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Archivo para Domingo, 24 de mayo de 2015

¿Quién eres Tú…?

Domingo, 24 de mayo de 2015

Businessman with pensive expression

¿Quién eres Tú, dulce luz, que me llena
e ilumina la oscuridad de mi corazón?

Me conduces como una mano materna,
y si me soltaras no sabría dar ni un paso.
Tú eres el espacio que rodea mi ser y lo envuelve en sí.
Abandonado de ti caería en el abismo de la nada,
de donde Tú me llamaste a la existencia.

Tú estás más cerca de mí que yo mismo
y eres más íntimo que mi intimidad.
Al mismo tiempo eres inalcanzable e incomprensible,
ningún nombre es adecuado para invocarte.

¡Espíritu Santo, Amor Eterno!
Tú eres el dulce manantial
que fluye desde el Corazón del Hijo hacia el mío,
el alimento de los ángeles y de los bienaventurados.

¡Espíritu Santo, Vida Eterna!
Tú eres la centella
que cae desde el trono del Juez eterno
e irrumpe en la noche del alma,
que nunca se ha conocido a sí misma.

Misericordioso e inexorable,
penetras en los pliegues escondidos de esta alma
que se asusta al verse a sí misma.
¡Dame el perdón y suscita en mí el santo temor,
principio de toda sabiduría que viene de lo alto!

¡Espíritu Santo, Centella penetrante!
Tú eres la fuerza con la que el Cordero
rompe el sello del eterno secreto de Dios.
Impulsados por ti, los mensajeros del Juez
cabalgan por el mundo con espada afilada,
y separan el reino de la Luz del reino de la noche.

 Entonces surgirá un nuevo cielo y una nueva tierra
y todo, gracias a tu aliento, encontrará su justo lugar.
¡Espíritu Santo, Fuerza triunfadora!
*
Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein)
***

“Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

“Paz a vosotros.”

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

“Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo.”

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

“Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.”

*

Juan 20,19-23

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***

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“Invocación al Espíritu”. Pentecostés – B. (Juan 20,19-23)

Domingo, 24 de mayo de 2015

821292-300x261Ven, Espíritu Santo. Despierta nuestra fe débil, pequeña y vacilante. Enséñanos a vivir confiando en el amor insondable de Dios, nuestro Padre, a todos sus hijos e hijas, estén dentro o fuera de tu Iglesia. Si se apaga esta fe en nuestros corazones, pronto morirá también en nuestras comunidades e iglesias.

Ven, Espíritu Santo. Haz que Jesús ocupe el centro de tu Iglesia. Que nada ni nadie lo suplante ni oscurezca. No vivas entre nosotros sin atraernos hacia su Evangelio y sin convertirnos a su seguimiento. Que no huyamos de su Palabra, ni nos desviemos de su mandato del amor. Que no se pierda en el mundo su memoria.

Ven, Espíritu Santo. Abre nuestros oídos para escuchar tus llamadas, las que nos llegan hoy, desde los interrogantes, sufrimientos, conflictos y contradicciones de los hombres y mujeres de nuestros días. Haznos vivir abiertos a tu poder para engendrar la fe nueva que necesita esta sociedad nueva. Que, en tu Iglesia, vivamos más atentos a lo que nace que a lo que muere, con el corazón sostenido por la esperanza y no minado por la nostalgia.

Ven, Espíritu Santo. Purifica el corazón de tu Iglesia. Pon verdad entre nosotros. Enséñanos a reconocer nuestros pecados y limitaciones. Recuérdanos que somos como todos: frágiles, mediocres y pecadores. Libéranos de nuestra arrogancia y falsa seguridad. Haz que aprendamos a caminar entre los hombres con más verdad y humildad.

Ven, Espíritu Santo. Enséñanos a mirar de manera nueva la vida, el mundo y, sobre todo, las personas. Que aprendamos a mirar como Jesús miraba a los que sufren, los que lloran, los que caen, los que viven solos y olvidados. Si cambia nuestra mirada, cambiará también el corazón y el rostro de tu Iglesia. Los discípulos de Jesús irradiaremos mejor su cercanía, su comprensión y solidaridad hacia los más necesitados. Nos pareceremos más a nuestro Maestro y Señor.

Ven, Espíritu Santo. Haz de nosotros una Iglesia de puertas abiertas, corazón compasivo y esperanza contagiosa. Que nada ni nadie nos distraiga o desvíe del proyecto de Jesús: hacer un mundo más justo y digno, más amable y dichoso, abriendo caminos al reino de Dios.

José Antonio Pagola

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“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo”. Domingo 24 de mayo de 2015. Pentecostés

Domingo, 24 de mayo de 2015

34-PentecostesB cerezoLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 2,1-11: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar:
Salmo responsorial: 103: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
1Corintios 12,3b-7.12-13: Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo:
Juan 20,19-23: Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.
En el presente ciclo B pueden utilizarse tambien las siguientes lecturas:
Gálatas 5,16-25: El fruto del Espíritu.
Juan 15,26-27;16,12-15: El Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad plena.

Cualquier gran ciudad de nuestro mundo rememora ya el ambiente de la torre de Babel: pluralidad de lenguas, pluralidad de culturas, pluralidad de ideas, pluralidad de estilos de vida y problemas inmensos de intolerancia e incomprensión entre los que la habitan. ¿Cómo convivir y entenderse quienes tienen tantas diferencias? La situación está volviéndose especialmente problemática en los países desarrollados, pero también en las grandes ciudades de todo el mundo. Inmigrantes del campo, del interior, de otras provincias o países que lo dejan todo para buscar un trabajo, un hogar, un lugar donde recibir sustento y calidad de vida. A la desesperada son cada día más los que abandonan su país para tocar a la puerta de los países desarrollados, aunque para ello haya que surcar mares tenebrosos en barcas desamparadas. Llegar a la otra orilla es la ilusión… Y cuando llegan, si es que los dejan entrar, comienza un verdadero calvario hasta poder situarse al nivel de los que allí viven. Nuestro mundo se ha convertido ya en paradigma de la torre de Babel, palabra que significaba «puerta de los dioses». Así se denominaba la ciudad, símbolo de la humanidad, precursora de la cultura urbana. Una ciudad en torno a una torre, una lengua y un proyecto: escalar el cielo, invadir el área de lo divino. El ser humano quiso ser como Dios (ya antes lo había intentado en el paraíso a nivel de pareja, ahora a nivel político) y se unió (-se uniformó-) para lograrlo.

Pero el proyecto se frustró: aquél Dios, celoso desde los comienzos del progreso humano, confundió (en hebreo, “balal”) las lenguas y acabó para siempre con la Puerta de los dioses (“Babel”). Tal vez nunca existió aquel mundo uniformado; quizá fue sólo una tentadora aspiración de poder humano. Después del castigo divino, las diferentes lenguas fueron el mayor obstáculo para la convivencia, principio de dispersión y de ruptura humana. El autor de la narración babélica no pensó en la riqueza de la pluralidad e interpretó el gesto divino como castigo. Pero hizo constar, ya desde el principio, que Dios estaba por el pluralismo, diferenciando a los habitantes del globo por la lengua y dispersándolos.

Diez siglos después de escribirse esta narración del libro del Génesis, leemos otra en el de los Hechos de los Apóstoles. Tuvo lugar el día de Pentecostés, fiesta de la siega en la que los judíos recordaban el pacto de Dios con el pueblo en el monte Sinaí, «cincuenta días» (=«Pentecostés») después de la salida de Egipto.

Estaban reunidos los discípulos, también cincuenta días después de la Resurrección (el éxodo de Jesús al Padre) e iban a recoger el fruto de la siembra del Maestro: la venida del Espíritu que se describe acompañada de sucesos, expresados como si se tratara de fenómenos sensibles: ruido como de viento huracanado, lenguas como de fuego que consume o acrisola, Espíritu (=«ruah»: aire, aliento vital, respiración) Santo (=«hagios»: no terreno, separado, divino). Es el modo que elige Lucas para expresar lo inenarrable, la irrupción de un Espíritu que les libraría del miedo y del temor y que les haría hablar con libertad para promulgar la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús.

Por esto, recibido el Espíritu, comienzan todos a hablar lenguas diferentes. Algunos han querido indicar con esta expresión que se trata de “ruidos extraños”; tal vez fuera así originariamente, al estilo de las reuniones de carismáticos. Pero Lucas dice “lenguas diferentes”. Así como suena. Poco importa por lo demás averiguar en qué consistió aquel fenómeno para cuya explicación no contamos con más datos. Lo que sí importa es saber que el movimiento de Jesús nace abierto a todo el mundo y a todos, que Dios ya no quiere la uniformidad, sino la pluralidad; que no quiere la confrontación sino el diálogo; que ha comenzado una nueva era en la que hay que proclamar que todos pueden ser hermanos, no sólo a pesar de, sino gracias a las diferencias; que ya es posible entenderse superando todo tipo de barreras que impiden la comunicación.

Porque este Espíritu de Dios no es Espíritu de monotonía o de uniformidad: es políglota, polifónico. Espíritu de concertación (del latín “concertare”: debatir, discutir, componer, pactar, acordar). Espíritu que pone de acuerdo a gente que tiene puntos de vista distintos o modos de ser diferentes. El día de Pentecostés, a más lenguas, no vino, como en Babel, más confusión. “Cada uno los oía hablar en su propio idioma de las maravillas de Dios”. Dios hacía posible el milagro de entenderse.. Se estrenó así la nueva Babel, la pretendida de Dios, lejos de uniformidades malsanas, un mundo plural, pero acorde. Ojalá que la reinventemos y no sigamos levantando muros ni barreras entre ricos y pobres, entre países desarrollados y en vías de desarrollo o ni siquiera eso. Leer más…

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¡Venga tu Espíritu Santo! Pentecostés, amor hecho justicia

Domingo, 24 de mayo de 2015

RomeroDel blog de Xabier Pikaza:

Espíritu Santo es el don (el regalo) más grande de Jesús, que ha muerto para así darnos a Dios, de manera que hoy, Pentecostés, Cincuenta Días de Pascua, podemos decir que Dios es nuestro.

Lógicamente, allí donde el texto oficial del Padrenuestro dice: Venga tu Reino, muchos manuscritos antiguos interpretan y leen: ¡Venga tu Espíritu!, el mismo Dios-Amor que se expresa en el pan nuestro de cada día, el perdón de las deudas y a la vida perdurable.

Amor de Dios en nosotros, eso es su Espíritu. Dejar que nos “invada” y transforme, en libertad y gozo para os demás: eso es Pentecostés.

Así lo supo el “beato” Óscar Romero, mártir/testigo del Espíritu de Dios,que levanta su mano derecho en signo de presencia, mientras una niña de la iglesia/humanidad lleva en su mano la Paloma del Espíritu, como la Virgen María (Imagen de Maximino Cerezo).

— A todos quiero desear un gran día de Pentecostés, un día largo y para siempre de libertad para el amor de todos (para todos), como justicia salvadora abierta a los más pobres. En esa línea quiero seguir recordando hoy a Romero, un hombre de Pentecostés, es decir, del amor hecho justicia.

Para ser más fiel al mensaje de esta Pascua de los Cincuenta Dios, quiero recordar y comentar hoy la palabra de Jesús que ha venido a liberar a los endemoniados, oprimidos por Belzebú, que (según la Biblia) es el Diablo de la “casa opresora” del “mundo”, como podrá ver quien siga leyendo. En esa gran “batalla de Jesús” a favor del amor hecho justicia seguimos implicados los cristianos. Feliz día a todos, no sólo a los cristianos.

1. UNA EXPERIENCIA CRISTIANA


Jesús, la obra del Espíritu Santo

Conforme a la experiencia de los evangelios, el Espíritu de Dios ha recibido eso un “contenido” cristiano por Jesús (no en contra de las otras religiones, sino asumiendo y potencia la vida y libertad de los hombres, en amor, en esperanza, en gracia).

* Jesús anuncia el reino como gracia. Superando el juicio de Dios que, conforme a Juan Bautista, amenazaba a todos (cf. Mt 3, 7-11), ha presentado a Dios como principio de nueva creación. Por eso, llevando a su meta la búsqueda israelita, nos conduce hasta el origen y meta de Dios a quien concibe presente ya en el mundo por el Espíritu (como Espíritu).

* Jesús ha realizado los signos de amor del Reino: ofrece perdón y camino de Dios a pecadores y expulsados de la alianza de su pueblo; llama a publicanos y perdidos al banquete de la vida; cura a posesos y expulsados, acoge a pobres y perdidos. De ese modo realiza la obra del Espíritu santo (=puro) en un mundo de impuros.

Desde ese fondo se entiende la raíz y centro del mensaje de Jesús. Los escribas de una Ley que se cierra en sí misma (judíos o cristianos) le acusan de estar “unido al Diablo”. Él responde en forma programática:

Si expulso a los demonios con el Espíritu de Dios
eso significa que el Reino de Dios está llegando a vosotros (Mt 12, 28).

En lucha contra aquello que destruya el hombre (el poder demoníaco):

Reino y Espíritu se unen, oponiéndose al poder demoníaco que oprime y perturba al ser humano, haciéndole esclavo de sí mismo y de la muerte, en una lucha en que los fuertes oprimen a los débiles (y encima les llaman endemoniados)

*Los demonios destruyen al humano. El judaísmo normal de aquel tiempo pensaba que debían expulsarse (curando a los humanos), pero había que hacerlo conforme a la ley, guardando el orden marcado por la estructura social israelita. Esa ley ayuda al pueblo en su conjunto (como sistema sacral), pero oprime a los más indefensos del sistema.

Con audacia y novedad insospechada, Jesús ha descubierto que el mismo Satán se esconde y actúa en el sistema sacral que oprime a los pobres. Por eso les cura, rompiendo (o poniendo en riesgo) el orden del sistema. Lógicamente, su gesto crea polémica: Jesús está acusando de diabólico al sistema legal del judaísmo; lógicamente, el sistema responde declarándole poseso.

* Jesús defiende su actuación extra- o supra-legal en favor de los proscritos de Israel (de los posesos e impuros), declarando que el Espíritu de Dios le sostiene precisamente en su labor de mensajero del reino y exorcista: no acepta el control de los escribas de Israel, sino que actúa como portador del Espíritu de Dios que desborda (rompe) el control del judaísmo.

Demoníaco es todo lo que oprime al ser humano. Propio del Espíritu es aquello que libera. De esas forma, frente a la nación-ley de Israel eleva Jesús el don poderoso del Espíritu: el reino de Dios.

El programa de Jesús, un Pentecostés continuado

Esta temática nos sitúa en el centro del mensaje y obra de Jesús que se presenta como portador de la libertad de Dios para todos los humanos, iniciando desde el centro de Israel la obra escatológica anunciada por los profetas:

El Espíritu del Señor está sobre mí;
– por eso me ha ungido para ofrecer la buena nueva a los pobres,
– me ha enviado para proclamar la libertad a los cautivos

(Lc 4, 18; cf. Is 61, 1-2; 58, 6).

Lógicamente, aquellos que entienden al Espíritu en clave cerrada, como poder divino al servicio de sus intereses religiosos y sociales, acusan a Jesús y quieren ajusticiarle, conforme al método tradicional del talión unánime, despeñándole de la roca de su pueblo. Pero Jesús escapa (cf. Lc 4, 28-30). El Espíritu que acoge a los marginados y cura a los enfermos se ha vuelto duro y conflictivo para aquellos que quieren mantener sus ventajas nacionales:

* Sabe y proclama Jesús que todos los pecados se perdonan, porque Dios es gracia y porque acoge a los pequeños y perdidos de la tierra: el Espíritu es perdón universal, comunión para todos los humanos, reino que rompe las fronteras legales y sacrales de un pueblo particular. Pues bien, ese Espíritu suscita el rechazo de los israelitas que quieren conservar su identidad sacral, su ley de santidad divina.

* Los que rechazan el perdón (no acogen y perdonan a los expulsados del sistema) quedan sin perdón. Así excluyen toda posibilidad de salvación, pues pecan contra el Espíritu Santo, es decir, contra el perdón y comunión de Dios, contra su reino (Mt 12, 31-32; cf. Mc 3, 28-30). Este no es pecado de los malos, sino de los piadosos que no aceptan el perdón social y religioso que Jesús ofrece a los “malos”.

Padre nuestro pneumatológico: ¡Venga tu Espíritu!

Llegando al final en esta línea, podemos afirmar que el Espíritu no es sólo el poder de libertad y perdón que lleva al Reino, sino el mismo reino de Dios, como ha sabido interpretar una variante textual de Lc 11, 2 que, en lugar de venga el reino, dice venga a nosotros tu Espíritu Santo. El mismo Espíritu es Reino: Dios hecho camino y culminación para los humanos.

2. REFLEXIÓN POSTERIOR

La pregunta no es saber si Dios existe, sino si está o no está entre nosotros (Éx 17, 7).

Ciertamente, el cristiano sabe que Dios se encuentra con nosotros, como amor y fuerza que procede de Jesús y que nos lleva (por Jesús) hasta la nueva realidad de la vida ya reconciliada, a la Ciudad-Esposa de Ap 21-22. Pero él debe actualizar y cultivar esa presencia, dentro de la iglesia, en un camino de transformación histórica.

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Domingo de Pentecostés. Ciclo B

Domingo, 24 de mayo de 2015

250px-Pentecostés_(El_Greco,_1597)Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Para el Greco, María Magdalena vale por ciento siete

En el famoso cuadro de Pentecostés pintado por El Greco, que ahora se conserva en el museo del Prado, hay un detalle que puede pasar desapercibido: junto a la Virgen se encuentra María Magdalena. Por consiguiente, el Espíritu Santo no baja solo sobre los Doce (representantes de los obispos) sino también sobre la Virgen (se le permite, por ser la madre de Jesús) e incluso sobre una seglar de pasado dudoso (a finales del siglo XVI María Magdalena no gozaba de tan buena fama como entre las feministas actuales). Ya que el Greco se inspira en el relato de los Hechos, donde se habla de una comunidad de ciento veinte personas, podemos concluir que la Magdalena representa a ciento siete. ¿Cómo se compagina esto con el relato del evangelio de Juan que leemos hoy, donde Jesús aparentemente sólo otorga el Espíritu a los Once? Una vez más nos encontramos con dos relatos distintos, según el mensaje que se quiera comunicar. Pero es preferible comenzar por la segunda lectura, de la carta a los Corintios, que ofrece el texto más antiguo de los tres (fue escrita hacia el año 51).

La importancia del Espíritu (1 Corintios 12, 3b-7.12-13)

            En este pasaje Pablo habla de la acción del Espíritu en todos los cristianos. Gracias al Espíritu confesamos a Jesús como Señor (y por confesarlo se jugaban la vida, ya que los romanos consideraban que el Señor era el César). Gracias al Espíritu existen en la comunidad cristiana diversidad de ministerios y funciones (antes de que el clero los monopolizase casi todos). Y, gracias al Espíritu, en la comunidad cristiana no hay diferencias motivadas por la religión (judíos ni griegos) ni las clases sociales (esclavos ni libres). En la carta a los Gálatas dirá Pablo que también desaparecen las diferencias basadas en el género (varones y mujeres). En definitiva, todo lo que somos y tenemos los cristianos es fruto del Espíritu, porque es la forma en que Jesús resucitado sigue presente entre nosotros.

Hermanos:

Nadie puede decir: «Jesús es Señor», si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Volvemos a las dos versiones del don del Espíritu: Hechos y Juan.

La versión de Lucas (Hechos de los apóstoles 2,1-11)

            A nivel individual, el Espíritu se comunica en el bautismo. Pero Lucas, en los Hechos, desea inculcar que la venida del Espíritu no es sólo una experiencia personal y privada, sino de toda la comunidad. Por eso viene sobre todos los presentes, que, como ha dicho poco antes, era unas ciento veinte personas (cantidad simbólica: doce por cien). Al mismo tiempo, vincula estrechamente el don del Espíritu con el apostolado. El Espíritu no viene solo a cohesionar a la comunidad internamente, también la lanza hacia fuera para que proclame «las maravillas de Dios», como reconocen al final los judíos presentes.

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos, preguntaban:

― ¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua.

La versión de Juan 20, 19-23

            El evangelio de Juan, en línea parecida a la de Pablo, habla del Espíritu en relación con un ministerio concreto, que originariamente sólo compete a los Doce: admitir o no admitir a alguien en la comunidad cristiana (perdonar los pecados o retenerlos).

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

― Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

― Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

― Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

            Estas breves ideas dejan clara la importancia esencial del Espíritu en la vida de cada cristiano y de la Iglesia. El lenguaje posterior de la teología, con el deseo de profundizar en el misterio, ha contribuido a alejar al pueblo cristiano de esta experiencia fundamental. En cambio, la preciosa Secuencia de la misa ayuda a rescatarla.

El don de lenguas

«Y empezaron a hablar en diferentes lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse». El primer problema consiste en saber si se trata de lenguas habladas en otras partes del mundo, o de lenguas extrañas, misteriosas, que nadie conoce. En este relato es claro que se trata de lenguas habladas en otros sitios. Los judíos presentes dicen que «cada uno los oye hablar en su lengua nativa». Pero esta interpretación no es válida para los casos posteriores del centurión Cornelio y de los discípulos de Éfeso. Aunque algunos autores se niegan a distinguir dos fenómenos, parece que nos encontramos ante dos hechos distintos: hablar idiomas extranjeros y hablar «lenguas extrañas» (lo que Pablo llamará «las lenguas de los ángeles»).

El primero es fácil de racionalizar. Los primeros misioneros cristianos debieron enfrentarse al mismo problema que tantos otros misioneros a lo largo de la historia: aprender lenguas desconocidas para transmitir el mensaje de Jesús. Este hecho, siempre difícil, sobre todo cuando no existen gramáticas ni escuelas de idiomas, es algo que parece impresionar a Lucas y que desea recoger como un don especial del Espíritu, presentando como un milagro inicial lo que sería fruto de mucho esfuerzo.

El segundo es más complejo. Lo conocemos a través de la primera carta de Pablo a los Corintios. En aquella comunidad, que era la más exótica de las fundadas por él, algunos tenían este don, que consideraban superior a cualquier otro. En la base de este fenómeno podría estar la conciencia de que cualquier idioma es pobrísimo a la hora de hablar de Dios y de alabarlo. Faltan las palabras. Y se recurre a sonidos extraños, incomprensibles para los demás, que intentan expresar los sentimientos más hondos, en una línea de experiencia mística. Por eso hace falta alguien que traduzca el contenido, como ocurría en Corinto. (Creo que este fenómeno, curiosamente atestiguado en Grecia, podría ponerse en relación con la tradición del oráculo de Delfos, donde la Pitia habla un lenguaje ininteligible que es interpretado por el “profeta”).

Sin embargo, no es claro que esta interpretación tan teológica y profunda sea la única posible. En ciertos grupos carismáticos actuales hay personas que siguen «hablando en lenguas»; un observador imparcial me comunica que lo interpretan como pura emisión de sonidos extraños, sin ningún contenido. Esto se presta a convertirse en un auténtico galimatías, como indica Pablo a los Corintios. No sirve de nada a los presentes, y si viene algún no creyente, pensará que todos están locos.

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“Hágase tu voluntad”, por Gema Juan, OCD

Domingo, 24 de mayo de 2015

17465825759_b1d87c84cc_mDe su blog Juntos Andemos:

Unos años antes de empezar su vida entre las carmelitas descalzas de Colonia, Edith Stein reflexionaba acerca de la voluntad de Dios y preguntaba: «¿Cómo podemos pronunciar ese “hágase tu voluntad” si no tenemos ninguna certeza de lo que la voluntad de Dios exige de nosotros?».

Edith buscaba, aunque ya había experimentado que Dios va por delante dando luz. Decía que el Espíritu del Señor «se deja encontrar, cuando lo buscamos. Sí, Él espera no solamente a que lo busquemos, Él está continuamente en nuestra búsqueda y nos viene al encuentro».

Así como Pablo escribía a la comunidad de Corinto que, bajo la fuerza del Espíritu es posible reconocer que Jesús es Señor, Edith apuntaba que al acoger este Espíritu, se puede descubrir la voluntad de Dios y vivirla. Y recordaba cómo escuchar al Espíritu: «Ah, si solo aprendiéramos a escuchar vivamente, con el espíritu y el corazón en vez de con sentidos muertos, entonces experimentaríamos que la Palabra de Dios es vida y que con ella entra en nosotros la fuerza de Cristo».

Si en Corinto había problemas, el mundo que rodeaba a Edith vivía una crisis importante. Sin embargo, los dos hacen la experiencia del Espíritu, los dos descubren la fuerza que nace cuando es Él quien da vida a la propia vida. Aquel Espíritu del que Pablo decía que es un Espíritu de «energía, amor y buen juicio», no un espíritu cobarde, es el que movía también a Edith. Y con razón sentía que su trabajo implicaba «la gran tarea de liberar energías positivas».

Edith estaba convencida de que el Espíritu que había prometido Jesús, para guiar a los creyentes y llevarlos a la verdad plena, inspira el interior de quien quiere descubrir los caminos de Dios. Decía: «Cuando se sabe prestar atención a lo que en el silencio del corazón habla el Espíritu de Dios, y se decide, no solo a escuchar, sino a cumplir la Palabra», entonces se puede responder a la llamada de Dios y «colaborar en la obra de la Redención de Cristo».

«Escuchar vivamente» era lo que creía Edith que hay que hacer para comprender la voluntad de Dios. Ella formulaba de un modo muy sencillo qué es la voluntad de Dios. Decía que Él «vino al mundo para salvarnos, para unirnos con Él y para unirnos entre nosotros, y para hacer nuestra voluntad semejante a la suya».

Cuando Pablo explica a los corintios que el Espíritu se manifiesta en cada quien para el bien común, está hablando de cuál es la voluntad de Dios. Y cuando pide a los hermanos de Galacia que caminen según el Espíritu, está diciéndoles que comprendan la voluntad de Dios, que es una voluntad de amor y comunión.

«Rompamos filas y ayudémonos mutuamente» –pedía Edith– para vivir la fe, para ser testigos, para buscar el bien común y caminar según el Espíritu. Para poder decir «hágase».

Edith sabía que no hay certezas en el camino de la fe, que siempre es una apuesta del «todo por el todo». Había entendido que quien ama de verdad, guarda los mandamientos de Jesús y cumple la voluntad de Dios. Y sentía ya lo que su madre Teresa de Jesús apuntaba: que «aun en esta vida da Dios ciento por uno».

Por eso, cuando hable de vivir la voluntad de Dios, dirá que «quien cada día y de corazón dice “Señor, hágase tu voluntad”, puede confiar plenamente en que no actuará en contra de la voluntad de Dios, aun cuando no tenga una certeza subjetiva».

También por eso, creía que cuando se toma en serio la Palabra, cuando se da a los demás con la propia vida, entonces es cuando la palabra humana es cauce de la vida que Dios quiere repartir continuamente, es cauce del Espíritu de vida. Por eso Edith decía:

«Si aprendiéramos a hablar vivamente: a no distribuir la gran y santa Palabra como monedas manoseadas, sino con todo su sentido, impregnado de frescura de un espíritu despierto y de un corazón incandescente –entonces experimentaríamos que en nuestras palabras vive la fuerza del Espíritu, que encienden vida, irrumpen en otros corazones y los atraviesan todos hasta el cielo, y reparten gracia y consuelo».

«Nadie puede decir: Jesús es Señor, si no está movido por el Espíritu Santo», decía Pablo. Nadie puede decir: «Hágase tu voluntad» –dirá Edith- si no es movido por ese mismo Espíritu.

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“El Espíritu no se repite”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 24 de mayo de 2015

26De su blog Nihil Obstat:

El Espíritu es siempre el mismo. Pero en cada uno se manifiesta de forma diferente. Porque el Espíritu Santo, al unirse a nuestro espíritu, se adapta a nuestro espíritu. El Espíritu Santo nunca anula a la persona, actúa a través de nuestra personalidad, de nuestras capacidades y de nuestra imaginación. En este sentido habría que decir que el Espíritu está continuamente evolucionando. Por eso, aquellos que buscan la acción del Espíritu en la repetición, no entienden lo que es el Espíritu.

Comparar, por ejemplo, el estilo de ejercer el primado que tenía el Papa Juan Pablo II con el que tiene Francisco, y medir la bondad del estilo de Francisco en función de su parecido con el de Juan Pablo II, es un error (porque ningún Papa es “la medida” del papado), una injusticia (porque se pretende utilizar a un Papa para descalificar a otro), y una falta de confianza en Dios, que concede a su Iglesia lo que en cada momento necesita. Los que no quieren que nada cambie se dedican a criticar a los vivos a partir de lo que supuestamente harían los muertos. Como los muertos no pueden defenderse es fácil apelar a su memoria y manipularla en función de nuestros, a veces, inconfesables intereses.

El Espíritu siempre actúa buscando el bien. El bien común y el bien individual. El Espíritu se hace presente en todo lo que contribuye a la edificación de la Iglesia, a la mejora de las condiciones de vida, al avance de los derechos humanos. Allí donde hay verdad, belleza, justicia, alegría y amor, allí está actuando el Espíritu. Por eso, sus posibilidades de actuación son inmensas y su creatividad no tiene límites. Buscar el Espíritu en la repetición es probablemente la mejor manera de no encontrarlo. El Espíritu nos abre a nuevos espacios. Pero con la precisa función de hacer presente a Cristo.

Actúa dentro y fuera de la Iglesia. Este “fuera” hay que entenderlo en sentido amplio. Mueve a los cristianos que se comprometen para lograr una política más limpia, y mueve a los políticos no cristianos que denuncian la corrupción. Mueve a los curas y a las monjas que animan ONGs en beneficio de los inmigrantes sin papeles y mueve a los no cristianos que reclaman leyes más en consonancia con la dignidad de todas las personas. Mueve al policía que ayuda a los náufragos y al fraile que les surte de mantas y alimentos. Mueve a la enfermera que, discretamente, sabe consolar, y a la maestra que dedica su tiempo libre a ayudar a un alumno con dificultades.

La obra del Espíritu nunca es fácil; a veces parece muy lenta. Choca con el pecado y la limitación humana. Aún así, el Espíritu, de forma suave y callada, sigue introduciéndose por las más pequeñas rendijas, mantiene viva la llama de la inconformidad, produce novedades inesperadas.

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Bienvenida al Espíritu Santo

Domingo, 24 de mayo de 2015

3129380-vidrieras-composici-n-que-muestra-una-paloma-blanca-volando-sobre-un-arco-iris-y-un-brillante-sol-ilGabriel Mª Otalora*, gabriel.otalora@outlook.com
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 22/05/15.-

Del Espíritu nos hablan Mateo, Juan así como Lucas en los Hechos, al menos en tres ocasiones; y Pablo en sus cartas a los  Corintios y Gálatas. El término parakletos, que literalmente significa “aquel que es invocado”, significan cosas tan reconfortantes como mediador, defensor, consolador, el que viene en nuestra ayuda. Es la fuerza de Dios que nos transforma para infundir amor por encima de nuestras debilidades y miserias. Es, en definitiva, el que nos da luz y fuerza para mantenernos en  la esperanza y firmes en la fe del amor.

Confieso que durante años, el Espíritu Santo era el gran desconocido para mí. Poco a poco, ha ido revelándose hasta resultar una experiencia de Dios maravillosa. Como dice el papa Francisco, es el Espíritu Santo el que permite al cristiano el tener la “memoria” de la historia y de los dones recibidos por Dios.

En Pentecostés (el quincuagésimo día después de la Pascua de Resurrección) que a su vez tiene el trasfondo de la fiesta judía de la manifestación de Dios en el Sinaí, el Espíritu Santo al descender sobre los apóstoles, les hace salir de sí mismos para convertirlos en testigos de las maravillas de Dios. Y esta transformación obrada por el Espíritu se refleja en la multitud que acudió al lugar y que provenía “de todas las naciones”, porque todo el mundo escucha las palabras de los apóstoles como si estuvieran pronunciadas en su propia lengua.

Éste es un efecto esencial de la acción del Espíritu que guía y anima el anuncio del Evangelio: la unidad, la comunión. Es la contraposición a Babel como signo de la soberbia y el orgullo del hombre que quería construir con sus propias fuerzas, sin Dios, “una ciudad y una torre cuya cúspide llegara hasta el cielo”. Aunque la mayoría prescinde de que el Espíritu Santo vive dentro de nosotros y que lo hemos apagado hasta negar de manera práctica su existencia tan real como nuestra vida.

Pero los cristianos de Occidente tenemos un problema: vemos este domingo como una fiesta más de la Iglesia, fiesta de precepto (qué lenguaje, Dios mío) y festivo laboralmente hablando. Pero no es una festividad religiosa más, sino uno de los grandes días del año, en el que recordamos y proclamamos la fuerza de Dios-Amor irrumpiendo en el mundo a través de aquellas pobres criaturas humanas, acobardadas y con poca fe, los mismos que en el relato de la Ascensión todavía le preguntan a Cristo si era ese el momento en que iba a darse, por fin, la liberación política de Israel. Una fiesta que nos interpela con amor nuestra falta de fe y por tanto de valentía para la denuncia profética y el compromiso con la Buena Nueva. En Pentecostés se derrama la victoria de la Resurrección a toda la humanidad de la mano de los cristianos abiertos al amor de Dios solidaria y responsablemente. Es el gran día que debiera convertirse en el signo de la iluminación del mundo sobre las tinieblas. El chispazo que alumbre el triunfo del amor sobre todo lo demás.

Por muy pobre que nuestro bagaje de amor, solo encontraremos en el Dios de Pentecostés su fuerza sanadora y transformadora buscando lo mejor de cada persona. Es la única petición que Dios concede siempre: la revelación a quien se la pide con fe. Es decir, con ganas: Dios no cumplirá todos nuestros deseos, como cualquier madre o padre sensato, pero sí cumple todas sus promesas; y una de las más claras es que “Mi Padre dará el Espíritu Santo a quien se lo pida”.

En esta sociedad tan materialista y a la vez tan golpeada por la crisis de valores, llena de lázaros abandonados a su suerte, Dios nos renueva su fidelidad invitándonos a despertar el amor inmenso que late en nuestro interior como la fuerza del Espíritu Santo. Un tesoro dormido por la mediocridad, el egoísmo y la desesperanza. Ante una nueva fiesta de Pentecostés, dejémonos invadir por el Espíritu. Es la mejor oración, lo que más necesitamos para nosotros y para irradiar a este mundo desnortado.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

(*) Autor del libro Compasión y misericordia. San Pablo, 2014)

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Pascua (10), vamos a pescar: La iglesia tiene dos centros (no uno)

Domingo, 24 de mayo de 2015

Pedro Y Juan ante la resurrecciónDel blog de Xabier Pikaza:

Termino esta serie de Pascua, ya en las puertas de Pentecostés,con el motivo de unos pescadores que no echan la red para “extraer” la pesca del lago, sino para cuidar y amar a los peces convertidos en ovejas, es decir, en ganado.

Ya sé que el motivo es extraño y puede ser algo barroco, como las escenas del evangelio de Juan, que comienza con parábolas simples (un ciego, un paralítico…) y que después se lía, volviendo y revolviendo las imágenes, como en este caso (Jn 21), pasando de la pesca y de la red con peces al rebaño y al pastor examinado de amor y no de pastos o de leches.

Ármese de paciencia el lector y lea el texto (Jn 21) y déjese extrañar, y vuelva luego, si aun tiene resuello, a esta postal, en la que quiero insistir en las figuras de Pedro (signo del orden de la Gran Iglesia) y el Discípulo Amado (que sin duda va por libre). Pedro debe defender (aceptar) la libertad del Discípulo Amado… el Amado ha de seguir en la barca de Pedro.

Recordemos el comienzo de la escena. Pedro sale a pescar con seis amigos, un grupo de Siete (es decir, toda la Iglesia; cf. Hech 6-7). Entre ellos se ha colado un “extraño”, que no tiene ni siquiera nombre, y le llaman Amado (cf. Jn 15, 15).

— Se puede discutir quién es ese Discípulo Amado, si es figura simbólica o real. Algunos dicen que es Juan el Zebedeo, otros con Lázaro, a quien Jesús amaba (cf. Jn 11, 5. 28) o María Magdalena, a quien Jesús parece haber querido mucho…. Pero es muy difícil decidirlo.

pedrojuan— Pedro “es” la Gran Iglesia, como sabemos por Jn 1, 42, cuando Jesús le dijo: «Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Cefas, que significa Pedro», es decir, Piedra cimiento (cf. Mt 16, 17-18). Incluso el Discípulo Amado, el de tantas libertad, ha de entrar en su barca…, pero tendrá su propio oficio, será libre siendo Iglesia (es decir, por ser Iglesia).

Imagen 1: Iglesia son dos dos que corren al sepulcro de Jesús (Pedro y el “otro”)
Imagen 2: Pedro y el Discípulo amado al final de la pesca (aunque el tema se pude aplicar a la primera llamada de Mc 1, 18-22; pero “imaginemos” que estos dos son Pedro y Juan, no Pedro y Andrés).
Imagen 3: La Iglesia son dos (Pedro y el discípulo amado, que avanzan con Jesús).

(La imagen normal de la Iglesia formada por Pedro y Pablo es buena, pero es posterior…).

Éste ha sido un “pacto” no escrito, el primer “concilio” de la Iglesia antigua:

‒ La Gran iglesia (Pedro) ha de admitir a carismáticos liberados, que van a lo suyo, testigos de la libertad originaria del amor, debe aceptarles como son ( iglesia especial, sin muchas leyes o estructuras).

‒ Por su parte, ese Discípulo amado debía reconocer un tipo de autoridad de Pedro, es decir, la Gran iglesia (como supone Jn 21), sin desvincularse del todo.

Así cuenta Jn 21 nuestra historia que empieza con los peces del agua y termina con las ovejas del monte, en un camino de reconocimiento y amor en la iglesia. .

Pedro dice: Vamos a pescar, compañeros; y entra en la barca el Discípulo Amado, que es “casta”.

Así dice Pedro, y el Discípulo amado se cuela en la barca, sin decir nada, sin pedir permiso. Está allí porque sí, como estaba cerca de Jesús en la Última Cena. (Jn 13, 21-27). Parece un “don nadie”, y sin embargo tiene conexiones, de forma que incluso es amigo del Sumo Sacerdote y consigue así que a Pedro le abran la puerta de la casa donde se celebra el juicio de Jesús (cf. Jn 18, 15-16).

Esta amistad del Discípulo amado con el Sumo sacerdote supone que era un hombre de categoría, emparentado con la “casta” de los altos círculos de Jerusalén, y así le presenta el evangelio como alguien que está cerca de la élite sacerdotal: es un judío importante que se ha hecho amigo de Jesús.

Todo parece indicar que este Discípulo Amado era Casta, pero sabe querer y se mantiene bajo la cruz, donde no está Pedro, que no es casta, pero tiene miedo… Más aún, este Discípulo Amado, amigo del Gran Sacerdote, se hace también “amigo” de la madre de Jesús (Jn 19, 26-27)… y corre luego con Pedro buscando el sepulcro vacío de Jesús, donde ven el sudario y las vendas, cuidadosamente dobladas (Jn 20).

Pedro ha de hacerse Discípulo Amado (es decir, reconocer su autoridad).

Pedro tiene que rehacer oficialmente la Iglesia de los compañeros de Jesús, pero no empieza de cero… pues a su lado sigue silencioso este Discípulo Amado… que quizá no sabe otras cosas, pero sabe querer y ser querido (¡sólo en amar es mi ejercicio!)

pedro y juanEl relato empieza con Simón Pedro diciendo “voy a Pescar” (21, 3). Sin este principio no hubiera habido iglesia, como han indicado otros testimonios de Mt y Lc-Hech. Se le juntan varios discípulos, formando así un número de siete (como los helenistas de Hech 6), no Doce como los apóstoles de Jerusalén (evidentemente, faltan aquí las mujeres, que estaban, sin duda). Suben con Pedro a la barca y, a la voz del Señor, que les espera en la orilla, vuelven a echar las redes tras una noche en la que no han pescado nada.

Ahora logran pescar un gran número de peces (todos los pueblos) y el Discípulo amado reconoce a Jesús y dice a Pedro: ¡Es el Señor!» (Jn 21, 3-7). Pedro ha dirigido la faena, pero no sabe ver, porque aún no ama, y así depende del Discípulo amado, para descubrir a Jesús que espera en la orilla, recibiendo los peces que le traen y ofreciéndoles el pan y el pez del Reino. «Después que comieron, Jesús dijo: «Simón, hijo de Juan ¿me amas más que estos?». Le dijo: «¡Sí, Señor! Tú sabes que te quiero». Le dijo: «¡Apacienta mis corderos!…» (Jn 21, 15-17).

En este contexto volvemos a descubrir la vinculación y diferencia entre Pedro y el Discípulo Amado, en línea de amor. Ambos han estado en la barca de la pesca; ambos deben seguir vinculados. Pedro tiene que aprender a amar a Jesús; el Discípulo amado debe aceptar el ministerio de Pedro. De esa forma, los dos quedan vinculados por el mismo amor. Así se entiende el final de la escena, que está centrada en Pedro, pero en su referencia al Discípulo Amado.

– Pedro sigue siendo el encargado de cuidar de ese rebaño, como responsable del trabajo de la iglesia; para ello debe transformarse en amor, convirtiéndose él también en discípulo amado (Jn 21, 15-19).
– El Discípulo Amado ha de seguir al lado de Pedro, libre y creativo, dentro de una iglesia que es de todos. Ese discípulo avanza por sus propios caminos, al lado de Pedro, como representante de la comunidad del espíritu y amor dentro de la iglesia (cf. Jn 21, 20-24).

— Eso significa que en un sentido muy profundo sólo existe iglesia del amor: el mismo Pedro debe transformarse en esa línea si es que quiere seguir a Jesucristo y anunciar su pascua sobre el mundo.

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El Papa Francisco ante un dilema histórico

Domingo, 24 de mayo de 2015

cont_b7yq7jnwf5lg96mEl papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.
(Marco Antonio Velásquez).

Después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de Familia, realizada en octubre de 2014, parecen haberse aquietado las hostilidades hacia el papa, por su espíritu reformista. De hecho, el mismo Francisco ha dado señales de tranquilidad, reafirmando el magisterio tradicional de la Iglesia, concediendo mayor confianza a alguno de los cardenales disidentes, como Carlo María Caffarra, y tomando pública distancia de líderes reformistas, como el cardenal Walter Kasper.

Sin embargo, tal quietud es más aparente que real, porque los opositores han optado por trabajar más silenciosa que bulliciosamente, dejando atrás un estilo que sirvió para alertar a la Iglesia universal y conseguir adhesión. Paralelamente, el papa no cesa en denunciar la corrupción del clero, mientras el G9 lo asiste en el desafío de seguir ordenando las finanzas vaticanas y en simplificar la curia.

En una institución donde predomina el statu quo, son esperables las tensiones que originan los cambios. Dicho ambiente contrasta con la sólida adhesión y apoyo que concita la persona del papa Francisco, quien expone su liderazgo para sensibilizar a las naciones tras el objetivo de globalizar la solidaridad, la justicia y la paz, así como para promover en la Iglesia la autonomía laical, el respeto a la conciencia personal y la acogida de los carismas.

Detrás de cada acto pontificio hay mensajes significativos que no pasan inadvertidos. Como los nombramientos del último consistorio que lapidaron el carrerismo eclesial; o la aprobación de la esperada beatificación de monseñor Romero, que reconoce oficialmente a esa Iglesia pueblo de Dios, concediendo estatus eclesial a las luchas liberadoras de los pobres y de los pueblos oprimidos.

En este contexto, el análisis de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo de la Familia de octubre pasado aporta reveladoras pistas para evaluar el ambiente eclesial que rodea al papa Francisco. En tal sentido, la Relatio Synodi dejó una huella inconfundible del pulso eclesial y una medida de la evolución de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II.
Reconociendo las diferencias existentes entre un concilio y una asamblea sinodal, hay algo en común que ayuda a evaluar la calidad de la comunión eclesial. En este sentido, el consenso de las votaciones de los padres conciliares y sinodales es un buen indicador del clima de comunión.

Los documentos del concilio se aprobaron de manera casi unánime, registrando en promedio, el conjunto de ellos, una aprobación del 98,5% de los votos conciliares. En ese contexto, la aprobación promedio del 92,5% que tuvieron los 62 numerales de la Relatio Synodi muestra un menor consenso, respecto del alcanzado en el concilio. Incluso hay cuatro numerales de la Relatio Synodi que revelan una acentuación de posiciones divergentes, como son las cuestiones atingentes al acceso a los sacramentos de la comunión y de la reconciliación, a la comunión espiritual y al reconocimiento de elementos positivos entre quienes no viven el matrimonio cristiano, así como la acogida con respeto y delicadeza de las personas homosexuales. En estos temas el nivel de rechazo superó el 30% y llegó al 40% en el caso del acceso a los sacramentos para personas en situación conyugal irregular.

Si el 1,5% de disenso registrado en el Concilio Vaticano II generó un doloroso cisma eclesial que perdura en la actualidad, es evidente que disensos cercanos al 40% como los manifestados en la Relatio Synodi, revelan un significativo cambio del espíritu eclesial entre el Concilio Vaticano II y el Sínodo de la Familia. Surge así una medida de la involución del Concilio en 50 años y una magnitud de la oposición al papa Francisco en cuestiones pastorales.

Con estos datos, es comprensible que las tensiones eclesiales, lejos de calmarse, están presentes y activas. Sin embargo, lo nuevo, es que después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo éstas se manifiestan ya no directamente contra el papa, sino contra los reformistas. Herida la comunión eclesial, las disputas se vuelven más sutiles y técnicas, menos visibles.

Por ejemplo, la tesis aperturista liderada por el cardenal Walter Kasper enfrenta nuevos obstáculos. Cuando en el Consistorio de febrero de 2014, el cardenal Kasper sorprendió a la asamblea refiriendo un trabajo teológico del profesor Joseph Ratzinger, publicado en 1972, donde proponía una solución pastoral para rehabilitar a los divorciados vueltos a casar, nadie imaginó que 44 años después, a fines de 2014, el propio papa emérito, con la ayuda del cardenal Gerhard Müller, publicaría una Retractatio como parte de una colección teológica. En ella, el papa emérito, con el rigor teológico que lo caracteriza, no hace sino reconocer la evolución de su pensamiento, coherente con lo instruido por el mismo desde la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Otro caso da cuenta que, después de la Asamblea Extraordinaria del Sínodo, un grupo de 100 personalidades católicas envió al papa Francisco una Súplica Filial, para que clarifique la desorientación causada por la eventualidad que en el seno de la Iglesia se abra una brecha tal que permita el adulterio con el acceso posterior a la Eucaristía, por parte de parejas divorciadas y vueltas a casar civilmente. Entre los firmantes figuran el cardenal Raymond Leo Burke y el cardenal Jorge Medina Estévez, junto a una lista de obispos y laicos de organizaciones pro-vida y de familia.

Más recientemente, el cardenal Gerhard Müller ha aparecido afirmando la autoridad del prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al proponer la supremacía de dicho dicasterio respecto de las Conferencias Episcopales, en cuestiones de doctrina y disciplina matrimonial y familiar. Ello, en respuesta al cardenal Reinhard Marx, quien como presidente de la Conferencia Episcopal de Alemania había declarado que “no somos una sucursal de Roma”.

Así, la Asamblea Sinodal de octubre próximo no será fácil para el papa. De hecho, los opositores apuntan a hacer sentir un clima cismático en Roma, algo que en el corazón de un papa constituye un serio límite y un acto de fuerte coacción, en cuanto el obispo de Roma, junto con presidir en la caridad, es el signo de la unidad de la Iglesia.

El papa Francisco sabe que el futuro de la Iglesia se juega en su capacidad de aggiornamento a los desafíos que le plantea el mundo; un terreno donde la Iglesia debe enfrentar aquella vieja pugna entre el imperio de la Ley y el de la misericordia. Visto así, el papa Francisco enfrenta en su conciencia de pastor un serio dilema teológico-pastoral, una cuestión que Jesucristo enfrentó transgrediendo la Ley -no por capricho, sino por misericordia- asumiendo una conducta que le impuso los mayores costos personales que, en última instancia, lo llevaron a la cruz.

Marco Antonio Velásquez Uribe
Revista Reflexión y Liberación

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San Romero de América, en los altares y en los corazones

Domingo, 24 de mayo de 2015

beatificacion-de-monsenor-romero_560x280Multitudinaria beatificación de Oscar Arnulfo Romero en San Salvador

Monseñor Paglia dice que “Romero cargó sobre sus hombros todo el dolor de los pobres”

(José M. Vidal).- Fiesta de la fe y del amor para elevar a los altares oficialmente (en los corazones ya estaba) al obispo mártir de la justicia Oscar Arnulfo Romero. En la plaza de Cristo Salvador abarrotada de fieles. En una ceremonia presidida por el cardenal Angelo Amato, que aseguraba, en su homilía, que la opción proferencial por los pobres del nuevo beato no era ideológica, sino evangélica.

Acompañado de cientos de obispos, cardenales y sacerdotes. Con casullas rojas, como corresponde a la beatificación de un mártir.

“Que se digne inscribir en el número de los beatos a Oscar Arnulfo Romero”, pide el arzobispo de San Salvador. A continuación, el postulador de su causa, Vincenzo Plagia lee la biografía del aspirante a beato. Y reslata que, en sus obras, escribió: “Los pobres son la encarnación de Cristo”. O “deseo ser una hostia ofrecida al Señor sobre el altar”. Y el Señor se lo concedió.

Y Paglia sigue contando su vida y sus palabras. Decía, por ejemplo, “el obispo no es sólo un profeta, sino un creador de comunidad”. Y su relato se ve interrumpido por aplaudos. “Con Romero, Jesús caminaba de nuevo con su pueblo”, dice monseñor Plagia. Y añade que cargó sobre sus hombros con todo el dolor de los pobres. “El pueblo sintió el olor de pastor de Romero y éste llegó a ser un ejemplo de pastor que defiende a los pobres”.

Lo acusaron de hacer política, pero Romero aclaraba: ‘lo que busco hacer no es política, sino Evangelio que tiene que iluminar las calles del país

Paglia dice que Romero veneraba a Pablo VI, mientras a Juan Pablo II apenas tuvo tiempo de conocerlo. “El secreto de la verdad, para mí, es estar en comunión con el Papa” “Su voz se difundió por toda la tierra y el sensus fidelium lo veneró desde siempre como santo”. “Hoy Romero sigue pidiendo nuestra conversión”

Con esta celebración se lleva a cabo la misa interrumpida el día del martirio y la otra interrumpida la del día del funeral. Y, desde el cielo, Romero bendice a este país, a todo el mundo, a toda la Iglesia y al Papa Francisco que sentimos cerca de nosotros en estos momentos“.

A continuación se lee, precisamente, la carta del Papa Francisco en la que concede el permiso para beatificar a monseñor Romero. Y el pueblo aplaude y canta el Amén.

Y, entre una estruendosa ovación, llegan las reliquias de monseñor Romero. En una urna, la camisa ensangrentada que llevaba el dia de su asesinato. Mientras suena “Tu reino es justicia, tu reino es paz, venga a nosotros tu reino, Señor”.

El pueblo de el Salvador, a través de su arzobispo, monseñor Alas, agradece la beatificación al Papa: “Expreso nuestro más profundo agradecimeinto al Papa Francisco por la beatificación del mçártior Oscar Romero, que derramó su sangre en defensa de la fe”.

Tras las lecturas, la intencionada homilía de monseñor Amato.

Algunas frases de la homilía del cardenal Amato

“La beatificación de monseñor Romero es una fiesta de gozo y de fraternidad. Un don del Espíritu Santo a la Iglesia y a la noble nación salvadoreña”

“La del obispo es una dura tarea, como decía San Agustín”

“Romero amó a sus fieles y a sus sacerdotes con el afecto y con el martirio, dando la vida como ofrenda de reconciliación y de paz”

“Testigo heróico del Reino de Dios”

“Las almas de los justos están en las manos de Dios”

“La memoria de Romero sigue viva y da consuelo a los pobres y marginados de la tierra”

“Nada ni nadie separó a Romero de Cristo y de su Evangelio”

“Una bala traidora lo hirió de muerte y su sangre se mezcló con la sangre redentora de Cristo”

“¿Quién era Romero? ¿Cómo se preparó al martirio?”

“Era un sacerdote bueno, un obispo sabio, pero sobre todo un hombre virtuoso. Amaba a Jesús y lo adoraba en la eucaristía. Amaba a la Iglesia y al Papa y a su pueblo”

“El martirio no fue una improvisación, sino que tuvo una larga preparación”

“Hombre de fe profunda y de esperanza inquebrantable”

“Siempre decía: ‘Con tu todo y con mi nada haremos mucho”

“Un cambio en su vida de pastor casi tímido fue el asesinato de Rutililo Grande, jesuita salvadoreño”

“Este evento tocó el corazón de monseñor Romero”

“Los campesinos se quedaban huérfanos y Romero quiso tomar su puesto”

“La liberación que el padre Grande predicaba se inspira en la fe”

“Desde aquel día, su lenguaje se volvió más explícito en la defensa del pueblo oprimido, sin preocuparse de las amenazas que cotidianamente recibía”

“Sus palabras no eran una provocación al odio y a la venganzia, sino una invitación a la concordia de sus hijos divididos”

“Soñaba que un día, sobre las ruinas del mal, brillaría la gloria de Dios y su amor”

“Su opción por los pobres no era ideológica, sino evangélica. Su caridad se extendía también a los perseguidores”

“La caridad pastoral le infundía una fortaleza extraordinaria”

“Tengo que ir adelante. No guardo rencor a nadie, decía”

“Romero es otra estrella luminosa que se enciende en el firmamento espiritual de la Iglesia americana”

“Son muchos los santos de este maravilloso continente”

“Tierra de amor y fidelidad a la buena noticia del Evangelio”

“Su beatificación, fiesta de paz, de justicia y de perdón”

“Que su martirio sea una bendición para El Salvador para las familias, los pobres y los ricos. Para todos los que buscan la felicidad”

“Romero no es un símbolo de división, sino de paz, de concordia y de fraternidad”

“Romero es nuestro. Pertenece a la Iglesia y a la humanidad”

“Romero es nuestro, pero también de todos. Para todos es el profeta del amor de Dios y del amor al prójimo”

“Beato Oscar Romero, ruega por nosotros”

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Obama celebra la beatificación de monseñor Romero y pide inspirarse en él

Domingo, 24 de mayo de 2015

obama-en-su-visita-a-la-tumba-de-romero_560x280“Figura inspiradora para El Salvador y toda América”

Agradeció a Francisco su decisión de beatificar al Santo de América

El presidente de EEUU, Barack Obama, celebró la beatificación del mártir salvadoreño monseñor Óscar Arnulfo Romero, que se realizará hoy en San Salvador ante unas 285.000 personas, y dijo que su figura debe servir de inspiración para trabajar por la justicia y la paz.

Monseñor Romero, asesinado de un tiro el 24 de marzo de 1980 en plena misa cuando era arzobispo de San Salvador, fue una figura inspiradora para la gente de El Salvador y de toda América”, destacó Obama en un comunicado divulgado por la Casa Blanca.

Según Obama, Romero fue un hombre “inteligente” y “valiente“, que “hizo frente a los males que veía sin temor, guiado por las “necesidades” de la población “oprimida y pobre” de su país.

El mandatario recordó que se emocionó “profundamente” cuando tuvo la oportunidad de visitar la tumba del arzobispo en marzo de 2011, dentro del viaje que realizó a San Salvador.

El Salvador ha avanzado mucho en los últimos 35 años”, subrayó Obama, quien agregó que actualmente el trabajo que realiza EEUU en ese país y en toda Centroamérica se guía por la “visión” de Romero y está orientado a “promover oportunidades económicas, fortalecer el imperio de la ley y crear vecindarios más seguros”.

Obama agradeció también al papa Francisco por su decisión de beatificar a Romero y por su “liderazgo” al enfatizar la obligación compartida de “ayudar a los que más lo necesitan”. Esperemos que la visión del arzobispo Romero nos inspire a todos a respetar la dignidad de todos los seres humanos y a trabajar por la justicia y la paz“, concluyó.

Miles de devotos de monseñor Romero llenaban hoy, desde primeras horas de la madrugada, la plaza del Salvador del Mundo de la capital salvadoreña, donde el arzobispo será beatificado a las 10.00 hora local (16.00 GMT) ante unas 285.000 personas, según estimaciones de la Iglesia católica.

El 24 de marzo de 1980, monseñor Romero fue asesinado de un tiro en el pecho mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia de San Salvador.

La Comisión de la Verdad que investigó los crímenes cometidos durante la guerra civil de El Salvador (1980-1992) indicó que “existe plena evidencia” de la complicidad en este asesinato del ya fallecido Roberto D’Aubuisson, fundador de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), partido que gobernó el país entre 1989 y 2009.

Una ley de amnistía aprobada un año después de los Acuerdos de Paz que en 1992 pusieron fin a la guerra civil en el país dejó en la impunidad el crimen de monseñor Romero, recordado por denunciar las injusticias cometidas en los años previos al conflicto armado. (RD/Agencias)

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