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Archivo para Domingo, 28 de diciembre de 2014

Navidad 2014

Domingo, 28 de diciembre de 2014

Del blog de la Communion Béthanie:

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Navidad 2014

Señor, si todavía quieres esperarme,
seré el cuarto mago, que ha partido de ninguna parte.
Partido sin estrella en los cielos en un viaje hacia el fin del tiempo,
En un viaje hacia mi final…

Cuando las tinieblas borran todos los rastros
Cuando mi brújula interior retumba,
Cuando mi camino se envuelve sobre sí mismo,
me muestras en alguna parte por la noche la estrella desconocida
Que Tú levantas para mí.

Tú me dices que no he perdido mi vida,
¡Este tiempo que había soñado de otra manera!
Me dices que me esperas aún,
Pues la fiesta no comenzará sin mí.

Y te ofreceré mi infancia,
Agazapada bajo los escombros de mi pasado …
Adoraré al Niño de Navidad,
Como uno se arrodilla maravillado
Ante el milagro frágil de una Palabra que se ha hecho realidad.

Ahora, te veo en el Niño de Navidad,
arrodillarte delante de mí,
Para que me haga por fin tu niño.

*

Lytta Basset

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

“Bandera discutida”. Sagrada Familia – B (Lucas 2,22-40)

Domingo, 28 de diciembre de 2014

06-familia (B) cerezoSimeón es un personaje entrañable. Lo imaginamos casi siempre como un sacerdote anciano del Templo, pero nada de esto se nos dice en el texto. Simeón es un hombre bueno del pueblo, que guarda en su corazón la esperanza de ver un día «el consuelo» que tanto necesitan. «Impulsado por el Espíritu de Dios», sube al templo en el momento en que están entrando María, José y su niño Jesús.

El encuentro es conmovedor. Simeón reconoce en el niño, que trae consigo aquella pareja pobre de judíos piadosos, al Salvador que lleva tantos años esperando. El hombre se siente feliz. En un gesto atrevido y maternal, «toma al niño en sus brazos» con amor y cariño grande. Bendice a Dios y bendice a los padres. Sin duda, el evangelista lo presenta como modelo. Así hemos de acoger al Salvador.

Pero, de pronto, se dirige a María y su rostro cambia. Sus palabras no presagian nada tranquilizador: «Una espada te traspasará el alma». Este niño que tiene en sus brazos será una «bandera discutida»: fuente de conflictos y enfrentamientos. Jesús hará que «unos caigan y otros se levanten». Unos lo acogerán y su vida adquirirá una dignidad nueva: su existencia se llenará de luz y de esperanza. Otros lo rechazarán y su vida se echará a perder: el rechazo a Jesús será su ruina.

Al tomar postura ante Jesús, «quedará clara la actitud de muchos corazones». Él pondrá al descubierto lo que hay en lo más profundo de las personas. La acogida de este niño pide un cambio profundo. Jesús no viene a traer tranquilidad, sino a generar un proceso doloroso y conflictivo de conversión radical.

Siempre es así. También hoy. Una Iglesia que tome en serio su conversión a Jesucristo, no será nunca un espacio de tranquilidad sino de conflicto. No es posible una relación más vital con Jesús sin dar pasos hacia mayores niveles de verdad. Y esto es siempre doloroso para todos.

Cuanto más nos acerquemos a Jesús, mejor veremos nuestras incoherencias y desviaciones; lo que hay de verdad o de mentira en nuestro cristianismo; lo que hay de pecado en nuestros corazones y nuestras estructuras, en nuestras vidas y nuestras teologías.

José Antonio Pagola

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“El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría”. Domingo 28 de diciembre de 2014. La Sagrada Familia de Nazaret. Santos Inocentes

Domingo, 28 de diciembre de 2014

JESÚS ADOLESCENTE EN EL TALLER DE JOSÉ.-John Everett MillaisJesús adolescente en el taller de José.-John Everett Millais

Leído en Koinonia:

Eclesiástico 3,2-6.12.14: El que teme al Señor honra a sus padres.
Salmo responsorial: 127: Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos.
Hebreos 11,8.11-12.17-19: Fe de Abrahán, de Sara y de Isaac.
Lucas 2,22-40 El niño iba creciendo y se llenaba de sabiduría

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia. Los textos de la liturgia hacen referencia a temas familiares. En la primera lectura, tomada del libro del Eclesiástico, escuchamos los consejos que un hombre, Ben Sirac, que vivió varios siglos antes de Jesucristo, da a sus hijos. El respeto y la veneración de éstos hacia sus padres es cosa agradable a los ojos de Dios, que éste no dejará sin recompensa. Los hijos que veneren a sus padres serán venerados a su vez por sus propios hijos. Todo estos consejos, aún conservando hoy plena validez, parecen insuficientes, puesto que están dados desde una mentalidad estrictamente rural, en donde otros aspectos de la vida familiar no son tenidos en cuenta. No sólo importa hablar hoy del respeto que los hijos deber a los padres, sino de la actitud de éstos con relación a los hijos. Esta insuficiencia resulta particularmente notable en momentos como los actuales, cuando la familia tiene planteados problemas de pérdida de sus funciones.

Desde una perspectiva cristiana, la familia continúa teniendo una función insustituible: ser una comunidad de amor en donde los que la integran puedan abrirse a los demás con una total sinceridad y confianza. Dejando aparte los consejos que en último lugar da San Pablo, y que son puramente circunstanciales y muy ligados a las costumbres y mentalidad de la época, la exhortación a la mansedumbre, a la paciencia, al perdón y, sobre todo, al amor, es algo realmente básico para la familia de nuestro tiempo.

El evangelio de Lucas que hoy proclamamos nos cuenta –dentro del género de los «relatos de la infancia»- el rito de la presentación del niño en el Templo, celebrado también por los padres de Jesús. El fragmento de hoy concluye con unas palabras muy importantes, que, junto con otros pasajes paralelos de Mateo, proclaman el “progreso” en el “crecimiento” de Jesús «en edad, sabiduría y gracia, ante los hombres y ante Dios».

Tiempos hubo en que la «cristología vertical descendente» clásica se veía en la necesidad de corregir estas palabras diciendo que, obviamente, eran metáforas, porque Jesús no podía «crecer, progresar en sabiduría ni en gracia», ya que era perfecto… La cristología renovada, «ascendente» ahora, por el contrario, se fijó en estos versículos y los subrayó: sería el evangelio mismo el que nos estaría afirmando que Jesús «fue haciéndose», no sólo creciendo en edad, sino «en sabiduría» e incluso «en gracia».

Este evangelio, y sus paralelos, es, por ello muy importante, por cuanto nos insta a desvincularnos de los planteamientos metafísicos griegos fixistas. La «encarnación» no sería un chispazo de conexión instantánea entre dos «naturalezas», sino todo un proceso histórico.

Pablo da algunos consejos para la convivencia con otros. Se requiere humildad, acogida mutua, paciencia. Y si fuese necesario, perdonar. Así procede Dios con nosotros. Su actitud debe ser el modelo de la nuestra (v.12-13). Pero, “por encima de todo”, está el amor, de Él tenemos que revestirnos, dice Pablo empleando una metáfora frecuente en sus cartas (v.14). De este modo “la paz de Cristo” presidirá en nuestros corazones (v.15).

Si el amor es el vínculo que une a las personas, la paz se irá construyendo en un proceso, los desencuentros irán desapareciendo (los enfrentamientos también) y las relaciones se harán cada vez más trasparentes. En el marco de la familia humana, esos lazos son detallados en el texto del Eclesiástico (3,3-17).

Lucas nos presenta a la familia de Jesús cumpliendo sus deberes religiosos (vv. 41-42). El niño desconcierta a sus padres quedándose por su cuenta en la ciudad de Jerusalén. A los tres días, un lapso de tiempo cargado de significación simbólica, lo encuentran. Sigue un diálogo difícil, suena a desencuentro; comienza con un reproche: “¿Por qué nos has hecho esto?”. La pregunta surge de la angustia experimentada (v. 48). La respuesta sorprende: “¿Por qué me buscaban?” (v. 49), sorprende porque la razón parece obvia. Pero el segundo interrogante apunta lejos: “¿No sabían que yo debía estar en las cosas de mi Padre?”. María y José no comprendieron estas palabras de inmediato, estaban aprendiendo (v.50).

La fe, la confianza, suponen siempre un itinerario. En cuanto creyentes, María y José maduran su fe en medio de perplejidades, angustias y gozos. Las cosas se harán paulatinamente más claras. Lucas hace notar que María “conservaba todas las cosas en su corazón” (v. 51). La meditación de María le permite profundizar en el sentido de la misión de Jesús. Su particular cercanía a él no la exime del proceso, por momentos difícil, que lleva a la comprensión de los designios de Dios. Ella es como primera discípula, la primera evangelizada por Jesús.

No es fácil entender los planes de Dios. Ni siquiera María “entiende”. Pero hay tres exigencias fundamentales para entrar en comunión con Dios: 1) Buscarlo (José y María “se pusieron a buscarlo”); 2) Creer en Él (María es “la que ha creído”); y 3) Meditar la Palabra de Dios (“María conservaba esto en su corazón”). Leer más…

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“Primeras víctimas, los niños” (28.12.14)

Domingo, 28 de diciembre de 2014

10857848_1508395946092122_6110567730079334003_nDel blog de Xabier Pikaza:

Para que tú y yo vivamos, y podamos celebrar la Navidad con el Jesús rescatado de Herodes, cientos y miles (millones) de niños y mayores han sido, están siendo maltratados, esclavizados, asesinados, en Belén o en cualquier parte del mundo. Nosotros, los mayores “sanos” somos unos afortunados, también Jesús lo fue, pues para que él viviera tuvieron que haber muerto otros.

La tradición les llama “inocentes”, pero más que inocentes son víctimas, al servicio de un sistema que utiliza la vida de niños y mayores para asegurar su dominio (Precisamente por ser víctimas son inocentes).

La tradición les llama “santos, pero más que santos,en el sentido tradicional, son simplemente seres humanos, utilizados y asesinados para gloria de algún sistema de poder glorioso.

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A los inocentes de Belén no les mató antaño (según Mt 2) un bandido cualquiera de manos manchadas, sino un Constructor de Templos, quizá el mayor de todos los benefactores de la “iglesia saducea”, un aliado de los sacerdotes de Jerusalén y del césar de Roma. También hoy mueren la víctimas a manos de amigos de sacerdotes e imperios.

Corría por entonces la voz de que era mejor ser un cerdo (hys) que un hijo o un niño (Hyos), porque Herodes respetaba más a los cerdos (por lo que valían en los mercados impuros del mundo) que a los niños (que a su juicio sobraban).

— De un modo semejante había nacido y crecido Moisés (salvado de las aguas del Nilo, en un tiempo en que los niños hebreos sobraban en Egipto).

 

pedofilia— Así nació Jesús, en un tiempo en que los niños de Belán sobraban para Herodes, pues le parecían contrincantes, podían arrebatarle el trono.

— Así mueren miles de niños cada día en nuestra sociedad, niños que vienen simplemente para vivir, pero que no tienen lugar en la tierra de los ricos “cerdos” que podemos ser nosotros (pues se dicen que llegan para arrebatarnos la comida).

Pero Moisés y Jesús reaccionaron y pusieron más tarde su vida al servicio de la libertad y de la vida de los niños. ¿Qué hacemos nosotros? Ésta es la historia que mañana (hoy, siempre) (28.12.14) cuenta el evangelio de Mateo.

1. Principio: un texto lógico (Mt 2, 16-18)

Según el texto (Mt 2) los Magos de Oriente han venido buscando a Jesús, Rey de los judíos, y le han ofrecido sus dones en Belén, ciudad de las promesas, marchando otra vez a sus tierras, sin dar cuanta al rey Herodes de aquello que han visto. Entonces, el rey, sobresaltado y lleno de miedo, temiendo la llegada de un competidor real, han mandado matar a los niños de la ciudad:
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Herodes, al verse burlado por los magos, se enojó sobremanera y mandó matar a todos los niños varones en Belén y en todos sus alrededores, de dos años de edad para abajo, conforme al tiempo que había averiguado de los magos.
Entonces se cumplió lo dicho por medio del profeta Jeremías, diciendo:
Voz fue oída en Ramá; grande llanto y lamentación. Raquel lloraba por sus hijos, y no quería ser consolada, porque perecieron (Mt 2, 16-18).

Este pasaje y todo el capítulo segundo de Mateo (Mt 2), con la adoración de los pastores,la huida a Egipto y la vuelta a Galilea, puede entenderse como un midrash edificante, que interpreta la infancia de Jesús con motivos que recuerdan la infancia de Moisés (Ex 1-2) y el conjunto del libro del Éxodo. Mateo no cuenta aquí un hecho concreto de la infancia de Jesús (que no naciò en Belén, sino en Nazareth, como decíamos ayer), sino algo mucho más inquietante y universal:

Los reyes y estados de este mundo (nosotros), para mantener su poder (por cuestiones de “seguridad nacional”), han matado y siguen matando (matamos) a los más inocentes, al último eslabón de la cadena de la vida, como a los cerdos de Herodes, incluso peor que los cerdos.

Desde esa perspectiva, este relato no cuenta algo que pasó sólo una vez, en tiempos del mal Herodes, algo que ahora no sucede, sino algo totalmente contrario: Mateo 2, con el relato de la muerte de los inocentes, está contando nuestra historia, de occidentales y capitalista, que vivimos y crecemos (reinamos) dejando morir o matando a los niños de otras partes del mundo, porque pensamos (o dejamos que los polìticos y los economistas piensen) que, si esos niños de Belén (del mundo entero) crecieran y triunfaran, serían una amenaza para nuestro bienestar.

Herodes no es un rey que pasó; nuestra misma sociedad se ha vuelto Herodes: sigue viviendo de la muerte de los inocentes. La muerte de millones de niños ha venido convertirse en garantía de nuestra prosperidad de reyes del mundo (de tiranos).

De esa forma, el evangelio de Mateo ha trazado, en el entorno del nacimiento y la infancia de Jesús, una de las “historias” más lúcidas sobre la violencia humana. Sin duda, en el fondo del relato hay un recuerdo de la historia de Herodes que, en los últimos años de su vida, enfermo de terrores, mandó matar a casi todos aquellos niños o mayores (en especial de su familia) que podían alzar algún tipo de amenaza en contra de su Trono. Pero Herodes no fue una excepciòn: el evangelio sabe que, para mantenerse en el poder, los tiranos e imperios de este mundo (es decir, nosotros, los que callamos, los que no nos alzamos) han mandado matar a sus opositores (incluso a los niños).

Repetición. Por mantener su reino, Herodes debe matar a sus posibles competidores,es decir, a todos los niños de Belén y de su entorno, suscitando así el llanto sin remedio de Raquel, la madre del viejo José, patriarca israelita (cf. Mt 2, 16-18). Mateo evoca de esa forma una historia bien conocida, que Flavio Josefo ha contado al detalle. Para liberarse de sus opositores, Herodes, de manera que se decía que era preferible ser un cerdo (hys) en su caso que un hijo (hyios), porque un cerdo podía librarse más fácilmente de la muerte que un hijo. Esta es la tragedia que el evangelio han evocado escuchando en el entorno de Belén el lamento de la Madre Raquel que llora a sus hijos muertos. Entre esos niños muertos ha nacido Jesús. Ellos han sido sus primeros testigos, los primeros “santos” de su evangelio, “santos inocentes”, millones y millones que mueren en el mundo como vìctimas de la violencia política, social e, incluso, religiosa. Herodes quiso matar a todos los niños “inocentes”, pero no logró matar a Jesús, el verdadero Mesías. Este hecho plantea una pregunta durísima a la historia de los hombres: ¿Por qué mueren los inocentes? ¿Por qué se salvó entonces Jesús?


2. Ampliación: Los niños inocentes de Belén

En sentido etimológico, inocente (in-noccens) es el que no puede dañar (nocere) a los demás. Esa palabra no evoca, por tanto, una virtud moral, un tipo de piedad personal, sino una condición humana. Inocentes son que no pueden hacer daño, sea por edad (niños), por condición mental (enajenados, locos) o por opresión social (los marginados y explotados: los condenados a trabajos formados, muchas prostitutas y pobres). En ese aspeclto, la inocencia es un tipo de impotencia.

En casi todos los códigos morales de los pueblos antiguos se traza el mandamiento supremo de “no dañar” a los inocentes, es decir, a los que no pueden dañar a los demás. Así recoge la Biblia en sus textos más antiguos (del Éxodo y del Deuteronomio) una ley que protege a los niños, viudas y extranjeros, protegiendo también, y defendiendo, a los ciegos y cojos, a los locos enfermos. A pesar de eso, desde los tiempos más antiguos, la humanidad triunfante ha elevado su poder matando a los inocentes.

El tema y sentido (sin-sentido) de la muerte de los inocentes constituye uno de los enigmas siniestros de la humanidad y así lo han recogido algunos de los textos fundamentales de la Biblia (por seguir en la línea de la cultura israelita). El “siervo de Dios” del Segundo Isaías (Is 41-55) es un inocente al que se mata precisamente por serlo, por ser partidario de la paz y no violencia. También resulta impresionante el relato de la persecución y muerte de los inocentes del libro de la Sabiduría (Sab 2).

En ese contexto se inscribe la muerte de los inocentes de Belén, que mueren en lugar de Jesús y con Jesús. Ciertamente, Jesús también era inocente y así subió a Jerusalén sin armas, siendo condenado a muerte como “políticamente peligroso”. Pero, a los ojos de sacerdotes y soldados de Roma, Jesús representaba un peligro, pues había proclamado un mensaje lleno de amenazas y podía “suscitar una revuelta” en el pueblo. Por eso, su muerte se entiende más fácilmente. Pero ¿estos niños?
Ciertamente, los niños de Belén de Mt 2 son inocentes pero, a los ojos del tirano de turno o del sistema ellos pueden acabar siendo un peligro, lo mismo que los niños hebreos de Egipto a quienes mandaba matar el faraón (según Ex 1-2) para que no crecieran, para que no pudieran ser un día una amenaza para el orden de Egipto. También Herodes mata a los niños porque pueden crecer y elevar una pretensión “regia” en contra de él.


3. Aplicación. Los inocentes actuales

Patera-trata-entrar-Melilla_TINIMA20130726_0179_18Según la visión de Mt 2, Jesús no ha muerto aislado, sino que con él (y en el fondo por él) han muerto y siguen muriendo los “santos inocentes”. Ellos son las verdaderas víctimas que sostienen este mundo. Será bueno que en esta Navidad hagamos una lista de inocentes, es decir, de personas que no pueden dañar y que, sin embargo, de un modo o de otro, terminan siendo víctimas del sistema. Voy a evocar algunos casos, sin ofrecer, en modo alguno, una lista completa, limitándome a los niños:

Los que mueren (son matados) antes de nacer. No es fácil saber cuándo empieza a existir un nuevo ser humano, en el vientre de su madre. Sea cual fuere ese momento (en la concepción, a las primeras semanas, a los tres meses…), hay un momento en que el “embrión” es ser humano y matarle es matar a un inocente (con Jesús). Leer más…

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Dom 28 12. 14. Simeón y María, las dos espadas

Domingo, 28 de diciembre de 2014

Sagrada_Familia_iconoDel blog de Xabier Pikaza:

El Papa Bonifacio VIII publicó la bula Unam Sanctam (año 1302), que ha marcado por siglos la historia de la Iglesia, con la doctrina de las dos espadas que dirigen la historia de los hombres. Una es la espada del poder civil, blandida por el rey y los soldados, que imponen la (su) en las batallas de la vida. Otra es la espada espiritual de la Iglesia que dirige con su imperio las conciencias, utilizando para ello la espada de los reyes, que han de estar a su servicio:

Una y otra espada, pues, están en la potestad de la Iglesia, la espiritual y la material. Más ésta (la material) ha de esgrimirse a favor de la Iglesia; aquella ha de esgrimirla la iglesia misma. Una ha de esgrimirse por mano del sacerdote, otra por mano del rey y de los soldados, si bien a indicación y consentimiento del sacerdote. Pero es menester que una espada esté bajo la otra espada y que la autoridad temporal se someta a la espiritual… Porque, según atestigua la verdad, la potestad espiritual tiene que instituir a la temporal y juzgarla, en el caso de que no sea buena…» (Unam Sanctam, 1302; Denz-H. 872).

Pues bien, el evangelio de este domingo de Navidad nos sitúa ante visión muy distinta de las dos espadas. Una es la espada del patriarca Simeón que mata y somete por la fuerza mentirosa y asesina de la espada. Otra es la espada de la matriarca María, madre de Jesús, que asume el sufrimiento de una maternidad difícil para que su Hijo (y con él todos los hijos) vivan.

CG-ArtDel paso de una espada a la otra trata esta postal, que nos sitúa en el centro de la dinámica cristiana (y de la misma sociedad). Si no superamos la espada de Simeón, para asumir la de María, nos destruiremos no sólo como Iglesia, sino también como humanidad.

La doctrina de Bonifacio VIII sigue latente en la conciencia de cierta iglesia católica-romana que parece apelar al tiempo de la Espada Material y Espiritual para dominar sobre la Cristiandad e, indirectamente, sobre el mundo entero. En contra de eso se eleva en este domingo de Navidad la experiencia y tarea de la Espada Mesiánica de la Madre que da vida a sus hijos, sin dominarles ni imponerles nada.

Frente a un tipo de hombre como Simeón, que ha dominado el mundo por la espada (para imponerse sobre las hermanas y tenerlas sometidas, sin dejar que escojan en libertad), se eleva María, que acepta la espada de la maternidad y del amor abnegado y gozoso, para dar vida a hermanos y hermanas, hijos e hijas. Buen Domingo, buena Navidad a todos, con la espada amorosa de María.

Texto Lucas 2,22-40 (fragmento)

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor…

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

“Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.”
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: “Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.
volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Introducción

Este Simeón, llamado justo, que recibe y proclama la palabra de Dios sobre María y su Hijo ha de entenderse como inversión del antiguo Simeón, el patriarca vengador del principio de la historia israelita.

No se dice que sea un anciano, como se ha pensado después, sino simplemente un anthropos, hombre. Se llama Simeón (= Dios ha escuchado, cf .Gen 29, 33) y llega del pasado más profundo de la israelita, como el patriarca de su nombre. No es un sacerdote, es simplemente un justo. Él invierte la visión de la espada mesiánica vengadora del antiguo Simeón, él ilumina el camino de la espada de María.

Antiguo Simeón, el poder de la espada

La figura de Simeón, el patriarca, Hijo de Jacob, está asociada con tres gestos significativos:

1. Simeón es el patriarca violento y justiciero que tomó la espada para vengar a los extranjeros
que pretendidamente violaron a la virgen Dina, siendo de algún modo condenado por el mismo padre Jacob (cf. Gen 34, 30-31; 49, 5-7). Simeón “defiende” con la espada a su hermana Dina, pero lo hace para tenerla sometida, para que no tenga libertad para entrar y salir (tratar con los siquemitas), que son un riesgo para ella, pero también una promesa de libertad.

Simeón es el hombre de la espada que defiende con violencia a “sus mujeres” (sin dejarlas en libertad) y que mata con engaño a los pretendidos “enemigos”, que quieren pactar con él.

Ciertamente, el mismo Jacob, patriarca astuto (pero al fin humano) se desvincula de la espada de sus hijos fieros (Simeón y Leví), pero esos hijos de la espada siguen estando al principio de la historia de Israel, como representantes del poder de la guerra vengadora, que quiere defender la pretendida honra de su hermana Dina matando por engaño a todos los “enemigos”.

Este Simeón es el portador la “espada” de Dios, que es, al mismo tiempo, espiritual y material, como quería Bonifacio VIII. Esa espada sigue dirigiendo la historia de muchos pretendidos justos, dentro y fuera de Israel y de la Iglesia (y de cierto Islam). Esa espada es el poder de la venganza eterna que lleva a la muerte.

2. La nueva teología judía de los signos anteriores a Jesús defendió a Simeón con su espada. De esa forma, el libro clave de los Jubileos 30 (uno de los más influyentes en el mundo judía del tiempo de Jesús) rehabilita su figura y le presenta como vengador de sangre, patrono de todos los que luchan con la espada en contra de los opresores de su pueblo. De esa forma ha recreado Judit 9, 2-15 su hazaña sangrienta, marcando desde entonces la mente y tarea de un judaísmo violento, que quiere defender a espada pura su pretendida tierra prometida. En esa línea, el libro de Judit presenta a la heroína de su pueblo como hija de Simeón, renovando su gesto de venganza y matando con su propia espada a Holofernes, opresor del pueblo.

3. Pero otros libros judíos del tiempo de Jesús (como el Testamento de los XII Patriarcas) presentan ya Simeón como arrepentido… Él aparece así en su testamento como un hombre envidioso, que tuvo celos de José y quiso matarle. Superando su violencia juvenil, el nuevo, este Simeón anciano pide a sus descendientes que eviten la envidia, que amen y acojan a los otros, que respondan a Dios con la piedad, no con la guerra. Este Simeón, que antes era hombre de espada o envidia, viene a presentarse como patriarca de conversión y esperanza mesiánica .

El nuevo Simeón del evangelio, el profeta de María

Nuestro personaje (Lc 2, 25-35) se entiende bien sobre el transfundo de evocaciones que suscita el viejo Simeón. Es portador de la esperanza mesiánica, expresión del Israel que aguarda la llegada del salvador (en la línea de Testamento de Simeón). Pero, al mismo tiempo, es hombre convertido que invierte la violencia: no pondrá la espada vengadora en manos de Judit, su descendiente, para que mate al enemigo, sino que enseñará a María, madre mesiánica, a sufrir dentro del alma el dolor de la espada cristiana.

Este Simeón del Evangelio personifica la justicia y piedad israelita: es el pueblo que escucha a Dios, que recibe su Espíritu y espera la llegada de su Cristo. No tiene edad, no es ahora ni de antes, es de siempre: es la plenitud de la esperanza. Es evidente que Dios no le puede engañar ni rechazar; ha recibido la promesa de ver al Cristo-Señor antes de morir y vive solamente para ello. Por eso, cuando llegan los padres de Jesús, él se presenta, toma al niño en brazos y bendice a Dios diciendo:

Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz… (Lc 2, 29).

Ha esperado bien, sabe morir. Su vida ha culminado, ha tenido sentido lo que ha hecho. Por eso bendice a Dios diciendo ¡gracias!. Puede morir desde la esperanza realizada, como individuo concreto y como patriarca, representante del pueblo, condensado en su figura. El verdadero Israel que es Simeón ha cumplido su tarea, puede acabar, esperando al salvador donde se vinculan en gesto de paz todos los pueblos (pantôn tôn laôn).

De esa forma, la espada que mata a los adversarios se vuelve principio y tarea de amor que recibe a todos. Desaparece ya la división entre ethnê (gentiles) y laos (judíos); la gloria (doxa) de Israel es que su Cristo sea luz (phôs) de las gentes . Leer más…

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Fiesta de la Sagrada Familia. Ciclo B. “Donde la familia no es lo importante”

Domingo, 28 de diciembre de 2014

circuncisionDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Dos lecturas que encajan

En una fiesta de la Sagrada Familia, esperamos que las lecturas nos animen a vivir nuestra vida familiar. Y así ocurre con las dos primeras.

El libro del Eclesiástico insiste en el respeto que debe tener el hijo a su padre y a su madre; en una época en la que no existía la Seguridad Social, “honrar padre y madre” implicaba también la ayuda económica a los progenitores. Pero no se trata sólo de eso; hay también que soportar sus fallos con cariño, “aunque chocheen”.

Lectura del libro del Eclesiástico 3, 2-6. 12-14

Dios hace al padre más respetable que a los hijos y afirma la autoridad de la madre sobre su prole. El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros; el que honra a su padre se alegrará de sus hijos y, cuando rece, será escuchado; el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor lo escucha. Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee, ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas. La limosna del padre no se olvidará, será tenida en cuenta para pagar tus pecados.

La carta a los Colosenses ha sido elegida por los consejos finales a las mujeres, los maridos, los hijos y los padres. En la cultura del siglo I debían resultar muy “progresistas”. Hoy día, el primero de ellos provoca la indignación de muchas personas: “Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor.” Cuando se conoce la historia de aquella época resulta más fácil comprender al autor.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 12-21

Hermanos: Como elegidos de Dios, santos y amados, vestíos de la misericordia entrañable, bondad, humildad, dulzura, comprensión. Sobrellevaos mutuamente y perdonaos, cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo. Y por encima de todo esto, el amor, que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón; a ella habéis sido convocados, en un solo cuerpo. Y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados. Y, todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, vivid bajo la autoridad de vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso le gusta al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan los ánimos.

Un evangelio atípico

Si san Lucas hubiera sabido que, siglos más tarde, iban a inventar la Fiesta de la Sagrada Familia, probablemente habría alargado la frase final de su evangelio de hoy: “El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.” Pero no habría escrito la típica escena en la que san José trabaja con el serrucho y María cose sentada mientras el niño ayuda a su padre. A Lucas no le gustan las escenas románticas que se limitan a dejar buen sabor de boca.

Como no escribió esa hipotética escena, la liturgia ha tenido que elegir un evangelio bastante extraño. Porque, en la fiesta de la Sagrada Familia, los personajes principales son dos desconocidos: Simeón y Ana. A José ni siquiera se lo menciona por su nombre (sólo se habla de “los padres de Jesús” y, más tarde, de “su padre y su madre”). El niño, de sólo cuarenta días, no dice ni hace nada, ni siquiera llora. Sólo María adquiere un relieve especial en la bendición que le dirige Simeón, que más que bendición parece una maldición gitana.

Sin embargo, en medio de la escasez de datos sobre la familia, hay un detalle que Lucas subraya hasta la saciedad: cuatro veces repite que es un matrimonio preocupado con cumplir lo prescrito en la Ley del Señor. Este dato tiene enorme importancia. Jesús, al que muchos acusarán de ser mal judío, enemigo de la Ley de Moisés, nació y creció en una familia piadosa y ejemplar. El Antiguo y el Nuevo Testamento se funden en esa casa en la que el niño crece y se robustece.

La misma función cumplen las figuras de Simeón y Ana. Ambos son israelitas de pura cepa, modelos de la piedad más tradicional y auténtica. Y ambos ven cumplidas en Jesús sus mayores esperanzas.

Lectura del santo evangelio según san Lucas 2, 22-40

Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.»

Simeón

Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: – «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.

Simeón los bendijo, diciendo a María, su madre: – «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana; de jovencita había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo día y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. Acercándose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba.

Sorpresa final

Las lecturas de hoy, que comenzaron tan centradas en el tema familiar, terminan centrando la atención en Jesús. Con dos detalles fundamentales:

  1. Jesús es el importante. La escena de Simeón lo presenta como el Mesías, el salvador, luz de las naciones, gloria de Israel. Ana deposita en él la esperanza de que liberará a Jerusalén. José y María son importantes, pero secundarios.

2. Jesús es motivo de desconcierto y angustia. Lo que Simeón dice de él desconcierta y admira a José y María. Pero a ésta se le anuncia lo más duro. Cualquier madre desea que su hijo sea querido y respetado, motivo de alegría para ella. En cambio, Jesús será un personaje discutido, aceptado por unos, rechazado por otros; y a ella, una espada le atravesará el alma. Lucas está anticipando lo que será la vida de María, no sólo en la cruz, sino a lo largo de toda su existencia.

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Navidad y exclusión social

Domingo, 28 de diciembre de 2014

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Los textos evangélicos que nos hablan de la infancia de Jesús son textos simbólicos y míticos. Son relatos míticos y ancestrales. Ninguno es original del cristianismo. Pero el que sean relatos míticos no significa que sean mentira. El mito, en todas las culturas, está destinado a descubrirnos una verdad radical que atañe al hombre entero y que no se puede expresar con palabras científicas. El mito del nacimiento de Jesús está llamado a descubrirnos su significado más profundo y vital.

Jesús fue desde su nacimiento un judío marginal. Él mismo se marginó y por eso fue un excluido social. No hubo posada para Jesús, con esta frase Lucas nos vine a decir lo que fue la vida de Jesús. Una persona que experimentó y vivió la exclusión. Un día el mismo Jesús nos dirá: Los pájaros tienen nidos, la raposas madrigueras, yo no tengo donde reclinar la cabeza. Frase que según los especialistas pertenece a los dichos más seguros del Jesús histórico. No es una glosa de las primeras comunidades.

Pero la exclusión no ha terminado. Muchas personas en el mundo viven hoy el mismo proceso de exclusión que vivió Jesús. Una exclusión que es fruto de nuestro modelo social. Un modelo con una gran capacidad de generar situaciones de pobreza y de exclusión social. El papa Francisco lo ha repetido muchas veces de manera solemne: Esta economía mata. Que es lo mismo que decir que este sistema social que nos domina produce hambre, marginación y muerte. Con el cura Diamantino recordamos una de sus frases más certeras: Medio mundo muere de hambre y la otra mitad de colesterol.

Enumeraremos solo tres notas significativas:

1.- A escala planetaria, la creciente brecha entre el Norte y el Sur, entre las sociedades ricas y los países eufemísticamente llamados en vías de desarrollo, es resultado de un modelo que solo beneficia a un tercio de su población.

2.- Al interior de las sociedades ricas, el modelo genera bolsas de pobreza, de paro laboral, de empleo precario, de exclusión para franjas cada vez más amplias de la población. España, sin ir más lejos, es el país de la Unión Europea donde más está creciendo la desigualdad y el incremento de los suicidios por motivos económicos.

3.- El imparable fenómeno de la inmigración y de los refugiados políticos es también una fuente mayor de exclusión social.

Y lo que es peor, muchas veces hay personas, generalmente bien acomodadas, que valoran a la pobreza desde una perspectiva exclusivamente individualista y tratan a los pobres como responsables de su propia situación, afirman que son parásitos, vagos, engañan y son culpables de su situación, e incluso son enemigos del bienestar. ¿Se pueden pensar tantas barbaridades en tan pocas líneas?

Pero Jesús en Belén nos ofrece una forma nueva de mirar la realidad y la debilidad de tantas personas. La contemplación de Jesús en su Navidad nos enseña a contemplar la debilidad y la exclusión humana como una forma de presencia de Dios. Dios está entre nosotros como debilidad, en los débiles, en los excluidos, en los pobres, en las carencias de todo tipo, en cada una de nuestras limitaciones. Por eso mismo, salir, bajar al encuentro de las carencias humanas, es una forma de peregrinación hacia el corazón del Dios más vivo y sorprendente. Con los mismos pasos con que nos acercamos a la debilidad de los que sufren nos acercamos a Dios.

La Navidad es la gran fiesta porque Dios nace en nuestra debilidad y entre los excluíos sociales, en la periferias, y nosotros, creyentes y no creyentes, estamos invitados a unirnos a Él para luchar contra todo tipo de exclusión, uniendo nuestro trabajo con el suyo, sin saber dónde empieza Él y dónde empezamos nosotros.

Si Dios ha corrido la suerte de encarnarse, de nacer pobremente y crecer como salvación desde la exclusión de este mundo, ya no hay excluidos para Dios, nadie queda fuera de Dios. Y el lugar principal para la fiesta es allí donde aparece: en las afueras, donde no hay sitio, donde todo parece agotarse y está condenado a crecer en la amenaza y a la intemperie de las construcciones humanas.

Navidad es el tiempo de acoger con ternura lo germinal, lo pequeño, lo que nace en los movimientos sociales y humanitarios alternativos y en los grupos eclesiales que luchan por un mundo nuevo y por una Iglesia más de acuerdo con el sueño de Dios. Es el momento de salir hacia los excluidos, hacia los que no pueden llegar hasta nosotros. Desde esa debilidad podemos sentir que pasa por nosotros la fuerza de Dios, su santo brazo, que transforma con nuestra ayuda toda la realidad. Y podremos sentir la alegría de María y de José y la de los ninguneados pastores. La indecible alegría, la que solo puede ser recibida como regalo y de la que nace el compromiso más radical y esperanzado pro el cambio social que nuestro mundo necesita. No lo olvides: El que ama a Dios más que su prójimo no lo ama sobre todas las cosas. Feliz Navidad.

José Sánchez Luque-Foro Andaluz Diamantino García

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“Navidad, el desafío del Espíritu encarnado en un mundo que se parte”

Domingo, 28 de diciembre de 2014

jordan-liqaa-limar-bassel-syrian-refugees-81646-620x350_1Leído en la página web de Redes Cristianas

Comparto con ustedes mi pequeño escrito para, si lo creen conveniente, lo compartan. Rezo por ustedes y gracias por su labor.

Hace algunos días respondí a un email que me ha dejado pensando… Había en él un planteo -con el que acuerdo- que indicaba que quizás uno de los mayores problemas que tenemos hoy en la Iglesia y en el mundo es que, en algún momento, hemos separado todo demasiado… el deber del ser, lo profano de lo sagrado, lo humano de lo divino, lo interior de lo exterior, lo femenino de lo masculino, el espíritu de la carne, lo privado de lo público… Creo que esto nos ha hecho mucho daño como humanidad, porque separar algo que en su dimensión más profunda es parte de una sola cosa no termina siendo más que un desgarro… Y ese desgarro no es gratuito ni se cura con remedios o masajes sino que nos pasa factura alejándonos de los encuentros que dan sentido a nuestra vida. Ni más, ni menos.

Ocurre que, desde hace tiempo, tengo la sensación de somos muchos los que, en el apuro de llegar a fin de año, no nos hemos dado cuenta que, en la carrera, el cuerpo ha dejado kilómetros atrás el Espíritu… ¿A que me refiero con que el cuerpo va más rápido que el Espíritu? A que postergamos decisiones que sabemos nos harían bien pero no nos hacemos el tiempo de concretarlas; alimentamos relaciones que calman momentáneamente la soledad pero ya hemos comprobado siempre nos dejan con sed de amor; desoímos señales del cuerpo que con migrañas, contracturas, gripes mal curadas y afonías nos indica que estamos transitando a mayor velocidad de la que es necesario o posible; posponemos el encuentro con los que queremos y cumplimos en vez con una lista de compromisos, relativizamos algunos de nuestros valores en pos de continuar en la comodidad de un presente al que nos trajo no la libertad sino la inercia; evitamos el dolor de encontrarnos con los que sufren y nos necesitan porque nos recuerdan nuestras propias heridas sin curar –sean de la calle, de la casa o el trabajo-. Cada uno podrá completar su lista.

Y es que no es fácil! Les aseguro que lo sé mejor que nadie… A veces vivimos una vida que, para seguirle el ritmo, pareciera que nos obliga a vivir desencarnados, no presentes del todo, ignorando lo que la percepción y el Espíritu nos indican sutilmente respecto a nuestras prioridades, nuestra vocación, nuestras necesidades y posibilidades. Pero, ante esta humanidad que se parte, nos sorprende otro año más la proximidad de la Navidad y un misterio que es siempre nuevo: el de un Dios que se encarna.

Es cierto que a fin de año uno llega cansado, aún así, nos urge recordar que rendirnos ante ese cansancio nos encierra… y el ensimismamiento rara vez produce algo bueno. De hecho, lo que hace es quitarnos el entusiasmo. Y ¿qué hacemos entonces? Trascender las circunstancias y salir al encuentro, ¿qué otra cosa sino eso es la Navidad? El amor de Dios no se quedó esperando, lamentándose por las puertas que no se abrieron sino que se hizo carne, vino a buscarnos y continua saliendo a nuestro encuentro… no allá arriba en el cielo sino en los prójimos en donde se sigue encarnando, en los proyectos en los que sigue co-creando con nosotros. Esta acá con nosotros, solo que la voz de su Espíritu no aturde como las alarmas de nuestros calendarios ni las exigencias con las que nos atormentamos, sino que es mucho más sutil, como viento que sopla y, aunque no sabemos de dónde viene ni adónde va, en el dial correcto podemos escucharlo…

Quizás el descanso no tenga tanto que ver con dormir más horas como con acomodar el corazón en el pesebre, que no es el hotel de 5 estrellas que tantas veces anhelamos previo a las vacaciones sino el lugar que, sencillo, nos recibe para darnos el calor que necesitamos para dar a luz una vida nueva. Quizás la Navidad sea un buen momento para, una vez más, aminorar la marcha y dejar que el Espíritu nos alcance y nos colme de sentido. Quizás Navidad es tiempo de volver a regalarnos experimentar que nuestro Dios ya se ha encarnado y, desde ese pesebre que partió la historia en dos, sigue esperando que también nosotros encarnemos el Espíritu desde el que nacerá nuestra mejor historia. Vale la pena intentarlo.

Carolina Abarca, Córdoba -Argentina

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“Ser creyente es ser forastero”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Domingo, 28 de diciembre de 2014

16406_14261Leído en su blog Nihil Obstat:

Según la carta a los Hebreos ser forastero es consustancial al ser creyente. El más acabado modelo de fe, Abraham, es presentado como el que sale de su tierra, viviendo como extranjero, “peregrino y forastero sobre la tierra”, porque iba en busca de otra patria, de una “ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor era Dios” (Heb 11, 8.9.13.14.10). A la vista de un texto como este, se puede ver en el extranjero un sacramento, o sea, una señal de lo que uno como creyente debería ser. Y si el extranjero me recuerda lo que soy o debo ser, ¿cómo no alegrarme de su presencia?

Los cristianos, cada vez que celebramos la Pascua (o sea, la Eucaristía dominical), recitamos el Credo. También el israelita, en cada Pascua, recitaba su profesión de fe, su Credo, confesando: “mi padre era un arameo errante”, y emigró a Egipto, viviendo allí como un trabajador extranjero, sometido a dura esclavitud. Y pasados unos años volvió a emigrar, salió de Egipto y entró en otra tierra, que ya estaba ocupada, y allí se estableció, encontrando prosperidad y paz (cf. Dt 26,5-9). No es extraño que a lo largo del Antiguo Testamento se le recuerde a Israel algo que no debe olvidar: “recuerda que tú también fuiste extranjero”. ¿La razón de este recordatorio? Tienes que tratar bien al extranjero, tienes que ser para él lo mismo que Yahvé ha sido para ti: “al forastero que reside entre vosotros, lo miraréis como a uno de vuestro pueblo y lo amarás como a ti mismo, pues también vosotros fuisteis forasteros en la tierra de Egipto” (Lv 19, 34). O sea, ama al inmigrante, porque es como tú. Y si es así ¿amarle no es amarse a sí mismo?

La emigración es un fenómeno tan antiguo como la humanidad. Es incluso el motor del progreso y de la evolución. Es posible remontarse a lo que ocurrió hace 100.000 años, cuando unos humanos dejaron Africa y se establecieron en Europa, y de estos antepasados africanos venimos nosotros. Pero no hace falta llegar ahí. La mayoría de los lectores españoles seguro que tienen parientes, quizás hermanos de sus abuelos o de sus padres, que durante la primera mitad del siglo XX emigraron a América. O que desde los años 40 a los años 70 del siglo pasado buscaron trabajo en Suiza o en Alemania. Hace unos años, en plena euforia desarrollista, los nietos de aquellos que fueron a América regresaron a España, en una situación parecida a la de sus padres cuando llegaron a América. Y se han quedado. Ahora que el trabajo es precario no caigamos en la tentación (como pretende hacer el primer ministro británico) de decirles que se vayan. ¿Cómo se van a ir si son un sacramento? Además, ¿no vemos en ellos a nuestros propios abuelos?

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Por una cultura de la hospitalidad y la inclusión

Domingo, 28 de diciembre de 2014

inmigracion1-1024x524Servicio Jesuita a Migrantes-España. 

Desde hace ya 13 años, e invitados por las Naciones Unidas, el 18 de diciembre está señalado en nuestro calendario como un día para posar nuestra mirada sobre la realidad de las migraciones, en el mundo y en nuestro ámbito cercano. El Servicio Jesuita a Migrantes en España se suma con esta declaración a un torrente de voces que en todo el planeta sitúa hoy en su centro a las personas migrantes. Deseamos conmemorar y celebrar tanta vida compartida. Y queremos denunciar los mecanismos que impiden que lo hagamos en un marco de plenitud de derechos. Invitamos a todas las personas de nuestro entorno a que reflexionen también en esta doble dirección.

En primer lugar, queremos reiterar una vez más el reconocimiento por la aportación que las personas migrantes hacen a la sociedad. Son, de hecho, una parte ya indisoluble de las sociedades española y europea. Dicha aportación no es únicamente medible en términos económicos. La vida cotidiana, los vínculos personales y las relaciones vecinales y comunitarias se asientan sobre una trama relacional de gentes diversas, de acá y de allá, que conforma un único “nosotros”. Diverso en culturas, en visiones del mundo, en modos de vida, pero que aspira a encontrarse en pie de igualdad, como ciudadanos y ciudadanas.

En nuestro trabajo de acompañamiento, servicio y defensa de las personas migrantes y sus organizaciones somos testigos de decenas de pequeñas grandes historias de dignidad, sacrificio, solidaridad, aprecio común, acogida y agradecimiento que contribuyen a hacer más densa esa urdimbre de vínculos entre vecinos y vecinas llegadas de tantos lugares distintos.

Hoy celebramos todas esas historias como pequeños triunfos de humanidad compartida en un contexto de decisiones de políticas migratorias que las hace improbables. Junto a toda esa vida, la muerte injusta provocada por políticas carentes de humanidad y la memoria de las víctimas nos obliga a alzar la voz[1].

– Frente a la exclusión sanitaria que padecen las personas migrantes en situación administrativa irregular en nuestro país desde hace año y medio[2].

– Frente a las condiciones que propicia la falta de reglamentación con garantías de los Centros de Internamiento de Extranjeros[3].

– Frente a las cuchillas dispuestas en la valla de Melilla, que son inútiles para la disuasión y dañinas gratuitamente[4].

– Frente a la cicatería con que la Unión  Europea, y España en particular, se hacen cargo de la crisis de refugiados de Siria.

– Frente a la respuesta de los gobiernos europeos ante tragedias como la de Lampedusa, consistente no en preocuparse por garantizar la vida de las personas migrantes, sino en reforzar aún más los mecanismos de vigilancia.

– Frente al crecimiento del discurso populista xenófobo, que ha capturado las mentes y los corazones de numerosos conciudadanos, anidando en el miedo y la inseguridad provocada por la crisis, y que pretende hacerse con una representación significativa en el Parlamento Europeo en las próximas elecciones de junio.

En el día de hoy, exigimos políticas públicas migratorias basadas en los derechos humanos universales, y renovamos nuestro compromiso de trabajar a favor de ellas, junto a otras organizaciones y también en diálogo con quienes tienen la capacidad de decidir. Apostamos por medidas moralmente más justas y políticamente más eficaces. Invitamos a poner la hospitalidad en el corazón de la vida social y como valor que nutre las políticas públicas.

No queremos concluir esta declaración sin decir una palabra de cercanía y ánimo para todas aquellas personas que en este último año también han tenido que abandonar nuestro país en busca de una oportunidad. Son la prueba palpable de que, aquí y en todo el mundo, moverse a otros sitios es la mejor herramienta para salir de la pobreza. Ello también nos debería impulsar a mejorar las condiciones en las que esa movilidad se produce.

***

[1] Del mismo modo que han hecho los provinciales jesuitas de Europa, Oriente Medio y África-Madagascar recientemente en su declaración “No podemos poner fronteras a nuestra preocupación”. Ver http://www.jesuitas.es/index.php?option=com_content&view=article&id=786:no-podemos-poner-fronteras-a-nuestra-preocupacion&catid=34:jesuitas-espana&Itemid=63

[2] Ver posición del SJM http://www.sjme.org/sjme/item/747-consideraciones-sobre-la-restriccion-de-la-asistencia-sanitaria-a-la-poblacion-extranjera-residente-de-facto-en-espana

[3] Ver http://www.sjme.org/sjme/item/752-atrapados-tras-las-rejas-informe-2012-sobre-los-centros-de-internamiento-de-extranjeros-cie-en-espana

[4] Ver http://www.sjme.org/sjme-en-los-medios/el-sjm-espana-pide-quitar-las-concertinas-con-cuchillas-de-las-vallas-de-ceuta-y-melilla

***

Ilustración de Míriam Laderas.

Fuente Cristianismo y Justicia

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Johan Bonny, obispo de Amberes, pide a la Iglesia que reconozca las relaciones homosexuales

Domingo, 28 de diciembre de 2014

el-obispo-de-amberes-mons_560x280El prelado ya pidió respeto para los LGTB antes del Sínodo de la Familia

Aboga por “una diversidad de formas de reconocimiento en la Iglesia

Johan Bonny es el probable sucesor de Léonard en el episcopado belga

El obispo de Amberes, Johan Bonny, es partidario del reconocimiento por parte de la Iglesia católica de las relaciones homosexuales y bisexuales, según explica en una entrevista con el diario flamenco De Morgen.

Con su declaración el obispo Bonny se convierte en uno de los primeros líderes de la iglesia que cuestiona abiertamente con  el monopolio absoluto del matrimonio formado sólo entre hombre y mujer, únicas relaciones reconocidas por la Iglesia católica.

“Debemos buscar en el seno de la Iglesia un reconocimiento formal de la relación que también está presente en numerosas parejas bisexuales y homosexuales. Al igual que en la sociedad existe una diversidad de marcos jurídicos para las parejas, debería también haber una diversidad de formas de reconocimiento en el seno de la Iglesia”, ha señalado.

Bonny, el sucesor designado del asesinado arzobispo André-Joseph Léonard, quien se retirará en 2015, cree que las parejas homosexuales deberían ser capaces de obtener una bendición de la iglesia. Por otra parte, sostiene que una relación homosexual y los criterios de un matrimonio religioso pueden satisfacer. Los valores intrínsecos son más importantes para mí que la demanda institucional. La ética cristiana se basa en las relaciones duraderas en las que la exclusividad, la lealtad y la atención  recíproca son centrales .

El prelado ya alzó la voz por este tema en una carta al Vaticano días antes del Sínodo de la Familia, que se celebró el pasado mes de septiembre.  Incluyendo el hecho de que la iglesia necesita encontrar urgentemente una conexión con la sociedad moderna, explica  que  Todo el mundo tiene que hacer su vida con las relaciones, la amistad, la familia y la educación de los niños. No debemos negar que esto existía dentro de las lesiones y traumas de la iglesia. Hay demasiadas personas que fueron excluidos durante mucho tiempo.” Como obispo, he tenido ya que escuchar bastante irritación. Un hermano se enfada porque su hermana se ha vuelto a casar y no puede ya leer en la Eucaristía. Un padre reclama más comprensión para su hijo homosexual que se siente rechazado por la Iglesia. Una abuela no puede entender por qué el párroco no quiere bendecir la relación de su nieta con un hombre divorciado. Incluso si estas personas se hacen preguntas sobre el camino vital de sus allegados, aunque hubieran preferido otra situación y aunque tengan pesar, no se dejan vencer. Para estas personas, esta solidaridad es un signo importante de la solidaridad de Dios con toda persona, sea lo que sea que le ocurra. Tal y como lo perciben, la Iglesia no puede quedarse atrás en lo que toca al apoyo y hospitalidad del que ellos siguen dando testimonio en el seno de la familia”, aseguraba entonces. 

En septiembre, el obispo de Amberes, escribió en una carta al Vaticano sobre este asunto. Incluyendo el hecho de que la iglesia necesita encontrar urgentemente conexión en la sociedad moderna, explica por qué las cosas Bonny en el borde. Todo el mundo tiene que hacer su vida con las relaciones, la amistad, la familia y la educación de los niños. No debemos negar que esto existía dentro de las lesiones y traumas de la iglesia. Hay demasiadas personas que fueron excluidos durante mucho tiempo.”

Al final, el intento del Papa por acercar a la iglesia a los homosexuales no contó con el respaldo mayoritarioLa Relatio Synodi, es decir, el documento posterior al Sínodo, donde decía “darle la bienvenida a estas personas (los homosexuales)” ahora se puede leer “acoger a estas personas”. La palabra “fraternal” en un pasaje que hacía un llamado a la necesidad de encontrar un “espacio fraternal” para los homosexuales en la Iglesia, pero la expresión fue eliminada sin explicaciones.

El obispo de Amberes es el probable sucesor del presidente de la Conferencia Episcopal belga, el arzobispo André-Joseph Léonard, quien tiene previsto retirarse en 2015.

Fuente De Morgen

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