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Normas comunitarias y realidad abierta.

domingo, 10 de septiembre de 2023
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IMG_0458Domingo XXIII del Tiempo Ordinario

10 septiembre 2023

El capítulo 18 del evangelio de Mateo contiene una serie de normas que habían de regir la vida comunitaria de aquellos primeros grupos de discípulos de Jesús que se iban constituyendo.

No son, por tanto, palabras del propio Jesús, sino una creación posterior, exigida por la situación. La constitución de cualquier grupo humano requiere normas que regulen su funcionamiento.

El problema aparece cuando las normas se absolutizan, otorgándoles valor por encima de las personas. Suele ser una tendencia habitual en grupos sectarios y, más en general, en comunidades impregnadas de autoritarismo, y dan lugar a un modo de vida legalista y moralista. Riesgos que no están ausentes en el texto que comentamos, que insta a considerar como “pagano” o “publicano” a quien no se ajuste a las normas.

Sea como sea el modo en que los diferentes grupos tratan de solventar la cuestión de su propio funcionamiento, lo que parece obvio es que tanto el legalismo como el moralismo mostrarán pronto sus efectos negativos: no solo porque se coloca la norma o la ley por encima de la persona -en contra de lo que el propio Jesús había advertido: “No es el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”-, sino porque se ignora el carácter abierto de lo real.

Que la realidad sea abierta significa que, en contra de lo que suele ser la rigidez mental -que casa mejor con actitudes legalistas y moralistas-, permite diferentes niveles de consciencia, de los que brotarán, lógicamente, lecturas y comportamientos diversos.

Esto no significa caer en un relativismo vulgar para el que todo vale lo mismo y que justifica cualquier cosa, sino reconocer el modo abierto como se expresa lo real. No todo vale igual, pero cada persona tiene un camino propio que recorrer. Caminos bien diferentes que, sin embargo, tienen cabida y son acogidos dentro de la realidad, esencialmente abierta.

Sin embargo, el nivel mítico de consciencia -que, en mayor o menor medida, pervive en todos nosotros- impide verlo. Porque para ese nivel, solo existe una verdad -la propia- y un único modo correcto de ver y de hacer las cosas. Solo un nivel de consciencia pluralista y aperspectivista regala una mirada omnicomprensiva, respetuosa, tolerante y constructiva.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Desde dónde un acto / actitud es moralmente buena o mala?

domingo, 10 de septiembre de 2023
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IMG_0459Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- El problema de la ética y la moral.

    Las lecturas de hoy dan pie para abordar un problema que no solemos tratar en las homilías, es la cuestión de la moral y de la ética en su perspectiva de Moral Fundamental. ¿De dónde surge la moralidad en la vida?

(Al menos hoy vamos a pensar estas cosas en la brevedad de una homilía).

¿Cuál es el fundamento de la ética y de la moral?

Ética es un término griego y moral es una palabra latina; ambas significan más o menos lo mismo: “costumbre” y, por prolongación: estilos y esquemas de vida y comportamiento. De manera que, la ética y la moral configuran, ordenan los comportamientos humanos desde la perspectiva del bien y mal.

02.- ¿Cuál es el fundamento de la moral-ética? (Consideraciones)

¿De dónde le viene la moralidad a un acto, a una actitud, a un modo de vivir? ¿Por qué y desde dónde podemos decir que determinado comportamiento es bueno o malo?

  Hasta hace no mucho tiempo todos vivíamos en un mismo universo cultural y, por tanto, también en un mismo entramado ético-moral. Comúnmente se admitía una fuente de moralidad: Dios. La ética-moral judeo cristiana tenía su fundamento en el Sinaí, en los diez mandamientos y en las pautas de comportamiento de la vida se regulaban desde ahí. Al mismo tiempo la moralidad surgía del evangelio de Jesús, del seguimiento de Jesús.

+   Pero esa cierta uniformidad moral (y cultural) ha saltado por los aires. Los cambios socio-culturales, las migraciones, las ideologías políticas, han hecho que los criterios y comportamientos hayan cambiado en muchos aspectos de la vida: trabajo, economía, sexualidad, política, familia, educación, etc.

+   Por otra parte, en nuestro contexto cultural Dios ha muerto (Nietzsche), lo hemos matado pensando que, apartando a Dios y siendo nosotros autónomos, siguiendo nuestras ideas, nuestra voluntad, llegaríamos a ser realmente libres y perfectos, para poder hacer lo que nos apetezca sin tener que doblegarnos a nadie.

+   Pero no parece que, cuando Dios desaparece de escena, el hombre no llega a ser más libre, más honrado. Al contrario, más bien parece que perdemos dignidad.

¿Es cierto que cuanta menos religión, cuanta menos ética y moral, más libre y mejor vive el hombre?

Esto no parece cierto:

  • Cada minuto gastan los países del mundo casi 2 millones de dólares en armamento militar. (Desde aquí se explica la guerra Ucrania-Rusia y otras guerras).
  • 700.000 niños mueren al año de hambre o de enfermedades causadas por el hambre. (En la media hora que puede durar una misa, habrán muerto de hambre 750 niños).
  • Cada año se destruye para siempre una superficie de bosque tropical equivalente a la mitad de España.
  • Pensemos en la violencia de género, los malos tratos, el rol de la mujer en el mundo y en la Iglesia.

+   La cuestión que se nos plantea es ¿cuál es el principio de moralidad?

+   Gran parte de la sociedad piensa que la ética y la moralidad provienen de la ley –legislación- que emanan los parlamentos. Es bueno o malo lo que dice la ley.

    Pero no parece que esto sea cierto, pues no todo lo legal es moralmente bueno. El sistema económico es legal, pero profundamente injusto e inmoral.

+   La moralidad y la ética no nacen de comparar la vida, las actitudes con mis intereses ideológicos de partido y por tanto es bueno o malo, lo que favorece mi ideología, mi nación, mi cuenta corriente, mi modo de vida o mi religión. Una actitud, una legislación no es buena porque consiga votos o contribuya a lograr determinado fin político.

Incluso en el mismo mundo eclesiástico muchos  (laicos y clero) pensamos que el bien y el mal surgen del cumplimiento o no de la ley eclesiástica, es decir del Derecho Canónico y no del Evangelio. Cuando en realidad el bien y el mal surgen del seguimiento de JesuCristo y -en última instancia- del mandamiento del amor desde el interior del ser humano.

+   En muchas personas flota la idea de que la moralidad es una cuestión privada, cada uno hace lo que cree, lo que le parece en su conciencia. Por eso, las cuestiones ético-morales ni se tocan y de ellas  no se habla, no se enseñan, cada uno hace lo que cree.

    Pero tampoco esto es cierto porque la mayor parte de las cuestiones importantes no son meramente individuales, sino comunitarias: el asesinato, las guerras, el hambre, el trabajo, la familia, no son cuestiones que han de quedar meramente a la decisión de un individuo, fanático o no. La sexualidad, el aborto,  el consumismo convulsivo occidental, la convivencia de la ciudad, la política,  el cuidado de la tierra (ecología) no son meras cuestiones de mi conciencia, sino de todos.

    Por tanto la ética y la moral son una cuestión comunitaria, social del ser humano que vive en un pueblo. Y estas cosas hay que enseñarlas, -en términos educativos se llama “socialización”-. Toda sociedad ha de transmitir a las nuevas generaciones su idioma, su cultura, sus valores, sus costumbres y su ética.

03. Los creadores de nuevas éticas

    Las ideologías imponen su ética y su ley de tipo económico o de tipo nacional. Los medios de comunicación son los “nuevos Moisés o los nuevos Sinaí”, que imponen las pautas de comportamiento desde la tiranía de la ideología a quien sirven.

    Pero las mayorías –en cuanto mayorías- no son fuente de moralidad. Ni los parlamentos, ni la banca,  ni los medios de comunicación son fuente sana de moralidad. Las mayorías. La economía, la política pueden tener poder, pero no verdad, ni bien, ni belleza.

04.- La moralidad nace de ver la vida desde el ser humano y desde Dios (Ultimidad).

Dios es la ultimidad de la existencia, y -para nosotros los cristianos- esa ultimidad es Padre, con lo que ello supone de creación, vida, protección, amor y perdón: todos ellos valores éticos de gran calado.

    A Moisés caminando con el pueblo por el desierto no le fueron escritos milagrosamente los “mandamientos” en dos tablas de piedra, sino que, caminando por la vida, afrontando los problemas de la vida, pensando, dialogando con los suyos y aprendiendo de la vida, fue –fueron-descubriendo las pautas de conducta que le parecían mejores para el bien de su pueblo. Después, Moisés como persona religiosa que era, Dios comprendiendo que aquellos criterios eran buenos, eran también queridos por Dios, fueron propuestos al pueblo como salidos de la propia boca divina. Son palabra de Dios.

(Es una revelación ascendente: del ser humano a Dios).

La palabra humana confrontada con lo que sea bueno para el ser humano y confrontada con la ultimidad, llega a ser Palabra de Dios.

  Por otra parte, van surgiendo muchas cuestiones nuevas, y otras, que siendo viejas, se replantean desde modernas perspectivas antropológicas, sociológicas, psicológicas, médicas, etc. Y esas cuestiones requieren pensamiento, lucidez, trabajo, camino…

Pensemos en los problemas que plantea la genética con sus posibilidades de curación y sus peligros de manipulación; pensemos en la bioética, la fecundación in vitro, la homosexualidad, el LGBTQ, la pena de muerte, etc. Son tareas humanas: hemos de encontrar pautas de conducta que llevan a una vida más auténtica y a una convivencia más humanizadora.

    Para ir concretando la ética en normas, leyes, etc., se requiere calma, pensamiento, estudio, amplitud de mente, libertad de espíritu, desinterés, bondad humana.

  • El problema de la homosexualidad no está bien tratado ni resuelto por una mera ley. Hay que estudiar más el problema desde la antropología, la psicología, la medicina, la Biblia, la moral.
  • Los malos tratos y los asesinatos de parejas no se van a resolver por una ley (siendo necesaria). Hay que pensar –y estudiar- un poco más en una mejor educación sexual; ¿qué podemos esperar de una sistemática concepción erótica de la vida, de los medios de comunicación?
  • ¿No habrá que repensar algunos aspectos y criterios en cuestiones políticas? Porque ni la economía, ni la nación, ni el placer son criterios últimos de moralidad.

La ética judía fue naciendo poco a poco en el camino del desierto, cuando las tribus hebreas se iban constituyendo como pueblo. En el Sinaí se plasmó el decálogo.

05.- La moral cristiana.

    JesuCristo sitúa la moralidad en lo profundo de la humanidad: es bueno o malo lo que sale del interior del hombre y lo que contribuye –o destruye- la construcción de una humanidad conforme al reino de Dios, o lo que es lo mismo: verdad, libertad, justicia, amor, perdón.

Para que tengamos una ética y una moral sanas habremos de mirar y pensar libre y creativamente a Dios y al ser humano.

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El trabajo también es oración

sábado, 9 de septiembre de 2023
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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«Si uno se lleva bien con su trabajo y lo hace con tranquilidad, está orando todo el tiempo. Es importante recuperar este equilibrio, y comprender que el trabajo realizado como es debido no impide orar. El trabajo hecho como es debido es oración. Como es debido: lo cual no quiere decir que tengas que regodearte con él, ni que debas empeñarte en hacerlo a la perfección; es hacerlo como instrumento de Dios. Hay en esta actitud un sustrato de profundo misticismo. No es una mística. Es misticismo, una forma de estar unido a Dios. Nuestra voluntad puede no estar en perfecta consonancia con la voluntad de Dios. Pero la idea hindú conlleva verdad: es Dios y solo Dios quien hace el trabajo a través de nosotros«.

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Thomas Merton

Los manantiales de la contemplación

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Jesús Lozano Pino: El lugar de los débiles como mirada hermenéutica (II).

sábado, 9 de septiembre de 2023
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jesus19n-5-webConferencia en Ronda en el curso de verano de la UNED (26-30 de junio). 

[Nota aclaratoria: _continuamos nuestro artículo dejando claro que, aunque me estoy apoyando en el primer Heidegger para hacer notar de una manera más contundente el paso, el proceso de cambio que podemos vislumbrar de Heidegger a Vattimo, no es verdaderamente éste, el primer Heidegger (el de Ser y Tiempo) el que deslumbra a Vattimo y lo condiciona en su interpretación filosófica, ya que el discurso racional que Vattimo bebe del alemán es más el del 2º Heidegger, no el de Ser y Tiempo que pertenece a la 1ª etapa del pensador alemán y que en parte llenan estas páginas sino el de Tiempo y Ser, el de la Kehre, el del que llamamos «2º Heidegger». Así pues, en honor a la verdad, hay que insistir en que este giro filosófico está ya iniciado en germen en Heidegger y continuado, bajo mi punto de vista, llevado a su plenitud cristiana en Vattimo, dado su historia personal y trayectoria socio-política.  Sin el trabajo racional y espiritual previamente llevado a cabo por Heidegger (y las bases hermenéuticas legadas de Gadamer, su otro gran maestro del pensamiento) no podríamos hablar hoy del legado cristiano-hermenéutico de Vattimo. Una vez dicho esto continuemos nuestra exposición…]

“Para hacer las cosas bien hace falta:
Primero el amor; segundo, la técnica”.
(Antoni Gaudí)

Un nuevo espacio y tiempo en Gianni Vattimo

►Para Heidegger había dos formas de «estar-en-el-mundo», según el grado de adecuación a la estructura de fondo de la existencia humana (lo que Heidegger llama “existencia auténtica” y “existencia inauténtica”). Se trata de un acto de comprensión de sí mismo como «ser-en-el-mundo»: el hombre puede «conquistarse», ganarse a sí mismo o perderse en lo anodino y en lo impersonal. Esto último, decía Heidegger,  constituye la existencia inauténtica, que para Vattimo representa el modelo de sociedad consumista del capitalismo

En este tipo de sociedad, que se mueve por los hilos de la modernidad tecnológica y el consumo. Nos perdemos con facilidad a nosotros mismos, casi sin darnos cuenta, dada la superficialidad y la escasa interiorización que el neoliberalismo desalmado procura, pero también perdemos a los demás, a aquellos que también comparten nuestro ser-en-el-mundo, des-cuidando la mirada, entretenidos en vanidades y aniquilando el cuidado que hace posible el rescate de los pasados posibles y una espera solícita de un futuro mejor para todos.

Vattimo, como Heidegger, no cree que el hombre deba perderse al nivel de las cosas del mundo, al nivel de los entes viviendo en la falsa seguridad de lo cotidiano. Vattimo cree con Heidegger que el hombre puede, mediante un acto de libertad, dar un salto desde la trivialidad, la mediocridad y la inconsciencia de la existencia anónima al encuentro consigo mismo, pero añade también el encuentro con los demás, especialmente con los más débiles. Pues bien, podemos decir que allí donde Martin Heidegger bordea y limita el escarpado terreno filosófico señalando y distinguiendo “autenticidad” e “inautenticidad”, allí donde Heidegger limita, Vattimo milita con la “caritá” (con la caridad cristiana) abriendo un portal, un tajo (precioso como el de Ronda) en el que emerge un nuevo espacio y tiempo hermenéutico capaz de unir la tierra con el cielo, dando la posibilidad de que la vida, a pesar de su crudeza, pueda convertirse en una obra de arte donde no haya vencedores ni vencidos sino “fusión de horizontes”, cuyos propios interlocutores ponen en juego arrancándolos de toda posición de fuerza.

Por eso, la experiencia de la verdad es una experiencia, en cierto modo, estética, poética. Y donde hay fuerza opresiva, pensamiento único y falta de libertad, de luz y color, el juego del lenguaje naufraga y experimenta su propia muerte. De este modo, el ser no se da como algo que está más allá de la palabra ni como algo anterior e independiente de ella sino que se da precisamente en ella. Es por esto que sólo puede ser entendida en el lenguaje como una perspectiva alternativa y global del mundo, como una creación de mundos posibles, un dejar aparecer que oculta, alumbra y libera al mismo tiempo. ¿Qué poesía, qué arte o estética, por ejemplo, se puede dar en el fascismo?

Como tantas veces predica Teresa Oñate, la ontología hermenéutica es una ontología de las diferencias. Así, los otros pueblos y culturas, los otros marginados: homosexuales, mujeres, niños, indios, negros, pobres, enfermos, vencidos, locos, parados, drogadictos, viejos, refugiados… piden también hoy la palabra para ser escuchados. Para lograr esta tarea de recuperar los posibles pasados, santificar y rehabilitar el presente y acercar el futuro posible, las personas y pueblos crucificados han de ser desclavados de la cruz del eterno sufrimiento que padecen por la injusticia y la tozudez del hombre.

Nuestro Dios, según Gianni Vattimo, no puede ser un Dios sádico sediento de dolor. La Buena Noticia de Jesús se injerta, pues, en la historia del hombre dignificándolo, salvándolo de la esclavitud y liberándolo de falsos e institucionales pesos alienantes. Su propuesta y su programa es el Sermón del monte y las Bienaventuranzas: creyentes activistas en el amor, el perdón, la honestidad, la inclusión y el servicio para construir en la tierra un mundo de justicia.

Cuando con nuestras palabras y obras traducimos «Dios» por «Amor» los universos de comprensión de los interlocutores se conectan, y hay que agradecer que salga a la luz desde voces críticas menos clericales y ortodoxas, como es el caso de Vattimo. Ya san Juan nos dejó escrito de forma indeleble que «Dios es amor», y san Pablo clarificó y esclareció qué connotaciones conlleva hablar de amor, hablar de Dios. Este lenguaje, bien explicado, es todavía hoy universal y bien acogido. Por ello, lo que en principio pudiera parecer debilidad (en su sentido más negativo), se convierte, potencialmente en una preciosa oportunidad. ¿Por qué renegar de la postmodernidad, de esta época en la que nos ha tocado vivir y dar respuesta? ¿Por qué querer encontrarnos con tiempos pasados, si tampoco fueron ejemplares? Es una obligación de todos saber leer los signos de los tiempos y, sin traicionar la esencia del mensaje de Jesús, traducirlo adecuadamente a los oídos, las mentes y los corazones de las personas que habitan nuestro mundo. ¿O es que acaso la propuesta del amor y la justicia ya no tiene hoy la misma validez?

El punto de vista histórico actual, el que promueve Vattimo y algunos de los aquí presentes es un pensamiento que es ecologista, postcolonialista, multiculturalista, feminista, internacionalista… Un pensamiento de la diferencia que se muestra a favor de los más vulnerables.

No habrá horizonte alternativo posible para nosotr@s hasta que las izquierdas no se dejen modificar por su postmodernidad y delimiten su desmesura metafísica, aquella que no reconocen en ellas mismas. Pero eso pasa porque admitan el Retorno a los pasados y los bienes culturales espirituales posibles (inmanentes). Sin esa reflexión ₋afirma Oñate₋ no puede darse la comprensión de la urgencia a la crítica entre el vínculo eficaz de Modernidad y Capitalismo y Nihilismo. En una palabra: el totalitarismo y el pensamiento único no tiene ideología, sólo ascenso social,  patrimonio y guerra a repartir con los Débiles. No es social. Ni cristiana secularizada.

Existe una relación entre la «muerte de Dios» (de Nietzsche) y el «final de la metafísica» (en Heidegger) que podemos relacionar con el dios débil de Vattimo y el amor como límite cristiano–hermenéutico. El nihilismo positivo y optimista es un producto de la secularización del cristianismo y no una pérdida de significado, sino la asunción del pensamiento heideggeriano. Ni la ciencia es la casa de la verdad ni la historia el camino del progreso hacia la emancipación, sino la cáritas. El amor cristiano supone y representa la no necesidad del relato violento y fuerte para que las cosas funcionen; en este sentido significa el fin de la modernidad. Así pues, la relación que existe entre ser y Dios es que la historia de la secularización sería para Vattimo parte de la historia de la salvación. El cristianismo cobra importancia histórica por haber aportado el punto de inflexión para la disolución metafísica que termina en el proceso de secularización como inicio del pensamiento contemporáneo. Vattimo crea entonces un nuevo significado de secularización: el «pensamiento débil». El regreso de la religión es ahora bienvenido desde el sentido débil de la cáritas. El mayor logro filosófico a raíz de la secularización consiste, pues, en el regreso de la experiencia religiosa pero basada necesariamente en el respeto, el amor y la caridad [nunca en la imposición de un argumento fuerte, metafísicamente impositivo].

Y, en medio de este retorno religioso al corazón de un cristianismo que podríamos llamar «hermenéutico», una ventana se abre en esta nueva construcción: aparece en escena el Papa Francisco. Bergoglio está siendo para nuestro autor un claro ejemplo de por dónde debe caminar la auténtica Iglesia de Jesús en su visión teológico–política y pastoral. Tanto es así que Vattimo declaró en Julio del 2018 en la sección digital del periódico La Stampa (que privilegia las noticias relevantes sobre el Vaticano), cito textualmente palabras de Vattimo: «Este Papa me quita la vergüenza de llamarme católico». El Papa Francisco, a través de un amigo en común: el humanista argentino Luis Liberman (director de la Cátedra del Diálogo y la Cultura), recibió una copia del último libro de Vattimo: Alrededores del ser. Francisco le devolvió la atención con una llamada telefónica donde mantuvieron una amena conversación sobre Iglesia y filosofía y la necesidad actual de zambullirse en el pensamiento heideggeriano. Este simple gesto de conversar un ratito con el Papa Francisco ha supuesto un salto cualitativo en su relación y actitud con la Institución.

No es la primera vez que la sencillez y cercanía de Francisco han logrado estrechar las relaciones y acortar distancias para favorecer el encuentro… Vattimo también hizo su parte y contribuyó de alguna forma a ello regalándole, con intención, su último libro. Lo más curioso es que Vattimo no sólo no se sintió juzgado sino, incluso, comprendido en la necesaria regeneración de la teología católica para llegar a dar una seria respuesta al mundo actual. Sentimiento muy diferente al que personalmente tuvo en otras ocasiones en el seno de la Iglesia católica en su difícil relación con los dos anteriores Pontífices. Para Vattimo, que siempre se sintió comunista católico, el Papa Francisco ha sido un bálsamo y confirmación de que vale la pena ser católico porque la buena noticia de Jesús vuelve a su sitio tras el estancamiento ocurrido después del ilusionante Concilio Vat. II. Una nueva primavera eclesial ha surgido de la mano de Bergoglio; es más, Vattimo entiende que Francisco ha salvado a la Iglesia de su propia autodestrucción, «del suicidio al que la estaban empujando sus antecesores en base a la lectura literal de las Sagradas Escrituras y los dogmas, lo que a fin de cuentas, históricamente sólo ha servido para alejar a la comunidad de la Iglesia». Y es que para Vattimo funcionamos como verdadera Iglesia cuando caminamos hacia una comunidad de hermanos más circular que piramidal, una Iglesia–asamblea basada en el servicio. Para él, la cuestión se debe jugar más en el campo de la conciencia comunitaria de sus miembros que de quiénes puedan dirigir con mayor o menor acierto la Institución. Es interesante aquí ver cómo Vattimo, al igual que el Concilio Vaticano II, desea una Iglesia más «Pueblo de Dios», más comunidad, menos jerárquica. El papa Francisco, que está potenciando la sinodalidad dentro de la Iglesia está, a su vez, acercando a Vattimo hacia la comunidad eclesial, aunque ya sabemos que el turinés no se deja atrapar, así como así, con simples clichés.

El debolismo kenótico–caritativo que propone Gianni Vattimo posee un compromiso efectivo con la realidad, con los pobres y con los pueblos crucificados, tal y como afirma la teóloga feminista protestante Dorothee Sölle. Es por ello que a Francisco se le ha señalado como marxista, aunque él —al hilo de una entrevista en EEUU donde le preguntaron con mucha intención sobre su continuo mensaje de igualdad y justicia— declaró que son los comunistas quienes piensan [en algunos aspectos] como los cristianos. En dicha entrevista sentenció: «Cristo ha hablado de una sociedad en la que decidan los pobres, los débiles y los excluidos. Para obtener igualdad y libertad debemos ayudar al pueblo, a los pobres con fe en Dios o sin ella, y no a los demagogos o a los barrabás». Nunca viene mal recordar aquellas palabras proféticas que sentenció Helder Cámara y que hoy podríamos perfectamente extender a Francisco, el  primer Papa latinoamericano:

«Cuando alimenté a los pobres me llamaron santo; pero cuando pregunté por qué hay gente pobre me llamaron comunista (…) Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista (…) Siempre que busqué defender a los pobres, la iglesia me acusó de hacer política (…) Los que tratamos de tomar la antorcha y seguir los pasos de Jesucristo, no debemos descansar hasta que los muros de la injusticia, la exclusión y la mentira caigan en nuestra preciosa tierra americana ancha y enajenada».

Así, el pensamiento débil en Vattimo es, a su vez, un pensamiento «de los débiles», y aquí también toca directamente con el corazón del mensaje cristiano: no sólo que el núcleo y la esencia del cristianismo es un Jesús humilde, kenótico, como bien muestran los pasajes de los Evangelios, sino también un Dios cercano a las mujeres y hombres, especialmente de aquellos que la sociedad y la política marginan. Esta es una clave significativa que Gianni Vattimo nos brinda para una propuesta filosófica en orden a construir un mundo mejor, que ayuda bastante a acercar posturas con la Iglesia, muy especialmente a partir de Francisco. Leer más…

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Tu dolor es mi dolor

viernes, 8 de septiembre de 2023
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Del blog de Henri Nouwen:

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«Compasión significa hacerse cercano al que sufre. Pero podemos acercarnos a otra persona solo cuando estamos dispuestos a hacernos vulnerables nosotros mismos. Una persona compasiva dice: Soy tu hermano; soy tu hermana; soy humano, frágil y mortal, igual que tú. No me escandalizan tus lágrimas, ni me da miedo tu dolor. Yo también he llorado. Yo también he sentido dolor. Podemos estar con el otro solo cuando el otro deja de ser «otro» y se hace como nosotros.»

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Henri Nouwen

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«Tengo un sueño», por Gabriel Mª Otalora

viernes, 8 de septiembre de 2023
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En el verano de 1963, Martin Luther King pronunció su discurso más famoso: Tengo un sueño, en el que expresaba su deseo de vivir en una sociedad sin exclusiones por razón del color de la piel. Él no ha sido el único. Ante la terrible realidad del pueblo palestino, Daniel Baremboim, director de orquesta israelí, publicó un texto en 1999 con el mismo título, haciéndose eco de un anhelo similar, referido en este caso a la injusticia contra el pueblo palestino. Él ostenta la doble nacionalidad al haber aceptado la proposición del gobierno palestino de otorgarle la nacionalidad palestina.

Ante el recrudecimiento de la presión violenta israelí de este verano, con los enfrentamientos entre palestinos y colonos judíos que dejaron casi una veintena de fallecidos, las incursiones israelíes en el norte de Cisjordania y la operación militar cruenta en Yenín, la esperanza debe ocupar espacio por el valor ético que mantiene. Baremboim ha demostrado ser un hombre de audaz, como lo fueron los judíos Simon Frankental o Amos Oz. Su sueño de paz para Oriente Medio va en la misma dirección integradora e inclusiva de M. L. King, en este caso reclamando un tratado de paz justo para ambas partes; locura para algunos, sabiduría solidaria para muchos.

En mi sueño, escribe Baremboim,  soy primer ministro de Israel. Mi batuta dirige una nueva y maravillosa sinfonía: el tratado sobre la convivencia confederativa, amistosa entre Israel y Palestina. Con esta obra creo lo que parece imposible de realizar: la igualdad de derechos de estos dos pueblos. El contenido de la obertura: Jerusalén se convierte en capital común. Este lugar santo debe, desde ahora mismo, ser patria por igual para cristianos, musulmanes y judíos.

Para el éxito del tratado que el músico propone, se tienen que dar tres condiciones: la primera, que ambas naciones se ven obligadas a trabajar juntas, cooperando para desarrollar el principio de solidaridad. En segundo lugar, ambas deben tener derecho a la militarización vigilante con vistas a su tranquilidad. Ello implicaría -en el sueño de Baremboim- la separación entre el Estado y la Iglesia en Israel, tal y como ya se da en el mundo occidental, sin que ello implique esconder el estudio de la religión. En tercer lugar, crearía un “Ministerio de la Paz” cuyo máximo responsable sería un juez, no un militar.

Su alegato parte de que “Es hora de renunciar al control de un millón y medio de palestinos” (ahora son bastantes más). Tenemos el deber de pasar página. No solo por razones morales, sino también por el futuro del judaísmo para que el Estado de Israel no se convierta en un gueto. “Es esencial que mi pueblo entienda que no se trata de hacer un favor a los palestinos, sino de evolucionar, y que los judíos no tenemos otro modo de lograrlo”. Quienes se agotan en la guerra no tendrán fuerzas para un futuro de paz. Baremboim evoca en su sueño a Ben-Gurión y Nasser, de cómo están impresionados con este sueño que ellos también se afanaron por lograr…

¿Se trata, en efecto, de un sueño?, se pregunta el brillante músico. Yo recomendaría a quienes leen estas líneas que se hagan con el texto completo publicado en La música despierta eltiempo (D. Baremboim, Acantilado, 2023.

El texto evoca esperanza de justicia y paz, y finaliza con su bellísima iniciativa junto a su amigo palestino, el politólogo Edward Said: la puesta en marcha en ese mismo año (1999) de una orquesta en la que jóvenes músicos libaneses, sirios, jordanos, judíos y palestinos tocan juntos, como si lo hubieran hecho siempre. “Intentamos desterrar la enemistad a través de la música” para que la cultura “asuma un protagonismo dinámico que permiten transformar las realidades externas al influir en la conciencia colectiva”. Una maravillosa iniciativa en busca del reconocimiento y la comprensión mutua del sufrimiento del otro.

La Orquesta West-Eastern Divan, que así la llamaron, logró interpretar música de cámara y orquestal hasta en Ramala, capital oficial de Palestina. Aquellos jóvenes, cuenta Baremboim, al coincidir en tocar juntos, aunque fuese una sola nota, no podrían en adelante mirarse el uno al otro del mismo modo que se miraban hasta entonces. Algo que, más allá de la tolerancia, busca la aceptación como la actitud decisiva en la convivencia verdadera.

Como dijo Said, “mi amigo Baremboim y yo hemos elegido este proyecto musical por razones humanitarias más que políticas”. Tenían el gran sueño de que ambos países podrían ejercer su derecho a existir y hacerlo desde la única manera posible: la aceptación mutua, que es lo que logró visualizar esta orquesta a través de sus viajes tocando música para visualizar una nueva forma de pensar Oriente Medio.

Un sueño solidario que debería repetirse en muchos lugares. Ojalá que surja pronto algo similar en el entorno de Ucrania y Rusia, maestros en la música.

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El Cristianismo no puede rechazar la Historia.

jueves, 7 de septiembre de 2023
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Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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«La vida contemplativa no es ni puede ser un mero apartamiento, una pura negación, el volver la espalda al mundo con sus sufrimientos, sus crisis, sus confusiones y sus errores. Ante todo, aun el intentarlo ya sería ilusorio. Nadie puede apartarse completamente de la compañía de sus semejantes: y la comunidad monástica, para bien o para mal, está profundamente implicada en las estructuras económicas, políticas y sociales del mundo contemporáneo. Olvidarlo o ignorarlo no absuelve al monje de su responsabilidad por la participación en los acontecimientos en que su mismo silencio y su mismo «no saber» pueden constituir una forma de complicidad. El mero hecho de «ignorar» lo que pasa puede convertirse en una decisión política».

«La vida contemplativa del cristiano no es una vida de abstracción, de apartamiento, para concentrarse solamente en esencias ideales, en absolutos, en la eternidad nada más. El cristianismo no puede rechazar la historia. No puede ser una negación del tiempo«.

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Thomas Merton

Semillas de destrucción

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«No cabe hacer política como católico desde el odio y el rechazo», por Gabriel Mª Otalora.

jueves, 7 de septiembre de 2023
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IMG_0388De su blog Punto de Encuentro:

«Buxadé y Espinosa de los Monteros representaban las dos caras reaccionarias de Vox, los ultra católicos y los ultraliberales. Sus luchas internas han primado el catolicismo radical»

«El ascenso de Abascal no se entiende sin el apoyo de El Yunque, conocido también como Organización del Bien Común, tras la cual opera un grupo poderoso de fanáticos de extrema derecha que tienen por objetivo “defender la religión católica, luchar contra las fuerzas de Satanás” e instaurar ‘el reino de Cristo en la tierra'»

Vox defiende “los valores tradicionales” atacando a todo lo que no cabe en sus convicciones, y lo hace apelando a la víscera del votante

«Diríase que recela, rechaza, la llamada a “la fraternidad y la justicia para todos” que el Papa insiste en su encíclica Fratelli Tutti como algo esencial católico»

La irrupción de Vox en las instituciones políticas ha sido fulgurante, teniendo en cuenta que llevaba tiempo presentándose a elecciones con resultados muy marginales. Tres elementos dan a Vox un sello peculiar: su visión radical nacionalista española de inspi ración franquista, una economía de mercado ultraliberal de reducir el gasto público al mínimo. Y su mal llamado ultracatolicismo, alejado en esto de los partidos de extrema derecha europeos.

Buxadé y Espinosa de los Monteros representaban las dos caras reaccionarias de Vox, los ultra católicos y los ultraliberales. Sus luchas internas han primado el catolicismo radical. Por eso quiero detenerme en el perfil que impera ahora mismo en Vox: ser los defensores puristas de lo católico. En realidad, ¿esto es así?

Vox ha mantenido una calculada posición para evitar cualquier crítica tanto a la Iglesia como al Papa para no espantar a este segmento del electorado. Pero la entrevista de Francisco con Jordi Évole en la precampaña de 2019 lo cambió todo, llegando a sonados desencuentros con la Iglesia católica, hasta el punto de que Abascal se refirió al Papa como “ciudadano Bergoglio” por su postura sobre el salario universal y la inmigración.

Vox defiende “los valores tradicionales” atacando a todo lo que no cabe en sus convicciones, y lo hace apelando a la víscera del votante. Además, el ascenso de Abascal no se entiende sin el apoyo de El Yunque, conocido también como Organización del Bien Común, tras la cual opera un grupo poderoso de fanáticos de extrema derecha que tienen por objetivo “defender la religión católica, luchar contra las fuerzas de Satanás” e instaurar “el reino de Cristo en la tierra”… Eso sí, desde la confrontación y el sectarismo; hacerlo así no es católico, no es cristiano.

IMG_0389Su postura ante la violencia machista la niega los datos. ¿Qué diría Jesús a esas mujeres maltratadas, lo que dice Vox? La petición de expulsar a inmigrantes choca con la acogida y la hospitalidad cristianas. Cáritas habla de personas y derechos y el partido ultra habla de ilegales y Derecho penal. Diríase que recela, rechaza, la llamada a “la fraternidad y la justicia para todos” que el Papa insiste en su encíclica Fratelli Tutti comoalgo esencial católico. Igualmente rechaza el encíclica católica Laudato si, renegando del cambio climático y de la solidaridad que propone Francisco.

Gentes racistas, xenófobas que anhelan la Cruzada del nacionalcatolicismo se sienten identificadas con Vox, un espacio en el que alimentan su desprecio y su odio a otras personas y colectivos. El Evangelio no va por este camino. Tampoco es católico proclamar una postura contra el aborto, por ejemplo, obviando la denuncia profética de que tantísimos recién nacidos mueren en el Tercer Mundo por hambre y sed. Jesús vivió con actitud de mansedumbre, humildad, respeto y acogida al diferente denunciando las injusticias, especialmente contra los más vulnerables. Nada de esto promueve Vox, por más que haya bien pensantes que les dé seguridad religiosa, que no es precisamente lo que ofrece el Evangelio, sino compromiso audaz desde el amor a todos.

¿Dónde queda la búsqueda de la paz y la actitud de amor en las propuestas de Vox? El descontento social no debe canalizarse hacia las dictaduras, sino hacia la democracia basada en la justicia social. No cabe hacer política como católico desde el odio y el rechazo. Hay que actuar desde el diálogo, el encuentro, el respeto y la construcción de puentes. La política del odio hace que tengamos los ojos cerrados ante nuestro propio rechazo al diferente, cualquiera que este sea: político, social, sexual…

Llama especialmente la atención que en el programa electoral de Vox no haya una sola mención al catolicismo, más allá de la “protección de las tradiciones populares, eventos religiosos y festejos taurinos propios de la España rural, frente a los ataques del progresismo y el globalismo”. Sobre la religión católica y su enseñanza, Vox elude a la Iglesia católica, a pesar de que su discurso proclama la intención de recoger la sensibilidad del católico. Sí concreta, en cambio, la petición de una “proposición no de Ley para la protección de los españoles frente al yihadismo y la creciente islamización de España”.

No estamos en un Estado confesional, pero si un partido abandera lo ultracatólico, al menos que no sea tan inconsecuente. Entre otras cosas, porque escandaliza.

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Para el creyente, el alejado, el que no cree, a todos se nos dio el corazón.

miércoles, 6 de septiembre de 2023
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino :

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¡Hermano de Jesús, pobrecillo, porque sufres tanto!

No hay mayor sufrimiento que no ser amado.
Ni mayor dolor que haber perdido
la dignidad del amor de ser hermano, del hermano…

Nacemos para amar
Vivimos sin conocerlo
Amando como podemos
Y cuando esta Vida termina
morimos sin quererlo

Y sin amor nos vamos
Dejándolo sin memoria
Sin haber regado su semilla
Para ser planta Divina.

Y solo nos llevamos la huella borrada, caricia inmemorial,
de la semilla divina que tocamos

Del amor de Dios
Ya todo lo dijo Él
Y para ti hermano, todo está por cumplir.

Ser testigo de Jesús, sin palabras
Y si te preguntan por Él
Habla como Él habló…

Todo está por hacer
Todo por descubrir

Ahora descubriré el amor de mi hermano
Entre los hermanos.
¡ Los otros Cristos!

Amor de Dios, que no inacabado
Siempre incompletado
Para que su criatura lo complete.

Y luego lo contemple en el cuerpo del Cristo inacabado, Desmenbrado: de pan, justicia, amor y Fraternidad del hermano-
De mis otros Cristos ya no tan Alejados, y muy cercanos.

¡Hermano que tanto sufres!
No sufras por ti
Deja de sufrir por todo.
Ocúpate de lo inacabado
Y no busques otra cosa

Acaso tu sufrimiento
¡No oyes que tiene fondo!

El fondo es Jesús, en los otros Cristos, mis hermanos.

Ahí, ahora está Él,
Te pide sin querer importunarte
Que le abrigues con tu corazón
Y no temas por las consecuencias.

Créetelo y tus dudas y sufrimientos,
Tendrán sentido,
el de Jesús contigo,
en todos los Cristos rotos que
quieren, creen en el que creen.

*

Alfonso Olaz
18.08.2023

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Francisco: «Dorothy Day nos confirma que la Iglesia crece por atracción, no por proselitismo»

miércoles, 6 de septiembre de 2023
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medium_2023-08-20-c04020f863Prefacio de la autobiografía ‘Encontré a Dios a través de sus pobres. Del ateísmo a la fe: mi camino interior

«Una mujer libre, Dorothy Day, capaz de no esconder lo que no teme definir «¡errores de los eclesiásticos!», pero que admite que la Iglesia tiene que ver directamente con Dios, porque es suya, no nuestra, la ha querido Él, no nosotros, es su instrumento, no algo de lo que podamos servirnos»

«Creyentes y no creyentes son aliados en la promoción de la dignidad de toda persona cuando aman y sirven al más abandonado de los seres humanos»

La vida de Dorothy Day, tal como ella nos la cuenta en estas páginas, es una de las posibles confirmaciones de lo que el Papa Benedicto XVI ya ha sostenido con vigor y que yo mismo he recordado en varias ocasiones: «La Iglesia crece por atracción, no por proselitismo». El modo en que Dorothy Day cuenta su acercamiento a la fe cristiana atestigua que no son los esfuerzos humanos ni las estratagemas los que acercan a las personas a Dios, sino la gracia que brota de la caridad, la belleza que brota del testimonio, el amor que se convierte en hechos concretos.

Toda la historia de Dorothy Day, esta mujer estadounidense comprometida toda su vida con la justicia social y los derechos de las personas, especialmente de los pobres, los trabajadores explotados y los marginados por la sociedad, declarada Sierva de Dios en el año 2000, es un testimonio de lo que ya afirmaba el Apóstol Santiago en su Carta: «Pruébame tu fe sin obras, y yo te probaré por las obras mi fe» (2,18).

Quisiera destacar tres elementos que emergen de las páginas autobiográficas de Dorothy Day como valiosas lecciones para todos en nuestro tiempo: la inquietud, la Iglesia, el servicio.

imagesDorothy es una mujer inquieta: cuando vive su camino de adhesión al cristianismo es joven, aún no ha cumplido los treinta, hace tiempo que ha abandonado la práctica religiosa, que le había parecido, como señala su hermano, a quien dedica este libro, algo «morboso». En cambio, creciendo en su propia búsqueda espiritual, llega a considerar la fe y a Dios no como un «parche«, por utilizar una famosa definición del teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, sino como lo que realmente debería ser, es decir, la plenitud de la vida y la meta de la propia búsqueda de la felicidad. Dorothy Day escribe: «La mayoría de las veces los destellos de Dios me llegaban cuando estaba sola. Mis detractores no pueden decir que fue el miedo a la soledad y al dolor lo que me hizo volverme hacia Él. Fue en esos pocos años en los que estaba sola y rebosante de alegría cuando le encontré. Finalmente le encontré a través de la alegría y el agradecimiento, no a través del dolor».

Aquí, Dorothy Day nos enseña que Dios no es un mero instrumento de consuelo o de alienación para el hombre en la amargura de sus días, sino que colma en abundancia nuestro deseo de alegría y realización. El Señor anhela corazones inquietos, no almas burguesas que se contentan con lo existente. Y Dios no quita nada al hombre y a la mujer de todos los tiempos, ¡sólo da el céntuplo! Jesús no vino a proclamar que la bondad de Dios constituye un sustituto del ser hombre, nos dio en cambio el fuego del amor divino que lleva a cumplimiento todo lo bello, verdadero y justo que habita en el corazón de cada persona. Leer estas páginas de Dorothy Day y seguir su itinerario religioso se convierte en una aventura que hace bien al corazón y puede enseñarnos mucho para mantener viva en nosotros una imagen verdadera de Dios.

20526068_838079009702626_4461301964745255976_nDorothy Day, en segundo lugar, reservó hermosas palabras para la Iglesia católica, que a ella, procedente y perteneciente al mundo del empeño social y sindical, a menudo le parecía estar del lado de los ricos y de los terratenientes, no pocas veces insensibles a las exigencias de esa verdadera justicia social e concreta igualdad en la que -nos recuerda la misma Day- son ricas tantas páginas del Antiguo Testamento. A medida que crecía su adhesión a las verdades de fe, también lo hacía su consideración de la naturaleza divina de la Iglesia católica. No con una mirada de fideísmo acrítico, casi de defensa de oficio de su propio nuevo «hogar» espiritual, sino con una actitud honesta e iluminada, que sabía discernir en la vida misma de la Iglesia un elemento de  irreductible vínculo con el misterio, más allá de las muchas y repetidas caídas de sus miembros.

Dorothy Day señala: ‘Los mismos ataques dirigidos contra la Iglesia me demostraron su divinidad. Sólo una institución divina podría haber sobrevivido a la traición de Judas, a la negación de Pedro, a los pecados de los muchos que profesaban su fe, que deberían haber cuidado de sus pobres’. Y, en otro pasaje del texto, afirma: «Siempre he pensado que las fragilidades humanas, los pecados y la ignorancia de quienes han ocupado altos cargos a lo largo de la historia no han hecho sino demostrar que la Iglesia debe ser divina para perdurar a través de los tiempos. Yo no habría culpado a la Iglesia de lo que consideraba errores de los clérigos».

¡Qué maravilla oír tales palabras de una gran testigo de la fe, de caridad y de esperanza en el siglo XX, el siglo en que la Iglesia fue objeto de críticas, aversiones y abandonos! Una mujer libre, Dorothy Day, capaz de no esconder lo que no teme definir «¡errores de los eclesiásticos!», pero que admite que la Iglesia tiene que ver directamente con Dios, porque es suya, no nuestra, la ha querido Él, no nosotros, es su instrumento, no algo de lo que podamos servirnos. Esta es la vocación y la identidad de la Iglesia: una realidad divina, no humana, que nos lleva a Dios y con la cual Dios puede llegar a nosotros.

Por último, el servicio. Dorothy Day ha servido a los demás toda su vida. Incluso antes de llegar a la fe de forma completa. Y este ponerse a disposición, a través de su trabajo como periodista y activista, se convirtió en una especie de «autopista» con la que Dios tocó su corazón. Y es ella misma quien recuerda al lector cómo la lucha por la justicia es una de las formas en las que, incluso sin saberlo, cada persona puede hacer realidad el sueño de Dios de una humanidad reconciliada, en la que la fragancia del amor supere el nauseabundo olor del egoísmo. Las palabras de Dorothy Day son muy esclarecedoras al respecto: «El amor humano en su máxima expresión, desinteresado, luminoso, que ilumina nuestros días, nos permite vislumbrar el amor de Dios por el hombre. El amor es lo mejor que nos es dado conocer en esta vida». Esto nos enseña algo verdaderamente instructivo incluso hoy: creyentes y no creyentes son aliados en la promoción de la dignidad de toda persona cuando aman y sirven al más abandonado de los seres humanos.

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Cuando Dorothy Day escribe que el lema de los movimientos sociales para los trabajadores de su tiempo era «problema de uno, problema de todos», me ha recordado una famosa frase que Don Lorenzo Milani, el sacerdote de Barbiana cuyo centenario de nacimiento se conmemora este año, hace decir al protagonista de Carta a una profesora: «He aprendido que el problema de los demás es el mismo que el mío. Salir de él todos juntos es política. Salir de él solo es avaricia’. Por tanto, el servicio debe convertirse en política: es decir, en opciones concretas para que prevalezca la justicia y se salvaguarde la dignidad de cada persona. Dorothy Day, a quien quise recordar en mi discurso al Congreso de los Estados Unidos durante mi viaje apostólico de 2015, es un estímulo y un ejemplo para nosotros en este arduo pero fascinante camino.

© 2023 – Dicasterio para la Comunicación – Libreria Editrice Vaticana

Fuente Religión Digital

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Recuerdo

martes, 5 de septiembre de 2023
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Del blog Nova Bella: 

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Esperar es un pedazo de recuerdo.

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Osmar Maderna

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“Duc in altum”

martes, 5 de septiembre de 2023
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F4156AA7-8AF7-47EC-99B5-6DA059531F8C El verano se acaba y comienza el curso o se reanudan los trabajos; otros siguen. Y psicológicamente he pensado recurrir a un relato de un libro de sabiduría para alentarnos a vivir lo mejor posible este inicio con confianza, emprendería, alegría y sobre todo, camino de madurez, que necesitamos todos para poder seguir haciendo una Humanidad más humana, es decir, de “hominización a humanización”. El panorama actual no entusiasma demasiado por su fijación a etapas muy inmaduras y con cierta perversidad, por no decir maldad, a través del poder.

Este libro de sabiduría, cuyo título es «La Buena Nueva», el protagonista, un sabio, hombre totalmente libre, comprometido con los que no tienen voz o no se les escucha, inspira y transfiere confianza, se llama Jesús. De su realidad sabemos muy poco, pero ha habido muchos intentos de reconstruirlo y hacer uno de histórico, que son muchos. No se sabe el autor, en el siglo II, le pusieron un nombre, un tal Lucas. El relato es el siguiente:

En una ocasión se encontraba Jesús a orillas del lago de Genesaret, y se sentía apretujado por la multitud que quería oír el mensaje de Dios. Vio Jesús dos barcas en la playa. Estaban vacías, porque los pescadores habían bajado de ellas a lavar sus redes. Jesús subió a una de las barcas, que era de Simón, y le pidió que la alejara un poco de la orilla. Luego se sentó en la barca y comenzó a enseñar a la gente. Cuando terminó de hablar dijo a Simón:

–Lleva la barca lago adentro, y echad allí vuestras redes, para pescar.

Simón le contestó:

–Maestro, hemos estado trabajando toda la noche sin pescar nada; pero, puesto que tú lo mandas, echaré las redes.

Cuando lo hicieron, recogieron tal cantidad de peces que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros de la otra barca, para que fueran a ayudarlos. Ellos fueron, y llenaron tanto las dos barcas que les faltaba poco para hundirse.

EVANGELIO DE LUCAS

Aquí entra en juego la confianza básica, punto neurálgico de la psicología profunda: Confiar en la palabra relacional del otro por su vínculo profundo. En el relato, la noche anterior, por mucho que se hubieran afanado, el trabajo fue inútil. Pero al confiar en la palabra del otro: «duc in altum»… o «mar a dentro»… las redes se les rasgaban y las barcas casi se hunden…

Dos meses sin escribir: julio y agosto. ¿Fructíferos? ¿Sanógenos? ¿Fracasados? La gobernanza del llamado Estado español ha cogido un rumbo que no da confianza: Las famosas elecciones del 23J dieron un resultado totalmente inesperado. Y ahora aún toca esperar. Ejercicio de paciencia, pero no de confianza. Aun así, la vida continúa igualmente con angustias y esperanzas, inquietudes y satisfacciones, dolores y gozos, sufrimientos y alegrías, muerte y vida. Tal vez y más evidente, desanimados, frustrados aunque haya habido un reposo. Pero, ¿no hay nada que nos empuje, que nos anime? Y en esta situación hay que confiar y echar las redes «mar a dentro»: duc in altum… En latín altum significa tanto altura como profundidad.

Y si no lo hacemos así, será un inicio de curso, de trabajo, de relaciones, de iniciativas y todo lo que podáis pensar e imaginar fracasado y destructivo antes ya de empezar. La mente puede hacernos una mala jugada. No hay que perder la confianza junto con la esperanza, pero sin dejar de ser realistas, pero no pesimistas.

Pero, en primer lugar, para poder avanzar mar adentro, hacer una buena pesca, hace falta, en mi opinión, una gran red social con hilos de empatía, de sonrisa, de comprensión, de respeto, de responsabilidad. Necesitamos una buena red grupal y resistente para poder ir mar adentro: Duc in altum. Y sabiendo, por visión global, que hay una red que controla y domina a pesar de que sólo tiene interés de “pescar” sea como sea para él: El golpe de estado global, que no mundial, por el poder financiero que no tiene fronteras y quien entra en él, que es todo el mundo, puede hundirse o sólo sobrevivir. ¿No va a depender con qué actitud se está en este sistema económico inhumano por la brecha que produce cada día más entre quien tiene confianza o desconfianza? Tema totalmente actual, pero complejo, convulso y confundido. El 90% de los medios de comunicación en manos de unas seis corporaciones provoca y genera «una opinión pervertida». Y entonces es necesario una capacidad crítica personal con confianza para navegar en este mar. Y sin olvidar que no toda opinión publicada es una opinión pública.

En segundo lugar, entrar en este mar, es necesario toda una escuela de aprendizaje, que debería ser el sistema de enseñanza, más que de educación ya que toda la sociedad educa, para ejercer la crítica razonada y realista. Por eso este duc in altum en un inicio de curso es necesario hacerlo con confianza y esperanza.

Y en tercer lugar, para pescar es necesario tener además de las redes buenos medios que nos permitan ver el fondo del mar, la brújula que nos guía, las normas vitales del mar y ganas de navegar junto con sus riesgos, que no son pocos.

Quizás aquí el relato nos quede algo corto en la lectura de su estructura superficial ante la enormidad del cambio que vivimos, y no acabamos de imaginárnoslo: Una cibercultura donde las redes no nos sirvan, tal vez tanto, pero sí el mensaje del duc in altum: La confianza en cada una y cada uno de nosotros.

Vivimos teniendo un horizonte inalcanzable, que nos atrae más que empujarnos. Además de afirmar y confirmar que la confianza es la base del crecimiento integral de la persona, asunto reconocido por autores que no pertenecen al mundo psiquista ya que en la psicología profunda es la confianza básica, es necesario que la persona lectora tome conciencia de que se tienen intuiciones profundas, fruto de la autoobservación, de la relación con los demás y básicamente del propio conocimiento en profundidad.

Y concluyo con citas algunos autores, bien conocidos. Goethe (1749-1832): Si confías en ti mismo, también inspiras confianza en los demás. O Nietzsche (1844-1900): No me molesta que me hayas mentido, me molesta que a partir de ahora no puedo creerte. O Hemingway (1899-1961): La mejor forma de saber si puedes confiar en alguien es confiando”.

No podemos evitar riesgos ya que el solo vivir es un riesgo; además, hay que aprender a escuchar y solo con confianza y firmeza, podemos no decir, sino hacer: duc in altum, volver a pescar.

Jaume Patuel i Puig
pedapsicogogo y teólogo,
MATARÓ (BARCELONA).

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Reconfigurar la vida

lunes, 4 de septiembre de 2023
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madurez

Reconfigurar la vida:
irse contigo siguiendo tus huellas,
no dar importancia a nuestros proyectos y cosas,
cargar con la cruz que nos venga
sin perder la dignidad y la sonrisa.

Reconfigurar la vida:
ponernos en tus manos humanas y divinas,
por esos lugares de la historia
tan poco frecuentados y llenos de sorpresas.

Reconfigurar la vida:
aceptar los golpes, marcas y heridas,
pero no arrugarse ni detener el paso;
vibrar menos sin perder la música
y mantener fresca la memoria.

Reconfigurar la vida:
admirar tus surcos y huellas
en nuestra carne vieja y correosa;
abrirse a tus sugerencias
aunque no lleguemos a entenderlas.

Reconfigurar la vida:
jugar al juego que tú jugaste,
partiéndonos en tiras, esquejes o estrellas,
y compartirse con dignidad
dándose en fraternidad.

Reconfigurar la vida:
aceptar como centro, eje y motor
tu Espíritu en nuestra vida;
poner todas las cruces bajo su presencia
y exponernos con esperanza a su brisa.

Reconfigurar la vida:
descubrirnos como flor florecida
-hermosa, perfumada y distinta-;
acercarnos a los otros dignamente
y hacer un jardín para los caminantes.

Reconfigurar la vida:
vivir siendo plenamente en la tierra
aunque la situación sea pasajera;
admirar a las personas
y agradecer la vida.

Reconfigurar la vida:
no malograrla en tonterías,
no conservarla escondida
sino compartirla, sin medida,
gratis y con alegría

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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Sufrir por la verdad, florecer en la verdad

lunes, 4 de septiembre de 2023
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BrianFlanaganBrian Flanagan

La publicación de hoy es de Brian Flanagan (él/él), teólogo y miembro principal del New Ways Ministry. Es ex presidente de la Facultad de Teología y, más recientemente, profesor asociado en la Universidad Marymount en Arlington, Virginia. Su investigación se centra en la eclesiología y el ecumenismo, y su libro más reciente es Tropezar en la santidad: pecado y santidad en la Iglesia. Recibió su licenciatura en la Universidad Católica de América y su maestría y doctorado en teología en Boston College. Es un hombre gay casado y feligrés de la Iglesia Holy Trinity en Georgetown, D.C.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 22º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

“Me digo a mí mismo, no lo mencionaré,
No hablaré más en su nombre.
Pero luego se vuelve como fuego ardiendo en mi corazón,
aprisionado en mis huesos;
Me canso de aguantarlo, no puedo soportarlo”.
(Jeremías 20:9)

En la primera lectura de Jeremías de hoy, escuchamos una de las quejas épicas de las Escrituras hebreas. Continúa unos versos después: “¡Maldito el día / en que nací! / ¡Que el día que mi madre me dio a luz / nunca sea bendito! […] ¿Por qué salí del vientre, / para ver tristeza y dolor, / para terminar mis días en vergüenza?” (Jer 20:14, 18)

Jeremías nunca quiso ser profeta. Lo metieron en el cepo, lo arrojaron a un pozo, lo abandonaron sus amigos, todo por decir la verdad. E incluso mientras anunciaba al pueblo de Jerusalén su inminente derrota a manos de los babilonios, también se queja –en voz alta– de que Dios lo ha puesto en esta posición. ¿Cómo puede ser esto una buena noticia?

Si bien no sabemos nada sobre la sexualidad de Jeremiah, este episodio de su historia podría resonar en algunos católicos LGBTQ+ y sus familias. [1]  Lo que muchos de nosotros, quizás la mayoría de nosotros, esperamos es el espacio y la libertad para vivir vidas de alegría tranquila en las amistades, el trabajo, la familia y la comunidad, para lograr la santidad en el amor a Dios y a nuestro prójimo. Y, sin embargo, ¿cuántas veces se les ha pedido a las personas LGBTQ+ que guarden silencio para no molestar a alguien, causar un problema, agitar el barco o avergonzar a alguien? No estoy sugiriendo que no haya buenas razones para la discreción y la prudencia, y que nadie debería revelar ni verse obligado a revelar su sexualidad o identidad de género de una manera que pudiera ponerlo en peligro a sí mismo o a sus familias. Pero en lugares donde actos simples como tomar la mano del cónyuge o especificar los pronombres elegidos pueden recibirse como “echárnoslo en cara”, ¿por qué las personas LGBTQ+ han insistido en salir del armario de varias maneras?

La experiencia de Jeremías de ser profeta y la experiencia de los católicos LGBTQ+ de salir del armario comparten una cosa importante en común: el compromiso de decir la verdad. Cuando tratamos de escondernos en las sombras, “nos cansamos de aguantarlo”. «No podemos soportarlo». Decirle a otro la verdad sobre quiénes somos no es parte de una gran conspiración para apoderarse del mundo, sino que está arraigado en un impulso mucho más simple y humilde: el deseo de ser honesto con los demás.

El compromiso de las personas LGBTQ+ de decir la verdad sobre sus propias vidas y sus propias experiencias puede ser un impulso profundamente religioso: un acto de fidelidad a la verdad y, por tanto, un acto de fidelidad al Dios que es la Verdad. Al negarse a cumplir con formas de “no preguntes, no digas”, las personas LGBTQ+ se niegan a ser cómplices de regímenes de mendacidad que ocultan u oscurecen la verdad. Y como hemos visto en las últimas décadas, cuanto más se dice la verdad, menos a menudo es necesario que se convierta en pronunciamientos dramáticos o declaraciones audaces. En cambio, ahora es posible que suceda con mayor frecuencia y de manera más orgánica a través de rutas más suaves y normales de compartir quién es uno o a quién ama durante una cena con un nuevo amigo o a la hora del café después de Misa. Estos actos de ser “profetas menores” han comenzado a crear el tipo de mundo que muchos de nosotros esperamos, y que creo que Dios está esperando.

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Pero decir la verdad tiene un costo: Jeremías nos muestra que decir verdades que incomodan a la gente a veces hace que te arrojen a un pozo. La lectura del Evangelio de hoy proporciona más detalles sobre el costo del discipulado. “El que quiera venir en pos de mí, debe negarse a sí mismo, tomar su cruz y seguirme”, enseña Jesús. “Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí, la encontrará”. (Mateo 24-25)

La vida cruciforme de Jesús es el patrón de nuestras propias vidas como discípulos de Cristo, y quizás de las vidas de las personas LGBTQ+ que sufren en su compromiso con la autenticidad. Esto no significa que el sufrimiento sea de alguna manera “bueno” por sí mismo o que debamos buscarlo como una insignia de honor. Pero la fidelidad a Dios, la fidelidad a la verdad y la fidelidad a la realidad del Reino de Dios, ya pero aún no plenamente presente, conduce a menudo al sufrimiento impuesto por los poderes de este mundo.

  Nuestros hermanos LGBTQ+ en lugares y situaciones vulnerables saben muy bien lo costoso que puede ser decir la verdad. Aquellos de nosotros que tenemos la suerte de estar protegidos de un peligro tan inmediato tenemos la responsabilidad continua de ser solidarios con estos “mártires de la verdad”. También podríamos valorar –sin celebrar– las formas en que nuestro propio discipulado nos ha unido a su sufrimiento y al sufrimiento de Cristo, y consolarnos con el florecimiento más profundo al que nuestras cruces podrían llevarnos. En momentos como estos, quizás podamos orar como Jeremías, quien en medio de la queja encuentra espacio para expresar su fe:

Señor de los ejércitos, tú pruebas a los justos,
ves mente y corazón,
Déjame ver la venganza que tomas sobre ellos,
a ti he confiado mi causa.

Cantad al Señor,
alabado sea el Señor,
Porque ha salvado la vida de los pobres.
del poder de los malhechores!
(Jeremías 20:12-13)

[1] Dios le instruye a no tomar esposa ni tener hijos porque “en cuanto a los hijos e hijas nacidos en este lugar, las madres que los dan a luz, los padres que los engendran en esta tierra: De enfermedad mortal morirán. Sin lamento ni sepultura quedarán como estiércol en la tierra. La espada y el hambre acabarán con ellos, y sus cadáveres se convertirán en comida para las aves del cielo y las bestias de la tierra. (Jer 16:3-4) Cosas divertidas.

—Brian Flanagan (él/él), New Ways Ministry , 3 de septiembre de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Si queremos ser de Jesús.

domingo, 3 de septiembre de 2023
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Si queremos ser de Jesús, ser de los suyos aquí abajo, y luego
en la bienaventurada eternidad del cielo, debemos seguirlo;
tomar la cruz y llevarla con él, siguiéndole:
imponer una regla a nuestra naturaleza herida por el pecado,
con el fin de que triunfe en ella el hombre nuevo, que fue
“creado a imagen de Dios en la justicia y la santidad verdaderas” (Ep 4, 24)

No nos dejemos engañar, cegar, ilusionar:
la cruz es siempre la única esperanza de salvación;
la ley de Dios siempre está presente, con sus diez mandamientos,
para recordar al mundo que sólo ella es el refugio seguro,
la muralla de las conciencias,
y que observándolos se posee el secreto de la paz y la tranquilidad de conciencia.
El que lo olvida, incluso el que aparece huir de todo compromiso serio,
Se reserva tarde o temprano la tristeza y la miseria.

*

Juan XXIII
Alocución del 3 de abril de 1960 La documentación católica n°1330

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*

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

“¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.”

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

“Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Entonces dijo a sus discípulos:

“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

*

Mateo 16,21-27

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“Aprende a despreciar las cosas exteriores y dirigirte a las interiores y verás venir el Reino de Dios a ti” (Imitación de Cristo, 2,1).  Se trata de separarse, y con fuerza, de esa exterioridad en que queda aprisionada y reducida la vida del hombre, para volverse y renovar el interior, eso interioridad que caracteriza al hombre. El logro de una conquista semejante requiere distanciamiento de las cosas exteriores, yo que mientras estés ocupado en ellas no puedes pensar en ti: Cristo vendrá a ti si le has reparado en tu interior una digna vivienda; por eso el autor de la Imitación te sugiere insistentemente: hazle sitio en tu interior a Cristo y niégale la entrada a todo lo demás. ¿Cuántos desapegos no están incluidos en “todo lo demás”!

Desapego de las cosas, de todas las cosas a las que a veces se apega nuestro corazón inadvertidamente y que nos impiden adherirnos totalmente a Cristo; desapego de los lugares a los que fácilmente el corazón se vincula bajo la apariencia de bien; desapego de las personas, en el sentido de que los afectos no obstaculicen el triunfo de Cristo en nosotros ni se lo impidan a los demás…

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G. Luzzcnti,
El Reino de Dios está en medio de nosotros,
I, Milán, 1976, Wss.

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“Arriesgar todo por Jesús”. 22 Tiempo ordinario – A (Mateo 16,21-27)

domingo, 3 de septiembre de 2023
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42_TO_22_A_1698208 Es difícil no sentir desconcierto y malestar al escuchar una vez más las palabras de Jesús: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Entendemos muy bien la reacción de Pedro, que, al oír a Jesús hablar de rechazo y sufrimiento, «se lo lleva aparte y se pone a increparlo». Dice el teólogo mártir Dietrich Bonhoeffer que esta reacción de Pedro «prueba que, desde el principio, la Iglesia se ha escandalizado del Cristo sufriente. No quiere que su Señor le imponga la ley del sufrimiento».

Este escándalo puede hacerse hoy insoportable para los que vivimos en lo que Leszek Kolakowsky llama «la cultura de analgésicos», esa sociedad obsesionada por eliminar el sufrimiento y malestar por medio de toda clase de drogas, narcóticos y evasiones.

Si queremos clarificar cuál ha de ser la actitud cristiana, hemos de comprender bien en qué consiste la cruz para el cristiano, pues puede suceder que nosotros la pongamos donde Jesús nunca la puso.

Nosotros llamamos fácilmente «cruz» a todo aquello que nos hace sufrir, incluso a ese sufrimiento que aparece en nuestra vida generado por nuestro propio pecado o nuestra manera equivocada de vivir. Pero no hemos de confundir la cruz con cualquier desgracia, contrariedad o malestar que se produce en la vida.

La cruz es otra cosa. Jesús llama a sus discípulos a que le sigan fielmente y se pongan al servicio de un mundo más humano: el reino de Dios. Esto es lo primero. La cruz no es sino el sufrimiento que nos llegará como consecuencia de ese seguimiento; el destino doloroso que habremos de compartir con Cristo si seguimos realmente sus pasos. Por eso no hemos de confundir el «llevar la cruz» con posturas masoquistas, una falsa mortificación o lo que P. Evdokimov llama «ascetismo barato» e individualista.

Por otra parte, hemos de entender correctamente el «negarse a sí mismo» que pide Jesús para cargar con la cruz y seguirle. «Negarse a sí mismo» no significa mortificarse de cualquier manera, castigarse a sí mismo y, menos aún, anularse o autodestruirse. «Negarse a sí mismo» es no vivir pendiente de uno mismo, olvidarse del propio «ego», para construir la existencia sobre Jesucristo. Liberarnos de nosotros mismos para adherirnos radicalmente a él. Dicho de otra manera, «llevar la cruz» significa seguir a Jesús dispuestos a asumir la inseguridad, la conflictividad, el rechazo o la persecución que hubo de padecer el mismo Crucificado.

Pero los creyentes no vivimos la cruz como derrotados, sino como portadores de una esperanza final. Todo el que pierda su vida por Jesucristo la encontrará. El Dios que resucitó a Jesús nos resucitará también a nosotros a una vida plena.

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José Antonio Pagola

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“El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo”. Domingo 03 de septiembre de 2023. 22º domingo de tiempo ordinario.

domingo, 3 de septiembre de 2023
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45-OrdinarioA22Leído en Koinonia:

Jeremías 20,7-9: La Palabra del Señor se volvió oprobio para mí
Salmo responsorial 62: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
Romanos 12,1-2: Presentad vuestros cuerpos como hostia viva
Mateo 16,21-27: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo

La liturgia de hoy centra la atención sobre las consecuencias dolorosas del ministerio profético y del seguimiento de Jesús. Tanto Jeremías como Mateo, llaman la atención sobre el conflicto que tienen que afrontar tanto el profeta como Jesús.

La experiencia del exilio marcó la vida del pueblo de Israel. Fue un momento muy doloroso que le exigió replantear su fe en el Dios de la Alianza. En este marco histórico se ubica el Profeta Jeremías.

Este pasaje pone de relieve el clamor del profeta porque Dios le ha seducido y le ha forzado, ha sido objeto de burla de todos y la palabra ha sido motivo de dolor y desprecio. Por eso el profeta ha querido desentenderse de la misión pero la Palabra ha sido más fuerte y, prácticamente, lo ha vencido.

La mayoría de los profetas bíblicos han sufrido experiencias similares a las de Jeremías. Son rechazados por sus propios hermanos y por las autoridades correspondientes. Muchos de ellos tuvieron que sufrir la muerte o el destierro. Pero pudo más la fidelidad a Dios y a su Pueblo que su propia seguridad y bienestar. La Palabra de Dios actúa en el profeta como un fuego abrasador que no lo deja tranquilo y lo mantiene siempre alerta en el cumplimiento de su misión.

La segunda lectura de la carta de Pablo a los cristianos de Roma utiliza un lenguaje imperativo. Estos versículos sirven de enlace entre la parte anterior de orden más indicativo. El lenguaje es exhortativo. Les habla no sólo como hermano en la fe sino con la autoridad del Apóstol. Les invita a hacer de su cuerpo una ofrenda permanente a Dios. El verdadero culto no se reduce a ritos externos sino que procede de una vida recta. El cuerpo, vehículo de la vida interior, debe ser un canto de alabanza y gratitud a Dios. En esto consiste la conversión para Pablo: en una vida totalmente transformada por el Espíritu de Dios, en el cambio de mentalidad, de valores, de horizonte. Sólo así se podrán tener los criterios de discernimiento para buscar, encontrar y realizar la voluntad de Dios.

En el evangelio nos encontramos con un bello esquema catequético «sobre el discipulado como seguimiento de Jesús hasta la cruz». Jesús pone de manifiesto a sus discípulos que el camino de la resurrección está estrechamente vinculado a la experiencia dolorosa de la cruz. El núcleo principal es el primer anuncio de la pasión. Pero los discípulos, simbolizados en la persona de Pedro, no han comprendido esta realidad. Ellos están convencidos del mesianismo glorioso de Jesús que se enmarca dentro de las expectativas mesiánicas del momento. Jesús rechaza enfáticamente esta propuesta, pues la voluntad del Padre no coincide con la expectativa de Pedro y los discípulos. Por eso Pedro aparece como instrumento de Satanás delante de Jesús para obstaculizar su misión.

El maestro invita al discípulo a continuar su camino detrás de él porque aún no ha alcanzado la madurez del discípulo. Luego Jesús se dirige a todos los discípulos para señalarles que el camino del seguimiento por parte del discípulo también comporta la cruz. No hay verdadero discipulado si no se asume el mismo camino del Maestro. El anuncio del evangelio trae consigo persecución y sufrimiento. Tomar la cruz significa participar en la muerte y resurrección de Jesús. La pérdida de la vida por la Causa de Jesús habilita al discípulo para alcanzarla en plenitud junto a Dios.

En el Bautismo hemos sido consagrados sacerdotes profetas y reyes. Por lo tanto la dimensión profética de nuestra fe es intrínseca a la consagración bautismal. Hoy no podemos prescindir del profetismo en el seguimiento de Jesús. Y sabemos que las consecuencias del profetismo, vinculado estrechamente a la misión evangelizadora, son la oposición, la persecución, el rechazo y el martirio. Muchos hombres y mujeres en distintas partes del mundo se han jugado la vida por la fe y la defensa de los valores evangélicos. Si se quiere seguir a Jesús en fidelidad tendremos que enfrentar muchas contradicciones, caminar a contravía de lo que propone el orden establecido, la cultura imperante y la globalización del mercado –que no es otra cosa que la globalización de la exclusión–.

Quisiéramos vivir un cristianismo cómodo, sin sobresaltos, sin conflictos. Pero Jesús es claro en su invitación: hay que tomar la cruz, hay que arriesgar la vida, hay que perder los privilegios y seguridades que nos ofrece la sociedad si queremos ser fieles al evangelio. ¿Cómo vivimos en la familia y en la comunidad cristiana la dimensión profética de nuestro bautismo? ¿Estamos dispuestos/as a correr los riesgos que implica el seguimiento de Jesús? ¿Conocemos personas que han vivido la experiencia del martirio por el evangelio? ¿Ya no es tiempo para mártires, o lo es para mártires de otra manera? Leer más…

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3.9.23, Dom 22 TO. Pedro corrige a Jesús; Jesús reprende a Pedro: Apártate, Satanás (Mt 16,21-27)

domingo, 3 de septiembre de 2023
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Del blog de Xabier Pikaza:

Este evangelio (Mt 16, 21‒27) y el del domingo anterior (Mt 16, 13‒20), ofrecen una radiografía de contraste de la iglesia:

– El domingo pasado Pedro decía a Jesús que era Cristo, y Jesús le prometía (concedía) las llaves de reino de los cielos. Este domingo Pedro corrige a Jesús (no vayas por cruces)  y Jesús  rechaza a Pedro: tu eres Satanás.

Cristo y Pedro, con papado al fondo.

‒ El evangelio anterior (Mt 16, 13‒20) sigue teniendo valor: Simón, hijo de Juan, confiesa a Jesús y le llama “Cristo”. Por su parte, Jesús bautiza a Simón como Piedra, concediéndole las llaves de la iglesia.

‒ El evangelio hoy (Mt 16, 21‒27) insiste en el riesgo de la confesión de Pedro, que se aprovecha de Jesús, invierte su mensaje y quiere convertirlo en signo de máxima riqueza sobre el mundo (como ha querido cierto papado).

‒ Ese riesgo se vio el año 1054 cuando el Patriarca de Bizancio rechazó el “dictado papal” (=dictadura papal) de León IX, que ratificará pronto Gregorio VII (1075), formulado de manera al menos muy ambigua.

‒ Ese riesgo suscitó la protesta y ruptura de Lutero (1517). Tenía su razón el papa (¡León X Medici!) al mantener la confesión (¡tú eres el Cristo!) pero la forma de entenderla y aplicarla fue también muy problemática.

‒ En un sentido, la confesión petrina del Papa (tú eres el Cristo) es muy positiva, aunque debe mantenerse, como dije el pasado domingo,  pero puede y debe matizarse,  como puse también de relieve, pues puede contener un elemento satánico,  como avisa Jesús en el evangelio de hoy.

Por esas y otras razones es necesario reformular el primado del Papa, desmontando muchas piedras de este Vaticano,  para que no sea simple museo del pasado.

‒ Éste me parece el intento del papa, Francisco,  que sigue firme en su propuesta sinodal de la iglesia y del papado. Dos tipos de pedros/papas parecen parece esconderse en el fondo de las iglesias, como verá quien siga leyendo esta postal.

(Imagen 1: Tú eres Pedro, cúpula el Vaticano. Imagen 2 icono muy antiguo de Pedro, siglo VI, Santa Catalina del Sinai,   con llaves y báculo en forma de cruz, Cristo arriba, y la Virgen y Juan Bautista a los lados, en un entorno de Iglesia. Imagen 3, comentario de Mateo, del que tomo esta postal)).

 Texto. Mt 16,21-27

 ‒ En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: “¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.”

Jesús se volvió y dijo a Pedro: “Apártate de mí, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

 “Entonces dijo a sus discípulos: “El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.”

Introducción

Este pasaje plantea el destino y despliegue de la Iglesia primitiva, que se enfrenta ante la gran alternativa: (a) Conseguir el Reino a través de un tipo de poder militar o social, espiritual o económico (b) O dar la vida por el Reino, es decir, instaurarlo de un modo gratuito, regalando (perdiendo la propia vida en el intentoo).

Este pasaje retoma un elemento de la relación entre Jesús y Pedro, pero no habla de Pedro como persona individual, propia del pasado, sino del Pedro que (según Mateo) es signo de la estructura y organización de la Iglesia.

‒ Pedro (un tipo de Iglesia) supone que, siendo Mesías, Jesús ha de subir a Jerusalén al estilo de David y de los reyes del mundo, para triunfar en la ciudad de las promesas, instaurando el Reino en claves de poder (evidentemente al servicio de los oprimidos del pueblo, y en algún sentido de todos los necesitados), pero desde el poder, esto es, desde arriba. Quiere ser Piedra Gloriosa, base de un edificio de victoria, sin riesgo de sufrimiento, sin entrega de la vida.

‒ Pero, en contra de Pedro, Jesús decide subir a Jerusalén en un gesto de amor arriesgado, no para triunfar de un modo regio, sino para entregar su vida a favor de los demás, dispuesto a perderlo todo (aunque no como masoquista, que quiere que le maten).

‒ Al corregir a Jesús, este Pedro papal en el mal sentido de la palabra aparece como Satán (tentador) para Jesús… es decir como skándalon, es decir, como piedra que hace caer al caminante o que destruye todo el edificio. Entendido en este perspectiva, este pasaje eleva la mayor de todas las críticas posibles en contra de un Pedro establecido en clave de poder sobre la colina del Vaticano; un Pedro que puede ser bueno, incluso muy bueno, pero en clave de poder. Resulta escandaloso que un tipo de Iglesia (con buenísima voluntad) no se haya dado cuenta de ello.

Propuesta de Jesús. El Hijo de Hombre tiene que ir Jerusalén (16, 21).

  Éste es su descubrimiento, la experiencia que define de ahora en adelante el evangelio. Jesús no es masoquista: no ha venido a sufrir por sufrir, ni a morir por morir, sino a extender el reino. Pero su misma fidelidad a la misión de Dios le lleva a subir a Jerusalén, dejándolo todo, sin dinero, sin ejército, a fin de dar su vida por el Reino (es decir, por los demás, en compañía con los expulsados y pobres, los asesinados). Éste es su gran descubrimiento, el secreto mesiánico.

En esa línea, tras haber aceptado la confesión de Simón (¡Tú eres el Cristo!) y de responderle diciendo que esa confesión es la la roca firme de la Iglesia, Jesús profundiza en el tema y entiende (interpreta) su mesianismo (tarea de Reino) en una línea de entrega (hasta la muerte), como seguirá diciendo en Mt 17, 22-23; 20, 17-19) [1].

16 21 Desde entonces, comenzó Jesús a explicar (a mostrar) a sus discípulos que él debía(dei) ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser matado y resucitar al tercer día.

‒ “Dei”, la voluntad de Dios. Jesús descubre y proclama esa voluntad de Dios que se va abriendo y mostrando en su camino. No habla del Hijo del Hombre, como Mc 8, 31, sino de sí mismo, diciendo que “él debe” (dei auton) ir a Jerusalén… El tema no es el destino doloroso de una figura simbólica, como el Hijo del Hombre, sino su proceso y tarea concreta de ser humano, de Jesús como persona.

‒ Ir a Jerusalén. Jesús indica así que no se trata de un sufrimiento en general (una especie de destino cósmico), sino de un sufrimiento que proviene de su “enfrentamiento” con los poderes civiles (ancianos), religiosos (sacerdotes) y legales (escribas) de la ciudad sagrada, a favor de los pobres y expulsados. De esa forma expresa la paradoja central del evangelio. Los escribas concebían a Jerusalén como “roca de cimiento” no sólo del templo, sino de todo el pueblo de Israel, e incluso del universo entero. Pues bien, la Roca de la Iglesia es la confesión de Pedro (Jesús es el Cristo)… y el destino y tarea del Cristo es dar la propia vida para que vivan los pobres, los excluidos.

‒ De forma que será matado, pero resucitará al tercer día. Jesús descubre el carácter mortal de su decisión (subir a Jerusalén). No dice quiénes son los causantes directos de su muerte (¿sanedritas, romanos…?), pero insiste en su conflicto con la ciudad sagrada, añadiendo que “al tercer día” resucitará. No después de tres días, como en Mc 9, 31, sino al tercer día, como afirma la fórmula tradicional de la Escritura, entendiendo ese día como tiempo de culminación (muerte, transformación). Jesús confirma así que su entrega y muerte está al servicio de la llegada del Reino, es decir, de la resurrección; el Reino no llega como poder sobre los otros, sino en el gesto concreto de dar la vida por ellos, de morir con los excluidos y condenados del mundo [2].

Respuesta de Pedro, reproche de Jesús (16, 22-23).

  Pedro ha dicho que Jesús es Cristo, Hijo de Dios… y Jesús le ha respondido que eso se lo ha revelado su Padre, para añadir que él (Jesús) ha de morir en Jerusalén. Pues bien, desde su nueva situación, Pedro se cree capacitado para increpar a Jesús, marcándole su dirección, no por simple miedo, sino porque él tiene otra propuesta mesiánica, que no incluye la Cruz.

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Seguir a Jesús vale la pena. Domingo 22. Ciclo A

domingo, 3 de septiembre de 2023
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imageDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

En el evangelio del domingo anterior, Pedro, inspirado por Dios, confiesa a Jesús como Mesías. Inmediatamente después, dejándose llevar por su propia inspiración, intenta apartarlo del plan que Dios le ha encomendado. El relato Mateo 16,21-27 lo podemos dividir en tres escenas.

1ª: Jesús y los discípulos (primer anuncio de la pasión y resurrección)

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro acaba de confesar a Jesús como Mesías. Él piensa en un Mesías glorioso, triunfante. Por eso, Jesús considera esencial aclarar las ideas a sus discípulos. Se dirigen a Jerusalén, pero él no será bien recibido. Al contrario, todas las personas importantes, los políticos (“ancianos”), el clero alto (“sumos sacerdotes”) y los teólogos (“escribas”) se pondrán en contra suya, le harán sufrir mucho, y lo matarán. Es difícil poner de acuerdo a estos tres grupos. Sin embargo, tratándose de Jesús, coinciden en el deseo de hacerlo sufrir y eliminarlo. Esto que parece una simple conjura humana, Jesús lo interpreta como parte del plan de Dios. Por eso, no dice a los discípulos: «Vamos a Jerusalén, y allí una panda de canallas me va a perseguir y matar», sino «tengo que ir» a Jerusalén a cumplir la misión que Dios me encomienda, que implicará el sufrimiento y la muerte, pero que terminará en la resurrección.

Para la concepción popular del Mesías, como la que podían tener Pedro y los otros, esto resulta inaudito. Sin embargo, la idea de un personaje que salva a su pueblo y triunfa a través del sufrimien­to y la muerte no es desconocida al pueblo de Israel. La expresó un profeta anónimo, y su mensaje ha quedado en el c.53 de Isaías sobre el Siervo de Dios.

2ª: Pedro, portavoz de Satanás, y Jesús

Jesús termina hablando de resurrección, pero lo que llama la atención a Pedro es el «padecer mucho» y el «ser ejecutado». Según Mc 8,32, Pedro se puso entonces a reprender a Jesús, pero no se recogen las palabras que dijo. Mateo describe su reacción con más crudeza:

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

― ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

― Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios. 

Ahora no es Dios quien habla a través de Pedro, es Pedro quien se deja llevar por su propio impulso. Está dispuesto a aceptar a Jesús como Mesías victorioso, no como Siervo de Dios. Y Jesús, que un momento antes lo ha llamado «bienaventurado», le responde con enorme dureza: «¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar!»

Estas palabras traen a la memoria el episodio de las tentaciones a las que Satanás sometió a Jesús después del bautismo. El puesto del demonio lo ocupa ahora Pedro, el discípulo que más quiere a Jesús, el que más confía en él, el más entusiasmado con su persona y su mensaje. Y Jesús, que no vio especial peligro en las tentaciones de Satanás, ve aquí un grave peligro para él. Por eso, su reacción no es serena, como ante el demonio; no aduce tranquilamente argumentos de Escritura para rechazar al tentador, sino que está llena de violencia: «Tú piensas como los hombres, no como Dios.» Los hombres tendemos a rechazar el sufrimiento y la muerte, no los vemos espontáneamente como algo de lo que se pueda sacar algún bien. Dios, en cambio, sabe que eso tan negativo puede producir gran fruto.

3ª: Jesús y los discípulos (parábola del maletín y el joyero)

Entonces dijo Jesús a sus discípulos:

― El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

No se conocían de nada, sólo les unió compartir dos asientos de primera clase. Ella colocó en el compartimento un elegante estuche con sus joyas. Él, un pesado maletín con su portátil y documentos de sumo interés. El pánico fue común al cabo de unas horas, cuando vieron arder uno de los motores y oyeron el aviso de prepararse para un aterrizaje de emergencia. Tras el terrible impacto contra el suelo, ella renunció a sus joyas y corrió hacia la salida. Él se retrasó intentando salvar sus documentos. El cadáver y el maletín los encontraron al día siguiente, cuando los bomberos consiguieron apagar el incendio. Extrañamente, ella recuperó intacto el estuche de sus joyas.

En tiempos de Jesús no había aviones, y él no pudo contar esta parábola. Pero le habría servido para explicar la enseñanza final de este evangelio. Para entender esta tercera parte conviene comenzar por el final, el momento en el que el Hijo del Hombre vendrá a pagar a cada uno según su conducta. En realidad, sólo hay dos conductas: seguir a Jesús (salvar la vida, renunciando al joyero) o seguirse a uno mismo (salvar el maletín a costa de la vida). Seguir a Jesús supone un gran sacrificio, incluso se puede tener la impresión de que uno pierde lo que más quiere. Seguirse a uno mismo resulta más importante, salvar la vida y el maletín. Pero el avión está ya ardiendo y no caben dilaciones. El que quiera salvar el maletín, perderá la vida. Paradójicamente, el que renuncia al joyero salva la vida y recupera las joyas.

Jeremías y Jesús (Jer 20,7-9)

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste. Yo era el hazmerreír todo el día, todos se burlaban de mí. Siempre que hablo tengo que gritar: «Violencia», proclamando: «Destrucción.» La palabra del Señor se volvió para mí oprobio y desprecio todo el día. Me dije: «No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre»; pero ella era en mis entrañas fuego ardiente, encerrado en los huesos; intentaba contenerlo, y no podía.

            La vida de Jeremías no fue fácil. Él no quería ser profeta, le objetó a Dios que era demasiado joven y que no sabía hablar. Pero el Señor no aceptó su protesta y lo obligó a transmitir el mensaje más duro en los años más difíciles del reino de Judá: cuando se avecinaba la desaparición de la monarquía, la destrucción de Jerusalén y la deportación a Babilonia.

            Al principio, todo fue bien («me sedujiste, Señor, y me dejé seducir»). Pero el tener que anunciar y justificar la desgracia futura se le convierte en una carga insoportable. Personalmente, tiene la sensación de que todo su mensaje se sintetiza en dos palabras horribles: «violencia» y «destrucción». Socialmente, esta predicación le procura críticas, burlas, persecuciones, incluso amenazas de muerte. ¿Solución? Olvidarse de Dios y de su palabra. Pero no puede hacerlo. Esa palabra arde en sus entrañas, es un fuego incontenible.

            Jeremías, igual que Jesús, se siente obligado a cumplir la misión que Dios le encomienda. Es cierto que en Jesús no encontramos la misma rebeldía, pero la reacción tan humana del profeta ayuda a comprender que, para el Señor, «tener que ir a Jerusalén» supuso también un gran sacrificio.

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Domingo XXII del Tiempo Ordinario. 03 Septiembre, 2023

domingo, 3 de septiembre de 2023
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“Jesús se volvió y dijo a Pedro: -¡Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como las gentes, no como Dios!”

Mt 16, 21-27

Es muy interesante ver cómo la Biblia pone al descubierto las oscuridades de sus más ilustres personajes. Las grandes figuras de sus páginas son personas con grandes defectos y pecados, desde Adán hasta Pablo, pasando por Abraham, Moisés, David o cualquiera de los Doce.

¡Ojo!, que solo aparecen referentes masculinos, pero así ha sido, las grandes figuras bíblicas, las que se han puesto como modelo, han sido varones. Mas la Biblia está también llena de mujeres que aparecen con sus sombras y que muchas veces han quedado ocultadas, olvidadas.

Pero lo que interesa en este texto es que Pedro, una de las figuras más importantes de la Iglesia primitiva, se muestra incapaz de comprender hacia dónde conduce el camino que lleva Jesús.

Pedro, uno de los íntimos de Jesús, a quien Jesús le confía la dirección de aquellos primeros discípulos está completamente equivocado. Mete la pata hasta las orejas y el evangelio nos lo cuenta sin ocultar detalle.

La verdad de nuestra debilidad no le quita nada a lo que somos a los ojos de Dios. No nos ha elegido porque seamos perfectas ni mejores que las demás. Nos ha escogido porque nos ama y nos conoce. Y quiere que nosotras nos amemos y nos conozcamos. Por eso nos hace ver nuestra oscuridad, para que no nos perdamos en ella.

Esa parte oscura lo mejor que podemos hacer en la vida es ponerla a la luz, darla a conocer. Porque cuando algo sale de la oscuridad se convierte en luz.

Tanto la Iglesia, como de manera personal, deberíamos reflexionar esta tendencia bíblica de dar a conocer los defectos y debilidades de todas las personas que bullen en sus páginas. Esa tendencia a la verdad que conduce a la Verdad con mayúsculas que es Dios.

Una tendencia a la verdad que nos hace optar por una humildad adulta y responsable que nos capacita para mostrarnos como somos aunque nos hayamos equivocado.

Oración

Ábrenos, Trinidad Santa, a nuestros propios errores, para que podamos sacarlos a la luz y dejen de crecer en la oscuridad. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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