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6.7.25. Paz a esta casa… Misión universal cristiana (Lc 10, Dom 14 TO)

domingo, 6 de julio de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

Dos discursos misioneros tiene Lucas, Uno para los judíos, con los 12 apóstoles (Lc 9,  1-6).  Y otro para todos los pueblos de la tierra, con los setenta misioneros (Lc 10, 1-12).  El evangelio de hoy recoge el segundo discurso,  que voy a introducir en las reflexiones que siguen.

(1) Anuncio general del reino, según Mc 1, 14-15. (2) Jesús trató de paz, no de pecado y envió a sus misioneros como testigos de paz vida, sin más armas ni riquezas que su propia vida ya pacificada

(2) La palabra central de ese evangelio es: 5Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. 6Y si hay gente de paz,…

La imagen es un porta-paz que se empleaba cuando yo er niño, a fin de la misa,  para ofrecer paz a todos

| Xabier Pikaza

TESTIGOS DEL REINO (Mc 1, 14-15). CAMBIO DE MENTE

 Jesús no tiene conciencia personal de pecado, no estádominado por la angustia de la muerte, sino enriquecido por don de Dios. Pero tenía una inmensa conciencia y sufrimiento por el sufrimientos de los hombres. No salió al mundo a perdonar  pecados, sino a superar enfermedades y dolores.

Muchos profetas y “fundadores” religiosos antiguos se hallaban marcados por un fuerte sentimiento de culpabilidad, de manera que debían ser purificados (cf. Is 6, 5).  Algunos pensadores cristianos han presentado a Jesús como un profeta obsesionado por los pecados de los hombres, en sentido penitencial, intimista, como un predicador horrorizado por la maldad moral de la población, en la  línea de Juan Bautista, como si su mensaje central hubiera sido  “sois pecadores, estáis condenados, aunque añadiendo después, en vez de decir “venid al río, que yo os bautizo”, como Juan, Jesús dice, más bien, venid conmigo y nos perdonamos y amamos unos a los otros

  • 14 Después que Juan fue entregado,
  • marchó  Jesús a Galilea, proclamando el evangelio de Dios
  • 15 Y diciendo: El tiempo se ha cumplido. El reino de Dios ha llegado.
  • Cambiad de mente  y creed en el evangelio.

Ésta es la experiencia original, el principio y motor del cristianismo. La solución de los problemas que atenazan a los hombres no depende simplemente de ellos, de forma que no se encuentran condenados a buscar su salvación con obras propias, con un esfuerzo duro al servicio del cambio social o personal. Hay algo previo, hay evangelio: Dios existe y viene (está viniendo ya) para ofrecer su reino o señorío salvador para los hombres.

– Se ha cumplido el tiempo. La llegada del Reino marca la plenitud del tiempo. Juan Bautista moraba todavía al otro lado, antes de que el tiempo terminara y se cumpliera; por eso, dentro de la lógica de la profecía israelita, debía mantenerse en actitud de conversión penitencial. Pero ahora, cuando llega el reino que Jesús anuncia, el tiempo (kairos) de los hombres se ha cumplido. Nos encontramos ya del otro lado de la historia. Por eso, frente a las posibles pequeñas conversiones que sólo cambian por fuera lo que existe, dejando que en el fondo todo siga como estaba, Jesús nos ha ofrecido la mutación, es decir, el nuevo nacimiento. Dios nos hace ser, y de esa forma somos: herederos y testigos de su gracia.

-Convertíos…(meta-noeite) Dejad que Dios os cambié, que cambie vuestra forma de pensar, de sentir, de querer… Esta conversión no se expresa ya en forma de arrepentimiento y penitencia, sino en cambio de mente y vida, es decir, como meta-noia,  mutación interior y exterior, no por obra humana, sino por presencia y acción de Dios. Los nuevos creyentes del evangelio no cambian de vida por aquello que son (lo que ellos hacen), sino por lo que Dios hace en ellos. Superando el nivel previo de lucha de la vida, de acción y reacción (de obra y sanción), viene a desplegarse ahora un extenso y gozoso continente de existencia filial, hecha de gratuidad y expresada comofe en el evangelio, es decir, como acogida de la buena noticia de Dios. No es la conversión la que causa el evangelio sino al revés: el evangelio de Dios, que aceptamos por Jesús con fe gozosa, nos convierte, nos transforma, haciéndonos capaces de acoger y construir la familia mesiánica o iglesia.

-Creed en el evangelio. Frente a los principios antiguos de la vida, que son luchas por la supervivencia, fuertes envidias y estrategias de poder (como irá señalando todo el evangelio), Jesús pone a los hombres ante el principio de la fe. No se trata de creer en cualquier cosa, en ejercicio posible de autoengaño, sino de creer en el evangelio, en la buena nueva de Dios que ama a los hombres. De una vez y para siempre, en la tierra Galilea, ha venido a realizarse la mutación humana principal, el cambio que conduce de la vieja a la nueva historia. Al a venida del reino de Dios responde el hombre con fe, es decir, con el propio y fuerte asentimiento. Aceptar el don de Dios, reconocerse amado: esta es la verdad, es el poder del evangelio de Dios en nuestra vida.

Los cuatro momentos anteriores son fundamentales y se implican mutuamente. Viene Dios, ofreciendo al hombre su ser) como evangelio; por eso nos transforma por sí mismo, es decir, desde el principio de su gracia; pero es tan intenso su poder que logra transformarnos de manera humana, haciendo que nosotros mismos nos hagamos seres nuevos.

El evangelio no es anuncio de un Dios que flota por arriba, dejando que la historia de los hombres siga como estaba, sino fuerza superior e interna del Dios que ha penetrado en nuestra vida. Hasta ahora, esa actuación/presencia de Dios no podía realizarse; tenían posibilidad de ser transformados por Dios, pero no estaban dispuestova a ponerla en marcha. Tenían capacidad, pero no escuchaban, tenían posibilidad de transformarse en Dios, pero no se dejaban. Tenían necesidad de que viniera uno distinto, como Jesús, que les transformara y que ellos se dejaran transformar.

Alguien podría decir que Jesús se ha limitado a proclamar, en nombre de Dios, esta buena nueva de transformación, como un simple pregonero que habla y deja que las cosas sigan como estaban. Pero a lo largo de todo lo que sigue, iremos descubriendo que este anuncio de reino es un impulso de reino. Jesús no se ha limitado a proclamarlo, sino que lo ha expandido y desplegado como vida, ofreciéndolo con obras y palabras a los hombres de su entorno (1,14-8,26).

Jesús no ha pedido nada. No ha exigido nada. Simplemente ha querido que hombres y mujeres “escuchan” su palabra, que crean en ella, que la acepten y se dejen transformar por su ofrecimiento y su llamada. Jesús sitúa a sus oyentes en la misma actitud del Shema israelita (Dt 6, 4 ss): Escucha Israel. Esto es lo que Jesús pide a sus oyentes: Que escuchen, que se dejan transformar (recrear) por su voz, por su llamada de Evangelio. Jesús no aparece como un suplicante que implora a Dios agua para el campo, hijos para la familia, fortuna para la casa, vida para los enfermos… Simplemente ha ido en busca de Dios, con los penitentes del Bautista y ha escuchado la voz ¡eres mi Hijo! descubriendo que Dios no pide penitencia (que nos sacrifiquemos ante él), sino que nos ofrece gracia.  No nos pide nada, sino que nos da todo lo que tiene, para que seamos con él y como él.

  1. El Reino es Palabra de Dios que nos llama, dialoga con nosotros, haciéndonos capaces de palabra, conversando unos con otros. Escuchar la palabra y responde a ella, eso es el Reino. No viene a través de una victoria militar externa, sino por una palabra que nos dice que seamos. Escuchar esa palabra, eso es el Reino. de los hombres (donde aparece y se despliega la Palabra de Dios). El Reino es palabra compartida, no propaganda para comprar, publicidad comercial para vender, sino  ofrecimiento gratuito de vida, que viene de Dios y que los hombres pueden compartir, amorosamente.
  2. El Reino es curación, esto es, salud: Que hombres y mujeres puedan no sólo decir y escuchar palabras aisladas sino vivir en plenitud, compartiendo la vida. En esa línea, el evangelio identifica el Reino de Dios con la Salud, que es Vida abundante, que los hombres y mujeres aceptan como don de Dios, viviendo en transparencia, encontrando y compartiendo así vida unos en otros. Entre la Palabra y la Salud hay una conexión recíproca: la misma Palabra cura y la salud hace posible que los hombres compartan la Palabra.
  3. El Reino es encuentro de amor, presencia de Dios en los hombres/mujeres (de los hombres/mujeres en Dios), siendo así comunicación amorosa de unos con otros (en) otros. No se trata de creer unas verdades separadas de la vida, sino de vivir en fe, es decir, de “creerse”, comunicándose la vida. Ésta es quizá la nota distintiva del Reino que Jesús anuncia. Todo es de Dios (Dios es todo) y, sin embargo, los hombres y mujeres han realizarlo todo, no esperando que llegue de un modo pasivo, sino haciendo que llegue, siendo ellos mismos profetas mesiánicos, en comunicación de amor. En ese sentido decimos que todo hombre/mujer es Mesías, porque Dios actúa cada uno, de tal manera que podemos añadir que cada hombre (especialmente el más pobre) es Dios para los restantes hombres y mujeres [1].

  Jesús no es un “filósofo” que habla de Reino en teoría, ni un político que quiere instaurarlo por fuerza, sino alguien que lo anuncia y comienza a construirlo ya, aquí mismo, desde la periferia de los campesinos-artesanos de Galilea, recreando así la experiencia israelita, no a solas, sino con aquellos que quieran seguirle vincularse en Dios por su palabras

El Reino es pan: que los hombres vivan .No es sólo palabras, que los hombres y mujeres se comuniquen entre sí, sino que vivan, que compartan mutuamente la comida, no el dinero en abstracto, ni un tipo de posesiones materiales, sino el alimento de cada día, pan nuestro, que nos hace hermanos, palabra común vida que nos regalamos unos a otros.

El Reino de Dios es banquete, no alimento material, sino  comida compartida. (Lc 14, 16-24; Mt 22, 1-14; cf. Ev. Tom 64). Según un tradición antigua, Dios había preparado su comida para todos y de un modo preferente para los “buenos judíos” (representantes de unas “clases” superiores, “elegidas”). Pero, siguiendo la inspiración y experiencia del Bautista, Jesús ha descubierto que los invitados preferentes han rechazado la llamada: No han venido, ni quieren que otros vengan a compartir su banquete. En ese contexto, Jesús se ha sentido enviado por Dios para ofrecer la invitación a los “cojos, mancos, ciegos”, expulsados por razones económicas, sociales y/o religiosas (que vagan por plazas y caminos: cf. Lc 14, 21-23).

El Reino es Comunión, comida para todos, superando las fronteras de los hijos, “elegidos” de Israel, como muestra el pasaje ejemplar de la siro-fenicia que pide para su hija las “migajas” de la mesa de los hijos del reino (cf. Mc 7, 28). Avanzando  en esa línea, un nuevo pasaje afirma que vendrán personas de todas las naciones (de norte y sur, levante y poniente), para tomar parte en el banquete final, que no es comida para cuando el mundo acabe, sino para este mismo mundo, empezando por los antes excluidos (Mt 8, 11-12; Lc 13, 28).Siendo del todo israelita, el mensaje de Jesús es totalmente universal, de manera que, en último término, sólo puede expresarse y expandirse allí donde se abre a todos, empezando por los pobres.

El Reino es vida para los condenados a muerte en el mundo. He comenzado presentando el Reino como pan: que hombres y mujeres puedan comer cada día, compartiendo los dones de Dios (de la tierra) con gozo y salud.

 El hombre no ha sido creador para producir, sino para compartir. Hasta el momento actual (siglo XXI), los hombres han aprendido a producir, no a compartir y, en general, cuanto más producen menos comparten. Así sucedía ya en la sociedad urbana y comercial de Galilea, en tiempos de Jesús. Desde ese contexto se entiende la opción de Jesús, que abandona la producción de bienes materiales y deja el trabajo (pues cuanto más se progresa y produce en una línea menos suele compartirse en otra) para enseñar a compartir y compartir con más intensidad, en actitud de gracia, no sólo su palabra, sino su pan con los hombres y mujeres de su entorno. ¡Hay una producción de bienes materiales que es en realidad  una fábrica de hambre! Por eso,  Jesús no enseña a producir (¡eso ya lo sabían los hombres de su tiempo y lo saben los del nuestro!), sino a comunicar la vida en gratuidad, compartiendo así los bienes, que pueden mostrarse de esa forma como una señal de Dios.

-Un proyecto desde la pobreza. Sólo allí donde se aprende a compartir, por don de amor, no por imposición, se puede vivir en gratuidad. Eso significa que el Reino es un “regalo” que viene de Dios, pues Dios mismo es regalo que se expresa allí donde los hombres y mujeres comparten lo que son y lo que tienen, de manera que su vida y sus bienes se convierten en signo y mediación de amor. Desde ese fondo, Jesús empieza a actuar como profeta de los  campesinos desposeídos de Galilea, haciendo que ellos mismos puedan confiar (¡son hijos de Dios, herederos del Reino!) y abrir un camino de pan y amistad, no para imponerlo por la fuerza, sino para acogerlo, regalarlo, cultivarlo, de un modo gratuito. Jesús no quiere la pobreza, sino la comunión, una comunión que sólo puede surgir allí donde los hombres y mujeres superan el deseo de posesión particular e inician un camino de comunicación gratuita y creadora de vida,  desde, con los pobres, al servicio de la vida de todos.

La novedad de Jesús es que el Reino se instaura a partir de los pobres (no desde los sabios, ricos, fuertes soldados u observantes religiosos). El Reino de Dios no se impone ni realiza por la fuerza, desde arriba (a través de una victoria militar), ni se logra con más producción (por riqueza), sino que  “está viniendo” como gracia (desde Dios), a partir de los expulsados de la sociedad, allí donde ellos se acogen y aman entre sí, para abrirse, al mismo tiempo, a los propietarios (productores, sedentarios), para ofrecerles su riqueza de  Reino (curación) y recibir lo que ellos puedan ofrecerles (casa, alimento),  iniciando una experiencia de vida común, donde la producción y comunicación se vinculan mutuamente, como seguiremos indicando.

En este contexto, recreando las promesas davídicas, Jesús descubre que no hace falta un rey más poderoso (para imponerse sobre todos), ni un propietario más productor y un rico más rico (fabricando comida para todOs),  pues el Reino empieza a desplegarse desde el amor de los más pobres (campesinos sin campo, artesanos sin “arte”, prescindibles), portadores de una vida/salud que ellos ofrecen a los ricos/productores y lo hacen de tal forma que éstos puedan y quieran acogerles, poniendo su posesión y producción al servicio de todos.

En ese sentido, el reino es perdón, la  vida como regalo, más que como ley. No llega a través de la toma de poder  de los ricos/poderosos (ni de pobres que toman el poder, como han querido algunos celosos), pues Dios no es poder, ni de unos, ni de otros, sino impulso de amor que proviene de los más pequeños  que pueden sanar a ricos, a fin de que todos vayan en comunión con todos [2].

COMO JESÚS. MISIONEROS PORTADORES DE PAZ

Juan Bautista esperaba y preparaba a los hombres para el paso del desierto a la tierra prometida, por medio del Juicio (hacha, huracán, fuego), pues parecía que el pecado dominaba sobre el mundo. Jesús, en cambio, sabe que el mundo es de Dios, no del pecado y que el tiempo (kairós) del pecado se se ha cumplido, de manera que el Reino (basileia) ha venido y está ya presente. Por eso invita a sus oyentes a que crean, es decir, a que acepten la buena noticia (Evangelio), dejándose cambiar por ella, pues el impuso de vida es la gracia de Dios, no el pecado.

– Jesús no tiene conciencia personal de pecado, no estádominado por la angustia de la muerte, sino enriquecido por don de Dios. Muchos profetas y “fundadores” religiosos antiguos se hallaban marcados por un fuerte sentimiento de culpabilidad, de manera que debían ser purificados (cf. Is 6, 5).  Algunos pensadores cristianos han presentado a Jesús como un profeta obsesionado por los pecados de los hombres, en sentido penitencial, intimista, como un predicador horrorizado por la maldad moral de la población, en la  línea de Juan Bautista, como si su mensaje central hubiera sido  “sois pecadores, estáis condenados, aunque añadiendo después, en vez de decir “”venid al río, yo os bautizo”, como Juan, dice, más bien, venid a mí que yo os perdono.

(b) Posiblemente él tenía conciencia de pecado  cuando era discípulo de Juan y esperaba su bautismo (cf. Mc 1, 9).Pero, habiendo  recibiendo  el bautismo de Juan,, tras haber escuchado la palabra de Dios que le “engendra” diciéndole “tú eres mi Hijo”, Jesús  ya no tienes conciencia de pecado. Dios no le ha dicho “antes eras pecador” pero yo te he perdonado, sino que le dice “tú eres mi hijo, en ti me he complacido”. Por eso es desde ahora y para siempre, Jesús es  un hombre de paz, de manera que sus discípulo, compañeros, han de ser también portadores de paz En esto se distingue radicalmente el bautismo de Jesús de la experiencia de nacimiento profético de Isaías, conforme a la cual Dios le dice “ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado” ( וסר עונך וחטאתך תכפר Is 6, 8). Isaías es un perdonado, conforme al rito de expiación de Lev 16. Jesús, en cambio, es un amado, que nace del amor de Dios, sin pecado.

(c) No teniendo conciencia de pecado, en sentido moralista, Jesús no ha centrado su misión en el ofrecimiento de perdón por el pecado, sino en el ofrecimiento  y despliegue de paz como principio y contenido del reino. No va diciendo a los hombres “Dios os perdona”, sino ¡paz con vosotros, llega el Reino. Jesús no ha tenido señales de angustia o sentimiento de culpa ante Dios, ni ha ido por Galilea perdonando de un modo “altivo” (por superioridad)  a otros hombres y mujeres diciendo “yo os perdono” situándose así por encima de ellos) Éste no es un dato “moralista” secundario sino el elemento “teológico” esencial de la vida y mensaje de Jesús, que ha superado el nivel moralista y penitencial de Isaías y de Juan Bautista (para perdón de los pecados), iniciando así una misión de amor (de nuevo nacimiento, curación y vida), en paz que es amo por encima de los pecados. En ese sentido, lo que llamamos “perdón de Jesús”, no ha de entenderse en sentido penitencial (de arrepentimiento y cambio externo, sino en sentido filial de “nuevo” o más alto nacimiento.

(d) Este mensaje y camino superior de paz (nuevo nacimiento) de Jesús se sitúa por encima del nivel penitencial del templo de Jerusalén, con sus sacrificios expiatorios y sus rituales sacrificiales. En ese sentido debemos entender el mismo Padrenuestro, que en su versión original no dice “perdona nuestros pecados (ἄφες ἡμῖν τὰς ἁμαρτίας ἡμῶν: Lc, 11, 12,), sino “perdona nuestra deudas” (ἄφες ἡμῖν τὰ ὀφειλήματα ἡμῶν: Mc 6, 12). El templo era por entonces una inmensa “máquina” sacrificial y  clerical de perdonar pecados… Pero  Jesús no va al templo, para dejarse perdonar, ni para perdonar a otros a través de esa máquina de sacrificios, sino que vive y expresa el perdón en casas, campos y  caminos, acogiendo, dialogando, dejándose querer y queriendo, ofreciendo así una terapia de vida/perdón por la que enseña a los hombres y mujeres a quererse y perdonarse mutuamente, en gratuidad, superando todas las “deudas”. Jesús no dice a los ·pecadores” “yo” os perdono, insistiendo en su yo, como si él pudiera perdonar y los otros no… (casos como el de la adúltera de Jn 8 o el paralítico de Mc 2, 5 par han de entenderse de un modo especial), sino mostrando que Dios  ha confiado a los hombres la autoridad y gracia del perdón (Mt 9, 7; en otra perspectiva, cf. Jn 20,21-23).

 Este mensaje de perdón de Jesús no es una enseñanza más, entre las enseñanzas de los escribas judíos de su tiempo, ni un elemento del mensaje de Jesús entre otros, sino la raíz y el argumento central de su enseñanza, que la tradición de los evangelios ha vinculado a su bautismo (Mc 1, 9-11 par). Éste es el gran cambio, el nacimiento mesiánico de Jesús como “hijo de Dios”, nacido en la historia de los hombres.

Todo lo anterior forma parte de su vida como israelita, discípulo de Juan, compañero suyo en el desierto del Jordán junto al río.  Como un israelita ha venido Jesús para bautizarse en río de Juan Bautista. Parece uno más entre todos los que vienen, y como uno más le acoge y bautiza Juan.   Pero lo que entonces comienza es totalmente distinto.

Estando ya mi casa sosegada

Tras haber sido Bautizado (Mc 1, 9) y haber salido del agua penitencial, habiendo cumplido y superado el camino  de arrepentimiento israelita, Jesús queda integrado en el amor gratuito de Dios, que es vida  y nuevo nacimiento, amor mutuo, por encima incluso de todas las deudas a las que puede aludir Mt 6, 12, conforme al lenguaje de la iglesia (Rom 3, 8-10), donde ya no hay deudas, sino que todo es gratuidad.

 Jesús descubre al Dios Padre, que le llama Hijo, afirmando que ha puesto en él sus complacencias, concediéndole su Espíritu Santo, para transformar en palabra y amor la vida de los hombres. De un modo consecuente, agradeciendo al Bautista su enseñanza de juicio y de muerte y enfrentándose al poder diabólico, Jesús vuelve a Galilea, su tierra, para anunciar con-versión (meta-noia), pasando de la amenaza de pecado  a la promesa de vida, como ofrecimiento de paz (Mc 1, 12-15).

Esta es la palabra clave del segundo mensaje misionero de Lucas. El primero (Lc  9, 1-6), dirigido los 12 “apóstoles”, para los judíos,  está tomado de Mc 6, 6-13 y se centra en la curación de enfermos endemoniados y en el anuncio del Reino de Dios. El segundo (Lc 10, 1-12), reelaborado a partir del documento Q (cf. Mt 10, 7-16), está dirigido a los setenta discípulos de la misión universal de Jesús, tras la pascua, en una línea más paulina y   contiene las palabras más significativas del evangelio, centradas en la “paz” :

 2Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies…

  • 4No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias; y no saludéis a nadie por el camino.
  • 5Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”.
  • 6Y si hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros.
  • 7 Quedaos en la misma casa, comiendo y bebiendo de lo que tengan…9curad a los enfermos … y decidles: “El reino de Dios ha llegado a vosotros” (Lc 10, 2-9).

           Esta es la palabra y misión central: Ofrecer la paz con vuestra propia vida, más que con teoría. Si no reciben la paz, si no la aceptan, no la perdáis vosotros. Quedad en paz y salid, buscando nuevos lugares donde ofrecer la paz de de Jesús, que es paz de la humanidad entera vida.

NOTAS

[1] Cf.  Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños (Mt 25,31-46), Sígueme, Salamanca 1984.

[2] A través de la toma de poder religioso, económico o militar no llega el Reino de Dios, sino un tipo de imperio que termina imponiéndose al fin sobre todos, para hacerles sus esclavos. El Reino implica pan (abundancia de bienes), pero no un pan que se produce y ofrece a todos por presión social, vinculada al “poder”, sino un pan de gratuidad, que los hombres y mujeres pueden compartir, desde los más pobres, todo aquello que son y tienen, abriendo un camino que culmina en la Cena de Jesús, Mc 14, 25

***

6.7.25. Dom  14 TO. Nueva misión cristiana: Cuando entréis en una casa…


Presenté ayer el tema, comentado el evangelio del domingo (Lc 10) en el que Lucas describe la segunda misión cristiana, la de los  70 misioneros, para todo los pueblos del mundo.

Esta es una misión dirigida a las familias como grupos de convivencia y vida, y no a personas por aislado.  Es una misión centrada esencialmente en la paz, no en un tipo de cambio interior meramente espiritualista. Así dice su párrafo central: 

-Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz….  

No se trata de cambiar personas separadas, sino de recrear las relaciones humana (familias, casas, comunidades de experiencia y camino de vida compartida). Esta misión de los 70  no pretende curar a individuos aislados, sino crear comunidades de diálogo y amor mutuo, superando la guerra..

Lo contrario al cristianismo no son personas incrédulas  en sentido subjetivo, sino comunidades humanas que no viven en paz. superando en comunión la guerra.

| Xabier Pikaza

Introducción

La nueva misión cristiana del siglo XXI ha de ser como quería el Papa  Francisco “misión de familias, de los antiguos y nuevos grupos sociales en línea sinodal, no para conservar sin más las relaciones que hay (en una vía en parte  muerta), sino para crear desde Jesús nuevas vías de familia y de comunicación universal humana

Sirvan estas reflexiones de introducción al tema. Dentro de dos días seguiré, pues quedará sin duda materia pendiente.

    Por naturaleza e instinto los vivientes nacen dentro de un nicho ecológico, que ellos pueden adaptar por instinto: “Las zorras tienen madrigueras, los pájaros hacen nidos, los hombres, en cambio no tienen donde reclinar la cabeza” (Mt 8, 20):

Vienen al mundo indefensos, han de ser acogidos, cuidados y educados largos años, en familia. No tienen casa previa, han de hacerla, haciéndose a sí mismos, en un plano personal y social, cultural y religioso. Así lo ha sabido Jesús, que acepta su desamparo radical de hijo del hombre), para iniciar así su gran tarea de ser (=hacer) casa para aquellos que no la tienen.

    Esa tarea (hacer casa) vincula y define todos los hilos de la vida, desde la posesión del suelo hasta la arquitectura, con implicaciones personales, sociales, laborales y económica, siempre con el riesgo de construir sobre arenas movedizas y no sobre roca, como pasa hoy en España (Mt 7, 24-27). La casa no es un problema más, es “el problema”, como muestra la crisis sangrienta en que vivimos, con una economía desquiciada y desalmada que se muestra en la especulación (hacer casa para enriquecerse a costa de otros) y al desahucio de los pobres.

Esta tarea no se arregla con un ligero barniz ornamental, sino que necesita un toque más hondo, estructural y personal, económico y financiero, político y moraly, en el fondo, ecológico, en sentido radical humano. Ciertamente, un tipo de riqueza es importante para casa en el sentido de “haus” (mansión esteran), pero no para ser “home”, convirtiendo así la casa en hogar, espacio habitado de humanidad, en familia y amor, en acogida y ternura.

    Estamos en centro de una gran crisis de casa, casa, unos por pobreza material (errantes sin casa sobre el mundo)…, otros por exceso de riqueza, pero sin humanidad. Tal como están las cosas, la crisis en esa doble dirección no ha hecho más que empezar. O cambiamos mucho o nos destruimos. La Biblia puede ayudarnos a caminar en la buena dirección.

Israel, una casa

     Los hebreos (nómadas de estepa, emigrantes, evadidos de Egipto, cananeos pobres…) lograron superar su desamparo y construir un pueblo donde cada familia tuviera su propia casa y todos una Casa Común. Tardaron siglos, entre dificultades y crisis económicas, sociales y religiosas, pero lo intentaron, como sabe la Escritura. Creyeron ser casa de Dios y en parte lo fueron.

Su construcción siguió un ideal agrario de autonomía: Cada familia era y tenía una casa, con un campo propio, y estaba gobernada por un padre que mantenía unidos a los miembros del grupo (bet-ab, casa paterna), vinculados en clanes sociales más amplios, de manera que todos pudieran vivir tranquilos, cada uno “bajo su parra y su higuera” (cf. 1 Rey 4, 25), bajo un techo propio. Como garantía de unidad y justicia social, los judíos construyeron la Casa Común de Dios (el templo de Jerusalén) y desde ese trazaron las leyes del año sabático y del jubileo (que culminan en Lev 25), garantizando a todas las familias una casa y propiedad en Israel.

En principio no podía desahuciarse, ni expulsarle de su casa a nadie durante más de siete años, y además debían rescatarle (acogerle) sus familiares. De todas formas, ese ideal no logró imponerse nunca del todo (y hubo que dictar leyes de protección para emigrantes, huérfanos, viudas y esclavos sin casa), para remediar las situaciones de desamparo. No lograron ser perfectos aquellos judíos, pero lo intentaron y sus leyes sociales eran mucho más justas que las nuestras.

    A pesar de ello, en tiempos de Jesús, muchos judíos (en especial galileos) cayeron bajo la opresión de los poderes políticos y económicos vinculados al Templo y al Imperio de Roma, perdiendo sus casas “materiales”, en manos de la oligarquía dominante, perdiendo sus hogares por ruptura social y familiar, en una situación parecida a la nuestra (año 2019).

Jesús, arquitecto

Mc 6, 3 le presenta como tekton, constructor (albañil, herrero, carpintero) , y su oficio era hacer casas, como artesano subordinado, al servicio de los nuevos terratenientes ricos de las ciudades controladas por emperadores, reyes (Herodes, Antipas…) y sacerdotes (Anás, Caifás…) dedicados a la megalomanía de las grandes edificaciones (templos, puertos, palacios…), mientras los pobres perdían tierras y casas, por deudas y embargos.

Un día descubrió que su tarea no era construir más casas para el sistema económico, sino salir a la calle para iniciar una conversión-revolución de tipo social y familiar, económico y religioso, a fin de que todos pudieran tener no sólo casa-edificio  en la tierra de Dios sino casa-familia entre los hijos de Dios.

    A partir de ese descubrimiento, Jesús se liberó sin sueldo y, dejando su trabajo de tekton-constructor, se hizo arqui-tekton del Reino de Dios a fin de que  todas las familias tuvieran casa, empezando por los expulsados sociales, cojos-mancos-ciegos, leprosos-excluidos. No hizo casitas para pobres sin techo en las laderas y costas de Galilea, sino algo anterior: Les ofreció dignidad y conciencia, solidaridad y deseo de vivir, para que ellos mismos pudieran crear casa (construirla y compartirla). Su revolución tuvo dos rasgos principales:

‒ Llamó a los sin techo (nómadas de la vida, itinerantes) y los envió para curar-transformar a los propietarios ricos, que podían ser enfermos de la vida (de su orgullo y su prepotencia…). No empezó desde arriba, cambiando le economía del César de Roma con sus gobernadores y reyes. La buena nueva de la Casa de Dios (para todos) debía empezar desde los pobres, excluidos, sin-techo, portadores de una nueva esperanza de vida y casa compartida. Éste fue el oficio de Jesús “tekton” (arquitecto), constructor de casas de humanidad, abiertas a los pobres y excluíos, a los impuros  y a los niños.

‒Creyó que los ricos podrían cambiar por el testimonio y palabra de los pobres, pero no por guerra militar (como querían los celotas), por conquista armada de Jerusalén, sino por transformación social, personal…. No se trataba de controlar el poder existente (para que todo siguiera lo mismo, aunque con nuevos dueños), sino de superar una estructura de poder que expulsaba de la casa a los pobres e impedía que los ricos pudieran tener verdadera casa/hogar (fogueera, sukalde, etxea, en el sentido radical de ls palabra). Pensó que los ricos podían cambiar y construir hogares, pero sólo acogiendo a los pobres.

     Jesús, el tekton de casas materiales, al servicio del orden establecido, se hizo así arqui-tekton, constructor de una humanidad reconciliada, a partir de los pobres. Por eso criticó a los viñadores homicidas (especuladores, sacerdotes), que se habían adueñado de la “finca” para su servicio (Mc 12, 1-12). Evidentemente, esos constructores que habían tomado la viña, para construir en ella sus palacios y templos, le juzgaron y mataron, oponiéndose así a la revolución de los pobres. Pero los cristianos saben que su muerte no fue en vano y que Dios le convirtió en “piedra angular” de la nueva casa del Reino (Mc 12, 10, cita de Sal 118, 22).

    La cuestión de fondo era el Templo que debía ser “casa de oración”, es decir, de diálogo y encuentro, de fraternidad y gozo para todos, y de un modo especial para los pobres (es decir, un tipo de Parlamento, al servicio de la justicia y la igualdad). Pues bien, los sacerdotes y senadores (aliados con Roma) lo habían convertido en “cueva de ladrones” (Mc 11, 17), para legalizar sus intereses financieros, mientras los pobres, a quienes Jesús prometía el Reino, quedaban sin casa.

     No le mataron por cuestiones religiosas separadas de la vida, sino por intereses muy materiales pero, al mismo tiempo, muy humano, muy social, vinculado a la construcción de hogares de humanidad, abiertos a todos, en especial a los más pobres. Evidentemente, conspiraron contra él y le mataron los sacerdotes de Jerusalén, que habían pactado con Roma, para seguir siendo dueños de la Casa/Templo (con devotos sometidos y dinero), convirtiendo la religión en un mercado, cueva de bandidos, mientras los pobres no tenían casa familiar, como he puesto de relieve en mi Historia de Jesús (Verbo Divino, Estella 2013).

Evangelios, la casa

Los cristianos no empezaron formando una nueva religión instituida, sino una federación de casas inter-dependientes, abiertas, desde y para los pobres, creando redes de comunicación y de vida fraterna, casas-familias, impulsadas por el testimonio y presencia de Jesús, a quien descubren como resucitado. Entre los diversos grupos hubo divisiones y tendencias, pero en todos formaban una “ekklesia”, una asamblea de personas y familias, compartiendo casa y esperanza,  edificio y comida, fuego, luz, espacio de comunión donde los niños fueran recibidos…. Podríamos fijar los tipos de casas de la Iglesia primitiva (en el documento Q en los escritos de Pablo), o presentar la iglesia como casa-para-los-sin-casa (1 Pedro),  pero he querido centrarme Marcos,, que ratifican de forma solemne la experiencia de la casa cristiana.

Marcos describe la forma en que los “señores” del mundo (gobernadores, sacerdotes) mataron a Jesús para mantener su “casa” (imperio, templo) como negocio sobre el pueblo. Su visión de los seguidores de Jesús se resume en tres símbolos centrales que son Pan, Casa y Palabra, como destaqué en un libro titulado precisamente así (Sígueme, Salamanca 1998). Ese convencimiento me ha llevado a redactar un largo comentario del Evangelio de Marcos (Pan, casa y palabra, Verbo Divino, Estella 2012), poniendo como centro del mensaje de Jesús la experiencia y tarea de la casa.

Desde ese fondo se entiende la palabra y tarea central de Jesús: “Quien deje casa o hermanos… por el evangelio tendrá cien casas y hermanos…” (cf. Mc 10, 28-31).Jesús no pide a los suyos que dejen la casa por ascetismo o mendicidad, sino por el evangelio: Por comunión con los pobres, para compartirla con ellos, creando espacios de familia más amplia. El problema no era (ni es) que no haya casas (¡las hay, y muchas…!), es que no se comparten. Los ricos hacen casas para su disfrute privado, no para bien de todos.

El tema de fondo no es de pobreza, sino de participación; Jesús no quiere que sus amigos quemen casas, sino que las compartan, de manera que así se multipliquen. Ésta es su nueva contabilidad, su “mercado de Reino: No se trata de tener contra los otros (multiplicando así los millones propios), sino de tener con y para todos, disfrutando así el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas.

Un esquema de casa

Principio. Casa (oikia, oikos) es lugar de reunión y comunidad reunida. La nueva familia de Jesús, formada por hermanos/as, hijos y madres (sin padres de tipo patriarcal: 3, 31-35; l0, 29-30), aparece como casa en Marcos. Los seguidores de Jesús no son sinagoga (estancia judía de oración y estudio de la ley) ni iglesia en el sentido posterior de comunidad sagrada, sino casa y/o comunión fraterna. Frente al templo nacional israelita, construido en jerarquía sobre el privilegio de los sacerdotes, Jesús edifica la casa de Dios (cf. 12, 10-11), abierta a todas las naciones (11, 17). Lógicamente, le condenan pues ello implica la «caída» del templo israelita (11, 12-14; 14, 58; 15, 29).

Textos. Jesús ha iniciado un movimiento laical de personal que abandonan templo y sinagoga para convivir y descubrir el sentido de Dios (el mesianismo)en la casa familiar donde se juntan, dialogan y oran:

Casa de Simón y Andrés, lugar la curación (resurrección) y servicio (1, 29), frente a sinagoga «de ellos» (judíos) donde habita el hombre impuro (1, 23)

Casa de curación y perdón criticado por los escribas (2, 1-12), casa del publicano que invita a Jesús y sus discípulos, superando la ley de pureza de los escribas de los fariseos (2, 15-17).

Casa de familia donde Jesús reúne al «corro» de madres, hermanos/as, que cumplen la voluntad de Dios, superando la crítica de escribas y familiares antiguos ( 3, 20-35).

Casa del Archisinagogo que se hace creyente con su esposa, pues entra Jesús con tres discípulos y cura a la hija enferma/muerta (5, 35-43).

Casa de libertad y universalidad mesiánica (7, 17; cf. 9, 28), por encima de la ley de los escribas, con pan/curación para los gentiles (7, 24-30).

— Casa de igualdad/fidelidad matrimonial (10, 10), donde el niño es el más grande (9, 33)

Casa de Simón leproso, donde la mujer unge a Jesús para la sepultura y se anuncia (anticipa) la misión universal (14, 3-9). En esa línea se puede hablar de una casa eucarística, aunque Marcosn o llama al cenáculo casa sino habitación superior (katalyma:14, 14) donde Jesús instaura su pascua.

— Conclusión. La casa no es negocio, sino experiencia de humanidad  Una humanidad económica y políticamente enferma como la nuestra (Europa, España 2025), donde es muy difícil ganar lo suficiente para construir/comprar una casa es una injusticia estructural.  El hecho de que muchos jóvenes o menos jóvenes no puedan tender posibilidades de construir/edificar una casa constituye un problema que es más que económico y político, un problema estructurl, de humanidad.

Mateo sigue básicamente a Marcos y pone en el centro de su mensaje el tema de la casa, pero añadiendo que Jesús quiso edificar (oiko-domeô) una casa universal, dando las llaves a Pedro para que todos pudieran habitar en ella, prometiendo que nada ni nadie (ni siquiera el infierno, ni el neo-capitalismo) podría destruirla (Mt 16, 18-19). Esa ha sido su alternativa judeo-mesiánica de la casa frente a la casa judeo-sacerdotal de Jerusalén, convertida en cueva de bandidos, dando a Pedro recibió la función (a veces no cumplida) de abrir la casa de modo que todos pudieran tener cabida en ella.

Esa visión se expresa en la parábola del juicio (Mt 25, 31-46), donde el tema de la casa (los sin-casa, extranjeros…) se inscribe en un contexto más amplio de necesidades personales, familiares y sociales (hambre, sed, desnudez, enfermedad, cárcel). Centro de esas necesidades son los sin-ropa (dignidad) y de los sin-casa (xenoi, extraños), que son los que vienen de fuera (emigrantes no acogidos) y también (como en nuestra sociedad) los expulsados (desahuciados) de las casas. En contra de la injusticia actual, el centro del proyecto de Jesús es acoger (ofrecer casa) a los que, por diversas circunstancias, no la tienen.

Lucas introduce en su evangelio algunas novedades de tipo económico y social, pero ha concretado su proyecto de Reino en el libro de los Hechos, presentando desde el principio la utopía de la casa común (cf. Hech 2-4). Los primeros cristianos formaron una “federación de casas”, compartiendo la fe de Jesús y la comida. No tenían apenas estructuras exteriores, pero se reunían en las casas de los miembros (hermanos), convertidas en espacios de comunicación monetaria (¡bienes, comida!) y personal, de acogida y diálogo abierto en especial a huérfanos, viudas y sin-casa (cf. Hch 6).

    Aquí se planteó el primer gran problema de la Iglesia, que Pablo interpretó como “dogma” central del evangelio: Las comidas compartidas en las casas de la Iglesia (Hch 15; cf. Gal 2, 5.14). Algunos querían “comidas y casas separadas” (para judíos por un lado, gentiles, por otros…). Pablo, en cambio, recordó que según Jesús todos los creyentes debían ser acogidos en las casas de la comunidad, compartiendo dignidad y comida. Así entendió el evangelio en forma de relación de casa y mesa, en comunión abierta a judíos y griegos, hombres y mujeres, libres y esclavos (Gal 3, 28). El problema de la Iglesia no es de ley ni clero, sino de casa y comida.

Juan ofrece una doctrina absolutamente necesaria para entender y resolver el tema, como indicó Caifás, Sumo Sacerdote, afirmando que debía morir Jesús, para que se mantuviera el “orden de la casa”, el sistema religioso y social de la oligarquía de Jerusalén, vinculada a los romanos, que concede casas a unos y expulsa a otros (Jn 11, 47-53). Esa doctrina sigue siendo esencial en nuestro tiempo: Para que el sistema siga deben “morir” los pobres, quedarse sin casa Jesús, en cambio, murió (fue asesinado “legalmente”) porque quiso “reunir a todos los hijos dispersos” (ofrecer a todos casa-familia). Era peligroso para la Gran Casa de Jerusalén, sigue siendo peligroso.

    En esa línea avanza la exigencia suprema de Jesús, que es de transparencia. El sistema de poder se mantiene por mentira y ocultamiento: Unos saben, a otros se les niega el saber; unos pueden, a otros se les quita el poder; unos tienen grandes casas, otros son expulsados de ellas. Pues bien, para invertir esa situación, Jesús propone un remedio: ¡Que todo se sepa! (Jn 15, 15). Ése es también hoy el principio de la solución: ¡Que se sepa quién manipula las casas, quien roba, quien excluye, de manera que empiece ya aquí el juicio de Mt 25, 31-46! Sólo donde se sepa y se diga en todas las plazas quiénes y cómo expulsan a los otros de las casas podrá iniciarse un camino de renovación.

Nosotros, una encrucijada económica…

    Nuestro tiempo (2025) se parece en muchos rasgos al de Jesús. (a) Los poderes especulativos (ceo-capitalismo, bancos), manejando al Estado, han empleado parte del capital para construir casas, no para bien de la gente (¡que pueda vivir!), sino para ganancia propia, subiendo el precio y creando una inmensa burbuja inmobiliaria y financiera… Por otra parte están los cientos de miles y millones de migrantes sin casa, que vagan por mares desiertos y fronteras buscan un lugar donde puedan ser acogidos y crear una cas..

 (b) Una parte considerable de los que han comprado las casas en esas condiciones, con grandes hipotecas, tienen dificultades en pagarlas y corren el riesgo de perderlas (ser desahuciados). La solución tiene aspectos políticos, sociales y económicos que desbordan mi planteamiento. Pero la Biblia (mensaje de Jesús) ofrece al menos dos indicaciones significativas:

  1. La situación es escandalosa y anti-cristiana, en ella están implicadas las mismas iglesias oficiales (parecidas al templo de Jerusalén, que Jesús rechazó). Este escándalo ha surgido (al menos en España) en una sociedad de catolicismo básico (nacional-catolicismo), pero la Iglesia oficial no ha tenido la lucidez de verlo ni la valentía de condenarlo. Será tiempo de que lo haga…. Y en el fondo sigue siendo escandalosa la riqueza de algunos que no tienen más casa que el capital, ni más hogar que la fuerza
  2. La solución no es sólo el cristianismo, pero los cristianos ten mucho que decir y proponer, en la línea del mensaje de Jesús: O sabemos presentar el evangelio como experiencia y tarea de “casa compartida”, o terminaremos haciendo su mensaje y la misma Iglesia se vuelva irrelevante. ¿Si la sal se vuelve insípida con qué se salará? (Mt 5, 13).
  3. Este es un problema de nueva construcción de hogares‒casas de evangelio… Con una iglesia que sea casa abierta para los sin casa, con casas que sean hogares para los ricos, que habitan en ellas y acojan a otros… Esta es la situación creada para miles y miles (millones) sin techo, si casa material y su casa humana.

Pero el tema es mucho más que de economía. Seguiré  mañana

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“Tres personajes muy distintos”. Domingo 14 Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 6 de julio de 2025
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Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El verano (en España) con sus olas de calor no se presta a grandes reflexiones teológicas. Además, los tres textos de este domingo van cada uno por su cuenta. Pero nos ponen en contacto con tres personalidades muy distintas e interesantes.

Un profeta demasiado optimista: Jerusalén y Gaza (Isaías 66,10-14)

            Recuerda las imágenes que has visto de Gaza: ruina total, niños hambrientos, madres desesperadas… Jerusalén durante los siglos VI y V a.C. también estaba en ruina y, además, vacía. Su población había sido deportada a Babilonia, había huido a Egipto o se había dispersado por las regiones vecinas.

En este contexto, un profeta proclama su mensaje utópico, centrado en la vuelta de los hijos a su madre: la mayor alegría para Jerusalén y el mayor consuelo para los desterrados. El profeta también habla de la paz y la riqueza que inundarán la ciudad. Un mundo maravilloso de alegría, consuelo, paz y esplendor.

¿Cómo se consigue? ¿Qué deben hacer los judíos? Según este poema, nada. Todo lo hace Dios. Es él quien hace derivar hacia Jerusalén la paz y la riqueza de las naciones; es él quien consuela. Es él quien manifiesta a sus siervos su poder (su mano), como dice la última frase del poema.

Vuelve la mirada a Gaza. El único que ha propuesto una solución es Trump, que desea convertirla en una ciudad turística. Netanyahu prefiere seguir bombardeándola. ¿Habrá algún profeta capaz de consolar  a los gazatíes? ¿Servirá de algo su consuelo?

Festejad a Jerusalén, gozad con ella, todos los que la amáis,

alegraos de su alegría, los que por ella llevasteis luto.
Mamaréis a sus pechos y os saciaréis de sus consuelos,

y apuraréis las delicias de sus ubres abundantes.
Porque así dice el Señor:

«Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz,

como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones.
Llevarán en brazos a sus criaturas y sobre las rodillas las acariciarán;

como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo,

y en Jerusalén seréis consolados.
Al verlo, se alegrará vuestro corazón,

y vuestros huesos florecerán como un prado;

la mano del Señor se manifestará a sus siervos.

Un judío rebelde: Pablo (Gálatas 6,14-18)

            En algunas instituciones y colegio se ha propuesto (incluso llevado a cabo) suprimir los crucifijos. En tiempos de Pablo eso no era problema porque no existían. El buen israelita (y muchos cristianos de origen judío) no presumían de llevar una cruz al cuello sino de estar circuncidados. Esa era la garantía de pertenecer al pueblo de Dios y de hallarse en buena relación con él. Pablo, circuncidado a los ocho días, terminó convencido de que la circuncisión no sirve de nada. El único que salva es Jesús al morir por nosotros. La cruz de Cristo es su único motivo de gloria. Y los que se pasan el día hablándole de lo maravillosa que es la circuncisión, que hagan el favor de dejarlo tranquilo.

Hermanos: Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo. Pues lo que cuenta no es la circuncisión ni la incircuncisión, sino la nueva criatura. La paz y la misericordia de Dios vengan sobre todos los que se ajustan a esta norma, también sobre el Israel de Dios. En adelante, que nadie me moleste, pues yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con vuestro espíritu, hermanos. Amén

Un optimista realista: Jesús (Lucas 10,1-12)

            [La liturgia ofrece la posibilidad de elegir una lectura breve. Es la que sigo].

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir él. Y les decía:

‒ La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. ¡Poneos en camino!

Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. 

Cuando entréis en una casa, decid primero: «Paz a esta casa.» Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa.

Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios.» 

Jesús lleva tiempo dedicado a la actividad misionera, pero quiere que sus discípulos se entrenen para sucederlo. Según Mateo, envió a los Doce para esa tarea, dándoles antes una serie de instrucciones. Lucas, que escribe hacia el año 80, cuando el cristianismo se ha difundido por el imperio romano, sabe que la expansión del evangelio no ha sido sólo obra de los Doce sino también de otras muchas personas anónimas. E introduce un cambio muy importante: el discurso que Jesús dirige a los Doce en el evangelio de Mateo, en Lucas se lo dirige a setenta y dos (6 x 12, un número simbólico).

Curiosamente, lo primero que deben hacer es rezar para que el Señor envíe operarios a su mies. El dueño de la mies no es Dios Padre, sino el mismo que Jesús, que les ordena ponerse en camino. Con una advertencia y unas órdenes.

La advertencia: no van a una labor fácil ni agradable. Van como corderos en medio de lobos. El peligro no es la dentellada que provoca la muerte sino la que desprestigia y tira por tierra el mensaje del evangelio. El imperio romano estaba repleto de grupos y predicadores religiosos parecidos a muchos de los actuales que utilizan la religión como forma de ganarse la vida. Por eso, la mejor forma de evitar las dentelladas de los lobos es llevar una forma de vida totalmente pobre y austera: No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias. La talega hace referencia al dinero, la alforja al alimento, las sandalias al vestido.

Luego añade unas palabras que sólo se encuentran en Lucas: «no os detengáis a saludar a nadie por el camino». Eso mismo le dijo el profeta Eliseo a su criado Guejazí, un día que lo envió a una misión urgente (curar al hijo de la sunamita). Lucas, que conocía el Antiguo Testamento de memoria, pensó que este momento era el adecuado para poner en boca de Jesús las mismas palabras. La misión de los discípulos es urgente, no se puede perder el tiempo charlando a mitad de camino.

¿Qué hacer cuando llegan a un pueblo o aldea? Jesús concede una importancia capital al alojamiento, insistiendo en no cambiar de casa. Probablemente refleja su experiencia personal; y Lucas, la de los primeros misioneros. Cambiar de casa puede provocar muchos celos y tensiones.

Las palabras siguientes resultan extrañas en este sitio: Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: «Está cerca de vosotros el Reino de Dios.» Los discípulos ya habían llegado a un pueblo y habían sido bien acogidos por una familia, que les da de comer. Si Lucas hubiera escrito con ordenador, quizá hubiera marcado bloque, cortado y pegado, cambiando el orden de las frases. O quizá no, porque este orden ilógico deja para el final, dándole mayor importancia, la misión de los discípulos: curar a los enfermos y anunciar la cercanía del Reino de Dios.

El contraste entre la lectura de Isaías y el evangelio

El mundo utópico de Isaías, el esplendor de Jerusalén, se realiza sin esfuerzo alguno, por pura obra de Dios. En cambio, el mundo utópico que predican Jesús y los discípulos conlleva mucho sacrificio y esfuerzo. Además, es un mensaje que puede ser rechazado, como le ocurrió al mismo Jesús en Corozaín y Betsaida.

Además, esos discípulos enviados a la misión no son un grupo de selectos. Todos hemos conocido gente que nos ha hecho gran bien desde el punto de vista humano y cristiano, que nos han anunciado el Reino de Dios. Y también nosotros hemos llevado y debemos llevar adelante esa tarea, a veces dura, y muchas veces con sensación de fracaso. Pero esto no es motivo para dejar de esperar en el triunfo de la utopía.

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Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 06 Julio, 2025

domingo, 6 de julio de 2025
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«…el Señor designó a otros setenta y los envió por delante». fragilidad

(Lc 10, 1-12.17-20)

Jesús tiene urgencia por anunciar el Reino y se decide a compartir su misión personal con un grupo a quienes envió delante de él. Los seguidores de Jesús somos camino en el Camino, casa en Casa y alegría en la Alegría. Jesús nos habla de ser cauces, puentes de CORRESPONSABILIDAD,  COMUNIÓN, pero antes nos instruye desde el espíritu del amor. Nos advierte de las dificultades, al mismo tiempo que nos abre el camino de la confianza.

La mies es abundante”: nos habla  de que hay mucho trabajo por realizar, pero no nos dice que nos estresemos y agobiemos, sino que roguemos para que nos envíen ayuda.

Rogad por tanto al dueño de la mies”: en una sociedad de la inmediatez, donde cada vez somos más autosuficientes, Jesús nos ruega que oremos, que pidamos al Padre, que seamos pequeñas y humildes, sabiendo que nuestra fuerza es LA CONFIANZA en Dios.

Que envíe obreros”: esto somos los seguidores de Jesús, obreros, personas que trabajamos un campo que no es nuestro. Hij@s que descubren el Reino del Amor y no solo entregan su tiempo, sino  su Vida entera. No nos pertenecemos porque no somos pagados con dinero sino retribuidas con Amor, y el Amar de Dios es calidad.

Y nos envía como corderos en medio de lobos”: nos habla de vulnerabilidad, de fragilidad, y así somos los seguidor@s de Jesús, pequeñ@s, frágiles  pero sabemos que  la fuerza se realiza en la debilidad. Solo en lo pequeño, en lo frágil y vulnerable Dios actúa, porque ahí es donde nos dejamos acariciar. En lo grande y perfecto, Dios no tiene espacio, se queda fuera.

Oración

Padre, ayúdanos a entregar la vida por el Reino desde nuestra fragilidad.

Descúbrenos el valor de despertenecernos

para ser camino que otr@s transiten hacia Ti.

 

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El llevar a los demás el Evangelio es connatural a vivirlo.

domingo, 6 de julio de 2025
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DOMINGO 14º (C)

Lc 10,1-12; 17-20

En el relato se puede apreciar que se trata de un claro reflejo a lo que se practicaba en las primeras comunidades. En ningún evangelio se percibe un grado de organización suficientemente sólida como para llevar a cabo una programación como esta. Por otra parte, los seguidores de Jesús no se enteraron de nada hasta la experiencia pascual.

De todas formas, las recomendaciones son una mina para conocer la estructura de las primeras misiones comunitarias. “De dos en dos, porque para los judíos la opinión de uno solo no tenía ningún valor en un juicio, y los misioneros son, sobre todo, testigos. También, porque el amor exige por lo menos dos para ser vivido y proclamado.

Poneos en camino”. La itinerancia es la clase de vida que eligió Jesús cuando se decidió a proclamar la buena noticia. El anuncio no se puede hacer sentado. Seguir a Jesús exige una dinámica continuada. Nada se puede comunicar desde una cómoda instalación personal. La disponibilidad y la movilidad son exigencias básicas del mensaje.

Os mando como ovejas en medio de lobos”. Cuando se escribieron los evangelios, las primeras comunidades cristianas estaban viviendo la oposición, tanto del mundo judío como del pagano. Esa oposición no impidió el desarrollo de la misión de predicar.

Ni talega ni alforja ni sandalias”. La pobreza es signo del abandono de toda seguridad. Significa no confiar en los medios externos para llevar a cabo la misión. Se trata de confiar solo en Dios y el mensaje. Tenemos obligación de utilizar al máximo los medios que la técnica proporciona, pero no debemos poner nuestra confianza en ellos.

No os detengáis a saludar a nadie por el camino”. No se trata de negar el saludo a nadie. En aquella cultura, el saludo llevaba consigo un largo ceremonial que podía durar horas o días. Esta recomendación quiere destacar la urgencia de la tarea a realizar.

Decid primero: ¡Paz! Nuestro concepto de paz no expresa lo esencial. “Salom” no significaba ausencia de problemas y conflictos, sino la abundancia de medios para que un ser humano pudiera conseguir su plenitud humana. Llevar la paz es proporcionar esos medios que hacen al hombre sentirse a gusto e invitado a humanizar su entorno.

Comed y bebed de lo que tengan”. Lo más difícil es aceptar la dependencia de los demás en las necesidades básicas, no poder elegir ni lo que comes ni con quien comes. Muchos intentos de evangelizar han fracasado por no tener esto en cuenta.

Curad. Seguimos dando demasiada importancia a la salud corporal. Curar en este contexto, significa ayudar a un ser humano alcanzar su plenitud. Curar significa alejar de un ser humano de todo lo que le impide ser él. Las mayores carencias no son materiales.

El Reino está cerca”. Ni teología, ni apologética, ni ideología. Lo único que un ser humano debe saber es que Dios le ama. Dios es (está) en ti. Descúbrelo y lo tendrás todo. El que proclama el Reino de Dios, tiene que manifestar que pertenece a ese Reino. Tiene que responder a las necesidades del otro. Tiene que estar dispuesto al servicio. No debe exigir nada, ni siquiera la adhesión. Tiene que limitarse a hacer una oferta.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El sueño de Dios

domingo, 6 de julio de 2025
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Lc 10, 1-20

«El Señor designó a otros 72 y los mandó por delante»

Decía José Enrique Ruiz de Galarreta, que «el sueño de Dios no puede ser la raquítica salvación de media docena de perfectos, sino que es toda la creación, realizada y perfecta, lo que constituye el sueño de Dios; su proyecto; el Reino». Consecuente con esa idea, José Enrique definía la humanidad en los siguientes términos: «Una comunidad de Hijos queridos por Dios que sólo amándose como hermanos podrá realizarse».

Si concebimos así la historia –como proyecto de Dios– podremos entender dos aspectos cruciales para nuestra vida. El primero, que caminamos hacia esa plenitud individual y colectiva que constituye el Reino, es decir, hacia un mundo libre de las pasiones que lo deshumanizan.

El segundo, que los protagonistas de la última etapa del camino somos nosotros; que Dios ha confiado en nosotros, ha puesto en nuestras manos su proyecto y nos ha dotado de tal grado de inteligencia y de libertad, que tenemos de hecho la capacidad de culminarlo… o malograrlo; de tomar el camino que lleva a la meta… o tomar otro y vernos condenados a vagar por la historia desorientados y sin llegar a ninguna parte.

Y esta disyuntiva es la que nos lleva a Jesús, pues Jesús se sintió enviado por Dios para marcar el rumbo de la humanidad –el Reino–, y porque a su muerte nos envió a nosotros por el mundo para completar su obra: «Como Dios me envió, así os envío yo a vosotros»

Los cristianos somos, por tanto, enviados por Jesús con su misma misión, y nuestra seña de identidad por excelencia es el compromiso con la misión; es decir, con esa tarea apasionante y descomunal de poner nuestro grano de arena en el logro de la plena realización humana.

Creemos, por tanto, que la humanidad tiene un destino, pero también creemos que tiene una gran propensión a equivocarse y necesita buenos guías que le muestren el camino para no perderse; para salvarse del desastre. Desde nuestra perspectiva, los criterios de Jesús son cauce de salvación, aunque no pensamos que esos criterios sean exclusivos de los cristianos, sino que están presentes en muchas personas, religiones y filosofías ajenas a él que las convierte en agentes de salvación.

La diferencia está en que entre los seguidores de Jesús (los que verdaderamente le siguen), estos criterios se convierten en la esencia de todo, en la propia razón de su existencia; en su norma de vida; en el sentido de su vida.

Pero hay varias formas de entender a Jesús; muchas de ellas válidas y la mayoría insuficientes. Unos lo conciben como gran maestro de sabiduría al igual que tantos que ha habido en el mundo, otros, como portador de unos criterios que propician una sociedad más justa e igualitaria, otros, como encarnación de Dios que se hace hombre para abrirnos las puertas de la vida eterna… Otros, finalmente, como el camino a seguir para que el proyecto de Dios, el Reino de Dios, llegue a hacerse realidad: «Yo soy el camino…»

Es probable que conozcan la leyenda de aquel maestro de obra que en plena Edad Media visitaba la sección de cantería en el solar donde se estaba construyendo una catedral. Dice la leyenda que se acercó a uno de los canteros, y le preguntó: «¿Qué estás haciendo?», y él le respondió: «Estoy tallando este bloque de mármol». Le hizo la misma pregunta a un segundo cantero, y éste le dijo: «Estoy fabricando un capitel». Siguió su camino, y ante la misma pregunta un tercer cantero le respondió: «Estoy construyendo una catedral»… Los tres estaban haciendo lo mismo, pero con una perspectiva y una motivación muy diferentes.

Nuestra catedral es la humanidad y nuestro compromiso llevarla a buen puerto al estilo de Jesús; como la semilla, como la levadura, siendo sal, siendo luz… siendo conscientes de que no estamos tallando un bloque de mármol; que estamos construyendo una catedral; la catedral definitiva.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Si

Fuente Fe Adulta

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Paz a esta casa.

domingo, 6 de julio de 2025
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DOMINGO 14º T.O. (C)

(Lc 10,1-12.17-20)

El binomio bíblico y cristiano más genuino es el de Profeta-rey. En ese sentido, rey es sinónimo de poder económico, ideológico y político. Profeta es quien pronuncia la palabra de perfección en el amor y quien denuncia la manipulación e injusticia del poder, es decir, del rey, del poderoso, del opresor. El/la profeta de Yavé Dios no denuncia ni anuncia desde sí mismo/a, aunque también corre el peligro de hacerlo, sino desde la experiencia del dolor, de la pobreza del pueblo (porque pertenece al pueblo) y desde las exigencias de la justicia que Dios quiere. El/la profeta clama contra el opresor, contra el poderoso, porque no se siente o no quiere sentirse culpable de su ignominia, de sus infamias; le pone al descubierto de su falsedad, de sus argucias, de sus embustes, pero también despierta en los oprimidos, en los dominados, la conciencia de liberación para evitar callejones sin salida, para abrir las puertas que les encierran en sus propios miedos, para acoger y confiar en la Ruah Divina que todo lo llena, todo lo impulsa.

Es posible salir de ese binomio paralizante Profeta-rey si abandonamos el poder opresor, el dominio de unos sobre otros mediante la conversión y la reconciliación. Es lo que simboliza el número 72 que, según la tradición judía, (¡ojalá lo tuvieran en cuenta los genocidas, los corruptos!) corresponde al número de pueblos esparcidos por toda la tierra. ‘Poneos en camino’. ‘La mies es abundante y los obreros pocos’.

La misión es universal. Los/as misioneros/as deben ir de dos en dos, es decir, toda la comunidad cristiana es sinodal, misionera, al servicio de la evangelización de la sociedad, sin triunfalismos, sin etiquetas, con medios pobres, humildes, ‘sin alforja ni sandalias’, en medio de dificultades, en un mundo lacerado por el dolor, la guerra, la pobreza, los egoísmos.

Cuando entréis a una casa decid primero: ‘Paz a esta casa’ y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz”. La casa común, la madre tierra, la creación que se nos regaló para cuidarla, amarla, protegerla de depredadores sin escrúpulos, enviados como corderos en medio de lobos y ‘no os detengáis a saludar a nadie por el camino’; que nada ni nadie os enrede, os desvíe de vuestro propósito, de renunciar a una vida con sentido… La misión es urgente y su contenido lleva siempre un mensaje de paz que proviene del Abbá Dios, de su Palabra. Es, además, una tarea responsabilidad de todos los bautizados, no de ‘sabios ni ricos’.

En la primera lectura Isaías nos recuerda que un insignificante pueblo de repatriados, una comunidad mermada, humillada, escucha de su profeta una palabra de aliento, de esperanza (Is 66,10-14c). El simbolismo del amor filial y maternal habla de Dios, anuncia paz, ensancha la esperanza, aun estando crucificada, y hace sentir una presencia de salvación. En Gaza, Ucrania, Sudán del sur, Haití, Congo, Yemen… pero también en la división entre iguales, entre ciudadanos enfrentados por intereses mezquinos de los dirigentes… se descubre una presencia fuerte y auténtica: ‘Yo haré derivar hacia ella, como un río, la paz, como un torrente en crecida, las riquezas de las naciones’. Esperar, a pesar del horror, una paz que termine con la inhumanidad de sembrar el odio y la muerte.

Con el Papa Francisco la Iglesia se proclama a sí misma como sinodal, en perspectiva misionera y de comunión, poniendo en el centro de su ser la evangelización. En otras palabras, la misión de la Iglesia es la evangelización viviendo la comunión juntos, en sinodalidad. Para ello hay que volver a los orígenes y replantear la estructura ministerial en la Iglesia, de modo que no exista una diferencia perpetuada hasta el concilio vaticano II en la Lumen Gentium cuando afirma que, entre el sacerdocio universal de los fieles y el sacerdocio ministerial «existe una diferencia esencial y no solo de grado», es decir, presupone que existen dos órdenes ontológicos separados [1]: bautizados en un orden inferior y ordenados en el superior.

El evangelio incide precisamente en que es la comunidad el centro de la vida eclesial y no al revés, situando el ministerio en el lugar que le corresponde, el del servicio. ‘Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya y proclamad: “Está cerca de vosotros el Reino de Dios”. El aparato estructural no puede nunca ahogar la espontaneidad del Espíritu.

Sinodalidad es un nuevo Pentecostés que derribó barreras (lenguas, culturas, jerarquías religiosas judías), capacitó a todos para profetizar y convirtió un grupo de personas vulnerables y temerosas en una comunidad de amor y misionera.

Pentecostés es el Espíritu de Dios que nos humaniza, que ‘sacramentaliza’ el cuerpo de los pobres para amar a Dios, es el Espíritu que irrumpe para desacralizar la religión del poder y encarnar la Gracia en lo humano, desde los bienaventurados descartados y los samaritanos misericordiosos.

El clericalismo se resiste porque Pentecostés fue siempre subversivo frente al poder religioso establecido… Jesús no vino para fundar una religión ni para cambiar un clericalismo por otro, que es lo que hacen las ideologías políticas, incluso las eclesiásticas, cuando llegan al poder.

La sinodalidad desafía el «control sacralizado» del clericalismo, desmontando toda una estructura de ritos, lenguaje y sumisión que oculta los abusos de poder, de conciencia, económico y sexual. El clericalismo es una idolatría que, en lugar de liberar lo humano para lo trascendente, lo somete a la inmanencia de un clero que se cree superior al Pueblo de Dios [2].

Como comunidad de los/as seguidores de Jesús somos llamados/as a liberar, a ser Gracia y don para los demás. Nuestro compromiso se juega en la lucha pacífica por instaurar la paz y la bondad a nuestro alrededor.

¡Shalom!

Mª Luisa Paret

[1] B. Pérez Andreo, teólogo. “Si la curia es un cáncer hay que extirparlo, no reformarlo”.

[2] G. J. Kowalski, teólogo por la UCA. Argentina.

Fuente Fe Adulta

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La verdadera alegría.

domingo, 6 de julio de 2025
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Comentario al evangelio del domingo 6 julio 2025

Lc 10, 1-12. 17-20

En la conclusión de un relato nacido en las primeras comunidades de seguidores de Jesús, que trataba de regular la forma de vida y de acción de los misioneros itinerantes, se ha colado un dicho de profunda sabiduría acerca de la alegría incondicionada.

Mientras los discípulos vuelven alegres por lo que han conseguido -un poder que somete incluso a los demonios-, Jesús les muestra que el motivo real de la auténtica alegría no tiene que ver con lo que se hace, lo que se tiene, lo que se logra o consigue. La alegría incondicionada no es un estado de ánimo que se halla a merced de las circunstancias o acontecimientos, sino un estado de ser que, como tal, permanece estable e inalterado.

En cuanto estado de ánimo, la alegría (con minúscula) se alterna con la tristeza. Y ambos tienen su lugar y su razón de ser dentro del abanico de los sentimientos humanos. Así los reconocemos, los acogemos y los gestionamos de la manera más constructiva.

Pero aquí se habla de la Alegría (con mayúscula), aquella que constituye nada menos que nuestra identidad más profunda. En el texto se recurre a una expresión acorde con el contexto religioso teísta y mítico: vuestros nombres están inscritos en el cielo.

En las culturas antiguas, el nombre equivalía a la identidad. Por tanto, la afirmación evangélica podría “traducirse” de este modo: estad alegres porque vuestra identidad es eterna. Sea lo que sea que suceda u os ocurra, lo que sois se halla siempre a salvo. Tal comprensión nos hace ver que la auténtica Alegría no requiere ninguna condición: somos Alegría.


Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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La paz no es ausencia de guerra, sino un estado de gracia

domingo, 6 de julio de 2025
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Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

Con la que está cayendo, bueno será que hoy pensemos y oremos un poco por la paz.

Las dos lecturas de hoy: Haré llegar como un río la paz, (Isaías), Llevad la paz por las casas (Evangelio) pueden ayudarnos a pensar, a desearnos y orar por la paz personal, socio-política, eclesial.

01.- Shalom: Paz de Jesús.

Jesús, como buen judío, saludaba con la paz: «shalom«. Deseaba la paz. Todavía hoy los judíos se saludan con la paz: «shalom«. Pero cuando un judío saluda a otro con la paz no le desea sólo que no hagan la guerra. Paz significa algo más que ausencia de guerra.

        Por otra parte, y al mismo tiempo, Jesús desea y siembra la paz. Desde el nacimiento de Jesús amanece la paz. Los pastores escuchan en la noche de Belén: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra: paz.

Jesús confiere salud, paz. A los enfermos les manda en paz: vete en paz. Hoy hemos escuchado cómo Jesús envía a los suyos a transmitir paz: paz a esta casa. Cuando Jesús se hace presente en el desilusionado grupo de creyentes les confiere paz: paz a vosotros. (Jn 20,26). Jesús nos deja su paz: la paz os dejo, mi paz os doy, (Jn 14,20)

02.- ¿Qué paz?

Shalom, la paz de Jesús  no es sólo la mera ausencia de guerra. La paz tampoco es una “victoria”. (La otra cara de la moneda de una victoria es una derrota).

La paz o dejo mi paz os doy, pero no como la da el mundo, (Jn 14,27)

Podríamos decir que vivir en paz es vivir en serenidad y armonía integrando y “poniendo en su sitio y orden” las dimensiones personales y sociales: la libertad, la economía, la etnia, la patria, los bienes, el placer.

Al mismo tiempo la paz brota cuando asumimos las limitaciones personales, la o las enfermedades, incluso la muerte.

03.- La paz: hermosa y difícil tarea.

La paz siempre ha sido y es una tarea difícil. También hoy en día apenas vivimos en paz personal y social. Vivimos permanentemente agitados, en ocasiones en una honda ansiedad, frustrados, decepcionados, en guerra, en conflictos económicos…

Y vivimos así porque nuestra armonía interior se ha desorganizado, porque perseguimos valores y realidades que no son tan importantes como parecen y en cuya consecución estamos dejando, hecha girones parte de nuestra vida interior, esa vida interior que nos equilibra, que nos hace dominar los acontecimientos en lugar de ser vapuleado por ellos.

La ausencia de paz es el resultado y consecuencia de la pérdida de la paz personal.

Si lo más importante en la vida es ser rico (el dinero), la grandeza de la patria norteamericana, rusa, vasca, española o la que fuere… es muy difícil que vivamos en paz personal, social, incluso eclesiástica como estamos viendo estas semanas en el episcopado español.

Nos alejamos de la paz por los criterios que barajamos en la vida.

La ansiedad, la falta de paz, la guerra comienzan en los criterios que empleamos en la vida y transmitimos en la familia, en los parlamentos, en la Iglesia en las aulas, en los medios de comunicación.

Yo no soy político ni entiendo mucho de política ni debo entrar en política partidista, ¿pero en qué cabeza cabe que se pretenda la paz aumentando el presupuesto armamentístico?

¿Cómo amanecerá la paz si nuestra máxima aspiración es ser ricos?

¿Cómo viviremos en paz con el racismo y el desprecio hacia el migrante en nuestra mente?

¿Cómo vamos a vivir en paz si la suprema aspiración es el placer?

04.- La paz interior personal en el plano de la conciencia.

No es menos cierto que la Iglesia, la religión ha transmitido miedo y falta de paz. En la Iglesia se ha jugado demasiado con el pecado, la culpabilidad, la condenación, el remordimiento, la angustia, el escrúpulo, el infierno…

Todo esto ha hecho mucho daño y ha minado paz de muchísimas personas.

¡Y hoy en día, en ciertos sectores de la Iglesia actual se pretende volver a esas posturas!

Los dos grandes problemas que pueden quitarnos la paz y causarnos desasosiego: el pecado y la muerte, encuentran paz en JesuCristo.

05.- Hacia la paz: La paz os dejo mi paz os doy.

Resulta entrañable el regalo de Cristo a los suyos: la Paz os dejo, mi paz os doy.

Ante las grandes potencias e intereses del mundo puede parecer una simpleza hablar y vivir en paz serena, en reconciliación, respeto, solidaridad a fondo, sin embargo la paz está ahí y no en los drones, en los aranceles,

La paz será posible cuando dejemos de pensar como valores fundamentales el dinero, el poder, el prestigio y un largo etcétera de posibilidades semejantes.

Quiera Dios que cesen las guerras actuales y todas las guerras. Pero la paz no es sólo ausencia de la guerra, sino un verdadero estado de gracia, de serenidad, construido en lo más profundo del ser humano.

La paz comienza en la mente y en el corazón del ser humano, en la familia, en la escuela y en la universidad, en los parlamentos…

La paz comienza cuando consideramos al otro como un hermano y no como un extranjero o de otra raza, o de otra religión.

La paz os dejo, mi paz os doy. No como la da el mundo.

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“Predicar la Buena Noticia del Reino con constancia y generosidad”, por Consuelo Vélez

domingo, 6 de julio de 2025
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De su blog Fe y Vida:

XIV Domingo del Tiempo Ordinario 6-07-2025

Jesús envía a los setenta y dos porque el anuncio del reino ha de hacerse más allá de las fronteras de Israel, es decir, también a los paganos.

La mies es mucha pero faltan obreros. Es una llamada actual también para nosotros hoy

Jesús les previene de la dificultad de la misión. Por eso han de ir «ligeros de equipaje«

La alegría ha de ser por haber anunciado el reino, no por hacer cosas extraordinarias

Pidamos acoger la misión que Jesús nos confia y realizarla con la prontitud que se necesita

 

Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. Y les dijo:

+ «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.

¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!». Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.

En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes». Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: ¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca». Les aseguro que, en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.

Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo:

– «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».

Él les dijo:

+ «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo»

(Lucas 10, 1-12.17-20).

El evangelio de Lucas nos presenta a Jesús enviando a los Doce a proclamar el Reino de Dios y a curar, en el capítulo nueve. En este capítulo diez, el envío es a setenta y dos, de dos a dos, delante de sí a todas las ciudades donde él había de ir. En los dos pasajes se ven semejanzas, pero también diferencias. En este segundo texto podemos ver una intencionalidad del evangelista: si el anuncio a Israel se confía a los Doce, aquí el anuncio del reino ha de hacerse más allá de las fronteras de Israel, es decir, también a los paganos.

Otro dato interesante de este pasaje es la referencia a la mies abundante y la falta de obreros. Se necesitan muchos obreros para anunciar la buena noticia del reino. Es un texto vocacional para anunciar Buenas Noticias en un mundo amplio, necesitado de ellas. Para esta predicación Jesús da unas recomendaciones muy concretas. Es una misión que ha de realizarse en medio del conflicto, porque las fuerzas del anti reino están presentes y a eso han de enfrentarse los enviados. El pasaje termina haciendo referencia a la alegría de los discípulos porque “hasta los demonios se les someten” pero Jesús les dice que no debe ser ese el motivo de la alegría, sino el que “sus nombres estén escritos en el cielo”, es decir, por haber cumplido la misión, por ser portadores de la buena noticia, sin enorgullecerse por ello.

Jesús les dice a sus discípulos que no lleven dinero, ni alforja, ni calzado y no se detengan a saludar a nadie. Todo va encaminado a mostrar la prioridad del anuncio sobre todas las distracciones que pueden retrasarlo. También que “no vayan de casa en casa” sino que entren a las ciudades, es decir, les insiste en este ir más allá de los lugares cercanos para que el evangelio se anuncie en las plazas, en todos los lugares posibles. Les advierte de la posibilidad de no ser recibidos a lo que deben responder con la constancia del anuncio en otros lugares. Diríamos, con nuestras palabras, es un anuncio gratuito y quien no lo escucha se pierde la oportunidad. Pero, por parte del discípulo, ha de seguir adelante con la misión encomendada con gratuidad, sin depender de que sea recibida.

A veces se escuchan demasiados lamentos del mundo como alejado de Dios, de los valores, del bien. Y, sin embargo, en el mundo hay muchas búsquedas, muchos deseos positivos, muchos esfuerzos humanos realizando el devenir histórico. En ese horizonte ha de predicarse la buena noticia de manera significativa, actualizada y generosa. Con seguridad muchos más la acogerían si supiéramos anunciarla.

Pidamos acoger la misión que Jesús nos confía hoy a nosotros y realizarla con la libertad, desprendimiento, amplitud, sencillez y generosidad suficientes de manera que llegue a muchos y nuestro mundo pueda ser, cada vez, un mundo más justo y en paz.

(Foto tomada de: https://paroquiaamparopvh.org.br/noticia/jesus-envia-seus-discipulos-em-missao)

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Yo os envío – San Lucas 10, 1-12.17-20 -, por Joseba Kamiruaga Mieza.

domingo, 6 de julio de 2025
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De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa Cristiana):

Del miedo al Covid al miedo a la vacuna, del miedo a la crisis económica al miedo a la guerra. Desde hace años, nos alimentamos de miedos.

La crisis económica, cultural y civilizatoria que estamos viviendo pone de relieve algunas cosas que quizá aún no estaban tan claras.

El momento es bastante delicado, los nudos se están deshaciendo. También para la Iglesia. Nuestra Iglesia.

Respiramos cristianismo desde que venimos al mundo, estamos inmersos en testimonios artísticos que remiten continuamente al Evangelio, ¡nos importan tanto nuestras fiestas cristianas!

Todo eso es cierto.

Más o menos.

Pero vivir en una sociedad en la que las referencias histórico-culturales siguen remitiendo al Evangelio no significa ser discípulos de aquel Nazareno que se profesaba Maestro y Señor. Y, al final, esto se ha hecho evidente.

Ciertamente, hay amplias zonas del país en las que las parroquias reúnen a mucha gente y se respira una religiosidad popular fuerte y arraigada. Pero, en cuanto se tocan las cuestiones verdaderas del Evangelio, se produce una huida generalizada.

Nos descubrimos egoístas, victimistas, racistas, rabiosos.

Como escribió hace tiempo el Cardenal Ravasi: es el pensamiento cristiano el que está en minoría, no el cristianismo. No es el cristianismo el que está en crisis, sino la forma histórica que ha adoptado en Occidente y que tiene dificultades para hablar de Dios.

He aquí, pues, la pregunta incómoda: ¿sigue existiendo la Iglesia? ¿Quién es la Iglesia? ¿Qué identifica a los discípulos? 

El gran Lucas nos ayuda en este camino, poniendo de relieve las necesidades del discípulo. 

Desde el punto de vista de Jesús, no desde el nuestro. 

Otra historia

Israel creía que el mundo estaba compuesto por setenta y dos naciones: cada año, en el Templo de Jerusalén, se sacrificaban setenta bueyes para la conversión de las naciones paganas.

Jesús envía a todo el mundo, a las setenta y dos naciones, a sus discípulos.

Jesús no se limita a rezar por su conversión. No se lamenta del rumbo que está tomando la historia, del mal giro de los acontecimientos. Actúa: envía discípulos creíbles para proponer a todos un cambio de vida.

Sin duda, es otra historia.

Y es interesante notar un matiz en algunas nuevas traducciones litúrgicas del texto: no se habla de pocos obreros, sino de pocos que trabajan.

Hay muchos obreros, demasiados: presbíteros, religiosas, religiosos, catequistas, laicos comprometidos. Pero ¿cuántos de nosotros, en realidad, tenemos ese fuego que arde dentro por el deseo de anunciar a Cristo? ¿De vivirlo? ¿De hacerlo presente y accesible? ¿Cuántos de nosotros (yo el primero, que soy el primero de los ignorantes) hemos hecho de las palabras del Evangelio nuestro estilo de vida, de modo que seamos creíbles y se nos crea?

Aunque estuviéramos repletos de presbíteros, religiosos y laicos comprometidos, pero no tuviéramos a nadie que trabajara, no cambiaría mucho… Si, al final, no logramos comunicar el amor que hemos descubierto (que estamos buscando, que nos habita, que nos fascina), nos convertimos solo en funcionarios de lo sagrado.

Anunciar, pues. Y eso es difícil.

Hablar de Jesús a los cristianos, ¡terrible! Ya lo saben todo.

Pero se puede hacer. 

Estilo

Los discípulos son enviados de dos en dos, precediendo al Señor.

No debemos convertir a nadie: es Dios quien convierte, es Él quien habita en los corazones.

A nosotros solo nos corresponde preparar el camino.

Somos enviados en pareja: el anuncio no es una actitud carismática de algún gurú, sino una dimensión de comunidad que se construye, un esfuerzo por estar juntos.

Y nos pide que recemos: no para convencer a Dios de que envíe obreros (¡eso es precisamente lo que Él quiere!), sino para convencernos a nosotros, los discípulos, de que nos convirtamos finalmente en evangelizadores.

El anuncio se fecunda con la oración: ¿por qué no convertirnos en terroristas silenciosos del bien, sembrando bendiciones y oraciones secretas allí donde trabajamos?

¿Confiar en el Señor, en lugar de juzgar?

El Señor nos pide que vayamos sin muchos medios, utilizando los instrumentos siempre y solo como instrumentos, yendo a lo esencial. Lo sé, amigas catequistas: el curso de natación o la semana blanca son mil veces más atractivos que vuestra hora de catequesis. Pero vosotras tenéis algo que no se le pide a ningún entrenador: el amor hacia vuestros chicos.

Y nos advierte: «Somos ovejas en medio de lobos», ¡y cuán proféticas se están volviendo estas palabras en nuestro mundo impregnado de ira! Siempre y cuando no nos convirtamos también nosotros en lobitos esperando que los lobos se conviertan.

El Señor nos pide que llevemos la paz, que seamos personas tolerantes, pacificadas. Nadie puede llevar a Dios con la soberbia y la fuerza, la arrogancia del anuncio nos aleja de Dios de manera definitiva.

Por último, el Señor nos pide que permanezcamos, que moremos, que compartamos con autenticidad.

No somos diferentes, no estamos aparte: el cansancio, la ansiedad, las dudas, las alegrías y las esperanzas de nuestros hermanos son de manera precisa las nuestras, exactamente las nuestras. 

¡Alegraos!

Es agotador. Es fatigante, lo sabemos.

También lo sabe Pablo, que, a pesar de convertir la cuenca del Mediterráneo, siente todas las limitaciones de su carácter. También lo sabe Pablo, que nos aclara que el problema no son las reglas (en su caso, la circuncisión), sino ser una nueva criatura. Y nosotros, la Iglesia, por desgracia, somos percibidos como los garantes de las reglas.

Como Isaías, estamos llamados a animar a los exiliados que regresan de Babilonia, a volar alto, a soñar en grande, a construir el sueño de Dios que es la Iglesia. Y paciencia por los resultados que faltan: la nuestra es una época de profecía. Es tiempo de sembrar, no de cosechar.

Entonces podremos experimentar verdaderamente la alegría del anuncio, la alegría de ver que Dios, ¡de verdad!, pasa a través de nuestras pequeñas y balbuceantes palabras, ver que la Palabra se viste con nuestras pequeñas reflexiones.

¡Qué alegría sentimos al ver a otros compartir nuestra misma fe!

Si doce hombres de Galilea incendiaron el mundo con su amor, ¿qué podemos hacer nosotros?

Dejemos de quedarnos estancados en la rutina, superemos los miedos del mundo, no valoremos los resultados como una empresa sagrada: alegrémonos, amigos, nuestros nombres están escritos en los cielos, Dios ya llena nuestros corazones y nos confía el Reino.

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 6 de julio de 2025

1.- Recorrer con confianza los caminos.

2.- Donde nosotros vemos desiertos, Dios ve oportunidades.

3.- No a la fuerza sino con la humildad.

4.- Operarios de la belleza, cosechadores del bien.

5.- El buen anuncio es por contagio.

6.- La grandeza se mide con el corazón.

7.- Llevar la paz: tarea del evangelizador.

8.- Yo os envío – San Lucas 10, 1-12.17-20.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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¡No andéis preocupados por vuestra vida, que no es vuestra! Ni por vuestros logros que no os pertenecen

sábado, 5 de julio de 2025
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Del blog de Alfonso J.Olaz El Rincón del Peregrino:

19.06.2025 | Alfonso Olaz OFS

¡No andéis preocupados por vuestra vida, que no es vuestra! Ni por vuestros logros que no os pertenecen

¡De qué te vale sobrevivir sin amor, para morir cada día con miedo!
Y volviendo a nacer, ¡No saber para qué he vivido y cuál es mi destino…!

Malviviendo cada día

¿De qué me sirve no escuchar lo que debo hacer, para no hacerlo?
Y no haciendo lo que escucho, hago lo que no debo

¡Alégrate de estar siempre oculto!
¡Cómo Jesús lo estuvo…!
¡Colabora desde la penumbra para el bien común y no te rindas…!

¡El humilde está muy cerca de Dios…!
Tocando con sus pies su tierra roja, de árboles y plantas floridas
Ha escrito su nombre en el suelo, junto al de Jesús
¡Y ya nada espera!

¡Solo vive para Dios!
Y confiando en todo, todo le basta
No hace planes, vive al día
Como las aves del cielo
Y los animales terrenos

Con tus manos desnudas, corazón lleno de misericordia
y bastón del peregrino del evangelio
Aprendió la sabiduría del pobre, de los descartados
Con el compañero de su escuela: Jesús, pobre y alegre.

Hermano/a peregrino
Que tu cielo es la tierra

Y tu tierra es de cielo azul de alegría y verde de esperanza
Para acampar en la gran tienda del arco iris, todos los hermanos, todos.

Y así lo hace cada día
A pesar de las tormentas y de la noche oscura

Porque vive como cree
Y no se rinde
No anda preocupado por su vida, que es toda de Jesús.
Y de su hermano Jesús es toda su vida, para compartirla con todos.

Del Evangelio a la vida
De la Vida al evangelio

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“Costureras sagradas”, por Yolanda Chávez

sábado, 5 de julio de 2025
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Hoy me reuní con algunas catequistas. Todas ellas migrantes. Llegaron con los ojos llenos de lo que no se dice fácilmente: miedo, dolor, tristeza. No venían a buscar respuestas. Solo querían saber —con lágrimas temblando en la voz— si este temor profundo, en un tiempo que persigue con furia los rostros color café, no sería, acaso, una forma de fallarle a la fe que aún las sostiene.

Sin embargo, entre palabra y palabra, me impresionó algo más profundo que el miedo. Me impresionó su deseo de seguir siendo presencia para otros. «Tengo miedo por mí, pero pienso en las personas que me esperan cada jueves«, dijo una. «Puedo tan poco, pero algo me dice que este es el tiempo de estar para los demás«, dijo otra.

Me vinieron a la mente las costuras. Las pequeñas, esas que no se ven en la superficie de la colcha. Las que unen retazo con retazo. Ellas —las mujeres migrantes catequistas del sur de California— son eso: costuras vivas. Imperceptibles muchas veces. Pero sin ellas, se deshilacha la esperanza.

Y entonces vi que no están solas en esa tarea. Las acompañan otras costureras sagradas, tejedoras invisibles de la historia de la salvación:

Agar, extranjera en tierra ajena, que huye al desierto con su hijo y escucha a un Dios que la llama por su nombre. Las hijas de Selofojad, sin padre ni tierra, que se atreven a levantar la voz como extranjeras del sistema, y reclaman el derecho a heredar futuro. Rut, moabita migrante, que cruza fronteras por amor y recoge espigas ajenas hasta abrir la genealogía del Mesías. Noemí, anciana, rota, desplazada por el hambre y el duelo, que vuelve a su tierra, y aun así, es capaz de revitalizar el destino compartido. María, joven de Galilea forzada al exilio, que atraviesa la noche hacia Egipto, abrazando en un niño al Dios que tiembla y que migra. Priscila, judía expulsada de Roma, que se convierte en exiliada itinerante, predicadora audaz que ama, enseña y edifica sin pedir permiso.

Ellas no brillan como las figuras principales del relato. No son Abraham, ni Moisés, ni David, ni José, ni Pablo. Pero sin sus delicadas costuras, el gran manto de la historia se rompe.

Así también hoy: nuestras hermanas con el miedo dibujado en su rostro café, con silencios, con oraciones mientras abren su corazón y comparten sus lágrimas, son las que están sosteniendo la fe de muchas comunidades. No se notan. Pero están. Y eso basta para que la historia continúe.

Ellas son Costureras sagradas. Costureras de frontera. Costureras de futuro.

Mujeres que cosen, con hilos de lo invisible, la historia de Dios.

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“El agua cristalina de la confianza (salmo 6)“, por Miguel Ángel Mesa.

viernes, 4 de julio de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

Si tú eres el Dios del amor,
es imposible que castigues y condenes.

Además tu palabra nos ayuda a rectificar,
a cambiar de actitud, a reflexionar
sobre nuestras conductas erróneas.

Tú eres pura misericordia,
que nos libera del odio y del egoísmo.

La muerte tiene su propio reino,
pero tú eres el Dios de la vida,
y nos invitas a gozar de ella cada día.

A veces me siento irritado, confundido,
por tantas contradicciones
como asumo en mi existencia.

Y entonces mi oración se dirige a ti,
mi súplica te alcanza desde mi hondón personal
y siento que estás a mi lado, que me escuchas,
y es cuando brota como de un manantial
el agua cristalina de la confianza.

*

24.06.2025

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“La Querella de las mujeres”, por Isabel Gómez Acebo

viernes, 4 de julio de 2025
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Leído en su blog:

     Últimamente muchas mujeres pedimos al nuevo Papa León XIV que acelere el acceso femenino a los ministerios ordenados para acabar con nuestra subordinación en la Iglesia Católica. La única novedad es numérica ya que hubo protestas a lo largo de los siglos, voces valientes de hombres y mujeres que se levantaban para demandar nuestros derechos en una sociedad que las marginaba

        Este hecho se convirtió en un gran fenómeno cultural de larga duración que se considera uno de los más relevantes en las sociedades occidentales. No fue un movimiento feminista en sentido moderno, pero sentó las bases al pensamiento feminista posterior. Su importancia reside en que dio a conocer la cuestión femenina en el pensamiento europeo y permitió que muchas mujeres accedieran al ámbito del discurso público.

       Este movimiento se conoce con el nombre de Querella de las mujeres y sus comienzos datan del siglo XV con la obra de Cristina de Pisan, La ciudad de las mujeres (1405) en la  que refuta los ataques misóginos de autores anteriores. Su término para algunos es el siglo XVIII mientras que hoy día, y a pesar de las mejoras, siguen las preguntas. El fenómeno se ha dado en naciones que pertenecen al cristianismo de aquí la importancia de la materia religiosa y bíblica en las discusiones ya que el texto sagrado, en esos momentos, gozaba de gran autoridad

      Otra mujer relevante en este grupo es Moderada Fonte. Su obra, El mérito de las mujeres, publicada póstumamente en el 1600, desarrolla un diálogo entre mujeres sobre la injusticia que sufren en la sociedad. Una discípula de Montaigne, Marie de Gournay (1565-1645) en La queja de las mujeres pide la educación femenina y la igualdad de género. En el nuevo mundo nos encontramos con una autora mexicana, un país que antaño se llamaba Nueva España, sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695), que en dos cartas famosas Carta atenagórica y Respuesta a Sor Filotea de la Cruz, defiende el derecho de las mujeres al conocimiento.

       Es muy curioso que en este debate entre la figura de Eva como se puede ver en la correspondencia de una monja de clausura del siglo XVII, Arcangela Tarabotti, con un noble veneciano, Giovan Francesco Loredano. Ella situó el inicio de nuestra injusticia en la interpretación de la figura de Eva mientras que su contrincante literario, miembro destacado de la Academia veneciana, la responsabilizó de la caída del género humano. En el siglo XVIII nos encontramos con Josefa Amar y Borbón, que en 1790 en su Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres defendía el derecho de las féminas a aprender latín ya que muchas traducciones estaban influidas por la misoginia

            Son algunos nombres, pero hay muchos más y me atrevo a sacar conclusiones de estas figuras que componen la Querella de las mujeres. Una de ellas es que no sólo hicieron preguntas a la sociedad civil y eclesial, sino que facilitaron respuestas en su momento lo que a algunas les supuso la marginación social e incluso la burla. Me parece importante recuperar su papel en la historia para agradecerles el trabajo pionero que hicieron en nuestra defensa

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Santo Tomás, apóstol.

jueves, 3 de julio de 2025
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Lo que sabemos del apóstol santo Tomás se lo debemos sobre todo al  cuarto evangelista. Fue Tomás quien invitó a los otros apóstoles a marchar con Jesús a Judea, dispuesto a morir con él (Jn 11,16). Fue la pregunta de Tomás la que provocó a Jesús a que se definiera: ‘Yo soy el camino, la verdad y la vida’ (Jn 14,5ss). Por último, fue Tomás quien con su incredulidad nos ayuda a consolidar nuestra adhesión a Jesús, con una profesión de fe muy clara: ‘¡Señor mío y Dios mío!’ (Jn 20,24-29).

El martirologio de san Jerónimo en el siglo VI recuerda la traslación del cuerpo de Tomás a Edesa (Siria, actualmente Turquía), el 3 de julio.

Santo Tomás, por Diego Velázquez
(Museo de Bellas Artes de Orleans)

***


LECTIO

Primera lectura

Efesios 2,19-22


Por tanto, ya no sois extranjeros o advenedizos, sino conciudadanos dentro del pueblo de Dios; sois familia de Dios, estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas; y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular en quien todo el edificio, bien trabado, va creciendo hasta formar un templo consagrado al Señor y en quien también vosotros vais formando conjuntamente parte de la construcción, hasta llegar a ser, por medio del Espíritu, morada de Dios.

***

El misterio de Cristo y el de la Iglesia están íntimamente conectados para el apóstol Pablo. Cristo es nuestra paz: en él, todos, tanto los lejanos (los paganos) como los cercanos (los judíos), encuentran el camino de la reconciliación y de la unidad. Ya no hay dos pueblos, sino uno sólo; ya no hay separación entre gente diferente, sino unidad entre semejantes. Todo eso es don de Dios Padre, por medio de Cristo Señor, en el Espíritu Santo. En este contexto, el apóstol imagina la Iglesia como un gran edificio, un templo santo, la ‘morada de Dios’.

Los ‘cimientosde este edificio, en el que están todos y viven como ‘conciudadanos dentro del pueblo de Dios’, como ‘familia de Dios’, son los apóstoles y los profetas.

Sin embargo, la ‘piedra angulares Cristo Jesús: él es la clave de bóveda que consolida el conjunto, y en él todo el edificio encuentra su trabazón y puede crecer de una manera ordenada.

Desde esta perspectiva cristológica, la doctrina eclesiológica de Pablo asume una claridad absolutamente particular. En ella la presencia, el papel y el ministerio de los apóstoles resaltan con toda su importancia. La Iglesia de Cristo es, por consiguiente, una, santa, católica y apostólica, y lo es en el sentido de que, en ella, los apóstoles, por voluntad de Dios y por elección histórica de Jesús, constituyen el fundamento de la comunidad de los creyentes.

***

Evangelio

Juan 20,24-29

Tomás, uno del grupo de los Doce, a quien llamaban ‘El Mellizo’, no estaba con ellos cuando se les apareció Jesús.

Le dijeron, pues, los demás discípulos:

Hemos visto al Señor.

Tomás les contestó:

Si no veo las señales dejadas en sus manos por los clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta en su costado, no lo creeré.

Ocho días después, se hallaban de nuevo reunidos en casa todos los discípulos de Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:

+ La paz esté con vosotros.

Después dijo a Tomás:

+ Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.

Tomás contestó:

¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

+ ¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto.

***

Se ha afirmado con razón que, para nuestra fe, tal vez haya sido más importante la incredulidad de Tomás que la creencia de los otros apóstoles. Resulta paradójico, ¡pero es verdad!

Debemos considerar como cierto que si Tomás hubiera estado con los otros discípulos en el momento de la primera aparición de Jesús, es posible que no hubiera sucumbido en una crisis de fe. Sin embargo, al mismo tiempo, con este recuerdo, el evangelista Juan abre ante nosotros una nueva pista para llegar a la experiencia liberadora de la fe en Jesús resucitado. En efecto, cuando Jesús se aparece a sus discípulos por segunda vez, se dirige directamente a Tomás y le pide que realice el camino de búsqueda y de descubrimiento que antes habían realizado sus ‘colegas’. Esta vez, Tomás se vuelve disponible y se vuelve dócil al mandamiento del Señor y llega a un acto de fe límpido y transparente: ‘¡Señor mío y Dios mío!’ (v. 28).

Jesús pronuncia la bienaventuranza que sigue (v. 29), no tanto por Tomás como por nosotros: la situación histórica cambia por completo, pero el itinerario es siempre el mismo. Llegamos a la fe mediante un acto de abandono total en Jesús muerto y resucitado.

 ***

MEDITATIO

El suceso acontecido a Tomás centra por completo nuestra atención, por el simple motivo de que esta página evangélica termina con una ‘bienaventuranza’ que nos concierne personalmente a todos: ‘Dichosos los que creen sin haber visto’.

A buen seguro, hablando humanamente, el acto de fe, para ser razonable -digo ‘razonable’, no ‘racional’-, necesita algunos signos, y Tomás está dispuesto a pedirlos explícitamente. Desde este punto de vista, tal vez la suya no pueda ser definida como una crisis de fe, sino más bien como una apasionada y sufrida búsqueda de un acto de fe que sea, al mismo tiempo, respetuoso con el hombre y devoto con Dios. Y cuando al final Tomás accede al acto de fe, el apóstol se abandona por completo a Aquel que se ha manifestado claramente. Por consiguiente, no había en él ningún prejuicio o incertidumbre: se trataba sólo de cerciorarse del hecho histórico de la resurrección de Jesús con un método experimental, el único que está al alcance de todos, incluso de los más sencillos. Ver para creer fue la exigencia del apóstol Tomás. Ver, tocar y palpar fue el itinerario que recorrió para reconocer la plena identidad entre el Señor resucitado y Jesús de Nazaret. Creer sin ver, sin tocar, sin palpar, es la situación en la que nosotros nos encontramos, nuestra bienaventuranza.

***

ORATIO

‘¡Vamos también nosotros a morir con él!

‘Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo podemos saber el camino?’

‘Si no veo en sus manos la seńal de los clavos… no creeré.’

‘¡Señor mío y Dios mío!’ ‘¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto’.

***

CONTEMPLATIO

De la incredulidad al éxtasis: éste es el camino de Tomás y, también, el de esa parte de nosotros que todavía no se rinde a la resurrección y a lo invisible. Tomás quiere garantías porque ha comprendido algo: si Jesús está vivo, su vida cambia. Si Jesús está vivo, entonces el Evangelio es verdadero. Y el Evangelio toma toda la vida. Y Jesús no le hace ningún reproche, sino que le dice: ‘Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y métela en mi costado’, porque no es un fantasma. No es una proyección de mis deseos, no es un fruto imaginario de mi corazón, no es el hijo de una ilusión. Hay un agujero en sus manos, donde puede entrar el dedo de Tomás; hay una lanzada, en la que puede entrar una mano. Y le doy las gracias a Tomás porque también yo necesito que Jesús no sea un fantasma. Y en la mano de Tomás están todas nuestras manos. Las de los que creemos sin haber tocado porque otros lo han hecho. Lo dice Juan con orgullo: ‘Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y han tocado nuestras manos acerca de la palabra de la vida, […] lo que hemos visto y oído os lo anunciamos’ (1 Jn 1,1-2).

Fe de manos que ha atravesado el corazón. Tomás no busca el camino para creer en ningún signo de poder, sino simplemente en las llagas: el agujero de las manos, el costado abierto, imágenes embriagadoras del amor de Dios. Y con Tomás empieza la historia de los enamorados de las heridas de Cristo, como Francisco de Asís o Catalina de Siena u otros más cercanos a nosotros (Ermes M. Ronchi).

 ***

ACTIO

Repite y medita durante el día estas palabras de fe: ‘¡Señor mío y Dios mío!’

***

LECTURA ESPIRITUAL

Es uno de los principales capítulos de la doctrina católica, contenido en la Palabra de Dios y enseñado constantemente por los Padres, que el hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios y que, por tanto, nadie puede ser forzado a abrazar la fe contra su voluntad. Porque el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza, ya que el hombre, redimido por Cristo Salvador y llamado en Jesucristo a la filiación adoptiva, no puede adherirse a Dios, que a ellos se revela, a menos que, atraído por el Padre, rinda a Dios el obsequio racional y libre de la fe.

Está, por consiguiente, en total acuerdo con la índole de la fe el excluir cualquier género de imposición por parte de los hombres en materia religiosa. Por consiguiente, un régimen de libertad religiosa contribuye no poco a favorecer ese estado de cosas en el que los hombres puedan ser invitados fácilmente a la fe cristiana, a abrazarla por su propia determinación y a profesarla activamente en toda la ordenación de la vida.

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Concilio Vaticano II,

Dignitatis humanae, 10).

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

«Teolog[IA] ChatGPT», por Carlos Osma

jueves, 3 de julio de 2025
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De su blog Homoprotestantes:

Ayer recibí la recensión de un alumno sobre el artículo de Agustí Borrell: Jesús de Nazaret, entre historia y teología. La verdad es que comencé a leer con mucho interés la presentación y contextualización del artículo, pero tras leer unas pocas frases ya era evidente que aquello no parecía estar escrito por un ser humano. La poca pericia de mi alumno, que probablemente utilizó una herramienta de IA que tenía un límite de palabras que debía introducir para que le hiciera la recensión, hizo que en su trabajo no apareciese ni un solo comentario sobre la última mitad del artículo. Era bastante evidente que ni se había leído el artículo de Agustí Borrell, ni su supuesta propia recensión, antes de enviármela. Quizás no tuvo tiempo: ¡qué sé yo!

La parte del trabajo donde debía hacer una valoración personal del artículo fue quizás la más decepcionante, me dieron alergia las frases compuestas tan largas y bien construidas, el lenguaje tan pomposo como superficial y tan preciso como frío. No había nada humano, nada que hubiera pasado por su experiencia, no había conexión alguna entre el texto y su vida, o la vida de las personas que tiene a su alrededor. Ninguna duda, incomodidad, crítica, nada le interpelaba; es como si las consideraciones de Agustí Borrell sobre la situación actual de los estudios sobre el Jesús de la historia, y sus implicaciones para la teología, fueran algo que no tenían nada que ver con él. Me resultaron insoportables las frases hechas, y me molestaba saber nada más empezar a leerlas cómo iban a acabar. Creer que se puede hacer una valoración personal con IA de un texto teológico, muestra una forma perversa de entender la teología, una en la que se asume que un ente ajeno a mí y a la experiencia humana, dicta como debemos comprender correctamente cosas como la vida y el mensaje de Jesús.

No es que crea que la IA no pueda ser una herramienta al servicio de la teología, lo que no comparto es que la sustituya. Ya me dijo el editor de mi libro Él Discípulo Que[er] Jesús maba que actualmente es posible generar libros realizados íntegramente con IA, siempre y cuando no se quiera aportar nada, únicamente repetir o reforzar algo que otros han dicho antes. Algo que me llevó a contestarle en tono humorístico que después de leer muchos libros y artículos de teología, o de temática cristiana, deberíamos plantearnos la posibilidad de que muchos autores lleven la IA integrada de serie.  Digamos que esta forma de teología, que yo llamo la Teolog[IA] ChatGPT, consciente o inconscientemente aceptada, nunca me ha resultado atrayente. Por muchas limitaciones y errores que tenga, prefiero la teología que parte de la experiencia compartida en el pasado, en el presente, y abierta al futuro de quien la realiza. Aunque no entienda, o no esté de acuerdo con sus conclusiones.

Después de la corrección de la recensión de mi alumno, pensándolo un poco más, llegué también a la conclusión de que en el fondo él solo había modernizado algo que se lleva haciendo desde tiempos inmemoriales, me refiero a la delegación de la responsabilidad a la hora de pensar, entender, e incluso poner en práctica, el mensaje de Jesús. La novedad está quizás en que si tradicionalmente dentro de las iglesias esa responsabilidad se confiaba al padre, el pastor, el obispo, o a cualquier institución que protegiera la sana doctrina y la ortodoxia, ahora se hace sobre un ente que parece estar más allá de lo humano, y que no está sujeto a su arbitrariedad, ni a su mala prensa. Por eso, quizás solo es cuestión de tiempo que —como los robots de seguridad a los policías chinos— la IA sustituya a nuestras mejores predicadoras, al Dicasterio para la Doctrina de la Fe católica, a la junta directiva de la Alianza Evangélica, y a todos los que tratan de decirnos qué podemos creer, quién puede creer, y cómo podemos hacerlo. Algo que por el momento no estoy seguro si será bueno, malo, o regular. Habrá que verlo. Estaremos expectantes.

Huelga decir, que mucho antes de que eso ocurra los profesores seremos —en el mejor de los casos— como la máquina de coser de mi abuela que todavía conservo en el trastero. ¿Para qué sirve la formación teológica? Si es únicamente para que nuestros alumnos repitan como loros y cotorras la sana doctrina —que no es otra cosa que la ideología teológica impuesta por quienes tienen el poder de hacerlo­— entonces el presente ya es de la Teolog[IA] ChatGPT. Si no se tiene ni siquiera la necesidad de pensar por una misma, si se tiene miedo a equivocarse, si la teología solo es algo a lo que yo debo amoldarme, y a la que por todos los medios el resto del mundo —sea o no cristiano— debe amoldarse también, entonces la Teolog[IA] ChatGPT ya ha triunfado. En poco tiempo le pediremos también que genere al nuevo profesorado, que lo cree a su imagen y semejanza. Serán mucho más baratos, dóciles, y políticamente correctos.

Antes de que llegue todo eso, podemos todavía poner en valor la teología evangélica, y no estoy hablando de la teología de una determinada confesión religiosa. Como bien decía Karl Barth «el Dios del Evangelio rechaza cualquier conexión con una teología inmovilista y estática. La teología evangélica solo podrá existir y permanecer en vigoroso movimiento, cuando sus ojos se hallen fijos en el Dios del Evangelio… la teología evangélica es una teología eminentemente crítica, porque siempre está expuesta al juicio y nunca se halla aliviada de la crisis en la que está expuesta por su objeto o, más exactamente, por su sujeto vivo» [1].  Y su sujeto vivo no es el ChatGPT.

Carlos Osma

Si quieres saber dónde conseguir el libro

 El Discípulo Que[er] Jesús maba,

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BRASIL –  CHILECOLOMBIAESTADOS UNIDOSESPAÑAFRANCIAGUATEMALAITALIAMÉXICOPERÚREINO UNIDOURUGUAY

Notas: 

[1] Karl Barth, Introducción a la Teología Evangélica (Salamanca: Sígueme, 2021), 28.

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Bonhoeffer, teólogo y pastor comprometido, en el cine

jueves, 3 de julio de 2025
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Dietrich Bonhoeffer

Dirigida por Todd Komarnicki con admiración, e incluso con pasión, por el personaje

Dietrich Bonhoeffer fue un teólogo alemán y pastor luterano que nos ha fascinado a muchos cristianos y no cristianos durante décadas por la fuerza de sus escritos y por su compromiso social y político que lo llevó a ser ahorcado por los nazis

Su firme resistencia al régimen dictatorial, asesino y genocida de Hitler lo llevó a participar activamente en una red de resistencia que conspiraba para acabar con el peligroso dictador; lo que le condujo a la cárcel y la muerte

Recientemente, Bonhoeffer fue el protagonista de un filme que está en la cartelera de las salas de cine comerciales, a pesar de ser un tema poco habitual: «Bonhoeffer, el espía«

«Bonhoeffer, el espía» es la versión española reducida del título en inglés: «Bonhoeffer, pastor, spy, assassin«. Desde mi punto de vista, al título española le falta la palabra ‘pastor‘, pero al inglés le sobra la de ‘asesino‘, pues no es el caso

No es la primera vez que la vida del teólogo ha sido llevada a la pantalla

 

Dietrich Bonhoeffer fue un teólogo alemán y pastor luterano que nos ha fascinado a muchos cristianos y no cristianos durante décadas por la fuerza de sus escritos y por su compromiso social y político que lo llevó a ser ahorcado por los nazis. Su firme resistencia al régimen dictatorial, asesino y genocida de Hitler lo llevó a participar activamente en una red de resistencia que conspiraba para acabar con el peligroso dictador; lo que le condujo a la cárcel y la muerte. Recientemente, Bonhoeffer fue el protagonista de un filme que está en la cartelera de las salas de cine comerciales, a pesar de ser un tema que no es habitual en estas: Bonhoeffer, el espía. Anteriormente ya se había hecho otro film sobre su figura: Bonhoeffer: Agente de Gracia (2000) y varios documentales como  “Un santo que conspiró: Recordando a Dietrich Bonhoeffer (1989) o Bonhoeffer (2003).

Bonhoeffer, el espía es la versión española reducida del título en inglés: “Bonhoeffer,pastor, spy, assassin”. Desde mi punto de vista, al título española le falta la palabra “pastor”, pero al inglés le sobra la de “asesino”, pues en absoluto es el caso de Bonhoeffer. Aunque, a pesar de su profundo compromiso con el pacifismo y la enseñanza cristiana del amor y el perdón, se vio obligado a tomar decisiones drásticas que desafiarían sus principios más fundamentales a medida que Adolf Hitler consolidaba su poder y perpetraba sus  atrocidades, Bonhoeffer fue siempre una persona de una profunda religiosidad y espiritualidad  como manifiestan sus escritos.

Sobre todo los escritos que hizo en la prisión, especialmente Resistencia y sumisión. Cartas desde el cautiverio (1977), publicado décadas después y pronto en español, que leímos con fruición teólogos y estudiantes de teología en los años 70-80 del siglo pasado, pero también en años posteriores hasta hoy. En el librodesarrolla una visión crítica de las instituciones eclesiásticas cristianas, indicando lo que éstas han de ser en el mundo actual. Extracto algunos textos de las primeras páginas de la edición española de Sígueme escritos en 1942:

La gran mascarada del mal ha trastornado todos los conceptos éticos… Es la abismática maldad del mal

¿Quien se mantiene firme? Sólo aquel para quien la norma suprema no es su razón, sus principio, su convivencia, su libertad o su virtud, sino que es capaz de sacrificarlo  todo cuando se siente llamado en la fe y en la sola unión con Dios a la acción obediente y responsable…

Para el bien la necedad (la estupidez) constituye un enemigo más peligroso que la maldad. Existe la posibilidad de protestar contra el mal, de ponerlo de manifiesto y, en caso necesario, de evitarlo por la fuerza… El necio (el estúpido), a diferencia del malo, se siente enteramente satisfecho de si mismo y puede hacerse peligroso cuando pasa al ataque…

La auténtica compasión no nace del miedo sino del amor liberador y redentor de Cristo hacia todos los que sufren. La esperanza inactiva y la contemplación apática no son actitudes cristianas”.

En esta obra aparece la crítica delDios tapa-agujeros, que nos dio a conocer a Bonhoeffer por los año 70: “No debemos utilizar a Dios como tapa-agujeros de nuestro conocimiento imperfecto. Porque entonces, si los límites del conocimiento van retrocediendo cada vez más-lo cual es objetivamente inevitable- Dios es desplazado continuamente junto a ellos… Hemos de hallar a Dios en las cosas que conocemos… Dios quiere ser reconocido en la vida y no sólo en la muerte, en la salud y la fuerza y no solo en el sufrimiento”.

Bonhoeffer escribe también en otro de su mejores libros, El precio de la gracia (1937, en español 1968):

La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado.  La gracia cara es el tesoro oculto en el campo por el que el hombre vende todo lo que tiene; es la perla preciosa por la que el mercader entrega todos sus bienes; es el reino de Cristo por el que el hombre se arranca el ojo que le escandaliza; es la llamada de Jesucristo que hace que el discípulo abandone sus redes y le siga.  La gracia cara es el Evangelio que siempre hemos de buscar, son los dones que hemos de pedir, es la puerta a la que se llama. Es cara porque llama al seguimiento, es gracia porque llama al seguimiento de Jesucristo; es cara porque le cuesta al hombre la vida.

Dietrich Bonhoeffer (1906-1945)

Dietrich Bonhoeffer nació enBreslau (antes Alemania y hoy Polonia) en 1906, en el seno de una familia de la burguesía prusiana que integraba la élite cultural berlinesa en la capital en la que viviría desde 1912. Su padre era profesor de psiquiatría y director de la clínica psiquiátrica de la Universidad de Berlín; y su madre era pianista. Fue alumno del gran teólogo liberal Von Harnack en la prestigiosa universidad de Tubinga y luego en la de Berlín, en la que se doctoró muy joven con una tesis que sería muy alabada por el gran teólogo Karl Barth. Poco después va a Barcelona como vicario de la Iglesia Luterana de Barcelona y en 1930 vuelve a Alemania para presentar su tesis de habilitación para la docencia universitaria; pero hace aun una estancia de una año en New York, tomando cursos de especialización en el  Union Theological Seminary, siendo ordenado pastor en 1931.

Profesor en la Universidad de Berlín, enseñó teología, fue consiliario de estudiantes y publicó varios libros. Opuesto firmemente al nazismo y a la claudicación de la Iglesia Luterana Alemana  (Evangelische Reichskirche) frente a Hitler, participó con Karl Barth, Martin Niemöller y otros en la fundación de la Iglesia Confesante (Bekennende Kirche). Hitler decidió arramblar con las iglesias, destruir las imágenes, no dejar una sola huella de Dios en ellas, cambiando la Biblia por judía, en un libro que exaltase la pureza aria: Mi lucha (Mein Kampf). La Iglesia Confesante era alternativa a la oficial; se oponía a las políticas antisemitas de Hitler y la claudicación de la Iglesia ante el régimen. Aunque la Iglesia Confesante no era grande, representaba un foco considerable de oposición cristiana al régimen nazi en Alemania. En abril de 1933, en una conferencia ante los pastores berlineses, Bonhoeffer insistió en que la resistencia política se hacía imprescindible. Entre finales de ese año y 1935 sirvió como pastor de dos iglesias germanófonas protestantes en Londres.  Volvió a Alemania para encabezar un seminario ilegal para pastores de la Iglesia Confesante, en Finkenwalde (hoy Polonia). La Gestapo clausuró el seminario en 1937 y le prohibió predicar, enseñar y finalmente hablar en público. Ya en 19936 había sido desposeído de su cátedra universitaria.

En 1939 se unió a un grupo clandestino de la resistencia, que incluía militares de alto rango que, encabezados por el almirante Wilhelm Canaris, querían derrocar el régimen nacionalsocialista. Lo arrestaron en abril de 1943, después de que condujera hacia él el dinero del Proyecto 7, usado para ayudar a escapar a judíos a Suiza. Acusado de conspiración, fue encerrado en la cárcel de Tegel (Berlín), durante un año y medio. Tras el infructuoso atentado de julio de 1944, Bonhoeffer fue acusado de complicidad por sus conexiones con los conspiradores, algunos de los cuales eran familiares suyos, como su tío, el comandante de la ciudad de Berlín, Paul von Hase, ejecutado el 8 de agosto de 1944.  Meses después fue trasladado al campo de concentración de Buchenwald y de aquí al Campo de concentración de Flossenbürg, donde seria ajusticiado en la horca en Abril de 1945, ya en los últimos días de la II Guerra Mundial. Aunque no aparece así en el film, parece que debió desnudarse para subir al cadalso. Sus últimas palabras fueron “Este es el fin; pero para mí es el principio de la vida”. El doctor del campo —testigo de la ejecución— anotó “Se arrodilló a orar antes de subir los escalones del cadalso, valiente y sereno. En los cincuenta años que he trabajado como doctor nunca vi morir un hombre tan entregado a la voluntad de Dios”. Su cadáver fue incinerado. Una frase muy citada de uno de sus libros más leídos (El precio de la gracia), prefiguraba su muerte: “Cuando Cristo llama a un hombre, le ofrece a venir y morir”.

En 1945 se descubrió escondido bajo las tejas de un tejado un manuscrito que había redactado Bonhoeffer a petición de unos amigos de la resistencia; René Marlé recoge algunos párrafos en su libro Dietrich Bonhoeffer. Testigo de Jesucristo entre sus hermanos (1968):

“Quizás en otras épocas lo propio del cristianismo fue dar testimonio de la igualdad de los hombre; hoy será precisamente el cristianismo quien deberá intervenir apasionadamente a favor del respeto a los otros y la caridad humana… El peligro de dejarnos arrastrar al desprecio del hombre es muy grande… Pero la única actitud fecunda con respecto a los hombre –con respecto a los débiles- es el amor”.

Con toda razón, Dietrich Bonhoefferes considerado mártir por su fe. Tiene una imagen en la  galería de “Mártires del siglo XX” de la abadía de Westminster, junto a Martin Luther King y Óscar Romero. Tiene un templo luterano bajo su advocación en Hamburgo. Está también en el calendario de mártires de la Iglesia Episcopal de EEUU. E incluso la Iglesia católica consideró hacerlo oficialmente santo y ponerlo en su santoral. Pablo VI se refirió a Bonhoeffer como un hondamente cristiano y cuya definición “Jesús, hombre para los demás” es válida para nuestro tiempo; y el papa Francisco también citó a Bonhoeffer en sus escritos.

«Bonhoeffer, el espía«

Gran parte de esto aparece reflejado en el film “Bonhoeffer, el espía”, donde su figura es defendida por su director Todd Komarnicki (evangélico estadounidense que había dirigido Resistencia y había hecho el guión de títulos como Sully de Clint Eastwood) con admiración e incluso con pasión por su valentía, por su coherencia, y por su compromiso cristiano.

La mayoría de las críticas defienden el valor cinematográfico de la película, aun no siendo genial ni especialmente creativa, con palabras como esta: “Notable y valiosa película cargada de pensamientos filosóficos, reflexiones morales, y discursos históricos, que muestra con una hábil amabilidad poética la comprometida actitud de una pequeña legión de valientes”; otro comentarista tituló “Si las palabras no bastan pasemos a la acción”. Otro titula “Desenmascarando estúpidos”, por unas conocidas palabras de Bonhoeffer sobre “la teoría de la estupidez humana; pues decía que su país, lleno de poetas, intelectuales y pensadores, había caído en manos de estúpidos. La estupidez no es la falta de inteligencia, sino una condición moral y social; para Bonhoeffer es como un virus sobre todo en contextos de poder y dominación.

A mí me ha parecido que está realizada con una calidad clásica, buen ritmo, buena fotografía, buena ambientación y medios más que suficientes, algo imprescindible para una película histórica. Constantes flashback llevan a su vida pasada (su infancia feliz, su adolescencia, sus estudios y trabajo pastoral…), antes de sus años finales. Es expresivo el hecho de que la película está distribuida por Angel, la distribuidora deThe Chosen(“Los discípulos”, sobre Jesús de Nazaret y los apóstoles). Creo que merece la pena verla; sobre todo para los amantes de la figura de Bonhoeffer.

Pero me ha parecido que, aunque es de producción irlandesa-belga, resulta demasiado norteamericana y aún inglesa; una historia estilo Hollywood, cuando el verdadero Bonhoeffer no era un espía héroe de acción, sino un teólogo de fe y un pastor.

Por ello le dedica un espacio excesivo a EEUU y a Inglaterra; incluso llega a tener una secuencia disparatada donde aparece tocando el piano con Louis Armstrong

En cambio aparece menos la realidad europea, aunque la mayor parte se desarrolle en Alemania. Entre los vacíos importantes a este respecto está que no aparece Karl Barth (teólogo suizo que rechazó la teología liberal, típica del protestantismo del siglo XIX, con su teología dialéctica), la figura fundamental de la Iglesia Confesante de Bonhoeffer. Incluso, la fundación de la Iglesia Confesante parece ser no en Berlín por parte de luteranos alemanes, sino en Londres por parte de anglicanos británicos…

Afortunadamente,  sí aparece otro de sus fundadores, el pastor luterano Martin Niemöller, autor de unas famosas palabras mucho tiempo atribuidas a Bertold Brech (con pequeñas variantes de que «vinieron por los comunistas… por los obreros… los estudiantes… los curas…«), y que pasó años en campos de concentración por este discurso que escuchamos en la película: “Primero vinieron a por los socialistas, y guardé silencio porque no era socialista. Luego vinieron por los sindicalistas, y no hablé porque no era sindicalista. Luego vinieron por los judíos, y no dije nada porque no era judío. Luego vinieron por mí, y para entonces ya no quedaba nadie que hablara en mi nombre”.

La críticas negativas han llegado de algunos protestantes. Como la titulada “La falsificación de la historia de Bonhoeffer”, que dice que la película “traspasa todos los límites de falsificación de la historia”; al presentarlo como un atrevido conspirador que se infiltra en la “inteligencia” nazi y lleva a fugitivos judíos por la frontera a Suiza, pues su oposición al nazismo fue moral y espiritual; o que no aparezca en el film como ahorcado en el campo de concentración de Flossenbürg, sino en una granja bávara “después de dar un sermón y celebrar la Santa Cena, ¡nvitando a la Mesa del Señor hasta a un oficial de las SS!” y ajusticiado de manera más digna que lo que fue en realidad; o recitando en el cadalso la Bienaventuranza sobre “los puros de corazón” que “verán a Dios” , cuando él no se sentía “puro de corazón” sino culpable de un intento de asesinato y necesitado del perdón de Dios.

Con todo, he disfrutado viéndola y creo que merece la pena ver la película.

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«Tú tienes la respuesta»

miércoles, 2 de julio de 2025
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Frente al rostro migrante de Jesús

Yolanda Chávez
Los Ángeles (USA).

ECLESALIA, 13/06/25.- Hace unos días, me regalaron un cuadro de Jesús migrante.
Lo tengo frente a mí, colgado en una pared sencilla.
No sé si soy yo quien lo mira… o si es Él quien me mira primero.

Una mirada insistente.
Como si quisiera llamarme.
Un rostro moreno, de ojos profundos. Una mirada que no huye: cuestiona, dialoga.
Una mirada triste, sí… pero cargada de una dignidad que no se doblega.

Está detrás de una cerca de alambres de púas.
Sus manos —llagas visibles— se aferran al alambre:
una a la altura de su barba, otra por encima de su cabeza.
Detrás de él, un fondo dorado. Una aureola roja lo rodea.

En estos días violentos —días de redadas, de persecución institucional, de miedo colectivo—
me acerco más a su rostro.
Le hablo, casi en susurro:
¿Conoces este sufrimiento, verdad?
Fuiste perseguido.
Arrestado.
Sentenciado.
Fuiste condenado injustamente.

Y lo sigues siendo.
Cuando esto le pasa a nuestra comunidad migrante,
también lo vuelven a hacer contigo.

Entonces le pregunto, desde mi desasosiego:
¿A dónde va todo esto?

Jesús no responde con palabras.
Pero su mirada se queda.
Sigue allí, clavada en la mía.
Firme. Compasiva. Dolida. Inquebrantable.

Y es como si me dijera, sin decirlo:
Tú tienes la respuesta.”

Por ahora mi respuesta es mirar al Cristo tras la cerca… y dejar que su mirada me sostenga hasta que vuelva la esperanza.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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«La unión de la ecología interior con la exterior: El Cántico al Hermano Sol, de Francisco de Asís», por Leonardo Boff

miércoles, 2 de julio de 2025
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De su blog La fuerza de los pequeños:

«Estamos celebrando sus 800 años en un contexto tan lamentable como el actual»

San Francisco, por su ternura y hermandad ilimitada, se volvió un hombre universal. Realiza plenamente el proyecto humano de armonía con toda la creación, sintiéndose parte de ella como un hermano. Él suscita en nosotros la esperanza de que podemos convivir en paz con la Madre Tierra

 

En 1967, en un artículo ampliamente divulgado Las Raíces Históricas de Nuestra Crisis Ecológica, el historiador Lynn White Jr. acusó al judeocristianismo, debido a su antropocentrismo visceral, de ser el principal factor de la crisis que ahora se ha vuelto un clamor. Reconoció también que ese mismo cristianismo tenía un antídoto en el misticismo cósmico de San Francisco de Asís.

Para reforzar esa idea, sugirió proclamarlo “patrono de los ambientalistas”, cosa que hizo el Papa Juan Pablo II el 29 de noviembre de 1979. De hecho, todos sus biógrafos, como Tomás de Celano, San Buenaventura, la Leyenda Perugina (una de las fuentes más antiguas) y otras fuentes contemporáneas, atestiguan “la unión amigable que Francisco establecía con todas las criaturas…”. Les daba a todas el dulce nombre de hermanos y hermanas, a las aves del cielo, a las flores del campo, incluso al feroz lobo de Gubbio.

Estableció fraternidad con los más discriminados, como los leprosos, y con todo tipo de personas, como el sultán musulmán Melek el-Kamel, en Egipto, con quien mantuvo largos diálogos. Rezaban juntos. San Francisco hizo suyo el título más elevado que los musulmanes dan a Alá: “Altísimo. El Cántico de las Criaturas comienza con “Altísimo”.

En el hombre de Asís todo está rodeado de cuidado, simpatía y ternura. El filósofo Max Scheler, profesor de Martin Heidegger, en su conocido estudio La Esencia y las Formas de la Simpatía (1926) dedica páginas brillantes y profundas a Francisco de Asís. Él afirma:

«Nunca en la historia de Occidente ha surgido una figura con tamaña fuerza de simpatía y emoción universal como la que encontramos en San Francisco». «Nunca más como en San Francisco ha sido posible preservar la unidad y la integridad de todos los elementos en las esferas de la religión, del erotismo, de la acción social, del arte y del conocimiento» (1926, p. 110). Tal vez sea por eso que Dante Alighieri lo llamó “el sol de Asís (Paraíso XI, 50).

Esta experiencia cósmica tomó forma brillante en su “Cántico al Hermano Sol” o “Cántico de las Criaturas”. En él encontramos una síntesis completa entre ecología interior (los impulsos de la psique) y ecología exterior, la relación amigable y fraterna con todas las criaturas. Estamos celebrando los 800 años del Cántico al Hermano Sol en un contexto tan lamentable como el actual. Aunque pueda parecer extraño, tiene sentido porque en medio de un dolor físico y espiritual insuperable, Francisco de Asís tuvo un momento de iluminación y creó y cantó con sus hermanos este himno, que está repleto de lo que más necesitamos: la unión del cielo con la Tierra, el significado sacramental del Hermano Sol, de la luna, del agua, del fuego, del aire, del viento y de la Madre Tierra, vistas como señales del Creador y, finalmente, la paz y la alegría de vivir y coexistir en medio de las tribulaciones que estaba vivenciando y que también nos asolan a nosotros.

Consideremos primero el contexto en el que surgió el himno. La Leyenda Perusina contiene un relato detallado. Dos años después de la estigmatización en el Monte Alverna, Francisco fue invadido por un gran amor que, en el lenguaje de Buenaventura, significaba una muerte sin muerte. Francisco estaba casi ciego. Él no conseguía ver este sol. Sufrimientos internos y externos lo afligían repetidamente. La orden fundada se estaba convirtiendo en una institución y ya no en un movimiento de seguimiento estricto del Evangelio. Esto le hacía sufrir mucho.

Era la primavera de 1225. El local era la pequeña capilla de San Damián, donde vivían Clara y sus hermanas. Lleno de dolor, no conseguía encontrar paz. Pasó cincuenta días en una celda oscura, sin conseguir ver la luz del día o el fuego de la noche. El dolor de los ojos le impedía dormir o descansar. Casi desesperadamente, él oró: “Ayúdame, Señor, en mi enfermedad, para que pueda soportarla pacientemente”. No pedía librarse de ella sino soportarla.

Francisco se llenó de una alegría increíble. En la noche oscura, amaneció el día. Se sintió transportado al reino de Dios

Mientras oraba, observa su biógrafo Tomás de Celano, Francisco entró en agonía. En medio de esa situación, oyó una voz dentro de sí: Feliz, hermano, feliz en medio de tus aflicciones y enfermedades. En el futuro podrás sentirte tan seguro como quien está en mi reino”.

Francisco se llenó de una alegría increíble. En la noche oscura, amaneció el día. Se sintió transportado al reino de Dios, símbolo de la reconciliación ilimitada de la creación decaída con el designio del Creador.

Entonces Francisco se levantó, murmuró algunas palabras y cantó el himno a todas las cosas: “Altissimu, onnipotente, bon Signore”. Llama a sus hermanos y canta con ellos el cántico que acababa de componer:

                  Altísimo, Omnipotente, Buen Señor, A Ti la alabanza, la gloria, el honor y toda bendición. Sólo a Ti, Altísimo, pertenecen, y ningún hombre es digno de mencionarte. Alabado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente por el Señor Hermano Sol, que es día y por eso nos da su luz. Es bello y radiante con gran esplendor. Y de Ti, Altísimo, es un signo. Alabado seas, mi Señor, por la hermana Luna y las estrellas. Las formaste en el cielo brillantes, preciosas y bellas. Alabado seas, mi Señor, por el hermano Viento y por el aire, y la nube y el cielo sereno y por todo tiempo, a través del cual sostienes a tus criaturas. Alabado seas, mi Señor, por la hermana Agua. Que es tan útil, humilde, preciosa y casta. Alabado seas, mi Señor, por el hermano Fuego, que ilumina la noche, y es bello, alegre, robusto y fuerte. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la Madre Tierra, que nos sustenta y gobierna, y produce muchos frutos, árboles y flores de colores. Alabado seas, mi Señor, por aquellos que perdonan por tu amor y soportan enfermedades y tribulaciones. Bienaventurados los que las soportan en paz pues por ti, Altísimo, serán coronados. Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana la muerte corporal, de la cual ningún ser vivo puede escapar… Alabad y bendecid a mi Señor, dadle gracias y servidle con gran humildad.

Como demostró el franciscano Eloi Leclerc (1977), superviviente de los campos de exterminio nazi, para Francisco los elementos externos como el sol, la tierra, el fuego, el agua, el viento y otros no eran solo realidades objetivas, sino realidades simbólicas, emocionales, verdaderos arquetipos que energizan la psique en el sentido de una síntesis entre el exterior y el interior y una experiencia de unidad con el Todo. Francisco canta al sol, a la luna, a las estrellas y a otros seres, incapaz de verlos porque al final de su vida estaba prácticamente ciego. Él incluye en su elogio lo que es más difícil de integrar: la muerte. En la biografía de Celano, la muerte es huésped de Francisco. Él dice jovialmente: “Bienvenida mi hermana Muerte”.

San Francisco, por su ternura y hermandad ilimitada, se volvió un hombre universal. Realiza plenamente el proyecto humano de armonía con toda la creación, sintiéndose parte de ella como un hermano. Él suscita en nosotros la esperanza de que podemos convivir en paz con la Madre Tierra.

*Leonardo Boff ha escrito Francisco de Asís: ternura y vigor, Sal Terrae 2009 (8ª ed.)

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“Padre y Madre nuestra del Camino”, por Miguel Ángel Mesa.

martes, 1 de julio de 2025
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De su blog Otro mundo es posible:

Padre y Madre buena y entrañable, que estás siempre en el camino de nuestra vida, en el sendero que nos conduce a los demás, en la vereda hacia el cielo del encuentro y de nuestro propio corazón.

Tu nombre solo es bendecido cuando nuestros caminos se cruzan con los de los demás, cuando nos conducen al encuentro, al abrazo, para devolver la dignidad a las personas caídas en las cunetas de la vida.

Cumplimos tu voluntad de llevar felicidad y plenitud, cuando construimos con nuestro compromiso el camino hacia otro mundo posible, tu Reinado de paz, justicia y fraternidad/sororidad ya en nuestra tierra, desde el espíritu de las Bienaventuranzas que nos mostró Jesús con su propia vida.

En este camino hacia la felicidad en común tenemos que compartir lo que somos y tenemos, y trabajar para que los seres humanos puedan vivir con dignidad en todos los ámbitos de su vida, compartiendo la misma mesa, el mismo pan y brindando con el vino de la común humanidad.

El perdón, la reconciliación, la compasión y la generosidad deben alfombrar el itinerario para solucionar los conflictos y caminar hacia la reconciliación y la paz.

Te pedimos, Dios de la Vida y de todos los Caminos que conducen a ti, que nos ayudes a no caer en la comodidad, el individualismo y la apatía, marchando siempre hacia el encuentro con los demás, luchando contra la opresión, la exclusión, la violencia y buscando así el camino de la paz, que siempre va unida a la justicia, para el bien de toda la humanidad, de la Madre Tierra y de todo el Universo. Amén.

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