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“Cristo resucitado, misterio de esperanza”, por Arnaldo Zenteno.

Domingo, 27 de abril de 2014

2013_9Leído en la página web de Redes Cristianas

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Preguntas

1.- Con la muerte de Jesús en la Cruz parece que vence el mal y matan también el proyecto de Jesús ¿En ese contexto valoramos la Resurrección de Jesús como algo fundamental en nuestra vida o simplemente pensamos en la Resurrección como un hecho personal en la vida de Jesús?

2.- ¿Cómo recuperar en nuestra vida cotidiana la experiencia viva de Jesús resucitado?

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La ejecución de Jesús ponía en cuestión todo su mensaje y su actuación.

Aquel final trágico planteaba graves interrogantes incluso a sus seguidores más fieles: ¿tenía razón Jesús o esta-ban en lo cierto sus ejecutores? ¿Con quién estaba Dios? En la cruz no habían matado solo a Jesús. Al crucificarlo, habían matado también su mensaje, su proyecto del reino de Dios y sus pretensiones de un mundo nuevo. Si Jesús tenía razón o no, solo lo podía decir Dios.

2.- CRISTO, NUESTRA ESPERANZA

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Preguntas

1.- ¿Por qué es importante no sólo decir que Jesús resucitó, sino que el que resucita es el que fue crucificado?
2.- ¿La resurrección de Jesús cómo confirma su mensaje sobre quién es Dios y sobre los pobres?

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Todavía hoy podemos percibir en los textos que han llegado hasta nosotros la alegría de los primeros discípulos al descu-brir que Dios no ha abandonado a Jesús. Ha salido en su defensa. Al resucitarlo de entre los muertos, se ha identificado con él desautorizando a quienes lo han condenado. Esto es lo primero que predican una y otra vez en las cercanías del tem-plo y por las calles de Jerusalén: «Vosotros lo matasteis clavándolo en una cruz por manos de unos impíos, pero Dios lo ha resucitado» 12.

Resucitando a Jesús, el Padre ha confirmado su vida y su mensaje, su proyecto del reino de Dios y su actuación entera. Lo que Jesús ha anunciado en Galilea sobre la compasión y la misericordia del Padre es verdad: Dios es como lo sugiere Jesús en sus parábolas. La manera de ser de Jesús y su actuación profética coinciden con la voluntad del Padre. La solidaridad de Jesús con los que sufren, su defensa de los pobres, su perdón a los pecadores: eso es lo que Dios quiere.

Jesús tiene razón cuando busca una vida más digna y dichosa para todos, empezando por los últimos. Ese es el anhelo más grande que guarda Dios en su corazón. Ese es el camino que conduce a la vida.

Pero Dios no solo le ha dado la razón, sino que le ha hecho justicia. No se ha quedado pasivo y en silencio ante lo que han hecho con su Hijo. Lo ha resucitado: le ha devuelto la vida que le han arrebatado de manera tan injusta, llevándola a su plenitud. Lo ha constituido para siempre como Señor y Salvador de vivos y muertos. El mal tiene mucho poder, pero solo hasta la muerte: las autoridades judías y los poderosos romanos han matado a Jesús, pero no lo han aniquilado. Más allá de la muerte solo tiene poder el amor insondable de Dios.

3.- LOS CREYENTES TENEMOS DUDAS E INTERROGANTES ANTE EL SUFRIMIENTO Y LA MUERTE

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Preguntas

1.- ¿Ante la injusticia y la muerte, cuál es la fuente principal de nuestra esperanza?
2.- ¿Por qué la esperanza en Jesús resucitado no es un escape del compromiso por el Reino, por construir un Mundo más justo?

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Los creyentes llevamos en nuestro corazón los mismos in-terrogantes que todos los seres humanos: ¿hay algo que pueda ofrecernos un fundamento definitivo para la esperanza? Si todo acaba en la muerte, ¿quién nos puede consolar? Los seguidores de Jesús nos atrevemos a esperar la respuesta definitiva de Dios allí donde Jesús la encontró: más allá de la muerte. La resurrección de Jesús es para nosotros la razón última de nuestra esperanza: lo que nos alienta a trabajar por un mundo más humano, según el corazón de
Dios, y lo que nos hace esperar confiados su salvación.

Cristo, resucitado por el Padre, es nuestra esperanza. En él descubrimos la intención profunda de Dios confirmada para siempre: una vida plena para la creación entera, una vida liberada para siempre del mal y de la muerte, el reino de Dios hecho realidad. Nosotros estamos todavía en camino. Todo sigue mezclado y confuso: justicia e injusticia, muerte y vida, luz y tinieblas.

Todo está inacabado, a medias y en proceso. Pero la energía secreta del Resucitado está atrayendo todo hacia la Vida definitiva.

En estos tiempos en los que la crisis parece extenderse a todos los dominios de la existencia humana, la Iglesia ha de recordar que tiene «la responsabilidad de la esperanza». Esta es su tarea primordial. Antes que «lugar de culto » o «ins-tancia moral», la Iglesia ha de entenderse a sí misma como «comunidad de esperanza». ¿Qué es la Iglesia de Jesús si no comunica la Buena Noticia de un Dios amigo de la vida ni contagia la esperanza que brota del Resucitado?

4.- RECUPERAR LA EXPERIENCIA VIVA DEL RESUCITADO

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Preguntas

1.– ¿Al confesar que Jesús resucitó es una confesión de Fe en que decimos que Jesús resucitó hace 2000 años o que tiene que ver con nuestra historia?
2.- ¿Qué significa lo que dice Pablo “hay que vivir del Espíritu del Resucitado que da vida”?

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Cuando los primeros cristianos hablan del Resucitado no lo hacen solo para confesar su fe en aquel acontecimiento singular e irrepetible por el que Dios «ha levantado de entre los muertos» a Jesús para introducirlo en la plenitud de su propia vida, sino, sobre todo, para vivir ahora su fe en Cristo «resucitando a una vida nueva». Según Pablo de Tarso, esta experiencia consiste en «conocer a Cristo y el poder de su resurrección» (Flp 3,10). Vive con tal intensidad esta experiencia que llega a decir: «Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí» (Gál 2.20). Los discípulos, que han seguido a Jesús por los caminos de Galilea, han de aprender ahora a vivir del Espíritu del Resucitado, que da vida (1 Cor 15,45).

Cuando en los cristianos se debilita esta experiencia del Resucitado, la Iglesia corre el riesgo de quedarse sin su fuerza vivificadora. Sin el Espíritu del Resucitado, la evangelización se va convirtiendo en propaganda religiosa, la catequesis en adoctrinamiento, la celebración en rito vacío, la acción caritativa en servicio social. Sin el Espíritu del Resucitado, la libertad se asfixia, la comunión se resquebraja, los carismas se extinguen, el pueblo y la jerarquía se distancian. Sin el
Espíritu del Resucitado se produce un divorcio entre teolo-gía y espiritualidad, entre doctrina y práctica evangélica. Sin el Espíritu, la esperanza es sustituida por el temor, la audacia por la cobardía y la vida cristiana cae en la mediocridad.

Sin la obediencia al Espíritu, la Iglesia corre el riesgo de obedecer a falsos señores impuestos desde fuera o elegidos desde dentro. Sin embargo, la Iglesia no es de la jerarquía ni del pueblo, no es de la derecha ni de la izquierda, no es de los teólogos pre-modernos ni de los ilustrados, no es de estos movimientos ni de aquellas comunidades. Es de su Señor, el Re-sucitado. Hemos de reavivar nuestra fe recuperando la experiencia viva del Resucitado.

De manera oculta, pero real, él va impulsando nuestras pobres vidas hacia la plenitud final. Él es «la ley secreta» que dirige la marcha de todo hacia la Vida, el «corazón del mundo», según la bella expresión de Karl Rahner. El Resucitado está ahí, en medio de nuestros conflictos y contradicciones, sosteniendo para siempre todo lo bueno, lo bello, lo justo que brota en nosotros como promesa de infinito, pero que se disuelve y muere sin haber llegado a su plenitud.

El está con nosotros «todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Está en nuestras lágrimas y penas como consuelo permanente y misterioso. Está en nuestros fracasos e impo-tencia como fuerza segura que nos sostiene. Está en nuestras depresiones acompañándonos en nuestra soledad y tristeza. Está en nuestros pecados como misericordia que nos soporta con paciencia infinita y nos comprende, perdona y acoge para siempre. Está incluso en nuestra muerte como aliento de vida eterna que triunfa cuando parece que todo se pierde. Ningún ser humano está solo. Nadie vive olvidado. Ninguna queja cae en el vacío. El Resucitado nos acompaña.

5.- EL NUEVO ROSTRO DE DIOS

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Pregunta

1.– El encuentro con el Resucitado transformó completamente a los discípulos y ¿cómo nos transforma a nosotros celebrar a Jesús Resucitado?

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Ya no volvieron a ser los mismos. El encuentro con Jesús, lleno de vida después de su ejecución, transformó totalmente a sus discípulos. Lo empezaron a ver todo de manera nueva. Dios era el resucitador de Jesús. Pronto sacaron las consecuencias.

Dios es amigo de la vida. No había ahora ninguna duda. Lo que había dicho Jesús era verdad: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos». Los hombres podrán destruir la vida de mil maneras, pero, si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que solo quiere la vida para sus hijos. No estamos solos ni perdidos ante la muerte. Podemos contar con un Padre que, por encima de todo, incluso por encima de la muerte, nos quiere ver llenos de vida. En adelante solo hay una manera cristiana de vivir. Se resume así: poner vida donde otros ponen muerte.

Dios es de los pobres. Lo había dicho Jesús de muchas maneras, pero no era fácil creerle. Ahora es distinto. Si Dios ha resucitado a Jesús, quiere decir que es verdad: «Felices los pobres, porque tienen a Dios». La última palabra no la tiene Tiberio ni Pilato, la última decisión no es de Caifás ni de Anás. Dios es el último defensor de los que no interesan a nadie. Solo hay una manera de parecerse a él: defender a los pequeños e indefensos.

6.– DIOS RESUCITA A LOS CRUCIFICADOS.

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Preguntas

1.- ¿Qué quiere decir que en Jesús y con Jesús Dios resucita a los crucificados de la historia?
2.- ¿Y esto qué impulso nos da a nosotros de cara a los crucificados, los más excluidos y oprimidos?

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Dios ha reaccionado frente a la injusticia criminal de quienes han crucificado a Jesús. Si lo ha resucitado es porque quiere introducir justicia por encima de tanto abuso y crueldad que se comete en el mundo. Dios no está del lado de los que crucifican, está con los crucificados.

Solo hay una manera de imitarlo: estar siempre junto a los que sufren, luchar siempre contra los que hacen sufrir.

Dios secará nuestras lágrimas. Dios ha resucitado a Jesús. El rechazado por todos ha sido acogido por Dios. El despreciado ha sido glorificado. El ejecutado está más vivo que nunca. Ahora sabemos cómo es Dios. Un día, él «enjugará todas nuestras lágrimas, y no habrá ya muerte, no habrá gri-tos ni fatigas. Todo eso habrá pasado».

7.- ENTRAR EN UNA DINAMICA DE RESURRECCIÓN

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Preguntas

1.– La fe es una afirmación teórica e inoperante simplemente confesamos el Credo o es un compromiso?
2.- ¿cómo vivir la fe en una dinámica de resurrección y qué significa esto?

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¿Dónde y cómo vivir la fe en la resurrección de Jesús sin reducirla a una afirmación teórica e inoperante? ¿Cómo vivenciar el poder de su resurrección?

¿Cómo vivir la fe desde una dinámica de resurrección?

Lo primero es, sin duda, morir al pecado, que nos deshumaniza, y resucitar a una vida nueva más arraigada en Cristo. No solo eso. Acoger también el Espíritu del Resucitado para resucitar todo lo bueno que, tal vez, está muerto en nosotros.

Reavivar nuestra fe apagada, nuestra esperanza lánguida y, sobre todo, nuestro amor mediocre: «Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte » (1 Jn 3,14).

La resurrección de Cristo nos introduce así en una dinámica de crecimiento. Así se exhortan en las primeras comu-nidades cristianas: «Siendo sinceros en el amor, crezcamos en todo hasta aquel que es la Cabeza, Cristo» (Ef 4,15). No se habla solo del crecimiento individual de cada creyente, sino del crecimiento de toda la Iglesia, «realizando el crecimiento del Cuerpo para su edificación en el amor» (Ef 4,16). No se trata de crecer en número, en poder o en prestigio, sino de «revestirnos del Hombre Nuevo», que es Cristo, el Señor.

La dinámica de resurrección es siempre lucha por la vida. El Dios que se revela en la resurrección de Jesús es alguien que pone vida donde nosotros ponemos muerte. Un Padre «apasionado por la vida» que nos está llamando a hacernos presentes allí donde se produce muerte, para defender la vida y luchar contra aquello que la destruye o deshumaniza (muertes violentas, hambre, marginación, aborto, soledad…).

8.- EL HORIZONTE DE NUESTRA ESPERANZA

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Pregunta

1.– ¿Cuál es el horizonte de neustra esperanza en relación a nuestra Sociedad y a la Humanidad? Y ¿Cuáles son nuestros sueños a la luz de Jesús resucitado?

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Arraigados en Jesús, resucitado por Dios para siempre, intuimos, deseamos y creemos que el Padre bueno está conduciendo hacia su verdadera plenitud el anhelo de vida, de justicia y de paz que se encierra en el corazón de la humanidad y en la creación entera. Un día conoceremos una vida donde ya no habrá pobreza ni dolor, nadie estará triste, nadie tendrá que llorar. Por fin podremos ver a los que vienen en pateras llegar a su verdadera patria.

Apoyados en Jesús resucitado, nos rebelamos con todas nuestras fuerzas contra que esa inmensa mayoría de hombres, mujeres y niños que solo han conocido en esta vida miseria, hambre, humillación y lágrimas queden olvidados para siempre.

Nos rebelamos contra que tantas personas sin salud, enfermos crónicos, discapacitados físicos y psíquicos, personas hundidas en la depresión, cansadas de vivir y de luchar, no conozcan jamás lo que es vivir con paz y salud total. Un día escucharán las palabras del Padre, amigo de la vida: «Entra en el gozo de tu Señor».

Desde nuestra fe en el Resucitado creemos que nuestros es-fuerzos por un mundo más humano y dichoso no se perderán en el vacío. Todo lo que aquí ha quedado a medias, lo que no ha podido ser, lo que hemos estropeado con nuestra torpeza o nuestro pecado, todo alcanzará en Dios su plenitud.

No nos resignamos a que Dios sea para siempre «un Dios oculto» del que no podamos conocer su mirada, su ternura y su abrazo. Lo encontraremos encarnado gloriosamente en Jesús.

Fundamentados en Jesús resucitado, creemos que las horas alegres y las experiencias amargas, las «huellas» que hemos dejado en las personas y en las cosas, lo que aquí hemos cons-truido con gozo o con lágrimas, todo quedará transfigurado.

Ya no conoceremos la amistad que termina, la fiesta que se acaba, la despedida que entristece ni el amor que se apaga. Dios será todo en todos. Un día escucharemos de labios de Dios estas increíbles palabras: «Yo soy el origen y el final de todo. Al que tenga sed yo le daré gratis del manantial del agua de la vida» (Ap 21,6). ¡Gratis!, sin merecerlo, así saciará Dios la sed que hay dentro de nosotros.

ACTUAR

1.– Qué vamos a hacer para vivir nuestra Fe en Cristo Resucitado de una manera gozosa y con fuerza e impulso en nuestro compromiso por el Reino?
2.– Cómo vamos a vencer la desesperanza, el desaliento, el miedo que sentimos muchas veces en la lucha por la construcción del Reino?
3.– Qué signos del Espíritu y de Jesús resucitado es importante y urgente que demos hoy en nuestra Sociedad e Historia?
4.- ¿Qué compromisos vamos a tomar para ser plenamente testigos de Jesús

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

 

 

 

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