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Entradas Etiquetadas ‘Vida’

Mi Paz

martes, 27 de octubre de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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«Mi Paz,

Don de constante Plenitud,

es una realidad que se confunde

con la misma VIDA 

a la cual se aspira«.

*

24 octubre, Vivir por el Espíritu.

***

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Cristo está vivo

martes, 6 de octubre de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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» No presentéis al mundo un » Cristo muerto «.

¡He dado Mi Vida para que ella

pueda manifestarse en vosotros,

mis discípulos! «

*

El 4 de octubre, Vivir por el Espíritu.

***

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Esperar

jueves, 24 de septiembre de 2015
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Escoger la vida en vez de la muerte exige un acto de voluntad que en la mayoría de las ocasiones irá en contra de nuestros impulsos, unos impulsos que quieren tomarse venganza, mientras que nuestra voluntad lo que quiere es ofrecer el perdón. Nuestros impulsos nos empujan a responder de inmediato: cundo alguien nos da una bofetada, nuestro impulso es devolvérsela.

¿Qué hacer para que nuestra voluntad domine nuestros impulsos? La palabra clave es esperar. Sea lo que haya ocurrido, hay que tomar distancia entre la acción hostil contra nosotros y nuestra respuesta. Debemos tomar distancia, un tiempo para recapacitar, hablarlo con nuestros amigos y aguardar hasta que estemos preparados para responder de manera positiva. Las respuestas impulsivas hacen que el mal nos domine, algo que siempre lamentaremos. Mas una respuesta bien ponderada nos ayudará a ‘vencer al mal con el bien’ (Romanos 12,21)

*

Henri Nouwen

de m sept2015

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Y esto, ¿para qué me sirve?…

viernes, 18 de septiembre de 2015
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cadenaspesadasSí, sí, ¿para qué me sirve? ¿Para qué tanto trabajo, tanto tiempo empleado en algo a lo que no encuentro sentido, en algo que me hace sufrir, que me hiere?

Quizás ahí radica la confianza. “…esto os sucederá para que…”, nos dice Jesús procurando dejar las cosas más o menos claras. Lo que sucede es que Jesús, a veces, de claro tenía poco, o al menos así nos lo han transmitido los evangelios.

Sí, es complicado, pero no es imposible, es el “sobre-sentido” (que dice Javier Garrido).

Ante el sufrimiento incomprensible, doloroso, cruel y rechazable, ser capaces de mirarlo desde Dios hace que encontremos ese sobre-sentido. La crisis, incluso el mal, como oportunidad para…; ¡ah!, cada cual ha de encontrar, con Dios, su para: ¿crecer, madurar, relativizar, aumentar la confianza y la esperanza, ser más generosa, más entregada?…

Lo que sí es cierto es que crecemos a base de dolor. Una amiga vieja amiga de la niñez crecía, y lo sabíamos, por sus dolores en las piernas.Vamos asumiendo la contingencia de la vida a medida que sumamos cicatrices en las hojas del calendario del alma. Y nos cuesta aceptar eso, pero… es el tributo que pagamos a la sabiduría.

No es bueno ocuparnos constantemente en ahorrarnos golpes. No es necesario ser masoquista y procurar tropezar en toda baldosa levantada, como aquel que le pedía a Dios que le enviara “pruebas” para demostrarle su fidelidad, como si la vida no tuviera ya suficiente con su dosis habitual. No, no es masoquismo, es realismo. La vida duele. Sobre todo si no le encontramos sentido y no sabemos, o no queremos, esperar.

Todo puede tener otro lado, a ti te toca el esfuerzo de girar y mirar de otra manera. Nadie dijo que mirar de forma contemplativa, que es como mira Dios, fuera fácil, pero si tienes perseverancia llegarás a la plenitud de tu alma.

Y es que… esto de VIVIR lleva mucho tiempo. No te rindas. Confía.

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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«La gran pregunta», por Miren Jone Azurza

sábado, 12 de septiembre de 2015
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000790345Hasta hace nada creíamos que la seguridad de nuestro viaje por el mundo lo realizábamos, más cómodos unos que otros, pero confiados todos en la seguridad del modo de transporte que cada cual se podía permitir, desde las potentes aerolíneas, los grandes trasatlánticos, los coches sin conductor, hasta los infinitos medios normales como un par de botas. Nos parecía que para ser felices no necesitábamos ser ricos.

Creíamos también que la Declaración Universal de los Derechos Humanos no iba a convertirse en papel mojado. Nos parecía que si contábamos con lo necesario para vivir: un trabajo, unas relaciones sociales satisfactorias, una familia en progreso normal, podríamos ser bastante felices. Tuvimos que abrir los ojos para comprender que los derroteros del mundo tenían que ir cambiando y hasta dimos por bueno que, al terminarse las dos grandes guerras, Europa sabría recuperarse e incluso salir reforzada. Así fue. El nacimiento de la Unión Europea se consideró una garantía de seguridad para todos los que formamos parte de ella.

Pero hemos llegado a un momento en que la situación nos aturde. Aquella flamante Unión Europea se ha encerrado en sí misma y su egoísmo se ha convertido en un escándalo atroz. Ha permitido, por ejemplo, que el dinero se haya hecho dueño del poder y no ha sido capaz de actuar según derecho, ante las olas de emigrantes y refugiados que siguen llamando a su puerta. Ha jugado al despiste inhumano y a dejar que miles de personas necesitadas de ayuda hayan terminado en el fondo del “Mare Nostrum”. Para colmo de sorpresas dolorosas asoma ahora la increíble situación de Grecia, pendiente de un hilo, pobre y muy distinta de la que estudiamos en los libros durante nuestra juventud como cuna de la democracia, maestra de sabiduría y de arte.

La bola del mundo se ha convertido en una gran manzana podrida por el gusano del egoísmo de muy pocos, ciegos para ver la miseria de una gran mayoría. Somos europeítos y muchos sentimos vergüenza de los políticos que se han dejado dominar por los abusos de la economía olvidando la justicia. No nos conformemos con culpar y denunciar a los causantes de estos desmanes. Reaccionemos. No somos pocos, las y los ciudadanos que aspiramos a vivir como personas libres, veraces, felices, en otro contexto mundial. Un primer paso para lograrlo exigiría cambiarse el chip interior, que ni se compra ni se encuentra por casualidad. Requiere el esfuerzo de vivir atentos, en búsqueda del camino hacia el cambio. Se trata de rebuscar dentro de sí las razones que hacen ser a la persona y poner en marcha las propias posibilidades de cambiar las cosas de todos con fe en la eficacia de su pequeña pero misteriosa aportación al bien común. Lo importante es que cada cual se pregunte, ¿Quién soy yo? ¿Para qué vivo?

Por respeto hacia el tema voy a valerme del testimonio del venerable Willigis Jäger, monje benedictino y maestro Zen, conocido representante de una espiritualidad contemporánea aconfesional que proporciona a los buscadores del siglo XXI respuestas a sus preguntas vitales. A sus 90 años cumplidos el 7 de marzo pasado afirma: “Siempre he buscado el Fondo originario detrás de todas las palabras, formulaciones y declaraciones teológicas, ese Fondo al que los cristianos llamamos Dios. Una temprana experiencia no racional me dio la seguridad de que detrás de todas las palabras me espera un amor absoluto… Todo lo que la teología y la metafísica ofrecían eran solo indicaciones hacia un Fondo originario mentalmente inconcebible. Ese Fondo originario al que hemos dado nombres como Divinidad, Vacío o Brahma, se celebra a sí mismo como esta forma que yo soy. Únicamente en ello encuentro el origen de mi existencia y su significado. Soy una forma del Fondo originario, una minúscula mota de ese Fondo en el Universo. Y por eso doy un sí absoluto a este tiempo de mi vida, completamente convencido de que la vida continúa. ¿En qué forma de existencia? No lo sé. El caminar consciente lleva al aquí y al ahora y a la certeza de que el sentido de la vida solo se encuentra en el momento presente”.

Miren Jone Azurza es periodista jubilada, quiere participarnos algo de lo que en la cumbre de la vida escribe, esta reflexión publicada hace poco en Noticias de Guipúzcoa.

Fuente Iglesia Viva

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Jesús es el pan vivo, la transparencia de Dios…

domingo, 9 de agosto de 2015
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La transparencia, Dios, la transparencia.

Dios del venir, te siento entre mis manos,
aquí estás enredado conmigo, en lucha hermosa
de amor, lo mismo
que un fuego con su aire.

No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo,
ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano;
eres igual y uno, eres distinto y todo;
eres dios de lo hermoso conseguido,
conciencia mía de lo hermoso.

Yo nada tengo que purgar.
Toda mi impedimenta
no es sino fundación para este hoy
en que, al fin, te deseo;
porque estás ya a mi lado
en mi eléctrica zona,
como está en el amor el amor lleno.

Tú, esencia, eres conciencia; mi conciencia
y la de otros, la de todos
con la forma suma de conciencia;
que la esencia es lo sumo,
es la forma suprema conseguible,
y tu esencia está en mí, como mi forma.

Todos mis moldes, llenos
estuvieron de ti; pero tú, ahora,
no tienes molde, estás sin molde; eres la gracia
que no admite sostén,
que no admite corona,
que corona y sostiene siendo ingrave.

Eres la gracia libre,
la gloria del gustar, la eterna simpatía,
el gozo del temblor, la luminaria
del clariver, el fondo del amor,
el horizonte que no quita nada;
la transparencia, dios la transparencia,
el uno al fin, dios ahora sólito en el uno mío,
en el mundo que yo por ti y para ti he creado.

*

Juan Ramón Jimenez
Dios en la poesía atual. B.A.C., Madrid, 1970

***

Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez

***

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían:

«No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»

Jesús tomó la palabra y les dijo:

«No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos discípulos de Dios.» Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan de vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo

*

Juan 6,41-51

***

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Padre, hágase tu voluntad…

jueves, 6 de agosto de 2015
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Un precioso texto que nos dejó en el Foro el hermano Dorian:

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«Haz memoria de todo lo que hay en tu vida de rebeldía,
resistencias, rechazo de la voluntad de Dios.

Quizá lo sientes ante algunos acontecimientos de tu pasado
o ante circunstancias personales que no acabas de integrar:
tu salud, tus condicionamientos y limitaciones personales, etc.

Quizá tienes miedo a lo que Dios puede pedirte,
o ser cristianos te resulta demasiado exigente.

Siente todo eso como una carga que metes en una mochila imaginaria,
ponla sobre tus hombros y dirígete al huerto
donde Jesús estuvo orando la víspera de su pasión.

Al llegar allí busca a Jesús entre los árboles,
acércate sin ruido y quédate junto a él mirándole largamente.
Le ves postrado en el suelo y escuchas como dice:

Padre, hágase tu voluntad…

Deja que poco a poco, esa obediencia filial de Jesús
vaya derritiendo las resistencias que hay metidas en tu mochila.

Cuando sientas su impulso en el fondo de tu corazón, únete
a sus palabras y repítelas lentamente al ritmo de tu respiración,
para que ese deseo vaya haciéndose verdad en ti.»

*

Dolores Aleixandre

Jim-Ferringer1

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Soy gay y cristiano

sábado, 1 de agosto de 2015
El_cristo_de_san_juan_de_la_cruzUn hermano del Foro nos envía esta interesante reflexión que seguro nos ayudará en la meditación, oración y visibilidad…
***

Publiqué esta reflexión personal con un único fin: que la persona que tenga la paciencia de leerla, si estuviese pasando por la situación que yo pasé, sepa que existe la esperanza. Que no se rinda, porque tarde o temprano siempre llega ese momento en que recibes respuestas, en que aprendes a amarte, y en que descubres que eres más fuerte de lo que te habían hecho creer. Quiero decirte, a ti que has leído esto, que el amor que tienes en tu corazón es más poderoso que tu miedo. Mantén la esperanza, porque ese es el camino que te llevará a donde te propongas. No te rindas jamás. Y créeme, por experiencia propia te aseguro que todo mejora.

Soy gay y soy cristiano. Desde que fui niño, me bautizaron y me educaron en la religión católica. Tuve la suerte de crecer en un entorno respetuoso y libre, donde las creencias religiosas nunca fueron una imposición, sino una elección. Cuando tuve uso de razón, al mismo tiempo que adquirí la capacidad para tomar mis propias decisiones, decidí mantener mis creencias religiosas. Me confirmé como cristiano y traté de vivir dentro de la Iglesia católica para acercarme a Dios desde ella. La fe siempre ha tenido un significado profundo para mí. Desde niño, admiraba las parábolas de Jesús. Me interesé profundamente en conocer su mensaje: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. Este es un mandamiento que he tenido siempre muy presente en mi corazón. La fe me ha permitido entender el mundo que me rodea y saber valorarlo. Como cristiano, trato de seguir el camino que considero más adecuado respetando el mensaje de Jesús. Deseo encontrar a Dios, y pese a mis errores, que cometo naturalmente como cualquier persona, mantengo mi fe viva como el fuego. Dios me ha acompañado en mis momentos más difíciles, Él siempre ha estado a mi lado para ilusionarme de nuevo por la vida. Creo en Dios porque siento su amor infinito como un misterio fascinante, que se extiende más allá de nuestro entendimiento racional y cuadriculado. Creo en Dios, pero me pregunto muchas veces si creo en la Iglesia católica. Porque no tengo claro que la Iglesia católica me ofrezca realmente la posibilidad de vivir con alegría mi personalidad, mis sentimientos y mis sueños.

Hace años, en aquél tiempo amargo en que sostenía cada día una lucha contra mi mismo, estas preguntas me supusieron un problema serio. En esos días me miraba al espejo para rechazarme, con palabras de dolor y odio, porque era homosexual y yo estaba convencido de que todo aquello era un error. Rezaba a Dios para que me curase. Le pedía que me convirtiese en una persona normal y que me apartase de esa elección errónea. Leía en los libros que la Iglesia considera que la homosexualidad es un pecado, y yo actuaba en consecuencia, rechazándome a mi mismo por ser un pecador. Y ello me suponía una contradicción que me hacía enormemente infeliz. Esa etapa fue muy difícil para mi, porque sentía que yo era un error, que Dios se había equivocado conmigo, y que yo tenía la culpa de ser así.

La Iglesia católica juzgaba y condenaba la homosexualidad, y a día de hoy, en este siglo, lo sigue haciendo constantemente. Dice que la homosexualidad es un pecado, un desorden, o un problema. Como quiera llamarlo. En aquel tiempo entendí que la Iglesia me negaba el derecho a vivir mi fe en libertad, sintiéndome una persona valiosa y realizada. Me hacía sentir culpable, de manera permanente. La Iglesia me decía que no tenía derecho a recibir el amor de Dios, sino que merecía su condena por mi vida carente de arrepentimiento y corrección. Aquello me hacía sentir enfermo, y yo le pedía a Dios cambiar. Le rezaba y le preguntaba por qué motivo Él se había equivocado conmigo, por qué motivo me había hecho así, defectuoso. Yo quería ser normal.

Pero mi necesidad constante de descubrir, de conocer, de entender, me llevó a leer. Leí entonces muchos libros de todo género de opiniones, tanto a favor como en contra. Quise aprender, y mientras el tiempo pasaba, empecé a encontrar respuestas. Esas respuestas me llevaron a mi aceptación como gay. Y todavía más, me permitieron reconocerme como un hombre libre, digno, y luchador. Supe que había triunfado, cuando pronuncié las palabras “soy gay”, y acto seguido pude sonreír porque ello ya no era un motivo de culpa, sino un motivo de alegría. Ya nadie podría atacarme por ser homosexual, pues es inútil que te ofenda algo que no es motivo de ofensa. Leer me sirvió de mucha ayuda. Comprendí que la homosexualidad no es una elección, pues no existen alternativas, ni preferencias. Y aprendí que la Iglesia tiene mucho, mucho que aprender.

iEn7Fy2rXvxjzPorque un pecado es el robo, el egoísmo o la calumnia. Un pecado es un comportamiento humano que cada persona puede elegir entre realizar o evitar. Y sin embargo, ni yo elegí ser homosexual, ni pude evitarlo de ninguna manera posible. Supe que la homosexualidad no es un pecado, porque no tendría sentido que lo fuese. Porque Dios no me pudo crear en el pecado y con el pecado para mi vida entera. No decidí ser homosexual, como tampoco decidí mi nombre o el color de mi pelo. Nadie, ni si quiera la Iglesia católica, tiene derecho a juzgarnos por aquellas cosas que no elegimos ser. La esencia de nosotros mismos, lo que forma parte de nuestra personalidad, es lo que nos dignifica, y por tanto no puede ser motivo de rechazo, de culpa, y mucho menos de pecado.

Fue entonces cuando un amor infinito, el amor de Dios, me encendió el corazón y comprendí que Dios me quería y juzgaba mis actos, pero no la esencia de mi persona. Dios estaba a mi lado, porque Él no me abandonó nunca. Dios me manifiesta su amor en los momentos más hermosos de cada día, y a través de las personas más maravillosas que han coincidido en mi vida. Pero llegó un momento en que perdí la paciencia y abandoné la Iglesia. Me vi entre la espada y la pared. Mantuve mi fe en Dios, pero perdí mi fe en los hombres que dirigen la Iglesia.

Por tanto, soy creyente y siempre lo he sido. Rezo y leo la Biblia, y trato de aplicar el mensaje de Jesús a cada acto de mi vida. Me cuesta mucho, pero sé que es un mensaje de amor, de libertad y de respeto a la vida propia y a la del resto de personas y seres vivos, por lo que ésa es mi luz.

Pero sí es cierto que a día de hoy he perdido mi fe en la Iglesia de los hombres. He perdido el respeto a una institución que no aprende de sus errores, y que se cree con el derecho de juzgarme sin conocerme, sin molestarse en comprenderme. No creo en una Iglesia que me estigmatiza y me reprocha. No creo en una Iglesia que me condena amparándose en citas de la Biblia, escritos hace miles de años en un contexto social muy distinto al nuestro. También encontraron en la Biblia justificación para las mayores atrocidades y crueldades que ha cometido la Iglesia en su historia: las cruzadas a Tierra Santa, las hogueras de la Santa Inquisición, la teoría del teocentrismo, los ataques a la ciencia, la colonización de América, y la pasividad del Vaticano durante las dictaduras fascistas del siglo XX, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Y ahora justifican en la Biblia la condena a la homosexualidad, descontextualizando sus textos como hicieron en épocas pasadas. No creo en una Iglesia que repite normas arcaicas y que en lugar de extender sus manos a los débiles, a los necesitados, ostenta el derecho de decidir quién merece o no a Dios. No creo en una Iglesia que levanta templos lujosos, que viste con opulencia y despilfarro, cuando Jesús nació en un pesebre y andaba descalzo. Jesús no tenía reparos en arrodillarse para asistir a cualquier ser humano, hombre o mujer, mientras que la Iglesia me estigmatiza y me reprocha tratando de arreglar mi vida cuando no es capaz de solucionar sus propios problemas y escándalos recientes. Pienso en las vidas que la Iglesia católica ha destruido en el nombre de Dios. Pienso en esos hombres que ponen en la voz de Dios palabras que él nunca hubiese dicho. Palabras de odio, de rencor, de furia. ¿Dónde está el amor de Dios? Desde luego no lo encuentro en la Iglesia.

Jesús nunca habló de homosexualidad. Más incluso, en ningún Evangelio se pronuncia Jesús jamás acerca de esta cuestión. Al contrario, el mensaje de Jesús fue un claro llamamiento al amor, para que la fraternidad prevaleciese sobre las diferencias y la reconciliación sobre las luchas entre hermanos. Y no creo en la Iglesia porque ésta se atribuye la verdad como algo propio, como una de sus propiedades y riquezas. La jerarquía de la iglesia católica se cree con el derecho a decidir la voluntad de Dios, a decir que los homosexuales merecen compasión y caridad, que su conducta es desordenada y reprobable. Sus normas arcaicas les impiden ver el mensaje de amor de Jesús.

gay+hug+loveYo creo en Dios, quien me hizo homosexual. Como dice Andrés Goeni, “Dios me prefirió frente a la no existencia”. Él me dio la vida y me dio el don de la homosexualidad. Creo en Dios porque le rezo y me devuelve mi llamada. Alimenta mi fe y me permite vivir mi vida con plenitud. Yo creo en Dios y creo en su firme e infinito amor.

Las condenas de la Iglesia me han hecho muy fuerte desde que me acepté como gay. Cada discurso de un obispo en contra de las personas homosexuales, cada declaración de un cura justificando los reproches a la homosexualidad, me han vuelto una persona más valiente y decidida. Sus ataques me han hecho más seguro de mi mismo, de lo que soy y lo que quiero ser. En sus insultos encuentro mi coraje.Publiqué esta reflexión personal con un único fin: que la persona que tenga la paciencia de leerla, si estuviese pasando por la situación que yo pasé, sepa que existe la esperanza. Que no se rinda, porque tarde o temprano siempre llega ese momento en que recibes respuestas, en que aprendes a amarte, y en que descubres que eres más fuerte de lo que te habían hecho creer. Quiero decirte, a ti que has leído esto, que el amor que tienes en tu corazón es más poderoso que tu miedo. Mantén la esperanza, porque ese es el camino que te llevará a donde te propongas. No te rindas jamás. Y créeme, por experiencia propia te aseguro que todo mejora.

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Dar y Recibir

sábado, 25 de julio de 2015
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Es importante saber cuándo prestar atención y cuándo la necesitamos. Frecuentemente nos sentimos inclinados a dar y a dar, sin pedir nada a cambio. Podemos pensar que eso es un signo de generosidad o incluso heroísmo. Pero es muy posible que no sea más que una actitud orgullosa que dice ‘No necesito ayuda de nadie. Lo único que quiero es dar‘.

Cuando damos sin recibir, enseguida nos quemamos. Tan sólo cuando prestamos una cuidadosa atención a nuestras propias necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales podemos ser, y seguir siendo, donantes gozosos.

Hay un tiempo para dar y un tiempo para recibir. Necesitamos el mismo tiempo para ambas cosas, si lo que queremos es llevar una vida sana.»

*

Henri Nouwen

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Ofrecer la vida, elegir el amor

viernes, 24 de julio de 2015
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19707566032_1fec37a6e2_mQueridos amigos: durante estos meses, el blog se actualizará cada quince días. ¡Feliz verano para todos!

En 1895, Teresa de Lisieux tomó una decisión importante que iba a afectar a su propia vida pero, también, a su mundo más próximo, a sus hermanas de comunidad. Una decisión que, finalmente y de modo insospechado para ella, iba a traspasar los muros de su convento, las fronteras de la cristiandad de su Francia natal e incluso los límites de la Iglesia Católica.

Parece desproporcionado y, sin embargo, es real. No hay nada que tenga más fuerza que una vida entregada, una vida hecha de tiempo y carne, de gestos concretos y esfuerzo, de elecciones cotidianas y opciones trabajadas. Teresa decidió ofrecer lo más valioso que tenía: a sí misma, su propia vida y regalárselo a la misericordia o, como decía ella, al «amor misericordioso de Dios», para que la repartiera.

No ocultó las muchas batallas que libró consigo misma para que el sí que daba, fuera un sí con toda su vida. Y, en cambio, intuyó que vivir de ese modo, cogida por el amor y entregada a él, era formar parte de una onda expansiva que no tenía límites.

Tenía experiencia de la misericordia, de lo que es capaz de despertar la bondad divina en los seres humanos. De cómo mueve y transforma, y de cómo cura, porque Teresa había permitido que la misericordia labrase su interior y había aceptado la purificación continua del amor, al elegir la gratuidad como su modo de ser en el mundo.

Su propia vida le decía que el amor es lo que hace dignos a los seres humanos y lo único que los hace santos al modo del único santo: Jesús. Por eso, escribía: «Sé también que el fuego del amor tiene mayor fuerza santificadora que el del purgatorio. Sé que Jesús no puede desear para nosotros sufrimientos inútiles».

Así es como Teresa tomó la decisión de ofrecer su vida: desde la experiencia del desproporcionado amor de Dios. Hablando a Jesús, decía: «Déjame que te diga que tu amor llega hasta la locura… ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza…?».

Esa confianza le dio alas para comprometer toda su vida, para poder decir: hago «ofrenda de mí misma», una ofrenda de amor. Teresa había comprendido que lo único que agrada a Dios es el amor, que ese es su modo de comunicarse y el camino humano para unirse a Él. Por eso, escribía dirigiéndose a Dios: «Creo que te sentirías feliz si no tuvieses que reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti».

Quien vive con un Dios así, que –como decía Juan de la Cruz– «el lenguaje que más oye solo es el callado amor», entiende que aprender esa lengua es el camino de vida verdadera. Desde esa experiencia, escribirá Teresa: «No quiero acumular méritos para el cielo, quiero trabajar solo por tu amor».

Esa es la ofrenda que hace ella: elegir cada día el amor. Y entiende que hay que elegirlo allí donde uno se encuentra y haciendo lo que tiene a mano, en vez de soñar con lo que no está al alcance. Por eso, le habla a su hermana Celina de amar buscando «pequeñas ocasiones, naderías que agradan a Jesús… una sonrisa, una palabra amable cuando tendría ganas de callarme o de mostrar un semblante enojado».

Teresa llevó al extremo el amor que sentía por Jesús, dándole concreción en su vida. Eligió ser amable, es decir, hacer agradable la vida, facilitar las cosas, mostrar afecto, colaborar abiertamente con todos los que le rodeaban pero, especialmente, con aquellas personas que no podían devolverle la amabilidad. Prefirió estar con «los pobres, los lisiados, los ciegos y los paralíticos» de los que hablaba Jesús, con aquellos que tenían carencias poco agradables y no podían «pagar» su afecto.

Por todo esto –y más que desvela una lectura profunda del mismo–, el «acto de ofrenda al amor misericordioso» que escribe Teresa, dos años antes de morir, es un testamento de amor y una confesión de fe en el Dios entrañable del que hablaba Jesús.

Solo a ese Dios podía Teresa entregar su vida, sabiendo que Él la uniría a la suya, entregada por todos. Solo a ese Dios podía decirle: «Quiero, Amado mío, renovarte esta ofrenda con cada latido de mi corazón y un número infinito de veces, hasta que las sombras se desvanezcan y pueda yo decirte mi amor en un cara a cara eterno».

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La vida

jueves, 23 de julio de 2015
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«Es curioso que la vida,

cuanto más vacía,

más pesa».

*

León Daudí

***

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Buscando la fuente

miércoles, 22 de julio de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

buscando la fuente

Así como el calor del verano es pesado,
Nuestra vida se vuelve más pesada
volviéndose más fecunda.
Dios mío, ayúdanos a llevar su peso
Como llevamos el peso de los días de verano.
Ayúdanos a llevar sus tendencias contradictorias,
Como se lleva una tormenta que no dura.
Ayúdanos a volver sin cesar a tu gracia
Como a la única fuente fresca

*

Madeleine Delbrêl

***

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Progreso espiritual

martes, 30 de junio de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

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«Conmigo,

un cambio exterior de vida

se convierte en ocasión

de un nuevo progreso espiritual. »

*

El 16 de junio, Vivir por el Espíritu.

***

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Escoger

sábado, 27 de junio de 2015
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«Yo escojo hacer del resto de mi vida

lo mejor de mi vida».

*

Louise Hay

(Del blog Lo que me gusta y no me gusta)

***

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La Vida eterna

sábado, 20 de junio de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

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De la Vida eterna, no sé gran cosa,
sino que el hombre nunca más será un lobo para el hombre.
El hombre nunca más agobiará, no juzgará,
no humillará a su hermano,
el Absoluto saciará nuestro corazón,
veremos por todas partes sus reflejos.

De la Vida que viene, no sé gran cosa
sino que nuestro cuerpo no sabrá gemir más .
Nunca más esta angustia que nos aprieta la garganta…
Las largas noches con estos recuerdos crueles
de demasiadas grandes felicidades perdidas,
las noches que no acaban…
«Dios enjugará toda lágrima de sus ojos.
No habrá más muerte.
Porque el mundo viejo se ha ido. «

De la Vida que vendrá, no sé gran cosa,
sino que la dulzura habrá ganado sobre la violencia.
El fuerte no atropellará más al débil.
¡No habrá más débiles!
Los hombres se declararán la Paz.
«El niño jugará sobre la cueva del áspid.»
Cada uno se encantará con la diferencia del otro,
las parcelas de la verdad, como un puzzle terminado,
serán reconciliadas.
«Las grandes aguas no podrán apagar el Amor,
ni los ríos lo anegarán. «

De la Vida que te espera, no sé más que una cosa.
Dios será todo, en todos,
el Amor será todo para cada uno.
El hombre habrá encontrado la pasarela
que lleva al corazón de su hermano
y que tiene el nombre Espíritu Santo.
«Y esta alegría, que nadie les podrá quitar.»

*

Stan Rougier

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«La prevención del suicidio: vivir es la mejor opción», por Leonardo Boff, teólogo y escritor

sábado, 20 de junio de 2015
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homemLeído en la página web de Redes Cristianas

El periodista André Trigueiro tiene dos pasiones: la causa ambiental y la prevención del suicidio. En el fondo se mueve por un único gran amor: el amor apasionado por la vida, bien sea la de la naturaleza o la del ser humano en riesgo.

El amor a la naturaleza se materializa través de su programa, tal vez el mejor del género en la televisión nacional sobre el ambiente, transmitido por Globonews con el título Ciudades y Soluciones.

El amor por el ser humano en riesgo de suicidio se muestra a través de su actuación en el Centro de Valoración de la Vida (CVV) de Río de Janeiro y por este espléndido libro cuyo título lo dice todo: Vivir es la mejor Opción: la prevención del suicidio en Brasil y en el mundo (Editorial Espírita, São Bernardo do Campo 2015).

No conozco en la literatura accesible un texto más minucioso, analítico, inspirador y sustentador del amor y de la esperanza por la vida que este de André Trigueiro.

Para empezar, se comporta como un periodista concienzudo: recoge, en las fuentes más seguras, los principales datos referentes al suicidio en Brasil y en el mundo. Seguidamente analiza los factores y las causas que llevan a las personas a buscar su propia muerte. Y finalmente, sugiere y propone caminos de acompañamiento y de superación. Como una especie de apéndice, pero sin ningún propósito proselitista, expone didácticamente la visión espírita del suicidio, cómo ella le ayudó personalmente a ser más humano y espiritual, y cómo el suicida es tratado por la doctrina.

Primeramente rompe el tabú y el silencio que rodean el fenómeno mundial del suicidio. La prevención se hace con información. Hablar del suicidio como hablamos del sida ayuda a eventuales suicidas a evitar este camino. Pero no basta hablar. Se trata de hablar, como lo demuestra en su texto, con sumo respeto, lleno de comprensión y de compasión, evitando cualquier dramatización y espectacularización excesivas.

Los datos nos obligan a hablar del suicidio pues por su gran frecuencia se ha convertido en un problema de salud pública, raramente incluido en los planes sanitarios de los gobiernos. Los últimos datos accesibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son de 2012. Ahí se dice que hay cerca de 804 mil casos por año, lo que viene a dar un suicidio cada 40 segundos, y además un intento de suicidio cada dos segundos.

En Brasil son 11.821 casos al año, lo que equivale a 32 por día especialmente en la Amazonia, en Paraíba, en Bahía y en Rio Grande del Sur.

En una perspectiva global, después de los accidentes de tráfico, el suicidio es la causa principal de mortalidad, abarcando todas las edades, pero afectando principalmente a los jóvenes entre 15-29 años, que representan el 8,5% de las muertes en el mundo.

Viver é a Melhor Opção - A Prevenção do Suicídio no Brasil e no MundoEste hecho desafía a la inteligencia humana: ¿cómo es posible que un ser llamado a la vida, el don más precioso que existe en el universo, pueda buscar la eliminación de su propia vida? Aquí se hace necesaria una comprensión realista de la condición humana, hecha de luz y de sombras, de éxitos y de fracasos, de esperanza y de desesperación. Este dato no es un defecto de nuestra naturaleza, sino la forma como está constituido nuestro mismo ser, mortal, finito, imperfecto y siempre en camino de perfección. Son innumerables las causas que llevan a las personas a buscar el suicidio: la inundación de la dimensión de sombra, trastornos psicológicos, enfermedades incapacitantes, profundas decepciones y prolongadas depresiones. Pero más que todo, la pérdida del sentido de la vida que suscita en las personas vulnerables el impulso de desaparecer. A veces quitarse la vida es una forma de buscar un sentido que les ha sido negado en esta vida. De ahí, nuestro respeto ante quien toma tal decisión, no por cobardía, sino por amor a una vida supuestamente mejor que esta.

Pero André Trigueiro sustenta con determinación y profunda esperanza esta tesis: en la mayoría absoluta de los casos, los suicidios son prevenibles.

En este contexto detalla varios caminos desarrollados especialmente por los Samaritanos de Londres y por el Centro de Valoración de la Vida (CVV), ambos de origen espírita, pero sin intención de conquistar para ese camino espiritual. Estas dos instituciones principales, compuestas por voluntarios (solo los 70 puestos en Brasil atienden de media unas 800 mil llamadas de teléfono o por internet al año), son las que se dedican directamente a la prevención del suicidio. Los valores que las inspiran son profundamente humanísticos y ético-espirituales: la comprensión, la acogida, la escucha, la fraternidad, la cooperación, el crecimiento interior y el ejercicio de la vida plena.

Solo lo que refuerza la vida puede salvar la vida en peligro. Es válida la tesis de Triguero: «vivir es la mejor opción».

Es mérito de André Trigueiro no solo transmitirnos ese mensaje de esperanza y de escucha sino también vivirlo concretamente en su propia vida.


Traducción de MJ Gavito Milano

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La tragedia de la vida

jueves, 18 de junio de 2015
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«La tragedia de la vida

no es que termina tan pronto,

sino que esperamos tanto

para comenzarla.»

*

W.M.Lewis

Texto y fotografía del blog Lo que me gusta y no me gusta

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Percepciones

miércoles, 17 de junio de 2015
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Del blog Pays de Zabulon:

Perception

« Es bueno distinguir tres niveles de percepción del mundo que nos rodea. Hay una real (la de Dios), que jamás veremos. Luego a partir de las manifestaciones parciales de esta realidad, cada uno de nosotros organiza su propia visión de lo que creemos que ser la realidad. Por último, elaboramos un discurso para compartir con otros lo que vivimos. Existe una diferencia entre estos tres niveles, Dios, la realidad construida y las intenciones que mantenemos. Salvo para Jesús que se sitúa a la vez en Dios, en su época y a través de las intenciones mantenidas con unos y otros. Concentrándonos en su mensaje, corremos el peligro de quedarnos sólo en el nivel más superficial, mientras que Él ha venido para dejarnos entrever que Dios es mucho más grande, y desea compartir con nosotros una relación de ser a ser. «

*

Jacques Poujol
entrevistado por el diario La Vie

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Trinidad y/5. Trinidad. Dios Persona en la vida de los hombres

lunes, 8 de junio de 2015
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TrinidadDel blog de Xabier Pikaza:

La Trinidad es la forma de ser persona en Dios (y de Dios):

‒ Cerrado en su identidad individual o puramente humana, el hombre no sería persona, en el sentido radical de la palabra. Todos los intentos de fundar su personalidad del hombre separándole de Dios (por dominio de sí, trabajo material o puro encuentro intramundano) son al fin insuficientes, en sentido cristiano. Quizá podamos añadir que, en un plano puramente antropológico, el hombre (varón/mujer) es un camino de búsqueda personal, un ser que tiende a sí mismo, desde y con los otros, no una persona estricta, pues esa palabra (persona), elaborada en perspectiva teológica (aplicada a Cristo de forma trinitaria), sólo puede entenderse en relación con el Dios de Jesús.

‒ El hombre es persona, en sentido cristiano, haciéndose persona en Dios, por medio de Cristo, que la primera persona humana (desde el Padre-Dios, que es primera persona trinitaria). Jesús despliega, así, en forma humana el misterio divino del Hijo de Dios, realizando al mismo tiempo, en forma divina, su relación plena con los hombres. Sólo en su encarnación (es decir, en su historia personal) se puede afirmar que él es persona divina siendo, al mismo tiempo (surgiendo así en la historia como) persona humana. En esa línea decimos que él ha podido realizar y ha realizado, en plenitud, en una historia humana su mismo itinerario personal de Hijo de Dios (y que él ha realizado en forma divina su itinerario humano) .

De esta forma culmina la reflexión trinitaria, que me ha venido ocupando en los últimos días. Gracias a todos los que me han seguido en este camino fuerte de «estudio» del Dios cristiano.

1. Tema de nuestro tiempo, un tema “eterno”.

Estas reflexiones podía haber terminado la postal anterior, pero he querido añadir, casi a modo de apéndice, unas ideas sobre la identidad del Espíritu Santo, en línea de esperanza, evocando abriendo un camino de estudio sobre la persona y tarea del Espíritu Santo (Señor y Dador de Vida, Concilio de Constantinopla I), que no ha sido todavía suficientemente analizado, y menos aún resuelto, por la teología.

La primera idea que debemos tener firme es que, como sabe la tradición teológica, las personas de la Trinidad no son unívocas (las “tres” iguales), sino que cada una “es” de una forma distinta, el Padre como ingénito que engendra, el Hijo Jesús como engendrado que entrega la vida al Padre, dándola a los hombres, y el Espíritu como el amor que procede del Padre (por el Hijo), abriendo un camino de historia y comunicación interhumana, impulsando por dentro a los hombres para que sean personas en comunión y esperanza de vida.

(a) Una tradición que va de San Agustín a Santo Tomás (con K. Barth y K. Rahner) tiende a decir que, en sentido estricto, Dios es sólo una persona, que se revela en tres modos internos de subsistencia.

(b) Pues bien, en contra de eso, en la línea de Ricardo de San Víctor y Juan de la Cruz, vengo afirmando que Dios es Uno siendo comunión de personas, del Padre con el Hijo Jesús, en el Espíritu Santo, abriendo así un camino en el que su misma realidad eterna (inmanencia) se expresa e identifica con su economía (con el despliegue de la historia de la salvación).

En esa línea he venido diciendo que ser persona es un estar abierto no sólo hacia el futuro de uno mismo y de los otros, sino al mismo Dios, como ha puesto de relieve una tradición teológica, que podemos centrar en Joaquín de Fiore, monje calabrés que en el siglo XII, que anunciaba el cumplimiento definitivo de la historia desde una perspectiva trinitaria: ha pasado el tiempo del Padre, que vino a definirse como servidumbre; también se ha realizado ya el tiempo del Hijo, desplegado como infancia o sumisión filial; viene ahora el reino del Espíritu, abierto hacia la plena libertad en el amor. Pues bien, en ese itinerario de Dios, que se desvela plenamente como Espíritu en la historia de los hombres, estamos implicados nosotros, no sólo de una forma contemplativa (conocer el misterio), sino activa, comprometiéndonos con Dios y por Dios, en la línea ya evocada al tratar de San Juan de la Cruz y de Etty Hillesum, cuando decía que “tenemos que ayudar a Dios”.

Con esto hemos entrado, imperceptiblemente, en un dominio nuevo. Hemos pasado de un plano más teórico, en el que importan las definiciones conceptuales bien precisas, al espacio de la praxis donde las cosas sólo se entienden comprometiéndose por ellas, dejándose cambiar en el intento de cambiar el mundo y conociendo en la medida en que uno hace (se hace). Este cambio de nivel, que puede entenderse como ruptura epistemológica, nos capacita para interpretar cristianamente el misterio del Espíritu, en línea de compromiso creyente y de transformación de la historia.

En esa línea he venido suponiendo que el hombre tiene, por su misma humanidad, una estructura personal abierta hacia el misterio, de manera que puede escuchar a Dios si Dios le habla (como supone K. Rahner). Pero la verdad concreta de su vida, la realidad de su persona, sólo puede entenderse como resultado de la gracia, como inclusión en el misterio Trinidad por medio de Jesús, el Cristo, en una historia. En sentido originario podríamos decir no existen más personas que las trinitarias: el encuentro de Dios Padre con el Hijo en (por) el Espíritu. Por eso, los hombres sólo pueden ser personas, como dueños de sí mismos en un gesto de apertura hacia los otros, en apertura radical al Dios de Cristo, superando así las barreras de la muerte, si es que se introducen (de un modo consciente o sin saberlo) en la vida del misterio trinitario (tal como se expresa en la pascua de Jesús).

Ciertamente, el tema de la persona se puede situar en otros planos: familiares y sociales, jurídicos y económicos… Pero sólo adquiere su verdadero contenido cristiano y su verdad en Jesucristo, en referencia mesiánica (en perspectiva trinitaria). Así decimos que, en sentido radical, el hombre es libre porque está abierto al infinito, per ser hijo de Dios Padre que le ha “redimido”, es decir, la ha creado plenamente en Jesucristo, concediéndole dignidad infinita; es persona porque él puede y debe realizarse como hijo de Dios, desde la experiencia de su Espíritu. Leer más…

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«¿Y a Dios quién lo creó?», por José Arregi

domingo, 7 de junio de 2015
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20110913Leído en su blog:

Hace poco todavía, padres y educadores enseñaban a los niños que “el mundo ha sido creado por Dios”. Sucedía a menudo que un niño o una niña preguntaba entonces: “¿Y a Dios quién lo creó?”. “A Dios no lo ha creado nadie –respondía el adulto –. Dios es eterno. Es posible que el niño quedara entonces callado, pero ¿quedaba satisfecho el interés de su pregunta? Seguro que no. Apostaría que tampoco el adulto quedaba tranquilo con lo dicho, por mucha seguridad que fingiera.

Con un poco más de malicia, el niño o la niña hubiera podido seguir interrogando: “Si existe un Dios no creado por nadie, ¿por qué no podría existir un mundo no creado por nadie, un mundo infinito y eterno, como Dios?. Ahí el adulto se las vería y desearía para responder. Los niños carecen de respuestas a sus numerosas preguntas, pero si nuestras respuestas no les valen, es que tampoco nos valen a nosotros.

Seamos honestos con el niño que somos, y con las preguntas que llevamos, más sabias que las respuestas que fabricamos tan afanosamente. Preguntemos, como los niños: “¿Quién creó al ‘Dios creador’?”. No es una cuestión tan insensata como puede parecer. Hoy conocemos justamente la respuesta, si bien ésta no resuelve el enigma de la Realidad, sino que más bien lo ahonda. Sí, sabemos con bastante exactitud cuándo nacieron los “dioses” en plural (politeísmo) y “Dios” en singular (monoteísmo). Y sabemos quién los hizo.

Los primeros panteones divinos fueron imaginados y esculpidos, descritos y venerados en Mesopotamia (actual Irak) hace 5000 años. Y la figura del “Dios único” fue concebida y adorada en Persia (actual Irán) hace 3000 años por el admirable profeta, filósofo y maestro ético Zoroastro. Se llamaba Ahura Mazda, el Señor Sabio, y con ese nombre es adorado hoy todavía, y el fuego es su imagen.

Quinientos años más tarde, una divinidad particular hebrea llamada Yahveh revistió –“Dios” también evoluciona– esa figura de divinidad única que hemos heredado los cristianos y también los musulmanes: un “Dios” creador que elige y rechaza, que se revela y oculta, que perdona y castiga, que salva en el cielo y condena al infierno. (Abrahán no cuenta, pues, aparte de que su historicidad se pierde en una espesa nebulosa, los relatos bíblicos que se refieren a él y al supuesto culto que profesaba a una única divinidad –sin negar, por cierto, que existieran otras– fueron escritos más de mil años. Tampoco cuenta el faraón egipcio Amenofis IV, llamado Akenatón, 500 años antes de Zoroastro, pues su intento político de imponer el monoteísmo no fue aceptado ni secundado).

Ésa es, pues, 14 líneas, la historia del “dios creado” en los últimos cinco mil años. ¿Dios creado? Sin duda. Y que nadie se escandalice, pues todos los grandes teólogos de todas las religiones así lo han enseñado durante estos milenios. Todo lo que pensamos e imaginamos como Dios no es más que “dios”: constructo cultural humano. Pero las preguntas no se agotan. ¿Y si “Dios” no fuera más que un nombre –un simple nombre común, creado– de la Creatividad increada, una torpe manera de decir el Infinito o el Misterio Innombrable, el Aliento o el Espíritu que crea y mueve todo, el Ser y el poder ser de cuanto es, el Presente o el Silencio, la Fuerza y la Mansedumbre, el Poder y la Ternura, el poder de la ternura?

¿Y este mundo que vemos? Los niños de hoy, en cuanto empiezan a formular preguntas, aprenden que este mundo surgió del Big Bang, y me parece muy bien. Es necesario que lo sepan, pues está (prácticamente) demostrado, y los ecos de aquella formidable explosión –primera o enésima, nadie lo sabe– son todavía perceptibles. Lo que me extrañaría sería que con esa explicación, tan útil y necesaria, los niños y los jóvenes de hoy se quedaran satisfechos del todo; que con la teoría del Big Bang, tan genial y bella, se agotaran las preguntas. Cuando se agotan las preguntas se pierde el camino de la sabiduría. En cuanto a las respuestas, solo son buenas aquellas que suscitan nuevas preguntas.

Con el Big Bang no se agotan las preguntas. Por ejemplo: ¿Por qué se produjo el Big Bang que dio lugar a nuestro mundo? ¿Qué había cuando aún no había antes y después, aquí o allá, espacio y tiempo? Son preguntas apasionantes, pero no busques en “Dios” la respuesta a ésas ni a ninguna otra pregunta. Un “Dios” que sirviera para responder a alguna pregunta será siempre creación nuestra, como las esculturas de Nippur. En cuanto nombrado y representado, “Dios”, todo “dios” es un “dios” creado por los seres humanos: por su ADN y sus neuronas, su pensamiento y su imaginación, sus miedos y deseos, por lo mejor y lo peor de este pobre y admirable ser humano que somos. Todo “dios” dicho e imaginado, el “dios” de todos los “textos sagrados”, de todos los dogmas, de todas las liturgias, es una criatura humana, al igual que la danza o la música, la pintura o el poema. Solo valen si inspiran. Solo valen si nos arrebatan al más allá sin más allá, a lo Indecible en la palabra, a lo inimaginable en la imagen.

No busques en Dios ninguna respuesta a ningún cómo y por qué. Mira el mundo. Escucha el eco del Big Bang en las galaxias y en los bosones. Escucha ese pájaro. Mira cómo crecen el trigo y el pan. Mira esa pareja, la ternura creciendo en sus ojos y en sus manos. El mundo existe. La Vida existe. La belleza y la Ternura existen. He ahí Dios, el Aliento increado creándose sin cesar en todo, también en nosotros, para que la bondad sea más fuerte.

Cuando alguien se abre como un niño a todas las grandes preguntas y no pretende poseer ninguna respuesta, pero guarda su alma en paz y en paz se dedica a aliviar el dolor de su prójimo y a curar las heridas del mundo, entonces hace presente y visible a Dios en el mundo. No el “dios” de nuestras imágenes y palabras, sino el Misterio que es en todo, más allá de toda filosofía y de toda religión. El Misterio creador, restaurador, consolador en el que vivimos, nos movemos y somos. Y que hacemos ser. Pues el respiro solo existe cuando los seres respiran.

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