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No tienes que renunciar a nada, pero como ser limitado debes estar siempre eligiendo.

domingo, 3 de septiembre de 2023
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22-TOA-evDOMINGO 22 (A)

Mt 16,21-27

El texto es continuación del leído el domingo pasado. Lo que Mateo pone hoy en boca de Jesús ni siquiera es aceptable para los seguidores. Jesús acaba de felicitar a Pedro por expresar pensamientos divinos. Ahora le critica muy duramente por pensar como los hombres. La diferencia es abismal. Pedro es coherente con lo que dijo de Jesús: tú eres el ungido, el hijo de Dios vivo. ¿A qué judío se le podía ocurrir que el Mesías iba a morir en la cruz? Ni Jesús pudo pensar tal cosa, aunque nuestros prejuicios lo ven como natural.

Los primeros cristianos tardaron mucho tiempo en armonizar las diversas maneras de concebir a Jesús. A pesar del esfuerzo, encontramos en los evangelios infinidad de incoherencias. Como Pedro, los cristianos en todas las épocas nos hemos escandalizado de la cruz. Nadie hubiera elegido para Jesús ese camino. La imagen de un Mesías victorioso es la única que puede tener sentido desde la perspectiva judía. La muerte de Jesús en la cruz es un contrasentido que se trató de integrar con una serie de argumentos contradictorios.

La muerte de Jesús fue para los primeros cristianos el punto más impactante de su vida. Seguramente el primer núcleo de los evangelios lo constituyó un relato de su pasión. No nos debe extrañar que, al redactar el resto de su vida se haga desde esa perspectiva. Hasta cuatro veces anuncia Jesús su muerte en el evangelio de Mateo. No hacía falta ser profeta para darse cuenta de que la vida de Jesús corría serio peligro. Lo que decía y lo que hacía estaba en contra de la doctrina oficial y los encargados de su custodia tenían el poder suficiente para eliminar a una persona tan peligrosa para sus intereses.

Pedro responde a Jesús con toda lógica. ¿Podía Pedro dejar de pensar como judío? Incluso el día que vinieron a prenderle, Pedro sacó la espada y atizó un buen golpe a Malco, para evitar que se llevaran al Maestro. Era inconcebible para un judío que al Mesías lo mataran los más altos representantes de Dios. El texto quiere transmitirnos la idea de un Jesús acomodado a los acontecimientos inaceptables, como representante de Dios. La radical crítica de Jesús a Pedro tiene como objetivo ordenar los juicios contradictorios que se sucedieron durante los primeros años del cristianismo.

La respuesta de Jesús a Pedro es la misma que dio al diablo en las tentaciones. Ni a los fariseos ni a los letrados, ni a los sacerdotes dirige Jesús palabras tan duras. Quiere indicar que la propuesta de Pedro era la gran tentación, también para Jesús. La verdadera tentación no viene de fuera, sino de dentro. Lo difícil no es vencerla sino desenmascararla y tomar conciencia de que ella es la que puede arruinar nuestra Vida. Jesús no rechaza a Pedro, pero quiere que descubra su verdadero mesianismo, que no coincide ni con el del judaísmo oficial ni con lo que esperaban los discípulos.

El seguimiento es muy importante en todos los evangelios. Se trata de abandonar cualquier otra manera de relacionarse con Dios y entrar en la dinámica espiritual que Jesús manifiesta en su vida. Es identificarse con Jesús en su entrega a los demás, sin buscar para sí poder o gloria. Negarse a sí mismo supone renunciar a toda ambición personal. El individualismo y el egoísmo quedan descartados de Jesús y del que quiera seguirlo. Cargar con la cruz es aceptar la oposición del mundo. Se trata de la cruz que nos infligen otras personas –sean amigas o enemigas– por ser fieles al evangelio.

En tiempo de Jesús, la cruz era la manera más denigrante de ejecutar a un reo. El carácter simbólico solo llegó para los cristianos después de comprender la muerte de Jesús. Como el relato habla de la cruz en sentido simbólico, es improbable que esas palabras las pronunciara Jesús. El condenado era obligado a cargar con la parte trasversal de la cruz (patibulum). No está hablando de la cruz voluntariamente aceptada sino de la impuesta por haber sido fiel a sí mismo y Dios. Lo que debemos buscar es la fidelidad. La cruz será consecuencia inevitable de esa fidelidad.

Jesús nos muestra el camino que nos puede llevar a una mayor humanidad. Esa propuesta es la única manera de ser humano. Todo ser humano debe aspirar a ser más; incluso ser como Dios. Pero no es fácil encontrar el camino que le lleve a su plenitud. Los argumentos finales dejan claro que las exigencias, que parecen tan duras, son las únicas sensatas. Lo que Jesús exige a sus seguidores es que vayan por el camino del amor. Aquí está la esencia del mensaje cristiano. No se trata de renunciar a nada, sino de elegir en cada momento lo mejor. Verlo como renuncia es no haber entendido ni jota.

Jesús no pretende deshumanizarnos como se ha entendido con frecuencia sino llevarnos a la verdadera plenitud humana. No se trata de sacrificarse, creyendo que eso es lo que quiere Dios. Dios quiere nuestra felicidad en todos los sentidos. Dios no puede “querer” ninguna clase de sufrimiento; Él es amor y solo puede querer para nosotros lo mejor. Nuestra limitación es la causa de que, a veces, el conseguir lo mejor, exige elegir entre distintas posibilidades, y el reclamo del gozo inmediato inclina la balanza hacia lo que es menos bueno e incluso malo. Entonces mi verdadero ser queda sometido al falso yo.

La mayoría de nuestras oraciones pretenden poner a Dios de nuestra parte en un afán de salvar el ego y la individualidad, exigiéndole que supere con su poder nuestras limitaciones. Lo que Jesús nos propone es alcanzar la plenitud despegándonos de todo apego. Si descubrimos lo que nos hace más humanos, será fácil volcarnos hacia esa escala de valores. En la medida que disminuyo mi necesidad de seguridades materiales, más a gusto, más feliz y más humano me sentiré. Estaré más dispuesto a dar y a darme, aunque me duela, porque eso es lo que me hace crecer en mi verdadero ser.

Una perfecta vida biológica no supone ninguna garantía de mayor humanidad. Todo lo contrario, ganar la Vida es perder la vida, yendo más allá del hedonismo. Lo biológico es necesario, pero no es lo más importante. Sin dejar de dar la importancia que tiene a la parte sensible, debes descubrir tu verdadero ser y empezar a vivir en plenitud. La muerte afecta solo a tu ser biológico que se pierde siempre. Si accedes a la verdadera Vida, la muerte pierde su importancia. La plenitud se encuentra más allá de lo caduco: no más allá enel tiempo, sino más allá en profundidad, pero aquí y ahora.

Para ser cristiano, hay que trasformarse. Hay que nacer de nuevo. Lo natural, lo cómodo, lo que me pide el cuerpo, es acomodarme a este mundo. Lo que pide mi verdadero ser es que vaya más allá de todo lo sensible y descubra lo que de verdad es mejor para la persona entera, no para una parte de ella. Los instintos no son malos; que los sentidos quieran conseguir su objeto, no es malo. Sin embargo, la plenitud del ser humano está más allá de los sentidos y de los instintos. La vida humana no se nos da para que la guardemos y preservemos, sino para que la consumamos en beneficio de los demás.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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La sabiduría de los sencillos.

domingo, 3 de septiembre de 2023
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ayudaMt 16, 21-27

«Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén ser matado y resucitar al tercer día»

Hay dos formas distintas de interpretar este pasaje. Una, Jesús, hombre verdadero, se da cuenta de que su enfrentamiento con las autoridades se está enconando, y advierte a sus discípulos del peligro que entraña seguir con él porque ese rechazo creciente puede acabar en la muerte. Y otra, Jesús, el Verbo que existe desde el principio junto al Padre, lo sabe todo y va preparando a sus discípulos para una revelación que él posee desde siempre.

Según sea nuestra postura, entenderemos la cruz como el sacrificio redentor de Jesús siguiendo “la voluntad del Padre”, o como el resultado inevitable de su predicación y la posterior reacción del poder establecido. Ambas lecturas son insuficientes, y resulta preciso hacer una síntesis adecuada que resulte coherente con la figura de Jesús que se desprende del evangelio.

Esta búsqueda de una mayor comprensión de Jesús puede estar bien, pero sabiendo que corremos el riesgo de dar demasiada importancia a los planteamientos teológicos y metafísicos propios de especialistas, y olvidar la esencia de la buena Noticia. Para nosotros, los cristianos de a pié, lo más más importante del evangelio es aquello que nos puede ayudar a dar sentido a nuestra vida: “Abbá” … “A mí me lo hicisteis” …

Así las cosas, lo que me interesa resaltar en estas línes es que la religión de Jesús no altera la vida, sino que le da sentido. En Getsemaní, Dios no libró a Jesús de beber el cáliz, pero tras la oración encontró sentido a su sacrificio, y aquel hombre angustiado hasta el extremo fue capaz de afrontar con coraje inaudito su destino. Y lo mismo ocurrió en la cruz, que, tras sentirse abandonado por Dios, pasó a un acto de confianza plena seguro de que al otro lado de la muerte le esperaban los brazos amorosos de su Padre: «En tus manos encomiendo mi espíritu»

Dios no es el que me libra de la mala suerte, ni de la enfermedad ni de las calamidades. Dios no es el que me facilita la vida. Esa concepción de Dios tan propia del judaísmo se acabó con Jesús, y todos aquellos que la alentaban entendieron el peligro que entrañaba y decretaron su muerte.

Jesús nos invita a una religiosidad mucho más profunda que la de escribas y fariseos. Dios no es un parche a las dificultades de la vida, sino el sentido de todo; de lo bueno y lo malo, de lo agradable y lo desagradable. Como decía Ruiz de Galarreta: «El Reino no es huir de la realidad humana, sino dar pleno sentido a toda realidad humana»

Y ésa es la auténtica sabiduría; la sabiduría de los sencillos.

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Como un parto.

domingo, 3 de septiembre de 2023
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wp_20170802_13_59_22_pro-e1503912088272Es poco común escuchar en nuestras comunidades eclesiales el lenguaje en femenino, y mucho menos expresiones de la vida y realidad profunda de lo que sentimos, pensamos y percibimos las mujeres.

Así la Palabra pierde fuerza para nosotras, lo cual es una gran lacra para la espiritualidad y estilo de vida de más de la mitad de la humanidad creyente, y sigue sin importarles a los que se otorgan la autoridad divina de decidir quién habla y quien se calla, aún hoy.

La expresión original de los textos bíblicos es interpretada siempre por una mente masculina, en detrimento de la riqueza femenina, de la mente y percepción de más del noventa por cien de las personas que  “están en ello, que están ahí”.

Si quisieran, también ellos podrían ser uno más y aportar su talento, no su autoritarismo que tanto daño ha hecho y sigue haciendo, sobre todo a la riqueza femenina que el Espíritu/Ruah ha regalado a la historia, al Universo y que por falta de respeto, por falta de Shemá, se ha ido dispersando y está en la otra orilla, posiblemente más cerca del Reino, también hoy.

Este mes de Agosto hemos celebrado a dos mujeres extra-ordinarias: Clara de Asís, posiblemente una de las primeras que enfrentó al papa por  conseguir lo que el Espíritu le decía a ella y a su comunidad, consiguiendo un poco de espacio, pero no pudo evitar que las metieran detrás de las rejas cuyo carisma original no lo consideraba…y Edith Stein, luego llamada Teresa Benedicta de la Cruz, asesinada durante el holocausto aún a pesar de haberse convertido al catolicismo y ser religiosa. La raza no perdona. Esta mujer nos deja un tesoro literario-filosófico y espiritual: una de sus frases me ayuda para un discernimiento a pie de calle: “es en la oración donde encontrarás la luz para ver por donde seguir, no en los análisis y razonamientos.

Por último, antes del texto, compartir que aún en los ambientes más abiertos aparentemente, sigue dominando mucho ese hacer masculino: nos decía una teóloga de la liberación que ese maravilloso movimiento se vino abajo mayormente porque la teoría de la igualdad era preciosa en las reuniones y textos…pero en la realidad la cultura y la vida misma seguía siendo machista, patriarcal, opresora… y parece que el Espíritu se fue retirando al ver que era más de lo mismo, que allí no había hueco para la metanoia que tanto hambreaban y hambreamos.

Y de pronto, como una brisa en mitad de un calor abrasador, Jeremías irrumpe en este primer domingo de septiembre, como iniciando para nosotrxs el curso con una contraseña siempre actual, una que nunca se gasta ni envejece, ni pasa de moda, pero sí muy obviada: “tú me sedujiste y yo me dejé seducir…

Es un lenguaje poco masculino, y por ello le damos las gracias. ¡Cuántas vocaciones ha despertado e interpretado esta frase! Y continúa  “Tu palabra era como fuego ardiendo en mis huesos…”

Lenguaje de una persona atrapada por la fuerza centrípeta del amor, del amor que integra a la persona entera y la dispone para la vida. Esa persona que se deja atrapar en esa espiral de vida y amor personal, redunda en entrega total, rendida y fiel al amor que le invade.

Desde ahí tiene sentido asumir el parto del que nos habla en lenguaje de cruz, el evangelio.

Quien se acerca al Dios vivo queda preñado de vida. Y esa vida tiene que gestarse, nacer y crecer. El seguimiento es como una larga gestación donde sólo quien es consciente de la vida de Dios que lleva dentro la cuida, la alimenta y la comparte.

Tomar la cruz es acoger la Vida, dejar lo que le hace daño…

Jesús avisa que va a padecer mucho a causa del poder del dinero, de los líderes religiosos e intelectuales que pasarán a la ofensiva contra él. Y nos indica que la muerte no será la última palabra.

Las palabras de Pedro concretan la tercera gran tentación, la del poder y la gloria. Pedro es obstáculo porque quiere desviar el mesianismo de Jesús hacia el poder y el triunfo.

Entonces Jesús irrumpe, en nuestro texto de hoy, con un elenco sencillo de Condiciones del Seguimiento:

Precedido de una firme adhesión inicial: venirse conmigo

– renunciar a toda ambición personal

– aceptar ser perseguido por la sociedad, incluso a ser condenado a muerte

– “ser” contra la vanidad de poder y de tener

Es un proceso de muerte del yo con todas sus tretas y ambiciones recónditas disfrazadas de bondad, generosidad, altruismo…para asumir la desnudez de lo auténtico; lo peligroso de adherirte a alguien; la total intemperie, que nos remite a no buscar refugios fáciles…sino asumir, en carne propia el proceso de gestar vida.

Por todo ello, a la hora de poner cuerpo al texto de hoy emerge la imagen de un embarazo: el feto está adherido a ti y tú a él. Lo que cuenta es la vida, no la belleza,  ni el éxito, ni el poder…que queda tan relativizado frente al amor apasionado de una madre para conseguir dar a luz. Y por ello no repara en optar por lo mejor para la vida en gestación, aún que le cueste dolor, sacrificio, renuncia, incluso la propia vida, porque esta valentía es innata en la persona.

Cuántas personas también hoy nos dejamos seducir por la Vida que   se nos otorga el privilegio de gestar, eso sí, asumiendo los riesgos de la gestación que es donde la mayoría retrocede porque tal vez lo que falta no es valentía sino amor apasionado, dejarnos seducir como Jeremías y como Clara y como Edith y como las beguinas que permearon Europa de Vida. Ojalá acojamos su espíritu con la sabiduría de ver el momento y responder con nuestra vida.

Y luego sí, el Reino tiene rostro humano, rostro de criatura viva, rostro de comunidad y de bienaventuranza y de Magnificat. Y la cruz, como el parto, la herramienta para liberarnos de tanto ego acumulado. Acabo de saber que tres diócesis de California, donde he tenido el honor de trabajar y estudiar, se han declarado en bancarrota por el tema indemnizaciones por abusos. Eso significa, de nuevo, que la ausencia de Vida es lo que domina y que tantas personas que trabajan por la justicia, por una pastoral familiar, de jóvenes…se quedarán en la calle.

¡Cuánto amor de seducción por el Amado ha faltado en la institución! Acabemos con la ausencia poniendo presencia, y en esto las mujeres somos número uno. Lo fueron también nuestras hermanas y hermanos que así lo vivieron.

Buen inicio de curso para todxs,

Magda Bennásar Oliver, sfcc

Fuente Fe Adulta

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El ego ante el dolor.

domingo, 3 de septiembre de 2023
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IMG_0390Domingo XXII del Tiempo Ordinario

03 septiembre 2023

Mt 16, 21-27

El guion por el se rige el ego es muy simple: “La vida está ahí para responder a mis expectativas”. A partir de ese axioma, traza una línea divisoria entre aquello que le agrada y aquello que lo frustra. Mientras trata de aferrar lo primero por todos los medios, rechazará con la misma fuerza lo segundo. Nace así la conocida como “ley del apego y de la aversión”. Y así discurrirá la existencia del ego, entre el apego insaciable y el rechazo airado.

Con tales premisas, resulta sencillo entender que para el ego será “bueno” aquello que le agrada y “malo” aquello que lo amenaza; será “verdadero” aquello que lo sostiene y fortalece y “falso” aquello que lo pone en peligro.

En consecuencia, lo más temido por el ego es el dolor y la muerte. Mientras el primero hace aflorar su vulnerabilidad dolorosa, la segunda significa su final. ¿Cómo podría no temerlos? Y dado que, en último término, no se pueden evitar, tratará de ocultarlos o incluso de vivir como si no existieran. Desde el ego no hay salida posible.

Y se produce una paradoja inesperada, sabiamente denunciada por Jesús: cuanto más queremos que el ego esté a salvo, más estamos perdiendo la vida. Y la perdemos porque nos hemos encerrado en la ignorancia de base, olvidando que no somos el ego -con el que nos habíamos identificado, viviendo según sus criterios-, sino la vida misma que se halla siempre a salvo.

Todo ello no niega la dureza del dolor ni el desgarro que, en ocasiones, puede llegar a producir, como cuando se te parte el corazón por una pérdida y te ves envuelto en completa oscuridad. Ante el dolor de las personas, necesitamos descalzarnos, en actitud de respeto y compasión eficaz. Cuando nos alcanza a nosotros mismos, tal vez -aun en medio de la secuencia de oleajes que se suceden y parecen arrasar con todo- podamos abrirnos al silencio y, desde él, a la Vida y al Amor que somos en profundidad, y que sostienen el dolor despertado. Sin duda, la sabiduría se halla en el Silencio de la mente. Y, con ella, la comprensión experiencial de lo que somos.

“Perder la vida por mí” significa morir a la identificación con el ego -a esa creencia errónea- porque hemos comprendido que no somos el ego, sino el “Yo soy” (el “mí”, que nombra Jesús)) que constituye el Fondo último de todo lo que es.

El trabajo de desidentificación del ego requiere silencio mental. Porque solo acallando el griterío de la mente y sus discursos aprendidos y repetitivos, podremos acceder a “aquello” que no tiene nombre, pero que percibiremos nítidamente en nuestro interior…, cuando mantenemos el silencio consciente.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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¿Por qué no seduce hoy JesuCristo?

domingo, 3 de septiembre de 2023
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

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Habitualmente la homilía se centra y versa sobre el Evangelio del día. Pero hoy la 1ª lectura del profeta Jeremías tiene un gran encanto y una fuerza muy viva: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir… Por eso, leamos hoy el evangelio desde el AT.

    El eje central de la Palabra de hoy podría ser este: seguir a Cristo porque nos ha sobrecogido, nos ha seducido.

01.- Seguimos al Señor porque nos ha seducido / seducir

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir,  hemos escuchado al profeta Jeremías.

Seducir significa una fuerte atracción que hace o invita a “salir de uno mismo hacia otra realidad, hacia otra persona”. Seducir es embargar o cautivar el ánimo por alguna realidad.  Seducir es ejercer sobre alguien una gran influencia y atractivo. (Diccionario de la Real Academia de la Lengua). [1]

Es evidente que hay realidades en la vida que ejercen una gran atracción, una gran fascinación: la belleza física y espiritual, el arte (la emoción estética), el sentimiento de pertenencia a una cultura-nación (donde uno ha nacido), la sexualidad, la vocación religiosa, la “llamada” al matrimonio, la fe, los valores de algunas personas, etc.

+ Cuando un chico y una chica se encuentran en la vida, se produce una gran seducción. La afectividad y la sexualidad ejercen una fuerte fascinación y seducción.

+ Cuando san Pablo “cayó del burro”, más que del caballo, quedó seducido por Cristo, lo mismo que san Ignacio de Loyola y tantos otros en la historia.

Ese encanto y seducción a veces reviste formas de serenidad profunda.

+ Cuando un enfermo terminal ve en su mesilla la imagen de la Virgen de su pueblo o mira su alianza matrimonial, abre infinitos recuerdos, vivencias, probablemente que evocan más paz que todas las teologías de la historia.

+ Una conversación reconciliadora con un familiar con el que la historia ha sido turbulenta, es fuente de serenidad sobrecogedora.

No sé si me equivoco al pensar y decir que la seducción es una fuerza “no racional” que “arrastra” al ser humano. “Irracional” no significa que no sea valiosa y buena, mucho menos quiero decir que lo no racional sea algo malo, sino que quiero decir que no depende, al menos no depende exclusivamente de la razón.

02.- Seguir a Cristo es tomar la cruz.

Quien quiera seguirme, que tome su cruz.

    No es que sea un consejo piadoso, sino que la vida misma es así. La vida es esfuerzo y descanso, placer y muerte que decía Freud, es ascética y mística.

Seguir a Cristo o simplemente vivir humanamente es el camino del Éxodo, de la libertad que requiere esfuerzo y, a veces, removernos de nuestra vida cómoda. El desierto es siempre arduo. La libertad, ser libres, es algo trabajoso y difícil. La libertad es dura pero realizadora.

    Hay situaciones y momentos en los que hemos de tomar la cruz que la vida nos depara: la enfermedad, los cansancios de la edad, del trabajo, la cansera y la tristeza de algunas situaciones, el esfuerzo del trabajo y las tareas que hemos de hacer, etc…

Seguir a Cristo es dejarse embargar y seducir por su bondad, por su salvación. La seducción cristiana no es una cuestión racional y especulativa, mucho menos pertenece al Derecho Canónico. El Derecho Canónico puede que sea necesario, pero desde luego no seduce a nadie. Seguir a Cristo es dejarse impregnar no por lo que se puede o no se puede hacer, por lo que hay que cumplir, sino que seguir a Cristo es quedar embargado de la paz y serenidad profundas que nos vienen del Señor

    Hemos dado forma a nuestro ser cristiano en una teología, en una dimensión casi exclusivamente racionalista, doctrinal, ritual, jurídico-legal y moral.

    Sin embargo, la seducción del Señor proviene de la acogida del misterio último de la vida, del sentido de todo esto que la vida nos pone en nuestras manos, del amor, de la entrega, de la oración y contemplación.

En la vida, sobre todo a ciertas edades, nos hace bien sentir y vivir en la llamada seductora del Señor. Poco más podremos hacer y nos hace bien vivir según dice el profeta Jeremías:

Tu Palabra era  en mis entrañas fuego ardiente,

que algo tiene de la calidez de Emaús.

[1] También la seducción tiene otras acepciones de engaño, pero no vienen al caso.

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Tengo miedo

sábado, 2 de septiembre de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Tengo miedo del encuentro con el pasado

que vuelve a enfrentarse con mi vida. 

*

Alfredo Le Pera

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

«El evangelio según Saramago», por Gonzalo Haya

sábado, 2 de septiembre de 2023
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url6543564356-654x1024El sentimiento clave en la visión de Saramago es el rechazo ético del sufrimiento.

ADVERTENCIA

Algunos pasajes de «El Evangelio según Jesucristo», de José Saramago, pueden herir nuestra sensibilidad cristiana.

Sin embargo la visión de un autor no creyente acerca de Jesús de Nazaret puede ayudarnos a los cristianos adultos a depurar nuestra fe de los excesos pedagógicos o teológicos de la cultura judeocristiana.

La costumbre de la fe, quizás su rutina, nos hace olvidar el vértigo del misterio. Y una fe sin vértigo es una fe que no se asoma a la profundidad del misterio. Y sin misterio no hay trascendencia, ni fe. Sin misterio se cae en una idolatría.

Por eso es necesario que alguien, sin la rutina de nuestra fe, sienta el vértigo del misterio y cuestione la tranquilidad de nuestra fe.

¿Por qué «según Jesucristo»?

Lo de evangelio se entiende, porque pretende narrar la vida de Jesús. También porque quiere ser una buena nueva de solidaridad. Pero ¿por qué lo denomina «según Jesucristo»? Las alteraciones de los datos biográficos y la actitud radicalmente distinta atribuida a Jesús, indican que se trata de un evangelio según Saramago.

Creo que Saramago admira a Jesús, pero rechaza la religión oprimente que ha fraguado en torno a él. Por eso quiere rescatarle interpretando la visión que tendría Jesucristo sobre su propia vida; es decir, cómo hubiera querido Jesucristo que se escribiera su evangelio.

Naturalmente sigue siendo una interpretación según los ideales de Saramago, y por tanto sigue siendo un evangelio «según Saramago». Pero el título de «El Evangelio según Saramago» perdería fuerza literaria y, sobre todo, desvirtuaría la intención del autor de representar los sentimientos de Jesús de Nazaret.

LA CLAVE DEL EVANGELIO «SEGÚN SARAMAGO»

El sentimiento clave en la visión de Saramago, según mi interpretación, es el rechazo ético del sufrimiento. Este es su punto de partida y su valor supremo.

La concepción de «este evangelio» es ética y emocional, y se expresa no como una doctrina conceptual sino como un relato literario.

Su desarrollo conserva los hechos principales narrados por los evangelios canónicos, pero alterando profundamente tanto los hechos como su sentido original, y añadiendo nuevas escenas a conveniencia.

El narrador se presenta distante por los siglos transcurridos; adopta un talante humanista, profundamente preocupado con el sufrimiento humano, que considera agravado por la religión judeocristiana, y fabula esta crónica con una indulgente ironía.

El estilo es siempre digno y respetuoso, generalmente de gran belleza, lleno de alusiones bíblicas o rabínicas. Las situaciones eróticas que introduce están tratadas con expresiones del Cantar de los Cantares.

El relato escenifica las relaciones entre Dios, el Diablo, y Jesús, proyectadas sobre el problema del sufrimiento.

Veamos cada uno de estos aspectos, no para discutir una teoría que él no expone formalmente –y que puesta en boca de sus personajes puede no comprometerle del todo– sino para conocer su preocupación fundamental, que interroga nuestras cómodas explicaciones. No interesa aquí saber en qué se haya equivocado Saramago, sino interrogarnos en qué nos hemos equivocado nosotros para que nos haya interpretado así.

RECHAZO ÉTICO DEL SUFRIMIENTO

Creo que la raíz de la que brota todo este relato es el rechazo ético al sufrimiento; sobre todo la indignación ante el sufrimiento innecesariamente añadido.

El hilo conductor de la primera parte de la obra se basa en los remordimientos de san José, y de Jesús, por no haber impedido la matanza de los niños inocentes de Belén.

En la segunda parte, el autor renuncia a la soltura de su estilo narrativo para dejar constancia, en doce recargadas páginas, de los sufrimientos que habrían de sobrevenir por el martirio de los seguidores de Jesús –presentados por orden alfabético– por las penitencias de los ascetas, por las guerras religiosas, y por la Inquisición.

Ni la matanza de los inocentes ni el sufrimiento de los mártires son culpa de Jesús, pero se produjeron por su causa. Ahora bien, Saramago quiere justificarlo interpretando que se rebeló contra un destino que habría de causar tanto sufrimiento.

Según Saramago, Jesús no quiso morir como Hijo de Dios, porque eso justificaría el martirio y las penitencias de los que habrían de seguirle. Quiso morir simplemente como rey de los judíos, sin comprometer a los siglos venideros.

El final de este peculiar evangelio deja ver claramente cómo Saramago suplanta a su héroe agonizante en la cruz y corrige sus últimas palabras:

«Hombres, perdonadle, porque él (Dios) no sabe lo que hizo».

El rechazo del sufrimiento induce a Saramago a renegar de Dios, porque la tradición judeocristiana lo ha asociado al dolor y la sangre.

«Y el padecimiento de esta pobre mujer (María) es igual al de todas las otras mujeres, como ha sido determinado por el Señor Dios cuando Eva erró por desobediencia: Aumentaré los sufrimientos de tu gravidez, tus hijos nacerán entre dolores, y hoy, pasados ya tantos siglos, con tanto dolor acumulado, Dios aún no está satisfecho y mantiene la agonía»

EL DIOS DEL EVANGELIO «SEGÚN SARAMAGO»

Creo que aquí se encuentra el problema conceptual de este evangelio.

El sentimiento ético de rechazo del sufrimiento se rebela ante un Dios que permite el mal, e incluso se satisface con el sufrimiento de los pecadores y de los inocentes. Ese es el Dios que Saramago ha visto en la religión judeocristiana.

Los sacrificios ofrecidos en el Templo de Jerusalén hacen exclamar al cronista

«Dentro, aquello es un degolladero, un macelo, una carnicería…. un alma cualquiera, que ni santa tendría que ser, simplemente de las vulgares, tendrá dificultad para entender que Dios se sienta feliz en esta carnicería, siendo, como dicen que es, padre común de los hombres y de las bestias».

No ya un alma sencilla, sino el mismo diablo, en otro contexto exclama:

«Es necesario ser Dios para que le guste tanto la sangre»

Pero no son solamente los sacrificios de la Antigua Ley los que escandalizan al cronista. La religión sigue exaltando el sufrimiento: «El alma, para salvarse, necesita el sacrificio del cuerpo».

Una vieja esclava le dice a Jesús:

«Oigo decir que todo cuanto ocurre en el mundo, incluso el sufrimiento y la muerte, sólo puede suceder porque Dios antes lo quiso«.

La conclusión, que el cronista atribuye a Jesús, afecta no ya al sufrimiento sino a la misma dignidad humana:

«Apenas había oído las palabras de Zelomi porque el pensamiento, como una súbita hendidura, se abrió hacia la ofuscadora evidencia de que el hombre es un simple juguete en manos de Dios, eternamente sujeto a hacer sólo lo que a Dios plazca, tanto cuando cree obedecerle en todo, como cuando en todo supone contrariarlo».

Esta idea se repite obsesivamente. Los hombres son solamente «míseros esclavos de la voluntad absoluta de Dios», «la humanidad fue puesta para adorar y sacrificar».

De aquí que la voluntad de Dios resulte absoluta e incluso caprichosa.

«Todo cuanto la ley de Dios quiera es obligatorio, las excepciones también». «Lo que mi voluntad quiere, se hace obligatorio en el mismo instante». «Dios no perdona los pecados que manda cometer».

Como veremos más adelante, esta voluntad es ambiciosa, y no le importa planificar la muerte de su Hijo para aumentar sus dominios sobre la tierra.

Las cosas que escapan a esa voluntad férrea suceden porque Dios estaba un poco distraído, o porque se lo impide el pacto con otros dioses, o porque no puede suprimir al diablo.

Esto nos lleva al problema conceptual de Dios, aunque a Saramago lo que le preocupa no son los problemas conceptuales sino la voluntad absoluta que permite e impone el sufrimiento.

«La sonrisa de Pastor (el diablo) se extinguió, la boca se contrajo en una mueca amarga. Sí, si existe Dios tendrá que ser un único Señor, pero mejor sería que fuesen dos, así habría un dios para el lobo y otro para la oveja, uno para el que muere y otro para el que mata… No sé cómo puede Dios vivir».

Ya que no pueden existir dos dioses, toda la culpa del sufrimiento recae sobre el dios único. Sin embargo, como para Saramago no está nada claro el tema de Dios, apunta la posibilidad de que cada religión tenga sus dioses, y que exista un pacto entre ellos de no invadir los dominios terrestres de los otros.

Cuando Dios está desvelando el futuro de sufrimientos que sobrevendrán a los seguidores de Jesús, y especialmente las guerras con los seguidores de un nuevo dios (las Cruzadas), el diablo allí presente, interroga:

«Quién va a crear al dios enemigo. Jesús no sabía responder, Dios, si callado estaba, callado quedó, pero de la niebla bajó una voz que dijo. Tal vez este Dios y el que ha de venir no sean más que heterónimos. ¿De quién, de qué? preguntó curiosa otra voz. De Pessoa, fue lo que se oyó, pero también podría haber sido, De la Persona. Jesús, Dios y el Diablo hicieron como quien no ha oído, pero luego se miraron asustados, el miedo común es así, une fácilmente las diferencias» (mantenemos la puntuación y la grafía del texto).

Este pasaje me sugiere que tal vez Saramago sienta la necesidad de un cierto orden, y busca alguien superior a ese dualismo o multiplicidad de dioses. En tal caso, el verdadero Dios sería esa voz que permanece en el misterio; los otros, incluido el dios judeocristiano, serían dioses de segundo orden o, en nuestro lenguaje, ídolos creados, a nuestra imagen y semejanza, por nuestras explicaciones.

Esta idea de un Dios superior parece coincidir con algunas alusiones al destino. «El destino, que en todo es más sabio…» hace que la sepultura de José sea la que ha cavado Jesús, y que los hermanos de Jesús le encuentren a orillas del lago. Pero la acción decisiva del destino es la que lleva a Jesús a buscar ayuda en casa de una prostituta, María Magdalena. A partir de ese encuentro con el amor humano, cesan las pesadillas de sus sueños y se inicia el camino de su rebeldía frente a Dios.

EL DIABLO, SEGÚN SARAMAGO

El diablo está tan presente como Dios durante toda la vida de Jesús.

En el día de la concepción de Jesús aparece el diablo disfrazado de mendigo, y derrama en la escudilla que le ofrece María una tierra que produce mágicos destellos.

José lo ve junto a María durante un trecho en el camino a Belén. Ofrece, junto a otros pastores, sus presentes al Niño recién nacido. Reprocha a María el egoísmo y la cobardía al no evitar la matanza de los inocentes, y aparece a lo lejos cuando María le hace a Jesús esta confidencia.

Cuando Jesús abandona Nazaret, el mendigo vuelve para recoger la planta que había nacido de la tierra mágica. Ofrece trabajo a Jesús como pastor de su rebaño, y le impulsa hacia una vida libre y natural. Está presente en los dos encuentros de Jesús con Dios.

El ideario del diablo sería propio de un humanista, y en este ideal coincide con los comentarios que el cronista disemina en todo el relato. El diablo ama la vida y abomina del sufrimiento. Desde luego considera que no es culpable de las matanzas de religión:

«Todo el cuerpo es igual de digno» «Me he limitado a tomar como mío todo aquello que Dios no quiso, la carne con sus alegrías y sus tristezas… pero no es verdad que el miedo sea mi arma, no recuerdo haber sido yo quien inventó el pecado y su castigo y el miedo que en ellos siempre hay».

Cuando Jesús, en el primer encuentro con Dios, cede y le sacrifica la oveja, el diablo le dice

«No has aprendido nada, vete… y quizás quisiese decir que no aprendió a defender la vida».

Saramago acepta que el diablo es un ángel que fue castigado porque quiso ser como Dios. Sin embargo aventura que «quizás sea un ángel servidor de otro dios que vive en otro mundo, y «existe porque así lo exige el orden del mundo». Constituye como el contrapunto de Dios.

En el segundo encuentro con Dios, en el lago, aparece también el diablo. Jesús ve que tienen intereses comunes, que si Dios prolonga su poder sobre los hombres también los prolongará el diablo, porque sus límites son comunes. Al final Jesús trata de rebelarse contra los dos

«Os llevaré hasta la orilla para que todos puedan, al fin, ver a Dios y al diablo en sus figuras propias, y que vean lo bien que se entienden y lo parecidos que son».

Pero el diablo «tiene corazón» y al oír el anuncio de tanto sufrimiento y tanta muerte renuncia a su parte y propone a Dios que le perdone y le reciba en el último rincón de su cielo. Dios no le perdona «porque este Bien que yo soy no existiría sin ese Mal que tú eres».

La figura del diablo, que se hace llamar Pastor, se asemeja al dios Pan, protector de los rebaños y de la naturaleza, no en su aspecto de sátiro, sino más parecido al Gran Pan del neoplatonismo.

JESÚS DE NAZARETH

Aunque nace como los demás niños, Dios había mezclado su simiente con la de José por lo que le reconoce como su hijo. Algunos pasajes inducen la sospecha de que el diablo puede haber tenido alguna influencia:

«Ser anunciado por ángel del cielo o ángel del infierno, las diferencias no son sólo de forma, son de esencia, sustancia y contenido». «Es verdad que en estos asuntos (de paternidad), en general, no es prudente mostrar seguridades y menos una seguridad absoluta, pero yo la tengo, de algo me sirve ser Dios».

Seguiremos las principales etapas de la evolución de Jesús desde que deja Nazaret: inicia su trabajo con el rebaño de Pastor (el diablo), tiene su primer encuentro con Dios en el desierto, vive con María Magdalena, y busca el segundo encuentro con Dios en el lago.

El primer encuentro con Dios se produce en el desierto.

Jesús va a buscar la oveja perdida, descalzo y desnudo «como Adán». Cuando la encuentra se le aparece el Señor «como una columna de humo girando lentamente sobre sí misma». Dios le promete «tendrás el poder y la gloria» pero todavía no le especifica ni cómo ni cuándo; a cambio le exige el sacrificio de esa oveja a pesar de que Jesús se resiste: «sacrifícala o no habrá alianza», «y no olvides que a partir de hoy me perteneces por la sangre».

El diablo, al ver que Jesús ha sacrificado la oveja, se lo reprocha «tú por ambición la mataste» y lo rechaza «no has aprendido nada, vete».

Su amor con la Magdalena, su madurez humana, le prepara para rebelarse contra las exigencias de Dios en el segundo encuentro. Es el destino el que le conduce hasta la Magdalena.

«Quiso el destino que, al atravesar la ciudad de Magdala… También quiso el destino que el peligroso accidente ocurriera… casi enfrente de la puerta de una casa…». «Ahora, María de Magdala le enseñaba…» la vida, el cuerpo, el amor. «Lo que me enseñas no es prisión, es libertad». «Ahora me parece que he vuelto a nacer aquí en Magdala». «Se encontraban protegidos y libres entre estas cuatro paredes, entre las cuales pudieron, por unos días, tallar un mundo a la simple imagen y semejanza de hombre y mujer, más a la de ella que a la de él, digámoslo de paso…».

El segundo encuentro con Dios se produce en el lago durante 40 días.

«Ya no es un muchacho asustado, es un hombre» y quiere saber cuál es la parte del contrato que él tiene que cumplir. Su papel será de mártir para fundar una iglesia sobre la sangre del hijo de Dios. De este modo Dios extenderá sus dominios, más allá del pequeño pueblo judío, hasta los confines del mundo. Por ello obtendrá el poder y la gloria después de su muerte, en el cielo, junto a Dios.

Jesús Trató de romper el contrato y «se sintió vivo y alegre, con un vigor fuera de lo común» pero no pudo porque está en manos de Dios y terminó por aceptar: «entonces no tengo salida», «hágase en mí tu voluntad». La sangre de la oveja sacrificada en el primer encuentro tiñe ahora el lago. Dios le descubre el río de sufrimiento a lo largo de la historia y Jesús suplica

«Padre, aparta de mi ese cáliz, El que tú lo bebas es condición de mi poder y de tu gloria, No quiero esa gloria, Pero yo quiero ese poder».

Después de este encuentro cumple como un autómata la voluntad de Dios pero, como hemos dicho, en la cruz, trata de rebelarse muriendo no como hijo de Dios sino como rey de los judíos. Pero de nuevo fracasa su intento porque resuena por toda la tierra la voz de Dios

«Tú eres mi Hijo muy amado, en ti pongo toda mi complacencia. Entonces comprendió Jesús que vino traído al engaño, como se lleva al cordero al sacrificio, que su vida fue trazada desde el principio de los principios para morir así… y clamó al cielo abierto donde Dios sonreía, Hombres, perdonadle porque él no sabe lo que hizo».

Al morir, semiconsciente, recuerda la conversación con José, su padre,

«Ni yo puedo hacerte todas las preguntas,
ni tú puedes darme todas las respuestas»

CONCLUSIÓN

Esta obra es un alegato contra explicaciones que, en vez de combatir el sufrimiento, parecen justificarlo y alentarlo con doctrinas de expiación dolorosa y de resignación ante la voluntad de Dios.

Bajo el relato subyace un enfrentamiento conceptual entre un humanismo naturalista y una religión centrada en el sufrimiento. Dios, el Dios judeocristiano, representa esa religión y se lleva todas las iras del cronista. Jesús nace en esa religión y es rescatado primero por el diablo – el dios Pan – y luego por la Magdalena, el amor humano.

Saramago podría haber arremetido contra la religión y haber respetado la imagen que Jesús tenía del Padre. Le ha impresionado más la imagen tiránica de Dios que ha captado de la religión, y ha preferido rescatar a Jesús de esa imagen. Una idea más aproximada sobre Dios aparece en otra obra de Saramago: «Dios es el silencio del universo, y el ser humano es el grito que da sentido a ese silencio»

Saramago no ha escrito un evangelio ni una biografía. Ha imaginado su propia epopeya sobre Jesús de Nazaret.

La teología, por su parte, ha desarrollado un concepto muy antropomórfico de Dios. Ha racionalizado demasiado el misterio, ha insistido en el poder absoluto de Dios, en el pecado y en la expiación. Y esto puede chocar con un sentimiento de libertad y de rechazo del sufrimiento.

De Jesús de Nazaret tenemos una imagen clara: su vida. Ésa es también para nosotros la imagen válida de Dios. «Quien me ve a mí, está viendo al Padre» (Jn 14,9). Aferrarse dogmáticamente a otras explicaciones puede alejarnos más que acercarnos a él.

La teología es necesaria porque la inteligencia se esfuerza por comprender. Fides quaerens intellectum, (la fe que busca comprender) según san Anselmo. Pero la teología es una explicación parcial de algunos aspectos del misterio; y por ser conceptual y parcial siempre admite réplica conceptual, y más aún desde una intuición holística.

Lo malo no es que Saramago no haya comprendido a Dios; porque nadie puede comprenderlo. Lo malo es que lo haya interpretado mal. Pero lo peor es que lo haya interpretado mal por nuestra culpa.

 

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , ,

¡Jesús, solo sabes amar al hombre locamente, y en tu locura quisieras que te comprendiera y viera tu

viernes, 1 de septiembre de 2023
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

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¡Vendimos el corazón a los dos príncipes de las tinieblas!

Si aprendes a fiarte de Jesús
Y sigues a su corazón
Él no te defrauda
Ni en las heladas madrugadas de tus inviernos
Ni en los abrasadores calores de tus amores…

¡¡Déjate guiarte por lo que sientes!!

¡Y no te sientes, dejándolo que pase…!
Qué igual que lo dejas pasar
Ya no sabrás si volverá…

Sigue su llamada, es una llamita
Al principio es todo trabajoso
Hasta que tu confianza se derrita con Él.

Y poco a poco te confías en ello
Y la llamita se va haciendo llama
¡Y la Confianza ya se ha hecho llama viva, tuya!
¡Tú ya te has hecho llama!

Te vas dejando quemar, poco a poco…
Y así empiezas a vivir con las intuiciones de su Espíritu.

Te sigues fiando un poco más-
hasta que quedas ya herido por tu enamorado
Y vives la vida del enamorado.
Ya no viviendo tu vida,

Amando solo a tu amor, para ser los dos uno.

Todo es camino recto, el suyo es
atajo que no cansa
Eres el Señor de tus emociones y pensamientos

¡Todo lo que haces te sale bien!

Vives en llama permanente que no quema
Oración que no cesa
Luz que alumbra, sin deslumbrar
Mirada alargada que no confunde

¡Y la vida, es sueño,
No, «Ya no es sueño«!

Eres Centinela que no duerme,
no descansa ni se cansa.
Y en su no cansancio ya no sueña-
que es un sueño.

Su vida dejó de ser sueño enamorado,
para ser vida, y vida para ser amada, vivida con el amado.

Y al enamorado, al fiarse de su corazón-
se funde con su libertad, memoria, entendimiento, y entrega toda su Voluntad a su amada.

Volando tan alto, tan alto, que le da alcance.
Empezando a vivir ya con su corazón,
que ya ha sido tocado y trastocado, siendo ya alcanzado.

*

Alfonso J. Olaz
12.08.2023

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«El lugar de los débiles como mirada hermenéutica (I)», por Jesús Lozano Pino

viernes, 1 de septiembre de 2023
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jesus19n-5-webUn nuevo espacio y tiempo en Gianni Vattimo

Conferencia en Ronda en el curso de verano de la UNED (26-30 de junio). 

Decía Nietzsche, en Verdad y mentira en sentido extramoral, “No hay hechos, sólo interpretaciones”, y aunque nosotros podamos entender que hay interpretaciones mejores que otras (¿verdad?), partimos con Nietzsche de que la realidad no es una cuestión puramente objetiva (no todos viendo lo mismo vemos lo mismo), pero tampoco meramente subjetiva: la realidad, como nuestra felicidad, está ligada y relacionada con los demás, con quienes me rodean, con la sociedad en la que vivo y la humanidad a la que pertenezco. Y según como yo perciba la realidad, según cómo la comprenda y me sitúe ante los acontecimientos, así actúo.

– Es muy importante lo que hacemos, pero sobre todo “desde dónde lo hacemos y por qué lo hacemos”, y eso está conectado con la visión que poseemos de las cosas y el análisis de la realidad que tenemos.

Puedo ver un oleaje impecable en alta mar, con truenos y rayos y una oscuridad que se levanta en el cielo…, y dependiendo de donde me sitúe lo veré y sentiré de un modo u otro y actuaré de una manera diferente. Digamos que, salvo que seamos invidentes, todos veremos los truenos y los rayos y la lluvia y las olas…

Pero no sentiremos de la misma forma los acontecimientos si soy el marido o la mujer del marinero que está jugándose la vida en alta mar, o si soy el dueño de un chiringuito situado a la orilla de la playa, si soy un curioso turista o el mismísimo hombre del tiempo, ¿Por qué no? Como dice Heidegger, no es el mismo el significado para uno que para otro porque esa diversa significación deriva de una forma, también diversa, de preocupación o de interés. Es, por tanto, el Dasein quien da a las cosas del mundo su sentido y su inteligibilidad.

En cada una de estas situaciones, en cada uno de estos lugares de referencia la realidad es comprendida de forma diversa y ello está vinculado a la percepción que tenemos de las cosas, no sólo porque la realidad ilumina nuestra comprensión dejándome tocar por ella y descubriendo su impacto sobre mí -como decimos- de un modo único, sino porque también ilumina nuestras acciones transformadoras (nuestro compromiso con el mundo). Y esto es muy importante, porque según contemple la realidad, así votaré, por ejemplo, en las próximas elecciones, trataré a quienes trabajen conmigo, me comportaré con mis vecinos y me conmoveré o no por los cientos de muertos y desaparecidos en las aguas del sur de Grecia…

Como le ocurre a Vattimo y veremos seguidamente, el análisis que hace de la realidad configurará su modo de ser y estar en el mundo, pues éste mira la realidad y la traduce desde un espacio y tiempo que tiene como protagonistas a los perdedores, a los vencidos, a los ignorados y los silenciados de este mundo aquí y ahora. Y es que la visión de la realidad configura toda la vida personal y social del que mira… ¡Y, no me podéis negar que hay miradas que matan y miradas que aman, miradas que ilusionan y miradas vencidas, miradas individualistas y egoístas, que excluyen, y miradas compadecidas!

A este respecto recuerdo cómo un amigo que vivía en una comunidad me contaba una anécdota significativa que traigo ahora aquí para ilustrar la importancia de la mirada y, en definitiva, de la hermenéutica: en uno de los sitios que vivió, un compañero suyo siempre estaba quejándose de otro, éste era mayor, enfermo (tenía una bolsa externa por la que hacía y  depositaba sus necesidades, y además se le caía de la boca muchas veces la comida. Bueno, Miguel se llamaba…). Pues bien, me contaba que este otro compañero suyo expresaba pública y continuamente su queja mostrándole a Miguel el malestar que le causaba el mal olor de la bolsa y el asco que le producía la comida salpicada que se le caía. A ver, Miguel era el mismo compañero de ambos pero, mientras el otro no hacía más que quejarse y despreciar a Miguel, mi amigo veía en él a un pobrecito enfermo de cáncer, a una persona mayor necesitada de cariño, de cuidados… Bastante tenía Miguel con seguir dándole sentido a su vida como para encima aguantar insultos o incomprensiones. Miguel no era sólo su enfermedad, su limitación.

La realidad es más compleja, quiero decir: más rica de lo que habitualmente una mirada distraída o egoísta capta. No es simplista, es exigente porque es multiforme y plural. Me llama mucho la atención cómo, por ejemplo, ante las circunstancias sociales tan complejas, los medios de comunicación, los partidos políticos, las tertulias, incluso alguna filosofía pretenden que veamos todo desde una perspectiva dicotómica: blanco/negro, bueno/malo…, “si p, entonces q”… olvidando que la vida está llena de perspectivas, de miradas, de colores y tonalidades, también grises. Comprender la realidad depende de la complejidad de los hechos y su  interrelación con otros hechos, pero también de la subjetividad del sujeto que interpreta la realidad. Para comprender la realidad tenemos que tener en cuenta todos los aspectos personales que intervienen en ella (experiencias, vivencias, historia, ideología, personalidad…), si no queremos quedarnos sólo con una parte. Esto lo que nos muestra es que la compresión de la realidad no es neutra. No existe la neutralidad ante la realidad.

Por un lado estamos diciendo que la realidad es compleja, pero también que la comprendemos, la desciframos, la traducimos desde un lugar y un espacio concreto. Y en esto los hermeneutas son como los músicos que tocan Jazz: dominan todos los géneros musicales y son capaces de salirse de la escala establecida. En la música clásica existe una partitura con las notas musicales escritas por el compositor y el que la ejecuta debe obedecer y no tocar otras diferentes. Para el jazz esto se queda corto. Podemos decir que supera esta visión. Así, el gran maestro Louis Armstrong decía que «el jazz es una música de intérpretes».

En un mundo que se muestra hostil a las humanidades y frente a un pensamiento estereotipado que los mercados de la filosofía nos viene vendiendo para poder sobrevivir, me gustaría aquí hacer un hueco a uno de los grandes, uno de los mejores hermeneutas del siglo XX (seguro que de lo que llevamos del XXI) que supo nadar a contracorriente e interpretar a gigantes del pensamiento, como Nietzsche, Heidegger o Gadamer, pero generando un nuevo pensamiento, a la vez que rescataba de la fosa del olvido a un cristianismo hermenéutico no doctrinal.

Éste, sin lugar a dudas, es Gianni Vattimo. El italiano va a partir de unas claves de comprensión de la realidad que se construye desde el lugar del que sufre, de la persona excluida, rota… y lo hace sin conformarse, rompiendo los estereotipos, lo convencional, orientándose siempre para todos, sin olvidar a las minorías y a los olvidados, sobre todo no desligando medios de fines, al contrario de lo que hacen habitualmente las ideologías fuertes. Desde la empatía y la caridad, poniéndose en el lugar del otro, desde la comprensión y el diálogo, sabiendo que a veces hay que ceder pero sin justificar sus propios intereses al analizar la realidad y, especialmente, desterrando toda forma de violencia (¡y hay tantas!), siendo capaz de diferenciarse y también de “señalarse” como un modo de pensamiento no fuerte, abierto, dialogante pero en modo alguno relativista porque no lo es, ya que a Vattimo la realidad le interroga, le duele y le exige tomar partido. -Como él mismo reconoce en una entrevista concedida a la UCA (la Universidad católica del Salvador, donde mataron a Ignacio Ellacuría y a otr@s compañer@s allá por los años 80), él se dirigía hacia una crítica de la modernidad ilustrada pero también del comunismo marxista soviético que dejó 70 millones de muertos porque éste se convertía en un pensamiento único (Vattimo no tenía por qué dejar de ser comunista, cosa que no ha dejado de serlo aunque de un comunismo débil, pero debía hacer una crítica de él, si traspasaba unos límites, porque un hermeneuta no firma un cheque en blanco a nada ni a nadie, a ninguna ideología, institución o persona.

Vattimo es un intérprete de la realidad. Fue Gadamer y, especialmente, Heidegger quienes lo dirigieron hacia su escuela más significativa, aquella que ponía en el centro de la realidad la interpretación. Así, la escuela hermenéutica posmoderna desde la cual él responde declarando débil al pensamiento es -como él mismo dice- una historia de debilitación, de reducción de los absolutos, de reconocimiento de los que son golpeados, apartados, excluidos por las políticas y estrategias más intransigentes y dogmáticas (se llamen como se llamen).

Si observamos el título de esta presentación hablamos de un espacio, de un lugar de referencia que ilumina la mirada de Vattimo y toda su comprensión de la realidad. Este espacio, como decimos, es el lugar de los débiles.  A su vez, la comprensión de la que parte Vattimo y la lectura iluminadora de la realidad que su mirada posee se entreteje, filosóficamente hablando, con el concepto de temporalidad heideggeriana. Decía Heidegger que el hombre consiste en un poder ser todas esas posibilidades que tiene “a mano”. Pero no todas las posibilidades que el hombre puede ser se realizan: hay que elegir… y se elige según un proyecto. El hombre, desde su libertad, eligiendo entre sus posibilidades, proyecta –dice Heidegger- lo que ha de ser. Quizá sea ésta una de las concepciones más luminosas y enriquecedoras del pensamiento contemporáneo sobre el hombre. El hombre no es un ser completo, acabado, sino que tiene que «hacerse».

Vattimo nunca dejó sus intereses religiosos y políticos, no. De hecho, el pensamiento débil (aunque de una forma crítica) le da una lectura al tema de la religión. No podemos olvidar que el cristianismo siempre ha sido fundamental en su discurso; él siempre ha sido un “catocomunista”, un comunista católico porque –como él mismo afirma- si no fuera cristiano (si no fuera católico), no tendría la tentación de ser comunista. La única razón por la que él se siente comprometido con una política del socialismo es el amor al próximo que aprendió en el Evangelio, especialmente el amor por los débiles. Traduciéndolo para que en la calle también se pueda entender: a Vattimo no le da igual 8 que 80. Vattimo tiene muy claro su opción preferencial: la misma mirada que le hace escuchar a todos y dialogar con todos, le otorga una lucha incansable nada titubeante por la justicia, llegando a comprender -como también lo hicieron Sócrates o Jesús- que es preferible padecer la injusticia a causarla, al tiempo que defiende y pone voz a los intereses y necesidades de los que no tienen voz o no tienen fuerza para ejercerla. ¡cuántas veces tuvo que lidiar Vattimo con el recién fallecido y magnate Silvio Berlusconi! *El pensamiento débil  no es un pensamiento acomodaticio sino, más bien, un pensamiento a favor de los débiles.

Pero este «hacerse» no tiene un sentido estrictamente biológico, de puro desarrollo somático, no se trata de un desarrollo de las puras virtualidades, de un hacerse por  sí mismo, sino de un hacerse a sí mismo, decidiendo, eligiendo lo que se quiere ser. El hombre está, pues, embarcado en la ardua tarea de hacer su propia vida, lo quiera o no, decía Heidegger. Arrojado en el mundo sin ninguna opción por su parte, sin haber sido consultado, el Dasein se encuentra sintiendo que es y teniendo que ser en un perpetuo inacabamiento. De aquí que toda elección que el hombre realiza sea una determinación creadora de su ser porque lo va configurando.

Así pues, el «ser-ahí» vive anticipándose a lo que va a ser. El futuro, pues, pertenece al sentido del ser. Pero aquí “futuro” hay que entenderlo no tanto como lo que aún no es pero será, sino como posibilidad de existir. Es, por lo tanto, una dimensión estructural de la existencia humana. Heidegger la llama “futuridad”. Este ser anticipándose hace resaltar lo que en el Dasein es ya. Así, y esto es algo más que interesante, el futuro (como posibilidad de ser) implica el pretérito, puesto que se es desde lo ya sido, desde donde se plantea nuestra posibilidad de ser. El pretérito, el pasado es, así, otra dimensión estructural del «ser-ahí».

Pero es que la comprensión desde nuestras posibilidades de lo ya sido determina la comprensión de lo que actualmente somos. El presente, pues, aparece envuelto por la relación entre futuro y pasado. Estas tres dimensiones -pasado, presente y futuro- constituyen la unidad del ser y recibe el nombre de “temporalidad”. El ser del hombre es, por consiguiente, temporalidad. Y éste es, en realidad, el tiempo originario, a diferencia del tiempo cósmico, incluso del tiempo vulgar. Pero, entiéndase bien, no es que el hombre esté en el tiempo ₋dice Heidegger₋ sino que él mismo es temporalidad. La temporalidad, pues, es la estructura concreta del Dasein, su sentido último porque está como «entretejido de tiempo». El tiempo es la textura más profunda del «ser-ahí». Es, por lo tanto, aquello desde lo cual él comprende e interpreta. Es el horizonte de la comprensión del ser.

Pero, claro, el mundo no es sólo el mundo de las cosas, de los útiles. Además de con las cosas, el Dasein se relaciona con otros Dasein. Si el análisis del «ser-en-el-mundo» reveló que «jamás se da un mero sujeto sin mundo,… a la postre tampoco se da inmediatamente un yo aislado de los otros». Y es precisamente al relacionarse con el mundo de las cosas como el Dasein descubre al otro. Es decir, las mismas cosas que son útiles a la mano para mí me aparecen como siendo también «a la mano» para los otros. Y en razón de este concomitante «ser-en-el-mundo», el mundo es ya siempre en cada caso aquel que comparto con los otros.

Ahora bien, los otros no son útiles, ni son para mí sólo objeto de preocupación. Los otros son como yo y, como yo, coexisten conmigo en el «estar-en-el-mundo«. Esto determina un modo nuevo de relación ₋que llama Heidegger₋ la «solicitud». Si la actividad del hombre con respecto a las cosas se llama «preocupación, la forma de relacionarse con los otros se llama «solicitud«. Curiosamente en alemán ambas palabras tienen la misma raíz, que significa  «cuidado». El cuidado pertenece, por consiguiente, a la estructura ontológica fundamental de la existencia humana y ese cuidado se traduce  de dos maneras: (1) como preocupación por las cosas y (2) como solicitud por los otros. Si Sartre hablaba del choque, la hostilidad y el enojo y de que “el infierno son los otros”, haciendo referencia a las relaciones conflictivas que tenemos en nuestras vidas, Heidegger va a  hablar de solicitud hacia el prójimo como forma del cuidado. Y ese cuidar, esta solicitud hacia los demás puede ser positiva, indiferente o negativa. Tal relación determina la convivencia, pero no es más que una relación informe, mientras no se estructura políticamente. Y es aquí donde Vattimo milita como catocomunista, como pensador contra dogmático y de izquierdas y, a la vez, seguidor del Evangelio. Y es que a Vattimo le ocurrió lo que ya alguien dijo, que “de tanto mirar al mar se le volvieron los ojos azules…”

[CONTINUARÁ…]

Jesús Lozano Pino

Fuente Fe Adulta

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La Alegría de creer

jueves, 31 de agosto de 2023
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Madeleine

Ya que las palabras no están hechas para permanecer inertes en nuestros libros,
sino para tomarlas y correr el mundo en nosotros,
permite, oh Señor, algunas chispas de esa lección de felicidad,
de ese fuego de alegría que encendiste un día en la montaña
nos toquen, nos muerdan, nos atropellen, nos invadan.

Que penetren como «chispas en la hojarasca»
y recorremos las calles de la ciudad acompañando la ola de las multitudes
contagiando la dicha, contagiando alegría.

Porque ya estamos hartos
de todos los heraldos de malas noticias, de tristes noticias:
hacen tanto ruido que ya no resuena tu palabra.

Que nuestro silencio estalle en su ruido, que palpita con tu mensaje.

*

Madeleine Delbrêl

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«Con Jesús de Nazaret se dio inicio a una nueva civilización», por Julio Guerrero Moreno

jueves, 31 de agosto de 2023
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jesus«Lo importante ha sido la integración en el subconsciente colectivo de sus enseñanzas»

«Por ello dio su vida, por la instauración del por Él llamado Reino de Dios, y que hoy se traduce por Derechos Humanos, Igualdad de Género, Solidaridad con los más desfavorecid@s»

«Luego vinieron tiempos oscuros, los representantes de ese Resucitado no transmitían correctamente su mensaje, más bien, al contrario»

«No hay verdadera espiritualidad sin justicia social, ni libertad de espíritu sin igualdad de derechos para todo ser humano»

Con Jesús de Nazaret se dio inicio a una nueva civilización, con su vida, sus actitudes y enseñanzas coherentes nos transmitió lo que Dios quería para el ser humano: libertad, solidaridad con los más necesitad@s, igualdad de derechos entre razas, sexos, etc. Nos mostró la verdadera naturaleza de Dios, cómo es por dentro. Nos dijo que era Amor, Relación, Humanidad.

Por ello dio su vida, por la instauración del por Él llamado Reino de Dios, y que hoy se traduce por Derechos Humanos, Igualdad de Género, Solidaridad con los más desfavorecid@s, etc.

Nunca escribió su doctrina, pero quienes vivieron con Él lo transmitieron a sus descendientes y posteriormente fueron dejando escritos que nos recordaran qué hizo y cómo era.

Pero lo importante ha sido la integración en el subconsciente colectivo de sus enseñanzas, a partir de su presencia en nuestro mundo, l@s pobres sabían que Dios se identificaba con ell@s, las mujeres sabían que para Cristo eran iguales a los hombres, que había una utopía posible que ya había comenzado a existir.

Luego vinieron tiempos oscuros, los representantes de ese Resucitado no transmitían correctamente su mensaje, más bien, al contrario, le daban la vuelta horrorizando con sus decretos, juicios y sanciones al pueblo llano y a sus verdader@s discípul@s, anulando la libertad, oxígeno de su doctrina. Tanto es así, que, saliendo de esas oscuras épocas, la fe se fue perdiendo en buena parte de la sociedad y donde ésta se hallaba no era ni de lejos visible ese Reino por el cual el Maestro dio su vida.

Ha sido así como, Dios Padre se ha servido de l@s no creyentes, como mayor libertad y desligamiento de las directrices oficiales eclesiásticas, quienes han continuado su labor, recogiendo el clamor de justicia de l@s pobres y explotad@s –comunismo-socialismo-, la igualdad entre los sexos –feminismo-, la igualdad de razas, etc.

Es cierto que no todo el mundo puede comprender esto, ya que los creyentes no ven más allá de sus creencias y l@s no creyentes se sienten ajen@s a la doctrina cristiana, unificar ambos no es fácil y somos poc@s quienes lo vemos, aquell@s que apreciamos el valor evangélico de la izquierda política y social, así como la realidad espiritual que ella alberga.

Pues no hay verdadera espiritualidad sin justicia social, ni libertad de espíritu sin igualdad de derechos para todo ser humano.

No nos enseñó Jesús de Nazaret caminos más o menos tortuosos, ni ejercicios físicos ni restricciones alimentarias o de ningún otro tipo para llegar a conocer la trascendencia divina, nuestra realidad más profunda, el suyo, el camino por Él propuesto era algo más sencillo y complejo a la vez: “amaos un@s a otr@s como Yo os he amado”, nada más y nada menos.

Si hay amor hay sana relación con uno mismo y con l@s demás, por lo que para ser buen ser humano, buena persona, buen cristian@, hay que vivir el amor, hay que pedírselo a Dios –si se es creyente- hay que trabajarlo desde la consciencia, y si para ello gustáramos de técnicas físicas –yoga por ejemplo…- bienvenidas fueran, aunque no sean imprescindibles pueden ser útiles.

Hay mucho que podría contar, qué papel juega la Iglesia u iglesias en todo esto, qué diría Jesús en la actualidad, etc. Y lo contaré, si me lo permiten.

Julio Guerrero Moreno

Fuente Religión Digital

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‘Pretérito perfecto. Setenta años cumplidos y medio siglo de vida religiosa’ , de Mercedes Navarro (Verbo Divino)

jueves, 31 de agosto de 2023
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6517Otro libro de Mercedes Navarro que no nos dejará indiferentes

Pretérito perfecto es un libro escrito con la libertad, la desnudez y el sentido crítico de quien, a sus setenta años y tras cincuenta de vida religiosa, generosamente comparte luces y sombras, proyectos frustrados y esperanzas discretas con capacidad de sostener vidas, a la vez que su irredenta capacidad de soñar e imaginar futuros alternativos

17.07.2023 | Pepa Torres Pérez

(Editorial Verbo Divino).- Hace veinticinco años llegó a mis manos un libro de Mercedes Navarro que abrió enormemente mi perspectiva sobre la vida religiosa femenina. Un libro de cabecera durante mucho tiempo, que me alentó en la búsqueda y el compromiso por otra vida religiosa posible. Ese libro se llamaba Siete palabras, y todos sus capítulos tenían el título de un gerundio. El libro era un canto provocador a la libertad, a la utopía y a la conciencia femenina-feminista en la Iglesia.

Hoy, 25 años después, Mercedes no escribe en gerundio, sino en Pretérito perfecto. Lo hace no desde la nostalgia o la conciencia de que los sueños, las luchas, las preguntas, los “irrenunciables” que han marcado su vida forman parte del pasado, sino desde el convencimiento de que el pretérito perfecto es el verbo de la plenitud. Por eso, Pretérito perfecto es sobre todo un libro que narra la experiencia de una existencia vivida en búsqueda y evolución constante. Es un libro biográfico, pero en él somos muchas y muchos quienes nos podemos sentir identificados. Un libro en el que la palabra ruaj es recurrente. Un libro con el que quienes somos lectores o lectoras habituales de Mercedes Navarro no solo no quedaremos decepcionadas, sino que la re-descubriremos en “estado puro”.

Pretérito perfecto es un libro escrito con la libertad, la desnudez y el sentido crítico de quien, a sus setenta años y tras cincuenta de vida religiosa, generosamente comparte luces y sombras, proyectos frustrados y esperanzas discretas con capacidad de sostener vidas, a la vez que su irredenta capacidad de soñar e imaginar futuros alternativos. Porque adentrarse en el Evangelio como lo hace Mercedes, como mujer orante, investigadora y siempre crítica, es el útero donde nacen sus sueños. Leer el evangelio, nos dice su autora, es como pasear frente a un infinito mundo de sueños, aunque en la Iglesia paradójicamente pesen aún más la costumbre, la inercia y el miedo que la creatividad y el riesgo.

En su libro Mercedes nos recuerda que hay que seguir apostando por los sueños, pero no por cualquier sueño, sino por aquellos que recuperan y reinterpretan el pasado y que tiene también capacidad de iluminar el presente

Quizás por eso el primer capítulo lleva por título “He soñado”. En él,Mercedes relata algunos de sus sueños y los de su generación, y junto a ellos también algunos de sus fracasos y de sus expectativas frustradas, porque los sueños, si llevan aparejadas propuestas, siempre son transgresores y por tanto peligrosos para el orden establecido. Así sucedió también con el sueño de Jesús y su fracaso. Solo reconociendo el fracaso de Jesús y los nuestros propios podremos experimentar paradójicamente que más allá de esta experiencia es posible alumbrar algo nuevo; es posible la Resurrección.

En su libro Mercedes nos recuerda que hay que seguir apostando por los sueños, pero no por cualquier sueño, sino por aquellos que recuperan y reinterpretan el pasado y que tiene también capacidad de iluminar el presente, como sucede con los sueños bíblicos. El germen de los sueños habita en el corazón de las mujeres, aun cuando pareciera que se han acabado por frustración o agotamiento. Por ello, la autora está convencida que hay que acudir a la memoria transgresora de las mujeres, a las genealogías femeninas, como parteras que empujen también los nuestros y nos ayuden a tener sueños despiertos. Mercedes reivindica y sigue apostando por una sana ingenuidad, que no está reñida con el sentido crítico ni es opuesta al realismo, sino la condición misma para poder vivir la existencia como evolución y cambio.

Itinerario de libertad y pasión

Junto a he soñado, otros pretéritos perfectos dan nombre a los capítulos del libro: He sufrido, he amado, he gozado, he pensado, he creído, he evolucionado. A lo largo de todos ellos, nos adentramos en el itinerario de libertad y pasión por el evangelio de una mujer luminosa y a la vez llena de sombras que no se conforma con las respuestas dadas, sino que se muestra siempre amante de las preguntas y apasionadamente humana. Una mujer que, como señala la frase con la que termina el libro, entre lo cumplido y lo incierto, sigue existiendo agradecida.

Un libro sin duda que, como todas las publicaciones de Mercedes, no nos dejará indiferente.

Este es un libro extraño. No es una biografía, pero la autora habla de sí misma. No es una novela, pero podría serlo. No es un ensayo, pero es reflexivo. No es teología, aunque contiene mucha. No es un libro moral, pero sí honesto.

No es el libro de tu vida, pero podría serlo, porque cada vida es tan apasionante como única, y tan normal como parecida a las demás. Porque todo el mundo sueña, sufre, ama, goza, piensa, cree y evoluciona. Y vivir es conjugar estos verbos en todos los tiempos posibles: en futuro, sobre todo cuando somos jóvenes; en presente, siempre, y en pretérito, especialmente al envejecer. En pretérito perfecto, cuando el pasado aún es presente y puede mirar al futuro.

La historia que cuenta este libro no es la tuya, pero es tan centrada y tan descentrada como la tuya. Porque, en lo humano, lo singular y lo común se encuentran. ¿Dónde? ¿Cómo?

Quizás encuentres respuestas en este libro. O tal vez no.

Fuente Religión Digital

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Sueño

miércoles, 30 de agosto de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Si esto es un sueño,

que no me despierten

*

Louis Brauquier

***

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«Lo gratuito, lo inútil, la utopía: una mañana de debate en la radio «, por Juan José Tamayo

miércoles, 30 de agosto de 2023
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cristo-cerezo-720_560x280Leído en su blog:

¿Puede considerarse útil la utopía?

«Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida»

«En tiempos de crisis, lo primero que recortan los gobiernos en sus presupuestos es la cultura por considerar que resulta inútil en términos de productividad»

El domingo 30 de julio participé en un interesante debate en torno a la Utopía en el programa “A vivir que son dos días” de la Cadena SER, conducido magistralmente por la periodista Lourdes Lancho, junto con el filósofo Carlos Javier González Serrano y la filósofa Carmen Madorrán. Fue un diálogo muy enriquecedor en el que tuvimos la oportunidad de dialogar con serenidad y de manera argumentada cada uno de los cuatro desde nuestra experiencia vital y nuestro campo de especialidad.

Una de las cuestiones abordadas fue el papel de la utopía en una sociedad donde pareciera que solo prestamos atención a las cosas útiles. La pregunta era si puede considerarse la utopía dentro del término “utilidad”. Mi respuesta fue que depende de la concepción que tengamos de lo útil y de la utilidad. Para ello tomé como referencia el libro de Nuccio Ordine La utilidad de lo inútil. Manifiesto (El Acantilado, Barcelona, 2013), donde el intelectual italiano recientemente fallecido expresa con toda nitidez su objetivo:

“He querido poner en el centro de mis reflexiones la idea de utilidad de aquellos saberes cuyo valor esencial es de todo ajeno a la fuerza generadora a cualquier finalidad utilitarista. Si dejamos morir lo gratuito, si renunciamos a la fuerza generadora de lo inútil, si escuchamos únicamente el mortífero canto de sirenas que nos impele a perseguir el beneficio, solo seremos capaces de producir una colectividad enferma y sin memoria que, extraviada, acabará por perder el sentido de sí misma y de la vida. Y en ese momento, cuando la desertización del espíritu nos haya ya agostado, será en verdad difícil imaginar que el ignorante homo sapiens pueda desempeñar todavía un papel en la tarea de hacer más humana la humanidad”.

Ordine da la vuelta al concepto de “utilidad” y hace un elogio de la útil inutilidad de los clásicos, de la literatura, de la filosofía y de la ciencia. Se refiere a la locura del Quijote, a quien define como el héroe por excelencia de lo inútil y lo gratuito. Las empresas que lleva a cabo el Caballero de la Triste Figura están guiadas por la gratuidad y desligadas de toda finalidad utilitaria. Pone como ejemplo de utilidad de lo inútil el desafío del hombre que se colocó delante de una hilera de tanques que se retiraban de la Plaza de Tiananmen, tras la masiva matanza de estudiantes -algunos medios de comunicación hablaron de miles- concentrados en la Plaza en la primavera 1989, y logró detener el avance de los tanques. Jeff Widener, fotógrafo de la Agencia Associated Press,fotografió la escena desde la ventana de la habitación de su hotel. La imagen dio la vuelta al mundo y se convirtió en el icono de la resistencia frente a la represiva potencia militar china y en gesto utópico para toda la humanidad.

Los tres ejemplos de Ordine se sitúan en el horizonte de la utopía y contribuyen a dar pasos en su realización, si bien, como afirma Eduardo Galeano, “por mucho que yo avance, nunca la alcanzaré”. La utopía sirve, como indica él mismo, “para caminar”. Y Antonio Machado enriquece esa misma idea con un nuevo matiz: “caminante no hay camino,/ se hace camino al andar./ Al andar se hace el camino/ y al volver la vista atrás,/se ve la senda perdida que nunca/ has de volver a pisar”.

Hay, sin embargo, otro concepto de utilidad, incompatible con la utopía, más aún, que sigue la senda contraria: la de la muerte de todo proyecto utópico. Tres ejemplos lo ponen de manifiesto de manera más clara que cualquier teoría. El primero es el expresidente de Brasil Bolsonaro que, durante la pandemia. puso por la delante la economía sobre las vidas humanas y declaró servicios esenciales los servicios religiosos y propuso, junto con los pastores de las mega-iglesias, el coronafé como respuesta al coronavirus. El resultado de tan irracional práctica de utilidad fue la muerte de 700.000 personas, de las que, según las informaciones recibidas en mi último viaje a Brasil, se hubieran podido salvar más de 300.000 personas.

El segundo ejemplo del concepto errado de utilidad es el siguiente: en tiempos de crisis, lo primero que recortan los gobiernos en sus presupuestos es la cultura por considerar que resulta inútil en términos de productividad, cuando es precisamente en esos tiempos donde la ciudadanía más la necesita para el desarrollo de su creatividad y  debiera considerarse uno de los servicios esenciales para la comunidad.

El tercero ejemplo de una imagen distorsionada de la utilidad es el capitalismo, para quien lo útil consiste en el beneficio y la ganancia sin límites, que desemboca en explotación de las personas más vulnerables, los colectivos más desprotegidos de sus derechos y los pueblos oprimidos, discriminación y subalternización patriarcales, depredación de la naturaleza, marginación social de las mayorías populares y colonización de las mentes.

La utopía cuestiona ese concepto de utilidad porque privilegia el poseer sobre el ser, la eficiencia sobre el sentido, la tozudez de los hechos sobre el futuro por construir. Un privilegio que desmienten no pocos pensadores y pensadoras. “Es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices”, afirma Montaigne. “Si los hechos no están de acuerdo con la teoría, peor para los hechos”, asevera Ernst Bloch, el filósofo de la esperanza.  En palabras de la filósofa Adela Cortina, “sin futuro utópico en el que quepa esperar y por el que quepa comprometerse, carece de sentido nuestro actual presente”. La afirmación utópica quizá más contundente es la de Oscar Wilde: “Un mapa del mundo que no incluya el país de la ‘Utopía’ no merece siquiera la pena de echarle un vistazo”.

Una de las formulaciones más antiguas de la utopía se encuentra en el profeta bíblico Isaías: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni penséis en lo antiguo. Mirad, voy a hacer algo nuevo. Ya está brotando. ¿No lo notáis? Trazaré un camino en el desierto, senderos en la estepa” (Isaías 43,18-19).

Lo gratuito, lo inútil y la utopía conforman un continuum, por muy paradójico que resulte, pero es que la paradoja constituye una de las características de la utopía.

Para profundizar en el tema, remito a Juan José Tamayo Invitación a la utopía. Estudio histórico para tiempos de crisis (Trotta, 2016, 2ª ed.) y ¿Ha muerto la utopía? ¿Triunfan las distopía? (Biblioteca Nueva, 2020, 4ª ed.).

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Paseando por Cesarea de Filipo.

martes, 29 de agosto de 2023
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En estos tiempos de ambigüedad y crisis
nos piden ortodoxas confesiones,
doctrina clara y precisa,
con puntos y comas,
que siga las pautas de quienes se arrogaron,
desde los inicios de la historia,
la facultad de emitir juicios de calidad
sobre la verdad y la experiencia propia y ajena.

Esos tales tienen, hoy, sus sucesores y adalides
que vigilan nuestros pasos y libertades
y nos ofrecen un catecismo sin interrogantes.

Así, se nos hace difícil comunicar la propia fe
con las palabras y el lenguaje
que usamos y nos pertenece.

Ya sabemos que dicho lenguaje
es temporal y humano,
ambiguo e impreciso,
lleno de vida y sentimientos…
y, como tal, nunca perfecto.

Por eso, sólo sugerimos y proponemos,
nunca nos encerramos en lo que expresamos,
y siempre ansiamos comunicarnos,
dialogar y enriquecernos.
Pues lo que percibimos, Señor,
en tus diálogos con los discípulos,
es un camino abierto a la sabiduría
y al crecimiento; nunca verdades escondidas
que haya que formular con la precisión
de un arquero que da en el centro,
que haya que guardar en el baúl de cedro
para que no se manchen ni degraden
con nuestros sentimientos y lenguaje.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?
Así como tú nos preguntas sinceramente,
sinceramente te respondemos.
¡Estamos en diálogo abierto y fructífero!
Pero no esperes que te respondamos
“Hijo de Dios, Mesías”… o algo que no entendemos,
después de la reprimenda que recibió Pedro.
Nosotros, Señor, somos más terrenos,
y no dominamos los recovecos y filigranas
del lenguaje teológico….

Contigo no hay problema
ni en privado ni en público…
Lo malo es cuando la pregunta sobre ti
nos la hacen esos otros expertos.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

Scene 07/53 Exterior Galilee Riverside; Jesus (DIOGO MORCALDO) is going to die and tells Peter (DARWIN SHAW) and the other disciples this not the end.

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Una “llave del reino” para la liberación queer

martes, 29 de agosto de 2023
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IMG_9978La reflexión de hoy es de Ariell Watson Simon, colaborador de Bondings 2.0, cuya breve biografía y publicaciones anteriores se pueden encontrar aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el XXI Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Mi escuela de posgrado estaba ubicada en un gran edificio de ladrillo de cuatro pisos con pasillos largos y puertas pesadas. Cuando una amiga se graduó, me hizo un regalo inusual: una única llave de oro.

No era lo que probablemente te imaginas: ni dorado ni ornamentado. A simple vista, era simplemente una llave de puerta moderna y corriente. Pero mi amigo explicó su poder: era la llave maestra del edificio de nuestra escuela. Años antes, un estudiante había pedido prestada la llave y alguien de Servicios de Construcción se había olvidado de recuperarla.

Desde entonces, esta “llave del reino”, como la llamábamos, se había transmitido de generación en generación de estudiantes. Cuando me gradué unos años más tarde, le pasé la llave a otro amigo que sabía que la usaría como yo: no para beneficio personal, sino para servir a nuestra comunidad escolar en pequeñas formas, como cerrar con llave fuera de horario o tomar tazas extra. del armario de suministros cuando se acabó un evento nocturno. Sólo confiaría esta “llave del reino” a alguien que reconociera su valor, la usara con responsabilidad y cuidara de nuestra comunidad escolar como lo hice yo. La clave era una muestra de poder, pero más importante aún, de confianza.

Cuando Jesús promete las “llaves del reino de los cielos” al apóstol Pedro en la lectura del evangelio de hoy de Mateo 16, creo que quiere decir algo similar. Es una declaración de la más profunda confianza en el juicio y las acciones de Pedro. El simbolismo se basa en una tradición israelita mencionada en Isaías 22 según la cual un administrador real especialmente elegido que tenía la «llave» de la Casa de David tenía la autoridad para actuar en nombre del rey.

IMG_0387“Te daré las llaves del reino de los cielos”, le dice Jesús a su amigo. “Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mateo 16:18-19). Esta es una profunda declaración de confianza en Pedro.

Es fácil olvidar que ésta no fue una declaración formal hecha en una conferencia de prensa programada previamente. Fue la respuesta espontánea y sincera de Jesús a un momento decisivo en su amistad. Jesús acababa de preguntar a sus discípulos: “¿Quién decís que soy yo?” (Mateo 16:15). Habían estado discutiendo las diversas teorías sobre la identidad de Jesús que circulaban en ese momento. La respuesta de Pedro atravesó todas las especulaciones y controversias: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo” (Mateo 16:16).

Pedro reconoció a Jesús por quién era realmente en un nivel fundamental. Vio la identidad de Jesús cuando nadie más la vio. Comprendió lo más verdadero y profundo de Jesús: es un hijo de Dios.

Sólo puedo imaginar lo que sintió Jesús en ese momento, al escuchar a su amigo hablar en voz alta la verdad sobre él. Ver el reconocimiento aparecer en los ojos de Peter. Sintiendo que su verdadero yo ya no era un secreto guardado dentro de él, sino hablado al mundo. Me parece la emoción de salir del armario que experimentan las personas LGBTQ+.

La respuesta de Jesús es efusiva. «¡Bendito seas!» dice, bendiciendo a Pedro con las llaves del reino de los cielos. Creo que Jesús confió en Pedro exactamente en ese momento porque sabía que Pedro realmente lo «atrapó«. En esencia, esta no es una historia sobre poder o autoridad. Es una historia sobre identidad, reconocimiento y confianza.

Jesús tuvo cuidado con quién le confiaba las llaves de su reino. Sólo extendió esa confianza a un verdadero amigo, uno que conocía su identidad más profunda. Más adelante en el Evangelio de Mateo, extendió esta autoridad a más amigos suyos después de que vislumbraron su verdadera naturaleza durante la Transfiguración. Creo que esta discreción es una lección para todos nosotros, especialmente para las personas LGBTQ: no le des a los demás poder sobre ti a la ligera. Sólo alguien que realmente te ve y te reconoce puede tener esa confianza.

Todos hemos estado atados por las expectativas, juicios, suposiciones u opiniones de los demás en algún momento de nuestras vidas. Todos, sin darnos cuenta, renunciamos a la autoridad que nos obliga. Es fácil descartar estas “vinculaciones” como tontas y temporales, y asumir que eventualmente las superaremos, ya sea en esta vida o en la próxima. Lamentablemente, con demasiada frecuencia es cierto que lo que está atado en la tierra quedará atado en el cielo. Demasiadas personas LGBTQ se han sentido tan atadas por los juicios de la Iglesia que no se atreven a acercarse a Dios. Es una versión espiritual del desamparo aprendido; Si estamos atados por el tiempo suficiente, eventualmente dejaremos de alcanzar el cielo. Esta no es una intención divina, sino una realidad práctica.

Afortunadamente, ese no es el final de la historia. Jesús también le prometió a Pedro que todo lo que desató en la tierra quedará desatado en el cielo. Este principio tiene un tremendo potencial de liberación. La Iglesia tiene el poder de proclamar la libertad, y si predicamos, escuchamos y promulgamos ese mensaje de liberación durante el tiempo suficiente, seguramente experimentaremos la libertad del amor de Dios.

—Ariell Watson Simon (ella/ella), Ministerio New Ways, 27 de agosto de 2023

Fuente New Ways Ministry

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Tarde te amé…

lunes, 28 de agosto de 2023
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En la fiesta del converso Agustín de Hipona…

“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti”

San Agustín

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“¡Tarde te amé,

hermosura tan antigua y tan nueva,

tarde te amé!

Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera,

Y por fuera te buscaba;

Y deforme como era,

Me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.

Me retenían lejos de ti aquellas cosas

Que, si no estuviesen en ti, no serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera:

Brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;

Exhalaste tu perfume y respiré,

Y suspiro por ti;

Gusté de ti, y siento hambre y sed;

Me tocaste y me abrasé en tu paz.”

*

San Agustín

***

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Alessandro Preziosi como Agustín en el filme Sant Agostinho

No con conciencia dudosa, sino cierta, Señor, te amo yo. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables.

Sin embargo, tú te compadecerás más altamente de quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia con quien fueses misericordioso: de otro modo, el cielo y la tierra cantarían tus alabanzas a sordos.

Y ¿qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manas ni mieles, no miembros gratos a los amplexos de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto amplexo, cuando amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y amplexo del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo, y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios .

*

Confesiones X, 6,8.

 

***

Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354. Fue educado siguiendo los hábitos cristianos de su madre, Mónica, y, como se reveló enseguida como un ¡oven de prometedoras cualidades, fue encaminado a la carrera de retórica. Ya desde los tiempos de estudio en Cartago estuvo marcado por una incomodidad interior que le llevaría lejos. La primera respuesta a esta sed de totalidad fue una vida mundana tejida por varios vínculos, más o menos límpidos. Ahora bien, la inquietud es también sed y búsqueda de la verdad: se apasiona con la lectura del Ortensio de Cicerón, lee la Sagrada Escritura, pero no se entusiasma con ella y acaba por adherirse al racionalismo y al materialismo de la secta de los maniqueos. Tras haber enseñado en Tagaste y en Cartago, se traslada primero a Roma (383) y después a Milán (384). Aauí su viaje espiritual da un viraje decisivo: conoce y escucha al obispo Ambrosio, revisa sus posiciones sobre la Iglesia católica, vuelve a leer la Sagrada Escritura y, en medio de la lucha entre sus antiguos hábitos de vida y los nuevos impulsos interiores, al final se abre a la luz y a la riqueza de Cristo.

Fue bautizado el año 387 por Ambrosio. Decidido a volver a África, se establece en Tagaste y funda allí su primera comunidad monástica, siguiendo el modelo de la comunidad cristiana de Jerusalén. En el año 391 fue ordenado sacerdote por el obispo Valerio, a quien en el 395 le sucede en la guía de la diócesis de Hipona. Desde entonces se dedicó por completo a la vida de la Iglesia -ministerio de la Palabra, defensa de la fe-, aunque prosigue con la experiencia de vida común con un grupo de hermanos monjes, a los que traslada al episcopio. Escribió más de doscientos libros y casi un millar de documentos, entre sermones y cartas. Murió el 28 de agosto del año 430. Hasta tal punto fue hijo de la Iglesia que se convirtió en padre… y doctor.

En Agustín no vivió un solo hombre: vivió en él la criatura de carne y hueso, de nervios y sangre, con su desarrollo misterioso, múltiple; vivió el escritor, conjuntamente sumo escritor, sumo filósofo, sumo teólogo, y sobre cualquier otra cosa poeta sumo de los afectos y de las verdades; vivió el cristiano y el monje, el sacerdote y el obispo, el santo. Recibió de Dios toaos los clones más altos: una juventud tempestuosa, la palabra creadora, el silencio inenarrable de la oración, la fuerza necesaria para gobernar su ánimo en la navegación ultraterrena y en el aura de lo divino. Experiencia de hijo y de padre, de pecador desbandado y de obispo muy rígido, de escolar y profesor y, por tanto, de maestro de su pueblo y de todo el Occidente; de mundano y de monje, de escritor y de filósofo, de polemista y de amigo, de pensador y de contradictor y orador.

En todos esos pasajes no perdáis nada de su riquísima y potentísima humanidad: todo lo llevó consigo y lo fundió en el ardor y en la luz única de su santidad doloroso y extática. Amó, y de su experiencia de amor surgirá un amor a Dios, tal vez el más elevado que jamás haya salido de corazón humano […].

Cuando moría Agustín en su ciudad asediada, no moría nada: nacía, para él, en los cielos amados sin paz y deseados sin tregua; nacía, para nosotros, en nuestra historia y en nuestra alma. Desde aquel día hay algo de agustiniano tanto en la historia de todos los hombres como en la historia de cada uno de ellos.

*

G. de Luca,
Sant’Agostino. Scrítti d’occasione e traduzioni

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“Mujeres sacerdotes, imanas, rabinas”, por Juan José Tamayo teólogo

lunes, 28 de agosto de 2023
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IMG_0130Leído en su blog:

«¿Es posible la existencia de una religión sin misoginia, sin discriminación de las mujeres?»

«He leído recientemente el libro de la escritora Yolanda Alba Sacerdotas. La mujer en las diferentes liturgias y religiones (Almuzara, Córdoba)»
«¿Mujeres sacerdotes, imamas, rabinas? Por supuesto que sí, responde la Alba. Y no como un capricho o privilegio feminista»

«Incluso en los monoteísmos masculinos encontramos el rostro femenino de Dios, que fue ocultado por las tradiciones patriarcales y por las interpretaciones androcéntricas»

«Me parece un signo esperanzador en el cambio de paradigma que se está produciendo en las religiones el que varios colectivos de mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones religiosas católicas se incorporen a las multitudinarias manifestaciones del tan revolucionaria efeméride»

Las religiones siempre se han llevado mal con las mujeres. Es proverbial, más aún, un hecho empíricamente verificable, su misoginia, que las conduce, por lo general, a excluir a las mujeres del espacio de lo sagrado y de toda responsabilidad en las esferas del poder y del saber. ¿Será que Dios prohibe a las mujeres el acceso a lo sagrado, al sacerdocio, al imamato y al rabinato por ser impuras y, por ello, no pueden representar a la divinidad?

He leído recientemente el libro de la escritora Yolanda Alba Sacerdotas. La mujer en las diferentes liturgias y religiones (Almuzara, Córdoba) que responde negativamente a esta pregunta. Y lo hace no a la ligera, sino a través de un detallado y riguroso recorrido por la historia de las religiones desde las antiguas civilizaciones, del Nilo al Eúfrates, los cultos romanos, las druidesas celtas, pasando por el judaísmo, el cristianismo, el islam, el budismo, el hinduismo, las religiones africanas, las culturas y religiones de Indoamérica, Amerindia y Afroamérica. Y así hasta el siglo XXI donde la autora busca -y encuentra- a mujeres rabinas, sacerdotas, pastoras, obispas, ayatolás y sacerdotisas-brujas.

Ahí radica uno de los principales méritos de este libro: en que, frente a la pereza de muchos historiadores de las religiones a la hora de investigar sobre el papel fundamental de las mujeres en el terreno religioso, Yolanda Alba no se queda en la superficie y en los estereotipos patriarcales, generalmente negativos, sino que indaga, investiga, inquiere, busca –uso intencionadamente los cuatro verbos-, hasta encontrar el lugar protagónico que corresponde a las mujeres en el mundo de lo sagrado.

La autora ofrece un análisis dialéctico. Por una parte subraya el empoderamiento de las mujeres que se rebelan contra la marginación a la que son sometidas por el poder religioso en manos de los varones. Por otra, constata su papel subalterno y dependiente a partir de la inferioridad femenina, que se naturaliza y legitima apelando incluso al acto creador de Dios.

¿Mujeres sacerdotes, imamas, rabinas? Por supuesto que sí, responde la Alba. Y no como un capricho o privilegio feminista –el feminismo no defiende caprichos ni privilegios, sino derechos iguales-, sino como una legítima reivindicación en plena sintonía con la existencia de mujeres sacerdotes en todas las religiones a lo largo de la historia, con la teoría de género, las reivindicaciones de igualdad del feminismo y los movimientos feministas dentro de las religiones.

Hay una pregunta que recorre toda la obra: “¿Y si Dios fuera mujer?”. Quizá lo sea y la mayoría de las religiones lo han ocultado, al contar la vida y la historia de Dios y de los dioses desde la perspectiva del varón, al pasar del matrismo al patriarcado. “La historia y la teología patriarcales –afirma Yolanda Alba- omiten cualquier clase de información relacionada con la conquista de la diosa y la destrucción de la cultura que floreció en el pasado: la historia de esa época se enterró y solo ha surgido en la última mitad del siglo XX” (p. 83).

Incluso en los monoteísmos masculinos encontramos el rostro femenino de Dios, que fue ocultado por las tradiciones patriarcales y por las interpretaciones androcéntricas. La Biblia hebrea es un buen ejemplo de las imágenes femeninas con las que se presenta a Dios. La lectura feminista de los textos considerados sagrados de las religiones ayuda a recuperar dicho rostro.

Tras la lectura de esta excelente obra, me pregunto: ¿Es posible la existencia de una religión sin misoginia, sin discriminación de las mujeres? ¿Es posible una religión organizada desde la igualdad y la justicia de género? Es posible y necesario, pero no podemos negar que resulta difícil por la resistencia del patriarcado religioso, que presenta a Dios con atributos varoniles y convierte al varón en masculinidad sagrada, conforme a la afirmación de la pensadora feminista Mary Daly : “Si Dios es varón, el varón es Dios”.

Pero no por ello resulta imposible. Tenemos ejemplos en los movimientos de mujeres que resisten al patriarcado en el interior de las religiones y se organizan autónomamente, y en las numerosas experiencias igualitarias que se dan en las comunidades religiosas.

El feminismo como teoría crítica de la sociedad patriarcal, como movimiento social y como revolución reivindicativa de la subjetividad de las mujeres, constituye una excelente aliado para el objetivo de la creación de religiones y movimientos de espiritualidad, pensados organizados y vividos sin discriminación por razones de género, etnia, cultura, creencia religiosa, clase social, identidad sexual y discapacidad. A su vez, las religiones igualitarias son las mejores aliadas de las luchas feministas. Eso debería tenerlo en cuenta el movimiento feminista, que no siempre reconoce la importancia de los movimientos feministas dentro de las religiones en la lucha feminista

Me parece un signo esperanzador en el cambio de paradigma que se está produciendo en las religiones el que varios colectivos de mujeres pertenecientes a diferentes congregaciones religiosas católicas se incorporen a las multitudinarias manifestaciones del tan revolucionaria efeméride.

Estoy seguro de que este libro contribuirá al cambio de paradigma que se está produciendo en la sociedad y que debe producirse en las religiones: de la discriminación a la igualdad y a la justicia de género. Mi felicitación a la autora, Yolanda Alba, y mi invitación a que lean el libro los teólogos y dirigentes religiosos varones de las diferentes tradiciones religiosas y movimientos espirituales. Seguro que les (nos) ayudará a quebrar cráneos ideológicamente endurecidos, a liberarse (nos) de las estructuras mentales patriarcales excluyentes en las que con frecuencia suelen (solemos) estar cómodamente instalados y a abrir nuevos horizontes inclusivos fraterno-sororales.

¿Significa dicha liberación perder derechos? En absoluto. El único derecho que está aquí en juego es el de la igualdad entre hombres y mujeres. Y en la medida en que lo recuperen las mujeres, se habrá conseguido plenamente. Lo más contrario a los derechos humanos es la actual situación de la abismal desigualdad de género en las religiones, a decir verdad, en una más que en otras.

Con afirma Mary Wollstonecraft en su libro Vindicación de los derechos de la mujer, de 1792, pionero del feminismo filosófico, “las desigualdades entre los hombres y las mujeres son tan arbitrarias como las referidas al rango, la clase o los privilegios”.

¿Significa esa liberación que los varones perdemos privilegios? Sin duda. Y  deberíamos ser nosotros ser los primeros en desprendernos de dichos privilegios, que no pueden confundirse con derechos, por mucho que sea el tiempo en que vienen disfrutándolos injustamente.

Termino con una apelación al feminismo, en este caso aplicado a las religiones, que es una de las mejores mediaciones teóricas y prácticas para conseguir la igualdad (no clónica) y para eliminar los privilegios de la masculinidad hegemónica y sagrada.

Fuente Religión Digital

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Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo

domingo, 27 de agosto de 2023
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AMOR CELOSO

Tú pides,
pides siempre,
pides mucho,
Señor.
Lo pides todo.
Te gusta ir entrando, como un fuego,
vida adentro de aquellos que te aman
y abrasarles las horas, los derechos, el juicio.
Tú haces los eunucos y los locos del Reino.
Abusas del amor
de los que son capaces
de abusar de tu Amor.

No muchos, más bien pocos.

(Todos podrán salvarse,
pocos quieren salvarte plenamente).

Teresa de Jesús, que lo sabía
de andar trochas y noches del Carmelo,
te lo advirtió. Inútilmente, claro.
Sigues siendo el Total,
la zarza ardiendo
sobre el Horeb de todos los llamados.

Delante de tu Gloria, Amor celoso,
no hay más gesto posible que descalzar el alma.
Tú eres. Tú nos haces.
Calcinándonos,
el Viento de tus llamas nos liberta.
Tú nos amas primero, en todo caso.

*

Pedro Casaldáliga.
Todavía estas palabras, 1994

***

 

 

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos

“¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?”

Ellos contestaron:

-“Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.”

Él les preguntó:

“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.”

Jesús le respondió:

“¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.”

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

*

Mateo 16,13-20

***

Lo esencial de la gran contienda entre el Oriente cristiano y el Occidente cristiano, desde el inicio hasta hoy, se reduce a lo siguiente: la Iglesia de Dios tiene que desempeñar una tarea concreta entre los hombres; ¿para realizar ese encargo es necesario aunar todas las fuerzas eclesiales cristianas bajo la insignia y el poder de una  autoridad eclesiástica central? Dicho con otras palabras: ¿la iglesia, como Reina de Dios presente, debe tener en la tierra representantes y ser una, estar unida, puesto que un reino dividido contra si mismo no subsistirá, mientras que la Iglesia, según la promesa evangélica, subsistirá hasta el final y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella?

La Iglesia romana se pronunció resolutivamente con una respuesta afirmativa; se fijó esencialmente en el cometido práctico del cristianismo en el mundo, en el sentido de la Iglesia como reino eficiente o ciudad de Dios (Civitas Dei), y desde el inicio personalizó el principio de la autoridad central que de modo visible y práctico le confiere unidad a la actividad terrenal de la Iglesia. Por eso, la cuestión abstracta del significado de la autoridad central en la Iglesia se reduce a la cuestión histórica y viva del sentido de la Iglesia romana. Ella, sus ideas y sus acciones constituyen el verdadero objeto de la gran contienda. El principio de la autoridad eclesiástica, del poder Espiritual representado sobre todo por la Iglesia romana, tiene una triple cara y suscita una triple cuestión. Primera, en el ámbito de la Iglesia, nos preguntamos cuál debe ser la relación del poder eclesiástica central con los representantes de las Iglesias locales nacionales; segunda, surge el tema de la relación de la Iglesia con el Estado, de la autoridad Espiritual con la laica; y tercera, la relación entre el poder Espiritual y la libertad Espiritual del individuo, la cuestión de la libertad de conciencia.

*

V. S. Soloviev,
El problema del ecumenismo, Milan I973, 63ss).

V.Solovyov

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“Nuestra imagen de Jesús”, 21 Tiempo ordinario – A (Mateo 16,13-20)

domingo, 27 de agosto de 2023
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b9eea6d5973bb9580b1be4a38a7ebf0d502089705bf52bb27b5a255eb565741bLa pregunta de Jesús: «¿Quién decís que soy yo?», sigue pidiendo todavía una respuesta a los creyentes de nuestro tiempo. No todos tenemos la misma imagen de Jesús. Y esto no solo por el carácter inagotable de su personalidad, sino, sobre todo, porque cada uno vamos elaborando nuestra imagen de Jesús a partir de nuestros intereses y preocupaciones, condicionados por nuestra psicología personal y el medio social al que pertenecemos, y marcados por la formación religiosa que hemos recibido.

Y, sin embargo, la imagen de Cristo que podamos tener cada uno tiene importancia decisiva para nuestra vida, pues condiciona nuestra manera de entender y vivir la fe. Una imagen empobrecida, unilateral, parcial o falsa de Jesús nos conducirá a una vivencia empobrecida, unilateral, parcial o falsa de la fe. De ahí la importancia de evitar posibles deformaciones de nuestra visión de Jesús y de purificar nuestra adhesión a él.

Por otra parte, es pura ilusión pensar que uno cree en Jesucristo porque «cree» en un dogma o porque está dispuesto a creer «en lo que la santa Madre Iglesia cree». En realidad, cada creyente cree en lo que cree él, es decir, en lo que personalmente va descubriendo en su seguimiento a Jesucristo, aunque, naturalmente, lo haga dentro de la comunidad cristiana.

Por desgracia, son bastantes los cristianos que entienden y viven su religión de tal manera que, probablemente, nunca podrán tener una experiencia un poco viva de lo que es encontrarse personalmente con Cristo.

Ya en una época muy temprana de su vida se han hecho una idea infantil de Jesús, cuando quizá no se habían planteado todavía con suficiente lucidez las cuestiones y preguntas a las que Cristo puede responder.

Más tarde ya no han vuelto a repensar su fe en Jesucristo, bien porque la consideran algo trivial y sin importancia alguna para sus vidas, bien porque no se atreven a examinarla con seriedad y rigor, bien porque se contentan con conservarla de manera indiferente y apática, sin eco alguno en su ser.

Desgraciadamente no sospechan lo que Jesús podría ser para ellos. Marcel Légaut escribía esta frase dura, pero quizá muy real: «Esos cristianos ignoran quién es Jesús y están condenados por su misma religión a no descubrirlo jamás».

José Antonio Pagola

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