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De canción de amor a canción de muerte. Domingo 27 Ciclo A

domingo, 8 de octubre de 2023
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661902_1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:


El domingo pasado, Jesús denunció a las autoridades religiosas y políticas por no haber creído a Juan Bautista ni haberse dejado interpelar por el buen ejemplo de los recaudadores de impuestos y las prostitutas. Este domingo, el ataque es más duro: los acusará de ladrones y asesinos. Para comprenderlo hay que remontarse ocho siglos, hasta la época de Isaías.

Acto I: Explanada del templo de Jerusalén. Hacia 735 a.C.

            El murmullo se apaga lentamente. Cuando se hace silencio, Isaías se dirige a la gente congregada: «Voy a cantar una canción de amor. Del amor de mi amigo a su viña». El público sonríe incrédulo. No imagina al profeta cantando una canción de amor. Lo más frecuente en él son denuncias y elegías.

            La canción habla del trabajo entusiasta que dedica su amigo a una hermosa viña: entrecava el terreno, lo descanta, plata buenas cepas, construye una atalaya y, esperando una magnífica cosecha, cava un lagar. Pero, al cabo del tiempo, la viña, en vez de dar uvas hermosas y dulces, da ácidos agrazones.

            Isaías aparta la cítara y mira fijamente al público: «Ahora os toca a vosotros hacer de jueces entre mi amigo y su viña. ¿Podía hacer por ella más de lo que hizo».

La gente guarda silencio e Isaías continúa: «Voy a deciros lo que hará mi amigo: derribará su valla para que sirva de pasto a ovejas y cabras, para que la pisoteen mulos y toros; la arrasará para que crezcan en ella zarzas y cardos, y prohibirá a las nubes que lluevan sobre ella».

El profeta se interrumpe y pregunta de nuevo: «¿Quién es mi amigo y cuál es su viña?» Pero no da tiempo a que nadie intervenga: «La viña del Señor sois vosotros, los hombres de Israel y de Judá. Dios ha hecho mucho por vosotros, y esperó a cambio que practicarais el derecho y la justicia, que os portarais bien con el prójimo. Pero sólo habéis producido asesinatos y provocado lamentos».

            El texto de la canción es la 1ª lectura de hoy:

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. 

Mi amigo tenía una viña en fértil collado. 

La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas;

construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. 

Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. 

Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,

por favor, sed jueces entre mí y mi viña. 

¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? 

¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? 

Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña:

quitar su valla para que sirva de pasto,

derruir su tapia para que la pisoteen. 

La dejaré arrasada:

no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos;

prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. 

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel;

son los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; 

esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Acto II: Explanada del templo de Jerusalén. Hacia año 29 de nuestra era.

 Jesús acaba de contar a los sacerdotes y senadores la parábola de los dos hermanos, advirtiéndoles que las prostitutas y los publicanos les llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Inmediatamente, sin darles tiempo a reaccionar ni responder, les dice:

― Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar…

― Ésa ya la sabemos, comenta uno en voz alta. Ésa no es tuya, es de Isaías.

Jesús no se inmuta. Y la parábola toma de repente un rumbo imprevisible. A diferencia de la viña de Isaías, ésta sí da fruto. El problema no radica en la viña, sino en los viñadores, que se niegan a entregar los frutos a su legítimo propietario.

El drama se desarrolla en tres etapas. En las dos primeras, el dueño envía unos criados, y los viñadores los apalean, matan o apedrean. En la tercera, envía a su propio hijo. Cuando lo matan, Jesús, igual que Isaías, se encara con los oyentes, pidiéndoles su opinión: «¿Qué hará con aquellos labrado­res?»

A diferencia de lo que ocurre en Isaías, los oyentes intervienen, emitiendo una sentencia tremendamente dura: los viñadores merecen la muerte y la viña será entregada a otros más honrados.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

― Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: «Tendrán respeto a mi hijo. «Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: «Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.» Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron:

― Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.

Y Jesús les dice: 

― ¿No habéis leído nunca en la Escritura: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente»?  Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Tres grandes enseñanzas

  1. La canción de la viña de Isaías insiste en una idea que a muchos cristianos todavía les resulta extraña: el amor de Dios se paga con amor al prójimo. Dios ha hecho mucho por los israelitas, pero lo que pide de ellos no es actos de culto sino la práctica de la justicia y el derecho. Jesús dirá que el segundo mandamiento (amar al prójimo) es tan importante como el primero (amar a Dios). Y la 1ª carta de Juan afirma: «Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amar… a nuestros hermanos».
  2. Para Jesús, a diferencia de Isaías, el pueblo no es una viña mala e improductiva. Al contra­rio, da frutos a su tiempo. El mal radica en las autoridades religiosas, que consideran la viña propiedad privada y no recono­cen a su auténtico propietario. Por eso Mateo termina con un comentario incomprensiblemente suprimido por la liturgia: «Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta de que iban por ellos» (v.45). Sería completamente equivocado utilizar la homilía de este domingo para atacar al público presente, que bastante hace con soportarnos. Quienes debemos sentirnos especialmente interpelados somos los que tenemos una responsabilidad dentro de la comunidad cristiana.
  3. En su versión final (véase “Una cuestión discutida”), la parábola subraya la importancia y triunfo de Jesús. Después de todos los profetas (los criados), él es “el hijo”, lo más valioso que Dios puede mandar. Y aunque las autoridades religiosas lo infravaloren y desprecien, él termina convertido en la piedra angular del nuevo edificio de la Iglesia.

Una cuestión discutida

Muchos comentaristas piensan que la parábola primitiva contada por Jesús hablaba sólo del envío de los criados, los profetas, a los que los viñadores apalean, matan o apedrean. Y terminaría con las palabras: «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.» Es pueblo eran los seguidores de Jesús.

Cuando lo mataron, los primeros cristianos pensaron que este era el mayor crimen, y se habrían añadido las palabras referentes al envío y la muerte del hijo. En la misma línea de subrayar la importancia de Jesús habría añadido las palabras del Salmo 118,22: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente». Es un cambio fuerte de metáfora. Los viñadores se convierten en arquitectos, y el hijo en una piedra. Los constructo­res la desechan, porque no la consideran válida como piedra angular, la que soporta el peso de todo el arco. Sin embargo, Dios la coloca en un puesto de privilegio. Con este añadido, la parábola pierde en clari­dad, pero advierte a las autoridades religiosas que su crimen no ha servido de nada, y alegra a los cristianos con la certeza del triunfo de Jesús.

La paz de Dios y la forma de conseguirla (Filipenses 4,6-9)

            La lectura de Pablo comienza con las palabras: «Nada os preocupe», y repite más adelante dos promesas muy parecidas: «La paz de Dios custodiará vuestros corazones» y «el Dios de la paz estará con vosotros». La paz, siempre necesaria, lo es quizá más en este tiempo. Pablo indica a los cristianos de Filipos tres recursos para conseguirla: 1) la oración, la súplica y la acción de gracias; 2) tener en cuenta todo lo que es virtud o mérito; 3) poner por obra lo que recibieron, oyeron y vieron en él.

            Si reflexionamos sobre estos recursos y los ponemos en práctica, conseguiremos la paz de Dios.

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Domingo XXVII. 08 octubre, 2023

domingo, 8 de octubre de 2023
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Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.”

(Mt 21, 33-43)

Hoy celebramos la Buena Noticia de un Dios inmensamente paciente, capaz de enviarnos a su hijo, es decir, capaz de enviarnos lo más valioso que tiene. Y no nos lo envía cuando somos buenos, sino aun sabiendo que no sabremos ni acogerlo ni respetarlo.

La Buena Noticia, lo veíamos también la semana pasada, es que Dios no se da por vencido. A pesar de la cizaña, la semilla de la humanidad es buena y Él sabe que al final, todo saldrá bien. La luz vencerá la oscuridad.

Lo que mueve los hilos de la Historia de la Salvación son el amor, la generosidad, el puro derroche. Dios no pone condiciones, pone amor. Jesús no nace como resultado de la buena conducta del pueblo. Y aunque el pueblo lo espera, llega de la manera más inesperada, en el lugar indicado, pero sin ser reconocido a simple vista.

Así son las cosas de Dios: imprevistas. Y nosotras, pobres criaturas, no acabamos de saber reconocerlo y aun menos sabemos acogerlo. Nos pasa muchas veces como a estos labradores que cuando leemos la parábola nos parecen tan horribles y nos sale una respuesta como la de quienes le oyeron la parábola a Jesús: “Hará morir de mala muerte a esos malvados…”

Pero no fue así, nunca es así con Dios Trinidad, su paciencia es infinita, como lo es también su bondad y su amor por cada una de nosotras, por eso nos da lo más valioso que tiene, se nos da él mismo sin medida y espera, nos da todo el tiempo que necesitamos para aprender a acoger, a amar… Nos conoce y sabe que estamos hechas de amor infinito.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por tu eterna confianza. Por renovarla cada mañana, muy a pesar de nuestras guerras, envidias, codicias y larga lista de debilidades. Gracias porque nos recuerdas que nuestra verdadera esencia no es todo eso. Gracias por esa semilla divina que puede crecer y desarrollarse precisamente, en el estiércol de nuestra condición humana.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Entre Dios y tú no puede haber intermediario alguno.

domingo, 8 de octubre de 2023
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Mt 21,33-43

De las tres parábolas con que responde Jesús a los jefes religiosos (los dos hijos a la viña, los viñadores homicidas y el banquete de boda), la de hoy es la más provocadora. Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía, lo que había sucedido ya.

Aunque el relato puede verse como parábola, el mismo Mt nos la presenta como una alegoría, donde, a cada elemento del relato corresponde un elemento metafórico espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo elegido. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados una y otra vez son los profetas. El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo, a quien se ha entregado la viña, que tiene que producir abundantes frutos, es la comunidad cristiana.

El relato del evangelio es copia, casi literal, del texto de Isaías. Pero si nos fijamos bien, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo(viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de dar uvas, dio agrazones. En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se le podía ocurrir.

Como los domingos anteriores, se nos habla de la viña. Una de las imágenes más utilizadas en el AT para referirse al pueblo elegido. Seguramente, Jesús recordó muchas veces el canto de Isaías a la viña; sin embargo, no es probable que la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesto la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios les rechazara para elegir a otro pueblo. Por lo tanto, está reflejando una reflexión de la comunidad cristiana muy posterior a Jesús.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. Esto era inaceptable y un gran escándalo para los judíos que consideraban la Ley y el templo como la obra definitiva de Dios, y ellos, sus destinatarios exclusivos. El relato no sólo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazada como pueblo elegido.

Recordemos que entre la Torá (Ley) y el mensaje del Jesús, existe un peldaño que a veces olvidamos, y que seguramente hizo posible que la predicación de Jesús prendiera, al menos en unos pocos. Recordad las veces que se dice en el evangelio: “para que se cumplieran las escrituras”. Ese escalón intermedio fueron los profetas, que dieron chispazos increíbles en la dirección correcta; aunque no fueron escuchados. Muchas de las enseñanzas de Jesús, y precisamente las más polémicas, ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada es ahora la piedra angular, es ya la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús no pudo contemplar el rechazo del pueblo judío como la causa de su muerte. Jesús nunca pretendió una nueva religión, ni inventarse un nuevo Dios. Jesús fue judío por los cuatro costados, y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros, sobrepasa el pensamiento bíblico. El pueblo elegido es castigado, pero permanece como elegido.

Tendremos verdadera dificultad en aplicarnos la parábola si partimos de la idea de que aquellos jefes religiosos eran malvados y procedían por mala voluntad. Nada más lejos de la realidad. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que les perdió fue la falta de autocrítica y confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños y señores del pueblo.

No se pone en duda que la viña dé frutos. Se trata de criticar a los que se aprovechan de los frutos que corresponden al Dueño. A Jesús le mataron por criticar el mal uso que  hacían los jefes de la religión. Atacó radicalmente los dos pilares sobre los que se sustentaba. No criticó el templo y la Ley en sí, sino la interpretación que hacían de ambos. También nuestros dirigentes son administradores y no dueños de la viña. La tentación de aprovechar la viña en beneficio propio es hoy la misma que en tiempo de Jesús.

La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo, con la voluntad de Dios. Esta tentación es mayor cuanto más religiosa sea la comunidad. Esa posibilidad no ha disminuido un ápice en nuestro tiempo. El primer paso para llegar a esta nefasta actitud es separar el interés de Dios del interés del ser humano concreto y personal. El segundo paso es oponerlos. Dados estos pasos ya tenemos justificado que se pueda machacar impunemente al hombre en nombre de Dios.

¿Qué espera Dios de mí? Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Él es el que se nos da totalmente. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros. Lo que Dios quiere es que todas y cada una de sus criaturas alcance el máximo de ser. Como seres humanos, tenemos que alcanzar nuestra plenitud precisamente por nuestra humanidad. Desde que nacemos tenemos que estar en constante evolución. Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.

¿De qué frutos nos habla el evangelio? Los fariseos eran los cumplidores estrictos de la Ley.  Isaías dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos. La Torá hubiera dicho: esperó sacrificios, esperó un culto digno, esperó oración, esperó ayuno, esperó el cumplimiento de la Ley.  Al pedir derecho y justicia demuestra que el bien del hombre es lo más importante. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.

La denuncia nos afecta a todos, porque todos tenemos algún grado de autoridad y todos la utilizamos buscando muestro propio beneficio en lugar de buscar el bien de los demás. No sólo el superior autoritario que abusa de sus súbditos como esclavos a su servicio, sino también la abuela que dice al niño: si no haces esto, o dejas de hacer aquello, Jesús no te quiere. Siempre que utilizamos nuestra superioridad para domesticar a los demás, estamos apropiándonos de los frutos que no son nuestros.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Ciencia y Religión (El Cosmos)

domingo, 8 de octubre de 2023
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Las parábolas de la reprobación están dirigidas específicamente a las autoridades judías, y su aplicación a nosotros es poco evidente. Por eso, vamos a aprovechar estos dos domingos para abordar un tema que nos incumbe: ¿Hasta qué punto el avance de la ciencia está estrechando el espacio necesario para creer en Dios?…

Einstein dijo en cierta ocasión que “el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir”, y quizás esta historia sea una buena prueba de ello.

Allá por el año 1931, un jesuita belga (y matemático prodigioso) de nombre Georges Lemaître, lanzó por primera vez la idea de un universo en permanente expansión, y añadió que, remontándose hacia atrás en el tiempo, su dimensión inicial tuvo que haber sido ínfima. Aventuró que su origen pudo ser la explosión de una partícula de dimensiones ínfimas y densidad infinita a la que llamó “átomo primigenio”.

Esta hipótesis fue acogida con gran hostilidad por parte de la comunidad científica, aduciendo que Lemaître pretendía favorecer con ella sus ideas religiosas acerca de la Creación. Poco más tarde, Edwin Hubble demostró empíricamente que el Universo se está expandiendo, y la idea de Lemaître comenzó a ser aceptada. Sobre los años cincuenta, George Gamow, brillante físico ucraniano, desarrolló un modelo completo y convincente que hizo de la teoría de Lemaître una teoría respetable.

Así nació el “Modelo Estándar del Big Bang” que está hoy generalmente aceptado por la comunidad científica. Este modelo hace una descripción detallada y rigurosa del proceso que tuvo lugar a partir de aquella gran explosión, aunque, eso sí, renunciando a explicar las causas que la originaron. Sus fundamentos teóricos hay que buscarlos en la teoría especial de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica, y su fiabilidad está avalada por las observaciones y experimentos llevados a cabo en diversos observatorios y aceleradores de partículas.

Básicamente, este modelo sostiene que en el momento del Big Bang se generó un gran flujo de radiación en todas las direcciones, y que ésta energía acabó produciendo los átomos más ligeros de la tabla periódica; hidrógeno, deuterio y helio. Añade que las fluctuaciones de densidad existentes en aquel Universo primigenio dieron lugar a estrellas y galaxias, y que en el interior de las estrellas se fabricaron los átomos más pesados —del litio al uranio—, debido a las condiciones extremas de presión y temperatura allí existentes. Arrojados al espacio por explosión de las supernovas que los contenían, dieron lugar a los meteoritos, planetas y demás cuerpos densos que pueblan el cosmos…

Un relato fascinante, sin duda, pero que no explica de dónde procedía esa partícula primitiva (o esa acumulación de energía) que desencadenó el Big Bang, y que, por tanto, no desvela el enigma del origen del universo y de nuestra propia existencia. Algunos científicos han desarrollado teorías para responder a este enigma, pero todas ellas presentan inconsistencias tan sustanciales que les impiden ser aceptadas como parte integrante del Modelo Estándar del Big Bang.

La postura más común entre los científicos de prestigio la vemos en James Peebles, Premio Nobel de física de 2019, quien, en una entrevista en la embajada sueca en Washington tras obtener el galardón, manifestó lo siguiente: «Lo que sí tenemos es una teoría de la evolución bien probada desde unos segundos después de la explosión. Sin embargo, la misteriosa fase inicial sigue siendo eso, un misterio»

Y es que, sin leyes físicas ni datos empíricos previos al Big Bang, éste se ha convertido en un muro infranqueable en el que la ciencia ha encontrado su frontera. Ello nos invita a buscar las respuestas a las preguntas límite de nuestra existencia en ámbitos distintos al ámbito científico, por ejemplo, el religioso, pues, como decía Einstein: «La ciencia sin la religión es coja, y la religión sin la ciencia es ciega».

Si recurrimos al Génesis para entender qué pasó, vemos que los cronistas de sus dos primeros capítulos nos describen a su modo la Creación, pero de su descripción se desprende que no tienen ninguna vocación científica y que les importa un bledo cómo se formó el mundo o cómo surgió el primer hombre.

El único mensaje que tratan de transmitir es que el mundo es obra de Dios, y que el hombre está alentado por el soplo de Dios; por el espíritu de Dios… Eso sí, para envolver el mensaje se inventan un relato precioso que hace tangible el suceso. No saben nada de física, ni de genética ni de evolución, y aunque hubiesen sabido, el relato científico les habría parecido totalmente irrelevante frente al mensaje central que nos trasmiten.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Llamad@s a cuidar la viña de Dios.

domingo, 8 de octubre de 2023
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red-vineyards-vincent-van-gogh-12483405-723-575Mt 21, 33-43

De nuevo Mateo nos presenta a Jesús invitando a sus oyentes a imaginar una historia y reaccionar ante lo que en ella acontece. Este relato se situ en los acontecimientos que se desarrollan en Jerusalén y que terminarán con la crucifixión de Jesús.

Desde su llegada a Jerusalén (Mt 21) Jesús vive un conflicto abierto con las autoridades religiosas que cuestionan su autoridad y su mensaje. La parábola que recordamos hoy forma parte de la conversación que él tiene con los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo dentro del recinto del Templo (Mt 21, 23) y que está unida con la que escuchábamos el domingo pasado (Mt 21, 28-32) y que continuará en el capítulo siguiente (Mt 22) .

Escuchad esta otra parábola

La parábola presenta a un señor que arrienda una viña a unos campesinos y cuando envía a sus empleados a recoger la parte de la cosecha que le corresponde por el arriendo, los labradores reiteradamente se niegan a entregarle su parte y lo hace de forma violenta, matando a los emisarios. El hecho de que ricos terratenientes, que vivían en las ciudades, arredraran a campesinos sin tierras sus propiedades en el campo a cambio de parte de la cosecha era una situación frecuente en la Palestina del siglo I. Una realidad que no sería dramática para el arrendatario sino estuviese agravada por los impuestos que debían de pagar tanto en forma de diezmos a los sacerdotes como de tributos al Roma y a Herodes y que apenas les permitía quedarse con un mínimo para sus sustento y el de sus familias. Esta carga económica suponía con frecuencia un progresivo endeudamiento de los campesinos que podía llevarlos a la pobreza absoluta incluso a la esclavitud.  Esta situación generaba cada vez mayor inestabilidad social produciéndose diversos movimientos campesinos en contra de los abusos de las elites o de los romanos.

Partiendo de este contexto conocido, Jesús desafía a sus oyentes a identificarse con los viñadores homicidas revelándoles así que es consciente de que su vida está amenazada porque ellos, como líderes religiosos de Israel, están actuando como los arrendatarios de la parábola. La alusión a la viña evoca textos proféticos de Isaías y Jeremías reforzando así su denuncia de la tradición que ellos están cometiendo contra la alianza que Dios hizo con Israel:

“La viña del Señor todo poderoso es el pueblo de Israel… Esperaba de ellos derecho y no hay más que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos” (Is 5,1-7)

“Yo te había plantado como viña selecta, llena de las mejores cepas. ¿Cómo te has convertido en cepa degenerada?” (Jr 2,21).

De este modo Jesús se identifica con el Hijo de la parábola y actualiza en su propia vida la memoria profética de Israel. Su anuncio del Reino es una llamada clara a escuchar al@s pobres, a l@s oprimid@s… a buscar la justicia, a no convertir la religión en una excusa para el abuso. Dios quiere que cuiden de su viña, que la hagan fructificar desde la acogida, la bondad y el perdón.

La piedra que rechazaron los constructores

Mateo al recoger en su evangelio esta parábola le va a dar un toque personal para confirmar la fe de su comunidad que estaban experimentando el rechazo den sus hermanos judíos por su fe en Jesús.

Mateo invita a sus oyentes a reconocer en la parábola el destino de Jesús. Él era el hijo asesinado y su muerte en la cruz demostraba una vez más la infidelidad de Israel al camino que Dios le había propuesto. La pregunta puesta en boca de Jesús al final de la parábola: ¿qué hará el dueño de la viña con estos viñadores? (Mt 21, 40) tiene en el testimonio de quienes le siguen una respuesta clara: Lo habían matado, pero Dios lo había resucitado confirmando así su vida y su mensaje.

Desde esta certeza pueden recordar las palabras del salmo 118. En ellas sostienen su esperanza porque saben que los que se creían arquitectos de la fe han fracasado en su elección.  Jesús es la piedra angular desde la que construir comunidad (Sal 118, 22- 23) y por eso, pueden afrontar el rechazo, el abandono como lo había afrontado Jesús.  Ellos y ellas son ahora los llamados y llamadas a cuidar la viña de Dios y han de hacerlo desde la justicia, la bondad y el perdón. Ellos y ellas, como comunidad del Reino han de dar fruto abriendo las puertas de su casa a quien quiera escuchar su mensaje y encuentre junto a ellos y ellas un camino de vida y salvación.

Hoy, herederas y herederos de aquellas comunidades primeras como la de Mateo, seguimos estando invitadas/os a cuidar la viña de Dios, a cuidar a nuestros hermanos y hermanas, a construir espacios de sororidad y fraternidad, al estilo de Jesús que es la piedra angular de nuestra casa. La parábola nos invita al discernimiento para que no nos apropiemos del mensaje del Reino, desvirtuándolo y alejándolo del horizonte al que señaló Jesús. El horizonte de los/as pequeños/as, de los perseguidos/as, de los abandonados/as, el horizonte del amor compasivo de Dios.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Frente a la decepción, consciencia.

domingo, 8 de octubre de 2023
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desperate man crying under rain

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Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

08 octubre 2023

Mt 21, 33-43

Parece claro que todo este texto es una construcción de aquellos primeros discípulos de Jesús, que necesitaban entender y dar razón de lo que había sucedido. En función de su propia creencia, hacen una relectura, más o menos sesgada, de la historia de su propio pueblo (judío); presentan a Jesús como el “hijo”, al que reconocen como la “piedra angular” del nuevo proyecto; y se consideran a sí mismos como el “nuevo pueblo” a quienes se entrega el proyecto del “Reino de Dios” con el compromiso de que fructifiquen.

Hasta aquí, la lectura que aquellas comunidades creyentes hicieron de la persona y la muerte de Jesús. Pero la descripción inicial que hace la parábola puede fácilmente extrapolarse a cualquier momento de la historia de nuestra humanidad. Porque no es difícil, al contemplar la situación de un mundo marcado por la desigualdad, la injusticia y el conflicto, sentir una enorme decepción. Los “labradores” -por utilizar el lenguaje de la parábola- siguen sin entregar frutos adecuados y se dedican a maltratarse entre sí.

¿Cómo vivir y qué hacer ante ese sentimiento de decepción? Más allá de lo que cada persona sienta que ha de aportar y de la forma de compromiso que haya de adoptar, me parece que la cuestión decisiva pasa por “crecer en consciencia” de lo que somos y vivir en coherencia con ello. Solo la comprensión profunda -no me refiero al mero entender mental- tendrá el poder transformador que haga posible otro modo de ver y otro modo de vivir.

Visto desde el plano profundo, el mundo de las formas se percibe como una gran representación o teatro: “el gran teatro del mundo”, del que hablara Calderón de la Barca. Pero, inmersos en él, podemos vivirlo desde la ignorancia que nos reduce a un papel en el mismo o desde la comprensión que nos muestra la profundidad plena más allá de las formas que se mueven. Esta es la comprensión que transforma.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No matemos al mensajero (ni a nadie)

domingo, 8 de octubre de 2023
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12074494_mDel blog de Tomás Muro la Verdad es libre:

01.- La viña es el símbolo de la vida, de la felicidad.

    A nosotros nos pilla un poco lejano el mundo rural, agrícola. Pero -en cualquier caso- no nos resultará muy difícil imaginar que la viña es el símbolo de la felicidad del ser humano, de la fecundidad: tu mujer como parra fecunda, es el símbolo de la abundancia,  Lo mismo otros símbolos parecidos como son el olivo, el trigo, el agua.

Dios planta una viña, la cuida, la protege. Es decir, Dios crea al ser humano, a la humanidad para que sea feliz. Dios quiere el bienestar y la buena convivencia de Israel, de la humanidad, de la Iglesia.

La viña en la Biblia es el pueblo de Dios, Israel, que mataba a los profetas y, finalmente incluso al hijo, a JesuCristo.

02.- Parábola de los viñadores homicidas.

La parábola de los viñadores homicidas está dirigida a los sumos sacerdotes y senadores: a los jefes y poderosos de este mundo y del sistema religioso judío y no judío.

Es evidente la alusión a los profetas del AT: Jerusalén mata a los profetas.

También es clara la alusión a JesuCristo: Lo matamos, lo llevamos fuera de la viña, fuera de la ciudad, y nos quedamos con su herencia.

Seguramente que a los cristianos de origen judío de las comunidades de Mateo, esta parábola les causaría un cierto escalofrío pues les está recordando que la jerarquía de Israel fue la que mató al Hijo, a Jesús.

    También nosotros podemos ver al hijo en el prójimo, en los necesitados. Y también nosotros podemos matar al Hijo o les dejamos morir: hambre en el mundo, pateras, migraciones, droga, armas…

    Dios ama al ser humano, a todo ser humano: no le dejemos morir, no matemos a nadie en la vida…

03.- Siempre con el poder a vueltas.

La parábola de los viñadores homicidas está dirigida a los principales y jefes de Israel.

El poder es enormemente atractivo y quienes tienen un puñado de poder económico, político, eclesiástico, cultural, familiar, no están -no estamos dispuestos- a soltarlo. Basta con ver una sesión de investidura.

Y el  poder, -todo poder- quiere hacerse con los frutos mesiánicos, la herencia.

Como los sumos sacerdotes y ancianos, matamos a profetas y pensadores, anulamos la libertad de pensamiento; destruimos la razón, la sensatez, la bondad, el perdón, el servicio.

04.- Poder y fanatismo

El poder, también el poder religioso, lleva o puede llevar al fundamentalismo, al fanatismo. Hemos vivido, a veces padecemos en ámbitos políticos, en contextos religiosos y también eclesiásticos posturas exacerbadas y fanáticas.

Pero la religión que mata o fomenta guerras de religión en nombre de Dios, no es exactamente «religión», no es “religación” con  Dios y mucho menos es cristianismo. Por eso esta es una parábola que hemos de leerla contra los fundamentalismos religiosos que amenazan frecuentemente a los pueblos y a las culturas.

No es cristiano bendecir guerras patrióticas (Kiril – Putin).

No se puede defender la religión ni a Dios fanáticamente con violencia o con la muerte de los otros, porque en todos esos muertos, está el Hijo y Dios mismo está muriendo.

No es religión ni cristianismo defender, bendecir y vivir con violencia, agresión  o guerra. 

Fano y profano.

    Fano (fanático) viene del latín y griego y significa: templo: sacro-sagrado. Profano es lo que “está” ante lo sacro pero no es sagrado.

    El fanático sacraliza y absolutiza una realidad: el dinero, la patria, el deporte, el consumismo, la ideología doctrinal, etc. y trata de justificarlas e imponerlas a toda costa a los demás, incluso con violencia y guerras “si hace falta”.

    Fanatismos se dan en todos los órdenes de la vida: en política, cultura, deporte, etc… Y tratan de buscar el respaldo de la religión.

    Para el cristiano absoluto es Dios. De tejas abajo, todos somos humanos.

05.- La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

    A Jesús le mataron porque criticó a los jefes, que se creían los dueños de la viña.

Los hombres no somos propietarios de la viña, sino trabajadores de la viña, de la mies.

    La piedra angular de la vida humana no es la fuerza, la violencia, el dinero, la doctrina, la agresión, sino que la piedra angular de la existencia es JesuCristo, el amor de Dios.

06.- JesuCristo es la piedra angular.

    La imagen de la piedra angular es muy empleada en la Biblia. JesuCristo y solamente él es la piedra angular. [1]

    En la vida necesitamos apoyarnos en alguien. ¡Cuánto se agradece -especialmente en momentos de dificultad- encontrar apoyo y comprensión en una persona amiga, en un familiar, en el médico, y en último término en Dios, etc.!

    ¡Cuántas veces nos sobreviene la dificultad: una crisis, un problema grave de salud, una mala situación psicológica, familiar, una crisis con las instituciones, etc.! En esos casos -y siempre-, necesitamos un cimiento sólido, una roca donde apoyarnos, la piedra angular.

Cristo es nuestra piedra angular

[1] En el NT aparece en seis ocasiones: (Mateo 21:42, Marcos 12:10, Lucas 20:17, Hechos 4:11, Efesios 2:20 y 1 Pedro 2:7).

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Espacio interior

sábado, 7 de octubre de 2023
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Del blog Nova Bella:

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«A través de todos los seres se exiende un espacio:

el espacio interior del mundo».

*

Rilke

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La razón del poder y el poder de la razón

sábado, 7 de octubre de 2023
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dialogo_cLa razón del poder y el poder de la razón; esta combinación se llama quiasmo. Un quiasmo es una figura retórica utilizada en literatura y en la retórica para crear un efecto de estilo y expresar una idea o concepto de forma simétrica e inversa. Consiste en una estructura de frases o cláusulas en la que las palabras o ideas se presentan en un orden específico y después se repiten en orden inverso. Esta simetría en la estructura ayuda a destacar y enfatizar las palabras o ideas que se quieren comunicar. Sólo cito alguna más: La necesidad de la libertad y la libertad de la necesidad. La razón o poder del amor y el amor de la razón o poder…. Y así podemos hacer muchas más. Lo importante es dar pie a pensar y reflexionar, aspectos muy ausentes en la actualidad donde se intenta imponer el pensamiento único.

  La frase La razón del poder y el poder de la razón debe remarcarse con otras palabras como poder/autoridad y racional/razonable. Lo indico por las dificultades que puedan emerger en la reflexión o lectura personal por los términos.

Bien sabemos, por experiencia social, cómo el poder hace uso de la razón para imponer, y no dialogar; eso sí dando razones que nadie ha pedido: La razón del poder. Y si ese poder fuera la autoridad y presentará razones razonables, no racionales, podríamos ver la fuerza de la razón en la autoridad, que es al mismo tiempo poder. La autoridad puede ser lógica, es decir, una concatenación de razones a través de silogismos que encadenados llevan a una situación injusta, por lógica que sea. No en vano, existe en el derecho romano el aforismo: Maximum ius, máxima iniusticia.

La racionalidad no contempla las circunstancias. Es como un piñón fijo. La conclusión es ésta. En cambio, la razonabilidad, que no excluye la lógica, tiene en cuenta no sólo las circunstancias exteriores sino también la comprensión emocional del sujeto dentro de su contexto. Y entonces se comprende mejor el sentido del quiasmo: La razón del poder (que no la autoridad) puede ser abusivo, parcial. Es la actitud de omnipotencia de los vencedores. Una postura de este tipo remueve conscientemente, no digamos inconscientemente, la figura divina, la perfección de la ley. Por eso indicaba anterior el aforismo romano: «La ley máxima, la mayor injusticia». Y podríamos percibir que es una forma de gobernanza en ciertos lugarees. Se me pasa por la cabeza, la zona del Sahel, donde en pocos años ha habido una veintena de golpes de estado militar. Aquí entra de lleno la razón del poder. Y en esos casos, militar.

   Pero el poder o la autoridad de la razón o razonabilidad no tiene fuerza de imposición porque carece de los recursos que la razón del poder tiene, como es la coacción, aplicación de leyes y otros. Pero habría que dar fuerza a la razonabilidad. Esto permite que un entendimiento democrático pueda existir y avanzar, pero cuando es percibido como disruptivo, la razón del poder lo elimina. Es evidente que conlleva toda una madurez el poder de la razón. Una profunda dialéctica por un sano diálogo en el que las razones debaten como en un duelo de espadas. Y también la historia está llena. Pienso en una figura lejana, entre otras, como Sócrates que aceptó la eutanasia o autocidio, no el suicidio, para ser coherente con el poder de la razonabilidad. No engañaba ni abducía a los jóvenes. Todo lo contrario, les hacía aprender a pensar por sí mismos con el método de la comadrona, que ayuda a salir el bebé del sí materno. Pero esto hoy en día  sería como formar a disidentes. Y así sabemos por la historia que la razón o racionalidad del poder no aceptó el poder de la razón.

    Este recuerdo de Sócrates me lleva a recordar dos frases de Aristóteles:

Platón es amigo mío o la razón del poder (=maestro), pero aún lo es más la verdad o el poder de la razón (=razonabilidad).

                 Y la siguiente que es muy actual: Cualquiera puede enfadarse, esto es muy fácil. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de forma correcta, esto ciertamente no resulta tan fácil.

                 En estas frases como en los quiasmos entra de forma plena, total y profunda toda la impulsividad y emotividad llevándonos a una empatía, compatía o la ecpatía. Y recordando ya que no lo he indicado en ningún momento que la etimología de autoridad viene del latín que significa “hacer crecer”. Y se crece, se madura con la razonabilidad responsable de que sería el otro quiasmo: La necesidad de la libertad y la libertad de la necesidad o la razón de la autoridad y la autoridad de la razón. Una dialéctica de pueblo e imperio.

             Muy buen trabajo, tarea o trabajo en las escuelas y universidades. Mi cuodlibeto es: ¿Pueden hacerlo o quieren hacerlo? Porque la razón del poder quiere ganar y vencer, pero el poder de la razón quiere dialogar y convencer.

Jaume PATUEL, pedapsicogogo

Fuente (Remitido por el autor)

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Para ser discípulo

viernes, 6 de octubre de 2023
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Del blog de los Amigos de Thomas Merton:

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«Con gran ingenuidad pensamos que el camino espiritual es transitado por «los buenos». Nada de eso: no necesitan de salud los sanos – asegura Jesús – , sino precisamente los enfermos. Nadie emprendería un camino de búsqueda espiritual si no fuera consciente, al menos en parte, de que su alma está afligida por alguna enfermedad. ¿Enfermedad? (Yo diría también: alguna carencia, algún anhelo) ¿Qué enfermedad? Nuestro cuerpo y nuestra mente nos revelan que hay algo que no funciona: nos falta espíritu. Para ser discípulo basta tomar consciencia de esta carencia, escuchar la llamada a crecer y, en fin, ponerse a caminar («Sal de tu tierra… «Conviértete»). Ningún fallo es un verdadero obstáculo si existe el deseo honesto de superarlo (La «determinada determinación» de Santa Teresa) .

Un camino espiritual es un conjunto de pautas o consignas que orientan la transición desde un origen oscuro, o al menos insatisfactorio, hasta una meta luminosa, enseñando cómo superar las dificultades o trabas que se puedan presentar. Un camino espiritual es bueno si nunca pierde de vista ni el horizonte último al que tiende ni el paso siguiente que debe darse para ir a él: ambos polos deben permanecer siempre unidos, pues sólo esta unión es la que conforma un camino. La función del maestro espiritual es mostrar al discípulo que ese horizonte lo tiene dentro (que es su verdadera identidad) y que el siguiente paso que debe dar para alcanzarlo lo tiene ante sus ojos, al alcance de la mano».

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Pablo D’Ors

Biografía de la luz.
(Con algunos añadidos)

Abrahánblog

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Leonardo Boff: Nuestro futuro está amenazado.

viernes, 6 de octubre de 2023
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placa22Un hecho que ha provocado que muchos científicos, especialmente biólogos y astrofísicos, hablen del eventual colapso de la especie humana es el carácter exponencial de la población.

La humanidad necesitó un millón de años para llegar en 1850 a mil millones de personas. Los espacios temporales entre un crecimiento y otro son cada vez menores. De 75 años –entre 1850 y 1925– han pasado actualmente a cada 5 años. Se prevé que hacía 2050 habrá diez mil millones de personas. Es el triunfo innegable de nuestra especie.

Lynn Margulis y Dorian Sagan, en su conocido libro Microcosmos (1990), afirman con datos de los registros fósiles y de la propia biología evolutiva que una de las señales de colapso próximo de una especie es su rápida superpoblación. Eso puede verse con microorganismos colocados en una cápsula de Petri (placas redondas de vidrio con colonias de bacterias y nutrientes).

Poco antes de alcanzar los bordes de la placa y agotarse los nutrientes, se multiplican de forma exponencial. Y de repente mueren todas.

 

Para la humanidad, comentan ellos, la Tierra puede mostrarse idéntica a una cápsula de Petri.

En efecto, ocupamos casi toda la superficie terrestre, dejando apenas el 17% libre, por ser inhóspita, como los desiertos y las altas montañas nevadas o rocosas. Lamentablemente, de homicidas, genocidas y ecocidas nos hemos hecho biocidas.

El eminente biólogo Edward Wilson atestigua en su sugestivo libro El futuro de la vida (2002, 121): El hombre ha desempeñado hasta hoy el papel de asesino planetario… la ética de conservación, en forma de tabú, totemismo o ciencia, casi siempre llegó demasiado tarde; tal vez tengamos todavía tiempo para actuar.

Vale la pena citar también dos nombres de ciencia muy respetados: James Lovelock, que elaboró la teoría de la Tierra como Superorganismo vivo, Gaia, con un título fuerte La venganza de Gaia (2006). Él es contundente: hasta el fin de siglo desaparecerá el 80% de la población humana. El 20% restante vivirá en el Ártico y en algunos pocos oasis en otros continentes, donde las temperaturas sean más bajas y haya algunas lluvias. Casi todo el territorio brasilero será demasiado caliente y seco para ser habitado (Veja, Paginas Amarelas del 25 de octubre de 2006).

El otro notable científico es el astrofísico inglés Martin Rees, que ocupa la cátedra de Newton (Hora final, 2005), y prevé el fin de la especie antes de terminar el siglo XXI.

Carl Sagan, ya fallecido, veía en el intento humano de mandar misiones a la Luna y enviar naves espaciales, como el Voyager, más allá del sistema solar una manifestación del inconsciente colectivo que presiente el peligro de nuestra próxima extinción. La voluntad de vivir nos lleva a idear formas de supervivencia más allá de la Tierra.

El astrofísico Stephen Hawking habla de la posible colonización extrasolar con naves, especie de veleros espaciales, propulsadas por rayos láser que les permitirían una velocidad de treinta mil kilómetros por segundo. Pero para llegar a otros sistemas planetarios tendríamos que recorrer miles y miles de millones de kilómetros de distancia, necesitando años y años de tiempo.

Sucede que somos prisioneros de la luz, cuya velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo es hasta hoy insuperable. Así y todo, para llegar a la estrella más próxima, la Alfa Centauro, necesitaríamos cuarenta y tres años, sin saber todavía cómo frenar esa nave a tan altísima velocidad.

Naturalmente tenemos que tener paciencia con el ser humano. Él aún no está listo. Tiene mucho que aprender. En relación al tiempo cósmico posee menos de un minuto de vida. Pero con él la evolución dio un salto, de inconsciente se hizo consciente. Y con la consciencia puede decidir qué destino quiere para sí. En esta perspectiva, la situación actual es más un desafío que un desastre inevitable, la travesía hacia un nivel más alto y no fatalmente un hundirse en la autodestrucción. Estaríamos por tanto en un escenario de crisis de paradigma civilizacional y no de tragedia.

¿Pero tendremos tiempo para tal aprendizaje? Todo parece indicar que el tiempo del reloj corre en contra nuestra. ¿No estaríamos llegando demasiado tarde habiendo pasado ya el punto de no retorno? Pero como la evolución no es lineal y conoce frecuentes rupturas y saltos hacia arriba como expresión de mayor complejidad, y como existe el carácter indeterminado y fluctuante de todas las energías y de toda la evolución, según la física cuántica de W. Heisenberg y N. Bohr nada impide que ocurra la emergencia de otro nivel de consciencia y de vida humana que salvaguarde la biosfera y el planeta Tierra.

Esa transmutación sería, según San Agustín en sus Confesiones, fruto de dos grandes fuerzas: un gran amor y un gran dolor. Son el amor y el dolor que tienen el poder de transformarnos por completo. Esta vez cambiaremos por un inmenso amor a la Tierra, nuestra Madre, y por un gran dolor por los sufrimientos que está padeciendo, de los participa toda la humanidad.

Leonardo Boff

Amerindia en la red, 16 de Septiembre de 2023

Traducción de María José Gavito Milano.

*Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y ha escrito: Cuidar la Tierra-proteger la vida: cómo escapar del fin del mundo, Nueva Utopía 2011.

Espiritualidad ,

Belleza

jueves, 5 de octubre de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Que belleza guardan aquellos que no encuentran su lugar fácilmente entre tanta gente. Tal y como está el mundo, es un privilegio no encajar.

*

Alejandra Pizarnik

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El Papa aboga por un nuevo multilateralismo en ‘Laudate Deum’, su nueva exhortación apostólica: «Un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo»

jueves, 5 de octubre de 2023
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Francisco denuncia “la debilidad de la política internacional” y apuesta por el multilateralismo “desde abajo” y “no simplemente decidido por las élites del poder”

El Papa exige a la COP28  medidas “que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente”, para un nuevo proceso “que sea drástico, que sea intenso y que cuente con el compromiso de todos”

Francisco defiende a los activistas climáticos, que “cubren un vacío de la sociedad entera, que debería ejercer una sana “presión”, porque a cada familia le corresponde pensar que está en juego el futuro de sus hijos”

El Papa pide “generar un modelo de diplomacia multilateral que responda a la nueva configuración del mundo”

Ya no podemos detener el enorme daño que hemos causado. Sólo estamos a tiempo para evitar daños todavía más dramáticos”, señala el Papa, quien insiste en que “la posibilidad de llegar a un punto crítico es real”

Laudate Deum: “Ya no se puede dudar del origen humano del cambio climático”. Análisis de la exhortación del Papa, ocho años después de Laudato Si, por Luis Miguel Modino, enviado especial al Vaticano.

Un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”. Así concluye ‘Laudate Deum’, la esperada segunda parte de Laudato Si, esta vez formulada como exhortación pastoral y publicada este miércoles. Un texto corto (apenas 24 páginas, con 6 capítulos y 73 apartados), directo y concreto, en el que Francisco clama contra el más que posible “punto de quiebre” del planeta, aboga por un nuevo multilateralismo que acabe con los excesos del poder y, especialmente, pone el foco en la próxima cumbre del clima, la COP28, que se celebrará en Dubai y para la que el Papa espera medidas “que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente”, para un nuevo proceso “que sea drástico, que sea intenso y que cuente con el compromiso de todos”.

«Con el paso del tiempo advierto que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre», señala Bergoglio en su texto, publicado el mismo día 4 en que se celebra la festividad de San Francisco de Asís, el fin del Tiempo de la Creación y el comienzo del Sínodo de la Sinodalidad.

Ocho años después de la publicación de Laudato Si, el Papa apunta cómo la realidad marca un camino tenebroso para el planeta: “Tanto las sequías como las inundaciones, tanto los lagos que se secan como las poblaciones arrasadas por maremotos o desbordes, tienen en definitiva el mismo origen».

El cambio climático es uno de los principales desafíos a los que se enfrentan la sociedad y la comunidad mundial”, sacude Francisco, quien recalca que “por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes”. Pese a todo, lamenta, “en los últimos años no han faltado personas que pretendieron burlarse de esta constatación”, utilizando argumentos para “ridiculizar a quienes hablan del calentamiento global”.

 Cuando hablamos del cambio climático nos referimos a una realidad global —con constantes variaciones locales— que persiste durante varias décadas”, añade el Papa, quien critica que, “con la pretensión de simplificar la realidad, no faltan quienes responsabilizan a los pobres porque tienen muchos hijos y hasta pretenden resolverlo mutilando a las mujeres de países menos desarrollados”.

“Como siempre, pareciera que la culpa es de los pobres. Pero la realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial, y que la emisión per cápita de los países más ricos es muchas veces mayor que la de los más pobres. ¿Cómo olvidar que África, que alberga más de la mitad de los más pobres del planeta, es responsable de una mínima parte de las emisiones históricas?”, lamenta el Papa, quien incide en el “origen humano del cambio climático”.

Sin embargo, pese a las evidencias, “la crisis climática no es precisamente un asunto que interese a los grandes poderes económicos, preocupados por el mayor rédito posible con el menor costo y en el tiempo más corto que se pueda”. Una realidad “que encuentro incluso dentro de la Iglesia católica”.

“Ya no podemos detener el enorme daño que hemos causado. Sólo estamos a tiempo para evitar daños todavía más dramáticos”, señala el Papa, quien insiste en que “la posibilidad de llegar a un punto crítico es real”.

“El mayor problema es la ideología que subyace a una obsesión: acrecentar el poder humano más allá de lo imaginable, advierte Bergoglio, que confiesa que “provoca escalofríos advertir que las capacidades ampliadas por la tecnología dan a quienes tienen el conocimiento, y sobre todo el poder económico para utilizarlo, un dominio impresionante sobre el conjunto de la humanidad y del mundo entero. Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma y nada garantiza que vaya a utilizarlo bien, sobre todo si se considera el modo como lo está haciendo”.

No todo aumento de poder es un progreso para la humanidad”, subraya, recordando las bombas atómicas o la aniquilación de etnias enteras en “momentos históricos donde la admiración ante el progreso no dejaba ver lo horroroso de sus efectos. Pero este riesgo está siempre presente”. “No es extraño que un poder tan grande en semejantes manos sea capaz de arrasar con la vida, mientras la matriz de pensamiento propia del paradigma tecnocrático nos enceguece y no nos permite advertir este gravísimo problema de la humanidad actual”.

Y es que, para Francisco, “el gran problema actual es que el paradigma tecnocrático ha destrozado esta sana y armónica relación”. “Hemos hecho impresionantes y asombrosos progresos tecnológicos, y no advertimos que al mismo tiempo nos convertimos en seres altamente peligrosos, capaces de poner en riesgo la vida de muchos seres y nuestra propia supervivencia”, señala el Papa, que apunta al “aguijón ético” de quienes, mediante “el marketing y la información falsa” engañan a los más pobres con falsas promesas de desarrollo, “posibilidades económicas, laborales y de promoción humana” sin señalar que “detrás de ese emprendimiento quedarían una tierra arrasada; unas condiciones mucho más desfavorables para vivir y prosperar; una región desolada, menos habitable, sin vida y sin la alegría de la convivencia y de la esperanza; además del daño global que termina perjudicando a muchos más”.

“La lógica del máximo beneficio con el menor costo, disfrazada de racionalidad, de progreso y de promesas ilusorias, vuelve imposible cualquier sincera preocupación por la casa común y cualquier inquietud por promover a los descartados de la sociedad”, denuncia Francisco quien advierte que “aturdidos y extasiados frente a las promesas de tantos falsos profetas, a veces los mismos pobres caen en el engaño de un mundo que no se construye para ellos”.

Así, “se consolida más aún los privilegios de unos pocos con mayor poder, con la inestimable ayuda de “la debilidad de la política internacional”. Frente a ello, Francisco vuelve a apostar por “los acuerdos multilaterales entre los Estados”, aunque advierte: “no es conveniente confundir el multilateralismo con una autoridad mundial concentrada en una persona o en una élite con excesivo poder”, sino con “organizaciones mundiales más eficaces, dotadas de “autoridad real de manera que se pueda “asegurar” el cumplimiento de algunos objetivos irrenunciables”.

Y es que, “más que salvar el viejo multilateralismo, parece que el desafío actual está en reconfigurarlo y recrearlo teniendo en cuenta la nueva situación mundial”, provocando “un multilateralismo “desde abajo” y no simplemente decidido por las élites del poder”.

No se trata de reemplazar a la política, porque por otro lado las potencias emergentes se vuelven cada vez más relevantes y de hecho son capaces de obtener resultados importantes en la resolución de problemas concretos, como algunas de ellas han demostrado en la pandemia. Precisamente el hecho de que las respuestas a los problemas puedan venir de cualquier país, aunque sea pequeño, termina presentando al multilateralismo como un camino inevitable”, concluye el Papa, que constata la necesidad de “generar un modelo de diplomacia multilateral que responda a la nueva configuración del mundo”.

Porque “el mundo se vuelve tan multipolar y a la vez tan complejo que se requiere un marco diferente de cooperación efectiva”. “No basta pensar en los equilibrios de poder sino también en la necesidad de dar respuesta a los nuevos desafíos y de reaccionar con mecanismos globales ante los retos ambientales, sanitarios, culturales y sociales, especialmente para consolidar el respeto a los derechos humanos más elementales, a los derechos sociales y al cuidado de la casa común”, por lo que “se trata de establecer reglas globales y eficientes que permitan “asegurar” esta tutela mundial”.

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(Pincha en la imagen para agrandarla)

Centrándose en las sucesivas conferencias sobre el clima, el Papa constata “avances y fracasos” desde 1990 a nuestros días, especialmente desde el protocolo de Kyoto al Acuerdo de París. Tras “la decepción de la COP25 de Madrid” y las siguientes (Glasgow y Sharm El Sheikh), el Papa constata que “los acuerdos han tenido un bajo nivel de implementación”, y pone sus esperanzas en la COP28 de Dubai. “Decir que no hay nada que esperar sería un acto suicida, porque implicaría exponer a toda la humanidad, especialmente a los más pobres, a los peores impactos del cambio climático”, apuesta Francisco.

“Si confiamos en la capacidad del ser humano de trascender sus pequeños intereses y de pensar en grande, no podemos dejar de soñar que esta COP28 dé lugar a una marcada aceleración de la transición energética, con compromisos efectivos y susceptibles de un monitoreo permanente”, reclama Francisco, quien advierte de que “corremos el riesgo de quedarnos encerrados en la lógica de emparchar, colocar remiendos, atar con alambre, mientras por lo bajo avanza un proceso de deterioro que continuamos alimentando”.

“Suponer que cualquier problema futuro podrá ser resuelto con nuevas intervenciones técnicas es un pragmatismo homicida, como patear hacia adelante una bola de nieve”, subraya, defendiendo el papel de los activistas climáticos que son criticados como “radicalizados”. Pero en realidad ellos cubren un vacío de la sociedad entera, que debería ejercer una sana “presión”, porque a cada familia le corresponde pensar que está en juego el futuro de sus hijos”.

Es hora, resalta Bergoglio, de medidas “que sean eficientes, que sean obligatorias y que se puedan monitorear fácilmente”, para un nuevo proceso “que sea drástico, que sea intenso y que cuente con el compromiso de todos”.

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Lee aquí la exhortación apostólica ‘Laudate Deum’

También puedes leerla a continuación pinchando en “leer más

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«Con el paso del tiempo advierto que no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre»

«Tanto las sequías como las inundaciones, tanto los lagos que se secan como las poblaciones arrasadas por maremotos o desbordes, tienen en definitiva el mismo origen»

«Si confiamos en la capacidad del ser humano de trascender sus pequeños intereses y de pensar en grande, no podemos dejar de soñar que esta COP28 dé lugar a una marcada aceleración de la transición energética, con compromisos efectivos y susceptibles de un monitoreo permanente»

«La sociedad entera debería ejercer una sana “presión”, porque a cada familia le corresponde pensar que está en juego el futuro de sus hijos»

«No es posible ocultar la coincidencia de estos fenómenos climáticos globales con el crecimiento acelerado de la emisión de gases de efecto invernadero sobre todo desde mediados del siglo XX»

«Me veo obligado a hacer estas precisiones, que pueden parecer obvias, debido a ciertas opiniones despectivas y poco racionales que encuentro incluso dentro de la Iglesia católica»

«La vida humana, la inteligencia y la libertad integran la naturaleza que enriquece a nuestro planeta y son parte de sus fuerzas internas y de su equilibrio»

«No es conveniente confundir el multilateralismo con una autoridad mundial concentrada en una persona o en una élite con excesivo poder»

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EXHORTACIÓN APOSTÓLICA LAUDATE DEUM DEL SANTO PADRE FRANCISCO

 A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD SOBRE LA CRISIS CLIMÁTICA

1. «Alaben a Dios por todas sus criaturas». Esta era la invitación que hacía san Francisco de Asís con su vida, con sus cánticos, con sus gestos. Así recogía la propuesta de los salmos de la Biblia y reproducía la sensibilidad de Jesús ante las criaturas de su Padre: «Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos» (Mt6,28-29). «¿No se venden acaso cinco pájaros por dos monedas? Sin embargo, Dios no olvida a ninguno de ellos» (Lc 12,6). ¡Cómo no admirar esta ternura de Jesús ante todos los seres que nos acompañan en el camino!

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3.10.23. Teresa de Lisieux (1873-1897): doctora de la iglesia, sacerdote. Carta a un obispo itinerante

jueves, 5 de octubre de 2023
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teresaDel blog de Xabier Pikaza:

Su figura sigue creciendo, y el mismo papa Francisco quiere dedicarle  una exhortación apostólica, a los 150 años de su nacimiento, destacando su función en la Iglesia. Su ministerio de Doctora ha sido  reconocido por la Iglesia (1997), pero su sacerdocio encuentra quizá más resistencia. Por eso quiero destacarlo, insistiendo en su amor universal, pues “comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones” (Manuscrito B 3v, pag. 261; cf. Teresa de Lisieux, Obras completas,  Monte Carmelo, Burgos 1997). 

Yo nunca le oí.  Teresa de Lisieux: amor en persona

  Uno de los rasgos más sorprendentes de Teresa de Lisieux  es que no apela a revelaciones milagrosas de Dios, pues sabe que Dios habla en el mismo camino llano de la vida. Yo nunca le he oído hablar,  nunca he recibido una visión  o palabra directa de su vida:

Yo nunca le  he oído hablar, pero siento que está dentro de mí, y que me guía momento a momento y me inspira lo que debo decir o hacer. Justo en el momento en que las necesito, descubro luces en las que hasta entonces no me había fijado. Y las más de las veces no es precisamente en la oración donde esas luces más abundan, sino más bien ben en medio de las ocupaciones día a día… (Ms A 83v, 245).

Teresa de Lisieux no ha tenido necesidad de revelaciones especiales, pues la presencia de Dios se identifica con el camino de amor de cada día (cf. 1 Jn 2, 27). Todo es natural en ella: no hay éxtasis, toques interiores, gracias “tumbativas” Ciertamente, ella se deja acompañar por sueños, por pequeños signos… Pero la presencia de Dios es el  despliegue de su misma vida, entendida en clave de fe. Ella está  convencida de que todo lo que vive, lo que sufre, busca y ama es presencia de Dios.

 Ha sido hermoso que así fuera. Nosotros, hombres y mujeres de finales del siglo XXI, ya no apelamos a  signos extra- supra-racionales de Dios (visiones, toques, voces de fuera…), sino a la misma vida en amor, que es presencia de Dios, como supo  Teresa de Lisieux, como había dicho  Juan de la Cruz. Tampoco nosotros, en general, escuchamos a Dios en voces extrañas, sino en la palabra y el pan de cada sí, pues somos de raíz oyentes de Dios. Así dice Teresa:

   Este año, el 9 de junio (de 1895), fiesta de la Santísima Trinidad, recibí la gracia de entender mejor que nunca cuánto desea Jesús ser amado” (Ms A,  84r,  pag. 246)

Amor es y Dios no quiere otro tipo de holocaustos o servicios sangrientos. Amarle y ser en su amor, ése es el único milagro y sacerdocio, en una iglesia que en aquel tiempo (final del siglo XIX) buscaba otro tipo de sacerdocios y sacrificios.  Para descubrir al Dios amor, viviendo en su gracia, Teresa de Lisieux tuvo que superar  un victimismo latente en la teología del XVIII y XIX, especialmente en Francia. Terea descubre y dice que Dios  no necesita que le aplaquen, que apaguen su furor, pues no es un Dios de iras y furores. Lo que Dios busca es solamente amor, la garcia  de aquellos que acogen su gracia y viven en ella, según la palabra del Shema Israel, Dt 7,5-9).).

El  Dios de Teresa de Lisieux no es amor y odio, sino puro amor sin odio ninguno, sin ninguna imposición legal, sin ningún tipo de víctimas. No le hacen falta sacrificios de ningún tipo, pues lo que Él quiere son amigos: personas que acojan su ternura y le respondan con ternura,  es decir, que le escuchen en su vida y que con vida le respondan (1 Sam 15, 22).

En el corazón de la Iglesia, mi madre, yo seré el amor.

IMG_0750Teresa de Lisieux sabe que en la iglesia de Dios puede haber gracias y moradas distintas…, pero ella las quiere todas, de forma que quiere ser guerrero de guerra santa (como Juana de Arco) y sacerdote, zuavo pontificio y  apóstol, doctor y mártir (cf. Ms B, 2v y 3r,258-259). En un primer momento no sabe cómo puede conseguirle, pero Pablo le responde en I Cor 12-13:

  Comprendí que  si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto por diferentes miembros, no podía fallarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor.

Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre… Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares… En una palabra, ¡que el amor es eterno…!

Entonces, al borde mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío…, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor… Así lo seré todo… ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad…!!! (Ms B, 3v, 261).

            Siguiendo el ejemplo de Pablo en Gal 1-2, Teresa afirma que el mismo Dios le ha ofrecido y concedido esta vocación, pudiendo ser, al mismo tiempo mártir y sacerdote, activa y contemplativa, «que ya sólo en amar es mi ejercicio» (Juan de la Cruz: Cántico Espiritual).

            Éste es un lema genial y necesario, como aquel otro de Juan de la Cruz: “ ¡Por aquí no hay camino, porque para el justo no hay ley, él para sí se es ley» (Diagrama de Subida al Monte Carmelo  (cf. 1 Tim, 1-9-11).Como los grandes textos de las tradiciones religiosas, éste   puede interpretarse también de forma «heterodoxa«, de forma que, sacado de su contexto histórico, podría haber sido condenado por inquisidores más o menos oficiales de “iglesias” cristianas y musulmanas (recordemos a Al Hallah Husay de Persia, ajusticiado hacia el 920 por identificarse con el Amado divino).

Éste es el texto y experiencia clave de Teresa de Lisieux que, por fin,  conociendo el amor se  conoce a sí mismo, conoce y dice su más íntimo secreto, unida a Cristo, transforma por dentro por su Espíritu, como doctora y sacerdote de la Iglesia, por nombramiento y “ordenación divina”, sobre todas las normas externas de una tierra externa.

Oración sacerdotal: Yo te he glorificado, he coronado la obra que me encomendaste. 

IMG_0747En el pasaje anterior, Teresa de Lisieux se identificaba de algún modo con el Espíritu Santo, como Amor dentro de la iglesia. En este nuevo pasaje, en la  culminación de su experiencia doctoral y misionera (Ms C) ella asume y recrea la Oración Sacerdotal de Jesús con su palabra a favor de todos los hombres.

Externamente, Teresa cuenta con muy poco: dos “hermanos” misioneros a quienes acompaña en oración, un grupito de novicias a las que anima en su camino de vida religiosa (cf. Ms C, 33v, 321). Sin embargo, internamente, por solidaridad y cuidado cristiano, ella se siente responsable de toda la iglesia, de la humanidad en, como nuevo Cristo, doctor y obispo, elevan al Padre las mismas palabras de Jn 17:

Amado mío, yo no sé cuándo acabará mi destierro… Más de una noche me verá todavía cantar en el destierro tus misericordias. Pero, finalmente, también para mi llegará la última noche   y entonces quisiera poder decirte, Dios mío: «Yo te he glorificado en la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.  He dado a conocer tu nombre a los que me diste. Tuyos eran y tú me los diste. Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido y han creído que tú me has enviado. Te ruego por éstos que tú me diste y que son tuyos»….

 Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo y que el mundo sepa que tú los has amado como me has amado a mí». Sí, Señor, esto es lo que yo quisiera repetir contigo [con Jesús] antes de volar a tus brazos. ¿Es tal vez una temeridad? No, no. Hace ya mucho tiempo que tú me has permitido ser audaz contigo. Como el Padre del Hijo Pródigo cuando hablaba con su Hijo mayor, tú me dijiste: «Todo lo mío es tuyo» (Lc 15, 31). Por tanto, tus palabras son míos y yo puedo servirme de ellas para atraer sobre las almas que están unidas a mí las gracias del Padre celestial… (Mc C, 34v y 35r, 323-324).

   Teresa de Lisieux se identifica con el Cristo sacerdote,  descubriendo que Dios mismo le ha hecho sacerdote con Cristo y en Cristo. La historia del sacerdocio de Jesús es ya su historia (la de Teresa), de manea que ella puede proclamar como propias  las palabras de  Cristo sacerdote. Sin duda, ella se siente en la iglesia católica “externa”, y acepta el ministerio de sus sacerdotes (obispos, cardenales “oficiales”). Pero, estrictamente hablando, ella es ya (por gracia de Dios, sin capelos, birretes, púrpuras ni casullas)  Gran Sacerdote de la humanidad entera. Por eso, asume la palabra de Jesús y su  Liturgia universal,  en amor, ante Dios Padre, llevando en sus manos y en su corazón el sufrimiento y búsqueda de todos los humanos.

Esas  palabras  de Jn 17, las saben de memoria y las escuchan  muchísimos cristianos, pero Teresa de Lisieux las hace suyas y proclama como propias , en la noche de su vida, sin glosa ni comentario, pues las Palabra de Jesús es su palabra, la Vida de Jesús subida, palabra de entusiasmo amante y de amorosa entrega con todos y por todos. Estas son las palabras de la Consagración  Sacerdotal (presbiteral, episcopal, cardenalicia y papal  de Teresa), como expresión de la vida de la iglesia entera, sin necesidad de consistorio externo.

Teresa no es ya un sacerdote “parcial”, sino Sumo Sacerdote de Jesús, en el centro de la iglesia, siendo por otro lado una pobre enferma en amor, en manos de la Vida de Dios.  No desea hacerse sacerdote a mesías, porque es sacerdote pleno, en hondura de amo de amor universal. No  se limita a «orar por los sacerdotes«, como pide la tradición carmelitana, sino que ella misma se eleva, en el centro de la iglesia, desde su celda apartada, con la ofrenda de su propia vida hecha amor por todos.

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Arzobispo de Hamburgo: “Quien presenta la acogida de refugiados como una amenaza, le hace el juego a los populistas»

jueves, 5 de octubre de 2023
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arzobispo-Hamburgo-refugiados_2594750507_16696930_660x371El arzobispo de Hamburgo con unos refugiados Kathrin Erbe/EBHH

Tras visitar Grecia y Turquía, Stefan Hess insta a reformar «urgentemente» el sistema de asilo

“Me encontré con personas que buscaban protección y cuyos rostros estaban llenos de desesperación. Las familias de refugiados en el campo de Mavrovouni en Lesbos me hablaron de traumas graves, falta de atención médica y una gran falta de perspectivas. Algunos también describieron rechazos u otras experiencias de violencia»

“Necesitamos urgentemente una reforma del Sistema Europeo Común de Asilo, que permita una mejor protección de los refugiados y una división justa de responsabilidades entre los Estados miembros de la UE»

“Me encontré con personas que buscaban protección y cuyos rostros estaban llenos de desesperación. Las familias de refugiados en el campo de Mavrovouni en Lesbos me hablaron de traumas graves, falta de atención médica y una gran falta de perspectivas. Algunos también describieron rechazos u otras experiencias de violencia. Sin el compromiso activo de las organizaciones no gubernamentales, la ya sombría situación habría sido mucho peor”.

Es el dibujo que ha hecho, nada más regresar de su viaje de una semana para visitar a los refugiados acogidos en Grecia y Turquía, el arzobispo de Hamburgo, Stefan Hess, presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Alemana y representante especial para la cuestión de los refugiados.

“Necesitamos urgentemente una reforma del Sistema Europeo Común de Asilo, que permita una mejor protección de los refugiados y una división justa de responsabilidades entre los Estados miembros de la UE», señala el arzobispo, en declaraciones recogidas por el SIR. En definitiva: “Una política de refugiados humana y solidaria. En la zona fronteriza entre Grecia y Turquía se decidirá si Europa podrá hacerlo», afirmó.

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“Quien presenta la acogida de refugiados como una amenaza le hace el juego a los populistas. En cambio, lo que se necesita es un sistema de asilo que funcione, una política de integración activa y un discurso que se centre en la necesidad de protección de los refugiados», señala el obispo alemán, que en Grecia se reunió con el ministro de Migración y Asilo de la República Helénica y con representantes del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y de la Comisión Europea

De su encuentro también con el arzobispo católico de Atenas, el nuncio y la presidenta de Cáritas Hellas, Hess tomó conciencia de la labor de la Iglesia en Grecia con respecto al colectivo de los refugiados. “Los católicos son sólo una pequeña minoría en Grecia”, destaca el arzobispo alemán, que asegura se sintió “impresionado” por la labor que realiza la Iglesia, “indispensable para apoyar a quienes buscan protección, especialmente para los grupos de refugiados vulnerables”.

Fuente Religión Digital

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Francisco de Asís, vestido de Evangelio

miércoles, 4 de octubre de 2023
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En la fiesta del cristiano por excelencia, Francisco, el Poverello de Asís… Siguiendo su ejemplo, se nos invita a despojarnos  de todo lo superfluo y revestirnos con la desnudez del Evangelio:

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Francisco, hijo de un rico comerciante de Asís, nació en 1181 (o 1182). Disuadido de sus ideales de gloria caballeresca a raíz de las experiencias decisivas de su encuentro con los leprosos y de la oración ante el crucifijo en la iglesia de San Damián, Francisco abandonó su familia y comenzó una vida evangélica de penitencia. Con los numerosos compañeros que muy pronto se unieron a él, comprendió que estaba llamado a vivir el Evangelio sine glossa, como fraternidad de menores a ejemplo de Jesús y de sus discípulos. Al año siguiente a la aprobación de la Regla y vida de los hermanos menores en  1223 por el papa Honorio III, Francisco recibió los estigmas del Crucificado, sello de la conformidad con su único Señor y Maestro. Cuando murió, en 1226, Francisco era un hombre extenuado por la fatiga y por las enfermedades y, al mismo tiempo, un hombre reconciliado con el sufrimiento, consigo mismo y con toda criatura. Fue canonizado en 1228 y es patrono de Italia y de los ecologistas.

***

“Altísimo y omnipotente buen Señor,
tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición.

A ti solo, Altísimo, te convienen
y ningún hombre es digno de nombrarte.

Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas,
especialmente en el Señor hermano sol,
por quien nos das el día y nos iluminas.

Y es bello y radiante con gran esplendor,
de ti, Altísimo, lleva significación.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana luna y las estrellas,
en el cielo las formaste claras y preciosas y bellas.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano viento
y por el aire y la nube y el cielo sereno y todo tiempo,
por todos ellos a tus criaturas das sustento.

Alabado seas, mi Señor por la hermana Agua,
la cual es muy humilde, preciosa y casta.

Alabado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual iluminas la noche,
y es bello y alegre y vigoroso y fuerte.

Alabado seas, mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra,
la cual nos sostiene y gobierna
y produce diversos frutos con coloridas flores y hierbas.

Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor,
y sufren enfermedad y tribulación;
bienaventurados los que las sufran en paz,
porque de ti, Altísimo, coronados serán.

Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana muerte corporal,
de la cual ningún hombre viviente puede escapar.
Ay de aquellos que mueran en pecado mortal.
Bienaventurados a los que encontrará en tu santísima voluntad
porque la muerte segunda no les hará mal.

Alaben y bendigan a mi Señor
y denle gracias y sírvanle con gran humildad…”

*

San Francisco de Asís.
Cántico de las Criaturas

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***

Su vida estuvo enteramente caracterizada -hasta el momento de la conversión- por la búsqueda de un modelo que pudiera educar y plasmar su natural propensión al canto.

Lo encontró de repente en el Señor Jesús, en la belleza de su vida narrada por el Evangelio y, en particular, en el luminoso canto nuevo de su muerte en la cruz.

Dejó que la pasión marcara cada uno de sus pasos y afinara de manera progresiva todas las fibras de su persona con la humanidad del Hijo de Dios, que se entregó por completo a sí mismo por nosotros.

Francisco oró así: «Te ruego, oh Señor, que la ardiente y dulce fuerza de tu amor arrebate mi mente de todas las cosas que hay bajo el cielo, para que muera yo de amor por tu amor, como tú te dignaste morir por amor a mi amor» (oración Absorbeat).

Su camino estuvo siempre acompañado por confirmaciones y consuelos. Su predicación y su ministerio tocaron el corazón de las personas y suscitaron decisiones de conversión y de reconciliación.

Su manera de seguir radicalmente al Señor se volvió, cada vez más, casa hospitalaria para otros muchos hermanos y hermanas, que encontraron en su itinerario personal una modalidad radical y actual de interpretar y vivir el Evangelio de la nueva estación histórica que avanzaba. Sin embargo, en el tiempo del monte Alverna, parece apagarse el canto fluente.

En esta estación encuentra Francisco la prueba más terrible: las fatigas originadas por un movimiento que se institucionaliza -que pierde en intensidad evangélica y llega incluso a dudar sobre la posibilidad de que sea integralmente practicable su estilo de vida- repercuten en su misma fe.

La pregunta sobre la verdad de sus intuiciones más profundas y la duda sobre el origen divino de su proyecto de vida resuenan en un silencio opresor en el que Dios no parece hablarle ya, a pesar de haberlo buscado con tanta tenacidad.

Francisco experimenta el abandono de Dios y se retira de los hermanos para no mostrar su semblante, que ha perdido la serenidad habitual. El canto nuevo, por consiguiente, no le fue dado en un momento de paz y consolación, sino en un momento en el que -como dice el salmista- «fallan los cimientos» (Sal 11,3) y todas las seguridades parecen hundidas

*

C. M. Martini – R. Cantalamessa,
La cruz como raíz de la perfecta alegría,
Verbo Divino, Estella 2002, pp. 15-16).

***

Leer también: Francisco de Asís, signo del futuro”, por José Arregi.

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“Francisco de Asís, en quien el ser humano resultó bien”, por Leonardo Boff

miércoles, 4 de octubre de 2023
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san-francisco-de-asc3ads-y-el-hermano-leproso6Considerando el panorama mundial, la violencia bélica en varias naciones con terribles matanzas de seres humanos, o la violencia de estudiantes que, enardecidos, invaden una escuela y abaten a tiros a decenas de compañeros, por no hablar de las torturas y de los abusos que se cometen contra inocentes, nos surge espontánea la pregunta: ¿el ser humano ha resultado bien? ¿No somos una excrecencia del proceso evolutivo?

Nos cuesta identificar figuras ejemplares que nos desmientan esta tétrica impresión. Pero gracias a Dios existen, como un Don Helder Câmara, una Hermana Dulce, la Hermana Teresa de Calcuta, un Chico Mendes, un José Mujica, ex-presidente de Uruguay, un Gandhi, un Dalai Lama y un Papa Francisco, entre otras.

Pero quiero detenerme en una figura seminal en la que la humanidad resultó bien de un modo convincente: San Francisco de Asís. Uno de los legados más fecundos del “Sol de Asís” como lo llama Dante, actualizado hoy por Francisco de Roma, es la predicación de la paz, tan urgente en los días actuales. El primer saludo que dirigía a los que encontraba por los caminos era “Paz y Bien”, que corresponde al Shalom bíblico. La paz que ansiaba no se restringía a las relaciones interpersonales y sociales. Buscaba una paz perenne con todos los elementos de la naturaleza, tratándolos con el tierno nombre de hermanos y hermanas.

Su primer biógrafo Tomás de Celano testimonia maravillosamente el sentimiento fraterno que lo invadía:

«Se llenaba de inefable gozo todas las veces que miraba el sol, contemplaba la luna y dirigía su vista hacia las estrellas y el firmamento. Cuando se encontraba con las flores, les predicaba como si estuviesen dotadas de inteligencia y las invitaba a alabar a Dios. Lo hacía con tiernísima y conmovedora candidez: exhortaba a la gratitud a los trigales y los viñedos, a las corrientes de los ríos, a la belleza de las huertas, a la tierra, al fuego, al aire y al viento».

Esta actitud de reverencia y de ternura lo llevaba a recoger las babosas de los caminos para que no las pisasen. Durante el invierno daba miel a las abejas para que no muriesen de escasez y de frío. Pedía a los hermanos que no cortasen los árboles por la raíz con la esperanza de que pudiesen rebrotar. Hasta las malas hierbas debían tener un lugar reservado en los huertos, para que pudiesen sobrevivir, pues «ellas también anuncian al hermosísimo Padre de todos los seres».

Sólo puede vivir esta intimidad con todas las cosas quien ha escuchado su resonancia simbólica dentro del alma, uniendo la ecología ambiental con la ecología profunda. Jamás se situaba por encima de las cosas sino a su mismo nivel como quien convive verdaderamente como hermano y hermana, descubriendo los lazos de parentesco que unen a todos.

El universo franciscano y ecológico nunca es inerte. Todas las cosas están animadas y personalizadas. Descubrió por intuición lo que sabemos actualmente por vía científica (a través de Crick y Dawson, que descifraron el ADN): que todos los vivientes somos parientes, primos, hermanos y hermanas, pues todos tenemos el mismo código genético de base.

De esta actitud nació una paz imperturbable, sin miedos y sin amenazas. San Francisco realizó plenamente la espléndida definición que la Carta de la Tierra encontró para la paz: «Es la plenitud creada por relaciones correctas consigo mismo, con las demás personas, con otras culturas, otras vidas, con la Tierra y con el Todo mayor del cual somos parte» (n.16 f).

El Papa Francisco parece estar realizando las condiciones para la paz, fundada en la compasión por los que sufren, por la valiente denuncia del sistema que produce miseria y hambre, y por la permanente búsqueda de la justicia social que deja atrás la filantropía para dar lugar a los cambios estructurales.

La suprema expresión de la paz, hecha de convivencia fraterna y cálida acogida de todas las personas y cosas está simbolizada por el conocido relato de la perfecta alegría, donde, a través de un artificio de la imaginación, Francisco presenta todo tipo de injurias y violencias contra dos cofrades, uno de ellos él mismo. Aunque habían sido reconocidos como cofrades, fueron vilipendiados moralmente y rechazados como gente de mala fama.

En este relato de la perfecta alegría, que encuentra paralelos en la tradición budista, Francisco va paso a paso, desmontando los mecanismos que generan la cultura de la violencia.

La verdadera alegría no está en la autoestima, ni en la necesidad de reconocimiento, ni en hacer milagros y hablar lenguas. En su lugar coloca los fundamentos de la cultura de la paz: el amor, la capacidad de soportar las contradicciones, el perdón y la reconciliación más allá de cualquier reclamación, retribución o exigencia previa. Vivida esta actitud irrumpe la paz, la paz del corazón, inalterable, capaz de convivir jovialmente con las más duras oposiciones, paz como fruto de un completo despojamiento. ¿No son estas las primicias de un Reino de justicia, de paz y de amor que tanto deseamos?

Esta visión de la paz de San Francisco representa otro modo de estar-en-el-mundo junto con las cosas, una alternativa al modo de ser de la modernidad y de la posmodernidad, asentado sobre el estar-sobre-las-cosas, dominándolas y usándolas de forma irrespetuosa para el enriquecimiento y el disfrute sin el menor sentido de sobriedad.

El descubrimiento de la hermandad cósmica nos infundirá un espíritu de respeto y nos devolverá la claridad y la inocencia infantil de la edad adulta, importantes para que salgamos bien de la crisis.

Leonardo Boff escribió Francisco de Asís: ternura y vigor, 6ª edición, Sal Terrae, 1995.

Traducción de MJ Gavito MiIano

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El Cristo vivo en la Eucaristía

martes, 3 de octubre de 2023
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Del blog de Henri Nouwen:

David Lachapelle

«Henri encontró su plenitud en la eucaristía. Le encantaba celebrar la eucaristía e incluir en ella a todo el mundo, y si en ocasiones daba la impresión de ser un tanto informal con respecto a las normas de la iglesia católica romana relativas a la intercomunión, ello se debía a que quería que cada uno de los presentes tuviera un encuentro personal con Jesucristo. A Henri le encantaba la eucaristía porque amaba a Jesús. Y creía apasionadamente en la presencia real de Jesús en el pan y el vino consagrados. Dado que la eucaristía revestía una importancia tan enorme para él, tuvo el talento natural de llenarla de sentido, de poner de relieve su relación con nuestras vidas. Solía dar la vuelta al altar y mezclarse entre los participantes entendiendo la mano a todas direcciones. Tal vez algunas personas les resultaran molestas estas actitudes, pero todas ellas eran manifestaciones del intenso deseo por parte de Henri de reunir a las personas en torno a Jesucristo….»

*

(Testimonio de Jean Vanier)

Located in Inventory 1, #77

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«Ite, Missa est», por Gabriel Mª Otalora

martes, 3 de octubre de 2023
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henri-nouwen1Con-el-corazon-en-ascuas-i1n201992De su blog Punto de Encuentro:

Me ha gustado mucho la manera que tiene Henri Nouwen de conectar la Eucaristía y nuestra vida en el mundo, entre lo que celebramos y lo que estamos llamados a vivir, como una misma cosa. Su librito ´Con el corazón en ascuas´ (12ª edición) pivota sobre el encuentro de Emaús que nos abre a un nuevo horizonte. Jesús quiere ser invitado – “quédate con nosotros” – pero tan pronto como le invitan a la mesa, se convierte en el anfitrión que invita a los dos discípulos a entrar en comunión con Él.

Para Nouwen, no solo es que la comunión crea comunidad, sino que la comunidad siempre lleva a la misión, a ser evangelizadores que contagian la Buena Noticia a otras personas desde nuestra experiencia y nuestro ejemplo de vida consiguiente. La fe es un regalo que lleva la responsabilidad de compartirla; cuando encontramos la oveja perdida, la dracma o el tesoro oculto, la alegría debe llevar aparejada querer compartirla. No es cristiano regodearse en una espiritualidad personalista que no hace comunidad ni supone una actitud que transforma.

Hemos convertido la Eucaristía en una oración individualista. ¿Qué Eucaristía vivimos en nuestras misas? ¿Nos sentimos comunidad, alejados unos de otros en los bancos del templo? ¿Con la liturgia actual, de verdad que celebramos algo, como repite insistentemente el celebrante? ¿Nos imaginamos a las primeras comunidades cristianas celebrando la Eucaristía como nosotros?  Nouwen apunta el verdadero significado de la expresión latina con la que finalizaba la Eucaristía en latín Ite, Missa est: “Id, esta es vuestra misión”. El final de la Eucaristía no es la Comunión, ni una despedida de cortesía, sino la misión que encomienda Jesús desde aquella cena santa, donde los discípulos recibieron el mensaje muy concreto de amar desde el servicio radical, donde el primero es el servidor de todos.

Ite, Missa est, id y contad lo que habéis visto, oído y experimentado; no es un regalo para vosotros solos. Sin embargo, ha quedado en la retina que esta expresión sigue significando que la asamblea ha terminado. Todavía en el siglo IX se entendía como “Váyanse, es el momento de la despedida”. (Floro el diácono, teólogo. “De expositione Misae«, P.L., CIX, 72.). Y todavía en internet aparece una traducción como «Idos» o «Váyanse» que solo viendo la etimología nos recuerda el mensaje troncal de la Eucaristía: celebrado el encuentro con el Señor en comunidad, vivamos nuestra fe en el día a día como enviados a que otros se sumen a la experiencia de la Buena Noticia por el ejemplo.

“No es sólo la Eucaristía, sino la vida eucarística” (Nouwen). Aquella comunión o común unión colectiva con Jesús fue el comienzo de la comunidad cristiana. La Eucaristía, pues, es siempre una misión: de la comunión a la comunidad y de esta al ministerio de vivir eucarísticamente de manera recíproca, creciendo el círculo de amor que vamos germinando. Lo que vemos pueden parecer brotes pequeños. Lo importante, el mandato, es la siembra confiada, que el fruto y la cosecha llegarán cuando así lo disponga el dueño de la mies.

Me ha encantado el planteamiento de este librito desde el relato de los discípulos de Emaús: Pérdida, Presencia, Invitación, Comunión y Misión como un todo, para que quede claro que lo que celebramos y estamos llamados a vivir es, en esencia, una misma cosa. Henri Nouwen termina su luminosa reflexión recordando que se nos pide que miremos nuestra vida de un modo totalmente nuevo: no desde abajo, dónde solo nos fijamos en nuestras pérdidas, sino desde arriba, donde Dios nos ofrece su gloria.

Todo ello es una sacudida a nuestra mediocridad católica. La misa no se obliga, somos llamados voluntariamente; se escucha, se participa de manera comunitaria, recuerda Francisco, para ser luz para los demás. Esto no puede darse si ya en la Eucaristía, cada cual se desentiende de los que están al lado, como un conjunto de individualismos ajeno al espíritu celebrativo, comunitario y evangelizador que tuvo aquella Última Cena, presidida por Jesús.

Henri Nouwen no se imaginó hasta qué punto podía mantenernos el corazón en ascuas, ahora en plena efervescencia de la sinodalidad de Francisco y la importancia de la comunidad, de cómo vivirla todos y todas a la escucha del Espíritu, pues de ello depende la eficacia de la Misión.

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Lo que va de hijo a hijo.

lunes, 2 de octubre de 2023
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Todas tus parábolas, una vez iniciadas,
tienen un final
que nos alcanza como lanza afilada.

Recogen, en síntesis, lo que es historia cotidiana
de pugna y respuesta
a tu respetuosa invitación y llamada.

Y expresan en pocas palabras humanas
nuestra rebeldía
que algo tendrá que ver con tu espíritu y semejanza.

Los hay que saben expresar muy dignamente
respeto y obediencia:
es lo que se espera de gente religiosa y prudente.

Pero se quedan en la caravana en la que estaban;
no les da la gana
de interpretar tus gestos, hechos y palabras.

Dicen sí, porque es la respuesta correcta,
pero no hacen nada
aunque la brisa sople con fuerza y en dirección buena.

Y los hay que, desde el principio, se rebelan
y no quieren ser
ni siervos, ni beatos ni hijos deudores.

Saben recapacitar para encontrar en camino,
respuesta adecuada,
para trabajar la viña y vivir como hijos.

Quizá, Señor, te agrade más la frescura y rebeldía,
nuestra libertad,
que las palabras adecuadas de una respuesta perfecta.

Quizá temas más nuestro ser e historia vacíos
de amor y vida
que todos nuestros cuestionamientos e impertinencias.

No sé lo que dije,
hace un instante…
pero he venido,
me has acogido
y estoy contento…
y muy satisfecho.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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