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Entradas Etiquetadas ‘Resurrección’

Una Semana diferente

lunes, 30 de marzo de 2015
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Para algunos será una semana de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, através de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos aamar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocación para mirara nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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Sumergirse en cada ser

sábado, 21 de marzo de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

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 Cada ser lleva en sí mismo una parte de resurrección.
Cada ser puede enriquecernos,
A condición de sumergirse en él
En lo que él tiene de bello, de mejor,
De luminoso, de divino.
Desgraciadamente, examinamos
Primero las tinieblas del otro.
Y nos quedamos allí.

Cristo está allí, en cada ser,
Oculto, dispuesto a darse a conocer,
Y pasamos sin verlo.
Carecemos del encuentro a menudo,
Presos de nuestro egoísmo, nuestras negativas,
Nuestras barreras, nuestras intolerancias, nuestros rechazos.

Necesitamos pedir
En nuestra oración la mirada de Cristo.
Se sumerge en los seres con tal intensidad
Que nadie olvidará jamás esta mirada.
Y vivirá.

El Cristo resucitado necesita nuestra mirada
De ternura y de misericordia
Para acceder a cada ser.

Sumergirse en lo que cada persona tiene de mejor,
es recibir una partícula de la luz del Resucitado.

*

Guy Gilbert

*

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Escoger la vida

martes, 17 de marzo de 2015
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De blog de la Communion Béthanie:

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«¡Alegraos con Jerusalén y regocijaos con ella, todos los que la amáis;
rebosad de júbilo con ella, todos los que han llorado por ella!
(Is 66,10)

Aquí estamos a mitad de nuestro camino hacia la Pascua.
Camino que nos hace adelantar el faro de la alegría.
Estas palabras de Isaías nos recuerdan que es en la alegría
como nos dirigimos hacia la Pascua en el encuentro con Cristo resucitado.

Entonces interroguemosnos.
¿Dónde estoy con la oración, el ayuno y el compartir?
¿He tomado el camino del encuentro de Aquél que se aloja en lo más hondo de mí
optando por la visita de mi templo interior?
¿ O todavía tengo que interpretar al perfeccionista?
¿ Yo mismo he quedado ensimismado en mis profundidades
buscando los granos de arena de mis desiertos,
dando vueltas,
a deprimirme, a juzgarme, a condenarme?
El Evangelio de este cuarto domingo nos invita
A alzar la cabeza hacia El que salva, que nos salva
A ser veraces con nosotros mismos, sobre nuestros límites y nuestras fragilidades
A detestar las tinieblas para preferir la luz,
A escoger la vida.

Dejemos resonar en nosotros estas palabras:
«Dios amó tanto el mundo que envió a su Hijo único
Para que, por él, el mundo sea salvado«.

*

Anne-Marie,
Sœur de la Communion Béthanie

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40 días…

martes, 24 de febrero de 2015
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Del blog de la Communion Béthanie:

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En el miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invitaba a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la tenencia del Resucitado.

40 días que se nos dan para seguir un camino:
Ruta de conversión
Camino de fe
Ruta de confianza
Camino Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?
¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?
¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?
¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?
Entonces podría amar como Él.
Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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La muerte está vencida

domingo, 2 de noviembre de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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« ¡ Ver los cementerios como un lugar de vida! Es en la Eucaristía donde estamos más en comunión con nuestros difuntos. Sin embargo, los cementerios son una proclamación magnífica de la esperanza en la resurrección de la carne, bien más allá del postulado simple y arbitrario de una cierta supervivencia del alma. Allí están aquellos a los que los primeros cristianos llamaban » los durmientes «. Y es a sus hermanos vivos para Dios, por quien los cristianos van a visitar el cementerio. Si se va a la tumba del Cristo, aunque esté vacía, precisamente es porque allí se produjo la resurrección de Cristo, la prenda de nuestra propia resurrección. Mantengamos nuestras tumbas pero no cultivemos la flor del tormento, de la culpabilización. Tenemos algo mejor que hacer: reguemos la flor de la Fe, entonces hagamos de nuestros cementerios  bellos jardines de esperanza! «

*

Père Pierre Trevet

*

¡La Eucaristía! Es el regalo más bello que puede ofrecerse a los que «se fueron». La Salvación ya ha sido dada de una vez para siempre por la muerte y la resurrección de Cristo, pero la actualización de la misa va a abrir el corazón del difunto y a alumbrarlo con una luz nueva. Si está en el «Purgatorio«, la misa es potencia de liberación. Si ya está en el Cielo, podrá utilizar este don con una «inteligencia» celeste para los de la tierra que lo necesitan más. Comprendamos que es también un regalo para los vivientes porque purificar y lavar nuestra historia pasada aporta bendición en el presente y en el futuro.

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Mirar la Cruz

sábado, 27 de septiembre de 2014
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Del blog de la Communion Béthanie:

Vangelis Kyris (10)

Mirar la cruz, es hacer memoria:
acordarse de la muerte y de la resurrección,
amar hoy hasta dar su vida,
esperar la llegada del hijo del Hombre.

Desde mi edad más joven, me llamaste a seguirte, Señor
Hoy, quiero totalmente entregárme a tí
y a tu cruz gloriosa, por el amor del mundo del sufrimiento.
¡ Qué sea tu testigo alegre con el fin de que descubra tu inmenso amor!

María, tú que has caminado hacia el calvario,
dame la fuerza de imitar a tu hijo,
me confío a tí porque sabes que soy demasiado débil.
Con este mundo de sufrimiento, María, oh, madre mía,
te doy gracias y te alabo por todo lo que me darás.

Amen.

*

Hermano Christophe de Tibhirine 1950-1996

 

 

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«¿Podemos todavía sonreír en medio del miedo y la consternación de nuestros días?», por Leonardo Boff, teólogo y escritor

domingo, 17 de agosto de 2014
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Nueva imagenLeído en la página web de Redes Cristianas

En mi ya larga trayectoria teológica, desde el principio, en los años 69 del siglo pasado, han sido siempre centrales dos temas que representan singularidades propias del cristianismo: la concepción societaria de Dios (Trinidad) y la idea de la resurrección en la muerte. Si dejásemos fuera estos dos temas, no cambiaría casi nada en el cristianismo tradicional. Éste predica fundamentalmente el monoteísmo (un solo Dios) como si fuésemos judíos o musulmanes. Y en lugar de la resurrección prefirió el tema platónico de la inmortalidad del alma. Es una pérdida lamentable, porque dejamos de profesar algo especial, diría casi exclusivo del cristianismo, cargado de jovialidad, de esperanza y de un sentido innovador del futuro.

Dios no es la soledad del uno, terror de los filósofos y de los teólogos. Es la comunión de tres Únicos, que por ser únicos no son números sino un movimiento dinámico de relaciones entre diversos igualmente eternos e infinitos, relaciones tan íntimas y entrelazadas que impide que haya tres dioses, sino un solo Dios-amor-comunión-inter-retro-comunicación. El nuestro es un monoteísmo trinitario y no atrinitario o pre-trinitario. En esto nos distinguimos de los judíos y de los musulmanes y de otras tradiciones monoteístas.

Decir que Dios es relación y comunión de amor infinito y que de Él se derivan todas las cosas es permitirnos entender lo que la física cuántica viene afirmando desde hace ya casi un siglo: todo en el universo es relación, entrelazamiento de todos con todos, formando una red intrincadísima de conexiones que forman el único y mismo universo. Él es, efectivamente, a imagen y semejanza del Creador, fuente de interrelaciones infinitas entre diversos, que vienen bajo la representación de Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta concepción quita el fundamento a todo y cualquier centralismo, monarquismo, autoritarismo y patriarcalismo, que encontraba en un único Dios y único Señor su justificación, como algunos teólogos críticos ya observaron. El Dios societario, proporciona, sin embargo, el soporte metafísico a todo tipo de socialidad, de participación y de democracia.

Pero como los predicadores por lo general no se refieren a la Trinidad, sino solo a Dios (solitario y único) se pierde una fuente de crítica, de creatividad y de transformaciones sociales en la línea de la democracia y de la participación abierta y sin fin.

Algo semejante ocurre con el tema de la resurrección. Esta constituye el núcleo central del cristianismo, su point d’honneur. Lo que volvió a reunir a la comunidad de los apóstoles después de la ejecución de Jesús de Nazaret en la cruz (todos estaban regresando, desesperanzados, a sus casas) fue el testimonio de las mujeres diciendo: “ese Jesús que fue muerto y sepultado vive y ha resucitado”. La resurrección no es una especie de reanimación de un cadáver como el de Lázaro que luego acabó muriendo como todos, sino la revelación del novissimus Adam en la feliz expresión de Pablo: la irrupción del Adán definitivo, del ser humano nuevo, como si el fin bueno de todo el proceso de la antropogénesis y de la cosmogénesis se hubiese anticipado. Por lo tanto, una revolución en la evolución.

El cristianismo de los primeros tiempos vivía de esta fe en la resurrección resumida por san Pablo al decir: “Si Cristo no resucitó nuestra predicación es vacía y vana nuestra fe” (1Cor 15,14). En tal caso sería mejor pensar: “comamos y bebamos porque mañana moriremos” (15,22). Pero si Jesús resucitó, todo cambia. Nosotros también vamos a resucitar, pues él es el primero entre muchos hermanos y hermanas, “las primicias de los que murieron” (1Cor 15,20). En otras palabras, y esto vale contra todos los que nos dicen que somos seres-para-la-muerte, nosotros morimos, sí, pero morimos para resucitar, para dar un salto hacia el término de la evolución y anticiparla en el aquí y el ahora de nuestra temporalidad.

No conozco ningún mensaje más esperanzador que este. Los cristianos deberían anunciarlo y vivirlo en todas partes. Pero lo dejan de lado y se quedan con el anuncio platónico de la inmortalidad del alma. Otros, como ya observaba irónicamente Nietzsche, son tristes y taciturnos como si no hubiese redención ni resurrección. El Papa Francisco dice que son “cristianos de cuaresma sin resurrección”, con “cara de funeral”, tan tristes que parece que van a su propio entierro.

Cuando alguien muere, llega para esa persona el fin del mundo. En ese momento, en la muerte, es cuando sucede la resurrección: inaugura el tiempo sin tiempo, la eternidad bienaventurada.

En una época como la nuestra, de desagregación general de las relaciones sociales y de amenazas de devastación de la vida en sus diferentes formas y hasta con peligro de desaparición de nuestra especie humana, vale la pena apostar por estas dos iluminaciones: Que Dios es comunión de tres que son relación de amor, y que la vida no está destinada a la muerte personal y colectiva sino a más vida todavía. Los cristianos apuntan hacia una anticipación de esta apuesta: el Crucificado que fue Transfigurado. Guarda las señales de su paso doloroso entre nosotros, las marcas de la tortura y de la crucifixión, pero, ahora transfigurado, las potencialidades de lo humano escondidas en él se realizaron plenamente. Por eso lo anunciamos como el ser nuevo entre nosotros.

La Pascua no quiere celebrar otra cosa que está feliz realidad que nos concede sonreír y mirar el futuro sin miedo ni pesimismo.

Leonardo Boff escribió Nuestra resurrección en la muerte, Sal Terrae 2005.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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El Centro de Gravedad.

martes, 10 de junio de 2014
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Del blog À Corps… À Coeur:

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Me reprochas por situar el centro de gravedad de la fe cristiana en el futuro en lugar de situarla en el drama redentor de la muerte y resurrección de Jesucristo. El reproche es justo… ¡Pero es Jesús mismo quien sitúa el centro de gravedad de la fe cristiana en el futuro! No hago sino conformarme con ello como lo hacían el cristianismo primitivo y San Pablo, y como debemos hacerlo nosotros mismos/as. El centro de gravedad de la fe cristiana no es el drama redentor de nuestra dogmática, sino la llegada del Reino de Dios en nuestro corazón y en el mundo. La naturaleza del cristianismo está constituida por la predicación de Jesús del Reino que está próximo, no por la teoría de la redención de san Agustín. Lo que debe ocuparnos ante todo, es el Reino de Dios.

*
Albert Schweitzer, carta del 11 de julio de 1952 a Maurice Carrez

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No cerrar el horizonte». 1 de junio de 2014. Ascensión del Señor(A). Mateo,28, 16-20.

domingo, 1 de junio de 2014
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29-AscensionA cerezoOcupados solo en el logro inmediato de un mayor bienestar y atraídos por pequeñas aspiraciones y esperanzas, corremos el riesgo de empobrecer el horizonte de nuestra existencia perdiendo el anhelo de eternidad. ¿Es un progreso? ¿Es un error?

Hay dos hechos que no es difícil comprobar en este nuevo milenio en el que vivimos desde hace unos años. Por una parte, está creciendo en la sociedad humana la expectativa y el deseo de un mundo mejor. No nos contentamos con cualquier cosa: necesitamos progresar hacia un mundo más digno, más humano y dichoso.

Por otra parte, está creciendo el desencanto, el escepticismo y la incertidumbre ante el futuro. Hay tanto sufrimiento absurdo en la vida de las personas y de los pueblos, tantos conflictos envenenados, tales abusos contra el Planeta, que no es fácil mantener la fe en el ser humano.

Sin embargo, el desarrollo de la ciencia y la tecnología esta logrando resolver muchos males y sufrimientos. En el futuro se lograrán, sin duda, éxitos todavía más espectaculares. Aún no somos capaces de intuir la capacidad que se encierra en el ser humano para desarrollar un bienestar físico, psíquico y social.

Pero no sería honesto olvidar que este desarrollo prodigioso nos va “salvando” solo de algunos males y de manera limitada. Ahora precisamente que disfrutamos cada vez más del progreso humano, empezamos a percibir mejor que el ser humano no puede darse a sí mismo todo lo que anhela y busca.

¿Quién nos salvará del envejecimiento, de la muerte inevitable o del poder extraño del mal? No nos ha de sorprender que muchos comiencen a sentir la necesidad de algo que no es ni técnica ni ciencia ni doctrina ideológica. El ser humano se resiste a vivir encerrado para siempre en esta condición caduca y mortal.

Sin embargo, no pocos cristianos viven hoy mirando exclusivamente a la tierra, Al parecer, no nos atrevemos a levantar la mirada más allá de lo inmediato de cada día. En esta fiesta cristiana de la Ascensión del Señor quiero recordar unas palabras del aquél gran científico y místico que fue Theilhard de Chardin: “Cristianos, a solo veinte siglos de la Ascensión, ¿qué habéis hecho de la esperanza cristiana?”.

En medio de interrogantes e incertidumbres, los seguidores de Jesús seguimos caminando por la vida, trabajados por una confianza y una convicción. Cuando parece que la vida se cierra o se extingue, Dios permanece. El misterio último de la realidad es un misterio de Bondad y de Amor. Dios es una Puerta abierta a la vida que nadie puede cerrar.

José antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a reavivar la esperanza cristiana. Pásalo.

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Domingo 1 de junio de 2014. Ascensión del Señor

domingo, 1 de junio de 2014
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dompasB07Asc04Leído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles: 1,1-11: Lo vieron levantarse
Salmo responsorial: 46
Efesios 1,17-23:
Lo sentó a su derecha en el cielo
Mateo 28,16-20:
Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra

La primera lectura de la liturgia nos ofrece el relato de la Ascensión del Señor cuyo objetivo fundamental es trazar los rasgos específicos de la esperanza cristiana. Jesús, nuevo Elías, asciende a los cielos y este hecho no significa el fin de la historia deseado por los discípulos según se refleja en su pregunta: «¿Es ahora cuando vas a restaurar el reino para Israel?» (v.6). Se trata por el contrario, del tiempo del testimonio que prepara ese final. En el salmo interleccional se proclama la entronización de Dios como «emperador» y «rey» de toda la tierra y la carta a los cristianos de Éfeso conecta el señorío del Mesías Jesús a la comprensión que deben tener los miembros de la comunidad eclesial sobre la esperanza a la que «abre su llamamiento» (1,18) .

El evangelio, final del relato de Mateo, vuelve a subrayar esa conexión. Comprende las circunstancias del último encuentro entre Jesús y sus discípulos (vv. 16-17) y las palabras finales del Señor a su comunidad (vv. 18-20).

Respecto a las circunstancias, el texto sitúa la escena en una montaña de la Galilea. Se produce en ella la teofanía del Resucitado que debe colocarse en relación con la montaña de la Tentación y con la montaña de la Transfiguración. Se anticipa, así el Señorío de Jesús, tema principal que se desprenden de las palabras que éste pronuncia.

Lejos del centro de la dirigencia religiosa, Jesús se encuentra con los Once. El número es el resultado de la sustracción de Judas de la cifra original de los Doce discípulos y significa la totalidad de los seguidores de Jesús que no defeccionaron. Todos ellos son beneficiarios de la experiencia del Resucitado.

Ante esa experiencia su actitud es una mezcla de adoración y de duda. Como Pedro ante el embate de las olas (cf Mt 14,23-33), la comunidad lleva en su seno estos dos sentimientos contradictorios. Ambos son los dos únicos textos de Mateo que combinan los verbos que se refieren a esos dos sentimientos.

Las palabras de Jesús se dirigen a fortalecer la fe comunitaria desde un encargo en que están implicados tres personajes: Jesús, el círculo de los discípulos y «todos los pueblos». Respecto a sí mismo, Jesús afirma que ha recibido «plena autoridad en el cielo y en la tierra» (v. 18). Para el evangelista, la autoridad ocupa un puesto importante en la presentación de Jesús. Este, al inicio de su actividad, había rechazado la última propuesta del diablo en orden recibir «todos los reinos del mundo» (cf Mt 4,8-10), los discípulos habían visto actuante en Jesús el significado del poder divino pero debían mantenerlo en secreto (cf Mt 16,28-17,9). Ahora es el momento de la proclamación de ese señorío, recibido por Jesús del Padre.

Los elementos que subrayan el universalismo son acumulados en este breve pasaje. Junto a «cielo y tierra» y la mención de los «pueblos» se da una significativa repetición del término «todo», «plena autoridad» (v. 18), «todos los pueblos» (v. 19), «todo lo que les mandé» (v. 19), «cada día» (v. 20). La obediencia al querer divino confiere a Jesús un señorío universal que se ejerce sobre toda realidad creada.

Este «relato de vocación» de la comunidad eclesial describe la transmisión que le hace Jesús de «todo su poder». Gracias a él pueden convocar a nuevos discípulos mediante el bautismo y la enseñanza. Por el bautismo, Jesús había iniciado el cumplimiento definitivo de la justicia del Reino (Mt 3,15), igualmente el bautismo cristiano injerta a cada bautizado en la misma dinámica. Junto al bautismo, el otro rasgo característico de la existencia cristiana es la «enseñanza». No se trata de una teoría que se debe proclamar, sino de la Buena Noticia del Reino frente a la cual todo creyente es un seguidor al que se exige un comportamiento coherente. Se trata de «guardar todo lo que les mandé». De esa forma, toda obra y palabra de Jesús se convierten en punto de referencia que se debe tener presente en la propia vida.

El mandato de Jesús compromete a toda la comunidad eclesial y la responsabiliza frente a todas las naciones. Aunque ya iniciado en el círculo de los discípulos, el señorío de Jesús no puede agotarse al interno de la vida de las comunidades cristianas. Para ello cuenta con la asistencia de su Señor: «Yo estaré con ustedes». Esta asistencia suministra el coraje necesario para superar todos los temores y tempestades y confiere un ámbito ilimitado para la actuación de la salvación.

Pero para ello, se exige de la Iglesia la misma obediencia de Jesús. Sólo en el rechazo del poder de dominio, en la obediencia filial al Padre, podrá realizar su tarea. Este «manifiesto» final del Señor Resucitado liga íntimamente la misión de la Iglesia al camino recorrido históricamente por Jesús de Nazaret, Hombre y Dios. Leer más…

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Ascensión de Jesús 2: Un camino desde Jerusalén

domingo, 1 de junio de 2014
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2662_1Del blog de Xabier Pikaza:

Ayer he comentado el evangelio (Mt 28, 16-20) poniendo de relieve el sentido de la Ascensión como Presencia y Tarea de Jesús y de sus seguidores, desde la Montaña de Galilea. Jesús no se iba se quedaba con los suyos, mandándoles a todo el mundo, para que el mundo entero fuera Galilea.

Hoy comento la lectura del libro de los Hechos (Hech 1, 1-11), paralela a la de Lc 24, 50-53, en la que Lucas ha trazado simbólicamente la imagen más fuerte y hermosa de la Ascensión del Señor, que es, al mismo tiempo, “subida” a la altura de Dios y envío a todo el mundo, desde el monte de Jerusalén, no desde Galilea.

Ambas visiones del temas son distintas, y en un sentido externo se oponen: Jesús no pudo subir al mismo tiempo desde Jerusalén y Galilea… Pero en otro sentido las dos son verdaderas y se complementan,, poneiendo de relieve aspectos distintos del mensaje de Jesús:

Mateo, gran judío, ha escrito el evangelio desde Galilea (como había hecho Marcos). Por eso, Jesús tiene que retomar su mensaje y ofrecer su propuesta desde el Monte de Galilea, donde sigue animando a los suyos. Por eso, los cristianos somos galileos reconvertidos (nosrim, nazarenos). Venimos de la periferia, llevando el evangelio de Jesús, el marginado. Volver a Galilea, ese es el principio del Evangelio según Mateo.

10387215_289693404541192_8335898150447045152_nLucas, que parece de origen gentil, ha escrito el evangelio desde Jerusalén, porque es la ciudad famosa de las profecías y del templo… Por eso, Jesús cumple su tarea «fracasando», para empezar de nuevo, reuniéndose con los suyos de otra manera, para enviarles desde allí les manda al mundo entero. Pero no sube y envía a los suyos desde el Templo, como sería lógico (y como pensarán los musulmanes como Mahoma, imagen 2), ni desde el Muro de las Lamentaciones (como harían los judíos más centrados en su historia), sino desde la Colina o Montaña de los olivos, al Oriente de la Ciudad, lugar que los profetas habían destinado para la llegada del Reino.

Gracias a Dios, esa Colina de la Ascensión (promesa del Reino) es un pequeño recinto «laico», sin culto, propiedad de un musulmán, con un simple templete, rodeado de una tapia… Ése es el mejor símbolo de la Iglesia que nace fuera de la ciudad y el templo, sobre una colina abierta al mundo entero, con un simplísimo templete medieval.

Retomo así, desde el libro de los Hechos, el tema de ayer… deseando a todos una feliz fiesta de Ascensión: Que vuestra vida sea camino y presencia de Cielo. Creer en el Cristo del Cielo es aceptar su tarea en la tierra.

Cristo se ha «ido» para estar presente de manera más intensa, más comprometida. En el «hueco» de Jesús “somos” nosotros. Donde él ha quedado seguimos nosotros (con él, por supuesto). Su cielo es nuestra tierra.

Primera imagen: Capilla de la Ascensión de Jesús, en el Monte de los Olivos; un simple templete en un espacio vacío, rodeado de muros, propiedad musulmana. Dentro del templete está la roca donde según la tradición puso el pie Jesús para «subir» y quedarse con los suyos.

Segunda imagen: Capilla del Ascenso nocturno de Mahoma al cielo, desde Jerusalén, para recibir las grandes revelaciones, según la tradición del Islam… esa tradición islámica ha creado uno de los espacios sagrados más venerables del mundo… En realidad, Mahoma habría subido al cielo desde el mismo templo de la Roca de Jerusalén… Mahoma sería el gran judío, cumplidor de todas las promesas… Jesús queda apartado, en el Monte de los Olivos.

Siga leyendo quien quiera conocer mejor el sentido del ascenso-presencia pascual de Jesús en los suyos. Buen domingo.

La Ascensión. El texto base de Lucas y Hechos

Parece que Lucas-Hechos ha reelaborado tradiciones anteriores que hablaban de una aparición de Jesús en la montaña, en la línea de Mt 28, 16-20. Pero su montaña no se encuentra ya en Galilea sino en el entorno de Jerusalén (Monte de los Olivos).

Esa montaña de Lucas no es lugar de presencia constante sino de despedida, de ascensión del Cristo que, desde la altura del mundo, junto a Jerusalén, va subiendo hacia el misterio de Dios, a la plenitud de la gloria, para sentarse a la derecha de Dios Padre (cf Hech 2, 33).

De esa forma, la aparición en la montaña se convierte en última aparición, la visión pascual se vuelve experiencia de despedida. Lucas necesita mostrar un final, para decir que Jesús se ha ido, que no puede convivir entre nosotros en la forma antigua, no puede aparecerse por doquier, en cualquier tiempo o circunstancia.

Pero la despedida desde el Monte de los Olivos (monte del Reino) es signo de una presencia más honda, de una tarea más fuerte. Se ha ido, y es bueno que esté alejado de nosotros, a la derecha de Dios Padre, porque sólo así nos puede dejar en libertad y ofrecernos su Espíritu. Éstos son los dos textos:

(Evangelio, final de la gran aparición, el mismo día de pascua…)

Jesús les dirigió fuera (de la ciudad, de Jerusalén), hacia Betania
y levantando las manos les bendijo. Y sucedió que al bendecirles
se separó de ellos y se elevaba hacia el cielo (Lc 24, 50-51).

(Libro de los Hechos, tras 40 días de “apariciones”… Después de aparecerse a los discípulos durante cuarenta días, tras haber comido con ello, les dice que no se vayan de Jerusalén hasta que reciban el Espíritu…):

Ellos, reuniéndose, le rogaban:
– ¿Es este el tiempo en que vas a restaurar el reino para Israel?
Pero él les contestó:
No os toca a vosotros conocer los tiempos y momentos
que el Padre ha reservado para su propio poder.
Pero recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros
y seréis mis testigos en Jerusalén
y en toda Judea y Samaría y hasta los confines de la tierra.
Y diciendo estas cosas, mientras ellos miraban fue arrebatado
y una nube le sustrajo a sus ojos;
y mientras miraban hacia el cielo, para ver cómo ascendía.
he aquí que se les mostraron dos varones vestidos de blanco y les dijeron:
Hombres galileos ¿qué hacéis mirando al cielo?
Este mismo Jesús que os ha sido tomado para ir al cielo
volverá de la misma forma en que le habéis visto subir hacia el cielo.
Entonces, ellos volvieron a Jerusalén del monte que se llama de los Olivos…. (Hech 1, 6-11).

La ascensión así expresada es ante todo elevación.

Hablando de una forma simbólica muy honda, tenemos que decir Jesús ha subido hacia la altura de Dios, desbordando el plano de la historia y geografía de la tierra. Ahora se encuentra en un nivel distinto, en ámbito perfecto de gloria y plenitud pascual. Así lo muestra nuestro texto, en hondo simbolismo. Leer más…

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Dom. 1.6.14. Ascensión, la gran fiesta: Subir a Galilea, bajar a todo el mundo.

domingo, 1 de junio de 2014
Comentarios desactivados en Dom. 1.6.14. Ascensión, la gran fiesta: Subir a Galilea, bajar a todo el mundo.

8299138295_0e85f07b41_zDel blog de Xabier Pikaza:

Ascensión del Señor. Mt 28, 16-20. Hoy culmina el tiempo de pascua con la Ascensión de Jesús, que solía celebrarse en jueves, a los cuarenta días de la resurrección, pero que se ha pasado ahora, en casi todas las iglesias, al domingo siguiente.

Aprovecho la ocasión para desear a mis lectores y amigos un feliz final de pascua, y para comentar el sentido de la Ascensión según el evangelio de Mateo (no el de Lucas con el libro de los Hechos, que suele servir de modelo). Éstos son sus rasgos principales:

‒ Según el evangelio de este año (Mt 18, 16-20) no hay ascensión propiamente dicha, sino revelación y presencia del Señor Jesús en la Montaña del recuerdo de Jesús, con su palabra, su presencia y su envío misionero.

Jesús no va a ningún otro lugar, sino que queda con los suyos (estoy con vosotros…) hasta el final de los días. Eso significa que él resucita y actúa en sus amigos, en aquellos que viven y extienden con su vida el Gran Mensaje.

Jesús no resucita ni triunfa en Jerusalén, sino en la “montaña de Galilea”, es decir, en aquellos que han sido los lugares y paisajes de su vida. Jesús ha ido a Jerusalén para dar testimonio y mantener su proyecto, siendo allí asesinado. Por eso, el evangelio no puede comenzar en Jerusalén, con su templo, sacerdotes soldados, sino en Galilea, el lugar de la gente que sufre y que vive, que busca y escucha la Palabra. Todo intento de sacralizar a Jerusalén con su boato religioso carece de sentido según este evangelio.

‒ Más que “subida” y alejamiento espiritual, la Ascensión de Jesús es “bajada y presencia”. Jesús baja con los suyos de la montaña del evangelio para extender entre todos los pueblos su presencia. Está con los suyos, en ellos, con ellos… Ésta es su Ascensión, su gran «descenso». No queda en la Montaña para hacer allí una pirámide o templo, una gran corte pascual, sino para reunir a los suyos y enviarles, y bajar/estar con ellos en todo el mundo.

Estos “once” de la ascensión son (somos) todos, hombres y mujeres en la Montaña del Evangelio, para empezar de nuevo, desde la periferia del mundo, como humanidad nueva, como grupo, unidos en amor, sin un “jefe” superior, “sin pedro y sin obispos”, (Pedro tiene en Mt otra función), todos y todas formando la gran cuadrilla de la nueva montaña de la vida.

Para celebrar la Ascensión y Presencia de Jesús según Mateo tenemos que dejar Jerusalén (con sus ideales de templo), tenemos que dejar Roma (con sus ideales de sacralidad urbi et orbe), para volver a la montaña del evangelio, que está en Galilea, y recomenzar allí la tarea de Jesús, sin él (es decir, con él, pero de otra manera mucho más profunda).

‒ ¿Volvemos a Galilea? ¿Aprendemos allí, nos comprometemos…? Evidentemente, muchos de nosotros “dudaremos”, pensando que Galilea no es el lugar, que hay que empezar en Jerusalén o Roma… Pero Jesús nos dirá que empecemos…. Buen domingo de Ascensión a todos.

Texto: Mateo 28,16-20

Los Once discípulos fueron a Galilea,
a la Montaña que les había mandado Jesús.
Y viéndole le adoraron, aunque algunos dudaban.
Y Jesús, adelantándose a ellos, les habló diciendo:
-Se me ha dado todo poder en el cielo y sobre la tierra;
id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos,
bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado
y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días,
hasta la consumación de los tiempos (28, 16-20).

Ascensión, una Pascua que es presencia de Jesús, en Galilea.

Esta es la aparición única y universal de Jesús según Mateo, una «ascensión» que no es subida a otro cielo, sino presencia en esta tierra, hasta el final de los tiempos. Esta «aparición» (presencia) tiene valor definitivo: no termina, perdura para siempre. Ella sigue, no ha tenido ni tendrá fin, hasta el día en que acabe la historia. Eso significa que el tiempo de los hombres (discípulos del Cristo) está marcado por la permanencia y frutos de esa gran visión que funda toda su existencia.

Sabíamos por Mc 16, 7 y Mt 28, 7.10 que los discípulos del Cristo debían dirigirse a Galilea, para encontrarse en plenitud con el Señor resucitado. Galilea significa la tierra de la historia de Jesús: allí se escucha su palabra, allí se cumple su mensaje. Pero, al mismo tiempo, Galilea aparece en este pasaje como punto de partida de un camino que debe dirigirse ya al conjunto de los pueblos.

El hecho de que Mateo haya centrado la pascua de Jesús en Galilea puede resultar extraña para un buen judío, pues va en contra de las expectativas de la historia oficial israelita, pues según ella el reino ha de irrumpir en la ciudad de las promesas (Jerusalén); allí se expresará triunfante el rey mesías, elevando su trono sobre el mundo.

Lógicamente, para resaltar la continuidad con Israel, el evangelio de Lucas y, en principio el de Juan, han situado las apariciones de Jesús y el comienzo de la iglesia en Jerusalén. De allí deben salir los discípulos del Cristo, llevando su mensaje a las naciones de la tierra. Pues bien, rompiendo esa visión, Mateo ha colocado la experiencia pascual en Galilea, para iniciar desde allí el camino del reino. Leer más…

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Ascensión del Señor. Ciclo A.

domingo, 1 de junio de 2014
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ASCENSIONDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Jesús subiendo al cielo es una imagen bastante representada por los artistas, y la tenemos incorporada desde niños, además de formar parte de nuestra profesión de fe. Alguno podría imaginar que esta escena se encuentra en los cuatro evangelios. Sin embargo, el único que la cuenta es Lucas, y por dos veces: al final de su evangelio y al comienzo del libro de los Hechos. El próximo domingo la primera lectura ofrece la versión de Hechos.

En mi primer libro, querido Teófilo, escribí de todo lo que Jesús fue haciendo y enseñando hasta el día en que dio instrucciones a los apóstoles, que había escogido, movido por el Espíritu Santo, y ascendió al cielo. Se les presentó después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, y, apareciéndoseles durante cuarenta días, les habló del reino de Dios.
Una vez que comían juntos, les recomendó:
― No os alejéis de Jerusalén; aguardad que se cumpla la promesa de mi Padre, de la que yo os he hablado. Juan bautizó con agua, dentro de pocos días vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo.
Ellos lo rodearon preguntándole:
― Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino de Israel?
Jesús contestó:
― No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha establecido con su autoridad. Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.
Dicho esto, lo vieron levantarse, hasta que una nube se lo quitó de la vista. Mientras miraban fijos al cielo, viéndole irse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron:
― Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse.

Curiosamente, esta versión difiere bastante de lo que cuenta Lucas en su evangelio.

ü En el Evangelio, Jesús bendice antes de subir al cielo (en Hch, no).
ü En Hechos, una nube oculta a Jesús (en el evangelio no se menciona la nube).
ü En el evangelio, los discípulos se postran (en Hch se quedan mirando al cielo).
ü En el evangelio vuelven a Jerusalén; en Hch se les aparecen dos personajes vestidos de blanco.

Subir al cielo como imagen del triunfo

Si el mismo autor, Lucas, cuenta el mismo hecho de formas tan distintas, significa que no podemos quedarnos en lo externo, en el detalle, sino que debemos buscar el mensaje profundo.

La idea de la ascensión resulta chocante al lector moderno por dos motivos muy distintos: 1) no es un hecho que hayamos visto; 2) se basa en una concepción espacial puramente psicológica (arriba lo bueno, abajo lo malo), que choca con una idea más perfecta de Dios.

Precisamente por esta línea psicológica podemos buscar la explicación. Desde las primeras páginas de la Biblia encontramos la idea de que una persona de vida intachable no muere, es arrebatada al cielo, donde se supone que Dios habita. Así ocurre en el Génesis con el patriarca Henoc, y lo mismo se cuenta más tarde a propósito del profeta Elías, que es arrebatado al cielo en un carro de fuego. Interpretar esto en sentido histórico (como si un platillo volante hubiese recogido al profeta) significa no conocer la capacidad simbólica de los antiguos.

Sin embargo, existe una diferencia radical entre estos relatos del Antiguo Testamento y el de la ascensión de Jesús. Henoc y Elías no mueren. Jesús sí ha muerto. Por eso, no puede equipararse sin más el relato de la ascensión con el del rapto al cielo.

Es preferible buscar la explicación en la línea de la cultura clásica greco-romana. Aquí sí tenemos casos de personajes que son glorificados de forma parecida tras su muerte. Los ejemplos que suelen citarse son los de Hércules, Augusto, Drusila, Claudio, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Los incluyo al final para los interesados.

Estos ejemplos confirman que el relato tan escueto de Lucas no debemos interpretarlo al pie de la letra, como han hecho tantos pintores, sino como una forma de expresar la glorificación de Jesús.

La segunda lectura de hoy, tomada de la carta a los Efesios, es muy interesante en este sentido. No habla de la ascensión de Jesús al cielo, pero se explaya hablando de su triunfo con una imagen distinta: está sentado a la derecha de Dios, por encima todo y de todos.

Hermanos: Que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos, y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro. Y todo lo puso bajo sus pies, y lo dio a la Iglesia como cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.

Misión

La primera lectura (Hechos) y el evangelio (Mateo) coinciden en ofrecernos unas palabras de despedida de Jesús a sus discípulos. El evangelio las cuenta así:

En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo:
― Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Si comparamos lo que dice Mateo con lo que ha contado Lucas en los Hechos (1ª lectura) encontramos también aquí notables diferencias:

― Lucas sitúa la despedida en Jerusalén, los discípulos muestran una vez más su preocupación política por la restauración del reino de Israel, y Jesús desvía la atención hacia la próxima venida del Espíritu Santo.

― Mateo la sitúa en Galilea, los discípulos no dicen nada, Jesús los envía de inmediato al mundo entero y lo que promete no es la venida del Espíritu sino su compañía continua: “Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo”.

A pesar de estas grandes diferencias, los dos textos coinciden en la importancia de la misión.

Hechos: Recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo.

Mateo: Id y haced discípulos de todos los pueblos.

Por eso, la Ascensión o triunfo de Jesús no es motivo para quedarse mirando al cielo. Hay que mirar a la tierra, al mundo entero, en el que los discípulos de Jesús debemos continuar su misma obra, contando con la fuerza del Espíritu y la compañía continua del Señor.

Los cuarenta días

El evangelio no dice nada de este período de 40 días entre la resurrección y la ascensión. ¿Qué significa, y por qué lo introduce Lucas? El número 40 se usa en la Biblia para indicar plenitud, sobre todo cuando se refiere a un período de tiempo. El diluvio dura 40 días y 40 noches; la marcha de los israelitas por el desierto, 40 años; el ayuno de Jesús, 40 días… Se podrían citar otros muchos ejemplos. En este caso, lo que pretende decir Lucas es que los discípulos necesitaron más de un día para convencerse de la resurrección de Jesús, y que Jesús se les hizo especialmente presente durante el tiempo que consideró necesario.

Textos clásicos sobre la subida al cielo de un gran personaje

A propósito de Hércules escribe Apolodoro en su Biblioteca Mitológica: “Hércules… se fue al monte Eta, que pertenece a los traquinios, y allí, luego de hacer una pira, subió y ordenó que la encendiesen (…) Mientras se consumía la pira cuenta que una nube se puso debajo, y tronando lo llevó al cielo. Desde entonces alcanzó la inmortalidad…” (II, 159-160).

Suetonio cuenta sobre Augusto: “No faltó tampoco en esta ocasión un antiguo pretor que declaró bajo juramento que había visto que la sombra de Augusto, después de la incineración, subía a los cielos” (Vida de los Doce Césares, Augusto, 100).

Drusila, hermana de Calígula, pero tomada por éste como esposa, murió hacia el año 40. Entonces Calígula consagró a su memoria una estatua de oro en el Foro; mandó que la adorasen con el nombre de Pantea y le tributasen los mismos honores que a Venus. El senador Livio Geminio, que afirmó haber presenciado la subida de Drusila al cielo, recibió en premio un millón de sestercios.

De Alejandro Magno escribe el Pseudo Calístenes: “Mientras decía estas y otras muchas cosas Alejandro, se extendió por el aire la tiniebla y apareció una gran estrella descendente del cielo hasta el mar acompañada por un águila, y la estatua de Babilonia, que llaman de Zeus, se movió. La estrella ascendió de nuevo al cielo y la acompañó el águila. Y al ocultarse la estrella en el cielo, en ese momento se durmió Alejandro en un sueño eterno» (Libro III, 33).

Con respecto a Apolonio de Tiana, cuenta Filóstrato que, según una tradición, fue encadenado en un templo por los guardianes. “Pero él, a medianoche se desató y, tras llamar a quienes lo habían atado, para que no quedara sin testigos su acción, echó a correr hacia las puertas del templo y éstas se abrieron y, al entrar él, las puertas volvieron a su sitio, como si las hubiesen cerrado, y que se oyó un griterío de muchachas que cantaban, y su canto era: Marcha de la tierra, marcha al cielo, marcha” (Vida de Apolonio de Tiana VIII, 30).

Sobre la nube véase también Dionisio de Halicarnaso, Historia antigua de Roma I,77,2: “Y después de decirle esto, [el dios] se envolvió en una nube y, elevándose de la tierra, fue transportado hacia arriba por el aire”.

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«El Espíritu de la Verdad». 25 de mayo de 2014. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

domingo, 25 de mayo de 2014
Comentarios desactivados en «El Espíritu de la Verdad». 25 de mayo de 2014. 6 Pascua (A). Juan 14, 15-21.

28-PascuaA6 cerezoJesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor… que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad…

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a difundir el “Espíritu de la verdad”. Pásalo.

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«Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor». Domingo 25 de mayo de 2014. 6º Domingo de Pascua.

domingo, 25 de mayo de 2014
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1398445799_315714_1398446224_album_normalLeído en Koinonia:

Hechos de los apóstoles 8,5-8.14-17: Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo
Salmo responsorial: 65: Aclamad al Señor, tierra entera.
1Pedro 3,15-18: Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida
Juan 14,15-21: Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor

La palabra de Felipe, un misionero que lleva el mensaje de Jesús a nuevas fronteras, es escuchada con atención porque hay coherencia entre lo que dice y lo que hace. La palabra y el poder sanador de Felipe son motivo de alegría para la comunidad samaritana. Para que una comunidad se mantenga firme en el evangelio es necesario tener la fuerza y la gracia del Espíritu Santo, algo que solo se logra con la oración, la imposición de las manos como signo de herencia fraterna y el bautismo comprometido con la misión de Jesús. Los discípulos y discípulas de ayer y de hoy tenemos la gracia de haber recibido el Espíritu Santo a través del Bautismo y la imposición de las manos. El Espíritu Santo es el único que puede garantizar el éxito y la eficacia de la misión. Discipulado, Espíritu y misión son las marcas que identifican al misionero de Jesús.

El pasaje de la carta de Pedro insta a la comunidad a ser santos. Una santidad que está siempre ligada al seguimiento y a las consecuencias que esta opción misionera imponga en nuestras vidas.

El Evangelio de Juan nos da la clave del verdadero seguimiento: AMAR. Este amor es el mandamiento que Jesús da a quienes quieran seguirlo. Ser discípulos o discípulas de Jesús implica tener como norma de vida el amor, un amor activo, liberador y eficaz. Ésta es la esencia del Evangelio, éste es el corazón de la vida y la práctica de Jesús, esto es lo que identifica a todos aquellos y aquellas que han asumido su misión.

Jesús teme por el futuro de sus discípulos. Sabe que las fuerzas del mal son poderosas y no escatiman esfuerzos para eliminar a las fuerzas del bien. Reconoce que sus discípulos no tienen todavía la formación y la convicción necesaria para enfrentar estas fuerzas malignas. Por esto, en un gesto de amor profundo, Jesús le pide al Padre que derrame el Espíritu sobre los discípulos de ayer y de hoy, para no dejarnos huérfanos, para que permanezca siempre con nosotros en la continuidad de la misión. Mientras el mundo permanece ciego, el Espíritu permite a los discípulos de Jesús reconocerlo en los hermanos. En el amor a los demás se reconoce el verdadero rostro de Jesús. Sólo el amor, al que somos llamados, es garantía de la presencia de Dios en nosotros y en nuestras comunidades. Si el amor es la clave del seguimiento de Jesús, tendremos que preguntarnos que estamos haciendo en nuestra vida y en nuestras comunidades para impregnar el mundo de amor, un amor que con la fuerza del Espíritu, permita que la verdad, la justicia y la fraternidad sean las huellas del Reino en el mundo de hoy.


La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, nos presenta a Felipe predicando a los samaritanos en su capital. Es una noticia inusitada si tenemos en cuenta la enemistad tradicional entre judíos y samaritanos, tan presente en los evangelios, en pasajes como la parábola del buen samaritano (Lc 10,29-37), o la conversación de Jesús con la samaritana (Jn 4,1-42) o en otros pasajes más breves (Mt 10,5; Lc 9,51-56; 17,16; Jn 8,48). Los judíos consideraban a los samaritanos como herejes y extranjeros (cfr. 2Re 17,24-41) pues, aunque adoraban al único Dios y vivían de acuerdo con su ley, no querían rendir culto en Jerusalén, ni aceptaban ninguna revelación ni otras normas que las contenidas en el Pentateuco. Los samaritanos pagaban a los judíos con la misma moneda, pues los habían hostigado en los períodos de su poderío y habían llegado a destruir su templo en el monte Garitzín. Por todo esto nos parece sorprendente encontrar a Felipe predicando entre ellos, en su propia capital, y con tanto éxito como sugiere el pasaje que hemos leído, hasta concluir con un hermoso final: que su ciudad, la de los samaritanos, «se llenó de alegría».

Esta obra evangelizadora que rompe fronteras nacionales, que supera odios y rivalidades ancestrales, provocando en cambio la unidad y la concordia de los creyentes, es obra del Espíritu Santo, como comprueban los apóstoles Pedro y Juan, que con su presencia en Samaria confirman la labor de Felipe. Se trata de una especie de Pentecostés, de venida del Espíritu Santo sobre estos nuevos cristianos procedentes de un grupo tan despreciado por los judíos. Para el Espíritu divino, no hay barreras ni fronteras. Es Espíritu de unidad y de paz.

La 2ª lectura sigue siendo, como en los domingos anteriores, un pasaje de la 1ª carta de Pedro. Escuchamos una exhortación que con frecuencia se nos repite y recuerda: que los cristianos debemos estar dispuestos a «dar razón de nuestra esperanza» a todo el que nos la pida. ¿Por qué creemos, por qué esperamos, por qué nos empeñamos en confiar en la bondad de Dios en medio de los sufrimientos de la existencia, las injusticias y opresiones de la historia? Porque hemos experimentado el amor del Padre, y porque Jesucristo ha padecido por nosotros y por todos, para darnos la posibilidad de llegar a la plenitud de nuestra existencia en Dios. Por esta misma razón el apóstol nos exhorta a mostrarnos pacientes en los sufrimientos, contemplando al que es modelo perfecto para nosotros, a Jesucristo, el justo, el inocente, que en medio del suplicio oraba por sus verdugos y los perdonaba. La breve lectura termina con la mención del Espíritu Santo por cuyo poder Jesucristo fue resucitado de entre los muertos.

A quince días de que termine la cincuentena pascual, la Iglesia comienza a prepararnos para la gran celebración que la concluirá: la de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles. La manifestación pública de la Iglesia. Podríamos decir que su inauguración –teológicamente hablando, no históricamente hablando–. En la lectura del evangelio de san Juan, tomada de los discursos de despedida de Jesús que encontramos en los capítulos 13 a 17 de su evangelio, el Señor promete a sus discípulos el envío de un «Paráclito», un Defensor o Consolador, que no es otro que el Espíritu mismo de Dios, su fuerza y su energía, Espíritu de verdad porque procede de Dios que es la verdad en plenitud, no un concepto, ni una fórmula, sino el mismo Ser Divino que ha dado la existencia a todo cuanto existe y que conduce la historia humana a su plenitud.

Los grandes personajes de la historia permanecen en el recuerdo agradecido de quienes les sobreviven, tal vez en las consecuencias benéficas de sus obras a favor de la humanidad. Cristo permanece en su Iglesia de una manera personal y efectiva: por medio del Espíritu divino que envía sobre los apóstoles y que no deja de alentar a los cristianos a lo largo de los siglos. Por eso puede decirles que no los dejará solos, que volverá con ellos, que por el Espíritu establecerá una comunión de amor entre el Padre, los fieles y El mismo.

El «mundo» (en el lenguaje de Juan) no puede recibir el Espíritu divino. El mundo de la injusticia, de la opresión contra los pobres, de la idolatría del dinero y del poder, de las vanidades de las que tanto nos enorgullecemos a veces los humanos. En ese mundo no puede tener parte Dios, porque Dios es amor, solidaridad, justicia, paz y fraternidad. El Espíritu alienta en quienes se comprometen con estos valores, esos son los discípulos de Jesús.

Esta presencia del Señor resucitado en su comunidad ha de manifestarse en un compromiso efectivo, en una alianza firme, en el cumplimiento de sus mandatos por parte de los discípulos, única forma de hacer efectivo y real el amor que se dice profesar al Señor. No es un regreso al legalismo judío, ni mucho menos. En el evangelio de San Juan ya sabemos que los mandamientos de Jesús se reducen a uno solo, el del amor: amor a Dios, amor entre los hermanos. Amor que se ha de mostrar creativo, operativo, salvífico.

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Dom 25.5.14. Rogaré al Padre, y os dará Consuelo, una Defensa.

domingo, 25 de mayo de 2014
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espiritu-santo-02Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 6º de Pascua. Juan 14,15-21. El evangelio de Juan viene ofreciendo diversas imágenes de pascua: pastor y puerta, morada de Dios… Hoy nos sitúa ante la promesa y Esperanza del Espíritu Santo, como Paráclito (Defensor/Consolador) de los creyentes.

Yo rogaré al Padre
y os enviará otro Defensor/Consolador
es decir, el “paráclito de Dios”.

La Pascua de Jesús se convierte así en promesa de una presencia más alta: El Espíritu de Dios, como Defensa y Consuelo, eso es el Paráclito en la visión gnóstico/social del Evangelio de Juan:

Consuelo en la tristeza de la vida, en medio de la ausencia inmensa, perdidos en un mundo que parece sin sentido. Ésta es la gnosis, éste el conocimiento: Podemos vivir consolados.

Defensa en medio de la inmensa injusticia de la tierra, traídos y llevados por poderes de muerte… Nadie ni nada podrá destruirnos, pues el Dios de Cristo está en nosotros, el Paráclito.

Ésta es la certeza que sostiene el camino de la historia tantas veces oscura y angustiosa de los hombres. Buen domingo, buena Pascua.

Texto:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.

Yo rogaré al Padre que os dé otro defensor (=Paráclito), que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.

El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros.

El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él

(Juan 14,15-21).

Evangelio de Juan: Catequesis del Espíritu

El evangelio de Juan es una catequesis del Espíritu, como el mismo Jesús dijo a Nicodemo, maestro de Israel, al invitarle a que naciera de nuevo (de lo alto), por obra del Espíritu:

«En verdad te digo, si alguien no nace del agua y del Espíritu
no puede entrar en el reino de Dios» (Jn 2, 5).

Éste es el tema, nacer de nuevo. Ésta es la experiencia: Descubrir que somos y ser hijos de Dios, con Jesús, en el Espíritu.

La religión anterior ha pasado, los montes sagrados y templos, los cultos antiguos. Llega en Jesús la novedad de una adoración gratuita, abierta a todos los hombres, llega el tiempo del Espíritu, la Hora de la Gran Libertad:

«Créeme, mujer: viene la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Pero llega la hora y es ésta en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; estos son los adoradores que Dios busca: Dios es Espíritu, y quienes le adoran deben adorarle en Espíritu y Verdad» (Jn 4, 21-24).

Los hombres estaban divididos por sacralidades de montes y templos aislados. Ahora han de unirse en el Espíritu y Verdad universal. Eso lo sabían los judíos helenistas (Filón y Sabiduría), pero no habían podido concretarlo. Muchos cristianos posteriores han seguido encerrados en una cultura o ciudad (nación) particular. En contra de eso, Jesús quiere que todos se vinculen por el Espíritu, que brota como río de su seno:

«Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él; pues todavía no había Espíritu, porque Jesús no había sido aún glorificado» (Jn 7, 39).

Jesús resucitado es manantial del Espíritu, que mana hacia todos los humanos (como las aguas del paraíso: Gen 2, 10-14; Ap 22, 1-2). Ésta es la promesa de Dios, ésta es nuestra esperanza:

Jesús pascual, la promesa del Espíritu:

Ésta es la palabra clave: Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor (=Paráclito), que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad.

Desde ese fondo debemos recordar y retomar los textos del Espíritu-Paráclito, como abogado, defensor de los fieles en la prueba (cf. Mc 13, 11 par), intérprete y autoridad de Jesús en la iglesia.

Éstos son los principales, los cuatro grandes textos del Paráclito, es decir, del gran Consuelo

(1) Rogaré al Padre y os dará otro Paráclito, que esté con vosotros para siempre (Jn 14, 16). Ésta es la palabra clave del evangelio de hoy, el primer texto del Paráclito.

Jesús mismo había sido el Paráclito, defensor de sus discípulos. Pero ahora que se va y les deja en plano físico, pide al Padre otro, que sea presencia interior y compañía (no os dejaré huérfanos: 14, 18). Los hombres que están cerrados en el “mundo” viven en un plano de carne, es decir, de lucha mutua, de mentira. La misma realidad se les cierra y aparece como círculo de muerte.

Por el contrario, aquellos que viven iluminados por Jesús (desde la presencia de Dios) reciben la promesa del el Espíritu. Están acompañados. Esta experiencia del Dios que es Compañía es la clave de pascua cristiana.

(2) El Paráclito… os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que os dije, como Maestro interior divino (Jn 14, 26). Éste es el segundo texto del Paráclito:

La iglesia ha corrido a veces el riesgo de entender la verdad como algo impuesto por fuera, resuelto y enseñado desde arriba. Pero Jesús promete a los suyos un magisterio interior. Por eso, los cristianos sólo conocen la autoridad del Espíritu-Paráclito, que interpreta y actualiza a Cristo.

Corremos el riesgo del engaño, de la manipulación de diverso tipo, todos nos engañan. Pues bien, si confiamos en el Cristo (en el Dios que vive dentro de nosotros) tendemos la garantía de la verdad. Ésta es la verdad interna, aquella que alumbra nuestra vida, desde el interior de Dios, que es nuestra luz.

(3) Cuando venga el Paráclito… dará testimonio de mí, y vosotros también daréis testimonio, porque habéis estado conmigo desde el principio (15, 26-27). Éste es el tercer texto del Paráclito.

Jesús no ha prometido un magisterio externo de dogmas y enseñanzas. Tampoco ha dejado una estructura de poder. Su verdad se expresa en la enseñanza interior del Espíritu, que actúa a través al testimonio de los fieles.

Cuando están en riesgo las instituciones, queda y crece ese testimonio. La verdad se expresa así como “testimonio” de vida interior. Tenemos a nuestro lado el Gran Testigo de Dios, que es Jesús. Podemos ser y somos testigos de Dios unos para los otros.

(4) Conviene que yo me vaya, porque si no me fuere, el Paráclito no vendrá a vosotros; pero si me voy, os lo enviaré (16, 7). Texto final, la gran promesa.

Una presencia material de Jesús estorbaría, pues él quedaría fuera de la vida de sus fieles. Muchos parecen añorarle así, actuando a través de milagros, apariciones, seguridades exteriores.

Por eso es necesario que Jesús se vaya, que cumpla su tarea, para que sus fieles asuman la verdad en el Espíritu, que es presencia y experiencia interior de Jesús. Por encima de todas las restantes instancias eclesiales, Jesús apela a la Confianza del Espíritu, Paráclito (Abogado y Consolador) de los fieles.

Es Consolador, pues lo buscamos allí donde nuestras tradiciones patriarcales, de seguridad externa, van envejeciendo.
Es Abogado, porque necesitamos defensa en este mundo convulso, en crisis de violencia y muerte.
Es el don pascual de Jesús, que se aparece y habla, dándoles poder de perdonar (=vincular en amor) a todos los humanos: «Dicho esto, alentó sobre ellos y les dijo: recibid el Espíritu Santo» (Jn 20, 22).

Este es el momento clave de la nueva creación, reverso y cumplimiento de Gen 2, 7 (cuando Dios soplaba en la boca de Adán, dándole su aliento).

El Espíritu de Dios se identifica ahora con el Aliento de vida que Jesús nos ofrece, en el momento cumbre de la pascua, cuando alienta y nos ofrece su Espíritu, para que así vivan en gesto de gracia y perdón a todo el mundo.

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Alegría, esperanza, amor. Domingo 6º de Pascua.

domingo, 25 de mayo de 2014
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jsalvDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Las lecturas continúan las tres situaciones de la iglesia que comenté el domingo pasado.

Iglesia naciente: modelo de una nueva comunidad (Hechos de los apóstoles)

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaria y predicaba allí a Cristo. El gentío escuchaba con aprobación lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por los fieles, para que recibieran el Espíritu Santo; aún no había bajado sobre ninguno, estaban sólo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Tras la institución de los diáconos, Lucas nos cuenta la actividad de uno de ellos, Felipe, en la fundación de la comunidad de Samaria. Esto le sirve para indicar las características que debería tener cualquier nueva comunidad.

1) No debe excluir a nadie. Felipe se dirige a Samaria, la región más despreciada y odiada por un judío.

2) Felipe predica a Cristo. Los misioneros no proponen una filosofía moral ni una ética; su intención primordial no es reformar las costumbres sino dar a conocer a Jesús.

3) La palabra va acompañada de la acción. Lucas la concreta en signos y prodigios semejantes a los que realizaron Jesús y los apóstoles: curación de todo tipo de enfermos.

4) El fruto de esta actividad es que «la ciudad se llenó de alegría». El evangelio no es un mensaje triste.

5) Sólo falta algo que el diácono Felipe no puede dar: el Espíritu Santo. Eso lo concede la oración de los apóstoles Pedro y Juan, que simbolizan al mismo tiempo con su presencia la unión entre la nueva comunidad y la iglesia madre de Jerusalén.

Iglesia sufriente: calumnias y esperanza (1 de Pedro)

Queridos hermanos: Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor y estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere; pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo; que mejor es padecer haciendo el bien, si tal es la voluntad de Dios, que padecer haciendo el mal. Porque también Cristo murió por los pecados una vez para siempre: el inocente por los culpables, para conducirnos a Dios. Como era hombre, lo mataron; pero, como poseía el Espíritu, fue devuelto a la vida.

La carta de Pedro menciona el tema de las calumnias que sufrían los primeros cristianos. Recuerdo dos de ellas, tomadas de textos de Tertuliano y Minucio Félix.

Se decía que cuando uno iba a incorporarse a la comunidad e iniciarse en los misterios, se tomaba a un niño muy pequeño, se lo recubría por completo de harina y se lo colocaba sobre una mesa. Cuando el neófito entraba en la sala, le ordenaban golpear con fuerza aquella masa. Él lo hacía, pensando que no se trataba de nada grave. Y golpeaba una y otra vez hasta matar al niño. Entonces, todos se lanzaban sobre el niño muerto para lamer su sangre y repartirse sus miembros, sellando de ese modo la alianza con Dios.

Otra acusación era la del incesto. Según ella, los cristianos se reúnen en sus días de fiesta para celebrar un gran banquete. Acuden con sus hijos, hermanas, madres, personas de todo sexo y edad. La sala está iluminada sólo por un candelabro, al que se encuentra atado un perro. Cuando han comido y bebido abundantemente, ya medio borrachos, excitan al perro tirándole trozos de carne a un sitio al que no puede llegar, hasta que el perro tira el candelabro, se apaga la luz, y todos se abrazan al azar y se entregan a la mayor orgía entre hermanos y hermanas.

En este contexto, la carta de Pedro recomienda:

1) Saber dar razón de nuestra esperanza con mansedumbre y respeto. Es decir, saber explicar qué creemos y esperamos, pero sin usar condenas y descalificaciones.

2) Es mejor padecer haciendo el bien que padecer haciendo el mal.

Esta conducta, humanamente tan difícil, sólo se puede conseguir recordando el ejemplo de Jesús que, siendo inocente, murió por los culpables. E igual que él resucitó, también nosotros recibiremos el premio de nuestra paciencia.

Iglesia creyente: «obras son amores» (evangelio de Juan)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»

El evangelio, en pocas palabras, reúne temas tan distintos que resulta difícil encontrar un elemento común. No se puede pedir un discurso lógico y ordenado a una persona que se despide de sus seres más queridos poco antes de morir. Destaco tres temas.

1) Este breve fragmento comienza y termina con palabras muy parecidas: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.» «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama». Como dice el refrán: «Obras son amores, y no buenas razones».

La relación entre el amor y la observancia de los mandamientos es muy antigua en Israel: se remonta al Deuteronomio, donde amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser, se concreta en la observancia de sus leyes, mandatos y decretos. En el caso de Jesús hay una gran diferencia, sus mandamientos se resumen en uno solo: «Esto os mando: que os améis los unos a los otros como yo os he amado».

2) Teniendo en cuenta la proximidad de la fiesta de Pentecostés, son importantes las palabras: «Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.» Parece una contradicción manifiesta pedir al Padre que nos dé algo que ya vive en nosotros. Son los dos tiempos en los que se mueven a menudo estos discursos: el de Jesús, que mira al futuro y pide al Padre que nos dé un defensor; y el nuestro, que ya hemos recibido el Espíritu y vive en nosotros.

3) La unión plena del cristiano con el Padre y con Jesús. «No os dejaré huérfanos, volveré.» «Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros

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«El Camino». 18 de mayo 2014. 5 Pascua (A). Juan 14, 1-12.

domingo, 18 de mayo de 2014
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27-PascuaA5 cerezoAl final de la última cena, los discípulos comienzan a intuir que Jesús ya no estará mucho tiempo con ellos. La salida precipitada de Judas, el anuncio de que Pedro lo negará muy pronto, las palabras de Jesús hablando de su próxima partida, han dejado a todos desconcertado y abatidos. ¿Qué va ser de ellos?

Jesús capta su tristeza y su turbación. Su corazón se conmueve. Olvidándose de sí mismo y de lo que le espera, Jesús trata de animarlos: ”Que no se turbe vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí”. Más tarde, en el curso de la conversación, Jesús les hace esta confesión: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí”. No lo han de olvidar nunca.

“Yo soy el camino”. El problema de no pocos no es que viven extraviados o descaminados. Sencillamente, viven sin camino, perdidos en una especie de laberinto: andando y desandando los mil caminos que, desde fuera, les van indicando las consignas y modas del momento.

Y, ¿qué puede hacer un hombre o una mujer cuando se encuentra sin camino? ¿A quién se puede dirigir? ¿Adónde puede acudir? Si se acerca a Jesús, lo que encontrará no es una religión, sino un camino. A veces, avanzará con fe; otras veces, encontrará dificultades; incluso podrá retroceder, pero está en el camino acertado que conduce al Padre. Esta es la promesa de Jesús.

“Yo soy la verdad”. Estas palabras encierran una invitación escandalosa a los oídos modernos. No todo se reduce a la razón. La teoría científica no contiene toda la verdad. El misterio último de la realidad no se deja atrapar por los análisis más sofisticados. El ser humano ha de vivir ante el misterio último de la realidad

Jesús se presenta como camino que conduce y acerca a ese Misterio último. Dios no se impone. No fuerza a nadie con pruebas ni evidencias. El Misterio último es silencio y atracción respetuosa. Jesús es el camino que nos puede abrir a su Bondad.

“Yo soy la vida”. Jesús puede ir transformando nuestra vida. No como el maestro lejano que ha dejado un legado de sabiduría admirable a la humanidad, sino como alguien vivo que, desde el mismo fondo de nuestro ser, nos infunde un germen de vida nueva.

Esta acción de Jesús en nosotros se produce casi siempre de forma discreta y callada. El mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible. A veces, sin embargo, nos invade la certeza, la alegría incontenible, la confianza total: Dios existe, nos ama, todo es posible, incluso la vida eterna. Nunca entenderemos la fe cristiana si no acogemos a Jesús como el camino, la verdad y la vida.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Jesús es el camino, la verdad y la vida. Pásalo.

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«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida». Domingo 18 de mayo de 2014. 5º Domingo de Pascua.

domingo, 18 de mayo de 2014
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cristo_caminando1Leído en Koinonia:

Hch 6,1-7: Eligieron a siete hombres llenos de espíritu
Salmo responsorial 32: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti
1Pe 2,4-9: Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real
Jn 14,1-12: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida

En la comunidad lucana descrita en la primera lectura, los apóstoles tienen plena conciencia que no lo pueden hacer todo y que necesitan valerse de otros para atender a las necesidades urgentes de la comunidad pero sin desatender el ministerio de la Palabra. Pero ellos no imponen. Invitan a la comunidad a escoger sus propios servidores, animadores. Les presentan a siete personas que son «autorizados» por los apóstoles para satisfacer las necesidades de la comunidad. No son servidores de segunda. Son personas encargadas o enviadas a realizar ministerios diferentes. Pero todos estaban empeñados en la difusión de la Palabra y en el crecimiento numérico y cualificado de la comunidad.

Así mismo, el autor de la carta de Pedro quiere subrayar el papel de todos los miembros de la comunidad creyente en la construcción del templo vivo de Dios. Jesús es la piedra viva, el fundamento, la base para construir la casa de Dios. Sobre esa piedra se instalan las demás piedras, los seguidores de Jesús. De manera pues que no somos sólo espectadores de la construcción. Somos artífices y al mismo tiempo materia fundamental para alcanzar la construcción del gran edificio humano, levantado sobre la roca, Jesucristo, sostenido por la columna del Espíritu Santo y estructurado con la activa cooperación de cada uno de los bautizados. El sacerdocio, más que un honor, un privilegio, una casta… es un dinamismo desatado por el Espíritu para el servicio de la comunidad eclesial. Todos somos ministros, todos sacerdotes, todos servidores en una densa experiencia fraternal al servicio del Reinado de Dios.

El evangelio de Juan revela la situación crítica que vive la comunidad naciente provocada por el ambiente hostil y peligroso en que se va desarrollando. Jesús no sólo es la piedra fundamental, sino que Jesús es también camino, verdad y vida. Los discípulos están confundidos ante las Palabras de Jesús. En los anteriores versículos Jesús ha anunciado la traición de Judas y la negación de Pedro. Este episodio refleja la situación de crisis de los discípulos porque no entienden el camino de Jesús. Las palabras que Jesús pronuncia pretenden alentarles en la esperanza, fortalecerlos en medio de la angustia, devolverles el horizonte de vida.

Jesús es camino, es decir, es proyecto, horizonte de vida para muchos. Su muerte está llena de sentido porque en ella se manifiesta el amor de Dios por la Humanidad y les devuelve la razón de vivir en momentos de confusión y desesperación.

Jesús es verdad: la mentira, el engaño, la corrupción se apodera del corazón de la persona humana. La Palabra anunciada y testimoniada por Jesús, que es la Palabra del Padre, se convierte en criterio de verdad, en transparencia que devuelve la luz.

Es vida: frente a las fuerzas de la muerte que causan terror, Jesús da sentido a la vida, se revela como Señor de la vida y vencedor de la muerte. Y en él todos los que apuestan a favor de un proyecto de vida, de verdad y amor como horizonte que puede salvar a la Humanidad del caos, la injusticia, la corrupción, la exclusión y la maldad.

Quién cree en Jesús cree en el Padre y será transparencia del Resucitado. En el fondo eso es ser cristiano, que es una forma de ser en plenitud hijos/hijas de Dios. Pero la propuesta de Jesús no es un asunto meramente individual, intimista, espiritualista. El proyecto de su seguimiento es exigente y radical. También la persona cristiana, integrada al cuerpo comunitario, debe ser camino, verdad y vida. Estamos llamados a ser una alternativa de vida, junto con otras alternativas de vida -representadas por otras personas y comunidades inspiradas por otras religiones- en medio de un mundo desorientado que con frecuencia no encuentra el sentido de la existencia. Somos servidores de la Vida aún en medio de la muerte que siembra el egoísmo humano cuando desatiende la sabiduría que se manifiesta «por los muchos caminos de Dios». La desatención a esta sabiduría divina manifestada por tantos caminos, repercute en las crecientes injusticias sociales y guerras que pretenden justificarse con apelos a la defensa de la libertad y de la seguridad, o a la imposición de la democracia o de la «libertad de comercio»… pero que en el fondo esconden mezquinos intereses económicos y hegemónicos de las grandes potencias y plagan de hambre y de miseria a los pueblos pobres.

Nuestra misión, pues, como personas cristianas, es juntarnos con muchas otras personas y comunidades creyentes, practicantes de otras religiones, y ser alternativa de vida, de resistencia y esperanza para todos.

En una época como la que vivimos, marcada por la entrada en curso en un nuevo paradigma, el paradigma pluralista, hemos de leer y proclamar con cuidado tanto la expresión de Pedro de un «linaje escogido», como la expresión de Juan, que él pone en labios de Jesús: «Yo soy ‘el’ Camino»… Esta última sobre todo no deja de ser una expresión propia de un lenguaje confesional, un lenguaje de amor y de fe, cultual, y en ese contexto hay que entenderla. No hay que perder de vista que, en otro sentido, son muchos los caminos de Dios, «sus caminos, que no son nuestros caminos», y que nos pueden sorprender siempre con el descubrimiento de «nuevos caminos» de Dios. Recomendamos la lectura de la serie «Por los muchos caminos de Dios», de la Asociación Ecuménica de Teólogos del Tercer Mundo, en la colección «Tiempo axial» (http://latinoamericana.org/tiempoaxial). O el libro de José María VIGIL Teología del pluralismo religioso, disponible en la red (http://cursotpr.adg-n.es/?page_id=3). Leer más…

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Tú eres mi verdad y mi casa, tú eres el camino.

domingo, 18 de mayo de 2014
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10342455_285294378314428_5787848721486897512_nDel blog de Xabier Pikaza:

Presenté ayer una reflexión del evangelio del domingo 5 de Pascua (Juan 14,1-12), y hay dos «amigos» que siguen discutiendo en los comentarios. No voy a terciar, «sabios» son (aunque distintos, y uno tiene a mi juicio más razón que el otro). Pero puedo retomar y exponer algunos matices del pasaje:

Mi verdad es el otro,

es por ejemplo la mujer sudanesa a la que van a condenar por convertirse al evangelio (como condenaron hace un tiempo en Sudán al presidente por decir que se debía humanizar el Islam en la línea de las suras primeras de Medina…).

Pero mi verdad falsa son también los jueces que la acusan y quieren condenarla. Mi verdad torcida, que me obliga a superar mis violencias y a convertirme. Esos jueces se han parado en un Muhammad falso, falsísimo, en un Corán mentiroso (no el verdadero Corán), sin pasar por el Jesús de Jn 8…

En la casa de mi Padre hay muchas moradas

Las hay en el cielo, y espero en su gracia, pues él sabrá, podrá, ser padre de todos, y en sus manos me pongo y pongo a los hombres y mujeres de esta triste historia.

Pero quiero y necesito que haya también una morada y casa digna en esta tierra, para todos, para jueces convertidos y para mujeres que quieren ser cristianas (o musulmanas)…entre el Vaticano y la Meca, entre USA y Afganistán…, una casa-tierra donde todos puedan vivir, comunicarse, compartir, en Ucrania y Rusia…, casa para todos con respeto mutuo, con fuego y pan, con cama y mesa… Una casa para las niñas secuestradas y liberadas en un lugar de África, para obligarlas a ser musulmanas de secta, no del Dios clemente y misericordioso…

Tú eres mi casa, digo… pero debo hacer que mi casa sea para ti, como me dice Jesús: «fue exiliado, emigrante, y me abristes tu casa…». Que bajo la niebla que nos enfrenta y confunde podamos darnos todos la mano.

Vosotros haréis cosas mayores que las que yo hice….

Hizo Jesús cosas grandes, pero en plan chiquito… No arregló el tema del templo, aunque fue con látigo, pero abrió una vía de luz, para que nosotros lo arreglemos; no solucionó el tema de Roma, aunque ofreció unas directrices, para mandar «al diablo» Imperio, viviendo de otra forma, en gesto de acogida cercana, de casa para los sin casa, de respeto para los no respetados (sin gigantomaquias de imperios inmensos…).

Nosotros, ahora, los creyentes, podemos y debemos hacer las cosas grandes que Jesús dejó iniciadas… Cosas mayores que las suyas, si nos decidimos y creemos, y nos dejamos transformar por su Espíritu. Éste es el momento, a comienzos del siglo XXI, momento de empezar a ser cristianos, en fe y confianza abierta a todos, en humanidad…

Podemos hacer, si hay petroleo y dinero, casas grandes y altas… dicen que en China, en Omán o en Arabia pueden hacer casas de un kilómetro de altas, con muchas «moradas»… pero nos cuesta hacer casas sencillas, humanas, donde podamos vivir todos en concordia.

Yo soy el camino, tú eres camino, nosotros somos camino…

Los sabios del mundo han hallado, con dineros del gran capital, un camino que lleva a la luna, muy lejos, caminos de drones con armas

Pero necesitamos hallar el camino que nos lleve a la puerta del vecino, para darnos cada mañana un saludo, y aprender unos de otros… Sí, tutto il mondo è paese, todo el mundo es aldea global. Empecemos por hacer casa en esta tierra de Dios, descubriendo que yo sólo podré tener casa y verdad si abro un espacio para que todos sean verdad, tengan casa.

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