajab, Rut y la esposa de Urías). Jesús habría asumido en su origen y en su vida el destino de millones y millones de hijos de matrimonios irregulares, de mujeres utilizadas o violadas, de manera que así pudo comprender mejor la situación de otros hombres y mujeres semejantes.

Esta condición de María, mujer violada, y reconocida después por José, que se desposó con ella, reconociendo a Jesús como hijo propio, podría servir de modelo de identificación para millones de familias irregulares.

      Esa interpretación no es imposible, y en esa línea se podría añadir que las formulaciones del “nacimiento virginal” propuesto por Mt 1-2 y Lc 1-2 habrían surgido para responder a la acusación del origen irregular de Jesús. El hecho de llamar Jesús “hijo de María” puede fundarse en el hecho de que José ya había muerto y, sobre todo, en la importancia que María tuvo en la Iglesia de Jerusalén como “gebîra”, es decir, como Madre del Señor (cf. Lc 1, 43). Pero esa no parece la mejor interpretación del tema. Lo extraño de Jesús no es que haya nacido de un modo irregular, sino que él mismo sea irregular, por su vida y mensaje.

Cuestión de hermanos.

Lo importante no es la extrañeza del origen primero, sino de su vida entera. Por eso, este tema me parece muy secundario. Pero muchos lo toman como muy importante y por eso quiero  evocarlo. Ha sido (y sigue siendo) muy discutido dentro de la Iglesia, como atestigua San Jerónimo, en siglo IV d.C., distinguiendo tres hipótesis, a la que añadimos una cuarta:

  1. Hermanos carnales, hijos de José y María, hipótesis de Helvidio. Ha sido dominante desde una perspectiva exegética, siguiendo el sentido normal de la palabra adelphos en lengua griega. Conforme a esta visión, Jesús habría sido hijo de José y María, naciendo y creciendo dentro de una familia numerosa, con los valores y problemas que ello implica, como seguiremos indicando al insistir en su vinculación con Santiago, que asumió y recreó su obra mesiánica en Jerusalén. En esta perspectiva, más extendida en la primera Iglesia, Jesús habría nacido en una familia normal, numerosa, como otros muchos galileos de su tiempo; su nacimiento virginal debería entenderse en un contexto simbólico profundo.
  2. Hermanastros, hijos de un matrimonio anterior de José (Epifanio de Salamina).Según esa hipótesis, que se ha vuelto mayoritaria en las iglesias de oriente, a partir del siglo IV, Jesús habría nacido por obra del Espíritu, como hijo de María, siempre Virgen. Por eso, sus “hermanos”, entendidos en sentido extenso, habrían sido hijos de un matrimonio anterior de José, que era viudo y que se habría casado con María siendo ya anciano, como esposo virginal, para protegerle a ella y para dar una familia “oficial” a Jesús (que no era hijo suyo, en sentido biológico). Según eso, los hermanos de Jesús eran hijos que su padre adoptivo había tenido con una mujer anterior.
  3. Primos, hijos de una hermana de María (Jerónimo).Ésta es la respuesta más común de la Iglesia occidental latina. Según ella, el término griego “hermano” (adelphos) se emplearía aquí (en Mc 6, 3) en un sentido extenso, lo mismo que el término hebreo equivalente (‘ah), que puede significar “primo” o pariente, miembro de la tribu… Los llamados hermanos de Jesús serían en realidad hijos de una de las hermanas de su madre, muy vinculada a Jesús por su origen y su itinerario posterior. En esa línea, aceptada por la mayoría de los católicos antiguos, los exegetas han desarrollado y siguen desarrollando una inmensa erudición.
  4. Hermanos de madre, pero no de padre, nacimiento irregular.Algunos exegetas modernos, en la línea de lo ya dicho al comentar la denominación “metronímica” (¡el hijo de María!), afirman que Jesús habría hijo de María y de un padre desconocido (quizá a través de una violación). Jesús habría nacido así de un modo “anómalo”, siendo después reconocido por José, que se casó con María, y tuvo con ella otros hijos, que serían sus hermanos.

La tradición ortodoxa y católica, insistiendo en la virginidad “perpetua” de María, ha defendido con toda razón, como es normal, la segunda y/o tercera hipótesis, pero desde un punto de vista histórico, con los datos que tenemos, el tema resulta más complejo. Por eso lo dejamos aquí abierto, sin precisar tampoco el sentido “dogmático” de la virginidad de la madre de Jesús (que algunos entienden de manera no biologista). En ese contexto podemos introducir aquí, dos nuevas visiones del tema, de tipo eclesial y mesiánico, que destacan el sentido simbólico profundo de la fraternidad, y la aplican de un modo eclesial y/o universal.

Nueva familia, los dos tipos de hermanos verdaderos de Jesús, según el evangelio

Lo más importante en Jesús no ha sido la familia de origen (de dónde viene), sino la familia de elección y de misión: Los hermanos que él ha encontrado y escogido, los que le acompañan en la tarea de reino, y los hermanos que encontrado y querido elevar, en línea de fraternidad universal.

‒ Hermanos de tarea: sus seguidores y amigos, los que se comprometen a vivir en fraternidad).La palabra hermano tiene un sentido figurado muy extenso, como ha puesto de relieve la segunda y tercera hipótesis (de Epifanio y Jerónimo). Hermanos son no solamente los “primos y parientes” (en línea genealógica), sino los integrantes de la comunidad o grupo de Jesús, como he destacado de un modo especial el evangelio de Marcos: Mis hermanos y hermanas, mi padre y mi madre en el mundo son aquellos que buscan y construyen conmigo la familia de Dios (Mc 3, 31-35 y 10, 30). En ese contexto, hermanos de Jesús son todos sus seguidores, la gran familia de la Iglesia, en la línea de Mt 23, 8-9: “Uno sólo es vuestro maestro, uno sólo vuestro padre, y todos vosotros sois hermanos”.

‒ Línea universal, hermanos son los más pequeños.Ampliando el sentido del término, conforme a la dinámica del mensaje y de la vida de Jesús, hermanos del creyente son todos los necesitados, es decir, aquellos por los que Jesús proclama su mensaje y entrega su vida, empezando por los marginados sociales. En esa línea, Jesús puede hablar de sus hermanos más pequeños, los hambrientos y sedientos, los exilados y desnudos, los enfermos y encarcelado (Mt 25, 31-45), abriendo así una fraternidad que se extiende al mundo entero, a partir de los necesitados.

Ciertamente, tiene su importancia el tema de los “allegados físicos” de Jesús (hermanos de sangre, hermanastros, primos, parientes…). Pero más importante es todavía para el evangelio y para el conjunto de la Iglesia el tema de sus “allegamos mesiánicos”, tanto en línea de humanidad (todos los pequeños y necesitados) como de iglesia (todos los creyentes). En esa perspectiva, lo que importa es hacerse hermanos, compartiendo el camino de Jesús y ayudando a sus hermanos más pequeños. Éste es el dogma clave del evangelio, el lugar donde se define la familia cristiana.

Conclusión. Despreciado en su patria

           (Como en USA muchos desprecian a negros, indios o hispanos… Como en España se ha despreciado a los gitanos, como en Europa se desprecia a los emigrantes…)

  Los nazarenos desprecian a Jesús, porque “creen conocer” bien su origen, y consideran que es poco importante, que no es trigo limpio, que no es buen judío de ley /o de reza. En algún sentido, ellos niegan a Jesús o le rechazan por razón de su familia, porque piensan que ella no le da categoría para presentarse como mensajero de Dios o maestro. Leer más…

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El misterio de la incredulidad. Domingo 14. Ciclo B.

domingo, 4 de julio de 2021
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jesussinagoga1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 El domingo pasado nos recordaba el evangelio de Marcos dos ejemplos de fe: el de la mujer con flujo de sangre y el de Jairo. Hoy nos ofrece la postura opuesta de los nazarenos, que sorprenden a Jesús con su falta de fe (6,1-6). El hecho de que un profeta no sea aceptado entre los suyos no representa ninguna novedad. Ya le ocurrió a los antiguos profetas. El caso más sangrante es el de Ezequiel. Dios le avisa, en el momento de la vocación, que su actividad está condenada al fracaso.

 El fracaso de Ezequiel (Ez 2,2-5).

             El relato de la vocación de Ezequiel es el más extenso de todos los relatos de vocación proféticos: casi tres capítulos en la numeración actual (Ez 1,1-3,15). La liturgia se limita a este breve pasaje por su relación con el evangelio.

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie y oí lo que me decía:

-Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Ellos y sus padres me han ofendido hasta el día de hoy. También los hijos tienen dura la cerviz y el corazón obstinado; a ellos te envío para que les digas: «Esto dice el Señor». Te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, reconocerán que hubo un profeta en medio de ellos.

            El texto es tan interesante como desconcertante. Todo el pasado del pueblo de Israel se resume en una historia de rebeldía y dureza de corazón, y los hijos no son mejores que los padres. ¿Qué actitud tomará Dios? ¿Desentenderse de ellos, como proponía a Moisés en el desierto? ¿Acabar con este pueblo pecador y elegirse uno nuevo? La decisión es seguir hablándole, hacer resonar su voz. El contenido del mensaje es lo menos importante y no se concreta en este momento. Lo fundamental es que Dios ha hablado y sigue hablando, como lo demuestra la fórmula: «Esto dice el Señor».

            ¿Por qué es esto tan importante? Para que no pueda atribuirse la culpa de todo al silencio de Dios. La trágica experiencia de los campos de concentración nazis hizo escribir a un autor judío: «Después de Auschwitz no se puede hablar de Dios». Ezequiel le responde: «Después de la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia se puede seguir hablando de Dios, porque Él sigue hablando». El problema no es su silencio, sino nuestra sordera. Ezequiel, igual que Jesús, son testigos de que Dios habla. Y también testigos del fracaso de Dios.

El fracaso de Jesús (Mc 6,1-6)

En aquel tiempo Jesús se dirigió a su ciudad y lo seguían sus discípulos. Cuando llegó el sábado empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿Y esos milagros que realizan sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?». Y se escandalizaban a cuenta de él.

            Les decía: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

            No pudo hacer allí ningún milagro, solo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se admiraba de su falta de fe.

            Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Éxito en Cafarnaúm

            Resulta interesante comparar lo ocurrido en Nazaret con lo ocurrido al comienzo del evangelio: también un sábado, en Cafarnaúm, Jesús actúa en la sinagoga y la gente se pregunta, llena de estupor: «¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.» Enseñanza y milagros despiertan admiración y confianza en Jesús, que realiza esa misma tarde numerosos milagros (Mc 1,21-34).

Fracaso en Nazaret

            Otro sábado, en la sinagoga de Nazaret, la gente también se asombra. Pero la enseñanza de Jesús y sus milagros no suscitan fe, sino incredulidad. La apologética cristiana ha considerado muchas veces los milagros de Jesús como prueba de su divinidad. Este episodio demuestra que los milagros no sirven de nada cuando la gente se niega a creer. Al contrario, los lleva a la incredulidad.

            Los milagros de Jesús han representado un enigma para las autoridades teológicas de la época, los escribas, y ellos han concluido que: «Lleva dentro a Belcebú y expulsa los demonios por arte del jefe de los demonios» (Mc 3,22).

            Los nazarenos no llegan a tanto. Adoptan una extraña postura que no sabríamos cómo calificar hoy día: no niegan la sabiduría y los milagros de Jesús, pero, dado que lo conocen desde pequeño y conocen a su familia, no les encuentran explicación y se escandalizan de él.

Jesús, motivo de escándalo

            En griego, la palabra escándalo designa la trampa, lazo o cepo que se coloca para cazar animales. Metafóricamente, en el evangelio se refiere a veces a lo que obstaculiza el seguimiento de Jesús, algo que debe ser eliminado radicalmente («si tu mano, tu pie, tu ojo, te escandaliza… córtatelo, sácatelo»).

            Lo curioso del pasaje de hoy es que quien se convierte en obstáculo para seguir a Jesús es el mismo Jesús, no por lo que hace, sino por su origen. Cuando uno pretende conocer a Jesús, saber «de dónde viene», quiénes forman su familia, cuando lo interpreta de forma puramente humana, Jesús se convierte en un obstáculo para la fe. Desde el punto de vista de Marcos, los nazarenos son más lógicos que quienes dicen creer en Jesús, pero lo consideran un profeta como otro cualquiera.

Asombro e impotencia de Jesús

            A Marcos le gusta presentar a Jesús como Hijo de Dios, pero dejando muy clara su humanidad. Por eso no oculta su asombro ni su incapacidad de realizar en Nazaret grandes milagros a causa de la falta de fe. Adviértase la diferencia entre la formulación de Marcos: «no pudo hacer allí ningún milagro» y la de Mateo: «Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros».

Nazaret como símbolo

            Los tres evangelios sinópticos conceden mucha importancia al episodio de Nazaret, insistiendo en el fracaso de Jesús (la versión más dura es la de Lucas, en la que los nazarenos intentan despeñarlo). Se debe a que consideran lo ocurrido allí como un símbolo de lo que ocurrirá a Jesús con la mayor parte de los israelitas: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

El fracaso no lo desanima

            Jesús ha fracasado en Nazaret, pero esto no le lleva al desánimo ni a interrumpir su actividad. Igual que Ezequiel, lo escuchen o no lo escuchen, dejará claro testimonio de que en medio de Israel se encuentra un profeta.

Reflexión

            Bastantes veces he oído decir: «Si fuésemos mejores, si la Iglesia fuera como la quería Jesús, si actuásemos como él, la gente aceptaría el mensaje del evangelio y no habría tanta incredulidad». Las lecturas de hoy demuestran que esta idea es ingenua. Nunca seremos mejores que Jesús, pero él también fracasó. No solo en Nazaret, sino en Corozaín, Betsaida, Cafarnaún, Jerusalén… Sin embargo, nunca renunció a cumplir la misión que el Padre le había confiado. Este es el gran ejemplo que nos da en el evangelio de hoy.

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Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 04 de julio de 2021

domingo, 4 de julio de 2021
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D-XIV

 “La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía:
‘¿De dónde le viene esto? Y, ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada?’

(Mc 6,1-6)

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús volviendo a Nazaret por primera vez desde el comienzo de su predicación. Debió de alegrarse de volver a encontrarse con familiares, amigos y vecinos que le han visto crecer. Sin embargo, el Jesús que llega es un hombre diferente, transformado. Y esto es lo que hace que la gente conocida lo rechace, no quiera escucharle ni crea en él. Se pensaban que lo conocían, pero solo lo hacían externamente. Jesús tiene para ellos palabras de libertad, una Buena Noticia que llene sus vidas de esperanza y de consuelo, y las manos preparadas para sanar, para restablecer, para vivificar, para fortalecer. Pero la gente de Nazaret desconfía de alguien que, siendo tan parecido a ellos, les llega con un conocimiento nuevo: “¿De dónde le viene esto?”

La sabiduría que perciben en Jesús es incomprensible porque no le ha venido de fuera, no se ha convertido en un erudito a fuerza de estudiar. La transformación que la gente ve le viene de un conocimiento interior, profundo, íntimo, de su Padre del cielo y de la humanidad.

Sorprende que, a pesar de darse cuenta de la sabiduría de Jesús, lo rechacen, no le escuchen ni confíen en él. Quizás era porque sentían que su mirada y sus palabras les travesaban. Llegaban hasta su fondo, les revelaban su verdad, les incomodaban. Porque los conocía demasiado bien, sabía qué podía pedir a cada uno, sabía los puntos débiles de cada cual.

El caso es que si quien hubiera predicado en la sinagoga de Nazaret aquel sábado hubiese sido alguien desconocido, venido de lejos, sin ninguna relación con el pueblo, que no tuviera ni idea de sus relaciones y comportamientos, el éxito habría estaba asegurado.

Todo esto hace pensar en lo que nos cuesta escuchar palabras verdaderas sobre nosotras, palabras de quien nos conoce bien, de quien no podemos engañar con victimismos ni falsas imágenes. Palabras venidas de aquellas pocas personas que nos aceptan incondicionalmente, que solo quieren nuestro bien, que crezcamos y mejoremos. Que nos traen de vuelta a nuestra realidad.

Nos resulta más fácil seguir ensoñadas con espejos distorsionados. A menudo estamos dispuestas a escuchar aquello que viene de fuera, de cuanto más lejos mejor, cuanto más exótico mejor. Nos atraen las novedades, las soluciones instantáneas, las últimas tendencias. Buscamos consuelo y compañía a través de la pantalla, no lo pensamos mucho a la hora de contar nuestra vida a alguien desconocido.

Mucho menos dispuestas estamos, en cambio, a abrir el corazón a la gente con quien nos encontramos cada día. A hablarles de nuestros dolores, alegrías, deseos, sueños, vacíos y plenitudes. De lo que vivimos con ellos, lo que nos cuesta y lo que nos da gozo. Y es esta gente, sin embargo, la que nos puede hablar de nosotras mismas. Hacernos encontrar con quien somos y con el Dios que nos habita. Compartirnos, dejarnos mirar, escuchar serenamente lo que tienen que decir quienes nos conocen bien, es transformador y nos lleva hacia una vida plena. Igualmente, las profundidades de los demás, escucharles con oídos atentos y mirada limpia, nos hace crecer en sabiduría, en comunión, en alegría, en paz, en conocimiento de Dios.

Oración

Trinidad Santa, transfórmanos desde dentro, ayúdanos a dejarnos mirar hasta el fondo y a mirar a las demás personas con ternura y respeto, y a poner ante ti lo que simplemente somos.

 

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Porque sabían que era hijo de José, lo rechazan.

domingo, 4 de julio de 2021
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unnamedMc 6, 1-6

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que el don absoluto de Dios hace posible en ellos. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad que podemos alcanzar es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida. Seres humanos limitados y a la vez humanos infinitos.

Con este texto concluye Marcos una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación por el pueblo de las tesis de los dirigentes, no vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando al pueblo oprimido, que quiere liberarse. Jesús ve que no hay nada que hacer con la institución, y se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, aunque con notables diferencias. Relatos paralelos se pueden encontrar en Jn y en otros lugares de los mismos sinópticos.

Marcos no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su “pueblo”. Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal, que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían jugado y trabajado con él, lo conocían perfectamente. Lo encuadraban en una familia, (requisito indispensable para ser alguien en aquella cultura). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario.

El texto griego no habla de pueblo sino de “patria”. Ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto. Jesús por su cuenta, se pone a enseñarles. Marcos ya había advertido de la relación de Jesús con su familia. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que estaba loco. Quedan impresionados como en Cafarnaúm pero con una actitud negativa.

El texto griego no dice: “desconfiaban de él” sino “se escandalizaban”, que indica una postura más radical. Ni siquiera pronuncian su nombre. Dicen despectivamente que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona. Es curioso que Mateo corrige el texto de Marcos y dice: “hijo del carpintero”. Pero Lucas va más lejos y dice: “el hijo de José”. Estos evangelistas, que copian de Marcos, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Marcos, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación.

Ese conocimiento excesivo de Jesús es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro. Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas que estaban de acuerdo con la tradición. La religión judía estaba segura de sí misma y no admitía novedad. Los jefes religiosos no permitían admitir nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Al hacer Jesús alusión al rechazo del “profeta” está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. El texto nos está diciendo que, al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo. La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús tuvo que ser realmente muy fuerte.

Un detalle muy interesante es que su desconfianza impide que Jesús pueda hacer milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: “tu fe te ha curado”; y a Jairo: “basta que tengas fe”. La fe o la falta de fe, son determinantes a la hora de producirse un “milagro”. ¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios en sus manos y que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el “hacer” como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad en la manga ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

El relato de hoy nos habla de la humanidad de Jesús. Nos está confirmando que no tiene privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta envidado de Dios. Siempre será difícil descubrir a Dios en aquel que se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: “no nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?” Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo negaron en aquella sociedad en la que vivió. Como no responde a las expectativas, no existe. Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos hemos hecho de él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos, lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, nos engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas egoístas.

El verdadero profeta es el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras. El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista, un indignado. Lo más «antiprofético» y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

El gran espejismo en que hemos caído en el pasado fue pensar que “todos” tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo, que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta hoy, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por “decreto”. La opción por el evangelio será siempre cuestión de minorías. Nos asusta un Jesús completamente normal porque hemos puesto la grandeza en lo extraordinario. Pero resulta que lo más grande de todo ser humano no es lo que no tienen los demás, sino precisamente lo que todos tenemos por igual.

 

Meditación-contemplación

El demasiado conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.
Lo que es y significa Jesús no se puede meter en doctrinas.
A Dios solo se llega viviendo su presencia en nosotros.
Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.
El conocimiento de Jesús y de Dios no me viene de fuera.
La experiencia de Dios y de Jesús me llegará de dentro.

 
Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Los hermanos de Jesús.

domingo, 4 de julio de 2021
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discipulos-de-jesus«La fraternidad es el gran desafío de nuestros tiempos; hoy no hay tiempo para la indiferencia” (Papa Francisco)

Domingo XIV del TO

Mc 6, 1-6 ¿De dónde saca ese todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado?

Muchos, al escucharle, comentaban asombrados: ¿No es este el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿Acaso no viven aquí, entre nosotros sus hermanas?”

Jesús vuelve a su tierra natal, donde la gente se admira de su sabiduría, pero no le aceptan por su origen familiar y pobre, y no pueden creer que Dios se le manifieste en lo humilde y lo cotidiano.

Jesús les decía: “A un profeta solamente le desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa”; y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos, asombrándose de su incredulidad.

Por encima del rechazo de sus paisanos, Jesús manifiesta su dimensión profética, su espiritualidad que identifica a cuantos luchan por la justicia en favor de los pobres, anunciando el juicio de Dios a los que oprimen al pueblo. Y cuantos oían su espiritual doctrina quedaban aliviados.

El Evangelista Marcos pone de manifiesto en los versículos 1-5 que la familia de Jesús era bastante numerosa y que tenía al menos cuatro hermanos, de lo que podemos concluir que María ni era virgen, y que todos sus hijos habían sido engendrados por el carpintero José. Lo que dice la Iglesia acerca del Espíritu Santo no es un milagro, sino una incomprensible entelequia y un gravísimo error cometido por la Iglesia, que esperemos sea debidamente explicado cuanto antes.

En sentido estricto, el Génesis es el gran libro de la hermandad universal. Y en el mensaje de Jesús, la igualdad de los hijos de Dios es clave. Todos los seres humanos somos hermanos de Jesús como lo demostró en cada paso de su caminar terreno.

El Papa Francisco aseguró en cierta ocasión que «la fraternidad es el gran desafío de nuestros tiempos, hoy no hay tiempo para la indiferencia”.

En muchas Congregaciones de monjas existe la palabra hermanas, por ejemplo, las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paul. Igualmente entre los hombres como es el caso de los hermanos de la Sagrada Familia, fundados por Gabriel Taborín, religioso francés.

A mi hermano Miguel

Hermano, ¡hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta sin fondo!
me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: «Pero, hijos…»

Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.

Por la sala, el zaguán, los corredores.
Después, te ocultas tú, y yo no doy contigo.
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste…

Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte. Y ya
cae sombra en el alma.

Oye, hermano, no tardes
en salir. ¿Bueno? Puede inquietarse mamá.

César Vallejo

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Portavoz de Dios.

domingo, 4 de julio de 2021
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comodejarteprofeta-despreciadoMc 6,1-6

El evangelio de este próximo domingo hay que entenderlo en el contexto del evangelio del domingo pasado en el que los marginados de Israel encuentran en Jesús una alternativa a su situación. La multitud es representada por la hija de Jairo, sometida a la institución y por la mujer con flujos que representa al pueblo marginado por quien dice actuar en nombre de Dios.

Jesús, en el evangelio de Marcos va marcando claramente cómo la institución solo provoca la muerte y margina a las personas dejándoles sin solución. La enfermedad es castigo de Dios y quien está en la impureza no se puede acercar ni a Dios ni a los demás, por lo que está condenada a un aislamiento que solo puede conducir a la muerte. El propósito de Jesús no es por lo tanto curar a la gente sino sanar de raíz una cultura, una religión que oprime y explota y Jesús les presenta una alternativa: otra imagen de Dios.

Ese Dios cuya experiencia Jesús describe como Abba, está fuera de la ley; no es un dios de mandamientos, normas y preceptos, sino un amor incondicional que pretende lograr la libertad de cada hijx. Esa libertad que Jesús predica tiene un precio: quedar excluido del círculo de la familia, del pueblo, de la comunidad.

Su gente está impresionada por sus enseñanzas pero no reconocen su autoridad. No quieren dar el salto de dejarse tocar, sanar, resucitar por Jesús porque temen las consecuencias que eso les puede traer; es mucho más fácil ridiculizar al mensajero y escandalizarse de él.

Todo profeta es amado y odiado al mismo tiempo. Queremos su mensaje liberador pero no las consecuencias que ese mensaje comporta para nuestras vidas. Ningún profeta es querido por mucho tiempo porque acaba tocando las fibras más sensibles de nuestra comodidad y anquilosamiento.

Posiblemente no son palabras de Jesús: “Solo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian a un profeta”; más bien, es la reflexión de la comunidad cristiana que experimenta el rechazo de los más cercanos porque aceptar que alguien como nosotros trae un mensaje de Dios es muy difícil; se mezclan la envidia, los celos, el miedo… y el arma más potente es ningunear a esa persona.

Atentos a la diferencia entre profeta y gurú. Hoy en día muchas personas se erigen como “maestrxs” y sus enseñanzas pueden ser constructivas… ¿por qué no? Pero hay mucho ego mezclado, muchas ganas de estar en medio y de causar impresión en todos los campos del saber.

El otro día nos contaban de un proyecto interesantísimo sobre agricultura regenerativa, aquí, en Mallorca, capitaneado por alguien con una gran filosofía sobre el cambio climático y la necesidad de crear proyectos de agricultura sostenible en los lugares con más peligro de desertización.

En poco tiempo vieron que alguien que “predicaba” sobre cambios profundos en nuestra manera de pensar y actuar estaba preocupado sobre todo en que su nombre apareciera en el documental explicativo y que se le remunerara por todas y cada una de sus aportaciones, sin contar para nada que en este momento incipiente los recursos económicos eran más bien escasos.

No hay cambios estructurales posibles sin cambios personales de escalas de valores y de actitudes internas profundas. Los ideales más grandes caen cuando nuestro “ego” se pone en medio y nos hace perder la visión.

Hoy tenemos muchos gurús, personas a las que admiramos y que marcan caminos a seguir. Pueden ser sustitutos de la Ley, gente a la que seguimos pero sin implicarnos personalmente.

Y sin embargo, se nos llama a ser un profeta, alguien tocado por Dios a diario, a través de la escucha atenta, voz y presencia de la compasión, de la ternura, a la vez que denunciante de la injusticia, de la opresión, del abuso del poder.

Si experimento en mi vida el gozo de ser sanada, liberada, reconstruida, no hace falta una elección especial, una tarea encomendada, me convierto en “porta-voz”, alguien que lleva esa palabra de aliento, esa escucha atenta, esa mirada compasiva dondequiera que voy, a los lugares donde me siento llamada.

La voz de Dios y la voz de la comunidad me van ayudando a discernir dónde invertir mis talentos, cómo trabajarlos, compartirlos…y sé que estoy en el camino cuando experimento una paz interior que por otro lado no me deja tranquila, no siento que ya he llegado… siempre en camino.

Carmen Notario, sfcc

espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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Sombra

domingo, 4 de julio de 2021
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Sombras-y-lucesDomingo XIV del Tiempo Ordinario

4 julio 2021

Mc 6, 1-6

La desconfianza suele ser un mecanismo de defensa, que fácilmente adopta la forma de desprecio, como en este caso, y de descalificación gratuita.

 Como tantos otros mecanismos de ese tipo, pretende defender, en realidad, del propio malestar, probablemente no confesado y ni siquiera reconocido. Es como si, al descalificar al otro, me “calificara” a mí mismo. En este sentido, la desconfianza, el desprecio y la descalificación suelen ser síntomas y, por tanto, mensajeros de la propia sombra no reconocida ni aceptada. Ello explica que, habitualmente, vayan acompañados de acritud. Es sabido que la sombra se detecta porque aparece crispación, según la conocida ley: todo aquello que me crispa está en mí.

  Para salir de ese laberinto mortal, la puerta se halla en la aceptación de toda nuestra verdad, sin disimularla, maquillarla ni negarla. Porque la sombra no es mala; solo se convierte en algo hostil cuando la ignoramos y no la tenemos en cuenta. “La sombra solo resulta peligrosa ­-decía el psiquiatra Carl Jung- cuando no le prestamos la debida atención”.

  Si, en lugar de dejarme llevar por ella, en actitudes defensivas y descalificadoras, la acepto, reconociendo mis sentimientos, notaré que la sombra, antes temida y rechazada, me humaniza, me baja del pedestal al que me había subido mi ego neurótico y me hace humilde. Solo ese camino nos regala la paz, que únicamente podemos encontrar cuando abrazamos toda nuestra verdad.

  Y, al encontrarnos en la aceptación de toda nuestra verdad, habremos “encontrado” también a los otros. Porque la sombra aceptada y abrazada nos unifica y nos hace compasivos. Como diría el propio Jesús, cuando vemos la “viga” en el ojo propio podemos comprender la “mota” en el ojo del hermano (Mt 7,3). De ese modo, la energía antes devoradora se convierte en energía sanadora.

¿Sé que mi acritud y juicio o descalificación del otro es síntoma de mi sombra no reconocida ni aceptada?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Una homilía? Con la Biblia en una mano y el periódico en la otra

domingo, 4 de julio de 2021
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1535107871_3pY1k5vjDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. La biblia en una mano y el periódico en la otra

         Decía el gran teólogo luterano Karl Barth (1886-1968) que una homilía hay que hacerla con la Biblia en una mano y el periódico en la otra.

Esta homilía de hoy la comienzo con algunas grandes cuestiones, preguntas que impregnan hoy en nuestra realidad social y eclesial.

  1. Secularización, ateísmo

         Es evidente, si no nos tapamos los ojos, que en Occidente, -sobre todo en Europa- y en el último siglo y medio se ha producido una gran deserción de mucha gente de la religión, de las religiones cristianas. Constatamos cómo la descristianización, la secularización, el ateísmo, etc. empapan el tejido social-cultural de nuestros pueblos. “Dios ha muerto” y las iglesias están “medio vacías”.

         De esta constatación se deducen algunas preguntas:

         + ¿A qué se debe esta situación “atea” en la que nos encontramos?

+ ¿Será cierto que, a mayor desarrollo científico, económico, tecnológico, más desciende el nivel de religiosidad de los pueblos y de las gentes?

+ ¿Habrá que admitir que la religiosidad es cosa de pueblos primitivos, quizás rurales, de modo que, el hombre de la sociedad industrial ya no es religioso y ha de abandonar la fe como abandonamos la creencia en los Reyes Magos?

+ ¿Cuál o cuáles serán los caminos y contenidos de una fe sana?. (Absténganse fanáticos y religiosos terminales)

  1. Algunas consideraciones

03.1.  El ser humano -la humanidad- no ha sido atea, ni irreligiosa.

         El ateísmo es un fenómeno relativamente nuevo, nos viene de mediados del siglo XIX. Feuerbach (1804-182) fue el “primer ateo oficial”. Nietzsche (1844-1900) fue quien “proclamó” la muerte de Dios.

Sin embargo la humanidad ha sido -y es-  religiosa. Otro problema distinto es cuál sea el Dios o el ídolo en quien crea.

         Del mismo modo que el ser humano es inteligente (más o menos, pero inteligente), o es ser sexuado (otra cosa es si uno es casado, célibe, homosexual, etc,) pero somos seres sexuados, de esa misma manera somos seres religiosos.

Algunas ideologías tienen como Dios a la patria: lo estamos viendo en cada campaña electoral y en los parlamentos. Los partidos políticos tienen como Dios el poder. Muchas personas adoran el dios dinero, otras muchas personas se postran ante el dios eros, etc.

         El ser humano es, pues, religioso por naturaleza: nos re-ligamos con un Dios o con un  ídolo.

         Y conviene no equivocarse a la hora de elegir el dios que rija nuestra vida.

03.2   adaptación a los momentos y situaciones culturales en la historia.

         El cristianismo nace en un contexto judío –Jesús era judío- y ya el mismo San Pablo ha de hacer un esfuerzo por “traducir” el cristianismo a los moldes de la cultura griega. San Agustín, a finales del siglo IV y comienzos del V, vierte el cristianismo al pensamiento griego de Platón, que era el hábitat cultural de aquel tiempo en los pueblos mediterráneos. Así van entrando en el cristianismo conceptos griegos que hoy los vivimos espontáneamente, pero que originariamente no estaban presentes en el cristianismo: conceptos como inmortalidad, persona, pecado original, bautismo de niños, etc. son adaptaciones del cristianismo a la cultura de su tiempo.

         Se trata de la inculturación (término acuñado por el P. Arrupe). Inculturaciòn es el proceso de integración de una cultura en otra. Así por ejemplo: la Teología de la Liberación es el proceso de inculturación del cristianismo en Latinoamérica.

         Demos un paso más:

         Probablemente la Iglesia no ha entrado ni ha asumido la modernidad, no se ha inculturado en la modernidad-.

+       Pongamos que desde la época de Galileo (1564-1642) la Iglesia se lleva mal y a “regañadientes”, o más bien “no se lleva” con el mundo moderno, con las ciencias, la política, la democracia, etc. El pensamiento eclesiástico admite de mala gana el evolucionismo de Darwin (1809-1882) y en muchas iglesias evangélicas se prohíbe explicar que el ser humano viene por evolución y no por el barro, Adán y Eva, el paraíso, la manzana, etc. (teniendo estos mitos un gran valor simbólico y teológico).

         Tampoco la Iglesia se siente cómoda en la diversidad de las opciones políticas. La Iglesia “chirría” cuando se habla de democracia, de libertad.

En los sectores más conservadores de la Iglesia no se admite la interpretación de la Biblia, los géneros literarios en la misma, etc.

         A partir de la modernidad, que nace en los siglos XVII-XVIII se produjo una bifurcación entre mundo profano-científico y la Iglesia. Cada cual va por su lado y no se suelen dar momentos de encuentro.

03.3   Vaticano II

         El concilio Vaticano II supuso -hasta cierto punto- una presencia del Evangelio en el mundo y en los problemas del hombre moderno. Probablemente ese acercamiento fue debido -sobre todo- a la bonhomía de Juan XXIII. La bondad y sensatez de Juan XXIII fue más valiosa que toda la dogmática y legislación eclesiásticas.

         Probablemente el Vaticano II ha sido -hasta Francisco- el único momento de adaptación del cristianismo a la modernidad.

  1. El evangelio puede volver llenar la vida.

El Evangelio no es un bloque dogmático de creencias (Denzinger), ni un entramado de leyes (Código de Derecho), ni un amasijo de ritos estrictos, ni una permanente discusión acerca del poder. El evangelio es la buena noticia liberadora para el ser humano. El Evangelio es bondad.

Jesús estaba del lado del ser humano, no de la Ley, ni de los esquemas religiosos del Templo, de la sinagoga.

Jesús curaba enfermos, sanaba, daba de comer, acogía a mujeres, trataba con publicanos y pecadores, perdonaba, levantaba de la muerte.

         El Dios de Jesús no es un Dios tremendista, ni un Dios aliado con los poderes de este mundo, sino que Dios es Padre que acoge.

Soñaba el papa Francisco con una Iglesia que fuese un hospital de campaña, un lugar amable. La Iglesia, el sistema religioso que pretenden restaurar muchos obispos se parece más a un cuartel que a un hogar, pero el evangelio no se presenta a cañonazos y condenas.

El hombre moderno -ya más bien postmoderno- será creyente, cristiano si experimentamos y respiramos en la Iglesia bondad y amabilidad de Dios, si vivimos en respeto, libertad, sensatez.

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Jesús es nuestra regla de vida.

sábado, 3 de julio de 2021
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Del blog de Thomas Merton:

JONATHAN SCARFE, JOHNATHON SCHAECH

El cristianismo es una religión de amor. La moralidad cristiana es una moralidad de amor. El amor es imposible sin la obediencia que une las voluntades del amante y del Amado. Pero el amor es destruido por la unión de voluntades que resulta forzada Y no es espontánea. El hombre que obedece a Dios porque es compelido a hacerlo, realmente no lo ama. Dios no quiere la adoración de la compulsión, sino una adoración que sea libre, espontánea, sincera, «en espíritu y en verdad». Ciertamente, siempre debe haber un límite donde la debilidad humana sea protegida de sí misma por una orden categórica: «¡No lo harás!» No puede haber un amor a Dios que ignore tales órdenes. Sin embargo, un amor genuino y maduro obedece no porque es ordenado, sino porque ama.

El cristianismo no es la religión de una ley sino la religión de una persona. El cristiano no es sólo alguien que cumple las reglas que le impone la Iglesia. Es un discípulo de Cristo. Por cierto que respeta los mandamientos de Dios así como las leyes de la Iglesia, pero su razón para hacer tal cosa no debe buscarse en algún poder de decretos legales: es hallada en Cristo. El amor es especificado no por leyes sino por personas. El amor tiene sus leyes, pero son leyes concretas, existenciales, basadas en valores ocultos en la mismísima persona del Amado. En el Sermón de la Montaña, cuando Jesús comparó la antigua Ley con la nueva, introdujo sanciones, pero eran hiperbólicas: «el que llame a su hermano ‘imbécil’, será reo en la gehenna de fuego» (Mateo 5, 22).

El mismo Jesús, al vivir en nosotros por su Espíritu, es nuestra regla de Vida. Su amor es nuestra ley, y es absoluto. La obediencia a esta ley nos amolda a Él como persona. Por lo tanto, perfecciona la imagen divina en nosotros. Hace que nos parezcamos a Dios. Nos colma con la vida y la libertad que Él nos enseñó a buscar. Éste es el valor que determina todas las acciones de un cristiano. Éste es al mismo tiempo el cimiento del humanismo cristiano y del misticismo cristiano: el cristiano vive por amor y, consiguientemente, por libertad.

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Thomas Merton
El hombre nuevo

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¿Cómo entender el Papado? (Algunos apuntes de orden histórico), por Eduardo Hoornaert

sábado, 3 de julio de 2021
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Nada más concluir el concilio Vaticano II hubo intensas discusiones sobre el papado. Muchas de ellas tuvieron eco en las páginas de la revista «Concilium» a lo largo de la década de 1960. De esos debates quedó la convicción de que es necesario conocer mejor la historia del papado, para evitar los anacronismos (proyectar al pasado las situaciones presentes) y las afirmaciones desprovistas de base histórica que permean el discurso acerca del gobierno central de la Iglesia católica. Ante un tema que toca puntos neurálgicos del sistema católico y de la sensibilidad católica, me parece importante anotar aquí algunos puntos básicos que suelen hacerse presentes cuando se habla sobre el papado.

1. Pedro en Roma

El obispo Eusebio de Cesarea, teórico de la política universalista del emperador Constantino, en el siglo IV, redactó para las principales ciudades del imperio romano listas de la sucesión de obispos, en el intento de adaptar el sistema cristiano al modelo sacerdotal romano. Lo hizo de una forma bastante aleatoria. Así, escribe, por ejemplo, que Clemente fue ‘el tercer obispo de Roma’, después de Lino y Anacleto. Conocemos a Clemente romano por sus cartas, pero nada sabemos acerca de Lino y de Anacleto. Nadie sabe de dónde sacó Eusebio esos nombres, trescientos años después de los acontecimientos.

Para dar consistencia a su tesis de que Pedro es el primer papa, Eusebio escribe, en el segundo libro (14,6) de su ‘Historia eclesiástica’, que el apóstol Pedro viajó a Roma al comienzo del reinado de Claudio, o sea, alrededor del año 44. ¿Qué dicen los escritos de Nuevo Testamento sobre eso? En Hechos de los apóstoles (12,17) se dice que Pedro, en el año 43, salió de Jerusalén y ‘fue a otro lugar’, sin especificar cuál. Los mismos Hechos relatan que Pedro está en Jerusalén en el año 49, con ocasión de la visita de Pablo. Nada se dice sobre la actuación del apóstol entre los años 43 y 49. Lo más probable es que haya viajado a Samaria como exorcista, pues los Hechos relatan su disputa con otro exorcista, de nombre Simón el Mago, que actuaba en aquella región. En fin, las fechas propuestas por Eusebio no se combinan con lo que los Hechos de los apóstoles nos narran.

Los historiadores hoy concuerdan en decir que Eusebio es un historiador sospechoso, pues está involucrado en un proyecto que tiene como finalidad articular la política imperial en su relación con el cristianismo, y contar el movimiento cristiano ajustándolo a un modelo dinástico de tipo romano. Eusebio proyecta la imagen de la Iglesia del siglo IV hacia el pasado. Por ejemplo, proyecta la repartición territorial de las áreas de influencia (diócesis) –repartición que forma parte de la administración romana– a los primeros tiempos del cristianismo, sin ninguna base historiográfica. En los capítulos 4 a 7 de su Historia Eclesiástica, elabora listas de obispos monárquicos que se remontan hasta los apóstoles. En todo ello aparece la intención de asimilar las estructuras cristianas a la organización imperial de la época.

Concluyendo, podemos decir que no hay base histórica para la afirmación de que Pedro haya estado en Roma, y con eso cae uno de los principales fundamentos del discurso oficial sobre el papado.

2. ‘Tu eres Pedro’

índiceHoy, las palabras ‘Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia’ figuran, con enormes letras, en el interior de la cúpula de la basílica de San Pedro, en Roma. Hay que recordar que se trata de un versículo aislado del evangelio de Mateo. Sin embargo, el sentido del versículo sólo aparece cuando es leído en el contexto, o sea, dentro de la secuencia de cuatro versículos: Mt 16,16-19. El historiador ortodoxo Meyendorff [1] muestra cómo esos versículos han sido entendidos en los siglos anteriores a Constantino y a la alianza entre las jerarquías cristianas y las autoridades del imperio romano.

Se trata, según el historiador, de un elogio de Jesús dirigido a Pedro. Cuando éste afirma que Jesús no es un profeta entre otros, sino el ungido de Dios, Pedro muestra que Jesús no sigue la tradicional manera de actuar de los profetas del Antiguo Testamento, que amenazaban e intimidaban a las personas hablando de la ira de Dios por causa de los pecados y de la necesidad de penitencia. Pedro entiende que Jesús, que no amenaza ni condena, sino que apunta hacia el Reino de Dios, la gracia, la misericordia, el perdón, es diferente. Debe ser el ungido de Dios tan esperado, piensa él. Y Jesús elogia a Pedro por expresar de forma tan feliz la novedad que él mismo viene a traer. Es como si quisiese decir: “tú captas mi intención, tú eres la piedra sobre la cual pretendo construir mi Iglesia, si todos entendiesen lo que tú dices aquí, mi Iglesia estaría bien fuerte”.

Eusebio de Cesarea y los demás teólogos comprometidos con la ideología imperial romana no leen el versículo 18 en su contexto, sino que lo aíslan de los demás versículos (16-19) y con ello dan un significado diferente a las palabras de Mateo.

Hoy Eusebio ha de ser severamente criticado (así como los que lo siguen en la exégesis de Mt 16,18), pues la exégesis actual es taxativa en afirmar que no se puede aislar un texto de su conjunto literario y transformarlo en un oráculo. Para quien lee los evangelios contextualmente queda claro que no dan pie para imaginar que Jesús haya planeado una dinastía apostólica de carácter corporativo, basada en sucesión de poderes.

3. La religión del pueblo (y de los papas)

Más y más me convenzo de que el camino cierto, para analizar el papado, consiste en prestar atención a la religión del pueblo. La palabra ‘papa’ (pope) pertenece al griego popular del siglo III y es un término derivado de la palabra griega ‘pater’ (padre). Expresa el cariño que los cristianos tenían hacia determinados obispos o sacerdotes. El término penetró en el vocabulario cristiano, tanto de la Iglesia ortodoxa como de la católica. En el interior de Rusia, hasta hoy, el pastor de la comunidad es llamado ‘pope’. La historia cuenta que el primer obispo en ser llamado ‘papa’ fue Cipriano, obispo de Cartago entre 248 y 258, y que el término ‘papa’ sólo apareció tardíamente en Roma: el primer obispo de aquella ciudad en recibir oficialmente ese nombre (según la documentación disponible) fue Juan I, en el siglo VI.

Entre nosotros no se ha concedido la debida atención a la religión popular en la construcción del cristianismo. Es un dato implícito a toda la historia de la Iglesia, pero que pasa ampliamente desapercibido y sin comentario. Ello proviene, en parte, del hecho de que, hasta hace poco tiempo, la historiografía cristiana estaba principalmente basada en el estudio de fuentes escritas. Ahora bien, esas fuentes prácticamente nunca abordan la religión del pueblo. Por lo demás, es la regla general: los intelectuales no acostumbran a mostrar interés por lo que ocurre en medio del pueblo común y anónimo.

La ‘plebe’ no consigue la atención de filósofos como Platón, Aristóteles, Cicerón o Séneca, ni de intelectuales prominentes como Galeno, Plotino o Marco Aurelio. Ni siquiera autores cristianos como Justino, Ireneo, Tertuliano, Cipriano, Clemente de Alejandría u Orígenes, describen lo que ocurre entre cristianos comunes. En definitiva, ellos también pertenecen a la élite letrada. Hoy existen ciencias que nos revelan la vida vivida de aquellos tiempos, más allá de los escritos, como la arqueología y la “iconografía”, o sea, el estudio del arte cristiano.

El estudio del arte cristiano en el transcurso del siglo IV muestra que prácticamente todo lo que se cuenta sobre Pedro proviene de la religión popular. En la época de la construcción de las primeras basílicas cristianas (segunda parte del siglo IV), fueron invitados artistas que trabajaban con mosaicos para cubrir las paredes de escenas relativas a los evangelios y a la vida de la Iglesia. Así, aparecieron las más variadas imágenes de Pedro: crucificado cabeza abajo, con las llaves en la mano, pescador, asegurando en la mano derecha la maqueta de alguna nueva Iglesia, con vestidos sacerdotales romanos (alba, estola, manípulo…), con la tiara persa o la mitra mesopotámica (de la liturgia del dios Mitra) en la cabeza, con su barco (que nunca se hunde), su red (que pesca hombres), su sello, su cátedra (la Santa ‘Sede’).

Pero la imagen que aparece con más frecuencia es la de la tumba de Pedro, al lado de la tumba de Paulo. Efectivamente, el papa es antes de nada visto como el guardián de las tumbas de Pedro y Paulo. Una tradición romana muy antigua cuenta que Pedro fue martirizado en el monte Vaticano y que Pablo lo fue ‘fuera de los muros’ de la ciudad. Desde muy pronto se registran ‘romerías’ a las tumbas de los apóstoles-mártires, Pedro y Pablo [2]. Sin documentación que probase la veracidad de la presencia de Pedro y Pablo en Roma, las historias sobre ambos proliferan en Roma. Ya en el siglo II, ir a Roma significa ir a visitar las tumbas sagradas, como se comprueba en los escritos de Justino e Ignacio de Antioquía.

El papa Pío XII todavía trató de reavivar la tradición de estas romerías por medio del ‘año santo’ de 1950, que fue un éxito, y más tarde, en 1956, mandó ejecutar excavaciones en un cementerio antiguo descubierto en 1956 bajo un garaje en construcción en el Vaticano. En ese cementerio eran enterradas personas pobres, esclavos y libertos, hasta en los siglos IV y V. El papa esperó encontrar ahí señales de la tumba de Pedro, pero las obras fueron suspensas por falta de evidencias[3].

Todo ello indica que la institución cristiana, tal como funciona concretamente, puede ser considerada una creación de la religión popular. Para los obispos, no es tan fácil aceptar eso, pero no hay cómo escapar de la evidencia. Todos sabemos que el pueblo sostiene financieramente a la jerarquía (de una u otra forma) y que él es quien confiere prestigio y honorabilidad a obispos y papas. En definitiva, ¿qué sería del papa si ya nadie saliese de casa para ir a verlo y aclamarlo?

Interesante observar que los propios papas tienen su ‘religiosidad’. Hasta ahora, ningún papa se ha atrevido a adoptar el nombre de Pedro. Sólo tardíamente, en el siglo VI, un papa adoptó el nombre de Juan, y sólo en el siglo VIII apareció el primer Pablo. Hay muchos detalles interesantes en ese sentido, que no menciono aquí por falta de espacio, pero que el lector puede investigar en google.

4. La lucha por la hegemonía

450_1000A partir del siglo III se desencadenó entre los obispos de las cuatro principales metrópolis del imperio romano (Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Roma) una dura lucha por el poder. Fue particularmente dramática en la parte oriental del imperio, donde se hablaba griego. Los obispos en litigio fueron llamados ‘patriarcas’, un término que acopla el ‘pater’ griego con el poder político (‘archè’, en griego, significa ‘poder’). El ‘patriarca’ es al mismo tempo ‘padre’ y ‘líder político’. Al principio Roma participaba poco en esta disputa, por quedar lejos de los grandes centros de poder de la época, y por usar una lengua menos universal (sólo usada en la administración y en el ejército del sistema imperial romano), el latín. Por su parte, Jerusalén, ciudad ‘matriz’ del movimiento cristiano, quedó fuera de la escena, por ser una ciudad de poca importancia política.

En el año 330 Constantinopla se autoproclama la ‘segunda Roma’, un título aceptado por los obispos en el año 381, con ocasión del concilio de Constantinopla.

De entonces en adelante, el poder divino (ejercido por Pedro) actúa en la ‘nueva Roma’, o sea, en Constantinopla. Fortalecidos por ese consenso, los patriarcas de Constantinopla se implican cada vez más en asuntos internos de las demás Iglesias, un proceso que culmina en Calcedonia (451), cuando Constantinopla nombra obispos para Antioquía y Alejandría. La idea de la transferencia del ‘poder de Pedro’ todavía tiene acogida favorable en el siglo XVI; cuando el patriarca Jeremías II Tranos, de Constantinopla, viaja a Rusia (1589), impresionado por el vigor del cristianismo en aquel país, y hace de Moscú una ‘tercera Roma’. Enseguida, la ciudad se convierte en un centro de peregrinación. Así como los francos y germanos peregrinan a Roma, los eslavos y rusos peregrinan hacia Moscú. La identificación entre el imperio romano, su memoria, sus símbolos, sus ritos, sus vestimentas y ceremonias, y los imperios bizantino, carolingio, ruso y católico es algo que salta a la vista del historiador. Efectivamente, ‘el mundo gira, pero la cruz permanece’ [4].

5. Durante siglos, Roma busca el poder

El patriarca de Roma, que al principio no ocupa un papel destacado en la lucha por la hegemonía sobre toda la cristiandad, no deja de hacer valer su poder en la parte occidental del imperio, desde muy pronto. Ya en el siglo III el ya citado obispo Cipriano, de Cartago, reacciona con energía ante las pretensiones hegemónicas del obispo de Roma, y repite que entre los obispos ha de reinar una ‘completa igualdad de funciones y de poder’. Pero la historia avanza inexorablemente. Con tenacidad, los sucesivos patriarcas de Roma consiguen ampliar su ascendencia sobre las demás Iglesias de Occidente. Es una larga historia, de la cual apunto aquí apenas algunos momentos más decisivos [5].

Pienso que es importante recorrer las sucesivas etapas, pues de ese modo resulta más fácil comprender que el papado es una construcción histórica condicionada por el tiempo y por el espacio, como todo lo que el ser humano hace. Y todo lo que el ser humano construye puede ser de-construido, remodelado u substituido por algo que sea más adecuado a las exigencias del momento.

– Hasta el final del siglo III el papado no interviene en las decisiones tomadas por las reuniones de los obispos. Ellos son libres y soberanos. Pero ya se anuncian problemas en el horizonte.

– La misma actitud perdura en la primera parte del siglo IV. Los obispos locales mantienen su independencia ante Roma, aunque siempre manifiesten respeto para con el patriarca de Roma. Así, en las reuniones episcopales de Arles (314), Nicea (325) y Sárdico (342). Cuando se produce alguna cuestión especial, el obispo de Roma es notificado, nada más. Los patriarcas Silvestre y Liberio no interfieren en las decisiones tomadas  en las reuniones de obispos (concilios).

– Las cosas comienza a cambiar en la segunda parte del siglo IV. Los patriarcas romanos Damasio (366-384) y Sirico (384-399) se muestran muy desinhibidos y atribuyen a Pedro (y sus sucesores) títulos de la nomenclatura religiosa romana, como ‘sumo pontífice’, ‘príncipe (de los apóstoles)’, ‘vicario (de Cristo)’. Obispos como Basilio y Ambrosio no aprueban las maniobras romanas, pero aun así, los patriarcas romanos avanzan en busca de control sobre los obispos.

– Con Inocencio I, al inicio del siglo V, avanza el proceso de la romanización de la Iglesia cristiana en Occidente. Inocencio interviene sistemáticamente en los asuntos de Iglesias locales de Francia, España e Iliria (región balcánica), exige informes, se reserva la última decisión… A las reuniones episcopales de Cartago y Mileve (sobre el pelagianismo), él manda decir que un problema sólo puede resolverse pasando por Roma. Celestino I sigue el mismo camino y resuelve soberanamente el caso de Nestorio (de Alejandría), y envía como delegado a Cirilo de Alejandría al concilio de Éfeso (431). Una vez más, los obispos y los teólogos reaccionan. Incluso Agustín no está de acuerdo, aunque se diga que él sea autor de la frase ‘Roma hablada, causa acabada’ [6]. Agustín mantiene la idea tradicional: la autoridad romana ha de respetar la soberanía de los concilios episcopales. El primado del obispo de Roma es solamente honorario.

– Pero el proceso de la centralización romana continúa. León I intensifica la mística petrina, y principalmente la mitología en torno a la imagen de Pedro. Tiene la osadía de afirmar que su autoridad (la ‘plenitud del poder’ [7]), proviene directamente de Cristo. El ‘vicario de Cristo’ es el ‘príncipe de los apóstoles’; no es el ‘primero entre los iguales [8]’ (como decía Eusebio), ni una autoridad ‘honoraria’ (como decía Agustín).

En los concilios realizados en España, Italia del Norte y de África del Norte, León actúa como jefe absoluto e interviene hasta en detalles mínimos. Incluso en Oriente se atreve a interferir. En la controversia monofisita, desprecia la intervención del patriarca de Alejandría y manda sus propios legados, transmite órdenes a los padres conciliares reunidos en Calcedonia y declara nulas las decisiones que no le agradan. Esa postura autoritaria impresiona mucho a los contemporáneos, que conservan cuidadosamente su correspondencia, que pasa a constituir la base de la teoría papal vigente hasta nuestros días.

– La victoria definitiva del papado llega con Gregorio Magno, que crea en Lerins, en la actual Francia, una escuela de ‘aristócratas episcopales’ para establecer la organización eclesiástica en el sur de Galia. Intelectual de renombre, Gregorio inicia los tiempos gloriosos de Roma. Su figura puede ser colocada a la altura de otros exponentes da ‘aristocracia episcopal’, como Ambrosio, protagonista da supremacía de la Iglesia sobre el Estado; o Agustín, al mismo tempo ‘padre de la inquisición’ y genial teólogo; o Juan Crisóstomo, orador de renombre, o también Cirilo de Alejandría, fundador de la tradición teológica griega.

– El camino queda abierto. Después de la exitosa alianza con el emergente poder germánico en Occidente (Carlomagno, año 800), los papas romanos elevan cada vez más el tono de su voz y, con ello, sus relaciones con los patriarcas orientales (principalmente con el patriarca de Constantinopla) se hacen cada vez más tensas. El cisma de 1054 viene a cerrar una evolución de siglos. Se rompe la unidad del cuerpo cristiano y dos caminos se separan: el ortodoxo y el católico.

6. Roma en el auge del poder

Ahí comienza la historia de la Iglesia Católica Apostólica Romana propiamente dicha. Es una historia de siglos de éxito. Y ese éxito proviene principalmente de la diplomacia, o sea, del ‘arte de la Corte’ que Roma aprendió con Constantinopla. A lo largo de siglos, prácticamente todos los gobiernos de Europa occidental aprenden en Roma o por Roma ese arte. La diplomacia es un arte nada edificante, pero muy eficiente. Un arte que incluye hipocresía, apariencia, habilidad en saber lidiar con el pueblo, impunidad, sigilo, lenguaje codificado (inaccesible a los fieles), palabras piadosas (y engañosas), crueldad encubierta de caridad, acumulación financiera (indulgencias, amenaza del infierno, del miedo, etc.). La imponente ‘Historia criminal del cristianismo’, en 10 volúmenes, que el historiador K. Deschner acaba de concluir, describe con detalle ese arte eminentemente papal.

Es principalmente por medio del arte de la diplomacia como a lo largo de la Edad Media el papado cosecha éxitos fenomenales. Sin armas, Roma se enfrenta a los mayores poderes de Occidente y sale victoriosa (Canossa 1077). Como resultado, la Iglesia es afectada, al decir del historiador Toynbee, por la ‘embriaguez de la victoria’. El papa pierde el contacto con la realidad del mundo y pasa a vivir en un universo irreal, repleto de palabras sobrenaturales (que nadie entiende).

7. Roma al lado de los más fuertes

Con la llegada de la modernidad, el papado pierde paulatinamente espacio público. En el siglo XIX, principalmente durante el largo pontificado de Pío IX, la antigua estrategia de oponerse a los ‘poderes de este mundo’ ya no funciona. Ya no comporta más victorias, sólo registra derrotas. Entonces, el papa León XIII decide cambiar de estrategia, e inicia una política de apoyo a los más fuertes, estrategia que funcionará durante todo el siglo XX. Benedicto XV sale de la primera guerra mundial al lado de los vencedores; Pío XI apoya Mussolini, Hitler y Franco, mientras Pío XII practica la política del silencio ante los crímenes contra la humanidad, perpetrados durante la segunda guerra mundial a costa de incontables vidas humanas. Tras una breve interrupción con Juan XXIII, la política de apoyo silencioso a los ganadores (y de palabras genéricas de consuelo a los perdedores) continúa, hasta nuestros días.

8. El papado, un problema

Be_77DMhPor todo eso, se puede decir hoy que el papado no es una solución: es un problema. Pues el papa no es sólo un líder religioso, sino también un jefe de Estado. Cada vez aparece más claro cómo el papado es una excrecencia del episcopado. Ese episcopado registra, a lo largo de los siglos, páginas luminosas. Aquí, en América Latina hemos tenido, en los últimos tiempos, además de obispos mártires, como Romero y Angelelli, una generación de obispos excepcionales, entre los años 1960 y 1990. Es verdad que el Concilio Vaticano II avanzó la idea de la colegialidad episcopal, con la intención de fortalecer el poder de los obispos y limitar el poder del papa, pero no ha producido avances considerables, por lo menos hasta hoy. Aun así, hay que recordar que el catolicismo es mayor que el papa, y que la importancia de los valores vehiculados por el catolicismo es mayor que su actual sistema de gobierno.

Todo se resume en la siguiente pregunta: ¿‘puede la Iglesia católica subsistir sin papa?’ Es como preguntar ‘puede Francia subsistir sin rey, o Inglaterra sin reina, o Rusia sin zar, o Irán sin ayatolá?’. La propia historia da la respuesta. Francia no desapareció con la destitución del rey Luis XVI, e Irán ciertamente no se acabará con el fin del reinado de los ayatolás. El surgimiento del protestantismo en el siglo XVI demostró que el cristianismo puede subsistir sin papa. Se producirán ciertamente resiliencias y nostalgias, tentativas de vuelta al pasado, pero las instituciones no acostumbran a desaparecer con los cambios de gobierno. En general, el movimiento de la historia en dirección a una mayor participación popular es irreversible (según parece). Tarde o temprano, la Iglesia Católica tendrá que afrontar la cuestión de la superación del papado por un sistema de gobierno central más adecuada a los tiempos que vivimos.

***

[1] Meyendorff, The Primacy of Peter. Essays on Ecclesiology the Early Church and, Crestwood (NY), St. Vladimir‘s Seminary Press, 1992.

[2] Las romerías ‘ad limina apostolorum’.

[3] Vease: Revue d’ Histoire Écclésiastique, Louvain, 1976, 109-111, con comentario del libro de Väänänen sobre el asunto.

[4] Stat crux dum volvitur mundus.

[5] Veja Wojtowytsch, M., Papsstum und Konzile von den Anfängen bis zu Leo I (440-461). Studien zur Enstehung der Überordnung des Papstes über Konzile, Stuttgart, A Hiersemann Verlag, 1981.

[6] Roma locuta, causa finita.

[7] Plenitudo potestatis.

[8] Primus inter pares. Esa es la tesis clásica de Cipriano.

Fuente: Koinonía 

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Abusos en la Iglesia católica: ¿encrucijada sin salida o punto de inflexión?

sábado, 3 de julio de 2021
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Días atrás, el papa Francisco se negó a aceptar la renuncia del cardenal alemán Reinhard Marx a su cargo como arzobispo de Munich y Frisinga. A través de una carta, el prelado (uno de los principales colaboradores del pontífice) había aceptado que ha habido “fallos personales”, “errores administrativos” y “un fracaso institucional y sistémico” en la respuesta de la Iglesia alemana ante la crisis de los abusos sexuales contra menores por parte de sacerdotes.

Según Marx, algunos católicos se niegan a creer en la existencia de una responsabilidad compartida en medio del problema y, “por tanto, que la Iglesia como institución también debe ser culpada de lo sucedido”; inclusive, desaprueban la discusión sobre las reformas que exige hacerle frente a la “catástrofe”.

El hecho puso en primer plano las resistencias que existen en la Iglesia alemana y en otros sectores del catolicismo frente a las acciones en curso para responder por las estructuras de abuso y encubrimiento dentro de la Iglesia católica. ¿Qué está haciendo el Vaticano en atención al problema? ¿Qué piensa alguien que acompaña los esfuerzos del Papa al respecto? ¿Qué exigen quienes creen que todavía hay mucho por delante? A continuación algunas respuestas.

Medidas importantes pero insuficientes

Desde su elección en 2013, Francisco dio continuidad a acciones emprendidas por la Santa Sede en atención a la crisis desatada por la pederastia clerical y el encubrimiento eclesiástico de miles de delitos en distintos países del mundo, entre ellos Estados Unidos, Australia y Alemania. En coherencia con su estilo de gobierno, creó diversas instancias de consulta; entre ellas, el Pontificio Consejo para la protección de menores, entidad de la que hace parte el obispo auxiliar de Bogotá Luis Manuel Alí.

Según el prelado, el nuevo Libro Sexto del Código de Derecho Canónico, que entrará a regir en diciembre y tipifica los abusos sexuales como delitos contra la dignidad, integra la jurisprudencia desarrollada en los últimos años frente a la materia, incluida la que se produjo al final del ministerio de Juan Pablo II y durante los años de Benedicto XVI. Entre otras de las novedades del documento dado a conocer recientemente, Alí señala que se especifican las sanciones y el carácter obligatorio de reparar a las víctimas; que se incluye como formas de abuso el “grooming” y la difusión de imágenes pornográficas; que se concibe que el delito no solamente lo puede llevar a cabo un sacerdote, sino también un religioso y un laico con responsabilidades pastorales; y que las víctimas pueden ser menores de 18 años y personas adultas.

El compromiso de las autoridades eclesiásticas con “quienes afirman haber sido afectados” ya había sido planteado por Francisco en Vos estis lux mundi, un motu proprio de 2019 que exige a los obispos ofrecer asistencia médica, terapéutica y psicológica a las víctimas, “según sea el caso”; y “acogida, escucha y seguimiento, incluso mediante servicios específicos”. El documento también había expuesto el procedimiento a seguir dentro de la Iglesia católica frente a cada denuncia, incluyendo el carácter obligatorio de informar a la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre todo proceso en curso contra algún sacerdote.

Tanto este último texto, como la nueva versión del Código de Derecho Canónico y otros documentos emitidos durante el ministerio de Francisco, asocian los abusos sexuales por parte de miembros del clero a formas de abuso de la autoridad, señalando algunos aspectos del ejercicio del poder dentro de la Iglesia católica como parte de la crisis desatada. El tema ha sido subrayado por investigaciones llevadas a cabo en Australia y Alemania, así como por sectores de la academia que buscan establecer la raíz del problema y sostienen que las medidas emprendidas por el Vaticano son importantes, pero siguen sin ser suficientes para hacerle frente.

El clericalismo como raíz

El informe de 2018 producido a instancias de la Conferencia Episcopal de Alemania afirma que la organización social de la Iglesia católica no es saludable, dado que facilita el abuso y su perpetuación, a falta de mejores mecanismos de control.

El teólogo Carlos Schickendantz, investigador de la Universidad Alberto Hurtado de Chile, se ha ocupado de fuentes por el estilo para señalar que en la raíz de la crisis están el clericalismo y aspectos de la retórica institucional que lo sustenta. En 2017, frente al problema de los abusos, una comisión australiana ya había llegado a la conclusión de que el carácter sistémico de la crisis en el cuerpo eclesial tenía que ver con el clericalismo y otros factores: una imaginería patriarcal, determinadas teologías sobre la Iglesia y el sacerdocio, algunas limitaciones del derecho canónico y una cultura del secreto.

En el conjunto de esos y otros elementos, Schickendantz no solamente ubica al clericalismo como raíz de la crisis, sino también como obstáculo para las reformas impulsadas desde el Vaticano. Por su parte, el abogado chileno Juan Carlos Claret, que ha documentado en su país al menos 362 denuncias de abusos clericales entre 1905 y la actualidad, sostiene que detrás de la negativa dentro de la Iglesia católica a aceptar de manera más amplia que los abusos sexuales revelan el peligro que conlleva el modo como está organizado el ejercicio de la autoridad dentro de la institución lo que se esconde es el miedo a la implicación lógica: transformar la estructura del poder clerical, para que la seguridad de los menores no sea una cuestión de azar, sino que el derecho y la institución garantice su protección. Algo que no se da en el presente, según él, por la perpetuación de la impunidad que trae consigo, además, la posición privilegiada que la Iglesia católica ostenta en muchos países frente a la jurisdicción civil.

Claret, por ejemplo, ha investigado cómo el dinero para comprar el silencio de algunas víctimas en Chile fue movido antes a través de “fundaciones fantasma” de la Iglesia cuya contabilidad no está sometida a fiscalización debido a la Ley de cultos. A su juicio, el proceso constituyente que se lleva a cabo en su país es una oportunidad para reparar los vacíos legales que han convertido al Estado chileno en “cómplice pasivo” de formas de encubrimiento eclesiástico y en responsable por omisión de que no existan suficientes garantías para la protección en el ámbito católico.

El abogado también sostiene que buena parte del material probatorio sobre abusos sexuales por parte del clero y sobre encubrimiento a manos de varios obispos chilenos reposa hoy en el Vaticano, sin que las víctimas ni la opinión pública hayan podido tener acceso a la información que contiene. De ahí que Claret conciba como un antecedente para otros países la sentencia T-091-20 de la Corte Constitucional de Colombia que le ha permitido al periodista Juan Pablo Barrientos acceder a datos provenientes de archivos eclesiásticos donde reposan denuncias contra miembros del clero local.

“Hay alguna información que se puede dar, por supuesto, pero siempre respetando el debido proceso y la confidencialidad de todas las partes”, opina sobre dicha sentencia el obispo auxiliar de Bogotá Luis Manuel Alí. El prelado, que lleva ya muchos años trabajando en el campo preventivo y en el del acompañamiento y atención a víctimas, sostiene que si bien, frente al problema de los abusos, ha habido un crecimiento en la conciencia y en la responsabilidad de los obispos colombianos y de diversos sectores del catolicismo en el país, todavía falta muchísimo más por hacer. “Desearía que no fuera tan lento”, dice Alí, refiriéndose a dicho proceso y reconociendo que la crisis también ha comprometido la credibilidad e imagen de la Iglesia colombiana, así como la confianza de los fieles hacia sus pastores.

“¿Qué tan extendido está el encubrimiento entre los obispos colombianos?”, le pregunté al consejero papal durante una conversación vía telefónica, y he aquí su respuesta: “El encubrimiento ha sido uno de los grandes errores que hemos cometido en la Iglesia en todas las jurisdicciones eclesiásticas”.

Incorporar estándares de buena gobernanza

Si bien Claret, quien acompaña a víctimas de abusos clericales en Chile, considera un avance que abusos por el estilo pasen a ser tipificados como delitos en la nueva versión del Código de Derecho Canónico, critica el lento ritmo de las acciones en respuesta a la crisis generada a nivel mundial y la pervivencia de expresiones que no dejan traslucir la dimensión real del problema.

Tanto él como el teólogo Carlos Schickendantz son de los que sostienen que la Iglesia católica debe incorporar estándares de buena gobernanza como la rendición de cuentas y la toma colectiva de decisiones. A su juicio, el exceso de monarquización y de rezagos de formas feudales de gobierno que dejan a la discreción de los obispos o a su “solicitud pastoral” la reacción frente al problema impiden que se haga más frente a un asunto de salud pública (tal y como cataloga el informe australiano a la crisis de abusos sexuales dentro de la Iglesia).

“La Iglesia es presa de su propia sombra”, sostiene Claret. Schickendantz, igualmente, opina que la reforma estructural del catolicismo es impostergable. Coinciden ambos con quienes creen que no solamente se debe intervenir la conciencia colectiva, sino también el tipo de relaciones dentro de la Iglesia: sus procesos, actividades y funciones, con el fin de que pueda superarse el fracaso institucional, sistémico y global, frente a un asunto puesto sobre la mesa, una vez más, por el cardenal Marx y el papa Francisco, en su reciente intercambio de cartas.

Fuente Religión Digital

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Obispo de la Iglesia Anglicana de México pide que se legalice el matrimonio homosexual en el país

sábado, 3 de julio de 2021
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Julio César Martín, obispo de la Diócesis Anglicana del SuresteJulio César Martín, obispo de la Diócesis Anglicana del Sureste,Foto: Cortesía entrevistado.

Como sacerdote y pueblo de Dios, apuntó que su misión es predicar la noticia de salvación mediante el perdón y la reconciliación

Xalapa, Ver.- «Las autoridades religiosas debemos respetar el ámbito civil y no presionar a las autoridades a coartar derechos”, expresó Julio César Martín, obispo de la Diócesis Anglicana del Sureste, con respecto a la comunidad de la diversidad sexual.

En entrevista, llamó a las autoridades del estado a implementar la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y legalizar el matrimonio igualitario. También indicó que ningún grupo religioso tiene derecho de imponer su moral al resto de la sociedad.

Con respecto a la presencia que tuvieron en la 15ª Caravana del Orgullo LGBTTTIQ, efectuada el fin de semana en Xalapa, explicó que acudieron para llevar el mensaje de Jesucristo: “A Dios no le molesta a quién uno ame como adultos responsables sino a quién maltrate uno”.

15ª Caravana del Orgullo LGBTTTIQEn la 15ª Caravana del Orgullo LGBTTTIQ / Foto: Cortesía | Julio César Martín

Puntualizó que , algo que también hace con todas las comunidades que han sido marginadas y oprimidas históricamente. En ese sentido, dio a conocer que está en pláticas con representantes del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y de la misma iglesia, para hacer las traducciones necesarias y lograr que los pueblos originarios hagan sus oraciones en su lengua materna.

Estas acciones, sostuvo, son necesarias porque es una realidad que la población sí ve cómo se conducen los líderes religiosos, por eso su interés es transmitir un mensaje de respeto y amor.

“Nos sumamos a la marcha para que vean que Dios no está condenando a una personas gay por ser gay ni a nadie de la diversidad sexual; como iglesia, nosotros tampoco lo hacemos. Que quede el mensaje de que hay una iglesia que no juzga y de alguna manera se empiece a educar a las personas”.

Como sacerdote y pueblo de Dios, apuntó que su misión es predicar la noticia de salvación mediante el perdón y la reconciliación, para salir de la muerte espiritual que es vivir en rencor, remordimiento, soledad, tristeza y temor.

Camioneta en la 15ª Caravana del Orgullo LGBTTTIQ“No es solo predicarlo en la iglesia sino llevarlo a la calle”, reiteró para luego negar que el objetivo principal de estos actos sea atraer a más gente a sus templos.

Puntualizó que como Iglesia su finalidad fue hacer sentir su apoyo a la comunidad de la diversidad sexual y hablar de Jesucristo y su amor, algo que también hace con todas las comunidades que han sido marginadas y oprimidas históricamente.

En ese sentido, dio a conocer que está en pláticas con representantes del Instituto Nacional de Antropología e Historia, y de la misma iglesia, para hacer las traducciones necesarias y lograr que los pueblos originarios hagan sus oraciones en su lengua materna.

Fuente Diario de Xalapa

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6 Católicos se confiesan en el Día del Orgullo

sábado, 3 de julio de 2021
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pecado_2244985486_14734777_660x663Del blog de Beto Vargas Dios en minúscula:

«Ahora entiendo que dios no hace acepción de personas»

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En este video, seis católicos de distintos países de América Latina confiesan que en algún momento tuvieron actitudes de rechazo o defendieron ideas equívocas sobre la diversidad sexual, y cómo el evangelio fue transformando esas ideas para ahora acoger y servir sin hacer distinción por estos temas, sino buscando su plena inclusión en el mundo y en la iglesia.

El cristianismo es una invitación a superar todo prejuicio y todo temor que nos impide aproximarnos, convertirnos en prójimos, en cercanos. La propuesta de Jesús de Nazaret es hacer juntos un mundo distinto, para todos, justo, y en el que la felicidad sea posible, desde un amor capaz de vencer las barreras que intenta poner la religión, la política, la economía.

Nos unimos a la conmemoración por los sucesos de Stonewall, que se ha convertido en una reivindicación de las personas LGBTIQ+ de su derecho a existir, a expresarse, a vivir como plenos sujetos de derecho, y a que nunca más sus vidas se pierdan o se vulneren, por causa de la intolerancia y el prejuicio.

Melanie Taylor: Educadora (Chile).
 
Heidy Rivas: Predicadora, Líder de Comunidad, Agente de Bienes Raíces (Bolivia).
 

Hermana Eugenia Valdés RSCJ: Religiosa del Sagrado Corazón, Acompañante de la PADIS (Chile).

P. Guillermo Rosas SSCC: Presbítero de la Comunidad del Sagrado Corazón. Acompañante de la PADIS (Chile).

 
Fernando Merino: Comunicador y Speaker. Líder de Experiencias la Licuadora. Escritor. (Perú)
 
Antonio Sedano (Realización Audiovisual): Comunicador Estratégico (Perú). 
 
Beto Vargas: Comunicador y Educador. Formador de Sagrada Escritura. Escritor (Colombia).

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Una convocatoria de literatura LGTB provoca una oleada de homofobia

sábado, 3 de julio de 2021
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homofobia-noveles

2021, mes del Orgullo. Y es muy fuerte que tengamos que contaros cosas como esta.

Porque, insistimos, es el año 2021 y es junio, el mes que representa la diversidad, el respeto, la tolerancia y el amor.

Lee también: 9 razones por las que debemos seguir celebrando el Orgullo

La plataforma Libros Lésbicos ha denunciado en sus redes sociales la avalancha de LGTBfobia que se desató por la convocatoria de Noveles 2.

Noveles es una antología que surgió para motivar la producción de literatura LGTB y para dar a conocer nuevos talentos literarios. Una invitación para todas las personas a las que les guste escribir, aquellas que tienen relatos o poesías guardadas en sus ordenadores, a aquellas que les gusta publicar textos en sus blogs o redes sociales, pero que quizás no tienen tanto material como para dar a conocer su trabajo en un libro.

Noveles 1, que puedes leer aquí, se lanzó hace un mes. En este volumen puedes encontrar poesías y relatos eróticos y de amor LGTB de varias escritoras de todas partes del mundo.

En la convocatoria para el segundo volumen de la esta antología, los promotores no solo encontraron relatos y poemas, también muchísimos comentarios cargados de odio.

«Genial, ahora van a repartir la enfermedad con libros», «¿Historias de victimismo y paranoia en un mundo normal?», «parásitas».

La antología lleva por nombre «Noveles», para hacer referencia a que es un libro de escritores principiantes, pero los intolerantes, que parece que poco saben de gramática, dirigieron también su ataque al título, pensando que en lugar de novelas se escribía noveles como juego al lenguaje inclusivo.

«¿Ahora también las oprime la letra a?». «Necesitan un hombre», entre otras perlas.

Ante tanta LGTBfobia Libros Lésbicos decidió prorrogar la convocatoria hasta el 25 de julio, así que si te gusta escribir y quieres ayudar a potenciar la literatura LGTB, aquí puedes encontrar las bases para participar.

Fuente Oveja Rosa

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Infeliz

viernes, 2 de julio de 2021
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Del blog Nova Bella:

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 Yo soy mi peor enemigo para ser feliz

*

James Rhodes

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«Dios me dio un hijo, pero no quise verlo», por Carlos Osma

viernes, 2 de julio de 2021
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baby-864137_1920De su blog Homoprotestantes:

María es cristiana católica desde siempre, fue bautizada a los pocos días de nacer, tomó la primera comunión con diez años, se confirmó con quince, se casó en la iglesia católica de su barrio, y allí bautizó también a su primera hija: Sandra. Siempre ha formado parte de la misma comunidad católica, de la que se ha sentido muy cercana, aunque también ha sido crítica en temas como el papel que las mujeres tienen en esta iglesia, y ha sido clara en su posición a favor del aborto. Desde muy pronto se dio cuenta de que su hija era diferente a las demás, demasiado masculina pensaban ella, pero nunca se atrevió a preguntarle, cerró los ojos y rezó para que nunca viniera a confesarle que era lesbiana.

Y así ocurrió, porque lo que tenía que decirle Sandra cuando la sentó en la silla de la cocina para hablar, es que no era su hija, sino su hijo, y que ya no era Sandra, sino Pol, que en realidad era quien siempre había sido, y que no iba a cambiar nada; o que por lo menos a él, no le gustaría que cambiara nada. Pero eso ya no lo escuchó María, se quedó en shock, incapaz de articular una palabra, o incluso de mirar a los ojos a su… hijo. Sentía como Pol le cogía de las manos y se las llevaba a la boca para besarlas, también como le abrazaba, y sabía que esos besos y abrazos eran idénticos a los que Sandra le daba… Pero aquel pequeño cambio, aquel palito cuya desaparición convertía la a en o, la hija en hijo, y que luego transformaba a Sandra en Pol, podía traer otros muchos cambios que no entendía y que la aterraban. Y decidió fingir, lo hizo muy mal, pero fingió, y devolvió a… Sandra el abrazo, y le dijo que era su… hija y que siempre iba a estar con ella para ayudarla. No pudo hacer mucho más, nadie le había dicho como se enfrenta una madre a esto.

María pasó unos días encerrada en ella misma, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba contarle lo que le estaba pasando a alguien, y así lo hizo. Fue a hablar con Joan, un capellán que conocía desde hacía muchos años. Sabía que era una persona razonable con la que se podría hablar de todo sin sentirse juzgada. No fue una conversación, fueron muchas, y durante varios meses, que ayudaron a María a desmontar todos los prejuicios que le impedían aceptar y querer a su hijo. Pero también los que no le permitían perdonarse a ella misma por haberlo abandonado, y no haberlo protegido y ayudado. Cuando se sintió preparada, María sentó a su hijo en la misma silla de la cocina donde habían tenido aquella conversación que la descolocó; le cogió las manos, y mirándole a los ojos le dijo: «Pol es un nombre muy bonito, tienes mejor gusto que yo para los nombres, te quiero y estoy a tu lado. Perdóname, Dios me dio un hijo, y no una hija, pero no supe, o no quise verlo». Pol la abrazó, y la besó, como siempre había hecho, y le dijo que no tenía nada que perdonarle, que ahora respiraba feliz después de varios meses pensando que había perdido a su madre para siempre.

Al domingo siguiente María fue a la iglesia, y Santiago, el joven sacerdote que desde hace un par de años lleva la parroquia, le preguntó por su hija Sandra. Le dijo que hacía casi un año que no la veía, y que la echaban de menos, que aportaba mucho tocando la guitarra. María le explicó que su hija Sandra ahora era su hijo Pol, y Santiago le contestó que lo sentía mucho, que imaginaba por lo que estaba pasando, que hoy los jóvenes están a merced de los discursos queer que los desestabilizan y los llevan a confundir su identidad. María le dijo que no, que ella estaba orgullosa de su hijo Pol, y que si de algo se arrepentía, era de no haberlo apoyado y ayudado antes, de no haber estado a su lado. Pero que Pol seguía tocando igual de bien la guitarra y que le diría que viniese el próximo domingo a tocarla. Santiago le dijo que no hacía falta, que esto era la casa del Señor, y que preferían seguir cantando a capela. Además le explicó con un todo angelical y amoroso, que como cristiana no debía apoyar en esto a su hija, que la única forma de ayudarla era sacarle todo aquello de la cabeza. Que había psicólogos y especialistas católicos que podrían ayudarla. María le respondió que su hijo no necesitaba psicólogos, que justamente ahora lo veía más feliz que nunca. Santiago le dijo entonces, que era un pecado que como madre apoyase la confusión en la que su hija estaba inmersa, y que por eso, era mejor que no participara de la comunión. María lo miró directamente a los ojos y le respondió: «Creo que usted al decirme que rompa la comunión con mi hijo, no entiende lo que significa tomar la comunión. Examine su conciencia, porque si no comprende lo que significa formar parte del cuerpo de Cristo, quizás no lo está sirviendo como debería». Después María, salió de la iglesia, y hasta hoy no ha vuelto. Ahora se reúne en otra, y Pol la acompaña algunos domingos para tocar la guitarra.

Hay diferentes formas de entender la esencia del cristianismo, para algunos, lamentablemente están las normas y las doctrinas, para otros está el prójimo, desde él se ven las normas y las doctrinas con otra perspectiva. Por sus obras los conoceréis, y por los frutos que producen dichas obras. La transfobia no puede ser un fruto nacido del evangelio, la empatía y el amor, sí. Es urgente que tantas y tantas iglesias vuelvan al evangelio, vuelvan al seguimiento de Jesús, y se alejen de las ideologías del odio y la exclusión. Que se comporten como una madre o un padre, como María, dejándose guiar por el Espíritu, para volver a conectar con su hijo Pol. Para seguir siendo madre. Para seguir siendo, de verdad, Iglesia.

Carlos Osma

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