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No sólo de ego vive lo humano.

domingo, 26 de febrero de 2023
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b22a3fce51f505a5a401188868d40d8272a45212ee87d5e9b9286b3f7d4fbe95Mt 4, 1-11

COMENTARIO AL EVANGELIO Mt 4, 1-11

26 de febrero de 2023

El ritmo de nuestra liturgia nos marca una nueva etapa:  el Tiempo de Cuaresma. Sin entrar en su significado ya conocido, origen y etimología, nos sitúa ante un momento importante en la vida de todo creyente, un tiempo interpretado de diferentes maneras y con múltiples matices. La tradición, en numerosas ocasiones, nos ha conducido a mirar este tiempo desde una visión más penitencial que de interiorización y discernimiento como nos muestra este pasaje del evangelio de hoy.

Jesús es conducido al desierto por el Espíritu. Allí le espera otro personaje, bastante retorcido, con el que va a tener una conversación profundamente interesante. En realidad, este pasaje, claramente metafórico, narra un paseo interior que Jesús necesita realizar para situarse, de la mejor manera posible, ante la vida. Podríamos pensar que él ya sabe quién es y para qué está hecho, puesto que en el relato del Bautismo se le revela su identidad: “Hijo de Dios”. Pero ese mismo Espíritu que le hizo ser consciente de su identidad divina, ahora quiere revelarle su identidad humana.

El escenario en el que se desarrolla este pasaje es en el desierto, un lugar árido, sin distracciones, en soledad, una experiencia vital que todos necesitamos conocer en diferentes momentos de nuestra vida, aunque huyamos de ella por miedo, muchas veces, a nuestra propia verdad.

Parece que en el texto aparecen muchos personajes: Jesús, el Espíritu, el diablo y Dios que permanece en un plano secundario, pero que le convierte en el rival principal de ese diablo. En realidad, está Jesús solo para discernir y conectar con su verdadera naturaleza y con el sentido de su existencia. Jesus es tentado, pero más bien, es expuesto a los desafíos que nuestra condición humana nos va presentando a lo largo de la vida. ¿Y quién nos enreda en esta maraña? Sin duda la parte de nuestro ego desajustada y hambrienta, ansiosa por colonizar nuestra identidad profunda.

Tras el Bautismo, antes referenciado, Jesús toma conciencia de que es Hijo de Dios. De hecho, el mismo diablo se lo recuerda en esta conversación para cuestionar cómo va a usar esa certeza: “Si de veras eres Hijo de Dios…”  ¿Cómo usamos y para qué nuestras potencias naturales, la fuerza de lo que somos?

Jesús se enfrenta a tres desafíos humanos por los que nuestra mente egoica queda secuestrada casi inconscientemente. Por un lado, el poder, poder sobre otr@s, cada cual, desde sus estrategias, justificaciones, manipulaciones que no siempre vienen en formato de poderío sino también de victimismo.

Por otro lado, el poseer, poseer no solo compulsivamente bienes materiales, también personas, ideologías, ritualismos, dogmas, imagen personal, creencias, roles, estereotipos, es decir, todo aquello que sacia nuestra hambre y ansia para compensar un vacío interior que queremos llenar con lo que realmente no sacia.

Y, por último, la idolatría, no solo la idolatría social que busca endiosar líderes, modas, tecnologías, etc, sino también la idolatría religiosa: adorar y vivir sumisos a una imagen de un Dios que no tiene nada que ver con el que Jesús quiso encarnar: el Dios de la vida, de la liberación, de la justicia, de la libertad, de la paz, de la luz, de la limpieza de corazón, de la inclusión, del respeto, de la verdad. Te invito a que sigas añadiendo aquello que ya hayas vivido y descubierto del Dios de Jesús.

¿Y cómo resuelve Jesús esta situación desafiante? Parece que lo primero que hace es “centrarse”, es decir, conectar con su verdadera naturaleza, y, desde ella, reconstruir su identidad y vocación. En cada respuesta que da al diablo hace referencia a Dios, es a Dios a quien desafía, es decir, a la dimensión divina como raíz y principio de lo que somos. Rechaza el poder sobre otros, pero acepta el poder con otros, rechaza el poseer para llenar un vacío, pero acepta el poseer para compartir y para que todos tengan, rechaza a un Dios dictador que mueve a su antojo los hilos del mundo, pero acepta a un Dios que se hace humano, y que vive en unidad con nuestra naturaleza.

Nuestros mundos personales están llenos de desafíos, es inevitable, es la vida misma, ahora bien ¿Cómo los resolvemos? ¿Cómo los afrontamos? ¿Cómo nos situamos frente a ellos? ¿Cedemos a otr@s el honor de resolverlos?  Y nuestra también “casa común”: guerras, dramas humanos, enfermedades, desastres naturales, económicos, sociales, añade lo que quieras pero que, nada ni nadie, nos separe de lo ESENCIAL.

¡¡FELIZ DOMINGO!!

 

Rosario Ramos

Fuente Fe Adulta

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Camino de fidelidad

domingo, 26 de febrero de 2023
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255AC134-D757-4CCB-ABD5-F6ADC4B6E0EDDomingo I del Cuaresma 

26 febrero 2023

Mt 4, 1-11

«Tu única obligación en cualquier período vital consiste en ser fiel a ti mismo», proclamaba Richard Bach en Juan Salvador Gaviota. La fidelidad a sí mismo es, a la vez, señal y fuente de armonía. Y lo es porque nos unifica por dentro, teniendo en cuenta todas nuestras dimensiones.

Queriendo poner luz en esta cuestión, podemos empezar con una pregunta: ¿cómo vivo o desde dónde me vivo cuando no soy fiel a mí mismo? Porque, indudablemente, conscientes o no de ello, siempre que no somos fieles a nosotros mismos, vivimos alienados, es decir, sometidos a otras instancias a las que otorgamos el poder de manejar nuestra existencia. ¿Cuáles son esas instancias?

A simple vista, parecen ser dos: los otros y el propio ego. En el primer caso, vivimos en la práctica a merced de los demás, tratando de agradar o reaccionando a lo que dicen o hacen. En el segundo, giramos en torno al propio ego, sus gustos y sus esquemas, en un bucle narcisista.

Al mirar más detenidamente, observamos que, en realidad, lo que nos hace vivir alienados son nuestras necesidades pendientes -no respondidas en su momento- y desproporcionadas, en particular, la necesidad de seguridad.

Porque, con mucha frecuencia, lo que buscamos, tras el ansia del tener, del poder o del aparentar, es sentirnos más seguros. Nos hacemos dependientes de los otros buscando su aprobación y reconocimiento. Y giramos en torno al propio ego por dos motivos: en búsqueda de seguridad o como mecanismo de defensa para compensar carencias antiguas que todavía nos siguen pensando hoy.

Nos aferramos así a nuestras creencias y mapas mentales, porque (creemos que) nos aportan seguridad, aun a riesgo de caer en la rigidez; exigimos tener razón o quedar por encima de los demás; tratamos de construirnos un pequeño paraíso narcisista que alivie nuestros malestares…, sin ser conscientes de que todo ello nos aleja del único camino que merece la pena: ser fieles a nosotros mismos.

Porque no se trata de una fidelidad a nuestro ego ni a nuestras creencias, ni siquiera a nuestros principios morales, por más nobles que nos parezcan. Se trata de ser fiel a lo mejor de sí, a nuestra verdadera identidad. Y entonces se produce una paradoja significativa: la fidelidad a uno mismo es, sencillamente y a la vez, fidelidad a la vida. Y se va plasmando en lo concreto de nuestro vivir cotidiano en el aprendizaje de vivir diciendo sí. Aquí van cayendo creencias y mapas para vivirnos como cauces por los que la vida pasa. Es la sabiduría del fluir.

¿Voy creciendo en fidelidad a lo mejor de mí?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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De Ti procede el perdón, y así infundes respeto. Dios se hace respetar por el perdón a nuestras caídas en las tentaciones,

domingo, 26 de febrero de 2023
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E6A321A9-BBEB-4711-BEDB-0F1D542FFB3FDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- De nuevo al desierto.

    El primer domingo de cuaresma está dedicado siempre a pensar un poco en el problema del mal, las tentaciones, la libertad humana (dañada o limitada). Jesús también fue hombre y, por tanto, fue tentado.

Los hebreos se pasaron “cuarenta años” caminando por el desierto, es decir: toda la vida. Y es que, salir de “Egipto” (y de todos nuestros “egiptos y esclavitudes particulares”) para llegar a la tierra de promisión y a la libertad, eso cuesta toda la vida.

Así es que, ligeros de equipaje, comencemos esta santa cuaresma, pero mirando hacia la libertad y a la tierra de promisión, que a Egipto no quiero volver.

02.- Peligros y tentaciones.

El primer domingo de cuaresma nos ofrece e invita siempre a pensar un poco en lo que se ha dado en llamar: las tentaciones. ¡Cuántas veces hemos rezado: No nos dejes caer en la tentación!

    Yo no creo, -en sentido de fe-, no creo en la visión de la tentación como si Dios permitiese que un señor, el diablo, ande suelto por el mundo intentando –tentando- un poco infantilmente captar clientes para el infierno.

Esa visión supone que existiría alguien (el diablo) y habría un lugar (el infiernos) ante los cuales Dios no podría decir ni hacer nada.

Esa es una visión mitológica, relatos gráficos para explicar algunas cosas.

Entonces ¿Qué es la tentación o qué son las tentaciones?

    Algunas sencillas consideraciones

03.- La tentación la fascinación de “ser como dioses

    ¿Podríamos pensar que la tentación es la fascinación que ejercen sobre nosotros (sobre nuestra libertad limitada o dañada) algunas cosas o situaciones de la vida? Hay ciertas “manzanas” que nos ofrecen ser como dioses.

    El placer, el dinero, el poder, pueden ejercer sobre nosotros el gran atractivo de tener más, de ser más felices, de “ser como dioses.

En otras situaciones: las adicciones a la droga, al erotismo, cleptomanías, ludopatías, etc. que ofrecen falsos paraísos terrenales.

En ocasiones límite la tentación es cesar en la vida, el suicidio: “no puedo más, me voy”, que en el fondo calmar y salir de un gran dolor existencial: el dolor del rechazo, de la soledad, el dolor del desafecto, de los fracasos, de la ansiedad, del mal trato de la infancia, de las culpabilidades morales, el dolor de “muchas asignaturas pendientes en la vida” o cualquier otro tipo de dolor.

La tentación (caer en la tentación) es buscar “falsos paraísos” o intentar aliviar sufrimientos profundos con una “huida definitiva” o con un erotismo compulsivo, con un robo o una ludopatía que me ofrezcan un paraíso terrenal.

    Por lo general, son “tentaciones de la vida cotidiana”, pero que responden al mismo esquema: buscar ser como dioses o huir del sufrimiento que la vida nos puede deparar

04.- ¿Y la salida a la tentación?

La salida a las tentaciones no está en “Egipto”, con sus faraones y abundancia material (pan), en el poder político o religioso (Templo) o en el poder que fuere, tampoco la sed se apacigua con el placer compulsivo, ni en adorar a los ídolos de este mundo en busca de un poco de poder.

La salida está en Dios: en el horizonte, en la tierra de promisión, en la libertad:

  • «No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.»
  • “No tentarás al Señor, tu Dios.»
  • «Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto.»

Al mismo tiempo es de tener muy en cuenta que en estas cuestiones de las tentaciones y tendencias del ser humano, se entremezclan y funcionan mecanismos psicológicos, temperamentos, subconscientes, represiones morales, bajos fondos y “viejas historias”, etc., que en ocasiones pueden requerir atención médica, psiquiátrica.

05.- No culpabilizar, ni amenazar.

    Es cierto que cuando “caemos en tentación”, “nos hacemos daño”, podemos también hacer daño a los demás”, “destrozamos, más o menos, la creación” y “Dios está triste”. [1]

    Dios no castiga, Dios no es inmisericorde. Por ello, no culpabilicemos, no amenacemos con castigos que no vienen de Dios, ni hurguemos en viejas heridas, no carguemos moralmente con fardos pesados a los demás. No culpabilicemos ni condenemos a los demás.

    Solemos tener la mala costumbre de culpabilizar a los demás: “la culpa la tiene…”

    No encaucemos la vida al “colapso moral”. Abramos horizontes, caminos, puertas, Éxodos, liberación, paz, vida, resurrección [2]

    Dios no se enfada con estas situaciones nuestras, no nos deja en la estacada, mucho menos nos manda al infierno.

En el cristianismo la salida a la caída en la tentación está en el perdón de Dios. El salmo 129 dice que el Dios de Jesús no es un Dios eternamente enojado, que cantábamos en aquellas cuaresmas de nuestra juventud, sino que nuestro Dios se hace sentir por su bondad y misericordia:

De Ti procede el perdón, y así infundes respeto.

Dios se hace respetar por el perdón a nuestras caídas en las tentaciones, no por el látigo del castigo. La salida a la tentación y a nuestras caídas está en descansar en el Señor, su respeto no está en la disciplina, en el castigo, sino en el perdón y la acogida (la casa del Padre y el hijo pródigo).

No nos dejes caer en la tentación, pero si caemos en tentación, que caeremos, después viene: líbranos del mal.

Somos barro, somos ceniza, somos dolor, tentación, somos caídas:

Si creció el pecado, más abundante fue la gracia (San Pablo, Romanos 5,20)


Oración de los fieles

+   Oramos por las penas y sufrimientos de tantas personas. Oramos por sus y nuestras tentaciones explícitas o inconscientes.

¡No nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal, Señor!

+   Como el hijo pródigo también nosotros hemos podido caer muy bajo en la vida.

¡No nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal, Señor!

+   Para cuando uno llega a cesar en la vida, ha tenido que sufrir y pasar mucho y malo. Recordamos a los enfermos de depresión, a quienes no ven salida en la vida, a sus familias y amigos; oramos por los suicidas

¡No nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal, Señor!

+   Hemos transmitido una imagen tuya, Señor, de un Dios implacable e insaciable. Sin embargo el Dios de Jesús se hace respetar con el perdón.

¡No nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal, Señor!

+   Recordamos en la oración a los pobres, encarcelados, enfermos, olvidados, a los perdidos por las calles de la vida, drogadictos, ancianos marginados, encarcelados.

¡No nos dejes caer en la tentación, líbranos del mal, Señor!


[1]
Dios, el padre del hijo pródigo, jamás se enfada: está triste, sufre, nos espera y siempre nos acoge

[2] Jesús no fue un predicador del infierno, sino de la vida. Jesús no culpabilizó a la mujer adúltera: “No te condeno”.

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Creación

sábado, 25 de febrero de 2023
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Del blog Nova Bella:

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La creación es como el amor,

no puedes hacer nada contra ella

*

Bacon

***

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«Yo no mato a todos los ratones», por Gerardo Villar.

sábado, 25 de febrero de 2023
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Madeleine_Delbrel2Es un cuento muy viejo. Un pueblo está lleno de ratones y no saben cómo matarlos. Un hombre se ofrece por 1000 pesetas a acabar con ellos. Hecho el contrato dice: “yo tengo el yunque y el martillo, traédmelos de uno en uno”.

Me he acordado de esta historia al oír hablar del primer anuncio del evangelio. Hay millones de personas, pero ¿cómo se puede anunciar a cada persona?

No hay fórmulas fáciles, ni las personas tienen ganas de escucharlo. Es preciso ir descubriendo semillas y presencias del Resucitado. Y en cada persona encontraremos signos de su actuación, de su presencia. Ahí es donde podemos empezar a detectar y alabar la actuación de Jesús.

Andando por las calles, muchas veces veo que entre las baldosas brotan pequeños tallos de hierba. Si eso que nace espontáneamente lo cuidamos, va creciendo. De eso se trata: detectar la presencia de Jesús. Él nos dijo que donde hay dos o tres que se aman, ahí está Él.

Por eso es preciso ir viendo los gestos de amor entre las personas y alegrarnos con Jesucristo que está actuando ahí. Podemos reconocerlo y alabar a esas personas. Puede ser un camino. No condenando los fallos de la vida sino apoyando, fortaleciendo lo bueno porque es cristiano, y todo suma en orden a conseguir la propuesta de Jesús de Nazaret.

Si matamos a todos los ratones, casi seguro que nos cargaremos algún que otro animal. Es preciso ver las posibilidades y cualidades de cada ser. Detectar la presencia de Dios en cada uno. No se trata de quitar a los no creyentes.

No vale la postura de “aquí no hay nada que hacer”. Porque siempre hay un hálito del Espíritu.

La misión de la Iglesia no es conseguir adeptos y atraer a la gente, sino ser fermento, meterse en las actividades y proyectos humanos.

En orden a lograr el Proyecto de Jesús de Nazaret. Ofrecer la Buena Noticia de que Dios nos ama, que está en todo y con todos. Y su señal es amarnos.

Cuando tengamos la suerte buscada de estar ante personas abiertas al Evangelio, podemos anunciar el meollo del Evangelio: Dios nos quiere en Jesús siempre y está con todos y en todos. Lo notaremos porque nos amamos.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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La vida es tu navío, no tu morada.

viernes, 24 de febrero de 2023
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A veces me sentía sola, muy sola. Como en los días de mi vida de
internado, cuando me paseaba triste y enferma por el enorme patio, yo repetía siempre estas palabras, que hacían renacer siempre la paz y la fuerza en mi corazón: «La vida es tu navío, no tu morada»*. Cuando era pequeñita, estas palabras me levantaban la moral. Y todavía hoy, a pesar de los años, que hacen que desaparezcan tantos sentimientos de piedad infantil, la imagen del navío sigue cautivando mi alma y la ayuda a soportar el destierro… ¿No dice la Sabiduría que la vida es «como nave que surca las aguas agitadas sin dejar rastro alguno de su travesía…?»

*

Teresa de Lisieux
(
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***

* Nota: Teresa toma esta idea de la frase de Alphonse de Lamartine: “el tiempo es tu navío, no tu morada

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Sólo un Dios que sufre puede salvar: Tuve hambre, estuve preso, fui ajusticiado. Con E. Hillesum

viernes, 24 de febrero de 2023
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Etty_Hillesum_1939Del blog de Xabier Pikaza:

El domingo pasado traté de las bienaventuranzas de Mt 5, 3‒12, comentando las palabras de E.Hillesum que hoy empiezo citando también, para completar el tema desde Mt 25, 31‒46 (estuve preso,fui condenado).

Con esas palabras, el evangelio de Mateo traza un arco de luz y vida de entre  el principio y final de su texto: Mt 5, Mt 25.

Siga leyendo quien quiera comparar esos textos, penetrando con ellos en el tema supremo del dolor y la bienaventuranza de Dios  No se trata sólo de que Dios nos haga felices, sino que nosotros le  hagamos feliz a Él .

 Mt 25, 31-45. 

Mt 25 31: Pues cuando venga el Hijo del Hombre en su gloria, y todos los ángeles con él y dirá los que están a su derecha:  Venid, benditos de mi Padre. Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui extranjero y me acogisteis; 36 estaba desnudo y me vestisteis; enfermo y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. 

Este pasaje ofrece el compendio más significativo de la “moral” bíblica y de la revelación judeo‒cristiana, y lo desarrolla en forma de parábola y parénesis, no de dogma argumentativo. Es un pasaje que brota de la experiencia mesiánica de Jesús, a la luz del Antiguo Testamento, tal como ha sido vivido y formulado de un modo por el libro de Job y por otro por el evangelio de Mateo, conforme a la lectura de E. Hillesum:

  ‒ Este pasaje se funda en una experiencia teológico‒mesiánica, centrada en el hecho de que el Dios de Jesús se revela al fin como juez/salvador de todos, pues se  ha identificado hecho con los hambrientos y los pobres, los exilados y enfermos, desnudos y encarcelados… l

Nosotros solemos preguntar: ¿Por qué “abandona” Dios a los que sufren, a millones y millones, condenados al hambre o a la cámara de gas por la maldad de otros “hermanos”?

Pero Dios nos pregunta: ¿Por qué me abandonais a mí...al abandonar a mis hermanos más pequeños…?

Entre las propuestas de respuesta que se han dado a esa pregunta destaca la judía E. Hillesum (1913-1943), condenada a muerte, en un campo de concentración:

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: Que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos.

 Ella  sintió y dijo que Dios se ha encarnado y sufre en la entraña de de unos hombres y mujeres empeñados en matarle, y sufre de un modo especial en loscondenados al sufrimiento y a la muertesdescubriendo su más alta vocación, que es consolar al Dios doliente, desde una infame cárcel de muerte. Éste ha sido y sigue siendo un signo supremo de la misericordia, y sólo una mujer, como Hillesum, ha podido descubrirlo, para que también otros podamos compartir su ejemplo.

Te consolaré para que me consueles… Quiero hacerte feliz para que tú desde tu dolor que es amor supremo nos hagas felices a todos…

 Esta es la tarea mayor que nos ha «pedido» Dios, al decirnos que la acompañemos en la obra de su creación:  que le ayudemos y consolemos consolando a sus hermanos más pequeños en los que él mismo sufre  (como puse  de relieve en  Comentario al Cántico Espiritual Juan de la Cruz  B, 39(Editorial San Pablo, Madrid 2018).

Ciertamente, Dios nos consuela, sufriendo con nosotros, por nosotros, para acogernos en su amor resucitado. Pero nosotros debemos también consolarle, caminando a su lado en amor, muriendo incluso por él y con él, como Jesús (como E. Hillesum).

Muchas veces tenemos miedo, y queremos desertar de esta misión de consolar a Dios, pero Jesús nos invita a seguir, tomando su cruz (la nuestra, la de aquellos que sufren), para acompañar y “animar” de esa manera al mismo Dios, como dijo de forma admirable san Pablo, afirmando que él quería  “completar” en su carne los sufrimientos de Cristo, que son los de Dios (Col 1, 24).

El Dios de Jesús nos saca externamente de este mundo, no nos quita el dolor, pero nos ofrece la certeza de que está con nosotros, con su misericordia,  queriendo que le acompañemos, acompañando a los que sufren, como decía D. Bonhöffer, otro testigo y mártir del Holocausto nazi, hermano cristiano de E. Hillesum, la judía).

Hacer feliz a Dios, esa nuestra mayor felicidad…  Eso significa que la «salvación» (felicidad) de Dios se identifica de un modo misterioso con el pan‒agua, la casa‒vestido y la palabra ofrecida a los necesitados.

En un sentido, el Dios de este pasaje final de la historia (Mt 25, 31-46)  está al servicio de los hombres, a los que quiere acoger y liberar en su amor… pero en otro somos los los que tenemos que “liberar” a Dios, que consolar a Dios, visitarle…ofreciendo felicidad a sus hermanos más pequeños, los necesitados.

Este pasaje (Mt 25, 31-46), leído y vivido como hace E. Hillersum, condenada a muerte en un campo de concentraciòn, nos lleva hasta el interior del misterio de Dios... que no sólo quiere que seamos misericordiosos, haciéndonos felices…,sino que nos pide que le ayudemos, que le acompañemos, que le hagamos feliz… En un sentido muy hondo Dios mismo necesita de nuestro consuelo y compañía.

 Ésa es la “felicidad de Dios”… la que nosotros le damos, haciendo felices a los hombres y mujeres necesitados, que son su presencia.

Estuve preso, estoy preso, nos dice Jesús, nos dice Dios… ¿Queréis venir a visitarme….?

Estuve hambriento, estoy hambriento… ¿Queréis darme de comer?

El mismo Dios hambriento, desnudo, preso…que  nos pide un poco de felicidad…. Este es el tema clave de  la tabla final de bienaventuranzas/bendiciones del Hijo del Hombre, esto es del mismo Dios, que

– Bienaventurados los hambrientos, porque serán alimentados; los sedientos, porque beberán hasta saciarse; los exilado   porque serán acogidos: los desnudos, porque recibirán vestido; los enfermos y los encarcelados, porque serán visitados…

– Bienaventurado Dios… si nosotros le damos felicidad, haciendo felices a sus hermanos más pequeños, haciéndole feliz  a él… Se decía y se dice que hacemos feliz a Dios al visitarle en su signo sagrado de la eucaristía, al amarle de todo corazón. Pero en un sentido aún más hondo hacemos feliz a Dios haciendo felices a los pobres, encarcelados, exilados… Como sabe una tradición rabínica judía, como supo Jesucristo, como dice Mt 25, 31-46

 Todo esto lo digo, una vez más citando a E. Hillesum (1914-1943), judía holandesa, condenada a muerte, en un campo de concentración nazi. Ella encarna la “tragedia” de Job… sabiendo que Dios mismo es quien sufre,  interpretando su dolor, el de Job, el de Dios, desde el evangelio de Mateo, que ella ha leído y releido, encarnado y aplicado, con pasìón de amor desde su raíz israelita. Así lo siente, así se siente. No interroga a Dios, ni le acusa, sino que le consuela, diciendo: “Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones

“Te ayudaré para que no me abandones”.

Así dice esta judía enamorada del Dios de Jesús, desde un campo de exterminio nazi, descubriendo su vocación de acompañar y de ayudar con su misericordia al mismo Dios de la misericordia. Ella ha sentido que el Dios de Job se ha encarnado y sufre en lo indecible en un campo de concentración donde hay hombres y mujeres empeñados en matarle (a ella, y a millones de judíos, por el simple hecho de ser distintos). De esa manera, en ese lugar, sabiendo que van a matarle (que quieren matar al Dios que sufre  en todosy por todos), ella  descubrsu más alta vocación, que es consolar  

De esta manera dice y hace, ayudando y consolando en el campo de concentración a los condenados a muerte, ella que también está condenada, simplemente por ser judía fiel:

Te ayudaré Dios mío, te consolaré mi Dios…  Quiero consolar a mis hermanos, tus hermanos, quiero consolarte a tí, que estás llorando y sufiendo por todos, crucificado de nuevo, muriendo en la cruz de Jesús y en la de todos los crucificados,hombres y mujeres… Quiero estar contigo, para así resucitar contigo…. porque tú eres la resurrección. Con todos y en todos sufres, a todos resucitas…

Muchas veces tenemos miedo, y queremos desertar de esta misión de consolar a Dios, pero Jesús nos invita a realizarla, tomando su cruz (la nuestra, la de aquellos que sufren), para acompañar y “animar” de esa manera al mismo Dios, como dijo de forma admirable san Pablo, afirmando que quería “completar” en su carne los sufrimientos de Cristo, que son los de Dios (Col 1, 24).

Conclusión:

En este contexto quier poner la famosa imagen de Christa,  signo de todas las mujeres que sufren en y con la cruz de Jesús, mujeres hombres, todos los crucificados…

 En este mismo contexto quiero citar la oración de D. Bonhöffer, teólogo cristiano aleman, condenadocomo E. Hillesum a la muerte en otro campo de concentración nazi:

 Siendo infinitamente grande, no te encuentras infinitamente lejos, sino cerca de nosotros. Y cuando estamos derrotados, tú no quieres asentarnos en tu fuerza, sino en la debilidad de tu Hijo Jesucristo. Por eso… ya seamos justos o injustos, enfermos o fuertes en la vida, nos arrojamos completamente en tus brazos… ¿Cómo hundirnos en el fracaso cuando superamos con tu Hijo la prueba del desierto? ¿Cómo orgullecemos en el triunfo si llevamos con el Salvador la cruz de nuestras culpas? (D. Bonhöffer,Resistencia y sumisión 2018).

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Remonta

jueves, 23 de febrero de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Remonta a lo profundamente inaccesible

*

Rilke

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«¿Y si cuaresma fuera tiempo de una conversión eclesial «a fondo»? «, por Consuelo Vélez

jueves, 23 de febrero de 2023
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tiempo-cuaresma-conversion-eclesial-fondo_2535056508_16423374_660x371De su blog Fe y Vida:

«A nivel eclesial los cambios que se necesitan sí son ‘de fondo'»

«No hay duda de que los abusos sexuales por parte del clero son una de las causas que más provoca rechazo entre la gente, sobre todo por las actitudes eclesiales de no denunciar abiertamente, de no tomar medidas drásticas y, sobre todo, de no ponerse del lado de las víctimas»

«Se necesita urgente la conversión del modelo eclesial. De esa estructura piramidal y centrada en la figura del sacerdote, es necesario pasar a una estructura sinodal que, significa, una comunidad de hermanos y hermanas donde todos se disponen a caminar juntos»

«Esa actitud comprometida con todos los aspectos de la vida es la que llena de sentido la oración (liberándose del intimismo), la que da contenido a la liturgia (liberándola de ritos vacíos), la que, como se dice desde hace mucho tiempo -hace de la vida una oración y de la oración una vida-«

Comenzamos de nuevo el tiempo de cuaresma y convendría preguntarnos cómo no caer en un ciclo repetitivo de tiempos litúrgicos donde lo que cambia son los colores de los ornamentos litúrgicos y el tema de las predicaciones pero que no supone ninguna conversión significativa.

Podría decirse que no siempre tenemos que estar en conversión “a fondo porque la vida ya se ha enrutado por un camino y es suficiente con hacer algunos ajustes. Con seguridad hay momentos que se viven y así y, a nivel personal, cada uno sabrá si necesita ajustes serios o basta con avivar el entusiasmo y la entrega.

Pero a nivel eclesial los cambios que se necesitan sí son “de fondo”. Y como la iglesia no es un templo o una normativa sino, ante todo, somos las personas que la formamos, la conversión eclesial “a fondo”, nos implica a todos. Hay hechos que lo ameritan: los jóvenes cada vez están más distantes de la Iglesia, las vocaciones, como tantas veces se dice, disminuyen y la gente, en general, ya no se preocupa por lo que diga la iglesia a nivel moral, sino que tiene sus propias convicciones y actúa conforme a ellas. No hay duda de que los abusos sexuales por parte del clero son una de las causas que más provoca rechazo entre la gente, sobre todo por las actitudes eclesiales de no denunciar abiertamente, de no tomar medidas drásticas y, sobre todo, de no ponerse del lado de las víctimas.

Hasta el día de hoy se oye en muchas predicaciones que la culpa de ese alejamiento de las personas de la institución eclesial es el mundo secularizado, la increencia, los vicios, la liberación de la mujer, el desenfreno social, la dictadura del relativismo, etc. Es decir, muchas causas externas que nos afectan y nos alejan de Dios. Seguramente hay una parte de verdad en esa apreciación porque somos seres muy influenciables con lo que nos llega y el ritmo actual del mundo nos envuelve y no es fácil ser lo suficientemente libres para mantenerse en las propias convicciones. Pero la otra parte de verdad es lo que ocurre al interior de la misma Iglesia y esto es lo que podemos reconocer y buscar cambiar desde dentro en este tiempo de cuaresma.

Se necesita urgente la conversión del modelo eclesial. De esa estructura piramidal y centrada en la figura del sacerdote, es necesario pasar a una estructura sinodal que, significa, una comunidad de hermanos y hermanas donde todos se disponen a caminar juntos. Parroquias que dejen de ser templos fríos y silenciosos y se conviertan en casas donde los que van se sienten a gusto porque se les conoce, se interesan por sus vidas y donde pueden dar sus opiniones, sugerencias y, efectivamente, son escuchados. No quiere decir que no se hayan dado algunos pasos en varias comunidades cristianas. Pero cuaresma podría ser un buen tiempo para mirar la comunidad eclesial en la que se participa y preguntarse qué modelo eclesial se vive allí. Y dependiendo la respuesta, tomar las medidas efectivas para transformarlo de manera que se parezca mucho más a la Iglesia de los orígenes cristianos.

Se necesita urgente la conversión de la separación entre la vida de fe y el mundo de la vida. Ser cristiano no es sacar tiempo para la oración diaria, la eucaristía, alguna devoción, alguna limosna, algún sacrificio, alguna norma moral que se cumple. Ser cristiano es vivir las 24 horas del día “haciendo el bien”. Eso implica preocuparse por lo social, lo político, lo económico, lo cultural, lo familiar, es decir, todos los aspectos de la vida, buscando cómo hacer para que prime el bien común, para que todo funcione de la mejor manera para todos, especialmente para los más necesitados. Y esa actitud comprometida con todos los aspectos de la vida es la que llena de sentido la oración (liberándose del intimismo), la que da contenido a la liturgia (liberándola de ritos vacíos), la que, como se dice desde hace mucho tiempo -hace de la vida una oración y de la oración una vida-. Que en esta cuaresma nos podamos preguntar por la implicación de toda nuestra vida en el ser cristiano, sin la dicotomía entre lo sagrado y lo profano, entre los momentos mal llamados “espirituales” y la vida cotidiana con absolutamente todas sus aristas.

Se necesita urgente la conversión hacia los temas más álgidos que por no enfrentarlos van creando ese muro de separación entre muchas personas y la Iglesia. Temas álgidos son la participación plena del laicado en la Iglesia y, con justa razón, de las mujeres. Es también la moral social y sexual que no parece caminar al ritmo de las comprensiones actuales que, no son relativismo, sino asumir la complejidad de lo humano y buscar diferentes salidas. Es también dar la cara por tantos abusos sexuales y de poder que han cometido miembros de la Iglesia y buscar reparar el dolor de las víctimas. En fin, en cada contexto salen temas complejos que no han de evadirse.

En definitiva, ojalá esta cuaresma nos confronte con la situación eclesial del momento y discernamos “a fondo” cómo convertirnos a una iglesia verdaderamente sinodal, una iglesia pobre y humilde, una iglesia “en salida” que no teme herirse, ni mancharse -como lo dijo el papa Francisco desde el inicio de su pontificado. Tal vez si asumimos una actitud de conversión eclesial, este tiempo de cuaresma dé abundantes frutos que alcancen a los que se han ido alejando y a los que nunca han estado en la Iglesia para que vuelvan a sorprenderse como lo hacían los contemporáneos de los primeros cristianos por la manera cómo vivimos, cómo nos amamos, cómo ayudamos a todos, motivándose así, a pertenecer a este grupo que no busca el poder sino el servicio, que sabe amar a todos y en todas las circunstancias.

(foto tomada de: https://www.eltiempo.com/vida/religion/miercoles-de-ceniza-2021-asi-podra-celebrarlo-en-medio-de-la-pandemia-covid-19-567317)

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40 días…

miércoles, 22 de febrero de 2023
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Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”

Miercoles de Ceniza

40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

peregrinar

 

¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

***

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Crecer en la amistad

miércoles, 22 de febrero de 2023
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Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

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– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Bienaventuranzas de la Comunidad

martes, 21 de febrero de 2023
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Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

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Felices quienes intentan descubrir en los hermanosy hermanas lo positivo que tienen y disculpan sus errores.

 Felices quienes vibran de gozo junto a su comunidad y se encuentran vacíos cuando están lejos de ella.

Felices quienes experimentan la fraternidad al estar muy unidos, como un sabroso y apretado racimo de uvas.

Felices quienes han vivido sólo dentro de sí mismos, quienes se han sentido autosuficientes, quienes no han necesitado de los demás, porque son los que más valorarán la vida en comunidad.

Felices quienes no idealizan a los miembros de su comunidad y van disculpando, conociendo y valorando, aún en las pruebas más difíciles, su fragilidad humana.

Felices quienes saben encontrar en cada contradicción las causas del problema, las motivaciones, la posible solución más duradera y fraterna.

Felices quienes, sin disculpar el egoísmo, la falta de cariño, el golpe duro e inesperado, descubren el lado positivo del hermano, sus valores, su dedicación a los demás.

Felices para quienes (como Jesús, que lo primero que hizo fue rodearse de amigos y amigas), la comunidad es el signo visible del Reino, un  anticipo de la vida eterna ya en nuestra tierra, una nueva sociedad fraterna, justa, libre y feliz.

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«Espiritualidad, gnosticismo y comprensión (II)», por Enrique Martínez Lozano..

martes, 21 de febrero de 2023
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60153170-D669-4D9B-85F9-ECFCBE5BAF05La pregunta central es esta: ¿cómo podemos llegar a comprender lo que realmente somos y, de ese modo, a la liberación de la ignorancia y a la experiencia de la plenitud (que las religiones llamaban “salvación”)?

Como quedó insinuado en la primera parte, me parece que podemos estar de acuerdo en que solo hay dos modos de acercarnos a la realidad no material: uno es el camino de las creencias, el otro es el camino de la comprensión experiencial.

Ahora bien, la creencia es solo un constructo mental que, en algún momento hemos recibido, de una forma u otra y al que nos hemos adherido. Es precisamente la adhesión personal la que convierte un pensamiento en una creencia, hasta el punto de otorgarle un estatus de hecho. Pero, mirando con atención, descubrimos que una creencia es siempre un conocimiento de segunda mano.

La comprensión, por el contrario, nace de más allá de la mente, aunque posteriormente se tematice conceptualmente, es decir, se plasme un “mapa” mental. La comprensión -que no es un mero entender, ni tampoco una “doctrina secreta” o esotérica reservada al círculo de los “elegidos”– puede darse de manera gratuita y sorpresiva o puede ser fruto de la indagación y experimentación. En cualquier caso, se produce en el silencio de la mente y la suspensión del pensamiento. Comprender equivale a “ver”.

En la comprensión de lo que somos se ventila absolutamente todo lo demás. Sin ella, permanecemos en la ignorancia, la confusión y el sufrimiento. Gracias a ella, reconocemos ser lo que somos y eso transforma de manera radical y liberadora nuestro modo de ver, de actuar y de vivir. Quien comprende, es en profundidad.

Este es el camino espiritual: el camino que conduce a la comprensión, y que se halla al alcance de todo ser humano que quiera comprometerse honestamente en la búsqueda de la verdad. Lo que suele suceder es que, dado que a la mente se le escapa lo que es la “comprensión” -porque trasciende la mirada mental y requiere activar la mirada espiritual-, la confunde, la trivializa y, con frecuencia, la ridiculiza. Lo cual también suele ser tan frecuente entre los humanos como la tendencia a etiquetar: ridiculizar lo que se desconoce.

La espiritualidad genuina no es una creencia gnóstica ni adolece de aquellos rasgos gnósticos que he mencionado. Es un camino humilde que no tiene otra pretensión que la de buscar -y ayudar a buscar- apasionadamente la verdad, a través de propuestas o pautas que han sido desarrolladas por las grandes tradiciones sapienciales de la humanidad a lo largo de su historia. Sin embargo, todo ese bagaje ancestral no se asume en ningún momento como una “creencia”, sino como una oferta e invitación a indagar por uno mismo.

Más allá de etiquetas y de contenidos que han podido asociarse a ese término, espiritualidad es, a la vez, nuestra dimensión de profundidad y el camino que nos permite a todos, más allá de creencias de un tipo u otro, volver a casa, comprender y experimentar la plenitud que somos.

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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Date tiempo y verás

lunes, 20 de febrero de 2023
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Date tiempo para amar,
para soñar,
para crear,
para trabajar,
para cambiar,
para acompañar… como Él

Y quizá así…
descubras el centro, eje y motor de la vida,
lleves tu carreta atada a las estrellas,
te sientas libre de normas y cadenas,
no esperes recompensa por tus obras buenas
y goces por estar hecho a su imagen y manera.

Date tiempo para estar,
para mirar acá y allá,
para reír,
para compartir,
para perdonar,
para amar como Él.

Y quizá así…
disfrutes de su presencia,
valores el ocio y la fiesta,
aprecies el regalo de la creación entera,
disfrutes de rostros y sonrisas,
y veas que no te falta nada .

Date tiempo para la amistad,
para abrazar,
para acariciar,
para buscar,
para rezar,
para sembrarte… como Él.

Y quizá así…
tejas tapices perennes de hermosos colores,
crezca la paz y la ternura en tu corazón,
sepas por qué tienes entrañas, dedos y piel,
te sorprendas de las maravillas que no brillan,
y crezca la cosecha que necesitas.

Date tiempo para recibir,
para regalar,
para vivir,
para darte,
para hablar… como Él.

Y quizá así…
entres en el reino de la gratuidad,
construyas una gran fraternidad,
llegues a ser como él te quiere,
te enriquezcas hasta desbordar,
y percibas que Él siempre está dentro de ti.

¡Date tiempo, …y verás!

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Trabajador gay despedido escribe sobre poner la otra mejilla en una iglesia sinodal

lunes, 20 de febrero de 2023
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B5B594F3-3944-46C6-B096-E63A2AC7BD33Mark Guevarra

La publicación de hoy es del colaborador invitado Mark Guevarra. Mark es un estudiante de doctorado en Graduate Theological Union, en Berkeley, California, con interés en la sinodalidad.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 7º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Un enemigo se define como alguien que es hostil, siente odio y causa daño a un oponente. La mayoría de nosotros tenemos enemigos hasta cierto punto, personas que nos persiguen con rencor, nos odian y nos causan daño. Entonces, la enseñanza de Jesús hoy de poner la otra mejilla es todavía algo que nos desafía tanto individual como comunitariamente, dado que a lo largo de la historia la iglesia ha enfrentado y continúa enfrentando persecución. Entonces, ¿cómo ponemos la otra mejilla?

Jesús no está diciendo que debemos ser un felpudo que invita a más daño a nosotros mismos, sino que debemos tener compasión por nuestros enemigos y no tomar represalias. La palabra para amor que se usa en esta lectura del evangelio es ágape, la palabra principal para amor en los evangelios, lo que implica que así es como los cristianos debemos amar. Ágape es darnos libremente, motivados por la creencia de que somos amados por completo.

Ágape es la clave para la verdadera felicidad y libertad, y es la compasión y la caridad encarnadas. Esto se demuestra en la Cruz cuando Jesús ora por los que lo han puesto allí: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Muchos de nosotros hemos escuchado esa oración a lo largo de los años y nos hemos preguntado: “¿Cómo puede alguien perdonar como Jesús frente a una angustia, una vergüenza y una traición insoportables?” Y sin embargo, ágape es lo que estamos llamados a hacer.

El 6 de febrero cumplí el quinto aniversario de haber sido despedido como asociado pastoral por ser gay y tener una relación amorosa. Fue una experiencia dolorosa perder mi ministerio y ver rechazada mi vocación y años de formación. Me sentí atacado y traicionado. Inmediatamente después del despido, a menudo me encontré tratando de entender por qué la iglesia institucional nos despidió a mí y a muchos otros. En medio de la noche, debatía ferozmente en mi mente con los funcionarios de la iglesia que me despidieron. Era mentalmente agotador y durante meses perdí incontables horas de sueño. Otras noches, me sentaba a llorar más allá de las palabras simplemente enumeradas por lo que había sucedido. El único respiro que encontraba en mis momentos de lucha o congelamiento era basarme en la fe. Encontré consuelo en la oración: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”.

Poner la otra mejilla significaba dejar ir y encontrar consuelo en mi impotencia. De esta manera, la mano liberadora de Jesús me libera de mi instinto de contraataque, de huir a falsas seguridades o de congelarme en sentimientos negativos.

Poner la otra mejilla también significa ser compasivo con aquellos que me han lastimado. No solo significa aprender sobre la historia, los contextos, los sistemas individuales y comunitarios y el pecado que lo impregna todo, sino también la gracia que obra para transformarlo todo y la gracia que me llama a ser parte de la construcción de la justicia y la paz. El evangelio no termina con la Cruz y la muerte, sino con el perdón y un llamado a continuar la obra liberadora de Jesús de restaurar la justicia.

B8CE4B70-5A32-40E6-AA8E-536E5BBAB33BDespués de leer los resúmenes sinodales de cientos de diócesis y los resúmenes de la Conferencia de Obispos Católicos de EE. UU. y la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá, está claro que la iglesia, los sistemas abusivos, las miembros y sus enseñanzas. Entonces, ¿cómo se ve poner la otra mejilla en nuestra iglesia sinodal?

Poner la otra mejilla significa liberarse del ciclo de daño causado a las personas LGBTQ+ por la iglesia institucional, que solo se puede lograr a través del ágape. He encontrado sanación en mi trabajo doctoral que se enfoca en las prácticas de justicia restaurativa entre las personas LGBTQ+ y la iglesia institucional. La Catholic Mobilizing Network (Red de Movilización Católica) ha estado trabajando durante años para transformar el sistema de justicia penal de los EE. UU. para que sea menos punitivo y más reparador. Este enfoque de justicia restaurativa puede enseñar mucho a la iglesia a medida que se vuelve más sinodal. Podemos poner la otra mejilla descubriendo las verdades y aprendiendo a tenerlas en cuenta, reconociéndolas y lamentándolas, comprometiéndonos a poner fin a los ciclos de daño y haciendo reparaciones.

El evangelio de hoy nos enseña que poner la otra mejilla es la clave para la felicidad duradera del individuo, pero también tiene implicaciones importantes para la iglesia en su conjunto.

—Mark Guevarra, 19 de febrero de 2023

Fuente The New Ways Ministry

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La Ley del Corazón.

domingo, 19 de febrero de 2023
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Del blog de la Communion Béthanie:

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Señor enséñame la ley,
la ley del corazón,
la que respeta al otro.
Una ley de amor que despierta
y no una ley que vigila.
Concédememe el ver el sufrimiento de mi hermano
sin negarme a mirarlo.
Concédeme el escuchar la llamada de mi hermano
sin negarme a responder.
Concédeme el tomar la mano de mi hermano
sin negarme a apretarla.
Señor enséñame tu ley.
Tu ley del corazón.
Tu ley de amor.

Perdón Señor por las faltas a tu ley.
Y sobre todo por la ley aplicada al pie de la letra.
Perdón por todas las leyes
que han puesto al hombre de rodillas,
las que lo han humillado,
las que le arrancaron a su padre, a su madre,
a su mujer y a sus niños.

Perdón por todas estas leyes inicuas,
por estas caricaturas de la ley
que todavía hoy dictan la ley.
Las que permiten castigar injustamente
a causa del color de la piel,
a causa de la extrañeza del nombre.
A causa de su orientación sexual.

Perdón por todas estas leyes infames
que todavía hoy
por toda la tierra,
en todas las naciones,
civilizadas o no,
crucifican al hombre.

Concédeme, Señor,
el vivir alrededor de mí
una ley que en tu nombre
libere al hombre,
una ley que ponga en pie al hombre.

*
Según Robert Riber

***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

– “Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente.” Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.”

*

Mateo 5,38-48

***

Deberíamos realizar un progresivo desarme intelectual, moral y religioso. No justificar lo injustificable. Creer en lo fuerza del amor Sacar de la eucaristía la certeza de curar nuestras heridas profundas. Quisiera detenerme en esta última idea; la fuerza terapéutica de la eucaristía como memoria. Cada vez que hacemos memoria de la muerte y resurrección de Cristo, el mismo Señor nos introduce, por el Espíritu, en la plenitud de su existencia pascual, donde se ha transformado por siempre en don ofrecido y alabanza perenne, incluido su humanidad. La memoria es un gran regalo del Creador y Redentor; nos permite recordar con gratitud el pasado, rememorar las grandes obras realizadas por Dios en favor nuestro, reanimar con atención y discernimiento el momento presente, insertarnos con vigor, esperanza y responsabilidad en lo historia de la salvación.

Durante la misa, cuando el sacerdote extiende las manos sobre el pan y sobre el vino, invoca al Espíritu Santo no sólo para que estos elementos se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo, sino también para que nosotros, unidos con Cristo, nos transformemos en ofrenda agradable, capaces de comprometernos en la historia de la salvación por el reino de amor y de paz. En la eucaristía, el Espíritu actúa en nosotros para que nuestra memoria se cure de cualquier tipo de rencor resentimiento y se colme de recuerdos agradecidos. Uno de los frutos más preciosos es el vivir el presente can la máxima solicitud y caminar hacia el futuro con viva esperanza y fiel empeño como constructores de paz. En una memoria agradecida, moldeada por la espiritualidad eucarística, no cabe el rencor el odio, la venganza, la violencia. Conscientes de nuestra total dependencia de la gracia, pedimos “vivir en constante oración y súplica, guiados por el Espíritu”(Et 6,l8). Así crece en nosotros la “conformidad con la voluntad de Dios”, aceptamos las cosas como desafío y kairés, como don e invitación para corresponder desde la Fe a nuestro empeño de ser testigos de la paz. La memoria agradecida de lo que Cristo ha hecho por nosotros se convierte en un medio formidable para transformar nuestras eucaristías en una ocasión donde nos revestimos con las armas de la paz, verdad y justicia.

*

Bernard Häring – V. Salvolcli,
Nón violenza. Per osare la pace,
Padua 1992, 26ss.

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“Cordialidad”. 19 de febrero de 2023. 7 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 38-48.

domingo, 19 de febrero de 2023
Comentarios desactivados en “Cordialidad”. 19 de febrero de 2023. 7 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 38-48.

14_7-TO-A_1655813No es la manifestación sensible de los sentimientos el mejor criterio para verificar el amor cristiano, sino el comportamiento solícito por el bien del otro. Por lo general, un servicio humilde al necesitado encierra, casi siempre, más amor que muchas palabras conmovedoras.

Pero se ha insistido a veces tanto en el esfuerzo de la voluntad que hemos llegado a privar a la caridad de su contenido afectivo. Y, sin embargo, el amor cristiano que nace de lo profundo de la persona inspira también los sentimientos, y se traduce en afecto cordial.

Amar al prójimo exige hacerle bien, pero significa también aceptarlo, respetarlo, valorar lo que hay en él de amable, hacerle sentir nuestra acogida y nuestro amor. La caridad cristiana induce a la persona a adoptar una actitud cordial de simpatía, solicitud y afecto, superando posturas de antipatía, indiferencia o rechazo.

Naturalmente, nuestro modo personal de amar viene condicionado por la sensibilidad, la riqueza afectiva o la capacidad de comunicación de cada uno. Pero el amor cristiano promueve la cordialidad, el afecto sincero y la amistad entre las personas.

Esta cordialidad no es mera cortesía exterior exigida por la buena educación, ni simpatía espontánea que nace al contacto con las personas agradables, sino la actitud sincera y purificada de quien se deja vivificar por el amor cristiano.

Tal vez no subrayamos hoy suficientemente la importancia que tiene el cultivo de esta cordialidad en el seno de la familia, en el ámbito del trabajo y en todas nuestras relaciones. Sin embargo, la cordialidad ayuda a las personas a sentirse mejor, suaviza las tensiones y conflictos, acerca posturas, fortalece la amistad, hace crecer la fraternidad.

La cordialidad ayuda a liberarnos de sentimientos de indiferencia y rechazo, pues se opone directamente a nuestra tendencia a dominar, manipular o hacer sufrir al prójimo. Quienes saben comunicar afecto de manera sana y generosa crean en su entorno un mundo más humano y habitable.

Jesús insiste en desplegar esta cordialidad no solo ante el amigo o la persona agradable, sino incluso ante quien nos rechaza. Recordemos unas palabras suyas que revelan su estilo de ser: «Si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario?».

José Antonio Pagola

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“Amad a vuestros enemigos” . Domingo 19 de febrero de 2023. 7º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 19 de febrero de 2023
Comentarios desactivados en “Amad a vuestros enemigos” . Domingo 19 de febrero de 2023. 7º domingo de tiempo ordinario.

15-ordinario7 (C) cerezoLeído en Koinonía:

Lv 19,1-2.17-18: Amarás a tu prójimo como a ti mismo
Salmo responsorial 102:  El Señor es compasivo y misericordioso
1Cor 3,16-23: Todo les pertenece, ustedes de Cristo, y Cristo de Dios
Mt 5,38-48: Amen a sus enemigos

Todos estamos llamados por Dios a ser santos, a ser perfectos, como el mismo Padre lo es; y el camino para llegar a la plena santidad es el amor: amor a Dios y a los hermanos, amor a los que sufren, amor a sí mismo, a la familia, amor a la naturaleza, al cosmos-caos entero.

Las tres lecturas de hoy podría considerarse que están centradas en el tema de la «santidad por el amor».

La primera lectura, un fragmento del «código de santidad» del libro del Levítico, presenta una imagen de santidad mediada por la responsabilidad con el prójimo; es decir, que el camino para llegar a Dios y lograr la santidad comienza con el respeto hacia la vida y la dignidad del otro. Este criterio es el centro de la Ley y los Profetas, el eje que determina nuestra verdadera relación con Dios, el elemento fundamental de la fe, ya que a través de la apertura a los demás es como ciertamente somos partícipes de la promesa de salvación dada por Dios a su pueblo.

Pablo, en la primera carta a los Corintios, considera al ser humano como templo de Dios y morada del Espíritu. Con ello está diciendo que cada persona es presencia concreta de Dios en la historia humana. Este templo del cual habla Pablo es la comunidad cristiana de Corinto, en donde la Palabra anunciada ha sido escuchada y ha surtido efecto. La intención, entonces, de Pablo es advertir a sus oyentes de los peligros que acechan ese templo y que amenazan con destruirlo; esos peligros se encarnan en aquellos que pretenden anular el mensaje de Cristo crucificado a través de discursos provenientes de la sabiduría humana, que rechazan la vinculación e identificación de Dios con la debilidad humana y la solidaridad de Dios con los marginados de la sociedad. El mensaje de Pablo es supremamente importante, pues comprende que el verdadero templo en donde habita Dios son las personas, es en la vida de la humanidad, en los hombres y mujeres de todo el mundo, sin distinción de raza, cultura o religión; de esta manera Pablo supera la reducción de la presencia viva de Dios a una construcción, a unas paredes o a un “lugar” específico de culto. Son las personas el lugar verdadero donde debemos dar culto a Dios; son las personas el lugar privilegiado en donde toda nuestra fe se debe expresar, especialmente con aquellos hombres y mujeres, que, siendo santuarios vivos de Dios, han sido profanados por la pobreza, la violencia y la injusticia social.

El elemento fundamental del proyecto cristiano es presentado en esta sección del evangelio de Mateo: el amor. Este amor propuesto por Jesús supera el mandamiento antiguo (Lv 19,18) que permite implícitamente el odio al enemigo. Lo supera porque es un amor que no se limita a un grupo reservado de personas, a los de mi grupo, o los de mi etnia, o a mis compatriotas, o a los que me aman, sino que alcanza a los enemigos, a los que parecerían no merecer mi amor, o incluso parecerían merecer mi desamor. Es un amor para todos, un amor universal, expresión propia del amor de Dios que es infinito, que no distingue entre buenos y malos. Ser perfecto, como Dios Padre lo es, significa vivir una experiencia de amor sin límites, es poder construir una sociedad distinta, no fundada en la ley antigua del Talión («ojo por ojo, diente por diente», que ya era una manera primitiva de limitar el mal de la venganza), sino en la justicia, la misericordia, la solidaridad, enmarcados todos estos valores en el Amor.

Como seres simbióticos que somos, que no podemos vivir nuestra vida aisladamente, sino que incluso para llegar a ser necesitamos de la convivencia, la compañía, el diálogo… la dimensión moral nos es de inevitable abordaje. No podemos convivir sin alimentar y suavizar continuamente los límites de nuestras relaciones. No hay sociedad humana sin moral, sin derecho, sin ley, sin normas de convivencia. Por su parte, la dimensión religiosa no podría no incluir esa dimensión esencial.

En el Primer Testamento vemos que la mayor parte de los mandamientos son negativos, marcando lo que no se puede hacer, los límites que no se deben traspasar. Es un primer estadio de la moral.

El Evangelio da un salto hacia adelante. Parecería no estar preocupado tanto por los límites cuanto por el «pozo sin fondo» que hay que llenar, la perfección del amor que hay que alcanzar, lo cual no se consigue simplemente evitando el mal, sino acometiendo el bien. Con el Evangelio en la mano, no estaríamos consiguiendo el bien moral supremo, la santidad, simplemente omitiendo el mal, porque podríamos estar pecando «por omisión del bien». Y, como dice santo Tomás, el mandamiento del amor siempre resulta de algún modo inasequible, pues nunca podemos dar cuenta plena de él, siempre se puede amar con más entrega, con más generosidad y más radicalidad. Es típica del Evangelio la propuesta del amor a los enemigos, el amor humanamente más inasequible y racionalmente más difícilmente justificable.

No obstante, la propuesta de esta liturgia de la palabra de una santidad a la que se accedería por el amor, casi como en un acceso privilegiado o casi único, habríamos de adicionarle alguna matización. A la santidad cristiana no se accede sólo por el amor práctico, por la práctica moral o ética. Es cierto que en la historia de las religiones el cristianismo se ha hecho famoso como la religión que más ha organizado la práctica del amor, y por el hecho de que su presencia va acompañada siempre con las «obras de caridad» (hospitales, escuelas, centros de promoción humana, leprosarios, atención a los pobres, a los excluidos…) que le son características. ¿Pero bastará el amor?

¿Y la dimensión espiritual? ¿La espiritualidad, la contemplación, la mística… dónde quedan?

Obviamente, no estamos ante una alternativa amor-caridad/espiritualidad-mística, y los grandes santos de la caridad han sido también grandes místicos. No se trata de una alternativa (o una cosa o la otra), sino de una conjunción necesaria: las dos cosas. Porque las dos se interpenetran perfectamente. De hecho, el santo también es un «contemplativus in caritate», vive la contemplación en el ejercicio de la caridad. La Espiritualidad de la liberación acuñó la famosa fórmula: «contemplativus in liberatione»… como un perfecto ensamblaje entre acción y contemplación, práctica moral y mística.

En realidad, cuando se vive la mística, la moral brota espontáneamente. Sin duda, el cristianiso está desafiado a cambiar su modo de acceder a lo moral, que no ha de ser ya tanto un acceso directo, «moralizante», insistiendo en los preceptos y sus amenazas o castigos, cuanto en un acceso indirecto, por la vía de la mística, de la experiencia mística, que no deja de ser la experiencia misma del amor.

El Concilio Vaticano II, cuyo 50 aniversario se aproxima, abrió un panorama hasta entonces inusitado, el de la «universal llamada a la santidad», una santidad que anteriormente muchos cristianos consideraban reservada a los considerados entonces «profesionales» de la santidad (los monjes, los religiosos, el clero…pero no el común de los fieles. Leer más…

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Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos (Dom 19.2.23)

domingo, 19 de febrero de 2023
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4F44E59E-A8EA-4684-8968-B150C6389E65Del blog de Xabier Pikaza:

Éste evangelio (Mt 5, 38-48) es el  la carta magna de la iglesia. Empecemos leyendo  Quizá el simple texto sea suficiente.

Sigan  pensando conmigo aquellos que tengan más preguntas:  ¿Perdona Dios a sus enemigos? ¿Tendrá que cerrar por eso el  infierno? ¿Seguirá siendo nuestro Dios si sólo le necesitamos para librarnos de la condena?

Y en otro plano, para cumplir este evangelio: ¿Deberán los soldados licenciarse, los jueces cerrar los juzgados,los ricos compartir sus riquezas  y todos perdonarnos, abriendo un espacio de amor para amigos y enemigos? ¡Parece imposible! Y, sin embargo,  eso es la iglesia. Todo lo demás es secundario Me dirás que es imposible. Te responderé con Mateo y Tertuliano: Es imposible, pero con la ayuda de Dios hay que hacerlo.

Aquí nos trae Jesús, aquí nos deja, con este evangelio:  Quien ama al  enemigo, ése es de Dios como Jesús. Quien no ama no es  iglesia por muy de iglesia que se crea.

 Carta magna de la Iglesia  

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: «Ojo por ojo, diente por diente.» Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica; dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas.

Habéis oído que se dijo: «Amarás a tu prójimo» y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

No hay quizá palabras más hirientes ni más duras (no resistáis al mal, amad a vuestros enemigos), de manera que en general las invertimos: ¡resistid al mal, oponeos a vuestros enemigos! Así pedimos a Dios cada día, haciendo la señal de la Santa Cruz: de nuestros enemigos líbranos Señor!

  En   esa línea, Joachim Jeremías, en su Sermón de la Montaña (Palabras de Jesús,  Madrid 1968), decía que estas palabras no pueden cumplirse, pero que  están bien colocadas , para recordar que somos pecadores (y pedir perdón aDios)…, a no ser que las entendamos como «ética del ínterin» (A. Schweitzer), para decirlas solo en el trance final, cuando todo acaba, y no hay ya más tareas que cumplir en este mundo.

F. Nietzsche decía también que estas palabras no pueden cumplirse, que sólo las cumplió un Jesús, pero que le crucificaron por ello. La Iglesia posterior (sigue diciendo Nietzsche) no sólo no ha cumplido esas palabras, sino que las subvertido, haciendo lo contrario a lo que ellas dicen, proclamando de hecho el odio (o, quizá dicho, el resentimiento), contra los enemigos, por no atreverse a luchar abiertamente contra ellos.

E8EFD9BC-F605-4BA6-B287-96C9F85A7677Éste es un tema que se ha discutido en la iglesia desde dos perspectivas. (a) En la línea de, un clásico del judaísmo moderno(J. Klausner,  Jesús de Nazaret,Barcelona 1974)  afirmaba que unos mandamientos como éstos (no juzgar, amar al enemigo) son antinaturales, están bien como utopía, pero no pueden cumplirse en la vida pública, pues la  justicia social exige que nos opongamos a los malos/males incluso con violencia, conforme a los principios de la guerra justa).

(b) En una lìnea distinta, otros  defienden el valor de estas palabras, pero preguntando:¿Pueden compaginarse con la historia de violencia de una Iglesia que ha empleado su  poder militar y judicial (con inquisiciones ad hoc) no sólo para «resistir al mal» (en contra de Jesús), sino para imponer la pretendida verdad del evangelio con violencia sobre el mundo?  Dejo esas preguntas en el fondo para comentar directamente el texto  en la línea de mi (Comentario de Mateo, VD, Estella 2017).

6E37D53B-01B9-424A-A796-F4292AE438DBSobre la ley antigua (ojo por ojo y diente por diente, 5, 38) se eleva una nueva revelación (profundización e inversión de esa ley), que se expresa en un principio general (no resistáis al mal/malo: 5, 39a), con tres aplicaciones socio-políticas (5, 39b-41: poner la otra mejilla, añadir la capa al que exige la túnica, acompañar dos millas en vez de una) y otra económica (5, 42: dale al que pide y presta al necesitado).

La ley regula el orden social, utilizando la violencia «legítima».Más que ordinatio rationis (ordenamiento de razón) es ordinatio potentiae, regulación del poder. Ciertamente, consigue un orden, pero lo hace por la fuerza. Así actúa con poder, por un talión (ojo por ojo) que impone su control, pero teniendo que oponerse al mal de un modo violento, impidiendo que pueda propagarse de manera incontrolada.

La Ley no cree en la bondad, ni en que el hombre pueda superar la violencia a través de una gracia superior, sino que utiliza para ello otro tipo de violencia, para castigar de esa manera a los trasgresores. En contra de eso, la nueva revelación apodíctica de Jesús, cuando dice no os opongáis al mal (malo, ponêrô), supera ese principio de violencia desde un plano superior de gracia.

La primera obligación de la Ley era oponerse al malo (injusto), a fin de que los justos pudieran vivir tranquilos, elevando así una especie de cerca o valla en contra de los transgresores, para que los legales vivieran protegidos dentro de ella. Pues bien, Jesús ha querido derribar esa valla, abriendo un espacio de vida más allá de las leyes político-judiciales violentas, renunciando así al talión, es decir, al principio de resistencia violenta frente al ante el malo, sin la cual no puede darse justicia legal sobre la tierra.

En esa línea, superar unilateralmente la violencia significaría dejar que la sociedad humana se destruya, pues sin talión no hay justicia legal el mundo. Pero la iglesia o comunidad de Jesús se sitúa por encima de la ley (talión), creando un vacío social que sólo puede superarse por testimonio y camino de gracia. En ese nivel superior se sitúa la iglesia.

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‒ El talión es unívoco y claro, como  la ley: sabe distinguir entre inocentes y culpables; tiene lógica y la emplea, en equilibrio de juicio moralista. Puede admitir un tipo de utopía, pero mientras tanto defiende lo que existe. No quiere cambiar el mundo, sino mantener el orden de lo que hay, pues sólo Dios podrá cambiarlo, cuando él quiera. No transforma a las personas, sino que regula su conducta, manteniendo de esa forma lo que existe.

Jesús abre para sus seguidores (para su iglesia) un camino de gratuidad, por encima de  la Ley, para superarla, pues ha llegado el tiempo mesiánico del Reino, como ordenamiento de gracia (ordo gratiae). Jesús sabe que hombres que amenazan a otros con su violencia, pero no les responde con otra violencia, no les expulsa ni mata (como mala raíz que debe arrancarse de la tierra; cf. Mt 13, 28-29), sino que se eleva de plano, para transformarles con su testimonio de gracia.

 Toda regula el orden social por la fuerza, utilizando para ello una “violencia legal”, conforme al talión (ojo por ojo) que se impone por la fuerza, oponiendo una violencia legal sobre la ilegal, para hacer así posible la vida, en un mundo amenazado de muerte. En esa línea, la iglesia de Jesús sería un “ordo violentiae” o, mejor dicho, un “ordo potestatis”, un ordenamiento de poder jerárquico, donde unos superiores (representantes de la ley) imponen su orden (orden) sobre los otros [1].

Pues bien, en contra (o, mejor dicho, por encima) de esa ley, al decir no resistáis al Mal, esto es, al Malo, Jesús, desborda los supuestos de una ley (israelita o no), cuya primera obligación es mantener el orden y oponerse al mal (al malo, injusto), con la fuerza, para que los justos puedan mantenerse, viviendo protegidos por la valla de la justicia. En un primer nivel, el talión de la justicia parece necesario: sabe distinguir entre inocentes y culpables; tiene lógica y la emplea al servicio de la ley (es decir, del orden de la fuerza, en la línea del mejor derecho “romano”, que muchos definen sin más como “derecho natural”, suponiendo que es anterior a la “justicia de la gracia”, tal como Jesús la ha formado y plasmado en su iglesia.

Gran parte de la iglesia posterior, desde el siglo IV en adelante, ha postulado y colocado en su base el “orden jurídico romano” que se identifica se identifica en el fondo con la de talión (ojo por ojo, diente por diente) Jesús ha querido superar en el Sermón de la Montaña. Pues bien, en contra de Jesús afirma que el mal no puede superarse con otro mal equivalente (pero justo), pues manteniéndonos en esa línea de equivalencia entre delito y castigo,  plano de acción y reacción, seguimos manteniéndonos en un plano de violencia,  dominados por el Malo, como supone el Padre-nuestro (Mt 6,13 ) al pedirnos que superemos ese plano de equilibro de violencia.

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“De la venganza al amor”. Domingo 7 Tiempo Ordinario. Ciclo A.

domingo, 19 de febrero de 2023
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que-es-perdonar-L-CpfDiRDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado vimos dos recursos de Jesús para combatir el legalismo de los escribas: llevar la ley a sus últimas consecuencias (asesinato, adulterio) y anular la ley en vigor (divorcio, juramento). El evangelio de este domingo termina de tratar el tema añadiendo un nuevo recurso: cambiar la norma por otra nueva. Lo hace hablando de la venganza y de la relación con el prójimo.

Generosidad frente a venganza

Habéis oído que se dijo: “Ojo por ojo, diente por diente”. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehúyas. 

            El quinto caso toma como punto de partida la ley del talión («ojo por ojo, diente por diente»). Esta ley no es tan cruel como a veces se piensa. Intenta poner freno a la crueldad del patriarca Lamec, que anuncia a sus mujeres: «Por un cardenal mataré a un hombre, a un joven por una cicatriz» (Génesis 4,23). Frente a la idea de la venganza incontrolada (si me hieres, te mato) la ley del talión pretende que la venganza no vaya más allá de la ofensa (ojo por ojo). De todos modos, sigue dominando la idea de que es lícito vengarse.

            En Las Coéforas de Esquilo se advierte el valor universal de esta idea. Después del asesinato de su padre, Electra pregunta al Coro qué debe pedir, y éste le responde:

Que un dios o un mortal venga sobre ellos…

− ¿Cómo juez o como vengador?

− Di simplemente, “alguien que devuelva muerte por muerte”.

− Pero, ¿crees tú que los dioses encontrarán santo y justo mi ruego?

− ¿Acaso no es santo y justo devolver a un enemigo mal por mal?

            Jesús no acepta esta actitud en sus discípulos. No sólo no deben enfrentarse al que lo ofende, sino que deben adoptar siempre una postura de entrega y generosidad. Para expresarlo, recu­rre a cinco casos concretos. ¿Cómo debes comportarte con quien te abofetea, te pone pleito para quitarte la túnica, te fuerza a caminar una milla (quizá se refiera a los soldados romanos, que podían obligar a los judíos a llevarles su impedimenta esa distancia), te pide, o te pide prestado? Basta hacerse cada una de estas preguntas, pensando cómo responderíamos nosotros, para advertir la enorme diferencia con las respuestas de Jesús.

            De todos modos, lo que dice no debemos interpretarlo al pie de letra, porque terminaría amargándonos la existencia. El mismo Jesús, cuando lo abofetearon, no puso la otra mejilla; preguntó por qué lo hacían. Lo importante es analizar nuestra actitud global ante el prójimo, si nos movemos en un espíritu de venganza, de rencor, de regatear al máximo nuestra ayuda, o si actuamos con generosidad y entrega.

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Amor al enemigo

Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos. Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»

            El último caso parte de una ley escrita («amarás a tu prójimo»: Levítico 19,18) y de una norma no escrita, pero muy practicada («odiarás a tu enemigo»).

            Es ciertos que el libro del Éxodo contiene dos leyes que hablan de portarse bien con el enemigo: «Cuando encuentres extraviados el toro o el asno de tu enemigo, se los llevarás a su dueño. Cuando veas al asno de tu adversario caído bajo la carga, no pases de largo; préstale ayuda» (Ex 23,4-5). Pero es curioso cómo se cambia esta ley en una etapa posterior: «Si ves extraviados al buey o a la oveja de tu hermano, no te desentiendas: se los devolverás a tu hermano. Si ves el asno o el buey de tu hermano caídos en el camino, no te desentiendas, ayúdalos a levantarse» (Dt 22,1.4). La obligación no es ahora con el enemigo y el adversario, sino con el hermano (en sentido amplio). Alguno dirá que, para el Deuteronomio no hay enemigos, todos son hermanos. Pero esta interpretación es demasiado benévola.

            El evangelio es muy realista: los seguidores de Jesús tienen enemigos. Sus palabras hacen pensar en las persecuciones que sufrían las primeras comunidades cristianas, odiadas y calumniadas por haberse separado del pueblo de Israel; y en la que sufren tantas comunidades actuales en todas partes del mundo, especialmente en África y Asia. Frente a la rabia y el odio que se puede experimentar en esas ocasiones, Jesús exhorta a no guardar rencor; más aún, a perdonar y rezar por los perseguidores.

            Lo que pide es tan duro que debe justificarlo. Lo hace contraponiendo dos ejemplos: el de Dios Padre, el ser más querido para un israelita, y el de los recaudadores de impuestos y paganos, dos de los grupos más odiados. ¿A quién de ellos deseamos parecernos? ¿Al Padre que concede sus bienes (el sol y la lluvia) a todos los seres humanos, prescindiendo de que sean buenos o malos, de que se porten bien o mal con él? ¿O preferimos parecernos a quienes sólo aman a los que los aman?

            No se trata de elegir lo que uno prefiera. El cristiano está obligado a «ser bueno del todo, como es bueno vuestro Padre del cielo».

Primera lectura (Levítico 19, 1-2.17-18)

El Señor habló a Moisés:

Habla a la asamblea de los hijos de Israel y diles: “Seréis santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo. No odiarás de corazón a tu hermano. Reprenderás a tu pariente, para que no cargues tú con su pecado. No te vengarás ni guardarás rencor a tus parientes, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”.

            La idea de imitar al Dios bueno y santo portándonos bien con el prójimo es el tema de la primera lectura. La formulación es muy interesante, alternando prohibiciones y mandatos. Prohíbe odiar, manda reprender, prohíbe vengarse, manda amar. De ese modo, prohibiciones y mandatos se complementan y comentan. No odiar de corazón significa, en la práctica, no vengarse ni guardar rencor. Reprender es una forma de amar; de hecho, lo más cómodo y fácil ante los fallos ajenos es callarse y criticarlos por la espalda; para reprender cristianamente hace falta mucho amor y mucha humildad.

El Salmo 102

            El tema de la bondad de Dios es fundamental en este Salmo, del que la liturgia recoge algunos versos. El Dios que nos perdona, compasivo y misericordioso, es el mejor ejemplo y estímulo para amar y perdonar al prójimo.

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. 

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. 

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. 

Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles. 

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