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Palabra clave: ‘Carlos de Foucauld’

Carlos de Foucauld, un hombre de desierto

Martes, 4 de mayo de 2021

Papa-canonizara-Charles-Foucauld-desierto_2235386478_14644892_660x371“Hay que pasar por el desierto y permanecer allí para recibir la gracia de Dios”, decía

“Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand se fue transfigurando gradualmente por este silencio interior, convirtiéndose en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís”

“Fue asesinado por los rebeldes Senusitas de Libia, aliados con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial”

“Durante los treinta años de su vida como converso (1886-1916), no tendrá otro propósito que seguir e imitar a Jesús en esta vida de Nazaret”

Crecen las opciones de que Francisco canonice a Charles de Foucauld el 30 de octubre en Marsella

Cuando la Iglesia del papa Francisco proclama santo a Carlos de Foucauld, me gustaría resaltar su figura como «hombre de desierto». El desierto será el marco exterior que le ayudará en su proceso espiritual. Pero más importante que el desierto exterior es el interior. «Hacer silencio».

Ya en la Carta al padre Jerónimo, escrita desde Nazaret, donde Foucauld ejercía de humilde recadero de las hermanas Clarisas, afirma: «Hay que pasar por el desierto y permanecer allí para recibir la gracia de Dios». No hay que olvidar que estas palabras las escribe después de pasar nueve años en la Orden Trapense (1890-1897), y en concreto en la Trapa de Akbés (Siria), lugar desertico y de suma pobreza.

Para Foucauld esto es indispensable: «Es un tiempo de gracia. es un período por el que debe pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto, es necesario este silencio, este recogimiento, este olvido de toda la creación, en medio de la cual Dios establece en el alma su reino, y forma en ella el espíritu interior, la vida íntima con Dios, la conversación del alma con Dios en la fe, la esperanza y la caridad».(Carta al padre Jeronimo el 19 de mayo de 1898).

 12_1_foucauld2Y así fue en su caso: Carlos Eugène de Foucauld de Pontbriand se fue transfigurando gradualmente por este silencio interior, convirtiéndose en Carlos de Tamanrasset, otro Cristo, como Francisco de Asís.

Murió a la edad de cincuenta y ocho años el 1 de diciembre de 1916

Fue asesinado por los rebeldes Senusitas de Libia, aliados con Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Y como nos recuerda el Evangelio de san Juan, 12, 24: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, allí queda, él solo; pero si muere, da mucho fruto». Murió solo, sin compañeros como hubiese deseado, pero su testimonio esta dando frutos insospechados.

Imita la vida de Jesús en Nazaret

La conversión al Evangelio, una peregrinación a Tierra Santa en 1888-89, la dirección espiritual del Padre Huvelin, la amistad de su prima Marie de Bondy que le hizo conocer la devoción al Sagrado Corazón, un clima general de silencio y la práctica sacramental llevan a Carlos de Foucauld a descubrir el significado de la Encarnación. Profundiza en la vida de Jesús en Nazaret y descubre en esta el signo y la manifestación del amor de Dios por la humanidad.

 Durante los treinta años de su vida como converso (1886-1916), no tendrá otro propósito que seguir e imitar a Jesús en esta vida de Nazaret. Su vocación personal será justamente eso: vivir en todo momento en esta imitación, teniendo constantemente ante sus ojos a Aquel a quien llama su “Hermano Amado”, su “Modelo Único”, el seguimiento en las virtudes de su vida oculta, en particular en esta “abyección” que llevó al Maestro, desde Belén al Calvario, a buscar siempre “el último lugar”.

Es importante señalar que el Jesús que va al desierto o que sale a predicar el Reino de Dios es el Jesús de Nazaret. Es decir Nazaret es el sello de su vida. En su pueblo natal, el desiero o en Palestina, es el «pobre y humilde obrero». Y nosotros sus seguidores, la Iglesia, debe ser la humilde y pobre servidora de la humanidad.

Su respuesta de amor

PadreDesiertoParaHoy1En los años 1900-1901, su devoción al Sagrado Corazón y su decisión de ser sacerdote le darán a Carlos de Foucauld su fisonomía espiritual bien caracterizada. En lugar de volver a la vida monástica o semi-ermitaña que había llevado hasta ahora, desea llevar a los “pobres” que están privados de ella los beneficios del Salvador.

 Concretamente, el sacerdote Charles de Foucauld, de la diócesis de Viviers (Francia) se dirige hacia las fronteras argelinas del Sahara desde donde piensa unirse a estos amigos a los que recuerda desde su viaje a Marruecos. Pero al no poder ir allí, se entregará a los pobres de Beni Abbès luego de Hoggar, y es entre los tuareg donde dará su vida hasta la aniquilación.

El padre Peyriguere, en su Testamento espiritual, escrito el l0 de febrero de 1959, pocos días antes de su muerte, se expresa así:

“El mensaje del padre Foucauld es de una riqueza muy densa y compleja. Más que una espiritualidad particular, es simplemente, nos atrevemos a decirlo, una visión del Misterio Cristiano… tal como se ha mostrado a los Padres de la Iglesia, ante todo un mundo al que había que convertir tal como debe ser propuesto a los hombres de Dios si queremos que nos escuchen. Muchos son los que vienen a beber de su fuente. Todos, por diferentes que sean unos de otros, deben tener el derecho de inspirarse en el padre Foucauld. Perdidos en la muchedumbre, aislados y viviendo este ideal cada uno en su estado de vida, tal vez alguno o alguna viviéndolo en común, a ellos nos dirigimos. Se adhieran o no abiertamente, en el anonimato o nominalmente, al padre Foucauld, el hecho es que están en su línea. Esta doctrina misionera del padre Foucauld no está simplemente destinada a los sacerdotes y religiosos. También los seglares pueden ser llamados a hacerla suya y a informar con ella su vida. ¡De qué manera, a cada instante, Foucauld nos recuerda que todo cristiano es responsable del destino del Misterio de la Encarnación, en si mismo, sin duda alguna, pero también en el mundo entero! Para él nuestra vocación cristiana se nos ha dado como una vocación de salvadores. El mismo ha llevado en sí la magnífica obsesión de integrar la preocupación misionera en el cristianismo tal como la ha vivido y propuesto que se viva. A pesar de que ciertas expresiones que parecen más bien dirigidas a los sacerdotes y religiosos, nuestro lenguaje se dirige a todos los seglares, estén donde estén y sea cual sea su estado de vida” (A. PEYRIGUER, El tiempo de Nazaret, o. c., 185-186).

Fuente Religión Digital

Espiritualidad, Iglesia Católica ,

VII Jornadas de desierto con Carlos de Foucauld

Lunes, 18 de noviembre de 2019

Del blog de  José L. Vázquez Borau CaféDiálogo:

Espiritualidad evangélica con Carlos de Foucauld

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Espiritualidad, Tablón de Anuncios , , ,

Carlos de Jesús (De Foucauld): El hermano universal

Jueves, 1 de diciembre de 2016

En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos: en verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto.

Juan 12, 24

Hoy, se cumplen 100 años del asesinato de Carlos de Foucauld, y queremos recordar a este hombre, de vida agitada, de sueños imposibles… que sólo encontró la tranquilidad sumergiéndose en la vida oculta de Nazaret… Jesús, su Amado, lo acompañó en un itinerario de abandono absoluto, llegando a ser el “Hermano Universal“·

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Oración de abandono

 Padre mío

Me abandono a Ti.

Haz de mí lo que quieras.

Lo que hagas de mí te lo agradezco.

Estoy dispuesto a todo,

Lo acepto todo,

Con tal que tu voluntad se haga en mí

Y en todas tus criaturas.

No deseo nada más, Dios mío.

Pongo mi vida en tus manos.

Te la doy, Dios mío,

Con todo el amor de mi corazón.

Porque te amo

Y porque para mí amarte es darme,

Entregarme en tus manos sin medida,

Con una infinita confianza,

Porque tu eres mi Padre.

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Carlos de Foucauld,
Méditations sur l’Évangile au sujet des principales vertus

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Carlos de Foucauld

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

Charles de Foucauld, el “Hermano universal” será canonizado por la Iglesia Católica Romana el 15 de mayo de 2022.

Miércoles, 24 de noviembre de 2021

Un santo que consideramos nuestro, seamos de la confesión Cristiana que seamos… Charles de Foucauld entre los 7 nuevos santos que tendrá la Iglesia Católica Romana el 15 de mayo de 2022. El Papa Francisco estableció la fecha de canonización de siete beatos, tal como lo había decretado en el Consistorio público ordinario del pasado 3 de mayo. La fecha no se pudo establecer antes a causa de la pandemia.

En aquel Consistorio Francisco había destacado la “vida cristiana y ejemplar santidad” de los futuros siete nuevos santos, cuya fecha de canonización no se había podido establecer a causa de la emergencia sanitaria por el Covid-19.

Entre ellos destaca Charles de Foucauld, sacerdote diocesano, “pobre entre los pobres”. Lázaro, llamado Devasahayam, laico, mártir; César de Bus, sacerdote, fundador de la Congregación de los Padres de la Doctrina Cristiana; Luigi Maria Palazzolo, sacerdote, fundador del Instituto de las Hermanas de los Pobres – Instituto Palazzolo; Giustino María Russolillo, sacerdote, fundador de la Sociedad de las Divinas Vocaciones y de la Congregación de las Hermanas de las Divinas Vocaciones; Maria Francesca di Gesù (nacida Anna Maria Rubatto), fundadora de las Hermanas Terciarias Capuchinas de Loano; María Domenica Mantovani, cofundadora y primera superiora general del Instituto de las Hermanitas de la Sagrada Familia.

Ahora Francisco ha decidido que el rito de canonización de estos siete beatos se celebre el 15 de mayo del próximo año 2022.

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No tenemos el derecho a ser perros mudos y centinelas silenciosos: debemos clamar cuando vemos el mal.

 Carta a monseñor Livinhac, 8 de febrero de 1902

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Toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio sobre los tejados. Toda nuestra persona debe respirar a Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida deben gritar que pertenecemos a Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica.

Escritos espirituales, p. 396. Nazaret, 1898

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Estoy aquí, no para convertir de un golpe a los tuaregs, sino para tratar de comprenderlos y ayudarlos. Estoy convencido de que Dios en su bondad acogerá en el Cielo a quienes fueron buenos y justos, sin necesidad de que sean católicos romanos. Ud. es protestante, Teissre es incrédulo, los tuaregs son musulmanes, estoy persuadido de que Dios nos recibirá a todos si nos lo merecemos.

Carlos de Foucauld al Dr. Dhauteville, de confesión protestante

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[…] Alejar de nosotros el espíritu militante. «Los envío como un cordero entre lobos», dice Jesús… Qué lejos está esta manera de hacer y hablar de Jesús del espíritu militante de aquéllos que no son cristianos o son malos cristianos, que ven enemigos en contra de los que luchar en lugar de ver a hermanos enfermos que hay que cuidar, heridos echados al borde del camino para los que hay que ser buenos samaritanos. […] Ser misericordioso, manso, humilde con todos los hombres; es lo que hemos aprendido de Jesús. No ser militante con nadie: Jesús nos ha enseñado a ir «como corderos en medio de lobos», no a hablar con acritud, con aspereza, a injuriar, a tomar las armas.

Carta a Joseph Hours, 3 de mayo de 1912

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Nuestro propio aniquilamiento es el medio más poderoso que tenemos para unirnos a Jesús y hacer bien a las almas. San Juan de la Cruz lo repite casi en cada línea.

Cuando uno puede sufrir y amar, puede mucho, puede lo que más en este mundo. Uno siente que sufre, pero no siempre siente que ama y es un gran sufrimiento. Pero uno sabe que quisiera amar, y querer amar es amar.

[…] Se nota que no amamos bastante —esto es verdad, nunca se amará bastante—; pero Dios, que sabe de qué barro nos ha hecho y que nos ama más de lo que una madre podría amar a su hijo, nos ha dicho —él, que no puede morir— que no rechazará a aquél que se acerque a él.

Carta a María de Bondy, 1 de diciembre de 1916

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Padre mío, me pongo en vuestras manos; Padre mío, me confío a vos; Padre mío, me abandono a vos; Padre mío, haced de mí lo que os plazca; sea lo que sea lo que hagáis de mí, os lo agradezco; gracias por todo; estoy dispuesto a todo; lo acepto todo; os doy gracias por todo, con tal que vuestra voluntad se haga en mí, Dios mío; con tal que vuestra voluntad se haga en todas vuestras criaturas, en todos vuestros hijos, en todos aquellos a los que ama vuestro corazón, no deseo nada más, Dios mío; pongo mi alma en vuestras manos; os la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque os amo, y para mí es una necesidad de amor el darme, ponerme en vuestras manos sin medida; yo me pongo en vuestras manos con infinita confianza, porque vos sois mi Padre.

Carlos de Foucauld, Méditations sur l’Évangile au sujet des principales vertus

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“El por qué amamos al padre de Foucauld” de Madeleine Delbrêl

Viernes, 18 de junio de 2021

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Madeleine Delbrel falleció el 24 de octubre de 1964.  Había nacido en 1904. En el “Boletín trimestral de las Amistades de Carlos de Foucauld”, hay un artículo muy interesante sobre este aniversario. Henos aquí algunos extractos, traducidos del francés:

“Asistencia social, poeta y mística, Madeleine Delbrel vivió en Ivry-sur-Seine (barriada  parisina, Francia), barriada marxista, tierra de misión, como ella llamaba a Ivry en uno de los títulos de su libro. Ella testifica sin ruido, con algunas compañeras, de su fe cristiana y de su fidelidad a la Iglesia. Con su equipo, lee y relee los escritos de Carlos de Foucauld que están ya publicados, y redacta en noviembre de 1946 un artículo para una revista de los PP. Dominicos”

 He aquí algunos párrafos de ese artículo:

“EL  POR QUÉ AMAMOS AL PADRE DE FOUCAULD

La considerable influencia que el “hombre del desierto” tuvo sobre nuestro tiempo entrenó un buen número de vocaciones contemporáneas. La amplia síntesis que representa su vida explica  por qué  vidas tan dispares pueden reclamarse de él. ¡Por sí mismo él es la reunión de tantos contrastes!

Necesidad incoercible de oración delante de Dios; don sin medida a todo ser que lo solicita. Imitación cándida de la vida en Cristo en Palestina, de sus gestos, de sus actos; conocimiento de su ambiente y adaptación a él.

Amor apasionado del prójimo más próximo; amor fiel a cada instante por la humanidad entera.

Una reconstitución tan tierna de la casa de Nazaret alrededor de una hostia expuesta; ‘recorridos de amistad’ por las pistas saharianas.

Obstinación heroica en una vocación diseñada con dureza; comprensión y preparación de la vocación del otro.

Dedicación al trabajo manual; perseverancia incansable en un trabajo de erudición.

Deseo incesante de una familia espiritual; vocación divina a una soledad de la que la muerte será su culminación.

¡Cómo sorprenderse que tantos que actualmente se entregan a Dios reconozcan su llamada y encuentren su modelo en estos cruces de gracias que fue su vida, cualquiera que sea el modelo de este don.

Del Padre de Foucauld hemos aprendido que, si para darse al mundo entero hay que aceptar de romper tantas amarras para dejarse “llevar”, no es necesario que este dejarse llevar esté contenido entre los muros de un monasterio. Puede hacerse marcando una clausura con piedras secas sobre la arena; puede hacerse en una caravana africana; puede realizarse en una de nuestras casas, en uno de nuestros talleres, mientras se sube una escalera, en un autobús; este dejarse llevar lo encontramos aceptando la estrechez, la incesante clausura del amor del prójimo más cercano. Dar a cada uno de los que nos acercamos la totalidad de una caridad perfecta, dejándose encadenar por esta dependencia constante y devoradora, vivir de forma natural el Sermón de la montaña, eso es dejarse llevar, la puerta estrecha que desemboca en la caridad universal.

Nos ha enseñado a estar perfectamente contentos de ocupar un lugar en este cruce de vida, dispuestos a amar a quienquiera que pase y a través de él todo aquello que, en el mundo, está sufriendo, perdido o en tinieblas. Él nos ha explicado que en su magnífica gratuidad reside la soberana eficiencia y que consentir en no ver nada de lo que hacemos, sino a amar de igual forma y para siempre, es el mejor camino para salvar a alguien, en cualquier lugar de la tierra”

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Madeleine Delbrêl

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Fuente Boletín trimestral de las Amistades de Carlos de Foucauld  Nº 153-154, 2004.

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Felisa Elizondo: “Charles de Foucauld o la bondad desarmada”

Martes, 10 de noviembre de 2020

Papa-canonizara-Charles-Foucauld-desierto_2235386478_14644892_660x371“A la puerta de su refugio de adobes, quedó el cuerpo del que quiso ser hermano de todos atravesado por un disparo”

“Charles contó hasta el final de sus días con el apoyo – también material – y el consejo de esta mujer, a la que confió en sus muchas cartas, con la mayor sinceridad, sus búsquedas y oscuridades”

“La que hoy es reconocida como una forma de vida típicamente suya: oculta, hecha de contemplación y de trabajo manual”

Este otoño, con motivo de su canonización, redescubriremos en la fachada de la Basílica de San Pedro la mirada del hermano Carlos, la que en las últimas fotografías trasparenta la ternura con que contempló a sus vecinos touareg  y el desierto pedregoso que rodea Tamanrasset, su también último paisaje. Allí, a la puerta de su refugio de adobes, quedo el cuerpo del que quiso ser hermano de todos atravesado por un disparo. Y semienterrado en la arena el ostensorio simple ante el que había pasado noches enteras. Era el 1 de diciembre de 1916.

Hemos empezado por hablar de su muerte a los 58 años en una soledad difícil de imaginar (que hoy por hoy los reportajes nos ayudan a sospechar) y es inevitable advertir el contraste entre la figura blanca de un ermitaño pobre, prematuramente envejecido, como es la del hermano Carlos, con el porte de un joven oficial del ejército francés con que aparece en retratos de juventud. Un militar al que los informes no siempre se referían con tonos elogiosos, dado que su conducta no fue siempre la esperada en un “hombre de honor”. Entre unas y otras imágenes median decisiones que siguen llamando la atención cuando se lee alguna de las excelentes biografías accesibles.

Porque en la vida de este explorador nato, subyugado por la inmensidad del desierto, no faltaron irregularidades al tiempo que realizaba auténticas proezas y se adentraba  en viajes aventurados por un Marruecos poco conocido, y una tormentosa Argelia, por entonces bajo dominio francés. Pero es inevitable también asombrarse ante lo radical de su conversión y su búsqueda sin descanso de lo que entendía requerido por el amor de Alguien cuyo nombre ha dejado escrito con trazos típicos: “Jesús-Cáritas”.

Nacido en Estrasburgo en 1858, Eugène-Charles de Foucauld, en una familia de nobleza antigua, perdió muy pronto a sus padres y quedó al cuidado de su abuelo que tuvo que trasladarse por causa de la guerra franco-prusiana pero se ocupó de que quien iba a heredar el título y las propiedades tuviera una educación adecuada a su rango, además de una cierta iniciación cristiana al estilo de su siglo. Secundando los deseos de su abuelo, ingresó en 1876 en la prestigiosa Academia de Saint Cyr. Era el comienzo de una carrera prometedora, aunque las calificaciones obtenidas en los años sucesivos no lo muestran precisamente como un alumno brillante sino más bien dado a formas de diversión en las que gastaba despreocupadamente con sus compañeros los bienes heredados a la muerte de su abuelo, por quien había sentido un gran afecto.

En su expediente han quedado registradas algunas dificultades que tuvo con la disciplina militar. Así, sabemos que, enviado como oficial en 1880 a Sétif (Argelia) fue despedido pronto por “notoria mala conducta”, aunque poco después reincorporado para participar en la guerra contra el jeque Bouamama. Pero también hay constancia de que el joven vizconde de Foucauld, de carácter inquieto, en 1882 se embarcó en la empresa de explorar el entonces poco conocido Marruecos haciéndose pasar por judío y no despertar la hostilidad de los nativos. Pero la calidad de su trabajo de reconocimiento de aquel territorio africano le valió nada menos que la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París y la publicación de su libro Reconnaissance au Maroc (1883-1884) que le valió un nombre entre los estudiosos.

Una conversión no tan repentina

En Marruecos quedó impactado por la fe de los musulmanes: “el Islam me produjo una impresión profunda. La vista de aquella fe, de aquellas almas que vivía en la presencia continua de Dios, me hizo entrever algo más grande y más verdadero que la ocupaciones mundanas: ad maiora nati sumus”, escribe al recordarlo.

De vuelta a París, reapareció en él la inquietud, que era un rasgo saliente de su espíritu aventurero y, sobre todo, le asaltó  la pregunta por el sentido de su vida: “Mi corazón y mi espíritu – anota en 1886– seguían lejos de vos (…) pero…vos habíais roto los obstáculos, reblandecido el alma y preparado la tierra, quemando las espinas y la maleza”. La soledad de un apartamento en aquella ciudad que ahora le resultaba “extraña”, y el reencuentro con su prima Marie de Bondy, una de las personas más apreciadas y admiradas por él desde que era un niño, fueron factores decisivos en su acercamiento a la iglesia. Sentía que, en contacto con ella, la fe de la infancia asomaba de algún modo, y empezó a repetir a modo de súplica espontánea: «Dios mío, si existís, haced  que yo os conozca», mientras entraba y salía de alguna iglesia. Charles contó hasta el final de sus días con el  apoyo – también material –  y el consejo de esta mujer, a la que confió en sus muchas cartas, con la mayor sinceridad, sus búsquedas y oscuridades. Fue Marie quien le presentó al abate Huvelin.

Entre los relatos de conversiones de finales del XIX y la primera mitad del siglo XX se suele colocar el encuentro en la iglesia de Saint-Augustin y la confesión de Charles de Foucauld con este sacerdote, que le dio también la comunión y fue en adelante un verdadero guía en su camino de fe. Era el 29 o 30 de octubre de 1886. El pasado quedó muy atrás cuando entendió que, “una vez conocida la existencia de Dios, ya no podría vivir sino para Él”, según sus propias palabras.

Oyó decir también al P. Huvelin una frase que se le grabó a fuego y marcó sus decisiones ulteriores: “Nuestro Señor tomo el último lugar, que nadie pudo arrebatárselo”. Así, desde el principio, conversión y vocación se sueldan. El desordenado lector de autores ajenos a la fe comenzó a dedicar toda su atención a la lectura y meditación de los Evangelios y a algunos  tratados de vida cristiana conocidos en la Francia de su tiempo.

Nazaret: punto de partida

En 1888 (el mismo año en que Teresa de Lisieux ingresa en el Carmelo) peregrinó a Tierra Santa para rastrear allí las huellas de Jesús de Nazaret. Hizo cesión del título y los bienes a favor de su hermana y, tras una dolorosa despedida de los suyos de la que en sus cartas habla como de un sacrificio terrible –”sacrificio que, a lo que parece, me costó todas mis lágrimas, pues desde entonces, desde aquel día ya no lloro…” –  entró en la Trapa de Notre-Dame des Neiges. De esta pasó, siempre en el intento de seguir al Nazareno en la mayor pobreza,  a la de Akbès, en Siria, entonces bajo el Imperio otomano, en la que vivió varios años.

Allí encontró la ayuda de buenos maestros de la vida monástica y leyó las obra de Santa Teresa, de las que ha dejado copiados cuidadosamente, con su letra diminuta, unos cuantos textos, Hasta el punto que  J. F. Six, uno de los que has estudiado con dedicación su itinerario, habla a este propósito de “una influencia directa y absolutamente predominante que envuelve toda la vida de espiritual de Charles de Foucauld”. Porque una y otro se muestran fuertemente atraídos por la presencia amiga de Jesucristo.

Pero estando en Akbés, a distancia de su país de origen y “bajo otro cielo”, la visión de la pobreza de las gentes que rodeaban a la ya de por sí austera Trapa, le lleva a soñar con otras posibilidades de seguir más radicalmente a Jesús, y compone incluso una Regla para una fundación que querría fuera de veras “socialmente pobre. Un sueño éste de imitar más de  cerca al Maestro  que duró tanto como su vida.

Así, sin cesar en una búsqueda que no parece cesar en su trayectoria, abandona su pertenencia a la Trapa, aunque la despedida le resultó nuevamente algo muy costoso. Y en 1897 vuelve a Tierra Santa donde, acogido al monasterio de clarisas de Nazaret, ensaya una forma de vida eremítica en la que era posible realizar su ideal de pobreza, que reúne el trabajo humilde y la adoración eucarística: la que hoy es reconocida como una forma de vida típicamente suya: oculta, hecha de contemplación y de trabajo manual. Una vida silenciosa que irradia con su testimonio.

En Nazaret redacta la Regla que desea para los que llamará “ermitaños del Sagrado Corazón” y él mismo se firma como “fray Carlos de Jesús”, consciente de lo que implica ese nuevo nombre. En el rincón que le ceden las religiosas, adora y medita largamente los pasajes bíblicos, y se detiene en los de la vida de Jesús. Lee autores de la tradición como el Crisóstomo y, sobre todo, los místicos. Allí, entre 1897 y 1900, escribió  muchas páginas con meditaciones que se consideran fundamentales para conocer su vivencia espiritual, como la reflexión en la que se inscribe la conocida Oración de abandono.

Padre me pongo en tus manos…

A propósito de esta oración, una de las más bellas del siglo XX y ampliamente divulgada, a veces en forma más breve, sabemos que  se encuadra en las meditaciones de los Evangelios que Carlos de Foucauld escribió en la Trapa de Akbés (Siria) (1890-1896).  Al comentar las últimas palabras de Jesús: “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46), escribe: “Esta es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Bienamado… Pueda ser la nuestra… Y que ella sea, no solamente la de nuestro último instante, sino la de todos nuestros momentos”.

Y a continuación:

‘Padre mío, me entrego en vuestras manos;

Padre mío, me abandono a Vos;

Padre, Padre mío, haz de mí lo que os plazca;

sea lo que hagáis de mí, os lo agradezco;

gracias de todo, estoy dispuesto a todo;

lo acepto todo; os agradezco todo;

con tal que vuestra Voluntad se haga en mí, Dios mío;

con tal que vuestra Voluntad se haga en todas vuestras criaturas,

en todos vuestros hijos, en todos aquellos que vuestro Corazón ama,

no deseo nada más Dios mío;

en vuestras manos entrego mi alma;

os la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón,

porque os amo y porque esto es para mí una necesidad de amor:

darme, entregarme en vuestras manos sin medida;

me entrego en vuestras manos con infinita confianza,

pues Vos sois mi Padre…”

(Escritos espirituales, Ed. Studium, Madrid 1958, 32).

En el Sahara y con los tuareg

Sólo después de superar una resistencia al cambio de estatus que implicaría ser sacerdote, aceptó realizar estudios de teología en Roma y ser ordenado sacerdote en la diócesis de Viviers (Francia) en junio de 1901. La voluntad de servir fue factor decisivo en la aceptación. Y comenzó esa tarea en Béni Abbès, un enclave del ejército francés en pleno Sahara argelino, donde pudo advertir y denunciar aspectos deplorables de la colonización como la que llamó “la monstruosidad de la esclavitud”. Semejante constatación le indujo a seguir nuevamente la llamada a estar entre “los últimos” y ocupar “el último lugar”. Sin contar con seguidores – su sueño de crear alguna forma de unión que compartiera su ideal misionero era persistente – desarrolló con los bereberes una forma de evangelización silenciosa, basado en el compartir su vida, en el despliegue de bondad y en el ejemplo de una vida humilde y desinteresa.

Si al entrar en la Trapa había hecho cesión de sus bienes, también presentó su cese en el ejército francés y en la Sociedad Geográfica que le había dado fama entre los especialistas. Despojado de todo y sin llegar a encontrar compañeros para sus proyectos, acometió una última travesía hasta alcanzar en 1906 las montañas de el Hoggar en donde encontró juntas la soledad del desierto y la posibilidad de “hacerse hermano” sirviendo a gentes endurecidas y difícilmente abordables como eran los tuaregs.

En medio de parajes desérticos, de una aridez extrema y asolados por un viento también extremo, estudió la cultura y la lengua targuí, la de aquellas tribus nómadas, durante más de doce años y compuso el primer diccionario tuareg-francés. Un obra de investigador que constituye hasta ahora mismo una referencia fundamental.

Sin otro éxito que el recuento de nombres franceses que simpatizan con su propuesta de una Unión que sostuviera una presencia misionera como la que él vive, atraviesa momentos de debilidad extrema, que se compensan con el poder celebrar alguna vez la eucaristía en Asekrem o Tamanrasset. Aunque para Foucauld, la presencia eucarística que irradia realmente si es llevada hasta lugares a donde casi nadie llega para percibirla, es inseparable de la de algunos cristianos que, también realmente, testimonien una amistad y una bondad a toda prueba que roturen el terreno del anuncio. Su forma de entender la tarea es la de abrir caminos, una preparación que seguramente requerirá de tiempos largos antes de que el evangelio pueda ser escuchado. Una presencia humilde en la que el respeto y el diálogo sean garantes de la buena noticia de Jesús que se ofrece en libertad.

Los estatutos de la Unión redactados por él pormenorizan esa forma de misión. En un pequeño cuaderno el hermano Carlos la resume en unas líneas: “Mi apostolado ha de ser el apostolado de la bondad… Si se me pregunta por qué soy dulce y bueno, tengo que responder que porque soy servidor de uno mucho mejor que yo”.

En 1915, por causa de la guerra, no pudo viajar a Francia donde había hallado entre otras adhesiones la acogida de un conocido arabista como Massignon, que mantuvo vivo su recuerdo tras su muerte. Y como adelantábamos, el 1 de diciembre de 1916, el hermano Carlos fue asesinado por un muchacho atemorizado ante un grupo de rebeldes que irrumpieron en la ermita levantada en pleno Sahara argelino.

Tenía 58 años y su nombre aparece encabezando los trabajos que realizó en campos como la geografía, la geología y la lexicografía. Pero, a distancia de un siglo de su muerte, le son reconocidas universalmente, sobre todo, una radical adhesión al evangelio, su búsqueda de los últimos y su sensibilidad para encuentro con el islam.

Y aquel final aparentemente sin sentido y en una soledad extrema se puede leer también hoy, a la vista de los numerosos grupos y los miles de seguidores de la espiritualidad del desierto que forman su Familia, como una ratificación de la verdad evangélica del grano de trigo que muere.

Fuente Religión Digital

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Pablo D’Ors: “Después de Jesucristo, a quien yo más admiro es a Charles de Foucauld”

Martes, 2 de junio de 2020

imgchrcdfe0041“Al enterarme de su próxima canonización, sentí una profunda alegría”

Buscador espiritual, prototipo del converso, pionero del diálogo interreligioso, místico de lo cotidiano e icono del fracaso… Foucauld fue lo que siempre quiso ser: el hermano universal

Cien años después de que cayera mártir en su amado desierto argelino, son más de 13.000 personas en el mundo quienes nos consideramos sus hijos espirituales. Ahora la Iglesia lo reconoce

Después de Jesucristo, a quien yo más admiro es a Charles de Foucauld. Por ello, al enterarme hace pocas horas de su próxima canonización, sentí una profunda alegría. Los Amigos del Desierto, una red de meditadores de la que soy fundador y que tiene a Foucauld como patrón, sabíamos de su santidad desde hace ya tiempo. Pero es bonito y necesario que otros lo reconozcan y que todos lo sepan. Es importante poner a Charles de Foucauld en primera plana para que se valore en su justa medida la humilde enormidad de su legado espiritual.

Me encontré con Foucauld a los veinte años. Fue gracias a un libro que acompañó muchas de mis noches en mi año de noviciado, titulado Más allá de las cosas y escrito por Carlo Carretto, uno de sus discípulos. Su espiritualidad me atrapó desde el primer momento, si bien, quizá por ser yo demasiado joven y él demasiado radical, lo dejé de lado. Pero Foucauld supo esperarme y volvió a salir a mi encuentro veinte años después, nuevamente en una situación de transición. En aquella época, las cosas me iban mal: digamos que había tenido algunos problemas institucionales y que mi situación eclesiástica era inestable. El rostro de Foucauld -compasivo como no conozco otro-, me miró en aquellos días desde una estampa, despertando mis más nobles sentimientos. Comenzó entonces mi verdadera conversión, mi segundo noviciado, que sellé con la escritura de una novela sobre su vida titulada El olvido de sí, hoy inencontrable. Más tarde vino todo lo demás, y hoy me he convertido en un apóstol de su oración del abandono, convencido como estoy de que Foucauld protagonizará espiritualmente el siglo XXI, como intentaré mostrar a continuación.

Foucauld es el padre del desierto contemporáneo. Basta escuchar el nombre de Charles de Foucauld para que muchos lo asocien con la imagen del desierto. No es de extrañar, nada más ser ordenado sacerdote, a los 43 años, Foucauld parte rumbo al Sahara, donde residirá, primero en Beni Abbès y luego en Tamanrasset, hasta su asesinato, el 1 de diciembre de 1916, hace ya más de un siglo. Tenía entonces 57 años, aunque por su aspecto -tal era su desgaste físico- nadie le habría echado menos de 75. Foucauld no fue al desierto en busca de la soledad -conviene subrayarlo-, sino para estar cerca de los tuareg, a quienes veía como el pueblo más olvidado y pobre. Fue para encontrarse con los pobres y se encontró -aún más- con su propia pobreza. En aquellas tribus del Hoggar vio un espejo de sí mismo. En el paisaje desértico que le rodeaba vio un reflejo, muy exacto, de su propio desierto interior: no tuvo ninguna experiencia mística en toda una vida consagrada intensamente a la oración. Sostengo que Foucauld es el continuador, en nuestro tiempo, de la espiritualidad de los padres y las madres del desierto y que, en ese sentido, más que el fundador de una familia religiosa, es quien nos trae a Occidente la necesidad de volver al desierto, que hoy llamamos silencio e interioridad.

Foucauld fue un buscador espiritual. Claro que antes de llegar al desierto, tuvo una larga y atribulada búsqueda, cuyo primer capítulo fue, probablemente, su exploración de Marruecos, donde mostró el temple del que estaba hecho. Fue la devoción de los musulmanes, curiosamente, la que despertó en Foucauld el deseo de volver a la fe cristiana. Luego vino su iniciación al catolicismo, de manos de su prima Maria Bondy, su ingreso en la trapa, primeramente en Francia y después en Akbés, Siria, su decisiva peregrinación a Tierra Santa, donde vivió en un miserable cuchitril trabajando como criado y recadero de las clarisas y, por fin, su aventura sahariana. Todas estas etapas están perfectamente acreditadas por el propio Foucauld, que fue un grafómano empedernido. En efecto, el número de sus cartas se cuenta por miles, y las numerosísimas páginas de su diario espiritual dan buena fe de su encendido amor por la Virgen y por Jesucristo, a Quien llamaba mi Bienamado y con quien conversaba a cada rato. Es revelador cómo el paradigma de la soledad (un ermitaño…, ¡y en el Sahara!) se convierte en el paradigma de la comunicación. Este doble movimiento, tan elocuente en lo vertical como en lo horizontal, nos da una imagen certera de quién era verdaderamente Foucauld.

“Fue la devoción de los musulmanes, curiosamente, la que despertó en Foucauld el deseo de volver a la fe cristiana”

Foucauld fue el prototipo del converso. Porque quien ahora va a ser puesto en los altares fue en su aristocrática juventud un engreído militar y un sofisticado vividor. El paso de la vida pendenciera a la venerable queda reflejado a la perfección en sus facciones, que pasan de ser sensuales y arrogantes a transparentes y bondadosas. En lugar de lanzarle a las vanidades del mundo, el homenaje que le brindó la Sociedad Geográfica Francesa -otorgándole la medalla de oro por su admirable Reconnaissance du Maroc-, le impulsó a la soledad. Fue Henri Huvelin, un párroco parisino, quien apadrinaría su conversión. Corría el mes de octubre de 1886 cuando este sacerdote, al tenerlo delante, le ordenó arrodillarse y confesarse. No fue una invitación, fue una orden. Y fue allí donde todo comenzó para Foucuald. Comprendió que abajo es el lugar más universal, pues es allí donde está la mayoría y, por ende, el lugar donde está Dios. Comenzó allí su pasión por los últimos, por ser el último. Tenía 28 años y su vida daba el giro definitivo. Comprender que existía Dios fue para él tanto como saber que debía entregarse a Él.

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Foucauld fue un pionero del diálogo interreligioso. Como no podía ser de otra forma -teniendo en cuenta su época y sensibilidad-, viajó a África del Norte dispuesto a convertir a los musulmanes. Pero Dios le concedió el don de no convertir a ni uno. Fue un don, porque gracias a esta dificultad para realizar sus planes, Foucauld comenzó a cultivar la amistad con los destinatarios de su misión. Como pocos en la historia de la Iglesia antes o después de él, Foucauld entendió la amistad como el camino privilegiado para la evangelización. Gracias a que se hizo amigo íntimo de Moussa Ag Amastane, un jefe indígena, y de un tal Motylinski, un estudioso erudito, emprendió su más hermoso gesto de amor a un pueblo: la elaboración de un diccionario francés-tamacheq, así como la recopilación de las canciones, poemas y relatos del folclore de los tuareg. Estas obras enciclopédicas, sobrecogedoras tanto por su extensión como por su rigor, revelan su exquisito respeto a la cultura y a la religión ajenas y, en fin, su pasión por lo diferente. Emociona saber que el protagonista de semejante empresa lingüística y cultural haya sido un patriota ejemplar, que hasta el final mantuvo su encendido fervor por Francia.

Foucauld fue un místico de lo cotidiano. Lo cotidiano él lo llamaba Nazaret. Por encima de la vida pública de Jesús, que ya eran tantos y tantas que buscaban representar -anunciando el evangelio, curando a los enfermos, redimiendo a los cautivos, creando comunidad-, lo que Foucauld quiso fue representar su vida oculta como obrero en Nazaret. La vida en familia, el trabajo en la carpintería, la existencia sencilla en un pueblo… Todo eso, tan anónimo, tan aparentemente insignificante, fue lo que le subyugó hasta el punto de consagrarse siempre y por sistema a lo más pequeño, lo más ordinario, lo más ignorado. Resulta paradójico que una vida, que vista desde fuera puede juzgarse extravagante y aventurera, haya sido alentada por la pasión por lo sencillo e insignificante a ojos humanos. Recuerda que eres pequeño, dejó escrito Foucauld. Y estuvo convencido de que eran muchísimos quienes podían seguir este carisma suyo, como prueba que escribiera infatigablemente múltiples Reglas de vida.

Foucauld es el icono del fracaso. Porque si bien es cierto que Reglas monásticas o laicales escribió muchas, también lo es que seguidores no tuvo ni uno. Tampoco logró convertir a ni un solo musulmán. Ni liberar a ningún esclavo, por mucho que se lo propuso inundando a la administración francesa con sus reclamaciones. Vista desde los parámetros habituales, la existencia de este insólito personaje fue un total fracaso. Cien años después de que cayera mártir en su amado desierto argelino, son más de 13.000 personas en el mundo quienes nos consideramos sus hijos espirituales. Divididas en familias religiosas, sacerdotales o laicales, todos nosotros sabíamos ya que Foucauld fue lo que siempre quiso ser: el hermano universal. Ahora la Iglesia lo reconoce. Reconoce como camino el abandono en las manos del Padre, la plegaria que Foucauld escribió en 1896, ignorando que un siglo después miles de hombres y mujeres la recitaríamos a diario.

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Islam ,

El Papa canonizará a Charles de Foucauld, el “padre del desierto”

Viernes, 29 de mayo de 2020

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El amigo de los Tuaregs, y mártir, fue el inspirador de una corriente de pensamiento y reflexión que llega a nuestros días

Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes

“Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres”

Santiago Agrelo: “Con Charles de Foucauld, soñar un mundo apellidado ‘de Jesús'”

J. L. Vázquez Borau: ¿Cómo fue el camino a los altares de Carlos de Foucauld?

Cristóbal López: “Carlos de Foucauld nos enseñó a trabajar por la fraternidad universal”

Charles de Foucauld será santo… si es que alguno pensaba que ya no lo era. El maestro del desierto, de la predicación con la propia vida (hasta darla, en Tamanrasset, en 1916), de quien sus críticos afirmaban que jamás convirtió a nadie, será canonizado después de que el Papa aprobara el milagro atribuido a su intercesión. Sólo falta la fecha del milagro.

cq5dam.thumbnail.cropped.750.422El “hermano universal” nació en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.

Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca».

Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».

Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir a Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.

s38-e1383736824813Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».

Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro…”?».

En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue asesinado por una banda que rodeó la casa.

Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.

Fue beatificado por Benedicto XVI el 13 de Noviembre de 2005 en la Basílica de San Pedro en Roma.

ÁMAME TAL COMO ERES

Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres.

Fuente Religión Digital

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Carta abierta de Carlos M. Franco al arzobispo de Medellín: “Jesús me ha dado la fuerza para ser el que soy: homosexual”

Martes, 24 de febrero de 2015

como-eres“El lobby-gay de la Iglesia causa heridas de muerte en las conciencias”

Ir en contra de mi propia conciencia es estar en contra de Dios (Martin Lutero).

(Carlos Mario Franco Palacio).-

Yo, CARLOS MARIO FRANCO PALACIO con cédula de ciudadanía No. 70.110.953 de Medellín, Antioquía, bautizado en la Parroquia Nuestra Señora de Belén el 6 de octubre de 1956, partida que reposa en el libro 0001, folio 0086 y número 00212 y confirmado en la misma Parroquia el 16 de Octubre de 1966.

MANIFIESTO:

1. Dar gracias a mis padres y a mis abuelos por la buena y sabia decisión de haber pedido para mí el inapreciable don del Bautismo, acto celebrado en el nombre santo de Dios: Padre y Madre: Hijo y Espíritu Santo. Acto que yo mismo confirmé (Confirmación) en uso de mis facultades unos años después, sellando así y para siempre mi condición de hijo amado de Dios.

2. Mi gratitud para todos mis amigos y amigas que me han honrado y me honran con su amistad; entre ellos sacerdotes, religiosos, religiosas que con su testimonio de vida me han mostrado la gracia y la riqueza del evangelio.

3. Que he caminado junto a muchas hermanas y hermanos de diferentes confesiones cristianas, haciendo a lo largo de mi vida un camino ecuménico en diálogo constante con otras espiritualidades, enriqueciéndome de la diferencia, de la pluralidad en el pensamiento, nunca mirando el mundo sólo desde el espacio particular de mi confesión de tradición romana. La Iglesia para mí es más una vocación de servicio a los hermanos en la construcción de la justicia y de la solidaridad en el Amor, antes que una institución cerrada, antagónica, retrógrada, llena de dogmas y doctrinas, ajena al evangelio y a la realidad humana, que infantiliza a las personas volviéndolas objeto y no sujeto de su proceso de fe.

4. Que en la experiencia de la comunidad y de la amistad desarrollé mi identidad de cristiano católico-romano y en ella encontré la verdad del Señor Jesús que se hace pan y vino compartido (Eucaristía) por la fe de los fieles y que es signo de una comunidad creyente, como lo expresa Pablo al referirse a ella como cuerpo de Cristo (1 Corintios 12), razón por la cual no se puede negar a nadie, pues de lo contrario no sería una acción de gracias. Por lo tanto, no entiendo cómo éste sacramento se convirtió en un “privilegio del clero”, en una propiedad privada de la institución clerical y un “objeto” para la adoración de los creyentes, cuando de por sí es un derecho de los fieles.

5. Que por la gracia de Dios he podido vivir mi condición sexual y mi espiritualidad cristiana. Me siento Hijo amado de Dios por lo que soy. La vivencia de la fe en Jesús que es plenamente hombre, y que hasta después de su muerte fue glorificado por su Padre Dios, me ha dado la fuerza y la claridad de mente para ser el que tengo que ser. Vivo con alegría y en fidelidad a mi compañero con quien llevo 16 años de convivencia. Este es un don que Dios en su bondad y sabiduría tuvo a bien darme. No ha sido fácil construirme como persona en el contexto de una Iglesia y de una sociedad “católico-romana” homofóbica, excluyente y en muchos casos homicida.

6. Que es una realidad que la Institucionalidad católico-romana (Papas, Obispos, Presbíteros) maltrata sobre manera a las personas que somos diferentes, como es el caso de la población diversa en su género y en su sexualidad; pero quizás lo más doloroso es que detrás de estas jerarquías eclesiales se esconde un sin número de homosexuales que “sobreviven” y hacen carrera eclesiástica por el poder, causando dolor en las almas y heridas de muerte en las consciencias. Bien lo ha dicho el Papa Francisco: “Se habla de ‘lobby gay’, y es verdad, está ahí… Hay que ver qué podemos hacer” Esto también ocurre en la Arquidiócesis de Medellín.

7. Que he descubierto con gozo que fuera de los siete sacramentos de la Iglesia, hay otro sacramento igualmente importante: El sacramento de la marginalidad. “Jesús ocupó el último lugar y hasta hoy nadie se lo ha quitado”, como bien dijo el P. Charles de Foucauld. Gracias al Buen Dios, Jesús fue un judío marginal y disidente del judaísmo. Hoy más que nunca es vigente esta liberadora marginalidad de la experiencia de la fe. He reflexionado con madurez e independencia sobre mi adscripción (Partida de Bautismo) a la Iglesia Católico-Romana, y a las doctrinas que postula. Esto me lleva a expresar mi total y definitiva insumisión y oposición. No deseo formar parte de esta institución, ni siquiera como mero dato estadístico. Sé muy bien que el documento parroquial del bautismo y de la confirmación no se pueden alterar ni devolver al interesado, porque son documentos históricos; pero pido que se ponga una nota marginal a dichos documentos de mi no pertenencia a la Institución católico-romana.

8. Que este camino que hoy inicio de una manera particular, muchos cristianos lo han comenzado ya y no necesariamente por adherir a otra confesión cristiana, sino por un problema de consciencia frente a Instituciones que enajenan a las personas. La verdadera comunión apostólica no es la sumisión a la jerarquía, sino la aceptación de la voz de la consciencia que cada uno tiene. La verdadera sucesión apostólica es la fidelidad al Evangelio.

9. Que conozco y acepto las consecuencias eclesiásticas derivadas de esta petición. Entre ellas: Exclusión de todos los sacramentos (canon 1071 s 1, 4° y s 2). La privación de exequias eclesiásticas públicas (canon 1184 s 1. 1°), y la celebración de cualquier misa exequial (canon 1185).

10. Que es de mi profundo convencimiento que ir en contra de mi propia conciencia es estar en contra de Dios (Martin Lutero). La fidelidad a la propia consciencia es un derecho constitucional reconocido por la legislación colombiana en el Art. 18 y a la cual ninguna entidad pública o privada puede oponerse.

En virtud de lo anteriormente expuesto, SOLICITO:

1. Que se proceda sin dilación a considerarme apóstata de la Institución Católica-Romana. Que baste para ello mi voluntad soberana expresada en este documento y avalada por mi firma y con la debida acreditación, mediante la presentación en este acto de copia de mi documento de identidad. Aclaro que utilizo en este documento el término apostasía, porque es la palabra técnica asignada por el derecho canónico (canon 751, donde se define como el rechazo total de la fe cristiana) para este tipo de procedimientos. Aunque en mi caso no estoy renunciando a la fe cristiana, sino a una institución eclesiástica.

2. Que se formalice jurídica y documentalmente el reconocimiento e inscripción pública de este acto que declaro sin lugar a dudas y en pleno uso de mis facultades. Dado que el bautismo que me identifica como miembro de la Iglesia Católica Romana consta en un registro público bajo control privado (Libro de Bautizos parroquial), de igual manera solicito se haga la anotación respectiva para los efectos públicos.

3. Que se den las instrucciones precisas y adecuadas para que se me remita un documento de acuse de recibo en el que se manifieste de forma clara la concreción de la “apostasía“, a la que en consciencia y derecho puedo acceder mediante el presente escrito.

4. Que todos los datos de carácter personal y circunstancias que reposan bajo mi nombre sean cancelados para todos los efectos de cualquier apunte estadístico, u otro.

5. Que se traslade copia fehaciente del presente documento y de lo que en derecho civil y canónico debe ser consecuencia. al actual responsable de la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, donde reposan los datos de mi bautizo, a fin de que inscriba en la forma y lugar adecuados junto a la notación bautismal original, el registro que certifique la “apostasía” que en este acto reclamo.

En mérito de lo expuesto, pido el cumplimiento de todas y cada una de las demandas reseñadas y debidamente fundamentadas, por lo que rubrico el presente documento en la ciudad de Medellín, a los diez (10) días del mes de noviembre, día del martirio del sacerdote indígena paez Álvaro Ulcué Chocué, del año 2014.

Respuesta de la Arquidiócesis de Medellín:

En respuesta a su comunicación con fecha 10 de noviembre de 2014, me permito manifestarle lo siguiente.

Acontecimientos históricos como el Bautismo, la Confirmación, el Matrimonio y el Orden Sacerdotal, son inscritos en libros expresamente destinados para dicho fin, que reposan en la respectiva Parroquia donde se celebra el sacramento y, como documentos públicos, nadie tiene potestad para suprimir la información que allí se contiene. Porque ninguno de nosotros está en capacidad de borrar la historia, y tan histórico fue su Bautismo, como este acto de apostasía que ahora Usted hace.

Igualmente, quiero manifestarle que su Bautismo se realizó gracias a una decisión libre de sus padres; de no haber sido así, Usted no habría recibido este sacramento. Sin embargo, en esta fecha, de conformidad con su deseo y con mis obligaciones, comunico al Párroco de la Parroquia Nuestra Señora de Belén (Medellín), donde está asentada su Partida de Bautismo, realizado el 6 de octubre de 1956, esta decisión suya de abandonar la fe católica y, por consiguiente, la adscripción a la Iglesia Católica. Se inscribirá una nota marginal en la partida de Bautismo, que dirá: “El día 10 de noviembre de 2014 apostató con acto formal de la Iglesia Católica, por tanto, a partir de la fecha, por disposición expresa del Señor Arzobispo de Medellín, no se expedirá nunca copia de esta partida”.

CURIA ARZOBISPAL MEDELLÍN, COLOMBIA

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Se reúnen en mi nombre

Viernes, 8 de enero de 2021

00 jesus_choco_cerezoUn precioso artículo, y necesario…

Ventura Puigdomenech
Assekrem (Argelia).

ECLESALIA, 01/01/21.- “Os aseguro que si dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” (Mt.18, 20). Como preparación de la Navidad hace tiempo que me propuse profundizar algún tema que me ayude a mejor visualizar este “Dios hecho carne viviendo en medio de nosotros” (Juan 1,14). Un Dios que desde su primera venida no ha dejado de sorprendernos viniendo allí donde no lo esperábamos: una cueva, un pueblo perdido, un pesebre… lo que no es sorpresa y sabemos bien, es que este año una vez más viene a compartir nuestras historias y sufrimientos: “no tenemos un Jesús incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que de manera parecida a nosotros, ha sido probado en todo, excepto en el pecado y por ello, puede concedernos, la ayuda que necesitamos” (Hb 4, 15-16). ¿De qué va a disfrazarse este año pidiendo acogida?: ¿tomará el disfraz de un desplazado?; ¿el de un parado?; ¿el de un enfermo?; ¿el de un…?, ¡sabe Dios! ¿Sabremos reconocerlo? ¿Y si fuera el disfraz de un Dios ENFERMO que viene a compartir nuestras ‘Unidades de Cuidados Intensivos ‘(UCI)?

A nivel mundial estamos sufriendo un virus del que creíamos que su visita sería de corta duración y hay que rendirse a la evidencia; ya se comienza hablar de una posible tercera ola: ¿Y si escucháramos lo que este bicho, nos quiere decir?

Imagino vuestra reacción: “no por favor, ya estamos hartos de que nos hablen del Covid-19” ¡Lo comprendo!, sin embargo, no puedo dejar de deciros que la respuesta global que le estamos dando desde los niveles político, económico, social y también eclesial no me gusta nada. Cuando veo que la única preocupación desde estos estamentos, no es otra que la de “recuperar la nueva normalidad”, sencillamente me digo: “¡no vamos bien!” La realidad es esta: en medio de la pandemia, al ver cómo la naturaleza retomaba sus espacios, la onda de solidaridad que todo ello despertó, etc… La mayoría de entre nosotros llenos de optimismo, nos decíamos: “nada será como antes” pero una vez deconfinados vemos que para una gran mayoría la única preocupación es el “volver a lo de antes”; el “volver a lo de siempre.”

Pero, decidme: ¿alguien puede aceptar como “normal” que a diario la gente se ahogue en el mar?; ¿que nos hayamos acostumbrado a hablar de un primer y de un cuarto mundo hasta el punto de que ya no son noticia ni el hambre, ni la muerte de niños por una simple diarrea? ¿Cómo vamos a terminar con la pandemia si hay países que acumulan entre 7 y 9 veces más sus dosis necesarias dejando de esta manera en la cuneta a multitud de países pobres que solo podrán vacunar uno de cada diez de sus habitantes? ¿Quién puede aceptar como “normal” el hecho de ver cómo la mentira, la corrupción y la difamación son moneda de cambio en nuestros Parlamentos?; ¿que en pleno siglo XXI se siga cerrando en prisión a personas por sus ideas o reivindicaciones? Más que “normal”: ¿no es “escandaloso” el hecho de ver que se emplea más tiempo en construir muros que en construir puentes o hospitales? ¿Encerrar a millones de desplazados en campos insalubres; dilapidar los impuestos del contribuyente en armas para preparar la guerra; matar nuestra ‘Madre Tierra’… y así, un largo etc.: ¿será esto “normal”? “¿Recuperar una nueva normalidad?” “¡No!, ¡no gracias!”

Con todo, me limitaré a hablar de los efectos de la pandemia sólo desde el nivel eclesial y como miembro activo que soy de esta iglesia me gustaría poder ayudar a la reflexión; esta es la única razón por la que me he decidido a hablaros de ello. Me hago una multitud de preguntas de las que intuyo algunas posibles salidas pero mi sueño es que juntos, desde una reflexión eclesial serena con todo el pueblo de Dios, encontremos las respuestas adecuadas que nos marquen el camino a recorrer.

Para empezar la reflexión, debo deciros que siento una gran pena cuando leo cosas parecidas a estas: “Nosotros tenemos la gracia, como curas que somos, de celebrar en este periodo de confinamiento”; o cuando en la plena primera ola del Coronavirus, en nombre de la “libertad religiosa”, algunos de nuestros responsables reclamaban abrir los templos; o también cuando tímidamente nuestras iglesias empezaron de nuevo a abrir sus puertas y la gente aún traumatizada y con el miedo en el cuerpo, incrédula escuchaba a algunos obispos subrayar: “la obligación dominical”, recordándonos “que la dispensa de no asistir a la misa dominical ya se había acabado”. Mal andamos cuando reducimos la religión a lo permitido, lo prohibido o lo obligatorio… ¿no os parece?

Nos hemos acostumbrado a privilegios y exacciones. En esta salida gradual del confinamiento, no acabo de imaginarme qué hubiera pasado si en muchos de los países dichos católicos hubiéramos tenido que adoptar la medida que tomaron una gran mayoría de países musulmanes: mezquitas (iglesias) abiertas los días laborables y cerradas los viernes (domingos)… simplemente habríamos puesto el grito al cielo al comprobar lo que todos sabemos: nuestras iglesias, a pesar de tener sus puertas abiertas a lo largo de la semana, seguirían vacías y el día que podríamos tener gente: puertas cerradas!

¿Y si el Covid-19 nos regalara el poder hacer una nueva lectura de nuestras prácticas cultuales? El papa Francisco nos pide que “desconfinemos” a Jesús: «hoy Jesús llama desde dentro de la Iglesia para salir hacia afuera.» ¿Seremos capaces de abrirle de par en par las puertas?

Vivo en el Assekrem (Sur de Argelia), en pleno desierto del Sáhara, y mi fraternidad vecina de Tamanrasset (80 km.) desde el mes de marzo del 2019 no tiene sacerdote, eso significa pasar meses enteros sin eucaristía, pero, “por los frutos los conoceréis,” nos dice Jesús: ¿no será más importante ser eucaristía, pan y vino para tanta gente que reclama su presencia? ¿Quién puede poner en duda que mis hermanos son una verdadera fraternidad eucarística y samaritana? Otras fraternidades a lo largo del mundo a pesar de tener algún hermano sacerdote en casa, por solidaridad con el común de los fieles decidieron no celebrar ninguna eucaristía hasta que abrieran las parroquias. Leer más…

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Gritar el Evangelio con la vida.

Martes, 10 de noviembre de 2020

Carlos de Foucauld, este hombre, de vida agitada, de sueños imposibles… que sólo encontró la tranquilidad sumergiéndose en la vida oculta de Nazaret… Jesús, su Amado, lo acompañó en un itinerario de abandono absoluto, llegando a ser el “Hermano Universal“·

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Es preciso gritar el Evangelio con la vida: Toda nuestra vida, por más callada que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, deben ser una predicación del evangelio mediante el ejemplo; toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona tiene que respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida, deben gritar que pertenecemos a Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica, todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, algo que grite “Jesús”, que haga ver a Jesús, que resplandezca como imagen de Jesús.”

*

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“…alabar a Dios es derretirse a sus pies

en palabras de admiración y de amor…

la alabanza forma parte esencial del amor.

Señor mío y Dios mío,

enséñame a encontrar toda mi alegría en alabarte,

es decir,

repetirte sin fin que te amo infinitamente .

*

Carlos de Foucauld

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***

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Jesús fue un laico

Viernes, 16 de octubre de 2020

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“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”
(Jn. 1,14)

Jesús comenzó un proceso de desacralización desplazando el centro de gravedad del templo, el culto y el sacerdocio en favor de una vida entregada a los demás, especialmente a los más vulnerables

El cristianismo se constituyó como una comunidad de personas, que vivían la salvación como un proyecto de sentido en el mundo y que estaban lejanos a las dinámicas ascéticas y cultuales de Israel y otros grupos religiosos del imperio romano

El ministerio (diáconos, presbíteros y entre ellos el obispo) no era solo una dignidad sino una carga, ya que los dirigentes eran los primeros perseguidos por las autoridades. Vivían en el seno de las comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio, casados y con familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical

Hay que recuperar la alternativa cristiana a la religión y a la sociedad, pero esto implica una reforma radical de la Iglesia y del cristianismo, recuperando el Vaticano II y yendo más allá de él. Quizás la crisis actual de la Iglesia sea la base para una nueva etapa evangélicamente innovadora

La amistad que me une con el profesor Juan Antonio Estrada S.J. me permite tomar en esta editorial algunas de sus ideas para justificar  el presente número de nuestro BOLETÍN que aparece bajo el provocador título de ‘Jesús fue un laico’ (1).

Nadie con juicio puede negar que Jesús fue un laico judío sin ninguna formación rabínica, al tiempo que cambió la forma de comprender la Escritura y la ley religiosa. Con la predicación de Jesús comenzó un proceso de desacralización desplazando el centro de gravedad del templo, el culto y el sacerdocio en favor de una vida entregada a los demás, especialmente a los más vulnerables. La reacción violenta de la religión amenazada y del poder político, hostil a todo mesianismo, fue su ajusticiamiento.

Participó así del destino de los profetas y de todos los que lucharon por cambiar la sociedad y religión judías. Una vida sacrificada a los demás, siguiendo el modelo de Jesús, un culto existencial y el paso de la comunidad discipular a la Iglesia fueron señales características del cristianismo (2).

El cristianismo se constituyó como una comunidad de personas, que vivían la salvación como un proyecto de sentido en el mundo y que estaban lejanos a las dinámicas ascéticas y cultuales de Israel y otros grupos religiosos del imperio romano.

No rehusaron la herencia judía y romana, pero la transformaron. Se adoptaron estructuras y cargos no religiosos del judaísmo (presbíteros o ancianos) y del imperio romano (obispos y diáconos). Al ser una religión perseguida no podían tener templos y surgieron las iglesias domésticas. El ministerio (diáconos, presbíteros y entre ellos el obispo) no era solo una dignidad sino una carga, ya que los dirigentes eran los primeros perseguidos por las autoridades. Vivían en el seno de las comunidades que les habían elegido y como ciudadanos del imperio, casados y con familias, con un trabajo profano y un estilo de vida laical. Su forma de vida y de entender la relación con Dios, el culto y las leyes religiosas fueron también la causa de la hostilidad que encontraron en el imperio romano, como antes en Israel.

Quizás la crisis actual de la Iglesia sea la base para una nueva etapa evangélicamente innovadora

De ahí se podía esperar una nueva forma de vivir la religión. La de un grupo centrado en la comunidad y en la misión, cuyos protagonistas eran todos los cristianos y no solo los clérigos. Especial relevancia tuvieron las mujeres, cuya conversión arrastraba a toda la familia, las cuales protegieron y financiaron a las incipientes iglesias domésticas.

Paradójicamente, el éxito social y religioso en el Imperio romano fue la causa de un progresivo distanciamiento del proyecto de Jesús y del de la Iglesia primitiva. La creciente clericalización, la pérdida de la comunidad en favor de los ministros, la creación de un culto rejudaizado y romanizado marcaron al cristianismo, cada vez más cercano al modelo religioso preponderante en el imperio.

Dos mil años después vivimos el reto de volver a inspirarnos en Jesús y en el cristianismo primitivo. El futuro está en volver a los orígenes, en la creación de comunidades, en el protagonismo de los laicos y en la igualdad eclesial de las mujeres.

Desde ahí será posible afrontar el reto que plantea al cristianismo una sociedad secularizada y laicizada, que ha sustituido a la iglesia de cristiandad. Hay que recuperar la alternativa cristiana a la religión y a la sociedad, pero esto implica una reforma radical de la Iglesia y del cristianismo, recuperando el Vaticano II y yendo más allá de él. Quizás la crisis actual de la Iglesia sea la base para una nueva etapa evangélicamente innovadora.

Con el magnífico elenco de colaboraciones que ponemos a tu disposición intentamos abrir un proceso de puesta al día de una Iglesia atrapada por el paso del tiempo en estructuras que contradicen la aseveración “ecclesiae semper reformanda” con el compromiso de estar muy atentos a los signos de los tiempos que nos ha tocado vivir.

Manuel Pozo Oller
Director

1 Cf. www.religiondigital.org (27 diciembre 2019). Ver también La espiritua-
lidad de los laicos en una eclesiología de comunión (Madrid 1990)

2 Cf. RUFINO VELASCO, “Laicidad” 62.2 (Junio 2007)

Fuente Boletín Iesus Caritas de la Familia Carlos de Foucauld Octubre-Diciembre 2020

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Pablo D’Ors: “Las formas tradicionales de la Iglesia no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos”

Sábado, 31 de agosto de 2019

gente-muere“Hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada”, cuenta el fundador de la Asociación Amigos del Desierto

“La única manera de que exista fidelidad es de forma creativa. Si no hay creatividad, no hay felicidad; hay conservadurismo que es distinto”

“Está muy bien conservar el patrimonio espiritual, pero no estamos llamados a ser siempre conservadores, sino a ser fieles. A vivirlo realmente”

“Esto es lo que olvidamos: tan importante como el patrimonio que hemos recibido como el Evangelio, por ejemplo, es el hombre y la mujer de hoy

“Porque tú puedes tener un mensaje extraordinario pero si realmente no tienes en cuenta al destinatario, ¿para que te sirve un tesoro? ¿Para guardarlo bajo la tierra en un arcón?”

“La fidelidad no es sólo al Evangelio, es al hombre y a la mujer de hoy. Y si estamos lejos de ellos, difícilmente vamos a conectar”

El escritor, sacerdote y asesor cultural del Vaticano, Pablo D’Ors, tiene una “esperanza demencial”. El también fundador de la exitosísima red de meditadores Amigos del Desierto quiere lanzar un nuevo monacato secular, con personas dispuestas a consagrarse en medio del mundo. “Un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo”, nos cuenta, como solución a la “urgencia fundamental para la Iglesia de hoy”: la “renovación espiritual“. Hace falta algo nuevo porque “la mayoría de las formas que la Iglesia Católica presenta, para dar cuerpo a esa búsqueda espiritual, no responden, de hecho, a la sensibilidad de la gente“, afirma.

Hoy tendremos el placer de charlar un rato con uno de los grandes escritores españoles. Pablo D’Ors es novelista y asesor del Vaticano, nada menos. Fundador de unas comunidades de los ‘Amigos del Desierto’ y cura. No sé en qué orden. Bienvenido.

Es un placer estar con vosotros. Muchas gracias, José Manuel, por invitarme.

Decíamos que no sabemos en qué orden colocas tus vocaciones.

Yo suelo presentarme, normalmente, como escritor y sacerdote. Y, últimamente, también como asesor cultural del Vaticano y como fundador de la red de meditadores Amigos del Desierto.

Esto de poner escritor y sacerdote lo hago, más que nada, porque pareciera como si la vocación sacerdotal tuviera que ser la primera. Pero, realmente, en mi historia personal cronológicamente fue primero la literatura: ya con 13 o 14 años escribía mis cuentos y tenía decidido ser escritor.

En todo caso, es cierto que esta doble vocación ha sido la historia de mi vida. Y que así como lo he vivido de manera conflictiva durante mucho tiempo, porque cada una requiere mucha energía o toda tu energía, hoy lo vivo con gran serenidad y armonía. Y yo diría que no son dos vocaciones, sino dos expresiones de la misma.

O sea que, hoy, le pones un guioncito en medio y ya está.

Y me quedo tan pancho. Sí; es el ministerio de la palabra, sea escrita o sea hablada. Y ahora he comprendido que para que esa palabra sea fecunda tiene que nacer del silencio. Eso sí.

Ahora hablamos de tu obra como escritor. Pero háblame un poco de qué estás haciendo, ahora mismo, como cura. Antes estabas en un hospital.

Sí, estuve diez años de capellán hospitalario en el Ramón y Cajal. En el año 2014 fundé la asociación de Amigos del Desierto. Y empezó a crecer: hoy somos 40 Seminarios de Silencio dispersos por la geografía española. Como estaba creciendo mucho -porque realmente hay un anhelo espiritual muy grande en esta sociedad tan secularizada, lo que pasa es que las formas tradicionales que ofrece la Iglesia católica no responden a la sensibilidad y al lenguaje contemporáneos- pedí permiso a mí obispo, el cardenal Osoro, para que me liberara y poder trabajar a tiempo completo en la asociación. Y eso es lo que estoy haciendo.

Así que eres fundador.

Sí, aunque yo soy el primer sorprendido. Pero, sí. Y te voy a decir una cosa más, que es casi una primicia: no solamente fundador de esta red de meditadores, -que somos 500 personas- además, hay en proyecto algo maravilloso; es algo así como un monacato secular. Es decir, que hay unas 15 o 20 personas, de esos 500 que te acabo de comentar, que se están pensando consagrarse, en medio del mundo, según este estilo de meditación, de silencio.

Sin vivir juntos en comunidad en un mismo monasterio. Laicos consagrados.

Sí, laicos consagrados, pero monjes. Laicos es una cosa que ya existe de siempre. Lo novedoso…

Monjes en el mundo.

Sí. Carlos de Foucauld ya tenía una intuición sobre esto. Pero había dos cosas que lo harían radicalmente novedoso.

Tú eres muy de Carlos de Foucauld.

Sí. Lo novedoso sería, por un lado, que realmente quiere ser un monacato compatible con la secularidad, hasta el fondo. Es decir, no solamente compatible con la vida laboral, sino también con la vida matrimonial y familiar. Y esto ya son palabras mayores porque, hasta ahora en la Iglesia la consagración monástica no era compatible con consagración matrimonial. Y queremos hacer esta propuesta no porque se nos ocurra, sino porque hay personas que lo viven así.

Y que lo están demandando.

Sí. Y le piden alguna manera teológica, jurídica, a este hecho.

¿Y eso ya ha empezado a rodar?

Hemos empezado a rodar existencialmente. El cardenal está informado pero, bueno, vamos a ver si, efectivamente, va hacia adelante. Llevamos un par de años, así que yo pienso que va adelante.

¿En Roma no te han puesto peros?

Todavía no ha llegado allá. Está aquí, en Madrid.

¿Y ya tienes matrimonios dispuestos a abrazar ese monacato?

Por lo menos a empezar un noviciado.

Pero esto, ¿qué les exigiría? ¿Cómo compaginarían pobreza, castidad y obediencia?

No. Serían votos de, -lo llamamos- desierto y amistad. En definitiva sería lo mismo que oración y comunión. No son los clásicos tres votos de la vida religiosa tradicional.

¿Seguirían haciendo su vida normal?

Sí. Vida familiar y vida laboral pero utilizamos lo que llamaría, en su día, Panikkar “el arquetipo del monje”. Lo que es la unidad.

Digamos que la propuesta más novedosa es que, si hasta ahora el cristianismo se ha articulado fundamentalmente en clave de la palabra, nuestra modesta proposición es articularlo desde el silencio.

Nosotros, los monjes del Tabor, nos conectamos, como cualquier monje tradicional, siete veces al día pero no para los salmos, sino para la oración contemplativa, para la meditación.

Para rezar en silencio.

Sí.

Entonces, tenéis una vida pautada como los monjes, que rezan maitines, completas…

Más o menos, así es.

¿Y la gente está respondiendo a ese tipo de novedad mística?

Es una propuesta espiritual. Yo creo que siempre será propuesta minoritaria porque los monjes nunca han sido mayoritarios; siempre han sido una pequeña porción de los cristianos. Pero una minoría significativa. Yo tengo una esperanza demencial; pienso que hay tanto que purificar en nuestras formas… Leer más…

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Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.

Domingo, 9 de diciembre de 2018

142

Juan Bautista

 Cual greñudo y piloso nazareno,
amigo de alimañas y de fieras,
piel de camello sobre cuerpo enjuto,
como hijo del ayuno y de la estepa,
Juan Bautista predica en el desierto,
-inhóspito desierto de Judea-
y anuncia la llegada del Mesías,
de quien es precursor y fiel profeta.
Y dice que se siente indigno siervo
de soltar sus sandalias y correas.

¡Allanad y hacer rectos los senderos;
preparad los caminos del señor,
porque a punto de llegar está el Mesías
y exige “metanoia”, conversión.
Los que esperáis ansiosos su llegada
del Mesías -Ungido del Señor-
purificad los cuerpos y las almas
en las aguas del Jordán y del perdón!

Y cuando aquel cobarde rey Herodes
mande un día te corten la cabeza,
y Salomé, danzante, se la sirva
en preciosa plateada bandeja,
todos verán, beodos y asombrados,
que tú aún sigues con la boca abierta
gritando la Verdad que nunca muere,
gritando la Verdad a boca llena.

¡Qué bien supiste, Juan, ser de Jesús
su precursor, testigo y fiel profeta!

*

José Luis Martínez

***

En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

“Una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.”

*

Lucas 3, 1-6

***

La soledad es el horno de la transformación. Sin soledad seguimos siendo víctimas de nuestra sociedad, seguimos enredados en las ilusiones de nuestro falso yo. Jesús mismo entró en este horno Para entender el verdadero significado de la soledad, es necesario desenmascarar algunas ideas deformadas de la misma. Todos admitimos la necesidad de algunos ratos de soledad. Sin embargo, lo que queremos a veces decir es la necesidad que tenemos de un tiempo y un lugar para nosotros mismos, un tiempo y un lugar en que nadie nos moleste. Soledad es a menudo para nosotros sinónimo de privado.

Es más, pensamos en la soledad como una especie de estación de servicio en la que podemos cargar nuestras baterías, o como el rincón de un ring de boxeo en el que ponen aceite en nuestras heridas, dan masaje a nuestros músculos y nos animan a seguir en la lucha mediante eslóganes apropiados. Para ser breves, pensamos en la soledad como en el lugar en que reparamos nuestras fuerzas para proseguir la competencia incesante de nuestras vidas.

No es ésta la soledad de Juan Bautista, san Antonio o san Benito, de Carlos de Foucauld o los hermanos de Taizé. Para ellos, la soledad no es un lugar terapéutico privado, sino el lugar de la conversión, el lugar donde muere el viejo yo y nace uno nuevo, el lugar donde emerge el hombre nuevo y la mujer nueva.

*

H. J. M. Nouwen,
El camino del corazón,
Madrid 1986, 21 -23.

***

***

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“¿Orientarnos hacia Dios”. Epifanía del Señor – B (Mateo 2,1-12) 6 de enero 2015

Sábado, 6 de enero de 2018

epifania6-1024x785No hay técnicas ni métodos que conduzcan de forma automática hacia Dios. Pero sí hay actitudes y gestos que nos pueden disponer a las personas a prepararnos al encuentro con él. Más aún. Las palabras más bellas y los discursos más brillantes sobre Dios son inútiles si cada uno no nos abrimos él. ¿Cómo?

Lo más importante para orientarnos hacia Dios es invocarlo desde el fondo del corazón, a solas, en la intimidad de la propia conciencia. Es ahí donde uno se abre confiadamente al misterio de Dios o decide vivir solo, de forma atea, sin Dios. Pero ¿se puede invocar a Dios cuando uno no cree en él ni está seguro de nada? Carlos de Foucauld y otros no creyentes iniciaron su búsqueda de Dios con esta invocación: «Dios, si existes, muéstrame tu rostro». Esta invocación humilde y sincera en medio de la oscuridad es, probablemente, uno de los caminos más puros para hacernos sensibles al misterio de Dios.

Para orientarnos hacia Dios también es importante eliminar de la propia vida aquello que nos está impidiendo encontrarnos con él. Si uno, por ejemplo, tiene la pretensión de saberlo todo y de haber comprendido ya el misterio último de la realidad, del ser humano, de la vida y de la muerte, es difícil que busque de verdad a Dios. Si uno vive encogido por diferentes miedos o hundido en la desesperanza, ¿cómo se abrirá con confianza a un Dios que lo ama sin fin? Si alguien se encierra en su propio egoísmo y solo siente desamor e indiferencia hacia los demás, ¿cómo podrá abrirse a un Dios que es solo Amor?

Para orientarnos hacia Dios es importante mantener el deseo, perseverar en la búsqueda, seguir invocando, saber esperar. No hay otra forma de caminar hacia el Misterio de quien es la fuente de la vida. El relato de los magos destaca de muchas formas su actitud ejemplar en la búsqueda del Salvador. Estos hombres saben ponerse en camino hacia el Misterio.

  • Saben preguntar humildemente,
  • superar momentos de oscuridad,
  • perseverar en la búsqueda
  • y adorar a Dios encarnado en la fragilidad de un ser humano.

 

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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Antonio López Baeza: “Si no volvemos al Evangelio, Cristo no estará con nosotros”

Domingo, 5 de junio de 2016

lopez-baezaAutor de “Carlos de Foucauld y la fragancia del Evangelio” (PPC)

“¿Qué evangelio leen este tipo de creyentes, incluso de jerarcas católicos, que atacan al Papa?”

(Jesús Bastante).- Hoy nos acompaña Antonio López Baeza. Viene a presentarnos un nuevo libro, editado por PPC, titulado Carlos de Foucauld, La fragancia del Evangelio. Nos comenta que Foucauld fue un ejemplo e evangelización y humanidad. Tuvo una vida azarosa y su fe le llegó de forma sorprendente: de la mano del rezo islámico, descubrió la belleza de la oración. Y le cambió la vida. Es un personaje que Antonio conoce muy bien porque lleva años trabajando en la investigación. Y durante 7 años ha dirigido la revista “Iesus Caritas”, fraternidad sacerdotal de Carlos de Foucauld.

Antonio, bienvenido a Religión Digital.

Dinos: ¿Quién es Carlos de Foucauld y por qué continúa siendo un personaje tan buscado y tan leído?

Para nosotros, es el que ha abierto caminos nuevos a la misión evangelizadora de la Iglesia. Por su estancia en África de tantos años con tantas dificultades. Pasó 16 años en el Sáhara. Primero en Beni-Abbès y después en Tamanrasset, donde murió. Fue un hombre que nos hizo ver que la evangelización era, ante todo, un testimonio de amistad desinteresado. Él fue, en primer lugar, militar. Nieto de militares.

Y vizconde.

Exactamente, y Vizconde de Foucauld.

Y después, a partir de su experiencia con los creyentes del Islam, descubrió la belleza de la oración. Cuando en su exploración de Marruecos, donde tuvo que pasar desapercibido porque en aquélla época ningún europeo podía entrar allí. Pasó como judío, acompañado de otro judío. Y en ese tiempo lo que más le impresionó fue la oración de los musulmanes.

Curioso, que fuera a través de la oración islámica cuando reconoce su vocación cristiana.

Fue el comienzo de su conversión. Que se completaría cuando regresó a París con mucho éxito, por su estudio cartográfico del Atlas marroquí, con los mejores premios de París de científicos de aquél momento. Convive con su prima Maria de Bôndi en quien descubre, lo que él después diría en muchos momentos: que tanta inteligencia y bondad, no puede estar enemistada con la fe. Fe de la que él se encontraba lejos, desde que acabó sus estudios a los diez y siete años con los jesuitas de París.

¿Qué papel tiene el desierto físico y el espiritual en la conversión de Foucauld?

Están muy unidos. Él tiene páginas sobre el desierto de una belleza incomparable. Describiendo sus amaneceres y atardeceres, en las numerosas cartas que escribe a sus amigos y familia. Pero es que el desierto con su silencio y su soledad, invita a ir más allá de lo inmediato. Eso es el desierto geográfico, el físico. Pero también es importante ese desierto a nivel de la constatación de los propios límites, buscando a esos propios límites un sentido. Un valor. Porque cuando el ser humano se encuentra desprovisto de medios, es cuando tiene que sacar lo mejor de sí mismo. Y es en ese momento también cuando el hermano Carlos de Foucauld, comienza a profundizar en la contemplación, que él llamaría, “adoración”. Adoración del eterno, del absoluto, en el mismo desierto. Si te fijas en el libro, la editorial PPC ha tenido el acierto de poner en la portada “un” desierto. Porque el desierto junto con Nazaret, son los dos valores principales de espiritualidad del hermano Carlos.

La soledad, para poder encontrarse con el otro.

Y el “Otro” no solo con mayúsculas. El otro, por ejemplo, el musulmán. Él recibió no solo el testimonio religioso orante de los musulmanes, sino que fue también asistido caritativamente por ellos. Y descubrió que la verdadera relación de un creyente con otro creyente, de distintas religiones, es la aceptación del valor de la persona humana, y del amor mutuo, de la fraternidad. Antes hemos hablado de Nazaret y el desierto, y junto con ellos, Carlos desarrolló la conciencia de la fraternidad universal tan cercana a Francisco de Asís.

Y al actual Papa.

¡Por supuesto!

¿Hay algo de Foucauld en Francisco?

Bueno, en mi libro hay varias citas del papa Francisco. Y algunas totalmente referentes a Carlos de Foucauld. En su retiro a los curas que hace todos los años en el Corazón de Jesús, el 15 de junio del año pasado citó textualmente a Carlos de Foucauld como modelo de evangelización. Porque había unido muy claramente la oración a la acción pastoral. Y en el Sínodo de la familia le dedica un capítulo entero porque la espiritualidad en Nazaret coincide, según el Papa, con los objetivos de una verdadera pastoral familiar.

Hablábamos antes del Papa Francisco como alguien que también cree en esa fraternidad universal. Estamos en un momento en que las disputas en nombre de Dios nos están alejando. Asistiendo, más allá de lo que es el Estado Islámico, a una pelea religiosa como no se recordaba probablemente desde la época de las cruzadas. Entre supuestos buenos y supuestos malos.

El papa Francisco está actualizando lo que Francisco de Asís vivió ya en las cruzadas. El diálogo con los musulmanes en plan fraterno. De mutuo enriquecimiento. No se trata de imponer nada, sino de ser capaz de recibir, en una reciprocidad adulta y plenamente espiritual, lo bueno que tienen todas la religiones. Porque el integrismo consiste en pensar que mi religión es la única verdadera. Cuando en realidad esos va en contra de la misma definición de Iglesia católica.

Lo que pasa es que alguno nos acusará ahora de “buenistas”.

¿Buenistas?

De estar pensando siempre que los otros llegan y nos matan, o están asesinando y secuestrando cristianos, etc.

Sí, pero eso supone darles la razón a ellos. Como si el fundamentalismo fuera la solución a los problemas de la humanidad. Cuando estos problemas solo tienen una solución: reconocer que la dignidad de las persona humana está por encima de todos los demás intereses, incluidos los doctrinales, los religiosos y los teológicos. Los dogmáticos.

Debería ser más sencillo trabajar por esa fraternidad universal en un mundo que cada vez está más globalizado en lo económico, en lo mediático. Hoy no pasa algo en el otro lado del mundo sin que nos enteremos al momento. ¿O no es así?

Es que lo globalizado, a mi modo de ver, son las intenciones imperialistas del capital, y lo medios de comunicación de gran alcance. Si se globalizara la conciencia, una conciencia donde fuera la dignidad de la persona el valor máximo, ya se estaría contribuyendo a la fraternidad universal. Y a la lucha contra los fundamentalismos y los dogmatismos, que son los que nos están haciendo daño. Tanto desde un campo como desde otro. Porque no se puede negar cierto fundamentalismo también en sectores de la Iglesia católica.

Que ataca incluso a su propio jerarca. Y últimamente bastante más.

Lamentablemente. Esa es una de las cosas que nos hace sufrir, y que a mí me hace pensar: ¿qué evangelio lee este tipo de creyente, incluso de jerarcas católicos, que atacan al Papa?

¿Con qué fragancia (cogiendo el subtítulo de tu libro), del Evangelio?

¿Con qué argumentos evangélicos, con qué espíritu pueden atacar al Papa, a un hombre que llega a Lampedusa y su primera palabra es “qué vergüenza”? Leer más…

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Alabar

Sábado, 20 de febrero de 2016

Del blog Nova Bella:

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“…alabar a Dios es derretirse a sus pies

en palabras de admiración y de amor…

la alabanza forma parte esencial del amor.

Señor mío y Dios mío,

enséñame a encontrar toda mi alegría en alabarte,

es decir,

repetirte sin fin que te amo infinitamente .

*

Carlos de Foucauld

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***

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Gritar el Evangelio con la vida.

Viernes, 18 de julio de 2014

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Es preciso gritar el Evangelio con la vida: Toda nuestra vida, por más callada que sea, la vida de Nazaret, la vida del desierto, tanto como la vida pública, deben ser una predicación del evangelio mediante el ejemplo; toda nuestra existencia, todo nuestro ser debe gritar el Evangelio sobre los tejados; toda nuestra persona tiene que respirar Jesús, todos nuestros actos, toda nuestra vida, deben gritar que pertenecemos a Jesús, deben presentar la imagen de la vida evangélica, todo nuestro ser debe ser una predicación viva, un reflejo de Jesús, algo que grite “Jesús”, que haga ver a Jesús, que resplandezca como imagen de Jesús.”

*

Carlos de Foucauld

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ORATORIO

Sábado, 1 de marzo de 2014

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La oración es uno de los componentes más vivos del mensaje evangélico. Jesús la ha practicado en su relación con el Padre y nos ha ofrecido un ejemplo extraordinario. Muchos piensan que orar es agarrar a Dios para ponerlo a su alcance o tratar de obtener beneficios y ventajas en provecho propio, y así satisfacer sus deseos y sus esperanzas. La verdad es muy diferente. La oración es entrar en la perspectiva de Dios partiendo de su amor. Es contemplar el rostro de un Padre que mira a sus hijos con ternura. Es encontrar una persona viva y dejarse tocar por su amor.

Orar es para todos una tarea de las más difíciles, es un trabajo exigente, no porque sea superior a nuestras fuerzas, sino porque es una experiencia que no se agota jamás y un camino en el que se permanece siempre discípulo.

La oración es acogida, terreno de adviento del amor de Dios; orar no es tanto amar a Dios, cuanto dejarse amar por Él. Orar es esperar y escuchar, recibir y acoger. Es permanecer en silencio ante el misterio para dejarse amar por Dios, como María que experimenta en su vientre la presencia de Dios. Pero la oración es también movimiento de respuesta a este don, un volver todo el corazón a Dios. La oración es alabanza, acción de gracias, ofrenda, intercesión, fiesta y liturgia de la vida. El núcleo de la oración cristiana es penetrar en el misterio de la filiación divina: estar con Dios en el Espíritu por el Hijo, como el Hijo está en el misterio del Padre. San Pablo nos lo recuerda bien. «Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que grita: ¡Abba! ¡Padre!» (Gal 4,6; cf. Rom 8,15-17; Ef 3,17ss).


***

Orar es ponerse en comunión con Dios, para estar en su presencia, que nos penetra y rodea como el aire que respiramos.

*

Carlos de Foucauld afirmaba que la oración “Es pensar en dios amándolo”.

**

Santa Teresa dice en el capítulo ocho de su autobiografía. “No es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (V 8, 5).

***

Todo lo que brota del corazón y de la pluma de Santa Teresa del Niño Jesús tiene esa misma autenticidad interior. La única “definición” que nos dejó manifiesta esa espontaneidad: “Para mí, la oración es un impulso del corazón, una simple mirada dirigida al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto en medio del sufrimiento como en medio de la alegría. En una palabra, es algo grande, algo sobrenatural, que me dilata el alma y me une a Jesús” (Ms C 25rº).

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San Juan de la Cruz dice que “El mirar de Dios es amar… “Pon los ojos sólo en él y hallarás en él aún más de lo que pides y deseas” (2S 22,5). “Aprende a estar con atención amorosa a Dios, porque el amor fuerte hace que Dios se vuelva a mirarte” (2S 12,8; C31,4).

*****

Y, por último, fray Martín Lutero, afirmaba que “La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad”

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 Es con este sentido por lo que abrimos este espacio  en el que dejar una oración, compartir un sentimiento… O permanecer en silencio  ante Quien sabemos nos ama.

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“Cuando la debilidad es fortaleza”, por Gabriel Mª Otalora

Viernes, 12 de noviembre de 2021

7274457275Un libro que me marcó profundamente…

De su blog Punto de Encuentro:

Hay experiencias de fe que deberían ser divulgarse con fuerza en toda la comunidad cristiana. Incluso convertirse en luz para el día a día por su fuerza universal, católica, y cuya luminosidad choca con la condición hedonista en la que estamos inmersos. La experiencia que traigo a colación está sacada de un libro que ya pasa de las diecisiete reimpresiones; al releerlo, siento la necesidad de compartir al menos lo que entiendo es el cuore de este libro titulado Cartas del desierto, de Carlo Carretto, seguidor de Carlos de Faucauld.

¿Acaso cuando vino Jesús a este mundo, el omnipotente, el Amor, no podía curar a todos los enfermos, saciar el hambre a todos los pobres, curar todas las llagas, resucitar a todos los muertos? ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué dejó al mundo como lo encontró, necesitado, dolorido, injusto, malo?

Ese “habitar entre nosotros” se manifiesta sobre todo en Belén y en el Calvario: Jesús se pone junto al ser humano y le enseña a vivir la impotencia y a sufrir el dolor con amor. Tenía mil modos de ayudarle, pero escogió el más duro, el más radical: ponerse en su lugar, parecerse a él lo más posible. “Se hizo semejante en todo menos en el pecado”. Así, pasó junto a nosotros como uno más, sin ventajas ni privilegios, para enseñarnos a vivir en plenitud. No nos lo enseñó desde un pedestal o desde fuera de nuestra realidad, sino viviendo la misma vida limitada con todos sus condicionantes, sin poder, centrado en el amor.

¿Qué diría la humanidad, si siguiendo a Jesús al Calvario, le viera de repente volverse airado hacia un hombre que le ha dado un puntapié y le gritara: “Sabes quién soy yo?”

Un día iba el autor del mencionado libro en camello por una pista bajo el sol sahariano, cuando se encontró con un grupo de trabajadores que reconstruían el camino deteriorado. No había máquinas ni técnica, sólo el trabajo humano de pico y pala en medio del calor y el polvo del desierto. De pronto, uno de esos obreros manuales le sonríe al hermano Carletto de una manera que no olvidará jamás, según su propio testimonio, aun viéndole “pobre, desgarrado, sudoroso, sucio”. Era su compañero Pablo (otro hermano de Foucauld con quien había coincidido en el seminario), que había escogido este trabajo para mezclarse en aquella masa humana como levadura evangélica. “Nadie habría descubierto a aquél ingeniero europeo bajo aquellos vestidos, aquella barba, y aquél turbante amarilleado por el polvo y el sol”. Ahora era un pobre como los demás.

Un ingeniero convertido en obrero manual… ¡Cuánto mejor sería que al menos utilizara sus conocimientos para arreglar carreteras con medios técnicos más eficaces y humanizados!, se preguntaba la madre del hermano Pablo. En realidad, la pregunta es para el propio Jesús: ¿Por qué quiso ser pobre? ¿Por qué quiso ocultar su divinidad y su poder y vivir entre nosotros como el último y padecer la ignominia de su Pasión? Es no entender el escándalo de que alguien que se proclama Hijo de Dios no ha evitado el suplicio. Pero la respuesta aparentemente más lógica, no es la que responde al amor más grande: la Iglesia no necesita con urgencia de otro ingeniero, de lo que está muy necesitada es de un grano de trigo más que haga fecundar el amor compartiendo la vida con aquellos trabajadores saharianos en aquella remota senda del desierto; a su nivel, sin ventajas, como Cristo hizo con nosotros.

Es el amor el que justifica nuestras acciones, afirma Carletto. Y la jerarquía de los amores la pone la vocación para la que hemos sido llamados. No nos olvidemos que somos sembradores y solo Dios es el recolector. Y lo hace a su manera, a veces indescifrable, a veces contradictoria: Quien de vosotros quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos, nos recuerda el evangelista Juan. Todo un eslogan de liderazgo de servicio.

Este tipo de experiencias y mensajes debería ser trending topic, al menos entre los cristianos católicos. La fuerza del testimonio, el liderazgo de servicio, la apuesta por convertirse en grano de mostaza… Aquellos trabajadores tuvieron un gran regalo de Dios personalizado en el hermano Pablo, mucho mejor que la máquina más moderna capaz de aligerar el trabajo en el desierto. Esa pobreza elegida es desasimiento, es libertad. Es un modo de ser, de pensar, de amar; es un don del Espíritu Santo para quien es llamado y acoge esta vocación y para quien tiene la suerte, en su marginación, de encontrarse con este tipo de personas.

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