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El primer piloto trans de la India tiene prohibido volar durante seis meses después del diagnóstico de disforia de género

Sábado, 28 de marzo de 2020

harry-adam-e1585078074538-1024x660Adam Harry  (Facebook / pilotadamharry)

A la primera persona transgénero en la India que se sabe que se convirtió en piloto se le ha prohibido volar durante seis meses debido a su diagnóstico de disforia de género.

Adam Harry, de 21 años, quien obtuvo su licencia de piloto privado en la Academia de Aviación Skylark en Johannesburgo, saltó a la fama como el primer piloto trans conocido de la India. Pero ahora ha sido declarado incapaz de volar durante los próximos seis meses.

En una carta del 18 de marzo de la Junta de Evaluación Médica de la Dirección General de Aviación Civil, a Harry se le dijo que no podía volar hasta que una nueva cita médica lo autorice.

“Lo que están tratando de decir aquí es que la disforia de género es una enfermedad”, dijo Harry, según The New Indian Express

Y explicó: “Tuve que pasar por innumerables procedimientos dolorosos para obtener un certificado médico en primer lugar. Como me habían pedido, había entregado cartas de mi psiquiatra y endocrinólogo para demostrar mi estado físico. Como soy una persona transgénero, me cuesta bastante obtener mis certificados y pruebas médicas. Hay muchos conceptos erróneos y generalizaciones sobre las que funcionan los médicos y la autoridad médica de la DGCA. Nunca influirán en este tema y no creo que cambie a menos que las autoridades hagan un esfuerzo consciente para aprender más sobre las condiciones médicas transgénero. En otros países, tienen una guía adecuada para emitir certificados médicos para pilotos transgénero”.

Harry, quien es de Thrissur en el estado de Kerala, en el sur de India, dejó su ciudad natal a la edad de 19 años para escapar de los ataques transfóbicos, ya que se había calificado como piloto.

Fue a Kochi, una ciudad portuaria dos horas más al sur en la costa de Keralan. Luego, los medios locales informaron que fue el primer piloto trans y como resultado obtuvo el reconocimiento de los funcionarios del gobierno.

El gobierno estatal lo financió para continuar su educación, que incluyó completar un curso de capacitación piloto comercial de tres años. Después de esto, se convirtió en el primer piloto trans comercial en el país.

A pesar de esto, las autoridades ahora le quitaron su licencia de piloto. “Los problemas de género son extremadamente mal entendidos en nuestro país”, dijo Harry. “Las voces de las personas transgénero son fácilmente pisoteadas. Lucharé por la justicia sin importar lo que haga falta ”.

Fuente PinkNews

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Defensores del veto a trans en el ejército estadounidense comparan ser transgénero con padecer una enfermedad

Martes, 5 de marzo de 2019

ejercito-trans-contra-trump-696x522Tras escuchar el testimonio positivo de cinco miembros transgénero del ejército de los Estados Unidos en el Congreso, dos militares que defienden el veto a personas trans en el ejército llegan a comparar ser transgénero con padecer una enfermedad. 

Cinco miembros transgénero de diferentes ramas del ejército de los Estados Unidos comparecen ante el subcomité de personal militar del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes este miércoles, 27 de febrero. Es la primera vez que el Congreso escucha el testimonio sobre las experiencias de militares transgénero en servicio activo, quienes aseguran que su identidad de género no afecta a su desarrollo militar. A continuación, en una audiencia separada y en un intento por defender el veto a militares transgénero, el Subsecretario de Defensa para Personal y Preparación y la Directora de la Agencia de Salud de Defensa comparan ser transgénero con padecer una enfermedad.

«Tuve éxito como submarinista y fui clasificado como el principal oficial de suministros de los 14 oficiales de suministros en el escuadrón», declara el teniente comandante Blake Dremann. En referencia a otros miembros de su unidad, la capitán Alicia Stehlik, asegura que después de su transición, sus colegas le «dijeron cosas que nunca hubieran dicho antes (…). Valoraron mi autenticidad, mi valor para ser yo misma. Lo que les permitió hacer lo mismo». La capitán Jennifer Peace, la sargento Patricia King y el suboficial de tercera clase Akira Wyatt también comparecieron ante el panel de la Cámara, defendiendo que debería permitirse a las personas transgénero continuar sirviendo en el ejército.

 

En julio de 2017, Donald Trump anuncia su intención de prohibir que las personas transgénero formen parte del ejército estadounidense. Sin embargo, cada una de las medidas adoptadas por su Gobierno ha sido bloqueada por diversos tribunales, al considerarlas medidas anticonstitucionales que atentan contra el derecho a la igualdad. En un giro inesperado, a principios de enero de este mismo año, el Tribunal de Apelaciones del Distrito de Columbia da la razón a la Administración Trump, fallando a favor del veto a los militares transgénero, asegurando que no se debería haber paralizado su medida, lo que no garantiza que entre en vigor dado que está pendiente de sentencia en diferentes procesos judiciales. Cerca de 15.000 militares transgénero sirven actualmente en las fuerzas armadas estadounidenses.

«A pesar de vivir en una nación donde muchos te discriminan, haces una elección que cada vez menos estadounidenses hacen: te unes al ejército y arriesgas tu vida y el bienestar de vuestras familias por nuestra seguridad. ¿Y cómo te lo agradece la Administración? Tratándote como una carga, no como un activo (…) poniendo en peligro maliciosamente vuestras carreras y trivializando vuestro sacrificio», asegura la presidenta de la subcomisión, Jackie Speier, representante demócrata por California, que ha llegado a afirmar que las medidas de Trump «pertenecen a la Edad Media» y no deberían aplicarse «en el ejército del siglo XXI».

También ha elogiado su labor el miembro republicano de mayor rango del subcomité, Trent Kelly, representante republicano de Misuri, pero para después apoyar el veto a personas transgénero en el ejército al declara que «es una desafortunada realidad que no todas las personas que desean servir en el ejército cumplen con los estrictos estándares médicos y de salud del comportamiento necesarios para mantener una fuerza lista y resistente (…). Sin embargo, solo tiene sentido que cualquier persona que pueda cumplir con estos estándares y que de otro modo esté calificada, se le permita servir».

El Subsecretario de Defensa para Personal y Preparación, James N. Stewart, comienza asegurando que los miembros de los servicios de personas transgénero podrán seguir prestando sus servicios, defendiendo que las medidas de Trump no son un «veto» ni se dirigen a personas «transgénero» al afirmar que solo afectan a personas diagnosticadas de «disforia de género (…). Las realidades asociadas con la condición llamada disforia de género y las adaptaciones necesarias para esa transición de género en el ejército son mucho más complicadas de lo que podemos suponer».

En la misma línea, la vicealmirante Raquel Bono, directora de la Agencia de Salud de Defensa, llega a asegurar que existen justificaciones médicas para no permitir que las personas con disforia de género presten sus servicios en el ejército, aludiendo a datos militares para justificar su argumento cuando le señalan que todas las organizaciones médicas consultadas han rechazado la veracidad de tal afirmación. Tampoco puede explicar por qué defiende que una persona que comienza su terapia de reemplazo hormonal tendría que estar 12 meses inhabilitada. Otro de sus argumentos es que las personas con disforia de género tienen sustancialmente más visitas de terapia conductal, lo que es refutado por la representante demócrata de Massachusetts, Susan Davis, quien señala que, dada la tensión mental del servicio militar, debería considerarse positivo que aquellas personas que busquen ese tipo de apoyo, no castigarse.

Anthony Brown, representante demócrata de Maryland, plantea una hipótesis acerca de la posibilidad de enrolar a alguien que había terminado ya su transición, ya que no experimentaba disforia de género, a lo que Stewart responde negativamente, lo que es aprovechado por Brown para señalar la discriminación de la medida: «Es la prohibición. ¡Esa es la prohibición!». En un intento por explicar sus posturas, Bono y Stewart llegan a afirmar que las secuelas de los procedimientos quirúrgicos son comparables a los de cirugías como la cardíaca, que les descalifican para servir en el ejército. De esta manera, comparan a una persona transexual sana con una persona que padece una enfermedad que limita sus capacidades físicas, brindando una nueva oportunidad para que Brown señale que están hablando de una discriminación flagrante.

Fuente Universogay

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La igualdad trans real en un instituto de Madrid

Viernes, 5 de febrero de 2016

puerta01Gabriel comenzó su proceso de transición hace cuatro años, cuando todavía estudiaba en un colegio en el que lo llamaban por el nombre de mujer.

Gabriel comenzó su proceso de transición hace cuatro años, cuando todavía estudiaba en un colegio en el que lo llamaban por el nombre de mujer que figura en su DNI y lo obligaban a llevar la falda del uniforme que vestían las niñas, pese a no identificarse como una de ellas.

No dudó en cambiarse de instituto. Le recomendaron el IES San Isidro de Madrid, porque tenía un programa de igualdad de género transversal que trataba la violencia machista y la discriminación sexual en todos los ámbitos. Actualmente, cursa 4º de la ESO.

Ahora, tanto en las listas de clase como en su carné de estudiante figura el nombre que él eligió, usa los aseos y vestuarios masculinos y ninguno de sus compañeros ni profesores cuestiona qué o quién es; es, simplemente, Gabriel.

“Algunos compañeros ni siquiera saben que soy trans”, explica Gabriel, pero lo cierto es que el primer día en su nuevo instituto sí que tuvo algo de miedo. “Era la primera vez que iba a aparecer con mi nombre en las listas y tenía miedo de que no se acordaran y saliese el otro“, recuerda .

El IES San Isidro, en el que estudia Gabriel, desarrolla su programa de igualdad de género desde hace muchos años. Es una “iniciativa casi personal del profesorado”, que no tiene ningún tipo de apoyo administrativo ni presupuestario, como relata Enrique Pelegrín, profesor de Lengua y uno de los responsables del programa.

Gabriel alaba la forma en la que “se esforzaron e implicaron para que todo fuera más fácil y pudiera estudiar”. El departamento de Orientación del instituto está compuesto por la orientadora, Marisa Villalba, y un trabajador social compartido con otro centro, y trabajan para 1.300 alumnos y tres turnos de estudio.

“Lo que necesitamos es que esto se apoye” con medios, reivindica Pelegrín, quien cree que esta iniciativa “casi desinteresada” necesita más personal y un protocolo que tiene que venir desde arriba y esté inspirado en “la experiencia de institutos como este”.

Gabriel llegó al instituto con un informe de la Fundación Daniela que, dadas las características y experiencia del centro en estos casos, no fue muy necesario.

Sin embargo, esta situación es excepcional en este centro, porque para conseguir tratamiento hormonal y médico se necesita más que un informe: “Necesito que un psiquiatra ponga en un papel que tengo disforia de género para que a los 18 años me remitan a un endocrinólogo y me puedan dar las hormonas”.

“Disforia de género” es el nombre que recibe la transexualidad en el último “Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales (DSM V)”, en el que se basan los profesionales de la Psiquiatría a la hora de tratar a estas personas, así como a quienes padecen cualquier tipo de enfermedad mental.

Aunque hay entidades médicas que defienden que la transexualidad no es una patología sino un “sinónimo de diversidad”, la OMS todavía lo tiene incluido en su catálogo de enfermedades (ICD-10) como un desorden mental y de comportamiento, y por lo tanto el Ministerio de Sanidad también lo considera como tal.

Esto hace que para conseguir un tratamiento hormonal se necesite el diagnóstico de un psiquiatra o un psicólogo clínico, y en caso de menores, excepto en determinadas comunidades, no pueden conseguir ese tratamiento en la Seguridad Social.

Fuente Agencias/Cáscara Amarga

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‘Los niños y niñas trans disfrutan de su euforia de género, de vitalidad, aceptación y apoyo’, aclara Chrysallis

Lunes, 12 de octubre de 2015

Sin-título-e1444291499226El pasado día 6 de octubre la psiquiatra María Jesús Mardomingo, publicaba un artículo titulado Disforia de género en la infancia: respeto y comprensión, en la revista EFE: Salud. ‘El artículo es, de principio a fin, un canto a la patologización y el estigma de las personas transexuales centrado, en este caso, en la infancia’, explican desde Chrysallis, la Asociación de Familias de Menores Transexuales. En una carta dirigida a esta profesional desde esta organización aclaran algunos conceptos.

Presentada como presidenta de honor de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente y pionera en crear una Unidad de Psiquiatría infantil en España, Mardomingo no duda en sustituir el término “transexualidad” por “disforia de género” añadiendo una definición desfasada que incita a confusión.

Las familias de niñas, niños y adolescentes transexuales estamos cansadas de escuchar y leer discursos basados en ideas obsoletas cargadas de prejuicios tránsfobos, máxime cuando estos se acompañan de ostentosas titulaciones académicas y pretenden servir de formación para otras y otros profesionales. ‘Por eso’, aclaran desde la asociación, ’emitimos este comunicado aclaratorio’:

Sra. María Jesús Mardomingo:

1- La disforia de género no es un sinónimo de la transexualidad, ni mucho menos, el término actualizado para definirla.

a- La transexualidad es fruto de la no coincidencia entre el sexo de asignación neonatal y la identidad sexual sentida como propia.

b- La disforia es un sentimiento de malestar que pueden o no padecer las personas transexuales y que es fruto de presiones exteriores que se alimentan en estereotipos y de discursos como el suyo.

c- Las personas transexuales no nacen disfóricas ni tienen porqué serlo nunca si son acompañadas en su entorno cercano, respetando su libre desarrollo conforme a su identidad sexual.

2- La transexualidad NUNCA puede ser diagnosticada y su recomendación de fijar el punto de mira en el extremo y continuado sufrimiento por parte de las niñas y niños marcando como “clave” ese malestar profundo, está cargada, sin lugar a dudas de inconsciencia y sustentada de falta de experiencia.

3- Las personas transexuales se realizan o no cirugías genitales, las personas cisexuales también (busque usted información al respecto), en cualquier caso NUNCA serán operaciones de “cambio de sexo”, los genitales son una cosa y el sexo otra muy distinta.

4- No existe ningún estudio fiable sobre la transexualidad en la infancia y adolescencia y mucho menos uno que determine que las situaciones de transexualidad derivan en homosexualidades. Mezclar identidad sexual, expresión de género y orientación es una muestra más del desconocimiento sobre la materia.

5- Cuando se hace referencia a una persona transexual se utilizan los pronombres y sustantivos que corresponden con su sexo sentido, hablar de chicas y chicos cambiando el género demuestra una falta gravísima de respeto.

6- La función de las y los profesionales de la salud no debe confundirse con ejercer de tutores guardeses ni extralimitarse mostrando una actitud paternalista mal entendida.

A pesar de todo lo leído le invitamos a que se acerque a nuestras familias con el fin de proporcionarle una visión más ajustada a la realidad de estas niñas y niños. Nuestras hijas e hijos no sufren disforia sino que, muy al contrario, disfrutan de su euforia de género, de vitalidad, de aceptación y de apoyo’, concluye el escrito de Chrysallis.

Fuente Chrysallis

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La Plataforma #NadieSinIdentidad ‘decepcionada e indignada’ con el Colegio de Psicólogos de Madrid

Martes, 22 de septiembre de 2015

TransexualidadNota de Prensa:

El pasado día 14 de septiembre, el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, publicó un comunicado sobre transexualidad del que nos hicimos eco y que pretendía demostrar un avance en los posicionamientos oficiales al respecto y lo habría sido hace unos años que no existían leyes como la de Malta, la de Andalucía o la de Extremadura.

Tras una lectura atenta, la plataforma #NadieSiniIdentidad, que agrupa a los colectivos de personas transexuales y familias, se sienten decepcionados: ‘No podemos sino compartir nuestra decepción e indignación. Los colectivos formados por personas transexuales y por familias que conviven diariamente y representan a niñas, niños y adolescentes transexuales, vemos en este comunicado como los profesionales de la psicología se vuelven a quedar cortos en tiempo y forma, no recogiendo ni las peticiones del colectivo ni equiparando realmente los derechos de las personas trans, emitiendo un comunicado con demasiados restos de patologización y falta de rigor ético’.

Es pura cosmética decir que dejamos de considerar la transexualidad una patología, para a continuación decir que se trata de una incongruencia con el sexo biológico. Se sigue hablando de la transexualidad como si de un error se tratase, dando por “bueno, apropiado y normal” una única interrelación entre genitalidad e identidad, sólo porque hay una mayoría estadística de personas que la cumplen. Se convierte lo “habitual” en lo “normal” y de ahí en la “norma a cumplir”. El sexo biológico es el que cada uno tiene, sencillamente porque no hay seres humanos biónicos. Por lo tanto, la única incongruencia existente es con el sexo que se asigna al nacer (hecho que no tiene nada que ver con la propia persona transexual sino con el sistema elegido para sexar).

Utilizar términos altamente patologizantes como Disforia de género en sustitución a transexualidad, vinculándolo a la infancia y adolescencia trans y, además, a sufrimiento y malestar, siendo en la realidad, tanto la propia disforia como cualquier sufrimiento, fruto de las presiones externas y de la falta de información adecuada, tanto a las personas transexuales como a las familias y a los propios niños y niñas, contribuye a la ignorancia y la continuidad del estigma y la discriminación.

Las personas son dueñas de sus propias vidas y por lo tanto se debe respetar la Ley de autonomía del paciente, el derecho a ser informadas y a decidir libremente sobre cualquier tratamiento, intervención o itinerario médico-quirúrgico que les afecte sin ningún tipo de injerencia externa y eliminando la obligatoriedad de valoración psicológica alguna. El Comunicado alude al derecho a la identidad de género como un derecho humano, pero pronto se olvidan sus autores de ello, volviendo al discurso paternalista de siempre, al condicionar los tratamientos a la previa evaluación psicológica. En efecto, el derecho a la identidad de género es un derecho fundamental, manifestación del derecho a la dignidad de las personas y del derecho al libre desarrollo de la personalidad, y como tal sólo se verificará si se basa en el sexo sentido como propio, conforme al principio de libre autodeterminación. Por ello mismo, los tratamientos a que deseen someterse las personas transexuales, únicamente deben estar condicionados al consentimiento informado emitido por el usuario o sus representantes, en las mismas condiciones que el resto de los usuarios del sistema sanitario. Lo contrario es seguir estigmatizando a este colectivo de personas, desconfiando de ellas y discriminándolas, por el sólo hecho de que el sexo que se les asignó al nacer no corresponde con su identidad sexual, optando además por seguir segregándolas en “unidades multidisciplinares”.

Para que las personas transexuales sean atendidas por un profesional con formación en la materia no es preciso que existan esas unidades, ni es algo que deba estar reservado a unos pocos como pretenden quienes las componen actualmente, ya que los tratamientos coinciden con los de usuarios cisexuales (aquella persona cuya sexación neonatal coincide con el sexo sentido) del sistema de salud. Las y los profesionales sanitarios que atienden y acompañan a las personas transexuales no requieren de conocimientos específicos más allá de los incluidos en sus propias disciplinas, es decir, un médico endocrinólogo debe conocer los tratamientos con hormonas y sus efectos al igual que un psicólogo debe poder acompañar cualquier situación de stress producida por el tránsito o la presión (buylling, acoso) del mismo modo que acompañaría una situación similar en una persona cisexual. Por lo tanto, pretender justificar la existencia de las unidades como únicas capacitadas para acompañar los tránsitos sociales de las personas transexuales es tratar de dirigir el pensamiento colectivo hacia modelos psicosociosanitarios que no se corresponden con el sentir de las propias personas transexuales, de sus familias y es contrario a sus derechos.

Como en anteriores publicaciones de este tipo, una vez más, se hace referencia a los datos de persistencia en la edad adulta -de dudosa objetividad científica- como medida encubierta de control para el acceso a tratamientos hormonales en las personas menores de edad, justificando así la obligatoriedad de pasar por valoración psicológica, promoviendo de este modo una discriminación clara con respecto al resto de niñas y niños que tienen la opción de desarrollarse libremente en atención a su propia identidad sin necesidad de examen psicológico alguno. “No hace tanto tiempo, que se justificaba la intervención en las personas del colectivo LGB con los mismos argumentos, aunque parece que parte de este colectivo tiene una memoria frágil y ahora aplaude lo que en ningún caso consentirían para ellas y ellos”.

Siendo conscientes de que la salud de cualquier persona no solo consiste en la ausencia de enfermedad sino que incluye el bien estar físico, psíquico y social, consideramos que la medicina, la psicología y cualquier otro tipo de disciplina socio-sanitaria debe enfocarse en colaborar, proteger y acompañar, desde el respeto absoluto, dejando a un lado prejuicios, dilemas morales, políticos, culturales o de cualquier otra índole.

La historia reciente nos demuestra como el colectivo de personas transexuales han sido sometidas al maltrato físico y psíquico por aquellos que se autodenominan expertos, no vamos a permitir que prevalezca la vanidad de algunos profesionales al interés del colectivo. La obtención de atención sanitaria debe ajustarse a las necesidades de los usuarios, en vez de a las estructuras laborales de los profesionales’, concluye el escrito.

Este documento está firmado por la Plataforma estatal Por los Derechos Trans #NadieSinIdentidad que agrupa a El Hombre Transexual, Comunidad de Madrid, AET- Transexualía , Comunidad de Madrid, Generem, Comunidad de Catalunya, ATC (Asociación de Transexuales de Catalunya-Libertad, Comunidad de Catalunya, Visión Trans, Comunidad de Aragón, Aperttura, Comunidad de Canarias, Asociación de Transexuales de Andalucía-Sylvia Rivera, Comunidad Andaluza, EmpoderaT, Comunidad de Murcia, Asociación de Familias de Menores Transexuales (Chrysallis),

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Indignación en la comunidad transexual por un artículo publicado en El País que mantiene el enfoque patologizador

Martes, 12 de mayo de 2015

noticias_file_foto_1001176_1431159766Indignación en la comunidad transexual por un artículo publicado este viernes (7 de mayo) en el diario El País. La plataforma #NadieSinIdentidad, formada por colectivos trans de toda España, ha mostrado su malestar por el texto de opinión sobre transexualidad infantil redactado por el doctor Luís Montero Ezpondaburu, médico forense y miembro del Grupo de Trabajo de Disforia de Género en Menores que integra a profesionales de UTIG. Un artículo que incide de nuevo en el enfoque patologizador de la transexualidad, que contiene afirmaciones tales como que “solo el 15-20% niños/niñas con disforia persistirán en la edad adulta” –al margen del consenso científico- y que reclama una centralización normativa sobre cómo proceder con los menores transexuales de carácter restrictivo, que poco tiene que ver con lo que las familias piden o con lo que otros especialistas recomiendan. El artículo ha merecido duras críticas por parte de la Plataforma por los Derechos Trans, que agrupa a diversas organizaciones españolas de personas transexuales, y demuestra hasta qué punto existe todavía una fuerte disociación entre la realidad de las personas trans y algunos profesionales de la sanidad, anclados a un paradigma que no hace sino generar sufrimiento innecesario a los menores transexuales y a sus familias.

La plataforma ha remitido un comunicado en el que explican su disconformidad con este artículo. “Queremos hacer pública nuestra repulsa e indignación por sentirnos aludidos de forma discriminatoria y entender que las afirmaciones que se vierten en el articulo atentan contra los derechos de las personas trans y son contrarias a las leyes aprobadas recientemente en nuestro país, Andalucía, Extremadura, así como a la Resolución del Consejo de Europa de 22 de abril de 2015”, señalan.

A continuación se transcribe la respuesta íntegra que desde #NadieSinIdentidad da al médico.

“Señor Montero, cuando usted se refiere a las personas transexuales como personas con disforia de género lo hace única y exclusivamente desde una perspectiva médica, limitando el universo de estas personas a esta única visión. Por encima de la medicina están los Derechos Humanos y la propia voz de las personas transexuales. Disforia de género y transexualidad no son sinónimos, puesto que no todas las personas transexuales tienen disforia de género ni quien la tiene, la tiene en el mismo grado. Referirse así a las personas transexuales induce a error y no deja de ser una categorización desafortunada y estigmatizante que fundamenta la vulneración de los Derechos Humanos de las personas transexuales. En este sentido la Resolución del Consejo de Europa del pasado 22 de abril, en su punto 3, considera una violación de los Derechos Fundamentales, entre otros, el diagnóstico de la transexualidad como enfermedad mental. Al hilo de todo esto, el Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Thomas Hammarberg, el verano del 2011 solicitó a la OMS la despatologización de la transexualidad, declarando que la “disforia de género” (como se denomina erróneamente a la transexualidad en ciertos manuales de medicina) debe dejar de considerarse como enfermedad mental en los países del Consejo de Europa y los organismos internacionales de salud. Añade que “mantener este término -que designa a las personas que viven un desacuerdo entre su sexo biológico y su sexo psicológico- en la categoría de trastorno mental, estigmatiza a las personas transexuales y restringe su libertad a la hora de escoger un eventual tratamiento hormonal”. El término “Disforia de género”, por más que se utilice, no deja de ser un término desafortunado en castellano, y que induce a error. Peor aún es el término “Trastorno de identidad de género” que, por fortuna, ya se ha desterrado en las últimas publicaciones que tratan sobre la transexualidad.

Si la homosexualidad fue desclasificada como enfermedad mental y no necesita de acompañamiento psicológico obligatorio, ¿por qué si la transexualidad ha dejado de ser una patología según la APA y la OMS, usted Sr. Montero afirma en su artículo que “las personas que sufren esa disconformidad (refiriéndose a la transexualidad) con su sexo anatómico precisan de acompañamiento psicológico (…)”?.

Sr. Montero, a lo largo de su artículo usted mantiene la necesidad de las UTIG como referente para la atención médica de las personas transexuales. Los tratamientos recibidos por las personas transexuales no son distintos a los que son prescritos al resto de usuarios y usuarias del Sistema público de Salud de nuestro país. Segregar a las personas transexuales en UTIGs es estigmatizarlas. La Resolución del Consejo de Europa del pasado 22 de abril, en lo que concierne a los tratamientos de reasignación y cuidados de la salud la Asamblea llama a los Estados miembros a: “Modificar las clasificaciones de patologías utilizadas a nivel nacional y proponer la modificación de las clasificaciones internacionales con el fin de garantizar que las personas transexuales, incluidos las menores, no sean considerados como enfermos mentales, al mismo tiempo asegurando el acceso a los tratamientos médicos sin estigmatización”

Sr. Montero, lo que usted expresa en su artículo que no es otra cosa que un modelo de atención obsoleto, discriminatorio y patologizante, y que confronta con la nueva realidad social, con la mayor visibilidad de los/as menores trans, el cambio legislativo que han supuesto las Leyes Trans de Andalucía y Extremadura, que abogan por la libre autodeterminación del género como hiciera la ley argentina de 2012, y con la citada Resolución del Consejo de Europa del mes pasado. Esas disposiciones cuenta con gran apoyo social (las leyes autonómicas fueron aprobadas por unaimidad), y con gran consenso de profesionales de la medicina, psicología, antropología, trabajo social, pedagogía etc.; profesionales que usted desautoriza en su artículo otorgándose la potestad y autoridad en la materia de forma única e incluso usurpando la tutela legal de los padres y las madres de los menores trans. Algo tendrán que decir las propias personas transexuales a través de sus organizaciones, las cuales usted desacredita en su artículo. Y no es que lo digamos nosotros, sino que la propia Resolución del Consejo de Europa expresa la necesidad de consultar explícitamente a las personas transexuales y sus organizaciones e implicarlas en la elaboración y puesta en marcha de políticas y disposiciones jurídicas que les conciernen.

Es momento ya de dar un salto cualitativo que nos acerque a la igualdad de trato en todos los ámbitos y esto se concreta en ser atendido de forma normalizada como el resto de la ciudadanía y sin el prejuicio y el paternalismo que usted propone bajo la fórmula segregatoria que han supuesto las UTGs, insistiendo de forma antagónica en el descarte de patologías mentales. Usted fomenta la implantación y proliferación de “nuevas UTGs” que quieren tutelar a las personas transexuales y no acompañar, que quieren apartar su libre autodeterminación y marcar la pauta en el desarrollo de nuestras vidas. Es necesario la creación de una Ley estatal, pero no su Ley sino la nuestra.

Por otro lado, Sr. Montero, en su artículo vemos cómo una vez más se repite aquello de que “Solo el 15-20% niños/niñas con disforia persistirán en la edad adulta. Siempre que lo escuchamos o leemos, preguntamos que de dónde sacan esa estadística, porque entre los colectivos trans no consta que eso sea así. En este colectivo, por más que preguntamos por la existencia de tales remisiones, no encontramos dicho porcentaje. A pesar de ello, esa estadística se repite y repite hasta mil veces, con la intención de que se convierta en la “verdad”, parece que siguiendo la máxima de Joseph Goebbels. Existen rendiciones: personas transexuales que ante el temor a lo que conlleva todavía esa condición, en especial en la adolescencia, tiran la toalla y optan por vivir una vida que no es la que querrían, simulando una identidad sexual que no es la sentida como propia. Pero ni de lejos existe ese porcentaje de remisiones.

La evidencia está en las propias unidades de corte patologista. En el reciente estudio de la Dra. Delamarre-Van De Waal (2014), se concluye que “A día de hoy, no tenemos ningún caso de arrepentimiento en nuestro grupo de pacientes jóvenes”. De manera similar, en el trabajo publicado por el equipo del Hospital Universitario Ramón y Cajal, se afirma que “Respecto a la persistencia del diagnóstico, a pesar de que se ha publicado datos cuantitativos de otros autores resultan contradictorios (…). Nuestros datos hasta la fecha objetivan un número elevado de casos de menores vistos en edades tempranas, en los que se confirma y se mantiene su diagnóstico de disforia de género, después de la mayoría de edad”. También el Hospital Clinic de Barcelona en 2013, en su publicación al respecto, se dice “es preciso realizar nuevos estudios con criterios diagnósticos muy definidos para analizar la gran discrepancia entre estudios.”

Por tanto, la propia clase médica reconoce que las estadísticas no son fiables, y además es importante subrayar que en los casos en lo que no se mantiene el “diagnóstico” no se trata de que algunos menores “diagnosticados” como personas transexuales hayan dejado de serlo con el paso de los años (la condición de persona transexual se tiene desde que se nace hasta que la persona fallece), sino que ha existido un “diagnóstico” erróneo, resultando paradójico que hasta los “errores de diagnóstico” del sistema sanitario se vuelvan en contra de los menores transexuales, tratando de extender la errónea creencia de que lo más probable es que haya remisiones, por lo que mejor no hacerles caso… La conclusión debería ser que esto no hace sino confirmar que nadie, nada más que cada persona, en la única que puede saber cuál es su identidad sexual: el principio de autoderminación de género”.

Desde la Plataforma de los Derechos Trans #NadieSinIdentidad, hacemos un llamamiento a Instituciones, Partidos Políticos, Organizaciones Sociales y Entidades LGTBI, para que se posicionen públicamente al lado de las personas transexuales y no junto a los profesionales de la medicina que contribuyen a la segregación, patologización y estigmatización de las personas transexuales. Los derechos de las personas transexuales también son derechos humanos”.

La plataforma que firma esta respuesta está integrada por colectivos trans de Madrid, Aragon, Catalunya, Canarias y la Asociación Estatal de Madres y Padres de menores Trans “Chrysallis”.

Excelente tratamiento del tema en El Intermedio

Mucho mejor sabor de boca que el artículo mencionado nos dejó el programa de La Sexta El Intermedio de este lunes 11 de mayo, que dedicó buena parte de su contenido a la realidad de los menores transexuales con entrevistas a dos familias, la de Eli, una niña transexual de 11 años, y la de Elise, una adolescente de 14 años que acaba de comenzar su tratamiento con bloqueadores hormonales (sufragado por la propia familia, dado que la Unidad de Género de la Comunidad de Madrid hasta el momento se ha resistido a suministrar este tipo de tratamientos).

Elise, por cierto, sorprende por la madurez con la que a sus 14 años cuenta su historia y el trato que recibió por parte de la Unidad de Género  madrileña, donde una socióloga llegó a espetarle que si se arrepentía lo único que le quedaba era “tirarse por un puente”. También fue entrevistado (ya en directo, en el estudio) Leo Mulió, un joven transexual de 22 años que acaba de ver reconocida legalmente su identidad masculina.

En este enlace puedes ver el programa en su integridad (el reportaje sobre los menores transexuales comienza en el minuto 12:30).

Fuente Ragap y Dosmanzanas

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