Comentarios desactivados en Esto es la vida espiritual
Del blog de henri Nouwen:
Es importantísimo que escuchemos lo que dice Jesús de nosotros. Oír que somos hijos amados del Padre, y oírlo no sólo con la cabeza sino con las entrañas, oírlo de modo que toda nuestra vida cambie radicalmente. Dice la escritura:
“Con amor eterno te amé. Tu nombre está escrito en la palma de mi mano desde la eternidad. Te modelé en lo profundo de la tierra y te entretejí en el vientre de tu madre. Te amo. Te abrazo. Tú eres mío, yo soy tuyo, tú me perteneces”.
Tenemos que oírlo, muchas veces, siempre, porque si podemos escuchar esta voz que nos habla desde el principio de los tiempos y por toda la eternidad, entonces nuestra vida se convertirá cada vez más en la del amado, Porque esto es lo que somos y lo que estamos llamados a ser. Este conocimiento espiritual irá creciendo hasta transformar nuestra vida cotidiana. Habrá algunos que te rechacen, nos elogiarán o sufriremos pérdidas y tropiezos, pero ya no vivirás todo eso como una persona que sigue buscando su identidad. Lo viviremos como una persona amada.
Viviremos el dolor, la angustia, el éxito y el fracaso como personas que saben quienes son, porque han escuchado la voz del primer amor. Esto y no otra cosa es la vida espiritual.
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Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Los primeros gorjeos de los pájaros al despertarse: «le point vierge» (el punto virgen) de la aurora, un momento de pavor e inefable inocencia, cuando el Padre abre en silencio sus ojos y ellos le hablan, preguntando si es el momento de «existir». Él les dice: «¡Sí!». Acto seguido, los pájaros, uno a uno, despiertan y empiezan a cantar. Primero los tordos y cardenales y algunos pájaros más que yo no sabría identificar. Más tarde, los gorriones, los reyezuelos, etc. Y al final de todos, las palomas y los cuervos.
Con los pelos casi de punta y los ojos de mi alma abiertos de par en par, estoy presente, sin saberlo, en este inefable paraíso y contemplo este secreto, un secreto a voces que está a disposición de todo el mundo, gratis, y al que nadie presta atención.
¡Oh, paraíso de sencillez, de autoconciencia –y de autoolvido–, de libertad y de paz! En esto he comprendido cuán irreales y estúpidas son mi rebeldías y, a la vez, cuán inevitable es la presión y la artificialidad de ciertas situaciones que «tienen que darse» por ser oficialmente sacrosantas. A pesar de todo, no hay necesidad de rebelarse, sino únicamente de pedir misericordia. Confiar en la misericordia, que es lo que yo no he hecho».
«En su condición de sacerdote absolutamente convencido de su catolicismo pero desvinculado de las actitudes religiosas provincianas, dado que estaba viviendo fuera de su propio país, Henri se convirtió en un puente católico para la América protestante. Jamás se sintió amenazado por las actitudes protestantes y trataba a todas las personas como invitados y como buscadores. Su amistosa generosidad de espíritu le llevó hacia adelante y aprendió de todos» (Michael O´Laughlin)
«Henri tenía el carisma propio de un unificador. Se decantó por minimizar la importancia de las diferencias, por dejar a un lado las contradicciones, y prefirió ir directamente al corazón de las situaciones y de las personas, descubriendo en ello una unidad más profunda» (Jean Vanier)
*
Tomado de: «El amado de Dios. Biografía espiritual de Henri Nouwen» (DDB, 2006)
Comentarios desactivados en Lo que da gloria a Dios
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«La oración no es lo único que le da gloria a Dios, también el trabajo. Golpear un yunque, serrar un madero, pintar una pared, manejar caballos, barrer, fregar, todo le da gloria a Dios si, estando en su gracia, lo haces como tu deber. Comulgar dignamente glorifica a Dios de gran manera; pero comer con agradecimiento y templanza también. Levantar las manos en oración glorifica a Dios. Pero el hombre con la horquilla llena de estiércol y la mujer con un cubo lleno de comida para los cerdos también le glorifican. Tan grande es Dios que todo le glorifica si se hace con esa intención. Vive así, pues, hermano mío».
La misión de los futuros líderes cristianos no es contribuir humildemente a la solución de las penas y tribulaciones de su tiempo, sino identificar y anunciar los caminos por los que Jesús está guiando al pueblo de Dios, liberándolo de la esclavitud, a través del desierto hacia la nueva tierra de la libertad. Los líderes cristianos tienen la difícil tarea de responder a los conflictos personales y familiares, a las calamidades nacionales y a las tensiones internacionales con una fe articulada en la presencia real de Dios.
Tienen que decir «no» a toda forma de fatalismo, derrotismo, accidentalismo e incidentalismo, que hacen creer a las personas que las estadísticas nos dicen la verdad. Tienen que decir «no» a toda forma de desesperación en las que la vida humana es vista como una pura cuestión de buena o mala suerte. Tienen que decir «no» a todos los intentos sentimentales de hacer que las personas desarrollen un espíritu de resignación o de indiferencia estoica frente a lo ineludible del dolor, el sufrimiento y la muerte […]. Los líderes cristianos del futuro tienen que ser teólogos, personas que conozcan el corazón de Dios y que estén preparadas, por medio de la oración, el estudio y un análisis cuidadoso, para manifestar la tarea salvadora de Dios en medio de los acontecimientos aparentemente fortuitos de nuestro tiempo.
La reflexión teológica consiste en meditar sobre las penosas y gozosas realidades de cada día con la mente de Jesús y, de ese modo, hacernos conscientes de que Dios nos guía con cariño. Es una disciplina dura, puesto que la presencia de Dios es una presencia escondida, que necesita ser descubierta. Los ruidos fuertes, tempestuosos, del mundo nos dejan sordos para escuchar la voz suave, amable y amorosa de Dios. El líder cristiano está llamado a escuchar esa voz y a ser animado y consolado por ella.
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H. J. M. Nouwen, En el nombre de Jesús. Un nuevo modelo de responsable de la comunidad cristiana,
PPC, Madrid 1 994, pp. 70-73 passim).
Comentarios desactivados en Amar nuestra condición humana rota
Del blog de Henri Nouwen:
¡Cuántas heridas traemos con nosotros!. Las traemos también cuando entregamos nuestra vida a Dios. Cuanto más nos abrimos para ser curados, más hondas se muestran nuestras heridas. La tentación es el desánimo. Pero no hay que temer, porque el simple hecho de ser más consciente de nuestras heridas nos muestra que Dios nos da fuerzas para enfrentarlas, y convertirlas en fuentes de bendición, para nosotros y para los otros.
El reto es vivir con nuestras heridas, en vez de pensar sólo en ellas. Mejor llorar que preocuparse; sentirlas, mejor que comprenderlas; dejar que sean parte de tu silencio mejor que hablar siempre de ellas. Tus heridas serán sanantes cuando las pongas al servicio de tu corazón.
El dolor es el lugar donde nace la compasión de Dios, me hace reconocer los pecados del mundo, y los míos propios. El dolor también es oración. El dolor es la disciplina del corazón que ve el pecado del mundo, y es también el doloroso precio para alcanzar la libertad, sin la cual el amor no puede surgir. El dolor es una parte muy importante de mi oración, porque me prepara para llegar a ser como el Padre, cuya única autoridad es la compasión. Une tu dolor al dolor del mundo, al dolor de Jesús, y entrarás en una vida realmente compasiva.
RECUERDA: Nuestra aflicción encierra siempre una bendición oculta. (Lee las Bienaventuranzas).
“El padre de la historia del hijo pródigo sufrió mucho. Vio partir a su hijo menor, sabiendo las desilusiones, rechazos y abusos a los que tendría que enfrentarse. Vio a su hijo mayor cargarse de amargura, sin tener la posibilidad de ofrecerle afecto y apoyo. Una gran parte de su vida el padre la pasó esperando. No podía obligar a su hijo menor a regresar al hogar ni tampoco hacer que su hijo mayor olvidara sus rencores. únicamente ellos, por sí mismos, podían tomar la iniciativa de regresar.
Durante esos largos años de espera, el padre lloró copiosas lágrimas y murió muchas muertes. Se vació de sufrimiento. Pero ese vacío creó un lugar de bienvenida para sus dos hijos para cuando fuera la hora de su regreso. Estamos llamados a ser como ese padre.”
*
Henri Nouwen
***
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:
-“Ése acoge a los pecadores y come con ellos.”
Jesús les dijo esta parábola:
– “Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: “¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.”
Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse.
Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles:
¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido.”
Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.”
También les dijo:
–“Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.”
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse
el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.
Recapacitando entonces, se dijo:
–“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros.”
Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.
Su hijo le dijo:
–“Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo.”
Pero el padre dijo a sus criados:
–“Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”
Y empezaron el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.
Éste le contestó:
–“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.”
Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre:
–“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.“
El padre le dijo:
–“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”“
*
Lucas 15, 1-32
***
El hijo mayor, que no ha recibido ninguna distinción particular, podría sentirse incomprendido con la respuesta del padre: «Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo». Para él, la justicia es la máxima de todas las virtudes; sin embargo, para el padre, «la misericordia es la plenitud de la justicia» (Tomás de Aquino), de suerte que «la misericordia saldrá siempre victoriosa en el juicio» (Sant 2,13). Si el justo hubiera podido comprender la actitud interior del padre, habría comprendido que había sido amado y preferido al hermano, porque le pertenecían a él no sólo ciertas cosas del padre, sino todo. Dios no tiene necesidad de hacer milagros particulares a los que le son fieles; la cosa más milagrosa de todas consiste en el hecho de que nosotros podamos ser sus hijos y en que no retiene para él nada de lo que es suyo. Los milagros se hacen en los márgenes, para recuperar a personas que se han marchado, para hacer signos a los que se han alejado, para festejar a los que vuelven. Sin embargo, la realidad cotidiana de la fe no tiene necesidad del milagro, porque tener parte en los bienes del padre ya es suficientemente maravilloso.
Al creyente no le está permitido separar entre lo mío y lo tuyo, porque a los ojos del amor paterno ambas cosas son una sola. No se narra la impresión que las palabras del padre produjeron en el «justo». Corresponde ahora a cada uno de nosotros seguir adelante para contar la historia hasta el final.
*
Hans Urs von Balthasar, Tú tienes palabras de vida eterna,
Encuentro, Madrid 1998.
Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.
Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo, cómplices?
Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.
*
Jean Vannier
***
Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.
Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.
El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.
La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.
Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.
La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .
*
G. di S. M. Maddalena, Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss
Comentarios desactivados en El camino que lleva al Camino
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Las personas cristianas sin duda conocen el camino al Padre, pero para que ese conocimiento sea verdadero y portador de vida, cada una de ellas ha de encontrar su propio camino hasta el Camino que es Cristo. El cristianismo es mucho más que una expresión de amor fraterno envuelta en jerga religiosa. Es mucho más que filantropía salpicada de agua bendita. Es esencial que cada persona ofrezca una respuesta personal a Dios en Cristo. Hay que asumir un riesgo. Hay que emprender un viaje».
*
James Finley El palacio del Vacío de Thomas Merton
«La comunidad es como un gran mosaico. Cada pequeña pieza parece insignificante. Una pieza es de un rojo brillante, otra de un azul pálido o de un verde apagado, otra de un morado cálido, otra de un amarillo fuerte, otra de un dorado brillante. Algunas parecen preciosas, otras ordinarias; algunas valiosas, otras vulgares; algunas llamativas, otras delicadas. Como piedras individuales podemos hacer poco con ellas, salvo compararlas entre sí y emitir un juicio sobre su valor y belleza. Pero cuando todas estas pequeñas piezas son reunidas armónica, sabiamente en un gran mosaico, componiendo con ellas la figura de Cristo, ¿quién se preguntará nunca la importancia de cada una de ellas? Si una de ellas, hasta la más pequeña, falta, la cara está incompleta. Juntas en un mosaico, cada piedra pequeña es indispensable y contribuye de una forma única, indispensable, a la gloria de Dios. Eso es la comunidad. La asociación de personas sin importancia que juntas hacen a Dios visible en el mundo».
Comentarios desactivados en «Sencillez», por Miguel Ángel Mesa.
De su blog Punto de encuentro:
Dom Helder Cámara
La sencillez es, quizá, una de las mayores necesidades que tenemos que recuperar los hombres y mujeres de nuestros días, para poder tener una vida más enriquecedora, plena y feliz. Estos serían, a mi modo de entender, algunos de los rasgos de una persona que aspira a vivir con sencillez:
Una persona sencilla sabe escuchar con atención, ofrece sus dones y habilidades con generosidad y se siente agradecido por todo lo que le ofrece en cada momento la vida.
Una persona sencilla no se cree nunca en posesión absoluta de la verdad, atiende a las razones del otro y aprovecha todo lo positivo que se le ofrece.
Una persona sencilla desprende ternura, sensibilidad y cercanía por los cuatro costados.
Una persona sencilla se deja interpelar por la realidad y, ante cualquier situación injusta levanta su voz y sale a manifestarse a la calle, junto a otros hombres y mujeres, sin importarle sus creencias o sus ideas.
Una persona sencilla guarda y protege como oro en paño ese tallo frágil y flexible de la esperanza que, a pesar de los vientos contrarios, siempre vuelve a su ser y permanece en pie.
Una persona sencilla no es codiciosa, ni se afana por tener más dinero o más posesiones: vive contenta con lo que tiene e intenta no angustiarse por nada.
Una persona sencilla se siente libre ante todo y ante todos, sin hipotecar su forma de vida por nada que le impida sentir y respirar en libertad.
Una persona sencilla no cree que ya lo ha conseguido todo, sino que siempre le sobran cosas; o que lo sabe ya todo, sino que se mantiene en búsqueda permanente.
Una persona sencilla anda siempre deseando el encuentro, pretendiendo la armonía, buscando sin cesar el diálogo y el entendimiento, la paz basada en la justicia.
Una persona sencilla sabe disfrutar con los amigos y amigas de una buena comida en común, de una conversación íntima, de un viaje compartido…
Una persona sencilla goza y es feliz con los pequeños detalles y regalos que le ofrece el día a día, con las personas a las que quiere y que le quieren, con la naturaleza que le rodea.
Una persona sencilla se muestra acogedora y ofrece su solidaridad con los marginados y excluidos, sin importarle lo que digan de ella, porque sabe que solo así será posible otro mundo más humano y fraterno, justo y en paz.
Una persona sencilla camina sonriente, feliz, humilde y confiadamente, junto a los demás, es decir, sobre la palma de la mano del Misterio diáfano de la Vida.
Comentarios desactivados en Del optimismo a la esperanza
Del blog de Henri Nouwen:
“El optimismo y la esperanza son dos actitudes radicalmente diferentes. El optimismo es la expectativa de que las cosas mejorarán. La esperanza es confiar en que Dios cumplirá sus promesas para con nosotros y que, cumpliéndolas, nos llevará a la verdadera libertad. El optimismo se refiere a cambios concretos en el futuro. La persona con esperanza vive el momento con el conocimiento y la confianza de que todo en la vida está en buenas manos”.
Comentarios desactivados en Saber que Cristo soy yo
Del blog Amigos de Thomas Merton:
En Adán está toda la humanidad, y también toda la humanidad está en Cristo. Cada ser humano, hombre o mujer, es Adán y es Cristo al mismo tiempo. Es consolador saber que Cristo vino para mí, pero aún más liberador saber que Cristo soy yo. Aquí se da el paso de una religión consoladora a una espiritualidad que transforma y libera. Esto complementa lo que he pensado antes: que Cristo es Señor, pero primero es maestro; no vino simplemente para que le recemos, sino para que aprendamos de él, para que nos descubramos en él. La religión tradicional nos ensena a rezar, siempre Cristo allá y yo aquí, pero no a descubrirme Cristo, a encontrarme a mí mismo en su camino con el Padre. Esa es la verdadera conversión: no un mero cambio de conducta, sino de esencia y de sentido; va más allá del arrepentimiento por lo mal hecho. Es un renacer, un descubrirse nuevo, un despertar de lo divino que hay en nosotros.
Sostenme, Por favor, con tu silencio con Tupresencia, Con tuausencia.
Salgo a combatir.
Tú sabes,
El buen combate.
Contra mí mismo.
Contra mi dependencia,
Contra lo que me encadena,
Contra lo que me oprime.
Salgo a combatir.
Para estar libre y disponible.
Eres tú quien me has dado la fuera
Para ir al combate.
Tú eres un amigo extraordinario.
No sé si esperas, Pero me gustaría poder decir: No volveré Hasta que haya ganado.
No sé si voy a ganar. No sé.
Eres tan fuerte, tú.
A pesar de tu juventud.
Eres tan fuerte,
¿Me esperarás
¿Me esperarás?
Tienes tantas otras cosas
Que vivir.
Sin embargo, lo haré.
Me voy al combate.
Es por ti,
Es por mí.
Es por mí.
Es por tu causa,
Porque eres un amigo exigente.
Y aunque estés ausente
Cuando vuelva,
Tu presencia tan tenue es un regalo precioso.
Z – 11 mayo 2016
Fuente Foto : Blake Griffin, jugador americano de basket-ball.
***
En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
– “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: “Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.”
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.”
*
Lucas 14, 25-33
***
Jerusalén es para mí el lugar más bello y más querido del mundo. En Jerusalén está la capilla del Calvario, en la basílica del Santo Sepulcro. Algunos de vosotros ya habéis estado en ella, otros iréis ciertamente, antes o después. Subiendo una serie de escalones, se llega a una capilla donde hay un pequeño altar reservado a los monjes griegos, y allí podemos detenernos a orar. Bajo el altar se ve un orificio que pretende recordar el lugar donde fue clavado el leño de la cruz de Jesús. Delante, una gran tabla pictórica bizantina: Jesús en la Cruz, la Virgen María, el evangelista Juan, María Magdalena. He pasado en esa pequeña capilla muchísimas horas de mi vida y no me he cansado nunca de permanecer mucho tiempo, en oración silenciosa, sin conseguir decir nada especial. Estaba allí, y sentía que estaba en el centro del mundo, comprendí que el mundo se manifestaba en su verdad sólo si era mirado desde arriba de la cruz y con la mirada de Jesús.
Todavía ahora continúo con esta oración fundamental que es la contemplación de la cruz como significado y clave de toda la historia humana. No hay persona, no hay acontecimiento humano que no tenga su punto de referencia en la escucha contemplativa del mensaje de la cruz. Por consiguiente, le pido a Jesús esta gracia para cada uno de vosotros: que podáis contemplar, cada vez más, la luz que se desprende de su cruz, para referir a ella todas las realidades de vuestra vida y todas las realidades de la historia.
*
Carlo María Martini, Tú me sondeas y me conoces,
Editorial Verbo Divino 1995.
Comentarios desactivados en Silencio creativo cristiano
Del blog Amigos de Thomas Merton:
«Imagínense a un hombre a un grupo de personas, solos o juntos en un lugar tranquilo donde no se puede oír la radio ni música de fondo, sentados simplemente una hora, o media hora, en silencio. No hablan. No rezan en voz alta. No tienen en sus manos papeles ni libros. No están escribiendo ni leyendo. No se ocupan en nada. Se limitan a penetrar en sí mismos, pero no para pensar de modo analítico, ni para examinarse, organizarse o planificar algo; simplemente para ser. Quieren estar juntos en silencio. Quieren sintetizar, integrarse a sí mismos, redescubrirse ellos mismos en una unidad de pensamiento, voluntad, entendimiento y amor que vaya más allá de las palabras, más allá del análisis, incluso más allá del pensamiento consciente. Quieren rezar, pero no con los labios sino con sus corazones silenciosos, y más allá aun, con el verdadero fundamento último de su ser. ¿Qué podría mover a la gente de nuestro tiempo a hacer una cosa así? ¿Lo hacen movidos por un sentido de humana necesidad de silencio, de reflexión, de búsqueda interna? ¿Quieren alejarse del ruido y la tensión de la vida moderna, al menos durante un rato, para relajar sus mentes y voluntades, y buscar un sentido bendito y saludable de unidad interior, reconciliación e integración?
Estos son, ciertamente, un buen número de motivos suficientes. Pero para un cristiano aún hay motivos más profundos que estos. Un cristiano puede realizarse a sí mismo, si es llamado por Dios a periodos de reflexión y silencio, de meditación reflexiva y de “escucha”. Nosotros tal vez somos demasiado habladores, demasiado activos en nuestro concepto de la vida cristiana. Nuestro servicio a Dios y a la Iglesia no consiste sólo en hablar y hacer, sino también en períodos de silencio, en los que escuchamos y esperamos. Quizá sea muy importante, en nuestra época de violencia e intranquilidad, redescubrir la meditación, el rezo intuitivo, íntimo y silencioso, el silencio creativo cristiano.
«Cuando Dios se hizo carne en Jesucristo se unieron lo no creado y lo creado, lo eterno y lo temporal, lo divino y lo humano. Esta unidad significa que ahora todo lo que es mortal señala hacia lo inmortal, todo lo finito hacia lo infinito. En y a través de Jesús, toda la creación se ha convertido en un espléndido velo a través del cual se nos revela el rostro de Dios.
Esto se llama la propiedad sacramental del orden de la Creación. Todo lo que existe es sagrado, porque todo lo que es habla del amor redentor de Dios. Mares y vientos, montañas y árboles, el sol, la luna y las estrellas, y todos los animales y las personas se han vuelto sagradas, y nos ofrecen la posibilidad de ver destellos de Dios».
Scott Warren se enfrenta a 10 años de cárcel por dejar agua en el desierto a personas migrantes en Estados Unidos. ¡Exige que se le retiren los cargos!
*
«Las personas están hechas de tal modo que quienes oprimen no sienten nada;
es la persona oprimida la que siente lo que está ocurriendo.
A menos que nos hayamos puesto del lado de la persona oprimida,
Comentarios desactivados en La Vida es una constante paradoja
Del blog Amigos de Thomas Merton:
Frente a la pregunta característica del yo religioso, siempre preocupado, o incluso obsesionado, por su «salvación», Jesús anima a «entrar por la puerta estrecha». La expresión alude a la puerta más pequeña que daba acceso a las ciudades amuralladas.
La vida es una constante paradoja. Y cualquier persona que se aventura por el llamado «camino espiritual» es sorprendida por la presencia de esas paradojas a cada paso de la marcha. Una paradoja es una contradicción aparente que, al ser asumida, se resuelve en una verdad mayor: perder y ganar, el rayo de tiniebla, la soledad sonora, la música callada, el vacío pleno, subir es bajar, morir es vivir… La paradoja, que aflora en cada palabra sabia, no es sino reflejo de la polaridad de lo real, y de la naturaleza también polar del ser humano. Y nos indica que la resolución adecuada no pasa por suprimir uno de los dos polos, sino por abrazar ambos en una unidad mayor, en el nivel no-dual. La imagen de la «puerta estrecha» evoca la necesidad de «soltar» todo como medio para experimentar la Vida que somos. Cuanto más soltamos, más fuertes somos. Al soltar todo -eso es la muerte- se nos regala la vida.
*
Enrique Martínez Lozano «Otro modo de leer el Evangelio»
El cristiano cree, gracias a la Palabra de Dios, que el hombre es inmortal, que toda la humanidad está destinada a la eternidad.
El cristiano cree en la resurrección de todos los muertos de la humanidad, de todos los cuerpos. Cree en la humanidad inmortal. Pero cree en virtud de la Palabra de Dios, no de una especie de prestidigitación mágica… y grotesca. Cree en la prolongación de los misterios de la vida más allá de la muerte, en la consumación de la vida mediante la muerte; cree que la misma muerte tiene una razón de ser; cree que la muerte sigue siendo atroz, pero no que sea absurda.
Como todo hombre razonable, el cristiano ve su propia vida, desde el nacimiento a la muerte, como un devenir continuo acompañado de una destrucción continua. Sin embargo, el cristiano cree que en este y por este devenir se consuma la germinación, el desarrollo del hombre inmortal que hay en él, pero que se va haciendo en él cada día y que permanecerá tal como haya llegado a ser, en la eternidad, para la eternidad.
Este hombre inmortal se hace en cada uno a través de sus opciones. Aquello por lo que opta es lo que fija al hombre inmortal en su pleno vigor o en lo peor de la miseria humana. En la hora de su muerte, el hombre se habrá convertido en alguien que vivirá con Dios para siempre o en alguien que existirá lejos de Dios para siempre.
Comentarios desactivados en La sabiduría de no reaccionar.
Una persona sabia realmente no intenta cambiar nada.
Se vuelve tranquila. Tiene paciencia. Trabaja en sí misma.
Observa sus pensamientos, observa sus acciones
y se observa a sí misma cuando se enoja,
se observa cuando se deprime,
se observa cuando siente celos y envidia, y todo lo demás.
Poco a poco llega a reconocer: “Esto no soy yo. Esto es hipnosis, esto es una mentira”.
Esta persona no reacciona ante su condición.
En la medida en que no reacciona ante su condición, en esa misma medida se vuelve libre. Ya no le importa lo que los demás hagan. No se compara con nadie. No compite con nadie. Simplemente se observa a sí misma.
Observa la confusión mental. Nunca va por ahí gritando: “Soy la realidad absoluta. Soy Dios. Soy Consciencia”.
Más bien reconoce de dónde viene y deja a los demás en paz.
Este tipo de ser se desarrolla a un ritmo acelerado.
No importa en qué clase de aprieto se encuentre.
No importa, porque este ser ya está libre
Cuando la mente descansa en el corazón,
cuando la mente no va allá afuera para identificarse con el mundo,
cuando la mente descansa en el corazón,
hay paz, hay armonía, hay puro ser.
Cuando permites que tu mente salga de tu Ser,
ésta empieza a comparar, empieza a juzgar,
empieza a sentirse ofendida
y ahí no hay paz. No hay descanso.
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