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Archivo para Domingo, 11 de julio de 2021

Los fue enviando

Domingo, 11 de julio de 2021
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YO, PECADOR Y OBISPO, ME CONFIESO

Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber llegado a Roma con un bordón agreste;
de sorprender el Viento entre las columnatas
y de ensayar la quena a las barbas del órgano;
de haber llegado a Asís,
cercado de amapolas.

Yo, pecador y obispo, me confieso
de soñar con la Iglesia
vestida solamente de Evangelio y sandalias,
de creer en la Iglesia,
a pesar de la Iglesia, algunas veces;
de creer en el Reino, en todo caso
-caminando en Iglesia-.

Yo, pecador y obispo, me confieso
de haber visto a Jesús de Nazaret
anunciando también la Buena Nueva
a los pobres de América Latina;
de decirle a María: «¡Comadre nuestra, salve!»;
de celebrar la sangre de los que han sido fieles;
de andar de romerías…

Yo, pecador y obispo, me confieso
de amar a Nicaragua, la niña de la honda.
Yo, pecador y obispo, me confieso
de abrir cada mañana la ventana del Tiempo;
de hablar como un hermano a otro hermano;
de no perder el sueño, ni el canto, ni la risa;

de cultivar la flor de la Esperanza
entre las llagas del Resucitado.

*

Pedro Casaldáliga,
Todavía estas palabras. 1994

*

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto. Y añadió:

– “Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.”

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

*

Marcos 6, 7-13

***

discipulo-amado

El mensaje y la actividad de los mensajeros no se distinguen en nada de la de Jesucristo. Han participado de su poder. Jesús ordena la predicación de la cercanía del Reino de los Cielos y dispone las señales que confirmarán este mensaje. Jesús manda curar a los heridos, limpiar a los leprosos, resucitar a los muertos, expulsar los demonios. La predicación se convierte en acontecimiento, y el acontecimiento da testimonio de la predicación.

Reino de Dios, Jesucristo, perdón de los pecados, justificación del pecador por la fe, todo esto no significa sino aniquilamiento del poder diabólico, curación, resurrección de los muertos. La Palabra del Dios todopoderoso es acción, suceso, milagro. El único Cristo marcha en sus doce mensajeros a través del país y hace su obra. La gracia real que se ha concedido a los discípulos es la Palabra creadora y redentora de Dios.

        Puesto que la misión y la fuerza de los mensajeros sólo radican en la Palabra de Jesús, no debe observarse en ellos nada que oscurezca o reste crédito a la misión regia. Con su grandiosa pobreza, los mensajeros deben dar testimonio de la riqueza de su Señor. Lo que han recibido de Jesús no constituye algo propio con lo que pueden ganarse otros beneficios. «Gratuitamente lo habéis recibido». Ser mensajeros de Jesús no proporciona ningún derecho personal, ningún fundamento de honra o poder. Aunque el mensajero libre de Jesús se haya convertido en párroco, esto no cambia las cosas. Los derechos de un hombre de estudios, las reivindicaciones de una clase social, no tienen valor para el que se ha convertido en mensajero de Jesús. «Gratuitamente lo habéis recibido». ¿No fue sólo el llamamiento de Jesús el que nos atrajo a su servicio sin que nosotros lo mereciéramos? «Dadlo gratuitamente». Dejad claro que con toda la riqueza que habéis recibido no buscáis nada para  vosotros mismos, ni posesiones, ni apariencia, ni reconocimiento, ni siquiera que os den las gracias. Además, ¿cómo podríais exigirlo? Toda la honra que recaiga sobre nosotros se la robamos al que en verdad le pertenece, al Señor que nos ha enviado. La libertad de los mensajeros de Jesús debe mostrarse en su pobreza.

El que Marcos y Lucas se diferencien de Mateo en la enumeración de las cosas que están prohibidas o permitidas llevar a los discípulos no permite sacar distintas conclusiones.

Jesús manda pobreza a los que parten confiados en el poder pleno de su Palabra. Conviene no olvidar que aquí se trata de un precepto. Las cosas que deben poseer los discípulos son reguladas hasta lo más concreto. No deben presentarse como mendigos, con los trajes destrozados, ni ser unos parásitos que constituyan una carga para los demás. Pero deben andar con el vestido de la pobreza. Deben tener tan pocas cosas como el que marcha por el campo y está cierto de que al anochecer encontrará una casa amiga, donde le proporcionarán techo y el alimento necesario.

Naturalmente, esta confianza no deben ponerla en los hombres, sino en el que los ha enviado y en el Padre celestial, que cuidará de ellos. De este modo conseguirán hacer digno de crédito el mensaje que predican sobre la inminencia del dominio de Dios en la tierra. Con la misma libertad con que realizan su servicio deben aceptar también el aposento y la comida, no como un pan que se mendiga, sino como el alimento que merece un obrero. Jesús llama «obreros» a sus apóstoles. El perezoso no merece ser alimentado. Pero ¿qué es el trabajo sino la lucha contra el poderío de Satanás, la lucha por conquistar los corazones de los hombres, la renuncia a la propia gloria, a los bienes y alegrías del mundo, para poder servir con amor a los pobres, los maltratados y los miserables? Dios mismo ha trabajado y se ha cansado con los hombres (Is 43, 24), el alma de Jesús trabajó hasta la muerte en la cruz por nuestra salvación (Is 53,11).

Los mensajeros participan de este trabajo en la predicación, en la superación de Satanás y en ¡a oración suplicante. Quien no acepta este trabajo, no ha comprendido aún el servicio del mensajero fiel de Jesús. Pueden aceptar sin avergonzarse la recompensa diaria de su trabajo, pero también sin avergonzarse deben permanecer pobres, por amor a su servicio.

*

Dietrich Bonhoeffer,
El precio de la gracia. El seguimiento,
Sígueme, Salamanca 1999, pp. 136-138.

*

***

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“Con pocas cosas”. 15 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,7-13)

Domingo, 11 de julio de 2021
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36_15_TO_B_1467540¿Qué ha podido pasar para distanciarnos tanto de aquel proyecto inicial de Jesús? ¿Dónde ha quedado el encargo del Maestro? ¿Quién sigue escuchando hoy sus recomendaciones?

Pocos relatos evangélicos nos descubren mejor la intención original de Jesús que este que nos presenta a Jesús enviando a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, dinero ni túnica de repuesto.

Basta un amigo, un bastón y unas sandalias para adentrarse por los caminos de la vida, anunciando a todos ese cambio que necesitamos para descubrir el secreto último de la vida y el camino hacia la verdadera liberación.

No desvirtuemos ligeramente el encargo de Jesús. No pensemos que se trata de una utopía ingenua, propia quizá de una sociedad seminómada ya superada, pero imposible en un mundo como el nuestro.

Aquí hay algo que no podemos eludir. El evangelio es anunciado por aquellos que saben vivir con sencillez. Hombres y mujeres libres que conocen el gozo de caminar por la vida sin sentirse esclavos de las cosas. No son los poderosos, los financieros, los tecnócratas, los grandes estrategas de la política los que van a construir un mundo más humano.

Esta sociedad necesita descubrir que hay que volver a una vida sencilla y sobria. No basta con aumentar la producción y alcanzar un mayor nivel de vida. No es suficiente ganar siempre más, comprar más y más cosas, disfrutar de mayor bienestar.

Esta sociedad necesita como nunca el impacto de hombres y mujeres que sepan vivir con pocas cosas. Creyentes capaces de mostrar que la felicidad no está en acumular bienes. Seguidores de Jesús que nos recuerden que no somos ricos cuando poseemos muchas cosas, sino cuando sabemos disfrutarlas con sencillez y compartirlas con generosidad. Quienes viven una vida sencilla y una solidaridad generosa son los que mejor predican hoy la conversión que más necesita nuestra sociedad.

José Antonio Pagola

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“Los fue enviando”. Domingo 11 de julio de 2021. Domingo 15º de tiempo ordinario

Domingo, 11 de julio de 2021
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40-ordinarioB15 cerezoLeído en Koinonia

Amós 7,12-15: Ve y profetiza a mi pueblo.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Efesios 1,3-14: Nos eligió en la persona de Cristo, antes de Crear el mundo.
Marcos 6,7-13: Los fue enviando.

El santuario de Betel tenía también su significación política para el Reino del Norte. Por eso el sacerdote Amasías tiene que cuidar su puesto defendiendo los intereses del rey. Amós, en el comienzo de su misión profética, encuentra rechazo de parte de la estructura religiosa, esto le augura problemas y dificultades pero está dispuesto a enfrentarlos. Vive de lo que hace, su vida no depende de su labor profética, de ahí que puede actuar con libertad tanto frente a la estructura religiosa como a la estructura política. Yahvé mismo le ha pedido que vaya a profetizar a Betel, así que Amasías va a tener que escucharlo aunque se incomode y aunque él no sea del Reino del Norte.

El papel político e «ideológico» (justificativo) que toda religión juega –en un sentido o en otro- en el contexto sociológico en el que se mueve, es ya un descubrimiento de la conciencia moderna que a nadie se le escapa. Ya nadie es tan ingenuo como para pretender que su discurso o su práctica religiosa no hagan ninguna referencia a lo social, a lo político o a lo económico. El apoliticismo de la religión es simplemente imposible, o bien ilusorio o ingenuo. La religión hace política de alguna manera, inevitablemente, como Jesús asumió definidamente su postura social y política frente a la realidad de su momento. No se trata de negar las implicaciones sociales y políticas de nuestra práctica cristiana: lo que es necesario es que esa política sea secundum Marcum, secundum Matheum, secundum Lucam. O sea, «según el Evangelio». Es el Evangelio mismo el que nos obliga a hacer política. Pero no una política según los intereses del rey, o los intereses de los poderosos, o los intereses del sistema, o nuestros propios intereses, sino según el interés del amor, de la fraternidad, de la justicia, de la opción por los pobres, de la Utopía (del Reino, del «otro mundo posible» del Evangelio).

Aparte de los casos individuales locales (cada templo, cada comunidad cristiana…) ¿qué papel ideológico-político está jugando el cristianismo respecto al capitalismo occidental y su sistema explotador? La visión de «otros» puede ayudarnos: el mundo musulmán, por ejemplo, mira al sistema económico occidental como capitalista, explotador, invasor, imperialísticamente globalizador, fuera de todo derecho internacional y del mínimo respeto a la convivencia entre los pueblos, y como «el sistema cristiano», el de los actuales «cruzados»… Para muchos pensadores musulmanes, el cristianismo es el sistema religioso ideológico justificador del capitalismo mundial. El cristianismo como conjunto hace política y economía, y no precisamente «según el Evangelio».

Por su parte, los movimientos populares emancipatorios, la izquierda mundial, sabe que, excepto la gloriosa excepción de la teología de la liberación y sus comunidades eclesiales y sus mártires, en la gran mayoría de los casos el cristianismo ha «justificado» a -y se ha identificado con- la derecha, el capital, el patriarcalismo, el «orden», el poder… como sucesor del imperio romano, que es. Lo contrario ha sido –y sigue siendo- minoritario y excepcional dentro del cristianismo. Veinte siglos de historia están ahí para demostrarlo. El cristianismo como conjunto es un «santuario de Betel», en el que Amasías tiene como punto de referencia al Rey, y Amós no es acogido en él. Amós –que no era sacerdote, que ni siquiera era «profeta profesional»- es la personificación de los cristianos individuales y grupos de base de corazón sencillo, que sienten la exigencia de la Justicia de Yahvé y denuncian la complicidad del Santuario. Los representados aquí por Amós no son sólo los teólogos críticos, ni los obispos proféticos, sino todos los cristianos de a pie de corazón limpio de intereses y sensibles a las exigencias del Evangelio.

Ef 3, 1-14: El misterio que no fue dado a conocer en tiempos pasados…

Para Pablo es claro que no sólo los judíos sino también los gentiles están ahora en Cristo y participan de la bendición de Dios que tiene lugar también en Cristo.

La gran dificultad en el comienzo de la Iglesia fue aceptar a los gentiles. Pablo se esfuerza en esta alabanza de bendición a Dios por mostrar que quien se bautiza participa también de la elección, de la gracia o remisión de los pecados y de la iniciación en el misterio de Dios. Los miembros de la Iglesia somos, según el apóstol, los que hemos recibido la bendición: elegidos desde siempre y antes de todas las cosas, elegidos y destinados por Cristo para la condición santa de hijos y para que lleguemos a la plenitud de nuestro ser al transformarnos en imágenes de su Hijo, gracias a la acción del Espíritu y al haber sido agraciados en el Amado con el perdón de los pecados mediante la sangre de Cristo, elegidos para que mediante la sabiduría y la prudencia que, proceden del mismo Espíritu, penetremos en el misterio de Dios.

En el misterio de la voluntad de Dios, de su propósito y realización en Cristo, nos hallamos incluidos también nosotros los cristianos procedentes tanto del judaísmo como de la gentilidad, porque en él está definida nuestra esencia, en él experimentamos el perdón de los pecados.

Pablo siente que esta realidad terrena tiene que evolucionar, que el plan de Dios es recapitular todas las cosas en Cristo y que los cristianos no debemos permanecer al margen de las transformaciones sociales. Hemos sido marcados por Cristo con el Espíritu Santo para ser sensibles a la acción transformadora de Dios, acción transformadora que tampoco es exclusiva de los cristianos. El compromiso del cristiano es hacer que este mundo de injusticia se transforme en una sociedad de hermanos pues se supone que entendemos cuál es la voluntad y el plan de Dios sobre la humanidad y el cosmos. Esta tarea no es fácil, porque no vivimos aislados de los demás y porque el mal ha sido institucionalizado por el ser humano.

Mc 6, 7-13: Jesús envía a los doce.

Comienza una nueva etapa en el proceso del seguimiento, la etapa de la misión. Ahora les corresponde a los Doce proclamar lo que han visto y oído. Jesús es consciente de que tendrán que enfrentar el mal en todas sus dimensiones por eso les da poder para hacerlo y les da algunas recomendaciones, les indica que es necesario un cierto estilo de pobreza, tener capacidad para acomodarse a las circunstancias y saber que van a ser aceptados o rechazados. La proclamación de la Buena Nueva debe hacerse en libertad, a nadie se puede obligar a aceptarla. Jesús les está hablando desde su propia vida, les está aportando desde su práctica pastoral.

Todos los comienzos tienen sus dificultades -así lo vemos también en la experiencia de Amós-, pero además están llenos de esperanza y de alegría porque se tiene la motivación de sacar a adelante un proceso. Jesús les advierte a los discípulos cómo son las cosas, para que nada los tome por sorpresa. Sin embargo, la experiencia para cada evangelizador será siempre diferente y a veces donde creemos que nos va a ir bien quizá no logramos nada. Quien evangeliza debe tener presente que es Dios quien hace que surja el fruto, pero también debe disponerse para que el mensaje que transmita motive, inquiete y sea más creíble.

Jesús sabe lo que les espera a los Doce. Los envía de dos en dos. La compañía es apoyo, fuerza y motivación para cumplir mejor con la misión y para resistir a las dificultades. La tarea que van a realizar es una tarea liberadora pero, ¿están capacitados para hacerla? Al final del texto se nos dice cómo los discípulos expulsaron muchos demonios y curaron muchos enfermos. De esta forma los Doce van adquiriendo autonomía y confianza en sí mismos, se dan cuenta de que son capaces de hacer lo mismo que hace Jesús.

El que es enviado sabe que debe permanecer en el lugar hasta que cumpla con su misión, así lo vemos en Amós y en las indicaciones que Jesús les da a los Doce. El enviado no va a nombre personal, va en nombre de quien lo envió. Además Jesús cuenta con la buena voluntad de muchos hombres y mujeres que son solidarios, que abren la puerta de su casa para compartir, de ahí que se atreva a decirles que se queden en la casa donde entren hasta que vayan a otro lugar. Pero también les dice que donde no los reciban ni los escuchen, al marcharse sacudan el polvo de los pies. El gesto de sacudir los pies se hacía públicamente y expresaba condena y separación. Este gesto lo podemos leer también como señal de intolerancia de parte del evangelizador que no soporta que lo rechacen y que no lo reciban. No se puede obligar al otro a que reciba la Buena Nueva, también los demás tienen derecho a disentir, a manifestar que no están de acuerdo y el evangelizador debe tener una actitud más tolerante y comprensiva, debe esperar una nueva oportunidad.

Contrariamente a lo que fue la práctica de Jesús, el anuncio del Evangelio, en la mayoría de los casos y de los tiempos, se ha impuesto a los demás, unas veces en forma violenta empleando la fuerza del poder o de las armas, otras veces con las leyes o con la presión social o la presión psicológica, manejando el miedo por la amenaza de la condenación. También ejercemos una cierta violencia cuando insistimos en la costumbre de bautizar a los niños en vez de arriesgarnos a que sean ellos quienes elijan hacerse cristianos libremente cuando sean adultos. Entre las grandes religiones, el cristianismo por lo menos tiene una historia que desacredita mucho la supremacía numérica mundial de la que está tan orgulloso. Su gran magnitud cuantitativa deja mucho que desear y suscita muchas dudas sobre su futuro en un mundo cada vez menos susceptible de coerción religiosa. Se adivina un futuro –que ya es presente en regiones de vieja cristiandad- de disminución y abandono, una situación que no debería interpretarse catastróficamente, sino como la oportunidad de recuperar la calidad que se sacrificó a la cantidad.

Jesús dice a sus enviados que si no es recibido el mensaje, sacudan el polvo de sus pies y se vayan, y es claro que no quiere que obliguen a nadie a aceptar el mensaje. Es más coherente con la «política de Dios» ser menos en número -por ser celosamente respetuosos de la libertad religiosa-, que ser más cuantitativamente a base de bajar el nivel de la calidad evangélica de los métodos evangelizadores. Leer más…

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De dos en dos. ¿Obispos en pareja o de uno en uno? (Dom 15, TO)

Domingo, 11 de julio de 2021
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27544641_1908014062542956_2057584964807173923_nDel blog de Xabier Pikaza:

Me ha dicho el vecino: Con un obispo sobra ¿cómo quieres dos a la vez, dos papas…?Le he dicho: No estoy del todo seguro, la propuesta tiene riesgos, pero Jesús les mandó en parejas. Lo de un obispo a solas, monarca de diócesis (varón) es de la iglesia posterior.

Las cosas no fueron así al principio, cambiaron después, con obispos y párrocos a solas (un sólo poder)… Por eso pueden (quizá deben) cambiar otra vez, no para ser sin más (externamente) como fueron, sino para responder al espíritu de Jesús y a los signos de nuestro tiempo.

Sería un cambio importante, pero podría pensarse y ensayarse, no por afán de novedades, sino para “insuflar” entre aire fresco en la Iglesia: Espíritu de Jesús, amor mutuo, autoridad en diálogo, familia. Esperemos y recemos para que Francisco cure pronto y pueda pensar también en esto.

Les mandó de dos en dos

    Así lo dice el evangelio de este domingo (Mc 6, 7-13) que con frecuencia olvidamos. Jesús mandó como delegados suyos a parejas(de dos en dos”, ana duo‒duo; shenaym‒ shenaym).

No les pone más condición: Pueden ser ser jóvenes o mayores, varones o mujeres, hermanos o amigos, casados o solteros, dos varones, dos mujeres, varón y mujer… Sólo la condición de que vivan y vayan “de dos en dos”, como testigos de evangelio (Reino de Dios), pues sólo siendo dos pueden ser signo de evangelio.

Donde hay sólo un cristiano no hay ningún cristiano. Por eso han de ser al menos dos. Eso no lo inventó Jesús, sino que viene de una tradición judía milenaria (Dt 19, 15), que afirma que el testimonio de una sola persona no es nunca. Han de ser al menos dos, como indica también Ap 11. Quien no es capaz de convivir con otro no puede ser testigo de Jesús, porque el testimonio de Jesús es el amor mutuo.

Lo sabía bien Pablo, que anunciaba siempre el evangelio con otros, primero con Bernabé (cf. Hch 13, 2), luego con Silas o Timoteo…  Además, el escribe y firma siempre sus cartas con otros, menos la Romanos, por motivos explicables).

              Por otra parte, Pablo nos ofrece el testimonio fundamental de que los “hermanos” de Jesús y Pedro realizaban su ministerio (eran obispos) con otros, en especial sus hermanas/mujeres) (cf. 1 Cor 9, 5).  Ellos no misionaban con sus mujeres por “debilidad” (eran incapaces de vivir solos), ni porque deseaban tener una criada (servidora), sino por cumplir el mandato de Jesús, que les dijo que fueran de dos en dos.

 Texto de Marcos

            Jesús mando a los doce, pero no de uno en uno, ni a todos juntos, sino de dos en dos. Los enviados son “doce”, signo de la misión judía (doce tribus), pero los manda de dos en dos,  como signo de universalidad humana, en parejas en parejas de vida y testimonio de evangelio:

(Jesús) llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos,  dándoles poder sobre los espíritus impuros. Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón. Ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja. Que calzaran sandalias, pero que no llevaran dos túnicas. Les dijo además: Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de aquel lugar etc. (Mc 6, 7‒30).

 Mt 10 y Lc 9 omiten la referencia a la pareja

              Una lectura posterior, que parece tomar ese motivo del envío y misión  del llamado documento Q, prescinde de esa condición. Así aparece en Lc 9,1‒5 y en Mt 10, 5‒13.

              Los portadores de esa tradición, en un contexto diferente (abierto no sólo a los judíos, sino a los paganos), prescinden pues del motivo de la parece, no ponen ya “de dos en dos”, no porque lo nieguen, sino porque no la juzguen necesario en su contexto.

De esa forma dejan en libertad la composición de los creadores y gestores de las iglesias. En esa línea culmina la legislación de las cartas pastorales donde se dice que el “obispo” (o el diácono) sea un “anêr”, esto es, un varón (1 Tim 3, 2), de una sola mujer, buen gestor de su casa etc.

              En esa línea, los misioneros-obispo, liberados para el evangelio, acaban siendo “patriarcas” monárquicos de una casa rica, con una mujer que les ayuda (pero en un estrato inferior, como los obispos auxiliares de la actualidad), con unos hijos sumisos… Ese es modelo que ha triunfado después, por presión social del imperio romano.

    En otra línea, por un celibato ascético-místico (propio de otro contexto), la Iglesia de Roma ha prescrito (¡quizá en contra de Jesús!) que los enviados/obispos/presbíteros de Jesús han de ser solitarios, una condición que tiene grandísimas ventajas, pero riesgos todavía superiores, en línea de “separación”, como si sólo los “solitarios” (tema gnóstico, del evangelio de Tomas 49, contrario a los evangelios de la Iglesia) pudieran ser testigos y promotores de una vida en comunión.

Otra vez de dos en dos (Lc 10, 1-12)

               Pero el modelo “de uno en uno y buen patriarca varón” (con mujer e hijos “sumisos”)… o de uno en uno y buen solitario gnóstico  no ha triunfado y se ha impuesto de un modo universal en la iglesia antigua, como muestra el evangelio de Lucas, el más tardío de los sinópticos, que reelabora retoma en otro lugar el motivo del envío y misión cristiana, otra vez de dos en dos:

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía: “La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies, etc.(Lc 10, 1).

Conforme a la visión de conjunto del evangelio de Lucas, Jesús quiso fundar la Iglesia y para ello envió a Doce discípulos y les envió por todo Israel, para para preparar su camino, de dos en dos. Pero este envío, centrado en los Doce y dirigido a Israel, fracasó: los israelitas no se convirtieron, los Doce (que habían ido de dos en dos anunciando la llegada del Reino) desertaron de Jesús, y las autoridades de Israel con Roma condenaron a Jesús a muerte, siendo ajusticiado por los romanos.

Por eso Lucas quiso añadir este “segundo envío” del mismo Jesús, un envío que refleja la misión universal a los gentiles, diciendo a sus discípulos  que fueron por todo el mundo, de dos en dos (no los Doce apóstoles judíos del principio, como signo de las doce tribus de  Israel), sino un grupo más grande de 70 (o 72, según los manuscritos), como signo de todos los pueblos de la tierra (que según las tradiciones del Génesis eran 70 o 72).

Se han hecho y se siguen haciendo averiguaciones sobre la identidad de esos 70/72 enviados de Lc 10, 1‒12, de forma que algunos Padre antiguos de la Iglesia han buscado nombres para cada uno de ellos (varones y/o mujeres), llamándoles “apóstoles” (lo mismo que a los 12 de la misión anterior) y celebrando su fiesta (algo que la Iglesia romana no se ha atrevido a hacer, quedando “fijada” en los doce primeros). Este intento de “nombrar” uno a uno a los 70/72 apóstoles de Lc 10. 1‒12 y darles fiesta como “santos” es piadoso y laudable, pues quiere indicar que en ellos están representados todos los “misioneros” de Jesús, enviados al conjunto de los pueblos.

Otra vez la condición básica: De dos en dos

           Como he dicho, el texto del envío de Lc 9 (con Mt 10 o 28, 16‒20)  no incluyen la condición del dos a dos: No exigen expresamente que los misioneros vayan en parejas, aunque pueden suponerlo. Lucas en cambio, como último testigo de la tradición del envío y misión eclesial lo resalta expresamente: A su juicio, también los 70/72 fueron a realizar la misión de dos en dos, como han de ir todos los enviados de la iglesia.

              Se puede discutir y se discute, exegéticamente, el origen textual de esta condición (de dos en dos). ¿De dónde la ha tomado Lucas? Algunos suponen que la ha tomado de Mc 6, 7, de manera que este mandato tendría solamente un testimonio/apoyo fuerte en la tradición de la iglesia antigua, por lo que algunos se atreven a decir que ese mandato de ir de dos en dos que no provino de Jesús (sino que fue creación particular de la Iglesia de Marcos). Pero otros (y a mi juicio con más razón) afirman que ese mandato o condición (ir de dos en dos) forma parte del material más antiguo, que venía de Jesús (no sólo de Marcos), y que había estado incluso en el primer estrado de Q (aunque no quiero discutir aquí esa conjetura). Leer más…

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De discípulos a misioneros. Domingo 15. Ciclo B

Domingo, 11 de julio de 2021
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jesus-marcos-6-7-13-aDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El fracaso en Nazaret no desanima a Jesús. Al contrario. Además de continuar predicando, como veíamos el domingo pasado, envía también a los discípulos a realizar su misma misión. Los profetas del Antiguo Testamento tenían a veces discípulos; pero, que sepamos, solo Eliseo encargó a uno de ellos realizar una misión concreta: ungir rey a Jehú (2 Re 9,1-10); la función del discípulo del profeta consiste en servirle de apoyo social y espiritual, memorizar sus palabras y transmitirlas a la posteridad. El enfoque que tiene Jesús de sus discípulos es distinto, más dinámico: no se limitan a aprender, deben también poner en práctica lo aprendido, y ampliar desde ahora la actividad de Jesús.

Las instrucciones a los discípulos (Marcos 6,7-13)

En aquel tiempo Jesús llamó a los doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevaran sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y decía:

-Quedaos en la casa donde entréis hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies en testimonio contra ellos.

Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

El texto de Marcos trata brevemente cinco puntos:

  1. La autoridad. Cualquier embajador o misionero debe estar investido de una autoridad. La que reciben los discípulos es sobre los espíritus inmundos. Esta idea, tan extraña a la cultura de nuestra época, debemos considerarla en el contexto del evangelio de Marcos. Jesús, desde el primer momento, en la sinagoga de Cafarnaúm, ha demostrado su autoridad sobre un espíritu inmundo. Sus discípulos reciben el mismo poder. Son embajadores plenipotenciarios.
  2. Equipaje y provisiones. Es interesante advertir lo que se permite y lo que se prohíbe: solo se permite llevar un bastón y sandalias; en cambio, se prohíbe llevar comida (ni pan, ni alforja) y túnica de repuesto. El permiso del bastón y las sandalias contrastan con lo que dice el evangelio de Mateo, donde se prohíben. Es un caso interesante de cómo los evangelistas adaptan el mensaje de Jesús a las circunstancias de su comunidad: Marcos tiene en cuenta el apostolado posterior de largos viajes, por terrenos difíciles, que requieren el bastón y las sandalias. En cambio, la prohibición de comida y vestido de repuesto demuestra la enorme preocupación de Jesús por dar ejemplo de pobreza en una época en la que los predicadores religiosos eran acusados con frecuencia de charlatanes en busca de dinero.
  3. Alojamiento. Para evitar tensiones y peleas entre las personas que quisieran acogerlos en sus casas, Jesús ordena que se alojen siempre en la misma.
  4. Rechazo. El apostolado no tendrá siempre éxito. Igual que Jesús fue rechazado en Nazaret, ellos pueden ser rechazados en cualquier lugar.
  5. La actividad. Curiosamente, lo que deben hacer los discípulos no aparece hasta el final: «Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.» Lo mismo que hacía Jesús, a excepción del uso de aceite para curar enfermos. Esta práctica parece haber entrado en la iglesia en un momento posterior y está atestiguada en la carta de Santiago: «¿Que uno de vosotros cae enfermo? Llame a los ancianos de la comunidad para que recen por él y lo unjan con aceite invocando el nombre del Señor.» (Snt 5,14).

El rechazo (Amós 7,12-15)

En las instrucciones de Jesús, este tema es el que ocupa menos espacio. Solo se menciona como posibilidad. En cambio, la primera lectura nos recuerda que esta posibilidad fue y sigue siendo muy real.

En aquellos días Amasías, sacerdote de Betel, dijo a Amós:

– Vidente, vete, huye al territorio de Judá. Allí podrás ganarte el pan y allí profetizarás. Pero en Betel no vuelvas a profetizar, porque es el santuario del rey y la casa del reino.

Pero Amós respondió a Amasías:

– Yo no soy profeta ni hijo de profeta; yo era un pastor y un cultivador de sicómoros. Pero el Señor me arrancó de mi rebaño y me dijo: «Ve, profetiza a mi pueblo Israel».

A mediados del siglo VIII a.C., el profeta Amós, originario del sur (Judá) fue enviado por Dios a predicar en el Reino Norte (Israel), para denunciar las injusticias terribles que se cometían, favorecidas por la corte y el clero. El enfrentamiento más fuerte tiene lugar en el santuario de Betel (= Casa de Dios), con el sumo sacerdote Amasías, que lo expulsa. En el fondo, Amós tuvo suerte. A otros les cortaron la cabeza.

Si el texto de Amós se hubiera leído completo (cosa que horroriza a los liturgistas), se habría advertido una diferencia capital entre la reacción del profeta y la que deben tener los discípulos de Jesús. Cuando el sacerdote Amasías expulsa a Amós de Betel, este le responde anunciándole que su mujer será violada, sus hijos e hijas morirán a espada, perderá sus tierras y será deportado. El discípulo de Jesús, si es rechazado, debe limitarse a sacudirse el polvo de los pies. Ni una palabra de amenaza o condena. El juicio corresponde a Dios.

Una síntesis del mensaje (Efesios 1,3-14)

El evangelio no concreta lo que los discípulos deben predicar. Solo dice que «predicaban la conversión», igual que Jesús. Al pasar los años, especialmente después de su muerte y resurrección, el mensaje de los apóstoles se fue enriqueciendo con lo que Jesús hizo y dijo, y también con una elaboración teológica de lo que él supuso para nosotros.

La introducción de la carta a los Efesios es un excelente ejemplo de esto último. Pero su estilo tan denso, barroco y recargado se presta a que los asistentes a la misa no se enteren de nada. Una pena, porque las ideas son espléndidas.

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales. Él nos ha elegido en Cristo antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables a sus ojos. Por puro amor nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos, por medio de Jesucristo y conforme al beneplácito de su voluntad, para hacer resplandecer la gracia maravillosa que nos ha concedido por medio de su querido Hijo. Él nos ha obtenido con su sangre la redención, el perdón de los pecados, según la riqueza de su gracia, que ha derramado sobre nosotros con una plenitud de sabiduría y de prudencia, dándonos a conocer el designio misterioso de su voluntad, según los planes que se propuso realizar por medio de Cristo cuando se cumpliera el tiempo: recapitular todas las cosas en Cristo, las de los cielos y las de la tierra. En Cristo también hemos sido hechos herederos, predestinados según el designio del que todo lo hace conforme a su libre voluntad, a fin de que nosotros, los que antes habíamos esperado en Cristo, seamos alabanza de su gloria; también vosotros los que habéis escuchado la palabra de la verdad, el evangelio de vuestra salvación, en el que habéis creído, habéis sido sellados con el Espíritu Santo prometido, el cual es garantía de nuestra herencia, para la plena liberación del pueblo de Dios y alabanza de su gloria.

Adviértase que el texto habla generalmente de «nosotros» («nos ha bendecido», «nos eligió», «nos ha destinado», «nos ha obtenido», «hemos heredado», «nosotros, los que ya esperábamos en Cristo»). Pero termina hablando de «vosotros»y también vosotros», «habéis escuchado», «habéis creído», «habéis sido sellados». Parece lógico aplicar el «nosotros» a los cristianos de origen judío; el «vosotros», a los efesios, de origen pagano.

Ante la persona y la obra de Jesús, la reacción de los primeros debe ser bendecir a Dios por todos los beneficios que nos ha concedido a través de Cristo, que se resumen en estos cinco puntos: nos eligió; nos destinó a ser hijos suyos; por su sangre, nos perdonó los pecados; nos dio a conocer su proyecto de recapitular en Cristo todas las cosas; nos convirtió en herederos.

¿Y los efesios? ¿Y nosotros? La carta toma un rumbo muy distinto. No comienza hablando de lo que Dios ha hecho por nosotros, sino de lo que nosotros hemos hecho al escuchar la extraordinaria noticia de que hemos sido salvados: «habéis creído». Y entonces, Cristo nos ha marcado con el Espíritu Santo, «prenda de nuestra herencia». Muy pocas palabras, en comparación con los párrafos dedicados al «nosotros», pero con la novedad de la acción de Cristo y el don del Espíritu.

En cualquier caso, al recapitular Dios todas las cosas en Cristo, todo lo que se dice es válido para todos. También nosotros podemos y debemos proclamar: «Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales».

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Domingo XV del Tiempo Ordinario. 11 de julio de 2021

Domingo, 11 de julio de 2021
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Les ordenó que no tomaran nada para el camino, excepto un bastón”

(Mc 6, 7-13)

Aquí estamos, en el domingo XV del tiempo ordinario que, además, coincide con el día 15 de julio: operación salida de vacaciones para unos, retorno para otros. ¿Es tu caso? Veamos, ¿a dónde te vas?, ¿en plan playa, monte, o tal vez algún circuito por Europa, Asia… al pueblo, o quizá a un monasterio? Mira tu maleta. Estas zapatillas para caminar, estas chanclas para la playa, la sombrilla…, este modelito para el paseo de la tarde, este otro para la terraza de la noche, esta chaqueta por si refresca, el chubasquero y el plegable por si llueve que con el cambio climático ya se sabe, crema solar, hidratante, repelente de mosquitos, el bastón de trecking, el portátil por si tienes asuntos pendientes del trabajo… Vuelve a mirar tu maleta. Si ya lo decía mi madre… “¡con el por si acaso se llena la maleta!”.

Resulta que hoy los discípulos de Jesús también están en operación salida. Párate a contemplarlos unos minutos. Observa sus maletas. ¿Qué ocurre?, ¿no las ves? ¡Ah! Es que Jesús les ha dicho que no lleven nada, solo un bastón. Ni pan, ni zurrón, ni dinero en la faja. Vaya tela, ¿te imaginas ir por ahí sin bolso, sin dinero, sin móvil…? También les ha dicho que calcen sandalias pero que no lleven dos túnicas. Vuelve a tu maleta y empieza a sacar la variedad de calzado que has metido, los modelitos de pasear, de la terraza de la noche… Vamos, quédate con lo puesto y el bastón de trecking. Entonces no necesitas maleta.

Como tampoco la necesitamos en el camino de la vida y sin embargo nos empeñamos en llevarla. Bien llena, hasta los topes, por si acaso: preocupaciones, miedos, ataduras, complejos, egoísmo, resentimientos, dudas, comparaciones… ¡Cuánto pesa y cuánto entorpece nuestra marcha!

Oración

Tú que también eres discípula del Maestro, escucha lo que te dice: “suelta todo eso, suelta, suelta… solamente un bastón”. ¿Quién es tu bastón?

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Si necesitas seguridades externas, no confías en lo esencial.

Domingo, 11 de julio de 2021
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discipulosMc 6, 7-13

El párrafo que acabamos de leer es continuación del que leíamos el domingo pasado, pero con él comienza una nueva etapa en el evangelio de Marcos. Los discípulos van a tomar parte en la tarea que desarrolla el Maestro. Después de la experiencia de fracaso en su pueblo, Jesús no solo no deja de anunciar la “buena noticia” del Reino sino que compromete a sus discípulos en esa tarea. El rechazo de los dirigentes y familiares le obligan a buscar otros interlocutores que no estén maleados por la enseñanza oficial. Las tres lecturas no hablan de la elección, pero esa elección lleva implícita la misión.

Es Jesús quien toma la iniciativa. Les llamó y les envió”. Si hacía ya mucho tiempo que estaban con él, no necesitaba llamarlos, pero el poner los dos verbos juntos tiene una intención especial. La llamada y la misión están siempre unidas. No se precisa ni a dónde van ni cuanto va a durar la misión. Con ello está precisando las características de todas las llamadas y de todos los envíos. Todo los que vayan en nombre de Jesús deben ir en las mismas condiciones, en todos los tiempos. El evangelista está retrotrayendo al tiempo de Jesús una práctica que comenzó muy pronto en las primeras comunidades.

De dos en dos”, apunta al sentido comunitario de toda misión. No se trata de actuar como francotiradores, sino de ir en nombre de la comunidad. Así se evita cualquier clase de superioridad de uno sobre otro. Con demasiada frecuencia olvidamos que todos somos enviados por y desde una comunidad. Tenemos que superar la tendencia a actuar por nuestra propia cuenta. Tiene también un aspecto legal. En un juicio, solo se admitía el testimonio que fuera atestiguado por dos. No se espera que sean maestros, sino testigos.

“Les da autoridad sobre los espíritus inmundos”. Hay que tener mucho cuidado. El texto griego no dice “dynamis” sino “exousia”. No es fácil apreciar la diferencia entre los dos conceptos, pero es claro que no se trata de un poder mágico, sino de una superioridad sobre el mal. Se trata de una fuerza para superar no solo los demonios de los demás sino también sus propios demonios; es decir, la superación personal de toda ideología que les impediría comunicar el verdadero mensaje. Esta lucha de los apóstoles contra sus propios prejuicios nacionalistas está presente en todo el evangelio de Marcos.

“Les encargó…” El verbo Griego significa ordenó. Es curioso que el texto hace más hincapié en lo que no deben llevar. Lo importante es el espíritu de los enviados. El bastón y las sandalias eran imprescindibles; el primero ayuda a caminar y puede ser muy útil contra las alimañas. Las sandalias era el calzado de los pobres. El pan era signo de todo alimento. No van como mendigos, solo deben aceptar lo que necesitan en cada momento. La alforja era propia de los mendigos, que aseguraban así las próximas comidas. El dinero es símbolo de las seguridades. En griego no dice “túnica de repuesto”, sino “no llevéis puestas dos túnicas”, que era característica de la gente rica.

Los judíos nunca se hospedaban en casa de paganos. Para Jesús cualquier casa es buena para hospedarse, y cualquier alimento digno de comerse. Para quedarse basta que les acoja una “casa”; para marcharse tiene que existir el rechazo de un “lugar”. Lo importante es que les acepten y ellos acepten. En todo caso, deja clara la posibilidad de rechazo que acaba de sufrir el mismo Jesús en su tierra. El sacudir el polvo de los pies era una costumbre de los judíos cuando salían de un lugar de paganos. No se trata de maldición alguna, sino de dar testimonio de un hecho.

“Predicaban la conversión, echaban demonios y curaban”. Es curioso que ninguna de esas acciones fue descrita en el envío. La conversión, de la que nos habla el evangelio, no debe entenderse desde el punto de vista moral. Se trata de “metanoia”. Un cambio de mentalidad que llevaría consigo un cambio en la manera de vivir. Sin emprender ese nuevo camino, de nada servirán los arrepentimientos y los propósitos. Seguimos sin entenderlo hoy. El echar demonios y curar son signos de la preocupación por los demás. El signo de que ha llegado el Reino es la ayuda a los demás.

La primera lectura nos pone ya en guardia. Los profetas de Betel quieren convertir a Amós en un profeta “al uso”: alguien que vive de un oficio siguiendo las directrices oficiales. Muy poco han cambiado las cosas. La Iglesia sigue siendo un santuario de Betel. Estar de parte de los poderosos y no denunciar la injusticia ha sido una apostasía del cristianismo desde Constantino. A nadie entusiasma hoy nuestra predicación, mucho menos nuestra trayectoria vital. La misión no puede ser una programación venida de fuera, sino una exigencia vital, consecuencia de la llamada interna de Dios.

La clave está en que, al depender de los demás, se elimina toda tentación de superioridad. No son normas de ascetismo sino de confianza. Se trata de aprender a confiar en los demás, esperándolo todo de ellos. Saber dar eficazmente supone haber aprendido antes a recibir con humildad. No hay nada más humillante para un ser humano que el tener que recibir de otro algo sin reciprocidad. La realidad que más une a los hombres es el saber que tienen algo que dar y algo que recibir. En la gratuidad se alcanza el máximo de humanidad, tanto por parte del que da, como del que recibe.

La confianza de toda misión evangélica debe centrarse en el mensaje, no en los medios desplegados. Por ello hay que prescindir de lo superfluo, y ni siquiera querer asegurar lo necesario. Al enviarlos, está diciendo que lleven el Reino de Dios a todos los hombres. Él no es su dueño ni ellos sus propietarios. Ese Reino es la “buena noticia” que todos deben descubrir. El Reino predicado por Jesús trata de purificar toda religión. Jesús no creó una nueva religión ni dejó de pertenecer a la judía. Él haber hecho de la predicación de Jesús una religión más ha impedido que sea fermento para todas.

La misión no es tarea de unos pocos, sino la consecuencia inevitable de la adhesión a Jesús. La misión no consiste en predicar sino en hacer un mundo cada vez más humano. No se trata de salvaguardar a toda costa doctrinas trasnochadas o normas morales que no humanizan. Menos aún en conservar unos ritos fosilizados que ya no dicen nada a nadie. El mensaje de Jesús no se puede meter en fórmulas.

Meditación

Si confías en Dios, confiarás también en el hombre.
Pero también potenciarás la confianza en ti mismo.
Si has superado el afán de seguridades, surgirá la gratuidad.
Precisamente hoy, que por todo hay que pagar un precio,
es más necesario que nunca el dar sin esperar nada.
Darse, sin esperar nada a cambio, es hacer presente a Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Predicar y dar trigo.

Domingo, 11 de julio de 2021
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ar_codigo-jesus-s01e02-los-huesos-de-juan-bautista_p_m«–Señor, ¿pues qué hemos de hacer nosotros? – Dijo Sancho. –¿Qué? –dijo don Quijote–: favorecer y ayudar a los menesterosos y desvalidos». (Miguel de Cervantes)

Domingo XV del TO

Mc 6, 7-13

“Les encargó que no llevaran para el camino más que un bastón; ni pan, ni alforja, ni dinero en la faja, que calzaran sandalias pero que no llevaran dos túnicas”.

En Montecasino, cuentan los anales del monacato, había un abad benedictino que desde la altura de su silla patriarcal, y sin lugar a preguntas, predicaba a monjes callados la sabiduría de los Padres de la Iglesia. La comunidad, prisionera de las reglas coventuales, se limitaba a asentir con la cabeza a sus celestiales peroratas. El testimonio de pobreza, sencillez, inserción en la realidad, respeto y atención a las necesidades del pueblo, brillaba por su ausencia en la abadía.

En aquella colina rocosa, con ecos de una antigua construcción pagana –un templo de Apolo– sonaban ahora en desacorde con el Evangelio, los ecos del silencio. En el sucesor de San Benito se esfumó el sueño del fundador del monasterio: “despertar la solidaridad en el mundo dentro y fuera del convento”. ¿Es que aquel santo varón no había logrado entender que donde no se manifieste la solidaridad hay que sacudir el polvo de las sandalias y largarse? (Mt 10, 14 y Hch 13, 51)

Las comunidades se rigen por las mismas dos reglas de oro que el gran director de orquesta y compositor, Sir Thomas Beecham (1879-1961) aplicaba a una orquesta de éxito: empezar juntos y acabar juntos. Su contemporáneo Charles Ives (1874-1974) lo expresó en melodía en su obra Desde los Campanarios y las Montañas. Los bronces repican desde los múltiples campanarios de los pueblos y se produce un eco con las cúspides pétreas. La música, escribió Marcel Proust, quizás sea el único ejemplo de lo que había podido ser -al no existir el lenguaje, la formación de las palabras, el análisis de las ideas- la comunicación de las almas”.

El cavernícola Hombre del Neandertal usó el lenguaje de los sonidos en esta comunicación, como lo evidencia el descubrimiento de la flauta slovena fabricada con el fémur del extinto oso europeo. Posiblemente este antepasado nuestro pensó ya con Shakespeare, en su rudimentario cerebro, que “La música es el alimento del amor”. Del amor que da frutos en todas las estaciones del año, como decía la gente de Basilio el Grande, uno de los Santos Padres de la Iglesia Griega: “El obispo Basilio predica a todas horas: en las misas, en las reuniones, en las catequesis, y cuando no está hablando con sus labios, está predicando con las buenas obras que hace en favor de los demás”.

A Don Quijote se lo demandaban sus Leyes de la Caballería Andante: Señor, pues ¿qué hemos de hacer nosotros?”, dijo Sancho. A lo que el Caballero de la Triste Figura respondió: “¿Qué? Favorecer y ayudar a los menesterosos”. Blas de Otero (1919-1979), poeta profundamente comprometido con la condición humana y con su tiempo, y cuya poesía reclama hombres en paz en un mundo justo y libre, lo dijo con gemido del alma sumida en lo terreno:

“Ya sabes
lo que hay que hacer en este mundo: andar
como un arado, andar entre la tierra”.

Era el modo de hacer Jesús su tarea. Como Maestro “hombre de hechos”, según descripción de la tradición rabínica. Y así le ve Mateo en 2, 23: “recorría toda Galilea enseñando en las sinagogas (…) y sanando entre el pueblo toda clase de enfermedades y dolencias” (Mt 2, 23).

Para cumplir esta misión de Predicar y dar trigo envió el rabí galileo a los suyos. Para que la música de las esferas eclesiales deje de entenderse solo con Dios, como según Cioran ocurría antes de Beethoven, y empiece a dirigirse a los hombres. En versión masculina, podrían atribuirse a Jesús las entrañables palabras de Malatesta cuando relata a Don Pasquale las humanas virtudes de  su hermana Sofronia, pretendida novia del protagonista: “Generosa con los pobres, tierna, dulce y amorosa. El cielo la creó para hacer feliz a un hombre”.

Con ese mismo espíritu realiza su misión el Papa Francisco. Le hemos visto subiendo al avión con su cartera en la mano. En ella, mucha generosidad para con los pobres porque, como a Sofronia, el cielo le creó para hacer feliz a los hombres. En su agenda: visitar cárceles y barrios marginados. Otro que, como Jesús, sabe predicar y dar trigo en abundancia.

EL PAPA DE LA GENTE

– “Un pontífice austero, amigo de los pobres y párroco del mundo.

– Bendijo a todos con la sencilla sotana blanca y el crucufijo de plata que llevaba usando desde su primer día de obispo, sin reemplazarla por el oro, símbolo del poder y del sometimiento.

– Francisco, un nombre que ningún Papa había elegido en 2000 años de historia, tomó el timón de la Iglesia y viró la nave hacia un rumbo nuevo, hacia el encuentro con la gente, para ofrecerle esfuerzo, oración y humildad, no solo con palabras sino, especialmente, con gestos.

– …como resultado de su formación jesuitica, una de cuyas características es el encuentro con quienes expresan los mismos valores desde otra perspectiva cultural.

– “Nunca olvidemos que el verdadero poder es servicio y que, también el Papa, para ejercer el poder, debe entrar cada vez más en ese servicio”, alertó Francisco en la misa de inicio de su pontificado, ante más de 200.000 personas que llenaron el 19 de marzo de 2013, día de San José, la Plaza de San Pedro”.

(Selecciones Readers Digest. Diciembre 2014).

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Comunidad: llamada y envío.

Domingo, 11 de julio de 2021
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envio-misioneroDOMINGO 11 de Julio 

Mc 6,7-13

También Jesús no envía hoy como comunidades cristianas a expulsar demonios, a sanar la vida y las relaciones allá donde el egoísmo, el poder, la violencia y la injusticia fractura lo humano y la creación. Es un envío desde la sencillez de nuestras vidas y la solidaridad con los vulnerados y vulneradas. Es un envío humilde, pues nuestra fortaleza es Jesús mismo y la confianza en que Él viene con nosotros y nosotras urgiéndonos a salir de los caminos trillados para abrirnos a la novedad del Evangelio en las periferias sociales y existenciales de las que a veces preferimos huir. En este envío somos sanados y sanadas por el poder liberador del sacramento del encuentro y la projimidad humana, donde el rostro de Dios se nos revela con más nitidez y nos abraza como un misterio accesible en la cotidianidad de nuestra vida.

Nos envía de dos en dos, sin embargo, nuestra fe y nuestro compromiso frecuentemente tienen déficit de comunidad y una de las amenazas permanente del cristianismo es convertirse en una religión individualista e intimista, lo cual nada tiene que ver con su esencialidad. También hemos terminado por relativizar la opción por la pobreza y la sencillez como estilo de vida, de manera que con nuestras prácticas y omisiones domesticamos la memoria peligrosa y subversiva de Jesús en la historia, haciendo del cristianismo una religión burguesa.

Pero el cristianismo es la religión del amor que se hace carne, cuerpo social, comunitario, amor político. La comunidad es lugar de reconocimiento del Resucitado como dinamismo de vida y liberación en nuestro mundo, que nos mueve a no pactar con la injusticia ni con la deshumanización en nuestros ambientes, y es también lugar de envío. Nos urge a salir de la autoreferencialidad, la sacristía y el gueto para ser iglesia en salida. ¿Cómo fortalecer y suscitar el sentido comunitario y de envío frente al sálvese quien pueda y la deriva individualista hacia la que el sistema nos empuja?

Pepa Torres Pérez

Fuente Fe Adulta

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Ligeros de equipaje.

Domingo, 11 de julio de 2021
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59E43EF1-4632-43AC-B755-1B97A7A3703BDomingo XV del Tiempo Ordinario

11 julio 2021

Mc 6, 7-13

En su radicalidad, estas palabras de Jesús apuntan a uno de los signos más claros de la espiritualidad. Cuando alguien se vive en profundidad, comprende que todo es gracia; esa comprensión se transforma en gratitud y se manifiesta en gratuidad. Quien sabe que todo lo ha recibido gratis, deja que todo fluya a través de él.

Esto no significa demonizar el dinero ni renunciar a una remuneración adecuada, aunque impide hacer “negocio”, particularmente con todo lo que tenga que ver con la espiritualidad.

La vivencia espiritual hace posible vivir la experiencia de estar siendo recibido y regalado en permanencia. De ahí brotan una actitud y un comportamiento caracterizados por la desapropiación -en la que insiste el texto que estoy comentando y que han recalcado todos los maestros y maestras espirituales-, un rasgo diametralmente opuesto a la pulsión acaparadora que rige en nuestra cultura.

La espiritualidad permite pasar del tener al compartir, del poder al servir, del tener al ser. Y todo ello, no en virtud de un imperativo ético, sino como fruto de la comprensión.

La comprensión profunda -otro sinónimo de la espiritualidad- se despliega en una triple dirección, que puede resumirse en tres palabras: plenitud, fluir y fraternidad.

Regala una vivencia de plenitud, porque permite comprender y saborear lo que realmente somos, más allá del yo en el que temporalmente nos experimentamos. Somos pura presencia consciente -plenitud de presencia-, y lo saboreamos en el silencio de la mente. Espiritualidad es experiencia de plenitud.

A partir de ahí, comprendemos que la vida fluye a través de nuestra “forma” o persona concreta. No tenemos la vida ni nos la apropiamos, sino que permitimos que fluya en nosotros, a la vez que aprendemos y agradecemos el hecho de vivirnos como cauce, que busca ser cada vez más limpio y desapropiado. Espiritualidad es vivir diciendo sí a lo que la vida nos trae.

En paralelo, la misma comprensión que nos ancla en el centro donde experimentamos la plenitud nos hace ver que ese centro es compartido con todos los seres, que la identidad es común. La consecuencia es clara: todo otro soy yo; más allá de nuestras diferencias, somos lo mismo. Por tanto, si todo otro es no-otro de mí, la fraternidad constituye una dimensión constitutiva de lo que somos. Espiritualidad es fraternidad.

Plenitud, fluir, fraternidad: brotan de la comprensión y vivencia de lo que somos, implican un proceso de desidentificación del ego y dejan en la persona un sabor de gratuidad.

¿Qué produce en mí la vivencia espiritual?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Mucho haremos si expulsamos algún que otro espíritu inmundo

Domingo, 11 de julio de 2021
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envio misioneroDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. Jesús envía a los suyos.

     El mismo Jesús enviaba a los suyos a evangelizar dándoles autoridad sobre los “espíritus inmundos”: llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos

         Jesús envía a evangelizar y por evangelizar entiende expulsar los espíritus inmundos. Jesús les da autoridad (no poder) sobre los espíritus inmundos.

Por espíritus inmundos no hemos de entender unos seres extraños, algo así como demonios que andan por la historia “zarandeando” al personal. Hablar de demonios era (y es) hablar de enfermos del cuerpo y de la mente (problemas psicológico- psiquiátricos). Y la autoridad de los discípulos es para liberar a la gente de esos males.

Evangelizar es transmitir el mensaje sanador y liberador de JesuCristo.

     Evangelizar es comunicar vitalmente a la gente la liberación de la ley, del pecado y de la muerte.

  1. Autoridad (no poder) y pobreza.

     Jesús les da y les envía con autoridad sobre el sufrimiento físico – espiritual humano.

Autoridad no es poder.

Poder es la potestas que una persona o institución ostenta porque se la ha conferido quien puede hacerlo. Un político, un obispo tienen poder porque han sido instituidos en tal cargo por quien puede hacerlo.

Sin duda que tal poder será legítimo.

Autoridad es otra cuestión mucho más noble. Auctoritas (autor) proviene del latín «augere» (hacer crecer) e indica la capacidad que una persona tiene para “hacer crecer” a los demás, para hacerlos más adultos y más capaces de una vida digna. Una persona tiene autoridad por su bondad y sana presencia en un grupo, en la familia, en la comunidad, pueblo, Iglesia…

Autoridad es el que tiene una relevancia moral porque esa persona es competente, amable, razonable, bondadosa, sensata, etc.

     Es evidente que hay personas que tienen poder, porque se lo ha conferido quien puede hacerlo (los votos, la máxima jerarquía, etc.), pero puede ser que esa misma persona constituida en poder, no tenga la más mínima autoridad ni relevancia moral en el grupo, en la sociedad, en la diócesis, en la comunidad religiosa, etc.

   Jesús no fue una persona de poder, no impuso nada por la fuerza, nunca utilizó el poder para controlar o dominar a sus discípulos. Jamás excluyó a nadie. Fue libre y liberador. Escuchaba a los pobres, paralíticos, leprosos, ciegos, a los soldados extranjeros, se negó a condenar a la adúltera e invitaba a Pedro –y a nosotros-  «perdonar hasta setenta veces siete». Ponía salud y vida en las personas, sensatez y justicia en la sociedad. No ostentó ningún poder oficial pero, actuaba como quien tiene autoridad (Mc 1,22).

Por eso, cuando envía a sus discípulos a evangelizar, «les dio autoridad sobre los espíritus inmundos», es decir, les dio capacidad para liberar del mal, no para dominar y controlar a las personas.

Necesitamos personas con autoridad y -casi- sólo contamos con personas poderosas.

Lo que quiere el Señor Jesús no es la “carrera” que hacen no pocos clérigos para tener una dignidad, unos poderes, una seguridad económica. Y si es posible, trepar y llegar muy alto, hasta tener altos cargos. Da vergüenza solo pensar en semejante proyecto. Lo malo es que abundan los clérigos que aspiran a esta “trapacerías”, pensando que así es como tienen que servir a la Iglesia. ¡Qué desgracia para la causa del Evangelio de Jesús, el Cristo!, (JM Castillo).

Jesús no les da poder, sino autoridad.

  1. Misión.Somos país de misión.[1]

     Hace 50 años se publicó un libro en Francia que causó un gran escándalo: “Francia, país de misión”.[2]

 ¿Y nosotros?

     La transmisión de la fe, del evangelio está muy dificultada, si no impedida, incluso sociológicamente está mal visto ser creyente, cristiano.

Los tres puntales en los que se cimentaba la socialización (la misión), la transmisión de la cultura y, por tanto, de la fe, están hondamente en crisis: la familia, la escuela y la iglesia. Quizás el substrato socio.cultural es lo que ha cambiado enormemente y la “plantilla de este ordenador da –por defecto-increyentes”.

     Europa es país de misión.

     En el fondo Jesús nos envía a la misión, a evangelizar. Y evangelizar no es cuestión del clero, de los curas… Todos estamos enviados a evangelizar, a sanar los corazones afligidos. Todos los cristianos tenemos esta noble tarea en la vida: expulsar los espíritus inmundos, liberarnos de la miseria, del sufrimiento, de la enfermedad, de la injusticia, de la droga, etc…

     La misión fue la principal dedicación de la iglesia naciente. Pablo hace tres largos viajes misionales por el Imperio romano: Asia Menor, Grecia, Roma, quizás Hispania. Pedro igualmente fue un misionero.

     Si hay misión es porque el Evangelio es lo que es: eu –angelion: buena noticia que tiende a comunicarse.

     Hoy en día transmitimos poco el evangelio, más bien “sacramentalizamos” al personal utilizando los sacramentos no tanto como expresión de la fe, sino como ritos con un tono mágico, más que cristiano.

     La nueva evangelización posiblemente será cuestión de décadas, que en unos primeros momentos requerirá sensatez y “discernimiento” personal y comunitario. Habrá que olvidar el régimen de cristiandad y todo nacional-catolicismo y pensar en un cristianismo más personal que sociológico. Es necesario volver al Evangelio de JesuCristo, más que a determinadas etapas de la historia de la Iglesia.

  1. Ni pan ni alforja. Bastón y sandalias

La pobreza e inseguridad de los débiles.

La Iglesia después de haber sido la religión oficial del Imperio romano y haber ejercido durante siglos un poder hegemónico -al menos- en occidente. En muchas etapas  la Iglesia no ha sabido caminar sin el apoyo de algún poder político, económico, ideológico o de su propio poder eclesiástico. Está demasiado acostumbrada a vivir y actuar desde un nivel de superioridad poco -nada- evangélico.

Gracias a Dios que en estos momentos el papa Francisco está recuperando el sentido de servicio, su autoridad no es el castigo, sino la bondad, la misericordia.

Sin embargo, es bueno para la Iglesia ir perdiendo poder económico y político, pues ese despojamiento acerca a la Iglesia al movimiento que puso en marcha Jesús cuando envió a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, sin dinero ni túnica de repuesto, y con una sola misión: «predicar la conversión».

Jesús no necesita de poderosos o prepotentes, ni de ricos que sostengan el evangelio. La Iglesia es de y para la gente sencilla que sabe vivir la fe con pocas cosas y trata de vivir sanando y curando enfermos y sufrimientos.

Jesús no puso el Evangelio en manos del poder y del dinero. No acumuléis tesoros en la tierra, no busquéis el poder. El dinero se convierte en signo de poder, de seguridad, de ambición y dominio sobre los demás. El dinero le resta credibilidad al evangelio. Desde el poder económico no se puede predicar la conversión que necesita nuestra sociedad ni crear un espacio de solidaridad para todos.

     Estamos llamados y enviados por el Señor a hacer el bien, a aliviar, curar, expulsar demonios. Sanemos corazones afligidos y curemos las enfermedades y los males que podamos.

[1] Es de tener en cuenta que la Iglesia, la misión no es una ong. La misión lleva el evangelio con todo lo que el evangelio implica. Las ong desempeñan un papel, cada una tendrá su tarea con toda seguridad que noble, pero evangelizar es otra cosa. El evangelio no es un libro, es una persona: Cristo, la buena noticia de Cristo.

[2] La France, pays de mission? GODIN, H. – DANIEL, Y., Paris, du Cerf, 1962 Cerf

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