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Archivo para Domingo, 16 de agosto de 2015

Así mi cuerpo os doy como alimento…

Domingo, 16 de agosto de 2015

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“Corpus Christi”

Todo fue así: tu voz, tu dulce aliento
sobre un trozo de pan que bendijiste
que en humildad partiste y repartiste
haciendo despedida y testamento.

“Así mi cuerpo os doy como alimento…”
¡Qué prodigio de amor! Porque quisiste,
diste tu carne al pan y te nos diste,
Dios, en el trigo para el sacramento.

Y te quedaste aquí, patena viva;
virgen alondra que le nace al alba
de vuelo siempre y sin cesar cautiva.

Hostia de nieve, nube, nardo, fuente;
gota de luna que ilumina y salva.
Y todo ocurrió así, sencillamente.

***

Sencillamente, como el ave cuando
inaugura, de un vuelo, la mañana;
sencillamente, como la fontana
canta en la roca, agua de luz manando:

sencillamente, como cuando ando,
como cuando Tú andabas la besana,
cuando calmabas sed samaritana
cuando te nos morías perdonando.

Sencillamente. Hora de paz. ¡Qué leves
tus manos para el pan, para el amigo!
Cena de doce y Dios. Noche de Jueves.

Y era en Jerusalén la primavera.
Y era blanco milagro ya aquel trigo.
Sencillamente: “Éste es mi cuerpo“. Y era.

***

Que viene por la calle Dios, que viene
como de espuma o pluma o nieve ilesa;
tan azucenamente pisa y pesa
que sólo un soplo de aire le sostiene.

Otro milagro, ¿ves? Él, que no tiene
ni tamaño ni limites, no cesa
nunca de recrearnos la sorpresa
y ahora en un aro de aire se contiene.

Se le rinde el romero y se arrodilla;
se le dobla la palma onduleante;
las torres en tropel, campaneando.

Dobla también y rinde tu rodilla,
hombre, que viene Cristo caminante
-poco de pan, copo de pan- pasando.

*

“Corpus Christi”, de Antonio Murciano (España, 1929) y Carlos Murciano (España, 1931)

***

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En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

“Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

Disputaban los judíos entre sí:

– “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre.”

*

Juan 6, 51-58

***

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“Lo decisivo es tener hambre”. 20 Tiempo Ordinario – B (Juan 6,51-58)

Domingo, 16 de agosto de 2015

20-852856El evangelista Juan utiliza un lenguaje muy fuerte para insistir en la necesidad de alimentar la comunión con Jesucristo. Solo así experimentaremos en nosotros su propia vida. Según él, es necesario comer a Jesús: «El que me come, vivirá por mí».

El lenguaje adquiere un carácter todavía más agresivo cuando dice que hay que comer la carne de Jesús y beber su sangre. El texto es rotundo. «Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él».

Este lenguaje ya no produce impacto alguno entre los cristianos. Habituados a escucharlo desde niños, tendemos a pensar en lo que venimos haciendo desde la primera comunión. Todos conocemos la doctrina aprendida en el catecismo: en el momento de comulgar, Cristo se hace presente en nosotros por la gracia del sacramento de la eucaristía.

Por desgracia, todo puede quedar más de una vez en doctrina pensada y aceptada piadosamente. Pero, con frecuencia, nos falta la experiencia de incorporar a Cristo a nuestra vida concreta. No sabemos cómo abrirnos a él para que nutra con su Espíritu nuestra vida y la vaya haciendo más humana y más evangélica.

Comer a Cristo es mucho más que adelantarnos distraídamente a cumplir el rito sacramental de recibir el pan consagrado. Comulgar con Cristo exige un acto de fe y apertura de especial intensidad, que se puede vivir sobre todo en el momento de la comunión sacramental, pero también en otras experiencias de contacto vital con Jesús.

Lo decisivo es tener hambre de Jesús. Buscar desde lo más profundo encontrarnos con él. Abrirnos a su verdad para que nos marque con su Espíritu y potencie lo mejor que hay en nosotros. Dejarle que ilumine y transforme zonas de nuestra vida que están todavía sin evangelizar.

Entonces, alimentarnos de Jesús es volver a lo más genuino, lo más simple y más auténtico de su Evangelio; interiorizar sus actitudes más básicas y esenciales; encender en nosotros el instinto de vivir como él; despertar nuestra conciencia de discípulos y seguidores para hacer de él el centro de nuestra vida. Sin cristianos que se alimenten de Jesús, la Iglesia languidece sin remedio.

José Antonio Pagola

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“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Domingo 16 de agosto de 2015. Domingo 20º ordinario

Domingo, 16 de agosto de 2015

46-ordinarioB20 cerezoDe Koinonia:

Proverbios 9,1-6: Comed de mi pan y bebed el vino que he mezclado:
Salmo responsorial: 33: Gustad y ved qué bueno es el Señor.
Efesios 5,15-20: Daos cuenta de lo que el Señor quiere.
Juan 6,51-58: Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

Esta primera lectura de hoy es como un anuncio de lo que Jesús, sabiduría del Padre, va a decir en el evangelio que leemos en este domingo. Jesús, Sabiduría encarnada, ha preparado para nosotros su banquete, ha mezclado el vino, y ha puesto la mesa eucarística, y despacha a sus evangelizadores a todos los sitios a invitar a las gentes a su Eucaristía. Y nos sigue diciendo a todos nosotros: «vengan a comer mi pan». El pan y el vino que la sabiduría ofrece, son el pan y el vino que nos ofrece Jesucristo, Sabiduría eterna, son su Cuerpo y su Sangre. En estos pocos renglones es fácil descubrir la figura de Cristo. La Sabiduría es figura y representación del Hijo de Dios. En el evangelio de San Mateo (22,4) se leen unas palabras de Jesús muy parecidas a estas: «»vengan, que mi banquete está preparado». Este banquete es para todos, para sabios e ignorantes, para prudentes e imprudentes. Es lo que dirá San Bernardo: «si eres imprudente, acércate al que es Fuente de toda Sabiduría, y El te dará la prudencia que necesitas». Para algunos parece que la vida no nos hubiera enseñado nada. Como que no somos capaces de sacar lecciones de nuestras amargas experiencias. No saber sacar lecciones provechosas de las experiencias de la vida es la «inexperiencia». La lectura de hoy nos invita a dejar la inexperiencia y a adquirir la «prudencia», que es la virtud por medio de la cual cuando tenemos que escoger entre dos cosas, escogemos la que mejor nos aproveche para nuestra vida. Los entendidos dicen que por inexperiencia se entiende aquí el no saber gobernar y dirigir la propia vida.

En la segunda lectura de hoy encontraremos una frase muy parecida a esta que acabamos de comentar en el libro de los Proverbios, cuando la carta a los Efesios nos invita a no ser insensatos, sino sensatos. Este texto distingue tres exhortaciones. La primera se concreta en una doble llamada a aguzar la inteligencia para orientar la propia vida como corresponde al momento especial que se está viviendo y que, por el hecho mismo de poder vivirlo es de suyo el mejor. Lo que debe preocupar al cristiano es en realidad saber en cada momento, y en medio de la maldad dominante, qué es lo que Dios quiere realmente de él. La segunda exhortación es concreta: no emborracharse. Refleja las llamadas de los sabios a tener cuidado con el vino, pero también puede ser que se piense en los cultos paganos a Dionisios, donde el vino era el medio para unirse más estrechamente a la divinidad. Por último, la exhortación es a la alabanza, que el creyente debe dirigir siempre a Dios Padre en nombre del Hijo y a impulsos del Espíritu, y con sentimientos de gratitud por todos sus dones.

Juan desarrolla el tema de la «incomprensión» para adentrarnos de forma didáctica en el conflicto entre los practicantes de la religión judía y los cristianos. La eucaristía desató sospechas entre israelitas, romanos y griegos. No podían entender como una comunidad de creyentes podían celebrar con gozo y entusiasmo la muerte de su Señor y Maestro. Sin embargo, lo que en realidad no entendían era el misterio pascual. Jesús había resucitado, superando el cerco de una muerte violenta e injusta, y ahora vivía en medio de sus seguidores. Él se había convertido en principio de vida para aquellos que yacían inermes bajo la opresión de una religión agobiada por un sinnúmero de preceptos o por una religión que adoraba al déspota de turno. La presencia de Jesús liberaba a sus seguidores del caos informe de religiones mistéricas que abundaban en el mundo antiguo y de las rígidas disposiciones de una religión étnica.

Jesús era el pan vivo, bajado del cielo, para alimentar a una muchedumbre que añoraba una vida de paz y plenitud. Para ellos la verdad no residía en un sistema abstracto de proposiciones o en la adecuación lógica de la ideología a la realidad. Para ellos la verdad era una praxis de vida que transformaba al ser humano y lo habilitaba para vivir en comunión con sus congéneres y con el universo.

Hace unos meses, José Antonio Pagola, reconocido especialista en cristología, se publicaba estas reflexiones en torno a la eucaristía:

Los estudios sociológicos lo destacan con datos contundentes: los cristianos de nuestras iglesias occidentales están abandonando la misa dominical. La celebración, tal como ha quedado configurada a lo largo de los siglos, ya no es capaz de nutrir su fe ni de vincularlos a la comunidad de Jesús.

Lo sorprendente es que estamos dejando que la misa «se pierda» sin que este hecho apenas provoque reacción alguna entre nosotros. ¿No es la eucaristía el centro de la vida cristiana? ¿Cómo podemos permanecer pasivos, sin capacidad de tomar iniciativa alguna? ¿Por qué la jerarquía permanece tan callada e inmóvil? ¿Por qué los creyentes no manifestamos nuestra preocupación con más fuerza y dolor?

La desafección por la misa está creciendo incluso entre quienes participan en ella de manera responsable e incondicional. Es la fidelidad ejemplar de estas minorías la que está sosteniendo a las comunidades, pero ¿podrá la misa seguir viva solo a base de medidas protectoras que aseguren el cumplimiento del rito actual?

Las preguntas son inevitables: ¿No necesita la Iglesia en su centro una experiencia más viva y encarnada de la cena del Señor que la que ofrece la liturgia actual? ¿Estamos tan seguros de estar haciendo hoy bien lo que Jesús quiso que hiciéramos en memoria suya?

Reflexiones para hacer nos pensar a todos, principalmente a los responsables de la inmovilidad de la liturgia de la Iglesia. Leer más…

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Dom 16. 8. 15. Carne somos, de carne vivimos: Un escalón en la vida de Dios

Domingo, 16 de agosto de 2015

10547169_672471736219787_269985049_nDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 20, tiempo ordinario. Juan 6, 51-58. En el estadio actual de evolución somos inviables, no podemos resolver nuestros problemas económicos y ecológico, sociales y espirituales (culturales): o ascendemos a un nivel distinto de humanidad o terminamos matándonos y muriendo todos.

Éste es un diagnóstico cada vez más extendido, éste el problema, hic Rhodus, hic salta (¡aquí esta Rodas, aquí es preciso dar el salto!), como decía Esopo y repitieron muchos pensadores del siglo XIX. Pues bien, en este nivel nos sitúa hoy el Evangelio de Juan, culminando el gran sermón de los domingos anteriores.

‒ Juan nos lleva al límite infranqueable de una “gnosis” en la que sólo importa la vida interior de cada creyente, una experiencia de identificación con lo Absoluto, un Jesús espiritual como símbolo de vida, con un grupo de amigos también espirituales, formando una comunidad de liberados vivos en la tierra. Pues bien, en ese límite, sin más salida, la vida humana muere sin remedio.

‒ Pues bien, ese mismo paso al límite infinito (in-humano) le ha obligado a formular, por contraste, la exigencia suprema de comunión inter-personal, como experiencia del Dios de Cristo, en línea de comunicación nueva y más alta, en la frontera donde se unen lo material y lo espiritual, allí donde un hombre (varón o mujer) es carne y sangre de otros hombres, en gesto y tarea, en éxtasis y gozo de nueva comunión
ESCRITO 28
‒ Necesario es el pan de trigo que los hombres han de compartir, necesaria la justicia para que ellos vivan sin matarse. Necesaria, por tanto, es también la eucaristía de pan y vino, por la que ellos reciben, regalan y comparten los bienes materiales (y en especial la comida) como signo del Dios que es Comunión en Cristo.

‒ Pero más necesario es el pan de la carne humana, la misma vida que se da y recibe de un modo gratuito. El hombre es el único viviente conocido que puede regalar su vida, viviendo de esa forma en unidad de amor con otros, el único que puede dar su sangre, siendo así sangre de los otros.

‒ Por eso dice Jesús “el que bebe mi sangre tiene vida eterna”, el que la bebe y comunica, sabiendo así que somos cada uno por sí y todos unidos la savia de Dios, como ha vuelto a desarrollar el mismo Juan en el capítulo diez de su evangelio.

Comer la carne de Cristo y beber su sangre significa convertir la propia vida en alimento para los demás. Aquí, en esta más alta montaña de la Vida humana, escalada por Jesús por todos (para todos) recibe su sentido y tendrá futuro la existencia humana, superando la violencia de muerte que actualmente nos domina.

Buen domingo a todos, domingo de comunión mesiánica, de vida compartida. Frente a un “capital” que nos divide (unos comen y destruyen a los otros), Jesús ofrece el ideal de una vida que une, en amor y entrega mutua.

Texto: Juan 6,51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.” Disputaban los judíos entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Entonces Jesús les dijo: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre, no tenéis vida en vosotros.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que como este pan vivirá para siempre.

Un contrapunto, Antiguo y Nuevo Testamento

Al antiguo testamento le resulta escandaloso todo intento de buscar una comunión con Dios, pues él es trascendente y nadie puede introducirse en su misterio. Dios es lejanía de poder, grandeza y fuerza, de manera que ningún viviente puede acompañarle en su existencia. Sin embargo, dicho eso, tras haber negado toda posibilidad de unidad de naturaleza con Dios, Israel ofrece los cimientos para una nueva experiencia de comunión con Dios en términos de alianza.

En ese contexto nos introduce Jesús, pues como dice Heb 2, 14, el mismo Dios ha decidido «comulgar» con los hombres, entrando en de tal forma en nuestra historia que participa de la carne y de la sangre de los hombres (cf. también 2 Ped 1, 4: estamos en comunión con la naturaleza divina).

No se trata de restablecer sin más el mito antiguo del parentesco del hombre con Dios, en la línea de los dioses, semidioses, héroes y santones de casi todos los pueblos, sino de aceptar la gracia del Dios que ha querido comulgar con nuestra carne y nuestra sangre, hacerse mundo en nuestro mundo, historia en nuestra historia.

Sólo porque nos fundamos esta primera koinonia (comunión) incarnatoria, sólo porque Dios asume en Cristo, Logos-hijo, nuestras «especies humanas» (carne y sangre), de una vez y para siempre, nosotros − simples hombres – tenemos un acceso en comunión a lo divino, podremos comulgar con Dios por medio de la carne y de la sangre de Jesús, que es nuestro Cristo, comulgando así los unos en y con los otros.

Ésta es la experiencia de fondo de1 Jn 4,10: En esto consiste el misterio, no en que nosotros hayamos conseguido sin más la comunión con lo divino sino en que Dios, el santo, haya querido comulgar con nuestra historia, haciéndose así Vida compartida entre los hombres. Fundado en esta experiencia, Pablo puede definir a los cristianos como aquellos que «han sido convocados a vivir en koinonia con Jesucristo, Hijo de Dios» (1 Cor 1, 9). Éste es el sentido de fondo del sermón del pan de vida de Jn 6 que hoy comentamos.

Comulgar unos de (con) otros

Comulgar significa participar en Cristo: aceptar su palabra, seguir su camino, revestirse de su muerte, incorporarse a su resurrección, transformarse con su gloria, de manera que podemos ser así (por él) los unos en los otros:

— Convivimos y con-sufrimos con él;
— somos con-crucificados, con-sepultados, co-resucitados, con-glorificados;
— con él coheredamos y co-reinamos
(cf. Rom 6, 4-8; 8, 17; 2 Cor 7, 3; Gál 2, 19; Col 2, 12-13; Ef 2, 5-6; 2, 2).

Toda nuestra existencia de creyentes se interpreta a manera de comunión de vida y muerte, de camino y esperanza con el Cristo. Por eso, la comunión «en lo santo» significa «participación en la santidad de Dios», a través de Jesucristo. Leer más…

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Carlos Osoro: “No hay discípulos de primera, de segunda o de tercera” y aboga por no juzgar a homosexuales, divorciados o transexuales

Domingo, 16 de agosto de 2015

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El arzobispo de Madrid aboga por no juzgar a homosexuales, divorciados o transexuales “Un cristiano no puede mirar a nadie por las ideas que tenga o por lo que haya hecho”

El arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Carlos Osoro, ha abogado este jueves por no juzgar y no condenar a divorciados que se vuelven a casar, a los homosexuales ni a los transexuales porque “Dios ha querido que el ser humano sea imagen y semejanza” suya.

Así ha contestado preguntado por las palabras del Papa Francisco, que la semana pasada dijo que los divorciados que se han vuelto a casar no están excomulgados y no deben ser tratados como tales, y por las del obispo de Bilbao, Mario Iceta, quien ha calificado de “reto pastoral de primera magnitud” acompañar a los homosexuales en la Iglesia, así como por Álex Salinas, un transexual al que finalmente se le permite ser padrino en el bautizo de un sobrino suyo en San Fernando (Cádiz).

En declaraciones a los medios antes de intervenir en el ciclo ‘Conocimiento y Valores’, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), Osoro ha reivindicado que la Iglesia “da siempre y da el amor del Señor”, lo que significa que “se sitúa al lado de todos los heridos y de todas las situaciones en las que estén los hombres, sean las que fueren“, incluidos divorciados, homosexuales y transexuales.

De esta forma, ha asegurado que lo que el Pontífice quiere, en el Año de la Misericordia, es que “el ser humano viva y pase por cuatro estaciones que necesariamente hay que pasar: no juzgar, perdonarse, no condenar y dar. En este sentido, ha defendido que lo que da la Iglesia es “lo máximo que se da, el gran y amor y cariño” que, según ha añadido, es lo que cada persona recibe de sus padres.

Asimismo, ha recordado las palabras de Jesucristo, quiencuando vino a este mundo, dijo ‘He venido a salvar a los hombres, no a condenarlos‘”. “Porque en definitiva, lo que tiene que hacer (la Iglesia) es lo mismo que él (Jesucristo): ‘He venido a salvaros'”, ha proclamado Osoro, quien ha asegurado que el “problema real” no es permitir que los divorciados vuelvan a comulgar -aspecto que se está debatiendo de cara al Sínodo de Obispos del próximo mes de octubre-, sino que “estemos al lado de todos los seres humanos, estén en la situación que estén”.

De esta forma, ha dado más importancia a que “todos los que son creyentes y por diversas circunstancias tuvieron que tomar una decisión en la vida, que sepan que son miembros de la Iglesia y que la Iglesia también les necesita.

“Eso es lo que ha dicho el Papa y lo que seguirá diciendo la Iglesia a través de todos los tiempos. Son discípulos de Cristo. No hay de primera, de segunda y de tercera, somos discípulos de Cristo todos aquellos que hemos sido bautizados y tenemos la vida del Señor en nuestra vida”, ha manifestado. Así, ha dicho que él ve a todos los seres humanos “como imágenes de Dios que son”.

“Esto es lo más sencillo y lo más maravilloso de un cristiano y es que no puede mirar a nadie por las ideas que tenga o por lo que haya hecho. Les tiene que mirar como les mira Dios, ha incidido Osoro. En este sentido, ha subrayado que Dios “ha querido que el ser humano sea imagen y semejanza” suya, al tiempo que ha señalado que él mismo no ve a las demás personas “como un enemigo”, sino alguien “ante el cual me tengo que arrodillar, nada más, porque sé que eres imagen de Dios”. “Y ojalá lo supiera hacer con todos. Yo ya sé que tengo mis deficiencias y no lo sé hacer con todos”, ha concluido.

(RD/Ep)

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La difícil unidad de la Iglesia

Domingo, 16 de agosto de 2015

el-papa-francisco-ante-el-sinodoFrancisco no imaginaba las rivalidades que suscitaría la “Iglesia de la misericordia”

“La negación de la comunión sacramental a estas personas es un portazo pastoral a los fieles”

(Marco Antonio Velásquez, en Reflexión y Liberación).- El anhelo pastoral del papa Francisco de integrar a la mesa Eucarística, a las personas separadas y divorciadas vueltas a casar, se ha convertido en fuente de división en la Iglesia. En efecto, cuando Francisco asume la sede de Pedro no imaginaba las rivalidades que despertaría una cuestión que pastoralmente muchos obispos han resuelto de manera práctica, caso a caso, siguiendo los consejos del buen pastor, compasivo y misericordioso. Seguro que el mismo cardenal Bergoglio, como pastor de la Iglesia de Buenos Aires, lo enfrentó muchas veces.

Con la potestad del pastor de la Iglesia universal, Francisco decide enfrentar esto como un problema pastoral, que doctrinariamente parece resuelto, pero que en la práctica todos los obispos enfrentan en su fuero interno. Se trata de un tema que no sólo afecta a los obispos, sino también a los sacerdotes, quienes reciben requerimientos concretos de personas para facultarlos a recibir la comunión sacramental, ya sea en ocasiones específicas o de manera regular. Es una cuestión que afecta profundamente al corazón de los pastores que conocen cercanamente a sus fieles, porque saben que la negación doctrinaria tajante de la comunión, en estos casos, resulta en una falta de caridad evidente. La experiencia dice que cuando los obispos atraviesan el umbral de la amistad y de la fraternidad humana con sus fieles, optan por conceder, a veces privadamente, la autorización para comulgar.

En el presente, la negación de la comunión sacramental a estas personas es percibida como un verdadero portazo pastoral a los fieles, que concurren necesitados a requerir la compasión misericordiosa de su Iglesia. Los pastores cercanos saben que esas personas han acumulado una avidez de comunión, como muchísimas veces no encuentran entre quienes acuden regularmente a recibir el sacramento.

Éste parece ser el contexto en que Francisco ha querido enfrentar esto, poniéndolo en el corazón de la Iglesia y de los pastores; tema que ha llegado a ser el eje central del Sínodo de los obispos dedicado a la familia, cuya Asamblea Ordinaria se hará efectiva en octubre de 2015.

La Asamblea Extraordinaria del Sínodo, celebrada en octubre de 2014, dio indicios del ánimo pastoral para abordar el tema. La Relatio Synodi ha dejado huellas de la ausencia de un clima pastoral adecuado para respaldar al papa en la idea de integrar a la mesa Eucarística a personas separadas y divorciadas vueltas a casar, aun estableciendo un itinerario penitencial. Lamentablemente, dicha asamblea fue también la señal de partida de una campaña organizada para afianzar posiciones doctrinales tendientes a contrarrestar el imperativo de la misericordia, evitando socavar la disciplina sacramental respecto de la Eucaristía.

Luego de ocho meses de concluida la Asamblea Extraordinaria hay hechos reveladores. Los antagonismos liderados por los cardenales Kasper y Müller dan cuenta de una pudorosa rivalidad que, lejos de atenuarse, se ha agudizado, aunque con algo más de recato.

Los doctrinaristas han conseguido aglutinar consensos a través de la amplia geografía de la Iglesia, comprometiendo el apoyo de los obispos de África. La Iglesia latinoamericana, pese a ser la cuna pastoral del cardenal Bergoglio, no ha conseguido cerrar filas para respaldar el espíritu reformista del papa del tercer mundo. Por su parte, la Iglesia norteamericana, reservorio de tradiciones, no da cabida a mociones aperturistas, al igual que la Iglesia italiana y española. Luego, las principales lealtades provienen del resto de Europa, donde las iglesias de Alemania, de Francia y de Austria lideran una persistente corriente de apoyo. De manera similar y más silenciosa, la Iglesia asiática estrecha lealtades, tanto que el mismo papa acaba de sugerir en privado queel futuro de la Iglesia está en Asia” (relato del cardenal filipino, Luis Antonio Tagle).

En este contexto, la existencia de una “Filial Súplica a su Santidad el Papa Francisco”, firmada hasta ahora por 460 mil adherentes de todo el mundo, es un hecho inédito y coercitivo de su autoridad papal. La iniciativa, promovida con motivaciones del cardenal norteamericano Raymond Leo Burke, busca presionar al papa para que reafirme la doctrina tradicional de la familia.

Se configura así un verdadero ambiente cismático en torno a la posibilidad de implementar reformas pastorales, que puedan conducir a habilitar canales de acogida sacramental a personas que, con su drama vital, interpelan a la conciencia cristiana de la Iglesia.

Al revisar la nómina de los asistentes a la Asamblea Sinodal de octubre próximo, todo indica que el papa no contará con el respaldo de los padres sinodales (más de dos tercios de los votos) para aggionar a la Iglesia en este ámbito. Recordando que en la Iglesia sólo los concilios y la autoridad del papa tienen facultad resolutiva para emprender reformas de esta naturaleza, todo indica que los padres sinodales darán, en este terreno, una dolorosa señal de soledad al papa de la misericordia.

A buena hora, después de la Asamblea Sinodal la Iglesia entera ha sido llamada a vivir el Año de la Misericordia, un tiempo que se espera permita sanar heridas eclesiales y dar testimonio de misericordia a quienes esperan mucho de su Iglesia. Sólo así el pueblo de Dios estará acogiendo aquel mandato de Jesucristo: “Pero vayan, y aprendan lo que significa: ‘Misericordia quiero, que no sacrificio’; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores.” Mt 9,13.

Marco Antonio Velásquez Uribe

Consejo Editorial Revista Reflexión y Liberación

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Medio millón de católicos piden al Papa que no dé la comunión a divorciados vueltos a casar y proclaman que “Las uniones homosexuales son contrarias a la ley divina y a la ley natural”

Domingo, 16 de agosto de 2015

filial_560x280Una impresentable campaña del lobby fundamentalista

“Filial Súplica a su Santidad para el futuro de la familia”, guiada por Burke

Cerca de medio millón de personas firmaron una petición en contra de que el papa Francisco autorice la comunión a los divorciados que se vuelven a casar y de condena a la unión entre homosexuales, informaron este jueves los organizadores de la iniciativa.

Según la página internet www.filialsuplica.org, más de 462.700 personas en todo el mundo habían firmado hasta este jueves la petición. Llamada “Filial Súplica a su Santidad para el futuro de la familia”, los firmantes piden con ese mensaje al “papa Francisco que reafirme categóricamente la enseñanza de la Iglesia de que los católicos divorciados y vueltos a casar civilmente no pueden recibir la Sagrada Comunión y que las uniones homosexuales son contrarias a la ley divina y a la ley natural”.

La iniciativa fue lanzada por varias organizaciones católicas conservadoras, conocidas por sus campañas en contra del aborto y que cuentan con el apoyo de numerosos dirigentes de la Iglesia católica.

Entre los firmantes figuran varios obispos y cardenales, entre ellos el estadounidense Raymond Burke, cuya influencia en la Curia Romana ha disminuido tras la elección en 2013 del papa argentino.

El pontífice convocó para octubre un sínodo o asamblea de obispos de todo el mundo para debatir varios temas que se anuncian complicados, si bien el documento de trabajo divulgado en junio resulta una mediación entre posiciones progresistas y conservadoras.

La cuestión de los católicos que se casan en segundas nupcias divide a la Iglesia, al igual que el lugar de los homosexuales en su seno o las uniones civiles. El tema es especialmente espinoso en los países en desarrollo, opuestos a cualquier cambio y enfrentados a una línea más moderna, que aspira a conseguir una cierta apertura.

El asunto suscitó fuerte debate durante el sínodo sobre la familia de octubre pasado y deberá ser central durante el segundo sínodo, que tiene que elaborar recomendaciones para el papa. La semana pasada Francisco pidió que no se trate como excomulgados a los divorciados que se vuelven a casar.

“Los divorciados que se vuelven a casar forman parte siempre de la Iglesia”, afirmó el papa quien recordó que esas personas “no están excomulgadas, como algunos piensan: ellas forman parte siempre de la Iglesia“, insistió Francisco.

Para la Iglesia, no se puede disolver un matrimonio religioso, y el derecho canónico, que considera a las personas que se casan por segunda vez como infieles a su primer cónyuge, las excluye de los sacramentos, incluida la comunión.

La excomunión es, sin embargo, una sanción más dura, ya que también implica la exclusión de la comunidad.

 Ésta es la carta:

Beatísimo Padre:

En vista del Sínodo sobre la familia de octubre de 2015, nos dirigimos filialmente a V.S. para manifestarle nuestras aprensiones y esperanzas sobre el futuro de la familia.

Nuestras aprensiones se deben a que, desde hace décadas, asistimos a una revolución sexual promovida por una alianza de poderosas organizaciones, fuerzas políticas y medios de comunicación, que atenta paso a paso contra la existencia misma de la familia como célula básica de la sociedad. Desde la llamada Revolución del 68 padecemos una imposición gradual y sistemática de costumbres morales contrarias a la ley natural y divina, tan implacable que hace hoy posible, por ejemplo, que se enseñe en muchos lugares la aberrante “ideología del género” aún en la tierna infancia.

Ante ese oscuro designio ideológico, la enseñanza católica sobre el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios es como una antorcha encendida que atrae numerosas personas – agobiadas por la propaganda hedonista – al modelo casto y fecundo de familia predicado por el Evangelio y conforme al orden natural.

Santidad, a raíz de las informaciones difundidas por ocasión del pasado Sínodo, constatamos con dolor que, para millones de fieles, la luz de esa antorcha pareció vacilar por causa de los vientos malsanos de estilos de vida propagados por lobbies anticristianos. En efecto, constatamos una generalizada desorientación causada por la eventualidad de que en el seno de la Iglesia se haya abierto una brecha que permita la aceptación del adulterio – mediante la admisión a la Eucaristía de parejas divorciadas vueltas a casar civilmente – e, incluso, una virtual aceptación de las propias uniones homosexuales, prácticas éstas categóricamente condenadas como contrarias a la ley divina y natural.

De esta desorientación brota paradójicamente nuestra esperanza.

Sí, pues en esta situación una esclarecedora palabra vuestra será la única vía para superar la creciente confusión entre los fieles. Ella impediría que se relativice la misma enseñanza de Jesucristo y disiparía las tinieblas que se proyectan sobre el futuro de nuestros hijos, si esa antorcha dejase de iluminarles el camino.

Esta palabra, Santo Padre, os la imploramos con corazón devoto por todo lo que sois y representáis, seguros que ella jamás podrá disociar la práctica pastoral de la enseñanza legada por Jesucristo y sus vicarios, porque esto sólo aumentaría la confusión. Jesús nos ha enseñado, en efecto, con toda claridad la coherencia que debe existir entre la verdad y la vida (cfr. Jn 14, 6-7) así como nos ha advertido que el único modo de no sucumbir es poniendo en práctica su doctrina (cfr. Mt 7, 24-27).

Al pedirle la Bendición Apostólica, le aseguramos nuestras oraciones a la Sagrada Familia – Jesús, María y José – para que ilumine a S.S. en esta circunstancia tan trascendental.

Fuente Religión Digital

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A Munilla le ha dado un tarantantán: Advierte de la “deconstrucción” del matrimonio y la familia a beneficio del “proyecto consumista”

Domingo, 16 de agosto de 2015

obispo-munilla_560x280Gravísimo: que alguien a quien nadie ha elegido como representante se permita el lujo de arremeter contra todos los partidos democráticos, sólo puede entenderse viniendo de quien viene. Su obsesión ya hace tiempo que ha rozado lo enfermizo. Qué pena de diócesis…

El discurso de Munilla tiene lugar, además,  en un contexto marcado por un verano donde la violencia machista, las agresiones sexistas y violencia familiar ha ofrecido episodios muy preocupantes. ¿Ha dicho algo sobre ello en la homilía?… ¡Nada!

“La ideología de género no es sino una metástasis del marxismo”, denuncia

Munilla incluye a todos los partidos políticos en la “dictadura del relativismo”

El obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, ha afirmado que en la actual dictadura del relativismo”, los “supuestos contendientes” políticos “no presentan diferencias sustanciales en lo que al pensamiento antropológico y moral se refiere”.

Además, ha advertido de la “deconstrucción del matrimonio y de la familia”, porque “la persona desvinculada de la familia y de su propia naturaleza, es plenamente manipulable por el proyecto consumista”.

En su homilía durante la Misa mayor que este mediodía ha presidido en este día de la Asunción en la Basílica de Santa María del Coro en San Sebastián y que ha dedicado a la virgen, Munilla se ha referido a la “crisis contemporánea” y a la novela de Robert Hugh Benson ‘El Señor del Mundo, escrita en 1907. El obispo ha recordado que en diversas ocasiones el Papa Francisco también se ha referido a esta obra “como una clave hermenéutica para comprender la crisis contemporánea” y la “colonización ideológica que desde la teoría de género se está imponiendo a todos los pueblos y culturas”.

Munilla ha señalado que en Occidente la cultura ha ido “asumiendo una nueva ideología, la ideología de género” que está “ocupando el rol del alma” de Occidente, anteriormente disputada por el marxismo y el humanismo cristiano”. A su juicio, todo apunta a que la ideología de género no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada” y que “ha sido diseñada para confrontarse con la familia y con la misma concepción natural del hombre”.

En este sentido, ha destacado que “la persona desvinculada de la familia y de su propia naturaleza, es plenamente manipulable por el proyecto consumista” y “al totalitarismo no le interesan las familias sanas y fuertes, sino las personas solitarias y desvinculadas”.

“La victoria plena de este ‘nuevo orden’ sólo se puede conseguir desterrando el principio de subsidiariedad, hasta eliminar cualquier institución intermedia entre el Estado y el individuo”, ha sostenido. Munilla ha indicado que, “de esta forma, el ser humano se somete al ‘dios Estado’; y no le queda más remedio que seguir los dictados del consumismo, en obediencia plena y sumisión a lo políticamente correcto”.

Tras lamentar que “el pensamiento único se ha convertido en ley en nuestros días”, ha señalado que se ha pasado “del relativismo a la dictadura del relativismo” y, en el ámbito político, “los supuestos contendientes no presentan diferencias sustanciales en lo que al pensamiento antropológico y moral se refiere”.

“En realidad, hoy en día, un secularizado de derechas piensa sustancialmente lo mismo que un secularizado de izquierdas, ha opinado. Por ello, Munilla cree que hay que tener “la clarividencia necesaria para percatarnos de que lo que llamamos políticamente correcto, finalmente convertido en ley, se identifica con la ideología de género”, que “tiene en su agenda la deconstrucción del matrimonio y de la familia”, en el objetivo de “poder controlar a su antojo la misma humanidad”.

Sin embargo, el obispo ha subrayado que “más allá de las crisis queda siempre lo verdadero y permanente, el amor de Dios por el hombre, y el destino eterno al que nos llama”, a lo que ha añadido que “la providencia divina guía la historia por encima de nuestras contradicciones y pecados”.

Además, ha advertido de que “es previsible que en el futuro hayamos de pagar un precio alto por mantener una conciencia crítica frente a este pensamiento único” y ha instado a “estar atentos a la permanente tentación de mundanización”.

Ésta es la homilía del obispo de San Sebastián:

El diputado general de Gipuzkoa en funciones, Denis Itxaso, ha rechazado las reflexiones de José Ignacio Munilla sobre la ‘ideología de género’

Itxaso pide el compromiso de los obispos «con otras formas de vivir la vida»

e5d67599bbb698e0cb7ec7a0713419e2_500_500_1_2015El diputado general de Gipuzkoa en funciones, el socialista Denis Itxaso, ha rechazado con contundencia  las reflexiones de José Ignacio Munilla sobre la supuesta “ideología de género” y ha pedido a los jerarcas de la Iglesia que se comprometan “con una convivencia plural, con otras formas de ver y vivir la vida distintas” a las suyas.

Itxaso ha respondido en un comunicado a las palabras pronunciadas por el obispo de San Sebastián en la misa que ha celebrado hoy en honor a la Virgen, en la que ha hablado de la “ideología de género” como de un “un pensamiento único” y “políticamente correcto” que busca acabar con la familia tradicional.

“Quien históricamente ha defendido una posición de defensa del pensamiento único es la Iglesia, que lamentablemente sigue hablando de verdades únicas, inmutables y permanentes”, ha subrayado. Ha resaltado que la sociedad “se ha emancipado por fortuna de esas verdades absolutas” y “es producto del mestizaje, de la mezcla y de la diversidad”.

El diputado socialista ha destacado que “la ideología de género no es más que un síntoma de madurez democrática de unas sociedades que convivían hasta hace muy poco con la violencia de género de forma acrítica y ahora reaccionan de forma contundente ante atrocidades que tienen su origen en un machismo que entre todos debemos desterrar”. “La ideología de género se justifica en buena medida en la protección a personas y colectivos que han sufrido el sometimiento y la marginación: mujeres, homosexuales, etc. Ellos han sufrido el pensamiento único excluyente y deberían ser objeto de protección por su condición de víctimas o, al menos, como dice el propio Papa Francisco, de misericordia”, ha enfatizado.

Por ello, opina que las palabras de Munilla “son incompatibles con el apoyo y la protección de los más débiles”. Itxaso dice que “el amor y la familia son bienes sociales“, pero que “hay amores y familias en plural”, y añade que “sería deseable” que, “siguiendo la hoja de ruta” del Papa Francisco, “los valores se defiendan con apertura de mente y poniendo a las personas por encima de las doctrinas”

Fuente Religión Digital y Diario Vasco

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Darío Grandinetti será el Papa Francisco en el cine

Domingo, 16 de agosto de 2015

grandinetti-francisco-300x169El 18 de septiembre se estrenará en España

El director Beda Docampo (Amores Locos, Quiéreme) ha dirigido la primera película sobre la figura del nuevo Papa, “Francisco” , que llegará a las pantallas españolas el 18 de septiembre.

Da vida a Francisco I, el gran actor argentino Darío Grandinetti (Relatos Salvajes, Hable con ella). Le acompañan en “Francisco”, este biopic ficcionado sobre la vida del Padre Jorge, Silvia Abascal (A mi madre le gustan las mujeres, La dama boba) que vuelve a ponerse ante las cámaras y un selecto elenco de actores españoles y argentinos como Carlos Hipólito, Emilio Gutierrez Caba, Leticia Bredice, Marta Belaustegui y Valeria Lois, entre otros.

En el equipo técnico figuran destacados profesionales de la industria cinematográfica como el director de fotografía Kiko de la Rica (Blancanieves, Las brujas de Zumarramurdi), ganador de un Goya por su trabajo en la película Blancanieves.

A través del personaje de Silvia Abascal, que da vida a una periodista que conoce al Padre Jorge antes de ser nombrado Papa, vemos el recorrido vital del hombre que se convertirá el sucesor de San Pedro.

Producida por Gloriamundi, la película se rodó a lo largo de ocho semanas en Buenos Aires, Roma y Madrid, escenarios reales donde tuvieron lugar los hechos que se relatan.

Fuente Ociogay

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