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¿Será la suerte?

Martes, 13 de marzo de 2018

Del blog de Henri Nouwen:

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“La alegría es lo que hace que la vida valga la pena de ser vivida, pero son muchos a los que les resulta difícil encontrarla. Se quejan de que sus vidas son tristes y deprimentes. ¿Qué es entonces lo que puede proporcionarnos la alegría que tanto ansiamos? ¿Es, simplemente, que algunas personas tienen más suerte que nosotros, mientras que otros somos más desafortunados?

Aunque puede sonar extraño, podemos escoger la alegría.

Dos personas pueden estar implicadas en un mismo hecho, pero una de ellas puede elegir vivirlo de forma totalmente distinta a la otra. Una puede elegir confiar que el hecho, por más que pueda resultar doloroso, contiene una promesa. El otro puede optar por la desesperanza y verse destruído por ella.

Lo que nos hace humanos es, precisamente, esa libertad de elección.”

*

Henri Nouwen

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Siempre la vida

Sábado, 15 de julio de 2017

Del blog de Henri Nouwen:

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 “ESCOGE LA VIDA, ese es el llamamiento de Dios dirigido a nosotros y no hay un momento en que no haya que tomar esa decisión.

Dice Dios:

(Deuteronomio 30,19).

Vida y muerte las tenemos siempre delante. En nuestra imaginación, en nuestro pensamiento, en nuestras palabras, en nuestros gestos, en nuestras obras…incluso en lo que NO hacemos.

Esta elección de vida empieza en lo más íntimo de nosotros. Por debajo de una conducta vital muy afirmativa, puedo albergar pensamientos y sentimientos de muerte.

Lo más importante no es preguntarse ¿mataré? sino ¿llevo una bendición, o una maldición en mi corazón?. La bala que mata no es más que el instrumento final del odio que se inició en mi corazón mucho antes de haber levantado el revólver.”

*

Henri Nouwen

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De la familia de Jesús.

Domingo, 31 de enero de 2016

jesus-abrazo-2Jesús es sorprendente, por lo menos a mí a veces me deja sin habla. La libertad de la que goza es admirable. La gente se burla de él, le acusan, le dejan de lado, su familia cree que está mal de la cabeza,… y él,… nada, hacia adelante, fiel, eternamente fiel.  Cuando le aplauden y le vitorean se esconde, cuando lo buscan para apresarlo se entrega, cuando le niegan sus amigos él da su vida por ellos…

Esa debe de ser la libertad de los hijos de Dios, la que da la fidelidad sin condiciones a la voluntad de Dios. Nos anima, nos invita, a ser sus hermanas, su madre, su familia (Mc. 3, 31-35). No es una oposición, no hay notas ni límite de plazas, únicamente pide que cada uno, que cada una, cumpla con la voluntad del Padre. Y ahí está lo mejor, porque la voluntad de Dios para cada cual es que sea feliz. Pero no una felicidad del momento, hueca, de aire. Dios no juega con nuestra existencia, lo quiere todo, quiere la vida plena para cada una de sus criaturas.

No te engañes, ni te autojustifiques, ni te escondas; más bien, confía, escucha el susurro de su voz pausada, fiel y vibrante. Ponte en sus manos y sigue el camino que te propone, pero hazlo con valentía, sin medias tintas.

Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

(Sal. 27)

¿Complicado?, más bien digamos que es un compromiso, un entrega de las de verdad, a corto y también a largo plazo. Pero él no duda de nuestra capacidad, simplemente nos da la posibilidad de elegir.

¿Qué eliges?

Fuente: Monjas trinitarias de Suesa

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Ofrecer la vida, elegir el amor

Viernes, 24 de julio de 2015

19707566032_1fec37a6e2_mQueridos amigos: durante estos meses, el blog se actualizará cada quince días. ¡Feliz verano para todos!

En 1895, Teresa de Lisieux tomó una decisión importante que iba a afectar a su propia vida pero, también, a su mundo más próximo, a sus hermanas de comunidad. Una decisión que, finalmente y de modo insospechado para ella, iba a traspasar los muros de su convento, las fronteras de la cristiandad de su Francia natal e incluso los límites de la Iglesia Católica.

Parece desproporcionado y, sin embargo, es real. No hay nada que tenga más fuerza que una vida entregada, una vida hecha de tiempo y carne, de gestos concretos y esfuerzo, de elecciones cotidianas y opciones trabajadas. Teresa decidió ofrecer lo más valioso que tenía: a sí misma, su propia vida y regalárselo a la misericordia o, como decía ella, al «amor misericordioso de Dios», para que la repartiera.

No ocultó las muchas batallas que libró consigo misma para que el sí que daba, fuera un sí con toda su vida. Y, en cambio, intuyó que vivir de ese modo, cogida por el amor y entregada a él, era formar parte de una onda expansiva que no tenía límites.

Tenía experiencia de la misericordia, de lo que es capaz de despertar la bondad divina en los seres humanos. De cómo mueve y transforma, y de cómo cura, porque Teresa había permitido que la misericordia labrase su interior y había aceptado la purificación continua del amor, al elegir la gratuidad como su modo de ser en el mundo.

Su propia vida le decía que el amor es lo que hace dignos a los seres humanos y lo único que los hace santos al modo del único santo: Jesús. Por eso, escribía: «Sé también que el fuego del amor tiene mayor fuerza santificadora que el del purgatorio. Sé que Jesús no puede desear para nosotros sufrimientos inútiles».

Así es como Teresa tomó la decisión de ofrecer su vida: desde la experiencia del desproporcionado amor de Dios. Hablando a Jesús, decía: «Déjame que te diga que tu amor llega hasta la locura… ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza…?».

Esa confianza le dio alas para comprometer toda su vida, para poder decir: hago «ofrenda de mí misma», una ofrenda de amor. Teresa había comprendido que lo único que agrada a Dios es el amor, que ese es su modo de comunicarse y el camino humano para unirse a Él. Por eso, escribía dirigiéndose a Dios: «Creo que te sentirías feliz si no tuvieses que reprimir las oleadas de infinita ternura que hay en ti».

Quien vive con un Dios así, que –como decía Juan de la Cruz– «el lenguaje que más oye solo es el callado amor», entiende que aprender esa lengua es el camino de vida verdadera. Desde esa experiencia, escribirá Teresa: «No quiero acumular méritos para el cielo, quiero trabajar solo por tu amor».

Esa es la ofrenda que hace ella: elegir cada día el amor. Y entiende que hay que elegirlo allí donde uno se encuentra y haciendo lo que tiene a mano, en vez de soñar con lo que no está al alcance. Por eso, le habla a su hermana Celina de amar buscando «pequeñas ocasiones, naderías que agradan a Jesús… una sonrisa, una palabra amable cuando tendría ganas de callarme o de mostrar un semblante enojado».

Teresa llevó al extremo el amor que sentía por Jesús, dándole concreción en su vida. Eligió ser amable, es decir, hacer agradable la vida, facilitar las cosas, mostrar afecto, colaborar abiertamente con todos los que le rodeaban pero, especialmente, con aquellas personas que no podían devolverle la amabilidad. Prefirió estar con «los pobres, los lisiados, los ciegos y los paralíticos» de los que hablaba Jesús, con aquellos que tenían carencias poco agradables y no podían «pagar» su afecto.

Por todo esto –y más que desvela una lectura profunda del mismo–, el «acto de ofrenda al amor misericordioso» que escribe Teresa, dos años antes de morir, es un testamento de amor y una confesión de fe en el Dios entrañable del que hablaba Jesús.

Solo a ese Dios podía Teresa entregar su vida, sabiendo que Él la uniría a la suya, entregada por todos. Solo a ese Dios podía decirle: «Quiero, Amado mío, renovarte esta ofrenda con cada latido de mi corazón y un número infinito de veces, hasta que las sombras se desvanezcan y pueda yo decirte mi amor en un cara a cara eterno».

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“Una elección de amor”, por Gema Juan OCD

Jueves, 25 de diciembre de 2014

16057272001_9d147d8d58_mDe su blog Juntos Andemos:

A todos los que compartís este espacio: ¡Feliz Navidad! y que entre todos hagamos un 2015 más fraterno.

Primero fue el asombro, y despertó el amor. Después, una intimidad apasionada que iba a transformar su vida y, finalmente, una complicidad creciente que se volvió fidelidad y solidaridad. Ese fue el recorrido que hizo Teresa de Jesús, al ir descubriendo al Dios hecho carne.

Decía: «Muchas veces he pensado espantada de la gran bondad de Dios, y regaládose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia». Para ella, la mayor misericordia de Dios, la máxima expresión de su bondad, había sido el regalo de Jesús: «Basta lo que nos ha dado en darnos a su Hijo, que nos enseñase el camino». Dios, con excesivo amor, ha dado cuanto es en Jesús y en Él ha abierto un camino nuevo a la humanidad.

Esa desmesura le hizo a Dios tomar carne, una carne –pensaba Teresa– como la suya. Por eso, decía: «Veía que, aunque era Dios, que era hombre». Así, Jesús se hizo «uno de tantos», de tal modo que «no le ha quedado por hacer ninguna cosa» por nosotros. «¡Bendita sea su misericordia que tanto se quiere humillar!» —exclamará.

Cuando Teresa hable de abajarse, de humillarse, estará siempre pensando en Dios, que «abajándose a comunicar con tan miserables criaturas, quiere mostrar su grandeza». La grandeza de Dios es descender amorosamente y entrar en conversación con los seres humanos. La verdadera humillación está ligada a la comunión.

Y pensará también en Jesús, en «las grandezas que hizo de abajarse a Sí para dejarnos ejemplo de humildad». La humildad que Teresa descubre en Jesús es una elección de amor y semejanza: «Como nos ama, hácese a nuestra medida». Es la decisión de «pasar de sí al Amado», que será la definición que dé Juan de la Cruz del amor. Puesto que Dios ama primero, Él es el que pasa de sí a los seres humanos, para que todos puedan pasar a Él.

Teresa descubre a un Jesús concreto: con historia, con cuerpo. Un hombre que trabajó con sus manos de hombre, pensó con su entendimiento de hombre, amó con su corazón de hombre. Que, nacido de María Virgen, se hizo uno de nosotros . Alguien de quien ella podía enamorarse y a quien podía «tratar como [con] amigo, aunque es Señor» Alguien a quien unirse y a quien podía decir: «Juntos andemos, Señor; por donde fuereis, tengo de ir; por donde pasareis, tengo de pasar».

Pero sabía que no es fácil reconocer la carne de Dios. No lo fue cuando apareció en un lugar pobre del mundo. Y tampoco a lo largo de su vida, por eso Teresa decía: «Solo le dejaron en los trabajos… parece le querrían tornar ahora a la cruz», porque no se le reconoce.

Pensando en aquel nacimiento, humilde y anónimo, Teresa escribía: «No veía el justo Simeón más del glorioso niño pobrecito; que en lo que llevaba envuelto y la poca gente con Él que iban en la procesión, más pudiera juzgarle por hijo de gente pobre que por Hijo del Padre celestial».

Rahner decía que el ambiente en que Jesús nació era estrecho, ordinario y sofocantemente monótono. Ni siquiera su pobreza fue extraordinaria. Y que Dios había elegido la angostura del tiempo. Otra vez, una elección de amor: la que hacía posible la comunicación con quienes solo entienden «vías de carne y tiempo», como diría Juan de la Cruz.

Reconocer a Dios en la carne y el tiempo, «conocer algo de quién es este Señor y bien nuestro», era lo que deseaba Teresa y sabía que la única forma de conocer y reconocer a Jesús era siguiéndole. Por eso decía: «Parezcámonos en algo a nuestro Rey, que no tuvo casa sino en el portal de Belén adonde nació y la cruz adonde murió».

Y recordaba que «regalarle y hacer por Él» era vivir lo «dicho por su boca: Lo que hicisteis por uno de estos pequeñitos, hacéis por mí». Y seguirle era no abandonarle: «No le dejemos nosotros, que, para más sufrir [servir], Él nos dará mejor la mano que nuestra diligencia».

Conmueve que el Inmenso elija la fragilidad y la ambigüedad humana para expresarse. Asombra que Dios se haga niño, que se haga hermano. Hace enmudecer que se convierta en «esclavo», que el amor le haga inclinarse y bajar hasta lo profundo de los pozos humanos. «¡Qué gran amor del Hijo, y qué gran amor del Padre… Él vino del seno del Padre por obediencia, a hacerse esclavo nuestro» —decía Teresa.

Lo que hace pasar del asombro al amor y de la ternura y la complicidad a la solidaridad fiel es «no se apartar de andar con Cristo… tenerle siempre consigo… andar siempre con Él… nunca se apartar de tan buena compañía».

Por eso, Teresa insistía: «Siempre que se piense de Cristo, nos acordemos del amor con que nos hizo tantas mercedes y cuán grande nos le mostró Dios en darnos tal prenda del que nos tiene; que amor saca amor».

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Elegidos por Él.

Domingo, 19 de octubre de 2014

Del blog Pays de Zabulon:

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Lo sabemos bien, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido

y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras,

sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.”

*

(Primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b)

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Candidatos gay friendly ganan puestos gubernamentales en Turquía.

Lunes, 7 de abril de 2014

140327_ROADS_LGBTurkeyFlag.jpg.CROP_.promovar-mediumlargeCuatro candidatos “gay friendly” han sido los elegidos tras las elecciones locales en Turquía por lo que se espera que se respeten los derechos gay en el país.

Fuente: SDP Noticias, Universo Gay, vía SentidoG:

 Cuatro candidatos a diferentes alcaldías en Turquía, quienes firmaron un Protocolo Gay Friendly Municipal, ganaron las elecciones locales este 30 de marzo.

 Citado protocolo fue preparado por la Social Policies, Gender Identity and Sexual Orientation Studies Association (SPOD), y firmado por 40 candidatos durante el proceso electoral. En dicho documento, los entonces candidatos se comprometían a proteger los derechos de la comunidad LGBT local.

 Los cuatro candidatos gay friendly electos, deberán hacer alianzas con las organizaciones LGBT para tomar medidas contra la discriminación y a favor de la tolerancia. Sus nombres son:

 – Aykurt Nuhoglu en Kadıköy

 – Murat Hazinedar en Beşiktaş

 – Hayri Inonu en Şişli

 – Yüksel Mutlu en Mersin

 Los tres primeros gobernarán distritos capitalinos en Estambul, mientras que la última lo hará en la provincia turca de Mersin.

 Turquía es uno de esos países que tienen los derechos de la comunidad LGBT bastante estancados. De hecho, en algunas regiones existen amenazas, asesinatos y demás delitos por el mero hecho de que una persona sea homosexual.

 Sabido esto, podemos considerar Turquía como uno de esos países a los que parece que le queda mucho para que la homosexualidad sea reconocida. En cambio, ahora con la noticia de que las elecciones han sido ganadas por estos candidatos gay friendly, la esperanza se hace mucho más grande.

 Sin conocer mucho aún de qué sucederá y de si los derechos de la comunidad gay serán al fin respetados sin duda, esto es un paso adelante para que un país en el que hay aún muchas reservas en este aspecto, se tome más en serio reconocer al colectivo LGBT.

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