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Los contagiados en la pandemia ¿no serán los marginados-leprosos de nuestro tiempo?

domingo, 14 de febrero de 2021
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28c3Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01    Lepras en la vida.

Lepros en griego significa: escamoso, aquello que se “despelleja”, que se “cae” de la piel…

La lepra -estas dolencias de la piel y otras muchas- eran y son enfermedades que causan una cierta repugnancia. Esta es la razón por la que a estos enfermos se les excluía de la convivencia: familia y pueblo. Es el caso de Job:

Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura (fuera de la ciudad). (Jb 2,7-8)

Los leprosos son “basura”: ¡impuro, impuro! y los marginamos.

En los evangelios, leprosos son enfermos que quedan marginados: el leproso vivirá sólo y tendrá su morada fuera del campamento, lejos de la convivencia…(Lev 13).

En tiempos de Jesús, y ahora, hay muchos leprosos, muchos marginados. Todos los sistemas de poder producen marginados:

  •  El poder económico televisa el hambre y el paro y le llama libertad de expresión.
  •  Un sistema económico basado en valores exclusivos de producción y consumo crea marginación: quien no produce y no puede consumir, es colocado al margen de los bienes de la sociedad.
  •  Los poderes políticos expulsan al que no es de su ideología, lo relegan y maldicen antes con antes.
  •  Marginaciones raciales: las pateras son simplemente pequeños cruceros clandestinos.
  •  Hay algún obispo de corte lefebvriano que sostiene que lo de Auschwitz no fue un holocausto (shoa), sino una granja en la que los granjeros vestían “pijama de rayas”.
  •  Hay marginaciones eclesiásticas. Las tradiciones eclesiales nos despreciamos unas a otras.

Quien tiene poder en la Iglesia margina otras líneas y corrientes. Lo hemos vivido y lo estamos viviendo en algunas diócesis españolas en estos últimos 30 / 40 años. Hay obispos que marginan y ningunean a sacerdotes y laicos por el delito de no ser del pensamiento de quien ostenta la mitra.

La mujer claramente está marginada en la iglesia, a pesar de Jesús que tenían discípulas y a pesar de los esfuerzos del papa Francisco que trata de integrar a la mujer en la vida eclesial.

  •  Es cierto que hemos de guardar las medidas higiénicas y sanitarias en esta pandemia. Pero los que están en las UCI, ¿no están también marginados?

También tenemos nuestras propias “lepras”, diablos y suciedades personales.

  1.   Si quieres puedes limpiarme.

         Aquel leproso -y tal vez también nosotros- podemos tener la sensación de que las marginaciones o nuestra propia lepra no tiene remedio en “Israel”: en el sistema eclesiástico. Según lo que se enseña en la “sinagoga” y en la iglesia, este leproso cree estar excluido del acceso al Reino de Dios.

Jesús realiza curaciones de este tipo con alguna frecuencia.

En este caso es curioso observar que el leproso no duda en acercarse a Jesús. El leproso no podía, no debía acercarse a la sociedad, ni a Jesús.

Pero se acercó. Cuando estamos enfermos, marginados, abatidos, etc. buscamos una salida, una solución.

Zaqueo se sube a un árbol, (Lc 19).

La hemorroísa toca Jesús, (Mt 9).

Magdalena le unge los pies al Señor (Mt 26).

El centurión romano reconoce que es indigno de que Jesús vaya a su casa, al menos di una Palabra y su criado quedará curado (Mt 8). Aquel hombre que tenía un hijo epiléptico (Mt 17) también se acerca a Jesús.

Un escriba que empieza a ver quién pueda ser Jesús se acerca a Él para cuál es la salida a la vida, (Mc 12).

         Siempre nos acercamos a aquella persona o institución o realidad de la que esperamos una vida plena, la sanación, etc. Es importante no equivocarnos. En la vida nos podemos acercar a una ideología que nos solucione la vida, a veces buscamos “enchufes o amistades” que nos resuelvan tal papeleta, etc. Si soy amigo de tal persona obtendré un buen puesto de trabajo, un cargo, tendré brillo social.

         Quizás como la hemorroísa podemos perder el dinero, el tiempo y la salud andando de la zeca a la meca buscando una persona influyente.

Aquel leproso fue un hombre valiente al acercarse a Jesús. Primero reconoció su propia necesidad. Después se saltó las barreras legales del protocolo y de la vida social: no podía acercarse a la gente normal.

La estupidez social, los prejuicios, el partido político, nos impiden acercarnos a la verdad, (la verdad es lo que dice mi ideología), nos impiden acercarnos a Cristo o a la Verdad acercarnos al pensamiento, a la filosofía, a la fe.

         Aquel leproso “se pasó unos cuantos pueblos” y se acercó a Jesús.

  1. Jesús se conmovió, sintió lástima, tuvo misericordia.

         Jesús no funciona con el Derecho canónico bajo el brazo, ni tan siquiera con el catecismo, Jesús funciona con misericordia: sintió lástima

         La misericordia es la actitud de Jesús. ¡Cuántas veces aparece en los evangelios que: “Jesús se compadeció”!

Bienaventurados los que tienen misericordia, (Mt 5,7).

Jesús siente compasión de la multitud. (Mt 9,36; 14,14; 15,32).

Dejaos de tanto rito y liturgias celestiales: misericordia quiero y no sacrificios, (Mt 9,13).

Jesús se conmovió ante dos ciegos y les curó, (Mt 20,34)

Los fariseos y los canonistas andan siempre entre leyes y se les ha olvidado la ley más importante: la misericordia, la justicia y la fidelidad (Mt 23,23).

La misericordia de Dios es entrañable (Lc 1).

Jesús siente pena por aquella madre que acompaña a enterrar el cadáver de su hijo, y le devuelve a la vida. (Lc 7,13).

El padre del hijo pródigo, cuando le ve volver a casa: se conmovió. (Lc 15,23).

El buen samaritano es puesto como modelo porque tuvo misericordia. (Mc 10,33).

         La misericordia es el centro, el eje de JesuCristo y del Dios de JesuCristo. Lo característico de nuestro Dios es la misericordia, la bondad, sentir compasión.

El Dios de determinadas situaciones eclesiásticas puede que sea bueno, pero no tiene por qué serlo. Lo característico de muchos momentos eclesiásticos, de algunas etapas de espiritualidad es que Dios sea justo, estricto y “no deja pasar una”.

         Lo de Jesús es otro asunto. A Jesús le preocupa poco la sinagoga y el Levítico. Lo de Jesús no es la perfección teológica en la mano derecha y la excomunión preparada en la izquierda, lo de Jesús no es lo puro y lo impuro, la ley, el ayuno, el legalismo de ningún tipo.

Cuando Jesús se acerca al ser humano, primero -y únicamente- se acerca, siente bondad, misericordia, lástima. Jesús no le pide a nadie el DNI, ni la partida de bautismo, ni su condición moral, ni de dónde es, Jesús no le pregunta a nadie si va a misa o la sinagoga. Este es el centro: Jesús siente compasión y bondad.

El “gran defecto” de Jesús es ser bueno. La misericordia es una actitud espléndida, que nos hace bien a todos.

Hay personas que se acercan -o nos acercamos- a la realidad con la mentalidad de: cómo ordeno y regulo esto, cómo lo domino, vamos a ver si estos inmigrantes se integran en mi sistema, etc.

  1. Dos conclusiones.

         Primera conclusión: Seamos conscientes de si nuestro cristianismo es de misericordia. ¿El Dios en el que creo a través de Jesús es de misericordia? Quizás la crisis ya excesivamente larga no es de fe, incluso ni de esperanza, sino de bondad.

Tiene que haber una teología (reflexión), un cierto ordenamiento de la vida, unas celebraciones dignas. Pero lo fundamental del cristianismo es la misericordia, tener experiencia de que Dios es bueno.

Cuando la ley, el derecho canónico, la milimétrica exactitud dogmática o la perfección coreográfico-litúrgica se ponen por delante o por encima o sustituyen a la misericordia, hemos falseado de raíz el cristianismo.

Segunda conclusión: ser cristiano es vivir con gozo tal bondad y misericordia del Señor.

Lo de Jesús está en Aterpe y en los comedores de los pobres, en la ayuda a los inmigrantes, y a los que duermen en los “cartones” en algún cajero automático, en los que trabajan contra el paro, en los que acompañan y consuelan a los enfermos y ancianos, en ayudar a quien está pasándolo mal, en dar limosna en la medida en que nos sea posible, en saber escuchar. etc…

En la vida pública, en la calle, la bondad se muestra cuando tratamos bien a las personas, con respeto y atención. Quizás podamos hacer poco, pero hagámoslo con dignidad, con afecto. Hacer el bien, hace bien a todos.

«Quiero: queda limpio.» La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.

Un viejo documento cristiano (apócrifo), el papiro Egerton, recoge allá por el siglo II una oración que pone en boca del leproso cuando se encuentra con a Jesús. Podemos terminar la palabra de hoy rezando esta oración:

Maestro Jesús, tú que andas con los leprosos y comes con ellos en su casa: yo también me he puesto leproso; si tú quieres, me volveré a poner puro.

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«Una oportunidad de vida» de la mano de parroquias, fundaciones y Cáritas de Arratia

sábado, 23 de enero de 2021
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Lahcen-Bendaoud-Khalid-Oulghazi_2305879395_15245307_660x371Lahcen Bendaoud y Khalid Oulghazi

Esto es hacer que se extienda El Reino…

La iniciativa puesta en marcha por Cáritas de Arratia pretende arraigarse y que tenga continuidad con la acogida integradora de más jóvenes

Esta oportunidad es fruto de la colaboración entre las parroquias de Valle de Arratia (ocho pequeñas parroquias rurales, total unas14.000 habitantes) lideradas por Caritas Arratia y la Fundación Harribide

Gracias a la generosidad de los Padres Sacramentinos, que ceden temporalmente su casa que llevaba años vacía, los jóvenes pueden tener una vida digna mientras se preparan para obtener estudios, trabajo y una nueva oportunidad

Cáritas de Arratia se suma a la acogida de inmigrantes tutelados para favorecer su integración en la sociedad
Siguiendo la estela de la Fundación Harribide de Etxebarri, integrada por asociaciones de grupos de tiempo libre, la parroquia de San Antonio y la Fundación EDE, que trabaja en la intervención socioeducativa, entre otros, Cáritas Arratia se ha sumado a la acogida de inmigrantes tutelados. Todavía en una fase inicial, ya que apenas llevan dos meses, han aprovechado una casa propiedad de los religiosos sacramentinos de Areatza para facilitar, de momento a dos jóvenes marroquíes, el camino hacia su integración y emancipación.

Su historia apenas difiere de la de cualquier inmigrante que llega a Europa desde África. Lahcen Bendaoud y Khalid Oulghazi abandonaron su hogar y a su familia para labrarse un futuro con mejores expectativas de las que tenían en sus países de origen. “Todos queremos un futuro mejor. Nosotros allí no lo veíamos. Llegar aquí no es fácil y tampoco la vida hasta que encuentras la ayuda de alguien. Se pasa mucha miseria, frío y hambre”, comenta Lahcen, el menor de nueve hermanos.

Su larga travesía comenzó en enero de 2018. “Salí de casa, aunque mis padres no querían que me fuera, y llegué desde Tánger a Algeciras en patera sin conocer a nadie. Fue muy duro. Sabía que me estaba jugando la vida y, aun así, me arriesgué”, relata el joven de 22 años en un claro castellano. Llegó a Almería el 12 de febrero, donde consiguió trabajar en el campo unos quince días. “Somos mano de obra barata y no sabemos el idioma, -reconoce-, así que poco más podíamos hacer”.

Ante el temor de que en Almería le detuvieran y devolvieran a Marruecos por carecer de permiso de residencia, decidió viajar a Barcelona, una gran ciudad en la que esperaba encontrar más oportunidades. Allí tuvo la suerte de coincidir con un amigo de su pueblo, con el que trabajó en la construcción. Pero aquello tampoco duró por la baja carga de trabajo, así que decidió probar suerte en Bilbao.

En la capital vizcaína no pudo pernoctar más que tres noches en un albergue, por lo que no tardó en verse en la calle. Oyó hablar de Harribide y, aunque se apuntó a comienzos de junio, no lo acogieron hasta mediados de julio. Gracias a esta agrupación, pudo convivir tres meses con otros chicos, primero en Etxebarri y, después, dos años en un piso compartido en Arrankudiaga, junto con Khalid, hasta que les ofrecieron vivir en la casa de Areatza, donde se muestran encantados, a la vez que agradecidos. “Si no fuera por estas organizaciones, no sé dónde estaría”, reconoce Lahcen.

Tras obtener el título de ESO el año pasado, está cursando un grado medio de mantenimiento y electromecánica en el centro de Formación Profesional Andra Mari de Galdakao en una clase en la que de 18 alumnos, 4 son inmigrantes. “Me gusta lo que hago, estamos muy bien con los compañeros, estudio mucho y tengo esperanzas de encontrar trabajo, aunque ahora mismo no puedo más que hacer prácticas por falta de papeles. Si no tenemos papeles no podemos trabajar y si no trabajamos, tampoco nos los dan, así que es complicado”, lamenta.

A pesar de llevar tres años sin ver a su familia, a la que echa mucho de menos, admite que le gustaría quedarse en nuestro entorno. “Lo ideal sería poder ir a verlos cuando tenga papeles porque aquí estoy muy a gusto, aunque la vida no sea fácil”.

Los dos jóvenes, que comparten las tareas del hogar con el religioso con el que conviven, reciben semanalmente la visita de una educadora social que les supervisa. En el tiempo libre que les queda, les gusta practicar deporte y juntarse con los amigos con los que han compartido piso y experiencias. La actual situación de pandemia les impide poder socializar más en el entorno, pero agradecen hasta cuando la vecina se les acerca a hablar.

La iniciativa puesta en marcha por Cáritas de Arratia pretende arraigarse y que tenga continuidad con la acogida de más jóvenes. “Hemos comenzado con dos para ver cómo va con intención de que puedan venir más, aprovechando la infraestructura que tenemos”, explican satisfechos desde la organización arratiana. “Lahcen y Khalid son muy responsables y colaboradores, así que estamos muy contentos”.

***

Pasajes para comprender la Palabra de Dios sobre los hombres y mujeres a quienes la vida ha colocado lejos de sus hogares.

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¿Qué dice la Biblia sobre los emigrantes? En medio de la actual crisis, volvamos a leer algunos de los pasajes más destacados de la Palabra de Dios sobre las personas a quienes la vida les ha puesto lejos de su tierra de origen.

Pero antes de comenzar…pongámosle cara e imagen:

El Pueblo de Israel era consciente de ser un pueblo de inmigrantes. En sus ritos se presentaba así: «mi padre fue un arameo errante» (Deuteronomio  26, 5).

Junto con los huérfanos y las viudas, los emigrantes constituyen la trilogía típica del mundo de los marginados en Israel. Para ellos, Dios pide un trato digno y de especial respeto y atención.

Pasajes del Antiguo Testamento

• «Conocéis la suerte del emigrante, porque emigrantes fuisteis vosotros en Egipto» (Éxodo 23,9).

• «No vejarás al emigrante» (Éxodo 23,9)
• «No lo oprimiréis» (Levítico 19,34)
• «No lo explotaréis» (Deuteronomio 23,16)
• «No negarás el derecho del emigrante» (Deuteronomio 24,17)
«Maldito quien viole los derechos al emigrante» (Deuteronomio 27)
• «Amaréis al emigrante, porque emigrantes fuisteis en Egipto» (Deuteronomio 10,19)
• «Al forastero que reside junto a vosotros, lo miraréis como a uno de vuestro pueblo y le amarás como a ti mismo» (Levítico 19,34).
«Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a re- cogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda» (Deuteronomio 24,17).

Jesús también fue inmigrante

Jesús mismo se presenta como un inmigrante. Mateo muestra la infancia de Jesús y a la Sagrada Familia bajo una primera y cruenta experiencia de emigración forzosa (Mateo 2,14-15).

Por su parte, el Evangelio de Lucas narra el nacimiento de Jesús fuera de la ciudad «porque no había sitio para ellos en la posada» (Lucas 2,7).

• Nacido fuera de su tierra y procedente de fuera de la patria (cfr. Lucas 2,4-7), «Habitó entre nosotros» (Juan 1,11.14)
«Fui extranjero y me acogiste» (Mateo 25,35).
• El buen samaritano (Lucas 10, 25-37)
• La mujer sirofenicia (Marcos 7,24- 30),
• El centurión (Mateo 8,5-10)
• La mujer samaritana (Juan 4,5-42)
«Ya no hay judío ni griego, ni hombre ni mujer, ni esclavo ni libre porque todos sois uno en Cristo» (Gálatas 3,28).

Fuente Religión Digital

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El emocionante discurso de un padre en la boda de su hijo gay se hace viral

miércoles, 9 de septiembre de 2020
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jorge-mejía-discurso-boda-de-su-hijo-gay-andres-mejía«¿Cómo superaste que tu hijo sea gay?» Es una de las preguntas que el padre de Andrés Mejía, Jorge, ha tenido que escuchar varias veces en su vida, como si tener un hijo gay o una hija lesbiana fuera algo que se supera como una enfermedad, un trauma o una experiencia terrible.

«Yo no tuve que superar nada. Es mi hijo, es mi carne, es mi sangre, es mi orgullo y para mí, mis hijos son lo más sagrado y lo mas querido que Dios me ha dado». Es la respuesta de este padre que se ha hecho viral en Tik Tok.

Andrés Mejía se casó en noviembre con su novio Diego. Cuando uno de sus seguidores en redes sociales le preguntó cómo había reaccionado su padre con su homosexualidad y su boda, Andrés escribió:  «No hay mejor manera de responderte, que con las palabras de mi padre». Y ahí compartió un vídeo con el discurso de su padre.

«Somos una familia bien diferente que hoy tenemos un matrimonio bien original, de mi hijo y ahora de mi otro nuevo hijo. Somos una familia muy moderna, muy linda. Nos queremos, nos amamos y nos aceptamos como somos».

«Mucha gente me ha dicho, ‘¿cómo superaste esta situación?’, yo no tuve que superar nada. Es mi hijo, es mi carne, es mi sangre, es mi orgullo y para mí, mis hijos son lo más sagrado y lo mas querido que dios me ha dado».

«Yo lo único que les quiero decir es que les deseo mucha felicidad. Estoy muy orgulloso de ti Andy, tú sabes cuanto te amo, te he amado desde el primer día que te vi, nunca voy a olvidar ese momento», dijo Jorge emocionando a los invitados.

Luego, Jorge se dirigió hacia su yerno, «Muchas gracias Diego, los quiero mucho bienvenido a nuestra familia, para nosotros es un verdadero honor tenerte a un lado de mi hijo».

Jorge también comentó que desde que su hijo era pequeño pensaba que tendría novia, como es usual en el pensamiento poco diverso de nuestra sociedad: Fue diferente pero la historia no cambia, el amor es el mismo, el sentimiento es el mismo y después de conocer a Diego, que nos hace tan felices, pues bienvenido a nuestra vida».

https://www.tiktok.com/foryou?lang=es#/@andresaso/video/6867665792696126722

Fuente Oveja Rosa

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Somos los innumerables

lunes, 31 de agosto de 2020
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Somos los innumerables, el doble en cada centro de expulsión,
adoquinamos de esqueletos vuestro mar para caminar sobre ellos.

No podéis contarnos, si nos contáis aumentamos,
hijos del horizonte, que nos manda de vuelta.

Hemos venido descalzos, sin suelas,
sin sentir espinas, piedras, colas de escorpiones.

Ningún policía puede despreciarnos
después de todo lo que hemos sido ya ofendidos.

Seremos los siervos, los hijos que no tenéis,
nuestras vidas serán vuestros libros de aventuras.

Traemos a Homero y a Dante, el ciego y el peregrino,
el olor que perdisteis, la igualdad que habéis sometido.

*

Erri De Luca
Sólo ida. Poesía completa
Seix Barral

***

El escritor italiano Erri De Luca (Napoles, 1950) narra en este imprescindible y dramático libro la odisea de miles de personas cuya tierra, tragada, no existe bajo los pies y su patria es una barca, una cáscara abierta. La editorial Seix Barral publicó por primera vez en un volumen toda la poesía de Erri De Luca, en edición bilingüe y traducida por Fernando Valverde. Agrupados bajo el título de «Sólo ida. Poesía completa», esta obra recoge sus cuatro libros de poemas, entre ellos el que da nombre a la antología y que fue publicado en 2005.

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«Expulsados de la tierra, somos la semilla escupida lo más lejos del árbol talado, hasta los campos del mar. Servíos de nosotros, yacimiento de vida para explotar, planta, metal, manos, mucho más que fuerza de trabajo», claman los protagonistas de «Sólo ida» durante su travesía a través del Mediterráneo, rumbo a Europa.

«Sólo ida» arranca con esta «Nota de geografía» :

Las costas del Mediterráneo se dividen en dos,
las de salida y las de llegada, sin que puedan equipararse:
hay más playas y más noches de embarque que aquellas de desembarque,
tocan Italia menos vidas que las que salieron a bordo.
Para desequilibrar la cuenta, nosotros contribuimos a la mala suerte.
Sin embargo, Italia es una palabra abierta, llena de aire.

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***

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No tengo miedo de nada… porque tengo un defensor

domingo, 17 de mayo de 2020
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A nosotros van dirigidas estas palabras… Jesús nos envía un defensor que nos irá enseñando todo recordando lo que Él nos ha enseñado… “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama”.

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“Hay que hacer la guerra más dura, que es la guerra contra uno mismo. Hay que llegar a desarmarse.

Yo he hecho esta guerra durante muchos años. Ha sido terrible. Pero ahora estoy desarmado.

Ya no tengo miedo a nada, ya que el Amor destruye el temor.

Estoy desarmado de la voluntad de tener razón, de justificarme descalificando a los demás. No estoy en guardia, celosamente crispado sobre mis riquezas.

Acojo y comparto. No me aferro a mis ideas ni a mis proyectos.

Si me presentan otros mejores, o ni siquiera mejores sino buenos, los acepto sin pesar. He renunciado a hacer comparaciones. Lo que es bueno, verdadero, real, para mí siempre es lo mejor.

Por eso ya no tengo miedo. Cuando ya no se tiene nada, ya no se tiene temor.

Si nos desarmamos, si nos desposeemos, si nos abrimos al hombre-Dios que hace nuevas todas las cosas, nos da un tiempo nuevo en el que todo es posible.

¡Es la Paz!”

*

Atenágoras I
(1886-1972), patriarca de Constantinopla,

*

(en: OLIVIER CLÉMENT, Dialogues avec le Patriarche Athénagoras I, Éd. Fayard, Paris 1969, p.183. Traducido y ofrecido por Xavier Melloni, en Cetr.)

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***

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.”

*

Juan 14,15-21

***

Estando en comunión con Jesús, nos encontramos bajo el influjo del Espíritu Santo y podemos ser creativos, obrar plenamente de un modo nuevo en la lucha por el Reino, la ciudad del amor. En Jesús y a través de él, podemos hacer frente a las fuerzas del mal y de la mentira inscritas en los corazones y en los grupos humanos, fuerzas que aplastan la vida, que aplastan a los débiles y a los humildes. Ya no somos nosotros quienes hablamos, sino el Espíritu Santo en nosotros.

Ya no somos nosotros los que vivimos, sino Jesús en nosotros. Jesús ha venido a hacer nuevas todas las cosas. En comunión con él en el Espíritu Santo, también nosotros podemos hacer nuevas todas las cosas y hacer cosas más grandes aún que las hechas por Jesús (Jn 14). Estando en comunión con Jesús, nuestras acciones nacen de la comunión y están orientadas hacia la comunión. También nuestras palabras están llamadas a brotar del silencio de la comunión para llegar al silencio del amor. Estamos llamados a beber en el corazón de Cristo para volvernos fuentes de vida para los otros, para dar nuestra vida a los otros.

*

Jean Vanier,
Jesús, el don del Amor,
Editorial Claret, Barcelona 1994.

*

***

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Cómo cuidar de sí y de los demás en tiempos del coronavirus.

jueves, 7 de mayo de 2020
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12881-medio-ambiente-educacionVivimos tiempos dramáticos bajo el ataque del coronavirus, una especie de guerra contra un enemigo invisible, contra el cual todo el arsenal destructivo de armas nucleares, químicas y biológicas fabricadas por los poderes militaristas son totalmente inútiles e incluso ridículas. El Micro (virus) está derrotando a lo Macro (nosotros).

Tenemos que cuidarnos personalmente y cuidar a los demás, para que podamos salvarnos juntos. Aquí no valen los valores de la cultura del capital, no la competencia, sino la cooperación, no la ganancia sino la vida, no la riqueza de unos pocos y la pobreza de las grandes mayorías, no la devastación de la naturaleza, sino su cuidado. Estamos en el mismo barco y sentimos que somos seres que dependemos unos de otros. Aquí todos somos iguales y con el mismo destino feliz o trágico.

¿Qué somos como humanos?

En estos momentos de aislamiento social forzado, tenemos la oportunidad de pensar sobre nosotros mismos y en lo que realmente somos. ¿Sabemos quiénes somos? ¿Cuál es nuestro lugar en el conjunto de seres? ¿Para qué existimos? ¿Por qué podemos ser infectados por el coronavirus e incluso morir? ¿Hacia dónde vamos? Al reflexionar sobre estas preguntas impostergables, vale la pena recordar a Blaise Pascal (+1662). Nadie mejor que él, matemático, filósofo y místico, para expresar el ser complejo que somos:

“Qué es el ser humano en la naturaleza? Una nada frente al infinito y un todo frente a la nada, un medio entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde viene y el infinito hacia dónde va” (Pensées § 72). En él se cruzan los cuatro infinitos: lo infinitamente pequeño, lo infinitamente grande, lo infinitamente complejo (Teilhard de Chardin) y lo infinitamente profundo.

En verdad no sabemos bien quien somos. O mejor, desconfiamos de alguna cosa en la medida en que vivimos y acumulamos experiencias. En uno somos muchos. Además de aquello que somos, existe en nosotros aquello que podemos ser: un manojo inagotable de virtualidades escondidas dentro de nosotros. Nuestro potencial es lo más seguro en nosotros. De ahí nuestra dificultad para construir una representación satisfactoria de quienes somos. Pero esto no nos exime de elaborar algunas claves de lectura que, de alguna manera, nos guíen en la búsqueda de lo que queremos y podemos ser.

En esta búsqueda el cuidado de sí mismo juega un papel decisivo. Especialmente en este momento dramático, cuando estamos expuestos a un enemigo invisible que puede matarnos o a través de nosotros causar la enfermedad o la muerte a los otros. En primer término, no es una mirada narcisista sobre el propio yo, lo cual lleva generalmente a no conocerse a sí mismo sino a identificarse con una imagen proyectada de uno mismo y, por lo tanto, alienada y alienante.

Fue el filósofo Michel Foucault quien, con su exhaustiva investigación Hermenéutica del sujeto (1984), trató de rescatar la tradición occidental del cuidado del sujeto, especialmente en los sabios de los siglos II/III, como Séneca, Marco Aurelio, Epicteto y otros. El gran lema era el famoso “ghôti seautón”: “conócete a ti mismo”. Este conocimiento no se entendía de una manera abstracta sino concreta: reconócete en lo que eres, trata de profundizar en ti mismo para descubrir tus potencialidades; trata de realizar lo que realmente eres.

Es importante afirmar en primer lugar que el ser humano es un sujeto y no una cosa. No es una sustancia constituida de una vez por todas (Foucault, Hermenéutica del sujeto, 2004), sino un nudo de relaciones siempre activo que, a través del juego de relaciones, se está construyendo continuamente. Nunca estamos listos, siempre nos estamos formando.

Todos los seres en el universo, según la nueva cosmología, tienen una cierta subjetividad porque siempre están relacionando e intercambiando información. Por eso tienen historia y un cierto nivel de conocimiento inscrito en su ADN. Este es un principio cosmológico universal. Pero el ser humano lleva a cabo su propia modalidad de este principio relacional, que es el hecho de ser un sujeto consciente y reflexivo. Sabe que sabe y sabe que no sabe y, para ser completos, no sabe que no sabe, como decía irónicamente Miguel de Unamuno.

Este nudo de relaciones se articula desde un centro, alrededor del cual organiza los sentimientos, ideas, sueños y proyecciones. Este centro es un yo, único e irrepetible. Representa, en el lenguaje del más sutil de todos los filósofos medievales, el franciscano Duns Scotus (+1203), la ultima solitudo entis, la última soledad del ser.

Esta soledad significa que el yo es insustituible e irrenunciable. Pero recordemos: debe entenderse en el contexto del nudo de relaciones dentro del proceso global de interdependencias, de modo que la soledad no sea la desconexión de los demás. Significa la singularidad y la especificidad inconfundible de cada uno. Por lo tanto, esta soledad es para la comunión, es estar solo en su identidad para poder estar con el otro diferente y ser uno-para-el-otro y con-el-otro. El yo nunca está solo.

Cuidar de sí: acogerse jovialmente

El cuidado de sí mismo implica, en primerísimo lugar, acogerse a sí mismo tal como se es, con las capacidades y las limitaciones que siempre nos acompañan. No con amargura como quien no consigue evitar o modificar su situación existencial, sino con jovialidad. Acoger la estatura, el rostro, el pelo, las piernas, pies, senos, la apariencia y modo de estar en el mundo, en resumen, acoger nuestro cuerpo.

Cuanto más nos aceptemos así como somos, menos clínicas de cirugía plástica necesitaremos. Con las características físicas que tenemos, debemos elaborar nuestra manera de ser y nuestra mise-en-scène en el mundo.

Podemos cuestionar la construcción artificial de una belleza fabricada que no está en consonancia con una belleza interior. Hay el riesgo de perder la luminosidad y sustituirla por una vacía apariencia de brillo.

Más importante es acoger los dones, las habilidades, el poder, el coeficiente de inteligencia intelectual, la capacidad emocional, el tipo de voluntad y de determinación con la que cada uno viene dotado. Y al mismo tiempo, sin resignación negativa, los límites del cuerpo, de la inteligencia, de las habilidades, de la clase social y de la historia familiar y nacional en que está insertado.

Tales realidades configuran la condición humana concreta y se presentan como desafíos a ser afrontados con equilibrio y con la determinación de explotar lo más que podamos las potencialidades positivas y saber llevar, sin amargura, las negativas.

El cuidado de sí mismo exige saber combinar las aptitudes con las motivaciones. Me explico: no basta tener aptitud para la música si no nos sentimos motivados para desarrollar esta capacidad. De la misma manera, no nos ayudan las motivaciones para ser músico si no tenemos aptitudes para eso, sea en el oído sea en el domino del instrumento. De nada sirve querer pintar como van Gogh si solamente se consigue pintar paisajes, flores y pájaros que a duras penas llegan a ser expuestos en la plaza en la feria del domingo. Desperdiciamos energías y recogemos frustraciones. La mediocridad no engrandece a nadie.

Otro componente del cuidado consigo mismo es saber y aprender a convivir con la paradoja que atraviesa nuestra existencia: tenemos impulsos hacia arriba, como la bondad, la solidaridad, la compasión y el amor. Y simultáneamente tenemos en nosotros tendencias hacia abajo, como el egoísmo, la exclusión, la antipatía e incluso al odio. En la historia reciente de nuestro país tales dimensiones contradictorias han aparecido hasta de forma virulenta, envenenando la convivencia social.

Estamos hechos con estas contradicciones, que nos vienen dadas con la existencia. Antropológicamente se dice que somos al mismo tiempo sapiens y demens, gente de inteligencia y lucidez y junto a esto, gente de rudeza y violencia. Somos la convergencia de las oposiciones.

Cuidar de sí mismo impone saber renunciar, ir contra ciertas tendencias en nosotros y hasta ponerse a prueba; pide elaborar un proyecto de vida que dé centralidad a estas dimensiones positivas y mantenga bajo control (sin reprimirlas porque son persistentes y pueden volver de forma incontrolable) las dimensiones sombrías que hacen agónica nuestra existencia, es decir, siempre en combate contra nosotros mismos.

Cuidar de sí mismo es amarse, acogerse, reconocer nuestra vulnerabilidad, saberse perdonar y desarrollar la resiliencia, que es la capacidad de pasar página y aprender de los errores y contradicciones.

Cuidar de sí mismo: preocuparse del modo de ser

Por estar expuestos a fuerzas contradictorias que conviven tensamente en nosotros, necesitamos vivir el cuidado como preocupación por nuestro propio destino. La vida puede conducirnos por caminos que pueden significar felicidad o desgracia: esas fuerzas pueden apoderarse de nosotros y podemos llenarnos de resentimientos y amarguras que nos incitan a la violencia. Tenemos que aprender a autocontrolarnos. Especialmente en estos tiempos de confinamiento social. Puede ser ocasión de desarrollar iniciativas creativas, de ejercitar la fantasía imaginativa que nos alejen de los peligros y nos abran espacio hacia una vida de decencia.

Hoy vivimos bajo la cultura del capital que continuamente nos demanda ser consumidores de bienes materiales, de entretenimientos y de otras estratagemas, más enfocados a quitarnos nuestro dinero que a satisfacer nuestros deseos más profundos. Cuidar de sí es preocuparse de no caer en esa trampa. Es dejar huella de tu pisada en la tierra, no pisar en la huella hecha por otro.

Cuidar de sí mismo como preocupación acerca del sentido de la propia vida significa: ser crítico, poner muchas cosas bajo sospecha para no permitir ser reducido a un número, a un mero consumidor, a un miembro de una masa anónima, a un eco de la voz de otro.

Cuidar de sí mismo es preocuparse del lugar de uno mismo en el mundo, en la familia, en la comunidad, en la sociedad, en el universo y en el designio de Dios. Cuidar de sí mismo es reconocer que, en la culminación de la historia, Dios te dará un nombre que es sólo tuyo, que te define y que solo Dios y tú conoceréis.

En la sociedad que nos masifica, es decisivo que cada uno pueda decir su yo, tener su propia visión de las cosas, no ser solamente un mero repetidor de lo que nos es comunicado por los muchos medios de comunicación de los que disponemos.

El cuidado implica cultivar y velar por nuestros sueños. El valor de una vida se mide por la grandeza de sus sueños y por su empeño, contra viento y marea, en realizarlos. Nada resiste a la esperanza tenaz y perseverante. La vida es siempre generosa; a quienes insisten y persisten acabará dándoles la oportunidad necesaria para concretar su sueño. Entonces irrumpe el sentimiento de realización, que es más que la felicidad momentánea y fugaz. La realización es fruto de una vida, de una perseverancia, de una lucha nunca abandonada de quien vivió la sabiduría predicada por don Quijote: no hay que aceptar las derrotas antes de dar todas las batallas. El modo de ser que resulta de este cuidado con la autorrealización es una existencia de equilibrio que genera serenidad en el ambiente y el sentimiento en los demás de sentirse bien en compañía de tal persona. La vida irradia, pues en eso reside su sentido: no en vivir simplemente porque no se muere, sino en irradiar y disfrutar de la alegría de existir.

Cuidado como precaución con nuestros actos y actitudes

El cuidado como preocupación por nosotros mismos nos abre al cuidado como precaución en estos tiempos del coronavirus. Precavernos de no exponernos a coger el virus avasallador ni de trasmitirlo a los demás. Aquí el cuidado lo es todo, particularmente ante los más vulnerables que son las personas mayores de 65 años, nuestros abuelos y parientes mayores.

Alarguemos la perspectiva. En una perspectiva ecológica, hay actitudes y actos de falta de cuidado que pueden ser gravemente destructores, como la práctica de usar intensivamente pesticidas agrícolas, deforestar una amplia región para dar paso al ganado o al agronegocio, destruir la vegetación ribereña de los ríos. Las consecuencias no van a ser inmediatas, pero a medio y largo plazo pueden ser desastrosas, como la disminución del caudal del río, la contaminación del nivel freático de las aguas, el cambio del clima y de los regímenes de lluvias y de estiaje.

Aquí se impone una cuidadosa precaución para que la salud humana de toda una colectividad no sea afectada, como está ocurriendo en este momento en todo el mundo.

Con la introducción de las nuevas tecnologías, como la biotecnología y la nanotecnología, la robótica, la inteligencia artificial, mediante las cuales se manipulan los elementos últimos de la materia y de la vida, se pueden ocasionar daños irreversibles o producir elementos tóxicos, nuevas bacterias y series de virus, como el actual, el coronavirus, que comprometan el futuro de la vida (cf. T. Goldborn, El futuro robado, LPM 1977).

Como nunca antes en la historia, el futuro de la vida y las condiciones ecológicas de nuestra subsistencia están bajo nuestra responsabilidad. Esta responsabilidad no puede ni debe ser delegada a empresas con sus científicos en sus laboratorios para que decidan sobre el futuro de todos sin consultar con la sociedad. Aquí prevalece la ciudadanía planetaria. Cada ciudadano es convocado a informarse, a seguir y a decidir colectivamente qué caminos nuevos y más prometedores deben abrirse para la humanidad y para el resto de la comunidad de vida y no solo para el mercado y las empresas.

Nuestras relaciones merecen también especial precaución-cuidado. Deben ser siempre abiertas y constructoras de puentes. Tal propósito implica superar las extrañezas y los prejuicios. Aquí es importante ser vigilantes y trabar una fuerte lucha contra nosotros mismos y los hábitos culturales establecidos. Albert Einstein, sabedor de las dificultades inherentes a este esfuerzo, consideraba no sin razón, que es más fácil desintegrar un átomo que remover un prejuicio de la cabeza de una persona.

Cada vez que encontramos a alguien, estamos ante una manifestación nueva, ofrecida por el universo o por Dios, un mensaje que solamente esa persona puede pronunciar y que puede significar una luz en nuestro camino.

Pasamos una única vez por este planeta. Si puedo hacer algún bien a otra persona, no debo postergarlo ni descuidarlo, pues difícilmente la encontraré otra vez en el mismo camino. Esto vale como disposición de fondo de nuestro proyecto de vida.

Es importante que nos preocupemos de nuestro lenguaje. Somos los únicos seres capaces de hablar. Mediante el habla, como nos enseñaron Maturana y Wittgenstein, organizamos nuestras experiencias, ponemos orden en las cosas, y creamos la arquitectura de los saberes. Bien cantan los miembros de las Comunidades Eclesiales de Base de Brasil: La palabra no fue hecha para dividir a nadie/la palabra es un puente por donde va y viene el amor.

Por la palabra construimos o destruimos, consolamos o desolamos, creamos sentidos de vida o de muerte. Las palabras antes de definir un objeto o dirigirse a alguien, nos definen a nosotros mismo. Dicen quienes somos y revelan en qué mundo habitamos.

Cuidado de nuestra relación principal: la amistad y el amor

Hay un cuidado especial que debemos cultivar sobre dos realidades fundamentales en nuestra vida: la amistad y el amor. Mucho se ha escrito sobre ellas. Aquí nos restringiremos a lo mínimo. La amistad es esa relación que nace de una afinidad desconocida, de una simpatía totalmente inexplicable, de una proximidad afectuosa hacia otra persona. Entre los amigos se crea algo así como una comunidad de destino. La amistad vive del desinterés, de la confianza y de la lealtad. La amistad tiene raíces tan profundas que, aunque pasen muchos años, cuando los amigos y amigas vuelven a encontrarse se anulan los tiempos y se reanudan los lazos y hasta el recuerdo de la última conversación mantenida.

Cuidar de las amistades es preocuparse de la vida, penas y alegrías de la amiga o del amigo. Es ofrecerle un hombro cuando la vulnerabilidad le visita y el desconsuelo le roba sus estrellas guía. En el sufrimiento y en el fracaso existencial, profesional o amoroso es donde se comprueban los verdaderos amigos o amigas. Son como una torre fortísima que defiende el castillo de nuestras vidas peregrinas.

La relación más profunda y la que trae las más importantes realizaciones de felicidad o las más dolorosas frustraciones es la experiencia del amor. Nada es más precioso y apreciado que el amor. Nace del encuentro entre dos personas que un día cruzaron sus miradas, sintieron una atracción mutua y respondieron sus corazones. Resolvieron fundir sus vidas, unir sus destinos, compartir las fragilidades y los quereres de la vida.

Todos estos valores, por ser los más preciosos, son los más frágiles porque son los más expuestos a las contradicciones de la existencia humana. Cada cual es portador de luz y de sombras, de historias familiares y personales diferentes, cuyas raíces alcanzan arquetipos ancestrales, marcados ellos también por experiencias felices o trágicas que dejaron marca en la memoria genética de cada uno.

El amor es un ars combinatoria de todos estos factores, hecho con sutileza, que demanda capacidad de comprensión, de renuncia, de paciencia y de perdón, y al mismo tiempo de disfrute común del encuentro amoroso, de la intimidad sexual, de la entrega confiada de uno al otro, experiencia que sirve de base para entender la naturaleza de Dios, pues Él es amor incondicional y esencial.

Cuanto más capaz de una entrega total se es, mayor y más fuerte es el amor. Tal entrega supone un coraje extremo, una experiencia de muerte pues no se retiene nada y uno se zambulle totalmente en el otro.

El hombre posee especial dificultad para este gesto extremo, tal vez por la herencia del machismo, patriarcalismo y racionalismo de siglos que carga dentro de sí y que limita su capacidad para esta confianza extrema.

La mujer es más radical: va hasta el extremo de la entrega en el amor, sin resto y sin reservas. Por eso su amor es más pleno y realizador, y, cuando se frustra, la vida revela contornos de tragedia y de un vacío existencial abismal.

El mayor secreto para cuidar del amor reside en esto: cultivar sencillamente la ternura, La ternura vive de gentileza, de pequeños gestos que revelan el cariño, de signos pequeños, como recoger una concha en la playa y llevarla a la persona amada y decirle que en aquel momento la recordó con mucho cariño.

Tales «banalidades» tienen un peso mayor que la más preciosa joya. Así como una estrella no brilla sin una atmósfera a su alrededor, de la misma manera el amor no vive y sobrevive sin un aura de afecto, de ternura y de cuidado.

El cuidado es un arte. Como pertenece a la esencia de lo humano, siempre está disponible. Y como todo lo que vive necesita sustento, también él necesita ser alimentado. El cuidado se alimenta de una preocupación vigilante por su futuro y por el del otro.

Eso a veces se hace reservando momentos de reflexión sobre sí mismo, haciendo silencio a su alrededor, concentrándose en alguna lectura que alimente el espíritu y, no en último lugar, entregándose a la meditación y a la apertura a Aquel mayor que tiene el sentido de nuestras vidas y conoce todos nuestros secretos.

Conclusión: el cuidado es todo

El cuidado es todo, pues sin él, ninguno de nosotros existiría. Quien cuida ama, quien ama cuida. Cuidémonos los unos a los otros, particularmente en estos momentos dramáticos de nuestras vidas, pues ellas corren peligro y pueden afectar el futuro de la vida y de la humanidad sobre este pequeño planeta que es la única Casa Común que tenemos. 

Leonardo Boff

Fuente Portal de servicioskoinonia.org

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El Tribunal Constitucional de Croacia abre la acogida de menores a las parejas del mismo sexo

martes, 25 de febrero de 2020
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A7BD966F-117C-4AAB-90EA-6E97FD40D42EEl Tribunal Constitucional de Croacia ha sentenciado que excluir a las parejas del mismo sexo de la acogida de menores es «inaceptable». El fallo es la respuesta a la demanda de una pareja de hombres que llevan desde 2017 intentando ser padres de acogida. La legislación no hace referencia a las parejas unidas civilmente, una omisión en la que se basaba la administración para negarles esta posibilidad. Croacia sigue sin reconocer el matrimonio igualitario (prohibido a nivel constitucional) ni la adopción conjunta homoparental.

La lucha legal y administrativa de Ivo Šegota y Mladen Kožić por convertirse en padres de acogida comenzó en 2017. La pareja, unida civilmente, consiguió su certificado de idoneidad para acoger tras una completa evaluación de su historial. El Centro de Bienestar Social, sin embargo, rechazó su solicitud bajo el pretexto de que la legislación sobre acogida limita esta posibilidad a matrimonios (heterosexuales), parejas no casadas o personas solteras, pero no menciona expresamente a las parejas unidas civilmente.

Šegota y Kožić recurrieron entonces a la justicia, y el pasado diciembre consiguieron su primera victoria. El Tribunal Administrativo de Zagreb anuló, en una sentencia firme, las decisiones administrativas contrarias a la acogida por parte de la pareja. Se basó para ello en la Convención Europea de Derechos Humanos, que prohíbe implícitamente la discriminación basada en la orientación sexual. Sorprendentemente, el Centro de Bienestar Social ignoró el fallo y denegó una vez más la concesión de la acogida.

El caso pasó al Tribunal Constitucional, la máxima instancia judicial del país. En una sentencia emitida el pasado 7 de febrero, los jueces del alto tribunal dictaminaron que las parejas del mismo sexo tienen derecho a la igualdad de trato en el acceso a la acogida de menores. El fallo establece que la legislación vigente «produce consecuencias discriminatorias contra las personas del mismo sexo que viven en pareja de manera registrada o informal, lo cual es constitucionalmente inaceptable».

La sentencia no deroga la ley en vigor, pero fija que su aplicación no puede excluir a las parejas del mismo sexo. El fallo fue suscrito por nueve magistrados, frente a cuatro que se opusieron. De ellos, dos abogaban por ir más lejos y reformar la norma sobre acogida, mientras que los otros dos negaban la mayor al no admitir que la legislación discrimine a las parejas del mismo sexo.

Croacia: pasos adelante, pasos atrás

De los países balcánicos, Croacia es uno de los que más pasos ha dado en favor de los derechos LGTB, pero no sin traumas. En el año 2014 el Parlamento croata aprobaba una ley de uniones entre personas del mismo sexo después, eso sí, de que mediante la celebración de un referéndum se oficializase la discriminación de estas parejas en la Constitución en su acceso al matrimonio.

Un referéndum al que en su momento se opuso tanto el entonces presidente del país, Ivo Josipović, un importante aliado del colectivo LGTB, como el Gobierno croata, entonces en manos socialdemócratas. Pero no conviene olvidar que Croacia es un país en el que la Iglesia católica, que hizo campaña activa en favor de la discriminación, conserva todavía una importante influencia social. Así lo ha demostrado, por ejemplo, apoyando manifestaciones contra el Convenio de Estambul contra la violencia de género por temor a que sirva para favorecer derechos LGTB.

Fuente Dosmanzanas

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Carta de Taizé 2020

jueves, 2 de enero de 2020
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hermano-alois-11-g-200x300Publicamos hoy en nuestro blog  la carta anual del Hermano Alois, prior de la Comunidad de Taizé:

Propuestas 2020

Siempre en camino,
nunca desarraigados

En septiembre, hemos vivido una nueva etapa de nuestra “peregrinación de confianza sobre la tierra” en la Ciudad del Cabo. Sudáfrica es un grande y hermoso país, que mostró al mundo, hace 25 años, la fuerza de la protesta contra el apartheid y una transición no violenta, aunque el país sigue marcado todavía hoy por las profundas divisiones entre las comunidades étnicas.

En este contexto, el hecho de que 1000 familias hayan abierto sus puertas para acoger a los jóvenes fue ya todo un signo. Estos jóvenes se han puesto en camino para salir al encuentro de cristianos de otros orígenes étnicos o confesionales. ¡También nosotros, como ellos, podríamos encontrar el valor de ir hacia los demás y acogernos mutuamente, donde sea que vivamos!

¡Ponernos en camino! Esta es una llamada para nuestro hoy. No permitamos que el desánimo nos invada, discernamos en nuestro entorno los múltiples signos de una vida nueva, portadora del futuro. Estemos atentos a las iniciativas inéditas… aunque no estén siempre rigurosamente elaboradas, y a menudo sean provisionales: avanzando encontraremos soluciones.

Con ocasión de nuestro encuentro europeo en Wrocław, he elegido como título de las “Propuestas 2020” una frase inspirada por la vida de una mujer polaca, Urszula Ledochowska – ¡una santa entre los testigos de Cristo y una ciudadana de Europa adelantada a su tiempo! Al hablar de su vida, alguien dijo: “Siempre en camino, nunca desarraigada”.

Hace treinta años, a finales de diciembre de 1989, estuvimos ya en Wrocław: Polonia había acogido el primer encuentro europeo al este del “telón de acero”. Al tiempo que se derrumbaba el muro de Berlín, el entusiasmo de una libertad reencontrada llenaba los espíritus. Desde entonces, el mundo ha cambiado: Tengo mucha confianza en que la generación joven va a abrir para nuestro tiempo otros caminos de libertad y de justicia.

En la vida y en la fe, somos peregrinos, a veces incluso extranjeros en la tierra. Tanto en tiempos de pruebas como de alegría, recordemos que Dios es fiel y nos invita a perseverar en nuestros compromisos, Él que ya prepara un futuro de paz.

Hermano Alois

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1. Siempre en camino…

…preparados para nuevos comienzos

El Señor dijo a Abrán: “Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré” (Génesis 12, 1)

Por la fe, respondemos a una llamada a ponernos en camino, recordando que un nuevo comienzo es siempre posible, ya sea cuando las cosas van bien o cuando enfrentamos dificultades aparentemente insuperables.

En los primeros capítulos de la Biblia, se encuentra el relato de la vocación de un hombre, Abrahán, llamado a dejarlo todo para partir, sin saber a dónde va. Con su mujer Sara, se hicieron peregrinos, animados por la confianza de que Dios los guiaría.

Una vez en el nuevo país que Dios les había dado, Abrahán y Sara habitaron en tiendas, como si estuvieran siempre en camino. Pero finalmente, sus pruebas se transformaron en bendiciones: Abrahán y Sara descubrieron lo que nunca hubieran encontrado si se hubiesen quedado en casa.

La Biblia está marcada por esta dinámica: ponerse en camino hacia un futuro que Dios prepara. El camino puede estar lleno de trampas –cuando el pueblo de Dios salió de Egipto, anduvieron errantes cuarenta años.

Y Dios mismo se hizo peregrino, guiando y acompañando a su pueblo: “Yo estoy contigo; te guardaré donde quiera que vayas” ﴾Génesis 28, 15﴿.

Al guiar a su pueblo a través del desierto, Dios les enseña a escuchar su voz y les abre posibilidades insospechadas.

Leer o releer, solo o junto a otros, algunos relatos bíblicos en los que Dios nos invita a ponernos en camino: Génesis 28, 10‐15; Éxodo 13, 17‐22; Salmo 126; Isaías 43, 1‐2; Mateo 2, 13‐23; Lucas 10, 1‐9; Hechos 11, 19‐26.

2. Siempre en camino…

… plenamente presentes para aquellos que nos rodean

Al desembarcar, Jesús vio una multitud y se compadeció de ella, porque andaban como ovejas que no tienen pastor (Marcos 6, 34)

Jesús se presenta a sí mismo como un peregrino, que “no tiene donde reclinar la cabeza” ﴾Mateo 8, 20﴿. Se puso en camino para anunciar esta buena noticia: Dios se ha hecho cercano, está actuando para transformar el mundo. Y nos invita a participar en este proyecto de renovación para toda la familia humana.

Por su vida, Cristo Jesús nos ha mostrado por dónde empezar: estando atentos a los pequeños y a los más vulnerables. Jesús pudo tener tal atención hacia los demás, porque estaba profundamente anclado en Dios. A cada momento de su vida, se dejaba guiar por el Espíritu Santo.

Por su venida en el mundo, Cristo ha compartido plenamente nuestra condición humana. Por su muerte en la cruz, ha sufrido hasta el extremo y reveló su absoluta fidelidad a Dios y a nosotros. Por su resurrección, Cristo ha llegado a ser el testigo del nuevo comienzo que Dios, en su amor, ha dado a la humanidad.

Desconcertados por las violencias y las humillaciones, son muchos los que se sienten como extranjeros en la tierra. Al seguir a Cristo, los cristianos ponen su confianza en Dios, lo cual los lleva a no caer en la indiferencia sino a estar en contacto con la realidad, solidarios y comprometidos.

En el siglo II, una carta cuyo autor ignoramos decía de los cristianos “reside cada uno en su propia patria, pero son como extranjeros. Toda tierra extranjera es su patria, y toda patria les es una tierra extranjera” ﴾Carta a Diogneto﴿

Busquemos un compromiso concreto para expresar en nuestras vidas la atención de Cristo por los más pobres.

En colaboración con las iglesias locales, reunámonos periódicamente para una oración común centrada en torno a la cruz y la resurrección de Cristo.

3. Siempre en camino…

… junto con los exilados

«Si un emigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como un miembro más de vuestro pueblo: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto». (Levítico 19, 33-34)

En todo el mundo, mujeres, hombres y niños son obligados a abandonar su tierra o deciden buscar un futuro en otra parte. Su motivación es más fuerte que todas las barreras que se levantan ante ellos.

Todos deseamos que se preserve la especificidad de nuestras propias culturas, pero ¿no es la acogida de otros uno de los más bellos dones humanos? Ciertamente, la llegada de extranjeros plantea cuestiones complejas. La afluencia de migrantes debe gestionarse apropiadamente; aunque pueda crear dificultades, puede ser también una oportunidad.

También puede suceder que, aun viviendo en una misma ciudad, en un mismo barrio, un mismo pueblo, a veces durante varias generaciones, hay personas que pueden permanecer como extranjeras las unas para las otras. E incluso entre los que comparten las mismas referencias culturales, puede haber profundas incomprensiones. ¿Podríamos entonces buscar encontrarnos con los y las que no tienen las mismas opciones o convicciones que nosotros?

Al ponernos en camino hacia los demás, ya sea que hayan venido de lejos o que vivan cerca de nosotros sin conocernos, sin duda podríamos comprender mejor que piensan de manera diferente que nosotros.

No nos conformemos con informaciones o estadísticas, tomémonos el tiempo de conocer la situación de un migrante, o de una familia venida de otra parte, de escuchar y comprender su historia y su itinerario.

Entre los jóvenes, incluso entre aquellos que materialmente no carecen de nada, los hay que no pertenecen a ningún lugar. Los lazos familiares rotos son causa de grandes soledades, a veces invisibles. Tratemos de estar atentos a ellos, de acompañar a estas personas, a veces muy próximas a nosotros, que sufren un exilio interior.

4. Siempre en camino…

… junto a toda la creación

Se llenan de savia los árboles del Señor, los cedros del Líbano que él plantó: allí anidan los pájaros, en su cima pone casa la cigüeña (…) Cuántas son tus obras, Señor, y todas las hiciste con sabiduría; la tierra está llena de tus criaturas. (Salmo 104)

Ante los enormes peligros que amenazan nuestro maravilloso planeta, muchos jóvenes –y menos jóvenes también– se sienten impotentes o desanimados. Y, en los tiempos venideros, las catástrofes climáticas forzarán más y más gente a abandonar sus hogares.

Sin embargo, la fe nos invita a resistir el fatalismo y la angustia. Al comienzo de la Biblia, se lee: “El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara” ﴾Génesis 2, 15﴿. Con este poético relato, la Biblia subraya que, en la obra creadora de Dios, nosotros recibimos una responsabilidad particular, la de cuidar de la tierra y preservarla. Redescubrir que formamos parte integrante de la Creación hace que nuestra vida sea más humana.

Nuestra tierra es un don precioso del Creador que podemos recibir con agradecimiento y alegría. La tierra es nuestra casa común y Dios nos llama a velar sobre todas las criaturas y por las generaciones que están por venir.

Ante la emergencia climática, vemos eclosionar múltiples iniciativas. Ellas están marcando más y más la conciencia común. Cierto que limitarnos solo al nivel de las prácticas individuales no es suficiente. Pero es una condición indispensable para el cambio.

Cada uno de nosotros es invitado a actuar a su nivel: revisemos nuestros modos de vida, simplifiquemos lo que podamos, prestando atención a la belleza de la creación.

En vistas al cuidado de la Creación, un testimonio común de las diferentes confesiones cristianas es posible. ¿No constituye una tal urgencia una llamada a unirnos en iniciativas ecuménicas? Algunas ya existen: una de ellas es la red de «iglesias verdes», a la que Taizé se adhirió durante el verano de 2019 (ver http://www.taize.fr/eco)

5. Siempre en camino…

…siempre anclados interiormente

Jesús dijo: Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará (Mateo 6, 6)

Como “huéspedes y peregrinos en la tierra” ﴾Hebreos 11, 13﴿, necesitamos encontrar un lugar de anclaje interior en el que podamos ser nosotros mismos. ¿No es en la oración que este anclaje puede tener lugar, en un diálogo de amistad con Cristo?

Es verdad que nuestra confianza en Dios puede ser frágil. Pero ¿no es la Iglesia una comunidad en la que podemos apoyarnos unos a otros, compartir nuestras dudas y preguntas y sostenernos mutuamente en nuestra búsqueda?

Retornar constantemente a esta comunión con Dios da una gran libertad. Por su amor, Dios quiere hacernos salir de nuestras servidumbres, colectivas e individuales, ayudarnos a remover lo que obstaculiza nuestra marcha.

¿Cómo estar siempre en camino sin jamás estar desarraigados? ¿Podría ser dejando que crezca en nosotros la convicción de que el Reino de Dios está ya comenzando a germinar en nosotros y entre nosotros?

Sí, hay un lugar donde reposar nuestro corazón. Como un centro de gravedad interior en el que Jesús nos dice “encontraréis descanso para vuestro entero ser” ﴾Mateo 11, 29﴿

Y el Espíritu Santo, aliento de bondad, nos guiará,
Incluso en nuestras noches…

Un trabajo por la verdad

Nuestra comunidad de Taizé ha vivido, en 2019, un difícil proceso de búsqueda de la verdad sobre las acusaciones de agresiones sexuales que implicaban a nuestros hermanos. Para proseguir en el camino de la confianza, deseamos que se haga toda la luz y que la palabra se libere.

Más información en http://www.taize.fr/protection

FUENTE: https://www.taize.fr/es, vía Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas de Zaragoza

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Zarandear el sistema

miércoles, 13 de noviembre de 2019
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Del blog Nova bella:

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«Les invito a ser creativos en favor de los migrantes, tenemos que apoyar iniciativas antisistema, hacer travesuras para transgredir los muros y las barreras. Luchemos contra lo que no puede ser normal y humano, lo que es ‘anti nosotros’”.

“Se trata de una cuestión compleja porque es sistémica, azuzada por el sistema capitalista y por una decadencia moral y espiritual”.

*

Alejandro Solalinde

***

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Agrelo: “Los emigrantes son la evidencia de un mundo injusto, perverso, atravesado por una violencia institucionalizada contra los pobres»

sábado, 5 de octubre de 2019
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Santiago-Agrelo-noche-Comillas_2163393701_13955381_660x371«Nos están vendiendo el miedo (…). Yo estoy convencido de que el Evangelio es de otra manera”  

 «Hoy creemos ser como Dios, hemos alargado la mano, nos hemos apoderado del Paraíso, hemos llenado de pobres el camino de la Tierra, y fingimos haber encontrado la felicidad. Hemos pagado un precio tan alto por la traición a la Humanidad que no somos capaces de reconocer que nos hemos equivocado»

«Tenemos que dejar de engañarnos y hacer de la Iglesia un refugio para encontrar consuelo a nuestros debilidades»

“Están poniendo un ejército en la frontera, hasta el punto que interiorizamos que al otro lado no hay pobres, sino un ejército de personas que van a invadirnos”

Y en mitad de un aula, en el centro de Madrid, surgió la profecía. Los emigrantes son la evidencia de un mundo injusto, perverso, atravesado por una violencia institucionalizada contra los pobres. Ellos son las víctimas de un modo de entender la vida, las relaciones, el trabajo o la dignidad de las personas. Hoy creemos ser como Dios, hemos alargado la mano, nos hemos apoderado del Paraíso, hemos llenado de pobres el camino de la Tierra, y fingimos haber encontrado la felicidad. Hemos pagado un precio tan alto por la traición a la Humanidad que no somos capaces de reconocer que nos hemos equivocado”.

“A mí me gusta ser impertinente”. Así arrancó su intervención el arzobispo emérito de Tánger, Santiago Agrelo, que esta noche intervino en una conferencia en una abarrotada sala de la Universidad de Comillas. Tanta gente hubo, que el centro hubo de habilitar otra estancia mayor, y aún así, mucho tuvieron que seguirlo por streaming.

No defraudó Agrelo, quien quiso dejar claro desde el principio que “no es lo mismo leer el Evangelio en tierra firme, en nuestro mundo, en nuestro bienestar, que hacerlo en una patera. No es lo mismo predicar en una catedral que entre los ahogados”.

Engañosa seguridad de nuestros graneros repletos

El franciscano tiró con bala contra “la engañosa seguridad de nuestros graneros repletos”, donde no cabe “ninguna esperanza”. “Somos hombres y mujeres instalados en nuestro bienestar”, denunció, añadiendo que “la misma dificultad que tenemos para acoger al emigrante, la tenemos para acoger a Cristo”.

Vivimos en la engañosa seguridad de nuestros fosos, de nuestras concertinas, de nuestro dinero, clamó el obispo-profeta. “Si no tenemos hambre, Cristo no significa nada”, subrayó, para deducidr que ninguna palabra, ni siquiera las del Papa, “significará nada si no las lee un pobre, y si ese pobre no la lee con fe”.

Agrelo no pudo evitar la emoción al referirse a los 681 migrantes que “perecieron en el Mediterráneo” entre el 1 de enero y el 4 de julio. “Cristo te quiere, y te quiere vivo”, proclaman los escritos. Unas palabras que “sin la fe serían un sarcasmo”. “Podemos dejarnos llevar por la tristeza, los rencores, las dudas, los fracasos… pero yo estas palabras siempre las leo delante de los 681 cadáveres”, exclamó.

Responsabilidad personal

Junto a ello, una llamada al compromiso personal, comunitario, de Iglesia. “Dios no puede hacerlo, ¡lo tenemos que hacer nosotros!”. “Ese es el compromiso de la Iglesia, es la misión de la Iglesia. No pongan rebajas o peros a la hora de estar con los emigrantes.” pidió. “Pese a todo, la Iglesia tendrá que estar con ellos contra todos, entre ellos frente a todos. Mientras esto no lo tengamos claro los políticos continuarán sin buscar una respuesta a la tragedia de las fronteras, que no es un problema para nosotros, sino una tragedia para los inmigrantes”.

“Existe un mundo de desposeídos de todo por la ambición, la envidia, la fuerza de los poderosos (que somos nosotros). Ese es el mundo de los que Dios ha escogido para salvar mañana nuestras vidas”, subrayó Agrelo. “Estos chicos, esos jóvenes, son la debilidad de Dios”, tradujo, sospechando que “el Jesús de los Evangelios para los jóvenes no es el que presentamos en la Iglesia”.

Tenemos que dejar de engañarnos y hacer de la Iglesia un refugio para encontrar consuelo a nuestros debilidades. Si no queremos que Dios o la Iglesia sean palabras vacías, tenemos que dejar que sea Jesús quien las llene”, explicó el arzobispo, quien proclamó su Credo particular.

El Credo de Agrelo

“Mi única razón para creer es Jesús, si no no creería en Dios. Creo en Dios Padre porque Jesús me lo ha hecho creíble. Creo en la Palabra, porque en Jesús esa palabra se me hizo cercana. Creo en el Espíritu, porque en Jesús ese espíritu se me hizo don, regalo, gracia”.

“No busquemos a Cristo en una sabia doctrina de no sé qué”, se rebeló Agrelo, quien reconoció tener “una guerra personal con el misal que utilizamos, que está todo centrado en la doctrina y la verdad, pero no arreglan ni un solo problema de la vida, ¡ni uno solo!”

“El amor de Dios no es creíble si no lo encuentran en nosotros”, añadió. “Sólo de esa Iglesia se puede decir que es el Cuerpo de la Esperanza, que es Cristo Jesús”. “No tendrá sentido alguno que digamos Cristo vive si quienes necesitan de él no se tropiezan con él, no sienten el abrazo de su amor en su Iglesia. Y aquí, para dar fe de lo que somos, de la autenticidad de nuestra fe cristiana, y de la fidelidad de la misión que se nos ha confiado, no caben más amigos que los pobres”.

Gente que ha perdido la fe

“Es obvio que hacemos nuestras como Iglesia las razones que se utilizan en la sociedad para rechazar a los migrantes. Razonamos como sociólogos y economistas ante la migración, pero no como cristianos. Razonamos como gente que ha perdido la fe”, disparó. “Sólo una Iglesia de los últimos tiene futuro”.

En el turno de preguntas, Agrelo lamentó cómomuchas de las decisiones que se toman obedecen a razones de seguridad, razones de miedo” y, sin citar a Vox, denunció que hay quien está interesado en infundir miedo para poder manipular luego a las personas”.

“Con relación a los emigrantes, se ha instalado el miedo en el lenguaje político, social o de ciertas líneas de medio de comunicación de la Iglesia”, fulminó el arzobispo. “Están poniendo un ejército en la frontera, hasta el punto que interiorizamos que al otro lado no hay pobres, sino un ejército de personas que van a invadirnos”.

La «ideología trasnochada» de Sarah

Preguntado por las afirmaciones del cardenal Sarah sobre los refugiados, Agrelo lamentó la “ideología trasnochada” del purpurado, una ideología con la que muchísima gente se sentiría segura y tranquila”.

“Este hombre quisiera volver a la misa en latín , de espaldas al pueblo. ¿Qué tiene de ventaja esa mentalidad? Ser cristiano de esa manera es fácil. Voy a misa todos los domingos, subo al cielo, bajo al cielo, procuro no pasar por el purgatorio, y puedo desentenderme del vecino que no tiene trabajo, del que está enfermo… Es una forma de ser cristianos que le va a mucha gente (…) Yo estoy convencido de que el Evangelio es de otra manera”.

Fuente Religión Digital

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«Recomiendo ‘Viaje al país de los blancos’ de Ousman Umar «, por José I. González Faus

miércoles, 25 de septiembre de 2019
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Ousman-Umar_2160693914_13931028_660x371De su blog Miradas cristianas:

Es la historia de un emigrante que, entre mil, ha tenido una enorme suerte

Se escapó de casa en Ghana a los trece años, porque vio volar a un avión y le dijeron que eso era algo que hacían “los blancos”

El efecto llamada no lo provocan los barcos que recogen náufragos en el Mediterráneo, ni siquiera los países que acogen inmigrantes. El efecto llamada lo provoca nuestra mera existencia

La verdadera responsabilidad nuestra está en acabar con esas mafias, no en acabar con los emigrantes. Eso otro debería ser cosa de un plan de ayuda desinteresada a su desarrollo, que es lo único que acabará con el efecto llamada

Como dicen que decía aquel gran cristiano que fue E. Mounier, en el futuro los hombres no se distinguirán por si creen o no en Dios, sino por la postura que tomen antes los desheredados de la historia

Es la historia de un emigrante que, entre mil, ha tenido una enorme suerte. Se escapó de casa en Ghana a los trece años, porque vio volar a un avión y le dijeron que eso era algo que hacían “los blancos”. Creyendo que los blancos eran una especie de dioses, decidió ir a vivir al país de los blancos. Tardó cuatro años en atravesar África hasta llegar a entrar en una patera en Libia. Acabó en Cataluña por una anécdota que es mejor no desvelar. Y tuvo la suerte final de encontrar una familia que lo acogió como hijo. Entonces, a sus 17 años aprendió a leer y escribir, aprendió castellano y catalán, estudio una carrera y hoy ha fundado una ONG para ayudar a los chavales de su país, sobre todo en educación.

Es un libro que deberíamos conocer todos, pero sobre todo los políticos. De él pueden sacarse algunas lecciones importantes. Por ejemplo:

1ª.- El efecto llamada no lo provocan los barcos que recogen náufragos en el Mediterráneo, ni siquiera los países que acogen inmigrantes. El efecto llamada lo provoca nuestra mera existencia. Podemos haber sido más creativos que ellos, pero nos hemos desarrollado también a costa de ellos (con las colonias, el tráfico de esclavos y demás), hemos provocado además guerras en sus países y ahora será inevitable que quieran (¡que necesiten!) venir.

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2ª.- Las informaciones que da Umar sobre las mafias en la zona norte de África (en Libia sobre todo), sobre su crueldad, su insensibilidad ante el dolor ajeno, su afán de explotación, son increíbles. Es ahí donde una Europa humana debería dirigir sus esfuerzos: contra esos verdugos mafiosos y no contra su víctimas; porque esos verdugos también son en parte obra nuestra.

Desde nuestra presuntuosa conciencia de superioridad, el mundo desarrollado se ha permitido cuando le interesaba, intervenir en otros países como “mensajero de la democracia” para derrocar dictadores. Por supuesto Gadafi y Sadam Hussein eran unos dictadores (como también lo es la monarquía de Arabia Saudí…). Y así, intervenimos por nuestra cuenta en un país, derrocamos al dictador y les dejamos no una democracia sino una especie de “gota fría política”, como son hoy Irak o Libia. La verdadera responsabilidad nuestra está en acabar con esas mafias, no en acabar con los emigrantes. Eso otro debería ser cosa de un plan de ayuda desinteresada a su desarrollo, que es lo único que acabará con el efecto llamada.

3ª.- Los hombres blancos no son tan dioses como creía este chaval desde Ghana a su trece años, y como nos creemos nosotros. Podemos ser incluso más diabólicos que ellos. Porque nuestra educación se ha ido convirtiendo cada vez más en deseducación humana y capacitación tecnológica. Así es como hemos divido la humanidad y estamos a punto de cargarnos el planeta. Y valdría aquí una parodia de la frase evangélica: ¿por qué ves la falta de progreso en el ojo de tu hermano y nos la falta de humanidad en el tuyo?

4ª.- A pesar de lo antes dicho, todavía quedan entre nosotros esos “diez justos de Sodoma”, que podrían haber salvado al país de su autodestrucción y cuya bondad no hace ruido. La familia que acogió a este chaval perdido en una calle de Barcelona no pretendió hacer ninguna gesta heroica sino un sencillo acto de cariño y hospitalidad; corrió un riesgo que podía haber salido mal pero esta vez les ha salido muy bien. Este chaval nos deja la pregunta de cuántos como él podrían haber salido de entre los miles que perecieron en el desierto o en el mar. El mismo argumento que dan a veces los antiabortistas (no sabemos qué futuro se destruye al destruir una vida) vale paradigmáticamente para el problema de las migraciones.

5ª.- El caso de Umar ha terminado tan bién, entre otras razones, porque se encontró aquí totalmente solo y muy joven. Ello le ha facilitado una inculturación plena, mucho más difícil cuando la emigración se hace en grupos que tienden a crear guetos. El emigrante debe estar dispuesto a sacrificar una parte de su cultura y sus hábitos y el que recibe debe estar dispuesto a ser acogedor, y receptor de todo aquello que es bueno y humano aunque no sea suyo. De lo contrario iremos creando países y ciudades con poblaciones vecinas y hostiles. Y eso puede acabar un día en algún huracán social.

Como dicen que decía aquel gran cristiano que fue E. Mounier, en el futuro los hombres no se distinguirán por si creen o no en Dios, sino por la postura que tomen antes los desheredados de la historia. Pues solo Dios sabe si la creencia en Dios es una auténtica fe o una superstición idólatra. Porque, como decía Jesús, creyendo en Dios se puede matar en nombre de Dios a los hijos de Dios. Y eso se hará “porque no se ha conocido a Dios” (cf. Jn 16, 2.3).

En cualquier caso:Lea Viaje al país de los blancos, por favor, y luego reflexione un poco.

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Teólogos de EE.UU.: «La ideología de la supremacía blanca es obra del anticristo»

jueves, 22 de agosto de 2019
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Crisis-Iglesia-EEUU_2049105231_12033448_660x371Aviso a navegantes… ¿lo oirán los nacionalistas de uno y otro signo?

Arremeten en una durísima carta abierta contra los «demagogos» que «demonizan» a minorías vulnerables

 «La identidad nacional no tiene nada que ver con las deudas de amor que tenemos con otros hijos e hijas de Dios», insisten

«La indiferencia al sufrimiento de los huérfanos, refugiados y prisioneros, es indiferencia a Jesucristo y su cruz»

«Cuando el nacionalismo teme al extranjero como una amenaza para la comunidad política, la iglesia le da la bienvenida como algo necesario para la plena comunión con Dios»

 Estados Unidos: a matar mexicanos. Una mente envenenada y un arma es la combinación automática de un acto terrorista

Los obispos de EEUU se oponen al plan de Trump de recortar fondos de ayuda extranjera

(Vatican News).- “Somos ortodoxos, católicos y protestantes; republicanos, demócratas e independientes. A pesar de nuestras diferencias denominacionales y políticas, estamos unidos por la convicción de que hay ciertas solidaridades políticas que son un anatema para nuestra fe cristiana compartida: lo expresan en una declaración un grupo de teólogos y religiosos cristianos, en un artículo publicado por la revista católica estadounidense The Commonweal.

Demagogos demonizan minorías vulnerables como fuerzas invasoras

Los teólogos y religiosos cristianos dicen ver, “una vez más”, cómo los “demagogos demonizan a las minorías vulnerables, como fuerzas invasoras que debilitan a la nación y que deben ser eliminadas”;  y, algo preocupante, el cómo “nuestros hermanos cristianos sopesan si fusionar su fe con la política nacionalista y etnonacionalista para fortalecer su base cultural”.

Resurgimiento-supremacia-blanca_2151094919_13850441_667x375En cinco puntos formulan su rechazo, en primer lugar, a “las pretensiones del nacionalismo» de usurpar sus «lealtades más elevadas”. Pues, “la identidad nacional”, dicen, “no tiene nada que ver con las deudas de amor que tenemos con otros hijos e hijas de Dios”. Creados a imagen y semejanza de Dios – añaden – todos los seres humanos son nuestros vecinos, independientemente de su condición de ciudadanos.

Ideología de la supremacía blanca es obra del anticristo

Rechazan también la tendencia del nacionalismo «a homogeneizar y estrechar la iglesia a una sola etnia”, la “xenofobia y el racismo de muchas formas de nacionalismo étnico, explícito e implícito, como pecados graves contra Dios Creador”.

La violencia contra los cuerpos de las personas marginadas – recuerdan – es la violencia contra el cuerpo de Cristo.

Y “la indiferencia al sufrimiento de los huérfanos, refugiados y prisioneros, es indiferencia a Jesucristo y su cruz”.

La ideología de la supremacía blanca, aseguran también los religiosos y teólogos, es obra del anticristo”.

Refugiados y migrantes no son enemigos del pueblo

refugiados1Rotundo es también el rechazo a la afirmación del nacionalismo de que los extranjeros, refugiados y migrantes «son enemigos del pueblo”: “Cuando el nacionalismo teme al extranjero como una amenaza para la comunidad política, la iglesia le da la bienvenida como algo necesario para la plena comunión con Dios»; Jesucristo – aseveran – se identifica «con el extranjero pobre y encarcelado que necesita hospitalidad”.

El mensaje concluye con la afirmación de que “cuando los cristianos cambian de ser mayoría a ser minoría en un país dado», no deben «distorsionar su testimonio para permanecer en el poder”.

 Fuente Religión Digital

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Mon. Agrelo: «Solo estoy sorprendido de que haya alguien capaz de conjugar amor a Cristo y rechazo a los pobres: no saben lo que hacen»

martes, 16 de julio de 2019
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Despedida-Santiago-Agrelo-vida-dedicada_2137896195_13751241_660x371Despedida de Santiago Agrelo, hermano menor de los migrantes

«A veces sueño con haber logrado que todos en esta diócesis se sientan más importantes que el obispo»

«Yo nunca podré sentir la angustia de un joven que se ahoga en el mar, o la humillación de una joven esclavizada en la prostitución; ni siquiera el sufrimiento de esos chicos que malviven en el atrio de la catedral… Pero ya no me queda más dolor amargo que el de los pobres. Los demás son todos dulces sufrimientos»

«Las fronteras, como cualquier otra realidad, no son ni buenas ni malas: son lo que nosotros hacemos de ellas…No, no estoy cansado de recordar que no debemos levantar muros frente a los pobres. Estoy solo sorprendido de que haya alguien capaz de conjugar amor a Cristo y rechazo de los pobres»

«El que venga detrás de mí encontrará una Iglesia que atrae, algo así como el Cristo levantado en alto: es una cuestión de debilidad y de amor; esta Iglesia atrae a religiosos, a voluntarios, a no creyentes»

«Supongo que en la normalidad de la vida fraterna en comunidad, no me faltará la pobreza que vivir y los pobres a los que abrazar”

(VR).- Recién aceptada la renuncia por parte del papa Francisco, ¿qué está viviendo estos días Monseñor Agrelo?

El anuncio de que a esta etapa de mi vida se le ponía la palabra «fin» –la llamada del Nuncio Apostólico para comunicarme que el papa Francisco había aceptado mi renuncia– me pilló de sorpresa: no lo esperaba, aunque había sido yo, quien en el mes de marzo, había pedido al Papa que hiciese ya efectiva la renuncia presentada y aceptada desde hace casi dos años. Pasada la sorpresa, pasó también toda inquietud, y me queda solo una gran paz en el corazón.

Al hacer balance de estos 12 años como Arzobispo de Tánger, ¿cuál es la mayor tranquilidad que se lleva? ¿Y el mayor dolor?

Cuando me comunicaron que había sido nombrado obispo –era al anochecer del Martes Santo de 2007–, me emocioné, me emocioné mucho, lloré. Y recuerdo con certeza que dormí muy mal y que tuve los pies fríos toda aquella noche. Entonces miraba hacia adelante, y solo atisbaba un misterio… Ahora la mirada va hacia atrás, hacia lo que he vivido en los 12 años de mi ministerio. Me preguntas por la mayor tranquilidad que me llevo. Creo que en la respuesta cabe un abanico de memorias.

Me da tranquilidad haber estado cerca de los fieles, acompañándolos con la palabra de la fe; haberme obstinado en poner a Cristo Jesús en el centro de la vida de todos; haber conservado el clima de familia que se respiraba en esta Iglesia cuando llegué a Tánger; a veces sueño con haber logrado que todos en esta diócesis se sientan más importantes que el obispo.

Me preguntas también por el mayor dolor. Y es como si me preguntases por el dolor de los demás. Me daría vergüenza hablar de dolores míos, pues ninguno sería comparable a los que padecen los pobres, sobre todo los emigrantes. Yo nunca podré sentir la angustia de un joven que se ahoga en el mar, o la humillación de una joven esclavizada en la prostitución; ni siquiera el sufrimiento de esos chicos que malviven en el atrio de la catedral… Pero ya no me queda más dolor amargo que el de los pobres. Los demás son todos dulces sufrimientos.

¿Está cansado Monseñor Agrelo de recordarnos que las «fronteras» no las quiere Dios?

Las fronteras, como cualquier otra realidad, no son ni buenas ni malas: son lo que nosotros hacemos de ellas. El que nos mandó amar, también a los enemigos, con ese mandato retiró de una vez para siempre las fronteras del corazón humano: nadie queda fuera de nuestro amor. Y esa certeza de la fe, que anula las fronteras del corazón, es la que nos permite ser justos en todas las fronteras, también en las que delimitan el territorio de las naciones. No, no estoy cansado de recordar que no debemos levantar muros frente a los pobres. Estoy solo sorprendido de que haya alguien capaz de conjugar amor a Cristo y rechazo de los pobres.

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En conjunto ¿qué valoración hace del servicio de la Iglesia a favor de los movimientos migratorios? ¿Se puede ser cristiano mirando para otro lado?

Permíteme que, a modo de introducción a la respuesta, traiga algo que escribí a la Iglesia de Tánger en el año 2009:

Se van a cumplir dos años de mi servicio como obispo en esta Iglesia, un tiempo en el que he podido acercarme a la vida de la diócesis, a las inquietudes de la sociedad civil, a los problemas de los inmigrantes, a las miserias de muchos hombres, mujeres y niños que, por clandestinos, nada tienen, ni siquiera papeles.

El corazón intuye y la fe sabe que en todas las cosas alienta el Espíritu del Señor, y que es el amor de Dios el que nos interpela desde la realidad en la que vivimos.

Parece llegado el momento de que entre todos, teniendo en cuenta que nos hallamos ante nuevas situaciones, nuevas pobrezas, nuevas esclavitudes, nuevas oportunidades, veamos si son posibles nuevas opciones, nuevas propuestas y nuevas tareas para las instituciones que en la archidiócesis de Tánger están haciendo presente y visible el amor de Cristo por los pobres.

Este trabajo de discernimiento será eficaz si lo hacemos en obediencia al Espíritu del Señor, con profundo respeto a la diversidad de carismas que hallamos en nuestra Iglesia, atentos al grito de los pobres y a los signos de los tiempos, pues somos cristianos, ungidos por el Espíritu del Señor, enviados del Dios vivo a evangelizar a los pobres, testigos de su pasión por los desheredados, revelación de su amor a los oprimidos.

Cuando decimos «la Iglesia», nos referimos a una comunidad de fe, que es cuerpo místico de Cristo y que, ungida como Cristo, ha sido –es– enviada a evangelizar a los pobres. De la Iglesia solo se puede decir eso. Lo que cambia, no solo de comunidad a comunidad, sino también de creyente a creyente, es el modo de sentirse implicados en esa misión de evangelizar. Y ahí conviene empezar porque todos nos reconozcamos pecadores, todos lejos de haber cumplido el mandato recibido, todos más o menos ciegos para ver a los pobres, todos más o menos mancos para darles una mano, todos más o menos duros de corazón para compadecernos de los que sufren.

Algunos hemos tenido la suerte de tener a los pobres tan cerca que casi se nos hizo inevitable llevarles el Evangelio. Y damos gracias a Dios, se las daremos siempre, porque el dolor de los pobres nos ha hecho daño, se nos ha hecho nuestro, se nos ha metido tan adentro que casi nos ha obligado a cuidar del Señor en tantos hermanos heridos que Él puso a nuestro lado.

Otros creyentes no han tenido tanta suerte, no han visto tan de cerca el sufrimiento de Cristo, y se han quedado con la idea de que podían honrarlo sin cuidarlo.

Otros –no entiendo cómo eso sea posible sin que los engañe Satanás– han creído que se puede conjugar fe en Cristo y rechazo de los emigrantes. Por éstos rezaré hasta dar la vida: No saben lo que hacen.

Todavía no sabemos quién será su sucesor, cuando llegue, ¿qué se va a encontrar en la Archidiócesis de Tánger?

Encontrará lo que yo encontré: una Iglesia pequeña y hermosa, pequeña y significativa, pequeña y llena de vida, pequeña y bendecida por el Señor.

Encontrará una Iglesia respetada en la sociedad civil, una Iglesia muy en contacto con las necesidades de los pobres, siempre atenta a los más débiles, a los más necesitados.

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«No podemos hablar de una Europa cristiana si no estamos dispuestos a acoger a los migrantes»

lunes, 13 de mayo de 2019
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12.11. Glaube und Leben / Bettemburg / Taize Gebet mit Erzbischof Jean Claude Hollerich und Bruder Simon Foto: Guy Jallay  Jean Claude Hollerich
Foto: Guy Jallay

El presidente de los obispos europeos visita Lesbos: «Europa se ha olvidado de esta gente»

«Esta misión está pensada para dar una señal a Europa ante las elecciones europeas» del próximo 26 de mayo, cuenta Jean-Claude Hollerich

«No se podrá hablar de la cultura cristiana, de una Europa cristiana, a no ser que estemos dispuestos a acoger a la gente necesitada»

«Desde aquí la sensación es que Europa se ha olvidado de esta gente, y eso duele». El presidente de los obispos europeos, Jean-Claude Hollerich, se encuentra estos días en la isla griega de Lesbos, visitando con el limosnero del Papa Francisco, cardenal Konrad Krajewski, los campos de refugiados de Moria y Kara Tepe. Y el prelado luxemburgués está sufriendo por lo que encuentra en los migrantes allí. «Si queremos que haya una Europa cristiana, estamos llamados a ayudarlos», advierte Hollerich.

«Esta misión está pensada para dar una señal a Europa ante las elecciones europeas» del próximo 26 de mayo, cuenta Hollerich a la agencia SIR, a propósito del viaje en el que Krajewski ha llevado cien mil euros por parte del Papa para ayudar a los refugiados. «Para mostrar que los refugiados son personas reales, hombres, mujeres y niños con dolor», continúa el prelado, quien se revela «profundamente entristecido» por la «gente enferma», por la «gente sufriendo» que ha conocido en los campos.

«El gobierno griego hace mucho» para ayudar a esta gente «pero se le deja solo para gestionarlo todo», denuncia Hollerich. «No podemos pedir al gobierno griego que haga más», advierte. «Lo que hace falta es nuestra solidaridad».

«En esta línea quiero decir que sería útil crear corredores humanitarios«, continúa el arzobispo de Luxemburgo. «Sería importante que las varias diócesis, las Iglesias en Europa, asociaciones católicas, parroquias, organizaran -con la ayuda de la Comunidad de Sant’Egidio, que ya los apoya- corredores humanitarios para dar a estas personas una nueva oportunidad, ofrecer la felicidad y bienestar de los que disfrutamos en Europa», explica Hollerich, añadiendo que el gesto sería una señal de que Europa «se solidariza con los pobres, que cuidamos de ellos, que nos importan».

Pero no valen ya las palabras bonitas, a juicio del prelado luxemburgués. Hay que pasar ya a la acción, dado que «ya no podemos hablar de una Europa cristiana si no estamos dispuestos a acoger a los migrantes y a los pobres».

«Las elecciones venideras mostrarán si somos o no cristianos, si Europa aún preserva un vestigio del cristianismo», apunta Hollerich, explicando lo que está en juego el próximo 26 de mayo. «No se podrá hablar de la cultura cristiana, de una Europa cristiana, a no ser que estemos dispuestos a acoger a la gente necesitada», sentencia.

Hollerich revela que piensa que es precisamente por esto que el Papa le ha enviado a Lesbos, como manera de advertir a los votantes del viejo continente antes de que sea demasiado tarde. Pero según el prelado, Francisco tiene un mensaje también para los refugiados en Lesbos, más allá de los recados políticos.

«Nos dijo que aseguráramos a la gente que el Papa está con ellos», cuenta el religioso. «El Papa está aún en Lesbos. Su corazón está con la gente».

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Campo de Refugiados de Moria

Fuente Religión Digital

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Un día alguien me llamará

martes, 9 de abril de 2019
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Del blog Pays de Zabulon:

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A veces tengo el sueño
de que algún dia alguien me llame
y que, plenamente enamorado,
Lo seguiré dejando todo,
Habiendo encontrado el objetivo final de mi vida.

Este sueño, como bien sé,
Está escrito en la herida primaria
de no haber sido amado lo suficiente, mimado o llamado.
Herida, sí, pero que me abre a la conciencia.
de que ue estamos hechos para ser amados por completo.

Durante mi vida, a veces me he engañado a mi mismo
confundiendo, por ejemplo, la plenitud con el amor humano,
O a veces solo una u otra señal de interés.
con esta expectativa inconsciente de ser recibido completamente,
proyectando mi deseo – mi necesidad – de ser acogido
En la más mínima señal de amistad o de reconocimiento.

Fue en los días en que mi sueño aún era un deseo sin palabras,
Pero conozco bien la fuerza de la ilusión.
y que aún podría esperar que los demás
llenaran el pozo cuya fuente está en mí.

Y sin embargo, un día alguien me llamará,
y será el Señor Dios creador del universo.
No me llamará de manera grandilocuente.
porque después de todo, este universo ya está aquí en mí y yo en él.
De repente, su presencia me rodeará.
Y sabré que ya vivo en su casa.
y que quiero disfrutarlo para siempre.

¿Por qué se esto?
Una herida, por supuesto, pero también este punto de conocimiento ciego,
Cuando se toca algo esencial que uno no puede perderse.
Lo sé, lo sé por siempre.
Lo sé por mí mismo, lo sé por los demás.
Antes de amar,- que no sé cómo hacerlo solo-.
Estoy hecho para ser amado
.

Lo sé porque, ciertamente,
ya estoy probando algo de esta presencia.

Cuando digo que no será algo grandilocuente …
Esta presencia, ya está aquí. Está aquí, en mí, en nosotros.
Solo tengo que acogerla, quererla, dejarla crecer
y dejar que el Señor toque a los que me encuentro.

¡Qué increíble paradoja!
Yo, el mal recibido, aprendo a acoger,
y convertirme en acogida.

*

Zabulon –  27/02/2019

*

En nuestro corazón, la vigilancia,
Lámpara encendida por el Señor,
Se renueva con su llama.
En el canto común de nuestra alegría.
()
Aquí está el novio que nos llama,
Corramos a las bodas del Cordero.
Pero que el camino parezca largo:
¿Cuándo aparecerás la última mañana?

*

(Himno de Laudes – miércoles 27 de febrero)

https://www.youtube.com/watch?v=PL-LNPMJzJA

***

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«Fui extranjero y me acogisteis»

martes, 28 de agosto de 2018
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barb-30178-636x310Ramiro Pàmpols. 

Tengo dos deseos que me gustaría que pudieran ser realidad con motivo de nuestra acogida a las personas que llegan a nuestro país en busca de refugio, asilo, o simplemente para sobrevivir.

El primero y más fuerte es que, en igualdad de condiciones, sean las familias o personas más vulnerables, o más necesitadas de ayuda inmediata, las que ocupen el primer lugar a la hora de ser atendidas.

Entiendo que todo el mundo necesita ser acogido y tiene derecho a ello, pero hay situaciones familiares o personales por las que esta necesidad de acogida se hace más evidente.

Lo digo al ver a los grupos humanos instalados a lo largo de las cercas de alambre o caminando por senderos que no se acaban nunca, mientras buscan algún boquete que les permita cruzar la frontera deseada. Me impresiona ver cómo introducen a sus niños por alambradas rotas inverosímiles y buscan al fin ser ellos mismos los que realizan el milagro de traspasar el muro físico, más allá del cual se adivina poder vivir como seres humanos. Las concertinas de Ceuta y Melilla son el ejemplo paradigmático.

Pongo el acento sobre estas imágenes al lado de otras que permiten a personas más dotadas de medios económicos y/o culturales, para las que a pesar de ser duras también para ellas las condiciones para llegar a buen puerto, no lo son en la misma medida que afectan a las personas y familias que he descrito… Entristece pensar en dos clases de “rechazables”: los que lo son radicalmente, sin ningún matiz, y otros que por sus estudios o conocimiento de lenguas, tienen la capacidad de hacerse entender y desenvolverse mejor…

Lo dejo como un interrogante a resolver de la manera más razonable, aunque lo más “razonable” sea ¡resolverlo bien para todos!

El segundo deseo puede parecer utópico a primera vista, aunque bien mirado, sería la manera de colaborar a resolver con el paso del tiempo el problema de las grandes migraciones…

Hablo de cuál debe ser nuestro acompañamiento a los refugiados y migrantes que llegan a nuestro país. Dicho de una manera clara: cómo contribuir mientras están con nosotros compartiendo hogar y alimentación, para que adquieran una sensibilidad social y ciudadana que les permita ser agentes de cambio, me atrevo a decir de cambio “político”, si en algún momento deciden volver a su país.

Sería, tal vez, la contrapartida a una especie de “fuga de cerebros” y de “brazos jóvenes”, que pueden tener la capacidad de impulsar a su país de origen hacia transformaciones que resuelvan la pobreza endémica que los tiene atrapados.

La primera gran lección que reciben es la sabiduría que da el sufrimiento, los retos a superar, la creatividad de que deberán dotarse para salir bien parados de unos tiempos difíciles, como son los del asilo, el refugio y la nueva pobreza a combatir.

Con todo esto quiero decir que no basta con acoger a unas personas en nuestro país, ser cariñosos con ellas, etc., sino que hay que sentirnos de alguna manera responsables de que se vayan dotando de conocimientos y experiencias que les “marquen” positivamente. Que lleguen a apreciar de verdad algunas prácticas de democracia que, traducidas a su entorno humano y cultural, les serán de una ayuda preciosa a la hora de mejorar, e incluso cambiar, realidades de su país. Este “sueño” es bastante motivador como para ayudarnos mutuamente a ir más allá de un provecho personal, y adquirir a través de conversaciones, propuestas sencillas, desafíos apasionados…, una ciudadanía nueva, una voluntad democrática incipiente, un deseo de búsqueda del bien común para los millones de seres humanos que siguen esperando que quienes “marcharon” se lo devuelvan, como respuesta a los sacrificios hechos comunitariamente cuando se despidieron de noche junto a una barca, o en medio de un camino infinito y arriesgado, con un abrazo que nunca ha sido olvidado.

Fuente Cristianismo y Justicia

Imagen extraída de: Pixabay

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El olvidado arte de la acogida

lunes, 27 de agosto de 2018
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el-olvidado-arte-de-la-acogidaMari Paz López Santos
Madrid.

ECLESALIA, 27/07/18.- A veces suceden cosas que hay que contar; tan sencillas que, en principio, pueden pasar desapercibidas, pero si algo sorprende por dentro hay que animarse a contarlas.

Eso me sucedió hace unos días estando de vacaciones en un pueblo de Galicia, pequeño y marinero, a donde siempre gusta volver.

Nos juntábamos a comer diez personas, entre ellas tres niños. Dos del grupo nos adelantamos a ver si teníamos suerte y podían juntarnos tres mesas en la terraza de un bar donde hacer inmersión en los manjares que nos tienen acostumbrados en Galicia: pescado, marisco, carne… y pimientos de Padrón.

La cosa estaba complicada pues todas las mesas estaban ocupadas. Nos aconsejaron esperar y ver si se iban quedando libres. Permanecimos de pie expectantes. Justo al lado había una mesa con un joven tomando un café, con su móvil en la mano y unos cascos; alzó la vista y nos dijo: “¿Quieren sentarse?”.No nos dijo si queríamos alguna de las sillas que no estaban ocupadas… ¡Nos invitó a sentarnos!

Agradecida al tiempo que muy sorprendida por la oferta, le di las gracias, comentándole que éramos diez personas en total y que tendríamos que esperar a que se quedaran libres tres mesas. El joven era un inmigrante africano de amplia y blanca sonrisa que probablemente trabaja en la pesca. A mí esto no me ha pasado nunca en el entorno en que vivo, es decir, el mundo occidental.

En la terraza había más de veinte mesas pero sólo el ocupante de una de ellas ofreció que entráramos en su espacio. Al parecer no ha olvidado lo que significa acoger en su tierra de origen.

Sé por amigos y gente que ha vivido o vive en África, que la hospitalidad es un modo de ser de los africanos; acoger bien al que llega es hacerlo uno de los suyos.

He recordado textos del evangelio en el que se muestra la acogida, tanto del que acoge como el que se deja acoger. A veces es más difícil lo segundo, pues se vive desde una dimensión de superioridad. Jesús dejaba que le acogieran las gentes más diversas.

También vino a mi cabeza lo que decía San Benito en su Regla a los monjes: “A todos los forasteros que se presenten, se les acogerá como a Cristo” (RB 53,1). Ponía el listón muy alto San Benito.

En mi infancia, en casa de mi abuela, también tuve la suerte de ver a gentes de paso por la ciudad, que llegaban de visita o a pasar unos días, antes de seguir camino o volver a sus hogares.

Sumo al Evangelio, a la Regla de S. Benito y a mi abuela la experiencia de acogida y hospitalidad en el mínimo espacio de una terraza de bar que nos ofreció este joven africano, con el que me hubiera gustado entablar conversación, pero que cuando me quise dar cuenta, una vez conseguido el espacio para la cena, ya no estaba. Le doy las gracias desde aquí por hacerme ver una vez más que con simples detalles se llega más lejos que con grandes discursos.

Vivimos tiempos en que tanto personal como socialmente hemos de revisar qué estamos haciendo con el olvidado arte de la acogida.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Carta abierta de Santiago Agrelo, Obispo de Tánger.

jueves, 16 de agosto de 2018
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agrelo-pancarta2 agosto, 2018

CARTA ABIERTA

Hoy he recibido en mi correo electrónico un mensaje que parecía enviado desde la Asociación Española de Guardias Civiles (AEGC). Me preguntaban: «Santiago, ¿quién defiende a la Guardia Civil?».

Y me pedían que, para defenderla, exigiese al Ministro del Interior una serie de cosas contra las que llevo luchando desde que tuve delante de mis ojos al primer emigrante.

Dado que a la Guardia Civil no sólo le tengo respeto, sino que le he tenido siempre cariño, pinché donde dice responder, con el sencillo propósito de compartir con los Guardias unas ideas sobre su defensa y protección.

Cuál no sería mi sorpresa cuando, hecho el clic, resulta que mi interlocutor no es la AEGC, sino el Sr. Ignacio Arsuaga, y la Organización HazteOir, por él fundada.

Desistí de responder allí al Sr. Ignacio –para él sirve también lo que voy a decir aquí–, e intentaré hacerlo desde este muro a los Guardias de la AEGC. Si no lo supiesen ya, estoy seguro de que lo sospechan:

1.- Más personal, más concertinas, más medios –más escudos o más vehículos–, no significa más protección para ustedes: significa sólo más riesgo para los emigrantes, y en la misma medida, significará cada vez más riesgo para ustedes.

2.- A la Guardia Civil no la ayudará en modo alguno ver aumentada su capacidad de represión de los emigrantes, sino ver disminuida la presión inicua que la política ejerce sobre hombres y mujeres y niños necesitados de todo y entregados en manos de las mafias.

3.- Ustedes conocen a los emigrantes mejor de cuanto pueda conocerlos yo. Ustedes los atienden muchas más veces y con más dedicación de cuanto yo pueda hacerlo jamás. Yo he visto emigrantes mutilados, porque han perdido un ojo, o un brazo, o un pie. Yo los he visto golpeados –brechas abiertas en la cabeza, golpes en cualquier parte del cuerpo–, los he visto mordidos por los perros, ateridos de frío, hambrientos y sucios y enfermos y descalzos y andrajosos. He enterrado emigrantes en fosas comunes. He celebrado funerales en esta catedral de Tánger.

He hecho mil veces el recuento de los muertos en el Mediterráneo. Ustedes seguramente han visto mucho más que yo. Y es eso lo que me lleva a pedirles, porque son la autoridad competente, que sean precisamente ustedes la imagen y la voz de lo que ven. Ustedes saben que, en esta guerra contra los pobres, la primera víctima es la verdad. Yo les pido que digan lo que hay, como intento decirlo día a día. Ustedes tienen sentido de la justicia, y estarán de acuerdo conmigo si digo que no se pueden denunciar las heridas de los Guardias Civiles si no se denuncian también con fuerza las heridas que durante años han venido soportando los emigrantes, el sufrimiento de los emigrantes, la vejación a la que son sometidos los emigrantes, la esclavitud que padecen los emigrantes.

4.- Acusar a los emigrantes, no protege a la Guardia Civil. Esa protección sólo puede llegar desde una política que respete los derechos de los emigrantes, una política justa, equitativa, acogedora, solidaria, generosa y humana.

5.- Si en su día los ciudadanos alemanes hubiesen protegido con sus propias vidas la vida de los judíos, además de salvar a éstos, se habrían salvado a sí mismos y habrían salvado el mundo que conocían.

Créanme si les digo que éste y sólo éste –el del respeto de los derechos de todos– es el camino en que todos podremos sentirnos seguros.

Créanme también si les digo que les habla un amigo,

Santiago Agrelo
Obispo de Tánger

Fuente Religión Digital

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Los obispos europeos asumen la «responsabilidad crucial» de la Iglesia en defensa de los migrantes

viernes, 20 de julio de 2018
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comece_560x280Para evitar reacciones hostiles o incluso xenófobas contra los extranjeros

Las iglesias del Viejo Continente piden «analizar en profundidad» las raíces de este fenómeno

(AlfayOmega).- Informar sobre inmigración solo desde el punto de vista económico o político y no analizar en profundidad las raíces de un fenómeno tan complejo contribuye a que en las sociedades de acogida se genere rechazo hacia los migrantes. Un encuentro organizado por CCEE en Estocolmo ha subrayado la «responsabilidad crucial» que tiene la Iglesia en este ámbito.

Es urgente que la Iglesia asuma un «compromiso renovado» para comunicar de forma adecuada en el ámbito de la movilidad humana y las migraciones, y así evitar reacciones hostiles o incluso xenófobas. Es la lección que los obispos europeos encargados de Migraciones del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE) se han llevado a casa, después de participar este fin de semana en su encuentro anual.

La cita, que esta vez ha tenido lugar en Estocolmo (Suecia), giraba en torno al lema Inspirar cambios: formar, informar y crear conciencia sobre movilidad humana. En ella ha participado monseñor Juan Antonio Menéndez Fernández, obispo de Astorga y presidente de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española.

Durante los tres días del encuentro, del viernes 13 al domingo 15, se describió cómo determinadas formas de comunicar en torno a las migraciones generan incomprensión y rechazo en las sociedades de acogida. Abordó esta cuestión José María La Porte, decano de la Facultad de Comunicación Social Institucional de la Universidad de la Santa Cruz, en Roma.

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Ocurre, por ejemplo, cuando este fenómeno solo se analiza desde una perspectiva económica o política, o sin la profundidad de análisis que requiere una cuestión tan compleja. También cuando, de forma consciente, se tergiversa la información, especialmente a través de las redes sociales.

La consecuencia de esto -destacaron otros ponentes- es que la gente olvida la dignidad inalienable y los derechos fundamentales de los migrantes. Todo esto influye en que, en períodos de crisis económica, crezca en la opinión pública la opinión de que los gobiernos deberían cuidar primero de sus propios ciudadanos.

La Iglesia, implicada de lleno en la atención a estas personas, tiene por tanto una «responsabilidad crucial»: narrar la movilidad humana en lo que tiene de tragedia, pero también en su belleza y riqueza, sin asumir de forma acrítica categorías de otros ámbitos que generan miedo o confusión.

En las distintas intervenciones, se exhortó a las comisiones y delegaciones de Migraciones a comunicar su labor, invirtiendo tiempo y recursos en la formación de los comunicadores y el uso de las redes sociales. No siempre -se reconoció- hacen falta nuevas herramientas o multiplicar las apariciones públicas. La prioridad sobre todo es, en estas intervenciones, transmitir de forma sencilla y clara los principios que inspiran este compromiso de la Iglesia. Fundamentalmente, la dignidad de cada ser humano.

Para que esta afirmación tenga fuerza, hace falta que todas las áreas pastorales de la Iglesia den testimonio compartido de su deseo de proteger a la persona. «No se puede estar a favor de defender la dignidad de los migrantes, y en contra de defender la vida y la familia; y al revés, no puedes defender la vida desde su creación hasta su fin natural y no defender la vida y dignidad de los migrantes», fue la conclusión.

A lo largo del fin de semana, los obispos participantes se reunieron con representantes de Cáritas Suecia, la Comisión Católica Internacional de Migraciones y la sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio para la Promoción del Desarrollo Humano Integral. En estos encuentros se compartieron iniciativas, como la estrategia de las Cáritas europeas de llevar a cabo campañas conjuntas en las redes sociales, adaptadas a las circunstancias de cada país.

Los representantes del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral ampliaron esta visión, hablando de la colaboración con otras realidades eclesiales que se ocupan de la pastoral de los migrantes. «Cooperar con otros jugadores de la sociedad civil pero sin ambigüedad -explicaron- puede ser importante para promover la cultura del encuentro y corregir las imágenes equivocadas» que muchas veces circulan por la red.

Durante el encuentro, los obispos europeos tuvieron además la ocasión de visitar y compartir la Eucaristía con varias comunidades católicas de inmigrantes que funcionan en Estocolmo, sobre todo de Oriente Medio y América Latina.

Un recuerdo especial se dirigió a los miles de ucranianos desplazados dentro de su propio país u obligados a pedir asilo fuera de él a causa de la guerra. «A pesar de sus muchas dificultades, la Iglesia está agradecida [a estas comunidades] por su testimonio de vivir el Evangelio de Cristo y proclamarlo en su país de destino».

Fuente Religión Digital

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«Migraciones», por José Ignacio González Faus

jueves, 19 de julio de 2018
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trasladan-tarifa-personas-rescatadas-estrecho_ediima20180624_0054_4De su blog Miradas Cristianas:

¿No es muy raro que hoy pongamos tanta resistencia a la llegada de africanos? Hace unos tres siglos los deseábamos tanto que ¡hasta íbamos nosotros a buscarlos! ¿Cuál es la diferencia? Pues que entonces los buscábamos para luego venderlos como esclavos. Los grandes pontífices de nuestra modernidad (desde Voltaire a Montesquieu) alabaron esa forma de “emigrar” que contribuyó claramente al desarrollo de Europa y además servía para mantener bajo el precio del cacao que venía de América. Tampoco la Iglesia europea puso muchos obstáculos a esa forma de emigrar. Y si algún insensato como Pedro Claver (¡catalán tenía que ser!) se dedicaba a cuidarlos y quererlos, hasta sus mismos compañeros de congregación lo denunciaron a Roma, no por mala conducta, sino por poco inteligente…

En la geografía que estudié de niño (hace bastantes años, pero tampoco tantos) casi todos los países africanos tenían un apellido europeo: Congo “belga”, Guinea “española” o incluso un nombre completo como “Côte d’Ivoire”. Los que no lo tenían era porque formaban parte de una “Commonwealth” que, en realidad significaba “Our wealth” (los nombres cumplen muchas veces aquella definición de la hipocresía como “homenaje del vicio a la virtud”). Hoy aún distinguimos entre África francófona y África anglófona. Y fue allá por mi adolescencia cuando comenzó a hablarse de “independencia” de los países africanos.

¿Qué significa todo eso? Pues simplemente que los inmigrantes son nuestros acreedores o los hijos e nuestros acreedores. Tenemos una deuda con ellos y debemos pagarla. Puede que esa deuda no sea mía en particular sino de mis ancestros, pero ya sabemos que esas deudas no prescriben y, como le decían nuestros banqueros a Grecia: el que la hace la paga. Y Europa la hizo.

Se cumple aquí una ley que la historia enseña profusamente y nos negamos a aprender: medidas que a corto plazo producen resultados magníficos, tienen a largo plazo consecuencias catastróficas. Ya otra vez puse el ejemplo de la instalación de la monarquía en el Israel bíblico: en pocos años convirtió aquel pequeño pueblo en un imperio; pero, a medio y largo plazo, acabó con la división del país, el destierro a Babilona y la destrucción del Templo. Y el ejemplo se repite: lo mismo ha pasado a mucha gente joven con el señuelo de la droga. Lo mismo nos pasó hace poco (aunque no lo hayamos aprendido) con la burbuja del ladrillo que produjo un momentáneo desarrollo espectacular y terminó llevándonos a una de las más fuertes crisis económicas. Lo mismo nos ha pasado con el cambio climático y el cáncer actual del planeta tierra, consecuencia de nuestra rápida prosperidad y de la comprensible envidia de los otros por imitarla…

Todo esto no obsta para que las migraciones puedan constituir un problema serio, simplemente porque no podemos digerir tanto en tan poco tiempo. Ni para que ese problema real genere reacciones egoístas exageradas y xenófobas, sobre todo si no lo abordamos nosotros de manera más racional, más humana y menos egoísta. Por eso lo que parece más claro es que semejante problema necesita una solución global y no puede resolverlo ningún país solo.

Gestos como el de P. Sánchez con el Aquarius son bellos y ejemplares, pero no son soluciones. ¡Ojalá fueran al menos un toque de atención y una llamada para que nos decidamos a afrontar el problema a nivel europeo, en lugar de ir “trumpeando” disimuladamente! Yo no sé cuál ha de ser la solución, pero recuerdo la frase de un antiguo director de ESADE: “con las soluciones pasa como con el dinero; haberlo haylo; pero hay que saber buscarlo”.

Uno piensa que si somos tan machos y tan fuertes como para bombardear Libias y eliminar dictadores, también debemos serlo para acabar con las mafias que se aprovechan de estas pobres gentes “empaterándolas” con peligro de muerte (lo que uno no sabe es si detrás de esas mafias no estaremos nosotros mismos). Uno piensa también que si hemos sido tan sabios para desarrollarnos tanto, también debemos serlo para contribuir al desarrollo de esos países creando allí fuentes de riqueza y de trabajo que eviten que el horizonte del niño que nace allí sea morir de hambre o de sed (lo que uno tampoco sabe es si estamos dispuestos a que los beneficios de ese desarrollo sean para ellos y no para nosotros, pagando así la deuda que con ellos tenemos).

Si no, si el Mediterráneo en vez de ser un mar privilegiado en medio de la tierra, va convirtiéndose poco a poco en un depósito de cadáveres, quizá llegue un momento en que sus aguas estén definitivamente infectadas y nuestros hijos, cuando vayan a la playa a lo mejor tienen que bañarse con mascarilla. Y no digamos nada si, como predicen nuestros ecologistas, esas aguas sucias comienzan a invadir nuestras ciudades costeras…

Ese día, el “mare nostrum” se habrá convertido en otro “mare monstrum” y el Medi-terráneo se habrá convertido en “Medi-averno”: no centro de la tierra sino centro del infierno. ¿Bastará entonces con decir aquello de “que nos quiten lo bailao”?

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