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Dom 18.5.14. Tú eres mi verdad, una casa de muchas moradas.

domingo, 18 de mayo de 2014
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amigo-tu-eres-realmente-el-mas-ciertoDel blog de Xabier Pikaza:

Dom, 5 de Pascua. Juan 14,1-12. Jesús nos dice este domingo varias cosas fundamentales, entre ellas:

1. En la casa de mi padre hay muchas moradas... Eso significa que la verdad es sinfónica, es múltiple. Caben en ella diversas tendencia, lugares distintos… No se puede imponer en ella la dictadura de la verdad única, la única morada.

2. Yo soy la verdad… Eso significa que también tú eres la verdad. La verdad es de personas no de ideas o sistemas, no de estados ni de capitales… La verdad eres tú, somos nosotros, todos los hombres y mujeres; que podamos vivir en sinfonía, en abundancia, sin excluir a nadie.

3. Yo soy el camino… Jesús ha podido atreverse a decir «yo» porque ha dado la vida, porque no es un «yo» que se impone, sino que se ofrece, acompaña, comparte… un camino que lleva a las múltiples moradas de la concordia, cien caminos, mil caminos de iluminación y de concordia…

4. El que cree en mí hará las cosas que yo hago… y aún mayores. Jesús no dice «yo» y cierra la puerta. Dice yo y añade «hagamos», haced vosotros. Por una parte él parece todo, y sin embargo nos dice que podemos ser más grandes, que debemos hacer cosas más grandes que las suyas. Él no es tope, es principio…Nos dice «haced», hagamos pues, seamos y vivamos, en la vía de las múltiples verdades que se unen en la verdad de dar/regalar y compartir la vida.

Buen domingo a todos.

imagesJesús dice yo soy la verdad…

ocultándose a sí mismo, para que podamos ser nosotros, haciendo camino… y respondiendo tú eres la verdad.

La verdad no soy nunca yo para mí mismo, sino que la verdad es siempre el otro, aquel que me sale al encuentro y me espera y necesita, aquel que me hace amar.

Jesús muerto y resucitado puede decir así «yo soy la verdad», para que cada uno descubramos la verdad en el otro. De aquí brotan y aquí se condensan los temas del evangelio de este domingo.

Temas principales.

Quizá nunca se han dicho las cosas que dice nuestro texto, condensadas, luminosas, palabras como rayos que rasgan la oscuridad e iluminan la noche de la vida. Éstos son algunos de los temas:

Las moradas del Padre. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias…”. Parece que en la tierra no hay sitio para todos…
Por eso luchamos por obtener un lugar. Pero en la casa del Padre hay lugar para todos… hay muchas moradas, de manera que cuanto más tiene uno más pueden tener los otros.

Jesús, el Camino. Caminantes somos (¡navegantes!), y todos los caminos y los mares se centran y condensan para los creyentes en el Cristo. Por eso, quien toma su estela, que es estela de Evangelio, está ya en manos del Padre.

dos maestros que preguntas.
En este evangelio se elevan dos voces que preguntan: uno es Tomás, otro es Felipe. Significativamente, ellos aparecen más tarde como autores de los dos evangelios gnóstico, apócrifos, más significativos de la Iglesia (esos a los que apelan todos los que buscan tradiciones ocultas de Jesús). Pues bien, aquí no aparecen como autores de evangelio, sino como discípulos del único Cristo.

Jesús dice “yo soy”: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida… Éste es el Jesús pascual que se atreve a decir “yo”, como el Dios del Antiguo Testamento (¡Yo soy el que soy!), pero no un yo aislado en sí, sino abierto al Padre (un yo-camino) y dirigido a todos los que quieran acogerle (un yo-ensanchado, que se hace verdad y vida para todos).

El que me ve a mí ve al Padre… Ésta es la experiencia de los cristianos: ver a Jesús resucitado es ver a Dios. Quien ha visto de verdad a un hombre o a una mujer ha visto a Dios, porque se ha revelado en la vida de los hombres.

El que cree en mí hará las “obras que yo hago”. Jesús no está cerrado, como maestro exclusivo, sino como maestro que ofrece y comparte, que enseña y promueve. Por eso, sus seguidores, que somos nosotros, podemos hacer no sólo sus obras, sino aún mayores… La obras del Espíritu de Dios.

Al que le importen esos temas vaya al texto

a. Introducción. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

b. Pregunta 1, con respuesta. — Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

c. Pregunta 2, con respuesta.— Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia.

d. Conclusión. — El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» (Jn 14, 1-12).

a. Introducción, las moradas del Padre.

En la casa de mi Padre hay muchas moradas o estancias; hay lugar para todos, quizá de formas distintas, por caminos diversos, pero hay lugar abundante. La casa de Dios es amplia, hay en ella lugar para altos y bajos, montes y ríos, llanuras. Es la casa de todos los hijos, es decir, de todos los seres humanos, casa de reconciliación y justicia, abierta ante todo para aquellos que han sido y son oprimidos.

Los que no caben en la casa de este mundo (los expulsados de todas las casas del capital) pueden entrar y entran de balde en la casa de la Vida de Jesús. Leer más…

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Iglesia naciente, sufriente, creyente. Domingo 5º de Pascua

domingo, 18 de mayo de 2014
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Caminando-con-Jesus-300x300Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como indiqué el domingo pasado, las tres lecturas de los domingos de Pascua nos hablan de los orígenes de la Iglesia, de las persecuciones de la Iglesia, y de nuestra relación con Jesús.

Iglesia naciente

La primera lectura nos cuenta la institución de los diáconos y el aumento progresivo de la comunidad, subrayando el hecho de que se uniesen a ella incluso sacerdotes.

En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:

No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra

La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando. La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.

La comunidad de Jerusalén estaba formada por judíos de lengua hebrea y judíos de lengua griega (probablemente originarios de países extranjeros, la Diáspora). Los problemas lingüísticos, tan típicos de nuestra época, se daban ya entonces. Los de lengua hebrea se consideraban superiores, los auténticos. Y eso repercute en la atención a las viudas. Lucas, que en otros pasajes del libro de los Hechos subraya tanto el amor mutuo y la igualdad, no puede ocultar en este caso que, desde el principio, se dieron problemas en la comunidad cristiana por motivos económicos.

Los diáconos son siete, número simbólico, de plenitud. Aunque parecen elegidos para una misión puramente material, permitiendo a los apóstoles dedicarse al apostolado y la oración, en realidad, los dos primeros, Esteban y Felipe, desempeñaron también una intensa labor apostólica. Esteban será, además, el primer mártir cristiano.

Iglesia sufriente

La primera carta de Pedro recuerda las numerosas persecuciones y dificultades que atravesó la primitiva iglesia. Lo vimos el domingo pasado y lo veremos en los siguientes. Pero este domingo, aunque se menciona a quienes rechazan a Jesús y el evangelio, la fuerza recae en recordar a cristianos difamados e insultados la enorme dignidad que Dios les ha concedido: «Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa».

Queridos hermanos: Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios, también vosotros, como piedras vivas, entráis en la construcción del templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado, para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo. Dice la Escritura: «Yo coloco en Sión una piedra angular, escogida y preciosa; el que crea en ella no quedará defraudado.» Para vosotros, los creyentes, es de gran precio, pero para los incrédulos es la «piedra que desecharon los constructores: ésta se ha convertido en piedra angular», en piedra de tropezar y en roca de estrellarse. Y ellos tropiezan al no creer en la palabra: ése es su destino. Vosotros sois una raza elegida, un sacerdocio real, una nación consagrada, un pueblo adquirido por Dios para proclamar las hazañas del que os llamó a salir de la tiniebla y a entrar en su luz maravillosa.

Iglesia creyente

El evangelio nos sitúa en la última cena, cuando Jesús se despide de sus discípulos. Sabe el miedo que puede embargarles a quedar solos. Y los anima a no temblar, insistiéndoles en que volverán a encontrarse y estarán definitivamente juntos.

Aparece en este texto una de las mejores definiciones de Jesús, de las más adecuadas para presentar su persona: «Yo soy el camino, la verdad y la vida.»

Camino para llegar al Padre (el evangelio parece sugerir que para llegar a Dios hay muchos caminos, pero para llegar a Dios como Padre el único camino es Jesús).

Verdad en medio de las dudas y frente al escepticismo que mostrará poco más tarde Pilato preguntando: «¿Qué es la verdad?»

Vida que todos anhelamos que no termine nunca, la vida eterna, que empieza ya en este mundo y que consiste «en que te conozcan a ti, único dios verdadero, y a quien enviaste, Jesucristo».

Como ocurre siempre en el cuarto evangelio, el texto supone también un reto para la fe. Nos invita a creer en Jesús como se cree en Dios; a creer que, quien lo ve a él, ve al Padre; quien lo conoce a él, conoce al Padre; que él está en el Padre y el Padre en él. Y al final, el mayor desafío: creer que nosotros, si creemos en Jesús, haremos obras más grandes que las que él hizo. Parece imposible. El padre del niño epiléptico habría dicho: «Creo, Señor, pero me falta mucho. Compensa tú a lo que en mí hay de incrédulo».

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»
Tomás le dice:
-«Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»
Jesús le responde:
-«Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»
Felipe le dice:
-«Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»
Jesús le replica:
-«Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: «Muéstranos al Padre»? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.»

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Dom 11. 5. 14. Buen Pastor, una forma de «gobierno» de la Iglesia.

lunes, 12 de mayo de 2014
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10337717_283237178520148_504772487667709_nDel blog de Xabier Pikaza:

He desarrollado ayer la imagen del pastor, analizando el evangelio de domingo 4º de Pascua (Juan 10,1-10), y un comentarista me ha dicho “agudamente” que he podido perder algún hilo de la trama, que resulta más compleja de lo que he pensado.

Le agradezco el comentario y sigo pensando sobre el tema, analizando desde ese fondo la forma distintiva de gobierno de la Iglesia. En ese contexto (cambiando el título anterior de la postal) he querido retomar y recrear las reflexiones de un antiguo libro sobre el tema (Hermanos de Jesús y servidores de los más pequeños, Mt 25, 31-46, Sígueme, Salamanca 1984) .

Me ocupé entonces del «gobierno pastoral» de la Iglesia, presidido por un Cristo que es Pastor Celeste… y representado en la tierra por un Papa que se presenta como Pastor supremo de la Iglesia. Por su parte, los obispos católicos se dicen pastores… Los curas en general se llaman “sacerdotes” (otro título complejo), aunque también son pastores….

De un modo significativo, los dirigentes de las comunidades protestantes (que no quieren llamarse sacerdotes, por el carácter sacrificial de esa palabra) se llaman en general Pastores (aún siento la extrañeza que me producía el hecho de que en tierras germanas protestantes me llamaran Herr Pastor).

imagesDesde ese fondo me importa el “gobierno pastoral” de la Iglesia, y el hecho de que la acción ministerial cristiana se llame “pastoral”.

Papas, obispos y curas (con sus subordinados) “pastorean” a la Iglesia, como el pastor a su rebaño (así vemos en la imagen al papa, con cayado quizá poco pastoril, hablando de olor a oveja). Sin duda, ésta fue una imagen normal en oriente, en tiempo de Jesús. Pero hoy no resulta ya nada clara (a no ser en los concursos de pastor, perro y ovejas que siguen haciendo en mi tierra, como indica la primera imagen). Tres son a mi juicio los problemas vinculados con ella:

a) Jesús (el NT) utiliza la imagen del “pastor”, pero la invierte y transforma de un modo radical, de manera que el pastor al final es otra cosa. Quizá desde la misma Biblia habría que superar hoy la palabra pastor y la pastoral.

b) La imagen del pastor (convertida en programa de gobierno pastoral) puede ir en contra del mensaje y proyecto de Jesús, fundado en la fraternidad y en la comunión entre los hombres (a partir de los últimos), más que en el cuidado del pastor, que se ocupa de unas ovejas inferiores.

c) Muy posiblemente, la imagen y tarea del pastor/pastoral tendría que superarse en la actualidad, pues no responde a nuestra experiencia de la vida, ni al mensaje de fondo de Jesús.

Así dejo el tema abierto, planteando una cuestión de fondo y volviendo a enhebrar el hilo de la trama del pastor, como me pedía ayer un comentarista. Buen domingo a todos.

41Pls6iwomL._AA160_1. GOBIERNO PASTORAL, GOBIERNO PERSONAL

La Biblia (el NT) ofrece unas imágenes de rico simbolismo, no para quedarse en ellas, sino para superarlas de un modo paradójico. Lo malo de una parte de la práctica eclesial es que ha codificado esas imágenes y se ha quedado en ellas, sin asumir la dinámica del Jesús y del NT. Pienso que el autor que más sagazmente a estudiado el tema ha sido M. Foucault, en varias obras donde estudia el tipo de gobierno pastoral y democrático.

1. Gobierno pastoral.

Es más propio de los imperios de oriente, y ha sido especialmente destacado por los israelitas en el AT, donde presentan a Dios como un Pastor que va guiando al pueblo de Israel por el desierto… Los reyes son auténticos pastores, como seguiré viendo. Éstos son (según M. Foucault) los rasgos principales de un gobierno pastoral:

“1. El pastor ejerce el poder sobre un rebaño más que sobre un territorio. […] Dios da, o promete, una tierra a su rebaño.
2. El pastor reúne, guía y conduce a su rebaño. […] basta con que el pastor desaparezca para que el rebaño se disgregue; o dicho en otros términos, el rebaño existe
gracias a la presencia inmediata y a la acción directa del pastor […].
3. El papel del pastor consiste en asegurar la salvación de su grey. […] No se trata únicamente de salvar a todos, a todos en conjunto, cuando se aproxima el peligro,sino que es más bien una cuestión de benevolencia constante, individualizada y orientada a un fin. […] constante, ya que el pastor vela por la alimentación de su rebaño; cotidianamente satisface su sed y su hambre. […] individualizada, ya que el pastor vela para que todas sus ovejas, sin excepción, sean recuperadas y salvadas.
4. […] el ejercicio del poder es un “deber”. […] la benevolencia pastoral está mucho más próxima de la “abnegación”. Todo lo que hace el pastor lo hace por el bien del rebaño. Tal es su preocupación constante. Cuando sus ovejas duermen él vela.”
( Cf. M.Foucault, Omnes et sigulatim: hacia una crítica de la razón política en La vida de los hombres infames, Ed. Altamira, Argentina 1996, 182-183, 204)

Éste es, por tanto, un gobierno de “dictadura ilustrada”. El pastor sabe lo que necesitan sus ovejas, por eso las cuida y dirige desde arriba, las alimenta y las cuida. Más aún, el pastor vela por las ovejas, tiene responsabilidad sobre su vida y su misma “conciencia” (si son ovejas humanas), de manera que no hay reciprocidad entre pastor y ovejas. El pastor puede “cuidar” muy bien a las ovejas, pero está arriba siempre.
El pastor está solo a la cabeza del rebaño y su trabajo consiste en velar por la alimentación de sus animales; en cuidarlos cuando están enfermos; en servirse de la música para reunirlos y guiarlos; en organizar su reproducción preocupándose de obtener la mejor descendencia…

El pastor ejerce por tanto un “dominio” bueno de dirección (y de sumisión) sobre los súbditos, a los que dirige en sentido físico y psíquico, religioso y social… (pero es un gobierno no personal, y en el fondo acaba siendo no cristiano). En esa línea, los “pastores” de la Iglesia se han sentido llamados a “salvar” a las ovejas desde arriba, con autoridad superior, como guías que saben lo que ellas necesitan

En esa línea se podría decir que un tipo de pastoral de la iglesia ha sido pre-cristiana, pues ha tomado los rasgos del pastor del AT y de los reinos orientales, y no la novedad de Jesús, que utiliza la imagen del pastor para superarla por dentro. Un tipo de pastoral de la iglesia, por su forma de entender la autoridad propia de los pastores y la sumisión de las ovejas, evidentemente para su bien (se dice), no es cristiana.

2. Un gobierno personal

A partir del evangelio de Jesús (y desde una perspectiva que ha sido desarrollada después por la misma Iglesia cristiana, fundándose en la experiencia democrática de Grecia) se puede hablar de un gobierno personal, fundado en la palabra y en el diálogo.

El que gobierna (en la línea de la imagen desarrollada por Jn 10 y Jn 15) no es un pastor que dirige desde arriba a las ovejas, sino un amigo que dialoga con amigos, un hombre libre que comparte el camino con otros hombres libres. Leer más…

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«Nueva relación con Jesús». 11 de mayo de 2014. 4 Pascua (A). Juan 1, 1-10.

domingo, 11 de mayo de 2014
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26-PascuaA4 cerezoEn las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su Pastor.

Lo primero es “escuchar su voz” en toda su frescura y originalidad. No con fundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.

Es importante sentirnos llamados por Jesús “por nuestro nombre”. Dejarnos atraer por él personalmente. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.

Es decisivo “seguir“ a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona. Inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.

Es vital caminar teniendo a Jesús “delante de nosotros”. No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.

Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo, es casi solo un deseo. Por lo general, crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.

Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo, la fe se está reavivando o se va extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.

La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza, o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el Papa Francisco ha reconocido que “necesitamos crear espacios motivadores y sanadores… lugares donde regenerar la fe en Jesús». Hemos de escuchar su llamada.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Contribuye a reavivar la relación con Jesús. Pásalo.

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«Yo soy la puerta de las ovejas». Domingo 11 de mayo de 2014. 4º Domingo de Pascua.

domingo, 11 de mayo de 2014
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Other-Sheep-logoLeído en Koinonia:

Hch 2,14a.36-41: Dios lo ha constituido Señor y Mesías
Salmo responsorial 22: El Señor es mi pastor, nada me falta.
1Pedro 2,20b-25: Habéis vuelto al pastor de vuestras vidas
Juan 10,1-10: Yo soy la puerta de las ovejas

La 1ª lectura, tomada del libro de los Hechos, pertenece al discurso de Pedro, ante el pueblo reunido en Jerusalén, a raíz del hecho de Pentecostés. Después de interpretarles el fenómeno de las lenguas diversas en que hablaban los discípulos invadidos por el Espíritu Divino, Pedro les evoca la vida y la obra de Jesús, les anuncia el «Kerygma», la proclamación solemne de la Buena Nueva, del Evangelio: Cristo ha muerto por nuestros pecados, ha sido sepultado y al tercer día Dios lo hizo levantarse de la muerte librándolo de la corrupción del sepulcro y sentándolo a su derecha, como habían anunciado los profetas. Se trata ya, evidentemente, de una primera elaboración teológica del llamado «kerigma», o síntesis o núcleo de la predicación.

Lógicamente, esa formulación del kerigma está condicionada por su contexto social e histórico. No es que porque aparezca en el Nuevo Testamento ya haya de ser tenida como intocable e ininterpretable. Las palabras, las fórmulas, los elementos mismos que componen ese kerigma, hoy nos pueden parecer extraños, ininteligibles para nuestra mentalidad actual. Es normal, y por eso es también normal que la comunidad cristiana tiene el deber de evolucionar, de recrear los símbolos. La fe no es un «depósito» donde es retenida y guardada, sino una fuente, un manantial, que se mantiene idéntico a sí mismo precisamente entregando siempre agua nueva.

En muchos países tropicales son casi desconocidos los rebaños de ovejas cuidadas por su pastor. Eran y son muy comunes en el mundo antiguo de toda la cuenca del Mediterráneo. Muy probablemente Jesús fue pastor de los rebaños comunales en Nazaret, o acompañó al pastoreo a los muchachos de su edad. Por eso en su predicación abundan las imágenes tomadas de esa práctica de la vida rural de Palestina. En el evangelio de Juan la sencilla parábola sinóptica de la oveja perdida (Mt 18,12-14; Lc 15,3-7) se convierte en una bella y larga alegoría en la que Jesús se presenta como el Buen Pastor, dueño del rebaño por el cual se interesa, no como los ladrones y salteadores que escalan las paredes del redil para matar y robar. Él entra por la puerta del redil, el portero le abre, El saca a las ovejas a pastar y ellas conocen su voz. La alegoría llega a un punto culminante cuando Jesús dice ser «la puerta de las ovejas», por donde ellas entran y salen del redil a los pastos y al agua abundante. Por supuesto que en la alegoría el rebaño, las ovejas, somos los discípulos, los miembros de la comunidad cristiana. La alegoría del Buen Pastor está inspirada en el largo capítulo 34 del profeta Ezequiel en el que se reprocha a las autoridades judías no haber sabido pastorear al pueblo y Dios promete asumir Él mismo este papel enviando a un descendiente de David.

La imagen del Buen Pastor tuvo un éxito notable entre los cristianos quienes, ya desde los primeros siglos de la iglesia, representaron a Jesús como Buen Pastor cargando sobre sus hombros un cordero o una oveja. Tales representaciones se conservan en las catacumbas romanas y en numerosos sarcófagos de distinta procedencia. La imagen sugiere la ternura de Cristo y su amor solícito por los miembros de su comunidad, su mansedumbre y paciencia, cualidades que se asignan convencionalmente a los pastores, incluso su entrega hasta la muerte pues, como dice en el evangelio de hoy «el buen pastor da la vida por sus ovejas».

La imagen de «ovejas y pastores» ha de ser manejada con cuidado, porque puede justificar la dualidad de clases en la Iglesia. Esta dualidad no es un temor utópico, sino que ha sido una realidad pesada y dominante. El Concilio Vaticano I declaró: «La Iglesia de Cristo no es una comunidad de iguales, en la que todos los fieles tuvieran los mismos derechos, sino que es una sociedad de desiguales, no sólo porque entre los fieles unos son clérigos y otros laicos, sino, de una manera especial, porque en la Iglesia reside el poder que viene de Dios, por el que a unos es dado santificar, enseñar y gobernar, y a otros no» (Constitución sobre la Iglesia, 1870). Pío XI, por su parte, decía: «La Iglesia es, por la fuerza misma de su naturaleza, una sociedad desigual. Comprende dos categorías de personas: los pastores y el rebaño, los que están colocados en los distintos grados de la jerarquía, y la multitud de los fieles. Y estas categorías, hasta tal punto son distintas entre sí, que sólo en la jerarquía residen el derecho y la autoridad necesarios para promover y dirigir a todos los miembros hacia el fin de la sociedad. En cuanto a la multitud, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores» (Vehementer Nos, 1906). La verdad es que estas categorías de «pastores y rebaño», a lo largo de la historia de la Iglesia han funcionado casi siempre -al menos en el segundo milenio- de una forma que hoy nos resulta sencillamente inaceptable. Hay que tener mucho cuidado de que nuestra forma de utilizarlas no vehicule una justificación inconsciente de las clases en la Iglesia.

El Concilio Vaticano II supuso un cambio radical en este sentido, con aquella su insistencia en que más importante que las diferencias de ministerio o servicio en la Iglesia es la común dignidad de los miembros del Pueblo de Dios (el lugar más simbólico a este respecto es el capítulo segundo de la Lumen Gentium del Vaticano II).

Como es sabido, en las últimas décadas se ha dado un retroceso claro hacia una centralización y falta de democracia. La queja de que Roma no valora la «colegialidad episcopal» es un clamor universal. La práctica de los Sínodos episcopales que se puso en marcha tras el concilio, fue rebajada a reuniones meramente consultivas. Las Conferencias Episcopales Nacionales, verdadero símbolo de la renovación conciliar, fueron declaradas por el cardenal Ratzinger como carentes de base teológica. Los «consejos pastorales» y los «consejos presbiterales» establecidos por la práctica posconciliar como instrumentos de participación y democratización, casi han sido abandonados, por falta de ambiente. La feligresía de una parroquia, o de una diócesis, puede tener unánimemente una opinión, pero si el párroco o el obispo piensa lo contrario, no hay nada que discutir en la actual estructura canónica clerical y autoritaria. «La voz del Pueblo, es la voz de Dios»… en todas partes menos en la Iglesia, pues en ésta, para el pueblo la única voz segura de Dios es la de la Jerarquía. Así la Iglesia se ha convertido -como gusta de decir Hans Küng- en «la última monarquía absoluta de Occidente». A quien no está de acuerdo se le responde que «la Iglesia no es una democracia», y es cierto, porque es mucho más que eso: es una comunidad, en la que todos los métodos participativos democráticos deberían quedarse cortos ante el ejercicio efectivo de la «comunión y participación». En semejante contexto eclesial, ¿se puede hablar ingenuamente de «el buen pastor y del rebaño a él confiado» con toda inocencia e ingenuidad? El Concilio Vaticano II lo dijo con máxima autoridad: «Debemos tener conciencia de las deficiencias de la Iglesia y combatirlas con la máxima energía» (Gaudium et Spes 43).

En la Iglesia de Aquel que dijo que quien quisiera ser el primero fuese el último y el servidor de todos, en algún sentido, todos somos pastores de todos, todos somos responsables y todos podemos aportar. No se niega el papel de la coordinación y del gobierno. Lo que se niega es su sacralización, la teología que justifica ideológicamente el poder autoritario que no se somete al discernimiento comunitario ni a la crítica democrática. ¿Qué la Iglesia no es una democracia? Debe ser mucho más que una democracia. Y, desde luego: no ha de ser un rebaño. Leer más…

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Señor, Mesías, modelo, puerta del aprisco. Domingo 4º de Pascua.

domingo, 11 de mayo de 2014
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Young ShepherdDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Estos cuatro títulos resumen lo que afirman de Jesús las lecturas del próximo domingo: que es Señor y Mesías lo dice Pedro en el libro de los Hechos (1ª lectura); como modelo a la hora de soportar el sufrimiento lo propone la Primera carta de Pedro (2ª lectura); puerta del aprisco es la imagen que se aplica a sí mismo Jesús en el evangelio de Juan. En resumen, las lecturas nos proponen una catequesis sobre Jesús, lo que significó para los primeros cristianos y lo que debe seguir significando para nosotros.

No quedarnos en el próximo domingo, mirar hasta el 7º

Cabe el peligro de vivir la liturgia de las próximas semanas sin advertir el mensaje global que intentan transmitirnos las lecturas dominicales. Pretenden prepararnos a las dos grandes fiestas de la Ascensión y Pentecostés, y lo hacen tratando tres temas a partir de tres escritos del Nuevo Testamento.

1. La iglesia (1ª lectura, de los Hechos de los Apóstoles). Se describe el aumento de la comunidad (4º domingo), la institución de los diáconos (5º), el don del Espíritu en Samaria (6º), y cómo la comunidad se prepara para Pentecostés (7º). Adviértase la enorme importancia del Espíritu en estas lecturas.

2. Vivir cristianamente en un mundo hostil (2ª lectura, de la Primera carta de Pedro). Los primeros cristianos sufrieron persecuciones de todo tipo, como las que padecen algunas comunidades actuales. La primera carta de Pedro nos recuerda el ejemplo de Jesús, que debemos imitar (4º); la propia dignidad, a pesar de lo que digan de nosotros (5º); la actitud que debemos adoptar ante las calumnias (6º), y los ultrajes (7º).

3. Jesús (evangelio: Juan). Los pasajes elegidos constituyen una gran catequesis sobre la persona de Jesús: es el pastor y la puerta (4º); camino, verdad y vida (5º); el que vive junto al Padre y con nosotros (6º); el que ora e intercede por nosotros (7º).

Jesús, puerta del aprisco

En aquel tiempo, dijo Jesús:

-«Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

-«Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.»

El autor del cuarto evangelio disfruta tendiendo trampas al lector. Al principio, todo parece muy sencillo. Un redil, con su cerca y su guarda. Se aproxima uno que no entra por la puerta ni habla con el guarda, sino que salta la valla: es un ladrón. En cambio, el pastor llega al rebaño, habla con el guarda, le abre la puerta, llama a las ovejas, ellas lo siguen y las saca a pastar. Lo entienden hasta los niños.

Sin embargo, inmediatamente después añade el evangelista: “ellos no entendieron de qué les hablaba”. Muchos lectores actuales pensarán: “son tontos, está clarísimo, habla de Jesús como buen pastor”. Y se equivocan. Eso es verdad a partir del versículo 11, donde Jesús dice expresamente: “Yo soy el buen pastor”. Pero en el texto que se lee hoy, el inmediatamente anterior (Juan 10,1-10), Jesús se aplica una imagen muy distinta: no se presenta como el buen pastor sino como la puerta por la que deben entrar todos los pastores (“yo soy la puerta del redil”).

Con ese radicalismo típico del cuarto evangelio, se afirma que todos los personajes anteriores a Jesús, al no entrar por él, que es la puerta, no eran en realidad pastores, sino ladrones y bandidos, que sólo pretenden “robar y matar y hacer estrago”.

Resuenan en estas duras palabras un eco de lo que denunciaba el profeta Ezequiel en los pastores (los reyes) de Israel: en vez de apacentar a las ovejas (al pueblo) se apacienta a sí mismos, se comen su enjundia, se visten con su lana, no curan las enfermas, no vendan las heridas, no recogen las descarriadas ni buscan las perdidas; por culpa de esos malos pastores que no cumplían con su deber, Israel terminó en el destierro (Ez 34).

La consecuencia lógica sería presentar a Jesús como buen pastor que da la vida por su ovejas. Pero eso vendrá más adelante, no se lee hoy. En lo que sigue, Jesús se presenta como la puerta por la que el rebaño puede salir para tener buenos pastos y vida abundante.

En este momento cabría esperar una referencia a la obligación de los pastores, los responsables de la comunidad cristiana, a entrar y salir por la puerta del rebaño: Jesús. Todo contacto que no se establezca a través de él es propio de bandidos y está condenado al fracaso (“las ovejas no les hicieron caso”). Aunque el texto no formula de manera expresa esta obligación, se deduce de él fácilmente.

En realidad, esta parte del discurso termina dirigiéndose no a los pastores sino al rebaño, recordándole que “quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos”.

Ya que es frecuente echarle la culpa a los pastores de los males de la iglesia, al rebaño le conviene recordar que siempre dispone de una puerta por la que salvarse y tener vida abundantes.

La segunda lectura recuerda a los cristianos perseguidos y condenados injustamente que ese mismo fue el destino de Jesús, y que lo aceptó sin devolver insultos ni amenazas. En ese contexto lo presenta como modelo con unas palabras espléndidas: “Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas”. Al final de esta lectura encontramos la imagen de Jesús como buen pastor (“Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas”.). Como he indicado, no es la esencial del evangelio.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro 2, 20b-25

Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

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Dom 11. V. 14. Buen Pastor, la puerta de la Libertad.

domingo, 11 de mayo de 2014
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imagesDel blog de Xabier Pikaza:

El Buen Pastor, 4º Domingo de Pascua (Jn 10). Todos nosotros podemos y debemos ser pastores y puerta de libertad para los otros.

‒ La primera imagen pascual de este es el mismo Jesús-Pastor que dirige y guarda, anima y protege a sus amigos que, conforme a un símbolo usual del oriente, aparecen como ovejas.
‒ La segunda imagen pascual de este domingo es la Puerta de Libertad, por la que salen y entran las ovejas, es decir, todos nosotros, sin que nadie nos persiga ni domine. Es la puerta de la libertad, el mismo Cristo resucitado.

— La tercera imagen somos nosotros, convertidos por Jesús en pastores y puerta de libertad, en un mundo que tiende a quedar esclavizado, en manos de los primeros engañadores de turno (y en especial por un tipo de dinero que esclaviza a la gran mayoría).

10271620_282807718563094_178388889834788443_nEstamos ante el signo de un mundo inquietante, asesino, de ovejas encerradas, aterrorizadas, ante el riesgo de duros señores de engaño, guerra y muerte. En el tiempo de Jesús (del 30 al 70 d.C.) los falsos pastores, asaltantes de “apriscos” hicieron que más de medio Israel pereciera de engaño, de guerra y de muerte. Hoy, año 2014, puede suceder algo parecido pues sigue habiendo como entonces, y aún con más fuerza, pastores religiosos y civiles que saltan por las bardas del aprisco, que engañan y aterrorizan, que destruyen y matan.

Tres planos:

‒ Un filósofo pro-nazi llamado Heidegger hablaba del hombre como “pastor del Ser”, con un lenguaje de destino, dominación y muerte. Pues bien, en contra de eso, nosotros, los cristianos, celebramos a Jesús como pastor de libertad. Ciertamente, no somos ovejas en sentido literal, sino personas… Pero Jesús, buen pastor, abre la puerta de la Vida y nos permite salir al Espacio de la Libertad y de la Pascua.

Queremos “buenos pastores”, hombres y mujeres como Jesús, que nos ayuden a salir del aprisco donde estamos encerrados, para así buscar y celebrar la libertad, con él (Jesús), con todos los hombres y mujeres de la tierras.

Nosotros mismos podemos y debemos ser pastores y puerta de libertad para los otros… Todos nosotros (ovejas de Jesús) hemos de ser puerta de libertad para los demás, pastores que les ayudan a encontrar el camino y les acompañan. Buen domingo a todos.

Juan 10,1-10. La parábola de los malos pastores

En aquel tiempo, dijo Jesús «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.«

COMENTARIO BÁSICO

Hay un gran aprisco cerrado (y nosotros dentro)

Esta imagen puede tener varios sentidos. Ciertamente, el aprisco, redil o paridera es el lugar donde se reúnen muchas ovejas que pasan la noche (un tiempo largo) protegidas por muros o bardas… Puede haber allí miles de ovejas de dueños diversos, ovejas que responden a voces distintas y que parecen estar vigiladas por un misterioso “thyroros”, un ostiario que guarda la puerta, como el clavero o llavero de las ciudades amuralladas (pero que no puede impedir que vengan y asalten los muros los ladrones).

Este aprisco puede ser el templo de Jerusalén, donde quisieron encerrarse y guardarse las ovejas el año 67-70 d.C. muriendo casi todas a manos de bandidos y ladrones religiosos y civiles.

Este aprisco puede ser la sociedad cerrada de Israel en tiempos de Segundo Templo y años siguientes. Una sociedad donde quedaron muchos judíos cautivos de su propio miedo, de sus leyes mudas…

Este aprisco puede ser en fin un tipo de Iglesia que también se cierra en sí misma, incapaz de lograr que caminen sus “fieles ovejas”, que salgan y salgan como quiere el Papa Francisco (Evangelii Gaudium). Tiene que venir alguien para sacar a las ovejas al campo de la vida, para que caminen… par que amen, para que vivan en libertad.

Hay un thyroros, ostiario bueno pero impotente

Ese thyroros, ostiario, que guarda la puerta es en principio un buen vigilante… pues abre la puerta al buen pastor. En ese sentido podría ser Dios, o un tipo de Ángel de la Guarda del Templo-Ciudad-Aprisco… Quizá es un tipo de Papa/Padre que protege (quiere proteger a las ovejas…).

Pero hay algo inquietante en ese ostiario… que guarda la puerta, pero no vigila las “bardas” o muros del redil donde se hacinan las ovejas, de manera que los ladrones (que vienen a robar) y los bandidos/lêstai (que vienen a esclavizar) parecen campar a las anchas… Vivimos en medio de un mundo de ladrones (los dueños del gran capital) que destruyen a las ovejas.

El ostiario o guardián de las ovejas parece bueno (he dicho que parece un Sumo Sacerdote o Papa), pero no logra defender los muros… de manera que los ladrones/terroristas de un tipo o de otro vienen, sacrifican, matan…

Muchos ladrones/bandidos había en tiempos de Jesús y del evangelio de Juan, ladrones que entraban al aprisco por los huecos de las piedras… o que saltaban por los muros… Ellos llevaron a la gran catástrofe del 67-70, cuando perecieron casi todas las ovejas de Israel. Leer más…

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«Mis vivencias sobre la Resurrección», por Juan Cejudo, miembro del MOCEOP y de Comunidades Cristianas Populares

domingo, 11 de mayo de 2014
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Resurrección2Leído en El Blog de Juan Cejudo

Entiendo que para los no creyentes éste sea un asunto especialmente difícil de asumir por ellos. Pero para los que creemos, la Resurrección de Jesús es un asunto fundamental. Nuestra fe no es una fe de muertos, sino de vivos. No todo termina con la muerte de Jesús.

Él vence a la muerte. No sabremos explicar bien cómo ni de qué manera. Pero la lectura de los diversos pasajes de los evangelios lo dejan muy claro. En el de Mateo, quienes primero lo confirman son las mujeres: María la de Salomé y la otra María. ¡Curioso! Las mujeres son las primeras testigos de la resurrección de Jesús. Son ellas quienes lo comunican a los demás apóstoles que andaban dispersos y llenos de miedo…Se aparecerá a todos ellos, en presencia de Tomás, el incrédulo, a los discípulos de Emaús que se transforman llenos de ilusión con su presencia y en varias ocasiones más.

El Resucitado consigue reunir a los discípulos , darles de nuevo ilusión y, con la fuerza del Espíritu en Pentecostés, salir a todos los caminos, pueblos y ciudades para anunciar el Evangelio a los pobres, enfermos, tullidos, lisiados, para curarles y hacer el bien con ellos, anunciando el Reino de Dios.

Y ése es el mensaje para mí de la Resurrección: Jesús da fuerza para superar el mal y luchar contra él, para dar fuerza a los que sufren, para estar cerca de quienes nos necesitan.

Hoy las fuerzas del mal son muy poderosas. El capitalismo hace estragos como nunca dejando en la miseria a millones de personas en todo el mundo. También en España, también en Cádiz. Ahí están los millones de parados, los centenares de miles de desahuciados, los miles y miles de personas que viven en la calle tirados, como animales abandonados. A veces algunos mueren de frío en las calles.

No pocos desahuciados, se suicidan desesperados.

Ahí están los recortes que hacen estragos en la sanidad, en la educación, en la falta de atención social para los que lo necesitan…: familias sin ningún tipo de recursos, inmigrantes que mueren por intentar llegar a Europa o que se destrozan sus cuerpos con cuchillas suicidas que le cortan por todas partes de sus cuerpos… Ancianos abandonados a su suerte por falta de atención…

A nivel mundial: miseria, guerras, hambre en la mayoría de los países de África, latinoamérica o Asia por culpa de un sistema injusto que funciona a favor de las grandes multinacionales y los grandes grupos financieros mundiales…que son insaciables…
NOVECENTO

Para mí Resurrección es la lucha de los pueblos por su dignidad y sus derechos. Son los grupos que se organizan para luchar contra este sistema económico y político injusto: las marchas de la dignidad del 22M que se concentraron en Madrid, los grupos organizados para luchar contra los injustos desahucios; las mareas blancas , verdes, naranjas, violetas etc… que luchan por la sanidad pública, por la educación pública, por los derechos sociales, de las mujeres etc…las numerosas asambleas populares del 15M, los colectivos que luchan por los derechos humanos en todos sus frentes, por la dignidad de los inmigrantes y los muy numerosos grupos alternativos que buscan nuevas vías en otros muchos campos ….

La Resurrección de Jesús me aporta un mensaje cargado de esperanza, de utopía. Hay que seguir luchando con otros grupos y colectivos por esa Sociedad nueva, por esa Iglesia nueva, como la quería Jesús: donde exista igualdad, justicia, fraternidad…

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«Acoger la fuerza del Evangelio». 4 de mayo de 2014. 3 Pascua (A). Lucas 24, 13-35.

domingo, 4 de mayo de 2014
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25-PascuaA3Dos discípulos de Jesús se van alejando de Jerusalén. Caminan tristes y desolados. En su corazón se ha apagado la esperanza que habían puesto en Jesús, cuando lo han visto morir en la cruz. Sin embargo, continúan pensando en él. No lo pueden olvidar. ¿Habrá sido todo una ilusión?

Mientras conversan y discuten de todo lo vivido, Jesús se acerca y se pone a caminar con ellos. Sin embargo, los discípulos no lo reconocen. Aquel Jesús en el que tanto habían confiado y al que habían amado tal vez con pasión, les parece ahora un caminante extraño.

Jesús se une a su conversación. Los caminantes lo escuchan primero sorprendidos, pero poco a poco algo se va despertando en su corazón. No saben exactamente qué. Más tarde dirán: “¿No estaba ardiendo nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino?”

Los caminantes se sienten atraídos por las palabras de Jesús. Llega un momento en que necesitan su compañía. No quieren dejarlo marchar: “Quédate con nosotros”. Durante la cena, se les abrirán los ojos y lo reconocerán. Este es el primer mensaje del relato: Cuando acogemos a Jesús como compañero de camino, sus palabras pueden despertar en nosotros la esperanza perdida.

Durante estos años, muchas personas han perdido su confianza en Jesús. Poco a poco, se les ha convertido en un personaje extraño e irreconocible. Todo lo que saben de él es lo que pueden reconstruir, de manera parcial y fragmentaria, a partir de lo que han escuchado a predicadores y catequistas.

Sin duda, la homilía de los domingos cumple una tarea insustituible, pero resulta claramente insuficiente para que las personas de hoy puedan entrar en contacto directo y vivo con el Evangelio. Tal como se lleva a cabo, ante un pueblo que ha de permanecer mudo, sin exponer sus inquietudes, interrogantes y problemas, es difícil que logre regenerar la fe vacilante de tantas personas que buscan, a veces sin saberlo, encontrarse con Jesús.

¿No ha llegado el momento de instaurar, fuera del contexto de la liturgia dominical, un espacio nuevo y diferente para escuchar juntos el Evangelio de Jesús? ¿Por qué no reunirnos laicos y presbíteros, mujeres y hombres, cristianos convencidos y personas que se interesan por la fe, a escuchar, compartir, dialogar y acoger el Evangelio de Jesús?

Hemos de dar al Evangelio la oportunidad de entrar con toda su fuerza transformadora en contacto directo e inmediato con los problemas, crisis, miedos y esperanzas de la gente de hoy. Pronto será demasiado tarde para recuperar entre nosotros la frescura original del Evangelio.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora Buenas Noticias

Difunde la fuerza transformdora del Evangelio. Pásalo

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«Lo reconocieron al partir el pan». Domingo 4 de mayo de 2014 3º Domingo de Pascua

domingo, 4 de mayo de 2014
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timthumb.phpLeído en Koinonia:

En la primera lectura, de los Hechos de los Apóstoles, encontramos a Pedro pronunciando su primera predicación pospascual, dirigida tanto a los judíos presentes como a todos los habitantes de Jerusalén. El sermón es de tipo kerigmático, con la presentación de tres aspectos de la vida de Jesús, que componen el credo de fe más antiguo del cristianismo: un Jesús histórico, acreditado por Dios con milagros, prodigios y señales; su muerte a mano de las autoridades judías, y finalmente, su resurrección obrada por Dios para salvación de toda la humanidad. Pedro termina su discurso con un sello de autenticidad: de todo esto, «nosotros somos testigos» (Hch 2,32). Creer en Jesús resucitado era reconocerlo como Mesías, lo que según las Escrituras, abría las puertas para su segunda venida y el fin del mundo. Esto explica las actitudes de recogimiento y miedo que llevan a los discípulos a encerrarse bajo llave. Sin embargo, Pentecostés cambia para siempre las cosas, pues antes que miedo por el fin del mundo, el Espíritu les indica que el mundo apenas comienza, y que la iglesia que acaba de nacer tiene el compromiso de contribuir en la reconstrucción de este mundo con la clave del amor. Así comenzó la Iglesia su misión, cambiando los miedos del fin del mundo, por la alegría, el optimismo y el compromiso de hacer que cada mañana el mundo nazca con más amor, justicia y paz.

La referencia a la primitiva comunidad cristiana nos hace descubrir la importancia que la praxis del amor y de la solidaridad tuvo en el surgimiento del cristianismo. No fue sin más una teoría, sino un cambio de vida, una praxis, una transformación social, lo que estaba en juego. Importante tenerlo presente, cuando tantos piensan que el cristianismo es cuestión de aceptar intelectualmente un paquete de verdades, teorías o dogmas.

En la segunda lectura, el apóstol Pedro hace un llamado a mantener la fidelidad a Dios aún en situaciones de destierro, desplazamiento, marginación o exclusión, porque Dios, en un nuevo Exodo, nos libera de una sociedad sometida a leyes injustas e inhumanas, que protegen sólo al que paga con oro o plata. Esta liberación fue asumida por Jesús con el sello de su propia sangre, como una opción de amor, consciente y voluntaria, por los hombres y mujeres del mundo entero. El precio que debemos pagar a Jesús por tanta generosidad, no es con oro ni plata, sino, dando vida a los hermanos que siguen muriendo, víctimas de la injusticia y la deshumanización. Eso será realmente «devolver con la misma moneda».

En el evangelio, dos discípulos, que no eran del grupo de los once (v.33) se dirigen a Emaús. Probablemente se trata de un hombre y una mujer, casados, (también había mujeres discípulas), que regresaban a su pueblo natal frustrados por los últimos acontecimientos de la capital. Mientras conversaban, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos, al fin y al cabo es el Emmanuel. Pero ellos no pueden reconocerlo, sus ojos están cerrados. ¿Por qué? Porque en el fondo todavía tenían la idea de un mesías profeta-nacionalista, que conquistaría el mundo entero para ser dominado por las autoridades de Israel, un mesías necesariamente triunfador… Por eso, estaban viendo en la cruz y en la muerte del maestro, el fracaso de un proyecto en el cual habían puesto sus esperanzas.

Serán las Escrituras las primeras gotas que Jesús echa en los ojos del corazón de estos discípulos, para que puedan ver y entender que no es con el triunfalismo mesiánico, sino con el sufrimiento del siervo de Yavé, como se conquista el Reino de Dios; un sufrimiento que no es masoquismo, sino un cargar conscientemente con las consecuencias de la opción de amar a la humanidad, actitud difícil de entender en una sociedad dominada por un poder de dominio que mata a quien se interpone en su camino. Por la vida, hasta dar la misma vida, es el testimonio de Jesús ante sus dos compañeros.

El relato de los discípulos de Emaús es una pieza bellísima, evidentemente teológica, literaria. No es, en absoluto, una narración ingenua directa de un hecho tal como sucedió. Es una composición elaborada, simbólica, que quiere dar un mensaje. Y como todo símbolo, que no lleva adjunto un manual de explicación, permanece «abierto», es decir, es susceptible de múltiples interpretaciones. Y desde cada nuevo contexto social, en cada nueva hora de la historia, los creyentes se confrontarán con ese símbolo y extraerán nuevas lecciones…

En una página adjunta (http://servicioskoinonia.org/biblico/textos/emaus.htm) presentamos una glosa a este texto de Lucas, leído desde la situación psicológica de los «militantes latinoamericanos en los 90». La situación, actualmente, por fortuna, ha cambiado, pero las situaciones de depresión, de derrota y de desánimo, lamentablemente forman parte esencial de nuestra vida, por lo que puede ser interesante leer la interpretación que allí se ofrece del tema de Emaús desde América Latina. Leer más…

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CP 3 (Dom 4.5.14). En Emaús nos vemos, él no fallará

domingo, 4 de mayo de 2014
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CLOFAS~1Del blog de Xabier Pikaza:

Domingo 3 de Pascua. Lc 24, 13-35.

Ésta es quizá la más bella historia de resurrección. Por el camino de Emaús pasó Jesús, por allí sigue pasando, como ha narrado Lucas, que recoge la tradición de dos fugitivos que le encuentran y se dejan acompañar por él cuando les explica la Escritura y comparte con ellos el pan.

— Sucedió esa historia, con dos personajes concretos: Cleofás y María su esposa (cf. Jn 19, 29), el primer matrimonio expresamente cristiano de los comienzos de la Iglesia.

— Puede suceder también en cada uno de nosotros , que somos Cleofás o su mujer (o su hermano/amigo o hermana), en camino de pascua.

— Buen domingo a todos, buena Pascua, amigos caminantes del evangelio,en esta Pascua de gracia 2014. Nos vemos en Emaús, si os parece y no fallamos el camino. Él no fallará.

Dos fugitivos

No van con las mujeres al sepulcro, para ungir al cuerpo muerte, ni quedan en Jerusalén, como los otros, sino que escapan. Es como si tuvieran más dolor; como si la aventura de Jesús hubiera aparecido ante sus ojos como un bello y duro engaño. Cuanto antes pudieran olvidarla sería mejor: la vida no se puede edificar sobre recuerdos vacíos, sobre palabras vanas, como las de las mujeres del sepulcro (cf 24, 11-22).

Escapan por los caminos de la vida y para volver hacia el Cristo y su mensaje necesitan más razones que la catequesis pascual de las mujeres de Mc 16, 1-8; a ellas les bastaba el recuerdo de aquello que Jesús había dicho, estando como estaban al borde de su tumba vacía. Estos necesitan toda la palabra de Escritura, necesitan la fracción del pan, tienen que ver a Jesús. De esa manera, su misma gran incredulidad se hará motivo de una más honda y larga catequesis pascual.

Son muchos los motivos que podríamos destacar en esa catequesis, convertida en principio de la más intensa teología de la pascua. Podríamos hablar de una hermenéutica, es decir, de una nueva comprensión de la Escritura, desde el Cristo muerto. También podemos hablar de una revelación, pues Dios se manifiesta por medio del Cristo como vencedor sobre la muerte, y de una iluminación transformadora, pues los antiguos fugitivos descubren que su vida cambia al contacto con Jesús resucitado. Hay en el fondo de todo una experiencia de conversión/vocación, pues aquellos que escapaban de Jesús y de su grupo vuelven y descubren a la iglesia como una comunidad que se reúne en torno a la confesión pascual…

Desde ese fondo, en contraste con las mujeres del sepulcro que no creen (cf. Lc 24,10) presenta Lc 24, 13-35 a estos testigos de la pascua, realizando un camino de resurrección que va del desengaño (¡Jesús fue sólo una ilusión!) al reconocimiento del misterio completo del Cristo.

Experiencia de Emaús. El comienzo.

El texto es una joya de teología narrativa: la verdad no se argumenta ni demuestra a base de razones; la verdad viene a expresarse en forma de relato; sólo convence quien sepa contar una historia de forma que su verdad (su mensaje) vuelva a hacerse presenta allí donde se cuenta.

Y he aquí que dos de ellos
(del grupo de Once y los otros: cf 24,9),
en aquel mismo día caminaban hacia una aldea llamada Emaús,
que distaba como una sesenta estadios de Jerusalén.
Y ellos dialogaban entre sí sobre todas estas cosas
que habían acontecido.
Y sucedió que mientras dialogaban y hablaban
el mismo Jesús se acercó y caminaba con ellos.
Y sus ojos estaban cerrados, para no reconocerle. Y él les dijo:
– ¿Qué son esas palabras que os decís entre vosotros,
mientras camináis?
Y ellos se pararon, quedando tristes.
Y uno, llamado Cleofás, respondiéndole le dijo:
– ¿Eres tú el único habitante de Jerusalén que ignoras
las cosas que han pasado en ella en estos días?
Y les preguntó: ¿Cuáles? Y ellos le dijeron:
– Las referentes a Jesús de Nazaret, que fue varón profeta,
poderoso en acción y palabra, ante Dios y ante todo el pueblo,
cómo le entregaron nuestros sacerdotes y jefes,
en juicio de muerte y le crucificaron.
Nosotros esperábamos que él fuera quien debía redimir a Israel,
pero con todas estas cosas, han pasado ya tres días…
(Lc 24, 13-21)

Estos fugitivos de Emaús son signo de todos los han ido caminando con Jesús pero después se han decepcionado. No pueden entender la cruz, no saben situar su muerte en el esquema salvador del reino: ¡pensábamos que tenía que redimir a Israel! Como fracasados escapan, huyendo de su propia historia, del pasado de su encuentro con Jesús, con la esperanza rota.

Escapan y sin embargo siguen hablando de Jesús, como si tuvieran necesidad de recrear su recuerdo, de recuperar su figura. Uno se llama Cleofás (24, 18). El otro permanece innominado (¿su mujer Maria, una hermana, un amigo?). Si María, la mujer de Cleofás que estaba bajo la cruz (cf. Jn 19, 25) es la misma que ahora acompaña a Cleofás (y este Cleofás es el mismo de aquel texto), tenemos que afirmar que ella no cree, ni ella ni su marido, que vuelven a su casa.

Sea como fuere, ellos abandonan la comunidad donde sigue reunido el resto de discípulos incrédulos con las mujeres creyentes (cf 24, 9-10.33-35). Parecen el comienzo del fin; empieza a disgregarse el grupo que Jesús había formado a lo largo de su vida. Escapan de Jesús, pero le llevan en su mente y conversación (cf. Lc 24, 14). Pues bien, la misma huida viene a convertirse en principio de un nuevo encuentro.

Muchas veces resulta necesaria la distancia: separarse del lugar de la experiencia inmediata, tomar tiempo para revivir lo que ha pasado. Quien no sufra el choque fuerte del fracaso de Jesús, quien no sienta la tentación de escaparse no podrá entender el evangelio. Ese momento de decepción, ese intento de evadirse de recuperar la tranquilidad de un pasado sin cruz, constituye un elemento integrante de la resurrección cristiana.

El desconocido de pascua. Catequesis del camino.

Se suele decir que no existe verdadera conversación si es que no viene “un tercero” para ofrecer nueva luz. Pues así viene Jesús, como un desconocido, que empieza preguntando: se interesa por el dolor de los fugitivos y permite que ellos hablen y digan aquello que esperaban (liberación de Israel) y aquello que ahora sufren (fracaso de Jesús). Para que la conversación resulte verdadera debemos empezar acogiendo la palabra de los otros, no sólo para aprender lo que ellos digan sino también (y sobre todo) para dejar que ellos se expresen y con ello manifiesten su verdad, su intimidad más honda. Leer más…

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Del desencanto al entusiasmo. Domingo 3º de Pascua. Ciclo A.

domingo, 4 de mayo de 2014
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20._jesus_appears_at_emmaus-lowresDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

26 de abril de 2014

La víspera de la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, volviendo al Instituto Bíblico, encuentro a un compañero jesuita acompañado de un visitante que ha venido a la ceremonia. Me lo presenta, me pregunta qué enseño y le respondo: Antiguo Testamento. «¿No estamos ya en el Nuevo? Para qué sirve el Antiguo?» «Sin el Antiguo no se puede entender el Nuevo», le contesté. El evangelista Lucas, en su relato sobre la aparición a los dos discípulos que van camino de Emaús, parece darme la razón.

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

― ¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:

― ¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?

Él les preguntó:

― ¿Qué?

Ellos le contestaron:

― Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.

Entonces Jesús les dijo:

― ¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:

― Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron:

― ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

― Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Hay que olvidar lo que sabemos

Para comprender el relato de los discípulos de Emaús hay que olvidar todo lo leído en los días pasados, desde la Vigilia del Sábado Santo, a propósito de las apariciones de Jesús. Porque Lucas ofrece una versión peculiar de los acontecimientos. Al final de su evangelio cuenta sólo tres apariciones:

1) A todas las mujeres, no a dos ni tres, se aparecen dos ángeles cuando van al sepulcro a ungir el cuerpo de Jesús.

2) A dos discípulos que marchan a Emaús se les aparece Jesús, pero con tal aspecto que no pueden reconocerlo, y desaparece cuando van a comer.

3) A todos los discípulos, no sólo a los Once, se aparece Jesús en carne y hueso y come ante ellos pan y pescado.

Dos cosas llaman la atención comparadas con los otros evangelios: 1) las apariciones son para todas y para todos, no para un grupo selecto de mujeres ni para sólo los once. 2) La progresión creciente: ángeles – Jesús irreconocible – Jesús en carne y hueso.

Jesús, Moisés, los profetas y los salmos

Hay un detalle común a los tres relatos de Lucas: las catequesis. Los ángeles hablan a las mujeres, Jesús habla a los de Emaús, y más tarde a todos los demás. En los tres casos el argumento es el mismo: el Mesías tenía que padecer y morir para entrar en su gloria. El mensaje más escandaloso y difícil de aceptar requiere que se trate con insistencia. Pero, ¿cómo se demuestra que el Mesías tenía que padecer y morir? Los ángeles aducen que Jesús ya lo había anunciado. Jesús, a los de Emaús, se basa en lo dicho por Moisés y los profetas. Y el mismo Jesús, a todos los discípulos, les abre la mente para comprender lo que de él han dicho Moisés, los profetas y los salmos. La palabra de Jesús y todo el Antiguo Testamento quedan al servicio del gran mensaje de la muerte y resurrección.

La trampa política que tiende Lucas

Para comprender a los discípulos de Emaús hay que recordar el comienzo del evangelio de Lucas, donde distintos personajes formulan las más grandes esperanzas políticas y sociales depositadas en la persona de Jesús. Comienza Gabriel, que repite cinco veces a María que su hijo será rey de Israel. Sigue la misma María, alabando a Dios porque ha depuesto del trono a los poderosos y ensalzado a los humildes, porque a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Los ángeles vuelven a hablar a los pastores del nacimiento del Mesías. Zacarías, el padre de Juan Bautista, también alaba a Dios porque ha suscitado en la casa de David un personaje que librará al pueblo de Israel de la opresión de los enemigos. Finalmente, Ana, la beata revolucionaria de ochenta y cuatro años, habla del niño Jesús a todos los que esperan la liberación de Jerusalén. Parece como si Lucas alentase este tipo de esperanza político-social-económica.

Del desencanto al entusiasmo

El tema lo recoge en el capítulo final de su evangelio, encarnándolo en los dos de Emaús, que también esperaban que Jesús fuera el libertador de Israel. No son galileos, no forman parte del grupo inicial, pero han alentado las mismas ilusiones que ellos con respecto a Jesús. Están convencidos de que el poder de sus obras y de su palabra va a ponerlos al servicio de la gran causa religiosa y política: la liberación de Israel. Sin embargo, lo único que consiguió fue su propia condena a muerte. Ahora sólo quedan unas mujeres lunáticas y un grupo se seguidores indecisos y miedosos, que ni siquiera se atreven a salir a la calle o volver a Galilea. A ellos no los domina la indecisión ni el miedo, sino el desencanto. Cortan su relación con los discípulos, se van de Jerusalén.

En este momento tan inadecuado es cuando les sale al encuentro Jesús y les tiene una catequesis que los transforma por completo. Lo curioso es que Jesús no se les revela como el resucitado, ni les dirige palabras de consuelo. Se limita a darles una clase de exégesis, a recorrer la Ley y los Profetas, espigando, explicando y comentando los textos adecuados. Pero no es una clase aburrida. Más tarde comentarán que, al escucharlo, les ardía el corazón.

El misterioso encuentro termina con un misterio más. Un gesto tan habitual como partir el pan les abre los ojos para reconocer a Jesús. Y en ese mismo momento desaparece. Pero su corazón y su vida han cambiado.

Los relatos de apariciones, tanto en Lucas como en los otros evangelios, pretenden confirmar en la fe de la resurrección de Jesús. Los argumentos que se usan son muy distintos. Lo típico de este relato es que a la certeza se llega por los dos elementos que terminarán siendo esenciales en las reuniones litúrgicas: la palabra y la eucaristía.

Del entusiasmo al aburrimiento

Por desgracia, la inmensa mayoría de los católicos ha decidido escapar a Emaús y casi ninguno ha vuelto. «La misa no me dice nada». Es el argumento que utilizan muchos, jóvenes y no tan jóvenes, para justificar su ausencia de la celebración eucarística. «De las lecturas no me entero, la homilía es un rollo, y no puedo comulgar porque no me he confesado». En gran parte, quien piensa y dice esto, lleva razón. Y es una pena. Porque lo que podríamos calificar de primera misa, con su dos partes principales (lectura de la palabra y comunión) fue una experiencia que entusiasmó y reavivó la fe de sus dos únicos participantes: los discípulos de Emaús. Pero hay una grande diferencia: a ellos se les apareció Jesús. La palabra y el rito, sin el contacto personal con el Señor, nunca servirán para suscitar el entusiasmo y hacer que arda el corazón.

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«Creo en la vida», por José Arregi.

domingo, 4 de mayo de 2014
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2125973325_d3edb4de46Leído en su blog:

¿Y qué otra cosa es la fe pascual sino eso: creer en la Vida? Cuando digo creer, no digo profesar creencias. Digo vivir: digo confiar en sí mismo y en el otro a pesar de todo, digo rebelarse contra todos los poderes que asfixian, digo ponerse del lado del herido, digo ser humilde levadura que transforma y levanta la historia, digo respirar en paz cada noche y seguir caminando cada día a pesar del fracaso, de la cruz o de la muerte. Creer en la Pascua es una forma de vivir.

“Pascua” (pesah, “paso”) llamaron los judíos a la liberación de la esclavitud bajo el faraón, a la travesía del desierto hacia la plena libertad, a la esperanza de la Tierra que mana leche y miel para todos. Pero miles de años antes que fiesta religiosa judía, la Pascua fue, sin ese nombre, la fiesta de la primavera de pastores y agricultores: fiesta de los corderos y de los campos de trigo. Fiesta de la vida y del pan.

Creo que Jesús de Nazaret –aunque no fue el único, ni era perfecto– vivió y anunció la gracia y la libertad, fue profeta de la Vida. Y por eso le condenaron los poderes establecidos: por haberse hecho solidario de todos los condenados. Le mataron, pero su vida no murió. Pues en nuestra vida fluye la plenitud de la Vida, y nuestra vida fluye hacia su plenitud, en paso o pascua permanente.

Creo que Jesús resucitó, pues la vida buena, la bondad que habita en el corazón de todo viviente es inmortal, como la belleza, en el Corazón que palpita en todo. La vida revive, cuanto es se transforma: la mariposa en huevo, el huevo en oruga, la oruga en crisálida, la crisálida en mariposa, la mariposa en huevo, en vuelo, en tierra, y la tierra en flor, la flor en abeja, la abeja en cera, la cera en llama, la llama en luz, la luz en sombra, la sombra en luz, aire, aliento, energía o espíritu… que aletea sobre las aguas de la vida, que vibra en el corazón de todos los seres, formas del Ser, del Aliento, del Alma, de la Comunión o del Todo inmortal. Pero ¿qué pasa cuando “morimos”, cuando se desintegra el soporte “material” que sostiene nuestra conciencia, emociones y memoria? No sé qué decir, pero creo que no es el fin de nuestra vida, sino su pascua o paso a la Plenitud que somos, a la anchura de la Vida, del Corazón o de la Memoria Infinita que también llamamos “Dios.

Creo que Jesús resucitó no “después” de su muerte, sino en toda su vida, incluida su muerte. La vida buena de Jesús resucitaba en la plenitud eterna de “Dios” cuando curaba enfermos devolviéndoles la confianza vital, cuando compartía la mesa con los excluidos por la religión, cuando proclamaba dichosos a los pobres campesinos y pescadores de Galilea –dichosos porque iban a dejar de ser miserables–, cuando contaba parábolas que llamaban a la misericordia y provocaban sorpresa, cuando subvertía las jerarquías y consagraba la fraternidad. Jesús resucitó en su vida, y cuando por su vida le condenaron a morir en la cruz, entonces acabó de resucitar.

Creo que sus discípulos –sobre todo sus discípulas– volvieron a creer en él y a seguirle por la misma razón por la que habían creído en él y le habían seguido en vida: porque vieron en él al profeta de la vida liberada. Se les fueron abriendo los ojos de nuevo y al profeta de la vida le confesaron mártir viviente. Creo que para creer en el Viviente no hacen falta sepulcros vacíos, ni ángeles ni apariciones milagrosas pues todo está animado por el Ángel de la Vida, todo es milagro, todos los sepulcros están vacíos de ausencia, llenos de presencia buena, de la Gracia de ser que Jesús vivió. Solo es necesario que se abran el corazón y los ojos para palpar la Vida en todas las manos y pies heridos, en todo lo que es y palpita: el caminante anónimo, el inmigrante expulsado, la mujer maltratada, el anciano o el niño desgraciado, el parado de larga duración. Y en la humilde piedra del camino, o en el petirrojo que sigue cantando junto al Narrondo después de anochecer, y vuelve a cantar antes del amanecer.

Creo que la Presencia de la Compasión nos sale al paso en cada paso, nos llama por nuestro nombre y nos dice al corazón: “Amiga, amigo, no temas. Confía y vive”.

José Arregi

Para orar

POR QUÉ CANTAMOS

Si cada hora viene con su muerte,
si el tiempo es una cueva de ladrones,
los aires ya no son los buenos aires,
la vida es nada más que un blanco móvil…
usted preguntará por qué cantamos.
Si nuestros bravos se quedan sin abrazo,
la patria se nos muere de tristeza,
y el corazón del hombre se hace añicos,
antes aún que explote la vergüenza…
usted preguntará por qué cantamos.
Si estamos lejos como un horizonte,
si allá quedaron árboles y cielo,
si cada noche es siempre alguna ausencia,
y cada despertar un desencuentro…
usted preguntará por qué cantamos.
Cantamos porque el río está sonando,
y cuando suena el río, suena el río.
Cantamos porque el cruel no tiene nombre,
y en cambio tiene nombre su destino.
Cantamos porque el niño, y porque todo,
y porque algún futuro, y porque el pueblo.
Cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos, quieren que cantemos.
Cantamos porque el grito no es bastante,
y no es bastante el llanto ni la bronca.
Cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota.
Cantamos porque el sol nos reconoce,
y porque el campo huele a primavera,
y porque en este tallo, en aquel fruto,
cada pregunta tiene su respuesta.
Cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida,
y porque no podemos ni queremos,
dejar que la canción se haga ceniza.

(Mario Benedetti)

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«Una pascua llena de revolución», por Carmen Almansa.

domingo, 4 de mayo de 2014
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MinoMuralSaoFelix

ECLESALIA, 24/04/14.-Esta Semana Santa, he tenido la suerte de poder estar en Ceuta celebrando la Pascua con un grupo de gente maravillosa, la Pascua la organizaban dos monjas Paula y Cande, guerrilleras y mejores personas que con la Asociación Elín hacen allí una labor fantástica. Compartimos experiencia con hermanos y hermanas inmigrantes que están en el CETI (Centro de Estancia Temporal para Inmigrantes) de Ceuta.

Una vez más, poner rostro y corazón, nombres y apellidos a situaciones y a acontecimientos dramáticos de desigualdad e injusticia, duele más, me genera rabia y mucha tristeza.

Duele saber cómo se oculta la situación (de desamparo y sufrimiento) de personas que tratan de llegar a nuestro país.

Duele saber que hay que personas que viven situaciones de violencia, discriminación y violación, por su nacionalidad, su color de piel y por su condición social (porque es alucinante como de pronto se levantan las fronteras para grandes futbolistas o grandes mandatarios).

Me duele escuchar a Kevin de Camerún contar como vivió la tragedia del pasado 6 de febrero en el Tarajal y como perdió a sus compañeros.

Me duele, me pincha en el corazón ver a una mujer del CETI que fue violada en el camino de llegada a España y por causa de la violación llegó a Ceuta embarazada de gemelos en una barca zodiac sin motor (¡un milagro!).

VallasMe horroriza ver la valla que hiere con solo mirarla.

Me duele que no se haga justicia, que mientras unos se llenan los bolsillos de dinero con planes corruptos, otros paguen con su vida sus acuerdos y decisiones.

Pero ante este dolor, rabia y la vergüenza que me produce que esto ocurra, esta Semana Santa he sentido consuelo y alegría…

Consuelo de ver que son muchas las personas que creen en la justicia y luchan por ella.

Alegría de que existan oasis en medio del camino como es la Asociación Elin.

Me alegra saber que somos iguales, que podemos comer, jugar, bailar juntos reír y llorar a pesar de venir de lugares distintos. Me consuela saber que para muchos y muchas las diferencias no son malas sino todo lo contrario una fuente de riqueza.

Me alegra saber que aún siendo de religiones y creencias distintas El Manantial del que bebemos es el mismo.

Me consuelan los sueños que son más fuertes que las vallas y las fronteras.

Me consuela y alienta el abrazaros y sentir que seguimos en la lucha.

Pero quizás, lo que más hoy me consuela en sentirme hija de Dios resucitado, un Dios vivo que no mira raza, sexo o religión, un Dios que no oprime, sino que libera. Un Dios de vivos que nos pide salir a la calle e ir al encuentro del que sufre, del que llora, y también al encuentro del que se cree en posesión de toda la verdad, del que se lucra a costa del mal ajeno…porque ahí también nos pide que estemos, para gritar, reclamar y exigir!

Hoy y más que nunca siento que Dios me llama para hacer la Revolución, la del amor, pero siempre ¡REVOLUCIÓN!, Denunciando y dando voz a su legado más grande: “Amaros los unos a los otros”.

Gracias a Silla, Boubu, Marian, Omar, Kevin, Happy… y a todas las hermanas y hermanos con los que pudimos compartir estos días porque han sido ejemplo de vida, lucha, esperanza y resurrección.

CARMEN ALMANSA, carmen_almansa86@hotmail.com
MADRID.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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«Jesús salvará a la Iglesia». 27 de abril de 2014. 2 Pascua (A). Juan 20, 19-3.

domingo, 27 de abril de 2014
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24-PascuaA2Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En al comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? “Está anocheciendo” en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.

Dentro de la casa, están “con las puertas cerradas”. Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.

Los discípulos están llenos de “miedo a los judíos”. Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni infundir en nadie aliento y esperanza.

De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. “Entra en la casa y se pone en medio de ellos”. La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de volver a verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a la apertura de la misión.

Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. No les dice a quién se han de acercar, qué han de anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.

Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los bendice como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les dice: “Recibid el Espíritu Santo”.

Solo Jesús salvará a la Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.

Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda la Iglesia la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores y seguidoras.

José Antonio Pagola

Red evangelizadora BUENAS NOTICIAS
Invita a reavivar la confianza en Jesús. Pásalo.

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«A los ocho días, llegó Jesús». Domingo 27 de abril de 2014. 2º Domingo de Pascua.

domingo, 27 de abril de 2014
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thomas-et-jesusLeído en Koinonia:

Si la resurrección de Jesús no tuviera efecto alguno en la vida del discípulo, es decir, si la Resurrección no tuviera como sentido final la re-creación del ser humano y por tanto la re-creación de un nuevo orden, entonces eso de la Resurrección de Jesús no habría pasado de ser un asunto particular entre el Padre y su Hijo. Pero, como la resurrección de Jesús es la base y fundamento de una comunidad y el horizonte hacia el cual tiende toda la creación, por eso, tanto el evangelio de hoy como la primera lectura de Hechos, tratan de iluminarnos sobre cuál es ese horizonte y cuáles, por tanto, son los efectos inmediatos, reales y concretos de la Resurrección.

Las fallas, los tropiezos y las caídas en el proceso de construcción de una comunidad igualitaria y justa no hay que verlos como la demostración de que no se puede lograr esa construcción; esos aspectos negativos se pueden percibir como el signo de que ciertamente no es fácil, pero en todo caso no es imposible, máxime si hay plena conciencia de que ése es el proyecto de Dios y que por ese proyecto Jesús hasta derramó su sangre y entregó su vida. Pero, también por ese proyecto, el Padre lo resucitó, para que quienes confesamos ser seguidores suyos veamos si nos comprometemos o no con ese “su” proyecto que él quiere compartir con nosotros y que ciertamente él respalda y acompaña en todo momento. Ese es el principal sentido de la Resurrección y eso es lo que los discípulos no entienden de manera inmediata.

Justamente el evangelio de hoy nos da la pista para entender que el descubrimiento de los efectos y alcances de la resurrección de Jesús no se comprenden rápidamente, de un momento a otro. Aunque los dos discípulos han comprobado que Jesús “no está” en la tumba y una vez que María Magdalena les anuncia que Jesús está vivo y que ha hablado con él (cf. Jn 20, 1-18), los discípulos siguen encerrados. Dos veces en el pasaje de hoy escuchamos estas dos expresiones, “los discípulos estaban con las puertas bien cerradas” (v.19) y “ocho días después los discípulos continuaban reunidos en su casa” (v. 26), lo cual es signo de que esto es un proceso de maduración de la fe. No nos dice el evangelista que los discípulos “no creyeran” en el Resucitado; con excepción de Tomás, todos lo habían visto y creían en él; pero una cosa es creer y otra abrirse a las implicaciones que tiene la fe, y ese es el proceso que le toma a la comunidad de discípulos un buen tiempo, tiempo por demás en el que Jesús, con toda paciencia y comprensión, está ahí cercano, acompañando, animando y ayudando a madurar la fe de cada discípulo.

Tal vez a nosotros, como creyentes de este tiempo, nos hace falta madurar aún mucho más el aspecto de la fe; tal vez nuestros conceptos tradicionales aprendidos sobre Jesús y su evangelio no nos permiten ver con claridad cuál es el horizonte de esa fe cristiana que confesamos tan folclóricamente y que, por tanto, no impacta a nadie. Valdría la pena hacer el ejercicio de desaprender; vaciar completamente nuestro ser, nuestro corazón, hacer lo de Tomás, viendo el caso de Tomás desde la óptica más positiva, claro está; es decir, si no lo juzgamos de entrada como “el incrédulo”, sino como el que quiere creer y poner en práctica su fe, pero que desde su vacío interior necesita ser llenado por la presencia de su Señor. Éste es el camino que estamos llamados nosotros hoy a recorrer.

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 128 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hnos. LÓPEZ VIGIL, titulado «Lo que hemos visto y oído».

Para la revisión de vida

La historia de Tomás quiere enseñarnos que no era más fácil creer en Jesús por haber sido contemporáneo suyo, y que los que crean sin haber visto serán dichosos. ¿De verdad siento yo en mi vida la alegría de creer? ¿Vivo mi fe como fuente de gozo, o la veo a veces como una carga más o menos pesada?

Para la reunión de grupo

– Tomás no cree, porque no ve. Y cuando llega a ver, ya cree… ¿Es posible «creer» cuando ya «se ve»? La vieja definición del catecismo decía que «fe es creer lo que no se ve». ¿Quién tiene la razón?

– ¿Qué relación (semejanzas, diferencias…) hay entre la fe humana (creer a alguien) y la fe religiosa (creer en Dios)? ¿Creemos «a» Dios, o «en» Dios?

– En una visión de conjunto, Lucas nos presenta lo fundamental de la Comunidad cristiana de todos los tiempos: escuchar la Palabra, participar en la «fracción del pan» (=Eucaristía), oración y vida en común. Hoy día, en bastantes regiones de la Iglesia Católica, el 80% de los fieles no puede participar en la eucaristía semanal por falta de sacerdote, y no hay ministros ordenados suficientes porque sólo se admite al mismo a personas que tengan simultáneamente vocación al celibato, y que sean varones. ¿Qué reflexiones nos sugiere esta situación?

– Si se tiene posibilidad de conseguirlo, hacer un círculo de estudio o un debate en torno al libro de Jesús EQUIZA, La Eucaristía, ¿privilegio del clero o derecho de la comunidad?, Editorial Nueva Utopía (fax: 34-91-44.545.44), Madrid 2001 segunda edición, 201 pp.

Para la oración de los fieles

– Para que la Iglesia sea más la Comunidad que vive y anuncia el Evangelio, que un grupo con fuerza social. Roguemos al Señor.

– Para que todos los pueblos avancen por los caminos de la justicia, la paz y la igualdad entre todas las personas. Roguemos…

– Para que nunca perdamos la esperanza ante las dificultades de la vida, y seamos siempre conscientes de que el Amor de Dios es más fuerte que la muerte. Roguemos…

– Para que el Señor aumente cada día nuestra fe y nuestra confianza en El, y sepamos descubrir los mil gestos de su amor que a diario se producen a nuestro alrededor. Roguemos…

– Para que nuestra solidaridad con los pobres y oprimidos de la sociedad anime su esperanza. Roguemos…

– Para que todos nosotros vivamos nuestra fe en Cristo resucitado en una Comunidad que comparta lo que es y lo que tiene. Roguemos…

Oración comunitaria

Dios, Padre nuestro, que llenas cada año nuestro corazón de gozo y alegría con las fiestas pascuales; haz que nuestra fe no vacile, que nuestra vida sea siempre coherente con esa fe, y que trabajemos siempre por tu Reino, sabiendo que al construirlo ya lo estamos viviendo. Nosotros te lo pedimos gracias a Jesús, hijo tuyo y hermano nuestro. Amén.

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CP 2. Dom 27.4.14. Tocar las llagas, curar las heridas

domingo, 27 de abril de 2014
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TomasApostol1Del blog de Xabier Pikaza:

Camino de Pascua 2. (Domingo 2 de Pascua). Jn 20, 19-31. Este un texto clave de la experiencia pascual. Tiene dos partes:
— Encuentro pascual de la comunidad con Jesús, sin Tomás.
— Encuentro de Tomás con Jesús, que le dice: Mete tu mano…

El segundo encuentro pone de relieve la exigencia de «tocar» las heridas de Jesús, para conservar así la memoria de su pasión.Desde ese fondo quiero hoy hablar del «tocar» a Jesús, descubrir su presencia pascual, encontrarle en los heridos de la historia. Tocar a Jesús significa tocar y curar la heridas de los hombres que sufren

María Magdalena había “tocado a Jesús”, que le dijo “deja ya de tocarme” (noli me tangere), vete y diles a mis hermanos… (Jn 20, 17). Del toque físico se pasa al toque espiritual y a la misión cristiana.

Los místicos han buscado con frecuencia «toques divinos», que son una tipo de sensación más alta de presencia del «amigo»… en la línea de eso que Juan de la Cruz llama el «toque delicado», signo de presencia

El toque pascual de Tomas (¡mete tu dedo en mi herida…!) es el «toque de unas llagas», es la experiencia de los crucificados del mundo. Sólo podemos tocar de verdad a Jesús confesar su pascua tocando (ayudando) a los enfermos y crucificados de la historia.

En esa línea debemos tocar las llagas de Jesús en los martirizados, oprimidos y enfermos de nuestro entorno social.

Buen domingo de octava de pascua a todos.

INTRODUCCIÓN. TOMÁS, UN CRISTIANO ESPIRITUAL

Tomás es un apóstol a quien la tradición dará una inmensa importancia (como indica el evangelio de su nombre, no incluido en el canon). Quizá está vinculado con un tipo de “gnosis” (cristianismo sin Jesús resucitado en la carne); por eso se mueve fuera de la Gran Comunidad, un Jesús que ha resucitado sólo de un modo espiritual, sin verdadera cruz, ni compromiso social, sin verdadera comunidad abierta al mundo. Por eso, no está el “primer domingo de Pascua” con los restantes discípulos

Pero se “convierte” y viene el domingo siguiente, y no sólo le “ve”, sino que le toca. Esta experiencia de tocar a Jesús forma parte esencial del misterio de la pascua cristiana. Así lo destaqué en una postal muy antigua (15 4 07), así lo destaco ahora, resituando el texto de entonces, dentro del Via Lucis pascual.

PASCUA, ENCUENTRO DE LA COMUNIDAD SIN TOMÁS (Jn 20, 19-23)

Está reunida la comunidad, formada por un grupo grande de creyentes (más que los Doce). Es evidente está María Magdalena, la única que ha creído ya viendo al Señor (cf. Jn 20, 11-18); también está el discípulo amado, que no ha tenido que ver a Jesús para creer, pues le basta la experiencia del sepulcro vacío (cf. Jn 20, 8). Parece que los demás no creen, pero es evidente que están reunidos y separados, en una casa cerrada, por medio de los judíos (20, 19). Son iglesia en frágil, oración y dudas, son comunidad que necesita la presencia del Señor. En este contexto se inscribe la visión:

A la tarde de aquel día primero de la semana,
y estando cerradas las puertas del lugar
donde estaban los discípulos,
por el medio a los judíos,
vino Jesús y se colocó en medio de ellos diciendo:
– ¡La paz con vosotros!
Y diciendo esto les mostró las manos y el costado.
Los discípulos se alegraron viendo al Señor. Y les dijo de nuevo:
– ¡La paz con vosotros!
Como me ha enviado el Padre os envío también yo.
Y diciendo esto sopló y les dijo:
– Recibid el Espíritu Santo,
a quienes perdonéis los pecados les serán perdonados;
y a quienes se los retengáis les serán retenidos (20, 19-23).

Los discípulos se encuentran reunidos en forma de comunidad eclesial que se ha separado ya del judaísmo. Tienen miedo y Jesús les conforta con su palabra y su presencia sensible (manos y costado), su envío y su poder de perdón. Es el Jesús “real” que vive en ellos, no una fantasía. Ellos son la iglesia la que está reunida ante Jesús y por Jesús, que les envía a realizar su misión (a ofrece su perdón) del Señor resucitado.

Ésta es una experiencia comunitaria: Éste es el Jesús presente en los hermanos que se unen en su nombre y se perdonan, descubriéndose así transmisores de perdón:

Notas de la Pascua

– La Pascua es ante todo paz. Jesús saluda a sus discípulos dos veces, con la misma palabra: paz a vosotros (Eirênê hymin: 20,19.21). Sobre un mundo atormentado por la guerra y la violencia, ofrece Cristo paz fundante, creadora. Sobre una comunidad encerrada por el miedo extiende el Cristo pascual la gracia de su vida hecha principio de misión universal. Jesús es paz para aquellos que le reciben y para todos. Eso es pascua.

– La pascua es presencia gloriosa del crucificado. El Señor resucitado es el mismo Jesús que se entregó por los hombres. Como señal de identidad, como expresión de permanencia de su pasión salvadora, Jesús mostró a sus discípulos las manos y el costado (20, 20), en gesto que después va a recibir nuevo contenido ante el rechazo de Tomás (cf 20, 24-29). Creer en la pascua es descubrir el valor del sufrimiento, es descubrir a Jesús crucificado como Señor glorioso. En el fondo está la misma experiencia teológica de Lc: ¡Era necesario que el Cristo muriera…! (Lc 24, 26.46). En ese fondo está la más honda experiencia social: Jesús resucitado está en los que sufren sobre el mundo.

– La pascua se vuelve así Pentecostés. Jesús resucitado sopla sobre sus discípulos diciendo recibid el Espíritu Santo (20,22), en gesto que evoca sin duda una nueva creación.

El mismo Dios había soplado en el principio sobre el ser humano, haciéndole viviente (Gen 2, 7). Ahora sopla Jesús, como Señor pascual, para culminar la creación que en otro tiempo había comenzado. Lucas 24 y Hech. 1 habían separado cuidadosamente los matices, poniendo primero la pascua y después Pentecostés. Juan ha vinculado ambos momentos, uniéndonos en un único misterio: la misma aparición pascual se vuelve efusión del Espíritu de Dios (que es Espíritu del Cristo rescatado) sobre el conjunto de la iglesia. Esto es la pascua: aquel que muere por los demás abre un camino de amor y de transformación sobre la tierra. Éste es el don de Pascua: tener el mismo Espíritu de Jesús, vivir de su aliento.

– La pascua se vuelve misión: ¡como el Padre me ha enviado así os envío yo! (20, 21). A lo largo de todo el evangelio, Jn ha presentado a Jesús como enviado de Dios: misión es toda su existencia. De ahora en adelante, los cristianos son enviados de Jesús. Realizan una obra que es propia del Señor resucitado: expanden y despliegan su camino, realizan su misterio sobre el mundo. Etán cerrados por miedo, tienen que abrirse. Están a la defensiva: tiene que ofrecer su testimonio a todos, generosamente.

– El texto culmina en un signo de perdón: a quienes perdonéis los pecados… (20, 23). El camino de Jesús se vuelve gracia creadora de perdón. Este es a los ojos de Jn el gran problema del mundo: no hay perdón, los hombres se encuentran divididos, destruidos; carecen de medios para expresar el perdón, no hay para ellos sacrificios que puedan transformarles. Ha perdido su sentido el sacerdocio de Jerusalén, no consigue perdonar el templo. Pues bien, sobre ese desierto de pecado (falta de perdón), Juan ha interpretado la pascua como experiencia transformante de perdón. Le Iglesia es perdón que se abre a todos, sin excepciones, sobre un mundo donde los hombres no perdonan.

– ¿Simetría pascual entre perdón y no perdón? Ciertamente, el texto divide a las personas de una forma que parece simétrica (a quienes perdonéis, a quienes retengáis…), de tal modo que alguno pudiera pensar que la iglesia es una institución neutral, que reparte perdón o no perdón de forma indiferente. Pues bien, en contra de eso, a la luz de todo el evangelio, debemos afirmar que la iglesia sólo es comunidad de Jesús si es signo y fuente de perdón . Ella misma expresa el perdón y así lo encarna y anuncia sobre el mundo. Por eso, donde ella ofrece perdón hay perdón y donde ella muestra que no existe perdón es que los hombres siguen enfrentados.

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«Una aparición muy peculiar. 2º Domingo de Pascua. Ciclo A.»

domingo, 27 de abril de 2014
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expo3Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Todas las apariciones de Jesús resucitado son peculiares. Incluso cuando se cuenta la misma, los evangelistas difieren: mientras en Marcos son tres las mujeres que van al sepulcro (María Magdalena, María la de Cleofás y Salomé), y también tres en Lucas, pero distintas (María Magdalena, Juana y María la de Santiago), en Mateo son dos (las dos Marías) y en Juan una (María Magdalena, aunque luego habla en plural: «no sabemos dónde lo han puesto»). En Mc ven a un muchacho vestido de blanco sentado dentro del sepulcro; en Mt, a un ángel de aspecto deslumbrante junto a la tumba; en Lc, al cabo de un rato, se les aparecen dos hombres con vestidos refulgentes. En Mt, a diferencia de Mc y Lc, se les aparece también Jesús. Podríamos indicar otras muchas diferencias en los demás relatos. Como si los evangelistas quisieran acentuarlas para que no nos quedemos en lo externo, lo anecdótico.

Uno de los relatos más interesantes y diverso de los otros es el del próximo domingo (Juan 20,19-31).

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
–Paz a vosotros.
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
– Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
– Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:
– Hemos visto al Señor.
Pero él les contestó:
– Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:
– Paz a vosotros.
Luego dijo a Tomás:
– Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.
Contestó Tomás:
– ¡Señor Mío y Dios mío!
Jesús le dijo:
– ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Las peculiaridades de este relato de Juan

1. El miedo de los discípulos. Es el único caso en el que se destaca algo tan lógico, y se ofrece el detalle tan visivo de la puerta cerrada. Acaban de matar a Jesús, lo han condenado por blasfemo y por rebelde contra Roma. Sus partidarios corren el peligro de terminar igual. Además, casi todos son galileos, mal vistos en Jerusalén. No será fácil encontrar alguien que los defienda si salen a la calle.

2. El saludo de Jesús: «paz a vosotros». Tras la referencia inicial al miedo a los judíos, el saludo más lógico, con honda raigambre bíblica, sería: «no temáis». Sin embargo, tres veces repite Jesús «paz a vosotros». Algún listillo podría presumir: «Normal; los judíos saludan shalom alekem, igual que los árabes saludan salam aleikun». Pero no es tan fácil como piensa. Este saludo, «paz a vosotros» sólo se encuentra también en la aparición a los discípulos en Lucas (24,36). Lo más frecuente es que Jesús no salude: ni a los once cuando se les aparece en Galilea (Mc y Mt), ni a los dos que marchan a Emaús (Lc 24), ni a los siete a los que se aparece en el lago (Jn 21). Y a las mujeres las saluda en Mt con una fórmula distinta: «alegraos». ¿Por qué repite tres veces «paz a vosotros» en este pasaje? Vienen a la mente las palabras pronunciadas por Jesús en la última cena: «La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis» (Jn 14,27). En estos momentos tan duros para los discípulos, el saludo de Jesús les desea y comunica esa paz que él mantuvo durante toda su vida y especialmente durante su pasión.

3. Las manos, el costado, las pruebas y la fe. Los relatos de apariciones pretenden demostrar la realidad física de Jesús resucitado, y para ello usan recursos muy distintos. Las mujeres le abrazan los pies (Mt), María Magdalena intenta abrazarlo (Jn); los de Emaús caminan, charlan con él y lo ven partir el pan; según Lucas, cuando se aparece a los discípulos les muestra las manos y los pies, les ofrece la posibilidad de palparlo para dejar claro que no es un fantasma, y come delante de ellos un trozo de pescado. En la misma línea, aquí muestra las manos y el costado, y a Tomás le dice que meta en ellos el dedo y la mano. Es el argumento supremo para demostrar la realidad física de la resurrección. Curiosamente se encuentra en el evangelio de Jn, que es el mayor enemigo de las pruebas física y de los milagros para fundamentar la fe. Como si Juan se hubiera puesto al nivel de los evangelios sinópticos para terminar diciendo: «Dichosos los que crean sin haber visto».

4. La alegría de los discípulos. Es interesante el contraste con lo que cuenta Lucas: en este evangelio, cuando Jesús se aparece, los discípulos «se asustaron y, despavoridos, pensaban que era un fantasma»; más tarde, la alegría va acompañada de asombro. Son reacciones muy lógicas. En cambio, Juan sólo habla de alegría. Así se cumple la promesa de Jesús durante la última cena: «Vosotros ahora estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría, y nadie os la quitará» (Jn 16,22). Todos los otros sentimientos no cuentan.

5. La misión. Con diferentes fórmulas, todos los evangelios hablan de la misión que Jesús resucitado encomienda a los discípulos. En este caso tiene una connotación especial: «Como el Padre me ha enviado, así os envío yo». No se trata simplemente de continuar la tarea. Lo que continúa es una cadena que se remonta hasta el Padre.

6. El don de Espíritu Santo y el perdón. Mc y Mt no dicen nada de este don y Lucas lo reserva para el día de Pentecostés. El cuarto evangelio lo sitúa en este momento, vinculándolo con el poder de perdonar o retener los pecados. ¿Cómo debemos interpretar este poder? No parece que se refiera a la confesión sacramental, que es una práctica posterior. En todos los otros evangelios, la misión de los discípulos está estrechamente relacionada con el bautismo. Parece que en Juan el perdonar o retener los pecados tiene el sentido de admitir o no admitir al bautismo, dependiendo de la preparación y disposición del que lo solicita.

Dos lecturas contra Tomás

Las dos primeras lecturas le quitan la razón a Tomás cuando piensa que para creer hace falta una demostración personal y científica. Las dos hablan de personas que creen en Jesús resucitado y viven de acuerdo con esta fe sin pruebas de ningún tipo.

La primera, de Hechos, ofrece un cuadro espléndido, quizá demasiado idílico, de la primitiva comunidad cristiana. Que en medio de numerosas críticas y persecuciones un grupo de gente sencilla desee formarse en la enseñanza de los apóstoles, comparta la oración, los sentimientos y los bienes, es algo que supera todo expectativa. Estas personas creen, sin necesidad de prueba alguna, que Jesús ha resucitado y las salva.

Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Todo el mundo estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían en Jerusalén. Los creyentes vivían todos unidos y lo tenían todo en común; vendían posesiones y bienes, y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno. A diario acudían al templo todos unidos, celebraban la fracción del pan en las casas y comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón; eran bien vistos de todo el pueblo, y día tras día el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando.

La segunda lectura ofrece en sus palabras finales, las que indico en rojo, el mejor comentario a lo que dice Jesús a Tomas:

Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, pura, imperecedera, que os está reservada en el cielo. La fuerza de Dios os custodia en la fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final. Alegraos de ello, aunque de momento tengáis que sufrir un poco, en pruebas diversas: así la comprobación de vuestra fe –de más precio que el oro, que, aunque perecedero, lo aquilatan a fuego– llegará a ser alabanza y gloria y honor cuando se manifieste Jesucristo. No habéis visto a Jesucristo, y lo amáis; no lo veis, y creéis en él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando así la meta de vuestra fe: vuestra propia salvación.

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«La verdad más insólita y revolucionaria del cristianismo: Dios lo resucitó al tercer día», por Benjamín Forcano, teólogo

domingo, 27 de abril de 2014
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6a00d83451cc7469e2010534d81d8a970c-800wiLeído en la página web de Redes Cristianas

La tumba vacia y las apariciones de Jesús a sus discípulos dan razón de la Resurrección de Jesús y fundamentan la nuestra. Esta es la verdad más insólita y revolucionaria del cristianismo.

Estamos en el siglo XXI, mes de abril del 2014.

Y tengo la firme convicción de que esta verdad de la Resurrección de Jesús, repetida por más de 2.000 años en el mundo y, en especial, en la cultura de Occidente, está hoy devaluada sino descartada como verdad antimoderna. Nadie, que presuma de racional y científico, toma en serio esta verdad.

Muchos la admiten, pero como una creencia débil, que no se puede comprender ni asumir en estricto rigor.

En consecuencia, lo que se asienta en la cultura dominante es que la muerte es el hecho cierto, natural e irreversible, que nadie puede remediar. Con ella acaba todo lo que es el ser humano, con el argumento mayor de que el pensamiento y la conciencia son efecto de la materia (del cerebro)y que, una vez la materia deja de estar viva, la vida termina definitivamente.

Es la visión atea y materialista a la vez: Dios es un invento del ser humano (una construcción de su pensamiento) y la vida se identifica con el cuerpo, quien con la muerte perece sin remedio.

Es bueno que podamos comentar algunas cosas.

La primera: pienso que afirmar que la vida se identifica con el cuerpo y que, acabado el cuerpo acaba la vida, es hoy una verdad científicamente controvertida, pues la ciencia actual sostiene que si bien el pensamiento y la conciencia (el alma) se desarrollan dentro del cuerpo, no son producto de la materia sino que son independientes y utilizan el cuerpo como instrumento en esta vida terrena.
El yo, que asiste al instrumento y que dentro de él siente, experimenta, reflexiona, relaciona, decide y lo asume, es quien lo maneja y guía, programa y trata de dar sentido a la vida, no es material y puede vivir desligado e independiente de la materia. Ese yo ha alcanzado tal nivel en el proceso de la evolución que ya la muerte no puede realizar su acción devastadora sobre él.

San Pablo gritaba: ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

“Gracias a Dios, por Jesucristo, nuestro Señor”. Lo cual quiere decir que en Jesús la vida se mostró más fuerte que la muerte e inauguró una sintropía superior.
Jesús conoció e inauguró una evolución (sintropía) superior, en virtud de la cual su vida era un nuevo tipo de entropía , gracias al cual su vida no aparece amenazada por la enfermedad ni por la muerte. Por eso, la resurrección no puede ser entendida como reanimación de un cadáver, sino como una revolución dentro de la evolución, como un saltar a un tipo de orden vital, no sometido a la entropía: desgaste y acabamiento final.

La segunda cosa: la resurrección de Jesús es un hecho real, que nos lleva a reconocerlo como Mesías y Señor y a ver en ella la garantía de nuestra propia resurrección.

Nadie esperaba que a un individuo muerto como Jesús le pudiera ocurrir la resurrección. Ni los mismos discípulos.

El cuerpo de Jesús estaba enterrado, pero nadie se lo llevó ni nada prueba que llegara a corromperse. En la sepultura aparecieron sólo los lienzos, de los que el cuerpo se había liberado. ¿Bastaban los hechos de que la tumba estaba vacía o que se había aparecido a sus discípulos para admitir que había resucitado? ¿No podía ser todo eso efecto de la imaginación o de deseos frustrados?

La realidad es que los discípulos unieron sin dificultad las dos cosas: el Jesús cadáver, con la tumba vacía, era el mismo que se aparecía y encontraba con ellos, una persona previamente fallecida, estaba completamente viva de nuevo.

Si el cuerpo de Jesús hubiera permanecido en la tumba, no se habría producido esta creencia. Pero resulta que la persona fallecida continuaba viviendo de una manera transformada. Jesús aparecido es indudablemente corpóreo pero su cuerpo posee propiedades sin precedentes y hasta entonces inimaginables.

Hay, pues, algo que queda absolutamente claro: la continuidad entre el Jesús terreno muerto y el que en ese momento está vivo, con la transformación operada en la índole de su corporalidad.

Los discípulos no se inventaron lo de la tumba vacía ni lo de los encuentros con Jesús, como si tal cosa les fuera necesaria para fundamentar una fe que ya poseían. Fue todo lo contrario: debido a esos dos fenómenos convergentes –tumba vacía y apariciones- adquirieron esa fe. Nadie esperaba algo así. Decir otra cosa es dejar de hacer historia y adentrarse en un mundo de fantasías personales.

¿Por qué los discípulos no veneraron la tumba de Jesús ni siquiera pensaron en un enterramiento adecuado? La evidencia era que Alguien que estaba perfectamente muerto, volvió de nuevo a estar perfecta y verdaderamente vivo.

La conclusión para el que hace historia es que la tumba vacía y los encuentros con Jesús son acontecimientos históricos , es decir, reales e importantes y que sin ellos, no se puede dar razón del cristianismo.

La tercera cosa: El mundo sería otro sin la resurrección de Jesús

A quien analice nuestra sociedad, tradicionalmente cristiana, le resultará un tanto sorprendente la ausencia en los grandes medios de una reflexión serena sobre el acontecimiento de la Resurrección de Jesús. Se tenga o no conciencia del hecho, en Occidente y en otras partes del planeta, el Domingo es la fiesta no sólo del año sino de cada de semana. Por eso, la extrañeza del silencio extendido sobre el significado de esa fiesta.

¿Un silencio envuelto quizá en la complicidad de una mentalidad posilustrada? – “Hay que dejar en suspenso el hablar de la resurrección. ¿Pero es Vd. tan ingenuo para pensar que pudo suceder algo así?” .

Sin embargo, llega hasta nosotros la razón de esta fiesta, con dos mil años de historia, forjada sobre la creencia primitiva cristiana de que Jesús resucitó de entre los muertos: “Alguien que estaba perfectamente muerto, volvió de nuevo a estar perfecta y verdaderamente vivo”.

Soy de los que están convencidos de que el mundo sería otro de no haber sucedido la resurrección de Jesús. El acontecimiento se refiere a la cuestión misma de la vida y de la muerte y es, por ello mismo, explosivo y subversivo; explosivo desde el punto de vista social, cultural y político porque no se lo puede domesticarla.

La cuarta cosa: el significado de la resurrección de Jesús

El anuncio de este acontecimiento sonaba como un ataque más o menos directo al Cesar de Roma: el Mesías de Israel era considerado por los cristianos como el verdadero monarca de los gentiles también. El símbolo del pez, ICHTHYS, expresado en griego, era un símbolo antiimperial, que devolvía el mundo a quien correspondía: al Dios Creador.

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«Cristo resucitado, misterio de esperanza», por Arnaldo Zenteno.

domingo, 27 de abril de 2014
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2013_9Leído en la página web de Redes Cristianas

VER

Preguntas

1.- Con la muerte de Jesús en la Cruz parece que vence el mal y matan también el proyecto de Jesús ¿En ese contexto valoramos la Resurrección de Jesús como algo fundamental en nuestra vida o simplemente pensamos en la Resurrección como un hecho personal en la vida de Jesús?

2.- ¿Cómo recuperar en nuestra vida cotidiana la experiencia viva de Jesús resucitado?

JUZGAR

La ejecución de Jesús ponía en cuestión todo su mensaje y su actuación.

Aquel final trágico planteaba graves interrogantes incluso a sus seguidores más fieles: ¿tenía razón Jesús o esta-ban en lo cierto sus ejecutores? ¿Con quién estaba Dios? En la cruz no habían matado solo a Jesús. Al crucificarlo, habían matado también su mensaje, su proyecto del reino de Dios y sus pretensiones de un mundo nuevo. Si Jesús tenía razón o no, solo lo podía decir Dios.

2.- CRISTO, NUESTRA ESPERANZA

VER

Preguntas

1.- ¿Por qué es importante no sólo decir que Jesús resucitó, sino que el que resucita es el que fue crucificado?
2.- ¿La resurrección de Jesús cómo confirma su mensaje sobre quién es Dios y sobre los pobres?

JUZGAR

Todavía hoy podemos percibir en los textos que han llegado hasta nosotros la alegría de los primeros discípulos al descu-brir que Dios no ha abandonado a Jesús. Ha salido en su defensa. Al resucitarlo de entre los muertos, se ha identificado con él desautorizando a quienes lo han condenado. Esto es lo primero que predican una y otra vez en las cercanías del tem-plo y por las calles de Jerusalén: «Vosotros lo matasteis clavándolo en una cruz por manos de unos impíos, pero Dios lo ha resucitado» 12.

Resucitando a Jesús, el Padre ha confirmado su vida y su mensaje, su proyecto del reino de Dios y su actuación entera. Lo que Jesús ha anunciado en Galilea sobre la compasión y la misericordia del Padre es verdad: Dios es como lo sugiere Jesús en sus parábolas. La manera de ser de Jesús y su actuación profética coinciden con la voluntad del Padre. La solidaridad de Jesús con los que sufren, su defensa de los pobres, su perdón a los pecadores: eso es lo que Dios quiere.

Jesús tiene razón cuando busca una vida más digna y dichosa para todos, empezando por los últimos. Ese es el anhelo más grande que guarda Dios en su corazón. Ese es el camino que conduce a la vida.

Pero Dios no solo le ha dado la razón, sino que le ha hecho justicia. No se ha quedado pasivo y en silencio ante lo que han hecho con su Hijo. Lo ha resucitado: le ha devuelto la vida que le han arrebatado de manera tan injusta, llevándola a su plenitud. Lo ha constituido para siempre como Señor y Salvador de vivos y muertos. El mal tiene mucho poder, pero solo hasta la muerte: las autoridades judías y los poderosos romanos han matado a Jesús, pero no lo han aniquilado. Más allá de la muerte solo tiene poder el amor insondable de Dios.

3.- LOS CREYENTES TENEMOS DUDAS E INTERROGANTES ANTE EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE

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Preguntas

1.- ¿Ante la injusticia y la muerte, cuál es la fuente principal de nuestra esperanza?
2.- ¿Por qué la esperanza en Jesús resucitado no es un escape del compromiso por el Reino, por construir un Mundo más justo?

JUZGAR

Los creyentes llevamos en nuestro corazón los mismos in-terrogantes que todos los seres humanos: ¿hay algo que pueda ofrecernos un fundamento definitivo para la esperanza? Si todo acaba en la muerte, ¿quién nos puede consolar? Los seguidores de Jesús nos atrevemos a esperar la respuesta definitiva de Dios allí donde Jesús la encontró: más allá de la muerte. La resurrección de Jesús es para nosotros la razón última de nuestra esperanza: lo que nos alienta a trabajar por un mundo más humano, según el corazón de
Dios, y lo que nos hace esperar confiados su salvación.

Cristo, resucitado por el Padre, es nuestra esperanza. En él descubrimos la intención profunda de Dios confirmada para siempre: una vida plena para la creación entera, una vida liberada para siempre del mal y de la muerte, el reino de Dios hecho realidad. Nosotros estamos todavía en camino. Todo sigue mezclado y confuso: justicia e injusticia, muerte y vida, luz y tinieblas.

Todo está inacabado, a medias y en proceso. Pero la energía secreta del Resucitado está atrayendo todo hacia la Vida definitiva.

En estos tiempos en los que la crisis parece extenderse a todos los dominios de la existencia humana, la Iglesia ha de recordar que tiene «la responsabilidad de la esperanza». Esta es su tarea primordial. Antes que «lugar de culto » o «ins-tancia moral», la Iglesia ha de entenderse a sí misma como «comunidad de esperanza». ¿Qué es la Iglesia de Jesús si no comunica la Buena Noticia de un Dios amigo de la vida ni contagia la esperanza que brota del Resucitado?

4.- RECUPERAR LA EXPERIENCIA VIVA DEL RESUCITADO

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Preguntas

1.– ¿Al confesar que Jesús resucitó es una confesión de Fe en que decimos que Jesús resucitó hace 2000 años o que tiene que ver con nuestra historia?
2.- ¿Qué significa lo que dice Pablo “hay que vivir del Espíritu del Resucitado que da vida”?

JUZGAR

Cuando los primeros cristianos hablan del Resucitado no lo hacen solo para confesar su fe en aquel acontecimiento singular e irrepetible por el que Dios «ha levantado de entre los muertos» a Jesús para introducirlo en la plenitud de su propia vida, sino, sobre todo, para vivir ahora su fe en Cristo «resucitando a una vida nueva». Según Pablo de Tarso, esta experiencia consiste en «conocer a Cristo y el poder de su resurrección» (Flp 3,10). Vive con tal intensidad esta experiencia que llega a decir: «Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2.20). Los discípulos, que han seguido a Jesús por los caminos de Galilea, han de aprender ahora a vivir del Espíritu del Resucitado, que da vida (1 Cor 15,45).

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