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Archivo para Domingo, 31 de enero de 2016

Hoy se cumple esta Escritura

Domingo, 31 de enero de 2016

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Claridad

Decir el pan, la lucha, el gozo, el llanto,
el monótono sol, la noche ciega.
Verter la vida en libación de canto,
vino en la paz y sangre en la refriega.

Desnuda al viento mi palabra os llega.
Sobre la plaza de la fiesta canto.
Pido que todos entren en la siega.
Vengo a espantar las fieras del espanto.

Mediterráneamente luminosa
escancio en mi palabra cada cosa,
vaso de luz y agua de verdad.

Si el Verbo se hace carne verdadera,
no creo en la palabra que adultera.
Yo hago profesión de claridad.

*

Pedro Casaldáliga
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae, 1986

***

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

– “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.

Y decían:

– “¿No es éste el hijo de José?”

Y Jesús les dijo:

“Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.” Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, mas que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, mas que Naamán, el sirio.”

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.

Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

*

Lucas 4, 21-30

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“¿No necesitamos profetas?”. 4 Tiempo ordinario – C (Lucas 4,21-30)

Domingo, 31 de enero de 2016

4-TO-C-286x300«Un gran profeta ha surgido entre nosotros». Así gritaban en las aldeas de Galilea, sorprendidos por las palabras y los gestos de Jesús. Sin embargo, no es esto lo que sucede en Nazaret cuando se presenta ante sus vecinos como ungido como Profeta de los pobres.

Jesús observa primero su admiración y luego su rechazo. No se sorprende. Les recuerda un conocido refrán: «Os aseguro que ningún profeta es bien acogido en su tierra». Luego, cuando lo expulsan fuera del pueblo e intentan acabar con él, Jesús los abandona. El narrador dice que «se abrió paso entre ellos y se fue alejando». Nazaret se quedó sin el Profeta Jesús.

Jesús es y actúa como profeta. No es un sacerdote del templo ni un maestro de la ley. Su vida se enmarca en la tradición profética de Israel. A diferencia de los reyes y sacerdotes, el profeta no es nombrado ni ungido por nadie. Su autoridad proviene de Dios, empeñado en alentar y guiar con su Espíritu a su pueblo querido cuando los dirigentes políticos y religiosos no saben hacerlo. No es casual que los cristianos confiesen a Dios encarnado en un profeta.

Los rasgos del profeta son inconfundibles. En medio de una sociedad injusta donde los poderosos buscan su bienestar silenciando el sufrimiento de los que lloran, el profeta se atreve a leer y a vivir la realidad desde la compasión de Dios por los últimos. Su vida entera se convierte en «presencia alternativa» que critica las injusticias y llama a la conversión y el cambio.

Por otra parte, cuando la misma religión se acomoda a un orden de cosas injusto y sus intereses ya no responden a los de Dios, el profeta sacude la indiferencia y el autoengaño, critica la ilusión de eternidad y absoluto que amenaza a toda religión y recuerda a todos que solo Dios salva. Su presencia introduce una esperanza nueva pues invita a pensar el futuro desde la libertad y el amor de Dios.

Una Iglesia que ignora la dimensión profética de Jesús y de sus seguidores, corre el riesgo de quedarse sin profetas.

  • Nos preocupa mucho la escasez de sacerdotes y pedimos vocaciones para el servicio presbiteral. ¿Por qué no pedimos que Dios suscite profetas? ¿No los necesitamos? ¿No sentimos necesidad de suscitar el espíritu profético en nuestras comunidades?
  • Una Iglesia sin profetas, ¿no corre el riesgo de caminar sorda a las llamadas de Dios a la conversión y el cambio?
  • Un cristianismo sin espíritu profético, ¿no tiene el peligro de quedar controlado por el orden, la tradición o el miedo a la novedad de Dios?

José Antonio Pagola

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“Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos”. Domingo 31 de enero de 2016. 4º domingo del Tiempo Ordinario

Domingo, 31 de enero de 2016

12-ordinario4 (C) cerezoLeído en Koinonia: 

Jeremías 1, 4-5. 17-19: Te nombré profeta de los gentiles.
Salmo responsorial: 70: Mi boca contará tu salvación, Señor.
1Corintios 12, 31-13, 13: Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.
Lucas 4, 21-30: Jesús, como Elías y Eliseo, no es enviado sólo a los judíos

El texto de Jeremías tiene dos partes, la primera (vv. 4-5) se refiere a su vocación, y la segunda (vv. 17-19) a su envío profético. El llamado de Jeremías está marcado desde el inicio por la palabra: “me llegó una palabra de Yahvé”. El profeta es llamado por la palabra para ser palabra de Dios en medio de su pueblo. La palabra lo conoce desde antes de su nacimiento, lo que significa una intimidad profunda de Dios con el profeta. La palabra lo consagra, es decir, Dios se lo reserva para sí, desde antes de nacer. Conocer y consagrar son el marco para la misión de Jeremías: ser profeta de las naciones.

A partir del v. 17 Jeremías se convierte en palabra de Dios ambulante. Debe decir en público lo que Dios le mande. Pero decir la verdad siempre ha sido problemático y peligroso porque se tocan los intereses de muchas personas y de las estructuras sociales. Por esto Dios se anticipa a decirle que no tenga miedo de afrontar su misión. El temor no es ajeno a la vocación profética; lo importante es no abandonar la vocación porque entonces sería Dios el que podría asustarnos, es decir, dejar de llamarnos, de elegirnos y de consagrarnos, dejar de confiar en nosotros, y ¿qué susto peor puede recibir un profeta?

La promesa de Dios no plantea su intervención para salvar al profeta en tiempos difíciles, sino que a él, personalmente, lo fortalecerá internamente como un “pilar de hierro”, y externamente lo consolidará como una “muralla de bronce”. La palabra será su fuerza en su lucha contra las autoridades (reyes, ministros, sacerdotes y propietarios), que han olvidado la alianza de Yahvé, oprimiendo y marginando a su propio pueblo. La fortaleza también la encuentra el profeta en la obediencia a la palabra que recibe y anuncia. Esto le asegura la compañía permanente de Yahvé.

Este bello canto al amor, tiene como contexto la discusión de los corintios en torno a los carismas. Con el texto de hoy, Pablo afirma categóricamente que el único “carisma” absoluto es el del amor. El amor al que se refiere el autor no es el amor helenista (eros), sino el amor cristiano (ágape), que es un amor que se recibe, se entrega, se sirve y hasta da la vida por los hermanos. Sin amor, no tiene sentido ni el mejor de los carismas; sin amor, la palabra profética queda en el vacío, sin amor el amor de Dios pasa de largo en nuestras vidas.

Podemos dividir el canto en tres partes. En la primera (vv. 1-3) se enumera una serie de carismas que no son nada si falta el amor. En la segunda (vv. 4-7) se enumeran quince características del amor cristiano; siete se plantean de forma positiva y ocho de forma negativa. En la tercera parte (vv. 8-13) Pablo termina su canto reafirmando la eternidad del amor. El amor, que puede cambiarlo todo, es el único que no cambiará, que será el mismo eternamente. Entre la fe, la esperanza y el amor, este último es el mayor, quedando clara, para los corintios y para los cristianos de todos los tiempos, la superioridad del amor sobre cualquier otro carisma.

El domingo pasado, después de la lectura que hizo Jesús del profeta Isaías, el evangelio terminaba diciendo que “todos los presentes tenían fijos los ojos en él…”. El evangelio de hoy continúa la escena, que —recordemos— se desarrolla en la sinagoga de Nazaret. Jesús dice que en él se cumplen las palabras de Isaías, es decir, que es «el ungido» (Mesías) para anunciar la Buena Noticia a los pobres y oprimidos… y el «año de gracia» del Señor.

Los vv. 22-30 los podemos dividir así: v. 22: la reacción de la gente; vv. 23-27: la respuesta de Jesús; vv. 28-29: indignación e intentos de matar a Jesús por parte de los nazarenos; vv. 30: Jesús continúa su camino.

Es interesante constatar el contraste entre la reacción de la gente en el v. 22 y la de los versículos 28-29. Inicialmente los de su pueblo aprobaban, y se admiraban de su paisano, pero no alcanzaban a ver en Jesús la gracia de Dios que salía de sus labios, ni al profeta anunciado por Isaías, sino simplemente al Jesús hijo de José. Jesús percibe que sus paisanos no están interesados en sus palabras sino en sus hechos, les interesa ante todo un espectáculo milagrero, que cure los enfermos del pueblo y basta. Jesús les responde con otro refrán: “ningún profeta es bien recibido en su patria”, dejando claro que en Nazaret no hará ningún milagro.

Entre los vv. 25-27 Jesús acude al AT para explicar su situación. El verdadero profeta no se deja acaparar ni mucho menos presionar para satisfacer a un auditorio interesado sólo por el espectáculo o por intereses individuales, aunque sean los de sus familiares o su propio pueblo. El profeta es libre y se debe a la palabra de Dios. La historia de Elías y Eliseo recuerda a los nazarenos cómo éstos tuvieron que irse a tierra de paganos porque su propio pueblo no quería escucharlos. La característica de la mujer de Sarepta es su confianza en Dios, confiando su vida y la de su propio hijo en un extraño como Elías; y característico del sirio Naamán es que depone su orgullo y soberbia nacionalistas ante las palabras de Eliseo. La misma Iglesia reconocerá en este texto su misión de anunciar la Buena Noticia a los más alejados, es decir, que la Palabra echa sus primeras raíces en las personas y en las familias, pero ése no es su destino final; tiene que ser una palabra que busque siempre el camino de los más alejados y necesitados.

Las palabras finales de Jesús enfurecen a los presentes e intentan arrojar a Jesús por un barranco en las afueras del pueblo. Es curioso cómo los pobres de Nazaret, sujetos preferenciales del Anuncio de la Buena Nueva, desprecian la palabra presente en su tierra. Pero la palabra no puede morir, y Jesús continúa su camino misionero al servicio de los pobres, marginados y excluidos, con una palabra de vida, aunque amenazada siempre de muerte por quienes hacen de su vida una mala noticia de egoísmo.

Algunos recursos para trabajar catequéticamente estos temas: Leer más…

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Dom 31.1.16. Hijo de José, una ruptura de evangelio

Domingo, 31 de enero de 2016

11Dom 4 tiempo ordinario. Ciclo C. Lc 4, 21-30. Continúa el tema del domingo anterior, centrado en el sermón de Nazaret (Lc 4, 18-20), donde Jesús anunciaba la liberación de los oprimidos y cautivos.

Lucas sigue insistiendo en ese motivo, pero desde la perspectiva del enfrentamiento de Jesús con su pueblo (que apela al recuerdo de José, en contra de Jesús).

El contraste entre Jesús y su pueblo (en un contexto de familia) aparecía en Mc 6, 1-6 y de forma parecida en Mt 15, 35-38. Pero Lucas lo ha reelaborado de un modo intenso, distinguiendo y separando a Jesús de su “padre” José, que aparece así como signo del judaísmo nacional-nacional, mientras Jesús aparece como signo del judaísmo nacional-universal.

No sabemos si Jesús se enfrentó en su juventud a su padre José, ni sabemos cuando murió éste. Pero lo cierto es que, según el evangelio de Lucas, los vecinos de Nazaret (sus paisanos) suponen que Jesús no sigue en la “buena línea” de su “padre”. El evangelio de Lucas ha reelaborado la escena y ha recreado el tema con unas variantes muy significativas.

Es muy posible que, en su conjunto, la Iglesia no haya recuperado la imagen y signo de este José de Lucas 4, ni haya planteado desde este fondo, con todo rigor, sus relaciones con el judaísmo nacionalista de su familia, con la ruptura posterior que ello ha implicado para Jesús.

Resumen en seis puntos

1) Lucas ha introducido en este contexto el famoso sermón programático de Nazaret (¡Anunciar la libertad a los cautivos!: Lc 6, 18-20), que aparecía en la liturgia del domingo anterior. Precisamente en Nazaret, donde se supone que debe defender la opción particular de su pueblo y tribu, Jesús ofrece un mensaje universal de “gracia” (perdón), omitiendo el “detalle esencial” del castigo de los enemigos.

2) En vez de referirse a la madre y hermanos (como hacen Marcos y Mateo en sus textos paralelos), Lucas cita a José de un modo muy significativo. Es evidente que todos en el pueblo le conocen, de forma que al preguntar ¿no es éste el hijo es José? no están refiriéndose a un parentesco biológico (dado por supuesto), sino “ideológico y práctico”. Los nazarenos están afirmando retóricamente que Jesús no sigue en la línea de su “padre” que para ellos se había mantenido en línea buena.

3) Jesús se defiende apelando a dos famosos profetas del entorno galileo (Elías y Eliseo), quienes, siendo muy israelitas, habían, defensores a ultranza del Yahvismo, habían abierto desde el mismo Dios-Yahvé su acción sanadora a las personas del “odiado” entorno (a los fenicios y sirios), superando así el particularismo israelita.

Domingo_3_2_2013@@religion_gra4) Todo culmina en un linchamiento frustrado. Jesús ha roto con Nazaret, que parece una aldea de nazareos/nazireos mesiánicos. Él será “nazareo”, defensor de las tradiciones de David, en línea israelita, pero lo será de otra manera, enfrentándose así a la opción que había mantenido José (y con José los nacionalistas de Nazaret). Jesús será también nacionalista, gran judío, pero lo será en sentido universal: abriendo el mensaje judío a todos los pueblos.. Ésta “herida y ruptura” entre Jesús y su “padre” está en el origen del mensaje cristiano.

5) La figura de José ha sido recuperada “piadosamente” (en ámbito de fe) por Mt 1-2 y Lc 1-2 y así la venera la Iglesia (aunque de forma quizá muy insuficiente). Todo nos permite suponer que la figura del José real, un recio nazareo, nacionalista mesiánica (en una línea que estaría más cerca de los celotas posteriores), aparece aquí mejor esbozada que en los evangelios de la infancia de Mateo y Lucas (y lo mismo suce Jn 1, 45 y 6, 42, confirmándose así, una vez más, las conexiones entre Lc y Jn).

6) Se plantea así un tema apasionante, tanto en relación a José (un “justo” nazareo, buen judío mesiánico), como en relación con Jesús, su “hijo”, que aparece abriendo un camino de mesianismo universal, que está en la base del cristianismo. Es claro que no puedo desarrollar todos los temas aquí implicados, pero intentaré esbozarlos, dejando quizá para otro día la figura de José y el sentido de la evocación de Elías-Eliseo. Buen fin de semana a todos.

Texto Lucas 4, 21-30

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.” Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían: “¿No es éste el hijo de José?”

Y Jesús les dijo: “Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.”

Y añadió: “Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino sólo una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino sólo Naamán, el sirio.”
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

1. Jesús. Hoy se cumple esta palabra

a) Se cumple la palabra de liberar a los cautivos… de anunciar el año de Gracia del Señor… (cf. Lc 4, 18-20). Es una palabra central del mensaje israelita, una palabra de salvación mesiánica de Isaías…, pero que Jesús no ha citado de un modo completo, pues ha dejado a un lado (quizá ostentosamente) la parte relacionada con el juicio de Dios y la condena contra los enemigos de Israel.

b) Elías y Eliseo son figuras importantes de la tradición popular Galilea. De ellos hablan con extensión los libros de 1 y 2 Reyes. Elías se abre a los extranjeros, alimenta a la viuda de Sarepta y resucita a su hijo… En esa línea de apertura hacia los de fuera se sitúa el mensaje y camino de Jesús. Por su parte, Eliseo: cura a Naamán el sirio… Su acción de sanador se abre más allá de las fronteras de Israel, rompiendo los límites de un nacionalismo religioso estricto.

2. La disputa de Nazaret: todos los hombres (Lc 4, 22-29).

Como he dicho, Jesús empieza afirmando que todo el programa de Isaías (entendido como programa de liberación universal) se ha cumplido “hoy”, en el hoy de Jesús, en el hoy de Nazaret, que aparece así como principio de una misión universal. Es evidente que, en esta línea, la “iglesia” o movimiento de Jesús empieza en Nazaret. De “Nazaret a todo el mundo”, ese sería su programa. Aquí tendríamos a Jesús el nuevo “nazoreo” universal de la liberación mesiánica. Pero los “nazoreos” nazarenos no le admiten:

1. Los nazoreos-nazarenos condenan a Jesús, aunque al principio parecen admirarlo. Le condenan porque, al parecer, no actúa como José (¿no es éste el hijo de José?), es decir, porque quiere ayudar a todos los pobres y cautivos del mundo, no sólo a los judíos, porque cita y aplica mal el texto de Isaías.

2. Jesús se apoya en los profetas Elías y Eliseo, que ayudaban a los pobres de los pueblos del entorno, no sólo a los judíos (ayudaban y curaban a los sirios y fenicios), preocupándose no sólo de los nacionales (los judíos, los buenos cristianos, los españoles), sino también de los de fuera (no judíos, no cristianos, no españoles…).

3. Jesús linchado… y liberado

Los nazarenos quieren “ajusticiar a Jesús”, porque no responde a los ideales de su nación, porque no es buen judío, a través de un proceso de linchamiento (Ley de Linch) colectivo, perfectamente estudiado por los antropólogos. Se trata de matar entre todos (como en la lapidación), pero de matar sin golpear directamente, acorralando al “ajusticiado” de tal forma que él mismo tiene que caer al precipicio y matarse. Como he dicho,muchos textos clásicos de antropología citan casos como éste. Pero Jesús logra marcharse, abriéndose paso entre el gentío airado, aunque el texto no dice cómo (con qué resortes psicológicos o sociales)

En este contexto se entiende la escena del “fracaso de Jesús en Nazaret”. Leído así, el conjunto del pasaje (Lc 4, 16-30) cobra una inquietante y esperanzada actualidad. También a nosotros nos turba y extraña ese universalismo: queremos libertad, pero sólo para algunos, para los buenos paisanos de mi pueblo o mi grupo; queremos prosperidad, pero sólo para los que pertenecen al sistema occidental o americano (por poner unos ejemplos posibles).

4. Tema de fondo: la apertura (potencialmente) universal de Jesús.

Ciertamente, el mensaje de Jesús va en la línea mesiánica de Israel, pero no se cumple como muchos quieren, en clave de liberación particular (de los buenos judíos) y de condena (¡año de venganza!) para los enemigos de Israel. Jesús, en principio, anuncia el Reino de Dios para Israel… Pero en el fondo le interesan igual los pobres de Nazaret y de Israel y los pobres de todo el mundo.
Según los “buenos” nazarenos, que apelan a José, su “padre”, Jesús tenía que haber sido un luchador nacional, un partidario de la separación entre los buenos israelitas y los malos extranjeros. Por eso, la pregunta puede sonar de esta manera: «¿Cómo siendo hijo de José puede comportarse de esta forma?».

Eso significa que, según los nazarenos, Jesús aporta una novedad que le separa de los buenos ciudadanos judíos de Nazaret, que quieren la gracia de Dios para ellos y la justicia o venganza para los de fuera. En este contexto se sitúa el refrán de Jesús que les responde diciendo, «ningún profeta no es bien recibido en su tierra» (Lc 4, 24), porque el profeta, si lo es de verdad, debe proclamar la gracia de Dios sobre todos (rompiendo así los límites estrechos de su tierra).

5. La cita de Isaías, una cita cambiada

En este contexto, los nazarenos advierte que Jesús, su paisano, ha universalizado el texto de Isaías, suprimiendo sus palabras finales de juicio, que suelen dirigirse contra los extranjeros.

— Jesús no quiere libertad sólo para “nosotros” (los buenos, los nacionales, los de la iglesia verdadera) y venganza para los malos (los de fuera). Él ha suprimido la venganza y quiere libertad para todos:

Isaías 61, 2 situaba el jubileo en un contexto judicial de tipo israelita, proclamando así una “doble suerte”: un Año de Gracia de Yahvé, el Señor, para los fieles, un Día de Venganza de nuestro Dios, para los infieles. La profecía puede inscribirse así y se inscribe dentro de la experiencia nacional, ratificando la singularidad y elección del pueblo de la alianza, conforme a una visión de las dos “suertes” que el libro de Ester ha desplegado de un modo impresionante (triunfo para los judíos, destrucción para los enemigos). Leer más…

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Fracaso de Jesús en Nazaret. Domingo 4º. Ciclo C.

Domingo, 31 de enero de 2016
Jesus - expulsoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Como en una serie de televisión, el evangelio de este domingo comienza recordando lo último contado en el anterior. Jesús ha leído en la sinagoga de Nazaret un texto de Isaías que proclama una buena noticia a los pobres, ciegos, prisioneros, oprimidos. Cuando termina, afirma: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír». ¿Cómo reaccionará el auditorio a estas palabras? Es lo que se cuenta en el evangelio de hoy, en el que podemos distinguir tres momentos: la reacción inicial del auditorio, un ataque desconcertante de Jesús, y la reacción final de los nazarenos.

La reacción inicial del auditorio

En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:

– «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían:

– «¿No es éste el hijo de José?»

Aparte de leer a Isaías, Jesús no ha dicho prácticamente nada. Sin embargo, Lucas indica de inmediato la triple reacción de los presentes: aprobación, admiración y desconcierto. Al parecer, les gusta lo que han oído, pero no comprenden que lo diga alguien a quien conocen desde pequeño.

Un ataque desconcertante de Jesús

Si Jesús hubiera sido un político, habría aprovechado la ocasión para ganarse más aún al auditorio, solventando las posibles dudas sobre su autoridad. Sabe lo que esperan de él: no que lea textos de la Biblia sino que haga milagros. Le bastaría realizar algunos parecidos a los que ha hecho en Cafarnaúm para que todos le aplaudan y crean en él.

Sin embargo, se niega a ello e incluso adopta una postura agresiva. Sin que los nazarenos hayan dado motivo, Jesús da por supuesto que lo van a rechazar. No se basa en nada concreto que hayan hecho o dicho, sino en un proverbio: “Ningún profeta es bien mirado en su tierra”. En consecuencia, tampoco él mira bien a los nazarenos y no hará allí ningún milagro. Igual que Elías fue enviado por Dios a ayudar a una viuda fenicia, y Eliseo a un leproso sirio, él también se siente enviado a los paganos.

Y Jesús les dijo:

«Sin duda me recitaréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm.» Y añadió: «Os aseguro ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos del profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»

Reacción final de los nazarenos

¿Cuál sería la reacción lógica de los nazarenos? Levantarse e irse de la sinagoga, soltando probablemente bastantes maldiciones contra Jesús. Sin embargo, lo que cuenta Lucas es mucho más fuerte:

Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
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Un relato desconcertante

Cuando se lee con atención el relato de Lucas surgen varias preguntas:

¿Por qué adopta Jesús una postura tan agresiva?

¿Por qué da por supuesto que lo van a rechazar?

¿Por qué compara su actitud con la de Elías y Eliseo, enviados a los paganos, cuando reconoce haber hecho milagros en Cafarnaúm, que no es una ciudad pagana sino israelita?

¿Por qué reaccionan los nazarenos de forma tan terrible, queriendo matarlo?

Para responder a estas preguntas conviene recordar cómo cuenta Marcos la visita de Jesús a Nazaret.

La versión de Marcos

Marcos cuenta la visita de forma muy distinta. Jesús ya es bastante conocido cuando vuelve a Nazaret con sus discípulos. Y ocurre lo siguiente:

Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados:

– ¿De dónde saca éste todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? ¿No es éste el artesano, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas?

Y esto lo sentían como un obstáculo. Jesús les decía:

– “A un profeta sólo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa”.

Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. Y se asombraba de su incredulidad.”

Las diferencias son claras. En Marcos, la reacción del auditorio no es de aprobación, admiración y desconcierto, sino de desconcierto y rechazo. Entonces es cuando Jesús recuerda que “a un profeta solo lo desprecian en su tierra”. Pero nadie intenta matarlo. Simplemente, no creen en él ni en su poder. Y Jesús se admira de su incredulidad.

Nazaret como símbolo

¿Por qué ha escrito Lucas un relato tan distinto? Porque él no ha pretendido contar lo ocurrido, sino convertir la visita de Jesús a Nazaret en símbolo de la relación de Jesús con el pueblo judío y con los paganos.

Para ello, lo primero que hace es comenzar la actividad de Jesús con esta visita. Mientras Mateo y Marcos dicen que Jesús comenzó predicando por los pueblos y aldeas de Galilea, sin concretar cuáles, Lucas nos sitúa en la sinagoga de Nazaret. Sabe que Jesús no fue aceptado por los nazarenos, ni tampoco por su familia, que lo consideraba medio loco. Recoge y lleva al límite ese rechazo, convirtiéndolo en símbolo de la oposición de la mayor parte del pueblo judío, que terminó provocando su muerte.
En el Nuevo Testamento se indican distintos motivos por los que Jesús entró en conflicto con las autoridades judías: por no

observar el sábado, por ser un peligro desde el punto de vista político… En el relato de Lucas, el motivo principal de conflicto es el nacionalismo de los que quieren un Mesías al servicio exclusivo de Israel, mientras que Jesús se ve enviado a toda la humanidad.

Pero nadie debe escandalizarse de eso, mucho menos los judíos: también Elías y Eliseo fueron enviados por Dios a los paganos en unos momentos en que los israelitas estaban muy necesitados de ayuda.

La primera lectura (Jeremías 1,4-5. 17-19)

Ha sido elegida como prueba de que “ningún profeta es bien visto en su tierra”. Al contrario, encuentra la oposición de los más diversos estamentos del país: reyes, príncipes, sacerdotes, grandes propietarios (el término “gente del campo” fue cambiando de sentido, pero parece que aquí se refiere a los propietarios de grandes fincas).

En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:

«Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré: te nombré profeta de los gentiles.

Tú cíñete los lomos, ponte en pie y diles lo que yo te mando.

No les tengas miedo, que si no, yo te meteré miedo de ellos.

Mira; yo te convierto hoy en plaza fuerte, en columna de hierro, en muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes y príncipes de Judá, frente a los sacerdotes y la gente del campo.

Lucharán contra ti, pero no te podrán, porque yo estoy contigo para librarte.»

Oráculo del Señor.

Las palabras finales coinciden muy bien con el final del evangelio, donde Jesús pasa serenamente entre quienes intentan matarlo y se aleja. Con una gran diferencia: Jeremías se verá libre gracias a la compañía de Dios; Jesús tiene en sí mismo el poder para enfrentarse al enemigo. Cuando muera será porque él lo acepta libremente.

Pregunta final

¿No nos parecemos demasiado los cristianos a los nazarenos de Lucas? ¿No somos demasiado exclusivistas al hablar de la salvación de Dios?

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De la familia de Jesús.

Domingo, 31 de enero de 2016

jesus-abrazo-2Jesús es sorprendente, por lo menos a mí a veces me deja sin habla. La libertad de la que goza es admirable. La gente se burla de él, le acusan, le dejan de lado, su familia cree que está mal de la cabeza,… y él,… nada, hacia adelante, fiel, eternamente fiel.  Cuando le aplauden y le vitorean se esconde, cuando lo buscan para apresarlo se entrega, cuando le niegan sus amigos él da su vida por ellos…

Esa debe de ser la libertad de los hijos de Dios, la que da la fidelidad sin condiciones a la voluntad de Dios. Nos anima, nos invita, a ser sus hermanas, su madre, su familia (Mc. 3, 31-35). No es una oposición, no hay notas ni límite de plazas, únicamente pide que cada uno, que cada una, cumpla con la voluntad del Padre. Y ahí está lo mejor, porque la voluntad de Dios para cada cual es que sea feliz. Pero no una felicidad del momento, hueca, de aire. Dios no juega con nuestra existencia, lo quiere todo, quiere la vida plena para cada una de sus criaturas.

No te engañes, ni te autojustifiques, ni te escondas; más bien, confía, escucha el susurro de su voz pausada, fiel y vibrante. Ponte en sus manos y sigue el camino que te propone, pero hazlo con valentía, sin medias tintas.

Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

(Sal. 27)

¿Complicado?, más bien digamos que es un compromiso, un entrega de las de verdad, a corto y también a largo plazo. Pero él no duda de nuestra capacidad, simplemente nos da la posibilidad de elegir.

¿Qué eliges?

Fuente: Monjas trinitarias de Suesa

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Líderes islámicos firman la “Declaración de Marrakech” en defensa de la libertad religiosa

Domingo, 31 de enero de 2016

el-concepto-de-paz-esta-profundamente-enraizado-en-la-religion-del-islam_560x280A los 1.400 años de la “Carta de Medina”

Reclaman que los países islámicos desarrollen un concepto de ciudadanía abierto a todas las religiones

Es inconcebible el uso religión para golpear los derechos de las minorías religiosas en los países musulmanes

(Agencia Fides).- El 27 de enero, 250 estudios islámicos eminentes se reunieron en Marrakech, por invitación del Ministerio de Fomento y Asuntos Islámicos del Reino de Marruecos y del Foro para la Promoción de la Paz en las sociedades islámicas, con sede en los Emiratos Árabes Unidos, han firmado un apelo para que se desarrolle una jurisprudencia islámica sobre el concepto de ciudadanía, que incluya a todos los grupos.

Según un comunicado enviado a la Agencia Fides, la Declaración de Marrakech retoma la Carta de Medina, que este año cumple 1.400 años de su firma, “un acuerdo constitucional entre el Profeta Muhammad y el pueblo de Medina, que garantizaba la libertad religiosa para todos, independientemente de su fe.

Además de pedir a los estudiosos e intelectuales musulmanes que desarrollen el concepto de ciudadanía en la jurisprudencia islámica, se hace un llamamiento a las instituciones educativas para que realicen “una revisión valiente de los programas educativos, y eliminen cualquier tema que incite a la agresión y al extremismo, conduciendo a la guerra y al caos”; y a los políticos para que “establezcan un contrato constitucional entre los ciudadanos”.

Por último, pide a los diversos grupos religiosos que recuerden que durante siglos han compartido la misma tierra, viviendo juntos, y que rechacen cualquier forma de denigración del otro.

La Declaración de Marrakech concluye afirmando que es “inconcebible el uso religión para golpear los derechos de las minorías religiosas en los países musulmanes”. En el encuentro de Marrakech estaban presentes cincuenta líderes de otras religiones que han expresado su agradecimiento por la Declaración

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“Los cristianos pueden desaparecer de Irak y Siria”

Domingo, 31 de enero de 2016

cristianos-perseguidos_560x280Denuncia del patriarca sirio-católico

Joseph III Younan, frente a la “indiferencia” de Occidente

La pesadilla de los cristianos árabes de Irak y de Siria es que sus países evolucionan “como Turquía, donde prácticamente ya no se puede hablar de una presencia cristiana”, afirmó este jueves en Roma el patriarca sirio-católico, Ignace Joseph III Younan, que denunció la “indiferencia” de Occidente.

Durante una rueda de prensa organizada por la organización Ayuda a la Iglesia Necesitada, monseñor Younan citó casos como el de la ciudad iraquí de Qaraqosh, en Nínive, una localidad dominada hoy por los yihadistas de Daesh y que hasta 2014 estaba habitada mayoritariamente por sirio-católicos. “Pero es en Siria donde el número de cristianos ha descendido de modo dramático; en los años 50 eran alrededor del 19% de la población y hoy son apenas el 5%, subrayó el patriarca.

aumenta-la-persecucion-contra-los-cristianosAl comparar la evolución de los cristianos árabes de Siria e Irak con el caso turco, Younan recordó que en la región occidental de Turquía existió en su día una de las comunidades cristianas más antiguas y florecientes, y hoy son muy pocos los que siguen el Evangelio, además de que son tratados como ciudadanos de segunda clase.

Una de las grandes persecuciones tuvo lugar durante la I Guerra Mundial, bajo el imperio otomano que se tamboleaba, cuando los armenios fueron víctimas de la deportación y del genocidio.

(Religión Digital/Agencias)

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“Qué se sabe de… La formación del Nuevo Testamento”, de David Álvarez, en Verbo Divino

Domingo, 31 de enero de 2016

que-se-sabe-de-la-formacion-del-nuevo-testamento(Antonio Piñero).- De entrada, puedo ya decir que recomiendo vivamente la lectura de este libro, cuyo título es el de esta postal, del Prof. David Álvarez Cineira, (Editorial Verbo Divino Estella 2015, 287 pp. ISBN: 978-84-9073-148-2). El autor es en la actualidad Profesor de Nuevo Testamento en el “Estudio Teológico Augustiniano” de Valladolid. Y lo considero bueno porque aborda el tema de la formación del canon, la lista de libros sagrados del Nuevo Testamento, tema sobre el que en español escasean absolutamente los libros serios y bien informados, y este lo es.

Desde la época de finalización de mi tesis doctoral, en 1974, que trataba sobre el concepto que tenían los primeros cristianos de la inspiración de los profetas en general y de los autores de la Biblia en particular, y e la que me preguntaba si la noción de la inspiración había tenido mucho, poco o nada que ver con la formación del canon, me ha interesado mucho este tema. Por cierto, al final de la tesis hacía un resumen muy amplio de la historia de la investigación hasta ese momento (1974) en las pp. 339-400 del capítulo, “Cómo y por qué se formó el Nuevo Testamento” del libro Orígenes del Cristianismo. Antecedentes y primeros pasos. Editorial El Almendro, Córdoba, 1991 (con varias reediciones) que puede interesar al autor para complementar la suya, pues creo que sigue siendo interesante este resumen, aunque hay que complementarlo a partir de esa fecha. Posteriormente Julio Trebolle ha tratado el tema en su obra “La Biblia judía y la Biblia cristiana“, de Edit. Trotta, Madrid (que creo que va ya por la cuarta edición), y yo mismo en el capítulo correspondiente de la obra de varios autores Los libros sagrados en las grandes religiones: judaísmo, cristianismo, islam, hinduismo y budismo. El Almendro, Córdoba, 2007, capítulo “Cómo y porqué se formó el canon del Nuevo Testamento“, pp. 177-210. Así que conozco bien el tema y puedo valorar la novedad, y muy positiva, que supone el volumen de Álvarez Cineira en el panorama de la bibliografía hispana.

Hago en primer lugar una síntesis de los temas tratados y luego haré unas reflexiones finales sobre temas que pueden abordarse ulteriormente. En la primera parte de su libro, breve, unas treinta páginas, el autor aborda el tema de cómo se ha tratado este asunto desde la perspectiva de la historia y de la teología: el estado de la cuestión y las necesarias precisiones de vocabulario, concepto de “canon”, a qué llamamos Antiguo y Nuevo Testamento y qué entendemos por libros deuterocanónicos, y apócrifos.

La segunda parte, amplia y con muchísimos datos interesantes -que, debo insistir, difícilmente encontrará el lector en cualquier otra obra en español- Álvarez Cineira aborda el aspecto central de este volumen. En primer lugar introduce al lector en la tecnología del “libro” en el mundo antiguo, y en los problemas de autoría y la distribución de ellos. Luego aborda uno por uno los libros del Nuevo Testamento, comenzando por los evangelios, en una suerte de tratado que alguien podría interpretar como una “introducción al Nuevo Testamento”. Pero se equivocaría si lo entendiera así, ya que no lo es en sí -ni interesa como tal para el tema propuesto-, sino que el autor estudia los libros del Nuevo Testamento ante todo desde el punto de vista de la “recepción” de cada escrito por la comunidad de los lugares en los que se iba expandiendo el cristianismo en los primeros siglos, en qué sentido se consideraba sagrado, o normativo, y quién lo citaba y cómo.

Naturalmente, el autor trata de la composición de los libros en sí del Nuevo Testamento y de la autoría, y otras cuestiones conexas, pero como base para recopilar datos para la historia del canon. Deseo ejemplificar esto con un par de ejemplos. El primero es el caso de los evangelios. Álvarez Cineira aborda las fases de composición de cada uno de ellos y habla de la tradición oral, de cómo se sentía entre los cristianos una predilección por un evangelio determinado, cómo los cuatro evangelios preferidos por las iglesias (los cuatro actuales) sufrieron intentos de ser reducidos a uno (por ejemplo, el heresiarca Marción sólo aceptó el Evangelio de Lucas; o se intentó armonizar los cuatro en uno solo: Taciano y su armonía evangélica), o bien en otras comunidades se amplió el número de esos cuatro preferidos con otros evangelios, como el de “Pedro” o el denominado luego “Protoevangelio de Santiago”), para terminar con la cuestión de cuándo se puede hablar de un “evangelio tetramorfo” (un evangelio en realidad peor con cuatro “formas” diferentes), es decir, en qué fecha están ya bien asentados en la mayoría de las comunidades y sin demasiadas disputas.

El segundo ejemplo es el del Apocalipsis: Álvarez Cineira explica qué testimonios manuscritos tenemos de ese texto, si los Padres Apostólicos lo conocieron ya, o no, qué se pensaba de su “sacralidad” a finales del siglo II e inicios del III, cómo surgieron críticas sobre su contenido y sobre la identidad de su autor, cómo algunas comunidades lo rechazaron como sagrado y cuánto tardó finalmente en imponerse como tal.

Finalmente en esta segunda parte el autor aborda expresamente el tema “El canon del Nuevo Testamento”: ¿cómo se formó históricamente? ¿Qué testimonios tenemos acerca de las listas de libros sagrados de los cristianos desde finales del siglo II o inicios del siglo III y qué polémica hubo entre la mayoría y los heterodoxos? ¿Qué criterios se utilizaron para elegir los libros sagrados entre los seguidores de Jesús? Como se ve, están tratados los temas principales.

En la última parte trata Álvarez Cineira de las “cuestiones abiertas en el debate actual respecto al “canon”: por ejemplo, qué extensión debe tener? ¿Se puede modificar el número de escritos que lo componen? ¿Hay un núcleo dentro del canon que es intocable, es decir, hay un canon dentro del canon? ¿Cómo se entiende hoy el tema complejo “Escritura, tradición e inspiración? Y concluye el libro con una bibliografía comentada, en la que desgraciadamente hay muy poco escrito originalmente en castellano.

En general estoy bastante de acuerdo con el autor a lo largo de este interesante libro. Pero echo en falta un tratamiento más en profundidad de algunas cuestiones básicas, que he planteado ya en otros lugares y momentos:

• ¿Hubo o no una Gran Iglesia petrina que impulsara la formación del canon del Nuevo Testamento acogiendo en su seno las diversas corrientes?

• O por el contrario, ¿no hubo una Gran Iglesia petrina, ni estrictamente judeocristiana, porque pereció en las convulsiones de las guerras Judíos-Roma entre el 66 y el 135 d.C.?

• ¿No habría que postular que el canon actual está formado en torno a una Gran Iglesia de cuño paulino, tal como entendieron al Apóstol sus seguidores paganocristianos?

• ¿Podría defenderse que los cuatro evangelios, incluido el de Juan, tienen una concepción del Cristo celestial que se parece mucho más a la de Pablo que a la de Pedro?

• ¿Cómo se explica que el libro de los Hechos de los apóstoles solo trate de Pedro hasta el cap. 12 -junto con la figura de Saulo/Pablo desde el cap. 8- y a partir de ahí sea Pablo el único representante de lo apostólico?

• ¿Cómo se explica que haya -además de los evangelios de cuño teológico paulino- 14 cartas de “Pablo” (no se entra aquí en la cuestión de si son toda auténticas o no, sino que se atribuyen a Pablo) por 7 de todos los demás apóstoles? ¿Cómo se aclara que entre esas siete hay dos, 1 2 Pedro, cuya teología es netamente paulina?

• Cómo se explica que en la cristología del autor del Apocalipsis haya tantos contactos con el Evangelio de Lucas, muy paulino, y ese mismo autor progrese notablemente en la consideración del Cristo celestial como divino, progresando en la línea marcada por Pablo?

Creo, pues, que a pesar de lo bueno que es este libro de Álvarez Cineira, en su segunda edición podrían abordarse éste y otros temas por el estilo, con lo que los lectores pueden tener más materia aún -que ya se les ofrece bastante- de reflexión.

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Carta de un ex miembro de la Curia contra el Papa y la réplica irónica de un laico irlandés

Domingo, 31 de enero de 2016

cristo-no-ha-prometido-a-pedro-la-popularidad-en-la-prensa_560x280“Cristo no ha prometido a Pedro la popularidad en la prensa”

Anónimo: “Autoritarismo, populismo, pastoralismo…

E. Sweeney: “Seríamos leales servidores, siempre y cuando ocupásemos cargos que nos permitiesen actuar con poder”

El pasado 27 de noviembre, un ex miembro de la Curia de Roma sacó a la luz una carta abierta pero anónima dirigida al Papa Francisco, acusándole de “falsedad” y “falta de profesionalidad” entre otros juicios. Eamon Sweeney responde construyendo una carta sarcástica que pone en evidencia el fariseísmo de la primera. El lector encontrará en primer lugar la carta del curial anónimo y, a continuación, la respuesta del laico irlandés.

Carta anónima al Papa Francisco, de un ex miembro de la Curia romana (27/11/15)

Santo Padre: En su discurso de Navidad en 2014, Ud. llamó a sus colaboradores de la Curia a hacer, ante todo, un examen de conciencia. En efecto, el Adviento es una ocasión para reflexionar sobre aquello que Dios nos promete y espera de nosotros. Usted afirmó que, sus colaboradores en el Vaticano, deben ser un ejemplo para toda la Iglesia, y después enumeró una serie de “enfermedades” de las cuales la Curia sufriría. En aquel momento, encontré este juicio bastante duro y también injusto, contra muchos en el Vaticano que yo conozco personalmente, mientras Ud. parecía hablar como uno que conoce al Vaticano sólo de afuera o sólo de lo alto. Sin embargo, es precisamente aquel discurso suyo, que ha inspirado la carta que le escribo. Siguiendo su mismo ejemplo, omitiré todas las cosas buenas que Ud. hace y dice, y enumeraré tan sólo aquellos aspectos de su ejercicio del ministerio papal que me parecen problemáticos.

1.- Un comportamiento emotivo y anti-intelectual

La alternativa a una Iglesia de la doctrina es una Iglesia del arbitrio, no una Iglesia del amor. Entre muchos de sus colaboradores y consejeros, hay una falta real de competencia en términos de doctrina y teología; son hombres que, a menudo, tienen a sus espaldas una carrera en el gobierno eclesial o en la administración de una universidad y, con demasiada frecuencia, prefieren razonar en términos pragmáticos y políticos. Ud., como sumo maestro de la Iglesia, debería mostrar con mayor claridad el primado de la fe, para sí mismo y para todos los católicos. La fe sin la doctrina no es nada.

2.- Autoritarismo

Ud. está tomando distancia de la sabiduría -que está custodiada en la disciplina eclesiástica, en el derecho canónico y también en la praxis histórica de la Curia-. Junto a su aversión a una enseñanza presuntamente teórica, esta inclinación lleva a un autoritarismo que ni San Ignacio, el fundador de su Orden de los jesuitas, hubiera aprobado. ¿Ud. escucha verdaderamente las advertencias de quien le hace notar aquello que Ud por sí solo, no ha visto o comprendido inmediatamente? ¿Qué sucedería si Ud. se enterara de mi nombre? Actuar de modo menos autoritario ayudaría a cambiar el actual clima de miedo.

3.- Populismo del cambio

Invocar el cambio está hoy de moda. Pero, especialmente, el sucesor de Pedro, tiene el deber de recordarse a sí mismo y a los demás, las cosas que cambian sólo lentamente; y aún más: las cosas que no cambian para nada. ¿Ud. cree, realmente, que el apoyo que obtiene de los gurúes de la política y de los medios es un buen signo? Cristo no ha prometido a Pedro la popularidad en la prensa y el culto que lleva a una celebridad (Jn. 21, 18).Muchas de sus afirmaciones, levantan falsas expectativas y dan la impresión dañina de que la doctrina y la disciplina de la Iglesia podrían, y deberían, ser adaptadas a las opiniones mutables de la mayoría. El apóstol Pablo piensa diferente sobre esto (Rm 12, 2; Ef 4, 14).

4.- Ninguna “humildad” ante la herencia de sus predecesores

Su comportamiento es percibido como una crítica del modo en que sus predecesores (a menudo canonizados) han vivido, hablado y obrado. No alcanzo a ver cómo esto se concilia con la humildad que Ud. ha invocado y reclamado tantas veces. Esta humildad es, seguramente, necesaria, sobre todo cuando se trata de continuar la tradición que se remonta a Pedro. Su comportamiento sugiere, implícitamente, la idea de que Ud. quiere, de algún modo, reinventar el ministerio petrino. En vez de preservar fielmente la herencia de sus predecesores, Ud. quiere apropiarse de ella de un modo muy creativo. Pero, ¿no ha dicho san Juan: “Él, el Cristo, debe crecer y yo, en cambio, disminuirme” (Jn. 3, 30)?

5.- Pastoralismo

Recientemente, Ud. ha dicho que lo que más le gusta de ser papa es cuando puede actuar como un pastor. Naturalmente, ni un papa ni cualquier otro pastor, debe poner en duda, ni siquiera mínimamente, que la Iglesia sigue la doctrina de Cristo en todo aquello que hace (pastoral, sacramentos, liturgia, catecismo, teología, caridad); porque, en definitiva, todo depende de la fe revelada así como nos llega de las Sagradas Escrituras y de la Sagrada Tradición y es, por lo tanto, vinculante para la conciencia de los fieles. Tampoco podemos vivir la fe, y transmitirla a los demás, si no la conocemos. Sin una buena teoría, no podemos actuar bien a largo plazo. En el campo del cuidado pastoral, sin una enseñanza doctrinal, solamente toparemos con algún acontecimiento emocional y, además, efímero.

6.- Exhibición exagerada de la simplicidad de su estilo de vida

Cierto, Ud. quiere dar el ejemplo; pero, ¿le conviene ocuparse Ud. mismo de cada mínima actividad cotidiana? En el campo ascético, la mano izquierda no debe saber qué hace la mano derecha (Mt 6, 3); de otro modo el conjunto parece de algún modo falso. Si Ud., realmente, quiere conducir vehículos ecológicos, necesita pagar muchode más o hacer que pague otro el precio de las tecnologías más costosas: la ecología tiene su precio.

7.- Particularismo

Hay un particularismo que, a menudo, subordina los objetivos de la Iglesia universal a los puntos de vista de solamente una parte de la Iglesia. Este comportamiento en un papa es casi cómico, si se piensa cuan interconectado está nuestro mundo, más móvil y más cercano que nunca. Especialmente hoy, es un tesoro que la Iglesia católica sea siempre la misma en todo el mundo. Que los católicos en todos los países vivan, recen y piensen de un modo similar y uno junto al otro, corresponde a la realidad global de la vida.

8.- Un deseo continuo de espontaneidad

Una falta de profesionalidad no es un signo de la obra del Espíritu Santo. Expresiones como “proliferar como conejos” o “¿quién soy yo para juzgar?” pueden hacer impacto sobre mucha gente, pero llevar a graves malentendidos. Cada vez, otros deben correr a explicar que cosa Ud. quería decir realmente. Actuar fuera de programa, y fuera del protocolo, tiene sus tiempos y sus lugares; pero no puede transformarse en la norma. Se trata, también, del necesario respeto por sus colaboradores en Roma y en todo el mundo. Para un papa la medida de la espontaneidad debe ser sin lugar a dudas, inferior a la de los pastores.

9.- Falta de claridad sobre los vínculos entre libertad religiosa, política y económica

Muchas de sus declaraciones indican que el Estado debería gobernar siempre más, controlar más y hacerse responsable de más, en particular en el campo económico y social. En Europa estamos habituados a Estados muy fuertes. Pero que el Estado pueda ocuparse de todo está refutado por la historia. La Iglesia debe defender organismos no-gubernamentales que puedan proveer los bienes que el Estado no puede proveer del mismo modo. Contra la tendencia a esperarse todo de parte del Estado, la Iglesia debe ayudar a la gente a tomar cuidado de la vida propia. También el Estado social puede volverse demasiado poderoso, y así, paternalista, autoritario y reaccionario.

10.- Meta-clericalismo

Ud., por un lado, muestra poco interés hacia el clero; pero, por el otro, critica un clericalismo que es más imaginario que real. Esta falta de interés no puede ser compensada por buenas intenciones o declaraciones antes pequeños grupos. Los obispos y los sacerdotes tiene derecho de saber que el papa les respalda cuando defienden el Evangelio “en el tiempo y fuera del tiempo”, aunque ellos lo hagan de un modo que, personalmente, no le gusta al Papa. No está bien que algunas personas piensen que el Papa ve muchas cosas de un modo diferente al del Catecismo, y que otros lo imiten a fin de hacer carrera bajo este pontificado. Como papa, Ud. cumple un servicio necesario para la continuidad y la tradición de la Iglesia; e, incluso, los cristianos no católicos son de la misma opinión. Sería mejor que Ud. redujese sus innovaciones y provocaciones; tenemos ya muchas personas que lo hacen. Su magisterio, en cuanto tal, es ya de por sí palabra definitiva de provocación e innovación; y después de todo Ud. es el representante de Cristo y el maestro supremo de nuestra fe sobrenatural.

«Gracia, misericordia y paz (…) de Dios Padre y de Jesucristo, el Hijo del Padre» (2Jn. 1, 3) [1]; y vienen en bloque. Mientras, en este año de misericordia, también Ud. se prepara para la Navidad, por favor acoja esta ocasión como una invitación a descubrir qué cosas ha descuidado en los últimos tiempos. Hágase ayudar por sus colaboradores, que aprenderán de Ud. solamente si Ud. está dispuesto a aprender algo de ellos. Como yo, tantos otros se encuentran en dificultades por el modo en que Ud., a veces, habla y actúa. Pero esto se puede arreglar, si se hace evidente que Ud. escucha aquello que los demás tienen para decirle.

Desgraciadamente, yo sé que Ud. no tolera bien este tipo de críticas y por este motivo no escribo mi nombre al final de esta carta. Quiero proteger a mis superiores de su ira; sobre todo, a los sacerdotes y obispos con los cuales he trabajado durante muchos años en Roma y de los cuales tanto he aprendido. Pero Ud. puede actuar de modo nos quite a mí y a otros nuestros temores; o, mejor aún, puede volver superfluas cartas como ésta, simplemente aprendiendo algo de los demás.

¡En este espíritu, le auguro un bendito y meditativo tiempo de Adviento!

***

(Eamon Sweeney).- Carta anónima a Jesús, el Sumo Sacerdote, de un sacerdote del Templo de Jerusalén

Estimado Sumo Sacerdote, Jesús de Nazaret: Más allá de cualquier pronóstico sobre nosotros de quienes han pasado toda una vida al servicio de la Ley de Dios en el templo de Jerusalén, Usted se ha convertido en el Sumo Sacerdote. Siento que es mi deber dirigirme a usted con la esperanza de que esta carta le pare en seco, o al menos mitigue el daño que está haciendo a un sistema que nosotros y las generaciones de servidores sólidos de la Ley y el templo han construido y cuya inminente colapso constantemente y en secreto tememos. El año pasado usted nos pidió a todos los sacerdotes y los fariseos del templo hacer un examen de conciencia en cuanto a la forma en que servimos al Señor en nuestro servicio al templo. Usted enumeró varias “enfermedades ” que sufrimos.

Pienso que fue exageradamente duro en sus comentarios y muchos de nosotros nos sentimos heridos tras tantos años en servicio al templo. Realmente pienso que usted no conoce la Ley desde el interior como nosotros la conocimos. Usted da la impresión de conocer la Ley desde el exterior o desde arriba. Sin embargo lo que ha dicho me ha inspirado a escribirle. En la medida que usted ha hecho con nosotros, así voy a hacer con usted. No voy a llamar la atención sobre lo que es bueno o único o lleno de gracia o de inspiración, sino que voy a centrarme en lo que parece a mí y a otros como un problema para el sistema.

1. Su hablar tanto de los pobres y de la misericordia sobra, y muestra poco de la argucia dura de seguir los detalles de la ley, que es la característica y el orgullo de nuestra tradición

Si la Ley no se proclama y no se aplica en toda su hermosa y coherente literalidad, ¿qué se nos queda sino la anarquía? Todos sabemos que maldita es la multitud que no conoce la ley. En vez de romper con todo lo precedente y curar a gente en el día de reposo, diciendo además que el sábado fue hecho para el hombre, Usted como el Sumo Sacerdote debe aprovechar cada ocasión para exaltar la santidad y la inmutabilidad de la Ley y recordar a la multitud lo indigna que es de una Ley tal divinamente dada.

2. Usted actúa con demasiada autoridad

Fíjese en sus predecesores, los sumos sacerdotes, el Santo Caifás y el Venerable Anás, este último felizmente todavía entre nosotros, aunque en retiro. Estos fueron unos sabios que se dejaban guiar por manos más experimentadas y por mentes más profundas. Por lo tanto rara vez dieron un paso en falso porque rara vez dieron ningún paso adelante sin previo asesoramiento y consejo por nuestra parte. Usted es ahora el Sumo Sacerdote, la Autoridad Suprema. Nosotros seríamos leales servidores, siempre y cuando ocupásemos cargos que nos permitiesen actuar con poder proveniente de su autoridad. Ahora tenemos miedo de que este poder que una vez ejercitábamos sobre los demás sea ejercido sobre nosotros mismos. Hubo un tiempo en que la muchedumbre nos respetaba e incluso nos temía. Lo que ahora más tememos es que la muchedumbre no nos tema. Sentimos la inquietud de que esté disminuido nuestro poder para castigar a cualquiera que se atreva a disentir. Queremos que usted actúe menos y que nos deje a nosotros actuar más en su nombre, con su autoridad.

3. Usted apela demasiado a la muchedumbre y le promete novedades.

A la muchedumbre no le gusta el cambio. El gran éxito de la Ley ha sido aparecer como inalterable e inmutable como Dios mismo, quien dio la Ley a Moisés. ¿Realmente, puede usted estar en serio cuando utiliza sin cuidado frases como “Oísteis qué fue dicho a los antiguos:… lo que sea”, y luego agrega “Pero yo os digo que … algo más profundo”? ¿De verdad cree que porque la gente dice, “Nunca ha hablado nadie así como este hombre”, y por el hecho de que la gente se cuelgue de sus palabras porque usted no habla en la manera tradicional, esto es algo bueno? Todo esto crea impresiones muy perjudiciales.

Usted debe saber que cualquier cambio que tiene que darse debe darse sin que la multitud se de cuenta de que el cambio está en marcha. Para la gestión del cambio estamos nosotros los experimentados, y usted debe dejarse en nuestras manos.

4. Su estilo es una crítica de cómo sus predecesores benditos han vivido, hablado y actuado

Dejando a un lado alguna comparación con Santo Caifás y el Venerable Anás, basta ver cómo su estilo de vida contrasta con el de Juan el Bautista. Ayunaba o tomaba miel silvestre; vivía en el desierto. Usted, por otra parte, ya come y bebe y además lo hace en compañía de pecadores. Ese no es el estilo de vida que hemos llegado a esperar de un Sumo Sacerdote. Queremos un Sumo Sacerdote que reprima a los pecadores, y no un Sumo Sacerdote que les haga sentir que se compadece con ellos en sus flaquezas. Además ¿qué pasa con la humildad? ¿Qué tiene de humilde este hablar del ‘Hijo del Hombre ‘y de ‘ ser enviado por el Padre ‘?

Si sigue usted en esta línea mostrará claros signos de querer inventar un nuevo tipo de sacerdocio, un “culto en el espíritu y en la verdad”, ha dicho. ¿Quién jamás ha oído de tal extrafalaridad? ¡Denos, por favor, un respiro! Usted debe dejar de hacer las cosas de manera diferente a la de sus predecesores en el sumo sacerdocio. De lo contrario, diremos adiós a la Ley y al templo. Queremos que usted sea humilde, que se refrene y que deje que nosotros actuemos con firmeza y tal vez no tan humildemente, en su nombre.

5. La exageración del Buen Pastor

Pensar que está conduciendo a la gente a buenos pastos es engañarles a ellos y engañarse usted mismo. Importa poco si las ovejas sufren hambre o llegan hasta el agotamiento entre espinas y zarzas o se pierden en las laderas, siempre que la Ley permanezca como el testimonio supremo del amor de Dios hacia ellos. Ellos nunca entenderán cuánto Dios los ama dándoles la Ley y el Templo. Su ignorancia es tanto su tragedia, cuanto es nuestra bendición conocer y proclamar la Ley. Sumo Sacerdote, lo que cuenta es el conocimiento de la Ley y no la simpatía por las ovejas. La Ley nos ha dado la llave del conocimiento y esa clave la usamos para mantener todo bien cerrado.

6. Simplicidad exagerada en su forma de vida

Es escandaloso el hecho de que usted no se aloja en las habitaciones del sumo sacerdote dentro del templo, porque ha dicho que se aislaría del contacto con personas auténticas y se haría dependiente de nosotros. ¿Por qué tiene que ser tan independiente? Nuestro poder como sacerdotes del templo se apoya sobre su dependencia de nosotros. Para decir la verdad, lo que más molesta acerca de su estilo de vida sencilla es que pone al descubierto a los demás y esto llega ya a ser algo insoportable. Imagínese montarse sobre un asno cuando la tradición del Sumo Sacerdote siempre ha sido la de montarse sobre un caballo grande y fino.

Cuando vaya por doquier sentado sobre su pequeño burro, ¿dónde nos deja a nosotros los que ambicionamos montar caballos portentosos? ¡Así no es como las cosas deben ser! Además, ¿ha pensado usted en el efecto devastador que ha tenido sobre los trabajadores del templo y la baja que ha causado en su ilusión? Antes solía ser un orgullo palear el estiércol de caballo del establo del sumo sacerdote. Ahora estos hombres, muchos conocidos míos, están casi echando lágrimas al tener que palear estiércol de burro.

7. Su punto de vista particular es rústico

Francamente, queremos que la ley sea exaltada como divina, inmutable y universal, y bajo nuestro control queda dicho. Por otra parte, usted está llevando a su hacer y actuar demasiado de su experiencia personal (como carpintero) y de su fondo regional. Admítalo, usted viene de Nazaret, y todos sabemos acerca de Nazaret… ¿Cómo puede uno que nunca ha vivido y trabajado en la Ciudad aportar algo que no sea un punto de vista rústico y estrecho?

8. La enfermedad de la espontaneidad

Cualquiera podría inferir que cree usted que el Espíritu Santo es una fuerza viva y activa, que podría estar trabajando y hablando a través de usted. ¿En serio imagina que cuando el Sumo Sacerdote habla desde el corazón diciendo que el Espíritu le guía es cierto? Todos sabemos lo arriesgado que es este enfoque.

Nosotros, por otro lado, sabemos que la profundidad del Espíritu reside en los enunciados que se ajustan a la ley. Esta conformidad requiere siempre la investigación de fondo que hemos hecho siempre en el templo, cuadrar cada propuesta que declara el Sumo Sacerdote con la Ley y sus múltiples interpretaciones. Usted haría bien en confinarse a seguir los consejos de aquellos que tienen experiencia en influir a la muchedumbre, y limitarse a unos actos reducidos de ‘espontaneidad’: bien planificados y preparados de antemano. Usted está causando un estrés grave para otras figuras notables en el templo que ahora se sienten presionados para emitir sus propios actos de ‘espontaneidad’.

9. Desconfía de la relación entre los poderes civiles y religiosos

“Dad al César lo que es del César”. Esa fue una de sus expresiones espontáneas menos afortunadas, una que ha causado furor y gran malestar en muchos de nosotros. Todos sabemos que la ley es la base de nuestra sociedad. Queremos gobernar la multitud a través de la Ley sin referencia a ninguna autoridad fuera de la Ley. Pretendemos una sociedad teocrática, aunque de hecho los Romanos llevan el control de la vida diaria más del que nos gustaría admitir. Toleramos a los romanos y ponemos la mejor cara que podemos, pero no queremos que los romanos administren más de lo imprescindible. Ya controlan demasiado el movimiento del dinero y están haciendo a la muchedumbre dependiente de ellos. Queremos nosotros que la multitud dependa principalmente de nosotros.

Promovemos esa línea de fondo cuando decimos que las personas deben cuidar de sus propias vidas. Nos gustaría que el papel de César llegue a ser tan nominal como sea posible, o al menos que se limite a proveer las cosas que tienen poco interés para nosotros come las carreteras, el agua y las alcantarillas. Es deber vuestro tratar de potenciar el gobierno de Dios, sobre el cual tenemos el control oficial y oficioso.

10. Los sacerdotes del templo se sienten sin apoyo

Sumo Sacerdote, no sabemos si nosotros, los sacerdotes del templo, y otros guardianes estrictos de la Ley tenemos su apoyo. Tal vez usted demuestra demasiado interés por sus ‘Apóstoles’, los hombres con quienes comparte su, si me perdona la expresión, visión sospechosa. Nos irrita pensar que podemos no tener posibilidades de ascenso en el nuevo régimen a menos que nos encajemos con su visión. Aunque por el momento algunos de ‘los nuestros’, aparentemente han pasado a su lado, no tengo ninguna duda de que su formación y ambiente les ayudará a transcurrir estos tiempos difíciles hasta que las aguas vuelvan a su cauce. Sumo Sacerdote, su oficio es el de preservar la continuidad de la Ley y de nuestras tradiciones. Si tan sólo deja que le enseñemos cómo gobernar el templo, podrá aprender mucho de nosotros, como, sin duda, nosotros como clase hemos aprendido mucho de sus predecesores.

Francamente no nos gusta su forma de hablar y de actuar. Pero que le hable así, sin rodeos, no debe tomárselo como una deslealtad hacia usted. Nosotros creemos que somos leales a algo más alto, que trasciende cualquier Sumo Sacerdote individual.

Ya sé que usted puede ser un hombre enojado, Sumo Sacerdote. Usted ha condenado firmemente y ha herido a muchos fariseos merecedores y sacerdotes que sirven el templo y la ley. Incluso ha asumido un látigo y ha echado fuera a los cambistas del templo. Mucho me temo que su ira me tocaría a mí también, cuando lo único que quiero es seguir haciendo lo que siempre he hecho.

En resumen, por favor, deje de ser lo que es y comience a ser más como uno de nosotros. No me atrevo a escribir mi nombre o dónde trabajo en el esquema de las cosas, por si acaso su ira caiga sobre uno de mis superiores. Sólo me registro a mí mismo como Escrutopo.

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