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Domingo VII del Tiempo Ordinario. 19 febrero, 2023

domingo, 19 de febrero de 2023
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Amad a vuestro enemigos,

haced el bien a los que os aborrecen

y rezad por los que os persiguen y calumnia”.

(Mt 5, 38-48)

¡Casi nada! Si hasta nos cuesta ceder el asiento en el autobús o dejar pasar a alguien con prisa en la cola del mercado. Y es que, además de que nos cuesta esto de hacer el bien tan gratuitamente, además de eso, no está bien visto. Si vas por la vida devolviendo bien por mal acabas pareciendo un idiota integral.

Dan ganas de decirle a Jesús: “-Mira, con ese programa no se va a apuntar nadie. Mejor será que pongas los pies en el suelo y bajes el nivel”.

Y estoy segura de que a lo largo de la historia más de una persona lo habrá pensado así e incluso habrá tratado de convencer a Jesús. Seguro que sus primeros discípulos algo le dirían. Pero no hizo caso. Y no solo propuso este programa, sino que vivió de acuerdo con él. Se dejó matar por él.

Y a lo largo de la historia otras muchas personas han hecho lo mismo. Hasta aquí la cosa está bien. Porque Jesús era Dios, y todos los demás santos.

Pero no queda ahí la cosa. Hoy, en más de un país, alguien como tú y como yo, un cristiano sencillo cree esas palabras y las está viviendo.

Ahora mismo hay personas cristianas, en países en guerra de mayoría islámica, que atienden en sus hospitales a musulmanes heridos.

Sí, también ahora, en nuestros días hay una lista interminable de mártires cristianos que mueren. Muchas veces torturados, sin renunciar a su fe. Perdonando a sus verdugos, amando.

El amor por los enemigos no es cosa de idiotas, es de personas valientes y generosas. Hay personas (las ha habido siempre) que saben que el odio solo genera odio. Que saben que solo el amor rompe la espiral de violencia. Solo el perdón nos devuelve la dignidad y nos hace crecer como personas.

Cada gesto de odio, de rechazo, de violencia o de rencor, nos deshumaniza. Hace más inhóspito el mundo. Y menos posible la convivencia. Pero de la misma manera. Cada gesto de perdón, de paz, de generosidad o de entrega contribuye de manera eficaz a crecer en humanidad.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por el testimonio valiente de nuestras hermanas cristianas perseguidas.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Se ha dicho a los antiguos.

domingo, 19 de febrero de 2023
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DOMINGO 7 (A)

Mt 5,38-48

El domingo pasado hacíamos un análisis general sobre las propuestas del evangelio. Hoy vamos a analizar cada una de las cinco advertencias sobre temas muy concretos.

También decíamos que todo cristiano debía estar haciendo siempre un análisis serio de la segunda parte y estar dispuesto a ir más allá. De ahí el «pero “yo” os digo…». Al decir “yo” no me estoy arrogando ninguna superioridad; tú puedes decir lo mismo.

Habéis oído que se dijo: no matarás. Jesús dice: todo el que esté peleado contra su hermano será procesado. No cabe duda de que es una visión mucho más profunda que la anterior, pero debemos ir mucho más allá de esa propuesta.

Pero “yo” os digo: no se trata solamente de no hacer ningún daño al otro, ni siquiera ignorarle y no hacerle caso. Debo estar dispuesto a hacerle todo el bien que pueda. Quedarme sólo en lo negativo no expresa bien la intención y el deseo de Jesús.

Se dijo: no cometerás adulterio. Jesús dijo: el que mira a una Mujer deseándola en su corazón, ya ha cometido adulterio. No olvidemos que el precepto de no cometerás adulterio del AT, no tiene nada que ver con la sexualidad o con el amor, sino con la propiedad privada. El texto dice: no desees la mujer de tu prójimo ni su buey ni su casa ni nada que sea de él. La propuesta de Jesús está hecha desde esa perspectiva.

Pero “yo” os digo: la relación de pareja debe estar fundada en un amor recíproco. Debemos superar la idea de que el marido es propietario de la mujer y que debemos respetar esa propiedad. En este tema nos queda mucho por andar. No podemos esperar que Jesús haya dicho la última palaba porque estaban en otra perspectiva.

Habéis oído que se dijo: no juréis en falso. Jesús dijo: no juréis en absoluto; a vosotros os basta decir sí o no, lo que pasa de ahí viene del maligno. Poner a Dios como testigo, o cualquier otra cosa sagrada para no pronunciar el nombre de Dios es un abuso de todo lo sagrado. Por eso “yo” os digo: Conformaos con la verdad. La confianza mutua se debe apoyar en la autenticidad. Si necesita apoyo externo, demuestra su debilidad.

Está mandado: “ojo por ojo y diente por diente». Jesús dijo: no hagáis frente al que os agravia. El ‘ojo por ojo’ ya era una norma de justicia muy avanzada, fue un intento de superar el instinto de venganza que nos lleva a hacer el máximo daño posible al que me ha hecho algún daño. Jesús dio un gran paso hacia la verdadera justicia que nace del amor. Tenemos asumido que la meta es la justicia, “ojo por ojo”. La racionalidad al servicio del ego y la justicia romana nos impiden comprender el mensaje cristiano.

Creemos estar muy identificados con la justicia, pero si examinamos esa justicia que exigimos, descubriremos con horror que lo que intentamos todos es hacer de la justicia un instrumento de venganza. Se utilizan las leyes para hacer todo el daño que se pueda al enemigo; eso sí, dentro de la legalidad y amparados por el beneplácito de la sociedad. Incluso se considera que los buenos abogados son aquellos que son capaces de ganar los pleitos cuando la razón está de parte del contrario.

Las frases tan concisas y profundas pueden entenderse mal. No nos dice Jesús que no debamos hacer frente a la injusticia. Contra la injusticia hay que luchar con todas las fuerzas. Tenemos obligación de defendernos cuando nos afecta personalmente, pero sobre todo, tenemos la obligación de defender a los demás de toda clase de injusticia. Lo que nos pide el evangelio es que nunca debemos eliminar la injusticia con violencia.

Si utilizamos la violencia para eliminar una injusticia, estamos manifestando nuestra incapacidad de eliminarla humanamente. No convenceré al injusto si me empeño en demostrarle que me hace daño a mí o a otro. Pero si soy capaz de demostrarle que con su actitud se está haciendo un daño a sí mismo, sin duda cambiaría de actitud.

Habéis oído que se dijo: “amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo». Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos. La dificultad mayor, para comprender este amor, está en que confundimos amor con sentimiento. El amor evangélico no es instinto ni sentimiento. Por lo tanto, no podemos esperar que sea algo espontáneo. El verdadero amor, sea al enemigo o a un hijo, no es el instinto que nace de mi ser biológico. El amor de que estamos hablando es algo mucho más profundo y humano.

Hay que aclarar que la frase “aborrecerás a tu enemigo” no se encuentra en la Escritura. Pero si tenemos en cuenta que para ellos el prójimo era el que pertenecía a su pueblo, a su raza, a su familia. El resto era siempre el “enemigo” que atentaba real o potencialmente contra la seguridad el pueblo. Para poder subsistir, no tenían más remedio que defenderse de las agresiones. Jesús da un salto de gigante y podemos apreciar que la diferencia entre ambas propuestas es abismal.

Pero “yo” os digo: En realidad, no hay enemigo. No debo hacerlo por hacer al otro un favor sino por alcanzar yo mi plenitud. El amor al enemigo no es más que una manifestación del verdadero Ser, que, por ir en contra del instinto de conservación, se ha convertido en la verdadera prueba de fuego del AMOR.

Si somos incapaces de amar a otro porque le considero enemigo, podemos tener la certeza de que, todo lo que hemos llamado amor no tiene nada que ver con el evangelio, y por lo tanto con el amor que nos ha exigido Jesús. El evangelio no es ciencia, ni filosofía ni moral, ni teología ni religión. El evangelio es Vida. El evangelio no intenta enriquecer la inteligencia sino a todo el ser. Tu felicidad, tu plenitud de humanidad radica en ti y nadie te la puede arrebatar.

Enemigo es el que agrede, no el que sufre la agresión. El enemigo no tiene por qué obtener una respuesta igual. Alguien puede considerarse enemigo mío, pero yo puedo mantenerme sin ninguna agresividad hacia él. En ese caso, yo no convierto en enemigo al que me ataca. Si le constituyo en enemigo, he destrozado toda posibilidad de poder amarle. Esa armonía con todos es lo que daba tanta paz y felicidad a los místicos.

Así seréis hijos de vuestro Padre… Aquí encontramos una de las mejores muestras de lo que se entendía por hijo en tiempo de Jesús. Hijo era el que salía al padre, el que era capaz de imitarle en todo. También muestra la idea de Dios que tenía Jesús. Un Dios que ama a todos por igual sin distinción alguna. El AMOR que nos pide Jesús es el mismo amor que es Dios y está desplegándose en mí en todo instante.

Fray Marcos

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Convivir en plenitud.

domingo, 19 de febrero de 2023
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Mt 5, 38-48

«Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian»

La antigua Ley es ley, es decir, un conjunto de preceptos dados por el Señor a Moisés para ayudar al hombre a salir del pecado y de todas las calamidades asociadas al pecado. La Ley garantiza —hasta cierto punto— el orden social y propicia la convivencia, pero no sana la maldad del corazón.

Lo de Jesús no es ley, es evangelio; buena Noticia. El evangelio pone al ser humano ante el amor del Padre y le invita a responder con el mismo amor hacia los demás, y este modo de entender las relaciones humanas nos muestra a los cristianos el camino para transitar por la vida.

El propósito último del texto de hoy —y el de tantos otros de Jesús— es invitarnos a caminar hacia la plenitud individual y colectiva; individual, porque esta forma de vivir nos humaniza y nos proporciona felicidad; y también colectiva, porque propugna una convivencia basada en la paz, la benevolencia y la ayuda mutua, y éste es el bien más preciado al que un colectivo humano puede aspirar. Toda sociedad, sean cuales sean sus creencias, se esfuerza en lograr la mejor convivencia entre sus miembros, pero hay dos formas distintas de hacerlo: una, al estilo del mundo, reprimiendo el mal, y otra, al estilo de Jesús, sembrando el bien.

La propuesta del mundo es la ley. Quien se salta la ley es perseguido y en su caso juzgado y condenado. Y esto está muy bien, y es necesario, pero refleja una sociedad todavía muy inmadura a la que le falta aún mucho trecho por recorrer. Además, la experiencia nos dice que la ley no es suficiente; que por ese camino nunca vamos a lograr una convivencia medianamente aceptable; que la convivencia solo se alcanza cambiando los corazones, es decir, sembrando en ellos unos valores que la propicien de forma natural.

La propuesta de Jesús es el Reino. Y el Reino, en palabras de Ruiz de Galarreta, se puede definir como «una sociedad de Hijos que solo amándose como hermanos podrá realizarse». El Reino se siembra. No crece por la fuerza del dinero o la presión del poder, sino por la fuerza interior de la Palabra. En el Reino todo es al revés: desde dentro, por conversión, no por imposición; desde abajo, desde el servicio, no desde el poder. Para el mundo, el primero es el que más tiene; para el Reino, el primero es el que más sirve. Para el mundo, el más importante es el más dotado; para el Reino, el más importante es el más necesitado.

Lo más convincente de la propuesta de Jesús es que no nos exige huir de la realidad humana, sino dar pleno sentido a toda realidad humana. Pertenecer al Reino no consiste esencialmente en renunciar a nada, sino en dirigirlo todo a crear humanidad. Ninguna dimensión humana está fuera de esa categoría esencial: medios para construir el Reino; para crear humanidad.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo en su momento, pinche aquí

Fe Adulta

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La ley del Talión nos impide tener entrañas de misericordia.

domingo, 19 de febrero de 2023
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love_enemyMateo 5, 38-48

Soy María, discípula de Jesús de Nazaret desde hace unos meses. Me gusta escucharle, agazapada entre la multitud. Así puedo oír los comentarios de mis vecinos y percibo en sus rostros y en sus manos el eco que producen las palabras del Maestro. De este modo, voy aprendiendo a distinguir “el paño viejo del paño nuevo”, porque hasta hace poco tiempo, yo también pensaba como ellos.

Jesús se ha sentado sobre una roca, desde la que ve bien a la multitud que le rodea. Lleva un rato con los ojos cerrados. ¿Estará orando? ¿Esperará a que cese el clamor de la gente y los comentarios de todo tipo?

Hay una gran expectación, porque la última vez que predicó en esta zona la gente se alteró con sus palabras. Algunos dijeron que estaba loco y merecía ser apedreado, incluso le llamaron blasfemo. Pero un grupo de mujeres le pedimos ser sus discípulas y desde entonces le acompañamos día y noche.

Jesús hace un gesto de bendición y comienza a predicar:

– Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente.

Con voz potente, ha subrayado cada una de las palabras. Mi vecino Caifás, el fariseo, exclama al oírle:

– Así se habla, Jesús ¡Has empezado bien! Es importante que recordemos, punto por punto, el código de la Alianza que nos dio Moisés [1] y las palabras del Deuteronomio: “No tendrás compasión: vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie[2].

– Estoy de acuerdo, Caifás -añade Nicodemo-. No debemos olvidar que “El que maltrate a su prójimo será tratado de la misma manera; fractura por fractura, ojo por ojo y diente por diente, es decir, recibirá lo mismo que le ha hecho al prójimo” [3]

Pero Jesús, tras un breve silencio, continúa:

– Pero yo os digo: si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra.

– ¡Tú no tienes nada que decir! – se oye gritar entre la multitud- Tenemos la ley del Talión para castigar con una pena que sea idéntica a la culpa.

Los murmullos suben de tono y se convierten en griterío, incluso algunas personas amenazan a Jesús.

Entonces recuerdo que mi abuela me explicaba cuando era niña que la frase “Si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra”, era muy importante en el judaísmo. Era como un refrán que recogía la sabiduría de antaño y significaba que no cerráramos las entrañas a nadie, que diéramos siempre una segunda oportunidad. Mi abuela decía: si te cierran una puerta, abre otra; pero no cierres tus entrañas. Y me repetía que no me quedara en el sentido literal de esta frase, porque entonces alimentaba al agresor.

– A quien te pida, dale, y no rehúyas al que te pida prestado – seguía diciendo Jesús- Y la gente empezó a hacer comentarios a gritos.

– ¿No estarás insinuando que tenemos que dar algo a los extranjeros que ocupan nuestro país?

– ¿Dar a los pobres o a los pecadores? ¡Estás loco, Nazareno! No han recibido la bendición del Altísimo. No se comportan como deben.

– Prestamos con el interés que nos permite la ley. No es problema nuestro si la gente puede devolver el dinero del préstamo, o no.

– Desde niños nos han enseñado a amar a los nuestros ¿qué derecho tienes a provocarnos, diciendo que amemos a los enemigos?

En medio de ese griterío, Jesús alzó más aún la voz para decir: de este modo seréis hijos de vuestro Padre celestial. Y repitió de nuevo: para que seáis hijos de vuestro Padre celestial. Se notaba que a Jesús le cambiaba la expresión de su rostro al hablar de su Padre, de su Abba. Como si tuviera en sus entrañas unas palabras de fuego, que no podía contener.

Una mujer encorvada, exclamó desde lo lejos:

– “Ni quiera soy hija de Abraham ¿cómo voy a poder ser hija de nuestro Padre celestial?” Y rompió a llorar con desconsuelo.

Mucha gente se levantó para irse; rechinaban los dientes y rasgaban una esquina de su túnica para mostrar la rabia contenida y el desacuerdo total.  Caifás, con su esposa y sus cinco hijos se alejaron; él iba diciendo entre dientes:

– ¡Nosotros somos hijos de Abraham, cumplimos la ley y no necesitamos más! Se ha vuelto loco. No volveremos a escucharle. Avisaré al Sanedrín.

Sólo nos quedamos un pequeño grupo alrededor de Jesús; había enfermos, mujeres, algunos niños y extranjeros que se habían acercado con curiosidad al oír el revuelo.

María Magdalena le dijo a Jesús que ella no podía amar a sus enemigos, porque eran muchos y le habían hecho mucho daño, pero deseaba vivamente ser hija del Padre. Y Jesús nos habló de que ser hijos e hijas del Abbá es un don que hemos recibido gratuitamente. No es el cumplimiento meticuloso de la ley lo que nos hace hijos e hijas. Y nos repitió, una y otra vez, que pidiéramos cada día, con confianza, que el Abba nos amplíe las entrañas de misericordia para que un día -ojalá- nos cupieran hasta los enemigos.

Nos fue hablando de la misericordia entrañable hasta que se puso el sol, entonces hicimos un gran círculo y oramos juntos, para que el Abba nos liberara de la ley del Talión, y pudiéramos acoger las semillas del Reino que Jesús nos ofrecía.

María, discípula amada.

[1] Éxodo 21, 23-25.

[2] Deuteronomio 19, 21.

[3] Levítico 24, 19-20.

 Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

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Amar a los enemigos y ser perfectos

domingo, 19 de febrero de 2023
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18352696-C77C-4284-8484-E73BBB0563FD Domingo VII del Tiempo Ordinario 

19 febrero 2023

Mt 5, 38-48

La radicalidad de la que hablábamos la semana anterior parece llegar al extremo en la doble fórmula que da título a este comentario: amar a los enemigos y ser perfectos. ¿Realmente es algo que se puede pedir a los seres humanos?

El amor a los enemigos únicamente es posible desde la comprensión experiencial de lo que somos. Gracias a ella, podemos reconocer que cada persona hace en cada momento lo mejor que sabe y puede. Por lo que el mal o daño que se hace es siempre fruto y consecuencia de la ignorancia (entendida, no como falta de inteligencia, sino como no saber lo que realmente somos). Más aún, la comprensión nos muestra que, hablando con propiedad y desde el nivel profundo, no hay nadie que haga nada. De manera similar a como los personajes del sueño creen ser actores, pero el único hacedor real es la mente del soñador, aquí también creemos ser sujetos de los actos, pero el único sujeto real, que merece ese nombre es la consciencia (la vida o la totalidad).

La comprensión, por tanto, hace posible el amor al enemigo, porque incluso nos impide verlo como “enemigo”. Sigue siendo, también él, no-otro de mí. Sin embargo, esto no quita que nuestra sensibilidad reaccione al daño recibido, sobre todo en circunstancias que lo agravan o lo hacen particularmente doloroso. Es legítimo, por tanto, el sentimiento de enfado, rabia e incluso ira. Lo que hará la comprensión será evitar que nos apropiemos de tales sentimientos, alimentándolos y eternizándolos. Habremos de acogerlos, entender su porqué… y soltarlos.

En cuanto a la “perfección” de que habla el texto, me parece importante destacar dos cuestiones: por una parte, en el plano profundo -y mirando desde ahí-, todo es perfecto: “y vio Dios que todo era muy bueno”, como dice el libro del Génesis; por otra, en el plano de las formas -en concreto, de nuestra personalidad- la “perfección” es imposible, ya que todo lo humano es imperfecto. En este caso, perfección significa completitud, es decir, la capacidad de aceptar nuestra realidad completa, con sus luces y sus sombras. La persona capaz de aceptarse a sí misma con toda su verdad es la persona “lograda”, unificada, armoniosa, humilde, comprensiva y compasiva…

¿Sé apreciar los “dos niveles” de lo real?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal 

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El que es incapaz de perdonar, es incapaz de amar. Marin Luther King

domingo, 19 de febrero de 2023
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5C316217-9E6F-43B6-B132-949FD153F6DEDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Conclusiones desde las bienaventuranzas.

    Acogemos las derivaciones que Jesús extrae de las bienaventuranzas del sermón de la montaña.

Hoy San Mateo nos presenta el núcleo central de la moral de Jesús: el amor incluso a los enemigos: «amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian«.

Vivir en esta actitud de respeto y amor supone una gran calidad humana y cristiana. La ética de Cristo en resumen es únicamente esta: vivid en y desde el amor.

Decía K. Rahner que la Iglesia únicamente debiera proclamar el amor como pauta de comportamiento. Las normas concretas para la vida las extraería el cristiano fiel.

    Podríamos sintetizar el cristianismo desde el evangelio de hoy: Se os dijo: cumplid con la ley, pero to os digo: amad incluso a los enemigos…

Algunas consideraciones sobre el amor y el perdón:

02.- El amor es lo más importante de la vida.

Probablemente el amor es la cuestión más importante de la vida. El amor nos es necesario en todas las etapas y situaciones de la vida. Después, el amor revestirá diversas modalidades según las etapas de la vida, según las circunstancias, los problemas, etc.

Desde niños hasta la muerte necesitamos querer y ser queridos: en la adolescencia, en la juventud, en la madurez, en el matrimonio, en el celibato en todas las etapas de la vida es absolutamente necesario el amor.

Podemos vivir sin dinero, sin libertad, incluso sin justicia, pero no podemos vivir amablemente sin amor. El amor es lo que hace que vivamos equilibrada y serenamente.

Las crisis de afecto producen grandes desequilibrios en la persona humana. Y las crisis y heridas son más profundas cuanto más íntima es la relación que se rompe.

03.- Cristianismo y amor.

Ser cristiano es tener experiencia de amor. Quien no tiene la experiencia del amor de Dios y del amor humano es muy difícil que sea cristiano, porque ser cristiano es experimentar que Dios nos ama y que la vida vale la pena desde el amor. Puede que una persona sea un excelente religioso: cumplidor estricto de todo lo establecido como los fariseos y los sacerdotes del templo, o como el joven rico y el letrado que habían cumplido todos los mandatos desde la infancia. Pero eso no es ser cristiano. Cristianos son el hijo pródigo, Magdalena, la hemorroísa, Zaqueo, la oveja perdida, etc.: personas que han tenido experiencia del amor y del perdón.

No nos cansemos de sentirnos queridos por Dios.

04.- El perdón es un proceso psicológico-espiritual complejo.

    A veces el amor reviste forma de perdón. En ciertos momentos, amar es perdonar.

Pero todos somos conscientes por experiencia de que a veces no es sencillo perdonar; es difícil la reconciliación. Seguramente que en nuestra vida familiar hay problemas de este tipo, miremos igualmente a la situación social, bélica que estamos viviendo. Caín y Abel se repiten en la historia.

El perdón requiere tiempo, aunque el mero paso del tiempo por sí mismo no resuelve nada.

En el perdón entran en juego todas las facultades psíquicas, afectivas y espirituales, que tratan de ver la realidad sufriente en la que se está viviendo.

Una situación de rencor, de odio no es que sea solamente mala moralmente, sino que hace daño a todos, daño personal, daño social, daño incluso psico-físico. El odio no es solamente algo religiosamente malo, sino que crea situaciones y personas psíquicamente enfermas.

Perdonar hace bien, sana. El perdón es un proceso que comporta un cambio de actitud afectiva y racional. Lo que pasó no tiene vuelta atrás. Lo que pasó, pasó. Tal vez tenga alguna reparación, pero lo que pasó, queda incrustado en nuestra existencia y personalidad.

Ahora ya, se trata de sanar, -sanear- viejas emociones con actitudes positivas de empatía, si es posible de compasión y benevolencia.

A veces hemos oído o leído: “el pueblo no perdona”, “ni olvido ni perdono…”

El que perdona tampoco olvida, recuerda pero desde otras profundidades. El que perdona recuerda desde el corazón. Se puede recordar desde la venganza, desde el odio pero también se puede recordar desde el amor: perdón.

El perdón no arregla el pasado, pero alivia el presente y mejora el futuro.

05.- Poner razón en la pulsionalidad del odio.

A veces perdonar es poner un poco de razón en la pulsionalidad del odio. Los impulsos brotan casi inconscientemente. Pero somos animalesracionales. Sabemos que es difícil evitar la pulsión instintiva del odio. Ante viejas cuestiones familiares, políticas, eclesiásticas, etc. hace bien poner un poco de razón, inteligencia en la vida. Ser razonables y, cuando menos, aparcar tales cuestiones y al menos pasar al respeto mutuo.

Decía Martin L King que: el que es incapaz de perdonar, es incapaz de amar.

06.- Padre, perdónanos

Tal vez nos haga bien poner nuestro pasado, nuestro recuerdo corrosivo, nuestros recorridos en la vida en manos del Señor, sin más. Dejar estar nuestra existencia en manos de Dios y de la vida.

A veces basta con mirar al crucificado y evocar en nuestro interior: Sus heridas nos han curado (1Ped 2,25). Eso sana nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

    Recordemos esperanzadamente desde la memoria de Cristo.

Padre, perdónales –perdónanos- porque no saben lo que hacen

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Atráeme en pos de ti, Señor.

sábado, 18 de febrero de 2023
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Qué pocos son, oh Señor, los que quieren ir detrás de ti; sin embargo, cuántos son los que quieren llegar a ti. Todos desean reinar contigo, pero no sufrir contigo. El que procede guiado por el Espíritu Santo no permanece constantemente en el mismo estado ni progresa siempre con la misma facilidad. Me parece que, si prestáis atención, vuestra experiencia interior confirmará cuanto voy a decir.

Si te sientes presa de la angustia o del disgusto, no debes perder la confianza a pesar de ello; más bien, debes buscar la mano de Aquel que es tu ayuda. Implórale hasta el momento en que, atraído por la gracia, vuelvas a encontrar la rapidez y la alegría de tu carrera. Entonces podrás decir: «Corro por la vía de tus mandamientos, porque me has ensanchado el corazón» (Sal 118,32). Así pues, cuando esté presente la gracia, alégrate de ello, pero no como si estuvieras completamente seguro, como si no debieras perderla nunca. De lo contrario, sólo con que Dios aleje un poco su mano y te retire su don perderás el ánimo y caerás en una tristeza excesiva, más de la que puedes soportar.

Así, en el día en que te sientes fuerte, no te acomodes en un estado de seguridad, sino grita a Dios con el Profeta: «Cuando declinen mis fuerzas, no me abandones» (Sal 70,9). En el momento de la prueba, consuélate y repítete a ti mismo para recobrar el ánimo: «Atráeme en pos de ti, Seńor; correremos al aroma de tus perfumes» (Cant 1,3). Así no disminuirá en ti la esperanza en el momento de la desventura, ni la prudencia en el día de la alegría. Bendecirás al Seńor en todo tiempo y así encontrarás la paz en el centro de un mundo vacilante, una paz inquebrantable, por así decirlo; empezarás a renovarte y a reformarte a imagen y semejanza de un Dios cuya serenidad dura por toda la eternidad.

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Bernardo de Claraval,
Sermones sobre el Cantar de los cantares, XXI.

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Bernardo de Claraval
obra de Rowan Lewgalon

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“Espiritualidad, gnosticismo y comprensión (I)”, por Enrique Martínez Lozano.

sábado, 18 de febrero de 2023
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60153170-D669-4D9B-85F9-ECFCBE5BAF05Suele ser habitual entre los humanos recurrir a etiquetas simplistas para descalificar, de manera rápida y tajante, aquellas posturas que discrepan de las propias. Las etiquetas denotan pereza intelectual, pero resultan eficaces, porque evitan el trabajo riguroso que supone estudiar a fondo una propuesta, analizarla en profundidad y entrar en diálogo con ella. Es mucho más fácil y más cómodo “cargarse de razón” y descalificar aquello con lo que no comulgo.

Una de las etiquetas más recurrentes que se aplican a la espiritualidad no religiosa -liberada de la tutela de la religión- es la de “gnosticismo”. Tal espiritualidad -vienen a decir- no aporta nada nuevo -el gnosticismo es muy antiguo- ni nada valioso -se da por supuesto que ya se demostró la mentira gnóstica-, por lo que ni siquiera vale la pena detenerse en ello.

Algún autor ha pretendido ir más lejos todavía: en un primer momento, etiqueta a la espiritualidad no religiosa como “gnóstica” y, a continuación, hace lo mismo con el gnosticismo, calificándolo de “filosofía parásita”. Uno puede entender que se trate de un desahogo del autor, que a él le aporte tranquilidad, pero ciertamente no da razón de lo que es el gnosticismo y, menos aún, de la relación que guarda con la espiritualidad. La búsqueda de la verdad -y no la de “tener razón”- requiere un trabajo más honesto y riguroso que el recurso a la etiqueta fácil.

Para empezar, el gnosticismo no fue una filosofía uniforme, por lo que resulta imposible reducir todas sus variantes a una sola. El gnosticismo –del griego gnosis: conocimiento– alude a todo un conjunto de corrientes filosófico-religiosas, de origen oriental o asiático, en auge en los primeros siglos del cristianismo, hasta el punto de que, en cierto modo, llegó a constituir una especie de atmósfera cultural que coloreaba todo el pensamiento de la época. Prometía un conocimiento misterioso y secreto que conduciría a la salvación. Tras una etapa de cierto prestigio entre los intelectuales cristianos, fue declarado herético. Contenía posturas filosóficas muy diversas; sus ideas tenían un carácter panteísta, sincretista, hermético, elitista y dualista. Hoy en día, se asocia habitualmente, de manera despectiva, al mundo de lo oculto, e incluso a la pura elucubración mental.

Toda etiqueta ha de contener alguna referencia adecuada ya que, de lo contrario, quedaría invalidada. Pues bien, si el gnosticismo y la espiritualidad tienen un punto, sería este: no llegamos a la plenitud a través de creencias, sino gracias a la comprensión.

Este sería el único punto de contacto, por lo que cualquier otra atribución -dualismo, esoterismo, hermetismo, ocultismo, elitismo, espiritualismo, desprecio del cuerpo y de la materia, etc.- resulta claramente fuera de lugar y no busca sino confundir.

En realidad, con todos los errores en que pudo incurrir, el gnosticismo, lejos de ser una “filosofía parásita”, pretendía un acceso a la verdad más allá de ideas filosóficas y de creencias religiosas, un conocimiento (gnosis) que pudiera experimentarse por uno mismo.

Por ello, dejando de lado tantísimas variantes, así como sus abundantes y exageradas elucubraciones mentales -y sin negar que, incluso en la actualidad, existan grupos que se autodenominan “gnósticos”, que sostienen ideas extravagantes y funcionan en la práctica como sectas destructivas-, en una síntesis escueta, el núcleo del gnosticismo podría resumirse en esta afirmación: La persona tiene acceso directo a la “salvación” personal o liberación y el camino es la comprensión (gnosis) de lo que somos. Afirmación que, así planteada, parece incuestionable. Porque si no se admite el camino de la comprensión, solo quedaría otro: el de la creencia (por la que creemos que lo que nos salva es…); creencias que suelen incluir mitos, como el de una salvación concedida por un ser celeste. Sin embargo, por más que durante mucho tiempo haya ocupado un lugar preeminente, cada vez vemos con más claridad que toda creencia no es más que un constructo mental y, en consecuencia, nada fiable. La comprensión, por el contrario, no se apoya en creencias, sino en la experiencia o en la indagación. Todo lo cual puede resumirse en esta frase: donde hay creencias, no hay comprensión, y donde hay comprensión, no hay creencias.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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¿Se puede ser mujer después de la Teoría Queer?

sábado, 18 de febrero de 2023
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3EDE9C35-67D5-48EC-9E43-457FD04A5591Del blog Tras las huellas de Sophia:

En esa palabra encuentro posibilidad y resistencia

| Mónica Treviño Álvarez

Niña, me nombraron al nacer. Aquella “a” marcó gran parte de mis posibilidades. Me condujo al rosa, a las muñecas y a las tareas de cuidado. Me alejó del azul, los videojuegos, los deportes y las luchitas.

Fui educada en el mundo para ellas mientras veía como mi hermano era educado en el mundo de ellos. Me descubrí niña desde las violencias y muchas imposibilidades. La primera vez que entendí de violencia no llegaba a los diez años, cuando aquel profesor de canto abusó sexualmente de mí. Niña, la que es leída como cuerpo de consumo.

Niña, aquella valiente que busca la sanación del abuso*

Fui creciendo y los mandatos siguieron llegando. Depílate el bigote, las piernas y los brazos; que en tu cuerpo sólo haya pelo en la cabeza y en las cejas. No hables, ni digas groserías. Imita a la “Virgen María” evita ser María de Magdala. Enamórate de un hombre, jamás de una mujer. Chava, la que es leída como cuerpo de consumo. Chava, la que debe ser sumisa.

Morra, la que busca descubrirse. La que desea besar a otra mujer.

Devine mujer soñadora y valiente. Aquella que fantaseaba con el sacerdocio. Quien se enfrentó a instituciones machistas y homofóbicas en las que se le negó la posibilidad de dedicar su vida a la Divinidad; la que no puede acceder al sacerdocio por una institución que teme a los cuerpos con vulvas.

Mujer, la que genera espacios de autogestión cuando le dicen un «no«.                                                        Mujer, aquella sagrada hija de la Diosa.                                                                                              Mujer sacerdotisa que opta por espiritualidades callejeras.

Mujer migranta de la fe.

Después de la Teoría Queer me apropio del derecho de seguirme nombrarme mujer, pues en esa palabra encuentro posibilidad y resistencia. Opto por reivindicar la feminidad, pues vivirme en falda, con maquillaje y de rosa no es pecado, ¡es resistencia! ¡Si! Resistencia pues el mundo nos ha enseñado a entender que ser ella es lo peor, algo para llorar. Renuncio a creer que vivirse en rosa es inferior.

Soy mujer, pues en el metro me siguen tocando los pechos y las pompas. El transporte público sigue siendo sinónimo de ver a hombres masturbarse mientras me miran. Ir a Zona Rosa y besarte significa provocar una erección en ellos. Mujer, pues mi cuerpo sigue enfrentándose a violencias por el simple hecho de serlo. Mujer, porque sigo teniendo miedo de subirme sola a un Didi y acabar siendo asesinada y tirada en un río.

Mujer porque el levantarse diario con mi corporalidad es un acto de valentía. Mujer porque me encanta serlo, porque cuando me hablan de “a” me sacan una sonrisa. Y ser feliz es el mejor acto de resistencia en un sistema que hace lo imposible por vernos llorar.  Soy mujer porque me da la gana serlo. Soy mujer y desde esta categoría opto por resistir. Mujer que reconoce que la resistencia es múltiple, fluida y con cientos de posibilidades de nombrarse: no binarie, trans, género fluido.

Soy mujer y me vivo desde la tonalidad rosa rebeldía.

* Todas las letras en negrita fueron enviadas en color «rosa«

Espiritualidad, General , ,

Bienaventuranzas del Diálogo

viernes, 17 de febrero de 2023
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Del blog de Miguel Ángel Mesa otro mundo es posible:

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19.01.2023

Felices quienes han trabajado el diálogo en la fragua del silencio, pasado por el agua del respeto y enfriado al aire de la igualdad.

Felices quienes entrelazan las palabras al calor de un diálogo sincero y profundo, donde adquieren sentido y dan fruto.

Felices quienes abandonan para siempre el monólogo egoista, atienden con respeto las razones del otro y se arriesgan a la escucha generosa.

Felices quienes fecundan la relación con los demás mediante un diálogo siempre abierto al entendimiento y a la consideración.

Felices quienes vencen los enfrentamientos, las luchas, las enemistades, los odios, con la mejor herramienta: el diálogo.

Felices quienes asientan su relación de pareja con las mieles de la ternura y el café sereno del diálogo sin prisas.

Felices quienes redoblan su amistad con la conversación alegre, con la confidencia íntima, con el diálogo que favorece y asienta el afecto.

Felices quienes solucionan los problemas laborales, familiares, vecinales, o los conflictos entre pueblos y naciones con el poderoso arma del diálogo.

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“El habla De Dios”, por Ramón Hernández

viernes, 17 de febrero de 2023
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9838A8CC-3F33-44A7-9EB2-ADBB2B2F9B53De su blog Esperanza radical:

De tanques y tractores

Tremenda y muy arriesgada la reflexión que hoy se nos plantea debido a que podría llevarnos a conclusiones realmente revolucionarias. Porque, si decimos que hubo un tiempo en que Dios habló a su pueblo y que ahí están los libros que contienen su voz, emitida hace ya tantos siglos y recogida en las Escrituras, entonces es difícil entender una supuesta mudez suya actual, equivalente para algunos a su muerte, como si se hubiera ausentado para siempre de nuestras vidas y, dada la evolución radical de las costumbres y de los pensamientos humanos, como si se hubiera dado media vuelta y nos hubiera confinado en la más absoluta indigencia intelectual y afectiva. Pero la verdad palmaria de cada cosa y de cada acción humana, que tan claramente nos proyectan su presencia, hacen que su voz no se apague nunca. Un supuesto silencio actual suyo requeriría un cambio substancial en el ser y en el obrar de un Dios que, habiendo sido antaño tan celoso de su pueblo, se muestra hogaño indiferente a su postración y a su sufrimiento.

Pero si decimos que Dios sigue hablándonos a través de cuanto acontece en cada instante de nuestras vidas, entonces se desencadena la intriga de saber qué nos está diciendo y de si su palabra actual rubrica o descalifica la de tantos profetas que se erigen en portavoces suyos. Teniendo en cuenta lo esencial y partiendo del hecho de que Dios no puede desdecirse, que su voz es siempre la misma, porque no puede cambiar ni un ápice su forma de proceder, debemos confiar en que sigue vivo junto a nosotros y en que está interviniendo de alguna manera en cuanto somos y hacemos. De ahí que nuestra gran preocupación, en vez de fijarse en si nos sigue hablando, debe ceñirse a qué nos está diciendo realmente en nuestro tiempo y a discernir si sus supuestos portavoces nos transmiten realmente su voz o persiguen otros intereses. De hecho, la fe revierte siempre en una oración que es conversación amistosa con un Dios que nunca se cansa de hablar con nosotros.

No deja de ser curioso y hasta contradictorio que la Iglesia de nuestro tiempo, o más bien sus jerarcas y doctores, sostengan que la Escritura, que es la palabra de Dios, se cerró con el último libro canónico del Nuevo Testamento, pero que nosotros debemos estar atentos a los dictados actuales del Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús que la sostiene y la guía. Pero no son las suyas revelaciones dictadas al oído, como algunos suponen que ocurrió con las Escrituras, sino mensajes que nos transmiten los llamados “signos de los tiempos”, ambigua denominación que, en boca de los aprovechados oportunistas de turno, lo mismo vale para un roto que para un descosido. Pero, en el fondo, nos queda la duda de si Dios habla o calla en nuestro tiempo.

De no hablarnos, puesto que el eco de su antigua voz es poco menos que indescifrable e incluso resulta imperceptible, estamos definitivamente perdidos, pues nunca seremos capaces de dar razón por nosotros mismos de nuestra propia vida y, lo que es más importante, de esbozar siquiera un horizonte que ilumine el recorrido humano. En otras palabras, por nosotros mismos no seremos capaces más que de decapitar la vida al confinarla en la sinrazón y la náusea. Pero si realmente nos habla, debemos apretarnos los machos, primero, para captar su voz y, segundo, para responder al diálogo que siempre provoca, sin olvidar en ningún momento que lo que hoy nos dice debe estar en completa armonía con lo que nos dijo ayer, habida cuenta en ambos casos de las circunstancias de lugar y cultura en que su voz toma cuerpo, pues la suya no puede ser más que una única palabra.

Si los cristianos decimos que esa palabra se llama Jesús de Nazaret, el judío que predicó en Palestina y el Cristo que sigue vivo entre nosotros, lo primero que debemos preguntarnos es qué es lo que realmente conserva de ese mismo Jesús la Iglesia de la que nos consideramos miembros. Para no entretenernos con menudencias e ir directamente a lo más determinante, cabría preguntarse a bocajarro si quien proclamó abiertamente que su reino no es de este mundo podría estar conforme con que hoy su Iglesia sea y se comporte como Estado, presidido por una especie de vicario-rey, rodeado de una corte de príncipes, y que dicha Iglesia esté formada por comunidades de seguidores establecidas en territorios gobernados por una especie de señores feudales. ¿Pudo Jesús sospechar siquiera o incluso temer que sus seguidores se organizarían en una estructura de poder tan férreo y atosigante como el que realmente ejercen los papas, los cardenales y los obispos sobre el pueblo de Dios? Si la respuesta es obviamente negativa y que todo ello ha obedecido a la necesidad imperiosa de ir acoplando el mensaje evangélico a los tiempos, la conclusión obvia sería que también hoy debemos seguir en esa línea, aunque sin las fijezas y fidelidades con que nos anclamos a costumbres y procedimientos forzosamente cambiantes y efímeros. Seguir en la misma línea requiere únicamente acoplar el mensaje cristiano a los tiempos actuales, tiempos en que, por ejemplo, las monarquías absolutas y las tiranías de cualquier pelaje están fuera de lugar, razón por la que son rechazadas de plano como sistemas válidos y legítimos de gobierno de los pueblos.

Si de las estructuras jerárquicas saltamos al lenguaje en sí mismo, deberíamos tener muy en cuenta que este evoluciona para no seguir grabando a fuego en la mente del cristiano terminologías hoy extrañas por obsoletas. ¿Seríamos capaces de entablar hoy una guerra por aquilatar conceptos tan complejos y distantes como los de “naturaleza” y “persona” a la hora de proclamar en nuestro Credo que el Dios de nuestra fe es Trinidad porque en él hay tres “personas”, pero que, a la postre, se trata de “un” solo Dios, porque sus tres personas tienen una única “naturaleza”? ¿Debe todo esto tener alguna repercusión en la vida de los cristianos de nuestro tiempo? Y, sin embargo, el “misterio” de la Trinidad, misterio que no debería serlo tanto al haber sido desvelado tan claramente por la inserción en él de los términos filosóficos de persona y naturaleza, sirvió en el pasado no solo para construir sobre él un emporio de dogmas y un baluarte de espiritualidad, sino también para ser utilizado como punta de lanza para pronunciar excomuniones y dictar condenas a morir en la hoguera.

Todavía no hace mucho, al discrepante y al contrincante se los tildaba fácilmente de “herejes”, igual que hoy se los tilda de “fascistas. ¿Qué lenguaje utiliza hoy el Espíritu de Jesús para hablarnos? Solemos decir que lo hace a través de “los signos de los tiempos”, pero la triste realidad es que los signos de nuestro tiempo apuntan claramente a la guerra, a la eliminación de los contrincantes y a la muerte por hambre de millones de seres humanos, procedimientos perversos que los cristianos debemos erradicar partiendo del hecho evidente de que vivimos en un mundo con recursos suficientes para que todos podamos llevar una vida digna, construida sobre la libertad y la justicia. De ahí que esos mismos signos tengan hoy un clamoroso timbre denunciador en demanda de conversión personal y de cambio de rumbo social.

Y, si del lenguaje pasamos a las costumbres, ¿condenaría hoy Jesús a las adúlteras de nuestro tiempo cuando en vida encontró la manera de perdonar a cuantas se cruzaron en su camino? El hambriento come, el leproso se cura, el ciego ve, el cojo anda y, en general, el pecador se arrepiente. Tales eran los signos y los prodigios con que él acreditaba su proceder mesiánico para implantar en la tierra el reino de Dios. ¿Acaso era Jesús un ser fantasmal venido de otro mundo o un filósofo sabio, un gran matemático, un sobresaliente general de algún ejército, un destacado constructor de templos o un rico comerciante de especias? Por fortuna para todos, no fue más que un sencillo judío devoto y fiel, ungido por la gracia de Dios, de quien recibía la fuerza con que obraba las maravillas con que justificaba su poder y su obra. Ateniéndonos a cuanto de él nos cuentan las  Escrituras, nos enseñó a cambiar nuestra forma de ver el rostro de un Dios que había sido, y aún sigue siéndolo para muchos en nuestro tiempo, duro como el pedernal, insaciablemente vengativo, terriblemente celoso y cruel más allá de todo lo imaginable, capaz de infligir terribles castigos “eternos” por nimiedades,  para contemplarlo gozosamente como un hacendoso hortelano, que cuida y mima los lirios del campo, o un bondadoso padre, que no desespera de que su hijo díscolo retorne un buen día al hogar paterno.

Aunque para el cristiano no haya otro camino que el de la cruz de Jesús, de seguir sus pasos, todo en su vida ha de volverse positivo por la fe que profesa creyendo en el Dios que él predica. Por muchas vueltas que le demos al hecho de ser cristianos, no hay más camino que el recorrido por el judío que todo lo hizo bien, generoso en el perdón y dedicado de lleno a mejorar la vida de cuantos le rodeaban y escuchaban. Incluso su muerte por sedición, en el seno de un pueblo atenazado por un poder extranjero y sometido al juego sucio de manipuladores de la ley, salvó realmente a “su” pueblo, pueblo del que los cristianos formamos parte. En vida y muerte, él cumplió la voluntad de su Padre y bebió hasta la última gota amarga de su cáliz en beneficio de su pueblo, de todo pueblo.

Sin la menor duda, el Espíritu Santo, el espíritu de Jesús, nos habla hoy a través de los acontecimientos que entretejen y cincelan nuestras propias vidas. Hay en este mundo nuestro muchas guerras y hambres a las que todos los cristianos, como una piña, debemos poner remedio sirviéndonos de cuantos recursos y fuerzas tengamos. De estar persuadidos de que esa es la voluntad que Dios nos manifiesta a través de los signos de nuestro tiempo, podemos llegar muy lejos en el logro de tan encomiable cometido. El tirano que subyuga a unos y el codicioso que imposibilita la vida de otros deberían ser denostados como se merecen en el seno de nuestras comunidades. Son precisamente ellos los que convierten esta hermosa vida nuestra en un purgatorio y, seguramente, en el único infierno que nos acecha o que de hecho nos engulle. Desde luego, no me cabe la más mínima duda de que el Espíritu de Jesús nos está gritando con fuerza, a través de los signos de nuestro tiempo, que es mucho mejor vivir amándonos que odiándonos y que nuestros mortíferos tanques deben “convertirse” en vivificadores tractores.

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Leandro Sequeiros: “La Misa sobre el Mundo” de Pierre Teilhard de Chardin cumple 100 años.

viernes, 17 de febrero de 2023
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Teilhard_de_Chardin(1)Uno de los textos místicos y proféticos más leído por cristianos y no cristianos es “La Misa sobre el Mundo” del jesuita científico Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955)

Además es un texto clásico para conocer el pensamiento del geólogo y místico jesuita francés. Se ha escrito mucho sobre cómo se gestó este texto. La versión oficial es esta: en agosto de 1923, encontrándose el padre Teilhard de Chardin en las planicies de Mongolia, en el desierto de Ordos, en una de sus primeras excavaciones científicas en China acompañando al jesuita Émile Licent, no tenían pan ni vino para celebrar la Eucaristía.

Era el día 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor, de la que era muy devoto Teilhard. En un arrebato místico, el jesuita Pierre Teilhard de Chardin, de 42 años, doctor en Ciencias Naturales, filósofo, místico y poeta, científico y pensador, redacta este precioso texto.

Sin embargo, el texto no es del todo improvisado. Teilhard había redactado una primera versión de La Misa sobre el Mundo, titulada Le Prêtre, en julio de 1918, en el bosque de Laigue (publicada en Escritos del tiempo de la Guerra, tomo XII de las Obras, p. 313 ss). Teilhard reflexionó en La Misa sobre el Mundo sobre la irradiación de la Presencia eucarística en el Universo. Ciertamente que no confundía esa Presencia, fruto de la transustanciación propiamente dicha, con la Presencia universal del Verbo. Su fe en el misterio de la Eucaristía no era solo ardiente: era tan precisa como firme.

Pero será necesario poner un marco a “La Misa sobre el Mundo”:

Tientsin, China, hace un siglo (1923)

El primero de abril de 1923 Pierre Teilhard de Chardin, de 42 años, que había defendido su tesis doctoral en 1922, se embarcó en Marsella hacia China. Poca idea tenía que este supuesto corto viaje sería el inicio de muchos años de viajes que seguirían. Su primer periodo en China lo pasó en Tientsin, una ciudad costera a unos ciento treinta km. de Pekin, donde el jesuita Émile Licent había construido su museo y un albergue para los fósiles que había recolectado en China desde su arribo en 1914.

Teilhard y Licent eran dos personalidades contrastantes. Licent, nada convencional en el vestir, taciturno y muy independiente en su trabajo, interesado en coleccionar fósiles más que interpretar su significado. Teilhard era más formal, disfrutaba la conversación en sociedad, en la cual podía relacionar sus conocimientos geológicos a una amplia esfera científica e interpretativa. Casi inmediatamente Teilhard se familiarizó con la colección de Licent y ante un pedido urgente, envió un reporte a la Sociedad Geológica China.

misa-sobre-mundo2En junio de 1923 Teilhard y Licent emprendieron una expedición al desierto de Ordos al oeste de Pekin, cerca de la frontera con Mongolia Interior. Esta expedición y las sucesivas que realizó junto con Licent durante los años 20s le proporcionaron a Teilhard invaluable información sobre los restos paleolíticos en China.

El principal interés de Teilhard durante esos años fue principalmente en el terreno de las ciencias naturales. Aunque interactuó con innumerables grupos étnicos, rara vez se adentró en sus culturas más de lo necesario para mantener bien las expediciones o satisfacer un interés general. Irónicamente las tradiciones del confucionismo, el principal sistema de pensamiento chino con su visión de la identidad cósmica entre cielo, tierra y hombre, quedaron fuera de los intereses de Teilhard. En sus Cartas de viaje, dejó registradas sus impresiones sobre Mongolia, su gente, su geología, su vegetación y los animales de la región.

Para el 10 de septiembre de 1924 Teilhard se encontraba en Shanghai donde visitó la tumba de su hermana mayor y el 13 de septiembre dejaba China.

Con ocasión del centenario de este escrito (agosto de 1923) ofrecemos a los lectores este texto para su reflexión. Hace unos meses se publicó este libro:

Thomas M. King, SJ. La Misa de Teilhard. Una aproximación a «La Misa sobre el Mundo». Sal Terrae, Cantabria, 2022, Colección: El Pozo de Siquén – 451, 231 pág. Traducción: Beatriz Muñoz Estrada-Maurin. Colaboración: Leandro Sequeiros. ISBN: 978-84-293-3068-7

Un vibrante ensayo del jesuita Thomas M. King, que fue profesor de Georgetown.

El autor aporta datos nuevos sobre Teilhard. Es más: entrevistó por vez primera a familiares y amigos. Y presenta un escenario extendido de la sensibilidad cósmica de Teilhard hacia la Eucaristía y hacia el sacerdocio para poder entender en su verdadera dimensión “La Misa sobre el Mundo”.

En la INTRODUCCIÓN que redactó Thomas King para este volumen, escribe: Comentando el significado cósmico de la Misa, Teilhard habla de las «Extensiones de la Eucaristía». Es decir, la Hostia de pan «se va envolviendo cada vez más íntimamente en otra Hostia infinitamente más grande, que no es nada menos que el Universo entero (…). Así, cuando pronunciamos la fórmula: “Hoc est Corpus meum”, “hoc” se está refiriendo “primario” al pan. Pero, “secundario”, en un segundo tiempo de la naturaleza, la materia del sacramento es el Mundo mismo, en el que se expande, para perfeccionarlo, la presencia sobrehumana del Cristo universal. El Mundo es la Hostia definitiva y real en la que Cristo desciende poco a poco hasta la consumación de los tiempos».

misa-sobre-mundo3Y prosigue: “Teilhard concluyó «La Misa sobre el Mundo» con las palabras «Ordos, 1923». Con ello, daba a entender que la había escrito en el desierto de Ordos durante su primera expedición en China. Pero existen versiones primitivas del texto, especialmente el ensayo titulado «El sacerdote» que escribió en 1918 mientras servía como camillero del ejército francés durante la Primera guerra mundial. En esa época, como le ocurrirá más tarde con «La Misa», se había visto forzado a ofrecer una Misa espiritual no teniendo nada más que ofrecer: «Ya que hoy no tengo, Señor, yo que soy vuestro Sacerdote, ni pan, ni vino, ni altar, voy a extender mis manos sobre la totalidad del Universo, y tomar su inmensidad como materia de mi sacrificio…».

Desde la Junta Directiva de la Asociación de Amigos de Pierre Teilhard de Chardin agradecemos a Beatriz Muñoz Estrada-Maurin su paciente trabajo y al Grupo de Comunicación Loyola y a la Editorial San Terrae por el mimo y la atención dedicada para que este volumen pueda llegar al público que cree que las ideas, las propuestas y la espiritualidad de Pierre Teilhard de Chardin pueden ayudar a los hombres y mujeres, creyentes o no, del siglo XXI.

Leandro Sequeiros

Presidente de la Asociación de Amigos de Teilhard (sección española) – lsequeiros42@gmail.com

Fuente Fe Adulta

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica ,

Sus pasos

jueves, 16 de febrero de 2023
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Del blog Nova Bella:

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El viene, viene siempre, en cada instante y en cada edad,

todos los días, todas las noches…

¿no oíste sus pasos silenciosos?

*

Rabindranath Tagore

***

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“La esperanza viene en los Hechos”, por José Mª Otalora

jueves, 16 de febrero de 2023
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ApostolesDe su blog Punto de Encuentro:

Leyendo Hechos de los Apóstoles, podemos refrescar algunas claves para este desnortado tiempo, y hacerlo en torno a la primacía del Espíritu a la luz de las primeras comunidades cristianas y de cómo daban razón de la Buena Noticia en el incipiente movimiento organizado llamado Iglesia.

El evangelista Lucas escribe este texto cuando los fariseos comienzan a excluir a los cristianos de origen judío de las sinagogas. Lo mejor del libro es que la experiencia de Jesús resucitado ha traído un gran gozo a sus seguidores. Es un paralelismo con el gozo que tuvo Jesús en vida, volcado en implantar el Reino como la invitación a quienes venimos detrás en medio de las dificultades. Se ve mejor en forma de decálogo:

1 – Esa actitud liberadora ejemplar les trae problemas, pero sin que por ello dejan de actuar como lo hizo su Maestro. Irradian convicción y alegría provocando con su mensaje una esperanza y que nadie quede indiferente, algo que inunda toda la narración, como queriendo contagiar a todos los que seguimos sus pasos.

2 – Con su autoridad -que no poder- logran que muchos se conviertan en seguidores de Cristo, ofreciendo a todos el plan de Dios, como hizo Jesús, sin atender a purezas legales ni a la consideración de excluidos o pecadores oficiales, y desde una disponibilidad plena.

3 – Jesús no escoge a los mejores según el criterio humano. Resulta chocante que no elije a sacerdotes doctos en la Ley o ilustres levitas y fariseos. Incluso la elección de los Doce precede a la de un fariseo enemigo de cristianos para convertirlo en el más destacado misionero; se llama Saulo, conocido por sus persecuciones a cristianos con el permiso de las autoridades judías.

4 – Los apóstoles no se centran en condenar sino en salvar. Hablan de que mataron a Jesús por ignorancia y no se ensañan contra los que urdieron las infamias para colgarle en una cruz. No realizan cruzadas contra los que estuvieron involucrados en la muerte de Jesús, a pesar de que pendía sobre ellos un fin similar al de su Maestro.

5 – Pero cuando los apóstoles son acusados, también se convierten en testigos dando razón de su fe ante el Sanedrín y dejando a las autoridades judías religiosas en evidencia. Si se hubiesen dedicado a vivir su fe con un poco de diplomacia, las autoridades judías les hubiesen ofrecido una especie de pacto de no agresión para salvar sus vidas a cambio de no socavar el prestigio de aquellas autoridades protegidas bajo el poder teocrático.

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6 – En Hechos, Lucas muestra que la vida incipiente de la Iglesia giraba en torno al Cristo viviente, resucitado; y se apoya en dos pilares: a) La celebración de la fe como encuentro alegre de los hombres y mujeres que necesitan alabar y agradecer los dones de Dios. Era la fiesta que alienta el Espíritu más que una obligación ritual. b) El servicio a los pobres como actitud preferente a la manera de Jesús, característica propia de aquellos primeros cristianos.

7 – La Iglesia ha de tomar partido por la vida y comprometerse a minorar todo tipo de injusticia y muerte. En este sentido, me parece necesaria una revisión del actual estilo de nuestras comunidades para volver al principio de todo, a dejarnos amar por Dios como nos recuerda la primera carta de Juan; a dar y aceptar el amor de los otros -empezando por el de Dios- para aprender a amar. Nos examinarán del amor que hayamos puesto, no de otras cosas.

8 – La sinodalidad va precisamente de esto: de ir caminando juntos y escuchándonos entre diferentes en fraterna comunidad. Si la Iglesia se vuelve aburrida y monótona en su testimonio, temerosa de perder su poder mundano que nunca debió tener, es inconsecuente o se crispa ante quienes no piensan como ella, necesita volver urgentemente a la audacia esperanzada del libro de los Hechos y a las cartas de los apóstoles, sin hacer cálculos sobre las consecuencias de humanizar la vida a su alrededor.

9 – Entonces, ¿para qué la Ley de Moisés?, se pregunta el apóstol. Y él mismo se responde diciendo que la función esencial de la Ley no consiste en salvar, sino en llevarla a la práctica con el ejemplo, evangelizando. Que ella no salva -sólo es un medio-. Lo que salva es la promesa hecha realidad en la persona de Jesucristo. Si cumplimos la Ley como un fin estamos muy cerca de aquellos escribas y fariseos.

10 – Claro que la Iglesia estuvo en peligro de dividirse en más de una ocasión, y de hecho, eso  ocurrió más tarde. Pero somos el Plan de Dios, no nuestro plan, unidos en lo esencial, orando juntos, trabajando por derribar las exclusiones injustas y celebrando también unidos hasta provocar ese “mirad como se aman” cuando celebramos la vida de verdad.

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Aparece una importante carta inédita del padre Arrupe sobre Teilhard de Chardin

jueves, 16 de febrero de 2023
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Teilhard_de_Chardin(1)Leído en el blog de Pedro Miguel Lamet:

Contra una visión de la Iglesia «de horizontes estrechos» Aparece una importante carta inédita del padre Arrupe sobre Teilhard de Chardin

Un nuevo documento, hasta ahora inédito, revela hasta qué punto el superior general de la Compañía de Jesús, padre Pedro Arrupe, tenía entre sus inquietudes personales más queridas reivindicar la figura del famoso y destacado jesuita paleontólogo y científico interdisciplinar, Teilhard de Chardin, que no pudo ver publicadas sus obras en vida

Pedro Arrupe, defendió a Teilhard afirmando que es “uno de los grandes maestros del pensamiento contemporáneo, cuyo éxito actualmente no debe asombrarnos. De hecho, él ha llevado a cabo una grandiosa tentativa para reconciliar el mundo de la ciencia y el de la fe”

En 1962 el Santo Oficio publica un monitum  que manda retirar sus obras de seminarios y universidades católicas. Decretaba que en sus obras, publicadas después de muerto, “abundan en tales ambigüedades e incluso errores serios, que ofenden a la doctrina católica».  En la década de 1980 se trató de reivindicar su pensamiento, pero la Santa Sede refrendó la advertencia de 1962

Entre muchas declaraciones, me dijo que además de santa Teresa, san Juan de la Cruz, san Ignacio y san Francisco Javier, los autores contemporáneos que más leía eran Karl Rahner, De Lubac y Teilhard de Chardin. Y me señaló un libro que tenía sobre la mesa: una biografía de Teilhard en imágenes.

En la carta recién descubierta, Arrupe afirma que «el padre Teilhard intenta mostrar que la evolución traduce un avance de la materia hacia el espíritu”

Teilhard estaba preocupado por“anunciar su fe a un mundo alejado de Dios o para el que la Iglesia es una institución anticuada, encerrada en horizontes estrechos»

Subraya otro rasgo de su personalidad: su amor ardiente por Cristo, situado en el centro de su pasión por un mundo transformado, y que se realiza en el cristianismo. Este no es a sus ojos ‘un accesorio añadido al Mundo’, sino más bien ‘la piedra fundamental y la clave de la bóveda’”

«El padre Teilhard no solo vivía su sacerdocio y su vida religiosa con una gran intensidad en lo más íntimo de sí mismo, sino que además lo decía, lo proclamaba tanto a los no creyentes como a los creyentes»

“Hay en él la intuición profética de un gran número de problemas que habrían de movilizar y todavía movilizan el pensamiento y la acción de la Iglesia»

Se trata, pues, de un documento importante para la biografía del padre Arrupe y un texto que refuerza un rasgo destacado de su personalidad: su optimismo radical, muy teilhardiano, su teología inmanentista, frente a las corrientes pesimistas del hombre y el mundo, su creencia en que todo hombre lleva de alguna manera a Dios dentro (incluso los criminales llegó a decir), su apertura al dialogo con la cultura y el mundo.

Un nuevo documento, hasta ahora inédito, revela hasta qué punto el superior general de la Compañía de Jesús, padre Pedro Arrupe, tenía entre sus inquietudes personales más queridas reivindicar la figura del famoso y destacado jesuita paleontólogo y científico interdisciplinar, Pierre Teilhard de Chardin, que no pudo ver publicadas sus obras en vida, por prohibición de la Santa Sede, y recibió un monitum del Santo Oficio siete años después de su muerte. Se trata de una extensa y ponderada carta dirigida en 1981 por el padre Arrupe al provincial de Francia, Henri Madelín con ocasión del centenario de la muerte del científico. La ha revelado Leandro Sequeiros, SJ, presidente de la sección española de la Asociación Amigos de Teilhard de Chardin.

Siempre lo defendió

 Ya era conocida la admiración de Arrupe por el brillante pensador francés. Lector asiduo de sus obras, nada más ser elegido General de los jesuitas en 1965, en la primera rueda de prensa a preguntas de los periodistas sobre la contradicción que suponía el monitum dictado en 1962 contra el pensador francés y la exaltación que de Teilhard hacían escritores católicos, Pedro Arrupe, defendió a Teilhard afirmando que es “uno de los grandes maestros del pensamiento contemporáneo, cuyo éxito actualmente no debe asombrarnos. De hecho él ha llevado a cabo una grandiosa tentativa para reconciliar el mundo de la ciencia y el de la fe”.

Hay que aclarar que el Monitum publicado hacía solo tres años no era una condena formal. Pero afirmaba que en sus obras, publicadas después de muerto, “abundan en tales ambigüedades e incluso errores serios, que ofenden a la doctrina católica. Por esta razón, los eminentísimos y reverendísimos Padres del Santo Oficio exhortan a todos los Ordinarios, así como a los superiores de institutos religiosos, rectores de seminarios y presidentes de universidades, a proteger eficazmente las mentes, particularmente de los jóvenes, contra los peligros presentados por las obras del P. Teilhard de Chardin y de sus seguidores”. Eso de facto supuso la retirada de sus obras de las bibliotecas de seminarios y universidades católicas Pese a la censura impuesta por Roma a su obra, numerosas ediciones de los libros de Teilhard de Chardin se distribuyeron por todo el mundo en los años inmediatos a la publicación del monitum. En la década de 1980 se trató de reivindicar su pensamiento, pero la Santa Sede refrendó la advertencia de 1962.

Pedro Arrupe, tras señalar cómo en su trabajo y su espiritualidad todas las cosas confluyen en Cristo, concluye ante los informadores queno se puede dejar de reconocer la riqueza del mensaje del padre Teilhard para nuestro tiempo”, y que su esfuerzo “está completamente en la línea del apostolado de la Compañía de Jesús”. Es de imaginar cómo fueron recibidas estas palabras por la prensa internacional, particularmente la francesa.  Arrupe juzgaba positivamente a uno de los profetas más intuitivos del momento frente a sus detractores.

En otra ocasión Arrupe recordaba las palabras de Teilhard de Chardin: “El mundo pertenecerá a aquellos que le den la mayor esperanza”. Y cuando su estrecho colaborador Yves Calvez le velaba en el hospital después de la trombosis cerebral que le sobrevino en 1981, le leyó una noche El medio divino de Teilhard de Chardin y especialmente algunas frases. “Nuestra capacidad de disminución son nuestras verdaderas pasividades. (…) En cierto modo, para penetrar definitivamente en nosotros, Dios debe excavarnos, vaciarnos, hacerse un hueco”. Para Arrupe, lector de Teilhard, esa era una de las certezas de las que vivía, como se demostraría en los nueve años de postración y humillación que sufrió mansamente por su enfermedad y las medidas de la Santa Sede.

En julio de 1983, consciente de las dificultades de expresión y difícil recuperación que tenía el padre Arrupe, solicité licencia para trasladarme a Roma y conversar con él, con el fin de terminar mi proyecto, largos años acariciado, de completar una biografía de Arrupe, que apareció publicada en repetidas ediciones revisadas con los títulos Arrupe, una explosión en la Iglesia y Arrupe, testigo del siglo XX y profeta del XXI. Jamás olvidaré la experiencia de aquellas entrevistas con un hombre disminuido por la enfermedad,  pero transparente y transido de una gran luz interior. Entre muchas declaraciones, me dijo que además de santa Teresa, san Juan de la Cruz, san Ignacio y san Francisco Javier, los autores contemporáneos que más leía eran Karl Rahner, De Lubac y Teilhard de Chardin. Y me señaló un libro que tenía sobre la mesa: una biografía de Teilhard en imágenes. En realidad él ya no podía leer, por eso se limitaba a hojear la fotos de su vida. ¡Fue su último libro de cabecera!

De la materia al espíritu

                En la carta recién descubierta dice entre otras cosas que Teilhard “se preocupó por restaurar una visión holística del mundo, y en particular de situar al ser humano en su verdadero lugar, por lo que propone las directrices generales de una ciencia antropológica completa”, sin “reduccionismo” alguno, y que “se esfuerza en manifestar la organicidad de las ligazones entre la historia natural y la historia de las religiones del mundo”. Sobre el debatido tema de la evolución tiene el mérito  de “hacer cambiar de sentido un camino dominante en el momento en el que él iniciaba su carrera como científico: el de la evolución de las especies vivientes que llega hasta los humanos y que se esgrimía como la demostración del materialismo, el rechazo de la existencia de un mundo espiritual que se estimaba que solo podía ser salvable por el fijismo.” “Oponiéndose a esto, el padre Teilhard intenta mostrar que la evolución traduce un avance de la materia hacia el espíritu”.

      resucitado1          Teilhard estaba preocupado por “anunciar su fe a un mundo alejado de Dios o para el que la Iglesia es una institución anticuada, encerrada en horizontes estrechos. Un testimonio especial de una vocación de jesuita en el que la competencia técnica, lejos de ocultar o de devorar el compromiso, coopera a estimular y nutrir su preocupación apostólica y misionera”. Lo conecta con el fenómeno de la inculturación y con el padre Ricci en China. Preocupación que “nos empuja a lo mayor y que nosotros interpretamos como tener una presencia en diversos lugares en los que la Iglesia ha estado ausente hasta ahora con demasiada frecuencia”.

                Subraya otro rasgo de su personalidad: “su amor ardiente por Cristo, situado en el centro de su pasión por un mundo transformado, y que se realiza en el cristianismo. Este no es a sus ojos ‘un accesorio añadido al Mundo’, sino más bien ‘la piedra fundamental y la clave de la bóveda”, llegando a la conclusión de que la Encarnación puede entonces iluminar el mundo,

                “Adhesión y unión a Cristo -añade- traduce más lo que es la existencia de los sacerdotes y de los religiosos. El padre Teilhard no solo vivía su sacerdocio y su vida religiosa con una gran intensidad en lo más íntimo de sí mismo, sino que además lo decía, lo proclamaba tanto a los no creyentes como a los creyentes”. A continuación, subraya también su adhesión a la Iglesia: Es necesario añadir que él fue fiel y obediente. Y que él había obedecido por profunda fe en la Iglesia y por el amor que le tenía a ella, lo cual lo sabemos por el peso de sufrimiento que le costó”.

                Ve Pedro Arrupe en Teilhard de Chardin una dimensión profética: “Hay en él la intuición profética de un gran número de problemas que habrían de movilizar y todavía movilizan el pensamiento y la acción de la Iglesia. Todo se logra en el amor filial a esta Iglesia que el padre Teilhard no disociaba jamás de Cristo, y de su amor simbolizado por su Corazón. Como ha escrito el padre Teilhard: ‘El Cristo’. ‘Su Corazón. ‘Un Fuego capaz de penetrar todas las cosas’.

                Se trata pues de un documento importante para la biografía del padre Arrupe y un texto que refuerza un rasgo destacado de su personalidad: su optimismo radical, muy teilhardiano, su teología inmanentista, frente a las corrientes pesimistas del hombre y el mundo, su creencia en que todo hombre lleva de alguna manera a Dios dentro (incluso los criminales llegó a decir), su apertura al dialogo con la cultura, los increyentes y todas las religiones, su esperanza en el futuro y la profunda alegría que le animaba incluso en los peores momentos y que le inspiró sus últimas palabras antes de morir: “Para el presente amén, para el futuro, alegría”.En el caso de Teilhard, como en otros casos, se sumaba una circunstancia agravante; el sujeto castigado «teológicamente» era, además, expulsado de su casa y de su patria. Teilhard fue extraditado de Francia y se vio obligado a emigrar a Estados Unidos. Murió en Nueva York el 10 de abril de 1954.

                Por su importancia publicamos íntegramente la citada carta en traducción del francés de Leandro Sequeiros, SJ.:

TEXTO ÍNTEGRO

Carta del padre general de la Compañía de Jesús, pedro Arrupe, al Provincialo de Francia, Henri Madelin (30 de mayo de 1981)

Curia Praepositi Generalis Societatis Iesu Roma –Borgo Sto Spirito, 5- Par R.P. Henri Madelin-Provincial, ParísRoma,
30 de mayo de 1981

Querido Padre Provincial, PC.

                arrupe-thu Con ocasión del centenario del nacimiento del padre Pierre Teilhard de Chardin, no puede faltar el dirigirme a usted como representante de la Compañía de Jesús en Francia para compartir lo que significa para mí la persona y la obra de este gran jesuita surgido de entre ustedes. Y quiero compartirlo gratamente con ocasión del Coloquio que han organizado el Centro Sèvres y el Centre des Fontaines para profundizar el conocimiento de los aspectos clave del pensamiento científico y religioso del padre Teilhard. Yo se por supuesto que a través de los participantes en este Coloquio mi palabra se unirá a la de otros muchos, jesuitas y no jesuitas, que muestran un interés cordial por la persona y la obra de nuestro hermano.El padre Teilhard me es sin duda querido por los rasgos de su esfuerzo que se inscriben tan ejemplarmente en una vocación de jesuita: la búsqueda opinable de una mejor comprensión de la fe, plenamente actualizada; el empeño misionero por anunciar esta fe a aquellos que están alejados de ella.

                Su búsqueda de una comprensión de la fe profunda y actualizada se expresa en dos dimensiones complementarias. En primer lugar, dentro de una ciencia fragmentada bajo el impacto de la especialización de las disciplinas, Teilhard se preocupó por restaurar una visión holística del mundo, y en particular de situar al ser humano en su verdadero lugar, por lo que propone las directrices generales de una ciencia antropológica completa, que es a la vez física, biológica y sociológica, haciendo un lugar a las especificidades sin caer en el reduccionismo.

                Al mismo tiempo, en aras de la coherencia interna que evita toda forma de concordismo, Teilhard se esfuerza en manifestar la organicidad de las ligazones entre la historia natural y la historia de las religiones del mundo.

                Animado por estos objetivos, el padre Teilhard ha osado mirar de frente los problemas abiertos por los puntos de vista evolucionistas que se han impuesto progresivamente dentro del campo de las ciencias de la naturaleza y del ser humano, pero ante las cuales la conciencia cristiana a menudo sigue huyendo. Poderosamente arraigado en la fe de la Iglesia por su educación familiar y por la formación en una orden religiosa, Teilhard pertenecía entero al universo científico – por sus competencias de geólogo y más aún de paleontólogo – entonces desconocido para muchos de sus hermanos en la fe.

                Por una decisión mal reflejada y por temperamento, Teilhard rechaza las cosas estrechas, y no declara incompatibles entre ellas estas realidades, la fe y la ciencia, igualmente vitales a sus ojos. Más aún: el busca unirlas por un camino de profundidad.

                Teilhard tiene además el mérito de hacer cambiar de sentido un camino dominante en el momento en el que él iniciaba su carrera como científico: el de la evolución de las especies vivientes que llega hasta los humanos y que se esgrimía como la demostración del materialismo, el rechazo de la existencia de un mundo espiritual que se estimaba que solo podía ser salvable por el fijismo.

                Oponiéndose a esto, el padre Teilhard intenta mostrar que la evolución traduce un avance de la materia hacia el espíritu. Este punto de vista puede hoy considerarse como razonable y aceptable, lo mismo que hoy nos podemos adherir, sin reservas, a todas las conclusiones teológicas que el padre Teilhard ha basado en este punto de vista fundamental.

                Él se sitúa entonces de forma espontánea más allá de los simplismos de una ideología cientificista que estaría orgullosa de un reduccionismo mortal del ser humano y de las cosas a solos sus elementos, pero más allá también de la pereza y de la timidez de una fe que rechazase el valor y el derecho de las investigaciones humanas. Estaba persuadido de que él regresa al cristiano del futuro, un “buscador que se entrega por amor a los trabajos de lo que se va a descubrir” y que lo convierte en “adorador de algo que es más grande que el mundo”, al trabajo en el mundo mismo. [Obras completas, VI, 223 (“La mística de la ciencia”) – 1939 (20 marzo)  La mística de la ciencia. VI, La energía humana 177-196. Taurus, Madrid, 1963, Ensayistas de Hoy, nº 34]. El padre Teilhard está caracterizado a continuación, pero mejor podemos decir que al mismo tiempo, por su preocupación, – central, constante, perfectamente consciente, – por anunciar su fe a un mundo alejado de Dios o para el que la Iglesia es una institución anticuada, encerrada en horizontes estrechos. Un testimonio especial de una vocación de jesuita en el que la competencia técnica, lejos de ocultar o de devorar el compromiso, coopera a estimular y nutrir su preocupación apostólica y misionera.

                A aquellos que consideran que el cristianismo está pasado de moda, el padre Teilhard quiere mostrar, y lo consigue en buena parte tanto entre cristianos como entre no creyentes, que el cristianismo, la Iglesia, constituyen el corazón mismo del mundo, de este mundo sometido a una transformación tan profunda, que él osa decir que la Iglesia solo puede aportar la luz sobre sin el cual el mundo estaría condenado a la ruina.

                No tengo necesidad de señalar cómo tal audacia, tal anchura y profundidad de este punto de vista lo separan de muchos de los cristianos temerosos. Las concepciones del padre Teilhard anuncian la apertura del mundo y la preocupación de la inculturación que ha caracterizado la enseñanza del Concilio, de Juan XXIII y de Pablo VI y que marcan hoy en día la de Juan Pablo II.

                Estas enseñanzas se inscriben en la preocupación que ha sido fundamental dentro de la Compañía de Jesús, la capacidad de ser audaces en proyectos apostólicos, tales como los del padre Ricci en China, por no citar más que uno. Preocupación que nos empuja a lo mayor y que nosotros interpretamos como tener una presencia en diversos lugares en los que la Iglesia ha estado ausente hasta ahora con demasiada frecuencia.

El tercer rasgo de la personalidad y de la obra del padre Teilhard es sin embargo todavía más valioso para nosotros es este: su amor ardiente por Cristo, situado en el centro de su pasión por un mundo transformado, y que se realiza en el cristianismo. Este no es a sus ojos “un accesorio añadido al Mundo”, sino más bien “la piedra fundamental y la clave de la bóveda”; Cristo es para Teilhard “el Centro único, valioso y consistente, que brilla en la cima del provenir del Mundo, en el punto opuesto de las regiones oscuras, eternamente decrecientes, donde se atreve a entrar nuestra Ciencia cuando esta se adentra por el camino de la Materia y del Pasado” [Obras completas, Ciencia y Cristo, IX, París, 60-61 (“Ciencia y Cristo”) — 1921 (27 febrero) Ciencia y Cristo, o Análisis y Síntesis. IX, 43-58]

                La Encarnación puede entonces iluminar el mundo, ese mundo en el que la ciencia moderna despliega la inmensidad en el espacio y en el tiempo; esta ciencia representa para el universo nuevamente conocido donde todo está en generación, el «si» de Dios que toma sobre él un devenir que lo ha lanzado él mismo. Alrededor de Cristo, hay una coherencia en los misterios de la creación, de la encarnación, de la redención, hasta la de la mutación última, la única capaz de lograr el mundo en Dios.

                Esta visión cristológica sustentó todos los esfuerzos del padre Teilhard y rigió su testimonio. Él era siempre consciente de que su tarea, incesantemente recomenzada, para situar con luminosidad total el lugar de Cristo en el universo evolutivo que la ciencia moderna nos hace necesario aceptar, era la forma – moderna también – que los Padres de la Iglesia fueron los primeros en ofrecer como revelación de Dios en Jesucristo. Teilhard buscaba imitarlos.

                Y nosotros estamos aquí en la fuente de todo aquello que fue el padre Teilhard: fe en Cristo, adhesión a Cristo en un grado raramente alcanzado. Adhesión y unión a Cristo traduce más lo que es la existencia de los sacerdotes y de los religiosos. El padre Teilhard no solo vivía su sacerdocio y su vida religiosa con una gran intensidad en lo más íntimo de sí mismo, sino que además lo decía, lo proclamaba tanto a los no creyentes como a los creyentes. Este ejemplo tiene actualidad después de discreciones abusivas.

                Y es también muy actual para todos – y yo no querría omitir el resaltar este tema – la adhesión del padre Teilhard a la Iglesia. Ya he dicho antes cuál era el lugar que ocupaba la Iglesia en su visión de las cosas. Es necesario añadir que él fue fiel y obediente. Y que él había obedecido por profunda fe en la Iglesia y por el amor que le tenía a ella, lo cual lo sabemos por el peso de sufrimiento que le costó.

                Teilhard mantenía “sentir con la Iglesia” según la expresión de San Ignacio. Y al final – como él mismo decía -de “presentir” con ella. [Obras completas, X, 204 (“Cristianismo y Evolución”). En: Como yo creo. 1945  (11 noviembre)  “Cristianismo y Evolución. X, 191-206]

                Es bueno volver a leer toda su obra, siempre dentro de unos límites, para descubrir, a treinta o cincuenta años de distancia, todo lo que en ella hay de presentimiento de todo aquello que se preparaba en la Iglesia y todo lo que iba a eclosionar en la segunda mitad y al final del siglo XX.

                Hay en él la intuición profética de un gran número de problemas que habrían de movilizar y todavía movilizan el pensamiento y la acción de la Iglesia. Una sensibilidad seguramente adquirida sobre todo en la intimidad.

Esto se necesita tanto hoy día, en un tiempo en el que no se hace fácil a aquellos que quieren servir a la Iglesia de esa misma manera.

                Yo no digo probablemente nada nuevo a los participantes en el Coloquio de los jesuitas de rue de Sèvres que han frecuentado asiduamente la lectura de la obra del padre Teilhard. Os hago partícipes de algunas razones que he descubierto para seguirle y de reemprender sin cesar la exploración de su pensamiento.

                He querido una vez más recurrir al ejemplo para nuestros tiempos del padre Teilhard que tuvo una gran valentía para tener un conocimiento profundo de la fe en el diálogo del misterio de Cristo con todas las verdades descubiertas, con el objeto de anunciar esta fe a todos aquellos mismos a los que les puede sorprender y que por sí mismos no están incapacitados para entender.  Todo se logra en el amor filial a esta Iglesia que el padre Teilhard no disociaba jamás de Cristo, y de su amor simbolizado por su Corazón. Como ha escrito el padre Teilhard: “El Cristo”. “Su Corazón”. “Un Fuego capaz de penetrar todas las cosas”.

                Crea usted en esta ocasión, querido padre Provincial, en mis sentimientos más fraternales, hacia usted y hacia todos aquellos a los que usted estime comunicar mis propósitos.

Pedro Arrupe, SJ

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Ser libre.

miércoles, 15 de febrero de 2023
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“Solamente se es de verdad libre cuando no se pesa sobre nadie; cuando no se humilla a nadie. En cada hombre están todos los hombres”.

*
María Zambrano

(Vélez-Málaga, España, 22 de Abril de 1904
Madrid, España, 6 de febrero de 1991)

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Privilegio

martes, 14 de febrero de 2023
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Del blog Nova Bella:

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El privilegio de toda una vida

es convertirte en quien realmente eres.

*

Carl Jung

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Galileo de nuevo: La Revolución Sexual

martes, 14 de febrero de 2023
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«La revolución sexual es la revolución científica en curso y está transformando nuestra comprensión de las realidades humanas básicas»

«Los paralelismos entre el Renacimiento y la actualidad son llamativos. Pero son más que paralelismos. Hoy vivimos el mismo fenómeno que entonces: la ciencia en movimiento»

«En el último siglo hemos aprendido más sobre el sexo que en toda la historia de la humanidad»

«Ahora sabemos que los genitales se han formado en el vientre materno en la semana 12, pero el cerebro solo queda «cableado» al final del segundo trimestre y en el tercero»

«Está claro que la orientación sexual –heterosexual, homosexual, bisexual y asexual- y la identidad de género son variaciones naturales»

«El sexo desempeña un papel central cuando las personas disfrutan unas de otras, cuando tejen sueños y hacen promesas, cuando piensan en vivir juntos, cuando contribuyen a una noble sociedad humana»

¡Solo un historiador profesional podría apreciar cómo trastornó a la cristiandad del Renacimiento la Revolución Científica! Sin embargo, la Revolución Sexual actual y nuestras propias «guerras culturales» nos hacen experimentar un impacto similar de cambio social masivo.

 En Estados Unidos, la postura liberal de la administración Biden sobre las cuestiones LGBTQ ha desatado de nuevo una implacable reacción conservadora. Las asambleas legislativas de 30 Estados han aprobado un centenar de proyectos de ley para limitar los derechos de los transexuales, a pesar de que la mayoría de los estadounidenses se opone a tales leyes. Los conflictos sobre homosexuales y transexuales están perturbando las reuniones de los consejos escolares y el uso de los baños por todo el país.

9788495346377-usIncluso en Canadá, que se destaca por su protección de los derechos LGBTQ, se dan casos de homofobia, a menudo relacionados con creencias religiosas.  Polonia y Hungría, que se oponen a la diversidad sexual y suprimen los actos del Orgullo Gay, desafían a la Unión Europea. La polémica prospera hasta en la Iglesia Católica. El Vaticano ha prohibido la bendición de parejas del mismo sexo, por lo que media docena de diócesis de Estados Unidos han vetado prácticamente la participación de estudiantes LGBT en programas católicos, incluidas las escuelas.

IPor otra parte, teólogos alemanes, sacerdotes austriacos, teólogos estadounidenses e incluso el cardenal Jean-Claude Hollerich, presidente de la Comisión de la Conferencia Episcopal de la Unión Europea, cuestionan esa enseñanza. En medio de una pandemia mortal y un calentamiento global catastrófico, el sexo sigue siendo noticia.

 Los paralelismos entre el Renacimiento y la actualidad son llamativos. Pero son más que paralelismos. Hoy vivimos el mismo fenómeno que entonces: la ciencia en movimiento. Conocer algunos detalles de esa historia puede ser tranquilizador y fortalecedor.

La conmoción social de la Revolución Científica

 La mayoría de nosotros conoce, al menos en cierta medida, el caso Galileo: su arresto domiciliario impuesto por el Vaticano por insistir de forma absoluta, y característicamente obstinada, en que el sol, y no la tierra, era el centro del universo. Había aceptado la hipótesis de Copérnico. Pocos lo hicieron en aquella época. Tuvo que pasar más de siglo y medio para que los científicos se sintieran cómodos con esta idea. Más tarde, después de 359 años, el Papa Juan Pablo II se disculpó por la «incomprensión mutua» entre la Iglesia y Galileo.

 Se esgrimieron contraargumentos de peso contra Galileo: «Va contra el sentido común: la Tierra es estable». «¿Por qué no sentimos el viento si la Tierra gira?». La Biblia ofrecía un argumento explícito en Eclesiastés 1:5: «El sol sale, y el sol se pone, y se apresura al lugar por donde sale«. Josué 10:13-14 ofrece otro argumento, diciendo que el sol permaneció quieto en el cielo durante casi un día entero e implicando que el sol, no la tierra, se mueve. El Salmo 96:10 dice: «El mundo está firmemente establecido; nunca se moverá». Primera de Crónicas 16:30, Job 9:6-7, Salmos 93:1 y 104:5, e Isaías 38:8 hacen la misma afirmación. Al igual que los argumentos actuales sobre la diversidad sexual, la Revolución Científica supuso un desafío tanto al sentido común como a la Biblia.

 Más tarde, Johannes Kepler demostró que los planetas se mueven en órbitas elípticas, no circulares. ¡Otra afrenta! La supuesta perfección del círculo siempre se había atribuido a las órbitas celestes. Más tarde, Isaac Newton asestó otro golpe a la concepción tradicional. Demostró que las leyes de la naturaleza -la caída de los cuerpos, la gravedad- se aplican tanto en el cielo como en la Tierra. Pero se suponía que los cielos eran únicos, hechos del mítico quinto elemento, el éter, por lo que eran perfectos e inmutables, mientras que nuestro mundo estaba hecho de tierra, aire, fuego y agua, siempre cambiantes e inconsistentes.

 El desafío religioso de la revolución científica

La ciencia moderna abolió la diferencia que durante tanto tiempo se había creído entre el cielo y la tierra: están hechos de la misma materia y se aplican las mismas leyes físicas. La ciencia moderna dio la vuelta a la antigua visión del mundo: el sol está en el centro y la tierra gira a su alrededor.

 En todos los sentidos, los cielos ya no eran lo que eran. Pero los cielos eran el reino de Dios -literalmente-, en el sentir común. Esa antigua visión del mundo era aceptada tanto por la teología como por la astronomía, por lo que la religión se encuentra inextricablemente enredada en esta historia. Durante los dos siglos siguientes, los teólogos se esforzaron por adaptarse a este cambio. Desafiaba una comprensión milenaria de la creación de Dios. Hubo que asimilar otra visión del mundo.

Lo mismo puede decirse del posterior descubrimiento de la teoría de los gérmenes, que explicaba las enfermedades como un fenómeno natural y no como un castigo de Dios. El rayo, que se creía el arma de castigo de Dios, también se vio bajo una nueva luz. Lo mismo ocurrió con las malas cosechas, la peste o la muerte súbita.

 Hacer las paces con la ciencia natural

 5A142DBF-03F6-4E06-8A16-7E1BF1B531C3Ahora tenemos una explicación aceptable de este cambio cultural masivo y perturbador del mundo antiguo y medieval al moderno. Nos damos cuenta de que a través de la ciencia moderna estamos llegando a comprender el universo, poco a poco y con mayor precisión. Por tanto, los creyentes siguen alabando cómodamente al Creador, centrados en la lección principal de justicia y amor de la Biblia, sin distraerse con la Tierra plana de la Biblia, los meros siete días de la creación, la edad del mundo calculada en 6.000 años o las especies inmutables formadas de una vez por todas. La controversia continúa, por supuesto. Las emociones fuertes sesgan estos debates.

Algunos siguen rechazando la teoría de la evolución y también insisten en normas selectas de la antigua sociedad bíblica. La propia ciencia sigue siendo objeto de ataques. Pero la mayoría de la gente ahora simplemente reconoce una diferencia histórica en las culturas. Sin tener que adherirse a la especulación antigua, la «ciencia» de entonces, la mayoría acepta la comprensión científica moderna, y los creyentes se mantienen firmes en su fe en la creación. A pesar de la enorme conmoción cultural, la sociedad occidental ha digerido la revolución de las ciencias naturales.

 El reto de las ciencias humanas

 Pero no ocurre lo mismo con las ciencias sociales o humanas. Están demasiado cerca de nosotros: tratan de nosotros mismos. Así que, una vez más, vivimos una lucha apasionada por dar cabida a nuevas ideas. La sexualidad es el ejemplo más flagrante.

De hecho, en el último siglo hemos aprendido más sobre el sexo que en toda la historia de la humanidad. Algunos, por ejemplo, han dicho que Sigmund Freud estaba preocupado por el sexo, ¡pero nada de eso! En su época, a finales del siglo XIX, el sexo se estaba solo entonces convirtiendo en un tema de investigación.

 3D19B12C-0DF0-4AE7-926D-48BA39C95101En 1875, – y no antes de 1915 en el caso humano – , se reconoció la concepción como la unión del óvulo femenino y un espermatozoide masculino, mientras que la creencia común durante milenios consideraba el espermatozoide como la fuente de la nueva vida y el útero y la menstruación como algún tipo de soporte para su crecimiento. Durante milenios, la gente ni siquiera sabía cómo se producía la concepción. La invención de «la píldora» en 1960 dio a las mujeres el control sobre la concepción y avanzó en la liberación de la mujer, mientras que durante milenios -incluso hoy en día en muchos lugares- las mujeres, una supuesta raza inferior, estaban bajo el control de los hombres y eran propiedad suya y sus criadas.

 Aunque las uniones entre personas del mismo sexo e incluso el matrimonio son ahora legales en una treintena de países, las religiones siguen condenando estas relaciones -la mal entendida «abominación» de Levítico 18:22 y la malinterpretada historia de Sodoma y Gomorra en Génesis 18 y 19- y la homosexualidad está reprimida y aún se castiga con la muerte en algunas sociedades. Mientras que los transexuales son celebrados en nuestros medios de comunicación populares, la enseñanza religiosa sigue insistiendo en un relato bíblico restrictivo: «Varón y hembra los creó [Dios]» (Génesis 1:27).

 La lucha es encarnizada. En los últimos años se ha centrado en los transexuales. Un estudio de Statistics Canada de 2018 reveló que las personas LGBTQ tienen casi tres veces más probabilidades que los heterosexuales de sufrir agresiones sexuales o físicas. Las denuncias de crímenes de odio transfóbico se han cuadruplicado en los últimos seis años en el Reino Unido. En 2019, en todo el mundo, se denunciaron 331 asesinatos de personas trans; en 2020, 350, y en 2021, 375.

 3AE178FE-6130-4B06-BE41-61582095B488Las diferencias sobre sexualidad son un tema importante en las guerras culturales actuales. La deslegalización del aborto por el Tribunal Supremo de Estados Unidos ha estimulado una renovada oposición al matrimonio entre homosexuales e incluso a la anticoncepción, que antes solo preocupaba a los católicos. Al igual que en los tiempos de Copérnico y Galileo, poderosas fuerzas sociales se resisten a cualquier cambio en creencias consideradas sacrosantas durante milenios.

 Las pruebas científicas

 Sin embargo, detrás del cambio de las costumbres sexuales se esconde una ciencia sólida. Ahora sabemos que los genitales se han formado en el vientre materno para la semana 12, pero el cerebro solo queda «cableado» al final del segundo trimestre y en el tercero. Por tanto, las discrepancias biológicas entre el cuerpo y la mente no solo son posibles, sino que también son reales en distintos grados y en distintos casos.

 Repetidos estudios con animales han demostrado que una inyección de una hormona sexual en un punto crítico del desarrollo fetal cambiará el comportamiento sexual adulto de los machos a femenino, y viceversa. Efectos hormonales similares se aplican a los seres humanos. Cuando se exponen a estímulos sexuales, los cerebros escaneados de las mujeres lesbianas se «iluminan» en las mismas zonas que los de los hombres heterosexuales, y viceversa en el caso de los hombres homosexuales.

 Está claro que la orientación sexual –heterosexual, homosexual, bisexual y asexual- y la identidad de género son variaciones naturales. Por no hablar de la intersexualidad totalmente biológica, por la que los bebés nacen con órganos sexuales tanto femeninos como masculinos. Estas variaciones dependen de diferencias cromosómicas, hormonales y ambientales en el útero. Dicho religiosamente, forman parte de la creación de Dios.

Esta conclusión científica es tan sólida como la que subyace en los inicios de la Revolución Científica, e incluso más. De hecho, la Revolución Sexual es la Revolución Científica en curso. La alteración social no es sorprendente. Esta alteración de costumbres largamente veneradas está sacudiendo los cimientos de la civilización.

 La comprensión sexual vuelta del revés 

 1F51B14A-A970-4BE9-91D5-945AFF09C280La creencia tradicional ha considerado la procreación como la finalidad esencial o incluso única de la sexualidad humana. En la actualidad, esta noción se cuestiona ampliamente. Sin duda sería cierto en el caso de la mayoría de las demás especies, pero los humanos somos más que organismos biológicos. Aquí es donde entra en juego la psicología moderna. El ser humano es una persona. La expresión y el fortalecimiento de los lazos afectivos es un aspecto importante del intercambio sexual.

 Más aún, el sexo desempeña un papel central cuando las personas disfrutan unas de otras, cuando tejen sueños y hacen promesas, cuando piensan en vivir juntos, cuando contribuyen a una noble sociedad humana. Compartir sueños y promesas, concebir una vida en común digna de elogio son preocupaciones espirituales, la quintaesencia de lo humano, cuestiones de significado y valor, ideas e ideales, realidades trascendentes más allá del aquí y el ahora materiales. No son mera biología o emoción. Comparada con el sexo entre animales, la sexualidad humana es ante todo una cuestión de comunión interpersonal.

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Estilo evangélico.

lunes, 13 de febrero de 2023
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Neto,
claro,
limpio,
conciso,
escueto,
sonoro,
alegre,
rápido,
vivo…
Como el golpe del herrero
sobre el acero;
como el toque del forjador
sobre el hierro en crisol;
como el martillo del orfebre
sobre la gema.
El estilo evangélico es así,
con la cabeza y el corazón
al unísono.

Amortiguarlo
con explicaciones,
o intentar justificarlo,
o buscarle componendas
o prebendas futuras,
o envolverlo en algodones,
o susurrarlo para que pase sin dejar huella,
o acomodarlo a lo que se estila,
o justificar su extrañeza
apelando a que es cosa de otra cultura,
o vaciarlo de lo que no nos gusta…
es camino torcido
para el estilo evangélico.

No os acomodéis a este mundo.
No juzguéis, no condenéis.
No os hagáis los sordos.
No os escondáis.
Subid a los oteros.
Salid a los balcones y azoteas,
transitad por calles y plazas,
participad en debates y tertulias…
pero hacedlo sin arrogancia.
¡Mostrad que es posible
y merece la pena
la vida y la sociedad evangélica.

Claro,
certero,
transparente,
sencillo,
humilde,
atento,
sin imposiciones…
¡Así es el estilo evangélico!
¡No tiene caminos torcidos!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

El Forjador es obra de Josep Llimona (1864-1934).
Foto de Salvador Solé Soriano (fotored.es)

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Somos llamados a perfeccionar la ley con gozo e inclusión

lunes, 13 de febrero de 2023
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unnamedYunuen Trujillo

La reflexión de hoy es de la colaboradora de Bondings 2.0, Yunuen Trujillo, cuya breve biografía se puede encontrar haciendo clic aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el VI Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

“No penséis que he venido a abolir la ley o los profetas. No he venido a abrogar, sino a cumplir”. (Mt 5,17)

La primera vez que vi una imagen religiosa en un libro no religioso, me sorprendió. Mientras hacía algunas lecturas obligatorias para una clase de ciencias políticas en la universidad, me encontré con una pintura de Moisés. Allí estaba él, en una montaña, sosteniendo las tablas de los Diez Mandamientos. Había visto la imagen cientos de veces, pero nunca en un libro escolar no religioso; fíjate, esto fue antes de que Texas y Florida comenzaran a intentar convertir las escuelas seculares en cristianas.

Moisés es, sin duda, uno de mis personajes favoritos de las Escrituras Hebreas. Después de haber sido criado de la manera más privilegiada, descubre que en realidad pertenece al grupo que consideraba “los otros”. Es testigo de la injusticia cometida contra los hebreos, su pueblo, y finalmente es exiliado. Más tarde, Dios lo llama a liberar a su pueblo. Después de enumerar todas las razones por las que no es la mejor persona para hacerlo, se embarca en una misión, a pesar de todos sus miedos y dudas. Se las arregla para sacar a su pueblo de Egipto, y vagan por el desierto. Eventualmente, Moisés se dio cuenta de que para coexistir en paz, todos tenían que seguir algunas reglas, leyes inspiradas por Dios. También nombra a un grupo de sabios para que sean jueces y representantes del pueblo, y lo ayuden a gobernar.

¿Por qué les hablo de Moisés? Porque es importante darse cuenta de cuán entrelazadas a veces están las leyes religiosas y civiles. Moisés fue una figura de referencia para muchos de los primeros filósofos políticos modernos. Algunos se inspiraron en lo que creían que era un patrón de gobierno representativo en la historia de Moisés. Otros, sin embargo, creían que el gobierno representativo debería ser completamente secular. Para ser claros, soy un defensor de la separación entre la iglesia y el estado, pero la verdad es que las leyes civiles y la política han sido, y aún lo son, en gran medida moldeadas por creencias religiosas. Al mismo tiempo, las creencias religiosas suelen estar moldeadas por nuestra comprensión cultural y sociopolítica del mundo. En los Estados Unidos de hoy, nuestras diferencias políticas son más una diferencia en teología y nuestra comprensión de cómo Dios quiere que sea el mundo.

Todas las lecturas litúrgicas de hoy se enfocan en el concepto de “la ley”. Cuando Jesús dijo que no vino a abolir la ley sino a cumplirla, se refería claramente a la ley religiosa de su tiempo: no tenía ningún interés en luchar contra el Imperio Romano. Tampoco estaba tratando de abolir a Moisés o la ley establecida por él. Sin embargo, al enseñarnos que la mayor ley es amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos ya Dios, desafió muchas ideas preconcebidas de su tiempo. Cuestionó las reglas —tanto religiosas como no religiosas— que discriminaban a los marginados, incluidas las minorías sexuales y de género.

Hemos recorrido un largo camino desde donde existió Jesús, pero todavía queda un largo camino por recorrer.

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El Papa Francisco recientemente hizo una declaración durante una entrevista con Associated Press, diciendo que “ser homosexual no es un crimen. Recordó a la gente que más de 50 países todavía criminalizan la “homosexualidad” y alrededor de 10 de esos países la castigan con la pena de muerte. “Ser homosexual no es un delito”, reiteró. Si bien hubo cierta controversia sobre si dijo que era «un pecado» (alerta de spoiler: no lo hizo), esta declaración fue la primera, viniendo de un Papa.

Para aquellos de nosotros en los países desarrollados, una declaración como esta puede no parecer revolucionaria. Incluso puede sonar decepcionante porque «homosexualidad» sigue siendo el término elegido para referirse a las personas LGBTQ. Sin embargo, debemos recordar que nuestra Iglesia es global y los hermanos LGBTQ en muchos países todavía sufren persecución y criminalización en formas que otras naciones (en su mayoría) han dejado atrás. Además, el poder y el alto perfil del papado hacen que esta declaración sea importante. Su mensaje es un recordatorio para la sociedad de que Dios está con nosotros en la comunidad LGBTQ.

Más recientemente, en una conferencia de prensa durante el vuelo, el Papa también dijo que las personas LGBTQ somos hijos de Dios, que Dios camina con nosotros y que condenar a personas como nosotros es un pecado. Incluso en los círculos seculares, estas declaraciones tienen un gran impacto.

Regocijémonos entonces en el movimiento del Espíritu Santo a través del Papa Francisco, pero recordemos también que es el Espíritu Santo —no el Papa ni ningún otro líder— quien está moviendo a esta Iglesia y al mundo entero de una manera más amorosa, inclusiva, y dirección de bienvenida para las personas LGBTQ. El Espíritu Santo viene a recordarnos a todos las enseñanzas de Jesús y a ayudarnos a construir lo nuevo. No estamos aquí para abolir lo viejo, sino para perfeccionarlo gozosamente.

—Yunuen Trujillo (ella/ella), 12 de febrero de 2023

Fuente New Ways Ministry

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