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El miedo se instala en el colectivo LGTB tras la victoria de Bolsonaro en Brasil, un país en el que 445 personas LGTB murieron en 2017 víctimas del odio

Martes, 6 de noviembre de 2018

jair-bolsonaroAunque ya hemos hablado acerca de esta situación, nos parece interesante el análisis que hace Dosmanzanas:

Jair Bolsonaro ha ganado las elecciones presidenciales en Brasil. Para otros puede haber sido un sorpresa, pero no para esta página, que desde hace años sigue la trayectoria del personaje y que siempre ha alertado de la seria posibilidad de su victoria. Una victoria que abre ahora un escenario terrible para las personas LGTB en Brasil. En el mejor de los casos, habrá una involución en su visibilidad social. Lo más probable es que a ello se le sumen los intentos del poderoso movimiento evangélico, aliado de Bolsonaro, para restringir sus derechos civiles. Todo ello en un clima de profunda hostilidad social por una parte significativa de la población, alimentada por un candidato que para ganar no ha dudado en convertir al colectivo LGTB en uno de sus chivos expiatorios, y que puede ir a más si la situación socioeconómica brasileña se complica.

Una situación de base harto complicada para el colectivo LGTB

La situación social del colectivo LGTB en Brasil es ya de partida complicada, con o sin Bolsonaro. El Grupo Gay de Bahía, colectivo que hace una meritoria labor de monitorización de los delitos de odio en ese país, tuvo conocimiento de 445 muertes violentas de personas LGTB en 2017: 387 asesinatos y 58 suicidios. «Nunca antes en la historia de este país se registraron tantas muertes, en los 38 años que el Grupo Gay de Bahía (GGB) recolecta y difunde estas estadísticas. Un aumento del 30% en relación a 2016, cuando se registraron 343 muertes», comienza su informe 2017. De alguna de estas muertes nos hemos hecho eco en esta misma página, como por ejemplo la de Dandara dos Santos, una mujer trans. Los instantes previos a su brutal asesinato fueron grabados y dieron la vuelta al mundo. Un horror que entonces conocimos gracias a aquellas imágenes (que sirven de portada al último informe anual del GGB), pero que en muchas más ocasiones es solo un número en una estadística.

La tendencia, en este sentido, ha sido creciente a lo largo de los últimos años. De las 130 personas LGTB muertas de forma violenta en el año 2000 (una cifra que se mantuvo prácticamente constante durante la primera década de este siglo) hemos pasado a 445 en 2017, el año con más muertes registradas. Y en contra de lo que podría pensarse desde la distancia, estas muertes no se dan solamente entre los miembros más vulnerables del colectivo, como es el caso de las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual. En el año 2017, el grupo con más victimas (194, el 43,6%) fue el de hombres homosexuales, seguido por el de personas trans (192, el 42,9%). Por componente étnico, la mayoría de las víctimas (260, el 66%) fueron blancas, un porcentaje más de 20 puntos superior al de población blanca en Brasil. Vaya por delante nuestra consideración de que todas las víctimas son iguales: simplemente queremos constatar que la violencia por LGTBfobia en Brasil desborda las ideas preconcebidas.

Este año 2018, además, hemos sido testigos de como la LGTBfobia ha escalado hasta alcanzar ámbitos activistas y políticos. El pasado mes de octubre, asesinaron a una mujer trans al grito de “¡Bolsonaro, sí!”. En mayo recogíamos el asesinato en Río de Janeiro de la activista de género no binario Matheusa Passareli. Y en marzo el de la concejala de Río de Janeiro Marielle Franco, afrodescendiente, abiertamente bisexual, feminista y activista en favor de los derechos humanos. Aunque en este último caso su condición de mujer bisexual quizá no fuese el factor determinante del asesinato, es imposible desligarla del todo. Una escalada a la que también nos hemos referido al recoger tanto el episodio de acoso que sufrió Judith Butler en una visita al país para participar en un debate universitario como la decisión de un juez federal contra la orden del Consejo Federal de Psicología (el organismo que regula el ejercicio de esta actividad profesional en Brasil) que prohibía desde hace años las «terapias» reparadoras de la homosexualidad.

Bolsonaro: un currículum homófobo largamente trabajado… 

Pero si algún político encarna a la perfección esa LGTBfobia en su discurso político, ese es el militar en la reserva Jair Bolsonaro, al que ya en 2011 mencionábamos en esta página cuando acusó al Ministerio de Educación de «fomentar la homosexualidad» por promover un proyecto contra la homofobia. El material del programa iba a ser difundido durante unos cursos sobre derechos humanos y minorías que se iban a impartir en los centros públicos de Secundaria. La campaña que se organizó por parte de los diputados homófobos, que calificaron la iniciativa de «kit gay», llevó al Gobierno de Dilma Rousseff a suspender la iniciativa. Por aquel entonces el ministro de Educación era precisamente Fernando Haddad, rival de Bolsonaro en las elecciones presidenciales: no es de extrañar que aquel episodio fuera resucitado en la reciente campaña electoral por los partidarios de Bolsonaro, que volvieron a utilizar el supuesto «kit gay» contra Haddad en su estrategia de difusión de información difamatoria a través de WhatsApp y redes sociales.

En 2014 volvimos a referirnos a Bolsonaro, que optó entonces a ser presidente del Comité de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. Finalmente no lo consiguió, pero su carácter homófobo fue ampliamente subrayado. Basta con acudir de nuevo a la entrevista que por entonces concedió a la edición brasileña de El País. «Los homosexuales quieren hacerse pasar por víctimas, quieren superpoderes. Muere un homosexual en Brasil y los medios ya están diciendo que es homofobia. Muchos son asesinados por sus colegas, en locales de prostitución o por sobredosis. Mueren y los activistas ya dicen que es homofobia. En Brasil mueren cada día diez mujeres asesinadas por sus parejas, eso es mucho más grave. Los crímenes por homofobia deben ser tratados como cualquier otro crimen. ¿Cuántos heterosexuales mueren cada día? Muchos más que homosexuales», afirmaba.

Bolsonaro negaba también que educar en la diversidad sirviese para combatir la homofobia, y acusaba explícitamente a los que así lo defienden de querer «llevar la materia a las escuelas para transformar a niños de seis años en homosexuales. Al punto de que así se facilita la pederastia en Brasil». Y es que para el diputado brasileño, «la inmensa mayoría» de los homosexuales lo son por imitación. «Son las amistades, el consumo de drogas. Apenas una minoría nacen con defecto de fábrica. Aquí en Brasil se tiene la idea de que por ser homosexual vas a tener éxito en la vida. Las novelas muestran siempre a gais que tienen éxito, que trabajan poco y ganan mucho dinero», sostenía.

Bolsonaro acababa la entrevista burlándose del intento de aprobar una ley que castigase la violencia homófoba, a la que quitaba importancia. «¿Solo porque a uno le guste tomar por culo se convierte en un semidios al que no se le puede pegar?», remataba. Bolsonaro ha hecho otras declaraciones homófobas en el pasado (posiblemente las que más eco mediático han tenido son aquellas en las que aseguraba preferir que un hijo suyo muriese en un accidente a que apareciese «con un bigotudo»), pero basta con releer aquella entrevista a El País para ser consciente de la monstruosidad del personaje. Una entrevista, por cierto, en la que además de su desprecio hacia el colectivo LGTB, Bolsonaro se manifestaba ya partidario de la pena de muerte, de que las «personas de bien» puedan ir armadas, de reducir la edad penal para que los adolescentes que cometen delitos sean tratados como adultos o de implantar políticas de «planificación familiar» para «reducir el número de hijos de los más pobres», que según él tenían más hijos para beneficiarse de las ayudas sociales. Iniciativas todas ellas muy en línea con los derechos humanos.

… y un manipulador

220px-dilma_rousseff_-_foto_oficial_2011-01-09Dilma Rousseff

En esa misma entrevista, por cierto, Jair Bolsonaro reconocía abiertamente que su candidatura al Comité de Derechos Humanos no era más que una estratagema política para conseguir que el PP, partido en el que entonces militaba (Partido Progresista, que pese a su nombre es un partido de derecha) se hiciese con la presidencia de la Comisión de Minas y Energía. El PP formaba por entonces parte de la «base aliada», el heterogéneo grupo de formaciones que daban apoyo parlamentario a la entonces presidenta, Dilma Rousseff, del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), y entre las cuales se repartían ministerios y comisiones parlamentarias. En este contexto, la Comisión de Derechos Humanos y Minorías importaba poco al PT, interesado en relegar al PP brasileño a una comisión considerada menor. Pero con un candidato como Bolsonaro, el PT, presionado por el sector más sensible a los derechos humanos, se veía en la obligación de negociar. Así sucedió, de hecho. El PT se quedó la presidencia del Comité de Derechos Humanos, y aunque no cedió al PP Minas y Energía, la joya de la corona, si lo hizo con Trabajo y Transportes, considerado también importante.

Desgraciadamente no se trataba de la primera vez que el PT despreciaba el papel de la Comisión de Derechos Humanos. En su momento accedió a que el diputado evangélico Marco Feliciano (miembro del Partido Social Cristiano de Brasil, otra formación aliada de Rousseff) se hiciera con la presidencia pese a contar entre sus antecedentes con declaraciones abiertamente racistas y homófobas. Ya en ese puesto, Feliciano fue uno de los promotores de una iniciativa para reintroducir en el país las «terapias» reparadoras de la homosexualidad, que fue retirada cuando quedó claro que sería objeto de una contundente derrota en el pleno de la Cámara de Diputados si llegaba a votarse bajo la presión de las movilizaciones sociales que tenían lugar en ese momento (en las que participó de forma muy activa el colectivo LGTB).

Los años han pasado. El PP, una formación plagada de políticos corruptos (es el partido más afectado por la operación «autolavado») acabó formando parte de los partidos que promovieron la destitución de Dilma Rousseff y su sustitución por el conservador Michel Temer. Bolsonaro abandonó el partido (actualmente lidera el Partido Social Liberal, una formación de derecha extrema) y lanzó su candidatura presidencial, muy respaldada desde el principio por los grupos evangélicos, que agrupan a un quinto de la población brasileña (a los que no importa que Bolsonaro sea católico si defiende sus posiciones en materia de moral).

Poco a poco, gracias a un discurso fuertemente populista contra la delincuencia y la corrupción y al uso masivo (y carente de escrúpulos) de las redes sociales y de los grupos de WhatsApp por parte de sus partidarios, Bolsonaro fue ampliando su base electoral. Sus propuestas económicas más recientes le han valido además el apoyo de la clase dirigente y de los poderes económicos, que hace años recelaban de él. Bolsonaro, de hecho, se encargó de sellar su alianza con «los mercados» al fichar como principal asesor al economista ultraliberal Paulo Guedes. El encarcelamiento de Luiz Inácio Lula da Silva (una maniobra jurídica más que dudosa) redondeó el proceso: según las encuestas, Lula da Silva era un único político con carisma suficiente para disputar la presidencia a Bolsonaro. Por si esto fuera poco, un intento de atentado contra Bolsonaro en campaña acrecentó su popularidad y le permitió eludir el cuerpo a cuerpo con otros aspirantes a la presidencia. Llegado el momento decisivo Bolsonaro ganó las elecciones presidenciales, consiguiendo el 55% de los votos en la segunda vuelta frente a un bienintencionado pero impotente Fernando Haddad.

Miedo en el colectivo LGTB

¿Qué puede suponer para el colectivo LGTB la presidencia de Bolsonaro? En el mejor de los escenarios, una profunda regresión social. Aunque la LGTBfobia de Bolsonaro se revelase «solo» como una manipulación de los peores instintos del electorado para conseguir el poder, el daño ya está hecho: basta comprobar la indisimulada homofobia de sus partidarios, desde sus cánticos multitudinarios hasta las más preocupantes amenazas a través de grupos de WhatsApp (de las que dosmanzanas ha tenido ya conocimiento). Un odio que conducirá, inevitablemente, a una mayor invisibilidad del colectivo y a una mayor vulnerabilidad de aquellas personas LGTB que pese a la situación tengan la valentía de mantenerse visibles y reivindicativas. Es esperable, en este sentido, un mayor número de agresiones y episodios de discriminación contra las personas LGTB. Quizá no se reflejará en las estadísticas (cuando el miedo de las personas LGTB al Estado se acrecienta, disminuyen las denuncias por LGTBfobia), pero mucho nos tememos que sucederá.

Pero es iluso pensar que los grupos homófobos se van a conformar con eso y no van a redoblar su presión. Hay que tener en cuenta, en este sentido, que muchos de los avances en derechos LGTB que ha experimentado Brasil se han producido al margen de los poderes legislativo o ejecutivo: el matrimonio igualitario es una realidad posible gracias a resoluciones judiciales, mientras que la prohibición de las «terapias» reparadoras, sobre la que como mencionamos arriba tiene lugar una batalla en los tribunales, fue una decisión profesional del Consejo Federal de Psicología. La presión de los grupos evangélicos para que desde el poder político se ponga coto e incluso se revierta esta situación puede encontrar en Bolsonaro el aliado ideal, especialmente si pasado un tiempo la situación socioeconómica no mejora y el presidente decide seguir utilizando al colectivo LGTB como chivo expiatorio. En este caso, lo sombrío del escenario se extenderá además al ámbito jurídico y de derechos civiles.

Fuente Dosmanzanas

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Condenan a una clínica en China por aplicar ‘electroshocks’ para “curar” la homosexualidad

Martes, 23 de diciembre de 2014

Xiao_ZhenXiao Zhen

Importante avance para los derechos LGTB en China. Un tribunal de Pekín ha condenado a una clínica pagar una compensación económica a Yang Teng, de 30 años, víctima de las “terapias reparadoras” de la homosexualidad. El tribunal establece además que la homosexualidad no es una enfermedad, luego no ha lugar a “curarla”, y ordena a Baidu (el más importante buscador de internet chino) retirar la publicidad de la clínica en la que Yang Teng fue tratado con electroshock.

La justicia china ha ordenado a una clínica que pague una indemnización al demandante por el “tratamiento”, el primer triunfo legal contra la llamada “terapia de conversión” en el país asiático.

Un joven homosexual en China logró una victoria legal contra la clínica Xinyu Piao Xiang, que le aplicó una terapia electroshocks eléctricos para “volverlo” heterosexual.

El abogado Li Duilong anunció que el Tribunal Popular del distrito de Haidian, en Beijing, ordenó al centro de salud que le pague 3,500 yuanes (alrededor de 450 euros) a Xiao Zhen por los gastos relacionados con la supuesta “terapia”.

Zhen reveló que se sometió voluntariamente a la terapia en febrero tras la presión de sus padres para casarse y tener un hijo. El tratamiento incluyó hipnosis y descargas que le perjudicaron física y emocionalmente. Xiao dijo que lo sometieron a descargas eléctricas tras haberle pedido que tuviera fantasías sexuales que involucraran a hombres.

El letrado dijo que también se dictaminó que no había necesidad de administrar choques eléctricos porque la homosexualidad no requiere tratamiento.

Sin embargo, el tribunal desestimó otra demanda presentada, esta vez contra el gigante motor de búsqueda chino Baidu, por hacerle publicidad a la clínica Xinyu Piao Xiang.

“Es el primer caso contra la terapia de conversión en China“, expresó por su parte Xiao Tie, directora ejecutiva del Centro LGBT de Pekín, que apoya la demanda.

“En China, la mayoría de las personas que se someten a la terapia de conversión lo hacen porque son presionadas por sus familias”, dijo la activista a los medios de comunicación frente al tribunal que lleva adelante el caso, quien añadió que muchos aseguran quedar “curados” sólo para frenar los angustiantes tratamientos.

En China, la homosexualidad ha sido considerada como un trastorno mental hasta 2001, de ahí la existencia de un considerable número de clínicas que realizan estos procedimientos.

Ampliación con el post de Dosmanzanas:

Yang Teng (o Xiao Zhen, como también le identifican en grafía occidental los medios) acudió a la clínica en febrero, presionado por su familia, después de encontrar en Baidu (un motor de búsqueda similar a Google muy popular en China) un anuncio en el que se promocionaba como un centro para “curar” la homosexualidad. Allí fue sometido a electroshock. No “curaron” a Yang, evidentemente, pero tras la terrible experiencia este sacó fuerzas de flaqueza para demandar al centro con el apoyo del Beijing LGBT Center, un colectivo LGTB de la capital china. Yang Teng incluso ha promovido una campaña en la plataforma All Out para conseguir que la directora de la Organización Mundial de la Salud, la también china Margaret Chan (natural de Hong Kong), condene el uso de estas prácticas en su país.

El fallo de la Corte Popular de Haidian ordena ahora a la clínica, situada en Chongqing (en el suroeste de China) pagar el equivalente a 560 dólares a Yang Teng, al considerar que la homosexualidad no es una enfermedad y por tanto no cabe hablar de curación de la misma. Se trata, según refieren medios internacionales, de la primera vez que un tribunal de la Republica Popular China falla contra las “terapias reparadoras”. La sentencia, además, obliga al buscador Baidu a eliminar la publicidad de la clínica. Yang Teng está muy satisfecho con el fallo, que a su juicio demuestra que “cuando reclamamos la protección de nuestros derechos podemos obtener un resultado justo”.

Algo se mueve en China contra esta práctica

La decisión de la justicia sobre el caso el Yang Teng tiene lugar en un momento en el que parece que la reacción social contra estas infames “terapias” está despertando en China. Un documental que denunciaba estas prácticas (Tratamientos que matantuvo una gran difusión hace ya más tres años en ese país. Y este verano contábamos como el activismo LGTB chino se está organizando para llevar ante los tribunales a los centros que la practican, demandas para las que contarían con el visto bueno del Gobierno. Y es que este tipo de clínicas parecen haber proliferado en años recientes pese a que China excluyó oficialmente a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales en 2001.

Una batalla similar también ha empezado en la región administrativa especial (SAR) de Hong Kong, a raíz de la presencia en sus bibliotecas de las obras del estadounidense Joseph Nicolosi, uno de los principales defensores de las “terapias reparadoras”. Una asociación LGTB ha pedido a la biblioteca central de la excolonia que avise claramente sobre el peligro de sus contenidos, aunque no ha exigido su retirada por respeto a la “libertad de expresión”.

Prácticas muy peligrosas

Como hemos insistido en otras anteriores, no se trata solo de que la homosexualidad dejara hace años de ser considerada un trastorno por las sociedades médicas y por la OMS. Lo que es especialmente preocupante es que estas prácticas son muy peligrosas para las personas que se someten a ellas, pudiendo desembocar en depresión y tendencias suicidas, como han advertido la Asociación Americana de Psicología (APA), la Asociación Médica Británica o las más importantes organizaciones de psicoterapeutas del Reino Unido, entre otros. En España, el Colegio de Psicólogos de Madrid también se posicionaba de forma expresa hace unos meses en respuesta a una pregunta de la Confederación COLEGAS.

Sobre la problemática que suponen las personas homosexuales que movidas por su fe religiosa acuden por voluntad propia a las consultas para cambiar su orientación sexual, la APA recomienda ser honestos con ellas sobre tales prácticas. El objetivo en estos casos debe ser favorecer la aceptación de la propia realidad. Posibles estrategias incluyen insistir en determinados aspectos de la fe religiosa, como la esperanza y el perdón, frente a la condena de la homosexualidad, sugerir el acercamiento a confesiones que sí aceptan el hecho homosexual o, en casos muy extremos, valorar la adopción del celibato sin pretender cambiar la orientación. Los testimonios de algunas de las personas atrapadas por las redes que promueven este tipo de prácticas (“ex-gays”) y que años después han conseguido liberarse son un buen ejemplo del daño que pueden llegar a sufrir.

En definitiva, la aplicación o recomendación de este tipo de prácticas van en contra del conocimiento médico actual y de la lex artis que obliga a todo profesional sanitario. Hay países en los que incluso están castigadas por los organismos reguladores (en el caso de Brasil, por ejemplo, las prohíbe el Consejo Federal de Psicología, pese a que diputados evangélicos han intentado, por el momento sin éxito, acabar con dicha prohibición) y ya hay dos estados de Estados Unidos (California y Nueva Jersey) que han aprobado leyes prohibiendo su uso en menores.

Para finalizar, y volviendo a China, os dejamos con el vídeo de denuncia que Yang Teng grabó para su campaña en All Out, demostrativo del esperanzador cambio de tendencia que se está produciendo en ese país:

Fuente Cáscara Amarga y Dosmanzanas

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El Partido Republicano de Texas se posiciona a favor de las peligrosas “terapias reparadoras”

Miércoles, 11 de junio de 2014

gay_nogayLa federación republicana en el estado norteamericano de Texas ha celebrado su convención bienal, en la que ha aprobado su nueva plataforma política para las próximas convocatorias electorales. Entre sus propuestas, llama particularmente la atención el apoyo a las probadamente peligrosas “terapias” para “curar” la homosexualidad.

Según el texto aprobado, los republicanos texanos “reconocen la legitimidad y eficacia del counseling, que ofrece terapia reparadora y tratamiento para los pacientes que buscan curación e integridad de su estilo de vida homosexual. Ninguna ley ni decreto podrá limitar o restringir el acceso a este tipo de terapia”. El programa se votó en bloque, por lo que la medida fue aprobada sin discusión por parte de los delegados participantes en la convención. Solo el grupo LGTB Log Cabin Republicans intentó tímidamente oponerse a la iniciativa, aunque finalmente desistieron por miedo a que sus esfuerzos fueran contraproducentes y se adoptaran nuevas resoluciones homófobas.

La iniciativa parte del Eagle Forum, una organización de la órbita del Tea Party cuya portavoz Cathie Adams ha defendido su idea haciendo hincapié en el carácter voluntario de las “terapias”. “No creo que los homosexuales nazcan homosexuales”, opina Adams, para quien, a diferencia de lo que pasa con “el color de la piel o el lugar de nacimiento”, los “estilos de vida” se pueden “elegir”. La líder del Eagle Forum asegura haber conocido a un hombre gay que se habría vuelto heterosexual con estos dañinos “tratamientos”.

A pesar de ser comprobadamente ineficaces y perjudiciales, Adams se refirió a estas “terapias” como una “cuestión de libertad” y criticó que California y Nueva Jersey las hayan “ilegalizado completamente”. Lo cierto es que los mencionados estados solo han prohibido su aplicación en menores de edad. La ley californiana fue recurrida ante la justicia federal, que la declaró plenamente constitucional el año pasado.

En contra del criterio médico

Como hemos insistido en ocasiones anteriores en que nos hemos referido a este tema, no se trata solo de que la homosexualidad dejara hace años de ser considerada un trastorno por las sociedades médicas y por la OMS. Lo que es especialmente preocupante es que este tipo de intervenciones pueden ser tremendamente peligrosas, como ya han advertido organizaciones como la Asociación Americana de Psicología (APA), la Asociación Médica Británica o las más importantes organizaciones de psicoterapeutas del Reino Unido.

La APA, tras una completa revisión de la evidencia disponible, concluyó por ejemplo que no es posible sostener que un paciente puede cambiar su orientación sexual a través de terapia, mientras que los daños potenciales de tales intervenciones pueden ser graves, incluyendo depresión y tendencias suicidas. Sobre la problemática que suponen las personas homosexuales que movidas por su fe religiosa acuden por voluntad propia a las consultas para cambiar su orientación sexual, la APA recomendaba ser honestos con ellos sobre la eficacia de tales prácticas. El objetivo en estos casos debe ser favorecer la aceptación de la propia realidad sin imposiciones.

En definitiva, la aplicación o recomendación de este tipo de prácticas van en contra del conocimiento médico actual y de la lex artis que obliga a todo profesional sanitario. Hay países en los que incluso estas prácticas están castigadas por los organismos reguladores (en el caso de Brasil, por ejemplo, las prohíbe el Consejo Federal de Psicología, pese a que diputados evangélicos han intentado, por el momento sin éxito, acabar con dicha prohibición).

Fuente Dosmanzanas

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Las más importantes organizaciones de psicoterapeutas del Reino Unido alertan contra las “terapias” para “curar” la homosexualidad.

Martes, 4 de marzo de 2014

trabajar-a-disgusto-causa-más-depresión-que-estar-en-el-paroOrganizaciones profesionales de psicoterapeutas del Reino Unido han elaborado un documento conjunto en el que critican con dureza las “terapias reparadoras” de la homosexualidad e insisten en los graves daños que estas pueden producir. El documento ha sido elaborado a petición del Departamento de Salud del Reino Unido, y viene a sumarse a las tomas de postura que ya otras organizaciones profesionales han hecho antes.

Las organizaciones que han consensuado el documento son el UK Council for Psychotherapy (Consejo de Psicoterapia del Reino Unido, entidad que ha asumido el liderazgo en su elaboración), British Psychoanalytic Council (Consejo Psicoanalítico Británico), Royal College of Psychiatrists (Real Colegio de Psiquiatras), British Association for Counselling and Psychotherapy (Asociación Británica de Counselling y Psicoterapia), British Psychological Society (Sociedad Psicológica Británica) y National Counselling Society (Sociedad Nacional de Counselling). Al documento también se han adherido Pink Therapy (una organización de psicoterapeutas comprometidos con la atención a las personas LGTB) y la organización LGTB Stonewall.

El documento, que puedes descargar en PDF pinchando aquí, expresa la postura de dichas organizaciones sobre las “terapias” dirigidas a modificar la orientación sexual de las personas. Dos son las ideas generales que se extraen del documento: no hay evidencia científica consistente de que funcionen y además pueden causar un daño considerable a la salud mental de las personas. “A menudo este tipo de aproximaciones se basan en interpretaciones religiosas sobre la sexualidad más que en un entendimiento de la orientación sexual basado en la información y en la investigación”, expresa el texto.

Las organizaciones firmantes también critican que los partidarios de las terapias “reparadoras” o “de conversión” sugieran a las personas vulnerables que acuden a ellos que su sexualidad es la raíz de sus problemas, algo que consideran “engañoso y basado en prejuicios”, y recuerdan que aunque las personas LGTB pueden sufrir por su orientación sexual o identidad de género problemas específicos (como acoso, rechazo, discriminación, ansiedad por el modo en que su entorno puede reaccionar, presión familiar, aislamiento, sentimientos de culpa y vergüenza, confusiones sobre la propia sexualidad o conflictos con otros aspectos de su personalidad y creencias) insisten en que el abordaje de estas situaciones debe hacerse desde un punto de vista desprejuiciado y ayudando a la persona a entender sus sentimientos acerca de su orientación e identidad bajo premisas de seguridad y confidencialidad.

El documento también incluye interesantes enlaces a recursos y material sobre la materia, descargable en buena parte en formato PDF.

En la línea de otras organizaciones

No se trata, como hemos insistido en ocasiones anteriores en que nos hemos referido a este tema, solo de que la homosexualidad dejara hace años de ser considerada un trastorno por las sociedades médicas y por la OMS. Se trata de que este tipo de intervenciones pueden ser tremendamente peligrosas, como ya han advertido antes otras organizaciones como la Asociación Americana de Psicología (APA) o la Asociación Médica Británica.

La APA, tras una completa revisión de la evidencia disponible, concluyó por ejemplo que no es posible sostener que un paciente puede cambiar su orientación sexual a través de terapia, mientras que los daños potenciales de tales intervenciones pueden ser graves, incluyendo depresión y tendencias suicidas. Sobre la problemática que suponen las personas homosexuales que movidas por su fe religiosa acuden por voluntad propia a las consultas para cambiar su orientación sexual, la APA recomendaba ser honestos con ellos sobre la eficacia de tales prácticas. El objetivo en estos casos debe ser favorecer la aceptación de la propia realidad sin imposiciones.

En definitiva, la aplicación o recomendación de este tipo de prácticas van en contra del conocimiento médico actual y de la lex artis que obliga a todo profesional sanitario. Hay países en los que incluso estas prácticas están castigadas por los organismos reguladores (en el caso de Brasil, por ejemplo, las prohíbe el Consejo Federal de Psicología, pese a que diputados evangélicos han intentado, por el momento sin éxito, acabar con dicha prohibición) y ya hay dos estados de Estados Unidos (California y Nueva Jersey) que han aprobado leyes prohibiendo su uso en menores.

Fuente Dosmanzanas

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