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Novedad, Frescor, Vida.

domingo, 19 de enero de 2025
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Sin título1Domingo II del Tiempo Ordinario

19 enero 2025

Parece probable que el llamado “relato de las bodas de Caná” hubiera sido, en su origen, una parábola con un objetivo claro: mostrar la persona y el mensaje de Jesús como novedad, fuente de vida y de alegría (a eso apunta la metáfora del «vino bueno»), frente a una religión ritualista y rutinaria, víctima de su propia normativa (simbolizada en el «agua de las purificaciones»).

Se trata de un proceso que se repite una y otra vez, y que puede resumirse en una palabra: esclerotización. Todo lo humano, incluso lo que parecía más vivo y novedoso en su momento, tiende a esclerotizarse, a medida que se institucionaliza y desconecta de la intuición original. El frescor primero se agosta en un proceso de rutinarización.

Si eso tiende a ocurrir con todo lo humano -en cualquier ámbito de nuestra existencia-, solo cabe un antídoto: mantener, de manera consciente, el contacto o la conexión con el Fondo o la Fuente que nos hace ser y que, lejos de cualquier idea de separación, constituye nada menos que nuestra identidad.

Todo lo recibido de fuera y, más en general, todo lo aprendido, antes o después, quedará convertido en “doctrina”, letra muerta incapaz de dar vida. Olvidada o incluso negada la intuición original, quedarán únicamente “mapas” que quisieron ser orientativos y creencias que prometieron lo que no podían dar.

La vida -con su sabor a novedad, frescor y alegría- no viene de la mano de mapas ni de creencias, sino de la conexión consciente con la propia Vida, el Fondo y la Fuente que nos renueva de manera incesante, en la experiencia sentida de que justamente eso es lo que somos en profundidad.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Boda Caná: las relaciones de Dios con su pueblo son de amor, no de piedra.

domingo, 19 de enero de 2025
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6D89C307-307F-4177-80AC-03ECA3F1BEB7bodascana-asombro400Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Algunas notas previas.

  • El Evangelio y la tradición de San Juan data de finales del siglo I, pasado el año 90. Es, por tanto, una escuela tardía y despliega una teología, una cristología muy desarrollada y delicada.
  • Si ningún evangelio es una biografía (vida) de Jesús, el de Juan lo es menos. Naturalmente que tiene elementos históricos, pero están elaborados como una sinfonía en la que se combinan diversos elementos para componer un “todo” espléndido.
  • Quizás hemos perdido la sensibilidad literaria (simbólica y poética), por lo que nos cuesta mucho trabajo adentrarnos en relatos como el que hemos escuchado hoy: las bodas de Caná.
  • Los signos en este evangelio de Juan no son golpes de magia o trucos escénicos. Los milagros son signos que tienen un sentido sacramental simbólico. Los signos son relatos que desentrañan su significado cristológico.

El ciego nos habla de Cristo como luz; la samaritana nos habla de Cristo como agua de vida eterna. La resucitación de Lázaro le sirve al evangelista para presentarnos a Cristo como resurrección y vida, etc.

  • Los significados simbólicos de Juan son polifónicos, de una gran riqueza. Cuando se toca un tema, resuenan muchos acordes, sonidos y evocaciones.

02.- Una boda.

        Una boda es de los momentos más intensos y felices de la vida. Los que os habéis casado tenéis experiencia de ello: La boda es encuentro, amor, alegría, fiesta, ilusión, proyectos, esperanzas…

        Quizás por esto la boda es figura de los tiempos mesiánicos. El banquete de bodas es un signo muy utilizado por Jesús: el Reino de Dios es como un banquete de bodas al que estamos invitados todos. (Mt 22,1-14).

El amor humano es el mejor símbolo que encontramos para expresar lo que Dios siente por nosotros, un Dios que nos quiere, un Dios Padre que nos mira siempre con ternura.

Y por esta razón las relaciones entre Dios y el pueblo (la humanidad) se expresan en la Biblia como unas relaciones de amor, de encuentro. En la mentalidad biblia se llama Alianza. Dios hace una alianza, un pacto y un encuentro de amor con su pueblo, con la humanidad.

Había, hay, pues una boda, Dios amaba y ama a su pueblo, a “su gente” tanto en Caná como en toda la historia de la humanidad.

03.- Vino.

        Quizás porque Israel y Jesús eran mediterráneos, vieron en el vino (y en el trigo) un signo de abundancia y alegría. Esto está muy presente en la Biblia y también en la vida cotidiana.

El vino es un símbolo muy empleado en la Biblia y también por  Jesús para hablar de la nueva situación del Reino: a vino nuevo, odres nuevos, (Mt 9,17). Esta es mi sangre…

La vida de Jesús transcurrirá entre comidas y encuentros, banquetes y bodas, multiplicación de los panes, la fiesta por la vuelta del hijo pródigo, etc.

El vino significa el espíritu de Jesús, su propia sangre entregada por nosotros.

Sin forzar las cosas podemos apreciar cómo San Juan prácticamente comienza su evangelio con el símbolo del amor, del vino y es el único evangelista que dice que en la cruz del costado brotó agua y sangre de redención.

        No es muy complicado entender que el cristianismo es alimento, vida y alegría en todos los sentidos de la palabra.

04.- Una boda sin vino.

        El relato que hemos escuchado es una boda en la que se han quedado sin vino. Es decir, se ha terminado la alegría y el amor y se han quedado en el más puro legalismo, nosotros diríamos que se han quedado solamente con los “papeles”, con el certificado jurídico… pero sin amor.

        Los “papeles” en el evangelio de hoy (bodas de Caná) son las tinajas de piedra, que evocan las piedras de la ley del Sinaí.

        Israel sustituyó el amor por las leyes.

        Dios se había hecho ilusiones con su pueblo, con la humanidad, pero perdimos el amor y nos quedamos con los “papeles” en la mano, como tantos matrimonios. La religión se ha convertido en papel mojado: en piedra, en tinajas de piedra de agua para los ritos…

        Y solamente tienen seis tinajas de piedra y agua.

  • Seis: número que significa imperfección (frente al 7 que es la plenitud. / El anticristo de es el 666).
  • Tinajas de piedra: que son una alusión a la ley de piedra del Sinaí.
  • Agua es el puro rito vacío, sin contenido.

            ¿No nos habrá pasado algo de esto también a nosotros en la Iglesia? ¿Nuestro cristianismo no se habrá quedado también exhausto, sin vida? Tenemos ritos, liturgias esclerotizadas, pero sin amor, sin espíritu.

        Ya casi, como el maestresala, ni sabemos de dónde nos viene la alegría y la serenidad.

La alegría y viveza del cristianismo (y de la Iglesia) no vendrá por la mayor rigidez o permisividad de la ley, sino que la evangelización vendrá por el amor y el servicio.

¿No será el momento de volver al amor inicial?

05.- Nuevo vino. (Nueva Alianza): el maestresala y los sirvientes.

        El segundo vino es mejor. La Alianza de JesuCristo es plenitud y Evangelio. El Sinaí y el Derecho Canónico dejan paso al Evangelio de JesuCristo.

        Pero el maestre-sala (el sistema religioso) no sabía (¿No sabe?) de dónde viene la bondad, la alegría, el vino bueno… (S Juan suele emplear la ironía con frecuencia).

        ¿No tenemos siempre la tendencia judaizante, legalista -en el fondo miedosa- de volver una y otra vez al cumplimiento de la ley.

06.- La madre del Señor, la mujer, la iglesia y la hora

El evangelista S Juan nos ofrece un mosaico de luces que resultan de gran hondura e iluminación cristiana.

La madre

Resulta llamativo cómo el evangelio de Juan solamente menciona en dos ocasiones a la madre del Señor (sin decir nunca que se llamaba María) [1]. Las dos ocasiones son:

  • En las bodas de Caná
  • El Calvario: la cruz, (Jn 19,25)

Mujer

En los dos momentos Jesús llama a su madre (¿un tanto fríamente?): “mujer”:

  • Mujer, no ha llegado mi hora.
  • Mujer, ahí tienes a tu hijo, (Jn 19,26).

        Es evidente la alusión al Génesis, a Eva: su nombre será mujer por ser la  madre de los vivientes, (Gn 2,23). La madre de Jesús es la madre de la iglesia naciente y de los cristianos.

Agua y sangre

Otro universo simbólico es que en los dos momentos hay agua y vino-sangre: vida y espíritu. En Caná surge una nueva alianza, un nuevo vino. Del costado de Cristo en la cruz mana agua y sangre.

La hora

Finalmente, en Caná Jesús dice: todavía no ha llegado mi hora. Poco antes de llegar a la cruz: Jesús, sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, (Jn 13,1).

La hora  en San Juan es una dinámica que cruza todo su evangelio, aparece más de veinte veces en este evangelio y en un movimiento ascendente y un tanto dramático,

2.4: Todavía no ha llegado mi hora.

4,21: Se acerca la hora en que no daréis culto al Padre aquí o allá.

4,23: Se acerca la hora, o mejor dicho, está aquí.

5,25: Se acerca la hora, o mejor ya ha llegado, en que los muertos escucharán su voz.

5,28; Se acerca la hora en la que escucharán su voz los que están en el sepulcro.

7,30: El arresto de Jesús fracasa, porque todavía no había llegado su hora.

8,20: Nuevamente fracasa el arresto de Jesús porque no ha llegado su hora 12,23: Ha llegado la hora en que el Hilo del hombre sea glorificado.

12,27: No te pido que me libres de esta hora.

13,1: Sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre,

16,21: La mujer cuando da a luz.,. ha llegado su hora.

16,32: Se acerca la hora, o ya ha llegado, de que os disperséis.

17,1: Padre, ha llegado la hora, muestra la gloria de tu Hij0.

19,27: Desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

Los símbolos tienen valor por lo que apuntan, no por lo que son. El estilo del evangelio de Juan es un universo simbólico.

        Los símbolos no son históricos, son reflejo de la verdad.

Sintámonos discípulos amados y desde ese momento en que nos sintamos queridos como el Discípulo amado.

Hagamos lo que él nos diga y

Desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.

[1] Si únicamente tuviésemos la versión de San Juan, no sabríamos que la madre de Jesús se llamaba María

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“En Caná, comienzan los signos del reino rebosando de abundancia”, por Consuelo Vélez

domingo, 19 de enero de 2025
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Cana-comienzan-signos-rebosando-abundancia_2740835909_17494505_660x371De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del II Domingo del TO 19-01-2025

Las bodas de Caná servirá para hablar de los “signos” que realiza Jesús, a partir de los cuales quien le escucha creerá en él o no creerá

El evangelio de hoy nos invita a ponernos en camino de discipulado, reconociendo los signos de Dios en nuestra vida, en la historia que vivimos

Muchas realidades presentes de injusticia y dolor nos hacen difícil ver los signos del reino, pero al mismo tiempo, precisamente allí, donde hay tanta dificultad, no deja de brotar la esperanza, la solidaridad, la misericordia, haciendo real la presencia de Jesús en medio de su pueblo

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea; allí estaba la madre de Jesús.  También Jesús y sus discípulos estaban invitados a la boda. Se acabó el vino, y la madre de Jesús le dice:

–No tienen vino. 

Jesús le responde:

–¿Qué quieres de mí, mujer? Aún no ha llegado mi hora.

La madre dice a los que servían:

–Hagan lo que él les diga. 

Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, con una capacidad de setenta a cien litros cada una.

Jesús les dice:

–Llenen de agua las tinajas. Las llenaron hasta el borde.

Les dice:

–Ahora saquen un poco y llévenle al encargado del banquete para que lo pruebe.

Se lo llevaron. Cuando el encargado del banquete probó el agua convertida en vino, sin saber de dónde procedía, aunque los servidores que habían sacado el agua lo sabían, se dirige al novio y le dice:

–Todo el mundo sirve primero el mejor vino, y cuando los convidados están algo bebidos, saca el peor. Tú, en cambio has guardado hasta ahora el vino mejor.

En Caná de Galilea hizo Jesús esta primera señal, manifestó su gloria y creyeron en él los discípulos.

(Jn 2, 1-11)

El evangelio de Juan solamente tiene el texto que consideramos el domingo pasado sobre “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, para hacer alguna mención de los orígenes de Jesús. Inmediatamente entra a considerar su ministerio. Después de llamar a los primeros discípulos, nos encontramos con este texto de las bodas de Caná que servirá para hablar de los “signos” que realiza Jesús, a partir de los cuales quien le escucha creerá en él -o no creerá- y de “su hora” que en este texto queda claro que aún no ha llegado, pero que llegará en Jn 12, 23 cuando está terminando su ministerio público y comience su persecución.

Por tanto, este relato de unas bodas sirve para mostrar los “signos” realizados por Jesús. En este caso, la que provoca que se realice este primer signo es María. Notemos el trato que tiene Jesús con su madre: la llama “mujer, dando a entender que la relación que se manifiesta en este texto con ella, es la de discípula, antes que de madre. Lo que María constata es la carencia de vino que están teniendo en la boda y las palabras que dirige a los que servían de hacer lo que Él les diga” muestra la confianza absoluta de ella como discípula frente a Jesús, al cual ha reconocido como Mesías.

Este primer signo nos habla de los tiempos mesiánicos que llegan con Jesús y la abundancia que ellos significan. De ahí, las tinajas “llenas hasta el borde y el vino mejor guardado para el final de la fiesta. El hecho de ser una boda también nos remite al signo del banquete mesiánico, signo de los tiempos definitivos. El texto termina afirmando que los discípulos reconocieron la gloria manifestada en Jesús y creyeron en él. La segunda parte del evangelio de Juan ya no hablará tanto de signos sino de Jesús mismo hecho signo, con la entrega de su vida, gesto en el que sus discípulos podrán reconocer la manifestación de Dios en Jesús.

Por tanto, el evangelio de hoy nos invita a ponernos en camino de discipulado, reconociendo los signos de Dios en nuestra vida, en la historia que vivimos, y creyendo en Jesús y en su predicación como la buena noticia de los tiempos de abundancia que Él nos trae. Es verdad que muchas realidades presentes de injusticia y dolor nos hacen difícil ver los signos del reino, pero al mismo tiempo, precisamente allí, donde hay tanta dificultad, no deja de brotar la esperanza, la solidaridad, la misericordia, haciendo real la presencia de Jesús en medio de su pueblo. Nuestro discipulado se concreta en reconocer en esos signos la presencia actuante de Dios en la historia y con nuestra fidelidad hacer posible que la gracia sea abundante y muchas tinajas de agua se conviertan en vino y, no cualquier vino, sino el mejor: el de la gracia de Dios hecha historia entre nosotros.

Para ver el comentario en video: Comentario al evangelio del II Domingo TO 19 01 2025

(Foto tomada de: https://boosco.org/www/2021/05/23/juan-2-1-11-y-la-madre-de-jesus-estaba-alli/)

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“Las Bodas en Caná de Galilea: un esbozo contemplativo de mariología”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

domingo, 19 de enero de 2025
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IMG_9460El relato está lleno de misterio, basta pensar en su comienzo: «El tercer día«, que tiene una profunda resonancia en el Nuevo Testamento. El tercer día es, en efecto, el día de la Resurrección, de la plena manifestación de la gloria. En este caso es también el tercer día de una gran semana, la de la primera manifestación de Jesús.

«Hubo una boda«. El hecho, así destacado, debe hacernos reflexionar. Es bueno señalar cómo todo el Evangelio es una invitación de boda: «El Reino de los cielos es como un rey que anuncia una gran fiesta para las bodas de su Hijo» (Mt 22, 2).

La encarnación misma es celebrada por la Iglesia como el banquete de bodas de Dios con toda la naturaleza. Y para Israel las mismas relaciones con Yahvé fueron cantadas por el pueblo como el matrimonio más elevado, la síntesis de todo otro amor humano. Incluso la escatología del mundo es narrada por Cristo en forma de congreso nupcial… El novio es el mismo Jesús; y toda la Iglesia, por tanto, esposa que espera a su amado en el camino de regreso.

Estas imágenes nos hacen comprender qué evocaciones suscita el lenguaje misterioso de Juan al situar una boda como primer episodio, haciendo emerger así el misterio de Cristo en esta realidad tan humana.

«Y estaba allí la madre de Jesús». El centro de la historia es María. Incluso Jesús y sus discípulos aparecen bajo una luz más matizada: «Jesús también fue invitado a la boda«. Para el evangelista la figura de la madre es sin duda central y es desde ella que la atención se proyectará luego sobre Jesús. El milagro, la manifestación de la gloria de Cristo, pasa por la madre.

El significado y la profundidad de los símbolos que contiene el relato impiden, en cierto sentido, expresarlo en palabras. Es un relato para ser disfrutado en la contemplación, dejándoos conmover interiormente por la fuerza del Espíritu. Contempla estos tres aspectos: María ve el todo en su conjunto; María siente empatía; María es intrépida.

1.- María ve el todo en su conjunto

En la historia del Evangelio, todos tienen algo que hacer, algunos en la cocina, otros en el servicio,… Sólo María ve el todo en su conjunto, tiene una visión general y comprende lo esencial que está sucediendo y lo esencial que falta. Éste es el espíritu contemplativo de María, su don de síntesis, la capacidad de atender a las cosas particulares. Ciertamente también ella debía tener algún compromiso… pero, sin embargo, presta atención a las cosas individuales y con una mirada atenta, contemplativa, profunda… capta la situación.

El don de la síntesis es típicamente femenino: saber ver el punto focal con la inteligencia del corazón, no mediante el razonamiento ni el análisis inmediato y preciso de todos los elementos.

María percibe el gemido inexpresado del mundo y lo expresa hasta con simplicidad: «Ya no tienen vino«. Ella es la única que dice esta palabra. Es probable que los demás lo hayan notado pero como en un sueño: ven que algo falla y al no saber qué hacer prefieren seguir fingiendo que no pasa nada.

La gracia de la fe cristiana es precisamente la de cultivar, incluso en las mil y una tareas, una visión de conjunto de las situaciones de la comunidad, de los grupos, de la Iglesia, de la sociedad, para poder captar con amor las dificultades , momentos delicados y darle voz, atenderlas con discreción y eficacia.

La fe cristiana tiene en sí misma este maravilloso don contemplativo: no es la pericia, la destreza para hacer esto o aquello, la especialización de las capacidades humanas, sino una percepción global, que sabe preservar el sentido de todo. Quizás sea difícil de expresar, pero es importante, incluso necesario, para la vida de la Iglesia.

En ese don está, de hecho, el don de gobierno, de eficacia, de planificación cuidadosa. El don contemplativo es algo más sutil, indefinible, que da unidad, gusto, sabor, consistencia. Es un don de María y, si faltara, la Iglesia correría el riesgo de convertirse en una sociedad de expertos, de personas competentes, de especialistas, donde cada uno lleva adelante su visión particular, quizás discutiendo con los demás y precisamente en nombre de su propia visión, capacidad, pericia…

El carisma de María es la mirada consoladora, que la hace estar atenta a todos los puntos dolorosos y dispuesta a expresarlos, a ayudar alertando a los responsables, pidiendo a los demás que intervengan. En Caná, de hecho, María no atiende directamente la necesidad del vino, sino que lo resalta, lo realza y lo confía a su Hijo.

Por eso pedimos a la Virgen que mire nuestros banquetes, el banquete que son nuestras comunidades, nuestras iglesias locales, nuestra Iglesia universal; y también mirar este banquete que es nuestra sociedad y prestar atención a lo que falta, poner en nosotros la mirada contemplativa benévola y sincera con la que Ella miró el banquete de bodas de Caná. 

Pidamos a María que no permita que nuestros corazones se entristezcan por las pequeñas mezquindades privadas, sino que nos haga vibrar al unísono con el gran banquete de la humanidad, captando e interpretando la situación de todos aquellos que no tienen vino, pan, alegría, que no están involucrados en el banquete.

Cada uno de vosotros puede entonces preguntarse: ¿estoy tan preocupado por mi papel personal, por mi trabajo, que ya no tengo gusto por toda la vida de la comunidad, de la Iglesia, de la sociedad? ¿Soy tan tenaz e insistente en la realización de mi tarea particular que ya no comprendo cómo debe encajar en el conjunto de una mesa bien puesta en la que todos participan con amor y alegría? ¿Soy tan poco contemplativo que miro el árbol y me olvido del bosque? 

2.- María empatiza 

María, una vez completado su gesto contemplativo, pudo quedar satisfecha. Sin embargo, si lo hubiera hecho, no habría expresado su identificación con la situación. Habría hecho un análisis sociológico, estadístico,…, sin entrar en el problema. María, en cambio, entró en ello hasta casi merecer una reprimenda de Jesús.

«¿Qué tengo yo que ver contigo, mujer?». Ciertamente no es una expresión alentadora, sea cual sea el significado que se le intente dar. María la acoge porque se ha identificado con la situación como si fuera suya: «No tienen más vino» significa que no tenemos más vino. Significa hacerse uno con esos pobres cuyos nombres ni siquiera conocemos y de los que el relato evangélico no dice nada más.

En última instancia, el hecho de que a un banquete le falte vino no es tan sustancial. La gente podría haberse ido a casa igualmente satisfecha. La carencia que María nota, por tanto, no es esencial, no es una cuestión de vida o muerte: es una falta de bienestar, ese “no sé qué” que hace que las cosas vayan bien, y es precisamente lo que más a menudo nos falta. Muchas veces nos falta ese “no sé qué” de alegría, entusiasmo,…, que se necesitan para que las cosas vayan por el buen camino. ¡Cuántas veces echamos de menos este vino! La esencia de nuestra vida, los compromisos se desempeñan con atención y seriedad, los trabajos se realizan con eficacia,… ¡Sin embargo, falta «eso no sé qué» representado por el vino!

Descubrirlo es una gracia que debemos pedir a María porque no surge solo de los análisis sociológicos que realizamos. María puede ayudarnos a descubrir lo que falta, no para acusar ni recriminar, sino para sufrir y amar. Y ante todo puede ayudarnos a descubrir lo que nos falta, que no sabemos qué es: tal vez sean pequeñas cosas que extrañamos; pequeños perdones, pequeños sacrificios que vivir, pequeñas tensiones que tapar o pequeñas palabras que contener. Quizás nos falta un poco… para que el buen vino se manifieste.

El evangelista repite tres veces el adjetivo «bueno«: «Cada uno sirve el buen vino desde el principio… el menos bueno… el buen vino lo has guardado hasta ahora».

Puede haber un vino genuino y no bueno, tanto por la calidad de la uva como por la ingenuidad de quien lo elaboró. Jesús quiere el bueno, hecho de la riqueza que proviene de todo el complejo de la uva, del sol, del calor, de la tierra, de la preparación, del trasiego. Lo quiere tanto para nuestra vida, como para la plenitud de nuestra Iglesia, y para la alegría de nuestra sociedad.

El buen vino que Jesús quiere es sin medida, abundante: «Seis tinajas de piedra… cada una con dos o tres toneles» llenas hasta el borde. Nuestra vida espiritual, marcada quizás por la aridez o el cansancio, en su interior debe ser vino espumoso, sobreabundancia de Espíritu que nos nutre día y noche, sin abandonarnos jamás: no puede ser el fondo de un vaso que apenas sirve para saciar la sed.

3.- María es intrépida

Jesús no dice que Él proveerá, pero María dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga«. Sus palabras tienen, por así decirlo, un sentido bíblico probado desde hace mucho tiempo. Son, en efecto, las pronunciadas por el Faraón durante la hambruna en Egipto, cuando el pueblo carecía de todo: “Ve a José y haz lo que él te diga. El hambre dominó toda la tierra. Entonces José abrió todos los almacenes donde había grano” (Gen 41,55-56).

La figura de María se sitúa a la luz del hombre que sacia el hambre de un país entero: María es aquella a través de quien el poder de Jesús se manifiesta en la tierra para toda la humanidad. Está segura de su hijo porque es el Hijo de Dios.

Esta es quizás la certeza que más fácilmente no logramos mantener. Quizás notamos la falta de vino, quizás nos identificamos un poco tristemente con la sequedad de nuestras vidas, de nuestra comunidad, de nuestras iglesias locales… Sin embargo, al no cruzar el «vado de la fe«, nos detenemos en una amarga consideración de la situación o buscamos soluciones inadecuadas.

¡Cuántas veces tenemos la impresión, escuchando ciertos análisis y valoraciones, por ejemplo de la falta de vocaciones,…, de que los remedios se proponen sin convicción! Se necesitan remedios, es necesario planificar, hay que hacer algo y, sin embargo, no tenemos esa certeza que es la única que da fuerza a todas nuestras acciones: la certeza en Jesús. No creemos lo suficiente, nos falta ese salto de calidad que no consiste en buscar la llave del tesoro escondido sino en la seguridad en Jesús incluso en las cosas más simples, incluso en las expresiones más inmediatas de la vida.

Este esbozo para una mariología no quiere pasar por alto sino dar espacio a la contemplación. Podemos acercarnos a María a través de la lectura orante de la Palabra de Dios, la lectura de la Escritura en el Espíritu Santo.

No basta con aprender teóricamente esta lectura: es necesario desarrollarla. Aprenderla cordialmente significa practicar resaltando algunos aspectos o palabras del pasaje del Evangelio. Pero luego hay que releer las palabras, comparándolas entre sí, como hizo María, que «guardaba todas estas palabras en su corazón» (cf. Lc 2, 19.51). María es modelo de identificación e intrepidez porque es modelo de contemplación. Aquí reside uno de los secretos de la fe: ser fuente contemplativa.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

De su blog Beste aldera joan zen Jesus / Jesús se fue a la otra orilla

(Remitido por el autor)

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Empezando a comprender.

sábado, 18 de enero de 2025
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Antes de hacer mi profesión solemne, y cuando empezaba mi retiro, me planteé por un momento si los votos conllevaban alguna condición propia. Si estaba llamado a ser un contemplativo y no me ayudaban a serlo, sino que acaso me lo impedirían, ¿entonces qué?

Pero tuve que dejar esas disquisiciones antes de que pudiera siquiera empezar a rezar.

Hice, pues, mis votos a su debido tiempo y vi que ya no estaba seguro de lo que significaba ser un contemplativo, o lo que era la vocación contemplativa, o cuál era mi vocación y cuál era nuestra vocación cisterciense. En realidad, no podía estar seguro de si sabía o comprendía mucho de nada, excepto que creía que Tú deseabas que yo emitiera aquellos votos concretos en este monasterio particular, precisamente en ese día por razones mejor conocidas por Ti; y que lo que yo tenía que hacer después de eso era seguir con los demás y hacer lo que me dijeran. Así empezarían a aclararse las cosas.

Aquella mañana, cuando tenía mi rostro sobre el suelo en medio de la iglesia, con el padre abad rezando por mí, empecé a reír, con mi boca en el polvo, porque sin saber cómo ni por qué había hecho realmente la cosa justa y hasta una cosa asombrosa. Pero lo asombroso no era mi obra, sino la obra que Tú realizaste en mí.

Han pasado los meses, y Tú me has dado la paz, y estoy empezando a entender de qué se trata. Estoy empezando a comprender«.

*

Thomas Merton
La montaña de los siete círculos

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«El tiempo y lo Eterno en el ser humano», por Leonardo Boff

sábado, 18 de enero de 2025
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De su blog Las fuerza de los pequeños:

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Kronos, Kairós, lo eterno y el ‘es’

«En cada cambio de año, hablamos del tiempo que pasó y del nuevo que comienza. ¿Pero qué es el tiempo? Nadie lo sabe. Ni san Agustín supo dar una respuesta en sus Confesiones»

«Ni Martin Heidegger, el filósofo más eminente del siglo XX. Escribió su famoso libro Ser y Tiempo. Dedicó un voluminoso libro al Ser. Hasta el final de su vida quedamos esperando un tratado sobre el tiempo»

«Creo que el abordaje más adecuado es conectar el tiempo a la vida humana. Como decía un conocido escritor brasileño Antonio Candido: ‘El tiempo es el tejido de la vida'»

En cada cambio de año, hablamos del tiempo que pasó y del nuevo que comienza. ¿Pero qué es el tiempo? Nadie lo sabe. Ni san Agustín supo dar una respuesta en sus Confesiones en las que hace una de las reflexiones más profundas. Ni Martin Heidegger, el filósofo más eminente del siglo XX. Escribió su famoso libro Ser y Tiempo. Dedicó un voluminoso libro al Ser. Hasta el final de su vida quedamos esperando un tratado sobre el tiempo. Y no llegó, porque él tampoco sabía lo que era el tiempo. Además, es curioso: el tiempo es el requisito para hablar del tiempo. Necesitamos tiempo para reflexionar sobre el tiempo. Es un círculo vicioso.

Creo que el abordaje más adecuado es conectar el tiempo a la vida humana. Como decía un conocido escritor brasileño Antonio Candido: ”El tiempo es el tejido de la vida”. Consideramos la vida como el valor supremo por encima del cual solo está el Ser que hace ser a todos los seres.

El sentido de la vida en el tiempo es vivir, simplemente vivir, incluso en la condición más humilde. Vivir es una especie de celebración del existir y de habernos escapado de la nada.  Podríamos no existir. Y sin embargo aquí estamos. Vivir es un don. Nadie ha pedido existir.

La vida es siempre un con y un para. Vida con otras vidas de la naturaleza, con vidas humanas y vida con otras vidas que acaso existan en el universo. La vida es para expandirse y para darse a otras vidas sin lo cual la vida no se perpetúa.

Sin embargo, la vida está habitada por una pulsión interior que no puede ser frenada. La vida quiere encontrarse con otras vidas pues para eso existe el con y el para. Sin eso la vida dejaría de existir.

9.5La pulsión irrefrenable de la vida hace que ella no quiera sólo esto y aquello. Lo quiere todo. Quiere perpetuarse lo más posible, en el fondo no quiere acabar nunca, quiere eternizarse.

Ella porta dentro de sí un proyecto infinito. Ese proyecto infinito la hace feliz e infeliz. Feliz porque encuentra, ama y celebra el encuentro con otras vidas y con todo lo que tiene que ver con la vida a su alrededor. Pero es infeliz porque todo lo que encuentra y ama es finito, lentamente se desgasta y cae bajo el poder de la entropía, en definitiva, bajo el imperio de la muerte.

A pesar de esa finitud en nada se debilita la pulsión por lo Infinito. Cuando encuentra ese Infinito reposa. Experimenta una plenitud que nadie le puede dar ni quitar. Sólo él la puede construir, disfrutar y celebrar.

La vida es entera pero incompleta. Es entera porque dentro de ella están juntos lo real y lo potencial. Pero es incompleta porque lo potencial todavía no se hace real. Como lo potencial no conoce límites, la vida siente un vacío que nunca consigue llenar totalmente. Por eso nunca está completa para siempre. Permanece en la antesala de su propia realización.

En este contexto surge el tiempo. El tiempo es la tardanza de lo potencial que quiere irrumpir desde dentro y dejar de ser potencial para ser real. Esa tardanza podríamos llamarla tiempo. Sería nuestra apertura esperanzada, capaz de acoger lo que podrá venir. Lo potencial realizado nos permite pasar de incompletos a enteros sin, por ello, hacernos plenamente enteros. El vacío continúa. Es nuestra condición de finitos habitados por un Infinito. ¿Quién lo llenará?

No puede ser el pasado porque ya no existe y pasó. No puede ser el futuro porque no existe todavía, pues no ha venido aún. Sólo queda el presente. Pero el presente no puede ser aprehendido, aprisionado y apropiado. Cuando intentamos retenerlo, ya se ha vuelto pasado.

Pero puede ser vivido. Cuando es intenso ni percibimos que ha pasado. Parece que el tiempo no ha existido. Es el tiempo denso e intenso de dos ardientemente apasionados. Es el tiempo llamado kairós, diferente de kronos, siempre igual como el tiempo del reloj.

¿Es posible hacer una representación del presente? Sí, con la eternidad, porque solamente la eternidad es un es. Cada presente tiene algo de eterno, porque sólo él es. Un día fue y un día será. Pero solamente él es un es. Por eso el esdel tiempo representa la presencia posible de la eternidad. De nosotros depende vivirlo con la mayor intensidad posible, pues pronto se desvanece en el pasado.

De todos modos constatamos que estamos inmersos en la eternidad deles. No se trata de una cantidad de tiempo congelada. Es una cualidad nueva, que nunca para, siempre viene y pasa: viene del futuro y luego pasa por nosotros en dirección al pasado. Es la pura presencia inasible del es.

Nosotros que estamos en el tiempo podemos vivir ese “es” como si fuese el primero y el último. De esta forma participamos fugazmente de la eternidad del es. Y eternizándonos, participamos de Aquel que siempre es sin pasado ni futuro.

Ese es viene bajo mil nombres: Tao, Shiva, Alá, Olorum, Javé. Este, Javé, se reveló como “Yo Soy el que Soy”, mejor dicho: “Soy el es que siempre es”.

¿Quién sabe si uno de los sentidos, entre otros, de nuestro existir en el tiempo, no sea participar de ese es? Y en el decir del místico san Juan de la Cruz, por un momento, “ser Dios, por participación”. Y aquí solo es posible el noble silencio porque ya no caben más palabras.

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Traducción de MªJosé Gavito Milano

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Elegir la alegría es elegir la vida.

viernes, 17 de enero de 2025
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Del blog de Henri Nouwen:

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«¿Cómo elijo la vida? Un aspecto de elegir la vida es optar por la alegría. La alegría es vivificante, pero la tristeza trae muerte. Un corazón triste es un corazón en el que algo se muere. Un corazón contento es un corazón en el que nace algo nuevo»
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Henri Nouwen

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“La crucifixión blanca y el dolor del mundo”. Por Josefa Elizondo.

viernes, 17 de enero de 2025
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IMG_9404“Mi pintura no representa el sueño de un pueblo, sino el de toda la humanidad”

«La crucifixión blanca recoge la suma de dolor provocado por los pogromos, el antisemitismo y el avance de la política nazi»

«Tendido en la cruz, Jesús lleva el talid, el manto de oración usado por los judíos y en torno a él están representados tres patriarcas bíblicos y una matriarca, vestidos con trajes tradicionales»

«Dios entregó a su Hijo por nosotros para que se convirtiera en el hermano de todos los abandonados y los llevara a Dios”, ha recordado J. Moltmann, un teólogo de nuestros días atento a lo universal del sufrimiento y a la universalidad de la esperanza»

“Mi pintura no representa el sueño de un pueblo, sino el de toda la humanidad”.

La obra La crucifixión blanca del artista bielorruso Marc Chagall ha llegado a Roma desde Chicago con motivo del Año Santo. Se expone en el museo del mismo nombre con sede en el palazzo Cipolla, en la céntrica vía del Corso. El Papa, que la visitó el pasado mes de diciembre, la había mencionado como obra preferida pues “no es cruel, sino llena de esperanza. Muestra un dolor lleno de serenidad”. Ante ella se hace verdad que contemplar un cuadro es ver lo que otros han mirado. En este caso, con una mirada que suma memoria y compasión.

Obra de un judío errante

La tela, habitualmente en el museo de Chicago, fue pintada en 1938 en París, donde su autor residía desde un tiempo atrás con su familia tras sucesivos traslados. En uno de los momentos más oscuros y trágicos de la historia de Europa: Hitler iba a invadir Polonia el año siguiente y para los judíos había empezado el tiempo del dolor.

IMG_9407Marc (Moishe) Chagall nació en 1887 en Liozna, cerca de Vitebsk, en la actual Bielorrusia; pertenecía a una familia judía integrada en aquella comunidad local de la que tenemos noticias por los Relatos jasídicos de Martin Buber y las descripciones que han recuperado trazos de la vida de los judíos en los pequeños núcleos urbanos y los schtetl de la Europa del Este. Una cultura y una lengua, el yidish, que corrieron el riesgo de la total extinción.

 En su propio recuerdo: Lo primero que vieron mis ojos fue un abrevadero. Sencillo, cuadrado, medio hueco, casi oval. Un abrevadero de mercado. Cuando estaba dentro, lo ocupaba totalmente. No me acuerdo ya –¿fue mi madre quien me lo contó?– pero en el mismo instante en que nací, en una casita cercana a la carretera en las afueras de Vitebsk, detrás de una cárcel, estalló un gran incendio….  Sin embargo, esa casita cercana a la carretera de Peskovatik ha permanecido intacta. La vi no hace mucho. Mi padre, apenas se hubo enriquecido, la vendió. Me recuerda el chichón en la cabeza del rabino verde que pinté, o una patata, flotando en un barril de arenques y bañada en salmuera. Al contemplar esta casita desde lo alto de mi reciente “grandeza”, me agitaba y me preguntaba: “Realmente: ¿Cómo he podido nacer aquí? ¿Cómo puede uno respirar en este lugar?”. Cuando mi abuelo, el de la barba larga y negra, murió honradamente, mi padre compró, por cuatro rublos, otra propiedad…

 Y guardó de por vida la imagen del padre con las manos ateridas y oliendo a salmuera, pero con algunos dulces que ofrecer al regreso de su fatiga diaria.

Mi vida es el único libro que escribió. “Sus palabras –dice un comentario– son como sus colores, felicidad y melancolía, verdad o ensueño, que alzan el vuelo con los personajes de sus cuadros, tan concretos como milenarios. Tan rotundos. Aquí se dibujan los años transcurridos en Vitebsk, su humilde ciudad natal, en el seno de una familia entrañable, pobre, que utilizaba sus cuadros para sacudirse la tierra de los zapatos. Allí asoman San Petersburgo y Moscú, los años de aprendizaje y la apertura de un nuevo mundo para el joven pintor. Más allá París y su bohemia, el taller de La Ruche, luego la Gran Guerra y el retorno a una Rusia en la que estalla la revolución bolchevique en un telón de fondo rasgado de tristeza”.

En el año 1938

Creada en ese año, La crucifixión blanca recoge la suma de dolor provocado por los pogromos, el antisemitismo y el avance de la política nazi. No es el único cuadro que Chagall dedicó al Crucificado, pero sí el de mayor tamaño y el más conocido.

Tendido en la cruz, Jesús lleva el talit, el manto de oración usado por los judíos y en torno a él están representados tres patriarcas bíblicos y una matriarca, vestidos con trajes tradicionales. A ambos lados de la cruz, Chagall deja entrever la devastación de los pogromos y el saqueo de una aldea que obliga a los habitantes a huir en barco. Tres figuras escapan a pie, una de ellas porta la Torá en la mano. A la derecha, aparece una sinagoga con el arca de la Ley en llamas mientras que en la parte inferior una madre consuela a su niño.

La figura de Jesús, con la cabeza hacia adelante, y la tradicional aureola blanca que simboliza la santidad, focaliza nuestra mirada. La luz parece volcarse sobre el Siervo/el Crucificado y sobre la cruz aparecen las iniciales latinas INRI y la misma leyenda en caracteres hebreos. La escalera, tantas veces presente en los óleos sobre el Descendimiento, puede entenderse también como la versión judía de la escala que representa la unión entre el cielo y la tierra, de la humanidad y Dios. El color blanco domina la visión del Siervo sufriente pese a estar rodeado de destrucción, temor, huidas, incendios y, en definitiva, de todos los sufrimientos de una historia que era también la suya.

El autor pintó la tela en 1938, en París, donde desde hacía un tiempo residía con su familia. Europa estaba viviendo uno de los momentos más oscuros y trágicos de su historia: Hitler invadiría Polonia el año siguiente y, sobre todo para los judíos, había empezado el tiempo del mayor dolor pues precisamente en el otoño de 1938 la “Noche de los cristales rotos” marcó el inicio de la terrible persecución antisemita realizada por el nazismo. Un año antes de que Chagall pintase La crucifixión blanca, Pablo Picasso completaba su Guernica, y es interesante observar cómo los dos pintores −que se conocían y se trataban− han reflejado de manera tan distinta lo trágico de la existencia humana.

Palabras que resuenan 

IMG_9406Al mirar el cuadro, que expresa con los colores, los símbolos y las figuras que muestran la originalidad de este pintor, cabe asociar una cadencia que debió escuchar en la sinagoga de Vistebk: la de los Cantos del Siervo que carga con los sufrimientos del pueblo y agrieta el muro de su dolor. Y, dada la presencia de la ortodoxia del Rus de Kiev en aquel  lejano óblost junto con la andadura del artista por otros países en los que aceptó encargos, es fácil pensar que esta Crucifixión -que condensa todas las cruces- glosa la recomendación de la carta a los Filipenses hecha a los cristianos de todos los tiempos:Tened entre vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo: el cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios, sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” 

“Dios entregó a su Hijo por nosotros para que se convirtiera en el hermano de todos los abandonados y los llevara a Dios”, ha recordado J. Moltmann, un teólogo de nuestros días atento a lo universal del sufrimiento y a la universalidad de la esperanza.

Fuente Religión Digital

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Esperando en Cristo

jueves, 16 de enero de 2025
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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«Contemplando el crucifijo en la blanca pared de Santa Ana, me sobrecogió el tomar conciencia de que soy sacerdote, un don que se me ha dado para que pueda conocer algo del significado de la Cruz, y de que Santa Ana es una parte especial de mi vocación sacerdotal: el silencio, los bosques, la luz del sol, las sombras, el cuadro que representa a Jesús, Nuestra Señora del Cobre, y los angelotes del paraíso de Fra Angélico. Aquí soy un sacerdote y tengo todo el mundo por parroquia. ¿O es que pensar todo esto constituye una tentación? Tal vez no sea necesario recordar la fecundidad apostólica de este silencio. Lo único que yo necesito es ser nada y esperar la revelación de Cristo: estar en paz, ser pobre y silencioso en un mundo en el que también actúa el misterio de la iniquidad y en el que, por otra parte, no habrá ya ninguna otra revelación. No, en Santa Ana hay una paz tan grande que con toda seguridad representa el corazón de un gran combate espiritual que se está librando en silencio. Y yo, que me siento aquí y oro y pienso y vivo –no soy nada– y no necesito saber qué es lo que me tiene reservado el futuro. Solo necesito esperar en Cristo para oír el profundo sonido de la gran campana que ahora empieza a sonar y me envía sus sagrados repiques a través de los pequeños cedros.

Esta es la continuación de mi misa. Esta es todavía mi eucaristía, mi acción de gracias a lo largo de todo el día, mi trabajo, mi liturgia, mi espera de la revelación perfecta de Cristo«.

*

Thomas Merton,
Diarios

(17 de febrero de 1953)

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“Nunca he negado la comunión a nadie”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

jueves, 16 de enero de 2025
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soy-homosexual-tengo-hijos-soy-catolico1De su blog : Beste aldera joan zen Jesus / Jesús se fue a la otra orilla:

No, no es una afirmación del que escribe esta reflexión, sino del Papa Francisco durante la rueda de prensa de regreso de su viaje a Hungría allí por septiembre de 2021. “Nunca he negado la Eucaristía a nadie. Nunca he sido consciente de tener delante a una persona como la que usted describe. La única vez que tuve una cosa simpática, en una residencia de ancianos, dije quién quiere comulgar, que levante la mano. Una anciana se levantó, comulgó y luego dijo, ‘gracias, gracias soy judía’. Yo le contesté, ‘este que le he dado también es judío’”.

El Papa Francisco hablaba en aquella ocasión de la «tormenta que se desató con Amoris Laetitia… siempre condenando… basta de condenas… son hijos de Dios que necesitan nuestra compasión».

Por otro lado, era el propio Vaticano el que advertía a los obispos conservadores estadounidenses que frenaran sus presiones para negar la comunión a los políticos que apoyaban el derecho al aborto, entre ellos el presidente Joe Biden. Pero, a pesar de ello, los obispos estadounidenses insistían y querían votar sobre el asunto en una conferencia virtual…allá por junio del 2021.

En aquella ocasión la ‘santa cruzada’ estaba liderada por algunos obispos cuyas prioridades se encontraban claramente alineadas con las del expresidente Donald Trump y que querían reiterar la centralidad de la oposición al aborto en la fe católica adoptando una línea dura. Entre ellos estaba el arzobispo de Los Ángeles, José Gómez, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, a quien el pontífice nunca había promovido al rango de cardenal. La preocupación en el Vaticano era no utilizar el acceso a la Eucaristía como arma política.

El Papa Francisco había dicho este mismo mes de junio de 2021 que la comunión «no es la recompensa de los santos, sino el pan de los pecadores». Y el cardenal Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, escribió una carta a los obispos estadounidenses advirtiéndoles de que una votación sobre la cuestión podría «convertirse en una fuente de discordia en lugar de unir al episcopado y ampliar la Iglesia en Estados Unidos».

No, la Eucaristía no es la recompensa de los buenos, sino la medicina de los débiles. Esta frase la escribió el Papa Francisco en Amoris Laetitia y la ha repetido varias veces en varios de sus discursos. Puede parecer una frase más, pero es revolucionaria. Hasta ahora, en efecto, veíamos la Eucaristía y la comunión eucarística como el don que se daba a los que llevaban una vida conforme a las enseñanzas de la Iglesia y que se negaba a los excomulgados: convivientes, divorciados vueltos a casar, homosexuales. Así que, inevitablemente, comulgar significaba formar parte de los que están en regla, una especie de sello de persona respetable.

La exclusión de los sacramentos y de la comunión produce, por tanto, un enorme sufrimiento en quienes la sufren porque la perciben como un rechazo o, peor aún, una condena dirigida contra su persona y hacia situaciones de la vida de las que no se sienten culpables en absoluto o de las que no hay vuelta atrás. La nueva perspectiva del Papa parecía dar la vuelta a las cosas para decir que la comunión debe darse a todos no porque todo tipo de vida sea correcta sino porque todos somos pecadores y con el poder del alimento eucarístico cada uno puede sanar de su pecado y hacer lo mejor que pueda en su vida según las enseñanzas de Cristo.

¿Realmente esa perspectiva papal ha llegado a la Iglesia? Comulgar no significa que somos recompensados porque formamos parte del bien, sino que recibimos fuerza, cada uno de nosotros, para caminar hacia nuestro modelo que es Cristo. Esta nueva perspectiva ¿se ha entendido y comprendido del todo? ¿Somos los ministro ordenados los censores: a ti sí y a ti no?

No son pocos los teólogos, y ministros ordenados, los que afirman que no se debe negar la comunión a nadie y que debe ser el cristiano individual el que debe decidir si realmente quiere hacer un camino de discernimiento.

¿No suena hoy negar la comunión eucarística como una gran herida que los ministros ordenados infligimos en el corazón de tantas personas que ya viven situaciones de sufrimiento, y en este sentido es un escándalo del que somos culpables? ¿No es mucho más rica en amor la nueva perspectiva que da el anuncio de la Palabra y de los sacramentos a todos y al mismo tiempo dice a la conciencia de cada uno: «reflexiona, evalúa, reza y haz lo posible por parecerte a Cristo»? ¿Y si reconociéramos la parte de belleza, bien, bondad,…, en una relación de amor homosexual?

Nunca he negado la comunión a nadie… dice, en cambio, el Papa Francisco.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

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“Un universo interior”, por Miguel Ángel Mesa

miércoles, 15 de enero de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

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«Tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba»
(Agustín de Hipona).

Adentrarnos en la vida interior es como si nos uniéramos a una expedición de espeleólogos, que se adentraran en una cueva hasta el momento inexplorada, en la que la luz lo es todo para poder caminar, pero a veces se acaban las pilas de la linterna y hay que reponerlas a oscuras, no movernos, y dejarnos guiar por los sonidos, las aguas subterráneas, la brisa del aire… para llegar a descubrir nuevos caminos, pinturas sorprendentes, estalactitas y estalagmitas, que unen el cielo de la cueva con la tierra de la misma, quizá una salida por otro lugar donde podamos recibir con gozo, de nuevo, la luz del sol.

Los problemas que se siguen sufriendo en nuestra sociedad, a pesar de los sacrificios, los recortes, la merma de derechos que se nos impone, especialmente a los más desfavorecidos, no ceja en continuar proponiendo para la salida de la misma, el que consumamos más, como única recta para que haya más desarrollo. Y el consumo irresponsable, sin medida, lo único que consigue es hacernos salir, pero no para dirigirnos al encuentro del otro, sino únicamente a la tienda física o virtual en la que podamos satisfacer nuestros deseos más inmediatos.

Nadie nos va a proponer que reflexionemos, que indaguemos cuáles son nuestras principales necesidades, que pasemos por el tamiz de nuestra vida interior todos nuestros anhelos y sueños. Y que, por encima de todo, nos sintamos libres para decidir qué es lo que precisamos de verdad, sin acumular por justicia con los más desfavorecidos, qué carencias y obligaciones tenemos, con nosotros mismos y con los demás.

Cuando mantenemos un diálogo cercano, cordial, amistoso y profundo con el otro que nos acompaña o con quien nos encontramos, dejando que hablen los corazones, los sentimientos, notamos cómo se dilata nuestra felicidad y nuestra humanidad. Estas conversaciones y encuentros tienen que llegar a formar parte de nuestra vida interior, para gustarlos, reflexionarlos, digerirlos, que nos alimenten y den fruto. Desde ahí vamos encontrando nuestra más íntima identidad, que se va transformando a la vez con las experiencias vitales que vamos recogiendo por los senderos que recorremos cada día, diferentes, únicos.

Cuando la experiencia profunda de la vida interior nos lleva a aislarnos, a entristecernos, a olvidar los problemas de la gente, esa práctica no es positiva y provoca los efectos contrarios de lo que se pretende. La incursión en la vida interior tiene que producir, como provecho y beneficio, un mayor y gozoso encuentro con los demás, una relación más fluida y cordial, un compromiso para sentir con los otros sus y nuestras penas y alegrías.  Por lo tanto, el fortalecimiento de nuestra vida interior, solo tiene sentido si nos ayuda a mejorar nuestra forma de ser, si hace más humana nuestra humanidad, en contacto y unión íntima, vital con los demás.

El cultivo permanente, cuidadoso de la vida interior, de la espiritualidad, según José Arregi, «puede valer para nuestros días, porque necesitamos liberarnos del miedo y reconciliarnos con nosotros mismos; porque no nos basta lo que tenemos, lo que sabemos, lo que podemos; porque necesitamos seguir creyendo en la bondad a pesar de todos los males que hacemos y padecemos; porque es preciso seguir esperando activamente en otro mundo mejor».

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«Felices quienes intentan contemplar y penetrar en su hondón personal, para ser en verdad lo que buscan: ellos mismos».

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“ El Octavo Centenario del Cántico de las Criaturas de San Francisco de Asís”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

miércoles, 15 de enero de 2025
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IMG_8936De su blog Beste aldera joan zen Jesus / Jesús se fue a la otra orilla:

Asís, inauguran celebraciones de los 800 años del Cántico de las Criaturas

Y el pequeño exclamó: “¡Mira, papá, el sol! …que bueno es…”.

Bendición de la mirada de los niños sobre las cosas ofrecidas y regaladas; bendición del alma de los niños que se sienten a sí mismos dentro del surgimiento de la creación. En el vínculo mutuo: reconocimiento de la danza del destino de todo, gratitud por la ofrenda de las partes al diseño y ritmo de la vida: la bondad que es la belleza.

La creación no es sólo mecanismo sublime y terrible, es bondad de equilibrio, generosidad y reconocimiento. Y danza fraternal y sororal de declinación y hospitalidad. Cuando el canto fraterno de las cosas nos abraza y nos invita, es entonces cuando nace la mirada: allí, cerca del origen. Una mirada de comienzo, «ingenua», «inocente» y pobre: nos hace sentir que vivimos. Nos hace encontrarnos en la vida, en la alegría de vivir que sentimos en las cosas, que nos alcanza en su tacto. Cada elemento se ofrece, en una proximidad fraternal y sororal, de belleza y de bondad. Cada vida creatural es diferente, única, tiene como un ‘aura’.

Sí, la fraternidad creatural es exigente porque cada elemento aparece y se repliega en su propia ulterioridad, en una precedencia; simple misterio de alteridad. Cada realidad creada vino de la luz exigiendo respeto y reverencia. Cada vida fue surgida de la oscuridad. Volver a ver el «aura» de cada cosa es la urgencia de un tiempo sin respeto y con poca capacidad de atención y de cuidado. Y para toda mujer y todo hombre es mantener abierto un manantial que le hace a uno ser, que le hace a uno encontrarse a sí mismo después de nacer. Y que, entonces, hace que uno sea capaz de dar retirándose respetuosamente para contemplar y admirar, de ser una presencia que hace lugar, de captar y cultivar las múltiples formas de la posibilidad de la vida. Toda ella, vida divina.

La creación es amada; las criaturas son amantes, fraternales y sororales. El Creador no ejerce un poder absoluto, es paternal y maternal: hace ser, llama, da posibilidad, inicia y deja que todo exista y fluya. Todo fruto del amor encuentra equilibrio, recuerda, reconoce; y se ofrece, precisamente, en fraternidad o sororidad. Incluso en la posibilidad de la herida, y de la reconciliación.

Cántico de la entrada en la danza, en el jardín, en el diálogo fraterno y sororal con la creación. Por supuesto, todo hombre y toda mujer pueden también retirarse a las sombras, y replegarse sobre sí mismos, haciendo fracasar la relación fraterna. Sustraerse a la gratitud y a la gracia, en un intento (desesperado) de nacer de sí mismo. En el cántico de la creación, sólo al hombre le es posible esto. Sólo al hombre y a la mujer, hijos del reconocimiento en fraternidad/sororidad, es posible su traición.

Hermano, hermana: de la diferencia inalcanzable, y también, del encuentro; de lo otro, de lo diferente, de lo opuesto, y también de lo que falta, de lo esperado, de lo disfrutado. En eso esperado y eso que aún falta, el asombro, la llamada de otra parte, la frontera del deseo, la maravilla. Las cosas, vivas, se devuelven la llamada, y llaman a cada mujer y a cada hombre, como cuando «nos damos la voz»: nos reconocemos y nos damos reconocimiento.

Cántico de fiesta, libre, sanador: espacio abierto de la nueva posibilidad, del continuo y nuevo florecer de las formas. Fiesta del jardín, fiesta de la fraternidad reconciliada, danza de la creación. Hay que vivirla, y sentirla en los días; entonces uno se siente y se dibuja en el camino de la fraternidad y de la sororidad.

La fiesta es necesaria: es libertad y juego, también tensión y unión. Es suspensión y redescubrimiento del origen, es lucha y paz: un juego abierto donde las cosas y los encuentros se buscan y se dan, de nuevo, como un regalo. Como al principio de todo.

Finalmente, incluso la consumación de los cuerpos no será desaparición, sino entrega, legado, siembra. Somos sentidos y reconocidos en cuerpos de hijas e hijos, en cuidados amorosos, en manos y entre cosas buenas, para nosotros.

Nacimos, y fue la primera semana del mundo otra vez. Y nosotros maravillados, llamados al juego, a la confianza y al respeto. No a la posesión, sino a la pobreza: más allá del uso, el dominio. La pobreza conoce la necesidad y la misericordia. Sabe de la ofrenda y, poco a poco, hace que uno sea capaz de ofrecerse a sí mismo. Mujeres y hombres buenos y justos, hermanos y hermanas del cielo y de la tierra.

Hermano, y hermana, por el don; origen y redescubrimiento de la relación y de la generación; incluso en la ruptura el redescubrimiento es posible el perdón. Y si, entonces, por unos instantes uno se encuentra donde debe y puede estar, entonces es alegría, «alegría perfecta».

La humildad es el precio y la ganancia del amor fraterno: es un expolio, una forma de vida. No es un juego de conceptos, ni una doctrina. Humildad no es hacer que las cosas salgan a la luz, sino dejar que vengan a nosotros pidiendo a nuestra mirada que se haga pobre. Por tanto, recoger en ellas el «aura» de la luz que nos las ofrece.

Encontrarse en fraternidad es experimentar la condición que permite conservar el propio lado vital, reconciliado con la propia fragilidad esencial: la que permite situarse ante puertas por las que cuesta pasar, pero por las que pasan fácilmente todos.

Cuando la oscuridad de la nada se clava en el corazón y en la mente, el encuentro con el fondo de todo, como de una atención (¿paternal? ¿maternal? ¿divina?) consigue tal vez transmutar esa nada en apertura. Misterio de ulterioridad, en el que intentar confiarse, como en el abandono a un abrazo. No abandono a la oscuridad de la nada que todo lo engulle, sino confianza en la luz que todo lo dibuja y revela en la danza desde la oscuridad.

La fraternidad es conversión de la «posesión» de las cosas, y de los hombres; conversión a la vida común, a la generosidad, al compartir. La fraternidad es de mujeres y hombres pobres, que sienten el despliegue de las cosas y del mundo ante ellos. La apertura de lo que les precede y les acoge, el florecer de los futuros en posibilidades. La contemplación y la reverencia ante el Creador delante de todo su creado.

Aquí son conducidos fuera de toda relación de utilidad, o de conveniencia, por las jerarquías. Tal vez quede una jerarquía, invertida, la de la gratitud y el cuidado, la de la atención y el respeto. Hermanas y hermanos formados por la pobreza, no nos apretamos a las cosas y a los demás. Las cosas dadas nos hacen encontrarnos en fraternidades desafiantes: de armonías reconciliadas y de tensiones, de carencias sufridas y de dones cuidados. Regalos esperados, regalos por esperar.

La fe cristiana no es la renuncia a las cosas, sacrificada y heroica, sino su abrazo puro y desinteresado. Un universo inocente. Un universo reconciliado y reconciliador en el que hombres y mujeres fraternos alcanzan su verdad. Y tras el camino, la fatiga de la consumación y de la prueba, alcanzan el esclarecimiento esencial, luego la alabanza.

Entonces de hermano a hermana, de hermana a hermano, sólo queda vivir la práctica de la solicitud, como una madre a sus hijos. Así hermanos y hermanas. Así todo en esta casa paterna y hogar fraterno… como la palma cóncava de las manos.

En aquel tiempo, hablando Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a sabios e inteligentes, y las revelaste a los niños” (Mt 11, 25).

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

(Remitido por el autor)

Espiritualidad ,

“ Hacia una Iglesia más católica. Una entrevista con Tomáš Halík”

miércoles, 15 de enero de 2025
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Halik_2706939307_17287610_667x417Zechariah Mickel (*), de Commonweal, entrevistó recientemente a Monseñor Tomáš Halík, sociólogo checo de la Universidad Charles de Praga. Halík, (**) que fue ordenado en la Iglesia clandestina durante el régimen comunista de la nación, ofreció una comprensión de Dios que requiere que la Iglesia cambie su ética sexual y política, empleando nueva información de las ciencias.

Afirmó:

En el centro de la comprensión cristiana de Dios está la Trinidad: Dios como relación. Dios creó al hombre a su imagen: nuestra “naturaleza” humana es, por lo tanto, vivir en relaciones, estar con y para los demás; nuestra misión es compartir y comunicarnos en un camino común. El cambio de pensar en términos de naturalezas estáticas e inmutables a un énfasis en la calidad de las relaciones implica una renovación de la eclesiología, de la comprensión de la Iglesia y de la ética cristiana, incluidas la ética sexual y la ética política. Al hacer este cambio, no podemos ignorar los hallazgos de las ciencias naturales y sociales”.

Zechariah Mickel: En primer lugar, ¿podría hablarme de su formación? ¿Qué estudió y dónde?

Tomáš Halík: Estudié sociología, filosofía y psicología social en la Universidad Carolina de Praga de 1966 a 1972. Fueron los años de cierta liberalización política en torno a la Primavera de Praga de 1968, cuando volvieron brevemente los profesores que habían sido expulsados por razones políticas, entre ellos mi maestro Jan Patočka, un importante representante de la fenomenología europea y discípulo de Edmund Husserl. La ocupación soviética de agosto de 1968 me encontró en Gran Bretaña, donde estudié un semestre de filosofía de la religión en la Universidad del Norte de Gales. Cuando tuve que decidir entre regresar a Checoslovaquia o emigrar, opté por regresar y completar mis estudios. Obtuve el doctorado en filosofía en la Universidad Carolina.

Sin embargo, en esa época las circunstancias políticas cambiaron. Cuando, en un discurso en una ceremonia universitaria, di las gracias públicamente a nuestros profesores que habían sido expulsados de la universidad de nuevo después de la ocupación, se me prohibió realizar trabajos académicos, así como publicar y viajar a Occidente.

De 1972 a 1978 estudié teología en cursos clandestinos y en 1978 fui ordenado sacerdote en secreto en la capilla privada de un obispo de Alemania del Este. No se me permitía trabajar públicamente como sacerdote, así que trabajé en diversas ocupaciones civiles, durante mucho tiempo como psicoterapeuta para alcohólicos y drogadictos. En ese momento, obtuve la licencia de psicólogo clínico. Después de la caída del comunismo, completé estudios de posgrado en teología y estudios religiosos en la Pontificia Universidad Lateranense de Roma y en la Pontificia Facultad de Teología de Wrocław (Polonia). En 1992, obtuve la habilitación para teología y sociología y comencé a trabajar en la Universidad Carolina.

ZM: ¿Qué hay de su conversión al cristianismo? ¿Cuáles fueron las circunstancias que rodearon esa decisión? ¿Quién o qué lo llevó a la fe y a la Iglesia?

TH: Cuando era niño, el cristianismo me resultó atractivo por diversas razones, principalmente estéticas e intelectuales (admiraba la arquitectura cristiana, la música sacra y la literatura católica, especialmente los libros de G. K. Chesterton y Graham Greene). Sin duda, la protesta política contra el ateísmo como “religión de Estado” impuesta por el régimen comunista jugó un papel. Simpatizaba con el cristianismo, pero todavía no tenía contacto con la Iglesia viva. Todavía era necesario que el cristianismo tuviera un “rostro humano” para mí.

Esto sucedió especialmente en la época de la Primavera de Praga, cuando conocí a varios sacerdotes católicos, profesores de teología que habían sido liberados recientemente después de quince años de las cárceles comunistas. Eran testigos verdaderamente heroicos de la fe, y se convirtieron en mis padres en la fe e inspiraron mi decisión de convertirme en sacerdote.

ZM: ¿Cuál fue su proceso de discernimiento sobre el sacerdocio? ¿Cómo fue considerar sus opciones para la ordenación dadas las condiciones sociopolíticas opresivas?

TH: La primavera de 1968 fue la primavera de mi vida y de mi fe. Yo tenía veinte años. También era la primavera de la Iglesia después del Concilio Vaticano II, y la Primavera de Praga prometía el fin del régimen estalinista represivo. Pero las esperanzas políticas de la Primavera de Praga terminaron con la ocupación soviética en agosto de 1968, seguida por otros veinte años de gobierno comunista.

En enero de 1969, Jan Palach, un estudiante de nuestra facultad, se quemó vivo para alentar la resistencia a la creciente represión política que siguió a la ocupación soviética. Organicé un réquiem por Palach y llevé su máscara mortuoria a la iglesia. Su sacrificio fue un impulso para que me involucrara en círculos disidentes. El disenso tomó diferentes formas: disenso político de personas como Václav Havel, disenso cultural (como la organización de una universidad clandestina y la publicación de libros y revistas samizdat) y disenso religioso (la Iglesia clandestina). Estuve en contacto con disidentes políticos (Václav Havel fue un amigo cercano mío durante cuarenta años) y, especialmente, ayudé a conectar el disenso cultural con la Iglesia clandestina.

Cualquiera que quisiera trabajar públicamente como sacerdote bajo el comunismo tenía que pasar por un seminario controlado por el Estado y obtener una “licencia estatal” de las autoridades comunistas que controlaban la vida religiosa. Esa licencia podía ser revocada en cualquier momento si el sacerdote era “políticamente poco confiable” o demasiado activo en el trabajo sacerdotal. La actividad sacerdotal “ilegal” sin una licencia estatal (como celebrar la Misa en pequeños grupos en casa) conllevaba el riesgo de años de prisión. La Iglesia clandestina incluía sacerdotes a quienes el Estado revocaba sus licencias y luego tenían que trabajar como vigilantes nocturnos, limpiadores de ventanas y baños, técnicos de calefacción y trabajos similares. Se sabía que eran sacerdotes y eran vigilados constantemente por la policía. El segundo grupo de “sacerdotes clandestinos” lo constituían aquellos que, como yo, habían estudiado teología en cursos clandestinos y habían sido ordenados en secreto, ya fuera por obispos de los países comunistas vecinos (sobre todo Alemania del Este y Polonia) o por obispos ordenados en secreto en Checoslovaquia. Tenían diversos empleos civiles y sus actividades sacerdotales debían mantenerse en estricto secreto.

ZM: Como usted ha mencionado, durante sus años como sacerdote clandestino, también trabajó como psicoterapeuta. ¿Cómo funcionaba ese arreglo y qué hacía usted como sacerdote clandestino durante esos años?

TH: Fui ordenado en la capilla privada del obispo de Erfurt, en Alemania del Este, en presencia de cuatro personas. Fue la víspera de la investidura del Papa Juan Pablo II en octubre de 1978. Ni siquiera a mi madre se le permitió saber que yo era sacerdote. Durante la mayor parte de mis años en la “clandestinidad”, trabajé como asesor y colaborador no oficial del cardenal Tomášek, que gradualmente pasó de ser un obispo muy cauto a un símbolo de la resistencia contra el régimen comunista. Yo preparé sus sermones, cartas pastorales y cartas abiertas al gobierno. La policía secreta me investigó varias veces por sospechas de actividades clandestinas, pero no encontró ninguna prueba en mi contra. No se encontró ningún traidor en nuestro grupo.

ZM: Como psicoterapeuta, ¿ve usted alguna posible raíz psicológica en las crisis de abusos sexuales en la Iglesia Católica? ¿Considera, por ejemplo, que esto es (al menos en parte) un problema de represión sexual malsana por parte del sacerdocio?

TH: Sin duda, el hecho de que a muchos sacerdotes les resulte difícil soportar la soledad y mantener la abstinencia sexual juega un papel aquí. Creo que ha llegado el momento de devolver la obligación del celibato al lugar de donde vino y donde tiene sentido: en las comunidades monásticas. La Iglesia Católica ya tiene muchos sacerdotes casados: sacerdotes católicos de rito oriental y antiguos pastores protestantes.

ZM: Cuando hablo con muchos de mis amigos y familiares protestantes, se sorprenden de que la Iglesia Católica siga estando tan obsesionada con la ordenación de mujeres y hombres casados. ¿Por qué cree que hemos sido tan lentos en aceptar estas formas legítimas del carisma sacerdotal?

TH: Creo que los principales argumentos contra la ordenación de mujeres no son teológicos, sino culturales. Creo que la mayoría de los católicos de los países occidentales, donde la igualdad entre hombres y mujeres es un hecho, se acostumbrarían pronto a que las mujeres ocupen el papel sacerdotal. Es un poco diferente en algunos países africanos y asiáticos, donde la comprensión de los roles de género es diferente. Probablemente será necesaria la descentralización de la Iglesia y reformas a varias velocidades.

ZM: ¿Qué opina del fenómeno de la “comunión cerrada” en la Iglesia católica? ¿Considera esto, de alguna manera, como una barrera para un ecumenismo más concreto? Como sacerdote, ¿practica alguna forma de “comunión abierta” en su propia parroquia?

TH: Si la Iglesia ha de ser verdaderamente católica (universal), debe ser ecuménica. Yo distingo entre “catolicismo” (cerrazón denominacional) y catolicidad auténtica. Espero con ansias el momento en que todos los cristianos nos encontremos en la mesa eucarística de Jesús. En mi práctica pastoral, respeto las reglas de la Iglesia Católica. Estas reglas permiten que se sirva la Eucaristía a los no católicos “en casos excepcionales” cuando hay una “razón pastoral seria” para hacerlo. Le he pedido permiso a mi obispo para juzgar cuando hay una “razón pastoral seria”. Los sacerdotes mayores con experiencia pueden equilibrar los párrafos de la ley eclesiástica con las “razones pastorales”. Estudiar libros de texto sobre moral y derecho canónico es útil, pero no debemos olvidar el principio más importante: Salus animarum suprema lex: la salvación de las almas es la ley suprema.

Nuestra era posmoderna es un llamado al “cristianismo de la tarde”, a una mayor madurez y profundidad.

ZM: ¿Podrías compartir por qué decidiste titular tu nuevo libro La tarde del cristianismo? ¿Qué significa “tarde”?

TH: Carl Jung utilizó la metáfora del transcurso del día para describir la dinámica de la vida humana individual: la infancia es la mañana de la vida, luego viene la crisis del mediodía, seguida por la tarde, la edad de la madurez. Yo aplico esta metáfora al transcurso de la historia del cristianismo: la mañana es el período premoderno de construcción de las estructuras institucionales y doctrinales de la Iglesia. Luego viene la era de la modernidad, la era de la secularización, la era de la sacudida de estas estructuras. Y nuestra era posmoderna es un llamado al “cristianismo de la tarde”, a una mayor madurez y profundidad.

ZM: En La tarde del cristianismo, usted cuestiona la tesis popular de la “secularización” o del “desencanto”, argumentando en cambio que lo que hemos presenciado en nuestra época es una transformación de la religión institucional en una espiritualidad más libre. En su opinión, ¿cómo debería posicionarse la Iglesia con respecto a este fenómeno cultural de decadencia de la religión institucional y auge de la espiritualidad?

TH: Durante mucho tiempo, la Iglesia ha puesto el énfasis en la doctrina (ortodoxia) y la moral (ortopraxis) y ha subestimado fatalmente la “ortopatía” o espiritualidad, que es la savia de la fe en el árbol de la Iglesia. El interés por la espiritualidad ha estallado repetidamente en la historia de la Iglesia, especialmente durante las crisis de las instituciones eclesiásticas, y a veces ha alimentado movimientos de reforma, como sucedió durante las Reformas luterana y católica del siglo XVI.

En nuestra época, el “mercado de bienes religiosos” respondió a la sed de espiritualidad que tenía la Iglesia. Ha inundado nuestro mundo con una rica oferta de esoterismo, magia, ocultismo e imitaciones baratas de espiritualidades orientales y antiguos cultos paganos. Por lo tanto, se necesita un cuidadoso discernimiento espiritual en este campo para evitar tanto la xenofobia de los fundamentalistas cristianos como un sincretismo superficial acrítico.

Hay que distinguir cuidadosamente el Zeitgeist, que es el superficial “lenguaje del mundo” (opinión pública, anuncios, ideologías y la omnipresente industria del entretenimiento), de los signos de los tiempos (Zeichen der Zeit), que son el lenguaje de Dios expresado a través de los acontecimientos del mundo, a través de cambios profundos en la sociedad y la cultura. El camino sinodal es el camino del discernimiento espiritual. El discernimiento correcto es el fruto de un enfoque contemplativo de la realidad.

En la época de la modernidad, el cristianismo ha perdido su papel político-cultural como “religión” (religio) en el sentido de integrar a toda la sociedad (religio de religare, unir). Otros fenómenos han aspirado a este papel –a ser la fuerza integradora, el “lenguaje común” o la “visión común del mundo”– durante los dos últimos siglos.

La reforma sinodal puede preparar a la Iglesia para el papel cultural de la religión en otro sentido, en el sentido del verbo re-legere (releer o leer de nuevo). La Iglesia puede ser una escuela de relectura y re-conferencia, una nueva hermenéutica, una escuela de un nuevo enfoque atento a la realidad, una interpretación más profunda de la palabra de Dios, de la autocomunicación de Dios. No debemos sucumbir a la idea de que ya hemos escuchado y comprendido suficientemente la autocomunicación de Dios.

ZM: ¿Su enfoque de la cultura sería entonces diferente de la “nueva evangelización” y del enfoque del Papa Juan Pablo II para convertir la cultura? ¿Cree que las formulaciones de la nueva evangelización para relacionarse con el mundo todavía son viables en el clima cultural actual?

TH: La evangelización es parte del misterio continuo de la Encarnación (incarnatio continua). La esencia de la evangelización es la inculturación, una constante reinterpretación creativa y recontextualización del mensaje del Evangelio a la luz de un contexto cultural y social cambiante. La evangelización sin inculturación es meramente un adoctrinamiento superficial. La “nueva evangelización” era un bonito eslogan, pero me temo que no ha habido una verdadera nueva evangelización. Se han celebrado muchos congresos, se ha creado un nuevo dicasterio en el Vaticano, pero me parece que se han quedado en muchas palabras y buenas intenciones y pocos resultados concretos. El proyecto de Benedicto XVI de crear un “patio de los gentiles”, un espacio de diálogo con los agnósticos, ha tenido el mismo resultado.

El Papa Francisco es el gran profeta de nuestro tiempo, uno de los más grandes Papas de la historia de la Iglesia. Nadie está haciendo más por construir puentes entre culturas que el Papa Francisco.

El programa de renovación sinodal de la Iglesia, anunciado por el Papa Francisco, es mucho más profundo, ofrece un método concreto y práctico de escucha mutua y de “discernimiento espiritual” conjunto. El arte del “discernimiento espiritual” es la perla de la espiritualidad jesuita y la “sinodalidad” es la experiencia de los primeros siglos de la Iglesia.

ZM: Usted dedicó La tarde del cristianismo al Papa Francisco, “con reverencia y gratitud”. Me gustaría saber si podría decirnos algo sobre lo que más le impresiona de nuestro actual Papa. Por otra parte, ¿qué críticas tiene de su pontificado?

TH: El Papa Francisco es el gran profeta de nuestro tiempo, uno de los más grandes Papas en la historia de la Iglesia. Nadie está haciendo más por construir puentes entre culturas que el Papa Francisco. Su encíclica Fratelli tutti podría desempeñar un papel en el siglo XXI similar al que desempeñó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en el siglo XX. Su llamado a la renovación sinodal de la Iglesia puede significar mucho más que la transformación de la Iglesia de una organización burocrática clerical rígida a una red flexible de comunicación mutua. La sinodalidad (syn hodos) es un camino común: tiene como objetivo renovar, reavivar y profundizar la comunicación, y no solo dentro de la Iglesia. También se trata de la capacidad de la Iglesia de comunicarse con otros sistemas de la sociedad, con otras culturas y religiones, con toda la familia humana y con el planeta que habitamos: para percibir la sinfonía continua de la creación. También puede inspirar la transformación del proceso de globalización en un proceso de compartir y solidaridad.

¿Críticas? Lamento algunas de sus desafortunadas declaraciones sobre Rusia y la guerra ruso-ucraniana. Lamentablemente, está rodeado de personas que subestiman trágicamente el imperialismo ruso y creen ingenuamente que Putin, el Hitler de nuestro tiempo, se sentará a negociar diplomáticamente antes de que lo obliguen a hacerlo por la fuerza de las armas. No se puede confiar en ninguna de sus palabras. Apoyar a Ucrania es necesario para la seguridad del mundo entero.

ZM: ¿Cuáles cree que son las cuestiones pastorales y teológicas que debemos abordar a la vanguardia mientras anticipamos los años y décadas venideros?

TH: Necesitamos un cambio en la antropología teológica. Necesitamos reemplazar la comprensión estática medieval de la “naturaleza humana inmutable” por una comprensión dinámica de la existencia humana como un ser en relación. Esto tendrá implicaciones para la ética política y sexual. La doctrina de la Trinidad debe tomarse en serio: Dios es relacional y creó a los humanos para vivir en relaciones, para emprender la tarea de madurar y transformarnos viviendo con y para los demás.

ZM: Muchos católicos en Estados Unidos –en particular aquellos que se dejan engañar por diversas personalidades apologistas de Internet– parecen conceder gran importancia a la doctrina correcta sin prestar suficiente atención a la conversión espiritual y ética. ¿Cómo podría ser una fe cristiana que no esté demasiado apegada a las creencias, sino que asuma la fe también –o incluso principalmente– como una forma de estar en el mundo?

TH: La reforma sinodal de la Iglesia presupone una profundización de la espiritualidad y una reforma del pensamiento teológico: un cambio del pensamiento estático en términos de naturalezas inmutables a un énfasis en la dinámica de las relaciones. En el centro de la comprensión cristiana de Dios está la Trinidad: Dios como relación. Dios creó al hombre a su imagen: nuestra “naturaleza” humana es, por lo tanto, vivir en relaciones, estar con y para los demás; nuestra misión es compartir y comunicarnos en un camino común. El cambio de pensar en términos de naturalezas estáticas e inmutables a un énfasis en la calidad de las relaciones implica una renovación de la eclesiología, de la comprensión de la Iglesia y de la ética cristiana, incluidas la ética sexual y la ética política. Al hacer este cambio, no podemos ignorar los hallazgos de las ciencias naturales y sociales.

La Iglesia debe ser una comunidad de peregrinos (communio viatorum) que contribuya a la transformación del mundo y de toda la familia humana en una comunidad en camino, ayudando a profundizar la dinámica del compartir. La Iglesia también tiene una misión “política”, profética, terapéutica y transformadora en el mundo. La Iglesia es un sacramento, un símbolo y un instrumento de la unidad a la que toda la humanidad está llamada en Cristo. Esta unidad es una meta escatológica que solo puede realizarse plenamente en el “Punto Omega” al final de la historia, pero por la que debemos seguir trabajando a lo largo de la historia.

ZM: ¿Qué palabras les diría a los católicos estadounidenses después de la reelección de Donald Trump? ¿De qué manera podrían los católicos estadounidenses ver la agitación nacional como una oportunidad para convertirse en un pueblo más profundo y espiritual?

TH: La victoria del populista amoral Donald Trump, una personalidad caótica e inmadura, es una tragedia no sólo para Estados Unidos sino para el mundo entero. Quien no puede aceptar la derrota y es incapaz de una autorreflexión crítica, quien no respeta las reglas democráticas y la cultura del derecho, no merece ganar y gobernar. Cuando los europeos observan las escenas narcisistas de Donald Trump –cuyos gestos y expresiones faciales recuerdan sorprendentemente a Benito Mussolini–, sus vulgaridades, sus mentiras notorias y sus frases vacías, se ríen a carcajadas. No sé si los votantes de Trump se dan cuenta de que el mundo no tomará en serio a Estados Unidos con un presidente así. La ceguera espiritual que convierte a esta figura –que es la pura encarnación de valores en completa oposición al Evangelio– en objeto de un culto religioso necesita ser estudiada seriamente. Los intentos de convertir la fe cristiana en un arma ideológica para las guerras culturales desacreditan peligrosamente al cristianismo. El nacionalismo y el egoísmo nacional son contrarios a la catolicidad.

Muchas formas de la Iglesia de hoy se asemejan a la tumba vacía. Nuestra tarea no es llorar ante la tumba y buscar a Jesús en el mundo del pasado. Nuestra tarea es encontrar la “Galilea de hoy” y encontrar allí al Jesús vivo en formas nuevas y sorprendentes. Necesitamos redescubrir la profundidad y la riqueza del cristianismo, la polifonía de la Escritura y la tradición, y la fe como fuente de belleza, libertad y alegría.

***

(*) Zechariah Mickel es gerente de marketing digital y editor asociado de adquisiciones en Wipf and Stock Publishers. Enseña ética en la Universidad George Fox y vive en Oregón con su familia. Su libro, The Unthinkable Sacrifice: A Brief Phenomenological Essay on Parenthood, se publicará próximamente en Cascade Books.

(**) Monseñor Tomáš Halík es un sacerdote checo y profesor de sociología en la Universidad Carolina. Nacido en Praga en 1948, Halík se doctoró en filosofía en 1972. Más tarde fue ordenado sacerdote en la Iglesia clandestina. Hasta la caída del comunismo en 1989, se le prohibió la docencia universitaria y trabajó en secreto como asesor del cardenal František Tomášek, un opositor al régimen comunista. También trabajó como psicoterapeuta en ejercicio durante ese tiempo. Entre sus libros se incluyen una autobiografía, De la Iglesia clandestina a la libertad, y varias obras de teología y filosofía, entre ellas La noche del confesor y Paciencia con Dios. Su libro más reciente, La tarde del cristianismo, aboga por una Iglesia más madura y abierta.

Esta entrevista fue realizada por correo electrónico con Zechariah Mickel, editor de Wipf and Stock Publishers. Ha sido editada para mayor claridad y brevedad.

Fuente Commonweal

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¡Alégrate!

martes, 14 de enero de 2025
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Del blog de Henri Nouwen:

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 «Creo que la alegría es mucho más que un estado de ánimo. El estado de ánimo nos invade. No escogemos nuestro estado de ánimo. A veces nos encontramos con el ánimo alegre o deprimido sin saber de dónde viene. La vida espiritual está más allá de los estados de ánimo. Es una vida en la que optamos por la alegría y no nos permitimos ser víctimas de sentimientos pasajeros de felicidad o depresión».

*

Henri Nouwen

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad

Yo espero.

lunes, 13 de enero de 2025
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Yo espero
que venga lo nuevo y novedoso
con el mismo ímpetu
y fuerza de convicción,
por lo menos,
con que viene lo que ya conocemos
y nunca alcanzamos,
porque otros lo tienen en sus manos,
y sólo nos ofrecen migajas
para ilusionarnos, confundirnos
y hacernos esclavos.

Y espero,
cada vez con más ahínco y fe,
que no surja de nuestros hechos,
ni de nuestros estériles sueños,
ni de nuestros vanos recuerdos,
ni de nuestras entrañas malcriadas,
ni de nuestros derechos tan protegidos…
sino de tu ternura y gracia.

Yo espero,
gratuitamente,
que se abra el cielo,
que tu Espíritu nos bautice
y renueve por fuera y dentro,
y que empiece acá tu reino.

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*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

***

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El bautismo de Jesús es su momento de “salir del armario”. También puede ser el nuestro.

lunes, 13 de enero de 2025
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IMG_9462El artículo de hoy es de la colaboradora invitada Sr. Donna McGartland, una de las autoras de Love Tenderly: Sacred Stories of Lesbian and Queer Religious publicado por New Ways Ministry.

Las lecturas litúrgicas de hoy del Domingo del Bautismo del Señor, están disponibles aquí.

Durante las últimas semanas, hemos estado celebrando la llegada de Jesús a este mundo como uno de nosotros. Hoy, celebramos su bautismo, su “salida” al mundo como adulto.

Jesús tiene 30 años cuando va a ver a Juan, que está bautizando en el desierto. Juan está advirtiendo a todo el que quiera escuchar que el Reino de Dios está cerca. Está llamando a las personas a arrepentirse de su pecado y volverse a Dios. Cuando se le pregunta cómo hacerlo, Juan les dice que den a los pobres y compartan su comida con los hambrientos.

Tenga en cuenta que Juan no está en el templo mientras predica. La Buena Noticia es proclamada a todos para que “todos vean la salvación enviada por Dios”, como nos recuerda la primera lectura litúrgica de hoy. En la predicación de Juan, nadie es considerado privilegiado ni exento de tomar una decisión personal de volverse a Dios.

Jesús acepta el mensaje de Juan y decide ser bautizado. Cuando lo hace, su verdadera identidad se revela cuando el Espíritu Santo desciende sobre él y se escucha una voz: “Tú eres mi amado; en ti tengo mis complacencias”.

La vida de Jesús cambia drásticamente después de eso. Su verdadera identidad ahora es conocida. ¡Ya no puede volver atrás!

Solo puedo imaginar lo que sintió Jesús en ese momento. ¿Aceptó las palabras de Isaías? “Aquí está mi siervo a quien sostengo, mi elegido en quien me complazco, en quien he puesto mi espíritu”. ¿Se sintió amado? ¿O estaba confundido por el mensaje del Espíritu? ¿Tenía miedo? Jesús era completamente humano. Supongo que estaba sintiendo muchas emociones después de esta experiencia y por eso se fue al desierto durante 40 días.

Recuerdo mi propio proceso de salir del armario. Definitivamente no me sentí elegida ni amada. Más que nada, me sentí traicionada. Había internalizado mucha de la homofobia que me rodeaba: en mi familia y amigos, en la escuela católica a la que iba y en la iglesia. No quería ser parte de una identidad LGBTQ+ para mí. Luché por comprender mi orientación sexual e identidad de género.

Sin embargo, a medida que crecí en mi identidad, descubrí a los Juanes Bautistas en mi vida que me invitaron a la plenitud y a reconocer que es en el desierto dentro de mí donde escucharé y conoceré a Dios. Me llaman una y otra vez a ser bautizada, a rechazar la negatividad interior y a abrazar el Evangelio. Abrí mi corazón al Evangelio y escuché que Dios está complacido conmigo como soy y que el Espíritu de Dios habita dentro de mí. Mi verdadera salida del armario se produjo cuando finalmente pude escuchar la voz de Dios en mi interior: «¡Tú eres mi Amado, mi elegido! Estás hecho a mi imagen y semejanza”. ¡Mi vida nunca ha sido la misma!

¿Quiénes son los Juan Bautistas en tu vida? ¿Puedes escuchar su desafío y sus afirmaciones para reconocer que Dios vino a traerte libertad y amor? ¿Qué necesitas hacer para aquietarte y poder escuchar la voz del Espíritu en tu interior? La Voz del Espíritu te habla: “Tú eres mi amado, mi elegido, en quien tengo complacencia”. ¿Puedes escucharla?

–Sr. Donna McGartland, 12 de enero de 2025

Fuente New Ways Ministry

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“Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto”

domingo, 12 de enero de 2025
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KÉNOSIS

Entra en picado
por aquella kenosis
que el Verbo aventuró
desnudamente,
de abismo en abismo,
hasta el foso fecundo de la muerte.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae, 1986

***

Así dice el Señor:

“Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”

 (Lucas 3, 22)

***

Mirad a mi Siervo,
a quien sostengo;
mi elegido, en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
«Yo, el Señor,
te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tinieblas».

*

(Isaías 42, 1-4. 6-7)

***

“Jesús, que no tiene pecado, se pone en fila con los pecadores, esperando ser bautizado por Juan. Cuando Jesús comienza su ministerio, elige entrar en solidaridad con la humanidad pecadora… Jesús elige el camino de la humildad. No aparece con fanfarrias como un salvador poderoso, anunciando un nuevo orden. Por el contrario, viene calladamente, con muchos de los pecadores que van a recibir el bautismo de arrepentimiento… En las tentaciones que siguieron, se hace claro cuán radical es esta elección… Es difícil creer que Dios nos revelaría su presencia divina en el hombre de Nazaret humilde y que se autodespoja. Hay tanto en mí que busca influencia, poder, éxito y popularidad. El camino de Jesús es el camino del ocultamiento, la impotencia y la pequeñez. Sin embargo, cuando entre en comunión verdadera y profunda con Jesús, descubriré que este camino pequeño es el que lleva a la paz real y a la alegría.

En esta fiesta del bautismo del Señor, rezo por el coraje de elegir el camino pequeño y seguir eligiéndolo”.

*

Henri Nouwen
Camino a casa. Un viaje espiritual

LUMEN

***

El pueblo estaba a la expectativa y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías.

Entonces Juan les dijo:

Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no soy digno de desatar la correa de las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

Un día en que se bautizó mucha gente, también Jesús se bautizó. Y mientras Jesús oraba se abrió el cielo, y el Espíritu Santo bajó sobre él en forma visible, como una paloma, y se oyó una voz que venía del cielo:

Tú eres mi Hijo el amado, en ti me complazco.

*

Lucas 3,15-16.21-22

***

Tu verdadera identidad es ser hijo de Dios. Es ésta la identidad que debes aceptar. Una vez que la la has reivindicado y te has instalado en ella, puedes vivir en un mundo que te da mucha alegría y también mucho dolor. Puedes recibir alabanzas o calumnias que llegan a ti como una ocasión para fortalecer tu identidad fundamental, porque la identidad que te hace libre ha clavado su ancla más allá de toda alabanza y de toda calumnia humana. Tú perteneces a Dios, y como hijo de Dios has sido enviado al mundo. Necesitas un guía espiritual. Necesitas personas que te mantengan anclado a tu verdadera identidad. Subsiste siempre la tentación de cortar el lazo con el lugar profundo en el que Dios te habita y de dejarte ahogar por la alabanza o la calumnia del mundo.

        Mientras lo más profundo dentro de ti, donde se hunden las raíces de tu identidad como hijo de Dios, te ha sido desconocido, los que eran capaces de “tocarte” han tenido sobre ti un poder imprevisible y a menudo aplastante. Han llegado a ser parte de tu identidad; ya no podías vivir sin ellos. Pero ellos no podían desempeñar el papel divino y te han dejado, y tú te has sentido abandonado.

        Pero precisamente esta experiencia de abandono es la que te ha hecho volver a tu identidad de hijo de Dios. Sólo Dios puede habitar plenamente en lo más profundo de tu alma y darte sentido de seguridad. Pero queda el peligro de que dejes entrar a otros en tu lugar sagrado, hundiéndote así en la angustia.

*

H. J. M. Nouwen,
La voz interior del amor, Madrid 1998

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“No ahogar el amor solidario”. Bautismo del Señor – C (Lc 3,15-16.21-22)

domingo, 12 de enero de 2025
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Bautismo_CEl amor es la energía que da verdadera vida a la sociedad. En toda civilización hay fuerzas que generan vida, verdad y justicia, y fuerzas que provocan muerte, mentira e indignidad. No siempre es fácil detectarlo, pero en la raíz de todo impulso de vida está siempre el amor.

Por eso, cuando en una sociedad se ahoga el amor, se está ahogando al mismo tiempo la dinámica que lleva al crecimiento humano y a la expansión de la vida. De ahí la importancia de cuidar socialmente el amor y de luchar contra todo aquello que puede destruirlo.

Una forma de matar de raíz el amor es la manipulación de las personas. En la sociedad actual se proclaman en voz alta los derechos de la persona, pero luego los individuos son sacrificados al rendimiento, la utilidad o el desarrollo del bienestar. Se produce entonces lo que el pensador norteamericano Herbet Marcuse llamaba «la eutanasia de la libertad». Cada vez hay más personas que viven una «no libertad confortable, cómoda, razonable, democrática». Se vive bien, pero sin conocer la verdadera libertad ni el amor.

Otro riesgo para el amor es el funcionalismo. En la sociedad de la eficacia lo importante no son las personas, sino la función que ejercen. El individuo queda fácilmente reducido a una pieza del engranaje: en el trabajo es un empleado; en el consumo, un cliente; en la política, un voto; en el hospital, un número de cama… En esta sociedad, las cosas funcionan; las relaciones entre las personas mueren.

Otro modo frecuente de ahogar el amor es la indiferencia. El funcionamiento de la sociedad moderna concentra a los individuos en sus propios intereses. Los demás son una «abstracción». Se publican estudios y estadísticas tras los cuales se oculta el sufrimiento de las personas concretas. No es fácil sentirnos responsables. Es la administración pública la que se ha de ocupar de esos problemas.

¿Qué podemos hacer cada uno? Frente a tantas formas de desamor, el Bautista sugiere una postura clara: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida haga lo mismo». ¿Qué podemos hacer? Sencillamente compartir más lo que tenemos con aquellos que viven en necesidad.

José Antonio Pagola

Grupos de Jesús

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“Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo”. Domingo 12 de enero de 2025. Bautismo del Señor

domingo, 12 de enero de 2025
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09-bautismodelsenor (C) cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 42, 1-4. 6-7: Mirad a mi siervo, a quien prefiero. 
Salmo responsorial: 28: El Señor bendice a su pueblo con la paz. 
Hechos de los apóstoles 10, 34-38: Ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo.
Lucas 3, 15-16. 21-22: Jesús se bautizó. Mientras oraba, se abrió el cielo

Hoy celebra la liturgia el bautismo de Jesús. Las lecturas de este día nos ofrecen tres elementos para reflexionar sobre el bautismo en el Señor.

Un primer elemento lo encontramos en el texto de Isaías, quien nos habla de la actitud del siervo de Dios; éste ha sido llamado y asistido por el Espíritu para llevar a cabo una especial misión en el pueblo de Israel: hacer presente con su vida la actitud misma de Dios para con la humanidad; es decir, evidenciar que Dios instaura su justicia y su luz por medio de la debilidad del ser humano. Por tanto, es tarea de todo bautizado testimoniar que Dios está actuando en su vida; signo de ello es su manera de existir en medio de la comunidad; debe ser una existencia que promueva la solidaridad y la justicia con los más débiles, pues en ellos Dios actúa y salva; en ellos se hace presente la liberación querida por Dios.

El segundo elemento está presente en el relato de los Hechos de los Apóstoles. La intención central de este relato es afirmar que el mensaje de salvación, vivido y anunciado por Jesús de Nazaret, es para todos. La única exigencia para ser partícipe de la obra de Dios es iniciar un proceso de cambio (respetar a Dios y practicar la justicia), que consiste en abrirse a Dios y abandonar toda clase de egoísmo para poder ir, en total libertad, al encuentro del otro, pues es en el otro donde se manifiesta Dios. A ejemplo de Jesús, todo bautizado tiene el deber de «pasar por la vida haciendo el bien»; tiene la tarea constante de cambiar, de despojarse de todo interés egoísta para poder así ser testigo de la salvación.

El evangelio de Mateo desarrolla el tercer elemento que identifica el verdadero bautismo: La obediencia a la voluntad del Padre. “La justicia plena” a la que se refiere Jesús en el diálogo con Juan el Bautista manifiestamente la íntima relación existente entre el Hijo de Dios y el proyecto del Padre. Esto significa que el bautismo es la plenitud de la justicia de Dios, ya que las actitudes y comportamientos de Jesús tienen como fin hacer la voluntad de Dios. Esta obediencia y apertura a la acción de Dios afirma su condición de hijo; es hijo porque obedece y se identifica con el Padre. Esta identidad de Jesús con el Padre (ser Hijo de Dios) se corrobora en los sucesos que acompañan el bautismo: el cielo «se abre», desciende el Espíritu, y una voz comunica que Jesús es Hijo predilecto de Dios. Es «hijo» a la manera del siervo sufriente de Isaías (Is 42,1): hijo obediente que se encarna en la historia y participa completamente de la realidad humana. El bautismo, en consecuencia, provoca y muestra la actitud de toda persona abierta a la divinidad y voluntad de Dios; y hace asumir, como modo normal de vida, el llamado a ser hijos de Dios, identificándonos en todo con el Padre y procurando, con nuestro actuar, hacer presente la justicia y el amor de Dios.

Por desgracia, en la actualidad el bautismo se ha limitado al mero rito religioso, desligándolo de la vida y la experiencia de fe de la persona creyente. Se ha olvidado que el bautismo es un hecho fundamental del ser cristiano, pues tendría que ser la expresión de la opción fundamental de la persona, opción que toma a la luz del ejemplo de Jesús y por la que se compromete a ser cristiano. Leer más…

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domingo, 12 de enero de 2025
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