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Predicar la conversión.

domingo, 14 de julio de 2024
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IMG_6027Domingo XV del Tiempo Ordinario

14 julio 2024

Mc 6, 7-13

Es probable que para la gran mayoría de personas religiosas o que han crecido en ese espacio, tanto la palabra “predicar” como la de “conversión” evoquen significados concretos que prefieran olvidar.

Debido a la experiencia vivida durante muchas generaciones, el término “predicación” hace pensar en adoctrinamiento, proselitismo, imposición y sometimiento a una doctrina. Por su parte, “conversión” remite a pecado, culpa, confesión, sacrificio y reparación. En consecuencia, la unión de ambas palabras en una sola expresión reviste tonos sombríos, rutina y pesadumbre.

Tanto el abuso de esos términos, con una práctica abusivamente negativa asociada a los mismos, como la disonancia que provocan en una cultura moderna reacia a cualquier tipo de prédica y refractaria a cualquier idea de culpa, hace que sean irrecuperables.

Solo cabe, si acaso, rescatar el sentido original de “conversión”, traducción del griego “metanoia”. Ateniéndonos a la etimología, se habla aquí de “meta” (más allá) y “noia” (de “nous”: inteligencia, que podría traducirse por mente). De acuerdo con ese significado etimológico, convertirse es ir más allá de la mente. Un ir que supondrá siempre un cambio de dirección o de sentido, con respecto al camino que habíamos tomado con anterioridad.

Cada vez somos más conscientes de los límites de la mente y del peligro reduccionista y limitante que supone el hecho de absolutizarla. Si queremos avanzar en la verdad -única fuente de crecimiento, liberación y humanización-, es preciso trascenderla. Lo cual no significa en absoluto negar su lugar ni mucho menos sofocar su función crítica. Significa, sencillamente, reconocer su límite, advirtiendo que nunca puede ir más allá del mundo de los objetos. Por tanto, para avanzar en la verdad, necesitamos acallarla entrando en el silencio de los pensamientos y del yo, teniendo el coraje de integrar lo que ahí se nos revela. Eso es la “conversión”, no algo sombrío, sino fuente permanente de luz y despliegue.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Jesús no les da poder, sino autoridad sobre el mal

domingo, 14 de julio de 2024
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envio misioneroDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- El Señor nos llama para estar, para vivir con Él.

        El texto del evangelio que acabamos de escuchar viene precedido por unas palabras del mismo evangelista, Marcos, en las que dice cómo Jesús llamó a algunos para que estuvieran con Él, para que vivieran con Él.

Lo primero y más importante es estar con el Señor.

        En el ámbito de Jesús se está bien, se vive en paz: se tiene “la cabeza y el  pensamiento bien puestos”, “el corazón está en su sitio”, las grandes cuestiones de la vida tiene su sentido y orientación.

        San Juan de la Cruz (1542-1591) los dirá de otra manera: “estando ya mi casa sosegada”.

        Viviendo en el Señor se vive en calma, en paz. El cristianismo no son ansias ni ansiedades neuróticas de tipo religioso, moral, eclesiástico, que pueden terminar haciendo mucho daño.

        Incluso cuando el pecado nos pilla en la vida, no es causa de angustia, de culpabilidades malsanas. El buen ladrón, el hijo perdido, la mujer adúltera, Magdalena, Pedro, etc.  saben mucho de la paz que confiere el encuentro con el Señor…

        Una iglesia de “Belorados”, “Viganos”, “Beccius”, de enfrentamientos ideológicos y maniobras jerárquicas o de superiores déspotas de poder y sin autoridad, no tiene que ver nada con el estar con el Señor o con el venid a mí los que estáis cansados y agobiados, venid a descansar…

Jesús nos llama a vivir con él. Que no se turbe vuestra paz. No perdáis la calma.

02.- Les envía a la misión con autoridad sobre los espíritus inmundos

Poder y autoridad

        Viviendo en paz de Dios, estando con el Señor, les -nos- envía  a la misión.

Tienen una cierta solemnidad el envío de Jesús a los suyos. Jesús envía a la misión con autoridad sobre la enfermedad, sobre el mal, sobre los espíritus inmundos.

        El envío no se refiere a los curas, religiosos, obispos, etc., sino que la misión para sanar y expulsar los malos espíritus de la humanidad se dirige a todo creyente: Id y transmitid la buena noticia, la paz, las ganas de vivir, el aliento vital; sanad la psicología dañada (espíritus inmundos).

Poder y autoridad.

Jesús no les da poder, sino autoridad; que no es lo mismo poder que autoridad.

  • Poder

El poder es la potestad que una persona o institución pueden ostentar porque se lo han concedido las urnas, los votos, o porque tal persona ha sido instituida en determinado cargo o sede, escaño parlamentario, cátedra, etc. por quien puede hacerlo.

Sin duda que tal poder será legítimo.

Pero hoy en día “poder” significa casi siempre, «control», «gobierno», «imposición». Y esta es nuestra desgracia.

No pocos políticos, obispos, curas tienen poder, pero nula autoridad

  • Autoridad

Autoridad es otra cuestión mucho más noble. Proviene del latín «augere» (hacer crecer) e indica la capacidad que una persona tiene para hacer crecer a los demás.

Una persona tiene autoridad por su bondad, por su noble competencia, por su presencia sana y sanante en un grupo, en la familia, en la comunidad, pueblo, Iglesia…

Puede ser, -ocurre con frecuencia-, que una persona tenga poder legítimo, pero ninguna autoridad. Lo estamos viviendo y padeciendo todos los días en la sociedad, en las familias, en la vida política, en las diócesis, en los entramados eclesiásticos, etc.

Necesitamos personas con autoridad pero -casi- sólo contamos con personas poderosas.

03.- Ni pan ni alforja. Bastón y sandalias: vivid y evangeliza en pobreza

La Iglesia una vez que pasa a ser la religión oficial del Imperio romano  (a partir del siglo IV / Constantino) ha vivido en muchas etapas  al amparo y con el apoyo de algún poderpolítico, económico, ideológico o de su propio poder eclesiástico. El sistema eclesiástico está demasiado acostumbrado a vivir y actuar desde un nivel de superioridad poco -nada- evangélico.

Es cierto que en algunos momentos la Iglesia se ha tornado más sencilla: en tiempos de Juan XXIII, Pablo VI, ahora con el papa Francisco está recuperando el sentido de servicio. Su autoridad no es el poder temporal, sino la bondad, la misericordia.

Es bueno para la Iglesia ir perdiendo poder económico y político, pues ese despojamiento nos acerca al movimiento que puso en marcha Jesús cuando envió a sus discípulos de dos en dos, sin alforjas, sin dinero ni túnica de repuesto, y con una sola misión: sanar enfermos y expulsar demonios.

Para evangelizar y expulsar espíritus inmundos no hace falta alforja, ni dinero, ni tan siquiera la “x” de la declaración de hacienda. Para la misión hace falta estar con el Señor, fe y autoridad.

     Quizás tenemos poder, medios, pero escasea la autoridad y la fe.

04.- Curaban y echaban demonios

        Jesús no hace un envío a la misión de tipo cultual o religioso, Dicho coloquialmente, Jesús no  envía a los suyos a celebrar actos litúrgicos por los pueblos. El envío de Jesús es humanitario: curar enfermos y expulsar demonios

        Es lo mejor que podemos hacer en la vida: sanar, aliviar, que eso es ser cristiano.

        Llama la atención que la gran preocupación ante la escasez de clero sea que no falte la misa de 12 en tal pueblo / parroquia, y si falta, aunque sea que una religiosa o un laico, lea el evangelio y dé la comunión.

Al obispado no le preocupa si los ministros están bien, serenos en su misión. Al poder eclesiástico no le interesa si en esa comunidad hay enfermos, parados, encarcelados, personas en soledad, etc., le preocupan los ritos.

La preocupación de Jesús era otra: dar de comer, curar leprosos, reestructurar personas y personalidades  dañadas (endemoniados), devolver la vida, etc.

        Estamos llamados y enviados por el Señor a vivir con él en paz y serenidad y desde esa vivencia a hacer el bien, a aliviar, curar, expulsar demonios.

Sanemos corazones afligidos y curemos las enfermedades y los males que podamos.

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“Seguir a Jesús realizando la obra encomendada”, por Consuelo Vélez

domingo, 14 de julio de 2024
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IMG_6046De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio. Domingo XV del TO 14-07-2024

Jesús envía a sus discípulos y, él mismo, realizará con ellos, la obra encomendada

Los discípulos han de seguir adelante, realizando la misión encomendada, aunque sobrevenga la persecución y el rechazo

Seguir anunciando el reino hoy con obras de justicia y misericordia, de profecía y compromiso, sembrando la paz y cultivando la esperanza en ese mundo mejor que el anuncio del reino hace posible

Llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón, ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: “cálcense con sandalias y no vistan dos túnicas”. Y les dijo:

“Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no los recibe y no los escuchan, márchense de allí sacudiendo el polvo de la planta de sus pies, en testimonio contra ellos”.

Y yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban (Mc 6, 7-13).

Hoy nos encontramos con un evangelio en el que los discípulos van a ser los protagonistas. En un pasaje anterior, Jesús había enviado a los suyos a predicar con el poder de expulsar demonios (Mc 3, 14-15). Ahora van a comenzar a realizar esa tarea. Son enviados por Jesús, “de dos en dos”, porque van a dar testimonio y para esto se necesitan dos personas según el Deuteronomio (19, 15) y han de ir con la confianza puesta en Dios y no en los apoyos materiales. De ahí las indicaciones de solo ir con un bastón -propio de los caminantes- pero sin nada más que garantice su sustento porque el envío es de Dios y él mismo realizará con ellos, la obra encomendada. También les da el poder o la autoridad de expulsar demonios.

Recodemos que al hablar de demonios estamos refiriéndonos a las fuerzas del anti reino que Jesús expulsa con la autoridad de su palabra. Donde se anuncia el reino, se expulsa el anti reino. Es la misma tarea que han de realizar los discípulos.

Como dijimos la semana pasada, la comunidad de Marcos sufre persecución. De ahí que el texto les advierte a los discípulos que es posible que en algún lugar no los reciban. Su reacción tiene que ser de seguir adelante, realizando la misión encomendada, sin temor a la persecución y el rechazo. Han de quitarse el polvo de los pies para que no quede memoria de aquellos que los han rechazado. El texto concluye mostrando el accionar de los discípulos, los que además de predicar y expulsar demonios, también curan enfermos, señal clara del reino que llega a las personas, liberándolas de toda dolencia.

Hoy también muchos siguen realizando la misión encomendada por Jesús, pero este pasaje puede servir de confrontación al cómo se realiza. Lo primero no olvidar que es una tarea que se ha confiado. Dios no la va a dejar de su mano. Por tanto, la confianza en el Señor, es imprescindible. Lo segundo son las obras que se realizan. No es hacer lo mismo a modo de copia de aquellos tiempos, sino ser profetas del reino en este tiempo actual, denunciando lo que es anti reino y haciendo posible la puesta en práctica de los valores del evangelio. Si en aquella época la expulsión de demonios y las curaciones podían comprenderse como la presencia de Dios actuando en esa situación, la pregunta que hay que hacerse hoy, es sobre qué obras realizar para que el reino de Dios se haga presente. No es realizando exorcismos -ahora tan de moda desde la misma institución vaticana-, no es sanando enfermedades con ceremonias de curación y algo de histeria colectiva como pretenden otros. Es acompañando el caminar actual para responder a los desafíos presentes con obras de justicia y misericordia, de profecía y compromiso, sembrando la paz y cultivando la esperanza en ese mundo mejor que el anuncio del reino hace posible.

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Encuentros…

sábado, 13 de julio de 2024
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«Dios no permite los encuentros inútiles y si nos hemos conocido es para encontrar la una en la otra algo que nos haga avanzar en Él un poco más».

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Madeleine Delbrêl
carta a una de sus amigas en mayo de 1931

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Carlo Acutis: Qué santidad cristiana proponemos en el siglo XXI

sábado, 13 de julio de 2024
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IMG_5886Del blog de Joseba Kamiruaga Mieza CMF “Beste aldera joan zen Jesus”:

«Seguramente por mi ignorancia, la canonización de Carlo Acutis me deja un tanto ‘perplejo’»

“No me cabe la menor duda de que Carlo Acutis era un buen muchacho y cristiano, con una personalidad y una fe aún en evolución, que probablemente intentaba llevar adelante la santidad de la vida cotidiana. Pero cierta presentación de su persona, de su vida, de su itinerario creyente en lugar de convertirlo en un modelo para el siglo XXI quizá, a mí me lo parece, sí lo proyectan décadas atrás»

«Debemos aprender a hablar de santidad hablando de humanidad y de realidad, también sin excluir, sin mutilar. No hay santidad sin asumir plenamente la realidad, con todo su peso de sombras; no se puede alcanzar la santidad sin confiar en inicios y reinicios, sin confiar en el camino, sin confiar en la vida»

«Jesús, con este discurso, nos propone en cambio un salto cualitativo para vivir en una dimensión superior, en la que siendo hijos de Dios, es decir, pertenecientes a su Reino, la justicia, la mansedumbre, la consolación y el perdón puedan convertirse en objetivos concretos de una vida nueva que logra aceptar -porque las redime con amor- todas esas limitaciones humanas que tanto nos mortifican»

«La tarea concreta del discípulo de Jesús, a la luz de las Bienaventuranzas, no es convertirse en «buenas personas«, conocedores o estudiosos de su religión, sino vivir su vida como experiencia de una realidad superior, compuesta de cosas maravillosas que constituyen precisamente la propuesta divina de bienaventuranza que surge de su ser amor por nosotros«

Michael Moore: «¿Qué modelo de santidad queremos presentar y vemos ‘seductora’ y plausible para el joven de hoy?»

El 1 de julio, y tras la realización del consistorio del papa Francisco, se ha comunicado que está por determinar la fecha de la canonización del que será San Carlo Acutis. Y, pensando durante estos días en la propuesta de un modelo de santidad que es una canonización, he querido volver mi mirada a la gran imagen de la santidad que son las Bienaventuranzas que inauguran el Sermón de la Montaña y fundan el Reino de Dios.

Es una lista asombrosa, tan contraria a cómo va el mundo: los pobres de espíritu, los afligidos, los mansos, los pacificadores, los puros de corazón, los misericordiosos, los perseguidos… Y seguramente los santos canonizados se han acercado esas bienaventuranzas y han conformado la vida a ellas. Y lo han hecho en la realidad de sus días, con su humanidad, sus límites, su pensamiento, su contexto histórico y cultural. Santos, no perfectos. No sé si es útil recordar que la santidad no es propiamente perfección.

Hombres y mujeres que han vivido el tiempo que les fue dado, que también pecaron, que también tuvieron que lidiar con el mal, el de los demás, pero también el propio. Un mal vencido por el bien, un mal vencido por la gracia, un mal vencido por existencias que no son perfectas, sino progresivamente abandonadas al amor de Dios.

La santidad no es perfección

Y desde lo que voy aprendiendo en mi vida cristiana y religiosa, me detengo siempre más a menudo (ahora que estoy con personas ancianas y enfermas) que la santidad no es perfección y que hay que tener el coraje de superar ciertas apologías que hacen a los santos tan lejanos, tan únicos y tan, a veces, inhumanos. A pesar de las diferencias de vidas y épocas, los santos quizás tuvieron esto en común: la confianza en la bondad de Dios y la gratuidad de su misericordia. Y, sobre esta base, empezar de nuevo, a reconstruir, a fundar una vida nueva con grandes dosis de alternativa, y a tratar con la realidad, siendo conscientes de que para el ser humano todo pasa, mientras que para Dios todo permanece, misteriosamente, presente, redimido, sanado…, asumido porque amado y salvado.

Debemos aprender a hablar de santidad hablando de humanidad y de realidad, también sin excluir, sin mutilar. No hay santidad sin asumir plenamente la realidad, con todo su peso de sombras; no se puede alcanzar la santidad sin confiar en inicios y reinicios, sin confiar en el camino, sin confiar en la vida.

Todos los que han comentado el Evangelio de las Bienaventuranzas han intentado siempre, por todos los medios, explicar el importante y exigente discurso de Jesús; y de hecho encontramos algunos bellos comentarios que nos ayudan a descubrir todos los aspectos -incluso los más ocultos- de éste que es un verdadero cántico de santidad. Pero entonces quizá hasta resulta natural preguntarnos por qué siempre es tan difícil poner en práctica el contenido de esta enseñanza de Jesús en nuestras vidas.

¿Cómo leemos las bienaventuranzas?

sermon-on-the-mountLa respuesta a esta pregunta tal vez resida en que, a pesar de los excelentes comentarios, seguimos leyendo las bienaventuranzas con nuestra manera de ver las cosas y no con la de Dios. De esta manera, nos comportamos como si hubiéramos leído cada una de ellas al revés, por lo que se nos escapa el significado correcto y, en consecuencia, la propuesta que percibimos de estas palabras resulta demasiado dura y por tanto inaceptable.

De hecho, si pensamos que en el discurso de Jesús se afirma que es una bienaventuranza ser pobre, o estar llorando y sufriendo, o tener hambre de justicia, no estamos entendiendo el significado correcto de sus palabras y, por lo tanto, las rechazamos porque creemos que son contrarias a nuestra idea de un Dios bueno. Sin embargo, si logramos comprender que las bienaventuranzas son las enunciadas en la segunda parte de cada frase -poseer el reino de los cielos, ser consolado, alcanzar misericordia, contentarse con la justicia- entonces nuestra forma de entender será completamente trastocada y todo adquirirá un significado diferente y será hasta una invitación provocadora.

Ya no se trata de la lógica, habitual entre nosotros, que se basa en la creencia de que la compensación se obtiene de Dios gracias a las buenas obras realizadas, sino que se confirma que las palabras de Jesús son pronunciadas en la lógica del amor, hacia el cual todas las cosas humanas, incluso las más miserables y degradantes, pueden ser redimidas y elevadas, si se viven por amor.

Jesús asegura a sus seguidores que pueden ser felices, es decir, tener esa bienaventuranza que proviene de poseer el Reino de Dios, de ser consolados, de obtener misericordia y de estar satisfechos con la justicia, aunque en su experiencia humana experimenten situaciones en las que hay llanto, pobreza, sufrimiento, rechazo y falta de justicia. Lo decisivo, sin embargo, es que el objetivo de sus acciones no es simplemente disfrutar de la vida, poseer y acumular riquezas, vivir cómodamente, buscando comprensión y justicia de los demás, sino implicarse y entregarse a los demás en una lógica cuyo único principio de referencia es el amor.

Así que a la luz de estas observaciones podemos intentar preguntarnos nuevamente por qué siempre es tan difícil aceptar estas bienaventuranzas propuestas por Jesús, a pesar de que es evidente que, poniendo patas arriba la lógica de la interpretación, los objetivos que Él, el primer bienaventurado, propone para nosotros con este discurso son realmente muy importantes.

La respuesta está en el hecho de que, en su mayor parte, vivimos nuestras vidas a un nivel mucho más bajo que el de las bienaventuranzas. En este nivel todo se compara y se mide en base a objetivos mucho más limitados, con los que ahora hemos aprendido a contentarnos, sin esperar más. Son el bienestar, el poder, la riqueza, la justicia de las leyes humanas, la salud,…, y los utilizamos hábilmente como escudos para ocultarnos la miseria de nuestras limitaciones humanas de las que nos avergonzamos profundamente.

Salto cualitativo

jesus_jovenesJesús, con este discurso, nos propone en cambio un salto cualitativo para vivir en una dimensión superior, en la que siendo hijos de Dios, es decir, pertenecientes a su Reino, la justicia, la mansedumbre, la consolación y el perdón puedan convertirse en objetivos concretos de una vida nueva que logra aceptar -porque las redime con amor- todas esas limitaciones humanas que tanto nos mortifican.

La tarea concreta del discípulo de Jesús, a la luz de las Bienaventuranzas, no es convertirse en «buenas personas», conocedores o estudiosos de su religión, sino vivir su vida como experiencia de una realidad superior, compuesta de cosas maravillosas que constituyen precisamente la propuesta divina de bienaventuranza que surge de su ser amor por nosotros.

La enseñanza que Jesús nos propone con este Evangelio, también a nosotros, las personas del tercer milenio que queremos ser sus seguidores, es intentar sentir, pensar, actuar, vivir como Él, el Bienaventurado por excelencia:

1.- Tratar de buscar nuestra mayor felicidad en el Reino de Dios, es decir, en ser hijos y herederos suyos, y así descubrir que la pobreza ya no nos asustará, porque podremos distinguir lo superfluo de lo esencial;

2.- Tratar de convertirnos en personas verdaderamente amables, para que ya no tengamos que inventar formas de defendernos de los poderosos;

3.- Tratar de practicar siempre la justicia del perdón dirigida a todos, para que ya no sintamos la necesidad de escribir leyes imperfectas que no hacen justicia a nadie;

4.- Tratar de comprometernos cada día a compartir el sufrimiento de los demás, para no tener miedo de nuestro propio sufrimiento;

5.- Tratar de ser siempre misericordiosos y dispuestos a perdonar a todos, así seremos siempre objeto de la inmensa misericordia de Dios.

Elevar una figura humana ‘a los honores de los altares‘ comporta el riesgo de ‘angelizarla’, de ‘sublimarla’, de sustraerla, por tanto, a aquellos aspectos de humanidad que le son propios, o a las consecuencias de elecciones equivocadas

Reconozco que elevar una figura humana ‘a los honores de los altares‘ comporta el riesgo de ‘angelizarla‘, de ‘sublimarla‘, de sustraerla, por tanto, a aquellos aspectos de humanidad (incluso ligados a los propios límites, a los propios defectos, a los errores personales experimentados durante la propia vida humana) que le son propios, o a las consecuencias de elecciones equivocadas que esta misma persona hizo en vida. Y entiendo que reconocer y proponer universalmente, siguiendo el camino articulado que sigue la Congregación para las Causas de los Santos, la «santidad» de un individuo significa afirmar que esta persona se encuentra ahora «en su destino«, en esa visión beatífica que en la teología cristiano-católica se realiza con el encuentro con Dios en el más allá.

¿Qué es la santidad cristiana?

jesus-woman-taken-adultery_1344951_tmbTantas veces me he preguntado qué es la santidad cristiana: ¿se trata de ser creyentes o de ser, también, creíbles? Creo que un criterio, y que a mí me ayuda, se encuentra en la invitación del Papa San Pablo VI: el mundo escucha más a gusto a los testigos que a los maestros (cf. Discurso a los miembros del «Consejo de los Laicos«, 2 de octubre de 1974). Por eso me he referido a las bienaventuranzas evangélicas, porque el Bienaventurado nos presenta a todas las personas que son testigos creíbles que el mundo necesita: hoy no menos que ayer.

Seguramente por mi ignorancia, lo confieso, la canonización de Carlo Acutis me deja un tanto ‘perplejo. En lo que yo he leído, se alaba su devoción a los sacramentos más que su aptitud para la vida social y el voluntariado; más que su asiduidad a la lectura de las Escrituras se alaba su asistencia a la Misa. También se ensalza su pasión por la informática, una cualidad muy común a su edad, tomando como ejemplo su página web dedicada a los milagros eucarísticos: hechos reconocidos hace siglos, fácilmente reinterpretados a la luz de los conocimientos médicos actuales, y que parecen, cuando menos, pintorescos a los ojos de un joven de hoy.

No me cabe la menor duda de que Carlo Acutis era un buen muchacho y cristiano, con una personalidad y una fe aún en evolución, que probablemente intentaba llevar adelante la santidad de la vida cotidiana. Pero cierta presentación de su persona, de su vida, de su itinerario creyente en lugar de convertirlo en un modelo para el siglo XXI quizá, a mí me lo parece, sí lo proyectan décadas atrás.

¿La Iglesia pide a un adolescente del siglo XXI que encarne esta idea de santidad: adorar los milagros, ir a Misa más que los demás y confesarse continuamente? No sé si se trata de pedir eso u otra cosa. Ciertamente para entender qué y cómo presentar el modelo cristiano de bienaventuranza y santidad necesitamos recalibrarnos y renovarnos en la dinámica real de los adolescentes y jóvenes de nuestro tiempo. Sólo así podremos permitir a los adolescentes y jóvenes adherirse más auténticamente a un proyecto de vida cristiana, bienaventurado y santo, propio de este kairos o quizás reinventarlo con la ayuda del Espíritu en el siglo XXI.

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Proyecto de fe y de vida

Ciertamente un proyecto de fe y de vida que se alimenta en la Eucaristía y que se renueva en la Reconciliación, pero que tiene otras marcadas dimensiones -una de ellas, por ejemplo, la dimensión social-: con la conciencia de que «no todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos» (Mateo 7, 21-23).

Acabo ya. Nuestro siglo XXI también es un escenario de batallas y conflictos, de victorias para unos, de derrotas para otros, y de violencia para todos. Sin embargo, donde antes se derramó sangre, donde la historia ha tomado rumbos diferentes,…, vuelve el sol, vuelve la luz, en la serena tranquilidad de la vida que siempre renace. Porque la vida tiene una fuerza inagotable por la que siempre merece la pena despertar cada día. La santidad es, quizá, esto mismo: apostar por la vida, darse siempre una nueva oportunidad, cultivar la esperanza. Y la confianza en que la realidad exige que también se diga esto: la vida continúa.

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¡Hijo mío, te empeñas en pedirme tanto, tanto! Qué no me escuchas

viernes, 12 de julio de 2024
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Del blog de Alfonso J.Olaz El rincón del Peregrino:

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Y no me escuchas
Que te estoy pidiendo
Que me bajes de esta Cruz
De la que tú, has participado.Te empeñas en pedirme tanto y tanto…
Y ya no oyes…
¡Que te pido que me ayudes!

Y no te puedo ayudar,
Si no me  atiendes

Si me oyeras sabrías

que estoy aquí Clavado
Y necesito que me bajes

para completar mi obra contigo.

Si me sintieras, verías que tengo el cuerpo quebrado
Y te necesito para que puedas curarme.
Solo estás tú conmigo.
¡Y tú podrías curarme!

No me pidas que te ayude,
Si no quieres escucharme,
Y bajarme de este madero
Para ya siempre Sanarme.

Tener dignidad, Quiero
Creer en el hombre, Deseo
Hacer Fraternidad, Sueño

¡Creer! Y Soñar
Que contigo todo es posible
Y Sin ti nada, nada es posible, ¡Nada!

Para tener una mirada tuya,
De frente
De abajo hacia arriba
Y poder ver mi rostro en tus hermanos
Y bajarlos de la Cruz,

¡De esta Cruz que hemos creado,

para someter a todos, a todos!
¡Por nuestro egoísmo inhumano!
De los submundos que hemos alentado.¡Hermano!

¡No te pido tanto!
Ya te he escuchado,
¡Ahora Tú, Escúchame!

Si tú lo haces, harás lo que yo quiero, contigo.
Y ya no estarás solo
Porque quiero cada día apoyarte,
Y bendecirte, porque me has escuchado.

Y has empezado a romper las cruces,

que matan al hombre-a todos mis hijos e hijas de este mundo.

¡Bendito seas Jesús!
¡Bendito seas hermano, hermana!
Si hoy te has unido al Maestro
Él jamás te abandonará.
Y te ayudará cada día a bajar de tu Cruz.

Del Evangelio a la Vida, de la Vida al Evangelio.

*

Alfonso Olaz

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M’hijito

viernes, 12 de julio de 2024
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IMG_5878Una preciosa reflexión llena de vida, esperanza, solidaridad… 

Mari Paz  López Santos,
Madrid.

ECLESALIA, 01/07/24.- Entré en el ascensor del hospital para bajar a la salida. Había ido a visitar y acompañar un rato a una amiga que llevaba unos días ingresada.

Dentro del ascensor solamente había una persona. Un joven con la cabeza gacha en posición atenta a su móvil. Era una video-llamada y el audio, aún con sonido discreto era perfectamente audible.

En el poco espacio de tiempo que dura bajar dos pisos en ascensor, lo que escuché me conmovió profundamente.

Una voz suave y dulce de mujer desde lejos, muy lejos, desde algún país de América Latina invadía los pocos metros cuadrados del ascensor.

Estoy tranquila de que estés en ese país. Es bueno para ti.

El joven no decía nada, escuchaba con toda atención las palabras que, sin lugar a dudas, eran de su madre.

Ahí te van a cuidar, m’hijito. Ya verás… todo va a ir bien.

El ascensor paró, se abrió la puerta, salí… y el sonido de la voz de esa madre, diciendo “m’hijito”, no creo que lo vaya olvidar nunca. Una madre quiere tener a su hijo o hija cerca siempre, pero especialmente si tiene problemas de salud.

De camino a casa, en el autobús, me dio tiempo a pensar en todos los inmigrantes que vienen con esperanza a esta parte del mundo buscando escucha, formación, trabajo… y quizás oportunidades de sanar enfermedades; o huyendo de situaciones de violencia y muerte en sus países de origen. Desconocen con qué se van a encontrar y debe ser especialmente duro si enferman.

Esa madre animaba a su hijo a confiar en el país al que había llegado: “ahí te van a cuidar, m’hijito”… o no.

Doy gracias por no estar colgada del móvil en ese rato y haber recibido en breves instantes una realidad que me llega más profundo que las noticias de los medios, de los que procuro poner distancia para no perder el norte.

Queda dentro esa sensación de no poder hacer nada, sólo vivir el instante y si es posible compartirlo. Eso he querido hacer de esta forma tan simple.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Benito de Nursia

jueves, 11 de julio de 2024
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Benito (Nursia, c. 480 – Montecassino, c. 547) fue el fundador del monacato occidental. Cautivado e impulsado por el Espíritu, abrazó en su edad juvenil un período de absoluta soledad en una cueva de Subiaco; su fama le atrajo algunos discípulos, para los que organizó la vida cenobítica. Primero, en pequeńos monasterios y, después, en el célebre cenobio de Montecassino.

Su Regla reasume sabiamente la tradición monástica oriental y la adapta con discreción al mundo latino. Esta ‘escuela de servicio al Señor‘ se construye en torno a la lectura amorosa de la Palabra de Dios (Lectio Divina), a la liturgia de alabanza desarrollada de manera coral y al trabajo realizado en un clima de caridad fraterna, de humilde y obediente servicio.

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San Benito, Francisco de Zurbaran. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.

El Padre corta todos los sarmientos unidos a mí que no dan fruto y poda los que dan fruto, para que den más fruto.

Vosotros ya estáis limpios, gracias a las palabras que os he comunicado.

Permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros. Ningún sarmiento puede producir fruto por sí mismo, sin estar unido a la vid, y lo mismo os ocurrirá a vosotros, si no estáis unidos a mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada.

El que no permanece unido a mí, es arrojado fuera, como los sarmientos que se secan y son amontonados y arrojados al fuego para ser quemados.

Si permanecéis unidos a mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo tendréis.

Mi Padre recibe gloria cuando producís fruto en abundancia, y os manifestáis así como discípulos míos.

*

Juan 15,1-8

***

«Y el Señor, que busca su obrero entre la muchedumbre del pueblo al que dirige esta llamada, dice de nuevo: «¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?» (Sal 33,13). Si tú, al oírlo, respondes ‘yo’, Dios te dice: «Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela» (Sal 33,14-15). Y si hacéis esto, pondré mis ojos sobre vosotros, y mis oídos oirán vuestras preces, y antes de que me invoquéis os diré: «Aquí estoy». ¿Qué cosa más dulce para nosotros, carísimos hermanos, que esta voz del Señor, que nos invita? Ved cómo el Señor nos muestra piadosamente el camino de la vida. Ciñamos, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, y sigamos sus caminos guiados por el Evangelio, para merecer ver en su Reino a Aquel que nos llamó»

*

Benito,
Regla, prólogo 14-21.

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Sí, la Iglesia y el mundo, por diferentes pero convergentes razones, necesitan que San Benito salga de la comunidad eclesial y social y se rodee de su recinto de soledad y silencio, y desde allí nos haga escuchar el encantador acento de su sosegada oración, desde allí casi nos alabe y acaricie y nos llame a sus claustros, para ofrecernos el cuadro de un taller “del servicio divino”, de una pequeña sociedad ideal, donde finalmente reina el amor, la obediencia, la inocencia, la libertad de las cosas y el arte deusarlas bien, la prepondeancia del espíritu, de la paz. En una palabra, el Evangelio.

Que san Benito vuelva para ayudarnos a recuperar la vida personal; esa vida personal por la que hoy sentimos tanto ansia y afán y que el desarrollo de la vida moderna, a la que se debe el deseo exagerado de ser nosotros mismos, lo sofoca en tanto que lo despierta, lo decepciona al mismo tiempo que lo hace consciente.

Corría el hombre en un tiempo, en los siglos remotos, al silencio del claustro, como corría a ellos Benito de Nursia, para encontrarse a sí mismo. Hoy, no es la carencia de la convivencia social lo que impulsa al mismo refugio, sino la exuberancia. La excitación, el estruendo, la ansiedad, la exterioridad, la multitud amenazan la interioridad del hombre. Le falta el silencio con su genuina palabra interior, le falta el orden, le falta la oración, le falta la paz, le falta él mismo. Para recuperar el dominio y el gozo espiritual de nosotros mismos, tenemos necesidad de  volver a asomarnos al claustro benedictino.

Y una vez recuperado el hombre para sí mismo en la vida monástica, es recuperado para la Iglesia. El monje tiene un puesto de privilegio en el Cuerpo Místico de Cristo, una función tanto más providencial y urgente como nunca.

*

Pablo VI
Discurso después de la Consagración de la Basílica de Monte Casino el día 24 de octubre de 1964.

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“En el mundo material, búsqueda del mundo espiritual”, por Leonardo Boff

jueves, 11 de julio de 2024
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IMG_5881Vincent Van Gogh

«Merecemos un destino mejor, necesitamos beber de otras fuentes«

¿Qué hacemos en este mundo? ¿Cuál es nuestro sitio en el conjunto de los seres? ¿Cómo actuar para garantizarnos un futuro que sea esperanzador para todos y para nuestra Casa Común? ¿Qué que podemos esperar más allá de esta vida?

Vivir el mundo espiritual puede mostrarnos caminos que nos saquen de la crisis de los tiempos actuales

Hay mucha gente harta de bienes materiales y del consumismo de nuestra cultura. Como contrapunto quiero situar el tema de los bienes espirituales en el contexto dramático, peligroso y esperanzador en el que se encuentra actualmente la humanidad, especialmente la humanidad humillada y ofendida que vive en el Sur Global, las víctimas de las 18 regiones en guerra, en particular en la Franja de Gaza, con visos de genocidio a cielo abierto, sin olvidar las muchas víctimas de la guerra Rusia-Ucrania.

Nuestra reflexión quiere captar la emergencia del mundo espiritual e insistir en su urgencia apremiante ante las amenazas de desaparición de la especie y de liquidación de la biosfera, ya sea por una guerra nuclear, por exceso de calor debido a cambios climáticos o por cualquier factor de desequilibrio del mismo planeta Tierra. Podrían eventualmente poner  en peligro el futuro común de la Tierra y de la humanidad.

En momentos así, dramáticos, el ser humano se sumerge en lo más profundo de sí y se plantea cuestiones básicas: ¿Qué hacemos en este mundo? ¿Cuál es nuestro sitio en el conjunto de los seres? ¿Cómo actuar para garantizarnos un futuro que sea esperanzadorpara todos y para nuestra Casa Común? ¿Qué que podemos esperar más allá de esta vida? Todas estas preguntas pertenecen al mundo espiritual.

En este contexto debemos plantearnos la cuestión del mundo espiritual, en otras palabras, de la espiritualidad. El mundo espiritual es una de las fuentes principales, aunque no la única, de inspiración de lo nuevo, de esperanza de buenos resultados, de generación de un sentido plenificador y de capacidad de autotrascendencia del ser humano, pues el ser humano sólo se siente plenamente humano cuando busca autosuperarse. La razón radica en que el ser humano se vivencia como proyecto infinito, repleto de virtualidades que, en parte, se realizan en la historia, y, en su totalidad, más allá de ella.

La razón radica en que el ser humano se vivencia como proyecto infinito, repleto de virtualidades que, en parte, se realizan en la historia, y, en su totalidad, más allá de ella

IMG_5880Comunidad Mario Purisic

Esa preocupación por el mundo espiritual es recurrente en nuestra cultura, no sólo en el ámbito de las religiones, que es su lugar natural, sino también en el ámbito de las búsquedas humanas tanto de los jóvenes como de los intelectuales, de famosos científicos y –para nuestra sorpresa– de grandes empresarios. En los últimos años he dado charlas aquí y fuera del país, a personas pertenecientes a esos grupos.

Que grandes empresarios se planteen cuestiones ligadas al mundo espiritual, o sea, a la espiritualidad confirma las dimensiones  de la crisis que nos asola. Significa que los bienes materiales que ellos producen, las lógicas productivistas y competitivas que incentivan, el universo de valores comerciales (todo se ha vuelto mercancía) que inspira sus prácticas no abordan los interrogantes referidos. Hay un vacío profundo, un hueco inmenso dentro de su ser. Por eso, pienso, que sólo el mundo espiritual puede llenarlo.

Es importante, sin embargo, mantener siempre nuestro espíritu crítico, porque con el mundo espiritual, con la espiritualidad, también se puede hacer mucho dinero. Hay verdaderas empresas que manejan discursos de espiritualidad, que no es raro que hablen más a los bolsillos que a los corazones. Hay líderes neopentecostales que son expresión del mercado con su predicación del evangelio de la prosperidad material y, recientemente, del dominio. Conquistan para los intereses de sus pastores a los fieles, religiosos y de buena fe.

Pero los portadores permanentes del mundo espiritual son las personas consideradas comunes, que viven la rectitud de la vida, el sentido de solidaridad y cultivan el espacio de lo Sagrado, ya sea en sus religiones e iglesias, ya sea en el modo como piensan, obran, interpretan la vida y cuidan de la naturaleza.

Lo que importa es que mundialmente hay una demanda de valores no materiales, de una redefinición del ser humano como un ser que busca un sentido plenificador, que está en busca de valores que propician alegría de vivir. En todas partes encontramos seres humanos, especialmente jóvenes, indignados con el destino previamente definido en términos de economía, cuando se dice que “no hay alternativa” (TINA=There is no Alternative), con el sistema de mercado bajo el cual estamos obligados a vivir, que se niegan a aceptar los caminos que los poderosos obligan a seguir a la humanidad. Esos jóvenes dicen: “No permitiremos que nos roben el futuro. Merecemos un destino mejor, necesitamos beber de otras fuentes para encontrar una luz que ilumine nuestro camino y nos de esperanza”.

IMG_5879¿Qué espiritualidad para afrontar el nuevo paradigma en el que estamos?

Por eso resulta importante introducir desde el principio una distinción –no para separar, sino para distinguir– entre el mundo religioso, la religión, y el mundo espiritual, la espiritualidad. Lo ha hecho el Dalai Lama de forma extremadamente brillante y esclarecedora en el libro Una Ética para el Nuevo Milenio (Sextante, Rio de Janeiro 2000). Son términos que usamos sin saber con certeza lo que significan. Me permito citar un tema del libro cuya comprensión comparto y hago mía.

«Juzgo que la religión (mundo religioso) está relacionada con la creencia en el derecho a la salvación predicada por cualquier tradición de fe, creencia que tiene como uno de sus aspectos principales la aceptación de alguna forma de realidad metafísica o sobrenatural, incluyendo posiblemente una idea de paraíso o nirvana. Asociado a esto hay enseñanzas o dogmas religiosos, rituales, oraciones, etc».

«Considero que la espiritualidad (mundo espiritual) está relacionada con aquellas cualidades del espíritu humano –tales como amor y compasión, paciencia y tolerancia, capacidad de perdonar, contentamiento, noción de responsabilidad, noción de armonía– que traen felicidad tanto a la propia persona como a los demás».

«Ritual y oración, junto con las cuestiones de nirvana y salvación, están directamente ligados a la fe religiosa, pero esas cualidades no precisan ser interiores. No existe por tanto ninguna razón por la que un individuo no pueda desarrollarlas, incluso en alto grado, sin recurrir a cualquier sistema religioso o metafísico» (p.32-33).

Como se deduce, esas reflexiones son cristalinas pues muestran la distinción necesaria entre el mundo religioso, la religión y el mundo espiritual, espiritualidad. Una vez distinguidas, pueden relacionarse y  convivir, pero sin depender necesariamente una de otra. Vivir el mundo espiritual puede mostrarnos caminos que nos saquen de la crisis de los tiempos actuales.

*Leonardo Boff, teólogo y filósofo ha escrito Espiritualidad: camino de transformación, Rio 2001; Meditación de la luz: camino de la sencillez, Vozes 2010.

Traducción de MªJosé Gavito Milano

Fuente Religión Digital

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Yo brillo, pero tú, no me miras…

miércoles, 10 de julio de 2024
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*

¿Cómo, pues, puedes decir que me escondo de ti, que no me dejo ver?

En verdad, yo brillo, pero tú, no me miras.

*

San Simeón el Nuevo Teólogo.
Himno 53

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“Neofacismo y fundamentalismos en alianza“, por Juan José Tamayo

miércoles, 10 de julio de 2024
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Leído en su blog:

«Todos los fundamentalismos desembocan en violencia o, al menos, la legitiman»

«El neofascismo actual se retroalimenta del fenómeno fundamentalista, que suele darse en sistemas rígidos de creencias religiosas que se sustentan, a su vez, en textos revelados, definiciones dogmáticas y magisterios infalibles»

«Actualmente el fundamentalismo trasciende la esfera religiosa y se aplica a otros campos. Se habla de fundamentalismo político, que se convierte en religión del Imperio»

IMG_5749El neofascismo actual se retroalimenta del fenómeno fundamentalista, que suele darse en sistemas rígidos de creencias religiosas que se sustentan, a su vez, en textos revelados, definiciones dogmáticas y magisterios infalibles. El fundamentalismo no es inherente a las religiones monoteístas, si bien que reconocer que se produce muy especialmente en ellas debido a la creencia en un solo y único Dios verdadero, considerado universal, que revela su voluntad a un profeta, quien la escribe en un libro sagrado, considerado Palabra de Dios. Al tener como autor a Dios las personas fundamentalistas de estas religiones consideran que el libro sagrado dice verdad en todos los campos: científico, filosófico, histórico, geográfico y es, por tanto, inerrante, y quien no lo cree así es considerado hereje.

El término “fundamentalista” tiende a aplicarse a creyentes de las distintas religiones, sobre todo a los judíos ultra-ortodoxos, a los musulmanes integristas y a los cristianos tradicionalistas. Pero también debe extenderse a las personas creyentes de otras tradiciones religiosas como el budismo, el hinduismo y en no pocos de los llamados “nuevos movimientos religiosos”.

Todos los fundamentalismos religiosos poseen características comunes: ausencia de hermenéutica y lectura literal de los textos sagrados: imagen patriarcal de Dios en las religiones monoteístas; afirmación de la inferioridad de las mujeres y, a veces, justificación de la violencia contra ellas en base a los textos sagrados; consideración de la masculinidad como referente de lo humano y de los valores morales; justificación de la violencia contra las personas no creyentes, las creyentes de otras religiones y las disidentes de la misma religión, una violencia que dice ejercerse en nombre de Dios; condena de la modernidad y del pluralismo inherente a ella; absolutización de la tradición, considerada norma de vida;  imposición del  pensamiento único; absolutización de las autoridades religiosas que actúan como representantes únicas de la divinidad y se convierten en “masculinidades sagradas”; interpretación religiosa de la realidad, generalmente pesimista y catastrofistas.

Actualmente el fundamentalismo trasciende la esfera religiosa y se aplica a otros campos. Se habla de fundamentalismo político, que se convierte en religión del Imperio; el económico, que se convierte en religión monoteísta del Mercado, cuyo único Dios es el Capital; el patriarcal, cuyo modelo ético es el varón; el étnico y cultural, que reconoce la superioridad de una etnia y de una cultura sobre las demás; el científico, que considera la ciencia como la única disciplina que tiene todo el mapa de la verdad; el democrático, que solo reconoce un único modelo de democracia, el liberal; el antropocéntrico, que sitúa al ser humano en el centro del universo.

IMG_5745Todos los fundamentalismos tienen rasgos comunes que los hacen enseguida reconocibles. He aquí algunos: absolutización de lo relativo, que desemboca en idolatría; universalización de lo local, que desemboca en imperialismo; generalización de lo particular, que desemboca en pseudo-ciencia; elevación de lo opinable a verdad absoluta, que desemboca en dogmatismo; simplificación de lo complejo, cuyo género literario es el catecismo; eternización de la temporal, que desemboca en teología perenne; reducción de lo múltiple a lo uno, que desemboca en verdad única; sacralización de lo profano, que desemboca en confesionalización.

Asimismo, todos los fundamentalismos desembocan en violencia o, al menos, la legitiman. El fundamentalismo religioso recurre a la violencia ejercida en nombre de Dios y provoca guerras de religiones. El fundamentalismo político del Imperio lleva a cabo intervenciones militares contra los pueblos y los Estados que se niegan a someterse a sus órdenes y de cuyas riquezas se apropian. El fundamentalismo económico ejerce la violencia estructural, que genera millones de muertes de seres humanos y destrucción de la naturaleza. El fundamentalismo cultural absolutiza la cultura hegemónica, hasta desembocar en culturicidio e injusticia cognitiva. El fundamentalismo patriarcal recurre a la violencia de género como instrumento estructural y sistemático y como manifestación extrema del odio a las mujeres. El fundamentalismo científico niega los conocimientos y saberes que no se atienen a la metodología de las ciencias llamadas “naturales”, ni al canon de la epistemología occidental, y desemboca en epistemicidio. El fundamentalismo democrático absolutiza un determinado modelo de democracia, el que se reviste de certezas como el mercado, la globalización neoliberal y la competencia. El fundamentalismo antropocéntrico coloca en el centro del cosmos al ser humano, que se considera dueño y señor de la naturaleza, a la que niega sus derechos y su dignidad, depreda en su propio beneficio y le provoca sufrimientos. La relación con ella es de sujeto -el ser humano- a objeto -la naturaleza-, contra la que se ejerce violencia.

Lo más preocupante del fenómeno fundamentalista es que se encuentra instalado en la cúpula de las distintas instituciones: políticas, económicas, culturales, religiosas, empresariales, educativas, militares, internacionales, etc.

IMG_5751Lo más preocupante del fenómeno fundamentalista es que se encuentra instalado en la cúpula de las distintas instituciones: políticas, económicas, culturales, religiosas, empresariales, educativas, militares, internacionales, etc.

Hoy estamos asistiendo a una avance de las organizaciones y los partidos políticos neofascistas, aliados con los fundamentalismos, que defienden los postulados ultra-neoliberales, buscan destruir la democracia desde dentro, niegan el cambio climático, condenan la teoría de género, a la que llaman despectivamente “ideología de género”, atacan a los movimientos feministas calificando a sus militantes de feminazis, y al LGTBIQ, rechazan a las personas y a los colectivos inmigrantes, se oponen a la educación afectivo-sexual en las escuelas y fomentan los discursos de odio que desembocan con frecuencia en prácticas violentas. No pocos de estos partidos y organizaciones cuentan con una importante representación parlamentaria y gobiernan en varios países a nivel municipal, regional y nacional.

Su avance se ha dejado sentir de manera muy significativa en las recientes elecciones europeas, en las que los partidos de Marine Le Pen en Francia y de Giorgia Melloni en Italia han sido los más votados y el partido nazi Alternativa para Alemania ha sido la segunda fuerza por delante del SPD. En España Vox ha aumentado su representación en Europa y ha nacido un nuevo partido de extrema derecha, Se Acabó la fiesta, que ha conseguido tres eurodiputados, los mismos que Sumar.

Estos partidos neofascistas conforman un entramado perfectamente estructurado y coordinado a nivel global y muchos de ellos están en conexión orgánica con grupos cristianos fundamentalistas que cuentan con el apoyo de algunas de sus jerarquías, hasta conformar lo que Nazaret Castro llama “La Internacional neofascista” y yo califico de “Cristoneofascismo” y “La Internacional del odio

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.

Resulta paradójico que estos días de celebración del 80º aniversario del desembarco de Normandía, que supuso el inicio de la liberación del fascismo, nos enfrentamos hoy al neofascismo, como acaba de recordar Timothy Garton Ash.

Juan José Tamayo es emérito de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones de la Universidad Carlos III de Madrid, teólogo de la liberación y autor de La Internacional del odio. ¿Cómo se construye? ¿Cómo se deconstruye? (Icaria, 2023, 3ª ed,).

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¡Cristo espera y nadie se mueve! (San Cayetano)

martes, 9 de julio de 2024
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Del blog de Alfonso J. Olaz El rincón del peregrino:

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Cristo se mueve y nadie le espera
Y en su espera, alarga toda su esperanza

para creer en el hombre…

Y en la alargada esperanza,

se hace siervo muy pequeño para servirme,
para que con ello aprenda a tener sus mismas actitudes

Y no digamos que el Evangelio no se puede vivir,

Si se vive ya es Evangelio.

¡Hermano mío, hermano tuyo!

Hermano
¡Pobre y desvalido!
¡Dónde te acomodaré en esta noche!
Que de un cuarto no dispongo
Y el patrón hoy no me ha pagado mi salario,

Y él me ha contestado:
Ven conmigo, amigo mío.
Tú vives en mi Reino
Acompáñame:

Y te mostraré el lugar que te tengo reservado,

Porque tú, aun no teniendo nada,

me has acogido,

y me has mostrado tu corazón.

Y él me hizo subir a lo alto de la montaña,

y ver el corazón de la humanidad,
de toda la humanidad,
Y vi y entendí el corazón del hombre.  ¡Qué pobre es,
El corazón del hombre,

 Qué pobre Dios mío!

! ¡Qué le queda al hombre ,
 que sin él nada le sacia!
Y en su saciedad,
pierde la belleza de su creador.

¡Qué pobre es el corazón del hombre,

que pobre es Dios mío!

Y  luego me hizo ver el Corazón gigante de Él,

y juntó a su mano con la mía,

Y al instante vi cómo sangraba,

y con su sangre, hacía llover,
y luego empapar sus gracias,
para toda la humanidad, para toda.
¡Qué grande es el corazón de Cristo,

 Qué Grande es!

¡Hay muchos que tienen poco,

y no me reciben en su casa!

¡Hay muchos que tienen mucho,

y no me reconocen!

¡Pero hay, los que tienen corazón de carne,

esos, esos, son los imprescindibles!

Del Evangelio a la Vida
De la Vida al Evangelio

*

Alfonso J. Olaz

***

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«Vamos a la otra orilla del lago…»

martes, 9 de julio de 2024
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IMG_5734Del blog de Oswaldo Gallo Serrato, Concordia:

«Pese a la homofobia y transfobia de algunos»

«En los veinte siglos de existencia de la Iglesia, sus relaciones con la comunidad judía han sido muy tortuosas»

«Fue necesario mucho tiempo para que el Concilio Vaticano II publicara Nostra Ætate, la declaración sobre las relaciones entre la Iglesia y las religiones no cristianas, en la que por vez primera se habla de las personas judías con dignidad y se reconoce la riqueza de la tradición judía en el catolicismo»

«Pienso en la motivación interna de ‘ir a la otra orilla del lago’, en las tormentas que enfrentaron por parte de grupos furibundamente antijudíos»

«Guardada toda proporción con el Holocausto, pensemos ahora en las millones de personas transexuales, homosexuales, no binarias, que sufren discriminación, persecución, violencia e incluso la muerte en no pocos países»

En los veinte siglos de existencia de la Iglesia, sus relaciones con la comunidad judíahan sido muy tortuosas. Tanto en las Escrituras como en la Tradición encontramos al respecto una retórica incenciaria: a los judíos se les acusa de deicidas, y un celo obsesivo por su conversión dio pie a una serie de políticas discriminatorias que pretendían apartarlos de su perfidia.

San Juan Crisóstomo lanzó contra los judíos un aluvión de insultos en Adversus Iudæos(ca. 386-387); san Agustín propuso como solución al “problema” judío una cierta tolerancia que no implicaba aceptación ni igualdad de condiciones de vida respecto de los cristianos; el IV Concilio de Letrán (1215) prohibió las relaciones entre judíos y cristianos, el ejercicio de cargos públicos y profesiones como la medicina, y la obligación de vivir en guetos, separados del resto de la población y con una prenda que los distinguiera. Alfonso X y san Luis IX, reyes de Castilla y de Francia, dispusieron en sus territorios que los judíos acataran las disposiciones que la Iglesia había determinado contra ellos. Se popularizó entonces el antijudaísmo típico del Medioevo. Miles de judíos fueron masacrados acusados de crímenes fantasiosos, hasta llegar a los horrores del Holocausto en el siglo XX: “El antisemitismo cristiano había preparado el terreno hasta cierto grado, es innegable […]. De hecho es un motivo para un constante examen de conciencia”, afirmó con justa razón el entonces cardenal Ratzinger en esa obra valiosísima que es La sal de la tierra (1997).

Hubo, sin embargo, en las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial, movimientos católicos que propugnaban la revisión de la enseñanza de la Iglesia sobre las personas judías. El más importante de ellos, encabezado por Jules Isaac y Jacques Maritain, publicó en 1947 una suerte de manifiesto judeocristiano que encontró una fuerte oposición en muchos sectores del catolicismo preconciliar.

Fue necesario mucho tiempo de oración, de relaciones cordiales, de estudio y un examen de conciencia colectivo para que el Concilio Vaticano II publicara Nostra Ætate, la declaración sobre las relaciones entre la Iglesia y las religiones no cristianas, en la que por vez primera se habla de las personas judías con dignidad y se reconoce la riqueza de la tradición judía en el catolicismo, al tiempo que se promueven relaciones basadas en el diálogo y la mutua oración: “La Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles. Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo” (§4).

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Traigo a colación lo anterior a propósito del Evangelio del domingo pasado, en el que Jesús pide a sus discípulos que vayan a la otra orilla del lago para llevar la Buena Nueva a la región de Gerasa. Pienso en los miles de católicos que se embarcaron en la tarea de crear mejores relaciones con la comunidad judía. Pienso en su manera de reconocer, detrás de la enseñanza de la Iglesia, un tratamiento injusto hacia las personas judías que gestó por siglos el antisemitismo nazi. Pienso en su perplejidad al escuchar en la liturgia del Viernes Santo una oración “por los pérfidos judíos” (pro perfidis judæis, expresión omitida por san Juan XXIII en el misal de 1959). Pienso en la motivación interna de “ir a la otra orilla del lago”, en las tormentas que enfrentaron por parte de grupos furibundamente antijudíos, en la sensación de aparente abandono que exclamaron los discípulos en la barca: “¡Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?!”. Pienso en los años aciagos de encuentros a escondidas, de oraciones compartidas y de las muchas relaciones de amistad que maduraron entre católicos y judíos antes de la publicación de Nostra Ætate.

Si algo nos enseña el Evangelio de este domingo es que navegar junto con el Señor para cumplir su obra de salvación no nos exime de peligros, como la tormenta que narra el evangelista Marcos. Cuando las olas crujen contra la barca, el miedo se apodera de los discípulos. ¡Cuántas tormentas enfrentaron quienes antepusieron su ser discípulos al antijudaísmo cultural de tantos siglos! Y sin embargo, la voz poderosa del Señor fue mayor que las de aquellas tormentas, porque el Amor siempre se impone.

«Guardada toda proporción con el Holocausto, pensemos ahora en las millones de personas transexuales, homosexuales, no binarias, que sufren discriminación, persecución, violencia e incluso la muerte en no pocos países»

Nostra Ætate supuso un desarrollo sano de la enseñanza de la Iglesia sobre las personas judías. Guardada toda proporción con el Holocausto, pensemos ahora en las millones de personas transexuales, homosexuales, no binarias, que sufren discriminación, persecución, violencia e incluso la muerte en no pocos países; pensemos en la manera como ciertas enseñanzas de la Iglesia abonan el terreno para tales actos de crueldad, aun sin suscribirlas intencionadamente.

Pensemos, por último, en nuevas formas de relacionarnos, más acordes a nuestro bautismo, a pesar de la hostilidad y la socarronería de quienes abiertamente profesan su homofobia y transfobia, sobre todo en el mes de junio. Ir a esa otra orilla es atravesar montones de tormentas, pero en compañía del Señor.

Espiritualidad, Iglesia Católica , , , , , ,

¿Por qué ya no nos sorprendes?

lunes, 8 de julio de 2024
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Un día apareció un hombre en el horizonte
y reavivó las ascuas de nuestra tenue esperanza .

Un día apareció un hombre que tenía magia en la voz,
calor en sus palabras y embrujo en su mensaje.

Un día apareció un hombre con fe en nuestros gestos,
la fuerza de su ser y un corazón grandísimo.

Un día apareció un hombre, que hablaba cual ninguno,
invitándonos a cambiar la vida y convertirnos.

Un día vino un hombre que rompió nuestros esquemas
para hacernos soñadores, tiernos y libres.

Un día apareció un hombre tan sencillo y humilde
que nunca se consideró el centro de sus actuaciones.

Un día apareció un hombre que entabló un diálogo sincero
porque no buscaba ni pedestales ni engaños.

Un día apareció un hombre que tomó la iniciativa
y abrió una brecha en nuestra historia y vida.

Un día apareció un hombre que se acercó
a los más pobres y marginados de su tierra.

Un día apareció un hombre que nos invitó
a ser sus discípulos y a seguir sus huellas.

Un día apareció un hombre que, gratuitamente,
nos enseñó el camino para ser hijos de Dios.

Un día apareció un hombre que en su pueblo
no pudo realizar milagros porque no encontró fe.

Un día apareció un hombre tan cercano y transparente
que todo él era reflejo y presencia de Dios.

Un día apareció un hombre que era vecino nuestro
y, en vez de sorprendernos, desconfiamos de él…

Un día viniste tú, Jesús.
‘Ven hoy también, Señor,
y sorpréndenos!

*

Florentino Ulibarri

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Encontrar regalos LGBTQ+ en “El Borde del Interior”

lunes, 8 de julio de 2024
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La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland. Donna es una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religion publicado por New Ways Ministry.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el duodécimo domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

En el evangelio de hoy, Jesús visita su ciudad natal y los vecinos comenzaron a preguntar quién es, preguntando: “¿De dónde sacó este hombre todo esto? ¿Qué clase de sabiduría le ha sido dada? … ¿No es él el carpintero, hijo de María, y hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón?” El evangelio luego dice que “se ofendieron contra él”.

Jesús responde: “Un profeta no carece de honor excepto en su lugar natal, entre sus propios parientes y en su propia casa”. Estas mismas personas que presenciaron el crecimiento de Jesús no podían aceptar que él fuera capaz de tener mucha más sabiduría. ¿Podrían alguna vez estar abiertos a la posibilidad de que Jesús fuera un profeta?

P. Richard Rohr, OFM, a menudo describe a un profeta como “alguien que estructuralmente vive en el borde del interior”, que no vive ni totalmente dentro ni totalmente fuera de una sociedad establecida. ¡Cuán acertadamente describe esto la experiencia de Jesús! Esta era su ciudad natal y su familia y, sin embargo, las personas que deberían saber más sobre él claramente saben muy poco e incluso se sintieron ofendidas por su sabiduría y capacidad para sanar a otros. Su ceguera familiar impidió que Jesús pudiera transformar sus vidas.

¡Cuán a menudo podemos resonar con este sentimiento de vivir en el “borde del interior”! Como personas y aliados LGBTQIA+, hemos conocido a personas bien intencionadas que se han sentido ofendidas por su propia percepción de quiénes somos. Su ignorancia ha limitado nuestra capacidad de vivir plenamente y ser aceptados en la corriente principal de la sociedad. Cuán a menudo no se nos da el honor de ser aceptados tal como somos porque se nos juzga como algo menos. Somos los profetas que vivimos en los márgenes de la sociedad, en el “borde del interior”.

En la lectura de hoy de la Segunda Carta a los Corintios, Pablo escribe que le dieron “un aguijón en la carne… para evitar que me exalte demasiado”. En ninguna parte dice qué es este “aguijón” para él, pero finalmente reconoce, por la gracia de Dios, que “el poder se perfecciona en la debilidad”. Nosotros también tenemos espinas, debilidades que nos gustaría superar. Nuestras «espinas» cambian a medida que crecemos más plenamente en nosotros mismos.

IMG_5982Durante muchos años vi mi orientación sexual como una espina y le rogué a Dios que me librara de esta parte de mí. En mi momento más débil, cuando me di cuenta de que no tenía control sobre mi orientación, descubrí que estaba maravillosamente hecha tal como soy. ¡Soy un regalo! Al abrazar mi verdadero yo, permití que la gracia y el poder de Dios se perfeccionaran en mí y experimenté la fuerza de la imagen y semejanza expansivas de Dios reflejadas a través de mí.

Este regalo sólo puede experimentarse plenamente desde el “borde del interior”, desde los márgenes, porque, en verdad, cuanto más cerca estamos del centro, más nos aferramos a la ceguera causada por nuestra propia ortodoxia y control. Sin embargo, cuanto más nos acercamos al límite, más cambian nuestras percepciones a medida que nuestra visión creativa se vuelve mucho más amplia. La vida se vuelve algo más simple y dejamos de lado muchos de los “ismos” ideológicos que mantienen atados a los demás y a nosotros mismos. Desde el borde, encuentro que es mucho más fácil aceptar y amar a los demás tal como son y me regocijo en la imagen de Dios manifestada en la persona que encuentro.

En el límite, soy aceptado y amado y puedo responder de la misma manera a los demás. Sin embargo, cuando me acerco al centro, descubro que soy más cauteloso y busco controlar para proteger mi vulnerabilidad. Esto no me da vida.

Así, con Pablo: “De buena gana me gloriaré en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí. Por tanto, me contento con las debilidades, los insultos, las penalidades, las persecuciones y las limitaciones, por causa de Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

–Sr. Donna McGartland, 7 de julio de 2024

Fuente New Ways Ministry

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Profeta

domingo, 7 de julio de 2024
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JESÚS DE NAZARET

¿Cómo dejarTe ser sólo Tú mismo,
sin reducirte, sin manipularte?
¿Cómo, creyendo en Ti, no proclamarte
igual, mayor, mejor que el Cristianismo?

Cosechador de riesgos y de dudas,
debelador de todos los poderes,
Tu carne y Tu verdad en cruz, desnudas,
contradicción y paz, ¡eres quien eres!

Jesús de Nazaret, hijo y hermano,
viviente en Dios y pan en nuestra mano,
camino y compañero de jornada,

Libertador total de nuestras vidas
que vienes, junto al mar, con la alborada,
las brasas y las llagas encendidas.

*

Pedro Casaldáliga.
El Tiempo y la Espera. 1986

*

A los que conmigo dicen de rodillas la Palabra,

a cuantos gritan conmigo

-quizá contra los que callan, siempre contra los que mienten-,

a los que conmigo emplazan la lenta aurora del Reino,

… todavía estas palabras.

*

Pedro Casaldáliga.
Todavía estas palabras. 1994

***

 

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada:

– “¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?”

Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía:

– “No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa.”

No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

*

Marcos 6,1-6

***

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***

¿Quién es más frágil de los dos? ¿El que recibo en la comunión? […] ¿El pequeño ser al que querían degollar para quitarlo de en medio, sin ninguna protección que no fuera la de María y la de José y, en la eucaristía, la de la Iglesia? Cuando encuentres a un emigrante, ¿sentirás deseos de entrar en comunicación con él o le tendrás miedo?

¿El que recibo en la comunión? […] ¿El que carece de morada fija y para el que hasta una piedra hubiera sido una blanda almohada, que te pide alimento y cobijo en la eucaristía? ¿Por qué no invitas a tu casa a esta o aquella familia de gitanos a la que se hace acampar desde hace ya mucho tiempo detrás de la empalizada? ¡O es que tienes miedo? […].

¿El que recibo en la comunión? ¿Un hombre que en la cruz no puede mover ni siquiera un dedo, que casi no puede hablar, que respira con esfuerzos sobrehumanos, herido por la misma impotencia como en la eucaristía? ¿Y tú? ¿Amas a este hombre ante un poliomielítico? ¿O le tendrás miedo?

Pero si es a él a quien amas, no tendrás miedo de nada. Te atreverás a decirle: «Jesús, en su santa eucaristía, es más pobre que tú, más impotente que tú»

*

D. Ange,
Le nozze di Dio aove ¡I povero é re,
Milán 1985, pp. 241 ss).

***

*

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“Sabio y curador”, 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)

domingo, 7 de julio de 2024
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35_14_TO_B_1467539No tenía poder cultural como los escribas. No era un intelectual con estudios. Tampoco poseía el poder sagrado de los sacerdotes del templo. No era miembro de una familia honorable ni pertenecía a las élites urbanas de Séforis o Tiberíades. Jesús era un obrero de la construcción de una aldea desconocida de la Baja Galilea.

No había estudiado en ninguna escuela rabínica. No se dedicaba a explicar la ley. No le preocupaban las discusiones doctrinales. No se interesó nunca por los ritos del templo. La gente lo veía como un maestro que enseñaba a entender y vivir la vida de manera diferente.

Según Marcos, cuando Jesús llega a Nazaret acompañado por sus discípulos, sus vecinos quedan sorprendidos por dos cosas: la sabiduría de su corazón y la fuerza curadora de sus manos. Era lo que más atraía a la gente. Jesús no es un pensador que explica una doctrina, sino un sabio que comunica su experiencia de Dios y enseña a vivir bajo el signo del amor. No es un líder autoritario que impone su poder, sino un curador que sana la vida y alivia el sufrimiento.

Sin embargo, las gentes de Nazaret no lo aceptan. Neutralizan su presencia con toda clase de preguntas, sospechas y recelos. No se dejan enseñar por él ni se abren a su fuerza curadora. Jesús no logra acercarlos a Dios ni curar a todos, como hubiera deseado.

A Jesús no se le puede entender desde fuera. Hay que entrar en contacto con él. Dejar que nos enseñe cosas tan decisivas como la alegría de vivir, la compasión o la voluntad de crear un mundo más justo. Dejar que nos ayude a vivir en la presencia amistosa y cercana de Dios. Cuando uno se acerca a Jesús, no se siente atraído por una doctrina, sino invitado a vivir de manera nueva.

Por otra parte, para experimentar su fuerza salvadora es necesario dejarnos curar por él: recuperar poco a poco la libertad interior, liberarnos de miedos que nos paralizan, atrevernos a salir de la mediocridad. Jesús sigue hoy «imponiendo sus manos». Solo se curan quienes creen en él.

José Antonio Pagola

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“No desprecian a un profeta más que en su tierra”. Domingo 7 de julio de 2024. Domingo 14º de tiempo ordinario

domingo, 7 de julio de 2024
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39-ordinarioB14 cerezoDe Koinonia:

Ezequiel 2,2-5: Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.
Salmo responsorial: 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
2Corintios 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Marcos 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la “Confesión de Pedro”) se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado técnicamente “sumario”- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El “fracaso” de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la “derrota” del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el “escándalo” de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un “Mesías crucificado” que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el “Hijo de Dios”.

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? “Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela”. La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: “con lo que ellos conocen“. Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente “sabido”; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El “Dios siempre mayor” desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús “no podía hacer allí ningún milagro”; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque “nadie es profeta en su tierra“. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo? Leer más…

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7.7.24. DO 14B ¿No es ése el “técnico” (obrero), el Hijo de María…? (Mc 6, 1-6)

domingo, 7 de julio de 2024
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IMG_5981Del blog de Xabier Pikaza:

No estoy seguro de la traducción exacta, pero la que pongo (técnico-obrero) me parece mejor que  “carpintero”. He discutido sobre el tema en Historia de Jesús, en comentarios a Marcos y Mateo y en otros libros (cf. imágenes) He leído y discutido y no he llegado a una conclusión definitiva. Debemos seguir buscando

De todas formas, Jesús no era un rico propietario agrícola, ni sacerdotes, ni rabino de algurnua. Por otra parte, el hecho de ser tekton/técnico puede tener sentido sentido negativo o  positivo. Negativo: No es propietario, es pobre, trabaja por cuenta ajena….Positivo:  Debe Conocer técnicas valiosas (de albañil, carpintero, herrero  o  cantero) y relacionarse con gestes que piden, buscan y ofrecen trabajo. Antes que obrero de reino parece haber sido  técnico ambulante de construcciones varias.

El tema es importante para situar a Jesús en su mundo social y laboral y también  en el nuestro.  Los que hoy actúan como representantes suyos en la iglesia van en contra de su ejemplo , no son técnicos-obreros a cuenta propia o ajena. Dentro de dos días me ocupare de su familia y de su provocativo nombre metronimico. Buen domingo

Mc 6, 1-3

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: «¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero/técnico, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón?

Contexto social: técnico/artesano para el Reino

Jesús no era propietario acomodado, en un entorno de campesinos autosuficientes, celosos de su identidad sagrada como pueblo. No era tampoco sacerdote, ni letrado, sino un trabajador manual.

Era un técnico, en griego tektôn…,  alguien que modela y construye con un tipo de “arte” (artesano). Puede ser carpintero, cantero, albañil… pero no agricultor ni pastor o pescador, que en aquel tiempo  no se consideraban trabajos de artesanos.  En hebreo/arameo un artesano es “jarash”, con sentido semejante al que tiene en griego.

Marcos escoge la palabra griega tektôn con gran precisión

El tektôn modela, construye…. con técnicas antiguas o nuevas como adelantados de un mundo técnico, que puede desembocar en la tecno-cracia (poder esclavizante de la técnica al servicio del dinero y del dominio de algunos) o en un tipo de tecno-sofía  o tecnología humanizadora, al servicio de la fraternidad universal.

En ciertos ambientes elitista… los artesanos se consideraban incapaces del estudio, del conocimiento de la sabiduría y la política social (como pone de relieve Eclo 38; los técnicos que trabajan con las manos son ciudadanos de segunda clase) pero en tiempos de Jesús estaba surgiendo una clase nueva de artesanos liberados para el estudio, como queda claro en Pablo (tejedor, talabartero, curtidor de pieles…).  Pienso que los teólogos y hombres de iglesia no hemos comparado a Jesús con Pablo, ambos obreros quizá de cierta técnica

Por eso, el hecho de que Jesús aparezca como tektôn se puede considerar como negativo, pero también como positivo.

Pero ese dato se puede tomar como negativo: Jesús no es rico, no es propietario, es un obrero a cuenta ajena… La mayoría de las visiones de Jesús y de José como carpinteros de taller rico están fuera de contexto. La mayoría de los “tektôn” malvivían  mendigando trabajo en el entorno de su ciudad o aldea.

Puede ser positivo… Los técnicos en piedra-madera-hierro pueden ser más sabios que los simples pastores/agricultores… Eran los “técnicos” del pueblo, sabían resolverlos problemas…Además, pueden formar parte de algún tipo de “agrupaciones” laborales, con ciertas privilegios. No sabemos si Jesús formaba parte de una “cofradía” de técnicos

Sea como fuere, Jesús formaba parte de un mundo emergente de oficios técnicos, en una línea que le capacita para relacionarse con más gente, para conocer mejor  los problemas del entorno… Y además, los creadores/rabinos del nuevo Israel (desde el siglo II d.C.. en adelante) serán todos, casi sin excepción trabajadores manuales..

El hecho de que la iglesia posterior se haya helenizado (hasta el día de hoy), convirtiendo a los “servidores” de la iglesia en “señores” (no en trabajadores manuales, no en técnicos auto-suficientes) ha sido y sigue siendo una desgracia y una rémora hasta el día de hoy.

Unos obispos, presbíteros etc. (sin trabajo manual, en contra del “orden” de los monjes…y de los rabinos judíos) ha influido muy negativamente en la iglesia.

Eso de querer imitar a Jesús….  pero sin ser trabajadores manuales, de oficio, de tekne o técnica como Jesús  quizá ha sido un engaño muy pagano, muy helenista, en iglesia.

Jesús, un proyecto social-económico y religioso desde la marginación.

 Pienso que era un campesino sin propiedades obligado a vender su trabajo para así vivir y/o mantener a su familia, y, de esa forma, cuando él hable de “pobreza” y llame bienaventurados a los ptôjoi (mendigos), Jesús evocará su situación de marginado económico, que conoce por dentro y comparte la suma pobreza de las gentes de su entorno.

No es un marginal por rareza u opción sacral, sino un marginado real que se enfrenta a los poderes causantes de la marginación y los rechaza, para superarlos de raíz, como iré indicando (y como había proclamado el Magníficat).

 No fue pensador de tiempo libre, ocupado en pequeñas mejoras, sino profeta en un mundo de opresión, decidido a proclamar e iniciar el camino del Reino, entre hombres y mujeres de un mercado de trabajo sin trabajo (cf. Mt 20, 1-16). Su mensaje no fue un lujo espiritual desconectado de la vida, sino una propuesta de transformación para la vida en un contexto de muerte, en el que resonaba la amenaza del Gen 2-3: El día en que comáis del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal moriréis…

Los poderosos de su tiempo (dueños del poder y del dinero, romanos invasores y judíos colaboradores…) estaban comiendo de ese fruto del árbol del “conocimiento” económico….(que Jesús condensará como Mammón: Mt 6, 24), mientras que el grueso de la población se hallaba amenazada por el hambre, la exclusión, la enfermedad… Esto es lo que él aprendió, trabajando quizá por un tiempo al servicio del rey Antipas, en sus nuevas capitales (Séforis, junto a Nazaret; o Tiberíades, sobre el lago), o de otros propietarios ricos. Ciertamente, pudo tener más movilidad y más conocimiento que un agricultor asentado en (atado a) su tierra, pero conoció la vida desde “el otro lado”, desde la pobreza, y a partir de ella (no desde los ricos, señores del pensamiento y del dinero) quiso cambiar la vida de los hombres y mujeres de su pueblo, en un gesto y camino abierto a todos los pobres del mundo[2].

Los artesanos de Galilea eran como hebreos en Egipto, sin seguridad material o social, pues habían perdido o estaban perdiendo la “herencia de Dios” (tierra). No tenían patrimonio (vinculado al patriarcado), ni tierras para herencia, pues carecían de herencia y de casa (estructura familiar). Desde ese fondo, planeó y desarrolló Jesús su propuesta de Reino. Posiblemente, como heredero de una familia que había emigrado de Belén cien años antes (tras la conquista de Galilea por Alejandro Janeo, el Macabeo, hacia el 100 a.C.), Jesús se sentía portador no sólo de la promesa de Abrahán (familia, tierra), sino de la esperanza de David, el betlemita, que incluye la posesión de una tierra, en la que todos han de ser propietarios, compartiendo el don del Reino. Pero, al mismo tiempo, él formaba parte de la gran masa de hombres y mujeres que habían perdido la tierra (hambrientos, enfermos…), y que parecían expulsados de la herencia de Dios[3].

Un cambio social de fondo.

Como he destacado ya, los campesinos y pastores del principio de Israel se habían unido formando una agricultura de comunicación y fraternidad, con intercambio directo de bienes; pero, en un momento dado, con el despliegue de la monarquía y el auge de poder económico-social del templo, había surgido una clase especial de burócratas mercantiles, al servicio de las élites político/religiosas, que controlaban la riqueza:

‒ Los mercaderes como “clasedependían del trabajo productor de agricultores, pastores y obreros, pero de tal forma lo controlaban que acabaron haciéndose dueños de sus beneficios. Frente al trabajo que produce bienes, surge y se desarrolla el dinero del mercado, de manera que el valor primario no es ya la persona o familia, ni las relaciones personales, sino el Capital Mammón, dios objetivado como diablo (cf. Mt 6, 24).‒ Los mercaderes ricos,con los “reyes” o funcionarios superiores y los sacerdotes (que sacralizan de algún modo ese dinero), se hacen árbitros de la sociedad, dirigiendo el proceso real de producción y distribución de bienes. Así se relacionan con un dinero que, por un lado “pertenece al César” (cf. Mc 12, 16-17), pero que, por otro (¿al mismo tiempo?), tiende a convertirse en Mammón sobre el mismo César (Mt 6, 24).

No parece que Jesús haya sido un purista anti-monetario, ni un reformador económico sin más, pues no ha condenado directamente a los comerciantes (en contra de EvTom 67), pero ha querido poner el comercio y dinero al servicio de la vida (de los pobres), de un modo gratuito (por comunicación directa), iniciando un cambio intenso, no una simple reforma, apelando para ello a la llegada del Reino de Dios, prometido por profetas y apocalípticos[4].

El ideal de Jesús era una sociedad igualitaria (no mercantil, no imperial), de agricultores, pastores (y pescadores), compartiendo bienes y trabajos.  Pero de hecho gran parte de los agricultores se habían ido vuelto campesinos sometidos, marginados, pobres, enfermos, al servicio de la estructura político-monetaria del Imperio (Roma), en un proceso que culminaba en aquel tiempo en Galilea [5].

Entre pobres y excluidos. Jesús compartió su mensaje y camino con esos campesinos sin campo, renteros, braceros o artesanos al margen de la sociedad, y en especial con los pobres (mendigos, enfermos, impuros…), que eran el equivalente de los huérfanos, viudas y extranjeros de la ley fundamental del Pentateuco[6]. Por eso es bueno precisar la situación que ellos tenían:

Podía haber artesanos asentados e incluso ricos, clientes del sistema político, económico y/o religioso al que sostenían, operarios al servicio de gobernantes, ciudades y/o templos, como el de Jerusalén, con miles de obreros privilegiados quienes, como es normal, no respaldarán a Jesús pues se encuentran bien con su trabajo.

‒ Pero muchos eran marginados sin más,itinerantes sin hogar fijo, eventuales al servicio de agricultores ricos o de comerciantes. Entre éstos parece hallarse Jesús, obrero eventual, dependiente de un “mercado” de trabajo inestable, sin medios de vida asegurada.

      En el último escalón había grupos y gentes que se hallaban fuera de todos los esquemas, que no podían llamarse ni siquiera pobres en el sentido de trabajadores con pocos recursos (penes, penetes), sino ptôjoi estrictamente dichos (por-dioseros), mendigos sin propiedad, extranjeros, enfermos, excluidos sociales, entre los que podemos distinguir tres grupos.

Esclavos. Eran abundantes en el Imperio, pero menos en el contexto rural de Galilea, de forma que Jesús no pudo iniciar una “rebelión de esclavos” (como Espartaco, el 71 a. C.), sino un movimiento de Reino, con un tipo más amplio de siervos y dependientes económicos: campesinos pobres, artesanos y mendigos.

Impuros, degradados…No parece que formaran una clase especial (como en la India), pero hallamos muchos en el evangelio, en la línea de los enfermos (leprosos) y en especial de los posesos o endemoniados, y quizá entre los publicanos y prostitutas, que forman el corazón del proyecto de Jesús, que (como he dicho) no buscaba la restauración de la pureza sacral del pueblo (como los fariseos y otros grupos, con el Benedictus de Zacarías), sino la liberación de los pobres y excluidos[7]

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El misterio de la incredulidad. Domingo 14. Ciclo B.

domingo, 7 de julio de 2024
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jesussinagoga1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

 El domingo pasado nos recordaba el evangelio de Marcos dos ejemplos de fe: el de la mujer con flujo de sangre y el de Jairo. Hoy nos ofrece la postura opuesta de los nazarenos, que sorprenden a Jesús con su falta de fe.

 En aquel tiempo Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado se puso a enseñar en la sinagoga, y la gente, al oírlo, decía asombrada:

-«¿De dónde le viene a este todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?».

Y se escandalizaban de él.

Jesús les dijo:

-«Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe. Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Éxito en Cafarnaúm

            Resulta interesante comparar lo ocurrido en Nazaret con lo ocurrido al comienzo del evangelio: también un sábado, en Cafarnaúm, Jesús actúa en la sinagoga y la gente se pregunta, llena de estupor: «¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.» Enseñanza y milagros despiertan admiración y confianza en Jesús, que realiza esa misma tarde numerosos milagros (Mc 1,21-34).

Fracaso en Nazaret

            Otro sábado, en la sinagoga de Nazaret, la gente también se asombra. Pero la enseñanza de Jesús y sus milagros no suscitan fe, sino incredulidad. La apologética cristiana ha considerado muchas veces los milagros de Jesús como prueba de su divinidad. Este episodio demuestra que los milagros no sirven de nada cuando la gente se niega a creer. Al contrario, los lleva a la incredulidad.

            Los milagros de Jesús han representado un enigma para las autoridades teológicas de la época, los escribas, y ellos han concluido que: «Lleva dentro a Belcebú y expulsa los demonios por arte del jefe de los demonios» (Mc 3,22).

            Los nazarenos no llegan a tanto. Adoptan una extraña postura que no sabríamos cómo calificar hoy día: no niegan la sabiduría y los milagros de Jesús, pero, dado que lo conocen desde pequeño y conocen a su familia, no les encuentran explicación y se escandalizan de él.

Jesús, motivo de escándalo

            En griego, la palabra escándalo designa la trampa, lazo o cepo que se coloca para cazar animales. Metafóricamente, en el evangelio se refiere a veces a lo que obstaculiza el seguimiento de Jesús, algo que debe ser eliminado radicalmente («si tu mano, tu pie, tu ojo, te escandaliza… córtatelo, sácatelo»).

            Lo curioso del pasaje de hoy es que quien se convierte en obstáculo para seguir a Jesús es el mismo Jesús, no por lo que hace, sino por su origen. Cuando uno pretende conocer a Jesús, saber «de dónde viene», quiénes forman su familia, cuando lo interpreta de forma puramente humana, Jesús se convierte en un obstáculo para la fe. Desde el punto de vista de Marcos, los nazarenos son más lógicos que quienes dicen creer en Jesús, pero lo consideran un profeta como otro cualquiera.

Asombro e impotencia de Jesús

            A Marcos le gusta presentar a Jesús como Hijo de Dios, pero dejando muy clara su humanidad. Por eso no oculta su asombro ni su incapacidad de realizar en Nazaret grandes milagros a causa de la falta de fe. Adviértase la diferencia entre la formulación de Marcos: «no pudo hacer allí ningún milagro» y la de Mateo: «Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros».

Nazaret como símbolo

            Los tres evangelios sinópticos conceden mucha importancia al episodio de Nazaret, insistiendo en el fracaso de Jesús (la versión más dura es la de Lucas, en la que los nazarenos intentan despeñarlo). Se debe a que consideran lo ocurrido allí como un símbolo de lo que ocurrirá a Jesús con la mayor parte de los israelitas: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

El fracaso no lo desanima

            El evangelio de hoy termina con estas palabras: «Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.» Jesús ha fracasado en Nazaret, pero esto no le lleva al desánimo ni a interrumpir su actividad. Igual que Ezequiel (1ª lectura), le escuchen o no le escuchen, dejará claro testimonio de que en medio de Israel se encuentra un profeta.

Lectura del Profeta Ezequiel (1ª lectura: Ez 2,2-5).

En aquellos días, al decirme esto, el espíritu entró en mí, me hizo tenerme en pie y pude escuchar a aquel que me hablaba. Él me dijo: «Hijo de hombre, yo te envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí, ellos y sus padres, hasta este mismo día. Hijos de cara dura y corazón de piedra son aquellos a quienes yo te envío. Les dirás: Esto dice el Señor Dios. Escuchen o no escuchen -puesto que son una raza de rebeldes-, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta.

Un remedio contra la soberbia y el narcicismo (2ª lectura).

            Aunque sin relación con el evangelio, el texto de Pablo enseña algo muy útil para todos. Él es consciente de haber recibido unas revelaciones especiales de Dios. La más importante, después de la conversión, que Jesús vino a salvarnos a todos, no solo a los judíos, y que el evangelio debe proclamarse por igual a todas las personas, sin tener en cuenta su raza, género o condición social. Una revelación totalmente revolucionaria. Esto pudo provocar en él una reacción de orgullo y soberbia. Para contrarrestarla, Dios «le clava una espina en el cuerpo», que le humilla profundamente. No sabemos a qué se refiere. Se ha pensado en su enfermedad de la vista, de la que habla en la carta a los Gálatas, que coartaba su actividad misionera. Por lo que dice a continuación, le humillaban las propias flaquezas y las persecuciones, insultos y críticas procedentes de todas partes. Sin olvidar sus arrebatos de ira, que le llevaron a pelearse con Bernabé, su mejor amigo, al que tanto debía; o que le hacían escribir cosas terribles contra los judíos, e incluso contra los cristianos que no compartían sus puntos de vista, a los que llama «falsos hermanos». En cualquier caso, avergonzado de su conducta, pide a Dios que le saque esa espina. Quiere ser bueno y sentirse bueno. Sin fallo alguno. Narcisismo puro. Y Dios le responde: «Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la flaqueza».

            A ninguno de nosotros nos faltan espinas en el cuerpo y en el alma que nos gustaría arrancarnos; o, mejor, que Dios las arrancara para dejarnos vivir tranquilos, satisfechos de nosotros mismos. Pero nos dice como a Pablo: «Te basta mi gracia». Y nosotros debemos repetir como él: «Me alegro de mis flaquezas, de los insultos, de las dificultades, de las persecuciones, de todo lo que sufro por Cristo».

           Bastantes veces he oído decir: «Si fuésemos mejores, si la Iglesia fuera como la quería Jesús, si actuásemos como él, la gente aceptaría el mensaje del evangelio y no habría tanta incredulidad». Las lecturas de hoy demuestran que esta idea es ingenua. Nunca seremos mejores que Jesús, pero él también fracasó. No solo en Nazaret, sino en Corozaín, Betsaida, Cafarnaún, Jerusalén… Sin embargo, nunca renunció a cumplir la misión que el Padre le había confiado. Este es el gran ejemplo que nos da en el evangelio de hoy.

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Recordatorio

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