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El amor por encima de la creencia.

domingo, 13 de julio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 13 julio 2025

Lc 10, 25-37

Elegir a un hereje como protagonista de su parábola, contrastar su comportamiento humano frente a la indiferencia del sacerdote y el levita, y ponerlo de modelo para todo un escriba o doctor de la ley (“Anda y haz tú lo mismo”), pone de relieve la actitud provocativamente abierta, inclusiva y compasiva de Jesús. No importan tanto las creencias o la doctrina “ortodoxa” -viene a decir-, cuanto el amor hecho compasión y cuidado efectivo. Al leer un texto como este, ¡nos parece tan obvio e incontestable su mensaje!… Y, sin embargo, rápidamente nos enredamos en comportamientos marcados por el egocentrismo, el individualismo y la confrontación.

El amor es lo único que nos salva -nos construye interiormente- y lo único que salvará a la humanidad. Al vivirlo, no estamos, en primer lugar, adoptando una exigencia moral, sino dejando que se exprese lo que somos en profundidad. Somos amor. Y, sin embargo, su vivencia no es fruto del voluntarismo, sino de la comprensión experiencial y de la liberación de miedos que nos hacen vivir replegados o encerrados sobre nosotros mismos.

Vivir en amor empieza por escuchar el anhelo interior, que podemos tener olvidado, ignorado o bloqueado, implica ir liberándonos de los propios miedos y necesidades y continúa por dejarnos sentir habitados por los otros. En la medida en que voy abriendo mi corazón, notaré que se puebla de personas, a las que miro con respeto, valoración, admiración y afecto.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Dios es buen samaritano.

domingo, 13 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro la Verdad es libre:

01.- Introducción:

El diálogo de Jesús con aquel letrado, maestro de la ley, culmina con la parábola del Buen samaritano de hondo contenido humano y cristiano.

El sacerdote tenía motivos legales para no mancharse de sangre. Lo mismo el levita. El sacerdote y el levita no tienen que atender enfermos ni heridos en la vida, han de atender el templo y el culto. Por eso pasan de largo y dejan “tirado” a un hombre malherido en el camino. El sacerdote y el levita tienen que cumplir con sus deberes religiosos. Su obligación legal se complicaba si atendían al herido.

Solo un hombre extranjero, medio pagano (samaritano) siente lástima, se conmueve, interrumpe su viaje y ayuda al que estaba abandonado en la carretera.

02.- ¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?

El maestro de la ley pregunta “con trampa, para cazar” a Jesús acerca de lo que hay que hacer para tener Vida, vida definitiva.

Si pensamos un poco a fondo es también nuestra cuestión y nuestro problema. ¿Qué hemos de hacer para poder vivir? Lo que está en juego es la Vida. ¿Cómo vivir bien? ¿Qué hay que hacer en la vida personal, familiar, social, cultural, política para que podamos vivir, para tener vida?

¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?

03.- La ley / amarás – sentir lástima.

        Es lógico que los maestros de la ley recurran a ella, a la ley, a los mandamientos. Pero Jesús -y “lo de Jesús”– va por otros derroteros.

El sacerdote y el levita, cumplieron -hasta cierto punto- con la ley. Hicieron lo que tenían que hacer: y por eso pasaron de largo.

        Y digo que el sacerdote y el levita hicieron lo que tenían que hacer, porque dejaron de lado las dos actitudes más importantes en la vida:

  1. La ley dice: Amarás…
  2. En la parábola de hoy dice que Jesús sintió lástima, compasión

Según Jesús, no parece que el templo ni el culto sientan compasión ni lástima. No es lo suyo.

Jesús se sitúa ante las personas, sobre todo ante los enfermos, los que sufren, los pecadores no con una actitud ritual, judicial, forense, sino que siente lástima, bondad… ´

Jesús siente compasión de la multitud (Mt 9,36), se compadece del leproso (Mc 1,41); Se compadece de la viuda de Naim a la muerte de su hijo (Lc 7,13). El padre del hijo pródigo, se conmovió al acoger a su hijo perdido, (Lc 15,20).

Jesús siente lástima y misericordia para con los que están tirados en la cuneta de la vida, que  son quienes nos hablan de Dios.

04.- Compasión y religión.

        El sacerdote y el levita eran personas religiosas. Sin embargo en la parábola del buen samaritano no aparece ni una sola palabra o gesto estrictamente religioso. No hay alusiones a la ley, al rito – liturgia, al templo, al dogma, etc.

        Un samaritano, -un extranjero mal visto por los judíos, pasaba por allá y sintió lástima, se acercó y le vendó las heridas a aquel hombre malherido, lo llevó al “hospital”, lo cuidó, pagó la factura del hospital (dos denarios) y se comprometió a volver para asumir los gastos.

La ley hace lo que tiene que hacer. El sacerdote venía o iba al templo, y el levita a sus ritos. Pero lo cristiano -y lo humano- está en la actitud del samaritano: sintió lástima.

La ortodoxia cristiana es sentir compasión, lástima.

05.- Sentir lástima.

Los samaritanos eran lo opuesto a la ley judía y enfrentados al pueblo judío.

Este hombre samaritano es quien sintió lástima. San Lucas es el evangelista de la misericordia y resalta esta actitud de Jesús.

Quizás dentro y fuera de la Iglesia, en los ámbitos familiares, educativos, políticos y eclesiásticos se nos ha olvidado ya lo que es sentir lástima y misericordia.

Vivimos de otros muchos criterios, incluso tenemos algunos valores, pero se nos ha olvidado lo fundamental: la misericordia, sentir lástima, compasión.

En la Iglesia hemos preferido y optado por la ultraortodoxia vehiculada a golpe de intransigencia y fanatismo, hemos optado por los ritos

Vivimos un esquema legalista, ritualista.Nos preocupa quién puede presidir la Eucaristía, si los laicos pueden o dejan de poder, si la mujer en la Iglesia presidirá algún dicasterio romano, etc…

Cuando el Obispo manda a un cura a una -varias parroquias- le manda para que diga misa, celebre funerales, etc., pero en el envío / misión de ese cura no entra si cuida enfermos, ancianos, si ayuda al que sufre…

Mientras nos ocupamos de todas esas cuestiones, Jesús siente compasión.

En el mundo profano predominan la riqueza, la corrupción, el poder, la nación, la tecnología, el racismo, el odio. Un pueblo -unos pueblos- y unas gentes que no sabemos ya lo que es sentir lástima, bondad, misericordia, perdón, lo que es la ternura y la comprensión, no tenemos vida.

La misma justicia no siente compasióny una justicia sin misericordia es venganza.

Solemos decir y criticar que Netanyahu, Putin, Trump, a los partidos racistas, etc. no tienen compasión, ni lástima, ¡y es verdad!, pero es verdad porque grandes mayorías del pueblo, de los electores, les han votado y los han puesto ahí para que gobiernen así: con bombardeos, drones, aranceles, muros en las fronteras, no acogiendo o expulsando a los emigrantes, etc…

Para tener vida es importante estimar al ser humano, valorarlo, atender a razones, enseñar a ayudar, sentir lástima, perdonar, curar.

Sentir lástima es una actitud muy humana, muy humanista y cristiana.

No sé si será muy exacto, pero parece  que, cuanto más progresa la humanidad en tecnología, más retrocede en bondad y misericordia.

06- Cambios en la Iglesia

La Iglesia que propugnaba el papa Francisco trató de recuperar para la iglesia la lógica del buen samaritano.

La Iglesia de Francisco trató de pasar de la santa Inquisición a ser un hospital de campaña donde se curan heridas.

Creo yo que el papa Francisco no fue un hombre especialmente progresista, ni que lo más importante del papa Francisco fuese todo aquello de los cambios en la Iglesia. Francisco fue un hombre bueno, que sentía compasión y misericordia.

¿Qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?

Sentir lástima, compasión.

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“Hacernos prójimos de los excluidos de la tierra ”, por Consuelo Vélez

domingo, 13 de julio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XV Domingo del tiempo ordinario 13-07-2025

La parábola del Buen Samaritano trae un mensaje más profundo que el solo invitar a tener compasión con los demás

El doctor de la ley quiere poner a prueba a Jesús pero él sabe involucrarlo en la pregunta para que sea él mismo quien de la respuesta

No es tanto saber quién es el prójimo sino saber hacerse prójimo y, no solo con los del propio círculo o que creemos cumplen los preceptos divinos, sino de aquellos que lo necesitan, especialmente los más pobres y excluidos por cualquier razón.

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba:

– «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».

Jesús le preguntó a su vez:

+ «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».

Él le respondió:

-«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».

Le dijo Jesús: 

+ «Has respondido exactamente, obra así y alcanzarás la vida».

Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta:

– «¿Y quién es mi prójimo?».

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió:

+ «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: «Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver»-

Jesús le preguntó: 

¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».

El doctor le respondió:

“El que tuvo compasión de él». 

Y Jesús le dijo:

+ «Ve, y procede tú de la misma manera».

(Lucas 10, 25-37)

El evangelio de hoy nos ofrece la conocida parábola del buen samaritano. Es una parábola muy rica que trae un mensaje más profundo que el solo invitar a tener compasión con los demás. El contexto del relato nos permite ahondar, en por qué Jesús ofrece esta parábola. Veamos que el inicio es el diálogo entre un doctor de la ley, es decir, un fariseo que conoce bien las escrituras y es celoso de cumplirlas, y Jesús. El texto dice que el doctor de la ley quería poner a prueba a Jesús. No es la única vez que a Jesús lo quieren poner a prueba las autoridades religiosas de Israel. Recordemos el pasaje de la mujer adúltera en la que también a Jesús le preguntan que dice frente a la ley que manda apedrearlas. Una vez más en este texto, el maestro de la ley le pregunta qué tiene que hacer para heredar la vida eterna, como si él no lo supiera.

Jesús, muy astutamente -podríamos decir, le responde con otra pregunta ¿qué está escrito en la ley? Y él le responde correctamente y Jesús aprueba tal respuesta. Pero una vez más el maestro de la ley sigue interrogando a Jesús, con otra pregunta: ¿quién es mi prójimo? Ya que la respuesta que le había dado era la de amar a Dios y al prójimo. Jesús se da cuenta la intencionalidad del doctor de la ley más legal que existencial y pasa a responder con un género literario que atribuyen a Jesús -la parábola- que tiene la virtud de relatar una historia en la que sin darse cuenta se involucra al oyente y lo interpela.

Jesús comienza a contar la parábola del Buen Samaritano y cómo toda parábola pretende dar un mensaje central, extrapolando el ejemplo y los personajes con la intención de qué se note dicho mensaje. En este caso, justo los que pasan primero y ven al hombre caído en el camino son el sacerdote y el levita. Se esperaría que ellos lo hubieran socorrido. Pero no lo hacen, muy seguramente porque hubieran quedado manchados al tocar la sangre del herido y no habrían podido celebrar el culto en el templo. Según la ley, ellos hacen lo correcto. Pero Jesús presenta al tercer personaje, un samaritano, despreciado por los judíos y es él quien lo socorre y lo hace con una generosidad desbordante “hasta que quede curado”.

A la luz de este relato, Jesús le contesta la pregunta sobre ¿quién es mi prójimo? con otra pregunta: ¿Quién actúo como prójimo? Y el doctor de la ley responde “el que tuvo compasión de él”. Es decir, Jesús no le dio la respuesta sino le permitió que él mismo la formulara y, entonces, le invita a hacer lo mismo del hombre de la parábola si quiere ser prójimo. Notemos que aquí la palabra prójimo que para los judíos eran solo los mismos judíos, cumplidores de la ley, se ha extendido a un herido -portador de impureza ritual- y a un samaritano, despreciado por el pueblo judío.

La parábola mantiene totalmente la vigencia para nosotros. No es tanto saber quién es el prójimo sino saber hacerse prójimo y, no solo con los del propio círculo o que creemos cumplen los preceptos divinos, sino de aquellos que lo necesitan, sin importar su condición social, étnica, sexual, etc. La llamada es a hacernos prójimos de los excluidos de la tierra y, en ello, se juega, ayer como hoy, el heredar la vida eterna.

(Foto tomada de: https://www.jw.org/es/ense%C3%B1anzas-b%C3%ADblicas/preguntas/significa-buen-samaritano/)

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“En cambio – San Lucas 10, 25-37 -”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 13 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa cristiana):

¿Cómo puedo ser feliz? ¿Cómo puedo tener en mí la vida de Dios, el Eterno?

«¿Cómo lees la Palabra?», pregunta Jesús al doctor de la Ley. Y a mí.

«Amarás», ha leído.

El amor declinado en futuro. El amor proyectado hacia adelante. El amor que se convierte en conciencia de ser amados por Dios, y la elección de corresponder, de amar a Dios con fuerza, con inteligencia, con pasión. Para estar llenos de ese amor divino y poder darlo a los demás.

Como un excedente, como el corazón que se desborda.

Ha leído bien, ha entendido, sabe.

Ahora basta con vivir en ese amor, día a día, un pequeño paso posible a la vez.

Ahora el teólogo está desconcertado. Sabe, pero no sabe cómo vivir lo que sabe.

Su fe está encerrada en su bella teoría.

Amar es esfuerzo, libertad, don, renuncia, concreción. Muchas cosas, quizás demasiadas.

Entonces intenta esquivar, permanecer en la mente, en sus pequeñas categorías.

Como si el amor pudiera comprimirse y organizarse.

¿Amar a qué prójimo?

¿Al judío que vive los preceptos, como dicen los rabinos fariseos, excluyendo a los superficiales?

¿O amar a todos los hermanos judíos como se atrevían a hacer los más abiertos?

Por supuesto, amar a los no judíos no era una opción contemplada.

Ahora sonríe el Maestro.

 Salteadores

En los veintisiete kilómetros que separan la capital de la ciudad de Jericó, con un desnivel de mil metros en el rocoso desierto de Judá, se viaja en caravana para no caer en manos de los salteadores.

Un imprudente viaja solo, es asaltado y herido, y abandonado moribundo al borde del camino.

Es un hombre que baja de Jerusalén. No sabemos nada de él ni sabremos nada.

De qué religión es, si es una persona honesta o un malhechor, si es una víctima o un verdugo.

 Por casualidad, pasan por allí primero un sacerdote y luego un levita.

 Por casualidad: el encuentro con el hermano necesitado es siempre fortuito, nos lo cruzamos mientras tomamos el tren o en la calle. Probablemente, los dos acaban de terminar el servicio en el Templo. Toda una semana dedicada a alabar a Dios y a pedir misericordia.

Misericordia que le niegan al desdichado.

Fingen no verlo, siguen adelante.

No se detienen porque pasan por casualidad. El desdichado no entra en sus planes, es un estorbo, una molestia.

Hipócritas

No seamos hipócritas: nosotros habríamos hecho lo mismo. Nosotros también.

¿Qué sabemos quién es ese hombre y qué le ha pasado? ¿Y si se trata de una disputa entre bandas? ¿Y si tiene sida? ¿Y si vuelven los bandidos? ¿Y si…?

Mejor llamar a los servicios de emergencia, que se encarguen los médicos y la policía, mejor no meterse. A lo mejor te clavan una navaja.

Tienen a Dios en el corazón, en los labios, hablan con sensatez, con prudencia.

No son malos, son buena gente. Solo tienen miedo. Es mejor hacer como si no vieran nada.

Jesús no los culpa ni los condena: son hijos de su tiempo.

Y de su Templo.

Y de su Dios, al que veneran y honran con incienso y holocaustos. En el Templo.

Porque fuera no existe más que el mundo, feo y malo, un nido de víboras.

Como hacemos nosotros con demasiada frecuencia.

En cambio

En cambio, un samaritano.

Está de viaje, no pasa por casualidad. Tiene un destino. Porque el viaje no se define por el punto de partida, sino por el lugar al que se desea llegar. Está en camino, está de camino, como los verdaderos discípulos.

Inquietos por gracia.

Un samaritano. ¡Vamos!

Todos esperaban que Jesús hiciera entrar en escena a un piadoso laico, un creyente adulto y motivado, no santurrón y formal, tal vez parecido a alguien presente entre la multitud.

Cualquiera, pero no un samaritano.

Llamar «samaritano» a un judío era un insulto y el odio entre los dos pueblos estaba arraigado.

Somos nosotros quienes lo hemos llamado «bueno». No sabemos nada de él, tal vez sea un delincuente, un incrédulo, un oportunista.

Pero es lo que hace lo que lo hace «bueno».

No va buscando a la persona a la que ayudar, es la vida la que se la pone continuamente en el camino. El samaritano ve a un hombre, no a un enemigo, no a alguien del otro equipo.

Un hombre que necesita ayuda. Y lo que necesita ante todo es compasión.

 Cum-patire, sufrir juntos. Sabe que podría ser él, desangrado, al borde del camino.

Se detiene, actúa, lo cuida y le pide al posadero, a quien paga, que haga lo mismo.

El sentimiento se convierte en acción. Una acción que le hace perder tiempo, dinero, que le hace correr riesgos.

No se erige en salvador de la patria, tiene su vida, continúa su viaje comprometiéndose, a su regreso, a detenerse para saldar las deudas que haya podido contraer. Acompaña y confía.

Pequeños pasos posibles

No puede resolver todos los problemas.

Es la objeción que nos repetimos continuamente: ¿cómo voy a detener la guerra si nadie me escucha?

Es cierto, pero yo puedo empeñarme en construir un metro cuadrado de paz a mi alrededor.

¿Qué quieres que haga mi protesta como ciudadano si a mi alrededor todos roban y se burlan de todo?

Es cierto, pero yo quiero dejarle a mi hijo un mundo mejor y me comporto con honestidad.

¿Tiene todavía sentido intentar acoger a nuestros jóvenes, ahora que el mundo occidental desprecia el cristianismo?

De acuerdo: yo, sin embargo, sigo hablando del rostro magnífico de Dios con la esperanza de que alguien se dé cuenta.

¿Cómo puedo defender una Iglesia cada vez más desmotivada y cansada, más preocupada por defender su fortaleza que por salir a hablar de Dios?

Es cierto: pero la Iglesia es lo que construyo junto con quienes quieren vivir seriamente el Evangelio.

La mía es solo una gota en el océano. Una sola.

Pero eso no es una buena razón para no dejarla caer al agua.

Si hemos descubierto que somos amados, si tenemos un camino por recorrer, marquemos la diferencia.

Es normal desanimarse, tener miedo, defenderse, hacer como si nada.

Es evangélico hacerse prójimo de quienes encontremos cada día.

Dando pequeños pasos posibles.

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 13 de julio de 2025

 

1.- La humanidad es imposible sin compasión.

2.- Cuando las reglas oscurecen la ley de Dios.

3.- El buen samaritano y las obras de misericordia.

4.- Llamados a ser samaritanos.

5.- Una tierra habitada por prójimos.

6.- La vida en un verbo: «Amarás».

7.- Hacer misericordia.

8.- En cambio – San Lucas 10, 25-37 .

 

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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Hombres rebeldes, de la paz subversiva de tu evangelio.

sábado, 12 de julio de 2025
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

02.07.2025 | Alfonso Olaz OFS

Hombres rebeldes, de la paz subversiva de tu evangelio.
Para anunciar la paz y el bien

¿Qué paz pretendemos?
¡La que anuncian los hombres con sus palabras…!
¡O la paz de Cristo, que es el sumo bien…!
El hombre y hermano de la paz de todos

Dónde hay paz, hay sumo bien, y el mal se revuelve
La paz de Jesús, es la paz del pobre de corazón

La paz no inquieta: es libre, dinámica, humilde y sencilla
Une a los corazones partidos, sanando a todos, a todos
Vive adorando su corazón en todo momento, poniendo sus obras a disposición de todos.

Señor, hazme instrumento de tu paz, de la paz del evangelio, subversiva y justa.
Que pone al pobre en sitio destacado junto a ti.

Señor, hazme valiente para seguirte cada día
en la alegría y en la noche oscura
Señor, que nada me inquiete, salvo en no ser hombre de paz y bien
Tú así me lo has demandado

Hazme constructor de tu paz.
Atento a lo que tú quieres
con mi madre María, maestra de paz y bien
Y así poder reconocer el don de tu paz en todos tus pobres, en tus predilectos de cada día.

Del evangelio a la vida
De la vida al evangelio

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“Desaprender la Guerra”, por Leonardo Sequeiros.

sábado, 12 de julio de 2025
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Mucha gente cree que la violencia, la defensa armada, y la agresión al que se considera enemigo son comportamientos naturales que tienen un fundamento genético. Incluso muchos de los expertos en etología (también premios Nobel) defendían el fundamento científico y biológico de bondad de las guerras e incluso, en algunos casos, su necesidad para equilibrar los ecosistemas e impulsar la evolución de la humanidad.

A partir de la publicación en 1928 de El puesto del hombre en el cosmos, del filósofo Max Scheler, – que marca el inicio de la reflexión, basada en los datos científicos, de la Antropología filosófica – esta impronta biologicista se vio debilitada por las interpretaciones de las raíces más culturales que biológicas de la condición humana. Los escritos de Arnold Gehlen, Helmut Pressner, e incluso de José Ortega y Gasset, han colaborado a resituar la dimensión cultural del desarrollo de la condición humana por delante del reduccionismo biologicista.

Aun así, los numerosos conflictos violentos y sobre todo bélicos en el siglo XX y en lo que llevamos de siglo XXI muestran que, en la construcción mental de los poderosos, los que pretenden ser los dueños del mundo, aún domina el paradigma de que los grandes problemas de poder (sobre todo económico) solo se resuelven con guerras, agresiones violentas, violación de los derechos humanos y genocidios contra poblaciones inocentes.

En 2006, el cantautor Luis Guitarra lanzó su canción “Desaprender la guerra”. Aconsejo que mientras leen este texto abran los oídos a la canción que se ofrece en: DESAPRENDER LA GUERRA (Luis Guitarra) y en https://youtu.be/EC-xvYC7ooU?si=6C6vTmdRPPgvVBBK

Desaprender la guerra,
realimentar la risa,
deshilachar los miedos,
curarse las heridas.

Difuminar fronteras,
rehuir de la codicia,
anteponer lo ajeno,
negarse a las consignas.

Tal vez, gran parte de los intentos de encontrar una fundamentación científica para la guerra y la violencia se han unido a la figura de Konrad Zacharias Lorenz (1903-1989), más conocido como Konrad Lorenz. Este fue un zoólogoetólogo y ornitólogo austríaco que compartió el Premio Nobel de Medicina de 1973 con Nikolaas Tinbergen y Karl von Frisch.

A menudo se lo considera uno de los fundadores de la etología moderna, es decir, del estudio científico del comportamiento humano comparado con el del animal en su hábitat natural. Desarrolló un enfoque que comenzó con una generación anterior, que incluía a su maestro Oskar Heinroth.

El ensayo con pretensiones científicas de Konrad Lorenz más divulgado (y que muchos leímos en los años setenta) es este: Sobre la agresión, el pretendido mal (en alemánDas sogenannte Böse zur Naturgeschichte der Aggression). Es un libro de 1963 que fue pronto traducido a muchas lenguas.

Este escribe en el prólogo: «el tema de este libro es la agresión, es decir el instinto de luchar en la bestia y el hombre que está dirigido contra miembros de la misma especie.» (Página 3). Para Lorenz, en los genes de todos los seres vivos está “impresa” la necesidad de desarrollar comportamientos agresivos contra su especie y contra cualquiera que parezca atentar a la propia supervivencia. Para Lorenz, una de las leyes de la evolución biológica y que es el motor del cambio evolutivo a mejor es la ley de la supervivencia de los más aptos.

Evidentemente, este presupuesto ideológico procede de una interpretación política y sociologista de El Origen de las Especies por la Selección Natural (1859) de Charles Robert Darwin. La sociología de origen darwinista sólo se fijó en algunos aspectos de la extensa obra de Darwin, para quien “la supervivencia de los más aptos” no significa el triunfo de los más fuertes o de los más violentos, sino – al contrario – la cooperación entre especies y dentro de las especies, tal como muestra en sus estudios sobre los insectos y las plantas.

Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,
rodearse de caricias.

Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.

Konrad Lorenz, desde su laboratorio y el trabajo de campo, estudió el comportamiento instintivo en animales, especialmente gansos comunes y grajillas occidentales. Trabajando con gansos, investigó el principio de la impronta, el proceso por el cual algunas aves nidífugas (es decir, aves que abandonan su nido temprano) se unen instintivamente con el primer objeto en movimiento que ven dentro de las primeras horas de la eclosión de sus huevos. Aunque Lorenz no descubrió el tema, se hizo ampliamente conocido por sus descripciones de la impronta como un vínculo instintivo. En 1936 conoció a Tinbergen, y los dos colaboraron en el desarrollo de la etología como una subdisciplina separada de la biología.

Konrad Lorenz compartió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1973 «por descubrimientos en patrones de comportamiento individual y social» con otros dos importantes etólogos tempranos, Nikolaas Tinbergen y Karl von Frisch.

En 1969, se convirtió en el primer receptor del Premio Mundial Cino Del Duca. Era amigo y alumno del reconocido biólogo Sir Julian Huxley (nieto del «bulldog de Darwin», Thomas Henry Huxley, y hermano del escritor Aldous Huxley). El famoso psicoanalista Ralph Greenson y Sir Peter Scott eran buenos amigos suyos.

Lorenz y el famoso filósofo Karl Popper eran amigos de la infancia. Muchos años después de conocerse, durante la celebración de los 80 años de Popper, escribieron juntos un libro titulado Die Zukunft ist offen [El porvenir está abierto] que resume las conversaciones de ambos.

Rehabilitar los sueños,
penalizar las prisas,
indemnizar al alma,
sumarse a la alegría.

Intentemos “rehabilitar los sueños”: ¿cómo será el futuro? Seguro que muchos y muchas se habrán preguntado si habrá una evolución en el ser humano como hemos visto en la historia. De momento, seguimos presentes en la era del Homo sapiens aunque existe una corriente cultural y filosófica que lo deja atrás: el transhumanismo. Tal vez en estos años, el sueño del superhombre, de la mejora artificial de las capacidades humanas, e incluso de la no-muerte, el regreso de la eugenesia bajo el prisma cientificista del transhumanismo, llena páginas en redes sociales.

El término transhumanismo apareció en 1957 de la mano del biólogo Julián Huxley. Para el británico, los seres humanos debían de mejorarse a través de la ciencia y la tecnología. Como bien lo resume Diego Hidalgo, especialista en cambio digital, llega la «fusión entre el ser humano y la máquina».

Aunque no fue hasta 1980 cuando Max More forjó los principios de esta corriente en dos puntos: el modo más eficaz y rápido para mejorar la condición humana consiste en propiciar el progreso tecnológico y no hay límites en la trasformación tecnológica del mundo ni en el perfeccionamiento de las personas.

Humanizar los credos,
purificar la brisa,
adecentar la Tierra,
reinaugurar la Vida.

Desconvocar el odio,
desestimar la ira,
rehusar usar la fuerza,
rodearse de caricias.

El transhumanismo (abreviado como H+ o h+) es un movimiento cultural e intelectual internacional que tiene como objetivo final transformar la condición humana mediante el desarrollo y fabricación de tecnologías ampliamente disponibles, que mejoren las capacidades humanas, tanto a nivel físico como psicológico o intelectual.

Los pensadores transhumanistas estudian los posibles beneficios y peligros de las nuevas tecnologías que podrían superar las limitaciones humanas fundamentales, como también la tecnoética adecuada a la hora de desarrollar y usar esas tecnologías. Estos especulan sosteniendo que los seres humanos pueden llegar a ser capaces de transformarse en seres con extensas capacidades, merecedores de la etiqueta «posthumano».

Reabrir todas las puertas,
sitiar cada mentira,
pactar sin condiciones,
rendirse a la Justicia.

El significado contemporáneo del término transhumanismo fue forjado por uno de los primeros profesores de futurología, Fereidoun M. Esfandiary, conocido como FM-2030, que pensó en «los nuevos conceptos del humano» en La Nueva Escuela alrededor de 1960, cuando comenzó a identificar a las personas que adoptan tecnologías, estilos de vida y visiones del mundo transicionales a «posthumanas» como «transhumanos».

Esta hipótesis se sostendría en los trabajos del filósofo estadounidense Max More, quien empezaría a articular los principios del transhumanismo como una filosofía futurista en 1990, y a organizar en California un grupo intelectual que desde ese entonces creció en lo que hoy se llama el movimiento internacional transhumanista.

En estos años, las críticas a las tesis transhumanistas han surgido desde muchos campos, tanto desde la bioética como desde la antropología. Dejaremos esas críticas para otro momento, y ahora finalizamos la canción “desaprender la guerra”:

Desaprender la guerra, curarse las heridas.
Desaprender la guerra, negarse a las consignas.
Desaprender la guerra, rodearse de caricias.
Desaprender la guerra, rendirse a la Justicia.
Desaprender la guerra, sumarse a la alegría.
Desaprender la guerra, reinaugurar la Vida.

Vivimos unos tiempos fascinantes pero también ambiguos y cargados de incertidumbres. Frente a los imaginarios belicistas de muchas grandes potencias y corporaciones, que consideran estos muy buenos tiempos para el negocio de la venta de armas, la sociedad civil debe reforzarse y presionar a los poderes para impulsar la cultura de la paz frente a las contraculturas del individualismo, la prepotencia y la insensibilidad ante la desigualdad social y la depredación del medio natural. “Desaprender la guerra” como camino hacia una sociedad ecosolidaria, pluralista y sensible al dolor de las víctimas de un sistema impuesto.

Leandro Sequeiros.
Presidente de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta)

Fuente Fe Adulta

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Benito de Nursia, abad y fundador.

viernes, 11 de julio de 2025
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Benito (Nursia, c. 480 – Montecassino, c. 547) fue el fundador del monacato occidental. Cautivado e impulsado por el Espíritu, abrazó en su edad juvenil un período de absoluta soledad en una cueva de Subiaco; su fama le atrajo algunos discípulos, para los que organizó la vida cenobítica. Primero, en pequeños monasterios y, después, en el célebre cenobio de Montecassino.

Su Regla reasume sabiamente la tradición monástica oriental y la adapta con discreción al mundo latino. Esta ‘escuela de servicio al Señor’ se construye en torno a la lectura amorosa de la Palabra de Dios (Lectio Divina), a la liturgia de alabanza desarrollada de manera coral y al trabajo realizado en un clima de caridad fraterna, de humilde y obediente servicio.

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

+ Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.

El Padre corta todos los sarmientos unidos a mí que no dan fruto y poda los que dan fruto, para que den más fruto.

Vosotros ya estáis limpios, gracias a las palabras que os he comunicado.

Permaneced unidos a mí, como yo lo estoy a vosotros. Ningún sarmiento puede producir fruto por sí mismo, sin estar unido a la vid, y lo mismo os ocurrirá a vosotros, si no estáis unidos a mí.

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece unido a mí, como yo estoy unido a él, produce mucho fruto; porque sin mí no podéis hacer nada.

El que no permanece unido a mí, es arrojado fuera, como los sarmientos que se secan y son amontonados y arrojados al fuego para ser quemados.

Si permanecéis unidos a mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo tendréis.

Mi Padre recibe gloria cuando producís fruto en abundancia, y os manifestáis así como discípulos míos.

*

Juan 15,1-8

***

«Y el Señor, que busca su obrero entre la muchedumbre del pueblo al que dirige esta llamada, dice de nuevo: «¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?» (Sal 33,13). Si tú, al oírlo, respondes ‘yo’, Dios te dice: «Si quieres poseer la vida verdadera y eterna, guarda tu lengua del mal, y que tus labios no hablen con falsedad. Apártate del mal y haz el bien; busca la paz y síguela» (Sal 33,14-15). Y si hacéis esto, pondré mis ojos sobre vosotros, y mis oídos oirán vuestras preces, y antes de que me invoquéis os diré: «Aquí estoy». ¿Qué cosa más dulce para nosotros, carísimos hermanos, que esta voz del Señor, que nos invita? Ved cómo el Señor nos muestra piadosamente el camino de la vida. Ciñamos, pues, nuestra cintura con la fe y la práctica de las buenas obras, y sigamos sus caminos guiados por el Evangelio, para merecer ver en su Reino a Aquel que nos llamó»

*

Benito,
Regla, prólogo 14-21.

 

Sí, la Iglesia y el mundo, por diferentes pero convergentes razones, necesitan que San Benito salga de la comunidad eclesial y social y se rodee de su recinto de soledad y silencio, y desde allí nos haga escuchar el encantador acento de su sosegada oración, desde allí casi nos alabe y acaricie y nos llame a sus claustros, para ofrecernos el cuadro de un taller “del servicio divino”, de una pequeña sociedad ideal, donde finalmente reina el amor, la obediencia, la inocencia, la libertad de las cosas y el arte deusarlas bien, la prepondeancia del espíritu, de la paz. En una palabra, el Evangelio.

Que san Benito vuelva para ayudarnos a recuperar la vida personal; esa vida personal por la que hoy sentimos tanto ansia y afán y que el desarrollo de la vida moderna, a la que se debe el deseo exagerado de ser nosotros mismos, lo sofoca en tanto que lo despierta, lo decepciona al mismo tiempo que lo hace consciente.

Corría el hombre en un tiempo, en los siglos remotos, al silencio del claustro, como corría a ellos Benito de Nursia, para encontrarse a sí mismo. Hoy, no es la carencia de la convivencia social lo que impulsa al mismo refugio, sino la exuberancia. La excitación, el estruendo, la ansiedad, la exterioridad, la multitud amenazan la interioridad del hombre. Le falta el silencio con su genuina palabra interior, le falta el orden, le falta la oración, le falta la paz, le falta él mismo. Para recuperar el dominio y el gozo espiritual de nosotros mismos, tenemos necesidad de  volver a asomarnos al claustro benedictino.

Y una vez recuperado el hombre para sí mismo en la vida monástica, es recuperado para la Iglesia. El monje tiene un puesto de privilegio en el Cuerpo Místico de Cristo, una función tanto más providencial y urgente como nunca.

*

Pablo VI
Discurso después de la Consagración de la Basílica de Monte Casino el día 24 de octubre de 1964.

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“San Benito, patrono de la Europa abierta que acoge”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF.

viernes, 11 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

San Benito, de cómo vivir en la presencia de Dios.

San Benito, un modelo de construcción cristiana de Europa.

 

La actitud y la fe básicas sobre la hospitalidad que San Benito, proclamado patrono de Europa por San Pablo VI, esbozó en la Regla, se expresan en un pasaje significativo: «Que todos los huéspedes que vengan sean acogidos como Cristo, porque él dirá: ‘Fui huésped y me acogisteis’» (Mateo 25, 35).  La opción de San Benito se forjó en un contexto político, social y económico de incertidumbre y de profundos cambios; se forjó en el alimento de la Palabra de Dios y en el testimonio de los Padres, pero sobre todo en su larga experiencia de vida monástica. En el ocaso de la gloria de Roma, con los nuevos pueblos ya establecidos dentro de las fronteras del antiguo imperio, el joven de Nursia se hizo eco de la voz del salmista: «¿Quién es el hombre que quiere la vida y desea ver días felices?» (Salmo 34, 12ss). 

Ante las tragedias cotidianas que siguen ocurriendo en el Mediterráneo y a lo largo y ancho de las zonas de guerra, la solución no puede venir de la geopolítica emocional. La opción de San Benito es clara: acogida y hospitalidad. «El huésped y el pobre -escribió un gran monje, Evagrius Ponticus- son el colirio de Dios. Quien los acoge recupera pronto la vista«. El monacato nunca ha dejado de ser fuente de inspiración y, ante el fenómeno arrollador de las migraciones, que se ha convertido en estructural, hoy puede ofrecer recetas auténticas e integrales, aunque lleven consigo una sana carga de provocación. Como cantaba Efrén el Sirio: «La jactancia de los cristianos es la acogida de los extranjeros y la compasión [hacia los pobres]. La jactancia y la salvación de los cristianos es tener siempre como comensales en su mesa a los pobres, a los huérfanos y a los forasteros, pues de una casa así Cristo nunca se irá«. No sólo el monje, sino todo ser humano está invitado a ser imagen de Dios también en la hospitalidad.

En el monasterio, la llegada de huéspedes es una bendición divina: el portero los acoge con las palabras «Deo gratias» o «Bénedic«, con mansedumbre y temor de Dios; con estas fórmulas, San Benito indica que es el forastero quien llama a la puerta para bendecir al monje. A continuación, se rodea al huésped con el abrazo del rito, mediante una verdadera liturgia de la hospitalidad: el superior y los hermanos se reúnen con el huésped, rezan juntos, se intercambia el signo de la paz con un beso; primero se parte el pan de la oración con el huésped, llevándole al oficio divino de la comunidad, después se sientan con él, escuchando juntos la lectura de las Sagradas Escrituras. A continuación se le lavan las manos y los pies, de lo que se encarga el abad de la comunidad. Después rompen el ayuno –los hijos del Esposo no pueden ayunar mientras el Esposo está con ellos (Marcos 2, 18-22)- y cantan juntos: «Hemos recibido, oh Dios, tu misericordia en medio de tu templo» (Salmo 47). Parece un juego de las partes, pero no es el pobre el que se beneficia de la hospitalidad, sino toda la comunidad implicada, porque recibe la misericordia del Señor. Como se puede imaginar, se trata de un verdadero compromiso que cuesta esfuerzo, en términos de tiempo y de medios materiales. San Benito era muy consciente de que siempre había que estar preparado: los forasteros y los huéspedes podían aparecer de improviso y, además, ser numerosos. Y no eran necesariamente buenos cristianos, bien vestidos y admiradores del canto gregoriano.

«Acoged también con el mayor cuidado y solicitud a los pobres y a los peregrinos, porque en ellos se acoge aún más a Cristo«. Para San Benito, una cosa es cierta: la presencia misteriosa, pero real, de Cristo resucitado es acogida en el huésped. Nosotros, que esperamos la segunda venida del Mesías, lo encontramos ya en el forastero que llama a nuestras puertas. La intuición de San Benito es profunda: los monjes saben que son peregrinos en este mundo; no acogen en sus casas a pobres y extraños, sino a semejantes en la casa de Dios. Y Dios llega las más de las veces de forma inesperada y casi secreta.

Así pues, la revolución espiritual y cultural de la Regla no sirve para levantar los baluartes de un hortus conclusus, sino que es una forja abierta de civilización, que irradia desde el monasterio hacia el mundo. «Del pan de san Benito ha comido toda la Iglesia«, recordaba el cardenal benedictino Alfredo Ildefonso Schuster. La pureza evangélica tan antigua y tan nueva del legislador de Nursia no puede dejar de tocar también nuestros corazones, en un momento en que el Santo Padre llama al Cuerpo de Cristo -de Aquel que se hizo pobre y extranjero por nosotros- a convertirse más eficazmente en una Iglesia para los pobres. Cercanía y proximidad a los pobres y a todos los que piden ser acogidos: la Opción de San Benito y la Opción Francisco no pueden estar más cerca.

«Esto es precisamente lo que hizo San Benito» – decía el Papa Francisco a los participantes en la conferencia (Re)thinking Europe de 2017 – «No le importó ocupar los espacios de un mundo perdido y confuso. Sostenido por la fe, miró más allá y desde una pequeña cueva de Subiaco dio vida a un movimiento contagioso e imparable que rediseñó el rostro de Europa«. En esta obra fue verdaderamente un mensajero de la paz, un realizador de la unidad y un maestro de la civilización. En una carta escrita en recuerdo del 10º aniversario de su visita a Lampedusa, escribía: «en estos días en que asistimos a la repetición de graves tragedias en el Mediterráneo, nos estremecen las masacres silenciosas ante las que aún permanecemos impotentes y atónitos. La muerte de inocentes, principalmente niños, en busca de una existencia más serena, lejos de las guerras y la violencia, es un grito doloroso y ensordecedor que no puede dejarnos indiferentes. Es la vergüenza de una sociedad que ya no sabe llorar y compadecerse de los demás«.

El quid de la cuestión está aquí: la globalización de la indiferencia, una grave falta de empatía y caridad. Evagrio Póntico escribía desde el desierto norteafricano: «Monje es aquel que se considera uno con todos, acostumbrado como está a verse en todos«. Así pues, acoger a los pobres y a los extranjeros -y acoger al Señor en su persona- conserva todo su valor real, pero es también símbolo y preparación para otra acogida, más profunda e interior: la acogida que se da al Señor en el propio corazón y que es la finalidad de toda la vida.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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¡Confió en Él, por encima de todo!

jueves, 10 de julio de 2025
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Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

26.06.2025 | Alfonso Olaz OFS

Confío por encima de mi ego
Porque ya no me nombraré y solo él será nombrado.

Confío, en la noche oscura
Que es toda suya, porque él la ha permitido,
para que yo llegue a su luz del mediodía

Confío, porque Él, es lo mejor que ha pasado por mi vida-
y se ha quedado ya para siempre conmigo

Confío, que lo mejor siempre está por llegar,
cuando llego a palpar el misterio de su amor

Confío, que me ama como soy,
para que respire con su amor,
amando más a mis hermanos, como son…!

¡Apenas puede haber en mí cosa buena!
Vivir oculto, sin pretender nada, no es locura,
es locura, no pretenderlo, ni confiar en él.

Aprender de la locura del evangelio que a nadie deja indiferente,
y olvídate de la locura del hombre que nada bueno es y todo lo embarra

¡Si conociéramos un poco el amor de Jesús…!

De la vida al evangelio
Del evangelio a la vida

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“Tu primera comunión”, por José Arregi

jueves, 10 de julio de 2025
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De su blog Umbrales de Luz:

Querido Nico:

Fue una alegre sorpresa saber que vas a hacer la primera comunión. Que has decidido comulgar con Jesús, mirar el mundo con sus ojos y dejarte inspirar por su aliento vital. Es una magnífica opción. ¡Enhorabuena de todo corazón!

La vida, toda vida digna de este nombre, es comulgar, ser en relación creadora con todos los seres. Y hay muchas formas de comprometerse por ello y de vivirlo, muchas formas de expresarlo y de ritualizarlo, según la diversidad de lugares, tiempos y culturas. Comulgar con Jesús es una manera, ni mejor ni peor que otras, de vivir en comunión agradecida, comprometida, solidaria, con todos los vivientes. Es la manera cristiana, la de quienes después de 2000 años seguimos dejándonos inspirar por su memoria, su sabiduría vital, su figura viviente. Una manera ciertamente diversa, y fraterna en la diversidad. Nos alegramos mucho de que también tú, en tu primera comunión, te sumes a nuestra mesa común. ¡Bienvenido, Nico! Herzlich wilkommen! Sois le bienvenu!

La llamamos tu primera comunión, pero, en realidad, toda tu historia, desde antes del tiempo, es una historia de comunión. Cuando aún ni siquiera existías, aquel feliz encuentro de los Andes peruanos de tu madre y de la Cantabria española de tu padre en la capital castellana de Valladolid ya fue de alguna forma tu primera comunión. Y aquella primera célula diminuta, que aún no era tú, ya comulgaba cada día con todo su entorno, con lo más próximo y con lo más lejano, y de aquella primera célula en permanente relación, en incesante evolución, vienes tú, maravilloso fruto de innumerables primeras comuniones creadoras. Desde que naciste ha sido cada día tu primera comunión. También aquel día en que tus padres contigo tuvieron el valor de dejar Castilla, de salir camino de Suiza, aquel éxodo en busca de pan y de trabajo, con su dureza y su gracia, al encuentro de nuevas tierras, gentes y lenguas.

Cada día comulgas la luz del sol siempre nueva y el aire siempre nuevo que respiras, la energía vital siempre nueva que nos llega del universo infinito y de la tierra madre común que nos sostiene y nos nutre. Cada vez que escuchas o hablas, que ríes o lloras, que estudias y te informas sobre lo que de verdad sucede en el mundo, cada vez que te indignas por la política y la economía que rigen el planeta, cada vez que dejas brotar en ti la admiración, la ternura y la compasión, cada vez que te dices “Soy Nico. Aquí estoy. ¿Qué puedo hacer?”, estrenas la vida y es tu primera comunión.

¿Por qué, entonces, el sábado próximo, 14 de junio, a tus 14 años llenos de energía y de promesas, vas a celebrar la primera comunión en Bülach, junto con tu amiga Sofía? No es porque no hayas comulgado hasta ahora, sino porque quieres seguir comulgando cada día. Y quieres celebrarla en comunión con Jesús, sentado a su mesa, comulgando con su vida, compartiendo su pan y su vino, reavivando su memoria, encarnándola en la vida con la comensalía abierta.

Una práctica muy habitual y característica de Jesús fue justamente esa: la comensalía abierta. En una sociedad religiosa en la que estaba rigurosamente ordenado cuándo se podía comer y cuándo no, con quién se podía comer y con quién no, qué se podía comer y qué no, Jesús practicó la comensalía abierta. Soñó el futuro como una gran mesa abierta, de la que nadie debía quedar excluido. Enseñó que nadie en la tierra padecería hambre ni miseria si los que más tienen compartieran sus bienes. Así de sencillo. Y soñó que es posible, y ese sueño le costó la vida. Pero antes de ser crucificado, celebró una cena festiva y esperanzada, y tomando un trozo de pan y una copa de vino dijo a sus seguidoras y seguidores: “Comed y bebed en mi memoria, y hacedme presente. Reavivad la esperanza, y anticipad cada día el futuro nuevo que soñamos”.

En tu primera comunión del sábado y de cada día, Nico, haces tuyo este sueño. En estos tiempos de incertidumbre global, brindamos contigo, brindas con nosotros por la nueva Tierra que Jesús vislumbró a lo lejos y anticipó en su vida: una inmensa Comunión de mesa festiva, multicolor y feliz.

José Arregi, Aizarna, 12 de junio de 2025

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“Ante el suicidio de un sacerdote”, por Alejandro Fernández Barrajón

jueves, 10 de julio de 2025
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Matteo Balzano

De su blog Teselas:

«Los sacerdotes no son extraterrestes, son seres humanos con todas sus potencialidades y sus debilidades»

Nos causa una sorpresa mayor si el sujeto es un sacerdote. No porque los sacerdotes sean mejores que los demás sino porque esperamos de ellos un amor y defensa de la vida a la altura de los valores del evangelio y que la Iglesia defiende con insistencia

Hoy no se concibe que no haya un buen psicólogo acompañando la formación de los seminaristas y en algunos seminarios esto parece una intromisión en la formación sacerdotal inadmisible. Y de esos barros pueden venir estos lodos

Sienten el agobio de tener que atender tantos frentes pastorales acumulados por la escasez de sacerdotes. Cuantos menos sacerdotes más tareas pastorales para repartir y menos tiempo de descanso. Llegan momentos de tensión, de depresión y crisis

Conmoción en Italia por el suicidio de un joven sacerdote de 35 años: Realmente no sabemos qué sucedió”.

El obispo, en el funeral del cura que se suicidó a los 35 años: «No escondamos nuestros miedos»

Vuestros curas, por Toño Casado

 

De entrada, un suicidio es una drama inmenso, suceda donde suceda y a quien le suceda. Pero nos causa una sorpresa mayor si el sujeto es un sacerdote. No porque los sacerdotes sean mejores que los demás sino porque esperamos de ellos un amor y defensa de la vida a la altura de los valores del evangelio y que la Iglesia defiende con insistencia.

Pero no por tener altos ideales dejan de ser humanos. Nunca nos cansaremos de repetir que antes que sacerdote es un hombre como los demás, que puede llegar a lo más alto, como muchos laicos y a lo más bajo también. No está más cerca de Dios, como un enchufado, como algunos dicen, para espiritualizarlos.

La condición de hombre con sus grandezas y sus miserias lo va a acompañar durante toda la vida. Y como hombre participa de todas las posibilidades humanas y por eso hemos de poner ahí un acento especial, sobre todo en su formación.

Muchas veces el deseo de que sean espirituales lleva a olvidar el cuidado de su dimensión humana y entonces el drama puede estar a la vuelta de la esquina. Hoy no se concibe que no haya un buen psicólogo acompañando la formación de los seminaristas y en algunos seminarios esto parece una intromisión en la formación sacerdotal inadmisible. Y de esos barros pueden venir estos lodos.

Cuando yo terminé mi licenciatura en Psicología en Salamanca lo último que podía imaginarme, cuando comenzaba a hacer mi tesis doctoral en Psicología, es que mi Provincial me iba a nombrar formador de seminaristas (Postulantes). Pero mi Provincial de entonces era muy sabio y muy práctico y sabía que mi formación iba a ser de gran ayuda en el seguimiento formativo de aquellos jóvenes. No hizo falta montar una oficina especial para eso, mi convivencia a diario con ellos era la mejor manera de conocerlos, aconsejarlos, animarlos y, sobre todo, darles ejemplo.

Siempre tuve muy claro que era muy importante la dimensión espiritual, nuestra oración, nuestra celebración pero, sobre todo, tenía más claro aún que era más importante, si cabe, la formación humana, la sana amistad, el compartir, el desprendimiento, la solidaridad, los afectos, la educación, el respeto, la alegría porque sin la dimensión humana estaba cuidada podríamos construir sobre ella una espiritualidad consistente, pero no al revés.

Cuando asomaba en alguno de ellos una sobre espiritualidad me ponía en guardia y lo trataba con él porque era el preludio de un seguro fracaso. El comportamiento suicida es una reacción con fines liberadores de situaciones muy estresantes, angustiosas y que pretende alejarse de situaciones que no se pueden manejar con normalidad. Es una huida hacia adelante sin vuelta atrás, el culmen de un camino de soledad angustiosa que no ha podido compartirse con nadie, por razones diversas.

Solo una vida traumatizada al máximo puede llegar a ese extremo porque todas las situaciones humanas aunque sean difíciles, si se comparten a tiempo, encuentran caminos de salida y posibilidad de ayuda. No quiero ni imaginarme la tensión y estrés de un sacerdote joven como éste, que se ha suicidado tan poco tiempo después de haber hecho realidad su sueño: Ser sacerdote.

El P. Matteo Balzano, joven sacerdote italiano de tan solo 35 años, que recurrió al suicidio sin que se sepan todavía las causas reales. Considerado un “buen sacerdote” por todos los que le conocían ha dejado un profundo desasosiego entre sus familiares, sus fieles, y el obispo. Era, según dicen, apasionado con su vocación y muy amado por sus fieles.

Dedicado por entero a sus labores pastorales y, además, lo hacía lleno de ilusión porque estaba comenzando y ése es el momento que en los sacerdotes viven con más ilusión su compromiso pastoral. La muerte de un sacerdote, como la de cualquier ser humano, debe invitarnos una reflexión necesaria. Porque los sacerdotes no son extraterrestes, son seres humanos con todas sus potencialidades y sus debilidades.

Se enamoran como como todos los hombres y tienen que disimularlo porque nadie lo entendería y con muy poca gente se puede comentar. Viven con mucha fuerza la soledad, sobre todo por la noche cuando vuelven cansados de tantas tareas pastorales como se acumulan. Sienten el agobio de tener que atender tantos frentes pastorales acumulados por la escasez de sacerdotes. Cuantos menos sacerdotes más tareas pastorales para repartir y menos tiempo de descanso. Llegan momentos de tensión, de depresión y crisis, como les pasa a todas las personas y parece que el sacerdote no tiene derecho porque debe ofrecer siempre una sonrisa, una palabra amable y una capacidad de acogida exquisita.

Que la mitra, lejos de curar es, muchas veces, origen de nuevas infecciones humanas como el arribismo, el poder y el lujo. Y no hace falta mirar muy lejos para darnos cuenta de que es así. Hay algunos obispos a los que yo no acudiría, en caso de necesidad, ni aunque estuviera en llamas

En las redes sociales se critica a la Iglesia por el escándalo de la pederastia y muchos anticlericales aprovechan la ocasión para meter en ese mismo saco a todos los sacerdotes. Generalizan sin rubor e hieren a muchos que no tienen nada que ver con esas historias tan dramáticas. Es, en el fondo, una actitud de odio y, desde luego, muy poco democrática. Sin duda, cada obispo debe prever cómo afrontar los momentos de soledad de sus sacerdotes y no sé si hay mecanismos apropiados parta ello. Sucede igual entre los religiosos que, aunque estén viviendo en comunidad, no siempre el acompañamiento está asegurado porque, a veces, la comunidad es un conjunto de personas individualistas donde cada una va a su bola y no hay una confianza suficiente para compartir los conflictos personales que van surgiendo. Vivir juntos no quiere decir vivir unidos en afecto y preocupación por los otros.

El ministerio sacerdotal, que es muy noble y muy hermoso, no es un oasis de perfección sino una realidad de lucha y perfeccionamiento constante, con la ayuda de Dios, donde no siempre conseguimos los objetivos propuestos, por eso no pueden faltar instancias a donde acudir cuando nos sentimos heridos por el fracaso, por la soledad afectiva o por el cansancio de tantos pasos realizados en solitario. Y los obispos no son, en ocasiones, las mejores instancias de acogida y comprensión porque ellos mismos pueden estar pasando por momentos semejantes. Que la mitra, lejos de curar es, muchas veces, origen de nuevas infecciones humanas como el arribismo, el poder y el lujo. Y no hace falta mirar muy lejos para darnos cuenta de que es así. Hay algunos obispos a los que yo no acudiría, en caso de necesidad, ni aunque estuviera en llamas.

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El apostolado de la bondad.

miércoles, 9 de julio de 2025
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Charles de Jesus (Charles de Foucauld)

Los laicos deben ser apóstoles de todos aquellos a quienes puedan llegar: sus seres queridos y amigos primero, pero no solo ellos. La caridad no es estrecha; abraza a todos los que son abrazados por el corazón de Jesús… ¿Cómo? Con todos aquellos con quienes interactúan, sin excepción, mediante la bondad, la ternura, el afecto fraternal y el ejemplo de la virtud; algunos sin decirles ni una palabra sobre Dios o la religión, esperando como Dios espera, siendo buenos como Dios es bueno, siendo un hermano tierno y rezando; con otros, hablando todo lo que puedan… Sobre todo, viendo en cada ser humano a un hermano, viendo en cada ser humano a un hijo de Dios.

*

Charles de Jesus,
Carta a Joseph Hours / extracto – 3 de mayo de 1912
(citationschretiennes.com)

***

imagen: Cory Mendenhall, Charles de Foucauld (plough.com)

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La herida invisible.

miércoles, 9 de julio de 2025
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Lo que las redadas dejarán a su paso

Yolanda Chávez,
Los Ángeles (USA).

ECLESALIA, 30/06/25.- Las camionetas ya no están en cada esquina. Los helicópteros no sobrevuelan tan cerca. Las redadas, dicen algunos, han disminuido. Pero hay heridas que no se miden en número de arrestos, sino en la forma en que una comunidad aprende a vivir con miedo sin dejar de cuidar la vida.

Este junio, las redadas de ICE (inmigración y control de aduanas) en Los Ángeles van dejando algo más que casas vacías y negocios cerrados. Van dejando una herida invisible pero profunda, una que toca estructuras, cuerpos y almas. Y como acompañantes pastorales, como creyentes con los ojos abiertos, tenemos el deber de nombrarla.

Una fractura estructural: ya no confiamos igual

Durante años, los migrantes aprendimos a movernos con prudencia, pero con cierta esperanza: que las escuelas eran para aprender, que los hospitales eran para sanar, que las parroquias eran para refugiarse. Este mes, muchos vimos esas certezas derrumbarse.

Las redadas no solo están rompiendo puertas. Rompen el pacto silencioso de protección que aún subsistía en ciertos espacios. El mensaje es claro: nadie está exento. Y lo más doloroso es que, desde el poder, muy pocas voces se han alzado públicamente de manera contundente y sistemática para denunciarlo.

La comunidad lo está viendo, lo está sintiendo: el silencio de muchas instituciones pesa tanto como el equipo táctico de los agentes. Pero en medio ese silencio está saliendo algo a flote: que la verdadera protección no viene de arriba, sino de los abrazos, las redes, los fondos solidarios, las ollas compartidas, los mensajes que dicen: “Si necesitas un lugar donde quedarte, ven a mi casa”; “si necesitas que alguien recoja tus medicinas, llámame”; “memoriza mi teléfono por si te llegan a arrestar”.

Esto es como un arma punzocortante que se hunde más hondo con cada día: una herida psicológica que no se ve, pero que deja marca. Este es un miedo que se hereda, que se filtra como huésped indeseable en los hogares migrantes.

Esta semana, hay niñas que han dormido con la mochila lista, por si tienen que irse con una vecina o un familiar. Hay adolescentes que faltaron a la escuela para cuidar a su madre, “por si pasa algo”. Hay padres que salieron al trabajo dejando instrucciones, nombres, números, palabras que no deberían formar parte de ninguna infancia.

La infancia migrante está internalizando un mensaje cruel: “Mi familia no es bienvenida aquí”. Ese mensaje no necesita ser gritado. Se transmite en las sirenas que se acercan, en las miradas que juzgan, en los comentarios que no disimulan el desprecio y en la certeza de que todo puede cambiar en un instante.

Este miedo se quedará. Habitará los sueños, los cuerpos, los proyectos interrumpidos. Por eso no basta desear que las redadas cesen. Habrá que acompañar espiritualmente los efectos de lo que se sembró con brutal y premeditada violencia.

¿Sanará esta herida?

Quizá un día esta herida cicatrice. Pero ¿cómo se verá esa cicatriz en el rostro de nuestra comunidad? Tal vez como una nueva lucidez: Aprendimos que nadie desde el poder va a defendernos. Ya no creemos en promesas vacías. Sabemos que habrá quienes intenten beneficiarse políticamente de nuestro sufrimiento, nos ofrecerán soluciones de campaña, discursos que nos instrumentalizan. Pero también hemos aprendido a ver a través de esa hipocresía.

Y en medio de todo, nuestra esperanza no ha muerto. Y la cicatriz, cuando llegue, no borrará la memoria. La transformará. Será una cicatriz que diga: “Aquí algo se desgarró y dolió. Pero aprendimos como resistir y levantarnos”.

La pastoral del cuidado real

Desde la fe, no podemos quedarnos callados. Esta es una crisis legislativa, sí, pero también una crisis espiritual. Porque cuando una comunidad entera es tratada como sospechosa, cuando se siembra miedo en un campo donde debería florecer la dignidad multicultural, el Evangelio nos llama a estar, a nombrar, a acompañar. No para ser héroes, sino para ser presencia fiel. Para ser testigos de cómo el Espíritu sopla donde duele. Resiste donde persiguen. Sana donde otros rompen. Y para decirle al mundo, con voz serena y firme: “Aquí estamos y seguimos siendo humanos. Seguimos siendo dignos. Seguimos siendo comunidad.”

En lo más hondo, una semilla resiste. La fe no se rinde.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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“Extranjero en este mundo (salmo 15)”, por Miguel Ángel Mesa

martes, 8 de julio de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

A veces Dios mío, Padre y Madre,
me siento un bicho raro:
no leo las intrigas de la beautiful people
en las revistas rosas,
ni veo en la televisión los reality shows,
no juego a la lotería ni a las quinielas,
no me interesa tener mucho dinero en el banco,
no me emocionan los grandes astros del fútbol,
ni los impostores de la clase política,
ni los grandes magnates
y no me dejo influenciar por las propuestas
(que solo marginan y oprimen a las personas más empobrecidas)
de la economía neoliberal.

¿Seré un ser extraño, un extranjero
en esta tierra, en este mundo?

Dijo Jesús:
«Vosotros no sois de este mundo».

No, no quiero pertenecer
a este mundo, buen Dios:
no te pido que me saques de él,
al contrario, ayúdame a entrar de lleno,
a enfangarme en el trabajo diario
por construir una tierra nueva,
pero presérvame,
que tú seas mi única herencia,
que posea solo un único capital:

Tú, porque sé que todo pasa,
sin embargo Tú permaneces
y si te mantienes a mi lado no vacilaré.

Viviré en una alegría y una paz continua,
me enseñarás el verdadero camino
que conduce a la vida y al gozo:
tu presencia misteriosa pero real en los demás,
en esta Tierra, en todo el Universo
y en lo más profundo de mí mismo.

***

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“Vivimos una memoria selectiva del olvido”, por Jesús Lozano Pino.

martes, 8 de julio de 2025
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ÉRASE UNA VEZ TRES ANCIANOS QUE DISCUTÍAN QUIEN DE ELLOS TENÍA BUENA MEMORIA.

Comparto con todos vosotros la homilía que hizo el Padre Crisanto Ebang SJ. en la Misa del Corpus. Crisanto, al que entrevisté en otra ocasión en Religión Digital, es compañero de Pastoral y de mil batallas en el colegio San José de Málaga en el que ha estado acompañándonos durante ocho años.

Este cuento está elaborado a través de un chiste que escuché hace ya tiempo, me hizo mucha gracia y lo adapté a mis homilías (Crisanto Ebang SJ):

… Érase una vez tres ancianos que discutían quien de ellos tenía una buena memoria. El primero dice: Ayer me quedé parado al final de las escaleras… y no podía recordar si acababa de subir… o si estaba a punto de bajarlas. El segundo respondió: ¡Eso no es nada! Esta mañana me senté al borde de la cama y no sabía si acababa de despertarme… o si me estaba preparando para dormir. Y el tercero, con una sonrisa, se burla de los otros dos: ¡Mi memoria está tan bien como siempre! Golpea dos veces la mesa con los nudillos mientras hablaba con sus amigos… y de repente, se queda mirando al techo con cara de susto y pregunta a sus amigos: ¿¡Quién está tocando la puerta!?

Nos reímos del cuento, de esta historia porque, en el fondo, nos vemos reflejados en ella. Pero estamos viviendo una pérdida de memoria colectiva, una amnesia grupal. Todos en algún momento hemos perdido el hilo de lo que hacemos o decimos. La memoria es frágil. Pero no solo cuando envejecemos, sino también a lo largo de nuestras vidas. En realidad, olvidamos mucho… y rápido lo importante, lo esencial. Se nos escapa entre las prisas, las notificaciones del móvil, las preocupaciones del día a día. Y sin darnos cuenta, vivimos en compartimentos estancos: el trabajo, por un lado, la familia por otro, la fe y las obras por otro y olvidamos de integrar todas las cosas.

Y así vamos viviendo con una memoria selectiva del olvido. Olvidamos promesas, olvidamos personas, olvidamos quiénes somos… Y sí: también olvidamos a Jesús.

Olvidamos que estuvo con nosotros ayer, que camina hoy a nuestro lado, y que nos espera mañana. Se nos escapa su presencia como el agua entre los dedos. Escuchamos el Evangelio y al salir de misa, ya no recordamos de qué iba. Comulgamos… pero muchas veces como quien pasa por una cola y recibe un trozo de pan sin saber lo que realmente está tomando. Y no es por maldad. Es por la pérdida de la memoria. Por olvido. Porque nuestro corazón se llena de muchas cosas… y a veces no queda espacio para lo esencial. Jesús, sabiendo esto, nos dice: Haced esto en memoria mía.” No para que lo recordemos con nostalgia, como quien hojea un álbum de fotos viejo del pasado, sino para que su vida siga viva en la nuestra. Para que cada vez que partimos el pan, algo se parta dentro de nosotros mismos.

Celebramos la Eucaristía y después seguimos igual. Sin mirar al que sufre, sin compartir lo que tenemos, sin dejarnos tocar por lo que pasa a nuestro alrededor. Vivimos la misa como un momento aislado, como si la fe fuera una isla en medio de la semana. Y sin embargo, la Eucaristía no es solo para “recordar” a Jesús… es para aprender a vivir como Él, con Él. Para que su entrega nos transforme, para que su pan nos impulse a compartir el nuestro con los demás. Para que no nos acostumbremos nunca a olvidar el hambre del otro, ni a la soledad del que está al lado. Para que miremos el mundo como lo mira Dios: con compasión, con ternura, con justicia, sobre todo con memoria.

Porque quien come del Cuerpo de Cristo no puede vivir con el corazón cerrado olvidando a los que viven a su alrededor. No puede decir “Amén” y después pasar de largo ante el hermano herido. No puede pedir “el pan nuestro de cada día” sin preguntarse si todos tienen realmente pan sobre la mesa.

La Eucaristía nos recuerda que Jesús no se ha olvidado de nosotros. Que sigue aquí. Que se parte y se reparte. Que su amor no se acaba. Que su entrega sigue viva. Que su cuerpo somos nosotros. Y que su memoria, cuando se guarda en el corazón, no se borra nunca. Tal vez hoy sería bueno preguntarnos: ¿De qué me acuerdo cuando salgo de misa? ¿A quién llevo en el corazón cuando comulgo? ¿Vivo como quien recuerda… o como quien ha olvidado?

Ojalá que, como esos ancianos del cuento, podamos reírnos de nuestras pequeñas confusiones. Pero que nunca, nunca lleguemos a olvidar quién golpea nuestra puerta, quién nos alimenta con su pan, y quién sigue amándonos hasta el extremo. Sobre todo, No olvidemos a Jesús: no vivamos como si lo hubiéramos olvidado.

Jesús Lozano Pino

Fuente Fe Adulta

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Volvieron muy contentos.

lunes, 7 de julio de 2025
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No les fue fácil;
para muchos era la primera vez
y no tenían experiencia;
quizá hubieran deseado otra compañía
para la aventura;
y los pueblos y aldeas tenían ya su fama,
unos de acogedores, otros de indiferencia.

Iban ligeros de equipaje,
con las entrañas enternecidas, aradas,
y la utopía del Reino desatada
porque portaban tu mensaje.

Y la experiencia y misión
estuvo llena e todo lo que tiene la vida
y trae la historia.

Acogida, cercanía,
casas abiertas,
mesa compartida,
descanso y despedidas…

También de risas socarronas,
de portazos y rupturas,
de hambre e indiferencia,
,y de poca sintonía.

Pero volvieron contentos,
llenos de alegría,
con la misión cumplida
y con ganas de compartir
la experiencia tenida.;
y te regalaron uno de los momentos
más gozosos de la vida.

¡Cuánto tenemos que aprender
los que nos sentimos elegidos hoy día!
Salir fuera y andar por plazas, cruces y veredas;
destilar paz… y un poco de osadía;
aligerar las pertenencias
y desbordar de alegría;
sacudirnos títulos y prebendas ;
no sentirnos en casa inhóspita;
ofrecer buenas noticias y vida
y gozar siempre en compañía.

*

Florentino Ulibarri
Fe Adulta

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De dos en dos: por qué las discípulos trabajan mejor juntos

lunes, 7 de julio de 2025
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La reflexión de hoy es de Ariell Watson Simon, colaboradora de Bondings 2.0, cuya breve biografía y publicaciones anteriores se pueden encontrar aquí.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 14º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

En la lectura litúrgica de hoy, tomada del Evangelio de Lucas, Jesús comisiona a sus discípulos, enviándolos de dos en dos a curar enfermos, proclamar el reino de Dios y preparar la región para su ministerio. No es una elección tradicional de lecturas para una boda católica, pero cuando mi esposa y yo empezamos a planificar nuestra ceremonia juntos, buscamos en las Escrituras una lectura del Evangelio que reflejara nuestra vocación como pareja queer. Finalmente, nos decidimos por el envío de Jesús a sus discípulos.

Elegimos esta historia porque refleja nuestra experiencia vocacional. Mi esposa y yo, durante nuestros años de soltería, nos comprometimos a seguir el camino de Cristo. Gran parte de nuestro discernimiento matrimonial consistió en darnos cuenta de que éramos discípulos más alegres, más equilibrados e incluso más eficaces como pareja que solos. La sabiduría popular (y la lógica básica) nos dice que «1 + 1 = 2». Pero ella y yo juntos, de alguna manera, parecemos ser tres, ya que el Espíritu Santo multiplica nuestros dones en la relación mutua. Hemos experimentado que un matrimonio cristiano lleno del Espíritu es más que la suma de sus partes. «Mejor juntos» se convirtió en nuestro lema y, con el tiempo, en el hashtag de nuestra boda. Un amigo incluso hizo un adorno para pastel con la frase «Mejor juntos» para nuestra recepción (ver foto abajo), celebrando este tema que ha resonado a lo largo de nuestra vida en común.

Mi esposa y yo trabajamos en servicio directo con personas marginadas. El sueldo puede ser pésimo, las horas largas y las necesidades abrumadoras, pero al final de un largo día, nos cuidamos mutuamente y nos arraigamos en el abundante amor de Dios. Este cuidado y ánimo mutuos nos permiten seguir adelante, y hacerlo con alegría.

Imagino que Jesús tenía estos beneficios en mente cuando encargó a sus discípulos que fueran de dos en dos. Seguramente podrían haber cubierto más terreno si cada uno hubiera emprendido una misión en solitario, pero Jesús decidió enviar a sus discípulos de dos en dos. Quizás tenía en mente la sabiduría del Eclesiastés, que mi esposa y yo elegimos como primera lectura en nuestra boda:

Mejores son dos que uno,
porque obtienen una buena recompensa por su trabajo:

Si uno de ellos cae,
El otro lo levanta.

Pero tengan compasión del que cae
y no tiene quien lo levante.

Además, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calentarán.

Pero uno solo ¿cómo puede entrar en calor?

Aunque uno pueda ser vencido,
dos pueden defenderse.

Además, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente.

(Eclesiastés 4:9-12)

Los comentaristas bíblicos han asumido durante mucho tiempo que los dúos en este pasaje son parejas no románticas de hombres heterosexuales. Pero ¿por qué? Las académicas Joan Taylor y Helen Bond han argumentado que este pasaje probablemente se refiere a parejas de hombre y mujer, que habrían tenido acceso a más esferas sociales en la cultura estrictamente segregada por género de la Judea del primer siglo. Si hombres y mujeres fueran enviados como compañeros de viaje, parece extremadamente probable que fueran parejas casadas. Esto abre dos caminos de interpretación sobre las personas que Jesús podría haber emparejado históricamente para la misión: parejas heterosexuales casadas o parejas del mismo sexo. A caballo entre estas dos líneas, veo el camino que Dios nos ha llamado a mi esposa y a mí: una pareja del mismo sexo enviada a proclamar el reino de Dios en nuestros días.

El matrimonio que no es homosexual rara vez se reconoce, y mucho menos se celebra, como un camino vocacional válido. Pero incluso desde el primer momento en que los envió, Jesús anticipó que no todos recibirían bien a sus discípulos. Les dijo qué hacer cuando esto sucediera: sacudirse el polvo de ese pueblo de sus pies. Los estudiosos dicen que este es un gesto solemne y simbólico. Creo que también es un acto de autocuidado, una invitación a purificarse de los recuerdos ásperos de un rechazo doloroso. Cuando mi esposa y yo hemos sido rechazados, ya sea por nuestra fe, nuestra sexualidad o la intersección de ambas, a menudo siento una sensación generalizada de suciedad. Jesús dijo que, en lugar de permitir que estas irritaciones persistieran, los rozaran y los hicieran sentir impuros, los discípulos debían sacudirse el polvo públicamente. No tenían nada de qué avergonzarse, así que podían «sacudirse«, dejando atrás el juicio.

Sacudirse el polvo de los pies es un acto serio, como lo describió Jesús. Nunca lo he hecho, pero he intentado sacudirme la arena de las sandalias al salir de la playa. Es una torpeza: pararse en un solo pie, a veces dando saltos, y en general sintiéndome tonto e ineficaz. No me imagino sacudiéndome el polvo de los pies mientras mantengo una sensación de ira justificada.

Así que, cuando leo este pasaje, prefiero pensar en «sacudirnos de encima» con la desenfrenada libertad de estar en una pista de baile. Me imagino a mi esposa y a mí rodeados de amigos en la fiesta de nuestra boda, todos bailando al ritmo de la música. Una hora antes, nuestra ceremonia había proclamado que «estamos mejor juntos«, fortalecidos por nuestra unidad para vivir el Evangelio. Ahora, era el momento de liberarnos de la vergüenza y el estigma que nos impone una sociedad homofóbica. Estábamos sudorosos, libres y sin vergüenza, cantando al ritmo de la exitosa canción de Taylor Swift:

«Y los que odian van a odiar, odiar, odiar, odiar, odiar…
Cariño, solo voy a sacudirme, sacudirme, sacudirme, sacudirme
Me sacudo, me sacudo«.

Cuando Jesús envió a sus discípulos de dos en dos, lo hizo en el contexto de una comunidad mucho mayor de 72 seguidores que hacían la misma obra, en sus propios caminos. Este es el valor de las amistades y aliadas queer: cuando nos reunimos en bodas, graduaciones, ordenaciones y celebraciones del orgullo, nuestra presencia reafirma el llamado de cada una. Juntos nos desprendimos de lo que nos rodea. Juntos encontramos nuestra fuerza como comunidad. En verdad, juntos somos mejores.

—Ariell Watson Simon, New Ways Ministry, 6 de julio de 2025

Fuente New Ways Ministry

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¡Poneos en camino!

domingo, 6 de julio de 2025
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Pobreza evangélica

No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada;
no callar nada.

Solamente el Evangelio, como una faca afilada.
Y el llanto y la risa en la mirada.
Y la mano extendida y apretada.
Y la vida, a caballo dada.

Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada,
para testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y “mais nada”!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental,
Editorial Sígueme, Salamanca 1971

***

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

“La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies.

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino.

Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa.” Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.

Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario.

No andéis cambiando de casa. Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: “Está cerca de vosotros el reino de Dios.”

Cuando entréis en un pueblo y no os reciban, salid a la plaza y decid: “Hasta el polvo de vuestro pueblo, que se nos ha pegado a los pies, nos lo sacudimos sobre vosotros. De todos modos, sabed que está cerca el reino de Dios.”

Os digo que aquel día será más llevadero para Sodoma que para ese pueblo.”

Los setenta y dos volvieron muy contentos y le dijeron:

“Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre.”

Él les contestó:

– “Veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad: os he dado potestad para pisotear serpientes y escorpiones y todo el ejército del enemigo. Y no os hará daño alguno.

Sin embargo, no estéis alegres porque se os someten los espíritus; estad alegres porque vuestros nombres están inscritos en el cielo.

*

Lucas 10, 1-12. 17-20

***

 

Si yo, queridos hermanos en la fe, he sido enviado a vosotros para proclamar que Jesús ha resucitado y es el único Rey y Señor; si yo, que he sido llamado a ser vuestro obispo, he sido encargado de despertar la aurora que os duerme ya en el corazón […], ¿quién llevará este anuncio de esperanza a los «otros», a esa porción del pueblo que no coincide ya con el perímetro de la Iglesia, a esos a quienes los valores cristianos ya no les dicen nada? ¿Quién hará llegar la Buena Noticia de Cristo a tantos hermanos que, trastornados por los problemas de la supervivencia y del trabajo, ya no tienen tiempo para pensar en el Señor? […] ¿Quién llevará este anuncio de salvación a tantas personas generosas que no son capaces de atravesar los confines del inframundo y se baten sólo por una justicia sin trascendencias, por una libertad sin utopías, por una solidaridad sin parentescos? ¿Quién gritará el grito de liberación que nos ha traído Cristo en el corazón de tantos jóvenes extraviados que, en su ineludible necesidad de felicidad, buscan respuestas en las ideologías, en la fascinación del nihilismo, en las alucinaciones de la violencia, en el paraíso de la droga? ¿Quién pondrá una brizna de esperanza en el pecho de tanta gente desesperada, envilecida por las miserias morales, derrotada, marginada, para quien Jesús es un forastero, la Iglesia una extraña y el Evangelio sólo un jirón de recuerdos infantiles?

¿Deberé ser sólo yo, vuestro obispo, quien asuma esta tarea tan gravosa respecto al mundo? De ninguna manera. Pero no porque yo no tenga que hacerla. No porque se trate de una empresa que supere mis capacidades y produzca desaliento no digo a mi pobreza, sino incluso a la audacia de los más fuertes. Es sólo porque esta tarea corresponde a todo el pueblo de Dios. Es porque hoy un anuncio de esperanza sólo se vuelve creíble cuando lo ofrece una comunidad que vive en comunión y no por un individuo que juega con las palabras y se ejercita con la academia.

La gente empieza hoy a dudar de los jefes carismáticos. El oficio del «líder» ya no se sostiene, y menos aún en la Iglesia. Nos corresponde, por tanto, a nosotros, a todo el pueblo de los bautizados, depositarios de la esperanza cristiana, pasar por los caminos del mundo y proclamar juntos: «Valor, no te deprimas si adviertes que se reagudizan viejas angustias. Si te espanta la soledad del camino y la indiferencia de tus compañeros de viaje. Si experimentas los escalofríos de viejos delirios y de nuevos miedos. Si te oprime la oscuridad de la noche que no termina nunca… No te desanimes, porque aún no se ha dicho la última palabra. Levántate y camina con nosotros. O, al menos, intenta mirar en nuestra misma dirección. Al fondo hay una luz. Y hay un Hombre que, a pesar de todo, es capaz de presentarte el trecho de camino que te queda, por largo o corto que sea, como una ocasión extraordinaria para renacer».

*

A. Bello,
Vocabulario de comunión. Junto con el seguimiento de Cristo,,
Arluno 1991, pp. 133ss

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“Con medios pobres”. 14 Tiempo ordinario – C (Lucas 10,1-12.17-20)

domingo, 6 de julio de 2025
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Con frecuencia entendemos el acto evangelizador de manera excesivamente doctrinal. Llevar el Evangelio sería dar a conocer la doctrina de Jesús a quienes todavía no la conocen o la conocen de manera insuficiente.

Si entendemos las cosas así, las consecuencias son evidentes. Necesitaremos antes que nada «medios de poder» con los que asegurar la propagación de nuestro mensaje frente a otras ideologías, modas y corrientes de opinión.

Además serán necesarios cristianos bien formados, que conozcan bien la doctrina y sean capaces de transmitirla de manera persuasiva y convincente. Necesitaremos también estructuras, técnicas y pedagogías adecuadas para propagar el mensaje cristiano.

En definitiva, será importante el número de personas preparadas que, con los mejores medios, lleguen a convencer al mayor número de personas. Todo esto es muy razonable y encierra, sin duda, grandes valores. Pero, cuando se ahonda un poco en la actuación de Jesús y en su acción evangelizadora, las cosas cambian bastante.

El Evangelio no es solo ni sobre todo una doctrina. El Evangelio es la persona de Jesús: la experiencia humanizadora, salvadora, liberadora que comenzó con él. Por eso evangelizar no es solo propagar una doctrina, sino hacer presente en el corazón mismo de la sociedad y de la vida la fuerza salvadora de la persona de Jesucristo. Y esto no se puede hacer de cualquier manera.

Para hacer presente esa experiencia liberadora, los medios más adecuados no son los de poder, sino los medios pobres de los que se sirvió el mismo Jesús: amor solidario a los más abandonados, acogida a cada persona, ofrecimiento del perdón de Dios, creación de una comunidad fraterna, defensa de los últimos…

Entonces, lo importante es contar con testigos en cuya vida se pueda percibir la fuerza humanizadora que encierra la persona de Jesús cuando es acogida de manera responsable. La formación doctrinal es importante, pero solo cuando alimenta una vida más evangélica.

El testimonio tiene primacía absoluta. Las estructuras son necesarias precisamente para sostener la vida y el testimonio de los seguidores de Jesús. Por eso lo más importante no es tampoco el número, sino la calidad de vida evangélica que puede irradiar una comunidad.

Quizá debamos escuchar con más atención las palabras de Jesús a sus enviados: «No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias». Llevad con vosotros mi Espíritu.

 

José Antonio Pagola

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“Descansará sobre ellos vuestra paz”. Domingo 06 de julio de 2025. 14º Domingo del tiempo ordinario

domingo, 6 de julio de 2025
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Leído en Koinonia:

Isaías 66, 10-14c: Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz.
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
Gálatas 6, 14-18: Yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús.
Lucas 10, 1-12. 17-20: Descansará sobre ellos vuestra paz.

Primera lectura. La alegría del pueblo de Israel cuando contempla su renacer después de todas las amarguras del destierro la muestra el tercer Isaías con la figura del parto y los hijos recién nacidos que necesitan de la madre para mamar de sus pechos y recibir sus consuelos, los llevaran en sus brazos y sobre las rodillas los acariciarán. Están en la mano del Señor y como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo.

La figura de Dios Madre es muy querida para los profetas. Sin duda la experiencia familiar del padre, de la madre y de los hijos, es quizás la más admirable y comprensible para todos, cuando se quiere hablar del amor de Dios.

Cuando la Biblia habla de Dios Padre, ciertamente no está determinando el género masculino de la divinidad. Es cierto que esta denominación y esta traducción están condicionadas sociológicamente y sancionadas por una sociedad de carácter varonil. Pero, realmente, a Dios no se le quiere concebir simplemente como a un varón. Sobre todo en los profetas, Dios presenta rasgos femeninos maternales. La noción de Padre aplicada a Dios, debe interpretarse simbólicamente. Padre es un símbolo patriarcal -con rasgos maternales-, de una realidad transhumana y transexual que es la primera y la última de todas.

El profeta Oseas en el capítulo undécimo, trae uno de los textos más bellos del Antiguo Testamento. La experiencia del amor de Dios hace decir al profeta que el Señor ha ejercido las tareas de un padre-madre con el pueblo. También otros profetas presentan a Dios con características materno-paternales: un Dios que consuela a los hijos que se marchan llorando, porque los conduce hacia torrentes por vía llana y sin tropiezos (Jer 31,9); un Dios a quien le duele reprenderlos: ¡Si es mi hijo querido Efraim, mi niño, mi encanto! Cada vez que le reprendo me acuerdo de ello, se me conmueven las entrañas y cedo a la compasión. (Jer 31,20).

Esa ternura del amor de Dios queda expresada de manera inigualable en la figura de la madre:

¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pues aunque ella se olvide, yo no te olvidaré (Is 49,15).

Como a un niño a quien su madre consuela, así los consolaré yo (Is 66,13).

Realmente el pueblo se sentía hijo de Yahveh. Desde la primera experiencia salvífica de Dios en la salida de Egipto, el Señor ordenó a Moisés decir al Faraón: Así dice el Señor. Israel es mi hijo primogénito, y yo te ordeno que dejes salir a mi hijo para que me sirva (Ex 4,23). Y esa seguridad que la experiencia de Dios-Padre daba a los israelitas no les permitía sentirse huérfanos porque, si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me recogerá (Sal 27, 10).

La paternidad de Dios evocaba también una atención especial y una relación de protección de frente a aquellos que necesitaban ayuda y cuidado. Los profetas muestran la predilección de Dios por los pobres, los pecadores, los huérfanos y las viudas, en una palabra por todos aquellos que sólo podían esperar la salvación de la intervención amorosa del Padre-Madre que se preocupa más por los hijos desprotegidos y abandonados que por los demás.

Segunda lectura. En la despedida de su carta a los Gálatas, Pablo de manera muy sintética reafirma dos de sus temas preferidos. La salvación no se da por la ley, y el hombre en Cristo es una nueva criatura.

La circuncisión era una muestra clara del cumplimiento de la Ley, pero Pablo les dice a los Gálatas que la salvación no proviene de la ley sino de Cristo. Y se apoya en la Cruz, signo de ignominia para los romanos, los paganos y los judíos, que ahora es el signo de la victoria y de la salvación, y por eso Pablo se gloría en ella, como también todos los cristianos, porque de ella brota la vida.

Circuncidarse o no circuncidarse no es lo importante. Lo importante es renacer como nueva criatura. El mundo de la ley ha muerto. Ya no hay diferencia entre judíos y paganos. Ya no hay circuncisos e incircuncisos, lo único que cuenta es el hombre nuevo, el hombre que es capaz de superar la tragedia del pecado y realizar el proceso de la resurrección de Jesús, para vivir como una persona nueva.

Por segunda vez en el evangelio de Lucas, Jesús envía a sus discípulos a la misión. Ahora la época de la cosecha ha llegado y es necesario muchos obreros para recoger la mies; son setenta y dos, un número que evoca la traducción de los Setenta en Génesis 10, en donde aparecen setenta y dos naciones paganas. Jesús va camino hacia Jerusalén, el camino que debe ser modelo del camino de la Iglesia futura. Salen de dos en dos para que el testimonio tenga valor jurídico según la ley judía (cfr. Dt 17,6; 19,15).

La misión no será fácil; debe llevarse a cabo en medio de la pobreza, sin alforjas ni provisiones. La misión es urgente y nada puede estorbarla, por eso no pueden detenerse a saludar durante el camino; tampoco los discípulos deben forzar a nadie para que los escuchen pero sí es el deber anunciar la proximidad del Reino.

Este modelo de evangelización es siempre actual. Ciertamente es una tarea difícil si se quiere ser fieles al evangelio de Jesús. Muchas veces por una falsa comprensión de la inculturación se hacen concesiones que van contra la esencia del evangelio.

Cuando los discípulos regresan de la misión están llenos de alegría. Hay una expresión que merece un poco de atención: Hasta los demonios se nos someten en tu nombre. ¿Qué significado tienen los demonios? Una breve explicación del término se dará al final.

Jesús manifiesta su alegría porque se han vencido las fuerzas del mal, porque él rechaza cualquier forma de dominio, y exhorta a sus discípulos a no vanagloriarse por las cosas de este mundo. Lo importante es tener el nombre inscrito en el cielo, es decir participar de las exigencias del Reino y vivir de acuerdo con ellas (cfr. Ex 32,32).

Hay otro motivo de alegría para bendecir la Padre. Sus discípulos son una muestra de que el Reino se revela a los sencillos y humildes. No son los conocimientos lo que permite la experiencia del Reino. Es esa experiencia de Dios por medio del contacto íntimo con Jesús y su seguimiento. Leer más…

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